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———— a Los acuerdos de México Alberto Hijar 0s Acuerdos de México, suscritos en la_pentiltima semana de abril de 1991 por las organizaciones revolu- cionarias de Guatemala y El Salvador, y los gobiernos a los que atin combaten, plantean una determinacién politica fundamental para la cultura de los noventa, Se dan como parte del proyecto de integracién america- na del gobierno de Bush, a su vez empeiia- do en la globalizacién mercantil bajo con- trol norteamericano, Affios antes, Nils Castro! habfa caracte- rizado la cultura como acumulacién de fuerzas que se orientan ideoldgicamente por los grupos sociales en pugna por el po- der. La caracterizacién era util para resol- Yer la lucha de clases como motor cultural, de modo de descubrir tras las ideologias humanistas los ocultamientos y las expro- piaciones favorecedoras de los intereses de clase. Tras el universalismo ilusorio y Ta su- puesta eternidad de los valores, estd el po- der burgués, que se piensa a si mismo como fin de la historia, Es la misma masa cultu- ral la orientada por un poder hegeménico replicado por emergencias de alternativa. Pero no son iguales las condiciones de Ios setenta a las de ahora. Para América, 2 Nils Castro, “Cultura nacional y cultura soci lista”, en Cuadernos Casa, mim. 18, Ediciones Casa de Las Américas, La Habana, 1978, Verp. 4 Jos Acuerdos de México culminan un pro- eso con dos extremos politico-militares identificables por sus sitios de desarrollo Granada y Panamé, por un lado; Ayacu cho y Lima, por el otro. En medio queda una extensa regién con una tradicion guerrillera originada desde los sesenta, cuando Fidel Castro proclamé la necesidad de hacer de los Andes una gran Sierra Maestra. De una parte, la impunidad yanqui. De otra, el radicalismo de Sendero Luminoso, que ha dado lugar a una cultura de guerra popular prolongada cuyo arraigo rural contradice los fallidos esfuerzos electorales de los gobiernos peruanos. En la zona del Alto Huayllagas, los aeropuertos militares yanquis y su fuerza desplegada con el pre- texto de combatir el cultivo de la coca tam- poco consiguen liquidar la cultura de la Pa- cha Mama, de la madre tierra, sus frutos, sus dones. El aislamiento internacional de Sendero Luminoso es ficticio, en el sentido de que es la pequefia burguesia culta y ur- bana, por supuesto, la que reprueba el radi- calismo. Afecta esta tendencia a los campe sinos temerosos de perder sus pequenas propiedades, pero anima a luchar a las co- munidades escolares y de trabajadores, que descubren las raices revolucionarias del pais de Mariategui, donde los proyectos in- telectuales eurocentristas fracasan a cam- bio de la prosperidad de los que acumulan fuerzas del campo a la ciudad, como pro- clama el maoismo, que tanto asusta a las buenas conciencias reaccionarias. Dirdn los cultos que nada de esto da lu- gar a una cultura relevante. Incapaces de advertir mas alla de sus narices, apenas sienten sus sefiales en la literatura y en una que otra eliptica cancion, gritan contra el panfleto. Pero éstas son las puras aparien- clas urbanas y burguesas concretables en los medios mercantiles. La cultura de guerra popular prolongada ciertamente da pocos frutos artisticos en un mundo hostil al socialismo y a los proyectos revoluciona- rios, pero a cambio concreta un modo de vida donde norman el método clandestino, la emulacion y la fraternidad. Algo se dice de esto gracias a la literatu- ra promovida desde fuera. Si de una parte se alienta el didlogo y la negociacion a toda costa, la sustitucién de proyectos de mo- dernizacién capitalista en lugar del socialis- mo y la tesis del empate histérico y social ahi donde hay gobiernos oligarquicos, de otra se procura lavar la mala conciencia con la difusién limitada y culta de testimo- nios de lucha, Case de tas Américas, de Cu- ba, cumple asi una contradictoria mision: a la par de congregar lo mejor de la cultura de América, rompe el bloqueo con la pues- ta en juego del testimonio revolucionario hasta ios limites del uso institucional, es de- cir, bajo control de los gobiernos. Nada de esto resta importancia a los testimonios de Jacques Stephen Alexis, de Omar Cabezas, de Tomas Borge o de Ali Gémez Garcia,? el Adngara venezolano caido en combate con la contra, en la frontera entre Nicara- gua y Honduras, después de ganar el Pre- mio Casa por su sabroso relato pleno de ironias populares sobre la vida de un guerrillero. 2 Jacques Stephen Alexis, Compadre General Sol; Omar Caberas, La montafa es algo més que una in. imensa estepa verde, Premio Casa, y Cancién de amor para los hombres; ‘Tomas Borge, La paciente impa- Ciencia; Ali Gomez Garcia, Falsas, maliciosas y escan- dalosas reflexiones de un Rdéngara. Con excepcién del primero, del que sélo hay edicién eubana, de los otros Tas hay de la editorial Nueva Nicaragua y tradueciones en otras lenguas. ee ee No s6lo esta literatura, sino la de Eduar- do Galeano, tan exitosa en probar testimo- nialmente la acumulacién de fuerzas que es la historia de América, son una masa de significaciones en busca de sentido. Catar- sis, proclama para la accién o afloranza son sentidos fundados en la préctica. La catar- sis, como lo han probado Brecht y Boal,? es necesidad burguesa capaz de emocionar- se hasta las lagrimas en un evento estético con tal de que el vémito del alma no llegue a més. Los desactivados, los arrepentidos, los ganados por el reformismo, hacen de la catarsis y la nostalgia un tema de conversa- cién y hasta de preocupacién profunda- mente impractico. Si lo escriben, si lo di- cen, silo cantan, es para sumarlo a la ética del descomprometimiento,* tan elegante y tan de moda en estos tiempos de globaliza~ cin mercantil y de revueltas antisocialis- tas. A esta acumulacin de fuerzas para fa- vorecer el neoliberalismo se opone la cultura como proclama para la accién, Hasta los Acuerdos de México hubo espe- ranzas ciertamente timidas de que esto se cumpliera. Chile, la alegria ya viene procla- mé la propaganda de izquierda ante el No a la dictadura. E] humanismo de la frater- nidad, del todos juntos lo hacemos mejor, abrié la esperanza que disminuye dia con dia. En Centroamérica, el canto sandinista, que orienté a un pueblo tan analfabeto co- mo combativo, pas6 a ser propaganda elec- toral en El Salvador; los buenos altos de las zonas bajo control en Chalatenango, ani- madas por los discursos de Marcial y los cantos de Yolocamba Ita, y en Morazan, los Torogoces y el buen cine, han sido susti- tuidos por la cultura del didlogo y la nego- ciacién. De tardios podrian calificarse los textos de Mario Payeras, en tanto reflexio- nan sobre la guerra como necesidad histori- 3 Augusto Bosl, Estética det oprimido, Editorial Nueva Imagen, México. 4“ Felix Guattari, “O Beso em que a cultura se me- ten’, en Leia,nim. 92, Sao Paula, junio de 1986, ca y social. El trueno en ta ciudad es una certera autocritica al desmantelamiento del poder revolucionario urbano en Guatema- la, entanto que Latitud de la flor y el grani- zo es una profunda y bellisima reflexion ecolégica sobre la destruccién natural de Jos conquistadores, solo superable con un proyecto radical de armonja entre la pro- duccién, el hombre y la naturaleza. Ahora, el sentido cultural hacia un go- bierno popular revolucionario sucumbi6 ante la exigencia de un gobierno de amplia participacién. La gente ya no quiere la guerra, ya se cans6, quiere perspectivas fu- turas, dicen los dirigentes para justificar el paso dado en México para hacer de la guerra popular la prolongacién de la politi- ca electoral por otros medios. Asombro internacional, la movilizacién de los indios guatemaltecos y la consigna de orpA por la exaltacién de la vida y no de la muerte han sido sustituidas por las image- nes de los comandantes Rolando Moran y Gaspar Ilom, avejentados y bien trajeados, mientras firman los Acuerdos de México. Si en los setenta se canté ;A desalambrar!, la consigna propuesta por Daniel Viglietti se ha transformado en ‘*jA desmovilizar!”” Una profunda afectacién cultural crece, no slo entre las filas de combatientes y mili- tantes, sino entre la izquierda sometida d con dia a un nuevo golpe que entre 1988 y 1991 la dejé tendida y lista para su atencién por el reformismo. Los fundamentos de la cultura de la des- movilizacién popular revolucionaria son los siguientes: 1. No es que el socialismo haya fracasa- do, pero éstos no son tiempos de radicalis- mo, sino de ditlogo, negociacién y cautela. La gente esta harta de rollos. 2. El neoliberalismo econémico da lugar a una cultura del dejar hacer, dejar pasar, desembarazada de vanguardismos, que hay que aprovechar para decir todo lo que an- tes fue imposible. 3. Al no haber vanguardismos, pierde