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COLEGIO DE ALTO RENDIMIENTO

HUÁNUCO

La aparente unanimidad social, económica, política e ideológica sobre el fenómeno del imperialismo europeo que se produjo
desde la segunda mitad del siglo XIX es eso, solamente aparente, ya que destacados personajes y corrientes de pensamiento
fueron muy críticos con lo que estaba ocurriendo. Este artículo trata de esta cuestión.

Existen diversos factores que explican que algunos sectores de la opinión pública europea fueran contrarios a las empresas
imperialistas de sus gobiernos. En primer lugar, los fracasos que generaban víctimas propias podían motivar protestas contra
las aventuras imperialistas. Los 98, que afectaron a varias potencias europeas, incluida España, provocaron críticas por que se
enviaba a morir a los jóvenes; en el caso español, además, eran jóvenes de condición humilde, ya que los hijos de la burguesía
podían librarse del servicio militar y de acudir a la guerra. En 1909, el detonante del estallido de la Semana Trágica de
Barcelona fue el envío de reservistas a África.

Las atrocidades que se cometieron en nombre de la civilización occidental fueron determinantes para generar rechazos. Uno de
los casos más notorios fue el que se dio en Bélgica ante el escándalo generado por las barbaridades cometidas en el Congo,
colonia del rey Leopoldo II. Para explotar la riqueza minera y del caucho se obligó a los nativos a trabajar bajo una presión
inhumana. Los castigos físicos eran constantes para quiénes no obedecían, y se podía llegar a la mutilación de manos y pies.
Había que cumplir una serie de objetivos y si no se conseguían también se podía castigar. El terror era el método para tener
dominada a la población. Esta situación llegó a la opinión pública occidental, gracias a la multitud de pruebas que se
amontonaban, mientras Leopoldo, que nunca visitó el Congo, negaba la brutalidad y el terror que se practicaba para que pudiera
lucrarse. En el trabajo de aportar testimonios y pruebas de lo que se estaba haciendo en la zona destacaron Edmund Morel y
W.H. Sheppard. Las evidencias fueron tales que hubo que formar una comisión de investigación. Se calcula que se redujo la
población congoleña en un 20%, aunque algunos investigadores elevan muchísimo esta cifra. Las conclusiones de la investigación
hicieron que el Parlamento belga, ante el escándalo mayúsculo que se produjo, decidiera hacerse cargo del Congo.

Las violaciones de los derechos humanos cometidas en la guerra de los boers también ocasionaron conmoción en el Reino Unido,
especialmente la situación de los internados en los campos de concentración. El general Kitchener convirtió lo que, en principio,
era una solución para los boers que habían perdidos sus granjas, en cárceles. La mayor parte de la población boer internada
estaba compuesta por niños, mujeres y ancianos, mientras que los varones prisioneros eran conducidos a campos en el
extranjero. Los concentrados africanos negros eran considerados mano de obra barata. Estos campos estaban mal equipados y
dotados. La falta de higiene y la mala administración produjeron la muerte de más de veinticinco mil boers y de unos veinte mil
africanos negros. El tifus, la disentería y el sarampión hicieron estragos, mientras que la atención médica era insuficiente. Una
de las personas que más luchó por denunciar y mejorar la vida de los concentrados fue Emily Hobhouse, delegada de la
Fundación para Mujeres y Niños Surafricanos damnificados. Su denuncia provocó la creación de la Comisión Fawcet, que visitó
los campos y confirmó lo que había expresado Hobhouse, estableciéndose una serie de mejoras en la alimentación, en la higiene
y en las instalaciones médicas, bajando significativamente la tasa de mortalidad.

Un tercer factor contrario al imperialismo tiene que ver, curiosamente, con la ideología de un sector de la derecha política
europea. Hubo grupos muy conservadores que temieron que el enorme esfuerzo que las potencias desarrollaban siguiendo
políticas imperialistas terminara por agotar los recursos propios y, por consiguiente, debilitar a la nación y al Estado frente a
los potenciales enemigos en una época de crecientes tensiones en Europa. Es más, entre los sectores más reaccionarios
europeos se llegó a aplicar el antisemitismo a la cuestión colonial, ya que se interpretó que era promovida por los judíos para
hacer negocio. Los judíos manipularían a los gobiernos para emprender políticas imperialistas en su propio beneficio.

El sector más combativo contra el imperialismo se dio en seno de la izquierda, en el socialismo, aunque generando un intenso debate en
la II Internacional. Los grupos más a la izquierda eran radicalmente contrarios a cualquier posibilidad de que los socialistas apoyasen la
expansión imperialista de sus respectivos países, pero los más moderados plantearon matices al rechazo del colonialismo, ya que
consideraban que podía ser beneficioso para otros pueblos y generaba beneficios económicos generales para el conjunto de las
sociedades occidentales. En todo caso, los socialistas denunciaron la barbarie de los métodos colonizadores.
Contreras, E. (2016) Crítica al imperialismo. Los ojos dela hipatia. Recuperada de
http://losojosdehipatia.com.es/cultura/historia/la-critica-del-imperialismo/
COLEGIO DE ALTO RENDIMIENTO
A pesar de lo que se viene diciendo durante los
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últimos 25 años, el imperialismo sigue intacto en


su accionar, en vez de desaparecer se ha hecho
más agresivo que nunca. Este fortalecimiento se
puede apreciar en el crecimiento de las
hostilidades en el mundo, los conflictos bélicos
destinados a expandir la esfera de influencia
política y económica de Estados Unidos. El
imperialismo no ha terminado, porque no se trata
de un discurso, una visión ideológica o
determinada forma de llevar a cabo la política
internacional, circunscrita a la guerra fría.

El imperialismo no es un discurso político porque


su campo no es exclusivamente el de la política,
ni el de las relaciones internacionales, no se
trata de una teoría desarrollada por izquierdistas obsesionados con un país o ineficientes gobernantes buscando a quien echarle
la culpa. Tal como ha desarrollado en su momento Lenin y sostiene correctamente Atilio Borón, el imperialismo tiene su raíz en
el capitalismo, debe su surgimiento al desarrollo de la lógica sobre la que actúa la economía capitalista. Por supuesto se expresa
en múltiples campos tales como la política, la cultura, la religión y articula una determinada ideología. Tomaremos las ideas de
Lenin y Borón para esta explicación. Comprendemos que existe una discusión sobre las características del imperialismo
desarrolladas por ambos autores.

La libre competencia existente en el capitalismo desarrollado durante el siglo XIX, da paso, a finales de la centuria, a altos
niveles de concentración de la producción, algunas fábricas y empresas comienzan a tener un nivel de acumulación tal que entran
en una lucha voraz por la adquisición de otras más pequeñas. De esta forma, los altos niveles de concentración de producción y
ganancia dan pie al crecimiento de determinadas empresas a partir de la adquisición de otras, surgiendo los monopolios. La
figura de la fusión y el surgimiento de carteles industriales es síntoma directo de esos monopolios. Como segundo momento en
este desarrollo del capitalismo, los capitales industriales monopólicos empiezan a fusionarse con los capitales bancarios, dando
como fruto la aparición del capital financiero. Este movimiento por medio del cual surgen los monopolios financieros se da en
una escala cada vez más global, de manera que finalmente se trata de un conflicto internacional entre los distintos monopolios.
Todo esto trae como consecuencia la aparición de una nueva élite social al interior de la clase burguesa, la oligarquía financiera,
que encabeza la lucha por la reconfiguración mundial en función de la acumulación de capital. Los distintos monopolios utilizan a
los Estados y sus ejércitos en función de ganar la batalla por los distintos territorios a los cuales exportar capital financiero y
de los cuales obtener distintas materias primas. Estos son los momentos del capitalismo en el surgimiento del imperialismo.

Hoy en día aquello que visualizaba Lenin como las características principales de una época imperialista ha llegado a límites que
posiblemente él no podría imaginar, la concentración de la producción y el capital ha alcanzado niveles impensados. En relación al
capital financiero, es visible cómo cada vez más se nos convierte en una sociedad mundial financiera, a través de todas las vías
posibles, se da una bancarización y penetración de este capital en todos los espacios de la vida, todos los territorios. Los niveles
de exportación de capital financiero en relación a la exportación de mercancías son tan altos como nunca se había visto, lo cual
a la vez ha intensificado la lucha por la colocación de ese capital a través de las guerras y la creación de mecanismos
internacionales. Todos los organismos internacionales que se han creado en materia económica no tienen otra finalidad que
fortalecer el imperialismo en tanto que financiarización del mundo, son mecanismos de expansión imperial. El capitalismo global
necesita consumir recursos como nunca, debe encontrar nuevas materias primas para su subsistencia.

La globalización ha demostrado no ser más que una etapa superior del imperialismo, tal como afirma Atilio Boron. Mientras
algunos intentaron hacerla pasar como el fin de los conflictos y el surgimiento de un mundo multicultural basado en el diálogo,
se ha demostrado que no es otra cosa que una etapa aún más feroz del capitalismo en su lógica de concentración, acumulación y
expansión. Pero efectivamente, el imperialismo como fenómeno no es sólo económico, aunque ésta sea su raíz y fundamento, se
expresa de manera directa en la política, en la cultura y en el entretenimiento, que teje las redes ideológicas que lo soportan.
Hemos intentado exponer algunas características del imperialismo, haciendo un hincapié en su naturaleza económica, en su
vinculación fundamental con el capitalismo, en la medida en que queremos apuntar a que una batalla contra el imperialismo no se
da sólo en el campo de las relaciones internacionales, ni siquiera en la defensa armada de un territorio si fuera el caso. Hay que
tomar importantes decisiones económicas, porque son económicos los fines y la naturaleza de su accionar. La lucha contra el
imperialismo es siempre, necesariamente, una lucha contra el capitalismo.

Azuaje, M. (2015) Luchar contra el imperialismo es, necesariamente, luchar contra el capitalismo. Telesurtv. Recuperada de
http://www.telesurtv.net/opinion/Luchar-contra-el-imperialismo-es-necesariamente-luchar-contra-el-capitalismo-20150313-0037.html