Anda di halaman 1dari 113

¿QUÉ ES LA OBJECIÓN

DE CONCIENCIA?

José López Guzmán

EDICIONES UNIVERSIDAD DE NAVARRA, S.A.


PAMPLONA
COLECCIÓN: PERSONA Y CULTURA
n.º 4

DIRECTORES:
Tomás Trigo
Enrique Molina

Queda prohibida, salvo excepción prevista en la ley, cualquier forma de reproduc-


ción, distribución, comunicación pública y transformación, total o parcial, de esta
obra sin contar con autorización escrita de los titulares del Copyright. La infrac-
ción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la pro-
piedad intelectual (Artículos 270 y ss. del Código Penal).

Primera edición: Marzo 2011

© 2011. José López Guzmán


© Ediciones Universidad de Navarra, S.A. (EUNSA)
© Plaza de los Sauces, 1 y 2. 31010 Barañáin (Navarra) - España
© Teléfono: +34 948 25 68 50 - Fax: +34 948 25 68 54
© e-mail: info@eunsa.es

ISBN: 978-84-313-2770-5
Depósito legal: NA 738-2011

Diseño cubierta: Fernando Cuevas

Imprime: GraphyCems, S.L. Pol. San Miguel. Villatuerta (Navarra)


Printed in Spain - Impreso en España
Índice

INTRODUCCIÓN ................................................................. 7
1. Si me obligan a hacer una acción que no quiero rea-
lizar, ¿puedo no actuar? ........................................... 9
2. A quienes omiten una obligación legal por razones
morales, ¿siempre se les ha respetado? ................... 13
3. En la actualidad, ¿se respeta a quien, por cuestiones
de conciencia, no cumple una obligación legal? ..... 17
4. ¿Cómo se puede definir la objeción de conciencia? 23
5. ¿Puede apelar a la objeción de conciencia cualquier
persona? ................................................................... 27
6. ¿Requiere siempre la objeción de conciencia el «no
hacer algo», el omitir? ............................................. 31
7. ¿La objeción de conciencia se basa solo en razones
religiosas? ................................................................ 33
8. ¿Tiene límites la objeción de conciencia? ............... 37
9. ¿Puede ser ilegal la objeción de conciencia? ........... 41
10. Cuando se admite la objeción, ¿se pueden poner
ciertas condiciones a los objetores? ......................... 45
11. Con la objeción de conciencia, ¿se pretende modifi-
car la norma que produce el conflicto moral? ......... 47
6 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

12. ¿La objeción de conciencia es equivalente a la des-


obediencia civil? ...................................................... 51
13. Respetar la objeción de las minorías, ¿puede benefi-
ciar a las mayorías? .................................................. 59
14. ¿Hay que pertenecer a un determinado grupo para
solicitar la objeción de conciencia? ......................... 63
15. ¿Cuáles son –fuera del ámbito sanitario– los tipos
de objeción de conciencia más frecuentes? ............. 65
16. ¿Cuáles son los tipos de objeción de conciencia más
frecuentes en el ámbito sanitario? ........................... 71
17. ¿Se considera la objeción de conciencia una opción
«progresista»? .......................................................... 75
18. ¿No podría suceder que la objeción de conciencia se
extendiese a una gran cantidad de servicios médicos
y, por tanto, acarrease consecuencias nefastas para
la salud? ................................................................... 79
19. Si se admite la objeción de conciencia sanitaria, ¿el
objetor tiene que derivar al paciente a otro profesio-
nal? ........................................................................... 85
20. ¿La objeción de conciencia es una opción agresiva
para el resto de la población? ................................... 87
21. ¿La objeción de ciencia es un concepto equivalente
al de objeción de conciencia? .................................. 91
22. Una persona que no es objetora, ¿puede solicitar ser
objetora en un momento posterior? ......................... 97
23. ¿La Iglesia católica se ha pronunciado sobre la obje-
ción de conciencia? .................................................. 101

CONCLUSIÓN .................................................................... 107


BIBLIOGRAFÍA ................................................................... 109
Introducción

El reconocimiento de la objeción de conciencia ha


sido uno de los logros sociales y jurídicos más importan-
tes del último cuarto del siglo XX. Por ejemplo, en España,
gracias a esta conquista, numerosos jóvenes, que decidie-
ron no incorporarse al servicio militar obligatorio –por el
daño moral que les producía tomar un arma o prepararse
para la guerra–, evitaron ingresar en prisión.
En los medios de comunicación y en las manifestacio-
nes de diversos agentes sociales, se alude frecuentemen-
te la objeción de conciencia. Pero resulta llamativo que
muchas de esas alusiones tengan como finalidad criticar,
limitar, e incluso eliminar, un logro –el respeto a la li-
bertad de conciencia– tan importante en la historia de los
derechos humanos, y que con tanto esfuerzo se alcanzó.
Aquella conducta que, en otros momentos o circunstan-
cias, se consideraba como una gran victoria de las socie-
dades democráticas, se quiere presentar ahora como reac-
cionaria y subversiva. Tras este «giro» subyacen algunas
8 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

falacias que merecen especial atención. Por ejemplo, la


afirmación de que la objeción de conciencia implica una
imposición de unos sobre otros, o que no es más que una
cuestión religiosa.
Este libro pretende acercar al lector no especializado
al concepto de objeción de conciencia (y más brevemen-
te al de objeción de ciencia) en un intento de aclarar las
numerosas dudas y controversias que están en el centro
del debate público. A fin de facilitar la lectura, en cada
capítulo se responde a una sola cuestión, y se incluye una
pregunta para que el lector pueda seguir reflexionando, o
también para que el libro pueda ser utilizado, como herra-
mienta útil, en seminarios o coloquios sobre la objeción
de conciencia.
1.
Si me obligan a hacer una acción que
no quiero realizar, ¿puedo no actuar?

Dependerá del tipo de acción


y del motivo que sustente la omisión.

A lo largo de nuestra vida todos hemos experimenta-


do, en alguna ocasión, la terrible situación de vernos obli-
gados a hacer algo que no queremos. Los motivos de este
rechazo a actuar pueden ser muy variados. Entre otros:
Por pereza: por ejemplo, cuando en un determinado
trabajo se nos pide viajar para lograr más clientes.
Por vergüenza: si nos envían a solicitar dinero para
realizar una determinada iniciativa.
Por incapacidad: empezar una nueva actividad para la
que creemos no estar suficientemente preparados.
Por daño moral: se produce cuando se nos obliga a
hacer algo que es contrario a nuestros principios morales:
robar, mentir, matar, etc.
10 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

Quien, por alguno de los supuestos anteriores, se nie-


ga a realizar una determinada acción tiene dos posibilida-
des: intentar evadir su obligación u omitir directamente la
acción, poniéndolo en conocimiento de aquella persona
de la que parte la obligación.
En el primero de los casos, cuando se intenta evadir de
la obligación sin que nadie se dé cuenta o sin que quede
constancia de ello, el sujeto se verá sometido a la tensión
de que, en cualquier momento, lo puedan descubrir. Si esto
llega a suceder, tendrá que cargar con las consecuencias de
su «pillería»: un despido del trabajo, una amonestación, etc.
La segunda opción, manifestar que uno no va a hacer
una determinada acción, puede ser respetada en algunas
ocasiones:
En el caso de pereza está claro que no hay una justi-
ficación para que se nos respete, salvo el caso de que no
exista una real obligación –por ejemplo, que aquella si-
tuación no esté incluida entre las recogidas en el contrato
de trabajo–.
La vergüenza tampoco es una justificación para no
realizar una obligación. Quizá habrá que pedir ayuda para
vencerla sin que provoque traumas.
La incapacidad genera una situación muy distinta.
Efectivamente, si una persona es incapaz de hacer un
determinado trabajo resulta preferible que no lo realice.
El resultado de su acción podría ser defectuoso o, si es
un trabajo con una dimensión asistencial, puede llegar a
desencadenar un daño a otro sujeto. Por lo tanto, en este
¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 11

supuesto habrá que verificar si la sensación de incapaci-


dad del trabajador es real y, en caso afirmativo, procurar
la ayuda necesaria para lograr la suficiente capacitación
para desarrollar aquella acción.
El último de los casos, el daño moral, es muy distinto
de los anteriores. El sujeto se ve obligado a elegir entre
una norma o un precepto del exterior y el dictado de su
conciencia. Aquí es donde encuentra su campo la obje-
ción de conciencia.

OBLIGACIÓN EN EL TRABAJO

EL TRABAJADOR NO QUIERE REALIZAR LA ACCIÓN

PEREZA VERGÜENZA INCAPACIDAD DAÑO MORAL

Verificar Verificar

Superar Superar Superar Superar

Acción Objeción de conciencia

Si me obligan a hacer un trabajo que me produce


un hondo daño moral, ¿debo obedecer
a mi jefe o a mi conciencia?
2
A quienes omiten una obligación legal por
razones morales, ¿siempre se les ha respetado?

No siempre se les ha respetado.

A lo largo de la historia de la humanidad, numero-


sas personas han antepuesto su conciencia a las normas
legales. En la mayoría de los casos no se ha respetado a
quien ha pretendido omitir la obligación. Éstos son algu-
nos ejemplos.
En el siglo III, el emperador Maximiano marchaba a la
Galia a sofocar una revuelta con su legión llamada Tebea.
Eran soldados cristianos que procedían del Alto Egipto.
Al mando de esta legión estaba Mauricio. Cuando las tro-
pas iban de camino a Francia se detuvieron en Suiza por
orden del emperador, que era un estricto observante de la
religión pagana, para ofrecer sacrificios a los dioses a fin
de que los protegieran en las batallas que les aguardaban.
Pero los soldados valerosos de esta legión se negaron en
rotundo a hacer semejante culto a las deidades romanas.
14 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

Ante esta actitud insólita, apartaron a los soldados


del resto del ejército y los acusaron de sedición. Mauricio
arguyó que, si no les obligaban a sacrificar a los dioses,
lucharían contra el enemigo de Roma. En cambio, si les
obligaban a realizar ese acto, renunciarían incluso a de-
fenderse del castigo que les impusiera el emperador. Al
enterarse, Maximiano lo consideró una deserción y or-
denó que los decapitaran a todos. Los soldados, en lugar
de atemorizarse por la inminente muerte, dieron muestras
de increíble valentía. Levantaron un altar cerca del lago
Lehman, donde se encontraban, y esperaron el martirio,
que se produjo inexorablemente. Tres soldados de otras
legiones que, por respeto, se habían negado a hacer suyas
las propiedades de sus colegas y que confesaron su fe,
fueron también martirizados.

El Greco: El martirio de San Mauricio.


¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 15

Está claro que la legión tebana antepuso su conciencia


a la obligación que le imponía el emperador.
En la transición de la Edad Media al Renacimiento, se
encuentra otro ejemplo cuya repercusión ha llegado hasta
nuestros días. Se trata del proceso que se siguió a Tomás
Moro por no transigir en actuar contra su conciencia.
En 1534, con su buen amigo el obispo Juan Fisher,
rehusó rendir obediencia al rey como cabeza de la Igle-
sia. Tomás Moro estaba
dispuesto a obedecer al
monarca dentro de su
campo de autoridad,
que era el civil, pero no
aceptaba su usurpación
de la autoridad sobre
la Iglesia. Su decisión
le llevó a ser encerrado
en la Torre de Londres.
Catorce meses más tar-
de, Moro fue juzgado y
condenado como trai-
Hans Holbein: Santo Tomás Moro.
dor. Tomás dijo al tribu-
nal que no podía ir contra su conciencia. La actitud del
gran humanista provocó que le cortaran la cabeza. Tam-
poco en esta ocasión se permitió actuar en conciencia.
Un ejemplo contemporáneo que puede servir para
ilustrar este apartado es el del teniente de las Fuerzas
Aéreas británicas, Malcom Kendall-Smith.
16 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

El militar se negó a
combatir en Irak por estar
convencido de la ilegalidad
de la invasión de ese país
y de que, debido a eso, su
participación en la guerra
le produciría un daño moral
irreparable al haber colabo-
rado en una acción criminal.
La fiscalía alegó que las
Malcolm Kendall-Smith (Life).
cuestiones jurídicas que en-
vuelven la invasión de Irak eran irrelevantes y que el caso
debía centrarse solo en las órdenes recibidas por Kendall-
Smith de sus oficiales. Un tribunal militar, en Aldershot,
falló, el 13 de abril de 2006, que era culpable de los cargos
de desobedecer órdenes, y lo condenó a una pena de ocho
meses de prisión y a una sanción. Kendall-Smith también
fue separado de las Fuerzas Aéreas.
En todos estos ejemplos aparecen personas que, por
cuestiones morales, no están dispuestas a asumir determi-
nadas obligaciones legales. Decidieron obrar en concien-
cia y sufrieron represalias de diversa consideración. Por
lo tanto, no siempre se ha respetado ni se ha tolerado la
denominada «objeción de conciencia».

¿Qué tienen en común las decisiones


de Mauricio, Tomás Moro y Kendall-Smith?
3
En la actualidad, ¿se respeta a quien,
por cuestiones de conciencia, no
cumple una obligación legal?

Sí, hay supuestos en los que se permite no actuar


cuando se suscita un problema de conciencia.

En líneas generales, se puede afirmar que en los


países en que se admite como alternativa legal la objeción
de conciencia, se suelen respetar algunas omisiones por
cuestiones morales. En cambio, en las naciones que no
reconocen la objeción de conciencia no se ofrece la alter-
nativa de omitir una acción.
Por eso, se puede definir la objeción de conciencia
como una herramienta legal para solventar problemas que
derivan del enfrentamiento entre una norma legal y un
problema de conciencia. Cuando la objeción de concien-
cia está reconocida, no se derivan consecuencias negati-
vas para el que omite la acción.
Un caso que puede ilustrar este apartado es el del
servicio militar obligatorio. Fue a comienzos de los años
18 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

cincuenta cuando se empezó a plantear en España el pro-


blema de la objeción de conciencia a la prestación del ser-
vicio militar.
En aquel entonces, el artículo séptimo del Fuero de
los Españoles establecía textualmente: «Constituye título
de honor servir a la Patria con las armas […] todos los
españoles están obligados a prestar este servicio cuando
sean llamados con arreglo a la ley». Este precepto tenía
su desarrollo natural en la legislación militar y no dejaba
ningún margen a la posibilidad de objetar en conciencia.
Así, los primeros mozos de reemplazo que se negaron a
incorporarse al ejército sufrieron condenas uno detrás de
otro.
Hasta 1973, los que se oponían al cumplimiento del
servicio militar eran sancionados con la pena prevista para
el delito de desobediencia, tipificado en los artículos 327
y 328 del Código de Justicia Militar. La sanción oscilaba
entre los seis meses y un día hasta los seis años de prisión,
si no se trataba de órdenes relativas al servicio de armas,
o entre seis años de prisión y veinte de reclusión, en caso
contrario. Además, estaban expuestos a otras penas añadi-
das. De hecho, el cumplimiento de la condena no eximía
de la obligación de prestar el servicio militar; por lo que se
sucedían las condenas hasta alcanzar la edad de licencia
absoluta, es decir, los treinta y ocho años.
La Ley 29/1973, de 19 de diciembre, dulcificó ligera-
mente la situación. Aunque no evitaba la pena de prisión,
liberaba al condenado del servicio militar. Como se puede
¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 19

comprobar, a los jóvenes españoles que por razones mo-


rales no querían colaborar con el ejército se les sometía a
duras sanciones.

Imágenes utilizadas en campañas para lograr la


objeción de conciencia al servicio militar obligatorio.

A partir de 1975 se produjo en España un cambio


político, y desde entonces se empiezan a asentar las ba-
ses para el reconocimiento de la objeción de conciencia.
De esta forma, en 1976 se contempla por primera vez la
objeción de conciencia al servicio militar al permitir que
disfruten de prórrogas «los mozos que por razones u ob-
jeciones de conciencia, de carácter religioso, se muestren
opuestos al empleo de las armas y opten por sustituir el
servicio militar en filas por una prestación personal en
puestos de interés cívico».
Sin ninguna duda, la firme postura de los objetores y la
sucesión de condenas provocaron la oportuna y necesaria
sensibilización social. Por último, hay que hacer alusión a
la Constitución Española de 1978. En su artículo 30.2 se
20 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

hace una referencia explícita a la objeción de conciencia:


«La Ley fijará las obligaciones militares de los españoles
y regulará, con las debidas garantías, la objeción de con-
ciencia, así como las demás causas de exención del servi-
cio militar obligatorio, pudiendo imponer, en su caso, una
prestación social sustitutoria».

Objetores al servicio militar.

Ginecólogo objetor.
¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 21

Por lo tanto, en el caso concreto del servicio militar


obligatorio se acabó logrando el respaldo legal de la ob-
jeción de conciencia. Ese mismo proceso lo tienen que
recorrer, en mayor o menor medida, los distintos supues-
tos que generen problemas de conciencia. Aunque en las
páginas siguientes se tratan distintos casos, se puede ade-
lantar que, en España, la objeción de conciencia de los
médicos al aborto obtuvo su respaldo en el Tribunal Cons-
titucional, que la de los farmacéuticos a «la píldora del día
siguiente» está en pleno proceso judicial, y que la de los
magistrados a «oficiar» bodas de parejas homosexuales
fue rechazada.

¿Merece el mismo respeto el joven que no se


quiere incorporar al servicio militar obligatorio que
el médico que no quiere participar en un aborto?
4
¿Cómo se puede definir la
objeción de conciencia?

La objeción de conciencia consiste en el


incumplimiento, por parte de un individuo, de
una obligación de naturaleza legal cuya ejecución
produciría una grave lesión en su conciencia.

La objeción de conciencia es una manifestación exter-


na de la libertad ideológica y de conciencia. Esta libertad
constituye un pilar esencial en toda sociedad democrática.
Sin embargo, la objeción de conciencia es un derecho con-
figurado recientemente, y por eso solo es recogido como
tal en los textos legislativos más actuales. En la normativa
internacional son cada vez más frecuentes las referencias
a la libertad de conciencia y a la objeción de conciencia.
La razón puede radicar en la creciente preocupación por
encontrar un equilibrio e integración entre mayorías y mi-
norías.
24 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

Por el contrario, en las sociedades antiguas, unidas por


grado o por fuerza alrededor de creencias determinadas,
no quedaba, en general, espacio para lo diverso. En reali-
dad, en esas estructuras sociales se sojuzgaba o eliminaba
al discrepante. De ese modo se arrancaba de raíz cualquier
posible planteamiento sobre la objeción de conciencia.
En España, a finales de los años setenta del siglo pasa-
do, comienza a configurarse la objeción de conciencia. La
Constitución Española de 1978 únicamente recoge dos re-
ferencias explícitas: el artículo 30.2 –que abre el camino a
la objeción en el servicio militar obligatorio– y el artículo
20.1 –que hace alusión a la libertad de comunicar o recibir
información veraz por cualquier medio de difusión.
Fuera de estos dos casos, cuando se plantea un posi-
ble supuesto de objeción de conciencia hay que buscar
el respaldo constitucional en el precepto que ampara la
libertad ideológica. En este sentido, el artículo 16.1 «ga-
rantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los
individuos y las comunidades sin más limitación, en sus
manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento
del orden público protegido por la ley». Si se acepta que
la objeción de conciencia forma parte del derecho a la li-
bertad ideológica y religiosa, se puede sostener que es un
derecho fundamental o, al menos, una manifestación de
un derecho fundamental.
Por eso, aunque la Constitución Española solo reco-
nozca expresamente la objeción de conciencia al servicio
militar, no se impide que el legislador ordinario y el Tri-
¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 25

bunal Constitucional vayan configurando otros supuestos


concretos a partir de la libertad ideológica y religiosa reco-
nocida en el mencionado artículo 16.1 de la Constitución
de 1978. Ante esos nuevos casos, se deben ponderar los
intereses y derechos que entran en colisión. Con respecto
al Tribunal Constitucional, es importante tener en cuenta
su jurisprudencia. Como es bien conocido, las sentencias
del Constitucional no solo son fuente del Derecho, sino
que determinadas resoluciones, como las sentencias inter-
pretativas, poseen un rango jerárquico superior a la ley, y
se sitúan tan solo por debajo de la propia Constitución.

Artícu 16.1: «Se garantiza la libertad ideológica, religiosa


Artículo
y de cculto de los individuos y las comunidades sin más
limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para
limitac
el man
mantenimiento del orden público protegido por la ley».

Artículo 20.1.d: «Se reconoce el derecho a comuni-


car o recibir libremente información veraz por cual-
quier medio de difusión. La Ley regulará el derecho
a la cláusula de conciencia y el secreto profesional
en el ejercicio de estas libertades».

Artículo 30.2:
3 «La ley fijará las obligaciones militares de los
españoles y regulará, con las debidas garantías, la objeción
de conciencia,
concie así como las demás causas de exención del
servicio militar obligatorio, pudiendo imponer, en su caso, una
prestación social sustitutoria».

¿La objeción de conciencia forma parte de las


facultades que conforman el contenido esencial
del derecho a la libertad ideológica y religiosa?
5
¿Puede apelar a la objeción de
conciencia cualquier persona?

No. Solo pueden reclamar la objeción de


conciencia aquellas personas a las que una
norma les afecte de forma directa. Es decir,
requiere una obligación de tipo personal.

En esta cuestión se parte de una obligación, de una


norma que se debe cumplir necesariamente. Es decir, solo
se podrá apelar a la objeción de conciencia cuando exis-
ta una auténtica obligación de realizar una determinada
acción. Por ejemplo, un médico propietario de una clíni-
ca privada tiene libertad para incluir o no en sus presta-
ciones las técnicas de fecundación in vitro; por tanto, no
tiene sentido que reclame la objeción de conciencia para
justificar la no realización de esas técnicas en su centro
sanitario. En cambio, un ginecólogo que trabajase en el
sector público y a quien, desde la dirección de su hospital,
28 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

le obligasen a colaborar en esas técnicas sí que estaría en


condiciones de poder acogerse a la objeción de concien-
cia.
Además, la norma-obligación debe afectar directa-
mente al sujeto que solicita el reconocimiento de la obje-
ción de conciencia. Por ejemplo, un ginecólogo puede ob-
jetar, en conciencia, a participar en un aborto. Esa técnica
quirúrgica le afecta personalmente en su trabajo profesio-
nal. En cambio, un taxista no podrá declararse objetor en
conciencia al aborto ya que su dedicación laboral no le
permite realizar ese cometido.
Como cualquier otra persona, el taxista podrá estar en
contra del aborto, manifestarse públicamente en tal senti-
do, incluso llegar a obstaculizar una calle con su taxi para
llamar la atención sobre el aborto…, pero en ningún caso
podrá declararse objetor en conciencia al aborto.

Objeción de conciencia a la práctica del aborto

Trabaja en un
Ginecólogo centro donde se SÍ
practican abortos

Trabaja
como docente NO
(sin práctica clínica)

Taxistsa NO
¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 29

En cuanto al caso del ginecólogo que tiene derecho


a objetar, cabe preguntarse si puede hacerlo siempre. Lo
más inmediato es responder afirmativamente. No obstan-
te, eso no es cierto, ya que un ginecólogo solamente podrá
objetar al aborto cuando esa práctica le afecte directamen-
te. En este sentido, se puede pensar en el ginecólogo que
se dedica en exclusiva a la docencia. Ese facultativo no
tendrá que realizar un aborto y, por lo tanto, no podrá re-
clamar la objeción de conciencia al aborto.

¿Un periodista puede objetar en conciencia


a la práctica de la eutanasia?
6
¿Requiere siempre la objeción de
conciencia el «no hacer algo», el omitir?

Sí, la objeción de conciencia siempre se


refiere a la omisión de una acción.

Se ha señalado que la objeción de conciencia aparece


cuando alguien no está dispuesto a llevar a cabo deter-
minada acción. En ese supuesto, el objetor solicita que
se le permita no actuar en contra de lo que le dicta su
conciencia.
Como el supuesto se refiere a exigencias consideradas
menores, el objetor, en principio, no encuentra obstáculos
para obtener la exención y, por tanto, el Derecho tampo-
co activa contra el sujeto mecanismos represivos. Pero el
hecho de que sea un deber exceptuable en determinados
casos y con ciertas condiciones no significa que deje de
ser un deber jurídico.
Un caso ilustrativo de lo que se ha dicho es el de los
matrimonios homosexuales. En algunos medios de infor-
32 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

mación, en países en los que no se reconoce ese tipo de


uniones, se ha abierto el debate sobre el derecho de los
homosexuales a que se admita su situación particular, ale-
gando la objeción de conciencia a contraer matrimonio.
Sin embargo, como la objeción de conciencia se refiere a
la omisión de una acción y no a su realización, esta pre-
tensión es un contrasentido. Lo que podría llegar a con-
vertirse en un supuesto de objeción de conciencia sería,
a lo sumo, el hecho de que las personas homosexuales
tuvieran obligatoriamente que casarse.

¿La omisión de socorro se puede catalogar


como un caso de objeción de conciencia?
7
¿La objeción de conciencia se basa
solo en razones religiosas?

No, se basa en razones religiosas,


éticas, morales o axiológicas.

En la trayectoria histórica de la objeción de concien-


cia se pueden diferenciar dos etapas. En la primera, la ob-
jeción de conciencia se apoyaba exclusivamente en argu-
mentos religiosos. En la segunda, que es la que vivimos
hoy, cualquier fundamento ético se considera suficiente
para avalar la objeción de conciencia.
En la legislación de los últimos años se puede apreciar
una clara tendencia a vincular la objeción con la libertad
de conciencia en general, sin exigir la adhesión a un credo
religioso o ideológico. En este sentido, bastará con recor-
dar el curso seguido, en España, por la objeción de con-
ciencia al servicio militar. Inicialmente, solo se contempla
la posibilidad de objetar al servicio militar por razones
34 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

de índole religiosa. Más tarde, también se admiten otras


causas. Por ejemplo, la proporción de objetores en 1992
era el 81% por motivos no religiosos y 19% por motivos
religiosos.

Jóvenes israelíes se oponen a


incorporarse al Ejército

Por motivos Por motivos


religiosos humanitarios

Por lo tanto, las causas que motivan la objeción de


conciencia pueden estar fundadas en las propias concep-
¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 35

ciones filosóficas o humanitarias, en profundas razones


morales y en motivos religiosos.
Por ejemplo, un anestesista que se niega a colaborar
en la ejecución de un reo de pena de muerte puede hacerlo
por motivos distintos de los religiosos: humanitarios, por
considerar que la pena de muerte es una injusticia; profe-
sionales, por estimar que su preparación académica está
orientada a procurar la vida y no la muerte, etc.
En todo caso, el objetor deberá estar convencido de su
opción, de tal forma que no debe albergar duda de que lle-
var a cabo esa acción le produciría un daño moral. De ahí
que el presunto objetor deba realizar una honda reflexión
para aclarar sus pensamientos. No se trata de opciones
momentáneas, sino de cuestiones que afectan íntima y vi-
talmente al sujeto. El daño moral es el núcleo del asunto,
y permanece en un segundo plano el hecho de que contra-
diga la norma.

¿La objeción de conciencia al aborto se puede


solicitar por razones distintas de las religiosas?
8
¿Tiene límites la objeción de conciencia?

Sí. La objeción de conciencia está


limitada por el orden público, por la
seguridad jurídica y por la igualdad.

Uno de los problemas relativos a la objeción de con-


ciencia se refiere a su consideración como derecho: si se
trata de un derecho fundamental, de una derivación de un
derecho fundamental, etc. Esta cuestión excesivamen-
te técnica excede los fines de esta publicación. Por eso,
partiremos del hecho de que quien objeta en un Estado
democrático invoca ya un derecho; no solo apela a su con-
ciencia, sino que también exige el respeto del derecho que
la tutela.
Sin embargo, ese derecho a la objeción de conciencia
tiene unos límites. Se ha hecho alusión al orden público y
a la existencia de otros derechos en juego. Con respecto al
38 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

orden público, hay que destacar que se trata de un concep-


to jurídicamente indeterminado. Serán los jueces quienes
lo determinen en cada caso, confrontando las leyes y prin-
cipios, especialmente los de rango constitucional, con la
realidad social, ponderando también los bienes y valores
en juego.
En algunas ocasiones, se ha apuntado que el orden
público podría verse alterado si todos los profesionales
obligados a ejecutar determinada acción se negaran a lle-
varla a cabo. Pero esta afirmación es un contrasentido. Si
se diera el caso de una negación masiva a la obligación de
realizar una determinada acción, se pondría en entredicho
el propio sistema democrático, ya que acabaría por de-
mostrarse que la mayoría (o la totalidad) de la población
está en contra de esa norma. Esta cuestión, que no es más
que un elemento de dialéctica de salón, siempre se sugiere
en los debates que encienden quienes, oponiéndose a la
objeción de conciencia, quieren ver limitadas y cercena-
das las libertades individuales.

Objeción Orden
de conciencia público

En conclusión: la legitimidad de la objeción de con-


ciencia desaparece cuando entra en conflicto con otros
bienes y derechos fundamentales que resultarían irreme-
¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 39

diablemente dañados si persistiera la actitud del objetor.


Se trata de una labor de ponderación de los distintos va-
lores en juego. No sería justa la simple solución de hacer
prevalecer siempre el interés de la mayoría.

¿Es un atentado contra el orden público


que un farmacéutico no dispense la
llamada «píldora del día siguiente»?
9
¿Puede ser ilegal la objeción de conciencia?

La objeción puede ser legal o ilegal.

La objeción de conciencia será legal o ilegal según


el ordenamiento jurídico la reconozca como derecho o
no. El problema que se plantea en este punto consiste en
determinar quién, y con qué parámetros, debe decidir, en
última instancia, cuándo prevalece el principio de libertad
de conciencia sobre la protección y salvaguarda de otros
bienes o valores.
Para algunos autores este problema no existe, ya que,
si la objeción de conciencia no está reconocida, es el juez
quien, mediante la oportuna ponderación de los bienes en
conflicto, debe hacer prevalecer uno u otro; o si la obje-
ción de conciencia está reconocida, es la regulación que
especifica y encauza su ejercicio la que determinará sus
límites y condiciones.
42 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

En aquellos casos en los que el incumplimiento, por


motivos de conciencia, de un deber general esté permiti-
do, la objeción de conciencia deja de ser una desobedien-
cia a la ley, y pasa a convertirse en el legítimo ejercicio
de un derecho. De esta forma, la objeción de conciencia
se puede integrar en el ordenamiento jurídico. Y éste debe
encontrarse en disposición de ofrecer alternativas que
deshagan la inicial incompatibilidad entre la decisión de
la mayoría y el fuero de la conciencia.
Ilustra este apartado un ejemplo referido al servicio
militar. La objeción al servicio militar obligatorio obtu-
vo en España un «estatus de legalidad» al ser incluida en
el artículo 30 de la Constitución de 1978. En cambio, en
Turquía, en el año 2005, se suscitó un caso donde quedó
en evidencia que en ese país la objeción de conciencia
al servicio militar era ilegal. Se trata del proceso seguido
contra la escritora Perihan Mağden.

Perihan Mağ den (BBC News). Mehmet Tarhan.


¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 43

Mağden fue procesada por el Gobierno turco por una


columna publicada en diciembre de 2005, en la revista se-
manal Aktuel Yeni. En el artículo defendía con firmeza las
acciones de Mehmet Tarhan, un joven turco encarcelado
por negarse a cumplir el servicio militar obligatorio. Tar-
han había sido acusado de insubordinación, en virtud del
artículo 88 del Código Penal Militar turco. En Turquía,
este delito comporta una pena de entre tres meses y cinco
años de prisión.
La escritora afirmaba, en su artículo «La objeción de
conciencia es un derecho humano», que las Naciones Uni-
das, de la que Turquía es miembro, reconoce la objeción
de conciencia como un derecho humano. En respuesta a
la columna, el Ejército turco la acusó de intentar sublevar
al pueblo turco contra el servicio militar, presentó una de-
nuncia en contra de la escritora, y fue admitida a trámite.
Según las leyes turcas, no existe ninguna disposición so-
bre la objeción de conciencia al servicio militar obligato-
rio.
En este ejemplo se puede observar cómo no se admi-
te la objeción de conciencia al servicio militar e, incluso,
cómo se persigue a cuantos la reclaman. Es un caso de
objeción de conciencia ilegal.

¿En España conviven supuestos legales e


ilegales de objeción de conciencia?
10
Cuando se admite la objeción, ¿se pueden
poner ciertas condiciones a los objetores?

Sí, por eso se indica que la objeción de


conciencia puede estar reconocida condicional
o incondicionalmente por el Estado.

Se produce un reconocimiento incondicionado cuan-


do la ley atribuye eficacia jurídica a la simple declaración
objetora, con independencia de las razones en que se fun-
de y exclusivamente por razón de la convicción individual
expresada en la manifestación externa de la objeción.
Por el contrario, el reconocimiento es condicionado
cuando se exige alguna prueba que demuestre la admisibi-
lidad y sinceridad de las razones alegadas por el objetor.
El reconocimiento condicionado se justifica por el
hecho de que el Estado tiene el derecho y el deber de re-
gular y tutelar la objeción de conciencia. El Estado pue-
de ejercer esta tutela estableciendo un principio general
46 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

o mediante una norma particular, ejecutada cada vez que


haga falta.
Por ejemplo, el Estado de un determinado país puede
exigir al sujeto que quiere objetar al servicio militar obli-
gatorio no estar en posesión de licencia de armas. Tam-
bién puede darse el caso de que el Estado determine que el
médico que solicita objetar a practicar abortos en el sector
público tenga que demostrar que no los realiza en el sector
privado.

¿Dónde se podría establecer el límite en


un reconocimiento condicionado?
11
Con la objeción de conciencia,
¿se pretende modificar la norma
que produce el conflicto moral?

No, no se pretende modificar ninguna norma.

No podría admitirse ni considerarse como un derecho


una decisión que intentara cambiar una norma dictada por
una mayoría. Por lo tanto, con la objeción de conciencia
no se trata ni de un intento de obligar a la mayoría a mo-
dificar su decisión, ni de un deseo de obtener publicidad o
de pedir a la mayoría que reconsidere su decisión.
En este sentido, se puede admitir que la objeción de
conciencia es ajena a una finalidad política. El objetor
solo pretende que a él, particularmente, no se le obligue
a realizar una acción que repele a su conciencia. Por este
motivo, en algunos sectores se considera que la objeción
de conciencia es una manifestación de cobardía e incluso
de egoísmo. El argumento que se esgrime para avalar esta
afirmación se escalona así:
48 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

1. Quien considera contraria a su conciencia una


norma es porque la estima dañina para él o poco
respetuosa con los demás.
2. Esa persona no puede encerrarse en sí misma, pe-
dir que no le afecte a ella, y desentenderse del
resto de la humanidad.
3. Por eso, deberá intentar que aquella norma se
cambie para que otros no se vean en su situación
y, al mismo tiempo, para que se evite el mal que
se deriva de ella.
Esta línea argumental resulta, en teoría, impecable. Sin
embargo, hay que considerar un elemento de gran relevan-
cia: los problemas legales que desencadena esa opción.
No todas las personas están
en condiciones de arries-
garse a que las despidan de
la clínica donde trabajan
o de aventurarse a que les
cierren su farmacia. Por lo
tanto, más que una muestra
de egoísmo, la objeción de
conciencia es un elemento
de legítima defensa ante un
hecho considerado ilícito.
Además, el objetor puede
actuar contra la norma por
otros medios: con su voto
en las elecciones, etc.
¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 49

No obstante, es posible que, en un determinado mo-


mento, la actitud de un objetor trascienda a la opinión
pública. Pero el reconocimiento social de esta postura no
cambiaría la naturaleza de la objeción, al ser un hecho que
el sujeto no busca ni depende de su voluntad.
Por ejemplo, en California se suspendió la ejecución
de un reo condenado por violación, tortura y asesinato
(Mike Morales), por negarse a participar en ese proceso
los dos anestesistas que tenían que provocar la incons-
ciencia del presidiario antes de administrarle la inyección
letal. La negativa de los facultativos, con la consiguiente
paralización de la ejecución, tuvo una gran repercusión
mediática que movilizó a grupos contrarios a la pena de
muerte y a los partidarios de la objeción de conciencia.
Este efecto externo no fue buscado por los anestesistas,
sino que se presentó como una consecuencia de su deci-
sión. De ahí que pueda afirmarse que los facultativos, con
su omisión, no persiguieron una finalidad política, aun-
que, en definitiva, de ella se derivaron movilizaciones y
se volvió, incluso, a reavivar el debate sobre la ilicitud de
la pena capital.

¿La objeción de conciencia tiene una finalidad política?


12
¿La objeción de conciencia es
equivalente a la desobediencia civil?

No, porque en la desobediencia civil hay una finalidad


política y la omisión va acompañada de una acción
(aunque no siempre tiene que ser de tipo material).

La objeción de conciencia y la desobediencia civil


implican actitudes y comportamientos que, en ocasiones,
son difíciles de delimitar. Antes de intentar describir las
características comunes y diferenciales entre ambas figu-
ras, conviene recordar un célebre ejemplo de desobedien-
cia civil: el de Martin Luther King.
Martin Luther King fue pastor baptista y, en 1954, se
hizo cargo de una iglesia en la ciudad sureña de Mont-
gomery, Alabama. Desde allí luchó decididamente, con
métodos pacíficos, por la defensa de los derechos civi-
les. En este sentido, una de sus frases más conocidas es
«La violencia crea más problemas sociales que los que
52 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

resuelve». Al poco de llegar a Montgomery organizó y


dirigió un masivo boicot, de casi un año, contra la segre-
gación en los autobuses municipales. A lo largo de su vida
(murió asesinado en 1968) se implicó activamente en ac-
ciones encaminadas a evitar la discriminación racial. En
1960 aprovechó una sentada espontánea de estudiantes
negros en Birmingham para iniciar una campaña de al-
cance nacional. Por su participación en ese evento, fue
encarcelado, y posteriormente liberado por la intercesión
de John Fitzgerald Kennedy (candidato a la presidencia
de los Estados Unidos). Sin embargo, su actuación supuso
la igualdad de acceso para personas de distintas razas a
las bibliotecas, comedores y estacionamientos. En 1963,
encabezó una gigantesca marcha sobre Washington rea-
lizando una llamada a la paz y a la igualdad de los seres
humanos y, en 1965, lideró una manifestación, de casi un
centenar de kilómetros, de miles de defensores de los de-
rechos civiles.
La desobediencia civil engloba las manifestaciones de
insumisión al Derecho que, no obstante ser ilegales, guar-
dan una mínima lealtad al régimen jurídico político. Se
respeta el sistema, pero se intenta cambiar una norma (por
ejemplo, Martin Luther King respetaba el sistema; sin
embargo, dirigía su lucha contra ciertas normas de segre-
gación racial que consideraba que debían ser cambiadas).
De todo esto se puede deducir que se trata de un caso
de insumisión considerada ilegal, pero que al mismo
tiempo bordea los límites de la legitimidad (Martin Lu-
¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 53

ther King conoció la cárcel). Esta característica se erige


como uno de los factores determinantes de la desobedien-
cia civil.
Los principales rasgos que definen a la desobediencia
civil son:
• Se parte del respeto a la libertad ajena.
• Implica un comportamiento que pretende hacer pre-
valecer sus puntos de vista mediante la adhesión de
la mayoría.
• Tal conducta no vulnera las reglas fundamentales de
la democracia, ya que en todo momento se acepta el
sistema de legitimidad establecido.
• Persigue un cambio, pero con fidelidad al sistema
globalmente considerado.
• Utiliza procedimientos no violentos.
• Implica la aceptación de la sanción jurídica, ya que,
como se ha afirmado, si el infractor se adhiere a los
principios de justicia que inspiran el modelo cons-
titucional, parece lógico que también consienta la
justa reacción del ordenamiento.
Tras intentar reseñar algunas características de aproxi-
mación al concepto de desobediencia civil, conviene su-
brayar que, de hecho, las situaciones que la realidad social
presenta son tan complejas, que suele costar identificar en
ellas, con total nitidez, los rasgos señalados. También es
frecuente encontrar comportamientos o actitudes califica-
dos con el rótulo de «desobediencia civil» que, en reali-
dad, no encajan en las características reseñadas.
54 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

Objeción de conciencia Desobediencia civil

• Respeto a la libertad ajena.


• Procedimientos no violentos.
• Incumplimiento de una norma.

• Propósito defensivo. • Finalidad política.


• No persigue la anulación • Persigue la anulación
de una norma. de una norma.
• No sanción. • Sanción.
• Legal o ilegal. • Ilegal.
• Motivos morales. • Motivos morales/políticos.
• Directa. • Directa o inderecta.

Características comunes y diferenciales entre la


objeción de conciencia y la desobediencia civil.

El ejemplo que protagoniza Martin Luther King (1929-


1968) se puede considerar como un supuesto de desobe-
diencia civil, de acuerdo con el concepto que hoy se tie-
ne de ella. En cambio, la actitud de Gandhi (1869-1948)
puede exceder los límites de esta forma de resistencia al
derecho. Aunque los planteamientos del pacifista indio se
han encuadrado históricamente en el ámbito de la desobe-
diencia civil, Gandhi empleó procedimientos revolucio-
narios, como por ejemplo negarse a pagar los impuestos.
La Operation Rescue, llevada a cabo por los movi-
mientos pro-vida estadounidenses, es comparable con la
estrategia y táctica de resistencia no violenta que empleó
¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 55

Martin Luther King en la protesta en favor de los dere-


chos civiles de los negros norteamericanos durante los
años sesenta. Operación Rescue surgió, en el año 1986,
en los Estados Unidos y es uno de los grupos que más
abiertamente se oponen al aborto. Se acogen a métodos
de desobediencia civil, tácticas tomadas del movimiento
de los derechos civiles en contra de la segregación racial
y que ahora utilizan en beneficio de los no nacidos. Las
técnicas empleadas son muy variadas, pudiéndose des-
tacar el encadenamiento a la puerta de una clínica abor-
tista, bloqueando su acceso, sentadas ante esas clínicas,
etc. Los actos convocados por Operación Rescue suelen
acabar con un balance de arrestos, periodos de prisión y
multas elevadas. No se trata de un supuesto de objeción
de conciencia sino de desobediencia civil.

Desobeciencia civil: Ghandi y Martin Luther King.


56 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

En los últimos tiempos, la confusión entre la objeción


de conciencia y la desobediencia civil ha recobrado un
gran interés. Se debe a dos factores:
1. En algunos países, donde un determinado tipo de
objeción ha llegado a tener cierto peso, se ha in-
tentado limitarla aduciendo que la actitud objeto-
ra, cuando llega a asumirla un amplio colectivo,
se convierte en desobediencia civil y, por ello, no
puede consentirse.
2. En países en los que una determinada objeción
resulta molesta y se quiere limitar, o anular, se

El PSOE acusa de «desobediencia ci-


vil» a los objetores de conciencia
Por Luis Losada Pescador
Semanario Alba
Editado por Javier Sánchez Bujanda (PD)
Jueves, 4 de agosto 2005

El líder homosexual y concejal socialista del


Ayuntamiento de Madrid, Pedro Zerolo, ha afir-
mado en los cursos de verano de El Escorial
que “no teme” el recurso de inconstitucionalidad
contra la ley del ‘matrimonio’ homosexual. “El Tri-
bunal Constitucional no puede ir contra una mayoría parlamentaria”, señaló.
Además, Zerolo señaló que duda de que el PP pudiera anular la ley.
“Queda mucho tiempo para que el PP regrese al poder; además no lo hicie-
ron con la ley del aborto, no veo por qué lo iban a hacer con la ley del ‘matrimo-
nio’ homosexual”, señaló. Además, Zerolo mostró especial preocupación por
la objeción de conciencia que han anunciado algunos alcaldes y jueces. “Per-
seguiremos con toda la fuerza de la ley esa desobediencia civil”, señaló con
contundencia el líder homosexual, que parece desconocer la vía de la cuestión
de inconstitucionalidad contemplada en la ley del Tribunal Constitucional.

Pedro Zerolo califica al Foro Español de


la Familia de megacapitalista.
¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 57

intenta, con una finalidad claramente política,


confundir a la población asimilando la objeción
de conciencia con la desobediencia civil.
3. Ejemplos recientes de esta situación los encon-
tramos en las manifestaciones de dos políticos
españoles: el concejal por Madrid Pedro Zerolo y
el ministro de Justicia Francisco Caamaño.
En las intervenciones de Zerolo no escasean las alu-
siones que igualan la objeción de conciencia (a celebrar
matrimonios homosexuales, a cursar la asignatura Edu-
cación para la Ciudadanía, etc.) con la desobediencia
civil.
Por otra parte, en agosto de 2009, el ministro español
de Justicia, Caamaño, se mostró tajante en sus declaracio-
nes afirmando que «en nuestro país no hay más objeción
de conciencia que aquella que está expresamente estable-
cida en la Constitución o por el legislador en las Cortes
Generales. Todos estamos sometidos a la ley. Las ideas
personales no pueden excusarnos del cumplimiento de la
ley porque, si no, nos llevaría en muchísimos temas, en
este y en otros muchos, a la desobediencia civil». Si bien
estas declaraciones fueron después matizadas por el Mi-
nisterio de Justicia en los siguientes términos:

«Respecto a la objeción de conciencia, el ministro de


Justicia, Francisco Caamaño, afirmó que deberá ser regula-
da por las Cortes Generales, para evitar, también así, que la
objeción de conciencia, en general, pueda confundirse con
la desobediencia civil».
58 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

No obstante, lo cierto es que las anteriores alusiones


generaron en la opinión pública española un clima de con-
fusión con respecto a los límites de la objeción de con-
ciencia y la desobediencia civil.

¿Por qué a unos desobedientes civiles se les


reviste de un aura de idealismo y a otros se les
acusa de perturbar la convivencia social?
13
Respetar la objeción de las minorías,
¿puede beneficiar a las mayorías?

Sí. La objeción de conciencia es capaz


de resolver, por la vía de la excepción,
conflictos entre mayorías y minorías.

La objeción de conciencia es una buena herramienta


legal para ayudar a la integración de minorías religiosas y
culturales en ambientes que les son ajenos u hostiles. Este
hecho es habitual en nuestra sociedad, donde el mundo
globalizado parece que, al menos en teoría, pretende bo-
rrar fronteras entre los distintos pueblos que componen
nuestro planeta.
Un ejemplo lo representan los sijs, que tienen prohibi-
do, por razón de su creencia religiosa, cortarse el cabello,
y por eso los varones llevan el pelo protegido por un tur-
bante. Este hecho religioso puede ser admitido, como es el
caso del Reino Unido, donde a los miembros de la policía
60 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

que son sij se les ha permitido sustituir el gorro policial


por un turbante; o puede acabar rechazado, y provocar
una incómoda sensación de no integración. Un ejemplo de
esto último lo encontramos en
un pronunciamiento, del año
2006, del Consejo de Estado
francés al rehusar la demanda
de una persona de religión sij,
por impedirle hacerse la fo-
tografía de carné de conducir
con la cabeza cubierta con su
preceptivo turbante.
En este sentido, se puede
señalar que, de forma general,
En el Reino Unido se ha
se ha llegado a interpretar la permitido a los miembros
objeción de conciencia como de la policía que son
una expresión de la tensión sij, sustituir el gorro
policial por un turbante.
entre mayorías e individuos
que se suele producir en todo grupo social de carácter plu-
ral. Esto enlaza con la cuestión: ¿qué derechos tienen las
minorías en un Estado regido por las reglas de las mayo-
rías, y cómo poseen esos derechos?

¿Todas las demandas de las minorías


deben recibir la misma consideración?
¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 61

Los siguientes ejemplos pueden servir de ayuda para


contestar a esta pregunta:

La policía municipal de Novara, una


localidad situada en el norte de Italia,
ha impuesto una multa de 500 euros
a una mujer que paseaba cubierta con
el «niqab» (velo islámico que cubre
todo ell cuerpo excepto los ojos).

A Nadia Ewelda, empleada


de British Airways, se le
prohíbe llevar el colgante
con la cruz que se muestra
en la imagen (MailOnline,
14 de octubre de 2006).

Fatima Elidrisi tuvo


problemas, en un
colegio español,
por llevar el velo
islámico (El País, 7 de
noviembre de 2007).
14
¿Hay que pertenecer a un determinado grupo
para solicitar la objeción de conciencia?

No necesariamente.

Pertenecer a un grupo determinado –profesional, reli-


gioso, etc.– puede ayudar a facilitar la obtención del be-
neficio de la objeción de conciencia. No obstante, no es
una de sus características definitorias, ya que el número
de personas a favor o en contra de una norma específi-
ca no determina la cualidad de la omisión. Por ejemplo,
cada testigo de Jehová que objeta ante una transfusión de
sangre merece la misma consideración si es el único per-
teneciente a esa confesión en un país o si pertenece a un
colectivo más nutrido.
No obstante, sí es cierto que la demostración de una
atipicidad social de grupo es una valiosa ayuda para ve-
rificar que la solicitud de la objeción de conciencia es
auténtica.
64 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

Siguiendo con el ejemplo anterior, si en un país se


presenta la primera solicitud de un testigo de Jehová para
que no se le transfunda sangre, es fácil que el juez o el le-
gislador encuentren referencias sobre las prácticas de los
testigos de Jehová en otras naciones, con lo que hallarán
que no admitir transfusiones sanguíneas es una de las par-
ticularidades de ese grupo religioso. En cambio, si alguien
pretende que se le reconozca una determinada objeción de
conciencia por afectar a su credo religioso y él es el único
seguidor de esa confesión, será más complicado verificar
la buena fe de ese individuo y sopesar el daño moral que
le acarrearía cumplir con la norma que quiere eludir.

¿Es admisible otorgar la objeción de


conciencia a una persona que no pertenece
a ningún grupo social caracterizado por la
oposición a una determinada norma?
15
¿Cuáles son –fuera del ámbito sanitario– los
tipos de objeción de conciencia más frecuentes?

El que se refiere al servicio militar obligatorio y los


relacionados con símbolos o prácticas religiosas.

A) LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA AL SERVICIO MILITAR

Páginas atrás se ha hecho referencia a que ha sido una


constante, en el devenir de la humanidad, la pretensión
de algunos sujetos a no participar en la guerra o, al me-
nos, en una determinada acción militar. De hecho, hasta
hace relativamente poco, cuando se aludía a la objeción
de conciencia, se pensaba inmediatamente en el servicio
militar. Quizá porque la obligación de contribución mili-
tar ha estado presente en todas las sociedades y en todas
las épocas, por lo que la reacción contra ella, en forma de
objeción de conciencia, ha sido mucho más importante
y frecuente que otros supuestos de objeción que se han
presentado o que aparecen en la actualidad.
66 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

Es imposible poner una fecha al primer caso de ne-


gación a participar en un acto militar por cuestiones de
conciencia. Además, algunos ejemplos no están muy cla-
ramente definidos. Es el caso de la participación de los
primeros cristianos en el ejército. En las filas del ejército
de Roma militaron soldados y oficiales cristianos (Cor-
nelio y los santos Mauricio, Eustaquio y Sebastián), pero
también existió una corriente que objetaba al servicio
militar por ser inadecuado para el cristiano. Lo ilustra la
actitud del mártir San Maximiliano. En su proceso pro-
nunció la siguiente frase: «No me es lícito ser soldado,
porque soy cristiano». También hay quien mantiene que
en el Sermón de la montaña late la idea del rechazo al uso
de las armas contra el enemigo. De aquí se deduciría la
licitud de desobedecer a la autoridad, a favor de una ley
superior inscrita en la conciencia del hombre; y también la
preferencia por la desobediencia pasiva (pacífica) frente a
la activa (violenta).
En 1647, Cromwell estableció en su proyecto de Cons-
titución que obligar al servicio en la guerra era contrario a
la libertad. Incluso llegó a declarar que eso formaba parte
del derecho natural. En 1661, los cuáqueros obtuvieron
en Estados Unidos una reglamentación especial que les
dispensaba del servicio militar. Más de un siglo después,
en 1793, a los anabaptistas se les concedió la exención del
servicio militar y la asignación a diferentes servicios por
el Comité de Salud Pública francés. Por su parte, Napo-
león eximió del servicio militar obligatorio a los anabap-
¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 67

tistas, mennonitas, dukhobores y otras sectas de los países


conquistados. En 1875 se estableció en Rusia un servicio
civil (trabajos forestales) para los mennonitas. A lo largo
de todo el siglo XIX se constata un progresivo aumento de
las alegaciones contra el deber de servir a la nación en las
Fuerzas Armadas. Algunas de ellas tuvieron gran repercu-
sión en la inmediata posteridad, como la de Leon Tolstoi.
Desde entonces, los problemas suscitados en relación con
la objeción de conciencia al servicio militar obligatorio
se fueron sucediendo, y requirieron una respuesta legal
satisfactoria.
En el siglo XX, las motivaciones de los que no quieren
incorporarse al ejército ya no son solamente religiosas,
sino también éticas, humanitarias y pacifistas. El impulso
más eficaz en favor de la objeción de conciencia ante las
armas surgió a raíz de los traumas suscitados por las dos
atroces guerras mundiales. No obstante, hay que señalar
que el proceso de reconocimiento de la objeción de con-
ciencia ha sido muy desigual en los distintos países.
A finales del siglo XX, la objeción de conciencia a la
incorporación obligatoria al servicio militar comenzó a
perder protagonismo por haber encontrado un marco legal
apropiado en algunos países o por dejar de ser obligatorio
el servicio militar en otros.
68 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

B) LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA RELACIONADA CON


PRÁCTICAS O SÍMBOLOS RELIGIOSOS

En páginas anteriores se ha aludido al asunto, con-


cretado en: velos en la cabeza, cadenas con crucifijos,
etc. Las presiones para actuar en contra de las creencias
religiosas o la prohibición de estas prácticas han sido fre-
cuentes en la historia de la humanidad.
El gran Antíoco IV Epífanes, en el siglo II a. C., de-
cretó una persecución religiosa contra el judaísmo, in-
cidiendo en los dos aspectos reseñados: por una parte,
prohibió el culto y, por otra, obligó a comer carne de
cerdo a aquellos que lo tenían prohibido por su religión.
Eleazar se negó a someterse a esta coacción invocando el
«temor a Dios», que le prohibía por ley divina cometer
ese acto. Esta decisión le costó la vida. Los siete herma-
nos Macabeos rechazaron la idolatría, el culto pagano y
la adoración del emperador-dios. También se puede citar
el ejemplo de los tres jóvenes hebreos que se negaron a
adorar la estatua de oro erigida por Nabucodonosor, ya
que su conciencia les prohibía todo acto de idolatría (cfr.
Libro de Daniel, caps. 1-5).

«Sucedió asimismo que siete hermanos, que habían


sido detenidos con su madre, eran obligados por el rey a
comer carne de cerdo prohibida, flagelándoles con látigos
y vergajos. Uno de ellos, haciendo de portavoz, habló así:
“¿Qué quieres preguntarnos o saber de nosotros? Estamos
dispuestos a morir antes que transgredir las leyes de nues-
¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 69

tros padres”. El rey, irritado, ordenó poner al fuego sarte-


nes y calderos; y una vez que éstos se pusieron enseguida
al rojo, mandó que a aquel que se había hecho portavoz
de los demás le cortaran la lengua, le arrancaran el cuello
cabelludo y le amputaran los miembros a la vista de su ma-
dre y de los otros hermanos. Cuando había sido totalmente
mutilado, el rey ordenó que lo acercaran al fuego mientras
aún respiraba y lo frieran en la sartén. Mientras el humo se
expandía abundantemente en torno a la sartén, los otros se
exhortaban entre sí junto a su madre a morir noblemente,
diciendo: “El Señor Dios ve desde lo alto, y verdaderamen-
te nos consuela tal como afirmó Moisés en el canto de libe-
ración diciendo: Consolará a sus siervos”».

El martirio de los hermanos Macabeos (2 M 7, 1-6).


70 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

Sobre esta cuestión, el Nuevo Testamento ofrece va-


liosos testimonios que sirven de ejemplos históricos de la
negación a actuar en contra de la conciencia por motivos
religiosos. Así, importa destacar el precepto que establece
que «hay que obedecer a Dios antes que a los hombres»
(cfr. Hechos de los Apóstoles, 5, 29). En él queda refle-
jado que, en caso de conflicto entre conciencia y norma,
se debe optar por la primera. En las cartas de San Pablo
también se transmite una base sólida para argumentar la
objeción de conciencia. El Apóstol urge a los cristianos a
no dejarse influir por lo que ven en los paganos, sino que
se rijan por el dictado de su conciencia, que, informada y
renovada por la gracia, les hará «discernir cuál es la vo-
luntad de Dios, qué es lo bueno, agradable y perfecto»
(Carta a los Romanos, 12, 2).
En la actualidad, una sociedad marcadamente laicista
–que no es lo mismo que laica– está intentando ejercer
una férrea presión para que los símbolos religiosos aca-
ben relegados a la esfera privada y apartados del ámbito
público.

En el ámbito de la objeción de conciencia, ¿se pueden


considerar procesos equivalentes la prohibición de
realizar una práctica religiosa y la obligación de ofrecer
culto a una divinidad extraña a la propia religión?
16
¿Cuáles son los tipos de objeción de conciencia
más frecuentes en el ámbito sanitario?

La objeción de conciencia al aborto, la


eutanasia y los métodos anticonceptivos.

En este siglo nuestro, según se ha apuntado, el prota-


gonismo lo ha adquirido la objeción de conciencia rela-
cionada con la atención sanitaria; principalmente la vin-
culada al aborto quirúrgico y químico, a las transfusiones
sanguíneas y a la eutanasia. Sin embargo, no son los úni-
cos casos propios de la asistencia sanitaria.
Se percibe cierta tendencia a asociar la objeción de
conciencia sanitaria con la ejercida por médicos, farma-
céuticos y enfermeros cuando tienen que participar en una
acción que repele a su conciencia. Sin embargo, la obje-
ción de conciencia sanitaria es un concepto más amplio,
puesto que también abarca a los pacientes.
72 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

El caso más clásico de objeción de conciencia refe-


rida a los profesionales sanitarios es el del médico que
se opone a la realización de abortos. Es lógico que a este
profesional, formado para proteger la salud y la vida, en
consonancia con el Juramento Hipocrático o con la Decla-
ración de Ginebra, le puedan surgir profundos conflictos
de conciencia si se le obliga a colaborar en la eliminación
de un nuevo ser humano.
Pero el médico no es el único sanitario que colabora en
un aborto, ni éste representa el único deber profesional que
puede suscitar problemas de conciencia en un agente de la
salud. Por esta causa, paulatinamente, se han ido presentan-
do otras demandas de objeción de conciencia. En algunos
casos ya se ha obtenido un reconocimiento legal. Así, por
ejemplo, en España y Francia, las enfermeras y matronas
lograron el derecho a la exención de participar en abortos.
Actualmente, los farmacéuticos están librando una
ardua batalla para conseguir la objeción de conciencia a
dispensar «la píldora del día siguiente». No obstante, se
aprecia un matiz diferenciador: mientras la objeción de
conciencia de los médicos a no participar en abortos es
mayoritariamente respetada, la que plantean otros miem-
bros del personal sanitario se suele topar con verdaderos
obstáculos debido, sobre todo, a que su trabajo se consi-
dera de carácter secundario, porque deriva y es subsidia-
rio del trabajo del médico.
Además del aborto y la contracepción, han generado
demandas de objeción de conciencia la eutanasia, la este-
¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 73

rilización, el diagnóstico genético o la participación en la


ejecución de la pena de muerte.
En otras ocasiones son los pacientes, y no los sani-
tarios, quienes podrían ejercer el derecho a la objeción,
por motivos de conciencia, cuando no desean someterse
a un tratamiento o a una intervención quirúrgica determi-
nada. En virtud de la exigencia del consentimiento libre
e informado del paciente capaz, que le permite rechazar
todas las intervenciones que le propone el médico, la ob-
jeción de conciencia queda limitada a las intervenciones
sanitarias impuestas por ley como, por ejemplo, vacuna-
ciones obligatorias, encuestas sanitarias ante epidemias o
cuarentenas.
Uno de los supuestos que ha generado mayor aten-
ción, por su frecuencia, es el de los testigos de Jehová
cuando rechazan someterse a una transfusión de sangre.
Este grupo religioso tiene su particular interpretación del
pasaje bíblico de Levítico 3, 17: «Es una ley perpetua para
vuestras generaciones que donde quiera que habitéis nun-
ca comáis grasa ni sangre».
Otros casos similares serían los de determinados gru-
pos religiosos que se oponen a recibir productos bioló-
gicos procedentes de animales proscritos; la oposición
de mujeres, pertenecientes a ciertos credos religiosos, a
someterse a una exploración física practicada por varo-
nes; o la negación a recibir tratamiento farmacológico por
parte de quienes, apoyados en una concreta lectura de la
Epístola de Santiago 5, 14-15 («¿Enferma alguien entre
74 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia para que


oren por él, al tiempo que le ungen con óleo en nombre
del Señor. Y la oración hecha con fe salvará al enfermo,
y el Señor le curará; y si ha cometido pecado, le será per-
donado»), consideran que solo la oración es un remedio
válido; y podrían multiplicarse los ejemplos.

De los pacientes De los profesionales sanitarios

• Transfusiones de sangre. • Aborto.


• Productos biológicos. • Eutanasia.
• Tratamiento farmacológico. • Anticoncepción.
• Exploración física. • Pena de muerte.
• Vacunas. • Experimentación con embriones.
• Esterilización.

Objeción de conciencia
en el ámbito de las ciencias de la salud.

¿Cuál es la razón de que, en ocasiones, se permita


la objeción de conciencia al aborto a los médicos y,
en cambio, no se les autorice a las enfermeras?
17
¿Se considera la objeción de conciencia
una opción «progresista»?

Depende del tipo de acción y del momento histórico.

El reconocimiento de la objeción de conciencia ha


sido uno de los logros sociales más importantes del último
cuarto del siglo XX. Gracias a esta conquista, numerosos
jóvenes evitaron ingresar en prisión cuando decidían no
incorporarse al servicio militar obligatorio de su país, por
el daño moral que les producía empuñar un arma o pre-
pararse para la guerra. Se puede decir que en esa época
la objeción de conciencia al servicio militar obligatorio
representaba una opción «progresista» que abanderaban
los partidos de la denominada izquierda política.
En el siglo XXI, la objeción de conciencia militar ha
cedido su protagonismo a la de tipo sanitario. Cada vez
son más frecuentes las menciones a esta clase de objeción
de conciencia en los medios de comunicación, revistas es-
76 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

pecializadas del ámbito sanitario o por parte de diversos


agentes sociales. Pero resulta extremadamente llamativo
que muchas de estas alusiones se hayan pronunciado en
contra de la objeción y no a favor, buscando limitarla e in-
cluso eliminarla. Se trata de una oposición contra el logro
social del respeto a la libertad de conciencia que con tanto
esfuerzo se alcanzó con la implantación de los derechos
humanos.
Es interesante –y a la vez preocupante– observar el
cambio de lenguaje que se ha producido en los políticos
y otros agentes sociales. Aquella conducta que, en otros
momentos o circunstancias, fue defendida como una gran
victoria de las sociedades democráticas, se intenta presen-
tar ahora como reaccionaria y subversiva. Por ejemplo,
Ellen Goodman, en alusión a la objeción de conciencia
farmacéutica, cierra un artículo, publicado en 2005 en el
Boston Globe, afirmando que la farmacia no es un altar y
que la licencia del farmacéutico no incluye el derecho a
dispensar moralidad.
En este progresivo intento de promover el rechazo so-
cial a la objeción de conciencia sanitaria tiene una gran
influencia la presión ejercida por varios colectivos, prin-
cipalmente proabortistas y proeutanasia.
Por otra parte, también es preciso reconocer que, en
el ámbito sanitario, la objeción de conciencia ha estado
determinada por el modelo asistencial. En una época sus-
tentada en un paradigma paternalista, el médico decidía
lo mejor para su paciente; de ahí que no se presentara la
¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 77

posibilidad de verse obligado a realizar una elección con-


traria a lo que consideraba moralmente aceptable. Con
esas mismas premisas, la posible objeción del paciente no
era atendida, ya que el profesional sanitario era quien sa-
bía lo que convenía a su paciente, y su decisión no podía
ponerse en duda.

Caamaño: “No cabe objeción de con-


ciencia para los médicos” con la nue-
va Ley del Aborto.
Protestas contra la nueva Ley del Aborto en Madrid
(Efe).
El ministro de Justicia, Francisco Caamaño,
rechaza la creación de un registro de médi-
cos y sanitarios que quieran objetar a la fu-
tura Ley del Aborto por motivos éticos o mo-
rales, y asegura que “no cabe la objeción de
conciencia” en relación con este asunto por-
que conllevaría un acto de “desobediciencia
civil”. “En nuestro país no hay más objeción
de conciencia que aquella que está expresamente establecida en la Constitu-
ción o por el legislador en las Cortes Generales. Todos estamos sometidos a
la ley. Las ideas personales no pueden excusarnos del cumplimiento de la ley
porque, si no, nos llevaría en muchísimos temas, en éste y en otros muchos, a
la desobediencia civil”, afirma Caamaño en una entrevista concedida a Europa
Press.

En España, los partidos políticos que se autodenominan


progresistas son los que están poniendo más trabas
para el desarrollo de la objeción de conciencia.

Esta situación se ha invertido. Ahora predomina la


autonomía del paciente, y la responsabilidad recae en sus
derechos individuales. De esta forma la objeción de con-
78 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

ciencia de los pacientes se ha abierto paso en las actuales


legislaciones. En cambio, se ha limitado la posible obje-
ción de conciencia de los agentes sanitarios. Así piensa
por ejemplo Polly Thompson, editor de The Canadian
Pharmaceutical Journal, quien sostiene que, en la rela-
ción entre paciente y profesional de la salud, debe ser el
segundo el que respete las creencias religiosas del prime-
ro, y no al revés. Esto quiere decir que los médicos deben
responder antes a los intereses de los pacientes que a los
suyos propios (entendiendo el término «intereses» en un
sentido amplio).

¿Por qué se acepta que una persona no empuñe


un fusil para un posible enfrentamiento con
otro y, en cambio, no se quiere que se niegue a
valerse de un bisturí para eliminar a un feto?
18
¿No podría suceder que la objeción de
conciencia se extendiese a una gran cantidad
de servicios médicos y, por tanto, acarrease
consecuencias nefastas para la salud?

No: la objeción de conciencia solo afecta a


minorías. En caso contrario, habría que desconfiar
del sistema democrático, ya que se estaría
legislando en contra del sentir de la mayoría.

La clásica objeción de conciencia del médico a par-


ticipar en un aborto la reclaman ahora otros profesio-
nales –enfermeras y farmacéuticos–, y surgen nuevas
acciones sanitarias que son fuente de interrogantes y
conflictos éticos que pueden llegar, según algunos, a
generalizarse peligrosamente. Con esta premisa, cier-
tos sectores argumentan que la admisión de nuevos ca-
sos de objeción de conciencia podría hacer peligrar la
asistencia sanitaria. Para justificar esta conjetura, los
detractores de la objeción de conciencia muestran una
amplia lista de supuestos de objeción de conciencia. A
80 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

los clásicos de aborto y eutanasia se añaden las nuevas


tecnologías reproductivas, la asistencia sanitaria a pare-
jas homosexuales, etc.
En primer lugar, conviene distinguir por grupos y gra-
dos las distintas intervenciones médicas que podrían dar
lugar a un caso de objeción de conciencia. No son equiva-
lentes, por ejemplo, la eliminación de un feto y la omisión
de un tratamiento por infección. En el caso del aborto, si
un médico está convencido de que se le exige matar un
ser humano, y que todo ser humano tiene una dignidad
inviolable, es lógico que esa acción le provoque un daño
moral irreparable. En cambio, no atender a un paciente
con una infección no es equiparable al caso anterior: el
riesgo a no ayudar por miedo a contraer una enfermedad
no se sustenta en premisas equivalentes.
Además del aborto quirúrgico y químico, dos causas
más producen numerosos conflictos de conciencia: la eu-
tanasia y los diagnósticos genéticos. En cuanto a la pri-
mera, es coherente que los profesionales cuya función es
cuidar de la salud y la vida no estén dispuestos a provocar
la muerte de sus pacientes. En cuanto a los tests genéticos,
se genera un problema en aquellos profesionales que tie-
nen que informar de resultados que llevarán al informado
a decidir la eliminación del embrión. Se trata del supuesto,
por ejemplo, de una mujer embarazada que conoce el diag-
nóstico de la patología que padece su hermano: distrofia
muscular; un desorden que solo se manifiesta en los varo-
nes. La mujer puede solicitar un diagnóstico prenatal para
¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 81

saber si su hijo padecerá la enfermedad y para provocar el


aborto en caso afirmativo.
En este mismo sentido, se señala también que la ob-
jeción de conciencia puede tener consecuencias nefastas
para la salud. Esta afirmación, que suele ser uno de los
argumentos más repetidos en contra de la objeción de
conciencia, no pasa de ser un recurso dialéctico. En todas
las legislaciones se estipula que la objeción de conciencia
tiene unos límites, entre los que se encuentra la vida. Por
ejemplo, si se objeta a practicar un aborto, se está defen-
diendo la existencia de un ser humano –el concebido–, y
se puede perjudicar el «estilo de vida» de aquella mujer
para la que tener un hijo suponga un obstáculo en su «de-
sarrollo vital». La práctica demuestra que, ante tal dico-
tomía, los poderes públicos admiten que los profesionales
sanitarios se puedan decantar por la defensa del valor de
la vida.
La variante de objeción de conciencia sanitaria que
enciende más polémica en la reciente bibliografía cientí-
fica corresponde a «la píldora del día siguiente». También
este caso proporciona elementos para la reflexión.
El problema aparece cuando el médico objeta a pres-
cribir el método postcoital o el farmacéutico objeta a
dispensarlo. Se suele argüir que, si a causa de esto, la
mujer queda embarazada, después tendrá que recurrir
a un aborto. Este «argumento» es capaz de lograr una
gran cantidad de adeptos, pues induce a pensar que es
mejor la utilización de un anticonceptivo que la práctica
82 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

de un aborto. Pero la realidad es otra, ya que se trata de


un mismo proceso: en el caso de que se haya producido
la fecundación, se habrá cambiado el aborto quirúrgico
que se quería evitar por el aborto químico producido por
la píldora.

Píldora del día


siguiente

Aborto químico

Si ha existido
fecundación

Aborto quirúrgico

Intervención
quirúrgica

Para defender la obligación de recetar o dispensar «la


píldora del día siguiente» también se esgrime el caso de
violación y la injusticia que supondría, por parte del médi-
co o el farmacéutico, no facilitar esa píldora a la mujer. Es
evidente que hay que mostrar una especial atención a la
mujer violada, ya que se ve afectada por problemas físicos
y psíquicos. La atención médica deberá estar orientada a
solventar todos esos factores negativos. No obstante, tam-
bién es lógico que, para aquellos profesionales sanitarios
que están convencidos del valor absoluto de la vida, esta
¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 83

situación tenga un límite: el de la muerte del concebido.


Además, cuesta justificar que lo más oportuno sea añadir
una nueva violencia a la que ya se ha perpetrado.
En este mismo campo aparece otra de las acusacio-
nes que se opone a la objeción de conciencia sanitaria. Se
trata de la afirmación de que puede llegar a ocasionar una
disminución en la eficacia del servicio asistencial, depen-
diendo del número de profesionales que se acojan a ella.
La verdad es que se trata de un planteamiento alejado de
la realidad. La objeción de conciencia es el recurso en el
que se refugian los profesionales que están convencidos
de que no deben realizar una acción que la norma legal
les impone; norma que, en países democráticos, está ava-
lada por la mayoría de los ciudadanos. Por lo tanto, será
siempre una minoría la que se acogerá a la omisión, y su
situación no llegará a afectar a la eficacia del servicio.
No obstante, si la masiva omisión consiguiera alterar la
asistencia sanitaria, habría que plantearse por qué razón
una determinada norma, que debería ser aceptada por la
mayoría, provoca ese rechazo.
También se afirma que los pacientes no tienen por qué
verse afectados por las creencias de los profesionales que
los atienden. Se señala que, si se admite la objeción de
conciencia, algunos pacientes se verán privados de auxi-
lio y, posiblemente, mermada o mediatizada la informa-
ción que reciben. Desde esta perspectiva, se ha llegado
a proponer que la objeción de conciencia se acepte en el
sector privado pero no en el público. Pero en este plantea-
84 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

miento se olvida algo importante: que el proceso asisten-


cial no es unívoco; son dos personas las que se encaran a
un problema médico; y es necesario que, en ese proceso,
se respeten tanto los intereses del enfermo como la buena
praxis del profesional sanitario.

Cuando una determinada profesión considera que no


debe participar en una acción, ¿hay que respetarla
o se debería obligar a cambiar de parecer?
19
Si se admite la objeción de conciencia
sanitaria, ¿el objetor tiene que derivar
al paciente a otro profesional?

Es una exigencia que solo se


presenta en algunos países.

En el supuesto de admitirse la objeción de conciencia,


se puede llegar a exigir que el objetor tenga que propor-
cionar al paciente la información necesaria para que que-
de satisfecha su demanda. Por ejemplo, un farmacéutico
que no dispense «la píldora del día siguiente» tendrá que
indicar al usuario en qué establecimiento sanitario la pue-
de conseguir.
Ésta es una de las cuestiones que, en los últimos años,
ha adquirido más relevancia en el debate sobre la objeción
de conciencia sanitaria. Se observa cierta tendencia a que
sea admitida la objeción de conciencia, pero con la obli-
gación de derivar el paciente a otro profesional que pueda
satisfacer su demanda.
86 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

Aunque se ha señalado que la legislación de algunos


países mantiene este requisito, también hay que destacar
que no deja de ser un planteamiento ilógico. Efectivamen-
te, si se acepta, por ejemplo, que un médico no ejecute un
aborto porque para él supone la consumación de la muerte
de un ser humano, no se puede pretender que ese mismo
profesional derive a la paciente a otro médico para que
perpetre ese asesinato. Es la misma diferencia que exis-
te entre apretar el gatillo de una pistola para matar a un
inocente e informar de quién puede empuñar el arma de
fuego con ese cometido.

¿Para un médico que objeta a practicar un


aborto puede suponer un atentado contra
su conciencia informar a la mujer de dónde
le pueden realizar esa intervención?
20
¿La objeción de conciencia es una opción
agresiva para el resto de la población?

No, el objetor no intenta imponer


su criterio a los demás.

Con la objeción de conciencia no se intenta imponer


una opinión (religiosa o no) a otras personas. Tan solo se
reclama, pacíficamente, el respeto a una convicción éti-
ca que forma parte de la identidad moral del sujeto que
la demanda. Como es bien sabido, los afectados por el
reclutamiento obligatorio no intentaban agredir a nadie:
solicitaban que se atendieran sus planteamientos éticos.
La objeción de conciencia nunca implica agresividad.
Al contrario, es una vía civilizada y pacífica a través de la
cual el sujeto demanda que se le deje vivir en paz con su
propia conciencia. Por lo tanto, es una de las formas más
eficaces de resolver, de modo tolerante y democrático, las
tensiones entre mayorías y minorías que suelen surgir en
88 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

toda sociedad plural. De ahí que carezcan de sentido al-


gunas afirmaciones como la de que admitir la objeción de
conciencia puede generar una atmósfera opresiva genera-
da por grupos minoritarios.
Por lo tanto, a la formulación de si la objeción de con-
ciencia es una opción agresiva para el resto de la pobla-
ción, se le podría dar otra lectura en sentido contrario: No
admitir la objeción de conciencia supondría la opresión de
una minoría a cargo de la mayoría.
También se ha dicho que en una sociedad secular no se
pueden imponer concepciones religiosas de la vida. Pero,
como ya se ha argumentado, la objeción de conciencia no
solo se solicita por motivos religiosos, también se recla-
ma basándose en aspectos de índole ética. Además, el no
realizar un acto en concreto no supone una imposición de
un credo religioso a la sociedad. En cambio, no permitir
la objeción, sí constituye una imposición por parte de una
mayoría sobre la actuación de un profesional que quiere
ser coherente con sus creencias religiosas.
En este mismo sentido, se alude al peligro que podría
plantear el hecho de que las creencias de un profesional
quieran ser impuestas como la verdad. Desde luego, se
supone que si alguien objeta en conciencia lo hace por
estar convencido de hacer lo correcto. No es congruente
que un determinado profesional se enfrente al sentir so-
cial, al riesgo de perder clientes o pacientes, etc., si no está
plenamente convencido de su planteamiento. Pero eso no
significa que el objetor pretenda imponer esa verdad al
¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 89

resto. Si fuera ése su objetivo, buscaría otro vehículo le-


gal, como por ejemplo la desobediencia civil o la rebe-
lión. El objetor no busca un cambio en la legislación, no
pretende la adhesión de los demás: se limita a solicitar que
se le permita actuar conforme a su conciencia.

Intenta vivir conforme


a «su verdad»

No intenta imponer
«su verdad» a los demás

El farmacéutico que no dispensa la píldora


postcoital por su efecto sobre el embrión y, con
eso, pierde ventas y clientes, ¿está intentando
imponer su criterio al resto de la población?
21
¿La objeción de ciencia es un concepto
equivalente al de objeción de conciencia?

No, la objeción de ciencia es diferente


de la objeción de conciencia.

Cuando se hace referencia a la objeción de ciencia


se piensa, en un primer momento, en la negativa de raíz
técnica a la práctica de alguna actuación que se exige a un
profesional. En esa definición tiene una relevancia espe-
cial el verbo «exige».
Por ejemplo, si una enfermera no realiza una deter-
minada acción dentro de su rutina laboral, de la que es
plenamente responsable, por considerar que no es correc-
ta técnicamente, esa profesional sanitaria podría apelar a
una omisión basada en cuestiones técnicas o de ciencia.
En este caso se encuentra en el campo de la exigencia
personal, la respuesta ante uno mismo, la buena praxis,
en la que el profesional toma la decisión que estima más
92 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

correcta. De ahí que no se vea en la necesidad de justificar


la razón por la que actúa así.
Pero la situación cambia notablemente si el «exige»
de la definición está motivado por un agente externo que
obliga a esa enfermera a realizar, por ejemplo, un tipo de
cura que considera inapropiado técnicamente. La profe-
sional apelará, como en el supuesto anterior, a la omisión
basada en cuestiones técnicas o de ciencia; pero, en este
caso, puede ser sancionada al encontrase con una obliga-
ción asentada en un precepto legal. Es aquí donde surge
el concepto de objeción de ciencia. La enfermera tendrá
que buscar un aval legal que sustente su opción técnica
para, de esa forma, evitar la sanción. Ese aval se encuentra
en lo que el ordenamiento jurídico denomina objeción de
legalidad.
Por lo tanto, la objeción de ciencia puede considerarse
una forma de resistencia que se fundamenta en la objeción
de legalidad: la razón para no realizar un determinado acto
es un mero conflicto de deberes de carácter legal.
Puede ampliarse esta reflexión sobre la objeción de
legalidad con otro ejemplo: el médico ante el aborto. En
este caso no se hace referencia al problema moral que
se le ocasionaría al médico por participar en ese proceso
–eso sería objeción de conciencia–, sino que se alude al
hecho de que la muerte directa de una vida humana no
entra dentro de la praxis específica médica de índole tera-
péutica para la que está orientada su profesión. El médico
se situaría frente a dos deberes: el general de proteger el
¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 93

derecho a la vida (amparado en la Constitución Españo-


la y en la Sentencia del Tribunal Constitucional de 11 de
abril de 1985) y el específico de terminar un embarazo
(si está dentro de los supuestos autorizados). En esa su-
posición, el médico se encontrará frente a un conflicto de
deberes legales. Podría optar por la regla general de pro-
teger la vida (y entonces abstenerse de cumplir el deber
de practicar un determinado aborto), o podría basarse en
la comprensión que el propio legislador tiene de la praxis
médica, que no incluye como servicio terapéutico la
muerte directa del no nacido. Como se puede comprobar,
la diferencia de esta figura con la objeción de conciencia
radica en que la justificación no es de carácter ético, sino
científico. En cambio, ambas figuras comparten el hecho
de tener la legislación como telón de fondo.

Objeción ––––––––––––
de conciencia ––––––––––––
––––––––––––
Herramienta legal ––––––––––––
para solucionar ––––––––––––
un problema ético ––––––––––––
(conflicto de conciencia) ––––––––––––
del profesional

Es importante volver a recordar que solo se apela a la


objeción de ciencia o conciencia cuando el sujeto se ve
94 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

sometido a una obligación. Si no existe una obligación,


la persona elegirá la opción que considere más oportuna
y no tendrá que buscar ninguna justificación legal a su
omisión.
En cambio, si el profesional se encuentra obligado,
por una determinada norma, a efectuar una acción que
considera injusta, deberá buscar un amparo legal que le
salvaguarde de no llevar a cabo aquella intervención. En
el caso de la objeción de ciencia, se tratará de la búsqueda
de un amparo legal –la objeción de legalidad– que avale
un argumento científico –praxis, forma de hacer, etc.– que
se opone a una opción que se le intenta imponer.

Demanda
Prescipción Libertad
del paciente/
de un de
Protocolo de
medicamento prescripción
actuación

Objeción de ciencia en
la prescripción

En resumen, la objeción de legalidad aplicada a los


supuestos sanitarios, cuando existe una base científica
para avalar la opción, es una objeción de ciencia. Es decir,
¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 95

no se trata solo de oponerse a la norma con una reflexión


científica, sino que se busca el respaldo legal al criterio
científico que sustentaría la objeción para, de ese modo,
no tener que sobrellevar una sanción.

Si una enfermera no atiende la demanda


de un paciente por considerar que no se
ajusta a la buena praxis profesional, ¿es
objeción de ciencia o de conciencia?
22
Una persona que no es objetora, ¿puede
solicitar ser objetora en un momento posterior?

Sí. Esa situación se denomina objeción sobrevenida.

La objeción de conciencia sobrevenida surge cuan-


do el profesional, inicialmente, no se plantea, en relación
con una determinada actividad o trabajo, ningún proble-
ma moral. Sin embargo, en el trascurso de la actividad
–debido, por ejemplo, a un conocimiento más profundo
del trabajo o a percibir alguna cuestión que antes no había
considerado– se le plantean problemas morales y no está
dispuesto a seguir realizando esa acción.
Los supuestos en los que un profesional conoce ini-
cialmente las condiciones de su trabajo pero luego las re-
chaza no dejan de ser frecuentes y tienen difícil solución.
Se concitan intereses y valores contrapuestos: por una
parte, la conciencia del trabajador, que repudia la reali-
zación de una determinada actividad; por otra, el interés
del empresario, que no tiene por qué «cargar» con una
98 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

situación que ya estaba contractualmente admitida. Asi-


mismo, se entiende que la razón última que late detrás de
la negativa a aceptar la objeción de conciencia sobreveni-
da es el riesgo que implica para la organización y el buen
funcionamiento de los servicios sanitarios.
Ciertos autores indican que, en casos excepcionales,
se podría aceptar que determinados tipos de personas ne-
cesiten de la experiencia práctica para que se desarrollen
valores morales generales que son incapaces de compren-
der en abstracto. Solo en esos casos tendría explicación la
objeción de conciencia sobrevenida.
En principio, nadie nace objetor de conciencia, sino
que las cuestiones de conciencia aparecen en un momento
determinado de su vida. Se trata de una posición religiosa

Aborto

I El médico provoca
un aborto

El aborto realizado genera en el


médico un grave daño moral

II Se requiere al médico
para un nuevo aborto

Objección de
conciencia Rechaza realizar el aborto
sobrevenida
¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 99

o ético-filosófica que se asume cierto día, y no se ha pro-


ducido en el tiempo anterior. En este sentido, no puede
desconocerse que la conciencia personal no es algo inerte
o estático, sino dinámico, en formación continua, y que su
configuración depende de multitud de factores de orden
interno y externo. Además, también es necesario tener en
cuenta que cuando más fácilmente pueden surgir proble-
mas de conciencia es en el momento en el que se empieza
a comprender la dimensión real y el alcance del nuevo tra-
bajo o actividad. Esto se debe a que, en ocasiones, no ha
habido la suficiente reflexión sobre lo que se iba a reali-
zar. Hace falta la proximidad para saber vislumbrar todos
los valores que quedan afectados por un nuevo trabajo, lo
que puede motivar que, en un momento posterior, surja
una conciencia sincera contraria a esa actividad.
De cualquier modo, la peor solución es la de no admi-
tir la objeción de conciencia sobrevenida, porque equivale
a forzar a quienes la plantean, y supone violentar sus con-
ciencias y convicciones de una manera irreversible.
Muchos países han reconocido la objeción de con-
ciencia sobrevenida. Por ejemplo, en España, la primera
sentencia favorable a la objeción de conciencia de las ma-
tronas tuvo su origen en el cambio de parecer de matronas
que, hasta ese momento, habían colaborado en abortos.

La objeción de conciencia sobrevenida ¿es


propia de personas poco reflexivas?
23
¿La Iglesia católica se ha pronunciado
sobre la objeción de conciencia?

Sí, se ha pronunciado en numerosas ocasiones


a favor de la objeción de conciencia.

La Iglesia católica ha tenido presente, desde sus ini-


cios, la importancia que tiene para un individuo no so-
meterse a mandatos que supongan un atentado contra su
conciencia. Ya en el Nuevo Testamento hay precedentes
de esta postura, como se ha señalado en páginas anterio-
res. También hay alusiones a la objeción de conciencia en
los escritores cristianos desde el siglo IV.
La actitud de la Iglesia católica es, por lo tanto, cohe-
rente con su historia, ya que el nacimiento de la objeción
de conciencia debe mucho a la actitud de los primeros
cristianos y a su negativa a acatar las órdenes del poder
civil, hasta el extremo de perder su propia vida. De hecho,
para la mayoría de los autores, este comportamiento es el
102 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

primer ejemplo histórico que reúne los verdaderos requi-


sitos de la objeción de conciencia. En realidad, la nueva
religión difundirá un mensaje de salvación que proclama
la supremacía del individuo, la contingencia de la vida
terrena, la esperanza en un futuro remoto y la liberación
de la conciencia individual del poder terrenal. Y, al mismo
tiempo, solicitará un marco adecuado para que hombres y
mujeres puedan obrar en conciencia. Por ejemplo, podría-
mos destacar toda la reflexión sobre la guerra justa articu-
lada en San Agustín y desarrollada por Santo Tomás, por
Francisco de Vitoria y otros.
También aparecen referencias a la objeción de con-
ciencia en textos recientes. Por ejemplo, en la Encíclica
Pacem in terris de Juan XXIII (1963), se afirma que es
una exigencia de los poderes públicos el contribuir po-
sitivamente a la creación de un ambiente que facilite el
efectivo ejercicio de los derechos y el cumplimiento de
los deberes de los ciudadanos.
A partir del Concilio Vaticano II aumentan los escritos
y las manifestaciones en defensa de la objeción de con-
ciencia. La Declaración Conciliar sobre libertad religiosa
Dignitatis Humanae no hace referencia directa a la obje-
ción de conciencia, pero asegura las bases para su defensa
al constatar que no solo existe un derecho a la libertad
religiosa, sino también a actuar de acuerdo con el propio
credo. También es muy representativo el párrafo 79 de la
Constitución Pastoral Gaudium et Spes (1965), en el que
se menciona la razonabilidad de que las leyes tengan en
¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 103

cuenta a los objetores en los términos siguientes: «Parece


justo que las leyes prevean humanitariamente el caso de
quienes rehúsan emplear las armas por motivos de con-
ciencia, pero, sin embargo, aceptan otra forma de servir a
la comunidad humana».

Guerra y servicio militar

Aborto / Anticonceptivos

Eutanasia

Actividad política

Tipos de objeción de conciencia sobre los que


se ha pronunciado la Iglesia católica.

La Congregación para la Doctrina de la Fe, en la Ins-


trucción Donum Vitae (1987), hace una referencia directa
a la objeción de conciencia cuando afirma que ante leyes
ilícitas «se debe presentar y reconocer la objeción de con-
ciencia».
Pero la Iglesia católica no solo se ha pronunciado so-
bre la objeción de conciencia en el caso de la guerra, sino
que también ha considerado otras situaciones en las que
acatar una norma puede dañar la conciencia del individuo.
Esta idea se encuentra claramente expuesta en la Encícli-
ca Evangelium Vitae cuando, en alusión a los atentados
104 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

actuales contra la vida humana, afirma que «el aborto y


la eutanasia son crímenes que ninguna ley humana puede
pretender legitimar. Leyes de este tipo no solo no crean
ninguna obligación de conciencia, sino que, por el contra-
rio, establecen una grave y precisa obligación de oponerse
a ellas mediante la objeción de conciencia».
En lo que afecta a los dirigentes políticos, la Con-
ferencia Episcopal Española se manifestó con estas pa-
labras: «Es obligación de los católicos presentes en las
instituciones políticas ejercer una acción crítica dentro de
sus propias instituciones para que sus programas y ac-
tuaciones respondan cada vez mejor a las aspiraciones
y criterios de la moral cristiana. En algunos casos pue-
de resultar incluso obligatoria la objeción de conciencia
frente a actuaciones o decisiones que sean directamente
contradictorias con algún precepto de la moral cristiana»
(Testigos del Dios Vivo. Reflexión sobre la misión e iden-
tidad de la Iglesia en nuestra sociedad, Madrid, 24-29 de
junio de 1985).
Por su parte, Juan Pablo II afirmó que «el rechazo a
participar en la ejecución de una injusticia no solo es un
deber moral, sino también un derecho humano fundamen-
tal. Si no fuera así, se obligaría a la persona humana a
realizar una acción intrínsecamente incompatible con su
dignidad y, de este modo, su misma libertad, cuyo sentido
y fin auténticos residen en su orientación a la verdad y al
bien, quedaría radicalmente comprometida» (Evangelium
Vitae, n. 74).
¿QUÉ ES LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA? 105

Por último, Benedicto XVI se ha referido frecuen-


temente a la objeción de conciencia. Por ejemplo, en el
discurso pronunciado en el Congreso Internacional de
Farmacéuticos Católicos, en 2007, se dirigió a los espe-
cialistas diciéndoles que «la objeción de conciencia es un
derecho que debe ser reconocido a vuestra profesión, para
que no tengáis que colaborar, directa o indirectamente, en
el suministro de productos que tienen por objetivo opcio-
nes claramente inmorales, como por ejemplo, el aborto y
la eutanasia». El Papa subrayó que el farmacéutico no es
un simple dispensador de medicinas. Los farmacéuticos,
«como intermediarios entre el médico y el paciente, tie-
nen además un papel educativo ante los pacientes en el
uso adecuado de los medicamentos y sobre todo a la hora
de informar sobre las implicaciones éticas de la utilización
de ciertos medicamentos». En este campo, añadió, «no es
posible anestesiar las conciencias, por ejemplo, ante los
efectos de moléculas que tienen por objetivo evitar la ani-
dación de un embrión o abreviar la vida de una persona».
Como resumen de este apartado se puede recordar lo
que indica la Declaración Dignitatis Humanae sobre la
libertad religiosa. Establece que el derecho «de la persona
humana a la libertad religiosa ha de ser reconocido en el
ordenamiento jurídico de la sociedad de forma que lle-
gue a ser un derecho civil», y que «el derecho a la liber-
tad religiosa no se funda en la disposición subjetiva de
la persona, sino en su misma naturaleza. Su ejercicio no
puede ser impedido, siempre que se respete el justo orden
106 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

público». En consecuencia, se hace «injuria a la persona


humana y al orden mismo que Dios ha establecido para
los hombres si se niega al hombre el libre ejercicio de la
religión en la sociedad, siempre que quede a salvo el justo
orden público».

A lo largo de los años, ¿en qué aspectos se


ha modificado la postura de la Iglesia católica
en relación con la objeción de conciencia?
Conclusión

La objeción de conciencia, en cuanto dimensión ex-


terna de la libertad ideológica y de conciencia, es un pilar
esencial en toda sociedad democrática. Por eso, ha sido
reconocida en numerosos textos legales y documentos
internacionales. Este reconocimiento tiene como conse-
cuencia, en numerosos países occidentales, el amparo ju-
rídico de la libertad de conciencia y, por derivación, de la
objeción de conciencia. No obstante, en los últimos años,
tal reconocimiento está siendo cuestionado, lo que nos
obliga a seguir profundizando en el fundamento, conte-
nido y posible aplicabilidad de la objeción de conciencia
a los nuevos supuestos y problemas que continuamente
presenta la realidad.
Despreciar la libertad de conciencia del sujeto supo-
ne un atentado a su dignidad. En concreto, obligar a un
profesional a que colabore en una acción que le produce
un grave daño moral implica someterlo violentamente al
grupo social, despreciar al individuo en razón de un falso
108 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

beneficio para la colectividad. Se trata, en definitiva, de


una nueva forma de totalitarismo.
Frente a ello, debe existir un equilibrio en la relación
entre la persona y la sociedad. En palabras de Maritain:
«No es el hombre quien está al servicio y a disposición
plena de la sociedad, como afirmaban los totalitarismos,
sino la sociedad quien debe ponerse al servicio de la per-
sona, porque es ésta el valor principal y primero por enci-
ma de cualquier organización. Pero, a su vez, la persona
no es una entidad egoísta que debe pensar sólo en su pro-
pio beneficio, como proponía el individualismo; es un ser
social, un ser en relación, que se debe a la comunidad, aun
sabiendo que está por encima de ella desde un punto de
vista ontológico».
Bibliografía

AGULLES SIMÓ, P., La objeción de conciencia farmacéutica en


España, Università della Santa Croce, Roma, 2006.
APARISI MIRALLES, A. y LÓPEZ GUZMÁN, J., «El derecho a la ob-
jeción de conciencia en el supuesto del aborto. De la funda-
mentación filosófico-jurídica a su reconocimiento legal»,
Persona y Bioética, 2006; 10 (26): 35-50.
ARMENTEROS CHAPARRO, J. C., Objeción de conciencia a los
tratamientos médicos, Colex, Madrid, 1997.
DURANY PICH, I., Objeciones de conciencia, Instituto Martín de
Azpilicueta, Pamplona, 1998.
FERNÁNDEZ-CORONADO, A., El derecho de la libertad de con-
ciencia en el marco de la Unión Europea: pluralismo y mi-
norías, Colex, Madrid, 2002.
GAWANDE A., «When Law and Ethics collide-Why physicians
participate in executions», New England Journal of Mede-
cine, 2006; 354: 1221-9.
GUITARTE, V. y ESCRIVÁ, J., La objeción de conciencia, Valen-
cia, Generalitat Valenciana, 1993.
HERBE, D. W., «The right to refuse: a call for adequate protec-
tion of a pharmacist’s right to refuse facilitation of abortion
and emergency contraception», Journal of Law and Health,
2002-3; 17: 77-102.
110 JOSÉ LÓPEZ GUZMÁN

HOYOS, I. M., «Problemática jurídica de la objeción de concien-


cia», Persona y Bioética, 2006; 10 (26): 69-84.
LÓPEZ GUZMÁN, J. Objeción de conciencia farmacéutica, Edi-
ciones Internacionales Universitarias, Barcelona, 1997.
—, «Gewissensvorbehalt im Gesundheitswesen und die eu-
ropäischen Gesetzgebungen», Imago Hominis, 2008; 15
(2): 101-119.
MÉMETEAU, G., «Bioética y objeción de conciencia», en
AA.VV., Vivir y morir con dignidad, EUNSA, Pamplona,
2002.
MILLÁN GARRIDO, A., La objeción de conciencia al servicio
militar y la prestación social sustitutoria, Tecnos, Madrid,
1990.
NAVARRO-VALLS, R., «La objeción de conciencia a los matrimo-
nios entre personas del mismo sexo», Persona y Derecho,
2005; 53: 259-92.
NAVARRO VALLS, R.; MARTINEZ-TORRÓN, J. y JUSDADO, M. A.,
«La objeción de conciencia a tratamientos médicos: Dere-
cho comparado y Derecho español», Persona y Derecho,
1988; 18: 171.
NAVARRO-VALLS, R. y MARTÍNEZ-TORRÓN, J., Las objeciones de
conciencia en el Derecho español y comparado, McGraw-
Hill, Madrid, 1997.
PALOMINO, R., Las objeciones de conciencia, Montecorvo, Ma-
drid, 1994.
ROJO SANZ, J. M., «Objeción de conciencia y guerra justa»,
Persona y Derecho, 1984; 11: 125-126.
SIEIRA MUCIENTES, S., La objeción de conciencia sanitaria, Dy-
kinson, Madrid, 2000.
TURCHI, V., I nuovi volti di Antigone: Le obiezioni di conscien-
za nell’esperienza giuridica, Edizioni Scientifiche Italiane,
Napoli, 2009.