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Resumen

Introducción
El tema del cual hablaremos en este trabajo es sobre la moral personal, el cual es un tema
de gran importancia ya que consiste en una serie de normas, reglas, valores, ideas
y creencias; en base a las cuales un ser humano viviendo en sociedad manifiesta su
conducta.
Nuestro propósito en este tema, es que al leerlo se pueda entender los diferentes conceptos
de moral personal Y también que los demás puedan aprender la importancia de este tema.

Definición
¿Que es la moral?

Según algunos pensadores como Jolivet, la moral es definida como “la ciencia de las leyes
ideales y de la actividad libre del hombre” en tanto Faulquié afirma que “la moral es la teoría
razonada del bien y el mal”...
Entonces podemos decir que la moral es en si denominada como un conjunto de creencias
y normas de una persona o grupo social que determinará el obrar (es decir, que orienta
acerca del bien o del mal —correcto o incorrecto— de una acción o acciones).
También son las reglas o normas por las que se rige la conducta de un ser humano en
concordancia con la sociedad y consigo mismo. Este término tiene un sentido positivo
frente a los de «inmoral» (contra la moral) y «amoral» (sin moral).
La moral como contenido se refiere a la existencia de determinados bienes, valores y normas
que sirven para orientar la libertad de los seres humanos, decide lo que nos va a garantizar una
buena vida en la cual la propia conciencia de libertad que tiene el ser humano determina que
sus actos sean susceptibles de recibir una calificación moral, es decir, que puedan ser juzgados
como buenos o malos. La moral es normativa ya que esta establece las normas entre lo que
esta bien y lo que es el mal, en otras palabras, lo que se debe o no hacer. Lo que se prohibe y
lo que se permite. Esto se muestra en las distintas costumbres y conductas humanas ya que
cada persona tiene una distinta moral.

La moral es totalmente adquirida, no es que uno nazca con ella, sino que está en función de la
sociedad, la determinación del bien y el mal depende en cada caso de nuestra situación
personal. Desde pequeño, uno es educado moralmente y guarda aquella educación en lo mas
profundo de nuestra conciencia, por ejemplo, al pegarle al gato nuestra madre dice - ¡No, no
hagas eso! - y al hacerlo por segunda vez nuestra conciencia empieza a actuar... - No debo
hacerlo porque me castigarán, es malo pegarle al gato... - . Según Sigmund Freud, cada
individuo nace con un “ello” o un tipo de instinto animal, el cuál viene sin moral alguna a la
cual se le incluye un “yo” que vendría a ser una base para la moral futura, ya que no es
simplemente moral porque el sólo hecho de implantarle una idea inconscientemente al sujeto
deja la cualidad principal de la moral... un acto elaborado y voluntario.

“Sólo disponemos de cuatro principios de la moral:


El filosófico: haz el bien por el bien mismo, por respeto a la ley.

El religioso: hazlo porque es la voluntad de Dios, por amor a Dios.

El humano: hazlo porque tu bienestar lo requiere, por amor propio.

El político: hazlo porque lo requiere la prosperidad de la sociedad de la que formas parte,


por amor a la sociedad y por consideración a ti” (Lichtenberg, Aforismos)

«La moral absoluta no existe y no puede existir porque cada persona tiene sus propias
creencias y ella es la que forma sus propias reglas morales para poder vivir de acuerdo con lo
que ella piensa, con lo que ella piensa que le hace sentirse satisfecha y contenta, sin sentir
obligación de obedecer lo que otros digan u ordenen».

Este código moral no debe ser impuesto por la sociedad a las personas, sino que el individuo lo
debe poder elegir libremente, por ejemplo, yo debo ser libre de elegir si acepto moralmente la
eutanasia o no, no se me puede imponer mi forma de valorar ciertas cuestiones. Por este
motivo, la moral es, sobre todo, una cuestión individual. Podemos definir la libertad como
la capacidad de la voluntad humana para elegir y decidir.

https://www.monografias.com/trabajos91/etica-y-moral/etica-y-moral.shtml

https://sites.google.com/site/ndkphilosophy/home/moral-personal-y-etica-ciudadana

No es moral robar para alimentar a tus hijos, es ético. Es un error suponer que moral y ética
son sinónimos, no sólo porque no lo son, sino que al hacerlo, caemos en la enorme pérdida de
desconocer la diferencia entre lo colectivo y lo individual, entre lo estático y lo dinámico.
Los valores de las sociedades y de las personas no son constantes, porque el ser humano
no es mediocre, y cambia constantemente, buscando siempre algo mejor que lo que
tiene. Esto se debe a que nos conformamos con la satisfacción que algo nos da, pero en
algún punto comprendemos que no es suficiente y buscamos una mejor respuesta.

Este ha sido el motor del desarrollo de la humanidad, y por esto hoy vemos como en
Occidente, la igualdad de la mujer es ampliamente aceptada, después de haber sido
enormemente reprimida.

¿Cómo se pudo dar ese paso? Logrando que la ética superara a la moral, lo que significa
que las objeciones de conciencia de unos ya fueran masivas dejando ver a la moral
como una minoría insostenible.

Søren Kierkegaard dijo en el siglo 19 que “la ética es la reflexión filosófica de la


moral”, y para muchos paso desapercibido, pero esta corta afirmación puede ser su más
fuerte testamento.

La moral es el acervo de valores de una sociedad; los mínimos comunes en que nos
hemos puesto de acuerdo sobre la forma en que nos relacionamos, como el respeto a la
vida y a la propiedad (privada y pública), la libre expresión, la forma de conformar los
gobiernos y de cómo estos nos pueden y hasta donde deben gobernarnos.

Por esto, la moral es listado de las ideas, ideales, valores y principios que unen a las
sociedades, y se ven reflejados en sus comportamientos, costumbres, hábitos, normas,
leyes e incluso en sus símbolos.

La ética es la reflexión que hace cada persona sobre esa moral o uno de sus puntos en
particular, bien sea de manera general o particular; como es el caso del aborto, donde
muchas sociedades lo consideran un delito, pero algunas personas piensan que no debe
ser así y buscan la forma de cambiar esa norma, por medio de reflexiones en la sociedad
que permitan un cambio colectivo de este imaginario, para transformar la sociedad, y
por ende, modificar la moral.
Mas, cuando una persona aborta en un entorno donde es prohibido sabe claramente que
está faltando a la moral y a la ley, pero en su reflexión considera que es éticamente
correcto lo que hace, pese a ser inmoral.

Así, la ética reflexiona, cuestiona, analiza y revisa continuamente la moral, porque la


segunda, se consolida en acuerdos tácitos que permiten el relacionamiento de las
personas, en el complejo mundo de los sistemas de creencias.

Las creencias son concepciones que tenemos de conceptos de la vida, la muerte, lo


correcto y lo incorrecto, que definen incluso la identidad de una persona: un católico
cree en la vida después de la muerte, en el derecho a la vida, a la propiedad privada, al
matrimonio como una institución fuerte y al respeto de sus ceremonias. Es por esto, que
cuando el estado, en un acto de transformación social, define que una pareja que viva
bajo el mismo techo por más de dos años, se considera que es una unión de hecho, o que
dos personas se pueden casar por lo civil y no deben hacer el rito del matrimonio, se
sienten afectadas, porque esos permisos del estado van en contra de sus creencias, que al
hacerlo, no solo refutan sus definiciones de las cosas, sino que de una u otra manera, le
dicen que “es posible que su creencia no sea la correcta, o por lo menos la única”,
poniendo a esa persona en una crisis compleja, porque causa que su sistema de
creencias sea diferente al socialmente normado.

Esto pasa mucho en las personas mayores, que han sustentado sus acervos de valores y
creencias en lo que era la moral en sus primeros 20 años, y que al ir cambiando estos
acuerdos sociales, ellos no los aceptan porque los consideran equivocados (lo cual es
completamente normal) y algunos se dedican a defender sus concepciones sobre las
nuevas.

Estas tensiones han movido al mundo. Se han visto en la ciencia, cuando se demuestra
que una verdad generalizada estaba equivocada, y debe ser redefinida como en el caso
de la tierra plana, el centro del sistema solar, los átomos, los microorganismos y
obviamente, la evolución de la especies.

Si la ética hablará con la moral, le preguntaría: “¿estas segura que eso es lo correcto, o
fue correcto tiempo atrás?”
Esto no debe justificar el incumplimiento de las normas, pero si motivar su reflexión y
dinámica.

La moral se compone de verdades, y cuando estas cambian, ella también debe hacerlo.
Consideramos que lo que siempre se ha hecho de una manera es lo correcto, olvidando
(muy convenientemente) que toda costumbre algún día fue una innovación, necesaria en
su momento y casi siempre muy improvisada, y con algún aire de ser temporal, pero
termino siendo continua.

Leyendo a Marvin Harris, se puede apreciar el origen de algunas de las creencias de las
religiones, como conceptos prácticos que solucionaron enormes problemas de las
sociedades, y que se presentaron como normas religiosas, para asegurar su
cumplimiento; esto ya no ocurre, porque ante la secularización de los estados, las
religiones no tienen el poder en el colectivo de las personas, y son las leyes las que
causan las nuevas creencias, no con la figura de una designio divino, sino de un acuerdo
de las mayorías para el bien común.

Por algún motivo, siempre justificamos las nuevas normas como un mecanismo en pos
del bienestar de todos, pese a que en muchos casos, son para el particular, como en el
caso del aborto, de la libertad religiosa, los derechos para homosexuales o la libertad de
expresión incluso, donde muchas veces el tema no es decir la verdad, sino como y
cuando se debe decir.

En el mundo de hoy, donde las redes sociales han permitido que muchos tengan voz, la
amplificación de los puntos de vista individuales ha sido enorme, causando que la
velocidad del cambio de la moral sea mucho más rápido que lo que puede ser absorbido,
causando no una crisis de valores, sino la presencia de varias morales al mismo tiempo,
que como un “tótem tribal” que reúne a muchos alrededor de un sistema de creencias,
como lo puede ser el “pensamiento” de derecha o de izquierda, que más allá de no estar
claramente definidos, dejan ver la tensión de la continuidad y el cambio, lo conservador
y lo liberal, lo de siempre y lo que vendrá.

¿Qué se debe conservar?, es quizá una de las preguntas más complejas en una sociedad,
porque los principios que han sido los ejes rectores de una civilización no deberían estar
en tela de juicio, como lo pueden ser la libertad, la justicia y la autoridad, pero sus
valores tienen a cambiar continuamente, pese a que estos parecen como
“innegociables”, como lo es el difícil tema del derecho a la vida, donde la discusión
sobre la pena de muerte y el aborto, entran a generar enormes diferencias en los acervos
de creencias de las personas de una misma sociedad. Lo mismo pasa con la justicia,
donde para unos esta debe ser dura y para otros debe ser más flexible, como en el caso
de los procesos de paz.

Es así, que desde mi parecer, primero vienen los principios, después los valores, que
desembocan en costumbres y finalización siendo normas, que deben soportar la revisión
ética del momento, y tener la humildad de transformarse cuando la realidad del
momento sea diferente; por esto la realidad no es la verdad revelada, sino la verdad que
comprendemos en cada momento de la sociedad, que es dinámica en todo sentido.

Muchas veces nos encontramos diciendo “el día hoy es soleado”, pese a que siempre en
todos los días podemos ver el sol, o afirmando “Dios quiera”, pese a ya no ser
religiosos. Esto ocurre porque en nuestra mente están estas ideas desde hace mucho
tiempo y es muy difícil desarraigarlas, y debido a esto, continuamente nos traicionamos
con nuestro propio lenguaje.

Esto nos deja ver que nos es muy difícil cambiar, incluso cuando estamos
completamente convencidos del cambio, y si para aquel que está determinado a
cambiar, le cuesta hacerlo, para una sociedad, es un camino muy complicado.

Un ejemplo de esto es un cambio tecnológico; por ejemplo, el caso de la banca digital,


que permite que las personas puedan hacer todo desde su intimidad y no deban acudir a
las oficinas bancarias. A primera vista parece muy bueno, muy fácil y fácilmente
masificable, pero tiene un enorme reto: las personas que desean seguir haciendo los
procesos en las oficinas o que requieren del comprobante físico del proceso. Claramente
hay soluciones para esto, y “el bien común” diría que se debe hacer lo que más personas
hagan, que sería el tema virtual, pero esto conllevaría a cerrar, cambiar y/o reducir las
oficinas, porque el cambio tecnológico da una mejor solución. Bajo esto, subyacen
muchas problemáticas obvias como el empleo de las personas en las oficinas, las
costumbres de algunos clientes, el impacto comercial de estas medidas e incluso el freno
de la producción de formularios, pero bajo estas obviedades, hay otros fenómenos más
complejos: las ciudades cambiaran, el uso del tiempo de las personas se redefine, las
interacciones sociales cambian y la percepción del dinero se modifica.

En “La Sociedad Contemporánea”, el italiano Paolo Macry, deja ver como la


arquitectura ha cambiado conforme la humidad lo ha hecho; sus materiales, los servicios
que debe tener una vivienda y obviamente su tamaño, que no solo tiene que ver con la
cantidad de personas por familia, sino por al escases de espacio en las ciudades y en
particular, con el tiempo que pasamos entre esas paredes.

En muchas ciudades (sino en todas), existe un enorme debate sobre que patrimonio
arquitectónico se debe conservar, y más si en ese terreno existe una oportunidad de
inversión (muy egoísta y rentable), o una oportunidad de desarrollo (colectiva y
necesaria): ¿se debe tumbar un edificio considerado de patrimonio para hacer un parque
en una ciudad?, lo que causa un enorme debate entre los puristas del patrimonio
arquitecnico y los ambientalistas, donde las preguntas van desde “¿Por qué quieres
borrar tu pasado, así sea doloroso, eliminando el arte mismo?”, hasta, “¿Qué estuvo
primero, el parque o el edificio?”.

El debate sobre el cambio siempre ha estado y estará; es necesario y sano, siempre y


cuando se de en el marco de las ideas y no de las pasiones, porque como seres humanos,
somos más pasionales que racionales, y cuando nuestras decisiones son movidas por el
ímpetu, el riesgo de cometer errores es mal alto, pero es lo más común y natural; es
decir, que de una u otra manera, un debate ético tiene mucho de antinatural, porque
tiende a darse desde la razón y no desde la emoción.

Más, en los últimos tiempos, parece ser lo contrario: los que no quieren el cambio y
aquellos que lo piden, no argumentan casi nada, y dejan que sean las emociones las que
brillen en el “debate”, donde el que grite más duro cree que le da la razón, lo que en
redes sociales es una anarquía sin sentido ni coherencia.

Hemos confundido la libertad de expresión, con el derecho de expresarnos. Toda


persona puede decir lo que piensa, considera y cree, pero no tiene el derecho de
imponerle esa “verdad” a los demás, y ha olvidado que el derecho a expresarse, conlleva
inevitablemente el deber de ser responsable de sus consecuencias; anteriormente (lo que
cada vez está más diluido), existían procesos editoriales, donde una firma era
acompañada de un proceso editorial que la avalaba, buscando que las ideas que se
publicaban tuvieran un sentido de responsabilidad más fuerte.

Hoy todos escribimos en redes lo que pensamos, y ahora estamos gobernados por un
estado de opinión enormemente peligroso, porque como lectores tenemos la concepción
que lo que está escrito es “verdad” y más aún si se presenta en una letra trabajada o con
una imagen impresionante, y si encontramos un argumento “inteligente” en un meme,
posteado por alguien que respetamos o admiramos, lo convertimos en una verdad, más
aún si estamos de acuerdo con el estamento.

Es aquí donde las verdades a medias, los sofismas, las frases grandilocuentes toman
fuerza, y validan la proclama de Göbbels, “una mentira dicha mil veces, se convierte en
una verdad”.

Los memes, no son otra cosa que ideas representadas en textos o imágenes, que se
contagian a gran velocidad, modificando el imaginario de las personas, y en este
entorno digital, es sencillo llegarle a muchas personas que consideren que esa idea es
correcta; más, pese a que muchas de esas ideas son sofismas para defender puntos de
vista e intereses políticos, algunos de ellos son reflexiones éticas fundamentales para la
masificación de las ideas que deben ser revisadas.

Un ejemplo cercano es el uso del “todas y todos”, que está en debate hoy en día; la RAE
afirma que no es necesario y los “puristas” dicen que siempre se ha usado así, y que no
tiene un sentido “machista”, sino que en el español es común el uso del masculino como
un genérico de especie, lo cual es cierto; más, la idea de visibilizar que somos dos sexos
diferentes y que esa diferencia es fundamental y enriquece, tiene mucho sentido. Espero
que esto llegue a un buen punto medio, o de lo contrario la escritura se convertirá en
tediosa para el lector, y desafortunadamente muchas obras literarias, serán vistas como
segregantes por su lenguaje, porque si llegamos al punto que acordamos que debemos
hablar de “todas y todos”, los que nazcan bajo esta premisa y la consideren lo
completamente correcto y común, leerán un poema de un hombre a una mujer, y lo
podrían calificar de insensible, homofóbico e incluso de machista.
El cambio es una constante, que debe poder respetar el pasado, transformar el presente y
permitir un futuro.

Idealmente todo debería ser permitido y darle la libertad a las personas de actuar según
sus propias convicciones, pero como sociedad, nuestros principios fundamentales no
permiten que esto ocurra, y hay cosas que no vamos a negociar, como que un mayor de
edad tenga sexo con un menor de edad, porque consideramos que una persona que no ha
logrado una madurez mínima en su vida, no tiene aún la capacidad de tomar decisiones
que tienen enormes implicaciones y responsabilidades; esto sin duda tiene enormes
connotaciones hipócritas, porque hace pocos siglos, era muy común y bendecido por la
iglesia católica inclusive, pero hoy lo vemos como algo malo, por múltiples razones,
que son más emocionales que reales.

Entonces, estas reflexiones éticas individuales y colectivas, y la defensa de la moral, la


tradición y las costumbres, han dado pie a que la indignación sea el motor del debate.
Aquel que se indigna por algo, se siente con la altura moral de criticar y condenar lo
ocurrido, sin conocer lo que paso ni mucho menos el contexto. Por eso nos indignamos
cuando leemos que alguien murió asesinado, y si los medios lo presentan como un
“líder social”, inmediatamente se condena a alguien por el hecho, sin pensar si quiera
que es posible que ese gran líder social, haya sido asesinado por otra razón; con esto no
quiero justificar nada, solo tocar una fibra sensible, para dejar ver la magnitud del
problema. Son miles de líderes sociales que hemos asesinado en el mundo, por sus
labores en esos campos, porque exigen cambios y control a quienes con poder y temor
quieren mantener el status quo.

La moral esta en cambio, pero no tiene la capacidad de cambiar rápido, porque se


parece a una prenda de ropa, viste a las personas por muchos años, y lograr que desde
mañana todos la cambien es casi imposible, porque es decirle a muchos que lo que
vestían ayer ya no sirve y que han estado equivocados.

El cambio cultural es de revoluciones silenciosas como lo expresa Inglehart, entre más


lentas y calladas sean es mejor, porque no generan crisis sino adaptaciones; las ideas, las
creencias, las ideologías y las “religiones”, viven un proceso de evolución igual que el
de los animales, donde no sobrevive la más fuerte, sino la que mejor se adapta, y esto
casi siempre implica que crece, porque adopta cosas del pasado y del presente, y se
prepara para las que vendrán.

Así, hoy tenemos una moral en occidente en función de la libertad, el capitalismo y el


libre albedrio religioso, y sobre esta, hemos construido miles de morales relativas según
diversos sistemas de creencias, que tienen que ver con los procesos históricos de cada
sociedad, sus carencias e insatisfacciones, donde el rol del pensamiento político y
religioso, en muchos casos supera al humanismo y la ilustración: defendemos más
ideologías y creencias, que la necesidad de ser compasivos y generoso, y que la
búsqueda del conocimiento.

Esto llega al punto que el debate sobre el homosexualismo usa a la ciencia para
demostrar si existe o no como una condición natural del ser humano, permitiendo que
haya dos evidencias diferentes de un mismo fenómeno.

Más allá que el homosexualismo sea natural o no, es una decisión individual, que debe
ser permitida por la sociedad, bajo la premisa que debe asumir las consecuencias que
conlleva, que en este caso son casi inertes, a diferencia del cigarrillo o el licor, que son
regulados, porque si causan externalidades claras, donde el derecho individual afecta el
derecho colectivo, cosa que no ocurre en la homosexualidad.

Desafortunadamente los pensamientos políticos se han convertido en sistemas de


creencias por los que muchos están dispuestos a matar, pese a que las creencias
políticas, deben ser reflejos de las propuestas sociales con las que queremos transformar
la sociedad.

Algunos defienden con armas en muchos casos sus derechos adquiridos, y otros están
dispuestos a atacarlos para quitárselos e imponer su sistema de derechos. Se supone que
la democracia es el camino para que estos cambios se den en occidente, donde un
presidente puede ser de izquierda, pero debe concertar con el legislativo que normas que
quiere cambiar según lo que él considera es lo mejor para todos, y las cortes defenderán
la constitución, como un ente mucho menos dinámico.
El cambio no puede ser simple, ni rápido, porque de lo contrario supone quitarles
derechos a unos para dárselos a otros, y eso desde el punto de vista de los primeros es
una injusticia, pero para los segundos, es injusto que los tengan.

¿Puede una minoría ser una mayoría?, si y es más común de lo que se cree, como en el
caso de los pobres, que por años fueron mayoría, siendo una minoría en el poder, o las
mujeres, que siempre han sido mayoría, pero que también son una minoría en poder y
sus derechos.

Veremos como la humanidad, en un proceso de cambio tan desordenado y anárquico,


logra establecer las mayorías para continuar el cambio, en un entorno donde cada vez
son más las minorías que dicen tener la razón. Es posible que estemos ante el fin de las
mayorías, y la imperiosidad necesidad de repensar la democracia.

(#ensayando es una serie de escritos, que son reflexiones que se van ordenando para
tener un sentido; por esto es un ensayo, un intento, un permiso de pensar sin toda la
estructura o la evidencia deseada)

DEFINICIÓN DE MORAL
Moral es una palabra de origen latino, que proviene del
términos moris(“costumbre”). Se trata de un conjunto de creencias,
costumbres, valores y normas de una persona o de un grupo social,
que funciona como una guía para obrar. Es decir, la moral orienta
acerca de que acciones son correctas (buenas) y cuales
son incorrectas (malas).