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¿Derechos?

pero si tú eres una puta: implicancias de la


formalización del trabajo sexual en el Perú

Presentada como parte del curso Investigación Académica, EEGGLL, PUCP

Sandra Jimena Quiliche Arévalo

20151946
0680b
a20151946@pucp.pe

Resumen
La prostitución es una actividad laboral que se encuentra estigmatizada socialmente. Dicha estigmatización
tiene repercusiones en el marco legal con el que se regula el trabajo sexual y depende, principalmente, de este
la situación de vulnerabilidad de las meretrices. La presente monografía abordará la formalización de la
prostitución y el impacto que genera en la violencia hacia las trabajadoras sexuales y la prevalencia y
prevención de enfermedades de transmisión sexual. Esto con la finalidad de demostrar que las condiciones
mencionadas de las trabajadoras sexuales mejoran en un contexto de formalización. Para ello se realizará un
análisis comparativo entre el contexto no formal de la prostitución en el Perú y el contexto de formalización
de las trabajadoras sexuales en Holanda, Alemania y Nueva Zelanda.

Palabras clave: prostitución, política pública, formalización, violencia, salud sexual

Julio 2017

0
Índice

Introducción 2

1. Capítulo 1: Violencia de género en el trabajo sexual 4

1.1. Factores que contribuyen a la violencia contra las trabajadoras sexuales informales en el Perú:
marco jurídico, organización y agentes involucrados en el meretricio 4

1.2. ¿Es el contexto de las trabajadoras sexuales formales una mejor opción en cuanto a reducción de
riesgo de sufrir violencia de género? 8

2. Capítulo 2: La situación de las trabajadoras sexuales respecto a la prevención de enfermedades


de transmisión sexual 11

2.1. Contexto de las trabajadoras sexuales informales y su relación con la prevención de


enfermedades de transmisión sexual 11

2.2. Situación del trabajo sexual respecto a la prevención de enfermedades de transmisión sexual bajo
la formalización 13

3. Conclusiones 16

Introducción

1
“No tenemos acceso a créditos, no tenemos acceso a un seguro, estamos expuestas a las mafias y a
la delincuencia, esto nos ha puesto en un estado de extrema vulnerabilidad […] Todos estos
problemas nosotras los hemos puesto en la mesa de las autoridades competentes y durante estos
años no se ha podido lograr nada. Somos seres humanos, el ejercicio del trabajo sexual lo hacemos
humanos, no lo hacen lacras o ciudadanos de quinta categoría” (Marchand, 2015). Esta fue la
declaración de Angela Villón, trabajadora sexual y ex postulante al congreso, cuya principal
motivación era la implementación de la formalización de la prostitución en el Perú.
Como menciona Villón, la ausencia de políticas y la negativa a crear estrategias específicas
sobre cómo regular la situación de las meretrices ha conllevado a que las trabajadoras sexuales se
encuentren en condiciones de vulneración. Dos dichas condiciones que se abordarán en la presente
monografía son la violencia hacia las meretrices y la prevalencia y la prevención de enfermedades
de transmisión sexual en las prostitutas; ello debido al contenido académico encontrado y a la
interrelación que existe entre estos dos aspectos.
En el caso de la violencia hacia las meretrices en Perú las trabajadoras sexuales al encontrarse
desprotegidas por el Estado son víctimas por parte de diversos agentes que las humillan, golpean e
incluso ultrajan sexualmente. Respecto a enfermedades de transmisión sexual, al encontrarse en un
contexto de rechazo social e institucional las meretrices se sienten estigmatizadas por realizar el
trabajo sexual lo cual influye en el acceso a los servicios de salud, en las prácticas de autocuidado
y en su salud mental (Amaya, 2005: 74). Ambos casos son una muestra de las condiciones
cotidianas de riesgo en las que se desarrollan las meretrices como consecuencia de la falta de
políticas que incentiven la formalización de las mismas. Es esta situación de vulneración y riesgo
en donde yace la importancia social que tiene abordar la formalización de la prostitución.
Por otro lado, la importancia académica de esta monografía surge debido a que, a pesar de que
la prostitución es un tema que cuenta con una gran cantidad de investigaciones, estas suelen ser de
análisis teórico de casos. Dichos análisis permiten entender la problemática que existe respecto a
las condiciones de las meretrices, pero no ejercen una incidencia con propósitos de mejoramiento
de dichas condiciones. Ello ha generado un vacío académico respecto a estudios que abarquen la
prostitución desde una propuesta de mejora para sus condiciones.
Es debido a este contexto de vulnerabilidad y de vacío académico que surge la pregunta sobre si
las condiciones de las trabajadoras sexuales mejoran bajo la formalización de la prostitución. Para
poder responder a dicha pregunta la presente monografía consistirá en realizar un análisis
comparativo entre la situación de las trabajadoras sexuales informales en Perú y las meretrices
formales en Holanda, Alemania y Nueva Zelanda. Ello con la finalidad de demostrar que las
condiciones de las trabajadoras sexuales sí mejoran bajo un modelo formal del meretricio. Es
importante señalar que la selección de dichos países se debe a que, actualmente, son pocos
aquellos que se rigen bajo este modelo de tratado jurídico de la prostitución y, de los encontrados,
son estos los cuales cuentan con mayor data para realizar dicho análisis.
Respecto a la organización de la investigación, esta consistirá en dos capítulos, los cuales
contarán con una división por sub-capítulos de los mismos. El primer capítulo abordará el contexto
de violencia de género que es propagada en el meretricio que tendrá como objetivo principal
analizar el contexto en el que se despliega la violencia de género hacia las trabajadoras sexuales
informales en su labor y explicar por qué las meretrices formales se encuentran menos expuesta a
dicha situación. Para el desarrollo de ello, el primer apartado consistirá en analizar el marco
jurídico, la organización y los agentes involucrados en el meretricio como factores que
contribuyen a la violencia contra las trabajadoras sexuales informales en el Perú. En contraste, el
segundo apartado responderá a la pregunta acerca de si es el contexto de las trabajadoras sexuales
formales una mejor opción en cuanto a reducción de riesgo de sufrir violencia de género. Respecto
al segundo capítulo, este analizará la prevalencia y prevención de enfermedades de transmisión

2
sexual en el meretricio. De igual manera que en el primer capítulo, en este los dos apartados que lo
constituyen serán de análisis comparativo de la situación de las meretrices informales y formales
respectivamente. Para el desarrollo de ello, se presentarán estudios clínicos sobre la prevalencia de
ETS en trabajadoras sexuales informales y formales y estos serán relacionados con las medidas de
salud que se tiene bajo la legislación del meretricio en ambos casos.

Capítulo 1

3
Violencia de género en el trabajo sexual
El presente capítulo tiene como finalidad realizar un análisis de comparación entre la situación de las
trabajadoras sexuales informales y formales respecto a la violencia de género. Para ello se conceptuará
violencia de género como todo tipo de violencia que constituye las relaciones sociales basadas en las
diferencias entre los sexos que puedan resultar en daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico
(Moreira y Monteiro, 2012).
En el primer sub capítulo se analizará los factores que contribuyen a que se propague la violencia de
género hacia las trabajadoras sexuales informales en el Perú. En contraste con la situación peruana, en el
segundo sub capítulo se presentará tres países que han formalizado la prostitución: Holanda, Nueva
Zelanda y Alemania. De ellos se analizará las reformas que se han realizado respecto a la prostitución y
las condiciones en las que se encuentran las meretrices que trabajan en dichos países.
1.1 Factores que contribuyen a la violencia contra las trabajadoras sexuales informales
en el Perú: marco jurídico, organización y agentes involucrados en el meretricio
El presente apartado desarrollará los factores que contribuyen a la violencia de género contra las
trabajadoras sexuales en el Perú. En un principio se presentará los cuatro tipos de modelos jurídicos con
los que se regula el meretricio en el mundo. A partir de ello se analizará aquel que es regido en el Perú y
se explicará cómo este crea un contexto propicio para el desarrollo de violencia de género hacia las
prostitutas. Así mismo, se presentará los escenarios en los que se realiza el trabajo sexual y los actores
que violentan a las que ejercen dicho trabajo. Todo ello con el fin de analizar el contexto en el que
despliega violencia de género hacia las trabajadoras sexuales informales en el ejercicio de su labor.
Para presentar los cuatro tipos de modelo jurídicos con los que se regula la prostitución en el mundo se
ha tomado como referencia el gráfico esquemático presentado por Ortiz:

4
1

Modelos
jurídicos

Modelo Modelo Modelo


Modelo legalista
prohibicionista abolicionista reglamentarista

- Las personas que Se tolera la


ejercen la Se considera toda prostitución a fin de
prostitución prostitución como preservar la salud y
reclaman el una explotación del el orden público.
reconocimiento de cuerpo y del ser - Se propugna la
sus derechos como Se propugna la humano. concentración
cualquier otro represión total de la - La abolición es una geográfica de los
ciudadano (entre prostitución. Siendo, postura contraria al prostíbulos y el
ellos el derecho a así la represión penal sistema aislamiento de
decidir, sobre cómo tanto para quienes la reglamentarista, a quienes ejercen la
supervivir y resistir a ejercen como a los todo tipo de prostitución.
la explotación), terceros involucrados regulación o - Es obligatorio la
- Se reconoce su en esta actividad. legalización de la inscripción de
actividad como un - Su objetivo es prostitución. quienes ejercen la
trabajo y se les erradicar la - Se muestra en prostitución.
otorga beneficios prostitución. contra de la - Es obligatorio la
sociales. Suecia, India y penalización de las obtención de una
- Sólo se sanciona Egipto personas que ejercen certificación y la
penalmente la la prostitución. supervisión sanitaria
intervención de Bélgica, Reino periódica.
terceros cuando el Unido, Francia e Perú, Bolivia,
T.S es forzado. Italia Argentina, México,
Alemania, Australia España.

En el Perú, el modelo jurídico con el que se regula la prostitución es el reglamentarista y, respecto a la


posibilidad de crear prostíbulos formales, bajo la legislación peruana no existe a nivel nacional una ley
que regule dicha actividad y es prerrogativa de cada municipalidad tal disposición (Ortiz, 2011: 246).

El trabajo sexual en el Perú se desarrolla de manera ilegal y legal, pero en ambos casos de modo
informal. En este punto es importante precisar la diferencia que existe entre el trabajo formal y el trabajo
legal. Por trabajo legal se entiende aquel que no transgrede ninguna ley o norma y que, por ende, no es
punible. En cuanto a trabajo formal, este se encuentra regulado por las autoridades competentes y
aquellos trabajadores que pertenecen a dicho sector cuentan con derechos y deberes laborales. Ambos no
se encuentran necesariamente vinculados siendo así que pueden darse situaciones en donde existan
1
2011 La Prostitución adulta no forzada, ¿libertad o esclavitud sexual? : balance, actualidad, perspectivas y propuestas
jurídico penales, caso : sexo-servicio en el distrito del Cercado de Lima

5
trabajos legales, pero no formales y esta es la situación de la prostitución voluntaria realizada por
mayores de edad en el Perú.
En esta monografía el objeto de estudio serán aquellas trabajadoras sexuales que ejercen el meretricio
de manera voluntaria. Sin embargo, esta no es la única manera en que se puede dar la prostitución, pues
ya que se ha especificado las diferencias entre legalidad y formalidad, existe también la prostitución
ilegal. Esta consiste en el forzamiento hacia otra persona para cometer actos sexuales y obtener beneficios
monetarios a partir de ello. En este caso también se incluye, sea el ejercicio de la prostitución forzada o
no, la prohibición de la prostitución por parte de menores de edad. Sobre ello, el Perú cuenta con diversas
normas que condenan y persiguen el ejercicio de esta forma de meretricio que bajo ningún contexto es
permitida.
Por otro lado, el ejercicio del meretricio legal debe ser voluntario y realizado por mayores de edad. En
este caso la prostitución se puede dar de dos maneras: La primera consiste en el ejercicio de la
prostitución en un establecimiento fiscalizado por la municipalidad y la segunda trata del desarrollo del
meretricio en lugares que no cuentan fiscalización. Sobre este último, el meretricio puede ejercerse en
vías públicas o locales cerrados.
En el primer caso de meretricio legal, la expedición de la licencia de funcionamiento dependerá de la
reglamentación que tiene la municipalidad en la que se quiere emprender el prostíbulo. Es así que, por
ejemplo, en Lima existen algunas municipalidades que permiten y cuentan con permisos para el
funcionamiento de estos y otras que prohíben la existencia de burdeles. En caso de encontrarse en una
municipalidad que permita el desarrollo de este negocio, las licencias de funcionamiento serán entregadas
a partir de los requisitos que dicha municipalidad considere necesarios. Es importante recalcar que en esta
situación las trabajadoras sexuales tampoco se encuentran en una situación formal de su trabajo, pero sí
trabajan en un establecimiento formal.
Existen dos prostíbulos legales en el Callao y ocho en Lima Metropolitana. Todos están regulados por
varias instituciones estatales, tales como la municipalidad de su distrito, el Ministerio de Trabajo y el
Ministerio de Salud. El hecho de contar con prostíbulos con licencia trae de por sí una incongruencia
normativa con respecto de las implicancias prácticas de la normatividad legal, ya que las mujeres que se
prostituyen son consideradas solo parcialmente como trabajadoras: no poseen derechos ni deberes
laborales. No obstante, se encuentran desempeñando su actividad en un espacio que sí los posee dado que
los establecimientos pagan impuestos. (Goreinstein, 2013: 31)
Esta forma de ejercer el meretricio, en comparación a como se desarrolla la prostitución en otros
escenarios en el Perú, es la menos crítica, pues se cuenta con mayor regulación y exigencias. No obstante,
a pesar de laborar en una empresa formal se les continúa negando el acceso a sus derechos laborales y su
reconocimiento formal de trabajadoras. En caso de alguna situación de explotación por parte del
empleador no cuentan con el apoyo legal bajo el cual podría ser tratado dicha situación, pues en principio,
no existe ningún acuerdo formal entre estas y los dueños de los locales.
Por otro lado, en el ejercicio del trabajo sexual en lugares clandestinos, este es en donde las meretrices
se encuentran aún más expuestas; ello se debe a que, además de estar en una situación de informalidad en
la que no se vela por los derechos que debiesen merecer, la clandestinidad solo incrementa su riesgo de
vulneración debido a que se enfrentan a la persecución policial, a los abusos por parte de proxenetas y
clientes.
En el caso de los proxenetas, el Código Penal peruano penaliza tres formas del intercambio sexual en
las que se encuentre un tercero. La primera, se trata del Favorecimiento a la prostitución que consiste en
promover o favorecer la prostitución de otra persona; el segundo, se trata del Rufianismo que penaliza
aquel que explota las ganancias obtenidas por una persona que ejerce la prostitución y el tercero, es el
Proxenetismo en donde se penaliza aquel que compromete, seduce o sustrae a una persona para entregarla
a otro con el objeto de tener acceso carnal. El uso de violencia o coerción no es necesario para penalizar

6
ninguno de los mencionados, pues ello se considera como un agravante del crimen y no como un requisito
necesario para considerar a los mencionados como crimen (Congreso de la República, 2004).
La contradicción que surge en este punto es que una persona puede ser condenada por una de las
categorías mencionadas siempre y cuando no se encuentre en un local que cuente con licencia de
funcionamiento, pues en el anterior caso un empleador de las trabajadoras sexuales encaja con la
descripción de un sujeto que, al brindar a las meretrices un lugar para ejercer el meretricio, favorece el
ejercicio de la prostitución. Así mismo, también se le puede considerar como alguien que explota las
ganancias obtenidas por una persona que ejerce la prostitución, pues en esta forma de ejercer el trabajo
sexual las prostitutas deben pagar cierta cantidad al dueño del local por el cuarto que están utilizando para
ejercer su trabajo. Finalmente, en un acuerdo entre las partes, la meretriz, el cliente y el empleador para
realizar el trabajo sexual, se acopla en la descripción de comprometer a una persona para entregarla a otro
con el objeto de tener acceso carnal.
En la situación del meretricio en lugares clandestinos, los proxenetas son analizados a partir de dos
lugares en los que se encuentran en relación a este. Por un lado, en el caso de las prostitutas que trabajan
en la vía pública, estos son los destinados a salvaguardar la seguridad de las meretrices en dichos
espacios, los cuales suelen ser una cuadra, avenida o intersección, los proxenetas se “apropian” de lugar,
el cual denominan como su territorio y en este solo podrán ejercer la prostitución quienes les paguen un
precio acordado. Por otro lado, se encuentra el caso de las prostitutas que laboran en lugares cerrados. En
este escenario los proxenetas serían los dueños de los locales en donde se ejerce el meretricio y, a su vez,
estos podrían ejercer el rol de protector. No obstante, pese a que en ambas situaciones se describe al
proxeneta como un garante de protección, las trabajadoras sexuales también reportan abusos por parte de
estos. Entre algunas de las agresiones que se dan son: explotación sexual, represalias, amenazas y
maltrato verbal.
Sobre la explotación sexual, con la finalidad de que se alcance la cantidad del dinero que corresponde
al proxeneta, las trabajadoras sexuales son obligadas a laborar largas horas. Ello como consecuencia de
vivir bajo coerción por parte de los proxenetas. Una trabajadora sexual representante de la organización
“Mujeres del Sur” comenta lo siguiente respecto a los proxenetas: “ Bueno con el proxeneta hay bastante
problema porque ellos tienen un territorio que podría ser una cuadra ¿no? y si una señorita desea retirarse
de trabajar de esa cuadra no puede irse a otra cuadra, porque ya la mandan a puntear, le puntean las
piernas o en la barriga, le meten cuchillo o verduguillo por varias partes del cuerpo, por ejemplo a una
chica le metieron como cuarenta veces” (Salazar, 2009: 66).
Esta situación se lleva a cabo como consecuencia de la negativa a brindar seguridad y control para que
en el desarrollo en su trabajo no se hallen en una situación de vulnerabilidad, pues las meretrices recurren
a la protección de los proxenetas como una medida de necesidad para poder sobrevivir en el ejercicio de
la prostitución y, en lugar de ello, caen en una situación de explotación.
Respecto a las autoridades institucionales públicas de seguridad (policía y serenazgo) en el manual de
procedimientos operativos policiales respecto a lugares en donde se practica la prostitución, la función
que les compete, en caso de constatar que se cometen desordenes o inmoralidades que atenten con la
tranquilidad del vecindario y su derecho al reposo nocturno, es impedir la realización de dichos actos y
remitir a la Delegación PNP a mujeres que ejercen el meretricio clandestino (Arbulú en Salazar, 2009:
25). Es así que, en términos generales, el accionar de la policía y el serenazgo se encuentra legitimado
dado las medidas correspondientes de mantener el orden público. Sin embargo, aquellos actos de
violencia por parte de estas autoridades vienen a conformar un abuso de poder de las mismas. Prueba de
esto es el informe presentado por RedTrasex el cual, respecto a la violencia institucional hacia las
meretrices, se mostró que tanto en espacios públicos como cerrados, las situaciones de violencia por parte
de agentes institucionales contra las trabajadoras sexuales toman la forma de intervenciones policiales
agresivas. En la vía pública la policía y el serenazgo acostumbran a golpear, pedir sobornos e inclusive

7
favores sexuales a cambio de no detenerlas y en los locales cerrados es frecuente la incursión violenta de
la policía que no excluye los excesos mencionados en el anterior caso (2016: 9).
Por otra parte, se encuentra el caso de los clientes que agreden a las trabajadoras sexuales. Esta forma
de violencia es propagada, usualmente, debido a discusiones en torno al uso de preservativo, negación al
pago acordado o al carácter obligatorio que se le otorga a la trabajadora de realizar cualquier actividad
sexual que se le proponga. Entre las formas de violencia que este grupo realiza se encuentra la violación
sexual, las agresiones físicas, la humillación verbal, entre otros. Con este grupo el problema está
relacionado con la des-humanización de las meretrices a quienes se las percibe solo como objeto de
placer. Como ejemplo de la violencia que se genera por estos actores el Diagnóstico de la violencia
contra los y las trabajadores/as sexuales, mujeres, transgéneros y varones y su vulnerabilidad frente a las
ITS y el VIH presentó la siguiente información:
A la pregunta si desde que se encuentra en el trabajo sexual alguien distinto a su pareja (esposo
o conviviente) la amenazó con herirla o golpearla el 25% en Lima-Callao y un menor porcentaje
en Iquitos (17%) respondieron de manera afirmativa. Las personas que amenazaron con realizar
las acciones de violencia fueron identificadas mayormente como “clientes” (77% en Lima-Callao,
64% en Chimbote y 85% en Iquitos). Asimismo se observa en Lima-Callao que alrededor del 23%
de TS identifican como agresores a los proxenetas, así como a los miembros del serenazgo, y en
menor medida a la policía (13%). (Salazar, 2009:42)
Es importante señalar que un factor que se repite en los escenarios mencionados es el silencio de las
prostitutas ante estos abusos y es que, al encontrarse en una situación desfavorable frente a las leyes y de
discriminación social, estas optan por no denunciar dichos casos de violencia. De este modo, además de
que estos personajes abusen de la vulnerabilidad en la que se encuentran las trabajadoras sexuales tienen
la seguridad de salir impunes en caso de verse involucrados en medidas legales que puedan resultarles
perjudiciales.
1.2 ¿Es el contexto de las trabajadoras sexuales formales una mejor opción en cuanto a
reducción de riesgo de sufrir violencia de género?

En este sub-capítulo se abordará el contexto de formalidad del trabajo sexual. Para ello se tomará
como ejemplo las medidas de regulación de la prostitución aplicadas en tres países: Holanda, Nueva
Zelanda y Alemania. De estos se desarrollará las políticas públicas con las que se aborda al trabajo sexual
en cada uno de ellos, a su vez, se presentarán las mejorías que se han producido en consecuencia de
dichas políticas, todo ello a modo comparativo con el caso peruano. En este punto es importante señalar
que la selección de los países estudiados se debe a que estos son de los pocos lugares en donde se ha
formalizado la prostitución y cuentan con data respecto al impacto que dicha medida ha tenido. Así
mismo, recalcar que entre Perú y los tres países presentados existen diferencias culturales, políticas,
sociales, entre otros.
A diferencia de Perú, estos tres países cuentan con un modelo legalista, el cual consiste en el
reconocimiento de la prostitución como un trabajo y se les otorga beneficios sociales. Solo se sanciona la
intervención de terceros que fuercen el trabajo sexual de las meretrices (Ortiz, 2011:166).
En Holanda, se define al comercio sexual como cualquier otra actividad lucrativa, la cual se encuentra
regulada y legalizada. En adición, se formaliza los lugares en donde se practica el comercio sexual, cuyo
condicionamiento yace en no alterar la vida pública (Ortiz, 2011: 175). Entre los requerimientos que se
exige para el funcionamiento de dichos locales “El empresario debe concretar un acuerdo laboral escrito,
debe garantizar la seguridad del servicio en términos sanitarios, las localidades han de contar con oficinas
para presentar quejas contra la administración de los negocios de esta índole” (Jaramillo, 2013:13).
De esta manera surgió la zona roja en Ámsterdam, Holanda. Este lugar tiene como fin el desarrollo
seguro y controlado de la prostitución sin interferir u obstruir en los espacios públicos. En un análisis
crítico sobre la legalización de la prostitución, Mariska van Huissteden, coordinadora del servicio de

8
salud pública Prostitutie & Gezondheidscentrum, comenta lo siguiente respecto a la legalización del
trabajo sexual: “Legalizing prostitution increases safety by allowing a certain amount of control over the
industry. One example is that prostitutes now work in secured surroundings where there are cameras in
front of every window, and police, both in uniform or undercover, are always patrolling the area. In every
brothel, there is an alarm system accessible […], which can be heard from a considerable distance” (Cruz
e Iterson, 2010)2
En este contexto las meretrices, en lugar de temer que las autoridades públicas de seguridad las
violenten, estos son los que encargados de vigilar que no se propaguen agresiones en los establecimientos
donde se ejerce el meretricio. De esta manera, las prostitutas pueden desenvolverse laboralmente en un
ambiente seguro y no necesiten acudir a un tercero, en este caso un proxeneta, para realizar su trabajo.
Respecto a la regulación pública de la prostitución en Nueva Zelanda, la despenalización y
formalización conlleva a que las meretrices, los clientes, los dueños de los locales y terceras partes
relacionadas con el trabajo sexual puedan encontrarse bajo un margen legal en donde los posibles actos de
abuso contra las meretrices se aborden bajo leyes laborales que puedan garantizar su seguridad y salud
laboral. Para esto es necesario que cualquier institución pública construya relaciones que no sean
coercitivas y que, simultáneamente, faciliten la defensa del derecho de las personas que ejercen el
servicio sexual. Se trata de establecer la relación desde el respeto y la confianza, donde la prostituta pueda
acceder sin dificultad al apoyo, a la información adecuada o a presentar una reclamación, sin ser objeto de
prejuicios por parte del personal que la atiende. Mientras que la despenalización y su implementación
siguen su curso, evidencias confirman que la salud laboral y la seguridad de las personas que ejercen el
trabajo sexual mejoran con este marco legal (New Zealand Prostitutes Collective, 2015).
De igual modo que en el Perú, en Nueva Zelanda se identificó a los clientes como uno de los agentes
que violenta a las trabajadoras sexuales, como se mencionó en el caso de Perú, las agresiones partían por
desacuerdos en la práctica de las relaciones sexuales. La discusión que surge a partir de ello es si las
prostitutas, al ser formales y al situarse en una empresa que también es formal, deberían tener potestad
para realizar o no ciertos requerimientos de los clientes. Sobre ello, en Nueva Zelanda la medida que se
tomó al respecto fue permitir a las trabajadoras sexuales a rehusarse a brindar servicios sexuales con los
que no se sintiesen cómodas. “The Committee encouraged that most sex workers contacted for its report
were aware of their right to say 'no' to sex” (New Zealand Parliment, 2012). 3 Esto en comparación a la
situación peruana de los prostíbulos informales, los proxenetas obligan a las trabajadoras sexuales a
realizar cualquier actividad que el cliente le proponga con el fin de obtener la mayor cantidad de
ganancias posible.
Respecto al contexto general de la violencia hacia las meretrices en Nueva Zelanda, Bowen comenta al
respecto “The idea that legalizing prostitution can reduce criminal acts of violence is supported by the
experience of New Zealand. As previously noted, New Zealand decriminalized prostitution in 2003 with
the Prostitution Reform Act (PRA). In order to ensure that workers are actually protected by authorities
such as police against coercion, violence, and exploitation, specific provisions have been included in PRA
making these sorts of actions legal offenses”(2013: 16). 4
Por último, en Alemania, en el 2002 se dio, mediante una reforma de la regulación de la prostitución,
la legalización y formalización de esta. Dicha reforma consta de lo siguiente:

2
Legalizar la prostitución ha incrementado la seguridad a través de cierto control sobre la industria. Un ejemplo es que las prostitutas ahora
trabajan en lugares seguros en donde existen cámaras al frente de cada ventana y la policía, ya sea uniformada o encubierta, siempre está
patrullando el área. En cada prostíbulo hay un sistema de alarma el cual puede ser escuchado desde una distancia considerable.
3
El Comité fomentó que la mayoría de las trabajadoras sexuales contactadas para su reporte tuvieran conocimiento de su derecho a decir “no” a
las relaciones sexuales y que el comportamiento de algunos dueños de burdeles había mejorado.
4
La idea de que la legalización de la prostitución puede reducir actos criminales de violencia es reforzado por la experiencia de Nueva Zelanda.
Como se ha señalado anteriormente, Nueva Zelanda descriminaliza la prostitución en el 2003 con la Ley de Reforma de la Prostitución. Ello con
el fin de garantizar que las trabajadoras se encuentren realmente protegidas por las autoridades, como la policía, en contra de la coerción,
violencia y explotación. Se han incluido disposiciones específicas en la LRP que tipifica este tipo de acciones como delitos legales.

9
Se ha previsto una mayor cobertura social, facilitando a las y los trabajadores sexuales que su
actividad esté legalmente asegurada, bien como trabajo por cuenta ajena, bien de manera
autónoma o independiente. Igualmente se reconocen límites al poder de subordinación patronal,
dadas las características del servicio que se presta y en las que debe primar la voluntad de quien
desarrolla directamente el trabajo. Sólo caben exigencias en términos de tiempo y lugar del
trabajo. Tienen derecho a prestaciones sociales (previa cotización), atención médica en la sanidad
pública, derecho al seguro de desempleo y pensión de jubilación. (Jaramillo 2013:14)
Al igual que los países mencionados anteriormente, este también cuenta con facilidades que permiten a
las meretrices encontrarse en una situación en la que no son discriminadas institucionalmente y, por ende,
pueden acceder a sus derechos correspondientes. Entre los beneficios que menciona el Informe de la ley
de reglamentación de la situación legal de las prostitutas de Alemania se señala que “By strengthening
prostitutes legal position they are to be put in a position to get themselves out of their dependency on such
problematical infrastructures. If social – and above all legal – isolation leads to the prostitutes needing
protection which in turn means they become dependent on pimps and brothel operators, then by making
prostitution legal it may be possible to reverse this trend. Protection by the law or the police can reduce
the need for protection from extralegal institutions” (Federal Ministry for Family Affairs Senior Citizens,
Women and Youth: 44).5 Esto permite a las trabajadoras sexuales a no incurrir en mayores riesgos al
acudir en búsqueda de protección hacia los proxenetas, pues dicha seguridad ya es brindada desde el
Estado.
Estos tres países cuentan con un modelo jurídico legalista y en cada uno de ellos el trabajo sexual
cuenta con la protección institucional desde el marco jurídico y las autoridades públicas de seguridad.
Ello ha permitido que las condiciones de las trabajadoras sexuales respecto a la exposición de ser víctimas
de violencia se vea considerablemente reducidas. Como se presentó en el anterior apartado, el caso de
Perú para las meretrices era sumamente hostil, pues en dicho contexto la violencia no era solo propagada
por los clientes, sino también por la policía nacional bajo un contexto en el que las propias leyes y
regulaciones del país formulan el ambiente idóneo para la propagación de violencia.
Es relevante señalar que el contexto de informalidad no solo pone en riesgo a las trabajadoras sexuales
respecto a la violencia de género, sino que además existe una interrelación entre dicha violencia y los
riesgos de que estas contraigan enfermedades de transmisión sexual “Higher rates of violence are often
linked to conflicts over condom negotiation, and violence against sex workers has been found to be
associated with condom failure and client refusal to use condoms (Decker et al., 2010). Furthermore,
coercive sex puts women at increased risk of contracting a sexually transmitted disease, as they have less
control over the situation and safe sexual practices” (Carlson, 2012: 1914). 6 Al encontrarse en un
escenario en el cual están expuestas al abuso sexual, a las amenazas para no usar preservativos por parte
de clientes, al intercambio de favores sexuales con las autoridades públicas de seguridad, entre otras
situaciones las meretrices se encuentran aún más expuestas a contraer este tipo de enfermedades no solo
por falta de precaución, sino por abuso.

Capítulo 2
La situación de las trabajadoras sexuales respecto a la prevención de
enfermedades de transmisión sexual
5
Mediante el fortalecimiento de las prostitutas legales, se les debe permitir salir de su dependencia de organizaciones problemáticas. Si el
aislamiento social -y sobre todo legal- conduce a las prostitutas a que necesiten protección. Estas se convierten en dependientes de los proxenetas
y los operadores de burdeles. Haciendo la prostitución legal puede ser posible revertir esta tendencia. La protección de la ley o la policía reduce la
necesidad de protección de las instituciones extralegales.
6
Los índices más altos de violencia a menudo están vinculados a conflictos por la negociación del condón. Además la violencia contra las
trabajadoras sexuales se ha asociado con el fallo en el uso del condón y la negativa del cliente a usar condones. Así mismo, el sexo coercitivo
pone a las mujeres en mayor riesgo de contraer una enfermedad de transmisión sexual, ya que tienen menos control sobre la situación y las
prácticas sexuales seguras

10
En el anterior capítulo se mencionó algunas de las situaciones de violencia en las que se ven
involucradas las trabajadoras sexuales. Entre ellas se encontraban los enfrentamientos por la negociación
del uso de condón, “favores sexuales” hacia las autoridades públicas de seguridad y también violaciones
por parte de clientes y proxenetas. Estos tres ejemplos comparten un factor en común y es que cada uno
de ellos expone a las meretrices a otro tipo de riesgo: la exposición a contraer enfermedades de
transmisión sexual.
El presente capítulo presentará un argumento a favor de la formalización de la prostitución a través de
la comparación entre la situación de las trabajadoras sexuales informales y formales respecto a la
prevención de enfermedades de transmisión sexual como consecuencia de los modelos jurídicos y las
políticas públicas con los que se regula la prostitución en cada caso.
En el primer sub-capítulo se analizará el impacto de las políticas públicas en la prevalencia de ETS en
las trabajadoras sexuales informales. Para ello se tomará se analizará la situación de las meretrices en el
Perú y las políticas públicas de este respecto al tema.
En el segundo sub-capítulo se presentarán casos de países que cuentan con una regulación formal del
meretricio y la relación que tiene esto respecto a la prevalencia de enfermedades de transmisión en el
grupo de trabajadoras sexuales. Para el desarrollo de esto se analizará la situación de Holanda y Nueva
Zelanda. Así mismo, de modo complementario se tomará un caso particular en India.
2.1 Contexto de las trabajadoras sexuales informales y su relación con la prevención de
enfermedades de transmisión sexual
Las trabajadoras sexuales son consideradas como un grupo vulnerable al contagio de enfermedades de
transmisión sexual. Entre las causas de ello se encuentra el elevado recambio de parejas sexuales, baja
percepción de riesgo de infección y pobre acceso a los servicios de salud. Esto se incrementa al ser,
además, víctimas de violencia sexual.
In situations where sex workers do not have access to condoms, HIV prevention information
and sexual health services, or are prevented from protecting their health and using condoms for
any reason, they are at increased risk of contracting HIV. Violence has a direct and indirect bearing
on sex workers' ability to protect themselves from HIV and maintain good sexual health. Rape
(frequent and gang rape), by individuals engaged in high-risk behaviours can directly increase
their risk of becoming infected with HIV through vaginal trauma and lacerations. (World Health
Organization, 2005: 2)7
Como se mencionó anteriormente, en Perú el trabajo sexual se halla bajo un marco legal que no
penaliza el ejercicio de este, pero que tampoco lo encuentra incluido como trabajo formal. Esto impide
que las trabajadoras sexuales obtengan los beneficios que implica tener acceso a los derechos laborales.
“El derecho a utilizar los servicios de atención de la salud podría ser algo complicado en países que se
rehúsan a reconocer al trabajo sexual como oficio. Eso puede impedir que las trabajadoras sexuales
obtengan un seguro médico para garantizar el acceso a los servicios de salud y sociales de acuerdo con las
leyes laborales” (Red Global de Proyectos de Trabajo Sexual: 6). No obstante, a pesar de que en Perú no
se reconoce la prostitución como un trabajo y que tampoco cuenta con políticas públicas claras respecto a
esta, cuenta con medidas que, en teoría, podrían facilitar el acceso de las meretrices a la prevención y el
tratamiento de las ETS.
7
En situaciones donde las trabajadoras sexuales no tienen acceso a condones, información sobre prevención del VIH
y servicios de salud sexual, o están impedidas de proteger su salud y usar condones por cualquier razón, corren
mayor riesgo de contraer el VIH. La violencia tiene una influencia directa e indirecta sobre la capacidad de los
trabajadores sexuales para protegerse del VIH y mantener una buena salud sexual. La violación (frecuente y en
grupo), por individuos involucrados en comportamientos de alto riesgo, puede aumentar directamente su riesgo de
infectarse con el VIH a través de traumas vaginales y laceraciones.

11
Hasta 1997 todas las trabajadoras sexuales debían contar con el carnet de sanidad; sin embargo, en
dicho año se promulga la Ley N° 26626; que encarga al Ministerio de Salud la elaboración del Plan
Nacional de Lucha contra el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), el Síndrome de
Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) y las enfermedades de transmisión sexual (ETS), denominándolo
CONTRASIDA. Además en esta ley se le otorga carácter voluntario a la realización de exámenes de
prevención de dichas enfermedades por parte de las meretrices (Ortiz, 2011: 264). Esto se aplica como
medida para evitar los constantes abusos por parte de la policía al solicitar que las meretrices presenten
dicho carnet. No obstante, de manera muy contradictoria, actualmente, uno de los requisitos para el
funcionamiento formal de un prostíbulo es que sus trabajadoras cuenten con un carnet de sanidad y, en
algunos casos como la Municipalidad Provincial de Concepción, se requiere, además, un certificado de
control periódico epidemiológico, serológico y tebeciano que haya sido expedido por el Ministerio de
Salud (Salazar, 2009: 25). El principal problema respecto a esto es que se vuelve a repetir el abuso por
parte de autoridades que fue motivo de eliminación de la obligatoriedad del carnet. “Aquellas que
trabajan en locales con permiso municipal, también sufren agresiones del serenazgo o la policía, porque, a
pesar que el local es legal, éstos hacen inspecciones inopinadas, llamadas “de rutina”, para revisar si
tienen carnet de PROCETTS o si tienen DNI. Normalmente el administrador los deja entrar y no las
defiende (y el vigilante mucho menos). La policía finalmente les solicita un cupo de dinero para no
llevarlas – sin motivo- a la comisaría” (Salazar, 2009: 73).
Sumado a esto, el 25 de setiembre del 2009 se promulgó la Directiva Sanitaria para la atención
médica periódica a las/os trabajadoras/es sexuales y HSH realizada por el Ministerio de Salud. Esto
como medida para contrarrestar la propagación de ETS y VIH en la población general a través de la
focalización de cuidado de salud hacia aquellos grupos considerados vulnerables a contraer dichas
enfermedades. Es a partir de esto que se ofrece la atención médica de manera gratuita para estos grupos
en hospitales o centros de salud. Así mismo, se menciona que las trabajadoras sexuales deberán ser
atendidas cada treinta días como parte de dicho programa de prevención (MINSA, 2009). Esta medida
podría beneficiar a un mayor acceso hacia métodos de prevención a las trabajadoras sexuales
independientemente de las formas en la que ejerzan la prostitución. Sin embargo, el problema en este caso
es que estos tratamientos no se dan como su condición de trabajadora a la cual se le debe permitir acceder
a los derechos laborales, sino que se da a partir del peligro que podría repercutir en la población general el
no darle atención especializada en el tratamiento y prevención de ETS y VIH a este grupo. Este
encasillamiento incrementa el estigma con el cual ya es relacionado el trabajo sexual, pues refuerza la
idea de que las ETS son inherentes a las trabajadoras sexuales y es solo debido a ello que se debe
garantizar acceso a la salud. Esto tiene repercusiones no solo en la sociedad, sino también en la salud de
las meretrices respecto a la protección contra enfermedades venéreas.
Todo ello produce que la discriminación en los centros de salud impida que las meretrices se realicen
los chequeos correspondientes a causa de los malos tratos que reciben en estos lugares. “Se incluyen
diversas formas de maltrato verbal y simbólico como discursos moralistas en relación al desarrollo del
trabajo sexual y la insistencia en la necesidad de que las mujeres trabajadoras sexuales cambien de
actividad; esperas y trámites innecesarios que atrasan y/o dificultan el acceso a la atención” (RedTrasex,
2013: 26). Sobre ello, uno de los impactos que tiene la importancia de no contribuir con la
estigmatización de las meretrices bajo medidas discriminatorias del cuidado de salud es que “Entre las
trabajadoras sexuales encuestadas en el Perú […] 48% se atendió lejos de donde realiza su actividad
como TS para evitar que lo sepan en el servicio; mientras que 64% se atendió lejos de donde vive para
que en su barrio o su casa, no supieran que es TS” (RedTrasex). Por un lado, estos porcentajes
demuestran que existe un nivel de preocupación para prevenir las enfermedades venéreas por parte de las
prostitutas; sin embargo, esto puede verse disminuido como consecuencia de los factores cualitativos en
el acceso a salud sexual.
Algo que es importante rescatar de la situación de las trabajadoras sexuales que laboran en centros
formales es que la obligatoriedad del carnet de sanidad ha conllevado a que estas tengan un mayor

12
acercamiento a los centros de salud para la prevención de enfermedades venéreas. “El 97% de
trabajadoras sexuales encuestadas en Perú recurrió a un consultorio de salud al menos una vez en el
último año y cerca del 60% lo hizo porque estaba obligada a controlarse por el carnet sanitario u otra
disposición legal” (RedTrasex). Así mismo, en un estudio sobre datos epidemiológicos de VIH/SIDA y
ETS en el Perú se comparó la situación de las trabajadoras sexuales que trabajan en lugares formales e
informales. Este estudio muestra que la prevalencia de VIH respecto a las meretrices que trabajan en
lugares formales era de menos 1% a 2%. Esto era comparado con la situación de las trabajadoras sexuales
que laboran en lugares clandestinos, cuya estimación de prevalencia de VIH era de 10% (UNAIDS,
2004).
En el caso de Perú se evidencia que bajo las políticas públicas de prevención de ETS en las
trabajadoras sexuales se da un acercamiento de estas al cuidado y tratamiento de enfermedades venéreas.
Sin embargo, es relevante señalar que garantizar la salud sexual de las trabajadoras sexuales no solo
consiste en proponer alternativas gratuitas a las trabajadoras sexuales, sino que además es importante
tener en cuenta aquellos factores cualitativos que pueden impedir el acceso a las meretrices a los métodos
de prevención.

2.2 Situación del trabajo sexual respecto a la prevención de enfermedades de transmisión


sexual bajo la formalización
En Holanda la legislación sobre la prostitución tiene un marco legalista, el cual permite el ejercicio de
la prostitución además de regularlo formalmente. En esta situación las trabajadoras sexuales tienen acceso
a los derechos tanto sociales como laborales. Además, cuentan con especificaciones respecto al cuidado
de salud sexual que se brinda a estas.
Medical check-ups are not compulsory. Obligatory check-ups reinforce the idea that sex
workers transmit infections. Moreover, clients use medical check-ups as an excuse to ask for
unsafe sex. As a rule, sex workers are asked to have medical check-ups four times a year. The
majority consider them useful precautions and are willing to comply. Clinics in the cities offer free
and anonymous check-ups. Safe sex and good information are of paramount importance in
protecting sex workers and their clients against transmissible infections. One objective of the bill is
to ensure that sex workers receive good health care. All businesses where men or women are
employed as sex workers will need to have a licence from the municipality in which they are
located. Before a licence can be issued, businesses will need to show they have met certain
conditions, e.g. have taken measures to protect health. (Dutch Ministry of Foreign Affairs: 11)8
En este caso los cambios que se han dado, específicamente en el tema de prevención de ETS, es que
los chequeos médicos ya no son obligatorios en ninguna forma de prostitución y a diferencia de Perú, en
donde para realizarse un chequeo y poder contar con el carnet de sanidad se necesita un documento de
identificación, en Holanda esto puede darse de manera anónima. Ello puede contribuir a atenuar aquellas
barreras sociales, en este caso el temor a la estigmatización, que existen respecto al acceso de las
meretrices al cuidado de su salud sexual. Sobre las condiciones de salubridad para que se pueda expedir la
licencia de funcionamiento del burdel, en Holanda, al igual que en Perú, los negocios donde se ejerza la
prostitución deberán contar con una licencia otorgada por la municipalidad en la que estos residen; sin
embargo, una diferencia que existe en este punto es que en Perú en el tema de protección a salud se

8
Los chequeos médicos no son obligatorios, pues se considera que estos refuerzan la idea de que las trabajadoras sexuales transmiten infecciones.
Además, los clientes pueden usar los chequeos médicos como una excusa para requerir relaciones sexuales sin protección. Como regla, las
trabajadoras sexuales son incitadas a realizarse chequeos médicos cuatro veces al año. La mayoría considera que las precauciones son útiles y
están dispuestas a cumplir con ello. Clínicas en la ciudad ofrecen chequeos anónimos y gratuitos. Las relaciones sexuales seguras y la
información acertada son de primordial importancia en cuanto a la protección de trabajadoras sexuales y sus clientes contra enfermedades de
transmisión sexual. Uno de los objetivos del proyecto de ley es asegurar que las trabajadoras sexuales reciban un buen cuidado de salud. Todos
los negocios donde los hombres o mujeres laboran como trabajadoras sexuales necesitarán tener la licencia de la municipalidad en la cual se
encuentran ubicados. Antes de que la licencia pueda ser emitida, las empresas tendrán que mostrar que han cumplido ciertas condiciones. Por
ejemplo, haber adoptado medidas para proteger la salud.

13
enfatiza la obligatoriedad de que las trabajadoras sexuales cuenten con un carné de sanidad, mas no se
toma muy en cuenta las condiciones del lugar. Factor que sí es relevante en Holanda, pues de no ser el
caso, además de negarse el permiso de funcionamiento, ello podría contribuir con la propagación de
enfermedades que no están necesariamente ligadas a las relaciones sexuales, pero que de igual manera
perjudican la salud de las trabajadoras sexuales.
Entre los efectos que ha tenido esta forma de regular la prostitución en relación con las ETS ha
conllevado a que “the public health outreach in the Netherlands has resulted in the near disappearance of
STD in Dutch prostitution” (Wagenaar, Altink, Amesberger, 2013:88) 9. En contraste, en Perú las
prostitutas aún se mantienen como un grupo con una prevalencia mayor en comparación a la población en
general.
Por otro lado, en Nueva Zelanda, la regulación que se tiene de la prostitución se da también bajo un
marco legal y formal. En este caso, además del acceso de las trabajadoras sexuales a los servicios de salud
mediante los derechos laborales, también se cuenta con precisiones en relación al cuidado en la salud
sexual de las prostitutas.
Access to an association clinic or general practitioner for regular sexual health assessment,
counselling and education appropriate to the individual’s needs. Frequency of assessment is a
matter for determination by the individual sex worker in consultation with her/his clinician and
must be voluntary. At a minimum, however, a comprehensive sexual health screen should be
obtained twice a year. Testing should also occur 10–14 days following a condom slippage or
breakage. Sexual health certificates do not guarantee freedom from sexually transmitted
infections, and must not be presented to clients as such. Nor can they be used as an alternative to
strict adherence to safer sex practices. (Occupational Safety and Health Service, 2004:34) 10
En este caso se resalta la importancia de la información sexual a las meretrices y, nuevamente, surge el
carácter voluntario de la frecuencia de las revisiones médicas entorno al cuidado sexual; sin embargo, se
establece un mínimo de visitas al año. Además, se hacen aclaraciones sobre en qué situaciones es
necesario asistir a las pruebas de descarte de ETS.
En adición, un estudio realizado en 27 países europeos, entre estos Holanda, Nueva Zelanda y
Alemania, analizó la incidencia de VIH en estos y realizó una comparación entre aquellos países que
criminalizaban la prostitución con aquellos que la regulaban.“Effective and fair enforcement of these
laws seems to modify the association between sex work policy and HIV prevalence, suggesting HIV
prevalence among sex workers is lowest in countries that both legalise sex work and have an effective and
fair judiciary. HIV risk for sex workers will be high in countries that criminalise sex work and have an
ineffective and unfair judiciary because they will be marginalised within society, potentially exposed to
violence from clients and police” (Reeves y otros, 2017:5). 11
Finalmente, se realizó un estudio comparado en India en el distrito de Baina en el cual se analizó a dos
grupos de trabajadoras sexuales en relación con la prevalencia de ETS. El primero era de trabajadoras
sexuales que habían laborado en un distrito de zona roja, en el cual la prostitución es permitida y
fiscalizada, y el segundo grupo se trataba de meretrices que siempre se habían mantenido en la
informalidad.
9
La extensión de la salud pública en los Países Bajos ha resultado en la casi desaparición de ETS en la prostitución holandesa
10
Acceso a una asociación clínica o médico general para la evaluación regular de la salud sexual, asesoramiento y educación apropiada a las
necesidades individuales. La frecuencia de la evaluación es una cuestión que debe ser determinada por el trabajador sexual en consulta con su
médico y deberá ser voluntaria. Sin embargo, como mínimo una revisión general de salud sexual deberá darse dos veces al año. Además, las
pruebas deben de realizarse entre 10-14 días después del deslizamiento o rotura de un condón. Los certificados de salud sexual no garantizan la
libertad de enfermedades de transmisión sexual y no deberá ser presentado a los clientes como tal. Ni pueden ser usados como una alternativa al
cumplimiento estricto de la protección en las relaciones sexuales.
11
La aplicación efectiva y justa de estas leyes parece modificar la asociación entre la política de trabajo sexual y la prevalencia del VIH, lo que
sugiere que la prevalencia del VIH entre las trabajadoras sexuales es más baja en los países que legalizan el trabajo sexual y cuentan con un
sistema judicial eficaz y justo. El riesgo de VIH para las trabajadoras sexuales será alto en los países que penalizan el trabajo sexual y tienen un
poder judicial ineficaz e injusto debido a que las meretrices serán marginadas dentro de la sociedad y estarán potencialmente expuestos a la
violencia de los clientes y la policía.

14
Our study suggests that the homogeneous ex-RLD-SWs had lower risk sexual behavior and
better access to HIV prevention services compared with the heterogeneous dispersed sex workers
who dominated after the demolition.[…] The non-RLD-SWs were more likely to have an STI, a
biological marker of recent sexual risk and/or poor access to STI treatment. This finding was in
keeping with their lower likelihood of reporting consistent condom use with clients and supports
the hypothesis that the non-RLD-SWs were more likely to engage in high-risk behaviour.
(Shahmanesh y otros, 2009:255)12

Con este ejemplo del distrito de Baina se muestra que incluso en países como la India, cuyos índices
de ETS son altos en la población general, la aplicación de políticas que formalicen al trabajo sexual
tendrá un efecto positivo en el grupo de meretrices, pues contribuirá a la información de estas sobre los
métodos de prevención lo que finalmente conllevará a que dichos índices se reduzcan.
Con estos casos se evidencia que, a diferencia de la situación en Perú, las trabajadoras sexuales en los
países en donde la prostitución se encuentra formalizada están en libertad de poder realizarse los cuidados
de salud sexual por voluntad y no por temor al accionar que puede tomar el dueño del local o las
autoridades públicas de seguridad. Esto se debe, principalmente, a la regulación que se tiene de la
prostitución. La que permite no solo la inserción al sector de trabajo formal, el cual le permitirá obtener
derechos laborales, sino que también cuenta con medidas específicas, como en el tema de salud, que
garantizan su derecho a la libertad de desarrollo laboral de manera plena. Así mismo, a partir de esta
comparación se demuestra que las enfermedades de transmisión sexual no son inherentes al meretricio. Si
bien es cierto, el ejercicio de este involucra mayores probabilidades de contraer ETS, la prevalencia de
este riesgo se verá reducida o incrementada a partir de las políticas públicas y el modelo jurídico con el
que se trate la prostitución. Es debido a ello que en el caso de países en donde no se ha formalizado la
prostitución se presenta mayor incidencia de ETS en las meretrices que en aquellos cuya legislación es
favorable.

12
Nuestro estudio sugiere que el grupo homogéneo de ex trabajadoras del distrito de zona roja tenían comportamientos sexuales de menor riesgo
y mejor acceso a los servicios de prevención del VIH en comparación con el grupo heterogéneo y disperso de trabajadoras sexuales que no habían
estado en un distrito de zona roja quienes tomaron lugar después de la demolición [...]. El segundo grupo estaba más expuesto a contraer ETS, un
marcador biológico del riesgo sexual reciente y / o un acceso deficiente al tratamiento de las ETS. Este hallazgo estaba en consonancia con su
menor probabilidad de reportar el uso consistente del condón con los clientes y apoya la hipótesis de que las trabajadoras sexuales que no se
encontraban en un distrito de zona roja eran más propensas a participar en actividades de alto riesgo.

15
Conclusiones
Al inicio de esta investigación se partió con la pregunta sobre si la formalización del trabajo sexual
mejoraría las condiciones de las meretrices en el ámbito de violencia y salud sexual. Ante ello la hipótesis
que se tenía era que la formalización del trabajo sexual sí mejora las condiciones de las meretrices en
ambos aspectos presentados. Para el desarrollo de esto, la investigación se encuentra dividida en dos
capítulos que abarcan el análisis de dos aristas referentes al trabajo sexual. Por un lado, el primer capítulo
consistió en analizar la violencia de género propiciada hacia las trabajadoras sexuales informales en el
Perú y ello fue comparado con la situación de las meretrices que se encontraban en países que regularan
formalmente a la prostitución. De igual manera, el segundo capítulo trató de realizar un análisis
comparativo entre los grupos anteriormente mencionados, pero esta vez en relación con la prevención de
enfermedades de transmisión sexual.
Entre los principales hallazgos encontrados en la investigación, en el aspecto de violencia contra las
trabajadoras sexuales el contexto de formalidad contaba con mejores estrategias para combatirlo y, al
contrario, la falta de regulación en el caso peruano solo incrementaba la exposición a dicha forma de
vulneración. Del mismo modo, en el ámbito de salud sexual, la prevalencia y prevención de enfermedades
de transmisión sexual era más eficiente en el escenario de formalidad y en contraste en el Perú, pese a las
medidas para mitigar el riesgo de las meretrices a contraer ETS, los índices se mantenían elevados. Es a
partir de todo ello que se puede concluir que la formalización de la prostitución sí permite una mejoría en
la condición de las trabajadoras sexuales respecto a la violencia de género y la prevención de
enfermedades de transmisión sexual. No obstante, es menester tomar en consideración que el meretricio
es un tema complejo y por ello cuenta con una amplia diversidad de aristas contextuales que también
deben ser estudiadas para garantizar la efectividad de la formalización de la prostitución.
A partir de esta monografía, tres son los temas que quedan abiertos a la investigación. El primero de
ellos es la relación que existe respecto a la violencia y las trabajadoras sexuales. La pregunta que surge en
este punto es por qué las meretrices son sujetos a las que se les violenta con frecuencia. ¿Es acaso solo la
ausencia de Estado lo que impulsa a que se despliegue de agresión sobre este grupo? Ello se puede
analizar desde un plano sociológico en donde se muestre las relaciones de poder que se conciben entre los
agresores y las trabajadoras sexuales ello relacionándose con cuán conservadora es la sociedad en que se
está analizando esta relación.
El segundo tema tiene relación con la discriminación, en el primer apartado del segundo capítulo se
menciona que la deficiencia de las políticas de prevención de ETS hacia las trabajadoras sexuales en el
Perú yace en el hecho de que no se toma en cuenta el factor de discriminación que puede surgir en los
centros de salud. Sobre ello sería relevante ampliar la investigación de las barreras que impone la
estigmatización hacia las trabajadoras sexuales en otros aspectos. Esto podría analizarse principalmente
en el caso de las trabajadoras sexuales trangénero y las condiciones a partir de las cuales llegan a ejercer
el meretricio.
Finalmente, el tercer tema por investigar es si los derechos de una persona debiesen estar sujetos a la
moralidad colectiva bajo la cual se rige la sociedad en la que se encuentran o si estos deberían ser
independientes a ello. En el caso de las trabajadoras sexuales, Perú se mostró como una sociedad más
conservadora frente a las propuestas de formalización del meretricio y, en consecuencia, no se han podido
implementar reformas respecto a la regulación actual que se tiene de la prostitución dejando así a las
meretrices expuestas a diversos riesgos de vulnerabilidad, los cuales bajo una política pública de
formalización podrían verse reducidas considerablemente. Esto podría abordarse desde el análisis social
de los Países Bajos frente a la sociedad peruana en relación con la concepción que se tiene respecto al
meretricio y qué es lo que genera que en una sociedad se les brinde todos los derechos que les
corresponde y, por el contrario, en la otra se les impida el acceso a estos.

16
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