Anda di halaman 1dari 13

Manuel Atanasio Fuentes y la reforma de la Imprenta del Estado frente a la

opinión pública (1868).1

Víctor Arrambide Cruz


UNMSM

El miércoles 1º de julio de 1868, el periódico oficial El Peruano aparecía, a diferencia de años


anteriores, en un formato grande, y según indicaba, con la intensión de ser publicado
diariamente y así reflejar “todas las fases de la vida de la nación”. De esta forma, pretendía
cubrir la necesidad del Estado de contar con un medio de “contener todos sus actos y desarrollar
todo su pensamiento”. Este suceso no pasaría éste de un simple cambio en la presentación de
un periódico, sino fuera porque tres situaciones: 1) la intensión del Estado de llevar a cabo un
proyecto para modernizar su imprenta; 2) el papel jugado por Manuel Atanasio Fuentes como
ejecutor de este proyecto, y 3) el intenso debate periodístico que se desató en contra del
proyecto.

Con este suceso como punto de partida, estoy abocado en desarrollar como tesis el trayecto de
la Imprenta del Estado entre 1868 y 1888, cuando estuvo administrado por Manuel Atanasio
Fuentes. En mi trabajo busco explicar la razones por las cuales el Estado peruano reorganizó su
imprenta en 1868, como parte de un conjunto de reformas implementadas producto de las
ganancias del guano; identificar el funcionamiento de esta institución y su relación con la
situación política y económica del país en el período señalado; y por último, conocer el interés
que suscitó en la opinión pública, reflejada en las críticas y aprobaciones a su gestión por parte
de la prensa. El artículo que presento ahora está circunscrito dentro de este tercer objetivo.

Los medios de comunicación del Estado siempre han estado bajo la atenta mirada de la prensa,
principalmente sobre la injerencia del gobierno en su línea periodística. Por tanto, preguntas
como ¿cuál debería ser el papel de los medios de comunicación del Estado? ¿Cómo deberían
administrase y financiarse estos medios para no ser una carga al fisco? ¿Cuáles serían sus
límites frente a los demás medios de comunicación?, entre otras, son parte de reiterativos
debates que se han dado a lo largo de la historia republicana.

Uno de estos debates ocurrió en 1868, en un medio en que la opinión pública era manejada a
través de la palabra impresa. Ese año, la administración interina de Francisco Diez Canseco
decidió poner en marcha el proyecto de reorganización de la Imprenta del Estado, con una
inversión que llegó a los 100000 soles, para dotarla de un local propio, comprar útiles que fueran

1
El presente artículo es una adaptación de la ponencia que bajo el mismo título presenté en el XIX
Coloquio Internacional de Estudiantes de Historia de la PUCP y, algunas modificaciones, en el XIV
Coloquio Interdisciplinario de Investigaciones Históricas de la UNFV, ambos en el 2009.

1
necesarios para que hiciera competencia con las demás imprentas de Lima y publicar
diariamente el órgano oficial, El Peruano, para que sea un medio capaz de “contener todos sus
2
actos y de desarrollar todo su pensamiento”. Una vez que se hizo público el proyecto y su
aprobación, se desató una serie de artículos donde se debatió el proyecto. Por ello, trataré en
este artículo resolver las siguientes interrogantes: ¿Cómo vieron vio la prensa el proyecto y su
ejecución? ¿Lo apoyaron o criticaron? ¿Qué intereses fueron los que prevalecieron en ellos?
¿Qué conceptos políticos se usaron en estos debates?

La prensa y la opinión pública a mediados del siglo XIX


¿Qué se entendía por prensa? Siguiendo a Paula Alonso, la prensa se definiría como un género
de escritura pública que no se circunscribía sólo a los periódicos, sino que incluía panfletos,
folletos y revistas (Alonso 2004:9). En efecto, a veces, se comete el error de desasociar los
periódicos del resto de impresos, cuando en realidad éstos se complementan. Incluso de manera
legal a todos éstos se les signaba bajo el rótulo de “Imprenta”. Entendemos que a lo largo del
siglo XIX el periódico desplazó a los demás impresos convirtiéndose en el principal medio de
difusión, salvo las revistas que aparecieron tardíamente y especializados.

La prensa era un vehículo de proyectos, el principal instrumento de debate, y de hacer política;


el medio utilizado para la presentación de ideas y prácticas políticas por parte de individuos,
grupos organizados e instituciones (Jaksic 2004:107). Las polémicas que se encuentran los
periódicos no eran otra cosa que modos de actuar “políticamente”, lo que evidencia que la
prensa de mediados del siglo XIX definía otro concepto de opinión pública, más moderna que la
anterior. Ya no se trataba de la opinión pública que se gestó en el siglo XVIII, que apareció
representada en los periódicos, sino una un modelo estratégico o proselitista de la opinión
pública, donde la prensa no sólo buscaba representarla, sino que tenía que constituirla como tal.
(Palti 2004:176-180).

¿Cuál fue el alcance de la prensa limeña a mediados del siglo XIX? No conocemos muchas
estadísticas confiables sobre la circulación de los periódicos en esos años, incluso hasta finales
del siglo XIX (Jacobsen 2007:417). Por referencias, el tiraje de El Comercio y El Nacional podría
estar en promedio entre 3000 y 4000 ejemplares diarios. En el caso de El Peruano, según los
informes oficiales, era de 3000 ejemplares diarios3, aunque no hay información sobre cuantos
ejemplares se distribuían entre subscriptores, venta en tiendas y cafés y los destinados a
provincias. Si bien el número de imprentas iba en aumento, muchas de ellas aun trabajaban de

2
El Peruano. Año 26, Tomo 55, Nº 1. Lima, 1 de julio de 1868.
3
El Peruano. Lima, 4 de Febrero de 1869. Año 27 Tomo 56 Nº 2

2
forma artesanal, pese a que ya se estaban importando desde principios de esa década las
imprentas a vapor, que permitieron incrementar el número de ejemplares impresos.4

Con respecto a la lectura de las noticias, de acuerdo a las estimaciones sobre la población de
Lima, para aquellos años estaría bordeando las 120000 personas, pero como la tasa de
alfabetismo era muy baja (entre 15-20%), los lectores activos de periódicos no pasarían de los
25000 habitantes. A esa cantidad agregaríamos los lectores pasivos, que participaban de la
lectura tanto en lugares públicos como privados. Las calles, plazas, esquinas, librerías, cafés,
barberías, tertulias, clubes eran los lugares frecuentes donde se realizaban estas lecturas. No
podría determinarse a ciencia cierta como se involucraban cada tipo de lector en los debates
públicos, sólo señalar que en la captación de las noticias hay que considerar la fluidez de la
lectura, el conocimiento de los conceptos utilizados por los periódicos, el estrato social al que
pertenecía el lector, y claro está, su postura ideológica. (Jacobsen 2007:421). Pero también
debemos considerar la relación de la hora de salida del periódico con las de lectura y ocio. A
diferencia de ahora, donde los periódicos se imprimen en la madrugada y están a la venta a
primera hora, a mediados del siglo XIX, en el caso de Lima, generalmente un periódico, si tenía
una edición, podía llegar a las manos del lector a media mañana o al a mediodía o al atardecer,
e incluso en la noche, y en el caso tuviera dos ediciones, al mediodía y al atardecer. Un tema
interesante el establecer esta relación lectura/espacio de sociabilidad y si se mantuvo o alteró
esta relación con las transformaciones de estos espacios en el transcurso del siglo XIX. (Del
Águila 2003)

La Imprenta del Estado.


Prácticamente desde inicios de la República, salvo contadas excepciones, la Imprenta del
Estado ocupaba un pequeño cuarto en uno de los patios del Palacio de Gobierno, donde
funcionaba el Ministerio de Gobierno, Policía y Obras Públicas. Se componía de una prensa
artesanal, y su tarea principal era la impresión del periódico oficial. Su administración estaba a
cargo de un impresor nombrado por el Gobierno, y que recibía un pago quincenal por la cantidad
de impresiones que realizaba.

En el caso del periódico oficial, se publicaba de dos a tres veces por semana. Su contenido era
organizado por un editor o redactor empleado del Gobierno. Se imprimían pocos ejemplares y se
distribuía principalmente a las oficinas públicas y judiciales. Se componía básicamente de
documentos oficiales, muy pocas noticias o editoriales. Por su periodicidad y escasez de
recursos, se publicaba con mucho retraso los decretos y resoluciones. Esto significó que los
demás periódicos tengan la libertad de publicar los documentos oficiales apenas salían de las

4
En El Mercurio Nº 193, del 14 de junio de 1863 se publicó la imagen de una prensa recién adquirida por la
imprenta que podía tirar hasta 1000 ejemplares por hora.

3
oficinas públicas, para el conocimiento del público y su ejecución, no como funciona
actualmente.

Desde mediados del s. XIX las ganancias del guano dotaron al Estado de los capitales
necesarios para ejecutar numerosas reformas, y el ramo de imprenta no estuvo ajena a ellas. En
1865, el gobierno del general Juan Antonio Pezet adquirió la Imprenta del Mercurio, propiedad
de Manuel Atanasio Fuentes, por la suma de 70000 pesos.5 A pesar de ser un costo elevado, el
Gobierno consideraba esta compra como una inversión:
“La posición de la Imprenta del Mercurio proporcionará al Fisco una verdadera economía
en la impresión del Periódico oficial, mensajes, memorias y demás publicaciones de la
administración que no pudiendo hoy hacerse todas en la Imprenta del Gobierno
ocasiona gastos tan crecidos, que apenas basta para ellos la partida votaba en el
Presupuesto de la República”.6
Esta imprenta ocupaba un solar en la calle de la Rifa, la futura sede de la Imprenta del Estado.
Se imprimieron allí desde 1862 La Gaceta Judicial7, La Época8, y finalmente El Mercurio, que
llegó a ser muy importante por su contenido y calidad, y porque, a diferencia de los demás, llegó
a imprimirse los domingos y días festivos.9 El mismo Fuentes en su obra sobre Lima, hacía
referencia de esta imprenta como la mejor de América del Sur, “por la riqueza y abundancia de
sus materiales y por el arreglo de sus oficinas” (Fuentes 1867: 67).

El derrocamiento de Pezet significó la interrupción de sus intensiones de reorganizar la imprenta.


La política del nuevo mandatario, Mariano Ignacio Prado estaban centradas en el conflicto con
España. La Imprenta del Estado permaneció en su local de Palacio, mientras la recién comprada
Imprenta del Mercurio se destinó a manos particulares. Primero fue cedida a los editores de un
nuevo periódico: El Nacional, que hizo usufructo de ella sin ninguna contraprestación, 10 hasta los
primeros días de 1867, como lo señaló este anuncio:

5
Guardo reserva de la ubicación de la escritura pública de la compra de la Imprenta del Mercurio hasta la
presentación de mi tesis, por ser una información inédita. En ese trabajo será tratada con mayor
detenimiento y se publicará en su totalidad.
6
Decreto Supremo del Ministerio de Gobierno que aparece en la escritura de compra señalado en la cita
anterior.
7
La Gaceta Judicial. Año 1 Tomo II Nº 216. Lima, 24 de febrero de 1862.
8
La Época. Año I Nº 1. Lima, 8 de marzo de 1862. [Colofón]: Tipografía de la Época, por J. Enrique del
Campo. Calle de la Rifa Nº 46. Se publicaron 187 números, hasta el 3 de noviembre de 1862. Este diario
fue administrado por José Miguel Hernández.
9
El Mercurio. Año I Nº 1. Lima, 17 de noviembre de 1862. [Colofón]: Imprenta. Calle de la Rifa Nº 58
10
El Comercio. Nº 9787. Lima, 26 de junio de 1868. El Nacional fue fundado por Juan Francisco Pazos.

4
“En virtud de un contrato verbal nuestro diario se publicaba en la Imprenta que fue de El
Mercurio y pasó a ser propiedad del Gobierno. Ese convenio ninguna ventaja nos ofrecía
y lo hemos roto…”11
Seguramente, El Nacional, que se había mostrado crítico al gobierno de Prado, perdió el
beneficio del usufructo. El periódico pasó a imprimirse en la calle de Melchormalo, mientras que
en la Rifa se imprimieron otros periódicos, como El Cosmorama y El Progreso, este último diario
“ministerial” que apoyó la dictadura.12 El uso indebido de esta imprenta sería criticado por
periódicos como El Liberal, El Comercio y El Nacional, sobre todo por los gastos de mudanza de
esta imprenta al antiguo convento de San Pedro, a pocos metros del local de la Rifa.13 Según se
afirmaba en El Progreso, los dueños de la casa deseaban venderla y solicitaron el traslado
inmediato de los útiles de imprenta y la demolición de sus accesorios. Finalmente la imprenta
que se trasladó al convento quedó en desuso, aunque cabe la posibilidad que una parte de ella
fuera llevada a la campaña de Prado para aplacar la rebelión conservadora del sur, donde se
imprimió el Boletín Oficial del Ejército.14 Mientras tanto, la administración en Lima en noviembre
de 1867 mandó a comprar de los Estados Unidos materiales para la imprenta 15 y a inicios del
siguiente mes se compró el local de la calle de la Rifa a Francisco de Rivero.16

En tanto, con relación a la Imprenta que aún se ubicaba en Palacio, a principios de 1866, el
gobierno decretó que la Imprenta del Estado debía contar con un administrador y un regente
interventor, tipógrafo de profesión.17 Este intento de organizar la Imprenta del Estado fue
completamente una propuesta del Gobierno. Se conformó una estructura para administrarla y se
estableció una división de trabajo, pero, a diferencia de lo que sería en 1868, no significó
grandes cambios. El administrador tenía que responder por el manejo de los útiles y las finanzas
de la Imprenta, mientras que el regente se encargaba del manejo de las máquinas y de las
impresiones. Se nombró como administrador a Eusebio Aranda, que desde 1834 se encontraba
a cargo de la Imprenta del Estado, y como regente a José Enrique del Campo.
Lamentablemente, no hay información sobre el funcionamiento de la Imprenta del Estado en
este período.
11
El Nacional. Nº 348. Lima, 2 de enero de 1867.
12
El Progreso. Año I Nº 1. Lima, 19 de enero de 1867. [Colofón]: Imprenta de “El Progreso” calle de la Rifa
58, por Mariano Murga. Se publicaron 144 números, hasta el 12 de julio de 1867.
13
El Comercio. Nº 9385. Lima, 6 de julio de 1867; El Nacional Nº 508 y Nº 511. Lima, 10 de julio y 13 de
julio de 1867. Para una respuesta de El Progreso, ver la edición Nº 143, del 11 de julio de 1867.
14
Boletín Oficial del Ejército. Tomo 1 Nº 1. Islay, 19 de octubre de 1867. [Colofón]: Imp. del Boletín del
Ejército, por Mariano Murga. Se imprimieron 9 números, hasta el 22 de diciembre de 1867. Aparte de Islay
se imprimieron números en Sachaca y Arequipa.
15
El Comercio. Nº 9770. Lima, 8 de junio de 1868. En otros artículos del mismo diario se señala que el
costo fue de 9000 ó 10000 soles.
16
AGN. Protocolos Notariales S. XIX. Claudio José Suárez, Nº 915 (1867). f. 857 y ss.
17
El Peruano. Año 24 Tomo 50 Nº 11. Lima, 24 de enero de 1866.

5
El proyecto de reorganización de la Imprenta del Estado
El proyecto de reorganización de la Imprenta del Estado de 1868 elaborado por Manuel Atanasio
Fuentes, uno de los personajes más prolíficos de nuestra República. Su propuesta, además,
marcaría el inicio de la administración de la Imprenta del Estado por concesión a un particular,
un empresario, a cambio de un ingreso a favor del Estado por los trabajos que realice. Este
modelo, con muchas modificaciones, persistirá hasta 1905, cuando el Estado rescindió el
contrato con el administrador Tomas Buckley y retomó el manejo directo de la Imprenta a través
del Ministerio de Gobierno.18 Incluso bajo este sistema el mismo Fuentes firmaría otros tres
contratos (1869, 1877 y 1886).

¿Cómo se gestó este proyecto? A fines de enero de 1868, luego del derrocamiento de Prado y el
nombramiento de Diez Canseco como Encargado de Mando, el Ministerio de Gobierno le
encomendó a Manuel A. Fuentes que instale en el local de la calle de la Rifa la imprenta que
estaba depositada en una parte del antiguo Convento de San Pedro 19. No ha quedado claro
quien tomó la iniciativa, si Fuentes o el Gobierno. Sólo contamos con la opinión de Fuentes,
quien a través de su periódico, El Murciélago, en el artículo titulado “El regalo que me han
hecho”20, afirmaba que el mismo Gobierno le había cedido la referida imprenta “para que yo la
use y abuse de ella como de cosa mía propia, con justo título adquirida”. En otro número hacía
referencia a su “palacio en la calle de la Rifa (que me ha regalado el gobierno)”.21

En el proyecto,22 Fuentes se comprometía a reparar la casa de la calle de la Rifa y equiparla con


los útiles necesarios para reunir en ella las imprentas de Palacio y del antiguo convento de San
Pedro. Proponía que la Imprenta sea dirigida por un Administrador, dos regentes y un interventor
fiscal, quienes debían encargarse de remitir al Gobierno el estado de trabajos, las planillas de
gastos y el manejo de caja. Se establecía que el 10% de las entradas brutas serviría para los
sueldos de empleados y operarios. El Gobierno mientras tanto se comprometía a disponer que
todas las oficinas públicas manden sus impresiones a la Imprenta del Estado, los cuales se
harían a precio de costo.

Fuentes consideraba la necesidad de que el Estado participe en negocios industriales, tomando


como modelo la Imprenta Imperial de País:

18
El Peruano. Lima, 2 de junio de 1905.
19
BNP. Sala de Investigaciones. Colección Manuscritos. Papeles y otros documentos pertenecientes a D.
Manuel Atanasio Fuentes. D12419. Comunicación del Ministerio de Gobierno al Administrador de la
Tesorería Departamental. Lima, 15 de enero de 1868
20
El Murciélago. Nº 10012. Lima, 5 de febrero de 1868.
21
El Murciélago. Lima, 19 de febrero de 1868.
22
El Peruano. Año 26 Tomo 54 Nº 27. Lima, 10 de junio de 1868.

6
“Es una propiedad nacional, regida por personas de alta categoría, por encargo del
Gobierno y trabaja para todo el mundo, llegando hoy al punto de que al Gobierno le
salen gratis los muchos trabajos que por su cuenta se ejecutan.”23

La segunda parte del proyecto estaba referida al periódico oficial, que debía ser similar a la
publicación de El Monitor, diario oficial francés. Se publicaría en un tamaño similar a El
Comercio y contendría 1) Una sección oficial compuesta de todas las resoluciones de los
Ministerios, debates del Congreso, editoriales, etc.; 2) Una sección estadística; 3) Una sección
judicial; 4) Una sección mercantil; 5) Una crónica diaria de sucesos locales; 6) Una crónica de
las provincias; 7) Una crónica extranjera; 8) Una sección de avisos judiciales; y 9) Una sección
de avisos mercantiles. Su personal estaría compuesto de 16 personas, entre redactores,
traductores, recolectores, cronistas, repartidores, etc. Se repartirá gratuitamente a todas las
oficinas del Gobierno y a las personas que deseen suscribirse. Por su parte, el Ministerio de
Gobierno se comprometería a disponer que ningún periódico publique los documentos oficiales
antes que El Peruano; que todas sus dependencias entregaran diariamente los datos que
soliciten los empleados del periódico; que los avisos judiciales no tuvieran efecto en los juicios
sino son publicados en el periódico oficial; y que los delegados en el extranjero manden
información del extranjero. Finalmente, para la remodelación de la casa de la Rifa, se habían
presupuestado 30000 soles, y para la compra de útiles de Imprenta, se necesitaban 20000
soles.

No tardaría mucho en aprobarse la propuesta. El Gobierno estaba convencido de la necesidad


de reorganizar la imprenta y ponerla a su servicio. Atrás quedaba la idea de subvencionar
periódicos “ministeriales”, publicaciones de corte político que defendían a los gobernantes de
turno. Así, el decreto del 31 de marzo de 1868, aprueba la propuesta de Fuentes, donde se
reconoce las ventajas económicas de llevar a cabo este proyecto:
“No solo reportará al fisco ventajas y economías considerables sino, que estas serán
trascendentales a las oficinas públicas y a la sociedad en general, puesto que por la
abundancia de materiales y por la amplitud que se de a la empresa, podrán alcanzarse
impresiones bien hechas y a cómodos precios”24.
Del mismo modo, coincide en señalar la importancia de su publicación diaria de El Peruano,
porque:
“llena todas las necesidades sociales, y se convierte en defensor de la sana doctrina,
dando al periodismo la importancia noticiosa y moralizadora que constituye su verdadera
esencia”.25

23
Ídem.
24
El Peruano. Año 26 Tomo 54 Nº 27. Lima, 10 de junio de 1868.
25
Ídem.

7
Una vez aprobado el proyecto, se hicieron los trabajos necesarios para poner a punto la
Imprenta, hasta que el 1º de julio de 1868, cuando se inició la publicación diaria de El Peruano.

El proyecto y la opinión pública.


El proyecto y su ejecución no fueron ajenos al debate público, que se manejó a través de la
prensa, y que no se ceñía a debatir las propuestas del Gobierno, o de los partidos políticos, sino
que también las cuestiones cotidianas. La prensa revela incluso que los personajes ahora
impregnados de una canonización patriótica fueron en su momento agentes y victimas del poder
de la palabra impresa (Jaksic 2004:137).

¿Cómo pudo ver la población de Lima este proyecto? En base a la cantidad de artículos
publicados en 1868 sobre el tema, ciertos sectores vieron con interés el uso del dinero para el
proyecto y la posibilidad de que existiera una competencia desleal con los periódicos de la
capital. Sumando los tres diarios publicados ese año: El Peruano, El Comercio y El Nacional,
contamos con 36 artículos entre junio y noviembre, de diversas extensiones. Una cifra
interesante teniendo en cuenta que hubo momentos donde se publicaron día tras día réplicas y
duplicas sobre el tema. A ellos agregaríamos algunos artículos publicados en el semanario La
Prensa, que no tuvo tanto alcance por sus pocos ejemplares. Del resto de periódicos publicados
ese año, cinco en total, fueron tan esporádicos que sólo conocemos referencias de ellos.

De estos artículos, hay que distinguir los que son propios del periódico, como editoriales, la
revista de periódicos y notas; y los famosos “comunicados”, artículos pagados por los
interesados en participar en los debates, porque se podían ventilar hasta asuntos muy
personales, lo que era causal de juicios sobre difamación y en contra del honor que se ventilaron
en los jurados de imprenta.

Los temas del debate al que hago referencia se circunscribieron en tres puntos:
1. Sobre la relación entre el Estado y Manuel Atanasio Fuentes en el uso de recursos para el
proyecto, y su viabilidad legal;
2. La desigual competencia del Estado con las imprentas particulares en el mercado, y
3. La obligatoriedad de la publicación de los avisos judiciales en El Peruano.

El tercer punto fue un debate entre Manuel Atanasio Fuentes y José Gregorio Paz Soldán, cuyos
términos legales y extensas citas los trataré con detenimiento en mi tesis, por ahora, me centraré
en los dos primeros.

8
El debate empezó cuando se hizo público el proyecto de Fuentes, en El Comercio a fines de
mayo de ese año.26 Ya habían pasado dos meses desde que se aprobó y se estaban realizando
los trabajos, ni siquiera dicha resolución se había publicado en el periódico oficial. ¿Por qué
razones se mantuvo oculto a la luz pública el referido proyecto? A los pocos días, el 8 de junio,
El Comercio ya publicaba el texto íntegro de la resolución27, lo que obligó a su publicación
inmediata en El Peruano.28 Los primeros artículos se centraron en la inviabilidad del proyecto,
por el fuerte gasto que perjudicaría al Estado mismo, calificándolo de despilfarro y por el peligro
que significaría para las imprentas de la ciudad:
“El Gobierno que no produce material para dar dos veces por semana la cuarta parte de
una hoja como “El Comercio” quiere un diario de las dimensiones de “El Comercio” y
monopoliza la industria tipográfica hostilizando a los diarios”29

Otros se centraban en señalar la ilegalidad del contrato y cuestionaban el papel de Fuentes:


“Es demás probar la ilegalidad de dicho contrato y los grandes perjuicios que reporta a la
nación, tan sólo por beneficiar a un individuo. ¿Cómo es posible, en efecto, que se
regalen 40000 pesos, una imprenta con todos sus útiles…una casa….que se de tanto
por ciento de las utilidades y se establezca un monopolio cuya sola palabra causa
horror, tan sólo por beneficiar al Murciélago!!?30

El uso del términos como “monopolio” y “libertad de industria” se repiten en muchos de los
artículos, haciendo referencia a la disposición por el cual el diario oficial sea el único en publicar
los documentos oficiales y los avisos judiciales, y se ofrezca a menor precio. Aunque los
periódicos no ganaban con la publicación de los documentos oficiales, el hecho que lo hicieran
implicaba más que todo cumplir con el fin del periodismo, hacer las cosas públicas, y mantener
esta imagen ante la sociedad. En el caso de los avisos judiciales, la preocupación era que las
imprentas perderían ingresos. Y no era de menos, los periódicos en esos años se mantenían por
las suscripciones, los comunicados y los avisos por línea.

En un artículo en publicado en tres ediciones de El Nacional, podemos encontrar referencias a


como los impresores veían con suscitado interés la participación del Estado en el mercado de
las Imprentas:

26
El Comercio. Nº 9757. Lima, 27 de mayo de 1868.
27
El Comercio. Nº 9770. Lima, 8 de junio de 1868.
28
El Peruano. Año 26 Tomo 54 Nº 27. Lima, 10 de junio de 1868.
29
El Comercio. Nº 9771. Lima, 9 de junio de 1868.
30
El Comercio. Nº 9773. Lima, 11 de junio de 1868.

9
“Nosotros no podemos callar…porque sostenemos el derecho que tienen todas las
imprentas del país a que no las hostilice la administración, ni se ataque la libertad de
industria, ni se arruinen a los que cuentan con pequeños recursos.”31

“Todos los diarios tienen el derecho de publicar avisos judiciales, porque la ley lo manda,
y ningún papel determinado puede tener el monopolio de avisos, porque ataca el
derecho concedido por la misma ley a las demás imprentas…Si el gobierno quiere
proteger la Imprenta del Estado enhorabuena…pero que no la fomente a expensas de
nuestros derechos de impresores, de nuestros intereses porque hasta ahora tenemos
creencia que la libertad de industria es una verdad a cuya sombra podemos trabajar
honradamente.”32

Estas afirmaciones nos muestran el grado de conciencia de los impresores sobre sus derechos.
Desde 1855 estaban agrupados en la Sociedad Tipográfica de Auxilios Mutuos, órgano que en
años posteriores establecería una tarifa única para las impresiones y publicarían su propio
periódico. Pero de allí no se conoce –hasta el momento- más documentación si como sociedad
hicieron una protesta formal ante las autoridades.

Pero no todos los artículos se refirieron de forma negativa a este proyecto. En respuesta a los
artículos publicados en El Nacional, aparecieron otros en El Comercio defendiendo el trabajo
que realizaba Fuentes y el Gobierno. Entendemos que estos artículos son comunicados, por lo
tanto pagados y publicados, aunque el diario no esté a favor de esas ideas:
“Los fondos invertidos en la Imprenta del Estado no son dinero arrojado a la calle; el
edificio que se construye y los útiles que deben emplearse en la publicación del
periódicos, tendrán siempre su valor que se podrá hacer efectivo cuando fuere
conveniente”33
Y haciendo una aclaración en lo que debería ser una inversión y un despilfarro, y tildando a El
Nacional de un órgano de demagogia, por su actitud tan crítica ante todas las acciones del
Gobierno:
“Con la avidez de un hambriento, busca en todo lo que ve, un mal procedimiento del
Gobierno, en todo gasto público un derroche…Despilfarrar es deshacer, desbaratar, y
figuradamente se llama así a un gasto inútil, a un consumo improductivo…con toda la
extensión que reclaman las necesidades del servicio público, y la no menos imperiosa
de fundar las disposiciones supremas y de defenderlas contra los apasionados ataques
de los órganos de la demagogia…”34

31
El Nacional. Nº 830. Lima, 15 de junio de 1868.
32
El Nacional Nº 832. Lima, 17 de junio de 1868.
33
El Comercio Nº 9783. Lima, 22 de junio de 1868.
34
El Comercio Nº 9787. Lima, 26 de junio de 1868.

10
En un último artículo en respuesta a El Nacional, se señalaba que en realidad el Gobierno no
estaba atacando a la libertad de industria más bien respetaba las opiniones opositoras y que
debía verse con buenos ojos su participación en el mercado:
“…lejos de ser un ataque a las libertad de industria, como estúpidamente lo dice, es
precisamente su natural y necesaria consecuencia, y vea también cuales son las
ventajas que obtienen los consumidores…si hubiese prohibido la publicación del
Nacional o impuestota condiciones innecesarias, verdaderamente habría atacado la
libertad de industria, pero cuando no ha hecho tal cosa, sino celebrar una sociedad para
establecer una empresa…no sé como se diga que ha inferido un ataque a la libertad de
industria…”

Luego de la publicación diaria de El Peruano, algunos de los artículos reiteraban la inutilidad de


publicar de esta forma el periódico oficial, y estaban atentos a cualquier publicación que se diera
allí, si llegaba a presentar noticias antes que los otros diarios y si publicaba una noticia con
retraso respecto a la competencia, era la oportunidad perfecta para que sus detractores reiteren
su oposición:
“Evidenciada la inutilidad de Peruano como diario, la de la compra de útiles de Imprenta
y de un local especial para su publicación, lo está en el hecho de haberse publicado
regularmente desde el 11 de julio último con solo los tipos y útiles que existen en la
imprenta de Palacio, y en la misma localidad, lo cual convence también de que, ni para
la publicación diaria, ha tenido el gobierno necesidad de hacer urgentes gastos que ha
hecho ni la de comprometerse a continuar haciendo los demás del contrato.”35

Antes de concluir, veamos algunas líneas referidas al gestor de este proyecto. Mucho se ha
hablado sobre Manual Atanasio Fuentes, un personaje polémico, seguido por muchos y odiado
por otros. En los artículos revisados hay opiniones divididas. Algunos, consideraron a Fuentes la
persona idónea para este trabajo, pero, los opositores, usando calificativos como la “Imprenta
del Murciélago”, “mayorazgo periodístico”, o llamando a El Peruano “su órgano particular”
criticaban como se había hecho cargo de la Imprenta y dudaban de los gastos presupuestados:
“El gobierno a tenido a bien desperdiciar cien mil soles para fundar un mayorazgo
periodístico con casa capitales y otras conveniencias. Pero a quien Dios se la diere,
Murciélago se la bendiga…..un mayor órgano de publicidad, mas el resultado ha sido
todo lo contrario…”36

“El señor Fuentes…presentó…una propuesta, tan ventajosa para él, como ruinosa para
el fisco, y escandalosa para todos, la cual fue aceptada, sin vacilación ni sustentación,

35
El Comercio. Nº 9851. Lima, 17 de agosto de 1868.
36
El Comercio. Nº 9811. Lima, 17 de julio de 1868.

11
como si se hubiese tenido el plan de cometer excesos y evitar que fuesen denunciados e
improbados por el proponente.”37

Muchos criticaron que Fuentes viviera en ese local propiedad del gobierno, y que no tuviera un
local propio, pero era muy común ver en el siglo XIX que muchos funcionarios vivían en los
locales públicos, como el caso de la Biblioteca Nacional, que tenía habitaciones destinadas para
sus directores y parte del personal.

¿Triunfó la opinión pública o el Gobierno? Me atrevería a decir que en un primer momento hubo
pequeñas concesiones. El Gobierno no dio marcha atrás en su proyecto, pero en cuanto al
contenido del diario oficial, a los pocos de aparecer su nueva “cara” se lee el siguiente aviso:
“Para evitar inconvenientes ulteriores cumplimos el deber de advertir a nuestros lectores,
que solamente todo lo que se inserta en la Sección Administrativa tendrá carácter
oficial”38

Aunque en un principio Fuentes usó a El Peruano para debatir sobre la obligatoriedad de la


publicación de los avisos judiciales con Paz Soldán, ante las críticas al proyecto y al nuevo
aspecto del diario oficial, donde, se advertía el peligro de que sea convertido en un órgano
propagandístico en vez de un diario serio. Entonces, Fuentes tuvo la necesidad de deslindar la
parte administrativa de la periodística de El Peruano. Otra de las concesiones que se dieron a
los demás medios fue el continuar la publicación de los avisos judiciales, tal como se puede
apreciar en los ejemplares de los meses siguientes.

A modo de conclusión
Como hemos visto en este panorama general de la opinión pública sobre el proyecto de
reorganización de la Imprenta del Estado, las posiciones estuvieron divididas entre quienes
consideraban a esta acción como un gasto y otros como una inversión.

A pesar de los artículos publicados y las acciones que se tomaron en la Comisión de


Infracciones del Congreso, donde el mismo Ministro de Gobierno tuvo que presentarse y
exponer sobre las razones que llevaron a la ejecución de este proyecto, no se dio marcha atrás
del mismo. Todo lo contrario, pues en una actitud que reafirmaría la postura del Gobierno, el 21
de abril de 1869, se publicaría el llamado “decreto de exclusividad” 39 donde se reiteró la
prohibición de que los diarios de la capital publiquen los documentos oficiales antes que El

37
El Comercio. Nº 9851. Lima, 17 de agosto de 1868.
38
El Peruano. Año 26 Tomo 55. Lima, 4 de julio de 1868.
39
El Peruano. Año 27 Tomo 56. Lima, 12 de mayo de 1869.

12
Peruano y luego, se firmaría una modificación al contrato de 1868 dándole mayores beneficios
tanto a la administración de la Imprenta como a la publicación del diario oficial.

Pero, fuera de las críticas, es importante observar que bajo la administración de Manuel
Atanasio Fuentes, la Imprenta del Estado se convirtió en una imprenta competitiva, llegando a
publicar los trabajos más importantes de esa década, hasta que la invasión de Lima por las
tropas chilenas significaría un punto de quiebre en su historia institucional.

BIBLIOGRAFÍA
Periódicos:
Boletín Oficial del Ejército. 1868
El Comercio. 1865-1868
El Mercurio. 1862-1864
El Murciélago. 1867-1868
El Nacional. 1865-1868
El Peruano. 1865-1868
El Progreso.1867
La Gaceta Judicial. 1861-1862
La Época. 1862

Libros:
ALONSO, Paula. Compiladora (2004) Construcciones impresas. Panfletos, diarios y revistas en la
formación de los estados nacionales en América Latina, 1820-1920. Buenos Aires, Fondo de Cultura
Económica.

DEL ÁGUILA, Alicia. (2003). Los velos y las pieles: cuerpo, género y reordenamiento social en el Perú
republicano (Lima, 1822-1872). Lima, Instituto de Estudios Peruanos.

FUENTES, Manuel Atanasio. (1867) Lima. Apuntes históricos, descriptivo, estadísticos y de costumbres.
Paris, Librería de Firmin Didot, Hermanos, hijos y Cía.

JAKSIC, Iván. (2004) “Andrés Bello y la prensa chilena, 1829-1844”. Construcciones impresas. Panfletos,
diarios y revistas en la formación de los estados nacionales en América Latina, 1820-1920. Buenos Aires,
Fondo de Cultura Económica. pp. 107137

JACOBSEN, Nils. (2007) “Opiniones y esferas públicas en el Perú del tardío siglo XIX: una red de múltiples
colores en una tela hecha jirones”. En: ALJOVIN DE LOSADA, Cristóbal y Nils JACOBSEN (editores).
Cultura Política en los Andes. Lima, UNMSM, IFEA, Embajada de Francia en el Perú. pp. 411-437.

PALTI, Elías. (2004) “Los diarios y el sistema político mexicano en tiempos de la República Restaurada
(1867-1876)” Construcciones impresas. Panfletos, diarios y revistas en la formación de los estados
nacionales en América Latina, 1820-1920. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica. pp. 167-181.

13