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¿ES POSIBLE UN FUTURO SIN JUECES?

Sistema Experto Jurídico: Una herramienta facilitadora en la labor jurisdiccional

Grupo n. º 8

Resumen
Hace muchos años que el Derecho dejó de ser una ciencia solitaria para convertirse en una en la
que se aplican las otras áreas del conocimiento. Un claro ejemplo de ello es la informática jurídica,
ciencia que en los últimos años ha revolucionado en forma cualitativa y cuantitativamente, al ya
no limitarse a proporcionar información sino a brindar soluciones a los problemas jurídicos que
se le planteen. Actualmente, estas son dadas por la informática jurídica metadecisional, la cual se
viene aplicando en diferentes países del mundo, principalmente en Estados Unidos de donde
provienen la mayoría de sistemas expertos. Asimismo, esta aplicación de la inteligencia artificial
al campo del Derecho nos invita a preguntarnos si un sistema experto puede o no sustituir al juez,
generando así un enorme debate entre los que avizoran que en los próximos años tendremos en
todas las Cortes del mundo a un programa dictando sentencias y los que consideran que la IA solo
debe limitarse a ayudar en la labor jurisdiccional. A este debate nos incorporamos por medio del
presente artículo, a través del cual transmitimos nuestra posición.

Abstract
It has been many years since the Law stopped being a solitary science to become one in which
the other areas of knowledge are applied. A clear example of this is legal informatics, a science
that in recent years has revolutionized qualitatively and quantitatively, since it is no longer limited
to providing information but to providing solutions to legal problems that arise. Currently, these
are given by metadecisional legal informatics, which has been applied in different countries of
the world, mainly in the United States, where most expert systems come from. In addition, this
application of artificial intelligence to the field of law invites us to ask ourselves whether an expert
system can replace the judge or not, thus generating a huge debate among those who envision that
in the next few years we will have in all the courts of the world a program dictating judgments
and those who consider that AI should only be limited to assist in the jurisdictional work. We
incorporate this debate through this article, through which we transmit our position.

Palabras claves

Informática Jurídica, Inteligencia artificial, sistema experto, labor jurisdiccional

Keywords
Legal Informatics – artificial intelligence – expert system – jurisdictional work

i
ÍNDICE

Resumen ........................................................................................................................................ i

Abstract .......................................................................................................................................... i

I. INTRODUCCIÓN.............................................................................................................. iii

II. Una aproximación hacia la Informática Jurídica ........................................................ 1

2.1. Antecedentes de la Informática Jurídica ...................................................................... 1


2.2. ¿Qué es la Informática Jurídica? .................................................................................. 2
2.3. El vínculo entre la Informática Jurídica y la Inteligencia Artificial .......................... 3
2.3.1. ¿Cuál es la estructura de un sistema experto?.................................................. 4
2.3.2. Sistemas o modelos de Inteligencia Artificial .................................................... 6
2.3.3. Sistemas Expertos Jurídicos ............................................................................... 7
III. Retos de la Inteligencia Artificial en el sistema de justicia peruano ......................... 10

3.1. Status quo: la sobrecarga procesal y la deficiente motivación de las resoluciones


judiciales ........................................................................................................................ 10
3.1.1. El problema de siempre: la sobrecarga procesal ............................................ 10
3.1.2. Los mitos de la sobrecarga procesal ................................................................ 12
3.1.3. ¿Qué derechos vulnera los efectos de la sobrecarga procesal? ..................... 13
3.1.4. La falta de motivación en la praxis judicial .................................................... 16
IV. Alternativas de solución a los problemas precedentes ............................................... 18

4.1. Aplicación de la IA en resoluciones judiciales ........................................................... 18


4.1.1. En los autos, una cuestión no tan sencilla ....................................................... 18
4.1.2. Aplicación en las sentencias .............................................................................. 23
4.2. Limitaciones y riesgos de los sistemas expertos ......................................................... 26
V. CONCLUSIONES ...........................................................................................................iv

VI. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS .......................................................................... v

ii
I. INTRODUCCIÓN

La tecnología ha evolucionado al punto de convertirse en una herramienta capaz de


hacer casi todas las actividades humanas e inclusive muchas de ellas con mayor eficiencia
que el propio hombre. Debido a ello, es que la inteligencia artificial (en adelante IA), el
campo más desarrollado de la tecnología, expresado en sistemas expertos, se ha venido
aplicando en ciertos ámbitos del conocimiento como la Medicina, Arquitectura e
Ingeniería con la finalidad de ayudar a los profesionales de cada materia. Así también,
hace no pocos años, el Derecho ha sufrido el impacto de la IA en lo que respecta a la toma
de decisiones judiciales, que será objeto de estudio del presente artículo, analizando sus
beneficios y riesgos.

El estudio de la IA aplicada en la toma de decisiones judiciales es importante debido


a que nos encontramos en un mundo en el que todo se pretende informatizar y
automatizar, no siendo conscientes de los riesgos que podría ocasionar el dejar que un
programa computarizado imparta justicia; por lo que resulta conveniente informar y
prevenir a la comunidad jurídica de las consecuencias de esta implementación tecnológica
al campo del derecho. No obstante, constituye una alternativa de solución a problemas
tan recurrentes en nuestra administración de justicia como son la sobrecarga procesal y la
deficiente motivación de las resoluciones judiciales.

Ahora bien, con este trabajo lo que se busca es determinar cuáles serían los beneficios
y riesgos que conllevaría una posible implementación de la IA en nuestro sistema justicia.
Por otro lado, analizar críticamente cada uno de los modelos o tipos de sistemas expertos
jurídicos que existen en la actualidad. Y, por último, motivar al lector a seguir
escudriñando en qué otros ámbitos del derecho la IA y los sistemas expertos podrían
aplicarse a fin de mejor nuestra administración de justicia.

Finalmente, el presente artículo se estructura en tres capítulos principales. El primero


versa sobre nociones básicas y fundamentales de la informática jurídica y los tipos o
modelos de sistemas expertos, así como su aplicación de estos al campo jurídico. En el
segundo se plasman los problemas que aquejan a nuestro sistema de justicia analizando
las causas de la sobrecarga procesal y la deficiente motivación de las resoluciones
judiciales. Y, por último, en el tercer capítulo se aborda desde un punto de vista crítico la
aplicación de los sistemas expertos jurídicos a nuestro sistema jurídico peruano,
describiendo sus beneficios, así como sus limitaciones.

iii
II. Una aproximación hacia la Informática Jurídica
2.1. Antecedentes de la Informática Jurídica

Para tener un claro concepto de la Informática jurídica, nos vemos en la


necesidad de preguntarnos ¿qué es Informática?, ¿cómo surgió? y ¿cómo ha
evolucionado a lo largo de estos últimos años? En virtud a ello, es que frente a
estas interrogantes se puede decir que el personaje quien introdujo y delimitó este
término fue el ingeniero electrónico alemán Karl Steinbuch, exactamente en el
año 1957. Asimismo, vale mencionar que dicho científico informático lo
considera como aquella ciencia que trata o maneja la información de manera
automática.

Sin embargo, resulta conveniente mencionar que fue ocho años antes, en
1949, cuando realmente se puso en manifiesto el nacimiento de la Informática
jurídica con un artículo que publicó Lee Loevinger1, quien de ese modo dio a
conocer que dicha ciencia, la misma que inicialmente era denominada como
jurismetría, abarcaba tres ámbitos: informativo, lógico – decisional y el ámbito
comportamentístico o estadístico – previsional. Taddei (2004: 151)

Posteriormente, en el año 1963, se hace pública la obra Jurimetrics: The


Methodology ol Legal Inquiry, editada por el profesor Hans Baade, quien sostuvo
que, para desarrollar a plenitud la disciplina en mención, era necesario emplear
tres tipos de investigación, a saber, (i) aplicar un modelo lógico a normas jurídicas,
(ii) aplicar el ordenador a la actividad jurídica y (iii) prever futuras sentencias de
los jueces.

Finalmente, debemos tener en cuenta lo importante que es emplear los


conocimientos informáticos al ámbito del Derecho, por la misma razón de que
gracias a la existencia de este vínculo entre ambas ciencias surge la interdisciplina
Informática Jurídica. Asimismo, cabe mencionar que, al aplicar dichos
conocimientos de computación, se tiene como propósito esencial coadyuvar en la
toma de decisiones judiciales.

1
Es recordado como uno de los abogados y juristas más importantes de Estados
Unidos, autor de la obra Jurimetrics: The Next Step Forward.

1
2.2. ¿Qué es la Informática Jurídica?

Como bien se sabe, la Informática se ha convertido en uno de los fenómenos


más significativos en los últimos tiempos. Además, es sorprendente cómo el
contenido de esta ciencia puede llegar a influir en diversas áreas del conocimiento,
siendo una de estas, el Derecho. Y de este modo, se puede apreciar el vínculo que
existe en dos ciencias que originalmente se encontraban separadas, surgiendo de
esa manera, la Informática Jurídica.

Ahora bien, cabe preguntarnos ¿qué entendemos por Informática? En ese


sentido, Samacá manifiesta que uno de los principales objetivos que presenta esta
ciencia es automatizar, mediante equipos habitualmente electrónicos, todo tipo de
información; basándose en su entrada, tratamiento y salida (2016:21). De manera
que, esto representa un gran beneficio para todos los ciudadanos, debido a que
gracias a esta ciencia es que se evita realizar ciertas labores en reiteradas veces,
las mismas que en su defecto pueden conducir al error.

Por otro lado, como ya se ha visto, la Informática jurídica básicamente


comprende el conjunto de aplicaciones de la Informática en el ámbito del Derecho.
Asimismo, Martínez (2013: 828) sostiene que, como instrumento del derecho, se
clasifica en tres áreas: documentaria, control y gestión; y la informática
metadocumental o también llamada metadecisional. En ese sentido, vale
mencionar que nuestra atención recae en esta última, por la misma razón que logra
traducirse en sistemas expertos legales, los mismos que consisten en aplicar la
inteligencia artificial en la toma de decisiones judiciales.

En resumen, la Informática jurídica documentaria, consiste en comprender


todos aquellos datos que le son útiles e importantes al Derecho, conformando de
esa manera una especie de banco jurídico; descartándose de ese modo a la
costumbre. Mientras que, por otro lado, la informática jurídica de control y
gestión; se manifiesta esencialmente a través del uso de computadoras y
programas relacionados a este. En otras palabras, se refiere a cómo empleamos o
qué tanta importancia le damos a estos conocimientos en las actividades cotidianas
de todos aquellos quienes ejercen la abogacía, es decir; abogados, fiscales, jueces,
peritos, siendo estos los cargos que más destacan.

2
Y, por último, la informática jurídica metadocumentaria, metadocumental o
metadecisional, se traduce en sistemas expertos legales, los cuales hacemos
referencia a ciertos programas cuyo desarrollo se basa en la Inteligencia artificial
y que se utiliza en el ámbito del derecho con el propósito de contribuir en la mejora
de diversas áreas como es la educación, investigación y, sobre todo, en la toma de
decisiones judiciales (Martínez, 2013: 828).
2.3. El vínculo entre la Informática Jurídica y la Inteligencia Artificial
Explicado líneas arriba lo concerniente a la Informática Jurídica, es preciso
definir la Inteligencia Artificial para luego establecer la relación que tienen ambas.
La Inteligencia Artificial es una rama de la Informática Jurídica que trata de
realizar las tareas que son llevadas a cabo por los seres humanos a través de
máquinas mediante el razonamiento (Martínez 2013: 828). Cabe decir, actividades
que se vinculan con procesos del pensamiento humano como la solución de
problemas y la toma de decisiones que pretendemos implementar en nuestro
sistema de justicia.

Está claro que tanto la Informática Jurídica como la Inteligencia Artificial


son autónomas e independientes, entonces ¿cuál es el vínculo que las une? Como
se mencionó en el punto que antecede, una de las 3 áreas que comprende a la
Informática Jurídica es la metadocumental, la cual se traduce en programas que
son desarrollados gracias a la Inteligencia Artificial. Así tenemos que ambas
materias, siendo autónomas, se unen para dar como producto a los sistemas
expertos jurídicos, entendiéndose como un sistema computacional (dado que el
trabajo se realiza a través de una computadora) capaz de resolver problemas
concernientes a la materia. No son más que programas que imitan el
comportamiento humano haciendo uso de la información que es proporcionada
por el usuario para que puedan emitir un resultado sobre cierta materia.

Es fundamental señalar que existen cuatro clases de sistemas expertos que


son: sistema que sustituye al experto, sistema que identifica el problema, sistema
que ayuda a identificar el problema y sistema que ayuda a la toma de decisiones,
siendo este último el punto que nos concierne y por tanto a profundizar (Martínez
2013: 829).

3
Lo que se busca de un sistema inteligente es que no seamos capaces de poder
distinguir entre un ser humano y una computadora ante la solución de ciertos
problemas. La función que cumple la computadora es simular algunos procesos
de pensamiento, puesto que es imposible que una máquina tenga los fenómenos
neurofisiológicos con los que cuenta el hombre, quien es el único capaz de
generarlos dado su naturaleza razonable.

2.3.1. ¿Cuál es la estructura de un sistema experto?

Generalmente, cuando una persona se especializa a profundidad en un


determinado tema, es común catalogarlo como un experto humano, y esto debido al
gran dominio que presenta sobre dicha materia; que a su vez, puede ser empleada en
la práctica con el fin de brindar solución a ciertos problemas. Pese a ello, el querer
aplicar este conocimiento, muchas veces se encuentra limitado a diversas
circunstancias, propios de la naturaleza del ser humano; tales como la fatiga,
problemas familiares o de salud e incluso la ignorancia y el egoísmo; que en suma,
pueden conllevar a disminuir la capacidad de enmendar algún problema.

No obstante, pese a todos los inconvenientes expuestos, se encontró una


alternativa que sin duda alguna podría superar estas barreras, la cual consiste en
transferir todo el conocimiento adquirido por la persona experta a un programa
informático, el mismo que opera de una manera más eficaz e independiente.
Asimismo, esta clase de herramientas tecnológicas reciben el nombre de Sistemas
Expertos (SE) y que Zavala lo define como aquellos programas informáticos que, a
partir de una base específica de una determinada área del conocimiento y de un
conjunto de reglas inferenciales, permiten obtener respuestas a preguntas de esa área
(citado en Samacá 2016: 22).

Dicho de otro modo, estos programas imitan el comportamiento humano, los


cuales se encargan de utilizar la información que el usuario les proporciona para
emitir un resultado sobre cierta materia. En atención a ello, el sistema experto
procede a realizar preguntas, con el propósito de identificar un objeto que guarde
relación con sus respuestas (Martínez 2013: 229). Y de esta manera, logra facilitar la
toma de decisiones coherentes sobre el tema en el que el programa está especializado.

4
Por otro lado, dentro de estos Sistemas Expertos, encontramos a los Sistemas
Expertos Jurídicos (SEJs), los cuales también son denominados como sistemas
jurídicos basados en el conocimiento (SJBC), constituyendo de esa manera, la
principal aplicación de la inteligencia artificial al derecho, (Samacá 2016: 25), que a
su vez, se fundamentan en el conocimiento desarrollado en la actualidad. En ese
sentido, Aguilera sostiene que un SEJ es aquel sistema computacional que puede
plantear posibles soluciones a determinadas cuestiones o asuntos jurídicos aplicando
el conocimiento experto en la materia, así como explicar sus razonamientos (2007:
45).

De tal modo que, para la elaboración de un SEJ, se ve involucrada una nueva


disciplina, que recibe por nombre: ingeniería del conocimiento, la misma que se
encargará de recopilar toda aquella información relevante sobre principios del
derecho, la ley, doctrina y jurisprudencia; además de corroborar esto mediante
consultas a los expertos jurídicos. Ahora bien, cabe mencionar que la estructura de
un SEJ al igual que otro sistema experto, se encuentra conformado por tres
componentes: (i) una base de conocimiento (BC); (ii) un motor de inferencia (MI) y
(iii) un interface (I).

En consecuencia, la base de conocimiento es el componente que define el


sistema experto, esto debido a que es considerado como aquél depósito donde
estructura toda la información pertinente (Pérez 2009: 121). En otras palabras,
contiene a manera de representación simbólica, ciertos objetos y hechos que guardan
relación con los conocimientos especializados, los mismos que encuentran
involucrados con el desempeño de una tarea en específico; desglosándose de esa
manera en conocimiento descriptivos y conocimientos procedimental.

Por otra parte, el motor de interferencia se caracteriza por ser un software


encargado de la correcta aplicación de las reglas de inferencias; es decir, es un
dispositivo que despliega patrones o secuencias de razonamiento y búsqueda a lo
largo de la base de conocimientos (Martínez 2013: 834), y de esa manera posibilita
que el sistema pueda encontrar las soluciones más acertadas a los problemas
planteados.

Finalmente, el interface es el medio por el cual se puede apreciar una interacción


entre el sistema experto y el operador; y de esa forma, obtener la asesoría que se

5
busca. O dicho de otro modo, al permitir esta comunicación entre el SE y el usuario,
a su vez también permite que el ingeniero de conocimiento pueda desarrollar el
sistema experto, actualizando, modificando o revisando la base de conocimiento, a
fin de corregir ciertos errores u obtener nuevas informaciones (Pérez 2009: 122).

2.3.2. Sistemas o modelos de Inteligencia Artificial

Si alguien es capaz de resolver problemas y dar respuestas a las interrogantes


que se le formulen, ese es el hombre. Esto debieron pensar los inventores al momento
de crear las computadoras y programas cibernéticos, pues los dos grandes modelos
de IA buscan emular la mente y el cerebro humano. El que trata de funcionar como
la primera recibe la denominación de modelo de procesamiento simbólico y el que
imita la estructura del segundo es el modelo conexionista. Y, si bien es cierto, ambos
sistemas están inspirados en el ser humano, cada uno tiene un modo diferente de
procesar la información que ingresa a su base de datos.

Para el modelo de procesamiento simbólico, el ordenador es equiparable a la


mente humana porque hace un razonamiento simbólico, esto es, genera una
representación simbólica interna del mundo y basándose en ciertas reglas de
producción- que manipulan los símbolos- es que proyecta conductas inteligentes
(Aguilera 2007: 40). Este modelo se empezó a utilizar durante la SGM para hacer
cálculos de las trayectorias balísticas; un lustro después, se desarrollaron programas
de ajedrez capaces de atemorizar a los campeones del mundo.

Posteriormente, surge el modelo conexionista o redes neuronales, que recibe


este nombre porque su estructura es similar a las sinapsis que hay entre cada una de
las neuronas. La emulación de este modelo respecto del cerebro humano tiene su
razón de ser en la efectividad que tiene este al momento de resolver los problemas.
Esto debido a que, “mientras que un ordenador tiene una sola unidad de
procesamiento, el cerebro tiene millones de procesadores que son las neuronas, que
generan una actividad global de procesamiento enorme y a gran velocidad” (Aguilera
2007: 38).

Al igual que cualquier otro sistema, la Inteligencia Artificial cuenta con ciertas
características que son necesarias que las contengan para poder diferenciarlas de las
demás. Entre las más precisas, dispone de una gran cantidad de conocimientos sobre

6
un problema fruto de la experiencia y realiza un razonamiento similar al de un
humano ante un problema, puede emitir conclusiones a partir de datos vagos o
incompletos y puede interrumpir una línea de razonamiento para ocuparse de otra y
contar con la capacidad de volver a su línea anterior (Martínez 2013: 831).

2.3.3. Sistemas Expertos Jurídicos

Sin duda alguna, la informática jurídica decisoria2, manifestada en Sistemas


Expertos Jurídicos (en adelante SEJ’S), se ha convertido en la aplicación más osada,
compleja3 y polémica de la IA en el campo del derecho. Osada, porque trata de
romper los esquemas convencionales y tradicionales de los sistemas de justica que
han perdurado por años; compleja, puesto que se trata de un programa cibernético
que no almacena y suministra información jurídica, como lo hace el sistema de
recuperación documental jurídica, sino que provee conocimiento a partir de la
información que tiene en su base de datos4; y polémica, ya que divide a los teóricos
entre: i) los que afirman que la Inteligencia Artificial no puede sustituir la labor de
un juez y ii) los que promueven la modernización del proceso arguyendo que los
SJE’S pueden coadyuvar, e incluso, sustituir en algunas circunstancias al juez.

Así pues, esta última revolución de la informática jurídica, no viene a ser más
que una especialidad de los sistemas expertos en general aplicada al ámbito del
Derecho y que tiene como función “plantear posibles soluciones a determinados
asuntos jurídicos5” (Martínez 2013: 877). Estos problemas de naturaleza jurídica son
resueltos en el día a día por los jueces, abogados o asistentes; pero que en un futuro

2
La informática decisoria, a su vez, es la etapa de la informática jurídica que procura proponer o adoptar
soluciones apropiadas para casos concretos que se planteen, valorando los datos de cada problema por
comparación con los criterios de decisión que se le hayan provisto (Guibourg 2015: 799)
3
La informática jurídica ha comenzado a ocuparse también del campo de la decisión que es, sin lugar a
dudas, el que más dificultad presenta (UNAM: 45)
4
Taddei (2004) refiere que, el salto de calidad respecto a los programas informativos es evidente; no se
facilitan sólo documentos ya almacenados, tales como leyes, sentencias judiciales y pareceres, sino que
se producen documentos nuevos, diferentes de la base de conocimiento introducida en la máquina
(p.156).
5
Existen distintas clases de problemas. Primero tenemos los problemas convergente tipo uno, de los
cuales sabemos, desde el principio, cuál es el criterio de solución, como por ejemplo, el armar un
rompecabezas. Los problemas convergentes tipo dos, en los cuales la solución del problema no está
determinada, pero es determinable, como es el caso de las demostraciones lógicas y las demostraciones
matemáticas, y existe otro tipo de problemas, los divergentes, que son aquellos en las que para un solo
problema existen múltiples soluciones y el estado de solución es determinable en forma decisional, un
ejemplo de estos son las controversias judiciales (Martínez 2013: 833).

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será un sistema computarizado abastecido en su base de datos de conocimiento
experto, capaz de emular el comportamiento de los sujetos antes mencionados, quien
propondrá soluciones a dichas controversias jurídicas.

De este novedoso SEJ, existen varios tipos o modelos, cada uno con sus propias
peculiaridades, modos de procesar la información y, por ende, con resultados
distintos, unos mejores que otros. El primero de ellos fue creado por unos científicos
británicos en 1981 y tiene como base la estructura condicional o hipotética de la
norma jurídica, por lo que en su base de datos solo almacena numerosas legislaciones,
desintegradas en requisitos que deben ocurrir y consecuencias que son el resultado.
A este modelo se le denominó sistema basado en reglas de producción, y debido a
su base de datos es que aparecen dificultades cuando se introducen cambios en el
cuerpo normativo, pues esto genera la necesidad de actualizar y reescribir
continuamente toda la base de datos (Martínez 2013: 835).

En Inglaterra, por ejemplo, ya se viene aplicando este modelo basado en reglas


de producción, a través del proyecto PROLOG. Este programa se dedica a “la
interpretación normativa y de los supuestos en cuestiones tales como: legislación
sobre nacionalidad6, derecho fiscal, y normas sobre subvención industrial” (Pérez
127:2009).

Otro modelo, que en nuestra opinión guarda mucha similitud con el anterior, es
el positivista explícito subyacente. Los creadores de este modelo parten de la idea de
que los operadores jurídicos para aplicar las leyes hacen uso de los silogismos
jurídicos7, por lo que se dedicaron a elaborar algoritmos basados en estos. No
obstante, este modelo no ha logrado convencer a la comunidad jurídica, ya que los
jueces muchas veces no aplican las leyes de un modo exegético, sino que recurren a

6
Un ejemplo lo podemos representar de la siguiente forma: la ley británica señala que una persona nacida
en el Reino Unido será británica después de la entrada en virgo de la ley, sin el momento de nacimiento
su padre o su madre: a) Es un ciudadano británico o b) reside en el Reino Unido. El sistema interpreta
la disposición de la siguiente forma: 1) X adquiere la ciudadanía británica en la fecha Y, si X nació en
el Reino Unido, y X había nacido en la fecha Y, y Y es posterior a la entrada en vigor de la ley, y X
tiene un padre que cumple con los requisitos del artículo 1.1 en la fecha Y.
7
Según el profesor español García, la decisión judicial requiere dos tipos de justificación, interna y
externa. La primera de ellas alude a la corrección de los razonamientos que en la sentencia se contienen,
corrección conforme a las reglas de la lógica. En otras palabras, las inferencias que en la sentencia se
realicen han de ser correctas, tienen que estar bien hechas. Por ejemplo: i) El que matare a otro debe ser
castigado con pena de prisión de 10 a 15 años (premisa mayor); ii) José mató a Pedro (premisa menor);
por lo tanto, iii) José debe ser castigado con pena de prisión de 10 a 15 años (conclusión) (2017: 72).

8
elementos extranormativos, que les ayuda a interpretar el contenido de la ley para
luego aplicarlas.

Un proyecto de este modelo es el ya conocido TAXMAN, que se viene


aplicando en EE.UU. en materia de impuestos a las empresas. Este sistema experto
tiene por objeto la calificación jurídica de un hecho concreto a fin de aplicar la norma
correcta. Funciona del siguiente modo: ingresan al sistema datos sobre el tipo de
negocio y los ingresos que genera dicho negocio, dependiendo de ello y luego de
haber realizado la clasificación de acuerdo a la normatividad, el programa
determinará qué impuesto debe pagar el empresario.

Para resolver un caso no solo se apela a la fuente formal del derecho, que es la
ley. Los jueces- en su mayoría- revisan en su memoria los casos resueltos con
anterioridad que sean análogos al caso presente para tener una idea de cuál es la
posible solución. Sin embargo, hoy en día, el juez ya no tiene que buscar en su base
de datos mental los casos que ya ha resuelto, pues gracias al modelo de razonamiento
legal basado en casos, la tarea se simplifica y optimiza considerablemente. Este
sistema experto, según Martínez, requiere de: a) un esquema de representación de
hechos; b) un esquema de comparación para evaluar la relevancia de casos respecto
a un problema y, c) un mecanismo para comparar caso y obtener inferencias legales
(2013: 838).

De este modelo de SEJ hay dos sistemas que ya se vienen aplicando en EE.UU.,
uno de ellos es ITALGUIRE y el otro es HYPO. El primero de ellos busca la
documentación precisa y la aplica al caso concreto, teniendo en cuenta la similitud
entre el caso anterior y el caso presente. Por su parte, el segundo va mucho más allá,
“analiza el caso concreto y produce una relación de casos similares que pueden
utilizarse en la fundamentación de la sentencia, explicando qué era lo que los hacía
similares y hasta sugería argumentos extraídos del caso precedente” (De Trazegnies
2013: 123).

Todos los modelos de SJE’S antes descritos se caracterizan por ser de una
postura predominantemente computacional, es decir, modelos en los que prevalece
la parte informática sobre la parte jurídica. Sin embargo, hace pocos años, el profesor
de la UNAM, Enrique Cáceres Nieto, propuso el modelo constructivista, el cual se

9
nutre además del derecho objetivo, de todas las disciplinas teóricas del derecho8, tales
como: teoría general del derecho, del razonamiento jurídico, de la argumentación
jurídica, de la interpretación jurídica, etcétera.

III. Retos de la Inteligencia Artificial en el sistema de justicia peruano


3.1. Status quo: la sobrecarga procesal y la deficiente motivación de las resoluciones
judiciales
3.1.1. El problema de siempre: la sobrecarga procesal

Como bien se sabe, uno de los servicios que brinda el Estado a través del empleo
de recursos públicos, es la justicia; la misma que debe ser otorgada a todos los
ciudadanos en igualdad de condiciones y de la manera más eficiente posible. No
obstante, este servicio se encuentra muy deteriorado, de tal modo que se ha
convertido en uno de los problemas sociales más grandes que nos ha tocado afrontar.
Un claro reflejo de ello, “es el cuestionamiento que se hace al Poder Judicial,
contando con apenas 18% de confiabilidad ciudadana (IPSOS PERÚ 2014), siendo
entre todas las instituciones, la segunda menos prestigiada” (Vargas 2015: 2).

Y, a decir verdad, en concordancia a lo antes expuesto, dentro del sistema


judicial muchos factores han influido e influyen actualmente para que la toma de
decisiones bajo el debido sustento técnico no haya ganado el lugar que urge
(Hernández 2009: 69). Lo cual es inevitable no suponer que, tal vez pueda ser
producto de la escasa importancia que se brinda al caso en concreto, o el insuficiente
interés por acelerar un proceso; siendo estas opciones las que se manifiestan en la
práctica con mayor frecuencia.

Asimismo, debemos tener en cuenta que el sistema de administración de justicia


en el Perú presenta una serie de deficiencias, destacándose entre todas, la lentitud en
los procesos judiciales, ya sean civiles, penales, laborales, o comerciales; por la
misma razón que genera desconfianza y descontento por parte de la población. A su
vez, dicha incertidumbre guarda relación con un problema característico y propio del
ámbito judicial, el mismo que es ocasionado por el conglomerado número de casos

8
Se comienza a sugerir un nuevo papel para la teoría jurídica contemporánea consistente en proporcionar
los modelos del derecho y del razonamiento jurídico (presupuestos teóricos) que sirvan de base para su
implementación computacional en la elaboración de una SEJ (Susskind 1989: 20).

10
que ingresan o dicho de otra forma, por los procesos que se tramitan en los órganos
jurisdiccionales a nivel nacional.

Desde una perspectiva económica, se puede considerar al Poder Judicial como


un mercado de productos, en el que los ofertantes son los jueces que emiten sus
resoluciones judiciales; y los demandantes, los ciudadanos que recurren al órgano
jurisdiccional en busca de justicia. Así pues, la oferta está constituido por el número
de expedientes resueltos; y la demanda, constituido por el número de expedientes que
ingresan. Entre estas dos variables, la segunda es la de mayor volumen, por lo que la
diferencia entre ambas nos da como resultado un número de expedientes que quedan
pendientes por resolver. Y si a este excedente le sumamos los nuevos expedientes
ingresantes cada año, nos dará como resultado la tan conocida sobrecarga procesal.

En otros términos, la sobrecarga procesal es producto del excesivo número de


demandas que ingresan a los órganos jurisdiccionales. Sin embargo; cabe mencionar
que no todo se debe a lentitud en dichos procesos o en la limitada producción por
parte de sus trabajadores; puesto que, pese a que existe la intención de atender todas
aquellas demandas que fueron postuladas, el panorama es más complejo si a ello le
sumamos que muchas de estas lindan con el ejercicio abusivo del derecho, logrando
de esa manera, una acumulación innecesaria.

Por otro lado, se presume que cada año, cerca de 200,000 expedientes
incrementan la sobrecarga procesal del Poder Judicial. Frente a ello, a inicios del
2015, se toma como referencia la carga heredada de años anteriores, la misma que
ascendía a 1’865,381 expedientes sin resolver. Deduciéndose de esa manera que,
cada 5 años se tenía que agregar un nuevo millón de expedientes a la ya pesada carga
procesal (Gutiérrez 2015: 17). Por lo que, bajo esa lógica, se dedujo que, a inicios
del 2019, la carga acumulada de años anteriores ascendería a más de 2’600,000
expedientes no resueltos.

En efecto, esta problemática se viene desarrollando a gran escala,


exteriorizándose claramente a través de sus grandes cifras. En virtud a ello, se toma
como ejemplo al año 2014, cuya carga procesal registraba un 55% de expedientes
acumulados sin resolver, los mismos que eran arrastrados de años anteriores;
figurando en contraste un 45% de estos recién ingresados durante el 2013; y de los
cuales el 70% del total de sus expedientes aún se encontraban en trámite. Y, por si

11
fuera poco, los órganos jurisdiccionales solo pudieron resolver 1’180,911
expedientes, equivalente al 39% de su totalidad (3’046,292 expedientes), lo que
quiere decir que el 61% de estos no fueron resueltos, quedando pendientes para el
año 2015.

Dicho de otro modo, estos datos estadísticos se resumen en la siguiente premisa:


de cada dos casos, uno es nuevo y otro pendiente del año anterior; y de esos, solo uno
se resuelve. En consecuencia, niveles inadecuados de carga procesal terminan por
convertirse en una barrera contra el acceso a la justicia, tal como lo reconociera
incluso el propio Banco Mundial, debido a que degeneran en demoras y errores y
hasta propicia corrupción (Hernández 2009: 72).

3.1.2. Los mitos de la sobrecarga procesal


Determinar la causa de la sobrecarga procesal no es tarea fácil, pues la cuestión
es más complicada de lo que aparenta ser. A continuación, algunos mitos sobre las
fuentes de este problema:

A priori, los jueces dicen que la sobrecarga procesal se debe al insuficiente


número de órganos jurisdiccionales y al ingreso excesivo de expedientes por año, por
lo que la solución, según ellos, es crear más juzgados9. Si esta primera hipótesis fuera
cierta, entonces en países como Holanda10, no habría este problema, pero la realidad
es otra. Solo un dato para demostrar que esta no es la solución correcta: entre 1997 y
2006, la cantidad de dependencias judiciales aumentó en 41% y la de jueces en 23%
pero la cantidad de expedientes resueltos en ese mismo período aumentó en 9%.
Asimismo, en la última década el número de expedientes que ingresa por año se
mantiene constante, alrededor de 1 millón por año.

Por otro lado, una de las frases más usuales que escuchamos decir en el plano
jurídico es: “el juez es el culpable de la sobrecarga” constituyendo esta otro de los
grandes mitos. Es normal pensar que el juez es el principal responsable de este

9
Es cierto que la creación de más dependencias judiciales garantiza en mayor grado el derecho de
acceso a la justicia, pero no sirve para frenar la sobrecarga procesal; por el contrario, la incrementa,
pues genera una mayor cantidad de demanda de expedientes judiciales, resultando finalmente que esas
nuevas dependencias estén igual de congestionadas que las antiguas.
10
En Holanda, se determinó que, a pesar de que con más cortes se pudo manejar mejor el ingreso de
casos, estos seguían durando lo mismo, por lo que se buscó incrementar la eficiencia en los métodos
y dotar de mayor capacidad al personal.

12
problema, pues es quien representa a la institución encargada de resolver los
conflictos. Sin embargo, debemos comprender que la labor del juez no se
circunscribe únicamente a realizar tareas de carácter jurisdiccional, sino que también
cumple con tareas administrativas, las cuales, aunque no parezca, ocupan gran parte
del tiempo que tiene el juez.11 Asimismo, recordemos que no solo es el juez quien
participa en el proceso, también las partes con sus abogados, quienes muchas veces
con sus conductas dilatorias entorpecen el normal discurrir del proceso judicial.

Si ninguna de estas es la causa determinante, entonces ¿cuál es la razón de la


sobrecarga procesal? En los párrafos anteriores hemos desmentido el mito de que
“cada año ingresan más expedientes”, sin embargo, ¿qué ocurre con los expedientes
pendientes de años anteriores? Según datos empíricos, la acumulación de casos no
resueltos registra un crecimiento preocupante,12 y además estos casos no influyen en
la productividad del juez, como si lo hacen los nuevos que ingresan. Por lo tanto, “la
sobrecarga procesal se genera por la incapacidad del sistema de procesar lo que ya
está dentro, es decir, por el crecimiento continuo de los expedientes pendientes que
actualmente sobrepasan los 1.1 millones” (Hernández 2009: 75).

3.1.3. ¿Qué derechos vulnera los efectos de la sobrecarga procesal?


En la actualidad, surgen muchos conflictos de intereses entre los sujetos de
derecho, por consiguiente, se hace necesario recurrir a un órgano jurisdiccional a fin
de exigir una tutela jurisdiccional efectiva que permita a todo sujeto de derecho ser
parte en un proceso. Esta tutela garantiza un debido proceso a las partes en conflicto
y un eficaz cumplimiento de la sentencia.

El debido proceso es una garantía procesal por el cual el Estado debe respetar
todos los derechos legales que posee una persona según la ley. El respeto al debido
proceso demanda que todo ciudadano pueda defenderse, probar, impugnar, obtener

11
Hernández (2007) sostiene que: En 1995, la dedicación del juez a tareas administrativas (para las cuales
además no ha sido preparado) en un modelo de despacho tradicional como el que prima hoy en nuestro país
(es decir, sin servicios comunes en áreas como notificaciones, calificación de demandas, archivo, etcétera)
consumía el 69% de su tiempo (Buscaglia y Dakolias 1995), distribución similar a la registrada en Argentina
y Brasil, donde ella llegaba a 70% y 65% respectivamente (Buscaglia y Ulen 1995, citado en Buscaglia
1997: 36).
12
La acumulación de casos para el 2005 llegó a 1 millón 146 mil expedientes, cifra que duplica la de hace
cinco años

13
una decisión que esté debidamente motivada y otras garantías esenciales que
permitan considerar que el proceso y la decisión son válidos.

El derecho a un debido proceso implica (…) la atribución que tiene el juez a


dictar una resolución conforme a derecho y siempre que se cumplan los requisitos
procesales mínimos para ello; es decir, este derecho supone obtener una decisión
judicial sobre las pretensiones deducidas por el actor ante el órgano jurisdiccional
respectivo, siempre que se utilicen las vías procesales adecuadas, pero no
necesariamente tal decisión es la solicitada por el actor; ya que la misma puede ser
favorable o desfavorable a las pretensiones ejercidas (Sánchez 2008 : 1)

Los intereses en conflicto de las partes, surgen cuando un sujeto de derecho, ya


sea persona natural o jurídica, en vez de cumplir con lo debido guía sus decisiones
en beneficio propio o de un tercero vulnerando un derecho protegido por la
legislación, es importante por ello un debido proceso que garantiza la vulneración de
algún derecho sea cesada, promoviendo una paz social. Asimismo, Cuando hablamos
de una paz social, nos referimos a una convivencia armoniosa entre todos los sujetos,
los cuales poseen derechos y obligaciones que deben ser respetados.

Los derechos son protegidos por el estado, mediante el poder judicial, es decir,
este sanciona cualquier afectación contra estos. El poder judicial a través de sus
diferentes salas se encarga de proteger diferentes tipos de derechos: En el ámbito
civil puede encargarse de temas relacionados al derecho a la nacionalidad, domicilio,
obligaciones y contratos, derechos a la propiedad, posesión; en el ámbito familiar
puede encargarse de temas relacionados a el derecho de alimentos, sucesiones,
derecho del niño y adolescente; en el ámbito laboral se encargaran del derecho a
trabajo, al no despido arbitrario; en el caso de los procesos penales se encargan de
sancionar punitivamente los delitos tipificados en el código, entre otros.

La legislación peruana plasma en la constitución, en los códigos, etc. todas las


atribuciones y obligaciones que tienen los sujetos de derecho. Sin embargo ¿Qué
pasaría si los expedientes no son resueltos en el tiempo oportuno o no son
suficientemente motivados?

Cuando un expediente judicial no es resulto en el tiempo oportuno dictaminado


por ley, en algunos casos esto puede deberse a la sobrecarga que cada juez puede
tener; la carga procesal de un año determinado está compuesta por los expedientes

14
ingresados y los expedientes que ingresaron años anteriores pero que aún no han sido
resueltos por el juez.(Hernández 2009: 70) Con base a lo mencionado por Hernández,
se puede decir que cada juez tiene una cantidad de expedientes para resolver a eso se
le llama carga procesal, pero cuando el número de expedientes sin resolver es
excesivo hablamos de una sobrecarga procesal.

La sobrecarga procesal -acumulación de casos-ocasiona que la duración


promedio de un proceso judicial sea mucho mayor. “Toda dilación implica la
extensión del derecho vulnerado por el cual se acudió al juez. Al margen de a quién
finalmente favorezca el fallo del juez, este aspecto constituye una vulneración a la
tutela jurisdiccional efectiva” (Hernández 2009: 80) .Los procesos al no ser resueltos
oportunamente pueden fomentar la discrecionalidad de algunos agentes al servicio
de la justicia que “no tengan una buena ética”, quienes podrían tomar ventaja de la
situación y ofrecer tratos ilegales para favorecer el avance de ciertos procesos con el
propósito de obtener algo a cambio.

La motivación judicial es muy importante para asegurar que la decisión del juez
sea justa. “La Motivación judicial es aquel conjunto de razones y/o argumentos
mediante los cuales el juez, a través de su sentencia, explica y da a conocer su
decisión sobre un determinado caso” (Ganoza 2010).

La constitución peruana en su artículo 139, inciso 5 protege el derecho a la


motivación de las resoluciones judiciales, el tribunal constitucional también opino al
respecto señalando toda resolución que emita una instancia jurisdiccional debe estar
debidamente motivada, lo cual significa que debe quedar plenamente establecida a
través de sus considerandos, la ratio decidendi por la que se llega a tal o cual
conclusión. La importancia de la motivación judicial no radica en el simple encaje
de los hechos en dichas normas, porque las razones de la decisión pueden seguir
ocultas (Del Rio 2008: 121).

Un proceso destinado a ser justo puede verse afectado cuando el juez no motiva
adecuadamente. Cuando el Juez no cumple a totalidad su deber de motivar las
resoluciones judiciales, especialmente las que disponen la prisión preventiva y
cualquier medida de coerción personal, está poniendo en riesgo el derecho a la
libertad de un ciudadano, sin embargo no solo es el derecho a la libertad el que se
vería afectado por la falta de motivación, la vulneración recaería en todos los

15
derechos protegidos por la legislación, los cuales deben ser resguardados en sus
máximas expresiones, es por ello que no se puede dejar de exponer las razones que
existen para limitarla o restringirla. La omisión de esta tarea, implica una actuación
irresponsable del juez.

3.1.4. La falta de motivación en la praxis judicial

Cuando ingresamos un escrito al sistema judicial lo hacemos con la finalidad de


obtener como resultado lo que para nosotros es justo y necesario, y por tal se entiende
algo beneficioso, a través del cual satisfacemos una de nuestras necesidades. Sin
embargo, ese resultado muchas veces no son los esperados o si lo son, no están en el
momento necesario, esto debido a que sufre una serie de conversiones, entre los
cuales se encuentra el factor “retraso”. La dilación, como se explicó líneas arriba, es
un problema existente en nuestro sistema de justicia y también es uno de las causales
de la sobrecarga procesal.

El hecho de recurrir al servicio jurisdiccional pone de manifiesto que se abrirá


un proceso el cual pasará hacer parte quien la solicite y, como consecuencia se
obtiene como resultado final la sentencia. El Juez o Tribunal expide una sentencia
que pone fin a la instancia; resolución que implica un acto decisorio que a través de
un juicio racional y voluntario conlleva a la apreciación subjetiva de conformidad o
disconformidad, otorgando o denegando ésta. (Franciskovic2012: s/p). Entonces se
tiene como consecuencia que mediante esta resolución se materializa la tutela jurídica
efectiva y ésta debe contener una serie de requisitos, es decir, debe estar motivada y
fundamentada en Derecho.

Entonces es indispensable que, en cada pronunciación del juez, el cual es


plasmado por medio de una resolución, contenga una razón de ser, esto es, debe estar
bien motivado. Pero ¿Qué se entiende por motivación? La motivación de las
decisiones judiciales es, sin duda, un discurso justificativo consistente en explicitar
las premisas fácticas y jurídicas, en las que se funda la norma individual que
constituye el fallo de la decisión. (Ferrer 2016: 41). Es así que, se funda en la
justificación que sirve de base para sustentar la pronunciación expresada del juez.

Una resolución puede estar fundada en Derecho y no necesariamente también


debe estar motivada a la vez. La motivación se inclina hacia el razonamiento, en este

16
caso, por el razonamiento del juez, dado que esa responsabilidad solo recae sobre él.
Así, lo sostiene Hurtado quien comenta que la motivación es, entonces un discurso
justificativo constituido por argumentos racionales (2017:30). Un razonamiento es,
precisamente, una secuencia de enunciados, dentro de la cual por lo menos uno de
ellos funge de conclusión (tesis o decisión), mientras que los restantes fungen de
premisas, argumentos o razones como sustento de aquella conclusión. (Guastini
2017: 29)

La motivación es, entonces un discurso justificativo constituido por argumentos


racionales (Hurtado 2014: 310) Esto es, la motivación es una operación lógica que
se apoya en la certeza y como valor supremo, en la justicia. En palabras simples es
la justificación de la decisión de juez, que es propio de sus reflexiones. Lo que bien
se puede resumir como la correcta inferencia que conduce el razonamiento de las
premisas a la conclusión. Para Taruffo, la motivación debe contener la justificación
especifica de todas las cuestiones de hecho y de derecho que constituyen el objeto de
la controversia, dado que sólo bajo esta condición se puede decir que la motivación
es idónea para hacer posible el control sobre las razones que sustentan la validez y
aceptabilidad racional de la decisión (Citado en Escobar, 2013: 9).

En el Perú es evidente el retraso que sufre nuestro sistema de justicia y a la vez


este, es el mayor factor que origina el malestar de la ciudadanía. Pero no solo el
retraso es el único problema que urge cambiar y mejorar, sino también la gran
cantidad de sentencias arbitrarias, esto debido a la falta de motivación conforme al
derecho. Dicha cuestión es un grande dilema que hace falta y necesita ser solucionado
de antemano.

Al hacer una comparación de los escritos ingresados en los últimos tres años,
podemos fijar que existe una mejor en la eficiencia labor en cuanto a que –
respectivamente de los años- el número de escritos pendientes que vienen de un año
anterior a disminuido, sin embargo, no debería ser un avance, pues aún quedan
escritos pendientes de años anteriores y que se seguirán acumulando si no se busca
una manera de detenerlo. Asimismo, esto conlleva a la vulneración de derechos que
deben ser tutelados por el Estado, como el derecho al debido proceso y legalidad, por
mencionar algunos, siendo más adelante explicados a detalle.

17
Ahora bien, por lo dicho anteriormente de la sentencia arbitraria se entiende que
es todo lo contrario a la motivación, pues dichas resoluciones no contendrían una
buena justificación por parte del juez, sino solo su voluntad o capricho. Dicho asunto
se convierte en complicado de transigir, debido a que la falta de motivación en las
sentencias se debe a la sobrecarga procesal que tiene los jueces al no poder
abastecerse el trabajo como correspondería y por ende su labor se cataloga como
ineficacia.

IV. Alternativas de solución a los problemas precedentes


4.1. Aplicación de la IA en resoluciones judiciales
4.1.1. En los autos, una cuestión no tan sencilla

Los autos son un tipo de resoluciones judiciales que se caracterizan por su


mecanicidad y corta motivación. De ahí a que se piense, equivocadamente, que la
aplicación del sistema experto en este tipo de resoluciones sea una labor sencilla. La
complejidad surge cuando se pretende sustituir al juez por un programa para emitir
autos en los que interviene la discrecionalidad e intuición del juez, atributos
exclusivos de este. Por lo tanto, debemos distinguir entre los autos que sí son
automatizables y los que no lo son.

Ahora bien, la posibilidad de que un programa emita este tipo de resoluciones


judiciales, permite formularnos las siguientes preguntas: ¿cuál sería el modelo o tipo
de sistema experto encargado de expedir los autos? ¿qué debe contener en su base de
conocimientos? ¿se puede aplicar a todos los autos? ¿en qué mejoraría al sistema
jurídico? Todas estas interrogantes serán resueltas a continuación en los párrafos
siguientes.

Nos atrevemos a afirmar que ninguno de los SEJ’S descritos en el primer


capítulo se encuentra en la capacidad de emitir un auto admisorio, pues las reglas de
procedibilidad señaladas en el art. 424 del CPC más allá de interpretarlas, se deben
ver complementadas de un sistema capaz de cotejar los medios probatorios con la
demanda y la legislación para así determinar la legitimidad e interés para obrar y, a
su vez, el petitorio jurídica y físicamente posible. Sin embargo, si bien la mayoría de
los autos pueden ser emitidos por los sistemas expertos sin la intervención del juez,
no en todos los autos es posible que ocurra ello, pues en algunos es necesaria la
intervención discrecional del mismo, como veremos más adelante.

18
Haciendo un análisis de 10 expedientes judiciales, hemos podido advertir que
un juzgado de la Corte Superior del Santa demora en promedio 20 a 25 días para
emitir auto admisorio13, sobre todo cuando se trata de demandas voluminosas; en
tanto que un programa lo podría hacer en cuestión de minutos, pues como bien dice
el profesor español Nieva, “la inteligencia artificial ha demostrado hasta el momento
una gran eficiencia en el análisis de documento” (2018: 90). Por ende, si el problema
de la sobrecarga procesal, como dijimos en el epígrafe anterior, se debe a la lentitud
en la tramitación de procesos pasados, este nuevo sistema experto podría
solucionarlo, aunque sea en parte, a través de una tramitación mucho más rápida.

Lo mismo ocurre con el auto de apelación, la cual es una resolución que bien
podría ser automatizable pues su contenido en todos los casos es el mismo. En
promedio este tipo de auto demora 10 días.14 No obstante, lo curioso de este recurso,
es que tiene un margen de discrecionalidad muy pequeño, es decir, el juez puede
decidir si conceder el recurso de apelación con o sin efecto suspensivo y con o sin la
calidad diferida, tal y como lo prescribe el artículo 494º del CPC. Esto no podría ser
realizado por un sistema experto basado en reglas de producción, que solo se limita
a un análisis exegético de la ley.

Por otro lado, se encuentran los autos en los que, como dijimos anteriormente,
no es posible la aplicación del sistema experto. A continuación, se expondrá
brevemente el siguiente caso15: “se trata de un proceso de indemnización por daños
y perjuicios que data del año 2012, en el cual se trabó medida cautelar de embargo
en forma de inscripción extrajudicial en el año 2010. Se expidió sentencia de primera
instancia el 11 de julio de 2014 y sentencia de vista, que confirmó la primera, el 23

13
Exp. 01962-2010- Auto admisorio de fecha 20-03-2012 que admite a trámite la demanda de fecha 22-
02-2012, Exp.00360-2017 - Auto admisorio de fecha 27-06-2017 que admite a trámite la demanda de
fecha 07-07-2017, Exp. 845-2016- Auto admisorio de fecha 22-08-2016 que admite a trámite la demanda
de fecha 26-09-2016, Exp. 1344-2011- Auto admisorio 03-10-11 que admite a trámite la demanda de
fecha 18-10-11, Exp.1562-2018- Auto admisorio de fecha 25-09-2018 que admite a trámite la demanda
de fecha 05-20-2018, Exp. 219-200- Auto admisorio de fecha 30-03-2009 que admite a trámite la
demanda de fecha 10-03-2009, Exp. 1198-2017- Auto admisorio de fecha 18-12-2017 que admite a
trámite la demanda de fecha 20-11-2017, Exp. 235-2016- Auto admisorio de fecha 06-06-2016 que admite
a trámite la demanda de fecha 11-05-2016, Exp. 00250-2018- Auto admisorio de fecha 30-04-2018 que
admite a trámite la demanda de fecha 18-04-2018..
14
Exp. 01962-2010-0-2501- Auto de fecha 07-08-2014 que concede el recurso de apelación de fecha 28-
07-2014, Exp. 00250-2018-0-2501- Auto de fecha 25-05-2018 que concede el recurso de apelación de
fecha 15-05-2018
15
Exp. 01962-2010-0-2501 Prosedisa vs Empresa de Transportes War S.A.C.

19
de diciembre del mismo año. Con esa sentencia se pretendía ejecutar una medida
adicional, que es el secuestro conservativo de dos vehículos, sin embargo, por el
comportamiento pernicioso y dilatorio de la demandada, pues escondió los vehículos
y no los presentó al juzgado, hasta el día de hoy no se puede dar por concluido el
proceso que ya lleva más de 8 años”.

Sobre el caso en concreto, debemos reflexionar sobre lo siguiente: una vez más
queda evidenciado que el problema de la sobrecarga procesal obedece a múltiples
causas, no palpables por el común de la población, una de ellas, el comportamiento
dilatorio y pernicioso de las mismas partes. En ese sentido, el sistema experto
aplicado a los autos no pretende solucionar este tipo de problemas, pues se debe a la
conducta de las partes y no a la del juez, para ello sería necesario otras alternativas
de solución como podría ser una reforma de los artículos del CPC.

El otro punto a reflexionar son las medidas cautelares concedidas o denegadas


por medio de un auto. Dejar que un sistema experto tome esta decisión resultaría
sumamente peligroso, pues toda medida cautelar constituye una decisión limitativa
de derechos a fin de asegurar la efectividad de la sentencia como: embargar bienes
en el proceso civil, o encerrar a personas que se presumen inocentes en el proceso
penal. De modo que, este tipo de decisión, aunque no sea una sentencia, es de gran
relevancia y se debe tomar con sumo cuidado, sobre todo en el proceso penal.

Imaginemos que el sistema experto sea implementado para conceder o denegar


medidas cautelares. Ello implicaría que el programa cuente en su base de
conocimientos con criterios objetivos referentes a dichas medidas, tales como:
insuficiencia patrimonial del deudor, pendencia de otros procesos de reclamación de
deudas y conductas elusivas del pago16. En el caso precedente, la empresa demandada
no cumplía con estos requisitos, por lo que el sistema experto indudablemente no
hubiese concedido la medida cautelar, pues según su algoritmo no había riesgo
alguno.

No obstante, en la realidad, el a quo sí optó por conceder la medida cautelar,


pues consideraba que existía el riesgo de que se vea afectado el derecho de crédito

16
En la jurisprudencia española ya se han fijado algunos criterios objetivos para dictar una medida
cautelar, pero al ser los jueces quienes toman esta decisión, depende de ellos si flexibilizar o no estos
criterios; en tanto que un programa no tiene esa capacidad.

20
de la demandante. Esta intuición del juez fue acertada, pues años posteriores, la
demandada dio a relucir su mala fe escondiendo los vehículos embargados. En suma,
un sistema experto no es capaz de prever el riesgo de que una persona se desprenda
de sus bienes maliciosamente, por lo que sería mucho más razonable y tutelar que
sea un juez quien dicte la medida cautelar, incluso, ¿por qué no de oficio17?, todo ello
en virtud del derecho a la tutela jurisdiccional efectiva.

Así también, dejar que un sistema experto dicte las medidas cautelares en un
proceso penal constituiría un grave peligro, pues la libertad de las personas estaría en
manos de un programa. Aparentemente, podría pensarse que el sistema experto puede
dictar prisiones preventivas, pues el criterio de prognosis de pena y peligro procesal
son criterios absolutamente objetivos, sin embargo, el problema surge cuando nos
referimos a los graves y fundados elementos de convicción. En este aspecto la
complejidad se da por el hecho de determinar cuándo estamos ante un grave y
fundado elemento de convicción, a nuestro modo de ver, para llegar a saberlo es
necesario de una valoración de las pruebas que solo debe ser realizada por el juez y
no por un sistema experto.

Por otra parte, se encuentra el tema de la admisión de medios probatorios, que


adquiere mayor relevancia en el proceso penal a diferencia del proceso civil, pues en
este último, se ofrecen, en su mayoría, documentos públicos que se presumen
verídicos y fehacientes, mientras que en el proceso penal se ofrecen una diversidad
de medios probatorios y que no todos son fiables. Sin embargo, aplicar el sistema
experto en el ámbito probatorio de ambos procesos puede resultar muy peligroso,
pero a la vez beneficioso para el juez.

No es usual que un juez declare inadmisible los medios probatorios ofrecidos


por las partes, sobre todo, porque se está ante un derecho fundamental a la prueba.
Sin embargo, de implementarse un sistema experto para la admisión de medios
probatorios, la tendencia cambiaría negativamente, pues estaríamos frente a un
programa que decidiría según los criterios objetivos insertados en su algoritmo, lo
que podría derivar en una inadmisión implacable de pruebas.

17
Sobre las medidas cautelares de oficio, ampliamente Villanueva (2019): “Propuesta de un nuevo modelo
de medida cautelar de oficio en el Código Procesal Civil peruano.”

21
Ahora, nos ubicaremos en el escenario del proceso penal en donde se presentan
pruebas, que han sido objeto de estudio por grandes juristas y expertos de otros
ámbitos del conocimiento, como las testimoniales y periciales. Para la admisión de
las primeras, en EE.UU se ha desarrollado un programa llamado VOKATE que
valora la credibilidad de los testigos de acuerdo a criterios que la doctrina ha venido
desarrollando18(Nieva 2018: 83). Así pues, en los casos de homicidio, es común que
se ofrezca como órgano de prueba a los testigos que presenciaron el hecho delictivo,
tal y como ocurrió en el Exp. 02000-2018-0-2501-JR-PE-05 en el cual dos personas
de 58 y 55 años, ambos trabajadores de un comité de transporte, brindaron su
declaración sobre un homicidio frustrado (tentativa). Si seguimos los criterios del
programa VOKATE, posiblemente estos dos únicos testigos que presenciaron los
hechos, no hubiesen sido admitidos, puesto que los individuos se encontraban a una
cuadra de distancia, eran de avanzada edad y sin profesión alguna. Por lo tanto, no
es recomendable dejar al arbitrio de un sistema experto las pruebas que se presentan,
sería mucho mejor que estos criterios se apliquen al momento de la actuación y
valoración, pero no en la admisión, porque de ser el caso, su existencia sería exigua.

Con respecto a las pruebas periciales, la cuestión es distinta. Los jueces, por su
misma condición de legos en la materia, resultan ser fácilmente persuadidos por el
altísimo grado de “fiabilidad” con el que cuentan las pruebas periciales. De tal
manera que, en la mayoría de los casos, se origina el riesgo de “terminar por convertir
a los expertos en decisores de la causa” (Gascón 2010: 84). Esta deferencia de los
jueces se debe a la falta de control de calidad que hay sobre las pruebas periciales,
que rebasan el conocimiento jurídico. En este contexto, una herramienta útil y
necesaria sería un SEJ que se aboque a admitir este tipo de medios probatorios de
acuerdo a los criterios que la doctrina ha desarrollado a partir de los ya establecidos
en el famoso caso Daubert, además de contar con conocimiento calificado en la
materia19. Quizás se peque de riguroso y aumente la tasa de exclusión de las pruebas

18
La aplicación se basa sobre todo en la distancia del observador, la visibilidad, el conocimiento previo
entre el testigo y la persona observada, el lapso de tiempo de observación, la competencia del testigo-
edad y capacidad mental.
19
Teniendo en cuenta lo sostenido por Vásquez, “el criterio de la cientificidad debe ser abandonado puesto
que requiere un imposible criterio de demarcación entre la ciencia y la no ciencia, y otros criterios como la
aceptación por las comunidades científicas o publicación deben ser reconsideradas” (2014: 164)., es que
consideramos que los criterios deberían ser los siguientes: el método o técnica debe estar descrita en los
protocolos y normatividades médicas del Perú, el rango de error del método o técnica empleada por el perito

22
científicas, pero consideramos que es mejor ser implacables en lugar de resolver con
pruebas fraudulentas.

4.1.2. Aplicación en las sentencias

A lo largo de todo este tiempo, mucho se ha comentado que los seres humanos
no somos tan racionales como parecemos; tal es así que en diversas ocasiones no
logramos exteriorizar todo el potencial que tenemos, y ello, tal vez corresponda a
nuestra falta de compromiso, a que no siempre somos eficientes en lo que hacemos
o por nuestra escasa persistencia. Bajo ese lineamiento, es que dicha dificultad se ha
convertido en materia de discusión, comparándose de esa manera con máquinas o
programas de computación, aludiendo que estas últimas no presentarían fatiga,
emociones y mucho menos, ninguno de los demás inconvenientes antes expuestos.

Por otro lado, una de las razones por las que también nos vemos envuelto en
dicha problemática, es que nos caracterizamos por ser «automáticos», en el sentido
de que, nos desenvolvemos de tal forma que nos aferramos por realizar nuestras
actividades sistemáticamente, pese a que muchas de estas veces, somos conscientes
de lo equivocados que podemos estar. Asimismo, este hecho se manifiesta a través
de un patrón de conducta, más conocido como heurísticos.

En el contexto peruano, es común apreciar cierto mecanismo en la mayoría de


los jueces respecto a sus actos decisorios, lo cual tiene como propósito facilitar la
gran carga laboral que presentan. Este hecho se pone en evidencia cuando cualquier
juez clasifica los procesos que debe decidir, dándoles a la mayoría una resolución
sistemática, copiando motivaciones previamente elaboradas para aplicarlas a casos
similares, con mayores o menores adaptaciones (Nieva 2018: 44).

Asimismo, dada las circunstancias, la atención que puede brindar un juez a cada
uno de los casos que le compete resolver, se encuentra muy limitada; de modo que,
producto de ello puede verse reflejado en sus reiteradas sentencias. Además, mientras
más deficiente sea la concentración por parte del magistrado, de una u otra forma se
logra prevalecer la influencia del heurístico; el mismo que sin perjuicio alguno, no

(el rango de error dependerá del consenso entre los expertos en la materia) y que la técnica esté publicada
en revistas de prestigio.

23
se descarta su aparición en aquellos casos donde se disponga de mayor tiempo y se
decida más pausadamente.

Por tanto, cabe cuestionarse lo siguiente: ¿se podría introducir los datos del
heurístico en un algoritmo? esto, con la finalidad de asemejar una máquina al
comportamiento de un ser humano; ¿un sistema tomaría decisiones judiciales?; ¿sería
posible que una computadora logre pensar como un juez? y de ser así, ¿las
conclusiones que brinde, serían inobjetables? De tal manera que, se espera brindar
solución a dichas interrogantes, construyendo un mejor panorama sobre la realidad
de las cosas.

En ese sentido, tal y como se comentaba líneas arriba, actualmente son muy
pocos los jueces quienes invierten su tiempo en la redacción de nuevas sentencias;
debido a que, últimamente se tiende a trabajar bajo el mecanismo de “cortar y pegar”;
es decir, solo se encargan de copiar antiguas resoluciones y modificar la información
que sea necesaria, cerciorándose únicamente en que la motivación sea la más
adecuada. Pese a ello, la inteligencia artificial propone alternativas de solución para
contrarrestar este defecto.

De acuerdo con lo antes expuesto, si se trata de ahorrar tiempo y recursos, la


inteligencia artificial es la disciplina más indicada para ahondar este problema. De
implementarse en nuestro sistema judicial, una de las posibles mejoras que
contribuiría es que ya no se tendría complicaciones con la búsqueda de datos que se
requiere, dado que no solamente es una fuente de abundante información, sino que
también cuenta con la capacidad suficiente de crear diversos documentos, generar
una copia de seguridad de estos y por si fuera poco, se encuentra en condiciones de
realizar un mejor análisis sobre dichos instrumentos.

A su vez, cabe mencionar que en caso llegue a extraviarse importante


información sobre un tema en concreto, la IA tiende a resolver ese percance; de modo
que, logra recuperar dicha documentación de manera precisa y exhaustiva.
Asimismo, resulta conveniente destacar las facilidades que brinda en cuanto a la
redacción de textos normativos; es decir, de forma automática; y también, a partir de
su base conocimientos, sería capaz de detectar ciertas lagunas y discordancias
(Cáceres 2006: s/p).

24
Por otra parte, el fundamento Nº 11 del Acuerdo Plenario Nº 6-2011/CJ-116
sostiene cuán importante es la motivación en las resoluciones, expresando lo
siguiente: “La suficiencia de la motivación, se requiere que el razonamiento que
contenga, constituya lógica y jurídicamente, suficiente explicación que permita
conocer, aun de manera implícita, los criterios facticos y jurídicos esenciales
fundamentadores de la decisión (…). Asimismo, algún error tendrá trascendencia
cuando sea determinante de la decisión y se desconozca el sentido de la resolución”.
Lo cual quiere decir que, pese a todas las virtudes que pueda comprender la
inteligencia artificial; eso no implica liberar al juez de su verdadera labor y
responsabilidad; puesto que, nadie impide que se apoye de diversos instrumentos o
materiales, pero al fin y al cabo, la última decisión debidamente motivada estará a
cargo únicamente del magistrado.

Es por ello, que si bien las máquinas ayudan al ser humano, sería imposible que
puedan sustituirlo en el sinnúmero de posibilidades del ejercicio abogadil, en tanto
que las mismas no poseen una inteligencia autónoma e independiente de su
correspondiente programación, como lo son la argumentación y la interpretación
jurídica (Torres 2017: 223). Al igual que, también se caracteriza por ser un sistema
sumamente rígido e insensible al contexto.

Al respecto, también se comenta que un buen sistema experto no sustituiría al


hombre en ningún caso, sino que constituiría una herramienta de ayuda para la toma
de una decisión; puesto que, lo menos que se quiere es que la máquina sea quien
enseñe al hombre el camino que debe optar; todo lo contrario, lo ideal sería que solo
sirva como medio de apoyo para la consulta y toma de decisiones; por la misma razón
que esta persona se encuentra en la libertad de emplearlo como mejor crea
conveniente.

Y si bien es cierto, los jueces no podrían ser desplazados por estos programas
de computación, aun así, cabe admitir que su utilización podría optimizar el ejercicio
del labor jurisdiccional de los magistrados. En consecuencia, la inteligencia artificial
no pretende reducir por completo las funciones del juez; todo lo contrario, tiene como
propósito potencializar y suplementar la inteligencia humana (De Trazegnies 2013:
129).

25
4.2. Limitaciones y riesgos de los sistemas expertos

Como bien se viene desarrollando, resulta necesario destacar el importante rol que
logran desempeñar los sistemas expertos; esto es, con el propósito de mejorar la calidad
de la labor judicial. Sin embargo, al igual que los beneficios que contribuirían
implementarlo en nuestro sistema judicial, también implicaría lidiar con algunas
dificultades; lo que quiere decir que, tendríamos que asumir ciertos riesgos o
limitaciones, propios de los sistemas expertos.

De acuerdo con ello, si bien es cierto el magistrado consigue perfeccionar sus


conocimientos gracias a la información brindada por dichos sistemas; no obstante, se
hace referencia a la incapacidad de elaborar coherentemente un razonamiento probatorio
como una de sus restricciones, la cual, cabe la posibilidad que sea producto del escaso
sentido común de las cosas y su insuficiente capacidad de flexibilidad, por la misma
razón que se identifica por ser un sistema muy estricto y riguroso.

Dicho de otra forma, se estima que el razonamiento probatorio es considerado


como un conocimiento necesario para la formación de un juez, debido a que en base a
ello, se justificará para emitir un pronunciamiento, de manera que, debe dar por
probados los hechos que fundará en su decisión judicial. Y es así como, a su vez
garantizaría seguridad jurídica no solo a los sujetos procesales, sino que además a la
sociedad en general.

Por consiguiente, esta dificultad radica en la capacidad limitada de los actuales


sistemas de proceso para ser capaces de interpretar la consulta y explotar las reglas de
razonamiento aplicables. Esta tecnología, denominada motor de inferencia, todavía no
ha podido alcanzar un nivel de rendimiento aceptable (Torres 2017: 222).

Siguiendo con las limitaciones y riesgos que traen consigo los sistemas expertos,
otro de los puntos a tomar en cuenta es la valoración de las pruebas, pues es el
razonamiento que conduce, una vez obtenida la información del proceso a través de los
medios de prueba, una postura sobre el hecho controvertido. Es de verse que el sistema
experto es un programa de computadora y por tal le es imposible emitir cualquier tipo
de valoración de las pruebas dadas en un caso. Se observa en la práctica que la actividad
de admisión de las pruebas en el proceso civil padece de un cierto automatismo (Nieva
2018: 36).

26
Asimismo, esta limitación probablemente se deba a que dichos sistemas son
totalmente ajenos a la sensibilidad que pueda percibir un juez; es decir, le será
completamente indiferente o irrelevante algún medio probatorio que guarde relación con
los hechos. Por la misma razón que se encuentra condicionado a solo ser una aplicación
o programa de computación, caracterizándose especialmente por ser totalmente
riguroso.

El juez para llegar a una determinada decisión, tiende a seguir ciertas pautas que
le ayudan a tomar la solución correcta para cada caso, estas son los llamados heurísticos.
Es una especie de directriz general que podemos seguir los seres humanos para tomar
una decisión (Nieva 2018: 45). En la toma de decisiones judiciales son cuatro heurísticos
que son directrices del juez. La representatividad, accesibilidad, anclaje y ajuste y la
afección son los heurísticos con las que cuentan los magistrados.

Las tres primeras heurísticas muy bien pueden realizar los sistemas expertos, sin
embargo existe una controversia con la última, esta es, la afección. Esta heurística consta
que las personas nos dejamos influenciar por variables emocionales. Si bien un
algoritmo puede estar condicionado para dejarse llevar por tales emociones, esto
provocaría a la vez caos en el sistema judicial, pues muchas personas se aprovecharían
de esa desventaja y es en sus declaraciones donde alterarían su contenido llenándolo de
razones irreales que suenan convincentes generando así decisiones subjetivas y esa no
precisamente lo que busca.

Por otro lado, si dejamos que no tome en cuenta este heurístico, la sociedad
rechazaría tal cosa considerándola inhumano o sin piedad. Y a pesar que la decisión
objetiva sea correcta, no sería aprobado por la sociedad. Sin embargo, no siempre la
decisión puede ser la correcta, pues pueden existir diversas circunstancias que el sistema
no comprenda-dado que solo tiene información jurídica- esto es, el sentido de la justicia
que solo el juez puede llevar a cabo.

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V. CONCLUSIONES

1. El problema de la sobrecarga procesal obedece a múltiples causas que van desde


la actuación del juez hasta la conducta dilatoria y perniciosa de las partes, siendo
una de ellas la incapacidad del sistema de procesar los procesos pendientes. En
ese sentido, el problema de la sobrecarga, podría verse reducido en parte con la
implementación de los sistemas expertos jurídicos en nuestro sistema de justicia
quienes se encargarán de emitir con mayor celeridad las resoluciones judiciales.

2. La implementación de un sistema experto jurídico beneficiaría a un sistema de


justicia, pues superaría una de las causas que origina la sobrecarga procesal como
es la incapacidad del sistema de procesar los procesos pendientes, a través de una
emisión de resoluciones judiciales con mayor celeridad.

3. La informática meta-decisional logra traducirse en sistemas expertos legales, los


cuales pueden coadyuvar e incluso sustituir en algunas circunstancias al juez; sin
embargo, no puede reemplazarlo a totalidad, en tanto que las mismas no poseen
un razonamiento autónomo e independiente, al igual que también se caracteriza
por ser un sistema sumamente rígido e insensible al contexto de la realidad social,
económico y político de un Estado.

4. La implementación de los sistemas expertos jurídicos en nuestro sistema de


justicia, sin duda alguna, pretende ser la mejor y la más próxima solución a los
diversos problemas que se manifiestan en el ámbito judicial. De modo que, su
asombrosa rapidez para buscar y recolectar información, siendo esta una de sus
cualidades que más destaca; nos garantiza su eficaz funcionamiento en la labor
jurisdiccional; es decir, coadyuvaría en la praxis judicial paralelamente con el
juez. No obstante, por más eficiente que este sea, es improbable que logre
reemplazar y ejercer las funciones del magistrado, puesto que, se carece de la
heurística de la afección, la misma que nos caracteriza como persona y es propia
del operador de justicia.

5. Ningún modelo de sistema experto jurídico tiene la capacidad suficiente para


emitir una sentencia, ni siquiera el más desarrollado, como lo es el proyecto
constructivista jurídico, pues todas ellas se quedan en el análisis de hechos y
normas olvidando por completo la parte probatoria, que es fundamental para la
motivación fáctica de la decisión final.

iv
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