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ANDREAS MORITZ Y JOHN HORNECKER

PASOS SENCILLOS HACIA UNA SALUD


TOTAL

La salud está en tus manos


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publicaciones, escríbanos indicándonos qué temas son de su interés (Astrología,
Autoayuda, Ciencias Ocultas, Artes Marciales, Naturismo, Espiritualidad,
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Colección Salud i Vida natural


PASOS SENCILLOS HACIA UNA SALUD TOTAL
Andreas Moritz y John Hornecker

1.ª edición en versión digital: mayo de 2015

Título original: Simple Steps to Total Health

Traducción: Pablo Ripollés


Maquetación papel: Marga Benavides
Corrección: Sara Moreno
Diseño de cubierta: Enrique Iborra

© 2006, Andreas Mortiz y John Hornecker


(Reservados todos los derechos)
© 2012, Ediciones Obelisco, S.L.
(Reservados los derechos para la presente edición)

Edita: Ediciones Obelisco S.L.


Pere IV, 78 (Edif. Pedro IV) 3.ª planta 5.ª puerta
08005 Barcelona-España
Tel. 93 309 85 25 - Fax 93 309 85 23
E-mail: info@edicionesobelisco.com

ISBN EPUB: 978-84-9111-003-3


Depósito Legal: B-15.026-2015

Maquetación ebook: Caurina.com

Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación, incluido el


diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada, trasmitida o utilizada en
manera alguna por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de
grabación o electrográfico, sin el previo consentimiento por escrito del editor.

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necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.
Contenido

Portadilla
Créditos

Razones legales
Agradecimientos
Prólogo
Introducción
Parte 1
1
2
3
4
Parte 2
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
Parte 3
19
20
21
22
23
24
Apéndice A
Apéndice B
Apéndice C
Apéndice D
Apéndice E
Notas
Fuentes
Acerca de los autores
Razones legales

Los autores de este libro, Andreas Moritz y John Hornecker, no defienden el uso
de ningún tratamiento médico determinado, pero creen que los datos, las cifras y las
informaciones contenidos en este libro deberían estar a disposición de cualquier
persona preocupada por mejorar su estado de salud. Si bien los autores han tratado
de trasmitir una profunda comprensión de los temas planteados y de verificar la
exactitud e integridad de la información derivada de cualquier otra fuente ajena a sus
personas, tanto ellos como el editor declinan cualquier responsabilidad derivada de
los posibles errores, inexactitudes, omisiones o contradicciones que aquí se reflejen.
Cualquier descrédito a personas u organizaciones es totalmente involuntario. Este
libro no intenta sustituir el dictamen o el tratamiento de ningún médico especialista
en el tratamiento de enfermedades. Cualquier uso de la información aquí vertida
queda enteramente a criterio del lector. Los autores y el editor no se responsabilizan
de los posibles efectos adversos o secuelas de la aplicación de los procedimientos o
tratamientos descritos en el libro. Los informes expuestos tienen un propósito
educativo y teórico, y se basan primordialmente en las propias teorías y creencias de
Andreas Moritz. Antes de seguir una dieta, tomar un complemento nutricional, herbal
u homeopático, o iniciar o abandonar cualquier terapia, es preciso consultar siempre
a un profesional de la salud. Los autores no pretenden dar consejos médicos o
sustituirlos y no garantizan explícita ni implícitamente ningún producto, recurso o
terapia, sea cual fuere. A menos que se indique lo contrario, ninguna de las
afirmaciones de este libro ha sido revisada o autorizada por la Administración de
Drogas y Alimentos (FDA) o por la Comisión Federal de Comercio de Estados
Unidos. El lector debe formarse su propia opinión, o bien consultar a un especialista
en medicina holística o a su médico de cabecera, para determinar aplicaciones
concretas para sus problemas particulares.
Agradecimientos

Los autores desean expresar su profunda gratitud a Lillian S. Maresch, editora de


la edición inglesa, por su destreza, sus creativas ideas y su inspiración.
Prólogo

Durante las tres últimas décadas, mientras pasaba consulta a miles de pacientes
de países de todo el mundo, he creado una serie continua de libros que presentan
información importante sobre muchos temas de salud diferentes. Para una persona
que está empezando a responsabilizarse de su propia salud, esta biblioteca
informativa puede parecer un tanto abrumadora. En consecuencia, me han pedido
frecuentemente que elabore algunas directrices sencillas para que sirvan de punto de
partida a quienes desean mejorar su salud. Este libro pretende responder a esa
petición.
Las directrices y sugerencias recogidas en estas páginas pueden tener una
profunda repercusión en el estado de salud de cualquier persona que esté dispuesta a
tomarlas en serio y a hacer los cambios correspondientes en su higiene personal, su
dieta y su estilo de vida. Para aquellos que quieran profundizar en ciertos temas, he
incluido referencias a otros libros y recursos que contienen información más
detallada.

Andreas Moritz
Introducción

La salud y la vitalidad son los estados naturales del cuerpo humano. Sin
embargo, debido a los hábitos alimentarios y al estilo de vida, la mayoría de la gente
sufre diversas afecciones que coartan su capacidad de disfrutar de la vida al
máximo. Por desgracia, el planteamiento médico predominante es tratar tales
situaciones con medicación o cirugía que, aunque tal vez proporcionen alivio
temporal para los síntomas, casi nunca corrigen la causa más profunda del problema.
Cada vez está más claro que los efectos secundarios de estas prácticas médicas con
frecuencia son más perjudiciales para nuestra salud que la dolencia original.
«Iatrogénico» es el término que se emplea para referirse a toda alteración del
estado del paciente producida por el médico. Es difícil obtener información fiel
sobre el alcance de este problema a causa de los pleitos que podrían entablarse. No
obstante, un estudio(17) de diez años de duración sobre estadísticas gubernamentales
terminado en el 2003 concluyó que las enfermedades iatrogénicas son ahora la
principal causa de defunción en Estados Unidos. Es más, concluyó que las
reacciones adversas a los medicamentos que requieren receta médica son
responsables de más de 300.000 muertes cada año. ¡Eso equivale a más de dos
accidentes aéreos de jumbos al día en los que murieran todos los ocupantes!
Pero la intención de este libro no es criticar a los millones de médicos entregados
por completo a su trabajo, que en su mayoría pasan muchas horas a diario tratando
de aliviar el dolor y el sufrimiento de sus necesitados pacientes. Más bien, lo que
sugerimos los autores es que el modelo médico occidental que cuenta ante todo con
la medicación y la cirugía ha errado el rumbo.
Depende de nosotros el aprender a cuidar de nuestro organismo. Por desgracia, la
mayor parte de la información con la que se nos bombardea a diario procede de
empresas que están interesadas en vendernos productos o prestarnos servicios, no en
ayudarnos a entender cómo mantener sanos nuestros cuerpos. El cuerpo humano tiene
una resistencia y una capacidad de recuperación extraordinarias. Si cooperamos con
el funcionamiento natural del organismo, casi nunca es tarde para hacer cambios que
nos permitan comenzar nuestro viaje hacia la curación y el rejuvenecimiento.
El cuerpo humano no es meramente un mecanismo físico; es una compleja unidad
que también abarca nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestra naturaleza
espiritual. El propósito de este libro es proporcionar algunas nociones básicas sobre
el funcionamiento de nuestro organismo, así como hacer sugerencias –incluyendo
consideraciones sobre el estilo de vida– sobre cómo cada uno de nosotros puede
cuidar de su cuerpo de una manera que promueva una salud óptima y la longevidad.
Parte 1

Causas más comunes de la enfermedad

«Higiene interna»
Las causas más comunes de la enfermedad están todas ellas relacionadas con
una acumulación de toxinas y residuos en el cuerpo que impiden realizar sus
funciones normales a los diversos órganos, aparatos y sistemas. Podemos pensar en
ello en términos de higiene interna.
Cuando éramos pequeños, a la mayoría de nosotros nos enseñaron a lavarnos con
frecuencia las manos y la cara, a cepillarnos los dientes, a lavarnos el pelo y a
bañarnos o ducharnos cada día: todos ellos son aspectos de la higiene externa.
Desgraciadamente, a casi nadie se le enseña la importancia de la higiene interna ni
sus métodos, que mantienen limpios y bien hidratados nuestros órganos internos,
aparatos y sistemas.
Nuestra actitud cultural es que lo mejor que podemos esperar es tener una infancia
y una juventud razonablemente sanas; no obstante, contamos con que nuestra salud,
vitalidad y movilidad se deteriorarán gradualmente a medida que entremos en la
madurez y la vejez. Tendemos a pensar que nuestra única opción es retrasar el
deterioro todo lo posible. Por desgracia, si recurrimos a los medicamentos o la
cirugía para tratar los diversos síntomas de la enfermedad dentro del organismo,
sólo tenderemos a exacerbar el problema.
A la mayoría de nosotros nunca nos hablaron del poder regenerador de nuestro
cuerpo, ni de que –si trabajamos en armonía con los procesos naturales del
organismo, eliminando las toxinas y residuos a medida que se acumulan y haciendo
los cambios apropiados en nuestros hábitos alimentarios y nuestro estilo de vida–
podemos recuperar la vitalidad y movilidad que experimentamos en nuestra
juventud. Aun cuando nos estemos aproximando a los años crepusculares de la vida,
casi nunca será demasiado tarde para revertir la tendencia al deterioro de nuestra
salud.
Cada uno de los cuatro capítulos de la primera parte del libro se centra en un
aspecto particular de la higiene interna y la hidratación del cuerpo, pero todos ellos
están íntimamente relacionados. Si decides someterte a los diferentes procesos de
limpieza e hidratación que recomendamos, es importante que te ciñas a las
instrucciones para que las toxinas se eliminen de una manera gradual, ordenada y
segura. De lo contrario, podría producirse una crisis de toxicidad que pusiera en
peligro la salud de tu organismo.
1

Congestión del hígado y la vesícula biliar

El hígado, que es el órgano interno más grande del cuerpo, es el responsable de


procesar, distribuir y mantener el «suministro de combustible» corporal. Además,
fabrica nuevos aminoácidos y convierte los ya existentes en proteínas, que son las
unidades básicas de todas las células del organismo. Otra función hepática es
descomponer el alcohol y otras sustancias tóxicas, incluyendo bacterias, parásitos y
ciertos compuestos farmacológicos. Cada minuto el hígado filtra más de la cuarta
parte de la sangre, eliminando las toxinas y distribuyendo los nutrientes por todo el
cuerpo.
Otro importante cometido del hígado es producir la bilis, que es crucial para la
buena digestión de la comida. La vesícula biliar funciona junto con el hígado; su
misión principal es servir de depósito de la bilis producida en éste. La producción
de bilis es casi constante a lo largo del día; pero, como la necesidad de bilis varía
de acuerdo con el ciclo digestivo, durante los períodos de máxima demanda, la que
fluye del hígado se complementa con la que se había almacenado en la vesícula.
Uno de los problemas de salud más comunes es la formación de duras «piedras»
dentro del hígado y la vesícula biliar. Dichas piedras normalmente se denominan
«cálculos biliares» cuando están en la vesícula biliar, y de la misma forma o como
«cálculos intrahepáticos» cuando están en el hígado (véanse las figuras 1 y 2). No
obstante, dado que la mayoría de estas piedras tienen una naturaleza similar, en este
libro nos referiremos a todas ellas como «cálculos biliares», sin tener en cuenta si
están localizadas en la vesícula o en el hígado.
Los cálculos biliares se forman debido a una dieta o un estilo de vida poco
saludable. Están compuestos principalmente de colesterol y otros residuos
orgánicos. En una situación crónica, no es infrecuente que el hígado y la vesícula
biliar de la persona contengan hasta varios miles de cálculos biliares, cuyo tamaño
varía aproximadamente entre el de un grano de trigo y el de un guisante. Sin
embargo, en ocasiones se hacen considerablemente mayores. Cuando el hígado y la
vesícula se congestionan con cálculos biliares, todas las funciones hepáticas resultan
perjudicadas. Principalmente, los cálculos se alojan en los conductos biliares e
impiden el flujo de bilis al tubo digestivo. En los casos graves, la cantidad de bilis
que llega al tubo digestivo es sólo el 25 por 100 de la que se necesita para hacer
bien la digestión.
Los cálculos biliares también interfieren en los procesos de desintoxicación que
normalmente tienen lugar en el hígado. Con el tiempo, a medida que los vasos
sanguíneos hepáticos se bloquean cada vez más, se restringe el flujo normal de
sangre a través del hígado y, por consiguiente, la distribución de nutrientes por el
organismo.
Los síntomas de la congestión del hígado y la vesícula biliar debida a cálculos
biliares pueden ser muchos y variados. Algunos ejemplos son:

• Fatiga crónica
• Dolor de cabeza y jaqueca
• Trastornos digestivos
• Estreñimiento
• Diarrea
• Dolor en las articulaciones
• Dolor de hombros, cuello y espalda
• Antojos de comer
• Alto nivel de colesterol
• Obesidad
• Trastornos y decoloración de la piel
• Depresión
• Impotencia sexual
• Problemas urinarios
• Trastornos menstruales y menopáusicos
• Problemas de dientes y encías
• Osteoporosis
• Cáncer
• Dificultad para dormir
• Extremidades frías
• Alergias

Limpieza hepática y de la vesícula


La buena noticia es que los cálculos biliares se pueden eliminar del hígado y la
vesícula biliar mediante una serie de limpiezas bastante sencilla. Y, manteniendo una
dieta y un estilo de vida saludables, la mayoría de los síntomas empezará a
desaparecer. Casi invariablemente, la persona notará un incremento apreciable de
energía ya desde la primera limpieza.
Encontrarás información sobre cómo hacer una limpieza hepática en el libro
Limpieza hepática y de la vesícula.(16)
Es interesante señalar que en Estados Unidos, donde los costes de la atención
sanitaria superan hoy la cifra de 1,6 billones de dólares anuales, lo más importante
que podemos hacer para recobrar y mantener la salud y la vitalidad –una buena
limpieza hepática y de la vesícula– se puede hacer en casa con artículos fáciles de
conseguir en las tiendas de comestibles.
2

Deshidratación

La deshidratación corporal es uno de los problemas de salud más comunes.


Beber suficiente cantidad de agua en momentos apropiados del día es probablemente
lo más importante que podemos hacer para mejorar nuestra salud.(1) Pero tal vez no
sea sorprendente, teniendo en cuenta que más o menos el 75 por 100 de nuestro
organismo es agua.
Prácticamente todos los órganos, aparatos y sistemas del cuerpo humano
requieren cantidades adecuadas de agua para poder funcionar bien. Las personas que
no beben bastante agua reducen gradualmente la proporción entre el volumen de agua
intracelular y el extracelular. Eso mina toda la actividad celular, ya se trate de las
células de la piel, del estómago, del hígado, de los riñones, del corazón o del
cerebro.
Cuando hay deshidratación celular, los desechos metabólicos no se eliminan
como es debido, y eso causa síntomas que se parecen a una enfermedad. Como se
empieza a acumular cada vez más agua fuera de las células, normalmente se
manifiesta como retención de líquidos en los pies, las piernas, los brazos y la cara.
Por consiguiente, la deshidratación puede no ser evidente para la persona que la
padece. Además, los riñones pueden empezar a retener el agua, lo que reduce
notablemente la secreción de orina y causa la retención en el cuerpo de productos de
desecho potencialmente nocivos.
Normalmente, las enzimas celulares le dicen al cerebro cuándo se quedan sin agua
las células. Sin embargo, las enzimas de las células deshidratadas se vuelven tan
ineficaces que ya no son capaces de registrar las condiciones de «sequía» y, por
consiguiente, dejan de pulsar el «timbre de alarma» de la sed en el cerebro.
La persona deshidratada también puede sufrir de falta de energía. En
circunstancias normales, el agua que bebemos mantiene equilibrado el volumen de
nuestras células y la sal que tomamos con la comida mantiene equilibrado el
volumen de nuestra agua intersticial y circulante. Eso genera la presión osmótica
correcta que se necesita para la nutrición celular y la producción de energía. Durante
la deshidratación, este mecanismo básico empieza a fallar, lo que da lugar a la
pérdida de energía y a daños celulares potencialmente graves.
Otro indicador de primer orden de la deshidratación es el dolor corporal. En
respuesta a la escasez de agua, el cerebro activa y almacena un importante
neurotrasmisor, la histamina. A su vez, la histamina indica a sus reguladores de agua
subordinados que la redistribuyan en las zonas donde es necesaria para actividades
metabólicas y de supervivencia esenciales. Cuando la histamina y sus reguladores
subordinados se topan con nervios sensibles al dolor, producen un dolor intenso y
continuo. Estas señales dolorosas pueden manifestarse, por ejemplo, como artritis
reumatoide, angina de pecho, problemas lumbares o dolor de cabeza.

Beber agua: la mejor terapia de todas


Beber la cantidad suficiente de agua dulce es una condición indispensable para
evitar las enfermedades y ralentizar el proceso de envejecimiento. Cualquier persona
que esté relativamente sana y quiera conservarse así necesita beber
aproximadamente de seis a ocho vasos de agua (225 ml por vaso) cada día. Eso
asegurará que el organismo mantenga un nivel suficiente de hidratación, que es
necesario para hacer bien la digestión, para el metabolismo y para la eliminación de
los desechos. Deberíamos ajustar nuestro consumo de agua teniendo en cuenta el
peso corporal: las personas más corpulentas necesitan proporcionalmente beber más
agua. Además, el ejercicio y otras actividades que estimulan la traspiración crean
una necesidad adicional de agua.

Consejos y sugerencias
• Comienza el día bebiendo un vaso de agua templada; eso pondrá fin a la
«sequedad» resultante de no haber bebido líquido durante el relativamente
largo período de sueño nocturno y eliminará los desechos acumulados por los
órganos excretorios. Más tarde, toma un segundo vaso de agua templada al
que echarás el zumo de medio limón y una cucharadita de miel. La adición de
limón y miel tiene un efecto limpiador muy potente en el cuerpo (puedes
aumentar la cantidad de zumo de limón si lo deseas).
• Más o menos media hora antes de cada comida, bébete un vaso de agua. De
ese modo mantendrás tu sangre poco espesa y la ayudarás a absorber todos
los nutrientes que tus células necesitan para funcionar con eficiencia. El agua
también ayuda a incrementar la secreción de los jugos digestivos, lo que
mejora la digestión de la comida. Por el contrario, beber mucha agua u otras
bebidas junto c o n la comida diluye los jugos gástricos, lo que perjudica
mucho el proceso digestivo y puede dar lugar a un aumento de peso.
• Después de las comidas, la sangre consume una considerable cantidad de
agua para distribuir los nutrientes a las células. De hecho, la sangre puede
empezar a tener escasez de agua bastante rápido. Para contrarrestarlo,
bébete un vaso de agua aproximadamente dos o tres horas después del
desayuno y del almuerzo para satisfacer las necesidades hídricas de la sangre
(por la noche no es tan necesario, dado que la digestión y la actividad física
son lentas por naturaleza a esa hora del día).

Calidad del agua


Lo ideal sería que el agua que bebemos procediese de un manantial natural o de
un pozo artesiano. La mayoría de los sistemas de abastecimiento de agua urbanos o
comunitarios la tratan con productos químicos, como el cloro, para matar las
bacterias. Naturalmente, el cloro que ingerimos también mata a las bacterias
beneficiosas que viven en nuestro organismo y nos ayudan a digerir la comida. El
agua clorada hace estragos en nuestro cuerpo y es responsable de innumerables
enfermedades. Y el fluoruro en el agua potable es igual de nocivo. Por lo tanto, se
debe filtrar siempre el agua del grifo para eliminar estas sustancias químicas antes
de consumirla. Afortunadamente, hay muchos tipos diferentes de filtros disponibles
en el mercado que son relativamente baratos.
Por otra parte, lo mejor es que el agua que bebemos esté a temperatura ambiente o
un poco más caliente. El agua helada tiende a constreñir los músculos del tubo
digestivo, impidiendo que funcionen bien. Las bebidas con hielo también adormecen
las terminaciones nerviosas del estómago, y de ese modo alteran el equilibrio de las
secreciones ácidas. Si en un momento dado sólo dispones de agua con hielo o muy
fría para beber, lo mejor es que te la bebas a pequeños sorbos, manteniéndolos un
ratito en la boca para calentarlos un poco antes de tragarlos. Hace poco se ha visto
que el hielo que sirven los restaurantes contiene más bacterias que el agua del
retrete.

Advertencia importante
La rehidratación del organismo se debe realizar gradualmente; de lo contrario,
¡tendría consecuencias perjudiciales! Cuando la deshidratación es grave, las células
del cuerpo no son capaces de funcionar con eficiencia. Para protegerse de más
pérdidas de agua, las membranas celulares se hacen menos permeables al incorporar
una cantidad adicional de lípidos, incluido el colesterol. En estas circunstancias, no
sería prudente ponerse de pronto a beber grandes cantidades de agua; pues, como las
células han creado una barrera a fin de ahorrarla, no están en condiciones de
absorber más cantidad. El agua simplemente se estancaría en el espacio intersticial,
dando lugar a la retención de líquidos y a un aumento de peso.
Durante la deshidratación, además, los riñones –como el resto del cuerpo–
retienen el agua (disminuye la cantidad de orina expulsada). Cuando ocurre esto,
mucha gente empieza a ansiar y a comer en exceso alimentos salados porque su
cuerpo necesita más sal para conservar la pequeña cantidad de agua que tiene. Pero
eso hace que los riñones se esfuercen en filtrar menos agua aún, y la orina se
concentra cada vez más. En estas circunstancias, los riñones ya no pueden filtrar
mucha orina, y cualquier consumo brusco de grandes cantidades de agua puede
causar una grave congestión linfática, edema y, en los casos extremos, incluso la
muerte.
En definitiva, la transición entre un estado de deshidratación grave y el de una
buena hidratación siempre debe hacerse de un modo muy gradual, y lo mejor es que
la supervise un profesional de la salud que comprenda los principios básicos del
metabolismo del agua.

Peligros inherentes a las bebidas corrientes


En la mayor parte de las culturas modernas, la mayoría de la gente tiende a
responder a la señal natural de sed de su organismo tomando café, té, refrescos,
cerveza, vino o una gran variedad de brebajes diferentes. Si bien es cierto que tales
bebidas contienen agua, también contienen otras cosas como cafeína, alcohol, azúcar,
edulcorantes artificiales u otras sustancias químicas que actúan como poderosos
agentes deshidratantes. Cuantas más bebidas de este tipo consume uno, más se
deshidrata su organismo. El efecto que producen en el cuerpo es exactamente el
contrario del que produce el agua. Por ejemplo, la cafeína provoca respuestas de
estrés que al principio tienen un fuerte efecto diurético, dando lugar a un aumento de
la micción. Las bebidas con azúcar añadido elevan el nivel de glucosa sanguínea, lo
que obliga al cuerpo a deshacerse de grandes cantidades de agua.
Más adelante hablaremos en este libro con más detalle de otros efectos
perjudiciales de algunas de estas bebidas corrientes.
3

Piedras en el riñón

Los riñones son ciertamente los «maestros químicos» del cuerpo. No sólo
eliminan los productos de desecho y el exceso de fluidos corporales a través de la
orina, sino que también mantienen el vital equilibrio de la sal, el potasio y la acidez.
Su principal responsabilidad es conservar la sangre pura y saludable, y mantener el
equilibrio apropiado de fluidos en el organismo (véase la figura 1).

Para llevarlo a cabo, los riñones tienen que controlar constantemente el volumen
sanguíneo normal y expulsar la cantidad adecuada de orina a fin de mantener su
equilibrio. Hay muchos factores que pueden alterar este proceso y causar congestión
renal. Entre dichos factores están la dieta inadecuada, la deshidratación, la fatiga, los
excesos alimentarios, los cálculos biliares, cualquier perturbación de la tensión
arterial, los trastornos digestivos (especialmente el estreñimiento), las medicinas o
los estupefacientes y los suplementos vitamínicos (hablaremos más de estos temas en
posteriores capítulos). Cuando los riñones no pueden separar de la sangre la
cantidad necesaria de orina, parte de ésta se mantiene circulando por el organismo, y
por tanto depositando productos urinarios de desecho en los vasos sanguíneos, las
articulaciones, los tejidos y los órganos.
En los riñones se forman diminutos cristales cuando los elementos constitutivos
de la orina –que normalmente están diluidos en ella– precipitan. La precipitación se
produce cuando estas partículas están presentes en demasiada cantidad o cuando la
orina se concentra demasiado. Las piedras en el riñón comienzan como minúsculos
cristales y van aumentando de tamaño hasta que finalmente pueden hacerse tan
grandes como un huevo de gallina. Los cristales diminutos son demasiado pequeños
para detectarlos por rayos X; y, dado que normalmente no causan dolor, suelen pasar
desapercibidos. Sin embargo, son lo bastante grandes para bloquear el flujo de
líquidos por los diminutos túbulos renales. Además, estas partículas cristalinas
suelen tener aristas afiladas. Una vez liberados en la orina por los riñones, pueden
cortar y desgastar la superficie interna del tracto urinario mientras se dirigen a la
vejiga. Esto puede causar un dolor agudo en el bajo vientre o la región lumbar.
Incluso puede haber hematuria (sangre en la orina), dolor que baja por las piernas,
entumecimiento de los muslos o dificultad para orinar.
La mayoría de los cristales o las piedras se originan en los riñones, aunque
también se pueden formar algunos en la vejiga. Si una gran piedra entra en uno de los
uréteres, se obstruye el flujo urinario, lo que puede dar lugar a graves
complicaciones, como una infección o una insuficiencia renal. Se origine donde se
origine la obstrucción, cada vez que no pueden eliminar y regular el agua y las
sustancias químicas, los riñones –que son unos órganos muy delicados– están
expuestos a sufrir lesiones. Las diversas funciones renales se pueden ver afectadas
por separado, de modo que la producción de orina puede ser normal a pesar de que
exista una enfermedad renal de consideración.
Los síntomas típicos de la congestión renal son un fuerte olor corporal, retención
de líquidos, hinchazón abdominal, rápido aumento de peso, tensión arterial alta,
disminución de la energía, sudoración en las palmas de las manos y los pies,
trastornos cutáneos, párpados hinchados y ojeras oscuras.
Limpieza renal
Hay varias hierbas medicinales que pueden disolver los cálculos renales
eficazmente y sin dolor en un plazo de tres a seis semanas. Aunque a uno no le hayan
diagnosticado piedras en el riñón, hacerse una limpieza renal una o dos veces al año
produce unos extraordinarios beneficios curativos y profilácticos. La limpieza renal
no sólo mejora la salud física en general, sino que también tiende a reducir el estrés,
el miedo y la ansiedad.
En el apéndice B encontrarás información sobre las diversas hierbas que son
eficaces para disolver los cristales y los cálculos renales, junto con directrices sobre
la correcta administración de la limpieza renal de un modo seguro, sencillo y eficaz.
El libro Limpieza hepática y de la vesícula(16) también contiene información y
directrices sobre las limpiezas renales.
4

Congestión del tracto intestinal

La salud y la vitalidad del organismo dependen en gran medida de la natural y


completa eliminación de los productos de desecho por el tracto intestinal. La
mayoría de los problemas físicos están causados por una acumulación de material de
desecho que al principio puede acumularse en el intestino grueso, en lo que se
denomina el colon, pero que luego se extiende a otras partes del cuerpo, como el
hígado, los riñones, el corazón y los pulmones.
Cuando uno come alimentos muy procesados a los que se ha despojado de la
mayoría de los nutrientes, la fibra natural y la fuerza vital, los músculos que
envuelven el colon tienen una gran dificultad para hacer circular la masa de comida
parcialmente digerida. Cuando esta sustancia permanece en el colon mucho tiempo,
se endurece y deseca cada vez más. El material de desecho acumulado o atrapado en
el colon puede consistir en heces impactadas, mucosidad endurecida, tejido celular
muerto, bacterias, parásitos y varias sustancias tóxicas más. Estas toxinas pueden
conseguir llegar al torrente sanguíneo y el sistema linfático, haciendo que la persona
se sienta cansada, aletargada o enferma. Otros problemas comunes relacionados con
el colon son el estreñimiento, la diarrea, la distensión abdominal, el dolor de cabeza,
los mareos, las náuseas, la sinusitis, los problemas de ojos y oídos, el dolor de
espalda, el mal aliento, el olor corporal y los trastornos del sistema nervioso. Las
situaciones crónicas de este tipo son una causa común del cáncer de colon.
Un colon sano absorbe agua, minerales y otros nutrientes. Sin embargo, cuando en
la membrana del colon hay sarro impactado, no puede asimilar y absorber estos
minerales y nutrientes como es debido. Por consiguiente, el organismo empezará a
sufrir carencias de nutrientes. La mayoría de las enfermedades, de hecho, están
causadas por insuficiencias. Aparecen cuando ciertas partes del cuerpo sufren
desnutrición, en particular de minerales. La causa más común de la desnutrición es la
congestión intestinal. Dicho en términos sencillos, un colon limpio es una condición
indispensable para la salud del cuerpo.

Hidroterapia de colon
La hidroterapia de colon, que también recibe el nombre de «irrigación de colon»,
probablemente sea una de las terapias más eficaces. En un breve período de tiempo,
la irrigación puede eliminar grandes cantidades de desechos atrapados que pueden
haber tardado muchos años en acumularse. En una sesión normal de 40-50 minutos se
usa un total de 2-6 litros de agua destilada para limpiar con delicadeza el colon.
Mediante un suave masaje abdominal durante la irrigación, los antiguos depósitos de
mucosidad endurecida y materia fecal se aflojan y son arrastrados por el agua.
La irrigación no sólo elimina desechos tóxicos nocivos, sino que también tonifica,
hidrata y rejuvenece los músculos del colon. La repetida admisión y liberación del
agua mejora la acción peristáltica del colon, acelerando el tránsito de la materia
fecal. Además, la irrigación ayuda al colon a recuperar su forma natural y estimula
los puntos reflejos que lo conectan con todas las partes del cuerpo. Esta forma de
limpieza puede despegar antiguas capas de desechos incrustados en las paredes del
colon, lo que permite una mejor absorción del agua con la consiguiente hidratación
del colon y del resto del cuerpo. No obstante, puede que hagan falta al menos 2-3
sesiones de irrigación para obtener estos últimos beneficios.
Durante una irrigación de colon, uno puede sentir a ratos una ligera molestia
cuando se desprenden grandes cantidades de desechos tóxicos de las paredes
intestinales y se mueven hacia el recto. Sin embargo, la sensación de ligereza,
limpieza y claridad mental que sobreviene en seguida compensa con creces cualquier
pequeña incomodidad.
La irrigación de colon también puede aliviar problemas emocionales. No es
ninguna coincidencia que el colon trasverso pase justo por el plexo solar, que es el
centro de las emociones. La mayor parte de nuestros problemas emocionales sin
resolver o «indigestos» se almacenan en el plexo solar y ocasionan el tensamiento de
los músculos del colon. Eso puede ralentizar el movimiento intestinal y causar
estreñimiento. Las irrigaciones ayudan a despejar la obstrucción física, pero también
liberan la tensión que causó la represión emocional en primera instancia.
Lo mejor es hacer la limpieza de colon con el estómago vacío, o al menos 2-3
horas después de comer. Es beneficioso beber después 1 o 2 vasos de agua y comer
una fruta, o beber media hora después un zumo de frutas recién hecho. La primera o
las dos primeras comidas tras el tratamiento deberían ser ligeras. Después de una
irrigación, el movimiento del intestino volverá a su estado natural en un par de días
más o menos. Si tarda más tiempo, indica que se habían acumulado en el colon
cantidades excesivamente grandes de desechos a lo largo de muchos años. En tal
caso, se recomienda hacer más irrigaciones hasta eliminar el resto de la materia de
desecho acumulada.
En la actualidad existen varios sistemas diferentes para la hidroterapia de colon,
pero todos cumplen la misma función. Los terapeutas de colon profesionales reciben
su formación de diversas fuentes, pero no hay todavía acuerdos de licencia o
estándares universales. El precio de las sesiones de hidroterapia de colon varía
considerablemente.

Colema Board®
Aunque no puedas acceder a un terapeuta de colon, puedes beneficiarte mucho del
empleo de un Colema Board; es la segunda mejor opción. El tratamiento con Colema
se basa en el mismo principio que la hidroterapia de colon, aunque puede no ser tan
eficaz y concienzudo. La ventaja del Colema Board es que te permite limpiar tu
colon en la intimidad de tu hogar. La limpieza de colon con Colema es un tratamiento
que uno se aplica a sí mismo y que es fácil de aprender y realizar. El apartado
«Fuentes» que encontrarás al final del libro te ofrece información sobre cómo
obtener un Colema Board.
Parte 2

Nutrición sana

En la primera parte, el objetivo fue explicar cómo mantener limpios, bien


hidratados y en buen estado de funcionamiento nuestros órganos internos, aparatos y
sistemas. Ahora es el momento de hablar de cómo proporcionarle a nuestro cuerpo
los nutrientes que necesita para tener una vida llena de salud y vitalidad.
La nutrición sana implica un retorno a los sencillos dones de la naturaleza: las
verduras frescas, las deliciosas frutas, las sabrosas semillas y los frutos secos. Una
vez que rebasamos la sección de productos del campo frescos de nuestra tienda de
comestibles o nuestro supermercado local, podemos ahorrarnos mucho dinero –y
ahorrarle a nuestro cuerpo un montón de sufrimiento– si dejamos la mayor parte de
los comestibles en la estantería, en vez de meterlos en nuestro carrito de la compra.
No es fácil cambiar de costumbres. Por desgracia, en el mundo occidental la
inmensa mayoría de nuestros hábitos alimentarios y de nuestros métodos de
preparación de la comida son poco saludables; y algunos hasta peligrosos. Está en la
humana naturaleza suponer que los productores de comestibles nunca
comercializarían productos peligrosos para la salud. Y, aunque algunos de los
productores de comestibles y de fabricantes de equipo tengan pocos escrúpulos,
todavía contamos con agencias «protectoras» gubernamentales que velan por
nuestros intereses, ¿no es cierto? Pues, a decir verdad, ése no es el caso.
El primer paso hacia una nutrición más sana es informarse mejor. Ésa es la
intención de este libro. A partir de ese momento, le corresponde a cada individuo
tomar decisiones prudentes por sí mismo, y ayudar a tomarlas también a su familia;
en especial a los niños.
¡Te deseamos lo mejor!
5

Los alimentos naturales frente a los alimentos


procesados

Una dieta sana es aquella que consiste principalmente en alimentos «naturales»,


incluyendo verduras, hierbas, frutas, bayas, cereales, semillas y frutos secos. Por
desgracia, la dieta de la mayoría de la gente en el mundo occidental consta
predominantemente de alimentos «procesados». Los típicos problemas de los
diversos alimentos procesados son:

• Se les añaden nocivos conservantes a fin de aumentar su «vida útil». Cuando se


prolonga artificialmente la vida útil de un alimento, éste ya no sólo resiste a las
bacterias, sino que entonces también es difícil digerirlo como es debido.
• Tienden a estar repletos de azúcares, edulcorantes y sales poco saludables con
la intención de hacerlos atractivos para nuestro paladar, pero que son
perjudiciales para nuestro cuerpo.
• Muchos alimentos procesados contienen vitaminas artificiales y minerales
inorgánicos con la intención de convencer a los consumidores de que estos
productos están «enriquecidos» y tienen mayor valor nutritivo. La realidad, sin
embargo, es que estas vitaminas sintéticas y estos minerales metálicos no son
asimilables por el torrente sanguíneo, y que tienden a obstruir el tubo digestivo y
a dañar los riñones y los vasos sanguíneos.
• La carne y los productos cárnicos por lo general se obtienen de animales a los
que se les ha añadido en la comida grandes cantidades de antibióticos,
hormonas de crecimiento y otros aditivos tóxicos, todos ellos pensados para
maximizar la producción de las «granjas industriales». Los residuos de tales
aditivos consiguen llegar hasta los músculos del animal y son ingeridos por los
consumidores junto con la carne. Además, muchos productos cárnicos están
contaminados con bacterias que causan enfermedades, como el género
Salmonella o Escherichia coli.
• Algunos productos alimenticios son «irradiados» para matar las bacterias y
aumentar su vida útil, pero el resultado es que quedan sin vida y carecen de
valor nutritivo. (Véase el capítulo 18 para encontrar más información sobre la
irradiación de los alimentos).
• En su mayoría, los alimentos procesados contienen colorantes y aromatizantes
artificiales pensados para complacer el sentido de la estética y las papilas
gustativas del consumidor, pero que en muchos casos son tóxicos para el
organismo.
• Los alimentos procesados con frecuencia se preparan cocinándolos con aceite
que contiene una considerable cantidad de grasas poliinsaturadas, lo que hace
que estos alimentos dañen o destruyan las membranas celulares por todo el
cuerpo.
• Numerosos tipos de alimentos procesados, como los tradicionales menús
completos precocinados y congelados que sólo necesitan calentarse en el mismo
envase, están pensados para calentarlos en el horno microondas justo antes de
comer. Pero al cocinar con microondas se destruyen las enzimas y otros
importantes nutrientes, dejando una comida esencialmente «muerta» y con muy
poco valor nutritivo. (Véase el capítulo 17 para encontrar más información
sobre los hornos microondas).

A veces, este tipo de dieta que se basa mucho en los alimentos procesados recibe
el nombre de Dieta Estándar Americana o, por sus siglas en inglés, «SAD», palabra
que como bien sabes significa triste; y lo es realmente.
Por el contrario, los alimentos naturales, si se cultivan y preparan bien y se
ingieren cuando todavía están frescos, tienden a proporcionar todos los nutrientes y
la fuerza vital que necesita un cuerpo sano.
Las modernas prácticas agrícolas comerciales, desgraciadamente, tienden a obrar
en contra de la producción de alimentos sanos y naturales. Ha habido una
dependencia excesiva del uso de abonos químicos para incrementar el tamaño de las
cosechas. Con los ciclos de cultivo repitiéndose año tras año, la tierra tiende a
perder sus minerales naturales y otros nutrientes necesarios para la vida. Tales
prácticas agrícolas tienden a reducir la fuerza vital y el valor nutritivo de las frutas y
las verduras.
La naturaleza tiene sus propios métodos para ocuparse de la muerte de las plantas
y los animales al tiempo que mantiene en orden nuestro planeta. Cuando la fuerza
vital disminuye, varios tipos de microbios, hongos, insectos y demás «carroñeros»
se sienten atraídos por naturaleza hacia la planta o el animal agonizante como fuente
de «comida». Los residuos de este proceso, entonces, se convierten en «abono» para
la siguiente generación. El concepto del compost se basa en este principio.
Cuando se cultivan las plantas en tierra deslavada y sin vida, su fuerza vital
natural disminuye. En consecuencia, tienden a atraer los microbios, hongos, insectos
y otros carroñeros como parte del sistema natural de la vida y la muerte. Pero, para
proteger las plantas de semejante invasión, se les aplican insecticidas y fungicidas
químicos.
Las sustancias químicas que se emplean en estas prácticas protectoras y de
fertilización suelen conseguir llegar hasta las fibras de las verduras, frutas y demás
productos agrícolas cultivados. Prácticamente todas estas sustancias químicas son
tóxicas para el cuerpo humano, si bien unas lo son más que otras.
El surgimiento de la agricultura «ecológica» responde a un intento por volver a
emplear métodos más naturales para cultivar la tierra que no dependen de productos
químicos. Originariamente, el sitio donde podían encontrarse más productos
agrícolas de cultivo biológico eran las tiendas de comestibles «naturales». Pero
ahora que el nivel de concienciación del consumidor ha aumentado, las frutas y
verduras biológicas se venden en la sección de «especialidades» del departamento
de productos del campo de la mayoría de los principales supermercados.
Dado que la comercialización de los productos del campo de cultivo biológico
sigue estando en pañales, como quien dice, todavía no se ha acabado de establecer
estándares fijos para especificar bajo qué condiciones se pueden etiquetar
legalmente de «biológicos» dichos alimentos. De modo que uno no puede estar
absolutamente seguro, cuando compra artículos con la etiqueta «biológico», de que
realmente no contengan ningún producto químico. Por el contrario, sí que se puede
estar relativamente seguro de que los productos del campo que no llevan la etiqueta
«biológico» probablemente han sido sometidos, como poco, a cierto grado de
contaminación química.
La mejor solución posible para esta situación es tener un huerto ecológico propio.
Además de estar seguro de que cultivas los frutales y las hortalizas en un entorno
libre de productos químicos, hay otras ventajas. Por ejemplo, así puedes comer las
frutas y verduras en su punto exacto de sazón y madurez, cuando tienen el máximo
valor nutritivo y el mejor sabor. En cambio, las frutas y verduras comerciales se
cosechan antes de que hayan madurado a fin de dejar un margen de tiempo para su
procesamiento y distribución. Esto es de particular importancia en el caso de la
fruta, que es mucho más sana si se come cuando está en sazón. Además, por diversos
motivos relacionados con la fuerza vital y los ciclos del planeta, cuando más valor
nutritivo tienen las frutas, las verduras y otros alimentos naturales es cuando se han
cultivado en la misma zona geográfica donde uno vive.
Tener un huerto ecológico propio, obviamente, es mucho más difícil para los
urbanitas que para las personas que viven en las áreas periféricas o rurales. A este
respecto, las ciudades europeas generalmente han sido mucho más progresistas que
las norteamericanas al crear huertas «comunitarias» donde los residentes pueden
alquilar una pequeña parcela en la que plantar su propio huerto u oasis natural.
Probablemente el sistema más eficaz de cultivo de frutas y verduras sin pesticidas
sea el denominado Sonic-Bloom (www.sonicbloom.com). Los productos del campo
obtenidos de este modo contienen más nutrientes, crecen mucho más y mucho antes y
son resistentes a las plagas.
6

Equilibrio ácido-alcalino

Probablemente, el factor más importante que debemos considerar cuando


planificamos comidas sanas y nutritivas sea el equilibrio ácido-alcalino de nuestro
organismo.(2) Actualmente, la mayor causa de enfermedad en el mundo es un exceso
de alimentos acidificantes en nuestra dieta que acaban como residuos ácidos en las
células y los tejidos. El cáncer (las células cancerosas) y otras enfermedades
degenerativas no pueden prosperar en un medio que no sea ácido. Hasta al virus del
catarro común le cuesta sobrevivir en un medio alcalino. En el apéndice D
encontrarás una lista de dolencias comunes que suelen ser el resultado de un exceso
de residuos ácidos en las células y los tejidos de nuestro cuerpo.
El pH (potencial de hidrógeno) es lo que determina que una sustancia sea básica o
ácida. El pH es una medida de la concentración de aniones (iones negativos), que
son alcalinizantes, frente a la concentración de cationes (iones positivos), que son
acidificantes. La escala estándar del pH va de 1 a 14, siendo el 7 el punto neutro.
Una sustancia con un pH menor de 7 es ácida, mientras que otra con un pH mayor de
7 es alcalina. Desde una perspectiva energética, el pH da una idea de cómo se
influyen entre sí los aniones y los cationes.
Traduciendo esto a los procesos bioquímicos que tienen lugar en nuestro cuerpo:

• Una reacción alcalinizante es cualquier alteración química en el organismo que


aumenta su capacidad de energizarse y deja un residuo alcalino.
• Una reacción acidificante es cualquier alteración química en el organismo que
disminuye su capacidad de energizarse y deja un residuo ácido.

En relación con nuestra ingesta, los alimentos naturales como las frutas y las
verduras son predominantemente alcalinizantes en el proceso digestivo. En cambio,
en su mayor parte las proteínas animales, los alimentos procesados y las bebidas son
acidificantes.
Cuando una comida tiene un perfecto equilibrio entre los alimentos alcalinizantes
y los acidificantes, las bases y los ácidos se neutralizan entre sí, así que los residuos
tendrán un pH neutro. No obstante, uno de los problemas es que en su mayor parte las
frutas y las verduras son sólo medianamente alcalinizantes, mientras que muchos
productos cárnicos, los alimentos procesados y las bebidas son extremadamente
acidificantes. Así pues, mantener el equilibrio dentro de nuestro organismo no es
sólo cuestión de la cantidad de comestibles alcalinizantes que ingerimos en
comparación con los acidificantes, sino también del grado de alcalinidad o acidez
que tengan los alimentos.
En un cuerpo sano, la naturaleza (igual que si se tratara de un banco) mantiene una
reserva de elementos alcalinos; algo así como una cuenta bancaria. En esas
circunstancias, si ingerimos una comida que es más ácida que alcalina, nuestro
proceso digestivo recurre automáticamente a esa reserva de sustancias alcalinas para
neutralizar los alimentos acidificantes. Pero si nuestras comidas habitualmente son
demasiado acidificantes, la reserva alcalina se agota y nuestro organismo ya no
puede neutralizar los ácidos. Es una situación análoga a seguir extendiendo cheques
sin hacer depósitos regularmente en la cuenta bancaria: ésta se quedará pronto en
descubierto.

La regla del 80/20


El mejor modo de garantizar que reponemos con regularidad y mantenemos
nuestra reserva alcalina es seguir la «regla del 80/20», que significa simplemente
que el 80 por 100 de los alimentos que ingerimos deberían ser alcalinizantes, y el
otro 20 por 100 acidificantes. Esta regla no nos autoriza a tomar alimentos
acidificantes que puedan estar llenos de toxinas como conservantes, edulcorantes
artificiales y otros aditivos poco sanos; pero hay ciertos alimentos naturales –como
los arándanos azules y los arándanos rojos– que, si bien son acidificantes, pueden
ser útiles para mantener limpios nuestros riñones y nuestra vejiga.

Ácido clorhídrico
En este punto sería apropiado hacer una aclaración. Un cuerpo sano produce
ácido clorhídrico (ClH), que es esencial para el proceso digestivo. De hecho, es el
único ácido que produce nuestro organismo por sí solo; todos los demás ácidos son
subproductos del metabolismo y se eliminan lo antes posible. El ClH es la primera
sustancia del estómago que descompone la comida para que pueda ser metabolizada.
Es también la primera línea de defensa contra diversos microbios destructivos que
entran en nuestro cuerpo junto con los alimentos. El ClH nos mantiene con vida al
ayudarnos a mantener el equilibrio ácido-alcalino apropiado; y luego, después de
realizar su vital cometido en el proceso digestivo, se torna alcalino.
Lista de alimentos alcalinizantes y acidificantes
En el apéndice C encontrarás una lista de alimentos y bebidas comunes que
muestra cuán alcalinizantes o acidificantes son.(2)(21) Las frutas y las verduras están
clasificadas en función de su estado natural. Cualquier proceso como cocinar,
congelar, envasar o conservar con azúcares y sustancias químicas los alimentos
reduce enormemente sus cualidades alcalinizantes; y, en muchos casos, incluso los
trasforma en acidificantes.

Agua ionizada
Hoy día se encuentran en el mercado cada vez más tipos de ionizadores de agua
para poner en la encimera de la cocina.(23) Los primeros países que se interesaron
en ellos fueron Japón y, más tarde, en Corea del Sur. Gracias a las investigaciones
realizadas por los médicos en Japón se han recogido muchos datos valiosos. Estos
investigadores llegaron a la conclusión de que el agua alcalina proporcionada por
los ionizadores es atóxica y alivia muchos de los síntomas de las enfermedades de
los adultos.
En 1985 se introdujeron en Estados Unidos los primeros ionizadores de agua
domésticos fabricados en Corea. Un año después, un laboratorio independiente
realizó pruebas utilizando métodos especificados por la Administración de Drogas y
Alimentos y no encontró ninguna toxicidad en el agua alcalina generada por los
ionizadores.
En su mayor parte, los ionizadores disponen de un mecanismo de filtrado y
producen agua alcalina ionizada y apta para el consumo con un pH de alrededor de
9. Harán falta más tiempo y más experiencia para determinar con exactitud los
beneficios a largo plazo para la salud de esta agua reforzada.
7

Orientación general sobre cómo hacer comidas sanas

El capítulo previo ofrecía una perspectiva general sobre qué alimentos hay que
tomar; en este capítulo encontrarás algunas directrices sobre cómo y cuándo
tomarlos.
Los hábitos culturales son difíciles de romper. La comida, por regla general, no
sólo implica el consumo de alimentos y bebidas, sino que también ofrece
oportunidades para la interacción social. Por desgracia, los hábitos alimentarios de
la mayoría de los occidentales son lesivos para la salud y la vitalidad.
Hay varios factores que conviene tener en cuenta. El primero y más importante de
todos es que cada uno de nosotros tiene un cuerpo especial con necesidades
nutricionales especiales. A una persona le puede sentar fenomenal un alimento en
particular que a otra la hace enfermar. También puede ocurrir que algunos alimentos
que refuerzan nuestra salud en los meses de invierno no nos sienten bien en los de
verano; y que un alimento que es nutritivo y bueno para nuestra salud si lo tomamos
en la comida nos perjudique si lo tomamos en la cena. La antigua ciencia del
ayurveda, como verás en el capítulo 8, tiene en cuenta una amplia gama de variables
y proporciona directrices para los diferentes tipos corporales. No obstante, hay
algunas reglas generales aplicables a la mayoría de nosotros, basadas en la manera
en que nuestros cuerpos procesan la comida. Empecemos por la cuestión de los
alimentos naturales crudos frente a los cocinados.

Los alimentos crudos frente a los alimentos cocinados


Dado que el calor con el que se cocina la comida destruye las enzimas y altera
otros nutrientes, parecería lógico pensar que lo ideal es atenerse a una dieta
compuesta exclusivamente por alimentos naturales crudos, como frutas y verduras.
Ciertamente hay muchos otros mamíferos que viven con una dieta así y les va
fenomenal. Y, dada la abundancia actual de las dietas y menús a base de comida
cruda, parece que su popularidad está aumentando. Pero no es tan sencillo como eso.
Nuestro tubo digestivo necesita fibra para procesar como es debido los alimentos
que ingerimos. La fibra es el «esqueleto» de las plantas. Su principal cometido en
nuestro proceso digestivo es estimular la peristalsis; es decir, las contracciones
musculares que desplazan los materiales de la digestión a lo largo de los intestinos.
Mucha gente cree que la fibra no se puede digerir, y que abandona inalterada nuestro
organismo; pero eso es válido sólo para el intestino delgado. En el intestino grueso
(colon), la fibra es atacada y descompuesta por un gran número de bacterias
«residentes». Eso puede ocasionar una fermentación si la fibra no pasa por el colon
en una cantidad razonable de tiempo.
Las verduras y cereales cocinados contienen fibra que ayuda en el proceso
digestivo, pero que no agobia al colon. Además, el alto contenido en agua de los
alimentos cocinados generalmente facilita mucho su paso por el tracto intestinal.
Aunque las verduras crudas frescas contienen la misma fibra que las cocinadas,
requieren más tiempo y energía para ser procesadas por los intestinos. Hay ciertos
tipos corporales que están mejor capacitados para digerir grandes cantidades de
comida cruda. Mucha gente ha seguido dietas consistentes casi exclusivamente en
alimentos crudos durante períodos de tiempo prolongados y le ha ido muy bien. Pero
en algunos casos, cuando han trascurrido diez o veinte años, su cu,erpo empieza a
sufrir un colapso; ya no puede descomponer los duros granos de cereal y las
verduras crudas.
La fibra presente en la fruta también es beneficiosa para el proceso digestivo.
Pero las frutas maduras ya han sido «cocinadas» por el sol, así que no necesitan
ningún tratamiento culinario.
El planteamiento más seguro es mantener un equilibrio razonable entre los
alimentos crudos y los cocinados en nuestra dieta diaria. Si quieres aumentar la
proporción de comida cruda que tomas, haz ajustes gradualmente para que tu
organismo sea capaz de acomodarse a ella como corresponde.
La inclusión de zumos de verduras crudas en la dieta de una persona le
proporciona a ésta enzimas y nutrientes que contrarrestan los que se han alterado en
el proceso culinario. Por otra parte, los brotes de cereales y semillas germinados,
como verás en el capítulo 9, son un buen complemento de la alimentación.
Si combinas en una misma comida alimentos crudos –como ensaladas o zumos de
verduras frescas– y cocinados, toma siempre en primer lugar los crudos.

Combinación de los alimentos


Cada tipo de alimento es procesado en el tubo digestivo de un modo diferente, y
requiere diferentes enzimas y otros agentes digestivos.(20) Además, unos alimentos
pasan por el tubo digestivo mucho más rápido que otros.
En el apéndice E encontrarás una lista de los alimentos más comunes de cada
grupo alimenticio. Y ahora resultaría útil una explicación. En el capítulo sobre el
equilibrio ácido-alcalino se indicaba que en su mayoría las frutas son alcalinizantes;
sin embargo, verás que en la lista del apéndice E ciertas frutas figuran como de
carácter ácido o subácido. Aunque te parezca una contradicción, no lo es. Por
ejemplo, sabemos que las naranjas contienen ácido cítrico; pero, mientras son
metabolizadas en el cuerpo, intervienen ciertos minerales que se unen a las
moléculas del ácido dejando un residuo que es alcalino. Así pues, desde la
perspectiva de cómo afectan al organismo después de la digestión, las frutas ácidas
son alcalinizantes.
A continuación tienes una serie de directrices sobre la conveniencia o no de
combinar en una misma comida alimentos de los diversos grupos alimenticios.

Proteínas con féculas


No mezcles nunca proteínas y féculas en una sola comida: es la peor combinación
posible, aun cuando sea la base de gran parte de los platos de la cocina occidental.
Los alimentos proteínicos requieren un medio ácido para su digestión, mientras que
los alimentos feculentos requieren un medio alcalino para digerirlos bien. Cuando se
consumen proteínas y fécula juntas, la enzima alcalina tialina de la saliva se mezcla
con el bolo alimenticio mientras es masticado en la boca. Cuando el bolo llega al
estómago, la digestión de la fécula por las enzimas alcalinas continúa sin descanso,
impidiendo por tanto la digestión proteica por la pepsina y otras secreciones ácidas
y permitiendo a las infaltables bacterias estomacales atacar a las proteínas, con lo
que comienza su putrefacción; de ese modo, estos nutrientes quedan en gran medida
inservibles y se producen desechos tóxicos y gases fétidos.

Proteínas con frutas


Las proteínas no se deben comer junto con las frutas, especialmente las frutas no
ácidas. Puede que te parezca un contrasentido, dado que las proteínas requieren un
medio ácido para ser digeridas. Sin embargo, cuando los alimentos ácidos entran en
el estómago, inhiben la secreción de ácido clorhídrico. La pepsina, la enzima
encargada de digerir las proteínas, sólo puede funcionar en presencia del ácido
clorhídrico, no de cualquier ácido. Además, las frutas pasan por el tubo digestivo
mucho más deprisa que las proteínas; así pues, si se ingieren en la misma comida,
los alimentos proteínicos retrasan el movimiento de las frutas por el estómago y los
intestinos, lo que causa fermentación.
Proteínas con verduras de hojas verdes
Los alimentos proteínicos combinan bien con las verduras de hojas verdes. Sin
embargo, si estas últimas están crudas, como en una ensalada, se deben comer en
primer lugar.

Proteínas con proteínas


En general, lo mejor es incluir un solo alimento proteínico en cada comida, ya que
los diferentes tipos de proteínas se procesan de manera diferente. Por ejemplo, la
acción enzimática más intensa sobre la carne se produce en la primera hora de la
digestión, mientras que con el queso ocurre a última hora. Sin embargo, no hay
problema en combinar alimentos proteínicos similares.

Frutas con féculas


Las frutas frescas y en sazón apenas se digieren en la boca y el estómago; pasan
enseguida al intestino delgado, donde son sometidas a la escasa digestión que
precisan. Si una fruta es ingerida en compañía de otro tipo de alimento, como un
trozo de pan (fécula), queda retenida en el estómago junto con el pan hasta que éste
está listo para pasar a los intestinos. Este retraso hace que la fruta empiece a
fermentar en el estómago; y, como los subproductos de la fermentación son ácidos,
inhiben la digestión del pan, que es una fécula que requiere un medio alcalino para
su digestión. Además, si te comes sólo el trozo de pan, las glándulas salivares de tu
boca segregan tialina, un agente digestivo necesario para digerir bien la fécula; pero
si te comes al mismo tiempo una fruta, los azúcares naturales de ésta bloquearán la
secreción de la tialina, complicando así la digestión del pan.
Frutas con verduras de hojas verdes
Por regla general, las frutas no combinan bien con las verduras de hojas verdes.
Sin embargo, las verduras del tipo de las zanahorias sí se pueden comer
perfectamente con la mayoría de las frutas.

Frutas con frutas


Los diversos tipos de frutas dulces se pueden combinar entre sí sin problema,
pero no se deben mezclar con las frutas ácidas. Las frutas subácidas están a mitad de
camino entre las otras dos, y se pueden combinar con cualquiera de ellas, pero no
con ambas a la vez. En el apéndice E encontrarás una lista de frutas de las distintas
categorías.
Melones
La regla general es que los melones se deben comer por separado. No requieren
digestión en el estómago y pasan rápidamente por los intestinos, donde son digeridos
y asimilados. De combinarlos con algo, que sea con fruta fresca cruda; pero
insistimos, es preferible comerlos solos.

Otras directrices sobre la comidas


• La comida más fuerte debería ser la de mediodía, cuando el sol está en lo alto y
la capacidad digestiva es mayor, y no la de la noche, cuando cuesta más hacer la
digestión. Además, nunca se deben tomar alimentos justo antes de irse a dormir;
conviene que pasen al menos tres horas entre la cena y la hora de acostarse. De
lo contrario, la comida puede quedar sin digerir en el estómago, lo que causará
fermentación, distensión o molestias; e incluso aumento de peso.
• No bebas a la hora de comer, pues eso diluye los jugos digestivos del cuerpo,
que deben estar concentrados, y ocasiona indigestión y aumento de peso. Es
especialmente importante no tomar bebidas para «regar la comida» en el
estómago; si deseas beber algo mientras comes, lo mejor es que tomes unos
sorbos de agua tibia o, tal vez, de una infusión suave.
• Mastica bien la comida, sobre todo la carne y otros alimentos difíciles de
digerir. La masticación es una parte importante del proceso digestivo.
• Haz comidas sencillas: como norma general, no tomes más de tres o cuatro
alimentos diferentes.
• Los alimentos crudos siempre se deben tomar antes que los cocinados.
• Come en primer lugar los alimentos jugosos, diluidos o blandos, y después los
que sean sólidos o concentrados.
• Toma más alimentos crudos en verano y menos en invierno.
• Toma los alimentos y las bebidas a temperatura ambiente, o más calientes si los
has cocinado.
• A excepción de las legumbres y el arroz, no es aconsejable guardar «sobras»
para las comidas del día siguiente, porque al cabo de unas pocas horas pierden
toda la fuerza vital.
• Siempre se debería comer en un entorno tranquilo, solamente con compañía
agradable. Es mejor no comer mientras la mente esté dominada por emociones
intensas como el miedo o la ira.
• No comas demasiado. Cuando limpiamos y revitalizamos nuestros órganos
internos, y cuando eliminamos la tóxica comida «basura» de nuestra dieta,
nuestro proceso digestivo se hace mucho más eficiente. En consecuencia,
podemos conseguir todos los nutrientes que nuestro cuerpo necesita con una
ingesta total menos abundante.
• El ayurveda nos enseña que en nuestras comidas diarias deberíamos buscar un
equilibrio entre los seis tipos de sabores: dulce, agrio, salado, acre, amargo y
astringente. No obstante, ciertos tipos corporales pueden tener predisposición a
un sabor determinado.
• No conviene dormir justo después de comer, pues eso puede causar
amuermamiento y aumento de peso. Lo ideal es guardar reposo después de la
comida durante unos 10-15 minutos y luego dar un paseo de otros 10-15
minutos.
8

Ayurveda

Un enfoque natural de la salud y el bienestar


El ayurveda, que significa «ciencia de la longevidad», tiene sus orígenes en la
cultura de la antigua India. El interés principal de la medicina ayurvédica es
mantener una relación equilibrada con el mundo en que vivimos.
Según el ayurveda, todo lo existente en el universo está formado por
combinaciones de los cinco elementos, elementos ellos que hay que entender en un
sentido material y en otro más sutil:

• Espacio (akasha): es el más sutil de los cinco elementos; está en todas partes y
afecta a todo. En la mente, es el recipiente que recibe todas las impresiones; en
el corazón, acepta el amor. El espacio es receptividad y aceptación de lo que es
verdadero.
• Aire (vaiú): es la fuerza cinética trasparente, enrarecida, que pone en marcha el
universo. El aire mueve los pensamientos por la mente y la sangre por los vasos,
y saca los desechos del cuerpo. También desplaza las aves por el cielo en
invierno, llevándolas a climas más cálidos, y mueve los planetas alrededor de
sus soles.
• Fuego (teyas): el fuego es la fuerza universal de la naturaleza que produce calor
e irradia luz. Es la pasión que nos impulsa a proseguir a pesar de los obstáculos
y demoras; es lo que consume en llamas el manto de la ignorancia y permite que
la verdad brille. El fuego elimina las dudas de la sustancia madre del corazón
humano y las reemplaza con alegría.
• Agua (apa): el agua comprende los aspectos cohesivos de la realidad que fluyen
por las cosas y las mantienen unidas; algo expresado de un modo perfecto y
simple en la omnipresente molécula de H2O. Según lo veían los antiguos, los
demás elementos también comunican el principio universal esencial inherente a
cada uno de ellos.
• Tierra (prithuí): es el terreno de nuestro planeta, el hierro de nuestros glóbulos
rojos y bazo. También representa las cualidades de la firmeza de mente; de la
fuerza de voluntad; del lento, discreto pero incansable avance hacia nuestro
objetivo; y de la resistencia a las acciones de los demás.

Es palpable que los cinco elementos existen en todos los aspectos del universo
material. Cuando entran en la biología de un organismo vivo, como un ser humano,
adquieren forma biológica. Eso quiere decir que los cinco elementos están
codificados en las tres fuerzas biológicas que gobiernan todos los procesos vitales;
fuerzas estas que son conocidas como los tres doshas y regulan todo proceso
fisiológico y psicológico en el organismo vivo. Su interacción determina las
cualidades y el estado del individuo. Cuando los tres doshas están en armonía, se
produce equilibrio y salud; la falta de armonía, que puede ser por exceso o defecto
de cualquiera de ellos, se manifiesta como síntomas de enfermedad. A continuación
tienes una breve descripción de cada dosha:

• Vata (espacio y aire): significa «lo que mueve las cosas». El vata se compone
de espacio y aire: los más ligeros y sutiles de los cinco elementos. En ciertos
aspectos, se considera que es el más influyente de los tres doshas, porque es la
fuerza impulsora de los otros dos. El vata es el responsable de todos los
movimientos de la mente y el cuerpo: el movimiento del aire que entra y sale de
los pulmones, el flujo de la sangre por el sistema circulatorio, el paso de los
nutrientes por el tracto alimentario y el movimiento de los pensamientos por la
mente. El vata promueve un equilibrio saludable entre el pensamiento y la
emoción; y da origen a la creatividad, la actividad y la comprensión clara.
• Pitta (fuego y agua): con frecuencia, se considera que es el «fuego» interior del
cuerpo; podemos verlo como la energía almacenada en los enlaces químicos de
todas las sustancias orgánicas que componen nuestro organismo. Está codificado
en nuestras hormonas, enzimas, ácidos orgánicos y neurotrasmisores. Pitta
significa «lo que digiere» y está asociado a la función digestiva; abarca todas
las trasformaciones químicas y metabólicas, así como los procesos que generan
calor. El pitta gobierna nuestra capacidad de asimilar ideas e impresiones y, por
tanto, de percibir la verdadera naturaleza de la realidad.
• Kafa (agua y tierra): el término kafa significa «lo que mantiene unidas las
cosas». Es la fuerza que lo estructura todo: desde el átomo o la célula individual
hasta el resistente sistema musculoesquelético. Proporciona fuerza, estabilidad y
resistencia –tanto física como psicológica– y promueve emociones y
capacidades humanas como el amor, la compasión, la empatía, la comprensión,
la indulgencia, la lealtad y la paciencia. Una función muy importante del kafa en
el cuerpo humano es gobernar la inmunidad y la resistencia a las enfermedades.
Su energía favorece la autocuración y los procesos en curso de autorreparación,
de los que no solemos darnos cuenta. Mientras que los efectos del vata y el pitta
se hacen activos en el organismo, el kafa actúa limitando y controlando estas
otras dos fuerzas, e impidiendo una actividad excesiva por su parte.

Podríamos considerar a los doshas como las energías biológicas fundamentales


que regulan todos los procesos vitales del individuo. Los tres funcionan dentro de
todos nosotros; sin embargo, cada uno los tiene en proporciones únicas. Por
consiguiente, una persona puede ser predominantemente del tipo vata, con menos
aspectos pitta o kafa, mientras que otra puede ser predominantemente kafa, con una
menor influencia vata o pitta.
La figura 1 ilustra la relación entre los elementos y los doshas. Como puedes ver,
cada dosha está situado en un vértice del triángulo, junto con los dos elementos a los
que está asociado. Cada uno de nosotros puede encontrar su sitio exclusivo en la
carta triangular. Si tuviéramos un perfecto equilibrio de los tres doshas, estaríamos
situados justo en el centro del triángulo. Sin embargo, un equilibrio perfecto es algo
muy poco corriente. Si fuéramos predominantemente de naturaleza vata, nuestra
posición en la carta estaría hacia el vértice superior del triángulo.
En pro de la simplificación, la medicina ayurvédica se ocupa de diez tipos
corporales básicos diferentes. Cada uno está ilustrado por uno de los puntos negros
del diagrama.

Nutrición ayurvédica
Como todas las plantas constan también de los cinco elementos, cada hortaliza,
cada fruta, cada hierba, cada semilla, cada fruto seco, etc., tiene cualidades
distintivas relacionadas con los tres doshas. Como ya hemos indicado anteriormente,
el primer objetivo del ayurveda es mantener un equilibrio apropiado con relación al
universo en que vivimos. Eso implica considerar los ciclos naturales del tipo de las
cuatro estaciones, las fases de la luna y, por supuesto, los ciclos diarios de luz y
oscuridad. En vista de eso, además de fijarse en cuál de los diez tipos corporales
básicos se ajusta mejor a la naturaleza única de cada individuo, la planificación
dietética para él también tiene en cuenta los ciclos naturales.
El libro Los secretos eternos de la salud contiene información detallada sobre la
manera de determinar tu tipo corporal. También encontrarás en él una completa
planificación de comidas y directrices sobre el modo de mejorar la salud para cada
uno de los tipos corporales básicos.
9

Semillas germinadas y brotes

Las semillas son ricas en nutrientes. A fin de cuentas, cada semilla contiene
todos los necesarios para crear el retoño inicial de la planta que va a crecer a partir
de ella. Pero al cuerpo humano le cuesta digerir y asimilar por completo los
nutrientes presentes en la mayoría de las semillas.
Una buena solución a este dilema es dejar que las semillas germinen formando
pequeños brotes, que son mucho más fáciles de asimilar. Además, el proceso de
germinación altera la composición química de la semilla original; lo más notable es
que la hace mucho menos feculenta. Por otra parte, como las semillas están expuestas
a la luz del sol en la última etapa del proceso de germinación, la fotosíntesis que
tiene lugar dentro de la planta produce una cantidad considerable de clorofila, que es
un importante potenciador de salud. La germinación de las semillas también produce
las vitaminas A y C en una forma que es fácilmente asimilable por nuestro
organismo.
Durante muchos años, la difunta Ann Wigmore suscitó un gran interés acerca del
empleo de brotes de trigo, o «hierba de trigo», como medio para desintoxicar el
cuerpo y aumentar la vitalidad.(24) Aunque la comunidad médica convencional puso
en duda algunas de las afirmaciones sobre la hierba de trigo, como por ejemplo que
es un agente anticancerígeno y un potenciador de la longevidad, hay literalmente
miles de personas en todo el mundo que siguen beneficiándose del trabajo pionero
de Ann.
Probablemente, las semillas que más se utilizan para preparar brotes son las de
alfalfa. Los brotes de alfalfa se pueden encontrar en la sección de productos del
campo de casi todos los supermercados modernos. Se puede hacer brotes con
prácticamente todas las semillas, y no es raro emplear una mezcla de ellas en el
mismo recipiente de germinación. Una de las semillas más difíciles de hacer
germinar es el sésamo. Pero el sésamo tiene su propia magia y no necesita
germinación para que nuestro organismo asimile sus beneficiosos nutrientes, entre
los que se cuenta el calcio.
Lo más corriente es comer los brotes en forma de ensalada o en los emparedados.
Pero también se pueden pasar por la licuadora y combinarlos con zumos de verduras.
Ann Wigmore indicaba que el zumo de hierba de trigo conserva la fuerza vital de sus
nutrientes a lo sumo durante tres horas. Puede que ocurra lo mismo con los demás
zumos de brotes. Es fácil hacer zumo con los brotes empleando cualquiera de las
licuadoras que se encuentran en el mercado, como por ejemplo las de doble marcha.
Dada la popularidad de la hierba de trigo como potenciador de salud, hoy día existen
licuadoras comerciales diseñadas específicamente para obtener zumo de los brotes
de trigo; pero en la mayoría de los casos sirven también para otros tipos de brotes.
El zumo de brotes como los de alfalfa, que tienen un alto contenido de clorofila,
es verdaderamente muy potente. En consecuencia, lo mejor suele ser combinarlo con
zumos de verduras como la zanahoria o el apio. Eso, además, le da un sabor más
apetitoso; al menos para el paladar de algunas personas.
Otra gran ventaja de los brotes es que se pueden cultivar en un espacio
relativamente pequeño. Incluso quienes viven en apartamentos pueden disfrutar de
este milagro de la naturaleza contemplando cómo las diminutas semillas germinan y
se convierten en pequeñas plántulas. En casi todas las tiendas de comida «natural»,
«integral» o «macrobiótica» se pueden encontrar diferentes tipos de semillas para
cultivar brotes. Los establecimientos de suministros agrícolas también venden granos
y semillas para germinar, pero lo normal es que las hayan tratado con fungicidas u
otros productos químicos que son peligrosos para la salud. Así pues, como regla
general, lo más prudente es obtener las semillas y granos para cultivar brotes
únicamente en las tiendas de comestibles tradicionales, no en las de suministros
agrícolas. Actualmente también hay una amplia colección de libros que proporcionan
información sobre la manera de hacer germinar las semillas.
Nota: no a todo el mundo le sienta bien el zumo de brotes y de hierba de trigo.
Por ejemplo, al tipo corporal vata le puede provocar estreñimiento o gases
intestinales, y al tipo pitta le puede causar irritación la gran concentración de
anticuerpos que forman parte del sistema inmunológico de la hierba de trigo (que
esta planta tiene para defenderse de los insectos y gusanos). Aunque estos
anticuerpos pueden desencadenar poderosas reacciones de limpieza en el organismo,
cuando se ingieren en grandes cantidades o de forma continuada pueden debilitar
nuestro sistema inmunológico y producirnos gases, distensión abdominal e
irritabilidad.
10

Zumos de verduras crudas

Las verduras frescas probablemente sean el componente más importante de una


dieta sana. Contienen vitaminas y minerales naturales junto a otros nutrientes que son
esenciales para nuestra salud y vitalidad. También contienen enzimas vivas,
necesarias para los procesos digestivos, metabólicos y de asimilación que tienen
lugar en el tubo digestivo.(8)
Las enzimas son termolábiles. Cuando la temperatura alcanza los 48 °C empiezan
a aletargarse, igual que nosotros cuando nos damos un baño caliente. A temperaturas
superiores a 54 °C, las enzimas mueren. Una enzima muerta no puede realizar su
vital cometido en el proceso digestivo del cuerpo humano.
En el capítulo 7 vimos los pros y los contras de la comida cocinada frente a la
comida cruda. Los alimentos sólidos crudos requieren muchas horas de actividad
digestiva para que sus nutrientes se hagan asequibles para las células y tejidos del
organismo; los alimentos cocinados, en cambio, son más fáciles de digerir. Pero,
dado que el proceso culinario mata las enzimas, nos enfrentamos a un dilema. Una
buena forma de adaptarse a esta situación es convertir en zumo parte de nuestra
ración de verduras crudas.
En contraste con el largo período de tiempo necesario (horas) para digerir las
verduras crudas enteras, los nutrientes de los zumos de verduras crudas pueden ser
absorbidos por el torrente sanguíneo en cuestión de minutos. Además, el proceso de
obtención –con cualquiera de las muchas licuadoras de cocina disponibles en el
mercado– no daña ni pone en peligro las enzimas ni los otros nutrientes de las
verduras.(22)
Los zumos de verduras crudas ofrecen otra ventaja sobre las verduras sólidas.
Los residuos de los abonos químicos y pesticidas asimilados por las hortalizas al
crecer se fijan principalmente a la fibra; y, como ésta se desecha en el proceso de
licuación, los zumos de verduras crudas constituyen una excelente manera de obtener
los beneficios nutritivos de estas plantas sin ingerir nocivos residuos químicos.
Tomar cierta cantidad de fibra es importante para el proceso digestivo, pues actúa
como una «escoba» que ayuda a mantener limpio el tracto intestinal. Por lo tanto, es
importante seguir incluyendo verduras enteras, cocinadas y sin cocinar, como
alimento básico en nuestra dieta diaria. Los zumos de verduras tienden a contener
nutrientes sumamente concentrados, por lo que se deben introducir con prudencia en
la dieta cotidiana.
Los zumos de verduras crudas todavía tienen otra virtud. En el capítulo 6 vimos la
importancia de mantener un equilibrio ácido/alcalino apropiado en el organismo.
Pues bien: aunque en su mayor parte los alimentos y las bebidas tienden a ser ácidos,
la mayoría de las verduras son alcalinas. Así pues, bebiendo zumos de verduras
crudas no sólo contribuimos a la necesaria hidratación del cuerpo, sino que además
lo ayudamos a alcalinizarse.
Si los zumos de verduras crudas tienen algún inconveniente, probablemente sea el
hecho de que sus nutrientes empiezan a descomponerse al poco tiempo de
prepararlos: en cuestión de horas, no de días. En consecuencia, es importante
beberse el zumo recién hecho. Pero en los hogares ajetreados, en los que el tiempo y
la comodidad son oro, esto puede constituir un auténtico reto.
Hasta cierto punto, la «vida útil» del zumo de verduras crudas depende del
proceso de obtención. Como ya hemos dicho antes, hoy día tenemos a nuestra
disposición una amplia gama de licuadoras de cocina:

• Probablemente, el tipo más común sea la licuadora centrífuga, que gira a alta
velocidad. Funciona bastante bien con verduras rígidas como las zanahorias o el
apio, pero mal –si es que llega a funcionar– con las verduras de hoja, los brotes
o las hierbas. Otra desventaja es que la fricción producida por la rotación a alta
velocidad tiende a generar cierta cantidad de calor; no suficiente para dañar las
enzimas, pero sí para acortar la vida útil del zumo.
• Otro tipo es la licuadora «masticadora», que produce un zumo de verduras con
una vida útil un poco más larga que el de las licuadoras centrífugas; del orden
de veinticuatro horas.
• Un tercer tipo es la denominada licuadora de doble marcha. Funciona bien con
la mayor parte de las verduras, incluyendo las de hoja, las hierbas y los brotes.
Además, el zumo que produce tiene una vida útil algo más larga (aunque, repito,
lo mejor es siempre beberse los zumos de verduras y de frutas recién hechos,
antes de que trascurra una hora).
• Por último, también hay licuadoras especiales, como las diseñadas
específicamente para la hierba de trigo.

En su mayor parte, las licuadoras de verduras se pueden usar también con ciertos
tipos de fruta. Los zumos de frutas requieren especial consideración, ya que tienden a
tener un alto contenido de azúcar natural.
Para entender bien qué tipos de zumos de verduras son más beneficiosos, hay que
investigar un poco el valor nutritivo de las hortalizas de las que se obtienen. Aunque
en el capítulo 16 –titulado «Alimentos con cualidades especialmente beneficiosas
para la salud»– encontrarás más información sobre el tema, aquí tienes algunos de
los zumos más comunes junto con sus principales atributos:

• Zumo de zanahoria: es rico en vitamina A, y también contiene las vitaminas B,


C, D, E, G y K. Es muy beneficioso para las madres en período de lactancia,
pues ayuda a que la leche materna contenga importantes vitaminas y nutrientes.
También favorece la digestión en general. Como es bastante sabroso, viene bien
para mezclarlo con otros zumos de verduras menos atractivos para el paladar.
• Zumo de apio: contiene en gran cantidad el vital sodio orgánico. El sodio
orgánico es importante porque mantiene el calcio disuelto, lo que hace falta para
que el cuerpo lo pueda asimilar cuando lo necesite.
• Zumo de alfalfa: es rico en minerales y oligoelementos debido a las profundas
raíces que echa esta planta. También es rico en clorofila, producida por la
acción de los rayos del sol. La clorofila aumenta la energía vital de nuestro
organismo.(10)
• Zumo de remolacha: es de los más valiosos para aumentar el número de
glóbulos rojos de la sangre. Pero, como también produce un potente efecto
limpiador en el hígado, es preferible no beber más de un tercio de taza de zumo
de remolacha puro al día; si no, puede causar una reacción tóxica. Es mejor
empezar a usarlo mezclándolo en pequeñas cantidades con zumo de zanahoria.
• Zumo de pepino: es rico en potasio, y es un diurético natural: favorece la
secreción de orina y su flujo. También promueve el crecimiento del cabello por
su alto contenido de silicio.
• Zumo de perejil: es uno de los más potentes, así que nunca se debe tomar de
golpe en cantidades superiores a 30-60 ml. Es mejor mezclarlo con otros zumos,
como por ejemplo el de zanahoria o el de apio. Facilita el metabolismo del
oxígeno y ayuda a mantener el funcionamiento normal de las glándulas
suprarrenales y la tiroides. Al igual que el zumo de alfalfa, el de perejil es rico
en clorofila.(10)

Como ocurre con todos los alimentos naturales, el zumo de ciertas verduras puede
ser muy beneficioso para una persona y no serlo mucho –o incluso ser perjudicial–
para otra. Además, si se consumen cantidades importantes de un zumo en particular
durante el suficiente tiempo, el organismo puede empezar a desarrollar una reacción
adversa, aun cuando dicho zumo fuese beneficioso inicialmente. Así pues, al igual
que es bueno comer verduras variadas, también lo es beber zumos variados.
La mejor manera de controlar los efectos de los zumos de verduras crudas en la
propia dieta es ponerlos a prueba de vez en cuando mediante la técnica de pruebas
musculares descrita en el apéndice A.

Nota importante: en realidad, los zumos solamente son beneficiosos cuando los
«masticamos» y saturamos de enzimas salivales en la boca antes de tragarlos. Si te
los bebes como si fuesen agua no sólo impides a tus células acceder a sus preciosos
nutrientes, sino que también pueden producirte gases y distensión en el tracto
gastrointestinal. Para digerir los azúcares que contienen los zumos de frutas y
verduras, hay que combinarlos bien con las enzimas de la saliva. De lo contrario,
simplemente fermentarán convirtiéndose en alcohol de baja calidad, que es tóxico
para el organismo.
11

Carne y pescado

Comer carne, ¿es sano para nosotros o no lo es? Ésta es la pregunta fundamental
que vamos a tratar de responder en este capítulo.
El Estudio vegetariano de Oxford fue una investigación de 15 años de duración
que comenzó en esa ciudad inglesa a comienzos de los años ochenta. Participó en él
un total de 11.000 voluntarios: 6000 vegetarianos y 5000 no vegetarianos. Los
resultados indicaron que los consumidores de carne tienen el doble de
probabilidades de morir de cardiopatía, un 60 por 100 más de probabilidades de
morir de cáncer y un 30 por 100 más de probabilidades de morir de otras
enfermedades. Para ser justos, los vegetarianos suelen ser más prudentes con otros
aspectos de su dieta; como, por ejemplo, con los alimentos procesados, que son muy
poco saludables. De modo que las anteriores estadísticas pueden no ser del todo
atribuibles al hecho de observar o no una dieta carnívora.
En un estudio realizado con 50.000 vegetarianos, los Institutos Nacionales de la
Salud estadounidenses descubrieron que los vegetarianos viven más tiempo y tienen
una incidencia de cardiopatía extraordinariamente más baja, así como una tasa de
cáncer considerablemente menor, que los consumidores de carne.
El investigador Rollo Russell escribe esto en Notes on the Causation of
Cancer:1 «He encontrado que, de veinticinco países que consumen mucha carne,
diecinueve tenían un índice elevado de cáncer, y sólo uno, un índice bajo; y que, de
treinta y cinco países que consumen poco o nada de carne, todos tenían un índice
bajo».
Un estudio muy importante realizado en California reveló que la tasa de cáncer
entre los mormones, que como sabemos comen muy poca carne, era un 50 por 100
más baja que la de la población normal. Otro estudio controlado y aún más completo
que duró ocho años, realizado con 50.000 vegetarianos de la Iglesia adventista del
séptimo día residentes en California (comparándolos con el mismo número de no
vegetarianos del mismo sexo y grupo de edad), produjo resultados similares a los
del Estudio vegetariano de Oxford. En el estudio, que fue completado en 1966, se
vio que los miembros del grupo vegetariano tenían una tasa de cáncer de todos los
tipos asombrosamente baja; que su esperanza de vida era significativamente mayor, y
que tenían una incidencia considerablemente menor de enfermedades
cardiovasculares en comparación con los miembros del grupo de control.
En el mismo contexto, el vegetarianismo «forzoso» de los daneses debido al
bloqueo de Dinamarca por los aliados durante la Primera Guerra Mundial llevó a
una reducción del 17 por 100 en el índice de mortalidad durante el primer año de
racionamiento de la carne. Noruega experimentó un efecto secundario positivo
similar a causa del racionamiento de carne durante la Segunda Guerra Mundial
(1940-1945). Se produjo de inmediato un descenso del índice nacional de
mortalidad por enfermedades del aparato circulatorio. Posteriormente, cuando la
población reanudó su consumo de carne, el índice retornó a los niveles de antes de la
guerra.
En junio de 1961, la Asociación Médica Estadounidense notificó que una dieta
vegetariana podía prevenir en el 90 por 100 de los casos la enfermedad
tromboembólica, y en el 97 por 100 de los casos las oclusiones coronarias. Esto
significa que si adoptáramos una dieta vegetariana, podríamos erradicar casi por
completo las cardiopatías.
Hay dos aspectos que debemos tener en cuenta con relación al impacto de la carne
en la salud humana:

• La carne en sí misma, y cómo es asimilada por nuestro cuerpo.


• Los aditivos y medicamentos que se añaden al pienso de los animales en las
modernas «granjas industriales», y la contaminación potencial de la carne
durante su procesamiento y distribución.

Digestión de la carne
Empecemos viendo qué ocurre con la carne en sí. Las células animales, a
diferencia de las vegetales –que tienen una rígida pared celular y un sistema
circulatorio sencillo–, mueren muy rápidamente en cuanto se ven privadas de su
suministro de sangre. Cuando el animal muere, sus proteínas celulares se coagulan y
las enzimas destructivas comienzan de inmediato a descomponer las células. Eso, a
su vez, tiene como resultado la formación de una sustancia degenerativa llamada
tomaína, que es un conocido agente causal de muchas enfermedades. La destrucción
celular ocurre en todos los tipos de carne para consumo humano, incluida la de
pollo, así como en el pescado. Toda la carne está contaminada con proteínas
descompuestas y putrefactas, así como con gusanos y parásitos que intervienen en la
descomposición de las estructuras proteínicas. Un animal, ave o pescado muerto ya
no es «fresco», sin importar lo que hagas con él. Los hábiles métodos de
conservación de la carne, como la refrigeración y la adición de conservantes
cancerígenos, no lo devuelven la vida ni la hacen más fresca. La putrefacción de la
carne y la proliferación bacteriana en ella empiezan inmediatamente después de la
muerte y están muy avanzadas al cabo de unos días.
Ahora, consideremos el proceso digestivo. El meollo del problema es nuestra
incapacidad para descomponer adecuadamente las proteínas cárnicas en
aminoácidos. A diferencia del ser humano, en un animal carnívoro la principal labor
digestiva tiene lugar en el estómago, no en el intestino delgado. La carne sólo
permanece durante un breve intervalo en su tracto intestinal, que es relativamente
corto en comparación con el nuestro.
En el ser humano, en cambio, pasan trozos de carne no digerida del estómago al
tracto intestinal. Nuestro intestino delgado, que tiene unos 5-6 metros de longitud,
procesa la mayoría de los alimentos naturales en el plazo de unas horas; pero,
cuando se trata de carne, ésta puede permanecer en el tracto intestinal entre 24 y 48
horas. Para entonces, una buena parte de ella estará podrida o en proceso de
descomposición; y el resultado es la aparición de los venenos cárnicos cadaverina,
putrescina y otras sustancias tóxicas.
Como los restos de carne sin digerir se pueden quedar adheridos a las paredes de
nuestro intestino grueso durante veinte, treinta o más años, no es de extrañar que el
cáncer de colon sea tan frecuente entre los consumidores de carne y que
prácticamente no lo sufran ni los vegetarianos ni los animales carnívoros. El término
«cáncer de colon», en la mayoría de los casos, no es sino otra forma de referirse a la
intoxicación constante por carne putrefacta. Sabemos que la digestión de la carne
genera metabolitos esteroidales (de naturaleza esteroide) que tienen propiedades
cancerígenas. Además, cuando cocinamos la carne a alta temperatura aparecen en
ella sustancias químicas que no están presentes en la carne cruda, como las aminas
heterocíclicas (AHC). Estos venenos empiezan a actuar como patógenos (agentes
causales de enfermedades) en nuestro organismo. Según las investigaciones
realizadas por el Instituto Nacional del Cáncer (NCI) de Estados Unidos, además de
por investigadores europeos y japoneses, hay diecisiete AHC diferentes –resultado
de cocinar carnes como las de vaca, cerdo o ave, así como el pescado– que pueden
suponer peligro de cáncer para el ser humano (si deseas más información sobre el
tema, encontrarás referencias a veintiún estudios diferentes en el sitio web del NCI,
http://www.cancer.gov/cancertopics, bajo el epígrafe «factsheet/Risk/heterocyclic-
amines»).
Los riñones, que extraen productos de desecho de la sangre, también se resienten
por el exceso de venenos cárnicos, que en su mayoría son desechos nitrogenados.
Hasta los consumidores de carne que son moderados les exigen a sus riñones el
triple de trabajo del que hacen los de los vegetarianos. En términos generales, la
gente joven suele ser capaz de hacer frente a esta forma de estrés; pero, al hacerse
mayor, el riesgo que corre de sufrir daños renales aumenta mucho.
Tras muchos años de consumir carne con frecuencia, el organismo puede
sucumbir de pronto al torrente de sustancias tóxicas que emanan de la carne no
digerida. Un trabajo de investigación realizado en Alemania demostró que los
adultos de mediana edad que consumen carne en la cena son más propensos a sufrir
un infarto de miocardio a la mañana siguiente. Un exceso de proteínas en la sangre
puede espesarla y reducir drásticamente el suministro oxígeno al corazón y otros
órganos, como el cerebro.

Aditivos y medicamentos
En su revolucionario libro de 1987, Diet for a New America,2 John Robbins
hablaba del trato inhumano y antihigiénico que reciben los animales criados en las
«granjas industriales» contemporáneas. Uno de los aspectos más preocupantes es el
empleo generalizado de aditivos, pesticidas, hormonas, estimulantes del crecimiento
y del apetito, tranquilizantes y antibióticos en la crianza de animales con vistas a la
obtención de carne para consumo humano.
En 2003 se completó un estudio de 10 años de duración sobre datos del Gobierno
estadounidense con este resultado: cada año se emplean en Estados Unidos
aproximadamente 13.500 toneladas de antibióticos.(17) Y, de esta cantidad, ¡11.250
toneladas se destinan a la cría de animales de granja! Según un informe de la FDA,
los antibióticos penicilina y tetraciclina, por sí solos, le ahorran a la industria
cárnica 1900 millones de dólares al año. Sin embargo, estos fármacos pueden estar
criando mortíferos microorganismos resistentes a los antibióticos en el organismo de
los consumidores.
Uno de los productos químicos que se añaden al pienso de los animales de cría
intensiva en Estados Unidos es la hormona de crecimiento dietilestilbestrol (DES).
La FDA estima que les ahorra a los productores de carne estadounidenses 500
millones de dólares anuales. El DES es altamente cancerígeno y está prohibido en 32
países por considerarlo un serio peligro para la salud.
Desafortunadamente, las «granjas» de otros tiempos se han convertido en las
«farmacias» de la actual industria agropecuaria. Hay más de 2500 medicamentos que
se administran rutinariamente a los animales para engordarlos y mantenerlos con
vida. En su mayor parte, estos nocivos productos químicos siguen acumulados en la
carne de los animales en el momento de sacrificarlos, y después se le añaden a ésta
muchos otros fármacos; todos seguirán presentes en ella cuando sea consumida. Por
desgracia, la ley no obliga a enumerar el inmenso surtido de medicamentos que se
añaden a la carne para consumo.
Otra posible razón de que el cáncer afecte más a los consumidores de carne que a
los vegetarianos sería el hecho de que ingieren grandes cantidades de nitratos y
nitritos sódicos (ambos son cancerígenos), que se utilizan como conservantes para
hacer que la carne parezca «fresca». Como ya hemos dicho, la carne deja de estar
fresca en cuanto muere el animal. Si no se la trata, en unos días empieza a adquirir un
desagradable color verde grisáceo. Dado que nadie compraría la carne en
semejantes condiciones, la industria cárnica se vale de estas sales tóxicas para
camuflar la descomposición y darle un aspecto rojo y apetitoso; pero la realidad es
que ya está descompuesta y que es muy tóxica. Estos conservantes abundan
especialmente en alimentos procesados como el salami, las salchichas, el chorizo y
otros embutidos.

Contaminación de la carne
Las investigaciones han demostrado que todos los consumidores de carne tienen
una elevada incidencia de lombrices y otros parásitos intestinales. No es de extrañar,
en vista de que la carne muerta es el objetivo favorito de muchos microorganismos y
de todos los carroñeros. Un estudio encargado en 1996 por el Departamento de
Agricultura de Estados Unidos puso de manifiesto que cerca del 80 por 100 de la
carne picada está contaminada con microbios patógenos; su principal foco son las
heces. Otro estudio del 2005, en este caso realizado por la Universidad de Arizona,
reveló que en el hogar medio hay más bacterias fecales en el fregadero de la cocina
que en la taza del retrete. El origen de este peligro biológico doméstico es la carne
que compramos en la carnicería o en el puesto del supermercado.
Los gérmenes y parásitos presentes en la carne debilitan el sistema inmunológico
y son la causa de muchas enfermedades. Hoy día, de hecho, la mayoría de las
intoxicaciones alimentarias está relacionada con el consumo de carne. Durante un
brote masivo por consumo de carne contaminada con Escherichia coli que se
produjo cerca de Glasgow, en Escocia, de las más de doscientas personas infectadas
murieron dieciséis. En muchas otras partes del mundo se producen también brotes
esporádicos de este tipo. Más de medio millón de estadounidenses, en su mayoría
jóvenes, han enfermado a causa de bacterias fecales mutantes (E. coli) en la carne.
Estos gérmenes son la principal causa de insuficiencia renal infantil en Estados
Unidos. Pero no todos los parásitos actúan con tanta rapidez como la E. coli. En su
mayor parte, tienen efectos a largo plazo que no se hacen aparentes hasta muchos
años después de haber comido la carne contaminada.
Actualmente hay nuevos microbios mutantes en la carne que son extremadamente
peligrosos. Para enfermar de salmonelosis, uno tiene que consumir como poco un
millón de bacterias del género Salmonella; pero, para infectarse con uno de los
nuevos gérmenes mutantes, basta con ingerir cinco de ellos. Dicho de otro modo: una
minúscula partícula de carne picada cruda que vaya de la cocina a tu plato es
suficiente para matarte. Los científicos han identificado hasta ahora más de una
docena de patógenos en los alimentos que tienen consecuencias igual de desastrosas.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos
admiten que ni siquiera sabemos qué microbios causan la mayoría de las
enfermedades y las muertes relacionadas con la alimentación.

Pescado
Muchos de los problemas relacionados con la carne roja y la de ave afectan
también al pescado. Los peces criados en piscifactorías están sometidos casi a tanta
contaminación química como los animales estabulados en las «granjas industriales».
Y, dada la creciente contaminación de nuestros ríos, lagos y océanos, el pescado y el
marisco obtenidos en las masas de agua naturales del planeta contienen cada vez más
sustancias químicas tóxicas, como es el caso del mercurio.

1 «Notas sobre las causas del cáncer». (N. del T.)


2 «Dieta para una América nueva». (N. del T.)
12

Leche

Durante los últimos años, la leche no humana ha sido el blanco de muchas


críticas debido a su larga lista de efectos secundarios negativos. Los profesionales
de la salud informan de un número creciente de casos de pacientes alérgicos a los
productos lácteos o que sufren algún tipo de intolerancia a los alimentos que
contienen leche. Los eccemas, el asma, las jaquecas, el estreñimiento, la rinitis
alérgica, la artritis, los problemas de estómago, las cardiopatías, el cáncer testicular:
todos ellos están relacionados con un consumo elevado de productos lácteos.
¿No podría ser que la leche de vaca esté destinada sólo a los terneros, de la
misma forma que la leche de gata es sólo para los gatitos? ¿Se te ocurriría alimentar
a tu bebé con leche de perra, por ejemplo, en vez de con leche materna humana? La
proporción de nutrientes que contiene la leche de perra no es apta para las
necesidades humanas. Y lo mismo puede decirse de la leche de vaca, que contiene el
triple de proteínas y casi el cuádruple de calcio que la leche humana: tales
cantidades son inadecuadas para nuestra fisiología a cualquier edad.
La leche de vaca contiene la cantidad exacta de calcio y proteínas que necesita
ingerir el ternero, cuyo tamaño acabará siendo como poco tres o cuatro veces mayor
que el de un cuerpo humano. Si le diéramos leche materna humana a un ternero, no se
fortalecería lo suficiente para sobrevivir. Por otra parte, los bebés humanos
requieren más hidratos de carbono que los terneros en las etapas iniciales de la vida.
Por esta razón, la leche de vaca contiene sólo el 50 por 100 de los hidratos de
carbono que se encuentran en la leche humana. Los terneros, en cambio, necesitan
más sal que nuestros bebés, de modo que el contenido de sal de la leche de vaca es
tres veces mayor que el de la humana. Por consiguiente, no es de extrañar que la
mayor parte de las poblaciones indígenas de Asia, África, Australia y Sudamérica no
consideren la leche de vaca como un alimento apto para el consumo humano.
Una vez destetados, los mamíferos ya no buscan leche para satisfacer su hambre o
su sed. Se ha especulado que si a los bebés humanos que han tenido una lactancia de
un año se les diera a elegir entre varios tipos de alimentos naturales, la mayoría de
ellos ya no querría la leche materna. Por su parte, los bebés alimentados con leche
de vaca tienden a estar hinchados, abotargados y gordos. No es raro que estos niños,
a la edad de un año, tengan ya cálculos biliares en el hígado a causa de la leche de
vaca no digerida. Muchos de ellos sufren cólicos y tienen gases que los hacen llorar
y perturban su sueño.
El doctor Michael Klaper, autor de Vegan Nutrition: Pure & Simple, 3 resumió
de este modo la controversia de la leche: «El cuerpo humano no necesita la leche de
vaca más que la leche de perra, la de yegua o la de jirafa».
La leche de vaca es un alimento que induce una gran producción de mucosidad, lo
que puede causar irritación y congestión por todo el tracto gastrointestinal. Si se
consume de forma habitual, la leche puede dejar en la superficie interna de las
membranas intestinales una capa casi impermeable que se va endureciendo poco a
poco. Esta capa limita la absorción de los nutrientes, incluyendo el calcio, el
magnesio y el cinc que se necesitan para formar los huesos. Es casi imposible que un
tratamiento dietético o nutricional surta efecto mientras la persona siga atascando su
aparato digestivo con leche o productos lácteos.

Osteoporosis causada por la leche


La mayoría de la gente no bebería leche si no estuviese tan influida por el mito de
que es esencial para los huesos. Si eres propenso a la osteoporosis, o a la artritis
ósea, ten en cuenta lo siguiente:(18)

• La leche de vaca puede ser muy rica en calcio, pero su alta proporción calcio-
magnesio dificulta la absorción. En ciertos individuos o tipos corporales, el
calcio se puede depositar en lugares donde no hace falta, lo que da lugar a la
calcificación de los huesos y otras partes del cuerpo. La mayor parte del calcio
contenido en la leche de vaca está unido al albuminoide lácteo denominado
caseína, lo que hace que a nuestras membranas intestinales les cueste mucho
absorberlo bien. La leche de vaca contiene 300 veces más caseína que la leche
humana. Puedes obtener más calcio absorbible de 6-8 almendras o una
cucharadita de melaza que de un litro de leche de vaca.
• En términos cuantitativos, la leche de vaca contiene más fósforo que calcio. Para
metabolizar ese fósforo, el organismo requiere cantidades extra de calcio que
extrae de los huesos, los dientes y los músculos. Eso da lugar a una insuficiencia
de calcio en esas partes del cuerpo. Si el consumo de productos lácteos se
prolonga mucho, las reservas de calcio se gastan más rápido de lo que se
reponen y ocasionan daños en el tejido óseo.
• Las vacas conservan sus huesos y dientes fuertes durante toda la vida, y eso que
obtienen la mayor parte del calcio de la hierba que comen. Asimismo, los
gorilas, los elefantes y otros animales adultos de gran tamaño no sufren
osteoporosis a pesar de que no toman leche. De vez en cuando lamen piedras
calizas, pero eso ciertamente no basta para suministrarles las grandes cantidades
de calcio que precisan para desarrollar y mantener sus robustos esqueletos. Si
fuera la fuente de calcio más útil e importante para los animales adultos, la
naturaleza sin duda habría ideado formas de suministrarles leche durante toda su
vida. Pero, como bien sabemos, sólo tienen acceso a la leche mientras siguen
siendo crías.

Equilibrio ácido-alcalino
Las proteínas lácteas contienen aproximadamente el triple de aminoácidos con
azufre que las proteínas vegetales. Con un consumo constante de leche y productos
lácteos, la sangre se volvería demasiado ácida y el cuerpo moriría si no movilizase
grandes cantidades de minerales para contrarrestarlo. Pero, a la larga, esta medida
de emergencia conduce a la desmineralización de los tejidos y los órganos; y,
finalmente, a la acidosis.

Leche desnatada
Para digerir la leche entera, el cuerpo humano requiere una gran cantidad de bilis;
así que el consumo regular de leche entera puede acabar agotando al hígado y
afectando a su capacidad de producir la bilis. Pero resulta que cambiar a la leche
desnatada sólo empeora las cosas. Aunque ésta requiere menos bilis porque le han
quitado la grasa, las proteínas lácteas que contiene no se pueden digerir bien
precisamente por la falta de grasa. Una gran cantidad de proteínas lácteas sin digerir
aumenta la acidez del organismo; y, por su parte, el calcio sin usar de la leche puede
causar una calcificación de las articulaciones, las arterias o los riñones.

Alergias
El suero de la leche es un subproducto líquido de la elaboración del queso. La
industria alimentaria lo ha promocionado diciendo que contiene nutrientes
importantes para la salud. Como a nadie le gusta realmente beberse este «precioso»
ingrediente de leche, cada vez lo están mezclando más con una amplia variedad de
alimentos procesados, incluyendo alimentos infantiles, queso fresco, sopas de lata y
alimentos dietéticos.
Una alergia es la reacción del cuerpo contra una sustancia que considera
peligrosa para su salud y su supervivencia. Los científicos han descubierto que la
beta-caseína (una proteína del suero) puede desencadenar una respuesta inmune que,
a su vez, puede tener una reacción cruzada con un antígeno y causar una reacción
alérgica. El espectacular aumento de las alergias en el mundo desarrollado ha
coincidido con la proliferación de comestibles que contienen suero. ¿No será que la
actual «epidemia» de alergias en el mundo occidental está íntimamente relacionada
con este «milagroso» producto?

Pasteurización
Cuando la leche se pasteuriza (se trata con calor), se destruye su población de
enzimas naturales. Sin embargo, esas enzimas son necesarias para que las células del
cuerpo puedan acceder a los nutrientes lácteos. Los becerros recién nacidos mueren
antes de seis meses cuando se alimentan de leche de vaca pasteurizada. No podemos
ni imaginar el trastorno que tiene que producirse en el diminuto tracto intestinal de un
bebé cuando le dan de comer leche maternizada, ya sea pasteurizada o esterilizada.
Estos niños suelen empezar a tener cólicos, se ponen hinchados y rollizos, moquean,
contraen resfriados, sufren frecuentes infecciones en el oído, están agitados y lloran
mucho. El mejor planteamiento para criar a un bebé es amamantarlo todo el tiempo
posible, evitar por completo la leche en polvo o maternizada, usar alternativas como
leche de coco (que es casi idónea), leche de almendras o leche de arroz, y
finalmente, cuando esté preparado para tomar alimentos sólidos, empezar a darle
frutas, verduras y arroz en forma de puré recién hecho.

Homogenización
En la homogenización de la leche se emplean filtros a alta presión para dividir los
glóbulos de grasa de la leche en minúsculas partículas. Cuando se introdujo la leche
homogeneizada en 1932, la incidencia del ateroma (acumulación de placas de grasa
en las paredes de las arterias) empezó a aumentar. Parece que cuando se rompen por
medios mecánicos los glóbulos de grasa de la leche, se libera una enzima asociada a
la grasa láctea, denominada xantina oxidasa, que de ese modo consigue atravesar la
pared intestinal. Una vez que esta enzima llega al torrente sanguíneo, se encuentra en
libertad para causar daños en el corazón y las arterias; lo cual, a su vez, puede
estimular la liberación de colesterol en la sangre en un intento del organismo de
aplicar una capa protectora de material graso en las áreas dañadas. Se ha especulado
mucho sobre si la aparición del colesterol es la causa o el resultado de la
cardiopatía. El proceso iniciado por la xantina oxidasa es lento y destructivo. La
mayoría de los niños de diez años de edad que han consumido leche homogeneizada
padecen algún tipo de arteriosclerosis. Hay una estrecha correlación entre los países
donde se bebe leche homogeneizada y la incidencia de la arteriosclerosis.

Hormona de crecimiento (STB)


La somatotropina bovina (STB) es una hormona que, cuando se les administra a
las vacas con la comida, puede aumentar su producción de leche en un 20-30 por
100. En Estados Unidos, la STB fue autorizada por la Administración de Drogas y
Alimentos (FDA) en 1994, dando así a los ganaderos permiso legal para tratar sus
rebaños con la controvertida hormona. La autorización fue seguida de una nueva
política de etiquetado nunca vista antes en este país. Las centrales lecheras
tradicionales tienen prohibido etiquetar su leche poniendo que «no contiene
hormonas», mientras que a las que usan STB no se les obliga a decirlo. Como el
consumo incontrolado de hormonas está relacionado con varios problemas graves de
salud, hubo una gran preocupación entre las industrias lácteas ante la posibilidad de
que los consumidores informados evitaran la leche en cuya etiqueta pudiera verse
que procedía de centrales que utilizan STB. Pero la presión que ejercieron consiguió
que se aprobase la antedicha legislación.
Las vacas, por naturaleza, producen una cantidad de leche que está determinada
por la demanda de sus crías. El aumento de la producción inducido artificialmente
con hormonas causa una serie de enfermedades en las vacas lecheras que se tratan
administrándoles grandes cantidades de antibióticos. Estas toxinas pasan a formar
parte de la composición de la leche y sus derivados, lo que agrava los riesgos para
la salud que ya supone la STB por sí sola.

Alternativas a la leche de vaca


En una cultura que está tan acostumbrada a beber leche de vaca y a tomarla en
combinación con otros alimentos, como los cereales del desayuno, es conveniente
disponer de algunas alternativas saludables.

• Leche de coco: este delicioso líquido es tan rico en nutrientes esenciales que se
puede comparar a la leche materna humana; de hecho, muchos infantes han sido
criados con él. Si no puedes obtener leche de coco fresca, puedes utilizar coco
desecado en polvo mezclándolo con agua y dejándolo en remojo. Luego
prénsalo y cuélalo con una estopilla o un tamiz. Puedes preparar suficiente leche
de coco para cinco días. Guárdala en la nevera.
• Leche de almendras: es uno de los sustitutos de la leche de vaca mejores y más
sanos que puedes encontrar en el mercado actual. La venden en la mayoría de
las tiendas de alimentación natural y empieza a verse en un número creciente de
tiendas de comestibles normales y supermercados. No compres marcas que
contengan vitaminas y minerales añadidos. La leche de almendras aguanta en la
nevera más o menos una semana después de abrir el envase. Para alargar al
máximo su vida útil, una buena idea es refrigerarla durante la noche anterior a la
apertura del envase hermético. Es relativamente fácil elaborarla con una buena
batidora. Pon las almendras en remojo durante una noche para que se
reblandezcan, pásalas por la batidora, y luego cuela la pasta resultante con una
estopilla. Usar un extractor comercial de leche de soja es la manera más rápida
de preparar la leche de almendras.
• Leche de avena: aunque sea peor que la de almendras, la leche de avena sigue
siendo una alternativa razonablemente buena a la de vaca. Se encuentra
prácticamente en los mismos sitios donde venden la de almendras. Es
conveniente leer la etiqueta antes de comprarla, pues algunas marcas en realidad
son una mezcla que contiene también leche de otros cereales y legumbres.
• Leche de arroz: la leche de arroz es otro sustituto bastante razonable de la de
vaca. Comprueba bien la etiqueta, pues en este caso es más probable que
contenga aditivos para realzar el sabor.
• Leche de soja: al igual que ocurre con otros productos de esta planta, se debe
evitar la leche de soja debido a sus toxinas naturales e inhibidores de enzimas, a
la posible manipulación genética y a los efectos perniciosos que puede tener
sobre el equilibrio hormonal.

3 «Nutrición vegana: pura y simple». El título hace referencia a una dieta


vegetariana estricta. (N. del T.)
13

Azúcar y edulcorantes

El consumo de azúcar y edulcorantes artificiales ha aumentado


espectacularmente en estos últimos años. Si hiciéramos un gráfico para representar
el aumento en el consumo de azúcar de año en año en comparación con el aumento
de la obesidad, de los problemas inmunológicos, de las alteraciones del nivel de
glucosa sanguínea y de muchas otras dolencias, veríamos que las curvas de
crecimiento son muy similares. No podemos decir que el azúcar y los edulcorantes
sean la única causa de la actual tendencia al deterioro de la salud, especialmente
entre la gente joven; pero indudablemente contribuyen a ella en buena medida.

Azúcar
El azúcar refinado es absorbido rápidamente por el torrente sanguíneo. El
consiguiente aumento del nivel de glucosa en la sangre hace que el páncreas segregue
insulina en un intento por restablecer el equilibrio. También estimula las glándulas
suprarrenales para que segreguen adrenalina a fin de sacar la glucosa del aparato
circulatorio. El nivel de adrenalina puede aumentar hasta cuatro veces, lo que
provoca una respuesta de estrés que en ocasiones recibe el nombre de «subidón de
adrenalina». Después, el nivel de glucosa sanguínea cae por debajo de lo normal, lo
que a menudo da paso a un estado de depresión, aletargamiento e irritabilidad que
algunos denominan «la tristeza del azúcar». A la larga, todo esto puede dar lugar a
varios trastornos relacionados con la glucosa sanguínea, como son la diabetes y la
hipoglucemia.
Esta respuesta de estrés también causa un aumento en la producción de colesterol
y cortisona. La cortisona inhibe la función inmunitaria, lo que hace que la persona
sea mucho más vulnerable a los catarros, la gripe y otras infecciones. Los neutrófilos
son uno de los cinco tipos de glóbulos blancos que desempeñan un papel clave en el
sistema inmunológico. En un estudio publicado en el número de diciembre de 1976
de la revista Dental Survey se investigaron los efectos del azúcar sobre los
neutrófilos; la conclusión fue que el consumo de dos latas (66 cl) de refresco de cola
reduce la actividad de los neutrófilos en un 50 por 100. Esto ocurre en la media hora
siguiente a ingerir la bebida y dura por lo menos cinco horas, si no más. Otras partes
del sistema inmunológico pueden ser atacadas de forma similar por el azúcar.
El azúcar refinado carece de vitaminas y minerales y, para metabolizarlo, el
cuerpo tiene que recurrir a sus reservas de oligoelementos. Cuando estas reservas se
agotan, se dificulta el metabolismo de los ácidos grasos y el colesterol, que se
acumulan y causan obesidad.
En las dos últimas décadas, el consumo de azúcar anual por persona ha
aumentado de 12 a 61 kilogramos. A principios del siglo xx, el consumo medio per
capita era de sólo unos 2,3 kilos al año; lo que, al ritmo de consumo actual, equivale
a la ración de dos semanas. Obviamente, sólo un porcentaje muy pequeño de esta
cantidad corresponde al azúcar blanco en grano –con el que todos estamos
familiarizados– que nos echamos nosotros mismos en nuestros postres y bebidas; la
mayor parte es la que añaden insidiosamente los fabricantes de la industria
alimentaria a los alimentos procesados y las bebidas comerciales. En las etiquetas
de los paquetes de alimentos, el azúcar aparece disfrazado bajo diversos nombres:
glucosa, fructosa, sacarosa, galactosa, maltosa, lactosa, etc.
El objeto de añadir azúcares a los alimentos procesados es hacerlos más
atractivos al paladar, sin hacer caso de su efecto último en el organismo. Por
ejemplo, la mayor parte de los cereales de desayuno están llenos de azúcar; pero, en
presencia de éste, nuestro cuerpo no puede metabolizar bien las proteínas de los
cereales, que son su principal componente. Además, el azúcar es acidificante; así
que, para mantener el equilibrio ácido/alcalino apropiado, nuestro cuerpo tiene que
recurrir a sus reservas alcalinas.

Aspartamo
Como cada vez más gente se ha dado cuenta de los peligros del azúcar para la
salud, era natural que surgiese una tendencia a buscar sustitutos del azúcar. El
edulcorante artificial que más se utiliza actualmente es el aspartamo, comercializado
con nombres como NutraSweet, Equal, Spoonful, Equal-Measure, Benevia y
NatraTaste. Pero, dado que la patente ya ha expirado, sin duda aparecerá en el
mercado bajo otros nombres comerciales.
La aprobación del aspartamo en Estados Unidos para su empleo en bebidas y
alimentos sólidos es uno de los capítulos más vergonzosos de la historia de la
Administración de Drogas y Alimentos (FDA) en cuanto a influencias políticas,
sobornos y corrupción. En su calidad de miembro de la Asociación Nacional de
Refrescos estadounidense, la compañía Coca-Cola se opuso a la aprobación del
aspartamo por la FDA para su uso en las bebidas. Sus objeciones, expuestas a lo
largo de varias páginas y publicadas en el diario de sesiones del Congreso con fecha
7 de mayo de 1985, se basaban en que el aspartamo es intrínseca y excepcionalmente
inestable, por lo que se descompone dentro de la lata en formaldehído, alcohol
metílico, ácido fórmico, dicetopiperacina y otras sustancias tóxicas. En un estudio
realizado con siete monos a los que se administró este edulcorante, cinco de ellos
tuvieron graves ataques y otro murió; lo que representa una proporción de víctimas
del 86 por 100. Pese a este testimonio, una vez aprobado el aspartamo por la FDA,
la compañía introdujo su Coca-Cola Light, que está repleta del producto. La historia
se parece mucho a lo que ocurre con las empresas tabacaleras que, a pesar de que
saben perfectamente que fumar supone un grave peligro para la salud, siguen
fabricando y promocionando cigarrillos, puros, tabaco de pipa, etc.
Por lo menos, la Comunidad Económica Europea ha prohibido el empleo del
aspartamo en todos los productos para la infancia.
El aspartamo tiene tres ingredientes principales en esta proporción:

• Un 50 por 100 de fenilalanina


• Un 40 por 100 de ácido aspártico
• Un 10 por 100 de metanol (alcohol metílico)

Empecemos por el metanol. Cuando te tomas una bebida que contiene aspartamo,
el metanol se distribuye por todo el cuerpo: por los músculos, la grasa, el cerebro y
el tejido nervioso en general, etc. Luego se metaboliza produciendo formaldehído,
que entra en las células y se une a las proteínas y al material genético; se ha
demostrado que tiene efectos citogenéticos (cambios y daños en el ADN). En
general, los daños consisten en la rotura y entrecruzamiento entre ácidos nucleicos y
proteínas en las células, lo que las modifica; esta aptitud del aspartamo para causar
mutaciones celulares se ha demostrado en diversos estudios. También se ha sugerido
que el aumento en la incidencia de los tumores cerebrales malignos está asociado al
uso de aspartamo.
Ahora, veamos los efectos del ácido aspártico. En primer lugar, aumenta
significativamente los niveles de aspartato y glutamato en el plasma sanguíneo. Un
exceso de aspartato y glutamato en el cerebro provoca la muerte de ciertas neuronas,
pues permite la entrada masiva de calcio en ellas, lo que induce una formación
excesiva de radicales libres que las mata. Debido a los daños neurales que puede
causar su exceso en el organismo, se considera que el aspartato y el glutamato son
«excitotoxinas», ya que «excitan» o estimulan a las neuronas hasta la muerte.
La fenilalanina es el tercer componente del aspartamo. Es un aminoácido que se
encuentra normalmente en el cerebro. Las personas que padecen el trastorno genético
denominado fenilcetonuria no pueden metabolizar la fenilalanina, lo que conduce a
una peligrosa acumulación de ésta en el cerebro que a veces es mortal. Pues bien: se
ha demostrado que la ingesta de aspartamo –sobre todo si es en compañía de
hidratos de carbono– puede ocasionar un exceso de fenilalanina en el cerebro
incluso en individuos que no tienen fenilcetonuria, exceso que a su vez puede
provocar una disminución del nivel de serotonina cerebral, dando lugar a trastornos
emocionales del tipo de la depresión. Una sola toma de aspartamo ya eleva el nivel
de fenilalanina en la sangre. El 3 de noviembre de 1987, en su testimonio ante el
Congreso de los Estados Unidos, el doctor Louis J. Elsas explicó que el exceso de
fenilalanina sanguínea se puede concentrar en ciertas partes del cerebro, lo que es
especialmente peligroso en el caso de los infantes y los fetos.

Un estudio reciente
En noviembre del 2005 se hicieron públicos los resultados de un estudio
exhaustivo sobre los efectos del aspartamo en las ratas de laboratorio, estudio que
fue realizado conjuntamente por dos destacados institutos de investigación de
Bolonia, Italia. Consistía en alimentar a las ratas con comida que contenía distintas
cantidades de aspartamo. Se empleó un total de 1.500 ratas (la mitad machos y la
mitad hembras), distribuidas en seis grupos de prueba distintos en función de la
cantidad de aspartamo administrada: desde unas dosis muy potentes hasta otras
extremadamente suaves. El experimento acabó con la muerte de la última rata,
ocurrida al cabo de 159 semanas. Al morir cada rata se examinaban todos sus
órganos, así como diversas muestras de tejido; se encontró una presencia
considerable de cánceres malignos, incluyendo linfomas, leucemia y tumores en
múltiples órganos, tanto en los machos como en las hembras.
Según otros investigadores y médicos que estudian los efectos adversos del
aspartamo, éste puede provocar o empeorar las siguientes enfermedades crónicas:
tumores cerebrales, esclerosis múltiple, epilepsia, encefalomielitis miálgica,
enfermedad de Parkinson, enfermedad de Alzheimer, retraso mental, linfomas, taras
de nacimiento, fibromialgia y diabetes.
En virtud de la Ley de Libertad de Información, la FDA admitió que más del 75
por 100 de las quejas que recibe de los consumidores está relacionado con aditivos
alimentarios, entre ellos el aspartamo.
Sacarina
La sacarina (palabra derivada del latín sacchărum, azúcar), una sustancia
química descubierta en 1879 que se obtiene del alquitrán mineral, fue el primer
edulcorante artificial. Es trescientas veces más dulce que el azúcar y no se
metaboliza en el cuerpo, así que no tiene calorías. Su historia es muy polémica.
En 1907, el ente predecesor de la FDA prohibió su uso en Estados Unidos a causa
del posible riesgo que representaba para la salud. Pero poco tiempo después, gracias
a algunas maniobras políticas, se levantó la prohibición. A lo largo de los años
siguientes se realizaron estudios de tanto en tanto sobre la seguridad de la sacarina,
principalmente con animales de laboratorio. Es interesante recalcar que, aunque
quienes más utilizan la sacarina son las personas que intentan controlar su peso,
desde 1947 hay estudios que demuestran que los animales a los que se les administra
presentan un aumento del apetito y el peso corporal en comparación con el grupo de
control.
En 1977, un estudio canadiense puso de manifiesto el carácter carcinógeno de la
sacarina; y, en marzo de ese mismo año, la FDA prohibió su utilización en Estados
Unidos. Al cabo de un mes, sin embargo, debido a las presiones de la industria, la
prohibición fue aplazada durante año y medio; aunque en ese período se exigió a los
fabricantes que pusieran una advertencia sanitaria en el envase de cualquier producto
que contuviera sacarina. Pero lo cierto es que ese aplazamiento inicial de dieciocho
meses se ha hecho indefinido; es más, en el año 2000 los Institutos Nacionales de la
Salud retiraron la sacarina de su lista de agentes cancerígenos y el Congreso accedió
a revocar la exigencia de incluir advertencias sanitarias en los productos que la
contienen.
En la mayoría de los restaurantes estadounidenses se sigue ofreciendo sacarina en
forma de pequeños envases rosados de Sweet’N Low, y todavía se utiliza como
edulcorante artificial en una serie de comestibles. Por ejemplo, los refrescos Coca-
Cola Light, Pepsi Cola Light y Tab contienen una mezcla de sacarina y aspartamo.

Edulcorantes saludables
Un poco de dulzor no está fuera de lugar en una dieta sana, con tal de que sea
equilibrado en relación con los demás alimentos. Hay varios edulcorantes naturales
que tienen pocos efectos secundarios perjudiciales, o ninguno. Pero, así como
debemos consumir con moderación las frutas dulces enteras y en zumo (y en la
proporción adecuada respecto a los otros tipos de alimentos), lo mismo puede
decirse de los siguientes edulcorantes naturales.
Miel
La miel es el edulcorante natural más antiguo que se conoce; las primeras
referencias a ella se remontan prácticamente a los inicios de la historia escrita.
Como bien sabemos, la producen las abejas a partir del néctar que recolectan en las
flores de las plantas y los árboles. El color, sabor y aroma de una miel en particular
está determinado por el tipo de néctar recolectado (por el tipo de flor), así como por
la calidad de la tierra, la ubicación y la época del año en que se recolectó. En la
apicultura, la costumbre es situar las colmenas a corta distancia de una fuente natural
de néctar, como por ejemplo un trebolar o un naranjal. Por consiguiente, las
cualidades de esa miel estarán relacionadas predominantemente con las flores de
trébol o de naranjo; pero también es cierto que toda la miel es una mezcla de
néctares de diversas flores, pues las abejas siguen su instinto en el proceso de
recolección. La regla general es que cuanto más oscura sea la miel, más intenso será
su sabor.
La miel contiene un sistema enzimático que produce peróxido de hidrógeno (agua
oxigenada), un agente bactericida que ayuda a combatir las infecciones. Además,
este mismo sistema enzimático es el que permite que la miel se conserve sin
necesidad de refrigeración.
La mayor parte de la miel es sometida a un suave proceso de calentamiento para
poder filtrarla hasta eliminar la cera y otros residuos; pero se mantiene controlada la
temperatura (por debajo de 36 °C) a fin de preservar sus enzimas y otros nutrientes.
Como esta miel «virgen» (sin refinar) tiende a cristalizar al cabo de un tiempo, gran
parte de la que se vende en las tiendas de comestibles y los supermercados ha sido
pasteurizada para prevenirlo. Por desgracia, eso destruye las enzimas y muchos de
sus nutrientes. Por tanto, es preferible comprar miel virgen.
La miel contiene varios antioxidantes inhibidores de enfermedades, como ocurre
con algunas frutas dulces comunes. Las investigaciones han demostrado que el
consumo de miel eleva el nivel de antioxidantes en la sangre. También se ha
especulado que la ingesta de miel derivada de plantas de la misma zona geográfica
donde uno vive ayuda a atajar las alergias estacionales relacionadas con el polen,
pero aún no tenemos constancia de ningún estudio que haya explorado esta
posibilidad.
Mientras que la mayoría de los edulcorantes son acidificantes cuando se
metabolizan en el cuerpo, la miel es medianamente alcalinizante.
La miel también tiene valiosas propiedades como agente curativo cuando se
aplica tópicamente a las heridas o a diversas afecciones cutáneas. En el libro Los
secretos eternos de la salud se habla de este tema con más detalle.

Xilitol
A pesar de tener ese nombre tan siniestro, el xilitol es un hidrato de carbono
natural que se encuentra en las plantas y verduras fibrosas, incluyendo el abedul y
otros árboles caducifolios de madera dura, las bayas, la cáscara de almendra y las
mazorcas de maíz. Ha sido aprobado como sustituto del azúcar en más de 35 países.
El xilitol es un azúcar alternativo que tiene el mismo aspecto y sabor que el azúcar
ordinario, pero contiene menos del 40 por 100 de calorías que éste. El cuerpo
humano lo produce en pequeñas cantidades (de 5 a 15 gramos diarios) durante el
metabolismo normal. En contraste con el azúcar común, el xilitol no estimula el
crecimiento de los hongos, incluyendo el Candida albicans; pero sí aumenta la
absorción de las vitaminas del complejo B y del calcio.
Las investigaciones han demostrado que el xilitol reduce las caries hasta en un 80
por 100, ya que neutraliza los ácidos de la placa dental e inhibe el crecimiento del
estreptococo mutante responsable de producir dicha placa, así como las caries
dentales. Unos estudios recientes, realizados en las facultades de odontología de las
Universidades de Michigan e Indiana, han comprobado el efecto que tienen sobre la
placa dental las mezclas de xilitol-sorbitol en el chicle y las pastillas de menta, y han
visto que producen un importante descenso en la acumulación de ésta. Por otro lado,
el xilitol también estimula la remineralización del esmalte.
El xilitol goza de una gran aceptación en Japón y en los países escandinavos. En
Rusia se ha utilizado durante décadas como edulcorante para los diabéticos; y, en
Alemania, en soluciones para alimentación intravenosa. En Estados Unidos, el xilitol
está aprobado como aditivo alimentario directo para usos dietéticos. Numerosos
ensayos clínicos y estudios de campo realizados a lo largo de los pasados treinta
años han demostrado la seguridad y eficacia del xilitol como alternativa sana al
azúcar y los edulcorantes artificiales. Se puede comprar a granel en las tiendas
macrobióticas y en muchas tiendas online.

Estevia
La estevia o caajé (Stevia rebaudiana) es una hierba autóctona de Paraguay que
se viene usando como edulcorante natural y aditivo para potenciar el sabor desde
hace siglos. Los indios guaraníes ya conocían las incomparables virtudes de esta
planta mucho antes de la llegada de los conquistadores españoles. Con anterioridad
a 1900, la estevia sólo crecía en estado silvestre, así que su consumo estaba limitado
a aquellos que tenían acceso a su hábitat natural; pero luego, con su introducción
gradual como planta de cultivo comercial, empezó a llamar la atención por toda
América Latina y en otras partes.
Los productos derivados de la estevia se introdujeron en Japón en 1970, y
enseguida tuvieron éxito; para 1981, al parecer, ya representaba el 41 por 100 de la
cuota de mercado de las sustancias de sabor dulce intenso que se consumían en el
país. Su introducción en Estados Unidos se ha encontrado con más dificultades
debido a la fuerte resistencia y las presiones políticas de la industria azucarera.
Desde que se aprobó la Ley de Educación y Salud de los Suplementos Dietéticos
(DSHEA), la estevia se puede vender legalmente en Estados Unidos, pero sólo como
«suplemento dietético»; la FDA no permite que la llamen «edulcorante», o incluso
que la califiquen de «dulce». En vista de la debacle del aspartamo, es una actitud
bastante ridícula.
Se han realizado numerosos estudios sobre la seguridad de la estevia tanto en
Japón como en otras partes, pero nunca se han encontrado efectos secundarios
adversos.
En Estados Unidos, la estevia se suele vender en forma de extracto, ya sea líquido
o en polvo. Se puede encontrar en la mayoría de las tiendas de comida macrobiótica
y natural; y, a pesar de lo que diga la FDA, ¡suele estar en la misma estantería que
los otros edulcorantes!
La estevia se puede cultivar en muchos climas diferentes. Aunque no es tóxica, se
ha visto que esta planta tiene la virtud de repeler insectos. Una dificultad para
aquellos que pretendan cultivarla es que sus semillas, como las de sésamo, no
germinan tan fácilmente como la mayoría. No obstante, hay algunas tiendas y viveros
donde se pueden adquirir plantas de estevia ya crecidas.
Advertencia: si te entra diarrea después de ingerir estevia, es posible que hayas
comido demasiada.

Otros edulcorantes naturales


Existen otros edulcorantes que merecen nuestra atención. Salvo contadas
excepciones, cualquier edulcorante «natural», desde luego, es preferible al azúcar
refinado o a todos los edulcorantes químicos.
El azúcar de dátiles es un polvo que se prepara moliendo esta fruta cuando está
seca, así que tiene los mismos beneficios para la salud que ella. Sin embargo, este
azúcar no se disuelve bien en los líquidos.
El jarabe de arce puro se elabora a partir de la savia del arce sacarino. Aunque
tiene un sabor estupendo, el proceso de ebullición que se emplea para espesarlo
daña muchos de sus nutrientes naturales.
El jarabe de agave se extrae del agave o pita, una planta que se cultiva desde hace
mucho tiempo en tierras semiáridas y accidentadas de México. Las hojas carnosas de
esta planta recubren el tallo central en forma de piña, que contiene un delicioso jugo
dulce y viscoso formado en un 90 por 100 por fructosa.
14

Bebidas poco saludables

Hay muchos tipos de bebidas procesadas en el mercado que no son muy sanas
para el organismo que digamos. Este capítulo se centrará en las tres categorías que
tienen efectos más devastadores sobre nuestra salud: los refrescos, las bebidas
alcohólicas y el café.

Refrescos
La cafeína contenida en la mayoría de los refrescos (Mountain Dew, Coca-Cola,
Pepsi Cola, etc.) y de las bebidas energizantes no sólo estimula y somete a un
esfuerzo al sistema nervioso central y al sistema inmunológico, sino que también es
un potente diurético. Por cada lata de refresco de cola que bebes, tu organismo
expulsa hasta el triple de volumen de agua, cosa que no puede hacer sin sufrir algún
tipo de daño. La cafeína elimina el agua del cuerpo más rápido de lo que éste tarda
en absorberla, generando así una sed constante. Las personas que beben refrescos
con frecuencia nunca consiguen apagar su sed, porque su organismo se queda
continuamente sin agua celular. Algunos individuos llegan a beberse hasta diez o
quince latas de refresco de cola al día; a la larga, tienden a confundir la incesante
señal de sed de su cuerpo con el hambre, así que empiezan a comer demasiado y a
aumentar de peso.
La cafeína, al ser una toxina nerviosa, estimula las glándulas suprarrenales para
que segreguen hormonas del estrés y desencadena una fuerte respuesta inmune, que
puede dar la falsa impresión de que la subida de energía que uno experimenta se
debe a haber consumido la bebida. El secreto de estas bebidas energizantes y
estimulantes es que la reacción inmune que provocan en ti moviliza suficiente
energía como para que te sientas animado y lúcido, al menos mientras tu organismo
siga estando estimulado. Para eliminar la cafeína de la sangre, el cuerpo tiene que
conseguir una cantidad extra de agua, que extrae de las células; y eso acarrea la
deshidratación celular y un aclaramiento temporal de la sangre.
Aparte de su acción diurética y de sus efectos adictivos sobre el cerebro, el
consumo regular de cafeína sobreexcita el músculo cardíaco, causando agotamiento y
aumentando el riesgo de desarrollar cardiopatías.
Desgraciadamente, la cafeína de los refrescos no es lo único que causa
problemas. Debido a su contenido en azúcares, aromatizantes artificiales y
edulcorantes, los refrescos son extremadamente ácidos. Haría falta beberse 32 vasos
de agua alcalina con un pH de 9 para neutralizar el ácido de una sola lata de 33 cl de
gaseosa o refresco de cola; cuando te la tomas, tu organismo tiene que echar mano de
sus reservas de tampones alcalinos –fundamentalmente el calcio de los huesos y el
ADN– a fin de mantener un pH alcalino adecuado en la sangre. ¡La acidez de la
sangre es una de las principales causas de defunción! La cantidad de ácido que
contiene una gaseosa bastaría para matarte si tu cuerpo no dispusiera de un
mecanismo para neutralizarlo. A la larga, el consumo excesivo de refrescos acarrea
el riesgo de sucumbir a la acidosis, pues la reserva corporal de tampones minerales
se agota.
Una lata de 33 cl de Coca-Cola, Pepsi Cola u otros conocidos refrescos contiene
aproximadamente 8 o 9 cucharaditas de azúcar. Como el azúcar es absorbido
rápidamente por el torrente sanguíneo, el nivel de glucosa en la sangre asciende de
forma espectacular (hiperglucemia), lo que obliga al páncreas a segregar insulina
para compensarlo y estimula a las glándulas suprarrenales, que por su parte segregan
adrenalina en otro intento por expulsar la glucosa del torrente sanguíneo. El nivel de
adrenalina puede llegar a cuadruplicarse, lo que desencadena en el organismo una
respuesta de estrés o «reacción de lucha o huida». Muchas personas, al experimentar
este aumento de energía creen que lo obtienen del refresco; pero es todo menos eso.
La respuesta de estrés también aumenta la producción de colesterol y de cortisona;
esta última inhibe la función inmunitaria, lo que hace que el individuo sea mucho más
vulnerable a los catarros, la gripe y otras infecciones. Por último, el nivel de glucosa
sanguínea desciende por debajo de lo normal (hipoglucemia), lo que suele producir
un estado de depresión, aletargamiento e irritabilidad que recibe el nombre de
«tristeza del azúcar». A la larga, esto puede degenerar en varios trastornos
relacionados con la glucosa, como la diabetes o la hipoglucemia idiopática.
Muchas personas, preocupadas por los efectos adversos del azúcar, optan por
bebidas supuestamente «dietéticas» como la Coca-Cola Light, la Coca-Cola Zero o
la Pepsi Cola Light. Por desgracia, esto puede dar lugar a que surjan complicaciones
aún peores para la salud. El edulcorante más utilizado en los llamados refrescos
dietéticos es el aspartamo; ya hablamos del riesgo que representa para la salud en el
capítulo 13.
Aparte de todo lo anterior, muchos refrescos contienen una cantidad excesiva de
benceno, un veneno químico que ha sido confirmado como agente carcinógeno para
el ser humano por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer y, en
Estados Unidos, por el Departamento de Salud y Servicios Humanos y por la
Agencia de Protección Ambiental.

Bebidas alcohólicas
Cuando una persona toma una bebida alcohólica, alrededor del 20 por 100 del
alcohol es absorbido por su estómago y el 80 por 100 restante por su intestino
delgado. En cualquier caso, de ese modo entra en el torrente sanguíneo y empieza a
circular por todo su cuerpo. Cuando llega a las neuronas del cerebro, interfiere con
la comunicación entre ellas y las demás células: se reprimen las vías nerviosas
excitadoras, al tiempo que se estimulan las vías inhibidoras. Eso es lo que causa el
aletargamiento característico del individuo que está bajo los efectos del alcohol.
Dependiendo de cuál sea su cantidad en el torrente sanguíneo, el alcohol afectará
antes a unos centros del cerebro que a otros. El primero es siempre la corteza
cerebral, razón por la cual el pensamiento racional tiende a nublarse enseguida al
beber. Cuando el nivel de alcohol aumenta, empieza a afectar también al sistema
límbico, que gestiona respuestas fisiológicas ante los estímulos emocionales, y al
sistema nervioso autónomo. Una cantidad mayor de alcohol afecta además al
cerebelo, del que –entre otras cosas– depende nuestra orientación espacial; por eso
es por lo que les resulta tan difícil caminar en línea recta a las personas que están
ebrias. El siguiente centro afectado por la escalada de alcohol en la sangre es el
integrado por el hipotálamo y la hipófisis, que controlan todo el sistema endocrino
del organismo. Y, por último, el exceso de alcohol en el torrente sanguíneo consigue
llegar al bulbo raquídeo (que es una parte del tronco del encéfalo) y actúa como
depresor de todo el sistema nervioso central.
El cuerpo tiene tres mecanismos de defensa naturales para tratar de eliminar el
alcohol del torrente sanguíneo:

• Los riñones eliminan cerca del 5 por 100 del alcohol a través de la orina.
• Los pulmones eliminan cerca de otro 5 por 100 al espirar; ésa es la razón de ser
de los alcoholímetros.
• El hígado descompone químicamente el alcohol restante, con lo que se forma
ácido acético.

Como ya dijimos en la primera parte de este libro, el hígado tiene muchas y


diversas responsabilidades relacionadas con la conservación de nuestra salud. Su
funcionamiento se rige por un sistema de prioridades. Primero dedica su atención a
las peores amenazas para el organismo, como el alcohol, por ser tan tóxico: asigna
una alta prioridad a la tarea de descomponerlo para que se pueda eliminar. Pero eso
hace que, en el ínterin, otras funciones suyas tengan que pasar a segundo plano y
aguardar su turno. Así pues, el consumo habitual de bebidas alcohólicas impide al
hígado desempeñar con normalidad sus funciones de mantenimiento de la salud.
El consumo excesivo de alcohol durante un largo período de tiempo suele dar
lugar a enfermedades alcohólicas hepáticas, como la hepatitis y la cirrosis. En
esencia, estas enfermedades consisten en una acumulación de tejido cicatrizal en el
hígado, lo que inhibe su capacidad de funcionar bien. En los casos agudos, este
órgano de hecho se atrofia, lo que con frecuencia ocasiona la muerte del individuo.
El alcohol, al igual que la cafeína, deshidrata gravemente el cuerpo. De hecho, la
deshidratación de las células del cerebro tiene como resultado la llamada «resaca».
Cuando el alcohol entra en el torrente sanguíneo, hace que la hipófisis bloquee la
creación de vasopresina, con lo que los riñones envían el agua directamente a la
vejiga en vez de reabsorberla. Las investigaciones han demostrado que consumir un
cuarto de litro de una bebida alcohólica obliga al organismo a expulsar hasta un litro
entero de agua.
Y, también como la cafeína, el alcohol es extremadamente ácido; así que él
también obliga al cuerpo a echar mano de sus reservas alcalinas para poder mantener
un equilibrio ácido/alcalino apropiado.
Aparte de los licores, hay dos bebidas alcohólicas que merecen una atención
especial: la cerveza y el vino.

Cerveza
Además de los problemas relacionados con el contenido de alcohol de la cerveza,
hay otros factores en juego. Uno de los principales ingredientes que usan las
cerveceras en el proceso de fabricación es el lúpulo. Esta planta pertenece a la
familia de las cannabáceas, y en consecuencia es prima hermana del cáñamo
industrial y del cannabis o cáñamo índico, más conocido como marihuana. El efecto
relajante del consumo de cerveza se debe a un ingrediente del lúpulo, la hopeína, que
es pariente de la morfina. Se sabe que el lúpulo también actúa como antiafrodisíaco,
moderando o anulando el apetito sexual en los varones.
El lúpulo contiene además las hormonas sexuales femeninas daidceína y
genisteína, que se emplean con frecuencia para engordar los terneros, los borregos y
los pollos. Pero la cerveza todavía contiene otra hormona femenina más, el
estrógeno, que se encuentra en los ovarios de la mujer. Estas hormonas femeninas
son los causantes del típico «barrigón» y el crecimiento de las tetillas que
caracterizan al bebedor de cerveza; tienen poco que ver con sus calorías.
En la malta de la cerveza hay otra sustancia que influye en la psique: la llamada
hordenina. La hordenina es un subproducto de la germinación de la cebada, y está
relacionada con los conocidos estimulantes efedrina y mescalina; también tiene un
fuerte efecto diurético, lo que empeora la deshidratación del cuerpo causada por el
alcohol.

Vino
La industria vinícola intenta vender la idea de que tomarse cada día un vaso o dos
de vino tinto beneficia las arterias; pero eso es engañoso. Hay un grupo de sustancias
naturales presentes en muchas clases de alimentos, denominadas flavonoides, que
aparentemente tienen propiedades anticoagulantes. Abundan en el mosto tinto y, en
menor grado, en el vino tinto. En un estudio realizado en 1999 en la Facultad de
Medicina de la Universidad de Wisconsin se descubrió que el vino tinto, de hecho,
disminuye la actividad de las plaquetas casi en un 45 por 100; pero el estudio
también demostró que el mosto tinto lo hace en cerca de un 75 por 100. En otras
palabras: si conviertes el mosto en vino, pierde parte de la potencia de sus
flavonoides. Así que, para disfrutar de las ventajas que la industria vinícola atribuye
a su producto, es mucho mejor beberse un zumo recién hecho de uvas tintas. Se han
encontrado cerca de 4.000 flavonoides diferentes en las plantas naturales, de modo
que una dieta rica en frutas y verduras es uno de los mejores modos de mantener sano
el sistema circulatorio; pero el vino, dado su considerable contenido de alcohol,
desde luego no lo es.

Café
El principal riesgo para la salud que supone el consumo de café se deriva de su
alto contenido cafeínico. Una taza mediana de café contiene aproximadamente 170
mg de cafeína que, como ya hemos visto, es un potente diurético que tiende a
deshidratar el organismo. Además, el café es muy acidificante, lo que significa que
el cuerpo tiene que echar mano de buena parte de sus reservas alcalinas para poder
mantener el equilibrio ácido/alcalino correcto.
Los estudios han demostrado que en Norteamérica, aproximadamente, el 85 por
100 de los adultos se toma de 3 a 5 tazas de café diarias. Como la industria cafetera
mueve 90.000 millones de dólares al año, se están aunando esfuerzos para restar
importancia a los riesgos para la salud asociados al consumo del café.
Uno de los alicientes del café es su acción estimulante, que hace que parezca que
le infunde energías a uno cuando está cansado y se lo toma. Pero, dado que no tiene
energía propia, sino estimulantes exclusivamente, ¿de dónde proceden esas energías?
Obviamente, del propio cuerpo del consumidor. Los estimulantes son toxinas
nerviosas que provocan una poderosa reacción defensiva en el organismo. Esta
respuesta inmune es lo que uno experimenta como un aumento de energía cuando
bebe una taza de café. Así pues, lo que parece una ganancia de energía para el
cuerpo es en realidad una pérdida. La estimulación constante con café a lo largo del
día tiende a agotar la reserva de energía corporal.
La cafeína es el principal ingrediente del café, y sabemos que es nociva para la
salud; pero, ¿qué ocurre con el café descafeinado? ¿Se eliminan así los riesgos?
Hace poco tiempo se llevó a cabo un estudio con tres grupos de personas: un grupo
de consumidores habituales de café, otro grupo de consumidores de café
descafeinado y un tercer grupo de individuos que no tomaban café de ninguna clase.
Los resultados del estudio se hicieron públicos en la reunión que mantuvo en
noviembre de 2005 la Asociación Americana del Corazón. La principal diferencia
advertida entre los tres grupos fue que quienes tomaban café descafeinado tenían un
nivel más elevado en la sangre de grasas asociadas al dañino colesterol de
lipoproteínas de baja densidad. La razón no está del todo clara. El proceso de
descafeinización tiende a destruir parte de los flavonoides que le dan al café su
sabor, por lo que el café descafeinado se suele obtener de un tipo diferente de grano
que es más sabroso. En vista de eso, las diferencias encontradas en el estudio pueden
deberse o bien al tipo de grano de café empleado o al proceso de descafeinización
en sí.
Otra cuestión importante es el azúcar o los edulcorantes artificiales que la
mayoría de la gente añade a su café. Estos aditivos, como vimos en el capítulo
anterior, conllevan sus propios riesgos para la salud.
En el número de octubre del 2005 de la revista American Journal of
Epidemiology se publicó un artículo de unos investigadores daneses sobre los
efectos del consumo de café en las mujeres embarazadas. Estos investigadores
descubrieron que cuando la mujer se toma de 4 a 7 tazas de café diarias durante su
embarazo, hay un 33 por 100 más de probabilidades de que se produzca la muerte
del feto; y cuando el consumo supera las 8 tazas al día, el riesgo de muerte fetal
anteparto es un 59 por 100 más elevado. Además, la asociación entre el café y la
muerte del feto es más estrecha después de las 20 primeras semanas de gestación.
Es interesante señalar que los médicos aconsejan rutinariamente a sus pacientes
que eliminen el café y toda la cafeína de su dieta en el caso de numerosas dolencias,
entre las que cabe citar:

• Cardiopatía y palpitaciones
• Tensión arterial alta
• Alto nivel de colesterol
• Insomnio y pautas de sueño anormales
• Candidiasis y otras infecciones producidas por hongos
• Encefalomielitis miálgica
• Jaqueca y otros dolores de cabeza vasculares
• Osteoporosis
• Úlceras, ardor de estómago y problemas gástricos
• Afecciones hepáticas y problemas de vesícula, como los cálculos biliares
• Problemas renales o de vejiga, incluidas las piedras en el riñón
• Diabetes o hipoglucemia

Esto suscita una pregunta obvia: si es importante eliminar el café y la cafeína de


la dieta cuando uno tiene un problema de ese tipo, ¿no sería posible que fuese
precisamente la cafeína o alguna otra sustancia del café lo que lo provocó?
15

Vitaminas y minerales

La historia de las vitaminas está relacionada con una enfermedad llamada


beriberi, que estuvo generalizada en Asia durante el siglo xix. En el año 1860, más
de la tercera parte de la infantería de marina japonesa ya había caído enferma, con
síntomas como debilidad, pérdida de peso y problemas cardíacos. Dichos síntomas
desaparecían enseguida cuando el arroz, el alimento básico más importante en Japón,
era sustituido por otros comestibles.
Muchos años después, el médico holandés Christiaan Eijkman, que estaba
investigando las causas del beriberi, advirtió una interesante peculiaridad. Las
gallinas del laboratorio donde realizaba su trabajo empezaron de pronto a presentar
síntomas similares a los del beriberi. Tras hacer algunas averiguaciones, se enteró
de que normalmente les daban de comer arroz integral; pero que, como se había
producido un retraso en el suministro de arroz integral, la persona encargada de
alimentar a las gallinas les había dado entre tanto arroz blanco. Cuando llegó el
siguiente cargamento de arroz integral y las gallinas volvieron a su dieta habitual, los
síntomas desaparecieron. Finalmente, el doctor Eijkman, partiendo de la suposición
de que el arroz blanco tenía que haber sido despojado de un importante nutriente,
descubrió unas cuantas sustancias desconocidas hasta entonces en el salvado del
arroz integral, a una de las cuales le puso el nombre de «B1».
Esto dio origen a la era de las «vitaminas», un término que tiene la misma raíz que
la palabra «vitalidad». Esta asociación entre las vitaminas y la vitalidad ya está
profundamente arraigada en nuestra conciencia.
Al final resultó que el beriberi no estaba causado por una insuficiencia de
vitamina B1. Los investigadores deberían haberse dado cuenta desde el principio de
que había personas que se curaban de la enfermedad sólo con dejar de comer arroz.
En 1891, finalmente, fue un investigador japonés quien descubrió que la verdadera
causa del beriberi era la toxina denominada citreoviridina, producida por un tipo de
moho en el arroz blanco cuando se almacena en ambientes contaminados y húmedos.
Pero, incluso ahora, en libros de texto médicos de todo el mundo se sigue
manteniendo la hipótesis de la carencia de vitamina B1 como agente causal del
beriberi.
A lo largo de todo el siglo pasado, los científicos y nutricionistas han ido
aumentando el conjunto de conocimientos sobre la amplia variedad de vitaminas
existentes. Gracias a sus esfuerzos, ahora sabemos que se trata de compuestos
orgánicos que son eficaces en cantidades minúsculas. Las vitaminas facilitan
procesos esenciales para el cuerpo como son el metabolismo, el crecimiento y la
reparación de los tejidos. Aunque sólo las necesitamos en dosis muy pequeñas, una
insuficiencia de cualquiera de ellas puede producir síntomas asociados a una
enfermedad.
La mejor fuente de vitaminas son los alimentos naturales: verduras, frutas, frutos
secos, semillas y cereales. Estos alimentos contienen todas las vitaminas que
necesitamos para tener una salud óptima, y además en las combinaciones y formas
apropiadas para su fácil asimilación por nuestro organismo. Sin embargo, dada la
proliferación de los alimentos procesados, en los que se han destruido casi todas las
vitaminas, los investigadores empezaron a explorar la posibilidad de crear
«suplementos» vitamínicos sintéticos para tomar por separado y «aditivos»
vitamínicos para incorporar a los alimentos procesados. Aunque se tratase de una
eficaz estratagema comercial (promocionar alimentos como si estuvieran
«enriquecidos» con vitaminas), el hecho es que los suplementos y aditivos
vitamínicos dan lugar toda clase de complicaciones de salud.
Ante todo, nadie sabe con certeza qué cantidad necesitamos de las distintas
vitaminas. Aunque los gobiernos y las organizaciones internacionales como la
Organización Mundial de la Salud publican regularmente cifras proponiendo una
dosis diaria recomendada (DDR) para cada vitamina, la que supuestamente necesitas
para estar sano, los nutricionistas de diferentes países no se ponen de acuerdo al
respecto. Por ejemplo, el ciudadano estadounidense medio cree que debe tomar por
lo menos 60 mg de vitamina C al día para conservar la salud, mientras que el
británico considera mejor tomar sólo 30 mg; por su parte, al francés le dicen que
necesita 80 mg, y al italiano que tome aproximadamente 45 mg. Estas cifras se
«revisan» cada pocos años, aun cuando nuestras necesidades nutricionales básicas
no hayan cambiado.
El asunto se complica más si cabe por la introducción de un nuevo concepto en
estos últimos años, la llamada dosis diaria óptima (DDO). Los partidarios del nuevo
sistema argumentan que la DDR se basa en la cantidad mínima aceptable, no en la
óptima. Pero lo cierto es que nadie sabe realmente qué dosis de cada vitamina es
adecuada para cada uno, porque las necesidades, la constitución y el grado de
absorción de las distintas vitaminas son diferentes para cada persona.
En contra de lo que vulgarmente se cree, las vitaminas no tienen funciones
individuales, aisladas; trabajan «en equipo» en nuestro interior. Tomarlas en forma
de suplemento, en vez de obtenerlas de los alimentos naturales, puede ser
contraproducente porque el exceso de una vitamina puede tener un efecto inhibidor
sobre otras. Las vitaminas individuales que han sido aisladas y extraídas de
alimentos pueden estimular tu sistema nervioso. Como te sientes «lleno de energía»,
es natural que pienses que esas vitaminas son buenas para ti, que aumentan tu
«vitalidad». Pero los estimulantes nunca proporcionan energía extra, sólo obligan al
cuerpo a gastar la que tiene. Además, los suplementos son especialmente nocivos
cuando el organismo no puede hacer uso de las vitaminas que contienen; como las
vitaminas son ácidos fuertes, una sobredosis de ellas causa una «intoxicación»
conocida como hipervitaminosis que puede dañar los riñones.

Los peligros ocultos de las píldoras de vitaminas


A continuación tienes algunos ejemplos de cómo perjudican tu salud los diversos
suplementos vitamínicos.

Vitamina A
Es de todos sabido que un exceso de vitamina A puede causar malformaciones
congénitas en el feto. Por esta razón, en Estados Unidos hay una ley que prohíbe
añadir esta vitamina a los alimentos; pero no se aplica al pienso del ganado, aunque
es un hecho probado que la vitamina A se acumula en el hígado de los animales de
granja. Por eso se suele aconsejar a las mujeres embarazadas que no coman hígado,
a fin de evitar posibles daños a sus bebés. Así pues, aunque el consumo extra de
vitamina A se considera peligroso para la mujer embarazada o para el niño aún no
nacido, no puede considerarse seguro para el resto de la población.

Vitamina B
No se trata de una sola vitamina, sino más bien de un grupo de sustancias que se
han clasificado como pertenecientes al denominado complejo B. A continuación
tienes algunos de los problemas de salud relacionados con tres de estas
subvitaminas:

• Vitamina B3
Conocida comúnmente como niacina, la vitamina B3 es una de las más populares
del complejo B. Aunque hoy día se añade a un gran número de alimentos procesados,
incluidos los cereales de desayuno, lo cierto es que la niacina no carece de riesgos.
A raíz de la administración de grandes dosis de niacina (3 g) a pacientes con
enfermedades psiquiátricas, muchos de ellos desarrollaron hepatitis y otros
problemas de hígado. Entre otros síntomas, la intoxicación por niacina produce
sofocos, picazón en la piel, arritmia y nerviosismo. El empleo ilegal de niacina en
carnes como la de las hamburguesas a menudo ha provocado síntomas similares. El
principal motivo de añadir niacina a la carne es darle color rojo para que parezca
que está fresca. Si experimentas algo parecido a sofocos después de comer carne,
entonces es que probablemente te has intoxicado con niacina.

• Vitamina B6
Conocida también como piridoxina, la vitamina B6 es una combinación de seis
sustancias diferentes. Se ha utilizado con frecuencia como fármaco para tratar la
depresión, la tensión premenstrual, la esquizofrenia y el asma infantil. Se
consideraba segura hasta 1983, cuando los científicos descubrieron un cuadro
clínico de problemas circulatorios en las manos y los pies de una serie de pacientes
que la estaban tomando en grandes dosis; los síntomas que presentaban eran
similares a los causados por la talidomida. Por su parte, algunas madres que también
la habían tomado en grandes cantidades durante el embarazo notificaron
malformaciones congénitas en sus hijos tras el parto. Pero se tardó mucho tiempo en
asociar los daños nerviosos a la intoxicación por vitamina B6. Al final resultó que
muchos pacientes a los que se había diagnosticado esclerosis múltiple también se
intoxicaron con esta subvitamina. Hay mucha gente confiada que la está tomando
actualmente sin tener conciencia de los riesgos que entraña.

• Vitamina B9
Se la conoce más bien como ácido fólico: se emplea frecuentemente como aditivo
alimentario, y en potencia es uno de los más dañinos. Cuando los investigadores
descubrieron que la gente que vive en regiones donde el paludismo es endémico
tiende a presentar insuficiencia de ácido fólico, empezaron a administrarlo en la
creencia de que haría que el sistema inmunológico de la persona fuera más resistente
al protozoo que causa la enfermedad. Pero los niños que tomaron esta subvitamina
no sólo se sintieron peor con el tratamiento, sino que después se descubrió que
tenían una concentración mucho más alta que antes de agentes palúdicos en la sangre.
La explicación de este fenómeno es que dicho protozoo requiere grandes cantidades
de ácido fólico para propagarse, así que las personas que tienen carencia de esta
subvitamina están protegidas de forma natural contra el paludismo.
Un médico británico residente en Kenia, al enterarse de que los niños que habían
tomado ácido fólico desarrollaban el paludismo, decidió administrárselo a un grupo
de monos sanos y comparar los resultados con otro grupo de control, formado en este
caso por congéneres que tenían insuficiencia de la subvitamina. Pues bien: todos los
monos que tomaron el suplemento de ácido fólico contrajeron el paludismo, mientras
que los que tenían insuficiencia no.
Más del 40 por 100 de la población mundial está amenazada actualmente por el
paludismo, que ya no está restringido a los países en vías de desarrollo. De hecho,
se está convirtiendo rápidamente en la principal causa de muerte en el mundo. No
podemos ni imaginar las desastrosas consecuencias que puede tener en el futuro el
hecho de haber administrado vitaminas a millones de personas sanas para corregir
sus supuestas insuficiencias vitamínicas. Lo que se considera una carencia
vitamínica en una persona, puede ser para otra una respuesta que le salva la vida.

Vitamina C
La más popular de todas las vitaminas es la C, o ácido ascórbico. Se cree que su
insuficiencia produce hemorragias, anemia y escorbuto (que causa hemorragias
cutáneas y musculares), y que retrasa la cicatrización de las heridas. De hecho, es
muy fácil curar el escorbuto con pimientos rojos, cítricos o arándanos rojos, todos
los cuales contienen elevadas concentraciones de vitamina C. Desde que el científico
húngaro Szent Gyoerkyi identificó la vitamina C de las naranjas como una eficaz
sustancia para curar el escorbuto, mucha gente supone que la vitamina C y el zumo de
naranja han de tener los mismos efectos beneficiosos. Pero resulta que el escorbuto
no se cura administrando sólo vitamina C. Por mucho que aumentes su dosis, seguirá
habiendo rotura de vasos sanguíneos. Por el contrario, el escorbuto se cura
rápidamente comiendo unas naranjas o unos pimientos rojos, y luego no queda ni
rastro de las lesiones. Las frutas ricas en vitamina C contienen otro ingrediente que
se conoce como vitamina C2; para curarse del escorbuto hay que tomar las dos
juntas. Cuando Gyoerkyi estudiaba la vitamina C, incluyó ambos compuestos
(C+C2). Pero, conforme pasaban los años, la comunidad científica empezó a omitir
la C2; y hoy día, apenas se conoce ya.
En Estados Unidos, cuando las vitaminas se hicieron populares, hubo un brusco
aumento en la incidencia de escorbuto entre los recién nacidos, un mal que se
consideraba erradicado desde hacía mucho tiempo. Al investigar este misterioso
fenómeno, se descubrió que las madres de los bebés afectados habían tomado
preparados de vitamina C (sin la C2) durante la gestación en la creencia de que eran
buenos para el feto. Ante esta avalancha interna de ácido ascórbico, el cuerpo de
cada una de estas madres empezó a eliminarla en más cantidad que la ingerida; y eso
mismo aprendió a hacer el del ser que crecía en su vientre. Después de nacer, por
tanto, estos niños siguieron eliminando toda la vitamina C materna que habían
recibido; y, como su comida no contenía una cantidad considerable de ácido
ascórbico, pronto desarrollaron el peligroso escorbuto infantil.
El adulto que consume vitamina C con regularidad puede acabar teniendo una
respuesta orgánica similar (e incluso desarrollar escorbuto), ya que se eso programa
su organismo para eliminarla más aprisa y en mayor cantidad que cuando la ingiere.
Además, no es raro que los adultos que han tomado ácido ascórbico de manera
habitual sufran otras complicaciones si dejan de tomarlo bruscamente.
El número de noviembre del 2004 de la revista American Journal of Clinical
Nutrition informaba que, según una nueva investigación, las mujeres mayores
diabéticas que toman dosis elevadas de vitamina C por el bien de su corazón pueden
estar haciéndose más mal que bien. Dicho estudio, en el que se hizo un seguimiento
durante 15 años de cerca de 2.000 mujeres posmenopáusicas afectadas de diabetes,
reveló que aquellas que tomaban grandes dosis de ácido ascórbico en forma de
suplemento –300 mg diarios o más– tenían aproximadamente el doble de
probabilidades de morir de cardiopatía o apoplejía que las que no tomaban
suplemento alguno. Es interesante recalcar, sin embargo, que quienes ingieren mucha
vitamina C al comer alimentos naturales no aumentan en absoluto su riesgo de morir
por enfermedades cardiovasculares.

Vitamina D
El calciferol, aunque es la vitamina D, no es tal vitamina en el sentido de que, a
diferencia de las demás, nuestro cuerpo es perfectamente capaz de producirla: con la
ayuda de la radiación ultravioleta del sol, la sintetiza en la piel a partir del
colesterol. El calciferol, que actúa más como una hormona que como una vitamina,
facilita la absorción y utilización del calcio y el fósforo, algo que es imprescindible
para mantener fuertes los huesos y los dientes. Si bien es cierto que el nivel corporal
de vitamina D no se puede modificar con la dieta, los manuales sobre dietética y
nutrición indican que un adulto necesita tomar diariamente unos 2,5 µg de ella para
conservarse sano.
Hay quien considera que la leche materna humana no contiene vitamina D en la
cantidad suficiente, como diciendo que la naturaleza cometió ahí un error garrafal.
En consecuencia, se previene a las mujeres encintas de que si no toman un
suplemento vitamínico, sus bebés corren el riesgo de presentar malformaciones
óseas después del parto o de contraer raquitismo. De lo que no se suele informar a
las madres es de los riesgos que conlleva el abuso de calciferol: la intoxicación por
él da lugar a algo muy semejante al raquitismo.
Según el doctor Ernst Lindner, de la Universidad de Giessen (Alemania), cuando
se administran grandes cantidades de vitamina D a una persona, se elimina el calcio
de sus huesos. También ha advertido que es muy peligroso añadirla a los alimentos.
Los bebés con más probabilidades de desarrollar malformaciones óseas son
aquellos que no son amamantados por la madre. Hasta que salieron al mercado las
píldoras de vitamina D, el raquitismo infantil se trataba eficazmente con leche
materna. La naturaleza consideró necesario que el contenido de vitamina D de la
leche humana fuera muy pequeño; y además, según han demostrado las
investigaciones, dicho contenido no aumenta aunque la mujer tome un suplemento
vitamínico específico durante la lactancia. Eso implica que el cuerpo materno filtra
el calciferol hasta eliminarlo para proteger al bebé de la intoxicación por
sobredosis. De hecho, el cuerpo infantil sintetiza fácilmente esta vitamina en la piel
cuando está expuesto al sol; así que no hace falta que esté presente en la leche
materna. La principal causa de insuficiencia de vitamina D en los bebés es la falta de
sol debida a mantenerlos en habitaciones oscuras, con poca o ninguna luz natural. Sin
embargo, aunque no los pongan al sol lo suficiente, siguen siendo capaces de
absorber calcio de la sangre en cantidad suficiente para desarrollar unos huesos
sanos.

¿En qué consiste una insuficiencia vitamínica?


La euforia de las vitaminas no se ha visto afectada por el hecho de que no haya
métodos fiables para determinar si alguien está sufriendo una carencia vitamínica o
cuándo le ocurre. Habida cuenta de los efectos perniciosos de la ingesta de
suplementos vitamínicos, es probable que cualquier insuficiencia –si es que existe–
se deba o bien a que el aparato digestivo está agotado o a una sobredosis de
vitaminas. La congestión de los vasos sanguíneos y los problemas intestinales
impiden que las vitaminas lleguen a las células, tejidos, órganos, aparatos y sistemas
del cuerpo. Es erróneo suponer que al tomar una cantidad extra de vitaminas nuestro
organismo automáticamente hará uso de ellas. Sencillamente, no sabemos qué dosis
de cada vitamina es segura para el estómago; ni qué cantidad de vitaminas se va a
digerir, ni qué probabilidades tienen de ser absorbidas por la sangre y las células
del cuerpo. No hay dos personas en este planeta que tengan exactamente las mismas
necesidades y velocidades de absorción de vitaminas. Lo que es normal para una
persona puede no serlo en absoluto para otra, lo que hace que la idea de unas
«necesidades vitamínicas estandarizadas para todos» sea cuestionable, cuando no
perjudicial.

Minerales
Las sales minerales que se encuentran en la tierra y las rocas son compuestos
inorgánicos, y deben incorporarse a la estructura de las plantas para poder ser
utilizadas por nuestro cuerpo. En su mayor parte, los suplementos de minerales son
inorgánicos y su consumo puede plantear muchos problemas, pues acaban
depositándose en diversos tejidos por todo el organismo y eso puede ocasionar
graves dolencias, incluida la artritis, la enfermedad de Alzheimer y la
arteriosclerosis. Los suplementos de calcio son tristemente famosos por esto mismo.
La mejor fuente de minerales orgánicos aprovechables son las verduras frescas
crudas y, en segundo lugar, la fruta. Algunos frutos secos y semillas también son
ricos en minerales; por ejemplo, la ingesta de sólo 100 g de semillas de sésamo
aporta la enorme cantidad de 1160 mg de calcio.
A diferencia de las vitaminas, los minerales no pueden ser sintetizados por las
plantas, que se ven obligadas a extraer del suelo sales minerales (compuestos
inorgánicos) y convertirlas en minerales coloidales (compuestos orgánicos). Incluso
un aparato digestivo perfectamente sano tiene dificultades para absorber los
minerales inorgánicos, y el problema se complica si hay desechos tóxicos
impactados en las paredes del intestino delgado. En el caso de un adulto que goce de
muy buena salud, su organismo sólo absorbe entre el 3 y el 5 por 100 de ellos; el
resto se limita a circular por él sin reportar ningún beneficio, pero no sin que muchas
veces cause daños. Aunque estos suplementos de minerales se venden ahora en
forma de quelatos (recubiertos de aminoácidos o proteínas para facilitar su
asimilación), siguen siendo inorgánicos y prácticamente inútiles para nuestras
células.
Los minerales iónicos, por el contrario, tienen un grado de absorción del 98 por
100, lo que indica que sólo los minerales en forma orgánica (con un tamaño de 1 Å)
son apropiados para la fisiología humana (si quieres disponer de una buena fuente de
minerales iónicos, consulta el apartado «Fuentes» al final del libro). Si la tierra de
cultivo no se reabastece de minerales después de la cosecha, se hace cada vez más
pobre en ellos; y, por lo general, los modernos métodos agrícolas no consideran
necesario reponerlos. Antes de la era de continuo empobrecimiento del suelo, la
capa superficial contenía hasta 90-100 minerales diferentes. Las plantas que tienen
raíces profundas, como la alfalfa, tienden a ser la mejor fuente de minerales.
Los grandes ríos, como el Nilo en Egipto y el Ganges en la India, causan
cuantiosas inundaciones cada año; y los minerales arrastrados por el agua desde los
glaciares y las montañas enriquecen automáticamente la tierra inundada. La gente que
vivía en estas zonas siempre ha tenido fama de gozar de excelente salud, y ha llegado
a veces a alcanzar los 120-140 años de edad. Pero la situación cambió con la
deforestación y la construcción de presas. Hoy día, los alimentos para plantas sólo
contienen unos 12-20 minerales. Los modernos abonos químicos (nitrógeno, fósforo
y potasio) tal vez basten para conseguir cultivos de aspecto normal; pero esas
plantas que parecen sanas son pobres en minerales, lo que puede causar una carencia
en quienes las consumen. Estamos perdiendo constantemente la mayoría de ellos; y,
si el aparato digestivo no funciona con eficiencia, se puede producir una crisis. Casi
todas las enfermedades actuales están relacionadas con la insuficiencia de uno o más
minerales o microminerales.
Los suplementos de minerales inorgánicos no sólo son ineficaces, dado su
relativamente bajo grado de absorción, sino también potencialmente tóxicos para el
organismo.(3) Para ilustrarlo, examinemos con detalle la reacción fisiológica a la
automedicación con dosis elevadas de hierro sintético en píldoras. Un exceso de
hierro inorgánico en el cuerpo estimula las glándulas suprarrenales, a consecuencia
de lo cual aumenta el nivel de sodio; lo que, a su vez, hace que el nivel de magnesio
descienda bruscamente. Pero eso provoca que también descienda el nivel de calcio,
haciendo que el de potasio se dispare; y esto, a su vez, disminuye los niveles de
cobre y cinc. Así pues, el resultado neto de todo esto es un desequilibrio químico
capaz de producir un sinfín de síntomas, desde dolor de cabeza hasta palpitaciones.
Pero lo más importante de todo, sin embargo, es que dicho desequilibrio químico
consigue que el organismo pierda hierro, así que se queda más anémico que antes de
tomar el suplemento mineral.
En cambio, si la persona anémica come en abundancia alimentos frescos ricos en
hierro como las verduras de hojas verdes, las ciruelas pasas, las frambuesas negras
(zarzamoras) y cerezas bing, su cuerpo absorberá todo el hierro orgánico que
necesita y excretará el sobrante. El organismo sabe muy bien cuándo decir «no» al
hierro en su forma natural, orgánica; pero no siempre ocurre lo mismo cuando
soporta un continuo aluvión de suplementos sintéticos.

Resumen
La mejor fuente de vitaminas y minerales son las verduras y frutas frescas, los
cereales, las legumbres, los frutos secos y las semillas: todos ellos alimentos que la
naturaleza ha puesto a nuestra disposición. Si incluimos una amplia variedad de ellos
en la dieta, podemos estar razonablemente seguros de que nuestro cuerpo recibirá
todas las vitaminas y minerales que necesita. En su mayor parte, las insuficiencias
vitamínicas y minerales graves son el resultado de consumir demasiados alimentos
procesados y bebidas acidificantes. Tratar de compensar la escasez de vitaminas y
minerales saludables en tales alimentos «muertos» a base de aditivos o suplementos
es muy peligroso, pues con frecuencia da lugar a problemas de salud que son más
graves que la supuesta insuficiencia original.
16

Alimentos con cualidades especialmente beneficiosas


para la salud

Cada una de las plantas de la naturaleza tiene un efecto único en el cuerpo


humano; algunas son venenosas, pero en su mayoría nos afectan de un modo mucho
más positivo. La ciencia de la herbología se ocupa de los efectos curativos
especiales de centenares de hierbas diferentes.
Muchos de los alimentos naturales frescos que encontramos en la mayor parte de
las verdulerías y los supermercados tienen cualidades particularmente buenas para la
salud aparte de su valor nutritivo normal.(9) En este capítulo veremos algunos de los
más comunes; sin embargo, si deseas una información más amplia sobre el tema,
consulta el libro Los secretos eternos de la salud.(15)
Advertencia: cada ser humano es único e irrepetible. Un alimento en particular
que es saludable para una persona puede ser perjudicial para otra; e incluso ocurre
que, para un mismo individuo, un alimento que hoy es beneficioso para su salud
puede tener el efecto contrario dentro de seis meses debido a los continuos cambios
de nuestra química corporal. Así pues, antes de comer cualquiera de los alimentos
que figuran a continuación, es aconsejable que hagas las pruebas musculares
descritas en el apéndice A con objeto de ver si es apropiado para ti en este
momento. Además, presta atención a los mensajes de bienestar o malestar que te
envíe tu cuerpo en respuesta a su ingestión.

Las propiedades anticancerígenas del brécol


Según unos investigadores de la Universidad Johns Hopkins, una pequeña
cantidad de brotes de brécol frescos ofrece la misma protección contra el cáncer que
una cantidad bastante mayor de la verdura crecida que encuentras en el mercado. Por
ejemplo, tendrías que comer casi 1 k de brécol a la semana para reducir el riesgo de
cáncer de colon en un 50 por 100, mientras que con sólo 30 g de brotes de brécol
obtienes la misma cantidad de enzimas inhibidoras del cáncer. Además, esta planta
es una excelente fuente de cromo, que ayuda a regular la insulina y la glucemia.
Repollo: el remedio contra el cáncer de los romanos
El repollo era venerado en la antigua Roma como remedio contra el cáncer. Hoy
día conocemos bien los efectos terapéuticos de sus numerosos componentes
anticancerígenos y antioxidantes. El repollo acelera el metabolismo del estrógeno, lo
que, según se cree, ayuda a bloquear el cáncer de mama e inhibe el crecimiento de
los pólipos, que son el preludio del cáncer de colon. Según un estudio, los hombres
que comen repollo más de un día a la semana reducen sus probabilidades de sufrir
cáncer de colon hasta en un 66 por 100. Esta verdura contiene también potentes
compuestos contra las úlceras humanas; se ha demostrado que su zumo ayuda a
curarlas. La lombarda, por su parte, tiene el doble de fibra que el repollo y es
apreciada por su efecto equilibrador sobre el colesterol sanguíneo.

La coliflor ayuda a combatir el cáncer de mama


La coliflor contiene muchos de los mismos compuestos anticancerígenos y
reguladores de hormonas que sus primos, el brécol y el repollo. Aunque es una de
las verduras menos populares, no por eso es menos importante. Los investigadores
han descubierto que ayuda a las mujeres a descomponer el estrógeno y crear
subproductos de éste de forma segura, lo que reduce drásticamente el riesgo de
cáncer de mama (en un 40 por 100). También ayuda a prevenir el cáncer de colon.

El gran fenómeno de la zanahoria


Las zanahorias son un alimento rico en beta-caroteno, un poderoso antioxidante
que disminuye el riesgo de cáncer, protege las arterias, potencia el sistema
inmunológico y combate las infecciones. Investigaciones recientes han demostrado
que el consumo de una sola zanahoria al día reduce la tasa de apoplejía en la
mujer… ¡un 68 por 100! Si eres fumador o lo has sido, el beta-caroteno contenido en
una zanahoria de tamaño mediano puede reducir a la mitad tu riesgo de desarrollar
cáncer de pulmón. Y tus ojos también agradecerán esa «zanahoria diaria»; se ha
demostrado que las dosis elevadas de beta-caroteno, como las que contienen estas
raíces, reducen considerablemente la incidencia de las enfermedades oculares
degenerativas (cataratas y degeneración macular), y también son útiles para el dolor
torácico moderado (angina de pecho). La fibra altamente soluble presente en las
zanahorias equilibra el colesterol sanguíneo y fomenta la regularidad intestinal. Por
último, hay que decir que al cuerpo le resulta mucho más fácil absorber el beta-
caroteno de estas raíces cuando están cocinadas.
Apio: mejor que el Viagra
Desde hace mucho tiempo se sabe que el apio es uno de los mejores alimentos
para mantener la tensión arterial dentro de límites normales. Dilata los vasos
sanguíneos con tanta facilidad como los fármacos más potentes, pero sin sus
perniciosos efectos secundarios. Sin embargo, ¿quién iba a pensar que esta planta
común es mucho más eficaz que el Viagra o cualquier otro potenciador sexual?
Según un estudio exhaustivo de supuestos alimentos afrodisíacos, el apio es la
sustancia más «sexy» del mundo, ya que contiene en la proporción idónea vitamina
E, magnesio, niacina, potasio y cinc, todos los cuales son necesarios para tener una
vida sexual óptima. Pero la cosa es aún mejor: el apio contiene arginina, un
aminoácido natural que no sólo dilata los vasos sanguíneos como el Viagra, sino que,
a diferencia de éste, también aumenta la irrigación del clítoris y la sensibilidad de
los órganos sexuales femeninos.
El apio es también una excelente fuente de vitamina C, que refuerza el sistema
inmunológico; y contiene otro ingrediente, los alquinos, que detienen el crecimiento
de las células cancerosas. Por otra parte, el apio es una excelente fuente de sodio
orgánico, lo que le da su sabor ligeramente salado; junto con el potasio, el sodio
contribuye a mantener el equilibrio electrolítico del organismo. Basta con tomar
cuatro tallos o un poco de zumo cada día.

Aguacate: la deliciosa «superfruta»


El aguacate es un fruto muy denso, repleto de nutrientes. Es especialmente rico en
vitamina A, varias subvitaminas del complejo B, calcio, hierro y nueve aminoácidos
esenciales; además, contiene altas cantidades de potasio. Se ha demostrado que
favorece la circulación de la sangre, reduce el colesterol y dilata los vasos
sanguíneos. Es cierto que el aguacate posee un elevado contenido de grasa, motivo
por el cual se ha ganado en inglés el sobrenombre de «pera de mantequilla»; pero
sobre todo contiene ácido oleico monoinsaturado (también presente en alta
concentración en el aceite de oliva), que tiene una acción antioxidante y bloquea el
colesterol peligroso, el que va unido a lipoproteínas de baja densidad.
Un estudio realizado en 1996 por investigadores del Instituto Mexicano del
Seguro Social se centró en los beneficios para la salud del consumo diario de
aguacates. Los 45 sujetos del grupo experimental, que comieron aguacates cada día
durante sólo una semana, experimentaron por término medio un descenso del 17 por
100 en el nivel total de colesterol sanguíneo. Además, la proporción de colesterol
cambió para bien: el nivel de colesterol LDL (unido a lipoproteínas de baja
densidad) y de triglicéridos se redujo de forma significativa, al tiempo que
aumentaba el del colesterol HDL (unido a lipoproteínas de alta densidad), que es el
«bueno».
También se ha averiguado que el aguacate tiene el triple de glutatión que
cualquier otra fruta. Se sabe que el glutatión es un poderoso antioxidante que bloquea
treinta carcinógenos diferentes, así como la proliferación del virus del sida en
experimentos de tubo de ensayo. Los estudios han revelado que existe una estrecha
correlación entre el aumento en la ingesta de glutatión (con los alimentos) y la
disminución del riesgo de cáncer oral y faríngeo.

Los arándanos azules y los rojos protegen los riñones, el


corazón, los ojos y la piel
Las infecciones del tracto urinario (ITU) están causadas por bacterias –
principalmente Escherichia coli– que se adhieren a las paredes de la vejiga o el
riñón. Muchos estudios científicos han demostrado que tanto los arándanos azules
como los rojos son beneficiosos para combatir las ITU, pues frenan o impiden el
desarrollo bacteriano. El zumo de arándanos rojos se ha usado tradicionalmente para
la típica infección urinaria o de vejiga, que desaparece con él en el plazo de uno o
dos días. Para ello, se recomienda tomar un poco de zumo cuatro veces al día:
alrededor de media hora antes de cada comida y justo antes de irse a dormir.
Los arándanos rojos son un alimento acidificante; así que, fuera de su uso
terapéutico, se deben tomar con mucha moderación. Debido a su sabor agrio, se les
suele añadir edulcorantes para hacerlos más apetitosos; pero nunca los endulces con
azúcar, dado que es también altamente acidificante para el organismo.
En cuanto a los arándanos azules, las investigaciones han demostrado que
contienen una elevada concentración de compuestos antioxidantes dotados de
beneficiosas propiedades medicinales. Entre otros beneficios para la salud, esta
fruta previene las ITU, estimula la actividad anticancerígena, reduce el riesgo de
cardiopatía, fortalece el colágeno, regula la glucemia, mejora la visión de noche,
reduce la replicación del virus de la inmunodeficiencia humana y trata la diarrea.
Por su parte, los arándanos rojos son ricos en bioflavonoides y vitamina C natural,
así que estimulan el sistema inmunológico y combaten las infecciones. Si comes más
arándanos rojos en invierno, puedes prevenir los resfriados y la gripe.
Además, los arándanos rojos pueden reducir la incidencia de cálculos renales, y
también pueden ayudar a dilatar los bronquios durante un ataque de asma. Incluso
son beneficiosos para aquellos que tienen acné, ya que impiden que las bacterias que
lo causan entren en la piel; tomándolos, las erupciones son menos frecuentes y menos
graves.
El ácido málico que contienen los arándanos rojos ayuda a reblandecer las
piedras de los conductos biliares del hígado, así que esta fruta puede ser muy útil en
la fase preparatoria de la limpieza hepática. Lo mejor es utilizar un concentrado
orgánico puro y diluirlo en la proporción de una parte de zumo por cada cuatro
partes de agua.

El poder curativo de las judías verdes


Las judías o habichuelas verdes están llenas de nutrientes con un considerable
valor medicinal. Son una excelente fuente de vitamina K, que es esencial para
mantener los huesos fuertes; y contienen en abundancia otras vitaminas y minerales,
incluyendo vitamina A, vitamina C, vitamina B6, riboflavina, potasio, hierro,
manganeso, folato, magnesio, tiamina, fósforo, calcio, niacina, cobre y cinc.
Pocos alimentos son comparables a las judías verdes en cuanto al número de
nutrientes útiles que contienen para la arteriosclerosis, la miocardiopatía diabética y
la apoplejía. El magnesio y el potasio trabajan en equipo reduciendo la tensión
arterial e impidiendo que suba demasiado, mientras que el folato y la vitamina B6
ayudan a descomponer la homocisteína, un aminoácido potencialmente peligroso, en
otras moléculas más benignas. La homocisteína puede dañar las paredes de los vasos
sanguíneos si no se metaboliza inmediatamente; su elevado nivel en sangre está
asociado a un aumento significativo del riesgo de infarto de miocardio y apoplejía.
Las judías verdes contienen el doble de hierro que las espinacas. Este útil metal
orgánico está en forma ionizada, a diferencia de la tóxica herrumbre (óxido de
hierro) que contienen los suplementos de minerales y los cereales de desayuno. El
hierro es un componente esencial de la hemoglobina, que trasporta el oxígeno desde
los pulmones hasta todas las células del cuerpo; y también forma parte de sistemas
enzimáticos clave para la producción de energía y el metabolismo. Para poder
utilizar el hierro en la síntesis de hemoglobina, el organismo necesita cobre, que
también está presente en abundancia en las judías verdes. Esta verdura, además,
como contiene cinc y vitaminas C y A, contribuye a mantener la función inmunitaria
en óptimas condiciones y la piel libre de acné. Por último, pero no por ello menos
importante, las judías verdes te ayudan a conservar la memoria gracias a su
contenido de tiamina (vitamina B1).
Nota: las judías verdes contienen una apreciable cantidad de oxalatos; de modo
que, si tienes piedras de ácido oxálico en el riñón, antes de empezar a consumirlas
de forma regular hazte una buena limpieza renal.

El poder regenerador de los huesos de las coles de


Bruselas
Al alcanzar la edad de 70 años, una de cada dos mujeres estadounidenses
probablemente sufrirá una dolorosa fractura por tener los huesos débiles. En algunas
ocasiones, las fracturas de cadera son mortales; pero un estudio reciente sobre el
sexo femenino ha demostrado que el consumo de coles de Bruselas puede reducir en
un 30 por 100 el riesgo de tales fracturas en la mujer.
Además, los fitoquímicos que contienen las coles de Bruselas mejoran la
actuación de los sistemas defensivos naturales que protegen el cuerpo de las
enfermedades, incluido el cáncer. Los científicos han averiguado que el sulforafano,
un poderoso fitonutriente también presente en esta verdura, estimula las enzimas
desintoxicantes del organismo. Por otra parte, las coles de Bruselas son una buena
fuente de fibra y folato; y una fuente excelente de vitamina C, que es necesaria para
la función inmunitaria y la fabricación del colágeno, una proteína que constituye el
elemento básico de las estructuras corporales, incluyendo la piel, el tejido
conjuntivo, el cartílago y los tendones.

Alcachofas para hacer bien la digestión


Hace siglos que se conocen los beneficiosos efectos de la alcachofa (Cynara
scolymus) sobre la digestión; el más digno de mención es que induce la secreción de
bilis. Como el cuerpo utiliza colesterol para fabricar los ácidos biliares, un aumento
en la producción de éstos puede equilibrar el nivel de colesterol en la sangre; aparte,
naturalmente, de facilitar la función del aparato digestivo, razón por la cual las
alcachofas han sido desde hace mucho un remedio tradicional para la indigestión.
Además, sus hojas contienen fitonutrientes con numerosos efectos potenciadores de
la salud.

Col rizada
Esta nutritiva verdura tiene bastantes variedades y colores; las más comunes son
la verde y la morada. Ha formado parte de la dieta tradicional en ciertas partes de
África donde la gente es muy longeva y goza de muy buena salud. La col rizada es
rica en diversas sustancias anticancerígenas; entre ellas –siendo como es miembro
de la familia de las crucíferas– los indoles, que ayudan a regular el estrógeno y
combaten el cáncer de colon. Además, esta verdura contiene más beta-caroteno que
las espinacas y el doble de luteína; y es rica en antioxidantes. La col silvestre y otras
verduras de hoja verde ofrecen similares beneficios para la salud.

Frutos secos
En general, los frutos secos tienen propiedades anticancerígenas y
cardioprotectoras. Las almendras y las nueces, en particular, ayudan a equilibrar los
niveles de colesterol. Ambas contienen una alta concentración de ácido oleico y
grasas monoinsaturadas antioxidantes, similar a la del aceite de oliva; lo cual, como
es sabido, protege las arterias. Las almendras, sin embargo, parecen ser las más
valiosas de las dos.
Hay un total de seis estudios que han puesto de relieve la asombrosa capacidad de
las almendras de rebajar los niveles de colesterol total y de colesterol LDL (el
malo), reduciendo el riesgo de cardiopatía en un 10 por 100; basta con comer un
puñado de ellas (30 g) a diario. Lo mejor es dejarlas en remojo durante la noche
anterior para poder digerirlas mejor.
En su mayoría, los frutos secos son ricos en la antioxidante vitamina E; que, como
es sabido, protege contra los dolores de pecho y el daño arterial. Los coquitos del
Brasil son extremadamente ricos en selenio, un elemento químico no metálico con
propiedades antioxidantes que también se ha asociado a una reducción de las tasas
de cardiopatía y cáncer. Las nueces contienen ácido elágico, que también es
antioxidante y combate el cáncer. Además, los frutos secos en general son también
unos buenos reguladores de la insulina y la glucemia, pues previenen aumentos
pronunciados de éstas; eso los hace apropiados como alimento para quienes tienen
intolerancia a la glucosa y diabetes. Es interesante señalar que se ha visto que los
frutos secos faltaban en la dieta de muchos individuos que posteriormente
desarrollaron la enfermedad de Parkinson.
Pero eso sí: ten cuidado con las alergias y los frutos secos rancios. Los
cacahuetes, en particular, son una de las primeras causas de reacciones alérgicas
agudas en los individuos propensos a ellas. Evita los frutos secos que estén rotos,
desmenuzados o en trozos porque enseguida se enrancian. Por su parte, las
mantequillas de frutos secos también tienen fama de causar reacciones adversas en el
aparato digestivo. En el proceso de elaboración, cuando se muelen los frutos secos y
quedan expuestos al oxígeno, se oxidan; esto es, se ponen rancios. Las grasas rancias
son muy tóxicas y constituyen una de las principales causas de enfermedad; incluso
pueden inducir la enfermedad de Crohn.
Come sólo frutos secos que estén frescos. Evita los que vienen mezclados con
frutas pasas (en los llamados «revueltos» de frutos secos) o con los cereales de
desayuno producidos industrialmente; los frutos secos tienden a estar rancios y las
frutas pasas contienen moho.

El maíz fresco puede revertir los problemas de la vista


Casi toda persona que sufre una degeneración macular relacionada con la edad,
que es la principal causa de ceguera, tiene insuficiencia de luteína. Un estudio
reciente ha demostrado que el consumo de sólo 6 mg diarios de luteína en la comida
reduce el riesgo de esta afección en un 43 por 100, nada menos. El maíz fresco es
una fuente excelente de luteína.

Arroz
Este alimento tan común tiene propiedades antidiarreicas y anticancerígenas. Al
igual que otros cereales, el arroz contiene inhibidores de la proteasa, que son
anticancerígenos. Probablemente es el cereal que provoca menos molestias
intestinales, como flatulencia o colon espástico (síndrome del intestino irritable). El
arroz integral es excelente para el estreñimiento, reduce el nivel de colesterol y
tiende a impedir el desarrollo de piedras en el riñón. El arroz basmati parece ser el
que tiene más valor nutritivo: es rico en hierro, selenio, tiamina y niacina, y contiene
proteínas en gran abundancia.

Aceite de coco: un regalo del trópico


El aceite de coco virgen es rico en ácido láurico, que es un probado agente
antiviral y antibacteriano; actualmente se usa en el tratamiento del sida. Pero,
además, el ácido láurico está presente también en la leche materna humana, así que
la leche de coco es una excelente alternativa a la leche en polvo o maternizada para
bebés.
El aceite de coco no sólo es delicioso al paladar, sino que también limpia el
colon al ablandar suavemente y desprender de sus paredes materia fecal antigua, lo
que ayuda así a eliminarla sin efectos secundarios desagradables. Tiene un fuerte
efecto alcalinizante en el organismo, lo cual es beneficioso en todos los procesos
patológicos. Se ha demostrado que este aceite tropical contiene una sustancia que
eleva el nivel de colesterol HDL (el bueno), y reduce por tanto el riesgo de infarto
de miocardio.
El coco es una gran noticia para todos aquéllos a quienes les preocupa la
infestación con parásitos intestinales y la candidiasis, pues gracias a sus propiedades
antiparasitarias ayuda a eliminar los organismos patógenos al quitarles su capa
protectora. El aceite de coco es un tratamiento fungicida natural que las mujeres de
las islas del Pacifico han utilizado durante muchos siglos para prevenir las
infecciones por hongos. En los ensayos clínicos realizados con este aceite se
comprobó que las grandes cantidades de ácido cáprico y ácido láurico que contiene
son absolutamente letales para todas las cepas importantes de Candida albicans.
El aceite de coco también ayuda a disolver y eliminar las toxinas que están
atrapadas en los depósitos grasos corporales, y por tanto hace que sea cada vez más
innecesaria la acumulación de grasa (que es un mecanismo de supervivencia, pues
sumerge las toxinas dentro del tejido adiposo para desactivarlas.) Tal vez esto
explique por qué el aceite de coco ayuda a tener unos músculos magros. Muchos
culturistas, profesores de educación física, atletas olímpicos y otros deportistas lo
usan para desarrollar musculatura sin grasa corporal.
El aceite de coco se digiere fácilmente, incluso si el aparato digestivo se
encuentra débil y amenazado. Alivia la mayor parte de los trastornos digestivos,
como la enfermedad de Crohn y el síndrome del intestino irritable; además, no
requiere enzimas o trasportadores para atravesar las membranas celulares. Este
aceite es útil para los niños pequeños y los ancianos por igual; es uno de los más
sanos y seguros que existen. Y es de los pocos que no se oxidan al calentarlos, lo
que lo hace idóneo para cocinar.

Cómete un plátano al día y olvídate del médico


Comparado con la manzana, el plátano tiene el cuádruple de proteínas, el doble
de hidratos de carbono, el triple de fósforo, el quíntuple de vitamina A y hierro, y el
doble de las demás vitaminas y minerales. Contiene tres azúcares naturales –
sacarosa, fructosa y glucosa– combinados con fibra, y también es rico en potasio; así
que es uno de los alimentos que más cuenta trae. En definitiva, la ingesta de un solo
plátano te da al instante una inyección de energía sostenida y sustancial; de hecho,
las investigaciones han demostrado que dos plátanos te proporcionan la suficiente
energía como para aguantar una sesión de ejercicios agotadora de noventa minutos.
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Cocinar con microondas

La idea de aplicar la tecnología de microondas a la cocina surgió en la


Alemania nazi a principios de los años cuarenta. El motivo de tal invento estaba
relacionado con la logística del esfuerzo bélico en curso: si el rancho de las tropas
desplegadas en lugares remotos se pudiera cocinar fácil y rápidamente con la energía
de las microondas, se suprimiría la necesidad de trasportar el precioso combustible
empleado en los hornos convencionales.
Al acabar la guerra, tanto los rusos como los estadounidenses se apoderaron de
hornos microondas junto con datos de las pruebas que habían realizado los alemanes
con ellos. Hacia 1957 se empezó a hacer en Rusia una serie de ensayos exhaustivos
sobre la cocina por microondas; y el creciente volumen de resultados obtenidos que
reflejaban un impacto negativo en la salud humana fue tan preocupante que en 1974
las autoridades prohibieron el empleo de estos electrodomésticos para cocinar en
todo el país, y además hicieron pública una advertencia internacional acerca de sus
riesgos implícitos.
El número de abril de 1992 de la revista Journal of Pediatrics informaba de que
unos investigadores del Centro Médico de la Universidad de Stanford habían
descubierto que se producían cambios importantes en la composición de la leche
materna humana que se calentaba en el microondas, entre ellos la destrucción del 98
por 100 de sus anticuerpos tipo inmunoglobulina-A y del 96 por 100 de su actividad
liposómica, que impiden las infecciones bacterianas.
La doctora Lita Lee, que ejerce en Hawái, dijo esto en el número del 9 de
diciembre de 1989 de la revista The Lancet: «Al calentar en el microondas la leche
maternizada, ciertos aminoácidos trans se convertían en sus isómeros cis sintéticos.
Los isómeros cis-trans sintéticos, ya se trate de aminoácidos cis o de ácidos grasos
trans, no son biológicamente activos. Es más, uno de los aminoácidos, la L-prolina,
se convirtió en su isómero dextrógiro, del que se sabe que es neurotóxico (venenoso
para el sistema nervioso) y nefrotóxico (venenoso para los riñones). Ya es bastante
malo que a muchos bebés no se les amamante; pero ahora se les está dando leche
adulterada (maternizada) que se vuelve aún más tóxica al pasar por el horno
microondas».
En 1991, en Estados Unidos, se entabló una demanda judicial concerniente a una
mujer de Oklahoma que se había sometido a una operación rutinaria de cadera, tras
la cual le hicieron una trasfusión sanguínea. El método habitual consiste en calentar
la sangre que se va a trasfundir; pero en este caso particular la enfermera, sin darse
cuenta del peligro, la calentó en un horno microondas, con el resultado de que la
paciente murió a la hora y media de recibirla. En vista de eso, es obvio que las
microondas les hacen a las sustancias algo más que calentarlas.
Las preocupaciones relativas a esta técnica culinaria se dividen en cuatro
categorías:

• Los efectos de la radiación sobre las personas que se hallan cerca del horno
microondas mientras está funcionando.
• El efecto negativo potencial de la cocina por microondas sobre el valor nutritivo
de los alimentos.
• Los carcinógenos y otros agentes nocivos para la salud que pueden aparecer en
la comida como consecuencia de bombardearla con las microondas.
• Los efectos sobre nuestra salud de la ingesta de alimentos cocinados en el
microondas.

Radiación de microondas
El peligro de la radiación de microondas es bien conocido; se hizo patente por
primera vez a raíz de la invención y empleo del radar, que se basa en emisiones de
microondas de alta potencia. Hasta que no se entendieron mejor sus efectos y se
tomaron las precauciones apropiadas para proteger a las personas que trabajaban
cerca de las estaciones de radar, la radiación emitida por éstas acarreó numerosos
casos de enfermedades graves e incluso muertes.
Aunque se han establecido estándares de radiación para la fabricación de los
hornos microondas, la realidad es que nadie sabe con certeza qué niveles de
radiación se pueden considerar «seguros». Pero hay algo que sí sabemos sobre los
efectos perjudiciales de la radiación de microondas: que son acumulativos. De modo
que unos niveles de radiación que son relativamente seguros para la persona
mientras utilice el horno microondas esporádicamente, pueden resultar muy
peligrosos para ella cuando lo utiliza todos los días.
Y las mujeres embarazadas corren un peligro especial. Una agencia
gubernamental de Estados Unidos ha reconocido que el feto humano es
«probablemente el sector más delicado de la población que está expuesto en
potencia a la radiación». Los niños constituyen otro sector muy delicado de la
población.
La intensidad de la radiación de microondas varía de manera exponencial en
función de la distancia a la que se encuentre la fuente. El estándar establecido en
Estados Unidos en 1971 para la «fuga» de radiación máxima admisible en un horno
microondas es de 1 mW/cm3 a una distancia de 5 cm de la puerta del horno en el
caso de los nuevos modelos (que todavía no habían salido a la venta), y de 5
mW/cm3. En este último caso, la radiación supuestamente se reduce a 0,05 mW a
una distancia de 0,5 m, y a sólo 0,005 mW a una distancia de 1,5 m. El mensaje es
claro y sencillo: NUNCA permanezcas cerca de un horno microondas mientras está
funcionando. Es algo de particular importancia para los niños.
Por desgracia, tendemos a ubicar el microondas en la cocina buscando nuestra
comodidad, no nuestra seguridad. Con frecuencia, eso significa que lo colocamos a
la altura de los ojos, con lo que la mayor parte de la radiación la recibe la cabeza; lo
cual es especialmente desconcertante, en vista de que uno de los efectos más
comunes de la radiación excesiva de microondas que averiguaron los rusos en sus
pruebas es la degeneración de los circuitos neuronales y una perturbación en las
pautas de las ondas alfa, delta y theta cerebrales. Obviamente, la alternativa más
segura es no tener un horno microondas en tu hogar.

El estudio Hertel-Blanc
El doctor Hans Hertel trabajó durante muchos años como científico en el campo
de la alimentación para una de las grandes empresas alimentarias de Suiza que hacen
negocios por todo el mundo. En 1991, junto con el doctor Bernard Blanc del Instituto
de Bioquímica de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, llevó a cabo un estudio
clínico de calidad para determinar los efectos de la cocina por microondas sobre la
comida, así como los efectos que la ingestión de ésta produce en la fisiología
humana.
Las conclusiones del estudio fueron tan alarmantes que en 1993 una poderosa
asociación gremial suiza presentó una demanda contra los autores ante la justicia del
país; la sentencia prohibió a éstos publicar sus resultados. En 1998, finalmente, otro
tribunal suizo decidió que dicha prohibición (que impedía a Hertel declarar que la
comida cocinada por microondas es peligrosa para la salud) violaba el derecho a la
libertad de expresión; así que revocó la sentencia anterior y exigió al Gobierno suizo
que pagara una indemnización.
En esencia, el estudio Hertel-Blanc puso de manifiesto que la cocina por
microondas altera significativamente los nutrientes de la comida, lo que ocasiona
cambios en la sangre del consumidor que pueden deteriorar gravemente su salud.
Más concretamente, los autores descubrieron un notable aumento de la cantidad de
leucocitos en la sangre. Los leucocitos son un motivo especial de preocupación
porque suelen ser indicio de efectos patógenos en el organismo, como la intoxicación
y los daños celulares. En este estudio se comprobó que el consumo de alimentos
cocinados en el microondas provoca un descenso apreciable en el número de
linfocitos.

Los estudios alemanes y rusos


William Koop ha realizado una revisión exhaustiva de los datos recogidos en los
estudios llevados a cabo en Alemania entre 1942 y 1943, así como en los que se
empezaron a hacer en Rusia a partir de 1957. A continuación tienes un resumen de
las conclusiones combinadas de dichos estudios; los efectos se dividen en tres
categorías:

Efectos sobre el valor nutritivo de los alimentos


La exposición a las microondas causa un descenso significativo del valor
nutritivo de todos los alimentos estudiados. Las conclusiones más importantes hasta
la fecha son éstas:
Cáncer y otros riesgos para la salud
Se han observado los siguientes efectos en los alimentos sometidos a la acción de
las microondas:
Efectos sobre el cuerpo humano
Resumen
En Estados Unidos, más del 90 por 100 de las cocinas están equipadas con hornos
microondas. Casi todos los paquetes de alimentos congelados o procesados llevan
instrucciones para su uso en este electrodoméstico. Si bien en este país hay una
preocupación cada vez mayor sobre la creciente incidencia del cáncer en un amplio
sector de la población, y sobre la proliferación de problemas de salud entre la gente
joven, lo cierto es que también hay una alarmante falta de investigaciones en el
campo de las microondas. Considerando los datos que han recogido otros países,
este vacío es más que irresponsable.
Obviamente, nos corresponde a cada uno de nosotros tomar la decisión de usar o
no el microondas para cocinar a diario. Puedes echarle la culpa a los nazis, si
quieres, por inventar este tipo de horno; pero, si sigues utilizándolo a pesar de
conocer los riesgos que entraña, el único culpable serás tú. Algunas personas
concienciadas que han decidido dejar de cocinar con él le han encontrado una
aplicación creativa: desenchufarlo y emplearlo… ¡para guardar los libros de cocina
vegetariana o para cultivar deliciosos y saludables brotes de semillas!
18

Irradiación de los alimentos

Aunque la meta de la irradiación de los alimentos es diferente de la de los


hornos microondas, y aunque la tecnología empleada es distinta, muchos de los
problemas que plantea para la salud humana son similares.

¿Qué es la irradiación de los alimentos, y por qué se


utiliza?
Empecemos tratando de responder la primera parte de la pregunta. Las ondas
electromagnéticas se caracterizan por su frecuencia; esto es, por el número de
períodos oscilatorios (ciclos) que ocurren en la unidad de tiempo. Las microondas
de los hornos de cocina, que son también ondas electromagnéticas, están en el rango
de los 2,4 billones de ciclos por segundo, lo que comúnmente se expresa como 2,4
GHz. A esta frecuencia, la radiación electromagnética hace que las moléculas se
muevan; pero no puede causar cambios estructurales en sus átomos.
En cambio, las ondas electromagnéticas que se emplean para irradiar los
alimentos tienen una frecuencia muchísimo mayor, comprendida en el rango de los
rayos X, o superior aún, en el de los rayos gamma. A esta frecuencia, la energía de
las ondas sí que es capaz de cambiar los átomos al quitarles electrones, con lo que
forman iones. Esta forma de energía ondulatoria recibe el nombre de radiación
ionizante. Sin embargo, la radiación en este rango de frecuencias no tiene suficiente
energía para llegar a dividir los átomos y hacer que los objetos expuestos a ella se
hagan radiactivos. En Estados Unidos, no obstante, el peligro potencial se acentúa
por el hecho de que las instalaciones donde se irradian con rayos gamma los
alimentos deben obtener la licencia para hacerlo de manos de la Comisión
Reguladora Nuclear.
En cuanto a la segunda parte de la pregunta, digamos que la irradiación de los
alimentos tiene dos propósitos principales:

• Prolongar la «vida útil» de los comestibles, tanto antes como después de que los
compre el consumidor. Por ejemplo, las fresas irradiadas aguantan bien en la
nevera hasta tres semanas, en comparación con los tres o cuatro días que duran
las bayas sin tratar.
• Reducir la cantidad de bacterias, virus y parásitos que portan los alimentos y
causan enfermedades, como el género Salmonella, Escherichia coli, el género
Campylobacter, los calicivirus (virus tipo Norwalk), Clostridium botulinum y
Staphylococcus aureus.

La cantidad de radiación ionizante absorbida por un alimento irradiado se mide


en unas unidades denominadas «kilograys» (kGy). Las dosis reducidas, de menos de
1 kGy, inhiben la germinación de los tubérculos (como las patatas), retrasan la
maduración de algunas frutas y verduras, controlan los insectos en las frutas y
cereales almacenados y reducen el problema de los parásitos en los productos de
origen animal. Las dosis medianas, entre 1 y 10 kGy, controlan los microbios
patógenos que portan los alimentos y prolongan la vida útil de los comestibles
refrigerados. Las dosis elevadas, de más de 10 kGy, todavía no se usan
industrialmente en ningún alimento; a excepción de las especias y los condimentos
vegetales secos, que la ley permite irradiar hasta con 30 kGy.
Antes de 1985, los únicos comestibles que se permitía irradiar en Estados Unidos
eran las especias, el trigo, la harina de trigo y las patatas. A partir de entonces, sin
embargo, se ha producido una sucesión de cambios de normativa que ha ido
ampliando gradual pero drásticamente el cupo de alimentos que reciben irradiación.
En este país, un hito importante fue la aprobación por la Administración de
Drogas y Alimentos (FDA) en 1997, y por el Departamento de Agricultura (USDA)
en 1999, de la irradiación de las carnes rojas frescas y congeladas, como la de vaca,
la de cordero y la de cerdo; la irradiación de los productos avícolas ya se había
aprobado en 1992. En cuanto al plano internacional, la irradiación alimentaria ha
sido aprobada en 41 países diferentes para un total de 30 comestibles diferentes.
En Estados Unidos, los defensores de la irradiación como medio para controlar
los patógenos portados en los alimentos citan estadísticas de los Centros para el
Control y la Prevención de Enfermedades, que estiman que cada año se producen 76
millones de enfermedades, 325.000 hospitalizaciones y 5000 muertes a causa de
ellos. A otras personas, sin embargo, lo que les preocupa es que los estándares de
salubridad en el sector de los alimentos procesados se deterioren gradualmente si se
deposita toda la confianza en la irradiación para solucionar este problema,
especialmente en el caso del procesamiento de la carne.

Preocupaciones sanitarias
Hay tres preocupaciones sanitarias principales en relación con la irradiación de
la comida:

• ¿Destruye la mayor parte –por no decir todo– el valor nutritivo de los


comestibles?
• ¿Produce mutaciones en los alimentos, dando lugar a la formación de
carcinógenos u otros agentes que menoscaban la salud humana?
• ¿Se ha abordado adecuadamente la cuestión de la seguridad de los operarios que
trabajan en las plantas de irradiación alimentaria?

A lo largo de los años se han realizado numerosos estudios, principalmente con


animales de laboratorio, sobre los efectos de la ingestión de comida previamente
irradiada. Como era de esperar, los resultados fueron muy inquietantes. A
continuación tienes algunos ejemplos extraídos de una revisión de datos recogidos en
ensayos subvencionados por la FDA y por la Dirección General de Sanidad Militar
de Estados Unidos:

• En un estudio realizado con perros, se apreció un descenso del 32 por 100 en la


tasa de supervivencia de su progenie. Los canes alimentados con comida
irradiada llegaron a pesar un 11,3 por 100 menos que los del grupo de control.
Además, se encontró en ellos un número importante de carcinomas hipofisiarios,
que son un tipo de tumor maligno extremadamente raro.
• Un informe emitido en 1968 por la FDA sobre un estudio con ratas indicaba que
un número significativo de ellas, al ser sometidas a una dieta de carne de vaca
irradiada, murieron de hemorragia interna en el plazo de 46 días; la primera
muerte se produjo al cabo de sólo 11 días.
• En 1959, la revista Journal of Nutrition publicó los resultados de un estudio
subvencionado por la Dirección General de Sanidad Militar de Estados Unidos.
En este caso, todas las ratas alimentadas con carne de vaca irradiada murieron
en el plazo de 34 días, de nuevo como resultado de hemorragias internas.
• En un estudio llevado a cabo en 1960 por el Ejército de Estados Unidos, en el
que se alimentó durante dos meses a unos ratones con una dieta compuesta al 50
por 100 por comida irradiada con rayos gamma antes de permitirles aparearse,
se apreció un aumento significativo en la tasa de mortalidad embrionaria.
• En otro estudio más realizado con ratas, cuyas conclusiones se publicaron en
1963 en la revista Science, murió un considerable número de animales de
segunda generación integrantes del grupo experimental que habían comido carne
de vaca irradiada. Las ratas más afectadas con frecuencia se quedaban postradas
por completo poco antes de morir. En ningún caso se observaron estos síntomas
en el grupo de control. Es muy posible que las víctimas sufriesen el
característico síndrome conocido como distrofia muscular nutricional, del que
se sabe que es causado por un consumo mínimo de vitamina E.
• Por último, la revista International Journal of Radiation Biology citó un
estudio de 1970 sobre ratas a las que se administraron soluciones de sacarosa
irradiadas. Pues bien; se encontró una considerable cantidad de radiactividad en
el hígado, los riñones, el estómago, el tracto gastrointestinal y el suero
sanguíneo de estos animales, y también en las muestras de orina y heces.
• Un boletín de 1969 de la Organización Mundial de la Salud decía lo siguiente:
«Se han llevado a cabo numerosos estudios para averiguar si se inducen efectos
citotóxicos al cultivar organismos biológicos experimentales sin irradiar en
medios irradiados, o al alimentarlos con comida igualmente irradiada. En
dichos estudios se han observado efectos adversos –como retraso e inhibición
del desarrollo fisiológico, inhibición de la división celular, aberraciones
cromosómicas y efectos citogenéticos– en una gran variedad de organismos
experimentales, desde bacteriófagos hasta células humanas. Los datos
disponibles sugieren que hay diversos radicales libres que pueden actuar como
agentes tóxicos y mutágenos».

Etiquetaje de los alimentos irradiados


En Estados Unidos, la FDA exige actualmente que la etiqueta de los comestibles
irradiados lleve una advertencia diciendo algo como «tratado con radiación» o
«tratado por irradiación». También debe llevar el símbolo internacional de ésta, el
llamado «radura». Los alimentos «biológicos» pueden no haber sido irradiados.
Esta exigencia de la FDA no se aplica a los restaurantes u otros negocios que
preparan y sirven comida. Por lo tanto, el estadounidense no tiene forma de saber si
está tomando o no alimentos irradiados cuando come fuera de casa.
Y la normativa sobre el etiquetaje presenta otros defectos importantes. No se
exige que los comestibles que tienen componentes que han sido tratados por
irradiación lleven una etiqueta que lo indique. Por ejemplo, en el envase de los
alimentos que contienen especias que han sido irradiadas hasta con 30 kGy (la dosis
alimentaria máxima) no tiene que haber ninguna advertencia de irradiación. En
Canadá, en cambio, los componentes irradiados no pueden constituir más del 10 por
100 del total del comestible; de lo contrario, éste tiene que llevar una etiqueta que
diga que ha sido tratado con radiación. Volviendo a Estados Unidos, la FDA ha
cedido a las presiones de la industria alimentaria y ha modificado la legislación
original para permitir a los fabricantes de productos alimenticios que pongan la
advertencia de irradiación en el envase en letra pequeña; tan pequeña como la de la
lista de ingredientes, y ya sabes lo que suele costar leerla.
La industria alimentaria estadounidense también ha intentado sustituir la
advertencia «tratado con radiación» de las etiquetas por el término «pasteurizado en
frío», o incluso «pasteurizado» a secas. La ley de Seguridad Agrícola y de Inversión
Rural del 2002 autoriza el uso potencial del término «pasteurizado» en todo
producto que haya sido sometido a cualquier tipo de procedimiento de reducción de
patógenos, y además permite a las empresas alimentarias que soliciten el visto bueno
de la FDA para utilizar términos de etiquetaje alternativos para los productos
irradiados. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) espera la
decisión de la FDA sobre el etiquetaje alternativo; mientras tanto, considera
inaceptable emplear el término «pasteurizado» en las etiquetas de la carne irradiada.
Parte 3

Estilo de vida sano

El estilo de vida es tan importante para nuestra salud como la higiene interna y
la nutrición. Todos conocemos la importancia del ejercicio; aunque algunas personas
se ejercitan bastante en el curso de la jornada laboral, la mayoría de nosotros tiene
un estilo de vida más sedentario y necesita dedicar algo de tiempo a hacer ejercicio
para poder mantener el cuerpo sano.
Otro factor crucial es una cantidad de sueño y descanso adecuada. Tal vez
podamos aguantar breves períodos de tiempo durmiendo al mínimo; pero, a la larga,
sencillamente no podemos conservar la salud con unos hábitos de sueño inadecuados
o irregulares.
Se ha prestado tanta atención durante la pasada década a los efectos negativos de
fumar sobre nuestra salud que no hay necesidad de insistir en el tema en este libro.
Ya está claro a estas horas que el perjuicio no se debe sólo al tabaco, sino también a
la letanía de aditivos químicos que contiene, que drogan el cuerpo creando adicción.
Para que nos entiendas: fumar y estar sano son dos cosas incompatibles.
Lo que probablemente no sea tan obvio es el efecto que producen nuestros
pensamientos y emociones en la salud de nuestro organismo. El estrés, la ira, el
resentimiento, la frustración: todo ello interfiere negativamente en el funcionamiento
de nuestros órganos, aparatos y sistemas. En cambio, el amor, la alegría, la felicidad
y la expresión creativa tienen un impacto positivo en nuestra salud y bienestar.
En los siguientes capítulos exploraremos estos temas con más detalle.
19

Ejercicio físico

El ejercicio físico es una parte fundamental en el estilo de vida sano. En otra


época, cuando la sociedad estaba más orientada a la agricultura, la gente hacía la
mayor parte del ejercicio que necesitaba para conservarse sana al realizar sus
actividades diarias y ganarse el sustento. Pero hoy día, con el estilo de vida más
sedentario que hemos adoptado, la mayoría de nosotros necesita sacar tiempo en su
rutina cotidiana para practicar un deporte o ejercitarse de algún modo.
Algunas de las razones de la importancia del ejercicio son muy evidentes; otras,
no tanto. A continuación figuran algunos de los factores más importantes:

Tono muscular
Indudablemente, lo que más motiva a la mayoría de la gente para hacer ejercicio
es el hecho de mantener el buen tono muscular y que la encuentren atractiva.
Sabemos que los músculos tienden a atrofiarse cuando no los ejercitamos con
regularidad. De modo que, para la mayoría de nosotros, tener una musculatura en
buen estado y un aspecto físico agradable es una parte importante de la propia
imagen.

Movilidad esquelética
Las articulaciones de nuestro esqueleto necesitan moverse con regularidad para
mantenerse flexibles. El ejercicio que hacemos para mantener el tono muscular
normalmente ya basta para satisfacer esta necesidad. Sin embargo, ciertas rutinas de
estiramiento, como las del yoga, pueden ser muy beneficiosas para conservar el
cuerpo ágil.

Ejercicios aeróbicos
El aeróbic pone en funcionamiento grandes grupos musculares de una manera
rítmica y continua que acelera nuestro ritmo cardíaco y respiratorio durante un
período de tiempo. Los ejercicios aeróbicos pueden ser tan simples como caminar,
correr despacio o nadar; pero los hay más sofisticados, como el aeróbic con escalón,
sobre una bicicleta estática o al ritmo de la música que se practica en muchos
gimnasios. El aumento que produce en el ritmo respiratorio aporta más oxígeno al
torrente sanguíneo, y el que produce en el ritmo cardíaco facilita la circulación de la
sangre por todo el cuerpo.

Traspiración/desintoxicación
Gracias a sus glándulas sudoríparas, la piel desempeña un papel importante en la
eliminación de las toxinas acumuladas en el organismo. Así pues, cualquier ejercicio
que haga que la persona se ponga a sudar puede ser útil en este sentido. Sin embargo,
a medida que uno se va desintoxicando por medio de los procesos de limpieza que
explicamos en la primera parte del libro, y mediante una alimentación más sana, la
necesidad de eliminar los productos de desecho a través de las glándulas
sudoríparas se hace menos imperativa.

Sistema linfático
El sistema linfático, que drena las sustancias tóxicas y nocivas del tejido
conjuntivo que rodea los fascículos musculares y los órganos, depende del
movimiento diario de todas las partes del cuerpo para funcionar como es debido. A
diferencia de la sangre, que es bombeada por el corazón por todo el sistema
circulatorio, la linfa no dispone de un mecanismo de bombeo directo. El sistema
linfático depende mucho de la respiración. Cuando el diafragma se contrae para
ayudar a expandir la cavidad torácica, se aplana y se mueve hacia abajo, ejerciendo
presión sobre el abdomen; lo cual «exprime» los vasos linfáticos intestinales,
haciendo que su contenido circule por el cuerpo. Por consiguiente, cada movimiento
de inspiración y espiración actúa indirectamente como una bomba para el sistema
linfático. La respiración superficial propia de un estilo de vida sedentario es
perjudicial para el correcto drenaje de la linfa. El ejercicio, en cambio, puede
mejorar mucho la función linfática, previniendo multitud de enfermedades.

Líquido cefalorraquídeo
El líquido cefalorraquídeo circula por la columna vertebral y los ventrículos del
encéfalo. Es un conductor primario de la fuerza vital, o «chi», en el cuerpo. Al igual
que la linfa, el líquido cefalorraquídeo depende del movimiento del cuerpo, en
particular de la respiración profunda, para poder circular.

Liberación emocional
Las emociones que causan tensión, como la ira, el miedo o la frustración, pueden
alojarse en la estructura muscular del cuerpo. El ejercicio físico regular es de mucha
ayuda para liberar estas energías antes de que creen problemas de salud.

Integración del cuerpo, la mente y el espíritu


Algunas disciplinas orientales, como el yoga, el taichi y el chi kung, están
diseñadas para incorporar el movimiento, la respiración y la actividad mental de un
modo que promueve la armoniosa integración del cuerpo, la mente y el espíritu. Lo
ideal es practicarlas en un escenario natural para estrechar nuestra conexión con la
naturaleza; pero, aunque lo hagas bajo techo, te pueden proporcionar la cantidad de
ejercicio que necesitas, y además de una manera que alimentará todos los aspectos
de tu ser.

Ejercicio, sí; pero ¿cuándo, y en qué cantidad?


El tipo y la cantidad de ejercicio ideales varían con arreglo a la edad, el tipo
corporal y diversos factores más. Una persona de setenta años no necesita el mismo
tipo de ejercicio ni en la misma cantidad que una de veinte.

• Es preferible no hacer ejercicio a más del 50 por 100 de la capacidad de uno,


sea cual sea. El propósito de ejercitarse no es demostrarle a otros lo fuerte que
eres, sino obtener de ello provecho y satisfacción. Si eres capaz de correr media
hora seguida antes de cansarte, entonces toma la decisión de correr sólo un
cuarto de hora. Cansarse durante el ejercicio se contradice con la finalidad
misma de éste. En cambio, sentirse después fresco, revitalizado y lleno de
energía indica que la sesión de entrenamiento ha tenido éxito. Además, con el
tiempo tu capacidad y tu resistencia aumentarán por sí solas de forma natural.
• Interrumpe el entrenamiento en cuanto sientas la necesidad de respirar por la
boca. Si te ves forzado a dejar de respirar por la nariz, quiere decir que ya has
traspasado el límite del 50 por 100 en tu capacidad de hacer ejercicio. Es una
señal de que tu cuerpo ha entrado en el modo respiratorio adrenalínico, que
agota las reservas básicas de energía y el oxígeno celular. Otras señales de que
has alcanzado el límite son que tu corazón lata con violencia, que empieces a
sudar profusamente o que tengas temblores. En tal caso, conviene acabar la
sesión de ejercicios caminando y respirando con normalidad durante un rato. La
regla básica es respirar siempre por la nariz, no por la boca, y hacer ejercicio
hasta el punto de romper a sudar una vez al día.
• Además, lo mejor es entrenarse durante las horas de luz. El ejercicio intenso
cuando ya se ha puesto el sol no es sano, porque el cuerpo necesita aflojar el
ritmo para prepararse de cara a una noche de sueño apacible y reparador.
Tampoco hagas ejercicio justo antes o después de comer, pues interfiere en el
proceso digestivo y puede producirte una indigestión. Sin embargo, pasear sin
prisas durante un cuarto de hora después de las comidas ayuda a hacer bien la
digestión. Bebe siempre agua antes y después de ejercitarte para prevenir el
espesamiento de la sangre y la deshidratación de las células.
20

El reloj biológico

Nuestro reloj biológico está sincronizado con los ciclos diarios de luz y
oscuridad que hay en este planeta. Si entendemos mejor la naturaleza de estos ciclos
y adaptamos como corresponde nuestra rutina cotidiana, podremos ayudar a nuestro
cuerpo a cumplir mejor sus funciones fisiológicas naturales. La antigua ciencia
ayurveda divide el ciclo diario en seis segmentos de cuatro horas cada uno. Aun
cuando existan variaciones en la proporción entre las horas de luz y de oscuridad a
medida que la Tierra se desplaza en su órbita anual alrededor del Sol, el ritmo de las
actividades internas de nuestro organismo se mantiene relativamente constante
durante todo el año.

De 6:00 a 10:00
El ciclo comienza con el «nacimiento» de un nuevo día. Supongamos que amanece
a las 6 de la mañana. Más o menos una hora antes de la salida del sol, la naturaleza
despierta y empieza a entrar en actividad. De igual modo, durante este primer
segmento del día tu cuerpo está aún un poco torpe, pero poco a poco va haciendo
acopio de vigor.
Hacia las 6 de la mañana, tus glándulas suprarrenales segregan las hormonas del
estrés cortisol y adrenalina para poner en marcha tu organismo; es algo semejante al
encendido de un motor. También es la hora en la que tus hormonas sexuales alcanzan
su nivel máximo. Y, siempre y cuando tengas los ojos abiertos para ver la luz natural
del día, tu cerebro aumenta la producción de la potente hormona serotonina, que te
ayuda a comenzar la jornada con una actitud positiva.

De 10:00 a 14:00
Hacia las 10 de la mañana, la energía del sol empieza a aumentar, y lo seguirá
haciendo hasta alcanzar su punto máximo al mediodía. En esa franja de dos horas es
cuando estamos más alertas y nuestra capacidad cognoscitiva es mayor. A mediodía
es cuando nuestro aparato digestivo tiene más energía y es más eficiente, y cuando
los jugos digestivos (bilis, ácido clorhídrico, enzimas, etc.) son más abundantes y
están más concentrados; por esta razón, lo mejor es tomar la comida principal del
día entre esa hora y la 1 de la tarde. Si los alimentos que ingieres son sanos y
nutritivos, tu proceso digestivo te proporcionará toda la energía y la vitalidad que
necesites durante el resto de la jornada.

De 14:00 a 18:00
Durante este período continúa la digestión del almuerzo. Este segmento horario es
favorable para el funcionamiento eficiente de la mente debido al aumento de la
actividad neuronal; es un buen momento para absorber y retener información. Los
estudios realizados en la Universidad de Gales han demostrado que los estudiantes
que asisten a clase por la tarde o a primera hora de la noche obtienen mejores
resultados en los exámenes que los que van a clase por la mañana.
Si arrastras problemas causados por una mala absorción intestinal y un
desequilibrio del metabolismo, probablemente se harán más perceptibles en este
segmento horario. Un desequilibrio de este tipo se puede manifestar en forma de
irritabilidad, nerviosismo y deseo de alimentos azucarados u otros estimulantes
como el té, el café, los refrescos, el chocolate o el tabaco. En su mayoría, los
alcohólicos empiezan a buscar su primera copa durante la última parte de este
período.

De 18:00 a 22:00
Cuando la energía del sol empieza a menguar, el ritmo de actividades fisiológicas
como la digestión y el metabolismo disminuye. Aquellos que están a tono con su
reloj biológico suelen sentirse inclinados a tomarse con calma la caída de la noche.
Por esta razón, lo mejor es hacer sólo una cena ligera, preferiblemente hacia las 6 de
la tarde; eso le da a tu cuerpo tiempo suficiente para digerirla antes de que te
acuestes. Las investigaciones han demostrado que las enzimas digestivas más
importantes ya no se producen pasadas las 8 de la tarde. Las cenas tardías (después
de las 7 de la tarde), por tanto, no se digieren bien y acaban descomponiéndose
mientras todavía siguen en el estómago.
A la mayoría de la gente le empieza a entrar sueño entre las 9 y las 10 de la
noche. Esta somnolencia es ocasionada por un tranquilizante natural que segrega el
cerebro cuando quiere que te vayas a dormir. Según unos investigadores de la
Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, las neuronas están en su mayor
parte «desconectadas» durante el sueño por algún tipo de señal química enviada por
un grupo de células del hipotálamo, al que se considera como el cerebro del cerebro.
Este proceso de «apagar la luz» nos ayuda a dormirnos.
De 22:00 a 2:00
Éste es un período de tiempo crucial, durante el que nuestro cuerpo utiliza la
mayor parte de su energía para limpiarse, repararse y rejuvenecer. El hígado recibe
la mayor parte de esta energía, gracias a la cual desarrolla una cantidad pasmosa de
actividades, entre ellas suministrar nutrientes vitales a todas las partes del cuerpo,
descomponer las sustancias nocivas y mantener limpia la sangre. Además, las células
hepáticas producen bilis en este momento, que se necesitará al día siguiente para
digerir la comida, especialmente las grasas. Otra importante función que desempeña
el hígado a estas horas es la síntesis de proteínas, que son las principales unidades
básicas de las células, las hormonas y los elementos constitutivos de la sangre.

¿Por qué es tan importante dormir bien?


Tu hígado necesita toda la energía que pueda conseguir para desempeñar estas y
muchas otras funciones. Para que eso ocurra en la medida suficiente, sin embargo,
tienes que dormir durante este segmento horario. Si empleas toda tu energía nocturna
para ingerir comida o para desarrollar actividades mentales y físicas, al hígado le
quedará demasiado poca para cumplir su vital misión. Los riñones también precisan
energía durante este período para filtrar el plasma sanguíneo, así como para
mantener el equilibrio de fluidos del organismo y la tensión arterial dentro de límites
normales.
Aunque el cerebro representa sólo un 2 por 100 de nuestra masa corporal,
contiene más del 25 por 100 del volumen total de sangre del organismo. Pero en esta
fase de la noche la mayor parte de la sangre alojada en el cerebro viaja al hígado
para purificarse. Si desarrollas actividad mental o física durante este tiempo, tu
hígado no recibe la sangre ni la puede limpiar en la medida suficiente. Esto ocasiona
la acumulación de material tóxico en el torrente sanguíneo; y si las toxinas siguen
circulando por la sangre, se depositarán en el fluido intersticial que llena el espacio
entre las células, lo que eleva la acidez y les causa daños a ellas y a los tejidos,
órganos, aparatos y sistemas que componen, incluido el propio hígado. Una elevada
toxicidad de la sangre puede inducir la secreción de hormonas del estrés, confusión
mental y daños en los capilares, las arterias y el músculo cardíaco. La mayoría de
cardiopatías se deben a un hígado que funciona mal y no es capaz de eliminar a
diario todas las sustancias tóxicas nocivas de la sangre. Si no le proporcionamos al
hígado la energía que necesita para realizar las actividades fisiológicas más básicas,
estamos sembrando las semillas de la enfermedad en nuestro organismo.
La respiración es una parte importante del proceso de limpieza y
rejuvenecimiento: un porcentaje de los productos de desecho del cuerpo se eliminan
a través de los pulmones. Esto pone de relieve la importancia de dormir en una
habitación bien ventilada.
El sueño se puede dividir en dos partes: la de antes y la de después de la
medianoche. En el adulto, los procesos más importantes de purificación y renovación
tienen lugar mientras duerme durante las dos horas anteriores a la medianoche. Este
período se caracteriza por un sueño muy profundo que a menudo recibe el nombre de
«primer sueño», «sueño reparador» o incluso «sueño de belleza»; normalmente dura
alrededor de una hora, de 11 a 12 de la noche. En esa fase, entras en un estado no
onírico de profunda relajación con un consumo de oxígeno considerablemente bajo,
lo que te reporta un gran descanso. El provecho que saca tu cuerpo de esta sola hora
de sueño profundo es equiparable al de las tres horas siguientes, cuando tu consumo
de oxígeno vuelve a aumentar.
Durante este primer sueño, tu organismo segrega en abundancia los denominados
factores de crecimiento. Estas potentes hormonas son las responsables del
desarrollo, la reparación y el rejuvenecimiento de las células; las personas
envejecen más deprisa si no las producen en suficiente cantidad. La última «moda»
en el campo de la cosmética es consumir hormonas de crecimiento sintéticas que,
aunque tienen un notable efecto rejuvenecedor, también pueden tener devastadores
efectos secundarios, incluyendo cardiopatías y cáncer. En cambio, si tu cuerpo tiene
la oportunidad de segregar sus hormonas de crecimiento naturales en el momento
oportuno y en la cantidad correcta, como ocurre durante el sueño profundo, puede
conservarse vital y joven.
Este sueño profundo y reparador casi nunca se presenta durante la madrugada; así
que, para aprovecharlo, conviene que te acuestes antes de las 10 de la noche. Si te lo
pierdes por sistema debido a trasnochar, tenderán a agotarse tu cuerpo y tu mente; en
ese caso se desencadenarán respuestas anormales de estrés, poniendo en marcha la
secreción de hormonas como la adrenalina, el cortisol o el colesterol (¡sí, el
colesterol es una hormona del estrés!). Cuando las reservas de energía del organismo
se han consumido, el resultado es la fatiga crónica. La fatiga se puede considerar
como un factor de primer orden de los problemas de salud que vemos en la
actualidad.
Unos investigadores clínicos de la Universidad de California en San Diego han
descubierto que la pérdida de tan sólo unas horas de sueño no sólo hace que la
persona se sienta cansada al día siguiente, sino que también puede afectar a su
sistema inmunológico; en potencia, puede reducir su capacidad de combatir las
infecciones. Dado que la inmunidad disminuye con el cansancio, tu cuerpo pierde la
capacidad de defenderse de las bacterias, los virus y demás microbios, y ya no
puede arreglárselas con la acumulación de sustancias dañinas.

De 2:00 a 6:00
El objetivo primario del organismo durante este segmento horario del ciclo
cotidiano es enviar los productos de desecho procedentes del hígado, las células, el
intestino y otras partes a los órganos, aparatos y sistemas de desintoxicación y
excreción. El sistema linfático se encarga de neutralizar los microbios dañinos, los
desechos metabólicos, los restos celulares, las células que están extenuadas y las que
están enfermas. El recto forma materia fecal, lo que induce la evacuación; y los
riñones envían orina a la vejiga, lo que da lugar a la micción. La piel también recibe
los productos de desecho que le llegan en este espacio de tiempo; de ahí que sea tan
importante lavarse o ducharse por la mañana.
Para poder eliminar con eficacia los desechos, tu cuerpo necesita estar despierto
y en posición vertical. Por tanto, es preferible que te despiertes y levantes un poco
antes del amanecer. Hasta llegar a la adolescencia, los niños tienen un ciclo de
melatonina ligeramente distinto, así que necesitan acostarse una hora antes por la
noche y levantarse una hora después por la mañana.

Resumen
Estructurar nuestra vida cotidiana conforme a nuestro reloj biológico natural es
una de las cosas más importantes que podemos hacer para aumentar nuestro bienestar
y reforzar nuestra salud. Es inevitable que surjan situaciones en las que haya que
hacer alguna excepción; pero, cuanto más constante sea nuestro estilo de vida, más
capaces seremos de favorecer nuestros procesos biológicos de curación y
regeneración.
21

El poder de nuestros pensamientos y emociones

En estos últimos años ha aumentado el nivel de concienciación sobre el hecho


de que nuestros pensamientos y emociones afectan profundamente a nuestra salud.
Los hospitales han registrado innumerables casos de lo que se conoce en general
como «remisión espontánea», que consiste en una discontinuación del cáncer u otras
enfermedades graves poco después de que el paciente cambie su forma de pensar y
de sentirse consigo mismo, o de que adopte una actitud mucho más positiva respecto
a la vida.(12)
La labor terapéutica pionera de Louise Hay con pacientes de sida ha puesto de
relieve que, al cambiar de forma de pensar y de sentirnos con nosotros mismos,
podemos efectivamente ocasionar una profunda curación en nuestro cuerpo. En su
libro Usted puede sanar su vida(7) escribe que la creencia más común de los
pacientes con los que ha trabajado es que «no son lo bastante buenos» o que «no se
merecen» mejorar. Luego indica que el resentimiento, las críticas, la culpa y el
miedo son las cuatro cosas que provocan los principales desarreglos en nuestro
cuerpo y en nuestra vida.
El cuerpo humano no dispone de programas específicos de la enfermedad, pero sí
tiene muchos programas para mantener un estado de equilibrio perfecto. Lo natural
es que el ser humano esté sano; pero a nosotros nos toca establecer las condiciones
para que dichos programas funcionen de manera eficaz. No puede haber curación si
no hay felicidad. Donde más palpable es esto es en los individuos que han perdido a
un ser querido, cuya alegría ha desaparecido casi por completo. Las personas viudas
son uno de los principales grupos de riesgo del cáncer. La tristeza causada por la
pérdida del ser querido bloquea la respuesta inmune normal de la persona para
combatir las células cancerosas, aun cuando su recuento de linfocitos T sea normal.
Los últimos estudios sobre cardiopatía indican que la falta de felicidad y
satisfacción laboral encabeza la lista de factores de riesgo para el infarto de
miocardio.
En su reciente libro La biología de la creencia,(11) Bruce Lipton echa por tierra
la antigua premisa de que son nuestros genes los que controlan la biología de nuestro
organismo, y por tanto nuestra salud. Describe la manera en que nuestros
pensamientos y emociones controlan nuestros genes, que a su vez desempeñan un
papel importante en el funcionamiento de nuestro cuerpo.
En 1989, el doctor Masaru Emoto(6) de Japón adquirió un analizador de
resonancia magnética para utilizarlo en su consulta médica. Al analizar ciertas pautas
energéticas relacionadas con las enfermedades concretas que estaba tratando,
consiguió infundirlas en agua pura, que luego daba a beber a sus pacientes. El uso de
este líquido, que denominó «agua Hado», produjo unos resultados curativos
impresionantes. Sin embargo, muchos de sus contemporáneos de las comunidades
científica y médica se mostraron escépticos; así que el doctor Emoto se puso a
pensar en otras formas de demostrar las cualidades energéticas que había infundido
en el agua.
Un día, cuando estaba leyendo un artículo sobre la estructura cristalina de los
copos de nieve, le llamó la atención el hecho de que no haya dos copos idénticos. Se
le ocurrió que, como los copos de nieve son simplemente agua congelada, podía
congelar agua Hado para ver qué tipo de cristales de hielo se formaban. No tuvo
éxito de inmediato; pero fue perseverante, y finalmente pudo observar al
microscopio y fotografiar un cristal increíblemente bello.
Al proseguir sus experimentos, el doctor Emoto descubrió que con el agua del
grifo de la ciudad de Tokio no era capaz de obtener cristales como ése. De modo que
empezó a experimentar con agua de distintas procedencias, y comprobó que en el
agua pura de fuentes naturales como los manantiales, los arroyos y las cascadas se
forman sistemáticamente bellos cristales de forma hexagonal.
Con el tiempo, empezó a preguntarse si la naturaleza de los cristales de hielo se
vería afectada por los pensamientos, las palabras o los sentimientos que se
proyectasen en el agua antes de que se congelase. Para su deleite y sorpresa,
descubrió que eso cambiaba totalmente la cosa. A base de realizar numerosos
experimentos, el doctor Emoto averiguó que la combinación de las palabras «amor»
y «gratitud» era la que aparentemente producía la vibración energética más positiva,
como podía verse en los cristales resultantes.
Teniendo en cuenta que el agua supone aproximadamente un 65 por 100 del peso
corporal en el ser humano, no podemos ni imaginar hasta qué punto los pensamientos
que albergamos y las palabras que pronunciamos afectan a nuestra salud.
Parece evidente que la tradición espiritual de dar gracias por los alimentos y
«bendecirlos» antes de comer tiene un significado y una importancia que van más
allá de lo meramente ceremonial. Si recordamos que la combinación de «amor» y
«gratitud» produce la estructura cristalina más poderosa en términos de energía; si
damos gracias por los alimentos que vamos a comer, y si proyectamos «amor» en
ellos antes de hacerlo, conseguiremos no sólo energizar nuestra comida de una
manera positiva, sino también trasformar cualquier impureza que pueda contener.
22

Nuestra respuesta orgánica al estrés

La tensión nerviosa prolongada es uno de los mayores impedimentos para la


salud y el bienestar. Casi todos nos estresamos en la vida de vez en cuando, y
nuestro cuerpo está preparado para responder en consecuencia. Por ejemplo, si nos
encontramos de pronto en peligro físico, experimentamos la respuesta de estrés «de
huida o lucha», que nos ayuda a protegernos de ese peligro. Siempre y cuando las
experiencias de este tipo no sean frecuentes, el organismo humano por lo general es
capaz de restablecer el equilibrio normal sin que se produzca a la larga ningún
efecto importante sobre su salud.
Las situaciones de estrés más perjudiciales son las recurrentes, como las que se
producen en un trabajo estresante o en una relación con falta de armonía; o cuando
uno se preocupa constantemente por su situación financiera. El mero hecho de ver el
telediario tiende a estresarnos, pues reaccionamos emotivamente a las situaciones
que nos parecen trágicas o injustas. El libro Rasgar el velo de la dualidad(14)
aborda las cuestiones que tienden a causar tensión nerviosa, y ofrece apreciaciones y
consejos sobre la manera de vivir en paz y armonía incluso en medio del aparente
caos de nuestro mundo contemporáneo.

Crecimiento o protección
En su libro La biología de la creencia,(11) publicado recientemente, el doctor
Bruce Lipton analiza el concepto de «crecimiento o protección». En esencia, este
concepto ilustra que el miedo y el estrés afectan de manera drástica a los procesos
fisiológicos de nuestro organismo.
La historia comienza a nivel celular. El doctor Lipton se dedicó durante muchos
años a la investigación en el campo de la biología; en concreto, estudiaba el
funcionamiento de las células humanas. Uno de los primeros fenómenos que advirtió
fue que si colocaba células endoteliales humanas en el centro de una placa de Petri y
luego ponía nutrientes en el borde, las células se acercaban poco a poco hacia ellos.
En cambio, si lo que ponía en el borde de la placa eran toxinas, las células se
alejaban de éstas. En otras palabras, las células humanas hacen una de dos cosas que
son incompatibles: aproximarse a lo que es alimenticio para ellas, o apartarse de lo
que es peligroso. Expresándolo en sus términos, las células humanas están en todo
momento o en un estado de «crecimiento» o en un estado de «protección».
Nuestro cuerpo está formado aproximadamente por 50 billones de células; y, al
igual que ellas, tiende a estar en uno de dos estados: el de crecimiento o el de
protección. En este caso, el término «crecimiento» se emplea en el sentido no sólo
de aumentar de tamaño, como cuando pasamos de la infancia a la edad adulta, sino
también en el de la continua labor de sustentación y regeneración que realiza nuestro
organismo durante toda la vida.
El centro de crecimiento de nuestro cuerpo es la región «visceral», que
comprende el aparato digestivo, los pulmones, el corazón, el hígado y los riñones:
todos ellos órganos que desempeñan un papel clave en nuestra sustentación y
regeneración. El aspecto protector del organismo tiene dos facetas: la protección
interna y la externa. El principal sistema encargado de la protección interna es el
inmunológico; y de la protección externa se ocupa el aparato somático, como
nuestros brazos y piernas, que nos permiten responder a una situación de huida o
lucha.
En circunstancias normales, si nuestra situación vital es razonablemente tranquila
y nos sentimos seguros, nuestro cuerpo estará en estado de crecimiento la mayor
parte del tiempo. Sin embargo, si nos encontramos de repente en una situación
peligrosa, como por ejemplo un terremoto, nuestro organismo pasa de inmediato al
estado de protección. Este cambio lo inicia el sistema nervioso, actuando a través de
las glándulas endocrinas.
Cuando nuestro cuerpo pasa del estado de crecimiento al de protección, nos
ocurren principalmente tres cosas:

• Se restringe la irrigación de las vísceras, y la sangre es desviada al aparato


somático (brazos, piernas, etc.). En consecuencia, el funcionamiento de los
sistemas de sustentación, como nuestro aparato digestivo, se reduce al mínimo.
• Volviendo al ejemplo del terremoto, como se trata de una amenaza externa, no
interna, se suspenden temporalmente las funciones del sistema inmunológico a
fin de ahorrar energía, de modo que esté disponible para la actividad somática.
Es una situación análoga a la que se produce en un moderno avión comercial que
se dispone a despegar: poco antes de acelerar por la pista, el piloto desconecta
sistemas auxiliares como el del aire acondicionado para reservar toda la energía
para la propulsión de los motores en el momento del despegue.
• El riego cerebral cambia: la sangre es desviada del prosencéfalo, donde tiene
lugar nuestro pensamiento racional, al rombencéfalo, que se ocupa de nuestras
respuestas reflejas. Dado que los lóbulos frontales del prosencéfalo se encargan
de nuestra facultad de discurrir, cuando pasamos al estado de protección
dejamos temporalmente de pensar con lógica. Con frecuencia se oyen historias
de senderistas experimentados que se pierden cuando empeora el tiempo. Si un
senderista se deja dominar por el pánico, lo normal es que no tome decisiones
racionales para su supervivencia. Por ejemplo, puede seguir caminando sin
rumbo fijo y a toda velocidad hasta caer rendido, en vez de dedicar su energía a
construir un refugio en el que esperar a que pase la tormenta.

Si nuestro organismo permanece en el estado de protección durante un período de


tiempo relativamente corto, nuestros procesos internos relacionados con el
crecimiento apenas se ven perjudicados. Sin embargo, a diferencia de la célula
individual, que en todo momento está o bien en un estado de crecimiento total o en un
estado de protección total (pues son mutuamente excluyentes), el colectivo de células
que constituye nuestro cuerpo puede encontrarse en un estado intermedio entre el de
crecimiento total y el de protección total. Esto es lo que nos ocurre cuando nuestra
vida está plagada con frecuencia de estrés.
Por ejemplo, sabemos que cuando estamos sometidos al estrés o la confusión, con
frecuencia sufrimos indigestión. También sabemos que, durante los períodos de
estrés, es más probable que pesquemos un resfriado o experimentemos otros
achaques. Podemos darnos cuenta, o no, de que nuestra capacidad de razonar no es
tan buena en las situaciones estresantes; dado que es la mente racional la que
«observa» nuestros pensamientos en tales situaciones, el propio observador puede
no ser capaz de observar con claridad.
En su libro, el doctor Lipton pasa a describir cómo afecta este concepto de
«crecimiento o protección» al desarrollo del feto durante la gestación. El feto vive
inmerso en el campo emocional de su madre, y esas emociones repercuten
drásticamente en su desarrollo. Si las emociones maternas normalmente son serenas
y tiernas, entonces el prosencéfalo del feto se desarrollará de una manera normal y
sana. Sin embargo, si la madre está embargada con frecuencia por el miedo y la ira,
la naturaleza prepara al feto para vivir en un entorno emocional proporcionalmente
igual de duro al nacer; para ello, potencia más el desarrollo del rombencéfalo a
expensas del prosencéfalo. El doctor Lipton señala que la inteligencia del niño
puede verse afectada hasta en un 50 por 100 por el entorno emocional imperante
durante su desarrollo en el útero.
El DVD/vídeo del doctor Lipton titulado Nature, Nurture and the Power of
Love(25) suministra información importante para todos nosotros sobre cómo
nuestros pensamientos y emociones afectan a nuestro organismo. Contiene un
mensaje de especial importancia para las parejas jóvenes que están pensando en
empezar a tener hijos.
23

Vivir conscientemente

Vivir conscientemente es recrear nuestra vida de la forma en que queremos que


sea. La buena salud y la vitalidad nos pertenecen por derecho natural. Sean cuales
sean nuestra edad o nuestro estado de salud, nunca es tarde para hacer cambios
positivos que nos ayuden a curarnos, de modo que podamos disfrutar la vida al
máximo.
Hoy día, la televisión, el cine, la prensa y otros medios de comunicación nos
bombardean constantemente con mensajes e imágenes que están concebidos para
influir en nuestras opciones vitales. Una buena parte de este bombardeo es
ostensible, como las ingeniosas campañas publicitarias destinadas a atraer a grupos
específicos de individuos; pero otra parte es más sutil, y su propósito es reforzar
nuestros comportamientos culturales.
Todos estamos familiarizados con el aluvión de anuncios publicitarios de la
industria farmacéutica para promocionar un medicamento u otro como la solución
definitiva para diversos problemas de salud. Lo que ya no es tan obvio es ese
sempiterno aviso que contienen del tipo de «Consulte siempre a su médico o
farmacéutico antes de empezar a tomar [y aquí pones el nombre del medicamento de
que se trate]» perpetúa la idea de que estas personas son la máxima autoridad en lo
que se refiere a tomar decisiones saludables en tu vida.
Vives conscientemente cuando te haces cargo de tu vida; lo que implica, entre
otras cosas, que tomas decisiones en pro de tu salud. Es cierto que los médicos
desempeñan un papel importante en nuestro sistema de sanidad pública,
especialmente en lo que se refiere a ocuparse de traumas como las lesiones físicas.
Pero necesitamos educarnos mejor sobre el funcionamiento de nuestro organismo, y
sobre cómo podemos colaborar con sus procesos fisiológicos naturales para
fomentar nuestra salud y vitalidad.
Para muchas personas, elaborar un plan de vida basado en la sabiduría interior, y
no en las influencias externas, es un cambio fundamental. No siempre es fácil ir
contra la corriente cultural, ser ése que siempre «destaca» cuando está con un grupo
de amigos.
Para cambiar nuestra vida, lo primero que tenemos que hacer es aclarar nuestras
intenciones. Exploremos un poco más esta idea. Las intenciones son literalmente un
campo de energía que irradiamos desde el centro de nuestro ser –nuestro «corazón»–
mientras vivimos nuestras experiencias diarias. Este campo energético unificado
consta de nuestras emociones y nuestros pensamientos, que están integrados en él.
Si al despertarnos cada mañana dedicamos unos momentos a aclarar nuestras
intenciones para el día que tenemos por delante, lo que hacemos literalmente es
preprogramar la naturaleza de las experiencias que vamos a atraer. Por ejemplo, si
afirmamos que tenemos la intención de ser amables con cada persona que
encontremos a lo largo del día, y si dedicamos unos instantes a imaginar los
sentimientos que nos producirán esos encuentros, entonces irradiaremos las energías
de la amabilidad durante toda la jornada. Y se producirá una resonancia cuando
encontremos a otras personas que también irradian la intención (el campo unificado
de energía) de ser amables. Gracias a su «voz interior», o «intuición», se sentirán
atraídas a interactuar con nosotros en la onda de la amabilidad. La interacción puede
ser algo tan sencillo como sonreírnos al cruzarse con nosotros, o bien algo más
expansivo.
En cambio, si vivimos inconscientemente y dejamos que nuestras intenciones
estén dominadas por emociones y pensamientos negativos, se producirá una
resonancia con otros individuos que irradian una energía negativa similar. En
consecuencia, lo más probable es que nuestras experiencias a lo largo del día sean
mucho más negativas o agotadoras, reforzando así nuestra negatividad.
Y, en relación con el estado físico personal, si empezamos la jornada afirmando
nuestra intención de hacer exclusivamente cosas que contribuyan a nuestra salud y
vitalidad, tenderemos a vivir de una manera más sana. Los cambios en la vida rara
vez son instantáneos o fáciles de hacer. Pero, al igual que el niño que está
aprendiendo a caminar, si empezamos dando pequeños pasos y prestamos atención a
los progresos que hacemos, podremos adquirir la confianza necesaria para llegar a
avanzar a zancadas.
En su libro El poder de la intención,(5) el doctor Wayne Dyer describe ésta
como un campo energético que fluye invisiblemente más allá de los límites de
nuestras costumbres normales, cotidianas. Luego pasa a decir que este omnipresente
poder de la intención llega a todas partes; así que, para ser lo que queremos ser y
para conseguir lo que queremos conseguir, basta con que alineemos nuestra
intención, y todo el universo nos ayudará en la tarea.
Vivir conscientemente conlleva la integración y alineación de tu cuerpo, tu mente
y tu espíritu de una forma tal que te proporcione el coraje y la sabiduría que se
requieren para tomar decisiones importantes sobre la vida desde dentro, en lugar de
limitarte a responder a las influencias externas.
24

Conclusión

«La fuerza natural que se encuentra dentro de cada uno de nosotros es lo que
mejor cura nuestras enfermedades».
Hipócrates

Estar sanos y llenos de vitalidad a lo largo de la vida es algo que nos


corresponde por derecho natural. Nuestra intención en este libro ha sido
proporcionarte información sobre cómo cada uno de nosotros puede colaborar con
los procesos naturales de nuestro organismo para limpiar los residuos acumulados en
los distintos tejidos, órganos, aparatos y sistemas; y sobre cómo tomar decisiones
sensatas sobre los alimentos que ingerimos. También hemos puesto ejemplos de
cómo nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestro estilo de vida afectan a
nuestra salud.
Está fuera del ámbito del presente libro hablar de las diversas terapias naturales
como la terapia corporal, la homeopatía, la cromoterapia, la acupuntura, la terapia
floral y tantas otras; pero queremos reconocer aquí el valor y la importancia que
tienen a la hora de conseguir y mantener un estado de salud óptimo.
Aunque nos hemos centrado en la colaboración con los procesos naturales de
nuestro cuerpo, decididamente no pretendemos insinuar que la medicina
convencional que se practica en Occidente carezca de valor. Es difícil imaginar
cómo sería el mundo sin las salas de urgencias para tratar traumas tales como las
lesiones físicas.
Esperamos que este libro te inspire a aprender mejor cómo funciona tu organismo
para que seas capaz de tomar decisiones informadas con relación a tu salud y
bienestar. La salud está en tus manos; te invitamos a sentir el poder de la abundancia
de alternativas saludables que tienes a tu alcance.
Apéndice A

Quinesiología aplicada: «pruebas musculares:

Todo lo que experimentamos a nivel físico, mental o emocional afecta a todo


nuestro ser. Por ejemplo, un día podemos encontrarnos fenomenal y estar felices,
cuando de pronto nos llaman por teléfono para informarnos de que un amigo íntimo
ha muerto en un accidente y todo cambia de inmediato. En el plano físico, podemos
empezar a sentirnos débiles y a tener náuseas mientras tratamos de digerir la noticia
que acabamos de recibir.
Por el contrario, si en esas mismas circunstancias el mensaje telefónico indica
que acabamos de convertirnos en abuelos, y que tanto el bebé como la madre se
encuentran bien, lo más probable es que experimentemos oleadas de alegría y
gratitud por todo el cuerpo. En ese estado de euforia, nuestro organismo respondería
de un modo totalmente diferente al del ejemplo anterior.
La quinesiología aplicada se centra en la interrelación existente entre nuestros
pensamientos, nuestras emociones y nuestro cuerpo mientras experimentamos el
mundo que nos rodea. Toda sustancia emite una vibración con una frecuencia
determinada. Si nos hallamos en un entorno que contiene sustancias tóxicas, las
radiaciones que emiten nos afectarán negativamente. Igualmente, si caminamos por
un prado lleno de flores silvestres en plena montaña, su radiación también nos
afectará; pero de manera positiva.
Nuestra mente subconsciente controla nuestro sistema nervioso autónomo y es la
responsable de nuestras funciones físicas y neurológicas automáticas. Por ejemplo, si
decidimos conscientemente desplazarnos del dormitorio a la cocina, nuestro
subconsciente se hace cargo y ordena a todos los músculos correspondientes que
cumplan la tarea. Además, el subconsciente dirige el sinnúmero de funciones que
cumplen los órganos, aparatos y sistemas del cuerpo. En este sentido, podemos
considerarlo todo un «sabio».
Ese sabio, por las radiaciones que emite cada alimento, sabe si nos sentará bien o
mal en ese momento. Las «pruebas musculares» son una aplicación de la
quinesiología; nos permiten emplear la sabiduría de nuestro subconsciente para
poner a prueba los distintos comestibles a fin de determinar si son o no sanos para
nosotros. Sin embargo, te recomendamos que, en lugar de tratar de entender la
ciencia neurológico-fisiológica que hay detrás de este proceso, te limites a
experimentarlo por ti mismo para ver si funciona contigo.

Procedimiento de las pruebas musculares


Aunque hay algunos procedimientos que puedes seguir tú solo, este que te
recomendamos, al menos como punto de partida, requiere la ayuda de un compañero.

Paso 1
Ponte de cara a tu compañero, como se ilustra en la figura 1. Extiende un brazo
horizontalmente hacia un lado; da igual que sea el derecho o el izquierdo, pero no
debe dolerte ni tener lesiones (deja el otro relajado y colgando en el costado).
Entonces tu compañero te cogerá la muñeca del brazo extendido, sin apretarla, y te
colocará la otra mano sobre el hombro para mantener estable su postura. Debes
mantener el cuerpo relajado, con la cabeza erguida, pero con los ojos abiertos y
mirando al suelo; asegúrate de que no la inclinas hacia delante.

Paso 2
Este paso consiste en que establezcas una comunicación quinesiológica con tu
compañero. En primer lugar, piensa en algo que te haga sentir muy bien, como un
amigo muy querido o una experiencia estupenda. Cuando estés listo, tu compañero
debe decir «sé fuerte», e inmediatamente ejercer un poco de presión hacia abajo en
tu muñeca; por tu parte, tú debes hacer resistencia, tratando de mantener el brazo
horizontal. De este modo, los dos tendréis la oportunidad de comprobar la fuerza de
tu brazo cuando albergas pensamientos positivos.

Paso 3
A continuación, piensa en algo o alguien que no te guste. Como en el paso 2,
cuando estés preparado tu compañero debe decir «sé fuerte» y ejercer presión
descendente en tu muñeca. Esta vez es probable que te cueste más trabajo resistir a
la presión, y que tu brazo acabe en la postura ilustrada en la figura 2.

Paso 4
Practica este proceso unas cuantas veces para cogerle el tranquillo. La presión
que ejerce tu compañero hacia abajo siempre debe ser moderada. No se trata de ver
quién es el más fuerte de los dos, sino que ambos percibáis cuándo tu brazo muestra
más fuerza o más debilidad hacia algo. El motivo de decir «sé fuerte» justo antes de
hacer presión es avisarte para que te prepares para ofrecer resistencia a ella. Si se te
cansa el brazo, cambia al otro o descansa un rato.
Tal vez quieras hacer un experimento, que puede hacer que te sientas más cómodo
con el proceso. Por ejemplo, en vez de pensar en algo que hace que te sientas bien,
haz una declaración que sea cierta, del tipo de «el hielo está frío»; en este caso, tu
brazo debería mostrar fuerza en la prueba. Y luego, en lugar de pensar en una
persona o una situación que no te gusta, di algo que sepas que es falso, como «el
hielo está caliente»: ahora tu brazo debería mostrar debilidad.

Paso 5
Ahora ya estás listo para empezar a poner a prueba los distintos alimentos.
Empieza por algo que contenga azúcar blanco, como un terrón o un azucarero, que
sostendrás en la mano del brazo que mantienes pegado al cuerpo. Una vez que hayas
adoptado la postura del paso 1, haz una declaración del tipo de «este azúcar es sano
para mí». Entonces, como antes, tu compañero dirá «sé fuerte» y hará presión hacia
abajo en el brazo extendido. En este caso, tu brazo probablemente cederá, adoptando
la postura ilustrada en la figura 2.
A continuación, elige otra muestra de comida, como por ejemplo un cogollo de
brécol, y repite el experimento. Al probar distintos alimentos, probablemente podrás
determinar el efecto de cada uno en la fuerza de tu brazo, que será mayor cuanto más
sano sea ese alimento en particular para ti. Del mismo modo, cuanto menos sano sea
un alimento para ti, más débil se mostrará tu brazo. Si se te cansa, no sigas: cambia
de brazo o descansa un rato, pues de lo contrario la prueba no será exacta.

Resumen
El subconsciente no miente;(4) si realizas bien las pruebas, los resultados
deberían ser fiables. Con un poco de práctica probablemente aprenderás no sólo a
determinar si cada comestible es beneficioso o perjudicial para ti, sino también en
qué grado lo es.
Existen otras técnicas para aprovechar la sabiduría del cuerpo, como por ejemplo
la radiestesia con péndulo o el empleo de una varita energética. Tal vez te convenga
probar varios métodos para ver cuál funciona mejor contigo. Una ventaja de los
péndulos o las varitas de energía es que no requieren la ayuda de otra persona.
Apéndice B

La limpieza renal

Si debido a la presencia de cálculos biliares en el hígado, o por otros motivos,


hay piedras o arenilla en los riñones o en la vejiga urinaria, es posible que también
se precise una limpieza renal.
Los riñones son órganos muy delicados que filtran la sangre y que se congestionan
fácilmente a raíz de una mala digestión, de una situación de estrés o de un estilo de
vida irregular. La principal causa de congestión de los riñones son los cálculos
renales. Sin embargo, la mayoría de piedras, cristales o granos de arena de los
riñones son demasiado pequeños para detectarlos con instrumentos de diagnóstico
modernos, como los rayos X.
Las siguientes hierbas, tomadas diariamente durante un período de veinte a treinta
días, pueden contribuir a disolver y eliminar los diferentes tipos de cálculos del
riñón, incluidas las piedras de ácido úrico, ácido oxálico, fosfato y aminoácidos. Si
ya se han tenido piedras en los riñones y se desea limpiarlos por completo, quizá
deba repetirse varias veces esta limpieza en intervalos de seis a ocho semanas.

Ingredientes
Mejorana (30 g) • Uña de gato (30 g) • Raíz de consuelda (30 g) • Semilla de
hinojo (60 g) • Achicoria (60 g) • Gayuba (60 g) • Raíz de hortensia (60 g) • Raíz de
eupatorio purpúreo (60 g) • Raíz de malvavisco (60 g) • Hierba de solidago (60 g)
Nota: en Mineápolis (Minnesota), la herboristería «The Present Moment Book &
Herbs» vende todas estas hierbas ya mezcladas en la proporción adecuada. Si
quieres más información, consulta el apartado «Fuentes» al final del libro.

Instrucciones
Mezclar bien 30 g de las tres primeras hierbas y 60 g de las demás. Acto seguido
se introducen en un recipiente hermético. Antes de irse a la cama, se vierten dos o
tres cucharadas colmadas de la mezcla en dos tazas de agua, se tapan y se dejan
reposar durante toda la noche.
A la mañana siguiente, se pone a hervir la mezcla a fuego lento durante unos
minutos y se cuela. En caso de olvidarse de preparar la infusión por la noche, debe
hervirse por la mañana y luego dejarla reposar o que siga hirviendo a fuego lento
durante de 10 a 15 minutos antes de colarla.
Después, se toman unos sorbos de 6 a 8 veces a lo largo del día. Esta infusión no
tiene por qué tomarse templada o caliente, pero tampoco debe refrigerarse. No
conviene añadirle azúcar o edulcorantes, y después de haber comido es preciso
esperar una hora por lo menos antes de tomar los sorbos siguientes.
Este procedimiento debe repetirse durante 20 o 30 días. Si se nota alguna
molestia o rigidez en la región lumbar, se debe al paso de los cristales salinos de los
cálculos renales a través de los uréteres del aparato urinario. Un olor penetrante y un
color oscuro de la orina al principio de la limpieza o durante ésta es señal de que se
está eliminando una cantidad importante de toxinas. Normalmente, el proceso de
eliminación es gradual y no altera notablemente el color o la textura de la orina.

Aviso importante: durante la limpieza, conviene ayudar a los riñones bebiendo


cantidades adicionales de agua: un mínimo de 6 y un máximo de 8 vasos al día.
Durante la limpieza no deben consumirse productos animales, productos lácteos,
té, café, alcohol, bebidas carbónicas, chocolate u otros alimentos o bebidas que
contengan conservantes, edulcorantes artificiales, agentes colorantes, etc. Durante la
limpieza renal, las sustancias fuertes como los productos químicos no sólo pueden
interferir en la limpieza, sino que también pueden causar lesiones en los riñones.
Además de beber esa infusión renal todos los días, se puede, asimismo, masticar
un trocito de corteza de limón de cultivo ecológico en el lado izquierdo de la boca y
un trocito de zanahoria en el lado derecho, unas 30 o 40 veces cada uno. Esto
estimula las funciones renales. Hay que dejar pasar más o menos media hora entre
los «ciclos» de masticación.

Advertencia: cuando la persona tiene más de 70 años o está bastante enferma,


debe hacer la limpieza renal durante 6 semanas. Si ya ha tenido cálculos renales en
el pasado, o le han diagnosticado la presencia de grandes piedras en el riñón o la
vejiga, o si padece dolor crónico o rigidez en el pubis, los dedos de las manos o los
pies, puede que necesite añadir el siguiente procedimiento de alcalinización a la
limpieza renal:

1. Comprobar la acidez de la orina con un indicador de pH como el papel


tornasol, que cambia de color en función de que el líquido que se comprueba sea
ácido o alcalino; se vende en la mayoría de las farmacias y en las tiendas de
material de laboratorio. Lo primero que hay que hacer por la mañana es mojar
un trocito de este papel en el chorro de orina. Si indica que el pH es de 5,5 o
más bajo, el grado de acidez puede ser excesivo, lo que indicaría que hace falta
un tratamiento alcalinizante. Lo normal es tener un pH de alrededor de 6 en la
orina matutina; sin embargo, es de alrededor de 4,5 en la mayoría de la gente
que tiene dolor en las articulaciones, lo que significa que ha precipitado más
ácido úrico durante la noche. Eso puede causar un dolor agudo por la mañana.
Durante el día, el pH de la orina tiende a ser menos ácido y el enfermo suele
encontrarse mejor, pues parte de los depósitos ácidos se neutralizan.
2. Para la alcalinización del organismo, mezclar bien dos partes de bicarbonato
sódico y una parte de bicarbonato sódico-potásico en un tarro de vidrio. Luego
se echa una cucharadita rasa de esta mezcla en un vaso grande de agua (no fría)
y se bebe al acostarse, al menos dos horas después de cenar. Es preferible
beberlo de una vez. A la mañana siguiente, el pH de la orina debería ser más o
menos de 6. Si no es así, hay que aumentar la dosis a una cucharadita colmada.
Conviene comprobar el pH de vez en cuando para ver cuándo hay que reducir la
dosis; el objetivo es que se mantenga en 6. Al hacer la alcalinización al
acostarse, se impide que el pH de la orina descienda demasiado durante la
noche. Eso reducirá los depósitos de las articulaciones y, al mismo tiempo,
impedirá que los cristales disueltos en el riñón se reagrupen formando nuevos
cálculos. Hay que seguir aplicando este tratamiento alcalinizante durante toda la
limpieza renal, o mientras continúe el dolor en los dedos de las manos o los
pies.

Nota: si no se dispone de bicarbonato sódico-potásico, se puede usar sólo


bicarbonato sódico. La dosis debería ser de media cucharadita (o un poco más si es
necesario) en un vaso de agua, que se toma a la hora de acostarse.
Apéndice C

Lista de alimentos alcalinizantes y acidificantes

A continuación figura una lista de alimentos y bebidas comunes, indicando hasta


qué punto son alcalinizantes o acidificantes.(2) La clasificación de las frutas y
verduras se basa en su estado natural. Cualquier proceso como cocinar, congelar,
envasar o preparar en conserva con azúcares y sustancias químicas reduce mucho las
cualidades alcalinizantes de los alimentos; en muchos casos se vuelven acidificantes.

Frutas y bayas

Cereales
Nota: los cereales acidificantes se vuelven ligeramente alcalinizantes al
germinar.
Verduras y hierbas

Legumbres
Nota: las legumbres acidificantes se vuelven alcalinizantes al germinar.
Frutos secos
Nota: cocinar, ahumar o tostar los frutos secos no sólo reduce su cualidad
alcalinizante, sino que extrema la acidificante. También destruyen ciertas vitaminas,
lo que los hace más indigestos. En cambio, si los ponemos a remojar en agua durante
la noche anterior al ingerirlos aumentamos su cualidad alcalinizante; y eso también
elimina un inhibidor de la digestión que suele encontrarse en ellos, así que ésta es la
mejor forma de prepararlos para la ingestión.

Semillas
Nota: en su mayoría, las semillas germinadas son medianamente alcalinizantes.
Las semillas sin germinar (a excepción del sésamo) son ácidas. Dado su elevado
contenido de calcio orgánico utilizable, el sésamo ocupa una categoría especial.
Carnes

Bebidas

Alimentos procesados
Prácticamente todos los alimentos procesados son de medianamente a
extremadamente acidificantes, como la pasta, la repostería y los alimentos
precocinados; y, en especial, los que están elaborados con harinas refinadas.
Apéndice D

Lista de síntomas de la acidosis

A continuación figura una lista de los síntomas que suelen resultar de un exceso
de residuos ácidos en las células y tejidos de nuestro organismo.(2)

SÍNTOMAS INICIALES

SÍNTOMAS INTERMEDIOS
SÍNTOMAS AVANZADOS
Apéndice E

Grupos de alimentos

Proteínas

Fécula

Verduras «de hoja verde»


Frutas (dulces)

Frutas (subácidas)

Frutas (ácidas)

Melones
Notas

Referencias, libros e informes

1. Batmanghelidj, Fereydoon, doctor en medicina. Your Body’s Many Cries for


Water. Global Health Solutions, Inc., Falls Church, Carolina del Norte, 1992.

2. Baroody, Theodore A., doctor en filosofía, naturopatía y quiropráctica.


Alkalize or Die. Holographic Health Press, Waynesville, Carolina del Norte, 1991.

3. Blauer, Stephen. The Juicing Book. Avery, Penguin Group, Inc. EE. UU., 1989.

4. Diamond, John. Your Body Doesn’t Lie. Warner Books, Nueva York, 1979.

5. Dyer, Wayne, doctor en filosofía. El poder de la intención. Debolsillo,


Barcelona, 2009.

6. Emoto, Masaru. Los mensajes ocultos del agua. Santillana – Alamah


Autoayuda, México, 2008.

7. Hay, Louise L. Usted puede sanar su vida. Books4pocket, D.L., Barcelona,


2010.

8. Jensen, Bernard, doctor en filosofía y quiropráctica. Guide to Body Chemistry


and Nutrition. Keats Publishing, Los Ángeles (California), 2000.

9. Jensen, Bernard, doctor en filosofía y quiropráctica. Foods that Heal. Avery,


Penguin Group, Inc. EE. UU., 1988.

10. Jensen, Bernard, doctor en filosofía y quiropráctica. The Healing Power of


Chlorophyll from Plant Life. Bernard Jensen Enterprises, Escondido (California),
1973.

11. Lipton, Bruce H., doctor en biología celular. La biología de la creencia: la


liberación del poder de la conciencia, la materia y los milagros. Gaia, Móstoles
(Madrid), 2010.
12. Moritz, Andreas. ¡El cáncer no es una enfermedad!: el cáncer es un
mecanismo de supervivencia. Ediciones Obelisco, Barcelona, 2007.

13. Moritz, Andreas. Es hora de vivir. Ediciones Obelisco, Barcelona, 2011.

14. Moritz, Andreas. Rasgar el velo de la dualidad. Ediciones Obelisco,


Barcelona, 2010.

15. Moritz, Andreas. Los secretos eternos de la salud. Ediciones Obelisco,


Barcelona, 2008.

16. Moritz, Andreas. Limpieza hepática y de la vesícula. Ediciones Obelisco,


Barcelona, 2010.

17. Null, Gary, doctor en filosofía; Carolyn Dean, doctora en medicina y


naturopatía; Martin Feldman, doctor en medicina; Debora Rasio, doctora en
medicina, Dorothy Smith, doctora en filosofía. Death by Medicine. Axios Press,
Mount Jackson (Virginia), 2010.

18. Oski, Frank A., doctor en medicina. Don’t Drink Your Milk . TEACH
Services, Inc., Brushton (Nueva York), 1996.

19. Robbins, John. Diet For A New America. H. K. Kramer, Tiburon (California),
1987.

20. Shelton, Herbert M. La combinación de alimentos. Ediciones Obelisco,


Barcelona, 2007.

21. Vasey, Christopher, doctor en naturopatía. The Acid-Alkaline Diet for


Optimum Health. Healing Arts Press, Rochester (Vermont), 2003.

22. Walker, N. W. Raw Vegetable Juices: What’s Missing in Your Body?


Norwalk Press, Phoenix (Arizona), 1970.

23. Whang, Sang. Reverse Aging. JSP Publishing, Miami (Florida), 1990.

24. Wigmore, Ann. Salud y vitalidad con la hierba de trigo. Océano, Barcelona,
2000.

DVD/Vídeos
25. Lipton, Bruce H., doctor en biología celular. Nature, Nurture and the Power
of Love. Mountain or Love Productions, www.brucelipton.com.
Fuentes

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Acerca de los autores

Andreas Moritz
Andreas Moritz es un médico intuitivo, especialista en medicina ayurvédica,
iriodología, shiatsu y medicina vibracional, además de escritor y artista. Nacido en
el sudeste de Alemania en 1954, Andreas tuvo que hacer frente a varias
enfermedades graves desde temprana edad, lo que le impulsó a estudiar dietética,
nutrición y diversos métodos de curación natural cuando todavía era un niño.
A la edad de 20 años, Andreas ya había concluido su formación en iriodología
(ciencia del diagnóstico a través del iris) y dietética. En 1981 empezó a estudiar
medicina ayurvédica en India y en 1991 completó su formación como médico
ayurvédico en Nueva Zelanda. En lugar de darse por satisfecho con el mero
tratamiento de los síntomas de las enfermedades, Andreas Moritz ha dedicado su
vida entera a comprender y tratar las causas profundas de la enfermedad. Gracias a
ese enfoque holístico, ha conseguido grandes éxitos en el tratamiento de
enfermedades terminales ante las que habían fracasado los métodos tradicionales.
Desde 1988 practica la terapia japonesa del shiatsu, que le ha permitido
comprender en profundidad el sistema energético de nuestro organismo. Además se
ha dedicado durante ocho años a la investigación activa de la consciencia y de su
importante papel en el terreno de la medicina mente-cuerpo.
Durante sus largos viajes por todo el mundo, el autor ha hablado con jefes de
estado y políticos de muchos países de Europa, Asia y África y ha pronunciado
numerosas conferencias sobre temas de salud, el binomio mente-cuerpo y la
espiritualidad. En sus populares seminarios sobre la obra Los secretos eternos de la
salud ayuda a las personas a aprender a responsabilizarse de su salud y bienestar.
Andreas organiza el foro libre «Ask Andreas Moritz» (pregunta a Andreas Moritz)
en la popular página web Curezone.com (con más de cinco millones de lectores, y
siguen aumentando). Si bien el autor últimamente ha dejado de escribir para el foro,
éste contiene un extenso archivo con respuestas a cientos de preguntas de
prácticamente todos los temas de salud.
Tras trasladarse a Estados Unidos en 1998, Moritz se ha dedicado a desarrollar
un innovador sistema de curación –el llamado Ener-Chi-Art–, que apunta a las raíces
más profundas de muchas de las enfermedades crónicas. Ener-Chi-Art consiste en
una serie de pinturas al óleo codificadas con rayos de luz capaces de restaurar al
instante el flujo de la energía vital (Chi) en todos los órganos y sistemas del cuerpo
humano. Moritz es también fundador de Sagrada Santimonia: cantos espirituales
para cada ocasión, un sistema de frecuencias sonoras especialmente generadas que
pueden, en sólo unos instantes, transformar temores profundamente arraigados,
alergias, traumas y bloqueos mentales y emocionales en oportunidades para el
crecimiento y la inspiración.

John Hornecker
Cada uno de nosotros debe encontrar su camino en la vida; pero con un poco de
suerte encontraremos mentores que nos mostrarán nuevas posibilidades. Por mi
parte, me siento sumamente agradecido pues reconozco que he tenido muchos; y entre
ellos destaca Andreas Moritz.
Nací en 1936 y me crié en una pequeña granja de Oregón. Nuestra huerta nos
proporcionaba en abundancia a la familia un montón de verduras, bayas y frutas
sanas. También criábamos algunos animales para proveernos de carne, huevos y
leche. Cuando salí de allí para irme a vivir a la ciudad, me vi atraído por algunos de
los imprudentes hábitos alimenticios y por el estilo de vida tan comunes entre mis
contemporáneos. Sin embargo, en 1970 experimenté un despertar espiritual, me hice
vegetariano y dejé de tomar café, alcohol y otras bebidas poco saludables.
Gracias a estos cambios en mi conciencia, mi dieta y mi estilo de vida, y a
educarme acerca de los planteamientos naturales sobre la salud por medio de
innumerables talleres y libros, he tenido una salud y una vitalidad excelentes durante
los últimos 35 años. Sin embargo, al acercarme a la «tercera edad» me di cuenta de
que seguía apoyando esa actitud cultural que afirma que la vejez conlleva
inevitablemente un deterioro general de nuestro estado de salud.
Conocí a Andreas Moritz en 1998, en una conferencia de paz celebrada en Israel.
Su extraordinaria comprensión del cuerpo humano y de su funcionamiento me ha
abierto todo un mundo de posibilidades; un mundo que permite conservar la salud y
la vitalidad independientemente de la edad. He aprendido de Andreas que el
deterioro de la salud está causado la mayoría de las veces por una acumulación
gradual de residuos en nuestros órganos vitales, que les impide desempeñar sus
importantes funciones. Pero, a través de unos procesos de limpieza interna
relativamente sencillos, podemos restaurar el funcionamiento sano y normal de
nuestros órganos y tener buena salud y vitalidad durante toda la vida.
Andreas ha escrito una larga serie de libros sobre salud, nutrición y estilo de vida
que pueden ser de gran ayuda para todos nosotros; para mí desde luego lo han sido.
Pero la vasta cantidad de información que ofrecen puede ser un tanto abrumadora
para alguien que se está empezando a plantear un método más natural para cuidar de
su salud. Así que estoy sumamente agradecido por haber tenido la oportunidad de
colaborar con Andreas en la creación de este libro introductorio, cuyo objetivo es
proporcionarte información básica para que puedas tomar decisiones más
informadas en la vida en relación con tu salud y tu bienestar personal.

John