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De Richard Wagner a Joseph Beuys:

obra de arte total e interdisciplinariedad


David De los Reyes

“No tengo dinero, pero lo que sí tengo


es un enorme deseo de cometer actos de terrorismo artístico”
Richard Wagner
(De la carta enviada a Franz Liszt (futuro suegro), en junio de 1849)
En el arte Joseph Beuys (1921 – 1986) está presente la huella de la tradición wagneriana
en sus propuestas estéticas y artísticas. Y ello no ha de dejarse pasar por debajo de la
mesa, al evidenciar cómo estte artista del siglo XX dará una traducción y una
actualización de algunos de los principios que marcan la concepción de una
expresión estética que tiene como finalidad una obra de arte comprensible para la
comunidad, para el público, sorteando las posturas clásicas del arte de lo bello y de
agradar al asumir una visión trágica y dramática de la creación. De allí que no sea
casual que encontremos una intensa relación de amor y odio con el artista total
romántico Richard Wagner (1813 – 1883). Su propuesta, la obra de arte
total (Gesamtkunstwerk), la captamos en ese punto de mira complejo y único de sus
óperas o dramas musicales. Y ese punto de intencionalidad creadora también se puede
observar en la diversidad de las instalaciones del artista demiurgo interdisciplinario
Beuys, como consecuencia creativa que busca ampliar la visión del arte hacia los límites
de la obra de arte total. Es lo que deja entrever la gran cantidad y variedad de trabajos y
registros que habitan su hacer: objetos diversos, múltiples, instalaciones, obra plástica,
música, películas, acciones, fundación de organizaciones políticas y univeritarias,
discusiones-conferencias, presencia en medios de comunicación y todo de cara
al público, como un factor vivo e integral de la obra.
Beuys sabía manejarse cómoda e intencionalmente entre medios de masa al tener
conciencia de la capacidad de penetración e influencia en ellos, convirtiéndose en un
mago de la palabra y la imagen. Era su anhelo de gestar una obra de arte total, de
creador absoluto, planteándose incidir en el vínculo artista-creación-público.
Este creador, a lo largo de su vida, declaró varias veces sobre la concepción de su
propuesta artística enraizada en la tradición romántico-wagneriana del arte de la obra de
arte total. ¿Qué recoge Beuys de todo eso? Según se conoce por diversos autores,
Wagner usó escasamente en sus escritos el término Gesamtkunstwerk para designar lo
que conocemos como obra de arte total; más bien se refirió a la obra de arte del
futuro (das Kunstwerk der Zukunft), que connota mucho menos la idea de “total” o
“absoluta” y mucho más la idea de “en común”. Denis Bablet señala que Wagner se
vale de una serie de equivalentes tales como la obra de arte más común (höchste
gemeinsames Kunstwerk); la obra de arte más general (allgemeinheitliches
Kunstwerk), y la obra de arte más total e inteligible (allgemein verstänliches
Kunstwerk). Por tanto, afirma, que quizá deberíamos entender por la wagneriana
palabra alemana Gesamtkunstwerk como obra de arte integral o, mejor, obra de arte en
común. Según Bablet, las palabras zusammen e insgesamt, bases etimológicas del
término, dan la idea de conjunto, de vocación unitaria y de ninguna manera de
totalidad ni homogeneidad, mucho menos la de coincidencia de las artes[1].
En La obra de arte del futuro (Das Kunstwerk der Zukunft), escrita en 1849 y publicada
en 1850 durante su exilio en Zúrich, el Wagner anarquista y revolucionario, denuncia
que desde la perspectiva de la vida pública el arte no es otra cosa sino lujo, frivolidad y
superficialidad, un pasatiempo de diversión para unos cuantos en su tiempo de ocio. Un
arte indiferente a la naturaleza de los sentidos, pero sobretodo, insensible a las
necesidades de la comunidad. Tal manifestación debe ser superada por una forma de
arte capaz de ir más allá de la red de intereses utilitarios en los que se encuentra, para
restituirlo a su naturaleza artística originaria.
Proponía entender al arte como un factor de vida en común y analizarlo en cuanto
producto final. Ideas que pudiera suscribir completamente el neo-romántico Beuys.
La obra de arte común nace de la coexistencia, o diríamos de la interdisciplinariedad,
de diversas expresiones creativas: danza, música, poesía, arquitectura, escultura y
pintura, conservando cada una sus características, de sus fuerzas específicas para poder
asegurar su poder ensamblado y común para engendrar un arte trascendente. Sus
palabras son afirmativas: Ni siquiera una sola capacidad desarrollada de las artes
individuales permanecerá sin utilizarse en la obra de arte integral (Gesamtkunswert)
del futuro[2].
La modernidad había roto el vínculo que unía al artista con otros, un aislamiento que,
para Wagner, había pervertido al arte. Es su diagnóstico, presentado en su visionaria
propuesta que intenta construir una simbiosis interdisciplinaria. Tales cánones
wagnerianos, como referiremos más adelante, la encontramos en el corazón de las
preocupaciones vanguardistas del arte del siglo XX y puede, como eco resonante, no
menos estar en muchos de los proyectos del arte de estas primeras décadas del siglo
XXI, al incluirse la innovación tecnológica en el llamado arte digital actual y su
direccionalidad a lo que he denominado art-complex[3].
¿Qué representó producir una obra de arte total? Consistía especialmente en asociar
técnicas y formas de diversas disciplinas o varios medios en un fin artístico
común, pero también en incorporar al espectador en ella, afectando y despertando todos
sus sentidos, para llevarlo a una experiencia exploratoria personal y a la vez
colectiva/pública[4]. Era fundir arte y vida. Ello no sólo desde el punto de vista de una
nueva arquitectura teatral (su Teatro de Bayreuth) o de su inclusión en al arte
cinematográfico, sino la de una propuesta utópica de conducir y ampliar
significativamente el curso de la vida, premisa incorporada al concepto de arte ampliado
de Beuys. Como declara el músico trágico: “Que sea la propia voluntad el señor del
hombre, el propio placer su única ley, la propia fuerza su propiedad toda pues lo único
sagrado que hay es el hombre libre, y no hay nada más elevado que él”[5]. Es descubrir
el valor de la vida. Arte y vida vendrían a dar forma el encuentro con la máxima libertad
romántica y revolucionaria, que sólo podía ser expresada por el verdadero arte[6].
Al postular la integración de las artes, Wagner supuso su origen común en el impulso
creativo, que Nietzsche tomará y desarrollará como kunstrieb (pulsión artística)
apolínea[7]. El supremo bien del hombre, dentro de esta metafísica romántica de la
creación, es su fueza creadora, la fuente de la que brota toda felicidad, plasmado en un
auténtico y pleno goce supremo; estadio que no se centra sólo en su producto final sino
en la misma actividad del producir, en poner en prueba nuestra fuerza[8]. Se trata un
intento de destruir el orden de las cosas que separa el disfrute del trabajo, que convierte
en proceso laboral en una carga insoslayable, que termina transformando el goce en
vicio, que convierte a un hombre en miserable bien por exceso o por defecto[9].
Esta concepción del goce de la labor bien hecha es un planteamiento que encontramos
no solo en los escritos juveniles del joven Marx de 1848, sino en las reflexiones del
mismo Beuys, quien lo replanteará y activará en su vida personal. Pero el escultor
social de Beuys, sin quedar en una idílica isla wagneriana, comprende que la
transformación de la materia implica más que el disfrute y la libertad del crear. En toda
transformación material inciden procesos biológicos de la vida. Y esto lo modela de la
actividad de las abejas, especie que se esfuerza para generar una dinámica
transformadora-creadora. Pero si en la vida animal la labor del trabajo se confunde con
el instinto propio de la vida, en los seres humanos se realiza de una forma
multidimensional en tanto actividad no sólo artística o artesanal, sino cognitiva,
expresiva e instrumental. La fuerza creadora de Wagner o en Beuys, energía creativa, la
concibe como una complejidad que encarna al pensamiento con el hacer al desarrollar
una actividad que contiene, crea y construye la energía para fundar al hombre y al
mundo como una realidad socialmente humana.
¿Cuáles eran las propuestas románticas de la revolución wagneriana? En su visión de
joven artista incomprendido socialmente, pero formado no sólo en lo artístico sino
políticamente, escribirá sus radicales apreciaciones para ese siglo XIX lleno de
conflictos revolucionarios, comunas enardecidas y pueblos que exigen un cambio en la
organización social y económica de la sociedad. Los artistas y el arte estarán afectados
por estas perturbaciones que moverán el suelo establecido por un capital que se sostiene
en función de ampliar extensamente los límites de la sociedad industrial y sus cambios
casi imperceptibles en su momento, pero que con su devenir irruptor y miserable
trastocará todo lo que toca.
En su texto Arte y Revolución leemos la propuesta de un revolucionario y su programa
de acción, de un hijo de su época que ha sentido la injusticia, la miseria y la indiferencia
de la dinámica del orden burgués. El arte es, como se ha dicho, para los románticos la
actividad más elevada del hombre, donde se siente que puede ser dueño de sus sentidos
y con ello ser capaz de sacar de ese mundo sensible suyo la mayor alegría, en que el
arte es su instrumento preferido, pues sólo del mundo de los sentidos puede nacer la
voluntad de crear obras de arte[10]. Junto a esto no se puede dejar de lado la
apreciación del paisaje religioso que encuentran los artistas románticos en la naturaleza,
y Wagner la expresa advirtiendo la fuerza interna avasallante, que posee, que destruye y
vuelve a crear un nuevo orden material, vital y espiritual. La naturaleza contiene energía
y materia que la hace fuerte, indestructible e inagotable en su renovación permanente; se
eleva como un caudal ante el cual ningún poder imaginable podría limitar su fuerza
creadora[11]. El arte del futuro se elevará apoyándose en ella, se elevará, asentado en
el fértil y vigoroso terreno de la naturaleza, hacia alturas insospechadas, pues su
desarrollo irá desde abajo hacia arriba, como los árboles que desde la tierra se elevan
hacia el cielo, desde la naturaleza del individuo hacia el gran espíritu de la
humanidad[12]
Su fijación idílica de la creación pública del arte griego está presente en lo que fue su
fin artístico para el joven terrorista artístico Wagner. En el arte griego resplandece el
espíritu de una gran nación, y por tanto la obra de arte del futuro deberá reflejar el
espíritu de una humanidad libre, por encima de las naciones.
Ante la barbarie de la civilización industrial busca a través de la huella de la justicia la
guía a seguir por el artista comprometido. De esta situación miserable y sin alma, él se
plantea su salida con el apoyo de ese gran movimiento utópico social, blandiendo el
cartel programático de una revolución para alcanzar por la fuerza, el arte y la belleza. El
arte, son sus palabras, comparte con este movimiento un mismo fin y ambos podrán
alcanzarlo sólo si entienden que se trata de un fin compartido. Arte y Revolución son
un binomio que arrastra con él la creación artística hacia la obra de arte del futuro y su
vínculo con la comunidad liberada[13]. Al igual que el mundo griego donde el artista no
permanecía aislado y superar su aislamiento en la convivencia pública de su arte con la
comunidad, ahora ello se convierte en una necesidad imperiosa en la propuesta del arte
por venir: la verdadera obra de arte no pueden crearla solos, necesitan de nuestra
colaboración: las tragedias de Esquilo y Sófocles fueron obra de toda la ciudad de
Atenas[14].
El arte debe conjugar sus creaciones con las supremas finalidades humanas, y para
Wagner ello se daría en el drama que propone como conjugación de todas las artes en
común y por un común fin humano a realizar, la comunicación con la opinión pública.
Que las artes se planteen que articuladas pueden construir un conjunto artístico en
común, integrado, interdisciplinar, supremo y máximamente omnicomprensible,
presentando la condición de la naturaleza humana de forma plástica e inteligible,
ampliándole su comprensión y participando de su alegría. Hacer una manifestación
pública al ser humano comunitario.
Sin embargo en Wagner los límites entre las artes son puramente materiales y deben
desaparecer para dar lugar al arte mismo, al arte común universal e ilimitado. Era
proponer nuevas alianzas artísticas para crear nuevas circunstancias. Así pues, la obra
de arte común está inscrita en las potencialidades de cada una de las disciplinas
artísticas, una relación interdisciplinaria para operar desde su particularidad a su propia
trascendencia, en una síntesis superior que integrase a todas las participantes. La gloria
romántica de la obra de arte en común, integral (Gesamtkunstwerk) aspiraba ser una
creación orgánicamente unida no sólo por los resultados de las artes implicadas en un
proyecto, sino también, como lo planteará Beuys, que superaría al individualismo de los
artistas y éstos se unirán espontánea y momentáneamente para dar lugar a la obra, una
reunión artística que, planteada así, no ha existido de forma constante jamás. La obra de
arte total o como también la llamó Wagner, obra de arte en común, era un acto artístico
soberano que supera a sus creadores para asumir una existencia propia e inmediata; se
proponía establecer una alianza holística y original entre las artes; síntesis creativa que
daba vida al corazón de la ópera wagneriana en tanto drama trágico musical
moderno[15]. No era una postura preocupada en preservar el destino del arte sino
rescatar toda su vitalidad posible como fuerza creadora libre.
Esta obra total, unida al artista (o los artistas y sus artes particulares), encuentra su plena
realización en su total absorción dentro del y en lo público. Esta concepción estética
abriría una espiritualidad extraordinaria, un panteísmo que armonizaría con la visión
retroactiva de una naturaleza encarnada en lo que se llamó paisaje religioso (Phillipp
Otto Runge). Para Wagner de 1848, pensaba que el artista del futuro sería el pueblo
integrado en la comunidad unida fraternalmente por el utópico colectivismo anarquista,
que haría posible la comunión de las artes, de los artistas y de la obra con el
público/pueblo, o mejor, su desaparición en la experiencia estética total, que la absorbe
a todo lo que la conforma[16]. El termino penetró en el arte y en la concepción
ideológica de los artistas en aquellas tendencias que entrelazaron arte con cambio social
o revolución, las cuales vinieron a pervertirse en su fin al apoyar a las concepciones
estatales populistas y totalitarias (artistas que apoyaron a las ideologías del partido
único, como el comunismo, el nazismo, pasando por el fascismo). Pero también por
artistas que buscaban una arcadia artística y una respuesta compulsiva a la guerra y a la
destrucción en masa del siglo pasado. Es por ello que, además de Beuys, esta propuesta
la utilizaron otros artistas que van desde las vanguardias de principios del siglo XX
hasta el fluxus, como sus implicaciones en el cine, la industria cultural y no menos con
las posturas artísticas del mítico nacional-socialismo nazi[17] en la segunda mitad y
hasta hoy.
El arte vanguardista revisó estos planteamientos de la obra de arte en común al escoger
recursos nuevos para sus prácticas artísticas, promoviendo el intercambio, la
interdisciplinariedad al mezclarse de forma concreta con disciplinas adyacentes,
arrojando fuera todos los prejuicios en una original aprehensión de formas, géneros
como los referidos materiales inusitados e industriales que se le darán un sentido extra-
artístico y personal. Al igual, evitaron toda la rigidez de las corrientes puras artistísticas
por aquellos que se propusieron esta aventura de creación innovadora. Algunos nombres
son Eric Satie, Alexander Scriabine, Wassily Kandinsky, Arnold Schöenberg y los
cubo-futurista o suprematistas como Kazimir Malevitch. Las primeras inserciones
del Gesamtkunstwerk en el arte cinematográfico serían hechas por Arnaldo Guina,
Bruno Corra y Leopoldo Sauvage.
Podemos comprender así que esta propuesta romántica vendría articular varias
perspectivas holísticas e interdisciplinarias del arte contemporáneo, las cuales irán desde
el primitivismo al arte por venir, la fusión y la disolución, del lenguaje mítico a la
síntesis del arte. La complejidad de sus relaciones, aunado a las expresiones
frecuentemente ocultas de los artistas en sus obras, son muchas veces difíciles de
distinguir y rastrear o se hacen confusas para acceder a ellas de forma intencional por su
sutileza en las obras. Como se pudo observar en el futurismo y su impacto en la Rusia al
causar una ruptura con la ideología simbolista. Como también será el encuentro
concordante e impactante entre vida y arte al convertirse en el punto central de la
estética que se prolongará con esta concepción de la obra de arte total en las propuestas
de la instalación como forma de expresión de los artistas contemporáneos.
Entre los artistas interesados de la segunda mitad del siglo XX con la ampliación del
concepto de arte y que usaron expresiones como arte total, danza total, hombre total o
incluso obra de arte total, podemos citar a Allan Karpow y a los artistas fluxus y
Ben[18]. Sobre la idea de sinestesia presente en la de arte total y su destino en la
industria cultural, específicamente con el cine, también ha tenido un
intenso coqueteo con los postulados wagnerianos[19].
La relación que tratamos de señalar entre la visión wagneriana del arte de Beuys se debe
a la importancia que revistió en su obra esta búsqueda de alcanzar bajo otros parámetros
y medios materiales, la manifestación artística para el cambio del individuo y de la
sociedad. Un arte que propone un conocimiento de sí, vinculado directamente con el
público, pero ahora saltándose de los espacios canónicos como el museo o el teatro para
sus representaciones. Sin embargo, advirtiendo que la inspiración wagneriana de la
interdisciplinariedad de las artes en un fin supremo común de creación, es sólo un punto
de partida y no su única posibilidad para todo lo que se propusieron las vanguardias de
la primera y de la segunda mitad del siglo XX, como su inserción metodológica
interdisciplinar de todo el arsenal mediático de las tecnologías digitales en el arte de
hoy.

No está de más recordar estas últimas palabras de Wagner:


El verdadero esfuerzo del arte es por tanto el de abarcarlo todo: quien está poseído por
el verdadero impulso artístico desea alcanzar, mediante el desarrollo máximo de su
propia capacidad, no la glorificación de esa capacidad propia, sino la del ser humano en
el orden en general[20].

[1] Véase L’Oeuvre d’art totale et Richard Wagner, en: Blavet/ Koningson, (1995) p.21.
[2] Wagner: La Obra de arte del Futuro, PDF en:
Documents/LIBROS%20ELECTRÓNICOS/LIBROS%20DE%20ARTE/La-obra-de-arte-del-
futuro-Wagner.pdf, p.9
[3] De los Reyes, D.: Virtudes de la virtualidad. En:
http://filosofiaclinicaucv.blogspot.com/2010/12/virtudes-de-la-virtualidad.html.
[4] Wagner en un diagnóstico sobre el arte moderno advierte que una de sus características negativas es la no participación dentro
de la vida pública: El arte se ha convertido en un coto privado de un tipo de artistas: sólo disfrutan de él aquellos que los
comprenden, para lo que se precisa de estudios especiales, alejados de la vida real: los de la erudición artística. Op.cit., p.1.
[5] Wagner, R. en Arte y Revolución, PDF: https://omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros/arte-y-revolucion.pdff. Visitado el 02
de mayo de 2018.
[6] “…el verdadero arte es máxima libertad y sólo la máxima libertad puede expresar el
verdadero arte; ninguna autoridad, ningún poder, ninguna meta ajena al arte puede crear arte”,
es su premisa que involucra dos ideas la de libertad y verdad a través de la creación artística.
Op.cit., 15.
[7] En Nietzsche toda realidad representada en el mundo de la apariencia está producida
artísticamente por esta pulsión artística (kunstried) apolínea, en contraposición al vital principio
dionisiaco como devenir de la obra de arte.
[8] Op.cit., p.8
[9] Íbid, p. 9
[10] Ibid, p.17
[11] Ibid, p.18
[12] Ibid, p.36
[13] Ibid, p.32-33.
[14] Ibid, p.24.
[15] Comprendiendo que para Wagner la antigua tragedia griega era el modelo de obra de arte total y omnicomprensiva. Su visión
idealizada de la cultura helénica fue determinante para sus propuestas estéticas, y el paradigma de hombre sería el ciudadano de la
polis griega y la paideia (educación) recibida que contraponía a la ineptitud sensible y artística de los hombre de la civilización
industrial de su época: Por su educación, el griego era, ya desde su temprana juventud, un individuo despierto y capaz de disfrutar
del arte; nuestra miserable educación, destinada a alimentar a la industria, nos enseña a disfrutar con superficialidad y arrogancia
de nuestra ineptitud artística y a buscar fuera de nosotros mismos la distracción artística, de modo parecido a cómo el libertino
busca fugaces placeres en el regazo de una prostituta. Ibid, p.25.
[16] Wagner: La obra de arte del futuro. En: http://libertar.io/lab/wp-
content/uploads/2016/02/La-obra-de-arte-del-futuro-Wagner.pdf. Visto el 12 de enero 2018.
Y Arte y Revolución. En: libertar.io/lab/wp-content/uploads/2016/02/La-obra-de-arte-del-futuro-
Wagner.pdf . Visitado el 12 de enero de 2018

[17] Ver: Lacoue-Labarthe, P. y Nancy, J. (2002): El mito nazi.


[18] Véanse por ejemplo los textos de Allan Karpow, (1993): Notes on the Creation of a Total
Art, en Essay on the Blurring of Art and Life, p.10-14, y Jean-Clarence Lambert (1994): Arte
total. Selección de textos de imágenes de la revista Opus International.
[19] Lista, M. (2002): Des correspondences au Mickey Mouse Effect: l’ouvre d’art totale et le cinema d’animation, en Galard y
Zugazagoitia, L’Oeuvre d’art total, p.109-138.

[20] Wagner: La Obra de arte del futuro, p.3

Fuente: http://filosofiaclinica1.blogspot.com/2018/05/de-richard-wagner-joseph-beuys-obra-
de.html