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AUTORES DE LOS DELITOS DE TRAFICO ILICITO DE

ESTUPEFACIENTES
Serie 18
Gaceta Judicial 10 de 14-abr.-2009
Estado: Vigente

AUTORES DE LOS DELITOS DE TRAFICO ILICITO DE ESTUPEFACIENTES


Los recurrentes alegan que en la sentencia recurrida, el Tribunal Juzgador, no han aplicado las
atenuantes, señalando que el tipo penal incriminado ha sido calificado como de lesa humanidad; por
la alarma social que este acto ha ocasionado en la sociedad. En la legislación penal, ni en la
Constitución Política de la República del Ecuador en 1998, ni la actual Constitución, prevén que los
tipos penales contemplados en la Ley de Sustancias Estupefacientes y Sicotrópicas, sean
considerados como de lesa humanidad, de lo que fácilmente se infiere que el Tribunal Penal de
Manabí realizó una interpretación extensiva de la norma al darle un alcance diferente. En el caso sub
júdice, el Tribunal Primero de lo Penal de Manabí, en su resolución no señala cuál o cuáles de las
agravantes enumeradas en el artículo 30 del Código Penal, que impiden atenuar la pena, limitándose
a señalar, que no se aplican las atenuantes por la alarma social que el delito ha ocasionado; lo cual
ha producido un error de derecho que deriva en un error de hecho que es preciso corregir, pues, al
no haberse considerado las atenuantes de los numerales 6 y 7 del artículo 29 del Código Penal, que
se encuentran debidamente justificadas en el proceso por los recurrentes; el Tribunal Penal
determinó una pena injusta a los acusados.
Gaceta Judicial. Año CXI. Serie XVIII, No. 10. Página 3716.
(Quito, 14 de abril de 2009)

RECURSO DE CASACION

Juez Ponente Doctor Hernán Ulloa Parada.

CORTE NACIONAL DE JUSTICIA. PRIMERA SALA DE LO PENAL. Quito, 14 de abril del 2009; a
las 15h00.

VISTOS: Guillermo Rodríguez Bermúdez, Raúl Azpeitia Carranza, Gilberto Alejandro Cortez Fierro,
César Enrique Fernández Cevallos, César Saldaña Rangel y Luis Antonio González Ochoa,
interponen recurso de revisión del fallo expedido el 2 de marzo del 2005, a las 10h30, por la Primera
Sala de lo Penal de la Corte Superior de Portoviejo, 4 que al resolver la consulta confirma la
sentencia pronunciada el 20 de octubre del 2004, a las 08h00, por el Tribunal Primero de lo Penal de
Manabí, que les impuso a los dos primeros de los nombrados la pena acumulada de veinte y cinco
años de reclusión mayor especial por considerarles autores de los delitos de tráfico ilícito de
estupefacientes, así como el de gestión, organización y financiamiento de actividades delictivas
tipificadas y reprimidos en los artículos 62 y 84 de la Ley de Sustancias Estupefacientes; mientras
que, a Gilberto Alejandro Cortez Fierro y César Saldaña Rangel como autores del delito tipificado y
reprimido en el artículo 63; a César Enrique Fernández Cevallos, como autor del delito tipificado y
reprimido en el artículo 64 y a Luis Antonio González Ochoa como autor del delito tipificado y
reprimido en el artículo 62, todos de la Ley de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas, les
impuso la pena de dieciséis años de reclusión mayor extraordinaria, a cada uno. Concluido el trámite
y siendo el estado procesal el de resolver, para hacerlo, se considera:

PRIMERO: JURISDICCION Y COMPETENCIA. En virtud de lo dispuesto en el artículo 184, numeral


1; Disposición Transitoria Octava de la Constitución de la República del Ecuador publicada en el
R.O. no. 449, de 20 de octubre de 2008; numeral séptimo de la sentencia interpretativa dictada por la
Corte Constitucional, publicada en el R.O. no. 479, de 2 de diciembre de 2008, la Resolución dictada
por el pleno de la Corte Nacional de Justicia, el 22 de diciembre de 2008, publicada en el R.O. no.
511 del 21 de enero del 2009; el sorteo de ley respectivo, en nuestras calidades de jueces

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nacionales de esta Primera Sala de lo Penal, procedemos a conocer la presente causa.

SEGUNDO: VALIDEZ PROCESAL. Revisado el procedimiento del recurso, no se advierte vicio u


omisión de solemnidad sustancial que pudiera acarrear su nulidad, por lo que este Tribunal declara
su validez procesal.

TERCERO: FUNDAMENTACION DEL RECURSO. Los recurrentes al interponer el recurso de


revisión, lo hacen en los siguiente términos: 1) Luis Antonio González Ochoa, señala que el Tribunal
Primero de lo Penal de Manabí le condenó a la pena de dieciséis años de reclusión mayor
extraordinaria, en calidad de autor responsable del delito de tráfico de droga tipificado y sancionado
por el artículo 62 hoy 60 de la Ley de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas, sin considerar en
forma legal las atenuantes presentadas y probadas, constantes en los numerales 6 y 7 del artículo
29 del Código Penal, para la modificación de la pena, en concordancia con el artículo 72 ibídem; así
como el presente delito se le calificó de lesa humanidad. Que el Tribunal Penal en la apreciación de
la prueba actuada, para establecer su responsabilidad, existe una total contradicción entre los
hechos que en la sentencia han sido declarados como reales y los elementos constituyentes del tipo
que previamente han sido establecidos en la ley; pues en la sentencia existe violación de las normas
sustantivas de fondo establecidas en el artículo 42 del Código Penal en relación a la autoría y del
artículo 62 actual 60 de la Ley de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas. Sostiene el recurrente
que no se ha tomado en cuenta en la sentencia el informe policial, que indica, que no se lo encontró
en nada ilícito, ni cometiendo ningún ilícito, pues, al momento de ser detenido no se le encontró
droga alguna. Sustenta su recurso en las causales 3 y 4 del artículo 360 del Código de
Procedimiento Penal, en concordancia con los artículos 309 y 312 ibídem; pues señala, que en la
sentencia, el Primer Tribunal Penal de Manabí no enuncia de manera clara, precisa y
circunstanciada las pruebas practicadas, así como los actos del acusado para que el Tribunal
declare probada su responsabilidad en el delito de tráfico de drogas tipificado y reprimido en el
artículo 62 de la Ley de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas, lo que ha dado lugar que se
viole lo que dispone el artículo 330 numeral 2 del Código de Procedimiento Penal, porque de igual
forma, en la parte resolutiva de la sentencia no se ha tomado en cuenta las circunstancias
atenuantes descritas en los numerales 6 y 7 del artículo 29 Código Penal. Que de igual forma, se
han vulnerado en la sentencia los derechos garantizados en la Constitución del Estado artículos 76
numeral 5 en concordancia con el artículo 4 del Código Penal, que imponen al juzgador la obligación
de aplicar lo más favorable para el reo, el artículo 75 que contiene como garantía del debido proceso
la tutela efectiva, imparcial y expedita de sus derechos e intereses, sin que en caso alguno quede en
la indefensión y artículo 11, numeral 9 que señala que el más alto deber del Estado consiste en
respetar y hacer respetar los derechos humanos que garantiza la Constitución, por lo que interpone
el recurso de revisión, a fin de que se deje sin efecto la sentencia dictada por el Primer Tribunal
Penal de Manabí, declarando la nulidad de la sentencia o en su defecto la modificación de la pena.
2) Guillermo Rodríguez Bermúdez, en cuanto al prenombrado recurrente, no se hace necesaria
analizar el recurso formulado por él, toda vez que obra del expediente de revisión el acta de
protocolo de autopsia, suscrita con fecha 31 de octubre del 2009 en el que certifica el fallecimiento
del recurrente Guillermo Rodríguez Bermúdez, por edema agudo de pulmón. Consiguientemente, al
tenor de lo prescrito en el artículo 27 de Código Orgánico de la Función Judicial y por el artículo 97
del Código Penal, que preceptúa: "Toda pena es personal y se extingue con la muerte del penado.",
se declara extinguida la acción y la pena. 3) Alberto Alejandro Cortez Fierro, al fundamentar su
recurso de revisión, señala que se le condenó a la pena de dieciséis años de reclusión mayor
extraordinaria como autor responsable del delito de transporte de droga, previsto y sancionado en el
artículo 63 hoy 61 de la Ley de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas, sin haberse considerado
las atenuantes previstas en los numerales 6 y 7 del artículo 29 del Código Penal para la modificación
de la pena en concordancia con el artículo 72 de la misma ley, así como también el delito se lo
calificó en sentencia como de lesa humanidad. Fundamenta su impugnación en los numerales 3 y 4
del artículo 360 del Código de Procedimiento Penal, señalando además, que la sentencia dictada por
el Tribunal Penal debe reunir entre otros requisitos los determinados en los numerales 2, 3 y 4 del
artículo 309 del Código de Procedimiento Penal, y que en ese mismo sentido el artículo 312 ibídem
preceptúa que "La sentencia condenatoria deberá mencionar cómo se ha comprobado conforme a
derecho la existencia del delito y la responsabilidad del acusado", lo cual no sucede en el presente

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caso, pues el Primer Tribunal Penal de Manabí, debía enunciar de manera clara, precisa,
circunstanciada, las pruebas practicadas, así como sus actos que el Tribunal estime probados, así
como las razones fundamentales para la no aplicación de sus derechos que le asisten, violando el
trámite previsto en el numeral 2 del artículo 330 del Código de Procedimiento Penal al no haberse
aplicado las atenuantes al(sic) que tenía derecho. Se han vulnerado en la sentencia los derechos
contenidos en el artículo 76 numeral 5 de la Constitución de la República del Ecuador en
concordancia con el artículo 4 del Código Penal que impone al juzgador la obligación de aplicar lo
más favorable para el reo; el artículo 75 de la Constitución que garantiza a toda persona como una
de las garantías del debido proceso la tutela efectiva, imparcial y expedita de sus derechos e
intereses, sin que en caso alguno quede en la indefensión. Por lo que el recurso de revisión es
procedente por lo que solicita se deje sin efecto la sentencia dictada por el Primer Tribunal Penal de
Manabí, declarando su nulidad o en su defecto la modificación de la pena. 4) Raúl Azpeitia Carranza,
fundamenta el recurso, señalando, que en sentencia el Primer Tribunal Penal de Manabí, le impuso
la pena acumulada de veinte y cinco años de reclusión mayor extraordinaria, como autor
responsable de los delitos de tráfico y financiamiento, previstos y reprimidos en los artículos 62 y 64
hoy 60 y 81 de la Ley de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas, sin considerar la aplicación
legal de las atenuantes constantes en los numerales 6 y 7 del artículo 29 del Código Penal, para la
modificación de la pena, en concordancia con el artículo 72 ibídem, habiéndose calificado el presente
delito como lesa humanidad. Que en su caso, no se le encontró droga alguna, que se debió tomar en
cuenta la declaración rendida por el teniente Diego Amable Ramírez Recalde, pues, su conducta no
se adecua a la que prevé el artículo 62 por el cual fue juzgado, porque no se ha demostrado y
probado que se encontraba comprando, vendiendo, distribuyendo, comercializando, exportando o
importado sustancias sujetas a fiscalización; que de igual forma no se ha probado que integre una
organización, gestione o financie actividades delictivas o haya asesorado a persona alguna en ese
sentido, conforme lo prevé el artículo 84 por el cual fue sentenciado. Que en sentencia no se
determinó su grado de responsabilidad como autor, cómplice o encubridor. Que no se ha tomado en
cuenta el informe policial, del cual se desprende que no se le encontró nada ilícito, ni cometiendo
nada ilícito. Fundamenta la revisión en los numerales 3 y 4 del artículo 360 del Código de
Procedimiento Penal, en vista de que la sentencia expedida por el Primer Tribunal Penal de Manabí,
no reúne los requisitos determinados en los numerales 2, 3 y 4 del artículo 309 ibídem; y, que en
este mismo sentido el artículo 312 del mismo Código de Procedimiento Penal señala: "La sentencia
condenatoria deberá mencionar cómo se ha comprobado conforme a derecho la existencia del delito
y la responsabilidad del acusado", lo cual no se ha dado; toda vez, que en la sentencia para
imponerle la pena acumulada de veinte cinco años de reclusión mayor extraordinaria, el Primer
Tribunal Penal de Manabí, no enuncia de manera clara, precisa y circunstanciada, las pruebas
practicadas, así como los actos que ha realizado y que han sido declarados como probados por el
Tribunal Penal; como las razones fundamentales para la no aplicación de sus derechos que le
asisten, violando trámite previsto en el numeral 2 del artículo 330 del Código de Procedimiento
Penal, al no haberse aplicado las circunstancias 6 y 7 del artículo 29 del Código Penal. Que se han
vulnerado en la sentencia los derechos contenidos en el artículo 76 numeral 5 de la Constitución de
la República del Ecuador en concordancia con el artículo 4 del Código Penal que impone al juzgador
la obligación de aplicar lo más favorable para el reo; el artículo 75 de la Constitución que garantiza a
toda persona como una de las garantías del debido proceso la tutela efectiva, imparcial y expedita de
sus derechos e intereses, sin que en caso alguno quede en la indefensión. Por lo que interpone el
recurso de revisión a fin de que se deje sin efecto la sentencia dictada por el Primer Tribunal Penal
de Manabí, declarando la nulidad de la sentencia o modificando la pena impuesta. 5) César Enrique
Fernández Cevallos, fundamenta su recurso, señalando, que el Primer Tribunal Penal para
establecer su autoría y responsabilidad en el delito tipificado y sancionado en el artículo 64 hoy
artículo 62 de la Ley de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas e imponerle la pena de dieciséis
años de reclusión mayor extraordinaria, no se consideró la aplicación legal del artículo 57 del Código
Penal, que ampara a una persona mayor de sesenta años no se le impondrá penas de reclusión; así
como no se le reconocieron las atenuantes presentada en el juicio, constantes en los numerales 6 y
7 del artículo 29 del Código Penal, para la modificación de la pena, en concordancia con el artículo
72 del indicado cuerpo legal; así como tampoco se le reconoció y aplicó la atenuante trascendental
que ampara el artículo 89 actual artículo 86 de la Ley de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas,
habiéndose considerado el presente delito como de lesa humanidad, situación que ni en la anterior

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Constitución ni la actual lo contempla; como ni la Ley de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas,
ni los Tratados Internacionales y que, el Tribunal Penal para no aplicar las atenuantes que se señala
el artículo 29 numerales 6 y 7 del Código Penal señala. "Para el Tribunal si bien los acusados han
justificado atenuantes a su favor, no tienen aplicación por cuanto existe la agravante de alarma que
este acto ocasionó en la sociedad, conforme el artículo 30 del Código Penal", pues, la sentencia se
refiere a la primera parte expositiva de dicho artículo y no así a los 6 casos de las circunstancias
agravantes señaladas y que serían considerativas para el fallo, lo que en el presente caso no ha
existido. De igual no se ha considerado al momento de dictar sentencia contaba con la edad de
sesenta y dos años, habiéndose realizado una extensiva aplicación del artículo 57 del Código Penal.
Sustenta su recurso de revisión en los numerales 3 y 4 del Código de Procedimiento Penal; pues,
sostiene que la sentencia dictada por el Primer Tribunal Penal de Manabí, no reúne los requisitos
puntualizados en los numerales 2, 3 y 4 del Código de Procedimiento Penal, y en este mismo sentido
el artículo 312 ibídem señala: "La sentencia condenatoria deberá mencionar cómo se ha probado
conforme a derecho la existencia del delito y la responsabilidad del acusado"; lo cual debió ser
probado por el Primer Tribunal Penal; toda vez, que para imponerle la pena de dieciséis años de
reclusión mayor extraordinaria, debía enunciar de manera clara, precisa y circunstanciada, las
pruebas practicadas, así como los actos del acusado que el Tribunal estime probados; como también
las razones fundamentales para la no aplicación de los derechos que le asisten, violentando en
forma flagrante el trámite previsto en el numeral 2 del artículo 330 de la Ley Adjetiva Penal; en razón
de que el Tribunal Penal no ha aplicado las atenuantes 2, 6 y 7 del artículo 29 del Código Penal en
concordancia con lo dispuesto en el artículo 89 hoy 86 de la Ley de Sustancias Estupefacientes y
Psicotrópicas; ya que justificó en la audiencia pública de juzgamiento haber cooperado en la
investigación y localización de unos paquetes que fueron entregados por Carlos Andrés Gutiérrez; y,
además cinco altos oficiales que participaron en el Operativo Aniversario, manifestaron a viva voz y
públicamente, que el recurrente colaboró en la investigación, siendo esto corroborado por la Fiscal
que realizó la investigación. Que se han vulnerado en la sentencia los derechos contenidos en el
artículo 76 numeral 5 de la Constitución de la República del Ecuador en concordancia con el artículo
4 del Código Penal que impone al juzgador la obligación de aplicar lo más favorable para el reo; el
artículo 75 de la Constitución que garantiza a toda persona como una de las garantías del debido
proceso la tutela efectiva, imparcial y expedita de sus derechos e intereses, sin que en caso alguno
quede en la indefensión. Por lo que interpone el recurso de revisión a fin de que se deje sin efecto la
sentencia dictada por el Primer Tribunal Penal de Manabí, declarando la nulidad de la sentencia o
modificando la pena impuesta. 6) César Saldaña Rangel, expresa, que el Tribunal Primero de lo
Penal de Manabí al imponerle la pena de dieciséis años de reclusión mayor extraordinaria, como
autor del delito tipificado y sancionado en el artículo 63 hoy 61 de la Ley de Sustancias
Estupefacientes y Psicotrópicas, no aplicó lo dispuesto en el artículo 57 del Código Penal, que
ampara a que una persona mayor de sesenta años no se le podrá imponer penal de reclusión; que
de igual forma no se le han considerado las atenuantes contempladas en los numerales 6 y 7 del
artículo 29 del Código Penal, para la rebaja de la pena, en concordancia con lo dispuesto en el
artículo 72 de la misma Ley; porque sostiene el Tribunal "...si bien los acusados han justificado
atenuantes a su favor, no tienen aplicación por cuanto existe la agravante de alarma que este acto
ocasionó en la sociedad, conforme el artículo 30 del Código Penal", lo cual hace alusión a la primera
parte expositiva del artículo y no así a los 6 casos de las circunstancias agravantes señaladas y que
serán considerativas para ello, lo que en el presente delito no ha existido; y, finalmente señala, que
el presente delito fue calificado como de lesa humanidad, situación que ni la anterior ni la actual
Constitución, ni la Ley de Sustancias Estupefacientes, ni los Tratados Internacionales lo consideran.
Que las pruebas de cargo y de descargo no fueron analizadas en su conjunto a la luz de la sana
crítica. Sustenta su recurso de revisión en los numerales 3 y 4 del Código de Procedimiento Penal;
pues, sostiene que la sentencia dictada por el Primer Tribunal Penal de Manabí, no reúne los
requisitos puntualizados en los numerales 2, 3 y 4 del Código de Procedimiento Penal, y en este
mismo sentido el artículo 312 ibídem señala: "La sentencia condenatoria deberá mencionar cómo se
ha probado conforme a derecho la existencia del delito y la responsabilidad del acusado"; lo cual
debió ser probado por el Primer Tribunal Penal; toda vez, que para imponerle la pena de dieciséis
años de reclusión mayor extraordinaria, debía enunciar de manera clara, precisa y circunstanciada,
las prueba practicadas, así como los actos del acusado que el Tribunal estime probados; como
también las razones fundamentales para la no aplicación de los derechos que le asisten, violentando

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en forma flagrante el trámite previsto en el numeral 2 del artículo 330 de la Ley Adjetiva Penal; en
razón de que el Tribunal Penal no ha aplicado las atenuantes 2, 6 y 7 del artículo 29 del Código
Penal en concordancia con lo dispuesto en el artículo 89 hoy 86 de la Ley de Sustancias
Estupefacientes y Psicotrópicas; ya que justificó en la audiencia pública de juzgamiento haber
cooperado en la investigación y localización de unos paquetes que fueron entregados por Carlos
Andrés Gutiérrez; y, además cinco altos oficiales que participaron en el Operativo Aniversario,
manifestaron a viva voz y públicamente, que el recurrente colaboró en la investigación, siendo esto
corroborado por la Fiscal que realizó la investigación. Que se han vulnerado en la sentencia los
derechos contenidos en el artículo 76 numeral 5 de la Constitución de la República del Ecuador en
concordancia con el artículo 4 del Código Penal que impone al juzgador la obligación de aplicar lo
más favorable para el reo; el artículo 75 de la Constitución que garantiza a toda persona como una
de las garantías del debido proceso la tutela efectiva, imparcial y expedita de sus derechos e
intereses, sin que en caso alguno quede en la indefensión. Por lo que interpone el recurso de
revisión a fin de que se deje sin efecto la sentencia dictada por el Primer Tribunal Penal de Manabí,
declarando la nulidad de la sentencia o modificando la pena impuesta.

CUARTO: DICTAMEN FISCAL. El doctor Washington Pesantez Muñoz, Fiscal General del Estado,
en su dictamen que consta de fojas 184 y 185 del cuaderno de revisión, manifiesta en lo principal
que la causal contenida en el numeral 3 en la que se amparan los recurrentes para solicitar el
recurso de revisión, no ha sido demostrada en el término de prueba; es decir, que los testigos que
rindieron sus declaraciones en la audiencia de juzgamiento sean producto de actos delictuosos, así
como los documentos sean falsos y los informes periciales maliciosos o errados. Que los recurrentes
no han presentado prueba alguna para demostrar que los testigos hubieren formulado declaraciones
falsas y/o que no fueron idóneos para rendir sus testimonios. Que referente a la causal del numeral 4
del artículo 360 ibídem, tampoco los recurrentes dentro de la etapa probatoria han aportado nuevas
pruebas como era su obligación, toda vez que los recurrentes no sólo deben enunciar los hechos
que excluyen su responsabilidad, sino ofertar la prueba que lo justifique y aportarle efectivamente,
con el objeto de enervar la sentencia condenatoria dictada en su contra, al tener de lo dispuesto en
el artículo 362 del Código de Procedimiento Penal, habiéndose limitado a presentar certificados que
justifican no tener antecedentes penales, así como su honorabilidad y buena conducta. Por estos
motivos, y al no haberse logrado demostrar de manera fehaciente con prueba suficientemente
idónea y válida, las causales invocadas en sus sendos escritos de interposición del recurso, con el
fin de enervar su participación en los ilícitos por lo que se les condenó, en base a hechos ciertos y
verdaderos; que por el contrario con las pruebas que aparecen en autos y que han sido valoradas
conforme a las reglas de la sana crítica, el órgano juzgador ha arribado a la convicción y certeza de
la existencia de la infracción pesquisada y de la responsabilidad de los recurrentes; en
consecuencia, el Primer Tribunal Penal de Manabí, al no haber incurrido en error judicial alguno y no
haberse justificado los errores de hecho, por lo que estima que la Sala debe declarar la
improcedencia del recurso de revisión.

QUINTO: APRECIACION DOCTRINARIA SOBRE LA REVISION: El procedimiento penal tiene como


finalidad llegar a la imposición de una pena respetando la verdad procesal, si esto es así resulta
razonable la legitimidad de la sanción por un acto adecuadamente típico y antijurídico. Frente a la
posibilidad de un error judicial en la apreciación correcta de los hechos, surge la necesidad de la
reparación mediante el mecanismo de un recurso de excepción como es la revisión, asumiendo el
riesgo de la vulnerabilidad de la cosa juzgada, de la que el maestro uruguayo, don EDUARDO J.
COUTURE, expresara que es: "la autoridad y eficacia de una sentencia judicial cuando no existen
contra ella medios de impugnación que permitan modificarla" En virtud de la cosa juzgada, la
sentencia en firme es generalmente inatacable e impugnable cuando se han agotado los términos
para la interposición de los recursos, o cuando habiendo sido interpuestos, el Tribunal de Alzada ha
ratificado la resolución del juez a-quo. Para el profesor CLARIA OLMEDO en su Derecho Procesal
Penal, es objetable considerar a la revisión como un recurso en sentido estricto expresando que:
"mejor parece considerarlo como una acción impugnativa que persigue la revocación de una
sentencia firme y anulación del proceso en que se pronunció, fundándose en circunstancias nuevas
para la causa por ser recién conocidas o haberse presentado con posterioridad". Por su lado, el
profesor Jorge Vásquez Rossi, enseña: "Es un recurso excepcional, verdaderamente extraordinario,

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que tiene a palear injusticias notorias y que aparece justificado por los valores en juego dentro del
proceso penal" (Derecho Procesal Penal, Buenos Aires, Rubinzal-Curzoni Editores, Tomo II, 2004,
página 499). Esta característica excepcional puede contraerse a dos situaciones: a) En primer lugar
y conforme a las distintas legislaciones, la revisión se produce cuando aparecen del proceso
contradichos o incongruencias entre la conducta declarada y su real situación; y, b) Cuando no se
han observado algunos presupuestos del delito, como las causas de justificación, el principio de
proporcionalidad de la pena o la condición más favorable o benigna de la norma penal, así como las
circunstancias eximentes o excluyentes y atenuantes de la conducta y de la pena. La jurisprudencia
tradicional ha sostenido que no es posible la modificación de la pena mediante este recurso
extraordinario, sino únicamente la absolución, lo cual no es correcto, pues el artículo 416 de la
Código de Procedimiento Penal prevé expresamente la reforma de la sentencia recurrida, reforma
que implica modificar la misma aplicando los principios antes invocados (admisión de circunstancias
eximentes, excluyentes y atenuantes de la conducta, y proporcionalidad de la pena). La norma
procesal señalada como no puede ser de otra manera guarda estrecha relación con el artículo 11,
numerales dos, cuatro, cinco y nueve de la Constitución de la República. También, el artículo 32,
parte final del Código Orgánico de la Función Judicial, se refiere a la "reforma o revocatoria" de la
sentencia condenatoria, existiendo por lo tanto, la base jurídica de sustentación para que la Sala,
pueda hacer una análisis más amplio y ponderado del recurso de revisión. Al respecto, el ilustre
profesor argentino, Lino Enrique Palacio, sostiene que: "el denominado recurso de revisión puede
definirse como el remedio procesal que, dirigido contra las sentencias condenatorias, pasadas en
autoridad de cosa juzgada tiende, en un aspecto, a demostrar, mediante la alegación de
circunstancias ajenas al proceso fenecido por ser sobrevinientes o desconocidas al tiempo de
dictarse las sentencia final, que el hecho no existió o no fue cometido por el condenado o encuadra
en una norma más favorable y, en otro aspecto, a lograr la aplicación retroactiva de una ley más
benigna que la aplicada en el fallo. Funciona, pues por una parte para invalidar, frente a la
concurrencia de motivos de excepción, la sentencia que condenó a un inocente, o para obtener la
morigeración de la pena aplicada al culpable..." (Los Recursos en el Proceso Penal, Buenos Aires,
Abeledo-Perrot, segunda edición actualizada, 2001, pp. 209-210). Para la imposición de una pena,
se ha de establecer formalmente la existencia de todos y cada uno de los elementos del tipo objetivo
del delito, para lo cual, es preciso tener presente que delito en una acepción moderna, implica un
comportamiento humano dirigido hacia la consecución de un fin o actuar con evidente dolo y el caso
en estudio se trata de un ilícito penal eminentemente de peligro abstracto. Participamos de
considerar a la revisión como un verdadero recurso, que permite rever una sentencia condenatoria
que se encuentra en firme y que no puede ser impugnada por medios normales. En cuanto a los
efectos, una vez sustanciado el recurso si se lo declara procedente, se revoca o se reforma la
sentencia y anula el proceso en el que se hubiere dictado la condena. Esta excepcional institución
pretende la reivindicación del reo y el restablecimiento de la justifica, mediante la reparación del error
judicial.

SEXTO: ANALISIS DE LA SALA. El recurso de revisión es un mecanismo legal para dejar sin efecto
una sentencia condenatoria pasada en autoridad de cosa juzgada, para lo cual, la Ley determina que
se deben aportar nuevas pruebas, excepto si se alega que no se hubiere comprobado conforme a
derecho la existencia del delito. En el caso sub júdice los recurrentes fundamentan su recurso, tato
(sic) en la causal tercera y cuarta. La Constitución vigente, nos obliga a una nueva lectura del
derecho, y de manera especial del derecho penal, ámbito en el cual los derechos fundamentales se
encuentran especialmente en peligro por lo que se torna necesario recurrir a éste como última opción
para la protección de bienes jurídicos tutelados por el derecho penal. Al respecto, el tratadista
español Santiago Mir Puig, señala: "El derecho penal de un estado social y democrático debe
asegurar la protección efectiva de todos los miembros de la sociedad, por lo que ha de tender a la
prevención de delitos (Estado Social), entendidos como aquellos comportamientos que los
ciudadanos estimen dañosos para sus bienes jurídicos (Estado Democrático). Un derecho penal de
esta naturaleza debe, pues, orientar la función preventiva de la pena con arreglo a los principios de
exclusiva protección de bienes jurídicos, de proporcionalidad y de culpabilidad". (El Derecho Penal
en el Estado Social y Democrático, pág. 36). Las características enunciadas, así como el carácter
fragmentario, subsidiario y residual del derecho penal, nos obligan a un entendimiento del mismo,
desde la protección de la libertad como derecho fundamental. Es por ello, que la dogmática penal se

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convierte en una herramienta imprescindible para la racionalización de las decisiones judiciales, así
como para la adecuada actuación de los demás operadores jurídicos. En el caso de juzgamiento los
recurrentes Luis Antonio González Ochoa, Alberto Alejandro Cortez Fierro, Raúl Azpeitia Carranza,
César Enrique Fernández Cevallos y César Saldaña Rangel, se hace necesario puntualizar la
situación jurídica y la tipicidad de la conducta de los condenados, al efecto, se advierte: a) En cuanto
a la causal tercera del artículo 360 del Código de Procedimiento Penal, no se evidencia que el
juzgador haya dictado su sentencia en base a informe errados, testimonios errados y maliciosos; b)
En lo relacionado con la causal cuarta cabe la revisión parcialmente, pues del análisis del proceso se
establece que los recurrentes alegan que en la sentencia recurrida, el Tribunal Juzgador, no han
aplicado las atenuantes contempladas en el artículo 29 numeral 6 y 7, debidamente justificadas en el
proceso, señalando que el tipo penal incriminado ha sido calificado como de lesa humanidad; y por la
alarma social que este acto ha ocasionado en la sociedad; c) El Estatuto de Roma, de la Corte Penal
Internacional, nace con el propósito de castigar los grandes crimines suscitados en la humanidad y
las violaciones graves de derechos humanos, con la finalidad de que no queden en la impunidad. Al
respecto, el artículo 7 de este Estatuto, define a los delitos de lesa humanidad o crimines de lesa
humanidad, a las conductas tipificadas como asesinato, exterminio, deportación o desplazamiento
forzoso, encarcelación, tortura, violación, prostitución forzada, esterilización forzada, persecución por
motivos políticos, religiosos, ideológicos, raciales, étnicos u otros definidos expresamente,
desaparición forzada, secuestro o cualesquiera actos inhumanos que causen graves sufrimientos o
atenten contra la salud mental o física de quien los sufre, siempre que dichas conductas se cometan
como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de
dicho ataque d) Según el diccionario de la Real Academia Española, Leso significa agraviado,
lastimado, ofendido: de allí que crimen de lesa humanidad aluda a un crimen que, por su aberrante
naturaleza, ofende, agravia, injuria a la humanidad en su conjunto. Este tipo de delito, tal como el
propio Estatuto de Roma lo establece, no sólo comete un Estado sino también una "organización
política"; por tanto aquellos crímenes tales como atentados, secuestros, torturas y asesinatos
cometidos por una organización terrorista o guerrillera también pueden ser encuadrados como
crimen de lesa humanidad. En esta clase de delitos, el sujeto activo, los crimines pueden ser
realizados por funcionarios estatales (con independencia de su jerarquía o cargo) o por miembros de
una organización política; el sujeto pasivo es el ataque contra la población civil; entendiéndose ésta
última, según el Estatuto de Roma, corno una línea de conducta que implique la comisión múltiple de
actos mencionados en el párrafo I (refiriéndose a las formas de conducta) contra una población civil,
de conformidad con la política de un Estado o de una organización de cometer ese ataque o
promover esa política; a la acción típica no sólo se refiere a ataques militares, pues los mismos
pueden producirse en tiempo de guerra o en tiempos de paz; y el ataque tienen que ser generalizado
o sistemático, por lo que los actos aislados o cometidos al azar no pueden ser considerados
incluidos en esta tipificación. En esta órbita de acción de la precitada norma no consta el delito de
drogas, razón por la cual, corresponde a esta Sala reparar las equívocas apreciaciones del juzgador;
e) En la legislación penal, ni en la Constitución Política de la República del Ecuador en 1998, ni la
actual Constitución, prevén que los tipos penales contemplados en la Ley de Sustancias
Estupefacientes y Sicotrópicas, sean considerados como de lesa humanidad, de lo que fácilmente se
infiere que el Tribunal Penal de Manabí realizó una interpretación extensiva de la norma al darle un
alcance diferente, violando con ello lo previsto en el artículo 15 del Código de Procedimiento Penal; y
4 del Código Penal; f) El artículo 30, inciso primero del Código Penal, define lo que se considera
como circunstancias agravantes, al señalar que son todas las que aumentan la malicia del acto, o la
alarma que la infracción produce en la sociedad, o establecen la peligrosidad de sus autores, y
cuando éstas nos sean constitutivas o modificatorias de infracción; para luego señalar, "como en los
casos siguientes". De la norma citada, se deduce, que existen circunstancias agravantes específicas,
como en el caso del asesinato, el robo agravado, parricidio que contienen circunstancias propias de
la infracción que aumentan la pena; es decir, que en nuestra legislación, se encuentran plenamente
establecidas cuáles son las circunstancias agravantes genéricas de la infracción que impiden
agravar y atenuar la pena; g) En el caso sub júdice, el Tribunal Primero de lo Penal de Manabí, en su
resolución no señala cuál o cuáles de las agravantes enumeradas en el artículo 30 del Código Penal,
que impiden atenuar la pena, limitándose a señalar, que no se aplican las atenuantes por la alarma
social que el delito ha ocasionado; lo cual ha producido un error de derecho que deriva en un error
de hecho que es preciso corregir, pues, al no haberse considerado las atenuantes de los numerales

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6 y 7 del artículo 29 del Código Penal, que se encuentran debidamente justificadas en el proceso por
los recurrentes; el Tribunal Penal determinó una pena injusta a los acusados, la misma que no se
compadece con la realidad procesal; toda vez, que se debió aplicar lo que dispone el artículo 72 del
Código Penal. Cabe anotar que la alegación que realiza César Enrique Fernández, de no haberse
aplicado la atenuante trascendental contemplada en el artículo 86 de la Ley de Sustancias
Estupefacientes y Psicotrópicas, no tiene sustento legal; pues del texto de la disposición, se infiere,
que la misma opera, cuando el acusado haya colaborado suministrando información o datos a la
Policía, Fiscalía o jueces competentes para descubrir presuntos culpables de ilícitos contemplados
en la misma ley, lo que no ha sucedido en el caso, pues de las mismas declaraciones del
sentenciado constantes en su escrito de interposición del recurso de revisión, éste colaboró con la
Policía en el Operativo abriendo las seguridades de su domicilio, en el allanamiento al hangar, pero
en ningún momento, dio nombres de todos los integrantes de la organización delictiva; h) El artículo
5 del Código Orgánico de la Función Judicial preceptúa: "Las juezas y jueces, las autoridades
administrativas y las servidoras y servidores de la Función Judicial, aplicarán directamente las
normas constitucionales y las previstas en los instrumentos internacionales de derechos humanos
cuando estas últimas sean más favorables a las establecidas en la Constitución aunque las partes no
las invoquen expresamente..." y el artículo 6 del mismo cuerpo legal señala: "Las juezas y jueces
aplicarán la norma constitucional por el que más se ajuste a la Constitución en su integridad. En caso
de duda, se interpretará en el sentido que más favorezca a la plena vigencia de los derechos
garantizados por la norma, de acuerdo con los principios generales de la interpretación
constitucional" Por su lado, el artículo 76, numeral 6 de Constitución de la República señala: "la ley
establecerá la debida proporcionalidad entre las infracciones y las sanciones penales..." i) Al efecto,
el principio de legalidad guarda estrecha relación con el artículo quinto de la Declaración de los
Derechos del Hombre y del Ciudadano, del 26 de agosto de 1789, que dice: "La ley no puede
prohibir sino las acciones dañosas a la sociedad. Todo lo que es prohibido por la ley no puede ser
impedido, y nadie puede ser obligado a hacer lo que ella no manda". Esta garantía es de carácter
universal y en nuestra legislación se encuentra debidamente desarrollada en el inciso primero del
artículo 2 del Código de Procedimiento Penal que preceptúa: "Legalidad. Nadie puede ser reprimido
por un acto que no se halle expresamente declarado como infracción por la ley penal, ni sufrir una
pena que no esté en ella establecida. La infracción ha de ser declarada y la pena establecida con
anterioridad al acto. Deja de ser punible un acto si una ley posterior a su ejecución lo suprime del
número de las infracciones y, si ha mediado ya sentencia condenatoria, quedará extinguida la pena,
haya o no comenzado a cumplirse. Si la pena establecida al tiempo de la sentencia difiere de la que
regía cuando se cometió la infracción, se aplicará la menos rigurosa. En general, todas las leyes
posteriores que se dictaren sobre los efectos de las normas del procedimiento penal o que
establezcan cuestiones previas, como requisitos de prejudicialidad, procedibilidad o admisibilidad,
deberán ser aplicadas en lo que sean favorables a los infractores". Al efecto, Pedro Pablo Camargo,
en su obra El debido proceso, indica sobre el principio de legalidad: "el principio de legalidad obliga
al Estado y sus órganos a respetar el conjunto de leyes establecido y, en caso de quebrantamiento,
verificar y justificar la aplicación de la ley, para quien la ha infringido. La garantía de legalidad se
manifiesta en la fundamentación y motivación del acto de autoridad a imponer al ciudadano, a riesgo
de ser declarado nulo si sale del marco de la ley". En efecto, la norma mencionada confiere
seguridad jurídica a las personas, pues ninguna persona puede ser responsable de una infracción, ni
sufrir una pena, si previamente no existe una ley que tipifique al acto como delito y le asigne una
pena. Así lo contempla el artículo 76, numeral 5 de la Constitución de la República, que recoge con
claridad la prohibición de leyes penales con carácter retroactivo, es decir, que está prohibido fundar
la punibilidad en el derecho consuetudinario, en analogía o en reglamentaciones que emanen del
Poder Ejecutivo sin el respaldo expreso de una ley. Con el objeto de lograr esta finalidad, la
Constitución de la República en su artículo 428, establece: "Cuando una jueza o juez, de oficio o a
petición de parte, considere que una norma jurídica es contraria a la Constitución o a los
instrumentos internacionales de derechos humanos que establezcan derechos más favorables que
los reconocidos en la Constitución, suspenderá la tramitación de la causa y remitirá en consulta el
expediente a la Corte Constitucional, que en un plazo no mayor a cuarenta y cinco días, resolverá
sobre la constitucionalidad de la norma. Si transcurrido el plazo previsto la Corte no se pronuncia, el
perjudicado podrá interponer la acción correspondiente". Es evidente que en razón del denominado
principio de legalidad toda la materia procesal está reservada a la ley formal, pues las dos emanan

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del órgano legislativo y por lo mismo deben ser congruentes entre sí, para que impere la ley que es
la expresión de la voluntad general. Pero, como se ha visto, las exigencias del principio general de
legalidad se extreman en el campo del proceso penal, en el cual se manifiestan los siguientes
aspectos: a) En la aplicación de la regla de oro del derecho penal moderno: el principio nullum
crimen, nulla poena sine previa lege, recogido en el artículo 76.3 de la Constitución de la República
que obliga procesalmente a ordenar toda causa penal sobre la base de esa previa definición legal,
que, en esta materia sobre todo, excluye, totalmente la tipificación o sanción de un delito, no sólo en
los reglamentos u otras normas inferiores a la ley formal, sino también en todas las fuentes no
escritas del derecho, así como toda interpretación analógica o extensiva de la ley. Es necesario
reiterar que el objeto del proceso penal no es el de castigar al delincuente, sino el de garantizarle un
juzgamiento justo, ágil y oportuno, b) Cabe también enmarcar aquí, en la medida de su
trascendencia procesal, principios como el de igualdad y no discriminación, el de irretroactividad de
la ley penal en perjuicio del imputado y de retroactividad en su beneficio; el de indubio pro reo y la
presunción o mejor llamado estado de inocencia -ambos derivables también del precepto
constitucional y de la norma procedimental penal en el que deben presidir todas las actuaciones del
proceso y con la conclusión de la sentencia. Por otra parte, la sentencia judicial debe ceñirse a lo
pedido por las partes en el proceso, lo que se concreta en la prescripción de la institución de la ultra
petitia. En el área penal, la sentencia judicial sólo puede imponer penas previstas por la ley, por
delitos también contemplados previamente en la misma norma penal. En términos generales, el
principio de legalidad en un Estado social democrático de derecho vincula a las autoridades e
instituciones públicas con el ordenamiento jurídico, a partir de su definición básica, según la cual
toda autoridad o institución pública lo es y solamente puede actuar en la medida en que se encuentre
facultada para hacerlo por la normativa constitucional y legalmente autorizado en forma expresa, y
todo lo que no le esté autorizado le está vedado; así como sus dos corolarios más importantes,
todavía dentro de un orden general: el principio de regulación mínima, que tiene especiales
exigencias en materia procesal, y el de reserva de ley, consagrado en el artículo 76.3 de la Carta
Política; e) Por su parte, la Constitución de la República del Ecuador, ordena: "Artículo 11. El
ejercicio de los derechos se regirá por los siguientes principios: 3. Los derechos y garantías
establecidos en la Constitución y en los instrumentos internacionales de derechos humanos serán de
directa e inmediata aplicación por y ante cualquier servidora o servidor público, administrativo o
judicial, de oficio o petición de parte". 5. En materia de derechos y garantías constitucionales, las
servidoras y servidores públicos, administrativos o judiciales, deberán aplicar la norma y la
interpretación que más favorezcan su efectiva vigencia"; j) Es evidente que la sentencia dictada por
el Primer Tribunal Penal de Manabí y ratificada por la Primera Sala de lo Penal de la Corte Superior
de Justifica del mismo Distrito por su sentido y desarrollo es eminentemente legalista, fundamentada
en preceptos legales, olvidando preceptos constitucionales, es decir, no hace una correcta
ponderación entre una norma de menor jerarquía y la norma constitucional que es de mayor
jerarquía. Cabe añadir que toda interpretación debe hacérsela respetando los preceptos
constitucionales. Al efecto. Antonio Enrique Pérez Nuño, dice: "La interpretación no se realiza en el
vacío, sino que se trata de una actividad contextualizada, esto es, se lleva a cabo en condiciones
social e históricamente determinadas que generan los usos lingüísticos de los que debe partir
cualquier atribución de significado" y agrega que "la contextualización en que se produce cualquier
proceso interpretativo determina su carácter limitado y controlado". Es por ello, que en la actividad
del juzgador, así como en la del jurista esta función interpretativa siempre se halla sujeta a límites.
Así mismo, al juez de garantías le corresponde para resolver aplicar el principio constitucional de la
concordancia práctica, según el cual los bienes constitucionales protegidos deben ser balanceados y
ponderados en un momento dado y frente a un caso concreto tiene que establecer prioridades,
porque a veces entran en conflicto derechos fundamentales previstos en normas ordinarias y en
normas constitucionales. Si una ley admite dos interpretaciones o más debe escogerse aquella que
sea conforme con la Constitución y/o con los instrumentos internacionales referentes a los derechos
fundamentales de la persona humana. Argumento que no ha entrado dentro del análisis del Tribunal
Penal. Es más, se puede señalar que el juzgador hace una interpretación equivocada e indebida de
la norma constitucional ya que al existir varias normas en contradicción debía ponderarlas. De la
misma manera, estimamos pertinente consignar lo que sostiene Zagrebelsky que la justicia
constitucional debe facilitar, no obstaculizar. Pérez Royo, por su parte, sentencia: "La Constitución no
puede ser un obstáculo insoportable para el proceso político a través del cual la sociedad se auto

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dirige". Lamentablemente la administración de justicia en la actualidad, minimizada en su estructura
funcional, ha sido cuestionada por organismos de dentro y fuera de ella, con actos difamatorios e
intimidatorios expresados administrativamente y por ciertos medios de comunicación social, en
desmedro de los recursos previstos en la Ley, lo que algunas veces ha dado lugar a condenas
desproporcionadas, como en el presente caso, por lo que, los jueces debemos asumir nuestro deber
con entereza y decisión, frente a la sagrada misión de hacer justicia. Con todos los razonamientos
esgrimidos, la sentencia dictada por el Primer Tribunal de lo Penal de Manabí, al subsumir una
supuesta conducta en un tipo penal determinado, aplicando sólo el articulado contenido en el Código
Penal y la Ley de Estupefacientes y Sustancias Psicotrópicas y abstraerse de sustentar y anteponer
normas constitucionales y tratados internacionales; o dejando de aplicar la ley, al no haber
considerado las atenuantes debidamente justificadas, como acontece en la especie, es en definitiva,
el resultado de la falta de garantías que hoy tenemos los juzgadores y de otros que no entienden que
hemos pasado del arcaico formalismo legal, al de la prevalencia constitucional. RESOLUCION.
Sobre la base de lo expresado y por cuanto hay acción revisoría propuesta, pues existen graves
violaciones procesales mencionadas por los recurrentes, que demuestran el error de hecho y de
derecho en la sentencia impugnada, al no haberse observado lo que dispone el artículo 29
numerales 6 y 7 del Código Penal en concordancia con el artículo 72 ibídem, esta Primera Sala
Penal de la Corte Nacional de Justicia, ADMINISTRANDO JUSTICIA EN NOMBRE DEL PUEBLO
SOBERANO DEL ECUADOR Y POR AUTORIDAD DE LA CONSTITUCION Y DEMAS LEYES DE
LA REPUBLICA, de conformidad a lo que establece el artículo 11, numeral 9 parte final de la
Constitución de la República, en concordancia con los artículos 367 y 416 del Código de
Procedimiento Penal y artículo 32, parte final del Código Orgánico de la Función Judicial, declara
parcialmente procedente el recurso de revisión interpuesto por los procesados Raúl Azpeitia
Carranza, Gilberto Alejandro Cortez Fierro, César Enrique Fernández Cevallos, César Saldaña
Rangel y Luis Antonio González Ochoa y en consecuencia, reforma la sentencia condenatoria
dictada por el Primer Tribunal Penal de Manabí y confirmada por la Primera Sala de lo Penal de la
Corte Superior de Manabí, el 2 de marzo del 2005, en lo que respecta a la imposición de la pena de:
RAUL AZPEITIA CARRANZA, por ser autor de los delitos tipificados y reprimidos en los artículos 62
hoy 60 y 81 ex 84 de la Ley de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas, en concordancia con los
artículos 29 numerales 6 y 7 y 72 del Código Penal, se le imponen la pena atenuada de VEINTE
AÑOS DE RECLUSION MAYOR ORDINARIA; y, en relación a los recurrentes: LUIS ANTONIO
GONZALEZ OCHOA, GILBERTO ALEJANDRO CORTEZ FIERRO, CESAR ENRIQUE FERNANDEZ
CEVALLOS Y CESAR SALDAÑA RANGEL, en aplicación de los artículos 29 numerales 6 y 7 y 72
del Código Penal, se les impone la pena atenuada de DOCE AÑOS DE RECLUSION MAYOR
ORDINARIA, debiendo descontarse el tiempo que hubieren permanecido detenidos por el mismo
delito, y multa de ocho mil salarios mínimos vitales a cada uno de ellos. Notifíquese, devuélvase y
publíquese.

f) Drs. Hernán Ulloa Parada. Luis Moyano Alarcón. Milton Peñarreta Alvarez.

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