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En general, no me gusta trabajar, pero no me queda de otra, disminuye mi disgusto cuando

sintonizo la radio, deslizo un mapa, detona las voces en mi cabeza y me obliga a buscar,
saltos de una frecuencia a otra. Lo mismo puedo hablar de política con “expertos” o
negarme a dialogar con comentaristas de fútbol. Cambio y escucho “¡I, love rock and
roll!” Luego, la “voz universal”.

Iba y venía entre anaqueles, hablando sola, a veces discutía efusivamente.

La que hablaba sola, la rara, pero hablaba con las personas de ahí dentro, eso me olvidaba
del trabajo, haciéndolo a la vez.

Autoridad en la radio, “Charo Fernández”, “Toño Esquinca” (sin comentarios), “Mariano


Osorio”, “Gabriel Roa” ¡Por Dios!, solo por mencionar algunos, dueños de la radio, no
es personal, pero lo hacen muy mal… las voces que escucho en mi cabeza no me deleitan,
me aleccionan…. Me desespero.

Cambio de lugar, voy a la radio universitaria, también discuto.

Sin embargo, ellos no me escuchan, yo sí. “Olivia Luna”, “El Romo”, “Manero”. Saben
que estoy ahí, tengo respuestas que me tocan desde lejos.

Son las voces en mi cabeza. Hablo sola todo el tiempo, no recuerdo cuándo les puse
nombre.