Anda di halaman 1dari 9
Maqueta: RAG Tino origina: Les écoeshistorigues¢ a dercthos, Deaourdo alo ds ui en eae 38a el Coa ed tn er cand con oma den el Po A bead snes eprSdacean aap rein * Batons dn Seu, 1990 © Ediciones Akal, 1992 Para todos los paises ti baba ispena Los Bertocales del Jere Apd>. 400 Tortejéa de Ancor Teles: 656 56 11-656 49 11 Fax 636.4993 GUY BOURDE Y HERVE MARTIN CON LA COLABORACION DE PASCAL BALMAND. LAS ESCUELAS HISTORICAS Traducido por Rosina Lajo y Victoria Frigola Revisin cientfica por Elena Hernandez Sandoica CAPITULO 7 MICHELET Y LA APREHENSION TOTAL DEL PASADO, Para los partidaris de la «Nueva Historian, Michelet consttuye una re~ ferencia ritual obligada, puesto que se habia consagrado ala wresurreccion Gel pasado integral», Pretendi6 ser portavoz de una historia otra, difere te, apta para hacer hablar alos «silencios», que diera amplio espacio a las pulsfonesitracionales, Ser un «cesucitadors, recrear Ia vida misma, consti tuye la ambicion suprema de cualquier historiador después de haber dedi- cad su vida a [a investigacién erudita. En los tiempos actuales, en fos que prevalece un tipo de historia tan diferente, con sus andliss seiales, curvas J rficas, Michelet resulta un modelo fascinante. Nos podemos preguntar Sino es Michelet un mito piadosamente conservado. Antes de llegar a nin- zune conclusion, habremos de precisar los limites de sn prayecto histérico, Eomprobar como le da cumplimiento en sus escrits, ¥ tener presentes los bobsticulos que encontré, ideoldgicos unos einconscientes otros, en su apre- hensiGn global del pasado 1. EL PROYECTO-TESTAMENTO DE MICHELET Para analizarlo, nos basaremos principalmente en el célebre Préface a TPhistoire de France, que incluimos al final del capitulo. Fue redactado por Michelet entre el 22 de febrero y el 12 de septiembre de 1969, a peticion de su editor, que queria reeditar la Histoire de France, cuyo decimosépti- mmo tltimo tomo estaba a la venta desde 1867. Michelet afirmaba orgu- Tosamente su ambicidn de haber decidido ser, desde el comienzo de su carrera, el resucitador de Ia totalidad nacional en gestacion a través de los siglos. Tal proclamacién exige algunos correctivos y algunas aclaraciones. |A._ Este Prefacio esté escrito al final jn en otro momento de la carre- rade Michelet, Tiene por objeto situar toda su obra dentro de las coorde- nadas de un proyecto Unico. Es, por tanto, un texto madurado durante mu cho tiempo, que ha sido previamente esbozado muchas veces, por ejemplo en: «Materiales de un prefacio aplazado: mi vida, mis ensefianzas, mis li- bros», Es un texto que resume toda su vida, de la que vamos a recordar m tan sSlo algunos momentos cruciales. Navido en Pars en 1798, hijo de wn artesano impresor, Michelet hace sus estudios en el colexio Carlomagno y ena Sorbona. A partir de 1821 es agrégé de Letras; inmediatamente des- puss, siendo va profesor de Ia Escuela Normal, escribe manuales de hsto- fia, Accede a la notoriedad a partir de 1830: profesor de la hija de Lais- Felipe, lega a ser jefe de le seccién historica de los Archivos nacionales; después, catedrétco en la Sorbona, y, finslmente, profesor del Colegio dé Francia y miembro det Instituto (1833). Redacta su Préci d'Histoire. A pas- tir de 1842, se alinea en la cortiente de la pequeda burguesia liberal y an- tclrical; embargado por los idesles de 1789, se adhiere a las aspiraciones revolucionarias de 1848, Su hostildad hacia cl partido del orden y hacia el principe-presidente le cuesta el verse suspendido en la docencia en 1851 Durante todos estos afios prosiguio sin descanso su monumental Histoire ‘ie France, publicando primero La Edad Media (6 volimenes, 1833-1844) y después La Revolucidn (7 volimenes, 1847-1853). Desde 1852 hasta su muerte, en 1874, vive pobremente en Nantes y en Paris, apasionsdamente dedicado a escribir una obra literaria de acentos proféticos: La mujer (1859), La bruja, La Biblia de la humanidad (1864). [Al mismo tiempo concluye su Historia de Francia con El Renacimiento y Los Tiempos Modemos (1857-1867) 8. Toda la obra del historiador, a decir verdad muy divers, esté con- tenia en el Prefacio de 1869, dentro de las coordenadas de una ‘nica pul- sin creadora. Es el «tel4mpago de julio» (parrafo 1), luminosa revelacién de Francia, fruto de! trabajo de cuareata afos. ;Botn de muestra de la ideologia pequeio-burguesa, al igual que la evocacién de aquella «brillan- te mariana de julio! (pirrafo 10). Parece evidente la trasposicion de los valores eristianos, Se trata de una iluminacién mistca, en la que «la lama lo simpliica todo». Esta obra, «concebida en un instante», (pérrafo 1), de hecho cam- bia en sus facetas, como lo demuestran las visiones sucesivas de la Edad Media, que explicaremos més adelante. Los grandiosos impetus romant- cos de'los parrafos 7 y 8 nos conmueven mis que su mistica republicana Su pasin es la del hstoriador en busca de la «vida misma». Su «violenta voluntad» de rehacerlo todo es andloga a la de Gericault. Michelet ira «aprehendiendo y apropisndoselo todo» —se sobreentiende como materia, historica-—, para confesar al final de sus dias: «He bebido demasiada san- gue de los muertos.» Buréerata por su forma de trabajar, nunca permitira ue se apacigien en él ni las pasiones ni las furas. CC. Michelet desea alejarse radicalmente de la préctica historica domi- ‘ante, pero manteniendo respeto y reverencia hacia sus colegas, de ahi que frecuentemente entone alabanzas ante la insttucion historica en germen: «Hombres eminentes o habian estudiado» (pérrafo 2); «el lustre Sismon- dis, eperseverante trabgjadom»(p. 3); «esta noble plévade histérica» que, de 1820 a 1830, «bri tan intensasiente» (p. 5) Pero, a pesar de todos es: tos personajes dstinguidos, et 1839 jen Francia wo babia mds que alos ata Jes, em absoluto historia»! (p. 2). Michelet reprocha algunas debiidades a Jos lutres representantes de la historia liberal: A. Thierry, Guizot, Mig- net, Thiers y ous. En primer lugar les reprocha to limitado de su infor- ‘macig. Sismondi «no entra apenas en la investigacién erucita»(p. 3); sus colegas dejan lo mejor «sumido en las fuentes inéditas» (p. 24). Aqui se 12 expresa el antiguo jefe de la seccin histrica de los Archivos nacionales, ‘cementerios de la historia» que tanto estimulaban suimaginacidn: «No tar- 4g en darme cuenta de que habia, en el aparente silencio de aguells ga- lerias, un movimiento, un murmulio que no era el de la muerte (..), todos vivian y hablabaa (..) y,a medida que yo soplaba sobre su polvo, fos vela incorporarse.» La ignorancia acerca de slas fuentes primitivas, la mayor parte inédi- tas (p. 4), ha permanecido hasta 1830-1836, incluso para el propio Miche Jet, caya documentacin era sobre todo libresca en el momento en que es- exibia Préis u'Hiswoire Moderne (1828) y su Introduction a Histoire Uni- verslle (1831). Formula un segundo motivo de queja respecto a sus eminentes colegas: carecen del seatido de la historia total. Dan demasiada importancia ala po- \itia (p. 2) a expensas de otras instancias de la realidad. Sélo tienen pun- tos de vista Fragmentados, o que les eonduce a aislar los objetos de estu- dio (la raza, la instituciones, etc.) sin aprehender las interelaciones que hay entre los distntos dominios (p. 5). ‘De esta manera se pierde de vista la armonta superior», o sea, en el Jenguaje actual, la preocupaciéa por la slobalidad. Esta historia, «dema- siado poco material, demasiado poco epiitual» (pp. 22 y 23), descuida tan- to el sustrato material como las elaboraciones del «alma nacional», situsn- dose en un terreno intermedio entre lo politico lo institucional “Tercer motivo de queja: la noble pigyade es vctima de los a prior’ ideo- U6gicos. Ast el admirable Thierry queda anclado en la teoria de la «perpe- tuidad de las razas (p. 1), tomada de algunos historiadores del siglo xvii, Uo-cual le induce a subrayar las sucesivas dominaciones de ls gals, los fran~ 0s, ete. Tal interpretacin expresa la exaltaciOn del sentimiento nacional, vinculado al movimiento romantico, y le impulsa a traduci los conflictos Ge clases en confictos raciales, por ejemplo: la arstocracia franca se opo- ne al tercer estado galo! Pero la obra de Thierry conserva su atractivo en ta medida en que escapa a una visia sistematica y surge esponténeamente de las vibraciones de un wcorazin conmovidor por la invasidn extranjera, al que mueven los ideale patristcos (p. 14). Esta vibracign interna «seh la también en los escritos de Michelet cuya pasional temtica subyacente es muchas veces més atractiva que las ideas explicitamente afirmadas» D. Aqut la ambicion de wotalidad esté mas claramente afirmada que nunca. La stotalidad vivida» que pretende reconstruir Michelet se sitia a un nivel mas protundo que el «global» de los historiadores actuals. Se tra- ta de aprehender la unidad viva y no solamente instancias interrelacions- das. Todos los escalones de la realidad, habitualmente separados, se sub- Sumen en una armonia superior (p. 5). «Yo he sido el primero en verla (a Francia) como un alma y una persona» (p. 2). El historiador accede a lo ‘uno, 0 divino, sino nacional. La muy tradicional metéfora del organicis- mo (p, 6) explicit la nocidn de la armonia superior. La vida implica la so- lidaridad de los Sreanos, su mutua influencia, et. ‘La ambicidn del historiador consiste por tanto en reencontrar la vida his- sorca (p. 7) por dos caminos complementarios: a) seguirla en todas sus vias, to que implica extensa informacién, ua trabajo minucioso de reconstruccion; 13