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Alain Borne

No podrás acallar
ni mi alma, ni mi sangre, ni mi voz.
Mis labios ya sólo pueden abrirse
para decir tu nombre
besar tu boca
convertirse en ti mientras te busca.
Y aun si hablo de rosa
se trata de ti
o de pan o de miel
o de arena o de mí.
Estás al borde de cada una de mis palabras
tú las llenas, las quemas, las vacías.
En ellas estás
eres mi saliva y mi boca
y hasta mi silencio está erizado de ti.

Desnudarte,
ir de nuevo hacia más luz y más quemadura
mientras me ciegas ya
y todo en mí se calcina.
Y no obstante,
es necesario que tras cien cabalgadas
las nubes de mi rayo
desciendan a la tierra.
Es necesario que me eche
a adorar tus rodillas
y a tocar la escandalosa tibieza
de ese nido de soles.