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l9 oRrENTActoN pstcoANALiTtcA EN LA pstcotocíR1

Lu palabra orientación pretende enfatizar una característica: que se


quiere privilegiar el método, la actitud y no la teoría o la doctrina. Se
estabiece así una diferencia tajante con la mayor parte de escuelas
psicológicas, que tienden a privilegiar una teoría, que aplican iuego en la
práclica profesional. Sin embargo, esto no significa que un practicante de
diclras escuelas no pueda tener una actitud diferente aIa que preconizala
teoría que pretende sostener. Un practicante ético pone en suspenso los
plantearnientos de su teoría cuando estos parecen ser invalidados por la
experiencia, aunque la escuela a la que pertenezca tienda a hacer
prevalecer la doctrina.

La orientación psicoanalítica en Ia psicología se basa en La


aplicación del método psicoanalítico en l.a práctica psicológica,
incluyendo Ia investigación o construcción teórica. EI método
psícoanalítico es el análisis de un discurso mediante Ia contrastación
dialéctica entre el discurso (teorí a) y la experiencia (práctica) a partir de
Ia escucltq de las formacíones de lo ínconsciente, y se sustenta en una
apertura hacia el discurso inconsciente que permite su análisis y la
posterior intervención deI analítico. La orientación psicoanalítíca, ai estar
basada en una actitud, se diferencia de la psicología dinámica, que se
sustenta en una teoría particular sobre lo psíquico que es aplicada aL
trabajo psicológico.

El papel de la teoría en la formación del psicólogo de orientación


psicoanalítica empieza con la simbolización y conceptu alización de
representaciones y experiencias, que aI ser verbalizadas, se articulan al
discurso subjetivo. La formalización de sus prácticas analíticas es la base
de su comunicación con otros analíticos; conocer los conceptos y términos
técnicos le permite comprender los planteamientos de los autores que han
teorizado sobre el psicoanálisis y la clínica.

Es importante que el analítico formalice su experiencia, pero sin que


este sedimento de saber se anquilose, convirtiéndose en una doctrina que

1 Este texto fue presentado como Excurso del seminario psicología


de
or ientación ps icoanaTítica, en abril- de I999, €D e] Departamento de
Psicoi-ogia de la Universidad de Antioquia.

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regule rígidamente su actuar. Todo método está fundamentado en una
teoría y en una práctica, pero es la relación entre ellas, su contrastación
dialéctica, la que privilegia, para no caer en los extremos del teoricismo
o el empirismo.

La formación del psicólogo de orientación psicoanalítica consistiría


fundamentaltnente en aprender a escuchar y a analizar) para poder
intervenir. E,l conocimiento de teorías psicológicas, psicoanalíticas o de
otro tipo, es algo secundario, que sirve de fondo para la apropiación del
método, y que permite adquirir^un bagaje cultural y psicológico que
fundamente el análisis discursi''¿o.2

Esta'formación se efectúa aplicando el ntétodo, que se actualiza en


técnicas éspecíficas. Es un proceso gradual y paulatino que debe empezar
por 1o más sencillo y elemental, pero básico: fomentar una actitud de
escucha y. de apertura al saber del otro, aunque en principio se limite a 1o
más eviiiente del discurso consciente y preconsciente. Luego irá
avanzando a significaciones implícitas que pueden inferirse mediante el
análisis literario, lingüístico, lógico, filosófico, o de otro tipo.
Reservando el análisis de las formaciones de 1o inconsciente para su
práctica c1ínica o su análisis personal, pero sin descuidar ias enseñ anzas
de Freud en libros como La interpretación de los sueños, La
psicopatología de la vida cotidiana, o El chíste y su relación con lo
inconsciente. Esa escucha de las formaciones de lo inconsciente puede ser
útil también en un trabaj o cognoscitivo, pues alerta sobre rupturas,
contradicciones y fallas de un discurso, gue pueden ser aprovechadas para
el aprendizaje, sin necesidad de recurrir a la historia o la intimidad del
suj eto.

La escucha promueve el respeto a la palabra del otro, a su decir.


Interrogarlo, criticarlo, es reconocerlo; contrario a la cómoda posición de
dejar pasar su clecir en una hipócrita tolerancia que todo lo iguala por lo
bajo. El silencio del maestro, el reducir al mínimo necesario sus
intervenciones, y en particular sus exposiciones, permite al aprendiz
expresarse y formarse en la escucha de las manifestaciones de sus
condiscípulos, que dejan de ser irrelevantes coros enmarcando la voz ex
catedra del magister.

2 véase art 11 Ei nétodo anaLitico en l-a fornación deL psicó7ogo y


ens. 4I Los saberes del- anafitico.
Ese silencio magistral puede llegar a ser angustioso para el grupo,
pero evidencia la responsabilidad personal de cada uno en el proceso de
formación: "si nadie habia es (también) porque yo no hablo". Actitudes
como el callar del formador propenden a la responsabilizacién del sujeto
QUe, en último término, conducirían a la singularización, aI asumirse
como sujeto singular de un deseo y un destino.

El rnétodo psicoanalítico está basado fundamentalmente en dos


elementos: la verbalización y el manejo de la transferencia. Verbalizar
impiica "tomar 1a palabra", responsabilizarse de un decir, y someterlo a la
críticay la respuesta de los otros; es una socializqción del propio discut'so
eue, en el mejor de ios casos, lo díalectiza, es decir, fomenta una
transformación recíproca. Intentar expresar en palabras un pensamiento
obliga a simbolizar muchos elementos imaginarios del discurso, promueve
una articulación de las ideas y un esfuerzo por transmitirlas en un
lenguaje comprensible para los interlocutores.

Una de las actitudes características de un (psico)analítico, es la de


hablar z nombre propio: expresar su posición, su pensamiento, su
reflexión, recurriendo a las citas o comentarios ajenos sólo cotno una
ayuda marginal. Es una manera clara de diferenciarse del erudito y del
teoricista, que lo forja en la creatividad y el despliegue de su propio ser.

Por parte del maestro o formador, la transmisión del método exige


un análisis de la relación que se establece con el apren diz o el grupo de
formación: aunque la mayor parte de las interpretaciones de Ia
transferencia no sean expresadas, sirven al analítico para estar atento al
lugar simbólico en que es colocado por sus discípuloS, y a las relaciones
laterales entre ellos, la transferencia grupal y la exterior. Todo este
unólísis de la lransferencia permite su adecuado rnanejo, que promueve
la aplicación y apropiación del método por parte de los aprendices.

En un curso o grupo cognoscitivo se puede empezar por las técnicas


más elementales de escucha de un discurso intelectual: ei del profesor, los
compañeros y el propio discurso. Hay otras técnicas generales, como la
Iectura y contentario de textos, que puede hacerse mediante una
conversación grupal, a partfu de una lectura previa hecha en casa por cada
alumno, o en la propia clase, en voz alta por un solo lector, o por todos,
silenciosamente. Un ejercicio de escucha podría dar cuenta del grado de
asimilación y comprensión de la lectura. También puede hacerse una
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lectura y discusión sistemátíca del texto, 1ínea por línea; o puede
prescindirse del texto y proponer un tema, una pregunta o problema que
será discutido en clase, o investigado y reflexionado fuera de ella.

Además de estas técnicas operacionales básicas, hay otras muchas


que pueden aplicarse, como el trabajo en pequeños grupos, la exposición
del profesor o de los alumnos, y todo tipo de ayudas pedagógicas. Pero
rnás irnportantes que estas técnicas, son las que se refieren a la aplicación
del método como actítud de la docta íg'norancia, donde el maestro se
coloca en la posición de aprendiz, permitiendo que el estudiante construya
un conocimiento fundamentado mucho más en sus reflexiones, preguntas y
cuestionamientos que en una memorización de los textos, los cuales
cumplen su función de pre-textos para el aprendizaje de una actitud
investigativa, crítica, analítica.

Este aprendizaje podríamos centrarlo en tres aspectos: rigurosidad,


competencia conceptual y creatividad. Aprender a cuestionar,
interrogar, obj etar o refutar un discurso, a sostener los propios
planteamientos mediante argumentos sólidos y rígurosos; adquirir una
competencia conceptual que permita pensar y expresar las ideas de una
manera clara y precisa, preferiblemente con términos y palabras propias;
y atreverse a explorar nuevas posibilidades, caminos y explicaciones, dar
cabida a Ia intuición y la sensibilidad, para acercarse, en cuanto sea
posible a la originalidad y Ia creativídad.

La escritura de pequeños ensayos puede desarrollar la destreza en


estos tres aspectos, sobre todo si se cuenta con una asesoría permanente
del maestro y una interlocución con otros estudiantes. Los grupos de
estudío, de tres o más participantes, ayudan a la verbalización y
dialectización de las ideas, y constituyen un lugar excelente para la
discusión de los escritos personales. Pero, sin restar importancia al
trabajo y la producción grupal, huy que privilegiar la producción
individual, tanto oral como escrita, porque responsabiliza al sujeto de su
discurso, y promueve el despliegue de su singularidad, inediada por el
logos.

Todas estas cualidades son la base de la formación del psicólogo, y


le irán permitiendo escuchar desprejuiciadamente, no sólo los contenidos
explícitos del discurso analizado, sino también los sentidos implícitos, los
valores subyacentes, los motivos silenciados. Poco a poco, esta formación
lo irá preparando pata abrirse a Ia escucha de las formaciones de lo
inconsciente, a las rupturas del discurso y los síntomas.

Es esta actitud la que se espera que eI psicólogo despliegue en sus


prácticas profesionales, en cualquiera de los campos de ejercicio de la
profesión: investigación, psicoter apia, comunit aria, social, laboral,
deportiva, salud, publicitaria, jr-rrídica u otras; su intención es ayudar al
sujeto (individual o plural) a construir su propio saber; no a transmitirle
un saber ya construido, sino las vías de acceso a ese saber: el rnétodo o la
a c titud p s i co analític a.

KR-9 90429

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