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7.3.1.

Alimentos entre cónyuges


Entre los deberes matrimoniales se contemplan, por separado, el deber de asistencia y el deber alimentario, lo
que resulta una buena técnica legislativa, porque si bien en el concepto genérico de asistencia quedan
comprendidos los alimentos, estos últimos requieren ser tratados independientemente a los fines de establecer
su contenido y alcance.
En particular, el régimen actual, al abordar los alimentos durante el matrimonio, distingue el derivado de la
normal convivencia de los cónyuges de los que derivan de la separación de hecho.
Los alimentos debidos, durante la separación de hecho de los cónyuges, tienen una expresa consagración y
tratamiento —a diferencia del régimen anterior—, al establecerse que éstos se deberán alimentos durante todo
el proceso.
Con tal previsión, se termina la discusión mantenida en el régimen del Código Civil en cuanto a la viabilidad y
contenido de la prestación en caso de que los cónyuges estuvieran separados de hecho.
De esta manera, la ley privilegia el título —de cónyuges— a la situación de hecho —mantenimiento de la vida
en común— en cuanto a la obligación alimentaria.

7.3.2. Deber alimentario durante la convivencia y la separación de hecho


El primer párrafo del art. 432 indica: "Los cónyuges se deben alimentos entre sí durante la vida en común y la
separación de hecho. Con posterioridad al divorcio, la prestación alimentaria sólo se debe en los supuestos
previstos en este Código, o por convención de las partes".
El deber alimentario derivado del matrimonio comprende tanto mientras subsista el proyecto de vida común
(convivan o no en un mismo hogar conyugal) como durante el período de la separación de hecho.
Luego de la sentencia de divorcio, el deber alimentario subsistirá en las hipótesis previstas para los alimentos
posdivorcio o cuando las partes hubieren acordado dicha prestación.

7.3 3. Reglas aplicables


El último párrafo del art. 432 señala: "Esta obligación se rige por las reglas relativas a los alimentos entre
parientes en cuanto sean compatibles".
Sin perjuicio de las disposiciones que rigen los alimentos derivados del matrimonio, se consigna que,
subsidiariamente, en cuanto no se halle prevista una solución específica, le serán aplicables las normas
referentes a los alimentos entre parientes.
7.3.4. Pautas para la fijación de los alimentos
El art. 433 determina: "Durante la vida en común y la separación de hecho, para la cuantificación de los
alimentos se deben tener en consideración, entre otras, las siguientes pautas: a) el trabajo dentro del hogar, la
dedicación a la crianza y educación de los hijos y sus edades; b) la edad y estado de salud de ambos cónyuges;
c) la capacitación laboral y la posibilidad de acceder a un empleo de quien solicita alimentos; d) la
colaboración de un cónyuge en las actividades mercantiles, industriales o profesionales del otro cónyuge; e) la
atribución judicial o fáctica de la vivienda familiar; f) el carácter ganancial, propio o de un tercero del
inmueble sede de la vivienda. En caso de ser arrendada, si el alquiler es abonado por uno de los cónyuges u
otra persona; g) si los cónyuges conviven, el tiempo de la unión matrimonial; h) si los cónyuges están
separados de hecho, el tiempo de la unión matrimonial y de la separación; i) la situación patrimonial de ambos
cónyuges durante la convivencia y durante la separación de hecho".
Se fijan las pautas que deben tenerse en cuenta por parte del juzgador ante el reclamo alimentario de alguno de
los cónyuges.

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La acción de alimentos entablada por los cónyuges durante la normal convivencia es una situación de hecho
excepcional. Si bien existen hipótesis en tal sentido, debe destacarse que son las situaciones que menos se
judicializan entre cónyuges.
En cambio, resultan más habituales los planteos de prestación alimentaria cuando se hallan separados de
hecho. Las pautas a tenerse en cuenta regirán para ambas situaciones fácticas —tanto cuando se reclaman
alimentos durante la normal convivencia, como cuando se peticiona durante la separación de hecho—.
Se optó por una enumeración casuística de los aspectos que deben ponderarse para su fijación. Lo que lleva a
destacar que tendrán, forzosamente, el carácter de ejemplificativas, pues no deben excluirse otras situaciones
especiales que puedan surgir en cada caso particular.

Analizaremos por separado las pautas establecidas expresamente por la ley.


i) Tareas realizadas en el hogar y dedicación a los hijos (inc. a]). Se debe ponderar el trabajo realizado por el
cónyuge dentro del hogar, la dedicación a la crianza y educación de los hijos y sus respectivas edades.
Es una forma explícita de reconocer este trabajo y la dedicación a la crianza de los hijos como elemento
significativo para valorar los alimentos futuros, pues esa dedicación, al no tener remuneración económica,
produce una "desventaja" patrimonial para el cónyuge que se ha dedicado a ello.
ii) Edad y estado de salud (inc. b]). Otras pautas a tenerse en cuenta son la edad y estado de salud de los
cónyuges.
La viabilidad y el monto de la cuota alimentaria van a depender, ciertamente, de la edad que las partes tienen
al momento de producirse el divorcio. Además, cualquiera que fuere la edad, también será relevante a dichos
fines el estado de salud al producirse el divorcio.
iii) Capacitación laboral (inc. c]). Deberá considerarse la capacitación laboral y la posibilidad de acceder a un
empleo del cónyuge que solicita los alimentos.
iv) Colaboración en las actividades de su cónyuge (inc. d]). También es relevante como pauta a considerar, la
colaboración que uno de los cónyuges prestó en las actividades mercantiles, industriales y profesionales del
otro cónyuge.
v) Atribución de la vivienda familiar (inc. e]). Influirá, asimismo, en la respectiva cuota alimentaria, la
atribución de la vivienda familiar, fuere ésta judicial o fáctica.
vi) Propiedad de la vivienda familiar (inc. f]). También será relevante como pauta, si el inmueble sede de la
vivienda es de carácter ganancial, propio o de un tercero.
Cuando sea arrendado, se tendrá en consideración si el alquiler es pagado por alguno de los cónyuges u otra
persona.
vii) Duración del matrimonio (inc. g]). Cuando los cónyuges conviven, se deberá ponderar el tiempo de la
unión matrimonial.
viii) Duración de la convivencia y de la separación de hecho (inc. h]). Cuando los cónyuges estén separados
de hecho, deberá considerarse el tiempo de la unión matrimonial y el transcurrido desde la separación.
Esta pauta resulta relevante a los fines de su determinación, pues si bien la ley establece el mantenimiento de
la prestación alimentaria cuando estuvieren separados de hecho, a los fines del quantum tendrá incidencia
dicha circunstancia, así como el tiempo de dicha separación de hecho.
ix) Situación patrimonial (inc. i]). Finalmente, se consagra como pauta legal la situación patrimonial de los
cónyuges, tanto durante el matrimonio como durante la separación de hecho.
Esta circunstancia es relevante, pues los alimentos refieren a una situación asistencial, en donde los
patrimonios del alimentado y alimentante adquieren importancia al momento de su determinación.

7.3.5. Cese de la obligación alimentaria prestada durante la vigencia del matrimonio

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La última parte del art. 433 establece: "El derecho alimentario cesa si desaparece la causa que lo motivó, el
cónyuge alimentado inicia una unión convivencial, o incurre en alguna de las causales de indignidad".
La obligación alimentaria de un cónyuge hacia el otro cesa en tres situaciones.
En primer lugar, cesa la prestación alimentaria cuando desaparece la causa que la motivó. Es lógico que así
sea, pues la naturaleza del deber alimentario, tal como se halla contemplado, se vería desvirtuado si, a pesar de
haber desaparecido las razones por las cuales se hizo lugar a la prestación alimentaria, ésta continúa
devengándose.
Se dijo que no resulta suficiente acreditar el hecho de que el alimentado hubiera adquirido un beneficio
previsional para peticionar el cese del haber alimentario, de toda necesidad que percibe por parte de quien
fuera su cónyuge; antes bien, se tornaría necesaria la prueba de que la alimentada dispone de medios
suficientes para proveerse por sí misma su manutención, aun si las partes hubieran acordado que el acceso a
algún beneficio de la seguridad social haría cesar la asistencia alimentaria.
En segundo lugar, se enuncia como cesación de la prestación cuando el cónyuge alimentado inicia una unión
convivencial. Aquí las razones están motivadas en que de la nueva unión convivencial nace el deber de
asistencia, en cuyo caso sería desproporcionado que el alimentado tenga dos obligados simultáneos en la
prestación.
La causal de cesación plantea la discusión de saber si el respectivo cese se produce desde el inicio de la
convivencia con otra persona o, si en cambio, el cese operará recién cuando quede configurada la unión
convivencial, en cuyo caso ésta ocurrirá recién después de los dos años de convivencia con el tercero. Al
decirse desde el "inicio", parecería que cesa desde el comienzo de dicha unión, sin tener que esperar que se
configure una unión convivencial en términos jurídicos. Habría sido conveniente establecer que el cese, en tal
caso, lo será desde el "inicio de una convivencia", para evitar discusiones al respecto.
Finalmente, la prestación alimentaria cesará cuando el alimentado incurre, respecto del alimenante, en alguna
de las causales de indignidad. Ante ello, el fundamento moral se impone para la cesación de la obligación.

7.3.6. Alimentos posteriores al divorcio


Se contempla, asimismo, la posibilidad de que puedan solicitarse alimentos con posterioridad al divorcio. En
este sentido, el art. 434 señala: "Las prestaciones alimentarias pueden ser fijadas aun después del divorcio: a) a
favor de quien padece una enfermedad grave preexistente al divorcio que le impide autosustentarse. Si el
alimentante fallece, la obligación se transmite a sus herederos; b) a favor de quien no tiene recursos propios
suficientes ni posibilidad razonable de procurárselos. Se tienen en cuenta los incisos b), c) y e) del artículo
433. La obligación no puede tener una duración superior al número de años que duró el matrimonio y no
procede a favor del que recibe la compensación económica del artículo 441".
Desde el punto de vista metodológico, la ubicación de la norma es desafortunada, pues debió estar
comprendida en los efectos derivados del divorcio y no entre los derechos-deberes del matrimonio.

Fuera de ello, analizaremos las distintas cuestiones derivadas de la prestación alimentaria pos divorcio.
i) Casos en que tienen lugar. La disposición contempla los alimentos posdivorcio. Dicha prestación podría
tener lugar en dos situaciones.
- Alimentos al enfermo. La primera de ellas se da cuando la persona padece una enfermedad grave preexistente
al divorcio que le impida autosustentarse.
Con algunas variantes sería el equivalente a los alimentos contemplados para el cónyuge enfermo y sano, del
art. 208 del Código Civil derogado.
Se requiere que dicha enfermedad se haya manifestado antes de la sentencia de divorcio, es decir, que hubiere
tenido dicha enfermedad durante la vigencia del matrimonio.

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Se destaca que dicha enfermedad debe ser "grave", excluyéndose ciertas enfermedades que no revisten tal
carácter. De todas formas, será el juzgador quien interprete en cada caso, dada las particularidades que puedan
presentarse en las distintas situaciones en que se reclama el derecho.
La condición para tener derecho a dicha prestación, es que el cónyuge que lo solicita no pueda
autosustentarse. De modo que por más que existiere dicha enfermedad grave, anterior al divorcio, si el
cónyuge tiene recursos y puede procurarse los medios necesarios para la subsistencia, no tendrá habilitada esta
acción para reclamar alimentos.
Además, se establece que la obligación alimentaria subsiste a pesar de la muerte del alimentante, pues se
transmite a sus herederos. Ésta constituye una excepción al principio general, consistente en que la muerte del
alimentante hace cesar la obligación alimentaria. La ley aquí mantiene la prestación, debiendo en la sucesión
del causante —alimentante— determinarse la forma y modo de continuar con el cumplimiento de dicha
prestación.
- Alimentos de toda necesidad. La segunda hipótesis prevista para pedir alimentos después del divorcio se da
cuando la persona que lo solicita no tiene recursos propios suficientes ni posibilidad razonable de
procurárselos.
También con ciertas variantes. Sería el equivalente a los alimentos de toda necesidad contemplados en el art.
209 del Código Civil derogado.
Para tener la legitimación activa, el reclamante deberá probar que no tiene medios suficientes para procurarse
las necesidades básicas. Además, deberá acreditar que no tiene posibilidades para procurárselos por sí mismo.
ii) Pautas a tener en cuenta. Para la fijación de la cuota alimentaria deberán tenerse en consideración las
pautas siguientes: la edad y estado de salud de ambos cónyuges; la capacitación laboral y la posibilidad de
acceder a un empleo de quien solicita alimentos; la atribución judicial o fáctica de la vivienda familiar.
iii) Duración de la prestación alimentaria. Se indica un límite temporal de la prestación, en virtud de que la
obligación alimentaria no podrá exceder el número de años que duró el matrimonio.
Tal limitación, a mi entender, resulta arbitraria, pues un derecho humano de tal naturaleza y ante las
situaciones extremas y excepcionales previstas en la norma, no deberían quedar sujetas a un límite temporal
abstracto, como el que se impone. En tal contexto, podría cuestionarse la constitucionalidad de tal previsión.
iv) Incompatibilidad con la compensación económica. Se determina que no podrán coexistir, luego del
divorcio, la compensación económica y la prestación alimentaria.
En consecuencia, el cónyuge que solicite tendrá que optar, si se cumplen las condiciones de cada una de ellas,
entre los alimentos o la compensación económica.
v) Alimentos y el convenio regulador. Tales pautas, medidas y alcances de la prestación alimentaria
contemplada en las disposiciones relativas a los alimentos posteriores al divorcio, serán aplicables siempre y
cuando los cónyuges no hubieren acordado los alimentos en el respectivo convenio regulador —que luego
veremos— al momento de solicitar el divorcio vincular.
En tal sentido, si han acordado los alimentos en el respectivo convenio regulador, regirá el mismo, en
aplicación de la autonomía de la voluntad.

7.3.7. Cesación de los alimentos luego del divorcio


El anteúltimo párrafo del art. 434 indica: "En los dos supuestos previstos en este artículo, la obligación cesa si:
desaparece la causa que la motivó, o si la persona beneficiada contrae matrimonio o vive en unión
convivencial, o cuando el alimentado incurre el alguna de las causales de indignidad".
Los alimentos derivados del divorcio cesan en cuatro situaciones.

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i) Desaparición de la causa que los motivó. En primer lugar, se establece que cesan los alimentos si
desaparecen las causas que motivaron la respectiva prestación. Habiendo desaparecido las causas que le dieron
lugar, ya no podría mantenerse la prestación.
ii) Nuevas nupcias. Además, los alimentos cesarán cuando el alimentado contrae nuevas nupcias. Es lógico
que así suceda, pues por el nuevo matrimonio nace el deber de asistencia entre los cónyuges.
iii) Vivir en unión convivencial. También cesa la obligación cuando el alimentado vive en una unión
convivencial.
La cesación recién operará cuando se configure la unión convivencial en términos jurídicos, es decir, luego de
los dos años.
iv) Indignidad. Finalmente, es motivo de cesación de los alimentos si se incurre en alguna de las causales de
indignidad. Ésta se encuentra sustentada en un fundamento moral.
7.3.8. Alimentos acordados en el convenio regulador
El último párrafo del art. 434 prescribe: "Si el convenio regulador del divorcio se refiere a los alimentos, rigen
las pautas convenidas".
Si durante la sustanciación del proceso de divorcio, en el convenio regulador se acordó el contenido y
extensión de la cuota alimentaria, regirá la voluntad de las partes.
Se permite que, en ejercicio de la autonomía de la voluntad de partes, acuerden los distintos aspectos que
integran la prestación alimentaria.

4. Efectos durante la convivencia

4.1. Asistencia

Señala el art. 519: "Los convivientes se deben asistencia durante la convivencia".

El deber de asistencia comprende un aspecto amplio, pues tiene un contenido personal y patrimonial. Cuando
se legisla sobre el matrimonio, la ley refiere al deber de asistencia en general y de alimentos en particular.

A pesar de que al tratar las uniones convivenciales no se ha seguido la misma metodología —lo que resulta un
desacierto legislativo— entiendo que la obligación alimentaria de los convivientes surge del deber de
asistencia, en general.

Por más que no se lo especifique, parece indiscutido, en la lógica de las normas establecidas, que exista
obligación alimentaria entre convivientes, al menos durante la normal convivencia.

6.5. Inexistencia de obligación alimentaria cesada la convivencia

Entre las normas previstas en el título de las uniones convivenciales no se hallan contempladas las relativas a
la prestación alimentaria, tanto durante la convivencia(40)como luego de su ruptura. Agréguese que en las
uniones convivenciales se efectúan remisiones expresas a la institución matrimonial cuando refiere a la
contribución de los gastos del hogar (así, el art. 520 remite a lo dispuesto al respecto en el art. 455,
perteneciente a la sección del régimen patrimonial del matrimonio), mas nada dice sobre los alimentos
derivados de la convivencia.

Haciendo una interpretación flexible, podemos decir que en el régimen legal previsto para estas uniones,
solamente se contempla la prestación alimentaria para los convivientes mientras dura la normal convivencia.

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En cambio, luego de cesada la misma, entre sus efectos, no se prevé la posibilidad de que uno de los
convivientes reclame alimentos a su exconviviente.

Lo cual se diferencia claramente del matrimonio, en donde es tratado específicamente —sin perjuicio del
deber de asistencia— en los arts. 432 y 433 (durante la vida en común y en la separación de hecho) y en el art.
434 (posteriores al divorcio).

Estimo que el no reconocimiento a la obligación alimentaria luego de la ruptura es desafortunada. La


naturaleza de la prestación alimentaria tiene sus bases en el deber de asistencia, lo cual repercute con mucha
importancia en las distintas relaciones familiares, y que se mantienen y perduran más allá de una eventual
convivencia (el ejemplo del matrimonio es claro, pues la ley contempla la prestación alimentaria para los
cónyuges divorciados).

La naturaleza asistencial en que se fundamenta la prestación alimentaria no puede ser soslayada, en


circunstancias de necesidades, entre dos personas que hubieren tenido un vínculo afectivo y que han sido
reconocidos como una forma de familia. El sentido asistencial ha sido considerado en el régimen anterior para
determinar que los alimentos pasados a la concubina constituyen el pago de una obligación natural, que no
pueden ser repetidos por el concubinario que los soportó(41); de ahí que, en la medida en que la prestación
alimentaria no encubriese donaciones en perjuicio de herederos forzosos, tornaría inmoral la pretensión de que
uno de los convivientes restituyese al otro lo que éste voluntariamente solventó para la alimentación,
vestuario, asistencia de enfermedades, etc., en función de la convivencia.

Además, si tomamos disposiciones del mismo Código Civil y Comercial, se ha ampliado la obligación
alimentaria —respecto del régimen legal anterior— para los hijos del conviviente, aun después de haber
cesado la convivencia. En tal sentido, la obligación alimentaria del progenitor afín nos demuestra que la
naturaleza asistencial perdura, eventualmente, después de cesada la convivencia.

Si las uniones convivenciales representan un modelo de familia, reconocido y protegido por la ley, parece
incuestionable que el deber alimentario es uno de los efectos básicos y elementales que deben contemplarse al
cesar la convivencia de pareja en determinadas circunstancias.

Considero que la solidaridad familiar ante la falta de medios y la imposibilidad de procurárselos por sí mismo,
una vez cesada la convivencia, debe tener su reconocimiento por parte de la ley.

Esta omisión de un derecho humano básico, derivada de una relación de familia, nos permite sostener la
posibilidad de cuestionar la constitucionalidad de la solución legal por omisión, y otorgar —por analogía— a
los convivientes el derecho alimentario previsto para los cónyuges divorciados.

Entiendo que un derecho básico y humano como el deber de asistencia no puede quedar excluido del piso
mínimo que la ley reconoce para los convivientes. No queda desvirtuado lo anterior, por la circunstancia de
que se reconozca, en las condiciones establecidas, la posibilidad a los exconvivientes a exigirse las
denominadas compensaciones económicas, pues ellas tienen una naturaleza distinta de la prestación
alimentaria y que no debe confundirse. En todo caso —como se establece en el matrimonio— no podrán
superponerse ambas, debiendo elegir una u otra.

7.2.8. Alimentos provisorios

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Indica el art. 586: "Durante el proceso de reclamación de la filiación o incluso antes de su inicio, el juez puede
fijar alimentos provisorios contra el presunto progenitor, de conformidad a lo establecido en el Título VII del
Libro Segundo".
La ley reconoce expresamente, tal como lo ha admitido la jurisprudencia, la posibilidad de que se pueda hacer
lugar a los alimentos provisorios durante la sustanciación del juicio de filiación, o incluso, antes del inicio de
la correspondiente acción de filiación.
Ha justificado la jurisprudencia su procedencia, señalando que en determinados supuestos, es viable la
estipulación provisoria y cautelar de una prestación alimentaria, aun antes de una sentencia que determine la
filiación de un niño o adolescente, pues se encuentran en juego la protección de los derechos del niño a una
vida digna, a un desarrollo armónico, a la salvaguardia de su salud y también se halla comprometida la defensa
de su derecho a la igualdad. Dado que el derecho a percibir alimentos —en el sentido amplio del término— se
entronca con el más hondo amparo de los derechos de la niñez, por lo que en principio no puede ser diferido,
ni aplazado de manera injustificada

5.2.2. Efectos de la adopcion simple


Según el art. 627: "La adopción simple produce los siguientes efectos: a) como regla, los derechos y deberes
que resultan del vínculo de origen no quedan extinguidos por la adopción; sin embargo, la titularidad y el
ejercicio de la responsabilidad parental se transfiere a los adoptantes; b) la familia de origen tiene derecho de
comunicación con el adoptado, excepto que sea contrario al interés superior del niño; c) el adoptado conserva
el derecho a reclamar alimentos a su familia de origen cuando los adoptantes no puedan proveérselos; d)
el adoptado que cuenta con la edad y grado de madurez suficiente o los adoptantes, pueden solicitar se
mantenga el apellido de origen, sea adicionándole o anteponiéndole el apellido del adoptante o uno de ellos; a
falta de petición expresa, la adopción simple se rige por las mismas reglas de la adopción plena; e) el derecho
sucesorio se rige por lo dispuesto en el Libro Quinto".

7.2. Alimentos

7.2.1. Extensión de la obligación alimentaria


El segundo párrafo del art. 658 indica hasta cuándo se extiende la prestación alimentaria de los padres,
respecto de sus hijos: "La obligación de prestar alimentos a los hijos se extiende hasta los veintiún años,
excepto que el obligado acredite que el hijo mayor de edad cuenta con recursos suficientes para proveérselos
por sí mismo"
i) Régimen anterior. La ley 26.579, del año 2009, redujo de 21 a 18 años la mayoría de edad en el derecho
argentino. La ley vino así a consagrar la tendencia existente en los últimos años que intentaban establecer en
18 años la mayoría de edad y que, por distintas razones, habían quedado en meros intentos legislativos. Dicha
ley logró efectivizar aquella tendencia.
Aun cuando el criterio mayoritario coincidía en la reducción a 18 años de la mayoría de edad, en el debate
legislativo, el conflicto estaba centrado en mantener la obligación alimentaria existente entre los 18 y 21 años,
en la idea de no dejar a esas personas en situación de desprotección. Por ello, la ley mantuvo, con ciertas
exigencias, la obligación de los padres respecto de sus hijos mayores de edad entre las edades mencionadas.
En tal sentido, la ley 26.579 agregó un párrafo al entonces art. 265, CCiv.: "La obligación de los padres de
prestar alimentos a sus hijos, con el alcance establecido en el artículo 267, se extiende hasta la edad de
veintiún años, salvo que el hijo mayor de edad o el padre, en su caso, acrediten que cuentan con recursos
suficientes para proveérselos por sí mismo".

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ii) Régimen actual. En esencia, se mantiene el criterio anterior, con algunas variantes. Es decir, en principio los
padres deben seguir pasando alimentos a sus hijos mayores de edad hasta los veintiún
años.
- Fuente obligacional. La extensión de la obligación alimentaria de los progenitores tiene una particularidad,
respecto de otros derechos y deberes de los padres. Así, la obligación alimentaria se extiende más allá de la
mayoría de edad, eso es, del cese de la responsabilidad parental, pues tal obligación de los padres no cesa
cuando los hijos cumplen los dieciocho años, sino se que se prolonga hasta los veintiuno.
Se ha dicho que la fuente de la obligación alimentaria es la patria potestad —ahora, responsabilidad parental.
- Extensión de la obligación de pleno derecho. Al extender hasta los veintiún años, queda claro que una vez
cumplidos los dieciocho, en principio, la obligación alimentaria continúa de pleno derecho.
Con tal solución, se supera una discusión originada con la sanción de la ley 26.579, que si bien redujo la
mayoría de edad a los dieciocho años, mantuvo la obligación alimentaria de los padres hasta los veintiuno. En
tal contexto, la duda era si, alcanzada la mayoría de edad, debía seguir cumpliendo con la prestación o bien si
la obligación requería una acción para continuar con la prestación. Podían sostenerse distintos criterios, pues
no surgía del texto legal la solución al caso.
De acuerdo con el régimen actual, ninguna duda cabe de que la prestación continúa de pleno derecho, sin
necesidad de una acción para proseguir con la prestación hasta los veintiún años. La misma cesará si el mayor
de edad cuenta con recursos suficientes para proveérselos por sí mismo.
- Carga de la prueba. La otra cuestión resuelta, teniendo en cuenta la legislación anterior, es lo atinente a la
carga de la prueba para hacer cesar, eventualmente, la prestación alimentaria entre los dieciocho y veintiún
años. Es decir, si es el propio alimentante o el alimentado quien debe alegar y probar tal circunstancia. El texto
de la ley 26.579 daba lugar a confusiones porque hacía referencia a ambos.
Ahora, la última parte de la norma que nos ocupa establece que es el obligado quien tiene que acreditar que el
hijo mayor de edad tiene recursos suficientes para proveerse a sus necesidades. Por lo tanto, la carga de la
prueba recae en el alimentante.
- Cesación. La disposición señala —al igual que el texto anterior— que dicha obligación de los padres cesará
si el mayor de edad cuenta con recursos suficientes para proveérselos por sí mismo.

7.2.2. Contenido
Dice el art. 659: "La obligación de alimentos comprende la satisfacción de las necesidades de los hijos de
manutención, educación, esparcimiento, vestimenta, habitación, asistencia, gastos por enfermedad y los gastos
necesarios para adquirir una profesión u oficio. Los alimentos están constituidos por prestaciones monetarias o
en especie y son proporcionales a las posibilidades económicas de los obligados y necesidades del alimentado"
i) Contenido de los alimentos. La prestación alimentaria derivada de la responsabilidad parental comprende
todos los aspectos y rubros necesarios para el desarrollo del sujeto: manutención, educación, esparcimiento,
vestimenta, habitación, asistencia, gastos por enfermedad y los gastos necesarios para adquirir una profesión u
oficio.
La enumeración no excluye otros aspectos que puedan presentarse en determinadas situaciones, dado que su
contenido abarca lo atinente al desarrollo integral de la persona menor de edad.
ii) Forma de la prestación. En el cumplimiento de la obligación alimentaria están comprendidas tanto las
prestaciones monetarias, propiamente dichas, como también en las prestadas en especie, debiendo éstas ser
consideradas como forma de realizar la prestación.
Esta última modalidad de la prestación —en especie— destaca la importancia y la función de las tareas y
funciones diarias en el cuidado personal, pues pondera tal actividad, además, como prestación alimentaria.

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iii) Criterios establecidos para determinar la prestación. Para determinar el quantum de la prestación
alimentaria, que los padres deben a sus hijos menores de edad, se deben tomar en cuenta dos circunstancias.
En primer lugar, las necesidades del hijo, lo que parece evidente, porque dependerá de su edad y desarrollo
para saber cuáles son las necesidades y rubros concretos que han de incorporarse para establecer el monto de
la cuota.
El otro aspecto a tener en cuenta y que podría considerarse fundamental, es la capacidad económica del
alimentante. Lo que lleva a que estamos en presencia de un criterio amplio de la prestación, porque sin
perjuicio de las necesidades del alimentado, el deber alimentario, en cuanto a la extensión y contenido,
dependerá del nivel económico del alimentante.
Por lo tanto, se condiciona el monto de la cuota a la capacidad económica de los padres. Y es lógico que así
sea, pues el nivel económico y social de las personas difiere en cada caso. Si bien literalmente podría pensarse
que ello significaría consagrar una desigualdad de trato a quienes se hallan sujetos a la responsabilidad
parental, al quedar librados a la posibilidad económica de sus padres, lo cierto es que la solución no puede ser
otra, habida cuenta de que el quantum de la prestación no podría ser el mismo en situaciones económicas
diferentes. En realidad, la igualdad radica en que todos los menores de edad sujetos a la responsabilidad
parental gozan del derecho a los alimentos, mas no a tener la misma cuota alimentaria.
Es un principio aceptado en nuestro derecho positivo que el monto de la obligación alimentaria tiene relación
directa con la capacidad económica del alimentante, en virtud de que el quantum de la prestación quedará
determinado de conformidad con los medios económicos tenidos por el obligado.
Por ello, no existe una cuota abstracta o general para todos los casos, sino que, entre los aspectos y cuestiones
a considerar, asume trascendencia e importancia la capacidad económica del alimentante.
La variación económica de la cantidad de la prestación se halla también contemplada en los tratados
internacionales con jerarquía constitucional, al establecer que los padres tienen la responsabilidad de
proporcionar las condiciones de vida a sus hijos menores de edad "dentro de sus posibilidades y medios
económicos"
Con respecto a la prueba del caudal económico del alimentante, puede surgir de la prueba directa en su
totalidad, o en parte de prueba directa y de indicios sumados, o de presunciones exclusivamente, siempre que
reúnan las condiciones de eficacia que le son propias, aunque valoradas con criterio amplio, en favor de la
pretensión del demandante.
Por lo demás, habrá que valorar la posibilidad económica en cada caso a los fines de fijar dicha prestación
alimentaria, esto es, si corresponde o no condenarlo a pasar alimentos. Sin perjuicio de ello, se sostuvo que no
corresponde, como regla general, que la cuota alimentaria se fije exclusivamente conforme a la condición o
fortuna de los padres, con remisión a parámetros estrictamente matemáticos relacionados con los ingresos que
pudieran haberse acreditado. Lo relevante en orden a dicha cuestión resulta la cobertura de las necesidades
elementales de los menores en cuyo beneficio se actúa, para lo cual, el aporte no debe ser fijado solamente
teniendo en cuenta el ingreso que éste pudiera haber acreditado o la carencia de medios que pudiera haber
alegado, si no surgen de la causa que existan impedimentos que obsten a que el alimentante, con su esfuerzo
personal, pueda aumentar u obtener ingresos suficientes de manera de satisfacer el mínimo nivel considerado
decoroso para subvenir las necesidades de su descendencia. De ahí que si no hay prueba relativa a la actividad
que pueda desarrollar el accionado, ello no es óbice para fijar la cuota, por cuanto la mera invocación de la
insuficiencia de recursos no releva a un padre joven y en plenitud de energías de procurar arbitrar los medios
para satisfacer las urgentes y elementales necesidades que comprende la noción jurídica de alimentos.

7.2.3. Tareas de cuidado personal

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El art. 660 señala: "Las tareas cotidianas que realiza el progenitor que ha asumido el cuidado personal del hijo
tienen un valor económico y constituyen un aporte a su manutención".
Al momento de determinar la prestación alimentaria, debe mensurarse las tareas cotidianas que realiza el
progenitor en el cuidado personal del hijo, pues dicha contribución tiene un valor económico y constituye un
aporte a su manutención.
La disposición no sólo instaura la valoración pecuniaria de los cuidados y la asistencia brindada por el
progenitor conviviente con su hijo, sino también el aporte alimentario en que se traducen tales cuidados.
Este reconocimiento implica un significativo avance en materia de alimentos al ser expresamente consagrado
por la ley.
Por lo demás, concuerda con lo establecido en el art. 559, al señalar que la obligación alimentaria derivada de
la responsabilidad parental comprende tanto las prestaciones en dinero como en especie.
En consecuencia, si los padres no conviven y se reclama la fijación de una cuota alimentaria, deberán
ponderarse distintas circunstancias que rodean al caso, comprensivo no solamente de la situación económica
de los obligados, sino también los roles que los mismos desempeñan específicamente en relación al hijo.
Lo que equivale a decir, en términos económicos, que dicha prestación alimentaria no se traduce
matemáticamente en un cincuenta por ciento a cada uno de los progenitores. Por lo tanto, aun cuando se
encuentren obligados en igualdad de condiciones, la cuota alimentaria no necesariamente debe fijarse por
mitades. Si así fuere, se desconocerían las demás circunstancias que tienen que valorarse teniendo en cuenta
las particularidades de cada caso.
La jurisprudencia, en este sentido, ha entendido que tratándose de la determinación de la cuota alimentaria,
debe estimarse la contribución exigible a quien ejerce la tenencia del hijo, considerando los aportes en especie
que efectúen y que tengan significación económica —tales como proporcionar y mantener la vivienda, así
como la atención y los cuidados cotidianos—, pues dichos factores importan una inversión de tiempo al que
debe atribuirse valor, en tanto pudo ser dedicado a la realización de actividades lucrativas. De ahí que aunque
el progenitor que tenga a cargo al menor tenga ingresos, éstos no deben ponderarse como una liberación de las
obligaciones alimentarias del otro padre, sino como una participación que le corresponde en beneficio de sus
hijos, sin dejar de ponderar los gastos que de dicha situación se derivan, sobre todo cuando el menor precisa de
cuidados especiales.

7.2.4. Legitimación
El art. 661 especifica quiénes pueden demandar y ser demandados por alimentos: "El progenitor que falte a la
prestación de alimentos puede ser demandado por: a) el otro progenitor en representación del hijo; b) el hijo
con grado de madurez suficiente con asistencia letrada; c) subsidiariamente, cualquiera de los parientes o el
Ministerio Público".
La legitimación activa para demandar los alimentos a favor de los hijos menores de edad, corresponde al otro
progenitor, en representación de su hijo menor de edad; el propio hijo, si tiene el grado de madurez suficiente,
con la debida asistencia letrada; y subsidiariamente, cualquiera de los parientes o el mismo Ministerio Público.

7.2.5. Hijo mayor de edad


i) Régimen anterior. La ley 26.579, en el año 2009, redujo la mayoría de edad de veintiuno a dieciocho años.
En realidad, desde el punto de vista constitucional, a partir de la reforma de 1994, la adaptación legislativa
interna resultaba imprescindible en punto a la mayoría de edad.
En efecto, la incorporación de la Convención sobre los Derechos del Niño entre los tratados con jerarquía
constitucional (art. 75, inc. 22, CN) exigía una adecuación en las leyes internas, pues de acuerdo con el
referido instrumento internacional se es niño hasta la edad de dieciocho años. Como consecuencia de ello, si se

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mantiene la minoría de edad del sujeto hasta los veintiún años, estaríamos extendiendo su incapacidad,
negándole el ejercicio de los derechos y garantías que gozan todas las personas que tienen plena capacidad. El
recurso de la incapacidad debe ser excepcional, no habiendo justificativo válido para prolongarlo.
Por ello, son los dieciocho años la línea divisoria entre menores de edad (niños, en la terminología del
instrumento internacional) y mayores de edad, en lo que a capacidad jurídica se refiere, sin perjuicio de
algunas protecciones jurídicas que el legislador entienda necesario mantener hasta los veintiún años u otra
edad que establezcan las leyes. Queremos decir: una cosa es la "capacidad" del sujeto y otra cosa son ciertas
"protecciones" específicas, que pueden independizarse y diferenciarse de la capacidad.
Precisamente, una de las protecciones que el legislador entendió necesario extender hasta la edad
de veintiún años es la referida a los alimentos.
En consecuencia, si bien el aspecto principal de la reforma de la ley 26.579 era la reducción de la mayoría de
edad —de 21 a 18 años—, dicha ley incorporó un régimen especial de alimentos de los padres respecto de sus
hijos mayores de edad, comprensivo entre los dieciocho y veintiún años.
En tal sentido, la ley 26.579, en su art. 3°, agregó como segundo párrafo del art. 265 del Código Civil, la
siguiente redacción: "La obligación de los padres de prestar alimentos a sus hijos, con el alcance establecido
en el artículo 267, se extiende hasta la edad de veintiún años, salvo que el hijo mayor de edad o el padre, en su
caso, acrediten que cuenta con recursos suficientes para proveérselos por sí mismo".
Puede decirse que la finalidad del legislador ha sido extender la protección del hijo mayor de edad, en materia
alimentaria, no obstante que el mismo hubiere alcanzado la plena capacidad civil.
En atención a ello, se creó un particular régimen alimentario para los hijos mayores de edad, entre 18 y 21
años, pues no obstante reducir a dieciocho años la mayoría de edad, mantuvo la obligación alimentaria de los
padres, bajo ciertas circunstancias, hasta que el hijo mayor de edad cumpla los veintiún años.
Entiendo que la obligación alimentaria de los padres hacia sus hijos mayores de edad, en el contexto de la
norma referida, tiene una naturaleza especial, distinta a la responsabilidad parental y al parentesco,
consistente en el vínculo paterno filial. Las diferencias existentes entre la prestación contemplada en esta
hipótesis y la contenida en la responsabilidad parental (ex patria potestad) impiden asimilarlas totalmente,
lo que lleva al nacimiento de una nueva fuente legal en la materia.
De esta manera, a partir de la sanción de dicha ley, tenemos tres fuentes posibles de la obligación alimentaria
por las cuales los padres pueden tener que pasar alimentos a sus hijos: la derivada de la responsabilidad
parental (ex patria potestad); el parentesco y la que nace del vínculo filial. En tal sentido, se ha creado, por
imperio de la ley 26.579 una nueva fuente obligacional, a la que llamaremos vínculo filial.
La razón fundamental que nos lleva a sostener que los alimentos debidos por los padres a sus hijos mayores de
edad, entre los 18 y 21 años, reviste una nueva categoría legal, está motivada en el hecho de condicionar la
prestación alimentaria de los padres a la circunstancia de que los hijos no tengan recursos suficientes para
proveérselos por sí mismos. Este requisito lo diferencia claramente de la obligación alimentaria derivada de la
responsabilidad parental, lo que impide sostener que se trate de la misma fuente legal.
Por aplicación de ello, si el hijo mayor de edad —siempre entre 18 y 21 años— no quiere trabajar, los padres
no podrán exigirle que lo hagan. Mantienen la misma situación fáctica que cuando eran menores de edad. En
ello se asemeja a los alimentos derivados de la responsabilidad parental. Pero presenta una diferencia esencial
con la obligación emergente de ésta: los padres quedarán liberados de la prestación cuando el hijo tuviere
medios suficientes para proveérselos por sí mismo.
ii) Régimen actual. En esencia, el Código Civil y Comercial mantiene el régimen incorporado por la ley
26.579, con algunas modificaciones.
En efecto, el art. 662 establece: "El progenitor que convive con el hijo mayor de edad tiene legitimación para
obtener la contribución del otro hasta que el hijo cumpla veintiún años. Puede iniciar el juicio alimentario o, en

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su caso, continuar el proceso promovido durante la minoría de edad del hijo para que el juez determine la
cuota que corresponde al otro progenitor. Tiene derecho a cobrar y administrar las cuotas alimentarias
devengadas. Las partes de común acuerdo, o el juez, a pedido de alguno de los progenitores o del hijo, pueden
fijar una suma que el hijo debe percibir directamente del progenitor no conviviente. Tal suma, administrada
por el hijo, está destinada a cubrir los desembolsos de su vida diaria, como esparcimiento, gastos con fines
culturales o educativos, vestimenta u otros rubros que se estimen pertinentes".
Aun cuando se mantiene la obligación alimentaria de los padres respecto de sus hijos mayores de edad, se
replantea el contenido y alcance del ex art. 265, CCiv., incorporado por la ley 26.579, particularmente en los
aspectos atinentes al ejercicio de la acción.
- Derecho de contribución. Respecto del régimen anterior, se agrega un derecho de contribución del progenitor
que no convive con el hijo.
- Legitimación activa. En cuanto a quién puede solicitar dichos alimentos, expresamente se otorga
legitimación activa al progenitor del hijo mayor de edad, siempre que conviva con dicho hijo.
De esta manera, se distinguen dos situaciones fácticas, según que el hijo mayor de edad viva o no con su
progenitor. Cuando no convive, será el propio hijo quien deberá cobrar, administrar y disponer de la cuota
alimentaria. En cambio, si convive con uno de sus progenitores, éste será el encargado de recibir, administrar y
disponer de los fondos que constituyen el monto de la cuota alimentaria que recibe el mayor de edad.
Este criterio entiende que la cuota alimentaria debe estar en cabeza de la madre y no del hijo.
La solución legal parece desatinada a la luz de los principios actuales de la capacidad del sujeto de derecho. La
restricción de la capacidad, además de ser excepcional, requiere un fundamento de peso para limitar al
individuo de la libre administración y disposición de sus bienes. Lo cual no se advierte en esta restricción, en
donde solamente encuentra como argumento la circunstancia de que la persona mayor de edad convive con
uno de sus progenitores. Esto, en verdad, es un resabio del viejo criterio que estima que la mayoría de edad
debiera alcanzarse recién a los veintiún años.
Por lo demás, la misma ideología se observa al tratar los alimentos del hijo mayor de edad que se capacita, al
reconocerle al progenitor el derecho a solicitarlo (art. 663).
Estamos en presencia de una capacidad regresiva, en franca contradicción con la tendencia actual en donde,
precisamente, se trata de otorgar al sujeto menor de edad cada vez más facultades para ejercer sus propios
derechos. Además de la Convención sobre los Derechos del Niño, las últimas leyes referidas a la capacidad
han puesto el eje central en la denominada capacidad progresiva. La contradicción parece clara en la propuesta
de la norma —más aún si se trata de un mayor de edad—, porque habiendo alcanzado la plena capacidad el
sujeto de derecho, por efecto de esta circunstancia, su capacidad se ve "limitada" nuevamente. De ahí que, a
mi entender, se incurre en un caso de capacidad regresiva, que no puede justificarse por la sola circunstancia
de que el hijo mayor de edad viva con su progenitor.
En verdad, el mantenimiento de la obligación alimentaria de los padres respecto de sus hijos mayores de edad
hasta los veintiún años, en las condiciones de la norma, no se vincula a la capacidad jurídica del sujeto, sino a
un régimen de protección específica de la persona mayor de edad. Por lo tanto, una cosa es la "capacidad" del
sujeto y otra, muy distinta, ciertas "protecciones" específicas, como ocurre con los alimentos. La redacción de
la norma afecta a la capacidad del sujeto, confundiendo ambos aspectos.
La ley otorga al individuo, a una determinada edad, el pleno ejercicio de sus derechos y deberes, sin que otras
personas puedan decidir respecto de sus actos. La mayoría de edad, desde el espectro estrictamente jurídico,
tiene que ver con una serie de factores y circunstancias que hacen que el individuo pueda desempeñarse, en
sus actos diarios, con plena capacidad. Por ello, desde la perspectiva de la idea de sujeto de derecho y del
ejercicio pleno y efectivo de sus garantías ciudadanas, es necesario que adquiera la plenitud de su capacidad

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jurídica con dicha mayoría de edad. La misma le brinda autonomía a la persona en el ejercicio de sus derechos
—en el aspecto dinámico—, debiendo reconocerse su propia individualidad.
De ahí que esta indebida e injustificada restricción de la capacidad del sujeto mayor de edad debiera superarse,
manteniéndose su plena capacidad para administrar y disponer de los fondos recibidos en concepto de cuota
alimentaria. Ello, a los fines de devolverle sus derechos en su condición de mayor de edad.
En todo caso, si se quiso reconocer a la progenitora o al progenitor conviviente un derecho de contribución,
debió contemplarse en forma autónoma a dicha acción de alimentos.
Mientras se mantenga la restricción a la capacidad del sujeto, en las condiciones de la norma, quedará abierto
el recurso de la declaración de inconstitucionalidad de la disposición en análisis. Ello así, pues no hay razones
justificadas para avalar tal limitación y restricción a su capacidad civil.
Por lo demás, la última parte de la disposición legal permite que el hijo —mayor de edad— pueda recurrir al
juez para que se le destine, para sus gastos diarios, un porcentaje de la cuota alimentaria administrada por el
progenitor que convive con el alimentado. La norma presenta una solución teórica que no condice con la
realidad práctica. Se genera un desgaste jurisdiccional para desglosar un desembolso diario ante el conflicto
del progenitor, que administra los fondos y el beneficiario de la cuota alimentaria que pretende realizar sus
propios gastos que su progenitor no le reconoce. Le falta una visión práctica a esta solución.
- Reclamo de cuotas devengadas durante la minoría de edad. Una cuestión que ha surgido en aplicación de los
alimentos de los padres a sus hijos mayores de 18 a 21 años consiste en determinar si luego de alcanzada la
mayoría de edad el sujeto beneficiario, las cuotas devengadas durante la menor de edad y no percibidas,
podrían ser reclamadas por el progenitor que las venía percibiendo en ejercicio de la representación legal —en
los casos jurisprudenciales habituales, la madre— o, si por el contrario, el reclamo deberá ser realizado por el
propio hijo, ya mayor de edad. Una postura sostenía que alcanzada la mayoría de edad del hijo, los créditos
alimentarios pendientes, que han sido devengados durante la minoría de edad, deben ser reclamados por
derecho propio, como consecuencia de haber caducado la representación legal de su progenitora.
Otra posición entendía que, aun cuando el menor haya llegado a la mayoría de edad, la madre estará
legitimada para reclamar los alimentos atrasados, subrogándose en los derechos del hijo a la pensión fijada,
de tal manera que las sumas que corresponda abonar no ingresarán al patrimonio de aquél sino de la madre,
que de este modo reembolsa los gastos efectuados en beneficio del menor que debieron ser atendidos por el
padre. Interpretación a la que adherimos.
En el régimen actual, si bien no lo contempla expresamente, podría decirse que indirectamente le otorgaría
legitimación activa a la madre para reclamar las cuotas devengadas y no percibidas durante la minoridad,
atento a que ahora le concede legitimación activa para reclamar un derecho de contribución al alimentante,
cuando convive con su hijo mayor, luego de que dicho hijo alcance la mayoría de edad.

7.2.6. Hijo mayor que se capacita


Señala el art. 663: "La obligación de los progenitores de proveer recursos al hijo subsiste hasta que éste
alcance la edad de veinticinco años, si la prosecución de estudios o preparación profesional de un arte u oficio,
le impide proveerse de medios necesarios para sostenerse independientemente. Pueden ser solicitados por el
hijo o por el progenitor con el cual convive; debe acreditarse la viabilidad del pedido".
i) Incorporación de otra obligación alimentaria. Se extiende la protección alimentaria de los hijos mayores de
edad cuando éstos se capaciten. Se trata de una obligación nueva, que no se hallaba prevista en el Código Civil
derogado.
Dicha incorporación responde a una tendencia existente en la legislación extranjera y a ciertos precedentes
jurisprudenciales que han tenido lugar en nuestro derecho.

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De esta manera, la ley recoge el criterio jurisprudencial que permitió la continuidad de la cuota alimentaria por
el cursado de una carrera universitaria.
Sin embargo, no se contempla el supuesto de continuación de la cuota alimentaria para el hijo mayor de edad
incapacitado para proveerse los alimentos por sus propios medios, lo que resulta una lamentable omisión. Al
respecto, cabe señalar aquella jurisprudencia que había acogido la prolongación de la cuota alimentaria en este
supuesto.
ii) Edad comprendida. La obligación alimentaria prevista para el hijo mayor de edad que se capacite se
extiende hasta los veinticinco años.
iii) Situaciones contempladas. Para ser beneficiario de la prestación alimentaria, el hijo mayor de edad debe
encontrarse estudiando y preparándose en un arte u oficio.
iv) Condición requerida. Dicha obligación de los padres, respecto de sus hijos mayores de edad, lo será en
tanto y en cuanto los hijos se hallaren impedidos para proveerse de medios necesarios para sostenerse
económicamente en razón de los estudios que se encuentren cursando.
v) Legitimación. Dicha prestación alimentaria podrá ser solicitada por el propio hijo o por el progenitor con
quien convive el hijo mayor de edad. En tales circunstancias, deberá acreditarse la viabilidad del pedido.

7.2.7. Hijo no reconocido


El art. 664 señala: "El hijo extramatrimonial no reconocido tiene derecho a alimentos provisorios mediante la
acreditación sumaria del vínculo invocado. Si la demanda se promueve antes que el juicio de filiación, en la
resolución que determina alimentos provisorios el juez debe establecer un plazo para promover dicha acción,
bajo apercibimiento de cesar la cuota fijada mientras esa carga esté incumplida".
i) Admisibilidad de los alimentos. Se consagra expresamente la fijación de alimentos provisorios, tanto durante
la sustanciación del juicio de filiación como antes de la demanda de filiación propiamente dicha.
De esta manera, se recepciona el criterio jurisprudencial prevaleciente en la materia.
ii) Alimentos durante el juicio de filiación. Se contempla la posibilidad de solicitar alimentos provisorios
durante la sustanciación del juicio de filiación. La disposición consagra el derecho a solicitarlo mediante la
acreditación sumaria del vínculo invocado.
iii) Alimentos antes de la demanda de filiación. También se otorga la posibilidad de demandar por alimentos
provisorios antes del inicio de la acción de filiación extramatrimonial. En tal caso, el juez podría fijar una
cuota provisoria y establecer un plazo dentro del cual debe iniciar la correspondiente acción.
De no hacerlo en el plazo indicado, cesará la cuota alimentaria fijada mientras tanto no la inicie.

7.2.8. Mujer embarazada


El art. 665 establece: "La mujer embarazada tiene derecho a reclamar alimentos al progenitor presunto con la
prueba sumaria de la filiación alegada".
El hijo por nacer tiene derecho a los alimentos por parte de su progenitor. Por lo tanto, la madre, en
representación de su hijo concebido tiene acción para reclamar por una cuota alimentaria, antes de producirse
el nacimiento del hijo. En tal caso, deberá acreditar la prueba sumaria de la filiación alegada.
El derecho de la mujer embarazada a reclamar alimentos al progenitor ya ha sido reconocido en la
jurisprudencia en planteos anteriores al régimen vigente.

7.2.9. Cuidado personal compartido con la modalidad alternada


Prescribe el art. 666: "En el caso de cuidado personal compartido en la modalidad alternada, si ambos
progenitores cuentan con recursos equivalentes, cada uno debe hacerse cargo de la manutención cuando el hijo
permanece bajo su cuidado; si los recursos de los progenitores no son equivalentes, aquel que cuenta con

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mayores ingresos debe pasar una cuota alimentaria al otro para que el hijo goce del mismo nivel de vida en
ambos hogares. Los gastos comunes deben ser solventados por ambos progenitores, de conformidad con lo
dispuesto en el artículo 658".
i) Recursos equivalentes de ambos progenitores. Cuando estamos en presencia de un cuidado personal
compartido en la modalidad alternada, si ambos tienen recursos equivalentes, se establece que cada uno de los
progenitores deberá hacerse cargo de la manutención cuando el hijo permanece bajo su control.
De esta manera, se distribuyen las obligaciones económicas respecto de sus hijos, en aplicación del principio
de igualdad.
ii) Recursos no equivalentes de ambos progenitores. Cuando en la hipótesis de cuidado personal compartido
con la modalidad alternada, los recursos de ambos progenitores fueren de distinto nivel, entonces el que cuente
con mayores ingresos deberá pasar una cuota alimentaria al otro. Todo ello, para que el hijo goce del mismo
nivel de vida en ambos hogares.
iii) Gastos comunes. Si el cuidado personal es compartido con la modalidad alternada, los gastos
comunes deben ser solventados por ambos progenitores, de conformidad con lo establecido en el art. 658. Es
decir, los progenitores deben alimentar a sus hijos conforme a su condición y fortuna.

7.2.10. Hijo fuera del país o alejado de sus progenitores


Señala el art. 667: "El hijo que no convive con sus progenitores, que se encuentra en un país extranjero o en
lugar alejado dentro de la República, y tenga necesidad de recursos para su alimentación u otros rubros
urgentes, puede ser autorizado por el juez del lugar o por la representación diplomática de la República, según
el caso, para contraer deudas que satisfagan sus necesidades. Si es adolescente no necesita autorización
alguna; sólo el asentimiento del adulto responsable, de conformidad con la legislación vigente".
i) Necesidad de recursos del hijo que no vive con su progenitor. En determinadas circunstancias,
cuando el hijo no convive con su progenitor puede ser autorizado para contraer deudas que satisfagan sus
necesidades.
En efecto, cuando se encuentra en un país extranjero o en un lugar alejado dentro de la República, y requiera
recursos para satisfacer sus necesidades u otros rubros urgentes, podrá ser autorizado por el juez del lugar o
bien por la representación diplomática de la República, para contraer deudas y satisfacer sus necesidades.
ii) Hijo adolescente. En las condiciones señaladas y descriptas anteriormente, si se trata de un adolescente (es
decir, si cuenta con trece años de edad) no necesitará autorización alguna. Solamente bastará el asentimiento
del adulto responsable para contraer deudas y satisfacer sus necesidades.

7.2.11. Reclamo a ascendientes


El art. 668 establece: "Los alimentos a los ascendientes pueden ser reclamados en el mismo proceso en que se
demanda a los progenitores o en proceso diverso; además de lo previsto en el título de parentesco, debe
acreditarse verosímilmente las dificultades del actor para percibir los alimentos del progenitor obligado".
i) Reclamo de alimentos a los ascendientes. Se faculta para que el juicio de alimentos a los ascendientes pueda
entablarse en el mismo proceso en que se demanda a los progenitores o bien, en forma independiente y
separada. Se le otorga una opción al alimentado en tal sentido.
En este entendimiento, se permite el reclamo en una misma acción tanto al padre como al abuelo. De manera
que sin perjuicio de la subsidiariedad consagrada en el art. 537, la presente disposición permite que tratándose
de alimentos reclamados para menores de edad, tenga un especial tratamiento dicha regla de la subsidiariedad.
ii) Circunstancias que debe acreditar. En la demanda entablada contra sus ascendientes deberán acreditarse los
requisitos exigidos en los alimentos derivados del parentesco, que es la fuente obligacional que corresponde el
reclamo, y las dificultades del actor para percibir los alimentos del progenitor obligado en primer término.

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Es decir, todo ello sin perjuicio de la subsidiariedad de la misma.
En el régimen anterior existían tres posturas sobre la subsidiariedad para el caso de alimentos a menores de
edad.
De acuerdo con la primera, mayoritaria, la obligación de los abuelos era subsidiaria a la de los progenitores.
Otra posición entendía que por aplicación de la Convención sobre los Derechos del Niño, la obligación
alimentaria de los abuelos se había transformado en directa, en lo que respecta a sus nietos, sin aplicar la
mentada subsidiariedad.
Finalmente, una tercera posición —podría decirse intermedia—, que la hemos propiciado y que ha tenido
seguimiento tanto en doctrina como en jurisprudencia, consiste en que el carácter subsidiario de la obligación
alimentaria, aplicado a los abuelos respecto de sus nietos, en virtud de la Convención sobre los Derechos del
Niño, exige que se halle desprovista de las formalidades que puedan desnaturalizar dicha obligación. Por ello,
sin perjuicio de la observancia del orden de los obligados a la prestación alimentaria, debe evitarse el
rigorismo formal, en cuanto a las pruebas y exigencias, para dar lugar al aspecto sustancial y primordial de la
cuestión: las necesidades básicas del menor. De ahí que no cabe exigir una serie de actos procesales si se
demuestra que serían inútiles, bastando con arrimar elementos a la causa que produzcan en el juez la
convicción de que no existen otros remedios que hacer efectiva la obligación alimentaria de los abuelos.
En algún sentido, el régimen actual recoge aspectos de esta posición al permitir que en el mismo proceso en
que se demanda a los progenitores, pueda hacerlo a los ascendientes. Lo que lleva, de alguna manera, a la
flexibilización del carácter de la subsidiariedad.

7.2.12. Alimentos impagos


Según el art. 669: "Los alimentos se deben desde el día de la demanda o desde el día de la interpelación del
obligado por medio fehaciente, siempre que se interponga la demanda dentro de los seis meses de la
interpelación. Por el período anterior, el progenitor que asumió el cuidado del hijo tiene derecho al reembolso
de lo gastado en la parte que corresponde al progenitor no conviviente".
i) Desde cuándo se deben los alimentos. Se establece que los alimentos se deben desde el día de la demanda o,
en su caso, desde el día de la interpelación del obligado por medio fehaciente. En esta última hipótesis,
siempre que se interponga la demanda dentro de los seis meses de dicha interpelación.
ii) Derecho al reembolso. Se determina que por el período anterior, el progenitor que hubiere asumido el
cuidado del hijo tendrá derecho al reembolso de lo gastado en la parte que corresponde al progenitor no
conviviente.

7.2.13. Medidas ante el incumplimiento


El art. 670 dice: "Las disposiciones de este Código relativas al incumplimiento de los alimentos entre parientes
son aplicables a los alimentos entre padres e hijos".
Respecto al incumplimiento de la obligación alimentaria de los padres respecto de sus hijos menores de edad
—y en la hipótesis de alimentos a los hijos de dieciocho a veintiún años, así como el derivado a los hijos
mayores que se capacitan— resultan aplicables las medidas de incumplimiento previstas para los alimentos
entre parientes.

9.2. Progenitor afín


El art. 672 lo conceptualiza diciendo: "Se denomina progenitor afín al cónyuge o conviviente que vive con
quien tiene a su cargo el cuidado personal del niño o adolescente".
El cónyuge o conviviente que vive con quien tiene a su cargo el cuidado personal del niño o
adolescente es caracterizado como progenitor afín.

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9.3. Deberes
En el art. 673 se consagran los deberes del progenitor afín: "El cónyuge o conviviente de un progenitor debe
cooperar en la crianza y educación de los hijos del otro, realizar los actos cotidianos relativos a su formación
en el ámbito doméstico y adoptar decisiones ante situaciones de urgencia. En caso de desacuerdo entre el
progenitor y su cónyuge o conviviente prevalece el criterio del progenitor.
Esta colaboración no afecta los derechos de los titulares de la responsabilidad parental".
i) Deberes que nacen del vínculo. El progenitor afín coopera en la educación y crianza del hijo de su cónyuge
o conviviente. Tiene la facultad de realizar los actos cotidianos relacionados con su formación en el ámbito
doméstico, así como tomar las decisiones ante situaciones de urgencia.
ii) Caso de desacuerdo. Cuando para la realización de alguno de los actos descriptos en la norma, existiere
desacuerdo entre el progenitor del menor de edad y el cónyuge o conviviente, es decir, el progenitor afín,
prevalecerá el criterio del progenitor. Al tener este último la responsabilidad parental respecto de su hijo, se
encuentra en condiciones distintas al progenitor afín; de ahí la prioridad de sus decisiones.
iii) Derechos del titular de la responsabilidad parental. Las funciones otorgadas por la ley al progenitor afín,
respecto del menor de edad, no afecta los derechos de los titulares de la responsabilidad parental.
9.4. Delegación en el progenitor afín
Señala el art. 674: "El progenitor a cargo del hijo puede delegar a su cónyuge o conviviente el ejercicio de la
responsabilidad parental cuando no estuviera en condiciones de cumplir la función en forma plena por razones
de viaje, enfermedad o incapacidad transitoria, y siempre que exista imposibilidad para su desempeño por
parte del otro progenitor, o no fuera conveniente que este último asuma su ejercicio. Esta delegación requiere
la homologación judicial, excepto que el otro progenitor exprese su acuerdo de modo fehaciente".
i) Delegación del ejercicio de la responsabilidad parental al progenitor afín. Se permite que el progenitor a
cargo de su hijo delegue en cabeza de su cónyuge o conviviente el ejercicio de la responsabilidad parental.
Dicha delegación solamente podrá hacerla cuando no se halle en condiciones de cumplir la función en forma
plena por cuestiones de viaje, enfermedad o incapacidad transitoria, exigiéndose que el otro progenitor esté
imposibilitado para el desempeño del cargo, o cuando no fuera conveniente que asuma su ejercicio.
ii) Necesidad de homologación judicial. Si se dan las circunstancias antes descriptas, para delegar el ejercicio
de la responsabilidad parental en el cónyuge o conviviente, basta con el acuerdo de modo fehaciente por parte
del otro progenitor. En caso contrario, dicha delegación deberá ser homologada judicialmente.

9.5. Ejercicio conjunto con el progenitor afín


El art. 675 determina: "En caso de muerte, ausencia o incapacidad del progenitor, el otro progenitor puede
asumir dicho ejercicio conjuntamente con su cónyuge o conviviente. Este acuerdo entre el progenitor en
ejercicio de la responsabilidad parental y su cónyuge o conviviente debe ser homologado judicialmente. En
caso de conflicto prima la opinión del progenitor. Este ejercicio se extingue con la ruptura del matrimonio o de
la unión convivencial. También se extingue con la recuperación de la capacidad plena del progenitor que no
estaba en ejercicio de la responsabilidad parental".
i) Posibilidad de un ejercicio conjunto con el progenitor afín. Si se produce la muerte, ausencia, o incapacidad
de uno de los progenitores, el otro puede asumir el ejercicio de la responsabilidad parental en forma conjunta
con su cónyuge o conviviente.
ii) Necesidad de homologación judicial. El acuerdo entre el progenitor en ejercicio de la responsabilidad
parental y su cónyuge o conviviente, para ejercer conjuntamente la responsabilidad parental, debe ser
homologado judicialmente.

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iii) Hipótesis de conflicto. Cuando están ejerciendo conjuntamente la responsabilidad parental el progenitor del
menor de edad y su cónyuge o conviviente, y exista disenso para los actos que deben realizarse, prevalece la
opinión y decisión del padre del hijo.
iv) Cesación del ejercicio. El ejercicio conjunto de la responsabilidad parental, en las circunstancias descriptas,
se extingue con la ruptura del matrimonio —si son cónyuges— o de la unión convivencial —si viven en pareja
—. Asimismo, dicho ejercicio se extingue con la recuperación de la capacidad plena del progenitor que no
estaba en ejercicio de la responsabilidad parental.

9.6. Alimentos
El art. 676 prescribe: "La obligación alimentaria del cónyuge o conviviente respecto de los hijos del otro, tiene
carácter subsidiario. Cesa este deber en los casos de disolución del vínculo conyugal o ruptura de la
convivencia. Sin embargo, si el cambio de situación puede ocasionar un grave daño al niño o adolescente y el
cónyuge o conviviente asumió durante la vida en común el sustento del hijo del otro, puede fijarse una cuota
asistencial a su cargo con carácter transitorio, cuya duración debe definir el juez de acuerdo a las condiciones
de fortuna del obligado, las necesidades del alimentado y el tiempo de la convivencia".
i) Deber alimentario. Una de las principales obligaciones que nacen como consecuencia del vínculo entre el
cónyuge o conviviente y el hijo afín es la prestación alimentaria por parte del progenitor afín.
Tal obligación del progenitor afín tiene carácter subsidiario, es decir, se encuentra obligado en un orden
posterior a los obligados por el parentesco.
En un precedente en vigencia del régimen anterior se condenó a pasar alimentos al cónyuge de la adoptante. A
pesar de que no había vínculo jurídico entre el alimentante y la alimentada, se encontró fundamento en lo que
dio en llamarse "padre solidario". En efecto, el alimentante no era padre adoptivo, ni técnicamente padrastro,
porque era el marido de la madre en relación de una hija que no es de una unión anterior de su esposa —art.
363CCiv.—, y por lo tanto excede los parientes que se hallaban obligados legalmente —art. 368CCiv.—, y aún
si forzáramos una interpretación amplia —vía art. 2°, Convención sobre los Derechos del Niño— la
alimentada es mayor de edad y esta obligación es subsidiaria e impone la acreditación de la falta de recursos
de su madre adoptante, con la posibilidad de que deba recíprocamente alimentos al marido de aquélla —art.
367, CCiv.—. Tampoco era posible invocar como fuente de la responsabilidad alimentaria las cargas
matrimoniales, pues la misma refiere a cargas de la sociedad conyugal y no es la acción de ejercicio de estado
de familia la suscitada.
No obstante, se estimó, podía encuadrárselo como "padre solidario" o "progenitor afín" justificado en la
solidaridad familiar unido a la posesión de estado filial como ratio de su obligación, ya que el cambio en la
situación —cese de la mesada— puede ocasionar un daño en la vida de la pretensa adoptada cuando en la
convivencia asumió el sustento de su "hija en el corazón", conforme a sus ingresos y las necesidades de la
alimentada. Esta imposición como "padre solidario" debe entenderse en el sentido de que si bien los Estados
desarrollan diversos programas de ayuda dirigidos a la protección de núcleos familiares como el de autos, la
asistencia del individuo que hasta la separación, en gran medida, sostenía económicamente al grupo familiar,
se instrumenta como mecanismo alternativo pero efectivo y trascendente en un grupo familiar de limitados
recursos económicos.
Teniendo en cuenta ello, determinó que esta pauta de solidaridad familiar, apoyada en la protección integral de
la familia —art. 14 bisC.N.— supera el estrecho margen obligacional del parentesco y efectiviza la proclama
de los derechos humanos básicos reconocidos en el bloque de constitucionalidad.
De ahí que estará obligado a continuar con el suministro alimentario hasta los veintiún años de edad de la
beneficiaria con idéntico porcentaje y modo de pago.

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Asimismo, en otro precedente se resolvió que debía reconocerse el derecho de un menor a recibir alimentos de
quien, sin ser su padre biológico, ha reconocido haberse comportado como tal a lo largo de siete años de
convivencia junto a la madre de aquél, y aún después de cesada la misma, ya que quien asume una conducta
jurídicamente relevante no puede pretender luego que se tutele una actuación posterior incompatible con
aquélla, afirmando que no tiene obligación alimentaria alguna.
ii) Cesación del deber alimentario. En principio, la prestación alimentaria del progenitor afín se mantiene
mientras se halla vigente el matrimonio o la unión convivencial con el progenitor del menor de edad. Disuelto
el vínculo matrimonial o acaecida la ruptura de la unión convivencial, cesará la obligación alimentaria.
iii) Situaciones excepcionales. Excepcionalmente, dicha prestación podría subsistir hacia el futuro. En efecto,
si el cónyuge o conviviente asumió durante la vida en común el sustento del hijo del otro, y el cambio de
situación derivada de la disolución del matrimonio o cesación de la unión convivencial le ocasiona un grave
daño al niño o adolescente, podría ordenarse la continuación de la prestación y fijarse una cuota asistencial a
su cargo y con carácter transitorio.
En tal caso, el juez fijará su duración, que dependerá de las condiciones económicas del alimentante, de las
necesidades del alimentado y del tiempo que haya durado la convivencia.
Entendemos que al referirse la norma al tiempo que haya durado la "convivencia" se refiere al matrimonio o la
unión convivencial y no a la convivencia entre el alimentante y el alimentado.

11.6. Subsistencia del deber alimentario


Dice el art. 704: "Los alimentos a cargo de los progenitores subsisten durante la privación y la suspensión del
ejercicio de la responsabilidad parental".
No obstante la privación o, en su caso la suspensión del ejercicio de la responsabilidad parental, se establece
expresamente que la obligación alimentaria de los progenitores continúa vigente. Por lo que el hijo menor de
edad mantiene su derecho a reclamar alimentos a sus padres en tales circunstancias.
El deber de asistencia ha sido priorizado en esta situación, pues no sería razonable que a un progenitor, por
más que se le haya privado o suspendido en el ejercicio de la responsabilidad parental, se lo libere de una
prestación elemental, consistente en la asistencia de un hijo menor de edad. Con tal previsión, se despejan las
dudas que se planteaban en el régimen anterior en tales circunstancias.
3. Incumplimiento de los deberes de asistencia familiar
3.1. Introducción
El delito de incumplimiento de los deberes de asistencia familiar, como se lo denomina, se halla dirigido a
penalizar el incumplimiento de los "alimentos" debidos, de conformidad con las obligaciones legales
impuestas a quienes deban cumplirlo. Tal figura, en cambio, no es aplicable frente a incumplimientos
familiares que no tengan vinculación estricta con lo alimentario.
Por ello, por más que se lo denomine "asistencia" familiar, la acepción de asistencia utilizada por el legislador
en esta ley penal queda reducida a los alimentos y no a la asistencia en general, que excede, ciertamente, de los
deberes alimentarios.
Este delito es incorporado a nuestro derecho positivo por la ley 13.944 en el año 1949.

3.2. Figura básica


El art. 1° contempla el tipo penal básico: "Se impondrá prisión de un mes a dos años o multa de quinientos a
dos mil pesos a los padres que, aun sin mediar sentencia civil, se substrajeren a prestar los medios
indispensables para la subsistencia a su hijo menor de dieciocho años, o de más si estuviere impedido".

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i) Escala penal. Se establece un mínimo de un mes y un máximo de dos años de prisión. Además, se
contempla, como sanción, una multa.
ii) Personas que pueden cometer el delito. De conformidad con lo dispuesto en la norma, los que pueden
cometer el delito son los "padres". La acepción es amplia, pues comprende tanto al hombre como a la mujer. A
tales efectos, los padres, comprende la filiación por naturaleza y por reproducción humana asistida.
En cambio, la filiación derivada de la adopción se halla prevista en el art. 2°, al que remitimos.
iii) No se requiere sentencia civil. El delito de incumplimiento de los deberes de asistencia familiar puede ser
cometido por los padres, aun sin mediar sentencia civil.
Es decir, a los fines de la figura penal, lo que importa es que los padres incumplan con dicho deber.
iv) Requisitos exigidos por la figura. En primer lugar, se exige que el obligado se "sustrajere" de la prestación.
Ello significa no proveer dicha prestación, incumpliendo con su obligación legal.
Además, la ley refiere a los "medios indispensables para la subsistencia". Por lo tanto, no comete el delito
quien cubre dichos medios necesarios para dicha subsistencia.
Basta, en los términos y alcances de la norma, que incumpla con una sola cuota, no siendo necesario que
incumpla con varias.
v) Persona protegida. El hijo, a quien no pasa alimentos el incumplidor, debe ser menor de dieciocho años o,
siendo mayor de dicha edad, debe estar impedido. En este último caso, debe tratarse de un impedimento físico
o psíquico que le imposibilite proveerse, por sí mismo, los medios necesarios para su subsistencia.
vi) Otros aspectos del delito. Se trata de un delito de omisión, en virtud de que se sanciona el incumplimiento
del deber de prestar alimentos, debiéndolo hacer. Dicha omisión debe ser dolosa.
3.3. Otras personas que pueden cometer el delito
De acuerdo con el art. 2°: "En las mismas penas del artículo anterior incurrirán, en caso de substraerse a
prestar los medios indispensables para la subsistencia, aun sin mediar sentencia civil: a) El hijo, con respecto a
los padres impedidos; b) El adoptante, con respecto al adoptado con menos de dieciocho años, o de más si
estuviere impedido; y el adoptado con respecto al adoptante impedido; c) el tutor, guardador o curador con
respecto al menor de dieciocho años, o de más si estuviere impedido, o al incapaz, que se hallaren bajo su
tutela, guarda o curatela; d) El cónyuge, con respecto al otro no separado legalmente por su culpa".
En las mismas penas contempladas en el art. 1° incurrirán las personas enumeradas en la norma. Se exige, a tal
fin, que se sustraigan de los medios indispensables para la subsistencia, aun sin mediar sentencia civil.
Veremos a continuación quiénes son las personas que pueden incurrir en el delito previsto en la disposición.
i) El hijo. Pueden cometer el delito previsto en la ley los hijos, respecto de sus padres, cuando éstos se hallaren
impedidos.
ii) El adoptante y adoptado. El adoptante con respecto al adoptado menor de dieciocho años, o de más, si
estuviere impedido, puede incurrir en dicho delito.
Se encuentra en la misma situación que la prevista en el art. 1°, cuando se trata de los "padres". En puridad,
debió estar comprendido en el art. 1°, en su condición de padre. Por lo demás, quedan comprendidas tanto la
adopción plena como la simple.
Asimismo, el adoptado con respecto al adoptante impedido. También esta situación debió ser tratada en el
inciso anterior, cuando la ley refiere al "hijo". Quedan aquí comprendidas tanto la adopción plena como la
adopción simple.
iii) Tutor, guardador y curador. También pueden cometer el delito el tutor, guardador o curador con respecto al
menor de dieciocho años, o de más, si estuviere impedido, o al incapaz que se hallare bajo su tutela, guarda o
curatela.
iv) El cónyuge. Finalmente, el delito puede cometerlo, en las condiciones de la norma, el cónyuge por no pasar
alimentos al otro, en caso de no estar separado legalmente por su culpa.

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En el régimen del Código Civil y Comercial, al haberse suprimido la culpa en el divorcio, no existirá la
hipótesis de cónyuge separado legalmente por su culpa.
3.4. Agravante
El art. 2° bis (texto según ley 24.029) lo prevé en los siguientes términos: "Será reprimido con la pena de uno a
seis años de prisión, el que con la finalidad de eludir el cumplimiento de sus obligaciones alimentarias,
maliciosamente destruyere, inutilizare, dañare, ocultare, o hiciere desaparecer bienes de su patrimonio o
fraudulentamente disminuyere su valor, y de esta manera frustrare, en todo o en parte el cumplimiento de
dichas obligaciones".
Se contempla un agravante de la figura básica, cuando el obligado con la finalidad de eludir el cumplimiento
de su obligación alimentaria, maliciosamente destruyere, inutilizare, dañare, ocultare, o hiciere desaparecer
bienes de su patrimonio, o cuando fraudulentamente disminuyere el valor de sus bienes y, de tal manera,
frustrare, en todo o en parte, el cumplimiento de dichas obligaciones.
3.5. El delito frente a la existencia de otras personas obligadas
Establece el art. 3°: "La responsabilidad de cada una de las personas mencionadas en los dos artículos
anteriores no quedará excluida por la circunstancia de existir otra también obligadas a prestar los medios
indispensables para la subsistencia".
Se establece que la existencia de otra u otras personas, eventualmente obligadas a la prestación alimentaria, no
excluirán la configuración del delito por parte de la persona obligada a ello.

CAPÍTULO 11 - ALIMENTOS Y DERECHO DE COMUNICACIÓN DE LOS PARIENTES

1. Derechos y deberes de los parientes


Bajo la denominación de derechos y deberes de los parientes, la ley se ocupa de regular dos aspectos: los
alimentos y el derecho de comunicación.
En el título de alimentos, se mantiene el criterio del sistema anterior, consistente en legislar solamente la
prestación alimentaria derivada del parentesco, mientras que los alimentos derivados de otras fuentes son
abordados en las instituciones específicas.
Estimo que hubiera sido conveniente establecer un régimen integral de los alimentos, en forma unificada y no
realizándose remisiones permanentes, según los vínculos que lo comprende. Desde el punto de vista
metodológico, tal criterio favorece la dispersión y conflictos interpretativos.
2. Alimentos
2.1. Concepto y fundamento
La prestación alimentaria es la obligación legal establecida entre personas determinadas para su
mantenimiento y subsistencia con el alcance y el orden establecido por la ley.
La prestación tiene naturaleza asistencial. De ahí que la solidaridad familiar adquiere trascendencia ante las
necesidades del alimentado y la imposibilidad de procurárselo por sí mismo, imponiéndose, en tales
circunstancias, a otro miembro del grupo familiar el deber de asistirlo económicamente, mediante una cuota
alimentaria.
2.2. Parientes obligados
En el art. 537 se efectúa la enumeración de los parientes obligados a los alimentos: "Los parientes se deben
alimentos en el siguiente orden: a) los ascendientes y descendientes. Entre ellos, están obligados
preferentemente los más próximos en grado; b) los hermanos bilaterales y unilaterales. En cualquiera de los
supuestos, los alimentos son debidos por los que están en mejores condiciones para proporcionarlos. Si dos o
más de ellos están en condiciones de hacerlo, están obligados por partes iguales, pero el juez puede fijar cuotas
diferentes, según la cuantía de los bienes y cargas familiares de cada obligado".

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Luego, el art. 538 refiere a los parientes por afinidad. Dice: "Entre los parientes por afinidad únicamente se
deben alimentos los que están vinculados en línea recta en primer grado"(2).
i) Orden de prelación. De acuerdo con las normas transcriptas, los obligados a pasar alimentos entre parientes
serían, en primer lugar, los ascendientes y descendientes. Entre éstos, estarán obligados preferentemente los
más cercanos en grado.
No se supera la crítica que adolecía el régimen anterior, en cuanto a colocar en igual condición a los
ascendientes y descendientes, estableciéndose la proximidad de los grados, sin consideración a las líneas.
Cuando no hay ascendientes ni descendientes, o si éstos no pudieran, entonces los obligados serán los
hermanos bilaterales y unilaterales. Entre ellos, estará obligado preferentemente el que tuviere mejores
posibilidades para proporcionarlos.
Se establece que si hay más de un hermano con posibilidades, estarán obligados por partes iguales.
En consecuencia, se prevé la posibilidad expresa de fijar alimentos a más de un obligado en partes iguales. Sin
perjuicio de ello, el juez podrá fijar cuotas diferentes, de acuerdo con los bienes y las cargas familiares de cada
uno de los obligados.
Finalmente, a falta de los anteriores parientes, estarán obligados a la prestación el pariente por afinidad en
línea recta en primer grado. De modo que entre parientes por afinidad solamente estarán obligados los que se
encuentren vinculados en primer grado. Por lo que dicha obligación comprende al suegro y la suegra respecto
del yerno o nuera, así como entre el hijo y padre afín(3).
Cuando dos parientes se encuentran en el mismo grado en relación al alimentado, ambos están obligados a la
prestación, y compete al pretensor la opción de plantear su reclamo indistintamente contra uno, algunos o
todos los obligados en idéntico grado(4).
ii) Carácter subsidiario. La norma establece los parientes obligados a la prestación alimentaria. Se destaca el
carácter subsidiario de la prestación, pues distingue tres órdenes distintos de obligados. Por lo tanto, deberán
respetarse dichos órdenes para pasar, eventualmente, a condenar al pago de alimentos a alguien que se
encuentre en un orden posterior.
iii) Reciprocidad. La obligación alimentaria entre parientes es recíproca. De conformidad con ello, la
prestación alimentaria entre parientes refleja el derecho-deber a los alimentos en el parentesco.
El pariente que demanda la prestación puede, paralelamente, ser demandado en la prestación alimentaria.
iv) Los parientes y el cónyuge. El régimen actual —al igual que el derogado— no especifica el orden de la
obligación alimentaria cuando hubiere parientes y cónyuge con posibilidad de prestarlos. Es decir, no señala si
en dicho orden están los parientes o, en cambio, el cónyuge.
En tal sentido, seguirá rigiendo el criterio prevaleciente, consistente en que, en tales hipótesis, será el cónyuge
quien se encuentre en un orden preferente.
v) El Estado como obligado subsidiario. Se omitió contemplar expresamente el nuevo obligado a la prestación
alimentaria, de conformidad con las normas constitucionales.
En efecto, la Convención sobre los Derechos del Niño incluyó expresamente al Estado entre lo
obligados a la prestación alimentaria, respecto de toda persona menor de dieciocho años, cuando los que se
encuentren en el orden legal se hallaren imposibilitados de prestarlos.
Como consecuencia de ello, además de los representantes y los parientes del niño, subsidiariamente, en el
último orden de prelación, se encuentra el Estado.
Sin embargo, el Código Civil y Comercial omitió comprender al Estado como obligado subsidiario en el
último orden legal.
No obstante dicha omisión, la operatividad de las normas de la Convención sobre los Derechos del
Niño no impide su aplicación y correspondiente exigencia en caso de demandarse la prestación.

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De esta manera, cuando el grupo familiar —representantes legales y parientes obligados a la prestación— no
tuviere los medios necesarios para cubrir las necesidades básicas del niño, sus representantes legales podrán
demandar al Estado para que éste satisfaga dichas necesidades.
La fuente legal es el art. 27.3 de la referida Convención: "Los Estados Partes, de acuerdo con las necesidades
nacionales y con arreglo a sus medios, adoptarán medidas apropiadas para ayudar a los padres y a otras
personas responsables por el niño a dar efectividad a este derecho y, en caso necesario, proporcionarán
asistencia material y programas de apoyo, particularmente con respecto a la nutrición, el vestuario y la
vestimenta".
La obligación del Estado derivada de esta fuente legal ha sido reconocida en sede judicial en varios
precedentes. Entre las cuestiones que comprende la disposición, hay dos que interesan particularmente: a) el
alcance y contenido de la prestación, y b) la modalidad de la prestación.
a) Alcance y contenido de la prestación. La prestación alimentaria surgida de la disposición constitucional
comprende, a mi entender, los alimentos de toda necesidad. Es decir, tiene un contenido restringido,
comprensivo de los rubros que hacen a las necesidades básicas de todo ser humano.
Expresamente se enumeran, entre dichos rubros, la "nutrición, el vestuario y la vestimenta". Ahora bien,
quedan comprendidos en la previsión legal lo necesario para la educación y la salud.
De esta manera, la norma de la Convención Internacional tendría el alcance de los alimentos entre parientes en
general. En tal sentido, es aplicable el art. 541, que refiere al contenido de los alimentos entre parientes: "La
prestación de alimentos comprende lo necesario para la subsistencia, habitación, vestuario y asistencia médica,
correspondientes a la condición del que la recibe, en la medida de sus necesidades y de las posibilidades
económicas del alimentante. Si el alimentado es una persona menor de edad, comprende, además, lo necesario
para la educación".
b) Modalidad de la prestación. La otra cuestión que merece ser destacada es de qué forma el Estado debe
cumplir con dicha prestación. Es decir, si se trata de una obligación en especie o en dinero.
En las prestaciones alimentarias que se fijan judicialmente, en los procesos de alimentos, desde siempre ha
prevalecido el criterio de que la prestación, en principio, debe ser satisfecha en dinero.
En la hipótesis prevista en el art. 27 de la Convención sobre los Derechos del Niño no se impone una
determinada forma de cumplimiento de la prestación, por lo que el Estado tendrá la opción de cumplir en
especie o en dinero. En principio, quedaría dentro del ámbito de la discrecionalidad del Poder Ejecutivo el
modo de cumplimiento. El Estado puede, de conformidad con lo ordenado en la sentencia, satisfacer las
necesidades básicas insatisfechas del menor de edad del modo que estime conveniente. Lo que debe garantizar
éste, en definitiva, es el cumplimiento de su deber legal.
En cambio, si el reclamante solicita expresamente el cumplimiento en dinero, considero que por un criterio de
igualdad en las prestaciones, debe entenderse que resultan aplicables las pautas que priman en los procesos de
alimentos, es decir, la prestación en dinero.
Los amparos contra el Estado, en cumplimiento del art. 27 de la Convención sobre los Derechos del Niño,
presentan la particularidad que han sido efectivizados en especie, pues dichas sentencias consistieron en
obligarlo a entregar y proveer alimentos a los amparistas. En efecto, tanto el primer precedente jurisprudencial,
en la provincia de Entre Ríos como luego, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ordenaron la entrega de
alimentos en especie.
Esta misma solución adoptó la jurisprudencia en un caso similar, en donde se demandó al Estado
provincial para que garantice el derecho a la vivienda para efectivizar la salud de un menor de edad. En dicho
precedente, la defensora de Menores y Adolescentes de la provincia de Neuquén interpuso acción de amparo
contra el Poder Ejecutivo local, solicitando la adecuación de la vivienda de la familia de una niña que padecía
de una grave enfermedad, con el fin de asegurarle las condiciones dignas habitacionales indispensables para su

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vida. El juez de primera instancia hizo lugar a la pretensión solicitada. Apelada la sentencia, si bien la Cámara
hizo lugar a la medida cautelar, modificó la sentencia de grado, comprometiendo al Estado provincial a
proporcionar vivienda adecuada para el alojamiento de la menor y su núcleo familiar, hasta tanto se obtenga el
otorgamiento de una casa en propiedad por parte del Instituto de la Vivienda Provincial o, según lo considere
más conveniente, se culmine la construcción de la individualizada, con los servicios enumerados en la
sentencia recurrida.
En tal sentido, consideró que la conveniencia de terminar la vivienda ocupada en condiciones precarias por el
grupo familiar o de otorgar una vivienda alternativa, proveyendo en el ínterin una casa habitación en
condiciones adecuadas, debe entenderse referido al ámbito de discrecionalidad técnica del poder
administrador, en cuanto la solución satisfaga la finalidad tuitiva perseguida por el amparo. De manera que
compete a cada uno de los poderes del Estado la potestad de cumplir con las mandas constitucionales, según el
criterio de optimización de los recursos con que cuenta.
2.3. Prohibiciones
El art. 539 establece: "La obligación de prestar alimentos no puede ser compensada, ni el derecho a
reclamarlos o percibirlos, ser objeto de transacción, renuncia, cesión, gravamen o embargo alguno. No es
repetible lo pagado en concepto de alimentos".
Dada la naturaleza y el carácter de los alimentos, no se permite que la obligación sea compensada con alguna
deuda que tenga el alimentado con el alimentante.
Por la misma razón, dada su naturaleza y característica, los alimentos no están sujetos a las normas de
transacción.
La irrenunciabilidad es también un aspecto fundamental de la prestación, pues tal posibilidad contraría la
esencia de la prestación misma.
No podría, asimismo, ser objeto de cesión el derecho a los alimentos, dado su inherencia personal.
No será posible imponer gravamen sobre la obligación, pues desvirtuaría la naturaleza de la prestación.
De igual manera, no es susceptible de embargo alguno la cuota alimentaria.
Finalmente, se consagra la irrepetibilidad de los alimentos, entendiéndose que lo dado en concepto de tal ha
sido definitivo, sin perjuicio de la modificación o cesación hacia el futuro.
2.4. Alimentos devengados y no percibidos
El art. 540 prescribe: "Las prestaciones alimentarias devengadas y no percibidas pueden compensarse,
renunciarse o transmitirse a título oneroso o gratuito".
Se distingue claramente entre los alimentos devengados y percibidos. Las características señaladas en el art.
539 refieren al derecho mismo, es decir, a los alimentos no devengados.
En cambio, la presente disposición refiere a los alimentos ya devengados, por lo que estamos en presencia de
un contenido económico, patrimonial y no del "derecho a los alimentos". De ahí que se permita que las cuotas
devengadas y no percibidas puedan ser objeto de compensación, renuncia o transmisión a título oneroso o
gratuito por parte del alimentado.
2.5. Contenido de la obligación alimentaria
El art. 541 señala: "La prestación de alimentos comprende lo necesario para la subsistencia, habitación,
vestuario y asistencia médica, correspondientes a la condición del que la recibe, en las
medidas de sus necesidades y de las posibilidades económicas del alimentante. Si el alimentado es una persona
menor de edad, comprende, además, lo necesario para la educación"
i) Aspectos que comprende la prestación. El contenido de la prestación alimentaria entre parientes
tiende a satisfacer las necesidades imprescindibles del alimentado.
En tal sentido, quedan incluidos: lo necesario para la subsistencia, habitación, vestuario y asistencia médica.
En cambio, queda excluido lo atinente a la educación y esparcimiento.

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La extensión de la prestación alimentaria, en principio, es la misma que regía en el sistema anterior.
Sin embargo, la parte final agrega que "si el alimentado es una persona menor de edad, comprende, además, lo
necesario para la educación".
ii) Situación del alimentante y alimentado. A los fines de la determinación del quantum de la prestación, se
deberá tener en cuenta las necesidades del pretendido alimentado y la capacidad económica del alimentante.
Las necesidades del alimentado será la pauta a considerar para determinar el contenido de la prestación
alimentaria, influyendo en este sentido, el nivel y condiciones de vida del que pretende los alimentos,
dependiendo de las particulares circunstancias de cada caso concreto.
La capacidad económica del alimentante también deberá ponderarse, pues la ley, al establecer la cuota
alimentaria, no puede prescindir de las posibilidades concretas y reales de quien debe cumplir con dicha
prestación.
Si bien para la determinación del quantum de la prestación alimentaria serán relevantes las necesidades del
alimentado y la capacidad económica del alimentante, es imperioso señalar que el primer aspecto es el más
importante, dado que el contenido de la prestación alimentaria derivada del parentesco comprende las
necesidades básicas.
iii) Alimentado menor de edad. Cuando el beneficiario de los alimentos sea un menor de edad, por la fuente
obligacional derivada del parentesco, la prestación comprenderá también lo necesario para satisfacer el rubro
de la educación.
Su inclusión es necesaria, dado que la satisfacción de la prestación alimentaria, tratándose de menores de edad,
no puede ser cumplida ignorando el rubro de la educación del sujeto, que hace a sus necesidades básicas y
elementales para su desarrollo individual.
Aunque también debió haberse incluido —tratándose de menores de edad— el rubro de esparcimiento que, a
dicha edad, es sumamente importante para el sujeto.
2.6. Modo de cumplimiento
El art. 542 dice: "La prestación se cumple mediante el pago de una renta en dinero, pero el obligado puede
solicitar que se lo autorice a solventarla de otra manera, si justifica motivos suficientes. Los pagos se deben
efectuar en forma mensual, anticipada y sucesiva pero, según las circunstancias, el juez puede fijar cuotas por
períodos más cortos".
Se establece como regla general que los alimentos se deben cumplir pagando la cuota fijada en
dinero. Como excepción, y a pedido del obligado, puede solventarse de otra manera, siempre que el juez
estime que existen motivos suficientes alegados por el alimentante.
En sintonía con este criterio, se estableció que si la modalidad de abonar la totalidad de la cuota alimentaria en
dinero ha generado serios inconvenientes entre las partes, traducidos en innumerables incidentes, resulta
aceptable la propuesta del alimentante de abonar directamente algunos rubros.
Con respecto a la secuencia del pago, se consagra, como regla general, que la cuota deberá ser solventada en
forma mensual, anticipada y sucesiva. Como excepción, el juez podrá, si se dan las circunstancias del caso,
establecer períodos más cortos para efectuarla.
De esta manera, se deja un margen flexible al juez para que pueda ponderar en cada caso concreto, la forma de
hacer efectiva dicha prestación.
2.7. Proceso
El art. 543 indica: "La petición de alimentos tramita por el proceso más breve que establezca la ley local, y no
se acumula a otra pretensión"
El juicio de alimentos tramitará por el proceso más breve que contemple la ley local, en cada
jurisdicción. El juicio de alimentos no se acumulará a otra pretensión.
2.8. Alimentos provisorios

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De acuerdo con el art. 544: "Desde el principio de la causa o en el transcurso de ella, el juez puede decretar la
prestación de alimentos provisionales, y también las expensas del pleito, si se justifica la falta de medios".
Se otorga al juez la posibilidad que, desde el inicio de la causa o durante su tramitación, pueda fijar una cuota
alimentaria provisoria, en atención a que la duración del proceso puede significar un retardo en la prestación y
la necesidad del alimentado a satisfacer sus necesidades durante dicha tramitación.
Se ha explicado que los alimentos provisorios tienden a cubrir los urgentes requerimientos alimentarios que no
se avienen a los tiempos propios del procedimiento judicial, por más ágil que éste sea.
Si prosperan los alimentos provisorios, ello no significa un prejuzgamiento sobre la cuestión de fondo, sino
que solamente atiende a las circunstancias específicas en la que está colocado el reclamante durante la
tramitación del respectivo proceso judicial.
Además, en dicho proceso, podrá considerarse lo referente a las expensas del pleito cuando se
justifica la falta de medios. Es decir, el actor tiene el derecho de pedir al principio o durante el proceso de
alimentos que se le fije, una suma en concepto de litisexpensas, para atender los gastos derivados del pleito.
2.9. Prueba
Señala el art. 545: "El pariente que pide alimentos debe probar que le faltan los medios económicos suficientes
y la imposibilidad de adquirirlos con su trabajo, cualquiera que sea la causa que haya generado tal estado".
La carga probatoria recae sobre el pariente que pretende los alimentos. Tiene que demostrar que no tiene
medios propios para proveer a su subsistencia. Tal situación consistirá en que el supuesto alimentado no tenga
bienes propios ni renta alguna como ingresos.
La capacidad económica del alimentante no necesariamente debe serlo en forma fehaciente y directa, sino por
medios indiciarios. Así, ha entendido la jurisprudencia que en los procesos alimentarios no es imprescindible
que se demuestre la exacta capacidad económica del obligado, siendo suficientes las presunciones que deben
apreciarse con un criterio amplio y favorable a la pretensión que se persigue.
Además, tiene que alegar y probar la imposibilidad —física o psíquica— para adquirirlos con su
trabajo.
Las razones o las causas por las cuales se encuentra en estado de necesidad el pariente que solicita
los alimentos, será indiferente a los fines de la admisibilidad de la prestación, pues solamente deberá
acreditarse la situación de necesidad e imposibilidad de obtener recursos propios. Por lo tanto, tendrá derecho
a los alimentos, por más que el alimentado hubiere provocado esa situación.
2.10. Existencia de otros obligados
Dice el art. 546: "Incumbe al demandado la carga de probar que existe otro pariente de grado más
próximo o de igual grado en condición de prestarlos, a fin de ser desplazado o concurrir con él en la
prestación. Si se reclama a varios obligados, el demandado puede citar a juicio a todos o parte de los restantes,
a fin de que la condena los alcance".
La carga probatoria acerca de la existencia de un obligado más próximo o de igual grado, a los fines de
desplazarlo o concurrir en la prestación, incumbe al demandado, es decir, a quien se reclama los alimentos.
No se superan los problemas del viejo régimen, en cuanto a la carga probatoria en materia alimentaria, pues
debió establecerse, para dichas cuestiones, las cargas probatorias dinámicas, como las contempladas en el art.
710, CCyCN.
Por lo demás, si se reclama a varios obligados, el demandado puede citar a otros probables obligados, con el
objeto de que la condena los comprenda también a ellos. Este último aspecto es un avance, pues en el mismo
proceso el demandado podrá citar a otros probables alimentantes.
2.11. Recursos

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Sostiene el art. 547: "El recurso contra la sentencia que decreta la prestación de alimentos no tiene efecto
suspensivo, ni el que recibe los alimentos puede ser obligado a prestar fianza o caución alguna a devolver lo
recibido si la sentencia es revocada".
i) No tiene efecto suspensivo. La sentencia que admite la prestación alimentaria no tiene efecto suspensivo. Por
lo tanto, la apelación se concederá en efecto devolutivo. De esta manera, la cuota establecida será ejecutable
sin necesidad de esperar el decisorio de la alzada.
La naturaleza de la prestación alimentaria lleva a que tenga tal efecto, pues la subsistencia y necesidad del
alimentado justifica la solución dada por la norma.
ii) Imposibilidad de fianza o caución. Si la sentencia está recurrida, para recibir alimentos el beneficiario no
podrá ser obligado a prestar fianza o caución alguna en garantía de la misma.
2.12. Retroactividad de la sentencia
El art. 548 indica: "Los alimentos se deben desde el día de la interposición de la demanda o desde la
interpelación al obligado por medio fehaciente, siempre que la demanda se presente dentro de los seis meses
de la interpelación".
La sentencia que admite los alimentos lo será desde el día de la interposición de la demanda.
Extrajudicialmente, cuando hubiere habido interpelación fehaciente al obligado, entonces
corresponderá el derecho a percibirlo desde la correspondiente interpelación, siempre que el juicio de
alimentos se hubiere iniciado dentro de los seis meses de dicha interpelación.
Se aparta, así, de la solución brindada por la ley 26.589, de Mediación prejudicial y obligatoria, que recogía el
criterio mayoritario tanto en doctrina como en jurisprudencia, estableciendo que lo era desde la fecha de
interposición de la mediación.
2.13. Repetición
El art. 549 dice: "En caso de haber más de un obligado al pago de los alimentos, quien los haya
prestado puede repetir de los otros obligados, en proporción a lo que a cada uno le corresponde"
Se consagra la posibilidad de que el que haya pasado alimentos puede, en determinadas circunstancias,
repetirlo.
En efecto, cuando hubiere más de un obligado al pago de los alimentos podrá, en proporción a lo que a cada
uno le corresponde, repetir lo que hubiere pasado al alimentado.
Lo establecido en la disposición debe interpretarse como una excepción, pues los arts. 539 y 547 consagran el
principio general de la irrepetibilidad de lo abonado en concepto de alimentos. Sin
embargo, ello debió aclararse específicamente, dado que a priori existe una contradicción entre lo
preceptuado en los arts. 539 y 547 y lo señalado en el art. 549.
2.14. Medidas cautelares
El art. 550 determina: "Puede disponerse la traba de medidas cautelares para asegurar el pago de
alimentos futuros, provisionales, definitivos o convenidos. El obligado puede ofrecer en sustitución otras
garantías suficientes".
i) Admisibilidad de medidas cautelares. La disposición de fondo admite que el juez disponga alguna medida
cautelar para garantizar el pago de los alimentos.
Ésta puede alcanzar tanto a los alimentos convenidos por las partes, como los provisorios o definitivos y aun
los futuros.
ii) Posibilidad de ofrecer garantías suficientes. Sin perjuicio del derecho del alimentado a pedir las medidas
cautelares que correspondiere, se permite que el obligado pueda ofrecer en sustitución de dichas medidas otras
garantías suficientes.
2.15. Incumplimiento de órdenes judiciales

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El art. 551 consigna: "Es solidariamente responsable del pago de la deuda alimentaria quien no cumple la
orden judicial de depositar la suma que debió descontar a su dependiente o cualquier otro acreedor".
Cuando el empleador o cualquier otro obligado no cumpliere con la orden judicial de depositar la suma que
debió descontar a su dependiente o cualquier otro acreedor, será solidariamente responsable por el pago de la
deuda alimentaria.
En realidad, se trata de una medida genérica, ambigua, que no brinda precisión, al no determinar las medidas
concretas que se deben adoptar.
En este sentido, el régimen actual sigue adoleciendo de un sistema integral y completo, con respecto a los
incumplimientos alimentarios.
2.16. Intereses
El art. 552 establece: "Las sumas debidas por alimentos por el incumplimiento en el plazo previsto devengan
una tasa de interés equivalente a la más alta que cobran los bancos a sus clientes, según las reglamentaciones
del Banco Central, a la que se adiciona la que el juez fije según las circunstancias del caso".
Se especifica en el derecho de fondo que el incumplimiento de los alimentos en el plazo previsto, van a
devengar una tasa de interés equivalente a la más alta que cobran los bancos a sus clientes, según las
reglamentaciones del Banco Central. A ello habrá que adicionar la suma que el juez fije, según las
circunstancias del caso.
2.17. Otras medidas para asegurar el cumplimiento
El art. 553 señala: "El juez puede imponer al responsable del incumplimiento reiterado de la obligación
alimentaria medidas razonables para asegurar la eficacia de la sentencia".
El legislador deja abierta la posibilidad de que el juez pueda imponer, al responsable del incumplimiento
reiterado de la prestación, alguna medida razonable para garantizar la eficacia de la sentencia.
2.18. Cese de la obligación alimentaria
El art. 554, en su primera parte, dice: "Cesa la obligación alimentaria: a) si el alimentado incurre en causal de
indignidad; b) por la muerte del obligado o del alimentado; c) cuando desaparecen los
presupuestos de la obligación".
Se determinan las causas del cese de la obligación alimentaria entre parientes. La misma cesará, en
primer lugar, por incurrir en indignidad el alimentado.
También cesará la obligación cuando se produce la muerte del alimentante o, en su caso, la muerte
del alimentado.
Finalmente, es causal de cese de la prestación, cuando se demuestre que han desaparecido los presupuestos de
la obligación.
2.19. Modificación de los alimentos
La última parte del art. 554 establece: "La pretensión de cese, aumento o reducción de los alimentos tramita
por el procedimiento más breve que prevea la ley local".
Se contempla que las acciones judiciales que pretendan hacer cesar la prestación, o se reclamen aumentos y
reducciones de la cuota fijada, deberá tramitar por el procedimiento más breve que prevea la ley local.
4.4. Alimentos y pensiones compensatorias entre cónyuges o convivientes
Según el art. 719: "En las acciones por alimentos o por pensiones compensatorias entre cónyuges o
convivientes es competente el juez del último domicilio conyugal o convivencial, o el del domicilio del
beneficiario, o el del demandado, o aquél donde deba ser cumplida la obligación alimentaria, a elección del
actor".
La norma está dirigida tanto para el matrimonio como para las uniones convivenciales.
De acuerdo con ella, se establece que en las acciones por alimentos o por pensiones compensatorias será
competente el juez del último domicilio conyugal —o convivencial, en su caso—, o el domicilio del

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demandado, o bien el domicilio donde deba ser cumplida la obligación alimentaria; todo ello, a elección del
actor.
5. Normas sobre alimentos
5.1. Jurisdicción
Señala el art. 2629: "Las acciones sobre la prestación alimentaria deben interponerse, a elección de quien la
requiera, ante los jueces de su domicilio, de su residencia habitual, o ante los del domicilio o residencia
habitual del demandado. Además, si fuese razonable según las circunstancias del caso, pueden interponerse
ante los jueces del lugar donde el demandado tenga bienes. Las acciones de alimentos entre cónyuges o
convivientes deben deducirse ante el juez del último domicilio conyugal o convivencial, ante el domicilio o
residencia habitual del demandado, o ante el juez que haya entendido en la disolución del vínculo. Si se
hubiere celebrado un convenio, a opción del actor, las acciones pueden también interponerse ante el juez del
lugar de cumplimiento de la obligación o el del lugar de la celebración de dicho convenio si coincide con la
residencia del demandado".
La disposición refiere a la jurisdicción en materia de alimentos.
Al respecto, se consagran varias opciones, pues las acciones alimentarias podrán interponerse, a elección del
requirente, ante los jueces de su domicilio, de su residencia habitual, o ante los del domicilio o residencia
habitual del demandado. Por lo demás, si fuese razonable, según las circunstancias del caso, pueden
interponerse ante los jueces del lugar donde el demandado tenga bienes.
Respecto de las acciones de alimentos entre cónyuges o convivientes, deberán deducirse ante el juez del
último domicilio conyugal o convivencial, ante el domicilio o residencia habitual del demandado, o ante el
juez que haya entendido en la disolución del vínculo.
Cuando se hubiere celebrado un convenio, a opción del actor, las acciones también podrán interponerse ante el
juez del lugar del cumplimiento de la obligación o el del lugar de la celebración de dicho convenio si coincide
con la residencia del demandado.
5.2. Derecho aplicable
Indica el art. 2630: "El derecho a alimentos se rige por el derecho del domicilio del acreedor o del deudor
alimentario, el que a juicio de la autoridad competente resulte más favorable al interés del acreedor
alimentario. Los acuerdos alimentarios se rigen, a elección de las partes, por el derecho del domicilio o de la
residencia habitual de cualquiera de ellas al tiempo de la celebración del acuerdo. En su defecto, se aplica la
ley que rige el derecho a alimentos. El derecho a alimentos entre cónyuges o convivientes se rige por el
derecho del último domicilio conyugal, de la última convivencia efectiva o del país cuyo derecho es aplicable
a la disolución o nulidad del vínculo".
La disposición se ocupa del derecho aplicable en materia alimentaria.
En efecto, se determina que el derecho a los alimentos se regirá por el derecho del domicilio del acreedor o del
deudor alimentario, el que a juicio de la autoridad competente resulte más favorable al interés del acreedor
alimentario.
En cuanto a los acuerdos alimentarios, a elección de las partes, se rigen por el derecho del domicilio o de la
residencia habitual de cualquiera de ellas, al tiempo de la celebración del acuerdo. En su defecto, se aplicará la
ley que rige el derecho a los alimentos.
Respecto del derecho a alimentos entre cónyuges o convivientes se rige por el derecho del último domicilio
conyugal, de la última convivencia efectiva o del país cuyo derecho es aplicable a la disolución o nulidad del
vínculo.

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