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Contorno

Edición facsimilar

No resulta difícil hallar semejanzas entre fascismo y peronismo porque condujeron a la instalación de
dictaduras pero cuando se intenta hacer una comparación a nivel mas profundo ya los resultados son
diferentes.
El peronismo no fue una forma de fascismo: fue el resultado de una tentativa de reforma fascista de la vida
política argentina. La vinculación, pese a todo, continua porque el fascismo siguió siendo el modelo que el
jefe del peronismo se había fijado. Sin embargo, el modelo fascista contribuyó a desorientar al peronismo y a
fijarle métodos y objetivos contrarios a la índole del modelo argentino.
Como posible solución a la crisis política argentina, el fascismo había aparecido a partir de 1930. Los grupos
dominantes buscaban restaurar una república conservadora apoyada en el falseamiento del sufragio. Esta
restauración creó una situación nueva en el campo económico y político. Según Alberdi: “la apenas
republicana república posible abría el camino para la república verdadera” pero la república verdadera
quedaba atrás ya que se trataba de contrarrestar una voluntad incapaz de gobernar. Entre todos los caminos
cerrados quedaba abierto el camino hacia el fascismo.
En el periodo 1930-1943, en Argentina, el fascismo era justificación y, a la vez, una suerte de extrapolación
autoritaria de los modos de gobierno vigentes. La restauración, pues, no era cosa fácil. Toda una estructura
económica y política era puesta en entredicho por los restauradores y el fascismo llego a ser toda una
tentativa de restaurar el orden tradicional.
Los fascistas argentinos se lazaron a una cruzada de elocuencia: durante meses amenazaron a la nación.
Mientras la Argentina parecía madura para el fascismo, en Europa; el nuevo milenio comenzaba a dar señales
de tocar a su fin y los profetas que invitaban a mirar a Europa veían los frutos amargos de un siglo de
liberalismo.
En 1945 debía ser el año del retorno a la normalidad. Los políticos se formaron en elementos indispensables
para la reconstrucción nacional. Ya no era la Argentina de 1943.
La resistencia pudo juntar multitudes antes no vistas y pudo crear comités de emergencias pero a merced de
una unanimidad que no era del todo espontanea. Los grupos pedían una democracia honrada pero pedían, a
la vez el gobierno para los grupos que integraban la resistencia. Esta ambigüedad era sentida por quienes
eran espectadores y no actores del conflicto entre el gobierno militar y la resistencia civil.
El gobierno, atacado, preparaba su defensa. La primera ventaja que advirtió fue que no habría salida
revolucionaria; la crisis política se resolvería mediante elecciones generales. Mientras, la resistencia se
preparaba para una guerra civil.
El gobierno buscaba posibles votantes y en ese aspecto, contaba con quien iba a ser fundador del peronismo.
Es cierto que el gobierno contaba con apoyos ganados en sus dos etapas anteriores:

 La restauración totalitaria.
 La normalización.

La primera, dejó como saldo el apoyo episcopal; la segunda, la adhesión de caudillos locales.
Sin dejar de lado estos apoyos, el Secretario de Trabajo (Perón) busco otros y los encontró en el sector
industrial y en los obreros industriales.
El fascismo había proporcionado a la clase obrera ciertas ventajas, solidarias por cierto, tales como asistencia
y previsión. La política social fascista podía contar con el apoyo de los grupos patronales pero estos no creían
en las propuestas del Secretario de Trabajo pero éste se propuso transformar ese prejuicio en adhesión
militante y hacer de la clase obrera el núcleo de cristalización constitucional del gobierno.
La clase obrera llegaba así a clase emancipada de la pasada servidumbre económica y esa emancipación fue
significativa en el campo político del peronismo.
El fundador del peronismo concedía a la clase trabajadora un espacio cómodo, sin exigencias urgentes de
cambio. Solo se trataba de mantener, a cualquier costo, la industrialización.
Al principio todo era desorientación y la realidad, hostil. El ideario político de Perón permanecía ajeno a la
realidad y, a pesar de los desengaños, su norte seguía siendo el fascismo a pesar de ser una corriente política
incompatible con el país. El fascismo no agregaba, sustancialmente, nada pero utilizado por el jefe del
peronismo para justificar ante sí mismo las actitudes que asumía.
La consideración doctrinaria de inspiración fascista no ofrecía solución alguna a los problemas que la
industrialización planteaba, por el contrario, ocultaba ese problemas. El influjo era dañoso. El nacimiento del
peronismo se debe a una tentativa fascista. Este origen impidió una alianza entre todos los grupos
ascendentes, los que, lejos de unirse, chocaron. Ese origen privó así al movimiento de una parte de los que
podían haber sido sus cuadros y obligó a buscarlos entre reaccionarios y gente interesada tan sólo en su
propiedad personal. Es así que su fundador elaboró el fascismo posible y estableció la máxima dosis que la
Argentina era capaz de soportar.
Los sucesos demuestran que la mera habilidad no basta. Pero el peronismo no eligió la mera habilidad, se vio
acorralado en ella. Su fracaso es, a la vez, el fracaso de la clase política argentina.

HALPERIN DONGHI

17 de octubre, trampa y salida

La caída de Perón impuso el análisis de fenómeno peronista. Perón no estaba solo. Detrás suyo estaban los
grupos reaccionarios del ejército que lo llevaron al poder y, también, la clase trabajadora.
El peronismo está ligado a nuestro tiempo. Es necesario aceptar algunas cosas si se quieren cambiar otras
pero la libertad conquistada no puede volverse contra el proletariado ni contra los ideales de emancipación
natural. La libertad sirve para abrir caminos, no para cerrarlos. La verdadera unión nacional se consigue
cuando se superan los recelos de unos y de otros. Una unión nacional es solidaridad nacional, no unión de
dirigentes y para ello se necesita del diálogo.
Si se toma en cuenta a las masas del 17 de octubre se dirá que la revolución terminó con lo que era farsa y
será nuestra revolución libertadora.

RODOLFO MARIO PANDOLFI

Peronismo y neutralidad

Los intelectuales de cuño liberal son aquellos que le quitaban el sueño a los buenos burgueses. Para muchos
de ellos, el peronismo no fue más que un mal sueño porque puso al descubierto la olla podrida de la
burguesía.
Por otra parte, los católicos, no esfuerzan demasiado la memoria para formular un juicio sobre el peronismo.
Los comunistas y los comunicantes simulan apenas cierta nostalgia y un pequeño agradecimiento por el
pesado peronista.
Estos tres sectores son los únicos que corresponden a sectores coherentes, con intereses y hábitos
determinados.
Entre los que no han elegido zona alguna de neutralidad deben contarse los peronistas. Para muchos, el
peronismo es un reo cuya condena sin remedio resolvieron jueces ancestrales.
El peronismo es un fenómeno histórico signado por una cronología precisa este movimiento significo una
revuelta que tomó por común denominador a los hombres, instituciones y actividades que integraban la
nación entera.
Pero también existe una acepción de la palabra peronismo que logró el acuerdo unánime para designar un
contenido especial, ajeno o no necesariamente unido a los hombres y a las gestiones de gobierno, tales como
cierto tipo de agresividad, la irresponsabilidad absoluta, el halago por las prebendas, la oficialización del
menor esfuerzo.
Llego un momento en que todos, incluso los gestores, los que se declaraban y sentían peronistas, con
vinieron en asignar a la palabra peronismo tales contenidos. El neologismo era una novedad absoluta.
Ahora bien, lo que ahora llamamos peronismo, no es más que el viejo elemento residual de nuestro ser
colectivo; ese elemento no incorporado al torrente circulatorio del país por definiciones de asimilación.
Excluyendo los justos y los puros, con el resto obtendremos una casi universal complicidad en la gestión de la
palabra peronismo y esta complicidad niega todo intento de coartada a la neutralidad. Cada argentino que la
pronuncia lo empapa de adherencias personales o en relación con el entorno que vivieron sus padres.

ADOLFO PRIETO

Víctor Massuh o el encubrimiento de América

Son sus ideas de base:

 El hombre debe entenderse como una síntesis de contenidos opuestos, como totalidad armónica.
 La antropología es un producto peculiar de América.
 Caracteriza al positivismo para poder localizar en él elementos heterogéneos que apuntan al
nacimiento de un ideal humano nuevo.
 Hace mención a determinados dualismos que terminan siendo obsesivos.
 El positivismo desvirtuó las formas invariables de todo desarrollo espiritual.
Una opción, subordinación, independencia o desarrollo

En la Argentina ha habido un proceso de crecimiento en los últimos 150 años, y de integración, también de
integración activa.
Hubo aumento de población, se establecieron vías de comunicación y de transporte, se formaron grandes
ciudades lo que habla de una transformación total, radical, cualitativa. El hombre escucha tangos y discursos
por la radio. La otra vez de este proceso es la incorporación de nuevas clases sociales a la vida activa del país
a partir de la sublevación de la burguesía criolla, hasta la presencia del proletariado industrial.
Poco a poco se ha ido desarrollando una heterogeneidad en el país, un autoconocimiento, un reconocimiento
de cada grupo y la conciencia colectiva de país.
Esto no quiere decir que haya una conciencia lúcida de lo que sucede. Así, cada cual a su modo, fueron
patologías la ideología de los progresistas de 1857 y del 80, tanto como las de los nacionalistas de 1930 y no
menos la de José Ingenieros que postulaba la hegemonía argentina en Latinoamérica. Como contrapartida
también fue patológico el pesimismo que aplasta a las elites durante la década del 30 y que se continúa con
el peronismo.
La industrialización, la aparición de un vasto proletariado industrial y la vasta literatura que aparece cada vez
en mayor cantidad, dan cuenta de la realidad del proceso en su característica de cambios materialistas y
cuantitativos y cualitativos.
La realidad primera de esta patria es la geografía. En sus comienzos, fue una enorme geografía, un desierto.
España la colonizo, país éste en franco retroceso respecto del mundo europeo y pronto a entrar en el
capitalismo. El desajuste ha persistido.
Es más, al iniciarse la Organización, después de Caseros, no se pudo o no se supo alcanzar el nivel del mundo
en el que estamos sumergidos. Europa estaba entrando ya en la etapa imperialista y la burguesía era
conservadora. Nuestro destino inmediato era entrar de inmediato en la órbita europea.
La crisis del 30 y la Segunda Guerra modificaron las condiciones externas que mantenían al país constreñido.
Se dio, entonces, oportunidad a las fuerzas internas. Se dio la oportunidad, también, de reproducir el proceso
de la burguesía alemana industrialmente hablando, al modo de Bismarck, de los capitalismos autoritarios.
Pero aún así, nuestro nivel y el del mundo no coinciden. Nuestro capitalismo es pobre, insuficiente. Y los más
lúcidos exponentes intentan un capitalismo de Estado al servicio de los empresarios privados, con destino de
fracaso, claro está.
Nosotros estamos dentro de la órbita capitalista y los centros dominantes de ese mundo se encuentran en
lucha con el mundo socialista soviético.
Estados Unidos es un imperio capitalista manejado por hombres de negocio, por eso, necesita mantener alta
la tasa de sus inversiones y es, en ese mundo más bien confuso y contradictorio donde pretende moverse el
panamericanismo. Surgen entonces dos supuestos lineales incompatibles. Los países latinoamericanos hacen
como si creyeran que Estados Unidos va a subvencionar su desarrollo porque los necesita mientras que los
Estados Unidos está dispuesto a realizar las inversiones que le convienen. Y obra como creyendo que los
países latinoamericanos están obligados a ser sus aliados subordinados.
Nuestro país tiene una vasta región de fronteras y una población en crecimiento que ya no puede seguir
viviendo de la explotación ganadera y agrícola tradicional. Por eso admite el desarrollo condicionado que le
ofrece Estados Unidos, como una salida que otorga una solución momentánea, conducente a la frustración.
Ningún determinismo nos apasiona. El Estado es dueño de una importante parte de la economía básica
nacional, por eso, hay que apostar a la esperanza
ISMAEL VIÑAS