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TAUROMAQUIA: EL ARTE DE JUGAR CON LA MUERTE

La tauromaquia es la disciplina que consiste en mantener una contienda con un toro. Un hombre,

a pie o a caballo, hace enfurecer al animal molestándolo, para luego demostrar su destreza

esquivando sus embestidas culminando con el asesinato del toro. Desde sus orígenes

prehistóricos se asocia con la valentía que demuestra el hombre al enfrentarse a un toro. En la

actualidad, la práctica se vincula también a cuestiones estéticas teniendo en cuenta los

movimientos que realiza el torero, complementando el arte de esta disciplina. Hoy la

tauromaquia se desarrolla a través de la actividad conocida como la corrida de toros, una fiesta

que nació en España en el siglo XII y que se práctica también en países hispanoamericanos;

incluyendo además todo el desarrollo previo al espectáculo como tal, desde la cría del toro a la

confección de la vestimenta de los participantes, además del diseño y publicación de carteles y

otras manifestaciones artísticas que varían según el país o región donde la tauromaquia hace

parte de la cultura nacional.

Henry de Montherland, sostenía: “El toreo es el único arte que juega con la muerte”. Muchos

juzgan la tauromaquia como un acto de tortura a un animal y una práctica cruel implicada hacia

los animales. Pero ¿No es inhumano y cruel la manera en como es asesinado un toro en el

matadero con el fin de saciar necesidades humanas? La tauromaquia se convierte en arte en el

momento en que un hombre tiene la valentía de enfrentar a un animal con un peso aproximado

de 600 kilos.
A lo largo del tiempo se han venido generando discusiones acerca de las corridas de toros desde

diferentes disciplinas como, la filosofía desde un punto de vista ético, la defensa de los animales,

la sociología, la antropología cultural y el arte. Sin embargo el debate acerca de las corridas de

toros no es algo nuevo. Se remonta hasta la edad media, donde diversas regulaciones del derecho

canónico las prohibían para los clérigos, por considerar que las actividades taurinas tenían

carácter profano y bases paganas. La prohibición encontró un momento de censura religiosa total

el primero de noviembre de 1567, cuando el papa Pío V promulgó la bula De Salute Gregis, en la

cual excomulgaba a las autoridades civiles y religiosas que consintieran la celebración de

corridas de toros. Además prohibía a todas las personas tomar parte en estas actividades,

negando la sepultura eclesiástica a quienes murieran en ellas.

Sin embargo, estas disposiciones no tuvieron acogida entre las autoridades civiles, y mucho

menos en la práctica popular. El debate volvió a plantearse en las décadas finales del siglo XX y

hasta el presente, principalmente por la gestión de los movimientos de defensa de los derechos de

los animales, y desde entonces no ha cejado el interés por la prohibición o regulación de las

corridas de toros, como lo demuestran las numerosas disposiciones de prohibición en ciudades,

entidades territoriales e incluso países, como es el caso de Ecuador.

El principal argumento en contra de las prácticas taurinas sustentadas por los defensores de los

derechos de los animales y ambientalistas, el toro es una especie de mamífero superior que se ve

sometido a actos de dolor y crueldad ejercidos por el matador con el uso de banderillas y la

ejecución del toro con la espada. Actos que no tienen otro fin que el deleite sádico de la

contemplación del sufrimiento. Desde un punto de vista bioético estos argumentos pueden llegar

a ser válidos. Sin embargo para dicha hazaña, el torero debe usar movimientos estéticos y

precisos para evitar la embestida de un animal que pesa 600 kilos, esto desde un punto de vista
artístico. Elena Montoya, dice: “Es peor morir en un matadero que en una plaza de toros”, para

algunos la fiesta taurina se encuentra en entredicho por su crueldad y por requerir a la muerte del

animal, pero las reses sufren más en el matadero oliendo que van a morir, que en la plaza, pues la

adrenalina de la lidia favorece que el dolor en el animal sea menor. Adolfo Ramos, un torero de

19 años, dice: “La fiesta de la corrida de toros no sería la misma sin la suerte de matar”.

Para los taurófilos, el toreo es la combinación del entrenamiento, experiencia, control,

habilidades, imaginación y espontaneidad del torero, asimilándolo no solo con la lucha contra un

animal, sino también como una expresión artística. Ésta lucha se considera un arte por ser una

danza con la muerte, a la que el torero se somete para demostrar su valentía utilizando nada más

que su inteligencia para escapar del “peligro” y de “la bravura del toro”. Se dice entonces, en el

mundo taurino, que las corridas de toros enseñan “el arte de no morir, el arte de vivir” (Federico

García Lorca).

Los aficionados taurinos comprenden a las corridas de toros como la fusión entre el toro y el

torero, y al mismo tiempo cada uno representa algo grandioso, como por ejemplo, el torero

representa a un “héroe” o una figura en esencia mitológica, mientras que el toro representa la

bravura, la virilidad, la nobleza y la belleza. Así mismo, las corridas de toros envuelven ciertos

aspectos que hacen que sean consideradas obras de arte, como por ejemplo, los trajes de luces

utilizado por los toreros, los cuales son elaborados minuciosamente por sastres, los

diferentes lances maniobrados a lo largo de la corrida, que representan para los taurófilos

movimientos valientes, elegantes y exuberantes de masculinidad, es por esto que la tauromaquia

es defendida más que como un acto cultural de los países hispanoamericanos, una obra de arte en

la que el hombre juega con la muerte por medio del arte.


REFERENCIAS

 Tauromaquia: el arte del toreo. Recuperado de

http://tauromaquiarte.weebly.com/index.html

 Tauromaquia: el arte taurino en el mundo de los toros. Recuperado de

http://www.elartetaurino.com/