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FICHA 7

Nombre: Oscar J. Velásquez Cárdenas

Resumen (200 palabras):

La visión tradicional que corresponde a la concepción de las “categorías” afirma que éstas
son una función del idioma que hablamos, puesto que nos brinda las palabras necesarias para
nombrar las cosas. Por ende, los conceptos y las categorías deben variar de una cultura a otra. Sin
embargo, luego aparece Eleanor Rosch, una mujer que desafía esta mirada y la refuta. Demostró
que las categorías existen por naturaleza y que son independiente de la cultura o el lenguaje.

Realizó un experimento para demostrar que las personas poseen de forma innata criterios
universales que le permiten discriminar a los elementos en función de qué tan bien representa a
una categoría. Para Eleanor, estos “miembros” representativos de cada categoría son los mismos
para todos nosotros, por lo que los nombró “prototipos”.

La mujer dividió a los participantes en dos grupos. A un grupo se le enseñaría los colores
focales (los prototipos de cada color), mientras que al otro se les enseñaría los colores no focales
(amarillo-verdoso). Los resultados demostraron que los participantes aprendían más rápido y con
menos errores los colores focales que los no focales, confirmando su teoría. Fue así como instaló
el concepto de “categorías naturales” para explicar este fenómeno.

Crítica (200 palabras):

A simple vista, uno podría llegar a creer que la conclusión de esta investigación refleja
fielmente la realidad, que no hay argumento capaz de refutarla y que posee muchísima validez. Lo
que entendí que quiso demostrar Rosch, fue que “los sujetos que aprendieron más rápido se debe
a que aprendieron los prototipos, los cuales son más susceptibles a ser aprendidos para todas las
personas con mayor facilidad”. No obstante, creo que están pasando por alto un factor
determinante.

A opinión personal, quizás los participante aprendieron los colores focales más rápido
porque simplemente debían atender a un solo color (por ejemplo, el color “amarillo”). Aquellos a
los que se les enseñaron los colores no focales, quizás les complicó más porque no atendieron sólo
a un color, sino a más. Por ejemplo, cuando se les enseñó a los participantes el color “amarillo-
verdoso”, no sólo atendieron al color “amarillo”, ni tampoco sólo al “verde”, sino que también
debieron comprender su mezcla. Se les añadió una tarea adicional que pasó de forma desapercibida
probablemente para todos. Y es precisamente este factor “camuflado” el que, para mí, cambia por
completo la conclusión que determinó Rosch y los demás investigadores.