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Introducción

a la
ciencias políticas
turno-tarde

Cordero Franco Gabriel


Cuadro comparativo Partidos políticos
Modelos de Modelo modelo de masas modelo electoral
los partidos parlamentario
Politicos
Periodo 1830-1890 1910-1970 1980- xxxx

Tipo de Censitario Sufragio Sufragio universal


sufragio extendido/universal

objetivos Distribuir Reformar/cambiar la Politica como


privilegios sociedad(alta carga profesión(políticos
ideológica) gestores)

Dinámica de Gestionada y Movilización de electorado Coordinada entre


competencia controlada partidos dominantes
electoral

Tipo de Escasas y Masiva, homogénea y Escasas, sin funciones


militancia elitista activa relevantes

Fuente de Contactos Cuotas y contribuciones de Subvenciones estatales .


recursos personales con militantes
el candidato

Teóricos Maurice Maurice Duverger Otto kicrchheimer / Peter


Duverger mair
Juan Abal Medina - Representación política
La muerte y la resurrección de la representación política
Introducción
El libro intentará descubrir cuál fue la verdadera naturaleza de los regímenes
políticos que la modernidad vio nacer y cuál es la relación existente entre ellos y
las democracias contemporáneas. Nuestras actuales formas de gobierno no son la
aplicación a una escala mayor de la democracia clásica que existió en Grecia. Las
nuevas formas políticas se basaron en la idea de representación a la hora de
diseñar sus instituciones políticas, llegando incluso a prohibir el autogobierno.
La selección de gobernantes por procedimientos de sorteo y la Asamblea han sido
reemplazados por los partidos políticos y las elecciones periódicas. En América
Latina, las transformaciones sociales acontecidas durante el siglo XX fueron
restando credibilidad a la metáfora representativa y vaciando de legitimidad a los
regímenes políticos. Desprovista de su sustrato social, la representación se vuelve
muy débil.
El modelo parlamentario (1830-1890)
El primer tipo ideal de política moderna es el modelo parlamentario. Durante el
siglo XVIII, el capitalismo empezaba a organizar la vida social y a desmantelar el
orden tradicional. El escaso desarrollo de los aparatos estatales los llevaba a
aplicar o el laissez-faire o un proteccionismo. En éste contexto surgieron surgieron
los primeros partidos políticos relacionados con los parlamentos. La representación
se constituía como una relación muy directa, posible gracias al reducido cuerpo
electoral. Sumado al carácter uninominal del sistema electoral esto originaba una
relación individual entre el representante y sus electores.
En este modelo los que votan son pocos, entre los que se encuentran los notables.
Este tipo de ciudadanía restringida, o censitaria, generaba un cuerpo electoral muy
uniforme. Los partidos políticos que surgieron dentro de estos parlamentos
surgieron de manera espontánea, como expresión de los distintos intereses
sociales. Estos partidos no tenían existencia por fuera de las cámaras
parlamentarias, y son llamados partidos parlamentarios. Para que la
representación funcionara hacía falta que los electores se sintieran representados
por sus representantes.
El lento pero sostenido crecimiento de los cuerpos electorales y la radicalización
de las disputas políticas fueron llevando a estos primeros partidos a “salir” de las
cámaras y extenderse a la sociedad. Las posturas políticas comenzaron a
externalizarse y se generalizaron en el seno de la sociedad.
El modelo de masas (1910-1970)
Durante el siglo XIX, la urbanización e industrialización hizo que emergiera un
nuevo actor social, la clase obrera. Las luchas de los sindicatos tuvieron un papel
fundamental a la hora de ampliar la ciudadanía, terminando con los umbrales
censitarios. De esta manera, la moderna democracia de masas se constituía sobre
la base de cuerpos electorales amplios y heterogéneos.
Paralelamente, el Estado tomaba la forma keynesiana, y pasó a ocupar un lugar
central en la sociedad, en contraposición a los estados de tipo “liberales”. El
Estado buscaba ampliar la inclusión efectiva de las capas sociales inferiores. Éste
actuaba como un agente de desarrollo económico, para evitar las recurrentes
crisis.
La relevancia de las decisiones estatales para la vida de los ciudadanos se volvió
fundamental. Así, los partidos políticos asumieron las principales características
del modelo de partido de masas, requirieron la afiliación de sus miembros al
partido. La estructura organizativa de un partido de este tipo tenía una alta
densidad y complejidad institucional, generando una estructura piramidal, en cuyo
vértice se encontraba la dirección nacional del partido.
La desconfianza con la que estos nuevos actores miraban al parlamento llevaron a
que los bloques parlamentarios carecieran de poder real y fueran controlados por
la dirección del partido. Se alentaba un voto despersonalizado en el que el elector
depositaba su confianza en el partido y no en los candidatos. El sistema electoral
que se asocia con este modelo de partido es el llamado “sistema proporcional”.
Las diferencias entre los partidos parecían ser el reflejo de las divisiones sociales.
La representación política ha ido perdieron la condición de confianza “personal”
propia de los partidos de notables, para adoptar la forma de representación de
intereses. Una vez en el parlamento, los representantes le debían obediencia al
bloque partidario, por lo que se volvió inútil el “debate parlamentario”. Si alguno
desobedecía al partido, sus votantes no lo volverían a elegir en las siguientes
elecciones.
El modelo electoral (1980-¿?)
Los aparatos estatales presentes en el modelo anterior han ido disminuyendo sus
competencias y separándose de la esfera económica, producto de las crisis
fiscales y los déficit de una economía globalizada. Al cambio de tipo de Estado se
le corresponde un cambio en el tipo de partidos políticos. Las organizaciones
partidarias se vuelven más limitadas y menos representativas. Al no poder
garantizar políticas públicas específicas, el partido va perdiendo sus referentes
sociales.
Nos encontramos frente a “partidos atrapa todo”, que se acentúan hasta constituir
un nuevo modelo de partido: el profesional electoral. Aquí, los partidos reducen su
expresión ideológica y flexibilizan sus programas para obtener un mayor alcance.
La individualización de los intereses hace que cada vez sea más difícil
implementar políticas que se dirijan a un grupo social en especial. Además, la
influencia de los medios masivos de comunicación lleva la política a las casas de
los ciudadanos.
La lógica de este modelo no se corresponde con los sistemas electorales de
representación electoral. Los electores cada vez más quieren “conocer” a sus
representantes. Esto lleva a la adopción de sistemas electorales mixtos, que
incorporan la personalización del voto.
Si los partidos no expresan más intereses sociales ni presentan propuestas claras
a sus electorados, ¿en qué sentido representan? La credibilidad de la relación
entre representantes y representados es mucho menos densa que antes. Si las
organizaciones partidarias se aproximan al modelo electoral, pero no pierden su
condición de “partido”, manteniendo algún grado de proyecto, la relación
representativa se mantiene. Si se transforman en meras agencias electorales
capaces de adoptar cualquier programa, el lazo representativo se pierde.
Éste es el núcleo de la crisis contemporánea de la representación política.
Actualmente es difícil indicar con claridad una organización como un partido
electoral puro, del modo como lo hacíamos con los dos modelos anteriores.
Podemos sostener que en contextos de esta naturaleza el partido electoral se
transforma en un instrumento absolutamente incapaz de general algún lazo
representativo, incapaz de gobernar sociedades cada vez más cansadas y hartas
de la política.
La sociedad fragmentada
Las sociedades modernas eran por naturaleza heterogéneas y en ellas los partidos
congregaban a individuos más o menos semejantes. Los partidos políticos
representaban a los actores sociales. Desde los años ochenta, los ciudadanos se
alejan de lo político. En el juego político, los espectadores-representados ya no se
sienten identificados con los actores-representantes. En lo que se llama
“posmodernidad” el proceso de individuación niega cualquier pretensión de
reunificar lo social y se pierde la fe en la capacidad humana de producir y
pronosticar el futuro. Las identidades colectivas se van perdiendo. Las unidades
homogéneas que constituyen una sociedad heterogénea son cada vez más
reducidas. Representar lo social parece volverse imposible ya que, el individuo
posmoderno es, prácticamente, la fragmentación del “yo”.
La representación postsocial
Aceptando que la sociedad contemporánea impide el “juego político”
representativo ¿que ocurre con el sistema partidario? El sistema de partidos no
puede seguir siendo visto como un mecanismo agregador y representador de
voluntades políticas. En la actualidad, su cualidad “autorreferencial” consiste en su
capacidad de establecerse y reproducirse a sí mismo. El ciudadano medio
visualiza lo político como algo distante y remoto. Lo que está en crisis actualmente
es la forma en que se legitiman los gobiernos electorales. Estaríamos en presencia
de algo así como una representación postsocial, desprovista de relaciones
homológicas y cuya verosimilitud es autorreferencial.
La opinión pública parece transformarse en una tan irresistible como incierta e
incompetente. Los dirigentes políticos se van convirtiendo en una especie de
candidatos permanentes que se juegan día a día su destino en el índice de
popularidad. Parece que lo político no puede abstraerse la lógica massmediática
que lo impulsa a transformarse en una “dramaturgia”. Los “metaelectorados”,
construidos gracias a la capacidad de las consultoras de difundir sus estudios,
anticipan al ciudadano medio por quién va a votar y por qué va a hacerlo. Si la
representación resulta cada vez menos creíble y no logra generar una legitimidad
sólida a nuestras democracias, es imprescindible encontrar herramientas
institucionales que la fortalezcan. Creemos que ésta será la clave de la
reconstrucción de la legitimidad de la representación.
La reconstrucción de la legitimidad política: representación, participación y
más allá
Nuevamente está en cuestión la capacidad de los ordenamientos institucionales
para superar los retos que los cambios sociales y políticos le presentan. La
permanente sensación de crisis del modelo electoral puede ser entendida como la
debilidad de una representación que ha perdido todos sus lazos sociales.
Podríamos mencionar los senderos que podrían transitar nuestras instituciones
públicas. En primer lugar, no hay retorno a la representación social. En segundo
lugar, esta representación postsocial genera identidades demasiado frágiles para
sostener la legitimidad de la democracia de masas.
El camino para reconciliar la política con la sociedad debería consistir en un doble
proceso de legitimidad política en el que las instituciones se adecuen para
personalizarse y ciudadanizarse. Se debería buscar la participación ciudadana
activa. Se debería abrir los espacios horizontales para la identificación de los
problemas, la discusión política y la construcción de consensos. También se
deberá asumir la necesidad de un cambio de escala hacia una democracia global.
Abrir la política a todos debe ser el desafío del siglo que comienza si no queremos
que nuestras democracias terminen muriendo.