Anda di halaman 1dari 2

1.

TEORÍA PSICOANALÍTICA
Sigmud Freud (1856-1939) padre del psicoanálisis es una de las figuras
intelectuales más destacadas del siglo XX. La premisa básica de la teoría
psicoanalítica es que gran parte de lo que el individuo piensa o hace está
dirigido por procesos inconscientes.
Freud comparó la mente humana con un iceberg, la parte que emerge
representa al consciente que contiene todos los pensamientos,
sentimientos, fantasías y percepciones de las que la persona se percata en
el presente, de las que se está al tanto en un momento cualquiera. Incluye
los recuerdos y acciones intencionadas; y el preconsciente, toda la
información que no se tiene en la cabeza en un momento dado pero de la
que se puede disponer si así se desea. La totalidad de la masa del iceberg
es el inconsciente, un almacén de pulsiones, deseos inaccesibles que
afectan a los pensamientos y a la conducta.

ESTRUCTURA DE LA PERSONALIDAD
Freud se dio cuenta que su modelo del iceberg era demasiado simple para
describir la personalidad por lo que desarrolló un modelo estructural en la
que divide la personalidad en tres grandes sistemas: ello, yo y superyó.
 ELLO (id)
Es la parte más primitiva de la personalidad, a partir de la cual se
desarrolla el Yo y super Yo. Esta presente desde el nacimiento y es el
receptáculo de los instintos. Constituido por necesidades básicas como
el hambre, la sed la sexualidad (instinto de vida). Así mismo, contiene el
instinto de muerte (Papalia, 1997). Es el que proporciona la energía para
los otros dos componentes.
El ello se regula por el "principio del placer", éste exige la reducción
inmediata de la tensión. Funciona para incrementar el placer y evitar el
dolor. Presiona de manera continua para la satisfacción inmediata de sus
impulsos. No tolera la demora o posposición de la satisfacción, se trata
de una estructura egoísta, ávida de placer primitivo, amoral, insistente e
impetuoso.

 Ego o yo
Se desarrolla poco después del nacimiento, durante los primeros seis
meses de vida, mientras el infante se halla en la etapa oral, cuando
aprende que hay una realidad independientemente de sus propios
deseos o necesidades. Siendo primero una parte del Id, evoluciona y el
niño está más dispuesto a esperar la gratificación.
El yo se rige por el "principio de la realidad" que aplaza la descarga de
energía mientras no aparezca una situación o objeto apropiado para satisfacer las
necesidades del Id. El yo, racional y consciente piensa y actúa según el análisis de la
situación. Trata de aplacar los deseos del Id hasta que pueda satisfacerlos sin peligro
y con éxito. Debe lidiar con las exigencias tanto del id como del entorno. A este tipo de
pensamiento realista Freud lo llamo pensamiento de "proceso secundario", que es
crítico, organizado, sintético, racional y realista. El yo incluso decide si debe negarse
del todo la expresión de la demanda pulsional; es decir, si debe reprimirse la pulsión.

 Superego o super yo
Aparece en la primera infancia alrededor de los 03 a 04 años. Se desarrolla mediante
el "proceso de Incorporación", asimilando los valores de los padres, los juicios
de lo que es "bueno" o "malo". Con el tiempo la restricción externa de los progenitores
es sustituida por la restricción interna. Actúa como la conciencia y de ese modo asume
la tarea de observar y guiar al yo, del mismo modo que los padres observan y guían a
sus hijos. El super yo conduce al ego a que atienda las metas morales y fuerza al id a
que inhiba los impulsos animales. Compara las acciones del yo con un yo ideal
de perfección y luego premia o castiga al yo conforme ese patrón. Así, el super yo está
formado por el yo ideal (el deber, deriva de las recompensas y los modelos positivos
presentados al niño) y la conciencia (lo que no debemos hacer, por la internalización de
los castigos y advertencias).
En su papel de árbitro de la moralidad es implacable, incluso cruel en su búsqueda de
perfección moral. Su propósito es la completa inhibición del ello, sobre todo lo que se
vincula al sexo y la agresión. Se esfuerza únicamente por la perfección moral. No
transige en sus demandas.