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CAPÍTULO II

REVISIÓN DE LA PSICOPATOLOGÍA
DE LAS PSICOSIS Y PSICONEUROSIS (1940) 1

INTRODUCCIÓN
EN LOS ÚLTIMOS AÑOS, me he interesado vivamente y he prestado especial atención a los
problemas que presentan los pacientes esquizofrénicos y esquizoides 2. Como consecuencia, he
llegado a un punto de vista que, si está bien fundamentado, tendrá necesariamente amplias
repercusiones, tanto en la psiquiatría en general como en el psicoanálisis en particular. Mis diversos
hallazgos y conclusiones, involucran no sólo una considerable revisión de las ideas predominantes
con respecto a la naturaleza y la etiología de los estados esquizoides, sino también, de las ideas
relacionadas con el predominio de los procesos esquizoides y una correspondiente modificación en
las concepciones clínicas actuales sobre las varias psiconeurosis y psicosis. Involucran también una
reforma y reorientación de la teoría de la libido, juntamente con una modificación de diversos
conceptos psicoanalíticos clásicos.
Por varias razones este trabajo se limitará, en su mayor parte, a la consideración de los aspectos más
generales del punto de vista al que he llegado por medio del estudio de los estados esquizoides. Sin
embargo, es necesario aclarar que gran parte de los conceptos que expondré surgen principalmente
de la conclusión de que el grupo esquizoide es mucho más amplio de lo que hasta ahora se ha
supuesto, y de que un alto porcentaje de los estados de angustia y de los síntomas paranoides,
Ióbicos, histéricos y obsesivos, tienen una base definidamente esquizoide. El amplio significado que
he llegado a atribuir al concepto de "esquizoide", será posiblemente mejor entendido si establecemos
que, de acuerdo con mis hallazgos, el grupo esquizoide comprende a todos aquellos a los que sería
aplicado el concepto jungiano de "introvertido". El rasgo fundamental de un franco estado esquizoide
(tal como lo implica el término), lo constituye una
1 Fue publicado originariamente en The lnternational [ournal o/ Psycboanalvsis, vol. XXII. Ahora
contiene modificaciones de poca monta. 2 El capitulo anterior se ocupa de este tema.

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disociación del yo, y lo común es que un análisis profundo: revele iaa disociación, no sólo en
individuos que padecen condiciones francamente psicopatológicas, sino también en aquellos que
recurren a~ análisis por perturbaciones a las que no han sido- atribuidos definidos rasgos
psicopatológicos. El significado de disociación del yo puede apreciarse en su totalidad sólo cuando se
lo enfoca desde el. punto de vista del desarrollo. (Tal como lo ha descrito Edward Glover [1932, J.
Ment. Sci<? 73. 819842], el yo se establece gradualmente en el curso del desarrollo, a raíz de un
número de primitivos núcleos del yo, y debemos suponer que éstos constituyen el resultado de un
proceso de integración, La formación de los núcleos componentes puede concebirse como un
proceso de cristalización psíquica. localizada, que tiene lugar no sólo dentro de la esfera de las zonas
erógenas, sino también en varios otros terrenos funóoEales. De este modo, surgirán dentro de la
psique no sólo núcleos orales, anales y genitales, sino también núcleos masculinos y femeninos,
activos y pasivos, de amor y de odio, de dar y de tomar, como también núcleos de perseguidores y
jueces internos [núcleo del superyó]. Por tanto. podemos aun establecer, que la superación y
combinación de estos varios núcleos y clases de núcleos, que forman la base de ese particular
proceso de integración que da lugar a la formación de los estados esquizoides del yo, se llevan a
cabo en forma característica en individuos en los qu.e este proceso de integración nunca ha sido
satisfactoriamente realizado y en aquellos en los que ha tenido lugar una desintegración regresiva del
yo.]
LIMITACIONES INTRíNSECAS DE LA TEORíA DE LA LIBIDO
Existe una obvia relación entre el desarrollo del yo, tan brevemente descrito, y la primaria formulación
freudiana de la teoría de la libido. Por supuesto, lo que hemos dicho sobre la formación de los núcleos
del yo, cae dentro de la concepción de Freud, de que la libido es originalmente distribuida sobre un
número de zonas corporales, algunas de las cuales son de gran importancia y erógenas de por sí.
Existe también un elemento común entre el concepto de que el desarrollo exitoso del yo depende de
una adecuada integración de los núcleos del yo, y el concepto de Freud, de que un exitoso desarrollo
libidinoso depende de la integración de las varias distribuciones libidinosas, bajo la supremacía del
impulso genital. Sin embargo, como ya veremos, la teoría de la libido contiene una limitación
intrínseca, lo que hace desear que la misma sea reformada de manera tal, que esté más de acuerdo
con el modelo del desarrollo del yo que hemos esbozado. Empero, la limitación intrínseca de la teoría
de la libido se aprecia mej or si la enfocamos de acuerdo a como surge de la revisión hecha por
Abraham. POi' supuesto, Abraham adjudicó a cada una de las zonas libidinosas más importantes un
lugar especial en el desarrollo psicogenético, )' estableció una serie de fases del desarrollo,
caracterizadas por la supremacía de una zona específica. De acuerdo con este esquema, cada una
de las clásicas psicosis y psiconeurosis pasa a ser atribuida a la fijación a una fase específica. No hay
ninguna duda sobre la exactitud que implica relacionar los' estados esquizoides con una fijación a la
fase oral primaria (incorporativa y preambivalente), que se caracteriza por el predominio del acto de
succionar. Tampoco puede haber duda alguna con respecto a la exactitud de atribuir los estados
maníacos-depresivos a una fij ación a la fase oral secundaria (ambivalente), caracterizada por el
surgimiento del acto de morder. En el esquizoide y en el maníaco-depresivo, los núcleos del yo
corresponden, en carácter, a estas respectivas atribuciones. Sin embargo, en lo que se refiere a las
dos fases anales y a la primera fase genital, la situación no es tan sencilla. No hay duda, como lo ha
establecido Abraham tan claramente, que el paranoico utiliza una primitiva técnica anal para rechazar
sus objetos, que el obsesivo utiliza una técnica anal más desarrollada para obtener el control de los
suyos, y que el histérico intenta mej orar su relación con el objeto, por medio de una técnica que
implica la renuncia de los órganos genitales. No obstante, mis propias investigaciones no me dejan
lugar a duda de que los estados paranoides, obsesivos e histéricos, a los que puede agregarse el
fóbico, representan, en esencia, no los pro· duetos de fijaciones a fases libidinosas específicas, sino
simplemente, una variedad de técnicas utilizadas para defender al yo de los efectos provocados por
conflictos de origen oral. Esta convicción se basa en dos hechos: a) que el análisis de síntomas
paranoides, obsesivos, histéricos y fóbicos revela en forma invariable la presencia de un conflicto oral
subyacente, y b) que los síntomas paranoides, obsesivos, histéricos y fóbicos son acompañantes y
precursores usuales de los estados esquizoides y depresivos. Por contraste es imposible considerar
corno una defensa a los estados esquizoides y depresivos, a pesar de que tengan una etiología de
base oral. Por el contrario, estos estados poseen todo el carácter de condiciones contra las que debe
defenderse el yo 3. El examen de la modificación hecha por Abraham a la teoría de la libido, nos hace
pensar si las "fases anales" no son sino un artificio, planteándose la misma situación con respecto a la
"fase fálica". Por supuesto, las fases establecidas por Abraham, intentaban representar no sólo etapas
de la organización libidinosa, sino también etapas en el desarrollo del amor objetal. Sin embargo, no
deja de ser significativo que la nomen
3 Sin embargo, debe reconocerse que existen defensas más o menos específicas asociadas con los
estados esquizoide y depresivo que actúan en función del estado en sí mismo más que por los
conflictos subyacentes. Por ejemplo en lo que se. refiere al estado depresivo, la defensa maníaca.
Estas defensas específicas parecen empezar a actuar cuando las técnicas no específicas
mencionadas (paranoide, obsesiva, histérica y fóbi.ca) fracasan en su finalidad de defender al yo
contra el comienzo de un estado esquizoide o depresivo. Sin embargo, las defensas específicas
deben ser diferenciadas de los estados esquizoide y depresivo básicos que las motivan.
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c1atura utilizada para describir las diversas fases, se base en la naturaleza del fin libidinoso y no en la
naturaleza del objeto. De este modo, en vez de hablar de fases de "pecho", Abraham habla de fases
"orales", y en vez de hablar de fases de "heces", habla de fases "anales". Al sustituir "fase anal" por
"fase de heces", se hace evidente la limitación del esquema del desarrollo libidinoso formulado por
Abraham, porque, mientras el pecho y los órganos genitales son objetos naturales y biológicos del
impulso libidinoso, las heces no lo son, sino que por el contrario sólo son un objeto simbólico.
Constituyen únicamente, por así decir, la arcilla con la que se elabora un molde del obj eto •. No
necesitamos comentar la importancia histórica de la teoría de la libido y lo mucho que ha contribuido
al progreso del conocimiento psicoanalítico; el mérito de la misma ha sido comprobado por su propio
valor heurístico. Sin embargo, parecería como si hubiéramos llegado a un punto en el que, por interés
del progreso, la clásica teoría de la libido debiera ser transformada en una teoría del desarrollo,
basada esencial. mente en las relaciones de objeto. La mayor limitación de la actual teoría de la libido,
como sistema explicativo, reside en el hecho de que confiere el status de actitudes libidinosas a varias
manifestaciones que sólo son técnicas del yo, para regular las relaciones de objeto. Claro está que la
teoría de la libido está basada en el concepto de las zonas erógenas. Empero, debe reconocerse que,
en primer lugar, las zonas erógenas son simplemente canales por los que fluye la libido, y que una
zona sólo se hace erógena cuando la libido fluye por ella. El propósito final de la libido es el objeto, y
en esta búsqueda de objeto, la libido es determinada por leyes similares a las que determina la
energía eléctrica, es decir, busca el camino de menor resistencia. Por tanto, la zona erógena debiera
ser considerada simplemente, como un camino de menor resistencia, y su erogeneidad real podría ser
comparada con el campo magnético establecido por el flujo de una corriente eléctrica. La situación es
entonces la siguiente. Durante la infancia, debido a la constitución del organismo humano, el camino
de menor resistencia hacia el objeto, radica casi en
4 Es interesante meneionar que la nomenclatura adoptada por Abraham para describir las fases del
desarrollo libidinal, difiere de la que se empleaba para describirlo antes de que prevaleciera su
revisión de la teoría de la libido. En el esquema anterior se reconocían tres estadios que se
denominaban respectivamente: 1) autoerótico, 2) narcisista y 3) aloerótico. Esta nomenclatura implica
que el esquema anterior se basaba esencialmente en relaciones de objeto y no a la naturaleza del fin
libidinal. Dejando la cuestión de terminología de lado, por supuesto que la modificación de Abraham
esencialmente se caracterizó por la interpolación de dos fases anales entre la narcisista (más tarde
oral) y la aloerótica (genital). El propósito de esta interpolación fue introducir el estadio de "amor
parcial" en el esquema del desarrollo libidinal. Sin embargo, cualquiera que sea el valor que se le
asigne a su modificación, es de significación el hecho que la introducción de las fases anales por
Abraham, haya sido acompañado por un cambio en la nomenclatura que eliminó toda referencia al
objeto en los términos utilizados para describir las fases en su esquema modificado.
ESTUDIO PSICOANALÍTICO DE LA PERSONALIDAD 45
forma exclusiva en la boca, y, por lo tanto, ésta pasa a ser el órgano libidinoso predominante. Por otra
parte, en el adulto (y debido también a la constitución del organismo humano) los órganos genitales le
proveen un camino de menor resistencia hacia el objeto, pero, en este caso, sólo paralelamente con
otros caminos. El hecho real en el adulto, es que la actitud libidinosa no es esencialmente genital, sino
que, la actitud genital, es esencialmente libidinosa. Existe entonces una diferencia genuina entre las
actitudes libidinosas infantiles y las maduras, que surge en el hecho de que mientras en el niño la
actitud libidinosa debe ser por la fuerza predominante oral, en el adulto emocionalmente maduro la
libido busca el objeto a través de una serie de canales entre los que el genital desempeña un papel
importante, pero de ninguna manera exclusivo. Por tanto, mientras es correcto describir la actitud
libidinosa del niño como característicamente oral, no es correcto describir la actitud libidinosa del
adulto como característicamente genital. Debiera sin duda ser descrita como "madura". Debe
entenderse que este término implica que los canales genitales son valederos para una relación
libidinosa satisfactoria con el objeto. Al mismo tiempo, debe señalarse que las relaciones de objeto no
son satisfactorias por el hecho de que haya sido alcanzado el nivel genital, sino que, por el contrario,
es debido a las relaciones de objeto satisfactorias que se logra la verdadera sexualidad genital ". De
lo expuesto se deduce que las "fases orales" de Abraham están ampliamente justificadas por los
hechos, pero esto no sucede con su "primera fase genital o fálica". Su "segunda fase genital" se
justifica por el hecho de que los órganos genitales constituyen el canal natural para la libido madura;
pero, al igual que las "fases anales", su "fase fálica" es sólo un artificio introducido por influencia del
concepto erróneo de las zonas erógenas fundamentales. El análisis profundo de la actitud fálica
revela siempre la presencia de una fijación oral subyacente relacionada con fantasías de [ellatio, La
actitud fálica es por tanto, el resultado de una identificación de los órganos genitales con el pecho,
como objeto parcial primario de la actitud oral, y que está característicamente acompañada por una
identificación de los órganos genitales con la boca, como órgano libidinoso. Concordantemente, no
debe considerarse a la actitud
5 Es necesario establecer que al comparar la etapa "genital" con la etapa oral, no tengo intención de
menospreciar la importancia de la primera. Mi propósito es señalar que la verdadera importancia de la
etapa "genital", radica en la madurez de las relaciones de objeto, y que una actitud genital, es sólo un
elemento de esta madurez. También sería exacto afirmar que la importancia real de la etapa oral,
radica en la inmadurez de las relaciones de objeto, y que la actitud oral, es sólo un elemento de tal
inmadurez; pero, en las relaciones de la etapa oral, y debido a la dependencia del niño, la importancia
del elemento físico, en contraposición al psíquico, es más marcada que en la etapa "genital".
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fálica como representante de una fase libidinosa, sino como una técnica, debiendo prevalecer la
misma idea con respecto a las actitudes anales. El concepto de las zonas erógenas fundamentales,
es una base insatisfactoria para cualquier teoría del desarrollo de la libido, debido a que parte del
error de no reconocer que el placer libidinoso es, fundamental. mente, sólo un jalón para la obtención
del objeto. De acuerdo con el concepto de las zonas erógenas, el objeto es considerado como un
jalón para la obtención del placer libidinoso, lo que significa poner el coche delante de los caballos.
Tal inversión de la posición real debe atribuirse al hecho de que en las primeras épocas del
pensamiento analítico no se comprendió suficientemente la importancia capital de la relación de
objeto. Nos enfrentamos así, con un malentendido que surge por el hecho de confundir una técnica
con una manifestación libidinosa primaria. En toda situación existe un' ejemplo crítico, y en ésta, lo
constituye la succión del pulgar. -¿Por qué un lactante succiona su pulgar? En esta simple pregunta
yace todo el destino del concepto de las zonas erógenas y la forma de la teoría de la libido en él
basada. La contestación de que el lactante succiona su pulgar porque su boca es una zona erógena y
que el succionar le proporciona placer erótico, es conveniente, pero en realidad, nos aparta del tema.
Para enfocar el problema nos debemos preguntar: "¿Por qué su pulgar?", y la respuesta será:
"Porque no tiene un pecho para succionar". Hasta el lactante necesita un objeto libidinoso, y si se lo
priva de su objeto natural (el pecho), se busca un objeto él solo. La succión del pulgar representa,
pues, una técnica para enfrentar una relación de objeto insatisfactoria, pudiéndose decir lo mismo con
respecto a la masturbación. Sin duda, se les ocurrirá que la succión del pulgar y la masturbación
debieran ser descritas, no simplemente como actividades "eróticas", sino más específicamente como
actividades "autoeróticas", lo que en realidad es cierto. Empero, también es cierto que el concepto de
zonas erógenas está basado en el fenómeno del autoerotismo, lo que es debido en gran parte a una
interpretación errónea del verdadero significado de este fenómeno. El autoerotismo es esencialmente
una técnica por medio de la cual el individuo busca no sólo proveerse lo que no puede obtener del
objeto, sino proveerse un objeto que no puede obtener. '. Las "fases anales" y la "fase fálica"
representan meramente actitudes basadas en esta técnica, la que se origina en un contenido oral,
conservando siempre las señales de su origen oral. Por tanto, está intimamente relacionada con la
incorporación del objeto, que, después de todo, es sólo otro aspecto del proceso por medio del cual el
individuo intenta hacer frente a las frustraciones de las relaciones orales. De acuerdo con esta
estrecha relación, vemos que en el comienzo, la succión del pulgar, como actividad autoerótica (o
erótica), adquiere el significado de una relación con un objeto internalizado. No es exagerado afirmar
que todo el curso del desarrollo libidinoso depende de hasta que punto son incorporados los objetos y
de la naturaleza de las técnicas que se emplean para tratar a los objetos incorporados. Estas técnicas
son las que discutiremos. Por el momento basta señalar que la importancia de las actitudes anal y
fálica radica en el hecho de que representan los aspectos libidinosos de las técnicas utilizadas para
tratar a los objetos que han sido incorporados, Sin embargo, debe tenerse siempre en cuenta que la
actitud libidinosa no es lo que determina la relación de objeto, sino que la relación de objeto es la que
determina la actitud libidinosa. 47
BASADA EN EL TIPO DE DEPENDENCIA DEL OBJETO
Una de las principales conclusiones a las que he llegado por medio del estudio de los casos
esquizoides es que el desarrollo de las relaciones de objeto es esencialmente un proceso por el cual
la dependencia infantil del objeto da lugar, en forma gradual, a la dependencia madura del mismo.
Este proceso de desarrollo se caracteriza: a) por el abandono progresivo de una relación de objeto
primaria, basada en la identificación primaria 6 y b) por la adopción gradual de una relación de objeto,
basada en la diferenciación de este último. Este paulatino cambio que tiene lugar en la naturaleza de
la relación de objeto, va acompañado por un cambio similar en el fin libidinoso, de manera que un fin
oral primario de succión, de incorporación y de "tomar", pasa a ser reemplazado por un fin maduro, no
incorporativo, y de "dar", compatible con la sexualidad genital desarrollada. La etapa de la
dependencia infantil comprende dos fases reconocidas: la fase oral primaria y la secundaria; - la etapa
de la dependencia madura, corresponde a la "segunda fase genital" de Abraham. Entre las dos etapas
de dependencia infantil y la de dependencia madura, existe una etapa de transición que se
caracteriza por la tendencia progresiva a abandonar la actitud de dependencia infantil y la tendencia
gradual a adoptar la actitud de dependencia madura. Esta etapa de transición corresponde a tres de
las etapas de Abraham: las dos fases anales y la primera fase genital (fálica). La etapa de transición
sólo comienza a apuntar cuando la ambiva
o Empleo aquí el término "identificación primaria" para denominar la catexis de un objeto que aún no
ha sido diferenciado de aquel que lo catectiza. Por supuesto el término "identificación" a veces es
utilizado en ese sentido, pero mucho más corrientemente significa el establecimiento de una relación
basada en una no diferenciación con un objeto que ya ha sido diferenciado por lo menos en alguna
medida. Este último proceso representa una renovación del tipo de relación comprendido en la
"identificación secundaria". Esta distinción es importante desde el punto de vista teórico y debe
tenerse en cuenta. Mientras no se la olvide, puede utilizarse el término identificación por conveniencia,
sin hacer referencia a la naturaleza primaria o secundaria del proceso; y así lo utilizo en lo que sigue.
El mismo término es también utilizado en otro sentido para describir la equivalencia emocional entre
objetes esencialmente distintos (v. g. pene y pecho).
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lencia de la fase oral secundaria empieza a dar lugar a una actitud basada en la dicotomía del objeto.
La dicotomía del objeto puede definirse como un proceso por el cual el objeto primario hacia el que se
orienta el amor y el odio es reemplazado por dos objetos: uno aceptado, hacia el que se dirige el
amor, y uno rechazado,' hacia el que se dirige el odio. Pero debe agregarse que de acuerdo con los
desarrollos que han tenido lugar durante las fases orales, ambos objetos, el aceptado y el rechazado,
tienden a ser tratados, en gran parte, como objetos internalizados. En lo que se refiere al abandono
de la dependencia infantil durante la etapa de transición, vemos que es inevitable que el rechazo del
objeto desempeñe un papel importantísimo. Por tanto, la actuación de las técnicas rechazantes
constituye el rasgo característico de la etapa de transición, y es a este rasgo al que parece haberse
aferrado Abraham cuando introdujo el concepto de las fases anales. Por supuesto, que en BU
naturaleza biológica la defecación es esencialmente un proceso rechazante, y en virtud de este
hecho, pasa por lógica a ser explotado como un símbolo de rechazo emocional del objeto,
estructurando con rapidez las bases de técnicas mentales rechazantes, Lo señalado con respecto a la
defecación, se aplica también a la micción, y existen razones para creer que la importancia de la
micción como función de rechazo simbólico, ha sido subestimada en el pasado, especialmente por el
hecho de que por razones anatómicas, la función urinaria proporciona un enlace entre la función
excretoria y la genital. De acuerdo con el punto de vista adoptado, la paranoia y la neurosis obsesiva
no deben ser consideradas como expresiones de una fijación a las fases anal primaria y secundaria,
respectivamente. Por el contrario, deben ser consideradas como estados resultantes de la utilización
de técnicas defensivas especiales que derivan sus patrones de procesos excretorios rechazantes. No
obstante, la técnica paranoide y la obsesiva, no son técnicas exclusivamente rechazantes. Ambas
combinan la aceptación del objeto bueno con el rechazo del objeto malo. Expondremos en forma
breve la diferencia esencial que existe entre ambas. Entretanto, señalaremos que la técnica paranoide
representa el más alto grado de rechazo, porque, extemalizando el objeto rechazado, el individuo
paranoide lo trata como a algo franca y activamente malo, como a un perseguidor 7. Por otra parte,
los actos excretorios representan para el obsesivo, no sólo el rechazo del objeto, sino también una
separación de los contenidos 8. Así, encontramos en la técnica obsesiva una transac
7 La técnica paranoide debe distinguirse de la de proyección, con la que se la suele confundir. La
proyección consiste en atribuir a objetos exteriores 108 impulsos interiores y, si bien es cierto que se
ve con mayor claridad en los paranoicos, su utilización no indica necesariamente la presencia de una
tendencia paranoíde, Por otra parte, la técnica paranoide consiste en la extemalización de objetos
internalizados, que han sido rechazados. 8 Esto de acuerdo con el hecho que si bien las funciones
excretoras son de cion entre la actitud de tomar, de la dependencia infantil, y la 49 actitud de dar, de
la dependencia madura. Tal actitud de transacción es completamente ajena al individuo paranoide,
para quien los actos excretorios representan sólo el rechazo. La histeria constituye otro ejemplo de un
estado que se ongma por el empleo de una técnica rechazante especial, contra un estado que surge
por una fijación a una etapa específica del desarrollo de la libido, es decir, la etapa fálica. De acuerdo
con el esquema de Abraham, el estado histérico es atribuido al rechazo de los órganos genitales
durante la fase fálica, como consecuencia de una excesiva culpa en la situación edípica. Mis
descubrimientos recientes no confirman este punto de vista. Por el contrario, parecería ser un
concepto erróneo al que ha contribuido, en gran parte, la sobreestimación de la situación edípica. Una
de las conclusiones a las que he arribado es que la situación edípica constituye, en esencia, un
fenómeno sociológico más que psicológico. Desde el punto de vista sociológico, sería difícil exagerar
su importancia. Empero, desde el punto de vista psicológico es un fenómeno relativamente superficial,
cuya mayor importancia radica en el hecho de que representa una diferenciación del único objeto de
la fase ambivalente (fase oral secundaria), en dos objetos, siendo uno el objeto aceptado, identificado
con uno de los padres, y el otro el objeto rechazado, identificado con el otro padre. Así, la culpa
atribuida a la situación edipica no deriva tanto del hecho de que esta situación sea triangular, sino: l)
de que el deseo incestuoso representa el robo del amor que no es libremente otorgado, cometido a
uno o a ambos padres, y 2) de que el niño siente que su amor es rechazado porque es malo. Esta
situación se vio con claridad en una de mis enfermas, quien durante su infancia atravesó por
circunstancias que estimularon sus fantasías incestuosas hasta un grado máximo. Sus padres, debido
a desacuerdos existentes entre ellos, pasaron a ocupar dormitorios separados. Las alcobas estaban
comunicadas por un cuarto de vestir donde la madre hizo dormir a la niña para protegerse del esposo.
Recibió de ambos poco afecto. A una edad muy temprana contrajo una enfermedad que la dejó tullida
y que la tornó mucho más dependiente de los demás, de lo que es un niño común. Su incapacidad fue
considerada como algo denigrante por la madre, cuyos principios de educación consistieron en
compulsada a hacerse independiente lo antes posible. Su padre fue una persona retraída e
inaccesible, resultándole más difícil a la niña establecer un contacto emocional con él que con la
madre. Después de la muerte de la madre, ocurrida durante la adolescencia de la enferma, hizo
desesperados esfuerzos para establecer un contacto emocional con el padre, pero todo fue en vano.
Entonces pensó:
rechazo por naturaleza, también en un cierto sentido son productoras y por lo tanto adquieren
fácilmente para el niño el significado psicológico adicional de actividades creadoras o de dar.
50 W. RONALD D. FAIRBAIRN
":Seguramente todo andaría bien si le ofreciera acostarme con él!" Su deseo incestuoso representó,
por tanto, un último intento desesperado de establecer un contacto emocional con su objeto, para
atraer su amor y demostrar que el suyo propio era aceptable. Esto parecería ser la verdadera
necesidad oculta detrás del deseo incestuoso, necesidad muy poco afectada por algún contenido
edípico. Por supuesto, mi enferma renunció a su deseo incestuoso que, como era de esperar, fue
seguido por una intensa reacción de culpa. Sin embargo, la culpa no fue distinta a la que surgió por
sus infructuosas demandas de expresiones de amor por parte de la madre, y cuya carencia le señaló
que su propio amor era malo. La insatisfactoria relación emocional con la madre dio lugar a una
regresión a la fase oral primaria en virtud de la cual el pecho fue reinstalado como objeto, y como
consecuencia, uno de sus síntomas principales fue la incapacidad de comer en presencia de otros sin
sentir náuseas. De este modo, su rechazo del pene del padre disfrazaba el rechazo del pecho de la
madre, evidencia de una definida identificación de pene y pecho. Este caso demuestra que a pesar de
que no se puede negar el rechazo que de los órganos genitales hace el histérico, es superfluo
introducir una situación edípica específica para explicarlo. Por el contrario, la explicación radica en el
hecho de que el histérico identifica los órganos genitales como objeto parcial, con el objeto primario
del impulso libio dinoso de la etapa de dependencia infantil, es decir, el pecho. El rechazo de los
órganos genitales por parte del histérico, se resuelve así en un intento inexitoso de abandonar la
actitud de dependencia infantil. Esto también es así con respecto al rechazo del objeto que involucra
la téonica paranoide y la obsesiva. No obstante, el externalizar el objeto rechazado, no forma parte de
la técnica histérica. Por el contrario, éste permanece incorporado. Como consecuencia, tenemos la
característica disociación histérica cuya importancia radica en que representa el rechazo de un objeto
incorporado. Al mismo tiempo, la técnica histérica, al igual que la obsesiva, representa una aceptación
parcial de la actitud de dar de la dependencia madura, ya que es característico del individuo histérico
el estar dispuesto a entregar todo a sus objetos de amor, excepto sus órganos genitales y lo que
éstos representan para él. Esta actitud va acompañada de una idealización del objeto motivada en
parte por un deseo de establecer una dependencia sobre una base más tranquilizadora. La
importancia de la paranoia, la neurosis obsesiva y la histeria, parece entonces radicar en el hecho de
que cada una representa un estado resultante del empleo de una técnica específica, debiéndose
considerar al estado fóbico en forma similar. Cada una de estas técnicas debe ser interpretada como
un método específico de intento de enfrentar el conflicto característico de la etapa de transición, en la
medida en que éste no ha sido resuelto. El conflicto resulta de: a) una necesidad de desarrollo para
lograr una actitud de dependencia madura con el objeto, y b) una reluc tancia regresiva a abandonar
la actitud de dependencia infantil con el objeto. De acuerdo con lo que precede, el desarrollo de las
relaciones de objeto se ajusta al siguiente esquema: 1. Etapa de dependencia infantil,
caracterizada por la actitud de tomar. 1) Fase oral primaria: Succión e incorporación. Preambivalente.
2) Fase oral secundaria: Morder e incorporación. Ambivalente. 11. Etapa de transición entre la
dependencia infantil (tomar) y la dependencia madura (dar) o etapa de cuasi independencia.
Dicotomía y exteriorización del objeto incorporado. II]. Etapa de dependencia madura,
caracterizada por la actitud de dar. Objetos aceptados y rechazados, exteriorizados.
51
El rasgo distintivo de este esquema es que está basado en la naturaleza de la relación de objeto y en
que la actitud libidinosa es relegada a segundo término. El análisis de los enfermos esquizoides fue lo
que me convenció de la importancia capital de las relaciones de objeto, porque en ellos se ven con
mayor claridad las dificultades que surgen al respecto. Durante el curso del análisis exhiben con
claridad meridiana un conflicto entre una extrema reluctancia por abandonar la dependencia infantil y
un desesperado anhelo por renunciar a ella, y es fascinante y patético observar cómo el enfermo, al
igual que un ratoncito tímido, se escurre en forma alternada del refugio de su cueva para espiar el
mundo de los objetos exteriores, y se retira luego apresuradamente. También es esclarecedor ver
cómo, en sus infatigables intentos por salir de un estado de dependencia infantil, recurre, por turno, a
alguna o a las cuatro técnicas de transición que han sido descritas: la paranoide, la obsesiva, la
histérica y la fóbica. Es muy instructivo ver actuar a cada una de estas técnicas dentro de un
contenido en el cual la situación edípica tiene una mínima contribución. Lo que se hace más evidente
en el análisis de un esquizoíde, es que la mayor necesidad de un niño consiste en obtener la
seguridad decisiva: a) de que es amado por sus padres, y b) de que éstos aceptan su amor. Su
capacidad para renunciar sin desconfianza a su dependencia infantil, radica en la medida en que
obtiene tal evidencia, en forma lo suficientemente convincente corno para capacitarlo a depender sin
peligro de los objetos reales. Si tal evidencia falta, su relación con sus objetos, en lo que se refiere a
la separación, está cargada con demasiada angustia como para capacitarlo a renunciar a la actitud de
dependencia infantil, dado que tal renunciamiento sería equivalente a perder toda esperanza de
obtener alguna vez la satisfacción de sus necesidades emocionales insatisfechas. El mayor trauma
que puede experimentar un niño es la frustración de su deseo de ser amado y de que su amor sea
aceptado, y, desde e! punto de vista del df~"arrol1o. es el únicu que tiene realmente importancia.
r'~ste trauma es el que establece fijaciones a las varias formas de la sexualidad infantil a las qUf' es
conducirlo el niño f'll su intento de compensar por medio de "ati"fac('ilH1es sustitutivas el fracaso de
sus relacioue- «rnocionales con :-u" objetos exteriores. Estas satisfacciones sustitutivas (por ejemplo.
la masturbación y el erotismo anal) representan [undamentalmente 52 relacione" con objetos
internalizados a las que el individuo está compulsado a dirigirse por falta de una relación satisfactoria
con objetos del mundo exterior. Cuando las relaciones con los objetos exteriores son insatisfactorias.
encontramos fenómenos tale" como el exhibicionisrno, la homosexualidad, el sadismo y el
masoquismo. los que deben ser considerados comu intentos de preservar las relaciones emocionales
naturales que han sido destruidas. A pesar del valor que tiene comprender el carácter de estas
"relaciones por falta", tal comprensión es mucho menos importante que el conocimiento de los
factores qu~ comprometen las relaciones naturales. Sin duda, el más importante de estos factores 10
constituye una situación en la infancia que hace pensar al individuo que sus objetos ni lo aman ni
aceptan su amor. Cuando surge tal situación, la tendencia intrínseca de la libido hacia el objeto,
conduce al establecimiento de relaciones aberrantes y a las varias actitudes libidinusas que las
acompañan. El esquema del desarrollo delineado en la tabla anterior se ha bao sado en el tipo de la
dependencia del objeto, porque e! análisis de casos esquizoides ha demostrado que éste es el factor
más importante en las relaciunes tempranas. Sin embargo, es necesario establecer con claridad la
naturaleza del objeto apropiado para cada etapa de! desarrollo. En este sentido, es importante
distinguir entre el objeto natural (biolóuico l , y el objeto tal como se presenta en los casos
psicopatológicos. Por supuesto, los objetos pueden ser ya objetos parciales o totales, y cuando se
considera la historia biológica de la primera infancia, se hace evidente que sólo existe un objeto
parcial natural, es decir, el pecho, y que el objeto total más importante es la madre, siendo el padre un
segundo objeto de menor importancia. Como ya ha sido señalado, las heces no son un objeto natural.
Constituyen un objeto simbólico. pudiéndose decir lo mismo de los órganos genitales. ASÍ, mientras
en la ha· mosexualidad el factor inmediato más importante es la búsqueda del pene del padre, este
objeto es sólo un sustituto del padre mismo. Lo que determina primariamente la sustitución es el
hecho de que el amor paternal está negado. Al mismo tiempo, la sustitución de un objeto parcial por
un objeto total, es un fenómeno regresivo que involucra un reavivamiento de la relación primaria (oral)
con el objeto parcial primario (el pecho). La búsqueda del pene del padre por parte del hornosexual se
resuelve, por así decir, en una búsqueda del pecho del padre. La persistencia del pecho como obj eto
parcial es bien notable en los histéricos, para quienes los órganos genitales conservan siempre un
significado oral. Esto se vio en el caso de una mujer histérica, quien al describir su "dolor" pélvico dijo:
"Es como si algo adentro quisiera ser alimentado". También es significativa la frecuencia con que los
soldados histéricos se que· jan de síntomas gástricos. De acuerdo con lo expuesto, los objetos
naturales adecuados para las varias etapas del desarrollo, pueden indicarse de la manera siguiente:
53
1. Dependencia infantil.
1) Fase oral primaria: Pecho (objeto parcial).
2) Fase oral secundaria: Objeto total (madre), tratado como pecho. n. Cuasi independencia
(de transición).
Objeto total tratado como contenidos.
111. Dependencia madura. Objeto total (incluyendo los órganos genitales del objeto) 9.
LA ETAPA DE TRANSICIóN ENTRE LA DEPENDENCIA INFANTIL Y LA ADULTA, SUS TÉCNICAS
Y SU PSICOPATOLOG1A
Es de notar que en las tablas que preceden, la etapa de transición ha sido descrita como una etapa
de "cuasi independencia", y la razón que nos ha llevado a adoptar tal descripción es lo
suficientemente importante como para merecer una explicación. Del estudio de los casos esquizoides
emerge, con la mayor claridad, que el rasgo más característico de la etapa de dependencia infantil, es
la identificación primaria con el objeto. Por cierto, no sería aventurado decir que, hablando
psicológicamente, la identificación con el objeto y la dependencia infantil constituyen en realidad el
mismo fenómeno. Por otra parte, la dependencia madura implica una relación entre dos individuos
independientes, como pletamente diferenciados como objetos mutuos 10. Esta distinción entre las dos
formas de dependencia, es idéntica a la distinción hecha por
9 Este cuadro intenta representar la norma del desarrollo libidinal, tanto como puede ser observado;
pero es importante tener en cuenta la diferencia entre esta norma y el proceso real de desarrollo
revelado por el análisis de un caso psicopatológico. Debe explícitamente reconocerse por lo tanto,
que el objeto real durante la primera fase oral sigue siendo el pecho real de la madre más allá de
cualquier proceso mediante el cual el pecho es incorporado mentalmente y se convierte en objeto
interno. También que durante esta fase el individuo depende física y emocionalmente del pecho como
objeto externo más allá de cualquier dependencia emocional de un pecho internalizado. También
debe reconocerse que el pecho puede persistir como objeto interno en fases libidinales posteriores en
las que el objeto real es otro que el pecho. 10 Un aspecto importante de la diferencia entre
dependencia infantil y dependencia madura es que mientras la primera es un estado que aún no ha
sido abandonado la última es un estado que ya ha sido logrado.
54 W. RONALD D. FAIRBAIRN
Freud entre la elección narcisística y la anaclítica de los objetos. Por supuesto, la relación
comprendida en la dependencia madura, es sólo posible teorrcamente. No obstante, es bien cierto
que cuanto más madura es una relación menos caracterizada está por la identificación primaria, dado
que ésta representa esencialmente el fracaso en la diferenciación del objeto. Cuando la identificación
persiste, a costa de la diferenciación, se introduce en la actitud del individuo hacia sus objetos, un
marcado elemento compulsivo. Esto se ve bien en la suficiencia de los esquizoides. También puede
observarse en el impulso casi incontrolable, tan comúnmente experimentado por los soldados
esquizoides y depresivos, de retornar a sus mujeres o a sus hogares cuando se los separa de ellos
debido a las obligaciones militares. El abandono de la dependencia infantil, implica un abandono de
las relaciones basadas en la identificación primaria, en favor de las relaciones con objetos
diferenciados. En los sueños el proceso de diferenciación está frecuentemente representado por el
tema de tratar de cruzar un abismo, aunque el cruce intentado puede también tener lugar en un
sentido regresivo. El proceso va acompañado por lo general por considerable angustia, la que
encuentra su típica expresión en sueños de caída, como también en síntomas tales como la acrofobia
y la agorafobia. Por otra parte, la angustia provocada por el fracaso del proceso se refleja en
pesadillas que giran sobre el tema de estar prisionero o encerrado bajo tierra o hundido en el mar,
como también en el síntoma de claustrofobia. El proceso de diferenciación del objeto se hace
particularmente importante por el hecho de que la dependencia infantil se caracteriza no sólo por la
identificación, sino por una actitud de incorporación oral. En virtud de este hecho, el objeto con el que
está identificado el individuo es también un objeto incorporado, o para expresarnos con mayor
propiedad, el objeto en el cual está incorporado el individuo, es incorporado en el individuo. Esta
extraña anomalía psicológica puede ser la clave para muchos enigmas metafísicos. Sin embargo, es
común encono trar en sueños una equivalencia completa entre estar dentro de un objeto y tener el
objeto adentro de uno mismo. Por ejemplo, un enfermo soñó que estaba en una torre, y sus
asociaciones revelaron con claridad que este tema representaba para él no sólo una identificación con
la madre, sino también la incorporación del pecho de la madre, e, incidentalmente, del pene del padre.
Siendo ésta la situación, la tarea de diferenciar el objeto se resuelve en el problema de expulsar un
objeto incorporado, es decir, se transforma en un problema de expulsar contenidos. En esto radica lo
racional de las "fases anales" de Abraham y es en este sentido que debemos buscar el significado de
las técnicas anales que desempeñan un papel de tanta importancia durante la etapa de transición. Es
necesario señalar que no estamos tergiversando las cosas y reconocer que un individuo no se
preocupa en esta etapa por la expulsión de contenidos, porque sea anal, sino que es anal porque se
preocupa en esta etapa por la expulsión de contenidos. Podemos formular ahora el gran conflicto de
la etapa de transición, como un conflicto entre la necesidad progresiva de dominar a la actitud infantil
de identificación con el objeto y el apremio regresivo de mantener esta actitud. De esta forma, durante
este período, la conducta del individuo se caracteriza por sus esfuerzos desesperados por separarse
del objeto y por los de lograr una unión con él, es decir, intentos desesperados "por escapar de la
prisión" y "por volver al hogar". Aunque una de estas actitudes puede predominar, existe en- el primer
caso una constante oscilación entre ellas, debido a la angustia que las acompaña. La angustia que
acompaña a la separación se manifiesta como temor al 55 aislamiento, y la que acompaña a la
identificación, como temor a ser encerrado o aprisionado ("enjaulado y encerrado"). Es de notar que
estas angustias son esencialmente angustias fóhicas. De manera similar puede deducirse que para la
explicación del estado jóbico debemos tener en cuenta el conflicto entre el apremio progresivo de
separación del objeto y la demanda regresiva de identificacic)n con él. Debido a la íntima relación que
existe entre identificación primaria e incorporación oral y, consecuentemente, entre separación y
expulsión excretoria, el conflicto del período de transición se presenta también como un conflicto entre
una necesidad de expulsar y de retener contenidos. Tal como entre separación y reunión, tiende aquí
a haber una constante oscilación entre expulsión y retención, aunque cualesquiera de estas actitudes
puede tornarse dominante. Ambas van acompañadas de angustia: la actitud de expulsión por un
temor de ser vaciado o secado, y la actitud de retención por un temor de estallar (acompañado o
reemplazado a menudo por el temor de una enfermedad interna, como el cáncer). Tales angustias
son esencialmente obsesivas y en este conflicto entre la necesidad de expulsar y la de retener los
objetos como contenidos, es donde radica el estado obsesivo, Por tanto, la técnica fóbica y la
obsesiva, representan dos metodos distintos de encarar el mismo conflicto básico, y éstos, a su vez,
corresponden a dos actitudes diferentes hacia el objeto. Desde el punto de vista fóbico, el conflicto se
establece entre el abandono y la vuelta hacia el objeto. Por otra parte, desde el punto de vista
obsesivo, el conflicto radica entre la expulsión y retención del objeto. Se hace así evidente que la
técnica fóbica corresponde a una actitud pasiva, mientras que la técnica obsesiva es de naturaleza
esencialmente activa. La técnica obsesiva representa también un grado más elevado de agresión
dirigida hacia el objeto, porque ya sea éste expulsado o retenido, está sujeto a un enérgico control. El
individuo fóbico debe elegir entre escapar del poder del objeto o someterse a él. En otras palabras,
mientras la técnica obsesiva es de naturaleza esencialmente sádica, la técnica fóbica es
esencialmente masoquista. En el estado histérico podemos reconocer la actuación de otra técnica que
intenta encarar el conflicto básico del período de transición. En este caso, el conflicto radicaría
simplemente, entre la aceptación o rechazo del objeto. La aceptación del objeto se manifiesta en
forma clara en las intensas relaciones amorosas que son tan típicas del histérico, pero la exageración
de estas relaciones 56 emocionales hace sospechar que se está sobrecompensando un rechazo.
Esta sospecha se confirma por la propensión del histérico a fenómenos de disociación. No es
necesario decir que éstos representan un rechazo de los genitales, pero tal como lo hemos señalado,
el análisis puede siempre desenmascarar una identificación de los genitales rechazados con el pecho,
como objeto primario de los impulsos libidinosos durante el período de dependencia infantil. Siendo
así, es notable que lo que disocia el histérico sea un órgano o función dentro de él mismo. Este hecho
sólo puede tener un significado: el de que el objeto rechazado es un objeto internalizado en el cual
hay una considerable identificación. Por otra parte, la sobrevaloración que hace el histérico de sus
objetos reales, no deja lugar a dudas de que en su caso el objeto aceptado es un objeto
externalizado. De manera que el estado histérico se caracteriza por la aceptación del objeto
externalizado y el rechazo del objeto internalizado, o alternativamente por externalización del objeto
aceptado e internalización del objeto rechazado. Si comparamos ahora los estados paranoides y los
histéricos, nos encontramos con una diferencia significativa. Mientras el histérico sobrevalora los
objetos del mundo exterior, el paranoico los considera como perseguidores; y, mientras la disociación
histérica es una forma de autodesvalorización, la actitud del paranoico es de una exagerada
grandiosidad. Por tanto, el estado paranoide debe ser considerado como la repre· sentación del
rechazo del objeto externalizado y la aceptación del objeto internalizado, o alternativamente
externalización del objeto rechazado e internalización del objeto aceptado. Habiendo interpretado las
técnicas histéricas y paranoides en términos de aceptación y rechazo de los objetos, podemos
obtener interesantes resultados aplicando una interpretación similar a las técnicas Ióbicas y
obsesivas. El conflicto subyacente del estado fóbico puede ser formulado en forma concisa como un
conflicto entre la evasión hacia el objeto y la evasión desde el objeto. Por supuesto, en el primer caso,
el objeto es aceptado, mientras que en el segundo, es rechazado. Sin embargo, en ambos casos el
objeto es tratado como externo. Por otra parte, en el estado obsesivo, el conflicto radica entre la
expulsión y la retención de contenidos. De manera que, en este caso, se trata a los objetos aceptados
y a los rechazados como internos. Si en el estaao fóbico los objetos aceptados y los rechazados son
tratados como externos y en el estado obsesivo como internos, la situación con respecto a los estados
histéricos y paranoides es que uno de estos objetos es tratado como objeto externalizado y el otro
como internalizado. En el estado histérico, el objeto externalizado es el aceptado, mientras que en el
estado paranoide, el objeto externalizado es el rechazado. La naturaleza de las relaciones de objeto
características de las cuatro técnicas, es la siguiente:
 Técnica Objeto aceptado Objeto rechazado 57
 Obsesiva Paranoide Histérica Fóbica
 Intemalizado Internalizado Externalizado Externalizado
 Internalizado Externalizado 1nternalizado Externalizado
Podemos resumir ahora brevemente los rasgos principales de la etapa de transición entre la
dependencia infantil y la adulta. El período de transición se caracteriza por un proceso de desarrollo
por el cual las relaciones de objeto, basadas en la identificación, dan lugar, en forma gradual, a
relaciones con un objeto diferenciado. Por tanto, el desarrollo satisfactorio durante este período
depende del éxito que acompaña al proceso de diferenciación del objeto, el que a su vez, depende
del resultado del conflicto con respecto a la separación del objeto, situación que es deseada y temida.
El conflicto en cuestión puede echar mano de una o de las cuatro técnicas características, es decir, la
obsesiva, la paranoide, la histérica y la íóbica, y si las relaciones de objeto son insatisfactorias, estas
técnicas forman la base de característicos desarrollos psi. copatológicos de la vida posterior. Las
diversas técnicas no pueden clasificarse en forma que correspondan a presuntos niveles del
desarrollo libidinoso. Por el contrario, deben ser considerados como técnicas alternativas
correspondientes todas a la misma etapa en el desarrollo de las relaciones de objeto. Cuál de las
técnicas es empleada o hasta qué punto es utilizada cada una de ellas, depende en gran parte de la
naturaleza de las relaciones de objeto establecidas durante la etapa anterior de dependencia infantil.
Parecería depender en particular del grado en que los objetos han sido incorporados y de las
relaciones establecidas entre el yo en desarrollo y sus objetos internalizados.
LA ETAPA DE DEPENDENCIA INFANTIL Y SU PSICOPATOLOCíA
Habiendo ya considerado la naturaleza del período de transición y las defensas que lo caracterizan,
dirigiremos nuestra atención al período de dependencia infantil y a aquellos estados psicopatológicos
que surgen en este período. El rasgo sobresaliente de la dependencia infantil lo constituye su carácter
incondicional. El niño depende completamente de su objeto, no sólo para asegurar su existencia y
bienestar físico, sino también para la satisfacción de sus necesidades psicológicas. Por supuesto que
los individuos maduros dependen en forma similar unos de otros, tanto por sus 58 necesidades
psicológicas como también físicas. Sin embargo, desde el punto de vista psicológico, la dependencia
de los individuos maduros no es incondicional. Por el contrario, el desamparo del niño es sufíciente
como para hacerlo depender en un sentido incondicional. También percibimos que mientras en el
adulto la relación de objeto tiene una considerable amplitud, en el niño tiende a ser concentrada sobre
un solo objeto. De manera que en éste, la pérdida de un objeto es mucho más desoladora. Si un
individuo maduro pierde un objeto, no importa cuán importante sea para él, le quedan aún otros
objetos. Tiene muchas otras posibilidades. Más aún, posee una serie de objetos y puede abandonar
uno por otro. Por el contrario, el niño no puede elegir. No tiene otra alternativa que aceptar o rechazar
su objeto, alternativa que está expuesta a presentársele como una elección entre la vida y la muerte.
Su dependencia psicológica es aún acentuada por la misma naturaleza de su relación de objeto,
porque, como ya hemos visto, está basada esencialmente en la identificación. En el estado
intrauterino, la dependencia se exhibe en su forma más extrema y podemos deducir legítimamente
que, desde el punto de vista psicológico, este estado se caracteriza por un grado absoluto de
identificación y ausencia de diferenciación. Por tanto, podemos considerar que la identificación
representa la persistencia, en la vida extrauterina, de una relación existente antes del nacimiento.
Dado que la identificación persiste después del nacimiento, el objeto del individuo constituye no sólo
su mundo, sino también él mismo, y como ya lo hemos señalado, es a este hecho al que debemos
atribuir la actitud compulsiva que muchos individuos esquizoides y depresivos tienen hacia sus obj
etos, El desarrollo normal se caracteriza por un proceso en el que la progresiva diferenciación del
objeto va acompañada por una análoga disminución de la identificación, Empero, hasta tanto persiste
la dependencia infantil, la identificación continúa siendo el rasgo más característico de la relación
emocional del individuo con su objeto. La dependencia infantil es equivalente a la dependencia oral,
hecho que debiera ser interpretado, no en el sentido de que el niño es intrínsecamente oral, sino en el
de que el pecho es su objeto primario. Por tanto, durante las fases orales, la identificación continúa
siendo el rasgo más característico de la relación emocional del individuo con su objeto. La tendencia a
la identificación, tan típica de las relaciones emocionales durante estas fases, invade también la
esfera cognoscitiva, con el resultado que ciertos individuos oralmente fijados, basta con que oigan que
otra persona sufre alguna enfermedad dada, para creer que ellos mismos la padecen. Por otra parte,
en la esfera connativa, la identificación tiene su contraparte el) la incorporación oral, y la fusión de la
identificación emocional con la incorporación oral es la que confiere a la etapa de dependencia infantil
sus rasgos más precisos. Estos rasgos se basan en la equivalencia fundamental que tiene para el
niño el estar en los brazos de la madre y el incorporar los contenidos de su pecho. El fenómeno del
narcisismo, que es una de las. características sobresalientes de la dependencia infantil, es un estado
que surge de la identificación con el objeto. El narcisismo primario puede ser simplemente definido
como un estado de identificación con el objeto, y el narcisismo secundario como un estado de
identificación con un objeto internalizado. Mientras el narcisismo constituye un rasgo común de la fase
oral primaria y secundaria, la última fase difiere de la primera por el cambio que tiene lugar en la 59
naturaleza del objeto. En la fase oral primaria el objeto natural es el pecho, pero en la fase oral
secundaria, lo es la madre. La transición de una a otra fase está, pues, marcada por la sustitución de
un objeto total (o persona), por un objeto parcial. Sin embargo, el objeto continúa siendo tratado como
un obj eto parcial (el pecho), con el resultado de que la madre se transforma en un objeto de
incorporación. La transición de la fase oral primaria a la secundaria, se caracteriza también por el
surgimiento de la tendencia a morder. De manera que, mientras en la fase oral primaria la actitud 59
libidinosa de chupar monopoliza la situación, en la fase oral secundaria está en competencia con la
correspondiente actitud de morder. Por tanto, el morder debe ser considerado como un propósito
esencialmente destructivo y como prototipo de toda agresión diferenciada. Consecuentemente, el
comienzo de la fase oral secundaria se caracteriza por una gran ambivalencia emocional. Es correcto
considerar a la fase oral primaria como preambivalente; esto no excluye el simple rechazo del objeto
sin el morder agresivo que caracteriza la fase oral secundaria. Este rechazo no implica ambivalencia.
La primera necesidad oral de incorporar es, en esencia, una necesidad libidinosa en la que no
interviene la agresión ni aun como factor componente. El reconocimiento de este hecho es de gran
importancia para comprender el principal problema subyacente en los estados esquizoides, Es cierto
que la necesidad incorporativa es de efectos destructivos, en el sentido de que el objeto comido
desaparece. No obstante, la necesidad no es de fin destructivo. Cuando un niño dice que "ama" a la
torta, queda implícito que la torta desaparecerá y será ipso lacto destruida. Al mismo tiempo, la
destrucción de la torta no es el fin del "amor" del niño. Por el contrario, la desaparición de la torta es,
desde el punto de vista del niño, una consecuencia lamentable de su "amor" por ella. Lo que desea en
realidad es comer la torta y al mismo tiempo conservarla. Empero, si la torta es "mala", la escupe o se
enferma. En otras palabras, la rechaza, pero no la muerde porque sea mala. Este tipo de conducta es
especialmente característico de la fase oral primaria. .Lo típico es que mientras el obj eto se presente
como bueno, es incorporado, y mientras que se presente como malo, es rechazado; pero, hasta
cuando es malo, no se hace ningún intento por destruirlo. Por el contrario, el que es "destruido" es el
objeto bueno, aunque sólo incidental y no intencionalmente 11. En la fase oral secundaria, la situación
es distinta, porque en esta fase el objeto puede ser mordido mientras se presente como malo. Esto
significa que la agresión directa, tanto como la libido, puede ser dirigida hacia el objeto. De aquí la
aparición de la ambivalencia que caracteriza a la fase oral secundaria. De acuerdo con lo expuesto,
es evidente que el conflicto emocional que surge durante la fase oral primaria con respecto a las
relaciones de objeto, toma la forma de la alternativa "chupar o no", es decir, "amar o no". Éste 60
constituye el conflicto subyacente en el estado esquizoide. Por otra parte, el conflicto que caracteriza
a la fase oral secundaria se resuelve en la alternativa "chupar o morder", es decir, "amar u odiar", lo
que constituye el conflicto subyacente en el estado depresivo. En forma similar, se verá que el mayor
problema del individuo esquizoide, es cómo amar sin destruir con su amor, mientras que el mayor
problema del individuo depresivo es cómo amar sin destruir con su odio. Son dos problemas muy
distintos. Por supuesto, el conflicto subyacente del estado esquizoide es mucho más devastador que
el del estado depresivo, y dado que la reacción esquizoide tiene sus raíces en una etapa del
desarrollo, más temprana que la de la reacción depresiva, el individuo esquizoide es menos capaz de
encarar los conflictos que el depresivo. Es debido a estos dos hechos que la perturbación de la
personalidad que se encuentra en la esquizofrenia, es mucho más profunda que la que se encuentra
en la depresión. La naturaleza devastadora del conflicto relacionado con la fase oral primaria radica
en el hecho de que si a un individuo le parece algo terrible destruir a su objeto por medio del odio, le
parece algo más terrible aún destruirlo por medio del amor. La gran tragedia del esquizoide es que su
amor parece ser el que destruye. y la enorme dificultad que tiene en dirigir su libido hacia los objetos
de la realidad exterior, es debida a la apariencia tan destructiva de su amor. Teme al amor y por tanto
erige barreras entre sus objetos y él mismo. Tiende a mantenerlos a distancia y a alejarse de ellos.
Rechaza a sus objetos y (al mismo tiempo), sustrae su libido de los mismos. Esta sustracción de la
libido puede ser llevada a cabo en todos los sentidos. Puede llegar hasta el punto de provocar la
renuncia a todos los contactos emocionales y físicos con otros individuos, al extremo de hacer
abandonar todos los enlaces libidinosos con la realidad exterior, a que se desvanezcan todos los
intereses del mundo circundante y a que todo carezca de sentido. En la proporción en que la libido es
sustraída de los objetos exteriores, es dirigida hacia objetos internalizados, y en la proporción que
esto acontece el individuo se torna introvertido. Mi punto de vista de que el "introvertido" es
esencialmente un esquizoide, se fuudamenta en la observación de que este proceso de introversión
es típico de los estados esquizoides. Los valores del esquizoide se encuentran, en esencia, en la
realidad interior. En lo que a él respecta, \~11 Esta situación es considerada extensamente en el
capítulo anterior. 61
el mundo de los objetos internalizados sobrepasa siempre al mundo de los objetos exteriores y en la
proporción en que esto acontece, pierde sus objetos reales. Si la pérdida del objeto real fuera el único
trauma del estado esquizoide, la posición del esquizoide no sería tan precaria. Sin embargo, es
necesario tener en cuenta las vicisitudes del yo que acompañan a la pérdida del objeto. Ya nos hemos
referido al narcisismo que procede de una excesiva libidinización de los objetos internalizados, y tal
narcisismo es especialmente característico del esquizoide. Al mismo tiempo, encontramos siempre
una actitud de superioridad que puede manifestarse en la conciencia con graduaciones variables,
como un verdadero sentimiento de superioridad. Empero, es de notar que esta actitud, se basa en
una orientación hacia los objetos internalizados y que en la relación con los objetos del mundo de la
realidad exterior, la actitud del esquizoide es esencialmente de inferioridad. Es cierto que la
inferioridad orientada hacia el exterior puede estar oculta tras una fachada de superioridad que se
basa en la identificación de los objetos exteriores con los internalizados. Sin embargo, está siempre
presente y es evidencia de.una debilidad del yo. Lo que más compromete al desarrollo del yo en el
esquizoide, es el dilema aparentemente insoluble que acompaña a la orientación de la libido hacia los
objetos. Por supuesto, el fracaso en dirigir la libido hacia el objeto, es equivalente a la pérdida del
mismo; pero, dado que desde el punto de vista del esquizoide, la libido es destructiva, el objeto igual
se pierde cuando la libido es dirigida hacia él. De esta manera, resulta comprensible que si el dilema
se torna lo suficientemente intenso, se produce un completo impasse que reduce al yo a un estado de
impotencia total. El yo se vuelve incapaz de expresarse, y en la medida en que esto acontece, se
compromete su existencia. Las siguientes observaciones hechas por un enfermo durante una sesión
analítica, constituyen un buen ejemplo: "No puedo decir nada. No tengo nada que decir. Estoy vacío.
No hay nada dentro de mí. .. Me siento inútil. No he hecho nada ... Me he tornado frío e insensible. No
siento nada. No puedo expresarme. Me siento fútil". Tales descripciones ilustran no sólo el estado de
impotencia al que queda reducido el yo, sino también el grado en el que su existencia queda
comprometida por el dilema esquizoide. La última observación del enfermo citado, es quizá
particularmente significativa, como para llamar la atención sobre el afecto característico del estado
esquizoide, ya que el afecto característico de este estado es, sin ninguna duda, un sentimiento de
futilidad. Entre otros fenómenos esquizoides podemos mencionar el sentimiento de estar destruido, de
irrealidad, la intensa autoconciencia y un sentimiento de autoobservación. En conjunto, estos distintos
fenómenos indio can claramente que una escisión real del yo ha ocurrido. Esta escisión es más
importante que la impotencia y el empobrecimiento ya señalados. Por tanto parecería que la
sustracción de la libido de los objetos exteriores da como resultado una intensificación de los efectos
de la escisión y de la escisión en sí misma. Este hecho es particularmente significativo como
evidencia del grado en que la integridad del yo depende de las relaciones de objeto en contraste con
las actitudes libidinosas. 1\0 es suficiente establecer que la escisión del yo que caracteriza a los
estados esquizoides agudos, sea sólo debida a una sustracción de la libido de las relaciones de
objeto, porque tal sustracción sigue aún actúando. La libido puede ser sustraída en varios grados,
hasta de aquella parte de la psique que está, por así decir, más cerca de los objetos exteriores. Puede
ser sustraída del dominio de 10 consciente y dirigida hacia el inconsciente. Cuando esto sucede, es
como si el mismo yo fuera retirado hacia el inconsciente, pero la posición real parecería ser que
cuando la libido abandona la parte consciente del yo (tal como acontece), la parte 62 inconsciente del
yo es todo lo que queda para comportarse como un yo actuante. En casos extremos, la libido
parecería abandonar hasta la parte inconsciente del yo y recaer en el ello primario, dej ando sólo en la
superficie el cuadro con el que nos ha familiarizado Kraepelin en su descripción de la fase final de la
demencia precoz. Constituye un problema debatible si esta sustracción total de la libido puede
apropiadamente ser atribuida a la represión, si bien es cierto que puede dar esa impresión en los
casos en los que el proceso se restringe a una sustracción de las relaciones de objeto. De todos
modos, estoy seguro, por afirmacioncs de un enfermo esquizoide muy inteligente. que el efecto de la
sustracción de la libido "es muy diferente" del de la simple represión. No obstante, no hay duda de
que la sustracción de la libido de la parte consciente del yo, tiene el efecto de aliviar la tensión
emocional y mitigar el peligro de violentas explosiones de acción precipitada. En el caso del enfermo
mencionado, tal sustracción tenía lugar justamente después de una explosión violenta. Tampoco
puede haber duda de que gran parte de la angustia de los individuos esquizoides representa, en
realidad, el temor por la ocurrencia de tales explosiones. Este temor se manifiesta por lo común como
el temor de enloquecer o de que suceda un desastre inminente. Por tanto. es posible que una
sustracción total de la libido tenga el significado de un esfuerzo desesperado por parte de un yo
amenazado con la desintegración, para evitar toda relación con objetos exteriores, por represión de
los impulsos básicos libidinales que incitan al individuo a realizar contactos e.rnucionales. Por
supuesto, en el caso del esquizoide, estos impulso- so n, en esencia, orales. Cuando este esfuerzo
c,;tá cerca de l()~rarse. el individuo comienza a decirnos que siente como :-oi 110 fuera nada de él. o
como si hubiera perdido su identidad. o como si hubiera muerto. () corno si hubiera dejado de existir.
El hecho es que al renunciar a la lillido. el yo renuncia a la energía que lo sustenta. v así se pierde. La
[J(;nlida del yo constituye el último desastre psicupatológico que trata dt· t'\ itar el esquizoide luchando
constantemente. cun ma v»r tj menor éxito. utilizando lodas las técnicas 63 las técnicas de valor
(incluyendo las técnicas de la etapa de transición), para control de su libido. Por tanto, en esencia, el
estado esquizoide no es una defensa, si bien es cierto que pueden hallarse defensas en él.
Representa el mayor desastre que le puede acontecer a un individuo que ha fracasado en el intento
de superar la fase oral primaria de dependencia. Si el gran problema con que se aboca el individuo en
la fase oral primaria, es el de cómo amar al objeto sin destruirlo con su amor, el gran problema con
que se enfrenta en la fase oral secundaria, es el de cómo amarlo sin destruirlo con su odio. Así, dado
que la reacción depresiva tiene sus raíces en la fase oral secundaria, la mayor dificultad del individuo
depresivo la constituye la disposición de su odio más que la de su amor. Dado lo terrible de esta
dificultad, el depresivo evita, de cualquier modo, la experiencia devastadora de sentir que su amor es
malo. Ya que de cualquier forma su amor parece ser bueno, continúa siendo intrínsecamente capaz
de establecer una relación libidinosa con objetos exteriores, en un sentido en el que no es capaz el
esquizoide. Su dificultad en mantener tal relación surge de su ambivalencia, la que 8 su vez se origina
en el hecho de que durante la fase oral secundaria pudo sustituir su agresión directa (morder), en
forma más exitosa que el esquizoide, por el simple rechazo del objeto. Sin embargo, a pesar de que
su agresión ha sido diferenciada, ha fracasado en cierto grado en lograr el paso posterior del
desarrollo representado por la dicotomía del objeto. La realización de este paso lo hubiera capacitado
a disponer de su odio, dirigiéndolo, predominantemente, por lo menos hacia el objeto rechazado, y lo
hubiera dejado en libertad de dirigirse hacia su aceptado objeto de amor, que fue relativamente poco
cargado de odio. En la medida en que ha fracasado la realización de este paso, el depresivo continúa
en aquel estado que caracteriza su actitud hacia su objeto durante la fase oral secundaria. Por
supuesto, su objeto externo durante esa fase fue un objeto total (la madre). No obstante, fue tratado
como un objeto parcial (el pecho), y su actitud libidinosa hacia él fue incorporativa. El objeto
incorporado del depresivo pasa a ser un objeto total indiviso, hacia el que adopta una actitud
ambivalente. En el depresivo, la presencia de tal situación interior es menos inutilizante que en el
esquizoide, en lo que se refiere a las adaptaciones exteriores, porque no existe en él la terrible barrera
que obstruye la afluencia de la libido al exterior. Por tanto, el depresivo establece con rapidez
contactos libidinosos con otros seres, y si estos contactos le son satisfactorios, su evolución a través
de la vida se realiza con suavidad. Empero, la situación interior está siempre presente y si sus
relaciones libidinosas son perturbadas, se reactiva con rapidez. Cualesquiera de tales perturbaciones
hace actuar de inmediato al elemento de odio de su actitud ambivalente, y cuando éste es dirigido
hacia el objeto internalizado, sobreviene una. reacción depresiva. Claro está que cualquier frustración
en sus relaciones de objeto, equivale funcionalmente a la pérdida parcial o total del objeto, y dado que
la depresión aguda suele ser comúnmente un resultado de la pérdida real del objeto (ya sea por
muerte de una persona amada o por cualquier otra forma), ésta debe ser considerada como el trauma
esencial que da origen al estado depresivo. A primera vista puede parecer que lo expuesto deja sin
explicar el hecho de que una reacción depresiva sigue tan comúnmente a las injurias físicas o a las
enfermedades. Evidentemente, las injurias físicas y las enfermedades representan una pérdida. Sin
embargo, lo que se pierde en realidad no es el objeto, sino una parte del individuo mismo. Decir que
tal pérdida, por ejemplo, de un ojo o una pierna, representa una castración simbólica, no nos adelanta
en nada, ya que aun queda por explicar por qué una reacción que es característicamente provocada
por la pérdida del objeto, puede también ser 64 provocada por la pérdida de una parte del cuerpo. La
verdadera explicación radica en el hecho de que el individuo depresivo permanece aun en gran parte
en un estado de identificación infantil con su objeto. Por tanto, para él la pérdida corporal equivale
funcionalmente a la pérdida del objeto, y esta equivalencia está reforzada por la presencia de un
objeto internalizado que, por así decir. inunda el cuerpo del individuo y le confiere un valor
narcisístico. Queda aún por explicar el fenómeno de la melancolía involutiva. Por supuesto, existen
muchos psiquiatras que tienden a considerar la etiología de este estado como por completo distinta a
la de la "depresión reactiva". Sin embargo, ambos estados, desde un punto de vista clínico, tienen lo
suficiente en común como para justificar el que invoquemos el principio de entia non sunt
multiplicanda praeter necesitatem, y en realidad, no es difícil explicarlos bajo principios similares. La
melancolía involutiva está, por definición, estrechamente relacionada con el climaterio, y éste
parecería ser evidencia de una definida disminución de apremios libidinosos. Sin embargo, no puede
decirse que haya una disminución equivalente de la agresión. El equilibrio entre los apremios
libidinosos y los agresivos, es así perturbado, y lo que es más, en el mismo sentido en que el odio de
un sujeto ambivalente es activado por la pérdida del objeto. Por tanto, en un individuo de tipo
depresivo, el climaterio tiene el efecto de establecer la misma situación que, en lo que se refiere a las
relaciones de objeto, provoca la pérdida real del mismo, y el resultado es una reacción depresiva. No
es difícil explicar que la perspectiva del mejoramiento en la melancolía involutiva, es menos
esperanzada que en la depresión reactiva, porque mientras en el último caso la libido es aún
aprovechable para una restauración del equilibrio, en el primero no lo es. La melancolía involutiva
parece así ajustarse a la configuración ge· neral del estado depresivo y no nos impone la necesidad
de modificar la conclusión ya encarada, de que en éste la pérdida del objeto constituye el trauma
básico subyacente. Al igual que en el estado esquizoide, no constituye una defensa. Por el contrario,
es un estado contra el que el individuo busca defenderse por medio de técnicas (incluyendo las de la
etapa de transición), que utiliza para controlar su agresión. Representa el mayor desastre que puede
sucederle al individuo que no ha logrado superar la fase oral secundaria de la dependencia infantil. De
acuerdo con lo expuesto, nos enfrentamos con dos estados psicopatológicos básicos, que surgen por
el fracaso del individuo en establecer una relación de objeto satisfactoria durante el período de
dependencia infantil. El primero, es decir, el estado esquizoide, está vinculado con una relación de
objeto insatisfactoria durante la fase oral primaria, y el segundo, es decir, el estado depresivo, está
vinculado con una insatisfactoria relación de objeto durante la fase oral secundaria. Sin embargo, del
análisis de los individuos esquizoides y del de los depresivos surge con claridad que las
insatisfactorias relaciones de objeto durante la fase oral primaria y secundaria, sólo dan lugar a sus
efectos 65 psicopatológicos característicos cuando éstas continúan siendo insatisfactorias
durante los años siguientes de la temprana infancia. Por tanto, debe considerarse que los estados
esquizoides y depresivos dependen de una reactivación regresiva, durante la temprana infancia, de
situaciones surgidas, respectivamente, durante la fase oral primaria y la secundaria. En cada caso, la
situación traumática es aquella en la que el niño siente que no es amado como persona y que su
amor no es aceptado. Si la fase en la que las relaciones de objeto han sido preminentemente
insatisfactorias, es la fase oral primaria, este trauma provoca en el niño una reacción que estructura la
idea de que no es amado porque su propio amor es malo y destructivo y esta reacción provee la base
para una subsecuente tendencia esquizoide. Si, por otra parte, la fase en la que las relaciones de
objeto han sido preminentemente insatisfactorias, es la fase oral secundaria, la reacción provocada en
el niño estructura la idea de que no es amado debido a la maldad y destructividad de su odio, lo que
provee la base para una subsecuente tendencia depresiva. Por supuesto, que el hecho de que en
cada caso dado una tendencia esquizoide o depresiva dé lugar eventualmente a un real estado
esquizoide o depresivo, depende de las circunstancias que el individuo debe enfrentar en su vida
posterior. Pero el factor determinante más significativo es el grado en el que los objetos han sido
incorporados durante las fases orales. Las diversas técnicas defensivas que caracterizan, a la etapa
de transición (es decir, la obsesiva, la paranoide, la histérica y la fóbica), representan intentos para
encarar las dificultades y conflictos que acompañan a las relaciones de objeto, debido a la
persistencia de los objetos incorporados. Por tanto, estas técnicas defensivas se resuelven en
diferentes métodos para controlar una tendencia esquizoide o una depresiva, de acuerdo a cómo
fueron en la fase oral tado esquizoide o depresivo, de acuerdo con el caso. ~hí donde está presente
una tendencia esquizoide, las técnicas representan métodos designados para evitar el desastre
psicopatológico final que sigue a la pérdida del yo, y donde está presente una tendencia depresiva,
representan a los métodos designados para evitar el desastre psicopatológico final que srgue a la
pérdida del objeto. Naturalmente, debe reconocerse que nadie que haya nacido en este mundo. es
tan afortunado como para gozar de una relación de objeto pero fecta durante el 66 impresionable
periodo de dependencia infantil o durante el período de transición que le sigue. Por consecuencia,
nadie se emancipa por completo del estado de dependencia infantil o de algún grado proporcionado
de fijación oral, ni nadie tampoco ha escapado por completo a la necesidad de incorporar sus objetos
primarios. Puede deducirse, por tanto, que está presente en todos o bien una tendencia subyacente
esquizoide o una depresiva, de acuerdo a cómo fueron en la fase oral primaria o en la secundaria las
dificultades que principalmente han acompañado a las relaciones infantiles de objeto. Nos
introducimos así en el concepto de que cada individuo puede ser clasificado como perteneciente a
uno de los dos tipos psicológicos básicos: el esquizoide y el depresivo. Es necesario no conceder a
estos dos tipos más que un significado fenomenológico. Sin embargo, es imposible ignorar el hecho
de que en la determinación de estos dos tipos, el factor hereditario tiene alguna actuación, por
ejemplo, la relativa intensidad de las tendencias innatas a succionar y morder. Esto nos recuerda la
teoría dual de Jung de los tipos psicológicos, para quien el "introvertido" y el "extrovertido"
representan tipos tun damentales en cuya constitución no intervienen primariamente los factores
psicopatológicos. Mi propia concepción con respecto a los tipos básicos difiere de la de 1ung no sólo
en el hecho de que describo a los dos tipos básicos como "esquizoide" y "depresivo",
respectivamente, sino en que considero que un factor psicopatológico interviene en la constitución de
los tipos tratados. Sin embargo, existe otra concepción dualista esencial de tipos psicológicos, que
está mucho más de acuerdo con mi concepción que con la de Jung, es decir, la expuesta por
Kretschmer en sus trabajos Physique and Character y The Psychologie o/ Men 01 Genius, y según II
cual los dos tipos psicológicos básicos son el "esquizotímico" y el "cicloti mico". Tal como lo implican
estos términos, considera al individuo ciclo tímico como predispuesto a psicosis circulares o maníaco-
depresivas, y a: esquizotímico, a la esquizofrenia. Existe, por tanto, un sorprendente acuerde entre las
conclusiones de Kretschmer y mis propios descubrimientos, acuer do tanto más sorprendente dado
que mis puntos de vista, a diferencia d( los suyos, han sido obtenidos por medio de un enfoque
esencialmente psicoanalítico. La única diferencia importante entre ambos, surge de hecho de que
Kretschmer considera la diferencia de temperamento entn los tipos como basada esencialmente en
factores constitucionales, y atri buye sus propensiones psicopatológicas a esta diferencia de
temperamentos mientras que mi punto de vista es que los factores psicopatológicos qu. surgen
durante el período de dependencia infantil, contribuyen considera blemente a la diferencia de
temperamento. Sin embargo, hay suficienti acuerdo entre los conceptos de Kretschmer y los
expuestos en este trabajo, como para proveer algún apoyo independiente a mis conclusiones de que
los estados esquizoide y depresivo representan dos condiciones psicopatológicas fundamentales, en
relación con los cuales todos los demás desarrollos psicopatológicos son secundarios. Los puntos de
vista de Kretschmer proveen también un apoyo independiente a la conclusión de que tanto la
tendencia esquizoide subyacente como una depresiva, está presente hasta cierto punto en todos los
individuos, y que en lo que se refiere a sus propensiones psicopatológicas, todos pueden ser
clasificados sobre esta base. Toda teoría de tipos básicos se enfrenta inevitablemente con el
problema de los "tipos mixtos". Kretschmer reconoce abiertamente la existencia de los tipos mixtos y
explica su determinación por el hecho de que la estructuración de un tipo es gobernada por el
equilibrio de dos grupos de factores biológicos antagónicos (y quizá hormonales), que pueden, no
comúnmente, estar equilibrados. De acuerdo con los conceptos presentados, la incidencia de tipos
mixtos ha de ser explicada, no tanto en términos del equilibrio de los elementos antagónicos, sino en
términos de la relativa 67 intensidad de las fijaciones en las fases del desarrollo. La tendencia
esquizoide se establece allí donde las dificultades con respecto a las relaciones de objeto tienen
lugar, sobre todo, durante la fase oral primaria, y las dificultades en las relaciones de objeto que
tienen lugar preminentemente durante la fase oral secundaria, dan lugar al establecimiento de una
tendencia depresiva. Sin embargo, en la medida en que estas dificultades son distribuidas en forma
imparcial entre las dos fases, podemos esperar encontrar superimpuesta a una fijación en la fase oral
primaria, una fijación en la fase oral secundaria, y en este caso encono traremos una tendencia
esquizoide más profunda, subyacente a una tendencia depresiva. No hay ninguna duda de que pueda
ocurrir este fenómeno, y por cierto puede considerarse que hasta la persona más "normal" tiene
potenciales esquizoides en los niveles más profundos. También no hay duda de que la persona más
"normal" puede deprimirse en ciertas circunstancias. En forma similar, los esquizoides no son por
completo inmunes a la depresión y los depresivos exhiben a veces ciertas características esquizoides.
El hecho de que se establezca en cada caso dado un estado depresivo o uno esquizoide, depende
sin duda, en parte, de si las circunstancias precipitantes toman la forma de pérdida real del objeto o
de dificultades en las relaciones de objeto; y donde existe un equilibrio como pleto entre fijaciones en
la fase oral primaria y la secundaria, éste puede ser el factor determinante. Sin embargo, el factor más
importante continúa siendo el grado de regresión provocado, determinado primariamente por la
relativa intensidad de las fijaciones. En última instancia, el grado de regresión depende de si el
problema del individuo radica en la colocación de su amor o en la de su odio, y hay pocos individuos
en quienes la colocación del amor y la del odio presentan las mismas dificultades.