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Aquellos pueblos con encanto rural

Los pueblos del interior han nacido junto al


ferrocarril y la prosperidad del campo argentino;
hoy, algunos de ellos se han convertido en “pueblos
fantasma”, pero otros con el turismo rural como
motor, han recuperado su identidad y apuestan al
progreso.

Frondosas arboledas, cuidados caminos de tierra,


antiguas edificaciones, armonioso cantar de
pájaros. Un escenario que habla de los Pueblos
Rurales, ubicados casi todos al costado de los
andenes de las estaciones ferroviarias.
Pueblos que saben de épocas brillantes, con
pobladores llenos de sueños y que actualmente,
sufren el desencanto y la pérdida de su gente, de las
fuentes de trabajo y, lo que es peor, de su
identidad.
Algunos de los tantos pueblos que existen en la
Argentina son llamados “fantasmas”, son aquellos
en los cuales la población se ha reducido a menos
de un dígito.
Mi pueblo natal, Coronel Isleño en el partido de
Salto Argentino –en el norte bonaerense- es un
ejemplo de lo que digo; floreciente en la década del
‘50, actualmente sólo conoce soledad, abandono y
olvido.
El almacén de ramos generales de mi padre, quien
por más de 50 años disfrutó diariamente del
contacto con cada parroquiano, sirviendo una copa
o jugando un partido de truco, es hoy una ruina
donde amantes de lo ajeno se apoderan de los
últimos recuerdos de la familia.
Pero no todo es desolación y olvido en estas
poblaciones. Muchas de ellas en la actualidad, son
pueblos que apuestan al turismo, gracias al esfuerzo
de tantísima gente que rescata la riqueza
patrimonial de las pequeñas poblaciones, su gente,
leyendas, memoria oral, costumbres y mitos,
poniéndolas en valor.
El arquitecto José María Yanes, asesor en Turismo y
Pueblos Rurales del Municipio de San Andrés de
Giles, un visionario, es claro referente del trabajo
sostenido y comprometido con su localidad. Él
afirma que “un pueblo, para ser turístico, debe
valorar a su gente y poseer un entorno natural y
edilicio apropiado, evitando la degradación y el
maltrato que muchas veces el hombre le infringe,
carente de la sensibilidad que estos sitios tan
especiales requieren. Cada poblado debe respetar
sus raíces, para que el turista vivencie la
autenticidad de la gente de campo. Recuperar la
identidad lleva años, y sólo se logra cuando los
pobladores sienten orgullo por su terruño y
comienzan a valorar sus riquezas patrimoniales”,
afirma Yanes.
En el partido de San Andrés de Giles la oferta de TR
es amplia y muy atractiva. Sus habitantes
consideran al Turismo como una de las
herramientas para alcanzar el desarrollo local y
sustentable de los pequeños poblados y expresan
que los pilares fundamentales son la educación en
todos sus niveles y la activa participación de las
entidades intermedias, interactuando con el sector
público y privado.
La piedra fundamental del proyecto impulsado por
el arquitecto Yanes, fue la población de Azcuénaga,
donde comenzaron con turismo pueblerino y en la
actualidad realizan turismo comunitario, una
alternativa de desarrollo económico social que se
lleva a cabo en un medio rural de manera sostenible
y con la participación de las comunidades
campesinas.
A partir de 2004, Yanes -junto a los vecinos de
Azcuénaga- recorrió otros pueblos contando sus
alegrías, tristezas y vivencias. Hoy son 13 pueblos,
cuya población oscila entre 30 habitantes, el más
chico, y 1.100 habitantes el más grande, los que
junto a seis escuelitas rurales perdidas en el campo,
con pequeños caseríos a su alrededor, trabajan
organizados en la Asociación Civil de Pueblos
Rurales, también idea de Yanes, quien asesora en la
concreción de creativos proyectos que otorgan
beneficios a los pobladores y permiten un
desarrollo local interesante.

Cada cual tiene lo suyo


Cada pequeña localidad ha descubierto sus
fortalezas y trabaja con tesón, generando distintos
emprendimientos turìsticos sostenibles, los cuales
permiten la creación de fuentes de empleo y
recursos genuinos, a la vez que favorecen el arraigo:
•En Azcuénaga se realiza la conmemoración de la
llegada a San Andrés de Giles del primer tren, el 1º
de abril de 1880 y desde el 2004 celebran la fiesta
de fundación del pueblo, con la participación de la
Escuela.
•Cucullu es un Pueblo Rural alfarero, con un alto
porcentaje de población litoraleña orgullosa de su
destino; allí cada año ponen en escena la vida en el
horno de ladrillos, con la magia que existe entre las
manos del hombre, el barro y el fuego.
•Villa Espil es considerado desde hace algunos años
un pueblo rural para los niños, quienes son los
protagonistas. En esta localidad debe destacarse el
trabajo incansable de la Asociación Cultural y
Recreativa.
•En Villa Ruiz los ecos de la historia se hacen
presentes en el Camino Real, un ambicioso
recorrido por las huellas que hicieron nuestros
antepasados. El antiguo camino al Alto Perú pasó
por Villa Ruiz y desde el 2009 tratan de reconstruir
esta ruta, uniendo a todas las provincias. Allí
también trabajan “Los Amigos del FFCC Urquiza”,
quienes luchan por la vuelta del tren y la
preservación de vías, edificios y recuerdos
ferroviarios. En la actualidad, cuentan con un
pequeño museo en la estación, un puesto de
información turística y, en el andèn, los artesanos y
productores artesanales que ofrecen sus productos.
•Heavy se suma a la oferta turística apostando a la
astronomía, con la construcción de un excelente
observatorio, aprovechando la intensa oscuridad
del cielo, con la participación de los alumnos del
Jardín y Escuela del lugar.
•Tuyuti, en cambio, apostó a la gastronomía
rescatando la producción de masa mozarella, y
conjuntamente con Cocineros Argentinos organizó
la 1era. Fiesta de la Mozarella basada en la
subcultura alimentaria del pueblo; este sabroso
emprendimiento deleitó con sabores y aromas a los
visitantes.
•Espora, un pueblo ferroviario, ofrece días de
campo en la estación de trenes y “Los amigos del
FFCC Belgrano” piensan desarrollar un interesante
proyecto, extendido actualmente a otros seis
municipios, con la posibilidad de devolverle a su
gente la dignidad que el trabajo otorga al hombre.

Esperando al turista
Toda la belleza de estos pueblos emblemáticos,
como así también la de otros del partido de San
Andrés de Giles que aún no se han sumado a la
oferta turística, ha sido fotografiada por la cámara
curiosa de Diego Arranz, fotógrafo profesional,
quien desde hace tiempo comparte con los chicos el
amor por las cosas de campo. Dice Diego: “La
cámara me lleva de nuevo a mi infancia, me
desorienta cual un juego de mareos, me entusiasmo
con el clic y como un deseo irrefrenable frente a lo
bello, esa imagen me hace sentir que no termino
nunca de crecer...”. Tampoco se cansa de enseñarle
a cada niño, a descubrir la belleza de su tierra con
su proyecto Ojos de Campo, talleres que dicta
desde el 2005, recorriendo algunos de los pueblos
de San Andrés de Giles y organizando hermosas
muestras fotográficas en distintos destinos del país.
“Hay mucho por creer que se puede, soñar,
concretar”, afirma Yanes, quien trabaja desde su
formación académica cuidando el ambiente y
convencido de que la arquitectura debe respetarlo;
él insiste en que cada proyecto debe ser
sustentable porque un pueblo es “la casa” y sólo
habrá crecimiento verdadero con emprendimientos
alejados de la ambición desmedida y direccionados
hacia la preservación de la tierra y la historia. Los
habitantes de cada uno de esos pueblos siguen
trabajando, esperanzados en que si bien el
crecimiento es lento, también es sostenido, y que la
clave es la confiaza.
Azcuénaga, Espora, Solís, Heavy, Villa Espil, Km. 125,
Cucullú, Villa Ruiz, Franklin, Km. 108, San Alberto, El
Candil y Tuyuti son los pueblos con encanto rural
que, junto a su gente, esperan al turista para que
disfrute del turismo rural.

Bettina Cucagna
Alta dirección en Turismo Rural-Fauba
perlitasrurales@yahoo.com.ar

Fotos: Gentileza Diego Arranz.


www.fotoescape.com.ar

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