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24 Agosto 2012, 9:57 PM

A PLENO PULMÓN
Triunfar y fracasar
Escrito por: Federico Henríquez Gratereaux (henriquezcaolo@hotmail.com)

Fomentar la autoestima de los jóvenes dominicanos será una de las grandes tareas que deberán emprender
nuestros educadores. Durante demasiado tiempo nos han dicho que somos incapaces de organizar un orden
colectivo, de establecer un sistema jurídico funcional, de crear actividades económicas fuertes y
estables. Don Américo Lugo afirmaba que “el Estado dominicano no nació viable”.

Mucho antes de que la revista “Foreign Policiy” pusiera de moda el concepto de “Estado fallido”, ya nuestros
intelectuales habían descubierto “fallas de nacimiento” en la sociedad dominicana. Los defectos congénitos
no estaban en el aparato coercitivo del Estado sino en el hombre dominicano. Se ha dicho que somos “un
hatajo de sinvergüenzas”, un montón de “negritos come-cocos”, una caterva de vividores. “La comunidad
mulata” es el título del libro de Pedro Andrés Pérez Cabral. En ese texto el autor intenta explicar que
padecemos una “sociopatía”, conectada con nuestra composición racial. Es bien conocida la opinión negativa
que sobre nuestros campesinos tenía José Ramón López: los caracterizaba por “la imprevisión, la violencia y
la doblez”. Según Américo Lugo, las masas de nuestras ciudades estaban compuestas por “alcohólicos,
ladrones y homicidas”. “La alimentación y las razas”, publicado en 1898, es el ensayo de donde procede la
idea de que “el mal comido no piensa”.

Creemos que no valemos nada porque nos han enseñado a creerlo así. Y esa creencia opera como una
retranca que nos bloquea. Si creemos que “no podemos”, cargamos con un fardo psíquico que aniquila toda
iniciativa. La narración de nuestra historia republicana, llena de dictadores y guerras intestinas, funciona a
manera de confirmación de que “no servimos para nada”. Y enseguida escuchamos que Trujillo o Lilís son los
hombres adecuados para una sociedad como la dominicana.

El mulato Pedro Henríquez Ureña fue el primer PHD dominicano; se distinguió como erudito estudioso de las
letras: en México, en Argentina, España y EUA; su madre, poetisa y educadora, fundó en nuestro país el
primer centro para la formación intelectual de las mujeres. ¿Cómo llegó ese dominicano a dictar un curso en la
Universidad de Harvard? Juan Marichal, pitcher estrella en las grandes ligas, figura en el “Hall of the
fame”. Los dominicanos, de cualquier color, sí pueden triunfar.