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El inquietante peso de la existencia humana

La ciencias exactas en su pretensión de saberlo todo, nos ha hecho creer


que todas las preguntas de la vida tienen respuestas absolutas y necesarias. Ha
sido esto lo que nos ha conducido a estancarnos en simples cuestionarios que por
ley natural sencillamente no tienen respuestas concretas. Cuando llegamos a la
realización de que no existen esas respuestas exactas, empezamos a cuestionar lo
que estaba por sentado y nos damos cuenta que la vida deja más preguntas que
respuestas. Lastimosamente si buscamos respuestas en la sociedad, hallaremos
un pozo sin fondo. Nos encontramos en un mundo en el cual nos controla un sistema
de medios de comunicación que prácticamente nos obligan a creer la basura que
nos venden: prohibiéndonos, limitándonos y callando las voces que quieren
expresar su sentir, su pensar y su actuar propio. ¿Pero quién tiene la potestad de
determinar qué está bien y qué está mal? ¿Por qué una opinión de alguien
respetado por la comunidad vale más que la de cualquier otra persona? La “verdad”
es lo que la mayoría considera como cierto pero nunca se podrá llegar a una verdad
absoluta porque esta es relativa a las experiencias vividas de cada sujeto. La gran
mayoría de personas no se cuestionan acerca de los efectos y consecuencias que
dichos actos pueden llegar a generar y por esto deciden vivir como ovejas en una
sociedad conformista.

Se acepta, se cumple, y se actúa bajo criterio de otros sin siquiera luchar por
sus ideales y sin intentar hacer cumplir sus sueños. Prefieren huir derrotados ante
la presión de los demás y escapar de su propia realidad. Es como la situación que
se plantea en el texto “Los que abandonan a Omelas” en el que todos los habitantes
de Omelas deciden abandonar el pueblo con la excusa de que la felicidad de un
niño no permitía alcanzar su propia felicidad. Nos dejamos llevar frecuentemente
por el “qué dirán” y dejamos que lo que los demás digan o hagan afecte nuestra
búsqueda por ser felices. ¡Pero finalmente la vida es propia y nadie la puede vivir
por ti, entonces qué importa lo que los demás piensen de cómo decides vivirla!
Muy pocos son los que se atreven a asumir el peso de la existencia humana
de una manera libre y autónoma pero son estos los que no se arrepienten de
absolutamente nada en su lecho de muerte. Como Marx sugiere en su texto
“Reflexiones de un joven al elegir profesión”, nuestras elecciones deben ser
guiadas a partir del beneficio de la humanidad y nuestro propio perfeccionamiento;
no debemos basarnos en cosas superficiales en el momento de elegir, sino en
aquello que nos importa verdaderamente. Como lo plantea Heidegger, la escencia
del ser del hombre es su existencia por lo que cada uno de nosotros es lo que ha
decidido ser y lo que se proyecta a ser. Esto implica que como la pregunta por el
ser es constitutiva del ser del hombre, las decisiones que tomamos, nos importan.
Si vivimos nuestra vida a partir de lo que los demás plantean, nos perdemos de la
posibilidad de determinar la escencia de nuestro ser y así hacer de nuestra
existencia un proyecto completamente propio. Esto implica que la fuente de nuestra
felicidad estará determinada por qué tan fieles a nosotros asumamos el peso de
decidir. Por lo que nuestra principal preocupación en la vida debe ser que seamos
fieles a nosotros mismos.