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A. FREUD, P. A.

OSTERRIETH,
J. PIAGET y otros

EL DESARROLLO
DEL
ADOLESCENTE
Título del original inglés
ADOLESCENCE: PSYCHOSOCIAL PERSPECTIVES
(Sección I, Caps. 1 a 6)

Publicado por
BASIC BOOKS, INC. ÍNDICE
© 1969 by Basic Books, Inc.

INTRODUCCIÓN DE LOS COMPILADORES


Versión castellana de 1. LA ADOLESCENCIA EN CUANTO PERTURBA-
DANIEL R. WAGNER CIÓN DEL DESARROLLO, por Anna Freud 15
La concepción psicoanalítica de la salud y la enfer-
medad mentales 15
El concepto de perturbaciones del desarrollo 16
Las reacciones adolescentes como prototipos de
4aedición, 1984 perturbaciones del desarrollo 18
Observaciones finales 23
2. ALGUNOS ASPECTOS PSICOLÓGICOS DE LA
ADOLESCENCIA, por Paul A. Osterrieth 25
Los aspectos físicos y sus efectos
Aspectos intelectuales 31
Aspectos socioafectivos 35
EL DESARROLLO INTELECTUAL DEL ADO-
LESCENTE, por Jean Piaget 47

4. EL CUERPO Y LA IMAGEN CORPORAL EN LOS


'ADOLESCENTES, por William A. Schonfeld 57
El cuerpo 60
ISBN 950/9 18/025/3 Imagen corporal 89
Conclusión 101
Queda hecho el depósito que previene la ley 1 1 .723 5. LAS REACCIONES DE LOS ADULTOS ANTE
IMPRESO EN LA ARGENTINA LOS ADOLESCENTES Y SU COMPORTAMIEN-
TO, por James Anthony 1 11
Un problema de estereotipos , 111
© La respuesta estereotípica ante el adolescente, consi-
ilt- todas las ediciones en castellano por derado como objeto peligroso y en peligro 115
EDICIONES HORME, S.A.E. La respuesta estereotípica ante el adolescente, consi-
derado como un objeto sexual 119
Castillo 540 — Buenos Aires
O A. I'-HUUD, P. OSTEHBIETH, J. PIAGET Y OTROS

1.11 respuesta estereotípica ante el adolescente, consi-


de 1 nulo como un individuo inadaptado 133
I ,a respuesta estereotípica ante el adolescente, consi-
derado como objeto de envidia 139
I ,a reacción estereotípica ante el adolescente, consi-
derado como objeto perdido 145
Reacciones estereotípicas de la sociedad ante el
adolescente 148
La reacción ante el adolescente considerado como
un objeto de investigación 153 INTRODUCCIÓN DE LOS COMPILADORES
La "buena" reacción ante la adolescencia 155
Conclusión 156
6. ¿COMO REACCIONAN LOS ADOLESCENTES?,
por Fritz Redi
I. ¿Estamos seguros de que todos hablamos de la
161 E Lsume
PRIMER capítulo, escrito por Arma Freud, re-
las manifestaciones de la adolescencia
misma cosa? 161
como fase transicional de perturbación entre los
II. Problemas de la juventud de nuestra época 177 mundos psicológicos relativamente estables de la
III. Modo de afrontar las dificultades que nos pro- niñez y la edad adulta. A. Freud señala las altera-
vocan confusión 186 ciones de los impulsos, la organización del yo, las
relaciones objétales y los roles sociales que caracte-
rizan a este período y dan lugar al proceso que lleva
desde el equilibrio psicosocial del niño dentro de su
grupo familiar, pasando por una etapa de inevitables
trastornos del desarrollo, hasta la independencia
adulta.
En el capítulo segundo Osterrieth retoma y am-
plía esta tesis. El autor caracteriza la fase final de
la infancia como un período de coherencia y estabi-
lidad, en el cual el niño llega a adaptarse bien a su
familia y al mundo exterior y vive una existencia
integrada, armoniosa y natural. En contraste, el ado-
lescente se halla en un estado de flujo psicológico
y muchas de sus manifestaciones pueden ser consi-
deradas una búsqueda activa y habitualmente deli-
berada de una nueva identidad, diferente de la de
la niñez, pero que durante algunos años no llega a
estabilizarse como la de la edad adulta. Osterrieth
24 A. KREUD, P. OSTERB1ETH, J. PIAGET Y

Israel, no conocen las mismas dificultades con sus


adolescentes que tenemos en el mundo occidental.
La principal diferencia en su situación es que los
jóvenes no expresan su agresividad dentro de su
familia y su comunidad sino que la dirigen contra
fuerzas enemigas que amenazan al Estado, empleán- CAPÍTULO 2
dola por tanto útilmente en actividades bélicas-
socialmente aprobadas. Dado que este factor está ALGUNOS ASPECTOS PSICOLÓGICOS
fuera del dominio del crecimiento sexual, tendría DE LA ADOLESCENCIA
que inducirnos a extender nuestra especulación
hacia nuevas direcciones. PAUL A. OSTERRIETH
Finalmente, creo que es un error la consideración
de los detalles de la rebelión adolescente a la luz de
problemas colaterales, por perturbadores que ellos
sean. Si deseamos mantenernos en un punto de vista P ODEMOS considerar a la adolescencia de muy
diferentes maneras y con muchas perspectivas
evolutivo, es de menor importancia el modo en que distintas. Difiere de acuerdo con las épocas, las cul
el adolescente se conduce en su hogar, en la escuela, turas y los medios sociales. Desde el punto de vista
en la universidad o en la comunidad en general. Lo de la psicología se sabe menos acerca de la adoles-
que es verdaderamente importante es saber qué tipo cencia que respecto de la niñez, probablemente
de perturbación adolescente es más probable que debido a la mayor variedad de sus modos de mani-
lleve a una forma satisfactoria de vida adulta. festación. Todo intento de síntesis se arriesga a ser
incompleto, y mientras que algunos lo encontrarán
aceptable, para otros será discutible.

La transición a la adolescencia

Es tan habitual considerar a la adolescencia como


una etapa particular que tal vez no sea inoportuno
recordar desde un principio que, sobre todo y siem-
pre, ella es la continuación normal e inevitable de
la niñez. Sería exagerado postular la existencia de
un hiato, de una ruptura, entre /ambos períodos.
Poca duda cabe de que la estructura psíquica del
adolescente tiene sus raíces en la niñez y de que
26 A. FREUD, P. OSTERRIETH, J. PIAGET Y OTROS EL DESARROLLO DEL ADOLESCENTE 27
muchas de las características que generalmente son experiencia concreta, que hacen posible un razona-
consideradas típicas de la adolescencia aparecen y miento correcto y en general congruente. El niño de
ya están presentes durante la última fase de la niñez. más edad tiene a su disposición una considerable
En la práctica no es fácil establecer un límite pre- gama de soluciones y de métodos que le permiten
ciso, que estaría en algún momento entre los 11 y resolver toda clase de problemas, siempre que se
los 14 años; si el joven que comparte nuestra vida le presenten en términos concretos. Se suele desta-
familiar parece cierto día ser claramente un adoles- car, adecuadamente, su disponibilidad intelectual,
cente, sería imposible "decir que el día anterior era su curiosidad, su sed de información, y su tendencia
todavía un niño. a la clasificación general de las diversas informacio-
Quizá podamos percibir mejor lo que nos parece nes que obtiene en la escuela, en la calle, en sus
más característico del adolescente contrastándolo lecturas o en las investigaciones de todo tipo que
con el período que va desde los 9 a los 12 años, y emprende entusiastamente. Aunque parece orien-
que algunos autores han calificado justamente como tarse particularmente hacia el mundo exterior, hacia
"madurez infantil". El niño de esta edad exhibe en las personas y las cosas, se desarrolla también su
general una estructura psíquica coherente y bien mundo interior, que sabe cómo proteger, llegado el
equilibrada. Su conducta se adapta bien a las cir- caso, contra las intromisiones de extraños. Induda-
cunstancias en las que se encuentra y a los objetivos blemente, los padres siguen siendo el marco de
que persigue; el individuo está bien integrado en su referencia preferencial que han sido desde un co-
grupo familiar y en el grupo de amigos de la misma mienzo, pero la familia ya no es el único centro de
edad; en la escuela se siente bien. Manifiesta un atracción; el niño de esta edad se mueve fácilmente
interés activo por el mundo circundante. El niño de y de un modo coherente en un universo material y
más edad goza de una posición social bien estable- social relativamente amplio, que explora con entu-
cida; es capaz de organizarse y de afrontar toda siasmo y respecto del cual sabe que es algo objetivo
clase de circunstancias con una real autonomía, y exterior a él, pero que él tiene un lugar allí.
cuyas limitaciones, empero, puede aceptar. Algunos En resumen, se trata de una persona bien integrada,
conflictos alteran inevitablemente sus relaciones con activa, floreciente, feliz, que tiene un buen dominio
los demás, con sus pares, con la autoridad del de sí misma y que manifiesta la presencia de efica-
adulto, pero en general no ocasionan graves pertur- ces órganos de control. Aun si es un soñador su
baciones. Desde el punto de vista intelectual, el sub- conducta es poco problemática.
jetivismo proyectivo y el dualismo de los primeros Es en este contexto armonioso que se producen,
años han sido gradualmente sustituidos por una entre los 11 y los 15 años, una cantidad de profun-
orientación más objetiva, menos egocéntrica, y una das modificaciones que afectarán tanto el equi-
estructuración lógica de los distintos sectores de la librio orgánico como la estructura intelectual, la
EL DESARROLLO DEL ADOLESCENTE 29
28 A. FREUD, P. OSTEBBIETH, J. PIAGET Y OTROS
transformaciones somáticas de la pubertad, y en la
integración social y afectiva tanto como la imagen mayoría de los casos constituyen la principal carac-
que el individuo tiene de sí mismo y del ambien- terística de la entrada en la adolescencia, y la moti-
te. No es fácil establecer con precisión el orden en vación de los demás cambios propios de esta edad.
que se presentan esas modificaciones, que reaccio- Podemos prescindir del examen de estos fenómenos
nan unas sobre otras. Lo cierto es que ocasionarán pues los estudia detalladamente Schonfeld en el ca-
un trastorno de la economía psíquica que fue pro- pítulo 4. Pero debemos señalar los enormes efectos
ducto de los años de la niñez. Y dado que se pro- psicológicos, que no siempre reciben suficiente
ducen en un individuo que ya está psicológicamente atención. El hecho ya descripto por Dimock 2 es
organizado y estructurado y que ya está socialmente un buen ejemplo.* Al estudiar la fuerza muscular
integrado, como lo señalara tan claramente Maurice en los varones, Dimock comprobó que práctica-
Debesse,1 provocan necesariamente una honda pro- mente se duplicaba entre los 12 y los 16 años. Es
blematización del yo y por lo tanto una intensa con- fácil comprender que ese aumento de la fuerza
centración en el yo. Se ha dicho, muy esquemática- muscular tiene obvios efectos psicológicos. Por un
mente, qué el niño vive de una manera que es en lado, ocasionará una conducta más enérgica, más
algún modo exterior a él mismo, en la continua pro- expansiva, que favorece ciertas clases de valua-
yección de un yo que en general no tiene conciencia ción y permite una mayor confianza en sí mismo.
de sí mismo, mientras que el adolescente, por el Nuevas capacidades permiten nuevas y más espec-
contrario, vive dentro de sí mismo, tratando de en taculares actividades, que reducen considerable-
contrarse a través de los demás, por así decirlo, y
mente la distancia entre el joven y el adulto. Para
siendo su propia persona el principal centro de
el niño en crecimiento se abre la posibilidad, pronto
interés^ Tal vez esta afirmación sea exagerada y
confirmada, de igualarse a su padre, y aun de supe-
merezca reservas, pero nos parece que resume cla-
ramente algo esencial. El joven adolescente que está rarlo, en lo que toca a las actividades físicas. No
cambiando se observa cambiar, está atento a su sólo modificará la imagen de sí mismo sino también
la que tiene de su padre, anteriormente de insupe-
transformación. No se contenta con sufrir esos
cambios; quiere emprenderlos él mismo. ¿Cómo rable prestigio. Por otro lado, puede decirse también
podría dejar de concentrar sus preocupaciones en él —y no carece de importancia para nuestra tesis—
mismo? que el mismo padre modificará indudablemente la
idea que tiene de su hijo. Sufrirán alteración las
exigencias que le impone, su disposición a ayudarlo
LOS ASPECTOS FÍSICOS Y SUS EFECTOS y a protegerlo, así como la imagen que tiene de sí
mismo en relación con su hijo. Toda una serie de
Aproximadamente a los 10 años, en la niña, y a relaciones son transformadas a raíz de una rnodifi-
los 12, en el varón, comienzan a manifestarse las
EL DESARROLLO DEL ADOLESCENTE 31
30 A. FHEUD, P. OSTERRIETH, J. PIAGÉT Y OTROS

eacíón somática que aparentemente es de impor- Sin embargo, esas transformaciones no son mera-
tancia secundaria en nuestra cultura. mente sufridas por el sujeto, como las que tienen
lugar en el niño pequeño. A los 13 ó 14 años el indi-
Puede pensarse que se da una situación análoga viduo participa necesariamente en la cultura. del
en !o que atañe a toda la serie de transformaciones grupo humano al que pertenece; estas transforma-
orgánicas características de la pubertad, trátese de ciones requieren la asunción de una actitud, y se
un aumento de la estatura y del peso, de una mayor las juzga e integra en relación con un marco de
sensibilidad en el olfato, el gusto y el tacto, de mo- referencia intelectual, social y moral. Un buen
dificaciones en la estructura de la piel, de la apari- ejemplo lo ofrece el frecuente fenómeno de la mas-
ción de las características sexuales secundarias o del turbación, evidentemente asociado con la "resensua-
desarrollo del aparato genital. Cada uno de estos lización" de la pubertad. Es indudable que el joven
cambios tiene sus efectos en el nivel del comporta- descubre o redescubre en ella algunas gratificacio-
miento, conduce a revaluaciones y a cambios en las nes específicas. Pero ahora éstas tienen un sentido,
actitudes, contribuye a modificar la imagen que como lo atestiguan las fantasías eróticas o las imá-
tiene el individuo de sí mismo y el modo como per- genes más o menos precisas que comienzan a acom-
cibe a los demás. Todos ellos, finalmente, debido a pañarlas y que, como lo han señalado algunos
sus efectos sobre el adolescente, pueden también autores, en cierto modo orientan al joven de una
suscitar nuevas reacciones en las personas que lo manera anticipatoria hacia la búsqueda-de una pa-
rodean. El hecho de "tener" un cuerpo que cambia, reja sexual. Además, estas prácticas y fantasías son
de ser un cuerpo en proceso de cambio, atraerá ine- inseparables de la adopción de una posición moral,
vitablemente la atención del sujeto hacia ese cuerpo de un juicio acerca de uno mismo: o bien se las
que cambia y por lo tanto hacia el yo. Este encuen- tolera y hasta se las busca, con toda clase de justifi-
tro del individuo consigo mismo está muy bien caciones, o bien suscitan sentimientos de culpa e
expresado en la clásica imagen del varón o la niña indignidad, que, como sabemos bien, perturban la
que se estudia ante un espejo y trata de determinar adaptación socioafectiva del adolescente.
qué es él, o ella. No hay que olvidar que para el
niño que fue anteriormente, éste es un aconteci-
miento de gran trascendencia, de importancia capi- ASPECTOS INTELECTUALES
tal: el cambio que se está operando en su persona
constituye la prueba más obvia de su gradual acceso Esta evaluación, este encuentro consigo mismo,
al estado adulto que se le ha puesto ante los ojos tiene lugar simultáneamente en otro nivel, el del
d u r a n t e tantos años, presentándolo como una espe- desarrollo intelectual. Estamos especialmente en
nV de meta suprema. deuda con la obra de Jean Piaget y sus colaborado-
A. FREUD, P. OSTERRIETH, J. PIAGET Y OTROS
EL DESARROLLO DEL ADOLESCENTE 33
res '• : ' por haber demostrado la profunda evolución
<.me experimentan las estructuras intelectuales entre Apenas puede dudarse, como el mismo Piaget lo
los 11 y Iffs 15 años. Ya se sabe que esta evolución ha demostrado, de que esta evolución de orden
se caracteriza por la aparición de la lógica en ias intelectual contribuya profundamente a darle su
proposiciones, por el paso del nivel concreto al hipo- carácter específico a la mentalidad adolescente.
tético-deductivo en los procesos de pensamiento. Razonar es para el joven una necesidad y un placer;
El niño de más edad razonaba acerca de objetos las "construcciones mentales" son un deleite. El in-
presentes y de situaciones concretas, estableciendo dividuo razona acerca de todo, acerca de los temas
relaciones entre esos objetos o esas situaciones. El más irreales y más alejados de su experiencia. De
joven adolescente se vuelve capaz de razonar acer- un modo muy positivo, esta evolución incluye no
ca de relaciones entre relaciones, elevándose por sólo un interés por la discusión sino la fascinación
encima del nivel concreto. Al comienzo de la ado- por los problemas generales, por los temas artísticos,
lescencia se establece una red de operaciones com- científicos, políticos, filosóficos y sociales. La adqui-
binatorias que son la culminación de la evolución sición de la abstracción permite inquirir en los siste-
intelectual y que, al dar coherencia interna al pro- mas de representaciones colectivas que ofrece la
ceso de pensamiento, serán el criterio de un razona- cultura en la que crece el sujeto, que se entusias-
miento riguroso basado en suposiciones e hipótesis, mará gradualmente por ideas, ideales y valores. Tal
prescindiendo de su verdad y de su realidad mate- entusiasmo tendrá probablemente en un principio
rial y sin apelar al control por la experiencia y los escaso orden o sistematización, como si se tratara
hechos. De ese modo se superpondrá un mundo realmente de uri juego de ideas, hipótesis y sistemas;
el joven se entregará a éste sin demasiada autocrí-
construido por el proceso de pensamiento al mundo
tica, casi sin atisbo de la relatividad. Como lo ha
que revelan los sentidos! Sobre las reglas específicas
observado un autor, se trata de un florecimiento de
y circunscriptas del niño de más edad se constituye
"certidumbres excluyentes que se suceden a medida
una escala de leyes y principios que gobiernan los
que son descubiertas". Todo dará pábulo al pen-
campos más diversos: el pensamiento formal se apli-
samiento, al pensamiento verbalizado. al debate
cará a todos los contextos y todo será objeto de la
apasionado, a interminables discusiones, a afirma-
organización lógica. De manera que alrededor de
ciones perentorias, y el adulto, que perderá un
los 15 años la evolución estructural del pensamiento
poco el pie ante esta marea, a menudo no se dará
c.slará acabada, precisamente en el nivel de desarro-
cuenta de que lo que él considera una vana repe-
llo cu el cual los autores de las escalas clásicas para
tición o una estéril indagación de problemas mani-
los tests tropezaron con la imposibilidad de hallar
dos es en realidad, para el joven, una útil explo-
«•videncias que distingan dos edades sucesivas.
ración y un verdadero descubrimiento.
'54 A. FHEUD, P. OSTEHRIETH, J. PIAGET Y OTROS EL DESARROLLO DEL ADOLESCENTE 35

Pero lo que el joven descubre sobre todo, en esta d;i retirarse y que constituye algo así como un
exploración desordenada y deliberadamente caótica, i'ómodo V fácil reverso del riguroso pensamiento
es a él mismo en el proceso de pensar, a su interio- ukslracto: sea que siga la secuencia del pensamiento
ridad. Apartándose de lo concreto, razonando, ordenado o que sueñe mientras escucha su graba-
"concentrándose", ensayando hipótesis, se encuentra ción favorita, es siempre él mismo lo que halla, es
consigo mismo. ¿Quién es él, esta persona que pien- en sí mismo donde se centra su pensamiento.
sa, que asume una actitud, que expresa su opinión?
¿Qué es? ¿Qué es eso dentro de él, qué es este cen-
tro donde toman forma sus ideas, donde son produ- ASPECTOS SOCIOAFECTIVOS
cidos sus pensamientos, donde son formuladas sus
conjeturas? ¿No es él mismo? E indudablemente En la época en que tienen lugar las transforma-
tendrá una impresión de libertad interior, de pro- ciones mencionadas, el joven tiene que afrontar los
funda originalidad, de autenticidad, y también, por numerosos cambios que se producen en las actitudes
consiguiente, de responsabilidad: se sentirá compro- de las personas que lo rodean, en su posición res-
metido por el hecho de su libertad. Es evidente que pecto del grupo social y en el rol que se le ofrece.
las transformaciones intelectuales lo inducen a Se le dice que está "creciendo" y que se espera de
plantearse cuestiones respecto de sí mismo, a inte- él nuevos tipos de comportamiento. Sin duda, se le
rrogarse, a reconocerse, tanto como lo hacen las otorgan ciertos derechos y facilidades de los que no
transformaciones físicas que tienen lugar aproxima- disfrutaba el niño, pero a cambio cíe ellos se le
damente al mismo tiempo. Los valores que el adoles- imponen nuevas demandas y responsabilidades, y
cente "ensaya", no sin paradojas y sofismas, las opi- pierde algunos privilegios anteriores. El joven cam-
niones que a veces defiende con tanto ardor como bia de escuela, o de programa escolar; se ve ante
irreflexión, ¿no son acaso otras tantas maneras de una disciplina y unos métodos que son nuevos para
buscarse, de definirse, otros tantos intentos de ser él; tiene que tomar decisiones respecto de lo que
y de devenir él mismo? La afirmación o la vigorosa sucederá después de sus estudios, respecto de la
defensa del propio yo se traslucen muy claramente orientación de éstos. Sus amigos de la niñez se han
en los intentos de convencer, de asombrar o d*e dispersado; ingresa en nuevos grupos donde parece
escandalizar a la persona con quien habla, y Arnold pequeño al lado de los más grandes, donde es un
C.esoll:i dijo a propósito de tales intentos que aun- novicio, mientras que anteriormente era grande
que al joven le encanta discutir, es imposible discu- entre los pequeños; tiene que adoptar las maneras
l i r con él. Finalmente, es también él mismo lo que de los grandes para "ponerse a su altura". La publi-
rl ¡uloloscentc encuentra en su mundo onírico, en cidad acentúa esta transformación diciéndole al
rl mundo gratuito de lo imaginario adonde le agra- joven que es ahora un adolescente (teen-ager),
EL DESARROLLO DEL ADOLESCENTE 37
36 \.. FHEUD, P. OSTEHBIETH, J. PIAGET Y OTROS

haciendo apelación a su poder adquisitivo, desper- M i Instruir los puentes, a interrumpir todos los con-
tándole nuevos deseos y nuevos intereses. tarlos para ahorrarse derrotas. No se comprende y
•,<• siente incomprendido; se busca pero no encuen-
¿Puede sorprender en vista de todo esto que a tra en sí mismo nada claro ni seguro; al no saber
la segura competencia del niño de más edad le qué tipo de conducta adoptar, podría decirse que
sucedan la vacilación, la torpeza, las contradiccio- se niega a conducirse en modo alguno. Pero casi
nes del adolescente? Por un lado, el joven se ve ante al mismo tiempo nos pone sobre una falsa pista: en
sí mismo en proceso de cambio y tiene una nueva la medida en que duda de sí mismo se afirma rui-
manera de considerarse y de considerar las cosas dosamente, de una manera arrogante y agresiva;
que hace; por otro, tiene que enfrentar circunstan- trata de hacerse notar por sus proezas, por su ex-
cias y exigencias a las que anteriormente no tenía centricidad, por actitudes tan chocantes como torpes
que adaptarse. Todos sus hábitos y su vieja y pro- y transitorias. Para ser él mismo, para afirmarse a
bada seguridad en sí mismo se ven cuestionados, sí mismo en su nueva posición, tiene que apartarse
y en ocasiones siente nostalgia de ellos; y aunque y diferenciarse de todo lo que tenga relación con
las seducciones de la novedad son intensas, impli- su posición anterior; también sus padres y su me-
can más de un aspecto inquietante. A este respecto, dio familiar tendrán que pagar por esta afirmación,
en su ambivalencia y su inseguridad el individuo que en un comienzo es de un carácter esencial-
debe afrontar un importante problema. No siempre mente opositor. "Lo que pasa con los padres, dijo
se le presenta en términos explícitos, por cierto, pe- explícitamente un joven de 14 años, es que nos co-
ro sí con irritante insistencia: ¿quién soy, qué val- nocieron cuando éramos pequeños." Los padres re-
go, soy suficientemente apto? Es probablemente cuerdan constantemente la niñez, lo que se fue
dentro del contexto de esa interrogación, que cons- antes, de manera que es a ellos a quienes hay que
tituye una especia de leitmotiv en los primeros escandalizar y asombrar; a ellos hay que demos-
años de la adolescencia, como hay que entender a trarles que se ha cambiado, que ya no se es la mis-
una de las principales características del compor- ma persona; a ellos están dirigidas las exhibiciones
tamiento de esta edad. de emancipación, más o menos jactanciosas, que en
En primer lugar recordemos la amarga y melan- ocasiones dan origen a sentimientos de culpa y a
cólica cavilación del joven adolescente, inseguro de
una regresión.
sí mismo, desorientado por el cambio que percibe La mayoría de los adultos son muy poco tole-
en su persona como en el ambiente, decepcio-
rantes con esas manifestaciones, que parecen im-
nado por no ser más de lo que es, precisamente
plicar una pérdida de prestigio y una declinación
i-n el momento en que pensaba estar convirtiéndose
de su autoridad. A menudo reaccionan con observa-
• •¡i un adulto. Debido a la lacerante sensación de
ciones irónicas o con medidas coercitivas que sólo
insiiliricnrhi comienza a replegarse sobre sí mismo,
38 A. FREUD, P. OSTERRIETH, J. PIAGET Y OTROS HI, DESARROLLO DEL ADOLESCENTE 39

pueden suscitar la agresividad y reforzar la opo- variaciones pueden oscilar entre Hamlet y el corre-
sición de los jóvenes. Estos comienzan a juzgar a dor de bicicletas, entre Cherubino y James Bond.
los adultos con creciente perspicacia; tratan de sor- Kn la época durante la cual el joven se opone a
prenderlos contradiciendo principios por ellos sos- los adultos que lo rodean, cuando los menosprecia
tenidos o de desenmarcarar sin empacho las hipo- y trata de diferenciarse de ellos, es notable ver
cresías de la sociedad adulta. No es desusado que cómo se identifica con otros, con sus héroes, reve-
se sientan engañados y desilusionados por sus pa- lando de tal modo, mientras los "ensaya" y los de-
dres. Si el adulto no es capaz de ser comprensivo fine, las actitudes y los valores que le parecen fun-
y generoso y de mantenerse sereno, pueden produ- damentales, elaborando así una visión del mundo
cirse violentas tensiones. No obstante, rara vez el y de la vida que expresará sus preocupaciones
"conflicto de generaciones" es total. Algunos adul- esenciales y compensará sus inferioridades del mo-
tos son mirados favorablemente por el joven; se mento. Es como si se apoyara en esas personalidades
trata de aquellos que se muestran capaces de es- sucesivas para entrar en un mundo y en una socie-
cucharlo, de tomailo en serio, y que lo tranquilizan dad cuyas puertas se le están abriendo.
respecto de iu propio valor, de aquellos que a sus Anota sus descubrimientos en un diario íntimo
ojos representan nuevos valores, opuestos a los que que mantiene secreto. Este diario es un símbolo
halló en el contexto familiar, y que concuerdan con del período por el que está pasando, igual que el
sus propias preocupaciones. No es posible exage- espejo, pues cumple un;i función análoga. El joven
rar la importancia de estas personas mayores cuya consigna hechos y acontecimientos que lo impre-
conducta y cuyas actitudes suscitan ecos en la con- sionan en diversa medida, citas tomadas de sus lec-
ciencia del adolescente y cuyo ejemplo le permite turas, observaciones, reflexiones personales, confe-
aclarar sus propias aspiraciones. Imitándolas e siones, intentos de autoanálisis. Indudablemente, en
identificándose con ellas define los contornos de su sus escritos asume la pose de un personaje, tanto
propia personalidad. Sin embargo, estos objetos de ante sí mismo como ante la posteridad; no por ello
la identificación no pertenecen exclusivamente ni deja de revelar la atención que se presta y la con-
necesariamente al dominio de la realidad. El joven ciencia que tiene del paso del tiempo y de su avan-
los halla en la misma o en mayor medida en la ce hacia una nueva fase. Gon ello se erige en testigo
literatura y en las películas, por no mencionar el de su propia historia, y no puede sorprendernos que
mundo de los deportes. De modo que por inter- ésta le parezca importante. Y no se contenta con
medio de personalidades reales o ficticias que per- ser testigo de su presente; constantemente se ima-
tenecen a las más diversas categorías de seres hu- gina el futuro, se ve como adulto, sueña con el
IIKIIIOS y a los más diversos niveles, el adolescente porvenir que se le abre. Evadiéndose de un pre-
se construye una especie de persona ideal cuyas sente que le pesa, debido a sus estudios o a las
10 A. FREUD, P. OSTERRIETH, (. PIACET Y OTROS DESARROLLO DEL ADOLESCENTE 41

numerosas restricciones a las que todavía debe so- temporáneos, por medio de bravatas, proezas,
meterse, el adolescente ya se ve como persona excentricidades y opiniones perentorias, trata de
madura, famosa, importante, con una vida plena de destacarse y de distinguirse de las mismas personas
aventuras y de honores, o favorecida por el otro con las que se confunde en tantos aspectos. En
sexo. La muchacha sueña con el amor, el joven con cuanto a las actividades colectivas, son de diverso-
toda clase de proezas. Ambos hacen planes, se cons- carácter y difieren según los medios sociales y las
truyen un futuro ideal. El desarrollo de su capa- posibilidades intelectuales y materiales; pero pode-
cidad de abstracción fomenta poderosamente esta mos estar seguros de que ocupan un amplio lugar
vida imaginaria. El niño vive más en el presente, las discusiones y debates y los sueños diurnos com-
como el adulto, absorbido por sus tareas cotidianas. partidos, sin estar por eso excluida alguna realiza-
Pero la búsqueda y la afirmación de la perso- ción de uno u otro tipo.
nalidad no tiene lugar solamente en el contexto de Dentro del grupo el adolescente encuentra a me-
una oposición y una identificación con el adulto, nudo a su contraparte, al alter ego que es también
ni en el de una soledad melancólica o feliz. Igual- un espejo: el amigo preferido. Siguiendo pautas
mente importante es ahora el grupo de pares, si no que difieren según el sexo y que tal vez aparecen
rnás. Entre sus pares, que tienen sus mismas preo- antes en las j'óvenes, comienza a desarrollarse un
cupaciones, el joven halla al mismo tiempo segu- intenso apego a un contemporáneo del mismo sexo.
ridad y una rivalidad que lo estabiliza; tropieza A través de experiencias y aventuras comunes, de
también con no pocos problemas candentes rela- conversaciones interminables y más o menos ínti-
tivos a su situación social. Indudablemente, es des- mas, los dos compañeros inseparables se prestan
de el punto de vista de la seguridad como hay mutuamente un servicio ayudándose a conocerse;
que entender al sorprendente conformismo del ado- se examinan y comparten sus experiencias, sus pro-
lescente, la servil imitación que tanto contrasta con yectos, sus ambiciones y sus secretos más íntimos.
sus intentos de emancipación respecto de su fa- En un sentido estricto, se explican uno a otro, y al
milia. El reciente anarquista se revela como un hacerlo cada uno de ellos se explica ante sí mismo.
declarado "snob": tiene manías, modos de vestirse, Sabemos con cuánta facilidad pueden estas amis-
amaneramientos y maneras de expresarse que toma tades, cuyo componente narcisista es a menudo
enteramente de sus pares y a través de los cua- evidente, asumir un carácter exaltado y apasionado,
les parece en cierto modo despersonalizarse. Pero^ especialmente entre las jóvenes. Esto se debe a que
NON cslos usos los que le ofrecen la reconfortante el adolescente ha encontrado finalmente en el ami-
lensación de no estar solo y al mismo tiempo le per- go a una persona que lo toma realmente en serio,
m i i f i i diferenciarse, en cuanto adolescente, del gru- a alguien por quien se siente comprendido y a quien
po <lc los adultos. Al mismo tiempo, entre sus con- cree comprender, y sobre todo, a una persona ante
42 A. FREUD, P. OSTERRIETH, J. PIAGET Y OTBOS EL DESARROLLO DEI. ADOLESCENTE 43

quien no necesita defenderse y a quien no tiene comunes, de coqueteos, de relaciones más o menos
que engañar. En una amplia medida ha llegado a efímeras, en general mucho menos concretas de lo
su fin la soledad, la búsqueda del yo, y ha sido que temen los adultos, pero que a veces no son
contestada la insistente interrogación: "Dado que tan etéreas como piensan. Todos estos intentos de
ni amigo me quiere, dado que le agrado, realmente aproximación mantienen un carácter máa o meaos
tengo algún valor". Tal vez sea lógico ver en estas lúdico durante largo tiempo, pero es innegable qje
amistades juveniles, con sus alegrías y decepciones, le proporcionan al adolescente experiencias que lo
una especie de "ensayo" del amor. Pero no debe- conducen a una mayor madurez. Tener un amigo,
mos subestimar su propia función: tal amistad tiene en el caso de la joven, una amiga, en el caso del
para el joven el significado de una "confirmación" varón, tiene un efecto reconfortante y tranquili-
de su personalidad y de su identidad, que contri- zador, contribuye a situar al adolescente en rela-
buye mucho a fijar sus rasgos y a dirigirlas hacia ción con sus pares, a darle más importancia. Pero
las tareas y las realizaciones de la existencia. especialmente, en la amistad, el afecto y el amor
Pero el grupo adolescente llega pronto a ser experimenta la coparticipación, el dar, la solidari-
mixto. Si bien durante los últimos años de la niñez dad, que lo liberan de su aislamiento inicial y de
los dos sexos han mantenido las distancias y hasta su soledad interior. A través de los altibajos del
en cierta medida se han evitado, esta segregación intercambio afectivo con otros, de las alegrías y
tiende a desaparecer en el curso de la pubertad. desilusiones del amor, descubre y estructura los re-
Su acercamiento se produce al comienzo de una cursos de su sensibilidad.
manera disimulada y más o menos inconsciente; La particular posición del adolescente, "atrapa-
tratan de llamarse mutuamente la atención, se gas- do", podríamos decir, entre la niñez y la edad adul-
tan bromas, los varones se exhiben frente a las mu- ta; la ausencia de una situación social bien definida
jeres y éstas responden con toda suerte de lisonjas, para los jóvenes, tratados a veces como niños y otras
dirigidas generalmente a jóvenes algo mayores que sometidos a las exigencias de un nivel adulto; la
ellas. En resumen, después de haber hallado al prolongación de los estudios y la imposibilidad de
amigo similar a él mismo, de su mismo sexo, el ado- asumir verdaderas responsabilidades en la socie-
lescente se aventura a buscar una amistad dife- dad, todos estos factores contribuyen a darle a la
rente. Se emprende una serie de actividades de adolescencia un carácter transitorio, demorado, sus-
búsqueda y seducción del compañero del sexo pendido y hasta ficticio. Y en ocasiones el adoles-
opuesto, ¡i veces tímidamente, a veces con mayor cente tiene la impresión de que lo que hace carece
cr:.i<lía. Se esbozan y se hacen más precisas las re- de materialidad y de importancia. Aguarda; se can-
l;n iones heterosexuales; se prosigue la exploración sa y se rebela; le gusta desempeñar un papel. Es-
mismo y de los demás a través de actividades pera que suceda algo. Presa de vagos anhelos, de
T
44 A. FHEUD, P. OSTERRIETH, ]. PIAGET Y OTROS EL DESARROLLO DEL ADOLESCENTE 45

una ansiosa nostalgia, o de la impaciencia, espera I (ütado concentrar nuestro enfoque en un elemen-
una revelación; aguarda el momento en que vivirá to que a la luz de la experiencia nos parece esencial.
"realmente". A veces trata de matar el tiempo; a o sea, en el desafío que le plantean al individuo los
veces se muestra activo, comprometido, tiene la cambios que sufre, en su encuentro consigo mismo
sensación de vivir de verdad. Conoce gozos mara- que es el resultado, y en el consiguiente cnestiona-
villosos y momentos de exaltación, pero tiene la im- miento de su propio valor en relación con el nuevo
presión de que en la sociedad no hay lugar para mundo que se le ha abierto. Nos parece que las
él, de ser marginal. Más que en cualquier otra ansiedades y errores del adolescente, sus problemas
edad el individuo está en transición, en proceso de de conducta, sus preocupaciones, sean éstas sexua-
cambio, va de descubrimiento en descubrimiento les, sociales o metafísicas, y hasta sus aberraciones
y de decepción en decepción. Descubre e intuye la mentales, son más comprensibles si se los considera
vida, se siente por turno asombrado y repelido. en esta perspectiva, que, por supuesto, no agota el
Efectúa exploraciones en todas direcciones y desea tema.
probar todo. Es indudable que sus intereses, acti-
vidades e investigaciones no volverán a ser nunca
igualmente amplios. Se le reprocha su inestabili- REFERENCIAS
dad, la superficialidad de sus caprichos, la vanidad
de sus empresas, la facilidad con la que se con- 1. Debesse, M. UAdoiescence, París, Presses Universitaires clf
sagra a una cosa sin haber siempre reflexionado. France, 1942. I Hay versión castellana: La adolescencia.
Pero hay que tener en cuenta la prodigiosa riqueza Barcelona, Vergara, 1959.]
de esta edad, el poder de estructuración de estos in- 2. Dimock, H. S. "Research in Adoiescence. I. Pubescente-
and Physical Growth", en Child Development, VI (1953).
saciables ensayos, así como la relativa pobreza de
3. Gasell, A., F. L. Ilg, y L. B. Ames. Yoitíh: The Years
lo que les ofrece una sociedad adulta organizada, from Ten lo Sixteen. Londres, Hamish Fíamilton. 1956.
vigilada y comercializada. No es de ningún modo [Hay versión castellana: El adolescente de ÍO a 16 años.
sorprendente que naya en el adolescente incohe- Buenos Aires, Paidós, 1971.]
rencia, ansiedad y hasta pánico en respuesta a las 4. Inhelder, B., y J. Piaget. De la iogique de l'enfanl á la
múltiples aspiraciones que se manifiestan en él mis- logique de L'adolescent, París, Presses Universitaires cíe
mo y a las innumerables exigencias del mundo ex- France, 1955. [Hay versión castellana: De La lógica del
Icn'or; es casi normal que, teniendo que enfrentar niño a la- lógica del adolescente. Buenos Aires, Paidós,
laníos elementos desconocidos y tantas incertidum- 1972.]
5. Piaget, j. Six eludes de psychologie. Ginebra; Gonthier.
hro.s, su comportamiento sea a veces aberrante. 1964. [Hay versión castellana: Seis estudios de psicología.
MI bosquejo que hemos hecho es sin duda muy Barcelona, Seix Barral, 1967.¡
un < m i | > l c l o y lal voz parezca parcial. Hemos in-
CAPÍTULO 3

EL DESARROLLO INTELECTUAL
DEL ADOLESCENTE

JEAN PIAGET

PSICOLÓGICAMENTE, la adolescencia es la edad en


la que el individuo se integra dentro de la
sociedad de los adultos, la edad en que ya rio se
siente por debajo del nivel de sus mayores, sino un
igual al adulto, por lo menos en cuanto a sus de-
rechos, y muy frecuentemente por encima de él
(debido al resurgimiento del narcisismo o egocen-
trismo, que a menudo ha sido señalado). Esta inte-
gración en la sociedad adulta tiene muchos aspectos
afectivos, más o menos asociados a la pubertad,
cuyo tratamiento dejo a personas más calificadas
para tal cosa que yo. Pero también involucra cam-
bios intelectuales muy profundos, que han recibido
mucho menor atención (cosa bastante extraña),
posiblemente debido a que con frecuencia se basa
la discusión en el postulado de que la afectividad
explica todo, pero también, sin duda, porque la
comprensión de estos cambios intelectuales requiere
un detallado análisis lógico, como corolario necesa-
rio del análisis psicológico.
48 A. FREUD, P. OSTERRIETH, [. l'IAGET Y OTBOS HL DESARROLLO DEL ADOLESCENTE 49

A l u n a bien, la gran novedad que caracteriza al


Destaquemos primero el hecho de que las nove-
i r . M i n í e n l o adolescente y que comienza a mani-
dades intelectuales o cognitivas que caracterizan •,i:ir.i' alrededor de los 11 ó 12 años, pero que
a los procesos de pensamiento del adolescente no •ién llega a su equilibrio a. los 14 ó 15, consiste
son absolutamente novedosas, no son el resultado la dos vinculación de la lógica concreta de los
de una creación o de una emergencia inesperada, >|Hos, de manera que pueda operar con proposi-
sino que en cierto modo constituyen el término O ' iones verbales o simbólicas, sin otra base. Sobre
coronamiento de todo un proceso evolutivo que ludo, esta novedad está en la generalización de tal
comienza con el nacimiento y cuyas etapas podemos lógica complementándola con un conjunto de com-
observar en el curso del desarrollo del niño. Des- binaciones. Este conjunto de combinaciones no es
pués de la fase sensorio motora, durante la cual el radicalmente nuevo y se limita a ampliar, en cierto
infante elabora esquemas de acción en los que ya sentido, las clasificaciones y señalizaciones del ni-
es posible observar los fundamentos de las futuras vel de las operaciones concretas. Es nuevo, no obs-
operaciones intelectuales, el niño entre los 2 y los 7 tante, en cuanto se trata de operaciones en un plano
años pasa por una fase de pensamiento preoperacio- más alejado, de operaciones sobre operaciones. Un
nal que se caracteriza por una gradual interioriza- conjunto de combinaciones consiste, en realidad, en
ción de las acciones sensorio motoras. Alrededor de una clasificación de todas las clasificaciones posi-
los 7 u 8 años el niño descubre las que nosotros bles, en una señalización de las señalizaciones
denominaremos operaciones concretas (clasifica- (permutaciones), y así siguiendo.
ción, señalización, correspondencias entre dos tér- La gran novedad resultante reside en la posibili-
minos, muneros, operaciones espaciales y otras simi- dad de manipular ideas, en lugar de limitarse a
lares), que constituyen ya una especie de lógica manipular objetos. En una palabra, el adolescente
debido a sus estructuras de grupos. Pero se trata de es un individuo capaz de elaborar o comprender
una lógica de alcance muy limitado, que se refiere teorías y conceptos ideales o abstractos (y es en
solamente a objetos que puedan ser manipulados esto donde alcanza el nivel del adulto). El niño no
física o mentalmente. Esta lógica conduce sólo a construye teorías. Por cierto, sus ideas pueden ser
sistemas restringidos, correspondientes a ciertas coherentes, y el psicólogo que las estudia puede
estructuras de clases, de relaciones y de números, compilarlas y coordinarlas fácilmente en estructu-
pero que no incluyen a la lógica formal y general a ras teóricas formales. Pero el niño mismo no las
la cual llaman los lógicos lógica de las proposicio- expresa como teorías. Se contenta con vivir en el
nes, la que a su vez hace posible razonar sobre la presente, en el dominio de la realidad cotidiana. El
base de hipótesis y no basándose meramente en adolescente, en cambio, es capaz de hacer proyectos
objetos, para el futuro (un Lebensplan), de concebir inte-
50 A. FKEUD, P. OSTERRIETH, J. PIAGET Y OTROS
1,1 DIvSAIIIIOI.i.o DEL ADOLESCENTE 51

reses no inmediatos, y de apasionarse por las ideas,


i i l<>)',u,i de las proposiciones es la combinación
los ideales o las ideologías. Este hecho básico da
i. |.i,.pi>'.K-¡mies e hipótesis independientemente de
origen a un problema de psicología de la inteligen-
ii . Miiicnido y mediante un simple mecanismo de
cia y no meramente a un problema de la afec-
• M i i i l i i i K i c i o n c s lógicas. Estas operaciones son, por
tividad.
. i. 11 iplí i. la conclusión "si/luego", o la disyunción
Examinemos más atentamente el modo en que se .011 exclusivas o no exclusivas, de incompati
hacen posibles estas nuevas conquistas. En primer i . i i n l . i c l . etc. Estas son las operaciones empleadas en
lugar, la novedad reside en la capacidad de razonar iin.i exposición lógica cuando, por ejemplo, se admi-
sobre la base de hipótesis. Este es el primer rasgo i. l.i hipótesis de una opinión opuesta para mostrar
que distingue la inteligencia adolescente de la infan- • u. i les serían las consecuencias necesarias de esta
til. Las operaciones concretas se refieren solamente opinión.
a objetos o hechos perceptibles, y se efectúan paso a
l'isla.s operaciones preposicionales (podríamos lla-
paso sin poder independizarse de lo concreto y,
ni.iil.'is también operaciones hipotético-deductivas)
sobre todo, sin poder desligar la forma del razona-
i - \ iil>cn toda una serie de nuevas características,
miento de su contenido material. Por el contrario,
en contraste con las operaciones concretas. La pri-
las nuevas operaciones que aparecen entre los 12 y
mera de tales características es que consisten en un
ios 15 años implican la capacidad de razonar so-
euii¡unto de combinaciones. Las operaciones concre
bre la base de hipótesis, esto es, con proposicio-
1,'is avanzan paso a paso, de acuerdo con las seme-
nes a las que no se considera verdaderas o falsas
r.ni/as, de modo tal que, por ejemplo, en una clasi-
sino que se las formula experimentalmente para
íi< 'ación zoológica sólo es posible clasificar a los
extraer todas las posibles consecuencias de ellas,
animales de una determinada manera, mientras que
que luego son verificadas comparándolas con los
no tendrían una significación natural los aspectos
hechos. Este razonamiento basado en hipótesis será
combinatorios de una clase que incluyera a dos
un tipo de razonamiento formal, o sea, estará gober-
subclases no contiguas, como las ostras y los came-
nado por la sola estructura del razonamiento.
llos. En cambio, un conjunto de combinaciones
Además, estas operaciones formales son más fe- implica la vinculación de un elemento con cualquier
cundas que las pocas operaciones concretas de otro elemento, según todas las combinaciones posi-
clases, relaciones y números que domina el niño en bles por grupos de dos, tres, etc. Y como se puede
el período precedente. A estas nuevas operaciones demostrar lógicamente, Jas operaciones proposicio-
podríamos llamarlas operaciones proposicíonales. nales asumen esa técnica de los conjuntos de con\
En otras palabras, pertenecen a la lógica de las binaciones.
proposiciones y no a la mera lógica de las clases
v l:r. relaciones. Es muy interesante observar que el preadoles
cente y el adolescente llegan a este conjunto de
A. FHEUD, P. OSTERKIETH., J. PIAGET Y OTHOS EL DESARROLLO DEL ADOLESCENTE 53

combinaciones de ideas y de proposiciones a la • ! • Lis proposiciones no es .meramente una lógica


misma edad y en el misrao nivel mental en los que • i l > ; i l sino también un instrumento de combinacio-
adquieren la capacidad de combinación en la mani- > M para el análisis de la realidad externa.
pulación de objetos. Por ejemplo, si le damos a un Una segunda novedad de las operaciones propo-
niño cierta cantidad de fichas rojas, azules y verdes n ii males o formales es que constituyen sistemas
y le 'pedimos que efectúe todas las combinaciones i|iir sintetizan en un solo sistema las dos formas de
de colores posibles, en grupos de dos por dos, tres reversibilidad inherentes a las operaciones concre-
por tres, y cuatro por cuatro, nunca obtiene un sis- i.r. ílay un reversibilidad por inversión o por nega-
tema completo y procede empíricamente. En el • ii'ni por ejemplo: -j- A — A = O, ó + N — N = O,
nivel de las operaciones preposicionales, en cambio, v una reversibilidad por reciprocidad, como en el
el sujeto es capaz de efectuar estas combinaciones r;iso de la lógica de las relaciones; por ejemplo,
de objetos, así como es capaz de lograr combinacio- A está a la izquierda de B y esto tiene como conse-
nes de proposiciones desde eí punto de vista lógico. cuencia necesaria que B esté a la derecha de A.
Además, cuando se le da al sujeto un material físico Kslas dos formas de reversibilidad permanecen
que le permite descubrir espontáneamente algunas separadas en el campo de las operaciones concretas,
leyes o algunos factores elementales, como los fac- aplicándose una de ellas a las clases y la otra a las
tores de flexibilidad o los que desempeñan un papel relaciones. En el dominio de las operaciones prepo-
en la frecuencia de las oscilaciones de un péndulo, sicionales, en cambio, en cada operación están im-
y otros similares, comprobamos que hay una dife- plicadas su inversa y su recíproca. De modo tal
rencia importante entre los niños que se hallan en que es posible sintetizarlas a las dos en un solo sis-
el nivel de las operaciones concretas y los adoles- tema. Este sistema es bastante complejo y asume
centes que han alcanzado el nivel de las operaciones la forma de lo que se denomina un grupo cuater-
preposicionales. Los primeros pasan directamente a nario, o de cuatro transformaciones (el grupo de
la acción. Hacen variar todos los factores al mismo Klein): la transformación inversa N, la recíproca R,
tiempo; apelan a la señalización y a las relaciones la correlativa C, o inversa de la recíproca, y la idén-
directas. En cambio, el joven de entre 12 y 14 años tica I. Este grupo INRC, descubierto en la lógica
tratará de disociar los factores haciendo variar un del adolescente, se halla también en la lógica de las
solo elemento por vez y neutralizando a todos los proposiciones y constituye una de las estructuras
dornas. Intentará compilar un inventario de facto- lógicas fundamentales.
res, en otras palabras, de posibles hipótesis, que Ahora bien, este sistema de dos reversibilidades
luego v-erificará, y sobre todo en este inventario y hace posible la construcción de una serie de nuevos
m esl¡i verificación tratará de tomar en cuenta todas conceptos, todos los cuales aparecen en el nivel de
l:r. combinaciones posibles. De manera que la lógica entre los 12 y los 14 años; pero sin este análisis
54 A. FREUD, P. OSTERRIETH, J. PIAGET Y OTROS ' EL DESARROLLO DEL ADOLESCENTE oo

lógico sería difícil demostrar la vinculación existente , „ , Lides el problema aún no resuelto es el de saber
entre ellos. Esto se aplica, por ejemplo, a los con- il estas transformaciones intelectuales surten el mis-
ceptos de proporciones, a los conceptos de relación , , „ , electo en todas las clases de la sociedad. Cier-
entre acción y reacción, a las coordinaciones de des- tos índices parecen señalar lo contrario, pero prefe-
plazamientos según dos sistemas de referencia si- mos reservar nuestra opinión porque es muy
multáneos (por ejemplo, un caracol se mueve sobre , „ , • . i I >le que entre los obreros manuales y técnicos
una tabla mientras que a ésta se la mueve en una , desarrollen en un nivel vocacional las mismas
dirección opuesta), etcétera. ,,| „ unciones formales que encontramos en los ado-
En conclusión, es evidente que estas transforma- I, -.,vntes que han recibido una educación literaria
ciones intelectuales típicas del pensamiento adoles- o científica, pero mientras que en éstos ellas se
cente le permiten al joven, no sólo lograr su inte- presentan en un nivel verbal o experimental, en
gración dentro de las relaciones sociales de los ;„lucilos se darían de un modo diferente. Un. gran
adultos, la cual es por cierto la característica más número de problemas no han sido aún resueltos en
general de este período del desarrollo, sino también este campo, rico en promesas para el análisis de la
dominar cierto número de operaciones intelectuales conducta cognitiva del adolescente.
fundamentales que forman la base de la educación
científica en el nivel de la escuela secundaria. Pero
queda sin resolver el problema de la generalidad
de estas transformaciones intelectuales, que hemos
destacado en el curso de este capítulo. Es probable
que en las sociedades subdesarrolladas que tienen
todavía una organización tribal el individuo perma-
nezca durante toda su vida en el nivel de las opera-
ciones concretas, sin alcanzar nunca el de las opera-
ciones formales o preposicionales que caracterizan
a los adolescentes en nuestro círculo cultural. Pero
en esas sociedades las generaciones más jóvenes
siguen sometidas a la autoridad de los "mayores''
de la tribu, y éstos a su vez permanecen sometidos
a las tradiciones conservadoras de sus antepasados.
Se da, por lo tanto, una relación circular entre los
procesos sociales y los intelectuales, y todos esttán
K-iriíios i)oi- oí conservadurismo. En nuestras so-