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TRABAJO DE INVESTIGACIÓN

TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO

El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) es una de las cinco enfermedades


psiquiátricas más frecuentes y está considerada por la Organización Mundial de la
Salud (OMS) como una de las 20 enfermedades más discapacitantes. Se trata de
un problema neurológico que se traduce en un trastorno de ansiedad caracterizado
por pensamientos obsesivos, es decir, ideas fijas recurrentes y persistentes que
generan inquietud, temor, ansiedad o aprensión.

Estas ideas obsesivas, además, se pueden expresar de múltiples maneras y se


viven con sentimientos contrarios a ellas, pudiendo ocasionar conductas
compulsivas con el fin de calmar la ansiedad que generan y que se transforman en
rituales o reacciones exageradas de resistencia a las propias ideas obsesivas.

Las obsesiones se pueden manifiestan por ideas, pensamientos, imágenes o


impulsos persistentes que son experimentados por las personas como ajenos a la
propia voluntad, intrusivos o no deseados, y que generalmente estos síntomas se
relacionan con temas que hacen sufrir a quien los experimenta, causando ansiedad
o un malestar importante. Además, la persona hace intentos para ignorar, suprimir o
neutralizar estos sucesos con otros pensamientos o actos, es decir, según el
Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales Quinta Edición (DSM -
V) realizando una compulsión.

De acuerdo al DSM - V, se define a las compulsiones como comportamientos


(ordenar, lavarse las manos, comprobar cosas) o actos mentales (rezar, repetir
palabras en silencio, contar) repetitivos que la persona realiza en respuesta a una
obsesión o de acuerdo con reglas que aplica de manera rígida. El objetivo de este
comportamiento es prevenir o disminuir la ansiedad o malestar que le traen los
pensamientos obsesivos que no se logran controlar, o bien, evitar sucesos o
situaciones que puedan empeorar las circunstancias.
El TOC suele empezar a manifestarse durante la infancia o la adolescencia. Su
evolución suele ser progresiva, aunque puede aparecer también de forma repentina
por estrés o ante un acontecimiento concreto que actúa como desencadenante. Se
considera como un trastorno crónico, si bien cursa con periodos de clara mejoría, la
desaparición total de los síntomas únicamente se produce en un 20% de los casos.

Los pensamientos obsesivos pueden ser de diferentes tipos:

➢ Impulsos, que se caracterizan por ser agresivos y causar un miedo irracional


a causar cualquier tipo de daño a las personas más cercanas.
➢ Temores o fobias, generalmente enfocados al temor de contaminarse al
tocar cualquier cosa o ser tocados por alguien, o la obsesión por defectos
físicos que perjudican su imagen corporal, o actitudes hipocondríacas.
➢ Ideas, que se manifiestan por una obsesión por el orden, la limpieza, el
transcurrir del tiempo, etc.
➢ Dudas que les llevan a comprobar todo de forma reiterada para evitar
problemas o catástrofes: la cerradura de casa, la espita del gas, las ventanas,
la luz.

Otra particularidad de este cuadro es que las obsesiones y compulsiones se


mantienen por periodos prolongados de tiempo (pueden ocupar más de una hora
diaria), lo que en muchas ocasiones genera un malestar significativo que puede
manifestarse en un deterioro a nivel social, laboral u otras áreas relevantes para el
en el funcionamiento del sujeto.

Además, hay que destacar que los síntomas obsesivos-compulsivos no se atribuyen


a los efectos fisiológicos que pueda generar una sustancia, sean drogas,
medicamentos, etc) ni a otra afección clínica.
Causas

Aunque no se conocen bien las causas de este diagnóstico, se han logrado


identificar diferentes factores que pueden intervenir en el desarrollo de este cuadro
psiquiátrico. Desde una perspectiva biológica, se ha constatado que las personas
que la sufren presentan alteraciones del lóbulo frontal del cerebro y en la secreción
del neurotransmisor serotonina.

Este neurotransmisor está implicado en el proceso de la regulación del estado de


ánimo, la agresividad y la impulsividad, además de modular la transmisión de
información de una neurona a otra, este último proceso en las personas con TOC se
desarrolla con mayor lentitud que en las personas sin dicho diagnóstico.

También se sabe que existen factores genéticos que condicionan el desarrollo del
TOC, aunque se desconoce el modo en que se transmiten. No obstante también hay
que tener en cuenta que existen acontecimientos o situaciones puntuales en la vida
de una persona que pueden actuar como desencadenantes: pueden ser
enfermedades propias o de un familiar, la muerte de un ser querido, una separación
o divorcio, una educación muy rígida durante la infancia, algún trauma, entre otras.

Tratamiento

En el 75% de las personas diagnosticadas con TOC, con un tratamiento adecuado


que generalmente contempla el uso de psicofármacos y de psicoterapia, en casos
muy graves puede ser necesario recurrir a otras técnicas, como es la neurocirugía,
también denominada psicocirugía.

La constatación de que en los pacientes con TOC está alterada la secreción de


serotonina abrió una importante vía para el tratamiento farmacológico. En la
actualidad los medicamentos de elección son los llamados inhibidores selectivos de
la recaptación de serotonina (ISRS).
Recientemente también se han incorporado los denominados inhibidores de la
recaptación de la serotonina y la noradrenalina (IRSN), estos se utilizan cuando
fracasa el tratamiento con los anteriores o en los casos en que el TOC se asocia a
una depresión.

El 80% de los pacientes con TOC muestran algún tipo de respuesta al tratamiento
farmacológico, si bien sólo en la mitad de ellos se obtiene una clara remisión de los
síntomas y la disminución de la frecuencia e intensidad, tanto de los pensamientos
obsesivos como de las compulsiones. No obstante, hay que advertir que aunque
estos fármacos son generalmente bien tolerados, deben administrarse en dosis
elevadas y de forma prolongada; y que la mejoría puede tardar algunas semanas en
llegar a producirse.

Psicoterapia

Las técnicas de terapia conductista se han mostrado especialmente efectivas en


personas con TOC que manifiestan la enfermedad con compulsiones, es decir, con
conductas equiparables a rituales. Con este tipo de terapia se ayuda al paciente a
enfrentarse a la idea, situación u objeto que teme, así para evitar la respuesta, el
comportamiento o el ritual que adopta para defenderse de ese temor.

Si el problema más importante lo constituyen los pensamientos obsesivos, la terapia


cognitiva puede ser la opción más adecuada, ya que se basa en que esos
pensamientos no son el problema, pues todas las personas pueden tenerlos en
algún momento, sino que es la percepción del paciente de que esos pensamientos
encierran un peligro y se hacen responsables de lo que pueda suceder y trata de
hacer algo para sentirse seguro y evitar que ello ocurra.

Respuesta al tratamiento

Hay una serie de factores o características de cada paciente que pueden favorecer
una mejor o peor respuesta al tratamiento. Sin embargo, el fracaso del mismo suele
producirse en enfermos que no cumplen las indicaciones del terapeuta, en aquellos
que tienen una depresión o un cuadro grave de ansiedad asociados, así como
cuando se consume alcohol o drogas, se tiene un bajo cociente intelectual o
presentan alteraciones de la personalidad o dificultades para las relaciones con
otras personas.
ESQUIZOFRENIA

La esquizofrenia es un trastorno mental severo, en donde su curso es crónico y


deteriorante a través del tiempo. Las causas específicas por las que se produce aún
son desconocidas, sin embargo, el riesgo que existe de desarrollar dicha patología
se relaciona directamente con el grado de parentesco biológico con un sujeto
afectado, es decir, hay presencia de factores genéticos, factores epigenéticos y
factores ambientales que podrían ser de riesgo para desarrollar algún tipo de
esquizofrenia.

La esquizofrenia es un trastorno crónico y grave que afecta la forma de pensar,


sentir y actuar de las personas. Aunque la esquizofrenia es menos común que otros
trastornos mentales, puede ser sumamente incapacitante. Alrededor de 7 u 8
personas de cada 1,000 desarrollarán esquizofrenia en su vida.

Muchas veces, las personas con este trastorno escuchan o ven cosas que no están
allí o piensan que los demás pueden leer su mente, controlar sus pensamientos o
conspirar para hacerles daño. Esto puede causarles mucho temor y convertirlos en
personas retraídas o extremadamente agitadas; también puede ser espantoso y
molesto para las personas que los rodean.

Las personas con esquizofrenia a veces hablan de cosas extrañas o inusuales, lo


que puede hacer difícil mantener una conversación con ellas. También pueden durar
horas sentados sin hablar ni moverse. A veces las personas con esquizofrenia
parecen estar perfectamente bien hasta que hablan de lo que realmente están
pensando. Las familias y la sociedad también se ven afectadas por la esquizofrenia.
Muchas personas con este trastorno tienen dificultad para mantener un trabajo o
cuidarse, lo que puede hacer que dependan de otros. El estigma en torno a la
esquizofrenia es común, por lo que las personas con este trastorno a menudo
prefieren no hablar sobre él, ni obtener el tratamiento adecuado.
Entre las posibles causas de aparición de la enfermedad, la esquizofrenia tiene un
componente genético demostrado.

Además del componente genético, en la mayoría de los pacientes se pueden añadir


una serie de factores externos o precipitantes que desencadenan la enfermedad.
Algunos de estos factores son los siguientes:

 Consumo de drogas (cannabis, cocaína, anfetaminas, etc.)


 Cambios en el patrón del sueño
 Acontecimientos vitales estresantes
 Factores Sociales/Competitividad/Sobreesfuerzo

Esta unión de predisposición genética y circunstancias externas que llamamos


precipitantes puede producir un desequilibrio químico cerebral que conlleva a una
serie de cambios en los neurotransmisores, principalmente los dependientes de la
dopamina y la serotonina (que son sustancias químicas del cerebro), que
desencadenan la esquizofrenia.

Síntomas

Los síntomas de la esquizofrenia se categorizan de manera amplia en 3 tipos;


positivos, negativos y cognitivos.

● Los síntomas positivos son los comportamientos psicóticos que


generalmente no se ven en personas sanas, las personas que presentan
estos síntomas se ven como si perdieran el contacto con la realidad, estos
síntomas van y vienen, mientras que en otras, se mantienen constantes. La
gravedad de los síntomas positivos puede depender de si la persona está
recibiendo tratamiento o no; ya que los síntomas positivos incluyen las
alucinaciones, los delirios, los trastornos del pensamiento y los trastornos del
movimiento.
- Las alucinaciones son experiencias sensoriales producidas en la ausencia de
un estímulo, que pueden ocurrir con cualquiera de los cinco sentidos (vista,
oído, olfato, gusto o tacto). Las “voces”, o alucinaciones auditivas, son el tipo
más común de alucinaciones en la esquizofrenia. Muchas personas con este
trastorno oyen voces, estas pueden ser internas (parecen venir de dentro de
la mente de la persona) o pueden ser externas y parecer tan reales como si
otra persona estuviera hablando. Estas voces pueden hablar con la persona
sobre su comportamiento, ordenarle que haga cosas, o advertirle acerca de
algún peligro. A veces las voces se hablan entre ellas y otras veces las
personas con esquizofrenia hablan con las voces que escuchan. Otros tipos
de alucinaciones incluyen ver personas u objetos que no están allí, oler cosas
que nadie más huele o sentir cosas tales como dedos invisibles que les tocan
cuando no hay nadie cerca.

- Los delirios son creencias falsas que se mantienen firmemente a pesar de


que no son consistentes con la cultura de la persona. Los delirios continúan
incluso cuando hay evidencia de que no son verdaderos o lógicos. Las
personas con esquizofrenia pueden tener delirios que parecen extraños,
como creer que los vecinos pueden controlar su comportamiento con ondas
magnéticas, creer que las personas que salen en la televisión les están
dirigiendo mensajes especiales o que las estaciones de radio están
transmitiendo sus pensamientos en voz alta. Éstos son los llamados “delirios
de referencia”. A veces creen que son otra persona, como un personaje
histórico famoso o también pueden tener delirios paranoicos y creer que otras
personas están tratando de hacerles daño, sea por engaño, acoso,
envenenamiento, espionaje o que están conspirando contra ellos o contra las
personas que quieren. Estas creencias se llaman “delirios de persecución”.

- Los trastornos del pensamiento son maneras inusuales o disfuncionales de


pensar. Una de esas formas se llama “pensamiento desorganizado”, lo cual
ocurre cuando una persona tiene dificultad para organizar sus pensamientos
o para conectarlos lógicamente y puede hablar de una manera confusa y
difícil de entender. Otra forma se llama “bloqueo de pensamiento” o
“bloqueos”; esto es cuando una persona deja de hablar repentinamente en la
mitad de lo que estaba diciendo. Cuando se le pregunta por qué dejó de
hablar, puede decir que sentía como si la idea se había ido de su cabeza. Por
último, una persona con un trastorno del pensamiento puede inventar
palabras sin sentido o “neologismos” (expresión de nueva creación de una
lengua).

- Los trastornos del movimiento pueden aparecer como movimientos agitados


del cuerpo, algunos de los cuales se repiten una y otra vez. En el otro
extremo, una persona con trastorno del movimiento puede llegar a ser
catatónica. La catatonia es un estado en el cual una persona no se mueve y
no responde a los demás (la catatonia es rara, pero era más común cuando
no existían tratamientos para la esquizofrenia)

● Los síntomas negativos están asociados con la interrupción de las emociones


y los comportamientos normales. Estos síntomas son más difíciles de
reconocer como parte de la enfermedad y pueden confundirse con la
depresión u otros problemas. Entre los síntomas negativos se encuentran:
afecto plano (disminución en la expresión de emociones a través del rostro o
tono de voz); falta de satisfacción en la vida diaria; dificultad para comenzar y
mantener actividades; y reducción del habla.
Las personas con síntomas negativos pueden necesitar ayuda con sus tareas
diarias; pueden descuidar la higiene personal básica. Esto puede hacer que
parezcan perezosos o que no quieren ayudarse a sí mismos, pero esos
comportamientos son síntomas de la esquizofrenia.

● Los síntomas cognitivos de la esquizofrenia son sutiles para algunas


personas y más graves para otras. A veces los propios pacientes pueden
notar cambios en su memoria u otros aspectos del pensamiento, al igual que
con los síntomas negativos, puede ser difícil reconocer que los síntomas
cognitivos forman parte de este trastorno. Con frecuencia, sólo se detectan
cuando se realizan pruebas específicas. Los síntomas cognitivos incluyen:
deficiencia en el “funcionamiento ejecutivo” (capacidad para comprender
información y usarla para tomar decisiones); problemas para concentrarse o
prestar atención; problemas con la “memoria operativa”, también conocida
como “memoria de trabajo” (capacidad para usar información inmediatamente
después de haberla aprendido). Una disminución en las habilidades
cognitivas se relaciona con peores resultados laborales y sociales, lo que
puede causar angustia a las personas con esquizofrenia.

Tipos

Los tipos de esquizofrenia están definidos por los síntomas que predominan en la
evaluación del paciente con esquizofrenia y es frecuente que el cuadro incluya
síntomas que son característicos de más de un subtipo.
Por esta falta de especificidad, en la última actualización de la clasificación
americana de enfermedades mentales recientemente se han suprimido estos
subtipos. No obstante, pasamos a describir las características que más definían a
estos subtipos:

Esquizofrenia paranoide: presencia de claras ideas delirantes y alucinaciones


auditivas sin claras alteraciones en la afectividad, en el lenguaje y sin mostrar un
comportamiento catatónico asociado. Fundamentalmente, las ideas delirantes son
de persecución, de perjuicio o ambas, pero también puede presentarse ideas
delirantes con otra temática, aunque suelen estar organizadas alrededor de un tema
coherente. También es habitual que las alucinaciones estén relacionadas con el
contenido de la temática delirante. Los síntomas asociados incluyen ansiedad, ira,
retraimiento y tendencia a discutir. El inicio tiende a ser más tardío que en otros
tipos de esquizofrenia y las características distintivas pueden ser más estables en el
tiempo.

Esquizofrenia desorganizada: se caracteriza principalmente al presentar un


lenguaje y comportamiento desorganizado, además las alteraciones en las
emociones se encuentran muy marcadas. Puede haber ideas delirantes y
alucinaciones, pero no suelen estar organizadas en torno a un tema coherente. Las
características asociadas incluyen muecas, manierismos y otras rarezas del
comportamiento. Habitualmente, este subtipo está asociado a un inicio temprano y a
un curso continuo. Históricamente, y en otros sistemas clasificatorios, este tipo se
denomina hebefrénico.
Esquizofrenia catatónica: La característica principal es una marcada alteración
psicomotora que puede incluir inmovilidad, actividad motora excesiva, negativismo
extremo, mutismo o peculiaridades del movimiento voluntario. Aparentemente, la
actividad motora excesiva carece de propósito y no está influida por estímulos
externos. Puede haber desde el mantenimiento de una postura rígida en contra de
cualquier intento de ser movido hasta una adopción de posturas raras o
inapropiadas. Para diagnosticar este subtipo, el cuadro debe cumplir en primer lugar
todos los criterios para la esquizofrenia y no ser más explicable por otras causas u
enfermedades.

Esquizofrenia residual: se debe utilizar cuando ha habido al menos un episodio de


esquizofrenia, pero en el cuadro clínico actual no es acusada la existencia de ideas
delirantes, alucinaciones, comportamiento o un lenguaje desorganizado,
sobresaliendo principalmente los síntomas negativos (aislamiento emocional, social,
pobreza del lenguaje, falta de interés).

Esquizofrenia indiferenciada: cuando una esquizofrenia no reúne los criterios de


los subtipos anteriores o presenta varios de ellos se le llama indiferenciada.

Esquizofrenia simple: los síntomas positivos (delirios y alucinaciones) son mínimos


destacando otras alteraciones. Ha sido un diagnóstico que ha estado envuelto en
controversias por lo que en la última edición del Manual DSM-V de trastornos
mentales se ha suprimido, así como el resto de los subtipos de la esquizofrenia. Se
caracteriza por un deterioro insidioso de las funciones mentales y del afecto
emocional (inhibición psicomotriz, falta de actividad, embotamiento afectivo,
pasividad y falta de iniciativa, empobrecimiento de la calidad o contenido del
lenguaje, comunicación no verbal empobrecida, deterioro del aseo personal y del
comportamiento social) durante más de un año, pero sin los síntomas positivos
propios de la psicosis. Todos estos posibles síntomas suponen un empeoramiento
significativo de la actividad laboral o académica y alteraciones en las relaciones
personales.
Tratamiento

Actualmente la esquizofrenia se puede tratar con medicamentos antipsicóticos y


psicoterapia, sin embargo estos tratamientos no eliminan o curan la esquizofrenia,
pero ayudan a mejorar la capacidad de funcionalidad y su calidad de vida. Aunque
cada persona responde de manera diferente a los diversos medicamentos, es
posible que una persona deba probar varios medicamentos antes de encontrar el
más eficaz.
En muchas ocasiones, cuando la sintomatología es muy persistente, se sugiere o se
realiza la hospitalización de la persona con esquizofrenia, con el fin de ayudar a
controlar de mejor manera los síntomas.
DISCAPACIDAD INTELECTUAL

El campo de la Discapacidad Intelectual (D.I.) está actualmente en un estado


cambiante, desde una comprensión más plena de la condición “discapacidad
intelectual” hasta el lenguaje y procesos empleados en su definición, denominación
y clasificación.

La discapacidad no debe entenderse como un elemento únicamente de la persona,


se debe considerar la discapacidad como una expresión de la interacción entre la
persona y el entorno. Se comienza a entender la discapacidad como un estado de
funcionamiento de la persona, dejando por tanto de identificarla como una
característica de la misma, ya que esta característica no es permanente o
inamovible y puede variar significativamente en función de los apoyos que reciba la
persona.
Desde esta perspectiva interaccionista se plantean tres elementos que se
encuentran en estrecha relación: las posibilidades o habilidades de la persona, en
relación a los distintos entornos en los que participa habitualmente, las posibilidades
de participación funcional en estos entornos y por la adecuación del conjunto de
apoyos y respuestas que las personas con las que interaccionan (familiares,
profesionales) les puedan proporcionar.
Se trata de plantear la importancia de los apoyos que se les puede facilitar a las
personas en situación de discapacidad intelectual para lograr contribuir a un nivel de
optimización de su participación funcional en cada uno de los entornos en los que se
desenvuelve.
Lo anterior hace que sea fundamental la evaluación multidimensional de las
personas dentro de los contextos en los que se desenvuelven y a partir de ahí se
determinarán los sistemas de apoyo necesarios, así como su intensidad y duración.

La nueva visión de la Discapacidad Intelectual, por lo tanto, establece que dicho


diagnóstico no es algo estático, sino más bien, una situación dinámica, la cual no
depende exclusivamente del coeficiente intelectual de las personas, también
depende de sus habilidades adaptativas y de su interacción con el contexto en el
que le toca desenvolverse.
Sin embargo, ya mencionado todo lo anterior es importante definir que para
diferentes autores la discapacidad intelectual, es entendida como la adquisición
lenta e incompleta de las habilidades cognitivas durante el desarrollo humano, que
implica que la persona pueda tener dificultades para comprender, aprender y
recordar cosas nuevas, que se manifiestan durante el desarrollo, y que contribuyen
al nivel de inteligencia general, por ejemplo, habilidades cognitivas, motoras,
sociales y de lenguaje (Organización Mundial de la Salud, 1992). Mientras que La
Asociación Americana de Discapacidades Intelectuales y del Desarrollo (AAIDD),
describe “como una serie de limitaciones significativas tanto en el funcionamiento
como en la conducta adaptativa, tal y como se manifiestan en las habilidades
adaptativas conceptuales, sociales y prácticas”. Esta discapacidad se origina antes
de los 18 años y cada individuo que es o fue elegible para un diagnóstico de retraso
mental es elegible para un diagnóstico de DI (Schalock et al, 2007).

Categoría Tipo Ejemplos


Prenatal Trastornos cromosómicos  Síndrome de Down
 Síndrome de Prader
Willis
 Síndrome de
Klinefelter
Trastornos de un solo gen  Hipotiroidismo
 Malformaciones
cerebrales como la
microcefalia genética, la
hidrocefalia y el
mielomeningocele.
Otros cuadros clínicos de  Síndrome de
origen genético Rubimstein-Taybi.
 Síndrome de Cornelia de
Lange.
Influencias ambientales  Deficiencias como la
adversas deficiencia de yodo y la
deficiencia de ácido
fólico
 Desnutrición grave en el
embarazo
 Consumo de sustancia
Perinatal Tercer Trimestre  Complicaciones del
embarazo
 Enfermedad de la
madre, como
enfermedad cardíaca y
renal, diabetes.
 Disfunción de la
placenta
Parto  Prematuridad grave,
muy bajo peso al nacer,
asfixia al nacer
 Parto difícil o complicado
 Trauma en el nacimiento
Neonatal  Septicemia, ictericia
grave, hipoglicemia.
Posnatal  Infecciones cerebrales
como la tuberculosis,
encefalitis japonesa y
meningitis bacteriana.
 Traumatismo craneal
 Exposición crónica a
plomo.
 Desnutrición grave y
prolongada.
 Baja estimulación.
BIPOLARIDAD

La bipolaridad es una patología mental grave que se caracteriza por causar estados
de ánimo que fluctúan entre dos polos opuestos. Estos polos son la
manía/hipomanía (fase de exaltación, euforia y grandiosidad) y la depresión (fase en
la que predomina la tristeza, inhibición e ideas suicidas). Es una enfermedad
crónica, con un curso fásico y recurrente, debiendo así, ser diagnosticada en un
tiempo oportuno antes de que limite la funcionalidad de la persona. Si no es tratada
a tiempo, implicaría una alta carga socioeconómica, asociándose a la morbilidad y
mortalidad.
Está presente la sintomatología maníaca (estos últimos contemplan dos
modalidades: tipo I, caracterizado por la presencia de uno o más episodios
maníacos acompañados de un episodio depresivo mayor, y tipo II, que presenta uno
o más episodios depresivos mayores acompañados al menos de un episodio
maníaco); trastorno ciclotímico —el equivalente al trastorno distímico para los
trastornos bipolares—, estado de ánimo crónico que reúne períodos de síntomas
hipomaníacos y depresivos sin que éstos tengan la frecuencia, gravedad,
importancia y duración de un episodio maníaco o depresivo.

Tipos

● Trastorno bipolar I: Es necesario que se cumplan los criterios para un


episodio maniaco. Antes o después del episodio maníaco puede haber
existido episodios hipomaníacos o episodios de depresión mayor.
Un episodio maníaco puede ser un periodo definido de estado de ánimo
anormalmente y persistentemente elevado, expansivo o irritable y un
aumento anormal y persistente de la actividad o la energía dirigida a un
objetivo (mínimo durante una semana) y está presente la mayor parte del día.
Durante el periodo de alteración del estado de ánimo y aumento de la energía
existen tres o más de los siguientes síntomas: aumento de la autoestima o
sentimientos de grandeza, disminución de la necesidad de dormir, más
hablador de lo habitual o presión para mantener la conversación, fuga de
ideas o experiencia subjetiva de que los pensamientos van a gran velocidad,
facilidad de distracción (la atención camba fácilmente a estímulos externos
irrelevantes), aumento de la actividad dirigida a un objetivo o agitación
psicomotora o participación excesiva en actividades que tienen posibilidades
de consecuencias dolorosas.
La alteración del ánimo es grave para causar un deterioro en el
funcionamiento social o laboral, puede necesitar hospitalización para evitar
daños a sí mismo o a otros (características psicóticas).

● Trastorno bipolar II: Requiere la presencia de al menos un episodio


hipomaníaco, con una historia de al menos un episodio depresivo mayor
previo. No debe haber historia de episodios maníacos o mixtos, debido a que
la presencia de estos es determinante de un diagnóstico de trastorno bipolar
tipo I.

● Trastorno ciclotímico: La ciclotimia es un trastorno del ánimo fluctuante,


crónico, con numerosos síntomas hipomaníacos y depresivos leves. Ambos
tipos de síntomas (hipomaníacos y depresivos) no son suficientes en
intensidad, persistencia o duración para encontrar los criterios completos de
un episodio depresivo mayor o un episodio maníaco. El trastorno ciclotímico
usualmente es crónico.

● Trastorno bipolar no especificado (NOS): Corresponde a una categoría


diagnóstica residual para trastornos con elementos bipolares que no cumplen
con los criterios para trastorno bipolar tipo I, II o ciclotimia. Por ejemplo, una
persona que experimenta múltiples episodios hipomaníacos sin episodios
depresivos intercurrentes o síntomas depresivos o hipomaníacos que son
demasiado infrecuentes para ser calificados de un trastorno ciclotímico.
También puede ser utilizado temporalmente, por ejemplo, mientras se aclara
si el episodio es secundario a otra condición médica, uso de antidepresivos o
consumo de sustancias.

La edad promedio del diagnóstico es a los 21 años. El comienzo temprano se asocia


con el género femenino, mayor número de síntomas psicóticos a lo largo del curso
clínico, mayor comorbilidad global y un periodo más prolongado desde el primer
episodio hasta el diagnóstico y tratamiento adecuado.
ANTIPSICÓTICOS

Definición Tipo de medicamento que se emplea para tratar los


síntomas de la psicosis, tales como alucinaciones
(visiones, sonidos, olores, gustos o contactos que una
persona cree que son reales, pero que no lo son),
delirios (creencias falsas) y demencia (pérdida de la
capacidad de pensar, recordar, aprender, tomar
decisiones y resolver problemas). La mayoría de los
antipsicóticos impide la acción de ciertas sustancias
químicas en el sistema nervioso.

También se llama medicamento antipsicótico y


neuroléptico.

Los medicamentos antipsicóticos se dividen en dos


“generaciones”. Los médicos suelen referirse a ellos
como antipsicóticos “antiguos” (llamados también
“típicos”) o antipsicóticos “nuevos” (o “atípicos”). Los
medicamentos antipsicóticos se presentan en forma de
pastillas que deben tomarse todos los días. Mientras
que otros antipsicóticos vienen también en inyecciones y
se aplican en consultorios o en el hospital.

Efectos secundarios Las personas que toman medicamentos antipsicóticos


no deben manejar un vehículo hasta que se adapten a
su nuevo medicamento.
Los efectos secundarios de muchos antipsicóticos
incluyen:
- Somnolencia
- Mareo al cambiar de posición
- Visión borrosa
- Latidos rápidos del corazón
- Sensibilidad al sol
- Erupciones en la piel
- Problemas menstruales en las mujeres

Los antipsicóticos atípicos pueden hacer que una


persona suba bastante de peso y cambiar su
metabolismo, lo que podría aumentar el riesgo de
desarrollar diabetes y colesterol alto. El médico debe
vigilar regularmente el peso, los niveles de glucosa y los
niveles de lípidos de una persona que toma
medicamentos antipsicóticos atípicos.
Los antipsicóticos atípicos también pueden tener efectos
secundarios relacionados con el movimiento físico,
como:
- Rigidez
- Espasmos musculares persistentes
- Temblores
- Agitación

Efectos que produce El aumento de consumo de bebidas ricas en cafeína


el consumo de estos provoca que aumenten las concentraciones plasmáticas
fármacos más alcohol, del antipsicótico, lo que a su vez puede provocar la
cafeína y/o drogas persistencia de la somnolencia, lo que vuelve a producir
la ingesta de cafeína, entrando así en una espiral de
consumo de café. El consumo de cafeína debe ser
considerado como un factor importante que influye en
las concentraciones plasmáticas del antipsicótico.
La adicción repercute negativamente en la clínica y el
curso de la psicosis. El consumo de estimulantes,
cannabis o alcohol reactiva los síntomas psicóticos
altera el curso de la enfermedad con más
presentaciones atípicas y sintomatología depresiva,
empeora el pronóstico incrementando los trastornos de
conducta y la auto y heteroagresividad y dificulta el
tratamiento, con mayor grado de incumplimiento
terapéutico y aumento del número de hospitalizaciones
BIBLIOGRAFÍA

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Sitios Web

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● https://www.siicsalud.com/td/smental/smental02n15011.htm