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El Mollete Literario

indicadorpolitico.mx molleteliterario@indicadorpolitico.mx

Director: Carlos Ramírez Noviembre 15, 2016, Número 39, Tercera Época

De pluma y pincel:
Javier Córdova, la Onda
no era lo que fue
Por Nallely Pérez (“Ene Riaño”) pág. 3
Índice
El lenguaje es sabor que entrega al labio la entraña abierta a un gusto extraño y sabio.

Jorge Cuesta

3
Editorial
De pluma y pincel: Javier Córdova, la
Onda no era lo que fue
Por Nallely Pérez (“Ene Riaño”)

Todo cambia si lo dejas caminar 6 Letras Torcidas


Por César Cañedo

Algunas de las mentes más brillantes lo son tras un arduo camino anda- 8 Silencio
Por Dr. Pluma
do, ya sea que perseveraron en su lucha por obtener lo que deseaban hasta
perfeccionarse, o tomaron otro sendero que los llevó al lugar donde final- 9 Parábola
Por SG. Quimor
mente se sintieron cómodos para pasar el resto de sus vidas.
Un ejemplo de esto nos lo cuenta Natalia Martínez, quien nos indica que
“el bloqueo del escritor” es una excusa cuando ya no encontramos cómo
13 Cuatro ideas para desmitificar el
bloqueo del escritor
Por Natalia Martínez
explotar una idea; lo mismo nos cuenta Javier Córdova, quien de la onda
de la Onda, vio en el lienzo un nuevo papel y en el pincel su nueva pluma.
Pero hay que dejar un dato claro: no todos tienen esa suerte. No todos
16 La muerte tiene permiso
cuando la violencia es ley
Por Paul Martínez
terminan donde quieren, pese a las ganas:
A George Orwel varias veces le rechazaron su obra Rebelión en la gran-
ja, una excusa fue: “Es imposible vender historias de animales en Estados
18 Archivo > Exportar > Knausgård
Por José Camarena
Unidos”. Mientras estaba con vida, a John Kennedy Tool le negaron varias
veces la que ahora es considerada una de las mejores obras del siglo XX, 19 DATING
Por Canuto Roldán
La conjura de los necios. Su madre, Thelma, no paró hasta ver publicada
2 la obra de su hijo quien terminó con su vida a los 32 años gracias a un ban- 20 Poema de amor fibonacci
Por Luis Villalón
quete de monóxido de carbono. Para ello buscó a Walker Percy (prestigiado

El Mollete Literario
filósofo y escritor) quien, con desgana, abrió el manuscrito y tras avanzar en 21 We are the roborts
Por Ximena Cobos
la historia olvidó aquello por lo que no aceptaba a la insistente madre: leer
a un autor muerto, del que nadie sabe, es tiempo perdido. Quedó fascinado.
El miedo y la ignorancia son fáciles de actuar y con ellas se puede justificar
todo. La vida no se encarga de ponernos donde debemos, somos nosotros.

Literatura con amor Por Luy


El Mollete Literario
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El Mollete Literario es una publicación mensual editada por el


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De pluma y pincel:
Javier Córdova, la Onda
no era lo que fue
Por Nallely Pérez (“Ene Riaño”)
3
El Mollete Literario

Algo sucedió ayer


Corría el año de 1985 cuando el escritor y pintor Javier Córdo-
va (1955) partió de la Ciudad de México, urbe que lo vio nacer
y a la cual ha plasmado devota y empedernidamente tanto en
papel como en acrílico. La causa de su exilio no se debió al gran
temblor sino a la proliferación de ratas de cuatro patas que a ini-
cios de ese año invadieron la Casa del Lago Juan José Arreola,
lugar en el que, al tiempo que tomaba talleres de cuento au plein
air, se desempeñaba como coordinador de prensa e ilustrador de
Ediciones Lacustres. Durante la fumigación se negó a cobrar y
emprendió el paso al norte del país a fotografiar el salvaje desier-
to de Sonora, “no perseguí el dinero, perseguí el arte, ser artista”, afirma.
Córdova pertenece a una generación es el caso de Opio en las nubes (1992) del co- es, más bien, una especie de En el camino
literaria, inmediata al Infrarrealismo, que lombiano Rafael Chaparro Madiedo. citadino, en el que El Loco va a toda máqui-
en el segundo lustro de los setenta optó El autor del relato “Rapsodias apoca- na por la capital mexicana, lugar a donde
por una narrativa continuadora, por así lípticas” sostiene “el proceso de mi vida fue ver precisamente Kerouac anhelaba llegar.
decirlo, de la llamada por Margo Glanz cómo mi país dejaba de ser nacional y pasaba a las
Literatura de la Onda. Fue, de algún transnacionales”. Creció en una unidad habi- CDMX: aquí culebra y calle son
modo, discípulo de Gustavo Sainz (1940- tacional en el seno de una familia burbuja, lo mismo
2015), a quien define como “hábil, gran en su paso de la niñez a la adolescencia El Loco y la Pituca se aman, cuento
maestro, ejemplo e inteligente”. Lo conoció tras poco a poco el ruido de fondo dejó de ser novelado escrito en 1976 que en 1981
asistir de oyente a las cátedras de literatura la Sonora Santanera y los tríos, El sargento lo hiciera acreedor al Premio Funda-
que impartía en la FCPyS, a partir de ese pimienta, ese que pintaba sin cesar al lado ción Mérida, describe frenéticamente
momento y hasta el cisma de La Semana de El submarino amarillo en las macetas, dio las aventuras de un grupo de outcast su-
de Bellas Artes, tras el que tomaron rumbos paso a la lectura de De perfil y a la entonces mergido en el bajo mundo callejero de
distintos, el autor de Gazapo (1965) fue reciente traducción que Juan Tovar hizo la Ciudad de México, una pandilla de
para Javier una figura imprescindible. de Carlos Castaneda. Con melancolía sos- delincuentes juveniles. Javier Córdova
tiene que tras la revolución juvenil “hemos asegura que más que una novela, estas
Blood rock o ahora va la nuestra desgraciado la familia. El arte ha roto esa bandera”. páginas fueron concebidas a modo de
A la luz de la mensajería instantánea Enfundado en camisa, pants y tenis “cómic, [El Loco] muere y reaparece”.
es fácil creer que los sesenta y setenta fue- que por las manchas de acrílico delatan La obra, que después de haber sido ga-
ron lo mismo: hippies. No es así, en muy ha estado pintando toda la mañana, re- lardonada no fue publicada de inmediato
corto tiempo los cambios que la juventud cuerda que su padre intentó disuadirlo debido a que sufrió de censura porque
experimentó en sus modos fueron verti- de su vocación literaria y plástica “te vas incluía una que otra palabra altisonante,
ginosos incluso en nuestro país tercerpla- a morir de hambre, vas a ser un marihuano”, según la explicación dada en ese entonces
4 netario, como los demás. La tumba (1965) le sentenciaba mientras estudiaba en por Elena Poniatowska, no es precisa-
de José Agustín, quien irónico es el único el CCH Vallejo, donde comenzó a in- mente autobiográfica. En ella Javier está
que queda vivo, y Pasto verde (1968) de Par- clinarse por el arte gracias al Taller de presente en dos personajes, El Loco, quien
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ménides García fueron un parteaguas pa- Lectura y Redacción para el que hizo asegura es una especie de alter ego que se
sajero, como el del Mar Rojo. Hablar de distintos proyectos como el film en una atreve a hacer cosas que el escritor sólo
la Onda dicta, diría Abraham Simpson, súper Ocho de un corto al estilo teatro imaginaba, así como en el narrador, que
no pensar en una Post Onda y, en efecto, pánico de Fernando Arrabal. Su madre, amigo y testigo de la pasión de la pareja de
no se trata de ver en la escritura de Javier el ángel de su hogar, no era psicoanalista amantes viaja con ellos en compañía de su
Córdova un expositor de ésta última mis- como Violeta, la progenitora del prota- inseparable máquina de escribir.
ma que, además, formalmente no existe; gonista de De perfil. La obra de Córdo- Publicada en 1987 por Editorial
no, su forma de narrar prefigura también va no emula, como la de José Agustín o Universo, El Loco y la Pituca se aman fue
el discurso speed que más tarde experi- Parménides, imágenes de una película de recientemente relanzada por el sello in-
mentaría la novela hispanoamericana, tal Angélica María ni recuerda a Avandaro; dependiente tapatío Ediciones el Viaje
(2016), hecho que llena de gusto al es-
Portada de El Loco y la Pituca se aman (El Viaje, 2016).
critor quien considera que ésta es en
realidad la primera edición de la obra,
ya que él se mantuvo ajeno de la pro-
moción de la misma cuando ésta salió
a la venta a finales de los ochenta. La
verdadera protagonista de la historia es,
según su autor, “la ciudad: el movimiento,
la vertiginosidad, las personas trashumantes”.
La Pituca le fue inspirada por una mujer
que conoció de niño, trabajaba en una
fábrica de zapatos “era hermosa, libre y vio-
lenta”, precisa con elocuencia.

Es que sólo soy un poema escrito


con sangre sobre tu piel
Mientras sorbe un mocachino bajo el
sol inclemente de Guadalajara, donde ra-
dica desde hace ya bastante tiempo debido
a que su esposa es oriunda de dicha
ciudad, Javier Córdova hace un re-
cuento de lo que fue su juventud
y la literatura de ese entonces. Al
cuestionarlo acerca de su relación
con José Agustín, autor entre otras
obras de La contracultura en México,
apunta que lo conoció: “en la calle
Gabriel Mancera [en la colonia Del Va-
lle], fuimos a buscarlo [Rafael Vargas y
yo], él estaba en un balcón escribiendo a
máquina con hojas de papel volando a su
alrededor, tocamos el interfón, nos recibió y
habló con nosotros como si nos conociera de
toda la vida (...) cuando salió de la cárcel
por posesión de enervantes fui a visitarlo a
Cuatla, le llevé de obsequio una pintura gigante de Córdova y amigos en Bellas Artes (1982).
la lengua de los Rolling Stones”.
Curiosamente la sensación que da triculó en la escuela de artes plástica La (1982). Recuerda estas fechas como “el
charlar con él es similar, pareciera que Esmeralda, que por entonces se ubicaba boom de Sainz”, quien fundó y dirigía La
es un viejo conocido. Javier brinda sus atrás de la iglesia de San Hipólito, cerca Semana de Bellas Artes, suplemento ilustra-
anécdotas y detalla, mientras fuma un de la Alameda, donde también se encon- do por los hermanos Castro Leñero que
cigarrillo, cómo fue su experiencia en el traba la librería de Polo Duarte, lugar en lunes a lunes se obsequiaba a nivel nacio-
Taller de Poesía Sintética (TapPoSin), el el que recuerda se podían adquirir autén- nal, e incluso en algunas universidades 5
cual surgió en las clases de Sainz: ticas rarezas bibliográficas, como Quince de Estados Unidos. Córdova recuerda
“No reuníamos en un depa de la Zona Rosa, uñas y Casanova, aventureros, novela histórica así el motivo que orilló a dicho escritor
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propiedad de Roberto Ortega, hijo del director de picaresca de Leopoldo Zamora Plowes. De al exilio en 1982, la desaparición de di-
la revista Su otro yo. Eran jornadas maratónicas, inmediato entró en contacto con figuras del cha publicación, episodio que el propio
tertulias de fines de semanas, no había drogas du- arte pictórico, como lo fue Gilberto Aceves Gustavo narró en El juego de las sensaciones
ras, sólo alcohol y mota. No estaba Sainz, sólo Navarro, con quien tomó clases de dibujo elementales. En este sentido apunta:
los chicos, Arturo Trejo Villafuerte, José Buil (di- en San Carlos. Por esta época se abre pasó “El 6 de enero lo echan, llegan por todos los
rector de Perfume de Violetas), Víctor Navarro, en exposiciones colectivas, una de ellas en ejemplares, todo por hablar en un cuento de la
Raúl Renán, Agustín Monrreal, Rafael Vargas, la Facultad de Medicina, así logra conjun- cicatriz en forma de media luna que tenía en la
que trabajaba con Jaime García Terrés, y quien tar su pasión literaria y plástica, realiza ilus- parte inferior de un seno la estrafalaria cuñada
me invitó a trabajar con él”. traciones en Revista UNAM y redacta para de López Portillo, la cual se contaba tenía cinco
En este sentido relata la desapari- la Dirección de Literatura (INBA). porches plateados y que mandó a tirar un muro
ción de uno de los integrantes del alu- Tras concluir la universidad, el joven para meter un piano en un hotel parisino”.
dido grupo, el duranguense Joel Piedra, Javier entra de lleno en la vida cultural, pu-
quien además de su amigo cercano fue blica los cuentos “Dos de nosotros”, “Cero Las vueltas del tiempo
novio de su hermana menor. Era el se- absoluto”, “Sueño número 9” y “En el ca- Los representantes de la Onda poco a
xenio de José López Portillo, la época de mino” en Nexos, Revista Futura, Revista de Be- poco nos abandonan, Sainz pereció el año
la Guerra Sucia, él estudiaba medicina llas Artes y Revista UNAM, respectivamente. pasado, y René Avilés murió apenas hace
y de pronto se esfumó; razón por la cual Asimismo, publica en la Gaceta conversacio- un mes; semanas atrás antes de que ocu-
sus allegados publicaron en un periódi- nes con pintores nacionales y extranjeros. rriera su deceso, Javier Córdova recordó
co el relato “Cabeza de piedra” que tra- Eran épocas de esplendor, precisa, en ese cuando éste llegó a la Casa del Lago y al
ta de la historia de un joven músico; con entonces el arte era redituable y pone de ver a Javier escribiendo le dijo “tú te quedas”.
dicho mensaje cifrado esperaban encon- ejemplo a un joven escritor peruano que vi- Así, mientras llega el momento de re-
trarlo pero no fue así, nunca volvieron a vía de la venta de un fanzine llamado Lam- leer a los autores que les prosiguieron en
saber de él, de modo que lo único que bo. “Había pago por los cuentos y por las lecturas”. estilo, este artista llamado Javier Córdova
les restó fue publicar de manera póstu- —quien ha impartido cursos de muralismo
ma el libro Espolón de piedra (1979). Nadie se mueva mexicano en Arizona y ha creado cerca de
La cercanía que mantenía con Gus- cinco mil piezas, las cuales ha expuesto en
A la sazón de los 80´s tavo Sainz hizo montara en el Museo diferentes galerías de la Perla Tapatía y
Pese a su cercanía a la FCPyS, al con- Carrillo Gil un mural efímero a propó- distintas partes del país— pinta sin parar y
cluir sus estudios de bachillerato se ma- sito de la presentación de Compadre Lobo escribe pero ahora con pincel.
Moderniscuir
Por César Cañedo
@chocorrols
chocorrol_x@hotmail.com

La celeste unidad que presupones No me enamoras para entrar en mono,


hará brotar de ti mundos diversos estereofón poliamoradamente,
Rubén Darío, que no me exige ser del mismo tono
Ama tu ritmo de Prosas profanas y así variar deliberadamente
para jugar los pelos en disputa
Partido de tortícolis el verso del rol que ya sin rol es sólo ruta.
reclama la presencia que más ama, Butler duerme feliz, gana dinero
pájaro merodeado pero terso, y su capilla crece en pelo güero,
levantisca anopróxima en tu cama. ¿dónde estamos sin voz las subalternas?
Eres tarzán de inusitada rama, cambiándonos las medias por las piernas,
6 intrépida jugada que da el cierzo, cuerpos torcidos, mentes en abyecto,
hemorroidal de una partida sana, limitar estereópito trayecto
macha sin par de todo mi universo. de un discurso radículo y abierto
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que confunde lo viable con lo incierto,
Úneme a ti de mística revira mas abriste un camino sin retorno
celeste designar de amor poeto cuestionar hasta el bollo sin el horno,
para cantar una ilusión que expira y pensaste una escuela divertida
porque de género no se está quieto para cambiar el punto de partida,
y me incomoda que me pida y pira no reniego la trama, sí lo fijo,
callar el odio y solventar la ira de fijar en lo queer un crucifijo,
por un amor que me soñó incompleto, talismánico errar del cuirtriarcado
saldar la carne que bajó del gueto, que pretende instaurar pontificado.
diferencia suprema para el reto
de amar sin ton para cambiar de mira. Abramos, pues, la cama y la memoria,
del monótono el velo descorramos
Perfórmate y conviérteme en esclava que piensa sin cambiar de trayectoria
de resistencia de cadenas norma, y dobla la violencia de sus amos,
marchan las putas lúbricas de lava digno eres, triunfal de diferencia,
para voltear esta jodida forma por ser persona y resistir tu esencia.
de amar, de ser, de estar, de enamorarse
contrasexual contratextual vengarse
para el que, clara, nunca se conforma.
Poppers, cristales, salivar lubricas,
gimes en el espacio del deseo,
llenas mi laberinto de Teseo
y el cuarto entero de soñar maricas,
no me penetras con las partes canon
sino el pulgar bien enchufado anon.
CALAVERITA
7
A Ernesto Reséndiz El Mollete Literario

A Ernestito lo llevó

la huesuda entre las muelas,

y le dijo, mi niño, ¡te la vuelas!, Vas a sentir el dolor

ya leíste a todo joto, del juicio en el orificio

ya leíste la historia gay y no habrá dentista cerca

te crees de las letras rey que te ponga una amalgama.

en plumas de flor de loto. Te morirás poco a poco

Pero hay algo que te falta aferrado a mi macana,

y yo te lo voy a dar, que en cuestiones del amor

en el infierno sin par en las que soy muy versada

te dejaré el culo roto. más puede la muerte terca

que la pasiva letrada.

Ilustración:
María Bazana
Técnica Tinta
En silencio Por Dr. Pluma

H
ace tiempo encontré un pequeño escrito escondido en una vieja caja de madera;
por alguna extraña razón sentí miedo al verla. Adentro, un pergamino amari-
llento que emanaba cínicamente un pérfido olor. Uno no va por la vida encon-
trando, desenrollando y leyendo pergaminos, pero quien corre con esa suerte juro que no
deja pasar la oportunidad. Desprendí el listón y la hoja se abrió. Después de tanto cavilar caí
en cuenta que tal vez ese sería el subterfugio adecuado, el que con ansia estaba esperando…

***
En esta hora de angustia, cuando desciende Hazlo ahora… Ahora es distinto, es tu voluntad la que está
8 el telón, cuando un abrumador deseo de tristeza Muere con tus ojos llenos de tristeza ahoga- a punto de cumplirse. Eres tú quien quiere morir,
se allana sobre ti, faltan motivos para seguir da, pues ahora ni el llanto se atreve a asomar; no son ellos los que deciden por ti, no son ellos
con vida y los hay de sobra para no hacerlo. con desesperación las lágrimas deseaban esca- los que dictan. Eres tú quien dispone. Son las
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El curso de las cosas así lo amerita, el momento par y sin embargo las mantuviste escondidas, escasas fuerzas que provienen del corazón las
es el más idóneo de los que te puedes encontrar encerradas por años. No permitas que se queden que suplican abandonar esta existencia terrenal,
en la soporífera cadena del tiempo. Mira a tra- ahí y se vayan contigo a aquel lugar donde nun- mucho más dolorosa que cualquier enfermedad,
vés de la ventana y te darás cuenta que nada ca volverán a ver la luz. aquella extraña sensación que te carcome por
en absoluto cuanto existe te ata a este mundo. Muere con un gesto de tristeza y melanco- dentro.
Todo se ha perdido en el vacío y el rezago, se ha lía, no por lo que dejas atrás, si no por lo que Llorarán por tu partida, sí, lo harán, todos
quedado sepultado en el olvido, en aquel cami- ya no podrás hacer. En este acto perentorio sólo los humanos lloran y también todos derraman
no intransitable de la memoria de donde jamás recuerda que es mejor hacerlo ahora, mejor para lágrimas de hipocresía, llenas de vaguedad y
volverán a resurgir. ti, mejor para todos. mentira.
Ahora te encuentras distante, alejado de Piénsalo bien, te es imposible caminar Después de un tiempo de nueva cuenta se ol-
aquel lugar donde solías ser feliz; ya no hay con normalidad, estás acorralado al igual vidarán de ti; al fin y al cabo, será exactamente
salida, acabas de cruzar el punto sin retorno que un cordero rodeado por lobos hambrien- igual que antes, cuando estabas ahí pero no en
y no hay tiempo de arrepentirse. Con los ojos tos. Tu paso está cercado y no puedes moverte. su mundo, no con ellos.
cerrados das el siguiente paso y con aprensión Tus manos ya no responden, la soga te asfixia, Muere ahora que puedes, cierra las cortinas
caminas sin saber bien hacia dónde te diriges. siempre te ha asfixiado, no te ha dejado respirar y no permitas que la soledad te inhiba. Obstruye
Tal vez una caricia, el toque lastimoso de una un solo segundo en toda tu vida, y entre más ja- el paso de las extrañas razones del exterior. Ya
armonía fúnebre, una lágrima que recorre tu las y te aferras, más se tensa el nudo. No te afe- no hay tiempo, sólo hazlo y poco a poco dejarás
piel, todo, todo lo que te rodea puede hacerte rres a una vida con la cual ya no puedes lidiar. de sentir. Ya no reirás, ni llorarás. Todo volverá
daño y puede matarte. El olvido puede acabar Morirás en este instante, aunque en reali- a la normalidad, regresarás a aquel lugar donde
con tu existencia al igual que una palabra o una dad ya estabas muerto desde hace mucho tiempo, nada ni nadie perturbaban tu tranquilidad…
bala; el resultado es el mismo. obligado a caminar contra tu voluntad por una Solamente hazlo, deja de escribir, arroja
Muere lejos, muere aquí. Has vivido para senda que te era extraña, ajena, impropia; tu lejos aquella pluma que siempre te acompañó,
el mundo y nadie se ha detenido a observarte, a maquinación de una vida feliz era muy distinta. esconde este papel donde nadie pueda hallarlo.
procurarte y preocuparse por ti. Con un antece- No obstante, te ataron, te arrastraron hacia una Tal vez en un futuro estas líneas serán leídas
dente de esa naturaleza, qué podría atarte a esta vida que detestabas; sencillamente fuiste vejado, por alguien que al igual que tú anhela morir.
vida que no sea aquel resentimiento infame, un mutilado y asesinado. Levántate de aquel rincón oscuro, cierra los ojos
odio que tarde o temprano causará estragos en Atenuaron todo cuanto habías logrado: tus y deja de sentir, muere bien, muere aquí, muere
ti y cuyas consecuencias ya las conoces, porque huellas fueron borradas, tus actos señalados, ahora y en silencio.
ya las vives. nunca fuiste parte de nada, parte de nadie.
Ilustración:
Brenda Olvera
Técnica Tinta
Parábola Por SG. Quimor

E
n el vecindario donde de peque- unas vacaciones que de regreso a casa, La expresión de mi abuelo cambió n
ño yo vivía existía un loco. Como y mientras ayudaba a mi abuelo a cam- poco, se tornó seria, como si de pronto
quizá existen en la mayoría de biar el aceite de su viejo Chevrolet, que esos recuerdos que antes eran piezas de
vecindarios de otras ciudades; sin em- el viejo loco pasó por ahí, arrastrando un rompecabezas comenzaron a embo-
bargo, éste en específico, era un loco sus múltiples cobijas, al igual que sus nar uno con otro, y a darle significado a
peculiar. pies. Se le veía más encorvado, más su- un enigma.
Era un cliché de la demencia urba- cio, y ahora era seguido por cuatro pe- Bajó el capo del auto, lo cerró con
na, de esa locura indigente común en rros cuyo deplorable aspecto era similar cuidado y girando se recargó en la
ese tipo de personas. Su apariencia tam- al de su dueño. parte delantera del auto. Observó con
bién era un cliché: mezcla de indigente Todavía vive el viejo loco –expresé atención el envase de aceite, como si de 9
y sabio andrajoso; de loco melancólico. para mi. pronto hubiera encontrado algo muy in-
De pequeños todos le temíamos, nos Mi abuelo levantó la mirada por un teresante en él.
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parecía que además de cobijado por sus momento, observó la encorvada figura —Mil novecientos sesenta y seis,
sucias mantas lo estaba por un aire de y regresó su concentración al delgado teníamos poco de haber llegado a esta
amenaza, de ladrón de niños, de asesino chorro de aceite color dorado que ver- casa. Tu abuela estaba embarazada de
serial. ¿Recuerdan a Ted Kaczynski, el tía en el receptáculo del motor. Sacudió tu tía Claudia, que en paz descanse, tu
“Una Bomber”? Cuando ya adulto vi su levemente la cabeza y sonrió. —¿Sabes padre nació un año después –hizo una
foto en los diarios, pensé: Se parece tanto su historia? pausa, tal vez por el recuerdo de mi tía
al viejo loco que pasaba por nuestra calle. —¿Del viejo? No, sólo que decían que había muerto dos años atrás en un
Y como era de esperar, conforme fui- que estaba loco. accidente automovilístico–. La colonia
mos creciendo, aquél temor infantil se trans- Mi abuelo asintió sin quitar la vista contaba con pocas casas. Recuerdo que
formó en curiosidad, luego en desprecio. del delgado hilo de aceite. —Y puede estaba la nuestra, la de los Molina, la de
Ya adolescentes, cuando lo veíamos que sí. Cuando tú lo conociste no era tan los Cortés allá por la esquina y en las
caminar por la acera de enfrente le lan- viejo, sólo que la miseria en que vivía lo otras cuadras habría quizá dos o tres por
zábamos piedras, palos, o si la economía hacía verse así –levantó la boca del reci- calle, todas separadas por lotes baldíos,
personal lo permitía, fuegos artificiales. piente y lo tapó–. Cuando tú jugabas en pero eso sí, las calles estaban ya pavi-
Él, huía mirándonos con ojos asustados, la calle tenías… ¿Qué? ¿Ocho años? mentadas y bien señaladas.
nunca con rencor. Estoy seguro que en —Siete –corregí yo. Mi abuelo se agachó y depositó el
la humanidad no ha existido alguien Mi abuelo entre cerró los ojos, gesto envase en el suelo, se enderezó y me-
que no haya realizado algo en su ado- que denotaba que hacía cálculos menta- tió las manos en los bolsillos. Miró con
lescencia que le causara vergüenza des- les. —Mmmh, mil novecientos ochenta atención al anciano que se alejaba se-
pués, la primera borrachera, el primer y seis, sí, eran otros tiempos, los niños guido de sus perros. —Un día de pron-
intento de seducción, o alguna malicio- podían jugar en la calle y lo peor que to apareció ese hombre. Estábamos los
sa travesura contra el prójimo. Yo tengo les podía pasar era que se cayeran de la seis, tu abuela y yo, los Molina que ya
mi repertorio. bicicleta o se agarran a trompadas. tenían a sus hijos Pedro y Armando, y
A finales del 2010 llegué a esa etapa Reí levemente, era cierto, en estos días los Cortés que estaban recién casados.
de la vida en la que los jóvenes creemos era extraño ver niños jugar en la calle. Platicábamos afuera de nuestra coche-
que alcanzamos la madurez, y abando- —Pues para ese entonces él ya tenía ra, justo aquí, justo dónde está el auto
né el hogar de mis padres para ir a tra- unos veinte años viviendo por aquí. Y nun- ahorita, pero en aquél entonces era una
bajar al extranjero, una vez concluidos ca olvidaré el día que apareció en la calle. Chevrolet Chevelle del año, ah, como
mis estudios universitarios. Fue durante —¿Y eso? ¿Porqué? me gustaba ese auto, y lo que me costó
comprarlo –sonrió levemente–. Y en- lle. Le dije “Buenas tardes” y él no me
tonces vemos a este hombre caminando respondió, sólo se quedó ahí, respirando
apresuradamente hacia nosotros, cami- como si hubiera corrido una buena dis-
naba… como extraviado, mirando para tancia. Por fin nos preguntó dónde esta-
todos lados y en su cara tenía una expre- ba, le respondí el nombre de la calle, y él
sión de… espanto. miró hacia todos lados, como tratando
—Tu abuela dijo que el hombre ve- de ubicarse. Era joven, quizá más joven
nía drogado, ya sabes que en esa década de lo que nosotros éramos en aquel en-
sólo se hablaba de los hippies y de las tonces, y yo tenía ya unos cuarenta años.
drogas que usaban para alucinar, pero —¿Y qué pasó?
tu abuela nunca ha sido muy observa- Mi abuelo rió, pero levemente, una
dora. No vio lo que yo vi, era… algo de esas risa que parecen un ladrido, y
inadecuado en aquél hombre, algo… en este caso su risa parecía además, for-
fuera de lugar. zada.
Yo sonreí, mi abuelo era muy dado —Nos preguntó el año en el que es-
a contar la vida aderezando los relatos tábamos.
reales con pizcas de suspenso y misterio. —Vaya! –exclamé yo–. A lo mejor se
—Se aproximó a nosotros, y las mu- quedó trepado como dices por alguna
jeres se colocaron a nuestras espaldas droga, tú sabes, en un viaje.
buscando protección. Los otros hom- Mi abuelo miró de nuevo hacia el
bres se pusieron tensos, yo no, no por- lugar por dónde se había alejado el an-
que me creyera muy hábil para pelear, ciano. —Noooo, digo, sí, así lo pensé yo
más bien porque el tipo no me parecía esa primera vez, cuando lo conocimos,
10 amenazante… además, su ropa… pero luego, unos días después, me dijo
—¿Qué tenía su ropa? algo más.
Mi abuelo se encogió de hombros —¿Qué?
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y miró de nuevo hacia la calle, hacia el —Bueno, primero, antes de retirarse
lugar por dónde se había alejado el an- nos preguntó por una dirección, una ca-
ciano y sus perros. lle, y un número, es decir, el número de
—Eran extrañas, los colores, el ma- una casa, un domicilio.
terial, el corte. —¿Y?
—¿Cómo si fuera un disfraz? —Y bueno, que le dije que la calle
Él sacudió la cabeza y su frente se estaba tres cuadras abajo, pero que el
cubrió de arrugas. —No, no, eran, domicilio no existía, que esa calle era
como ropas normales, pero… nueva y no había casas aún, que el do-
—¿Pasada de moda? micilio no existía. Así que se dio la vuel-
Me miró a los ojos y sonrió, pero su ta y se dirigió hacia esa calle, preguntán-
sonrisa parecía más un gesto de timidez, dose en voz alta una y otra vez lo mismo.
Ilustración:
como si se fuera a disculpar por la que —¿Qué? Brenda Olvera
iba a ser su respuesta. —Más bien ade- —¿Porqué entré en el agujero? Técnica Tinta
lantada de moda. —¿El agujero?
Mi gesto, una mezcla de incredu- —Hey –afirmó mi abuelo sacudien-
lidad y de incomprensión debió de ser do la cabeza–. Y así se alejó, dejándonos
muy claro, porqué mi abuelo trató de a todos aliviados que se largara con su
recobrar su postura. cara de miedo y sus ropas raras. Cla- hombre y volvimos a nuestra rutina dia-
—Bueno, no sé, era diferente –y cla- ro que al poco rato ya estábamos bro- ria. Fue al tercer día que yo salí a caminar,
vó su mirada en mi ropa. A sus ojos re- meando sobre él. mi doctor insistió en que debía de ejerci-
gresó esa expresión pensativa, similar a la Mi abuelo guardó silencio por algu- tarme, hacer algo de movimiento y que
que asumió cuando comenzó su relato. nos segundos, y concentró su mirada en dejara de fumar. No dejé de fumar, pero
—Llegó hasta nosotros y guardando el pavimento. sí decidí aquél día comenzar a dar por lo
distancia primero nos miró a todos con —Algo me dice que ahí no acaba la menos algunas vueltas por la colonia ca-
una expresión de sorpresa, como si no- historia. minando. Así que salí. Le di un beso a tu
sotros fuéramos los extraños. Nos estu- Él sacudió levemente su cabeza man- abuela y me guardé la cajetilla de cigarros
dió por unos segundos, es decir, nuestras teniendo su expresión pensativa. —Sí, en la bolsa. Caminé un par de cuadra,
ropas, luego miró mi Chevrolet Cheve- así es. Por un par de días olvidamos a ese y sin pensar o planearlo me dirigí hacia
“Bueno, aquí viviré”, me contestó, “o aquí
estará mi casa”, me dijo volviendo a mi-
rar el lugar ese. “¿Compró este terreno?”.
“No”, me dijo, “mi papá lo compró… o
lo comprará”.
Yo no entendí, pero me quedó claro
que aquél hombre estaba mal de la ca-
beza. “¿Ya comió?”. Le pregunté. “No”,
me respondió. “Ahorita le traigo algo de
comer”, le dije, y me regresé a la casa y
le llevé un plato con comida que se de-
voró como si no hubiera comido desde
el día que lo vimos por primera vez.
—Esa fue mi rutina casi diaria. Salía
a caminar por la tarde, y llevaba conmi-
go algo de comer. Diario lo encontraba
ahí, sentado en el mismo lugar, aunque
estuviera lloviendo, o hiciera mucho sol.
Poco a poco sus ropas raras se hicieron
viejas, se desgastaron, pero no se movió,
o por lo menos yo lo encontraba siempre
en el mismo lugar, a lo mejor se movía
a otros terrenos con hierbas más altas
para ir al baño o a dormir, pero nunca lo 11
supe, siempre lo encontraba ahí, toma-
ba el alimento que le llevaba, que creo
El Mollete Literario
era su única comida en todo el día, me
daba las gracias y se quedaba sentado
en aquel lugar con la mirada perdida.
Un día me senté a su lado mientras él
comía, “¿Qué le pasó, amigo?, ¿Porqué
terminó así?”, le pregunté. Él dejó de co-
mer y miró hacia el suelo y se quedó un
rato así, pensando. Fue mucho el tiempo
que le tomó, tanto que pensé que se ha-
bía desconectado de la realidad, y estaba
a punto de levantarme para regresar a
casa cuando dijo: “Si le digo no me lo va
a creer, va a pensar que estoy loco”. “No,
nomás cuénteme”, le respondí.
Se quedó otro rato mirando el piso,
luego se soltó: “Yo andaba por aquí, ca-
minando por la calle por la tarde, y pues
me metí en un terreno, allá arriba, calles
la calle por la que aquél hombre había acercándome a él. “Buenas tardes” le dije, arriba, un terreno que pensaba decirle
preguntado. Y ahí estaba, con la misma “¿Cómo va?”. Y él me miró sorprendido, a mi padre que compráramos, porque
ropas extrañas que le habíamos visto dos pero no respondió el saludo. Así que me llevaba muchos años sin fincarse”. Se
días atrás, sentado sobre la banqueta, con detuve, más por curiosidad, por ver qué quedó callado unos minutos, entrecerró
las piernas recogidas, las abrazaba como le podía sacar de información para con- los ojos mirando hacia la nada. “Ese día
lo hacen los niños. Tendría unos treinta tarle a tu abuela. “¿Qué hace por aquí?”, hacía mucho calor, mucho, y el terreno
años aquél hombre, pero parecía un niño le pregunté. “Aquí vivo”, me respondió tenía hierbas muy altas. Yo sólo quería
asustado. Me detuve por unos segundos, mirando hacia un lote baldío que no tenía ver que dimensiones tenía el terreno,
pensé en darme la vuelta y regresar, pero nada de hierba, que estaba limpio, y que si estaba completamente plano, y justo
luego dije, “que carajos, porque le tengo no podía tener alguna casucha improvisa- cuando llegué al centro, ahí, en un como
miedo a ese loco” y continué caminando da. “¿Cómo que aquí vive?”, le pregunté. claro de la hierba estaba aquél círculo”.
“¿En el piso?”, le pregunté yo mientras años no se ha perdido. suyos, bromas bien planeadas, elabo-
en mi cabeza trataba de ubicar de cuál —¿Pero no recuerdas que era? –insistí. radas y pacientemente llevadas acabo.
terreno hablaba, ya que en la calle a la Él sacudió la cabeza. —Déjame bus- Pero aquél no era el recuerdo que tenía
que él se refería todo era un gran terre- carlo, porque ya me entró la curiosidad, de él, ningún miembro de la familia lo
no en sí, toda las cuatro cuadras a la re- nomás lo encuentro y te aviso. recordaba así. Él siempre fue más bien
donda eran terrenos sin fincar en aquel Fue la última vez que hablé con él. serio, de un humor formal, rayando en
año. “No, es por eso que le digo que va a Al día siguiente tomé un vuelo muy tem- la elegancia.
decir que estoy loco… había un círculo, prano de regreso a Houston. Por un par Ahí, fuera totalmente de lugar, gas-
pero en…”, y levantó la mano y dibujó de días pensé en la historia del anciano tado por el tiempo, decolorado por el
un circulo frente a él, “en el aire, como loco, prometiéndome llamar a mi abue- paso de los años, cubierto de una capa
un agujero en el día”. “¿Un agujero en lo para preguntarle si había encontrado de polvo que sólo décadas de paciente
el día?”, le pregunté. “Sí, en nuestro día, el objeto, pero el trabajo y lo cotidia- espera puede acumular, estaba un telé-
como si en nuestro día hubiera un hoyo no me hicieron olvidar por un tiempo fono celular, “EL” teléfono celular, in-
delante, como una ventana, una puerta aquella conversación. ventado por Steve Jobs en el año 2007.
flotando, y era grande, como de mi ta- Mi abuelo murió dos meses después Un IPhone.
maño, negro, oscuro, o… más bien sin de mi visita, en el mismo lugar dónde tu- ¿Estaba acaso yo dejándome llevar
color”. En aquél momento me quedó vimos nuestra última charla. Estaba re- por mi imaginación? ¿No estaba equi-
claro que el tipo sí estaba loco como lo visando el agua de la batería de su auto vocado y el mencionado objeto era otro,
pensamos la primera vez que lo vimos, cuando su corazón se rindió, un infarto. oculto en otro lugar? ¿O había sucum-
pero no me podía levantar así, brusca- Mi padre me dijo que no sufrió, que ese bido en meses recientes mi abuelo a la
mente, yo lo había invitado a hablar, tipo de accidentes cardiovasculares sue- demencia senil, y guardado aquél ob-
ahora había que escuchar su relato. “Y len ser rápidos, aquello me tranquilizó, jeto en ese cofre, e inventado la histo-
al principio me dio miedo, le busqué una saber que lo último que el abuelo hacía ria? ¿Podía alguna otra persona haber
12 explicación, pensé que era una sombra, fue lo que más le gustaba hacer, trabajar escondido el teléfono ahí? Todo esto era
una alucinación, alguna otra cosa. Así en su auto. probable, pero la historia, lo contado
que me acerqué y… lo toqué… y sen- Viajé para asistir al funeral, y me por aquél hombre, las ropas que decían
El Mollete Literario
tí… como una descarga eléctrica, pero quedé un par de días más para acom- portaba, el agujero en el aire, su terque-
agradable, como una caricia”, dijo son- pañar a mi padre que se veía un poco dad de estar sentado frente a la que dijo
riendo con una expresión aturdida en afectado. Aproveché aquél tiempo para sería su casa… años hacia delante.
su mirada, era la expresión de quién esculcar entre los objetos de mi abuelo, Pensé en aquél hombre, y en su
recuerda. “¿Y luego que hizo?”, le pre- recordando su historia ante cada artícu- descabellada historia, imaginé aquél
gunté, y la expresión soñadora en su lo que tocaban mis manos. momento: él, cruzando un portal para
mirada despareció, y ahora parecía tris- Dentro de un cajón con camisas de terminar en un tiempo al que no perte-
te. Se quedó callado por un largo rato, cuello ancho encontré aquella caja ver- necía, pero en el mismo lugar, tratando
hasta que finalmente me dijo: “Luego de metálica que había pertenecido a mi de entender como había llegado, no ahí,
metí la mano, luego el brazo, luego… lo bisabuelo, la que él había dicho usó para si no entonces, y quedándole como úni-
crucé, y terminé aquí”. guardar aquél objeto que el hombre le co recurso, el sentarse a esperar a que el
—No entiendo –le dije a mi abuelo. había entregado cuarenta y cuatro años tiempo lo alcanzara frente a la que sería
—Yo tampoco entendí, pero enton- atrás. La abrí experimentando una años adelante su casa.
ces me entregó algo, y me dijo: “Sé que emoción infantil. Y también recordé a Francisco,
no me cree, y que si le sigo explicando Primero encontré una serie de car- aquél amigo y vecino a quién desde que
qué hago aquí llamará a la policía, pero tas y telegramas que olían a historia. Las ingresé a la universidad no volví a ver,
tenga, guarde esto, algún día entenderá fechas me parecían a mí, un millennial, pero que sé vive aún por aquí. Recordé
que quise decir, algún día esto le dará increíblemente antiguas, aunque fueran que el anciano indigente no solía ha-
sentido a lo que le conté. ridículamente cercanas: 1950, 1960, blar con ninguno de nosotros, ni con los
—¿Y que era? –le pregunté interesado. 1970. Y debajo de esos objetos que utili- adultos del vecindario, pero a Francis-
Mi abuelo volvió a mostrar esa ex- zaban los nuestros para comunicarse en co siempre le gritaba cuando lo veía, le
presión pensativa como si buscara algo una época donde la espera era parte de gritaba una única y repetida frase, una
en sus recuerdos. —No me acuerdo, la cotidianidad se encontraba un objeto frase que nos hacía reír y nos motivaba
era algo pequeño, cuadrado, algo que electrónico común en estos días, pero a burlarnos de nuestro vecino.
me pareció extraño, así que me lo traje imposible en aquellos. —¡No entres al agujero Paco, nunca
para la casa y lo guardé, creo que por Al mirar aquél objeto pensé que qui- entres cuando lo veas!
ahí está, en la caja verde de metal, esa zá mi abuelo era un cruel pero pacien- Nunca se nos ocurrió cuestionar
que mi padre tenía de cuando estuvo en te bromista, una de esas personas que como sabía su nombre.
el ejército. Si es que en cuarenta y cuatro saben como gastar buenas bromas a los
Cuatro ideas para
desmitificar el bloqueo
del escritor

13
Por Natalia Martínez

S
El Mollete Literario

i escribes, seguro que en algún momento habrás


sufrido ese síndrome de todos conocidos: el blo-
queo del escritor. Hasta ayer todo marchaba, es-
tabas trabajando en tu novela y la historia fluía sin es-
fuerzo. Pero hoy ni una palabra brota de ti y todas las
ideas parecen haberse esfumadode tu cabeza, como si te
las hubieran borrado.
“Algo que se supone que les pasa a los
escritores, algo en lo que nos gusta creer
porque, cuando nos sucede, nos senti-
mos escritores de verdad. Si estamos
bloqueados, estamos desempeñando
bien nuestro papel de creadores, encaja-
mos en el rol. Así que aunque el bloqueo
sea una contrariedad, todo va bien”.

14

El Mollete Literario
Sabes lo que sucede: estás blo- mo estarás echándote las manos a oportunidad. De él van a salir co-
queado. Y lo sabes porque te han la cabeza y diciendo «¿Cómo que sas buenas, sólo es que tu cerebro
hablado del bloqueo desde que co- el bloqueo del escritor no es real? se toma su tiempo en materializar-
menzaste a escribir. De alguna ma- ¿Y los miles de escritores que lo las.  Lo que sucede es que el escri-
nera, lo del bloqueo del escritor es sufren, qué?» Tranquilo, en reali- tor, cuando se percibe bloqueado,
una especie de profecía autocum- dad lo que sucede es que llamamos entra en pánico. Precisamente por
plida, sabías que un día llegaría y, bloqueo del escritor a algo que no todo lo que ha oído contar sobre el
al final, acaba por llegar. Pues te- es tal. Usamos un nombre genérico bloqueo, por todas esas novelas y
nemos buenas noticias para ti. El para camuflar ciertos problemas de películas donde aparece un escritor
bloqueo del escritor no existe. escritura y no tener que enfrentar- que se dio a la bebida porque ya
Es un mito, como el de la ins- nos a ellos. Vamos a verlo. no podía escribir y al que su mu-
piración o el del talento innato. El bloqueo forma parte del pro- jer acaba abandonando; por todo
Algo que se supone que les pasa a ceso de escritura eso, el escritor se deja llevar por la
los escritores, algo en lo que nos En el fondo, el bloqueo del es- ansiedad.
gusta creer porque, cuando nos critor no es más que una parte más En el fondo, lo que pasa es que
sucede, nos sentimos escritores de del proceso creativo. Una parte del tienes miedo de que ese bloqueo
verdad. Si estamos bloqueados, es- proceso de escritura a la que todo sea algo permanente que te impida
tamos desempeñando bien nuestro escritor debería acostumbrarse y volver a escribir. Pero eso no suele
papel de creadores, encajamos en saber cómo gestionar. Simplemen- suceder. Para gestionar esa ansie-
el rol. Así que aunque el bloqueo te, tu cerebro se está tomando el dad, puedes hacer varias cosas:
sea una contrariedad, todo va bien. tiempo que necesita para crear, 1.- Hacer otra cosa: no te empe-
Es como si un tenista sólo se reco- para resolver problemas con la tra- cines y cambia de actividad. Pue-
nociera tenista cuando desarrolla ma, para profundizar en la motiva- des dejar de escribir durante dos o
epicondilitis (codo de tenista). O el ción de los personajes, etc. tres días y aprovechar ese tiempo
oficinista sólo se supiera oficinista Una novela no surge de la nada. para hacer deporte, pasear o salir
cuando sufre el síndrome del túnel Detrás de ella hay un enorme es- con tus amigos.
carpiano. fuerzo intelectual y creativo, y ese 2.- Leer: al sumergirte en otras
Pero mientras que esas enfer- esfuerzo requiere su tiempo. Tienes historias encontrarás formas de re-
medades son reales, el bloqueo que dártelo. No percibas el bloqueo solver los escollos de la que tú estás
del escritor no lo es. Ahora mis- como un problema, sino como una escribiendo. Leer es el mejor curso
de escritura que puedes hacer. saber cómo hacer los cimientos o buscas tu siguiente historia. Pasan
3.- Practicar la escritura li- levantar un muro. Puedes dibujar los días y no se te ocurre nada, así
bre:  la escritura libre consiste en los planos de la casa en un papel, que empiezas a desesperarte. De
escribir de forma ininterrumpida pero cuando tengas que empezar inmediato una frase surge en tu ca-
durante un periodo de tiempo pre- a edificar te quedarás parado. Por beza: estoy bloqueado. No, lo que
fijado, sin un tema preestablecido y suerte hoy en día tienes a tu alcan- sucede es que no has sabido apro-
sin prestar atención a la ortografía ce cientos de webs, libros y cursos vechar las épocas de bonanza.
y la gramática. Pruébala y te sor- de escritura que pueden suplir esa De la misma manera en que a
prenderán sus resultados. carencia. menudo la escritura se ralentiza,
En secreto, mientras haces algu- Pero, ojo, porque a menudo el otras, por el contrario, parece que
na de estas cosas, tu cerebro segui- bloqueo esconde otros problemas. no puedes dar abasto a escribir to-
rá trabajando en tu historia y, voi- Puede ser que, simplemente, lo das las ideas que se te ocurren. Pues
là, enseguida tu historia te llamará pongas como excusa para no po- bien, ese es el momento de trabajar
con fuerza de nuevo. nerte a escribir y dedicarte a otras para prevenir que sobrevenga un
No te has preparado bien cosas menos exigentes. Lo mejor es bloqueo. Cuando tengas una etapa
Ya hemos dicho que el bloqueo que te crees una rutina de trabajo de efervescencia creativa, invierte
del escritor forma parte del propio y trates de ceñirte a ella. Escribe una fracción de tu tiempo de escri-
proceso de escritura, pero también incluso aunque no tengas ganas y tura en tomar notas y hacer esbo-
es verdad que con un buen traba- no dejes que la idea de bloqueo te zos con todas esas ideas que manan
jo previo de planificación es muy paralice. sin cesar. Ese también es trabajo de
difícil que llegue a darse. Muchas Has perdido la conexión con la escritor, así que hazlo. De esta ma-
veces lo que esconde el bloqueo es historia nera,  cuando te quedes sin ideas 15
la falta de una adecuada prepara- También puede ocurrir que tendrás un arsenal de las que echar
ción. Muchos escritores se ponen pierdas la conexión con la histo- mano. Y, mientras te pones a escri-
El Mollete Literario
a escribir sin trazar un plan pre- ria. No es que estés bloqueado, es bir y las desarrollas, seguro que se
vio. Confían en que la historia se que simplemente la historia que te ocurren más.
desarrolle sola, en que ella les irá estabas escribiendo ha dejado de No te engañes
guiando. La realidad es que eso no interesarte. A veces este problema En resumen, el bloqueo del es-
suele suceder, sobre todo en el caso se relaciona con el del punto ante- critor lo que suele ocultar es lo que
de los escritores noveles. rior y simplemente se trata de que podíamos llamar la vagancia del
Es vital que crees una estructu- no lo estás desarrollando bien. Has escritor. Si no te molestas en for-
ra previa para tus historias, donde perdido el hilo por falta de traba- marte, si no te tomas el trabajo de
tengas claro sus tres fases básicas jo previo o por falta de los conoci- planificar tu novela, si no inviertes
(planteamiento, desarrollo y desen- mientos precisos para escribir bien tiempo en anotar y archivar las
lace), así como cuál es el conflicto una buena historia. Si eso es lo que ideas que se te ocurren para nue-
al que se enfrenta el protagonista. te sucede, ya sabes cómo solucio- vas historias… no te sorprendas de
Con esas ideas claras, te resultará narlo. encontrarte bloqueado. Pero ahora
más fácil avanzar sin detenerte. Pero si lo que pasa es que la ya sabes que lo del bloqueo es sólo
Sobre todo es muy importante sa- historia ha dejado de parecerte in- una forma de ocultarte la verdad
ber cómo va a finalizar tu historia. teresante tienes que asumirlo. En sobre tus problemas de escritura. Y
El final es la estrella polar que te ocasiones esa idea que nos parecía ocultar las cosas nunca es el cami-
guiará. Si lo tienes claro, sabrás en tan fascinante acaba por demos- no para resolverlas. Por lo tanto, en
todo momento hacia dónde tienes trarnos que no lo es. No hay forma lugar de quedarte parado, lamen-
que conducir la historia si pierdes de construir con ella una novela tándote porque sufres un bloqueo,
el camino. que pueda interesar a un lector. En ponte las pilas y empieza a traba-
Otras veces el bloqueo del es- ese caso lo mejor es que la dejes en jar.
critor lo que trasluce es una falta barbecho y empieces con otra. De- Si quieres saber más sobre es-
de preparación más profunda. No jar pasar el tiempo ayuda, porque critura, te invitamos a pasarte
es que no te hayas tomado el tiem- nos da una nueva perspectiva y nos por  Sinjania.com donde tenemos
po de crear un esbozo de su histo- permite continuar sin problemas. un blog lleno de consejos, manua-
ria, es que desconoces los recursos Te faltan ideas les de descarga gratuita y, por su-
y las técnicas que debes emplear En ocasiones, el bloqueo viene puesto, cursos de escritura. Te es-
para llevarla a cabo. Es como si no cuando estás escribiendo una peramos.
quisieras construir una casa sin novela, sino cuando has acabado y
La muerte tiene
permiso
cuando la violencia es ley
16

El Mollete Literario

Por Paul Martínez


sparring_loto@hotmail.com
@sparringloto

¿Cómo distinguimos lo que es moralmente acep-


table de lo que resulta intolerable para una vida en
sociedad? La construcción de un ethos social supone la
convención de al menos la mayoría de sus miembros
en la definición de lo que es bueno y lo que resul-
ta perjudicial para el desarrollo del grupo. Aunque
se dan a través de largos procesos culturales, en ge-
neral se puede argumentar que las determinaciones
que una sociedad va tomando sobre lo que considera
bueno o perjudicial están estrechamente ligadas a los
usos y prácticas de dicha sociedad.
A grandes rasgos podríamos decir sobre los que se sostiene dicha sociedad? lo que es la Justicia, también aparece un
que los valores, las reglas y en último En La muerte tiene permiso se plantea vacío cuando se intenta definir la Bar-
caso las leyes que rigen a una sociedad la siguiente situación: los campesinos de barie, que anteriormente estaba bien
determinada, son reflejo de las acciones San Juan de las Manzanas acuden a que- definido por ser aquello “fuera de la
que sus miembros realizan, y que el he- jarse de su presidente municipal, quien ley”, son los mismos “ingenieros” quie-
cho de que así sea es parte fundamental una y otra vez ha cometido atropellos nes responden a sus propios cuestiona-
para la convivencia de un grupo. y felonías en contra de sus gobernados, mientos, —¿Qué peores actos fuera de
De esta manera una sociedad acep- quienes terminan por cansarse “de estar la ley que aquellos que los campesinos
ta las reglas que considera moralmente a merced de tan mala autoridad”. denuncian de su presidente municipal?
plausibles, redacta las leyes para que ¿Es correcto justificar una regla por ¿Dónde está la Justicia, dónde está la
sean el resguardo de los valores que di- sí misma? Pretender que una ley sea Barbarie en San Juan de Las Manzanas?
cha sociedad pondera como correctos. buena por sí misma sería igual a cons- ¿Sobre qué valor se puede justificar
En una situación ideal deberíamos po- truir sobre un vacío. Los campesinos de el acto de infringir la regla? Cuando
der afirmar que las relaciones de convi- Valadés argumentan haber acudido a todo se derrumba no hay más solución
vencia entre sus miembros son susten- distintas autoridades, de quienes no han que intentar recomenzar desde las ba-
tadas por las leyes que la rigen, es decir, conseguido sino ser desoídos una y otra ses. El gesto es sencillo, como todo lo
por aquellas reglas que dicha sociedad vez, son ellos quienes denuncian el va- profundo en este cuento: Quien preside
se ha autoimpuesto a fin de permitirse cío cuando dicen: “como nadie nos hace la asamblea, un antiguo campesino, ele- 17
vivir conjuntamente. caso, que a todas las autoridades hemos va una voz “inapelable”. La asamblea
Sin embargo ¿qué es lo que sucede visto y pos no sabemos dónde andará la ha de decidir lo que será justo para los
El Mollete Literario
cuando comienza a aparecer una dis- justicia”. campesinos y el presidente municipal de
crepancia entre las leyes que rigen una El vacío que denuncian los campe- San Juan de las Manzanas. La conven-
sociedad y las prácticas que en ella se sinos es el de la Justicia, el valor de lo ción renovada reestablece el valor de la
realizan? justo se ha perdido en San Juan de las Justicia.
La muerte tiene permiso es un cuento Manzanas y entonces ¿Cómo debería- El final que nos ofrece Valadés es
de Edmundo Valadés, publicado por mos responder ante el vacío de un valor sorprendente y revelador. Sorprende y
primera vez en 1955, ambientado en el sustancial del convenio social? Se pre- completa la estructura circular del cuen-
México postrevolucionario, nos narra guntan los “ingenieros”. La discusión to, la asamblea decide dar permiso a los
con singular sencillez cómo un grupo parece sencilla y sin embargo no lo es, campesinos para que den muerte a su
de campesinos acude con las autorida- se proponen básicamente tres puntos a presidente municipal. Revela cuando los
des agrarias, luego de haber sido igno- discutir: campesinos anuncian que de hecho, ya
rados por la autoridad correspondiente, ¿Quién puede modificar la regla? han cobrado justicia por su mano, “des-
para denunciar una serie de agravios Generalmente las sociedades contem- de ayer”.
producidos por parte de su presidente plan en su constitución la producción de La reflexión que propone Edmun-
municipal. instituciones que contengan la posibili- do Valadés resulta escalofriantemente
Los “ingenieros”, como los presenta dad de modificar las reglas que las rigen. puntual para el México actual. La sen-
Valadés, se ven implicados sin quererlo, Este es el argumento que esgrimen los sación de que se pierde el sentido de las
en un dilema ético, pues ellos deberán “ingenieros” de Valadés en un primer instituciones sobre las que se sostiene la
decidir sobre si es plausible que los cam- momento, “somos civilizados, tenemos sociedad mexicana parece ser cada vez
pesinos cobren justicia por propia mano instituciones; no podemos hacerlas a un mayor. El final del cuento debería ad-
o no. El desenlace de esta historia re- lado. —Sería justificar la barbarie, los vertirnos que las sociedades producen
sulta cuando menos escalofriante. Los actos fuera de la ley”. las leyes a partir de las acciones que
campesinos habían ya cobrado justicia ¿Se puede justificar un acto fuera sus miembros ejecutan, y no del modo
por cuenta propia. de la regla para subsanar otro acto que contrario. Habrá entonces que pregun-
Edmundo Valadés propone, con también infringe la regla? Una vez que tarnos ¿Hasta dónde y cómo se verán
una simpleza que pasma, un dilema en se produce un vacío en las bases todo se institucionalizados los actos violentos
extremo complejo. ¿Qué es más impor- cimbra. En el cuento de Edmundo Va- que sacuden nuestra cotidianidad?
tante, conservar la regla que permite la ladés se presenta un vacío en la Justicia, ¿Qué tanto permiso le estamos dando
cohesión de la comunidad o intentar sin embargo este vacío no es el único, al a la muerte?
rescatar el sentido esencial de los valores desaparecer una definición clara sobre
Archivo > tituló a la concatenación de experien-
cias vertidas en seis larguísimos libros).
La crítica lo ha recibido con premios y
mente diría que es transparente.
En la Universidad de Hiroshima lo-
graron crear a una rana transparente.
brazos abiertos, con comparaciones ma- Los médicos utlizaron mutaciones ge-

Exportar > jestuosas; las ventas lo han tratado muy


bien y las entrevistas lo abordan como
al escritor de moda que no esperaba la
néticas sobre ranas albinas para poder
tener una rana a la cual ver sin necesi-
dad de abrirla. Así se llegó a una nue-
fama pero que con sus libros se ha con- va conquista de lo visible; nuestro ojo

Knausgård
vertido en la primera gran catedral de la es cada vez más absoluto. Knausgård
literatura del siglo XXI. hace un poco eso con su vida: la hace
De lo anterior me quedo, primero, visible sin alguna intención ideológica,
con las comparaciones: su obra es a la simplemente por el ánimo de rebuscar
manera de un Proust o un Sebald. Y en la narración de uno mismo rastros de
Por José Camarena aquí se llega a la primera encrucijada: identidad. Algo parecido a lo que hizo
se confunde a una novela autobiográfica la película Boyhood, que contaba tanto
extensa con otras novelas autobiográfi- que dejaba de ser historia para pasar a
El posmodernismo nos llegó un cas extensas. Una cosa es que recuerde ser mera tranpsarencia y situaciones.
poco tarde porque ya que lo vamos en- a Proust cuando acomodas los tomos en Es en este punto donde se llega a la
tendiendo, nos vamos dando cuenta que el librero, unos junto a otros, y ocupan nada y a su necesidad. El posmodernis-
no existe. Más grave: que no sirve, aun- el mismo espacio. Una cosa es que haya mo nos abrió el pensamiento para dar-
que existiera. Lo que se esconde miste- un trabajo de la memoria y de la indivi- nos cuenta de que la tentación de la nada
riosamente detrás de esta necesidad de sible fórmula autor/personaje como en cada vez es más ya un pecado, una ac-
construir dogmas para analizar lo que Sebald. Otra cosa es que literariamente ción ominosa. La(s) novela(s) de Knaus-
18 en realidad no queremos comprender hablen de lo mismo, que se les analice gård son atractivas porque a pesar de que
es esa constante tentación de hacerlo, como lo mismo, que se cosifiquen como existen, sirven. Entonces, es plausible de-
esa imposibilidad de negarse al impulso lo mismo. cir, para mí, que esta obra es la primera
El Mollete Literario
de llamarle a las cosas por nombres que Para cosificar la representación de realidad de lo que se trata la literatura del
no las identifican —con prefijos como la obra de los tres autores que he men- siglo XXI, ya sin rebabas, ya totalizada.
meta, inter, infra y exo— como si diario cionado basta decir que Proust y Sebald En ese sentido, entonces, más que pare-
fuera un génesis y cada lectura, fenóme- son individuos manifestándose por un cerse a otras novelas de otros grandes au-
no o expresión requiriera de su nombra- colectivo, en una época crítica de ideo- tores, se parece más a un blog:
miento para “ser”. logía que les sirve de marco, de tema y Era imposible discutir con quienes estaban
Dicho mejor y más simple: “La His- de pretexto. Proust escribió sobre la cul- en conflicto con mi libro. No seguí las reacciones,
toria es por lo tanto la experiencia de la tura francesa, sobre los cogollitos de la pero sabía que había mucha indignación moral
Necesidad, y esto es lo único que puede clase media alta, media burguesa de su por el nivel de privacidad que expuse. No hice
impedir su tematización o cosificación tiempo, sobre la vida artística de su épo- entrevistas, pero la ofensiva llegó a una cota
como mero objeto de representación o ca. y escribió también sobre el tiempo, imposible, había tanta crítica y la gente en los
como un código maestro entre otros”.1 la identidad y la memoria. Sebald escri- periódicos se volvió loca; las cosas que había
Parece que estamos tentados por la bió sobre la naturaleza social de sus años omitido salieron a la luz. Al final fui a un pro-
nada, lo que no implica que la tentación alemanes y europeos, sobre la tendencia grama de radio, hablé y llegó el silencio, porque
no exista, es real. Es real y es obscura. al pesimismo que lo rodeaba y sobre el me habían convertido en un monstruo y habían
Esa misma tentación es la que percibo olvido. decidido que no tenía ninguna sensibilidad. Pero
en la literatura de Karl Ove Knausgård Knausgård es un colectivo manifes- los rumores sobre el libro fueron muy distintos de
cuando escribe sobre sí mismo, o sea, tándose por su individuo. Se presenta las reacciones individuales, porque si lo habías
sobre nada. como el resultado lógico de su constitu- leído sabías que no era un proyecto malvado que
Porque cuando se arroja tanta luz ción familiar, de los amigos que lo ro- hice para ganar dinero. Al final la gente lo leyó
sobre un objeto sucede la obscuridad: dean, pero no de una época o de una y dejó de indignarse. Socialmente fue una trans-
mucha luz y la ausencia de luz es, en- circunstancia de la sociedad en la que gresión, ahora, ese muro ha caído, se ha movido
tonces, lo mismo. Knausgård no escribe vive o de un espíritu nacionalista o crí- un poco. Pero esto es todo muy difícil porque
una autobiografía, sólo arroja luz sobre tico. Es la historia anodina de la nada. es personal, y da igual lo que diga, me estoy
su vida en forma de escritura a lo largo Por eso es atractiva, por eso confunde y defendiendo.2
de seis tomos de su lucha (Mi lucha, así las personas —los lectores, los críticos,
los periodistas— comienzan a etiquetar
2 Entrevista a Karl Ove publicada el 8
1 Esto lo menciona Fredric Jameson en
la obra del noruego como posmoderna, de mayo del 2015 por Andrea Aguilar en:
sus Documentos de cultura, documentos de bar- metanarrativa o vertiginosa. Yo simple- http://cultura.elpais.com/cultura/2015/05/07/ba-
barie. belia/1430999545_578570.html
PERFIL
Hay que tener buena dicción
para decir el cuerpo.
DATING
Hay que saber acariciar Canuto Roldán
para escribir la voz
poetwithoutlanguage@gmail.com
porque leer
es siempre
un acto terrorista o reconciliador.
NO DATES
UBICACIÓN Luego de la danza de los cuerpos,
Por fin llegas al barrio. de la muerte como una mansa oscuridad
Andamos entre baches, de súplica y gemido,
perros sucios y olor a mota. la bomba cae
Te miro. como un ángel vengador
En efecto, eres mucho más alto que yo. y arruina el edificio de esa soledad
Me imagino recostado entre tus brazos gruesos. que todo lo perdona.
El motor de un tráiler Te vas.
retumba intermitente en la pista. La cita rápida terminó su turno.

ENTRÓN Aquí es así,


Mis labios buscan tu alimento entre los dientes,
y aunque el frío cala se escapa lo real 19
me hago espacio en tu entraña, como algo que nunca es nuestro.
pistilo ardiente. La lengua
El Mollete Literario
Me hinco, cincelante,
abro tus heridas, sigilosa
estiro la lengua, y audaz
establezco mi hambre entre tus huecos, busca otra cosa que no sean palabras,
jauría que se abre paso, busca el flujo de nuestros pliegues.
derrumbe de gritos y placeres.
Somos un himno incendiario El fuego llueve
de sonidos y labios en que ardemos, tras la leche patriarcal
como los huesos de un monstruo que se cree extinto; (se oye una cumbia asesina a lo lejos
como los rezos para un dios que ya no vuelve. Mátala mátala mátala mátala)
y devora a la explosiva nube
Te hincas de recuerdos.
para oficiar la herida.
Ahí, Muerta mi boca,
te haces espacio en mis entrañas, llena mi soledad,
tus labios buscan mi alimento saliva mi hambre
en el nudo de brazos y de piernas, en las frases de tu piel,
la angustia anonadada del placer. murmulla en la hondura de tu nombre.
Repito tu nombre hasta anidarlo en los poros. Lleno de ti,
Practico en tus labios para mejorar mi dicción. tu cuerpo es una voz que llama.
Y te pregunto ¿qué hay de terrible en esta ternura?
Nada. Contestas.
Y el vecino golpea el suelo con la escoba.
No le gusta el concierto de
mi carne hecha pregunta y
tu carne hecha respuesta.
Poema de amor
fibonacci

Hey

¿Qué tal?
¿Tu nombre?
Eres hermosa
20
Hay que conocernos mejor
El Mollete Literario
Me gustaría mucho terminar dentro de ti
Pasar toda la noche en ele ese de hablando sobre suicidio
Que tengas un retraso, orines en un palito y confirmar nuestra futura y desagradable paternidad
Discutir las ventajas y la gran belleza estética del aborto
Consumirás fuertes pastillas gástricas
Bebé muerto en el toilet
Sin un puntapié
¡Libertad!
¿Follar?
¿Eh..?
¡Sí! Ilustración:
Brenda Olvera
Técnica Tinta
We are the robots
Por Ximena Cobos

Ana y Gabriel vivían en un departamento con vista a la ave-


nida Revolución, tenían un gato gris azulado que ella pidió
con gran insistencia desde que durmieron por primera vez
ahí, en su nuevo hogar, así de cursi como se escuchaba; ha-
bía plantas en el balcón, una silla medio reclinada que trajo
Gabriel una tarde después de varios días de observar a Ana
tomar el sol en el suelo; y aún no tenían refrigerador. 21
El Mollete Literario

Gabriel tocaba en una banda de free jazz con la que de entrar en la cama, tardando poco más de una hora.
ensayaba casi todos los días sin horario fijo y dirigía una ¿Qué hacía en la ducha durante tanto tiempo? Ana se que-
orquesta en el conservatorio al que iba cada mañana, muy dó pensando cerca de diez minutos, hasta que el sueño
puntual, de 9:00 am a 1:00 pm. Por su parte, Ana pasaba pudo más. Cuando eran novios, Gabriel la había dejado
el tiempo sin Gabriel trabajando en los artículos que iban plantada un par de veces, casi siempre porque tenía una
fluyendo ahora que tenía la tranquilidad de su propio hogar. cruda que no lo dejaba ni despertar, así que una mentira
Tomaba té e intentaba dejar los cigarrillos. Ambos querían mal armada, la falta de apetito, una ducha extra larga y
comprar un perro, se decidieron por una lavadora. un sueño bien pesado no podían alterar en gran medida
Sus ensayos afortunadamente nunca hicieron de aquel su confianza en él; después de todo, Ana seguía pensando
nuevo matrimonio algo pesado. Ana acudía desde que se que casarse no era poner un grillete al otro o colocarle un
hicieron novios a todas las presentaciones de la banda y, al- GPS, se lo repitió antes de dormir. A la mañana siguiente,
gunos días inquietos, le gustaba entrar en la sala de ensayos Gabriel se levantó con el buen humor de siempre, entonces
del conservatorio por sorpresa, colocarse oculta por las luces ella se sintió aliviada. Hicieron el desayuno juntos, se sen-
apagadas en la zona de butacas, tomar fotos para practi- taron en esa mesita para dos que ocupaba poco espacio del
car las tomas con luz interior como pretexto para admirar departamento y platicaron tan tranquilamente que ni se le
los movimientos de Gabriel. A veces lo esperaba al final del ocurrió un reclamo nimio por la noche anterior.
ensayo con una botella de tinto, pero le gustaba más guar- En la semana, Ana acudió a verlo a la sala de ensayos.
dar esos momentos para sí misma y quedarse con el gusto Todo era normal, incluso parecía que Gabriel tenía una
de verlo ser en un lugar en el que ella no existía. Su amor actitud más relajada; él, siempre tan correcto y exigente,
era una especie de sueño recurrente bien definido; hacían el soltaba carcajadas y bromeaba como si estuviera en una
amor todas las noches y en cualquier momento por todos los parrillada o en un bar con sus amigos. La sorpresa le hizo
rincones de la casa. no querer esperarlo a la salida, prefirió ir por comida, nada
Una tarde, Gabriel telefonearía al departamento, con especial que hiciera parecer que celebraban algo. Toda la
toda la calma del mundo, desde un número privado, para semana fue tranquila, nada fuera de lo normal; cualquier
decir que no llegaría a comer, algo se había complicado con señal de que algo estaba mal había quedado atrás. Pero el
la banda, una discusión que no supo cómo explicarle a Ana. jueves, Gabriel volvió a telefonear a Ana para avisarle que
Llegó a las once de la noche y sin apetito, se bañó antes no alcanzaba a llegar a casa a la hora de siempre, que era
mejor que ella comiera sola y que no lo esperara despierta, casa, pues le parecía que como parte de la histeria que
que esta vez tardaría un poco más en el ensayo porque que- se le despertó tras soportar sin un sólo reclamo aquel
rían probar una pieza nueva. Por la noche, exactamente a cambio de actitud escuchaba ese rechinido insistente,
la misma hora que la vez anterior, se escucharon sus llaves desesperante, un sonido como de mecanismo descom-
tratando de abrir la puerta; entró directo a la ducha, se estu- puesto que sólo la hacía apretar la mandíbula hasta co-
vo ahí un largo rato y al salir, sin más, con toda normalidad, menzar a rechinar ella también.
se metió a la cama y se perdió en un sueño profundo que, Un día de aquellos en que Gabriel sí llegó a dormir
insistía Ana en su cabeza, no solías tener. al departamento, se despertó más tarde de lo habitual,
Esta vez ella no pudo cerrar los ojos por varias horas. salió de la habitación con esa absurda gabardina y la
Sentía que empezaba a no entender lo que pasaba en rea- bufanda que ya no se quitara ni para dormir desde la
lidad, a no comprender siquiera que algo verdaderamente primera noche en que entró con ella a la casa. Fue hasta
estaba sucediendo en su matrimonio; trató de calmarse, de el estudio balbuceando quién sabe qué cosa, el gato se
alejar cualquier intento de sospecha, de controlar los latidos alteró y salió corriendo hasta el balcón. Revolvió pape-
de su corazón y de no parecer histérica. Por la mañana todo les y dejó un desorden tras de sí. Tomó el estuche de su
se veía ir bien, Gabriel la despertó con un beso en la frente saxofón y salió sin mirar ni una sola vez a Ana, que tras
y, aunque ella no quería levantarse, salió de la cama e hizo pasar una mala noche más, intentaba beber algo en la
huevos para desayunar, aunque olvidó poner la cafetera. Al mesita que hacía mucho que no usaban juntos.
sentarse, él tomó su mano delicadamente, la llevó hasta sus Una semana y media no llegó a dormir, ni a comer,
labios y la besó ligeramente, luego la miró a los ojos y le son- ni siquiera a darse un baño. La secretaria del director
rió lo justo para formar el cuadro perfecto que calmaría las del conservatorio marcó al departamento, dijo que no
ansias que la colmaban. Entonces, tratando de normalizar se había presentado a una cita pactada hacía meses. Los
su actitud, Ana habló de la próxima publicación de lo que chicos de la banda comenzaron a marcar y Ana tuvo
era el primer artículo escrito desde que llegaron a aquel de- que inventarse una excusa; Gabriel tenía una fiebre por
partamento, aunque no pudo evitar abrazarlo y preguntar si infección estomacal que no cedía y no podía ponerse al
22 aún la amabas justo antes de que él cerrara la puerta. teléfono, pero pronto se comunicaría con ellos en per-
Durante dos meses, Gabriel hizo exactamente lo mismo sona. Cuando pocos días después dejó de sonar hasta
cada semana. Todos los jueves, a la misma hora, llamaba el celular, Ana supuso que Gabriel se había dignado
El Mollete Literario
desde un número privado; por la noche, abría la puerta con a aparecer ante cualquiera que no fuera ella, o eso
puntualidad de inglés, tomaba una ducha larga y se metía imaginaba.
a la cama para quedar dormido en segundos, sin que nada Aquel sonido rechínate era cada vez más constan-
lo lograra despertar. Ana se sentía a punto de reventar, creía te por las noches, así se le quitó la idea de que venía
que cada semana aquel día al que intentó no prestar aten- del interior de Gabriel. Hasta que una madrugada, el
ción alguna se repetía y se repetía en un espiral descendiente gato lanzó maullidos enfurecido, el sonido se hizo más
que no paraba, como una especie de castigo por no haber agudo, más cercano y acelerado. Ana salió apresurada-
reaccionado en el momento, como si la vida la hubiera atra- mente del cuarto, encendió la luz de la sala y vio al gato
pado en un solo surco, a manera de disco rayado, el peor erizado y a punto de lanzarse sobre Gabriel, pálido,
momento de duda e incertidumbre, una y otra vez; la pun- casi transparente, que, en un rincón de la sala, habla-
zada miniatura en su estómago cada vez era mayor. Un día, ba apresuradamente nada inteligible, cubierto hasta los
simplemente, Gabriel dejó de llamar. labios con la misma gabardina y la bufanda que termi-
Entre sus nervios, una especie de enojo contenido y la naron por hartar al fin a Ana.
intriga de todo lo que hacía Gabriel ahora, sintió el peso de Esa noche se quedó en casa, no se dio ningún baño
su ausencia más de una vez por semana. Los días se suce- y permaneció en el único sillón de la sala. Ana no supo
dían sin que Ana consiguiera averiguar algo de lo que estaba si dormía, se veía tan alterado que ni se acercó a él,
sucediendo, hasta que una de tantas noches Gabriel entró sólo atinó a quitarle al gato de encima llamándolo con
en la habitación con una gabardina y una bufanda atada al su cena, lo encerró en el baño de su cuarto y se acostó
cuello. Tomó esa ducha larga y al salir se metió a la cama a dormir. Al amanecer, Gabriel salió huyendo, lo supo
con la bufanda puesta. El insomnio que se había convertido por el azotarse de la puerta a las ocho de la mañana.
en el nuevo habitante en el cuerpo de Ana la dejó percibir, Ella intentaba hacer sus cosas, no quería contarle
toda la noche, un rechinido que creyó venía de Gabriel. A la a nadie o más bien seguía sin saber a quién. Era algo
mañana siguiente, con la luz entrando por la ventana, notó muy delicado, su matrimonio se estaba yendo por el
un color amarillento en la piel de Gabriel. No tomó más balcón dónde tomaban café por las mañanas y seguía
que una taza de café antes de salir y el gato se erizó cuando sin entender qué era lo que verdaderamente estaba su-
apenas le pasó cerca. Ana continuaba sin poder decir nada, cediendo, no ya en su vida, sino en la de él.
sin pedir explicaciones, construyendo realidades, opciones, Una tarde sonó el teléfono, era ese número privado,
preguntas, respuestas que sólo ella se daba. el corazón le latió a Ana como si fuera a reventarle en
Ilustración: No sabía si dormía más cuando Gabriel no llegaba a dos segundos. Al tomar la bocina lo que sonó no era
Brenda Olvera
Técnica Tinta
Gabriel, pero sí una voz conocida de una mujer preguntan- parecido a una pequeña bombilla, igual a un viejo radio de
do por él, no quiso dejar recado ni decir quién era. Gabriel bulbos. Lo amarillo de la luz dejaba suponer que se fundía.
llegó tres minutos después sin darle tiempo a ella de colgar Le miró todo ese cuerpo que no se distinguía humano, y
si quiera la bocina, pero si atinó por fin a gritar su nombre; aun así sus ojos le seguían mirando igual a aquella ocasión
la mirada que obtuvo fue triste, sabía que aquel hombre que en que se encontraron frente a frente, por primera vez, en
amaba y con quien había decidido pasar toda la vida estaba un beso torpemente acomodado. Rechinaba tanto que ya
dentro de ese cuerpo desquiciado, tembloroso y balbuceante no sabía qué hacer, parecía que explotaría en cualquier mo-
que entraba a casa cada vez con menor frecuencia. Al inten- mento. Ana intentaba buscar algo que apagara todo, una
tar acercársele Gabriel se alejó como asustado. Esa extraña cosa que quitar para que se regularizara el funcionamiento,
transparencia en su piel la dejó pasmada, se veían cosas ra- una tuerca que ajustar o un tornillo, pero nada. En lugar
ras a través de aquel sujeto que no supo bien reconocer. El de eso halló una llave negra incrustada en su garganta. Al
rechinar que no escuchaba hace tanto volvió hasta sus oídos. parecer, aquello era lo que primero no lo dejó tocar, después
Gabriel permaneció dos días sin salir del estudio, Ana lo hizo no poder hablarle.
ocasionalmente iba a tocar la puerta para ofrecerle comida Se quedó junto a él recostada en la cama, sintiendo la pe-
o algo de beber, nunca obtenía respuesta, apenas sabía que sadez de un cuerpo que parecía desaparecer, de una piel que
estaba vivo por el rechinar constante y el ruido que produ- creí que existía. A ratos le lanzaba preguntas que no podía
cía algún libro al caer, también porque el gato, si pasaba responder. Cómo librarlo de la llave, dónde iba, qué accio-
cerca de la puerta se alteraba. Algunas veces llegó a inten- naba, si eso lo salvaría, pero no pudo resolverlo sola. Gabriel
tar tumbar la puerta enfurecida, nunca logró nada. Un día no logró emitir ya ni un sólo sonido vocálico, cada que lo
sonó el teléfono, era otra vez ese número privado; Gabriel intentaba algo parecía quebrarse, la llave se veía más ato-
salió corriendo como si supiera quién llamaba y antes de rada entre piezas que iban dejando de luchar por moverse.
que Ana pudiera contestar se lo llevó consigo temblando La única forma en que pudo sacarla fue cuando lo rompió.
y se encerró nuevamente en el estudio, de ahí salieron una Tomó su saxofón, la luz de la bombilla se había apaga-
especie de gritos de una voz que ya no se reconocía de Ga- do por completo, sus ojos abiertos ya no tenían nada de él,
briel. Aventó el teléfono a la sala sin abandonar aquel sitio las piezas no se movieron más. Ya no podía pasar nada, no 23
y, aunque ella apenas pudo ver su mano, notó que también había daño alguno que hacerle, así que Ana quiso sacar la
se transparentaba. llave, tal vez tenía una esperanza guardada. Por eso lo gol-
El Mollete Literario
Desesperada y enfurecida, Ana tocó desquiciadamente peó lo suficientemente duro con la boquilla como para no
hasta que por fin él se rindiera, pateó la puerta sin importar hacer un hoyo enorme, tan sólo que la dejara sacar la llave
que algún vecino escuchara todo, Esta vez, Gabriel tenía con facilidad sin desarmarlo.
que ceder y así fue. Al abrir, el chillido maquinal se escu- La guardó por varios días. Trató de hacer algo con el
chó más suyo, su frente dejaba ver algo como engranes que cuerpo de Gabriel, pero no tenía ni idea de dónde colocarlo
funcionaban con mucho trabajo. Se acercó a Gabriel y lo o qué pasaría. Cómo le diría a la gente que no lo volvió a
abrazó sin comprender lo que veía; él ya no podía hablar, ver jamás. Daba vueltas por el departamento, dejó escapar
ni un solo sonido parecido a las palabras salió de eso que al gato para no darle de comer, lavaba todo lo que se en-
Ana siempre pensó era su garganta, sus últimas frases me- contraba, acomodaba cualquier cosa que notara fuera de su
dianamente claras habían sido para aquella persona detrás lugar, se mordió las uñas hasta terminarlas; entraba y salía
del teléfono, para Ana ya no funcionaba el instrumento de del cuarto donde yacía aquello que fue Gabriel, prendía y
su voz. Gabriel dejó que le quitara la bufanda y la gabardi- apagaba la luz, una y otra vez, pero todo seguía igual, tan
na por primera vez, cayó una foto de Gabriel junto a una real, tan plenamente acontecido. De tanto mirar aquella
mujer que Ana reconoció enseguida, la había visto algunas masa fría y dura, descubrió que lo que siempre pensó era su
veces entre las butacas de la sala de ensayos. Por supuesto se ombligo, en realidad tenía la entrada de la llave. La metió
enfureció, pegó con fuerza en la puerta y se dirigió a la sala con cuidado por miedo a que no fuera a embonar, la giró y
a punto del llanto. aquel cuerpo se abrió como un misterio, todo el mecanismo
Gabriel salió despacio hacía la sala, no podía moverse se vino abajo, se hizo miles de piezas pequeñitas que nunca
bien, se deterioraba a cada hora con mayor rapidez; intentó lograría volver a armar, que jamás harían un Gabriel de
tomarle el brazo y Ana lo lanzó con fuerza al rechazarlo, nuevo. Ana comenzó a juntarlas, una a una hasta dejar la
fue a dar sin remedio al piso. Ahí, tendido de costado, frío cama vacía de Gabriel; las guardó en el estuche del saxofón,
y rechinando, lo único que seguía pareciendo vivo eran sus lleno hasta el tope… Nunca encontró las instrucciones que
ojos. Quién sabe cómo Ana dejó el coraje de lado, se agachó seguro también él buscaba por toda la casa desde aquella
hacia él, lo ayudó a llegar hasta la cama y le quitó el resto de vez que decidió voltear de cabeza el estudio. Ahora Ana lo
la ropa para que estuviera más cómodo. conserva en una esquina de su cuarto, ha ido amontonando
Así fue como Ana descubriría una suerte de mecanismo libros a su alrededor para olvidarlo y no vive más en aquel
que parecía hacerlo funcionar, se veía tan lleno de engra- departamento que daba a avenida Revolución.
nes, de piezas, escurría aceite y había partes que estaban
luchando por destrabarse. En el lugar del corazón tenía algo

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