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Estudios

sobre la
Filosofía de
Santo Tomás
Tomo III
Zeferino González
ESTUDIOS
SOBBE

LA FILOSOFIA DE

SANTO TOMÁS.
101 u

M. R. P. Fr. ZEFERINO GONZALEZ,


DEL SAGRADO ORDEN DE PBEDICA10HES, CATEDRÁTICO DE SAGBAD1

TEOLOGÍA EX LA BEA1 T PONTIFICIA UNIVERSIDAD DE MANILA.

T O M O III.

CON LAS UCENCIAS NECESARIAS.

M A N IL A :
ESTABLECIMIENTO TIPOC1ÍFICO DEL COLEGIO DE JAUTO TOMÍS,
i CAIGO DE D. JOAN COETAS1.

1864.
LIBRO QUINTO.

IDEOLOGIA.

c a p ít u l o pumo.

Consideraciones preliminares: los sen!.idos internos


y las ideas sensibles.

O i es una verdad que toda ideología se halla en


necesaria relación con la teoría que se adopte sobre
la naturaleza y facultades del alma, esta verdad se
presenta mas de bulto en la filosofía de santo Tomás,
cuyo sistema ideológico puede mirarse como una apli­
cación científica y una deducción necesaria y lógica
de su‘ psicología. P o r eso es quo, si bien por lo dicho
4 CAPÍTULO PH1MEH0.

bosta aquí, se puede reconocer la mente y doctrina


del mismo sobre la naturaleza de las facultades per­
ceptivas, no estará por demas el entrar en algunas
ligeras consideraciones sobre la existencia y condi­
ciones de percepción de las facultades de conocimiento
del órden sensible. Estas consideraciones facilitarán el
conocimiento de la verdadera teoría del santo DoctoT
sobre el origen del conocimiento humano, naturaleza
y formación de las ideas.
Ademas de los cinco sentidos esteraos, santo To­
más admite cuatro internos, qae son el sentido co­
mún, en el cual se reúnen las sensaciones esternas,
y que tiene la facultad de discernir naturalmente y
como instintivamente entre sus objetos, como sucede
cuando percibe ó siente en los cuerpos la diferencia
cutre blanco y dulce. ■ El sentido común, dice el santo
Doctor, (1) que es superior al sentido propio, aunque
es una potencia, conoce todas las cosas que se perci­
ben con los sentidos estemos, y ademas algunas otras
que no perciben dichos sentidos, como lu diferencia
de lo blanco y lo dulce. •
La opinion de santo Tomis sobre este punto parece
coincidir con la de san Agustin, el cual dice hablando
de este sentido interno: (2) Tengo por cosa manifiesta
que este sentido interno, no siente solamente las co­
sas que recibe de los cinco sentidos del cuerpo, sino
que siente estos mismos sentidos; pnes de otro modo
los brutos no se moverían apeteciendo ó ' huyendo
alguna cosa, si no sintiesen que sienten, nó en órden

(1 ) Sun. ThtoL l . i F . Onaat. 87. A rt. 8.a


(a) £• Ub. Ari. Cap. 4.a
COaSIDEBACIONES PBELIMIKABES: ETC. 5

A saber, porque esto es propio de la razón, sino solo


para moverse, lo cual ciertamente no percibe con al­
guno de aquellos cinco estemos.»
Fundándose sobre la esperiencia, la cual nos enseAa
que los animales tienen la facultad de percibir las cosas
como convenientes ó nocivas para si, santo Tomás
admite otro sentido interno que llama estimativa. La
oveja que huye y se aparta del lobo, uo por su color,
ni por ninguna de laa otras cualidades perceptibles
por los sentidos estenios, sino porque aprende y per­
cibe ese objeto como contrario d nocivo &so naturaleza,
nos ofrece un ejemplo del ejercicio de este sentido
interno. Ya hemos indicado antes que esta facultad que
en los animales se llama simplemente estimativa, en el
hombre recibe la denominación de eogitativa y razón
particular, porque ea virtud de su afinidad y aproxi­
mación á la razón universal ó sea al entendimiento,
recibe cierta elevación sobre la simple estimativa de
los animales.
Una cosa análoga sucede en la memoria sensitiva
que es otro de los sentidos internos, y que en el hom­
bre por razón de la indicada elevación se llama re­
miniscencia.
El cuarto y principal de los sentidos internos ad­
mitidos por el santo Doctor, es la imaginación, á la
que pertenece recibir las especies, imágenes, ó re­
presentaciones de los objetos percibidos por los otros
sentidos tanto esteraos como internos, y que tiene
ademas, & k> menos en el hombre, la fuerza de com­
binar las imágenes ó representaciones de dos ó mas
objetos sensibles, y representarse de esta manera ob­
jetos que no existen en la realidad, y que por lo
c a p ít u l o rn iM E n o.

mismo se llaman seres imaginarios, como si juntando


las representaciones sensibles de oro y de columna
imagino una columna de oro. Los antiguos llamaban
también fantasía á esta facultad, y de aquí el nombre
<lc phantasmata que se halla con frecuencia en la fi­
losofía escolástica, y que no son otra cosa que las imá­
genes ó representaciones sensibles de los objetos per­
cibidos por la imaginación.
Mientras los demás sentidos pueden apellidarse con
ruzon potencias pasivas, no solo porque su acción de­
pende y es cscitada por Ioh objetos, sino porque es­
tos son los que obran sobre aquellos, los cuales no
liaccn mas que percibir los objetos, ó mejor dicho,
las impresiones que estas producen sobre los órga­
nos, la imaginación, sin salir del órden de las fa­
cultades sensibles y colocada siempre á una distan­
cia inmensa de las facultades del órden puramente
intelectual, se eleva sin embargo mucho sobre los
demás sentidos tanto estemos como internos. El fun­
damento de esta elevación y de su superioridad so­
bre los demás sentidos, se encuentra en su actividad
misma, es decir, en el poder y facultad que posee
de componer y descomponer, reunir y separar las
diferentes representaciones de los objetos sensibles
y singulares. De esta suerte la imaginación, viene
h ser como el entendimiento, una facultad pasiva y
activa á la vez, y las sensaciones y representaciones
suministradas por los demas sentidos, vienta á ser
como los elementos sobre los cuales se ejercita y
revela su fecunda actividad. Y esta elevación y su­
perioridad de naturaleza sobre los demas sentidos,
lineen que la imaginación colocada, por decirlo asi,
CONSIDERACIONES PRELIMINARES: ETC. 7

entre los sentidos y el entendimiento, se halle eu


estado de suministrar á este los elementos para lu
formación de la mayor parte de sus ideas, como se­
renaos mas adelante.
Aunque la cuestión relativa al número de los senti­
dos, y al modo con que se verifican sus percepciones,
puede considerarse como una cuestión secundaria en
la ideología de sauto Tomás, conviene sin embargo
ilustrar algún tanto este punto entrando en algunas
consideraciones sobre el particular, siquiera no sea
mas que para deshacer graves equivocaciones y evi­
tar las inexactitudes á que pudiera dar ocasion la in­
terpretación del verdadero pensamiento del santo Doc­
tor sobre esta materia.
Para cualquiera que haya meditado un poco sobre
el difícil problema de la representación intelectual,
debe eetar fuera de toda duda que el conocimiento
envuelve en su misma naturaleza la unión del objeto
con la fuerza que conoce, y bajo este concepto todo
acto de conocer pnede llamarse esencialmente asimi­
lativo. Sobre este particular habia acuerdo perfecto
entre laB diferentes escuelas filosóficas de la antigüe­
dad: el atomismo de Demócrito y el esplritualismo
absoluto de Platón se avenían igualmente con este
principio; la divergencia solo comenzaba, cuando se
trataba de esplicar la naturaleza, el medio y las con­
diciones de esta asimilación. Uoc enim, dice 6anto To­
más, animis omnium commvniter inditvm fuit, qnad */'-
mile simili cognoscitvr.
Fundándose sobre este hecho, el santo Doctor cs-
plica la unión del objeto esterno puesto fuera de noso­
tros con la fuerza interna de la sensibilidad que lu per-
8 c a p ít u l o p r im e b o .

ábe, por medio de ciertas imagines ó representacio­


nes de los objetos, representaciones denominados por
él especies ó ideas sensibles, ya porque se refieren á
cualidades y objetos sensibles y corporales, ya porque
se refieren á objetos singulares, á diferencia de las ideas
de que se sirve el entendimiento, las cuales sobre ser
inmateriales, pueden representar objetos espirituales y
universales.
¿Que es lo que debe entenderse ahora por esas
especies sensibles? ¿cual es su verdadera naturaleza
y su origen? Yo siempre he abrigado fuertes dudas
sobre el modo con que la moderna filosofía y no
pocos escol&sticos parcccn haber interpretado el pen­
samiento del santo Doctor sobre esta materia, conci­
biendo dichas especies sensibles, como imágenes cor­
porales propiamente dichas enviadas por los objetos
y trusmitidas por un medio determinado á los órganos
de los sentidos. Jamás he podido persuadirme que la
sublime inteligencia de santo Tomás haya descendido &
una concepción tan poco adecuada y digna de sus altos
principios filosóficos. ¿No le vemos impugnar repeti­
das veces con calor la opinion de Demócrito, que pre-
teudia esplicar las sensaciones por medio de efluvios
ó imágenes que saliendo de los objetos fuesen á herir
y escitar los sentidos? ¿ Y no es evidente que las es­
pecies sensibles entendidas de esta manera, Be hallan
muy cerca de los efluvios atomísticos é imágenes ma­
teriales de Demócrito, si ya no es que se identifiquen
con ellas?
Cierto es que en las obras del santo Doctor se dico
cou bastante frecuencia que las especies sensibles
mediante las cuales se verifica la sensación «vienen
CONSIDERACIONES PRELIMINARES: ETC. 0

de los objetos á los órganos de los sentidos,» «qu e la


semejanza del cuerpo blanco se recibe en el aire y
en la pupila;» pero estas y otras espresiones análogas
solo significan que las sensaciones no se realizan y que
los sentidos uo perciben los objetos estemos, sino á
condicion de que estos produzcan ó por sí ó mediante
los cuerpos intermedios, una impresión determinada en
el órgano respectivo, y que la representación del objeto
que va envuelta en todo acto de conocer, se halla en
relación con la naturaleza de esa impresión y del objeto
que la determina. Cambiando el objeto ó variadas las
condiciones del medio por el cual el objeto material
inmuta el órgano del sentido, varia también esta in­
mutación y con ella la representación objetiva. La
impresión producida en el ojo y la consiguiente repre­
sentación del objeto, no es la misma respecto de un
cuerpo colocado cerca de nosotros, que cuando se halla
á grande distancia. Las condiciones del aire ó de un
cuerpo estraAo interpuesto, como el cristal, á través del
cual pasan los rayos de la luz antes de entrar en el ojo,
modifican también la impresión producida por el objeto
y su imágen ó representación sensible. Lo mismo puede
decirse de los demas sentidos, en los cuales es fá­
cil observar que las condiciones de los cuerpos que
escitan las sensaciones, y de los intermedios que co­
operan y determinan la impresión orgánica, se ha­
llan en relación necesaria y directa con la percep­
ción y representación da loa objetos.
¿Que inconveniente puede existir en afirmar que
las especies sensibles de santo Tomás, no son otra
cosa que la inmutación ó impresión particular deter­
minada que es producida en el órgano del sentido por
2
10 CAPÍTULO PIUMERO.

r] objeto esterno, según que en fuerza de esa inmutación


rí impresión, en cuanto que envuelve la fuerza objetiva
recibida en el sentido, se representa el alma á s( misma
de esta ó de aquella manera el objeto esterno ó sus cua­
lidades sensibles? Yo á lo menos no veo ninguno, y
me inclino macho á crecr que no es otra la mente de
santo Tomás sobre este punto. Los objetos pues se
dirá que producen las especies sensibles y que estos
especies son trasmitidas al sentido por el cuerpo que
le sirve de medio, por ejemplo, el aire respecto del
oído, nó porque estas especies sean imágenes propia­
mente dichas que salen de los objetos y pasan por el
medio, sino porque los objetos y el medio causan en
los órganos de los sentidos una impresión corres­
pondiente ú su naturaleza y condiciones, impresión
que poniendo en ejercicio actual la actividad del
alma, y objetivada, por decirlo asi, por la fuerza ó fa­
cultad de conocimiento de esta, viene ¿ ser como una
imagen ó representación del objeto esterno, en la cual
v con la cual son percibidos por las facultades de la
sensibilidad.
Téngase presente también que para santo Tomás, la
sensación no consiste en la sola inmutación producida
cu el órgano del sentido, sino en la percepción de esta
inmutación que se hace mediante la fuerza ó facultad
de conocimiento propia del alma: por consiguiente la
impresión orgánica puede decirse que es la causa me­
diante la cual las facultades sensitivas de conocimiento
se ponen en relación y comunicación con el objeto, y
es bien sabido que para santo Tomás, las especies ó
ideas asi sensibles como inteligibles, es lo que sirve al
alma’ para ponerse en comunicación con el objeto es-
C0RS1DEIIACIONES PREUMITiAnES: ETC. tI

tcrno, uniéndose é identilicándose eu cierto modo con


él cu el orden intelectual. Ni es otra la razón porque'
afirma que las potencias y operaciones sensitivas 110
pertenecen al alma sola ni al cuerpo solo, sino que
pcrtccen al conjunto ó compuesto de los dos; porque
aunque la actividad vital, interna y propia del alma,
es la cansa principal de la sensación, esta depende
también de la impresión corporal producida en el ór­
gano por los objetos, resultando de aquí que estas fun­
ciones se efectúan mediante órganos corporales, d d i­
ferencia de las operaciones del entendimiento que son
independientes en s( mismas de las impresiones orgá­
nicas, y que pueden efectuarse sin ellas y sin órganos
materiales, como se ve en el alma separada del cuerpo.
«E n realidad, dice el santo Doctor, (I ) la visión
propiamente, no es la misma inmutación corporal, sino
que si* causa principal es la fuerza activa del alma.» «Se
debe tener presente, aflade, (2) que la sobredicha sen­
sación, es corporal en cuanto á la primera recepción
do la forma, (la impresión orgánica) que es causa de
la visión; pues esta visión no es acción del alma sino
por medio del órgano corporal: y por lo mismo no es
de estrellar que la impresión corpórea concurra como
causa, pero no de manera que e9ta impresión sea la
misma visión. »
Hablando en otra parte de la facultad que tienen los
objetos sensibles en órden á la producción de las sen­
saciones, dice que esta fuerza no es suficiente para
producir la especie sensible según el modo de ser que

(1 ) Da Setuu «i Stntat. León. 4/


(3) nu.
12 CAPÍTULO PIUMERO.

tiene mientras se verifica la sensación, ■ pero si tiene


el cuerpo esterno la facultad de inmutar los órganos
corporales, á cuya inmutación se sigue la percepción sen­
sitiva por medio de la actividad del alma. » (I) «L a ope­
ración del sentido se verifica en cuanto es inmutado
por alguna cosa sensible.» (2)
Por estos pasages y otros análogos que me seria fá­
cil aducir, puede reconocerse 1.°, que ii he interpre­
tado de esta manera el pensamiento de santo Tomás
relativamente á la naturaleza, origen y condiciones de
las especies ó representaciones sensibles y de la sen­
sación, es porque me hallo persuadido que semejante
nodo de ver es la expresión genuina de su pensamiento
sobre el particular y la única compatible con sus prin­
cipios psicológicos.
2.° Que á pesar de cuanto se ha hablado sobre la
ignorancia y errores de los Escolásticos en orden á la
naturaleza de la sensación, santo Tomás habia formado
sobre este punto ideas en nada inferiores ó las de la
filosofía moderna, csplicando como ella la sensación
por la percepción interna de la impresión producida
en los sentidos. Si hay alguna diferencia consiste so­
lamente en que la filosofía moderna considera las sen­
saciones como meramente subjetivas, mientras santo
Tomás concediendo esta subjetividad á la sensación en
cuanto importa simplemente la acción del alma y la
percepción de la impresión interna, la considera al
mismo tiempo como objetiva en cuanto sirve para re­
presentar al alma varias modificaciones de los objetos

(1 ) (w n (t. IHipa. Di Malo Curat. 10 A rt. 13 id 1. »


(S) S«m. T M . 1.' P. CumU 85 Art. 90.
COXSIDERACIOHES PRELIMINARES: ETC- 13

esteraos, y sobre todo en cimillo mediante ella se poue


en comunicación con los cuerpos estertores como ob­
jetos de conocimiento.
Y no fue solo santo Tomás el que ensefló esta doc­
trina. Alberto Magno habia enseñado también que los
objetos sensibles son los que obran inmediatamente so­
bre los sentidos, y que no se debe admitir la existen­
cia de especies sensibles que pasen de los objetos á
los órganos de los sentidos.
Señalando las causas porque no es necesario admitir
algún sentido agente como es necesario admitir el en­
tendimiento agente, dice: (t) «La segunda causa es, que
los agentes en órden ¿ los sentidos son los objetos, y
por lo mismo no se pone sentido agente universal; mas
respecto del entendimiento las representaciones sen­
sibles de la imaginación no mueven suficientemente.»
Hablando en seguida de las especies sensibles deter­
minadamente, dice: (2) «Ya sea que sean activas ó que
no lo sean, es cierto que no obran por si en los senti­
dos, sino en sus objetos; pues los objetos son los pri­
meros moventes de los sentidos: por esta razón es falsa
la opinion que dice que las especies sensibles obran
por si mismas sobre los sentidos................................
Si las especies sensibles obrasen sobre el sentido ha­
ciéndole pasar del estado de potencia al de acto, no
obrarían sobre ¿1 ni le harían pasar de la potencia al
acto, sino cuando el sentido ya está en acto por medio
de ellas, lo cual es imposible. ■
Finalmente, si se fija un pocola atención sobre las

(1 ) O ftr. Tom. 10. Trmt. l. ° O u it. 18 A lt. 1.*


(3) tbU. «d 1J®
1\ c u m u l o p rm iK no .

reflexiones que prcccdcn, se verá, que el pensa­


miento de santo Tomás sobre la naturaleza y condi­
ciones de las percepciones de las facultades sensitivas,
si no se identifica en el fondo absolutamente, es cierto
cuando menos, que no se halla tan distante como al­
gunos piensan de la filosofía cscoccsa.
CAPÍTULO SEGUNDO.

Distinción esencial y primitiva entre las facultades


sensitivas y el entendimiento.

Uuo de los pontos fundamentales de la filosofía de


santo Tomás es la diferencia radical entre los sentidos
y la inteligencia. Conociendo toda la trascendencia de
esta doctrina, la establece con insistencia y con no me­
nos solidez en sus obras, señalando también, siempre
que se le presenta ocasion, los graves errores y peli­
gros que van envueltos en su negación. U é aquí al­
gunos de sus multiplicados pasages sobre éste parti­
cular.
« El sentido ( I) se encuentra en todos los animales.

(1 ) Sun. eont. Gmt. Xdb. S.° O tp. 60.


I fl C APÍTtXO SEGl'KDO.

A l mismo tiempo los otros animales fuera del hom­


bre, no tienen entendimiento; lo cual se manifiesta en
que no obran cosas diversas y opuestas, de la manera
que lo ejecutan los agentes inteligentes, sino que
obran como impulsados por la naturaleza ú operacio­
nes determinadas y uniformes en su especie; asi ve ­
mos que toda golondrina edifica el nido de lu misma
manera. Luego el entendimiento y el sentido no son
una misma cosa.
El sentido solo conoce los singulares, pues toda po­
tencia sensitiva conoce por medio de especies ó repre­
ndí tocion es individuales, puesto que recibe estas es-
pccics de sus objetos en órganos corporales. El enten­
dimiento por el contrario, puede conocer las cosas bajo
una raznn universal, como lo experimentamos clara­
mente: luego el entendimiento se diferencia de los
sentidos.
El conocimiento de los sentidos 110 se esliendo mas
que 6 las cosas corporales; lo cual se reconocerá cou
toda evidencia si se tiene presente que las cualidades
sensibles que constituyen el objeto propio de los sen­
tidos, pertenecen eselusivamente ¿las cosas corpóreas,
sin relación á las cuales nada perciben los sentidos.
Es asi que el entendimiento conoce las cosas incor­
póreas, como la sabiduría, la verdad y las relaciones
de los cutes: luego el entendimiento se distingue de
los sentidos.
Ningim sentido se conoce á si mismo, ni su acción;
puc9 la potencia visiva, por ejemplo, no se ve á si misma
ni ve su opcrnciou; mas el entendimiento se conoce á
sí mismo y conoce que él entiende. Luego uo pueden
identificarse el entendimiento y los sentidos.»
DISTINCION ESENCIAL ETC. 17
Citamos á todos los encomiadores apasionados de
Descartes, & todos los que le apellidan inventor del
método esperimental y psicológico; invitamos especial­
mente « M. Jourdain á que nos diga de buena fé des­
pués de leer el pasage qac se acaba de trascribir, si
se puede afirmar con alguna apariencia de verdad que
santo TomAs no concede bastante parte A ln obser­
vación en su psicología, y que solo recurro n la ob­
servación rara vez y como a l acaso. Las cuatro razones
aducidas aqui para probar la difcrcncia entre los sen­
tidos y la inteligencia, todas ellas sin esccpcion se
bullan busudus sobre la espcriencia, y cudu una de
ellas es el desenvolvimiento de un hecho de cspcricn-
cia, ó de nn fenómeno del sentido intimo.
Por lo demás, difícil es establecer de una manera
mas clara y precisa ni propio tiempo que sólida y
conveniente, la distinción radical y la separación ab­
soluta entre las facultades intelectuales y las de l;i
sensibilidad. Esta doctrina que bien puede decirse que
constituye unn rio lns bases principales de la ideología
del santo Doctor, le coloca ¿ una inmensa distancia de
todo sistema idcológico-matcrialista ó sensualista. ¿En
qué pueden fundarse dcspuc-t de esto las absurdas
apreciaciones de algunos escritores, cuando considcrun
las doctrinas psicológicas ó ideológicas de santo Tomás
con tendencias al materialismo y al sensualismo? Lo
repito; solo la ignorancia mas completa de su filosofía,
y la costumbre demasiado generalizada, hasta entre
los que pasan por ilustrados, de juzgar los escritores
sin haber examinado ni consultado tal vez sus obras,
pueden esplicar este fenómeno. Bástenos por ahora
haber consignado la doctrina del santo Doctor, re-
3
18 CAPITULO SEGUJNDO.

servándonos señalar y desenvolver mas adelautc las


profundas diferencias que separan su ideología (le la
perteneciente á la escuela sensualista. (I . )
CAPÍTULO TERCERO-

£zisten:ia ds las ideas mtelsciuales: !as idsas im­


presas y las ideas expresa:.

Pocas muterias hay en la filosofía de santo Tomás, en


las cuales el pensamiento del santo Doctor haya sido
comprendido tau inexactamente como en la presente.
Los filósofos modernos se han contentado por lo gene­
ral con nombrar la teoría de santo Tomás y hacer men­
ción de las ideas impresas y expresas del mismo, no solo
sin penetrar su pensamiento filosófico, sino sin com ­
prender siquiera el significado literal y obvio de dichas
palabras; y lo que es peor aun, tergiversando y des­
figurando completamente su doctrina sobre esta ma­
teria. Vamos pues á resumir el pensamiento del santo
Doctor sobre este punto importante.
20 CAPÍTULO TbliCKAO.

La existencia de las ideas iatclectuales considera­


das en si mismas y prescindiendo de su naturaleza ín­
tima, de sus coudiciones y modo de existencia, puede
considerarse como una verdad de sentido comuu. ¡Ne­
gar la existencia de las ideas cu este sentido equi­
valdría ú negar la existencia del conocimiento inte­
lectual. Hasta el lenguagc mismo viene en apoyo de
esta aserción: la esperiencia y observación nos ence­
llan quo el súbio lo mismo que el hombre del vultjo,
hacen entrar cu .su lenguagc las ideas al referirse al
conocimiento intelectual. Titne buenas ideas, decimos;
tiene ideas exacias de Ul ciencia ó tal objeto: sus pa­
labras indican cjnfvsion de ideas. Estas expresiones j
otras análogas, revelan con toda claridad que lo qnc
llamamos ideas significan algo para nosotros en el or­
den inteligible.
.'ü entendimiento humano, el mas imperfecto y li­
mitado en el orden de las inteligencias, ó sea por com­
paración al entendimiento divino y al entendimiento
de los ángeles, se compara como potencia puramente
pasiva en orden á sus objetos: cst pura potentia ¡a úr-
dine inlelligibili. De aqui es que segun nos enseña la
observación de los fenómenos internos, nuestro enten­
dimiento en su origen se halla como adormecido y
privado de las ideas de los diferentes objetos á que
puede alcanzar su acciou, ideas que va adquiriendo
sucesivamente. Ademas de la escitacion y ejercicio de
las facultades sensitivas colocadas .siempre en un ur­
den inferior ul órdeu inteligible, la pasividad Inicial
del eutendlmicuto exige naturalmente alguna cosa per­
teneciente al orden puramente intelectual, que sa­
cando por uua parte la inteligencia del estado de pura
EXISTENCIA DE LAS IDEAS ETC. 21

pasividad, coutenga y envuelva al propio tiempo la


razón suficiente del acto intelectuul, ó sea, del ejerci­
cio de la inteligencia en cuanto se refiere determi­
nadamente á este ó á aquel objeto.
Porque es incontestable que el entendimiento por
si mismo está indeterminado y como indiferente para
dirigir su actividad intelectual sobre este ó sobre otro
objeto. Luego es preciso admitir en el entendimiento
alguna cosa capaz de quitarle esta indiferencia ó inde­
terminación objetiva. Ni bastaría responder ú esto que
la voluntad es la que mueve y determina la inteligen­
cia al conocimiento de este ó aquel objeto, porque
ademas de que la mocion ó determinación objetiva 110
corresponde á la voluntad, y sí solo la mocion ó de­
terminación quoad exercitium, que podríamos Humar sub­
jetiva, esto equivaldría á decir que la razón suficiente
de la acción y determinación objetiva del entendi­
miento es una cosa que se compara al mismo coniu su
efecto y que es naturalmente posterior A su ejercicio
ó acto; pues nadie nos negará que la acción de la vo­
luntad es posterior en orden de naturaleza ú la acción
del entendimiento, y de aqui el axioma común: nihil
volitum quin prxcoynitum. £11 todo caso y aun cuando
se pretendiera negar esta dependencia relativa y uni­
versal del acto de la voluntad respecto del acto del
entendimieuto en orden á cualquier objeto, la dificul­
tad subsistirá siempre respecto del primer acto del
entendimiento, el cual ciertamente precede á todo acto
de la voluntad. Luego ¿ lo menos respecto del p ri­
mer acto intelectual y del primer objeto conocido por
nuestra inteligencia, será preciso admitir fuera de la
voluntad, alguna cosa capaz de quitar esa indiferencia
¿í CtPÍTI-'I.O TERCERO,

f indeterminación objetiva iniciul del entendimiento.


¿Se dirá acaso que el objeto mismo conocido basta
para quitar al entendimiento esa indeterminación?
Pero aquí es precisamente en donde se halla el fun­
damento mus .sólido y concluyente en favor de la teo­
ría de sanio Tomás. Todo acto de conocer envuelve
necesariamente en su coocepto alguna unión entre la
facultad (|ue conoce y el objeto conocido: no es posi­
ble concebir siquiera el conocimiento ó consideración
de un objeto, sin que este objeto exista de alguna ma­
nera dentro de nosotros; y como dice con mucha ra­
zón santo Tomás, cognitio fit per hoc quorl cognitum cst
¡n cognoM'cntn.
No es menos evidente por otro lado, que en la mayor
parte de nuestros conocimientos actuales, el objeto per­
cibido 110 existe dentro de nosotros en sí mismo, ó sea
según el modo de ser que tiene fuera de nuestra alma.
Cuando pienso sobre lu uuturalczo y propiedades del
mármol, por ejemplo, del sal, de las estrellas, de las
plantas, existe ciertamente lina especie de unión y
unión muy intimo cutre estos objetos y mi pensamiento;
y sin embargo ni el mármol, ni el sol, ni las estrellas
y plantas, existen realmente dentro de mí. Lncgo entre
•>l objeto real tal cual existe fuera del alma, y que es
la cosa conocida, y el acto mismo con que se percibe
dicho objeto, i» si se quiere, entre el objeto pensado
y el pcnsaaiiciilo, es preciso admitir alguna cosa que
ponga en contacto estos dos cslremos y sirva de ra­
zón suficiente á la uuion íntima que observamos entre
el acto intelectual y el objeto pensado.
Fácil es comprender en vista de estas consideracio­
nes lo que significan las ideas impresas de santo Tomás.
EXISTENCIA DE LAS IDEAS ETC. '23

Esc algo que liace pasar al enteadimicuto del estado


de potencialidad ó pasividad al estado de actualidad,
constituyéndole en ruzun de principio próximo de lu
acción de conocer; ese algo qae le obliga á dirigir su
actividad sobre tal ó tal objeto, removiendo de él la
indiferencia é indeterminación objetiva en que se hullu
por sí mismo; ese algo que sirve de lazo misterioso entre
el acto de conocer y el objeto conocido según existe
fuera de nuestra alma, es lo que santo Tomás apellida
especie ó idea impresa, y también especie ó idea inteli­
gible, semejanza, forma del objeto conocido: speeies im-
pressa, similitudo rei, forma cogniti, speeies intelligi bilis.
La csperieucia interna nos atestigua que cuando co­
nocemos alguna cosa, nuestro entendimiento produce
en sí mismo como una representación del objeto en
cuanto conocido, y como que el entendimiento se dice
y expresa á si mismo este conocimiento á medida que lo
va adquiriendo. Hé aquí lo que santo Tomás llama idea
expresa, apellidada también por ¿1 verbum mentís, no-
tilía, conccptus, nodo, ratio rei. Qui autem intelligU ex
huc ipso quod intelligit, proceda aliqvid intra ipsum,
quoi est conceptio rei intellectx, ex vi intellcctira, pro-
vemens, et ex ejus notitia procedens. Quatn quidem ton-
ceptionem vox significat, et dicitur verbum curáis, signi­
ficativa verbo vocis. (1)
La idea impresa se llama asi porque es producida
ó determinada en el entendimiento posible, ya por los
objetos, ya principalmente por el entendimiento agen­
te. La idea expresa se llnmn asi, porque es la expresión
inteligible del conocimiento que corresponde al enten­

(1) Sum. Thtcl. 1.* F . OuMt. 37 A rt. l . «


21 CAPÍTULO TERCERO.

dimiento puro, y como una palabra inteligible con qne


el entendimiento se habla & sí mismo, condensando en
ella su pensamiento: verbum mentid.
La idea impresa se compara al entendimiento como
forma ó principio del conocimiento, porque por me­
dio de ella el entendimiento sale del estado de pa­
sividad pura respecto del objeto al cual se refiere
dicha idea, y adquiere ó poste de esta manera una
de las condiciones mas esenciales para su operacion.
El entendimiento posible al cual pertenece propia y
directamente la acción de entender según la teoría de
santo Tomás, aunque es por su misma naturaleza y
esencialmente una facultad ó fuerza de entender, jamás
llegaría sin embargo al conocimiento de ningún objeto
en particular, á no ser determinado á ello por alguna
cosa que la ponga en contacto y relación con el objeto.
Kii este sentido el entendimiento es determinado y
como informado por la idea impresa: ni es otra cosa
lo que quiere significar santo Tomás, cuando dice que
la idea ó especie impresa es principio del acto de
entender: principiuw inlelligendi.
Asi como la idea impresa se compara el acto de
entender como su principio en cierto modo, la idea
expresa se compara al mismo como su término; por­
que, en efecto, el rerbvm mentís no solo presupone el
acto del entendimiento, sino que es como su término,
como efecto producido por el mismo acto; es la noti­
cia, la idea que se ha adquirido del objeto sobre el
cual se ha fijado el pensamiento. Verbvm igitur coráis,
dice el santo Doctor (1) est vltimum qvoú potest intel-

(1) Opuie. i i . «
EXISTENCIA DE LAS IDEAS ETC. 25

feetus in te cperari. Y esta palabra interna que es


la expresión de la cosa couocida, es inseparable aun
de los actos directos del entendimiento: (I ) Quod ver-
hutn, quod est expressivvm reí qvx iníelligiíur, non est
re/lexum, nec adío quo formatur verbum............... est
rrffexa; alioquin, omne intelligtre esset reflrxvm: verbum
iiiledectus perficitur per aciutn rcctum.
La idea impresa representa el objeto antes de ser
conocido, ó mejor dicho, sirve para poucr en contacto
al entendimiento con el objeto antes do su conocimiento
actual. La idea expresa presenta al entendimiento el
objeto como conocido. De aqui resulta otra diferencia,
á saber, que la idea impresa, aun hablando del orden
inteligible, no se puede llamar representación formal
j propiamente dicha del objeto, sino mas bien repre­
sentación implícita y virtual del mismo, en cuanto
determina la acción del entendimiento respecto de un
objeto dado; al paso que no hay inconveniente en
concebir la idea expresa como representación propia,
formal y esplicita del objeto en el úrdeu inteligible,
toda vez que, como liemos dicho, es la expresión in­
teligible del objeto ya conocido y como conocido.
Tal es en resumen la teoría de santo Tomás sobro
este punto: tal es su verdadero pensamiento lilosófíco;
este y no otro el signiGcado de sus ideas ó especies
impresas y expresas.
• Todos los Escolásticos, dice nuestro Btdmes, (2)
reconocieron esta linea; pero asi ellos como muchos
otros emplearon un lenguage que mal entendido, era
2fi CAPÍTULO TERCERO.,

muy ú propósito para contribuir ¿ borrarla. Á toda


idea la llamaron imágcn del objeto; esplicaron el acto
de entender, cual si en el entendimiento hubiese una
cspccic de forma rjue espresase el objeto, como el re­
trato puesto delante de los ojos ofrece á estos la imagen
de lu cusa retratada. liste lenguagc dimana de la con­
tinua comparación que naturalmcule se hace entre el
entender y el ver. Cuando los objetos no uslán pre­
sentes, nos valemos de retratos; y como los objetos
en sí misinos no pueden* estar presentes á nuestro
entendimiento, se concibió una forma interior que
hiciese las veces de un retrato. Por otra parte, las
únicas cosas que se prestan á representación propia­
mente dicha son las sensibles; el único caso en que
hallamos dentro de nosotros osa forma en que se re­
tratan los objetos es el de la representación imagi­
naria; y asi ern peligroso que á esta se le llamase
idea, y á toda idea representación imaginaria, en lo
que consiste el sistema de Gondillac.»
Las reflexiones que aqui emite el sabio filósofo es­
pañol, son sin duda muy acertadas y verdaderas en
i>l fondo: conviene no obstante observar que hay al­
guna inexactitud en atribuir á todos los Escolásticos la
doctrina de que la idea sea una im&gcn ó represen­
tación propiamente dicha del objeto, á la manera que
suele atribuirse á las representaciones sensibles. Cual­
quiera qne haya sido la exactitud del pensamiento y
leuguage de los dema9 escolásticos, es absolutamente
incontestable que santo Tomás al denominar á las ideas
intelectuales, semejanza del objeto, forma de la intelec­
ción, idea, especie inteligible, y muy pocas vcccs imagen
del objeto, estaba muy lejos de entender por eBtos
EXISTENCIA DE LAS IDEAS ETC. 27

nombres, imágenes ú semejanzas propiamente dichas, ui


análogas i las representaciones sensibles. Eu casi todas
sus obras se encuentra consignada á cada paso la di­
ferencia absoluta é íusalvablc entre las representacio­
nes sensibles y las del orden iuteligible; y hasta los
principios y doctrinas generales que establece para
señalar las multiplicadas y profundas diferencias que
separan á los seres del órden sensible, de los perte­
necientes al orden puramente espiritual, en el cual es
bien sabido que coloca ul entendimiento, sus netos y
los ideas de que se sirve, bastarían por sí solas para
revelar que su verdadero pensamiento sobre este punto
nada tieue de común con el de Coudillac.
Si se tieue pues en cuenta el verdadero pensa­
miento filosófico del santo Doctor sobre la naturaleza
de las ideas intelectuales, y especialmente el diferente
modo de representación de las ideas impresas y ex­
presas: si se tiene en cuenta también su doctrina, que
espoudremos mas adelante, sobre la imposibilidad ó no
existencia de representaciones sensibles propiamente
dichas, phantamata, para los objetos y naturalezas es­
pirituales; si se atiende en una palabra, á la enseñanza
general de su filosofía sobre las diferencias radicales,
multiplicadas y absolutas que separan las cosas cor­
póreas de las cosas espirituales, y determinadamente
las representaciones ó imágenes del órden sensible de
las del órdeu inteligible puro; se reconocerá fácil­
mente que el santo Doctor se hallaba muy distante de
la doctrina inexacta de que habla Bolines, y que mu­
chos le han atribuido iujustamente por iguorar su ver­
dadera teoría ideológica.
Santo Tomás pues al apellidar las ideas intelectuales
28 CAPÍTULO TKIICKHO.

semejanzas ó representaciones de los objetos, no hacc


mas que aplicar ó trasladar ú un fenómeno del urden
puramente intelectual, los términos que tienen su sig­
nificación originaria y propia cu otro fenómeno aná­
logo de la sensibilidad; al apellidarlas representaciones,
hablu de representaciones inteligibles, es decir, de re­
presentaciones que poco ú nada tienen que ver con
las imágenes y representaciones del órden sensible y
corpóreo. Al dar eslos nombres í ln idea impreso, solo
quiere significar que esta sirve para poner en contacto
al entendimiento con el objeto, estableciendo entre los
dos la uniou inteligible ) lu comunicación ucccsaria
para que pueda lencr lugar la intelección: al dar estos
nombres & la idea expresa, solo quiere signilicur ijue
por medio de ella el objeto como conocido, se constituye
presente al entendimiento.
Luego es absolutamente inexacto el atribuir á santo
Tomás lu doctrina de las ideut-imáyines, en el sentido
que se da comunmente ú esta palabra.
La frecuencia con que se lia incurrido en tan grave
equivocación, es una de tantas pruebas de la ligereza
injustificable con que lian procedido la muyor parte
de los filósofos modernos, pretendiendo juzgar la ideo­
logía del santo Doctor siu haber estudiado ú fondo
sus escritos y sus doctrinas filosóficas. Esto revela
también la neccsidud de espuner y fijur, cual venimos
haciendo en el presente capítulo, el verdadero pen­
samiento del mismo sobre esta materia; .porque ya
es tiempo de que desaparezcan para siempre la ig­
norancia, los graves errores y la incalificable inexacti­
tud con que ha sido juzgada la ideología de sanio Tomás
en los últimos siglos.
EXISTENCIA DE LAS IDEAS ETC. 20

Ya hé dicho antes que hay pocas materias en la


filosofía del sauto Doctor, en las cuales su pensamiento
haya sido comprendido é interpretado de una manera
mas inexacta. La \erdad de esta aseveración que me
sería fácil justificar con innumerables citas, se re ­
conocerá mas de bulto y sin género de duda, al ver
incurrir en notables equivocaciones sobre esto hasta
á los escritores nías juiciosos y de quieucs habia de­
recho á esperar alguna mayor exactitud y conoci­
miento de la ideología del santo Doctor: Hé aquí en
prueba de lo dicho como se e&presu la Enciclopedia del
siglo X IX .
«L os peripatéticos (I) que referían á los sentidos
el origen de todas nuestras ideas, habían supuesto pe­
queñas imágenes que se desprendían de los cuerpos ¡/ se
introducían por los órganos en la imaginación, en donde
la inteligencia venia á tomarlos, espiritualizarlos y
sacar asi, apropiándoselas, la materia y objeto de to­
dos sus conocimientos. Esta es la vieja teoría de las
ideas expresas é impresas, ó en otros términos, de las
imágenes exprimidas del objeto, y despites impresas en la
inteligencia, teoría tan célebre en las escudas en otro
tiempo.»
>0 sé si será posible acumular tantos y tan cslra-
ílos errores en tan pocas palabras: mucho dificulto
también que sea posible usar y atribuir á los peri­
patéticos en general un lenguaje mas materialista
que el que les atribuyen los redactores del citado ar­
ticulo. En lo que no me cabe ni puede caber duda á
cualquiera que haya saludado la filosofía de santo

(1) Tora. 14. A rt. Uta. IdiaUt. Idio¡.


30 CAPÍTULO TEHCERO.

Tomás, es que en el pasage citado, entre otros mu­


chos y muy notables errores, se atribuye implícita­
mente al mismo, comprendido aquí evidentemente
entre los peripatéticos, la doctrina mutcrialista de De-
mócrito cou respecto á las ideas intelectuales, que
el mismo santo Doctor impugna terminantemente cu
su Suma Teológica: (1) Üemocritus enitn posuit quod
milla est alia causa cujuslibet noslra cognitionis, nisi
cvm ab his corporibits qux cogitamus, veninnt atque
intrant imagina in animas nostras...............................
......................Dcmocritus posuit cognitioncm ficri per
idola, et defluxiones. E t hujus pnsitionis ratio fuit, quia
tam ipse Dcmocritus, quam alii aniiqni naturales, non
ponebant intellectum differre á sensu.
No es menos indudable que en el mismo pasage se
habla de las especies expresas é impresas de los peri­
patéticos, como si estos solo significaran por este
nombre las pequeñas imágenes que vienen de los cuer­
pos, es decir, como si los peripatéticos y entre ellos
santo Tom&s, solo hubieran admitido especies ó re­
presentaciones sensibles, pero nó ideas intelectuales;
convirtiendo de esta suerte al santo Doctor en sen­
sualista, despues de haberle convertido en partidario
del materialismo de Demócrito. Pero ¿que estroflo es
que se incurra en tales errores cuando se ignora
hasta el significado obvio y material, por decirlo asi,
de los nombres? Ya hemos visto que la especie impresa
es la que es producida ó determinada en el entendi­
miento posible por el entendimiento agente y los ob­
jetos, al paso que la expresa es por el contrario pos-

(1 ) 5wn. TAfoi- l . 1 F irt* Cum L 84. ir h O.0


EXISTENCIA DE LAS IDEAS ETC. 31

tcrior naturalmente á la impresa, posterior tamhien


al acto del entendimiento, y como término y efecto
del mismo, asi como la impresa es anterior en órden
de naturaleza al acto y como principio del mismo.
Pero los redactores de la Enciclopedia afirman en tono
de seguridad imperturbable, que para los filósofos de
la Escuela, las especies expresas son las que son sacadas
ó producidas por el objeto, las mismas que se apellidan
impresas cuando son colocadas en el entendimiento.
Otro ejemplo no menos insigne de lo que dejamos
consignado sobre las injustificables inexactitudes con
que se ha desfigurado esta parte de la filosofía de santo
Tomás, nos lo suministra el abate Antonio Genovesi,
atribuyendo á los escolásticos en general, la estrarta
cuanto absurda doctrina de que la idea impresa es
lo mismo que idea material y que solo la expresa es
idea intelectual. «Los filósofos escolásticos, dice, (I)
llaman especie impresa á la idea material, mas & la
idea intelectual la llaman especie expresa.» Creo in­
necesario despues de lo cspucsto hasta aqui dete­
nerme en refutar una afirmación tan contraria & la
verdad como chocante por parte de un escritor,
que si leyó las obras de santo Tomás como lo in­
dica, debió tropezar á cada paso con la negación es-
plicita y terminante de. semejante afirmación.
Por lo demas, mucho se equivocaría el que creyese
que la teoría de santo Tomás sobre la existencia, na­
turaleza propia y condiciones de las ideas impresas y
expresas, es alguna invención gratuita, ó que no se
halla en armonía con las grandes tradiciones de la

(I) A rt. Log. Crit. Lib. I.* Cap. 1.°


32 CAPÍTULO TERCEBO.

filosofía cristiana. Aquí, como en todas las cuestiones


filosóficas mas trascendentales ó importantes, la doc­
trina de santo Tomás no es mas que el desenvolvi­
miento científico del pensamiento de san Agustín. Hé
uqui algunos de los muchos pasuges que pudiéramos
aducir para comprobar que el pensamiento del obispo
de Hipona es idéntico cu el fondo al de santo Tomás
sobre esta materia.
•<Lo que solemos decir, á saber, que tenemos den­
tro de nosotros aquellos objetos que pensamos, lo de­
cimos según cierta imagen que tenemos impresa de
los mismos. >• (I) «Muestra alma (2) conserva de una
manera inmaterial en la memoria las representaciones
ó semejanzas incorpóreas de los cuerpos, mediante
las cuales............ juzga de los cuerpos.»
Santo Tomás afirma constantemente y enseña á
cada paso en sus obras, que la idea expresa ó sea el
rerbum mentís, nolio rei, acompaña siempre y signe á
la intelección, y que es como on efecto y parto de la
acciou del entendimiento: (3) Ycrbutn igitur coráis,
dice, est ultimum quod potest intellcclus in se optrari. .
............ Scmpcr cum acíu intclliijitur ulii/uid, verbvm
formalur.
San Agustín ensena á su vez la misma doctrina, y
para 61 lo mismo que para santo Tomás, la notitia ó
verbum mentís, acompaña y sigue la acción del en­
tendimiento, como una producción del mismo. Qux
auíem reperiuntur, uos dice, (i), quati pariunívr: vnde

(1) In pialmun 130.


(3 ) Bpúl. 140. Cap. 10,
(S ) Ojnue. í i . '
(4) Dt Trini!. Llb. 0. Cap. 18.
EXISTENCIA DE LAS IDEAS ETC. 33

pro t i sim ilia suní; ¿u b i, nisi in ipsa notitia? I b i enim


quasi expressa form antur. Nam elsi ja m tra n t res q m s
qu.rrcndo invenimus, notitia tamcn ipsa non erat, quam
sicut p ro le n nascentcm deputamus.
Concrptam rerum veracem notitiam , ( I ) (a n q m m v e r-
bvm apwl nos fiabemus, et dicendo intvs gignimus.

(1 ) Ib a . C»p. 7.
t
CAPÍTULO CUARTO.

Las ideas y el acto intelectual.

' " lil que conoce alguna cosa, dice santo Tomás, (I )
(mi cuanto ser inteligente, dice órden A cuatro cosas,
¡’i saber; á la cosa que es eutendida, á la especie in­
telectual mediante la cual el entendimiento se pone
en acto, á la acción misma de entender, y al con­
cepto del entendimiento. Este concepto se distingue
de las tres cosas sobredichas y también de la cosa
entendida, puesto que esta existe mochas veces fuera
del entendimiento, al paso que el concepto del en­
tendimiento existe deutro del mismo entendimiento.
............. Se distingue también de la especie in teligi-

(1 ) Q m M i . Disfa. D t Pal. OunU 8.* A rt. 1.°


LAS IDEAS T EL ACTO INTELECTUAL. 35

ble; porque la especie inteligible mediante la cual el


entendimiento se constituye en acto se considera como
principio de la acción del entendimiento, puesto que
todo agente obra en cuanto está en acto, y en acto
se constituye por alguna forma que sea principio <lc
la acción. Se distingue ademas de la misma acción
del entendimiento; porque el dicho concepto se con­
sidera como término de la acción de entender y como
un producto formado por la misma, quati quodtlam
per ipsam constitutum; pues el entendimiento forma
con su acción la definición de la cosa, y la proposi­
ción afirmativa ó negativa en órdeu A la misma.
Este concepto de nuestro entendimiento en noso­
tros, se llama propiamente verbum, y esto es lo que
significamos con la palabra esterior; pues esta pu-
labra esterior ni significa la especie intelectual, ni ul
acto del entendimiento, sino la concepción del enten­
dimiento mediante la cual esta palabra esterior se
refiere al objeto mismo real. Este concepto ó verbum
mediante el cual nuestro entendimiento conoce las co­
sas distintas ó puestas fuera de él, tiene sil origen de
una cosa, y representa otra: procede del entendi­
miento por medio de su acto, pero es representación
üe la cosa conocida.»
Este magnifico cuanto profundo pasage en el cuul
santo Tomás resume y condensa en cierto modo todo
su pensamiento sobre la necesidad, existencia y na­
turaleza de las ideas, prueba evidentemente que en
la teoría del santo Doctor, es preciso admitir algún
modo de distinción real entre las ideas y el acto in­
telectual. Las diferencias que aquí scflala entre la
especie inteligible, que es la idea impresa, y la con-
3G CAPii'UI.O CUARTO.

ccpcion ó verbum del entendimiento, que es la idea ex­


presa, y luego de unas y otras con respecto ú la ac­
ción misma de entender, ipsurn inttlligere, bastan para
reconocer esto sin que sea necesario recurrir á otros
pasages del mismo, en que profesa terminantemente
cuta misma doctrina.
Ni es menos incontestable que esta doctrina es a l­
tamente conforme ú la razón y á la observación de los
fenómenos internos. Cuando decimos que uu hom­
bre posee tal ó cual ciencia, concebimos que en este
hombre existe realmente alguna cosa que no existe
eu otro que carece de la misma ciencia; y esto 110
solo se verifica respecto de la cousideruciou actual
del objeto ú objetos de tul ciencia, sino tumbica res­
pecto de la cousidcracion ó conocimiento habitual.
Al hablar de un hombre que posee conocimientos es­
peciales en una ciencia, concebimos que aon mientras
su pensamiento se lija sobre objetos que nada tengan
que ver con esta ciencia y hasta cuando el sujeto
suspeudc todo acto intelectual científico, como acaece
duraute el sueno, poste siu embargo alguua realidad
ó perfección de que carece el que carece de esos
conocimientos y basta iguora tal vez el nombre y
objeto de tal ciencia. Ahora bien: si las ideas se
identifican absolutamente con el acto mismo del en­
tendimiento, difícil es seAulur esa perfección ó rea­
lidad que constituye la ciencia j que persevera en
el sujeto cuando cesa en este toda acción, intelectual
relativa al objeto de uua ciencia dada.
¿Diremos por ventura que el químico, ó el me-
tafisico pierde las ideas que posée relativamente ó
estas ciencias, cuando se ocupa en la consideración
LAS IDEAS Y EL ACTO INTELECTUAL. 37

de objetos cstnAos á las mismas, ó cuando 6e entrega


al sueño? Semejante afirmación, que ciertamente no
se presenta como la mas conforme ni con el lenguaje
ni con el sentido común, como tampoco con la ob­
servación psicológica, es sin embargo una conse­
cuencia inevitable en la hipótesis de que las ideas y
el acto del entendimiento son una misma cosa.
Si bien se reflexiona, el origen de esa persuasión
general y de esa verdad como instintiva qiio nos
obliga á reconocer la necesidad y existencia de las
ideas, se halla ni la misma conciencia íntima y uni­
versal que nos presenta el conocimiento intelectual
como un acto esencialmente uuitivo. Pero el objeto
110 siempre se hallu unido realmente al entendimiento
ni se encuentra en el alma misma, segnn su modo
propio de eiis lir; porque como dice muy bien san
Agustín, non ennn omnino ipsu corpcra in animu sitni
cum en cogitamos, sed corum similitudines: y de aqui
la necesidad de las ideas intelectuales que haciendo
presente el objeto al entendimiento en el órden inte­
ligible, ponen en comunicación el acto de la inteli­
gencia con el objeto mismo real. Luego si este acto
es distinto realmente del objeto pensado, también
debe serlo de la idea que le pone en contacto con
este objeto, y que es este mismo objeto en el órden
inteligible: objcctum in este intelligiliU,
El eminente metafisieo Suarcz cuyos escritos filo­
sóficos son dignos de qne los verdaderos sabios y los
amantes de la alta filosofía los consultasen con mas
frecuencia, resume con su acostumbrada profundidad
la doctrina de los Escolásticos y en especial de santo
Tomás sobre esta materia. Eu las palabras del mismo
38 CAPÍTULO CUARTO.

que vamos á trascribir, se hallan coudensadas las


principales razones, fuera de las que ya quedan consig­
nadas, en que el santo Doctor se apoya para admitir
ulguna distinción real entre la idea y el acto del en­
tendimiento: popqne el filósofo granadino no hace
mas que esponer y desenvolver la teoría de santo
Tomás sobre las ideas.
« Puede servir de razón á priorí para esto, (I) que
nuestro modo de conocer se verifica por la asimilación
del cognoscente ú la cosa conocida: asi es que cuando
se conoce un objeto, como que es traido dentro del
cognoscente, según cualquiera puede esperimentar en si
misino cuando conoce. Luego por razón de esta asimi­
lación, es necesario que el objeto que se conoce se una
al cognoscente, ¿ fin de que de esta manera se pueda
realizar la asimilación actual ó el conocimiento. Luego
siendo imposible unas voces, y otras désproporciouada
la unión real cutre la potencia y el objeto, será pre­
ciso admitir una unión inteligible, la cual se verifica
por medio de la especie ó idea que hace las veces
del objeto...................................................................

Se infiere de lo dicho, ser falso que el entendimiento


sea determinado suficientemente por las representa­
ciones sensibles. En primer lugar, porque la represen­
tación sensible, siendo como es material, y existiendo
en una facultad de un órden inferior, no puede ser
suficiente para la operacion espiritual de la potencia
superior. Por otra parte, la representación sensible
no puede determinar al entendimiento como forma

(1 ) D* Ámim. Lib. a.' C4p. 1.a


LAS IDEAS Y EL ACTO INTELECTUAL. 39

inherente en el mismo, porque es material; ni tam­


poco como objeto, porque el entendimiento no co­
noce las cosas en la representación sensible; ni tam­
poco finalmente como cooperante á la acción del en­
tendimiento, porque siendo material, no puede coope­
rar ú uu acto espiritual.
En tercer lugar, el entendimiento es una facultad
de órden diferente ó superior ú toda facultad del or­
den sensible: luego debe tener en sn órden propio
todas las cosas necesarias para el acto de conocer:
estos requisitos 6on la potencia y el objeto unido ¡i
ella: luego las posée en su propio órden espiritual;
esa unión se hace por medio de las ideas: luego tiene
especies propias distintas de las representaciones
sensibles................................................................Por
último; ó nuestro entendimiento es capaz de especien
inteligibles ó no; si 6e dice lo primero; luego las re­
cibirá en sí, á no ser que queramos admitir el ab­
surdo de que mientras está en el cuerpo carece siem­
pre de su forma natural y su perfección necesaria: si
no es capaz; luego separado del cuerpo, no podrá na-
turalineute recibir las especies inteligibles ó ideas, y
por consiguiente ni entender naturalmente, puesto
que en este estado de separación no existen las re­
presentaciones sensibles que puedan determinar su
acción.»
Puede decirse también que hasta la dificultad misma
que esperimentnmos en el conocimiento é investiga­
ción de las cuestiones relativos á las ideas, viene en
apoyo de la doctrina de santo Tomás y le sirve hasta
cierto punto de contraprueba. Apesar de la mayor os­
curidad que acompaña generalmente A los conociraien-
'<0 CAPÍTULO CUARTO.

(os que poseemos por reflexión relativamente ó los co­


nocimientos directos, es incontestable sin embargo, que
eutr¿ estos objetos conocidos por reflexión, ninguno se
nos presentu con tanta claridad como el acto mismo in­
telectual. Bien sea porque este acto es el primer ob­
jeto cu el órden de sus conocimientos por reflexión,
ya sea mas bien porque tengamos intuición del mismo,
es lo cierto que le conocemos con mayor perfección
y claridad que ú ninguna de las otras condiciones
internas del couociraieuto iiitelectud. ¿Sucede lo
misino con las ideas? De ninguna manera. Ni su pre­
sencia en la conciencia intima es tan perfecta y clara
como la del acto intelectual, ni tenemos iutuiciou in­
mediata de las mismas, ni el conocimiento que de las
ideas poseemos, alcanza aquel grado de claridad y
perfección que observamos respecto del acto intelec­
tual. En confirmación de esto basta echar una ojeada
sobre esa variedad de cuestiones, difíciles, intrincadas,
insolubles, relativas ¿ esta materia, que han ocupado
y seguirán ocupando siempre la atención de los filó­
sofos, sin que probablemente lleguen jamás á po­
nerse de acuerdo ni siquiera en puntos parciales del
problema. Luego la oscuridad misma que reina en
las cuestiones que se refieren á la naturaleza pro­
pia de las ideas y la dificultad é imperfección que es-
pcriincntamos eu su conocimiento, á lo menoB por
comparación al acto intelectual, indica evidentemente
que do liay identificación real y absoluta eutre estas
dos cosas,
Debe tenerse presente sin embargo, que cuando
danto Tomás admite uua distinción real entre la idea y
la acción misma del entendimiento, no habla de la día-
LAS IDEAS Y EL ACTO INTELECTUAL. 4I

tinción real que existe entre dos seres completos y


separables el uno del otro: de manera que la idea y
el acto intelectual no se distinguen entre ul lanquum
res á re, sino mas bien tanquam modvs d re; porque
en efecto, la idea es una modificación del entendi­
miento y como un modo de ser del acto intelectual,
inseparable naturalmente del mismo. Por eso dice el
mismo santo Doctor hablando de la idea expresa ó
rerbum mentís: (I) «Non enim est de essentia intelleetus,
sed est quasi passio ipsius. A'on tanen est extrinsrcvm
ab ipso intelligtre intelleetus, tum ipstim intelligcre
rotnpleri non possit sine verbo przdicto.»
Tampoco debe perderse de vista que esta distin­
ción real entre la idea y el acto, puede considerarse
como una cuestión relativamente secundaria, y es in­
dependiente en cierto modo de la doctrina consig­
nada en el capítulo anterior. Esta doctrina constituye,
por decirlo asi, la base y el fondo del pensuiuiculo
filosófico de santo Tomás en esta materia, y cual­
quiera que sea el modo de distinción que se quiera
establecer entre las ideas y el acto del entendimiento,
no por eso perderá nada de su importancia y solidez
la doetrina del mismo en órden á la necesidad, exis­
tencia, naturaleza, condiciones y diferencias de las
representaciones sensibles, y de las ideas impresas y
expresas.

(i) JMrf.
G
CAPÍTULO QUINTO

Teoría gjncral del entendimiento humar:..

Varias veces liemos tenido nension de observar que


iiiin de Ins diferencias principales que santo Tomás es-
Inblece entre las facultades intelectuales y las de la
\¡tln vegetativa y sensible, es la dependencia en que
«<> hallan do órganos corpóreos las facultades percepti-
\Uh pertenecientes á la sensibilidad, ni paso que las
ilcl órdon puramente intelectual pueden ejercer sus ac­
tos sin necesidad desemejantes órganos. Kste fenómeno
psicológico atestiguado por la conciencia íntima, esta
verdad fundamental en la filosofía de santo Tomás, al
propio liumpo que constituye una de las bases mas
solidas de la demostración n p rio ri en psicología ó
TEORÍA GENERAL ETC. 43

ideología, es una consecuencia necesaria de la elcvudu


y filosófica teoría del mismo subre el origen y natu­
raleza de la razón humana.
Ya hemos visto al esponer la teoría del santo Doc­
tor sobre las ideas divinas, que todos los seres cria­
dos pueden llamarse imitaciones de la naturaleza di­
vina, eu el sentido de que cada uno de ellos es como
la realización de alguna de las infinitas ideas-tipos
contenidas en la esencia de Dios. Sin embarco, en e>ta
escala se cncucntrn un órden <It; seros que se hallan
separados de todos los demás por una distancia casi
infinita. Tules son los seres dotados de inteligencia, los
cuntes por razón de esta inteligencia no solo son imi­
taciones de la naturaleza divina bajo la razón genérica
de ser, de sustancia y de viviente como los otros seres,
sino que son una participación de la esencia divina
considerada según lu perfección últimu y cu su especie-.
secuntlum spcciein. De aqui es que las demás criaturas
inferiores solo representan la esencia divina per modurn
lestiyii, pero á los seres inteligentes conviene esta re-
])reseutacion'7»cr viam imayinis.
Pero este modo de representación solo conviene ú
los seres inteligentes por parte de esta misma inteli­
gencia y nó por parte de las domas pciTcccioues ó
propiedades que entran en su naturaleza. Por eso santo
Tomás dicc, que tu homine inienilur Dei s.'milifudo per
modum imayinis secumlum mcnlem; sed secundum alias
parles ejus, per modurn vestiyii.
Asi pues la inteligencia del hombre es una partici­
pación de la inteligencia divina, la razón humana es
una imagen déla razón divina, la luz de nuestro en­
tendimiento es una derivación de la luz increada. He
44 CAPÍTULO QU1MO.

aquí el pensamiento de santo Tomás sobre la natura­


leza y elevación de la razón humana, y hé aquí tam­
bién porqué el hombre como ser inteligente, se hulla
colocado en la escala de los seres á una distancia in­
mensa de todos los seres no inteligentes, cualquiera
que sea su pcrfccion. Colocado en las inmediaciones del
trono de Dios y tocando con una mano, por decirlo asi,
los limites de la esfera de la luz intelectual increada,
el hombre lleva en su razón el sello de la inteligencia
divina; la luz intelectual que llc>a dentro de sí es
una impresión de lu primero verdad, se desenvuelve y
desarrolla por esta verdad, y en ella y por ella se
forma y alcanza su última perfección. Per ipsmn sigil-
lationem divini luminis in nobis, omnta demonslrantur. (I)
Ipsum lumen intelleetus noatri, nihil aiiud est quam qux-
dam impressio veritatis primx. (‘2) fía liona lis mena fo r-
malur immediate á Dto; reí sicut imago ab exemp!ari\ quia
non est facta ad alterivs imaginan quam Dei; reí sicut
subjectum ab ultima forma completiva, quia semper mens
créala reputalur informis, nisi ipst prima; veritati inhse-
real. (3)
Esta grande elevación de la razón humana, esta
sublimidad de origen y de naturaleza, eSta perfección
subjetiva del entendimiento humano, se halla en rela­
ción armónica con su perfección objetiva. Nadu hay en
efecto que no se liulle contenido dentro de la esfera á
que puede llegar la acción de nuestra inteligencia. Lo
infinito y lo finito, el ser sustancial y el accidental, el
tiempo y la eternidad, los cuerpos y los espíritus, el

( 1) Sum. Tkeol. 1.‘ P . OttMt. 81. A rb 5 .*


( 9) IHd. C iu it. 88 A rt. 8.* ad 1>
(8J AM . Cuaat. 100. Art. 1.° ad 8.“
TEORÍA GENERAL ETC. 45

órden sc islble y el inteligible, el ser real y el posible,


Dios y las criaturas; todo se halla bajo el dominio de
nuestra inteligencia; á todo estiende su acción: y es
que, como dice con su acostumbrada profundidad filo­
sófica saúco Tomás, el entendimiento tiene por objeto
propio la razón común de ente: intellectus autem respicit
suum objeetum seeun/lum rationem entis-, asi es qne todo
lo que participa de alguna manera la razón de ser y
de verdad, se halla contenido dentro del círculo de su
perfección objetiva: eognoseit secundum eamdcm ratio­
nem objecti, scificet, secundum rationem entis et veri. ( I )
Objeetum intellectus est commune quoddam, scilicet, ens
et verum.
Intellectus (2) est eogaoscitivui omniutn cntium. Est
enim proprium objeetum intellectus (3) intelligibile;
quod quidem comprehendit omites dijferentias et speeies
cutis possibilcs; quidquid enin e/sc potcst, intelligi potest.
Y nótese bien;, en la magnifica cuanto filosófica
teoría de santo Tomás, la perfección objetiva de nues­
tro entendimiento se halla en completa armonía con
su perfección subjetiva, y en esta relación armónica
de la razón objetiva con la razón subjetiva de nuestra
inteligencia y en la nobleza y elevación de su origen,
es donde debe buscarse la razón suficiente de esa
grandeza y dignidad del espíritu humano celebradas
á porfía y con notable entusiasmo por los genios mas
eminentes de todos los siglos.
«Su grandeza es real, dice el ilustre Fenelon, (4)

(1) Ibid. Cuest. 87 A rt 4.* «d 1.“


(3 ) Stntent L ib . S .' DUt. 14.* A rt. 1.’ OoMt. a.*
(3 ) Swn. (tu l. Gtnt L ib . >.» Cap. 06.
(4 ) I n t . d* 1* SlxUt. i » Dio* Cap. 80.
46 CAPÍTULO QUISTO.

Jloune sin confusion lo pasado coa lo presente, y pe­


netra por medio do sus razonamientos hasta en lo por­
venir. Tiene lu idea de los cuerpos y la de los espí­
ritus. Tiene lu idea del mismo infinito, porque afirma
de él lodo lo que le conviene y niega de él lo que
no le conviene. Decidle que el iufinito es triangular:
os responderá sin hesitación que lo que no tiene lí­
mites no puede tener lisura algunu. Pedidle que os
seAalc la primera de las unidades que componen un
número infinito: os responderá al punto que no puede
lubcr ni priucipio, ni liu, ni número en lo infinito,
porque si se pudiera seftaliir en él una primera ó úl-
limu unidad, se podría añadir alguna otra unidad á
i'slu, y por consiguiente aumentar el número.»
¡ «Que el espíritu del hombre es grande! ( I ) Lleva
i'ii sí de qué maravillarse, y con que sobrepujarse
infinitamente á sí mismo. Las ideas son universales,
etern a s é i n m u t a b l e s ........................................................................

.........................Estas ideas sin límites no pueden


variar jamás, ni borrarse cu nosotros, ni ser alteradas.
Son el fondo mismo de la ruzou. Es imposible, cual­
quiera que sea el esfuerzo que se haga, llegar ¿ dudar
juinas seriamente de lo que estus ideas nos represen­
tan con claridad. Por ejemplo; yo no puedo entrar
<‘u seria duda para saber si el todo es mayor que una
de sus partes; si el centro de un círculo perfecto se
hulla igualmente distante de todos los puntos de la
circunferencia.»
Sin embargo, la parte brillante de nuestro enten­
dimiento se halla como oscurecida y contrapesada

(1] Ibid. Cap. 52.


TEORÍA GENERAL ETC. 47

basta cierto punto por la parte flaca y defectuosa del


mismo. Próximo por uu lado ú Dios, cuya luz y cuyas
ideas se reflejan sobre nuestra inteligencia como par­
ticipación que es de las razones eternas, se halla cu­
bierto por otro Indo de oscuridad y de sombras. La
elevación de su origen y la universalidad y amplitud
de su objeto, no se hallan en proporcion absoluta con
la energía y eficacia de su actmdad. Aunque colo­
cado sobre todos los seres materiales y superior casi
infinitamente ú todo el órden sensible, ocupa sin em­
bargo el último grado en la escala de los seres inte­
lectuales. La razón del hombre siu dejur de ser una
participación do la Bazon divina, y un desello de la
luz increada ó infinita como la inteligencia de los
ángeles, no es una participación tan perfecta ¿ in­
mediata como la de estos, y colocada á mayor distan­
cia del centro intelectual común, no refleja con tantu
vivacidad como las inteligencias angélicas la luz y
las ideas divinas.
De aquí es que mientras el entendimiento de los
ángeles se halla siempre en acción, ya porque tienen
intuición inmediata de so propia sustancia, ya porque
teniendo en sí mismos ideas innatas de los objetos, no
necesitan elaborar estas ideas, ni recibirlas sucesiva­
mente, ni ser cscitndos por la acción de la sensibili­
dad como el hombro, este, ademas de hallarse en un
estado de adormecimiento y de pasividad inicial por
sí mismo y en el origen de su desarrollo intelectual,
se v¿ precisado á elaborar trabajosamente, por decirlo
asi, Sus ideas y conocimientos, sin que le sea dado
llegar A la posesion de la ciencia sino de una manera
paulatina y sucesiva. Aquí es donde se halla el ver­
48 CAPÍTULO QUINTO,

dadero origen j la esplicacion Glosófica de esta os­


curidad intelectual qnc encontramos al lado de la ele­
vación de su origen y de su objeto, de esa debilidad
ó impotencia que encontramos al lado de su poder y
encrgiu, de esos multiplicados errores, de esas difi­
cultades insuperables cou que tropezamos á cada paso
en el camino de la verdad y de la ciencia, de esa ig-
noraucia y de esas tinieblas que hallamos en nuestro
espíritu al ludo de sus brillantes resultados y de sus
grandes concepciones científicas.
Santo Tomás encerró toda esta doctriua en una sola
palabra, en una de aquellas palabras tan admirables
por su sencillez y precisión científica, como por la
profundidad filosófica que envuelven: Intellectus huma-
nus est pura potentia in ordine intelligihili. El entendi­
miento humano es una pura potencia en el órden inte­
ligible: y es por eso que nuestro espíritu no tiene intui­
ción inmediulu de su sustancia y esencia como los ánge­
les: y es por eso que aun de sus propios actos no posée
intuición sido á condicion de haber dirigido pre­
viamente su actividad sobre algún otro objeto: y es
por eso que encuentra tantas dificultades y se ve
como rodeado de tinieblas y oscuridad cuando trata
de conocerse & sí mismo y las condiciones de su
actividad intelectual; y es por eso también, que ca-
recieudo al principio de actos y de objetos, necesita
ser escitado por la acción de las facultades sensitivas
y adquirir sucesivamente sus ideas: Intellectus huma-
niM e»t pura potentia in ordine intelligibili. H í aquí un
pensamiento profundo que envuelve la esplicacion
(ieullftca y la ruzou á prior* de ese fenómeno, atesti­
guado no menos por la historia de la filosofía que por
TEORÍA GENERAL ETC. 49

la conciencia humana: hé aquí la esplicacion filosófica


de osa debilidad é impotencia de la razón del hombre
que hallamos siempre asociadas á su grandeza, su po­
der y su dignidad.
No es posible contener la admiración en presencia
de esa teoría de la razón humana tan brillante, tau
sólida, tan elevada, tan sublime y Un completa. No
es posible dejar de admirar esa teoría que nos señala
como con el dedo lo razón de ser y el verdadero ori­
gen de esa mezcla misteriosa de grandeza y debilidad,
de fuerza y de flaqueza, que lu caperiencia y el sen­
tido íntimo de aeuerdo con la historia nos revelan en
la razón humana.
Pero hay mas aun: santo Totnis después de haber
analizado el lado brillante y el lado oscuro de la
razón humana; después du señalar el origen de sn ele­
vación y poderío, y el origen también de sus flaquezas
y sus miserias; después de desarrollar la teoría com­
pleta de la razan, que se presta ¿ las mas importantes
aplicaciones, sintetiza toda esa grande teoría en una
de aquellas palabras sencillas .y fecundas ó la vez
de que él solo posée el secreto. «L a razón humana
nos dice, es una participación de la inteligencia in­
creada: una impresión en nuestras almas de la luz di­
vina.» Esa razón humana qne tropieza á cada paso en
el camino de la verdad: esa razón humana sujeta á mil
contradicciones y miserias: esa razón humana que se
reconoce llena de sombras y oscuridades, es la misma
razón humana que realiza esploraciones y descubri­
mientos que revelan un poder sobre todo poder hu­
mano; es la misma razón humana que después de
haber penetrado las alturas incomeosurables del cielo
7
íiO CAPÍTULO QUISTO,
y las profundidades de la tierra, se lanza fuera def
inundo de los cuerpos para recorrer todas las gra­
daciones y armonías de la verdad. ¿ Y sabeis porque?
Porque esa razón humana es solo una impresión, una
participación: hú aquí el origen de su debilidad. Pero
es uua participación de la inteligencia increada, una
impresión de la luz divina en naestras almas: hé aquí
el origen de su grandeza. Cuanto lian escrito so­
bre este punto todos los grandes pensadores; toda la
historia, en fui, de la razón humana con sus grande­
zas y sus miserias, con su poderío y con su flaqueza,
todo se halla concentrado en esa palabra sencilla,
pero de sentido profundamente ftlosólico: Participatio
luminis increati: impressio divini hm inix in nohis.
CAPÍTULO SESTO.
— i- ia - i —

21 ar.Lend.cnien.o p o sib le y si ent,ondim:e.n.io agen'.;:


La razcn y la it'.eligcncia.

l ’ ucsto qac observamos, dice santo Tomás, ( I ) que


el hombre unas veces entiende actualmente y otras se
halla en potencia respecto de esta acción, es ne­
cesario concebir cu el hombro algún principio in­
telectual que sea potencia ó facultad para todos los
objetos inteligibles: y este principio es el que llama
el Filósofo entendimiento posible. Es preciso que
este entendimiento posible, se halle en potencia en
urden i todas las cosas capaces de ser conocidas por
el hombre, con facultad de recibirlas, pero careciendo

(1 ) QuatU. IHtjm. D§ Spir. Cntt. Comí. 9.a A rt. S.°


CAPÍTULO SESTO.

originariamente üe las mismas. Porque todo lo que es


cupaz du recibir una cosa, debe estar en potencia res­
pecto de ella eu cuanto se supone que carece de lu
misma; asi es que vemos que la pupila que es capaz
de recibir todos los colores, carece por lo misino de
todo color. El hombre tiene la facultad ó aptitud pura
entender y pensar sobre todas 4as naturalezas sensi­
bles: luego es preciso que su entendimiento posible ca­
rezca de toda naturaleza y materia sensible, y asi es
necesario también que no tenga ningún órgano cor­
póreo...................................................................... Por
esta demostración del Filósofo se escluse la opinion
de los antiguos filósofos que aliiraabuu que el enten­
dimiento no se diferencia de las facultades sensitivas;
y en general se cscluyc la opinion de todos los que
uiinnaron que el principio inteligente en el hombre,
es ulguna forma ó fuerza mezclada con el cuerpo, como
otras formas ú fuerzus materiales.»
Estas palubrus no necesitan comentario alguno, y
por ellas se reconoce fácilmente que el entendimiento
posible no es otra cosa mas que la inteligencia humana,
en cuanto que considerada cu sí misnm y originaria­
mente, se halla en potencia en órdeu á sus actos, es
decir, eu órdeu al desenvolvimiento de su actividad,
y á la adquisición ó recepción de las ideus y ob­
jetos inteligibles. Lejos de ser una concepción arbi­
traria ó gratuita, esta doctrina se halla en completo
acuerdo con la cspcricncin y observación psicológica,
según indica el mismo santo Tomás.
Nadie puede poner en duda, en efecto, siu contra­
decir abiertamente el testimonio del seutido íntimo,
que nuestra inteligencia se halla al priucipio pri-
EL ENTENDIMIENTO POSIBLE ETC. 53

vadu de todo acto y como adormecida, necesitando


cierto desarrollo por parle de los órganos del cuerpo,
no meaos que el ejercicio y escitaciou de las fa­
cultades sensitivas, para ponerse en acción y ejercer
sus funciones intelectuales. Tampoco puede ponerse
en duda que estos actos y funciones, no se ejercen
sino ú condicion de la adquisición y recepción en
el entendimiento de las ideas intelectuales, mediante
las cuales se veri (lea el conocimiento de los objetos,
y que esta adquisición y recepción se realizan su­
cesivamente, entrando, por decirlo asi, los objetos en
la inteligencia unos después de otros. Luego el enten­
dimiento posible de santo Tomás, es uní doctrina admi­
tida generalmente en toda filosofía racional, y en rea­
lidad solo pueden rechazarla los partidarios rígidos y
absolutos de las ideas innatas, ó los entusiastas discí­
pulos de Descartes, que pasando por encima del sen­
tido común y del testimonio de la conciencia hacen
consistir la esencia del alma humana en el pensamiento
actual.
Toda vez que el entendimiento posible exige con­
diciones determinadas para pasar del estado de po­
tencia á la intelección actual, y puesto que carece por
si mismo de las ideas sin las cuales 110 se realiza este
tránsito al pensamiento actual, teniendo solo de si re­
ceptividad de todos los objetos inteligibles, poten tía
ad amnia inleligibilia, será preciso admitir en la misma
inteligencia, alguna fuerza activa capaz de iniluir en
este entendimiento posible determinando su tránsito
del estado de potencia al estado de acción, suminis­
trándole las idea», ó si se quiere, los objetos inteligibles
á los cuales se refiere esta acción. Esta fuerza activa
5-5 CAPÍTULO SESTO.

del órden inteligible, es lo que santo Tomús llama en­


tendimiento agente.
Aqui es preciso hacer una observación importante
para evitar graves errores y equivocaciones. El que fi-
jiindoHc sobre las denominaciones de posible y de po­
tencia pasiva que santo Tomás concede á la facultad
receptiva de las idoas intelectuales, ó sea al entendi­
miento posible, crcvese que dicho entendimiento ca
una facultad puramente pasiva, una mera receptividad
de las ideas, incurriría cicrtamcutc en una gruve equi­
vocación. Estas denominaciones solo corresponden al
iMiteudimiento con relación á su objeto: porque este en­
tendimiento recibe las ideus intelectuales, se llama po-
tenciu pasiva, que equivale aqui á facultad receptiva:
porque es capuz de recibir, couocer ó pensar sobre
lodo objeto inteligible, se llama entendimiento posible.
Linpero este mismo entendimiento considerado en si
mismo y subjetivamente, por decirlo usi, es una po­
tencia mas bien activa que pasiva, como principio que
i's de la acción inteleetuul, la cual es una acción real
procedente de esa facultad ó fuerza vital que llamamos
entendimiento.
Esta observación que no deben perder de vista
si quieren evitar equivocaciones trascendentales, los
que pretendan estudiar y comprender la psicología
<’ ideología de santo Tomás, fae ya consignada por
el mismo santo Doctor. Non enim distinguilur potentia
activa á passita, ex hoc quod habet operationem; quia
i'um cujuüibet potenlise animx, tam activa, quam passivx,
sil operado aliqua, quxlihet potentia animx essel activa.
Cognoscitur autem eorum distinctio per comparationem
polrntia; ad objeetum. Si enim objeetum se kabeat ad
EL ENTENDIMIENTO POSIBLE ETC. ¿5

patmtimn vt palian* et transmutatum, sic erit potentiu


activa; si autcm é. converso se habeat vt aqens et morehs,
sic erit potentia passiva..................... Circa intclleclnm
T e ro , aliqua poten tía est activa, aliqua passiva, no quod
per inteltectum, intellif/ibi¡e in potentia fit intc.l.ligihilc
actu, quod est intcllettvs ayentis-. et sic intelleetus ¡igras
est potentia activa. Ipsutn etiam intelliijibile in actu facit
inteltectum in potentia esse intellectvm in actu: et sic
intelleetus possibilit erit potentia passiva. (I)
Las reflexiones que antccedcn nos conducen ñ se­
ñalar una equivocación muy notable sobre este punto
en que incurrió el conde de Maistre. Al hablar el
ilustre escritor de santo Tomás y de su teoría sobre
el entendimiento huinauo y las ideas, so expresa en los
siguientes términos:
- Pero oidle hablar en seguida sobre el entendimiento
y las ideas. (2) Distinguirá cuidadosamente el intelecto
pasivo, ó esta potencia que recibe impresiones, del in­
telecto activo, (que llama también posible) de la inte­
ligencia propiamente dicha que razona en las impre­
siones. »
Aparte de la oscuridad de lenguaje qne lleva consigo
este pasage y de la denominación un poco estrafla por
cierto que se da aqui al entendimiento, contiene tres ine­
xactitudes A cual mas graves, y que pueden dar origen á
que se forme concepto muy equivocado del pensamiento
de santo Tomás sobre esta materia. La primera es el su­
poner que el entendimiento ó intelecto pasivo que recibe
las impresiones de los objetos, pertenezca al órden in-

(1 ) QumH. D U pa. De Veril. O neit. 16. A rt. 1.° ad 13.m


(2 ) rrio l. di S. P d irti Vola, a.'
:>g CAPÍTULO SF.STO.

tclcctual y sea como una purtc ó manifestación de lo


que llamamos propiamente entendimiento ó razón hu­
mana. Veremos mas adelante, que para santo Tomás,
el entendimiento pasivo nada tiene que ver con la razón
ó entendimiento humano, puesto que uo es mas que
un nombre que se da algunas veces á uno de los sen­
tidos internos; y es bien sabido que según sus prin­
cipios psicológicos, toda facultad sensible 9e halla co­
locada á una distancia inmensa por debajo del enten­
dimiento.
El confundir é identificar el intelecto activo ó sea
el entendimiento agente con el entendimiento posible,
es la segunda inexactitud que encierra el citado pa­
sage. Basta recordar lo que dejo consignado eu este
mismo capítulo, para reconocer que el entendimiento
agente y el posible son dos facultades, ó mejor dicho,
dos manifestaciones distintas del euteudimieuto. Y de
aqui también la tercera inexactitud de nuestro escri­
tor, cuando supone que la inteligencia propiamente
dicha se distingue del intelecto act'uo y postile. En la
teoría de santo Tomás el entendimiento agente y el
entendimiento posible, lejos de ser dL>tiutos de la in­
teligencia ó razón humana, son la misma razón huma­
na, constituyen lu inteligencia del hombre, constitu­
yen lo que llamamos entendimiento ó potcncia inte-
lectuol, y esa doble deuominucion solo expresa un
doble aspecto de la m uña potcncia; esas dos nombres
signiAcan dos funciones ó manifestaciones düerculcs de
la inteligencia humana.
No es solo el condc de 3Iaistre el que iucurrió en
notables inexactitudes sobre la materia que nos ocupa;
son muchos los ejemplos qué se pudieran aducir- de
EL ENTENDIMIENTO POSIBLE ETC. 57

apreciaciones mas inexactas aun que las del ilustre au­


tor de las Véla las, emitidas por toda clase de escritores
sin escluir aquellos de quienes había derecho para es­
perar que en atención á sus condiciones y á la clase de
estudios especiales que han formado su nombre, hubie­
ran espuesto y apreciado de una manera mas exacta y
cabal estas doctrinas. Sirva de ejemplo el autor de las
investigaciones ¡¡abre el entendimiento humano: véase
como se es presa el principal representante de la es­
cuela escocesa: (1)
-Aristóteles opinaba que la materia puede existir si a
forma; pero no creía que las formas pudiesen existir
sin la materia. Enseflaba siu embargo al propio tiempo,
que no puede haber ui sensación, ni imaginación, ni
intelección, sin la presencia en el espíritu de formas, de
fantasmas, ó de especies de las c o s a s ;.................. La
doctrina de sus discípulos fue mas esplícita aun; afir­
maron claramente que estas especies inteligibles y sen­
sibles, emanan de los objetos y vienen ¿ imprimirse en
el entendimiento pasivo, en cuyo seno sou percibí*
das por el entendimiento agente. Esta opinion fue uni­
versalmente admitida, mientras reinó la filosofía peri­
patética. »
Dillcil nos parece reunir tantas afirmaciones falsas
y tantas inexactitudes en tan pocas palabras. Los que
sigan con atención e l desenvolvimiento de la teoría
ideológica de santo Tomás que constituye la materia
de este libro, fácilmente podrán convencerse de ello,
Séanos permitido entre tanto llamar la atención del
lector sobre algunas de esas inexactitudes.

(1) O B vru oompl. Tom. a.® o*p . 7.


8
58 CAPÍTl-'T.n SF.STO.

1•* Tan lejos estaba Aristóteles de opinar que la


materia puede existir sin,la forma, que precisamente
uno de los punios cardinales de su tcoria sobre los
principios constitutivos de los cuerpos, es que la
materia no puede existir de ninguna manera sin la
forma, afirmación que, por otra parte, es una conse­
cuencia necesaria y lógica de la expresada teoría. Por
lo que hace & sus discípulos, es decir, los Escolás­
ticos, sobreentendidos aqui evidentemente por Rcid,
110 solo convcnian con Aristóteles en este punto, sino
que muchos de ellos ailadian que la existencia de la
materia prima sin forma alguna, envuelve contra­
dicción, y que por consiguiente no se halla al al­
cance de la omnipotencia divina.
2.a Tanto Aristóteles como sus discípulos los Esco­
lásticos admitían, no solo la posibilidad, sino la reali­
dad de forman existentes sin la materia. Y ciertamente
que los Escolásticos y con especialidad santo Tomás,
mal podrian negar la existencia de formas sin mate­
ria, cuando por una parte apellidan formas, no solo al
alma racional sino también á los ángeles, y por otra
parte afirmaban y demostraban, que tanto estos como
aquellas son sustancias espirituales, inmortales, in­
dependientes de la materia y subsistentes por si
mismas.
3.* Las formas de que hablaban Aristóteles y los
Escolásticos al tratar de la posibilidad y existencia de
la materia sin la forma y de esta sin aquella, son las
formas que llamaban sustanciales, muy distintas por
cierto y que nada tienen quo ver con las formas sen­
sibles é inteligibles de que hablaban al tratar del co­
nocimiento sensible ó intelectual. Es por lo tanto una
EL ENTENDIMIENTO POSIBLE ETC. 59

inexactitud el confundir las unas con las otras, como


parece hacerlo el filósofo escocés.
4.' La doctrina de los que Reid llama discípulos de
Aristóteles, es decir, de los Escolásticos, lejos de ser
mas esplícita que la de aquel en el sentido sensualista
que supone el antiguo profesor de Glascow, pucdp t
debo decirse que sucede todo lo contrario; porque la
verdad es, que la inavor paite de loe Escolásticos mo­
dificaron mas ó menos en sentido espiritualista, lus
teorías de Aristóteles sobre las facultades del alma y
conocimiento intelectual.
5.* Cuaudo el ge fe de la escuela escocesa afirma
que los Escolásticos ensenaron claramente, que las es­
pecies tanto sensibles como inteligibles emanan de
los objetos, se expresa de una manera muy inexacta
y ocasionada á error. Si se habla de los Escolásticos
en general, lo mas que puede coucederse es que mu­
chos de ellos admitian especies sensibles que emanan
de los objetos; pero en órdeu á las especies inteligibles,
lejos de hacerlas emanar inmediatamente de los objetos,
coino parece indicar Reid, afirmaban precisamente por
el contrario, que estas especies ó ideas, debían su origen
al mismo entendimiento que las elaboraba con las re­
presentaciones de los objetos suministrados por la ima­
ginación. Esto hablando de los Escolásticos eu general:
que si nos concretamos ú algunos de ellos y particular­
mente á snnto Tomás, ya hemos visto que el santo Doc­
tor no admite esa emanación de especies sensibles dolos
objetos; y lo que es mas, veremos en lo sucesivo, que
según su teoría ideológica, adquirimos y poseemos
muchas ideas, que no proceden ni menoB emanan de
los objetos, ni siquiera de una manera mediata.
GO CAPÍTULO SESTO.

G.* Prescindiendo de la inexactitud que cavuelve


la denominación de pasivo dada al entendimiento po­
sible, es completa y absolutamente falso, que los dis­
cípulos de Aristóteles hayan enseilado nunca que el
entendimiento agente, ó activo, como le apellida nues­
tro filósofo, sea el que percibe las especies inteligi­
bles en el entendimiento posible. 1'un lejos se halla­
ban los Escolásticos de semejante afirmación, que
precisamente todos á una voz confiesan y afirman que
el percibir y conocer las cosas, es la función y acto
propio y eselusivo del entendimiento posible; asi
como la función eselusiva y acto propio del entendi­
miento agento, es formar, elaborar ó abstraer las espe­
cies inteligibles, ó ideas que se reciben en el entendi­
miento posible. De manera que mientras ul principal
representante de la escuela escocesa atribuye ú los
Escolásticos la ojmiiun de que las especies ó ideas son
recibidas primero en el entendimiento posible, y que
después son conocidas por el entendimiento agente, y
por consiguiente que la función del entendimiento posi­
ble es auterior al acto del cnteudimieuto agente, estos
enseflan precisamente todo lo contrario; i saber, I .’
que el percibir y conocer no pertenece al entendi­
miento agente sino al posible esclasivumente: ‘2.° que
la Operación de aquel, es anterior naturalmente ú la
de este. Esto sin tener en cuenta que los Escolásticos
nunca suelen dccir que el entendimiento percibe las
especies ó ideas, como les atribuye el filósofo escocés,
pues sabían muy bien que lo que es percibido y co­
nocido por el entendimiento, á lo menos ordinaria­
mente y en los actos directos, no son las ideas sino los
objetos mismos reales: sptciet intelligibilis, dice santo
EL ENTENDIMIENTO POSIBLE ETC. €1
Tomás, non est id quod intelligitur, sed id quo inlel-
ligilur.
Y lo que acabamos de consignar es una verdad con­
cretándonos ú santo Tomás y los Escolásticos en ge­
neral. Que si descender quisiéramos á algunos escolás­
ticos en particular y lo permitiera la índole de esta
obra, uo tendríamos dificultad en probar & Reid y á
toda la escuela escocesa con textos en la mano, que
la teoría sobre el conocimiento humano de algunos de
esos discípulos de Aristóteles, no solo no tiene nada
de común con la teoría sensualista, sino que mas
bien propende y se aproxima á la teor a idealista de
Platón y Mulebranche, si bien teniendo cuidado de
espouer en sentido cristiano las ideas del primero, y
sin admitir las peligrosas exageracioues del segundo
cu órden á la visión de los objetos en Dios. Lóase
sino el ítin e r a r iu m m entís in Deutn, de san Buenaven­
tura; lóase ese libro notuble, apellidado no sin motivo
por Gcrson opus inm ensum , cu ju s laus su p e rio r est ore
m o r ta liu m , y se verá que todas sns páginas respiran
tendeucias eminentemente ontolúgicus, que el desen­
volvimiento científico de la idea de Dios que allí pre­
senta este grande escolástico, deja muy atras lus decan­
tadas demostraciones de Descartes sobre esta materia,
y que su teoría sobre el conocimiento humano puede
considerarse como una verdadera antítesis de lu teoría
sensualista. Sedcum ipsa mens nostra (I) sit commuta-
bilis, illam (veritatein) sic incommutabiliter rclucentem
non potest videre, nisi per aliquam aliam lucem om-
nium incommutabiliter radiantem, quam impossibile est

(1) /«a. nwrt. <• Dtum. Cap. 8.


6-2 CAPÍTULO SESTO.

cssc crcaturam mutabilem. Scit igitur ia illa lucc quaj


illurainat omnem liomineni vcnicntem ialiu nc muudum.
quu; est lux vera, ct Verbum in principio apud Deum,
............. Hujusmodi igitur illationis ueccssitas non
venit ab existentia rci ct materia, quia est contiu-
gens; ncc alt existentia rci iu anima, quia tune csset
Jictio, si nou esset iu re. V enit igitur ab excmplaritatc
iu arte a;terna, secundum quam res habent aptitudinem
ct liabitudincm ad invicein...................... Ex quo ma­
nifestó apparet, quod conjunctus sit intelleetus noster
ipsi ¡eterna; veritati; dura nisi per iliani doccntcra, ni-
hil veruni potest certitudinalitor capere.
Este pasage tomado el acaso entre oíros análogos
contenidos en la misma obra, revela suficientemente
la inmensa distancia que media entre la teoría ideo­
lógica de sau Buenaventura y la de la escuela sensua­
lista; distancia sobre la cual 110 podrán abrigar duda
alguna, los que quieran tomarse el trabajo de leer
la obra citada para apreciar sus doctrinas y tenden­
cias, comparando y analizando sus textos.
Sabido es que nosotros usamos indistintamente los
nombres de razón y de inteligencia, para siguilicar la
facultad de pensar ó potencia inteligente que reside
cu nuestra alma. Santo Tomás emite sobre este punto
algunas reflexiones tan filosóficas como dignas de
atención. Reconociendo que la razón y la inteligencia
en nosotros son en el fondo una misma potencia, y
110 facultades distintas, séllala con notable exactitud
y verdad, el fundamento y la razón científica de esa
doble denominación que atribuimos á nuestro enten­
dimiento.
Entre los ángeles y el hombre considerados como
EL ENTENDIMIENTO PO SIBLE ETC. C3

seres inteligentes, existe una diferencia que no debe


perderse de vista. Aunque capaces unos y otros de
alcanzar y conocer la verdad, el modo con que alcanzan
esta verdad en los objetos no es e l mismo en los pri­
meros que en el segundo. Los ángeles como seres ¿
inteligencias mas próximas á Dios, se asemejan mas ¡i
este en cuanto al modo de entender, es decir, que
conocen los objetos y contemplan en ellos la verdad
mediante un simple acto del entendimiento y. como si
dijéramos, al primer golpe de vista, sin necesidad de
procedimientos complejos ni de raciocinios que les
descubran alguna cosa desconocida, mediante la aplica­
ción de otra conocida: puede decirse que no tienen mas
acto intelectual que la simple percepción ó intuición del
objeto, en la cual y con la cual descubren todas las
verdades contenidas en el mismo.
No sucede ciertamente lo mismo en el hombre. Lu
esperiencia misma nos revela que generalmente ha­
blando, el hombre no llega al conocimiento mas ó m e­
nos completo de un objeto, ni de las verdades relativas
al mismo, por su simple aprensión ó percepción, sino
que por el contrario no llegamos ¿ la posesion de esta
verdad, sino por medio de procedimientos múltiples,
complejos y principalmente por via de raciocinio.» (I )
Naturalis enitn modus cognoscendi et propriw nalurx
angelíes est, ut veritatem cognoscat sine inquisitione et
discvrsn; humanx vero proprium est, ut a i veritatem
cognoscendam perveniat, inqvirendo, et ab uno in aliud
discurrendo.»
Hasta en los objetos mas fáciles y sencillos neccsi-

(1) Qwett. Diiptt. De Vertíate Cuett. le. Art. I.*


(ií CAPÍTIIT.O SESTO.

tainos abstraer, comparar, reflexionar, discurrir etc.


Asi es que el raciociuio puede mirarse como el pro­
cedimiento mas connatural y universal del entendi­
miento humano, al paso que en los ángeles y con
mayor razón en Dios, la simple percepción ó intuición
del objeto constituyen respectivamente el procedi­
miento connatural para llegar á la posesion de la ver­
dad. « Y de nqui es, concluye el mismo sauto Doctor,
que nuestras almas son sustancias racionales, pero los
ángeles son llamados con razón sustancias intelectuales
y no racionales.-
Sin embargo, aunque el procedimiento connatural
del entendimiento humano es el raciocinio, participa
también del modo de intelección de los ángeles, pues
ademas de que uno de sus actos propios es la simple
aprensiou ó percepción de los objetos, llega algunas
voces al conocimiento y posesion de la verdad por
medio de esta operacion. Esto se v¿ evidentemente
en los primeros principios de la razón y de la cien­
cia, cuya verdad alcanzamos y poseemos por simple
inteligencia, intellectus principiorvm, sin necesidad de
discurso ni raciocinio alguno. Anima hvmanu, (1) quantum
ad id quod in ipsa supremum est, aliquid attingit de eo
quod pToprimn est naturx angelito, ut, fd licet, aliquo-
rttm eognitionem, súbito et sine inqvisitione habeat.
Luego el entendimiento humano es & un mismo
tiempo inteligencia y razón: inteligencia, por parte de
la simple percepción de los objetos y especialmente
por parte del conocimiento de las verdades per se nota
ó primeros principios de la ciencia: razón, por parte

(1J A u.
EL ECTE3D1M1EÍST0 POSIBLE ETC. 65

del modo con que generalmente procede en la inves­


tigación y asecucion de la verdad. La inteligencia sig­
nifica y denota al entendimiento como en reposo, según
que alcanza y canora la verdad por medid de una intui­
ción simple, pacífica y tranquila de la misma. L a razón,
es este mismo entendimiento haciendo esfuerzos para
llegar ú la verdad oculta enyos vislumbres descubre en
las cosas conocidas de antemano: es e l movimiento
progresivo de este mismo entendimiento que se agita
y desenvuelve cu el terreno científico, esforzándose eu
cuuquistar por partes la verdad que no puede alcuuzur
con uii solo golpe de vista. Asi pues la inteligencia y
la razon.no son dos potencias distintas; son la expresión
de dos modos de acción de la misma facultad inteli­
gente; son dos aspectos y manifestaciones diferentes del
entendimiento humano; son dos fases de su desarrollo.
Pero oigamos al mismo santo Tomás esponer y desen­
volver esta doctrina llena de delicadas observaciones
científicas.
«Lu razón y la inteligencia en el hombre, (I ) no pue­
den ser potencias diversas, lo cual se reconoce con toda
evidencia, si se considera el acto propio de cada unu.
Entender, es aprender ó percibir simplemente la verdad
iuteligiblc; pero raciocinar, es proceder de la intelección
de una cosa á otra puru conocer la verdad inteligible.
Y por lo mismo los úngeles, que suguu el modo de su
naturaleza, poseen perfectamente el conocimiento de la
verdad inteligible, no tienen necesidad de proceder de
una cosa á otra, sino que perciben- simplemente y sin
discurso la verdud en las cosas. Mas los hombres llegan

( 1) £um. Tkecl. 1/ P irt, Ouut. 79. Art. 8.*


9
GG CAP¿ryi.o snsro.
á conocer la verdad inteligible, procediendo de una
cosa á otra, y por lo mismo se llaman racionales. Resulta
pues que el raciocinar se compara al entender como el
moverse al estar en reposo, como el adquirir al poseer,
de los cuales actos el uno es perfecto y el otro envuelve
imperfección. Y como quiera que el movimiento pro­
cede siempre originariamente de alguna cosa inmóvil
y se termina en el descanso, de alii es que el racio­
cinio cu el hombre segun ul procedimiento de adqui­
sición ó invención de la ciencia, se deriva de ciertas
cosas conocidas por simple inteligencia, y son los pri­
meros principios: y después para examinar y juzgar
las cosas que ha investigado, las reduce y resuelve eu
estos primeros principios.
Es evidente que el moverse y el descansar no per­
tenecen á potencias diferentes, aun ea las cosas natu­
rales; pues es una misma la naturaleza por razón de
la cual una cosa cualquiera se mueve localmente y
descansa en tal lugar. Luego con mucha mayor razón
.será la misma la potencia con que entendemos y ra­
ciocinamos. En el hombre pues la razón y la mtetigen-
na son una misma potencia. ■
«H a y algunas sustancias espirituales superiores,
añade en otra porte, (I ) las cuales sin movimiento al­
guno y sin discurso alcanzan la verdad por medio de
uua simple y como instantánea accepcion de la misma:
tales son los ángeles, que por esta razón se dice que
tienen un entendimiento deiforme. Hay otras sustan­
cias inferiores que no pueden llegar al conocimiento
perfecto de la verdad, sino por medio de cierto movi-

(1) Qw m ii. Dítpa. Di VtrU. Oue«t. 16 Art. 1.*


EL ENTERDIMIEiVTO POSIBLE ETC. ti7

miento con que proceden de una cosa á otra, ó fin de


llegar por medio de las cosas conocidas al conocimiento
de las desconocidas; lo cual es propio de las inteli­
gencias humanas. Y de aqui es que los ángeles son
llamados sustancias intelectuales, mas nuestras almas se
• denominan racionales.
La inteligencia pues, parece denotar un modo de
conocimiento simple 7 absoluto; pues se dice que uno
entiende, en cuanto lee la verdad interiormente en la
misma esencia de la cosa. La razón, denota por el con­
trario cierto discurso por medio d el cual el alma hu­
mana pasa y llega á conocer una cosa por medio de
otras.................................................................................
Y asi como e l movimiento se compara al descanso
como ¿ su principio y su término, a6i también la ra­
zón se compara ú la in teli­
gencia como á su principio y su término: como á su
principio, porque el entendimiento humano no podría
discurrir de una cosa á otra sin que este discurso co­
menzara ó se apoyara sobre alguna percepción simple
de alguua verdad, y esta percepción es la inteligencia
de los primeros principios.
Por otro lado, e l discurso de la razón no podría lle ­
gar á la certeza en este conocimiento, sin examinar á
la luz de estos primeros principios lo que ha hollado por
medio del raciocinio; de manera que según esto, la in ­
teligencia viene á ser el principio de la razón por parte
del procedimiento de invención, y es al propio tiempo
su término en cuanto al procedimiento del juicio, se­
gún que analizamos los objetos y juzgamos de las v e r­
dades que investigamos y descubrimos, ¿ la luz de los
primeros principios que perteneceu ú la inteligencia.»
C8 CAPÍTULO SKSTO.

No será inntil recordar que d ju icio üc que se ha­


bla aqni no os la facultad general ó el octo do juzgar
fiel entendimiento, sino juicio discrctivo cu el orden
riontífico, por medio del cual resolvemos las conclu­
siones y verdades particulares en los primeros prin­
cipios de la razón, que son como la base inmediata y
ln razón suficiente de lu certeza científica respettf) de
okus verdades particulares.
I,n doctrino que se acaba de esponer nos conduce
A las siguientes consecuencias.
1.' La inteligencia y la razón, son dos manifesta­
ciones distintas de una misma facultad <3 potencia, y el
entendimiento del hombre, que es esta facultad ó po­
tencia, puede y d e le denomiuurse ú lu vez inteligen­
cia y razón. Inteligencia, en cuunto posóe la facultad (le
percibir ciertas ideas, objetos y verdades, instantánea­
mente y, como si dijéramos, por cierta especie de intui­
ción sñbito; ¡inr inqulsitione. Razón, en cuanto que el modo
connutural y ordinario con qne procede en la investi-
gucion d éla verdad y llega A sn posee ion, es el discurso
ó raciocinio, es decir, un movimiento desde una cosa
ú otra, un procedimiento de comparación, de análisis
y reflexión, gradual, paulatino, sucesivo y como dili-
cil y trabajoso, mediante e l cual llega á la posesion
mas ó menos perfecta de la verdad. Y como quiera que
este segundo modo de procedimiento es mas frecuente
y ordinario en nuestro entendimiento que el primero,
de ahí el que al hombre le convenga la denominación
de racional mas propiamente que la de intelectual.
2 .* El entendimiento humano como inteligencia, es
el principio y complemento, el origen inmediato y el
término de la razón. Es principio y origen de la ra-
Ef, ESTF.XnniIKN TO fOSIDI.IC l-TC. (i!)

zon; porque todo movimiento discursivo no puede ser


legítim o ni capuz de conducir á la posesion de la v e r­
dad, sino ti conriicion de tener por base y tomar por
punto de partida ulguna verdad indemostrable y por
consiguiente alguno de los primeros principios ó v e r­
dades de evidencia inmediata, cuya percepción, como
liemos visto, pertenece al entendimiento como inteli­
gencia. Es tuiubieii complemento y término de la razón;
porque e l hombre uo puede tener seguridad en órdeu
A la verdad obtenida por medio del raciocinio ó pro­
cedim iento discursivo, ni puede llegar á la posesion
picúa, perfecta y cierta de la misma, sino ¿ condiciou
de poder resolverla en los primeros principios, ó en
otros términos, no puede poseer lu certeza subjetiva en
órdeu á la misma, sino ú condicion de ver su concxion
y enlace necesario con aquel primer principio ó ver­
dad de evidencia inmediata que sirve de base y de
punto de partida para el ruciocinio. Luego la inteli­
gencia es la cúspide, el término y la perfección última
de la razón, asi como es su base necesaria, su raiz y su
principio.
Esta teoría de santo Toinás sobre la inteligen­
cia y la razón, puede considerarse como la clave y
envuelve la razón suficiente de la diferencia entre el
genio y el simple talento. ¿Cual es el carácter del
simple talento? La abundancia y órden eu las ideas,
la penetración mayor ó menor del juicio, la seguri-
dtul y exactitud en el raciocinio, el poder mayor ó
menor de reflexión y de nuúlish. Es indudable que
todas estas cualidades se refieren al desenvolvimiento
sucesivo y al movimiento de la actividud intelectual.
Luego deben considerarse como manifestaciones d i­
70 CAIMTULO SÍSTO.

rectas de la razón. ¿Cual es ahora el carácter del ju i­


cio'.'La invención y priucipulmentc la inspiración. El
hombre del genio no discurre, no se agita, no se
mueve: descubre instantáneamente la verdad, la vé,
tiene su iutuicion, abarca con un solo pensamiento lo
que los demás no perciben sino con pensamiento múl­
tiples, percibe y contempla con claridad lo que para
otros está rodeado de sombras y tcnicblas. ¿Y no es
osle también el carácter que sertala suuto Tomás á la
inteligencia'* ¿No nos dicc que esta percibe y llega
á la posesion de la verdad instantáneamente, .súbito,
sin movimiento discursivo y hasta sin imusligación,
.iñif inquisitionc el diacunu / Luego el genio puedo y
debe considerarse como la manifestación propia de la
inteligencia, asi como el simple talento se refiere d i­
recta y principalmente al entendimiento como razón.
Luego podemos decir que el simple talento es el pre­
dominio de la razón sobre la inteligencia, y el genio
el predominio de la inteligencia sobre la razón. (II.)
CAPÍTULO SÉPTIMO.

£1 entendimiento agente.

Hemos tenido ocasion de observar mas de una vez


en el dccureo de esta obra, que uno de los efectos rans
funestos del empirismo baconiano y del Cartesianismo
con sus peligrosas pretensiones de fundar una filo­
sofía complétaaiente nueva, ha sido ademas del olvido
y desprecio de las buenas doctrinas que en si encer­
raba la antigua filosofía cristiana, una ignorancia casi
completa del verdadero espíritu de aqnella filosofía y
de las doctrinas ensenadas por sus principales y mas
dignos representantes. Hemos dicho también en uno
de los anteriores capítulos, qne nuestro siglo se re­
siente aun de esta ignorancia mas de lo que general-
71 CAPITULO SKPTIMO.

mente se cree, á pesar de la saludable reacción ope­


rada en este sentido.
Porque cuando vemos no solo ú las inteligencias
vulgares, sino á las que pasan con razón por in teli­
gencias privilegiadas que se elevan por encima de
los demos, incurrir en notables equivocaciones y
errores trascendentales sobre este punto, preciso es
reconocer que el verdadero estudio de la historia do
la filosofía en nuestros (lias es mas brillante que sólido
y profundo. Testigos el abate Marot y In Enciclopedia
del siglo X IX : y testigo también Mr. Honuld ( h ijo )
n quien su tulouto privilegiado y sus trabajos filosó­
ficos no han podido preservar de iu cu irir cu inexac­
titudes tan graves y trascendentales como las de aque­
llos, inexactitudes que no pueden reconocer otra causa
mas que uu conocimiento demusiudo superficial de lu
historia de la filosofía, ó A lo iucuos de la que se re ­
fiere á la filosofía escolástica y á sus mas grandes r e ­
presentantes. Puede decirse sin embargo, que eu esta
parte Mr. Bonuld si 110 es consiguiente consigo mismo,
lo es á lo menos con 1a filosofía que profesa; porque
subido es que Donald se hallu completamente domi­
nado por la idea cartesiana y que es partidario acér­
rimo de Descartes.
Véase ahora de qué manera uprucia este escritor lu
doctrina de santo Tomás relativameute al entendi-
ínicuto agente.
■ Ningún autor (I ) se sirve hoy de esta expresión un
poco bárbara, (entendimiento agente) qué ha sido
desterrada jus tu mente del lenguaje filosófico, porque

( 1) Sloff. d* 1Ir. Bmulrt


EL ENTENDIMIENTO AGENTE. 73

presentaba una idea falsa. Santo Tomás no se s e n iu


de ella sino á pesar suyo y porque la encontraba
en Aristóteles, cuya doctrina esplicaba; pero la re­
ducía á su justo valor. Demostraba que este intelleetus
agens del filósofo pagano, no era mas que un absurdo
contrario ¿ la fé católica, y que esta expresión en
caso de emplearla, no debe entenderse mas que de
la luz que ilumina á toda criatura inteligente.»
Sería curioso por demos y cosa de desear cierta­
mente, que Mr. Bonald hubiera indicado siquiera el
pasage en que santo Tomás muestra que el intelUctv*
agens de Aristóteles, no es mas que un absurdo con­
trario á la fé católica. Creo conocer un poco las obras
de santo Tomás, y jamás he tenido la felicidad de
tropezar con esa demostración que indica el autor de
lu Filosofía del Verbo. Precisamente lie hallado todo
lo contrario en las obras del santo Doctor; es decir,
no uno sino cien pasages en que aprueba, confirma,
desenvuelve y hace suya la doctrina del filósofo griego
sobre el entendimiento agente, constituyendo estadoc-
triua una de las bases principales de su magnifica teoría
ideológica. Citemos algunos de sus pasages sobre
materia.
Pregunta el ¡santo Doctor en la Suma Teológica, (I )
si se debe admitir el entendimiento agente, y con­
cluye el artículo con las siguientes palabras: « fis
preciso pues reconocer alguna fuerza activa en el en­
tendimiento por medio de la cual'los objetos se cons­
tituyan inteligibles actualmente, mediante la abstrac­
ción de las ideas que representen los objetos sin lns

(1 ) Oueat. 7 9 Art. 9 .°
10
74 CAPÍTULO SEPTIMO.

condiciones materiales. Y esta fa e n a es la que se


llama entendimiento agente: Oportet igitur poneré a li-
quam virlutem ex parte intellectus, qui faciat in te llig i-
bilia in actu per abstractionem specierum á corulitionibus
materialibus: et hxc est necessitas ponendi intellectum
agcntem. En seguida contesta ¿ las objeciones que pue­
den proponerse contra esta necesidad, estableciendo
en una de estas respuestas que, ad intelligendvm (I )
non sufficeret immaterialitas intellectus possibilis, nisi
adesset intellectus agens qui faceret intelligibilia actu
per modum abstractionis.
Responder» dieendum, aflade poco despues, ( 2 ) quod
intellectus agen» de qvo Philosophvs loquitur, est aliquid
animx: afladiendo luego: Unde oportet dicere, quod in
ipsa, (anima) sit aliqua virtus derívala d superiori inte-
lleetv, per quam possit phantasmata alustrare............. et
ideo Aristóteles comparavit intellectum agenten lumini.
L a misma doctrina ensena de la manera mas ter­
minante y esplícita en la Suma contra los Gentiles, no
menos que en la mayor parte de sus restantes escritos.
-Es preciso conceder que los principios á los cuales
se atribuyen estas acciones, á saber, el entendimiento
posible y el agente, son facultades ó fuerzas que existen
en nuestras almas como formas ó perfecciones subjetivas
de las mismas: * Oportet igitur quod principia quibus
atribuunlur hx actiones, scilicet, intellectus possibilis et
agens, sint virtutes quadam in nobis form aliter existentes.
( 3 ) « Existe pues, aflade mas adelante, ( 4 ) en e l alnm

( i ) A id. ad 3.a
(a) JMf. Art. 4.°
(3) Sum. tont. Gmt. Llb. í.° Cap. 70.
( 4 ) n u . M P. 7 7 .
EL E JT E U D IlflE irrO AGEKTE. 75

racional una virtud activa que obra sobre las repre­


sentaciones sensibles, haciéndolas inteligibles en acto;
y esta facultad d el alma se llama entendimiento agente:»
Est igitur in anima intellectiva, virtus activa in phantas-
mata faciens ea intelligibilia actu: et hxc potentia animx,
vocatur intelleetus agens.
Respondeo dicendun, dice en otra parte (1) quod ne-
cesse est pontre intellcctum agentem. Oportet igitur, este
in nobis aliquod principium fórmale quo recipiamus in-
telligibilia, et aliud quo abstrafumus ea. E t hvju m od i
principia nominantur intelleetus possibilis et agens.
« Vemos también (2) que asi como se atribuye al hom­
bre la operacion del entendimiento posible, que es e l
recibir las cosas ú objetos inteligibles, asi también le
conviene la operacion del entendimiento agente, que
es abstraer (hacer inteligibles) estos objetos. Esto no
podria verificarse si el principio formal de esta opera­
cion no fuera inherente y no estuviera unido al hombre
según su ser:» Videmus etiam, quod sicut operado intel-
lectus possibilis, qux est recipere intelligibilia, atribuitur
homini, ita et operatio intelleetus agentis qux est abstra-
here intelligibilia. Uoc autem non posset esse, nisi p rin ­
cipium fórmale hujus actionis, esset ei secundum esse con-
junctutn.
« L a acción del entendimiento posible, dice final­
mente en otra parte, ( 3 ) es recibir los objetos in teligi­
bles y percibirlos; mas la acción del entendimiento
agente, consiste en hacer dichos objetos inteligibles
actualmente por medio de la abstracción. Tanto lo uno

( 1) QuaJt. Dü/uto Di Sfirit. Crtat. Oue«t. 1.* Art* 4.a


(a ) Dt Anima, U b . 3.a Ltoo. 10.
(3 ) Oputo. 3.* O t . 86.
76 CAPÍTULO SEPTIMO.

tomo lo otro conviene & este hombre; porque cjfe-hom­


bre, por ejemplo, Sócrates ó Platón, es el que recibe
en si los objetos inteligibles, d que los abstrae, y el
que los conoce después de abstraídos:» Est enim aclio
iiUellettui possibilis reeipere intellecta et intelligere ea-
uclio autem intelleetus agentis, faeere intellrcla in actu
(Uistrahendo ea. Utrumquc autem hnrum huie fiomini eon-
venit; oam. hie homo, ut Sortcs vel P la to , et recipit intel­
lecta, et abstrahit, et intellújit abstracta.
Sie igitur ( 1) a i iutclligendun, primo necessarius est
uobis intelleetus possibilis, qui est reeeptivus specierum in -
telligibilivm ; secundo, intellectm agens, qui facit intel-
liyibilia actu.
Si no bastan los textos aducidos á Mr. Bonald
para convencerse cuan lejos se hallaba de la verdad
al afirmar que santo Tomás habia mirado el intellec-
tus agens de Aristóteles como un absurdo contrario á la
fe cafd/ica, le remitimos al capitulo siguiente eu que
vamos á presentar todo el pensamiento filosófico del
santo Doctor sobre este punto.
Pero antes perinitásenos hacer notar otra grave
equivocación del ilustre escritor. L e hemos visto afir­
mar en el pasage citado, que la expresión entendimiento
agente, ha sido justamente desterrada del lenguage
filosófico, porque presenta una idea falsa. ¿Se quiere
saber cual sea esta idea falsa que preseuta el intelleetus
agens del filósofo de Estagiru ? Hé lo aquí de boca del
mismo Mr. Bonald, el cual completa so pensamiento
con las siguientes palabras: - Mas se ha procedido
bien renunciando á esta expresiou, por temor de que

(1) /tu. Cap. 83.


F.f. ENTENDIMIENTO AGENTE. 77

no arrastrara al error de Arisliiteles, haciéndonos creer


en la existencia de dos principios en el hombre; uno para
las operaciones animales, el otro para los actos inte­
lectuales.»
Semejante afirmación es digna ciertamente de la
que acabamos de impugnar, y ú juzgar por e 9te pa­
sage, preciso sería confesar que el conocimiento de la
historia de la filosofía no era el fuerte del escritor
francés. ¿Quien ignora la opinion de Aristóteles sobre
la unidad del principio vital? El último escolar de
filosofía sabe que Platón, es decir, el ídolo y el gran
maestro de Bonald, es el que profesaba el dualismo
animal en el hombre, y que Aristóteles lejos de pro­
fesar esta doctrina, la reprueba csplícitamcntc, im ­
pugnando vigorosamente ó su maestro por haberla ad­
mitido.
Santo Tomás, que sin duda conocía un poco las o pi­
niones de Aristóteles, y que probablemente habia pe­
netrado tan bien como U r. Eonald so pensamiento
filosófico, cree al contrario de este, que Aristóteles
enseflaba la unidad del principio vital en el hombre,
y reconoce como concluyentes las razones en que se
fundaba este filósofo para impugnar el dualismo ani­
mal de Platón. Recuérdese sino el pasage qnc hemos
citado al esponer su doctrina sobre esta materia.
■ Platón, dice el santo Doctor, ( I ) estableció que
existen diferentes almas en un mismo cuerpo, opinión
que reprueba Aristótelesy en el libro 3 .° de A nim ............
. . ....................................... La opinion de
Platón podría sostenerse ciertamente, si se admitiera

(1) Sun. TktoL r . 1.* Oaeu. 70. Art. 8.*


78 CAPÍTULO SEPTIMO,

que el alma (racional) 8C une al cuerpo, no coma


forma, sino como motor, según decia Plaloii. Empero si
ponemos que el alma se une al cuerpo como forma,
ya es absolutamente imposible admitir en el hombre
pluralidad de almas diferentes según su esencia; lo
cual puede manifestarse con tres razones.
La primera, porque en esta hipótesis el animal no
seria uno verdaderamente..............................................
.......................................................Luego si el hombre
tuviera por razón de una forma el ser de viviente, ¿
saber, por razón del alma vegetativa, y por otra el
ser animal, á saber, por el alma sensible, y por otra
el ser hombre, á saber, por el alma racional, segui-
riasc de aqui que el hombre no sería uno propia­
mente, como arguye Aristóteles contra Platón en el
libro 3 .” de Metafísica....................................................
Y por esta razón Aristóteles en el libro 8 de la M e­
tafísica, compara las esencias de las cosas á los núme­
ros que se diferencian en especie según la adición ó
sustracción de la unidad. Y en otra parte compara las
diferentes almas & las especies de figuras de las cua­
les la una contiene la otra; como e) pentágono contiene
el tetrágono y le escede.»
Mr. fionald estaba en su derecho al rechazar la
doctrina del entendimiento agente: partidario decidido
de las ideas innatas de Platón y Descartes, podía y
hasta debia rechazarlo para ser consiguiente consigo
mismo. Empero afirmar que santo Tomás consideraba
el intellectus agens de Aristóteles eomo un absurdo-con­
trario á la fé católica; afirmar que esta doctrina puede
arrastrar i otro error de Aristóteles, ¡a existencia de
dot principios en el hombre, ó aea e l dualismo animal;
EL ENTENDIMIENTO ACENTE. 79

es siu duda alguna, ó desconocer y olvidar las v e r­


dades mas comunes enseQadas por la historia de la fi­
losofía, ó confiar demasiado en la ignorancia y cre­
dulidad do los lectores.
CAPÍTULO OCTAVO

Teoría del entendimieruc agente.

Toda vez que Aristóteles no admitía, dice santo


I'oinns, (I ) que las naturalezas de las cosas sensibles
existen por sí solas separadas de la materia de manera
que sean inteligibles en acto, fue necesario que ad­
mitiera el entendimiento agente. Es preciso que haya
alguna fuerza que haga á estas naturalezas inteligibles
actualmente, abstrayéndolas de las condiciones de la
materia individualizada; y esta fuerza se llama enten­
dimiento agente.
Algunos dijeron que este fuerza es una sustancia

(1 ) Qwrtl. Ditpm. Dt Sptr, Crtal. CuMt. 1.‘ Art. 10.


TEORÍA DEL ENTENDIMIENTO ETC. 81

separada que no se multiplica según la multiplicación


de los hombres. Una y otra afirmación son verdaderas
en alguu sentido.
Es preciso admitir desde luego, que sobre el alma
humana liay algún enteadimiento del cual dependa
su intelección; y esto se manifiesta por ahora con tres
razones.
1.* Porque todo lo que conviene á alguno poi
participación, debe existir de antemano sustancial ó
esencialmente en algún otro ser, como la ignición do
un pedazo de fíerro, supone la existencia de alguna
cosa que soa fuego según su misma sustancia ó na­
turaleza: es asi que el alma humana es intelectual
por participación...............................................................
■ '.......................................Luego es preciso que sobre
ella exista algún ser que sea inteligencia según toda
su naturaleza, del cual se derive la intelectualidad
del alma y del cual dependa tainbiea su acción de
entender.
'2 .* Porque es necesario que sobre toda cosa mo­
vible haya algo inm óvil..................................................
pues todo movimiento tiene mi primer origen en al­
guna cosa inm óvil. Es asi que la intelección de nues­
tra alma es por medio de movimiento, puesto que
entiende discurriendo ó pasando de las causas á los
efectos y de estos á aquellas, de la» cosas semejantes
á otras semejantes, de las contrarias á otras contrarias
etc. Luego es preciso que sobre nuestra alma exista
alguna inteligencia cuyo acto de entender sea fijo,
inmóvil é inmutable, careciendo por consiguiente de
este movimiento sucesivo que se observa en nuestro
entendimiento.
11
82 CAPÍTULO OCTAVO.

3 .* Porque si bien respecto de un ente dado la p o­


tencia es primero que el acto, sin embargo, eu Men­
tido absoluto, el acto precede n la potencia, debiendo
preexistir este acto en otro ser distinto del que se
halla cu potencia; y de la misma manera, antes que
cualquier eute imperfecto, es preciso que exista otro
que sea perfecto. Es asi que el alma humana al prin­
cipio se halla solo en potencia respecto de los objetos
inteligibles, y la esperimentamos imperfecta en su in-
iclccciou ó desarrollo intelectual, sin que llegue á con­
seguir nunca en esta vida toda la verdad inteligible:
luego debe existir sobre nuestra alma alguna inteligen­
cia que be encuentre siempre eo acto y totulmentc
perfeccionada, por medio de la intelección actual com­
pleta de la verdad.
No se puede decir que este enteudimieuto superior
produzca inmediatamente cu nosotros los inteligibles
en acto, es decir, las ideas intelectuales mediante las
cuales conocemos los objetos y su verdad, sin mediar
ninguna virtud ó fuerza que nuestra alma participe de
él; pues vemos generalmente aun eulus cosas corpora­
les, que en las cosas inferiores, ademas de las fuerzas ó
agentes universales, se cncueutran fuerzas particulares
activas para producir determinadas efectos..................
.................................................... Luego siendo el alma
humana lo mas perfecto entre las cosas inferiores, es
preciso que ademas de la virtud ó influencia universal
de esu inteligencia superior, participe ella ó reciba de
esta inteligencia una fuerza ó virtud particular para
producir por sí misma este efecto determinado, á sa­
ber, los inteligibles en acto. Y qne esto sea verdad
se manifiesta con la esperiencia; pues observamos que
TEORÍA DEL ENTENDIMIENTO ETC . 83

un hombre particular, como Sócrates ó Platón, hace


cuando quiere estos inteligibles en acto, aprendiendo
ó tomando la razón universal de un objeto, separando
lo que es común á todos los individuos humanos de
uqúello que es peculiar á cada uno. Luego la acción
del entendimiento agente, que es el abstraer la idea
universal, es acción que pertene'ce ú este hombre, no
de otra manera que el considerar y juzgar de la na­
turaleza común y universal, que es la acción del en­
tendimiento posible.
Ahora bien: todo agente que produce uno acción,
tiene formalmente cu sí misino la fuerza que es prin­
cipio de esta acción. Luego asi como es necesario
que el enteudiinieuto posible sea unu virtud propia­
mente interna é inherente al hombre, asi es preciso
también que el entendimiento agente seu una cosa
interna é inlierente al h o m b r e ....................................
................................................................. Veninos ahora
quien sea aquel eutendimiento separado, del cual de­
pende la intelección de nuestra alma.
Algunos dijeron que dicho entendimiento es la in­
teligencia ínfima entre las sustancias separadas, ( los
áugeles) la cual por medio de sa luz intelectual se con­
tinuaba ó comunicaba con nuestras almas. Que esta
opinion repugna ¿ la verdad de la fé, se prueba p ri­
meramente, porque perteneciendo la luz intelectual á
la naturaleza de nuestra alma, solo puede proccder de
aquel por quien es creada nuestra alma. Es asi que
solo Dios es Criador de nuestra uluiu y no alguua
sustancia separada que llamamos argel, y por e 90 se
dice terminantemente en el Génesis cap. 1.* Deus in
faciem hotninis spiravit spiraculum v ilx : luego es pre­
84 CAPÍTULO OCTAVO.

ciso admitir que la luz del entendimiento agente, no


es causada ni determinada en nuestra alma por nin­
guna otra sustancia inteligente separada, sino inme­
diatamente por el mismo Dios.
2 .° Porque la última perfección de cualquier agente
consiste en que llegue ó se una á su primer prin­
cipio. La última perfección ó felicidud del hombre, 1c
conviene según la opcracion intelectual: luego si el pri­
mer principio y causa de la intelectualidad de los
hombres fuera alguna sustancia separada, la última
felicidad del hombre consistiría en la posesion de esa
sustancia creada.................................................... Y sin
embargo, la fé recta nos unseíla que la última felici­
dad del hombre su hulla en solo Dios, conforme u lo
que dice san Juan: Hxe est tita xterna, ut cognosrant
te solum rerum Dewn, -y que en lo tocante á esta par­
ticipación de la felicidad, los hombres son iguales á
los Angeles.
3 .’ Porque si el hombre participara ó recibiera del
ángel la luz intelectual, seguiriasc que por esta parte
el hombre no csturía formado á imagen de Dios mis­
mo, sino & imagen de los ángeles, contra lo que se
dice en el Génesis: Faciamut¡ hominem ad itncyincm et
ximilitudinem nostram, es decir, á la imagen común do
la Trinidad, y no á imagen de los ángeles.
Digo por lo tanto, que la luz del entendimiento agente
del cual habla Aristóteles, está impresa en nosotros
por el mismo Dios inmediatamente; y por medio de
esta luz discernimos lo verdadero de lo falso', el bien
del inal.
Resulta de lo dicho hasta aqui, que aquello que en
nosotros produce los inteligibles en acto ú manera de
TLOIIÍA DEL E1NTENDIMIEISTO ETC . 85

luz iutelectual participada, es una cosa intcraa ó iu-


herente al alma y se multiplica según la multiplicación
d e las almas y hombres. P or el contrario, aquello qae
hace ó produce en nosotros los inteligibles en acto á
la manera que el sol ilumina, es una cosa separada de
nosotros, y esta cosa es Dios...........................................
....................Pero este principio separado de nuettr» co­
nocimiento, no es lo que debe entenderse p or el entena
dimiento agente de que habla el Filósofo; porque Dios
tío entra en la naturaleza de nueitra alma: lo que A ris­
tóteles llama entendimiento agente, es la luz intelectual
recibida de Dios y existente en nuestra alm a.»
He subrayado de intento las últimas palabras para
que por ellas se reconozca cuan poco acertado anduvo
Mr. Bonald, cuando para comprobar la estrafia afir­
mación de que nos ocupamos en el anterior capitulo,
suponiendo que santo Tomás liribia reprobado el
entendimiento agente de Aristóteles como un absurdo
contrario ú la fú, aduce las siguientes palabras del santo
Doctor: intelleetus teparatui, tccvndum nostrx fidei do­
cumenta, est ipse IJeus, qui est creator anims, et in quo
solo beatijicatur.
Si el Sr. Bonald hubiera le id o e l estenso pasage que
acabo de trascribir, fácil la hubiera sido e l conven­
cerse, de que ese intelleetus separatus de que habla
santo Tomás en el pasage por él aducido, no es el
intelleetus agens de Aristóteles, ó sea el entendi­
miento agente de santo Tomás y de las escuelas. Santo
Tomás establece aqui bien claramente, que e l entendi­
miento agente admitido generalmente en las escuelas y
el mismo también que él admite como necesario para
dar conveniente solucion al impbrtante cuando dificll
86 CA PÍT U LO OCTATO.

problema ideológico reltttivo al origen y naturaleza


del conocimiento intelectual, es una fuerza inierua é
inherente ñ nuestra naturalezu, una participación de
la Inteligencia Suprema, la cual como primer origen
y principio eficiente de esta fuerza intelectual coa
que formamos y abstraemos las ideas universales, ó
como dice el santo Doctor, los inteligihfrs rn arto, puede
llam arle con razón nuestro entendimiento afrente su­
purado. En otros términos: Dios es el entendimiento
agente separado, porque causa y produce en nuc^tru
alma la luz y actividad intelectual que forma los in­
teligibles. pero el entendimiento agente de Aristóteles
y de la filosofía de santo Tomás, el entendimiento
agente del lenguage filosófico, es esa misma actiwdad
participudu y derivada de Dios, es esa semejuuza de
la verdad iticreadu, qua-datn símil iludo increata r t r i -
tatii m notis remítan)is, (I) ese lumen receptum in
aniiw á Deo, que nos du poder para formar y abstraer
ideas universales: oportuit esse a!¡quam rirfuteui qux fa-
reret ñas ' naturas rerutn) intelligibiles a ttu .....................
et hgee virtv* foca tu r intellectus agens...............................
Sicut tievessartum est quod intellectus possibilis, sit aliquid
funnaliter inhxrens homini, ita neetssarium est quod /#»-
trtUctvs agen* sit aliquid form aliter inhxrens homini. El
pensamiento del santo Doctor 110 puede estar mas claro
y termiuanle.
Pero el Sr. Bonald no necesitaba siquiera conocer
(ste pasage para no iucurrir en tan grave equivoca­
ción; hubierale bastado leer el mismo artículo en el
cual se hallan las palabras citadas por él, para conven-

(i) Quaits. Ditpm. U t Viril. Cntat. 1L* Art. 1.*


teoría d e l entendimiento e t c. 87
ccrse de que el entendimiento agente separado, es cosa
muy distiutay nada tiene que ver con el entendimiento
agente propiameute tom ado,.que existe dentro de no­
sotros, que es una virtud ó fuerza de nuestra alma con
que abstraemos y formamos las ideas universales. Oigase
sino lo que artade santo Tomás en el expresado artículo,
despues de haber hecho mención de ln opinion de al­
gunos, quo pensaban que el entendimiento agente era
alguna inteligencia ó sustancia separada.
" Empero, ( I ) aun cuando se admita la existencia de
semejaute entendimiento separado, es preciso siempre
admitir cu la misma alma humana alguna fuerza par­
ticipada de aquel entendimiento superior, por medio
de la cual nuestra alma produce los inteligibles en
acto.»
Y lo que es mas aun, habiéndose propuesto en el
mismo artículo la siguiente objecion: « El efecto del
entendimiento agente es iluminar para entender; es
usi que esto lo hace en nosotros alguna coso superior
al alma, en conformidad á lo que dice san Juan: E ral
lu x vera i¡u¿e illuminat omnem hominem. rcnienlem in
huno mundum; luego el entendimiento agente no es
alguna fuerza inhereute en e l alma: » contesta A la
objcciou insistiendo sobre la misma distinción entre
el entendimiento agente separado, es decir, Dios, cau.su
universal y luz primera de nuestra inteligencia, y el
entendimiento agente propiamente dicho, es decir, en
cuanto es una fuerza ó virtud particular derivada y
participada de Dios, fuente y principio universal de
toda luz intelectual; pero impresa é interna en el alma.

(1) Sum. Thtol. CuMt. 79. Art. *.•


88 C A P ÍT ILO OCTAVO.

Dicendum quod illa lu x vera Uluminat rícut causa w ii-


versalit, á qua anima partieipal quamdam particularem
virluíem, ut dictumest. ( I )
Finalmente, si no bastaje lo diclio liadla aquí j;ara
convencer A Mr. Boaald v A los que hayau comprendido
y apreciado de una manera tan inexacta como él, el
pensamiento de santo Tomás sobre el entendimiento
agente, les aconsejamos que tomen en las manos la
Suma contra Gentiles, en donde hallarán un capítulo
(2) que-tiene precisamente por título: Quod non fuit
sententia Aristótelis quod intellectus agens sil substantia
separata, aed magia quod sit aliquid anima. ( I I I . )

(1 ) M d . ad l. a
(s> xab. a.* c*p. 7a.
CAPÍTULO NOVENO.

Jaiui'iol.o de la precedente le o m de santo Tomás.


Ziiii'.encia de. entendimiento agente.

Aunque las intimas relaciones que existeu entre


este problema y el que se refiere á las ideas innatas,
impiden husU cierto punto que se reconozca untes de
elam inar dicha materia, toda la verdad é importancia
lilosóflca que en si encierra la teoría de santo Tomás
consignada en el capitulo anterior en orden al enten­
dimiento agente, bueno será sin embargo emitir sobre
ella algunas consideraciones, siquiera no sea mas que
para evitar que se formen ideas tan inexactas de su
doctrina sobre este punto como las que hemos observado
en Mr. Bonald. Por otra parte, la apreciación con­
cienzuda y el examen de los pantos fundamentales de
90 c a pítu l o kovexo.

esta teoría, abrirá el camino al lector, para reconocer


y apreciar despues toda su importancia ideológica.
Despues de elevarse ú una de las demostraciones
mas sólidas y concluyentes de la existencia de Dios,
apoyándose sobre la imperfección de la fuerza intelec­
tual que existe y csperiinentainos en nucstas almas;
despues de investigar y encontrar en el fondo del yo
el fundamento para la demostración de la existencia de
Dios, anticipándose de esta manera á las decantadas
demostraciones de Descartes sobre esta materia; despues
de probar la existencia necesaria del ser infinitamente
perfecto por la existencia de la inteligencia imperfecta
y limitadu del hombre, el santo Doctor entra en el exa­
men del origen filosófico y necesidad de existencia del
entendimiento agente. Y no se crea que se trata aquí
de raciocinios abstrusos ó de cavilaciones metafísicas;
trátase al contrario de pruebas y reflexiones fundadas
en su mayor parte sobre la observación rigurosa de los
fenómenos que se nos revelan en la conciencia.
En efecto; la esperiencia de acuerdo con el sentido
común, nos dicen que nuestra alma en su origen y eu
los primeros tiempos de su existencia, carece d e ideas
y conocimientos intelectuales, ideas y conocimientos
que se van formando y desarrollando en la misma
paulatina y sucesivamente, á medida que aplicando sus
facultades, ó sea su actividad intelectual sobre las
percepciones y representaciones sensibles, entra gra­
dualmente en pose9ion de lu verdad, á la cual sola la
inteligencia alcanza, porque se halla fuera d e las fa ­
cultades sensitivas.
Otro hecho igualmente atestiguado por la razón y la
esperiencia, es que prescindiendo de las percepciones
DESAfiBOLLO DE LA PRECEDENTE ETC. 91

del sentido intimo, nuestras ideas y conocimientos in­


telectuales se refieren directa y primariamente á las
naturalezas ú objetos sensibles. Sin pretender seilalar
por el momento la verdadera razón á p riori de este
fenómeno, puede considerársele como una consecuencia
del anterior. Toda vez que el desenvolvimiento de la
actividad y conocimientos intelectuales, dependen del
conocimiento del órden sensible y del ejercicio de sus
facultades, es muy natural que los primeros objetos
conocidos por la inteligencia, ó si se quiere, que las
primeras ideas intelectuales y universales, únicas que
pueden constituir e l conocimiento del órden propia­
mente científico, se refieran á los objetos sensibles. Y
nótese bien, que este fenómeno es independiente de la
opinion que se quiera adoptar sobre la naturaleza y
condiciones de la dependencia j relaciones entre el
órden intelectual puro y el sensible. N i se opone ú esto
el que el entendimiento una vez puesto en acción en
órden á estos objetos, pueda elevarse por si mismo
despues, ¿ ideas y conocimientos superiores é inde­
pendientes de todo el órden sensible.
Ahora bien; será preciso adm itir ademas, so pena
de negar uno de los hechos internos atestiguados por
la conciencia, y so pena tambieu de borrar la linca
que separa el conocimiento intelectual puro del cono­
cimiento perteneciente á las facultades perceptivas de
la sensibilidad, lo cual equivaldría á abrir e l camino
al Sensualismo, que e l objeto de las percepciones y
facultades sensibles es muy diferente del objeto de la
inteligencia. El objeto de las primeras es siempre una
cosa material, sensible, mutable, contingente, y sobre
todo singular: el objeto del entendimiento puro puede
92 CAPÍTULO KOVEHO.

ser absolutamente espiritual é insensible, y sobra todo,


j a sea que este conocimiento se refiera á seres mate­
riales ó inmateriales, b u objeto puede ser siempre uni­
versal, abstracto, inmutable y necesario. Intelleetus
autem possibilis, dice á este propósito santo Tomás, (I;
accipit species alterius generis quatn sint in imaginatione,
cuín intelleetus possibilis aecipiat species (idteas) univer­
sales, et imaginatio non contineat nisi species particulares.
« E l sentido, aAade mas adelante, (2 ) recibe las re­
presentaciones de las cosas sensibles en órganos cor­
porales, y conoce solo lab cosas singulares; pero el
entendimiento recibe las ideas de las cosas sin órgano
corporal, y puede conocer los universales:» Sensus
recipit species sensibilivm in organis corporaliter; et eit
cognoscitivos particulariitm. Intelleetus autem recipit
species rerum absque organo corporali; et est cognoscitivos
universalium.
lin a misma cosa puede servir de objeto para las fa­
cultades sensitivas y para el entendimiento: yo percibo
con los sentidos diferentes hombres singulares, su color,
su figura, 6a estension etc. Despues percibo esos hom­
bres bajo una concepción ó idea universal, lo mismo que
sus diferentes modificaciones, internas ó esternas,
comparando, reflexionando, juzgando y discurriendo
sobre todo esto, p iro siempre por medio de ideas
universales y necesarias; y hasta puedo tambieu,
analizando y abstrayendo el coucepto general de hombre,
llegar á conceptos ó ideas independientes de toda
materia, como las razones ó conceptosde ser, de « u -

(1) Qw*Jt. MHspa. D » S p lrtí Crwat. Cuatt. S.‘ Art. 4. ad 0.™


(« ) Ibié Alt. 18. Mi 10.»
DESARROLLO DE LA FRECEDEfiTE ETC- 93

funda etc. P or eso dice sauto Tomás, ( I ) que el en­


tendimiento puede conocer todo lo que conocen loa
sentidos, pero de un modo mas perfecto que eBtos;
pues los sentidos solo conocen los objetos en cuanto
á las modificaciones materiales y accidentes estertores,
al paso que el entendimiento puede penetrar hasta lo
interior y la esencia de la cosa: Intellectus cngnoscere
potest ea quse cognoicit sensus, altiori tomen modo quam
.iensvs: sensus copnoscit ea quantum ad dispositiones ma­
teriales et aceidentia exteriora; sed intellectus penetral ad
iulimam naturam speeiei.
¿Como se ha verificado este tránsito misterioso?
¿Como se eBplica que el espíritu humano haya pa­
sado de la sensible y material á lo inmaterial é insen­
sible, de la percepción contingente á la percepción
necesaria, del concreto á las concepciones abstractas
y finalmeute de lo Bingular á lo universal? Luego si
la producción de un efecto real supone la existencia
de una causa real; si el principio de causalidad significa
algo, será preciso admitir que hay en el espíritu hu­
mano alguna cosa capaz de realizar este tránsito; que
este espíritu humano, que en toda bnena filosofía debe
¡ser mirado como dotado de actividad, especialmente
en su parte intelectual, y nó como una sustancia pu­
ramente pasiva, contiene en si ana fuerza, en virtud de
la cual se realiza este tránsito, una actividad que sea
como la razón suficiente de este fenómeno atestiguado
por la conciencia íntima. Pues bien; esa fuerza, esa
facultad, esa actividad, ese algo con que e l espíritu
humano se constituye y coloca á sí mismo en e l órden

(1) M I . Dt VtrU. Cuart. 10 Art. B. ad 8 .»


34 CAPÍTULO NOVENO.

intelectual puro, despues de haber pasado por la sen­


sibilidad, es lo que apellida santo Tomás, entendimiento
agente. Poco importa que se le conserve este nombre
ó que se le signifique con otro cualquiera; e l fondo y
lo esencial del pensamiento del santo Doctor es que
se reconozca la necesidad de admitir en el espíritu
humano una fuerza activa intelectual, participación in ­
mediata de la Iutcligeccia divina, que obrando sobre
las representaciones sensibles, que como tales y por lo
mismo que se refieren á objetos singulares y contin­
gentes, solo son ideas ó inteligibles en potencia respecto
del entendimiento, suministre & este y forme las ideas
universales, ó como dicc el mismo santo Tomás, los in ­
teligibles en acto, ideas que constituyen los verdaderos
elementos de la razón humana, y que son las únicas
capaces de constituir y esplicar el conocimiento in te­
lectual puro, e l órden científico y la adquisición y po­
sesión de la verdad por parte del espíritu humano.
■ Encuéntrase también en e l alma cierta fuerza activa
inmaterial, nos dice el santo Doctor, ( I ) que obrando
sobre las representaciones sensibles, abstrae de las
condiciones materiales; y esto pertenece al entendi­
miento agente: de manera que el entendimiento agente
es como una virtud participada de una sustancia su­
perior, ¿ saber, Dios:* Est etiam in anima inventre
quamdam virtutem activa»! immaterialom, quse ipsa phan-
tasnata á materialibus eonditionibus abstrahit; et hoc
pertinst ad intellectum agentem, ut intellectus agens sit
quasi quadatn virtus participata ex aliqua subríantia su­
perior! t scilicet, D to.

( 1) JMrf. Dt Sfirit. Crmt. OuMt. a.» Art» 4 . id ft.m


DESARROLLO DE L A PRECEDENTE ETC. 95

Se noB dirá tal vez que estos inteligibles en acto ó


sean las ideas, preexisten ya en el entendimiento, y
que por consiguiente el espíritu humano ninguna
parte activa tiene eu su elaboración.
Empero esto no quiere decir otra cosa, sino que los
partidarios rígidos de las ideas innatas, los que admi­
ten la preexistencia esplicita, absoluta y actual de to­
das nuestras ideas, son los únicos que se bailarán en
el caso de negar la necesidad del entendimiento agente.
Luegp por lo menos toda filosofía que no reconozca
lo existencia de las ideas innatas, debe reconocer
necesariamente bajo nn nombre ú otro, una actividad,
un poder cualquiera, una fuerza agente, relativamente
á la formación de las ideas intelectuales; y como quiera
que los partidarios rígidos de las ideas innatas no sean
muy numerosos, síguese de aquí que la inmensa mayoría
de los filósofos deben admitir y admiten en realidad el
entendimiento agente, siquiera se abstengan de pro­
nunciar esta palabra escolástica, sustituyéndola con
otras equivalentes.
En todo caso, las íntimas y necesarias relaciones
que existen entre esta cuestión y el problema relativo
ú las ideas innatas y adquiridas, bastaría para poner
d e manifiesto la lig e r e a con que han procedido los
que han ridiculizado esta doctrina, no viendo en ella
mas que una hipótesis gratuita ó una cavilación de la
filosofía escolástica, puesto que esto equivale en el
fondo á tratar de hipótesis gratuita la opinion dema­
siado fundada de los que niegan la existencia de los
ideas innatas.
No se escapó á la penetración de santo Tomás e l
hecho que se acaba de consignar robre la afinidad é
96 CAPÍTULO KOVEMO.

intimas relaciones entre la cuestión del origen y modo


de existencia de las ideas y la necesidad del enten­
dimiento agente. Asi es que en los numerosos pasages
de sus obras en que toca estos puntos, le vemos señalar
la diversidad de opiniones en órden á la existencia ó
no existencia del entendimiento agente, como una con­
secuencia legitima y necesaria de la diversidad de
opiniones en órden ¿ la existencia ó no existencia de
las ideas innatas.
«Según la opinion de Platón, dice en uno de es­
tos pasages, (1) no babia necesidad alguna de admitir
el entendimiento agente para producir los inteligibles
en a cto .............................Pues Platón opinó que las
esencias de las cosaB naturales existen por si mismas
sin materia y por consiguiente que eran inteligibles
actualmente por sí mismas; porque en tanto una cosa
es inteligible, en cuanto es inmaterial, y á dichas esen­
cias las llamaba etpeeies ó ideas.......................................
................................................. Mas como Aristóteles
estableció que las formas ó esencias de las cosas na­
turales no existían sin la materia, ( y las naturalezas que
existen en la materia no son inteligibles en' acto) se­
guíase de aqui que las naturalezas ó formas de las
cosas sensibles que entendemos, no eran inteligibles
actualmente.»
« Si los universales, aflade en otra parte, (2) exis­
tiesen por ai mismos en la naturaleza, como preten­
dían los platónicos, ninguna necesidad habría de ad­
mitir el entendimiento agente; porque en este caso,

( 1) Swm. Tñaol. l.»P . Cuett. 79. *.rt* 8.*


(a) Qtatt. DUpm. Di Sptr. Crtet Onwt. B.* Art. «.<>
DESARROLLO DE LA PRECEDENTE ETC. 07

siendo ya los objetos inteligibles en acto, moverían


por si mismos al entendimiento posible; por donde
parece que Aristóteles se movió á admitir el enten­
dimiento agente, por lo mismo que no admitia la
opinion de Platón sobre las ideas preexistentes. Hay
sin embargo algunas cosas inteligibles eu acto por si
mismas y que subsisten realmente en la naturaleza, como
son las sustancias inmateriales.»
Nótense bien las últimas palabras de este pasage,
pues ellas encierran una indicación sumamente lum i­
nosa y uno de los puntos mns fundamentales para
comprender la verdadera teoría ideológica del santo
Doctor, según tendrómos ocasion de observar mas
adelante.
Aunque las observaciones hasta aqui consignadas son
inas que suficientes para establecer la existencia del
entendimiento agente, santo Tomás aduce en apoyo
de esta existencia nuevas pruebas, que descubren la
solidez é importancia fdosófica de esta doctrina. Va
liemos visto cómo el santo Doctor, al fijar y desen­
volver lu verdadera naturaleza del entendimiento
agente, recurría á la csperiencia y se apoyaba sobre
la observación de los fenómenos internos para cstu-
blcccr su necesidad y existencia. Santo Tomás insiste
con especialidad sobre esta prueba, presentándola con
frecuencia como una de las mas concluyentes en
fa vo r de la existencia del entendimiento agente. Asi
le vemos escribir en la Suma Teológica estas notables
palabras: ( I ) «E s preciso decir que se encuentra en
(>l alma ciortn virtud ó actividad derivada de la

(1 ) 1.a P . OnMt. 70. A rt. «.*


08 CAPÍTULO HOVESO.

Inteligencia Suprema, por medio de la cnal pueda


obrar sobre las representaciones sensibles. Y esto lo
conocemos por espericiicia, percibiendo en nuestro
interior que abstraemos las formas ó ideas universales
de las condiciones particulares, lo cual es hacer
los objetos inteligibles en a c to :» E t lioc experimento
ro(/no'ci»ms, dum pcrcipimtis nos abstrahere. formas v n i-
>:/>r.tales ú condUionibus parlicularibus; quod est facere
itc/u inteltigibilia.
K m toda buena filosofía, los universales no solo cons­
tituyen el objeto propio de nuestro entendimiento,
sino que ellos solos pueden contener la razón propia
«It* los conocimientos intelectuales y csplicar el orden
científico La verdad propiumente dicha no tiene lugar
sino en las nociones generales, y es por eso que esta
verdad viene á ser el patrimonio cstlusivo de la in­
teligencia humaiiu; porque si es cierto que los irra­
cionales tienen conocimientos, estos como puramente
sensitivos, son esencialmente individuales y relativos á
los objetos singulares que sirven para satisfacer sus
necesidades.
Es tan incontestable que la verdad solo se halla en
las nociones universales, es tan esencial la universa­
lidad al conocimiento intelectual puro, que hasta en
las afirmaciones que parecen mas individualizadas de su
naturaleza porque se refieren á objetos singulares,
¡siempre se halla mczclnda implícita ó esplícitamento
alguna concepción ó verdad general. Si bien se refle­
xiona, se verá que hasta las proposiciones apellidadas
singulares porque constan de sujeto singular, y que
bajo el concepto de tales 110 se hallan en relación tan
inmediata y necesaria cou e l órden científico, envuelven
DKSA11K0 LL0 DL LA PKKCKUENTL ETC. 99

por parte del predicado algún concepto ó uocion uni­


versal. «Sócrates fue gran filósofo: » « Sócrates fué
muestro de Platón;" «lu luna es un cuerpo op a co.» H í
uqui afirmaciones singulares lógicamente y que sin
embargo contienen indudablemente por parte del pre­
dicado ideas ó conceptos universales. Asi pues, sin
negar que el entendimiento puede conocer los singu­
lares, es constante ú incontestable en toda buena me­
tafísica, que la universalidad del objeto entra general­
mente como elemento esencial, necesario y constitutivo
del orden intelectual puro, y principalmente como
elemento del órden cicutílico.
Si se tiene uliura cu cuciilii otro liecliü no menos
constante y univcrsalmcntc reconocido, ú súber, que
eu la naturaleza no existen las esencias y objetos como
universales, sino como singulares; que todos los seres
reales por mas que puedan tener analogías y seme­
janzas entre sí, son siempre por si mismos seres indi­
vidualizados y 110 universales, nos veremos precisados
¡i admitir alguna cosa en virtud de la caal estos seres
singularizados puedan revestir, por decirlo asi, lus
formas de la unircrsalidud, y por medio de esta entrar
r>n el orden intelectual y científico. Luego rs necesario
admitir y reconocer algún agente capaz de modificar las
condiciones de estos seres individuales, á fin de que
puedan entrar en el referido órden intelectual puro y
científico. Luego será prcciso cu toda buena filosofía
admitir y rceonocer el entendimiento agente de santo
Tomás, en cuanto al fondo y la sustancia, puesto que en
toda buena filosofía es prcciso admitir alguna fuerzo,
virtud, causa, agente, ó como se quiera denominar,
que obre en un sentido ó en otro sobre las representa-
100 CAPÍTULO NOVENO,

ciones sensibles y los objetos singulares, para que


pueda verificarse el trónsito del órden sensible al
orden inteligible, del órden no científico al órden
científico, del órden singular al órdeu universal <5 in­
telectual puro.
Las rellexioucs que acabo de emitir, lejos de ser
estradas á lu doctrina de santo Tomás, constituyen por
el contrario el fondo de la prueba principal aducida
por él para establecer la necesidad y existencia del
entendimiento agente, pudiendo decirse que 110 liemos
hecho mas que desenvolver su pensamiento sobre el
particular, pensamiento contenido en las siguientes
palabras:
«•Debe,tenerse presente, (1) que como quiera que el
entendimiento posible se halle eu estado de potcncia
en orden á los objetos inteligibles, es necesario que
estos objetos inteligibles sean los que mueven & este
entendimiento. Pero el objeto inteligible por el entendi­
miento posible, no son las cosas según existen en la na­
turaleza, puesto que nuestro entendimiento conoce las
cosas bajo una razón universal, y este modo de ser
no les conviene según la existencia que tienen en la
naturaleza. Luego si el entendimiento debe ser mo­
vido ó puesto en acción por e l objeto inteligible, es
necesario que este objeto sea hecho inteligible por el
entendimiento misino, y no pudiendo verificar esto
el entendimiento posible por lo mismo que se halla cu
potcncia respecto de los objetos inteligibles, es preciso
admitir el enteudimiento agente ademas del.posible, el
cual constituya los objetos en el órdeu intectual ba­

t í) Q voit. ü iip a . D i Spirit. CrtOÍ. Cue«t. a.* Art. 4.*


DESARROLLO DF. LV PRECEDENTE ETC. 101

riéndolos inteligibles en acto para que puedan mover


al entendimiento posible. El modo con que este enten­
dimiento agente constituye ú los objetos en el orden
inteligible, es haciéndolos universales por medio de la
abstracción de la materia y de las condiciones materia­
les, que son los principios de la individuación.»
CAPÍTULO DIEZ.

Las ideas m a t a :.

La cuestión de las ideas innulus lia tcuido siempre


el privilegio de ocupar d<r una manera preferente
la atención de todos los grandes pensadores desde
los primeros tiempos lilosólicos liastn nuestros dias.
Y es que en esta cuestión van envueltos de una ma­
nera mas ó menos es[ilicita todos los grandes proble­
mas ideológicos. Los problemas que se refieren al
origen y condiciones del entendimiento liumano, á la
naturaleza de la inteligencia en el hombre y al origen
de las ideas, son una prueba evidente de esto: do aquí
es que cuando conocemos la solucion dada á estos
problemas por una escuela filosófica, puede decirsc que
LAS IDEAS INNATAS. 103

conocemos ya la solncion dada por la misma al pro­


blema de las ideas innatas.
Sabido es que Platón merece 6er considerado con
justicia como el principal representante del sistema
de las ideas innatas: su famosa teoría sobre las ideas,
que encierra esle sistema, le da indisputable derecho
ú ser mirado como fundador del mismo. Los neopla-
tónicos y la-escuela ecléctica de Alejandría, sostuvie­
ron las doctrinas del filósofo griego sobre este punto,
bien que modificadas y presentadas bajo diferente fase
por parte de algunos de ellos.
Por lo que hace á san Agustín, por mas que la gene­
ralidad de los escritores le cuenten entre los partidarios
de las ideas innatas, es preciso confesar que su verda­
dero pensamiento sobre la materia no es tan claro y ter­
minante como pretenden los partidarios de este sistema.
Si es cierto que sus escritos revelan una predilec­
ción marcada hacia la filosofía de Platón y especial­
mente hacia sus ideas, no lo es mcno9 que e l sanio
Doctor introdujo profundas modificaciones en dicha
filosofíu, pudiendo urtndirsc que estas modificaciones
son mas profundas y aparentes precisamente en las
cuestiones que se refieren & la teoría de eses idea*.
Las ideas divinas de san Agustín, son tan diferentes
como superiores á las ideas platónicas, y en sus escritos
se encuentran pasages en que se acerca mas á las
ideas adquiridas que ó las ideas innatas. Y aun pres­
cindiendo de estos pasages, ¿no bastaría lo que dejó
consignado en los últimos aflos de su carrera lite­
raria, para no colocarle de una manera absoluta en­
tre los partidarios de las ideas innatas, como hacen
muchos escritores?
CAPÍTULO D ItZ.

Lnus quoque ipsa, qva Platonem vcl platónicos, seu aca­


démicos p/tilosophos, tantum cxtuli, quantum impíos (tomi­
nes non oportuit, non inm érito mi/ti displícuil; quorum con­
tra errores magnos, defendenda est christiana doctrina. (I)
Con mas justicia y verdad proccdcn los que enume­
ran entre los partidarios de las ideas innatas á Loib-
nitz, y sobre todo á Malcbronehe con los demás carte­
sianos, que creyeron hallar en su muestro la misma doc­
trina. Y en efecto; Descartes se ninnifcstó partidario de
oste sistema hacia el cual propende de una manera muy
niarcudu el espíritu general de su filosofía: sin embargo,
aqui como en tantas otras cuestiones, el gran padre de la
filosofía moderna y el emancipador del pensamiento filo ­
sófico, descubre una vacilación de espíritu y una con­
fusión de ideas poco dignu de su nombre. Después
d(* haber enseñado la doctrina de las ideas innatas
v especialmente con respecto á la idea de Dios, al verse
acosado por las objeciones de sus adversarios, hace
consistir la idea innata de Dios en la facultad ó p o­
tencia natural que tonomoK para conocer á Dios, es
decir, en la negación de las ideas innatas con res­
pecto ú este objeto. Oigamos sus pulabras:
<< Aunque lu idea de Dios, ( 2) se halle de tal manera
impresa en nuestra mente, que cualquiera tiene en sí
la facultad de conocerle, etc.» «Con esta ocasion adver­
tiré aqui, afiade en otra parte, ( 3) ................. que por
ideas innatas jamás quise significar otra casa sino que
por la naturaleza misma tenemos una potencia con la
cual podemos conocer á Dios.»

( 1 ) Ktraet. Llb. 1.* emp. 1/


(9) Carta 117.
(3) Corta 9 9 .
I.AS IDEAS INNATAS. 105

Por lo que hace A santo Tomás, su pensamiento y


su doctrina sobre esta materia son demasiado esplíci-
tos para que puedan abrigar duda alguna sobre el par­
ticular, los que tengan algún conocimiento siquiera sea
muy imperfecto de sus escritos. Bastario también lo
que dejamos consignado en los capítulos que preceden,
para reconocer que la ideología del santo Doctor es-
cluyc necesariamente la teoría de las ideas innatas.
V oy á trascribir sin embargo algunos de los pasages
en que desenvuelve su pensamiento sobre esta materia,
ya para que se reconozca la importancia que concedía
á esta cuestión trascendental, ya para que se vea su in ­
tima conexion y enlace con las soluciones dadas por el
mismo á los demás problemas mas interesantes de la psi­
cología 6 ideología; y sobre lodo para que se reconozca
que sonto Tomás había consignado y desenvuelto de
antemano los fundamentos mas racionales y sólidos en
que se apoyan los que no udmiten la doctrina de las
ideas Innatas. Hé aquí sus palabras: ( 1)
« Acerca de esta cuestión hubo macha variedad de
opiniones entre los antiguos. Algunos afirmaron que
el origen de nuestra ciencia procede totalmente ■de
alguna causa esterior separada de la materia; y esta
opinion se divide en dos sectas. Algunos, como los
platónicos, dijeron que las formas ó esencias de las
cosas sensibles existían separadas de la materia, y por
lo mismo eran inteligibles en acto, y que por medio
de su participación en la materia sensible, se formaban
los individuos en la naturaleza, y por su participación
en nuestra mente, se formaba la ciencia en nosotros: asi

(1 ) Quail. D itp ». D » Ytril. Cnott, 10.' Axt. #,•


14
106 CAPÍTULO DIEZ.

os que afirmaban que diclia9 formas eran el principio


«ic la gcncraciou y de la cien cia .............. ..................
.................Otros no admitian estas esencias sensibles
separadas de la materia, y si solo las inteligencias que
nosotros llamamos ángeles; y suponían que de estas
inteligencias procedía totalmente e l origen de nues­
tra ciencia........................................................................
. .................................Empero esta opinion no parece
mas razonable que la anterior; porque según esto, no
habría dependencia necesaria entre el conocimiento
intelectual y las facultades sensitivas, cosa manifies­
tamente contraria A la esperiencia, va porque venios
que faltando algún sentido falta el conocimiento in­
telectual de los objetos de aquel sentido, ya también
porque nuestro entendimiento no puede considerar
actualmente, aun las cosa» de que tiene conocimiento
habitual, sino formando ul propio tiempo algunas r e ­
presentaciones imaginarias relativas al objeto que con­
sidera: y de aquí es también, que cuando el órgano
de la imaginaciou padece algún trastorno ó lesión,
queda impedida la consideración intelectual. Ademas,
esta opinion cscluye la investigación de I03 principios
próximos de las cosas; puesto que según ella, todas las
naturalezas inferiores reciben sus formas tanto inteli­
gibles eorao sensibles, de las sustancias separadas in ­
mediatamente.
Hubo otra opinion de los que afirmaban que el o ri­
gen total de nuestra ciencia se halla en una cau3a in ­
terior, opiuion quo también se divide en dos sectas.
Algunos dijeron que las almas humanas contienen en
si mismas la idea ó nociou de todas las cosas, pero
que este conocimiento quedaba oscurecido por la unión
U S IDEAS IKKATAS. 107

d el alma con e l cuerpo. Asi es que decían los parti­


darios de esta opinion, que nosotros necesitamos del
estudio y de los seulidos solo para rem over los im ­
pedimentos de la ciencia, afirmando que aprender no
es otra cosa sino recordar, á la manera que por las
cosas que oímos y vemos, recordamos lo que sabíamos
de antemano.
Mas esta opinion tampoco parece razonable; porque
si la unión del alma con el cuerpo es unión natural,
no puede admitirse que por causa de ella se impida
totalmente la ciencia uatural; y por lo mismo también-,
si esta opinion fuera verdadera, no tendríamos igno­
rancia, á lo menos completa, de las cosas relativas á
nlguu sentido de que carecemos. Semejante opinion
sería conforme y estaría en relación con la de aquellos
que dicen, que las almas fueron criadas antes que los
cuerpos, á los cuales se unieron posteriormente; porque
en esta hipótesis, la unión del alma con ti cuerpo no
serla unión natural al alma, sino mas bien accidental.
Poro esa opinion se considera como digna de repro­
bación, tanto según la fe, como según el sentir de los
filósofos.
Dijeron otros que el alma es causa de la ciencia
por sí misma, y que no recibe la ciencia de las cosas
sensibles, las cuales según esta opinion, no cooperan
nada con su acción ú la determinación ó producción
e » el alma de las representaciones ó ideas de las cosas,
sino que e l alma misma es la que forma en si estas
representaciones á la presencia de los objetos sensi­
bles. Esta opinion no parece razonable del todo; por­
que ningún agente obra sino en cuanto 6e halla en acto,
y asi si el alma forma por sí sola dichas ideas, será
108 CAPÍTULO DIEZ,

necesario decir que las contenía ya de antemano en


si misma; de manera que esta opiniou \iene A coin­
cidir en el fondo con la que dice que el conocimiento
ó ciencia preexiste naturalmente en el alma.
Parece por lo tanto mas razonable que todas las
mencionadas, la opinion del Filósofo, el cual establece
que la cica d a ó conocimiento intelectuul, procede en
parte de lo interior y en parte de lo exterior, j que
procede no solo de agentes ó sustancias inmateriales,
sino también de las cosas sensibles.
Cuando se compara nuestra inteligencia á las cosas
sensibles existentes fuera de nuestra alma, descu­
brimos en la primera una doble relación con las se­
gundas. Puede compararse primeramente á las cosas
sensibles estertores, como el acto ú la potenciu, eu
cuanto que las cosas según existen fuera del alma,
solo son inteligibles en potcncia, y ul contrario la in ­
teligencia misma es inteligible en acto; y por esto es
preciso que exista en el alma el entendimiento agente,
que haga inteligible en acto lo que solo es inteligible
cu potcncia.
£n segundo lugar, nuestro entendimiento se refiere
á las cosas sensibles como potcncia al acto, en cuanto
que las representaciones determinadas de los objetos
sensibles, no existen en nuestra mente actualmente
siuo en poteucia nada mas; y por esta parte, es pre­
ciso admitir el entendimiento posible, al cual perte­
nece recibir las representaciones intelectuales ó ideas
abstraídas de las cosas sensibles, que llegan ¿ hacerse
inteligibles actualmente mediante la luz del entendi­
miento agento, luz que procedc como de su origen de
las sustaucias separadas, y especialmente de Dios.
LAS IDEAS IISNATAS. 109

Segaa lo (lid io pues, es verdadero el decir que nues­


tra inteligencia recibe la ciencia de las cosas ú objetos
sensibles; pero al propio tiempo se ha de decir tam­
bién, que nuestra inteligencia forma en sí las repre­
sentaciones ó ideas de las cosas, según que en v ir ­
tud de la acción del entendimiento agente se hacen
inteligibles en acto, las naturalezas ú objetos que antes lo
eran solo en potencia.................... Bajo este aspecto,
es verdadera la opinion que dice que nosotros posee­
mos de antemano los conocimientos que adquirimos.»
Creo se me perdonará fácilmente la estension del
pasage que acabo de trascribir, en gracia de su impor­
tancia ó incontestable mérito. Conociendo á fondo la
historia de la filosofía, el santo Doctor después de
mauifestur con exactitud las diferentes opiniones y
fases que presentara esle problema hasta su tiempo,
discute y examina estas opiniones con su acostum­
brada moderación, para llegar u determinar por medio
de un análisis tan sagaz como filosófico, lo erróneo de
algunas de dichas opiniones, y la parte de verdad que
envuelven otras.
Santo Tomás se muestra desde luego adversario de
las ideas innatas en el sentido propio y riguroso de
esta palabra. Decir que e l alma contiene en sí misma
los objetos en el órden inteligible; afirmar que pre-
enisten actualmente, perfectas, csplicitas y formadas,
las ideas de todas las cosas con anterioridad ú toda
acción de los objetos estemos sobre los sentidos y de
estos sobre el desenvolvim iento de h actividad inte­
lectual, equivale á afirmar que la sensibilidad ninguna
influencia ejerce en el origen, determinación y desar­
rollo del conocimiento intelectual, que no existe reía-
110 CAPÍTULO DIEZ.

cion alguna de caosalidad ni siquiera material ya que


no eficiente, entre los facultados de la sensibilidad y lus
intelectuales. Y sin embargo, si no existe depeudencia
alguna real y verdadera entre C6tas facultados; si las
facultades seusiti vas nada significan en lu determinación
de los fenómenos científicos é intelectuales, ó solo son
condiciones remotas; sí, para decirlo de una vez, el or­
den sensible es completamente cstraüo al órdeu inteli­
gible ¿porque aun despucs de ser puesta en acción la
inteligencia, carece de conocimientos y hasta de toda
idea, en órden á los objetos de aquel ó aquellos sentidos
de qae se halla privado el hombre desde su nacimiento?
Si los sentidos para uada influyen eu e l conoci­
miento intelectual, ó si solo son meras condicioucs
sine (¡ua non, ó meros cscitantes de la actividad in­
telectual del alma, es evidente que una vez escitadu
esta actividad por la acción de los otros sentidos, de­
biera adquirir e l alma algún conocimiento siquiera
imperfecto de los objetos relativos al sentido 110 exis­
tente, en especial sieudo preciso admitir esa actividad
ó fuerza intelectual como una ó indivisible.
Por desesperados que sean los esfuerzos que hagan
los partidarios de las ideas innatas en apoyo de su
sistema, por sutiles que sean sus raciocinios, por ele­
vadas que so presenten las especulaciones de los par­
tidarios de esta teoría, esos esfuerzos y esas especu­
laciones, se estrellarán siempre contra el muro insal­
vable del sentido común de los hombres, que se baila
ademas apoyado y en perfecto acuerdo con la espe-
rÍBitiia. Á pesar de todos los raciocinios y á despecho
de todas las afirmaciones de los sostenedores de las
ideas innatas, el género humano y con él la inmensa
LAS IDEAS INNATAS. 1 11

mayoría de los filósofos que no crccn que la verdadera


filosofía tenga necesidad de ponerse en contradicción
con el testimonio del seutido común, seguirán creyendo
siempre como hasta ahora, que entre las facultades de
la sensibilidad y los conocimientos intelectuales, hay
algo mas que relaciones ocasionales ó de pura conco­
mitancia. Y la esperiencia que nos enseña que la lesión
de los órganos de las facultades sensitivas, lleva cousigo
la privación del uso de la razón; la esperiencia que
nos enseña que el ejercicio del entendimiento puro va
siempre acompañado del ejercicio de las facultades
sensitivas, y sobre todo, que la acción de entendimiento
sobre las ideas depende necesariamente y se halla en
relación con las representaciones sensibles, y esto aun
•cuando se trata de ideas y objetos puramente inte­
ligibles; esta esperiencia, repito, afirmará mas y mas
siempre el testimonio del sentido común y le servirá
de contraprueba. Porque «la esperiencia enseña, d i­
remos con el esclarecido filósofo de Yich , (1 ) que
esta comunicación existe por una ley del espíritu hu­
mano; negar esta ley, es luchar contra uno verdad
atestiguada por el sentido Intimo; intentar destruirla
es acometer una empresa temeraria, es arrojarse & una
especie de suicidio del espíritu. Por esta razón, la
escuela de que acabo de hablar, la que niega la exis­
tencia de las ideas innatas, acceptando los hechos tales
como la esperiencia iuterna se los ofrece, ha procu­
rado esplicarlos, señalando los puntos en qoe pueden
estar en comunicación e l órden sensible y el inte­
lectual sin que se destruyan ni confundan.»

(1) FU. Puní. Lib, 4.* Cap. 9 .


112 CAPÍTl'LO DIEZ.

H6 aquí á santo Tomás consignando las pruebas mas


convincentes y los argumentos mas sólidos de que se
sirve aun hoy dia la ciencia, para destruir e l sistema
de las ideas innatas. En muchos lugares de sus obras,
se encuentran otras varias pruebas ¿ este efecto, asi
como en otros desenvuelve mas las que en el presente
posago so hallan solo como indicadas; porque según
se reconoce por la lectura de sus obras, el santo Doc­
tor concedía grande importancia á la solucion acer­
tada de este problema ideológico.
A.si es que le vemos en la Suma coutra Gentiles y eu
la Suma Teológica, desenvolver y presentar bajo nue­
vas fases, los fundamentos científicos que en e l pre­
sente apenas hace mas que indicar.
. « P o r lo que esperimentamos, dice, ( I ) apareciTcon-
toda evidencia que el alma necesita de los sentidos;
porque el que carece de algún sentido, no tiene ciencia
de los objetos sensibles que son percibidos por aquel
sentido, como el ciego de nacimiento 110 tiene cien­
cia alguna de los colores. Y ademas, si no son nece­
sarios los sentidos al alma humana para la intelección,
no existiría en el hombro órden ó relación entre el
conocimiento sensitivo y el intelectual, lo cual es con­
trario ¿ lo que nosotros mismos esperimentamos; pues
por medio de los sentidos ec forman en nosotros las
memorias ó percepciones singulares, mediante las cua­
les poseemos csperiencia de las cosas, llegando final­
mente por medio de esta inducción & los principios
uuivcrsalea de las ciencias y artes.»
Penn i túseme llamar la atención de los lectores y

(1) S«m. COMI. Gm I. Ub. ».» C*p. 98.


LAS IDEAS INNATAS. 113

en especial de Mr. Jourdain, sobre el presente y an­


terior pasage, pora que á vista de ellos nos diga el
escritor francés, si santo Tomás eonocia el método de
inducción y si solo'usaba del método cspcrimental
raras veces ij como al acaso.
Una de las pruebas mas convincentes en contra d el
sistema «le las ideas innatas, es n nuestro modo de ver,
el raciocinio ó argumento psicológico basado sobre la
imposibilidad de csplicar convenientemente la unión
del alma con el cuerpo, en la hipótesis de las ideas
innatas. En efecto; ya sea que se diga con los uuti-
guos plutüuicos que el alma precsiste con su ciencia,
sus ideas y sus conocimientos intelectuales formados,
y que estas ideas quedan oscurecidas y como sepul­
tadas en el olvido á causa (le la unión de la misma
con el cuerpo; ya sea que se prefiera afirmar sola­
mente con los partidarios mcuos exagerados de esta
doctrina, que el alma no preexiste al cuerpo, pero
que contiene en si actualmente las ideas de las co­
sas, es imposible csplicar de una manera satisfacto­
ria la unión tan íntima como natural de estas dos
sustancias, ni seilalar la razón suficiente de la misma.
En el primer caso, la unión del alma con el cuerpo
sería violenta y contraria á la naturaleza de la p ri­
mera, cosa ciertamente poco conforme al sentido co­
man é insostenible en toda buena filosofía; porque,
como dice con razón el mismo santo Tomás en e l
lugar citado, n u líi reí, natura adjnngit aliquid per quod
sua operatio m pediatur; sed magis ea per qux fiat con­
vertíentior.
Los mismos ó análogos inconvenientes tienen logar
respecto de la segunda hipótesis; pnesto quo si e l alma
15
11 i CAPÍTULO DIEZ.

poste de antemano por sí misma con independencia del


cuerpo y del ejercicio de la sensibilidad las ideas de
todas las cosas, es cuando menos superflua su unión
con el cuerpo, 6 inesplicablc por lo mismo en el órden
científico. «Porque no puede decirse, añade el mismo
santo Doctor, ( I ) que el alma inteligente se une al
cuerpo por el cuerpo; porque ni la forma se ordena á
la materia, ni el motor ni móvil, sino antes al contrario.
Y si el cuerpo es necesario en algún sentido al alma
inteligente, debe serlo segurameate en órden ¿ su
operacion propia, que es el entender; toda vez que en
cuanto á su existencia, el alma no depeude ni ncccsitu
del cuerpo. Si el alma está determinada por su propia
naturaleza á recibir las ideas Intelectuales solo me­
diante la influencia de algunos principios ó agentes
superiores, y uo las recibe de las cosas sensibles, no
necesitará del cuerpo para la intelección. Luego en
vano se unirá al cu erpo.»
Sería iuutil querer desvirtuar la fuerza de este ra­
ciocinio, alegando que aunque el cuerpo y las facul­
tades sensitivas no cooperan ni influyen propiamente
en la formacion y determinación de las ideas intelec­
tuales, es necesaria sin embargo la unión del alma con
e l cuerpo, porque este y los sentidos son condiciones
»¡ne qua non y escitantes de la acción intelectual; por­
que por poco que se reflexione, se reconocerá fácil­
mente, que esto equivale en el fondo á adoptar la opi­
nion de Platón y sus discípulos, es decir, que la unión
del alma con el cuerpo, no solo no será natural, sino
que será contra la perfección del alma.

(1) 0Mm. rM . 1.a Ffert. Cu**». 84. Art. 4.°


LAS IDEAS IISAATA9. 115

En cfccto; suponer que el alma contiene en sí las ideas


intelectuales completamente formadas y con existencia
actual, y que esta necesita al propio tiempo de la es-
citacion de los sentidos, equivale & decir que la unión
del cuerpo con el alma impide el ejercicio ó uso de las
ideas preexistentes en esta, y que este impedimento
es removido mediante el ejercicio de las facultades sen­
sitivas. Hoc non videtur suflU-ere, dice con mucha razón
santo Tomás, (1) quia hvjusmodi excitatio non videtur
necessaria animxy nisi in r/uan/tim est consapita quodam-
niodo, et obliviosa propter unioiiem ail corpus; el sic
se¡i sus non proficerent unimx Intetlectivx nisi a i tollendum
iuipedimenfum, quod aninix provenit ex corporu vnione.
Reman et igitur quxrenüum, qtix sil causa unionis animat
ad corpus. (IV .)

(i) na.
CAPÍTULO ONCE.

Apreciaciones inexactas de ¡.'ir. Bonald sobre esta


malcría.

Increíble de todo punto parece, despucs de lo que


dejamos consignado en los capítulos anteriores, que
existan hombres en nuestro siglo, y hombres que lle­
van el renombre de filósofos y á quienes todos atribu­
yen grande erudición, que cu presencia, por decirlo
asi, de todos los sabios y A la fuz de lodo el mando,
se atrevan á colocar á santo Tomás entre los partidarios
de las ideas innatas.
Y sin embargo, uada mas cierto, El \izcondc de
Bonald (h ijo] coyas estro ílns afirmaciones sobre el en­
tendimiento agente bemos visto ya, eo muestra aqai tan
perfecto conocedor del pensamiento y de la filosofía
APRECIACIONES INEXACTAS ETC. 117

de santo Tomás sobre las ideas innatas, corno se mos­


trara con respecto ¿ su doctrina sobre el entendimiento
•gente.
Con motivo de haber enumerado con mucha razón
el P. Ventura Ilaúlica cutre los partidarios de las
ideas innatas á Platón, Descartes y Lcibnitz, nuestro
escritor le dice que debiera haber artadido A estos
nombres los de «san Agustín, suuto Tomás, san Bue­
naventura, Bossuct, Tención, Malcbrunche etc .» Ya
hemos indicado nuestro pensamiento sobresalí Agustín;
y por lo que hace a san Buenaventura, si es cierto que
se notan en ¿1 tendencias algún tanto ontologicas, no
lo es menos que su teoría sobre las ideas, es en el
fondo la teoría general de los Escolásticos; y me pa­
rece que el Sr. Bonald se hallaría un poco embarazado
para probar que debe ser contado entre los partidarios
propiamente dichos de las ideas innatas, si embarazo
puede existir en esta materia, para un hombre que coloca
á santo Tomás al lado y en la misma línea que Platón
y Descartes: á santo Tomás, que en cada página de sus
escritos combate ln doctrina de Platón sobre las ideas;
que impugna frecuentemente en sus nbrnn el sistema
de las ideas innatas; qne esponiendo y desarrollando
cuantos argumentos y raciocinios militan en contra do
este sistema, se complace en scrtalar con admirable
precisión y con lógica inflexible y vigorosa, todos los
inconvenientes que lleva consigo este sistema; á santo
Tomás, en fin, qac si liacc suya la doctrina del en­
tendimiento agente, completándola y perfeccionándola,
es precisamente porque la cousidera necesaria para
csplicar el origen d el conocimiento humano de una
manera mas filosófica y mas conforme á la observación
(IR CAPÍTULO ONCE.

de los fenómenos internos, que la que cabe en la teoría


de las ideas innatas.
Después de la afirmación anterior ya no debe estra-
üarnos mucho el oir ul escritor francés, que «s i es
verdadera la doctrina que niega las ideus innatas en­
señadas por Platón y Descurtes, el alma no será en su
origen mas que una tabla rasa, como dccíu Aristóteles:
Tabula rasa in qua nihil est scriptum. Empero si los
pugauos podían crccr esto, los cristiuuos no pueden
admitirlo. -
Ignoro si Mr. Bonald tendrá alguna dilicultad en
colocar en el catálogo de los cristianos ¿ santo Tomás:
011 lo que uo me cabe duda y lo que puedo asegurar
ul ilustre escritor, es que si se quiere tomar el tra­
bajo de hojear los escritos del santo Doctor, hallará
no uuo siuo cien pasages, en que admite y profesa la
doctrina de que el alma liumanu en su origen y en
urden á las ideas intelectuales, ú lo menos las que bc
refieren á los objetos sensibles y materiales, es sicut
tabula rasa in qna nihil est scriptum; y esto sin manifestar
temor alguno de dejar de ser cristiano por esta causa,
lió aquí uno de estos pasages por via de muestra: (1)
Intellectuj autem humanut, qui est infimus in ordine
inteilectunm, et máxime retnotvs áp erfa lion e divini intel­
ectos, est In potentia respecto intelligibilium , et tn p rin -
i' pió ett sicut tabula rasa in qua n ihil est scriptum.
No seguiremos á Mr. Bonald en sus restantes afir­
maciones sobre esta materia. Para reconocer el peso
•jue merecen sus apreciaciones sobre este punto, basta
tener presente que según él, la doctrina de las ideas

( 1) Sum. Tlm l. 1.a V nt. Oiust. 7* . Art. 1.a


APRECIACIONES INEXACTAS ETC. 119

innatas es la doctrina general y común de todos los


filósofos. «P a rece que todos los filósofos habian por
el contrario pensado hasta ahora, que estas ideas no
se formaban, sino que se hallaban formados del todn
naturalmente en nosotros.» Ya hemos tenido ocasion
de observar antes, que la historia de la filosofía no
parece ser el fuerte del autor de la Justificación <U
Desearte*.
Antes de terminar esle capítulo y á fio de evitar
apreciaciones inexactas y equivocaciones demasiado
trascendentales, bueno será advertir, que cuando santo
Tomás dice que el alma est sicut tabula rasa, lo mismo
que cuando la apellida pura potentia in ordine in te lli-
(¡ibili, estas expresiones y otras análogas, solo signi­
fican el estado de potencialidad por pórte del alma en
urden á la posesion actual de las ideas, ó sea ln pri­
vación y carencia de ideas ruínalos, formadas y explí­
citas, con anterioridad al ejercicio de las facultades
sensitivas, i la existencia en el alma de las represen­
taciones sensibles y á la acciou del entendimiento
agente.
Sería absurdo por lo tanto, entender esta potencia­
lidad dul alma en un sentido absoluto; pues según la
doctrina del santo Doctor, el alma no solo posée por
sí misma en su origen y con anterioridad á todas las
condiciones dichas, el entendimiento posible ó sea la
fuerza innata para entender, la cual es uua facultad
vital, una verdadera potcncia activa, una actividad real,
sino que también posée desde su origen el entendi­
miento agente, que viene á ser como el principio pró­
ximo de las ideas, y que como participación inmediata
de la inteligencia infinita y de las ideas eternos, cou-
1*20 CAPÍTULO ONCE.

tiene en germen y como \irtualmente todas las ideas


intelectuales, y de una manera especial los elementos
de los primeros principios de la razón, como veremos
mas adelante.
Infiérese de lo dicho, que si colocar ñ santo Tomás
entre los partidarios de las ideas innatas es descono­
cer por completo la verdadera historia de la filoso­
fía, sería aun mas absurdo y contrario A toda verdud,
identificar ni acercar siquiera su doctrina sobre este
punto A la de los materialistas y sensualistas.
Para los materialistas, el hombre no posóc mas cono­
cimientos que los que obtiene por medio de los senti­
dos; y como quiera que estos sean el resultado de la
organización de la materia, el conocimiento intelec­
tual es un mero producto del organismo.
A su vez los sensualistas, si bien reconocen con los
palabras la existencia del espíritu, al concederle es-
clusivumcntc facultades sensitivas, le niegan en reali­
dad. ¿Que puede haber de común entre estos grose­
ros errores y la sublime teoría ideológica de santo
Tomás? Nada al solutaraente. Pura aquellos, todo se
reduce á materia, organización y sensaciones: para
este, sobre la materia, la organización y las sensacio­
nes, está el espíritu, la inteligencia y el entendimiento
agento, razón de ser inmediata y principal origen
del conocimiento intelectual. Para aquellos la ciencia
y el conocimiento intelectual son puramente estemos
en su origen; para este, la ciencia y e l conocimiento
intelectual, reconocen como origen principal una fuerza
interna, que es la actividad intelectual, la cual con­
tiene en sí la semilla de las ideas, como participación
inmediata que es de la Verdad increada, é impresión
APRECIACIONES INEXACTAS ETC. 121

de las ideas divinas; y como origen remoto y secun­


dario, los sentidos y los objetos esteraos. Seieníintn
mentis no'ttrs', partim ab intrínseco rs/e, partim ab r x -
triiifrro, decía el santo Doctor en el pnsage citado en
el capitulo anterior.
CAPÍTULO DOCE.

Inexactas apreciaciones de Balm e: -c ir c el c:.ie:.a.-


miento agen Le. Importancia ülo:6íica de la dccir;.:a
de canto Tomás sobre este punto.

«Dominados los aristotélicos, dicu el sabio lilósofo


español, ( I ) por su idea favorita de csplicarlo todo por
malcría y form a, modificando la significación de estas
palabras según lo exigía el objeto A que se los apli­
caba, consideraban tumbícu las facultades del nlmu
como una especie de potencias incapaces de obrar, si
no se les uuia uuu forma que las pusiese en neto. Asi
es que csplicaban las sensaciones por especies ó for­
mas, que poniau en acto la potencia sensitiva.............
.....................................................................Esplicados de

(1 ) FU. Fvnd. Xilb. 4.° 0»p. 7.*


INEXACTAS APRECIACIONES ETC- 123

unta manera los fenómenos del sentido esterno y de


la imaginación, quisieron esplicar los aristotélicos los
del órden intelectual, en lo que lucieron su ingenio,
excogitando un auxiliar que llamaron entendimiento
agente...............................................................................
....................................... Las especies sensibles conte­
nidas en la imaginación, y verdadero retrato del
inundo esterno, no eran inteligibles por si mismas, á
causa de andar envueltas, lió con materia propia­
mente dicha, sino con lumias materiales, ú las que
110 puede referirse directamente al acto intelectual.
Si se pudiera encontrar una facultad que tuviese Iu
incumbencia de haccr inteligible lo que no lo es, se
habría resuelto satisfactoriamente el dilicil problema;
porque en tal caso, aplicaudo su actividad á las espe­
cies sensibles el misterioso trasfonnndor, podrían es­
tas servir ul acto intelectual, elevándose de la cate­
goría de especies imaginarias, phantasmato, á la de
ideas puras ó especies inteligibles. Esta fucultad es
i.l entendimiento agente.................................................
. . . . Esta invención mas bien que ridicula debiera
llamarse poética, y antes merece el titulo de inge-
nio.su que el de extravagante.»
Ks cicrtamcutc bien cstrailo, que un hombre de tan
profundo buen sentido filosófico, que un hombre que
revela en sus escritos liaber comprendido mejor que
iiingiiu otro escritor moderno, el verdadero espíritu de
la doctrina de las escuelas y ea particular la profun­
didad, verdad é importancia de la filosofía de santo
Tomás, no haya alcanzado á ver en la doctrina del
entendimiento agente, mas que una invención poética é
ingeniosa.
l-2 'i CWM1XLO ItOCK.

Y esto es mus cstrano aun, si se tiene en cuenta


que la solución duda por este filósofo al importante
cuanto difícil problema del origen del conocimiento
intelectual, se identifica en el fondo, ó se arerca cuando
menos bastante á la solucion duda por sunto Tomás.
y que, como este, impugna el sistema de lus ideas
innatos. Ya hemos visto lu afinidad é intimas relaciones
que envuelve esta doctrina coa el euteiidiinienlo
agente, siquiera se le apellide con diferente nombre
y se modifiquen ó espliquen de diferente modo sus
funciones ó actos.
De aqui es que obligado, por decirlo asi, por lu
fuerza uiisina de la verdad, se le ve admitir hasta cierto
punto mas adelante lo que aqui había rechazado. £1
entendimiento agente de los aristotélicos, dice, ( I ;
admisible en buena filosofía en cuanto significa una ac­
tividad del alma aplicada á las representacionesensi-
liles, no lo parece tanto, si se le supone productor
de nuevas representaciones distintus del acto mismo
intelectual.»
Resulta de estas palabras, 1.° que nuestro filósofo
reconoce como admisible en buena filosofía lu existen­
cia de una actividad del alma en órden A lus repre­
sentaciones sensibles. Pues bien: esto equivale á ad­
mitir el entendimiento agente de santo Tomás, puesto
que para el santo Doctor, el entendimiento agente no
es otra cosa en el foudo y eu realidad, mas que unu
actividad intelectual del alma en órden á las repre­
sentaciones sensibles.
Infiérese lo 2.a que e l motivo principal que iuduce

(1) Ib!d Cap. 90


INEXACTAS APRECIACIONES ETC. 1*25

al autor ele lu Filosofía Fundamental, A 110 admitir cu su


totalidad el entendimieuto agente, es el creer que las
representaciones intelectuales ó ideas no sou distintas
del acto intelectual. Xo negarémos la probabilidad de
semejaote opinion; pero ul propio tiempo, nadie uos
podrá tampoco negar á nosotros, que la opinion con­
traria, la que admite algún modo de distiucion real
cutre la idea y el acto del entendimiento considerando
á aquella como uu modo que sobreviene & este, es tun
probuble cuando menos, como la que preteude identi­
ficar ubsululuinente estas dos cosas, ya sea que se
examine la cuestión en si mismu y por parte <le sus
fundamentos científicos, ya sea que se la examine con
respecto ¿ los hombres eminentes que lian sostenido
diclia opinion.
Luego si el único obst&culo filosófico para la ad­
misión completa y absoluta del entendimiento agente
de los aristotélicos, es la identificación de las ideas
con el acto intelectual, los que admitan la probabi­
lidad de la opinion que establece una distinción mo­
dal eutre los dos, deberán admitir también, á lo me­
nos como probable, la existencia del entendimiento
agente. Luego nuestro filósofo debió calificar A lo
menos de probable, la eiisteucia de este entendi­
miento agente, toda vez que para él la probabilidad
de la opinion que sostiene la distinción entre la idea
y e l acto intelectual, recae indirectamente sobre la
existencia de dicho entendimiento. Luego en todo caso,
la existencia del entendimiento agente de los aris­
totélicos, es algo mas que una intención poética ¿
ingeniosa.
For otra parte, si este escritor tiene por cosa
I2 S r A P ir r r o doce.

tau fundada y verdadera que la idea y el acto in ­


telectual son una inisina cosa, era superfluo e l em­
plear diferentes páginas, como lo hace roas adelante,
para impugnar la existencia de las ideas innatas re­
corriendo sus diferentes clasificaciones, lina vez es­
tablecida esta hipótesis, puede dccirsc que hasta ca­
rece de sentido la cuestiou de las ideas innatas; puesto
que admitir en este caso las ideas inuatas, equivaldría
;t decir que los actos intelectuales existen antes de
existir.
No estrellamos por lo tanto, que este esclarecido
filósofo llegase por último á admitir implícitamente la
necesidad y existencia del entendimiento agente, que
antes se había resistido ú reconocer. Porque esto es
lo que ú nuestro juicio se desprende de las siguientes
palabras, con quo termina su impugnación del sistema
de las ideas innatas:
«Parece que en vez de entregarnos á suposiciones
M anejantes, (I ) debemos reconocer en el espíritu una
actividad innata, con sugucion A las leyes que le ha
impuesto la iidinita inteligencia que le ha criado.
Vun cuando se pretenda que las ideas son distintas
tic los actos perceptivos, no hay necesidad de admi­
tirlas preexistentes. Es verdad que en tal caso, será
preciso reconocer en el espíritu una facultad p ro­
ductiva de las especies representativas; de lo que tampoco
nos eximiríamos, identificando las ideas con las per­
cepciones. »
Luego es preciso reconocer ea t i espíritu una facultad
productiva de las especies representativa}; y esto tiene

(1 ) Ibid. Cap. *0.


INEXACTAS APRECIACIONES ETC. 1 '27

lugar, ya sea que se pretenda que las ¡deas son distin­


tas de los actos perceptivos, ya sea que se afirme lo
contrario, identificando las ideas con las percepciones. El
pasage no puede ser ma9 esplícito; y en él se admite
y profesa abiertamente la necesidad del entendimiento
agente, toda vez que este, ú lo menos en la teoría de
santo Tomás, no es otra cosa en realidad y es precisa­
mente una facultad productiva do las especies represen­
tativas del órden intelectual.
Luego cuando los aristotélicos profesaron la doctrina
del entendimiento agente, no fué ciertamente por
hallarse dominados por su idea favorita, de explicarlo
todo por materia y forma. Había aqui algo mas que
eso: había aqui motivos mas elevados y fundamentos
mas filosóficos que el indicado. La necesidad de es-
plicar e l tránsito del orden sensible al órden inteli­
gible, sin borrar la línea divisoria que los separa;
la imposibilidad de esplicar el tránsito de las con­
cepciones singulares de las facultades sensitivas, n los
concepciones universales, necesarias y abstractas, del
entendimiento puro, sin verse precisado á admitir lu
doctrina de las ideas innatas, contrariada por la ra­
zón y por la esperiencia: lió aquí motivos demasiado
poderosos y algo mas elevados sin duda que los que
in d ic a d ilustre autor de la Filosofía Fundamental, para
que los aristotélicos se creyeran en la necesidad d«:
admitir el entendimiento agente.
Empero, si esto es suficiente para demostrar que los
aristotélicos do procedieron con ligereza en este punto,
yo no temeré añadir, que toda filosofía racional y es­
piritualista, debe admitir la teoría del entendimiento
agente, despues que santo Tomás, imprimiendo en ella
128 CAPÍTULO DOCE.

el sello de su magesluosa inteligencia, le comunicó el


desenvolvimiento científico que solo podía esperarse
de I » sublimidad de su genio, desarrolló las grandes
<• íntimas relaciones de esta doctrina con los proble­
mas mas trascendentales de la psicología y de la
ideología, y la elevó, en fin, á su última expresión
científica, ennobleciéndola y cristianizándola, per de­
cirlo asi: porque es prcciso saberlo; como san Agustín
liubiu perfeccionado j cristianizado las ideas de Platón,
asi santo Tomás perfeccionó y cristianizó la teoría
del entendimiento agente.
Aristóteles había enseñado la necesidad y existencia
del entendimiento agente; pero sin determinar de unn
manera precisa su origen, el origen de su poder y acti­
vidad. Santo Tomás, guiado en sus especulaciones y
robustecido con la posesion de la idea cristiana, acflala
v busca el origen y fundamento racional d p riori de
este misterioso agente, en la comunicación y como
aproximación de la inteligencia humana A la inteligencia
divina.
Para santo Tomás, el entendimiento agente es una
impresión inmediata de la Primera Inteligencia Agente,
uua participación de la luz increada, un reflejo de las
ideas eternas que existen en la inteligencia infinita de
Dios: Virlu* derívala á svperiori in lelleetv, per qvam
p o u it phantasmata W u s tra rt: ( I ) Virlus qux á supremo
intellectu pa rticipa tu r. (2) Quailam particípala ■limififurlo
luminis iticreali, in quo continentur ralionet .Tierna. (.'$)
Lumen intclfeetvs agenlir, non eatualvr in anima ad aíiqva

(1 ) Su n . T h n l. 1.a F u U OnMt. 70 A r t. 4.*


(S ) Ibid. ad fl.m
(* ) Ibid. Cueit. 84 A.rk 6.*
IM A AC TAS APnr.r:IACIO>ES ETC. 1*20

ulia xubsianlia separa/a, sed im mdiate á Deo. (I ) Q u a s i


tjUtfdam simililudo increatx Veritatis in nobis resultantis.
(2) Quortdam lumen intellitjibilc, (3) quod anima in tel-
lectiva participa/ ad imitatíoncm superiorum mibstantia-
rum intellectm lium . Intelleetus agens, decía también
Alberto Magno, ( í ) est imayo et simililutlo quxdam lu -
minis prim .r causa', sive D ei.................................. est enim
¡mago p ritn x ct divine' lucís, qua omnia intcllit/ibiliu in
ase ¡¡implict acccpta, sicut fu en tn l in prim a luce, secun-
dum actum fiunt in lellitjib iliu .
De aqui el secreto de su fuerza; de aqui esa virtud
maravillosa que posóc nuestra alma de convertir las
concepciones singulares de los sentidos en concepcio­
nes universales de la razón; porque desde el momento
que vemos en el entendimiento agente una participa­
ción y reflejo inmediato de la inteligencia suprcmn,
una impresión de las ideas divinas, ninguna dificultad
podemos hallar yo en conceder á nuestra alma lu
facultad de formar y abstraer las nociones universales,
de los materiales suministrados por los sentidos; desde
ese momento nada hay que pueda impedirnos reconocer
cu el entendimiento agente, una fuerza demasiado po­
derosa para convertir las representaciones sensibles
cu ideas intelectuales. Destello admirable de la in­
teligencia divina, no menos que de la actividad y cau­
salidad supremas, el entendimiento agente lleva en su
seno como el germen de las ideas eternas. ¿Porque
admirarnos pues de su fuerza prodigiosa en órden á la

(1 ) Quatts. Diip, De Sptr. Creat. Cuect. 1.' Art. 10.


(2) ib(i. De Verit. Cneat. 11. Art. I.°
k3) OpuK. 3.° Cap. 86.
(4) Optr Tono. 16. Trat> 15, Cunk OS.
17
130 CAPÍTULO DOCE.

formaeion de las-idea»? ¿No será mas filosófico reconocer


'•.011 santo Tomús, que esta semejanza participarla de la
luz increada, en razón y á causa de la nobleza y eleva­
ción de su origen, se halla dotada por Dios de una
energía superior á la que hallarse puede en todos los
seres materiales, de una poderosa fuerza de asimilación
rapaz de hacer pasar los objetos del órden material y
singular, al universal é inmaterial:? Quxdam virtus
iwmaterialis activa, potcns alia similia sibi faccrc, sci-
lír tl, immalerialia. (I )
Permítaseme llamar la atención Robre el enlace y
relaciones de esta magnífica y luminosa teoría de
sunto Tomás sobre e l entendimiento agente, con los
interesantes problemas de la representación intelec­
tual, la cuestión do los criterios y In teoría de la ver*
dad. Sabido es cuanto han atormentado siempre <1 la
filosofía lo.s cuestiones relativas al tránsito del órden
¡iilclectual c ideal, al órdeu real. El espíritu humano
encuentra y encontrará siempre serias y graves d i­
ficultades, al establecer la legitim idad del tránsito del
>o al no yo, del sujeto al objeto.
Ahora bien: la doctrina de santo Tomás que acabo
de esponcr, envuelve á no dudarlo, una de las solucio­
nes mas elevadas que darse pueden á tan difícil pro­
blema. Las ideas intelectuales se refieren por sí mismas
á los objetos estemos y se hallan en relación nece­
saria y perfecta conformidad con estos, porque el
entendimiento agente, que es su causa próxima, se
halla á su vez en relación inmediata con e l enten­
dimiento divino, causa eflcicnte y razón á p rio ri de

(I) Dt Anima Llb. S.‘ Leoo 10.'


INEXACTAS APRECIACIONES ETC. 1)1

aquellos objetos, y también de nuestras ideas in te­


lectuales: porque el entendimiento agente, como di*-
m u cion inmediata de la luz increada, es como uu re­
flejo virtual é implícito de las ideas divinas, que son
el fundameuto á p riori y la medida de la realidad,
verdad y distinción de las cosas. Luego el entendi­
miento agente enseriado por santo Tomás, cn vu eh c
d fundamcinto racional do la armonía y conformidad
fundamental y primitiva, entre el órdeu subjetivo y
•;l objetivo; csplica la legitim idad del criterio de lu
evidencia; contiene el fundameuto filosófico de lo que
se apellida instinto intelectual, y es como el luzo cien­
tífico que une y csplica las relaciones entre el órden
real y el ideal, entre la verdad de conocimiento y la
verdad trascendental del objeto, entre la inmutabilidad
de la verdad y la mutabilidud de las existencias fini­
tas: fícr/uiritur enim lumen intelleetus w/entis, per quod
im nulabiliter veritatem in rebus imilabilibus coynosca-
rnus, et discernamos ipsas res á similitudinibus rcrurn. ( I )
Compárese ahora la doctrina del santo Doctor con
la de los partidarios de las ideas innatas, y no podrá
menos do reconocerse en ella, no solo unu tcoríu tan
profunda como digna de ser aceptada por cualquier
espíritu reflcx ñ o , sino también una teoría que lleva
inmensas ventajas á la de las ideas innatas.
Mientras los partidarios de este sistema, afirman que
nuestra alma recibe de su autor las ideas todas que
constituyen los elementos del conocimiento humano;
mientras despojan al espirita humano casi de toda ac­
tividad en órdeu á la adquisición de las ideas univer-

(1) £u;n. Thiol. 1.* Fart. Cu*st. 84. Art. 6.° ad 1.®
132 CAIM TILO UOCfc.

sales, que son como los elementos de la razón; mientras


reducen, cu una palabra, nuestro espíritu á un ser m e­
ramente pasivo relativamente al origen y formación de
los conocimientos intelectuales, sunto Tomás por el con­
trario, reconoce nuestro espíritu como esencialmente
activo en el órdeu intelectual; reconoce en nuestra
alma una facultad actú a, una fuerza ó actividad intelec­
tual, que constituye al espíritu humano en razón de v er­
dadera causa clicicnte del conocimiento intelectual y de
su desarrollo gradual y sucesivo que cspcrimcntainos
dentro de nosotros. Como Dios, inteligencia suprema é
infinitamente activa, produce en sí una Palabra Eterno,
el Yerbo Increado, asi el espíritu humano fecundado
por el entendimiento agente, que es una derivación
inmediata de esa inteligencia suprema, y una im pre­
sión de las ideas divinar), tiene la virtud admirable de
formar y determinar en su interior las concepciones
uuivcrsulcs, de convertir las representaciones del or­
den sensible en representaciones puramente intelec­
tuales, de crear cu cierto modo, la razón liuraaiia,
produciendo, bien que con dependencia de los ma­
teriales suministrados por los sentidos, lus ideas, que
son como sus elementos constitutivos y actuales.
¿Puede esplicorse de una manera mas elevada y
científica la grandeza y dignidud del espíritu humano?
¿Puede scilalarsc de una manera mas filosófica la ve r­
dadera razón suficiente de esa mngestuosa elevación
de la inteligencia del hombre, de esa fuerza y poderío
do que so enorgullece la humanidad? Solo en la teoría
de santo Tomás puede encontrarse la esplicacion racio­
nal de la elevación y nobleza del hombre; porque ella
sola puede señalar el verdadero origen y la razón ti
l.M^XACTAS APRECIACIONES ETC. 13:1

p riori, de la energía, dignidad y asombroso poderío


de la razón humano.
Y no se nos diga que también los partidarios de
las ideas inuatus reconocen lo actividad del espíritu
humano, puesto que admiten en él la fuerza de r e ­
flexión y de raciocinio, que e9 ana facultad activa;
porque esto solo probará que el espíritu humano es
activo en el órden intelectual, por parte del desarrollo
y cvolucion sucesiva de los conocimientos científicos.
Empero no es esto ciertamente de lo que se trata
aqui, y hasta puede decirse que esto no afecta d la
caestion presente. El punto culminante entre los par­
tidarios de las ideas innatas y el entendimiento agente
de santo Tomás, la diferencia entre las dos teorías á
que se refiere la comparación antes indicada sobre
la actividad del espíritu humano en el orden intelec­
tual, es relativa priueipalmente ú una actividad p ri­
maria y fundamental, ú una actividad que se refiera
al origen, al desenvolvimiento inicial del conocimiento
intelectual.
No se trata pues aqui de saber si la facultad de
raciocinio es una facultad activa ó no: lo que se trata de
saber es si este espíritu es activo con anterioridad al
ejercicio de esta facultad, en otros términos, si e l espí­
ritu humano es activo no solamente en r'rden á la r e ­
flexión y raciocinio, sino tamhien en orden d la fo r­
mación de las ideas que sirven de base y suministran
los elementos primitivos para el raciocinio; porque na­
die nos negará, que todo raciocinio snpone como base
los primeros principios, y que estos se couislituyen con
ideas. El espíritu humano ¿es activo ó es puramente
pasivo con respecto á estos principios .y A las ideas
13'* C A PÍT U L O DOCE.

i{uc los constituyon ? Tal es la verdadera fase de la


cuestión entre los partidarios de las ideas innatas cou
la uegacion del cnteudiinicnto agente, y la teoría de
Nauto Tomás.
Los primeros dicen que bajo este concepto nuestro
espíritu es meramente pasivo, puesto <|ue posee desde
su origen estas ideas, las cuales se hallan grabadas en
nuestra inteligencia por la mano misma del Supremo
Hacedor. Santo Tomás cree por el contrario, que el
(;s|)irilu humano es activo con respecto i dichas ideas y
;itirina que este espíritu fecundado porosa fuerza activa,
derivación inmediata de la inteligencia del Hacedor
Supremo, destello y participación de los ideas divinas,
apellidada por él entendimiento agente, pasée la activi­
dad y energía necesarias para la formación de las ideas.
La alirmacion de los primeros, al misino tiempo que
rebaja la dignidad y poder del espíritu humano, viene
á ser el eco de la palabra del principal restaurador del
sistema de las iilcus innatas cu la filosofía moderna:
iiifrlleclio rnim, proprie uicnlis ¡xissio es!. (I ) Santo T o­
más conserva al espíritu humano su elevación y digni­
dad; porque reconoce en él una actividad poderosa,
una especie de fuerza creadora, verdadero origen de
su grandeza y poderío. A l propio tiempo, su teoría
sobre este punto, lejos de hallarse en oposicion ni
con el .«cutido común de la humanidad, ni menos con
la observación psicológica, se halla por el coutrurio
imi completa armonía con la esperiencia interna, cuyos
fenómenos dos preseutan y revelan al entepdimicnto
elaborando sus ideas; «pues ú no esperiuiciitarlas cu

(1) Dticart. O r u &1.‘


INEXACTAS APRECIACIONES ETC. 135

nosotros mismos dice al santo Doctor, no hubiéramos


adquirido el conocimionto de estas dos acciones;» non
enim a liter (I ) m notitiam harum actionum (intellectus
possibilis ct intellectus agen lis) venis.sem ns, niaf ea.s in
iwf/is experirem ur.
Otra ventaja de esta doctrina de santo Tomás y en
general de su teoría sobre el origen del conocimiento
humano, es el hallarse igualmente distante del sistema
idealista y del materialista, distancia que viene A hit
como una contraprueba de sil verdad.
Que el sistema de las ideas innatas propende lógi­
camente bacía el Idealismo, es una cotia que no mu
detendré en manifestar, porque lo crco supcrlluo des­
pués de lo que se lia escrito sobre esta materia. Eslí­
es un hecho que se hulla ya, en la conciencia de
todos los sabios que examinan i inparcialmente esta
cuestión.
Si el hombre lleva en sí mismo desde su origen
las ideas de las cosas; si las representaciones intelec­
tuales de los objetos existen en él independientemente
de SU actividad intelectual con anterioridad al ejerci­
cio dn los sentidos, y hasta de la razón misinn; si el or­
den sensible nada tiene quo ver con el órden inteli­
gible; fii ninguna comunicación de causalidad y de­
pendencia verdadera existe entre lus facultades de la
sensibilidad y las del Orden intelectual pnro; si los
sentidos no son otra cosa que ocasiones, ó A lo mas, con­
diciones sitie qua non con respecto al desarrollo de la
actividad del entendimiento humano; fcí, en fin, para
nada influyen en la existencia, determinación y de-

(1) Sum. eoní. Gtni. U b . 1.* C*p- 76.


13G CAPÍTUf.O DOCK,

surrollo de los conocimientos intelectuales, no será


d ifícil in ferir de aqui, que el inundo intelectual nada
tionc de común con el mundo real, que el mundo de
los espíritus es el único que existe con certeza para
nosotros, y que los fenómenos sensibles v el inundo de
los cuerpos, se hallan fuera del alcance de nuestra in­
teligencia en el úrden científico.
Es evidente que de aqui al Idealismo 110 hay mas
que un paso, si es que ulguna distancia queda por
salvar para llegar ¡i 61. Luego el sistema de las ideas
innatas lleva cu su seno el germen del sistema idea­
lista, hacia el cual gravita con todo su peso.
La teoría de santo Tomás, destruye la base de los
sistemas materialistas y .sensuulistas, reconociendo en
el espíritu humano lu inteligencia como una facultad
prim itiva, superior y esencialmente distinta de toda»
las fucultades sensitivas, Pero estas facultades sen­
sitivas, aunque iuferiores y distintas esencialmente de
la inteligencia, suministran á esta los materiales so­
bre los cuales puede obrur: estas fucultades aunque
jamás pueden salvar la linea casi iuíinila que las se­
para de las facultades lntclectuules, se hallan en co­
municación directa con ellas. De esta suerte el mun­
do iutelectual se halla ligado necesariamente con el
mundo real, e l mundo de los espíritus con el mundo
de los cuerpos, e l mundo interno pasa al esterno y este
& aquel por medio de las representaciones ¿ensilles
en que se ponen en contacto y comunicación íntima;
e l órden subjetivo se aproxima, se une, se identifica
con el orden objetivo. La teoría de santo Tomás es á
un mismo tiempo la antítesis de la teoría sensnalistn
y lu negación de lu idealista.-
I.NEXJU.T4S APRECIACIONES ETC-

l’ odeinos por lo tnnto inferir legítimamente; I."


que toda escuda espiritualista que no admita el sis-
tema de las ideas innatas, se hulla precisada ¡i admitir
el entendimiento agente en cuanto al fondo de la tosa
significada por esta palabra. 2." Que la teoríu «leí en ­
tendimiento ajícnte sepun la presenta, modifica y des­
envuelve santo Tomás, no solo se halla en perfecto
acuerdo con la razón y la espericnciii in tenia, sino
<juc encierra nnu importiincia filosófica t¡in ¡iiranles-
tablc como real y positiva.
CAPÍTULO TRECE.
— ■~isar~ » —

Nueva fase del Panteísmo y nueva refutación del


mismo por santo Tomás.

Uno de las mas uotables fases que ha presentado


el Panteísmo en 6U desarrollo sucesivo desde su origen
hasta nuestros dias, es la que ofrecía en la época de
santo Tomás, pretendiendo establecer la unidad abso­
luta y numérica de la inteligencia humana, ó mejor
dicho, la unidad absoluta de las sustancias inteligen­
tes. Para Hogar á este resultado, partían unos de la
unidad del entendimiento agente, considerando a este
como una sustancia separada del hombre, y .que siendo
única 6 idéntica, obraba sobre todos y cada uno de
los individuos de la humanidad. El santo Doctor com­
bate cu muchos lugares de sus obras las tendencias
NUEVA FASE DEL PANTEISMO ETC. 139

puiiteislas que euvuelve esta opiuion, demostrando


que el entendimiento agente es una virtud interna
y una facultad activa del alma.
Empero estas tendencias panteistas se convertían ea
afirmaciones rigurosamente toles, por parte de los
averroistas, que siguiendo á su maestro, defendían que
el entendimiento posible, ósea la facultad intelectiva,
no existía realmente en el hombre. Para Averrocs y
su9 discípulos del tiempo de santo Tomás, lo que se
llama entendimiento posible, ó sea la facultad de en­
tender, era una sustancia separada é independiente dnl
hombre, y este no se denomina inteligente, siuo en
cuanto por medio de las representaciones sensibles, se
pone en comunicación con aquella sustancia, reci­
biendo su acción é influencia.
Las consecuencias inmediatus de esta doctrina, erau
por una parte el panteísmo psicológico, que identifi­
caba en la unidad absoluta á todos los hombres como
seres inteligentes; y por otra y como consecuencia
necesaria de la anterior, la resolución del hombre in­
dividuo en un ser puramente seusiblc y material: lu
distinción numérica no existía en la humanidad como
inteligente, y cada hombre singular no era mas que
una manifestación, un fenómeno de la sustancia única
inteligente.
Santo Tomás, á quien hemos visto combatir el Pan­
teísmo bajo todas sus formas y manifestaciones, se
dedicó con especialidad & combatirle bajo esta nueva
fase; porque según se desprende de sus palabras, este
error monstruoso hallaba favorable acogida entre mu­
chos filósofos de su tiempo. Asi es que despues de
haberlo refutado en casi todas sus obras, escribió su
I ÍO ( A I 'l T L L O T ft L t i:.

opúsculo do Unitate inlc/l/>ctui contra A icnohlas, que


contiene la impugnación mas coinplctu que desearse
puede de este panteísmo psicológico que hacia grandes
o>tuerzos para introducirlo en las oseuelus filosóficas
do lu liuropa crisliana. A favor do una erudición nada
común y de una vigorosa argumentación, después de
demostrar que semejante doctrina uadu tiene de comuu
con la de Aristóteles, eclia mano de todo género de
pruebas, donde la autoridad de los Padres de la iglesia
oriental y occidental, hasta la de los filósofos asi
griegos como latino* y árabes; desde el raciocinio on-
tológieo y psicológico, hasta las pruebas de sentido
intimo y de esperiencia, para poucr de manifiesto todo
lo absurdo de este panteísmo, ya scu que se le con­
sidere eu sí mismo, ya sea que se le considero en su>
aplicaciones materialistas y sensualistas, ya sea en fin,
que se le considere por parte de sus consecuencias
subversivas de lodo órdeu .social, morul y religioso.
ISo siendo posible ni necesario seguirle cu el desen­
volvim iento de esta admirable y vigorosa impugna­
ción del panteísmo psicológico-ideológico, trascribire­
mos solamente algunas de sus observaciones, rem i­
tiendo al citado opúsculo á aquellos de nuestros lec­
tores, que quieran convencerse por si mismos del v i­
gor y mérito científico de su impugnación.
-Como todos los hombros descau naturulmcntc sa­
ber la verdad, (1) asi también hay cu ellos el deseo
uatural de evitar los errores y refutarlos, cuando es
posible. Entre los demás errores, parece mas digno
de censura aquel que se refiere al mismo enteudi-

(1) Opuse» 0.
MJliVA FASE DEL P ASTEISMO ETC. 141

miento por medio del cual poseim os la facultad de


conocer la verdad evitando los errores. Hace algún
tiempo que prevaleció entre muchos un error que tiene
su origeu en las palabras de A verm es, el cual intenta
establecer que el entendimiento qnc Aristóteles llama
posible............................. es cierta sustancia separada
del cuerpo en cuanto ¿ su ser....................y ademo*
que el entendimiento posible es uno mismo en todos
los hombres.
Ya antes Leíaos escrito contra este error; mas
como la osadía de los que le sostienen no cesa de
resistir á la verdad, queremos escribir de nuevo con­
tra el mismo, de manera que dicho error quede com­
pletamente refutado.
.No es mi propósito demostrar que semejante afir­
mación es errónea porque repugna ú la verdad de lu
fé cristiana, pues esto cualquiera lo reconoce fácil­
mente. Porque quitada de los hombres la diversidad
ó distiucion real de entendimiento, que es el que
lleva consigo la incorruptibilidad é inmortalidad del
alma, síguese quo después de la muerte nada queda
del alma huuiaua mas que la uuidad del entendi­
miento: desaparece por consiguiente, la distribución
de premios y de penas y su diversidad.
Lo que sí tratamos de probar, es que dicha opinion
no se opone menos á los principios filosóficos, que á la
cnseüauza de la fe. Y porque en esta materia no
quieren reconocer la autoridad y palabras de los es­
critores latinos, y hacen profesión de seguir unicu-
camentc la doctrina de los escritores peripatéticos,
cuyos libros sobre la materia jamás han visto, á es-
cepcion <le los de Aristóteles fundador de esta secta,
142 C A PÍTU LO TRECE,

harémos ver que la mencionada opinion es absoluta­


mente contraria A las palabras y doctrinas del mismo.

Según la afirmación de estos, (los que defendían la


unidad del entendimiento) caen por tierra los principios
d e la filosofía moral; pues se niegan y desaparecen los
actos que existen dentro de nosotros eu cuanto sujetos
á nuestra potestad. Dentro de nosotros y en nuestra
potestad se halla olgun acto, por razou de la voluntad;
asi es que Uamamo» voluntario lo qne procede de
nuestro interior. La voluntad se refiere y se funda eo
el entendimiento.............................................................
. . . . Luego si el entendimiento no pertonece á este
hombre ó no se identifica verdaderamente con él,
siuo que se le une solumciilc por medio de las repre­
sentaciones de la imaginación, ó como el inolor á la cosa
movida, la voluntad 110 existirá en este hombre, sino
en esa inteligencia separada: luego el hombre singu­
lar no será dueño de sus actos, ni estos podrán ser
laudables ó vituperables; lo cual es echar por tierra
las bases de la filosofía moral. Siendo pues esto ab­
surdo y contrarío á la conciencia y existencia misma
de la humanidad, (pues eu esta hipótesis sería inútil
e l aconsejar, lo mismo que el hacer ley en) sígnese de
aqui, que el entendimiento se une de tal manera á
nosotros que constituye un solo ser ó naturaleza sin­
gular en cada individuo; lo cual no puede verificarse
sino de la manera que ya se ha dicho^ es decir,
siendo uua facultad ó fuerza del alma qne se une á nos­
otros como forma ó perfección interna. Ilcsulta pues,
que esta es la verdudera uniuu que se debe admitir,
NUEVA PASE DEL PANTEISMO ETC. 143

no solo atendiendo á la doctrina revelada de la fé,


como pretenden los adversarios, sino porque el negar
esto es luchar contra la evidencia.................................

. . . Considere también el que sostiene esa opiuiou,


que si el principio inteligente mediante el cual enten­
demos, estuviera separado j fuera un ser distinto del
alma que es forma de nuestro cuerpo, seria & un mismo
tiempo inteligente y entendido, ni entenderiu actual­
mente unas veces y otras cesaría de entender, ni se
conocería é si mismo por ideas inteligibles > por sus
actos, sino por su esencia, como las demas sustancias
intelectuales separadas. K i liabria razón pora qne ne­
cesitase de nuestras representaciones imaginarias para
entender; pues no T e m o s que en la naturaleza y órden
de los seres, las sustancias superiores necesiten de las
inferiores para sus operaciones principales....................

, ............. Es evidente que la inteligencia es la parte


mas principal del hombre, y que se sirve de todas lus
demas potencias del alma y miembros del cuerpo como
de órganos; por eso dijo con mucha verdad Aristó­
teles, que hotno est intelleetus máxime. Ahora bien; si
es uno mismo el entendimiento de todos, síguese ne­
cesariamente que no hay mas que un solo inteligente,
y por consecuencia un solo volcute y uno solo que
usa según el albedrio de bu voluntad de todas aque­
llas cosas por parte de las cuales se diferencian lu*
hombres entre si. De aqui se sigue también, .que nin­
guna diferencia existe entre los hombres en cuanto
á la elección libre de la voluntad, sino que es la
misma en todos, si e l entendimiento que es la parte
IÍ4 CA PIT U LO TBECI:.

principal del hombre jr cu donde reside origiuuriu-


mentc el dominio para usar de todas las demas co ­
sas, es uuo ó idéntico en los diversos hombres. Esto
sobre ser evidentemente falso ó imposible, repugua
ú la misma cspcrienciu sensible, destruye toda cien­
cia moral y hasta lo que es necesario para la socie­
dad civil.
Ademas: Si todos los hombres entienden por me­
dio de un mismo entendimiento, cualquiera que sea
e l modo con que este se una al hombre, bien sea
como forma, bien como motor, siempre se seguirá
necesariamente, que la acción de entender será una
en número y la misma en todos los hombres con res­
pecto á un objeto cualquiera: por ejemplo, si yo en­
tiendo la piedra y tu también, será prcciso que lu
operación intelectual que está en mi y la que está
cu ti, sean una misma................................... asi como
ai fuero posible que muchos hombres tuviesen un
solo ojo, la visión de todos seria una ú idéntica res­
pecto del mismo objeto en un tiempo dado. Del
mismo modo pues, si el entendimiento de todos los
hombres es uno mismo, síguese de aqui que cuando
estos entienden el mismo objeto al mismo tiempo,
la acción de todos se identificara y será una misma.»
Ya liemos dicho al principio, que no nos es po­
sible seguir al santo Doctor en la variedad y abun-
duucia de razones y pruebas con que combate bojo
todas sus fuerzas esta nueva fase del Panteísmo que
se ulzalm amenazador en su época, invadiendo las
escuelas y propagándose de una manera alarmante
por los centros literarios de la Europa cristiana.
La presencia de este gran, peligro, fu¿ sin duda la
3UEVA KASE DEL PANTEISMO ETC. 14.»

que inspiré a santo Tomás las enérgicas palabras con


que termina su impugnación de este panteísmo psico­
lógico. Como verá el lector, usa aqui un lenguaje suma­
mente enérgico, y que podría calificarse hasta de duro
y estraño, si se le compara con la templanza y mode­
ración que le son características y como fam¡liaras,
siempre que impugna las doctrinas erróneas de sus
adversarios.
° Es evidente por lo tauto, que es falso lo que afir­
man, á saber, que fué como uu principio para todos los
filósofos asi árabes como peripatéticos, aunque uu pura
los latinos, que el entendimiento no se multiplica 6
distingue numéricamente en los hombres. Algazel no
fuú latino, sino árabe: Aviccna que también fué árabe.
dice lo siguiente.............................................................
.............................Y pasando á los griegos, citaremos
las palabras de Tem istio...............................................
..........................Luego es cierto que ni Aristóteles, ni
Tcofrasto, ni tampoco Platón, tuvieron como un prin­
cipio, que el entendimiento posible es uno mismo en
lodos los hombres. Es evidente también quo Averroes
espone de un modo falso la sentencia de Tcmistio y
Tcofrasto acerca del entendimiento posible y agente:
por lo cual con razón hemos dicho antes, que fué
un corruptor de la lllosofia peripatética. Es bien es­
trado por lo mismo, ciino algunos sin liubcr visto mas
que el comentario de Averroes, tienen la presunción de
afirmar lo que el mismo dice, es decir, que tal es
la opinion de todos los filósofos griegos y árabes,
esceptuando solo los latinos.
Es aun mas digno de admiración y hasta de indig­
nación, quo alguno que se llama á sí mismo cristiano,
19
146 C A PÍT U LO THLCE.

se atreva á hablar con tan poca reverenda de la f¿


cristiana, como lo verifica cuando dice, que los latinos
110 reciben esto entre sus principios, á saber, que sea
uno el entendimiento en todos, tal vez porque su ley
diserta lo contrario. Lo cual envuelve dos cosas dianas
de ceusura: 1.‘ que pone en duda que esto sea contra
la fé; 2.° que indica hallarse poco conforme con estn fe.
También se descubre esto por lo que luego añade;
Esta es la razón por lu cual los católicos abrazan e*la
opinion ; donde denomina opinion ó hipótesis, lo que es
una verdad de la fé. Ni revela menor presunción lo
que osa afirmar después, ú saber, que Dios no puede
Iiaccr que haya muchos entendimientos, porque implica
contradicción. Aun es mas grave lo que dice luego: P e r
parte de la razón, concluyo necesariamente r/uc el enten­
dimiento es uno numéricamente; sin embargo, por la fé
asiento firmemente á lo contrario. Luego juzga que la fé
enseña cosas contrarias ¿ lo que se puede demostrar ne­
cesariamente por la razón: y toda vez que 110 so puede
demostrar necesariamente sino lo que es necesariamente
verdadero, cuyo contrario es falso ¿ imposible, síguese
de esto, que según su pensamiento, la fé puede ser
acerca de alguna cosa falsa é imposible; cosa que ni
Dios mismo puede hacer, ni los oidos de los lieles to­
lerar.
Tampoco carece de temeridad, la presunción cou
que se entromete a disputar de cosas que 110 pertenecen
á la filosofía, sino ú la fé; como es el padecimiento del
alma por el fuego del infierno, ufirmundo que se deben
desechar lus sentencias de los Doctores acerca de esto.
De esta misma manera, podría disputar y hablar de la
Trinidad, de la Encarnación y otros misterios seme-
NUEVA FASK DEL PAXTEISMO ETC. \M
juntes, acerca de los cuales nn hablaría sino co n o un
balbuciente.
Hó aquí lo que hornos escrito para destruir el ex p re­
sado error, nó por las prescripciones do la fó, sino por
los dichos y razones de los filósofos solos. Si después
de esto, alguno, gloriándose todavia de una ciencia de
fulso brillo, quiere oponer algo contra lo que liemos
escrito, que no hablo ú escondidas, ni delante de los
Millos que no saben juzgar de las cuestiones difíciles,
sino escriba contra este escrito, si se atreve; y hullarA
no solamente ú mi que soy el menor de todos, sino A
otro9 muchos defensores de la verdad, que, ó resistirán
á su error, ó liarán desaparecer su ignorancia.» (V .)
CAPÍTULO CATORCE.

Sanio Tomás y la Escuela sensualista.

Entre suuto Tomás y la escuela sensualista, solo


hay de coiium la afirmación de que los seutidos son
ol punto de parlidu jura el conocimiento intelectual
y la ciencia; pero esta afirmación común n las dos
escuelas tomada en general y en cuanto á las palabrus,
deju de serlo cuando se atiende & lo que significa en
rada uua de las dos escuelns, y al desarrollo y apu­
raciones de la misma.
Para la escuela sensualista, los sentidas son como
la causa eficiente y la medida del conocimiento hu­
mano en el órden científico: para santo Tomás, los
sentidos, si entran para algo y cooperan al conoci-
SANTO TOMÁS ¥ L A ESCUELA E TC. 1 49

miento intelectual, es solo como primer punto de par*


tida del mismo; e9 solo en cuanto el conocimiento sen­
sitivo es anterior naturalmente al conocimiento inte­
lectual y científico; es solo en cuanto el ejercicio de
las potencias perceptivas de la sensibilidad, precede
al ejercicio de la inteligencia, y porque la actividad
de esta, es escitada y depende en su desarrollo del
ejercicio de los sentidos estemos é internos, como de
condicion siue qua non.
La escuela sensualista dice: todo conocimiento ac­
tual humano, es ó una sensación, ó una trasformacion
d é la sensación. Santo Tomás dicc: las facultades sen­
sitivas son esencialmente distintas d éla actividad inte­
lectual, y por perfecta que se suponga una sensuciou,
jamás puede lleg ará constituir una intelección; porque
estas dos facultades y sus operaciones, pertenecen a
géneros diversos de ser.
Aunque el conocimiento sensitivo suministra en
cierto modo materiales á la inteligencia, la acción
de esta se ejerce en una escala y en un órden infi­
nitamente superiores ú la acción de los sentidos. lil
conocimiento intelectual, lejos de poder ser en nin­
gún sentido, ni bajo concepto alguno, una trasfor­
macion ó modificación de la sensación, uo tiene nada
de común con ella, ni por parte de lu facultad y ac­
ción intelectual, la cual considerada absolutamente
y en sí misma es iudependieute de todo cuerpo y
órgano material, al paso que la sensación do puede
existir sin la impresión del órgano corporal; ni por
parte del objeto, puesto que la sensación se halla
limitada al órden corpóreo y sensible, mientras que
el entendimiento, elevándose sobre todo el órden de
I ')0 C A PÍT U LO CATORCE.

los entes corpóreos, percibo las cosas puramente in­


materiales y espirituales, y forma conceptos ú ideas
que prescinden de los cuerpos, como la idea de la
verdad, ln virtud, el ser, la sustancia, la relación; ni
tampoco finalmente por parte del modo de obrar,
porque las facultades sensitivas solo obran en sentido
directo, percibiendo, ó los objetos esteraos, ó las afec­
ciones y modificaciones internas, pero careciendo de
fuerza reflexiva; pues, como dice el mismo santo
Doctor, la vista no se vú á sí misma ni sa acción. Por
el contrario, el conocimiento intelectual envuelve la
fuerza de reflexión; pues la misma esperiencia interna
nos revela, que el entendimiento, ademas de los actos
directos con que percibe los objetos esteraos, tiene
también actos reflejos con que se conoce á si mismo
y á los cuales sirve de objeto el acto directo.
Luego en la teoría de sauto Tomás, la sensación ja ­
más puede llegar á confundirse ni identificarse bajo
ningún concepto, con la acción del entendimiento. Ya
liemos visto antes también, que en esta teoría, el eje r­
cicio de las facultades sensitivas no permanece en el
alma separada del cuerpo, toda vez que estos facultades
dependen en sus funciones de los órganos corpóreos, al
contrario de los facultades ó potencias del órden in­
telectual, las cuales permanecen en ejercicio en e l almu
separada. No es necesario llamar la atención sobre la
negación radical de las doctrinas sensualistas que en­
vuelve semejante afirmación; pues sería inexacta y
hasta carecería de sentido, si las operaciones de la in ­
teligencia pudieran concebirse en ningún caso, como
nn desarrollo, ó como una trasformacion de la sen­
sación.
SAKTO TOMÁS Y L A ESCUELA ETC. 151

Finalmente, si no bastaran loa pasages y conside­


raciones que preceden, para poner fuera de toda duda
la profunda separación que e iis te entre la psicología
é ideología de la escuela sensualista y la teoría de
santo Tomás sobre esta materia, bnstariu tener pre­
sentes dos afirmaciones capitales del mismo, á saber;
que las facultades ó potencias del alma se especifican,
u lo que es lo mismo, son diferentes entre si especi­
fica y esencialmente, según la diversidad del objeto
á que se refieren: de manera que la yista es una po­
tencia distinta del nido, porque se refiere á los colores
como á su objeto propio, mientras el segundo se o r­
dena n los sonidos. No trato ahora de apreciar el
\alor científico de esta doctrina, sino solo de con­
signar un hecho, sobre el cual no es posiLlc abri­
gar la menor duda, toda vez que basta abrir cual­
quiera de los escritos del santo Doctor, para tropezar
ú cada paso con la fórmula con que expresa esta afir­
mación: Potentia: specifícantur p er objccta.
La otra afirmación que se halla en relación con la
anterior y que se halla consignudu con lauta fre­
cuencia é insistencia como ella en las obrus del santo
Doctor, es que el objeto de los sentidos es siempre
alguna cosa singular ó individual, y que solo al en­
tendimiento pertenece el conocimiento de los uni­
versales, siendo la única facultad en el hombre, que
percibe y conoce los objetos por medio de ideas ó
concepciones de este género. Sensus est sinyularium,
iutellectui vero universalium, dice y repite á cada paso;
y desafiamos ¿ cualquiera & que nos presente un solo
pasage en sus obras, en que ensefle ni siquiera im ­
plícitamente que los sentidos tienen la facultad de
|.'>2 C A PÍT U L O CATORCE,

conocer los objetos bajo una razón universal, ni de


formar y concebir ideas universales. Y sin embargo,
no pudiendo negarse, so pena de ponerse en con­
tradicción con el testimonio de la conciencia, que
nosotros poseemos este modo de percepción, los sen­
sualistas se hallan precisados á conceder que el sen­
tido puede llegar de una manera ú otra ú estas per­
cepciones universales.
Como dejo ya indicado, santo Tomás no solo refuta
frecuentemente en sus obras el error de los que iden-
tilicun de cualquiera manera las facultades sensiti­
vas con el entendimiento, sino que le combute tam­
bién en sus tendencias, señalando las peligrosas de­
ducciones á que se presta. La opinion de la me-
tempsieosis de las almas, tan estendida en la filosofía
pagau», se apoyaba en parte sobre esta identificación
de los sentidos con el entendimiento, y era como una
consecuencia de la misma, según santo Tomás. • lista
opinion, dice, (I ) procedió de dos falsas raíces, la pri­
mera de las cuales era que decían, que el alma ra ­
cional no se une al cuerpo esencialmente como forma
¡i la materia, sino solo accidentalmente como el mo­
tor al m óvil, ó como el liombrc al vestido.................
La segunda es que afirmaban, que el entendimiento
solo se distingue del sentido accidentalmente; de ma­
nera que e l hombre en tanto 'se dice que tiene enten­
dimiento y nó los otros uninmlcs, porque en él la fuerza
sensitiva es inas vigorosa por razón de la perfecta
complexión del cuerpo: de esto ya podían inferir, que
el alma del hombre pasaba al cuerpo del bruto.»

(1 ) Snm uí 1.1b 4.* D iit. 44.* O uM t. 1.‘ A rt. 1.a


SAINTft TOMÁS Y LA ESCl'ELA ETC. 1 53

Y us (liguo de uotarsc, que muchos de los que no ha­


llan inconveniente cu atribuir máximas y tendencias
sensualistas ó la filosofía escolástica, son precisamente
los que hablan con mayor inexactitud de las facultades
del espíritu humano y los que se aproximan mas en
esta materia á la cscucla sensualista. La escuela es­
cocesa nos suministra uno de los ejemplos mas notables
de esto. Estu cscucla que con mas ó menos razón ha
sido miradu nomo una restauración del esplritualismo
filosófico; esta escuela que se impusiera á sí misma la
gloriosa y benéfica tarea de rehabilitar la filosofía
espiritualista; esa cscucla qae con este objeto, com­
bate e l sensualismo de Condillac y refuta los sistemas
materialistas del pasado siglo, viene ¿ recaer en parte
en ese mismo sensualismo que se propusiera combatir,
adoptando ideas análogas ú lus de este, en úrduu ti
la naturaleza y clasificación de las facultades del
espíritu humano. Veamos siuo como se expresa Reid
su principal representante, al establecer la división de
las expresadas facultades; y esto despues de haber
afirmado en varios lugares de sus obras, que no solo
Aristóteles, sino los Escolásticos todos sin esccpcion
alguna, derivaban de los objetos esteriores todas lus
ideas y conocimientos.
«Bajo el nombre voluntad, nos dice, (1) comprendo
todas nuestras facultades activas, y todos los princi­
pios que nos inducen y llevan ¿ obrar, como los
apetitos, las pasiones, las afecciones. El entendimiento
comprende nuestras facultades contemplativas, por
medio de las cuales percibimos los objetos, los conce-

(1) OSvru ooippl. Tom. 3.aS u . 1/ cap. 7.


20
151 CAPÍTULO CATOnCE.

Limos ó nombramos, los comparamos ó analizamos,


juzgamos y discurrimos sobre los mismos.»
Asi pues según el je fe de la escuda escocesa que
tanto blasona de esplritualismo, las pasiones sensibles,
se confunden é identifican con la voluntad; y los sen­
tidos tanto internos como estemos, comprendidos por
ul filósofo escocés en e l número de las facultades
contemplativas, según se desprende con toda clari­
dad de varios logares de sus obras, se confunden ú
identifican á su vez con ul entendimiento.
En conformidad 1 esta clasificacioh de las facultados
del espirita humano, nuestro filósofo establece poco
después terminantemente, que « la percepción de un
objeto por los sentidos es una de las operaciones del
entendimiento.» ( I ) Ó mucho nos equivocamos, ó
esta doctrina se halla mas cerca de la escuela sen­
sualista, 110 diré ya que la de los Escolásticos y la
de santo Tomás, sino que la del mismo Aristóteles.
«lln u sensación, como el olor por ejemplo, dice en
otra parte, (2} puede presentarse al espíritu, bojo tres
formas diferentes: podemos cspcrimcntnrla; podemos
recordarla; podemos imaginarla ó tener' idea de la
misma..........................En e l tercer caso, no se halla
acompasada de ninguna creencia ni de ninguna idea
de existencia: es precisamente lo que los lógicos lla­
man una simple aprensión. •
No se necesita reflexionar macho para reconocer
que aqui se confunde é identifica la imaginación con
la percepción del entendimiento y con la idea; y sin

(I) Aid. pig. 83.


(I ) IMd. Tom. i." Cap. 3.* ptg. 44 .
SAM O TOMÁS Y LA ESCUELA ETC. 155
embargo, «existeu n a diferencia inmensa, diremos aqui
con Rosmini, (I ) entre imaginar una cosa sensible, y
tener idea do la misma; y á pesar do esto, Reid con­
fundo estas dos operaciones: La imagen, llamada tam­
bién por los Escolásticos phantasma, pertenece al ser
animal; la idea, pertenece al ser inteligente. >
P o r lo donas el mismo Reid se encarga de desva­
necer toda duda sobre este particular, pues no solo
repite á cada paso y toma como sinónimos la simple
aprensión ó percepción del entendimiento, y la imagi­
nación, sino que identifica á esta cou el pensamiento
y hasta con el juicio, que bajo todos conceptos es acto
eselusivo y propio del entendimiento. «L a s palabras
concebir, imaginar, ('2) empicadas ordinariamente como
sinónimas en nuestra lengua, expresan lo que los ló ­
gicos llaman una simple aprensión.» «Pensar, suponer,
imaginar, concebir, aílade luego, (3) son las palabras de
quo nos servimos para expresar la simple aprensión, y
todas ellas son empleadas frecuentemente para expresar
un ju icio.»
Sabido os que uno de los principales objetos que se
propusiera la filosofía escocesa, era oponer un dique ¿
las teorías sensualistas de Locke y CondiUac; sin em ­
bargo, á juzgar por los pasages que quedan consignados
y otros análogos que pudiéramos citar tomados de sus
principales representantes, bien pudiera decirse, que
esa filosofía era mas propia para favorecer el desarrollo
de la teoría sensualista que para ponerle un dique.

(L ) Nuevo S u . lobre el oríg. de Ia l id au , Cap. 3 .» A r t . 8.®


(2 ) Ibid. T o n . 3.o Una. 1.» Cap. 1."
(3 , Ibid. P&ff. 28.
CAPÍTULO QUINCE.

Graves errores de M. -Jourdain sobre esla icalbria.

Increíble parece, despacs de lo dicho, y sobre todo


en vista de la sublime teoria del santo Doctor sobre
el origen y naturaleza-del conocimiénto humano, que
queda consignada en parte y que iremos desarro­
llando sucesivamente, que se haya llegado & aprecia-
ciones tan falsas ó inexactas como se lia llegado cu
este particular. ¿Quien puede dejar de maravillarse
al ver á escritores que hacen alarde de conocer su
filosofía, afirmar tranquilamente que santo Tomás no
retrocediera ante esta proposición célebre: todo nues­
tro conocimiento no es mas que la sensación tras formada?
« Empero el santo Doctor va. mas I cjo b , nos dice M.
CHAVES EHRORES DE M. JOUDDAIN ETC. 157

Jourdain: declara que todo conocimiento trae su ori­


gen de la sensibilidad, y no retrocedería ante esta
proposición célebre; que dicho conocimiento no cb
mas que la sensación trasformada.»
¿ Quien hubiera dicho ol santo Doctor, cuando con
tanto cuidado y con tanta frecuencia separaba al en­
tendimiento de toda potencia sensitiva, colocando
siempre la inteligencia A una distancia casi infinita
de estas, que llegaría un tiempo eD que se le atribui­
ría la ensefianza de qnc la intelección uo es mas que
la sensación trasformada? ¿Quien le hubiera dicho,
cuando escribía, que «e n los objetos percibidos y
representados por las facultades sensitivas, el enten­
dimiento percibe muchas cosas y forma ideas y con­
ceptos universales, á que de ninguna manera pue­
den alcanzar las sensaciones;» que «las representa­
ciones de los sentidos son singulares y materiales, y
las del entendimiento universales en su modo de r e ­
presentar, inmateriales y formadas por el entendi­
miento a gen te;» que esta virtud activa del entendi­
miento, « es una participación de la Suprema In teli­
gen cia ;» que « e l alma humana conoce todas las cosas
en las ideas eternas................... porque la luz inte­
lectual ó razón que existe en nosotros, no es otra cosa
que una semejanza participada de In luz ó razón in ­
creada en la cual se contienen las ideas eternas;»
cuando, en fin, escribía las elevadas páginas en que
desarrolla una teoría basada casi en su totalidad so­
bre el pensamiento y sobre las palabras m¡Bmns do
san Agustín; quien le hubiera dicho, repito, que an­
dando el tiempo, su doctrina ideológica sería colo­
cada al lado de la filosofía materialista del siglo X V III
c u > ¡ l ULO o i i .n c i :

ó identificada con la ideología sensualista de Con-


dillac?
¿V en que apoya este escritor tan chocante como
injusta acusación? En que según el santo Doctor, nues­
tro conocimiento tiene su origen en la sensibilidad.
; Convincente razón á la v e rd a d ! Es decir pues, que
todo sistema ideológico que busque el primer origen
dol desarrollo de la actividad intelectual en los sen­
tidos, siquiera no sea mas que como condicion sino
qua non pira e l ejercicio y movimiento de esa actividad,
deberá ser un sistema sensualista, y deberá admitir por
precisión absoluta, que la intelección ó sea el ejercicio
de la inteligencia es una sensación trasforinada. He
uquí convertidos en partidarios del Sensualismo, y por
consiguiente del Materialismo, ú todos los que no
quieran admitir la existencia de las ideas innatas ó
infusas.
Santo Tomás dice que el conocimiento intelectual
tiene su origen en la sensibilidad. Sí, es cierto: pero
ya dejo indicado que esta es una palabru vaga, y que se
presta A significaciones muy diversas. Xo basta esto
para caliücar de sensualista su ideología; os preciso
comparar esta afirmación con las demás de su d o c­
trino. A In luz de este exámen y estudio comparativo,
hubiera visto Mr. Jourdain cuan lejos se bullu santo
Tomás de confundir los sentidos con la inteligencia,
y de identificar bajo niugun concepto el conocimiento
intelectual con la sensación.
Si el santo Doctor afirma que la sensibilidad es el
origen del conocimiento intelectual, es porque pen­
saba con razón, que este conocimiento no puede ex is ­
tir sin e l ejercicio y desarrollo de la actividad in te­
GRAVES ¿nnOUES DE M. JOl'ADAIX ETC. I 59

lectual, v que este ejercicio y desarrollo, uo c iis te


sino ¿ coadicion del ejercicio previo de las facultades
sensitivas, como lo mauifiesta la esperiencia. Supón­
gase al hombre privado de toda sensación asi esterna
como interna, y su actividad iutelcctual permanecerá
sin desarrollarse y como dormida.
La sensibilidad es apellidada también por santo T o ­
más origeu del conocimiento humano; 1.° porque el
conocimiento sensitivo es anterior al intelectual: 2.°
porque los objetos sensibles, materiales y corpóreos,
que son percibidos por los sentidos, y cuyas represen­
taciones existen y se conservan en la imaginación, son
naturalmente los primeros lmcia los cuules se convierte
y dirige la actividad intelectual, por lo mismo que es
cscitada por el ejercicio de los facultades sensitivas,
para elevarse despues ú los puramente inteligibles, in­
materiales y espirituales: 3.° porque esas representa­
ciones sirven como de materia al entendimiento agente
para formar ideas universales de dichos objetos, pfero
nri para formar todas las ideas que constituyen y en­
tran en el conocimiento puramente intelectual, sino á
lo mas de vina manera indirecta y remota eu los dos
primeros sentidos antes indicados, es decir, en cuanto
que todas las ideas presuponen necesariamente e l ejer­
cicio previo de las facultades sensitivas, según qac el
ejercicio de estas es uua condicion sine qua non del
desarrollo de la actividad intelectual, y también en
cuanto el conocimiento sensitivo es naturalmente an­
terior en el hombre al conocimiento intelectual: pero
nó porque las sensaciones ni representaciones sensibles
suministren inmediatamente la materia de todas las
ideas intelectuales; pues machas de estas son debidas
1GO CAPÍTULO QUIü CE.

á sola la actividad del entendimiento una vez puesto


en acción por alguna otra idea, siquiera esta última
haya sido formada y abstraída de lus representaciones
Kcnsiblcg, por referirse directamente ¿ objetos mate­
riales y sensibles.
Un ejemplo aclarará mejor esta doctrina. Y o per­
cibo con los sentido» y tengo en m i imaginación las
imágenes ó representaciones de varias piedras singu­
lares pertenecientes á la cspccie de mármol. Si pres­
cindiendo de las diferencias y condiciones individua­
les, considero solumcntc aquello en que convienen
específicamente estos y cualesquiera otros Individuos
de la misma especie, habré formado y abstraído una
idea universal, puesto que me representa el objeto
sin las diferencias individuóles; y respecto de esta
idea, no habrá inconveniente en decir que su materia
es suministrada por los sentidos, porque e l objeto á
que se refiere ó sea el mármol, es un objeto natural­
mente contenido dentro de la esfera de percepción de
las facultades de la sensibilidad. Empero una vez puesta
en acción la inteligencia por medio de esta idea y de la
percepción del objeto ¿ que se refiere, la actividad in­
telectual no se detiene aqui, sino que convierte, por
decirlo asi, esta misma idea en ocasion y como punto
de partida para uu desenvolvimiento intelectual ulte­
rior. Analizando y comparando esta idea y e l objeto re­
presentado por ella con otros objetos é ideas, percibe
razones muy superioros y distintas de la de mármol, y
llega á las Ideas mas universales, necesarios é inmuta­
bles, y á la percepción de objetos y razones absoluta­
mente inmateriales, necesarias y elevadas sobre todo el
órden corpóreo y de la sensibilidad, tales como la sus-
GRAVES ERRORES DE M. JOURDAIN ETC. 161
tancia, la verdad, el órden, la relación, Dios, los án­
geles, objetos de los cuales el entendimiento tiene
ideas, sin haberlas recibido ni abstraído inmediata­
mente de los sentidos ni de las representaciones con­
tenidas en la imaginación. Tal es el verdadero pensa­
miento de santo Tomás, al decir que el conocimiento
intelectual trae su origen de la sensibilidad.
Para el santo Doctor, e l entendimiento no es una
facultad destinada á obrar eselusivamente sobre las
representaciones y materiales suministrados por los
sentidos; es mas bien una facultad productriz y crea­
dora; es una fuerza que encierra como en estado la­
tente y virtual, las ideas mas universales y elevadas
del órden inteligible; contiene como las semillas do
las razones eternas y el germen fccundo de las ideas
necesarias; porque esta inteligencia es una participa­
ción de la Razón suprema y de la Luz increada, es una
impresión en nosotros de la Primera V e rd a d :» Ip~
tum enitn lumen intellecluale, quod a t in nobis, nihil
rst aliud rjuani quxdam particípala similitudo luminis
¡norcati, in quo continentur rationes xtern s. (1) Ipsum
lumen intelleetus nostri, nihil est aliud, quatn q u x-
dam impressio veritatis prim x. (2)
Toda esta doctrina se comprenderá mejor, si se
tieue en cuenta que en la teoría de santo Tomás, es
preciso admitir que e l conocimiento intelectual, sin
dejar de ser puramente intelectual y diferente com­
pletamente de la sensación por parte de la facultad
ó actividad operante, por parte del modo de acción

(l) SufB Thwt. 1.a F . Oneit. 64. A rt. 5.


(9 ) ftiVJ. Cueat. 88. A r t. 8. i d l . m
21
162 CAPÍTULO QUIINCE.

y por parte de las especies ó ideas de que se sirve, se


d ivid e al propio tiempo en dos clases ó modos, conside­
rado por parte de los objetos ú que se refiere: 1.“ conoci­
miento intelectual de los objetos materiales y sensibles,
capncns por consiguiente de ser representados en la
imaginación: 2.° conocimiento intelectual relativo á las
ideas universalisimas cuyas razones objetivas son inde­
pendientes de la materia, y á I 03 objetos puramente
espirituales, como Dios y los ángeles, ó incapaces per
lo mismo de ser representados en lus sentidos j en
la imaginación con representaciones previas, propia­
mente tales.
El conocimiento inlclcctuul del primer género, tiene
una dependencia de la sensibilidad mucho mayor sin
comparación que la que tiene el del segundo género.
J.a sensibilidad influye en el primero, no solo como
cscitantc de la actividad intelectual, sino suminis­
trando la materia inmediuta para la formación y exis­
tencia de las ideas que concurren ú dicho conoci­
miento, en cuanto que los objetos ú que este se refiere,
se hallan percibidos y representados previamente en
los sentidos, aunque siempre cón condiciones dife­
rentes que en el entendimiento; pues las ideas de
este son inmateriales y universales, y las representa­
ciones de los sentidos, materiales, contingentes é in­
dividuales. De aqui es, que ni hablar de este conoci­
miento intelectual, refiere su origen & los sentidos, nú
como á su cansa total y propiamente dicha, sino mas
bien como á suministrantes de materia ¿ la verdadera
causa, que es la actividad misma de la inteligencia
fecundada originariamente por la participación é im­
presión que lleva consigo de las ideas divinas ó razo-
GRAVES ERRORES DE M. JOUIIDAIN ETC. 163

ncs eternas: (1) Non potest dici, quod sensibilis cogniiio


sil toíalis el perfecta causa intellectuaUs cognitionis, sed
wagis quodammodo materia causx.
Lejos de suceder lo mismo en el conocimiento in­
telectual del segundo género, bien puede decirse, que
rste solo depende y trae su origen de la sensibi­
lidad, corno de cscitanto y condicion sine qua.non\ y
aunque se puede y debe admitir que las sensaciones
sirven de materia ú este conocimiento, es solo indirec­
tamente y como materia remota. La inteligencia no
solo tiene la fuerza de conocer los objetos materiales
v sensibles bajo concepciones universales, sino que
puede conocer también estos objetos como singulares;
ó en otros términos, conoce los fenómenos y hechos
del mundo sensible y material, no menos que los fe ­
nómenos de nuestra alma revelados en la conciencia,
y su existencia y condiciones le sirven de punto de
partida para elevarse al conocimiento de la existencia
y atributos de Dios: bajo este punto de vista, la sensi­
bilidad puede decirse materia remota 6 indirecta del
conocimiento intelectual del segundo órden. P o r eso y
en este sentido solamente dice santo Tomás, que co­
nocemos á Dios por escoso y rcmocion, lo cual no
quiere docir otra cosa, sino que los hechos singulares y
la comparación de las ideas y razones que hallamos en
los objetos inferiores, nos sirven de punto de partida
para llegar á ideas mas ó menos exactas de la natura­
leza y perfecciones divinas. Deum autem agnoscimits ut
causara, ct per excessum, et per remoíionetn. (2) « E x

(1) Ibid. Cutst. 84. Art. 6.°


(9) Ibid. Art. 7. ad 8.
1C< c a p ít u l o q u in c e .

effectibus De i poíest demonstrari Deum esse, licet jjer eos


non pcrfecté possimvs eum cognoscere secundum essentiam.
( I ) Vatel etian ex Aoc, quod etsi Deus sentibilia omnia et
sensuin excedat, ejus lamen effectus, ex quibus demons-
tratio svmitur ad probandum Deum esse, sensibilet sunl;
et sic nostrx cognilionis origo in sensu est, etiam de his
qux sensum exceduat. (2)
Es evidente por lo tanto, que ci conocimiento inte­
lectual que durante la vida presente alcanzamos de
Dios en el órden natural, solo depende y trae su origen
de la sensibilidad en cuanto esta suministra ¿ la inteli­
gencia el elemento empírico. Pero esto elemento sería
insuficiente y estéril para conducirnos al conocimiento
científico de Dios y sus perfecciones, si no nos fuera
dado fecundarle por medio de su combinación, 110 solo
cou aquellas ideas generales que 1* Inteligencia puede
formar por la presencia en su interior de determina­
das representaciones sensibles, y de las cuales puede
decirse por lo mismo que se refieren y dependen mas
ó menos inmediatamente de los sentidos, como cuando
removemos de Dios la idea de cuerpo, de estension,
de divisibilidad, composicion, etc. sino que es preciso
que 9ca fecundado también dicho elemento por ideas
del órden puramente intelectual, es decir, por aque­
llas ideas, que refiriéndose á razones objetivas de ser
independientes en sí mismas de la materia y superiores
& los sentidos, son de tal naturaleza que las represen­
taciones sensibles, no pueden servir como de materia
directa é inmediata é la inteligencia para formarlas,

(1) ¡bid. CoMt. a.< A lt. 3.0 «d 8.™


(8) 5vm. eont. tiltil. Llb. 1.» Cap. 38.
GRAVES ERRORES DE M . JOUHDAIN ETC. 1 65

como snccdc con las primeras. Tales son las idea» uui-
vcrsalísimas de ser, de relación, de necesidad, contin­
gencia, unidad, causa, efecto, existencia y otras aná­
logas, sin cuyo desenvolvimiento y aplicación á los fe­
nómenos sensibles y ú los hechos singulares, no po­
dríamos llegar á este conocimiento científico de Dios y
sus atributos, pudiendo servir de prueba práctica de
esto el mismo santo Tomás; pues no solo al desenvolver
la idea de la esencia y atributos divinos, sino también
al demostrar la existencia de Dios, combina el elemento
empírico con alguna de las ideas indicadas, como de
necesidad, y contingencia, perfección, causalidad-
Ahora es fácil venir en conocimiento de lo que debe
entenderse cuando santo Tomás dice que «las cosas
incorpóreas so a couocidas por nosotros por compara­
ción á las cosas corporales que conocemos, y las sus­
tancias separadas ó inmateriales por especies recibidas
de las cosas materiales. •
Estas y otras expresiones análogas, no significan que
nosotros formamos ó sacamos de las cosas materiales r e ­
presentadas por los sentidos, ni menos de las sensaciones,
ideas que representen las sustancias inmateriales, A la
manera que formamos ideas intelectuales que nos repre­
senten de una manera universal los cuerpos, sus atributos
y modificaciones es teriores, representadas por los sen­
tidos de una manera individual, sino que las ideas de las
cosas materiales y sensibles, que eu el estado presente de
unión del alma con el cuerpo se ofrecen á nuestra inteli­
gencia primero que las de los seres espirituales, nos sir­
ven en parte para el conocimiento de estos seres espiri­
tuales, de los cuales removemos las razones de cuerpo,
cstension, etc.; y s is e trata de Dios, pueden significar
lGft CAPITULO QVISCE.

también, que la observación y existencia de lus cosas


corporales, sirven al entendimiento de primer elemento
y de punto de partida para conocer su existencia. Sobre
oste punto no cabe abrigar duda, si se hun leido las obras
ilel santo Doctor, en las cuales se enseña con toda cla­
ridad y sin ambages, que ano de los principales medios
de quo nos vulomo* pura llegar al conocimiento de lus
sustancias c.spiritnalca, es e l conocimiento de nuestra
alma, conocimiento al cuul no concurren cicrtumcntc
las representaciones sensibles para la formación de
ideas, como cu las cosas materiales, sino que se v eri-
lica ó realiza por la intuición misma de sus actos y por
la aplicación de las ideas puramente intelectuales.
Por otra parte, el mismo afirma terminantemente
que el conocimiento de las sustancias inmateriales, bajo
cuya denominación no solo comprende ¿ Dios, sino ú
los ángeles también, no se Aerifica por abstracción de
ideas de sus representaciones sensibles como el de las
sustancias materiales, puesto que respecto de aquellas
n<» existen semejantes representaciones. Ilabrri potes/,
quod illu d quod mens nostra de oo'jnitionc incorporal ium
m um accipit, per seipsam cognoscerc possit. P er hoc enim
quod anima nostra cognoseit seipsam, perlingit ad cognitio-
nrm al i quam habenúam de svbstanfiis incorporéis, qualem
mm contingit haberc. ( I ) Anima non cognoseilur per spe-
rirm á sensibus abstractam, quasi intelligatur speeies illa
rsse animx similitvdo; sed naluram speciei considerando
<¡uz ti sensihilibus abstrahitur, mvenitur natura animx in
'/na hujusnmli speeies reeipitur. ( ’Y) Hé aqui puos al 6anto

(i) Sum. Thtol. CuMt. 88, Art. 1," ad 1.“


l9) Quatl. lHip * Ve V*rU. Cuwt. 1.* Art. 8.
GRAVES ERRORES DE M. JOUBDAIN ETC. 167

Doctor afirmando terminantemente, que cuando se dice


que conocemos al alma por medio de las ideas abstraí­
das de las cosas sensibles, no debe entenderse esto cu
el sentido de que estas ideas sean representativas del
alma en sí misma como lo son de los objetos materia­
les, sino porque la reflexión y conocimiento de las mis­
mas, nos sirve ó couducc al conocimiento del alma. Y
esto es hablando del conocimiento abstractivo j dis­
cursivo, del cual nos servimos á veces para investi­
gar la naturaleza y atributos del alma en general; que
si se trata del conocimiento intuitivo, este es inde-
pcudicntc de toda representación ó idea, realizándose
por los mismos actos del olma inmediatamente, como
veremos despues. «Jío es del mismo modo que co­
nocemos las sustancias materiales y las inmateriales;
pues las primeras son conocidas por nosotros por
vía de abstracción, mientras que las inmateriales uo
pueden ser conocidas por nosotros de esta suerte,
toda vez que 110 existen representaciones sensibles
de las mismas» Non eodcmmodo intelliguntur substanlia:
materiales, qux in lellig u n lvr per moUum abstructionis,
el subslanlix immateriales, qux non possunt sic <1 nobis in-
tellifji, quia non sunt earxm aliqua phantnsmuta. (1) Asi
es que el santo Doctor enseña expresamente, que aun­
que el primer origen del conocimiento humano son los
sentidos, esto no impide que el entendimiento pueda
conocer y conozca de hecho cosas que no se hallan su­
jetas á los sentidos ni en sí mismas, ni siquiera por
parte de sus efectos; y una de esas cosas es nuestro
mismo entendimiento ú quien conocemos inmediata­

(1) Sun. Thtol. td S.m


108 CAPÍTULO QUIACE.

mente por sus actos: Principium (I) humana: oognitionis


est d ¡ensv: non tomen oportet quod quidr¡uid ab homine
cognoscitur, sil senaui subjeotum, ve lp er effectum setuibi-
lem immtdiale cognoscatur. Nam et ipse inlellectus in te lli-
ffft seipsvm per actum suum, qui non est senmi svbjectKs.

(1) Qwttt. IHipa. Vt Mal Cuwt. 6.* Art. 1.a


CAPÍTULO DIEZ I SEIS.

Cor.Unuacicr.: Aclaraciones sobre esla doctrina.

Anuquc las reflexiones emitidas en el capítulo an­


terior, sou mas que suficientes para reconocer la verdad
y solidez de la distinción establecida entre los dos
modos 6 géneros de conocimiento intelectual, que según-
nuestro mnóo de ver, deben udmitirse en la teoría
ideológica de santo Tomás, no será fuera de propósito,
desarrollarla y aclararla mas, habida razón do su im ­
portancia y ú fin de disipar toda duda sobre e l par­
ticular.
Los que hayan manejado' las obras del santo Doctor,
sabrán que una de so » afirmaciones mas constantes
170 CAPÍTULO DIEZ T SEIS.

y de que echa inano con mucha frecuencia al tra­


tar las cuestiones mas importantes y trascendentales
de la ciencia del alma, es que en nuestra inteli­
gencia existen algunos principios conocidos natural-
Mente, á Ion cuales apellida otras veces conceptiones
animi commnnes, y tambicu verdades innatas. Tales
son aquellas proposiciones en que entran como ele­
mentos, las ideas que hemos denominado antes uni-
versalísimas, y especialmente la de ser y no ser, con
lus que se refieren mas inmediatamente A estas; y
es por esto también, que santo Tomás las deuomina
primeros principios del conocimiento intelectual y del
órduii científico. Hominibus sunt innata prima p rín -
ctyia. (1) «L a s concepciones universales (2) cuyo
conocimiento poseemos naturalmente, son como cier­
tas semillas de todos los demas conocimientos:*
Universales conceptiones, quorum cognilio est nobis na-
luT'iliter insila, sunt qnasi semina qvxdam omnium se-
quentium cognitonm .
Si se tiene presente ahora, que es incontestable
por otro lado que santo Tomás rechaza positivamente,
como hemos visto ya, la existencia de ideas innatas
propiamente tomadas, ó si se quiere, de ideas actuales,
determinadas y csplicitas, preexistentes en el alma,
. resulta con toda evidencia que, so pena de poner al
sauto Doctor en abierta contradicción consigo mismo,
j esto no una sino repetidas veces, es preciso decir
que las ideas que entran como elementos en esas ve r­
dades innatas y quasi naturales, y en esas conccp-

(1) Mttapk. Llb. 8.* Xmoo. g.<


(9 ) Quajf. DUp. Da VtrU. OnmL. 11. A rt. I." «d í.®
CONTINUACION: ACLARACIONES ETC. 171

ciones comunes del alma, sin ser innatas en rigor,


es decir, sin p reeiistir en el alma, determinadas, es-
plícitas y completamente formadas, tampoco son ad­
quiridas propiamente, ó sea de una manera total, ni
abstraídas directa ú inmediatamente de los sentidos ó
de las representaciones sensibles de los objetos ma­
teriales, sino que se hallan contenidas virtualmcntc y
como in ficri proximo ct immediato, en el entendimiento
agente, en cuanto este es ana impresión de la P r i­
mera Verdad, una participación de la Razou increada,
que contiene en si las ideas eternas: siviilitudo particí­
pala lutninis increati, in quo continentur ration.es xternx.
Estas ideas preexistentes virtuolmente en el entendi­
miento agente, solo necesitan que la fuerza activa de
este sea puesta en acción y en ejercicio actual, para
pasar al estado de ideas esplicitas y actuales: y si bien
es cierto que dependen de las representaciones sen­
sibles, esta dependencia es como indirecta y remota;
pues su origen inmediato es por una parte el mismo
entendimiento agente como impresión de las ideas
divinas, y por otra la comparación dn los ideas que se
refieren á los objetos sensibles, el análisis y reflexión
sobre las mismas, sobre los hechos singulares y so­
bre los fenómenos de conciencia. Bajo este punto
de vista, bien puede decirse que solo dependen
de la sensibilidad como de condicion sine quo. non y
según que esta es e l primero y natural escitante de lu
actividad intelectual en el presente estado de unión
del alma con e l cuerpo. P o r eso es que e l santo Doctor
dice, que el conocimiento científico procede en parte
de lo esterior y en parte de nuestro interior: tcientiam
mentís nostrx partim ab intrínseco esse, partim ab ex-
172 c a p ít u l o d ie z y s e is .

trinseco. (1) Por eso dice también, que el conocimiento,


aun de las cosas materiales, no se hace por sola la
participación de las razones eternas en la luz del en­
tendimiento agente; porque se requieren ademas las
ideas de esos objetos materiales recibidas mediante
los sentidos, es decir, abstraídas de las representacio­
nes sensibles. Non per solam participationem rationvm
xternarum de rebus materialibw notitiam habmus, sicut
Platonici posueruut, quod sola idearum participatio suf-
ficit ad scientiam habendam. ( 2 ) Por eso dice en fin,
que in lumine intelleetus agentis, nobis est quodammodo
omnis seientia originaliter indita, mediantibvs vniversa-
libus eonceptionibus, qux statim lumine intelleetus eog-
noscvntur, per quas, sicut per univcrtalia principia, j u -
dieamus de aliis, et prxeognoscimw tu ipsis. (3)
Toda esta doctrina se desprende también con toda
claridad de multiplicados pasages, en que el sanio
Doctor indica evidentemente, que en el hombre pre-
existe un conocimiento virtual y como implícito, de
ciertas verdades 0 primeros principios, y por consi­
guiente de las ideas que entran como elementos de los
mismos antes de ser conocidos actualmente. « E l hom­
bre, dice, (4) por medio de la luz del entendimiento
agente, conoce al punto actualmente, los primeros
principios naturalmente conocidos:» Homo per lumen
intelleetus agentis, statim cognoscit actu, principia natu-
raliter cognita. Luego e l conocimiento actual de estos
principios, eB precedido por su conocimiento natural

(1) Ibtd. Cueat. 10.* Art. 0.*


(a ) Sun, ThtoL 1 .* A r t OuMt. 84. A rt. B.°
(8) Qvatli. Düpm. Inc. olb
(4) Dt Ani. 1.1b. l.o I*oo. 11.
CORTINUACIOI?: ACLAMACIONES ETC. 173

que podremos llamar virtual ó habitual, eu el sentido


csplicado antes. «E a la luz del entendimiento ageute,
dice á su Yez Alberto Magno, (1) se contienen los
primeros principios, sin los cuales no existe la ciencia
ea el entendimiento posible............................Paes los
primeros principios son como los instrumentos del
entendimiento agente, mediante los cuales mueve y
pone en acción al entendimiento posible......................
Principia enim, sunt sicul instrumenta intellectus agen-
lis, quibus possibilem ducit in actum.
Sabido es también, que segnn la doctrina del santo
Doctor, los áugeles conocen las cosas naturales asi
materiales como inmateriales, por participaciones ex­
plícitas, formadas y actuales de las razones eternas, ó
lo que es lo mismo, por ideas innatas recibidas inm e­
diatamente de Dios en su misma creación. Pues bien:
el mismo santo Doctor reconoce en nuestra inteligen­
cia cierta impresión ó participación de estas razones
eternas, existentes en la inteligencia de Dios, análoga
y semejante de alguna manera, ú la que determina y
constituye las ideas infusas en los ángeles. « El alma
se couvierte hacia las razones eternas, en cuanto existe
ea nuestra inteligencia cierta impresión de estas razones
eternas, como son los principios conocidos natural­
mente, por medio de los cuales juzga de todas lis
cosas. Y las impresiones de este género que existen
en los ángeles, san en ellos las ideas con que conocen
las cosas:- (2) Anima eonvertitur rationibus xternis, in
quantum imprtssio qumdam rationum letemarum est in

(1J Op«r. omi». Tom. 18. Trat. 16. cuasi, es»


(a ) Quait. ¡htpa. Dt Vertí. Oum*. 8.* A rt. 7.° td 9."'
174 CAPÍTULO DIEZ 7 SEIS.

mente nostra; sicut sunt principia natvraliter cognita, per


quír. de ómnibus judicat. E t kvjusmodi etiam impressiones,
sunt in Angclis similitudines rerum per quas cognoscunt.
Prim a prinaipia, afiade en otra parte, (1) quorum coy-
nitio est nobis innata, sunt quadam similitudines increaix
Vr.ritatis.
Fácil seriu multiplicar los pasages de este género;
pero creo pue si se meditan convenientemente los
aducidos hasta aqui, comparándolos al propio tiempo
con otras afirmaciones de santo Tomás y con el con­
junto de su filosofía, se reconocerán demasiado pode­
rosas y eficaces para establecer que esta es su v e r­
dadera teoría sobre la naturaleza y origen del conoci­
miento intelectual.
Sé que tul vez algunos creerán descubrir aqui una
interpretación poco confórme cou la doctrina d el santo
Doctor, y sospecharán acaso que este modo de ver su
ideología, es efecto en mi, del deseo de llevar hasta
el último grado y poner de manifiesto la profunda se­
paración entre santo Tomás y las doctrinas de la es­
cuela sensualista. A los que abrigaren semejantes sos­
pechas, me contentaré con recordarles que, según dejo
indicado ya, para establecer esa separación profunda
é insalvable entre las dos escuelas, basta la diferencia
fundamental entre las representaciones sensibles y las
ideas intelectuales admitida por santo Tomás, asi como
la distinción radical entre la sensibilidad y e l enten­
dimiento, consideradas por él como facultades prim i­
tivas en e l hombre y separadas esencialmente; resul­
tando en consecuencia inútil y superfluo. para este

(1) M i . Cusit. 10.' A.rt. «.o id 0.a


CONTINUACION: ACLARACIONES ETC. 175

efecto, e l interpretar y esponer de la manera que lo


lie hecho, el pensamiento del santo Doctor.
Para rechazar pues con el desprecio que se merece
la absurda apreciación de Mr. Jourdain, cuando afirma
que santo Tomás no retrocedería ante la proposiciou
de que el conociinicnto intelectual es una sensación
trasformada; para reconocer toda la falsedad de seme­
jante afirmación, poniendo de manifiesto no solo la di-
ferenoia capital, sino hasta la oposicion diametral que
existe entre el sistema de Condillac j el de santo Tomás,
nos bastaba solamente esponer la distinción absoluta
entre el urden sensible j el órden inteligible, lal cual
resulta de la comparación de las ideas intelectuales,
cualesquiera que ellas sean, con las representaciones
sensibles, y la distinción primitiva y radical entre la
sensibilidad y la inteligencia. Sobre este particular,
tengo en mi apoyo á un escritor que indudablemente
sabia apreciar los sistemas y doctrinas con mayor ver­
dad y criterio mas exacto que el escritor francés. Ht;
aquí como se expresa este escritor y filósofo español,
á quien me complazco en citar.
« En las escuelas (1) se partía del principio de A ris­
tóteles ■ nihil est in intellectu, quod privs non fuerit ht
sensv;» nada hay ea el entendimiento que antes no
haya e9tado en el sentido. Con arreglo á este princi­
pio solia decirse también, que el entendimieuto, antes
de que e l alma reciba las impresiones de los sentidos,
es como una tabla rasa en la cual nada hay escrito:
• tievt tabula rasa, in qua n ih il est scriptum. » Según esta
doctrina, todos naestros conocimientos dimanaban de

( 1) Filot. Fun4. Ub. 4.0 o«p. 7.0


170 c a p ít u l o d ie z y s e is .

los sentidos; y & primera vista podría parecer, que el


sistema de las escuelas era idéntico ó muy semejante
al de CondiUac. En ambos se busca en la sensación el
origen de nuestros conocimientos; en ambos se esta­
blece que anteriormente & las sensaciones, no hay en
nuestro entendimiento ninguna idea. Sin embargo, y
á pesar de semejantes apariencias, los dos sistemas
son muy diferentes, dinnictralmcntc opuestos.
El principio fundamental de la teoría de Condillac,
está en que la sensación es la única operacion del
ulina; y que todo cuanto existe en nuestro espíritu, no
es mas que la sensación trasformada de varias mane­
ras. Anteriormente á las impresiones sensibles, no ad­
mite esta filosofía ninguna facultad: e l desarrollo de la
sensación es lo único que focunda e l alma, no esci-
toudo sus facultades, sino engendrándolas. L a escuela
de los aristotélicos tomaba las sensaciones como punto
de partida, pero no las consideraba como productoras de
la inteligencia; por el contrario, deslindaba muy cuida­
dosamente entre el entendimiento y las facultades sen­
sitivas, reconociendo bn aquel una actividad propia, in ­
nata, muy superior d todas las facultades del órden sen­
sitivo. Rasta abrir alguna do las innumerables obras de
aquella escuda para encontrar & cada paso las palabras
de fuerza iutelectual, luz de la razón, participación de
la luz divina, y otras por el mismo estilo, en que se reco ­
noce expresamente una actividad primordial de nuestro
espíritu, no comunicada por las sensaciones, sino ante­
rior á todas ellas. El entendimiento agente, intelleetus
agens, que tanto Agaraba en aquel sistema Ideológico,
era una condenación permanente del sistema de la sen­
sación trasformada sostenido por Condillac.»
CONTIXCACIO>: ACLARACIONES ETC. 177

Mas adelante insidie de nuevo manifestando que los


£scolásticos habían llevado tan lejos como Kant la se­
paración entre la sensibilidad y la inteligencia. Des­
pués de citar un pusage del filósofo aloman en que
establece dicha separación, añade: (I ) «e n esta doc­
trina de Kant conviene distinguir dos cosas: primera:
los hechos sobre que se funda; segunda: d modo con
que los examina y explica y las consecuencias que de
ellos deduce.
Desde luego se echa de ver una diferencia radi­
cal entre e l sistema de Kant y el de CondiUac, con
respecto á la observación de los hechos ideológicos:
mientras este no descubre en el espíritu otro hecho
que la sensación, ni mas facultad que la de sentir;
aquel asienta como un principio fundamental, la dis­
tinción entre la sensibilidad y e l entendimiento. Kn
esto triunfa del filósofo francés el aleman, porque
tieue en su apoyo la observación de lo que atestigua
la esperiencia. Pero este triunfo 9obre el sensualismo
lo habían obtenido antes muchos otros filósofos, y par­
ticularmente los Escolásticos. También estos admitían
con Kaut y Condillac que todos nuestros conocimien­
tos vienen de los sentidos; pero también habían no­
tado lo que vio Kant y no alcanzó Condillac, & saber,
qoc las sensaciones por sí solas, no bastan ¿ csplicar
todos los fenómenos de nuestro espíritu, y que á mas
de la facultad sensitiva, era preciso admitir otra muy
diferente llamada entendim iento.»
Es evidente por estos pasages, que para separdp &
santo Tomás de Condillac y del sistema de las seasa-

(1 ) n td. Cap. e.*


23
I 78 CAPÍTULO DIEZ Y SEIS.

cioncs trasforroadas, no necesitábamos recurrir al des­


envolvim iento especial que hemos dado á su teoría;
y que si hemos entrado en su esposicion y desarrollo,
solo ha sido por considerarla como la expresión genuina
de su pensamiento relativamente á este problema ideo­
lógico.
No ignoro tampoco, que en la generalidad de los es­
critores escolásticos no se descubre esplicitamente con­
signada la doctrina que dejo expuesta; pero sé tam­
bién, que si 110 la profesan abiertamente, tampoco la
rechazan positivamente. Prescindieron cu parte de esta
cuestión, porque no alcanzaba entonces este problema
ideológico la importancia y proporciones con que se
presentó después eu la historia de lu filosofía. Como
nadie sonaba entonces en mirar la ideología de santo
Tomás como una ideología sensualista, se conten­
taban con seílalar su separación del sensualismo an­
tiguo bajo el aspecto de la distinción de las dos fa­
cultades del hombre, la sensibilidad y la inteligencia.
Km pero hoy que este problema ha adquirido grande
importancia en razón á las íntimas relaciones que exis­
ten entre su solucion y la de otros problemas funda­
mentales de la filosofía; hoy que se ignoran y des­
conocen ea.si por completo las elevadas doctrinas fi­
losóficas de santo Tomás; que son inuv pocos I 09 que
manejan y consnltan sus obras; que se hacen apre­
ciaciones tan inexactas y destituidas de fundamento
como lu indicada de Mr. Jourdaiu; hoy en que en las
obras de algunos filósofos católicos, descúbrense ten­
dencias bastaute prouunciudas liácia el .ontologismo
de Platón y de Malebranclie, ontologismo que Gio-
berti lia desenvuelto y exagerado de una manera tan
CORTINDACIOX: ACLAnACIONES KTC. 170

especial como sistemática y esclusiva; hoy en fin


que este problema ideológico, ademas de la solucion
puramente ontológica y de la puramente sensualista,
recibe otras que participan respectivamente mas ó me­
nos de cada una de ellas, revistiéndose de diferentes
tintas, era necesario entrar d<? lleno y penetrar linsfa
el fondo de esta cuestión, dilucidarla y analizarla con
la mayor exactitud posible, fijando definitivamente
su sentido, para que reconocerle puedan ú primera
vista sus relaciones de proximidad y distancia en or­
den ú las demas soluciones de este problema. (V I.)
CAPÍTULO DIEZ T SIETE.
- . -o o ^ c o -

Nueva fase de la relación entre el órden iniele:-


u a l y el sensible.

<■Es imposible, dice santo Tomás, ( I ) que según el


estado dn la vida presente en que e l entendimiento se
lialla unido al cuerpo pasible, conozca alguna cosa ac­
tualmente, sin convertirse á las representaciones sen­
sibles. Y esto se manifiesta por dos indicios.
Prim ero: porque sicudo el entendimiento una fuerza
que no se sirve de órgano material, no sería Impe­
dido en el ejercicio de sus actos por la lesión de los
órganos corporales, si no fuera necesario para dicho
ejercicio, el ejercicio de alguna facultad que dependa

(1) Stim. Thtol. Oueit. 84 Art. 7.®


NUEVA FASE DE LA RELACION ETC. 181

de órgano corpóreo. Las facultades que usan de órga­


nos materiales son los sentidos, la imaginación y otras
potencias pertenecientes ú la sensibilidad. Es evidente
por lo tanto, que porn que el entendimiento obre ac­
tualmente, no solo adquiriendo de nuevo la ciencia,
sino también usando de la ciencia adquirida de ante­
mano, se necesita el ejercicio de la imaginación y otras
facultades sensibles; pues vemos que impedida la ac­
ción de la facultad imaginativa por la lesión de su
órgano, como sucede en los dementes furiosos, y lo
mismo la acción ó ejercicio de la memoria, como su­
cede en los aletargados, e l hombre queda impedido
para considerar ó pensar.
Segundo: porque cada cual puede esperinientar en
si mismo, que cuando uno procura entender ó conocer
alguna cosa, se forman en su interior ciertas rep re­
sentaciones sensibles, á modo de ejemplares ó retratos,
en los cuale/ pueda como mirar aquello que procura
entender. De aqui es también, que cuando queremos
hacer que alguno comprenda alguna cosa, le propo­
nemos ejemplos, por medio de los cuales pueda é l for­
marse representaciones sensibles que le ayuden para
entender lo que bc desea.»
Esta doctrina del santo Doctor apoyada, como se ve
sobre la observación exacta de fenómenos psicológicos
que cualquiera puede verificar por si mismo, puede
considerarse como la expresión filosófica de una nueva
fase del problema ideológico que nos ocupa. L a espe-
ricncia nos enseña en efecto, que todas nuestras con­
cepciones intelectuales por abstractas que sean ea si
mismas y con relación ¿ sus objetos, van constante­
mente acompañadas de representaciones sensibles y
182 c a p ít u l o d ie z y s ie t e .

del ejercicio de las facultades de la sensibilidad. Luego


esta puede apellidarse origen del conocimiento in te­
lectual, 110 solo en el sentido que queda esplicado,
es decir, eu cuanto sus actos y representaciones su­
ministran la materia próxima pura las ideas intelec­
tuales que se refieren ú los objetos materiales, las
cuales concurren también indirectamente al tránsito
de las ideas nniversalisimas y primitivas del estado
virtual al estado de ideas actuales, y sirven de esci-
tantc y condicion general sine qua non para unas y
otrus y para el desarrollo de actividad intelectual,
sino también en cuanto In concomitancia y simulta­
neidad de sus funciones con respecto al ejercicio de la
actividad intelectual, es como una ley necesaria á que
se halla sometido nuestro espíritu durante su estado
presente de unión con el cuerpo.
A qui se hace preciso señalar una equivocación bas­
tante grave en que incurre el abate Maret con ocasion
de esta doctrina, pensando que estas representaciones
de la sensibilidad, phanlamata, 6on las que sirven
inmediatamente al entendimiento para percibir la na­
turaleza universal, contenida en el objeto singular per­
cibido y representado en las facultades sensitivas. Es­
cuchemos sus palabras:
«H é aqui la materia ( I ) sobre la cual va á ejercerse
la actividad del alma; hé aquí la materia de donde va
á sacar sus conocimientos espirituales, las imágenes
sensibles desprendidas de la materia en cierto modo.
La inteligencia activa que va á aplicarse á estas imá­
genes, loa hará inteligibles: facit phantamata á smsilnu

(i) filo * y Rtttg. t . 1.a L m . 5.* p a«. 111. r l l * .


KUEVA FASE HE LA HELACIOR ETC. 183

aceepta intelligibilia; y por medio de ellas, en un objeto


particular, la inteligencia percibirá la naturaleza uni­
versal: Necease est ad /toe quod intelleetus actu intelligat
suum objectum proprium , quod convertat se ad phantas-
mata, ut speculetur naturam universalem in particulari
existentem.»
He aquí, podemos decir á nuestra vez, A santo T o ­
más convertido casi en sensualista puro por e l abate
Maret, de una sola plumadu; lié «qu i trastornado com­
pletamente todo su sistema ideológico; y hé aquí tam­
bién al mismo santo Doctor puesto en contradicción
palpable consigo mismo.
En efecto; atribuir al santo Doctor, como parece ha­
cerlo e l decano déla Facultad de Teología, la afirmación
de que el entendimiento percibe su objeto propio, que
es la naturaloza universal, por medio do las imiigenes
sensibles, es salvar de un golpe toda la inmensa dis­
tancia que separa su grande ideología de la que per­
tenece á la escuela sensualista. listo equivaldría por
otro lado á negar la necesidad y existencia del enten­
dimiento agente, sobre el cual tanto insiste el santo
Doctor; pues e l fundamento principal y hasta la razan
de su existencia, es la abstracción y formación de
ideas intelectuales, enteramente diferentes de las imá­
genes j representaciones sensibles.
Precisamente la distinción radical entre las espe­
cies ó representaciones sensibles, phantasmata, y las
ideas intelectuales, es uno de los puntos culminantes
de la ideología de santo Tomás. Las primeras, aun­
que no son materia ó cuerpo propiamente dicho, r e ­
ciben la denominación de materiales en cuanto resi­
den y dependen de facultades que mediante órganos
184 CAPÍTULO DIEZ Y SIETE.

materiales, como son las sensitivas, y cu cuanto re­


presentan los objetos esteraos coa las coudicioucs
materiales y determinaciones singularizadas: las se­
gundas, son inmateriales absolutamente, y representan
el objeto sin esas condiciones. Las primeros represen­
tan objetos singulurcs: las segundas representan objetos
universales. Las primeras solo se refieren ú uiturulczas
nialcriulcs y sensibles: las segundas pueden referirse
indistintamente ya á objetos corpóreos, j a ó objetos
puramente espirituales, como Dios. Las primeras re ­
siden y se conservan en la imaginación y demás fa­
cultades sensitivas como en su propio sujeto: las se­
gundas existen y se conservan habituulmeute en el
entendimiento posible, que es como una parte ó ma­
nifestación de lu inteligencia del hombre, y por
consiguiente facilitad puramente espiritual: Specic¿
consérvate in inlellectu possibili, in eo existvnt habilm -
liler, quando actu non, intclligit.
Es verdad que Mr. Maret piensa que para sauto T o ­
más el entendimiento posible ó pasito, como él lo lla­
ma, es lo mismo que la imaginación; pero esto solo
prueba, que el que pudo equivocarse de una manera
tan incalificable sobre esto, pudo con mayor motivo
apreciur lun inexactamente, como lo hizo, el verdadero
sentido de los dos textos que cita: facit phanlamata i
sensibus accepta intclligibilia: JVecesnc est ad /toe quod
intellectus actu intelligat iu«m objeetum proprium, quod
convertat se ad phantasmata, ut speculetur naturam uni-
versalem tn particulari existen! etn.
El primero de estos textos no significa, como supone
e l abate Maret, que el entendimiento percibe la na­
turaleza y objeto universal por medio de las reprc-
MUEVA FASE DE LA RELACION ETC. 185

scntaciones sensibles, sino que estas representaciones


previas de los objetos corpóreos singulares existentes
en la imaginación, sirven como de materia al enten­
dimiento agente para abstraer, formar y determinar en
el entendimiento posible las ideas intelectuales y uni­
versales que se refieren á las cosas ú objetos materiales.
En el segundo, santo Tomás, presupuesta la existencia
del fenómeno general, ó sea quo la consideración actual
por parte del entendimiento, cualquiera que sea el ob­
jeto considerado, lleva consigo la coexistencia y ejer­
cicio simultáneo de las facultades sensitivas, quiere
significar que este fenómeno psicológico tiene uu modo
y razón de ser especial, cuando la consideración del
entendimiento se refiere A lo que el mismo apellida
objeto propio del entendimiento en e l estado de unión
con e l cuerpo, que son las naturalezas ú objetos ma­
teriales y sensibles: quidditas reí materiaiis.
Esto se v e r i mas claramente, si se meditan las pala­
bras que e l mismo santo Doctor pone A continuación
de las que al principo del capítulo quedan trascritas;
porque santo Tomás, despues de haber consignado el
hecho de conciencia y sus fundamentos psicológicos,
se eleva á la esplicacion racional y en cierta manera
ontológica del fenómeno.
« La razón de esto, dice, ( I } es que la potencia que
conoce, debe hallarse on proporcion ó relación con el
objeto capaz de ser Conocido por ella. Asi es que el
objeto propio de la inteligencia del ángel, el cual se
halla separado totalmente de la materia, es la sus­
tancia inteligible separada del cuerpo; y por medio de

(i) /Mi.
24
t R6 CAPÍTULO DIEZ Y SIETE.

esie inteligible conoce las cosas materiales. Empero el


objeto propio del entendimiento humano que se halla
unido ul cuerpo, es la esencia ó naturaleza que existe
en la materia sensible; y por medio de estas natura­
lezas de las cosas visibles se eleva á conocer de alguna
manera las cosas invisibles. En la razón ó concepto
de esta naturaleza, se incluye el que exista en algún
individuo, lo cunl no se verifica sin la materia corpo­
ral; como vemos que es de razón de la naturaleza
d); la piedra, que exista en esta piedra, y de razón de
la naturaleza del caballo, que exista en este caballo, y
lo mismo sucede con las demás naturalezas materiales.
Luego la naturaleza de la piedra ó de cualquiera otra
cosa material, no puede ser conocida de ana mancru
completa y absoluta, sino cuando se conoce según
existe en algún individuo particular: los cuerpos par­
ticulares los percibimos por medio del sentido y ln
imaginación: luego para que el entendimiento conozca
completamente su objeto propio, es necesario que
vuelva y dirija su atención liácia las representaciones
sensibles, ú An de contemplar la naturaleza universal
quo existe en el particular. Si el objeto propio de
nuestro entendimiento fueran las naturalezas separadas
Ti-almcutc de la materia, ó si las esencias de las cosas
sensibles subsistiesen por si mismas fuera de los sin­
gulares, como suponían los platónicos, entonces no
sería necesario que nuestro entendimiento atendiese
á las representaciones sensibles siempre que conoce
alguna cosa. >
Véase en este pasage, como al seflala* la razón de
este fenómeno, santo Tomás insiste esclusivamente
sobre lo que debe suceder necesariamente cuando el
HUEVA FASE DE LA RELACION ETC. 187

entendimiento trata de conocer su objeto p ro p io , que son


los seres materiales, como se descubre hasta por los
ejemplos que aduce. De aqui resulta, que este fenómeno
psicológico, único íi primera vista, tieue en realidad
dos fases ó manifestaciones diferentes.
Pera la mas fácil inteligcucia de esto, es pre­
ciso esponer su doctrina en órden ú la determ i­
nación del objeto del entendimiento, doctrina que
servirá también para esclarecer otros muchos pun­
tos de su psicología é ideología, con los cuales se
halla en relación.
El entendimiento humano puede considerarse buje
tres aspectos diferentes: 1 según el estado que tiene
en la vida presente durante la cual el alma inteligente
se halla unida al cuerpo: 2,° en e l estado de separa­
ción del cuerpo: 3.° eu sí mismo, ó sea considerado
según su nuturaleza propia y prescindiendo de la
unión ó separación.
Considerado en si mismo, le corresponde como
objeto el ente; porque todo lo que tiene ó incluye
lu razón de ser, ó puede ser percibido con relación á
esta razón, puede ser concebido y conocido de una
manera ú otra, perfecta ó imperfectamente por él. Lu
esperiencia misma interna que nos monifiestu que nos­
otros tenemos idea del ente, prueba consiguientemente
que todo objeto que sea ente, ó que puedu ser con­
cebido con relación á esta idea, entra en la esfera de
la actividad intelectual. Por eso decian con mucha ra­
zón y no menos profundidad filosófica los Escolásticos,
que el objeto estensivo, terminativo y adecuado del
entendimiento, es la razón de ente: Objectum extensi-
vnm et (idirqttalvm intelleetus, est ens in tota ¡va latitu-
188 CAPÍTULO DIEZ Y SIETE.

d in i. Por eso dice tambicn santo TornAs: ( I ) Intellectus


respicit svum objeetum secundum cowmunem rationem eli­
lis, eo quod intellectus possibilis est, quo est omnia fieri:
un de secundum. m illa m differentiam entium diversifica tu r
differentia intellectus possibilis.
Considerado nuestro entendimiento en su estado de
separación del cuerpo después de la muerte, le corres­
ponden como objeto propio las sustancias espirituales,
como Dios, los ángeles y las almas racionales, que son
entes superiores A los materiales. Sin eseluir pues el
objeto ostensivo y adecuado, 6 sea todo lo que se
comprende bajo la razón de ente, cuyo objeto por lo
mismo que corresponde al entendimiento secundum se,
le corresponde en todos los estados, el alma separada
del cuerpo dirige su actividad intelectual prim o et per
se al conocimiento de las sustancias inmateriales, las
cuales constituyen como el objeto inmediato de su inteli­
gencia en este estado: este objeto propio se llama tam­
bicn objeto motivo, proporcionado y connatural. Santo
Tomás seflala con su acostumbrada profundidad filosó­
fica, la razón á p rio ri de esta variación del objeto propio
en el alma separada del cuerpo. El modo de obrur de
uua cosa debe ser couforme y debe hallarse cu relación
con el modo de ser de la misma cosa: luego asi como el
alma, mientras está unida al cuerpo, dirige su actividad
intelectual primariamente á los objetos materiales y se
convierte hácia las cosas sensibles, per conversiones ad
phantasmata, asi por el contrario cuando se halla sepa­
rada del cuerpo, teniendo nn modo de ser análogo al
de los ángeles, participará también de 6U modo de cu­

tí) Sum. Thwol. !.• F in . Cnaat. 79. Art. 7."


NUEVA FASE DE LA RF.LACION ETC. 189

tender, dirigicudo su actividad intelectual ú las sus­


tancias espirituales: per conversionem ad svperiora.
Finulinente, ul entendimiento considerado seguu su
primer estado, ó sea durante la unión del ulina cou
el cuerpo, tiene como objeto propio las naturalezas ma­
teriales y sensibles, ijuidditas reí matcriaUs; lo cual no
quiere decir que solo couozca estas naturalezas, sino
que en el estado de unión con el cuerpo, el alma
cuya actividad intelectual no se desarrolla sino m e­
diante la escitacion de los sentidos, d irige naturalmente
esta actividad sobre los objetos materiales; que se sirve
de las ideas intelectuales que forma de estos objetos
sensibles para conocer las sustancias espirituales, apli­
cándoles dichas ideas per tomparationem ct remotionem;
y por último, que aun cuando durante este estado se
eleva á las ideas universalísimas y al conocimiento d i­
recto de los seres espirituales, independientes de la
materia y que no se refieren ú representaciones in­
mediatas y previas de los sentidos, el entendimiento
obra sobre las facultades sensitivas, obligándolas, por
decirlo así, ¿ formar representaciones mas ó menos
análogas á los objetos que considera actualmente. Esto
es lo qae quiere significar santo Tom&s cuando dice
que el objeto propio de nuestro entendimiento en el
estado presente de unión con el cuerpo son las cosas
materiales y cuaudo afirma que conocemos las cosas
incorpóreas por cotnpartciou ú los cuerpos sensi­
bles, incorpórea quorum non svnt phantasmata, cognos-
cuntvr á nobis per comparationcm. ad corpora sensibitia.
( I ) Expresión que ademas de significar que todos nues-

(1) JMt. Cuect. 84. Art. 7.° ad 3.»>


190 CAPÍTULO DIEZ Y SIETE,

tros conocimientos intelectuales tienen su origen cu


la sensibilidad en el sentido que queda csplicado en
Í06 capítulos anteriores, envuelve y sédala un nuevo
modo con que el conocimiento intelectual depende de
la sensibilidad, es decir, que aun el conocimiento in ­
telectual puro, por mas que se refiera á ideas y o b ­
jetos puramente inmateriales, no se realiza sin que con­
curra y coopere la imaginación, formando representa­
ciones sensibles correspondientes al objeto conside­
rado por el entendimiento.
Fácil es reconocer ahora en vista de las reflex io ­
nes que anteceden, porqué hemos diclio antes, que
e l fenómeno de la concomitancia y simultaneidad de
ejercicio por parte de las facultados sensitivas con lu
operacion del entendimiento, aunque único tomado en
conjunto, tiene sin embargo dos fases diferentes. Si
la consideración intelectual es acerca de objetos ma­
teriales, cuya idea intelectual ha sido abstrnida de
las representaciones sensibles de esos objetos, en­
tonces la representación ó especie sensible en la
cual el entendimiento percibe el objeto como singu­
lar, es, ó á lo menos puede ser, la misma que sirvió
como de materia al entendimiento para abstraer y
formar la ide.i intelectual que representa ú ese ob­
jeto como universal. Por ejemplo: percibo con los
sentidos y tengo en la imaginación la representación
ó imagen de un individuo determinado de la especie
humana, de Pedro: el entendimiento abstrae de esta
representación singular la idea intelectual por m e­
dio de la cual conoce y considera la naturaleza hu­
mana como universal ó sea prescindiendo de las con­
diciones individuantes: despucs de esto, el entendí-
NUEVA FASE DE LA RELACION ETC. 191

miento que do se contenta con conocer esle objeto,


como universal, sino que intenta conocerle también
como singular, dirige su atención y actividad á la re­
presentación sensible de la cual había abstraido la
idea que le sirve actualmente para el conocimiento y
consideración del objeto; y por medio de aquella re ­
presentación percibe el misino objeto como singular.
La especie de reflexión que hace el entendimiento
pasando desde la intuición de su acto, y de la percep­
ción del objeto 011 la idea universal, á la percepción del
mismo como singular, vá naturalmente acompañada de
la acción de la imaginación, en la cual residen las re­
presentaciones sensibles hacia las cuales dirige su ac­
tividad y atención el alma, despucs de haberse servido
de ellas para formar la idea intelectual.
Empero cuando el conocimiento pertenece al drdeu
intelectual puro por parte d el mismo objeto que se
conoce, como cuando se refiere & las ideas u n iv e m -
lísimas de ser, unidad, relación etc. ú cuando se re­
fiere á los seres puramente espirituales, no conten­
tándose con el conocimiento per remotionem para el
cual bastariau las ideas abstraídas de las cosas ma­
teriales, sino esforzándose en formar ideas ó conceptos
directos de los ángeles, de Dios y de sus atributos,
entonces, como quiera que estos objetos no tienen re­
presentaciones sensibles previas, como hemos visto
ya, la conversión del entendimiento ad pfiantasmata,
se verifica en otro sentido, es decir, en cuanto el es­
fuerzo y conato mismo del entendimiento para conocer
esta clase de objetos, refluye, por decirlo asi, sobre
las facultades sensitivas, especialmente sobre la me­
moria y la imaginación, poniéndolas en acción y mo­
102 CAPÍTULO DIEZ Y SIliTE.

vimiento, ¿ fin de que formeu imágenes ó represen­


taciones sensibles, que sirvan como de ejemplos en los
cuales pueda inspeccionar y como particularizar sus con­
cepciones abstractas y universales: formal sibi ( i ) aliqua
phantasmata per modum exemplorum, in quiius, quasi
inspiciat, quod intelligere studet.
Si se quisiera investigar ahora el origen de esta co­
existencia y simultaneidad de cjcrcicio entre las fa­
cultades sensitivas y lu inteligencia, y señalar la razón
íüosófica de este fenómeno general, no sería dificil
establecer con bastante probabilidad, que el estado
de unión del alma con el cuerpo, es el origen verda­
dero y la razón suficiente prim itiva de este fenómeno
psicológico, considerado como hecho general. El alma
que en su estado de unión con el cuerpo, hemos visto
que 110 desarrolla su actividad intelectual sino ú con­
dición de la cscitacion previa por parte de la sensi­
bilidad, debe d irigir naturalmente su actividad ante
todo hacia las representaciones sensibles, y como dice
santo Tomás, tener la vista como inclinada húcia ellas;
y de aqui e l que al ejercer su actividad intelectual
haga funcionar simultáneamente las facultades sensi­
tivas: Anima intellcctiva humana ex unione ad corpus,
habet asj>ectum inclinatum ad phantasmata, dice el santo
Doctor. (2)
Esta esplicacion se presenta como mas probable y
se robustece mucho, teniendo en cuenta la doctrina
del santo Doctor sobre la unidad del principio vital
en e l hombre. Se concibe fácilmente en efecto, que
NUEVA FASE DE LA RELACION ETC. 193

cu virtud de los relaciones y aliuidad que existen


cutre las facultades sensitivas con que percibimos los
cuerpos con sus modiücacioncs singulares, y el enten­
dimiento, en cuanto aquellas convicucn con este en
sor facultades perceptivas de conocimiento, si bien
en una líuoa infinitamente inferior á este, sn concibe
fácilmente, repito, que en e l estado de unión del
alma con el cuerpo, se establezca uua especie de
siiuputia entre estos dos géneros de facultades percep­
tivas; toda vez que es uuo misino y absolutamente
idéntico el principio vital en que radican, es decir, lu
sustancia del alma racional.
Y nótese aqui de paso e l enlace de las doctriuas
filosóficas de santo Tomás: los partidarios del Vita­
lismo y los que admiten cu el hombre bajo una forma
ú otra, alguna alma sensitiva distinta del principio
inteligente, difícilmente podrán esplicar ni dar razou
plausible de este fenómeno, mientras es una conse­
cuencia uatural, espontánea y casi neeesaria, de la uni­
dad del principio vital enseñada por e l santo Doctor
y como uua contraprueba de esta doctrina.
Una observación análoga puede hacerse respecto
del sistema de las ideas innatas. Los partidarios de
esta doctrina; los que solo reconocen en la sensibili­
dad una mera condicion respecto de todas las ideas y
conocimientos intelectuales; los que consideran la sen­
sibilidad y la inteligencia en el hombre como facultades
estradas completamente la una á la otra; los que pre­
tenden en fin encontrar en el entendimiento formados
y preexistentes todas las ideas que entran en el cono­
cimiento humano, ¿que razón pueden señalar para es­
plicar C3e ejercicio simultáneo, esa dependencia y rc-
25
194 CAPÍTULO DIEZ Y SIETE.

laciones constantes que según la esperiencia nos ates­


tigua, existen entre la actividad intelectaal puesta en
ejercicio y la acción de lus facultades sensitivas? ¿ Es
|K>srblc en dicha hipótesis presentar una esplicacion
racional de este fenómeno psicológico? Hé aquí á la
psicología é ideología de santo Tomás triunfando de
nuevo y elevándose por encima de esa filosofía qne ha
querido separarse de sus doctrinas.
Kant reconoció la verdad é importancia de la doc­
trina ensenada aqui por santo Tomás; y es por eso que
le vemos insistir mucho en sus escritos sobre estas re­
laciones de la sensibilidad con el entendimiento, con­
siderando la sensibilidad como indispensable para cs-
plicar los conocimientos humanos; pero distinguiendo
y separando al propio tiempo con cuidado estas dos
fucultades. Sin emburgo, en este como en otros muchos
puntos, el filósofo aleman mientras se acerca por un
lado & la doctrina de santo Tomás, se aparta mucho de
olla por otro, exageraudo sus aplicaciones y tomando
ocusion de la misma para negar la existencia de la
intuición intelectual y el valor objetivo de las ideas
d rl entendimiento puro. Hé aquí como se expresa este
lilosofo: ( I )
- La capacidad de recibir las representaciones por
el modo con que I 03 objetos nos afectan, se llama sen­
sibilidad. P o r medio de la sensibilidad los objetos nos
son dados: solo ella nos suministra intuiciones; pero el
entendimiento es quien las concibe y de aqui vienen
los conceptos. Todo pensamiento, debe en último re­
sultado, referirse directa ó indirectamente, por medio

( 1 ) Brt«f. Trate*». Fut. 1/


HUEVA FASE DE LA IIELACIOX I TC. I 0.'.

<lc ciertos sígaos, d intuiciones, y por consiguiente «


Ja sensibilidad: pnesto pue ningún objeto puede ser­
nos dado de otra m anera.»
Prescindiendo por e l momento do la afirmación de
que solo la sensibilidad uos suministra intuiciones,
afirmación de que me ocuparé mas adelante, resulta
de las últimas palabras de este pasage, que lodo pen­
samiento debe referirse á intuiciones sensibles. Si mol­
estas palabras solo intenta significar el filósofo de
Kocnisberg el fenómeno general de la coexistencia
constante y simultánea del pensamiento actuul y de las
representaciones sensibles, prescindiendo del modo
determinado y particular cou que puede tener lugar
el fenómeno, Kant tiene mucha razón y asienta una
doctrina muy conforme á la experiencia y á santo
Tomás: pero si, sogun parecen indicar sus palabras,
iuteuta significar que iodo peniamionlo se refiere d i­
recta ó indirectamente á intuiciones ó rcprcscntacioncK
sensibles previas, de muneru que todo objeto pensudo
por el entendimiento puro, debe ser percibido y re­
presentado de antemano en las intuiciones de la sensi­
bilidad, la afirmación de Kant ni es verdadera en sí
misma, ni conforme á la doctrina de santo Tomás, el
cual afirma expresamente que el entendimiento puro
puede pensar y conocer objetos que no pueden ser
representados previamente en la sensibilidad, como
sucede con las razones de ser, relación, subsistencia
etc. y las sustancias inmateriales, como Dios, los ánge­
les: quorum, non sunt phantasmata. Las representaciones
sensibles que acoinpuilan la acción del entendimiento
cuando se refiere á estos objetos, son mas bien poste­
riores en órden de naturaleza respecto de dicha acción
196 CAPÍTULO DIEZ Y SIETE.

y como un efecto suyo sobre las facultades sensitiMs


de percepción.
Kant, al decir que ningún objeto puede sernos dado
de otra mañero, es decir, fuera de las intuiciones sea*
si bles, indica con bastante claridad, que habla cu el
segundo sentido de Iris espuestos, sospecha, que se
confirma bastante por lo que dico en otra parte,
á saber, -q u e un objeto 110 puodc ser dado ú su con­
cepto sino en la intuición; y aunque uua intuición
pura sea posible A p rior i antes que el objeto, sin em­
bargo no puede recibir su objeto y por consiguiente su
valor objetivo, sino por la intuición empírica de la
cual ella es la form a.- Hú aquí al filósofo alemán
afirmando que el concepto recibe su objeto de la in ­
tuición, y tomando ocasion de esta doctrina para negar
el \alor objetivo de las ideas ó conceptos del entendi­
miento puro. Nuevo triunfo de santo Tomás sobre la
filosofía racionalista del siglo. ( V I I . )
CAPÍTULO DIEZ T OCHO.
— —

Do: dificultades contra la doctrina senLada en los


capítulos anteriores.

La solucioa que hemos dado al proLlema ideológico


relativo al origen y dependencia del.conocimiento in­
telectual en órden i la sensibilidad, puede prestarse
ú dos objeciones principales por parte de los que crean
que no hemos interpretado coa fidelidad e l pensa­
miento de santo Tomás sobre este punto. La primera
es la que puede fundarse sobre la incompatibilidad de
esta interpretación, con la doctrina ensenada por el
mismo santo Doctor, en órden ú la prioridad relativa
de la idea del ente con respecto & las deroas ideas
intelectuales. Si la idea de ser, se me dirá, no es
abstraída y suministrada inmediatamente por los sen-
IOS CAPÍTULO DIEZ Y OC1IO.

tidos, y si e.itos solo suministran materia inmediato ú


tus ideas intelectuales que se refieren ú objetos ma­
teriales y sensibles, síguese de aqui que la primera cosa
percibida por el entendimiento puro, será ulguna
naturaleza material y nó la razón de ente, como pre­
tende y euseilu santo Tomás, afirmando á cada paso
que cns ctf prímum. cognitum ab intellectu: prima con-
i.rpíio inlelleclus.
Lu Tuerza de esta objecion es mas bien aparente que
real; y pura descubrir toda su debilidad basta tener
presente, que no es lo misino decir que la primera
idea rccibidu de los seutidos debe referirse á objetos
materiales, que ul afirmar que la primera razou ob je­
tiva percibida por el entendimiento, debe ser algún
objeto material. Uua cosa es abstraer de las rep re­
sentaciones sensibles y formar por medio del enten­
dimiento agente una idea relativa á uu objeto niate-
riul, y otra muy difereute, la percepción actual de
este objeto por medio del entendimiento posible: uua
cosa es oscilar y poner en acción al cutendimiento
agente, y otra el producir eu el entendimiento posible
la idea de esta ó aquella razón objetiva y doterminur
la intelección de la misma. No veo pues inconveniente
alguno en admitir quo la primera idea abstraída por
el entendimiento y recibida de los sentidos, sea unu
idea que se refiera á objetos materiales; puesto que
In sensibilidad es la que escita lu uctividad intelectual,
la que suministra la materia inmediata paru esta clase
de ideas, y , como dice con razón el mismo santo Doctor,
nuestra alma ex vnione ad corput, habet aspeclum in cli­
na tum ad phantam tla: pero tampoco veo que sen muy
lógico el inferir de aqui, que la primero cosa concebida
DOS DIFICULTADES ETC. 199

por el entendimiento posible, deberá ser precisamente


alguno de esos objetos materiales.
Y a he dicho antes, que estas ideas universah'siinas
que pueden llamarse innatas implícitas, ú innatas in
fiert proxim o et secundum quid; y entre las cuales la idea
de ente ocupa un lugar preferente, pudiendo y de­
biendo apellidarse, si no innata rigurosamente, ¿ lo
menos quasi-innata, preexisten virtualmente en el en­
tendimiento agente en cuanto este es, segnn santo
Tomás, una participación de las ideas ó razones
eternas existentes en la inteligencia divina, particípala
similitudo luminis increati, in qvo continentur rationes
xtern x ; y que ■por cousigniente para pasar del fieri
al esse completum, del estado de ideaB informes al de
ideas formadas y esplfoitas, del estado virtual y latente
al estado actual, solo necesitaban la escitacion de la
actividad intelectual operada por medio de la sensi­
bilidad, y que el entendimiento agente se ponga en
ejercicio actual. Luego desde el instante mismo que
esto se verifica, y mientras el entendimiento agente
abstrae ó forma alguna idea intelectual en órden á
los objetos materiales representados en la sensibilidad,
se realiza ese tránsito del estado implícito al esplicito
y actual; y el entendimiento agente puede doterminur
en el posible la intelección de la razón objetiva cor­
respondiente á la idea de ente; la cual de esta ma­
nera vendrá ¿ ser como la concepción fundamental y
primitiva del entendimiento. En una palabra: las ideas
intelectuales de los objetos materiales son primero
que la idea de ser en órden de naturaleza y por parle
de la relación y comparación d el entendimiento agente
con la sensibilidad; pero la idea de ser, es primero que
200 CAPITULO DIEZ Y OCHO.

uquellas por parte de la relación y comparación del


mismo con d entendimiento posible. Luego la incom­
patibilidad de que hace mérito la objecion entre estas
dos afirmaciones de santo Tomás, es solamente apa­
rente y se halla en realidad destituida de fundamento.
Lu segunda objecion que puede hacerse contra la
teoría de santo Tomás, según la hemos desenvuelto,
es que según esta teoría, deberia admitirse que eu
nuestra inteligencia preexisten ulgunaa ideas, preexis­
tencia que se opone evidentem ente á la afirmación
constantemente repetida por el mismo, como un
uvioina, á saber, que el entendimiento en su origen
y anteriormente ¿ la cscitacion de los sentidos, se
halla privado de toda idea: intellectus est tanguam ta­
bula rasa, in qua nihil est seriptvm, dccian comun­
mente los Escolásticos.
Esia objecion quedaría contestada suficientemente,
con decir que la preexistencia de ideas quo santo T o ­
más y con úl los Escolásticos pretendían negar en el
entendimiento, se refiere á las ideas completas en su
ser, esplícitas y actuales: las que hemos admitido como
preexistentes en el entendimiento, se hallan so lo is fieri
proximo, y mas bien preexisten en germen que en acto,
necesitando, como se ha dicho, del ejercicio previo
de la sensibilidad y de la acción del entendimiento
ageute, para que puedan existir como ideas esplícitas,
actuales y capaces de determinar el conocimiento in­
telectual de los objetos ó ruzones objetivas á que se
refieren.
Á m ajor abundamiento, no veo lo qup se podría
contestar al que dijese que el citado axioma que
niega la existencia precia de ideas eu la inteligen-
DOS DIFICULTADES ETC. 201
ciu, habla solo del entendimiento posible y no del
entendimiento agente. Esta opinion me parece muy
fundada y no menos conforme al modo con que so
expresa santo Tomás; puesto quo del entendimiento
posible habla cuaado dicc que es potencia pasiva,
denominación que le atribuye en cuanto recibe las
ideas mediante las cuales realiza el conocimiento in ­
telectual: del mismo entendimiento habla también
cuando dice: intelleetus possibilis, est quo est omnia
fie ri.
Finalmente, como habrá podido notarse, todos
los textos del santo Doctor en que enseña esa exis­
tencia en la inteligencia de ideas innatas implicité y
quasi connaturales, se refieren directamente al enten­
dimiento agente y no al entendimiento posible. Luego
aun cuaudo se quiera tomar en sentido riguroso lu
carencia de ideas expresada cu la afirmación general,
intelleetus est tanquam tabula rasa, in qua nihil est
scriptum, refiriendo esta afirmación, como debe re fe ­
rirse en realidad, al entendimiento posible, no puede
afectar en ningún sentido, ni disminuir el valor de
la solucion que hemos atribuido á santo Tomás cu
órden al problema ideológico sobre la relación de la
sensibilidad con el conocimiento humano, igual­
mente que sobro «1 origen do las idoas y del conoci­
miento intelectual.
Resulta de todo lo dicho hasta aqui, que el pensa­
miento de santo Tomás sobre el origen de las ideas y
del conocimiento intelectual puede condensarse y rea­
sumirse en los siguientes puntos;
1.° El ejercicio de las facultades de la sensibilidad
es anterior naturalmente en e l hombre dorante la vida
202 CAPÍTULO DIEZ T OCHO.

presente, al ejercicio del entendimiento, y consiguien­


temente la percepciou sensitiva es primero que la per­
cepción intelectual: bajo este punto de vista, es ver­
dadera la afirmación de que el conocimiento intelec­
tual y la ciencia, traca su origen de los sentidos: p r in -
eipium humanx cognitionis est á sensu.
2.a El entendimiento humano no contiene en si
mismo y desde su origen idea ninguna innata rigoro­
samente tomada, es decir, ideas ospHcitas, formadas,
actuales; pero posúc por sí mismo y desde sn origen,
lu facultad de recibir toda clase de ideas y de co­
nocer de un modo mas ó menos pcrfccto lodos los
objetos, cualquiera que sea su naturaleza. De aqui las
denominaciones de pura potencia y de entendimiento
posible: porque carece originariamente de toda idea
intelectual, se llama pura potentia in ordinc intel/igi-
hili: porque puede percibir y conocer todos los ob­
jetos, se llama intelleetus possibilis.
3.° Durante e l estado presente de unión del alma
con el cuerpo, y á causa de esta misma unión y las
relaciones y afinidad entre las facultades sensitivas y
las intelectuales, radicadas todas en el alma racional,
sustancia uua, simple, indivisible ó. idéntica consigo
misma como principio vital del hombre, los objetos
materiales y sensibles son los primeros que se pre-
seutan al entendimiento, los que percibe de uno ma­
nera mas fácil, mas inmediata y connatural; y los que
mas frecuentemente ocupan su actividad y llaman su
atención. En este sentido y bajo este punto de vista
us una verdad, que e l objeto propio de nuestro enten­
dimiento son las cosas materiales, las naturalezas sen­
sibles: Objcctum intelleetus est quidditas rei sensibilis:
DOS DIFICULTADES ETC. 203

sunt res naturales. Anima intellectiva humana ex vnione


ad corpas ¡ kabet aspectum inclinatum ad phantasmata:
Cirea naturas reruai scnsibtlivm, primit figiiu r intuitus
intellectus nostri................................ex hoc autem v l -
teritu assurgit ad cognosccndum spiritum creatum.
4." Ademas de la facultad de recibir tudas las ideas
y de conocer todos los o ljetos, el entendimiento
humano contiene esencialmente una fuerza activa, una
actividad poderosa y enérgica, mediante la cual como
participación inmediata que es de la Inteligencia d i­
vina, posée la facultad de abstruer, formar ó determ i­
nar en el alma ideas universales; y como impresión de
la Verdad increada y de las ideas divinas, contiene vir-
tualiucnte y en germen estas ideas, y con especialidad
las mas universales, mas independientes de lu materia y
mas necesarias. Esta actividad cscucial, poderosa y p ri­
mitiva del entendimiento humano, es lo que se llama en­
tendimiento agente: Virtus dertvata d svpcrioii rntellectu,
per quam possit phantasmata alustrare: virtus qux á su­
premo intellectu participatur. Quadam particípala simi l i ­
tado luminis increati, in quo continentur rationa xte.rnx.
5.° Aunque todo conocimiento intelectual en cuanto
tal, se realiza por medio de ideas universales, distin­
tas por consiguiente esencialmente de las represen­
taciones sensibles, dichas ideas universales pueden di­
vidirse en tres clases: 1 ideas relativas á objetos
materiales y sensibles, como la idea de estension, dn
cuerpo, color, movimiento, figura etc. 2.* ideas rela­
tivas á razones objetivas de ser, que pueden encon­
trarse tanto en las cosas materiales, como en las espiri­
tuales é insensibles, como las Ideas de sustancia, de
causa, de efecto, de unidad, de contingencia, de necesi­
205 CAPÍTULO DIEZ Y OCHO.

dad, de relación con otras análogas; y también las ideas


relativas & objetos puramente espirituales, como Dios
y los ángeles: 3.* la ideado ente, la cual no solo acom­
paña y es condicion necesaria de toda percepción inte­
lectual, sino que va envuelta en todas las demas ideas.
G.° Todas estas ideas dependen en su generación
y proceden de dos causas distiutus: la una activa y
principal, que es el entendimiento agente: la otra me­
nos principal y como pasiva, que son los sentidos, 0
mejor dicho, las representaciones sensibles de la Imagi­
nación. Empero uuuque todas convienen en depender y
proceder de los representaciones sensibles, el modo de
esta dependencia es diferente en las tres clases in­
dicadas. La primera clase depende y procede de los
sentidos y representaciones sensibles, de una manera
propiu y directa; porque las ideas pertenecientes á
esta clase, se refieren & objetos que son percibidos por
los sentidos, y cuyas representaciones sensibles pue­
den existir y conservarse en la imaginación. De esta
primera clase se verifica con rig o r y propiedad que
e l entendimiento agente forma las ideas intelectuales
por abstracción de las representaciones seusibles: abs-
trahendo á ph.antasmatibns. Las ideas de la segunda
clase, por uu ludo se liallau contenidas en germen y
virtual mente en e l entendimiento agente de una ma­
nera ma9 perfecta que las de la primera clase; por­
que esas ideas, por lo mismo que son roas universa­
les, necesarias ¿ independientes de la materia, que las
relativas á objetos materiales, se hallan mas próximas
al entendimiento agente considerado como derivación
de la Inteligencia infinita y como impresión de las
ideas divinos ó razones eternas. P or otro lado, estas
DOS DIFICULTADES ETC. 205

ideas se refieren n razones objetivas, ó á objetos reales


independientes y superiores á la materia y los sentidos;
y en órden ¿ los cuales por consiguiente, 110 existen re­
presentaciones sensibles directas ó inmediatas: quorum
non sunt phantasmata. De aqui es que estas ideas no
pueden decirse formadas por abstracción, sino en un
sentido impropio y de uua manera indirecta; pues en
realidad estas ideas resultan en nuestro entendimiento
comparando, abstrayendo y analizando las ideas inte­
lectuales de la primera clase, y comparando también,
analizando y reflexionando sobre los fenómenos inter­
nos de nuestra alma que nos conducen por analogía el
conocimiento de los objetos puramente espirituales.
Luego poru ñ a parte, la preexistencia virtual de dichas
ideas en e l entendimiento agente: universales connrptiii-
nes, quorum cognitio est nobis natvraliter ínsita: y por
otra, la actividad intelectual obrando, nó 3obro las r e ­
presentaciones sensibles inmediatamente, sino sobre las
ideas abstraídas previamente de las mismas; y obrando
principalmente sobre los fenómenos de sentido Intimo,
son e l verdadero origen de esta segunda clase de ideas:
Impressio qusdam ratiom m xternarum est in mente rios­
tra. Non eodem modo intclliguntur substantive materiales,
(¡ux intelliguntur per modum abstractioms, et substantix
immateriales, qux non possunt sic á nobis intelligi, quia
non sunt earum aliqua phantasmata. P er hoc enim quod
anima nostra cognoscit seipsamt pertingit ad c.agnitionem
aliquam habendam de svbslantiis incorporéis. P e r consi-
derationem intelleetus nostri, dedueimur i a cognitionem
subitantiarum separatarum. L a tercera clase, ó sea la
idea de ente, debe considerarse como uua idea, si
no innata rigurosamente, ¡i lo menos quasi-innata,
206 CAPÍTULO DIEZ Y OCHO,

puesto que es como una le y necesaria del ejercicio


y desarrollo de la actividu i intelectual, y se halla
iuduida en todas las demas ideas como un elemeato
fundamental 6 inscparublc de las mismas: N ih il p e r-
cipítur ak inlctlcctu nisf sub ratione entis. Quod primo
rndit in aprehcmioncm est ens, cujus intellectus includi-
ijtr in ómnibus quxcumque qvis aprehendít. Asi pacs la
ideu de ente, solo depeude y procede de los sentidos
y representaciones sensibles, como de causa ocasional
incitante y condiciou sine qua non. Esta idea es de
tal muñera fundamental y primitiva en nuestro espí­
ritu, que todas lus demas pueden considerarse como
d(>(erininucioncs de la misma: es una manifestación
espontánea del entendimiento, el cual nada puede con­
cebir ni pensar siuo en ella y con ella. Illu d auiem
quod primo inlcllretus eoncipit quasi potissimum, est ens....
mide oportet quod omnes u IUb conceptiones intellectus,
accipiantur ex additione ad ens. Nec aliquid /tac opera-
tiohe poleu mente concipi, ni si inteligatur ens.
7.° Ademas del sentido que se acaba de indicar,
según el cual puede decirse que las facultades y re­
presentaciones sensibles son e l origen general del co­
nocimiento intelectual y de las ideas, pueden seña­
larse otros dos modos ó puntos de vista según los cua­
les se debe admitir que todos nuestros conocimientos
intelectuales y todas nuestras ideas dependen de los
sentidos: Primero: en cunuto que el ejercicio de las
facultades de la sensibilidad en órden á sus objetos
precede al ejercicio de la actividad intelectual, siendo
cu consecuencia como el punto general de partida
para el conocimiento humano: Cognítio sknsus, qui
est cognoscitivus singular tum, in nobis pracedit cognítio-
DOS DIFICULTADES etc. 207

nem intellectivam, qus eit universalium. Segundo: por­


que el cjcrcicio de estas facultades y la existencia de
representaciones sensibles, acompaflan & todo ejercicio
del entendimiento, siquiera este se refiera ¿ ideas
ú objetos puramente espirituales ¿ insensibles; de
manera que dichas representaciones sensibles vienen
á ser como condiciones inseparables del ejercicio de
la inteligencia durante la vida presente: Impossíbilt
est, intellectum secundum presentís vita! statum <¡no
passibili corporl conjungitur, aliquid intel/igcre in actu.
ni si conoertendo se ad phantasmata.
Tal es en resumen la teoría de santo Tomás sobre
el. origen de las ideas. Su simple lectura, basta para
reconocer á primera vista cuan distantes se hallan
de la verdad, cuantos han pretendido identificarla ó
aproximarla siquiera á la teoría sensualista. Paro se­
pararla suficientemente de esta, bastaría tener' pre­
sente la distinción esencial y absoluta entre las re­
presentaciones sensibles y las idens intelectuales, en­
tre las facultades de la sensibilidad y las del órden
intelectual puro, distinción que el santo Doctor con­
sigua con energía, con insistencia, con claridad y
precisión.
Pero, como se ve, sanio Tomás no se contenta con
esto: santo Tomás va mas lejos: no solo admite lu
preexistencia virtual é implícita de muchas ideas uni­
versales en la inteligencia, sino que también ensena
que estas ideas no son formadas por abstracción de
las representaciones sensibles: enseña que de esta
manera, es decir, por abstracción inmediata y directa,
solo se forman las ideas que se refiereti á objetos ma­
teriales y sensibles; establece finalmente que existe en
203 CAPÍTULO DIEZ Y OCHO.

nuestros entendimientos una idea quasi-mnata, la ideu


de ser ó de ente, idea fundamental y primitiva en nues­
tro espíritu, idea-madre que encierra un elemento g e ­
neral y necesario incluido en todas las demas. Luego la
teoría de santo Tomás sobre el origen de las ¡deas, se
halla tan distante del sensualismo de Condillac, como
el idealismo de Platón y Malcbranchc: evita los gro­
seros errores de la escuela sensualista, sin adoptar la
teoría puramente idealista, ni las exageraciones del
ontologismo.
CAPÍTULO DIEZ T NUEVE.

£1 ¿Late Liaret y la leoria idsológ.ca de sanio


Toiaá:.

£u hu obra titulada Filosofía y Religión, dedica este


escritor uua Lección al exameu de la teoría de santo
Tomás, concerniente al origen del conocimiento hu­
mano. k cualquiera que se halle medianamente versado
cu la doctrina del santo Doctor, le basta dar uua ojeadu
á la citada Lección, para reconocer que el abate Ma-
ret, no solo no se hallaba en estado de apreciar la
protuuda y luraiuosa ideología d el santo Doctor, m i­
rada en sus detalles y aplicaciones, sino ni siquiera la
solucion general y en conjunto, dada por el mismo
al problema fuudamental de la ideología. Pero esto
27
210 CAPÍTULO DIEZ Y HUEVE.

no es de estrenar 9i se tiene en cnenta que el abate


Marct ignoraba, al parecer, hasta las afirmaciones y
nociones mas comunes de la doctrina filosófica del
santo Doctor y los principios elementales de su psi­
cología.
No es mi ánimo, ni lo creo necesario, el entrar
aqui en un examen circunstanciado de las falsas apre­
ciaciones ¿ inexactitudes de todo género, en que in­
curre este escritor al esponer la doctrina de santo
Tomás sobre el origen del conocimiento humano: esto
llevaría consigo una discusión demasiado prolija,
puesto que seria necesario citar, analizar y comparar,
nQ pocas doctrinas y multiplicados textos del santo
Doctor. Me contentaré por lo tanto con scfialar ligera­
mente algunas de esas inexactitudes y falsas aprecia­
ciones, las suficientes para que se reconozca por ellas
el crédito que puede merecer este escritor respecto
de los demas puntos.
Ya hemos tenido ocasion de notar la inexactitud con
que interpreta el pensamiento de santo Tomás, en or­
den al modo con que el entendimiento agente obra
sobre las representaciones sensibles para formar las
idens intelectuales, no menos que sobre la verdadera
importancia y significación ideológica de la conco­
mitancia y simultaneidad entre la acción del entendi­
miento puro y el ejercicio de las facultades sensitivas.
Algunas palabras de las citadas entonces, indinan ya
una nueva apreciado» falsa del abate Naret, á saber,
que pura santo Tomás, todos los conocimientos es­
pirituales de nuestro entendimiento se extraen de las
imágenes sensibles: indicación que expresa mas ter­
minantemente en otros pasages.
EL ABATE MARET Y LA TEORÍA ETC. 21 I

«E l admite, (santo Tomás) con Aristóteles, (I ) que no


hay pensamientos sin imágenes, y que la inteligencia
se llalla al principio como una tabla rasa en la que
nada hay escrito. Los sentidos y las sensaciones, no
son simplemente para snnto Tomás, las condiciones,
las causas ocasionales de nuestros conocimientos es­
pirituales. »
Sí, es cierto: para santo Tomás los sentidos no
sou purus ocasiones ni meras condiciones de nuestros
conocimientos espirituales, entendiendo Lujo este nom­
bre todo conocimiento intelectual; porque .para santo
Tomás, los sentidos, ó mejor dicho, las representa­
ciones sensibles de la imaginación, phantasmata, son
tomo causas materiales, nó de todo conocimiento in­
telectual, sino de los que se refieren inmediatamente
á los objetos materiales, únicos que pueden ser re­
presentados en las facultades de la sensibilidad
y obrar sobre los sentidos. Recuérdese lo que hemos
dicho en los capítulos anteriores sobre e l doble co­
nocimiento intelectual qac admite el santo Doctor, y
bastará eso solo para conocer que hay aqai mani-
11esta inexactitud y coufusion de ideas. ¿Que entiende
el abate Maret por conocimientos espirituales? Si com ­
prende bajo este nombre, todo conocimiento intelec­
tual, cualquiera que sea el modo y condiciones con
que se verifica y el objeto á que se refiere, el cual
es e l único sentido verdadero y admisible de esta
expresión en la doctrina de santo Tomás, para quien
todo conocimiento intelectual es necesariamente espi­
ritual, como acción ó ejercicio que es de una facultad

(1) Filot. y I isUg. Xioeo. p*c. 107.


212 CAPÍTULO DIEZ Y NUEVE.

espiritual, y realizada ademas por medio de ideas in­


materiales, en este caso es muy cierto que en la teoría
de santo Tomás, los sentidos no son meras condiciones
ú ocasiones respecto de nuestros conocimientos espiri­
tuales: pero esto se entiende de algunos y nó de todos.
Si entiende por este nombre, los conocimientos que se
refieren á objetos espirituales en sí mismos, como Dios,
los ángeles; y también los que se refieren A las ideas
universallsimus que hemos apellidado ideas innatas
implieité, es absolutamente falso, que los sentidos y las
sensaciones no son simplemente para santo Tomás las
condiciones, las causas ocasionales dt nuestros conoci-
mentos espirituales.
Ademas; para hacer absolutamente inexacta la alir-
macion del escritor francés, y prescindiendo de lo
espuesto, bastaría recordar que santo Tomás enseria,
no «n una, sino en muchas partes de sus obras, que la
inteligencia una vez puesta en ejercicio, reflexionando,
comparando y analizando las ideas intelectuales de que
se sirve para conocer los objetos actual ó habitual-
ineiite, forma uuevas ideas en orden i dichos objetos.
Luego es falso bajo todos conceptos, que según santo
Tomás, los sentidos y las sensaciones son la causa de
todos nuestros conocimientos; y mas falso aun, que
para él el conocimiento intelectual sea una trasforma-
cion de la sensación, como injustamente le atribuye
e l decano de la Facultad de Teología de París, cuando
afiade mas adelante: (2)
«A s i, según la filosofía peripatética de la edad
media, todas las ideas universales, todos los primeros

(3) JDM. pac. i i *


EL ADATE MAIIET Y LA TEOIIÍA ETC. 213

principios que existen eu la inteligencia, provienen


de las sensaciones y del trabajo de la inteligencia
sobre las sensaciones. Aunque suministra la materia,
la sensación sola no daria conocimientos espirituales;
es necesaria la acción de la inteligencia para sacar de
las sensaciones los conocimientos. Y la especie de
trasformacion que se opera es tal, que la inteligencia
conoce los cuerpos con un conocimiento inmaterial,
nnivcrsnl y necesario.....................................................

.................................................Seguu el santo Doctor,


esta inteligencia........... no tiene ideas sin imágenes;
todo lo que es cu ella idea, ha sido al principio sen­
sación, y la sensación es la primera materia de los
couociinieutos espirituales. ¡ Como conciliar el grandor
de esta inteligencia, rayo escapado de la luz eterna
con la bajeza de estos orígenes!»
¡Siem pre los mismos errores, siempre las mismas
inexactitudes! Ni toda idea ha sido de antemano sen­
sación para santo Tomás, puesto que como hemos visto,
el mismo santo Doctor afirma, nó una sino muchas
veces, que el entendimiento tiene ideas y conoce ob­
jetos de los cuales no tiene representaciones sensibles,
quorum non sunt phantasmata: ni la sensación es la
materia de todos nuestros conocimientos espirituales.
Luego es contrario á toda verdad, es absolutamente
falso, que para santo Tomás, e l conocimiento paeda
apellidarse una trasformacion de las sensaciones, como
parece indicar e l crítico francés.
Santo Tomás ensefia sí, que las relaciones entre la
sensibilidad y el conocimiento intelectual, no deben
limitarse á meras condiciones slne qua non y á puras
21 i C A PÍT U LO d i e z y n u e v e .

cuusas ocasionales, ¿ lo menos respecto de ciertas clases


de objetos y conocimientos intelectuales: santo Tomás
crcc á la verdad, que el contacto atestiguado por la es-
periencia entre la sensibilidad y el entendimiento puro,
encierra algo mas que esto: santo Tomás, en fin, piensa
que el papel que las facultades sensitivas desempeñan
en el conocimiento humano, es algo mus importante ó
inmodiato que el quo lo atribuyen los partidarios de
lu» ideas innatas, y los outologistas indefinidos que,
como el abate Maret, se aproximan ú loa ideas do Pla­
tón y á Los brillantes sueflos del autor de la Investi­
gación de la verdad. Pero santo Tomás al enscüar esto,
no•
solo se coloca á una distancia inmensa de la sensucion
trasformada, sino que se separa igualmente de la es­
cuela iutelectualista pura y ontológica. Haciéndose el
eco verdadero de la observación psicológica, que tanto
ensalza y preconiza nuestro escritor, como entusiasta
partidario de Descartes, establece una ideología tan
sólida como conformo á la esperieucia de los fenóme­
nos internos; ideología distante igualmente del Sen­
sualismo y del Ontologismo puro.
Tal es la verdadera escuela de santo Tomás: esta y
no otra os su verdadera teoría ideológica, que puede
sufrir con ventaja y sin temor, la comparación con
cualquiera otra. De esta escuela ideológica dccia con
mucha razón el inmortal Balines: (1) « Aunque ádmite
el órdeu iuteleclual puro, uo cree que se le contamine
poniéudole en comunicación con los fenómenos sen­
sibles; antes por el contrario, opina que los problemas
de la inteligencia humana tal como se halla en esta

(1) FU. Funi. Ub. 4/ Cap. 0.*


EL ABATE MARET Y LA TEORÍA ETC. 215

vida, no pueden resolverse sin atender á dicha co­


municación.
La esperiencia enseña que esta comunicación existe
por una ley del espíritu humano; negar esta ley es
luchar contra uua verdad atestiguada por el sentido
intimo; intentar destruirla es acometer una empresa
temeraria, C9 arrojarse á una especio de suicidio del
espíritu. Por esta razón, la escuela de que acabo de
hablar, acceptando los hechos, tales como la eapcricn-
cla interna se los ofrece, ha prucurudo esplicurlos,
señalando los puntos en que pueden estar en comu­
nicación el órden sensible y el intelectual, sin que
se destruyan, ni confundan.
¿ Y que es lo que intenta significar el abate Maret,
cuando atribuye á santo Tomás la peregrina afirma­
ción desconocida en todas sus obras, á saber, que la
inteligencia no tiene ideas sin imágenes? Mucho agra­
deceríamos al decano de la Facultad de Teología do
París, que nos mostrase en las obras del santo D oc­
tor semejante afirmación.
En prim er lugar, ya es una verdadera inexactitud,
el suponer que santo Tomás admite imágenes en el en­
tendimiento, lo mismo que el atribuirle, como lo hace
nuestro crítico en el pasage citado al principio del
capítulo, la afirmación de que no hay pensamientos sin
imágenes. Santo Tomás reserva generalmente el nom­
bre de imá/jen para las cosas corpóreas, aplicando al­
gunas veces también este nombre á las representacio­
nes sensibles, en cuanto son materiales en e l sentido
que queda csplicado: pero lo que sirve para poner
en unión y contacto la inteligencia con e l objeto en­
tendido, es apellidado por é l idea, algunas veces se­
CAPÍTULO DIEZ Y HUEVE.

mejanza del objeto, forma y mas comunmente especie


inteligible; nombres todos que respecto del órden
intelectual, pueden considerarse como sinónimos en
la terminología del santo Doctor con el de idea. Si
e l abate Maret se hubiera limitado á afirmar que
para santo Tomás uo hay pensamientos sin ideas ó
representaciones intelectuales, la afirmaciou aunque
uo del todo exacta, puesto que el santo Doctor ad­
mite cu nuestra uliuu conocimientos intuitivos, seria
tolerable é lo menos; pero nunca, que no hay pen­
samientos siu imágenes.
Todavía es mas digna de censura y revela una ig ­
norancia injustificable de la ideología de santo Tomás,
la afirmación de que la inteligencia no tiene ideas sin
imágenes. Toda vez que el abate Maret parece com­
prender bajo e l nombre iwágen en la teoría de santo
Tomás, la representación intelectual del objeto, que
es lo mismo que llama el santo Doctor idea, ó especie
inteligible, decir que la inteligencia no tiene ideas sin
imágenes, sobre ser inexacto y falso en si mismo, en
la teoría de santo Tomás esto equivale ú decir que
la inteligencia no tiene ideas sin ideas.
£1 origen de la equivocación del escritor francés
está en que confunde las ideas de que se sirve la in ­
teligencia, con la cosa conocida por esta, identifi­
cando de esta suerte la idea con e l objeto. En esta
parte Mr. Maret anda acorde consigo mismo; puesto
que esto no es otra cosa mas que uua reminiscencia de
la doctrina de Platón, hácia la cual propende e v i­
dentemente este escritor; pero nunca dpLiora haber
aproximado ¿ santo Tomás al filósofo griego sobre
este punto; pues un escritor que emprende la tarea
EL ABATE MARET \ LA TEORÍA ETC. 21 7

de presentar un análisis razonado de la teoría ideo­


lógica del sauto Doctor, no debia ignorar que este
enseúa, que la idea, species intelligibilis, uo es la cosh
conocida, sino aquello mediante lo cual la inteligen­
cia conoce el objeto poniéndose en contacto con él; y
por consiguiente que las ideas no se confunden ni
identifican con el objeto. La idea puede llegar á ser
también objeto del enteudimiento: id quod intelligit nr;
pero como objeto scoundario y de reflexión, es decir,
en cuanto el entendimiento despues de haber cono­
cido el objeto ¿ que se refiere la idea, puede en
u rtu d de un acto reflejo tomar por objeto v i uclo
directo y la idea: ( I ) species intelligibilú se habet ad
intellectvm ut quo in telligit intelleetus....................Sed
quia intelleetus supra seipsum reflectitur, secundvm enm-
dem reflexionan intelligit, et suum intelligere, et spe-
ciem gua intelligit. E t sie species intellecta, secundario
put id quod intelligitur: sed id, quod intelligitur primo,
est res, eujus species in/elligilrílis» est similitudo.
Tampoco debiera ignorar el escritor francés, que
santo Tomás impugna esa misma opinion de Platou.
• Esta opinion, dice, (2) es manifiestamente falsa; . .
. . . porque las cosas que conocemos s o l lus mismas
acerca de las cuales son las ciencias. Luego si las co­
sas conocidas por nosotros fueran solamente las idcHs
que tenemos dentro d el alma, se seguiría que las cien­
cias todas no se referirían á las naturalezas que exis­
ten fuera de nosotros, sino que solo versarían sobre
las ideas que tenemos en nuestra alma, como decían

(i} Sttm. Thtol. x.* p . a u n . as. A rt. a.*


(a) uu.
28
21 8 CAPÍTULO DIEZ Y NUEVE.

los platónicos, para los cuales todas las ciencias son


sobre ideas, que saponian conocidas actualmente por
nosotros. >•
Y nótese bien; la doctrina de santo Tomás sobre
este problema ideológico que envuelve mayor im por­
tancia de lo que á primera vista parece, es indepen­
diente de la opinion que se quiera adoptar sobre lu na­
turaleza de las ideas. Ya sea que se las considere como
semejanzas ó representaciones intelectuales del objeto,
ya sea que se Ies niegue esta fuerza representativa;
bien sea que se las considere como distintas de la ac­
ción misma del entendimiento, ó bien que se las iden ­
tifique con dicha acción, la doctrina del santo Doctor
sobre este punto conservará siempre su verdad y so­
lidez. La opinion contrariu, la opinion que el abute
Maret, marchando en pos de Platón, mira con marcada
predilección; la opinion que identifica la idea con
el objeto conocido ó pensado, se halla muy cerca de
ua sistema que tiene un nombre bien conocido en la
historia de lus aberraciones de la filosofía; porque
uo se necesita reflexionar mucho para reconocer que
semejante opinion arrastra naturalmente al espíritu
humano al Idealismo.
Si me fuera dado seguir paso á paso al abate Maret,
hablaría ahora d e sus absurdas dudas sobre sí la luz
intelectual qne santo Tomás llama entendimiento agen»
te es creada ó increada; sobre la confusion de ideas
que manifiesta al hablar de la visión de ¡as verdades
necesarias y, de las ratones eternas, según el sentido de
s o » Agustín; sobre las graves inexactitudes en que
incurre al apreciar el modo con que según santo T o ­
más se forma el universal y existen en nuestro enten-
E L AB ATE 51ABET Y L A TEO H ÍA ETC. 219
(iiiuicnto las verdades necesarias y absolutas; y el lec­
tor veriu con toda claridad la ligereza incalificable coa
que procedió este autor al juzgar la ideología de santo
Tomás. Empero veo que este examen me lluvuriu de­
masiado lejos y tomaría mayores proporciones de lo
que' conviene á la naturaleza de esta obra.
Por otra parte, considero este trabajo como inne­
cesario hasta cierto punto; porque según ya be indicado
antes, la critica del abate Maret pierde todo su valor
y carece de toda importancia real y científica, desde
el momento que se tiene en cuenta que desconocía
las nociones de esa misma filosofía que trata de cs-
poner y analizar. ¿Que crédito puede merecer la pa­
labra de un autor, al esponer y analizar la doctrina
de santo Tomás sobre el universal y sobre las verdades
necesarias y universales, cuando este autor ignora hasta
e l número y nociones mas comunes sobre los univer­
sales? Pues bien; el decano de la Facultad de Teología
de París, ha descubierto nada menos que para la filo ­
sofía escolástica, ó de la edad media, los universales
eran cuatro, defiuieudo ulguuo de ellos de uua ma­
nera desconocida seguramente ea esa filosofía de la
edad media.
«E n la edad media, dice nuestro escritor, (1) pa­
rece que se entendió principalmente bajo este nombre
de universal, las ideas de género, 4e especie, de pro­
pio y accidente. La idea de género, por ejemplo, es
la de animal; el hombre representa la idea de espe­
cie cu este géuero animal; el hombre individuo, la de
propio; y este individuo coa tal ó tal cualidad, la de

(1 ) Ibid. p ie . 118.
220 CAPÍTULO DIEZ Y HUEVE.

accidente. Es cierto que las eternas disputan de la edad


media sobre los universales, han versado sobre estas
cuatro cosas.»
l'reeria in ferir una injuria al buen sentido j á la
ilustración de mis lcctores, ai me detuviera en refu­
tar, ó mejor dicho, en poner de mauillcsto la cho­
cante iguoranciu que revela este pasage 6obre los ele­
mentos de la filosofía antigua. Si el abate Maret hu­
biera leído, no diré las obras de santo Tomás ni de
los principales escritores de la Escuela, sino cual­
quiera de los cursos elementales de filosofía escolás-
ticu, hubiera visto que ni los universales son cuatro,
ai las nociones que presenta del llamado propio y del
llamado accidente, tienen nada de común con la v e r ­
dadera idea y definición de estos dos universales. ¡ Y
despues de esto se habla en tono magistral de las
eternas disputas de lu edad media sobre los universa­
les! Si el abate Maret se hubiera turnado el trabajo de
estudiar esos universales; si hubiera meditado sobre
su verdadera idea y sobre su valor científico, hubiera
comprendido sin duda que esas eternas disputas tenían
una siguilicacion filosófica algo mas importante de lo
que él cree: hubiera comprendido también que la
solución dada al problema de los universales, se
liullaba en intimas relaciones con la solucion sensua­
lista ó espiritualista en órden al problema ideológico
que se refiere al origen de los conocimientos humanos:
hubiera comprendido que en el fondo de esa cuestión
fntil y esteril en apariencia, iban envueltos el Pan­
teísmo y el Idealismo.
Hé aquí ahora otro pasage del mismo autor, digno
ciertamente del que autecede. Esponiendo la doctrina
EL ABATE M AR ET T L A TEO R ÍA ETC. 221
de santo Tomás sobre la primera generación de nues­
tros conocimientos ,'ntelectvales, como él dice, y des­
pués de hablar de las especies ó representaciones sen­
sibles de los objetos corpóreos en los sentidos, añade:
(1) «Estas imágenes, estas formas sensibles, son tras­
mitidas, por los sentidos esteriores al sentido interno
y común, que las recoge y reúne en una cierta uni­
dad. La fantasía ó la imaginación, sirve para retener
estas formas sensibles, la memoria para conservarlas.
Estas facultades comunican en seguida las formas al
jv íc io , el cual estableciendo comparaciones entre ellas,
aprecia sus intenciones ó cualidades.
Estas diversas facultades, el sentido común á in ­
terno que reúne en la unidad de impresión la diver­
sidad de sensaciones, la imaginación que las retiene,
la memoria que las conserva, el juicio que las com­
para, pertenecen & la inteligencia pasiva. E l gran
Doctor hace notar en efecto, que puesto que pensar
es esperimentar ó sufrir alguna cosa, la inteligencia
es considerada con razón como potencia pasiva; cuta
intelligere sit quodam pati, intellectus est potentia pas-
siva.»
No faltará tal vez alguno á quien haya parecido
demasiado duro el lenguage y calificaciones que en el
presente capitulo he empleado algunas veces con res­
pecto al abate Marot; empero el pasage que acnbo
de trascribir basta para justificar ese lenguage y esas
calificaciones. No parece posible reunir tantos y tan
trascendentales errores en tan pocas palabras: y esto
por parte de un hombre que trata ex pro festo de es-

( i ) and. pée io e y *i*.


222 CAPÍTULO d ie z I KL'EV£.

poner y analizar la doctrina de santo Tomás; porque


si estas falsas aseveraciones fueran proferidas inci-
dcntalmeute y como al acaso, aunque inescusables
siempre en uu filósofo como se presenta M. Maret,
serian menos estrafias y dignos de censura.
Ni santo Tomás enseila que el juicio es una po­
tencia ó facultad, como supone M. Maret, ni mucho
menos que este juicio pertenece al órden do las facul­
tades sensitivos, ó como dice nuestro escritor, que
estas facultades sensitivas comunican las formas a l j u i ­
cio, ni que la inteligencia es potencia pasiva y el pen­
sar s u frir, en el sentido que expresa el abate Maret;
ni mucho menos que el entendimiento posible, al cual
llama impropiamente inteligencia pasiva, se confunde
ó identifica con el sentido interno, la memoria y la
imaginación.
No es necesario uu grande estudio, basta un estu­
dio muy superficial de la doctrina de santo Tomás,
para saber que es un dogma fundamental, una afir­
mación de las mas comunes y repetidas en su filoso­
fía, que las funciones ó actos del entendimiento puro
y como facultad distinta y superior á todas las del ór­
den sensible, son tres: la simple percepción de los obje­
tos, simplex apre/iensio: indivisibilium intelligentia; el
juicio, ó sea la afirmación ó negación sobre los mismos,
apellidada por él también compositio et dit-isio: intellcc-
tus componénx et divídeos; y por último el raciocinio ó
discurso, ratiocinari, discúrret e. El referir pues el juicio
á las facultades sensitivas, como son la imaginación
y la memoria sensitiva, es desconocer los principios
elementales de esta filosofía; decir que esfas facultades
comunican las formas al juicio, es desconocer completa­
EL ABATE MARET Y LA TEORÍA ETC. 22)

mente el pensamiento filosófico de santo Tomás, con­


fundiendo el jaicio propiamente dicho, ó sea e l juicio
intelectivo con el ju icio instintivo que pertenece á las
facultades sensitivas, y que solo recibe el nombre de
ju icio por una especie de analogía y en un sentido
enteramente diferente del que se intenta significar
cuando se habla del acto de juzgar propio del enten­
dimiento. La facultad sensitiva que en los animales
se llama estimativa y en el hombre se dice cogitativa
y ratio partícularis ú causa de cierta perfección acciden­
tal, que este sentido interno adquiere eu el hombre
en virtud de su aproximación, afinidad y unión con el
entendimiento, es lo que algunos llamaban en el tiempo
de santo Tomás y lo que e l mismo Aristóteles habia
llamado alguna vez entendimiento pasivo: intellectus pas-
sivus. Empero esa perfección accidental que la esti­
mativa recibe en el hombre y cu atención ú la cual re­
cibe en osle las denominaciones de cogitativa, intel­
lectus patxivvs, ratio partícularis, no la sacaba del or­
den de lus facultades sensibles, quedando siempre en
consecuencia, separada del entendimiento puro, por
una distancia casi infinita. La perfección accidental
que recibía en el hombre, le duba el poder de compa­
rar de alguna manera las modificaciones singulares
percibidas por la misma; pero así como la percep­
ción de esta facultad, aunque mas perfecta en e l
hombre que en los demás animales, liada tiene que ve r
con la percepción intelectual, la cual se refiere á ra­
zones objetivas uuiversales y se realiza bajo la forma
de la universalidad, mientras que la percepción de la
cogitativa se refiere esclusivamente á objetos particu­
lares, asi también la especie de juicio que ncompaíla al
224 CAPÍTULO DIEZ T MUEVE,

ejercicio de esa cogitativa ó intelleetus passiws, nada


tiene que ver con el juicio propiamente dicho que es
acto del entendimiento; pues el que pertenece al ín-
telleetus passiws no solo se refiere esclusivamente á
cosas ó percepciones singulares, sino que es necesa­
rio y puramente instintivo, como el que se halla en los
animales, seguu que espcrimenlan inclinación ó repul­
sión liácia este ó aquel objeto.
No necesito advertir que no trato ahora de apreciar
el valor de esta doctrina, ni de calificar siquiera la pro­
piedad ó impropiedad de estas denominaciones. Para
el objeto presente, me basta y me lim ito á consignar
e l hecho de que e l iníeUedus passivus de que santo
Tomás hace mérito algunas veces en sus obras, nada
tiene que \er cou el entendimiento liumauo propiamente
dicho; puesto que aquel no es otra cosa que uno de
los sentidos internos del hombre, equivalente á la es­
timativa de los animóles.
Asi pues el abate Maret incurrió en una equivoca­
ción injustificable confundiendo el juicio impropia­
mente dicho y puramente instintivo y necesario de los
animales, con el juicio propiamente dicho, ó sea del
órden intelectual. Y lo que es mas digno de notarse
aun, es que esta doctrina ó sea la distinción absoluta
entre estas dos eluses de juicio, se halla evidentemente
indicada en e l mismo pusage de santo Tomás que este es­
critor cita al márgen en apoyo de su errada idea: (I )
Nam alia anm alia percip im t hujvsmodi intentiones so-
lum naturali instinetu, homo autem per quandam eolla-
tionem. E t ideo qux in aliis animalibus dicitur ¿estima-

(1) Sun. Thed. Cueit. 78. Art. 4.°


EL ABATE MARET Y LA TEOBÍA ETC. ‘2 25

tiia naturalts, in homine dicitur cogitativa, qux per vnl-


Intioncm quandam hujusmodi intentioncs adinvenit. Uiitfc
etiam dicitur ratio partícularis, cui medid assijnant dc-
terminatum. tírganum, scilicet, tnediam partem capitis. Est
enim collatíva intcntionum individualium, sicut ratio ¡n -
fellcctíva intcntionum universalium.
Empero el error maa grave y peligroso tlcl escri­
tor frauccs, es el haber confundido la inteligencia con
las facultades del orden sensible, identilicando el en­
tendimiento posible con el sentido común y la imagi­
nación. Despues de haber sentado tan cstraña alirwu-
cion, nuestro escritor en corroboracion de su opinion
aduce la doctrina de santo Tomás relativa á la pasi­
vidad de la potcncia intelectiva, lo cual prueba eviden­
temente qne este escritor entendia por sn inteligencia
¡¡asila, la facultad inteligente de que habla santo Tomás
en el articulo citado por ól. Ahora bien-, ¿.quien i g ­
nora que en ese articulo habla el santo Doctor de la
facultad intelectual que se llama entendimiento posi­
ble, intellectus possibilis, el mismo que en unión con el
entendimiento agente que le suministra las especies in ­
teligibles ó ideas, puede conocer todos los objetos; y
que no por otra causa se denomina posible, sino porque
careciendo por si mismo de toda idea, debe recibir
sucesivamente las varias ideas con que percibe los ob­
jetos? Esto no lo puede ignorar el que haya visto cual­
quiera curso elemental de filosofía escolástica, ya que
no haya lcido las obras de sonto Tomás en que á cada
paso resalla esta doclrina.
Si el abate Maret hubiera fijado un poco la atención
sobre el título mismo y el índice de la cuestión, ó
también sobre el artículo que precede inmediatamente
29
22G CAPÍTULO DIEZ T NUEVE.

á la cuestión ciludu por él, habría tenido lo sulkieute


para no caer en tan lamentable como inconcebible equi­
vocación; porque alli habría notado que e l titulo de la
cuestión citada por él es: Depotentiis iutellectivis; y esto
despues de haber tratado en la cucstion anterior de las
facultades sensitivas. En ella dedica nn articulo A exa­
minar y lijar el número de sentidos estemos, y otro,
que es el inmediato anterior precisamente á lu cucs­
tion 79 citada por Maret, á examinar y fijar el nú­
mero de facultades ó potencias sensitivas internas,
entre las cuales se hallan enumeradas e l sentido co­
mún, la memoria y la imaginación, pero nó e l enten­
dimiento posible, que nada tiene que ver con las fa­
cultades del órden sensible, sino que pertenece ex­
clusivamente al orden puramente intelectual. E t sic,
concluye el santo Doctor, non est ticccsse puncrv nisi
qualuor vires interiores sensitiva: partís, scilicet, sensum
cmnmunem, ct imayimUioncm, (BStimatitam, et mcmoriaia.
Pero lo que es mas cstraüo aun y lo que no puede
menos de llamar la atención, es que en el mismo
artículo citado por 31. Maret para probar que según
santo Tomás intelligere est quoddumpati, ó como él tra­
duce inexactamente, que pensar es su frir, se halla in­
dicada con toda claridad la distinción y separación del
entendimiento posible de la imaginación y demas fa­
cultades sensitivas. La comparación que alli establece
entre el entendimiento humano y el entendimiento de
Dios y de los Angeles, basta por si sola para destruir
toda idea de identificación del entendimiento humano,
en el cual se comprenden el posible y el agente, con
las facultades sensitivas.
P o r otra pnrte, el modo con que csplica la pa-
EL ADATE MARET Y LA TEORÍA ETC. 227

.-¡¡viciad que conviene al entendimiento, y el sen­


tido que da al dicho de Aristóteles: intelligere est
pati quoddam, revelan evidentem ente la equivocación
del escritor francés. Una cosa puede decirse que pa­
dece en tres sentidos, según e l santo Doctor: l.° cuan­
do rccibc alguna modificación contraria á su naturaleza
ó inclinación natural, como cuando el agua rccibc el
calor que os contrario á su frialdad natural, ó cuando
el hombre se halla enfermo: 2.a cuando deja de tener
algún accidente ó modificación, ya sea que esta so
oponga ó que sea conformo & su naturaleza, coino
el hombre que pasa de la salud á la enfermedad,
de la tristeza á la alegría ó viceversa: 3.° se dico
que alguna cosa padece, solo en cuanto recibe algo
respecto de lo cual se hallaba eu potencia: y este
tercer modo de pasión es e l único que conviene al
entendimiento posible; y se dice que padece, en cuanto
careciendo por sí mismo de ideas, tiene potcncia para
recibirlas, es decir, posee la receptividad de todas
las ideas, y en cuanto pasa de la potencia de enten­
der al acto: Tertio, dicitur aliquis p a ti communiter, ex
hoc solo, quod id, quod est in potentia ad aliquid, re-
e.ipit illu d ad quod erat in potentia, absque hoc quod
aliquid abjiciatur. Secundum quera modurn, omne quod
fíxit de potentia in aotum, pntest dici pati, etiam cum
perfieitur. E t sie intelligere nostrum est p a ti................

. . . . Intellectus autem humanus, qui est infimus in


ordine intellectuum, et maximé remotus á perfectione
divini intellcctvs, est in potentia respecto intcllújibilivm ;
et in principio est sievt tabula rasa, in qua nih il est
scriptum. Quod manifesté apparet ex hoc, quod in p rin -
228 CAPÍTULO DIEZ T HUEVE.

dpio sumus intelligentes solum in potentia, postmodum


UHlrm e ffic m u r intelligentes in actu. Sic igitur patet,
quod intelligere nostrum est quoddam pati, secundum ter-
lium modum passionis; et p er consequens intelleetus est
polen/ia passita. ( I )
■Vo contento con esto, el santo Doctor enseña ter­
minantemente en e l mismo artículo, que e l entendimiento
pasivo, nombre que algunos lian dado, ya al apetito
sensitivo, es decir, á las facultades afectivas de la
sensibilidad, ya al sentido interno qae en los ani­
males se llama estimativa y en el hombre por razón de
la perfección accidental que participa, se llama cogi­
ta/ira y razón particular, nada ticuc de común con el en­
tendimiento posible del cual se habla en el articulo;
todo vez que a l entendimiento pasivo pueden cou ve­
nir también los dos primeros modos de pasión, puesto
que las facultades sensitivas dependen en sus fun­
ciones de órgauo corporal, mientras por el contrario
al entendimiento posible, solo puede convenir e l ter­
cer modo de pasión, siendo como es independiente
de todo órgano corporal, como potencia espiritual é
incorruptible: (2) Dieendum, quod intelleetus passiws,
srcunrfum quosdam, dicitur appetitus sensitivas, in quo
sunt animx passiones, qui etiam in 1.° E thic. dieitur
ralionalis per participationem, quia obedit rationi. Se-
enndum altos autem, intelleetus passivus dieitur virtus
cogita/iva, qux nominatur ratio particularis. E t ut ro­
que modo passivutn accipi potest secundum primos dúos
modos passionis, ín quantum talis intelleetus sic dietu* ,

(1) Sam. TheoU 1 .* P«rt. OomI. 70. Art. 2.*


(2) IWd. ad. a.»
EL ABATE MARET Y LA TF.OÜÍA ETC. 22!)

est aclus alicujus organi corporalis: sed inlel/cctus,


(jui est in potentia ad intelllglbilia, <jucm Aristóteles
ob hoc nominat intellectum possibilem, non est passi-
tus, nisi tertio modo; quia non est aeius organi cor­
poralis.
£1 pasage do puede ser mas esplícito, y su lec­
tura trae involuntariamente la sospecha de que el
abate Maret, ó no se habin tomado el trabajo de leer
el artículo qne cita, ó que lo habia hecho muy su­
perficialmente; no padiendo concebirse ni csplicarse
de otra manera la notable confusion de ideas que
descubre en e l pasage qae 'venimos examinando, y
sobre lodo la gravísima é injustificable equivocación
en que incurre al identificar la inteligencia pasiva que
santo Tomás llama entendimiento posible, con la ima­
ginación ó con cualquiera otra facultad d el orden
sensible.
Ya liemos visto antes no solo que e l entendimiento
y con 01 el órden intelectual se halla absolutamente
separado del órden sensible y es completamente dis­
tinto de toda facultad sensitiva, sino que ese enten­
dimiento ó sea la inteligencia humana, abarca dos fa­
cultades: el entendimiento agente que reduce al po­
sible del estado de potcncia al de acto y que le pone
en accioa por medio de las ideas que le suministra; y
el entendimiento posible que recibe estas ideas y que
por medio de ellas conoce I 09 objetos inteligibles: de
manera que el entendimiento posible, no solo es facul­
tad del órden puramente intelectual, lo mismo que el
agente, sino que en rigor y propiamente hablando, A
él pertenece la acción de entender, si bien concurriendo
también previamente la acción del entendimiento
210 CAPÍTULO DIEZ Y NUEVE.

agente: duorum ¡ntcllecUurn, dice el Bauto Doctor, ( I )


scilicet, possibilis et ageníis, sunt (lux actiones: nam actus
intellectus possibilis, est recipere intelligibilia; actio autem
intellectus ar/entis, est abstrahere inlelligibilia. Ncc lamen
sequilur, quod sil dúplex intelligere in homine; quia ad
unum intelligere, oportet, quod utraque istarvm achonum
concurra!.
P or lo demas, querer citar todos los pusages en que
santo Tomás enseña, ya que el entendimiento pasivo
es enteramente diferente del entendimiento posible;
ya qne este se distingue de la imaginación y demás
facultades sensitivas; ya que la acción de entender
por la cual el hombre se distingue de los animales y
el órden intelectual del sensible, nada tiene que ver
con las facnltadcs de este último órden perteneciendo
propumente al entendimiento posible; sería querer
trascribir una parte no pequefia de las obras del santo
Doctor. He aquí algunos de esos pasages tomados ni
acaso:
D icit enim ¡Jrxdictus Aterrocs quod homo differt spccie
á brutis per intellectum quen Aristóteles vocal intcllee-
tum passirum, qu\ est ipsa vis cogitativa.........................
quod autem hxc sint falsa et abusivo dicta, etidenter
apparet etc. (2) Intellectus possibilis probatur non este
actus eorporis alicujus, propler hoc quod est cognoscitirvs
omnium fom arum sensibilium in universali. (3) No será
necesario recordar que en la teoría del santo Doctor,
las facultades sensitivas dependen de órganos materia­
les, constituyendo esto una de sus principales diferon-

(X) QucrK. D ii p». De Spiritval. Crmt. CoMt. Art. 4>* ad B.n


(3) Sum. cent. Geni. Llb, 8.° Cap. 60.'
EL ABATE HABET Y L A TEORÍA ETC- 231

cias de las facultades del órden puramente intelcctaal.


Considerare intelligen d o....................non potest esse in ­
telleetus passivi, sed est ipsius intelleetus possibilis; ad hoc
enim qm d aliqua potentia intelligat, oportet quod non
sit aclus corporis alicujus: ergo et habitus scientix non est
in intellectu passivo, sed in intellcctu possibili. ( I )
Species autem universales non possunt in intellectu pas­
sivo esse, cum sit potentia utens organo eorporali, sed
solum in intellectu possibili: seientia igitur non est in
intellectu passivo, sed solum in intellectu possibili. (2)
Quídam posuervnt intellectum possibilem non esse aliud
tjuam imaginntioncm, quod qmdem patet esse falsum etc.
(3) Imaginado (4) non est nisi corporalium et singularium
. . . . intelleetus autem. vniversalium et incorporalium
est: n o » est igitu r intelleetus possibilis imayinutio. Im -
possibile est ig itu rt (5) quod sit idem intelleetus pos­
sibilis ct imaginado. S i autem dieatur quod ltic homo, (G¡
sortitur speciein................ á virtutibus in quibut sunt
phantasmata, svilicet, imaginativa, memorativa et eogita-
tíva. . . . quam Arist. passívum intellectum vocat, ad-
h*c sequuntur eadem inconvenientia; quia cum virtus
cogilativa habeat operationem solum circa particularia
. . . . et habeat organum corporale, non transcendit ge-
ñus animx sensitiva. Virtus cogitativa (7) cum operetur
per organum, non est id quo intelligimus, cum in tel-
ligere non sit operado alicujus organi. Sed ad hoc d i-

( i ) IbiJ. núm. 8.°


(3) lbid. núía. 10.
(3) lbid. Cap. 07.
(4) lbid. núm. 9.°
(6) lbid. núm. 3.a
(o) lbid. Cap. 73.
(7 ) ibi-l. núm. 7."
232 CAPÍTULO DIEZ Y KUEVE.

vunt, ( I ) (fuoil subjectum habitus scientix, non est in -


tellecíus possibilis, sed intellectus pasivus et virtus co-
f/itativa: quod (¡uidem esse non potest etc. Scientia (2)
est in illa virlute qux est cognoscitiva universatium: in -
telleclus autem pussiuus non est cognoscitivus universatium
sed parliculurium intcntionum.
A lii üixerunt quod intellectus possibilis n ih il aliud est
quam virtus im a gin a tiva :.................sed hoc etiam est
mpossibile...................................................... ¡mpossibile
est quod virtus imaginativa, sit intellectus possibilis. (3)
Intellectus autem possibilis recipit speeies altcrius generis,
quam sint in imaginatione, cum intellectus possibilis re-
eipiat speeies universales, et imaginatio non contineat nisi
particulares. (4) Ipsum errjo intelligere, quod est operado
intellectus possibilis, potest quidem multiplicar i secundum
objecta. (ft) Llenim intcllertm ¡possibilis secundum rjucm
sumus inteligentes etc. (6) Intellectus enim in aclu, (7)
eomprehmdit c.t intellectum possibilem et intellectum agen­
tan: et. hoc solum aniiiix est separatum, et perpetuum, et
immortale, quod continet intellectum agontem et possibilem;
nam exterx partos anima: non sunt sine eorpore. Habla
de partos potenciales ó senu las fuerzas ó facultades
dol alma. Manifestvm est enim, quod hxc operatio, quet
est intelligere, eyredi tur ab intellectu possibili, sicut «
primo principio per quod intelltgimw. (8)

(1) Ibid. nftm. 13*


(3) Ibid n¿m. 19.
(8) &nlant. Lib. 3." D lit. 17. Cueat. 3.a A rt. 1-*
(4) Quati. Diip*. O » SptrU. Creat Ouost. 9.' Art. 4.° ad 6.™
(5 ) Ibid. A r ». 8.*
(8) Ibid. Art. S.o
(7 ) Ibid. ad 4.m
(8 ) /Mi. A rt. S.*
EL ABATE MARET T LA TEORÍA ETC. 2 'CJ

A l terminar la esposicion razonada de la teoría


ideológica de santo Tomás, despues de haber desfigu­
rado de una manera tan lastimosa e l verdadero pen­
samiento ideológico del santo Doctor y despues de
haber incurrido en equiTocaciones tan funestas é in ­
tolerables como acabamos de ver, e l abate Maret
uílade: «L o s principios pues de santo Tomás sobre el
conocimiento liumauo, parecen difíciles de compren­
der y de conciliar entre s í.» ( I )
Indudablemente: y el abate Maret tiene aqui mas
razón que cu ninguna otra parte de la Lección que de -
dica A examimur y analizar la ideología de sauto Tomás.
Porque en efecto, para un hombre que como el decano
de la Facultad de Teología, cree que para santo T o ­
más son una misma cosa la idea y el objeto in te li­
gible; que ignora si la luz intelectual apellidada por
e l santo Doctor entendimiento agente, es creada ó
increada; que le atribuye la doctrina de que el cono­
cimiento intelectual es una especie de Irasformacion de
lot sentidos; que le hace afirmar que la inteligencia no
tiene ideas sin imágenes, y que todo lo que es idea en
nuestro entendimiento ha sido sensación prim ero; para el
que piensa, finalmente, que santo Tomás enseria que
las facultades sensitivas comunican las formas al ju ic io ,
y sobre todo que el sentido interno, la imaginación y
la memoria, pertenecen á la inteligencia pasiva y que se
identifican con el eutendimiento posible; paru e l hom­
bre, repito, que de tal maoera mutila, desfigura y
falsea el pensamiento ideológico de santo Tomás, los
principios ideológicos del santo Doctor deben ser no

(1 ) lUd. pac. 191.


30
234 CAPÍTULO DIEZ Y NUEVE.

Bolo difíciles de comprender y conciliar, sino absoluta­


mente incomprensibles c inconciliables, y lo verdade­
ramente estrarto sería comprender y conciliar estos
principios bajo tales condiciones. Empero todo esto
solo prueba que los que desconocen casi por completo
la doctrina psicológica <* ideológica de santo Tomás
é ignoran las nociones mas comunes y los principios
fundamentales de su filosofía, no pueden ciertamente
bailarse en estado de comprender, ni conciliar sus
principios sobre el conocimiento linmano; pero nó qae
suceda lo mismo á los que no contentándose con la
lectura superficial de algunas cucslioucs ó arLículos,
hayau estudiado & fondo su teoría ideológica con el
detenimiento y exactitud que exige e l número ú im ­
portancia de sus obras. Estos no solo no hallarán difi­
cultad alguna en comprender y conciliar los principios
ideológicos del santo Doctor, sino que descubrirán alli
una psicología elevada y una ideología profunda­
mente filosófica. L'n hombre de los antecedentes li­
terarios de santo Tomás, no puede ser juzgado por
enciclopedias, diccionarios, artículos biográficos, ni
por lecturas superficiales.
El autor de la Filosofía y Religión, habría encontrado
menos difíciles de comprender y de conciliar loa prin­
cipios i e sanio Tomás sobre el conocimiento humano,
si entre otras muchas cosan hubiera tenido presente,
quo la palabra intelleetus se halla en las obras del santo
Doctor con significaciones diferentes, pero claramente
expresadas y determinadas. En dichas obras, se hace
mérito, 1.° del intelleetus humanvs, es decir, de lo que
se llama generalmente entendimiento, razón humana,
inteligencia; y es la potencia ó facultad intelectual
EL ABATE MARET Y LA TEORÍA ETC. 235

completa del hombre: 2.° del entendimiento agente,


intelleetus agens: 3.° del entendimiento posible, i » -
telkrtus possibilis: 4.® del entendimieuto pasivo, »'*-
teUectus passivus, que recibe Umbien los nombres de
vatio particularis, cogitativa. El entendimiento humano
ó sea la inteligencia completa del hombre, se d i­
vide en dos partes, ó mejor dicho, contiene dos ma­
nifestaciones principales y como fundamentales: p r i­
mera: la fuorza ó facultad para ubstracr y determi­
nar en el entendimiento las ideas mediante las cualcs
se verifica e l conocimiento iuteloctual en la mayor
parte de los casos: esta mauifestaciou del entendi­
miento humano, es la que se llama intelleetus agens.
Segunda: la facultad de recibir las indicadas ideas
y de conocer loa objetos mediante ellas, en el sen­
tido y de la manera que dejamos consignado en los
capítulos anteriores: esta facultad ó manifestación de
la inteligencia ó razón humana, es lo que se llama
entendimiento posible: intelleetus possibilis. Este en­
tendimiento posible, es ¿ an mismo tiempo potencia
activa y potencia pasiva: es potencia activa, en cnanto
que es el principio vi{pl activo y próximo de Ja in­
telección, de manera que la acción de entender que
es uua verdadera acción vital, procede y radica inme­
diatamente en el entendimiento posible: Hac operado
qux est intelligerc, egreditur ab intellectu possibili. Es
al propio tiempo potencia pasiva, en cuanto que no
poseyendo por sí mismo y originariamente ninguna
idea, tiene sin embargo la capacidad de recibirlas,
ó la receptividad de todus las ideas intelectuales: asi
es que supuesto que toda cosa que recibe algo que
no tenia, se dice que padece impropiamente, el en-
236 CAPÍTULO DIEZ Y NUEVE.

tend i miento posible puede llamarse potencia pasiva


ltajo el punto de vi6ta expresado: D icitur aliquid
pati communiter ex hoc solo, quod id quod est in po-
tenlia ad aliquid, reeipit illu d ad quod eral in p o -
t c n t ia ................ et sie inlelligere vostrvm est quod-
tlam p a ti.
El entendimiento pasivo, intellectus passivus, es
uno de los cuatro sentidos internos que corresponde
á lo que se llama estimativa natural en los animales,
ú la que solo aflade cierta perfección accidental.
Infiérese de esto, 1.a que el entendimiento posi­
ble puede llamarse potencia pasiva, porque recibe
Jas ideas y pasa del estado de potencia al estado de
acción; pero nunca debe ni puede llamarse inteli­
gencia pasiva d entendimiento pasivo, intellectus pos-
siws, porque este es una fucultad del orden sensible,
al paso que el entendimiento posible se identifica
con el entendimiento puro. 2.a Que entre este m-
tellectus passivut y cualquiera de los otros tres que que­
dan mencionados, intellecfns huma ñus, intellectus agens,
intellectus possibilis, media toda la distancia que existe
«intro las facultades de la sensibilidad y las del órden
puramente intelectual.
CAPÍTULO VEINTE.

Continuación: la ideología de santo Tomás y las


de san Agustín.

Otra de las apreciaciones mas inexactas y al mismo


tiempo mas trascendentales y peligrosas del abate
Maret, es la que se refiere á la comparación de la
doctrina ideológica de santo Tomas con la de san
Agustín. Comparando la esposicion que hace de la teoría
del obispo de Hipona con la que nos presenta como
perteneciente á santo Tomás, descubren* fácilmente
que nuestro escritor consideraba las dos teorías, no solo
como distintas enteramente, sino como opuestas entri
sí. Por lo demas, nada tiene ciertamente de estrello
que el que había comprendido de la manera que acá-
238 CAPÍTULO VEISTE.

bamos de ver el pensamiento ideológico «le santo T o ­


más, haya creido que no se hallaba en armonía con el
de san Agustín.
No conviene al objeto y naturaleza de esta obra el
entrar en consideraciones sobre la exactitud con que
el decano de la Facultad de Teología de París, lia juz­
gado lu doctriua de san Agustín, ni es mi ánimo tam­
poco establecer una comparación entre la ideología del
mismo y la de sauto Tomás, trabajo que exigiría por
su naturaleza para ser completo, prolijas investigaciones
y multiplicadas citas, suficientes para llenar no pocos
capítulos.
Por otra parte, considero este trabajo como in­
necesario, bastando para reconocer la conformidad casi
completa que existe catre el pensamiento ideológico
de estos dos grandes genios, tener un conocimiento
siquiera no sea muy profundo y completo del con­
junto de sus doctrinas y de sus principales obras. Mas
aun: los que quieran convencerse por sí mismos de
esto, pueden leer cu la Suwa Teológica, en las Cues­
tiones Disputadas y en la Suma contra los Gentiles, loa
cuestiones y capítulos que trata» de esta materia; que
esto hoI o les bastará para convencerse de que la ideo­
logía de sauto Tomás se halla algo mas próxima 4 la de
san Agustín de lo que picusa y supone el abate Maret.
Alli veráu al santo Doctor apoyar casi todas sus doctri­
nas psicológicas é ideológicas sobre las palabras mismas
ó ideas d|! san Agustín: alli le verán esponcr, consolidar
y desenvolver todas las grandes verdades consiguadas
antes por e l Doctor de la gracia: alli verán en una pa­
labra, que el pensamiento de santo Tomás, es ol eco del
pensaniícuto do san Agustín, y quo toda la ideología
CONTINUACION: LA IDEOLOGIA ETC. 239

del primero no es otra cosa en el fondo que e l des­


envolvim iento filosófico de la ideología del segundo.
Hasta los pensamientos mismos que el abate Maret
ha querido presentar como los puntos capitales de
la ideología do san Agustín, son idénticos en e l fondo
á los de santo Tomás; y esto á pesar de las tintas
de ontologismo con que se ha procurado revestir esos
pensamientos, y á pesar también de la manera incom­
pleta ¿ inexacta con que espone algunos de ellos.
Tomemos por vía de ejemplo solamente, algunos de
estos pensamientos, según los cita y espone el mismo
Maret.
San Agustín dice según el abate Maret: ( I ) • Todo lo
que cae bajo los sentidos, lodo lo que es sensible,
está esencialmente sujeto ¿ mutación............. L o que
pasa y cambia no puede ser el objeto de la ciencia. Pío
pidáis pues la verdad á los sentidos....................... El
juzgar de la verdad no les pertenece. P ir a hallarla
debemos apartar la vista de este mundo.
Santo Tomás dice ú su vez: Todas las cosas sensibles
singulares son contingentes y variables; por eso no
puedeu ser objeto de la ciencia, ni siquiera d e aquellas
ciencias que se refieren á las cosas materiales y sensi­
bles. El objeto de la ciencia es lo universal, y loá re­
laciones necesarias, eternas é inmutables de las cosas.
liattoncs autem universales et necessarix contingentivm,
cognoscuntur per intellectum. (’2) Objecta enim imagina-
tionis et sensus sunt quxdam accidentia.......................
.......................Sim iliter etiam intellecíualis visio in hoc

(1 ) FUot. y BtUg. Leoc. 4.' pac. 84.


(a) £vm. r M ].* P . Cucit. 80. Art. 9.
24 0 c a p ít u lo v e in te .
transcendít imaginationem el sensum, quod ad illa se ex-
trndit qus per essenliam suain sunt intelligibilia. E t
ideo hoc ei atribuit A uyuxtinux quasi proprium, quamvis
etiam rognosrerc possit materíalia quoe per suas lirn ili-
tudinet cognoscibilia sunt. linde dicit Avg. 12. sup. Ge­
nes. atl litt. quod per mentem etiam ista inferiora d i-
jiulicantur, et ea sciuntiir, qux ñeque sunt corpora, ñe­
que ullas gerunt formas ti mi les corpor um. ( I ) Omne
xcitum á nobis, fst nccessarivm. (2) Scíentia est de mobi-
tibus el contingentibux, secundum quod in eis esl aliquid
vniversale, v rl nccessarium. (3)
La verdad solo pertenece i los sentidos de la ma­
nera quo pertenece á cualquiera cute real, es decir,
en cuauto son entes renlcs; pero el conocimicuto de
la verdad, no solo está reservado al entendimiento
como su propia perfección, sino que propiamente solo
se cucucntra en la segunda operación del entendi­
miento, ó sea en el juicio que afirma ó niega algo de
los objetos: Yeritas poteit esse in sensu...................ut
in quadam re vera, non autem ut cognitum in corjnos-
rcntc, quod importal nornen veri. Perfectio enim intel-
fectus est verum, ut cognitum. E t ideo proprie loquendo,
retita» est in intellectu componente et dividente, non autem
in sensu. (4) Me parece que esto bien puede llamarse
la expresión filosófica de lo que dice 6an Agustín en
el lugar precisamente citado por Maret: non est j u -
dícium veritatis constitutum in sensibus.

(1) Quxtt. Ditpa. D» VerU. Cueit, 10, Art. 4.* ad l.™


(S) Sutil. Theol. 1. F. Om i). 11 Art. 19.
(3) lbid. Cueit. M Art. 1.*
(4) lbid. CuMt. 16 Art. S.'
CONTINUACION: LA IDEOLOGIA ETC. 241

San Agustín dice: (I ) «U n a cosa es sentir, otra cosa


es conocer. Si nosotros pues conocemos alguna cosa,
en la inteligencia es donde se contienen estos co­
nocimientos: ella sola es la que comprende estas
cosas. >*
Santo Tomás dice: Los sentidos son esencialmente
diferentes del entendimiento. La acción de la inte­
ligencia se estiende á muchas cosas á que 110 ul-
canzu la percepción de las facultades sensibles. La
imaginación y los scDtidos solo perciben objetos sin­
gulares y materiales; el entendimiento las razones uni­
versales 'y objetos espirituales. La ciencia y la verdad
pertenecen al entendimiento y no á los sentidos. Est
igitur alia virtus sensitiva et intellectiva. (2) Non est
igitur ídem imaginatio et intellectus possibilis. (3) /V>r
habitus sdentíarum sunt sicut insuhjecto, in aliqva parte
pertinente tul nnirnum semitivám. (4) Hvjusmodi spiritus
penitus sine materia existentes cognoscit, (nuestra alma
por medio del entendimiento) et ex hoc ullerius p e r-
tíngít in aliquam cognitioncm ipsius Dei. (5) E t quia
non pervenit ad hoc quod cognosceret intellectum esse p o -
íentiam quamdam qux est circa veritatem, id est, eujus
objeetum est verum, et excedit omnes alias potentias animx.
(6) «Aunque la verdad se encuentra en las cosas sen­
sibles de la manera que la verdad conviene & las cosas
reales, sin embargo la razón misma de la verdad, solo

(1) Ibid ptg. as.


(9 ) Sum. cm t. Gont. L ib . 9.a Ctp. 00.
(8) Ibid. Cap. «7.
(4) Qxmtt. Dupa. De Spirtí. C nat. Cueat. a.* Art. 8.°
(5) Ibid Di Vertí. Cueat. 18 A lt. l.°
(0) De Anim. L lb. 1.» Iaaoo. 9 .'
242 CAPÍTULO \EIfiTE.

es percibida par el entendimiento: « Quamtiis vertías sil


in rebus sensibilibus, provt dicitur esse veritas in rebus,
lamen intcntio vcritatis solo ¡ntellectu p trcip ilu r. (I )
San Agustín dice segan el abate Muret. «¿Quien
se atreverá á decir que la verdad es su propiedad?
Es también evidente que lu verdad es un bien co­
mún.................La verdad no me pertenece A mi ni
á ti, ni & otro; pertenece & todos nosotros porque
todos somos llamados & su participación............. Ve-
ritas falsitatem nunquam pati tur, stabilix veritas; erit
veritas etiam si mvndus intereal......................................
.................................Una cosa es el alma otra cosa es
la verdad............. Si hubiera alguna igualdad entre
nuestra alma j la verdad, la verdad seria mudable,
porque nuestros espíritus ven la verdad, ya mas, ya
menos; y en esto se halla la prueba de su im perfec­
ción; mientras siempre idéntica consigo mismo, nada
gana caaudo la percibimos bien, ni pierde alguna cosa
cuando no se descubre á nuestros o jo s.»
Suuto Tomás dice: La verdad primera es el o ri­
gen de toda verdad, es superior á nuestra alma y
seguu ella juzgamos de todas las cosas. Esta verdad
puede ser participada con mayor ó menor perfección
por las criaturas, pero ella es inmutable en sí misma;
no aumenta ni disminuye en si misma. Unde veritas
divini intellectus est immutabilis; veritas autem intel­
lectus nostri mufabilit est, non quod ipsa sit subjectum
mufationis; sed in quantum intellectus noster m vlatur
de terilale in falsitatem. (2) Cum ergo Deus t il p r i-

(1 ) Sml. Iilb. l.« Dist. 10 Art. 1.» ad 0.B


(a ) s«mh. tami. i.* p . CoMt. ie . Art. e.°
CONTINUACION: LA IDEOLOGIA ETC. 2Í3
»«us intelleetus et primum intelligibile, oportet quod
veri tas intelleetus eujuslibet, ejus vertíate mensuretur. (1)
Anima non secundum quamcumque veritatem judicat de
rebus ómnibus, sed secundum Veritatem priman», in quan­
tum resultat in ea sicut in speculo seoundum prima in -
telligibilia. Unde sequitur, quod reritas prima sit ma-
j o r anima. (2) Ornnium et verorutn, et enuntiabilium, et
intellecluum, veritas est ¿eterna, et hujusmodi \vcritatis
xternitatem venatur Aug. in Lib. Solig.................H xc
autem veritas prima non potest esse de ómnibus nisi una.
(3) Unde res creatx variantur quidem in partieipatione
reritatis prim x; ipsa autem veritas prima secundum
quam dicuntur vera, nullo modo mutatur. E t hoc est
quod Augustinus dicit in Lib. de Libero arbitrio: Men­
tes nostrx aliquando plus aliquando minus vident de
ipsa vertíate, sed ipsa in se manens, nec pro/icit nee
déficit. (4)
Tu he dicho antes que aqui me limito á comparar
la doctrina de sin Agustín tal cual la presenta el
abate Maret, es decir, citada de una manera incom­
pleta y vaga, como convergente hacia el outologismo
platónico al cual propende el crítico francés; y bajo
un aspecto general sin descender al examen del ver­
dadero sentido de los pasages particulares citados por
el mismo. Y á pesar de todo, las ligeras indicaciones
que acabo de hacer, revelan con demasiada claridad
que los grandes principios y afirmaciones ideológicas
de san Agustín, son absolutamente idénticas en el

(1 ) Sun*. eotu. Geni. Lib. 1.® Cap. 63.


(3) Sum. Theol Cueit. olt. Art. 6.° ad 1«>
(3 ) QiMMt. Dispa. D tV trii. Cu«ft. 1.a Art. B.°
(4 ) IWd. A lt . 6.®
244 C A PÍT U L O VEINTE,

fondo á las de santo Tomás. >'ada mas fácil que seguir


usté parangón, si necesario fuera y entrara en el plan
(le este libro. >'ada mas fucil también que demostrar
que si la ideología del grande obispo de Hipona se
separa cu algo de la del Doctor Angélico, esto solo
tiene lugar respecto de algunos puntos muy secun­
darios; y que aun respecto de muchos de estos la
divergencia es mas bien aparente que real: porque
como notó ya oportunamente santo Tomás, en las
cuestiones filosóficas, san Agustín hizo uso muchas
veces de las opiniones de Platón, mas bien como his­
toriador que por via de afirmación absoluta: In mullís
uutrm i/U3> ad phílosophiam pcr/inenl, Auyustinus utilur
upiníonibux Platonis, non asserendo, sed tediando.
« Empero los sentidos y las cosas .sensibles, miado
nuestro Maret, (I ) no pueden ser para san Agustín mas
que unu ocasion 6 una condicion del desarrollo de
la inteligencia, y es prcciso aplicarles lo que dice
expresamente del Icnguagc, en el cual no ve mas que
un excitador que nos invita á leer cu la misma ver­
dad: I erbis forlasse, v i consulamus admonilt.»
Ksta es una de las muchas pruebas que pudiéramos
presentar de la inexactitud cou que el abate Maret
juzga la filosofía de san Agustín, y de su injustificada
pretensión de aproximarle demasiado á Platón. Si se
hubiera limitado á decir qac san Agustín no concedía
A la sensibilidad y á los fenómenos sensibles tanta
importancia ó influencia en el origen y desarrollo de
los conocimientos humanos como santo Tomás, podría
tolerarse su afirmación: empero afirmar de una manera

(1) VWA p*C. 80.


COÜTINUACIOH: L A IDEOLOGIA ETC. 245
tan absoluta, que para sau Agustín los sentidos y las
cosas sensibles no tienen mas relación con el conoci­
miento humano y el desarrollo de la inteligencia que el
ser meras ocasiones y condiciones, es convertir de una
plumada al gran filósofo cristiano en ciego partidario
de las ideas innatas y de la teoría del olvido y rem i­
niscencia de Platón: es ponerle en contradicción no
solo con el sentido común y la esperiencia interna,
sino consigo mismo; porque seria muy fácil aducir
multitud de textos del sauto Doctor, un que indica
evidentemente que concedía á los sentidos y ti las cosas
sensibles una influencia algo mas directa é importante
de lo que pretende el abate Maret: Mens trgo ipsa,
sirut corporearum rerum notitias per sensut corporis c o lli-
<jit; sic incorporearum rerum per semetipaam. ( I ) ¿Nunr/uid
eni tu quia verissime disputant c t documenlis certissimis
persuaden t, xternis rationibus omnia temporada fieri,
proplerea potuerunt in ipsis rationibus perspicere, vel ex
ipsis colligcre, qux sint animaliufn genera, qux semina sin-
gulorum in exordiis, qui modvs incrementi ? ............. ...
¿Nonne isla omnia, non per Ulam incommutabilem sa-
pienliam, sed per locorum ac témporaw historiam q u x -
sierunt, ct ab aliis experta................... crediderunt? (2)
Pero hay mas ann: tan lejos está san Agustín de
considerar los sentidos como meras ocasiones del co­
nocimiento humano, que antes por el contrario, en-#
sella terminantemente que el conocimiento intelectual
de los objetos materiales ó corpóreos, se verifica por
medio de espccics ó representaciones procedentes de

(1 ) Le Trinit. L ib . 6.a Oap. 3.°


(3 ) lbid. L ib . 4.° Oap. 10.
246 C A PÍTU LO VEIHTE.

los sentidos y de las representaciones sensibles, pu­


diendo decirse con verdad que su teoría ideológica
sobre este punto, es completamente semejante á la de
santo Tomás: « E l sentido, nos dice el santo Doctor,
(1) recibe la especie del cuerpo que sentimos; del
sentido la recibe la memoria, y de esta la facultad ó
fuerza pensante: Sensus enim aecipit speeiem ab eo cor-
pore quod tentmus, et i sensu memoria, á memoria vero
ocies cogitantis.
Como se vé, este es absolutamente el mismo órden
y procedimiento que admite santo Tomás para el co­
nocimiento intelectual de los objetos materiales y sen­
sibles. El objeto obra sobre los sentidos estemos, de
esta impresión y sensación consiguiente resulta en la
imaginación otra especie ó representación del objeto
conservada en la memoria, mediante la cual podemos
representarnos e l objeto aunque ya no lo tengamos
prese ule; por último, esta representación sensible sirve
como de materia al entendimiento para formar la
especie, representación, ó idea universal del objeto.
¿No es este el pensamiento mismo de san Agustín
condensado en las concisas palabras que acabo de
trascribir? Y sin embargo, esplícito como es y e v i­
dente su pensamiento, todavía lo expresa de una ma­
nera mas terminante y capaz de escluir toda duda, en
las siguientes palabras que aflade poco despues: (2)
A specie quippe corporit quod cernitur, exoritvr ea qux
fit in sensu cernentis; et ab hoc ea qux fit tu memoria;
et ab hac, ea quse fit »'» ocie cogitantis.

( 1) Ibid. U b . 11/ Cap. 8.°


(a) Oíd. Cap. e.°
COINTIHUACION: LA ID EO LO G IA ETC. 247

San Agustín por lo tanto, no debe ser mirado en


manera alguna como partidario de las ideas inn&tas; su
teoría ideológica no da derecho alguno para que 9ea
colocado entre los partidarios del ontologismo, como
lo hace Maret y como lo hacen otros muchos.
Que si tal fuera su pensamiento ideológico, no
afirmaría que por medio de los sentidos recibimos las
representaciones de los cuerpos de las cuales r c for­
ma el pensamiento: Sieut inveniebamits in scn/ibvs
corpvTts, el in fiis q u x p e r eos in anim am v e l apiri tw n
nostrutn imaginaliter inlraverunt......................ul intus
corporum similitudines haberemus impressas m m crix , ex
quibus cogitado formaretur: (1) no echaria mano de
los mismos argumentos que usa santo Tomás para
probar que no existen en nosotros ideas innatas: (2)
Hinc est quod á prima xtate cxci, cum de luce colori-
busque interrogantur, quid respondeant non intenm nt:
no rechazaría como falsa y absurda la teoría de los
antiguos platónicos sobre el ol\ido y reminiscencia
del alma racional, en órden á las ideas intelectuales:
Non guia (3) ea noverant aliquando, et obliti iunt; quod
Platoni, vel talibus visum est: contra quorum opinionem
.................................in libro duodécimo de Trinitate,
disservi: no enseflaria en fin lo mismo que santo
Tomás, que la dependencia de nuestro entendimiento
de los sentidos en órden al conocimiento de los
cuerpos, es mayor que la que tiene cuando solo
trata de conocerse á si mismo: Illv d quod intelligere

(1) Ibid. Idb. 19. Cap. 18.


(a )fip ifl. 7 ." Cap. 3 . °
(8) Retrae». Lib. 1.» Cap. 4.»
248 C A PÍT U LO VEINTE.

appellamus, ( I ) duobvs rnodis in nobis fieri; aut ipsa


per se mente afque ratione intrinsecus, ut cum in te lli-
r/imus esse ipsvm intellectum; aut admonitione á sensi-
bus, vt cum intelligimus este corpus...................... Qux
si rata sunt, nemo de illo corpore, utrum sit, intelliffere
potest, nisi cu i sensvs quidquam de illo nunciarit.
Luego es una apreciación (au injusta como errónea
presentar la teoría ideológica de san Agustín corno
contraria á la de santo Tomás; porque ni la teoría del
primero es ontológlca, ni la del segundo es sensualista.
La teoría de san Agustin es ontológica y sensualista ú
la vez, como lo es también la de santo Tomá<>. Em­
pero el sensualismo profesado por los dos grandes
doctores cristianos, está muy distante del sensualismo
de Condillac y su escuela, como lo está también su
ontologismo de la doctrina de Platón y Malcbranclie.
Son sensualistas, en cuanto su teoría ideológica con­
cede á lus facultades sensitivas una influencia deter­
minada en la producción y determinación de las ideas
y conocimientos intelectuales que se refieren á los
objetos corpóreos y sensibles: son ontologislas, en
cnanto para ellos la razón humana como impresión
y derivación que es de la Inteligencia divina in qua
continentur rationes xtcrnae, y como participación de
las ideas divinas, contiene en sí misma quasi natu-
raliter las ideas universalisimas que constituyen la
parte mas importante del órden intelectual, y los pri­
meros principios ó verdades necesarias que sirven
de base al órden científico y al desenvolvimiento
mismo de la razón.

(l) ITpfet. 13.a núm. 4.°


CO X TIM -A C IO K : LA ID EO LO G IA ETC. 2 i*)

Esta y uo otra es la teoría ideológica de san Agus-


tiu y la teoría ideológica de santo Tomás: este y uo
otro es el pensamiento de san Agustín y el pensa­
miento de santo Tomás. Es ya tiempo que desaparezcan
para siempre esas infundadas preocupaciones, esos
juicios inexactos y falsos que se han formado y siguen
formúutlose por muchos, haciendo ú san Agustín par­
tidario absoluto del sistema de Platón y prcscnlnn-
donos su teoría sobre el origen del conocimiento hu­
mano como una teoría puramente ontológica, mientras
por otro lado convierten á santo Tomás en discípulo
ciego y exacto de Aristóteles, presentándonos su teoría
sobre el origen de las ideas y del conooimiento liuniuno
como una teoría sensualista.
En conformidad ¿ este modo de ver la doctrina de
san Afíastin y dominado siempre por la idea de con­
vertirle en ontologista puro y de separarle de santo
Tomás, el abate Maret despues de atribuirle la afir­
mación de que Dios está inmediatamente presente á
nuestra razón, afirmación que tomada en su verda­
dero sentido debe admitir todo filósofo cristiano, pasa
á inferir que la última palabra de la teoría de suii
Agustín sobre el conocimiento ltumauo, es que nueslru
inteligencia ve la verdad en Dios. «A s i, dice, ( I ) sc-
guu la teoría agustiniaua del conocimiento humano, la
razón del hombre es una participación de la razón de
Dios, y cuando la inteligencia percibe alguna verdad
necesaria, universal, inmutable, alguna cosa de Dios
la ilustra y se verifica entre ella y Dios una uniou ad­
mirable. la inteligencia es la facultad de ver la verdad

(1 ) tbU. p ie o ».
32
250 C A PÍT U L O v e i k t e .

en Dios en donde reside, y la visión en Dios viene á ser la


tn/is alta función de la razón. »
Que la inteligencia es una participación (le la razón
de Dios; que esta ilumina nuestra iutcligcucia cuando
percibe las verdades necesarias é inmutables, las mis­
mas que santo Tomás llama con mucha propiuüud filo­
sófica prima intelligibilia, son afirmaciones que, como
ya liemos visto, no solo no rechaza santo Tomás sino
que las consigna terminantemente. Km pero el inferir
de aqui que para san Agustiu la inteligencia es la
facultad de ver inmediatamente en Dios como objeto
lu verdad, según parece eutcnder el abate Murct, y que
esta visión en Dios de las verdades es la función propia
de la inteligencia en esta vida, es convertir en buenas
palabras á san Agustín en partidario de los brillantes
cusueflos de Malebranclie, y es una consecuencia cuya
legitim idad lógica difícilmente podrú establecer el de­
cano de la Facultad de Teología.
Por m i parte, 1110 contentare cou transcribir para
terminar este capitulo, la doctrina de santo Tomás, eu
que enscíla que conocemos la verdad cii Dios ó sea
en lus ideas eternas, como san Agustín; pero sin dedu­
cir de aqui la necesidad de la visión inmediata de las
cosas en Dios, ni creer tampoco que este sea el verda­
dero pensamiento de san Agustiu, como lo crcc el es­
critor francés cuando dice: ( I ) « Para Platón y para san
Agustín, las ideas son el objeto mas elevado del cono­
cimiento humano y la verdadera luz del espíritu; y san
Agustín soprepujando á Platón, nos muestra en el seno
de nuestras almas, en esta luz de las ideas, la misma

(1} Ibid. Leco. 5.* pt*. lie .


coyriM 'A ciox: l a . id e o l o g ía etc. 251
luz divina, por la cual percibimos todas las verdades
necesarias, universales é inmutables.» Palabras va­
gas, generales y nada mas: expresiones mas bien poé­
ticas que filosóficas, pensamientos confusos ó in d eci­
sos, que lo misino pueden envolver una idea verda­
dera que una afirmación inexacta. Compárese esa
vaguedad de conceptos que resalta á cada paso en ol
abate Maret al esponor la tooria de san Agustín sobre
e l origen del conocimiento humano, con la exactitud
filosófica do santo Tomás al discutir y resolver ol pro­
blema relativo & la visión de la verdad en Dios.
San Agustín, que se hallaba imbuido en las doctri­
nas de los Platónicos, (1) hnoin uso de las que hallaba
conformes oon nuestra fe, y cambió en otras mejores
aquellas de dichas doctrinas que eran contrarias & la
fe. Platón habla dicho que las esencias de las cosas
subsistían por si separadas de toda materia, á las cuu-
lcs esencias asi separadas iluinabn ideas......................
................ Mas como parece ser ngena de la fú, lu
existencia de estas naturalezas fuera de las cosas y
separadas de la materia, según las suponían los pla­
tónicos................................ por eso san Agustín esta­
bleció en lugar de esas ideas que ponía Platón, que
las razones de todas las cosas existían en la in teli­
gencia divina, según las cuales razones son formadas
todas las cosas y segnn las cuales también el alma
humana conoce todas las cosas.
Cuando se pregunta pues si el olma humana conoce
todas las cosas en las razones eternas, se'd eb e res­
ponder que una cosa puede conocerse en otra de dos

(1 ) Sum. TAaol. 1.' F. CuMt. 94. A rt. 5.*


252 C A PÍT U LO VE INTE.

modos: uno, como en e l objeto conocido, como se ven


rn d espejo las imágenes que se forman en é l. Y en
••sie sentido, el alma en el estado de la vida presente
no puede ve r todas las cosas en las razones eternas;
sino que de este modo conocen todas las cosas en las
razones eternas los bienaventurados, los cuales ven á
Dios y todas las cosas en 61.
Kl otro modo es conocer una cosa en otra, como en
r| principio del conocimiento, como si dijeramos que
las cosas que se ven por lu luz del sol se ven en el
sol. Y en este sentido, se debe admitir que el alma
liiiinuiia conoce todas las cosas en las razones eternas,
por cn.va participación conocemos todas las cosas. Pues
la misma luz intelectual que existe en nosotros, no es
otru cosa mas que cierta participación de la luz in­
creada, en la cual están contenidas las razones eternas.
P o r lo cual so dice en el sulino 4.®................................
. . . tif/nalutn est super nos lumen vvltus iu¡ Domine:
como si dijera: todas las cosas nos son manifestadas
por lu misma sigilación ó impresión de la luz divina
«ni nosotros; per ipsa»» sigillalionem divini laminis in
tío/jif, uinnia demonstran tu r.............................................
................ Y que no es la mente de san Agustín que
nosotros conocemos las cosas en las razoues eternas
en el sentido de que vemos las razones ciernas ó
ideas dmnas en si mismas, se deduce de lo que el
misino dice in Lib. 83 QQ. A saber, que no (oda ni cual­
quiera alma racional es idónea para dicha visión, á saber,
de las razones eternas, ti no la que fuere sania y pura:
como son las almas de los bienaventurados.!
Dejamos al cuidado del lector la comparación entre
el modo con que el abate Maret comprende y esplica
COHTIKUACION: LA IDEOLOGIA ETC. 253
el pensamiento de san Agostía, y el sentido que le dñ
santo Tomás, contentándome con recordar qae lo que
aqui dice el santo Doctor sobre el modo con que en
las ideas eternas, ó sea, ea la verdad eterna, se nos
manifiestan las cosas,. puede considerarse como una
traducción Reí del pensamiento de san Agustín cuando
dice: (I ) H xc enim veritas ostenrlit omnia bona q vx vera
suní............. ted quxmadmodum ilfi qui in luce nolis c h -
gunt quod libenter aspiciant, et eo aspectu l.vlifieantur;
in quibus, si qui forte fverin t l egetioribvs, sanísqite, et
fortissimis oeulisprxditi, nihil libentius quam ipsum solem
contuentur, qui etiam extern, qui bus infirmiores oculi de-
lectantur, illustrat: sic fortis acies mentís, et vegeta, cuui
multa vera et ineomnmtabilia, certa rationc conspexerit,
dirigit .te in ipsam veritatem qua cuneta monstrarJur.
No de otra manera también, cuando santo Tomás dice
que la inteligencia como participación de la luz in­
creada y de lus razones eternas, como impresión de
la Primera Verdad, contiene en sí lo que llama ron-
irptiones animi commvnet y prima intelligibilia, en las
cuales y según las cuales juzga de las donas cosas y
llega á ver las verdades particulares en esas verdades
inconmutables, participación inmediata, por decirlo
asi, de las ideas divinas y de la Verdad Primera, se­
mejante modo de hablar no es mas que la expresión
filosófica del pensamiento de san Agustín, cuando des­
pués de celebrar el poder de nuestra inteligeuciu
paru conocer las verdades necesarias ó inconmutables
fundadas originariamente en las razones eternas y
participación de las mismas, reconoce la Verdad P ri-

(1) Ut Líber Arb. Lib. S.* Cap. 18.


25Í CAPI T I L O VEIJíTE.

mera, lus ideas eternas y estas verdades inconmuta­


bles, como el fandamento de la razón, y como me­
dida ó regla de las verdades particulares: E t ju d i-
ramus hse, dice el santo Doctor, ( I ) secundum illas in­
teriores regulas veritatis quas communiler cernimus; de
ipsis vero nullo modo quis judirat.
No se necesita reflexionar muclio para reconocer
que el pensamiento de san Agustín en este pasage, lo
mismo que en el anterior, es absolutamente idéntico
en el fondo al de santo Tomás, y que ec hallu en com­
pleta armonía con la doctrina de este, cuando nos dice:
que por medio do la conccpcion natural de los pri­
meros principios, que son como una semejanza ó par­
ticipación de la Verdad inviolable impresa en nuestro
entendimiento, examinamos las verdades y juzgamos
«le todas lus cosas: que nuestra alma se convierte
hacia las razones eternas, según que existe en nuestra
mente cierta impresión de las razones eternas 6 ideas
divinas, por medio de las -cuales juzga de todas las
cosas: que puesto que la verdad de los primeros prin­
cipios, según la cual juzgamos de las demás, es una
participación ejemplar de lu verdud de la Inteligencia
divina y una semejanza de la Verdad primera, bien
puede decirse que juzgamos do todns las cosas según
lu primera Verdad. Uanc attlnn inríolabilem Vcrita-
trm ( ’l ) in fui similitud ine qua a t uienti nostrx i/nprtssa,
in quantum uliqua naturaliter cognoscimus, vt per *c nota,
nd qUtT vmnia alia examinamm, secundum ctt de óm­
nibus judicantcs. Anima (3) convertitur rationibus xter-

11) ¡bid. Cap 13.


(3) Quattl. Dupa. De Viril. Cuait, 10 Art, 6.*
(3) lUd. Cuest. 8.* A rt. 7. •d3.ni
COKTIMJACION: LA IDEOLOGIA ETC. 255

ni.i, i/i quantum impressio quxdam ralinnitm riernarum


mt in mente nosIr a, sieut sunt principia nattirnliler cog-
nitu per qux de ómnibus judicat. .1 veritate intellectux
divlnl (1) ejeemptaritrr procedil in intelloctum nostrum.
vertías primorum priucipiorum, secundum quam de óm­
nibus judieamus: ct tjuia per eam judicare non possttMUx
nisi secundum quod a l símilt/tulo prima: Verihtti.i,
ideo secundum prima»). Veritatcm de ómnibus dlcimiti
judicare.
« L a verdad, ailade por fui, según la cual nuestra
alma juzga de todas las cosas, es la Verdad prim era:»
(2) Vertías secundum qm ni anima de ómnibus jw licaf,
est Veritas prima. ( V I I í . )

(1) ¡bid. Cn4«t. 1.' Art. 4.* ad 8.m


(9) Aid.
CAPÍTULO VEINTE T UNO.
■n n r i 1—

Kanl y santo Tomás.

Kítiii debe ser considerado con razón como el prin­


cipal autor del gran movimiento filosófico operado al
principio del presente siglo, movimiento filosófico que
ns sin disputa uno de los mas notables que presenta
la historia de la filosofía. Dominado por la idea de
oponerse á las tendencias sensualistas de la filosofía
oh el pasado siglo, Kunt escribió su Crítica de la
razón pura y demas obras filosóficas, para restablecer
el espiritualismo. Empero cu vez de llegar á este r e ­
sultado, puede decirse que el filósofo de Koeniuberg
llopd á un resultado diamctralmcnte opuesto, y en vez
de establecer el equilibrio filosófico sobre bases ver-
KA.YT Y SA>TO TOMÁS. "i.‘>7

duderamcnle espiritualista, 110 hizo mas que comunicar


á la ciencia filosófica un impulso y una dirección pu­
ramente panteista v colocarla en una pendiente idea­
lista y sensualista ¡i lu vez.
Ya hemos tenido ocasiou de observar otras veces
que el intento de Kant de com batirlas doctrinas sen­
sualistas y restablecer ol espiritualismo, le obligó ¡i
acercarse nuiclias \ eco-; ú la filosofía de santo Tomás;
pero bien sea que se hallara d o m i n a d o pm- 1¡i ¡dea de In
originalidad, bien sea por 110 babor comprendido á
fondo sus doctrinas, ó bien por que Dío.j q u i s o dar al
mundo una nueva prueba (le lo que puede la razón
humana, cuundo eu su orgullo iusensuto pretende le ­
vantar el edificio de la ciencia prescindiendo de todo
elemento religioso y de las tradiciones.de la filosofa
cristiana, el autor de la Crítica (Ir la razon pura, fal­
seó la doctrina filosófica del santo Doctor, separándose
unas veces de ella en puntos fundamentales, y otras,
dándole aplicaciones inconvenientes y exageradas. I.os
sistemas de Fichte, Sclielling y H egel, el panteísmo
germánico y el eclectismo francés, cuya funesta in­
fluencia en todos los ramos de la literatura conocemos
y lamentamos hoy, debian ser y fueron en efecto las
consecuencias naturales y necesarias de esto, y el re­
sultado final del movimiento científico iniciado por el
filósofo aloman.
Raimes hnbia reconocido ya con su acostumbrada
sagacidad esta falsa dirección que Kant diera ñ las
doctrinas de la filosnffa escolástica.
«Aunque el filósofo aleman, dice, ( f ) conviene con

(1) Fio». Fund. Idb. 4.’ Cap. 8.*


33
258 c a p ít u l o v e i m e y uno.

los escolásticos en la observación de las facultades


])riiuitivas de nuestro espíritu, se aparta luego de ellos
en las aplicaciones; y mientras aquellos vau ú parar
ó uu dogmatismo filosófico, 01 es conducida ú un es­
cepticismo desesperante. Nada de lo que los filóso­
fos mas eminentes hablan reconocido por incontesta­
ble, se sostiene ú los ojos del filósofo aleman. Ha
distinguido, es verdad, el órden sensible del inteli­
gible; ha reconocido dos facultades primitivas en
nuestra alma, sensibilidad y entendimiento; Im se­
ñalado la linca que las separa, encargando cou so­
licitud que no se la borre ya mas; pero cu cambio,
ha reducido e l inuudo sensible ú un conjunto de pu­
ros fenómenos, csplicaudo el espacio de tal manera,
que es muy difícil evitar el idealismo de Bcrkeley;
y por otra parte, lia circunvalado e l entendimiento,
impidiéndole toda comunicación que se extienda mas
allá de la experiencia sensible, reduciendo todos los
elementos que en él se encuentran i formas vacias
que á nada conducen cuando se las quiere aplicar á
lo no sonsiblt!, que nada pueden decirnos sobre los
grandes problemas onlológicos, psicológicos y cos­
mológicos; esos problemas, objeto de las meditaciones
de los inas profundos meta físicos, y en cuya reso­
lución han vertido un caudal de doctrinas sublimes,
justo título de noble orgullo para el espíritu humano,
que conoce la diguidad de su naturaleza, que de­
muestra su alto origen, y columbra la inmensidad de
su destino. Los aristotélicos ( I ) hacen estribar sobre sus
principios todo un cuerpo de ciencia metafísica, A la

(i) lM . C»p. 9.°


KAJiT Y SAIVTO TOMÁS. 259

que consideran como la mas digna de las ciencias y


cual luz poderosa y brillante que fecunda y dirige
á todas las demas; por el contrario Kant, partiendo
de los mismos hechos, arruina la ciencia metafísica,
despojándola de todo valor para e l conocimiento de
los objetos en si mismos.»
Ya liemos visto antes que Kant exageró la idea de
santo Tomás sobre el ejercicio simultáneo de las fa­
cultades sensitivas 6 intelectuales.
Santo Tomás habiu ensenado que el objeto de los
sentidos es esencialmente diferente del objeto del
entendimiento; que aquellos solo perciben los acci­
dentes ó modificaciones de los cuerpos, mientras el
entendimiento puede llegar hasta la percepción de su
naturaleza; que los primeros solo perciben cosas cor­
póreas y singulares, mientras el segundo puede en­
tenderse también á la prccepcion de cosas pura­
mente* espirituales, y percibir su objeto sea espiritual
ó corporal bajo conceptos universales: santo Tomás
liabia enseñado también en conformidad con esto, que
la esteusion es como la basa de todas las demas mo­
dificaciones de los cuerpos que afectan nuestros sen­
tidos. Esta observación del santo Doctor es tan exacta
como verdadera; porque en efecto, no concebimos In
figura, la dureza, e l color, en una sustancia indivisible
é inevtensQ: luego la csteusion es una condicion nece­
saria y como la base general de las modificaciones
corpóreas y sensibles.
Kant separándose de algunas de estas afirmaciones,
y exagerando y haciendo falsas aplicaciones de otras,
considera el tiempo y el espacio como formas mera­
mente subjetivas de la sensibilidad. Lo que sanio
200 C A PÍTU LO VEINTE Y USO.

Tomás liabia cuscrtado acerco del espacio ó cstcnsion


romo condicion objetiva de la sensibilidad, Kant lo
trasladó al espacio ó cstcnsion como forma subjetiva
y condicion á p riori de lu sensibilidad-
1‘cro 110 es mi ánimo establecer un parangón, u¡
siquiera indicar los muchos puntos respecto de las cua­
les Kant después de haberse aproximado mas ó menos
á santo Tomás, se separa luego de él. Sulu quiero
record,ir la profunda separación que existe entre los
dos, relativamente al valor objetivo de las ideas ó
conceptos de la razón pura y A la existencia de lu in­
tuición inteligible; porque estas cuestiones no solo se
hallan en íntimus relaciones con la teoría ideológica
que nos viene ocupando, sino que se rozan con todos
los grandes problemus de la ontologíu, cosmología y
psicología.
La doctrina de sanio Tomás en orden ú la natura­
leza de lu inteligencia, purticipucion inmediata, según
-■I sanio Doctor, de lu Ilnzon suprema y de lus ideas
divinas, v como facultad que Uuvu en sí el sello y
lii ini|ircsiuu de la primera Verdad, junto con su
teoría sobre el origen y desarrollo del conocimiento
humano, envuelve ucccsuriamcntc la legitimidad de la
evidencia objetiva. Si se tiene cu cuenta ademas la
importancia que couccdc al priucipio de contradicción,
considerándolo como la ley fundamental de la in­
teligencia, tanto en el órdeu real como en el órden
de los seres posibles, en el órden sensible lo mismo
que en el inteligible, dándolo por consiguiente un
sentido y un \alor verdaderamente trascendental, es
decir, independiente de las representaciones empíricas
«■ intuiciones de lu sensibilidad; si se tiene en cuenta
KAKT V SAATO TOMÁS. 201

todo esto, repito, será fácil reconocer, porque* una de


las afirmaciones principales y como la base fundamen­
tal de la filosofía de santo Tomás, es la existencia del
\alor objetivo de las concepciones, ya simples, ya com­
plejas del entendimiento. Por eso es también que el
santo Doctor enscúa con muclia razón, que las ideas
intelectuales de que se s in o la inteligencia para po­
nerse en contacto con los objetos, no son lo que esta
percibe directa ó inmediatamente, sino que deter­
minando la inteligencia al conocimiento de los obje­
tos representados por ellas, en el sentido que es po­
sible la representación en el órden puramente inte­
ligible, ellas solo son conocida» Kccundariainente y
por reflexión, en cuanto el entendimiento después de
haber percibido an objeto cualquiera, tiene la facul­
tad de volver sobre sí mismo y tomar como objeto
el acto directo y las condidoacs que lo acompañan.
Las sencillas palubras de santo Tomás (pie ya he­
mos citado otra vez, bastarían por sí solas para esta­
blecer una barrera insuperable entre su grande fi­
losofía y toda cscucla idealista: Speeies intelligibili»
te hubct a/l intellectum, ut r/uo intelligit intellectus. Non
est id f/und intc.lt igitur, sed id r/uo intelligit intellectus.
Sed r/uia intellectus supra seipsum reflectítur, secundum
camdcrn reflexionem intelligit, et. suutn intelligere, et
speriem, qua in tellig it¡ et sie speeies intellecla, secun­
dario est id quod intclligitur. Sed id quoel intelliijitur
primo, est res cujus speeies intelliyibilis est similitudo.
( I ) « L o que el entendimiento conoce, aaade en otru

(1 } Sun». TUol. 1.‘ P. C w U es. Art. »J>


2(52 CAPÍTL'1.0 VE IN TE i UNO.

parte, ( I ) es la naturaleza ó ser que se halla ca las


cosas y nó la misma especie inteligible, á no ser
cuando el entendimiento vuelve sobre sí mismo por
medio de la reílexiou. Pues es evidente, que las cien­
cias se refieren é las cosas mismas existentes fuera
del alma, y no son acerca de las especies ó ideas inte­
ligibles. De donde se infiere evidentemente, que el
objeto del entendimiento no es la idea de la cosa
entendida, sino su naturaleza misma re a l.»
¿Cual es ahora la solucion dada á este problema
por Kant? Después de haber seguido á santo Tomás
al establecer la distinción y superioridad de la inte­
ligencia sobre la sensibilidad; después de haber re­
conocido como él la existencia de estas dos facul­
tades primitivas del espíritu humano, sin confundirlas
ni identificarlas; después de haber señalado la linca
que separa el orden scusiblc del puramente inteli­
gible, Kant exagerando aqui, como en otras partes,
la doctrina de santo Tomás y separándose repentina­
mente de este, subordina completamente el órden in­
teligible al órdeu sensible, exagera la influcucia y
relaciones de la sensibilidad sobre el origen, natu­
raleza y desarrollo del conocimiento intelectual, para
llegar por último & la negación de todo valor obje­
tivo de las ideas ó conceptos del entendimiento puro,
fuera de las intuiciones de la sensibilidad.
3 o es necesario aducir largos textos pora compro­
bar esta afirmación; porque por mas que la claridad
de estilo y de ideas 110 sea lo que mas suele bri­
lla r en el filósofo aleman, su pensamiento sobre este

(1 ) D i Anim. L ib . S * L w o . 8.*
K A N T Y SANTO TO M Á S. 2 0 ')

punto es demasiado esplícito. « El uso trascendental


de uu concepto en un principio, nos dice, (I ) con­
siste en que se refiere ¿ las cosas en general en sí,
mientras que el uso empírico se refiere ú los solos
fenómenos, es decir, n los objetos de una esperien-
c ii posible; por donde se echa de ver que este úl­
timo uto, es él solo que puede tener lugar. Pura todo
concepto, es necesaria la forma lógico de un con­
cepto en general del pensamiento, y en seguida la
posibilidad de someterle un objeto al cual se refiera:
siu usté objeto carece de sentido, no contiene nuda,
uuuque pueda encerrar función lógica para formar
un concepto por medio de ciertos datos. Esc objeto
no puede ser dado á su concepto sino en la intuición;
y aunque una intuición pura scu posible á p rio ri an­
tes que el objeto, sin embargo no puede recibir me
objeto y por consiguiente su valor objetivo, sino por la
intuición empírica de la cual ella es la forma. Todos
los conceptos y con ellos todos los principios, aun­
que sean á priori, se refieren no obstante n intuiciones
empíricas, es decir, á datos de la esperiencia posi­
ble. Do otro modo no tienen ningún valor objetivo, no
son mas que un verdadero juego, ya de la imagina­
ción, ya del entendimiento.«
Hablaudo después de las categorías, vuelve ú r e ­
petir en sustancia la misma doctrina, por las siguien­
tes palabras: (2) « Si no se llevan ea cuenta todas las
condiciones de la sensibilidad que las señalan como
conceptos de un uso empírico posible; si se las toma

(1) Ltg. Trefe. L ib . 1.° Cap. 3.a


(2 ) lbid.
2GÍ C A PÍTU LO lEITSTE T USO.

como conceptos de las cosas en general y por con­


siguiente de uso trascendental, nada queda por ha­
cer eu cuunto las concierne, sino guardar la función
lógica en los juicios, como la condiciou de lu posi­
bilidad di- las cosa* mismas, sin poder mostrar en
qué cuso su aplicación y sil objeto, y por consiguiente
«.lias mismas pueden t*ner en el entendimiento puro y
mu la intervención de la sensibilidad, un sentido y un
valor o b je tiv o .......................................Se sigue incon­
testablemente de lo diclio, que los conceptos puros
del entendimiento no pueden jamás tener un uso tras­
cendental, y únicamente, un uto siempre empírico. •>
Las consecuencias tan funestas como inmediatas y
neccsurias du semejante doctrina,, son demasiado e v i­
dentes pura que sea necesario insistir sobre ellas. Si
las catcf/orias de la razón, si los conceptos puros del
irntcndimieiilo, nada significan en el urden real y ob­
jetivo independientemente de los fenómenos de la sen­
sibilidad; si el entendimiento no puede emplear sus
conceptos sino empíricamente, y sus principios ti p riori
carecen d e vulor objetivo si 110 se refieren ti intui­
ciones empíricas ¿ó que so rediiccn las ciencias to­
das sino a u n mero juego del entendimiento? ¿N o
es evidente (pie semejante doctrina envuelve en sí un
idealismo absoluto en el orden intelectual y cient üco,
y que el escepticismo debe ser su última palabra?
Hé aquí pues ú K.ant que después de haber esta­
blecido la distinción de la sensibilidad y del enten­
dimiento; después de haber señalado los respectivos
eaructercs de estas dos facultados primitivas del es­
píritu humano; en una palabra, de9pucs de haberse
elevado por un momento á las regiones de la A b -
K A N T Y SA.VTO TOM ÁS. 2G!»
sofía espiritualista para oponerse al sensualismo de su
siglo, recae en este mismo sensualismo que trata de
combatir, destruyendo con una mano el edificio que se
esfuerza en levantar con la otra. Porque ello es cierto
que si los principios á p riori de la razón, bases fun­
damentales de la verdad en el órden científico, y si lob
conceptos del entendimiento puro, no tienen valor al-
guuo objetivo fuera del órden fenomenal y cuuudo
uo se refieren á intuiciones empíricas, esa facultad
apellidada por Kant entendimiento puro, significa muy
poca cosa, y que e l órden científico queda reducido
en realidad al conocimiento sensible. Luego eu el
fondo de esta doctrina del filósofo aleman, va en­
vuelto el sensualismo, consecuencia que aparece mas
incontestable y absolutamente necesaria, si se tiene
eu cuenta la opinion del mismo sobre la existencia
de la intuición inteligible, doctrina en que el filó ­
sofo de Koenisbcrg se separa nuevamente de santo
Tomás.
Sabido es que Kant pone en duda no solo la exis­
tencia, sino hasta la posibilidad de una intuición
diferente de la sensible, ó sea puramente intelectual,
aun respecto de espíritus diferentes del nuestro.
Santo Tomás por el contrario, no solo admite la po­
sibilidad, sino la existencia real de esta intuición.
Según el santo Doctor, e l conocimiento que Dios
tiene de si mismo, es un conocimiento perfectamente
intuitivo. Dios vé inmediatamente su esencia y en
ella v é también todas las cosas reales y posibles. Su
inteligencia tiene una intuición tan inmediata como
completa de su esencia con la cual se identifica, y
esta esencia ae compara á la inteligencia divina como
34
266 C APÍTULO VEINTE Y UNO.

idea y como objeto á la vez. En nosotros son dos


cosas diferentes id quo intelligitur, et id quod in te lli­
gitur; pero no sucede lo mismo en Dios, en el caal
hay identidad absoluta de estas dos cosas: Sic igitur
tlicendum est, quod Deus seipsum vldet in seipso, quia
seipsum videt per essentiam suam. A lia autem á se, videt
non in ipsis, sed in seipso, in quantum essentia sua con-
tinet similitudinem aliorum i ¡e. ( I ) Cum igitur Deus
nihil potentialitatis habeat, sed sit actus puras, oportet,
t/md in eo intelleetus et intellectum sint idem ómnibus
modín; ita, seilicct, ut................ñeque species intelligi-
bilís sit aliiul á subí tan tía intelleetus divini, sicut ac-
ridit in intrllectu neutro cum est actu intelligens; sed
ipsa species intcllígibilis est ipse intelleetus divinas; et
sic .icipsum per seipsum intelligit. (2)
Pero santo Tomás va mas lejos aun: no solo ad­
mite la posibilidad y existcnciu de la intuición in­
teligible para otras espíritus distintos del nuestro y
para otra vida, sino que enseila también que existe
para nosotros aun en la vida presente la intuición
del órden puramente inteligible. Según el santo
Doctor, una vez puesta en acción la actividad in­
telectual por m edio del conocimiento ó considera­
ción de un objeto cualquiera, ul alma se conoce á
sí misma por su presencia, ó mejor dicho, por la
intuición de sus actos; conocimiento ó intuición que
sirven despues de bnsc y como de punto de partida
á la inteligencia, para llegar al conocimiento cien­
tífico, discursivo y general de la naturaleza y atrl-

(1| Suw. TAwf. 1.a F . Cuait. 14. A rt. 8.”


(2 ) A r t . a.*
K A R T Y SAfiTO TOMÁS. 2G 7
Lutos del alma. Después de haber dicho que nuestra
alma inteligente se conoce ¿ sí misma por 6U acto,
añade: (1)
« Y esto se verifica de dos modos: 1.° en particu­
lar, en cuanto Sócrates ó Platón percibe que tiene
alma inteligente, por lo mismo que percibe en si
mismo que él entiende: 2.° de una manera uim ersal,
según que investigamos la naturaleza del alma hu­
mana por medio del mismo acto del entendimiento
Cierto es que el juicio y eficacia de este conoci­
miento nos compete según la derivación de la luz
de nuestro entendimiento de la Verdad divina, en
la cual se contienen las razones de todas las cosas.
Por lo cual dice san Agustin in 9.° de T rin it. « V e ­
mos la Verdad inviolable, por la cual determinamos
perfectamente en cuanto podemos, nó cual sea el alma
de cualquier hombre, sino cual debe ser en las ra­
zones eternas. ■■ Existe sin embargo una diferencia
entre estos dos conocimientos; porque para el p ri­
mer conocimiento, basta la misma presencia del alma
que es principio del acto por el cual la mente se
percibe á sí misma; y por lo mismo se dice que se
conoce á sí misma por su presencia. Mas para el se­
gundo conocimiento, no basta la sola presencia del
alma, sino que se requiere una investigación diligente
y sutil. Por eso es que muchos ignoran la naturaleza
del alma, y no pocos incurrieron en error acerca de
su naturaleza. Asi es que san Agustin, hablando de
esta investigación, dice 10 <le Trinit. «No se busque
¿ sí misma como ausente el alma,, sino procure mas

(1 ) Sm*. TlMoU CoM t. 87. A r t. 1.°


268 C A PÍT U L O VEINTE Y UNO.

bien discernirse como presente, * es decir, conocer su


diferencia de otras cosas; lo cual equivale á conocer
su esencia ó naturaleza propia.-
La misma doctrina se hulla repetida en otros mu­
chos lugares de sus obras, en los cuales enseña no
solo que el entendimiento tiene intuición de sus ac­
tos, sino que esta intuición se estiende también de al­
guna manera á la esencia misma del alma presente ¿
la inteligencia percipiente; de manera que, según el
pensamiento del santo Doctor, puede y debe decirse
que tenemos intuición inmediata de los actos del en­
tendimiento, 6 intuición mediata de la esencia ó sus­
tancia del alma, en cuanto se constituye presente in -
telHyibiliter ú nuestro entendimiento en sus actos; ( I )
A d hoc autem quod perctpiat anima se esse et quid in set'psa
agatur altendat, non requiritur aliquis habitui; sed ad
hoc sufficit sola essentia aniinx qux menli est prsesens: ex
enim actus progrediuntur, in tjuibus actualitcr ipsa
percipitur. Sicut Dcus (*2) seipso seipsum cognoscit, sic
anima seipsam quodámmodo cognoscit prr rssentiam sttam.
Nadie nos negará segurameute, que esta doctrina
de santo Tomás es algo inas sólida y conforme á la
observación exacta de los fenómenos internos y sobre
todo roas propia para combatir lu<> teorías sensualistas,
que la profesada por Kant al rehusar reconocer en
nosotros en el pstado presente mas intuición que la
sensible.
«E sta intuición, dice el filósofo aleman, (3) no
existe sino en cuanto se nos da un objeto, lo que

(1) Qwiut. IHtf. Dt Vtrtí. Cnait. 10.a A r t 8.»


(9} Ibid. ad O.»'
(9 ) EUtt. Trate. l . ‘ P.
K A K T Y SANTO TOMÁS. 269

no es posible al menos para nosotros hombres, sino


en cuanto e l espíritu es afectado de alguna manera.
La capacidad de recibir las representaciones por el
modo con que los objetos nos afectan, se llama sen­
sibilidad. Por medio de la sensibilidad, los objetos nos
son dados; solo ella nos suministra intuiciones.»
«Quitada la intuición, aflade en otro lugar, (I ) 110
haj otro modo de conocer que por conceptos; de
donde se infiere qne el conocimiento de toda inteli­
gencia humana es un conocimiento p or conceptos, nó in­
tuitivo sino discursivo. Todas las intuiciones como sen­
sibles reposan sobre afecciones.» « Es propio de nuestra
naturaleza, dice en otro lugar, (2) el que la intuición
so pueda ser sino sentible, es decir, que no comprenda
sino el modo con que nosotros somos afectados por
los objetos. “
Ya lo he indicado antes: esta doctrina unida & la ne­
gación del valor objetivo de los conceptos y principios
á priori del entendimiento puro, envuelve la negación
implícita de este mismo entendimiento que Kant pre­
tende establecer y esplicar. El filósofo de Koenisberg
al separarse de santo Tomás sobre estos dos pnntos
fundamentales de la filosofía, y al falsear y exagerar
su pensamiento sobre la estension como condicion ge­
neral del conocimiento sensible, arruina el órden cien­
tífico, sustituyéndole un escepticismo casi absoluto; y
en vez de la metafísica espiritualista que pretende es­
tablecer, bu filosofía gravita con todo su peso hacia el
Sensualismo mas de lo que muchos piensan.

( 1 ) log. Trato. Anal. Tra<e. Iilb. 1.* Cap. 1.»


(9) lbid. Introd.
CAPÍTULO VEINTE T DOS.

Sanio Tomás y la escuela escxesa.

Mucho se ha hablado en ostos últimos tiempos de


la escuela escocesa; mucho se han encomiado sus ser­
vicios cu favor de la causa del esplritualismo; y sin
embargo ¿A que se reduce cu el fondo la filosofía
de la escuela escocesa sin escluir A sus mas grandes
y dignos representantes, TomAs Rcid y Dugald Ste-
v a rt? ¿Cuales son los verdaderos servicios prestados
al Espiritualismo por la celebrada escuela? Hé aqui
lo que responde & estas preguntas un hombre cuya
palabra autorizada es de gran peso en estas materias.
La escuela escocesa, dice e l ilustre'autor de E l
Protesfantitmo y de todas las keregias en sus relaciona
SANTO TOMAS Y L A ESCUELA ESCOCESA. 271

con el Socialismo, ( I ) se reduce á la doctrina ó mas


bien al método de la observación y de la inducción,
que Racon habia 7 a introducido en el órden de las
ciencias físicas, y qne R eid y Dogald Stewart han
aplicado al órden psicológico. Ella consiste en obser­
var el yo; y todavía nó en sí mismo sino en sus
facultades, y aun nó en su naturaleza ó en mu acción,
siuo en su distinción de las unas con las otras, y en
su nomenclatura. Esto es una rueda, es una palanca,
es un eje. P ero ¿ y la relación de esta rueda, de esta
palanca, de este eje? ¿ y su acción? ¿ y su movimiento?
¿ y su fin? ¡Tem eridad! ¡Tem eridad! ¡Tem erid ad !
Distinguir y nombrar nuestras facultades, reconocer
que hay dos de las cuales la una se llama entendi­
miento y la otra se llama la voluntad; ved ahí las
columnas de Hercules de la filosofía espiritualista
moderna. »
Lo que distingue y caracteriza, por decirlo así, la
escuela cscoccsa, es el ser una psicología de un espl­
ritualismo esencialmente incompleto: la aplicación es-
cluslva del método bacouiano á esta ciencia, debia dar
por necesidad este resultado.
E l método esperiracntal y de observación tiene
grande importancia en psicología, y el prescindir de
él en esta ciencia sería lo mismo qne prescindir de
una de sus principales bases y de uno de los mas po­
derosos auxiliares para sus progresos; pero la espe-
riencia y la observación por si solas no bastan para
construir la ciencia psicológica. Los hechos de con­
ciencia y los fenómenos internos, no pueden recibir

(1 ) I»ib . 2.* Cmp. 2.®


272 C A PÍT U L O VEINTE T DOS.

el desenvolvimiento científico conveniente ni el ser


¡ la razón de verdadera ciencia, sin la aplicación si­
multánea del método racional y sin que sean puestos
en contacto con los principios á p riori de la razón.
Este es el origen de los defectos é imperfección
que resaltan en la psicología de la escuela escocesa,
cuando se lu compara con la de santo Tomás.
Aquella no vé en la psicología y en la ideología
mas que hechos de conciencia, fenómenos internos
aislados: estas ciencias no pueden salir para esta es­
cuela, de la observación de estos fenómenos y del mé­
todo csperimental. Este, sin perder nunca de vista la
esperiencia y la observación de loa fenómenos inter­
nos, combina al método esperimental con el deduc­
tivo y ontológico, echando mano á cada paso de las
ideas ontológicas y haciendo aplicaciones científicas
de los principios á priori.
La escuela escocesa aísla casi por completo la psi­
cología y la ideología, separándolas de la ontología y
desconociendo sus relaciones con las diferentes cien­
cias metafísicas. Santo Tomás reconoce como una de
sus bases principales la ontología, y enseña que los
problemas psicológicos é ideológicos, se hallan ligados
íntimamente con los relativos á las otras ciencias me­
tafísicas y morales.
En conformidad á sn método csclnsivo y á la es­
trecha base sobre que pretende levantar la psicología,
la escuela escocesa no hace mas que enumerar de una
manera demasiado incompleta las facultades del espí­
ritu humano, clasificarlas mas ó menos exactamente,
sin cuidarse de sefialar sus diferencias esencialas, su
naturaleza íntima, su origen, su modo de acción, ni
Sa n t o to m as y l a i :scuf .l a e sco cesa. 273
menos aun la naturaleza del principio sustanciul que
contiene su razón de ser; en una palabra, sin inves­
tigar siquiera la razón á p rio ri de los feuómenos; sin
llegar al conocimiento científico del yo ni & la verda­
dera ciencia de sus facultades.
« Distinguir y nombrar estas facultades, dice Ileid,
(I) es todo cuando hemos hecho y podido hacer; pero
sus nombres no esplican ni la acción propia de cada
una de ellas, ni la irresistible convicción que de nos­
otros exigen. Su naturaleza está cubierta para uosotros
de un velo impenetrable.»
Hé aquí roducida la psicología á una ciencia de
nombres; y ciertamente que después de esto no hay
por que estrañar que Jouffroy se atreviese á decir en
conformidad ú los principios de la escuda escocesa,
tjue la cuestión de la inmortalidad del alma era prema­
tura, tj qu* hasta la opinion que atribui/e los hechos de
conciencia á un principio distinto de todo árgano corpo­
ral, puede hasta ahora ser considerada como vna hipótesis.
En efecto; si «nuestrasfacultades no penetran hasta
la cien cia,» según reconoce el citado Reid; (2) si es
verdad que «n o alcanza ni se esticude hasta allá rl
entendimiento humano, » Jouflroy tiene razón al afir­
mar que la euettion de la inmortalidad del alma es una
cuestión prematura; porque según estas afirmaciones
de la escuela escocesa, la cuestión de la inmortalidad
del alma debe ser una cuestión insoluble en el terreno
de la ciencia. Así es que Royer-Collard d o s dice, si­
guiendo los principios de Reid: (3) «Si se pregunta

(1 ) QEuvr. Tom. 4 .' pac. 209.


(3) i m .
(3) Ibid. M I. s ie .
35
274 C A PÍT U L O V E IATE T DOS.

caal es la naturaleza interna de la cosa que piensa


y de la cosu c¡>tensa, es preciso responder que lo
ignoramos y que lo ignoraremos siem pre.»
¿ Y serú posible despues de esto desconocer h supe­
rioridad indisputable de la psicología de sonto Tomás
sobre lu psicología de la cscuoln escocesa, lo mismo
bajo el aspecto científico que bajo el aspecto religioso?
Echese una ojeada sobre la psicología ó ideología del
santo Doctor que a grandes ruegos acabamos de re­
correr; y se verú que sauto Tomás, 110 se contenta con
la clasificación exacta y la simple nomenclatura de las
fucultades del espíritu humano, sino que dcsem uelve
también sus relaciones recíprocas, sus diferencias, su
modo de acción, su origen y sobre todo su naturaleza
como efecto y manifestaciones del principio sustancial
del cual dimanan. Hemos visto también, que lejos de dar
entrada al escepticismo y la dudu sobre la distinción
cscnciul del principio sustancial de estus facultadas, es
decir, del alma racional de toda materia y osten­
sión; mas lejos aun de abrir el camino para que
la inmortalidad del alma sea considcrndu como una
cuestión prematura, establece y desenvuelve en el ter­
reno puramente cicntííico con toda la solidez que desear
puede la razón, esas dos grandes verdades, bases fun­
damentales de la psicología y sin las cuales ni esta
ni la ideología pueden subsistir como ciencias.
Sin pretender juzgar la iuleucion ni previsiones de
la escuela escocesa, á lo menos con respecto á los pri­
meros y principales representantes, ello es preciso
confesar que sus principios envuelven tendencias de­
masiado pronunciadas al Materialismo y al escepticismo
psicológico. El mismo Dugald Stewart confiesa que
SAiV ro TOMÁS V I A ESCUELA ESCOCESA. 275
- la psicología se arregla igualmente con el Materia­
lismo y con el idealismo de B e rk ele y.» En este punto
y bajo este aspecto, la psicología completa, espiritua­
lista, científica y profundamente cristiana de santo T o ­
más, lleva ventajas palpables y es infinitamente su­
perior á esa |»s¡cologia incompleta, semiespiritualista,
escéptica y vucilantc cu sus principios y tendencias
de la escuda escocesa.
Y uo es que desconozcamos los servicios prestados
á la filosofía por esta escuela: lo reacción que inició
contra el escepticismo desesperante de Hume; la im­
portancia científica que concedió á las verdades y
principios de sentido común, llamando la atención
sobre la necesidad de admitir ciertos principios como
hechos primitivos y leyes necesarias de la natura­
leza humana; la abundancia de observaciones, la cs-
tension y hasta minuciosidad que emplea para enu­
merar y clasificar las facultades del espíritu hu­
mano, 1c dan derecho para ocupar un lugar distin­
guido en la historia de la filosofía: pero estas reco­
mendables cualidades quedan borradas y desvirtuadas
en gran parte, por los defectos y vicios capitales que
hemos indicado. Pretender que el espíritu humano es
impotente para llegar á la ciencia sobre las cuestiones
mas vitales de la filosofía; clasificar las facultades del
yo pensante, afirmando al propio tiempo que nada po­
demos saber sobre la verdadera naturaleza de este yo,
ni demostrar su distinción real y absoluta de los ór­
ganos corporales, ni establecer de una manera e v i­
dente é inconcusa la espiritualidad é inmortalidad del
alma, ni llegar á la solucion de los problemas mas
interesantes y trascendentales de la psicología é ideo-
276 CAPÍTULO VEIJÍTE Y DOS.

logia: confesar, en fia, como lo hace Dugald Stewart,


que uo es posible demostrar la existencia de la mate­
ria, e 9 sustituir el escepticismo ontológico y psicológico
al escepticismo absoluto de Hume; es abrir la puerta
ú las doctrinas sensualistas é idealistas; es destruir
con uua mano lo que se levantara con la otra.
Sabido es que uno de los puntos eu que insiste
mas la escuela escocesa, es la negaciou de las especies
ó representaciones intermedias entre la fucultad per­
ceptiva y el objeto, lauto en el orden sensible como
eu el orden puramente intelectual. Es bastante {r e ­
cuente el encontrar autores que consideran cstu doc­
trina como un descubrimiento ó invcocion peculiar de
la filosofía escocesa. Sin embargo, yo me atrevo á afir­
mar siu temor de ser desmentido, (pie lu escuela es­
cocesa podrá tener e l mérito del descuvolviinicnto
mas ó menos completo de esta doc'.riua, pero nó el de
lu uriginulidud.
Prescindiendo de sauto Tomás y Alberto Maguo, los
cnales, según hemos visto, es bastante probable que
admitían lu acción inmediata de los objetos sobre las
facultades sensibles, es incontestable que Durando de
Saint Pourzain habia ensenado la misma doctrina al­
gunos siglos antes que apareciera la escuela escocesa.
Sin aprobar la opinion de este autor ni la de la escuela
escocesa relativamente al órden inteligible, y teniendo
por mas fundada la opinion que considera como ines-
plicable la unión del entendimiento con el objeto sin
las ideas, vamos á trascribir algunos pasages del ci­
tado escritor, en que se hallan consignadas afirma­
ciones análogas á las de la escuela escocesa sobre es le
punto.
9AKT0 TOMÁS T L A ESCCELA ESCOCESA. 277

«Estas representaciones ( I ) parecen haber sido in­


troducidas originariamente con motivo del sentido de la
vista y los objetos de este sentido; porque el color
parece que produce una imagen suya eu el medio
y en el órgano, como aparece sensiblemente en la
refracción que se verifica en el espejo: tal vez sino
fuera por esto, nadie linhiem hecho mención de es­
pecies necesarios pora el conocimiento.......................

....................................No tengo cato por verdadero,


ui rcspccto de los sentidos, ni del entendimiento hu­
mano, ni del angélico. Que 110 sea necesario admitir
especies para los sentidos, por ejemplo, en lo vista
para representar é esta los colores, se prueba asi:
todo aquello mediante lo cual en razou de medio
representativo, la facultad que conoce se refiere n
otra cosa, debe ser conocido primero por dicha fa ­
cultad; es asi que la imagen del color no es cono­
cida primero ó vista por el ojo, antes al contrario
ninguna visión tiene de ella: luego la vista no per­
cibe el objeto por medio de esa representación. . .

............. P o r otra parte, si esta especie sirviese para


el conocimiento de otra cosa, liaría esto por razón de
semejanza, asi es que se la llama comuuuiente seme­
janza de la cosa, y por consiguiente tendría razón de
imagen: mas la imugen que nos conduce al conoci­
miento de aquello de que es imagen, debe ser cono­
cida de antemano como imagen; lo cual no puede
decirse de esta especie. Y sin duda alguna, parece

(1 ) Sm*. U b . 8.0 D ilt. 3.» C tttiU 8.a


27 8 CAPÍTL'LO XKIJSTE T DOS.

absurdo que la irotencia conoscitiva sea conducida


al couocimieuto de una cosa por medio de otra que
le es totalmente desconocida.......................................
................... Es evidente
por lo tanto, que ninguna cspccic existe en el ojo para
representarle el color ¿ fin de que sea t í .s Io ...............
Por la misma razón se prueba que no es accesorio
poner tampoco esa cspccic en el entendimiento: pues
debería ser conocida primero por el entendimiento, lo
que es contra 1o que esperimentamos.............................

...................................... Ademas; siendo el entendi­


miento una facultad reflexiva, se conoce ¿ si mismo y
las cosas quo residen en él con certeza y como es-
perimentalmente: asi es quo esperimentamos que en­
tendemos y que existe en nosotros el principio con
que entendemos. Luego si existiera en nosotros esa
especie, parece que deberíamos percibir con certeza
que c lis te en nosotros, asi como conocemos otras cosas
que existen en el entendimiento. •
Este pasage de Duraudo trac ¡uvoluntariamente ¿ la
memoria las siguientes palabrus de Huid; ( I ) «S i las
ideas son algo real y no seres imaginarios, deberíamos
Icncr perfecto conocimiento de las mismas, puesto que
tenemos el comercio mas intimo con ellas; y sin em­
bargo, no liay materia alguna acerca de la cual haya
existido mayor diversidad de opiniones entre les filó­
sofos.*
Medítense estos pasages y consúltense, si se quiere,
los que hemos omitido en gracia de la brevedad, y

(1) flEvru eompl. T o n . 8 Oap, 14.


SANTO TOMÁS Y L A ESCUELA ESCOCESA. 270
digáscuos despulís de es tu si lu escuela escocesa lia
ido mas lejos que Durando, y si Reid, Dugald Ste-
wart y K oycr Collard, lian hecho otra cosa que co­
mentar, desenvolver y dar nueva' forma y estilo á la
doctrina del aatiguo escritor doiniuicano, relativa­
mente á la teoría do lus ideas.
También se descubre aqui una prueba patente y
la confirmación de lo que mas de una vez hemos con­
signado en esta obra, & sabor, que muchos filósofos
escolásticos y especialmente los formados en la cs­
cucla de santo Tomás, conocían antes que aparecieran
cu la csccna literaria Bacon y Descartes, la im por­
tancia del método experimental y hacían entrar en la
psicología la observación de los fenómenos internos y
los hechos de la conciencia ó sentido íntimo, coino uno
de los elementos principales de esta ciencia.
Ya que la ocasion se brinda á ello, no terminaré
este capítulo sin llamar la atención sobre una de
aquellas preocupaciones que á fuerza de repetirse y
trasmitirse sin examen de boca en boca llegan á ad­
quirir insensiblemente la autoridad de cosa juzgada.
Nada mas frecuente que oir hublnr y escribir de la
intolerancia de lu órden de santo Domingo, y apelli­
darla la mas intransigente con las doctrinas. Si alguna
corporacion podia tener algún dcrccho para ex ig ir de
sus miembros sujeción ▼ compromisos de este gé­
nero, ninguna podría presentar títulos tan aparen­
tes como la que poséc la Alosofía y teología de santo
Tomás; y sin embargo d e esto, la verdad es que d iü -
cilmente Be hallará una corporacion que hoyo dado ma­
yores pruebas prácticas de tolerancia sobre esta ma­
teria. Natal Alejandro en historia, Campanella en Alo-
280 C A PÍT U LO VEIATE Y DOS-

sofia, Ambrosio Catarino en teología y moral, Caye­


tano en exegesis, Durando en filosofía y teología, lian
hablado con libertad y hasta con libertad calificada
con justicia de escesiva por propios y estrailos; han
sostenido opiniones hasta peligrosas y lian enseñado
también doctrinas contrarias á las de suuto Tomás: y
sin embargo de esto ¿ donde están las grandes perse­
cuciones que han sufrido por esta causa por parte del
instituto que profesaban?
Hay en la historia una institución, que ligada por
relaciones especiales á la órden de santo Domingo, es
el verdadero origen de esas calificaciones, que se ha­
brían hecho recner igualmente sobre cualquiera otra
corporaciou, á la cual hubiera tocado en suerte tener,
esus relaciones: hay en el diccionario una palabra que
esplica esas preocupaciones y esas calificaciones inme­
recidas: borrad de la liistoriu esa institución juzgada
inexactamente por nuestro siglo, porque la juzga sin
tener en cuenta la diferencia de tiempos y de ideas,
y esas calificaciones habrán desaparecido: borrad del
diccionario esa palabra, y estad seguro que la órden
intolerante 6 intransigente de santo Domingo, se con­
vertirá repentinamente para los que hoy la apellidan
asi, cu la mas tolerante y moderada.
Eu el primer libro de esta obra, hemos hablado ya
de la injusticia y exageración en que han incurrido no
pocos escritores al calificar la influencia dominante
de Aristóteles en las escuelas. Los que abriguen aun
ideas análogas á las que alli hemos combatido y rec­
tificado; los que todavía se figuren allá en su imagi­
nación á los antiguos Escolásticos como el mutum et
turpe pecns de Horacio, caminando ciegamente en pos
SANTO TOJI.VS Y L A ESCUELA ESCOCESA. 28 1

de Aristóteles; los que se representen & aquellos


escritores de la edad media, haciendo mas caso de la
autoridad de Aristóteles que de la de los SS. P P . de
la Iglesia y anteponiendo la scntcucia del estagirita
á lo que la razón dicta á cada ano; los que piensan
en lin y predican á todas horas y en todos los to­
nos, que Descartes fué el primero que enseñó al hom­
bre (i usar de su propia razón. reduciendo a sus jus­
tos límites lu autoridad csccsiva de Aristóteles en lus
escudas, puedeu consultar los escritos de Durando,
v¡i que el nombre de este escritor se lia atravesado
cu nuestro camino. El que se tome la pena de hojear
sus citados Comentarios sobre las Sentencias de Pedro
Lombardo. vcrA « c¡>lc dominicano combatir á princi­
pios del siglo X IV la autoridad del nombre de Aris­
tóteles, con una libertad é independencia acaso e i li­
beradas, y que nada tiene que envidiar i\ Descartes:
léanse esos Comentarios y se verá al antiguo obispo
de Meaux prescindir ú cadu paso, lo mismo de la au­
toridad de Aristóteles que de sus doctrinas y opinio­
nes. Quia nos, dice en una parte (1) non tenemus A ris -
lotelcm quantum ad hoc ele. Quod postea dicitur, afiade
en otra parte, (2) de intentione Aristotelis, dicendum,
quod quidquid ipse intenderit, de quo non est tantum
curandum sicut de veritate, tamen ratio quam ad hoe
adduxit, parum valet. Eu otro lugar dice: (3) Aristó­
teles ponendo mundutn xlernum, erratiit non solum contra
fidem, sed etiam contra rationem naturalem, et radones
per quas probal suum intentum, sunt omni hotnlni in -

(1 ) Smfmf. Uta. 1. SUt- 7. OoMt. 9 * id 1 .»


( ! ) IbU. DlaU 3.» CuMt. 8 *
(3) ¡bU. Llb. 9.* DUt. 1.* CuMt. 9.1
<»a
28'2 C A PÍT U LO VEINTE Y DOS.

íelligenti fáciles ad solvendum. Quod concedendum tsl,


( I ) quidquid senserit vel dixerit Aristóteles, per verba
obscura et insólita etc. N ih il prohibet Aristdtelem, (2)
qui fu it pnrus homo, dixñse in pluribus loéis aliqua sibi
invicem dissonantia. Qvamvis non multum sit curandum,
'3) concluye, quid senserit Aristóteles etc.
Y nótese que estos pasages no son mas que la e x ­
presión práctica de la doctrina general que cstablccc
y consigua en el prólogo de su oltra, en donde des­
pues de haber sentado que la doctrina sagrada ó sea
la teología, debo sor establecida y desarrollada prin­
cipalmente por medio de la sagrada Escritura con
preferencia ú la razón liumaua, cuando % truta de
cosas pertenecientes á la fé, aüade: [4) « Empero el
modo de tratar y el método de escribir con res­
pecto á aquellas cosas y ciencias que no se relacio­
nan con la fé, es e l hacer mas caso de la razón
que de la autoridad de cualquier doctor particnlar, por
célebre y autorizado que sea, y el tener en poco
cualquiera autoridad humana, cuaudo la verdad con­
traria se presenta clara ó manifiesta á nuestra ra­
zón. Porque si bien debemos sujetar nuestro en­
tendimiento en obsequio de Cristo, y en aquellas co­
sas que son relativas á la fé católica, debemos asen­
tir á la autoridad de la sagrada Escritura con p re­
ferencia á toda razón humana....................................
sin embargo, todo hombre que abandona su propia
razón por seguir la autoridad humana de otro, viene

(1) lbid. Dlit. a .» CuMt. 7 .*


(8) lbid Dlat. 1S. OuMt. 9.a
(3) lbid. núm* 0-
l4) NHd. Fn?l. núm. 13*
SANTO T O N A S Y LA ESCUELA ESCOCESA. 283

á caer en una necedad bestial, de suerte que debe ser


comparado jum entil iruipientibus, et similis factus sit
illi$ ................................................. De lo dicho hasta
aqui se infiere, que el obligar ó inducir a alguno ó
que no enseñe ó escriba cosas contrarias ¿ lo que al­
gún doctor determinado haya escrito, es anteponer
este doctor ñ los SS- P P . de la Iglesia, cerrar el
camino á la iuvestigacion de la verdad, poner obs­
táculos á la cicncia, y no solo ocultar sino compri­
mir violentamente lu luz de la razón: est prxcludcrc
viatn iiiquisitioni veritatis, pr&stere impedimentum scicndi,
rt lumen rationis non solum. ocultare sub modio, sed
comprimere violenter. Asi pues, nosotros concediendo
mas peso ó la razón que A cualquiera autoridad hu­
mana, anteponemos la razón á la autoridad pura de
cualquier hombre, teniendo presente que es justo
honrar ante todo la verdad.»
Prescindiendo de la exageración y peligros que
puede llevar consigo esta doctrina de Durando por
parte de su universalidad y aplicaciones posibles á
la ciencia teológica, es indudable que considerada con
relación ó las ciencias filosóficas y naturales, nada
tiene que envidiar á los modernos preconizadores de
la autonomia de la razón humana. ¿Conocian Descartes
y sus discípulos estos pasages y esta doctrina, cuando
cscribian sus diatribas tan violentas como exageradas
contra la autoridad despótica y el yugo servil impuesto
por Aristóteles á los Escolásticos? Es bastante proba­
ble que no. En todo caso, bueno será tener presente
que á pesar del atrevimiento y exageración que r e ­
saltan en la citada doctrina de Durando bajo el as­
pecto teológico, existe siempre una diferencia tan
28$ C A PÍTU LO TEIKTE T DOS.

radical como importante entre él y los partidarios


racionalistas de Descartes. Mientras estos proclaman
la independencia absoluta y la autonomía omnipo­
tente de la razón humana, destruyendo de esta suerte
la base y los fundamentos del Catolicismo; el an­
tiguo escritor dominicano tiene cuidado de poner ¿
salvo los intereses de la Religión y la autoridad
de la palabra de Dios, cuya superioridad sobre la
razón del hombre reconoce y consigna terminante­
mente.
Y no se croa que este ejemplo de Durando es un
ejemplo aislado. Sin negar que no pocos Escolásticos
lian exagerado especulativa y prácticamente la autori­
dad de los filósofos y principalmente la de Aristóteles
en perjuicio de los derechos de la ruzon humana, 110
es menos incontestable que la mayoría de los buenos
Escolásticos supieron apreciar en su justo valor la
autoridad de los lilósofos y poner ú salvo los d ere­
chos de la razón con respecto á las ciencias humanas,
si bien evitaron al propio tiempo las exageraciones
peligrosas de Durando sobre esta materia. Y téngase
presente que con respecto á la cscucla de santo T o­
más, esto es una verdad, no solo tratándose do los
grandes escritores del siglo X V I, formados ú inspirados
por sus doctrinas, sino aun tratándose de Escolásticos
del siglo X I I I anteriores al citado Durando.
Egidio Romano, que es sin contradicción uno de
los Escolásticos mas distinguidos por la solidez de sus
doctrinas y uno de los intérpretes mas Heles del pen­
samiento filosófico y teológico de santo Tomás, se e x ­
presaba en los siguientes términos á últimos del siglo
X I I I : • La ciencia humana estriba principalmente en la
SANTO TOMÁS V LA ESCUELA ESCOCESA. 285
razón:» Scientia humana principalius innititur rutioni. «Eu
esta clase de ciencias, aQadia, el argumento lomudo de
uutoridad es muy débil y tiene poco fuerza........... No
damos crédito á los filósofos, sino en cuanto lian hablado
conforme á la razón:» Non cmlimus philosophia, nisi
quulenús rationabililer locuti mnt. Estas palabras pue­
den considerarse como la expresión del pensamiento
de santo Tomás cuyas leccionos liubia escuchado el
gran escritor agustiniano, y del cual heredara esa in­
dependencia sobria, que sin adoptar las peligrosas exa­
geraciones de Durando y menos aun la libertad é in­
dependencia absolutas de los cartesianos y racionalis­
tas, evita igualmente el servilismo y el respecto exa­
gerado de algunos Escolásticos hécia las opiniones de
Aristóteles, poniendo ú salvo los derechos é indepen­
dencia de la razón humana en las ciencias puramente
naturales. (IX .)
CAPÍTULO VEINTE T TEES.
>gW i "

El Problem a de la certeza.

Parecerá estrado tal ver, que hayamos relegado á este


lugar la esposicion de la teoría de 9anto Tomás sobre la
certeza. Siendo la certeza la base y como el cimiento
de la filosofía toda, parece á primera vista que esta
cuestión debiera haber sido tratada en primer tér­
mino. Sin embargo, como quiera que no trato de
escribir una filosofía, y si solamente de esponcr y apre­
ciar el pensamieuto del sauto Doctor sobre los princi­
pales problemas filosóficos, no menos que el enlace y
conexion de sus doctrinas que hacen de sur filosofía un
cuerpo compacto y armónico, e l problema de la cer­
teza tenia seAalado, por decirlo asi, su lugar na-
EL PROBLEMA DE L A CERTEZA. 287

tural, despues de su teoría sobre la verdad y despues


también de su teoría ideológica, teorías con las cuales
se Italia en intimas y necesarias relaciones, pudiendoser
considerada como un corolario lógico de las mismas.
Creo inútil advertir que no se trata aqui, ni de la
existencia misma de lu certeza, ni del modo con que
la adquirimos relativamente i aquellas verdades que
son como el patrimonio común del género humnno.
Todos los hombres sin distinción poséen ó asienten con
certeza ¿ cierto número de verdades que constituyen
la razón comuu de la liumauidad, si es licito hablar
asi. Toda vez que la espontaneidad es naturalmente
anterior ú la reflexión; toda vez que la observucion
atenta de los fenómenos internos nos revela que el
acto directo es primero que el ucto reflejo, bien pue­
de decirse que el modo de generación de la certeza
con respecto á esa clase de verdades, es un modo na­
tural, espontáneo y necesario; es una condicion g e ­
neral y necesaria del desarrollo prim itivo de nuestras
facultades de conocimiento. £1 hombre se enenentra
en posesion de la corteza absoluta sobro algunas v e r ­
dades, antes de entrar en la posesion de sí mismo
por medio de lo reflexión, y por consiguiente antes
de hallarse en estado de darse cuenta ú sí mismo
del modo con que adquirió esa certeza. E l hombre
del vulgo, lo misino que e l filósofo ó el mas profundo
pensador, sabe con certeza que quiere, que piensa,
que existe, que se mueve: sabe que existen cuerpos
y seres que no son él: sabe que el honrar ¿ los pa­
dres es una acción buena y que el injuriarles e9 malo:
que el todo es mayor que una de sus partes y que
es imposible que una cosa sea y no >ea al mismo
288 CA PÍTU LO YEHSTE Y TOES,

tiempo. ¿Como ha adquirido ia certeza de estas cosas


y oirás análogas? ?fo lo sabe: se encuentra con ella
sin advertir ni recordar cómo y cuando la adquirió: la
siente en si mismo como una necesidad indeclinable de
su naturaleza; como un hecho identificado hasta cierto
punto con los demas fenómenos necesarios de su exis­
tencia. ¿Quiere decir esto que ese asentimiento y esa
certeza sean uua cosa destituida de fundamento, una
necesidad ciega de la naturaleza?
De ningún modo: el filósofo apoyándose sobre la
existencia y veracidad de Dios, no menos que so­
bre la naturaleza misma de nuestras facultades, puede
convcuccrsc á ai mismo y demostrar n otros, que esc
asentimiento y esa certeza son tan fundados como
racionales.
Si la ignorancia en que se encuentra la mayor
parte de los hombres con respecto al modo de adqui­
sición de la certeza sobre ciertas verdades, no se
opone al fundamento racional y real de la misma,
mucho menos puede destruir ni desvirtuar el fenó­
meno de la existencia misma de la certeza. En toda
verdadera filosofía; en toda ciencia digna de este nom­
bre, la cuestión de la existencia de la certeza carece
ilc sentido; porque no solo se opone al buen sentido
común y universal do la humanidad, sino que la enun­
ciación sola de semejante cuestión como verdadera
duda, hace imposible toda ciencia y toda filosofía.
Comenzar por dudar de todo absolutamente, equivale
á negar la posibilidad misma de la ciencia; porque
toda ciencia es afirmación, y la duda absoluta y uni­
versal es la negación de toda afirmación y por con-
siguiente de toda ciencia y de su posibilidad. Un
EL PROBLEMA DE L A CERTEZA. 289

e.scéptico universal en el sentido riguroso de la pala­


bra; un escéptico que dudase de todo, incluso su pen­
samiento y su duda, sería una contradicción inconce­
bible, j Lien puede afirmarse sin temor de equivo­
carse que jamás ha existido uu ser de esta especie.
Esta ea sin duda la causa, porqué santo Tomás
en sus uumerosas obras apenas hace mérito de los
pirrónicos ubsolulos, ni hace profesión de impugnar
de una manera directa este sistema, rechazado in­
venciblemente por el testimonio de la conciencia,
por el sentido coman de la humanidad y por la na­
turaleza misma.
P o r otra paite, la filosofía cristiana, que iniciada y
desenvuelta en parte por los antiguos Padres de la
Iglesia, había penetrado poco & poco en la sociedad y
se había apoderado de las inteligencias, habia hecho ya
justicia eu la época de santo Tomás del pirronismo
absoluto, sistema que solo podia ocupar los espíritus i
la sombra de los grandes errores y vacilaciones de la
filosofía pagana. Si es cierto que san Agustín todavia
combatió el escepticismo absoluto en sus escritos con­
tra los académicos, es porque en su tiempo la lucha
no estaba aun terminada del todo, y las reliquias de
la filosofía pagana hacían todavia esfuerzos desespe­
rados para no abandonar el campo á los principios
conservadore» de la filosofía cristiana.
No sucede lo mismo con respecto á la certeza
filosófica, ó sea á los fundamentos y motivos de la
certeza: en órden á este problema, sobre el cual viese
discutiendo la filosofía desde que comenzó á existir
hasta nosotros, santo Tomás ha formulado eaplioita-
mente su pensamiento; y su opinion en órden á este
37
290 C A PÍTU LO VEINTE Y TRES,

punto sobre ser eminentemente racional y filosófica, se


halla en perfecta nrmonia con las prescripciones del
sentido común y de la esperiencia.
Por poco que se reflexione, es fácil reconocer que
la certeza y la verdad, sin dejar de ser cosas m u j
distintas en sí mismas, tienen no obstante entre si
relaciones Intimas y necesarias. Podemos estar cier­
tos, al menos subjetivamente, de una cosa errónea,
porque podemos asentir con firmeza A uua cosa falsa;
pero scri siempre bajo la condicion de que el objeto
á que se refiere la certeza, se nos presente ó apa­
rezca A ouestro espíritu como ana verdad: desde el
momento que dejamos de concebir una conexion ne­
cesaria y una relación de conformidad entre el asen­
timiento de nuestro juicio y el objeto como verda­
dero, e l fenómeno de la certeza no puede conser­
varse ni subsistir en nuestro espíritu, á no ser en
virtud de un acto de la voluntad, el cual en todo
caso seré cstraflo á la certeza verdaderamente filo­
sófica. Esto prueba que la solucion del problema de
la certeza, no puede aislarse enteramente de la teoría
de la verdad en la cual tiene sus raicee; y que en
toda filosofía digna de este nombre cuyas partes ten­
gan e l conveniente enlace entre sí, la solucion de
este problema debe hallarse eu armonía con la teoría
de la verdad. De aqui es que para comprender con
facilidad e l pensamiento del santo Doctor sobre la
certeza, se hace preciso resumir en parte su teoría
sobre la verdad y recordar algunos puntos de su
ideología, que sirven como de base y punto de par­
tida para su teoría sobre la certeza.
La verdad es tina ecuación entre et entendimiento
EL PROBLEMA DE L A CERTEZA. 291

y la cosa. Ksta deíiuicion de la verdad, cuya profundi­


dad y exactitud filosófica admiran mas á proporcion
que se medita sobre ella, nos revela porque el mismo
santo Tomás afirma que la verdad existe ó se refiere
necesariamente al entendimiento. Y en efecto; la
razón de acuerdo con el modo comuu y general con
que todos los hombres conciben la verdad, nos ma­
nifiesta que no concebimos la verdad, sin concebir al
propio tiempo relación ó comparación entre la cosa ú
objeto denominado verdadero, y algún entendimiento.
Pero el entendimiento en el cual reBida esta ecuación ó
conformidad con la cosa, puede ó ser causa de la misma,
ó depender de ella en el orden objetivo y de conoci­
miento; puede ser activo ó pasivo con respecto al
objeto conocido que es término de la ecuación; en
una palabra, puede ser creado ó increado. De aqui la
existencia de dos especies de verdad, la verdad
objetiva y la verdad subjetiva. La conformidad ó
ecuación entre la cosa real y el entendimiento divino,
constituye la verdad objetiva; porque la verdad ob­
jetiva, la verdad metafísica, la verdad trascendental,
es la misma entidad, el ser mismo de la cosa, eu
cuanto conforme al entendimiento divino, ó si se
quiere, como realización esterna de alguna de las
ideas, ó razones eternas, rationes sternx, que existen
en la inteligencia infinita. La verdad subjetiva, es la
conformidad ó ecuación entre el entendimiento hu­
mano y la cosa real: porque, en efecto; hay verdad
subjetiva, verdad lógica, verdad formal ó de conoci­
miento, cuando la concepción formada por iiuestro en­
tendimiento es la representación exacta y genuina de
la cosa i que se refiere.
292 C A PÍT U LO VE INTE Y TRES.

Tanto la verdad objetiva yj trascendental, como la


subjetiva y lógica, envuelven necesariamente dos tér­
minos de ecuación, el entendimiento y la cosa cono­
cida, sin que por eso sea igual la relación reciproca
entre los dos términos en las dos especies de ver­
dad. En la verdad metafísica ó trascendental, el pri­
mer término de la ecuación ó sea el entendimiento,
es superior al segundo; porque el entendimiento di­
vino tiene razón de causa eficiente respecto de la cosa
conocida por nosotros; y en virtud de las idea9-tipos
que en el mismo preexisten ab aterno de todos los
seres existentes y posibles, es también causa ejemplar
de la cosa ¿ quien denominamos verdadera con verdad
objetiva y metafísica: por eso dice santo Tomás, que el
entendimiento divino es como la regla y medida de la
verdad de las cosas.
Lo contrario sneede en la verdad lógica ó subjetiva,
es decir, que el principal ó primer término de la ecua­
ción es la cosa conocida. Asi como la cosa existente
en tanto es verdadera con verdad trascendental y
objetiva, en cuanto es conforme á la idea-tipo de la
misma preexistente en la inteligencia divina, asi por el
contrario nuestro entendimiento en tanto es verdadero
con verdad subjetiva, eu tanto posée la verdad lógica,
en cuanto la concepción que forma de la cosa es
conforme i la cosa conocida, segon existe en sí misma.
De aqui es que e l objeto conocido puede llamarse cansa
de la verdad lógica, y tiene razón de regla y medida
con respecto á la verdad subjetiva: Set naturales ex
quibvt intellectus notter tcientiam aocipit, mensurant { » -
telleetum notlrum, ted tunt menturatr ab ¡ntellecíu di­
vino, in quo mnt omnia créala, sicut omnia artificíala
EL PROBLEMA DE L A CERTEZA. 293

in intellectu artificis. Sic ergo intelleetus dirinus est


mensuran.*, non mensura tus; res autem naluralis, men­
surans et mensúrala; sed intelleetus noster est mensu­
ra tus, non mensurans res naturales. El entendimiento
divino da el ser á la cosa y con el ser la verdad ob­
jetiva y trascendental: la cosa real se da á si misma
al entendimiento humano por medio de la concepción
que este forma de la misma, convirtiéndose de esta
sj^rte eu perfección objetiva de nuestro entendi­
miento. La verdad trascendental y objetiva, es el re ­
flejo del entendimiento divino sobre la cosa; la ver­
dad subjetiva es el reflejo de la cosa real sobre el en­
tendimiento humano.
Si la verdad objetiva es la entidad misma de la cosa
en cuanto realización esterna de la idea-tipo que le
corresponde en la esencia divina; si el entendimiento
de Dios tiene razón de causa, de regla y de medida
de la cosa y por consiguiente de sn verdad objetiva,
es evidente que la ecuación entre e l entendimiento
divino y la cosa eiistente, es una ecuación necesaria,
universal é infalible absolutamente. Todo lo que existe,
es una realización y una participación de las razones
eternas que existen en Dios: todo lo que existe, se
refiere al entendimiento divino como á sn cansa uni­
versal, absoluta é infinita. Luego la ecuación entre e l
entendimiento divino y la cosa real, es nna ecuación
necesaria, absoluta é infalible, en la hipótesis de la
creación del mundo. Luego es una ecuación esencial­
mente cierta.
Pero eu la verdad subjetiva y lógica, el entendimiento
percipiente, lejos de ser causa universal del objeto y
lejos de ser inteligencia infinita como el entendimiento
294 C A PÍT U LO VEINTE Y THES.

divino, depende mas bien del objeto que es su regla,


bu causa y su perfección en el órden intelectual; y es
al propio tiempo una inteligencia de actividad esen­
cialmente finita. No siendo otra cosa la verdad lógica
nías que la manera con que percibimos y juzgamos del
objeto, la tnnccpcion que nuestro entendimiento forma
de la cosa real, concepción que ea posterior en órden
de naturaleza, dependiente y como efecto de la cosa
conocida, la relación entre los dos términos de e d i ­
ción en esta verdad, no puede ser invariable, necesaria
é infalible como eu la anterior; porque la cosa real no
es causa absoluta, universal é infinita de la concepción
de uuestro entendimiento, como lo es el enten­
dimiento divino de la cosa ó naturaleza existente.
L u ego 'la ecuación entre nuestro entendimiento y la
causa real ,es contingente y falible. Luego esta ecuación
no es esencialmente cierta, ó en otros términos, la cer­
teza no es una condicion necesaria y esencial que
acompafle siempre & esta ecuación, como acompafta
siempre & la ecuación entre e l entendimiento divino
y la cosa existente. Hé aquí al problema do la cer­
teza saliendo necesaria y naturalmente de la teoría
de la verdad.
Si la verdad no es una ilusión y si una realidad
para nosotros; si existe en nosotros y para nosotros
la certeza en casos dados, pero no siempre, preciso
será decir que hay alguna regla, alguna seflal, algún
erilerimn, para conocer y distinguir esas concepciones
ciertas; preciso será que exista alguna razón y fun­
damento de esa diferencia. Este es el problema plan­
teado entre los escépticos absolutos y todos los demas
filósofos, ó mejor dicho, entra los escépticos y la
EL PROBLEM A DE L A CERTEZA. 295

humanidad toda. La solucion del problema en este


sentido, no debe buscarse en el terreno filosófico;
se halla en la conciencia de cada individuo, en la
razón y sentido común del género humano y en la
naturaleza misma del hombre.
Asi pues, el problema planteado en el terreno filo­
sófico no se refiere ¿ la existencia misma de la certeza,
sino A la determinación de los medios y fundamentos
de la misma. ¿Cuales son los fundamentos de la cer­
teza? ¿Cuales y cuantos los medios de llegar á su
posesion? ¿Son internos y personales, ó esteraos y
generales? Hé aquí los puntos principales ¿ que se
refiere el problema de la certeza en el terreno pro­
piamente científico.
La última pregunta constituye el punto capital
de la cuestión, y reasume y contiene los demas.
Asi se desprende también de la historia de la filo ­
sofía. Prescindiendo de los pirrónicos, esta his­
toria nos presenta á los filósofos divididos en dos
grandes c a m p o B con respecto al problema de la cer­
teza tal cual acabamos de plantearle: unos han bas­
cado el criterio de la verdad y el fundamento de
la certeza dentro del hombre-individuo: otros han
creido, ó afirmado á lo menos, qne e l hombre era
incapaz de llegar á la certeza por sí solo, y que el
fundamento real de la certeza debia buscarse tínica­
mente en el hombre colectivo ó en el consentimiento
del género humano. A la primera clase pertenecen
los dogmáticos: á loa de la segunda Be les da con fre­
cuencia el nombre de académicos; porque estos filó­
sofos antiguos no negaban absolutamente la posesion
de la verdad & la humanidad colectiva y á la sociedad,
296 C A PÍT U LO VEINTE Y THES.

sino al hombre individual, el cual según el testimonio


de Cicerón, debía contentarse con meras probabili­
dades: Nos probabilia sequimur, pereipi quid poste ne­
gamos.
Como el hombre individual presenta tres grande»
manifestaciones de sus facultades, á saber, faculta­
des intelectuales, facultades morales ó afectivas, y
facultades sensitivas, los dogmatistas se dividieron
en tres escuelas diferentes, según que buscaban prin­
cipalmente e l criterio de la certeza, en alguna de
las tres clases de facultades indicadas. Unos lim i­
taron la verdad y la certeza al entendimiento ó razón
pora, como los dogmatistas idealistas ó racionalistas.
A esta clase pertenece sin duda Platón; pues Cice­
rón que en su cualidad de académico conocía bien
sus opiniones, dice de él, que uegó toda verdad á los
sentidos para atribuirla esclusivamente al pensamiento
y la razón: Plato, mnne judieium veritatis, teritatem-
que ipsam, abdvetam ab opinionibus, et á sensihus, cogi-
tationis ipsivs et mentís esse voíuit.
La segunda clase de dogmatistas, colocaba por el
contrario el fundamento de la certeza en el hombre
individual como ser dotado de afecciones internas ó
sentimientos. Estos &an los dogmatistas fanáticos ó
sentimentalistas, á lo6 cuales pertenecían probable­
mente los antiguos cirenaicos, de los cuales dice el
citado Cicerón que no reconocían otro criterio de
verdad que los movimientos ó afecciones Interiores
del alma: permotiones anitni intimas.
P o r último, Epicuro y todas las escuelas sensualis­
tas y materialistas, no reconociendo mas origen ni cri­
terio de verdad que los sentidos y sm percepciones,
EL P n O B L tM A DK LA GF.RTKKA. 2 07

formaron la tercera dase de dogm atizas, ó sean los


dogmatistas sensualistas.
Lo mismo que los dogmatistA*, los académicos su
subdividieron también en tres sectas: los académicos
que podemos llamar humanitarios, puesto que admi­
tían como origen único de certeza el consentimiento
común del genero humano; los académicos religión»
que afirmaban que el hombre podin y dclnu durinr
de todo, cscepto de las cosas rclativus ú la religión;
y por último los académicos civiles, que permitían al
hombre dudar de todo, con tal que admitiese enmu
prácticamente ciertas, los leyes é instituciones políti­
cas de la sociedad en que \ivia, conformando con ellas
su conducta. Esta doctrina que tiene muchos parti­
darios en nuestros dias, siquiera uo h profesen abier­
tamente de palabra, se llalla reasumida eu aquella
célebre sentencia que Lactancio atrihuvo ú Cicerón:
Sentiendum philosophicó, vivendunt p olitice.
Acaso no se presenta en la historia do la humani­
dad una revolución que desde lo» primeros pasos de
6U existencia huya recibido una denominación tan
exacta y hasta tan gráfica, como la que es conocida
en la historia bajo el nombre de Renacimiento.
cú efecto, mas exacto que apellidar lienacimienlo ti una
revolución, cuyo principal y casi esclusivo mérito con­
siste en haber hecho reaparecer en medio de la
Europa católica, las ciencias, las artes, las institu­
ciones, la literatura, las costumbres, las sectas y es­
cuelas filosóficas del antiguo paganismo. El Renaci­
miento que santificaba y divinizaba á Platón, que le
dedicaba altares y pretendía levautarlc templos; el
Renacimiento para quien no habia mas belleza artística
38
298 CAPÍTU LO VEINTE Y TRES.

que la de las artes paganas; que colocaba la litera­


tura y las cim cias pagana* n una altura inmensa so­
bre la literatura y ciencius del Cristianismo, proclamó
también mi alta voz la superioridad de la filosofía
pagana sobre la filosofía cristiana. Asi es que desde
entonces se ven aparecer sucesivamente en medio de
la Europa, representantes y apologistas tan decididos
como ciegos de los antiguos pu tria reas de la filosofía
pagana y de sus diferentes sectas. Quien se presenta
en la escena como el campeón de Platón y de su
filosofía en todas sus partes, sin cscluir sus bellezas
republicanas: quien se pronuncia en igual sentido por
Aristóteles: uuo loma á su cargo hacer renacer la es­
cuela de Epicuro y sus átomos: otro resucita el pan­
teísmo idealista de la escuela eleútica.
Como la cuestión de la certeza es una de las mas
importantes y trascendentales de la filosofía, espe­
cialmente cuando osta rechaza la luz que le presta
la aproximación á la palabra revelada y hace esfuer­
zos por prescindir y separarse de la idea religiosa, el
problema de la certeza debia tonor necesariamente
y tuvo en efecto su renacimiento también. Échese una
ojeada sobre la historia de la filosofía desde aquellu
época hasta nuestros dias, y no será difícil recono­
cer, no solu que despues del Renacimiento han apa­
recido de nuevo en la escena literaria las antiguas
luchas entre los dogmatistas y los académicos con
sus exageradas pretensiones, luchas y pretensiones
que había liccho desaparecer la filosofía cristiana,
sino que será también fácil hullar en' los filósofos
que mas se lian apartado de las tradiciones de esa
filosofía cristiana, reminiscencias mas ó menos espll-
EL PIlODLbMA DE L A CERTEZA. tí'J'J

jilas de lus diferentes gradaciones ó sectas en que


se subdividian, como queda indicado, los antiguas es­
cuelas dogmática y académica. El tristemente celebre
Lameunais puede considerar.se como eco de los anti­
guos académicos humanitarios, cuando pretende echar
por tierra toda ovídoncin y certeza individual; cuando
enseiia quu solo el testimonio y consentimiento del
género humano tiene unu relación nccesuria y una co­
nexión infalible con la verdad, y que el hombre por
si solo no puede llegar A la posesion de la certeza
absoluta, siquiera esta se refiera al testimonio de los
sentidos y de la conciencia. Sabido es de todos lo
que enseñaba Huct en su obra De imbccillitate men­
tís humanx: para el célebre obispo de Avranchcs,
no hay mas certeza que lu que acompaña á las doc­
trinas religiosas como verdades reveladas. ScmejanLi:
doctrina tiene evidcntrnirntn no poca semejanza y
analogía con la de los antiguos académicos religiosos;
asi como la doctrina de Hobbcs que lo refiere todo al
poder é instituciones civiles, puede considerarse como
una rciniuisccncia de lu acatalepsia profesada por los
que hemos apellidado académicos civiles.
Una cosa análoga sucede con respecto al dogm a­
tismo. Descartes no admitiendo mas criterio de ver­
dad que la percepción clara y distinta, y W o lf serta-
lando por criterio para las verdades de evidencia
intelectual, el raciocinio y el uso exacto de las re ­
glas de la lógica, se acercan bastante al dogmatismo
racionalista de Platón. Hemos visto antes, que los
cireuuicos buscaban el criterio de la verdad en las
afecciones y sentimientos interiores del alma. El sis­
tema de Malebranche sobre lu visión inmediata de
300 CAPÍTULO DIEZ Y HUEVE.

los objetos en Dios, y la doctrina de la escuda es­


cocesa en órden ú los instintos y sentimientos, tiene,
á no dudarlo, relaciones y analogías con aquella es­
pecie de dogmatismo sentimentalista de los antiguos
cirenaicos.
Bien puede decirse por último, que el empirismo
esclusivo de Racon, asi como la doctrina de Locke
sobro la posibilidad de 1ü materia pensante, envuelven
tendencias demasiado explícitas hacia e l dogmatismo
KciiHuiilista, dogmatismo enseñado despues abierta­
mente por Condillac y por los filósofo* materialistas
del pasado siglo.
CAPÍTULO VEINTE V CUATRO.

Continuación.

Hemos visto en el capítulo anterior á los filósofos


divididos cu dos grandes campos relulivuiueute al
problema de la corteza. Sin negar absolutamente su
existencia, los académicos asi antiguos como moder­
nos, entre los cuales influimos especialmente la es­
encia de Lamcnnais, afirman que el único criterio de
certeza pora el hombre es el consentimiento coinun
del género humano, y que por consiguiente el fun­
damento racional de todo asenso cierto ú la vdrdad
está fuera del hombre individual. Los dogmáticos
afirman por el contrario, que el testimonio de los
sentidos y de la conciencia interna, y mas aun Ity
:J0'2 C APÍTII.O VEIJTE Y Cl'ATRO.

evidencia intelectual, constituyen por sí solos inde­


pendientemente del consentimiento universal del gé­
nero liumuuo, reglas ó criterio-, seguros ií infalibles
de la existencia de la verdad y consiguientemente
Je la certeza. ¿Cual de eslas dos escuelas tiene
razón? ¿Cual de las dos ufirmucioncs es verdadera?
Nosotros creemos con la filosofía cristiana y en es­
pedid con la filosofía de santo Tomás, que las dos
escuelas tienen razón y que ninguna de cllus la tiene.
Las dos tienen razón, en cuanto envuelven la afir­
mación de una verdad: las dos entran en el camino
ilcl error, cu cuanto desnalurulizan esta verdad
exagerándola. La escuela del consentimiento común
tiene razón, en cuanto envuelve ln afirmación de que
ilielio consentimiento es medio seguro, uatural y
necesario, para llegar á la certeza en ciertos casos; y
también cu cuanto envuelve la negación del esclu-
sivismn dogmático, ó sea de que la evidencia in d ivi­
dual es suficiente para llegar ú la posesion de la
certeza con respecto A todas las verdades. No tiene
razón esta escuela, en cuanto niega lu legitimidad y
suficiencia de la cvidonciu individual pura llegar á
la posesion cierta de alguna verdad.
Una cosa análoga debe décimo de la escuela dog-
mnticu. Está en lo verdadera, cuando afirmu que el
hombre individual uo necesita salir fuera de si para
oneontrar el criterio seguro ó infalible de muchas
verdades: entra cu el terreno de lo falso, cuaudo pre­
tende que esos medios internos bastan por si solos y
son en todos los casos criterios infalibles-.
Ello es cierto que la doctrina de Lamcnnals conduce
directamente ol escepticismo universal; porque si el
CONTINUACION. 30?

hombre no puede estar cierto de nada sino mediante


el testimonio común del género humano; si no puede
afirmar nada con certeza por sí solo; si sus facultades
personales nunca son medio infalible de verdad y
certeza, tampoco lo .serán cuando entre por medio de
ellas en posesion y conocimiento del testimonio, ó
consentimiento del genero humano; j por consiguiente
nada resta ul hombre individual lógicamente, sino el
escepticismo. Ko es menos cierto sin embargo, que los
que proclaman sin distinción en sentido general y
absoluto, que la evidencia de la razón individual y de
los sentidos es criterio infalible de la verdad, abren á
su vez las puertas á todos los errores y A todas lus
ilusiones del espíritu humano. ¿Quien ignora que con
frccucncia demasiada asentimos con certeza, i cosas*
puramente opinables y hasta ú errores manifiestos'! Y
sin embargo, en la mayor parte de los casos, los qao
enseilau y defienden esos errores, creen y se persua­
den ú sí mismos que poseen la evidencia con respecto
á aquellas afirmaciones. Y esto no sucede solo con la
generalidad del género humano, ni cu orden ú aque­
llos juicios que la educación, las preocupaciones, la
enseñanza y las afecciones nos hacen formar sobre
muchas cosas, que tenemos como ciertas y evidentes
aunque estéu muy distantes de serlo realmente, sino
que este fenómeno se verifica igualmente en los mis­
inos filósofos, en los mismos hombres que nos dan
reglas para discernir lo verdadero de lo falso, lo cierto
de lo opiuablc, y que constituyen al propio tiempo
eu la evidencia de la razón e l criterio de la certeza;
eu hombres en fin reconocidos como profundos pen­
sadores. Descartes al afirmar la imposibilidad del
304 CAPITULO T H 5 T E T CL'ATllO.

vacio, creía sin duda asentir á la evidencia; y Male-


hranche debia estar muy seguro de la evidencia de
su sistema sobre la visión de los objetos en la esen­
cia divina, cuando prefería ser tenido por loco antes
que dudar de su verdad. Luego la evidencia in di­
vidual, solo puede y debe admitirse como criterio
seguro, natural ó infalible de certeza, respecto de al­
guna» verdades y nó de todas.
En este sentido, son sin duda verdaderas, aun­
que algun tanto exageradas, las ideas y palabras
del ilustre Bonald cuando impugna el dogmatismo
absoluto de la filosofía. «E l criterio de la filosofía,
dice, (I ) objeto de los deseos y de los esfuerzos de
todos los filósofas y signo con que puede distin*
guirsó el error de la verdad; esta primera verdad
que pueda servir de punto de partida para la in ­
vestigación de todas las demas; este primer hecho
que pueda legítimamente esplicar todos los otros
hechos, ¿se hn encontrado todavía? El uno coloca este
criterio en la esperíciuia, el otro en la evidencia, este
en la razón suficiente, en el instinto ó en el hábito;
aquel en el conocimiento reflexivo ó instintivo. El
mentido mural, el sentido natural, el sentido común,
r l sentido interno, la razón natural, la sociabilidad,
la identidad, el principio de contradicción etc. cada
uno tiene sus partidarios.
La máxima: no hay efecto sin causa, parece e v i­
dente á algunos; Hume no ve en ella mas que una
ilusión que la razón disipa, y duda del principio mismo
de causalidad. B erkeley presenta dudas insolulles

(1) Btehtn. pMJ. Tom. 1 * p ig. 54.


CONTIKLACI05. 305

sobre la existencia de los cuerpos, y no encuentra mas


que un sueño, vanas aparieucias, eu todo eso que
nosotros llamamos, materia, mundoi universo. El uno
quita todo carácter representativo á nuestras ideas;
el otro hace lo mismo cou nuestras seusaciones. Este
no ve en el universo mas que inteligencias; aquel no
ve en ¿1 mas que materia; un pirrónico consiguiente
consigo mismo no verá nada en él; j nosotros volve­
remos á entrar nn la cuestión, ¿porque habrá algo
realmente en el universo man bieu que nada? y lo
que es mas, sin poder resolverla.»
Antes de esponer el pensamiento de santo Tomás
sobre e l criterio de la certeza, conviene notar que la
certeza, puede ser considerada ó con relación al sujeto
que la tiene ó sea ea cuanto significa un estado de­
terminado de nuestro espirita, ó con relación «1 objeto
y motivos que la determinan en nosotros. Cunsidcradu
del primer modo ó sea subjetivamente, la certeza uo es
mas que la determinación y asenso lirinc del enten­
dimiento ó alguna cosa, ó mejor, como la define santo
Tomá3, la firmeza de la adhesión de la facultad conos-
cente á su ohjeto conocido: finnitas adhxsionis virtnlia
cognitivx ad suum cognoscibile. La certeza subjetiva
pues, es la que escluye y se opone á los otros dos es­
tados que puede tener nuestro espíritu con respecto
á algún objeto, la opinion y la duda.
La certeza objetiva, es la verdad misma del objeto, ó
si se quiere, eR la aptitud y facultad del objeto para
producir ó determinar la certeza en órden á sí mismo.
Cuando decimos que la existencia de Dios, la inmorta­
lidad del alma, el principio de contradicción, son cosas
absolutamente ciertas, hablamos en este sentido y les
39
306 CAPÍTULO VEINTE Y CUATRO.

atribuimos la certeza objetiva. Si no me engaño, esta


certeza objetiva debiera dividirse en certeza objetiva
absoluta y certeza objetiva relativa. Llamo certeza ob­
jetiva absolutu, la que conviene al objeto en sí mismo,
quoad se, ó sea prescindiendo de su relucion con nues­
tro entendimiento. Que Dios es uno en su esencia y
trino en las persouas, es sin duda tan cierto en sí
mismo con certeza objetiva, como que e l todo es mayor
que la parte; sin embargo, prescindiendo de la reve­
lación, esta certeza no existe para nuestro entendi­
miento en un grado igual al que se encuentra en el
axioma mencionado. Pndiera decirse también que la
certeza objetiva absoluta coincide y se identifica con
la verdad trascendental y objetiva de la cosa; y como
quiera que la verdad trascendental no sea otra cosa
i parte rei, que la entidad misma y e l ser de la cosa,
síguese de aqui que la certeza absoluta objetiva debe
tener los mismos grados que la verdad trascendental.
Luego asi como la verdad trascendental varia en sus
grados según la gradación de las perfecciones que
constituyen los seres reales, asi también la certeza
absoluta objetiva está en relación con la entidad y
perfección real del objeto. Eu este sentido, podremos
decir con fundamento, que las afirmaciones y verda­
des que se refieren á Dios, á los ángeles, al alma
racional, son mas ciertas con certeza objetiva que las
que se refieren ú los cuerpos, siquiera muchas de
uqnellas verdades sean conocidas por nosotros con me­
nor certeza y mayor imperfección que algunas de
las que se refieren ¿ los cuerpos.
La certeza objetiva relativa, será la que se refiere
al objeto, lió on sí mismo| sino en órden á la facultad
CONTINUACION. 307

que tiene de determinar en nuestro entendimiento la


certeza, subjetiva, atendidos los medios que al presente
poseémos para llegar á ella. Llámase certeza objetiva,
porqne lo que en ella buscamos y consideramos son los
motivos ó fundamentos que existen por parte del objeto
para determinar nuestro asentimiento; y llámase re­
lativa, porque esos motivos deben estar en relación
con las condiciones de nuestra naturaleza y facultades
de percepción, aunque no lo estén con las de los
ángeles y Dios, como sucede con loa facultades sen­
sibles.
Á esta certeza se refiere el problema filosófico so­
bre la certeza, toda vez que la certeza subjetivo, no
es mas que un efecto de la certeza objetiva verda­
dera ó aparente: á esta se refiere la teoría de santo
Tomás que vamos á esponer; á esta se refiere lo quo
suele decirse de los diferentes grados de certeza
cuando se la divid e en metafísica, física y moral;
es ella también de la que habla santo Tomás cuando
dice, que certiludo potest consideran dupliciter; uno
modo, ex causa certitudinis, et sic dieitur esse tertius
illu d quod habet certiorem causar». ( I ) Tanto autem
major est rertitudo, quanto est fortius illu d quod deter-
tninalionem ( intelleetus) causat. (2)
Si e l hombre, como ser inteligente, fuera semejante
á Dios, ó siquiera á los ángeles; si en 61 fuesen una
misma cosa el ser y la inteligencia, el sujeto y el
objeto como en el primero, ó si á lo menos no tu­
viera inas facultades de percepción que el entendí -

(1) Sum. ThsoL 3.» a.» CuMt. 4.* Art. 8.


(2 ) Lib . 9. DUt. 39. Cuait. 3.a Art. 3.*
308 CAPÍTULO VEIIVTE V CUATHO.

miento como sucede en los segundos, tal vez sería


l»sib la seflalarlc un fundamento ó motivo único de
certeza en la adquisición de la verdad. Lejos de suce­
der asi, el hambre es esencialmente ser inteligente y
sensitivo; y esta dualidad subjetiva, esenciuly primitiva
del hombre, se rufleju sobre el objeto de su conoci­
miento, dando origen a una dualidad objetiva. Hallán­
dose pues la certeza en relación necesaria y directa con
la verdad con respecto n la cual es como una modi­
ficación, un atributo, una manifestación, el problema
de la certeza objetiva ó sea del criterio de la cer­
teza, es necesariamente complejo y no simple; por­
que asi como hay facultades sensibles y facultades
intelectuales, objetos sensibles y objetos puramente
inteligibles, verdades sensibles y contingentes, y ver­
dades inteligible!;, universales y necesarias, asi debe
ser también diferente el criterio para las verdades y
objetos sensibles, y para las verdades y objetos in-^
teligiblcs. No os sin razón pues que santo Tomás se­
ñala el testimonio de los sentidos y la evidencia in­
telectual, cotno los dos grandes criterios, como los cri­
terios primitivos y como fundamentales de la verdad
para el hombre.
Porque conviene no perder de vista que santo
Tomás, ademas de la evidencia intelectual, admite
como criterio prim itivo el testimonio de los sentidos,
testimonio que lleva consigo la certeza, que el mismo
apellida con mucha exactitud, etperimental: (I ) Anima
nostra.............duplicitcr ccrti/icatur de aliquibus: uno
modo ex I tintine intellectus . . . . A lio modo, ex sensu;

(1 ) I M . Lib. 3.» Dial. 13.* CuMt. ».•


coivm u A cioK . 309
sicut cum aliquis est certus de Ais qux vidét senstbiliter.
. . . . et hxc vocatur certitudo experimental!s.
Esto no quiere decir que e l santo Doctor escluya,
ni lo que 6e llama criterio de autoridad y el con­
sentimiento común, ni lo que se llama criterio de
conciencia. Lo que sí quiere decir es que el primero
no puede apellidarse en rigor criterio prim itivo, no
solo porque presupone esencial y directameutv el cri­
terio y testimonio de los sentidos, sino porque según
veremos, en la teoría de sanio Tomás, el consenti­
miento coman mas bien que criterio primitivo, es
un complemento de los dos criterios primitivos en
determinados casos.
P or lo que hacc al criterio de sentido íntimo,
tampoco es necesario enumerarle entre los criterios
primitivos, ya porque coincide en parte con la e v i­
dencia intelectual de la cual es como una aplicación
y manifestación parciul, ya principalmente porque la
conciencia no es otra cosa que nosotros mismos p er­
cibiendo los diferentes estados, feuómeuos internos é
impresiones subjetivas de nuestro espíritu. Mas en los
criterios propiamente tomados, lo que buscamos es un
signo, un carácter distintivo de la verdad lógica, mas
bien en cnanto se refiere ú las cosas distintas de noso­
tros, qne como modificación subjetiva de nuestro espí­
ritu: lo que buscomos es el fuuduincnto que nos revela
la realidad y existencia de lu ecuación entre nuestro
entendimiento y la cosa misma, que es lo que consti-
tituye la verdad lógica.
En el órden de los objetos y verdades intelectuales
encontramos dos monifestaclones de la evidencia: unas
veces la visión del objeto en si mismo, la Vision de la
310 CAPÍTULO VEINTE Y CUATRO,

conveniencia ó repugnancia del predicado con e l su­


jeto, es tan clara, Un manifiesta, tan lucida, tan dis-
tinta, que el objeto en fuerza de la luz de la e v i­
dencia que sale de él para reflejarse sobre nuestro
entendimiento, se sobrepone, por decirlo asi, á nues­
tro espíritu, lo arrastra y atrae hacia sí de una ma­
nera irresistible é indeclinable, hasta tal punto que el
entendimiento adhiere firmemente al objeto, subyu­
gado por la evidencia objetiva que viene ó ser eu
este caso el criterio y fundamento de la certeza.
Tales son aquellas verdades que llamamos primeros
principios, axiomas, dignidades de la ciencia, que se
■ven en sí mismos y por si mismos, como dice santo
TomAs, per se no/a, el per consequetu visa; que son
evidentes con evidencia Inmediata y que producen
por consiguiente también en nuestro entendimiento
una certeza natural, racional, intuitiva, independiente
v absoluto. Natural, porque asi como el objeto es la
medida y como la causa de la verdad subjetiva de
nuestro entendimiento, asi es la regla y la causa pro­
pia de la certeza en el mismo: Assentil autem in tel-
lectus alieui quia ad hoc mavetur ab ipsa objeeto, quod
est ve/ per seipsum cognitum, sicut patet in primis p rin -
cipiis. ( I ) Racional, porque la visión clara del objeto
rn ni mismo, es el motivo mas razonable de asen­
timiento. Intuitiva, porque se halla basada sobre la
percepción que corresponde A nuestro entendimiento
como simple inteligencia mas bien que como razón;
y porque su existencia es determinada por la e v i­
dencia inmediata y como por la intoicion directa de

(1) S*m. TAtol. 9.a 8.» Cue«u 1.» Art. 4.*


CONTINUACION. 311

la verdad trascendental del objeto. Absoluta é inde­


pendiente, porque ni se reflere á ninguna otra facul­
tad, ni e iig e otros criterios, ni depende del con­
sentimiento comun del género humano, como depen­
de en algún sentido la certeza de las verdades de
evidencia mediata, y en algunos casos también la
certeza que se refiere ú los objetos y verdades sen­
sibles. Independientemente del consentimiento común
y aun cuando per imposibile, los demas hombres me
afirmasen lo contrario, mi entendimiento adherirá con
toda seguridad y firmeza i la afirmación de que
• el todo es mayor que la parte, - que - la nada ab­
soluta mo puede producir una cosa r e a l,» que - es
imposible que una cosa sea y no sea á uu mismo
tiem p o.» Y es que estas verdades son superiores y
dominan nuestro entendimiento; son como condiciones
primitivas de su existencia y constituyen las leyes nece­
sarias que presiden al desarrollo de su actividad. En
esta clase de verdades, el objeto ejerce uua verdadera
coaccion sobre nuestro entendimiento, como dice santo
Tomás: qvxdam vero (potentiffi anim e) compelluntur ab
objecto, sieut intellectus. De aqui procede que según la
enérgica expresión del mismo, nuestro entendimiento se
halla de tal manera subordinado á estas verdades, que no
puede de ninguna manera evitar ó rehuir el asenso: untlr
intellectus non potest subterfugere quin illis assentiat.
Tal es el verdadero pensamiento de santo Tomás
en órden & la certeza que acompaña la percepción de
los primeros principios, pensamiento que si necesario
fnera, sería fácil comprobar con cien pasages toma­
dos de sus obras. Nuestro entendimiento no puede
errar jamás acerca de los primeros principios, porqne
312 CAPÍTULO VEITTE Y CUATIIO.

estos primeros principios son la manifestación inme-


diuta y necesaria de la verdad, que es el objeto con­
natural del mismo; de manera que negitr la rectitud
infalible y necesaria del entendimiento en órden á
estas verdades, seria lo mismo que negar que la ve r­
dad es el objeto del entendimiento y equivaldría ú ne­
gar en reulidad la existencia y naturaleza del mismo.
Mas todavia: para el santo Doctor los primeros prin­
cipios preexisten implícitamente en nuestro entendi­
miento como derivación que es y participación de la
inteligencia divina ó impresión de sus ideas. El hom­
bre pues no solo no necesita salir de sí mismo para
llegar á la certeza absoluta en órdon á estas verdades,
sino que esta certeza procede de la evidencia misma
del objeto conocido, y es al propio tiempo e l funda­
mento y la razón suficiente de la certeza de la cicucia,
ó sea de la certeza de las verdades de evidencia me­
diata: (I ) Intelleetus semper est rectus secundum quod
intelleetus est principiorum, eirea qux non deeipitiir. Ver
lumen natnrale, (*2) intelleetus redditur certus de kis
qu.v lumine illo cognoscit, ut i » primis principiis. « Y
esta luz del cutcndiinicnto cu que conocemos esos
primeros principios, existe en nosotros como ana se-
mejauza de la Verdad increada que se revela en nos­
otros:» Hujusmodi autem ratiouü lumen, (3) qua principia
hujusmodi sunt nobis nota, est nobis á Deo inditvm qvasi
qii&daM similitudo increatx Veritatis in nobis resultantis.
Intelleetus in prhnis principiis non errat. (4) Objectum

(1) lbid. 1.a P. Cueit. 16. A it. 9.o


(3) Sum. eo'nf. Gmt. Lib. S. Cap. IB.
(8) Qumti. Diip. De Verit. Cuest. 11.* A lt. 1.*
(4 ) ¿ton. m im . Gmt. L ib . 1.* Cap. «1 .
COSTIM'ACIOV. 313

intellectus 'I ) est vertm . . . . invenilvr autem uliqnort ve-


rum in quo nulla fnlsitatis apparentia admisceri potest, ut
patet in dignitatibus: unde intellectus non potest subterfu-
gtre quin illis assenliat. Cerlitudo ("2) qiue est in seientia
rt intellectu, est ex ipsa eeidentia eorvm qux certa esse d i-
cuntur. Seientia et intellectus (3) habent certitudincm per
id quod ad cognilionem pertinet, scilicet, evidenliaui ejus
cui assentitur. Y nótese que por la palabra intellec-
ftts, entiende aqui e l santo Doctor el entendimiento,
nó como razón sino como simple inteligencia, ;i la cual
pertenece la percepción de los primeros principios,
y bajo cuyo respecto es una manifestación del enten­
dimiento, superior y anterior á la manifestación del
mismo romo rn/on.
Por lo dcm is, esta teoría de santo Tomás sobre la
certeza intaitiva y de evidencia inmediato, es uua d e­
ducción tan necesaria como legítima y filosófica de
su teoría ideológica, y se halla en completa armonía
con su luminosa y profunda doctriua sobre la natu­
raleza y manifestaciones diferentes de esa fucultad <*
fuerza intelectual que eu nosotros reside y que Hu­
mamos entendimiento. Hemos visto en efecto, que esa
fuerza sin dejar de ser una sola facultad ó potencia,
puede considerarse en tres estados, ó si se quiere, con
tres manifestaciones diferentes. El primer cstudo de
nuestro entendimiento, es el que le corresponde antes
de ponerse en acción y desarrollar su actividad por
medio de actos; es el entendimiento en sí mismo como
participación inmediata de la Verdad increada, como

(1) Stnt. L lb . a.° D iit. 85. Oneit. 1.* Art. 8.*


(9 ) Ibid. 1,1b. 8/ Din*. BS, CuMt. 1.a A rt. 8.a
(3 ) Ibid. A r t . 3. ad 2.™
40
314 CAPÍTULO VEINTE T CUATRO.

derivación de la inteligencia divina é impresión de


hus ideas ó razones eternas. En este estado, el enten­
dimiento solo contiene virtualrnentc y quasi implicite
los ideas universal/simas, principalmente la de ser,
uno, bueno y otras análogas, que sirven de luz al mismo
entendimiento para s ii desarrollo ulterior y de base
para los conocimientos humanos. Desde el instante
que este entendimiento se pone en acción y comienza
ñ obrur, bien sea escitado por el ejercicio de las facul­
tades sensibles, ó por cualquiera otra causa, esas ideas
preexistentes en él virtualmentc y como in fieri, pasan
ó ser csplícitos, formadas y actuales; y nuestro enten­
dim iento forma y percibe instantánea y naturalmente
las relaciones necesarias entre Ins mismas, relaciones
que constituyen lo que se llama primeros principios.
Esta es la segunda manifestación del entendimiento,
es decir, el entendimiento como inteligencia, ó sea en
cuanto percibe y conoce como por intuición inmediata
y directa las ideas universal (si mas y sns relaciones,
expresadas en los primeros principios, á los cuales
por esta razón llama santo Tomás, unas veces prin­
cipios innatos y conocidos naturalmente, y otras, con­
cepciones comunes del alma, concepciones conocidas
por si mismos: conceptiones animi comnunes; conceptiones
per se notoe.
Una vez en posesion de los primeros principios, el
entendimiento apoyándose sobre ellos y guiado por
su luz, se muere en busca de objetos y verdades
desconocidas, discurre desde ellas á las conclusiones,
es decir, raciocina. Esta es la tercera manifestación de
nuestro entendimiento, ó sea el entendimiento como
razón. El entendimiento como inteligencia, es la Lase
CONTINUACION. 315

y fuudamcuto del entendimiento como razón, y por


consiguiente auterior á este en órdeu de naturaleza,
asi como los primeros principios sou la base de la
ciencia de las conclusiones y el puuto de partida para
e l raciocinio. El entendimiento como inteligencia, es el
ojo fijo, inmóvil, que contempla el objeto inteligible
como presente, es la visión de la verdad, visio: el
entendimiento como razón, es el ojo que se mueve y
discurre de u ii objeto á otro. La certeza en el enten­
dimiento como inteligencia, procede de la misma pre­
sencia del objeto inteligible, ex presentía in ttlligib ilis:
la certeza en e l entendimiento como razón, procede
de la relación de la conclusión con los primeros prin­
cipios percibida por el entendimiento: (I ) Potest enim
intellectus noster consideran, uno modo secundum se; et
sic determinatur ( ad assensvm) ex prxsentia intcU igi-
bilis: et hoc qttidem canttngit in his qux statim luminc
intellectus arjentis intellígibilia fiunt, sicut sunt prlmtt
principia, quorum est intellectus............. E t ideo p r x -
dlcta cognítio intellectus, vocatur visio. A lio modo p o -
tlst consideraré intellectus noster secundum ordinem ad
rationem, qu.v ad intellectum lerminatur dtim resol-
vendo conclusiones in principia per se nota, earum cer-
fitudinetn ef/icit: et hoc est assensus seientia.
De la doctrina del santo Doctor hasta aqui consiga
nada se infiere legitimamente, que si bien el criterio
inmediato v el fundamento próximo de la certeza en
las verdades de evidencia intuitiva es la misma e v i­
dencia del objeto, esto no quita que pueda señalarse
otro fundamento anterior y prim itivo en órden A la

(i) Sent. L lb 8.0 Dlat. 33. Oueat. a.* Art. 9.»


310 CAPITULO VKINTE V CUATRO.

misma. El asenso firme que prestamos á estas verda­


des puede considerarse, ó como un hecho em pírico y
puramente psicológico, ó en si mismo v en sus rela­
ciones con sus causas. Considerado del prim er modo,
el fundamento propio de la certeza y el único también
respecto de la generalidad de los hombres, es la e v i­
dencia inmediata é intuitiva de la cosa. Si preguu-
tuinos ■ uu hombre del vulgo, ó que 110 se halle ini­
ciado en las cuestiones filosóficas sobre este punto,
porqué asiente firmemente ol principio - es imposible
que una cosa sea y no sea al mismo tiem po,- es pro­
bable que solo nos responda, que es una cosa clara
por sí misma y que ve claramente que no es posible lo
contrario. Km pero considerado del segundo modo el
fenómeno de lu certeza, uo hay dudu que el filósofo
puede señalarle una causa y un fundamento ontológico,
por decirlo asi, anterior y distinto de la evidencia.
Jisto es lo que sucede en la teoría espuesta de santo
Tomús, lu cual conduce necesariamente á buscar y
señalar en Dios el fundamento prim itivo y la razón «
p riori de la certeza que acompaña las verdades de
evidencia inmediata.
Toda vez que nuestro entendimiento es una deri­
vación inmediata de la Verdad increada y una parti­
cipación de las ideas divinas; y puesto que por esta
razón solo necesita ser escitado por una causa cualquiera
para percibir las relaciones necesarias entre las ideas
contenidas y preexistentes virtualmcnte en él, rela­
ciones expresadas en los primeros priucipios que el
entendimiento percibe á manera de intuición, síguese
de aqui que dichos principios pueden decirse impresos
v dados por el mismo Dios u nuestro entendimiento,
CONTINUACION. 31 7

siendo como son ana manifestación necesaria, espontá­


nea y primitiva del entendimiento humano, como parti­
cipación de las ideas divinas. P or eso el sonto Doctor,
despues de haber dicho que no todos los objetos
inteligibles se hallan igualmente próximos á nosotros en
árdea á su conocimiento, sino que unos son conocidos
instantánea ú inmediatamente por el entendimiento,
al paso que otros no son conocidos sino c o i i relación
y por medio de los principios conocidos por si misinos;
y que el hombre adquiere el conocimiento de las
cosas antes desconocidas, por medio de dos cosas, que
son la laz intelectual y las primeras concepciones
conocidas por 6i mismas, per lumen infelteclm/e, et
per primas conceptiones per se notas, añade: ( I ) quantum
iyitur ad utrumque, Deus hominis scientix causa est
exceüentissimo modo, quia et ipsam uwmam mlellectuali
lumine insignivit, et notitiam primorum prineipiorum ei
impressit, qu x sunt f/uasi qva’dum seminaria scienliaTUta.
Es evidente que según esta doctrina, la verdad de
los primeros principios se lulla en relación necesa­
ria ó intima con la existencia m ism o, naturaleza y
veracidad de Dios. Si los primeros principios deben
considerarse como impresos en nuestra inteligencia
por el mismo Dios; si son una manifestación nece­
saria, natural y primitiva de la luz iutclccluul, ó sea
del entendimiento como derivación de las ideas d i­
vinas y participación de la Luz increada, su verdad
es un reflejo inmediato, una manifestación espoutúneu
de la Verdad divina, y la negación de esta verdad
llevaría consigo la negación de la razón humana por

(1) Dt Vtrit. C a«it. 11.* Art. 3."


318 CAPÍTULO VEINTE Y CUATRO.

una parte, v por otra, la negación de la existencia de


Dios como causa inmediata de esta razón y la ne­
gación también de la veracidad como atributo de la
naturaleza divina. Luego asi couio la verdad de los
primeros principios se refiere directa é inmediata­
mente á Dios, asi también la certeza que la acom­
paña tiene en el mismo 6U fuudamcuto primitivo.
Luego lu certeza de los primeros principios, es una
participaciou de la certeza é infalibilidad de la ver­
dad divina, y Dios es su primera razón de ser.
Ni es otra la idea que se ban formado acerca del
pensamiento de santo Tomás sobre este panto, los
graudcs discípulos de su escuela que han compren­
dido y penetrado á fondo e l espíritu y leude-arias
de su filosofía. * Para acrecentar esta certeza que
se eucueutra en los primeros principios, dice el em i­
nente metafísico Suarcz, (1) puede contribuir mucho
la consideración de la misna luz intelectual, de la
cual son una manifestación los mencionados primeros
priucipios, la reflexión acerca de su naturaleza y la
reducciou á la fuente de donde dimanan, á saber, la
misma Luz intelectual divino. Eu este sentido, in feri­
mos legítimamente, que los primeros principios son
verdaderos, por lo mismo que la luz natural de la
razou los presenta tales inmediatamente y per se; por­
que esta luz natural no puede estar sujeta á error cu
este asenso, ni inclinar & ana cosa falsa, toda vez que
es una participación perfecta en eu género de la Lu í
intelectual divina................... Asi es que esta ciencia,
(la metafísica) es superior aun á la ciencia del alma;

(1 ) Mtfaph. Diat. 1.a I*o a . 4.a rifan. U


CONTINUACION’ 319

porque considera de una manera mas elevada la fuerza


y perfección de esta luz de nuestro entendimiento,
no solo en cnanto se halla elevada sobre toda mate­
ria, sino en cuanto participa la certeza i infalibilidad
de la Luz divina.» quatenus certitúdinem et in fa lli-
libitatem divini Lúminis participat.
De los pasages que antes liemos aducido y que
sería fácil multiplicar, si necesario fuera, se des­
prende que en la teoría de santo Tomás, la certeza
de la cieacia, ó sea de lus verdades de deducción
y raciocinio, radica y procede de la certeza de los
primeros principios: (I ) Certitudo scientix tota oritur
ex certitudine prineipiorum; tune enim conclusiones por
ce,rlitudinem sciuntur, quando resolcuntur in principia.
Xos certitúdinem scientix non aceiperemus, (2) núi ine.s-
set nobis certitudo prineipiorum, in qux conclusiones
resolcuntur. In scientia vero conclutionum, (3) eausatur
dftermlnatio (in telleetu s), ex hoc quod conclvsio se­
cundum actum rationis, in principia per se visa resol-
vilur. Ni es otra la causa parque estas verdades
se llaman de evidencia mediata. En los primeros
principios no existe intermedio algano entre la fa­
cultad y el objeto: la verdad es percibida por nnn
especie de intuición directa é inmediata. Las v e r­
dades de deducción, no son percibidas por el enten­
dimiento sino A furor de la luz que de los primeros
principios refleja sobre ellas. Entre e l entendimiento
y estas verdades existe un intermedio necesario, que
son los primeros principios; y la razón no puede

(1) Ouotlf. Dupa. Oa VtiU. Oant. lo . Art. I.* i d 19.n


(a) IbU.
(a ) SmtMl. Lib. 8.* Slat. 99.a Art. 3.*
320 c a p ít u l o v iiis T E y cu.vrno.
entrar en su posesion ni llegar hasta ellas, siuo d
condicion de pasar por aquellos.
Esta diferencia catre las verdades de evidencia
inmediata y lus de evidencia mediata, difcrenciu que
es prcciso reconocer en toda buena filosofía, lleva
consigo naturalmente una diferencia radical en órden
al criterio de certeza pura las mismas. Con respecto á
las primeras, la verdad y la certeza que las acompaúan,
es una manifestación primitiva, espoutánea ú inme­
diata de nuestro entendimiento como impresión de las
ideas divinas, como participación de la Inteligencia
increada: de nqiii es que su corto/a es una certera
necesaria, ubsoliitanicnle infalible é independiente.
El hombre no nocesita salir fuera de sí, ni consultar
A los demas hombres, para entrar en posesion de esa
certeza; esta se sobrepone á todos sus esfuerzos, y
no le es ni siquiera posible concebir falsedud eu estos
primeros principios.
¿Sucede lo mismo con las verdades de c\idcncia
mediata? De ninguna manera. P or mas que sea incon­
testable que la verdad de los primeros principios es
capaz de reflejarse sobre las verdades de deducción;
por mas que sea evidente que la certeza de aquellos
es lu cansa y e l fundamento real inmediato de la cer­
teza de estas, no lo es menos, que nosotros no podemos
entrar eu posesion de esta certeza, sino á condicion de
investigar y descubrir la relación entre las verdades
de deducción y los primeros principios, y percibir coa
toda evidencia y claridad su conciiou necesaria. Aun
cuando queramos conceder que esto es asequible y
hasta fácil respecto de aquellas verdades que sou como
deducciones inmediatas de los primeros principios,
CONTIGUACION. 321
es lo cierto que en muchos casos solo podemos llegar
al indicado descubrimiento y percepción evidente de Id
conexion de una verdad con los primeros priucipios,
por medio de una serie determinada de proposiciones
encadenadas entre sí y de raciocinios mas ó meuos
complicados. De aqui la posibilidad del error en las
verdades apellidadas de evidencia mediata: las preo­
cupaciones de educación y de enseñanza, las ilusiones
de la imaginación, las afecciones de todo género, la
limitación de nuestro entendimiento, todo contribuye
á que confundamos con demasiada frecuencia la e v i­
dencia uparcute con la evidencia verdadera. Las d ifi­
cultades y los peligros de tornar por evidente lo que
uo k> es, crecen con la distancia de la conclusión re­
lativamente A los primeros principios, y cuando es pre­
ciso llegar hasta ella por medio de una larga serie de
proposiciones; porque, como observa el mismo santo
Tomás, «en tre muchas cosas que se demuestran, se
mezcla algunas veces alguna cosa falsa que no se de­
muestra, sino que se apoya solo en alguna razón pro­
bable ó sofistica, la cual se toma por verdadera de­
mostración: • ínter multa etiam vera qux demonstran tur,
immiseetur aliquando aliquid falsum quod non demont-
tra tur, sed aliqua probabili, vel sophistica ratione asseri-
tu r, qux interdum demonstrado reputatur. (1)
Por otra parte, la multiplicidad misma y compli­
cación de las reglas que los lógicos soflalan para la
verdadera demostración, indican demasiado la difi­
cultad de la misma y la desconfianza con que deben
mirarse las demostraciones, especialmente cuando en-

(1) Sum, eotU. Smt. Llb. 1.* Otp. «.*


AI
322 c a p ít u lo v e ía t e y c v a t h o .
vuelven largos procedimientos y exigen el encadena­
miento lógico de muchas proposiciones. Que si esto no
bastara para persuadirnos la insuficiencia de la evi­
dencia mediata individual, ahi está la historia toda
de la filosofía para convencernos de ello. En casi
todos los filósofos sin escluir los de mayor renombre,
desde Platou y e l gefe de los cstóicos, hasta Descar­
tes, desde Aristóteles hasta Leibnitz y Malebranche,
encontramos afirmaciones y doctrinas que la recta
razón reconoce erróneas y absurdas, y que el sentido
común de la humanidad rechaza como tales. Cuando
Cicerón dccia: N ih il est tani absurdum quod ab aliquo
philosophorum non dieatur, enunciaba una verdad de
hecho, comprobada también por la serie de los siglos
posteriores. Y sin embargo, ¿quien puede desconocer
ó negar, que si no en todos, á lo menos en la mayor
parte de los casos, esos grandes filósofos se engañaban
(i erraban de buena fé? Antes de engañar á sus dis­
cípulos, esos profundos pensadores se engañaban se­
guramente á sí mismos, tomando por proposiciones
evidentes, las qnc no lo eran y confundiendo por con­
siguiente la evidencia aparente con la real, la falsa
con la verdadera.
Sin negar pues que la evidencia mediata puede ser
suficiente en algunos casos, ó si se quiere, respecto de
las verdades y proposiciones de deducción inmediata
de los primeros principios, para llegar á la certeza, es
lo cierto que en otros mochos no pnede ser criterio
seguro de verdad y certeza, sino á condicion de ha­
llarse en armonio con el sentido común de la huma­
nidad; pues por evidente que nos parezca un raciocinio,
■na demostración, una proposición de esta clase, po­
COKTIMJ ACION. 323
demos y debemos mirarla con alguna desconfianza,
mientras no nos aseguremos de que los demas hombres
la ven del mismo modo que nosotros, desconfianza
que deberá ser mucho mayor si se trata de una afir­
mación que el sentido común del género humano
rechaza como errónea. Luego la certeza de evidencia
mediata, depende en algún sentido y recibe su com­
plemento del testimonio de los demas hombres y
principalmente del sentido ó consentimiento común
de la humanidad, apellidado voz de la naturaleza, na-
turx vox, por el citado Cicerón.
La evidencia inmediata, como manifestación prim i­
tiva y espontánea de la inteligencia, como derivación
de las ideas divinas mediante los primeros principios,
tiene en sí misma todas las condiciones necesarias
para determinar el asenso del entendimiento de una
manera infalible y con independencia absoluta del
consentimiento de los demas hombres. La evidencia
mediata, envuelve un procedimiento propio de la razón,
un movimiento mas ó menos difícil, mas ó menos
complicado: la certeza que á ella se refiere es secun­
daria, discursiva y adquirida, como lo es la evidencia
que la determina; y de aqui el que considerada in­
dividualmente, no sea infalible y segura como la
primera, principalmente cuando se trata de verdades
ó deducciones que no se hallan en relación próxima
con los primeros principios. Por eso dice con mucha
razón santo Tomás, qne « e l entendimiento no yerra
en órden á los primeros principios, pero si yerra
algunas veces acerca de las conclusiones, á las cuales
llega por medio del raciocinio, partiendo de los
primeros principios:» Intellectui in p rim ú prineipiis
324 CAPÍTULO VEJHTE T CUATRO,

non errat, sed in conclutionibus inlerdum, ad guas


ex primis principas raciocinando procedit. (1) Luego ea
órden & estas verdades de deducción, nacstro enten­
dimiento necesita del testimonio de I 03 demas hom­
bres, sobre todo si este testimonio constituye con­
sentimiento común del género humano, que debe ser
mirado como la voz de la naturaleza misma y de su
Autor. Luego el criterio de evidencia mediata interna,
depende en parte y es completado por el testimonio
de los demas hombres; porque, como dice el mismo
santo Doctor, judicium quod ab ómnibus de veritate da-
tur, non potest esse erroneum. (2)
Lo quo so acaba de decir de la evidencia mediata,
convicnc también en análogas proporciones al crite­
rio de los sentidos. Que estos so » suficientes por sí
solos para determinar en uosotros la certeza respecto
de ciertas verdades, como por ejemplo, la existencia
de tos cuerpos, es una verdad que solo podrán con­
testar los pirrónicos absolutos, no es menos cierto
sin embargo y lo esperiencia lo comprueba demasiado,
que en muchos casos el hombre percibe los objetos
nensibles de una manera diferente de lo que son en
sí mininos, y que en estos casos el medio natural de
corregir el error es comparar nuestra percepción con
las de los otros. Luego el testimonio individual de
los sentidos, necesita ser corroborado y corregido por
el testimonio colectivo. Luego también aqui el crite­
rio interno ó individual, depende en parte y es com­
pletado por el criterio esterno y colectivo.

(1) Sum. eont. timtí. L ib . B.* Cap. 61.


(S) lbid. Lib. a.' Cap. 34.
COKTlNli ACIOn. 325

Tal es en resumen la teoría de santo Tomás sobre


la certeza: teoría luu sensata y racional, como ele­
vada y científica. En ella se concede al hombre indi­
vidual medio seguro y criterio infalible pura llegar
á la posesion de la verdad sin necesidad de salir de
si mismo; pero concediendo al propio tiempo la in­
fluencia legítima del criterio esterno, ó sea de la razón
y enseñanza del hombre colectivo. Sin adoptar las
pretensiones exageradas de los dogmatistas, rechaza
los cscesos y errores de los académicos } de los tradi-
cionalistas.
LIBRO SESTO.

MORAL Y POLITICA.

capitulo rumo

Ultimo fin del hombre.

N o vamos á desenvolver la moral y política de santo


Tomás con la estension que hemos empleado en los
libros precedentes respecto de la ontología, cosmo­
logía, psicología, é ideología: la escelencu y superio­
ridad de esta moral y política del santo Doctor, son
tan incontestables y Be hallan á tal ponto reconoci­
das por todos los sabios, que conceptuamos nn tra-
328 CAPÍTULO PHIMEHO.

bajo inútil, ó cuando menos poco necesario, detenernos


en esponer con estension ni siquiera sus cuestiones
ó puntos principales.
P o r otra parte, basta abrir la segunda parte de la
Suma Teológica, el tercer libro de la Suma contra los
Gentiles y el tratado De regimine Principum , en que se
hallan tratadas y desenvueltas estas dos ciencias con
toda la ustuusiou, exactitud, órdeu científico y pro­
fundidad que desearse pueden, para convencerse de
la escelcncia y superioridad indicadas. Ya hemos d i­
cho antes, que por motivos análogos hemos omitido
el esponer su teodicea.
Nuestro objeto pues eq e l presente libro, es sola­
mente llamar la atención de los lectores sobre algunos
puntos culminantes de estas ciencias de los cuales la
filosofía moderna prescinde mas de lo que debiera, y
señalar al propio tiempo algunas equivocaciones p eli­
grosas en que han incurrido algunos escritores sobre
estas materias.
La filosofía pagana parece como que conoció instin­
tivamente la importancia capital y la trascendencia de
las cuestiones relativas al último fin del hombre: la
determinación de la felicidad del hombre, el ser cuya
posesion constituye esta felicidad, eran problemas
que llamaban de una manera especial la atención, lo
mismo de Sócrates que de Epicuro, de Platón que
de Aristipo, de Aristóteles que de Zenon y de todaa
las demas escuelas de la antigüedad, las cuales con­
cedían una marcada preferencia á la solucion de e«te
problema.
Puede decirse qne ea esta parte U filosofía pa­
gana procedía con m ejor buen sentido y conocía con
LL'llM O FI5 DEL HOMDRE.

mayor exactitud y profnndidad, la naturaleza y con­


diciones esenciales de la moral que la filosofía mo­
derna, ea la cual es demasiado frecuento, ó el pres­
cindir por completo de esta cuestión, ó el no darle
el desenvolvimiento que su importancia redama. Y
sin emburgo, ¿hay alguna cuestión mas capital que
esta para lu ciencia moral, y aun para las sociales y
políticas? ¿Hay algún problema cuya acertada solu­
ción interese mas vivamente h estas ciencias? ¿So
es cierto que es supcrlluo, ó mejor dicho, imposible
y absurdo, pretender investigar y scilalar la reglu de
las acciones humanas, sin investigar y determinar
de antemano el fin de cstus acciones, ó sea lo que
constituye el bien supremo del hombre?
Hé aquí porque santo Tomás establece como bnsc
primaria de la aioral, la relación de las acciones
humanas con Dios como último fin y supremo hum
del hombro. Santo Tomán 110 se contenta, como
suele hacer la filosofía moderna, con investigar lu
regla ¿ que deben conformarse los actos humanos;
porque esU regla supone la distinción del Lien que
el hombre debe obrar y «luí mal que debe huir; -y
la determinación del bieu y del mui mural depen­
den originariamente de la determinación del último
fin del hombre. Asi como eu e l órden puramcutc
inteligible y científico, distinguimos y separamos la
v e rd a l de la falsedad, poniéndolas en contacto, por
decirlo asi, con las verdudes primitivas de la inteli­
gencia y los principios á p rio ri de la razón, no de
otra manera, en el órden práctico y moral, el último
fin qae constitaye el bien supremo del hombre y
sirve como de panto de partida capital para llegar
42
330 CAPÍTULO PIUMEIVO.

ú la determinación (le su destino, \ienc A ser como


la base fundamental para la distinción entre el bien
y e l mal inoral. Haced desaparecer ¿ Dios como úl­
timo fin del hombre, y su posesion, como término
de su destino, y os serú imposible seflalar la razou
& p riori de la distinción y diferencia entre el Lien
y el mal en las acciones humanas, ni el origen de
las respectivas obligaciones del hombre, ni las reglas
de sus costumbres.
El verdadero destino del hombre, ol único fin que
puede hallarse en armonía con lo dignidad y eleva­
ción de su naturaleza y la nobleza de sus instintos
generosos, es la aproximación y tendencia constante
ú lu asimilación cou Dios, es la posesion de Dios
coiuo Verdad suprema 6 infinita y como Bien supremo
ú infinito. De aqui se sigue, que «las acciones mo­
rales del hombre, serán buenas ó malas, según que
se hallen en armonía ó contradicción con este des­
tino, según que posean en si ó no, la razón de me­
dios proporcionados para esa aproximación á Dios
y pura esa posesion de la Verdad infinita y del Bien
supremo. Luego la regla fundamental de las acciones
humanas, lo mismo que las leyes y condiciones de
su moralidad y hasta la distinción del bien y del
mal moral en el hombre, deben determinarse en ór­
den y con relación ó lo que constituye su último fin,
es decir, con relación á Dios, suprema ley del mundo
moral, base fundamental y razón á p rio ri de la per­
fectibilidad del hombre cu este órden.
Ahora se comprenderá fácilmente, porqué santo T o ­
más, despucs de consignar como un hccho prim itivo
de sentido común y como-una verdad de esperiencia
ÚLTIMO P1S DEL HOMDHE. 331

inmediata, la dependencia y relación ncccsuria de la


acción humana, es decir, libre y deliberada, con el
iin, toda vez que no puede existir ni concebirse si­
quiera en el hombre una acción deliberada sin que
se ordene á la consecución de algún bicu verdadero
ó aparente, establece que Dios es ol último fln del
hombre y qnc su posesion constituye su verdadero
destino.
Es imposible, diec, (I ) que Ih felicidad del hombre
ac halle en algún bien criado. Porque la felicidad, es
el bien perfecto que llena totalmente el apetito 6 de­
seo; pues de lo contrario uo sorít último fin, si que­
dara todavía alguna cosa quo desear. E l objeto de la
J u n t a d , la cual es como el apetito humano, es el
bien universal, asi como el objeto del entendimiento
es la verdad universal; de donde se infiere, que nada
puede llenar la voluntud del hombre, sino e l bien
universal, bien que no se oiieucutra en ninguna cosa
criada, sino en Dios solamente, porque toda criatura
tiene una hondad participada. Asi pues solo Dios
puede llenar la voluntad del hombre............. Luego
en Dios solo consiste su felicidad.
•• El fin, añade mas adelante, (2) 6e toma en dos
sentidos; uno, por la cosa misma quo doscamoa con­
seguir, como el dinero es fui para el avaro; en otro
sentido, por la misma consecución, posesion, uso ó
fruición de esta cosa que se desea, como si decimos
que la posesion del dinero es el fin del avaro.
Si se habla on el segundo sentido, el último fin

(1 ) Sun. Thtol. 1 * 9.* Cueit. 3.' A rt. 8 »


(9) lbid. Cus«t. 9.' A rt. 1.°
33-2 CAPÍTULO PniMEBO.

«leí hombre es alguna cosa criada existente en él; y


110 es otra cosa que la posesion ó fraicion del bien
que es último fin.
Kl último fin, se llama también felicidad ó biena­
venturanza: si se considera paes la felicidad del
hombre, por parte de su causa y objeto, en este
sentido es una cosa increada; pero si se considera
la esencia misma de la felicidad, es una cosa criada.»
« Lu felicidad se llama sumo bien del hombre, en
cunnln es la posesion ó fruición del Sumo Bien.» (1)
Creo inútil ustender ni multiplicar las citas; por­
que esta doctrina, que por otra parte no es mas
que el eco de lu enseflanza católica, se halla con­
signada y desarrollada ú cada puso en las obras
d d santo Doctor, bajo todas sus fases y relaciones.
Cnu de estas fases principales es la descripción de
las propiedades y utributos de la posesion de Dios
como IHcn supremo del hombre, en sus relaciones
can las diferentes manifestaciones de su capacidad en
órden al bien, y de las graudcs aspiraciones de su
iiuüii’ulcza.
«Infiérese de lo dirho('2) en los capítulos anteriores,
que todo deseo del hombre quedará satisfecho en
usa felicidad consistente en la visión de la esencia
diw na, y toda aspiración humana recibirá allí su
(-nnsumucion. Esto se evidencia, recorriendo cada
uno do estos deseos y aspiraciones. Existe un deseo
en el hombre como ser inteligente cu órden al co­
nocimiento do la' verdad, deseo que el .hombre se

( i ) KM. »d g.m
(a ) Sum. cuni. Cení. Llb. a.* C«J>. es.
ÚLTIMO FIN DEL IIOMDIIE. 333

esfuerza en satisfacer por medio de la vida contem­


plativa. La consumación de este deseo, se realizará
en la indicada visión de una manera suprema, cuando
serán patentes al entendimiento humano todas las
cosas que naturalmente desea saber, por medio de
la visión de la Prim era Verdad.
Existe también en el hombre otro deseo, que le
conviene según que por medio de la razón puede
disponer de las cosas inferiores « él, deseo cuyas
manifestaciones se encuentran en los actos de la vido
activa y civil, y principalmente en el arreglo de la
vida conforme á los prescripciones de la razón, ó
sea viv ir conforme A virtud; pues el (in del hombre
virtuoso ni obrar, es la perfección.
Este deseo recibirá también entonces su consu-
roaciou absoluta, cuando la razón inundada por la
luz divina, quedará vigorizada ú tal grado, que no
podrá apartarse de lo rccto.
Acompafian y siguen también á la vida social,
ciertos bienes de que necesita el hombre para ejer­
cer convenientemente las funciones sociales y civiles,
como la elevación del honor, el cuul si se apetece
ó busca desordenadamente, trasforma á los hom­
bres en soberbios y ambiciosos. Á esta sublimidad
de honor llegan también los hombres por medio de
la visión dicha, en cuanto se unen con l)ios, de
manera que asi como Dios es el Rey de los siglos,
asi los bienaventurados ¿ él unidos, se llaman reyes
en el Apocalipsis.
Otro de los deseos que se revelan en la vida so­
cial, es la celebridad de la fama, cuyo amor desor­
denado hace á los hombres amigos de la vanagloria.
334 CAPÍTULO PRIMERO.

La mencionada visión hacc también célebres á los


bienaventurados, 110 según la opinion de los hombres
que pueden engañarse y cnguilur, sino según el co­
nocimiento verdadero en sumo grado, ya de Dios,
ya de todos los bienaventurados; y es por eso que
esta felicidad se apellida gloria con mucha frecuen­
cia en las Sagradas Escrituras.
Hay también en la vida civil otro bien, A saber,
las riquezas, cavo deseo y amor desordenado hacc á
los hombres, ya avaros, ya injustos; mas en aquella
felicidad encuéntrase la suficiencia de todos los b ie­
nes, eu cuanto los bienaventurados postan ni Bien,
que contiene In perfección de todos los bienes.
Revélase también en el hombre un tercer péncro
de deseos, cual es el que se refiere ú los deleites;
género cu que el hombre conviene con los anima­
les y cayo cscuso hace ul hombre amador de la in­
temperancia é incontinente. En la dicha felicidad, se
baila el deleite pcrfectisimo, y tanto mas perfecto
que el que se obtiene por los sentidos j de que go­
zan también los brutos, cuanto el entendimiento es
superior á los sentidos; y el Bien on ol cual enton­
ces nos deleitaremos, siendo superior á todo bien
sensible, mas intimo y mas pennanonte é inmutable,
también el deleite que dimana de su posesion es mas
puro y libre de toda mezcla de tristeza, de cuidados
y de molestias.
Obsérvase ademas en todos las cosas un deseo na­
tural en urden A su propia conservación- cuanto es
posible; \ el csuoso ó desorden 011 este deseo, hacc
á los hombres cobardes y enemigos de los trabajos.
Tnmbicn este deseo entonces se cumplirá perfecta­
ÚLTIM O FIM D EL HOMDRE. 335

mente, cuando los hombres poseyendo el Sumo i)icn ,


conseguirán una durucion sempiterna, libres de todo
daño y peligro.
Es evidente pues, que por medio de la visión de
Dios, conseguirán las sustancias inteligentes la v e r­
dadera felicidad, en la cual se cumple y sacia todo
deseo, y se halla la abundancia de todos los bienes.»
CAPÍTULO SEGUNDO.

ConU.i'¿ación. i.T.corLa.'iiia de c :la deeiriaa p ara


las ciencias morales.

Creemos que nadie tendrá dificultad cu reconocer


que el luminoso pasage que ucabamos de citur, re­
vela por una parte la grande importancia que santo
Tomás concedía á las cuestiones relativas al último
liu y verdadero destino del hombre, y por otra, el
profundo desarrollo científico que supo dar ú estos
problemas bajo todas sus fases. Como liemos dicho ya,
el citado pasage no es mas que una de estas fases;
es como una condensación parcial 6 incompleta de su
pensamiento sobre este punto; y sin embargo, no pue­
den menos de admirarse aquí esa abundancia de ob­
servaciones las mas exactas y delicadas, esa riqueza
COnTIKCAGIOIü: IMPORTANCIA ETC. 337

de ideas, esc conocimiento profundo de las necesi­


dades y aspiraciones del hombre en el órden pura­
mente intelectual, en el sensible y puramente natural,
ese análisis tan científico como cristiano de las condi­
ciones de la vida humana bajo todas sus manifestacio­
nes, en sus relaciones con las condiciones, propiedades
y cfcctos de la posesion de Dios, como Bien supremo
del hombre.
Eu la doctrina contenida en este pasage, bellísima
página de moral, ú la vez que expresión filosófica de
la enseñanza católica, se vislumbran j a algunas de
las principales afirmaciones que entran á constituir
la teoría moral del santo Doctor. Asi, por ejemplo, las
funciones de la parte sensitiva, no pueden referirse
directamente y de una manera esencial, á la posesion
de esta felicidad; porque el bien ú objeto que la
constituye está fuera del alcance de las facultades
sensitivas.
• La operacion del sentido, dice, (I ) no puede
pertenecer cscncialmcmtc 4 la felicidad. Porque la fe ­
licidad del hombre consiste esencialmente en la unión
del mismo al Bien increado que es su último fin, al
cual ciertamente no puede unirse el hombre por la
operacion de los sentidos.»
Otra segunda deducción no menos importante que
la anterior, es qne la bondad y malioia moral de las
acciones humanas, dependen principalmente de sus
relaciones con el último fin, y que este es el prin­
cipio á p riori y como la regla fundamental en la
cual se resuelven y á la cual se refieren todas las

(1) Supt. T M 1.' 9.a O M it 8.* Art. 3.a


43
338 CAPÍTULO SECUNDO.

(lemas reglas, (lo. las acciones en el hombre; por­


que, como nota con mucha profundidad el mismo santo
Tomás, de este último fin recibe el hombre las reglas
de toda su vida: ( I ) f/ttia est eo totius vita; aun; regulas
accipit.
Eu lu teoría pues de santo Tomás, la primera regla
de las acciones morales es Dios como último fin del
hombre, es la Ycrdad primera, la Justicia viu en te y
eterna, el Bien sustancial, término de sus deseos,
de sus facultades y de sus grandes aspiraciones; esta
regla contiene la razón de ser de todas las reglas de
lu acción moral: asi es como la distinción y separación
del bien y del mal moral en el liombrc, el orden ó
desórden cu los actos de su voluntud, se manifiestan
j constituyen con relación al último fin y destino del
hombre: (2) rectiivdo'volunlalis est per delilum órdinmn
ad finem últimum.
Mr. Jourdain, ú quien mas de una vez hemos te­
nido ocasioii de citar en el curso de esta obra, com­
prendió la importancia cientilicu del pensamiento de
santo Tomás al buscar e l destino del hombre en la
posesion de Dios, y en este último fin y en este des­
tino, la base y la ley suprema del orden moral. Voy
á trascribir sus palabras, que servirán al propio tiempo
de confirmación á lo que dejo indicado sohrc la su­
perioridad de santo Tomás con respecto á las ciencias
morales.
« Dios, (3) que es el principio de los seres ¿no es
igualmente su fin? El destino del hombre ¿110 consiste

(1) Ibii. flueit. 1.a Art. « •


(1 ) AM . CuSit. 4.‘ A rt. 4.°
(8 ) Filotof. (U sanie Tvmcl*. Lib . 9.* Ctp. • *
CO-MIiMIACION: IMPORTANCIA ETC. 330
c d conocerle y poseerle? Fuera d e estas verdades, ¿qne
valor especulativo y que importancia práctica con­
serva la moral?
Nuestra inteligencia, una vez elevada á la nocion
de la ley moral, comprende al punto que esta ley su­
pone un legislador supremo quo la promulgó, grabán­
dola en el eorazon del hombro, y nn poder supremo
que confirma su autoridad por medio do recompen­
sas decretadas para los buenos, y castigos para los
inalos: Dios, en uua palabra, aparece A la razón como
el autor y como el vcDgador de la ley. Sin duda al­
guna que esta concepción es capital, y las escuelas
que la admiten no pueden ser acusadas de degradar
la virtud, ni conmover las bases de la moralidad pú­
blica y privada. Pero basta esta concepción para
csplicar el lazo estrecho, íntimo, esencial, que refiere
la perfección moral á su origen divino? t i legislador
humano scflala A cada miembro de la ciudad el fin &
que debe dirigirse y la regla qne debe observar;
pero no es l-I mismo este fin y esta regla. Anima por
medio de recompensas; pero estas recompensas con­
sisten en ciertas ventajas estertores que son extra­
ñas é indiferentes á su persona. ¿Aislaremos de la
misma suerte la justicia de Dios y las leyes eternas?
¿Creeremos que semejante á los soberanos de la
tierra, el legislador divino no es el objeto necesario
de los mandatos y promesas que dirige ¿ los hombres
mediante la voz de la conciencia? Somcjunte suposi­
ción ¿no rebaja la grandeza infinita de Dios? ¿No
priva al alma humana de su perspectiva mas alta y
mas brillante?
No hasta por lo tanto decir que Dios es el autor
340 CAPÍTULO SF.CLSDO.

de la ley moral y que recompensará un día la virtud


y castigará el crimen; es preciso llegar hasta recono­
cer que Dios es la sustancia misma del bien, la jus­
ticia en acto, la ley viviente que se conoce á sí
misma desde la eternidad y que se revela á la razón
por sus obras y sobre todo por su idea. Cuando la
filosofía se detiene antes de haber llegado á estas al­
turas, abandona su obra sin concluirla; y la moral
uo hallándose ligada á su principio sustancial, ame­
naza desplomarse, semejante á un monumento al cual
se hubiera quinado la piedra que formaba la llave do
lu bóveda de todo el edificio.
Mas ¿coino representarse la pcrfcccion de Dios sin
creer desde luego que es el tórmiuo de todas las as­
piraciones de la naturaleza del hombre? Nuestra in­
teligencia conoce verdades inmutables, y sin emburgo
todo cambia en torno de ella: nuestro corazon espe-
rímenta deseos infinitos, y todo lo de la tierra le es­
cita sin saciarlo: Dios solo puede llenar e l cuadro in­
menso de nuestros pensamientos y de nuestro amor.
La virtud es el esfuerzo del alma para asemejarse á
¿1; la felicidad perfecta consiste en poseerle. Entre
estos dos términos, la felicidad y la virtud, la razou
establece una relación cuyo secreto en solo é l se
hulla.
Desde este instante, todas las facultades ti ni alma
se hallan empelladas en la práctica del bien. Cuando
el deber se nos presenta bajo la forma abstracta do
una ley que manda lo que es preciso ol^rar, y prohíbe
lo que se debe evitar, no habla mas que á la razón;
su voz es fácilmente ahogada por las pasiones y los in­
tereses. Mas cuando el deber se personifica en cierta
COKTIKUACIOX: IMPORTANCIA ETC. 341

manera en uu ser viviente que es su principio y ob­


jeto, 110 tiene menos poder para encadenar la sensibi­
lidad que el entendimiento. La sensibilidad ama, se
adhiere y se goza en aquello mismo que cutre vio la
razón; un secreto movimiento del eorazon acompaña
y -vivifica las contemplaciones de la inteligencia. Y
¿que objeto mas digno de inflamar los deseos del
alma que el Ser infinito, fuente inagotable de toda
justicia y de toda bondad? Asi es que ningún sen­
timiento es ñas enérgico, ninguno tiene mayor im ­
perio sobre el hombre que el sentimiento religioso.
¡Que maravillas uo ha producido! ¡Cuantos estravios
corregidos! ¡Cuantos valores reanimados! ¡Cuantos
sufrimientos endulzados! mientras que los otros sen­
timientos se resfrian con el tiempo, la fé y la piedad
conservan su ardor y no cesan de obrar prodigios.
£1 principio pues establecido por santo Tomás, me­
rece las meditaciones de los filósofos por esta doble
ventaja de ser á la vez el maB elevado y el mas prác­
tico de todos. Si se sube la escala de las concepcio­
nes, no puede darse una defiuicion mas alta del fin
del alma, que haciéndole consistir en la posesion de
Dios. Si se desciende á la aplicación, no hay. reglu
alguna de conducta que ejerza mayor autoridad so­
bre los hombres. £1 moralista que no se apoye sobre
estas ideas sublimes, no podrá fundar lógicamente la
ciencia de las costumbres; mas si quiere reformar á
sus semejantes é inclinarlos á la virtud, estas mismas
máiLÍmat> que la razón no puede traspasar en su vuelo
mas atrevido, son al propio tiempo las mas eficaces
para regular los caracteres y las pasiones.
Es por tales enseñanzas dirigidas ¿ todos los hom­
.'142 CAPÍTULO SECUNDO. *

bres que el Cristianismo conquistó el inundo: asi es


como lia atraído tantos nobles genios, y como domó
la energía sulvage de los pueblos germánicos. La "loria
de santo Tomás, es el haber presentado la teoría de
estos preceptos divinos que hubian cambiado la faz
del inundo: estos preceptos reviven cii su doctrina
bajo las formas y 4 través de la argumentación esco­
lástica.
Se ha reprochado alguna vez á santo Tomás lo mismo
que, según nuestro juicio, constituye la superioridad
de su moral. Encuénlransc escritores que pretenden,
que colocar el fin del hombre en la bienaventuranza,
ero confundir lo honesto con lo útil, referir la virtud
al amor propio, é ignorar las condiciones mas ele­
mentales de lu moralidad. Acusación verdaderamente
extraña, y que prueba hasta donde puede arrastrar,
aun ú los buenos talentos, la exageración de una idea
verdadera ¡ Como si el Angel de la escuela no hubiera
replicado su principio, del modo mas conveniente
para prevenir toda equivocación! ¡Como si una filo­
sofía que nos enseña á referir ú Dios todas nuestras
esperanzas, pudiera ser tachada de egoísmo I Sin duda
que la pasión vencida y el deber cumplido volunta­
riamente, aun al precio de Ion sacrificios mas dolo­
rosos. os el destino, os el triunfo de la nnturoleza
del hombro; y bien ¿ha desconocido por ventura santo
Tomás la belleza del desinterés v dol heroísmo? ¿N o
ha predicado la abnegación y el sacrificio, á ejemplo
de todos los grandes hombres del Cristianismo? Es
verdad que ha ncccptado el hombre tal cual Dios le
ha creado, y que ha concedido su parte A eso deseo
inmenso de felicidad que existe en el fondo de todos
COATIISCACIOX: IMPORTANCIA ETC. 343

las almas; pero ha colocado al propio tiempo en lu


virtud la primera condicion de la felicidad, y por
una mira la mas alta, scilala á la virtud como su­
prema recompensa la posesion de Dios. Ciertamente
que será una crítica bien meticulosa y limitada, la que
no se halla segura con semejante doctrina, la que no
la considera ú la altura de la verdadera nocion del
deber, y la que no reconozca en ella una doctrina la
mas saludable y fecunda. »
CAPÍTULO TERCERO.

Apreciacicncc y desenvolvimiento de esta teoría.

Acabamos de consignar en e l capitulo anterior que


santo Tomás, colocando ¿ Dios como último fin del
hombre en la última escala del órden moral, ademas
de sentar lt base fundamental y él primer origen de
este órden, \ivifica al propio tiempo el corazon del
hombre, obligándole, por decirlo asi, á asociar cons­
tantemente la idea de Dios á la idea del bien en todas
sus acciones morales.
Pero no es esto solo: esta doctrina contiene ade­
mas l¡i verdadera esplicacion lllosóQca de esa as­
piración tun enérgica como constante hacia el in­
finito, que hallamos en el fondo de nuestra concien-
APRECIACIONES Y DESENVOLVIMIENTO ETC. 345

cia. Bien puede el hombre encontrar é»su paso sobre


la tierra, sentimientos dulces, afecciones, deleites,
vivas satisfacciones, esperanzas realizadas y deseos
satisfechos; la insuficiencia y el vacio acompañarán
siempre á su pesar esas satisfacciones, esos senti­
mientos y esos deleites: en el fondo de todas esas
cosas, encontrará siempre una eccrcta amargura; cu
las profundidades de lu conciencia hallará un malestar
que el mismo no sabrá definir, ni esplicar, perú que
no por eso dejará de sentir con inuiior viveza: en
medio de sus mas grandes pensamientos, una secreta
agitación conmoverá su espíritu que pasará sin cesar
de un objeto ¿ otro; porque aunque ve en muchos de
estos una imagen y un reflejo de lo que busca, en
ninguno hallo un objeto que iguale la esfera de su
acción, y que se halle eu relación y armonía con la gran­
deza de sus aspiraciones. Y es que el hombre en todos
sus pensamientos y obras, se halla dominado por el
sentimiento de su destino y por e l deseo de un fin;
y como quiera que este Pin, atendida la grandeza de
la naturaleza del hombre y la elevación de sus facul­
tades, solo puede hallarse en el Ser infinito, de aqui
es que el sentimiento del infinito y la aspiración hacia
él, se hallan embebidos en todos sus pensamientos, en
todas su* obras, en lodos sus deseos, en todot sus
sentimientos, en toda su vida. Esta aspiración cons­
tante al infinito se revela en el individuo como en la
humanidad colectiva: ella es Ka que da vigor y encrgia
inusitada al filósofo que se entrega & elevadas especula­
ciones y busca la verdad en las profundidades de la
ciencia: ella es la que inspira al poeta cuando celebra
las maravillas y encantos de la creación: ella es la que
44
346 CAPÍTULO TERCEBO.

gaia la mano del pintor y el buril del estatuario


cuando se afanan en trasladar á sus obras la belleza
ideal que huye siempre de sus nanos: ella es en fin
la que se revela por todas partes y bajo mil formas
diferentes en el hombre y en la sociedad, en sus res­
pectivas y multiplicadas aspiraciones hacia la perfec­
ción suprema, hacía e l bien universal, hacía la v e r­
dad infinita.
¿ Y qué otra cosa es ese generoso é irresistible ins­
tinto de lu inmortalidad que se agita en el fondo de
nuestras almas, sino una de tantas manifestaciones de
esa aspiración al infinito cuya posesion constituye la
felicidad suprema del hombre? ¿Que otra cosa signi­
fica también esa esperanza universal de una vida fu­
tura que se revela en todas las conciencias, lo mismo
que en todos los cultos, en todas las doctrinas, en
todas las tradiciones?
lié aquí porque hemos dicho que la teoría de santo
Tomás sobre este punto, encierra la esplicacion filo ­
sófica y como la razón ú p riori de esa múltiple aspi­
ración al infinito que se revela en la humanidad.
Porque si Dios, Yerdad primera, Bondad universal,
Ser infinito, es el que constituye la felicidad y per­
fección suprema del hombre; si el destino final de
este es la asimilación con el Ser infinito por medio
de su posesion, claro es que solo aqui se encuentra
el verdadero origen y la causa de esos instintos, de
esas esperanzas, de esas nobles aspiraciones que se­
paran al hombre de cuantas criaturas le rodean, dán­
dole la conciencia de su casi infinita superioridad
sobre ellas, reanimando su esperanza de llegar algun
dia ¿ la realización final completa de su destino.
APRECIACIONES Y DESENVOLVIMIENTO ETC. 347
Porque esta doctrina de santo Tomás, envuelve en
su seno la solucion cristiana y filosófica A la voz del
gran problema del destino humano. El santo Doctor,
caminando aqui como siempre bajo las inspiraciones
de la idea cristiana, mientras por una parte establece
que el hombre no puede llegar á la posesion de la su­
prema y verdadera felicidad, ui por consiguiente A la
realización de su destino, sino en la posesion y con lu
posesion de Dios, por otra, establece que esta posesion
ui se puede obtener en este mundo, ni se halla al al­
cance de las facultades y esfuerzos puramente natu­
rales del hombre. Elevado este y constituido desde su
primera creación en el órden sobrenatural, solo puede
hallar verdadera y completa felicidad en una *posesion
de Dios, cujas condiciones se hallen en armonía y re­
lación con las condiciones de este órden sobrenatural,
es decir, en la visión inmediata, en la intuición clara
de la escncia divina, intuición & que e l hombre no
puede llegar en la vida presente, y que aun en la
futura, solo le es dada mediante una elevación es­
pecial al órden sobrenatural. « L a consumación ó per­
fección del hombre, dice el santo Doctor, ( I ) se en­
cuentra en la consecución del último fin, que consti­
tuye la perfecta bienaventuranza ó felicidad, la cual
consiste en la visión de Dios. A esta visión de Dios, es
consiguiente y va unida la inmutabilidad del enten­
dimiento y de la voluntad: del entendimiento, por­
que cuando se habrá llegado á la visión de la Causa
primera, en la cual se pueden conocer todas las cosas,
cesa la investigación del entendimiento. Cesará tam-

(1) opine. 3.a C*p. 140.


348 CAPÍTULO TEHCF.RO.

bien el movimiento de la voluntad; porque una vez


conseguido el último fin, en el cual se encuentra
la plenitud del bien, nada queda ya que desear: y la
voluntad se muda, deseando algo que todavia no
tiene.»
«E n la última consumación de su destino, ailade
despues, (I ) el hombre consigue la eternidad de la
vida, no solo en cuanto ¿ permanecer eternamente, lo
cual le conviene por el solo hecho de tener una alma
inmortal, sino también en cuanto que alcanza una
inmutabilidad perfecta.»
> til último (in del hombre, termina y llena to­
dos sus deseos; de manera que una vez poscido, nin­
guna otfe cosa desea; pues si aun descara algo, ya no
podría decirse que descansa en e l último fin. lüs asi que
osto uo puede verificarse en esta vida, porque du­
rante ella, cuanto uno mas conoce y sabe, lauto mas
«c aumenta en él el deseo de saber, . . . . á no ser
que huya alguno que lo conozca todo, cosa que A nin­
gún puro hombre ha sucedido jamás, ni es posible
que sucuda..........................Luego no es posible que
la últimu felicidad del hombre se realice en la vida
presente.»
R1 santo Doctor añade en seguida otras muchas
razones en confirmación de esta imposibilidad, asi
i onio en otros muchos lugares de sus obras establece
los demas puntos que acabamos de indicar, y que
encierrau la verdadera solucion del problema del des­
tino humano. E r it igitur (3) última felicitas komini*

(i) BU. Cap. 100.


¿a) Sum. eont. G*nl. Llb. 8.“ Cap. 48.
(8) Oüt.
APItECfACIONES Y DESENVOLVIMIENTO ETC. 340

in cognitione Dei quam habet meas humana post hanc


vitam. Immediaté (1) eum videbimus, . . . . Secundum
autem hanc visionem, maximé Leo assimilamur, et ejvs
beatítudinis participes sumus. . . . et hxc est fxlieitas. In
ipsa enim. divina visione, (2 ) ostendimus esse hominis bea-
titudinem, qux vita aterna dieitur. Non in quibvscum-
que (3) spirilvalibus actibus, últimus finís hominis con­
sista, sed in hóc quod Deus per essentiam videatvr.
Consummatio autem (4 ) hominis, est in adeptione illtim i
finís. . . . q vx consittit in divina visione. In hoc igi­
tur , (5 ) unaquxque rationalis creatura beata est, quod
essentiam Dei videt. Ipsa enim (G) humana mens immediaté
in ipso, (Deo) sievt in fine beutificatur. Nulta igitur (7)
mtellectvalis ¡ubstantia, potest videre Deum per ipsam
divinam essentiam, nisi Deo hoc futiente. Hxc igitur
visto (8) non potest advtnire intellectui creato, nisi per
actionem Dei. Virtus autem intelleetus creati naturalis ,
(9) non sufjicit wl ilívinam substantiam videndam. Visio
d irinx svbslantix (10) omnem virtutem naturalem exce­
dít; unde el lumen quo intelleetus ereatus perficitur ad
ditrínx substantix visionem, oportet esse supernaturale.
Non potest ( I I ) intelleetus ereatus Deum per essentiam
ridere, nisi in quantum Deus per suam yratiam se in te l-

(1) lbid. Cap. s i.


(2) lbid. Cap. 09.
(3) Opine. 8 .a Cap. 108.
(4 ) A id. oap. 149.
(s ) Quattl. Ditpa. Bt Vtrit. Cnaat. 18. A rt. 10.
(A) lbid. ad 7.u*
(7) Sum. coití. Gmt. Iilb. 3.* Oap. 59.
(8 ) JMd.
(O) lbid Oap. 08.
(10) Ibtd. Oap. 64.
(11) Sum. ThtoL 1.‘ P . Chisat. 19. A rt. 4.
350 c a p ít u l o t e r c e r o .

Icctui créalo conjungit. Cwn igitur (I ) virtus nal urali .1


intellectu» crcati non svfficiat ad Dei essentiam vidcndwn,
oportet quod ex divina graha .1uperaeerescat ei virtiu (n-
telligemli.
Tal es en resumen el pensamieuto de santo Tomás
sobre está materia. Despues de leídos estos pusages, creo
superfluo recordar que la solucion qne aqui presenta
del importante problema del destino humano, es la
autitesis mas completa y radical de la solucion dada
al gran problema por la escuela racionalista y por la
escuda cclfctíca; pues como veremos en el capitulo
siguiente, estas escuelas solo llegan ¿ la vacilación y
á la duda, porquo ó buscan la solucion del problema
en ol órden puramente nutural, ó en la perfección y
progreso indefinido de la humanidad en la vida pre­
sente. Erubeteanl igitur, podemos decir aqui con santo
Tomás, (2) r/ui fe lic ita et» homitu's tain altiisiwé litarn,
in infimii rebui qv&runt.
Otra deducciou uo menos importante de esta teoría,
es que en ese último fln, es decir, cu Dios, es un don­
de debe buscarse el verdadero principio del órden
moral y la sanción primitiva de la ley del mismo or­
den. Si el destino supremo del hombre es la asimila­
ción perfecta con Dios en la vida futura, cuanto cabe
en los límites de su naturaleza; si su perfección su­
prema consiste en la participación de la vida intima
de Dios, es evidente que la perfección moral del hom­
bre y de sus acciones en la vida presente, debe estar
en relación necesaria con la imitación mas ó menos

(1 ) Md. Art. 5.
(a ) A m . oon». Gtr*. U b , 8.» O v . S.«
APRECIACIONES Y DESENVOLVIMIENTO ETC- 351

perfecta de los atributos de Dios que se refieren al


órden moral: la aproximación del hombre á Dios en la
vida presente por parte de la justicia, de la bondad,
de lu caridad y demas perfecciones morales que se
reúnen y concentran en su santidad infinita, cons­
tituye el desenvolvimiento mayor ó menor del mismo
en órden á su perfectibilidad moral. De esta manera,
Dios considerado por parte de sus perfecciones ó atri­
butos del órden moral, viene á ser como el tipo
primitivo, infinito, sustancial y viviente de la per­
sona moral en el hombre.
Que Dios es el principio de todo el órden moral
y como el fundamento sustancial de los primeros prin­
cipios ó verdades necesarias que ni mismo se re­
fieren y constituyen en parte este órden, es una
verdad que se desprende de lo que dejamos dicho
al esponer las teorías de santo Tomás sobre la
verdad y sobre la bondad, y al hablar del fuuda-
mento de la posibilidad de los seres. Si en el ór-
den puramente intelectual ó especulativo, los pri­
meros principios y las verdades necesarias se refie­
ren finalmente al Ser infinito, á la primera Verdad,
en la cual existen, por decirlo asi, sostancialmente,
y de la cual se derivan hasta nosotros por medio
de la inteligencia ó razón humana, que como hemos
visto, es una participación de la Inteligencia increada
y consiguientemente una impresión de las ideas d i­
vinas, que son como la expresión primitiva y originaria
de las verdades necesarias, inmutables y eternas que
presiden al desarrollo de nuestra actividad intelectual,
es incontestable que lo mismo debe suceder cdn las
verdades necesarias del órden moral. Estas verdades
352 c a p ít u l o t e r c e r o .

no son menos necesarias é inmutables que las que se


refieren al órden especulativo, y por consiguiente, lo
mismo que aquellas, suponen y nos conducen necesa­
riamente A la existencia de un Ser, de una Esencia
eterna é inmutable, en la cual existan y se rcalizeu
fuera de las condiciones de abstracción con que se pre­
sentan á nuestro espíritu, y que sirva al propio tiempo
de fundamento real á la conexion ó repugnancia que
encontramos entre las ideas que entran en su cons­
titución.
Asi como la idea del ser es una idea, si no innata
propiamente, á lo menos quati-tutíural ó sea innata
implicité, asi también la idea del bien y del mal mo­
ral, ó si se quiere, de su distinción esencial y primi­
tiva, es tina de aquellas que preexisten virtuulraente
et in fieri proximo en nuestra inteligencia, como par­
ticipación que es de la luz de la Inteligencia divina
é impresión de bus ideas. De aquí se infiere, que la
distinción esencial, necesaria y absoluta entre el bien
y el mal que encontramos grabada en el fondo de
nuestra conciencia, sin que sea dado jamás ú nuestro
espíritu el borrarla, se refiere inmediatamente al
mismo Dios, que es tu fundamento real y como la
razón inmediata de su existencia en nosotros. La
idea pues del bien y del mal moral, es una idea
primitiva en nuestro espíritu y una derivación in ­
mediata de las ideas divinas ó razones eternas, como
las apellida san Agustín: y como quiera que esta
idea sea el elemento principal de los principios ó
verdades necesarias que constituyen él órden moral,
y que sirven de base, de regla y medida, para juzgar
y discernir el bien y el mal en las acciones humanas,
i
APRECIACIONES Y DESENVOLVIMIENTO ETC. 353

es preciso referir finalmente i Dios, todo el órden


moral, y reconocer también en Dios su sanción su­
prema.
I)e las reflexionas que acabo de consignar, dedú­
cese con toda evidencia, que si bien el prim er prin­
cipio y la 6uprcma sanción dol órden moral hc en­
cuentran solamente en Dios, no por eso se debe ne­
gar que nuestra razón personal debe ser y es cii
efecto, regla inmediata y como la sanción pró&imn tic
los actos morales. Si tenemos en cuenta por imu
parte, que naestra razón se halla fecundada por la
idea primitiva del bien y del mal moral con su dis­
tinción, y por otra, que los primeros principios y
verdades necesarias de este órden moral, las cunlcs no
son otra cosa en el fondo que formas diferentes ó ma­
nifestaciones complejas de aquella idea prim itiva y fe ­
cunda, son las que presiden al desenvolvim iento de
nuestro espíritu en el órden práctico, no n oj s er! d i­
fícil reconocer que nuestra propia razón, en cuanto
fecundada por aquella idea, sometida á la misma en
tu desarrollo y dominada por los primeaos principios
morales, debe ser para nosotros la regla próxima y
la base necesaria paru el discernimiento del bien y
del mal.
De aqui es que podemos decir con verdad, que en
nosotros e l deber está en relación necesaria y d i­
recta con las prescripciones de la razón práctica, es
decir, de la razón dominada y dirigida por las v e r ­
dades necesarias del órden moral. Ni es otro el pen­
samiento del santo Doctor cuando repite & cada paso
en sus obras, que la bondad y malicia de los actos hu­
manos depende y procede de la razón, y que el bien
45
354 CAPÍTULO TERCERO.

y el mal mural de nuestras acciones, se toman ó con­


sideran según su conformidad á la razón: per confornñ-
tatcm ad reefam. rotionem. Otras veces expresa lu
misma verdad, diciendo que la razón práctica, ralio
practica, es la que d irige inmediatamente los actos
morales. En este sentido dice también, que la razón
us la causa y como la raíz de la bondad moral que
existe en los actos humanos; porque si bien es cierto
que el primitivo origen de dicha bondad se halla mas
ulto que la razón humana, esta es sin embargo la rjnc
á nosotros nos r o e la y promulga la distinción entre
ul bien y el mnl en las nociones morales, viniendo ñ
ser como una manifestación permanente, viviente y
concreta de la misma: Cansa el rat/ix /turnani boni
/■sí ralio. ( I )
Obrar racionalmente, ó sea obedecer á la razón,
puede- considerarse como la fórmula general del de­
ber; y por consiguiente, toda máxima moral y toda
ucciuu humano que se halle en oposicion con esta
■razón práctica, ó si se quiere, con la razón en cnunto
fecundada por la idea primitiva del bien y sometida
íi los primeros principios y verdades ncccsarins del
orden práctico, llevará consigo el sentimiento y la
conciencia del inal moral. Todos los deberes mora­
les del hombre, pueden decirse fundados sobre la
razón eu este sentido; porque todos esos deberes
vienen á reunirse y concentrarse en la obediencia
« lu razón, dirigida por las verdades primitivus y
necesarias del órden moral, como en el deber su-
pivmn; Itien que este deber supremo se halle fun-

(1 ) Sum. Thtol. 1 ' 2 .» Cuoit. 60 Aj-t. 1.*


APRECIACIONES V DESENVOLVIMIENTO ETC. 355

dado il su vez sobre D b s, primer principio del ór-


di'ii moral, y sobre la relación necesaria é inme­
diata de la idea del bien y de los principios mora­
les con las ideas divinas.
Por las consideraciones que en el presente capí­
tulo llevamos consignadas, consideraciones que no son
otra cosa en el fondo que la esposicion sencilla y
sumaria de la teoría de santo Tomás sobre el órdeu
moral, puede reconocerse fucilincutc la superioridad
de esta teoría sobre la de Kant. Sabido es que el
filósofo nlemnn señala el deber ó sea la obligación,
como el primer principio y la única base de la mo­
ralidad en las acciones humanas. Para 61, la bondad
ó malicia de las acciones depende úuicamcute de la
existencia de la obligación, sin que sea dado al
hombre pasar mas adelante eu la iuvcsligucion y de­
signación del fundamento real de la moralidad. El
hombre que respeta A sus padres, el hombre que
devuelve ñ su legítimo duerto el depósito que se le
confiara, rculiza un acto bueno en el órden moral,
porque este es su deber: el que injuria y maltrata
ú sus padres, el que uiega el depósito que se le con­
fiara, obra mol, porque realiza un acto contrario ú
lo que c.s su deber. Ln existencia del deber ú obli­
gación, es paru el filósofo de Koenisberg la última
palabra y el último elemento del análisis científico
del órdeu moral: un acto es buono, porque es o b li­
gatorio y nada ma».
Evidentemente liay aqUi una eqaivocacion grave y
unn inversión lógica de los términos del orden moral.
Si Kant so hubiera limitado á consignar que ^respecto
de muchos hombres, la existencia de la obligación es
35G CAPÍTULO TEIICEBO.
el último fundamento y como el motivo principal y
único de sus acciones morales, su afirmación podría
admitirse como verdadera. Para uua parte uo pequcila
de los hombres, la existencia del deber que sienten
deutro de sí mismos y que llevan grabada en el fondo
de su conciencia, es la última razou y el único motivo
que tal vez podrán señalaros al poner uua acción moral.
Supongamos un hombre á quien se lia confiado un de­
pósito cuantioso; supongamos también que esc hom­
bre puede apropiarse el depósito sin peligro ni temor
de los castigos legales, y que sin embargo de hallarse
rodeado de numerosa familia á quien na puede alimen­
tar, devuelve con escrupulosa fidelidad el depósito
que se le liabin confiado. Si preguntamos A esc hom­
bre porqué devuelve el depósito en tales circuns­
tancias, nos responderá sin vacilar; porque tal es mi
deber;» y no sería imposible que no pudiese pasar de
esta respuesta. Empero, ¿se sigue de aqui que no sea
posible llevar mas adelante el análisis de los funda­
mentos de moralidad? ¿Se sigue de aqui que la razón
110 puede señalar ningún fundamento del deber ú obli­
gación, anterior A esta en órden de naturaleza? De
ninguna manera: haced la misma pregunta á otro hom­
bre y os contestará: « porque es ana acción buena:
porque es couforme A las primeras verdudes morales.»
Cierto es que en la práctica y ex parte rei, el deber
v el bien moral se identifican, ó mejor dicho, se hn-
llitu unidos inseparablemente; pero de aqui 110 se in­
fiere que suceda lo mismo en el órden lógico. En este
orden, los primeros principios ó verdades primitivas
y necesarias del órden moral, son anteriores A la obli­
gación, cu cuanto son como la expresión iumediata
APRECIACIONES Y DF.SF1SV0LTIMIE1ST0 ETC. 357
de la idea de bien y de su distinción esencial del mal,
y una revelación de la justicia necesaria y universal.
Luego la acción humana es obligatoria porque es buena,
y nó viceversa; y la existencia de esta obligación pre­
supone necesaria y lógicamente la distinción primitiva
y esencial entre el bien r el mal en las relaciones de
un hombre con otro.
La comparación entre las primeras verdades del
órden especulativo y las verdades necesarias del orden
moral, nos suministra una prueba mas en apoyo de lu
doctrina que acallamos de consignar. Si bien se reflc\io-
na, las primeras verdades del órden especulativo se r e ­
fieren solo al entendimiento: cuando decimos ó pensa­
mos: imposible est idem sintvl esse et non esse: totum est
majus qualibet sui parte, el entendimiento solo, es el que
se ocupa de estos principios, percibiendo de una manera
necesaria lu convenicnciu ó repugnancia natural é in­
mutable de los estremos. Empero cuando se presentan
á nuestro espíritu primeras verdades morales: bonurn
est faeiendum: malum est vitandum: Deus est colendua:
quod tibi non vis, alteri ne facías; estas verdades no
solo hablan á nuestro entendimiento, sino también ti
nuestra \oluntad. Á la uecesidad de admitir su verdad
por parte del entendimiento, se junta la necesidad de
practicarlas por parte de la voluutad. Mientras la in ­
teligencia percibe In relación necesaria entre sus es­
treñios, la voluntad se halla sometida irresistiblemente
ú su influencia obligatoria. En los p r^ cip ios especu­
lativos, solo hay necesidad é inmutabilidad de la ver­
dad; en los principios morales, existe también esa ne­
cesidad 6 inmutabilidad de la verdad, pero la idea
de la obligaciou acoinpuAa y sigue á esa verdad como
358 c a p ít u l o TEJici.no.

un caracler distintivo y un efecto inseparable de la


misma.
luutil creo después de lo dicho hasta aquí, dete­
nerme en establecer lu superioridad incontestable y
la distancia infinita que separa la teoría morul de
santo Tomás, do la fjuo pcrtenccc « la escuela sensua­
lista. La filosofía de la scosacion, ni colocar on el in ­
terés ó utilidad la medida y la razón de ser de Lien en
las occioiics humanas, procede muy lógicamente; por-
qnc, en efecto, si en el hombre 110 existen mas que
facultado sensibles; si la psicología y la ideología
no pueden salir fuera del círculo de la sensación,
ln norma real y única para las acciones del hombre,
debe ser solo la utilidad y el bienestar. Pero se­
mejante teoría nada puede tener de coinuu con la
de santo Tomás, yn sea que se la considere en la
misma, ya sea que se la considere por purtc de
las verdades psicológicas é ideológicas quo lo sirven
de fundamento lógico, con las cuales se halla en re-
Incioii necesaria. No hay para que insistir mas en la
distancia infinita que separa la psicología é ideología
del Minto Doctor de las de lu escuela sensualista.
Para reconocer cuan profundas y radicales son
las diferencias entre las dos teorías morales, con­
sideradas en s( mismas, basta recordar que lu tcorín
sensualista confunde é identifica la voluntad con el
deseo sensible ó sea la pasión, borrando en conse­
cuencia lu distinción esencial entre el bien útil,
contingente y sensible, único A que referirse puede
la sensación, y el bien honesto, inteligible y abso­
luto, que constituye el objeto propio de la voluntad
y el destino verdadero del .hombre. Y sin embargo,
APRECIACIONES V DESESVOLVIMIIWTO ETC. 359
esa distinción radical entre el bien útil, y el bien ho­
nesto <5 inteligible, entre la utilidad, y la obligación
absoluta, que resulta necesariamente de la distinción
esencial y necesaria del bien y del mal moral, es una
de las bases fundamentales de la teoría de santo Tomás.
Oirá de las bases de esta teoría, es la liberta I de la
vol:i.itad, cuya idea se halla íntima y necesariamente
Jipada con la idea del deber ú obligación; puesto que
Iu i;lca de la obligación lleva consigo la idea de la
posibilidad y facultad de cumplirla. Pero la teoría
sensualista, después de echar por tierra la existencia
de la obligación absoluta, conduce también Indica­
mente A lu negación de la libertad, toda voz que esta
no puede concillarse con la sensación solu y pertenece
exclusivamente ú la voluntad como facultad del órden
puramente intelectual.
Que la idea del deber morul fundada .sobre la dis­
tinción esencial y primitiva entre el bien y el muí,
es idea muy distinta del interés y utilidad, cosa es que
sobre ser evidente por sí misma á la razón, se halla
comprobada también hasta por e l testimonio irrefra­
gable de la conciencia. £1 hombre que se pone en
contradicción en sus actos con el deber moral, e l que
falta (i la obligación, siente en su conciencia el remor­
dimiento, es decir, encuentra inevitablemente en el
fondo de su conciencia el sentimiento de su culpabi­
lidad. Empero el qus obra contra su ínteres, el que
ejecuta una acción quo le acarrea daüo cu vez de uti­
lidad, no p o r eso se siente culpable en su loncicticia; y
hasta es demasiado frecuente que el placer, la utilidad
y el interés propio, según lo entiende la escuela sen­
sualista, se hallen en oposicion con la idea de deber
360 C A P ÍIU I.0 TERCERO.

y con el sentimiento interior del bien moral. Cu una


palabra: la falta de utilidad en una acción, podrá
hacer al operante desdichado; pero la falta al deber
moral, le constituye culpable: y siu cinburgo, es bien
cierto que la desgracia y la culpa moral, son ideas
ruteramente distintas, y produce» también en la con­
ciencia sentimientos del todo diferentes.
Estas ligeras observaciones que pudiéramos multi­
plicar y desenvolver mucho mas, son suficientes para
que se reconozca que nadu hay de común entre la
teoría moral de santo Tomás y la de la escuela sen­
sualista, basada sobre el iuterés del operante y la
utilidad de lu uccion.
CAPÍTULO CUARTO.

El problem a de! declino humano y la :scucla


racionalista.

A l ver á la mayor parte de los escritores de filoso­


fía de tres siglos á estft parle, ó pasar por alto, ó tra­
tar someramente y como de paso el problema del
destino final del hombre, preciso se hace confe­
sar que la filosofía moderna, con raras escepciones,
ha desconocido, ó cuando menos, no ha llegado &
penetrar toda la importancia científica y práctica que
este formidable problema encierra. Y esta negligencia
es mas estrafla por parte de aquellos filósofos que
hacen alarde de prescindir de la idea religiosa en el
órden filosófico, pretendiendo establecer una separa­
ción completa entre la filosofía y la doctrina católica.
36*2 CAPÍTULO CUARTO.

Y ú la verdad: que la filosofía cristiana prescindiera


mas ó menos de este problema, ó m ejor dicho, no se
cntrctavicra demasiado en su examen y discusión, se
comprende fácilmente, toda vez que circundada, por
decirlo asi, por las luces del Cristianismo, halla en
este la solucion del enigma que envuelve el terrible
problema; porque, como lia dicho muy bien un filó ­
sofo que & pesar del profundo examen que ha hecho
de este problema no lia podido salir de sus dudas y
vacilaciones escépticas, el cristiano halla en el catecis­
mo la solucion completa de la* dificultados encerradas
en el gran problema del destino humano. « Hay un
pequeño libro, dice este filósofo, (I ) que se enseria ¿
las nidos y sobre el cual se les pregunta un la iglesia.
Leed este pequeño libro que no es otro que e l cate­
cismo: alli encontrareis una soluciou para todas las
cuestiones que acabo de plantear, para todas sin escep-
cioncs. Preguntad al cristiano, de donde viene la es­
pecie humana; lo sabe: preguntadle á donde va; lo
sabe: preguntadle cual es el camino que debe seguir;
lo sabe. Preguntad ú ese pobre niilo que jamás lia
reflexionado sobre este punto, porqué existe aqui en
la tierra y lo que será de él despues de la muerte;
y os dará una sublime respuesta que tal vez no com­
prende, pero que uo por eso es menos admirable. In ­
terrogadle sobre la creación y fin del mundo; porqué
Dios lia colocado cu él animales y plantas; cómo ha
sido poblada la tierra; si se ha verificado esto por ana
sola familia ó por muchas; porqué los hombres liabluu
varias lenguas; porqué sufren, porqué combaten unos

(1 ) JoufTroy, Vetan;. P h tttu . pag, sao.


EL PROBLEMA. DEL DESTINO ETC. 3G3
contra otros y de qué modo concluirá todo esto: todo
lo sabe. Origen del mundo, origen de la especie, cues­
tión do razas, destino del hombre en esta vida y en
la otra, relaciones del hombre con Dios, deberes del
hombre para con sus semejantes, derechos del hombre
hobre la crcaciou: nada ignora; y cuando llegará á
mayor edad no abrigurd dudas sobre el derecho na­
tural, sobre el derecho político, sobre el derecho de
gentes; porque todo esto sale v se desprende por si
misino y como naturalmente del Cristianismo.»
Acaso no hay problema alguno cu la filosofía que
se halla en relación tan inmediata y directa como este
con las luces que suministra la palabra divina. Enla­
zado con los mas interesantes problemas de la ou-
tología, de la tcodiccu, de la moral y de la política;
llevando encerrada en su seno la solucion de los pro­
blemas mas vitales pura el hombre individual y social;
colocado en cicrto modo en los confines del árdea
sobrenatural, no puede morulmcnte recibir una so-
luciuu cu iii pie tu y capaz de llenar todas lus eiigcucius
de la razón humana, sino en la filosofía cristiana, bajo
la influencia de la idea religiosa. Puede dccirsc que
la historia toda de la filosofía constituye una demos­
tración tan constante como irrecusable de esta ver­
dad. ¿Quion ignora los errores y hesitaciones de los
antiguos filósofos sobre el destino y último fin del
hombre? A pesar de todo su genio, ni Platón, ni
Aristóteles, pudieron llegar á una solucion satisfactoria
del problema: sus concepciones sobre esta materia,
aunque menos groseras que lus de Epicuro y mas
elevadas y racionales quo las de otras escuelas, no
pudieron llegar jamás á la solucion.verdadera y com-
3G Í CAPÍTULO CUAnTO.

pleta del problema, á la solucion de la filosofía cris­


tiana.
Si de la filosofía pagana, queremos pasar ú la fi­
losofía paganizada de los últimos siglos, hallaremos
el mismo resultado. Desde el momento en que la
filosofía se lia esforzado en prescindir de la palabra
de Dios; desde el momento en que la razón humana
lia querido encerrarse en sí misma, pretendiendo le ­
vantar con sus solas fuerzas el edificio de la ciencia;
desde el momento en que Lujo el especioso pretcsto
de que la filosofía debe ser la obra y la manifesta­
ción de la razón, lia rechazado la luz que la pala­
bra de Dios derrama sobre el campo de la ciencia;
desde el momento en que el hombre cu su orgullo quiso
tomar el yo, como el principio, el medio y el fin dr
la ciencia, cerrando con obstinación los ojos ú la luz
fecundante del Verbo que ilumina ñ todo bombro que
viune ¿ este mundo, del Cristo de Dios, que es el
camino, la verdad y la vida; desde esc momento la
filosofía, ó lia rccaido en las groseras concepciones
de la escuela de Epicuro sobre el destino fiuul del
hombre, como se vió en muchos filósofos del pasado
siglo, ó entregada á la duda y al escepticismo, no lia
podido llegar ú una solucion racional, y mucho me­
nos completa y satisfactoria de este problema fun­
damental de lu ciencia, l ’ or eso vemos ú filósofos de
nolu, entregarse ú una duda desesperante y a vacila­
ciones inconcebibles. Colocados por una parte bajo la
infidencia benéfica del principio cristiano y rodeados
de lu atmósfera luminosa de sus ideas, aunque sin
quererlo y tal vez sin couocerlo, su razón tiende a la
soluciou católica d el gran problema, atraída ¡rresisti-
EL PHOBLE.VA DEL DESTINO ETC. 305

blemcntc por la luz y la verdad que en ella resplan­


decen; pero los esfuerzos que hacen al prppio tiempo
para aislar su razan de esa luz y de esa verdad, empe­
ñados como se hallan en penetrar las profundidades
del formidable problema, replegándose sobre su razón
sola con eselusion absoluta de la palabru revelada, d e­
terminan en su alma un estado permanente de duda y
escepticismo, estado del cual no les es dado salir, s in o
para entregarse á los suefios de una imaginación ator­
mentada sin ccsar por inquietudes, tinieblas y vacila­
ciones desconsoladoras, ó bien á hipótesis tun anticris­
tianas como destituidas de fundamento.
Fácil sería presentar muchos ejemplos y pruebas
prácticas de lo que acabo de decir; pero quiero re­
cordar solamente el nombre de un filósofo casi con­
temporáneo, citado ya rn este mismo capitulo y que
dedicó atención especial y perseverante esludio, como
se descubre en sus o liras, al exúmen y disensión del
problema del destino humano.
Después de analizar y discutir este problema bajo
todas sus fases; después de poner en relieve toda su
importancia y trascendencia; después de escribir mu­
chas páginas llenas de observaciones tan chactas cuino
notables, el vuelo y la firmeza de su razón se hallan
detenidas repentinamente al llegar ú la solucion final y
radical del problema, y se le ve sumergirse en sombras,
dudas y vacilaciones que desgarran su alma, de las
cuales no sale sino para arrojarse en una hipótesis
tan absurda como grntuita. Después de haber confe­
sado él mismo, como liemos visto poco antes, que
la Religión cristiana presenta ana solucion completa
A las grandes cuestiones que encierra el problema
3G6 CAPÍTCLO CUARTO,

del destino del hombre en todas sus relaciones y va­


riadas fases., JoulTroy rechazando la solucion cristiana,
sin duda porque 110 viune de lu razón solu, se encierra
en la ilusoria esperanza de que cuando el Cristia­
nismo acabe de retirarse de las sociedades c iv ili­
zadas, sobre las cuales ya ha terminado su misión,
el estado filosófico que le debe suceder, traerá con­
sigo la solucion verdadera del gran problema.
«E s pues uua cosa apremiunlc, nos dice este filó­
sofo, (1) el proveer &csla uccesidad de uucvus creeu-
cins que se deja sentir ya en las clases ilustradas y
que na tardará en penetrar en l a s m a s A s , llevando A
ellas todos los elementos de turbación que lu acom­
pasan. ¿.Como conseguir esto? Es evidente que «¡olo
liay un medio: este medio es el plantear de nuevo
el eterno problema del destino humano y buscar la
nueva soluciou que aguarda. ¿.Cual será esta soluciou
futuru? Lo ignoro: lo único que puedo aiirmar es que
lejos de destruir lu solucion precedente, la contendrá.
En cuanto ú la cuestión de súber si esta solucion será
religiosa ó filosófica, uo purccc imposible el proveerlo.
.................................................Recordad, sertoros, que
en virtud de las definiciones que os lie presentado,
lo que distingue la solucion religiosa, es el recibir su
autoridad del ciclo, encerrándose cu formas mus ó me­
nos simbólicas. ¡Y bien! yo os lo pregunto, ¿crceis que
en la época actual puede proponerse á las masas una
solucion bajo el titulo de sor revelada? ¿Croéis que
estas masas accepl&rinn una doctrina, que se les pre­
sentado onvuclta en figuras? P or lo quo ¿ mi toca,

(1 ) lbid. p if!. 341 7 il| > .


EL PROBLEMA DEL DESTINO ETC- 367

me inclino mucho á la negativa....................................


No queda por lo tanto, según mi opinion, mas que
un solo camino, un solo medio de acudir á la sociedad
amenazada: este medio es el agitar filosóficamente
estos temibles problemas, cuyn solucion es absoluta­
mente necesaria á la sociedad; es el buscar franca­
mente por medio de los procedimientos rigurosos de lu
ciencia una solucion rigurosa también, que pueda sos­
tener las miradas severas de esta razón, á manos de la
cual la civilización lia lieelio pasar el cetro de la
autoridad....................
Ahora, sefiores, ya conocéis los motivos que en uu
momento y en an pais como el nuestro, me lian ob li­
gado ú plantear cu toda su estension el problema del
destino humano, y abordarlo con el arma vigorosa y
snutu de la ciencia. .\o os prometo en órden & este
problema, ni soluciones completas, ni soluciones incon­
testables. No soy mas que un obrero en la inmcusa
empresa trazada. Dcspucs de quince aúos de inquietas
meditaciones sobre el enigma del destino humano, he
llegado A convicciones sobre muchos puutos, A dudas
racionales sobre otros.............................
Los acontecimientos son determinados por las ideas
de una manera tan absoluta, y las ideas se suceden y
se encadenan de una manera tan fatal, que la úqiea
cosa A que el filósofo se halla tentado, es & cruzarse
de brazos y ver cumplirse las revoluciones en órden
á las cuales los hombres pueden tan poco. Es por
una ley necesaria, que se produce y aparece una doc­
trina; es por una ley necesaria, que permanece y p er­
severa por algún tiempo; es por una ley necesaria, que
pasa y desaparece cuando ha terminado sa misión.
368 C APULLO CCARTO.

Mi> parece que la misión del Cristianismo lia sido


acabar la educación di* la humanidad y hacerla capaz
da conocer la vurdad sin figuras, para uccoptarla sin
otro título que su propia evidencia. Desde que esta
obra se realiza en uu espíritu, es accesorio que el
Cristianismo se retire de él, y retirándose lleva consigo
el germeu de toda fé; y jannis es una religión, sino
una filosofía lu que debe sucederle.»
Esta* palubras del filósofo fniucés, d o s presentan la
iinagcu palpable de lo que acontece u la razón hu­
mana cuando colocudu cii la pendiente del raciona­
lismo, se obstina en prescindir y rechazar la inlluenci.i
de In idea religiosa eu la solucion de los problemas
que interesan mas de cerca & la humanidad, como son
el problema del destino humano y los que con él se
hullan enlazados. X pesar de sus generosas intenciones,
ñ pesar de sus profundas meditaciones, á pesar de
sus eficaces deseos, lu razón de nuestro filósofo lia ne­
cesitado quince artos de perseverantes meditaciones
para llegar ñ la conviucion sobre algunos puntos y ¿
la duda sobre otros, puru llegar á calmar cu parte
solamente las inquietudes que la presencia de estos
problemas excitaru en su alma. Y despuus de todo,
¿cuules son esas convicciones á que lia llegado? un
error y una impiedad, bl filósofo racionalista no sale
de .su razón, sino paru profesar el fatalismo y en tre­
garse ú la ilusoria esperanza de que la nueva era
liiosólica que debe reemplazar al Cristianismo sobre
W tierra, traerá la luz á las inteligencias, .presentando
la solucion completa y verdadera del formidable
problema.
No, mil veces no: al Cristianismo no desaparecerá
EL PROBLEMA DEL DESUSO ETC. 3 f¡9

de ln tierra para ccdcr el campo A uu estado ó era


filosófica, que solo puede existir en la imaginación de
los que rehúsan someter su razón ú la razón de Dios;
porque el Cristianismo durará liastu la consumación
de los siglos, según la promesa de su divin o Fun­
dador. ScrA desterrado sf, del corazon y de la iuto-
ligenciu de los que en su orgallo insensato, pretenden
medir la obra de Dios por la obra del hombre y suje­
tar la ruzon de Dios á la razón del hombre; pero uo
será desterrado de las almas sencillas y humildes qnu
confiesan y reconocen su flaqueza y la insuficiencia de
su razón en presencia de la razón inlinita de Dios.
¥ es que no en vano el Verbo de Dios daba gracius ul
Padre Celestial, porque escondiera estas cosas A los sa­
bios y prudentes del siglo para revelarlas A los peque­
ños y sencillos.
Por otra parte, sesenta siglos de esperiencia debieran
bastar para convencer A todo hombre pensador, que
no es la filosofía, que no es la razón humana replegada
sobre sí misma, la qne debe presentar la verdadera
y adecuada solucion de este complicado y difícil pro­
blema. Es preciso desengañarlo: la razón humana aban­
donada á sus propias fuerzas, la razón humana separada
de la razón divina y luchando contra ella, esa filosofía
esperada y deseada por los espíritus racionalistas como
el sucesor legítim o y necesario del Cristianismo cuyos
misterios luminosos rechazan con orgullo, no llegará
jamás mas alto de lo que llegaron los genios de la an­
tigüedad: es una esperanza ilusoria el pretender que
esa filosofía sucesora del Cristianismo y completamente
racionalista, que debe rechazar toda idea religiosa y
prescindir del elemento tradicional, realizará lo qúc
47
37 0 CAPÍTULO CCARTO.

uo pudo realizar el genio filosófico de Platón, de Aris­


tóteles y de Zcnon.
Para convencerse mas y mas de lo que hasta aqui
llevo consignado, conviene reflexionar que este pro­
blema del destino humano, al propio tiempo que es el
mas vital, interesante, y práctico para la humanidad,
contiene condiciones especiales y es también un pro­
blema complicado sobremanera.
Fnesto que toda naturaleza criada lia sido produ­
cida por una inteligencia y tió por el acaso ni por sí
misma, es evidente que toda naturaleza debe estar
ordenada ú un fin y tener un destino determinado, de­
biendo afladirse, que asi como no cstú en la mano de
la criatura el cambiar su naturaleza, tampoco lo cstú
el cambiar su destino. La realización y consecu­
ción de este destino debe constituir y constituye en
efecto, la perfección última de endn naturaleza parti­
cular; y esto que es una verdad respecto de toda na­
turaleza criada, lo es con mayor razón relativamente
al hombre, atendidas sn inteligencia, su libertad y
demás condiciones especiales de su naturaleza. Si
toda naturaleza tiene un destino, y si su perfec­
ción última y completa consiste en la rculizaciou de
este destino, es fácil y legítimo el inferir que este
destino es como la base, la razón primitiva y como la
regla suprema del bien y del mal en órden á cada
naturaleza. La luz, el agua, e l colorico, son buenos
para la planta, porque contribuyen al cumplimieuto
y realización de su destino: los actos de comer y be­
ber, son indiferentes respecto de la piedra, porque no
se hallan en relación con el cumplimiento y realización
de su destino; pero estos mismos actos son buenos
ET. PROBLEMA DEC OESTIBO F.TC. 371

para el animal, porque le sirven de medio para licuar


y realizar so destino.
Lo quo sucede cou las naturalezas inferiores, su­
cede también necesariamente respecto del hombre;
porque toda cosa finita ha recibido con su creación y
en su croucion un destino determinado, en armonía
cou las condicionos de su naturaleza. Lucfio el bion
y el mal en el hombre, debcu hallarso y se lialluu eu
relación con su destino: en otros términos: serán ac­
ciones buenas en e l hombre, aquellas por medio de las
cuales realiza su destino final; y acciones malas, las que
en vez de aproximarle n este destino, tiendan ú apor­
tarle de él. Toda acción quo so halla en armonía con el
destino señalado por Dios á la naturaleza humana es
bueme toda acción capaz de apar'ar al hombre do este
destino, ó que sea un obstáculo ]>ara su realización, ex
mala. Por eso dice con muclia razón santo Tomás, que
el bien ó rectitud de la voluntad se constituye por el
órden que dice al último fin, que es el destino final del
hombre: rectiludo roluntatis, est per debitum ordinemad
fine») ullimum. Hé aqui porqué lie dicho antos, que el
problema del destino humano, es e l problema inas
vital, interesante y práctico para la humanidad.
So es menos cierto que la naturaleza de este pro­
blema envuelve condiciones cspocialcs. Todos sabe­
mos y esperimentamos con demasiada frocuoncia, la
mezcla singular de grandeza y do miseria que se revela
en nuestra naturaleza. P or una parte, amor intenso de
la verdad, aspiraciones generosas, tendencias al bien,
uversion al vicio, elcvaolon sobre las cosas pasagoras:
por otra, ignorancia y desidia, flaqueza y debilidad
para resistir al mal, dificultad de obrar al bien, comba­
372 CAPÍTULO CUARTO,

tos <le los pasiones, propensión á la corrapcion y á los


intereses pasageros. Esta coutrariednd de tendencias y
apetitos, esta divergencia de inclinaciones, esta mez-
(•la singular y estraila de poder y de flaqueza, de gran­
deza y de miseria, solo puede hallar solucion satis­
factoria 5ul>icndo por una parte hasta la caída o rigi­
nal de la naturaleza humana, y por otra, hasta la ele­
vación del hombre al órden sobrenatural. De aqui es
que el problema del destino humano, que se halla en
relación mas ó menos directa é inmediata, pero necesa­
ria, con cstus verdades, se roza con el órden sobrena­
tural y consiguientemente no puede ser resucito de una
manera satisfactoria y completa por la razón humnnn
abandonada ú sus propias fuerais. Por eso es sin duda,
que oíü mezcla de grandeza y de miseria que so rovcln
on el hombre, ha sido siempre uu enigma para esa
razón humana; y por eso es también que siempre
qm‘ la filosofía, llevada de su orgullo, ha rechazado la
solucion de la. filosofía cutólicu puru encerrarse den­
tro de sí misma y prescindir de la idea cristiana, ja ­
más ha podido llegar ú una solucion racional y ve r­
dadera, ni mucho menos completa y en relación con
las condicioucs elevadas y especiales del problema.
Aun cuando se quisiera prescindir de la naturaleza
y condiciones especiales de este problema, bastaría
tener en cuenta lo complicado del mismo para con­
vencerse de que si no es del todo imposible, es cuando
menos muy difícil á la razón del hombre abandonada
ñ -ií misma, llegar A una solncion verdadera y ade­
cuada de este problema. Puede decirse que loa pro­
blemas mas fundamentales y prAotioos de la filoso­
fía, se hallau en relaciou necesaria y directa con el
EL PROBLEMA DEL DESTILO ETC. 373

problema del destino humano. ¿A que se reduce el p ro­


blema de la espiritualidad é inmortalidad del alma, si se
le separa del problema del destino humano ? ¿ So es e v i­
dente que esa inmortalidad carece de objeto y por consi­
guiente de sentido el problema que &ella se refiere, si se
pierde de vista el problema dol destino final del hombre ?
Hasta el problema mismo del bien y del mal, pro­
blema fundamental de la ciencia moral, se Italia en
relación necesaria con el del destino del hombre.
Haciendo abstracción del origen prim itivo y del fun­
damento ortológico del bien y del mal morul, ello
es indudable que nuestras acciones se apellidan y
son en realidad buenas ó malas, según que se hallan
ó no en armonía con el destino del hombre. Dios,
al dar & este una naturaleza determinada, le ha dado
también consiguientemente un destino determinado
al cual aspira sin cesar. Kl cumplimiento de este
destino, In realización y consecución del mismo, cons­
tituyen el bien, la perfección y como ol complemento y
consumación de la naturaleza del hombre. Los actos ca­
paces de aproximar al hombre i esto bien, determinan y
constituyen su desarrollo progresivo en el orden moral.
En ona palabra: si bien se reflexiona, hallaremos que
tal acción ó tal cosa os luvnu, porque conviene A
nuestro naturaleza y se halla en armonía con nuestro
destino; y que cuando decimos por el contrario, que
esta ó aquella cosa es mala, es porque repugna á
nuestra naturaleza y se lialla en oposicion con nues­
tro verdadero destino final. Luego el problema fun­
damental del bien y del mal moral, se halla en In­
tima y necesaria relación con el destino humano.
Xi se crea que son estos los únicos problemas que
CAPÍTULO CUARTO*

se hallan en necesaria y directa relación cou el qae


nos viene ocupando. Son muchas las complicaciones
que envuelve, y apenas huv problema de importancia
prácticu, que 110 se refiera al misino de una manera
nías ó menos inmediata, lom em os por ejemplo el de­
recho natural del hombre en sociedad. El problema
fundamental de la ciencia del derecho sor i ni, es sin
duda la determinación de los deberes y derechos res­
pectivos de los individuos <juo viven en sociedad.
I’ ucs bien: la solucion de este problema, depende
rsrnnaliiicntc de lu solucion del problema dul des­
tino humano. III hombre tiene sin duda el derecho
de hacer todo aquello que os necesario ú indispensa­
ble ul cumplimiento de su destino; y como quiera que
el derecho por parte de un individuo envuelve por
parle de los oíros el deber de respetarlo, os evidente
que los derechos y deberes del hombre social, no
pueden ser determinados, si 110 se determina de an­
temano la natiiraleta de su destino final. Porque to-
nomos un destino que cumplir; porque nuestra natu-
rnleza está ordenada á un fin determinado en la vida
presente y futura, tenemos el tlrrrtho de liacer ciertas
cosas, es decir, uquellus que sean necesarias para lu
realización y consecución de esc destino que consti­
tuye la perfección suprema del hombre: por la misma
razón, tenemos el i/rber de respetar en otros ciertas
cosas, ó sea aquellos actos por medio de los cuales
se cncuimnan y realizan la posesion de ese destino
final y verdadero del hombre. Luego la solacion del
problema del derecho social, se halla en intima rela­
ción y depende esencialmente de la solucion del pro­
blema del destino humano.
EL PROBLEMA DEL UEStlAO ETC. 375
El problema del derecho político, cnvnclvu igual­
mente relaciones necesarias con el del destino humano,
relaciones que si 110 Bon tan inmediatos y directas como
las que acabamos de encontrar cu el problema del de­
recho social, no son por eso menos reales y verda­
deras.
J.i determinación de los deberes y derechos socia­
les, sería completamente inutil e l hombre uu la prác­
tica, sin la existencia de uu poder público, de una
fuerza superior, con lu misión de hacer respetar esos
derechos. Tí la institución de este poder público, no
tiene por único objeto la conservación de los derechos
y deberes sociales del hombre: uno los de objetos mas
principales de la asociación humana y consiguiente­
mente del poder ú instituciones políticas que la dirigen
y gobiernan, es aumentar la fuerza individual, es mul­
tiplicar la fuerza de un individuo con las fuerzas de los
otros individuos de la sociedad, y consiguientemente
ponerle en aptitud de caraiuar y llegar con inuyor segu­
ridad ú su destino y de vencer los obstáculos que pue­
den oponerse á su roalizaciou. Asi pues, cuando se pre­
gunta, cuales son las mcjorcu instituciones políticas,
cual os el mejor gobierno posible, bien puede respon­
derse en tesis general, que el mejor gobierno posible es
aquel cuya organización sea la mas conveniente, 110 solo
para establecer y conservur el equilibrio cutre los de­
rechos y deberes respectivos de los individuos, sino
también pora ucreccntar y d irigir sus fuerzas en órden
al cumplimiento de su destino.
P o r otra parte, para determinar cual sea la mejor
organización política de una sociedad, es preciso de­
terminar de antemano los derechos y deberes so*
r.A P ÍllI.O CUAliTO.

cialcs del individuo, derechos y deberes que, según


liemos visto, solo pueden determinarse convenien­
temente con rclucion ul derecho social del hombre-
Luego el problema del derecho político, presupone la
solucion del problema del derecho nuturul y social del
hombre, la cual presupone ú su vez la solucion del
problema del destino humuno.
Las reflexiones liusta aquí consignadas, nos r o c ía n
también, porqué el problema del destino humano se
presenta á nuestro espíritu ú cada paso y por tan
diferentes y multiplicados caminos. Constituyendo,
como liemos visto, la regla primitiva del bien y del
mal en nucstrus acciones morales; siendo el problema
mas vital y de mayor importancia práctica para la
humanidad; hallándose ea fin estrechamente ligado
con la felicidad suprema y verdadera dol hombro,
el Autor de la Naturaleza ha querido en 9u p rovi­
dencia paternal, que todo cuunto nos rodea, contri­
buyera ú cscitar cu nuestra razón el pensamiento de
nuestro destino. La pequenez del hombre en pre­
sencia de esos agentes poderosos de la naturaleza; las
sombras que eubren el origen de los pueblos en la
historia lunnaua y las leyes de su propagaciou sobre
nuestro globo; las ilusiones y e l vacio que encuen­
tra constantemente en lu satisfacción de sus mas ar­
dientes deseos y pasiones; el infortunio y contrarie­
dades de todo género que le salen siempre al paso
en e l camino de la vida, todo contribuye á escitar en
el'espíritu agitado del hombre la idea de su destino,
todo le obliga á preguntarse & sí mismo una y otra
vez: ¿quien soy? ¿de donde viene la humanidad? ¿á
donde camina? ¿cual es mi destino sobre la tierra?
EL PROBLEMA DEL DESTINO ETC. 377

¿cual es mi destino despues de la vida presente?


¡ Felices aquellos que á la luz de las ideas cristianas,
encuentran soluciou completa y segura para estas
grandes y difíciles cuestiones, y mas felices aun los
que realizan esa solucion cristiana, siguiendo las ins­
piraciones del Verbo de Dios!
Engiero los que se obstinan en cerrar los ojos ú la
luz del Verbo; los que se empellan en divid ir y se­
parar la razón humana de la idea cristiana, se hallan
condonados ú plantear eternamente el formidable pro­
blema del destino humano, sin que les sea dado salir
del estrecho círculo de hierro cu que los encerrara el
orgullo de su razón.
Esto es lo que observamos en los filósofos raciona­
listas, y con particularidad cu el que liemos citado
mas de una vez en este cupítulo. Sin haber podido
llegar mas que á dudas, vacilaciones y soluciones
incompletas, veia sin embargo que el terrible proble­
ma se presentaba sia cesar ante su vista inquieta.
Las felicidades de la vida prcscute, lo mismo que los
infortunios, ofrecen siempre d su espíritu agitado por
la duda, el formidable problema del destino humano.
Oigamos sus palabras, y le veremos plantear con toda
energía, precisión y seguridad el gran problema, para
caer después en la inquietud y la amargura del alma,
en vista de la impotencia de su razón paru descifrar
e l enigma.
• Lo que despierta la razón, ( I ) lo que la obliga d
inquietarse sobre el destino del hombre, es el mal:
el mal que se encuentra por todas partes en la con-

( 1) lbid. pag. 810. 7


48
378 CAPÍTULO CUAATO.

dicion humana, hasta en los goces pasaderos que se


apcllidau diclias.
A l principiar la vida, nuestra naturaleza, despertán­
dose con todas las necesidades y facultades de que
se halla dolada, encuentra á su paso un mundo que
parece ofrecerle uu campo ilimitado á la satisfacción
de las unas y al desenvolvimiento de las otras. Á \istu
de este mundo que parece contener I» felicidad para
ella, uuestra naturaleza se lanza llena de esperanzas
ilusiones. Empero está en lu condicion humana que
ninguna de estas esperanzas quede cumplida, ni justi­
ficada alguna de esas ilusiones. Do tantas pusionc»
que Dios ha puesto on nosotros, de tantus facultados
con que nos lia dotado, oxaminud y ved cual de ellas
llega tk su término y consigue su fin aqui cu lu tierra.
No parccc sino que el mundo que nos rodea,, lia sido
constituido de una manera propia para impedir se­
mejante resultado. Y sin embargo, estos deseos y fa­
cultades salen de nuestra naturaleza: lu que ellos
quieren, es lo mismo que quiere cllu; lo que ella quiere,
es el fin para el cual ha sido puesta en este mundo,
es la felicidad, es el bien.
Nuestra naturaleza sufre pues, y uo solamente sufre,
sino que se adiuira j se indigna............. Durante el
tiempo de la juventud, el infortunio mas bien nos
admira que nos espanta; nos figuramos que lo que nos
sucede es lina anomalía, siu llegar nunca ñ perder la
esperanza. . . . Mas al fin, ya sea que heridos por
c.lgun terrible golpe abramos subitumente los ojos, ya
sea que una esperiencia demasiado prolongada, venza
por lin, la triste realidad se presenta & nuestros ojos:
entonces se desvanecen todas aquellas esperanzas que
EL PROBLEMA DHL IHSTIAO ETC- 370

habían dulcificado nuestras desgracias; entonces del


fondo de nuestro cornzou oprimido por el dolor, del fondo
de nuestra alma herida en sus creencias mas íntimas, se
eleva inevitablemente esta melancólica cuestión: ¿Para
que ha sido colocado el hombre cii este mundo?
Y no se crea que las miserias de la vida son las
únicas que tienen el privilegio de dirigir la atención
de nuestro espíritu hacia este problema; porque pro-
bienio es este, que sale de nuestras dicha» lo mismo
que de nuestros infortunios; puesto que nuestra na­
turaleza no se encuentra inenos engallada en lus p ri­
meras quo en las segundas. En el primer momento
ile la satisfacción de nuestros deseos, tenemos la pre­
sunción, ó m ejor dicho, la inocencia de creernos
dichosos; pero si esta dicha persevera, pronto desa­
parecen sus encantos, y allí en donde creyéramos
sentir una satisfacción completa, ya no encontramos
mas que una satisfacción menor, & la que sucede
otra menor, que se debilita poco ú pooo liaslu desa­
parecer y apagarse del todo en el fastidio y disgusto.
Tal es el desenlace inevitable de toda ventura hu­
mana: tal es la ley fatal de que ninguna puede li­
brarse. Quo si en el momento del triunfo de una
pasión, tenemos la buena fortuna de que otra so
apodere de nosotros, entonces trasportados por la
nueva pasión, nos libramos ú la verdad del dcKcucanto
de la primera; y solo de esta manera, en una exis­
tencia muy llena y agitada por la satisfacción de
continuas pasiones, es como podemos gozar por bas­
tante tiempo las dichas de este mundo, antes de
llegar & descubrir y reconocer su vanidad.
Empero este aturdimiento no puede duror mucho
380 CAPÍTULO Cl'ARTO.

tiempo: llega un momento en que esta impetuosa


inconstancia en la prosecución de la felicidad que nucc
de lu variedud 6 iudccision de nuestros deseos, se
íiju por ün, y en que nuestra naturaleza, acumulando,
por decirlo asi, y concentrando en una sola pasión
toda la necesidad de dicha y bienestar que en clin se
revela, ve esta dicha, la ama, la desea en nnn sola cosu,
ií la cual aspira con todas sos fuorzns. Entonces, cual­
quiera que sea esU pasión, cntonccs es cuundo llega
inevitablemente la amarga esperioncia que el acaso liu-
liia retardado liusta aquella hora: apenas obtenido aquel
hieii tan ardientemente deseado, el alma queda helada
á vista de su insuficiencia: en vano se esfuerza por
hallar allí la felicidad y la dicha que liabia sonado.
..............................Toda la dicha que podia darnos la
\ida presente, ha entrado en nosotros, j sin embargo
nuestro deseo de felicidad uo se lia apagado. La dicha
es pues una sombra, la vida una decepción, nuestros
deseos un luzo engaíloso. Puestas en presencia del
eorazon del hombre todas las felicidudes de la vida,
el corazou del hombre no queda sutisfecho.
Por eso es que esta mirada melancólica del hombre
sobre sí mismo, que hacc surgir en el fondo de su
alma el pensamiento de su destino; que le obliga ú
inquietarse y preguntarse A sí mismo en qué consiste
este destino, nace con mas frecuencia de la cspcricn-
ciu de las dichas de esta vida, que de la de sus mise­
rias ó infortunios.
Antes de esta revelación del formidablu problema,
concluye el filósofo racionalista, ( I ) el hombre obc-

(1) IM A p«ff. 934.


EL PllOBLLMA DEL DESUSO ETC. 381
decia á sus instintos, y sin previsión, sin inquietad,
llegaba ó 110 llegaba ol término ú que le impulsaban:
cuando conseguía su objeto, era dichoso; cumulo 110
le era dudo el ulcanzarlo, sufría; poro estos sufrí-
inieulos pusageros, borrados prouto por la apariciou
de nuevas pasiones, en liada se pareccu ú esa profunda
tristeza, á osa melancolía incurable que se apodera
del que ha llegado a concebir la cuestión del destiuu
humano y ú descubrir las ’ tinieblas que la rodean."
Penosa impresión produccu ciertamente en el alinu,
fruses como las que se acaban de escuchar: penosa
impresión deben producir cu toda alma cristianu,
esas palabras que revelan el estado de agitación y do
secretas amarguras que laceraban el corazou de uu
hombre, que agoviado por dudas desesperantes, en­
tiende una mano convulsiva en busca de uua cien­
cia ilusoria que liu je sin cesar ante su vista y con
lu cual pretende licuar uu vuno el inmenso vacio que lu
uusencia de la Religión Católica dejura en su alma:
penosa es la impresión que causa \cr A un hombre
como Jouflroy, blasfemar de esa Religión y proclamar
la Insuficiencia científica de esc Cristianismo en que
las inteligencias mus vustas y poderosas con que se
honra la humanidud, han encontrado torrentes de
luz, armonius consolantes, raudales de ciencia y de
\crdad.
Por lo demás, estas palabras del filósofo fra n c a
no son mas que lu expresión de las tendencias an­
ticristianas de la mayor parte de las escudas y teo­
rías filosóficas de nuestro siglo, que se agitan fuera
del circulo de la idea católica: manifestaciones idén­
ticas en el fondo de la doctrina racionalista, ann-
382 C A P lT lL O Cl'ADTO.

que diferentes en la forma, estas escudas y teorías,


bien sea que se apelliden eclécticas, ó que se apelli­
den panteistas, socialistas, del progreso indefinido,
etc., todas convienen en proclamar quo el Cristia­
nismo es demasiado antiguo } que lia terminado su
misión que- pertenece al pasado; que sus doctrinas,
buenas para la humanidad en épocas anteriores, son
ustériles é impotentes para labrar su felicidad al
presente; que su verdad se halla agotada y envege-
cida; cu una palabra, que el porvenir de la huma­
nidad pcitcnecc eselusivamcnlc é lu filosofía y á
la razón pura.
Hasta ahora se liabia creído que la verdad era
inmutable, que la antigüedad misma y la inmuta­
bilidad de la doctrina católica, era un argumento
poderoso en fuvor de su verdud: pero los apóstoles
del progreso, lian llegado n descubrir que la verdad
no puede ser tal, sino ¿ condicion de cambiar conti­
nuamente.; de aqui es que el Cristianismo con sus
diez y ocho siglos de existencia, con sus dogmas
invariables, con su antigüedad de doctrinas, no puede
estar en relación con los progresos del siglo, ni sa­
tisfacer » los necesidades de los espíritus.
[Insensatos! No saben que la Kcligion Católica, por
lo mismo precisamente que es antigua, tan antigua
como el hombre y como el mundo, posee una v e r ­
dad siempre antigua y siempre nueva, poseo uua
novedad superior A la de esas doctrinas racionalistas
que naccn hoy para morir mariana. Semejante á la
naturaleza, que decae en el otoílo para reaparecer
en todo su poder y belleza al aproxímame la p ri­
mavera, la Religión Católica tiene sus momentos de
EL PROBLEMA DEL DESTUSO ETC. 38.')

decadencia en que los elementos todos y los pode­


res de la tierra y del infierno parecen conjurarse
contra ella; mas 110 tarda en reaparecer la prima­
vera con el brillante ropage del verdor y de las
llores; calma la tempestad: y la Esposa del Cordero,
engalanada nuevamente y cubierta de frutos de cien­
cia, de virtud y de santidad, prosigue su marcha
majestuosa *á travos de los siglos, de los pueblos
y ilaciones; y ;i través de las naciones, de los pue­
blos y de los siglos, marcliu ¡1 realizar la conquista
del provenir, como ha realizado la conquista de las
edades pasadas.
Y estos pensadores racionalistas, que miran con des­
precio y sarcasmo lus verdades del Cristianismo, son
los mismos que abrazan sin vacilar sueños y delirios
que el sentido común de lu humanidud iccliazn cou
energía irresistible. Porque esos pensadores frivolos,
que nos hablau sin cesar de la muerte del cato­
licismo y de sus funerales, y que con igual fazon pu­
dieran proclamar la muerte de la ley natural y los
funerales del decálogo, puesto que son mas antiguos
que el Cristianismo y tan inmutables como este, son
los misinos que fabrican símbolos llenos de oscuridad
y de tinieblas: esos pensadores frivolos, que miran como
mitos los sncesos y doctrinas de lu idea cristianu, son
los mismos que admiten como verdades inconcusas, sis­
temas edificados en el aire y comparables solo ú los
sucílos delirantes de un enfermo: esos hombres que se
sienten oprimidos en el vasto y anchuroso círculo de la
verdad católica, que solo descubren mitos, figuras y
errores en esa idea cristiana, que suministró pábulo
abundante á la inteligencia poderosa de un Orígenes, de
.‘{ f l í C A PÍTU LO r.L'\HTO.

un san Agustín, «le un santo Tomás, de tantos y tan


grandes genios que en ella se lian inspirado, son
los misinos que creen con llcg el en el drsnntol cimiento
de tu idea, que admiten la identidad absoluta del su­
jeto y de.l objeto, que nos hablan del penMmíento
rorio, con tuntas otras vanas abstracciones y des­
varios panleistas: sou los mismos que proclaman esas
teorías comunistas, esas trinidades racionales y esas
crislologias absurdas, que podrían apellidarse* ridicu­
las, si lio fuerau sacrilegas y blasfemas. Ks preciso
decirlo |i¡iru confusión del género humano: esos pensa­
dores iiit/rjiotfl¡rutes, esos libren razonadores, que solo
hallan al>surdos y contradicciones cu los misterios cris­
tianos, que rehúsan doblegar su ruzon cu presencia de
la razón de Dios, son los mismos que no hallarán difi­
cultad cu crccr y admitir las maravillas proféticas
del magnetismo animal, la cvocacion de los espíri­
tus, el sacerdocio y nueva religión de Ellcr, el libro
de oro del patriarca de los mormones, las revelaciones
y visiones de Schwcdcniborg.
CAPÍTULO QUINTO.

Teoría, de la voluntad.

«En las cosas entre sí subordinadas por parte de su


perfección, dice snuto Tomás, (1) es preciso que lo
primero se incluya en lo segundo; de manera que en
este se halle no solo la perfección que le compete
según su naturaleza propia, sino también la que le
corresponde en cuanto contiene al primero: asi vemos
que al hombre no solo le conviene el uso de la ra­
zón, perfección que le pertenece según su propia dife­
rencia, que es la racionalidad, sino el usar también
de los sentidos y alimentos, lo cual le corresponde

(1 ) O K ltl. IHipm. Di VtrU. Cuoit. 39. Axt. j,«


49
38G CAPÍTULO QL'IRTO.

por parle del género, ó sea, según el concepto de ani­


m al.................................... Ahora bien: la naturaleza %
la voluntad están relucionudas entre si, de tul mancui
que lu voluntad es unu especie de iiulurulczu, pues lo
cjue ludo cuanto existe en el mundo es alguna natu­
raliza. Asi es que cu lu voluntad se encuentra, no
solo lu razón propia de voluntad, sino tumbicn lo que
corresponde á la razón ó concepto de naturaleza. Con­
viene generalmente á toda naturaleza criada, el estar
ordenudu por Dios ú algún bien (|uc apetece natural­
mente. Kn conformidad ú oslo, existe en la voluntad
un apeVito y deseo natural en orden » algún bien que
corresponde 11 su naturaleza; y luego ademas de esto,
posée la facultad de apetecer algo según en dclernii-
nuciou propia j libre y nó por necesidad; lo cuul 1c
corresponde en cuuuto c » voluntad.
Asi como liav cierto órden enlre la nufuraieza y
lu voluntad, asi tuiubien existe delermiuudo órden
entre las cosas (pie la voluntad apetece naturalmente
ó como naturaleza, y las que apetece determinán­
dose « si misma, ó como voluntad: y asi como la
naturaleza, es como el fundamento de la voluntad,
usi también el kieu apetecido naturalmente, es el
priucipio y el fundamento de lu volicinn de loa otros
bienes. Entre los bienes que el hombre desea ó busca,
el (in es el principio y fundamento do los que se
ordonan al lin, toda vez que las cosas que se apete­
cen para conseguir un Un, no se apetecen, sino por
razou de este fui que se intenta alcanzar. De aquí
es que lo que la voluutud apetece ó quiere necesa­
riamente como determinada ú ello por inclinación
uatural, es el último fíu ó scu la felicidad.............
TEOHÍA nF. LA VOLUNTAD. 387

pero con respecto ú los demas bienes particulares,


no se determinu necesariamente por inclinación na­
tural, sino por su propia disposición y como exenta
de toda necesidad.
Mas aunque la voluntad quiere el último fin por
una inclinación natural, nunca sin embargo se debe
conceder que haya couccion en la misma respecto de
este acto................................................. Y jamás puede
suceder que la voluntad quiera alguna cosa por coac­
ción ó violentamente, por inns que sea verdadero el
decir que quiere alguna cosa por inclinación natural.
Resulta pues, quo la voluntad no quiere alguna cosa
necesariamente con necesidad de coacción, pero sí
quiere alguna cosu necesariamente con necesidad de
inclinación natural.»
Este pasage del sauto Doctor contiene uaa de los
principales ba9cs de su teoría sobre la voluntad r
el libre albedrio. De él se infiere con toda evid en ­
cia: 1 que la actividad ó fuerza que llamamos v o ­
luntad, no es libre con respecto á todas sus mani­
festaciones; pues los actos que pone en órden al
último fln en común, ó sea la volicion de la felicidad
en sí misma, son actos que pone necesariamente y
nó en virtud de una determinación libre de la misma.
Sin embargo, esta necesidad es solo nna nncesidad
hipotética, ó como se dice en las escuelas, qvoad spe-
eifieationem, es decir, que en el caso de poner algun
acto respecto de este objeto, la voluntad se halla de­
terminada natural y necesariamente, A poner el acto
de amor ó deseo respecto de la felicidad; toda vez
que do puede huir de ella ó aborrecerla, sin que
por esto deje de ser libre en un sentido absoluto,
•188 c a p ítu lo q u is to .

tu cuanto tiene la facultad de no pensar en ella y


por consiguiente suspender ó abstenerse de ejercer
actos respecto de la misma; porque, como nota e l
mismo santo Tomás, la determinación á la especie
del acto no lleva consigo siempre la determinación
á la posicion ó ejercicio d el acto: (1) E x necessitate
appeíit beatitudinem, qux secundum Boetium est, status
umnium bonorum agregatione perfee.tus. Dicn autem ex
necessitate, quantum ad determinationem actus, f/uia non
potest velie opposilum; non autem quantum ad exerei-
Irvm actus, quia potest aliquis non vctlc tune cogitare
Je beatitudine.
Infiérese en segundo lugar, que la coacciou lepuguu
de tal manera á la voluntad, que se opone ú fila uo
solo considerada eu ruzou de voluntad ó corno poten­
cia libre, sino como naturaleza, ó sea hasta en razón
de actividad espoutúnea, bajo cuyo concepto le cor­
responde la inclinación ó amor necesario del último
lin.
Inticrese lo tercero, que la libertad propiamente di-
cliu comienza, por decirlo asi, en donde concluye la
voluutad como naturaleza, ó mejor dicho, que la ac­
ción libro de la voluntad viene después de su acción
necesaria: la primera se refiere ú los medios, la se­
gunda el último íiu. La acción deliberada, la determ i­
nación libre, es la forma de la voluntad corno volun­
tad: la acción necesaria, la determinación ad unum, en
la forma de la voluntad como naturaleza.
Esta doctrina del santo Doctor se halla en complctu
armoniacon el testimonio de la conciencia íntima. La ob-
TEORÍA DE I A VOLUNTAD. 380

servacion atenta de los fenómenos internos, nos revela


la existencia de esta doble manifestación de la energía
de nuestra voluntad. ¿No esperimentamos & cada paso
que nos hallamos dominados de una manera irresistible
y necesaria, por el deseo y amor de la felicidad, del bien
universal? Este ;imor del bien universal nos domina
hasta tal punto, que nada podemos apetecer ni desear,
sino á condicion de ser para nosotros un medio de lle ­
gar á él, una forma, una participación de ese bien uni­
versal. A l mismo tiempo que 1103 acntimo3 libres prora
querer ó no querer, amar ó aborrecer los bienes par­
ticulares, sentimos y esperimentamos que nos es im ­
posible aborrecer la felicidad, no querer el bien.
La importancia científica de esta parle de la teoría
de santo Tomás, ha sido reconocida y confesada prác­
ticamente por Mr. Cousim, el cual admite también ú
ejemplo de aquel, una doble manifestación funda­
mental de la actividad de la voluntad humana. Cierto,
que e l gefe del moderno eclectisno exagera después y
hace aplicaciones inexactas de esta doctrina ó la li­
bertad, según hemos visto en la ontología; pero no es
menos cierto por eso, que su doctrina en órden 1 lu
existencia de las manifestaciones referidas de nuestra
voluntad, es idéntica en el fondo con la de santo T o ­
más, sia mas diferencia que la relativa & los nombres,
pues el gefe del eclectismo moderno llama reflexión, ¡i
lo que santo Tomás llama voluntad como voluntad; y
espontaneidad, á lo que este denomina voluntad como
naturaleza.
«Couoebir un fin, nos dice el filósofo fraucés, (I)

(1 ) Fragm. fil. Tom. 1.* piff. 66.


.190 CAPÍTULO QUISTO,

deliberar, lleva consigo la idea de reflexión. La re fle­


xión es pues, la condicion de todo acto voluntario,
si to lo acto voluntario supone una premeditación de
su olijclo y una deliberación. ¿Empero, una operacion
refleja puede ser una opcrucion primitiva? Querer,
es, teniendo uno conciencia de que puede resolverse
y olirnr, deliberar si se resolverá ó no, si se obrará de
esta ó de otra manera, y escoger en favor de la una ó
de la otra. Kl resultado de esta elección, de esta deci­
sión procedida de deliberación y premeditación, es la
volicion, efecto inmediato de la actividad personal. .
.......................... La operacion anterior á la reflexión , es la
espontaneidad ...............................................................................
E l fenómeno puet da la actividad espontánea, es tan real,
como e l de lu actividad voluntaría . »
■•La reflexión, ánade despues, ( I ) en principio y
de hecho, supone ij s ig u e á la espontaneidad; mas como
nada puedo haber aqui mas espontáneo, todo lo que
liemos dicho de uno, se aplica al otro; y aunque la
espontaneidad no se halle acompañada, ni de p re d e fi­
ní inación, ni de deliberación, no deja de ser por eso
como la voluntad, una potencia real de acción, y por
consiguiente una causa productora y en consecuencia
personal. La espontaneidad contiene pues, todo lo
que contiene la voluntad, y lo contiene con anterio­
ridad ú ella. "
Salvo algunas inexactitudes y las diferencias de
lenguagc, es incontestable y rt todas lucc9 evidente,
que el fondo y la sustancia de esta doctrina coincide
exactamente con la ensenada por santo Tomás sobre

(i) lbid.
TKOnÍA nE t.A VOIXRTAD. .191

esta materia. La» últimas palabras de Mr. Couslu pu­


drían traducirse (tur las siguientes de sumo Tomás:
Sicut intellectus ex (1) necessitate inharet pritnis p rin ci­
pas, i te voluntas ex necessitate inharet ultimo fin i, i/ui
est beatitvdo...........................Oportet enim t/uotl illu d
quod natural i ter alicui conrenit, et itiimobililer, sit fun­
damentan et principian omnium aliorum; </uia natura
rei est priuium in unoqmr/ue, et omnis motu.« ¡.roccdit
ab aliquo inmebili. Voluntas secundum quod est rati>-
nalis, (2) ad opposita se habet; hoc enim est considerare
i/mam secundum hoc quod est ei propriutn. Sed prout
est natura quadam, nihil prohibet eam determinari ad
unum........................ Hoc enim est propriutn voluntati in
quantum est volunta», quod sit domina suoruui netuum.
Ya lie indicado autos, que esta comuuidad de doc­
trina entre Mr. Cousin y santo Tomás, se limita cs-
clusivumcute á la existencia J distinción de lu volun­
tad como fuerza naturul y de cspuiiUinuidud, y lu
vuluutud como voluntad ó sea como facultad de de­
liberación, ó si se quiere, de Ubre reflexión, como la
apellida e l citado escritor; pues por lo que hace ¡i
lus aplicaciones de esta doctrina y ú la naturulezu de
los actos que proccdcu de esta doble fuerza de lu \o-
luutad, la doctrina del gefe del cclectisnio es dia-
metraliucntc opuesta á la de santo Toinús, toda
que pura él los actos de lu voluntad como fuerza
de espontaucidad, do son menos libres que los actos
volunturios de la misma.
«¿Cual cb pues esta potcncia, preguntu este escritor,

(1) Í uhi. Thtat. l.* P. CuMt. 83. Art. 1.* ,


(9) Qumil. Ditpa. lit Verit. Cueit. SU. A rt. S td et 7 ."
392 c a p ít u l o q u in t o .

( I ) que no se revela mas que por sus aclos, que se


encuentra y percibe en la espontaneidad, se vuelve ú
hallar y se refleja en la voluntad? Espontáneos ó vo­
luntarios, todos los actos personales tienen uua cosa
común, y es que se refieren inmediatamente ¿ uua
causa que tiene en sí misma únicamente su punto de
partida, es decir, que son libres; tal es la nocion propia
(le la voluntad. »
Como se ve por este pasage, para Mr. Cousin no
solo son igualmente libres los actos espontáneos y los
voluntarios, híiio que lu nocion propia de la libertad ,
solo exige que el acto se rcAcra á una causa ó fuerzu
que tenga su punto de partida en si misma; lo cual
equivale á decir en otros términos, que la libertad
110 escluye la necesidad y determinación ad vnwn, sino
lu coaccion solamente, y que uu acto será siempre libre
con tal que proceda de uua fuerza ó causa interna.
Aunque e l pensamiento del gefe del cclcctisino se
halla consignado con demasiada claridad, todavia se
expresa de una maucra mas terminante «1 desen­
volver mas este misino pensamiento.
« L a libertad, dice, (2) no puede ser la voluntad
solamente, porque en este caso la espontaneidad no se­
ria libre; y por otra parte la libertad no puede ser
la espontaneidad solamente, porque la voluntad á su
vez no seriu libre. Luego si los dos fenómenos son
igualmente libres, no pueden serlo sino á condicion
de quitar á la nocion de la libertad lo que pertenece
esclusivamente al uno y al otro de loa dos fenómenos,

(1) Fraq. fijos, T. 1.* p i(. 08. y algi.


(S) Afcl.
te o r ía de l a v o lu n t a d . 303

dejándoles solo lo que tienen de común. Y ¿que es


lo que tienen de común sino el tener su punto de
partida eu ellos mismos y proceder de una causa,
que es su causa propia y que >10 obra sin o p o r su
propia energía? Siendo la libertad e l caracfcr coumn
de la espontaneidad y de la voluntad, comprende bajo
de si estos dos fenómenos.................................. La
idea fundamental de la libertad, ex la de una potencia
que bajo cualquiera form a que obre, no abre sino por
una energía que le sea propia.
Este pasage no necesita comentarios de ninguna
especie. Mr. Cousiu tuvo mucha razón y procedió
consecuentemente, al apellidar libres A los actos es­
pontáneos, es decir, d los actos de la voluntad ante­
riores á la deliberación y que proceden de la misma
como naturaleza; porque si la idea fundamental de
la libertad no envuelve otra cosa, sino que el agente
obre p o r una energía que le sea propia, por mas que
dichos actos procedan de la voluntad ncccsariaincute
y con determinación ad unum, por mas que esta no
pueda poner el acto contrario, por mas independientes
que sean de la deliberación previa, en una palabra,
por mas naturales y necesarios que sean, no por eso
dejarán de ser V e rd a d era m en te libres, procediendo
como proceden de una causa interna, dn una ener­
gía que es propia al agente, cual es la espontaneidad.
Inútil creo recordar que esta doctrina constituye la
antítesis mas completa de la de santo Tomás sobre
esta materia (X .)
CAPÍTULO SESTO

La voluntad como potencia libre.

Despréndese de lo dicho cu el capítulo anterior, que


la voluntad bajo su forma mas universal y concreta,
y scfíun que envuelve la energía de espontaneidad 7
de libertad, es como nna inclinación activa al bien.
Pero ñ diferencia de los bienes particulares, sensibles
y corpóreos, á que tienden y se ordenan las faculta­
des afectivas de los animales, el bien que es objeto
propio 7 adecuado de la voluntad, es el bien in teli­
gible, absoluto 7 universal, que contiene, on si todos
los bienes cu relación con la naturaleza del hombre.
I,n razón d p riori inmediata de esta diferencia debe
buscarse cou santo Tomás en la respectiva diferencia
L A VOLUNTAD COMO POTENCIA LIBBE. 395

entre las facultades de conocimiento sensitivas y la


facultad de conocimiento puramente intelectual, lil
conocimiento mas ó menos perfecto del Lien, es una
condicion esencial del acto con que el ageute su
inclina y mueve al deseo y consecución de este bien;
la esperieneia misma interna nos revela lu existencia
de este liccho psicológico.
De aqui resulta, que la forma de inclinación al L í l m i ,
debe estar en relación necesaria con la forma do co­
nocimiento que le sirve como de base y condicion
esencial. Luego siendo propio del entendimiento el
conocer las verdades universales, solo 61 puede per­
cibir la razón universal, ncccsariu y absoluta del bien.
Luego solo la voluntad que procede, reside y radica,
por decirlo asi, cu el entendimiento, puede cstender
su inclinación y capacidad al bien absoluto, al bien
universal.
Puesto que toda potcncia ó facultad activa del alma,
es como arrastrada hacia su objeto propio, total y
adecuado, y se halla natural y necesariamente ligada
con él cuando existen las condiciones sinc </tm non ne­
cesarias al efecto, como vemos en el oiitendimicntn
respecto de la verdad presentada evidentemente, eu
la vista respecto de los colores etc. la potcncia ú
facultad del bien uuivcrsal, upetccc y ama necesaria­
mente este bien, siempre y cuando le sea propuesto
por el entendimiento. Hé aquí porque dice santo T o­
más, que el acto de la voluntad respecto del último
fin, es un acto necesario y no libre, ó lo que es lo
mismo, procede de la voluntad en razón de natura­
leza y no como voluntad. Porque siendo este último fía
el mismo bien uuiversal, ya sea que se considere en
3 96 CAPÍTULO SESTO.

general, como cuaudo apetece y busca el hombre la


felicidad absoluta, ya sea que se le considere como
identificado rcalmcute con la cosa cuya posesion cons­
tituyo esta felicidad, es decir, cu Dios, Ríen Sumo
del hombre, corno sucede ú los bienaventurados en
el ciclo, el hombre lo amará ncccsuriamcutc, con la
única diferencia, que en el prim er caso esta necesidad
os hipotética solu'ncutc, mientras en el segundo, esta
necesidad es relativa no solo ú la especie de acto sino
también ú ku ejercicio.
l*or lo misino que los bienes particulares contin­
gentes no contienen en sí la razón de bien univer­
sal, son dominados j)or lu voluntad, y esta es ducíU
de sus actos respecto de estos bienes; porque d iri­
gida como se halla por el juicio universal del enten­
dimiento y pudiendo considerarlos y dirigirse á ellos,
ya por purtc de lo que purlicipan del bien, j a por
porte de su limitación é imperfección; pudiendo tam­
bién distinguir y establecer en los mismos variados y
múltiples relaciones y comparaciones con respecto A
otros objetos y principalmente cou respecto al último
fin,' la vohintad se liallu esencialmente iudiferente é
indeterminada relativamente á estos objetos, y los ac­
tos que ú olios se refieren, se hallan completamente
sometidos ú su dominio y potestad. La voluutad, que
es un cierto modo doiuinuda por su objeto totul y ade­
cuado que es el biou universal, domina li su vez y se
halla elevada por encima de los bienes particulares,
contingentes y relativos, en los cuales no encuentra
el bien universal y absoluto, único que puede llenar
todos sus deseos y que se halla en armonía con las
condiciones elevadas de su naturaleza.
L A VOLUNTAD COMO POTEKCIA LIDRE. 397

Hé aquí lo que constituye ¿ la voluntad en razón


de libre albedrío; hé aqui porqué es dueña y dis­
pone de todos sus actos, cuando estos nó se refieren
inmediatamente al bien universal, conocido ó consi­
derado actualmente; hé aqui en una palabra, cómo lu
voluntad viene á ser una potcncia libre, según que
tiene facultad de elección respecto de estos objetos
ó bienes particulares: S htuus rlomini nostrorum acluum,
secundum f/uod possvmvs hoc vel i/httl eligere. (1) «Puesto
que la capacidad de la voluntad, nflade, se estiende
al bien universal y perfecto, 110 se halla sujeta ú bien
alguno particular; y por lo mismo no se mueve nece­
sariamente.»
El santo Doctor esplica en olru parte esta doctrina
por medio de una comparación exactísima y muy con­
ducente al efecto.
• Si se presenta ú la vista algún color, ('2) es percibido
necesariamente por ella, á no ser que se aparten los ojos
de dicho color, lo cual pertenece al ejercicio del acto.
Pero si se presentara ú la misma vista un cuerpo, que
en una de sus superficies tuviera color y en la otru
nó, en este caso este objeto no seria visto necesariu-
mente, pues podría presentarse á la visto por aque­
lla parte que carece de color. Asi como el cuerpo
con el color actual, es el objeto de la vísta, asi el bien
es e l objeto de la voluntad. De aqui es, que si se
presenta á la voluntad uii objeto qne 6ea bueno um­
versalmente y bajo todos sus aspectos, la voluntad en
caso de obrar, tiende necesariamente á él y no po­

(1) Sutn. Theol. 1.a P w t. Cusit. 82 A rt 1/


13) Ibid. 1.a 3 .» Cueat. 10. A rt. 2.’
398 CAPÍTULO SESTO.

drá querer lo contrario. Mas si el objeto presentado


ú la voluntad no es bueno bajo todos sus aspectos
ó relaciones, la voluutad no se inclinará á ¿1 nece­
sariamente.»
Vu liemos visto, que la voluntad no existe en el
hombre sino ¡i condicion de la cxistcnciu del enten­
dimiento: lu dignidad y elevación de lu inteligencia
liumnnn, <>s como lu ruzon suficiente de la elevación y
superioridad de la voluntad humana: quitud al hombre
lu inteligencia, y le huhrcis quitado la \oluntnd. Si
esta potencia c k ii iiu ouergiu primitiva, por medio de
la cual el hombro so constituyo superior á todos los
bienes pui-ticiilui-cs; si es capaz de dominar todos estos
bienes y disponer absolutamente de todos aquellos de
sus uctos que ú ellos se relicran, es porque se halla su­
bordinada ú la percepción universal del entendimiento
y dirigidu por el juicio indiferente de la razón.
l)e aqui se iníicre, (pie lu universalidad, indiferen­
cia objetiva y superioridad del conocimiento intelec­
tual, en combinación con lu amplitud y esteusion de
la voluntad relativamente á su objeto adecuado, es
como lu razón ú priori de lu indeterminación subje­
tiva y de la libertad ó facultad de elección que reside
cu esta misiuu voluntad humana. Porque, como observa
cou niiicliu ruzon santo Tomás: ( I ) Hado, eirea continrjcn-
lia, hultel vium ad opposita....................................... P a r­
ticularía uulrm operubilia, sunt quxdam contíngentia, et
iilrn dren ea jut/icium rationis ad direna se habet, et non
etf delertm'nalum ad unum. E t pro tanto neetste est quod
homo t il liberi arbilrii, ex hoc ipso quod rationalis est.

(1) lbid. 1.' P. Cueit. 88. A rt. 1.*


L A VOLUNTAD COMO POTENCIA LIBRE. 399

Ni 69 otro el origen y la razón suficiente de C9a


fuerza admirable de acción que reside en la voluntad,
con la cual no solo domina absolutamente sub propios
actos, se mueve y determina libremente ú ellos, sino
que se estiende á escitar y mover las deiuas facul­
tades del hombre, dominando también el ejercicio de
sus actos. Y es que los actos y objetos de las demas
potencias, entran en la categoría de bienes purticiila-
res con respecto i la voluutud. El sentido es un
bien particular y lo es igualmente la percepción de su
objeto: el color y la visión son bienes particulares:
la operacion del entendimiento y lu verdad que per­
cibe, participan también la razón de bien y se ofrecen
á la voluntad como bienes particulares y determina­
dos. lu e g o la ecuación de esta facultad con el bien
universal y absoluto, y su consiguiente elevación y su­
perioridad sobre todo cuanto entra en las condicio­
nes de bien particular, imperfecto y relutivo. la hace
capaz de influir activamente sobre las domas facul­
tades y disponer libremente de sus actos, como dis­
pone de los suyos propios. «Si consideramos los mo­
vimientos de las facultades del ulmu por parte del
ejercicio actual, dice santo Tomás, ( I ) la voluntad es el
principio activo del movimiento. Porque siempre lu po­
tcncia A la cuul pertenece el fin principal, mueve úobrar
á la potcncia que se rclicrc ú lo q u e sir\c de medio
respecto del fin principal. Por esta razón, la voluntad
se mueve á sí misma y k todas las demás potencias; pues
entiendo porque quiero, y de la misma manera, uso de
las demos potencias y hábitos, porque qu iero.»

(1 ) Quatt. D itpa D* Halo. Onest. 6.* A rt. un.


400 C A PÍT U L O SESTO.

Las reflexiones emitidas en este capítulo y el pre-


ccdcute, no son mas que lus bases y como los líneas
generales de la vasta y profunda teoria de santo Tomás
sobre este punto. En gracia de la brevedad y en confor­
midad á lo que al principio de este libro dejo consignado,
nn he querido trascribir textualmente las pulabras en
que el santo Doctor e s p o lie y desenvuelve cu diferente»
partes toda su grande teoría, contentándome con re­
unir y concentrar algunos de sus pantos principales.
Y no siendo tampoco mi ánimo entrar en el examen
y desarrollo de sus U|>1íchc ¡ o iiu s prácticas y de sus
relaciones con los demás problemas de la ciencia mo­
ral, terminaré este capitulo trascribiendo uno de sus
pasagos, en que al propio tiempo que resume en parte
su teoría, esplica y desenvuelve con su acostumbrada
exactitud filosófica, las condiciones propias de la vo­
luntad como facultad indeterminada ó de elección li­
bro.
• Eu tanto una cosa se dice necesaria, ( I ) en cuanto
está determinada ad unum de una manera inmutable.
Hallándose pues la voluntad en estado de indetermi­
nación, respecto de muchas cosas, será preciso decir,
que uo existe en ella la necesidad respecto de todas
las cosas, sino solo respecto de aquellas á las cualcs
se halle determinada por inclinación natural. Y como
quiera que todo movimiento se refiere ú alguna cosa
inmóvil, y lo indeterminado á lo determinado como á
su principio, infiérese de aqui, que aquello á lo cual
la voluntad se halla determinada, que es el último fin,
como se ha dicho, será en ella e l principio de querer

(1 ) A id. D t fmrit. Onert. 38. Art.


LA VOLUNTAD COMO POTENCIA LIBRR. 401

las demas cosas, resperlo de los cuales no se halla de­


terminada necesariamente.
La indeterminación de la voluntad tiene lugar res­
pecto de tres cosas, 11 sabor, respecto del objeto, res­
pecto del acto y respecto del orden al fin. Respecto del
objeto, la yoliiiitad es indiferente ó indeterminada, en
cuanto á las cosas que son como medios para el fin,
pero nó en cuanto al mismo fm último, como queda
dicho; y la nzon es, que ó este último fin se puede
llegar por diferentes caminos, y * diversos úpenles
convienen diferentes caminos para llegar A 61. Asi
es qae el deseo de la voluntad no puede estar de­
terminado de una manera necesaria a las cosas que
sirven de medios para el fin, como sucede en las co­
sas natnrales....................................................................
............. Empero la voluntad quiere necesariamente
el último fin , de suerte que no puede no quererlo;
pero no quiere necesariamente ninguna de aquellas
cosas qnn sirven de medios para el fin, por lo cual
está en su potestad el querer esto ó aquello.
Respecto del acto, la volnntad es facultad in di­
ferente; porque aun relativamente ñ un objeto dado,
puede ejercer ó no ejercer su neto, puesto que puede
determinarse á obrar ó no obrar en órden á cual­
quier objeto; cosa que no sucede cu los seres natu­
rales ............................................. Ln indeterminación
de la voluntad respecto del órden al fin, existe en
cuanto puede apetecer ó querer lo que verdadera­
mente se ordena al debido fin, ó h> que solo se
ordena segun la apariencia...........................................

. . . . Supuesto pues que la voluntad se llama lib r e '


402 CAPÍTULO SESTO.

en cnanto escluye la necesidad, la libertad de la


voluntad consiste ó se mauifiesta de tres maneras, A
saber, con relación al acto, según que puede querer
ó no querer; coa relación al objeto, en cuanto puede
querer esto ó aquello y su contrario; por porte del
orden al fin, segtin que puede querer lo bueno y lo
malo. Por parte de lo primero, la libertad conviene
ú la voluntad on cualquier estado natural y respecto
de cualquier objeto. Por parte de lo seguudo, la li­
bertad le conviene respecto de algunos objetos sola­
mente, es decir, respecto de aquellos objetos que se
comporau ó consideran como medios para el í'm, pero
no son el mismo fin ultimo. Por parte de lo tercero,
tampoco le conviene respecto de todos los objetos,
sino de los que dicen órden al fiu; ni respecto de
cualquier estado de la naturaleza, sino de aquel sola­
mente en que esta es defectible; porque cuando no
existe defecto alguno en la percepción y determinación
del bien, no puede existir defecto en la voluntad por
parte de la elección de los medios para el fin, como
acontece en los bienaventurados. Por esto se dice que
ol querer ó elegir el mal, ni es la libertad, ni parte de
la libertad, aunque es como un signo de la existencia
de la libertad.»
Por lo que hacc á la existencia misma de la liber­
tad, santo Tomás la establece en muchos lugares de
sus obras, apelando especialmente al testimonio in­
vencible del sentido íntimo ó esperiencia interna, que
nos revela la existencia de actos absolutamente libres
ea nosotros, y nuestra facultad de elección. Creo su-
períluo citar estos posages, y me limitaré por lo tanto
á citur uno en que el santo- Doctor ademas de esta-
LA VO Ll’ST AD COMO POTENCIA LIB&G. -403

blccer el hecho de la libertad apoyándose sobre lus


peligrosas consecuencias y gravísimos inconvenientes
que lleva consigo su ncgacion, ensena con toda cla­
ridad y precisión que esta libertad uo solo cscluye
la coaccion, sino tambicu la determinación ad unum
y toda necesidad.
« Afirmaron algunos (2) que la voluntad del hombre
se mueve necesariamente á elegir alguna cosa, sin
admitir por eso que la voluntad estuviese sujeta á
coaccion; porque no todo lo que es necesario es vio­
lento, sino solo aquello cuyo principio está fuera del
¿gente; y asi es que entre los movimientos natura­
les, algunos son necesarios sin ser violentos.............
....................Semejante opinion bien puede calificarse
d e herética, puesto que quita y hace desaparecer la
razón de mérito y demérito en los actos del hombre;
pues nunca podrá decirse meritorio ni demeritorio,
lo que ulguno hace necesariamente, de manera que no
pueda dejar de hacerlo. Se debe enumerar ademas
entre las opiniones absurdas y peregrinas de la ciencia;
porque no solo es contraria á la fé, sino que des­
truye por su base todos los principios de la filosofía
moral. Porque si no existen en nosotros actos libres,
sino que queremos por necesidad, desaparecen, non
completamente inútiles, la deliberación, las exhortacio­
nes, el precepto, el castigo, la alabanza y vituperio,
cosas que supone y & que se refiere la filosofía mo­
r a l.- (X I .)

(1) JM<t. Di. Me¡. CdmU #.* Art. mi.


CAPÍTULO SÉPTIMO.

Accicn y dontinio de Dios ¿obre la voluntad.

llim de las ufirmucioncs mus fuuduincululcs j cons­


tantes de suuto Tomás, es que lu voluutad lo misino
que todos los demas agentes criados y finitos, depen-
deu de la modou y acciou de Dios en el ejercicio de
busuctos.
Va sea que se coumderc lu acciou de lus criutuins
como u ii ser real, ó como un modo del ser real, es pre­
ciso admitir que Dios, Cuusn primera y Ser por esen­
cia, del cual dependen todos los seres y todos los modos
del ser nial, influye activamente en lu determinación
y existencia del acto d é la voluntad, couio iulluye en
la producción, existencia y. conservación actual de
ACCION Y D 0M 1M 0 DE DIOS ETC. 405

todos los .seres criados; todu vez que el acto de Id


voLuuUd por ser tul, no deja de entrar eu la serie de
los modos reales de ser y de pcrtcuccer al mundo
de los seres reales y de los efectos liuitos, como todas
las demás cosas j autos sometidos ú la mociou y ac­
ción universal de Dios soLre e l muudo.
•< Puede Dios niudur la voluutud, dicc el santo Doc­
tor, (I) porque el obra cu lu voluutud lo misino que en
In naturaleza. Asi pues coiuo todu acción natural ó
uccesuria procede de Dios, asi también toda acción
de la voluntad uu cuanto acción, uo solo procedo de
lu voluntad como agente inmediato, sino tambicu «le
Dios como agente que obra cou uiavor vigor y per­
fección. Por cuya razón, asi como la voluntad puede
niudur su acto cii otro diferente, eu fuerza de su liber­
tad, como se ha dicho, asi también, y mejor aun, lo
puede liuccr Dios.»
«N ada puede mudar el acto de lu voluutud, añade
mus adelante, '2) siuo lo que obru en lo iuterior de la
voluutad; y esto solo puede ser, ó la mismu voluntad,
ó lo que da el ser á lu voluutud, que seguu la fé, no
es otro que Dios. Por eso es que solo Dios puede
cambiur lu inclinación de lu voluntad, inclinándola,
ya ú una cosa yu ó otra, según su voluutud. »
« L a voluntad cuaudo elige de nuevo, (-1) pasu de su
priinera disposición ú otra, ó do un estado á otro, scT
guu que antes teniu la potestad de elegir y ulioru
elige realmente. Y este tránsito se dice que procede
de algún motor, no solo porque la voluntad se mueve

(1 ) Quattt. IMtpa. D i Vtrü. Cueit. 99. Art. S.*


(2 ) lbid. A rl. 9.a
(3) M i. Dt Mal. Ca«at< 6.* Art. un. ai 17 “
406 C A P U L L O SEPTIMO,

á sí misma, sino tambica porque es movida por algún


agente citerior, que es Dios. ■
Sabido es que esta doctrina de santo Tomás, ha sido
considerada por muchos como sujeta ú gravísimas d i­
ficultades por parte de su conciliación con la libertad
humana. El hombre, se dice, no puede ser verdade­
ramente libre, sino h condicion de moverse y deter­
minarse A sí mismo A obrar. Si el principio de la de­
terminación de la voluntad es un agente csterior, ¿como
puede esta apellidarse duertu de sus actos? Si Dios
es el que mueve ó esta potcncia aplicándola á la ope­
ración actual, ¿com o se salva la indiferencia ú inde­
terminación, condicion cseuciul de la voluntad como
actividad libre y facultad de elección?
So se crea que esta objecion á la cual vienen á parar
en último resultado todas las demas, siquiera se pre­
senten bajo formas diferentes, se escapó é la pene­
tración de santo ToinAs. Lejos de prescindir de ella
se la propuso á sí mismn bajo tndns sus formas. « L i­
bre, dice el santo Doctor, (I ) se llama lo que es causa
d e su acto: luego lo que es movido por otro no es li­
bre; es asi que Dios mueve la voluntad: luego esta
no será libre.- ■ Todo agente al cual no se puede re­
sistir, uAadc en otra parte, (2} mueve necesariamente:
es asi que á Dios no es posible resistir, puesto que
es un agente de virtud infinita................Luego Dios
mueve necesariamente la voluntad. ■
No se dirA que sauto Tomás desconocía, ni menos
que desvirtuaba ni disimulaba, la fuerza d? la objecion

(1) Sun. Tteol. 1.» P. Cow t. ea. Art. 4 *


(J ) Ibid. 1.* 8 .» Oaqat. X.* A rt; 4.*
ACCION Y DOMINIO DE DIOS ETC. 407

contra la libertad. Y sin embargo, lejos de abandonar,


ni modificar su doctrina en este punto, la confirma y
desenvuelve de nuevo al contestar á esta9 objeciones.
« El libre albedrio, dice respondiendo á la primera d i­
ficultad, es causa de su movimiento, porque e l hombre
se mueve á sí mismo á obrar por medio del libre albe­
drio; pero 110 es de esencia de la libertad, que aquel
que es libre, sea la primera cau8a de su movimiento;
asi como para que una cosa se diga causa de otra, no
es necesario que sea la primera causa de ella. D ior
pues, es la primera causa que mueve tanto laa cosas
naturales como las voluntarias; y asi como ul mover
ó intluir en las causas naturales, no impide que sus ac­
ciones sean naturales ó necesarias, asi tampoco ul mo­
ver las causas voluntarias ó libres, no impide que sus
actos sean voluntarios, sino que mas bien produce en
cllus esto mismo; porque obra en cadu ser según lo
que es propio de su naturaleza.»
Análoga es la doctrina que espone al contestar á la
segunda dificultad: «La voluntad divina no solo se es-
tiende á producir alguna cosa por medio del ser á quien
mueve, sino también & que 6e ponga el acto, del modo
que corresponde á su naturaleza.»
No entra en td plan de esta obra, ni es mi ánimo
espoucr y desarrollar toda la doctrina de santo Toraú»
sobre este punto, que podría suministrar materia para
un tratado completo, y si el consignarla únicamente.
Me contentaré por lo tanto con recordar, que sobre
hallarse sólidamente establecida y tener en su favor
toda clase de pruebas y argumentos, no parece muy
racional ni filosófico el negarla, solo porque nuestro
entendimiento no alcanza d disipar completamente la
408 CAPÍTULO SEPTIMO,

oscuridad que se presenta sobre alguno de sus puntos.


•'Algunos, dice el mismo santo Tomás, (I ) no compren­
diendo cómo Dios puede causar en nosotros la acción
de la voluntad sin perjuicio de su libertad » etc. pro­
bando en seguida, como lo hace en otros muchos lu­
gares, la necesidad de admitir, lo mismo en el órden
puramente natural qne bajo el aspecto de la ense­
ñanza religiosa, la acción de Dios sobre la operacion
uctunl de nuestra \olnnlad. Algo inas racional y filo­
sófico nos parece el pensamiento de san Agustin, cuando
baldando de uno materia que envuelve bastante ana­
logía con esta, deci.i: ; Ni/mqnid ideo nri/anrhn» est quod
aprrtum rst, quia eonprrhendi non p otril qvod occxil-
fitni ett?
Toda voz que la existencia de 1» nccion de Dios so­
bre los actos de la voluntnd humana, se halla apoyada
sobre fundamentos sólidos, sobre rezones y pruebas
reconocidas como gravísimas y convincentes por los
adversarios mismos de esta doctrina, cuando prescin­
den de la dificultad relativo d In libertad, y consi­
deran únicamente el hecho en si mismo, ó si se quiere,
la relación y dependencia necesaria que existir debe
entre la voluntad humana y la causalidad universal de
Dios, es indudablemente muy poco lógico, negarla exis­
tencia del fenómeno, solo porque no vemos con claridad
un m ododesor, ó una fase y relación del mismo: la parte
oscura de una teoría, no es razón suficiente para ne-
pnr la ciistencia de la verdad y certeza con respecto
A otros puntds de la misma. En el anchuroso campo
de la filosofía, tropezamos A cada paso con cuestiones

(1) Sum. emt. Getit. 1 ,1b. a.° c ¡ r . e®.


A m o s Y DOMINIO DE DIOS ETC. 400
y teorías eu que se realiza lo que acabamos de decir.
Sabemos que la luz existe, que nos sirve para la per­
cepción de los cuerpos, que influye en el desarrollo de
los vegetales ctc.; pero ignoramos sus condiciones pri­
mitivas de propagación y desconocemos su esencia ín­
tima: ¿habremos de negar por eso su existencia 6 la
realidad de los primeros fenómenos? Sabemos que
existe una cosa que llamamos electricidad; sabemos
también que d¿ origen, ó que es, cuando menos, una
de las condiciones para la producción de ciertos me­
teoros; que se propaga y comunica con inconcebible
rapidez: pero ignoramos al propio tiempo cual sea la
esencia intima de esa cosa á quien llamamos fluido eléc­
trico, como ignoramos también las relaciones que tener
puede con otros fluidos y agentes de la naturaleza:
¿nos dará esto derecho para negar su existencia?
¿será por eso menos cierto que ese agente, sometido
ó determinadas condiciones, nos sirve para trasmitir
el pensamiento con instantánea rapidez?
Luego tampoco scr¿ lógico el negar la existencia
de lu acción de Dios sobre la voluntad humana, solo
porque nosotros no podemos comprender con claridad
el modo con que Dios realiza esta acción sin perju­
dicar al ejercicio de la libertad. La razón natural por
sí misma y mas aun en cuanto apoyada é ilustrada
por lus verdades del órden sobrenatural, nos demues­
tra que si Dios es la causa primera de todos los
efectos criados, si es el agente universal é infinito con
respecto á todos los seres y modos reales del ser del
inuudo, si todo lo potencial, contingente y relativo,
depende, se refiere y procede de la Actualidad pnra
ó infinita, del Ser necesario y absoluto, la voluntad
410 CAPÍTULO SEPTIMO,

y sus actos libres, qae uo por ser tales dejan de ser


realidades, deben depender de Dios en órden á su exis­
tencia y determinación, lo mismo que los demas efectos
y acciones de los otros seres criados y finitos. Cierto
es que nuestra razón no alcanza á ver con claridad
el modo íntimo de esta acción, porque no le es dado
comprender lu naturaleza y toda la estension de la omni­
potencia divina en sus relaciones con las criaturas, ¿pero
nos da esto derecho para negar la existencia del fe ­
nómeno, ni la solidez de sus fundamentos científicos?
¿ Sumquid ideo negandum est quod apertura est, quia
camprehendi non potest, quod occultum est ? Recórrase
el vasto campo de las ciencias físicas, recórrase el de
las ciencias intelectuales, psicológicas y morales, y
en todos encontraremos con demasiada frecuencia esa
clase de problemas, brillantes por un lado, rodeados
de sombras por el otro.
A mayor abundamiento, conviene observar también
que la solucion presentada por santo Tomás disipa cu
gran parte y scgiin es posible en cuestión tan difícil
y espinosa de su naturaleza, esta grave dificultad. Por
poco que se reflexione sobre sus palabras al contestar ú
la objecion antes citada, se reconocerá que colocando la
cuestión en el terreno elevado que corresponde A
su naturaleza y en armonía con los términos del pro­
blema, busca y halla en la naturaleza misma y en
las condiciones de la omnipotencia divina, la base
verdadera y la razón á p riori de la posibilidad y
existencia de la libertad humana, en la voluntad mo­
vida y determinada por Dios. Á poco que se medite
sobre la materia, no será difícil advertir, que una
parte no pequerta de la fuerza que atribuimos á la
ACCION* Y DOMIMO DE DIOS F.TC. \ 11
objecion, procede de la aplicación falsa c inexacta
que hacemos de nuestros propios conceptos y de la
mezquina y poco elevada idea que nos formamos de
la omnipotencia en Dios. Porque vemos que los agen­
tes criados y finitos uo pueden influir previamente
y ser causas de las acciones de otros seres, sin que
estas acciones dejen de ser libres; porque la razou
y la conciencia nos enseñan que nuestra voluntad
es independiente y superior á todos los agentes cria­
dos y Pinitos, pasamos ú inferir de aqui que es p rc­
ciso que tenga esta superioridad é independencia res­
pecto de Dios. Pero ¿es legitimo y ubsolutamcntc
lógico este tránsito? ¿Porque concebimos que los se­
res finitos no podrían ser causa y determinar la
acción de nuestra voluntad, sin destruir su libertad,
debemos decir lo mismo de Dios, agente de virtud
infinita, y que 6egun la expresión profundamente fi­
losófica de santo Tomás, debo ser considerado «com o
uua causa que produce todo el ente y todas kiis
diferencias:?» ut causa queedam profundáis totum ens,
H omnes ejus díff'crentias. ¿No será esto fijar limites
arbitrariamente A la naturaleza y estension del poder
divino? ¿Son las mismas las condiciones de la acción
de Dios, que las de la acción de la criatura?
Cuanto mas se medita sobre esto, mas se reconoce
que la fuerza de esa objecion contra la libertad hu­
mana desaparece en gran parte, cuando formando con­
cepto adecuado y conveniente de la omnipotencia
divina, se tiene en cuenta que la estension, eficacia
y universalidad de su acción, no deben medirse por
las fuerzas y modo de acción de las criaturas. Santo
Tomás pues, al decir que Dios en rozon é su poten-
M Í CAPÍTULO SEPTIMO.

cía inlinita j ú la eficacia y universalidad de la


misma, 110 solo es causa de lu acción de la volun­
tad, sino de que esta acción se ponga en el modo
y con las condiciones que exige su natnruloza, ó en
otros términos, que la eficacia de la voluntad divina,
do solo se esliendo ú lu sustancia de la acción, sino
al modo de la acción de los agentes cliúdos, mani­
fiesta haber formado una idea algo mas filosúficu y
mus cu armonio cou las condiciones de la omnipoten­
cia divina, que los que creen descubrir eu esa acción
de Dios lu muerte de la libertud humana. Eu todo
cuso, los que admitan la verdad ó existencia del he­
cho, no podrán menos de confesor que la solucion de
sunto Tomás es altamente filosófica, y la única que
por la elevación del puuto de vista en que se coloca,
se halla en armonía con la gravedad ú importancia de
l:i nhjeeion.
CAPÍTULO OCTAVO.

Necesidad de la gracia.

Aunque la» cuestiones relativa* A la gracia perte­


necen directamente al dominio de la teología, la fi­
losofía moral y sobre todo Id filosofía moral de las es­
cudas católicas, no debiera prescindir absolutamente,
como sucede con frecuencia, de esta materia. Con­
cíbese fácilmente que las esencias de la antigüedad
pagana, careciendo de la enseílanza de la revelación,
y 110 teniendo ideas fijas y claras sobre la caída
primitiva del hombre, prescindieran de toda inves­
tigación relativa á esta gracia de que no tenían idea:
pero tratándose de escuelas que respiran la atmós­
fera del Cristianismo, ¿es justo y conveniente des-
4K CAPÍTULO OCTAVO.

cartar completamente estas cuestiones, sin cuidarse


de establecer siquiera la necesidad j existencia de
cata fuerza superior?
No basta docir que Dios es el último fin del hom­
bre; no basta sefialar á este su destino y determinar
las coadiciones de la moralidad de los uctos humanos;
uo basta investigar las leyes que deben regular las ac­
ciones morales: es preciso ademas saber si el hombre
puede alcanzar este destino independientemente de
todo auxilio estrafio; es preciso tener alguna idea del
alcance y poder de uuestras facultados, abiindonadas
á sus propias fuerzas. Luego en toda moral cristiana,
debería establecerse, ú lo menos de una manera ge­
neral, la necesidad y existencia de la gracia.
Hé aqui porqué sauto Tomás, lejos de prescindir
en su morid de la necesidad y existencia de esta
gracia, ensena que sin ella el hombre uo puede con­
seguir su destino ni en esta vida ni en la otra, con­
siderando esta doctrina como una de las bases y
como una parte priucipal de la ciencia moral. Las
facultades del hombre, viciadas y debilitadas en su
origen por el pecado, son impotentes por sí solaa
para restablecer al hombre en e l estado primitivo
que recibiera al salir de las manos del Criador: ne­
cesitan ser vigorizadas para realizar conveniente­
mente su destino, aun en este mundo. La voluntad,
por poderosa y enérgica que se la suponga, necesita
ser prevenida, dirigida y auxiliada por una fuerza
superior, que la ponga en relación inmediata con su
eterno y supremo destino. En una palabra; ]a natu­
raleza humana en su estado actual de peoado y de
debilidad, uo puede llegar por si misma á la pose-
NECESIDAD DE LA GRACIA. 415
fiion de Dios, su último fin, ni siquiera realizar con­
venientemente su deslino terrestre.
Tal es en sustancia la doctrina que santo Tomos
hace entrar en su moral, como una parte necesaria
de la misma.
Y no se nos diga que el establecer la necesidad
y existencia de la gracia y seflalar sus relaciones
con las facultades del hombre, es del dominio es-
clusivo de la teología y la revelación. Sabemos que
á la teología pertenece tratar y desenvolver estas
grandes y escabrosas cuestiones bajo todos sus pun­
tos de vista; pero creemos también, que toda moral
cristiana, que quiera hacer abstracción completa de
las mismas y especialmente de la necesidad y exis­
tencia de esta gracia, será una moral esencialmente
incompleta.
Por otra pnrtr, la observación y la esperiencia in­
terna, ¿nada nos dicen acerca de los límites dentro
de los cuales se hallan encerradas nuestras faculta­
des? Que si observamos ademas las mutaciones in­
teriores de nuestra propia voluntad, y sobre todo
las grandes trasfonnaciones morales que mas de uua
vez aporcccn cu los hombres, no nos será difícil com­
prender, que sin salir del terreno natural y filosófico,
podemos hallar indicaciones graves y como pruebas
á posleriori de la necesidad y existencia de la gracia,
ó sea de una fuerza superior que obra é influye so­
bre la voluntad del hombre.
Ello es incontestable, en efecto, qne si fijamos nues­
tra vista en el interior de nuestra propia conciencia;
si seguimos con atenta mirada la serie de fenómenos
morales que en su fondo se realizan durante el curso
416 CAPÍTULO OCTAVO,

de nuestra vida; si tenemos en cuenta las trasfornia-


cionos tan profundas y frecuentes corno ínesperadus
de nuestra voluntad, no podemos menos de reconocer
en todos estos fenómenos, indicios mus ó incuos
seguros de una fuerza superior, que domina, im pre­
siona, tranforma y dirige nuestra voluntud en sus
manifestaciones morales. Unas veces encontramos
nuestra voluntad como dominada por la esterilidad
■y la inercia del bien, al puso que otrus se siente
dotada de prodigiosa energía paru urrollur los obs­
táculo» que se le presentan en el cumplimiento del
deber. Se siente privada con frecuencia del poder y
esfuerzo necesarios para obrur el bien; aparece futigudu
y como oprimida por el peso del deber presente, mien­
tras que en ocasiones, realiza sin hesitaciones, sin
combate y como sin esfuerzo, uccioncs que se acercan al
lieroismo. ¿Pueden esplicarse esas diferencias tuu
profundas, tan radicales y repentinas, por causas pu­
ramente naturales? ¿Puede la voluntad solu esplicar
tan estrenas trasformaciones? Lejos de eso, la voluntad
se siente dominada y subyugada por uaa fuerza que no
halla dentro de sí; y al obedecer á esa fuerza cstrafla,
parece sentir y csperimcntnr en sí los caracteres de
una pasividad relativa. No es posible dejar de ver
en esa serie incomprensible de fenómenos y trosfor-
macioues morales, la impresión de las huellas de una
energía divina ¿ su paso por nosotros.
Es preciso reconocerlo: La doctrina de santo Tomás
en órden & la gracia, es eminentemente filosófica, en el
sentido de que su necesidad y existencia, se hallan
en completa armonía con lus revelaciones ú iudicios
que nos suministran la osperiencia y observación
SnCGSIDAD DE I.A OIIACIA. Í17

psicológica. Para convencerse de ello basta tener


presente, que el pensamiento del santo Doctor con
respecto i la necesidud y existencia de la gracia,
puede resumir.se en los tres puntos siguientes.
1.° El hombre que lia sido constituido por Dios
desde su origen en relaciones íntimas con 1» d ivin i.
dad; el hombre ¡i quien confiriera Dios en su iniMna
creucion un principio de acción superior ti las fuer­
zas de su propia naturaleza, e l poder de llegar por
medio del buen uso del gran don A la visión clara
ú intuitiva, y ú lu frnicion perfecta de la primera
Verdad y dol sumo Itien, siente dentro de sí mismo
tendencias y aspiraciones en armonía con esa eleva­
ción de su destino final, tendencias y aspiraciones íi la
posesion plena de Dios, y por consiguiente superior
« las fuerzas de su propiu naturaleza, la cual solo puede
conducirle A su destino natural y social: Homo autem,
(1) non solum est ciris terrena’, sed et partierps cwitatis
ca l estis HieruMilem, cujus rector est Dominus, et cites an­
gelí, et sancti omnes. Para llegar A ser participante de
esta ciudad celestial, no le basta al hombre su propia
naturaleza, sino que es elevada por la gracia de Dios:
non suffícit atea natura, sed ad hoc efecatur per gratiata
Dei. « Asi como el hombre, añade despues, (2) recibe
su primera perfección, que es el alma, por la acción
inmediata de Dios, asi también recibe inmediata­
mente del mismo su última perfección, que en la fe li­
cidad perfecta, y en solo Dios descansa; lo caal hasta
se manifiesta por el deseo natural del hombre, que

(1) Quatt. D itjur. D t SjrirU. Creat. Cueet. 4.’ Art. 9.


(2 ) ibid. A r t . 10.
53
\ 18 CAPÍTULO OCTAVO.

en ninguna cosa descansa sino solamente en D ios:»


in nullo alio quietari potest, nisi in solo Deo. « El
último fin del hombre, ( I ) consiste en cierto conoci­
miento de la verdad, que cscedc á sus facultades, es
decir, en ver en sí misma la Verdad primera: ut
scilicct, ipsam, Priman Veritatem v'uleat in scipsa.
2 .' Una gran caída moral hizo perder al hom­
bre el derecho ú esa felicidad sobrenatural, debilitó
sur tendencias y aspiraciones al bien, introdujo un
profundo desorden en su naturaleza y potencias, apar­
tándola» do Dios. •• La causu de esa corrupción que se
llama pecado original, es la privación de la justicia
original, privación que destruye la subordiuucion del
lioinl>rc á Dios.......................................................... En
el pecado original, preexisten virtualmente todos los
pecados actuales, como eu su principio: (*>)» la percato
origimifi, virtuatiter prxcxistunt omnia peecata actnalia,
xirut in quodam principio. « De la aversión ó aparta­
miento de la voluntad de Dios, nflade, (3) resultó el
desorden en todas las demás fucallndcs del alma. .
....................... y el desorden de estas facultades se
manifiesta principalmente en el ardor con que tien­
den A los bienes perecederos: este desorden moral
de las facultades, puede apellidarse bajo un nombre
roinnn, concupiscencia» : qnse quidem inordinado com-
muni nomine, potes/ dici concupiscen/ia. Do aqui infiere
ol santo Doctor, que el pecado original es como una
enfermedad moral de la naturaleza humana, y que
debilita la energía moral de sus facultades por me-

(1) Sum. eont. Geni. L ib . 3.* Cap. 147.


(3 ) Sum. ThtoL 1 .a 9.» Oaoat. 03 A rt. 9.'
(3 ) lbid. A l t . 3 *
NECESIDAD S E LA GIIACIA. 419

dio de la ignorancia, la malicia, la debilidad ó falta de


vipor, y la concupiscencia: ( I ) Sie igitur, isla (/mlttor
sunt vulnera in/lic/a toti humana natura’, ex ¡)cccato p tim i
paren lis.
3." La gracia de Dios, como manifestación do la
mano poderosa del EsccLso, es la única que puede lle ­
nar el inmenso vacio que existe cutre la elevación del
destino sobrenatural del hombre y la dcgrudnciuu moral
á que lia sido arrastrada la naturaleza humana pui- el
pecado originul. El hombre necesita de un auxilio ex ­
traordinario y superior ú sus fuerzas: 1." para que sus
acciones morales puedan estar en relación con lu ele­
vación de su destino final: 2.° para rehabilitar su na­
turaleza inclinada al mal, reparar y vigorizar sus fuer­
zas debilitadas por el pecado. Y Dios que no falta al
hombre en sus necesidades; y Dios que se complace cu
la obra de sus manos; Dios que elevó al hombre en su
creación al órden sobrenatural, no le niega, antes sí
le dispenso con mano liberal, aunque no en la misma
medida, ese auxilio extraordinario y esas gracias ce.
lcstiules. «Puesto que las cosas que se ordenan á algún
lio, dice el santo Doctor, ('2) deben tener alguna pro­
porción ó relación con este fin, es necesario que haya
algunas perfecciones mediante las cuales el hombre se
ordene y se constituya en relucion con su fin sobrena­
tural, las cuales deben ser superiores á sus facultades
naturales; lo cual no podría tener lugar, sino á condi­
ción de que Dios infunda al hombre algunos principios
sobrenaturales de acción................ Infunde pues Dios

(1) Ifci. Cuest. 88 A lt . 8 ‘


(1) Qwtiti. Diipa. Dt Spfr. Crett. Cueit. 4.* A rt. 6.*
í -20 CAPÍTULO OCTAVO.

al hombre, ú fui de que puedu reliznr operaciones que


digan relación ú la vida eternu, en primer lugar, la
gracia por medio de la euul adquiere el hombre un ser
especial, quothlaw *pceialc esse; y en segundo lugar, la
fe, esperanza y caridad. > «Eu el estado de naturaleza
corrompida ó degradada en que se halla al presente,
necesita el hombre de la gracia por dos títulos, á
saber, para ser reparado, j ademas para poder obrar
el bien que pertenece ul órden de la virtud sobre*
natural: Ut saiicluf, ct u/teriús, v t bunnm superna/ti­
ra lis i-irhi/is nperetur. (I ; ••Todu ve* que el hombre [ i )
se urdenu ú un íiu que es superior ú .su fuerza
natural, preciso a> que se lu conceda por Dios ul-
gun au iilio sobrciiuluntl con el cual pueda d iri­
girse á su Un. >■ «D ios, cuuuto ex de su parte, (.'})
está dispuesto ú dar á luilos la gracia; pues quiere
que todus los hombres se salven y lleguen al cono­
cimiento de la verdad, como dire el Apóstol. Y solo
aquellos quedan privados de la gracia, que ponen
obstáculo ú esta gracia por su |>artc: l i l i solí ynüia
priraiifur, i/ui in tripsis yratix impedimenluin pmstant.
Tal es cu resumen el pensamiento de santo Tomás
sobre lu necesidud y existencia de lu grucia ¿Que
nos disertan ahora la esperiencia y observación sobre
esto?
I’ or una parte, una ruzon cuyo alimento propio es
lu verdad; unu inteligencia que aspira sin cesur á
la posc*iou plena y perfecta de esu verdad, sin sa­
ciarse jamás con ninguna de las que puede ulcau-

(t) Sum Thtd. 1.* a .* Cuaot 109 A rt. 9 •


( i ) Sutiu ajnt. Ct MI. L ib . S.* Cap. 147.
(3) lbid. (.ap. 169.
NECESIDAD DE LA. U R AC IA. V21

zar en la vidu presente; una razón que al rccogcr


los destellos de luz esparcidos y jeomo refractados
eu las criaturas, tiene uua especie <le presentimiento
del gran destino final que le scilalara el Criador en su
origen; que vislumbra en lontananza el Verbo de Dios
lleno de gracia y de verdad, único que puede llenar
todas las aspiraciones de nuestra naturaleza hacia lo
verdadero. Lu voluntad ¡i su vez, marchando al lado
de esa razón, siente que nada de cuanto le rodea
es capaz de llenar sus deseos y aspiraciones: se
siente atraída irresistiblemente al bion universal, pero
un Ríen universal, infinito, viviente, personal, inte­
ligente, que es su principio y su fin.
Por otru parte, ¡cuanta ignorancia en lu inteli­
gencia! ¡ cuuu espesas tinieblas, cuantas sombras en
lu razón! ¡cuantas diílcultudes pura llegar ú la ver­
dad! ¡cuunUs y cuan graves errores! V si de la
razón pusimos ú la voluntad, observamos el mismo
fenómeno. A l lado de sus nobles deseos, de sus ten-
deueias, de sus sublimes aspiraciones ul lnlinito, venios
sus vicios, sus iguobles instintos y propensiones, su
corrupción: por un ludo, grundezu, energía, el brillo
mágico de lu virtud, lu ley del deber, aspiraciones
c u s í infinitas en su elevación: por otro, corrupción,

debilidad, impotencia, inconstancia eu el bien, m i­


seria profundu. ¿Cual puede ser el origen de es!a
contradicción tan aparente, como real y funesta en
sus efeetoti? Los dos primeros puntos eu que liemos
coudeusado el pensamiento de sunto Tomás soLre lu
necesidad y existencia de la gracia, encierran la
clave de esta contradicción, ul misino tiempo que la
existencia de esta contradicción, de esta mezcla de
422 c a i >ít u l o o ctavo .

grandeza morul y de miseria que esperimcntamos en


nosotros, viene á ser como uo indicio de la necesidad
de lu gracia, y como la revelación natural y filosófica,
de esta verdad teológica.
Lu obscrxaciun psicológica nos revela también,
que en medio de su abatimiento moral, en medio
de sus grandes miserias, el hombre se siente súbi­
tamente inspiraJo por una luz superior; siente den­
tro de si misino una fuerza que no nace de él, que
es superior a sus fuerzas, que le domina, le sub­
yuga, le dú energía para levuntarsc de su postra­
ción; y que obrando en su interior, le coloca repen­
tinamente, cu un mundo intelectual y moral desco­
nocido para el husta entonces: una fuerza, en fin, un
poder, un principio de acción, que le induce ¿ amar
lu que untes uburrucia, y aborrecer lo que antes
uinaba. ¿¡No podremos considerar legítimamente esta
trasformacion moral, principalmente cuando es re­
pentina, enérgica y perseverante, como una mani­
festación sensible de la acción de ese auxilio divino
apellidado gracia, de que nos habla santo Tomás?
¿No deberemos reconocer en los fenómenos expre­
sados, un indicio y nn argumento natural de la
cxislouciu de la gracia?
¿V (¡iie pensar de esas grandes y admirables tras-
fonaacionos, que observamos en nuestros semejantes
y que bailamos atestiguadas por la historia? ¿Pueden
esplicarse por la energía sola de la voluntad humana,
esas asombrosas trasformacioncs que vemos realizarse
cu e l hombre, que parecen cambiar toda su naturaleza?
No, la conciencia se resiste invenciblemente & creer
que la fuerza sola natural 4c la volantad, sea bas-
HECF.SIDAD DE T.A RJIACIA. 423
tante poderosa para hacer del Agustino maniqueo y
libertino, el san Agustín de las Confesiones y los So­
liloquios. Ni es necesario para llegar ti este resul­
tado, invocur los nombres históricos de un san Agus­
tín, un san Pablo, una santa María Egipciaca: por
estrecho que sea el círculo de sus relaciones sociales,
cualquiera tiene ocasion de observar ejemplos mas
ó menos numerosos, de esas existencias ¿ quienes
vemos cambiar de hábitos, de costumbres, de ideas
y hasta cierto punto de carador, sufriendo una tras-
formacion moral completa, ocasionada á veces por
causas insignificantes de su naturaleza, y que cierta­
mente no se hallan en relación con la magnitud y
proporciones de los efectos.
Las ideas que acabo de consignar, se hallan en
completo acuerdo con las exactas apreciaciones de Mr.
Jourdain, que, como se verá en el pasage que tras­
cribimos & continuación, comprendió toda la impor­
tancia de esta doctrina de santo Tomás, aun bajo el
aspecto puramente filosófico. (I)
«E s un defacto común de I» mayor parte de las
escuelas modernas, haber aportado su vista de esta
importante investigación, sea que la hayan consi­
derado como inútil y vana, sea que les haya arredrado
la dificultad de la empresa. No huhlo solamente de
las escuelas empíricas, & las cuales el espíritu general
de sus doctrinas separa completamente de esta inves­
tigación: puede dirigirse también este cargo á filó­
sofos, & quienes la estension y elevación de su punto
de vista parecían colocar al nivel de semejantes pro-

(1) Ftíat. df ionio Tamil Lib. 3.° C u .


121 CAPÍT UI.O OCTAVO,

blcinas, y que .«in embargo los han descuidado. R ecor­


r a ! las obras de Kant, y no hallareis en ellas uuu linea
sobro el poder v los limites naturales de nuestras
facultades activas. Como el ilustre filósofo demuestra
la libertad por lu ley moral, concluye necesariamente
que los preceptos do la ley pueden 6cr cumplido» to­
dos, por el esfuerzo eselusivo de la libertad. Nuda
signilicu al parecer puru este filósofo, que lu condi­
cion de lu voluntad relativamente á lu gracia, liu sido
el objeto de la disputa mas espinosa que lia d iv i­
dido é interosudo á los hombres.
Siu embargo, sin invocar las luces de la revelación
■y encerrándonos en e l orden de los hechos naturales
que la cspcricncia nos atestigua, ¿no se encuentran
indicios ciertos, irrefragables, de una acción tutelar
y soberana, que favorece y fecundiza los movimientos
libres de la criatura?
>' neutra ni nía pretendería en vano bastarse ¿ si
im í s iik i y obrar con nbgoluta independencia de todas

las cosas. No llc^a « aislarse del resto del universo,


ni ú librarse de lus impresiones, desapercibidas muchas
veces, que recibe de todo lo que lu rodea. En aque­
llas de sus determinaciones que parecen las mas es­
pontáneas, es escitada por móviles secretos que la pro­
vocan ú obrar, sin conocerlo ella. El grito de la con­
ciencia le demuestra claramente que es libre; pero
esa libertad tan presente y tan cara al eorazon del
hombre, dormilona muchas veces, si no fuera escitada
por un aguijón esterior. Ks por eso que lu mayor
parte de los hombres, aunque dueños de siin acciones,
se encuentran determinados en porte por mil circuns­
tancias que contribuyen á . decidir su suerte. |Que
NECESIDAD TE LA GRACIA. 4'2 5

influencia no ejercen sobre ellos el nacimiento, el


temperamento, el clima, la educación, los consejos»
la opulencia y la pobreza, la salud y la enfermedad!
Cuando cambia la atmósfera en que vivimos, nuestras
ideas y sentimientos siguen un curso diferente; em ­
prendemos una nueva carrera, miserable ó afortunada,
brillante ú oscura, criminal tal vez ó hcróica.
Tomad la existencia menos agitada, y descubriréis
en ella una porcion de incidentes que jumús esplicará
la sola fuerza de la voluntad. ¿Porqué el espíritu
tiene como el corazon sus movimientos de ceguedad
y de esterilidad, durante los cuales la actividad mo­
ral se halla como en suspenso? ¿Porqué en otros inci­
tantes, el alma se siente como dilatada y se abre fá­
cilmente á las impresiones de la verdad y de lo virtud?
¿Cual es la causa que, ya nos ciega, ya no* ilumina,
abate y reanima nuestro valor, sumerge en la tris­
teza nuestra alma y la inunda de las mas dulces es­
peranzas? Si estos sorprendentes efectos son olira dei
hombre, ¿de donde viene que uo puede dominarlos
A su antojo?
Blas cuando una alma abandona sus antiguos ca­
minos en que iba & perderse tal vez, como un san Pa­
blo, un san Agustín, una La V&lliorc, entonces sobre
todo se reconoce la presencia de una fuerza que es
superior á la voluntad, aunque las mas vcccs obra
de concierto con ella. No son necesarios para la tras-
forraacion de caracteres estos golpes terribles que tras­
tornan una existencia, basta e l suceso mas ordinario
6 indiferente; un encuentro, una lectura, una con­
versación, una pena del corazon, un recuerdo. En
una conversión súbita, se vó á la molicie ceder el
54
■Í2C CAPÍTULO OCTAVO.

lugar á los austeridades, la licencia al respeto á la


regla, la incredulidad á la fé, el egoísmo al despren­
dimiento, al vicio & la virtud. ¿Gomo se efectúa este
cambio, ó mejor dicho, este renacimiento m oral? Sin
duda que la voluntad no es cstraila á él; pero no obra
sola, es atraída por un cncauto invisible; detras de
lu escena hay un actor escondido, cuya mano dirige
los resortes que la imiuvcu.
Observemos los caracteres de la opcracion miste­
riosa que so realiza cu este caso en el fondo mas ín­
timo del alma. Nosotros no la liemos preparado ge­
neralmente por ninguna acción, por ningún esfuerzo;
nos sorprende de improviso, la voluntad se siente
atraída, subyugada, arrastrada, aun antes que la rnzon
hayu pudido rellc.wouur sobre el acontecimiento que
determina sil repentina metamórfosis. Esla opcracion
es pues puramente gratuita; va delante de nuestros
mcrilos, previene nuestros deseos y esperanzas. . . .
....................................... ¿Que nombre daremos pues
ú este poder desconocido, que produce cu el homl:re
semejantes cambios? ¿L e llamaremos el acaso? Pero
el acuso es una palabra vacia de sentido, detrás de
la cual se parapeta la ignorancia ó la impiedad. >'o
temamos tomar de la teología ese nombre de gracia,
qui> expresa lo que hay de preveniente y gratuito
en la acción tntolar ú que está espuesta el alma, y
digamos con santo Tomás y con el Cristianismo, que
para cumplir sus fines aun terrestres, el hombro en su
condiciou actual, no puede pasar sin la gracia divina. »
CAPÍTULO NOVENO.

Di3i_".:.cn esencial y primitiva entre la voluntad y


las paiicaes.

Aquí se hace preciso señalar una equivocación tan


grave como trascendental, en que incurrió este mismo
Mr. Jourdain, tocante á la teoría de santo Tomás sobre
la voluutad, y su distinción de las pasiones.
•• El punto capital de la teoría tomista sobre la vo ­
luntad, dice este escritor, (1) es, según hemos visto,
la confusion de la actividad voluntaria y del deseo.
Santo Tomás tenia un sentimiento muy vivo de la l i ­
bertad del hombre, y sin embargo, cuando se interroga
á si mismo sobre la naturaleza de nuestras potencias

(i) at<¡. Cap. e.«


428 c a p ítu lo no v e r o .

activus, lus liuce coasistir cu la sola facultad üc ornar.


Cuando el alma se dirige ú los objetos iiatiirules y es
guiada por lu sensucion, se ll»ina upetito; si es diri­
gida por la razón, el amor se trasforma y llega ¿ ser
voluntad; lu cual es uu apetito racioual, es decir, ucom-
pailado de conocimiento.»
Para que se comprenda mejor el error de Mr. Jo-
urduin sobre esto punto, debe tenerse presente que
paru este escritor, el daco equivule á las facultades
afectivas du lu seusibilidud y es sinónimo de pasión.
Asi se desproude con toda cluridud del contexto de mu­
chos pusages de su obra, cutre los cuales bastará citar
el siguiente, en el cuul después de haber presentado
eu resumen lu doctriuu de santo Tomás sobre lus pa­
siones, aflade: ( I )
- El uniliuis de las pasiones nos conduce ul estudio
de la voluutad. Para santo Tomás, la voluntad es una
de las formas del apetito, es el apetito ilustrado por
lu iuteligenciii, ó según sus propias expresiones, el
apetito rucionul. El santo Doctor no admite pues una
difcicnciu de uuturaleza, cutre la facultad que desea y
1« que quiere, sino que refiere la uua y la otra á uu
misino priucipiu.»
l^lu misino es lo que se desprende cou mayor e v i-
dcnciu uuu, si cube, de las palabras que aflade des­
pués del primer pusage.
• Que el amor, dice, (2) anima y vivifica la voluntad,
¿quien puede negarlo? Empero, bajo lu ardiente ins­
piración que impele al hombre hacia el bien y la fe-

(1) JMd Llb. 1.” Beoo. 3.a Cap. 4.°


(3) IUd. Llb. 3." Cap. 6.*
DISTINCION ESENCIAL Y PRIMITIVA ETC. 429

licidad, ¿no se oculta otra facultad, actividad, fuerza,


eucrgia, ú como se la quiera Llamar? Facultad que
uuas vecc.s combate y otras cede al deseo, y que por
consiguiente no se constituye por el deseo ó apetito;
facultad que tiene sus momentos de desfallecimiento
y sus dias de victoria, pero que vencedora ó vencida,
es ij se siente distinta de la pasión que la solicita g p er­
sigue...................................................................................
. . . . Xos será permitido ver con sentimiento, que el
sauto Doctor, demasiado fiel ú las lecciones de A ristó­
teles, no haya percibido ó puesto en claro la demarcación
profunda que separa ¡os fenómenos de la sensibilidad y
lo* de la voluntad.-
Sin duda que & ser cierto lo que supouc Mr. Jonr-
dain, sería muy justo su sentimiento: sin duda que
sería sensible y muy estraQo ademas, que sunto Toinús
no hubiera señalado la linca de demarcación que se­
para los fenómenos de la sensibilidad y especialmente
el deseo-pasion, de lu fuerza y actividad voluntaria;
porque esto equivaldría en último resultado á ensefiar
la doctriuu de Goudilluc sobre lu trasformacion de lu
necesidad en voluutad y deseo. Pero, ¿es cierto que
santo Tomás no haya separado, no solamente el deseo,
sinónimo de pasión para Mr. Jourdain, sino cu general
todos los fenómenos de lu sensibilidad, de la volun­
tad? ¿Es cierto que sauto Tomás lia identificado ó
coufundido, como supone este escritor, la voluntad
con las pasiones? Veámoslo.
Recuérdese ante todo, lo que hemos consignado tun­
tas veces en la psicología y especialmente al hablar de
la frenología moderna y de su oposicion radical con
la psicología de santo Tomás. A lli hemos visto por una
Í3 0 C A PÍTU LO NOVEIVO.

parte, que para santo Tomás, las facultades (k-1 orden


puramente intelectual, son dos solamente, el entendi­
miento y la \oluntad. Hemos visto por otro lado, que
una de las afirmaciones mas fundamentales y mas ter-
minautemente expresadas en la psicología é ideología
del mismo, es la independencia de las facultades ó
potencias del orden puramente intelectual, de todo ór­
gano corpóreo ó material, en contrnposicion A las faculta­
des ó potencias del orden sensible, que todas dependen
\ so ejercen mediante órgano.-; determinados del cuerpo,
lista doctrina, constante, universal, terminante, y cien
voces consigunda en los escritos del santo Doctor, lleva
nccesariumcntc consigo y establece en los principios
del mismo, una diferencia esencial y primitiva, una
separación profuuda, absoluta é insalvable, entre la
voluntad, como potencia que es del órden intelectual,
y las pasiones, que pertenecen al órdea de la sensi­
bilidad. Véase pues si anduvo muy acertado Mr. Jour-
<luin al atribuir ó santo Tomás semejante afirmación.
Aunque pudiéramos limitarnos á esta observación
general, mas que suficiente para ronococer la incon­
cebible equivocación de este escritor, indicaremos la
doctrina de santo Tomás relativamente ¿ la distinción
real de lu voluntad y de las pasiones, á la independen­
cia y superioridad de aquella sobre estas, y á la d ife ­
rente naturaleza y condiciones de los actos de la vo ­
luntad y de los de las pasiones: á fin de que el lector
pueda juzgar por sí mismo en esta materia, apoyaremos
estas indicaciones sobre alguuos de los inumerables
textos cu que el santo Doctor revela su 'pensamiento
Kobrc los estrenuos indicados.
Sabido es, y Mr. Jourdain lo reconoce expresamente
DISTINCION ESENCIAL Y PH1MITIVA ETC. 431

al tratar de las pasiones, que para santo lom as, las


pasiones son las facultades ó manifestaciones del ape­
tito sensitivo: asi es que divid e este apetito sensitivo,
en apetito concupiscible que contiene seis de dichas
pasiones, y apetito irascible que contiene ciuco. P or
consiguiente, en la terminología de santo Tomás, apetito
sensitivo equivale d pasiones ó facultades afectivas in­
feriores, es dccir, de la sensibilidad. Sabido es tam­
bién, que para designar la voluntad, ol santo Doctor
lisa indiferentemente lo s nombres de apetito racional
i) intelectual, y de voluntad.
Ahora bien: en la Suma Teológica, se propone la
cuestión, si el apetito sensitivo y el intelectivo, son
diferentes potencias, y contenta diciendo: ( I ) "Os nece­
sario dccir que el u¡x>tito intelectual, es potencia d i­
versa del apetito sen sitivo.» En conformidad ¡i esta
afirmación, comienza ya ú seílalar ulli uua de las princi­
pales diferencias que separan las pasiones de la vo ­
luntad; pues mientras aquellas solo se refieren ú ob­
jetos sensibles y materiales, la voluntad esliendo su
poder y su acción, á objetos ó bienes puramente inma­
teriales y puestos fuera del alcance de las facultado*
sensitivas: P e r appctitwn in te lle c tin n ». appehm /joxsh-
nius immaterialia bntitt, (¡tur srmu* non apprelien'! it , \ici<¿
seientiam, virtutes, ct alia hvjusmodi. (2)
« L a voluntad, añade en otra porte, (3) es facultad
distinta del apetito sensitivo................................... La
naturaleza sensible, como mas aproximada ú Dios que
las naturalezas inseusibles, tiene en si misma algo

(1 ) 1.a P . Cueat. 80. A r t . a.*


(3 ) Ibid. ad a.n
(3 ) Quaiti. Ditpa. Dt Píril. Ouest. 39. A rt. 4.*
432 CAPÍTL’ LO NOVEJÍO.

que la inclina á alguna cosa determinada, A saber,


ol objeto percibido por los sentidos como apetecible:
sin embargo, esta inclinación no está sujeta A la potes­
tad del animal, sino que le es determinada por otro
agente superior; porque el animal, á la vista del objeto
deleitable, no puede dejar de desearlo, no teniendo los
animales el dominio de su inclinación................ y esto
porque las facultades afectivas sensibles, se ejercen
con dependencia de órganos corporales; ruzon por la
cual se hallan mas próximas y sujetas ú las disposicio­
nes de la materia y de las cosas corporales: de manera
que mas bien debe decirse que son movidos, que no
e l que se mueven á si mismos. Empero la naturaleza
racional, que se halla mas próxima á Dios que la
inanimada y sensible, no solo tiene inclinación á al­
guna cosa, como la primera, y no solo obra por esta
inclinación como determinada por otro, como la segun­
da, sino que anudo sobre todo lo dicho, el dominio
sobre su inclinación; de Buerte que no se halla ne­
cesitada ó ol>r«r respecto del objeto apetecible, sino
que puede inclinarse ó no inclinarse y se determina
á ni misma. Esta superioridad sobre el apetito sen*
sible, le conviene en cuanto no usa ni necesita de ó r­
gano corporal................................... Resulto pues, que
el apetito racional que se llama voluntad, es una fa­
cultad diferente del apetito sensible.»
IVos parece que este pasage no necesita comentarios,
y que de i'l se desprende con toda claridad, uo solo
que la voluntad es una fuerza ó facultad enteramente
distinta y superior al apetito sensitivo en el cual re ­
siden las pasiones, sino que entre estas dos fuculta­
des, existe In diferencia primitiva, esencial, absoluta-
434 c a p ít u l o n o v e s o .

vni haben inclinationem determínala)* ab alio: qux dúo


e ciifunt potentiam non untus modi. Utide quasi ex conse-
ifiifinli accipitur distincfio appetitivarum virium, penes dis-
lindionem aprehensitarum, et non principa!itcr.
lio virtud de esta distinción y superioridad de In vo­
luntad sobre las fucultades ufectivas de la sensibilidad,
puede contrariarlas, vencerlas y dominarlas, lo cual
constituye una prueba mas de la equivocación en que
incurrió ol escritor citado; pues mal podría verifi­
carse esto, si las pasiones y la voluntad 110 fueran fa­
cultades y fuerzas üistiiilus. « K11 la potestad de la
voluntad cslú, dice vi santo Doctor, ( I ) consentir ó no
consentir cu las cosas ú que inclina la pasión.» •<Es
evidente y consta por la cspcricncia, que semejantes
ocasiones, (en tre las cuales haliia enumerado poco
antes las pasiones) yo sean citeriores, ya interiores,
no son causa necesaria de la elección de la voluntad,
puesto que el hombre pnr medio de la razón, puede
resistirlas ó seguirlas.» [ i )
«T od a vez que la voluntad, añade en otra parte, {•'!)
110 está sujeta ú las pasiones de manera que se liallc
necesitada á seguir su impulso, sino que antes bien
tiene cu su potestad el reprimirlas por medio de lu
razón,* ctc. ¿Puede ensenarse de una manera mas
cluru y terminante, que la 'voluntad es una fuerza
independiente y superior ú la pasión? ¿Puede du­
darse, en vista de estos pasages, que para santo
Tom&s, la voluntad es y se siente distinta de la pa­
sión que la solicita y persigue, afirmación que .Mr.

( 1 ] Sun. Thtol 1.* 2.» OuMt. 77. ¿Tt. 3/ ad 8.m


(a ) Jmn. eont. fi«M . laiD. 3.* C ip. 85.
(9J Oputo. 3.a Oap. 128.
DTSTIKCIO:* ESENCIAL Y PIÜMITIVA ETC. í.'lü

Jourdain supone contraria á la teoría de santo T o­


más? Pero no es cstrailo que incurriera en sciucjnutc
error, cuando le yernos suponer que santo Tomás
hace consistir la voluntad en la sola facultad de anuir,
y que este amor se llama apetito, es decir, pasión,
si es guiado por la sensación, y se trasforma en eo-
! untad, si es ilustrada por la razón.
¿En que so fuoda esto escritor, pura suponer tanihicii
que para santo Tomás, la voluntad es solo una simple
inspiración que impulsa al hombre a l bien y la filicidttd,
y uü uua fuculüid que pueda llamarse actividad,
fuerza, energía? Tuu lejos está santo Tomás ilc ense­
nar esto, que por el contrario nada sería mas con­
forme á su teoría sobre la voluntad, que el apelli­
darla, actividad, energía, fuerza activa; puesto que
ademas del poder de contrariar y combatir los m ovi-
micutos de las pasiones, tiene el poder y la energía
ucccsaria para escitarlos y producirlos cuando no
existen; y lo que es mas, para impulsar ú obrar y
determinar las acciones de las de mas potencias ó fa­
cultades que existen en el hombre, sin excluir el
entendimiento.
E x volúntate passio excitatur, secundum (¡uort uiotus
superioris apetitus redundat in inferiorem. (1) Tiene
también el poder de moverse y determinarse á si
misma, disponiendo libremente de sus uctos: Sumus
domini nostrorum actuum, secundum quod possumus hoc
vel illu d eligere. ( 2 ) Liberum arbitrium indifferenter se
hahet ad bene eligendum vel malé: (3) para mover y

(1) Quaiti. Ditpm. Dt Vtrti. Cueit. SO. A rt. 6.*


(2 ) Sun. Thtol. 1.* F. QMt. 88. Art. l.° ad 8.">
(3) ¡bitI. Cuast. 63. A rk 9.*
4;)G CAPÍTULO NOVF.XO.

poner cu uccion y ejercicio á todas las «lemas facul­


tades del hombre, incluso c) culjudiiniento, como dejo
indicado: ( I ) Voluntas m oret seipsam, et cuines alias
potentia-;: 1nteUi<j-> rnihi >jvia r o lo ; ct sim iliter utor óm ­
nibus p olen ta s et habitibus, quia voiu.
Si quisiciumoi uliora investigar el origen del error
y lumeiilublcs equivocaciones de Mr. Jourduin, ko
no.» sería difícil encontrarle en el estudio y análisis
incompleto de lu doctrina de santo Tomás relativa
ít esta inateriu. Mr. Jourduin \iü que el sonto Doc­
tor ul desenvolver su teoría sobre las pasiones, rcco-
nociu como actos y uianilcstácioiies de estux, el amor,
lu esperanzo, l.i tristeza, el íjozo y otros netos seme­
jantes, ru ja existencia en lu voluntad nos revela la
razón de acucrJo con la cspcricnciu interna; y de
aqui pasó ú deducir, que pura santo Tomás, lu voluutud
y las pasiones eran una misma potencia ó facultad
uctivu, y que ú lo mus, solo se difcrciK-ial:uu occiden­
tal mente, segiiu que los uctos del orden afectivo esta­
ban acompañados de percepciones sensitivas, ó de per­
cepciones intelectuales.
Acaso contribuyó también á afirmarle en este error,
el haber visto que santo Tomás presenta frecuen­
temente el uinor como la condicion general y el
fundamento de los actos de lu \oluntad, lo mismo
que del apetito sensitivo. Pero si este escritor hu­
biera consultado con mas detenimiento las difereutes
obrus del misino; si hubiera comparado y analizado
mejor los diferentes pasages que se rclicrcn á esta
ínutcri»; si hubiera profundizado su (tensumicuto;

(1 ) Q vm lt. IH ijw . De Míalo C u e at. 1. A r t. u .


DISTINCION ESENCIAL Y PRI M1TIVA ETC. 4.17

habría visto, 411c este pensamiento no era el limitar


lu voluntad A la simple facultad de amur, ni mucho
meuos el confundir ó identificar el amor y demas
actos de la voluntad, con el amor perteneciente al ape­
tito sensitivo y las pasiones, y si únicamente el consig­
nar una doctrina tan verdadera como lilosóüca, á sa­
ber, que el amor ó inclinación al bien, es la forma o ri­
ginaria y primitiva, bnjo la cual se revelan las facultades
afectivas, es como la razón sulicientc de los demos netos
de estas facultudes, es la primera manifestación de
la voluntad y del apetito sensitivo. •Aunque perte­
necen á la voluntud muchos actos, dice el santo Doctor,
( I ) como desear, gozarse, aborrecer y otros, puedo
decirse sin embargo, que el amar es el único princi­
pio y como la raíz general de todos ellos................
asi pues, toda inclinación ó manifestación de la vo­
luntad y también del apetito .sensitivo, trac su o ri­
gen del amor; pues por lo mismo que amamos una
cosa, la deseamos si no lu tenemos, nos gozamos eu
ella cuando la poseemos, nos entristecemos cuando al­
gún obstáculo nos impide su posesion, aborrecemos y
nos enojamos contra los que nos impiden estu pose­
sion.»
Toduvia es menos cscusublc lu otra equivocación en
que incurrió al parecer nuestro escritor, seguu queda
indicado, y que diú ocasiou á su error principal so­
bre la teoría de santo Tomás, atribuyéndolo la confusion
ó identificación de la voluntad con las pasiones. Es cierto
que el santo Doctor reconoce el amor, el odio, el gozo,
la esperanza etc. como manifestaciones del apetito sen­

(1 ) Sum. eont. G«nt. L lb . 4.a Cap. 10.


438 CAPÍTL'T.O N 0 Y E \ 0 .

sitivo y como pertenecientes ú las pasiones; pero no lo


c.s menos, que tuvo buen cuidado de distinguir y sepa­
rar estos actos como efectos y manifestaciones de las pa­
siones, y uquellos actos de la voluntad que apellidamos
con los mismos nombres, pero que proceden y perte­
necen esclusivomentc á la misma. Si damos los mismos
nombres á muchos actos de lus pasiones que ú los que
pertenecen ú la voluntad, es porque lu penuria del
leuguüge uos obliga ú trasladar á los actos propios
de la voluntad los nombres con que significamos los
movimientos de las pasiones; pero esta conveniencia
de nombres, basada sobre algunas semejunzas y ana­
logías inas ú menos exuctus, no se esliendo á la cosa
significada por ellos; y los actos de la voluntad, siem­
pre quedan separados de las manifestaciones ó m ovi­
mientos de las pasiones por diferencias primitivas d
insalvables.
Aunque las observaciones emitidas cu el presente
capitulo, bastan para convencerse de que esle es el
verdadero pensamiento de santo Tomás sobre el par­
ticular, citaremos no obstante en corroborociou de esto,
algunos de los infinitos pasagesen que revela terminan­
temente su pensamiento sobre este punto: [ I ) «L o s nom­
bres de las operaciones del apetito sensitivo, se trasla­
dan á las operaciones de la parte intelectual; pero en la
parte sensitiva existen del modo que compete & la pa­
sión material; mas en la parte intelectual, existen como
actos simples con independencia de la materia. De
aqui es también, que algunos nombres corresponden
solo al apetito intelectual con esclusion del sensitivo,

(1 ) Stmt. Llb. ».* DláU 96 Cu#at. 1.* A rt. B.*


DISTINCION ESE.VCIAL Y PIUMITIVA ETC- 439

como querer, elegir y otros. La esperanza pues, en la


parte sensitiva, significa una pasión material; pero en
la parte intelectual, importa una operacion si di pie de
la voluntad, por medio de la cual tiende de uu modo
inmaterial á algún objeto de difícil asecucion.»
«E l apelito superior (i la voluntad, tiene algunos ac­
tos semejantes ú los del apetito inferior, pero libres
de toda pasión. Por eso es que las operaciones de
la voluntad, son denominadas algunas Teces con los
nombres de las pasiones; como la voluntad de la ven­
ganza, so dico ira, y el descanso de la voluntad en al­
gún bien apetecible, se llanta amor: y por esta razón la
misma voluntad que produce estos actos, es llamada al­
guna vez irascible y concupiscible; pero esto es en sen­
tido Impropio y como por cierta analogía, pero de
ningnna manera en el sentido de que existan en la
voluntad las fuerzas ó facultades que se llaman ape­
tito irascible y concupiscible.* (I ) -El gozo y el te­
m or que son pasiones, no permanecen en el olma se­
parada, puesto que no existen sin trasmutación cor­
poral; pero sí permanecen los actos de la voluntad
análogos & estas pasiones. (2)
■El amor, aflade cii otra parto, (3) la concupiscen­
cia y otros nombres semejantes, se toman en dos
sentidos: unas vcccs, en cuanto son pasiones, ó seu
en cuanto son actos que proceden del alma con ciertu
impresión ó mntaciou sensible del sujeto, y esta es su
accepcion mas comuu: y en este sentido, perteuecen al
apetito sensitivo solamente. Otras veces, estos nombres

(1 ) Quatl. H it)». D i Per. Cuesta 28. A rt. 3.°


(9) Ibid. id 7 ."
(3 ) Sutil, Thtol. 1.a F. Coeat. 83. A rt» 5 »d 1 .»
4 rlO CAPÍTU LO -NO\ j:.\o.

significan una afección ó acto simple, sin pasión ni con­


citación alguna del ánimo; v cu esto sentido, son
uctos de la voluntad y se atribuyen también á los
ángeles y á Dios. Tomados en este segundo sentido,
no pertenecen « facultados di tersas, sino ñ una sola,
que es 1> voluntad.--
Ya dejo indicado, que lu doctrina esta!.lucida al
tratar de la frenología, es nins rjuj sulkiente pura rc-
(’uiiuecr lo gru>e de la equivocación en que incurrió Mr.
Jourduin, al atribuir á santo Tomás la confusión de La
noluntad con las pasiones. Fácil seria acumular textos
numerosos, ademas de los citados, en que el sonto
Doctor ensefla terminantemente lo contrario. Unas
veces afirma que la operacion de la volnntud se es­
tiende al universal, lo cual, en su teoriu, equi\;ile ó
decir que es una facultad del orden puramente into-
leotuat: otnnium enim eorum f¡u:r inlellirjimus, possiimus
habnre voluatalein; ntlimus enim i a nni certa! ¡ latronwn
<jcnvs, irascimur autem purh'cularitu» tan/um. (1] Otras;
establece que l¿i voluntad es potencia independiente
de todo órgano corpóreo, lo cual, según su teoría, es
otro de los caracteres distintivos de las facultades pu­
ramente intelectuales; v que el apetito sensitivo, al cual
pertenecen las pasiones, depende del cuerpo en el
ejercicio de sus funciones: voluntas autem ( i ) non po­
test esse actus alicujus partís corporis: actus irascibílis et
coneupiscibilis, cum possione sunt, non autem actus r o -
luntatis, set! cuín rleetinne: que la voluntad existo en la
parte intelectiva del hombre y no es inclinación cor-

(1) Sum. can. 6 mi. Lib. 8.° Oap. 00.


(») JMcf.
DISTINCION ESENCIAL Y PRIM ITIVA ETC. 44 I

respondiente á potencia alguno que sea acto del cuer­


po, os decir, que pertenezca A lu sensibilidad; al paso
que el apetito irascible y concupiscible que constituyen
las pasiones, reside en lu parte sensitiva: nee conseguí
p 'jtest (voluntas) aliquam pofentiam quoc sit actus n l ¡ -
ru ju t partís eorporis. íf/ilu r voluntas in in le llc ctiva parte
rst; ¡ra.'cibilis autem et eoneupiscibilis , in p a rte sensitiva.
Parece ciertamente incrcible que un hombre que,
según se desprende de sus escritos, habia manejado
bastante las obras de sunto Tomás; que supo com­
prender y apreciar la elevación ó importancia de la
filosofía del mismo, y que, con rarus excepciones, al­
canzó á colocarse á la altura del pensamiento filosó­
fico del santo Doctor, haya incurrido en equivoca­
ciones tan graves y trascendentales en órden & su
teoría sobre la voluntad, como las que acabamos do
señalar y combatir. Eu todo caso, creemos que los re­
flexiones espuestss, apoyada» en textos terminantes del
santo Doctor, son mas que suficientes para que se re­
conozca lo infundado é inexacto de las apreciaciones do
Mr. Jourdain sobre este punto, y para justificar la
necesidad en qne nos hemos hallado, de colocar y
presentar la teoría de santo Tomás sobre la voluntad,
bajo s ii verdadero punto de vista.
CAPÍTULO DIEZ.

P o lilla . Deslino social del hombre: Necesidad del


poder p jilic o .

En conformidad á lo que ul principio de este libro


dejamos consignado, solo vamos é presentar algunas
ligeras indicaciones sobre algunos pantos de la po­
lítica de santo Tomás, indicaciones que podrán servir
de guia é los que quieran peuetrar en e l estudio de
sus grandes y profundas teorías sociales.
La observación de las condiciones y lieclio* que
rodean la vida del hombre, las necesidades de su
naturaleza y su comparación con la naturaleza y ne­
cesidades de los animales, conducen 4 santo Tomás á
establecer j determinar el destino social de la hu­
manidad.
DESTINO SOCIAL DEL HOMDRE: ETC. 443

- Es inherente ó la naturaleza del hombre, ( I ) ser so­


cial y destinado á ser regido por leyes sociales; de
manera que le es mucho mas natural y necesario
v iv ir en compaflia de otros, que á los demás animales:
la condicion misma de sus necesidades naturales in­
dica esto claramente. En efecto; respecto de los demás
anímalos, vemos que la naturaleza misma proveyó
suficientemente A su nutrición y vestido, suminis­
trándoles al propio tiempo los medios necesarios pura
defenderse de sus enemigos, concediéndoles al efecto,
que pudieran servirse, ya de dientes, ya de garras,
y a de astas, ya cuando menos de agilidad y astucia
para huir. El hombre por el contrario, naco siu nin­
guno de estos medios preparados por la nuturaleza;
pero en cambio recibió la razón, mediante la cuul y
con el auxilio de las nimios, puede proporcionarse
toda clase de recursos. Empero esto, no por si solo;
pues es evidente que un hombre por si solo no po­
dría proveer convenientemente á tudus las necesida­
des de su vida. Luego es naturul y necesario que el
hombre viva en sociedad.
Por otra parte, el conocimiento natural para distin­
guir lo útil de lo nocivo, es mas eficaz y seguro en
los demas animales que en el hombre: asi vemos que
la oveja, por ejemplo, conoce nataralmcnte que el
lobo es euemigo suyo, y vemos también que muchos
animales conocen por instinto las plantas que les
sirven de medicina, asi como otras cosas necesa­
rias para la vida. Empero el hombre, solo posée un
conocimiento general y como virtual de las cosas

(l) Oputo. <b JÍíffim. Prine. C»p. X.*


444 CAPITULO DIEZ,

necesarias para lu vida, en cuanto quo por medio de la


razón y de los principios universales de la misma,
puede llegar ¿ conocer sucesivamente todas sus ne­
cesidades y los medios convenientes para satisfacer­
los. Pero no ea posible que un hombre solo consiga
todo c.ito; y por lo mismo es necesario que viva en
sociedad con oíros, para que se auxilien recipróca­
me ule, dedicándose cada cual A diferentes descubri­
mientos y artes, y aplicando sus esfuerzos, quien á la
medicina, quien á esto, quien á aquello, para utilidad
común de todos.»
La naturaleza que proveyó & los animales de co­
mida, de vestidos, de armas y medios defensivos: 1»
nuturaluza que les dió el conocimiento instintivo y
naturul de las cosas necesarias para satisfacer las ne­
cesidades todas que reclama su existencia, solo con­
cedió al hombre el gérmen, por decirlo asi, y la
posibilidad de satisfacer sus necesidades, ñ pesar de
que estas en el hombre, son superiores, inns com pli­
cadas y en mayor uúmero que en los animales. La
razón con que el Autor de la naturaleza dotó al hom­
bre, es cierto qao contiene en gérmen y como in
fiari la posibilidad de la satisfacción conveniente de
estas necesidades; pero esta no se encuentra desar­
rollada en su origen, sino que su desarrollo se realiza
sucesivamente y por grados.
Es incontestable ademas, que este desenvolvimiento
de la razón se verifica de una manera muy desigual en
los individuos de la raza humana; puesto que no son
análogas ni idénticas en ellos las condiciones internas
y esternas de este desenvolvimiento. Si A esto se afiade
uhori, la variedad y multiplicidad de necesidades en el
DESTILO SOCIAL DEL HOMBRE: ETC. 445
hombre, se verá coa toda evidencia, que este está des­
tinado ó v iv ir en sociedad, y que este destino so­
cial es como uu efecto, ú lu vez que una condicion
esencial de su naturaleza.
Y nótese también, que santo Tomás sentando la
base y preludiando en cierto modo los graudcs pro­
blemas sobre la palabra, agitados con tanto calor en
estos últimos tiempos, echa mano de la necesidad
y existencia del lenguaje, como uno de los mas po­
derosos y convincentes argumentos para estable­
cer el destino social del hombre sobre la tierra.
•<También se revela esto evidentisimainente, dice, (I )
por lo mismo que es propio del hombre el usar de
lu palabra; por razón de la cual puede un hombre
revelar y expresar perfectamente sus conceptos ú los
otros.»
Lu necesidad y cxislcnciu del poder público, es,
eu la teoría de suuto Tomás, uuu consecuencia nece­
saria del destino social del hombre. !NTo es posible
en efecto, concebir siquiera la existencia de una co­
lección de hombres unidos en sociedad permanente,
sin concebir al propio tiempo uua fuerza, un poder,
una autoridad ó como quiera Humarse, capaz de dar
dirección fija y couvenieute á las diferentes mani­
festaciones de la aclividud individual; un poder que
envuelva la sanción penal inmediata de las leyes que
deben regalar las mutuas relaciones de los miembros de
esta sociedad; un poder, en fin, que sobreponiéndose y
levantándose por encima de las indi>idualidades, pueda
acarrear á estas la mayor suma de bien posible, sin

(I) OU. Cap. i-*


4 *6 CAPÍTULO DIEZ,

permitir el engrandecimiento cscesivo de los unos á es-


|)t*nsas y en perjuicio de los derecho9 de los otros, ha­
cer imposible la violencia del poderoso ó mas afor­
tunado sobre el debil y menesteroso, esluLlccer y
garantizar lus relaciones armónicas que deben exis­
tir entre los diferentes miembros y clases de la so­
ciedad, impedir, por último, que la fuerzu y el ele­
mento individual, pongan obstáculos ú la vida so­
cial del hombre. Quitad ese poder público, y la so­
ciedad se hace imposible; porque e l hombre, aten­
diendo en este caso esclasivameote ú su conveniencia
propia, 110 tendrá mas reglu ni mas objeto que el
Ínteres particular: y de aqui la pugna y oposicion
cutre las individualidades, el derecho de la fuerza y
üiulnieute lu disolución de la sociedad humana.
Y es que, como nota muy oportunamente el mismo
sunto Doctor, una multitud de hombres reunidos, en
que cada cual atendiese á lo que le conviene, sin
ningún poder que hiciera converger estas acciones
hacia el bien común de la sociedad, daria necesaria­
mente por resultado la disolución de esta; porque la
divergencia absoluta cu las acciones individuales, lle­
varía consigo finalmente la dispersión complota de
los individuos, A la mauera que el cuerpo humano se
disuelve y se separan sus elementos, desde el mo­
mento en que fallando el principio vital, falta la fuerza
que establecia y conservaba la conveniente Eubordi-
nacion entre los miembros j daba convergencia y uni­
dad ¿ sus acciones: ( I ) M ullís enim existentibus homini-
bus, et vnoquoque id quod est sibi congruvm providente,

(i) lbid.
DESTINO SOCIAL DEL HOMBRE: ETC. 447
multitudo in diversa dispergeretvr, nisi etiam estet a l i -
de to quod ad bonuni mulliludinis perlintt, curam
habens; sicut et corpus kominfs, et cvjuslibet animal ¡x
deflueret, nisi essetaliqua vis regitiva communis in corpore,
qux ad bonum eommune omnium tnembrorum intenderet.
La condicion esencial de todo poder público, es el
cuidado y conservación del bien común de la socie­
dad que administra. Desde el momento en que este
poder convierte sus miras & la utilidad privada de
los gobernantes con menosprecio y en perjuicio de la
utilidad y bien general de los miembros del Estado,
este poder degenera en tiranía; y la tiranía, cual­
quiera que sea la forma de su manifestación, monár­
quica, oligárquica ó democrática, constituye el mayor
mal de la sociedad y es uu régimen ó gobierno esen­
cialmente injusto. • Cuando uua sociedad de hombres
libres es dirigida por el que ejerce el poder, al bien
comuu de la misma, el gobierno será recto y justo,
y cual conviene á hombres libres; pero si el que
ejerce el poder no busca el bien público del Estado,
sino su utilidad privada, su gobierno será un go ­
bierno injusto y perverso................................... Si el
que ejerce este gobierno injusto es uno solo, se llama
tirano...................................... Si por el contrario son
varios los que ejercen este gobierno injusto, s e llama
oligarquía, si esto lo hacen algunos pocos poderosos
que oprimen al pueblo; y demagogia, cuando se ejerce
por muchos del pueblo.- la tiranía en estos dos cusos,
solo se diferencia del primero, eu que es ejercida por
muchos en lugar de uno.» (1)

( í j JMd.
448 CAPÍTULO DIEZ.

Á estas tres formas de tiranía, santo Tomás opone


tres formas de gobierno justo, ó no tiránico; el g o ­
bierno de un Bey, ó sea lu Monarquía, el gobierno de
algunos principales virtuosos, ó sea la Aristocracia, y
e l gobierno de muchos, ó sea la República. La tira­
nía de u d o solo, es la mas peligrosa y la m u s intole­
rable de todas; porque cuando la tiranía es ejercida
por muchos, como sucede en lu oligarquía y dema­
gogia, tiene menos fuerza para obrar el mal A causa
de la misma división personal, y de los intereses
parciales encontrados que lleva consigo: Pegimtn ig i-
iu r tyranni, est injvstissimum................ Quod si in in -
justitiam declinat reginen, expedit magis vt sit m vlto-
rum, ut sit debilivs, et se in virevi i mpediant. Inter in ­
justa igitur regimina, tolerabilius est drmocratia, pessi-
mutn t ero tyrannis.
Si necesario fuera, sería muy fácil el manifestar
que todos los grandes y verdaderos discípulos de
santo Tomás, abundaron en sus ideas en órden á
esta materia. Lcusc, por ejemplo, la obra de Egidio
Romano titulada De regimine principis; y se verá á este
notable escritor, en6eflor y desenvolver la misma teo­
ría política que el santo Doctor, cuya escuela no ha­
bía frecuentado en vano. Para convencerse de que
el antiguo arzobispo de Bourgcs, participaba del
mismo sentimiento de reprobación contra la tiranía
que santo Tomás, basta recordar que dedica uno
de los capítulos de la citada obra á demostrar, que
<•la tipaula es el peor de los mandos ó- gobiernos; y
que los reyes y príncipes, deben evitar con todo cui­
dado que su gobierno degenere en tiranía-.- Quod
tyrannis, est pessimv» principa tus, et quod suoimé debent
DESTINO SOCIAL DEL HOMBRE: ETC. 41!)

cavere reges et principes ne eorum dominiun in tyran-


nidem convertatur. (1)
IXada mas enérgico que e l horrible cuadro que el
.santo Doctor traza de los males que el poder tiránico
acarrea á la sociedad. Su alma generosa tenia un
sentimiento tan vivo de estos males, que su pluma
tan reposada, tan grave, tan modesta y sencilla de
ordinario, se hacc enérgica, animada ó impetuosa, en
presencia de la tiranta y al trazar la pintura de las
grandes injusticias, de los mnlns !\ iniquidades de todo
género que la acompañan, escuchemos sus palabras:
« Por lo mismo que el tirano (2) busca su bien pri­
vado, menospreciando el bien común, es consiguiente
e l que sus procederes respecto de sus súbditos sean
inicuos ú injustos, según que se halla dominado por
diferentes pasiones. Llevado de la pasión de la ava­
ricia, roba los bienes de sus súbditos: dominado por
la ira, derrama por livianos motivos y hasta sin causa
alguna, la sangre del hombre....................pues no por
amor á la justicia castiga coa la pena de muerte, sino
por el desenfreno de la fuerza y á impulso do la arbi­
trariedad de su voluntad. De aqui es que, menospre­
ciado todo derecho, no hay seguridad alguna; todo es
inccrtidumbrc; nada hay estable; como que todo de­
pende de la voluntad, por no dccir desenfreno, de un
hombre solo.
N i se ostiende solo á los bienes corporales la tiranía,
sino que pone obstáculos también al bien espiritual de
los súbditos; porque los que tienen mas deseo de man-

(1) Dé TBfim. Pritu. Cap. 7.°


(a) Ibid. Cap. 8,*
57
450 CAPÍTULO DIEZ,

dar y dominar que de procurar el bien común, impideu


todo adelantamiento en los súbditos, sospechando que
toda superioridad por parte de sus súbditos se con ver­
tirá en perjuicio propio, y que pone en peligro su do­
minación inicua; pues ¿ los tiranos siempre son mas
sospechosos los buenos que los malos, y siempre la
virtud agena les infunde espanto. Por eso es que pro­
curan que sns súbditos no sean virtuosos, para que no
conciban pensamientos elevados y magnánimos, en
virtud de los cuales no quieran sufrir su perversa do­
minación: procuran también que no hnya concordia
catre los súbditos y que uo gozcn los beneficios de la
paz, para que de esta manera, desconfiando unos de
otros los vasallos, no intenten cosa alguna contra su
poder. Por esta causa también, siembran discordias
entre I03 súbditos, las foniciilun despues de sembradas
y prohíben lo que se ordena al comercio social y
unión mutua de los hombres, como los casamientos,
los convites y otras reuniones semejantes, por medio
de las cuales se engeudra la amistad y confianza entre
los hombros.
Procuran también que no so hagan poderosos ni
ricos; porque suspicaces, según la malicia de la con­
ciencia, temen que asi como ellos usan del poder y
las riquezas para inferir daflo, asi el poder y las ri­
quezas seau nocivas para ellos, si se encuentran en
manos de los súbditos. Por esto se dice en e l libro de
Job, hablando del tirano: Resuena siempre en sus oidos
el sonido del terror, y á pesar de la paz, .él sospecha
siempre asechanzas.
De aqui resulta ademas, que bajo el gobierno de
un tirano lia j muy pocos hombres virtuosos; porque
DESTINO SOCIAL DEL HOMBBE: ETC. 'ÍD l

los gobernantes, que deberían inducir á los súbditos á


la virtud, tienen una envidia inicua de esta misma vir­
tud y la impiden con todo su poder.............................
Los hombres educados y sometidos bajo e l dominio
tiránico, degeneran naturalmente en hombres de
ánimo envilecido; so. vuelven pusilánimes y cobardes
para las obras grandes, ó incapaces de acometer no­
bles empresas; cosa que la espericncia misma nos re­
vela en las provincias oprimidas largo tiempo por la
tiranía....................................¡Ni son de maravillar tan
grandes males de la tiranía; porque d hombre que
cjcrce el poder sin seguir el dictamen de la razón y
guiado solamente de los instintos perversos de su alma,
en nada se diferencia de una fiera; por lo cual dicc Sulo-
mon: Leo rugiens, et ursus eturíens, Princeps impiui svper
populum pavperem. Por eso es que los hombres se es­
conden de los tiranos, como de bestias crueles, y el
sujetarse á nn tirano, parece lo mismo que sujetarse
á un animal enfurecido.tX.il')
CAPÍTULO ONCE.

Resistencia al poder.

A l escuchar al santo Doctor hacer la dolorosa


cuanto verdadera y exacta enumeración de las injusti­
cias 6 iniquidades que lleva consigo la tiranía; al verle
trazar con mano firme, y vigorosa expresión, el horri­
ble cuadro de los males del gobierno tiránico, cual­
quiera le creería dispuesto 1 proclamar en seguida el
derecho de insurrercion contra la autoridad pública y
coutra el poder civil. A s ilo han comprendido y tal es
la consecuencia que lian pretendido deducir, algunos
do los partidarios de la doctrina elel regicidio y tiranici­
dio. Si semejante imputación que solo puede ser hija de
la mala fé y del afan de escudar los errores del orgullo
RESISTENCIA A L PODER. 453

con nombres respetados cu la Iglosia, no hubiera sido


combatida y disipada cien vcccs por escritores los mas
insigues, y entre ellos, por nuestro eminente publicista
Balines, bastaría recordar que cuando la Iglesia condenó
las doctrinas de V ic le f sobre el regicidio y tiranicidio,
andaban en manos de todos y se enseflaban en todus las
universidades de la Europa los escritos y doctrina de
santo Tomás, sin que por eso le ocurriera á nadie, que
la condenación del regicidio y tiranicidio hecha en el
concilio de Constanza, se rozara en lo mas mínimo, ni
afectara á la doctiiua del santo Doctor. Con razón dice
e l citado Balmes, que esta sola observación es suficiente
á los ojos de todo hombre juicioso c imparcial, para con­
vencerse de que la doctrina de santo Tomás nada tiene
de couiun y es completamente estrada, no solo á lu
doctrina del regicidio y tiranicidio, sino también al
pretendido derecho de insurrección, que tan frecuente­
mente y bajo tan diferentes formas y pretextos, se pro­
clama y se realiza también en nuestros (lias; doctrina
que bien podría considerarse, como una aplicación in­
completa, ó sea como uaa nueva fase (le la doctrina
del regicidio.
Tan lejos está el santo Doctor de ensenar la teoría del
regicidio y tiranicidio, que aun cuando llegara el caso
estremo de resistencia á la tiranía, enseria que esta
resistencia no pertenece á los particulares, sino ¡í la
autoridad pública-. Videtur autem maijis contra tyran-
norum sxvitiam, non prirata przsvmptione alir/voruw,
sed auctoritatc publica procede iidum. Cierto, que santo
Tomás está muy lejos de enseñar como enseñaba Dos-
suet, que «e s prcciso obedecer d los príncipes como
á la justicia misma, sin lo cual no puede haber órden
454 CAPÍTULO OHCE.

ni término eu los negocios:» pero es porque estaba


persuadido que puede haber casos en que no existe la
obligación de obedecer á los principes; y porque, lejos
de identificar la obediencia á los reyes cou la obediencia
A la justicia misma, creía por el contrario, que estos
príncipes podían imponer mandatos y leyes contrarios
¿ esa misma justicia, en los cunlcs caducaba por con­
siguiente la ruzon y la base de la obediencia. Tam­
poco ensefla el santo Doctor, como ensenaba el obispo
de Neaux, que los reye9 son como Dioses, y participan
en cierto modo de la independencia divina; ni tam­
poco, que «contra su autoridad, no existe otro remedio
que su misma autoridad:» pero es porque su alma
noble y generosa, dominando todo sentimiento de li­
sonja y adulación, pensaba que el abuso del poder y
la tiranía podin llegar á tal estremo, que fuera dable
en algún caso encontrar algún rem edio contra la au­
toridad de un rey, fuera de la autoridad del mismo.
"Y es que el santo Doctor, colocándose ¿ ¡goal dis­
tancia de los dos estreñios; condenando el regicidio al
propio tiempo que la sedición; aborreciendo la tiranía
tanto como la insurrección, no reprueba ni condena la
resistencia al rey, cuando e l abuso del poder degenera
en una tiranía absolutamente intolerable; bajo la con-
dicion ademas de que el que ejerce el poder, haya
sido constituido por el pueblo mismo y no sea posible
recurrir á algún superior que ponga coto á sus des­
manes.
Sin condenar pue» absolutamente y para todos los
casos imaginables la resistencia al poder público, si­
quiera este poder se ejerza por un rey, santo Tomás
e iig e como condiciones indispensables para la licitud
RESISTENCIA A L PODES. 455

de la resistencia: 1.° que la tirania sea escesiva, ha­


ciéndose absolutamente intolerable; porque cuando el
abuso del poder no traspasa ciertos limites, suelen ser
macho mayores los males que acompaflan y se siguen á
la resistencia contra el poder tir&nico, que los'que resul­
tan de la misma tiranía. «Si uo fuese (1) escesiva la tira­
nía, conviene mas tolerarla por algún tiempo, qoe obrar
contra el tirano, espoiiiéndosc á peligros mas grates
que la misma tiranía. Porque si sucede que sean ven ­
cidos los que obian contra el tirano, este irritado se
hace mas sanguinario. Y auu en el caso de ser vencido
e l tirano, resultan uo pocas y gravísimas disensiones en
e l pueblo, ya mientras se trata de espulsar al tirauo, ya
despues de su espulsiou, en li ando la discordia entre
los miembros del Estado, al determinar e l gobierno que
ha de sustituir al tirano.»
Otra condicion para que la resistencia al tirano no
6ca ilícita, es que el pueblo tenga el derecho de pro­
veerse & sí mismo en órden á la autoridad y ejercicio
del poder público; pero si el pueblo ó el gobernante
tienen dependencia de algún otro poder ó autoridad
superior, ¿ este debe acudir el pueblo en demanda
de remedio contra los escesos de la tiranía: Si ad jus
inultitudinis alicujus, pertineat sibi providere de rege,
non injuste ab eotlem rex institutus potest destituí, vel
refrenari ejus poluta*, si potest ate regia abutatur. . . .
....................... S i vero ad ja s alicujus superioris p erti­
neat m vltitudini providere de rege, spectandum est ab eo
remedium contra tyranni nequitiam.
Si la resistencia no puede verificarse bajo estas con­

(1 ) ttU. Lib. 1.a Cap. 6.*


45G CAPÍTULO ONCE,

diciones; si auu dadas estas condiciones, los trastornos


y males que han de resultar de la resistencia, son iuuy
graves y superiores ¿ los que resultan del abuso del
poder; si no queda, cu fia, al pueblo recurso alguno
humano contra la tiranía, entonces el santo Doctor
aconseja el sufrimiento cristiano y la oracion á Dios,
Rey de todos los hombres y naciones, poderoso siem­
pre para librar & un pueblo de su tirano: pero con­
denando enérgicamente en todos los casos el regicidio.
«Opinan algunos, (I ) dice, que si el esccso de la tira­
nía es intolerable, pueden y pertenece á los hombres
valerosos matar al tirano, y esponersc d la muerte por
libertar al pueblo..........................pero esto es contra
la doctrina apostólica.
Sun Pedro nos enseña que debemos estar sujetos, no
solo ú los señores buenos, sino tombicn i los díscolos
....................................Asi es que d pesar de que mu­
chos emperadores romanos perseguían tiránicamente
lu fé de Cristo, y no obstante la grande multitud asi
de nobles como del pueblo convertida d la fé, son
alabados, hasta los hombres armados, que sin resistir,
sufrieron la muerte pacientemente por Cristo, como
kc ve en h legión sagrada de los Tebeos.»
Kcasumicndo pues y coudcnsnndo el pensamiento
del santo Doctor sobre esta materia, podremos decir:
1.' que admite en principio y en tedia general, la
posibilidad de la legitim idad de resistencia al poder
tinmico. 2.° que las condiciones indispensables para
lu legitimidad de esta resistencia son de tpl naturaleza,
que solo rarísima vez y con suma dificultad pueden

(1 ) Ibid.
RESISTENCIA AL PODER. 4í>7

realizarse. 3.° que en todo caso, siempre es ilícito y


contrario á la moral cristiana el regicidio.
Dospuos de leído el pasage tan rsplícito que acabo
de trascribir, tomado precisamente del único lngar
de sus obras en que santo Tomás trata directamento
y ex professo lu cuestión de la tiranta j del regicidio;
dc'Spucs de palabras tan claras, tan terminantes y tun
precisas, increíble parece de todo punto, que linyun
existido hombres con suficiente osadía para atribuir
al santo Doctor la sanguinaria y horrible doctrina del
regicidio y tiranicidio. V sin embargo, esos hombres
han existido en nuestro siglo: y uno de esos hombres
ha sido el Sr. Huerta, en su Dictamen l'incal sobre el
restablecimiento de la Compañía de Jesús en España en
1815, Dictamen qne nunca debiera haber salido de los
arclmo.s del Consejo, siquiera por las falsedades y ca­
lumniosas imputaciones que contiene contra lu Orden
de Predicadores y In doctrina de santo Tomás.
Concretándonos á la cuestión presente, e l Fiscal del
Consejo, siguiendo su método ordinario y acostum­
brado, para vindicar A los Jesuítas de la acusación que
contra ellos lanzaran injustamente los enemigos de lu
Compañía y de la Iglesia, no halló otro medio m ejor que
rccliazur esta ucusacion sobre santo Tomás, afirmando
que este liabia enseñado la doctrina del regicidio y
tiranicidio. En verdad, y sea dicho de paso, que el
Sr. Huerta sobre ser injusto, demostró muy poca habi­
lidad en este punto de la defensa; puesto que si fuera
cierto que la doctrina del tiranicidio pertenecía á la
Compañía de Jesús y era defendida por ella, no se l i ­
braría de lu acusación porque santo Tomás la hubiera
enscíludo también.
53
458 CAPÍTULO OHCE.

Empero prescindiendo por el momento de esta, como


de otras consideraciones, quiero limitarme á pregun­
tar: ¿es cierto que santo Tomás defiende la doctrina
del regicidio? ¿Es cierto lo que con tan imperturbable
seguridad afirma el Fiscal del Supremo Consejo, cuan­
do dice, que •<no es uno solo, son varios los lugares
de sus obras en que sostiene y defiende la doctrina
sanguinaria de lu licitud de la muerte del tirano, tanto
de adquisición como de* administración, sin necesidad
de citar el tratado De Regí mine Principvm, sobre cuya
originalidad y pertcncnciu ul siinto, lia tenido tanto y
tan justamente que decir la critica.»
Lo confieso fruucameulc: siento una invencible re­
pugnancia en refutar tan absurdas afirmaciones, des­
pués de consignada la doctrina del santo Doctor so­
bre este punto con sus mismas palabras. Cierto, que
para desembarazarse de este obstáculo insuperable,
el Sr. Huerta recurre á un espediente de ingeniosa
astucia, insinuando que existen dudas sobre la o rig i­
nalidad y pertenencia de la obra citada; pero es lo
malo para el Sr. Huerta, que las dudas que la critica
abriga justamente sobre esa obra, solo se refieren n los
libros tercero y cuarto, y A una parte del segundo,
lio existiendo duda alguna sobre la originalidad y per­
tenencia del libro primero, que es en donde santo T o ­
más trata esta cuestión y del cual están tomada3 las
palabras arriba citadas. El Sr. Fiscal se mostró aqui
tan profundo conocedor de la crítica relativa ú este
punto, como de la doctrina de santo Tomás, si es que
procedió de buena fé.
Esta sola observación nos dispensaría de entrar en
mas pormenores; porque cuando uu autor ha ma-
RESISTENCIA AL PODER. 4 i)9

.nifostndo de una manera esplícita y terminante su


■nodo de pensar sobre un punto doctrinal de alguna
importaucia, es superfino y lmsta sospechoso de mala
fé, el andar rebuscando textos y palabras sueltas, y
solo es disiinulable esto, cuando se trata en las es-
cuclus de argumentar ó ejercitar el ingenio de alguno.
Sin embargo, ya que el expresado Dictamen Fiscal lia
sido impreso despues y hasta reimpreso é intercalado
en otras obras, no estará por demas hacer algunas
ligeras observaciones sobre los dos principales textos,
011 que el Sr. Huerta pretende apoyar su injusta cuanto
estrafta afirmación.
-Rosta abrir la Suma, dice el Fiscal-teólogo, ( I ) y
le e r en la Secunda Secundx cuestión C9. art. 4.a el prin­
cipio general que establece y abraza ambas especies de
tiranía, y por el cual reconoce lícita y justa la resistencia
á los malos Principes como ú los ladrones, doctrina
que 6olo el olvido y menosprecio en que ha caido,
puede neutralizar las impresiones dol horror que causa
el referirla.»
La mejor contestación que darse puede aqui al Sr.
Huerta, es trascribir literalmente las palabras mismas
de santo Tomás, palabras que nuestro Fiscal tnvo buen
cuidado de desfigurar y truncar. Veamos pues si la
doctrina ensenada allí por e l santo Doctor, es digna
de olvido y menosprecio j capuz de producir esas im ­
presiones de horror, que nos dice el autor del Dictamen
Fiscal.
Despues de haber afirmado y probado en los artí­
culos anteriores: l.° que el reo preguntado jurídica-

(1 ) S le t . olt. vas- 140.


4G0 c a p ít u l o oack.

mente está obligado á decir lu verdad: ‘2.° que 110


puede mentir ni calumniar, uun cuando se halle in o­
cente: 3.° que no puede apelur de una sentencia que
sea notoriamente justa, pregunta por fin eu el cuarto
artículo, «s i es lícito al que es condenado á muertei
defenderse, si puede:- vtrum liceat condemnato ad tnor-
tem, se defendere, si possil; y contesta en los termino*
siguientes: ■•san Pablo eu el capítulo 13. de la epístola
á los Romanos, dice que el que resiste ú la postestad
resiste á la ordenación de Dios, ó incurre en crimcD
que merece eterna condenación: es nsi que el que se
defiende habiendo sido condenado, resiste á la potestad
en aquello mismo por parte de lo cual lia sido ins­
tituida divinamente para castigo de los malhechores y
utilidad de I ds buenos: luego peca defendiéndose.
Sin embargo, esta condenación á la muerte puede
verificarse de dos maneras: puede un hombre ser con­
denado & muerte juntamente, en cuyo caso no le es lícito
e l defenderse-, pero si es condenado ú muerte injus­
tamente, entouccs el juicio por el cual es condenado
es semejante a la violencia que hacen los ladrones,
seguu lo que dice el profeta Ezequiel en el capítulo ‘22:
Los principes de Israel, estuvieron en medio de Jerusalem,
como lobos que arrebatan la presa para derramar sangre.
P o r lo tanto, asi como en semejante caso es lícito re­
sistir á los ladrones, asi también lo es resistir á la
coudeuaciou injusta ú muerte por malos principes; á
no ser para evitar el escándalo, cuando de esta resistencia
hubiere de resultar alguna grate turbación en r l pueblo.*
Hasta aqui santo Tomás cu el artículo citado por
e l Sr. Huerta. ¿V donde está esc principio yencral que
establece y abraza ambas tiruiiíus, de que nos habla el
RESISTENCIA AL PODER . 461

nnevo Fiscal-teólogo? i\i una palabra siquiera sobre


el particular: nada de regicidios ni tiranicidios; nada
de tiranos ni tiranías: trátase solo de un caso parti­
cular; trátase de saber si en algún caso será licito al
reo defenderse y resistir al juez, ruando es condenado
á muerte y esta sentencia es injusta. Prcciso ce que
el Sr. Huerta fuese hombre de penetración muy pro­
funda y de vista muy perspicaz, para encontrar aqui
la teoría del regicidio, y el principio yeneral que esta­
blece ij abraza umbwt Uranias. Por lo que ú mi hace,
confieso ingenuamente que mi vista y penetración no
alcanzan ú tanto. Lo que únicamente encuentro aqui
es: l . u que si uno es condenado injustamente á muerte
por un juez, puede lícitamente resistir ó defenderse con­
tra el, con tal empero que de esta resistencia 110 haya
de resultar turbación ó escándalo en los demás; lo
cual equivale ti decir, que esto solo podrá tener lugar
tratándose de jueces ó autnridiulcs inferiores, y exis­
tiendo al propio tiempo notoriedad ú conocimiento
general y público de la injusticia de la sentencia; pues
es claro que fultando cualquiera de dichas condiciones,
resultaría turbación ó escándalo cu el pueblo, en cuyo
caso no es licito resistir, ti pesar de la injusticia de la
condenación.
Veo en segundo lugar, que solo se hubla del dereclio
de defensa y resistencia, pero 110 de muerte del juez
y mucho menos de regicidio. 3.* Que este derecho
solo se concede al condenado injustamente & muerte,
es decir, á uno solo, y no á todos y cada uno de la
república, como supone la teoría del regicidio y ti­
ranicidio.
Resulta pues de todo lo dicho, no solo que el texto
462 CAPÍTULO ONCE.

alegado nada tiene que ver con la doctrina ni princi­


pio general del regicidio, siuo que el autor del D ic­
tamen da fundamento para sospechar de su buena
fé, truncando el texto y suprimiendo precisamente
aquellas pulukras que hacen variar completamente
el aspecto de la cuestión, y cuya supresión era ne­
cesaria para dar alguna apariencia, siquiera remota y
forzada, á la prueba que intentaba el Fiscal rebuscador
dn textos.
Pasemos ahora & examinar si el segundo texto ale­
gado por el Sr. Huerta tiene el valor que pretende
darle. «Véase cu seguida, dicc, (I ) el libro '2.° Senten-
fiarutn, Diatinc. 104, Gucst. 2.'donde se propone el santo
examinar la do si un Príncipe apóstata de la fé, pierde
por este dclilo la potestad sobre sus vasallos, de
modo que queden obligados i no obedecerle; consi­
dérese en seguida e l argumento que se objeta y la
respuesta con que le satisface, y se hallará que con
respecto al tirano de adquisición, concluye diciendo:
Tune enim qui ad liberationem patria tjrannum occidit,
laudafttr et prrm ium accipit.»
Veamos pues, qué es lo que dicc s«uto Tomás; que
este será, como en el caso anterior, el mejor modo
de venir en conocimiento de los sólidos argumentos
en que se apoya nuestro Fiscal, para atribuir al santo
Doctor, nada menos que la doctrina del regicidio y
tiranicidio.
Por de prouto, nos será difícil evacuar la cita del
nuevo teólogo, porque e l libro 2.° Sententiamm, solo
tiene 44 Dittinctioncs j no 104? pero suponiendo esto

( i ) IM .
RESISTENCIA AL PODER. 463
un error de imprenta y orientándonos por las in di­
caciones del Fiscal y principalmente por el pasage
del argumento, daréraos cou e l articulo 2.° de la cuest.
2.a de la distinc. 44, en donde se propone la cues­
tión: -si los cristianos están obligados á obcdcccr á
las potestades seculares y principalmente á los tira­
nos:» ulrum Christiani irneantur obedire potesta! i bus s x -
cularibus, et waximé tyrannis; lo cual, y sea dicho de
paso, parece algo distinto de la trndaccion, un poco l i ­
bre sin duda, por no decir olra cosa, que se permitió
liaccr el Sr. Huerta al afirmar que santo Tomás se pro­
ponía «examinar, si un Príncipe apóstata de la fé,
pierde por este delito la potestad sobre sus vasallos,
de modo que queden obligados á no obedecerle » P ero
pasando por alto estos testimonios de buena fé, oiga­
mos la respuesta del santo Doctor.
<•La virtud de la obediencia, mira ó atiende en el
cumplimiento del precepto que observa, el deber de
observarlo. Esta obligación ó deber de observar el
precepto, nace del órden mismo de la prclacion ó po­
testad, la cual tiene fuerza de obligar, no solo en el
órdeu temporal sino en el órden espiritual por mo­
tivos de conciencia, como cnseila el Aposto!, por lo
mismo que el órdeu de prelacion potestativa dimana
de Dios, según indica el mismo Apostol. De aqui es,
que en cuanto esta potestad dice relación ó procede
de Dios, los cristianos están obligados á obedecer á
los tales, (los principes seculares) pero n ó e n cnanto
esa potestad no tiene relación con Dios.
Se ha dicho yaantes, que de dos modos puede suce­
der que una prelacion ó mando de alguna potestad,
no proceda de Dios: ó en cuanto al modo de adqui­
4G4 CAPÍTULO OKCE.

rir la potestad; ó en cuanto til modo de usar de ella.


Lo primero puede suceder aun de dos maneras, á
saber: I." por defecto de la persona, ccmo cuando es
indigna del mando: 2." por defecto en cuanto al
modo mismo de adquirir la potestad, como cuando se
adqoierc esta por violcnciu, por simonía ú otra manera
ilícita. El primer defecto, que os la indignidad de la
persona, 110 le quita el derecho del mando............. y
por consiguiente los súbditos están obligudos á obe­
decer a semejantes superiores, aunque sean indignos:
ideo tal ¡bus pr.i latís, quamvis indtgnis, obedire tencntvr
aubditi.
Empero el segundo modo impide el dcreclio de
mando; pues el que arrebata el mando por medio
de violencio, r o es verdadero prelado ó 'superior: y
por lo tanto, si es posible, puédese rechazar seme­
jante dominación, á no ser que despues llegue á ser
legitima, ó por el consentimiento de los súbditos, ó
por autoridad de algún superior.
El abuso del mando ó potestad, puede suceder tam­
bién de dos maneras: 1.° porque el precepto del su­
perior es contrario al (írden mismo y objeto del po­
der, como cuando manda algún acto pecaminoso <4 ilí­
cito .......................en cuyo coso el súbdito, no solo no
está obligado ¿ obedecer, sino que está obligado á no
obedecer, como vemos que lo hicieron los santos már­
tires, padeciendo la muerte, antes que obedecer ¿ los
mandatos impíos de los tiranos. El segundo modo de
abuso del mando 6 potestad, es cuando los súbditos
son obligados á ulguna cosa que esta fuera de la po­
testad legitima del superior, como si este exige tri­
butos que el súbdito no tiene obligación de pagar, ú
RESISTENCIA. AL PODEH. 465
otras cosas análogas; en cuyo caso, e l súbdito no está
obligado en conciencia á obedecer, pero tampoco está
obligado á no obedecer.»
Hé aquí el famoso pasage del cual el Fiscal del Su­
premo Consejo de Castilla, ha visto surgir y levantarse
como espantoso y siniestro vestiglo, la doctrina sangui­
naria de la muerte del tirano, tanto de adquisición como de
administración. Y siu embargo, ¿qué es lo que contiene
este pasage, mas qae la doctrina común y geueral de
la teología católica? ¿Huy aqui otra cosa mas que la
doctrina ensenada por los teólogos católicos acerca de
los deberes de obediencia para con los superiores, sean
seculares ó eclesiásticos? Que esto y no otra cosa es
lo que aqui se contiene, lo reconocerán sin dificultad
cuantos sepan leer, y casi damos gracias ol Sr. Huerta
por habernos dado ocasion de trascribir este pasage,
en que el santo Doctor espone con su acostum­
brada solidez, y con la claridad y concision que le
son característicos, la estension y límites de la obe­
diencia debida por los súbditos, siquiera estos sean
cristianos, A las potestades civiles. La doctrina en él
contenida se puede reasumir en las siguientes aiirma-
cioncs.
1.* Todo súbdito está obligado á obedeocr los pre­
ceptos ó leyes de sus superiores legítimos, no solo
por el temor del castigo, siuo mas ann por conciencia,
es decir, bajo pecado, en conformidad á la doctrina
del Apostol.
2/ La potestad de nn prelado ó superior, puede
no referirse A Dios y ser injusta de dos maneras: ó
porque e l que la ejerce es indigno moralmente de
ella 6 cansa de eos vicios personales; ó por defecto
59
4GC CAPÍTULO ONCE,

de legitim idad, como el prelado que es intruso, ó vi


príncipe que sin d ered io alguno intenta apoderarse
en guerra injusta de una nación.
3.' Cuando lu potestad precipicnte es injusta en el
primer seutido, subsiste lu obligación de obediencia
por parte de los súbditos; porque la indignidad mo­
ral del superior, no es motivo suficiente para cscusai
de la obediencia; pero si es injusta del segando modo,
es decir, si se ha apoderado ó intenta apoderarse del
poder, por medios ilegítim os, ó por la fuerza y la
violencia, entonces no subsiste la obligación de obe­
decerle por parte de los súbditos; y estos tienen el
derecho de resistir ú sus mandatos y ú su autoridad
ilegitim a, repeliendo la fuerza con la fuerza, si fuere
necesario, á no ser que el superior que en un prin­
cipio fue ilegítimo llegue ú hacerse despues legitimo,
ó por consentimiento de la sociedad, si se trata de
uu cstudo ó república independiente, 6 por consenti­
miento y aprobación de la autoridad superior, cuando
se trate de uua comunidad inferior, que recilic sus
prelados de una autoridad superior.
4 .' La potestad puede ser también injusta y uo
referirse á Dios, por abuso en el ejercicio de la misma:
si este abuso consiste en inundar cosas ilícitas y pe­
caminosas de su uaturaleza, no solo no hay obliga­
ción de obedecer, siuo que habrá obligación de no
obedecer, como lo hicieron los mártires cristianos. Si
el abuso consiste eu mandar alguna cosa ¿ la cual
no se estiende la autoridad del superior, ó qae no
tieue derecho para mandar, pero que no es tampoco
cosa ilícita en si misma, entonces el súbdito no es­
tará obligado un conciencia á obedecer, pero tampoco
RESISTEKCIA AL PODEH. 467

tendrá obligación de no obedecer; y por consiguiente


podrá y deberá obedecer, cuando de no hacerlo haya
de resultar algún escándalo ó daño á él, á tercera
persona, ó á la socicdnd.
He aquí en resumen la doctrina de santo Tomlis
cu el lugar aludido por el Sr. Huerta ¿H ay aqui algo
que se parezca, ni de lejos siquiera, á la teoría del
regicidio y tiranicidio? ¿Hay aqui otra cosa mas quo
una doctrina, enseriada por los teólogos mas autori­
zados de la Iglesia Católica? L o úuico que aqui se
encuentra que tenga alguna relación con el tiranicidio,
si bien tampoco se habla nada de muerte, es que es
licito resistir al tirano de adquisición que intenta
llegar al poder por la violencia; lo cual solo pnede y
debe entenderse con las restricciones enseñadas por
el santo Doctor, ya aqui, ya en otros lugares de sus
obras y principalmente en lo De fíegimine P rin cip in ».
Una de estas restricciones es, que la resistencia y la
guerra que se hagan al tirano, sean por autoridad
pública, corno sucede cuando los comicios ó corpora­
ciones principales de un Estado, ó las provincias del
reiuo en masa, declaran la guerra al usurpador; eu
cuyo caso se verifican las palabras aducidas por nues­
tro Fiscal con su acostumbrada buena fé para pro­
bar su intento: tvm enim qui ad liberationtm patri¡r
tyrannum occidit, laudatur et prxmium accipil; de mu­
ñera que obraria lícitamente el que resistiendo le g í­
timamente con la9 condiciones indicadas, matase ni
tirano, guardadas como ee supone las leyes naturales
y las de la guerra.
¿Será que nuestro Fiscal no opinaba por la licitud
de la resistencia hasta la muerte al tirano de adqui-
468 c a p ít u l o o n c e .

sicion? Ea verdad que no dejariu de ser un poco


estrafia semejante opiaioa, emitida por un Fiscal del
Supremo Consejo, en 1815, reinando Fernando V I I
eu la Villa y Corte del Dos de Mayo, conversando
con tantos generales y guerrilleros que combatieron
tan denodadamente contra José Boaaparte, Napoleon
y sus generales, nacido en fin en una nación que
asombró á la Europa con su heroica resistencia al
coloso del siglo. No sé cual sería la opinion del Sr.
Fiscal del Supremo Consejo de Castilla; pero yo
tengo para mi, que si Mina, el Empecinado ó Merino,
hubieran cogido prisioneros á José Ronaparte ó ú Na­
poleon, acaso no hubieran tenido mucha dificultad en
pasarlos por las armas, si fuera esto necesario para
la salvacioa de la Espada y á ello no se opusiesen las
leyes pactadas en la guerra.
Ademas de la condicion indicada, santo Tomás exige
también la de que la resistencia no lleve consigo
mayores mules, si bien esta condicion puede decirse
incluida en la primera; pues A la sociedad ea masa,
ó il sus legítimos representantes, pertenece el juzgar
sobre esto, toda vez que son I 03 que deben decla­
rar ia guerra.
Exige finalmente que el poder sea y persevere
verdaderamente ilegitim o; pues si llega ¿ legitimarse
bien sea por el consentimiento libre de la república,
ó bien por otra causa suficiente para ello, ya nn será
lícita la resistencia y menos aun lo será la muerte.
Sorprendente es á la verdad, sorprendente é in­
creíble de todo punto parecería, á ño verlo tan
terminantemente consignado, que haya habido hom­
bres como el Sr. Huerta, que hayan tenido la
RESISTENCIA AL PODER. 469

osadía de atribuir á santo TomAs la doctrina del


regicidio y tiranicidio. A l reflexionar sobre su doc­
trina en este punto; al analizar y comparar los pa-
sages que á esta cuestión se reGcren; al verle con­
denar absolutamente el regicidio cuando se trata de
reyes legítimos, por mas que abnsen del poder; al
verle permitir la resistencia al tirano usurpador con
tantas y tan importantes restricciones, era de temer
ciertamente, que se le acusase de favorecer la tiranía,
mas bien que de partidario del regicidio y tiranicidio.
Y sin embargo, ¡e l Sr. Huerta se ha atrevido & estam­
par en su Dictamen Fiscal, que el insigne Doctor sostiene
y defiende la doetrina sanguinaria de la licitud de la
muerte- del tirano, tanto de adquisición como de admi­
nistración/ ¡No lia tenido reparo en atribuirle, el p rin ­
cipio general que establece y abraza ambas especies de
tirantas, y por el cual reconoce licita y justa la resis­
tencia á los malos Príncipes como á los ladrones! ¡ Y
no contento con esto e l Sr. Huerta, despues de arro­
ja r e l baldón sobre la frente de santo Tomás, pre­
tende arrojarle también sobre toda la Orden de santo
Domingo, afirmando que estas doctrinas son constitu­
cionales de su Escuela! Indignación causan semejantes
imputaciones, si no degenerasen en ridiculas á fuerza
de ser absurdas. Pero el Dictamen que contiene esas
imputaciones calumniosas, anda en manos de todos
indistintamente; y las personas ignorantes, y las inte­
ligencias sencillas, no se hallan en estado de apreciar
la injusticia repugnante de tan odiosas como Injusti­
ficadas imputaciones.
La justa indignación y el asombro que deben pro­
ducir en todo hombre ilustrado é imparcial, las impu­
470 CAPÍTULO once.

taciones calumniosas del Sr. Huerta, suben de punto


cuando se considera, que pasando por alto el único
lugar en que santo Tomás espone su pensamiento
directamente y ex professo sobre la teoría del regicidio,
el nuevo teológo-fiscal, anda A la rebusca de palabras
sueltas, de pasages aislados y de textos fuera de la
cuestión, y aun esto para desfigurarlos, falsificarlos y
troncarlos. Cierto, que semejante modo de proceder, si
poruña porte revela bastante á las claras su inexacta
lógica y limitados conocimientos sobre la materia,
por otra no aboga mucho en favor de su buena fé y
rectitud de intenciones.
Para cualquiera que haya leído sin preocupaciones
las obras de santo Tomás cu los lagares rclatños á
la cucstion presente, es incontestable y á todos luces
evidente, que lodo su pensamiento sobre esta mate­
ria se puede condensar en las dos proposiciones si­
guientes:
1.* Si se trata del tirano de adquisición, 6 sea
del que invade injustamente una nación, inteutando
sujetarla por la violencia y á viva fuerza, la nación
invadida tiene el derecho de resistencia hasta la
muerte del tirano usurpador, si fuese preciso, con las
restricciones empero que quedan consignadas, y guar­
dadas ademas, en cuanto al modo y formas de la re­
sistencia, las prescripciones del derecho natural y las
leyes comunes ó pactadas de la guerra.
2.a Si *e trata del tirano de administración, ó sen
del rey legítim o que abusa de su poder paca tiranizar
al pueblo, si esta tiranía no es csccsiva, se debe su­
frir sin que sea lícito ni A la comunidad ni menos á
los particulares, insurccciouar^c contra el tirano: pero
BF.SISTENCIA AL PODER. 471
si la tiranía fuese escesiva, haciéndose absolutamente
insoportable, la resistencia podrá ser licita con tal que
pueda reunir las siguientes condiciones:
I Q u e no haya fundamento para temer que la re­
sistencia haya de acarrear mayores males á la sociedad,
que la tiranía misma.
2 .‘ Que la resistencia 9e haga por autoridad pú ­
blica ó común de la sociedad y no por particulares
ó autoridad privada: contra tijrannorum sxvitiam, non
prioata prxsumptione aliquorum, sed auctovitate pública
procedendum.
3.* Quo si hay alguna autoridad superior ni ti­
rano, que pueda contenerle en sus esccsos, se acuda
á ella antes de llevar la resistencia hasta la deposi­
ción.
4.‘ Que si uo es posible contener la tiranía cscc-
siva por algalio de dichos medios, es preciso resig­
narse á sufrir, sin que sea lícito cu ningún caso aten­
tar á la vida del tirano: et si sit intolerabilis excessus
ti/rannidis, quibusdam visum fu it, ut ad fortium v iro -
Tum virtutem pertineat tyrannum interimere, seque pro
liberatione multitudinis exponere per ¡culis mortis. . . .
....................... Sed hoc apostolics doctrina non congruil.
Docet enim. nos Petrus, non bonis tantum et modestis, ve-
rum etiam diieolis tlominis reeerenter subditos esse. . .
Unde cum m vlti Romani lmperatores, fidrm perseque-
rentvr tyránnice, magnaque multitudo tai* nobilium quam
populi esset ad /ídem conversa, non resistendo, sed mortem
paticntcr, ct arniati sustinentes pro Christo, laudantur.■>
Confieso francamente, que al reflexionar sobre la
doctrina del santo Doctor consignada en este capí­
tulo y contlonsada en esas dos proposiciones, casi me
472 CAPÍTLTO OHCE.

siento inclinado á creer que favorece demasiado á los


tiranos: y en verdad que si al Sr. Huerta, en vez de
acusarle de partidario de la doctrina sanguinaria del
regicidio y tiranicidio, le hubiera ocurrido acusurle de
favorecer mas de lo justo la tiranta y limitar dema­
siado e l derecho de resistencia, su acusación hubiera
teuido acaso alguna mayor apariencia de verdad: y
digo apariencia; porque en realidad hubiera sido tan
injusta como la-primera.
Y es que santo Tomás, que aqui como en todas las
grandes cuestiones filosóficas, morales y políticas, se
había inspirado en el Cristianismo, identificándose con
sus principios y tendencias, supo evitar los estremos;
y dando uua prueba mas de la exactitud y profundidad
de su juicio, marcha sin vacilar, con aquella seguridad
admirable que le distingue, cuando se trata de evitar
peligrosos escollos que rodean una cuestión. Santo T o ­
más no es de aquellos que dicen, que los pueblos son
para los reyes, y que entregan lo sociedad atada de piés y
manos á merced del imperante, siquiera sea este un po­
der legitim o; porque sabia que los hombrea no son es­
clavos y tienen dignidad y derechos: pero coudena
al propio tiempo el motiu, la resistencia revolucio­
naria y sediciosa, y condena sobre todo y siempre el
regicidio. Santo Tomás condena también el regicidio
por autoridud privoda, siquiera se trata del tirano usur­
pador ó de adquisición; pero no condena, antes bien ad­
mite el derecho de resistencia nacional, cuando se trata
de despojarla violentamente de sus derechos y arre­
batarle su independencia: porque santo Tomás no era
partidario de la moderna teoría de los hechos consu­
mados, y sabia bien que la violencia no puede fundar
RnSISTEXCIA AL PODER. 473

e l derecho ni la legitim idad del poder. Santo Toiuús


110 admitía la doctrina de los que dicen, que se debe
obediencia á cualquier gobierno por el mero lieclio
de serlo, por mas que sea ilegítim o. Nada de esto
admitía santo Tomás, porque, como dice muy bien
e l ilustre autor del Protestantismo, ( I ) « esto es con­
trario á la sana razou y nunca fue enseñado por el
Catolicismo. La Iglesia cuaudo predica la obcdicucia
ú las potestades, habla de las legitimas; y en el
dogma católico no cabe el ubsurdo de que el muro
hecho cree el derecho. Si fuese verdad que se debe
obediencia á todo gobierno establecido, aun cuaudo
sea ilegítim o, si fuese verdad que no es lícito resistirle,
sería también verdad que el gobierno ilegítim o tendría
derecho de mandar; porque la obligación de obede­
cer es correlativa del derecho de mandar; y por tanto
e l gobierno ilegitimo quedaría legitimado por el solo
hecho de su existencia. Quedarían entonces legitim a­
dos todas las usurpaciones, condenadas las resisten­
cias mas heroicas de los pueblos, y abandonado ul
mundo al mero imperio de la fuerza.
No, no es verdadera una doctrina tan degradunte;
esta doctrina que decide de la legim itidad por el r e ­
sultado de la usurpación, esa doctrina que aun pueblo
vencido y sojuzgado por cualquier usurpador, le dice:
« obedece á tu tirano, sus derechos se fundan en su
fuerza, tu obligación en tu flaqueza.» No, no es ve r­
dadera esa doctrina que borraría de nuestra historia
una de sus mas hermosas páginas, cuando levantán­
dose contra las intrusas autoridades del usurpador lu-

(1 ) Cap. 55.
60
CAPÍTULO ONCE.

clió por espacio de seis artos en pro de la indepen-


dcociu, y venció por fin al vcuccdor de Luropa. Si
el poder de Nupoleon se hubiese establecido entru
nosotros, v i pueblo español hubiera tenido despues
el mismo derecho de sublevarse que tuvo en 1808;
la victoria no habría legitimado la usurpación. Las
víctimas del Dos de Mayo no legitimaron el inundo de
Murat; y aun cuando se hubieran visto en todos los
Angulos de la Península lus horribles escenas del Pra­
do, la sangre do los mártires de la patria cubriendo
de indeleble ignotniniu al usurpador y ú sas satélites,
hubiera sanciouado mas el santo derecho del lc\unta­
miento en defensu del trouo legítimo y de la inde­
pendencia de la uacion.
Es menester repetirlo; el mero hecho 110 crea de­
recho, ni en el órden privado ni en el público; y el
din en que se reconociese este principio, aquel dia
desaparecerían del mundo las ideas de razón y de
ju sticia.»
Si viviera aun el Sr. Huerta, 1c nconsejariaioos la
lectura de lo restante del capítulo citado y alguno*
de los siguientes; y allí vería al gran publicista es­
pañol, no solo adoptar las doctrinos de santo Tomás
relativamente á la cuestión de resistencia al poder
civil, sino acaso ir algo mas lejos que él. Y sin em­
bargo, uo creo que ú nadie haya ocurrido la idea de
considerar al ilustre filósofo, como partidario de la
doctriua del regicidio y tiranicidio. Desengáñese pues
nuestro Fiscal-teólogo: tranquilícese el Sr. Huerta y
cuantos en su ignorancia huyan dado crédito A sus ca­
lumniosas imputaciones: no es en la doctrina de santo
Tomás, ni menos en la constitucional de la Orden de
RESISTENCIA AL PODF.R. 475

Predicadores, donde se halla e l peligro para los reyes:


no es cu las obras ni en lu escuela de santo Tomás,
donde se forman los partidarios del regicidio y tira­
nicidio: no es allí donde so afila el pañal de Milano, ni
donde se fabrican las bombas de Orsini, ni donde se
inspiran las sociedades del puñal, ni donde se traman
las revoluciones y los asesinatos políticos. ¡ O h ! si los
reyes 110 tuvieran otros enemigos mas que los partida­
rios de las doctrinas políticas de santo Tomás, en ve r­
dad que no tendrían que temer los desmanes de la Re­
volución, ni sus tronos saltarían hechos astillas á cuda
paso, ni tendrían necesidad de vestir cotas de malla.
CAPÍTULO DOCE.

Las formas de go lism o .

P or lo que linee á las formas de gobierno, santo To-


mAs pesa y examina con la exactitud y seguridad de
juicio que tonto le distinguen, las ventajas ¿ inconve­
nientes de están diversas formas. Su discusión sobre
este punto os interesante por demas, y digna de .ser
consultada y leida con detenimiento por los amantes
de los estudios sociales y políticos, los cuales no podran
menos de quedar agradablemente sorprendidos al ver
al santo Doctor entregarse en medio «lcl siglo X I I I
ñ una discusión razonada y tranquila, sobre las ven ­
tajas é Inconvenientes de las diferentes furnias de go­
bierno, como pudiera hacerlo un escritor del siglo X I X .
LAS FORMAS DF. GOBIFJinO. 477

A l vcrlc señalar con noble y entera libertad los d e­


beres y límites en que deben contenerse los reyes; al
\erlc desenvolver y apoyar sus ideas sobre la historia
y vicisitudes de los imperios antiguos, sobre los he­
chos contemporáneos, sobre la naturaleza de los r e ­
sortes del corazon humano, resortes sohre los cuales
había meditado mucho, no menos que sobre su im ­
portancia y aplicaciones al órden político y social, casi
cuesta trabajo el crcer que semejantes líneas cuenten
mas de seis siglos de existencia. En la imposibilidad
de esponer su teoría completa sobre las formas de
gobierno, indicaremos algunos de los puntos y el re-
snltudo final de su discusión.
El mayor y mas grave inconveniente del gobierno
monárquico, es el peligro de la tiranía que, como se
ha visto, lleva consigo niales ú iniquidades intolera­
bles, siendo demasiado frecuente que se ejerza la ti­
ranía bajo pretexto y & la sombra de la dignidad real.
En los gobiernos republicanos, cuando degeneran en
tiránicos, es cicrto que esta tiranía no suele ser tan
duro, ni ton arraigado y de dificil remedio como la
de los reyes; pero no lo es menos, que dan entrada
mas fácilmente á las disensiones ▼ disturbios interio­
res, á rivalidades tenaces y sangrientas á las veces, de
unas familias contra otras, á los cohechos y manejos
de los poderosos para elevarse sobre los demás y
abrirse por este medio el camino al mando, á la vena­
lidad y la corrupción en las votaciones y destinos, y
por fin, álas revoluciones y trastornos interiores, que
con demasiada frecuencia sirven de escala 6 los am­
biciosos para tiranizar la patria y aniquilar la libertad.
«T a l vez sucede con mayor frecuencia, dice el santo
478 CAPÍTULO DOCE.

Doctor, (I ) el tránsito ñ la tiranía en el gobierno de


muchos, que en el de ano solo; pues suscitada alguna
disensión entre lus gobernantes, sucede muchas ve­
ces que uno de ellos combatiendo y suplantando ó los
demus, usurpa para si solo el dominio soLrc el pueblo.
Compruébase esto con la historia de todos los tiem-
.pos; porque casi todos los gobiernos republicanos han
terminado en la tiranía, como bc v é en In república
romana, la cual después de haber sido regida lurgo
tiempo por muchos magistrados, cayó en manos de
cruelísimos tiranos, ú causa de las rivalidades, disen­
siones y consiguientes gnerras civiles: en general, si
6C consideran coa atención la historia de los tiempos
pasados y los hechos presentes, se hallará qne son
mas numerosos los casos de tiranía con respecto n los
pueblos regidos por muchos, que con respecto á los
gobernados por uno.»
Probablemente y según el mismo índicn en otra
parte, se conoce que el santo Doctor al escribir las
líneas que p n c e den, so hallaba profundamente afec­
tado ú vista de las disensiones y encarnizadas guerras
civiles que devorabun á la sazón aquellas numerosas
y turbulentas repúblicas de Italia, agitadas sin cesar
por sangrientas discordias esteriorc9 é interiores, y
sometidas casi sin interrupción, j a & un tirano, ya &
otro.
Al lado de estos peligros é inconvenientes, el.go-
bierno republicano no carece de ventajas y bienes
notables. Aunque espuesto á degenerar eú tiránico,
su tiranía no suele 6er generalmente ni tan e s e e s iv a , ni

(i) tUd. Oan. a.


I AS FORMAS DE GOBIFIIKO. 479

tan duradera y difícil de derrocar como la procedente


del abuso del gobierno monárquico. El sentimiento
del patriotismo, suele manifestarse también mas vivo
y enérgico en las repúblicas. Los miembros del Estado
se sacrifican con mayor espontaneidad en los gobiernos
republicanos, y sobrellevan mas fácilmente las contri­
buciones y cargas públicas en pro d el bien común; por­
que en el gobierno monárquico, el hombre tiene una
especie de propensión ú pensar que sus sacrificios mas
bien son en provecho del rey que de ln sociedad, al paso
que ea las repúblicas consideran el bien común como
perteneciente á cada uno en particular. Asi es quo
«vem os por esperiunria, que uua sola ciudad regida
por magistrados temporales y amovibles, ( I ) presenta ú
veces mas recursos y puede mas que un rey que tu­
viese tres ó cuatro ciudades bajo sil dominio; y que
se sobrellevan de peor gana pequeños servidos pe­
didos por los reyes, que grandes cargas impuestas por
la comunidad de los ciudadanos.»
Después de todo sin embargo, atendidas todas las
ventajas de las diferentes formo* do gobierno, y pe­
sados todos sus inconvenientes, debe preferirse la
taonarquia; porque entre otras muchas ventajas y
razones que militan en su favor, tiene una impor­
tantísima, cual es el llegar con mayor facilidad y de
una manera mas segura A la realización ú consecución
del fin principal de toda asociación humana. Sabido
es que el bien principal que cu esta asociación se
busca y como la razón de ser de la sociedad, es la
tranquilidad del Estado, la paz entre los ciudadanos

(1 ) n u . Oap. 4.*
480 CAPÍTL'LO DOCE.

y la seguridad de las perdonas y de la propiedad.


Es indudable que lu unidad de la acción guberna­
tiva que se encuentra cu la monarquía, envuelve
condiciones mas favorables ¿ la realización de estos
resultados. La centralización del poder en manos de
11110 solo, lo hace mas robusto, y constituye su acción
mas eficaz y poderosa' para mantener cu equilibrio
las complicadas ruedas de la administración, y con­
tener los elementos de desorden que puedeu p er­
turbar la tranquilidad pública. Eu una palabra: la
unidad de acción y de impulso, hacc al gobierno mo­
nárquico inas robusto y poderoso para obrar el bien:
virtuosior ad ojicrandum bonvm; y es lauto mas ven­
tajoso y útil, cuanto su administración es mas eficaz
y conducente á la unidad y conservación de la puz:
Quo uto igitur regimen ef/¡caetus fu tr il ad unitatem pacis
servandam, tanto est u/itiu.s.
¿Inferirem os de aqui que santo Tomás es partida­
rio del gobierno despótico? Tan lejos se halla de
esto el santo Doctor, que condona repetidas veces el
despotismo y el abuso del poder real.
l*ero hay mas aun: á pesar de su preferencia por la
monarquía; no obstunte las ventajas que le atribuye eu
relación con las demos formas de gobierno, se inclina
y se decide finalmente por uua monarquía templada;
porque la monarquía absoluta degenera fácilmente en
despótica y tiránica.
A l leer y comparar sus palabras, se conoce desde
luego que su pensamiento está muy lejos de nuestras
monarquins constitucionales cu que el rey reina y no go­
bierna; de esos gobiernos representativos en que el po­
d er real significa en realidad muy poca cosa ó nada; de
LAS FORMAS DE CODIEIWO.

esas asambleas y parlamentos, hervidero sin fondo de


pasiones y remora constante de In acción y unidad del
poder real; de esos gobiernos, en fín, monárquicos en
el nombre y verdaderas repúblicas ea el fondo, en que
el Estado es regido por ministros que lo mismo pu­
dieran llamarse cónsules ó dictadores. Nada de esto en­
tra en su pensamiento; porque quería la unidad dc*l po­
der real, pero de un poder fuerte, robusto, enérgico y
rodeado de prestigio. Esto no impide sin embargo,
que enemigo al propio tiempo de la tiranía, quiera
tumbien que este poder se liulle limitado por algunas
restricciones que hagan dilicil su abuso y e l tránsito
ú la tiranía: «S e debe procurar con todo cuidado,
dicc, (I ) que de tal manera sea constituido el rey
que manda sobre un pueblo, que no degenere eu
t ir a n o ...................... l)e tal modo se debe disponer
el gobierno del reino, que no se dé ocasion al rey
instituido do tiranizar. Su poder debe moderarse d<>
tal modo que no decline facilmeute en tiranía.»
La misma doctrina onseAa en la Suma Teológica,
en donde consigna su pensamiento de una manera
mas csplíciU todavía: (2) -Dos cosas deben atenderse
en el gobierno de una ciudad ó nuciou: la uua es
que tengan todos alguna participación en el poder;
porque de esta suerte se couscrva mejor la paz y él
pueblo ama al gobierno y se interesa por él. Lo otru
es la forma del régimen y la organización de loa ]>o-
deres.....................................Lo mejor en una ciudad
ó reino, es aquello en que bajo e l mondo de uno solo

(i) n u . oap. o.*


{* ) 1.* a . » Cueat. IOS. A r t. 1.*
C1
482 C A P ÍT ILO DOCE.

que es superior A todos : n autoridad y poder, hay


alguuos magistrados principales que pcrtcnecea in­
distintamente á todos los miembros ó individuos de
la república, ya porque pueden ser elegidos de todas
las clases del listado, ya porque todos toman parte
en su elección. Tul sería una sociedad en que en­
trase el reino, en cuanto uno preside, la aristocracia,
en cuanto muchos tienen parte cu el mando, y la de­
mocracia ó poder del pueblo, en cuanto estos magis­
trados principóles pueden salir de la cluse del pueblo
y en cuanto á él pertenccc su elección."
Despues de todo kíii embargo, la prcfcrcncia quu
el santo Doctor concedo ul régimen monárquico con
ciertas restricciones y combinaciones que hagan d i­
ñe il su degeneración eu tiranta, es solo una prefe­
rencia relativa y no. absoluta. Comparada» entre sí
la monarquía, la aristocracia y la democracia, y como
eu tesis general, es preferible la primera ó las segun­
das; pero no sucede lo mismo si se tienen en cuenta
las diferentes propensiones de los hombres, los d iv e r­
sos grados de desarrollo intelectual y moral de un
pueblo, y las mil condiciones y circunstancias que
pueden influir para que tal forma de gobierno que
sería Util y conveniente para un pueblo, sea perni­
ciosa para otros cuvo9 condicione!; socialos no sean
las mismas.
« No son los pueblos europeos, dccia el ilustre publi­
cista de Vick, (I ) de índole tan sufrida, y genio tan
templado, que puedan sobrellevar en calma ningún li­
naje de desmanes. Tan profundo es el sentí miento que

(i) £1 Protut. Cap. « i .


LAS FORMAS DE GOBIERNO. 483

tiene el europeo de uu dignidad, que para vi es incom­


prensible esc quietismo de los pueblos orientales, que
vegetan en medio del envilecim iento, que obedecen con
abatida frente al déspota que los oprime y desprecia.
Asi eu que si bien se ha conocido y sentido en Europa
la necesidad de ua poder muy robusto, no ha tratado
empero siempre de tomar aquellas medidas que pu­
dieran reprim ir y precaver sus abusos. Nada tan &
propósito para hacer resaltar el grandor y dignidad
de los pueblos de Europa como el compararlos en
esta parte con los de Asia: alli no se conoce otro
medio de sustraerse de la opresion que degollar al
soberano. Está humeando todavía la sangre del nno,
y ya se sienta en el trono algún otro, cuya planta
pisa ron orgulloso desden la cerviz de uquellos hom­
bres tan crueles como degradado*.
En Europa no: en Europa se apela ahora y se ha
apelado siempre, á los medios propios de la inteli­
gencia; al planteo de instituciones, que de un modo
estable y duradero pongan A cubierto á los pueblos
de vejaciones y demasías.»
« La atrevida raza de Japhet, decia á su vez el ilus­
tre conde de Huistre, ( I ) no ha cesado de gravitar,
si es permitido decirlo asi, hacia lo que indiscreta­
mente se llama libertad, es decir, hacia aquel estado
en-que el que gobierna, gobierna lo menos posible,
y el pueblo es tan poco gobernado como puede ser.
El e rro peo, siempre prevenido contra sus dueflOB, ya
los ha destronado, ya les ha impuesto leyes; lo ha
tentado to d o ,' apurando todas las formas imaginables

( i) M rapa, U b. ».* Otp. U°


484 CAPÍTULO DOCE.

«1c gobierno, para cmaaciparse d e duefios, ó para


cercenarles el poder.
La inmensa posteridad de Sem y de Cliam, ha to­
mado otro rumbo diferente.......................Nunca han
podido ni querido saber, qué viene & ser una república;
ni tratado nada de equilibrio de poderes, ni de esos
privilegios ó leyes fundamentales, de que nosotros
tanto nos jactamos: entre ellos el hombre mas rico
y mas señor de sus accioucs, el poseedor de una in­
mensa fortuna mobiliario, absolutamente libre de tras­
portarlo donde quisiese y seguro por otra parte de
una entera protección en el suelo europeo, aunque vea
venir hacia sí el cordon ó el puñal, los prefiere no obs­
tante á la desdicha de morir de tedio en medio de
nosotros.»
Sin disminuir en uada el mérito que corresponde
é estos dos grandes escritores católicos, me atrevo A
decir que sus reflexiones sobre este punto, son idén­
ticas en el fondo A los que consignara santo Tomás en
<>l siglo X H I; y que su pensamiento puede mirarse
romo una traducción exacta y el cco fiel del pensa­
miento del santo Doctor, el cual, observador tan
exacto en el órdeu de los hcclios, como razonador
profundo en el órdeu de las teorías y de la ciencia,
concluye que la formo de gobierno de uu pueblo,
debe estar en relación con las condiciones intelectua­
les y morales, cou las costumbres, hábitos adquiri­
dos y demos circunstancias sociales del mismo. A l
propio tiempo que hacc suyo la doctrino dé san Agus­
tín cuando decio, que si un pueblo es grave y mo­
rigerado, debe concedérsele lo facultad de elegir los
magistrados poro lo administración de lo repúblico;
LAS FORMAS DE GOBIERNO. 485

pero si se linee inmoral y vendiendo su sufragio e lig e


magistrados corrompidos y crim inales, uo sería injusto
el quitarle esa potestad, desenvuelve y generaliza este
pensamiento en los siguientes términos: (I) «El mando
y la forma de gobierno de un pueblo, debe estar en
armonio con las condiciones del mismo. Hay algunas
provincias cuyos habitantes son de condicion servil;
y estas deben ser regidas por un gobierno abso­
luto, incluyendo también en el absoluto el gobierno
real. Empero las provincias cuyos moradores son de
Animo esforzado, de corazou audaz y pensamientos
nobles, y que confian en la elevación de su inteligen­
cia, no pueden ser regidas sino por gobiernos li­
bres.»
Tal es el último pensamiento de santo Tomás sobre
la teoría de las formas políticas de gobierno; tal es su
última palabra sobre esta interesante materia que lia
dado ocasion ó no pocas divagaciones y á discusiones
las mas apasionadas: porque tal es la última pulahru
de la filosofía, de la historia, de la razón y de la es-
pcricncia; asi como es también la última palabra del
Cristianismo, que admite en su anchuroso seno todos
los gobiernos y todas las formas políticas. (XIII.)

< i) JWtf. Lita* «.* Cap. a.®


CAPÍTULO TRECE

Teoría de la ley y de sus principales divisiones.

¿Que es la l e j scguu santo Tomás? Una disposición


de la razón ordciiuda al bien común, y promulgada
por el que tiene el cuidado de la comunidad: O rd i-
natio ratiunin atl bonuin voiuinuiic, ab eo qui euram eom-
wunilatis habet proinn/yuía.
Loa elogios lúa grandes como merecidos de que ha
sido objeto estu deflniciou de la ley, nos dispensan de
entrar en detalles sobre su exactitud, no meaos que
sobre la profunda iinportaucia lilosólica y social de la
misma.
• Vosotros, dccia el iumortal Balines, que despre­
ciáis tan livianutneute los tiempos pasados, que os
TEORÍA DE LA LEY ETC. 487

im agináis que basta los nuestros nada se sabia de


política ul de derecho público, que allá en vuestra
fantasía os forjáis una incestuosa alianza de la reli­
gión c o d el despotismo, que olla e n la oscuridad de
los claustros entreveis urdida la tiranía en pacto ne­
fando; ¿cual pensáis sería la opinion de un religioso
del siglo X III sobre la naturaleza de la ley? ¿no os
parece ver la fuerza dominándolo todo, y cubierto el
grosero engaño con el disfraz de algunos mentidas p a ­
labras, apellidando religión? Pues sabed, que no d ie­
rais vosotros definición mas suave; sabed que no ima­
ginaríais jnmiis romo él, que desapareciese hasta la
idea de la fuerza; que lio concibii-rais nunca, cómo en
tan pocas palabras pudn decirlo todo, con tanta exac­
titud, con tanta laciilcz, en términos tan favorables A
la verdadera libertad de los pueblos, ú la dignidad
del hombre........................................ Dispoticion de la ra­
zón, rationix onlinolio: lié aquí desterradas la arbitra­
riedad y la fuerza: lie aquí proclamado el principio de
que la ley no es un mero efeelo de la voluntad: hé
aqui muy bien corregida la célebre sentencia, 7 uod
prineipi placnit legis habrt rigarem; sentencia que si
bien es snsceptible de un sentido razonable y justo,
no deja de ser inexacta y de resentirse de lo adu­
lación. Un célebre escritor moderno ha empleado mu­
chas páginas en probar que la legitimidad no tiene
su raíz en la voluntad sino en la razón, infiriendo
que lo que debe mandar sobre los hombres no es
a q u e l la s i n o esta: con macho menos aparuto, pero
c o n n o m e n o s solidez y con mayor concision, lo e s ­
p r e s ó el santo Doctor en las palabras que acabo de
C ÍU r : raíionis ordinal io,
488 c a p í t l i .o t r ix e .

Si bien se observa, el despotismo, la arbitrariedad,


la tiranía, no son huís que la falta d e razón en el
poder, son el dominio de la voluntad. Cuando U razón
impera, hay legitim idad, hay justicia, hay libertad:
cuando la sola voluntad manda, hay ilegitim idad, hay
injusticia, huy despotismo. Por esta causa la idea fun­
damental de toda ley es que sea conformo ú la razón,
que sea una emanación de ella, su aplicación ú la so­
ciedad; y cuando la voluntad lu sanciona y la liace
ejecutar, no lia de ser otra cosa que un auxiliar de
lu razón, su instrumento, su brazo.*
Pero he dicho ya que 110 c.s mi ¿niino entrar en
detalles, ni analizar esta definición; porque esta tarca
lia sido emprendida y llevada á cabo con acierto por
muchos escritores y principalmente por el eminente
publicista que acabo de citar. Me permitiré sin em ­
bargo llamar la atención, sobre la habilidad con qnc
el santo Doctor supo conciliur en esta dcfinininn la
universalidad de la fórmula con la exactitud rigurosa
d e la idea.
Á. primera vista parece que las formas genérale*
y aparentemente vagas, bajo las cuales se presenta
esta definición, deben peijudicar necesariamente á
la exactitud y precisión de la idea que se trata de
csplicar, y cuulquiera diria que una fórmula tan ge­
neral é indeterminada, no puede expresar todos los
caracteres esenciales de la ley. Y sin embargo, ¿quien
se atreverá á mirar como defectuosa esta deliui-
ciou? ¿Es posible señalar algún carácter, ó condicion
alguna cscnoiul de la ley, que 110 te halle contenida
n i la misma? Después de señalar como causa y
base fuudaraental de la ley ' su procedencia y con-
TEORÍA DE LA LEY ETC. 48Ü

forniidud cou la razón, enseñando por consiguicutc


que la le ; no puede ser verdaderamente tal si 110 se
halla modelada, por decirlo asi, sobre los principios
eternos, necesarios é inroutbhles de la razón, lu «nal
ú su vez es una derivación é impresión de la ley
eterna, el santo Doctor coloca en el bien conmu de la
sociedad el itn esencial de la ley: ordinado rulionis
ad bonum communc. Los uutiguus jurisconsultos de
Roma solían apellidar á la le y , razón escrita: senptu
rafio. Santo Tomás adoptando el fondo de esta grande
idea, le da ana expresión mas adecuada á la naturaleza
de la ley; porque la ley no es la razón misma ni una
simple manifestación de ellu; es la razón prescribiendo
la ejecución de alguna cosa; es la manifestación de la
razón práctiea; es la razón acompasada de la volun­
tad, que le comunica su eficacia, su vigor, gu fuerza
do acción, al paso que recibe de ella la dirección y la
luz: la ley, en fin, es el imperio ilustrado, suave y hu­
mano de la razón, y no el imperio brutal, ciego y ar­
bitrario de la voluntad.
Si las primeras palabras cscluycndo la arb itrarie­
dad y la fuerza, cierran el camino á la tiranía, las
siguientes la hacen mas imposible aun, si cabe, y le
oponen una barrera insalvable. La ley, que por parte
de su origen y principio, debe ser la expresión de
la razón y de la justicia moral, por parte de su fin
y de su objeto, debe ser la expresión del bien común:
orí bonum commune. Desde el momento que la ley se
separa del bien común, desde el momento que lo
pierde de vista, desde el instante en que al bien de la
sociedad se sustituye el bien privado del imperante,
la ley deja de serlo y aparece la tiranta; porque
190 CAPÍTULO TRECE,

desde el momento en que el legislador ecbo cu olvido


el bien público, sacrificándolo á lu utilidud prnadu, la
ley deja de ser la expresiou de la razón, y la ¡deu
propia de la le y desaparece para ser sustituida por
la negación <i perversidad de ta let¡, como dice el santo
Doctor: (I) l/:x lyrannica, eum non sil secundvm relimem,
non est simpliciUr ¡ex, sed magis est t¡u¿ed<m perrer-
silat legis.
La ley no puede inducir á su cumplimiento á aque­
llos á quienes se impone, si no se revela á estos de
nua muñera, ú otra; porque el hombre, agente inte­
lectual y libre, no obra cu relación con uua regla
sin el conocimiento previo de la misma. Es necesa­
rio también que la ley descienda de una autoridad
legitima, de lo autoridad encargada do velar por la
conserva iou del bien común, por la prosperidad y
bienestar de la sociedad; es necesario que In ley llnv<>
consigo la idea de nn poder público que le sirva de
sanción inmediata: ab eo qui curatn eumnHnHalit habrf
promúlgalo.
Y nótese aqui, que estn definición conteniendo como
contiene todos los caracteres esenciales de la ley, abarca
al propio tiempo en su seno todas las especies de leyes,
á pesar de hu inmensa distancia y de sus difcrencius
recíprocas: la ley natural y la ley divina, la ley eterna
y la ley liumuuu; todas caben en esta definición. Pero
«s mas admirable todavía la elevación de miras y la (11o-
sofiu de expresión que resultuu en ella corno aplicada ú
la ley liumuuu, á la cual se refiere mas directamente. Ni
el mas leve indicio acerca del origen inmediato de

(1) «mu. Thtol. 1.‘ P. Oaaat M Art. 1/


TKOnfA DE LA I.EY ETC. 491

la autoridad que lia de baccr las leyes, ui las mas


leve palabra sobre la forma de gobierno que debe
regir la sociedad para la cual se promulga la l e ; . Todo
ul contrario, el sunto Doctor evita con esqulslto cui­
dado lo que es secundario c indiferente respecto de
la ley, y prescinde de todo aquello que no es esen­
cial á la idea de la misma. Por eso es que en su
definición, hallan cabida todas las formas legitimas
de gobierno; monarquía absoluta y monarquía tem ­
plada, aristocracia y democracia con todas sus g ra ­
daciones y combinaciones posibles, todas entran en
la citada definición; porque todas aou compatibles con
la idea de la le y . Recuérdese su doctrina consignada
en el capítulo anterior, recuérdese su último pensa­
miento sobre los formas de gobierno, y 110 será d i­
fícil reconocer porqué la definición que nos ocupa
deja el campo libre á todas las formas políticas, pres­
cinde absolutamente de sus diferencias.
Hay una escuela políticu que marchando en pos de
Rousseau, no reconoce en la ley otra cosa mas que la
expresión de la voluntad general, que marca y regula
por si misma todos los deberes de la vida social.
P or poco que se reflexione, no scrA difícil reconocer
la inmensa superioridad de la definición dada por
santo Tom&s, sobre la que nos presenta la escuela de
Rousseau.
Hobbes enseñaba que el bien y e l mal moral no
existen con anterioridad á la ley humana, y que su
distinción, lejos de ser un hecho prim itivo de la na­
turaleza, era mas bien la consecuencia y como un
resultado de la sanción lega). mocha la distancia
que separa esta doctrina de la qae se contiene en
492 CAPÍTULO TRECE,

la nocion de la 1er humana presentada por Rous­


seau y su escuela? ¿Hay alguna secreta afiuidad en­
tre lu doctrina de este y la de aquel?
No ignoro que Hobbes fue atacado j combatido
vivam ente por el filósofo de Ginebra, y que este re­
chazaba la absurda y repugnante doctrina del filosofo
ingles; pero esto no im pide que exista bastante afini­
dad entre sn9 doctrinas sobre esta materia; y que la
teoría de la voluntad general gravite hacia la nega­
ción de la distinción primitiva cutre el bien y el nial
moral.
En efecto; si la ley no es mas que la expresión de la
voluntad de los hombres; si nada significa aquí la razón
con sus priucipios eternos, nocosurios ó inmutables; si
la ley no se refiere originariamente a Dios, ó sea ó la
ley eterna por medio de la razón del hombre, im­
presión y participación de esa ley eterna, ser A pre­
ciso admitir, que la distinción entre el bien y el mal
en las acciones sometidos al dominio de la ley hu­
mana, depende de la voluntad del hombre: será pre­
ciso decir, que la condignidad del castigo, la razón
de justicia é injusticia en el robo, en el homicidio,
en el adulterio y otras acciones análogas, que se re­
fieren directamente al ejercicio del poder civ il y ú
la constitución de la sociedad, dependen del bene­
plácito de la voluntad. Qvod ti populorutn ju ssh, de­
cía el Orador romano, (I) ¿í prineijium decretis, si
sententiis Judicitm, jmra eotuti fueren tur, ¿ju t estet la­
trocinan, j u í adulterare, testamenta falso tvpponerc, ti
hsec ruffragiitt atit seiti» multitvdiui* probarentur ?

(i) Dt h f . L ik . 1.* o»p. !« .


TEORÍA DE LA LEY ETC. 491

Nó; lu voluutad, por grande, por autorizada, por uui-


w rsa l que se la suponga, no puede variar en io mas
minino ia naturaleza del bien y del mal moral; uo
puede convertir en justo lo que es esencialmente in­
justo; no puede impedir que sea digno de castigo, lo
que se opone & la razón y á los principios eternos ó
inmutables que la dirigen.
Si funestas son las consecuencias de esta dcAniciou
de la ley liuinanu bujo el aspecto filosófico y en el
orden moral, no son menos funestas y peligrosas eu
el terreno de la política. Hacer de la ley la simple
expresión de la voluntad del hombre, es preparar el
camino al despotismo y ú la tiranía, es abrir la puerta
ul abuso del poder. Referir la ley ú la voluntad hu­
mana, es establecer el imperio de la fuerza y de la
arbitrariedad en lugar del imperio de la razón y de
la justicia; es colocar al poder y ¿ la autoridad en
la pendieute del precipicio. Fácil es reconocer que lu
aplicación de semejante teoría, debe dar por resultado
inevitable, ó la anarquía, ó el despotismo y la tiranía;
lu anarquía en los gobiernos democráticos, en que lao
voluntades individuales deberían coucurrir á la for-
mneion de la ley; la tiranía, cuando estas voluntades
individuales He ruuuicsen y concentrasen en una solu
cabeza. Puede decirse que semejante teoría, es la exa­
geración mas absoluta de la idea contenida en la cé­
lebre sentencia, quod principi placu•/, legit habet vi­
goretn: sentencia que tomada en su sentido riguroso,
conduce dereohamente á la tiranía.
Creo de todo punto innecesario después de lo d i­
cho, detenerme en probar la inmensa distancia que
separa esta doctriua de la de santo Tomás. La de-
C APÍTU LO TH IXK .

linicion de la ley presentada por el santo Doctor, es


lo negación radical de la nocion de la misma, presen­
tada por Rousseau y su escuela. Mientras esta escuela
haciendo consistir la ley en último resultado en los
decisiones arbitrarias de la voluntad, rebaja la d ig ­
nidad del hombre, y tiende á borrar la línea que se­
para la verdad del error, el bien del mal; santo Tomás
refiriendo la lev á la razón y eligien d o que sea mo­
delada robre sus principios eternos y necesarios, salva
la diqnidad del hombre y sienta la verdadera base de
las relacione.* y deberé» recíprocos entre los gober­
nantes y gobernados. De esta suerte, la ley se halla
colocada por encima de la voluntad humana, sea in­
dividual, sea colectiva y universal; porque por encima
de todas las manifestaciones de la voluntad del hombre,
por encima de todas las formas de la sociedad política,
monarquía, ó democracia, aristocracia, pueblo ó par­
lamento, se hulla colocada la razón con sus eternos
principios de justicia, reflejo y destello de la Razón
divina y participación de la ley eterna.
Según el conde de Maistre, la ley es la voluntad
del legislador, manifettatla á su* túbditos para que te ar­
reglen á «ti conducta. Sin duda que el ilustre uutor de
las Veladas se hallaba muy distante, al escribir estas
palabras, del pensamiento del filósofo de Ginebra: el
conjunto y las tendencias de sos doctrinas no permiten
suponer otra cosa. Ello es cierto sin embargo, que su
defiuicion, sobre ser inexacta, se holla espuesta á los
mismos inconvenientes y peligros que liemos seflolado
en aquella. Desdo el momento que la ley se reduce
á la simple expresión de la volnntad; desde el mo­
mento que se prescinde de su conformidad con la
TEORÍA DE LA LEY ETC.

recta razón y sr deja «le considerarla como uua pres­


cripción de 1« razón justa con la justicia derivada de
las primeras verdades morales que presiden ú su d e­
sarrollo y que, como hemos visto, no son mas que una
impresión de las ideas divinas y uua participación de
la ley eterna, queda abierta la puerta al ubuso del
poder entre los hombres y. é sus desmanes tiránicos.
En todo caso, no es posible dejar de conocer que lu
expresada definición no abraza todos loa caracteres
esenciales de la ley, como lu de santo Tomás, y que
se halla muy distante de la exactitud filosófica quo
en esta se revela .
Digamos ahora algunas palabras sobre las princi­
pales divisiones de la ley y sus diferentes relaciones
con la ley humana.
Asi como en Dios, Autor supremo y Criador del
universo, preexisten ab eterno las ideas-tipos de to­
dos los seres criados, preexisten también desde la
eternidad en su inteligencia infinita, el órden y d i­
rección suprema de todas las acciones y movimientos
de estos mismos seres criados. Asi pues, la ley eterna
no es otra cosa que la saki luria divina, que regu ­
lando primitivamente los acciones y movimientos de
las criaturas, las encamina y dirige ú sus destinos:
fíat ¡o divina xipientix, seeunrlum f/uod f t l dirtrtb'n otn-
nium actuum el motinnum.
Dos consecuencias importautes lleva consigo esta
idea de la lev eterna: 1.* Aunque solo Dios y los que
T en ia esencia divina, conocen perfectamente esta ley
eterna en sí misma, por lo mismo que se identifica
coa la sabiduría divina y por consiguiente con la
esen eu infinita de Dios, el hombre sin embargo ce-
496 c a p ít u l o trece .

■occ esta ley eterna en sus efectos y principalmente


en el conocimiento de la verdad, que es como un
destello, una irradiación y participación de esta ley,
que .se identifica con la Verdad inmutable: Omni* enim
rngnitio veritati*, est qu.rdam irradiatio rt partieipatio
bgis xterna, qua est Vertías ineommutabilis. Luego po­
seyendo todo hombre, por rudo é ignorante que se le
suponga, algún conocimiento de la verdad, puesto que
todos conocen, cuando menos, los primeros principios
de la ley natural, toda criatura intelectual conoce de
algún modo la ley eterna.
Es la segunda deducción, que la ley eterna es la
hase primitiva, y la razón á prior» de toda ley. Toda
ley que no se halle en consonancia con la ley eterna;
toda ley que no sea una derivación mas 4 menos d i­
recta ó inmediata de la ley eterna, no merece este
nombre. Y es que Dios, Verdad primera y por lo mismo
fuente y origen de toda verdad, es también Jnsticia
oacncial y viviente, y por lo mUmo fuente y origen
de toda rectitud moral y del orden de justicia con­
tenido en toda ley inferior.
P or mas que sea cierto sin embargo, que la ley hu­
mana no tiene la naturaleia de verdadera ley, 91110 á
condicion de sus relaciones y dependencia de la ley
eterna, debiendo ser siempre como una derivación de
ella, es preciso tener en cuenta, que estas relaciones y
esta derivación no serian fáciles de apreciar para el
hombre, si tuviera que referirlas inmediatamente á la
ley eterna; porque no siendole esta conocida en si
misma, hallaría no poca dificultad en muchos casos para
establecer y apreciar las relaciones de la ley humana
con la ley eterna. Hé aquí la razón de la necesidad y
TEORÍA DE LA LEY ETC. 497

existencia de la ley natural, la cual no es otra cosa eu


el fondo, mas que una participación é impresión de la
ley eterna eu la naturaleza humana: Impretsio divini lu-
minis in nobis. Undc patet, quod lex naturalis nihil
aliud est, quam participado kgis aternx in rationali
crealura.
Como en el orden especulativo y de la verdad
ubsoluta, lu inteligencia ó razón del hombre es una
participación de la razón suprema de Dios, un destello,
una impresión de su luz iutelcctual, asi también en
el orden moral, la ley natural es una impresión de la
Itazon divina, una participación de la ley eterna, por
medio de la cual se inclina á los actos y fines en ar­
monía cou su naturaleza, conoce y distingue el bien
y el mal moral: (I) ín ipsa [creatura rationali) j>arrict/>a-
1 ur liado ¿eterna, per quam habd no tura/cin inelinationem
ad debit un actvm et finem. . . . ut lumen rationis natura-
lis quo diicernimus quid sil bonum, et quid malum, quod
perdnet ad naturalem fegem, nihil aliud sit, quam im-
pressio dicini luminis in nobis.
Por medio de esta impresión, que traslada, por d e­
cirlo asi, la ley eterna á la naturaleza hnmana, el
hombre se pone en contncto directo é inmediato con
la ley eterna, y llega á tener dentro de si mismo una
regla fácil, constante y segura, para juzgar y apreciar
las relaciones de la ley puramente humana cou la ley
eterna.
Identificada en cierto modo esta ley natural cou la
naturaleza misma del hombre y con la razón práctica,
es idéntica, constante y de enseflanza uniforme eo

(1 ) JHtf. Cuert 91 A rt. 9.*


63
498 CAPÍltJLO TRECE.

cuanto á sus primeros preceptos, que contienen las


nociones fundamentales del órden moral y principal­
mente los ideas del bien y del mal con su distinción
<;sencial y primitiva. -'Asi como la idea del ente, (I) es
la primera concepción del entendimiento considerado
absolutamente, asi la idea del bien es la primera con­
cepción de la razón práctica que se refiere á la ope­
ración; pues todo agente obra por algún fin, el cual
tiene razón de bien. De aquí es qac el primer prin­
cipio de la razón práctica, es el que se halla fundado
sobre la idea del bicu. El primer precepto pues de la
ley ualural, es que se debe seguir y obrar lo bueno, y
evitar lo malo; y sobre este se fundan todos los demas
preceptos de la ley natural.»
De aqui resulta también, que la ley natural es abso­
lutamente inmutable en sus primeros principios, y que
no es posible que llegue á borrarse completamente del
corazon del hombre, ó que este tenga igiioraneia'abso-
luta de sus primeros preceptos, no solo por hallarse
estos grabados originariamente en el corazon del hom­
bre, sino porque las ideas del bien y del mal, que sou
sus elementos primitivos, son como innatas y connatu­
rales á la inteligencia; resultando de esto, que cualquier
ejercicio ó uso de la razón, por imperfecto que se le
suponga, lleva consigo necesariameutc el conocimiento
de los primeros principios de la ley natural. No sucede
sin embargo lo mismo respecto de los preceptos se­
cundarios de la misma; porque no teniendo una co­
nexión de evidencia tau inmediata con las nociones
prim itivas del órden moral, la fuerza de su impresión

(1 ) IUd. CuMt. M . I r t . 9.*


TEORÍA DE LA LET ETC. 499

puede llegar a borrarse ú oscurecerse mas ó menos


por la ¡afluencia de las pasiones, por los errores
prácticos del entendimiento, por la costumbre con­
traria á la naturaleza y por hábitos inveterados y p er­
vertidos: (l) Quantum vero ad alia prxeepta secundaria,
potest lex naturalia deleri de cordibus hominum, ve!
propter malas persuasiones, vel etiam propter pravas
ronsuetudines, el habitus corruptos: siettt apud quosdatn
non reputabantur latrocinio, prccata, vel etiam vitia
contra naturam, ul etiam Apost. dtett. ad Rom. 1.°
Esta posibilidad y sobre todo la facilidad con que,
según atestigua la cspcricncia, se borran del corazon
del hombre los preceptos de la ley natural, revela la
necesidad de la ley humana; la cual regulando y d iri­
giendo la acción del hombre, le impide apartarse de
los preceptos de la ley natural, dándole firmeza y se­
guridad en su conocimiento. Por otra parte, aun en
la hipótesis del conocimiento de los preceptos de la
ley natural, el hombre se siente arrastrado con d e­
masiada frecuencia por sus pasiones y hábitos, á obrar
contra esos preceptos. Si se añade ahora que la ley
natural, en razón á su universalidad que la contiene
dentro de ciertos limites, no desciende á ciertas par­
ticularidades y aplicaciones prácticas, necesarias sin
embargo é imprescindibles para la conveniente orga­
nización de la sociedad, se hace de todo punto evi­
dente la necesidad de una fuerza moral sancionada
por el temor del castigo y la esperanza del premio,
que impulse al hombre á obrar en armonía cou las
prescripciones de la ley natural, y capaz por otro lado

(1) Ibíd CuMt. 94. Art. 8.a


500 CAPÍTULO TRECE.

de fijar las relaciones recíprocas entre los miembros


de la sociedad. La ley humana es pues una necesi­
dad, y debe ser considerada como unn evolucion prác­
tica y como el complemento indispensable de la ley
natural aplicada á la sociedad.
Conviene tener presente, que si bien la ley humana
no merece nombre de tal, tú no se llalla cu armonía
con la ley natural, ó á lo menos no se opone d ella
positivamente, puede referirse ú esta ley natural de dos
molieras: ó por via de deducción, en fuerza de su co­
nexión con las prescripciones de la ley natural; ó por
via de simple determinación, en cuanto que en ella se
particularizan por medio d e aplicaciones especiales los
preceptos comunes de la ley natural. En el primer
caso, la ley, ademas de la sanción humana, envuelve
en parte el vigor ó sanción de la ley natural. En el se­
cundo, solo envuelve la firmeza de la sanción humana:
(I) tterivantur ergo quídam áprineipiis enmmunibus legis
tuitvrx per modum conchuionum, sieut /me quod r*t: non
esse occidcndum: ut cnnclusio quxdam derivan potest ab eo
quod ett: nulli mm faeiendmn malum. Quídam vero per
>nodum determinationis; sieut lex natura habet, quod ille
qui péeeat, puniatvr; sed quod tal i pana, vel tali punia-
tur, hoc est quxdam determinado legis natnrsc. Vtraque
igitur invenivntur in lege humana posita; sed ea qtue runt
primi modi, continentur in lege humana, son tanquam
smt solum lege poñta, sed habent rtiam aliquid vigoris
ex lege naturali. Sed ea qux sunt secundi modi, ex sola
lege humana vigorem habent.»
La ley humana debe tomar al hombre como es en sí,

« (1) IM . Ousat. 95 Alt. 8.»


TEOHÍA DE L A LEY ETC. SOI

con imperfecciones y defectos, sin exigir de él una


perfección absoluta, ni superior á aquella ¿ que suelen
llegar generalmente los individuos de la humanidad.
No siendo su objeto formar hombres perfectos en la
\ irtud, debe contentarse con prohibir las cosas mas
graves, y especialmente las que ceden en perjuicio de
otros, sin lo cual se liarla imposible la existencia de
la sociedad humana. «La ley humana, dice el santo
Doctor, (I) 110 prohibe todas las cosas viciosas de que
se abstienen los hombres virtuosos, sino h o I o las mas
graves de que puede abstenerse la mayor parte de
la muchedumbre; y principalmente d e le prohibir las
que son en peijuicio de los otros, sin cuya prohibi­
ción no podría conservarse la sociedad humana: asi
vemos que prohibe la ley humana, los homicidios, el
robo, con otros análogos.»
Y es que el santo Doctor, sin desconocer que el ob­
jeto de la ley es el bien de la sociedad y de sus miem­
bros; sin desconocer que el efecto de la ley es enca­
minar al bien y A la virtud; eum propriu.t effectu* Itgitf
silbónos facere eos, quibus datur: tiene también presente,
qnc la ley humana debe tomar al hombre con sus d eb i­
lidades y flaquezas, que no debe olvidar las dificultades
de todo gúncro para llegar á la virtud perfecta, y qnc
ex igir á la generalidad de los hombres la perfección en
e l bien i que llegan algunos, serla ocasion de m ayores
males; porque «los imperfectos, (2) sintiéndose sin
fuerza para cumplir semejantes preceptos, los menos­
preciarían, precipitándose en males peores.»

( 1) I M . OoMt. 88 A rt. 2.0


(8) JMd. ad S.o>
502 CAPÍTULO TRECE.

Esta rcflciio n y 1» doctrina que queda consignada


sobre la ley natural, conducen naturalmente á reco­
nocer la necesidad y existencia de la ley divina. Todas
las acciones particulares del hombre deben hallarse en
armonía con los preceptos d e la ley natural; mas como
pueden borrarse fácilmente de su corazon algunas de
sus prescripciones; y siendo cierto por otra parte, que
110 pertenece á la ley humana prohibir todo lo malo, ni
prescribir todo lo bueno, y sí limitarse á las acciones
estertores que pueden perturbar las relaciones públicas-
de la sociedad, síguese de aquí, que es necesaria alguna
otra ley, qur completando y perfeccionando la ley na­
tural y la ley humana, puedo servir de norma segura,
sencilla, completa y absoluta, para todas las aciones del
hombre, aun respecto de aquellos que aspiren al mayor
grado posible de virtud y perfección moral.
• El hombre, dice santo Tomás, ( 1) puede hacer leyes
en órden ú las cosas sujetas á su juicio. Este juicio
del hombre no alcanza directamente á los actos inte­
riores que son ocultos, sino á los actos que se re­
velan esteriormentc; y sin embargo, para la perfec­
ción de la virtud, es preciso que el hombre sea recto
por parte de los unos y de los otros. No pudiendo
pues la ley humana reprim ir y ordenar suGciente-
inente los actos interiores, fue necesario que existiera
una ley divina para este fin.
Ademas que, como dice san Agustín, la ley humana;
no puede castigar ó prohibir todo lo que se hace mal
porque si quisiera quitar todas las cosas malas, quita­
ría también muchos bienes é impediría la utilidad del

1(1) Ai'/. Cuatt. 91.* Art. 4.'


TEORÍA DE LA LEY KTC. 503

bien común, que tan necesario es para lu sociedad


humana. Luego á fin de que ninguna cosa mala que­
dara sin prohibición y sin castigo, es necesario que
á la ley humana sobrevenga la divina, por medio de
la cual se prohíben todos los pecados.»
La esperiencin misma nos ensefla también, que los
juicios del hombre acerca de la rectitud moral de
ciertos actos humanos, especialmente cuando estos se
hallan rodeados de muchas y complicadas circunstan­
cias, van acompasado» de oscuridad, de dudas ú in-
certidumbre; resultando 110 pocas veces de aquí, va­
riedad y contradicción de dictámenes y de preceptos.
Fue pues muy conveniente y hasta necesario que Dius
ocurriera ú este peligro y necesidad práctica del hom­
bre, por medio de la promulgación de la ley divina,
que le enseila con toda seguridad lo que debe hacer
y lo que debe evitar en todos sus actos, asi interiores
como estertores.
Á todas estas pruebas de la necesidad de la le y
divina, santo Tomás añade otra tomada del fin mismo
de la ley y del destino del hombre. Siendo el objeto
Anal de la ley dirigir y conducir al hombre á su ú l­
timo destino, la ley natural y la Tey humana son in ­
suficientes por si solas. Si el destino del hombre fuera
un destino puramente natural, podria admitirse tal
vez la suficiencia de la ley natural y humana para
atender ú todas las necesidades del hombre; mas te­
niendo este por destino un bien sobrenatural, cual es
la felicidad eterna, destino superior por consiguiente
á sus facultades ó fuerzas, es preciso que ademas de
la ley natural y sobre la ley humana, e l hombre
sea gobernado y. dirigido en sus acciones por una
504 CAPÍTULO TRECE,

ley divina, capaz de aproximarle y ponerle en comu­


nicación con su deslino sobrenatural.
La sanciou suprema y prim itiva de la le y , se halla
en Dios, Justicia esencial y viviente, en cuya sabiduría
se contiene la razón de todos los actos del hombre.
Y esto no solo se verifica respecto de h ley divina
y de la ley natural, cuyas relaciones, dependencia y
derivación cou respecto á la ley eterna identificada
con Dios, son fáciles de apreciar, 9Íno con respecto
& la ley humana también; la cual, aunque menos in­
mediata y próxima á la ley eternn, es sin embargo
una verdadera derivación de la misma. Tampoco se
escapó esta verdad á la penetrante observación de
santo Tomás. -L a ley humana, dioe, (I) cu tanto tiene
razón de ley, en cuanto es conforme á la rccta razón;
y según esto es evid en te, que se deriva de la ley
eterna.»
Asi pues, la sanción suprema y última de la ley
humana debe buscarse en la ley eterna, de la cual
recibe también origiuarianiente la fuerza que tiene
de obligar á su observancia, aun en el fuero interior
de la conciencia: (2) Leges positx humanitut, vel svnt
jvatx vel injvstx. Si quidem ju stx sint, habent vim obli-
gandi tit foro eonscientim á lege xterna, á qua derivan-
tur.
Tal es en resumen la grande y magnifica teoría
de santo Tomás sobre las leyes, teoría que solo nos
ha sido posible esponer á grandes rasgos, en atención
á los lím ites prefijados; y cuyas grandes, bellezas solo

(1 ) JMd. ODMt. 99» A rt. s.’ ad 1 ."


(9 ) U U . Oom*. 90. A xU « '
TEORÍA DE LA LEY ETC. 505

pueden apreciarse debidamente, leyendo y meditando


üu inmortal tratado de las leyes. «Sublime teoría, d e­

cía el ilustre filósofo espaflol cuya autorizada palabra


tantas \eces hemos escuchado en el discurso de esta
obra, donde halla el poder sus derechos, sus debe­
res, sil fuerza, rii autoridad, su prestigio; y donde la
sociedad encuentra su mas firme garantía de órden,
de bienestar, de verdadera libertad: sublime teorio,
que hace desaparecer del mando, la voluntad del
hombre, convirticndola en un instrumento de la ley
eterna, en un ministerio divino.»
■Con entera confianza, couclniré con el grande es­
critor, (I) podemos retar A nuestros adversarios á que
nos presenten un jurista, ni un filósofo, donde se
hallen espuestos con mas lucidez, con mas cordura,
con mas noble independencia y generosa elevación,
los principios á que debe atenerse el poder civil. Su
tratado de las leyes es un trabajo inmortal, y & quien
lo haya comprendido á fondo, nada le queda que
saber con respecto á los grandes principios que d e­
ben guiar al legislador.»

(i) Si Prntut. 0«p. as.


64
CAPÍTULO CATORCE.

La mutabilidad de la ley humana.

Prescindiendo de la cscuclu Humada práctica, que


consideramos poco digna de la atención <lcl filósofo,
toda vez que no cstiemlc su \ista mas allá de los fe­
nómenos de pura aplicación, existen en nuestro siglo
dos escuelas principóles, en úrden al derecho humano
y sus relaciones con el derecho ó ley nnturol.
Kant, aplicando y trasladando sus teorías de la razón
pora al terreno de la legislación humana, no ve en
esta mas que una manifestación ncccsaria y universal
de la ley natural. Esto constituye el fondo de la es­
cuela filosófica, la cual fundada por el filósofo de Koe-
nisberg, ha sido sostenida y desarrollada después por
sus discípulos y principalmente por Hegcl.
LA MUTABILIDAD DE LA LEY ETC. 507

Para esta escuela, la ley liuraaua es una cosa ab­


soluta como la ley natural, y el oficio dol legislador
consisto en examinar y expresar de una manera abs­
tracta y general, la justicia natural y eterna, contenida
cu lu le y de la naturaleza, de una manera capaz de
regular y dirigir la acción del individuo en sociedad.
La ley. humana debe prescindir y sobreponerse A las
variedades de origen, de nacionalidades, de clima, de
caracteres, hábitos y demas condiciones de muta­
bilidad. En unn palabra; la escuela filosófica tiende á
identificar la ley humana con la ley natural, trasla­
dando á aquella las condiciones de unidad, inmutabi­
lidad y universalidad, que convienen ¿ la segunda.
En freuto de la escuela fiitosóflea, hállase la escu da
llamada histórica, que considcru la ley humana como
el resultado y manifestación natural de las ideas, cos­
tumbres, instituciones, origen, clima y caracteres de
una nación. Para osla escuela, la legislación de un
pueblo debe hallarse en exacta relación con las con­
diciones especiales del misino, reflejando al propio
tiempo necesariamente sus vicisitudes históricas; y el
oficio del legislador es solo el estudiar la naturaleza y
variedad de elementos de una nación, pura establecer
una legislación cu relación y armonía con Iom mismos.
Asi como la escuela filonúfica tiende á confundir y asi­
milar el dcrccho puramente humano con el derecho
natural, asi por el contrario la escuela histórica, tiende
ú separar completamente los dos. De aqui es también,
que mientras en la primera escuela, la ley humana par­
ticipa de la universalidad, inmovilidad y necesidad de
la ley natural, la segunda, haciendo depender la ley
humana de la esperiencia y de la m ultiplicidad de con-
CAPÍTULO CATORCE.

(liciones y elcnicutos empíricos, es esencialmente hipo­


tética, progresiva y variable.
¿Cnul de estas dos escuelas tiene razo» ? Á nuestro
modo de ver las dos están en lo verdadero, y las dos es­
tán también en lo falso. Están en lo verdadero; porque
las dos envuelven una verdad. Están en lo falso; por­
que exageran y desnaturalizan esa verdad y sus apli­
caciones.
(¿uc la ley humana debe tener algo de absoluto, in­
mutable y universal, es una verdad que solo pueden
negar los que desconozcan que una de la 9 condiciones
principales y tal vez la mas esencial de toda ley humana,
es que sea una derivación de la ley natural. Y al decir
derivación, no cutiendo significar que la ley humana
debe ser siempre uua deducción rigurosamente lógica
de la ley nataral, ó que la cosa mandada ó prohibida
por ella, sea mandato ó prohibición determinada y ex­
plícita de la ley natural, sino que sea una derivación
á lo menos negativa, es decir, que no se halle en opo-
sicion con los preceptos de la ley natural; pues siendo
esta la expresión en el hombre de la justicia eseucial,
inmutable y eterna, toda ley humana que se halle en
oposicion con la loy natural, dejará do ser justa y consi­
guientemente pierde la naturaleza de ley verdadera;
porque, como dice aan Agustín, non videtvr etstlex, qux
justa non fuerit. En este sentido debe entenderse y esta
es la razón porqué santo Tomás dice, que la ley humana
en tanto tiene razón de ley en cuanto se deriva de la ley
natural, y que si no se halla en armonía con esta, la ley
humana perderá la naturaleza de le j : (I) Omnit ¡ex hu-

(1 ) Sttm. Tlm L 1.' a ." O ust. 9B. Art. I.®


LA M UTABILIDAD DE LA LEY ETC. .SOÍI

manilus posita, in lantuin habet de ratione leyis, in quan­


tum á lege natura dericatur; si vero in aliquo á lege na tu­
rad discorde!, jatn non erit lex, sed legis corruptio.
Otra prueba igualmente convincente, de que la es­
cuela filosófica tiene razón al proclamar alguna in­
mutabilidad y universalidad para la ley humana, se
encuentra en la naturaleza misma y condiciones de
la sociedad humana.
Km efecto; la ley natural prohíbe muchas cosas sin
cuya prohibición 110 puede existir ni conservarle la
sociedad humana, como por ejemplo, el homicidio,
el robo, el adulterio! Pero la ley natural, como exig­
iente en el individuo, uo contiene sanción penal
pura la vida presente y sí solo para la vida futura, si
he esceptúa el remordimiento de conciencia, sanción
evidentemente ineficaz con respecto á un gran nú­
mero de los hombres que viven en sociedad. De
aquí la necesidad absoluta de que la legislación hu­
mana haga entrar en su seno muchas de las prescrip­
ciones de la ley natural, dándoles nueva fuerza y
sobre todo asegurando su mayor observancia por me­
dio de la sanción penal. Por eso vemos que toda le ­
gislación social y política, aunque sea muy imperfecta,
abarca un número mayor ó menor de prescripciones
de la ley natural, pudieudo decirse que toda legisla­
ción de una sociedad, es un complejo de leyes naturales
sancionadas de una manera humana, y de leyes pura­
mente luí nanas ó positivas.
Luego es cierto que la ley humana tomada en g e­
neral, y si se quiere, toda legislación de alguna na­
ción ó sociedad, se identifica en parte con la ley na­
tural; y por consiguiente debe participar de su iom u-
510 CAPÍTULO CAT01CE.

tabilidad y universalidad. Luego tanto por esta razou,


como por la conformidad, al monos negativa, que toda
ley humana debo tener con la ley natural, la ley hu­
mana tiene algo de absoluto y participa de lu uni­
dad de la ley natural.
Hasta aqui la escuela filosófica está en lo verdadero
\ puede combatir con ventaja Ins pretensiones de la
escuela puramente histórica; pero sale del terreno de
la verdad, cuando exagerando est» uíinnacion, pre­
tende que la ley humana debe tener una fijeza y uni­
versalidad análogas á las de la ley natural: afirmar
que la ley humana debe prescindir de Ins elementos
variables que pueden entrar en lu i-onslituciou natu­
ral, política y social del hombre, purn establecer y
modificar las leyes en relación con esos elementos }
oros constituciones, equivale á condenará una imno-
bilidad completa y absoluta toda legislación liumanu,
es ponerse en contradicción con la razón y la his­
toria legislativa de los pueblos.
Puesto que el fin principal de la ley humana en
cuanto tal, es procurar la moyor suma de bienestar
posible de los gobernados ) sobre todo la seguridad
y paz entre los mismos, es evidente que lu ley pu­
ramente humana debe variar en relación con la d i­
versidad de elementos que pueden existir en los d i­
ferentes pueblos. Tal ley comercial que será conve­
niente para una nación, podrá ser perjudicial á otra,
atendidas las condiciones de su industria, de sus re­
laciones comerciales, de sus hábitos y costumbres, y
hasta de su situación geográfica. Tal clase de pena
será suficiente pura reprimir un delito cu una nación
civilizada, y sin embargo puede suceder muy bien, que
LA MUTABILIDAD DE LA LEY ETC. 511

la misma pena sea ineficaz contra el mismo delito en


otra nación menos civilizada. Luego la ley humana, so
pena de faltar ti su Gn propio y necesario y por con­
siguiente de faltarse ú si misma, debe tener un lado
esencialmente progresivo y variable, puesto que debe
estar en relación con las ideas, hábitos, instituciones,
cultura material, intelectual y moral, carácter, clima
y demas elementos variables de un pueblo. Si ú esto
se miado, que la civilización progresiva de una socie­
dad lleva consigo necesariamente uu cambio m asó m e­
nos radical en sus ideas, costumbres é instituciones,
y consiguientemente una modificación relativa en Ion
demos elementos variables, se reconocerá que es ab­
surdo el condenar la legislación humana & la inmo­
vilidad, toda vez que es precisa recouocer un m ovi­
miento progresivo ó rctrogado, en vastas proporcio­
nes, ó poco notable, en la sociedad que por ella
debe ser regida.
L a teoría pues de la imnovilidud y universalidad
de la ley humana solo puede adm itirse en un sentido
puramente hipotético, 09 decir, en la hipótesis inad­
misible de que la humanidad toda llegura simultánea­
mente á un grado de perfección social y á un estado
de civilización .que fuese el mas perfecto entre los po­
sibles y del cual no pudiese pasar; si bien aun en esto
caso, no podria llam arle necesaria, una í- inmutable, en
el mismo sentido que la ley natural.
La movilidad que encontramos en la ley humana
por parte de los súbditos cuyas relaciones debe r e ­
gular y dirigir, conviene igualmente & la misma con­
siderada por parte de su origen. Aunque, según d e­
jamos indicado, la ley humana debe ser una deriva*
5 (2 CAPÍTULO c a t o r c f ..

cíod de la ley natural en el seutido de que nuda debe


contener contrario á la misma, es incontestable que
la Ley puramente humana, es decir, lu que no en­
vuelve dircctumcntc ninguna prescripción determ i­
nada de la natural, es un producto ó efecto de la ra •
zon, ordinal 10 ral ion i*: asi pues el origen inmediato
y propio de esta ley puramente liutiiaua, es la razón
del legislador, bien sea que esta razón humana legis­
lativa se halle representada por uno solo, como en la
inonarquia absoluta, ó por muchos, como en la repre­
sentativa y en las repúblicas.
Ahora bien; la razón Icgislativn, lo mismo que la
razón social y la individuul, se desenvuelve y desar­
rolla gradualmoute, ó como dice santo Tomás, pro­
cede ab imperfecto ad perfectum. Asi es que observa­
mos en la razón social y en la legislativa de los pue­
blos, u d movimiento análogo a l que se verifica cu la ra -
7.011 individual. Lacspcricncianos manifiesta que el pro-
cedim icuto de la razón Individual eu su desarrollo, es
un procedimiento necesariamente gradual y progresivo-,
la razón del hombre adulto se halla separada por una
inmensa distancia de la razón del mismo en los prime­
ros tiempos de su ejercicio y desarrollo, y esta distancia
inmensa solo ha Bido recorrida de una manera gra­
dual y sucesiva. Es evidente que una cosa análoga
debe suceder necesariamente con respecto & la razón
legislativa, bien sea que so la considere como razón
individual, bien sea que se la considere como la ex ­
presión de la razón social y colectiva; porque las socie­
dades se desenvuelven y perfeccionan paulatinamente y
por grados lo mismo qae la razón individual. Luego la
ley humana debe estar B u je ta á variedad y mutación
I.A MUTABILIDAD DK I. A LF.Y ETC. ó II

por parlo do su origen, ó sea por parte de la rnzou


humana; pues si el efecto debe estar cu relación con
su causa, es indudable que la perfectibilidad de la razón
humana, ya individual, ya sociol, debe llevar consigo
la perfectibilidad de su cfccto, que es la ley humana,
y este debe rellcjor & su vez naturalmente los pro­
gresos de aquella. Por eso vemos que las legislacio­
nes de los pueblos, son generalmente la expresión mas
ó menos exacta, no solo de las costumbres, instit