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COLEGIO SAN FRANCISCO JAVIER

Ser Conquistadores y Colonos en las Nuevas Tierras


(“¡Miren! Yo he puesto delante de ustedes esta tierra; ¡vayan y tomen posesión
de ella!” Dt. 1,8)

Nosotros pertenecemos a una humanidad asentada. Somos técnicamente,


sedentarios. La humanidad debió caminar mucho antes de llegar a esta
situación. Distintas culturas nos preceden. Hemos heredado lo que otros
cultivaron, buscaron, lucharon por, murieron por.

No quiere decir que nosotros no lo hagamos. Lo hacemos. Nos mueven distintos


sueños. Cada uno sabe lo que ha trabajado para alcanzar lo que tiene. Algo de
lo cual hablamos a inicios de este año: la estabilidad que tenemos (o seguimos
buscando) no ha sido gratuita. Los callos no los tendremos en las manos, pero
internamente quizás cuántos acarreamos. Algunos duelen. Otros no.

Sea como sea, hoy ya casi se no habla de conquistadores y colonos. Asociamos


estos términos a gestas del pasado, algunas más admirables que otras, y a
personajes que conocemos por libros, por curiosidad o por pega. Si a alguno le
gustan los western puede que siga soñando con ser uno más de de los que se
internan en el lejano oeste. A algún conquistador puede que lo admiremos
(Alejandro Magno (iniciador de ese gran período helenístico; 332 aC), Gengis
Kahn (primer imperio mongol en el año 1206), Marcopolo (ruta de la seda en
1255), Cristóbal Colón (1492), Hernán Cortés (México, 1519), Francisco Pizarro
(Perú, 1533), Pedro de Valdivia (1540), etc). Estos han quedado inmortalizados
y rodeados de honor por la historia. Otros, no lograron espacio en las páginas
de las enciclopedias, y su obra sólo la conocen los que son herederos de ella.
No obstante, hayan sido como hayan sido, abrieron rumbos. Extendieron el
mundo. Construyeron presente.

Yo admiro a uno, y que tiene que ver con nuestra humilde tierra. Estoy
conciente que no es un santo, lo cual puede ser mejor. Es un hombre común y
corriente. Yo lo admiro por su tenacidad y fuerza: Pedro de Valdivia. Reconozco
que haber vivido a dos cuadras de la plaza que lleva su nombre en la comuna
de Providencia, en Santiago, pueda estar influyendo en esta admiración (sobre
su puente vi pasar a Richard Tormen en una de las Vueltas a Chile más exitosas
para nuestro país. En sus cercanías cultivé lindas amistades que perduran
hasta ahora. En sus prados… bueno, para qué profundizar).

Pedro de Valdivia

Nació un 17 de abril de 1497, buen mes. Hijo de Pedro Oncas de Melo e Isabel
Gutiérrez de Valdivia (filiación no comprobada), provenía de una familia de
hidalgos con cierta tradición militar. Sin embargo, decir que alguien venía de
una familia de hidalgos con cierta tradición militar, no es que lo haga muy
distinto a quienes lo rodeaban. Y si bien hidalgo quiere decir “hijo de alguien”,

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aludiendo a alguna riqueza reconocida, es uno más de tantos. En su vida no


hay nada particular. Hasta que llega 1535, año en que decide venir al Nuevo
Mundo (“nuevo” para ellos).

Ansias de algo distinto: qué hace que algunos se muevan de dónde


están, qué hace que algunos sientan esa ansia de algo diferente. Es
como si se sintieran llamados a algo mayor. Esa misma ansia nos
permite estar citándolo ahora. ¿Hemos sentido algo similar: la
invitación a algo mayor, grande? ¿Al sentir esa invitación, la hemos
avivado o la hemos apagado? ¿Nos sentimos ahora dando vida a algo
mayor?

Después de algunos episodios no del todo aclarados, se alista en las fuerzas de


Francisco Pizarro. Será su Maestre de Campo (rango alto) en el conflicto que
libra contra Diego de Almagro. Hasta que un día, finalizado ya el conflicto
mencionado, se presenta delante de Pizarro y le pide su autorización para ir a
la conquista de las tierras del sur, conocidas como Chili por los incas. “Os
habéis vuelto loco”, fue la respuesta recibida. Pizarro pensaba que era una
locura dejar tierras, y rentas para ir a un territorio donde el Adelantado Almagro
había fracasado.

“Os habéis vuelto loco”: lo que para algunos es una locura, para
otros es un sueño. Puede que la apariencia de locura tenga que ver
con algo que se ve poco prudente, poco aterrizado, demasiado
trabajoso. Pero para quien lo sueña, es lo que le da vida al corazón.
¿Cuáles son nuestras locuras? ¿Nos hará falta algo de eso ahora?

Pizarro finalmente cede a la petición de Pedro de Valdivia. Además no le


significaba ningún costo, pues los conquistadores tenían que financiarse por su
cuenta. Al contrario, la partida de Valdivia lo favorecía, pues dejaba disponibles
sus posesiones para otro colaborador.

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Aunque las dificultades para encontrar financiamiento y soldados estuvieron a


punto de frustrar su empeño, finalmente Valdivia inicia su gesta adeudado
hasta los tuétanos (nada muy distinto a nosotros en este momento). Lo que
pasaba es que los prestamistas juzgaban desmesurado el riesgo que corrían, y
por otro lado, la gente rehuía enrolarse en la conquista de la tierra más
desacreditada de las Indias, considerada miserable y hostil, sin oro y de clima
muy frío. De hecho él mismo escribe a Carlos V: "no había hombre que quisiera
venir a esta tierra, y los que más huían della eran los que trajo el Adelantado
don Diego de Almagro, que como la desamparó, quedo tan mal infamada, que
como de la pestilencia huían de ella; y aún muchas personas que me querían y
era tenido por cuerdo, no me tuvieron por tal cuando tuve que gastar la
hacienda que tenía, en una empresa tan apartada del Perú y donde el
Adelantado no había perseverado".

“No había hombre que quisiera venir a esta tierra”; juzgaban


desmesurado el riesgo: nuestra cordura actúa como defensa ante
muchas situaciones, pero también es el obstáculo más grande para
emprender acciones, que desde otro punto de vista se presentan
atrayentes. ¡Para qué arriesgarnos cuando acá estamos bien y se ha
hecho tanto bien! ¿La gente partirá con nosotros? ¿A cuántos vamos a
perder? El peligro con estas reticencias y dudas es que pueden hacer
camino en silencio dentro de nosotros, impidiendo que nos subamos a
la empresa con un corazón dispuesto; nos frenan; nos restan.

Valdivia logra juntar 70 mil pesos castellanos. Demasiado poco (Almagro gastó
500 mil; un caballo costaba 2 mil). Y sólo 11 soldados se enrolaron en la
aventura (más Inés de Suárez).

¿Qué movía a Pedro de Valdivia a emprender un proyecto que casi todos


consideraban insensato? Valdivia pensaba que esas tierras eran apropiadas
para establecer una gobernación de carácter agrícola, y creía poder descubrir
suficientes riquezas mineras para sostener un colonia donde él fuese “señor”
(qué coincidencia hablar de esto ahora). En el fondo quería formar un nuevo
reino que le diera fama y poder: “Dejar fama y memoria de mí”. Si bien,
Valdivia fue uno más de los tantos aventureros que llegaron a estas tierras, sus
capacidades eran mayores. Bien sabía que mientras más difícil la empresa, más

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fama para el emprendedor. Aunque también podríamos decir que vio futuro
donde todos veían dificultades.

“Dejar fama y memoria de mí”; vio futuro donde todos veían


dificultades: ¿Qué nos mueve a nosotros? No es la fama ni la
memoria vacía. Sí, es ver futuro. Este colegio tiene un sueño que ya
cumplió 150 años: formar personas de bien. Creemos que para seguir
dándole futuro a ese sueño necesitamos más espacio, nuevos medios.
En el fondo, como Valdivia, buscamos nuevas tierras donde podamos
cultivar mejor y donde las riquezas naturales salgan a la luz. ¿Estamos
convencidos de eso? ¿Sentimos que es una continuidad con todo lo
hecho por tantos hasta ahora?

Así entonces, los expedicionarios salieron “no con tanto aparejo como era
menester, pero con el ánimo que sobraba a los trabajos que podían pasar y
pasaron”.

“con el ánimo que sobraba a los trabajos que podían pasar”: es


clave esta frase de Valdivia. Una cosa es el sueño, otra la visión con la
que se camina, pero otro asunto, es que el ánimo y el espíritu estén
preparados para los trabajos que ese sueño implica. La conquista de
esas nuevas tierras requería de un ánimo fuerte para hacer frente a
las dificultades. Nuestra conquista de las nuevas tierras, de los nuevos
espacios, requiere de ese ánimo que vaya transformando lo que
encontremos y de ese modo se haga instrumento que ayude a realizar
nuestro sueño.

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Hicieron camino por la ruta por Tarapacá y el Desierto de Atacama, la ruta de


regreso del Adelantado Almagro, que con todo había mostrado ser la menos
dura.

“la ruta de regreso del Adelantado”: aprender de lo previo,


aprender de las experiencias de otros. No se cometen los mismos
errores. Nosotros no estamos iniciando un nuevo colegio. Lo que es
nuevo es el espacio, pero no el colegio. Nuestro desafío consiste en
aplicar la experiencia acumulada en los nuevos espacios y con la
nueva tecnología, mostrar que tenemos un modo de educar
consolidado que sabrá aprovechar las nuevas las ventajas y
posibilidades.

Varios soldados se le unen en Tarapacá, pues la noticia de su marcha se había


difundido por el altiplano. Ya eran a esa altura 110 españoles. Sin duda a éstos
últimos les atraía la osadía de la empresa.

“les atraía la osadía de la empresa”: hay algunos que son capaces


de contagiar lo que viven, que son capaces de despertar el mismo
ímpetu que los mueve a ellos. ¡Cómo hacer que nos contagiemos de la
misma manera nosotros! ¡Cómo hacer que esto lo vivamos como algo
que no nos podemos perder, que tenemos que ser parte de ello!

Al salir de Chiu-Chiu ya eran 153 hombres. Al entrar al Despoblado de Atacama,


Valdivia los divide en cuatro grupos, los que marchan separados por una
jornada, de modo que las fuentes de agua, agotadas por un grupo, se
recuperasen antes del siguiente grupo. Además el grupo de vanguardia lleva
herramientas para mejorar los pasos, cosa de evitar que los caballos
despeñasen, y profundizaban los pozos (… en un momento de pérdida de
esperanza… Aguada de Doña Inés).

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“en cuatro grupos”: la creatividad para “domesticar”, para allanar


los escollos y para abundar los recursos disponibles. No iremos en
grupos. Nos vamos juntos. Sin embargo, sí requeriremos de
creatividad para allanar, abundar, no despeñarnos, no quedarnos
atrapados, no desanimarnos por lo que pueda faltar. Tenemos
herramientas: nuestras capacidades y experiencia.

En lo que hoy es Copiapó, Valdivia realiza un acto de posesión: vestidos de


uniformes, con sus armas relucientes, los sacerdotes entonan el Te Deum,
trona la artillería, redoblan los tambores… El Conquistador con la espada en
una mano y el pendón de Castilla en la otra, declara la posesión del valle.

“acto de posesión”: nosotros tendremos que pensar en el nuestro.


Tal vez, con lo más propio de nosotros, con lo que más nos caracteriza,
pero un acto de posesión que hable de la historia, de los sueños, del
futuro.

Era un jueves 26 de octubre de 1540. Había partido en enero de ese mismo


año. No sabemos aún la fecha en que inauguraremos nuestras nuevas tierras,
pero eso sólo tendrá significado, y resonará internamente, si antes hemos
participado de la travesía, si antes hacemos el camino. Me imagino lo que debe
haber sido ese acto para los que atravesaron el desierto, nada distinto a esos
gestos de los operarios de las sondas al saber que los mineros estaban vivos.
Hay cosas que sólo transmiten significado cuando uno se pone por entero en
ello.

Quiera el Señor que seamos como aquellos que impresionados por la osadía de
la empresa, unen sus personas a tan inmenso sueño.