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Sucesos Previos a la Batalla de Boquerón

Salamanca el “Hombre Símbolo” juro la presidencia, el 5 de Marzo, esto acabo por


mezclarse en la probeta del poder los tres factores determinantes de la guerra por venir
que, en lo tocante a Bolivia, había venido destilando la química de las circunstancias: La
Standard, el Comando Militar y el propio Salamanca con el partido Genuino. Su primer
Gabinete: Sánchez Bustamante, Calvo y el general Lanza, así lo prueba.
El Paraguay, movido por sus factores conflictivos: los intereses argentinos en el
Chaco, y su espalda, la estrategia de la Shell, descifro, claramente, el sentido de esa
mezcla explosiva e intensifico sus exploraciones. El 13 de Marzo, Belieff ocupo la alguna
Pitiantuta (significa "lugar del oso hormiguero muerto" en el idioma de los indios
Chamacocos/Tomaraxos, que habitaban el lugar), y fundo a su orilla, el fortín “Carlos
Antonio López”. Esta laguna constituía la única provisión de agua en toda la diagonal de
fortines desplegadas desde Puerto Suarez sobre el rio Paraguay, hasta “Linares”, al sur
del paralelo 24º, sobre el Rio Pilcomayo, y poseía, por lo tanto, una importancia estratégica
considerable.
Sánchez Bustamante pidió datos sobre la situación en el Chaco, al comando y éste,
a través, de su cabeza titular, el general Filiberto Osorio, además de dárselo, le prometió
un Plan de Penetración puramente militar.
El interés de Sánchez Bustamante alentó al comando militar, El capitán Víctor Ustariz
fue enviado a explorar toda la zona comprendida entre el Robore, una guarnición cercana
a Puerto Suarez, y el rio Pilcomayo.
La misión de Ustariz era parte del plan que Osorio había prometido y presento al
gobierno. Redactado por Ángel Rodríguez, Jefe de Operaciones del Estado Mayor,
consistía, esencialmente, en tender junto a la línea del statu quo prevaleciente, una
telaraña de caminos anudada por cuatro fortines de nueva creación; uno a 40 Km. de la
line entre “Arce” y “Ballivian”; otro, a 50 Km. al sur de “Ravelo”, el tercero, a 100 Km. al
este de Carandaití y el cuarto, a 100 Km. al este de Nancuday.
Era, a lo más, una concepción ideal. Olvidaba la diferencia existencial del terreno
mismo, y peor aún, estaba concebido sin tener en cuenta el vital problema del agua; la
existencia de pozos nuevos, las lluvias, los efectos de las distintas estaciones.
En 1908, como senador por Cochabamba, Salamanca interpeló al ministro de
Relaciones Exteriores por el "gravísimo error" cometido por el Ejecutivo al aprobar el
Protocolo Pinilla-Soler.
La falta de recursos impulsó al presidente a pedir un préstamo al millonario boliviano
Simón I. Patiño, residente en París. Le escribió el 10 de agosto (1931):
"La situación económica de Bolivia, lejos de aclararse va oscureciéndose en un
grado peligroso… Una desgraciada complicación en estos momentos existe con el
Paraguay… Por el momento me parece que el peligro de un conflicto está alejado…
pero vamos imprimiendo un fuerte impulso a nuestra penetración en el Chaco… Lo que
paraliza nuestros esfuerzos es la falta de dinero. Todas las demoras que hemos sufrido,
así como la pequeñez de nuestras fuerzas militares en aquella región, se deben a
nuestra suma pobreza… La situación me obliga a acudir a su patriotismo,
sobreponiéndome al disgusto que me causa tener que molestarlo… Pido su ayuda para
conservar, para defender y para dominar el Chaco y para incorporarlo a la soberanía de
Bolivia, hasta donde sea posible tener éxito en esta empresa… Creo que el total puede
calcularse en un máximo de medio millón de pesos bolivianos… Mucho agradeceré que
me anticipe su respuesta por cable con la palabra posible o imposible".
Don Simón Patiño facilito 25.000 libras esterlinas. El presidente Salamanca volvió a
escribirle:
"El préstamo acordado por usted será aplicado a satisfacer los gastos
extraordinarios ocasionados por nuestra acción en el Chaco. No se trata de disputar los
territorios usurpados por el Paraguay, respecto a los cuales guardamos una rigurosa
prudencia para evitar un conflicto. Es así que nosotros mismos hemos propuesto un
pacto de no agresión… Nuestra posición se reduce a la rápida y efectiva ocupación de
las regiones todavía desiertas, a fin de incorporarlas a nuestra soberanía,
adelantándonos a la ocupación paraguaya… El gobierno no desea ni puede desear una
guerra que por ahora sería insensata. Deseo aprovechar la paz, pero asentar el dominio
boliviano en el Chaco".
"Con trabajos, sudor y lágrimas", como dijese el cronista de las expediciones
jesuitas de siglos antes en la misma región, jefes, oficiales y conscriptos del ejército, fueron
jalonando la soberanía boliviana en aquellas tierras desiertas. El general Federico Román,
el teniente coronel Ángel Ayoroa, el teniente coronel Felipe M. Rivera, el mayor Eulogio
Ruíz, el mayor Alfredo Rivas, el capitán Víctor Ustárez y otros héroes anónimos abrieron
sendas y caminos y fundaron fortines. Al lado de aquellos jefes figuraron varios oficiales
jóvenes como Germán Busch, Antenor Ichazo, Jorge Vidal, Armando y José Pinto.
El plan de Penetración ideado por el comando militar, continúo ejecutándose sin
pausa a despecho de los temas políticos. Bush, saliendo de Roboré como Ustariz, fundo
“Ingavi” en San Ignacion de Zamuco, al norte del paralelo 20° y entre los meridianos 60°
y 61°.
La crisis, el gran telón de fondo de todo ese cuadro, junto con empequeñecer el
beneficio, tenía que hacer más dura su disputa. Se negó el derecho de sindicalizarse a los
obreros de Potosí; hubo manifestaciones y choques. Salamanca ignoro todos los derechos
que la clase obrera había ganado en el tiempo de Saavedra. El calificativo de comunista
que el unionismo había usado contra los campesinos de Chayanta, fue sacado a la luz a
fin de justificar la represión.
Tuvo sus consecuencias. En lo inmediato, movió al Partido Republicano a endurecer
su posición opositora, lo que coincidió, para preocupar al gobierno, con su entibiamiento
del apoyo liberal, decepcionado por su escasa participación en el Gabinete.
Fruto de esa preocupación, Canelas (Ministro de Haciendas) adquirió la isla de Coati,
en el lago Titicaca, para prisión de detenidos políticos, y Calvo replanteó su proyecto de
Ley de Seguridad Social.
La oposición de los republicanos y las vacilaciones de los liberales, hallaron nuevo
argumento cuando se entró a discutir, en el congreso, La Ley del Divorcio Absoluto, un
cuchillo dividió a la opinión, sin distinción de clases, y agitó, otra vez, a la iglesia.
El plan de Penetración del comando militar avanzo una vez más, sobre la cuerda
floja de lo desconocido, durante el mes de septiembre. La necesidad de agua llevo a la
ocupación de Masamaclay, una posición paraguaya, a la que se bautizó como agua rica.
Pocos días después, el Paraguay, tentó la recuperación, pero sin éxito. Como una
piedra arrojada a un estanque, la frustración nacida en ese pequeño y desconocido punto
del mapa chaqueño, se extendió hasta Asunción, sacó a las masas paraguayas a las
calles en actitud beligerante y concluyo con un cambio de gobierno favorable a los
sectores belicistas. También al otro lado de la frontera habían concluido por mezclarse,
en el poder, todos los factores tendentes al conflicto.
Por el Norte, Ayoroa, "partiendo de Roboré y pasando por Ravelo, llegó al río de
los Timanes donde fundó el fortín Ingavi". "De allí penetró a la serranía de los Zamucos
en la que estableció el fortín Aroma y algo más al Sur, Florida". Al centro, el general Román
salió de Charagua y "avanzó al Oriente hasta hacer el importante descubrimiento de
Laguna 27 de Noviembre", que permitió la fundación posterior de Picuiba. En el Sur,
gracias principalmente al coraje de Ustárez y Rivas, los fortines bolivianos subían desde
el río Pilcomayo hasta los puestos Yucra y Ramírez que hacían centinela cerca a
Boquerón. Frente a la peligrosa entrante formada por los fortines paraguayos Toledo y
Corrales, se construyeron los fortines Fernández, Loa, Bolívar, y, más arriba, Camacho.
Faltaba únicamente cubrir el claro existente en el centro, estableciendo contacto
desde Camacho con las unidades de la Tercera División que venían descendiendo del
Norte. Un telegrama del Estado Mayor en La Paz al comandante de la Cuarta División en
fortín Muñoz, impartió estas instrucciones: "Presrepública ordena unir fortines Camacho
con Baptista stop Sírvase ordenar expedición provista de elementos y recursos
suficientes, garantizando medidas precaución para no perder contacto con Camacho y
Loa y evitar extravíos stop Cometido de gran aliento necesita extrema atención y
esforzado apoyo Cuarta División para coronar éxito dentro máxima circunspección y evitar
provocaciones puestos paraguayos posible pudieran encontrarse dirección avance.
Osorio".
Boquerón, El escenario de los Héroes
El fortín de Boquerón había sido ocupado por el ejército boliviano hacia julio de 1932,
dándose comienzo a la Guerra del Chaco cuando Paraguay intentó su reconquista.
La primera orden efectuada por parte del Presidente del país vecino, Eusebio Ayala,
en vinculación con la toma del fortín fue interceptada por el servicio secreto de Bolivia. A
partir de allí, la Sociedad de Naciones (organización que antecedió a las Naciones Unidas)
declaró al Paraguay país agresor.
A la muerte del teniente coronel Luis Emilio Aguírre, había asumido el mando de la
guarnición de Boquerón el teniente coronel Manuel Marzana. Sus principales
características eran la serenidad y la modestia. Oficial educado desde su juventud en la
rígida escuela de "subordinación y constancia", era uno de esos soldados para quienes
una orden que se da es una orden que se cumple., el mismo tuvo boquerón bajo su control
entre agosto y septiembre de 1932.
La consigna del destacamento estaba expresada en un radiograma del Estado
Mayor:
"El Capitán General ordena y la Patria pide no abandonar Boquerón de ninguna
manera, prefiriendo morir en su defensa antes de dar el parte de retirada. Quebrantar la
ofensiva paraguaya en este punto será suficiente para desmoralizar al enemigo y sobre
todo para dar un desmentido ante América de otra propaganda paraguaya sobre la
incapacidad de nuestras tropas".
Marzana dijo simplemente a sus hombres:
"Hijos vamos hacer respetar el uniforme que vestimos. Ningún soldado debe
retirarse hasta haber quemado el último cartucho"
Una serie de acciones militares emprendidas por el ejército boliviano con la captura
de una laguna (Chuquisaca o Pitiantuta) y el fortín paraguayo Antonio López que la
guarnecía, precipitó la guerra desde el 15 de junio de 1932. Represalias y contra
represalias, materializadas en tomas y retomas de fortines, dieron lugar a que Bolivia
hubiera ocupado el fortín Boquerón, amenazando desde allí dislocarse al este hacia Isla
Poi que era su cuartel general quebrando así el dispositivo militar paraguayo en el Chaco
o virar hacia el sur camino a Asunción. Ante esa situación, el coronel José Félix
Estigarribia, comandante de las fuerzas paraguayas, en el mes de agosto dispuso que era
vital retomar Boquerón, operación que aparentemente no ofrecería ningún esfuerzo,
habida cuenta de la resistencia que habían estado oponiendo ambos ejércitos durante los
dos meses anteriores en esas tomas y retomas; bastaría entonces, a su parecer, abrir
fuego nutrido y a la carrera arrollar a los defensores, que por sentido común o instinto de
sobrevivencia deberían replegarse a líneas más seguras.
El gobierno paraguayo decidió la retoma de los tres fortines como cuestión de honor
nacional. Uno de los principales objetivos fue el antiguo fortín de boquerón, llave principal
de su línea de defensa en el chaco. La ofensiva paraguaya comenzó el 9 de septiembre.
Bolivia planteo la defensa en el mismo tenor, no se debía de ceder el fortín bajo
ningún concepto.
Los soldados bolivianos sumaban apenas 448 efectivos con 350 fusiles, 40
ametralladoras, 3 cañones y dos antiaéreos.
Estigarribia en ese entonces Teniente coronel a cargo de la primer y segundo cuerpo
de Ejército llego a plantar alrededor de Boquerón una fuerza entre 9000 y 11500 efectivos
de acuerdo a fuentes paraguayas.
La batalla de boquerón empezó el 9 de septiembre y termino el 29 o 30 de ese mes
según algunos autores. La resistencia de Boquerón duro aproximadamente 20 días.
En la primera jornada los paraguayos se acercaron hasta menos de 50 mts. de las
trincheras, pero fueron repelidos con fuego nutrido. Los batallones bolivianos que fueron
enviados a dar apoyo en Boquerón no cumplieron con su objetivo dado que los caminos
estaban cortados e interceptados por el enemigo, pero los paraguayos retrocedieron
desanimados ante la magnífica defensa, esta acción permitió que ingresara un regimiento
boliviano al mando de Tomas Manchego.
La falta de planteamiento, recursos y experiencia del cuerpo de oficiales bolivianos
también se manifestó rápidamente, y así las tropas de Boquerón fueron dejadas a sus
propios recursos para detener el pesado y bien coordinado ataque paraguayo
Tres días tardo el ejército paraguayo en rodear completamente el fortín. Marzana
agotado las municiones de los cañones y pidió ahorrar balas y disparar solo con blanco
seguro. El capitán Víctor Ustarez rompió heroicamente el cero y entro a boquerón con 58
hombres, reforzando y subiendo la moral del contingente de defensores. Una nueva
incursión de Ustarez fuera de fortín para conseguir más refuerzos le costó la vida al héroe.
Los ataques en oleadas sobre el fortín agotaron la defensa. Los víveres se
terminaron, el único poco de agua accesible era atacado por un nido de ametralladoras
paraguayo, acercarse era muerte segura, un par de cadáveres de soldados bolivianos
flotaban en el pozo. La aviación boliviana (la aviación boliviana tuvo un destacado papel
en toda la guerra. Fue siempre superior a la paraguaya, contaba con un equipo moderno
de aviaciones Curris que dominaron el aire del Chaco) trataba de proveer de pertrechos,
alimentos y agua, pero estos debido a la altura que caían se destruían o caían en manos
enemigas, las líneas de abastecimiento bolivianas desde el lejano altiplano Boliviano al
Chao estaban en un estado caótico y primitivo, haciendo sumamente difícil el
abastecimiento de tropas, tanto de víveres como de municiones, literalmente tomaba dos
meses el traslado de abastecimiento desde el altiplano por tres hasta Tarija, la terminal
ferroviaria, y de allí por camiones a Villamontes, al filo del Chaco, y de allí hasta los
distintos fortines.
Los soldados eran casi espectros, pero no se rendían. El alto mando pedía lo
imposible, resistir quince días mas hasta la llegada de refuerzos.
El 14 de septiembre recibieron la orden terminante proveniente de Palacio de
Gobierno, debiendo aceptar la misión histórica que el destino les había impuesto, dentro
un concepto esencialmente militar, la consigna que para ellos significaba la sentencia de
muerte:
“BOQUERÓN DEBE RESISTIR HASTA QUE MUERA EL ÚLTIMO HOMBRE”.
La orden del Cnel. Manuel Marzana, Comandante del fortín reitera lo siguiente:
“Para su lectura a la tropa en todos los Puestos de Combate.
“Jefes, Oficiales y Soldados de Boquerón: El dedo de la fortuna nos ha señalado el
insigne honor de representar en esta batalla al pueblo de Bolivia, a sus instituciones y a la
salvaguardia de su honra nacional. Nuestro deber es llegar al convencimiento de que el
enemigo podrá pasar después sobre nuestros cadáveres, con el RESPETO QUE
INFUNDE LA MEMORIA DE LOS SOLDADOS QUE SUPIERON CAER COMO LEALES
DEFENSORES DE SU BANDERA; Jefes, oficiales y soldados de Boquerón:
“¡SUBORDINACIÓN Y CONSTANCIA!”.
Leída la orden, los soldados se ponen de pie, y tocados en lo más íntimo de su ser,
por el efluvio de su probado patriotismo y pese al agotamiento físico, llenan el aire con un
fuerte: ¡VIVA BOLIVIA!
Más de tres semanas de duro asedio. Se ven obligados en varias ocasiones a frenar
el avance con varios contraataques, manteniendo una fiera resistencia en espera de
refuerzos, cada día que resistieran significaba una aproximación de los soldados del
ejército de Bolivia al teatro de operaciones, aunque no para liberar Boquerón; así
continuaron su feroz resistencia ya sin esperanza de victoria, los alimentos y el bastimento
se agotaban, las enfermedades y los numerosos heridos imposibilitaban continuar
luchando, pero antes que rendirse preferirían morir.
No había fuerzas ni para enterrar a los compañeros caídos. El 19 no había balas sino
para un combate de diez minutos. Los soldados desesperados empezaron a beber sus
propios orines. Marzana decidió pedir una tregua para una capitulación honrosa. Levanto
la bandera blanca, los paraguayos estaban a pocos metros de las trincheras creyeron que
era una rendición de parte del ejército boliviano es en este momento que se abalanzaron
y tomaron el fortín. En silencioso homenaje, el mando paraguayo vio salir a los héroes que
quedaban vivos en harapos, casi sin poder caminar, centenares de muertos y moribundos
yacían allí. Estigarribia creyó siempre que se enfrentaba a por lo menos 1500 hombres
bolivianos; en el mejor momento no habían llegado a 700. Sobrevivieron al menos 450.
El comandante paraguayo no admitía que, para ese momento, Marzana hubiera
combatido sólo con doscientos cuarenta hombres, otros doscientos estaban heridos y el
resto muertos.
la última orden en Boquerón:
“A las 3 am de ese decisivo 29 de septiembre, el Cnel. Marzana dictó la
siguiente orden:”
1.- El Oficial Carlos Ávila enterrará la bandera nacional en un lugar secreto
para que no caiga en manos enemigas.
2.- Agotadas todas las municiones, el material de combate deberá ser
destruido.
3.- Los soldados y oficiales se mantendrán en sus puestos de combate hasta
el último sacrificio.
4.- En el asalto final del enemigo, deberá defenderse a todo trance a los
heridos y enfermos.
¡Oficiales y soldados del Destacamento: ¡Subordinación y constancia!”
Es necesario señalar que la bandera fue salvada por el subteniente Clemente
Inofuentes, quien no permitió el entierro, sino que se apoderó de ella, la enrolló en su
cuerpo y así marchó prisionero al Paraguay, guardándola hasta su regreso a la patria.
El presidente paraguayo dijo:
“Los Bolivianos pelearon con tal bravura y coraje ... que merecen muestro respeto”
Marzana dijo al volver de tres a los de prisión en Paraguay:
“No hicimos más que cumplir con nuestro deber”
Boquerón: hechos cronológicos
Detalla que la Batalla de Boquerón se libró desde el 9 al 29 de septiembre de 1932.
Relata que culminó con la recuperación del fortín por parte del ejército paraguayo, la
captura de sus ocupantes, la caída de los fortines circundantes y la retirada hacia el fortín
Arce de las fuerzas bolivianas, que intentaban prestar ayuda desde el exterior al fortín
Boquerón.
El destacamento que tras la muerte de Aguirre comandaba Marzana tuvo Boquerón
bajo su control entre agosto y septiembre de 1932. El gobierno paraguayo decidió la
retoma de los tres fortines como cuestión de honor nacional. La ofensiva paraguaya
comenzó el 9 de septiembre. “Bolivia planteó la defensa de la misma manera, no se debía
ceder el fortín bajo ningún concepto”, afirma Acosta enérgico y resalta que ambos países
pensaron que este episodio definiría el carácter de la guerra e influiría sobre la moral
nacional. “Los defensores bolivianos sumaban apenas 600 con 350 fusiles, 40
ametralladoras, 3 cañones y dos antiaéreos”, expresa.
Julio de 1932
El 5 de julio la delegación paraguaya se retiró de la conferencia en Washington
debido al ataque boliviano al fortín Carlos Antonio López. Este ataque se realizó el 15 de
junio mientras, a pedido de Bolivia, se estaban realizando conversaciones para firmar un
pacto de no agresión en el Chaco.
Un mes después del ataque, el 15 de julio, las fuerzas paraguayas desalojaron a los
bolivianos del fortín Carlos A. López. En represalia el presidente Salamanca ordenó la
captura de tres fortines paraguayos: Corrales, Toledo y Boquerón.
El coronel boliviano Enrique Peñaranda ocupó el día 27 de julio el fortín paraguayo
Corrales, el día 28 el fortín Toledo, y el día 31 el teniente coronel Luis Emilio Aguirre ocupó
el fortín paraguayo Boquerón.
Agosto de 1932
El 7 de agosto, fuerzas bolivianas ocuparon el fortín paraguayo Carayá bautizándolo
Huijay como parte del plan del general Quintanilla, comandante del Primer Cuerpo
boliviano.
Previendo el fracaso de las negociaciones diplomáticas entre Bolivia y Paraguay, el
comando boliviano mejoró las defensas de Boquerón.
Se construyeron “chapapas”, nidos de ametralladoras camuflados y en todo el sector
de pajonales y montes se abrieron campos de tiro para facilitar el fuego medido y
calibrado.
Septiembre de 1932
9 de septiembre
El 9 de septiembre de 1932 comenzó la heroica Batalla de Boquerón en la
Guerra del Chaco La Batalla de Boquerón se inició el 9 de septiembre de 1932 y
concluyó el 29 de septiembre de 1932.
Fue una defensa heroica de un fortín realizada por soldados bolivianos. Era el inicio
formal de la Guerra del Chaco. El Ministerio de Trabajo recordará día a día esa gesta con
la publicación de los diarios de esa época, los comunicados militares, una descripción de
lo que sucedía día a día en ese fortín y un diario de batalla.
La Guerra del Chaco, entre Paraguay y Bolivia, se libró en los hechos desde el 15
de junio de 1932, cuando los bolivianos tomaron el fortín Antonio López en la laguna
Pitiantuta o laguna Chuquisaca hasta el 12 de junio de 1935, por el control del Chaco
Boreal.
Fue la guerra más importante en Sudamérica durante el siglo XX. En los 3 años de
duración, Bolivia movilizó 250.000 soldados y Paraguay 320.000. Los bolivianos tuvieron
38.000 bajas y los paraguayos 42.000. El cese de las hostilidades se acordó el 12 de junio
de 1935. Paraguay renunció a 110. 000 km² ocupados por su ejército al cese de las
hostilidades.
El Tratado de Paz, Amistad y Límites se firmó el 21 de julio de 1938 y el 27 de abril
de 2009 se estableció el acuerdo de límites definitivo. La zona en litigio quedó dividida en
una cuarta parte bajo soberanía boliviana y tres cuartas partes bajo soberanía paraguaya.
Paraguay recuperó laguna Pitiantuta. El Presidente boliviano Daniel Salamanca
como si se tratara de una afrenta al honor nacional pidió al general Osorio el enjuiciamiento
de los responsables. Poco después, ordenó al general Quintanilla que se apoderara de
los fortines paraguayos Corrales, Toledo (del 27 al 28 de julio) y Boquerón (el 31 de julio
de 1932).
Ejecute bien la orden, si hay en ello algún mérito, sería suyo; si surgen
responsabilidades, serán mías. (Salamanca)
El 8 de septiembre, aviones bolivianos detectaron la aproximación de las fuerzas
paraguayas en el camino hacia Boquerón, bombardearon y ametrallaron la columna,
ocasionando bajas entre hombres y caballos.
El teniente coronel Manuel Marzana asumió el mando de las fuerzas que ocuparon
Boquerón, el 31 de julio de 1932. Este competente oficial fue el responsable de sostener
el cerco de Boquerón. Resistió los embates del Ejército paraguayo desde el 9 hasta el 29
de septiembre de 1932.
Las fuerzas de Marzana resisten el embate paraguayo, pero circula la noticia
de una derrota
10 de septiembre
Los paraguayos deciden sitiar el fortín Boquerón e intentar vencer a los
bolivianos por el hambre
El comando paraguayo se vio obligado a reconocer que su confianza en una rápida
reconquista de Boquerón había sufrido un golpe de gracia. Se hacía indispensable
cambiar de táctica. La guarnición del fortín tenía que ser mucho más numerosa de lo que
se había calculado al principio. El único medio de rendirla era por el hambre, encerrándola
en un círculo de hierro. La orden de operaciones de Estigarribia del 10 de septiembre
dispuso: “La división comenzará en el día, después de reorganizadas las unidades, un
sitio reglamentario… La artillería y los morteros efectuarán tiros de destrucción y las
ametralladoras pesadas efectuarán tiros de hostigamiento y neutralización”.
“Toda la noche a hostigado la artillería enemiga. Apenas clarea, se reinicia la batalla.
Es alarmante nuestro gasto de munición. La única pieza de artillería 7,5 con que
contábamos ha sido batida. Seis de sus sirvientes han volado junto a ella. Su comandante,
el teniente José Calero, se ha salvado milagrosamente”, relata la primera parte de la
jornada del 10 el diario del My. Alberto Taborga.
Al extinguirse la tarde del día 10, el combate encontró su compás de espera,
produciéndose la retirada de unos escasos sobrevivientes del batallón empeñado, hacia
Yujra, donde pudo constatarse la desaparición del mayor Lairana, y que habían caído para
siempre en el campo los tenientes Rosendo Villa y Alfredo Tellaheche y el subteniente
Hernán Salazar. Un gran porcentaje había sido hecho prisionero, y las bajas eran graves.
En la operación de rodeo del fortín, las tropas paraguayas, afectadas moralmente
por la sangría del primer día, actuaron desmoralizadas. La maniobra se completó
penosamente en tres jornadas.
11 de septiembre
General Quintanilla pide resistir 10 días; dos vehículos con heridos de
Boquerón, acribillados
Hora 6. Vuela un avión nuestro sobre el Fortín. Deja caer un mensaje lastrado. Es
una proclama del general Quintanilla. “Esta noche enviaré municiones y víveres” … ¿Lo
hará mediante los arcángeles del cielo? – “Sosténgase 10 días más” … ¿Tendrá planeado
algún golpe estratégico para aprovechar esos diez días? – “El enemigo se encuentra en
mal pie” … ¿Y mi general Quintanilla en qué pie se encuentra? (Taborga)
el Tcnl. Marzana y en general el personal de mando en el fortín, fueron engañados
por el ardid paraguayo de simular una retirada, con el objetivo visible de atraer al grueso
adversario a efectuar una confiada persecución hacia Isla Poi, según era el pensamiento
operativo del Gobierno y Comando Superior del Ejército boliviano, y de lo cual,
seguramente, el Comando paraguayo estaba percatado. El 11 de septiembre, la
vanguardia del (regimiento) Corrales encontró dos camiones acribillados a tiros en los que
yacían varios muertos y tres moribundos, entre éstos el chofer de uno de los vehículos.
Eran dos carros que habían salido de Boquerón el día anterior transportando heridos.
12 de septiembre
Muere el Capitán Ustarez, temido por los paraguayos, y cae prisionero el Mayor
Lairana
“… Un prisionero herido nos informa que, a la entrada del Campo Boquerón, por
Yujra, ha sido masacrado el Batallón del “14 de Infantería”, que venía en refuerzo nuestro.
Su Comandante, Mayor Lairana, ha caído prisionero” (My. Taborga). El 12 de septiembre
de 1932 tuvo dos malas noticias para Bolivia, aunque una de ellas tuvo efectos positivos.
Cayó el Mayor Lairana y fue acribillado el Capitán Víctor Ustarez, temido por los mismos
paraguayos y conocido como “charata” Ustarez por su larga experiencia en el monte.
“Este desgraciado suceso nos fue favorable a los sitiados (la detención del Mayor
Lairana). Interrogado Lairana sobre el número de tropas existentes en Boquerón,
respondió: 4.000 hombres. Estigarribia engañado por el dato, decidió emplear todo su
poder ofensivo sobre Boquerón. 4.000 hombres cercados en cualquier momento podrían
contraatacarle y desbaratar su retaguardia… De esta manera quedó estacionado su
avance en profundidad y no se animó en progresar sobre el fortín Arce, con lo que habría
arrollado a las insignificantes fracciones escalonadas en ese sector, a paso de
vencedores, hasta las petroleras de Sanandita y Camiri. Comprendida por nosotros la
situación, nos decidimos a “aferrar” al grueso paraguayo.
13 de septiembre
Llegan más tropas paraguayas para cercar fortín Boquerón, Bolivia mantiene
el optimismo
El teniente coronel Estigarribia pidió más tropas a su gobierno para poder decidir la
batalla. Mientras éstas llegaban, la presión sobre el fortín se mantuvo constante. Poco a
poco fueron arribando las tropas de los regimientos 2 de Mayo, Mongolés, el escuadrón
Ortigosa, otra batería de cañones 105, dos baterías de 75 mm. Y contingentes para llenar
los claros sufridos por las diferentes unidades.
14 de septiembre
El coronel Marzana comunica a la tropa la orden de “resistir hasta que muera
el último hombre”
El Coronel Marzana no disimula su pesadumbre al no poder solucionar siquiera en
parte las fallas que la imprevisión del Alto Comando ocasiona, respecto al mantenimiento
de nuestra tropa, que no goza del más elemental servicio de aprovisionamiento ni de
sanidad. Tengo la impresión de que se considera, ante los ojos de los soldados, como el
inmediato responsable del drama que vivimos.
El Coronel Marzana está presente en los lugares de mayor peligro alentando a la
tropa. Y cada uno de sus oficiales sabe lo que tiene que hacer para sincronizar las
acciones en la defensa.
15 de septiembre de 1932
Los bolivianos reciben, vía aérea, munición inutilizada; los paraguayos,
refuerzos armados
El 15 de septiembre se renueva la orden de reaprovisionamiento aéreo, lo que induce
a desprender la conclusión que el Comando tiene absoluta fe en la tentativa de abrir paso
hacia Boquerón – no obstante que reconoce la superioridad numérica grande del
adversario y de que se halla fuertemente posicionado-, propósito que denomina de “sexto
contraataque”.
Dos aviones lograron arrojar a Hs. 10.30 del día 16, paquetes conteniendo pan,
charque y munición (1000 cartuchos), cantidad que para 600 hombres sería de un efecto
análogo al que produce una gota de agua al caer en las fauces resecas de un sediento.
Un avión nuestro da vueltas sobre el fortín a escasa altura. Las antiaéreas
paraguayas y su fusilería de primera línea abren contra él sus fuegos, semejando un
clamor humano que protestaría contra su intención de favorecernos.
16 de septiembre
Coronel Marzana advierte a sus soldados que no existe esperanza de
aprovisionamiento; ellos responden con patriotismo ¡Viva Bolivia! El 16 de
septiembre de 1932 el Comandante del Fortín Boquerón Coronel Marzana prepara a la
tropa para las acciones de defensa advirtiéndoles cuidar la insignificante dotación de
municiones, y usar el arma blanca como único y último recurso.
El 16 de septiembre el fortín recibió el mensaje que dice así: “Agradezco ilimitada
confianza. Me sostendré hasta lo imposible con la firme intención de vencer. Militarmente
considerada, situación no es de extrema gravedad; último caso, cada paso demos
retaguardia, contribuirá aniquilamiento enemigo. Pedimos solamente apresurar marcha
reservas y prestar más atención a servicios retaguardia.- (Fdo.) Gral. Quintanilla”.
17 de septiembre
Los bolivianos ya no disparan para ahorrar las municiones; los oficiales se
“van acabando”
Este día es el más trágico. Los augurios son nada alentadores. El Capitán Ustárez
ha sido abatido al practicar un reconocimiento sobre la picada a Yujra. Se van acabando
los oficiales. Cayeron Juan de Dios Guzmán y Alfredo Vargas Yacen heridos: Banegas,
Caro, Dávila, Peñaloza, López Sánchez, Miranda, Daza y Aguirre.
18 de septiembre
Los paraguayos no logran alcanzar ninguno de sus objetivos; cunde la
desmoralización
El 18 de septiembre, los paraguayos intentaron asaltos por diferentes puntos del
reducto sin lograr alcanzar ninguno de sus objetivos. En la tarde cundió la
desmoralización. Un setenta por ciento de las tropas abandonó sus posiciones y se dirigió
a los caminos de retaguardia en busca de los carros aguateros.
19 de septiembre
Los bolivianos no tienen medicamentos para los heridos: los paraguayos
asedian
El 19 de septiembre hubo una cruenta y categórica muestra de que los paraguayos,
que conocían perfectamente la situación en que se debatía el fortín Boquerón, cuidaban
más la salida que la entrada a él; se entiende, de fracciones cuya potencia no fuese
amenaza para su iniciativa ni para su plan.
20 de septiembre
Un diario argentino dice que unos pocos soldados bolivianos están
escribiendo la más bella página de heroísmo americano
La situación que vive el fortín Boquerón dirigido por Marzana y su resistencia se
conoce en el exterior, un diario argentino describe: “En Boquerón están escribiendo unos
pocos soldados bolivianos la más bella página del heroísmo americano. Contados
centenares de hombres luchan desde hace quince días no sólo contra enemigos
infinitamente más numerosos, sino contra el hambre y la sed que les han impuesto los
sitiadores. Antes que rendirse quieren morir”.
En el fortín Boquerón, el 20 de septiembre de 1932 fue el día más crítico y heroico
tras 15 días de combate, sin alimento ni municiones y con decenas de heridos que lo único
que tenían para recuperarse era la fuerza y el apoyo moral de los médicos.
21 de septiembre
En Boquerón, ordenan refrigerar los cañones con las últimas gotas de agua y
aguantar la sed
El 21 de septiembre de 1932, las tropas bolivianas que permanecen en el fortín
Boquerón se enfrentan a un duro problema: refrigerar los cañones de repuesto con la poca
agua y orines, o calmar la sed de soldados; optan por refrigerar cañones y soldados deben
aguantar la sed.
Ese mismo 21 de septiembre salió la fracción del Tcnl. Montalvo y éste informa a los
superiores que en el Fortín Boquerón hay pocos víveres, al punto que se vieron obligados
a matar un mulo para comer. La situación sin embargo no conmueve y no ordenan la salida
No llegó el refuerzo anunciado, según admite el propio coronel Peña, mediante
comunicación que dice así
“a) que Boquerón no podía sostenerse más de dos días; y b) que “dependía del
espíritu ofensivo con que el Paraguay emprendiese sus operaciones después de la toma
de ese fortín, la eficacia de las nuestras con un esfuerzo anunciado de 1.500 hombres,
que nunca llegó”.
22 de septiembre
Fortín Boquerón está sin municiones y con comida para 2 días; ¡los corazones
se estrujan!
Con municiones agotadas, con alimentos para dos días, sin agua para calmar la sed
de los soldados y sin posibilidades de recibir aprovisionamientos, el 22 de septiembre de
1932 los bolivianos encaramados en el Fortín Boquerón se encontraban desmoralizados
y temiendo un ataque de los paraguayos.
23 de septiembre
Paraguayos intentan asaltar Fortín Boquerón: 100 de ellos son aniquilados por
los bolivianos
En medio del acecho de los paraguayos, el 23 de septiembre de 1932, un
combatiente instalado en un sector del Fortín Boquerón actúa junto a sus hombres y se
llevan por delante a 100 soldados paraguayos; luego recogen los víveres y municiones
para su dotación.
24 de septiembre
Tropas paraguayas rodean Boquerón; Marzana tiene orden de evacuar el fortín,
pero resiste
El 24 de septiembre de 1932, los soldados bolivianos del Fortín Boquerón rodeados
por las fuerzas paraguayas resisten y dan batalla en algunos sectores, los partes militares
les confirman que están a merced de los enemigos. El ataque de los paraguayos genera
un momento crítico a los bolivianos, un contingente dirigido por un oficial causa problemas.
“Cincuenta hombres del Regimiento “Boquerón” al mando del Cadete Sisa han irrumpido
en nuestras zanjas. Conteniendo el asalto ha muerto heroicamente el Subteniente Luis
Reynolds Eguía. De una estocada le han atravesado la garganta”.
25 de septiembre
Quintanilla ordena el “último esfuerzo” antes de retirarse por honor del país y
prestigio del Ejército
El 25 de septiembre de 1932, las fuerzas bolivianas que defienden Boquerón no
logran avanzar a otras posiciones, se mantienen cercados, los soldados que rompen el
círculo pelean uno a cuatro, porque los paraguayos los superan en número. Pero los
superiores les imponen “realizar el último esfuerzo, antes de ordenar el abandono de
Boquerón”.
26 de septiembre
Paraguay ataca y bombardea con más de 10 mil hombres; pero Marzana sigue
respondiendo
Tal como lo había anticipado Estigarribia, el 26 de septiembre el Fortín Boquerón
sufrió un ataque masivo por parte de los paraguayos, pero con pocos combatientes
Marzana continúo respondiendo. “El teniente coronel Estigarribia señaló el 26 de
septiembre como fecha para un nuevo y definitivo asalto. Sus fuerzas habían aumentado
más. Según el teniente coronel paraguayo Fernández, eran 9.000. El teniente coronel
Caballero Irala, de la misma nacionalidad, afirma que eran 11.000. El teniente coronel
Antonio Gonzales, también paraguayo, asegura que eran 11.500”.
27 de septiembre
Enferma y agotada la tropa boliviana sigue combatiendo; Paraguay continúa
con el asedio
El 27 de septiembre de 1932, Paraguay decide desatar la batalla definitiva para
aniquilar la resistencia del Fortín Boquerón, del lado boliviano los soldados sufren la falta
de agua y con las bocas secas aguardan en sus puestos. El Consejo de Generales decide
“retener Boquerón durante 10 días”.
Paraguayos hacían cálculos estratégicos “sí el fortín no caía en los próximos dos
días el ejército paraguayo tendría que aceptar su derrota. No cabría sino ordenar el
repliegue. Sería el derrumbe de “todo el sistema defensivo en formación”. Y la razón
principal estaba en el problema de agua.
28 de septiembre
Proclama pide “10 días más de inquebrantable resistencia”; pero la munición
se ha agotado
El 28 de septiembre de 1932, los generales Montes y Osorio volaron sobre Boquerón
y lanzaron una proclama a los sitiados: “... Diez días más de inquebrantable resistencia y
la victoria será nuestra. Habéis escrito la página de oro de la historia patria”.
El teniente coronel Marzana reunió a sus oficiales para hacerles conocer el mensaje
lanzado por el general Osorio. Los oficiales rodearon a su jefe en el estrecho agujero
techado de troncos que le servía de refugio. Sus rostros mostraban la huella dejada por
19 días y 19 noches de constante tensión nerviosa y la escasez de alimentación y agua.
Algunos estaban al límite de sus fuerzas. Horas antes, el subteniente Inofuentes se había
desvanecido al recorrer las trincheras de Punta Brava repartiendo los cigarrillos lanzados
junto con la proclama. Faltaban varios. La ausencia más sentida era la del capitán Tomás
Manchego, uno de los puntales de la resistencia.
29 de septiembre
Marzana en Fortín Boquerón: “Dios sabe que hemos cumplido nuestro deber.
Os agradezco en nombre de la Patria vuestros sacrificios”
El 29 de septiembre fue el día decisivo para los soldados del Fortín Boquerón
quienes bajo la dirección del teniente coronel Marzana, toman posiciones dispuestos a
luchar cuerpo a cuerpo, y conscientes de la supremacía del enemigo, encomiendan sus
vidas a Dios.
En el Fortín Boquerón el Coronel Marzana informa a los oficiales que el enemigo
toma posiciones peligrosas, y que cayeron prisioneros.
Marzana lanza su última arenga a sus tropas: “Dios sabe que hemos cumplido
nuestro deber y que lo seguiremos haciendo. Os agradezco en nombre de la Patria
vuestros sacrificios. Volved a vuestros puestos… ¡SUBORDINACIÓN Y CONSTANCIA!”
… Respondemos: - ¡VIVA BOLIVIA!”
Una misión boliviana lleva un mensaje al Comandante paraguayo: “Señor: el oficial
portador de la presente nota, capitán Antonio Salinas, lleva la misión de entrevistarse con
Ud. en representación mía. - Dios guarde a UD.- Teniente coronel Marzana”.
Mientras esto ocurría, “se inicia un nutrido tiroteo en todo el contorno de nuestras
posiciones. En algunos lugares el enemigo se encontraba a diez metros de distancia,
irrumpe en las zanjas y en vez de ultimar a nuestros soldados a bayonetazos, les abrazan”,
relata un texto de los sucesos. Ocurrió que, al no recibir respuesta al fuego, creyeron que
los bolivianos se habían rendido.
Los paraguayos toman como prisioneros a los oficiales bolivianos y como parte de
su supremacía pide desenterrar a los muertos del bando boliviano. “El Comando
Paraguayo colérico, no admite que Marzana hubiera combatido sólo con doscientos
cuarenta hombres en los últimos días…”.

Personajes de Boquerón
José Félix Estigarribia
Oriundo de Caraguatay, nació el 21 de febrero de 1888; fueron sus padres Mateo
Estigarribia y Casilda Insaurralde. Egresado de la Escuela de Agronomía, se incorporó a
la milicia en 1910, con jerarquía de Teniente 2° en comisión; enviado a Chile en misión de
Estudios; tras su regreso ascendió en 1914 a Teniente 1°, y en 1917 a Capitán. Tuvo
destacada actuación en la represión del alzamiento militar de 1922, encabezado por el
coronel Adolfo Chirife.
en junio de 1932 el ataque boliviano al fortín Carlos Antonio López, junto a la laguna
Pitiantuta, el comandante de la D1 ordenó la retoma de aquella posición.
Manuel Marzana (1889 - 1980)
Podemos señalar que Manuel Marzana es quizás el mayor héroe boliviano de la
guerra del Chaco, el general simboliza al medio millar de bolivianos que defendieron,
muchos de ellos con su vida, el fortín Boquerón.
El Gral. Manuel Marzana nació en Tarabuco (Departamento de Chuquisaca) el 7 de
junio de 1889. Estudió en Sucre. Ingresó al colegio militar en 1907. En 1914 logró el grado
de teniente. Desempeño la tarea de edecán del Presidente Gutiérrez Guerra. En el año
1925 formaba parte del Consejo Supremo de Guerra de la República. Formó parte del
tribunal de Justicia Militar entre 1930 y 1931. En el comienzo de la guerra comandó el
regimiento Campos 6 de infantería. En 1932, a los 43 años, tomó y defendió Boquerón
con el llamado destacamento Marzana.
Manuel Marzana fue hecho prisionero y estuvo preso en Paraguay hasta 1936. En
ese año fue nombrado prefecto del departamento de Chuquisaca. En 1937 fue ascendido
al título de Coronel. En 1962 el senado lo nombró de modo honorífico General de Brigada.
Murió a los 90 años de edad en la ciudad de La Paz el 4 de enero de 1980.
Tomas Manchego
El capitán Tomas Manchego fue uno de los más valientes oficiales de la guerra y
de la batalla de la defensa de Boquerón. Poco después de su llegada al fortín cae un
prisionero el teniente paraguayo Velásquez quien le conoció en Vanguardia en 1928 y le
había ayudado a continuar, Manchego le devuelve el favor hasta la muerte de Velásquez.:
“Pero si yo conozco a esta pila, estuvo cuando nos capturaron en Vanguardia el año
28, se portó buena gente conmigo” así se refería a su amigo”
La mañana del 27 de septiembre se alista un combate duro y les dice a sus soldados:
“Tenemos que desafiar a la muerte cara a cara no hay rendición es preferible mil
veces la muerte a caer prisionero de las pilas”
El había conocido el cautiverio a fines de 1928, había combatido y caído cautivo junto
con 20 de sus 40 soldados ante un destacamento de 300 paraguayos, en las trincheras
del fortín “Vanguardia” prisionero en tiempos de paz, vivió en carne propia lo que más de
20 mil bolivianos sufrirían a lo largo de la campaña del Chaco; en lo que el llamo “El infierno
de Villa Hayes” para poder ser repatriado al año siguiente.
El capitán Manchego dispone su ametralladora y cuando empieza defender su
posición la explosión cerca de su trinchera de uno de los Stokes; le hiere mortalmente y
ya para el atardecer del 28 muere despedido con lágrimas en sus ojos por sus soldados
quienes le querían como a un padre y es enterrado al lado de su amigo Velásquez en el
interior del fortín.
Los paraguayos al profanar su tumba después de la caída del fortín, ya que buscaban
a más soldados bolivianos descubrieron en su bolsillo su diario de campaña que decía en
su primera página se lee:
Si muero se entregará este libro que es como mi testamento a la señorita Cristina de
la Riva que vive en la calle Loayza
Acción que fue hecho un año después por la esposa de un oficial paraguayo
Carlos Quintanilla Quiroga
(Cochabamba, Bolivia; 22 de junio de 1888 - Cochabamba, Bolivia; 8 de junio de
1964) fue un militar y político boliviano.
Carlos Quintanilla nació en la ciudad de Cochabamba, Bolivia, el 22 de junio de 1888.
Se tituló de Bachiller en Ciencias y Letras en la Universidad de San Simón de
Cochabamba e ingresó al Colegio Militar del Ejército egresando como subteniente en
1907. Realizó estudios en Alemania siendo nombrado adjunto militar en ese país. Siendo
teniente coronel y primer edecán del presidente fue nombrado comandante del regimiento
Pérez 3 de infantería. Como comandante del Primer Cuerpo de Ejército boliviano dirigió
las operaciones en el sudeste chaqueño desde fines de julio hasta comienzos de octubre
de 1932.
Luego de la batalla de Boquerón durante la Guerra del Chaco, fue destituido por el
presidente Daniel Salamanca. A fines del año 1934 volvió al frente, participando en la
Batalla de Villamontes, en la fase final de la Guerra del Chaco. Tras la muerte del
presidente Germán Busch, Quintanilla fue nombrado en ese cargo por el Ejército desde
agosto de 1939 hasta abril de 1940.
Kilometro Siete
La retoma paraguaya de los fortines Corrales, Toledo y Boquerón abrió una
contraofensiva que condujo a una retirada poco afortunada de parte del ejército boliviano,
entre el 19 y 23 de octubre de 1932 fue derrotado Arce y Alihuatá. El fortín Arce (uno de
los más importantes del ejército boliviano) fue abandonado e incendiado.
Las tropas pudieron reorganizarse en Kilómetro 7, llamado así por estar en el
kilómetro siete del camino entre Saavedra y Alihuatá con el objetivo de defender Saavedra
el fuerte más importante del ejército boliviano en el frente de la batalla. La operación fue
comandada por Berbardio Bilboa Rioja y German Jordan, quienes plantearon exitosa
defensa rompiendo las líneas de ataque paraguayas. La Batalla comenzó el 28 de
noviembre de 1932(durante varios meses, tras el episodio, lucharon en la zona más de
20000 hombres). El contingente paraguayo liderado por el Cnel. Fernández intento
envolver a los bolivianos, pero el ejército nacional se mostró inamovible apoyado en su
superioridad de artillería y sus nidos de ametralladoras, que destruyeron a los ms de 1200
atacantes, dejando más de 800 muertos enemigos. El intercambio de artillería fue
impresionante y se consideró, hasta la defensa de Villamontes, una de las batallas
mayores de América del Sur. Esta notable acción militar detuvo una desbandada que
amenazaba con la derrota definitiva de los bolivianos.