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OÍR COSAS

En 1973 la revista Science publicó un artículo que causó inmediato furor. Se titulaba «Acerca de
estar sano en un medio enfermo», y describía un experimento en el que ocho
«pseudopacientes» sin ningún historial de enfermedades mentales se presentaron en diversos
hospitales de los Estados Unidos. Su única dolencia era que «oían voces». Les dijeron al personal
del hospital que eran incapaces de distinguir lo que decían las voces, pero que oían las palabras
«vacío», «hueco», y «choque». Aparte de esa invención, se comportaron de manera normal y
relataron sus experiencias anteriores (normales) e historial médico. Sin embargo, a todos ellos
se les diagnosticó esquizofrenia (excepto a uno, al que se le diagnosticó «psicosis maníaco-
depresiva»), permanecieron hospitalizados hasta dos meses y se les recetaron antipsicóticos
(que no se tragaron). Una vez ingresados en clínicas mentales, siguieron hablando y
comportándose con total normalidad; informaron al personal médico de que sus voces
alucinatorias habían desaparecido y que se encontraban bien. Incluso tomaron notas de su
experimento, sin disimulo (algo que una de las enfermeras anotó como «conducta de escribir»),
pero ninguno de los pseudopacientes fue identificado como tal por el personal[18]. Este
experimento, concebido por David Rosenhan, psicólogo de Stanford (y él mismo
pseudopaciente), puso de relieve, entre otras cosas, que el solitario síntoma de «oír voces» era
suficiente para un diagnóstico inmediato y categórico de esquizofrenia, incluso en ausencia de
cualquier otro síntoma o comportamiento anormal. La psiquiatría, y la sociedad en general,
estaba corrompida por la creencia casi esquemática de que «oír voces» significa la locura, y que
sólo ocurría en un contexto de grave desequilibrio mental.

Esta creencia es bastante reciente, como dejaron claras las concienzudas y humanitarias
reservas de los primeros investigadores de la esquizofrenia. Pero en la década de 1970, las
drogas antipsicóticas y los tranquilizantes habían comenzado a reemplazar otros tratamientos,
y la elaboración de un historial concienzudo, el considerar toda la vida del paciente, se había
visto sustituida por el uso de criterios del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos
mentales para llevar a cabo diagnósticos precipitados.

Eugen Bleuler, que dirigió el enorme sanatorio de Burghölzli, cerca de Zúrich, entre 1898 y 1927,
prestaba mucha atención y se mostraba receptivo con los centenares de esquizofrénicos que
tenía a su cargo. Reconocía que las «voces» que oían sus pacientes, por descabelladas que
pudieran parecer, estaban estrechamente asociadas con sus enfermedades mentales y sus
delusiones. Las voces, escribió, encarnaban «todos sus afanes y miedos (…) toda su relación
transformada con el mundo exterior (…) y por encima de todo (…) con los poderes patológicos
u hostiles» que los acechaban. Lo describió con todo detalle en su magnífica monografía de 1911
Demencia precoz. El grupo de las esquizofrenias:

Las voces no sólo hablan al paciente, sino que transmiten electricidad por todo el cuerpo, lo
golpean, lo paralizan, le quitan sus pensamientos. A menudo se encarnan en forma de personas,
o de otras maneras muy extravagantes. Por ejemplo, un paciente afirma que una «voz» está
posada sobre cada una de sus orejas. Una voz es un poco más grande que la otra, pero ambas
son más o menos del tamaño de una nuez, y están formadas tan sólo por una boca grande y fea.

Las amenazas o los insultos constituyen el contenido principal y más corriente de las «voces».
Día y noche llegan de todas partes; de las paredes, de arriba y abajo, del sótano y el techo, del
cielo y el infierno, de cerca y de lejos. (…) Cuando el paciente está comiendo, oye una voz que
dice: «Cada bocado es robado». Si se le cae algo, oye: «Ojalá te hubieras cercenado el pie».

A menudo las voces son muy contradictorias. En un momento pueden volverse contra el
paciente (…) a continuación pueden contradecirse. (…) Los papeles de a favor y en contra a
menudo los asumen voces de personas distintas. (…) La voz de su hija le dice a un paciente: «Van
a quemarlo vivo», mientras que la de su madre afirma: «No lo quemarán». Además de las voces
de sus perseguidores, los pacientes a menudo oyen la de algún protector.

Las voces a menudo se localizan en el cuerpo. (…) Un pólipo puede ser la ocasión de localizar las
voces en la nariz. Una molestia intestinal hace que se relacionen con el abdomen. (…) En casos
de complejos sexuales, el pene, la orina en la vejiga, o la nariz, profieren palabras obscenas. (…)
Una paciente embarazada, de manera real o imaginaria, oirá que su hijo o hijos hablan dentro
de su seno. (…)

A veces hablan objetos inanimados. La limonada habla, el nombre del paciente se oye
pronunciado por un vaso de leche. Los muebles le hablan.