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IMPUTABILIDAD EN ADOLESCENTES

Antes de 2005 en México predominaba un modelo para el tratamiento de adolescentes en conflicto


con la ley, llamado el modelo tutelar, el cual, más que atribuir consecuencias jurídicas a aquellos
que lesionaban el orden social e iban en contra de ley, estaba diseñado para una falsa protección
de la niñez y la adolescencia; pues su único fin era el control de una categoría residual de niños
definida como problemática; por lo mismo, servía para ejecutar política social más que para realizar
una función jurisdiccional (Vasconcelos Méndez, 2009). No distinguía, en la forma de reaccionar
ante eventuales problemáticas que sufrían los menores, entre aquellos inmersos en “factores de
riesgo” y los que cometían delitos, dando respuestas similares, de tipo coactivo, a ambos grupos
diferentes (Vasconcelos Méndez, 2009). De este modo, bajo la justificación de la protección de la
infancia se lesionaban los derechos fundamentales de menores que no habían cometido delitos. Sin
embargo, estos que también habían cometido delitos se les ultrajaban sus derechos al no acceder a
un debido proceso legal.

Afortunadamente, la reciente implementación del Sistema Integral de Justicia para


Adolescentes tiene como objetivo que los adolescentes que son acusados de la comisión de algún
delito, tengan acceso al debido proceso y que en todo momento se respeten sus derechos. Esta
nueva implementación busca que el adolescente asuma la responsabilidad legal, pero sin vulnerar
sus derechos; por ende, las medidas están basadas en áreas socio-educativa que promueva su
reintegración social y familiar, y el pleno desarrollo de su persona y sus capacidades (UNICEF,
s.f.). Una de las principales modificaciones que introdujo la reforma, se destaca la uniformización
de las edades mínima y máxima para la aplicación del sistema de justicia para adolescentes,
limitando la privación de libertad sólo para personas entre 14 y 18 años y sólo último recurso. De
esta manera, se eliminó esta sanción para los adolescentes entre doce y catorce años, limitando la
aplicación del sistema a las conductas delictivas.

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De esta forma, (Vasconcelos Méndez, 2009) menciona que el presente sistema se
fundamenta en el reconocimiento de los adolescentes como sujetos titulares de derechos y
obligaciones y, por tanto, como seres con dignidad, autonomía y capacidad para en tender el
carácter lícito o ilícito de sus actos y ser responsables de sus conductas; la posibilidad de exigirles
responsabilidad por su conducta. Si el niño es sujeto de derechos y los ejerce autónomamente de
un modo progresivo según la evolución de sus facultades, también su responsabilidad es
progresiva, es decir, se trata de valorar o juzgar los actos de los niños en relación con su realidad
jurídica y no en comparación con la de los adultos, por lo que ya no es posible considerar, como lo
hacen las leyes de menores basadas en la idea de incapacidad, que existe una inimputabilidad
jurídicamente equivalente entre los 0 y los 18 años.

Si bien la imputabilidad tiene relación con el grado de responsabilidad que la persona tiene
en la comisión de un delito, los adolescentes al reconocérseles como sujetos derechos, estos a su
vez conllevan una responsabilidad por sus actos u omisiones. En consecuencia, en caso de que se
vean involucrados en la comisión de un delito y se les encuentre responsables tendrán que cumplir
con la medida estipula por las leyes.

Hasta este momento, se ha abordado los cambios que ha habido en las leyes en materia de
responsabilidad legal en los adolescentes y los argumentos que los defensores de derechos humanos
tuvieron para la promulgación de estas nuevas leyes donde reivindican al adolescente como sujeto
de derecho, pero también de responsabilidades. Ahora se abordará la cuestión y argumentos del
ámbito psicológico para defender y respaldar lo argumentado en las leyes vigentes, con respecto a
la edad en la que se considera a una persona imputable.

De esta forma, bajo el criterio de Jean Piaget un psicólogo constructivista cuyos estudios
baso en el desarrollo intelectual y cognitivo de niño, es decir, como va adquiriendo el
conocimiento; así como el proceso de introyección de las reglas sociales. Piaget (García-Pablos,
2003) menciona que el individuo desarrolla su capacidad de razonar a lo largo de un proceso en el
que se pueden distinguir una serie de etapas o estadios, que se inician con el nacimiento y culminan
a los doce o trece años, durante este proceso evolutivo cada uno de cuyos momentos matiza el
grado de desarrollo cognitivo, moral del individuo y las características singulares de su
razonamiento y respuestas. El autor también menciona que todos los niños se desarrollan a través

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de la misma secuencia, independientemente de sus experiencias particulares, su familia o su cultura
(Barra Almagiá, 1987). Asimismo, ubica en el inicio de la adolescencia la última etapa de
desarrollo, es decir, cuando se empiezan a llevar a cabo las operaciones formales (12 años en
adelante aprox.). En dicha etapa, el adolescente puede hacer predicciones sobre hecho hipotéticos
o futuros, puede pensar de forma abstracta y reflexiva (Rafael Linares, 2009). La mirada de Piaget,
se convierte en el primer argumento a favor para ubicar a los adolescentes como sujetos que tienen
la capacidad cognoscitiva de entender la relación causal entre dos hechos; en consecuencia, tienen
la facultad de discernir y prever las consecuencias de sus actos, incluyendo las consecuencias
legales cuando estos actos han sido tipificados como delitos.

Por otra parte, otra categoría de análisis para argumentar a favor de la imputabilidad del
adolescente es el desarrollo moral en la etapa de desarrollo en la cual se ubica el adolescente. La
moral se suele caracterizar como el conjunto de normas y conductas predominantes en una sociedad
(Cohen, 2006); en consecuencia, la moral va a definir lo que es bueno y lo que es malo, es decir,
es una herramienta social mediante la cual las personas se ayudan para conducirse y actuar en el
medio social a partir de estas normas que tienen como fin de la convivencia armónica dentro de
una colectividad, más cuando estas normas morales están enfocadas al respeto de los derechos del
otro.

En este tenor, Piaget también trabajo el desarrollo de la moral en el niño, es decir, como se
da el proceso de introyección de las normas morales en las primeras etapas de la vida. En relación
al desarrollo moral, Piaget propone la existencia de dos grandes etapas: la etapa heterónoma o de
realismo moral, y la etapa autónoma o independencia moral; sin embargo, Kohlberg a raíz de las
investigaciones que realizó con adolescentes se percató que las dos etapas expuestas por Piaget
sólo correspondían a las primeras dos etapas del desarrollo moral (Barra Almagiá, 1987). De esta
manera, el propone un total tres grandes niveles de desarrollo de la moral, en los cuales se da el
proceso de formación del razonamiento moral del individuo y se perfilan sus decisiones y juicios
sobre el concepto de lo justo y lo injusto (García Pablos, 2003).

Para fines prácticos en este texto sólo se abordará el nivel dos y tres del desarrollo moral de
Kohlberg. La justificación de ello, es que en el nivel dos o convencional normalmente surge en la
adolescencia, el cual se caracteriza por enfocar los problemas morales desde la perspectiva de un

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miembro de la sociedad, tomando en consideración lo que el grupo o la sociedad espera del
individuo como miembro u ocupante de un rol, el sujeto se identifica con la sociedad y el punto de
partida del juicio moral son las reglas del grupo (Barra Almagiá, 1987).

En síntesis, se puede decir que en este nivel la persona es capaz de distinguir del bien y del
mal pero aún no ha interiorizado y apropiado una escala de valores. De este modo, este es el
segundo argumento para defender la imputabilidad en los adolescentes, pues bajo el criterio del
desarrollo moral, ellos ya pueden discernir entre actos buenos y malos, así como las consecuencias
buenas y malas que tengan estos actos.

Sin embargo, pese a defender una imputabilidad en los adolescentes como responsables de
sus actos, no se debe de olvidar como lo menciona Vasconcelos Méndez (2009) la situación
específica de desarrollo del adolescente, es decir, “su debilidad, inmadurez e inexperiencia”, su
“circunstancia evolutiva” y su progresiva adquisición de autonomía personal, social y jurídica que
ha justificado la conformación a su favor de un estatus jurídico que los reconoce como categoría
jurídica dotada del derecho a regulaciones especiales en todos los ámbitos de su vida. Por ello la
respuesta del Estado a la comisión de delitos por parte de los adolescentes se arregla o conforma
de manera diferente a la de los adultos, exigiéndoseles responsabilidad de acuerdo a su proceso o
estado de desarrollo.

En este orden de idea, la adolescencia se puede definir como la etapa en transición de la


niñez a la adultez, donde la persona pasa por una serie de cambio físicos y psicológicos que lo
llevarán a convertirse en adulto; por lo que podría decir que el adolescente está en proceso de
alcanzar una maduración total. En relación a ello el cerebro no ha terminado su maduración sobre
todo del área frontal encargada de tareas cognitivas complejas, como la inhibición de impulsos, el
funcionamiento de alto nivel y la atención.

Por otro lado, ya se mencionó que en la adolescencia se empieza el proceso de las


operaciones formales según Piaget, que permite el discernimiento en su accionar; sin embargo, este
proceso sólo es el comienzo de dicho estadio de desarrollo, es decir, todavía le falta mucho camino
por recorrer, pues aun el adolescente tiene que perfeccionar esta capacidad, por lo que no se le
puede exigir una maduración cognitiva mayor a la de su edad biológica.

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Además, con referente a desarrollo moral, aunque ya existe una distinción entre lo bueno y
malo aun la mayoría de los adolescentes no llegan al último nivel estipulado por Kohlberg, que en
la mayoría de los casos se concreta hasta la edad adulta. En el nivel postconvencional o de
principios, es en el cual el individuo enfoca los problemas morales desde una perspectiva superior
o anterior a la sociedad, el sujeto se distancia de las normas y expectativas ajenas y define valores
y principios morales que tienen validez y aplicación más allá de la autoridad de personas, grupos
o de la sociedad en general, y más allá de la identificación del individuo con tales personas o
grupos. El punto de partida del juicio moral san aquellos principios que deben fundamentar las
reglas sociales (Barra Almagiá, 1987). En síntesis, la persona adquiere una moral por convicción;
ya no actúa por seguir las normas o por miedo al castigo sino porque realmente está convencido
que se accionar es correcto. Por ello, se espera, que los adolescentes durante su internamiento
logren consolidarse en este último nivel.

En conclusión, bajo estos fundamentos, se plantea que, dadas sus características en su


desarrollo, el adolescente se visualiza como un sujeto responsable penalmente; sin embargo, dadas
las mismas características de desarrollo se apela a que reciban un programa personalizado de
ejecución de medida, enfocado a desarrollar por completo y satisfactoriamente las habilidades
cognitivas, intelectuales y morales que permitan una reinserción exitosa y por otro lado evitar la
reincidencia delictiva en este sector poblacional.

REFERENCIAS

Barra Almagiá, E; (1987). El desarrollo moral: una introducción a la teoría de Kohlberg. Revista
Latinoamericana de Psicología, 19. pp. 7-18.

Cohen, D. (2006). ¿Moral o ética? En Inteligencia ética para la vida cotidiana, Buenos Aires:
Editorial Sudamericana, p. 15

García-Pablos, A. (2003). Tratado de Criminología. 3ra. Ed. Valencia: Tirant Lo Blanch. pp. 714-
716.

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Rafael Linares, (2009). Desarrollo cognitivo: las teorías de Piaget y Vygostky. Barcelona:
Universidad Autónoma de Barcelona. [en línea]. Disponible en:
http://www.paidopsiquiatria.cat/files/teorias_desarrollo_cognitivo.pdf

UNICEF. (s.f.). Justicia penal para adolescentes. [en línea]. Disponible en:
https://www.unicef.org/mexico/spanish/17042_17485.htm

Vasconcelos Méndez, R. (2009). Justicia para adolescentes en México. Análisis de las leyes
estatales. México: UNICEF & IIJ-UNAM. [en línea]. Disponible en:
https://www.unicef.org/mexico/spanish/Libro_justicia.pdf