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XLI

A Conchita García Lorca


La luna vino a la fragua Huye luna, luna, luna.
con su polisón de nardos. que ya siento sus caballos.
El niño la mira mira. Niño, déjame, no pises,
El niño la está mirando. Con los ojillos cerrados.

En el aire conmovido Huye luna, luna, luna,


mueve la luna sus brazos que ya siento sus caballos.
y enseña, lúbrica y pura, Niño, déjame, no pises,
sus senos de duro estaño. mi blancor almidonado.

Huye luna, luna, luna. El jinete se acercaba


Si vinieran los gitanos, tocando el tambor del llano.
harían con tu corazón Dentro de la fragua el niño
collares y anillos blancos. tiene los ojos cerrados.

Niño déjame que baile. Por el olivar venían,


Cuando vengan los gitanos, bronca y sueño, los gitanos.
te encontrarán sobre el yunque Las cabezas levantadas
con los ojillos cerrados. y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,


Ay como canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.
Federico García Lorca, Romance de la luna, luna
Este poema fue escrito por Federico García Lorca. García Lorca nació en Fuente Vaqueros, un
pueblo andaluz, el 5 de junio de 1898 y murió el 19 de agosto de 1936 en el camino de Víznar a
Alfacar (Granada) a los 38 años. Es uno de los miembros de la Generación del 27, un grupo de
escritores españoles del siglo XX que se dio a conocer en el panorama cultural alrededor del año
1927, con motivo del homenaje a Luis de Góngora.

Este poema pertenece al libro Romancero gitano (1928) el cual está compuesto por dieciocho
romances con temas como la noche, la muerte, el cielo y la luna pero todos siguen un tema en
común, la cultura gitana. El Romancero gitano es una obra que trata principalmente de
Andalucía y refleja las penas del pueblo gitano que vive al margen de la sociedad y en continua
lucha con el resto de personas.

El tema del poema es la descripción de la trágica muerte de un niño gitano. Un niño gitano se
está muriendo y mientras lo hace, habla con la muerte (simbolizada por la luna) pidiéndole que
no se lo lleve con ella. Cuando los gitanos, familia del niño, llegan a la fragua y lo encuentran ya
muerto, gritan y lloran sumiéndose en una profunda tristeza.

En cuanto a la estructura externa, como su título indica, este poema es una romance, poema
compuesto por una serie indefinida de versos octosílabos con rima asonante en los pares y
donde los impares quedan sueltos. En el poema se puede ver claramente algunos rasgos propios
del romancero como puede ser la alternancia verbal entre el pretérito y el presente, el uso del
diálogo en estilo directo, las repeticiones expresivas, etc. Es un poema de carácter narrativo y
se plantea como un cuento, por eso mismo se ve una cierta progresión y un final marcado:
presentación de los personajes (versos 1-8), planteamiento del conflicto y diálogo entre el niño
y la luna (versos 9-20), clímax1 (versos 21-28) y desenlace (versos 29-36).

En cuanto a la estructura interna se pueden diferenciar tres partes:

1. Versos 1-8. Narrador. El poema comienza con una personificación de la luna a la cual se la
dota de atributos femeninos y simboliza la muerte, a la cual el niño mira.

2. Versos 9-20. Diálogo entre la luna y el niño. En esta parte es donde se observa el máximo nivel
de dramatismo. Se pasa del estilo indirecto al directo aunque no hay ningún verbo introductorio
(“Huye luna, luna, luna”). El niño suplica a la luna que se vaya ya que se niega a morir. La luna
responde pero hace lo que tiene que hacer a pesar de las súplicas del niño.

1
Un clímax es el punto de mayor intensidad o fuerza en una serie creciente.
3. Versos 21-36. Narrador. En esta tercera y última parte se describe como la acción finalmente
ha sucedido y la muerte se ha llevado al niño, el cual ya tiene los ojos cerrados. Se describe como
los gitanos, familia del niño ya muerto, vienen pero lo único que queda son los llantos y gritos
de los gitanos que no han podido hacer nada para evitar la muerte del niño. Se muestra el dolor
mezclado con tradición, que recuerda a las plañideras.

Analicemos ahora las partes estructuradas; el poema comienza con la utilización del tiempo
verbal característico de la narración: el indefinido “vino” (“La luna vino a la fragua”). Los cuatro
primeros versos se dividen en dos mitades, la primera (los dos primeros versos) presenta al
primer personaje de la historia: la luna. En la segunda parte, los siguientes dos versos, se
presenta al otro personaje: el niño. El uso de la repetición de una palabra –“la mira, mira”–
presenta una abierta relación con el título (“Romance de la luna luna”) que es característico de
las canciones de corro, lo que le da a la escena un halo un tanto ingenuo e infantil.

A partir del quinto verso se nos presenta esta seductora luna la cual intenta hechizar al niño
agitando sus brazos y enseñando sus senos de duro estaño para llevárselo con ella. Esto
represrnta la imagen de una madre amamantando con el pecho fuera, la madre llena al niño. En
la doble adjetivación del verso 7 encontramos una clara contradicción entre pureza y lubricidad,
además de, como ya hemos comentado antes, la adjudicación de adjetivos a seres no animados,
la luna personificada. También se puede resaltar la personificación del aire que parece entender
la conmoción que experimenta el niño (“aire conmovido”).

A partir del noveno verso pasamos al diálogo entre el niño y la luna: Como ya hemos comentado
antes, ahora se pasa al estilo directo pero sin un verbo introductorio que sirva de puente, en los
versos que forman este diálogo se puede apreciar un gran nombre de verbos en imperativo
(“Huye, déjame...) El diálogo está repartido equitativamente entre los dos personajes, que son
iguales de importantes. Este dramático diálogo entre los personajes queda reforzado por las
respectivas advertencias de muerte que aluden a los gitanos, familia del niño (“Si vinieran los
gitanos...”) verso 10, (“Cuando vengan los gitanos, te encontrarán sobre el yunque con los ojillos
cerrados.”) verso 14-16. Un sutil matiz del modo verbal que utiliza cada personaje marca la
diferencia que nos indica de que va a ser la luna la vencedora: el carácter hipotético de la
amenaza del niño (“si vinieran los gitanos”) y la luna firme y segura (“cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque...”). También es importante observar como en ambos casos se
utiliza un eufemismo2 al hablar de la muerte, así pues el niño dice: “Harían con tu corazón

2
Palabra o expresión más suave o decorosa con que se sustituye otra considerada tabú, de mal gusto,
grosera o demasiado franca.
collares y anillos blancos” y la luna replica: “te encontrarán sobre el yunque con los ojillos
cerrados”. En los siguientes versos el niño advierte a la luna para que huya ante la inminente
llegada de los gitanos, puesto que ya se oye el galopar de sus caballos (“que ya siento sus
caballos”) verso 18. El caballo en García Lorca tiene siempre un valor simbólico que
normalmente hace referencia a la pasión desenfrenada que conduce a la muerte. La réplica de
la luna: “Niño, déjame, no pises, mi blancor almidonado.” el blancor almidonado se refiere al
vestido de la luna la cual se está llevando al niño.

A partir del verso 21 comienza a verse el desenlace del poema.

Como vemos, el diálogo ya se ha acabado y pasamos de nuevo al tono narrativo del comienzo.
La primera de estas estrofas nos presenta la figura del jinete el cual viene “tocando el tambor
de llano” metáfora utilitzada para la imagen del ruido que producen los cascos del caballo al
galopar. El suelo sería como un tambor. Cuando llegan los gitanos, el niño ya ha muerto. Para
explicar que el niño yace muerto, el narrador repite las palabras de la luna, “tiene los ojos
cerrados”. Mediante la metáfora “bronce y sueño” referida a los gitanos, estos dos adjetivos
expresan, por un lado el color de la piel de los gitanos que es parecida al bronze, y por otro lado
el sueño alude a su condición mágica. También, la dureza del metal frente a la inconsistencia de
los sueños podría interpretarse como el contraste entre esa poderosa fachada y lo que se oculta
tras ella. Esto se refuerza en los dos versos siguientes: “las cabezas levantadas” de ese orgullo
que contrasta con “los ojos entornados” que no quieren ver la realidad.

Pasando al verso 29, la zumaya es un ave rapaz nocturna de pequeño tamaño, que según la
tradición andaluza, es un pájaro de mal agüero. Aquí se le otorga ese valor de mal agüero, y en
ese “¡ay!” parece reforzarse lo comentado. Los versos en que el niño va por el cielo constituyen
una estampa maternofilial que contrasta con la idea de la muerte del niño. La luna se ha llevado
al niño al otro mundo. En los cuatro últimos versos se explica el desenlace de la historia en el
que se describe la desolación que sufre la familia gitana por la muerte del niño, que se expresa
con llantos y gritos.

El poema finaliza con dos versos en que el aire, personificado, vela la fragua. Se puede apreciar
cómo en estos dos versos también hay la repetición del principio (“el niño la mira, mira / el aire
la vela, vela”) también existente en el título del poema.

Un anàlisis estilístico del poema nos revela que el tono narrativo es el que domina casi todo el
poema, acompañado también de enunciados exclamativos (“¡Ay, cómo canta en el árbol!”). La
adjetivización es bastante escasa ya que predominan los sustantivos y verbos pero los pocos
adjetivos que se emplean tienen el valor de expresar rasgos no habituales en los sustantivos a
los que acompaña: “aire conmovido, luna lúbrica y pura”, etc. La mayoría de adjetivos que
aparecen son especificativos. En cuanto a los tiempos verbales, García Lorca mezcla bastantes
tiempos verbales con el objetivo de de matizar el relato (“El niño la mira, mira. El niño la está
mirando.”) La diferencia de tiempos verbales también puede expresar una diferencia en el
espacio: el presente expresa la proximidad (“aquí, en la fragua, el niño tiene los ojos cerrados”)
y el imperfecto la lejanía (“más allá se acercaba el jinete.”).

En cuanto a las figuras retóricas, García Lorca utiliza un lenguaje totalmente simbólico, con
imágenes que sugieren algo que va más allá del significado estricto de la palabra. Este lenguaje
connotativo se utiliza gracias al empleo de las figuras retóricas. Ejemplos: (Luna = muerte,
Caballo = portador de la muerte...)

En conlcusión, García Lorca con este romance escenifica una sencilla aunque conmovedora
historia llena de simbolismo en la que explica la muerte de un niño gitano en una noche de luna
llena. Cabe comentar el hecho de que Lorca decida dedicar todo una obra de romances a la raza
gitana, esto lo hace porque para él ellos representan el alma andaluza, el sentimiento, el misterio
y el embrujo. Son el símbolo de la auténtica Andalucía, libre y pasional. Además de todo esto,
García Lorca trata de romper con la imagen generalizada de que son gente peligrosa, que roba
y que se pelea por cualquier cosa, quiere demostrar que detrás de esa fachada de gente
orgullosa y mala se esconde un pueblo noble y abandonado por la sociedad. En este romance
se recogen los temas y rasgos característicos de su libro Romancero Gitano, así como de la
tradición del Romancero anitguo (con un comienzo in media res y un final inacabado). Así,
aparecen los temas de la infancia, la muerte, la pena y los gitanos. Y las figuras retóricas,
metáforas y símbolos característicos de su poesía: la luna, los caballos, el aire, los jinetes, los
niños, etc. Hay una mezcla de tiempos verbales así como un uso de las repeticiones y de la
métrica tradicional. Finalmente podemos concluir en que modernidad y tradición es una de las
características principales de la poesía de Federico García Lorca.

Mireia Márquez