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Los estoicos: características principales

Escrito por Pablo

El fundador del estoicismo fue Zenón de Citio, que en el 301 a.C. comenzó a impartir sus enseñanzas
en la stóa, pórtico del que la escuela estoica toma su nombre.

Como el resto de escuelas filosóficas de la antigüedad (entre ellos, los epicúreos), su principal
objetivo era alcanzar la tranquilidad de ánimo, para lo cual preconizaba una serie de preceptos que
conformaban toda una filosofía como forma de vida.

Entre los estoicos más célebres están Epicteto, Séneca, o el Emperador romano Marco Aurelio.

A continuación explicaremos qué es el estoicismo a través de la física y la ética estoicas. Aunque en


este texto, para una mayor claridad expositiva, separemos la exposición en dos epígrafes, hemos de
entender que ambas estaban interrelacionadas y que los antiguos las entendían de manera global y
como partes de un mismo esfuerzo: la consecución de la tranquilidad y de la vida feliz.

La vida feliz significa para los estoicos «vida digna de ser vivida», y por ello, como veremos, se trata
de una vida que no puede ser entendida sin la preocupación por los demás, y tampoco sin la acción y la
participación activa en la vida política de la sociedad.

Física estoica

La física es importante porque permite al individuo conocer el mundo en el que vive y, por tanto, saber
aquello que depende de él y aquello que no depende de él, diferenciación capital porque de aquí
derivará toda la ética del estoico.
Por otro lado, la física permite situarse en el punto de vista del Todo. Para el estoico, el individuo es
una parte del todo, y debe comportarse como tal. Como escribe Pierre Hadot en ¿Qué es la filosofía
antigua?:

En la perspectiva de la física, la voluntad de coherencia con uno mismo, que es la base de la elección
estoica, surge en el seno de la realidad material como ley fundamental, interior a todo ser y al conjunto
de los seres. De entrada, desde el primer instante de su existencia, el ser vivo concuerda instintivamente
consigo mismo: tiende a conservarse él mismo y a amar su propia existencia y todo lo que puede
conservarla. Pero el mundo mismo es un solo ser vivo, que, también él, concuerda consigo mismo, es
coherente consigo mismo, en el cual, como en una unidad sistemática y orgánica, todo se relaciona
con todo, todo está en todo, todo necesita de todo.

Como individuos somos un todo que forma parte de un Todo mayor, cuyas partes están en constante
interrelación: todo necesita de todo. El estoicismo exige y postula a la vez que este Universo sea
regido por la Razón (en griego antiguo: Logos), es decir, el Universo se rige según leyes racionales y,
en concreto, según la ley de la causalidad: todo sucede por una causa. Aquí los estoicos siguen a
Heráclito de Éfeso:

Una sola cosa es la sabiduría: conocer con juicio verdadero cómo todas las cosas son gobernadas a
través de todas las cosas.

Y también:

Este cosmos no lo hizo ningún dios ni ningún hombre, sino que siempre fue, es y será fuego eterno, que
se enciende según medida y se extingue según medida.

En el encadenamiento causal de los hechos, por tanto, todo sucede de manera determinada y, como tal,
no existe la libertad. La única elección de la que disponemos es cómo recibimos nosotros cada uno de
los acontecimientos. Nuevamente, podemos ver que esta máxima tendrá importantes consecuencias
éticas, y por tanto afectará a la manera de vivir y a la elección existencial de los estoicos.

Como parte del Todo, el individuo también debe ser regido por la razón. Vivir según la razón no es otra
cosa que vivir según la Naturaleza (Naturaleza, Todo y Razón son aquí términos intercambiables).
Vivir en contra de la Naturleza nos aísla, nos frustra y, simplemente, hace la vida más difícil de lo que
ya es. Por tanto, la vida estoica implica decir sí a los acontecimientos del universo tal y como se
producen:

Así pues, en todo momento, al enfrentar cada acontecimiento, estoy en relación con todo el desarrollo
pasado y futuro del universo. Y la elección de vida estoica consiste precisamente en decir «sí» al
Universo en su totalidad, luego a desear que lo que sucede suceda como sucede. Marco Aurelio dice al
universo: «¡Amo contigo!». Ahora bien, es la física la que hace comprender que todo está en todo y
que, como decía Crisipo, una sola gota de vino puede mezclarse con todo el mar y extenderse al mundo
entero. El consentimiento al destino y al Universo, renovado con motivo de cada acontecimiento, es
pues la física practicada y vivida. Este ejercicio consiste en poner la razón individual en armonía con la
Naturaleza, que es la Razón universal, es decir, en igualarse con el Todo, en sumergirse en el Todo, en
ya no ser «hombre», sino «Naturaleza».

Pierre Hadot, ¿Qué es la filosofía antigua?

Esta última frase es muy importante. Comprender este cambio de punto de vista desde lo humano a lo
físico nos ayudará a entender bien la actitud estoica. En muchas ocasiones, por ejemplo cuando habla
de la «indiferencia» como base para la ética, el estoico habla desde un punto de vista del Todo, trata de
sustraerse a su ego y a su visión particular para elevarse a una más universal y que albergue todo
cuanto existe.

La conclusión final de la física es que todo aquello que está regido por la Razón Universal, es decir,
todo aquello que sucede en el mundo, no depende del individuo. Por tanto, solo queda aceptarlo de
buen grado, decir sí al modo en el que suceden las cosas, y declararlo, desde un punto de vista ético,
indiferente. Los reveses de la Fortuna, la mala suerte, las pérdidas de seres queridos, la fama, la
belleza o la fealdad… Todas estas cosas que, a menudo, tanto nos preocupan, no dependen de nosotros
y para la ética son indiferentes. Este es el significado profundo de la expresión común «aguantar
estoicamente».

Lo que sí depende de nosotros conforma el mundo ético, y aquí es donde nace la elección existencial
y lo que conforma el modo de vida estoico. Podemos elegir no aceptar el mundo como es y entonces
vivir en contra de la Naturaleza, en contra de la Razón, y ser infelices. O podemos vivir a favor de la
corriente del mundo, según la Razón, y vivir una vida feliz. Veremos más adelante que esta aceptación
no constituye necesariamente una rendición ante las injusticias de la vida.

Para finalizar esta sección recurro de nuevo al maestro Hadot, que sitúa perfectamente la importancia
de la física dentro de la doctrina estoica:

La disciplina del asentimiento se nos aparece finalmente como un esfuerzo constante por eliminar todos
los juicios de valor que podemos emitir sobre lo que no depende de nosotros, sobre todo lo que no tiene
valor moral. Despojados de todos los predicados que los hombres, cegados por su antropomorfismo, les
asignan, tales como «aterrador», «temible», «peligroso», «repugnante», «repulsivo», los fenómenos de
la naturaleza, los acontecimientos del mundo, aparecen en su desnudez y, como veremos, en su belleza
salvaje. Toda realidad se percibe desde la perspectiva de la Naturaleza universal, en el torrente de la
eterna metamorfosis, del que nuestra vida y nuestra muerte individuales son solo una ola ínfima. Sin
embargo, en el acto por medio del cual transformamos la mirada que dirigíamos hacia las cosas,
tomamos consciencia también de que podemos transformar esa mirada, así, y de que tenemos el poder
interior de ver las cosas (entendamos siempre aquí por «cosas» el valor de las cosas) tal y como
queremos verlas. Dicho de otro modo, gracias a la disciplina del asentimiento, la transformación d la
consciencia del mundo implica una transformación de la consciencia del yo. Y la física estoica, como
repetiremos, hace que los acontecimientos aparezcan tejidos inexorablemente por el Destino: el yo
toma consciencia de sí mismo como un islote de libertad en el seno de la inmensa necesidad, y esta
toma de consciencia consistirá en delimitar nuestro verdadero yo por oposición a lo que creíamos que
era nuestro yo. Será la condición propia de la paz del alma: nada podrá ya alcanzarme si descubro que
el yo que creía ser no es el yo que soy.

Pierre Hador, La ciudadela interior

Principios físicos del estoicismo

Así pues, los principales conceptos de la física estoica pueden resumirse en:

 El Todo se rige por la Razón Universal. El individuo, como parte de este Todo, también se
rige por la razón.
 La causalidad gobierna los acontecimientos del mundo físico, por tanto no existe la libertad. Lo
que sí entra en la elección del individuo es el modo en el que recibe estos acontecimientos, si
vive a favor de la Naturaleza o en contra de ella.
 «Lo que depende de nosotros» versus «Lo que no depende de nosotros» circunscribe lo que
interesa a la ética y lo que no.
 Aceptar el Todo y vivir según la Razón es la gran elección de la filosofía de vida estoica.
Por último, para cerrar el epígrafe de la física, hay que precisar que los antiguos no entendían la física
a la manera moderna, en el sentido de que lo principal sería obtener una representación lo más
acertada posible de la realidad. Por el contrario, los estoicos se contentaban con una propuesta racional
que proporcionara ciertas respuestas acerca del mundo que nos rodea, pero siempre orientadas a la
elaboración de un modo de vida, y no tanto para comprender sin más la realidad física.

Ética estoica

Tenemos, pues, como una de las principales conclusiones de la física la idea de que una vida feliz
significa vivir conforme a la Naturaleza o, dicho de otro modo, la vida feliz pasa por aceptar el destino
propio:

Es posible definir de otra manera la oposición entre el ámbito de lo «moral» y el de lo «indiferente».


Entonces será moral, es decir bueno o malo, lo que dependa de nosotros; será indiferente lo que no
dependa de nosotros. Lo único que depende de nosotros es en efecto nuestra intención moral, el sentido
que damos a los acontecimientos. Lo que no depende de nosotros corresponde al eslabonamiento
necesario de las causas y de los efectos, es decir, al destino, al curso de la naturaleza, a las acciones de
los demás hombres. Son entonces indiferentes la vida y la muerte, la salud y la enfermedad, el placer y
el sufrimiento, la belleza y la fealdad, la fuerza y la debilidad, la riqueza y la pobreza, la nobleza y la
baja condición, las carreras políticas, porque todo esto no depende de nosotros, y debe, en principio,
sernos indiferente, es decir, no debemos introducir a ello diferencias, sino aceptar lo que sucede como
deseado por el destino: «No procures que lo que sucede suceda como lo quieres, sino quiere que lo que
sucede suceda como sucede, y serás feliz» (Epicteto).

Aquí hay un total trastocamiento de la manera de ver las cosas. Se pasa de una visión «humana» de
la realidad, visión en la que nuestros juicios de valor dependen de las convenciones sociales o de
nuestras pasiones, a una visión «natural», «física», de las cosas, que vuelve a situar cada
acontecimiento en la perspectiva de la naturaleza y de la Razón universal. (…) Para el estoico también
hay una sola cosa que no es indiferente, pero es la Intención moral, que se plantea ella misma como
buena y que compromete al hombre a modificarse él mismo y su actitud en relación con el mundo. Y la
indiferencia consiste en no hacer diferencias, sino en aceptar, hasta en amar, de igual manera,
todo lo que es deseado por el destino.

Pierre Hadot, ¿Qué es la filosofía antigua?

Esta es la gran enseñanza ética del estoicismo. Es la toma de responsabilidad de la vida de cada uno.
El estoico separa fríamente, con el escalpelo de la razón, aquello sobre lo que podemos actuar y aquello
sobre lo que no podemos actuar. Y dictamina con la misma frialdad que solo podemos actuar sobre
nosotros mismos: la manera en la que reaccionamos a lo que nos sucede, nuestra intención moral,
lo es todo.

No en vano escribe Séneca: «Cada cual es tan desgraciado como imagina serlo» o ««Todos mis bienes
están conmigo»: justicia, valor, prudencia, la misma disposición a no considerar como un bien nada
que se nos pueda arrebatar.»

Así pues, para la ética estoica lo único que verdaderamente importa es la intención moral. Dicho de
otro modo, la acción del individuo ocupa un lugar capital en este modo de vida filosófico.

Por eso muchos de los ejercicios y máximas de la moral estoica tienen la intención de fortalecer al
individuo: soportar el dolor, el hambre, las privaciones, las jugadas del destino de manera «estoica»,
pues refuerzan el modo de vida estoico según el cual solo importa la acción y la intención moral.

Vivir estoicamente
Después de analizar la física y la ética, llegamos a la puesta en práctica del modo de vida de los
estoicos. Hasta ahora, hemos visto que, sumergidos en la vorágine del universo, nuestra vida moral es
lo único sobre lo que podemos aún ejercer un control. Es la única manera que tenemos de hacer el bien:

La experiencia estoica consiste en una aguda toma de conciencia de la situación trágica del hombre
condicionado por el destino. Al parecer, no somos libres de nada, pues no depende en lo absoluto de
nosotros ser bellos, fuertes, saludables, ricos, experimentar placer o evitar el sufrimiento. Todo eso
obedece a causas externas a nosotros. Una necesidad inexorable, indiferente a nuestro interés
individual, disipa aspiraciones y esperanzas; estamos librados sin defensa a los accidentes de la vida, a
los reveses de la suerte, a la enfermedad, a la muerte. Todo en nuestra vida se nos va de las manos. De
ello resulta que los hombres se encuentran en la desdicha porque intentan con pasión adquirir bienes
que no pueden obtener, y huir de los males que sin embargo les son inevitables. Pero existe algo, una
sola cosa, que depende de nosotros y que nada puede arrancarnos: la voluntad de hacer el bien, la
voluntad de actuar conforme a la razón. Habrá pues una oposición radical entre lo que depende de
nosotros, lo que por consiguiente puede ser bueno o malo, porque es objeto de nuestra decisión, y lo
que no depende de nosotros, sino de causas externas, del destino y que es pues indiferente. La voluntad
de hacer el bien es la ciudadela interior inexpugnable, que cada quien puede edificar en sí mismo. Es
ahí en donde encontrará la libertad, la independencia, la invulnerabilidad, y, valor eminentemente
estoico, la coherencia consigo mismo.

Pierre Hadot, ¿Qué es la filosofía antigua?

La coherencia consigo mismo es lo que le queda al estoico. Y es cierto que, cuando uno es coherente
consigo mismo, cuando pensamiento y acción concuerdan completamente, la tranquilidad de espíritu
llega. Por eso encontramos exhortaciones a pensar y vivir de modo que no tengamos nada que esconder
tanto en Marco Aurelio como en Séneca.

Hay dos ejercicios básicos para un modo de vida estoico: la concentración en el presente y la
elevación por encima de las cosas.

Concentración en el presente

La única parcela temporal sobre la que la persona puede actuar es el presente: tanto el pasado como el
futuro se encuentran fuera de nuestro rango de acción y, por tanto, nos deben ser indiferentes. La
concentración en el momento presente es un ejercicio que el sabio estoico practica constantemente y
que es la base de la vida feliz. ¿Por qué? Una de las razones es la muerte. La muerte da valor al
momento presente, en el sentido de que uno debe sentirse agradecido del simple hecho de existir
ahora. Tal vez este sea nuestro último instante en este mundo, nuestra última hora, nuestro último día.
Reflexionar constantemente sobre este hecho resalta el valor del presente, la necesidad de vivirlo tal
cual es, libres e independientes de angustias y pasiones que nos atenazan. La reflexión sobre el presente
y sobre la muerte van de la mano.

Asimismo, el presente es el único lugar donde la acción es posible. Es en el presente donde podemos
hacer algo, donde podemos actuar según nuestra intención moral y llevar a cabo nuestra vida. Por eso,
el estoico es una persona de acción:

Hay que comprender bien este ejercicio de la concentración en el presente y no imaginar que el
estoico no se acuerda de nada y jamás piensa en el futuro. Lo que rechaza no es el pensamiento
acerca del futuro y del pasado, sino las pasiones que puede ocasionar, las vanas esperanzas, los
vanos pesares. El estoico desea ser hombre de acción, y, para vivir, para actuar, es necesario hacer
proyectos y tomar en cuenta el pasado para prever sus acciones. Pero, precisamente, ya que no hay
acción sino en el presente, sólo en función de esta acción, en la medida en que este pensamiento puede
tener alguna utilidad para la acción, hay que pensar en el pasado y en el porvenir. Es pues la elección,
la decisión, la acción misma la que delimita el espesor del presente.

Pierre Hadot, ¿Qué es la filosofía antigua?

Dicho de otro modo: para el estoico siempre llega el momento de actuar. Un estoico siempre se implica
por los demás, siempre trata de hacer algo. Y este es un momento de lo más interesante, porque nos
encontramos justo en la frontera de lo que hablábamos al principio: «lo que no depende de nosotros»
versus «lo que depende de nosotros». Cuando actúa, el estoico entra con su acción (que depende de él)
en el mundo (que no depende de él), con lo se produce una cierta paradoja, una pequeña contradicción:

Lo que caracteriza la «acción apropiada» es que en parte depende de nosotros, pues es una acción que
supone una elección moral, y que en parte no depende de nosotros, ya que su éxito obedece no sólo a
nuestra voluntad, sino a los demás hombres o a las circunstancias, a los acontecimientos externos, por
último, al destino. Esta teoría de los deberes o acciones apropiadas permite al filósofo orientarse en la
incertidumbre de la vida cotidiana al proponer elecciones verosímiles, que nuestra razón puede aprobar
sin jamás tener la certeza de actuar bien. En efecto, lo que cuenta no es el resultado, siempre incierto,
no es la eficacia, sino la intención de actuar bien. El estoico siempre actúa «con reserva», diciéndose:
«Deseo hacer esto, si el destino lo permite». Si el destino no lo autoriza, intentará lograrlo de otra
manera, o aceptará el destino, «aceptando lo que sucede».

El estoico siempre actúa «con reserva», pero actúa, participa en la vida social y política.
Pierre Hadot, ¿Qué es la filosofía antigua?

«El estoico siempre actúa con reserva, pero actúa, participa en la vida social y política». Desde la
conciencia del presente, el estoico nunca renuncia a experimentar, a poner en práctica aquello que
piensa. Así se entiende que algunos estoicos, tradicionalmente, hayan sido hombres de política, como
Séneca o Marco Aurelio.

La elevación por encima de las cosas

Otro de los ejercicios que permite tomarse la vida estoicamente es el de la elevación sobre las cosas, o
contemplación del mundo desde el punto de vista del Todo. El estoico sabe que forma parte del Todo, y
es necesario tomar un punto de vista «físico», como decíamos antes, para poder comprender qué es
indiferente y qué no. Esta técnica ayuda a elevarse sobre las pequeñas disputas de los hombres y a
actuar con perspectiva.
Situarse en este punto de vista, además, ayuda a obtener la tranquilidad. Desde el punto de vista del
Universo, no dejamos de ser pequeños granos de arena, «una gota de vino en el mar», una chispa que
apenas dura en la eternidad del cosmos. Así, nuestros dolores, problemas y victorias parecen
definitivamente menos importantes. Perdonar, ceder o sonreír ante la afrenta del enemigo es, sin
duda, más fácil desde esta perspectiva.

Por ello, elevarse por encima de las cosas es un ejercicio esencial para llevar una vida moral.

La combinación de estos dos ejercicios, por un lado la máxima cocentración en el presente, y por otro
la expansión hasta el punto de vista del Universo, conforman los dos extremos de la vida estoica.

Los dogmas básicos del estoicismo

Encontramos una síntesis de los principios del estoicismo, nuevamente en Pierre Hadot (las
numeraciones entre paréntesis, indican pasajes de las Meditaciones de Marco Aurelio):

Del principio primero según el cual no hay otro bien que el bien moral ni otro mal que el mal moral (II,
1, 3), resulta que ni el dolor ni el placer son males (IV, 3, 6; XII, 8), que la única vergüenza es el mal
moral (II, 1, 3), y que la falta que se comete contra nosotros no nos afecta (II, 1, 3; XII, 26), porque
aquel que cometeuna falta no se hace daño más que a sí mismo (IV, 26, 3) y no se encuentra en otro
lugar más que en él (VII, 29, 7; XII, 26). De ello resulta también que no podemos soportar ningún daño
del prójimo (II, 1, 3; VII, 22, 2).

Algunos principios generales: solo lo que depende de nosotros puede estar bien o mal, y nuestro juicio
y nuestro asentimiento dependen de nosotros (XII, 22); en consecuencia, no puede haber otro mal y
turbación para nosotros que en nuestro propio juicio, es decir, en la manera en que nos representamos
las cosas (IV, 3, 10; XI, 18, 11); el hombre es el autor de su propia turbación (IV, 3, 6). Todo es, pues,
cosa del juicio (XII, 8; XII, 22; XII, 26). El intelecto es independiente del cuerpo (IV, 3, 6) y las cosas
no nos vienen para turbarnos (IV, 3, 10). Si todo depende del propio juicio, toda falta es, de hecho, un
falso juicio y procede de la ignorancia (II, 1, 2; IV, 3,4; XI, 18, 4-5).

Pierre Hadot, La ciudadela interior.

Resumen: ¿qué podemos aprender del estoicismo?


En los últimos años el estoicismo ha disfrutado de una gran popularidad en ámbitos muy diferentes.
Las razones de este auge son diversas, pero la principal es que esta filosofía guarda una serie de
técnicas y aprendizajes que son útiles para mejorar nuestra vida:

 Es una filosofía de la responsabilidad. Una vez que se acepta que hay cientos de cosas que no
dependen de nosotros, nos concentramos en todo lo que sí depende de nosotros.
 Por tanto, es una filosofía de la acción: con reserva, lanzamos al mundo, como pequeños
experimentos, nuestras acciones.
 Es una filosofía de la fortaleza: el individuo trabaja para hacerse efectivamente indiferente a
todo cuanto no depende de sí mismo: se prepara contra el hambre, el dolor, la pobreza… Es
decir, el estoicismo te entrena para la independencia, palabra que aquí quiere decir sobre todo
imperturbabilidad ante todo cuanto nos suceda.

Creo que esta tríada de conceptos es un buen arsenal para afrontar la vida actual, llena de cambios,
vaivenes y problemas: responsabilidad, acción e independencia.

Por otro lado, la búsqueda de la tranquilidad, o las técnicas de la concentración en el presente y la


expansión por encima de las cosas son ejercicios que nos ayudarán en la correcta toma de decisiones.
Un arte que cada vez necesitamos perfeccionar más, debido a la velocidad de los cambios tanto en el
ámbito laboral como en el personal; y al estrés producido por nuestro estilo de vida, parece que decidir
es más difícil que nunca. El estoicismo y sus enseñanzas pueden ser buenas herramientas en este
contexto.

Es normal que el estoicismo triunfe: es útil y eficaz para aprender a vivir.

Obras estoicas
A continuación incluyo una serie de recomendaciones de libros sobre estoicismo, que os serán útiles si
queréis continuar profundizando más en este modo de vida.

Manual para la vida feliz (Epicteto)

Esta obra de Epicteto ha sido editada por Errata Naturae, incluye un ensayo del especialista en filosofía
antigua Pierre Hadot.
Meditaciones de Marco Aurelio

Sin duda uno de los grandes libros de estoicismo. Es importante en este caso elegir la traducción, ya
que varía mucho de una a otra. Yo os recomiendo dos, la de la colección Quintaesencia de Ariel:

La traducción de Quintaesencia es clara, concisa, y con la justa actualización del lenguaje para que su
lectura resulte amena. Siempre que hay algún pasaje confuso en otras traducciones, recurrir a esta
disipará toda duda. Como desventaja, en ocasiones puede resultar demasiado escueta.

En noviembre de 2017 Errata Naturae publicó una nueva y magnífica traducción de la obra de Marco
Aurelio, esta vez bajo el acertado título de Pensamientos para mí mismo:
La edición es de lujo, en tapa dura, y con unas preciosas ilustraciones de Scott Pennor. La lectura es
muy fácil gracias a a la maquetación interna, que además incluye separación en párrafos, lo que facilita
la compresión. En cuanto a la traducción en sí misma, es muy elegante, con un toque literario de gran
belleza. Si en algún caso algún pasaje resulta confuso, podemos recurrir a la de Ariel para clarificar,
aunque no es necesario en la gran mayoría de casos.

Sobre la felicidad (Séneca)

Es la clásica traducción de Julián Marías, para Alianza Editorial.

¿Qué es la filosofía antigua? (Pierre Hadot)

Este grandísimo libro de Pierre Hadot trata en realidad sobre el


fenómeno de la filosofía en la Antigüedad, pero sus capítulos sobre el
estoicismo son excelentes.

La ciudadela interior (Pierre


Hadot)

Este es el mejor estudio sobre las


Meditaciones de Marco Aurelio.
Editado en 2013 por la editorial Alpha
Decay, lamentablemente está
descatalogado a día de hoy:
A Guide to the Good Life: The Ancient Art of Stoic Joy (W.
Brax)

Uno de los principales responsables de que el estoicismo volviera a


ponerse de moda en el mundo anglosajón. Su vocación práctica es
muy de agradecer.

Otras fuentes

Si, por el contrario, quieres seguir leyendo sobre estoicismo pero no quieres entrar en tanta
profundidad, en este blog puedes encontrar diversos artículos sobre el tema:

 Piensa como si todo el mundo pudiera oírte: En este artículo tomo un fragmento en concreto
de las Meditaciones que trata sobre la coherencia de pensamiento y práctica, para analizar el
modo en el que el estoico consigue la tranquilidad.
 Marco Aurelio lee a Homero para tranquilizarse: un fragmento de las Meditaciones sobre la
muerte y la brevedad de la vida. Realmente útil, sencillo y tranquilizador.
 Las 7 preguntas de Marco Aurelio: Marco Aurelio se hace 7 preguntas retóricas a sí mismo
que resumen muy bien la actitud estoica. Sirve como ejemplo de vida.

Hasta aquí este resumen de la filosofía estoica, ahora toca lo verdaderamente importante: ponerlo en
práctica.

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Acerca de Pablo Escritor y filósofo aprendiendo a vivir más, necesitando menos.