Anda di halaman 1dari 9

Agustin Cueva

La Fascistización dei Estado


en América Latina
. Intervención ca el debate sobrfe "La cuestión dei fascismo en
América latina", Cuadernos PoIííicos,Méxtoo, Ediciones
ERA, núm. 18, octabre-dicièiiibre 1978, pp. 15-21.

1 .

D ado el curso seguido por la discusión concemiente al fascisnío en América


Latina, me parece necesario comenzarpordos observaciones de orden general,
intimamente relacionadas entre sí. La primera consiste en subrayar que —al menos
en mi opiniôn—la caracterizaciòn de los regímenes dei cono sur como fascistas (o
en su dcfccto como no fascistas) está lejos de constituir una fórmula mágica capaz
de "revelar" cuál es la línea política concreta a seguir frente a este tipo de
regímenes. La sc^nda observacíón se rcfiere aí hecho, a menudo olvidado, de que
el concepto de fascismo no cicrra en modo alguno las posibilidades de análisis de
cada situaciÓR nacional, con todas las dctemiinacioites específicas y pccuiiaridadçs
que puedan presentar. Al menos en la perspectiva marxista la categoria de fascismo
es una categoria abierta a la historicídad, como lo deniuestra este pasaje ya clásico
dc Dimítrov, que en razón de su misma apertura parecicra anticipar el desarrollo de
algunos dc los procesos ocurridos en el área latinoamericana:

El desarrdlo tJd fascisaio y ia pnipia dictadura fasdsta —escribió Dimíttov eh


1935— adoptan en los distintos países formas diferentes, segúrv las condidones
históricas, sodales y económicas, las particularídades nadonales y Ia posidón
intemadonal de cada país. En unos países, prindpalmente allí donde el fascismo
nocuenta con una amplia base deroasas,y donde la lucha entt-e los distintos grupos
en ei campo de la propia burguesia fasdsta es bastante dura, et fasdsmo nb se
decide a acabar inmediataraente oon el parlamento, y permite a los demás partidos
burgueses, así como a la socíaídemocracia,cierta legalidad.Enotros países, donde
la burguesia dominante teme el próximo estallido de la revoludón, el fascismo
eslablece su monopólio político ilimitado, bíen de golpe y porrazo,bien intensi-
ficando cada vez más el terror y el ajuste de Cuentas con todos los partidos y
agrupadones rivaies, lo cuai no exduye queen ei momento en que se agudiza de
\inmodoespecialsu situadón,intenteextendersubasepar»cowfc/««r-—-sinalterar
su carácter de dase— la dictadura terrorista abierta con una burda falsificadón
dei parlameníarismo.^

1 Jorge Dimítrov, "La ofensiva dei fascismo y las lareas dc la internactonal en la lucha por ta untdad de
lackseot»eracomr«etfascísmo'\e»5tífâ;rfán<^^^^^ Rd. Esfudió, Buenos Aires, 1972, pp. 18^2-85.
80 AGUSTÍN CUEVA

Es sólo un ejemplo destinado a mostrar, de una parte, que muchas de las


"originalidades" dei fascismo latinoamerícano no son necesa ria mente tales, y, de
otra parte, que la caracterizaciòn de determinados regímenes como fascistas dc
ninguna manera da por concluída la investigación, sino que más bien constituye en
cierto nivel su punto de partida.
Por lo demás, creo que no es supérfluo recordar, aqui la igualmente ciásica
observacíón de Marx en el sentido de que las formas concretas dei Estado "cambian
con las fronteras de cada país":
La "sodedad actual" —escribe Marx en 1B7S— es la sodedad capitalista, que
existe en todos los países dvilizados, más o menos libre de aditamentos medieva-
les, más o menos modificada por las particularidades dei desarrollo histórico de
cada país, más o menos dcsarroUada. Por el contrario, el "Estado actual" cambia
con las fronteras de cada país.
No pretendo entrar a desentranar aqui las profundas implicaciones teóricas de
este texto, que más adelante insiste en la "abigarrada diversidad" de formas que
asume el Estado capitalista, pero si quiero destacar que el nivel mismo de concre-
ción que fofzosamente subyace en cada realidad estatal nos obliga a manejamos en
este terreno con la ríiayor cautela, sin perjuicio de que en cierto plano de generali-
za ción (de cuyas limitaciones hay que tener conciencia) podamos caracterizar a
determinados regímenes o formas de Bitado como fascistas.
En lo personal me inclino a caracterizar de esta manera a regímenes como los dei
cono sur de América Latina, tomando en coivsideración que representan la implan-
tación de una dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionários dei
capital monopólico, ejercida en contra de la clase obrera y el sector revolucionário
de los campesinos y los intelectuales.^ Apartií de esta conceptuaíización, que para
mí tiene la ventaja de poner en claro lo escncial, o sca, el eontcnido de clase y la
forma de ejerciciO de la dominación,'* es enteramente legítimo y necesario indagar
las especiílcidades dei fascismo latinpamericàno.
2 ' .^
Una cuestión fundamental para ubicar el actual fenómeno fascista en un contexto
más amplio, consiste en recordar que la representación leninista dei sistema capita-
lista imperialista como una "cadena" compuesta de eslabones de diverso "espesor"
sigue siendo plenamente válida en el momento presente. Se trata en última instancia
dc una reprèsentadón que permite coniprender el desarrollo desigual dei capitalis-
mo a nivel mundial, no de una manera mecânica y simplista (países ricos y países
pobres o algo parecido), sina como un proeeso de desarrollo heterogéneo de un
cierto número de contradicciones que no necesariamente "maduran" más en los

2 C. Marx, "Glosas marginales al programa dei Partido Olwero /Vlemán", en Obras Escogidas, Edv
Progreso, Moscú, 1969, p. 349,
3 ReíoBOo casi iiteraimente la defíaiciiÍB de Disslífov «E <it., p. 1S2.
4 Que en el caso de América Latina me parecen evidentes, como he tratado de démostrarlo en mi trabajo
"La cuestión dei fascismo", Revista Mexicana de Sociologia, 2/77, México, abril-junio, 1977.
L A FASCisTTZAaóNDEL JBTADO... 81

puntos más avanzados en términos de desanoUo de las fuerzas productivas. For el


contrario, en la concepción de Lenin esta "maduración" ocurre más bien en los
"eslabones débilés" dei sistema, o sea enaqBelias áieas eu las que tina confluência
de factores históricos determina una acumulación y agudización muy particular de
contradicciones. No me propongo desarrollar aqui mayormente esta representación
dei problema,^ sino sólo registrar el hecho de que América Latina constituye, a
grosso modo, uno de esos "eslabones débiles" por su misma condicíón de región
subdesarrollada y dependiente. Más aún, estoy convencido de que la peculiar
problemática dei Estado latinoamerícano en el último siglo sólo puede comprender-
se cientificamente a partir de esta perspectiva leninista, que, por razones obvias, me
limito sólo a seítalar como línea de investigación.
De todas maneras resulta claro que la crísis dei mundo capitalista iniciada haoe
una década ha involucrado como es natural a todos los países que viven bajo este
sistema, mas no dê mmera hõmogéma. Ea Barõpa ocfcidental, por ejemplo, ia crísis
es evidente, pero por tratarse de un "eslabón flerte" el sistena cuenta allí con
suficientes "reservas" como para paliar sus efectos, incluso de orden político, a tal
punto que la misma dominación bui^esa puede seguir presentándose (internamen-
te) bajo la forma de una "hegemonia" que cuando más parece dejar espado a
respuestas democratizantes, pero no revolucionarias.
Distinto es el caso de las zonas "periféricas", donde la acumulación de contra-
dicciones exasperada por la crisis tiende a crear verdaderas situaciones de ruptura,
acentuando simultaneamente Ias posibilidades revolucionarias (que efectivamente
se han hecho realidad en Vietnam, Laos, Angola, Etiópia, etcétera) y las posibilida-
des de una contrarrevolución burguesa como la que ha tenido lugar en vastas
legiones de nuestro continente; En este sentido, el fascisrho latinoamerícano no es
más que un efecto dei desarrollo desigual de Ias contradicdones de todo el sistema
capitalista inferi alista, que incluso ha llevado a una espécie de "desdoblamiento"
regional de los componentes básicos de la dominación: coerción y "hegemonia".
Creo, por esto, que antes que hablar de "fiientes externas" dei fascismo latinoame-
rícano, hay que ubicario como un feiiómeno propio de cieitos "eslabones" de la
cadena-imperíalista en un momento de crisis.
Sé muy bien que este primer acercamiento al problema es demasiado general,
puesto que deja de lado la cuestión de saber qué condiciones ya más particulares,
nacionales e internadonales, dei mismo desarrollo económico y no se diga de la
lucha de clases, han determinado que la contrarrevolución burguesa pudiera triun-
far, primero, y luego revestir la forma ya concreta de fascismo. En realidad, lo único
que aqui busco poner de relíeve es el hecho de que el propio ordenamiento dei
sistema capitalista imperialista genera situacion^ en que Ia articulación y el
desarrollo de las contradicciones que le son propias es tal, que la dominación
burguesa monopólica sólo puede mantenerse por la via terrorista, que por lo demás
sirve de valiosa palanca extraeoonómica para la recomposidón de los mecanismos

S Sobre la cual L . Altbusser ha hecho impoitantísimas reflexiones en su artíctilo "Contra^cción y


sobredeterminaciÓn", incluído en La revoíución teórica de Afane, Siglo X X I Editores, Méuoo, 1967.
82 AcDSifri CUEVA

dc acniniiacirá dc capital, scriamenlc afectados por la orisis. Pbr esto, a la gpcana


política cootia las sectores pt^ivlaies qnc candcriza primoidialmcntc a la fase
iBÚdbl dc b contmicvoliMãÓB bnxg^csa, sigoe^, ca kis casos dc una ical Ciscistiza-
tíóm, woM vcidaden gncna ecoBÓiiiica costia Ias giandcs ínasas tiabajadoias.
Resiabkcido d "otéaT, se pasa inevitablcineole a un pmceso de leacondidoaa-
nsiciio deltaosamcalo de la
3
ífo qmc cjQsta BB "modcfe" económico pn^raeiAe fasdsta, c i ^ alias
xazoBcs poiquc la misBn categoiía dc £usd»iiio es «aa categoria poUúca. Pero
«dste, sí. Bua política económica dcl ÊKcismo qac deriva dc sn coateaido de dasc
—política ccoaÓBiica dei capital aioaopólioo— y dc Ia forma ea qae ejcroe su
doimaaâóa. Qoiao dccir coa esto áltinm qac el tenor iasosta pcnmitc oceferor cl
cuoipliaiieatD de aaa serie dc "taicas" ecoaómkas Iiasta eatooces "obstnudas" por
detcrmiaado aivcl dc la ladia de dases, a ta vez qae, ea aa iifciaal círcalo víckiso,
dicko canqiliaiicBlo exige cl maateaímicoto dc aaa IwcBa dosis dc terror.
E a priaier l a ^ , cl fascismo ca America Latiaa accloa y ixofaadiza hasta cl
limite m á x i n » aaa fase (pnefiero llamarla así aates qac hablar dc "nKtddo*^ de
acamalacióa dc capitalfaasadacm la Rnmneiacioa de la fiíerza dc tiabajo may por
ddiajo dc sa valor histórico; o sca aa proeeso ca cl ^ e la acamalacióa posa a
giravitar sobre la paaperizaciÓB absolata de las ansis trabajadoias. Este proeeso ao
es obvissacsfie |KÍvsti^ de Ias iscss â s ô ^ ^ u i s s dc sse:^o coaliBeaíe, sí hay
aaa difcxcacia dc padb, dc aagaitad: Okilc, Uragnay, Aigealiaa y Brasil t;stáa ahí
para atesliguario. ^Se trata dc aaa "fiKiie exteiaa** dei &sdsnio, dado qw: cslo
ti«»ide, oHie oins cosas, a oxrapeBsar I* caída dc la tisa dc giaaiMãa a aivel
iafciaacioaa]? Yo diria qae ea graa aicdida es así, a cóadicióa de ao olvidar que el
sector moaopólico aativo dcl p o é fascistizado sale tandâca bcacli<3ado de esta
sitaacãÓB. aáa, caco qac esto es aaa CBCstióa vital paia diclm s c c ^
Ea secado h ^ r , d &scismo pennite acciecar los procesos dc coaccaiiacióa y
solwe todo dc oenbalizaciÓB dcl capital ca Ia foinncãóa social ea qae se iniplaata,
fcordcaar btascameate la estiactaia dc la jModacciM iadastrial ^cexistcatc e
iatrodacir caadãos inqwrtaalcs ca la composicióa oig^ca de las ramas más
"diaámicas''. Expiedóa dc a a iccMcdeaamícalo político delpn^iio bloqae buignés,
el íasôsmo c ^ i a a&í BB icoidcaamicBlo taadMéa cooaómíco dei nusaio, c o m o lo
veremos más addaafe.
E a teiGcr lagpr, el tãsdsana pndpita, ca f<Mma tandáca laalal y ya sia 'Maneias"
áadkmalistas, d faoccso dc tiaasaacioBalizadÓB dc aacstns economias, ealeadiéa-
dosc por e ^ a o sólo lo ocnrrido ea la mítxi de la fMnOpiedãd —iobie lã qttelaiilo
se lia ^criio y mt hace falta imitir— sino taadnófi ca la csfeia de la prodacdÓB
cstridamcalc tal, qac pasa a iascitansc dc aataota cada vez más daia dcatro dc aaa
wieva divéÍM iiacnadoHa] éeXfindnjo,de anáder «fM^ista ÍBqM»ái£Kti. Esta
iascicióa se £ii:ilita ea la OKdida ea qac el fasdsaio crea ráindameatc aaa "veataga
coa^asativa" al abatir d piecio local dc la Caeiza dc trabajo.
;lmplitca esta tiaasaadoBalizadirá BB "soiddio" dc tabaigucsia nativa o por lo
meãos aaa pndida dc sn aatoaonmi? Ontamcabe ao paia d sedor moaopólico
kxsd, c a ^ aa tmMirará ao Gimãsie ca b poftSxSidad dc nank
L A FASdsrnzAGiâN DEL, Í5STADO_ 83

en la naao, sino cn la posibilidad dc cstableccr mgoics condiciones idlativas de


cjdbmcción dç ^osvalía al
Finabneatc, cl lascisrao sc cncaigp dc leoiginizar cl meicado imcrior, no sólo
conceidiáadolo hacm arrih* (hccho bien conoddo) mas tambicn icdefimcndo los
pattonn dc oonsnmo pqpnlar. Est^ ledefiniciáB pctmiie nn relativo casaadhannen-
to dc cicitas tobros dcl fsonsnn» (aqvcllas qnc útfcicsan diicctamcn|e al capital
mimopôlico para sn "nonnar*fiincionannenlo),a C O G ^ claio está, dcl deterioro de
las cimdidkmcs de salnd, edncación, ^nfieàd^ etccicia, qnc son los ce^^nes
daramente afectados por cl proeeso de panpcrízación absoluta dc las masas tiaba-
jadoras.*
• 4 • .
'Em lo qne a los factores sodaks ceHHoe«e, qnskia solnc todo iisistúr en qae d
fascismo accteia la lecimípoBición dd Uoque donajaaaie al barrcr los "obstáculos"
deaaociáticos qne ea mayor o mosM»- aiedida veaúa in^ioaieado limites al paedo-
miaio (Mnmmodo de la fraccióa baigpacsa monopólica aativa y sns aliados extiaa-
jcros. E a este seatido cwo qae coavicaK poaer Ink» en daro qac el fascismo
latinoainerícano ao sc aiticala en torno a aaa supue&ta "burguesia baroccática'* o
algo parecido, siao a partir dd picdomiaiodc la ttxxãnón roeacioaiada, qac ao es
más qac aa oonqmaealc dcl capital tiaasnacional. Aqaí ccano ea oiros casos, soa la
dasc doBunanle y sa fiaccioa hegemónica las qac coaficrca aa coateaido al Bstado
y ao iavcisaaieatc, aaa si al^aos iavestigfid(»es se eaqieãaa OB negar o disolver
este conlcniik> bajo fornadas Ian amlâgaas como la dc "Estado borocrátk»-auton-

Es por lo dcanás esc picdfHninio clasKta el qnc define cl "aacvo carácter^ dc las
dicladaias militaics del cooo sar y peimiie la coafi^iacióa dd fascismo. Como
aaola el profcsor Ebeibaidt HadEdlal:
Aun cnandk) las dKtaduns trarorislas^ las dicfaduias militares j b siqpiesión
temporal dc b deancrada baigucsa en AméiiGa Latina sienyie sí^ífíGaa un
ekmento dd desandio politico del cootineol^ b dictadura fascisin es wi fenó-
mmo iebif«ana»ie UDEWO en ^nâricK LaAon. Ni tas dictadans sáfitaies «fe k»
w s vemle y tiéinta en un» serie dc pwses btinaumericanas (BtasB, Ode,
Aigentiua), ni los icgáanenes dic^kmades aen^
RepúbGea Douiaicui aiAa&tamm sn cuáder Medite, ana caaada rm^k^mm
uiélDdas del fasósiDO. EBUS dictMlnaB noseapofalan DÍ fn
nativo dc b bu^gnesb ni cnn v^DDEienes ahranÉtivi» fienle d
condaddo por b daseferabajadoia,sino nmã&stación de b defonnadón del

« nmcasasamcldcBraâladoislo«istipic^^
"llc|«raAMxi6ii dr b llKfza dfc inbigo y dcs^
JEsKC^ B i . Ije Rsdde Méróe. 1978.
7 Cm0MÚHKUKjadasialMeMdo|»G«il^^
triirfiOT de CMBIMO áã EaSadn linociiâoo-aMaribrio'', ea Haiisím Mtaácmm ieSoáabi^m, líTJ,
liéxicxk. eno-nozo, 1977.
84 AousntN CUEVA

desartolio capilatista, de coBttadicciones a! interior âê lãs ciasês explotadoras


y de ia dependência semicolonial de los monopólios estadounidenses.^
Es verdad que el fascismo opera un despiazamiento de ciertos sectores burgueses
como eje dc articulación de la dominación y que esta tarea se cumple con una fuerte
intervención del Estado en todos los ordenes; pero no hay que olvidar que tales
sectores soa justamente los no monopólicos, o sea los remanentes de la antigua
"burguesia nacional". En cuanto à la fracción monopólica, incluso puede dccirse
que pasa a "reinar" directamente: Vegh Villeps o Martinez de Hoz son algo más
que sus simples emisarios...
La mencionada recomposición del bloque dominante no acaba desde luego con
las contradicciones intraburguesas. Estas se aplamn, comso es lógico, en el momen-
to ascendente del fascismo, o sea cuando Ia burguesia como un todo emprende su
cruzada contra las masas trabajadoras; pero una vez que la fase de asentamiento del
fascismo adviene, luego del triunfo militar de la contrarrevolución, las contradic-
ciones resurgen en diversos planos: burguesia monopólica versus burguesia no
monopólica; sectores nativos monopólicos contra sectores monopólicos no nativos;
fracciones qtie producèn para el mercado interior frente a fracciones que producen
sobre todo para el exterior, etatera. Son contradicciones por su misma naturaleza
secundarias, que no implican un real antagonismo, pero que sin embargo existen.
5 . •
En otro nivel de análisis, auiíque estrechamente vinculado con lo anterior, parece
claro que el fascismo realiza un significativo reordenamiento de la superestructura
estatal. ^Regímenes fascistas o Estados fascistizados? Yo creo, retomando la
fórmula de Dimítrov, que la "subida dei fascismo al poder no es un simple cambio
de un gobiemo burguês por otro, sino la sustituciôn de una forma estatal de la
dominación de clase de la burguesia —^la democracia burguesa— por otra, por Ia
dictadura terrorista abierta".' Y no sólo esto. En ei caso de América Latina, me
parece que el ascenso del fascismo al poder ha significado inequivocamente una via
de consolidación del capitalismo monopolista de Estado con todo lo que ello
supone, incluso como redefínición de k& funciones ea>nómicas dei Estado. No
quiero insistir aqui en lo que ya he seiíalado tantas veoes: rcconversión del antiguo
capitalismo de Estado (no monopólico), a menudo con fuerte merma del sector de
empresas "públicas" (privatización en benefício del capital monopólico); desman-
telamiento dei "Estado benefactor"; "racionaiización" del gasto público; apiicación
de una política "liberal" en matéria económica, etcétera.*^ Y me parece que el
propio proeeso de burocratización en el que tanto se insiste es un efecto de lá
consolidación del capitalismo monopolista de Estado, que no inversamente.

8 "Fascismo y lucha antifascista", en ífueva Política, nóm. 1, México, enero-maizo, 1976, pp. 182-83.
9 Op. cit., p. 183.
W Cf. "La poiíítcacctsaômica dei fascismeea América Laíiaa", en ILDIS:£/carOrolpolkico«nelC&no
Sur, Siglo X X I EditoTes, México, 1978. ,
L A FMCISIIZACIÒN DEL ESTADO... S5

El fascismo opera, adernas, uo reforzamiento dei llamado "Estado dc seguridad


nacional", etiqueta que esconde el obvio proeeso de militarización del Estado
latittoamericatto, sobre todo ea las áreas fascistizadas.
En este punto se inçoiie sin embargo una aclaración. Y es que no creo que este
problema poeda sitoaise eh el mismo plano teórico que la discusión sobie el
fascismo, ni menos aún dar margen pata que una categoria reemplace a la otra como
sugieren algunos investigadores.^^ El denominado "Estado de seguridad nacional"
no es en realidad ninguna forma dc Estado, siso una dimensión militar de la lucha
de clases que termina por identificar el âmbito de la nación con el espacio contro-
lado por su clase dominante y, más allá de la nación, con el sistema capitalista y sus
sub-bloques. Obviamente no es cl TIAR o la existência de la CONDECA lo que define
a los Estados latinoamericanos, del mismo modo que no es Ia OTAN la que define el
carácter dc los Estados de Europa occidental, aunque en todos estos casos exista un
"Estado de seguridad nacional", una doctrina, implícita o explícita, de defensa de
las "fronteras ideológicas", y una clara dependência militar con respecto al centro
hegemónico dei imperialismo, o âKi,Estadc^ Unidos.
De Suerte que lo que queda por explicar no es el hecho de que el aparato militar
se "transnacionalice" también en América Latina, ni menos todavia el hecho de que
esc aparato se justifique ideologicamente arguyendo razones de "seguridad nacio-
nal": después de todo, los jefes de la OTAN tampoco dicen que están allí para
defender ios iníercscs de tos inoiiOfs>lios... Lo que hay que explicar es por que es
cl primer caso la "seguridad nacional" se acompaiia de una militarización interna
de corte fascista en determinados países, mientras que en el segundo caso los
militares permanecen "normalmente" sólo con» garantia en última instancia de la
"hegemonia civil" de la burguesia, salvo situaciones dc "emergência" como la dei
famoso mayo francês, cuando el general De GauUe moviiizó sus blindes para
recordar a los insurrectos que Ias "trincheras y fòrtifícaciones" del capital monopó-
lico no son simplemente metafóricas.
Hechas estas aclaraciones hay desde luego que recalcar que el fascismo sí
establece condiciones de reforzamiento del llamado "Estado de seguridad nacio-
nal", o sea de consolidación de los ejércitos latinoamericanos como brazo armado
de la burguesia monopólica, en la medida en que al ajustar cuentas en el seno de las
respectivas fuerzas armadas consolida a los sectores más reaccionários de estas,
aniquilando casi por completo Ias reservas pro^esistas que en este âmbito podían
existir, y que efectivamente existían en Brasil, Uruguay, Chile, Bolívia, etcétera.
Me parece, sin embargo, que el reforzamiento definitivo de este "Estado de
seguridad" no es una cosa tan sencilla ni exenta de problemas. Pese a todas las
apariencias en contrario, tal "Estado" tiene más dificultades para consolidarsc en el

11 "[...] et Estado de seguridad nacional no cs aslmilabie a las categorias clásicas dê bonapartismo.


fascismo o dictadura militar tradicional, sino que más Hen constituye un tipo de Estado de Excepción
^ifeíencíaMe'*. Gerardo .Aceit«BO y Heraáa Gmmm, "Estados Uaidos y los Estados de Seguridad
Nacional en América dei Sur", Testimonios y documentos de El Dia, México, 20 y 21 de marzo de
' 1978.
86

áiea latiMCMmerkaiBa que en la cmopea «iradenÊil, por cjenqrfo. Seãalo râpidainrate


algnaas cvestkmes: conflk^os tolcmacHMalcs que en Eaiopa cstán pnctkramente
superados, lo cual permite UBfcnc»9naraicirto"jummiico" dc ia OTAN, cu América
Latina distan nmcho dc estarlo; no hay sino que pensar en conflictos fronicrizos
xximss km ^ Clnfe-Argntina, BoUvia-Fess^C&ilc, Peiá-Ecnador, ctcéteia, o leoor-
dar —qenqiio mny iccienic— Ia virtual panlisis dc cONOeCAfitentcal oonflicto
nicaiagicnsc a laíz dc los incidentes interuacionak» dc todos conoddm^
Adkanás hay <MrQ« tàpú& dc pioMemas isspeiMcoR qcc han d<^»ninado, por
ejcnifilo, el becho dc qnc Biasil no apoyaia d pioycdo dc czcación de la OTAS, O
c m » st JIbmc, cnbK otans cosas jpaiqnc d desariollo d d cnpilalismD en d Bs^U
requieic de cieita apeituia dc meicados en ÁTiica. En fin, qaedan lodos los proble-
mas derivados dd mismo papd snprapolílico qnc han vcnido dcscrapcnando las
fuanms, amndas latinoaracricanas, lo cual oxa una sitnación no exenta dc andn^k-
dad: por nn lado, la granfiacizaderivada dd mismo apoyo brindado por cl
imperialsmo; dc otro bdo, la dificultad dc snpciar cieitos icsqncbiajamíentos qnc
fínalmentc obedeceu a condicioMS internas dc las sodcdadcs latinoamericanas.
Dc todas maneias queda abieito nn anedio campo para la investigacâón SOIMC
este problema y cveo qne aportes omno los qne sc pnedea encontrar cn d nUuno
número de la levisla Nueva Política som un gran avance cn este sentido.^

I^so a c^msiderar brevemoite k s efcclos d d fasdsnio en cuanto se lefieic al


•coidtaumieidD dc la "ísociedad civil" latinoamericana cn sn sentido más amplio.
Primcia obscivadcNíi. Los câmbios cn la ccoaonna no pnedes dejar de ptoéncir
scndkis caidbias d rc^to de la "sodedad civil": Mux dcda, oon razón, qnc la
jximeni comtiluyc la osatata «k: la se^nda. For lo tanio, aal c^ie ^ s s « ^ qne la
etapa pos&s(3sta pueda ser unsinqile idxnno, o sea una vudta a la etaqpa prdasdsta.
LadudaUemenle d bscismo ha ledefinido mm^os peifiks dc la constdadón social
picvia, ha ocado sn nncvo tqido is^úhidonai, ha inapiicsUi nnevos rcíeientes
ideoiogico^ltiualcs, ha crcado nn contexio nuevo de lucha.
S i ^ n d a ofasravaciÓB» Pese a todas e^tisflMdiGcacxnies,trngo la impiesión dc
qne el carácter dc "eslabón d é b i r dc los países fasdstizados está lejos de snperaisc,
incluso en el caso biasílcno. Q u i a o dccir con esto que Ias condiciones no paicoen
dadas como para qnc pnoda cstablecose en esas áicns fónnabs de lecamtno
sodaldeinócnratas más o menos cstaUes, ni como paia qnc puedan floicoer en el
movimiento obicro Unsioncs similaics a las dd "cnrocomunismo*' (al mtmos como
teadkncia picdonunanle). Y es que, dada lá naturaleza misma del sistema ca|MtilÍsti
inqieTialísta, creo Ímposible una homc^aelzacióa d d mismo; la propia ^tiuctnra-
ción desigual de sus contradicdones, snmada al cicdmicirto dd socialismo en cl
mnndo, lo condena a movcisc politicamente entre los dos puntos extremos qnc

12 MeiBficroanadHJasinM
L A FASC35IIZAC3âN DEL GSTADQ- 87

ancsin qmca dibuja: el d e la simple "h^moatt^espiritaal** y el dc la "gpcna


tíbia-.
Tenxia obsearvaciÓB. Las denotas qae h coalianevoliKãÓB fascbta ha iflfl%idb
a l u clases popidaics y a AxCff^ las líaeas politicas de i z ^ «iscrio
^{^nicaraiaifo de ^ táctias y c s í n l ^ y i hasta aboia segnidbs. Fia» ésfe na
{HoUenn qne no puede icsolvcisc con fóimnlas de carácter ^ n e i a l , ni menos
todavia al matgoA de los padidos pioletuios rtahncnte existentes.
bnfHrcvisiUb cn iaos «lodalidadcs más eoncxctns, cl proeeso dc disfiuidstización
de América Latina pasa tá segara mente, a traves dc mnltifdcs sinuosidades, pornna
&%dcdaBSB«^t5cia avsBZsds, qnc pce^ve k s condn^ones dc la CKÍC sig^icBt£^ d e
tiansicâón al socialismo. Ni nna n i otaa son taicasfikriles:qneda por dclante nn
pKrf!fcma dc a^ntinación dc fiacizas, dc o^ganización y dc diiccdon política, y hay
mm neccsidad,!!^ inoqpeiiasa qucmaca^dennid»! delas coirientes veidadeiamen-
te Aanooátícas, aotimperialistas y icvolocionarias, sin la cnal será ímposibk
e^toitar exitosaniente a na enemigp Ian poderoso como el &scismo.