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Patriarcado. La necesidad de nombrar.

Las pensadoras y filosofas feministas han hecho análisis e historicidad de la situación de


desigualdad y opresión hacia las mujeres desde muchas perspectivas posibles.
Comenzando con la división sexual de las tareas basada en la biología, que, como explica
Gerda Lerner (1990) sucede por la necesidad de dar mayor cuidado a las crías menos
desarrolladas de las humanas bípedas, pasando por la cosificación de la capacidad
reproductiva de las mujeres que es usada como valor de cambio y mercancía, sumando el
surgimiento de los sistemas de parentesco que generan pautas para vivir y expresar la
sexualidad que sean acorde a los valores reinantes en cada época y sociedad, y
generando derechos de unas personas sobre otras (Lamas, 2013). Estos también
desarrollan la construcción social de los mundos sexuales y el sistema sexo-genero, que
sirve para analizar cómo en las sociedades se forjan y organizan las instituciones básicas
(familia, parentesco, matrimonios, el trabajo, etc.) moldeando el sexo humano y la
capacidad de reproducción con la intervención social, satisfaciendo las convenciones que
realiza cada comunidad. Otro aspecto que desarrollan las teóricas feministas, en este caso
desde la antropología cognitiva, es el de las dicotomías que están en el discurso social
sobre el género, en las conciencias habitadas por narrativas sociales sobre la sexualidad,
que caracterizan y ubican a cada género en uno u otro lado del pensamiento, entonces lo
femenino y masculino se relaciona respectivamente con blando/duro, privado/publico,
húmedo/seco, inestabilidad/estabilidad, pasividad/dinamismo, subjetividad/objetividad, y
estas relaciones según Levi Strauss revela los pensamientos y limitaciones de cada
sociedad. (Lamas, El Genero. La construccion social de la diferencia sexual, 2013)

Entonces, ante tanto campo de pensamiento para analizar y comprender la subordinación


femenina, para poder utilizar una categoría que incluya todas estas aristas que convierten
una organización social en opresiva para las mujeres y disidencias sexuales y de género,
es que las feministas denominan “Sociedad Patriarcal” a dichas civilizaciones en las que
existe una “estructura social jerárquica, basada en un conjunto de ideas, prejuicios,
símbolos, costumbres e incluso leyes respecto de las mujeres, por la que el género
masculino domina y oprime al femenino.” (Navarro, 2002)

Culpemos a la biología.

La historiadora Gerda Lerner describe en el libro “La creación del patriarcado” (1990), el
hecho biológico que dividió primeramente las tareas en las comunidades del periodo
transicional, en el que pasamos de homínidos a humanos. A causa de la postura erecta se
estrecha el canal de parto y la pelvis femenina, como consecuencia, los bebes humanos
nacían con un grado de inmadurez mayor al de los primates, lo cual implica una mayor
necesidad de cuidado, sumado a los ambientes desfavorables para la vida de un ser que
necesita de mucho tiempo para desarrollar autonomía. Además fueron las madres las que
perfeccionaron la tarea de recolección y tratamiento de los alimentos, desarrollando
recipientes y utensillos con este fin, para conseguir la supervivencia de las crías. “Tan sólo
los brazos y los cuidados maternos protegían al niño del frío; tan sólo su leche le podía
proporcionar el sustento necesario para sobrevivir. Su indiferencia o negligencia
significaban la muerte segura.” (Lerner, 1990) En esta misma época, es cuando las
humanas pasaban toda su vida gestando pariendo y criando hijos, dada la poca esperanza
de vida de estos, que de muchos partos eran pocos los que llegaban a edad adulta, esto
provoco que las tareas que prefieran las mujeres fueran las que combinaran bien con esta
condición de generadoras de vida. Es así como supone la autora que la división de tareas
primitiva fue acordada tanto entre hombres y mujeres porque pareció ser la forma de
garantizar la supervivencia del grupo. Las teorías darwinianas sobre la supervivencia de
las especies, parece explicar muy bien por qué fue esta organización social la que perduro
y se legitimó, y no otra (a sabiendas de que existieron otras formas de organización que no
pudieron perpetuar las castas). Hasta aquí podríamos afirmar que la división sexual del
trabajo es algo natural y su devenir en desigualdad también, entonces el patriarcado en sí
estaría determinado biológicamente.

En la actualidad, la civilización con distintos dispositivos ha contribuido a la supervivencia


de los bebes humanos, que pueden vivir al cuidado de otras personas que no sean sus
madres, por lo cual ya no habría necesidad de dividir sexualmente las tareas para
perpetuar la plebe. Y es con el surgimiento del feminismo y sus filosofas y teóricas, que el
androcentrismo científico que valido este enfoque determinista, comenzó a ser criticado y
con argumentos que se basaron en la introducción del concepto de género como
construcción cultural, diferenciándolo del sexo (biológico). Entonces la base de la
subordinación de las mujeres en las sociedades no es biológica sino cultural. Esta misma
condición de cuerpos gestantes garantizadores de descendientes provoco la cosificación y
apropiación de parte de los hombres de la capacidad reproductiva de las mujeres y de su
sexualidad, esta dominación se traslada a otros pueblos conquistados, esclavizando en
primer lugar a mujeres sexualmente. Luego la subordinación de las mujeres a los hombres
se institucionaliza con el estado y sus alcances jurídicos. Con la industrialización y la
división de la sociedad en clases también se sostiene la sumisión, ya que se basa la clase
social de los hombres en la propiedad de los medios de producción, pudiendo subordinar a
quienes no los poseen, y en cambio la de las mujeres se basan en sus vínculos sexo-
afectivos con los hombres, quienes les permiten acceder a bienes materiales. Otro aspecto
que jerarquiza a los hombres y subordina a las mujeres es el hecho del surgimiento e
imposición de un Dios hombre, único y dominante, dejando de lado la figura de las diosas,
sacerdotisas y curanderas, perdiendo la veneración del poder de dar vida, atribuyéndoselo
al mismísimo dios todopoderoso.

Hay muchas categorías más de análisis para demostrar que la desigualdad es una
construcción cultura y no biológica, estas son algunas de las que plantea la autora citada.

PRODUZCAN SIN NOSOTRES

“El trabajo domestico es un elemento clave en el proceso de reproducción del trabajador


del que se extrae la plusvalía”, y como aclara Marx la fuerza de trabajo necesita de la
satisfacción de necesidades, es donde entra la mujer como necesidad para hacerse cargo
de satisfacerlas (Gayle Rubin, recopilado por Marta Lamas, 2013). Sin embargo, aunque
esta relación con el capitalismo es real, sumado a que la mano de obra de la mujer es más
barata y produce mayor plusvalía, no alcanza solamente el análisis marxista para explicar
esta relación. En su texto “El tráfico de mujeres: notas sobre la “economía política” del
sexo.” Gayle Rubín, menciona que podemos relacionar el sistema sexo-genero con la
economía, si entendemos que dicho sistema es un producto social, y que debemos
analizar las relaciones de producción que intervienen.

Es posible explicar la relación género-economía también desde los impactos que ha tenido
la incorporación masiva de las mujeres al trabajo remunerado que como explica Castells
“aumentó su poder de negociación frente a los hombres y socavó la legitimidad de su
dominio como proveedores de la familia.” Este ingreso masivo, se da por varias razones
que siguen siendo opresoras, describe el autor como primer factor la posibilidad de pagar
menos por un trabajo similar, la segunda razón importante es que la nueva economía
necesita cada vez de destrezas que estaban confinadas al ámbito privado de las
relaciones, se debe realizar gestión de la gente y para esto es mejor la mujer. Y por ultimo
su flexibilidad como trabajadoras, las mujeres representan el grueso del empleo parcial y
temporal, así como un buen porcentaje del empleo autónomo, esto tiene que ver con el
género, puesto que el trabajo de las mujeres se ha considerado siempre como
complementario al ingreso monetario masculino y además esta flexibilización se ajusta a la
necesidades domestica de crianza, limpieza, etc.

Por último, para no extender el informe, desde que se reconocen las identidades de género
trans, travestis, lésbicas, gays, intersex, queer, se ha promulgado, en nuestro país, el
ingreso de estas identidades al mundo del trabajo remunerado, específicamente la ley de
cupo trans es un avance en el reconocimiento de derechos, y en la visibilizacion de sus
pocas posibilidades para trabajar con otro medio que no sea su cuerpo, a través de la
prostitución.

FAMILIA Y ESCUELA. AUTORIDADES AUTORIZADAS.

A mi criterio los agentes socializadores en la configuración de la masculinidad y feminidad


más fuertes son la familia y la escuela.

En la familia, mas allá de las nuevas estructuras familiares, existen siempre personas que
se encargan de configurar a niños y niñas con los roles de género. Comenzando por la
ropita que se prepara antes de nacer, si se sabe el sexo del bebe se prepara según esa
información. Una vez nacide, si es sexo femenino es muy probable que se le perforen las
orejas y se le coloquen aros, para que aprenda a ser femenina de recién nacida. A medida
que vamos creciendo los juguetes con los que se nos permite jugar en casa son
mayormente autos y pelotas para niños y muñecas y cocinas para niñas (entre otros),
sumado a los cuentos y personajes que configuran nuestras fantasías, las niñas con
princesa, los niños con superhéroes o robots gigantes. A medida que nos desarrollamos en
la pubertad, los cambios físicos femeninos, y la menstruación, son más bien escondidos, y
en muchos casos tomados como peligro (si se te ve el cuerpo estas en peligro de ser
abusada, si menstruas tenes peligro de quedar embarazada, etc.) y en el mejor de los
casos, que crezcan los senos con dolor, que sangre el útero, significa nada más y nada
menos que “ser señorita”. Los varones, suelen tener más permisos y libertades que las
mujeres, y a nosotras se nos encomienda a los hermanos o primos para las salidas. Y al
momento de elegir las rutas de vida adultas, los logros que satisfacen a la familia de una
mujer son conseguir marido y tener hijos, mientras que los logros que satisfacen a la
familia del varón son la adquisición de bienes materiales y ascensos en los trabajos (entre
otros).

La escuela, también configura de manera permanente la femineidad y la masculinidad. Las


actividades propuestas en nivel inicial, la casita, la construcción, los piratas y princesas, los
colores de guardapolvos, o la división de los baños, están cargadas de estereotipos y roles
asignados. Y en la primaria, se destaca la prolijidad de las niñas, su buen comportamiento,
y se describe a los varones como más desordenados y poco atentos para las tareas. Hace
tiempo en las escuelas se enseñaba a las niñas a coser y a los varones carpintería y otros
oficios. Actualmente los patios de las escuelas disponen un espacio gigante para que los
varones jueguen futbol y a las niñas se les relega algún lugar para jugar “seguras”. En la
secundaria, se ponen reglas de vestimenta, por ejemplo, en las que no se les permite a las
mujeres ropa que muestre los hombros, por resultar provocativo para los muchachos, sin
embargo ellos pueden ir con los jeans por el piso mostrando los calzoncillos y es
considerado moda. Se dividen en este nivel las clases de educación física en femeninas y
masculinas, eligiendo deportes según el sexo y en muchas ocasiones se dejan pasar
situaciones de bullyng que se les hacen a los varones que no encajan en la masculinidad
hegemónica, o a las mujeres que no representan la feminidad hegemónica.

CASI GENOCIDIO

“En Argentina hubo 286 femicidios en 2015, 290 en 2016 y 292 en 2017. En lo que va del
2018, se registraron 260” publica el diario “El popular” el 16 de Noviembre de 2018.

En lo que va del año 2019, en Argentina, se calcula que una mujer muere cada 29 horas;
estas cifras son estimadas según el registro de mujeres que son visibilizadas y que sus
muertes son conocidas por los organismos. Debemos tener en cuenta que existen
muchísimas mujeres muertas que no conocemos ni son anunciadas sus muertes a nadie,
ya que sus situaciones de clase, raza, cultura, etc., las invisibilizan incluso como personas.
De este hecho es importante destacar el relato que realiza la comunidad Quom en el ENM
de Chaco, sobre 22 niñas de la comunidad desaparecidas. Que por ser indígenas las
denuncias son desestimadas y no se realizan las investigaciones y acciones pertinentes.

Sumado a los femicidios existe la desaparición de mujeres por la trata de persona, que
nunca sabemos si son muertas o no. “Más de cuatro millones y medio de personas en todo
el mundo son víctimas de la explotación sexual forzada. De esta cifra, un 90% son de
género femenino.”
En el resto de Latinoamérica la situación es aún peor, El Salvador, Honduras, Guatemala,
Brasil y Perú figuran con las tasas e índices de femicidios mas altos, esto quizás se deba a
que en nuestro país el movimiento feminista está muy activo y ha generado mayor
conciencia y ha luchado por las leyes de erradicación y eliminación de todas las formas de
violencia hacia las mujeres, que provocó que las mujeres comiencen a denunciar y que se
activen, aunque insuficientes, mas mecanismos en contra de la violencia. Sin embargo de
las 260 mujeres muertas por FEMICIDIO en 2018; el 93% de los asesinos femicidas
pertenecían al círculo íntimo de la mujer; 22% de las mujeres muertas habían realizado
denuncias y el 12, 5% de ellas tenía alguna medida de protección dictada por la justicia.

A mi criterio los cambios necesarios para enfrentar exitosamente la violencia de género


deben ocurrir en varios niveles, si bien jurídicamente tenemos leyes de avanzada y las
convenciones internacionales velan por el derecho a la vida sin violencia, el nivel de las
conciencias de les funcionaries que trabajan en la justicia es el que debe ser abordado. En
la militancia, seguimos encontrando en juicios a abogados que utilizan argumentos como
“era infiel”, “le gusta salir vestida provocativamente”, “dejaba a los niños al cuidado de la
madre para salir con las amigas”, “no se ocupaba de su esposo”, “no le gustaba estudiar”,
y aun peor jueces que estiman estos argumentos. Entonces las leyes deben ir
acompañadas de la apropiación de la perspectiva por parte de les implementadores de las
mismas. En el mismo sentido la ley de ESI, en las escuelas del país, necesita del mismo
proceso para que las docencias puedan apropiarse de la conciencia necesaria para su
aplicación.

En otro nivel pero acompañando lo anterior creo necesario la implementación de


programas de atención a las personas víctimas de las violencias de género, así como
también dispositivos de resistencia frente a los movimientos anti-derechos que han surgido
en los últimos años, mayor cantidad de capacitaciones a agentes estatales en hospitales,
escuelas, juzgados, municipios y la implementación de la supervisión de estos abordajes
en cada ámbito.

ESTO RECIEN EMPIEZA

Como cierre quisiera citar a Diana Maffia, quien define al feminismo como un concepto
como la aceptación de tres principios: uno descriptivo, uno prescriptivo y uno practico”. El
primero sirve para describir la situación actual de la desigualdad, el segundo para valorarla,
y el tercero para hacer todo lo que haya a mi alcance (aunque sea en mis decisiones
diarias y cotidianas, sin militancias efusivas o proyectos de cambios estructurales) para
que esta situación cambie. Entonces si me doy cuenta que hay desigualdad, valoro esta
situación como negativa, y acciono día a día para que esto cambie, puedo considerarme
feminista.
Destaco el hecho de haber estudiado que la forma en que se configuran las desigualdades
y luego son legitimadas por las sociedades patriarcales es una construcción histórica, lo
que da la posibilidad de deconstruir y de reconfigurar las relaciones de género en las
cuales estamos inmerses. Las discusiones actuales, la conciencia de la opresión, el
acceso a mas información, la oportunidad de entender esta historicidad de la opresión y
sus alcances y la resistencia del movimiento feminista que cada vez convoca más
mujeres, y que ha ingresado en todas las organizaciones civiles, barriales, escolares,
universitarias, partidarias, etc., son una fuente de esperanza para creer en el cambio. Las
estadísticas actuales son desalentadoras pero la reacción ante ellas es firme y constructiva
(por ahora), lo que provoca el cuestionamiento de gran parte de la sociedad a sus prácticas
diarias, que es donde está el gen de la cuestión.

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