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SERMÓN DIA DE ÉNFASIS DE MINISTERIO INFANTIL

– AGOSTO 3, 2013
“EL MUNDO DE LOS TROPIEZOS”
Por M Dinorah Rivera, Directora de Ministerio Infantil, División Interamericana

Himno de apertura – “Cuando leo en la Biblia”, #601 - Nuevo Himnario Adventista

Himno de clausura – “Bellas las manitas son”, #604 – Nuevo Himnario Adventista

Lectura bíblica: “Y el que recibe a un niño como éste en mi Nombre, me recibe a mí. Mirad no
tengáis en poco a alguno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven
siempre la faz de mi Padre que está en los cielos”. Mateo 18: 5 y 10.
Música especial: “Dijo, “Dejad a los niños que vengan a mi” (Canto tema de Ministerio Infantil)

I. INTRODUCCIÓN

Hace aproximadamente un año que un amigo y compañero me recomendó y regaló un libro


titulado “¡Sí, podemos conservarlos en la iglesia!” Me llamó la atención su título y las letras
rojas que enfatizaban el poder y la iglesia. De más está decirles que soy una persona visual y
que los colores y las frases cortas, pero que dicen mucho, me llaman la atención. Este libro
impreso por nuestras casas publicadoras es una recopilación bien escogida de escritos de
hombres y mujeres de nuestra iglesia que se han convertido en gigantes espirituales a través de
la experiencia vivida. Precisamente es un tópico que le da peso a mi convicción de que para
retener a niños y jóvenes en la iglesia debemos ser muy intencionales en nuestro trato con
ellos, algo que deja mucho que desear en algunos medios.

Quiero decirles que mi cabeza todavía está dando vueltas en busca de una respuesta práctica y
permanente para lo que ya estoy viendo desarrollarse en mi nieto de apenas 4 años de edad.
Pasando unos días en casa despertaba cada día con su propio plan de seguimiento, que incluía
mi iPad, sus juguetes, la TV y su imaginación. Al llegar las horas del sábado le explicaba ante
varias de sus inquisiciones que podíamos dejar lo que me pedía hacer para el domingo porque
el sábado es un día muy especial para hablar con Jesús, hablar de Jesús y de disfrutar de tantas
cosas que ha hecho por nosotros. ¿Acaso no todo lo que tenemos es resultado de lo que Jesús
nos ha dado? – podía casi leer en su frente. A la mañana siguiente, al despertar, lo primero que
preguntó fue ¿qué día es hoy? a lo que le contesté: “domingo”. Un grito de alegría salió de su
boca: “Yess”. Su grito de alegría me golpeó, pues mi mayor deseo es que él ame el sábado, que
su grito de alegría fuera el saber que el sábado había llegado. Esto me llevó a una auto
evaluación. ¿Cómo puedo lograr que el sábado sea, como dice el versículo de Isaías 58:13,
“delicia, santo, glorioso de Jehová”? El siguiente fin de semana, viendo ya los indicios de
preparación, llegó el momento cuando preguntó ¿ya es sábado? … y su cara, no importando
las explicaciones, mostraba un poco de desencanto. Ya se imaginan lo que sucedió el día
siguiente. Pero esta vez su “¡Yesss! fue más enfático.

Podemos tener la noción de que es que no se le ha explicado bien, que está muy secularizado,
que está falto de una disciplina, pero ¿saben una cosa? No siempre la respuesta es tan simple
como nos gustaría que fuera, no siempre lo que trabaja en un niño trabaja en el otro, y
mientras tanto estoy con esa espina en el corazón pensando en lo que debo agregar, ya sea en
actividad o en palabras para lograr que ese niño que ya empezó a “desencantarse” del sábado,
pueda cambiar de parecido.

Y eso, mis amigos es lo que cada uno de nosotros enfrenta en el hogar y en la iglesia. No nos
conformemos con el hecho de que no todos los niños son tan vocales con lo que sienten o que
nosotros no seamos tan agudos para escuchar lo que no se oye. El conservarlos en la iglesia
comienza desde la niñez y la niñez temprana.

II. ADVERTENCIA DIVINA

En el libro de Mateo leemos palabras propias de nuestro Señor Jesucristo en relación a los
niños. Pero hoy nos detendremos especialmente en el capítulo 18. Nuestra lectura contiene
algunas de las palabras más serias que he escuchado de boca de nuestro Salvador. Leamos
juntos este pasaje.

Mateo 18
1 En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de
los cielos?
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Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos,
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y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino
de los cielos.
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Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.
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Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.
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Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera
que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo
del mar.

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!!Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero !! ay de
aquel hombre por quien viene el tropiezo!
8
Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar
en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno.
9
Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la
vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego.
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Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los
cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.
Quisiera que juntos examinásemos algunas de las formas como nosotros abiertamente y a
veces hasta con aire de autoridad, violamos y pisoteamos las palabras de Dios, como si fueran
cualquier cosa, cuando se trata de los niños.
III. EL MUNDO DE LOS TROPIEZOS
Conozco madres que se jactan de la “rectitud” de sus niños. “En mi casa hay adornos por todas
partes – dicen – mis niños se acostumbraron a no tocar nada. ¡Le pegué en las manitas hasta
que aprendió a no tocar!”. Y digo ¡bravo! Pero yo opté por tener una casa acondicionada para
niños. Es en el hogar donde los niños aprenden a explorar, a desarrollar sus sentidos, y mientras
más crecemos más aprendemos de la importancia de los sentidos en el aprendizaje, viendo los
resultados que nuestras limitaciones ocasionaron en su desarrollo. En mi caso, yo los llevaba al
museo, no vivía con ellos en un museo. El hogar era su lugar de exploración y aprendizaje, el
lugar especial para ellos, con zonas especiales donde no se exploraba. Ya crecidos pude poner
las cosas que yo quería porque era mi tiempo. Aunque ya como abuela el ciclo se repite y con
más gusto y sabiduría. Cuántos cambios he tenido que hacer para asegurarnos de que nuestro
hogar se convierta en un lugar seguro y agradable para los nietos. Mientras están, alteramos
nuestras actividades y nuestro ambiente, no con el fin de satisfacer nuestra necesidad sino la
de ellos. Cuando salen hay que redistribuir, arreglar, y todo se hace con gusto porque ellos son
prioridad. La clave está en el amor, y para asegurarnos de que tenga lo mejor para su desarrollo
creamos un ambiente en el cual lo más importante es él.
Muchos niños viven esperando el momento de pasar un tiempo en casa de los abuelos, porque
allí se les trata con amor y se les trata como que no hay nada más importante que ellos.
¿Esperamos ansiosos el momento de ir a la casa de Dios? ¿Por qué o por qué no? Cuando los
niños van a la casa de Dios, ¿encuentran amor? ¿Encuentran un trato tan especial como el que
menciona Jesús?
“La gran noticia es que en el cielo, la niñez es lo más importante. Jesucristo nos dio una
vislumbre de la atmósfera celestial. “Miren que no menosprecien a uno de estos pequeños.

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Porque les digo que en el cielo los ángeles de ellos contemplan siempre el rostro de mi Padre
celestial. En estos versículos podemos encontrar dos mensajes:
1. Dios y los ángeles participan en una comunicación activa, concentrada en cada niño que
vive en la tierra.
2. En el cielo se da el 100% de atención a los niños.
Si en el cielo los niños son los más importantes, y Dios y los ángeles se concentran en el
ministerio infantil, ¿porqué nuestras iglesias dudan en adoptar este modelo celestial? (pág. 72)
“No tengáis en poco a alguno de estos pequeños”
Cada pequeño debe ser considerado como parte del cuerpo de Cristo, y como tal es merecedor
de la misma consideración que se da a cada adulto. Nuestra generación de niños rebosa de
dones y talentos que Dios les ha dado para que su mensaje y el servicio a la humanidad sea
completa. La permanencia de ellos en el temor de Jehová depende de cuán parte se sientan de
las actividades de la iglesia. No tengamos a poco los dones que Dios les ha dado. Una palabra y
acción de un niño puede llegar más allá de lo que puede hacer un adulto.
Además de las palabras pronunciadas por el Maestro, la Biblia está llena de ejemplos claros
donde los niños protagonizaron un papel decisivo y de importancia en el pueblo de Dios. Sin
embargo, algunos de nosotros parecemos tener la capacidad de leer pero no de entender,
provocando sobre nosotros el cargo del tropiezo de muchos.

IV. NUESTRA META


Nuestra meta es salvar a cada habitante de esta tierra. Cada uno de nosotros comenzó como
niño y si no aprendemos como dirigentes y como adultos a valorar genuinamente la presencia
de cada niño por la manera en que los incluimos , los tratamos y los enseñamos, nuestra meta
estará tronchada. Nosotros somos los únicos que nos engañamos cuando pensamos que
podemos engañar a los niños. Una iglesia donde los niños son felices porque se sienten
importantes es una iglesia que prospera.
Estoy segura que cada uno de nosotros quiere ver a los niños de nuestro hogar, de nuestra
iglesia y comunidad salvos para Cristo. Lo que a veces sucede es que debido a nuestra misma
enseñanza y niñez, no hemos aprendido a desenmascarar las costumbres que impiden que los
niños lleguen a Jesús y seguimos perpetuando lo contrario a las enseñanzas de Dios. Pero nunca
es tarde, y la Palabra de Dios es viva y nueva cada día. Me gustaría que tomásemos un
momento para auto examinarnos con un sentido de urgencia y de compromiso:

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1. ¿Cuál es nuestra responsabilidad o qué debemos hacer para abrir el camino para que los
niños lleguen a Jesús?
2. ¿Qué está deteniendo el que los niños amen a Jesús o que Jesús sea algo tan poco atractivo
para ellos?
3. ¿Qué será lo poco atractivo: el Jesús que estamos presentándoles o el Jesús real el cual no
conocemos?
4. ¿Qué es aquello que contribuye a una relación que desde su inicio se convierta en una
relación permanente y de por vida entre el niño y Jesús?
Como padres y maestros a veces sentimos la urgencia de enseñar sobre Jesús. En nuestro
intento ¿decimos lo correcto? Existen algunas barreras que debemos sobrepasar tomados de la
mano de Cristo:
Temor y culpabilidad. Que Dios nos ayude a que nuestra propia experiencia de temor y sentido
de culpabilidad no sea lo que provoque una conversación sobre Dios con los niños.
Oportunidades eternas. Muchas veces perdemos oportunidades valiosas de afianzar la fe en los
niños en el diario vivir, pensando que el único lugar para hacerlo es durante el culto familiar o
en la iglesia, o con cierta persona en particular. Muchas relaciones permanentes ocurren
durante un juego de muñecas, durante una conversación casual, durante una visita con los
abuelos, etc. Los niños observan y escuchan, y no siempre responden en el momento, sino
cuando lo que ha quedado en su cabeza sale a relucir por algo que los hace relacionar o
recordar lo visto o escuchado.
Padres, nuestra forma de amar a Dios, nuestra religión y nuestra vida de fe es observada por
nuestros niños. No seamos piedra de tropiezo al representar a un Dios falso en nuestra vida, al
no educarlos en el amor de Jesús, al no hacer el culto con ellos y para ellos y al no tratarlos e
involucrarlos en nuestra vida. No nos conformemos con pensar que el llevarlos a la iglesia les
proporcionará toda la armadura que necesitan para convertirse en seguidores de Jesús.
Enseñemos los valores correctos a nuestros hijos con nuestro ejemplo y vida. A los pies de Jesús
es donde encontraremos la sabiduría necesaria para ser los padres que él espera que seamos.
Maestros, administradores, hermanos de iglesia. Nosotros somos los segundos modelos de fe
para nuestros niños. Debemos asumir nuestra responsabilidad con amor y gozo. Pidamos a Dios
que nos llene el corazón de amor y sabiduría para no ser piedras de tropiezo para nuestros
niños. Para que los tratemos con el respeto y el amor que se merecen porque Dios les dio ese
derecho.
IV. CONCLUSIÓN

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“¿Qué sucedería si cada administrador, cada pastor, cada anciano, diácono, diaconisa y cada
miembro se comprometiera con hacer de la iglesia un lugar feliz, seguro y que gire alrededor de
los menores? ¿Es éste un deseo realista? ¿Es práctico?
¿Cómo se vería, sentiría y sonaría la iglesia si nos tomáramos en serio la enseñanza de Cristo,
que el reino del cielo pertenece a los niños? ¿Será que Dios nos pide que permitamos que en la
iglesia los niños sean tan importantes, que cuando ellos se presenten, experimenten una
probada del gozo y la libertad del cielo? ” (pág. 73).
Yo les aseguro que de ser así, esta iglesia brillaría en toda su comunidad, y que crecería de tal
forma que no hubiera como contenerla. Cuando hacemos lo que Dios nos pide, los resultados
van más allá de nuestra imaginación.
¿Cuántos nos comprometemos a convertir esta iglesia en un pedacito de cielo donde los niños y
los adultos en común puedan cumplir con el mandato divino de amarnos los unos a los otros
para ir a morar con Jesús por la eternidad?
Amén. Que Dios nos ayude a todos a cumplir Su Palabra y a comenzar una nueva etapa con
Jesús en la tierra y continuando la misma en el cielo para siempre.