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Qué es la teoría de la relatividad.

Capítulo 3: La tragedia de la luz [1]


Nicolás Merchán Rodríguez – Código: CC 1057607655

La luz no se propaga instantáneamente


A diferencia del movimiento de muchos cuerpos, el cual
se puede explicar con el principio de la relatividad del
movimiento, el movimiento de la luz contradice este
principio. La luz no se propaga instantáneamente,
aunque si a una velocidad enorme. ¡300.000 kilómetros
por segundo!
Es muy difícil concebir la magnitud de esta velocidad ya
que en la vida diaria convivimos con velocidades
increíblemente menores. Por ejemplo, un auto de
fórmula 1 a su máxima velocidad alcanza apenas los
0.105 km/s (378 km/h) o el avión más veloz del mundo llega a los 3.12 km/s, nada comparado a la
velocidad de la luz.
¿Se puede cambiar la velocidad de la luz?
La velocidad de la luz se distingue por tener una gran
uniformidad. El movimiento de cualquier cuerpo
siempre puede ser disminuido o acelerado
artificialmente. Por ejemplo, si se dispara una bala
contra un cajón lleno de arena ésta lo atravesará y
seguirá su camino con menor velocidad. Por otro lado
si la luz atraviesa una placa de cristal disminuirá su
velocidad y al salir de ésta seguirá propagándose a la
velocidad de 300.000 kilómetros por segundo. Es
decir, Cualesquiera que sean los cambios que sufra un
rayo de luz en una substancia, al volver al vacío se
propaga con la velocidad anterior.
La luz y el sonido
La propagación de la luz se parece a la del sonido y no al
movimiento de los cuerpos normales. El sonido es el movimiento
oscilatorio del ambiente en que se propaga. En otras palabras, su
velocidad está dada por las propiedades del ambiente de
propagación y no por las propiedades de la fuente sonora. La
velocidad del sonido, como la de la luz, no puede ser disminuida ni
aumentada al pasar a través de un cuerpo cualquiera.
Sin embargo, el sonido necesita de un medio para propagarse como
el aire. Por esto no puede propagarse en el vacío a diferencia de la
luz. Un claro ejemplo de esto es las bombillas eléctricas ya que
dentro de ellas existe un vacío. En cambio si estuviéramos en un
espacio vacío (sin aire), pudiéramos sobrevivir a no respirar e intentáramos hablar con otra persona,
ésta no podría escuchar nada.
El principio de la relatividad del movimiento parece ser quebrantado
La velocidad de la luz tiene un conflicto con el principio de la relatividad del movimiento.
Imaginémonos un tren que viaja a una velocidad de 240.000 km/s. Supongamos que nos encontramos
en la cabeza del tren y que en la cola de éste se
enciende una bombilla. ¿Cuál sería el tiempo
requerido por la luz para llegar desde un extremo
del tren al otro? Si se sigue el principio de la
relatividad del movimiento, si la luz se mueve en
dirección al movimiento del tren debería tener una
velocidad de 300.000 – 240.000 = 60.000 km/s, es
decir una velocidad 5 veces menor. Por el contrario
si situamos la bombilla en la parte delantera del tren
y queremos medir el tiempo requerido para que la
luz llegue al último vagón, puede parecer que la
velocidad de la luz, que va en dirección contraria al
movimiento del tren, es de 300.000 + 240.000 =
540.000 km/s. Esto es una velocidad 1,8 veces
mayor a la velocidad normal de la luz.
Éste razonamiento parece demostrar con evidencia,
que la propagación de la luz se encuentra en brusca contradicción con el principio de la relatividad
del movimiento. En este orden de ideas, en este caso no existe ni la relatividad del movimiento, ni la
relatividad de la velocidad, ni la del reposo.
“El éter mundial”
En un tiempo se creía en una analogía entre la propagación
de la luz y el sonido. Los científicos creían que existía un
medio especial llamado “éter”, en el que la luz se propagaba
de la misma manera que el sonido lo hace en el aire. Si la
tierra permaneciera inmóvil respecto al éter, la luz se
propagaría en a la misma velocidad en todas las direcciones.
Si la tierra se moviera esta velocidad sería distinta
dependiendo de la dirección. Sin embargo este éter-ambiente
no se podía estudiar por métodos físico-químicos y
mediciones como densidad y la presión, como ocurre con el
aire. Este medio era muy misterioso ya que cualquier
fenómeno de la naturaleza puede explicarse introduciendo
un líquido especial que posea las propiedades requeridas.

La idea sobre el éter puede ser comparada con la explicación que daría un salvaje de funcionamiento
del gramófono, suponiendo que en el cajón misterioso se encierra un “espíritu gramofónico” especial.
Por supuesto, semejantes “explicaciones” no explican absolutamente nada.
Se crea una situación difícil
En efecto, cualquier ambiente presenta resistencia al movimiento de los cuerpos. Por esto, el éter
debería incidir algún rozamiento sobre los cuerpos y por ende afectar el movimiento de los cuerpos
hasta que lleguen a un estado de reposo. Sin embargo, la tierra ha girado alrededor del sol por miles
de millones de años y no hay indicios de que este movimiento haya sido afectado por el “rozamiento
del éter”.
El experimento debe resolver
La contradicción entre la propagación de la luz y el principio de la
relatividad del movimiento fue deducida exclusivamente de los
razonamientos. Pero en realidad nos limitábamos solo a razonar
como los filósofos antiguos que intentaban obtener leyes de la
naturaleza con estos razonamientos. Sin embargo, el juez de
cualquier teoría física es el experimento. Y por lo tanto, sin
limitarnos a razonar sobre el movimiento de la luz en el tren
debemos dirigirnos al experimento.
La realización de este experimento se facilita ya que la tierra está
en movimiento, lo que hace que la tierra no sea un laboratorio en
reposo. Pero ¿sería un problema que el tren tenga movimiento
rectilíneo y por el contrario el de la tierra sea en circunferencia? Es completamente permisible el
considerar que, en la ínfima parte de segundo requerida por la luz para pasar a través de todos los
instrumentos del laboratorio, la Tierra se mueve rectilínea y uniformemente. El error que se comete
al hacer esto es tan insignificante que no puede detectarse.
El principio de la relatividad triunfa
Este experimento fue realizado en 1881 por Michelson, uno de los
experimentadores más grandes del siglo XIX. Con el experimento se quería
determinar si existía una diferencia en la velocidad de la luz en diferentes
direcciones respecto a la tierra. El preciso experimento de Michelson, que
se ha vuelto a repetir en distintas condiciones, condujo a un resultado
inesperado. Se descubrió que con la tierra en movimiento la luz se propaga
en todas direcciones a una velocidad idéntica.
De esta manera, el experimento de Michelson demostró que el fenómeno
de la propagación de la luz, en contrariedad a nuestros razonamientos, no
contradice el principio de la relatividad del movimiento y, por el contrario,
está completamente de acuerdo con este.

Salir de las llamas y caer en las brasas


Luego del experimento de Michelson los científicos se preguntaron ¿por qué ocurrió este error con el
éter? Se pensó en que la tierra al moverse no deja inmóvil al éter cuando pasa a través de él. Es decir,
la tierra arrastra consigo al éter forma en su movimiento un todo con él. Entonces, el resultado del
experimento de Michelson sería absolutamente comprensible.
Sin embargo esta suposición está en contradicción con otros
experimentos como el movimiento de la luz en un tubo por el que
corre agua. Si la suposición sobre el arrastre del éter fuese
correcta, entonces, al medir la velocidad de la luz en la dirección
en que corre el agua, obtendríamos una velocidad igual a la suma
de la velocidad de la luz en el agua tranquila, más la velocidad del
agua corriente. Sin embargo, la medición directa da una velocidad
inferior a la que se deduce de este razonamiento. Además los
cuerpos que atraviesan el éter no experimentan rozamiento
considerable. Pero, si no sólo atraviesan el éter sino que además
lo arrastran consigo el rozamiento lógicamente debe ser grande.

Referencias

[1] L. Landau, Y. Rumer, «La tragedia de la luz,» de Qué es la teoria de la relatividad , Moscu,
Mir, 1985, pp. 27-38.