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Alejandro Keith

CUMPLIMIENTO LITERAL
DE LAS PROFECÍAS
DE LAS
SAGRADAS ESCRITURAS
según se confirma por la historia de los
judíos y por los modernos
descubrimientos
CUMPLIMIENTO LITERAL
PE

LAS PROFECIAS
DE

LA S A G R A D A E SC R IT U R A ,

SEGUN EN PARTICULAR SE CONFIRMA. POR

L A H IS T O R IA D E L O S J U D IO S

Y POR

LOS DESCUBRIMIENTOS DE LOS MODERNOS YIAGER05*

tür

D. ALEJANDRO KEITH.

LONDRES:
TEBLICADA TOR
LA SOCIEDAD D E T R A TA D O S RE LIG IO SO S,
¥ se vendo en el Depoíüo,

5G, PATERNOSTER ROW.


MDCCCXL.
EL TRADUCTOR.

E n tre las innumerables pruebas de la verdad de la


religión cristiana, que no ha podido debilitar el con­
tinuado esfuerzo de la sabiduría humana por espacio
de tantos siglos ; la que se deriva de la parte profetica
de las Santas Escrituras y de su total y efectivo cum­
plimiento, es tan irresistible, que aun los mas tenaces
incrédulos han tenido y tienen que ceder siempre á ella,
aunque su orgullo les impida hacer esta confesion.
Seria una obra mui larga recorrer todas las pro­
fecías que contiene el cuerpo de los libros sagrados.
Salvo algunas que pertenecen á la serie de los tiempos
venideros, cuya "época sol<* es dado conocer á su di­
vino autor, todas las demas han tenido su debido y
total cumplimiento, unas en los tiempos antiguos, y
otras en nuestros mismos días; y í nuestra vista están
como atestiguando y demostrando de hecho y palpa­
blemente la verdad de aquellos maravillosos anuncios,
VI JÍL TRADUCTOR.

cuya previa ion desde tiempos tan remotos, absoluta­


mente fuera del alcance del talento humano» solo pudo
ser obra del Ser Supremo,
El objeto del sabio autor de este compendio, asi en
el, como en su preciosa obra principal, es presentar al
lector un cuadro de los sucesos mas señalados de esta
ultima clase ; los cuales están patentes á todo el que
quiera verlos y reconocerlos por si mismo, y son como
unos testimonios vivos y perenes de la verdad que los
anunció con tanta puntualidad y pormenor.
Entre el cumulo de las profecías de este genero que
c o j i tienen los sagrados libros, es mui sabia y acertada
la elección que hace el autor de estos pocos que pre­
senta en su cuadro: la dispersión, persecución, y
humillación general de los judíos, despues de la total
destrucción de Jerusalem y de su templo por Vespa-
siano y Tito : lieclio que después de diez y siete siglos
todavía subsiste y que generalmente sa esta viendo en
todos los estados y naciones del g lo b o : la desolación
de la tierra prometida á sus padres, y la de los países
adyacentes de los Idumeos, Moabitas, Amonitas y
Filisteos : la caida de los imperios de los Asirios y
Caldeos^ y la total destrucción de sus magnificas y
estupendas capitales Ninive y Babilonia con todas sus
insignes obras que eran el asombro y maravilla de la
EL T ítA D U C T O lL Vil

tierra: la destrucción da la antigua y nueva Tiro,


y la del mui antiguo poderoso y floreciente reino de
Egipto.
Todas estas regiones han quedado desoladas y
yermas: en algunas solo existen ruinas de la antigua
magnificencia y opulencia de sus ciudades y templos :
en otras, como en Babilonia con sus altas muros, torre
6 templo de Belo, castillos y palacios, solo quedan
montones de ruinas informes ó de escombros : y en
otras, como en Ninive, hasta sus mismas ruinas lian
sido barridas y lian desaparecido de su suelo, de suelte
que por mucho tiempo quedó desconocida su situación,
y solo últimamente han podido fijarla algunos sabios
viajeros.
Todos estos profeticos y maravillosos anuncios que
presenta en su cuadro el juicioso y piadoso autor de
ca e compendio, comparándolos con lo que en orden ú
ellos refieren los historiadores antiguos y modernos, y
sobre todo con los descubrimientos de los sabios de
nuestros tiempos que de intento lian visitado deteni­
damente uno por uno los países a que pertenecen; á
los ojos del cristiano u producirán, como dice con
rnzon, un convencimiento intimo de que cada uno
habla por si y todos juntos proclaman y declaran á una
voz que la palabra que los reveló cm indudablemente
v iü el tr a d u c to r .

D i v i n a V o l n e i y otros escépticos que se citan en


prueba del exacto cumplimiento de las profecías, de
lieclio se condenan a si mismos ; quedando sin escusa
alguna los incrédulos de nuestros tiempos que cierran
los oidos á la demostración que ofrecen estos estu­
pendos sucesos, comprobados como están por sua
mismos corifeos; á los cuales con bastante razón les
dice nuestro autor “ que quieras que no quieras o irlo,
tu eres el hombre para quien se dió de lleno el testi­
monio de Jesús en el exacto, claro, y total cumplimi­
ento de las profecías*”
Es tan importante el objeto de esta obra que seria
ocioso recomendar su lectura, con la atención y cuidado
que por si misma exige imperiosamente. En la tra­
ducción he procurado expresar las ideas y sentimientos
del docto y piadoso autor con toda la exactitud posible,
con el fin de producir en el animo de los lectores el
buen efecto que el se propuso— y me tendré por
dichoso, si lo hubiere conseguido.
I N D I C E .

C A P, I.
PAO.
Introducción.............................................. * . . . , 1

CAP. II.
Profecías acerca de Cristo y de la Religión Cristiana , 14

CAP, III.
X)cst7ruccion de Jcrusalcm . * . . .............................31

CAP. IY .
Los J u d i a s .......................................................................... 43

CAP. Y .
Profecías sobre la Judea y países adyacentes * . , . 78

CAP. Y I.
Ninive, Babilonia, Tiro y E g i p t o .................................. 113

CAP. Y I I.
Las Árabes, §*c................................................. * - . » 146

CAP. Y I1I.
Z<« siete Iijltsias de A s i a ................................................... 149
E V ID E N C IA D E L A V E R D A D

DP.

LA R E L I G I O N CRISTIANA.

C A P I T U L O I.

INTRODUCCION,

E l objeto de esta obrita es presentar con claridad y


brevedad algunos de los muchos ejemplos, en que,
por el patente y decisivo cumplimiento de las profecías*
se 'demuestra la verdad de que las escrituras fueron
dadas por inspiración de Dios. Quienquiera que
seas, lector, a cuyas manos llegare este librito, ¿ no
bastara para que Dame tu atención y te induzca á le­
erle con cuidado, el solo anuncio de tan importante
materia ?
Si eres cristiano, habrás ya conocido cuan prove­
choso y seguro es atenerse á la palabra de la profecía;
y no sera fácil que dejes de escuchar las razones en
que está fundada tu esperanza, ó para que puedas
esponerlas al que desee instruirse, ó para estar en
disposición de rebatir á los contrarios y de fortificar
á tus hermanos.
¿ Eres débil en la fe ? En tal estado, te será
2 INTRODUCCION?,

también mui oportuna esa misma segura palabra: pues


atendiendo a ella coma á una í( antorcha que alumbra
en lugar tenebroso, al esclarecer del día claro y al le­
vantarse en tu corazon la estrella de la mañana,” 2
Pet. i. 19, quedaran disipadas tus dudas y dificul­
tades. Y si en algún tiempo te han perturbado los
escarnios de los incrédulos— si el aliciente del pecado
te ha puesto en riesgo de endurecerte en la increduli­
dad— si los insidiosos raciocinios de una vana filosofía
alguna vez han contrarrestado tu fe ; no dejará de ser
para ti un recurso útil y benéfico, acudir á Jos medios
que Dios te ha deparado para que puedas estar bien
seguro de la verdad de su palabra. Con solo volver
hacia ellos los ojos* podras conocer que “ el espíritu de
profecía es el indudable testimonio de Jesús,1' A poc.
xix. 20, y que como tal ha sido verdaderamente con­
firmado hasta en los puntos y comas, según lo recono­
cen nuestros mismos contrarios. Y si “ oyendo qui­
eres oir? y viendo quieres v er/’ bien pronto quedarán
disipadas todas tus dudas en orden á que “ las profecías
antiguas no fueron obra de la voluntad humana, sino
de la inspiración del Santo Espirito, que movió á
hablar á los hombres santos de la antigüedad,” 2 Pet.
i. 21, y te hallaras preparado y dispuesto por virtud
del mismo Espíritu para llamar a Jesús, Señor— para
reconocerle por tu Salvador y tu Maestro,— y, bien
arraigado, cimentado, y establecido en la fe, para con­
fesarle fielmente delante de los hombres, como á aquel
de quien todos los profetas dan testimonio.
Mas aunque seas, ó lector* alguno de nuestros con­
INTRODUCCION. 3
trarios, todavía este libiito podrá serte un buen amigo.
El invitarte a que examines por ti mismo las pruebas
convincentes de que liai salvación, 110 puede ser sino
con buen fin y por tu propio bien. ¿C om o habías de
negarte á oírlas con paciencia ? Pudieras hacerlo asi
de buena fe, siendo amante de la verdad, de la razón
y de tu misma seguridad ? " Ven y expongamos am­
bos nuestras razones,” Isa. i. 18, es el lenguaje del
cristiano, y del Dios á. quien el adora; asi como debe
serlo el tuyo.
Si te bailares preocupado ó sujeto á Ja Eí oper ación
de e r r o r ” 2 Tessal. ii. 10, de que habla San Pablo,
menos debe ser tu repugnancia y mayor la necesidad
de dirigir tu atención á la segura palabra de las profe­
cías. Por el camino que llevas destituido de toda
esperanza, no es posible que puedas arribar ó pasar
mas allá de la duda. ¿ Sera pues prudente cerrar del
tocio los o idos al que en vez de esto te ofrece certi­
dumbre y salvación ? Que quieras que no quieras
oirlo, tu eres el hombre para quien se dio de lleno el
testimonio de Jesús en el exacto, claro, y total cum­
plimiento de las profecías; á fin de que, no endurecí-
endose tu corazon, pudieses aprovecharte de todo el
beneficio de tal combinación de milagros ; y para que
lo que en parte se dirije á confirmar tí otros en su
creencia, contribuyese también a tu propio convencí-
miento, y á sacarte de las tinieblas á la luz; de la
muerte á la vida, “ por si en algún dia te da Dios
arrepentimiento para conocer la verdad," 2 Tim. ii. 25.
Mas si tu caso, ó lector, fuese todavía mas deses-
13 2
4 INTRODUCCION.

perado y í( peor que el del incrédulo si fuese tal tu


tibieza ó indiferencia en orden á la fe y doctrina de
Jesús, que no te cuides de conformar tus obras con su
verdad, 6 de asegurarte de su verdad ó falsedad: si
estuviese tu corazon tan enagenado de Dios vivo, que
en tu misma conducta se vea un ateísmo práctico : si
entregado al mundo, y fascinado por los sentidos,
pensases solo en las cosas terrenas, poniendo tu amor,
felicidad y confianza en ellas, sin atención alguna á las
que son pertenecientes á la vida, á la piedad, á tu paz
y á la inmortalidad : si las nuevas de tu salvación te
fuesen odiosas: si 110 comprendieses ó no te estreme­
ciesen los terrores del Señor, 6 los mirases como pa­
labras de un idioma desconocido ; aun en tal estado
bailarás aqui un lenguaje que constantemente podras
oir en las verdades claras é inteligibles, pertenecientes
á otra vida, y también por D ios especialmente pro­
vistas para ti, afín de que, en el tiempo du su miseri­
cordiosa visitación, puedas aprovecharte de ellas y
salvarte. Porque si solo quieres atender á las cosas
terrenas, á ellas te llaman las palabras de las profecías.
Esas mismas^ cosas que han pasado en nuestros días,
te dirán á una voz que lian sido y son ahora, como por
inspiración de Dios se dijo en los tiempos antiguos que
habian de ser, Y asi veras y tendrás por cierto que la
Biblia es la palabra de Dios : que D ios es el Señor de
ese mundo á quien tu sirves y adoras: que su poder
es sobre todas las cosas : que las revoluciones y mu­
danzas que progresivamente ha habido en todas las
naciones, son otros tantos testimonios de la infalible
INTRODUCCION. 5

certeza de la palabra de aquel Ser que no se muda:


y que todas sus promesas son ciertas y sus juicios
seguros.
Mas aunque el objeto de tu lectura sea solo por
distracción ó pasatiempo; ¿no pudieras á lo menos
hacer la experiencia y ver, si asi como te conmueven
alguna vez las ilusiones de una fabula ó novela inútil,
excitan también en tu espiritu una pasagera emocion,
6 tal vez una impresión profunda, las maravillas que
contienen los libros de la lei y los profetas? Si gus­
tares de novedades, quina sera para ti cosa mui uueva
hallar comentarios de la escritura y confirmaciones de
su verdad en los escritos de los mismos incrédulos ; y
no sera menor tu sorpresa al verles tan laboriosos y
afanados cooperando eficazmente en esta parte (com o
en otras) de la evidencia cristiana. Si te atiabe lo
maravilloso, y por ventura 110 has puesto tu consider­
ación en Dios, ni contemplado las obras de sus manos ;
con solo oír que fue lo que E l se propuso, y como lo
lia cumplido, y ver y considerar bien las maravillas
que ha obrado, retemblarán tus oidos, y en vez de una
emocion ó admiración inútil y pasagera, confesarán
desde luego tus labios, que la mayor de las maravillas
es que haya podido el hombre resistirse alguna vez á
tales demostraciones de Espíritu y de poder : y que
í¿ el quo no oiga á Moisés y á los profetas, tampoco
creerá aun cuando alguno de los muertos resucitare,”
Luc. xvh 31.
Mas, ó lector, si por dicha estas poscido de otro
diverso espíritu : si tiemblas con sola la idea de
B 3
6 INTRODUCCION.

oposicion él una doctrina que es conforme á la piedad :


si buscas la verdad con amor á la misma verdad ; alién­
tate al saber que tan altos como son los consuelos de
la religión, tan claros sus preceptos, tan agradables
sus anuncios, y tan gloriosas las esperanzas que pre­
senta al cristiano; otro tanto son copiosas las pruebas
de su verdad y ciertas y seguras las palabras de sus
profetas. Templada asi tu alma cristianamente, 110
tardarás en reconocer, en la poderosa confirmación
que presta el cumplimiento de cada una de las suce­
sivas profecias, que en la revelación de la voluntad de
Dios al hombre por medio de Jesu Cristo, “ que murió
por nuestros pecados, y resucito para nuestra justifi­
cación /’ la verdad está unida inseparablemente con la
misericordia, la justicia y la paz. Y poseído interior­
mente de estos sentimientos, conociendo que la palabra
es divina, recorrerás- con la roas cuidadosa atención
cuanto esta escrito en ella para tu instrucción y la de
tus hijos: y caminando con esta luz que ha bajado
del cielo, ahora podras creer y despues percibir que la
inmortal gloria que allí se revela, como herencia final
de todos los fieles siervos de Jesús, se realizara con
tanta certeza y seguridad, como la del hecho ahora
manifiesto de que casi todas las profecías de los tiempos
antiguos han quedado ya cumplidas.
A l ver por primera vez un regular y magnifico edi­
ficio, desde luego se presenta una evidente idea, 110
solo de la habilidad del arquitecto,.sino de la fuerza y
medios empleados en su construcción. Escusado es
todo raciocinio para convencer de esto al espectador ;
INTRODUCCION. 7
porque sino es ciego tiene delante de si una visible
prueba: y aunque no vea ni haya visto jamas el plan
del edificio, ni íí ninguno de sus operarios, no por eso
deja de conocer que todo se trazó y se puso por obra ;
pues que de otro modo tan suntuosa fabrica, evidente­
mente obra de la mano del hombre, no pudiera jamas
haberse erigido. D e la misma manera D ios “ no ha
sido escaso en dar testimonios de si mismo” a los hijos
de los hombres, asi en sus obras, como en sus pala-
bras. Las cosas que no se ven, se entienden por las
cosas que aparecen. La mas humilde cabaña 110 ex­
istiría, sin una mano que la fabricase. Los cíelos, la
tierra y todo lo que en ellos se contiene, dan testi­
monio del grande Arquitecto del universo, y manifestan
claramente su eterno poder y divinidad. Mas aunque
estas cosas tan patentes dejan sin excusa alguna á los
que no le dan gloria como á Dios ; todavía hai tantos
misterios en orden a la naturaleza y dispensaciones del
Altísimo, y al estado y destino del hombre, que en
vano la luz de la razón, por mas esfueraos que ha
hecho en la obscuridad de las edades, ba intentado
penetrarlas. “ El mundo con toda su sabiduría no ha
conocido á Dios/* como tiene necesidad de conocerle.
Ningim mortal puede explicar “ el misterio de la
piedad,” ni divisar y mucho menos proporcionar á los
demás hombres los medios de libertarse de las tinieblas
espirituales, de la conocida criminalidad del pecado,
ó del temor de la muerte que naturalmente Ies acom­
paña y les tiene como sujetos y oprimidos mientras
viven. M uchos sabios antiguos desearon ver lo que
8 INTHODUCCION.

nosotros vemos, y oir lo que nosotros oimos. En


Atenas, ciudad celebre por sus muchos sabios y filóso­
fos, se erigieron altares fí al Dios no conocido.” Mas
todo cristiano, con solo tomar la Biblia en sus manos,
les pudo enseñar quien era aquel Dios, a quien ellos
adoraban* L a cuestión sobro la inmortalidad de!
alma— verdad impresa en nuestro animo, salvo en los
que por algún tiempo se dejan fascinar por los sen­
tidos ; ocupo todas las facultades de la razón humana
para resolverla : y los hombres mas sabios, solo pudie­
ron divisar, en la misma ruina de la humana naturaleza,
alguna vizlumbre de un mejor estado. Mas ahora
“ la vida y la inmortalidad están puestas en toda su
luz por el evangelio:’ ’ y en vez de dudar ó disputar,
como hacían los gentiles, acerca de que parte tenia
(ó si la tenia) el Omnipotente en la regulación ó ad­
ministración de las cosas humanas; no solo conoce­
mos que el Altísimo cí gobierna todos ios reinos de la
tierra,” Dan. iv. 32, y que Cí ningún pajarillo caerá
sobre la tierra sin la voluntad del Padre,” Mat. x,
29 ; sino que recorriendo la historia de las naciones
por todas las edades pasadas, hallamos en ella decisi­
vas pruebas de que el libro que reveló su destino, es
!a palabra de D ios vivo. Noticias pertenecientes á la
eternidad y á la salvación, que jamas pudo haber con­
cebido el corazón humano, antes de que apareciese
Cristo entre los hijos de los hombres, están aora cla­
ramente reveladas y pueden todos leerlas y oirías. Y
asi como las obras de la creación dan testimonio del
poder y divinidad del Criador; asi también su misma
INTRODUCCION1. 9
palabra lo da de su divino autor: y ademas hai otros
muchos testimonios de que las escrituras fueron ver­
daderamente dadas por inspiración de Dios. Su
divino origen se prueba, no solo por las doctrinas que
en ellas se revelan, y por los preceptos que contienen
(respecto de los cuales quien osara señalar uno solo
que 110 sea ju s t o ? ) ; sino por otras pruebas extrínse­
cas, infinitamente mas convincentes, que cuantas haya
podido inventar 6 presentar el talento humano 6 para
confirmar alguna revelación ó para seducir al mundo
con alguna impostura.
Es tan fuerte, y tan claramente se percibe, la prueba
de la verdad de la profecía, que aun e< el que corre la
puede leer.” La multitud y la precisión de las pro­
fecías contenidas en la escritura es tal, que ninguna
coalicion de los mas sutiles embusteros, pudiera haber
pretendido 6 pretender jamas presentar una tan clara
y decisiva inspección de lo futuro : el que para sostener
algún sistema, lia osado hacer la prueba, no ha conse­
guido mas que proporcionar los medios de descubrir
su impostura y dejar en cada uno de loa sucesos
anunciados un testimonio clavo de su falibilidad, y de
que era un falso profeta.
L a “ declaración del fin desde el principio >f es una
prueba tan segura de que la palabra es de Dios cono­
cedor de todas las cosas, como la creación del mundo
a en el principio” lo es de que la obra es de D ios que
puede hacer todas las cosas. ¿Q u e es lo que se
anuncio de antemano, que los hombres jamas pudieron
haber revelado ? ¿ Que sucesos anunciados se han
10 INTRODUCCION,

cumplido* que los hombres jamas pudieron preveer?


Y ¿que certidumbre hai de que estos anuncios prece­
dieron por largo tiempo a los sucesos? Estas son
las preguntas que todos tienen derecho de hacer, y á
que podra contestar cualquiera que desee ponerse en
disposición de hacerlo : y tales son los sencillos,
generales y liberales principios con que es invitado
todo lector á leer el testimonio de Jesús, y con que se
desafia á cualquiera de sus adversarios á que lo ex­
amine y analice en todas sus partes. N o se exige
una creencia de ligero, ni se terne el mas rigoroso y
severo escrutinio* Si, como es indudable, contiene
en si la fuerza de la verdad, bien podra conducir á un
convencimiento racional á todos los que quieran de­
jarse convencer : y justamente quedarán al fin sujetos
á una terrible condenación todos los que se obstinen
en “ despreciar el consejo de D ios en daño de si
mismos,” Luc. v il 30, y no quieran oir ni creer lo
que nadie sino el mismo Dios pudo haber pronunciado.
Ruega, pues, 6 lector, al Padre de las luces, para
que te conceda ver la luz donde quiera que se halle,
y conocer la verdad donde quiera que esté : para que
puedas verte libre de toda ilusión de una vana fantasía,
de toda oscuridad de entendimiento, de toda perversa
voluntad y de todo extravio del corazon ; para que no
te endurezcas en la incredulidad contra la palabra de
Dios vivo : para qne puedas conocer si la doctrina es
de Dios, y, si ciertamente lo es, para que lo que faltare
en el grado, naturaleza, ú obra de tu fe} se supla y
perfeccione por todos los medios que su infinita sa-
INTRODUCCION. II
bidliria y amor ha provisto para este fin : y para que
puedas aprender á creer con verdad y lograr que se
salve tu alma.
L a antigüedad de la escritura es indisputable- D e
cualquiera modo que el hombre mas impío de la tierra
se empeñe en ridiculizar la Biblia, y respirar contra
ella toda su malignidad, nunca podía negar, á no ser
uu grosero ignorante, que este libro ha existido por
muchas edades. Ciertamente no es este un cuento
frivolo ó de ociosos, fabricado ayer, como algunos
dogmas absurdos de los ateístas. Las pruebas de su
antigüedad son evidentes y superiores á cuantas pueda
presentar ningún otro libro. Jamas le han faltado
sus testigos y sus guardas ; y aun estos mismos testi­
gos y guardas algunas veces han sido los mas decididos
corrompedores de la doctrina cristiana y aun los mas
encarnizados enemigos de Ja fe de Cristo. El Viejo
Testamento, que contiene gran copia de profecías, se
preservo con el mayor esmero y cuidado en todas las
edades por los mismos Judíos : en él se halla el codigo
de sus leyes sagradas y civiles, el registra de su historia
que abrasa muchos siglos, y también el de las profecías
que anunciaron y anuncian aun sucesos futuros.
Tácito, celebre historiador romano, que vivió en el
primer siglo de la era cristiana, con relación á estas
profecías, habla de los libros de los sacerdotes judíos
que Jas contienen, como de cosa de tiempos mui an­
tiguos. Ya son mas de dos mil y cien años que fueron
traducidos en lengua griega. Leíanse en las sinagogas
todos los sabados ; escribió ron se coméntanos sobre
12 INTRODUCCION,

ellos i y aun desde el principio de la era cristiana, se


esparcieron copias asi del Viejo Testamento como del
Nuevo por tocias las regiones, y se multiplicaron sin
numero en varias lenguas.
Mas para quitar todo pretexto á la cavilación, y
toda duda posible en el animo del lector* en cuanto á
la absoluta certeza de que las profecías precedieron á
los sucesos anunciados en ellas ; se presentarán en
este breve compendio muchos hechos existentes (fá ­
ciles de comprobar y de que cada uno los pueda pre­
senciar y ver por sus mismos ojos) como una demo­
stración permanente de la exacta y positiva verdad de
las mas antiguas profecías ; de las cuales hai todavía
muchas que no han tenido cumplimiento.
La maravillosa naturaleza de los sucesos que fueron
anunciados^ los mas singulares y extraordinarios que
pudieran jamas ocurrir en la historia del mundo, ex­
cusa toda necesidad de hacer ni aun las mas sencillas
observaciones para mostrar que no estaba en la capaci­
dad de ningún hombre mortal el haberlos podido
preveer. Cada uno de ellos habla por si mismo : y
todos juntos proclaman y declaran á una voz que la
palabra que los revelo era indudablemente divina.
Son en tanto numero las profecías contenidas en la
escritura, y tan copiosas y multiplicadas las pruebas
de su cumplimiento* que la única dificultad actual
consiste en saber elegirlas y ordenarlas. Tal vez en
nuestro estrecho círculo podra ser mas conducente dar
una idea en general de las profecías que tienen una
inteligencia determinada y ciara, y que expresamente
INTRODUCCION* 13

lian tenido cumplimiento, para presentar mejor en pe­


queño un cuadro, aunque inadecuado, de la plenitud
y fuerza de la segura evidencia de la inspiración. La
materia, en si misma inagotable, por mucho que se
discurra sobre ella, forma una demostración que
crece y adquiere nueva fuerza al paso que el progreso
délos sucesos con nueva luz va fijando el cumplimiento
de las profecías. L a mas ligera y superficial idea en
esta parte, al comparar las profecías con las sucesos (\
que se refieren y se presentan al observador reflexivo,
imparcial y de buena f e ; no puede dejar de mostrar
que en el conjunto de las palabras y de las obras debe
de haber mucho mas de lo que alcanza el conocimiento
ó invención del hombre. Si alguno al concluir la
lectura de esta obrita, se hallare libre de sus dudas y
fortalecido en la fe, en recompensa de nuestro trabajo
permítanos que le roguemos que “ dejando los rudi­
mentos de los que empiezan á creer en Cristo, em­
prenda el camino de cosas mas perfectas,” Ileb. vi. 1,
que acuda á las escrituras y las escudriñe, corno se
acude ú buscar un tesoro escondido: que oiga atenta­
mente los oráculos de D ios vivo, conociendo que (í no
es Dios como el hombre para que mienta, ni como el
hijo del hombre para que se m ude/' Num. xxiii. 19 :
y que dé toda la gloria á Dios para que todo el fruto y
beneficio sea suyo.
C A R II.

PROFECIAS ACERCA DE CRISTO Y DE LA P.ELTGION


CRISTIANA,

L a venida de Jesu Cristo, que era la esperanza fie


Israel y la expectación de los judíos en todas los edades,
se predice á cada paso en las escrituras del Viejo Tes­
tamento* En ellas se ve anunciada por la misma vük
de Dios ¿i. las dos primeras criaturas humanas, y corno
formando el tema de todos los profetas, desde el primero
hasta el ultimo. Presentaremos un resumen rápido,
aunque por lo mismo imperfecto^ de tan numerosas
profecias con algunas observaciones ; para que sirva
como de preliminar á otras pruebas mas directas e
inmediatas de la inspiración de la escritura, derivadas
de los hechos existentes, á fin de llamar mas la aten­
ción del lector é inspirarle el deseo de escudriñar las
escrituras y de ver por si mismo con cuanta claridad
se da en ellas testimonio de Jesús ; sin contentarse con
un ligero conocimiento de tan importante materia.
Algunos de los principales rasgos de las profecias
relativas á Cristo y su cumplimiento, pueden fijarse
en las que señalan el tiempo de su ajtaricion, el lugar
de su nacimiento, y la familia de donde habia de salir,
su vida, su caracter, su pasión y muerte, la calidad de
su doctrina y la extensión de su reino.
El tiempo anunciado en el Viejo Testamento de la
aparición del Mesías en el mundo, se circunscribe por
Y DK LA RELIGION CRISTIANA. 1£

un gran numero de con curren tes circunstancias, que


lo fijan en la precisa cpoca en que se verificó el adve­
nimiento de Cristo. “ El cetro no liabia de quitarse
de Judá, ni faltar de su muslo el caudillo (el legislador
de entre sus descendientes) hasta que venga el que ha
de ser enviado (S ilo h ),f> Gen, xlix. 10. “ El deseado
de todas las naciones, el ángel del testamento, el
Señor, ll quien deseaban, habia de venir al segundo
templo, y darle mas gloria con su presencia, que la
que tuvo el primero,” Aggeo ii. 8 ,1 0 ; Malach. ni. 1.
Un ángel (precursor) habia de aparecer delante de é l :
la voz del que clama en el desierto para aparejar su
caminoj Isa. xl. 3 ; Malacli. iii. 1 ; iv. 5. Un deter­
minado periodo, marcado, según otros iguales cómpu­
tos de las escrituras judaicas, por semanas de años, &
día por año, se fijó “ desde la salida de 3a palabra para
restablecer y reedificar á Jerusalen, después de la cau­
tividad de Babilonia, hasta Cristo principe,” Dan. íx.
25. Otro periodo algo mas largo se señaló para el
pueblo y para la santa ciudad, Ib, 24* Despnes de
muerto Cristo, habia de venir un pueblo con su cau­
dillo para destruir la ciudad y el santuario: seguirse
á esto la desolación hasta la consumación y el fin, y
la cesación absoluta de la hostia y del sacrificio, Ib,
26, 27.
A l comenzar la era cristiana, subsistía el reino de
los judios en su pais nativo, bien que las diez tribus
estuviesen ya desde mucho antes separadas: su con­
sejo nacional, cuyos miembros descendían por linea
recta de Judah, ejercia la autoridad y poder real;
c 2
16 PROFECIAS ACERCA DE CRISTO

estaba cu pie el tem plo: ofrecíase la hostia y el


sacrificio diaria y debidamente conforme á la Ici do
Moisés : el tiempo prefíxado para la venida del Mesías
habia llegado á su termino. Antes del ministerio
público de Jesu Cristo, apareció un precursor ó men­
sajero para aparejar su camino : y Josefo, en la his­
toria de aquel tiempo, hace memoria de la inocente
vida y de la cruel muerte de u Juan llamado el Bau­
tista,” diciendo que predicaba la virtud y el bautismo
de agua, Jos, Ant. 1. xviii. c. v. § 2. Mas todos
los signos y marcas que mostraban la plenitud del
tiempo y las circunstancias en que habia de aparecer
el Mesías, quedaron borrados desde poco despues de
la muerte de Jesu Cristo : y como su aplicación era
precisamente á aquella época y no á otra; ya despues
ha sido y es tan imposible restablecerlos, como hacer
que vuelva el tiempo que ya paso. El tiempo
prefijado al pueblo y á la santa ciudad de setenta
semanas ó de cuatrocientos y noventa años, pasó ya.
La tribu de Juda habia dejado de ser regida por un
rei. Desterrada de su propio país, y sujeta a todo
genero de opresion, no habia en ella legislador 6 cau­
dillo ; aunque Judah era á quien habían de servir sus
hermanos. En el templo no quedó piedra sobre pie­
dra, L a hostia y el sacrificio, que nadie sino los
sacerdotes podian ofrecer, cesó de todo punto luego
que se perdieron las genealogías de Le v i: y quedaron
los judíos sin templo, sin patria, sin sacerdotes y sin
altar. Antes de la destrucción de Jerusalen, ó de que
viniese la desolación sobre la tierra de J'uda, era uní-
y DE LA RE1JGI0N CRISTIANA. 17

versal entre los judíos la expectación de que entonces


era el tiempo de la aparición de su Mesías : y los
historiadores así gentiles como judíos, aseguran que en
todo el oriente prevalecía en aquella época la creencia
de que las antiguas profecías directa y expresamente
se referían á aquel tiempo, Y aara quien es el judio
que, aunque le repugne y sienta abandonar la constante
y antigua esperanza de su nación, no reconozca en su
interior que no puede sostenerse la verdad de estas pro­
fecías, si el Mesías no lia venido ? ó donde, desde las
primeras palabras de Moisés hasta las ultimas de Ma-
laquias, se hallarán otras señalas del tiempo en que
Shiloh habia de venir, ó el Mesías (Cristo) principe
ser quitado de en medio, como las que pertenecen a la
época en que sus padres crucificaron á Jesús— en cuyo
periodo terminó la gloria de Juda ; sin que en la tenaz
incredulidad de los judíos continuada por espacio de
mas de diez y ocho siglos, hayan podido añadir una
sola brillante pagina á su historia ?
Aunque los compatriotas de Cristo no le quisieron
recibir cuando vino al mundo ; sin embargo de los ju ­
díos era de donde debía salir: el linage humano del
Mesías está señalado en las profecías con tanta claridad
como la época de su advenimiento. La divinidad de
la persona del Mesías, y el tomar en si mismo la seme­
janza de la carne de pecado, está expresamente decla­
rada en el Viejo y en el Nuevo Testamento. “ Aquel
cuyo nombre debia llamarse Admirable, Consejero, Dios
fuerte, habia de ser un chiquito que habia de nacer, y
un hijo que se nos habia de dar/' Isa. ix, 6. “ La
c 3
1S PROFECIAS ACERCA Di! CRISTO

semilla de la muger era la que habla cíe quebrantar la


cabeza de la serpiente/’ Gen, ih. 15- La linea de su
descendencia según la carne, y el lugar de ¡m nacimi­
ento, estaban expresamente anunciados. “ En la se­
milla de Abraham era donde habían de ser bendecidas
todas las naciones de la tierra/’ Ib, xxii. 18. “ D e en
medio de los Israelítas, de entre sus hermanos habia
de levantarse un profeta como M oisés/’ Deut. xvíii.
15. Y el había de ser no solo de la tribu de Juda,
Gen. xlix. 8, S:c., mas también de la casa y familia de
David. (t Saldrá una vara de la raíz de Jesé, sobre
la cual descansará el espíritu del Señor, y sera puesta
por bandera á los pueblos, é invocada por las naciones/'
Isa. xí. 1— 10. “ Para David habia de levantarse im
pimpollo jListo, un rey, cuyo nombre habia de llamarse
el Señor nuestro J u sto/’ Jer. xxili, 5 } 6. Y en
“ Betlilefiem Efratah, de la tierra de Judaf pequeña
entre los millares de Israel, era de donde habia de salir
aquel, cuya salida era desde el principio, desde los dias
de la eternidad/' Miqucas v. 2, Y solo Jesús es en
quien siendo de la semilla de la muger, descendiente
de Ábmham, de la tribu de Jnda, de la casa y linaje de
David; pueden ser bendecidas todas las familias de la
tierra: aquel á quien invocarán las naciones, y que
antes de que se perdiesen las genealogías de los judíos,
se manifestó por ellos mismos que habia de nacer del
linaje de David y en Bethlehein.
L a historia de la vida de Cristo por los cuatro evan­
gelistas, es solo una sencilla narración de lo que dijo y
de lo que hizo ; sin que en ella se le de otro carácter
Y DE LA RELIGION CRISTIANA. 19

sino el que resulta de sus mismas palabras y acciones.


Los cristianos no pocas veces se han empleado en de­
linearle ; y si en esta empresa sus pensamientos han
caminado cíe acuerdo con la divina narrativa, habran
podido sentir bien en sus corazones la impresión de
aquella imagen divina, á cuya semejanza fue criado el
hombre. Aun algunos que han estado mui lejos de
presentarse como campeones de la fe cristiana, se han
manifestado llenos de una irresistible admiración al
contemplar la vida de su autor, Rousseau reconoce
nada menos que como un milagro, que semejante ca­
rácter, si no existió realmente, pudiese haberse ima­
ginado por unos pescadores de Galilea. Y el Lord
Byron no solo llama á Cristo mas divino que Sócrates,
sino que, con tanta verdad como nobleza, exclama: íf si
alguna vez D ios fue hombre, ó el hombre Dios, el fue
ambas cosas.” Mas el car actor divino es tal que nadie
puede trazarlo sino una mano divina: y buscando en
las profecías lo que habia de ser el Mesías, leemos lo
que fue Jesús, mientras habitó con los hombres.
“ Tu eres vistoso en hermosura, mas que los hijos
de Jos hombres, se derramó la gracia en tus labios: por
esto te bendijo Dios pava siempre,..vara (ó cetro) de
rectitud es la vara de tu reino...Amaste la justicia y
aborreciste la iniquidad,” Salrn. xliv. 3, 7, 8. ££ R e­
posará sobre él el espíritu del Señor, espiritu de sabi­
duría y le llenará el espíritu del temor del Señor : lio
juzgará según vista de ojos, ni argüirá por oida de
orejas; sino que juzgará á los pobres con justicia, y
reprenderá con equidad en defensa de los mansos de la-
20 PROFECIAS ACERCA DE CRISTO

tierra: y la justicia sera cingulo de sais lomos, y la fe


ceñidor de sus riñones,” Isa- xí. 2— 5. ££ Como pas­
tor apacentará so grei, con su brazo recogerá los cor­
deros y los llevará en su sen o/’ Ib. xl. 11. (í N o vo­
ceará, ni hará accepcion de personas, ni sera o ida de
afuera la voz de e l : la caña cascada no la quebrará,
ni la torcida que humea no la apagará/* Ib. xlii. 2, 3.
u Tu rei vendrá á ti justo y salvador, vendrá pobre y
sentado sobre una asna,” Zacar, ix. 9. u No hizo mal­
dad, ni hubo malicia en su boca,” Isa. liii. 9. í¿ El
fue oprimido y atormentado, mas no abrió su boca :
fue llevado como un cordero al matadero ; y como una
oveja delante deí que la trasquila, asi enmudeció y no
abrió su boca,” Isa. liii. 7, “ M i cuerpo di á los
que me herían, y mis mejillas á los que mesaban mi
barba: mi rostro no retire de los que me injuriaban y
escupían,” Ib. 1, 6. íl No será triste ni turbulento
mientras que establezca la justicia en la tierra,** Ib.
xlii. 4. “ Puse mi cara como pedernal, y se que lio
seré avergonzado,” Ib. L 7. “ Librará al pobre del
poderoso, al pobre que no tenia ayudador,..rescatará
sus almas de la usura y de la iniquidad, y será hon­
rado en su presencia el nombre de ellos,.,los hombres
serán benditos en é l : todas las naciones le engrande­
cerán/’ Salm, lxxi. 12, 14, 17.
L a muerte de Cristo fue como su vida sin modelo y
sin cxemplar : y las profecías describen su pasión tan
por menor como sus virtudes. u Su crecimiento como
tierna planta y como una raiz de tierra sedienta/' Isa*
liü. 2. Su humilde entrada en triunfo en Jerusalem—
y DE LA RELIGION CRISTIANA. 21
la traición con que fue entregado por treinta monedas
de plata, Zacar. xi. 12— azotado, abofeteado y es­
cupido— el haber sido horadadas sus manos y sus pies,
y también- el 110 haberse roto ningún hueso de su
cuerpo— la ultima bebida que le ofrecieron de hiel y
vinagre— el haber sido repartidas sus vestiduras y
echada suerte sobre su túnica, Salm. xxi. y 3xviii.—
su muerte y su sepultura, Isa. liii. 9 — su resurrección
sin haber visto la corrupción. Sal. xv. 10— todo esto
fue anunciado de antemano con expresiva minuciosi­
dad, y todo se cumplió literalmente. L os tres últimos
versos del cap. lii, y todo el cap. liii, de Isaías, que se
escribió mas de setecientos años antes de la era cris­
tiana, los cuales palabra por palabra forman una parte
de las escrituras de los judíos y de los cristianos ; de-
seriben profeticamente, como si fuera una verdadera
historia, los sucesos de la pasión y muerte de Cristo:
la tenacidad con que le desecharon los Judíos: su
humildad, mansedumbre, su aflicción y su agonía:
como no dieron asenso ¿Lsus palabras : su humillación,
su tribulación: como se desfiguro su rostro y su
forma mas que en todos los hijos de los hombres: y
como no abrió su boca sino para interceder por los
pecadores. En oposicion directa de todas las dis­
pensaciones de la providencia, registradas en el proto­
colo de los Judíos, nos representa esta profecía a la
inocencia inmaculada sufriendo por decreto del cielu:
¿ la muerte como el termino de una obediencia per­
fecta : al justo siervo de Dios como abandonado por
61: y 4 uno solo que era perfectamente sin mancilla
22 PHOFECIAS ACERCA 1)E CHISTO

sufriendo el castigo merecido por muchos culpables :


lavando á muchas naciones de la iniquidad par medio
de su propio sacrificio : justificando á muchos con su
ciencia: y dándose por su porcion ú. muchos, y repar­
tiendo los despojos entre los fuertes, porque entrego
su alma á la muerte.
Basta leer en las escrituras judaicas las profecias
sobre la humillación, pasión, y muerte del Mesías, para
convencerse de que la incredulidad de los judios es
una prueba mas contra ellos ; y el mismo escandalo de
la cruz el mas fuerte testimonio de Jesús. Porque
asi está escrito, y de este modo correspondía que
padeciese Cristo, según las escrituras : l< y lo que
antes tenia anunciado el mismo D ios por boca de todos
los profetas que habia de padecer su Cristo, asi lo ha
cum plido/’ Act. iii. 18*
Que los judios guardan todavía estas profecias y
que por su medio se conservan y comunican al mundo,
á pesar de que presentan en si tan fuerte convencimi­
ento contra ellos mismos, y dan tan claro testimonio
de un Salvador que primero habia de padecer y ser
exaltado después; son hechos que confirman la ver­
dad del cristianismo de un modo que no' puede con-
trarestarse. Las profecias que dan testimonio de la
pasión del Mesías, no necesitan de interpretaciones
estudiadas : basta que se apliquen sencilla y literal­
mente á la historia de la pasión y muerte de Cristo.
En el testimonio de los judios acerca de la existencia
de estas profecias mucho tiempo antes de la era cris­
tiana : en haberse conservado hasta el presente sin
Y DE LA RELIGION CRISTIANA. 23

alteración alguna : en la narración hecha por los evan­


gelistas de la vida y muerte de Cristo : en el testi­
monio de los autores gentiles : y en los argumentos
de los primeros que hicieron oposicion al cristianismo,
fundándose en la humilde condicion de su fundador y
en la manera de su muerte ; tenemos ahora en orden al
cumplimiento de tocias estas profecías una demostra­
ción mucho mas extensa y victoriosa que lo que podia
concebirse despues de tantos siglos*
Mas si hai alguna verdad, cuya percepción y cono-
cimiento nos haga sentir su importancia y su virtud,
lo es ciertamente la muerte del Mesias, en cuanto obró
la reconciliación de los hombres, o la muerte de Cristo
en sacrificio por los pecados de los hombres. A todo
hombre pecador le es necesario no solo conocer la
confirmación de la palabra profetica en la santa vida y
muerte ignominiosa del M esias; sino también el
ínteres y parte que tiene en este sacrificio. N o hai
un hombre, salvo el que ni conozca su propio espíritu
ni el del Padre de los espíritus, que se atreva ni á la
idea de presentarse por si solo á responder de sus
pecados en la inmediata presencia de D ios todo santo,
á sostener los cargos que le haga la Sabiduría infinita,
y á la sentencia de una rigorosa y severa justicia, sos­
tenida con el poder de la Omnipotencia. El hombre
en quien una vez sola ha habitado el pecado, sean las
que fueren sus ideas sobre la inmortalidad, jamas por
si solo podra tener parte en la santidad, 6 gozar de la
felicidad de los cíelos. ¿ Quien es pues, el que yendo
en busca de la divina verdad, al pasar por el Calvario
24 PROFECIAS ACERCA Dli CRISTO

viendo en aquel espectáculo de la pasión de Cristo una


señal claramente profetica ele que el fue el verdadero
M esías; podra dejar de pararse á considerar profun­
damente sobre la graveza del pecado, que nada pudo
expiarle sin a la muerte voluntaria del H ijo de Dios,
y sobre aquella bondad y amor infinito que bailó y
dio el rescate, por el cual, aunque el pecado no deba
quedar impune, pueda salvarse el pecador ? Y. si re-
flexión a acerca del modo con que se puso el sello ú
esta visión y profecia ¿ quien es él que tiene corazon
en su pecbo, ó es sensible á Jas cuerdas é impulsos
del amor, que son las ligaduras del hombre, que se
detenga en aplicarse á si mismo personalmente aquellas
palabras de Jesús : £! si yo fuere alzado de la tierra,
todo lo atrahere á mi mismo ? ” Juan xíi. 32.
También nos declaran las profecías, asi el caracter
del evangelio, como el de su Autor, haciendo una
descripción de la extensión de su reino, junto con la
de su pasión. A cada paso y mui explícitamente está
profetizado que el habia de hacer una revelación entera
y clara de la voluntad de Dios, y establecer una nueva
y perfecta religión, Deut. xviii, 18, 1 9 ; Isa, ix, 6, 7 ;
xi. 1— 5 ; xlii« 6 ; Iv. 3, 4 ; Jerem. xxxi. 31— 3 4 ;
Ezeq. xxxiv. 23, 24. En su boca habían de ponerse
las palabras de Dios, y al que no las oyere, Dios le
pediría cuenta. El habia de ser dado para testamento
del pueblo, para luz de los gentiles, para abrir los ojos
de los ciegos. Su lei debía ponerse en los adentros,
esto es, escribirse no en tablas de piedra, sino en el
corazon. La religión de Jesús es pura, espiritual,
V DE LA RELIGION CRISTIANA. 25

perfecta y acomodada igualmente para todos* Es una


revelación del consejo de D ios; una leí que debe ser
escrita en el corazon : un reino establecido interior­
mente. La doctrina del evangelio es enteramente
conforme á 3a piedad. Esto es lo que no pueden
negar sus enemigos ; aunque por esto es precisamente
por lo que la aborrecen* Su misma excelencia y per­
fección es para ellos una piedra de escándalo, N o
liai pecado que en ella 110 se repruebe, ni virtud que
no se recomiende : y ciertamente se podría graduar de
demasiado pura y perfecta para el hombre, sin el sa­
crificio propiciatorio ofrecido por la iniquidad, y sin la
redención que en ella se halla de su esclavitud.
Mas la completa revelación de la voluntad de Dios,
que señala un tan alto grado de santidad á. que jamas
pudiera llegar el hombre, vino acompañada de otra
revelación de la gracia y misericordia de D io s ; la cual
bastaba para hacer ver que la luz era ciertamente una
luz enviada del cielo. Y al paso que Jesús di ó nuevos
preceptos á los hombres, les anuncio otras cosas de
gran gozo, que jamas hubiera podido el corazon hu­
mano concebir. En cumplimiento de su caracter
profético y oficio de Mesías, les anunció la salvación.
“ Nadie fue ungido sino Cristo para evangelizar (i los
mansos, para medicinar á los contritos de corazon,
para predicar remisión á los cautivos, y libertad de su
prisión á los encerrados : para confortar á los que
lloran de Sion, ó se visten de luto por sus pecados, ó
buscan el verdadero consuelo en medio de las priva­
ciones ú otros males de la vida, dándoles corona por
26 PROFECIAS ACKRCA DE CRISTO

ceniza, oleo de gozo por llanto, manto de alabanza por


espíritu de tristeza: y nadie sino el predico jamas el
año de reconciliación con el Señor, y el tiia de ven­
ganza de nuestra D ios,’' Isa. lxi. 1— 3. L o que
muchos hombres sabios de la antigüedad desearon
saber, eso enseño Jesús : lo que desearon ver, eso nos
ha revelado* Todo cuanto enseñó, y todo cuanto
hizo y padeció dan testimonio de que el fue el Mesías
prometido : y de que está ya cerca el remo— que desde
tan remotos tiempos vieron los profetas.
Que el evangelio emanó de la Judea: que fue
desechado por la mayoría de la nación judaica: que
desde el principio encontró la oposicion del poder hu­
mano : que los reyes después le reconocieron y sostu­
vieron : que ha continuado ya por muchos siglos: que
ha sido propagado por muchos paises ; son hechos
que claramente desde tiempo antiguo fueron anunciados
y que han sido cumplidos literalmente. “ D e Síon
saldrá la leí, y la palabra del Señor de Jeru salen*”
Isa» ii. 3, 4 ; Miqueas iv. 2. “ El sera en santifica­
ción para vosotros : mas en piedra de tropiezo y de
escándalo á las dos casas de Israel, en lazo y ruina a
los moradores de Jcrusalem,.. ¿quien ha creído loque
nos ha oido ? y el brazo del Señor á quien ha sido
revelado?” Isa. viii, 14 ; liii. 1. “ Se levantaron los
reyes de la tierra, y los principes se mancomunaron
contra el Señor y contra su Cristo," Sal, ii. 2 ; Math.
x. 17 ; xvi. 18; xxiv. 9— 14, “ Los reyes verán y
se levantarán los principes y adorarán al Señor. Los
gentiles vendrán á tu luz y los reyes al resplandor de
Y ÍJE LA RELIGION CRISTIANA. 27

tu aparición,” Isa. xíix. 7— 23. (í Las gentes verán


tu justicia : un pueblo que 110 me conoce sera Mamado
por mi nombre. Llamarás al pueblo que 110 conocías,
y las gentes que no te conocieron correrán á ti,” Isa.
xi, 10 ; Iv. 5. Nadie ignora al presente que de Ja
tierra de Judea. salió el sistema de religión que enseña
la piedad, pureza y amor, que releva al hombre de la
observancia de todo ritu minucioso y pesado y de toda
institución barbara y supersticiosa ; oíreciendolé la
mayor de todas las felicidades; que este sistema fue dese­
chado por los judíos, perseguido por ellos y por los gen­
tiles, y que no obstante ha subsistido y subsiste aun
por espacio de tantos siglos, se ha difundido por muchos
países y ha sido abrazado y adoptado por los reyes y
por los pueblos, como la fe del mundo civilizado.
La extensión y triunfo final del evangelio sobre
todas las regiones de la tierra, es el tema de un gran
numero de profecías, Isa. xxv. 7 ; ii. 2 ; xxxv. 1 ; xL
5 ; xiü. 4 ; lii, 1 0 ; liv. 1— 5 ; ix* 5 ; Ixv. 1 ; Sal.
lxxi. 8, 17 ; ii. 8 ; xxii. 27, 28 ; Osea i. 10 ; M iq, iv.
1 : al paso que en otras se da á entender claramente
que tiene que transcurrir un largo tiempo antes de
que cese del todo el reino de las tinieblas, ó du
que se quite el velo á todas las ilaciones. Despues
que el Mesías fue quitado del medio, y despues de la
destrucción de la ciudad y del templo de Jerusalem ;
estaba decretado que habia de seguirse la desolación
hasta la consumación y el fin, y hasta que viniese el
juicio sobre el desolador : los hijos de Israel habían
de estar muchos días sin rei, sin efod, y sin sacrificio :
d 2
28 PHOFECIAS ACERCA DE CRISTO

desolación de muchas generaciones debía haber sobre


tierra de Jadea: Jerusalera debía ser bollada de los
gentiles, y la ceguedad habia de venir en parte á
Israel hasta que entrase la plenitud de las gentes : y
una grande apostadla debia manifestarse y subsistir
por largo, aunque limitado periodo de tiempo, antes
de que la piedra que habia de desgajarse por si misma
de] monte se hiciese un gran reino, que llenase toda
la tierra, ó antes de que llegasen loa ultimes dias en
que el monte de la casa del Señor habia de ser fun­
dado y exaltado sobre la cima de los montes y colla­
dos, y todas las naciones correr hacia éls Dan* ix, 27 ;
Osea iii. 4 ; Isa. lxi. 4 ; Luc, xxi. 24 ; Rom. xi. 25 ;
2 Tess. ii. 1— 12 ; Dan. ii. 45 ; Isa. ii* 2 ; M iq. iv.
8. Mas ya la luz que salió de la Judea ha ilustrado
á las naciones mucho mas alia de lo que hubiera podido
imaginar el espíritu del hombre : ya las escrituras son
diez veces mas conocidas y esparcidas que otro libro
ninguno : ya hace largo tiempo que ha sido E l la luz
de los gentiles, que los reyes vieron y se levantaron y
los principes adoraron al que los hombres desprecian,
y á quien aborreció la nación de los judíos. La fe
cristiana se introdujo desde luego en el mundo sin
derramamiento de una sola gota de sangre : y aunque
lio pocas veces despues se conspiró contra ella, y se le
hizo una guerra sangrienta, no solo ha permanecido
en pie y sin conmoverse, sino que la misma rabiosa y
vana furia de sus enemigos ha servido para su exten­
sión y sus triunfos. El progreso del cristianismo,
considerado únicamente como punto historico, es
V DE LA RELIGION CRISTIANA. 29

cuantío monos nn hecho estupendo ; mas en cuanto al


cumplimiento que en el tuvieron las profecias, es evi­
dentemente nn milagro.
A l concluir este sucinto y mui imperfecto sumario
de las profecias relativas á la fe cristiana y á su
Autor ; ¿n o podremos considerar en los siguientes
rasgos de los antiguos profetas, otros tantos testimo­
nios de Jesús como Salvador ? Es á saber : el tiempo
y el lugar del nacimiento de Cristo: la tribu y linaje
de su descendencia : su vida, su caracter, su pasión,
su muerte, la calidad y naturaleza de su doctrina y el
progreso de su religión: que esta habia de salir de
Jerusalem, que los Judios la habian de desechar; que
al principio hallarla oposicion y seria perseguida:
que los reyes sin embargo re conocerían su autoridad
divina; y que se difundiría por muchas naciones
hasta las extremidades de la tierra ?
¿Para que pues tantas profecias? ¿A que fin
desda la vocacion de Abraliara basta nuestros días, han
estado los judíos separados como un pueblo particular
de todas las naciones de la tierra? ¿A que fin,
desde la edad de Moisés hasta la de Malaquias, por
espacio de mil años, se levantó una succesiva serie de
profetas, todos dando testimonio de un Salvador que
habia de venir ? ¿ Para que se cerró y selló el libro
de las profecías por cerca de cuatrocientos años antes
de la venida de Cristo ? ¿Para que subsiste hasta el
día de hoi la evidente, por no dccir milagrosa, demos-
tración de la antigüedad de las profecias, preservadas
y conservadas on todas hia edades, como un sagrado
d 3
30 PROFECIAS ACERCA DE CRISTO

deposito, por los mismos enemigos del cristianismo ?


¿ Para que se anunciaron con anticipación tantos
hechos; aplicables á Cristo, y que solo á Cristo y a
nadie mas se pueden aplicar?
¿Para que? ¿sino para que todo el conjunto de
tan grandes preparativos sirviese de introducción al
evangelio de la justicia, y preparase el camino para el
reino de Dios ? ¿ Y para que los cristianos de todos
los siglos, á í¿ la paz y gozo de su fe ” en la perfecta
verdad, pudiesen agregar una entera confianza de que
por grandes que sean las promesas de D ios, no son
por eso menos seguras é infalibles ? ¿ Y para que el
que no perdonó á su propio Hijo, entregándole en
sacrificio por todos nosotros, junto con él, si nos La­
cemos suyos, nos conceda francamente todas las cosas?
Y si siempre nos dedicamos con determinado objeto
á la lectura de algún libro : ¿ 110 líos propondremos
en la de las escrituras, examinarlas con toda diligencia
y atención para ver la claridad con que se da en ellas
testimonio de Cristo ? N o hai una sola palabra en
todo este testimonio, lo mismo que en todo lo demás
contenido en aquel libro, que no sea provechosa para
la doctrina é instrucción en la justicia* ó que 110 pueda
servir de aviso ó de correctivo á todos los que solo
piensan en las cosas terrenas: ¿í los que con ardor se
dedican al estadio de las ciencias que no aprovechan :
¿i ios que con facilidad y elegancia saben discurrir y
hablar de los negocios propios y ágenos: á los que
investigan y describen pormenor las propiedades de
los animales, la calidad de sus alimentos, 6 3a belleza
Y DE LA RELIGION CRISTIANA. 31

de su p ie l; los cuales como otros muchos teniendo


constantemente la Biblia á la mano, suelen abandonar
años y años su lectura, desconociendo el gran tesoro
que en si encierra, y el pleno testimonio que dá Dios
cu ella de su propio H ijo. Mas en adelante 110 habra
por cierto quien voluntariamente aparte sus ojos de
las escrituras para ver el testimonio que se da en ellas
de Jesús, 6 para buscar las palabras de vida etenia
que contienen ; si llega á penetrar su corazon la idea
do que la segunda venida de Cristo á juzgar los vivos
y los muertos, sera tan cierta, como de hecho se lia
probabo que fueron verdaderas las noticias prole ticas
de su primera venida, anunciadas en otro tiempo con
tüuta anticipación de siglos.

C A P . III.

DESTRUCCION HE JEKUSALEAL

L o s judios hasta el dia de hoi, no solo son los cus­


todios de las escrituras del Viejo Testamento, sino los
testigos vivos de la verdad de muchas profecías, que
desde los primeros tiempos de su historia anunciaron
cual habia de ser su suerte hasta las mas remotas
generaciones. Los historiadores, asi judios, como
gentiles, refieren con extensión y por menor las horri­
bles calamidades que sufrió esta nación, cuando todas
sus ciudades fueron desoladas, cuando la
S ‘2 DESTRUCCION DE .TERU SALEM,

Jerusalem fue destruida en el año setenta de la era


cristiana, y cuando los restos de su raza, despues de
una casi no interrumpida posesion de sus antepasados
por espacio de quince siglos, fueron arrojados de la
Judea, y dispersados por todo el globo* Una sucinta
enumeración de los inauditos desastres que cayeron
sobre los judíos en aquella época, servirá para enlazar
la primera parte de su historia, con la de la igualmente
dura y terrible suerte que les cupo posteriormente, y
al mismo tiempo manifestara que las profecías relativas
á la destrucción de Jerusalem, son tan circunstancia­
das y tan precisas, y fueron tan exactamente y tan por
menor cumplidas, como las de mas en que hasta ahora
ha podido y puede leerse su mas moderna y presente
historia.
L os Israelitas fueron escogidos para ser un pueblo
particular, y separado de las otras naciones. En ellos
se mantuvo únicamente por muchas edades el coito de
un solo Dios vivo y verdadero ; mientras que la idola­
tría y el politeísmo (ó el culto de muchos dioses) pre­
valecía umversalmente en otras partes. Mas el Padre
del Universo no es acceptador de personas. Una hi
divina fue dada (\ los descendientes de Abraham:
bendiciones y maldiciones les fueron anunciadas í
ellos y á su posteridad en todas las edades, según que
obedeciesen y observasen los preceptos del Señor, ó
rehusasen escuchar su voz y someterse a todos sus
mandamientos y decretos. Su historia pues, y su
continuada preservación como pueblo, es una mani­
festación expresa de los designios de la Providencia.
DESTRUCCION DE JEHUSALEM. 33

L a lectura de sus calamidades presenta á la vista los


juicios de D io s : y el cotejo de ellas con las profecías
es 11n testimonio de la verdad de su palabra. Durante
el largo tiempo que moraron en ]a tierra de Canaan,
tuvieron alternativas de prosperidad y de triunfo, y de
«presión y de miseria, según que conservaban 6 perdían
sus prometidas bendiciones* Mas sus castigos se
aumentaban progresivamente con sus pecados: y tan
horriblemente pecadores eran los habitantes de Jeru~
saiem despues que paso el tiempo de su misericordiosa
visitación, y cuando comenzó la oscura y nebulosa era
de sus miserias, que Josefo su grande historiador, y
el principal de sus generales en la guerra que sostuvi­
eron contra los romanos, asegura que si estos hubiesen
diferido por mas tiempo su conquista, la ciudad hu­
biera sido ó hundida por un terremoto, ó sumergida,
ó, lo que fuera peor, destruida como Sodoma por
fuego enviado del cielo. Josefo, Hist. de la guerra de
los judios, lib. v, c. 13, § 6. El vaso de la ira no se
derramó, hasta que se llenó la medida de la iniquidad.
Nunca faltan instrumentos para la ejecución de los
designios de D ios: y cuando es necesario para la
confirmación de su palabra, jamas se echa de menos
un completo testimonio de que sus decretos han sido
enteramente ejecutados. En la historia no bai otro
suceso que en su genero pueda compararse con el
asedio y destrucción de Jerusalem, y con las miserias
y calamidades que sobre si mismos atrajeron sus ha­
bitantes por su brutal barbarie y obstinada resistencia :
tampoco hai otra ciudad ü pais; de cuya destrucción,
34 DESTRUCCION DE JERUSALEM.

devastación, y miserias se con serve una relación mas


circunstanciada y autentica. Josefo, judio de naci­
miento, y testigo ocular de los hechos que refiere,
escribió una puntual y detenida historia de toda la
guerra; de la cual se deduce evidentemente la verdad
no solo de todo lo que Moisés y los profetas habían
anunciado, sino también de todo lo que Jesn Cristo
en visión mas clara y con terror y espanto de sus dis­
cípulos, les reveló explícitamente sobre que estaba
proximo el dia de su fatalidad. También los historia­
dores gentiles refieren muchos de estos hechos.
Las profecías asi del Viejo Testamento como del
Nuevo, relativas al sitio y destrucción de Jerusalem
son en tanto número, que el insertarlas en este luigar
con extensión, seria exceder los limites que nos hemos
propuesto en la presente obrita* E l lector podra leer­
las conforme se hallan estampadas en la misma Biblia,
Levit, xxvi. 14; Deut. xxviü. I5 3 & c.; Isa. xxix. 1,
& c.; Ezeq. vi. viú; Jer. xxví, IB; Miq. iii, 12; Math.
xxi. 33, & c .; xxii. 1— 7 ; x x iv .; Marc. x iii.; Luc.
xx. 9— 19 ; x x i.; xxiii. 27— 31 ; sin que para su in­
teligencia se requiera exposición ó comentario. A de­
mas de las profecías directas y literales, se hallan espar­
cidas en los evangelios varias alusiones á la abolicíon
de la constitución Mosaica y á la total subversión de]
estado de los judíos.
Una nación de feroz aspecto, de una lengua desco­
nocida, tan veloz como el aguila en su vuelo, habia de
venir desde lejanas tierras contra los judíos— para
despojarles de todos sus bienes— para asediarles por
DESTRUCCION DE JliRU SALEM. 35
todas sus puertas— y para echar abajo sus altos y fu­
ertes muros. Pocos hí^bian de ser los que quedasen—
habían de ser pasados á cuchillo delante de sus ene­
migos— el orgullo de su poder habia de ser liucho
pedazos— sus ciudades quedar devastadas y ellos mis­
mos destruidos— aniquilados— sacados de su propia
tierra— vendidos como esclavos, y tan despreciados
que nadie les habia de querer comprar— sus altos
lugares habian ele quedar devastados y desolados—
dispersarse sus huesos al rededor de sus aras— Jcru-
salem habia de ser asediada y envuelta por to3as partes
— ser sitiada con la montaña y batida con torres y
castillos— ser arrasada y labrada como un campo— ser
convertida en un monton de ruinas y acabar del todo.
La espada, la hambre y la peste habían de concurrir
en su destrucción.
Los judios mui ágenos de temer semejantes juicios,
vivían en una paz engañosa y desoyeron la voz de
Jesús. N o querían mas reí que á Cesar, y confiaban
en el poder del imperio romano acerca de la seguridad
de su estado* Mas A q u el á quien ellos desecharon,
mostró que Dios Ies habia desechado á ellos, que
habían llenado la medida de sus padres, y que todos
estos juicios que se habian intimado desde lo antiguo
y otros que no habian sido o idos por sus padres, habian
de tener efecto y ejecutarse en muchos,, y ser testigos
de ello alguuos de los que vivian cu aquella época. Y
el varón de dolores, cuyo rostro se mantuvo seco y
duro como nn pedernal, sin derramar una sola lágrima
en medio de su cruel y terrible pasión ; se conmovió y
36 DESTRUCCION DE JERUSALEM.

lastimó y su corazon se enterneció como un niño, al


contemplar la gravedad de los crímenes* y las terribles
calamidades futuras de la malvada é impenitente ciudad,
entregada á la ira del cielo: y et poniendo sus ojos en
Jerusalem, lloró sobre ella.”
E l discurso de treinta y seis años desde la muerte
de Cristo hasta la destrucción de Jerusalem: la muerte,
antes de este suceso, á lo menos de dos de los evange­
listas, que refieren las profecias alusivas á é l : la
manera en que se mencionan é introducen por todo el
texto del evangelio» estos anuncios de la fatalidad que
aguardaba á Jerusalem : el aviso que se díó á ios dis­
cípulos de Cristo, a fin de que pudiesen precaverse y
ponerse en salvo, y librarse de aquella calamidad, anun­
ciándoles las señales que habian de precederla para su
conocimiento; el terror que se apoderó de algunos de
los primeros discípulos de Cristo, creyendo que estaba
cerca el día del juicio, á lo cual dio motivo la intima
conexion que tienen las profecias de la destrucción de
Jerusalem con las de la segunda venida de Cristo y
del fin del mundo : el asenso unánime de la antigüe­
dad en orden á que la publicación del evangelio fue
anterior á este suceso: la continuada verdad de la
profecía que se manifiesta en Jerusalem, hollada aun
al presente por los infieles ; todo esto es una prueba
la mas cumplida de que las profecias evangélicas pre­
cedieron á aquel acontecimiento.
N o puede darse una coincidencia mas intima, con
relación ¿i los hechos, que la que hai entre las profe­
cias de Jesús y la narración del historiador judio.
DESTUüCCION DE JERUSAI-.R'í. 37

Sin embargo, como observará el lector mas adelante,


esta, coincidencia no es mas clara y evidente que la que
se halla entre el testimonio de los modernos incrédulos
y las profecías que hacen alusión á la desolación pasada
y presente de la Judea,
Guerras, rumores de guerras, conmociones, levan­
tamientos de naciones contra naciones y de reinos
contra reinos, hambres, pestes, terremotos en varias
partes, calamidades todas las mas temibles a los mor­
tales, solo eran preliminares de la grande aflicción,
precursores de otros mucho mas terribles males.
Muchos falsos Cristos debían levantarse y seducir á
la multitud : los discípulos de Jesús debian ser perse­
guidos, aflijidos, encarcelados, odiados de todas las
naciones, presentados ante los gobernadores y los reyes
por causa de su nombre, y muchos de ellos entrega­
dos á la muerte: la iniquidad habia de extenderse,
y la caridad de muchos enfriarse; pero el evangelio
del reino se habia de predicar por todo el mundo.
La abominación de la desolación habia de verse
en el lugar santo, dónele no debía estar: Jerusalem
habia de ser circunvalada por ejercitos enemigos,
atrincherados contra ella, y encerrada por todas
partes. También habían de verse en el cielo espan­
tosos fenómenos y signos terribles : y estos habían de
ser los anuncios de que el fin de Jerusalem estaba ya
proximo» Había de haber lina extremada falta de
todo en el pais, una grande colera sobre el pueblo, y
la tribulación y angustia habia de ser tal, cual nunca
se habria visto, ni se volvería á ver en el mundo,
38 DESTRUCCION DE JERUSALEM.

Los judios habian de ser pasados á cuchillo : los que


quedasen ser llevados cautivos á todas las nación es ;
del templo y de la misma ciudad de Jerusalem 110 habla
de quedar piedra sobre piedra: y habia de se* hollada
por los gentiles hasta que quedase cumplido el tiempo
de las naciones.
Estas profecias se anunciaron en un tiempo de
perfecta p a z; y sin embargo antes de que pasase una
generación quedaron tiel todo cumplidas* Las se­
ducciones que pusieron por obra algunos falsos Cristos
ó llamados profetas, fueron causa de algunas de las
primeras conmociones que pronto empezaron á verse
en Jadea. Cada ciudad de la Siria era un foco de la
guerra civil. Los judíos fueron estimulados á la re­
belión por los ultrages y actos de opresión con que lea
aflijia ei procurador romano Floro, A l fin se rebela­
ron abiertamente contra los romanos. Estas guerras
y rumores de guerras no se limitaban solo á la Siria.
En Alejandría cincuenta mil judíos fueron degollados
de una vez, En Italia las convulsiones eran tales
que, en el breve espacio de dos años, cuatro empera­
dores fueron asesinados. También hubo hambre y
pestes: en Roma y en Babilonia una grande mortan­
dad : y grandes terremotos en varios países, á cuyo
impulso quedaron destruidas varias ciudades. La
constitución de la naturaleza, dice Josefo, estaba des­
quiciada, y todo anunciaba calamidades extraordinarias.
Aparecieron fenómenos y espantosas visiones, capaces
de aterrar al mas intrépido. Abundaba la iniquidad ;
y hasta la fe y caridad cristiana habia decaído. El
DESTRUCCION DE JERUSALEM, 39

nombre de cristiano era una señal de persecución, y


un motivo de odio. Eran presentados ante los gober­
nadores y los reyes. Pablo, abandonado por sus
falsos lierraanos, compareció solo ante Nerón. Los
cuerpos de los cristianos cubiertos de materias com­
bustibles servían de alumbrado en las calles de Roma,
Mas aunque los discípulos de Jesús* eran odiados*
perseguidos, encarcelados, afligidos, azotados, y muchos
de ellos asesinados, quemados ó crucificados, el evan­
gelio del reino se predicó desde España hasta la India
y fue publicado por todo el orbe. Ellos sostuvieron
el triunfo de su ie hasta la muerte: mas en los juicios
de Dios contra Jerusalem, no se perdió ni un solo
cabello de su cabeza.
Cumplióse la ultima señal : las insignias idólatras
de los romanos se extendieron por toda la Judea : Jc-
rusaiem fue circunvalada enteramente por sus legiones.
Retiráronse por algún tiempo y dieron lugar á que
muchos se saliesen huyendo de la ciudad. Los cris­
tianos advertidos de antemano, como refiere Eusebio.
huyeron á Pella en la montaña. Mas una gran mul­
titud de los que habían venido, unos á celebrar Ja pas­
cua, otros buscando seguridad de sus vidas y propie­
dades, se hallaba dentro de los muros de Jerusalem :
y cuando se presentó el ejercito del principe (V cspa-
siano, electo emperador de Roma mientras estaba en
Judea) ya no hubo escape. La ciudad y el santuario
iban a ser destruidos: el dia de la ira de Dios era
llegado sobre Jerusalem.
Habiendo sido crucificado Jesús, desconocida la
e 2
40 DESTRUCCION DE JERUSALEM.

autoridad del Cesar., y desaparecido el cetro* se halla­


ban los judios sin legislador y sin reí, cuando los con­
quistadores del mundo fueron á subyugar á los que se
habian rebelado contra Dios y contra los hombres.
Las bandas de ladrones que se habian formado en
las anteriores rebeliones, y se habian retirado a las
montañas de Judea, no hallando donde guarecerse de
ias fuerzas romanas, se agolparon á Jerusalem y uni­
éndoseles los fanáticos y el populacho desenfrenado,
lo mandaban todo. Su obra era saquear, asesinar, y
destruir. Las provisiones comunes para el sitio no
solo fueron saqueadas, sino también quemadas* Las
facciones y partidos peleaban unos contra otros y la
sangre de muchos miles fue derramada por sus propios
hermanos. Los combates contra los enemigos exteri­
ores 110 eran ni menos frecuentes, ni menos sangrientos
que los que se daban en lo interior, XjOS sacerdotes
eran asesinados al pie del altar y sus huesos esparcidos
en su derredor. A l fin los ladrones y fanáticos se
alzaron con todo el mando y autoridad. Mas pronto
la hambre hizo presa de todos sin distinción. Regis­
trábanse las cloacas en busca de alimento; los cintu­
rones, zapatos, y las correas de sus mismos escudos se
roian y mascaban : con ansia se devoraba el mas asque­
roso desperdicio. Muchos calan muertos de hambre
por las calles. Y el mas espantoso caso (que luego se
divulgó y cuyo descubrimiento horrorizó á toda la
afligida ciudad, y aun llenó de asombro y de indigna­
ción á los mismos sitiadores) de una señora rica y
principal, que asesinó, asó y se comió á su propio hijo
DliST HUCClO \T DE JEfiU SALEM. 41
nuc criaba (i sus pechos ; hizo ver con cuanta verdad
pro íctica se compadeció y lamentó Jesús, exclamando:
“ ay de las que criaren en aquellos (lia s!” y Moisés
describió puntualmente quince siglos antes todas las
circunstancias de este suceso. Mas los judíos ciegos
de furor y rabia, y ya desesperandados de la divina
asistencia, ni aun al o ir im caso tan monstruoso y
horrendo, quisieron ceder, lii dar o idos tí ninguna ca­
pitulación, ni concierto. Los romanos cansados de
dar asaltos inútiles, se redujeron á levantar una muralla
al rededor de la ciudad, dejandola encerrada por todas
partes. Crucifícale ! crucifícale! fue en otra ocasion
su grito y el de sus padres, con la imprecación de que
viniese sobre ellos y sobre sus hijos la sangre de Jesús :
y en efecto cayó sobre ellos. De los que huyendo de
la hambre caían prisoneros, quinientos eran diariamente
crucificados delante de los muros de Jerusalem, hasta
que faltó terreno para tantas cruces y cruces para tan
gran numero de miserables. Mas tampoco se logró el
fin que se propusieron los sitiadores con esta bárbara
carnicería; porque á pesar de tan lamentable y tre­
mendo espectáculo, ni se intimidaron, ni cedieron los
desesperados que mandaban en la misera ciudad. En
las entrañas de varios de aquellos infelices fugitivos se
encontró algún oro, que, aman dolé tanto como á su
propia vida, se hablan tragado para ocultarle mejor y
con la esperanza de poder salvarse : y eslo bastó para
que los arabes y siros aliados de los romanos y las
arpias que siempre seguían sus ejercí tos, se diesen á
nbrir y registrar los cuerpos de los fugitivos en busca
r 3
42 DESTRUCCION DE JERUSALEM.

de -los tesoros que se suponían encerrados en ellos: y


asi fue que en sola una noche destriparon mas de dos
mil.
Doloroso es detenerse en la relación de tanto cu­
mulo de horrores : mas seale permitido al cristiano
seguir el ejemplo de Jesús y llorar por tan lamentable
desgracia. Baste decir: que durante el sitio, ciento
y quince mil cadaveres se sacaron de la ciudad por solo
una de sus puertas, y que el total en las demas ascendió
a seiscientos m ii: estos eran los pobres, cuya sepultura
era echarlos fuera. Ademas muchas casas estaban
atestadas de cadaveres : había montones de ellos en
todo sitio ancho ó abierto, cubriendo el suelo de todas
las plazas y calles espaciosas de la ciudad* Cerca de
seis mil individuos de toda clase y estado perecieron
entre las ruinas incendiadas del templo, 6 se mataron
precipitándose desde lo alto del edificio : otros diez
mil fueron pasados á cuchillo : las cloacas de la ciudad
estaban obstruidas con esqueletos humanos : un millón
y cien mil perecieron durante el sitio y en el saqueo
de la ciudad y en los ataques contra ella ; y cuando
se entrego la ciudad alas devoradoras llamas, por todas
la3 calles corrían arroyos de sangre.
Jerusalem estaba condenada a una total destruc­
ción. Sos muros fueron destruidos, sus edificios
arruinados, porque ya no eran del Señor. La ciudad
y el santuario quedaron arrasados hasta por los cimi­
entos, Hizóse pasar el arado sobre el mismo terreno
que antes ocupaban; y en este ultimo acto de los
romanos se mostró que la habian condenado á una
DESTRUCCION DE JERUSALEM. 43

eterna desolación, y también quedó cumplido el minis­


terio de su obra, dejan dola allanada y sin que en el
templo quedase piedra sobre piedra.
Los Judíos fueron pasados í cuchillo. Ademas
de los que perecieron en las sediciones y durante el
sitio* doscientos y cuarenta mil fueron asesinados en
las ciudades de Judea y países adyacentes, como refiere
Josefo ; el cual enumera específicamente los que pe­
recieron en cada punto. Noventa y siete mil fueron
conducidos cautivos. Muchos fueron llevados a
Egipto y alli vendidos por esclavos. El mercado de
esclavos estaba tan lleno de ellos, que no habia quien
los comprase: y en una ocasion once mil cautivos ó
por descuido ó de proposito fueron abandonados ; y
no dándoles sustento, perecieron de hambre*
Los juicios de D ios cayeron tan de lleno, y tan de
improviso se acumularon sobre los judios, que en
cuanto pertenece á la destrucción de Jerusalem y á la
devastación de su pais y de sus ciudades, todos uno
por uno quedaron literalmente cumplidos.
Jerusalem habia sido llamada ía ciudad del Señor:
Sion era su santo monte* y el único lugar de todo el
orbe en donde se le daba alabanza. Los pecados de
Jerusalem no podian ocultarse á su vista : y su larga
paciencia despues de tantas pruebas todas en vano, ya
debía cesar} aun con la ciudad que habia sido escogida
para llevar su nombre. Y cuando sus iniquidades
llegaron á colmo— cuando en el día de su visitación
no quiso ser instruida, ni limpiarse,.ni lavarse de sus
manchas, aunque Dios habia enviado ú su H ijo á la
44 DESTRUCCION DE JEIÍUSAIJSSI.

oveja perdida de la casa de Israelf y habia brotado lina


fuente para el pecado y para todo suciedad— y cuantío
los judios desecharon al Salvador y admitieron mas
bien, á otros que dominasen sobre ellos ; Dios no quiso
ya usar mas con ella de misericordia, ni de perdón :
su venganza cayó sobre la nación : su colera 110 se
contuvo: su mano se alargo para manifestarla, y “ en­
trego a Jacob á la maldición y ti Israel á los ultrages/#
Y si Dios no perdonó á las ramas naturales, mira no
sea que tampoco te perdone á tí : si en el pecho de los
hijos de AbraEiam su amigo se executó tan duro cas­
tigo por sus iniquidades; ¿ quien eres tu, ó cual es la
casa de du padre, para que te puedas prometer que
quede impune alguno de sus pecados, si no haces el
debido arrepentimiento, ó si como por aquellos* en el
tiempo de la misericordiosa visitación es por ti dese­
chado y de nuevo crucificado el Salvador ?
La seguridad de las naciones no consiste en la for­
taleza de los muros* porque no los ha habido jamas
mas fuertes que los de Jerusalem : ni en la copia de
riquezas; porque tal era el cumulo de ellas en aquella
ciudad, que despues de demolida se cambiaba el oro
en la Siria por una mitad de su valor. u Si el Señor
no guardare la ciudad, inútilmente vela el que la
g u a r d a e l pecado debe al fin ser la ruina de todo
pueblo. La combinación de los pecados de cada in­
dividuo en particular, forma el conjunto 6 la masa de
la iniquidad de una nación : y cuando estos crecen y
se aumentan mas y mas, avanza rápidamente el tiempo
en que levantándose hasta el cielo, ya no pueden con­
DESTRUCCION DE JERL'SALEM, 45
tenerse mas sus rayos. Otros beodos hai ademas de
los de Efraim cuyo juicio fue denunciado; y tan cri­
mínales como ellos. La avaricia que es una verdadera
idolatría, por cuya iniquidad fueron los judios golpea­
dos, abunda aun. Porque ¿ donde se hallará un in­
flujo práctico del amor de Dios parecido al que por lo
común ostenta el amor mundano ? ¿ Donde está el
cumplimiento de la lei de Cristo en orden á ayudarnos
y sobrellevarnos unos á otros, si se compara con la
regla que observa la avaricia, según la cual cada uno
solo atiende á su propia riqueza ?
¿ Mas que ? preguntará el lector, ¿ puede un solo
individuo evitar las calamidades nacionales, ó rebajar
la cuenta de los pecados de algún pueblo ? Si cada
uno de por si se arrepintiese, como sucedió en la an­
tigua Niníve, todos podrían salvarse, aunque estuviese
cerca, de cumplirse el termino de los cuarenta dias
aplazado para su castigo. Y ¿ quien es el que, con­
tinuando en el pecado y considerando la desalación
ejecutada en Jerusalem, pueda decir, que si Dios envia
algún castigo sobre su país, no ha contribuido á. llenar
la medida de la iniquidad ? í¿ Y o busque entre ellos
un hombre, (dice JBl que juzgaá todos,) que se inter­
pusiese como vallado, y se pusiese contra mi en favor
de la tierra para no destruirla: y no lo hallé,7’ Ezeq.
xxii. 30.
Mas nuestra principal atención no debe ponerse en
el castigo nacional y temporal, aunque sea tan terrible
como el de Jerusalem, sino en nuestro propio é indi­
vidual eterno destino, á fin de que podamos salvarnos
iQ DESTRUCCION DE JERUSALEM,

de la ira venidera y alcanzar la vida eterna. Todo


hombre debe 6 estar en pie ó caer delante de su Señor.
Y asi como un rei de la tierra, dando terribles ejem­
plos de castigo en algunos pocos, trata de llenar de
terror á sus subditos rebeldes ; asi se nos dio por ejem­
plo á Jerusalem, para manifestar que la iniquidad no
debe quedar impune, y que los terrores del Señor y
sus amenazas contra los pecadores impenitentes, ten­
drán su cumplimiento, asi como Jo tuvo la verdad de
su palabra, y su grande colera contra Jerusalem,
Ni hai justa razón para que, por dilatarse la ejecu­
ción de la sentencia contra las malas obras, pueda el
corazon del hombre entregarse de lleno á hacer el mal.
A l ver que es seguro e infalible el juicio contra toda
obra mala, el resultado de su conducta seria el que
tuvo la de los judios, que amontonaron y atesoraron
la ira para el día de la ira y de la manifestación de los
justos juicios de Dios. El haber hecho pasar el
arado romano sobre el suelo en que estuvo aquella de­
solada ciudad, que debía haber sido siempre la ciudad
del Señor, es como un débil sitnbolo de la total de­
solación que caerá sobre el alma de los que ahora se
rebelan contra el reino del Redentor ; cuando todos los
falsos cimientos en que se fundaba sean arrasados, todo
placer pecaminoso destruido, toda orgullosa imagina­
ción con que se creia mas que Dios, sea echada por el
suelo, y todas sus falsas esperanzas destruidas.
Mas 110 podemos dejar á Jerusalem en sus ruinas,
como muestra del exacto cumplimiento que tuvo la
palabra del Señor sobre ella, sin avisar de algún modo
DESTRUCCION DE JERUSALEM. 47
á todos aquellos que en sentido espiritual no son hijos
de Sion : ni podemos cerrar esta lamentable relación,
sin manifestar la esperanza, do que se va acercando el
tiempo en que Jerusalem no será ya mas la ciudad
abandonada, y de que las e portaciones profetices de
otra clase, pueden ya desde ahora ser oidas y puestas
por obra como preceptos cristianos. Vosotros que
tenéis en vuestros labios el nombre del Señor— voso­
tros cuya obra familiar es la oracion, 110 calléis, no
ccseis en vuestras fervorosas é importunas suplicas
hasta que el Señor establezca y haga que sea Jcrusa-
leiti la alabanza de la tierra.
Y viendo que es llegado el tiempo 110 en que los
hombres hayan de subir á Samaría ó ¿1 Jerusalem á
adorar, sino en que ha aparecido la gracia de Dios, y
en que los verdaderos adoradores adoren ahora al Padre
en espíritu y verdad ; sea, 6 caro lector, este tu oficio:
sea tu cuerpo un templo del Espíritu Santo, tu cora­
zon un altar para tu Dios, y tu vida no menos que
tus labios empléase en darle gloria y alabanza. Con­
templando al Redentor de toda iniquidad como a autor
y perfección de tu fe (el cual fue crucificado en otro
tiempo fuera de los muros de Jerusalem, y a quien se ha
cometido ahora por el Padre todo juicio y poder) y
recibiéndole como Salvador en todos sus oficios, como
tu maestro, tu reconciliador, tu intercesor, y tu gober­
nador por su palabra y por su espíritu : podras per­
manecer firme y seguro sobre aquella roca que es
Cristo, y desde ella levantar tus ojos hacia aquella
ciudad cuyos cimientos son indestructibles y cuyo
48 tO S JUDIOS,

hacedor y arquitecto es Dios. Y aunque tu cuerpo


después de muerto, quede en el polvo, tu estaras con
Cristo; y la transición de tu espíritu* despues de una
vida sobria, justa y buena sobre la tierra, será aun ma3
gloriosa que la de Jerusalem* cuando sea levantada de
sus ruinas, y sea, como será, una eterna excelencia y
el gozo de muchas generaciones.

CAR IV .

LOS JUDIOS.

Si con una sola palabra quisiésemos confundir á los


enemigos del cristianismo, y confutar todos sus racio­
cinios contra la inspiración divina de las escrituras j
esta palabra podía ser— los judios. N o es necesario
insistir ni en la particularidad de su destino desde la
edad de Abraham, esto es, por espacio de tres mil y
setecientos años, ni en la milagrosa preservación de su
raza miserable, desterrada y errante por tantos siglos
despucs de su dispersión. Basta solo leer la multitud
de profecias que les conciernen, como se hallan escritas
en los primitivos registros det mundo, y sin declarar ni
indicar de quien se trata, apenas habrá un hombre tan
ignorante en ningún país debajo del cielo, ú quien si se
le pregunta ¿ á que nación pertenece esa historia ? no
responda desde luego en una palabra: A los judíos.
Todos los habitantes del globo pueden citarse aquí
LOS JUDIOS, 49

como testigos de loa hechos que se contienen en las


escrituras: juzgad vosotros lo que os decimos. No
es necesario mas que mirar á los judíos, y oirá Moisés
y á los profetas para conocer que sus palabras son de
Dios. íf El que tenga orejas para oir, oiga.”
Y o os esparciré por las naciones y desenvainaré
mi espada en pos de vosotros, y quedará yerma vuestra
tierra y vuestras ciudades arruinadas... Y á los que
quedaren de vosotros, pondré espanto en sus corazones
en las tierras de los enemigos, el ruido de lina hoja
volante los espantará, y asi huirán como de una espada :
caerán sin que nadie los persiga,.. Ninguno de voso­
tros osará resistir á sus enemigos. Pereccreis entre
las gentes* y la tierra enemiga os consumirá, Y si
quedaren aun algunos de ellos^ se podrirán en sus ini­
quidades en la tierra de sus enemigos... Y con todo
eso, aun cuando estaban en tierra enemiga, no los
deseché enteramente, ni les abandone de modo que
fuesen consumidos, y yo invalidase mí pacto con ellos,”
Levit. xxvi. 33, 36* 37, 38, 39, 44 .— fí El Eterno os
dispersará entre los pueblos, y quedareis pocos en las
naciones á donde el Señor os ha de llevar,1' Deut. iv.
27. í( Haga el Señor que caigas delante de tus ene­
migos : salgas por un camino*contra ellos y huyas por
siete, y seas disperso por todos los reinos de la tierra,..
Hierate el Señor con locura, ceguedad y frenesí, y en
el mediodía andes á tientas como suele andar un ciego
en tinieblas, y no aciertes en tus caminos. Y en todo
tiempo tengas que sufrir calumnias, y seas oprimido
de la violencia) y no tengas quien te libre... Sean
F
50 LOS JUDÍOS.
entregados tus hijos y tus hijas á otro pueblo... y no
haya fuerza alguna cu tu mano. Un pueblo que no co­
noces se coma los frutos de tu tierra y todas tus labores :
y tengas que sufrir calumnias continuamente* y estes
oprimido todos los días, y atónito por las cosas que
verán tus ojos,.. Y quedarás perdido para ser el pro­
verbio y la hablilla de todos los pueblos ií donde el
Señor te llevará... Y vendrán sobre ti y te perse­
guirán y alcanzarán todas estay maldiciones basta (pío
perezcas, por cuanto no oíste la voz del Señor D ios
tu yo... y habrá en ti señales y prodigios y en tu de­
scendencia para siempre. Por cnanto no serviste ai
Señor Dios tuyo con gozo y alegría de corazon por la
abundancia de todas las cosas : servirás á tu enemigo
que el Señor enviará contra ti, con hambre, con sed,
con desnudez y con todo genero de carestía, y pondrá
un yugo de hierro sobro tu cerviz hasta que te desme­
nuce," Deut, xxviiL 25, 2$, 29, 32— 34, 37, 45— 48,
“ Si no guardares y cumplieres todas las palabras de
esta lei que están escritas en este libro, y temieres su
nombre glorioso y terrible, esto es, al Señor Dios
tu y o; el Señor aumentará tus plagas y las de tu de*
scendencia, plagas grandes y durables, enfermedades
malísimas y perpetuas...Y asi como antes se habia
complacido el Señor sobre vosotros, haciéndoos bien
y multiplicándoos ; asi se complacerá en destruiros y
acabaros, para que seáis exterminados de la tierra en
cuya p o sesión vais á entrar, El Señor te esparcirá
por todos los pueblos, desde el un extremo de la tie rra
basta sus fin es... Y tampoco tendrás descanso entre
LOS JUDIOS. 51
aquellas gentes, ni hallará raposo la planta de tu pie ;
porque el Señar te tiara allí un corazon medroso, y
ojos desfallecidos, y un alma consumida de tristeza.
Y estará tu vida como colgada delante de t i : temerás
no clic y dia, y. no creras a tu vida. Por la mañana
dirás: ¿quien me diera llegar á la tarde? y por la
tarde: ¿quien me diera llegar á la mañana F por el
temor que aterrará tu corazon, y por las cosas que
veras por tus ojos,” Deut. xxviii« 58, .59, 63— 68.
“ Y o haré que sean entregados al furor de todos los
reinos de la tierra,— Os echaré de esta tierra á. una
tierra que no conocéis vosotros.— Los dispersaré entre
las gentes que no conocieron ellos ni sus padres,” Jer.
xv. 4 ; xvi. 1 3 ; ix. lfi,u Los entregaré a la veja­
ción y aflicción en todos los reinos de la tierra, para
oprobio y parábola y proverbio en todos los lugares
donde los eché : y enviaré sobre ellos espada y hambre
y peste, hasta que sean consumidos de la tierra que
les di á ellos y á sus padres/’ Id. xxiv. 9, 10. “ Los
entregaré íi todos los reinos de la tierra para maltrata­
miento y para maldición y para pasmo, y para silbo y
para oprobio á. todas las gentes á donde yo los eche k
Juera,” Id. xxix. 18. “ Haré juicios en tí, y aven­
taré todas tus reliquias S. todo viento,” Ezeq. v. 10.
“ Los esparciré entre las naciones, y los despar­
ramare en Jas tierras,” Ezeq. xiL 15. “ La plata
de ellos será echada fuera, y el oro de ellos será
para el muladar. Su plata y su oro no los podran li­
brar (i ellos en el dia del furor del Señor. No harta­
rán su alma, y sus vientres no .se llenarán, porque les
52 LOS JUDIOS.

lia sido tropiezo para su maldad: por la iniquidad de


su avaricia rae enojé y le herí,'1 Ezeq. vii. 1 9 ; Isa.
Ivii. 17. ÍCHaré que la casa de Israel sea agitada
entre todas las gentes, como se criba el trigo en un
harnero, y no caerá en tierra ni una piedrccita,” Amos
ix. 9. u Escogerán antes la muerte que la vida todos
los que quedaren de este linaje pésimo en todos los lu­
gares desamparados á donde yo los arroje, dicc el
Señor de los ejercítos.— Andaran vagos entre las na­
ciones," Jerem. viii. 3 ; Oseas ix- 17. “ Engrasa el
corazon de este pueblo, y agrava sus orejas y cierra sus
ojos, no sea que vea con sus ojos y oiga con sus orejas,
y entienda con su corazon y le convierta y le sane.
Y dije: ¿hasta cuando, Señor? Y d ijo : hasta que
queden asoladas las ciudades sin habitador, y las casas
sin hombre y la tierra quedará desierta. Y echará
lejos el Señor á los hombres y se multiplicará el de­
samparo en medio de la tierra,” Isa. vi. 10— 12.
“ Si fueren en cautiverio delante de sus enemigos, allí
mandaré á la espada y los matará: y pondré mis ojos
sobre ellos para daño y no para bien,” Amos ix. 4.
Y o consumiré á todas las gentes alas que te habré
desterrado; mas á ti 110 te consumiré, sino que te cas­
tigaré con medida, y no te perdonaré como á un ino­
cente/' Jcr. xlvú 28. “ Muchos dias estaran los hijos
de Israel sin rei y sin principe, y sin sacrificio y sin
altar, y sin efod y sin terafines. Y despues de esto
volverán los hijos de Israel, y buscaran al Señor su Dios
y á David su rei : y se acercaran con temor al Señor,
y á sus bienes en el fin de los días/’ Oseas iii. 4, 5.
LOS JUDÍ OS. 53

Todas estas profecías respectivas a los judios se


anunciaron con la claridad de una historia y con la
misma confianza con que se expresa la verdad. En
ellas se asienta el modo, la extensión, la naturaleza, la
continuación de su dispersión, sus persecuciones, sus
padecimientos, su ceguedad, su debilidad, su timidez,
su abatimiento, su perpetua vagancia, su tenaz impe-
nitcncia, su insaciable avaricia, y la insoportable opre­
sión, el continuado despojo, la burla y escarnio uni­
versal, la indestructible existencia y la ilimitada difu­
sión de su raza.
M u i fuertes eran los vínculos que ligaban a los
judios con la Judea, tierra para ellos gloriosa, tierra
de sus padres, tierra de pro misión, concedida por una
especial donacion del Cielo : y en donde solo podían
tener observancia muchos de los estatutos de su reli­
gión, Y asi como no pudieron apartarse del templo
hasta que le rodearon las llamas por todas partes, del
mismo modo, solo la mas violenta fuerza pudo ser
capaz de echarles de aquel país. L a inutilidad con
que en vano se conservaron adictos í'l su suelo y su
lo tal expatriación, se expresaron profeticamente con
la mas exacta fidelidad histórica; porque verdadera­
mente fueron sacados y arrancados de raiz y destruidos
fuera de su pais nativo. Cuando mas adelante, au­
mentado su numero, y combinándose en su dispersión,
hicieron una desesperada tentativa para recobrar su
posesion, fue tan grande el numero de los que fueron
pasados u cuchillo, que según las palabras de la pro-
fecin y de un escritor gentil, pocos fueron los que
‘r 3
54 LOS JUDIOS.

pudieron escapar* Fueron desterrados de la Judea,


y por un edicto imperial se impuso la pena de muerte
á todo ju dio que pusiese los pies en Jerusalem : solos
los gentiles podían hacerlo libremente.
M as lo extenso de su dispersión es un hecho aun
mas notable que el modo con que se hizo. M uchas
son las profecías que describen y anunciaron miles de
años ha> lo que ahora estamos viendo. í( Ellos han
sido esparcidos entre las naciones, entre los gentiles*
entre los pueblos, desde un extremo de la tierra á otro :
removidos por todos los reinos de la tierra, llevados a
todos vientos^ y derramados por todos los paises y por
naciones que ni ellos ni sus padres conocieron, y cuyos
nombres eran ignorados de los mismos profetas, y por
regiones no descubiertas hasta m ucho tiempo despues
de su dispersión. Ellos han atravesado por toda la
anchura del globo : no hai un reino en toda la tierra
donde no se les encuentre. Abundan en Polonia, en
Turquía, en Alemania, en Holanda. Se hallan, aun­
que en menor numero, en Rusia, en Francia, en
España, Italia, Inglaterra y America* Tam bién hai
algunos en la Persia, en la China, en la India, al
oriente y al occidente del Ganges* E llos han pisado
las nieves de la Siberia y los arenales del desierto
abrasador: y los viageros europeos saben por noticias
adquiridas en sus excursiones que existen en algunos
paises á donde ellos no pueden llegar en lo mas inte­
rior del Africa* D esde un cabo á otro cabo de la
tierra los judíos y solo los judios se han derramado por
todas las naciones.
LOS JUDIOS.

L a historia pues de los judíos por todo el orbe y en


todas las edades despues de su dispersión, verifica,
hasta en las cosas mas pequeñas, la verdad de las pro­
fecías ■ en las cuales se describieron con toda claridad
y precisión los marcados caracteres de esta antigua
raza. Y dispersos por todas partes, com o al presente
están, 110 solo es este hecho 1111 testimonio de la verdad
divina de la palabra que lo predijo, sino una visible
demonstradon que se da á cada pais, siglo por siglo,
y que se continua dando despues de mil y setecientos
añoa que han corrido desde la expulsión de los judíos
de la Judea, de que han caído sobre ellos, y les han
perseguido, y oprimido todos aquellos ju icios, en que
antes de entrar en la tierra prometida, se les intimo
que incurrirían, sino prestaban oidos á la voz de D ios,
observando y practicando todos sus preceptos y estatutos.
N o debían hallar 111 comodidad ni descanso entre
las naciones donde habian de ser echados. Sus llagas
y las llagas de su raza deberían ser grandes y espan­
tosas y de larga duración. D ebían “ ser oprimidos,
quebrantados, despojados.11 L a historia de las varias
naciones de la tierra, y la de un solo pueblo en diversas
épocas presenta alternativas prosperas y adversas : mas
la de los ju díos, despues de su dispersión, ha sido
igual constantemente en todas partes. E l primer siglo
de la era cristiana vio á Jerusalem arrasad a por los
cim ientos: sus ciudades y pais en desolación, los
judíos llevados cautivos y arrancados de su patrio
suelo, y errantes y sin dom icilio por todo el mundo.
En el segundo, reinando uno de los emperadores
66 LO S JV JÍIÍJS.

romanoSj quinientos mil de ellos fueron pasados íi cu­


chillo, E n el tercero fueron cruelmente perseguidas
por otro emperador. En el cuarto fueron dispersados
por varios países com o viles fugitivos y vagabundos ;
y antes de salir de liorna se les cortaron las orejas.
E n el quinto fueron arrojados de Alejandría y dura­
mente oprimidos y perseguidos por los dominios de la
Persia. M u ch os de ellos en el sexto siglo, después
de buscar en vano por todas partes donde poder fijarse
y descansar, seducidos por un falso Mesías, y aluci­
nados con la esperanza de recobrar la Judea y subyu­
gar ú sus enemigos, se rebelaron contra los romanos ;
y se repitió en la Palestina contra ellos una matanza
semejante á la que sufrieron sus antepasados. Y era
tal la op res ion en que vivían sus hermanos en Africa,
que se les prohibió absolutamente el ejercicio de su
religión aun en las cavernas. E n el siglo séptimo
fueron gravemente perseguidos y se les arrojó de Jeru-
salerrij de Antioquia y de España. M u ch os huyendo
á Francia, 110 hallaron sino la alternativa de renunciar
su religión ó de ser despojados de todos sus bienes.
E n este tiempo M ahom a subyugaba k los ju díos que
inoraban en la Arabia, y dcápucs de exigir de ellos un
fuerte tributo, los arrojo de alli. E n el siglo siguiente
se estableció una lei en los dominios mahometanos,
que aumentó la miseria de muchas familias de los ju ­
díos : en ella se declaraba que todo judio que abrazase
la religión del aleoran, renunciando al judaismo, fuese

heredero único de todos bienes do sus padres y her­


manos. En los siglos nono y décimo, los califas 6
LOS JUDIOS. 57

succesores de M ahom a, cuyo poder se habla extendido


desde España hasta la India, despojaron de su pro­
piedad á los ju díos con repetidas exacciones: cerraron
sus escuelas cu Persia, les obligaron á usar por dis­
tintivo de una señal de infamia, y cansaron su sufri­
miento con tantos ultrages, que al fin huyeron y bus­
caron su refugio en los desiertos de Arabia. E n fin,
por la mayor parte de Europa respiraron algún tiempo,
calmada la opresíon general que habían sufrido ; y
aunque no faltaron conmociones e insulto,s parciales,
de que jamas han podido snbtraerse, pudieran ancha­
mente desplegar su insaciable avaricia. M as este
respiro no hizo mas que preparar el camino para otros
despojos y persecuciones, que continuaron por varios
siglos con poca intermisión ; las cuales fueron en tanto
numero que seria obra larga referirlas.
En efecto seria espantosa é interminable la relación
de los continuos despojos y de las inauditas crueldades
que sufrieron en aquellos tiempos obscuros y barbaros,
en que los hombres parecían demonios ejecutores de
la divina ira, y en que la ceguedad y locura de los
judios era tal que con sus usuras y avaricia provoca­
ban continuamente la ferocidad de sus enemigos, sa­
queadores y asesinos. N o hai lengua humana que
pueda explicar, ni pluma capaz de describir “ el espanto
de su corazon el caimiento de ojos, la aflicción de
animo, la ceguedad, el abatimiento y desesperación,
que les hacia desear la muerte y preferirla á la vida,
que á este residuo de tan perversa familia, acompañaba
por entre todas las naciones, donde se hallaban
58 J'OS ju d ío s

dispersos : en medio de las opresíon es, destrucciones,


saqueos, destierros, y matanzas con que de tiempo en
tiempo y sin cesar se les afligió en España, Portugal,
Francia, Alem ania, Hungría, Turquía, Italia e In ­
glaterra.
Si la relación de los hechos no fuese uniforme y
constantemente atestiguada cu orden a la naturaleza y
extensión de las miserias que en aquel tiempo sufrie­
ron los judíos en muchos reinos ; pareceria del todo
increíble. E n todas partes, según refiere una de las
historias de la edad media, eran los judíos “ el objeto
de los insultos populares y de la opresíon, y no pocas
veces de lina matanza general.’ 5 España las vio en
Valencia, Barcelona y T oled o y por toda la Navarra
y A ragón, en que perecieron muchos : en Francia de
un extremo á otro por las provincias de Languedoc,
Guiena, Poitouj Turena, A iijou y M a ín e: en Ñ apóles,
en T ran i: en Ulma, no quedó ninguno de los judíos
que allí m oraban: en Francfort,ademas de muchos
que fueron asesinados, ciento y ochenta perecieron en
las llamas : y en muchas otras ciudades y pueblos de
la Franconia y Baviera en una sola persecución pere­
cieron doce mil de ellos. E n Verdun, Treveris, Meta,
Spiray W orm ess según expresión de G ibbon, “ muchos
miles fueron saqueados y pasados k cuchillo. A lg u ­
nos se salvaron por medio de una fingida conversión:
mas la mayor parte, abarrotadas sns casas se precipi­
taron con sus familias y sus riquezas en los líos ú en
las llamas. Esta carnicería y snqueo de los judíos se
repetía en cada una de las cruzadas.''
LOS JUDiOS. 59
N o eran en Inglaterra sus desastres menos terribles
f|iic en el continente : alli fue nacional su persecución :
y según la pintura que nos hace W alter Scott, “ tan
realmente detestados eran del vulgo crédulo y preocu*
pado, com o odiados por la ambiciosa y rapaz nobleza.”
Y añade qne> “ á excepción quizá del pez volador,
ninguno de los seres que existen en la tierra, en el aire,
6 en latí aguas, era objeto de una persecución tan
activa, universa]; ó interminable, com o los ju dios en
aquella época, en que sus personas y propiedades
estaban continuamente expuestas á cualquiera excita­
ción de la furia populan Nada pudo salvarles en
Norwich del furor del pueblo, donde fueron todos
destruidos p o ru ñ a matanza general. Otros muchos
fueron asesinados en Stamford, San Edm undo, L in ­
coln y en la isla de E lv, donde se agolpó y refugió una
multitud de ellos. M as lo que sufrieron en Y ork fue
verdaderamente espantoso y peor que la muerte. M il
y quinientos judios, inclusas las muger es y niños se
encerraron en el ca stillo: no se les dio cuartel: su
plata y su oro no pudo salvarles : no pudieron comprar
sus vidas por ningún p r e cio : y frenéticos y desespe­
rados se mataron unas á otros, siendo los padres de
familia los asesinos de sus propias mugeres 6 hijos.
En Y ork de Inglaterra, como en la fortaleza de M as-
fiada de la Palestina (la ultima, plaza que defendieron
en su pais nativo, donde cerca de mil de ellos pere­
cieron de la misma manera) en L isboa, T oledo, N u -
remberga, Francfort y en otras muchas partes, pre­
firieron 3a muerte á ía vida, y el terror que les infundían
60 LOS JUDIOS,

los hombres sufocaba en ellos el temor de D ios, y les


decidía al suicidio.
Estas tan atroces persecuciones iban siempre acom ­
pañadas del saqueo y p illa g e: t( Ellas eran siempre
saqueados: sus bienes y sus tesoros eran entregados
indistintamente al pillage, cualquiera que fuese SU

v a lo r/'
E llos “ eran privados de su lu jos,” por la astuta
política de los m abo metanos, que con sobornos y se­
ducciones les decidían k abjurar su religión y a aban­
donar á sus padres: y esto mismo, aunque con mayor
violencia, hicieron algunas autoridades cristianas, ar­
rancándolos de sus familias y encerrándolos en los
monasterios ; cuya practica estaba no solo autorizada
sino mandada por los cánones de varios concilios.
Cuando los judíos fueron desterrados de Lisboa, no se
permitió que saliese ninguno que fuese menor de ca­
torce a ñ o s : “ sus hijos y sus hijas fueron entregadas
á otro pu eb lo.”
“ E llos no hallaron descanso entre las naciones, ni
reposo la planta de su pie,” &c. Apenas liabra un
solo reino, del cual, ademas de sus opresiones y perse­
cución, no hayan sido repetidamente expelidos por la
autoridad publica. E n Francia 3o fueron por siete
veces. E n sola una ocasion seiscientos mil fueron
echados de España, y en ningún pais hallaron sosiego
ni descanso.
“ E llos habían de ser el proverbio, la mofa, el escar­
nio, la maldición, el odio, y el ridiculo de todas las
naciones y do todos los paises donde habían de ser
LOS JUDIOS. 61
echados.1* T o d a esto lian sido y son aun al presente
salo los judios. E n todas partes lian sido sometidos á
tales y tantas bajezas é indignidades, que solo con el
conjunto de todos y cada uno de estos epítetos y mal­
diciones pueden adecuadamente expresarse. U n ciu-
turon de cuero ceñido á su cuerpo, un pedazo de paño
sobre su trage y vestido de cierto color particular para
ser á primera vista conocidos, un palo atado á su
cuerpo que arrastraba por la espalda ó que les colgaba
por delante para burla 6 ign om in ia; eran algunos de
los distintivos ó señales infames que no pocas veces
se les obligó á usar, y que en todas partes les exponia
á ser continuamente insultados y escarnecidos. Si se
preguntase ¿ cual es el único dicterio usado por todas
las naciones del globo, que comunmente se aplica á
alguno cuando se trata de d e n ig r a r le c insultarle ? la
respuesta es : llamarle ju dio. Y ahora, lector, quien
quiera que seas, sean os permitido interpelarte y pre­
guntarte: ¿cuantas veces no habras tu mismo usado
de este apodo y dicterio insultante? Y si es cierto
que lo has hecho asi infinitas veces ; 110 podras dejar
de reconocer que tus mismos labios, aunque sin adver­
tirlo, han dado testimonio de ]a verdad de esta porten­
tosa profecía. Esta sencilla consideración te inducirá á
confesar francamente que solo A qu el que conoce todas
las cosas pudo haber previsto, y anunciado de ante­
mano un hecho tan singular y estupendo ; y que, asi
en esto, com o en todo lo demas, los ju dios han sido y
son un milagro continuado.
Por sus iniquidades habian de ser castigados ; mas
G
62 LOS JUDIOS.

la piedra del escancíalo y la cansa principal de toda su


maldad fue siempre su avaricia» la cuál ha de ser apar­
tada y desviada de su corazon para que se prepare el
camino de su con versión» Isa. M i, 14, 17 ; Ezeq, viñ
19. L a avaricia de los judíos se lia hecho un pro­
verbio. L a mas exorbitante usura suele ser con fre­
cuencia el negocio común de los ricos. M as el amor
del dinero no se limita á esta sola clase : toda la raza
está inficionada de esta sórdida pasión, de este verda­
dero idolo de sus corazones. En las calles de Londres
por ejemplo, como en las de otras grandes ciudades de
ILuropa, es en donde se ve claramente á cada paso su
ansiosa codicia, con incomodidad de los que transitan
por ellas. Su paso apresurado, su brazo extendido,
su voz lamentable, su afanado continente» sus ardientes
ojos» su figura asquerosa, y su postura arqueada y en­
corvada, muestran un alma cuyo dios es mamón ;
aunque su tráfico es tan miserable, como que se emplea
solo en la venta de un vestido viejo, una naranja ó de
un pincel. Un nuevo corazon debe formarse en ellos,
y substituírseles un nuevo espíritu : el velo que les
ciega debe quitarse, y desviarse esta piedra del escan­
cíalo, para que lleguen á poder ver al Mesías en el
Salvador crucificado, y á hallar el camino por donde
se vá al reino que no es de este mundo.
Grandes contrariedades y contradicciones, al parecer
imposibles de conciliar, se hallan en toda, la serie de
sucesos que marcan el maravilloso destino de los ju d ío s ;
y sin embargo cada uno de sus rasgos cuadra perfecta­
mente con la profecía que le corresponde. A l paso
LOS JUDIOS. 63

que se dice que hablan de ser oprimidos y aniquilados ;


su lio pocas veces renovada poses ion de riquezas, no
solo se comprende en el hecho de ser de nuevo y
siempre despojados, sino que explícitamente está
anunciado de antemano que cuando se reunirán y con­
gregarán de todas las naciones, llevaran consigo su oro
y su plata, y heredaran las riquenas de las gentes.
Después de tantos saqueos y despojas com o han su-
fridoj en el dia son propietarios de inmensas sumas de
oro y plata : y siendo tan grande la parte que tienen
en los fondos de todos los estados de Europa 110 sera
extrafio qne lleguen u poseer algún dia las riquezas de
las nación es,'* Isa. lx. 9 ; lxi. 6. M as aunque por

* IT ai sin em barco u n a excepción m ui notable, y quo


cxiye especial aten ción, en lo que decim os acerca «.le la
acum ulación de riqueza d e p a rte de los ju d ío s . Su m ism a
Üerra estaba designada com o un lugar en donde no habian
de gozar de prosperidad alguna, cuando en castigo de sus
iniquidades viniesen y cayesen sobre ellos los ju icio s de
D ios. A n te s de su entrada en la Judea, entre las b en ­
diciones que se les prom etieron se les dijo : que si obser­
vaban cu m p lid am ente lo m andado en la leí, í! E l Señor
Dios tu y o t.e bendecirá en gran m anera en la tierra que te
ha. dado para que la poseas. El Señor hará qne abundes
en el fruto de tu tierra que ju ró el S e ñ o r á tus padres quo
á ti la daría. E l S eñ or abrirá su bellísim o tesoro, el cielo,
para qne ú su lic m p o dé llu via á la tierra ; y bendecirá
todas las obras de tus m anos : y darás prestado á m uchas
gentes y tu de n in g u n o lo tom aras. E l Señor te pondrá
por cabeza y n o por cola, y estarás siem pre en cim a y lio
debajo, con tal que obedezcas los m andam ientos del Señor
Dios t u y o ,” L c v il. x x v i. 4, 6; D e u t, xxv iii. 11— V¿.
G 2
64 LOS JUDIOS.

estos medios se manifieste la verdad de la palabra de


D io s y las obras de su omnipotente providen cia; no

E n tre las m aldiciones con. que Ies am en azó por su desobe­


diencia, les d i j o : “ la lan go sta consum irá todos los ar­
boles y frutos de tu Lien-a: el estrangero que vive contigo
en tu tierra subirá sobre ti y estará nías alto, y tu descen­
derás y estarás m as bajo : é l te prestará á ti, y tu 110 le
prestarás á di : él será par cabeza y tu por cola,” D eut
xxviLi. 4 2 , 4 4 . Y e se aquí energicaniente descrito el estado
de abyección, dependencia y pobreza ú que debian ser
reducidos los ju d io3 en su propia tierra. S u situación
particular eu ella, su h u m illada condicion con respecto al
estrangero que habia de poseerla, expresa vivam en te el
bajo estado a que fu ero n reducidos los pobres ja d ió s en
la tierra de b u s padres, asi en presencia de los orgullosos
rom anos que lee conquistaron, com o despues en la de los
im periosos turcos, en la pasada y en la presente edad. La
profecía quedó cum p lid a en toda su extensión : las b en di­
ciones y privilegios que se les prom etieron, y qu e por
largo tiem po gozaron en Judea, y su superioridad sobre
el estrangero que morase dentro de su territorio, se volvie­
ron al reves de todo p u n to , cuando, perdida la protección
y favor D iv in o , les sub y ligaron los rom anos y subieron
sobre ellos m u i alto, y los cautivos ju d ío s descendieron á
tan bajo p u n to , que atm dentro de su pais nativo tenían
que pedir su sustento al estraligero, y venderse por esclavos
para poderlo obten er. Y aunque en casi todos los otros
p aises, dedicándose gen eralm ente los ju d ío s á la usura,
gan aron m ueh o oro y plata ; en la Ju dea desde su disper­
sión ó por falta de com ercio ó de seguridad en aquel deso­
lado pais, n i han podido enriquecerse, n i h a n practicado
jam as su favorita negociación : y asi son m u i pocos los que
so hallan alli establecidos. S i algunos de ellos por amor
á la tierra de sus padres, han obtenido perm iso para residir
LOS JUDIOS. 65

es la riqueza terrena con Ja que se han de peder com ­


piar laa bendiciones de su mano : Ja avaricia es una

en J e r u s a le m ¿ en otro punto de la. Ju dea, su con dición


ha sido siem pre m u i baja. B e n ja m ín de T u del a, ju d io
viagero del. siglo doce, asegura que el pais qu e debería ser
de su nación, estaba á la sazón casi en teram ente abando­
nado por ella, C om o un os doscientos judios* casi todos
tintoreros de paños, vivían ju n to s en la torre de D avid ,
y hacían allí £í m iñ pobre figura.” O tros liabia en m u i
corto nu m ero y m ui derram ados por toda la tierra santa.
E n los u ltim es tiem pos u n resto de la tribu de Ju da ha
continuado en Jerusalem en el m ism o abatim iento y de­
pendencia, algunos de ellos com o em pleados ó sirvientes
del gobernador, y otros sin tener de que subsistir m as que
de lim osna. Sin em bargo es dign o de observarse, com o una
se?ud quiza de los tiem pos, que en estos ú ltim os tres ó
cuatro años, se lia au m entado m ucho su nu m ero en J e r u -
salem, y so han ido encam inando m uchos hacía la Jad ea.
Ta m bién es m ui n o ta b le otra particularidad de la profecía
que en algú n m odo contrapone y hace distinción del ca­
rácter y destino de los ju d ío s en la m ism a Ju dea y en otros
países. A l paso que m ostraron la m as valiente y desespe­
rada resolu ción en defender y conservar la posesión de su
propio país, y 011 sus tentativas j w a recobrarlo ; era tai la
timidez y abatim iento de su corazon en la tierra de sus
enem igos, que el mas leve m ovim iento de una hoja que cae
loa estrem ecía y hacia tem blar. Y aunque la nación tic
mas poder y mas form idable, no pudo sino ú m ucha costa
y con grande aparato arrancarles de su pais nativo ; jam as
ellos han podido conquistar para si un p alm o de terreno cu
ningún otro pu nto del glob o , 6 subyugar el mas débil pu e­
blo en la f ierra de sus en em igos. Sin em bargo, en cuanto
á esta timidez y abatim iento de corazon, que por tan largo
tiempo ha sido una señal característica de loa ju d ios en la
66 LOS JUDIOS.

idolatría, una iniquidad, que colistamente excita la ira


del Señor. T o d o hombre sea de alta ó baja condicion,
con el ejemplo de los judíos* puede aprender á observar
cuidadosamente el consejo de Jesús que sus antiguos
padres despreciaron y á que aun ahora rehúsan some­
terse : “ mirad y guardaos de toda avaricia,” L u c.
xii. 15.
L o s judíos debian (í ser heridas de ceguera y des­
corazonamiento, tener por largo tiempo sus oidos agra­
vados, sus ojos cerrados y su corazon endurecido: y
andar á tientas en el medio dia, com o un ciego en tini­
e b la s /’ Todas las naciones civilizadas hacen profesion

tierra, de sus en em igos, manifestada en su misino aspecto y


s e m b la n te ; liai un a m ui notable excepción en la. época
presente. E n una relación publicada hace poca (W a ls h ’ s
N a rra tiv e) se d ic e : fí los ju d ío s de Constnnt.inopla son
u n a raza furiosa y fanática : despues de tantas persecu­
ciones y padecim ientos todavía no lian aprendido la m ode­
ración, y persiguen de m uerte á todo el que abandona sus
d o ctrin as,” tam bién se a se g u ra : (í que ú ltim am en te en la
insurrección de los griegos, han dado m uestras del odio
inveterado que siempre han tenido contra los de esta n a ­
c ió n .’ 1 E sto que sin duda es una excepción de su caracter
general, en nada rebaja la verdad de la profecía, en la cual
tam poco se om ite esta circ u n s ta n c ia : y m as b ie n puede
considerarse com o una señal de que se acerca el cu m p lim i­
ento de un especial anuncio proíético, que evidentem ente
está por verificarse, es á saber : u V o lv eo s á la fortaleza,
los cautivos que teneis esperanza : lioi tam bién te anuncio
que te daré doblado ; porque m e he extendido u Ju da :
com o u n arco, he henchido a E fraim : y m overé tus hijos,
ó Sion , contra tus hijos, ó G r e c ia ; y te pondré com o es­
pada de fuer t u s /’ Zacar. ix, 12, 13,
LOS JUDIOS, 67
de creer en Jesús, come Salvador de los hombres, de
quien todos los profetas judíos dieron testimonio. M as
los judíos, aunque rodeados por la luz del Evangelio,
permanecen aun en la ceguedad y en las tinieblas: y
su observancia religiosa y opiniones, com o que no
tienen mas autoridad que la saya propia, son las mas
ridiculas y absurdas que pueden concebirse. E llos
han hecho callar la lei de D ios con sus tradiciones.
Cuando leen á M oisés y á los profetas, tienen un velo
que les cubre su corazon. E l pueblo que por tanto
tiempo se distinguió entre todas las naciones com o el
único adorador de D ios vivo, aliora que ha venido la
luz al mundo, ha perdido el conocimiento de su pro­
pia l e i ; y está tan ciegamente preocupado y en tai
ignorancia
D de las verdades reveladas en el Evangelio,
O *
que en la luz del medio dia anda á tientas, com o el
ciego en las tinieblas.
Sus llagas, com o su incredulidad e impenitencia,
habian de ser de larga duración :* y despues de una
continuada serie de diez y och o siglos, estas llagas
todavía están abiertas en muchos lugares de la tierra^
como si hubieran comenzado ayer. Por todos los
paises orientales, son y han sido siempre los ju díos
objetos públicos de un continuo escarnio y de una
crueldad espantosa. T an nuevo es para ios que viven
en A sia y A frica algún genero de compasion, y tan
habituados están á que arbitrariamente se les prive de
los derechos que son comunes a todo hombre, que
cuando se ejerce con ellos algún acto de justicia 6 de
humanidad por algún caritativo viajero, no solo se
LOS JUDIOS.

sorprenden de ello los misinos judíos, .sino que se llenan


de indignación ios naturales del pais. T odavía sub­
sisten en casi todos los países de Europa muchas
rígidas leyes contra ellos. Solo de poco tiempo ;í esta
parte en algunos estados pequeños, se ha establecido
para con ellos una policía mas liberal é ilustrada. ¿Y
quien es el que teniendo presentes las espantosas cala­
midades que por tan largo tiempo han estado sufriendo
tu todas partes, 6 creyendo que el recibirles seria sacar
de la muerte a la vida á los que están sentados en las
tinieblas bajo la sombra de la muerte, y también tilos
que viven solo de nombre y realmente están muertos ;
podra dejar de interesarse ardientemente en la mejora
de su inerte, dirigiendo ú D ios la mas fervorosa su­
plica para que se apresure el tiempo en que se cierren
tan inveteradas llagas, y ponga con su divina mano el
bendage de la llaga de su pueblo?.y sane la abertura de
tan profunda herida? Seguramente este es el tiempo
de probar si la suavidad y bondad cristiana, y los esfu­
erzos de la caridad, de los Cuales deben prometerse las
bendiciones de D ios, son medios nías adecuados de
preparar el camino de su conversión, y de efectuar eti
m ucho menos tiempo la consumación profetica de todas
sus miserias, que todas las medidas de coercion crueles
y barbaras que jamas se han usado ó se puedan
aplicar.
Otras muchas profecías favorables á los judíos son
otros tautos testimonios que se reservan para lay futu­
ras generaciones. E l lector podra recorrerlas por si
mismo en la Biblia, D eut. xxx. 3 — 5 j Isa, xú 1 1 ,1 2 :
LOS JUDIOS. 69
Ix. 9 ,1 0 ; lxi. 4 ; Jer. xxxi. 37, &c. ; E zeq. xxxvi. ;
xxxvii*; Zacliar. ix. 12 ; A m os ix. 1 5 ; M iqueas ii.
12. Que entre tantas revoluciones como ha habido
en los reinos de la tierra desde los dias de M oisés hasta
el presente, esto es en un periodo de mas de tres mi]
y trescientos años, nada haya ocurrido que sea capaz
de impedir la posibilidad del cumplimiento de estas
profecías ; antes al contrario que el estado de los ju ­
díos, el de los cristianos y el de los gentiles en la pre­
sente época, todos concurran á que tengan un facii y
literal efecto en todas sus partes, siendo esta la volun­
tad de D io s ; es un milagro que no tiene igual entre
todos los fenómenos de la naturaleza.
P or lo que toca a lo pasado, com o ya hemos visto
en el resumen de sus miserias; los hechos mas p or­
tentosos y espantosos, cuales jamas han ocurrido en
otro pueblo, forman la narrativa ordinaria de la historia
de los judíos ; dejando cumplidas literalmente las pro­
fecías que les conciernen. Estas profecías son tan
antiguas com o los mas antiguos escritos que existen
en el mundo. Son tan claras é inteligibles com o
lo puede ser cualquiera historia. M uchas de ellas
son en la apariencia contradictorias é irreconcilia­
bles entre s i : y sin embargo todas son literalmente
verdaderas, y están en todas sus partes identifi­
cadas y comprobadas con el mismo destino y suerte
que ha cabido á los judíos. L ejos de poder ser una
invención ó imaginación de la sabiduría humana,
en todo el ámbito de la naturaleza no se ha pre­
sentado jamas un cuadro de iguales acontecimientos.
70 LOS JUDÍOS.

Los hechos son visibles y están presentes, y son


aplicables á las mas pequeñas circunstancias. ¿ Podia
M oisés, no siendo mas que un hombre mortal, desti­
tuido de la luz de la inspiración, haber descrito ia his­
toria, destino, dispersión, padecimientos, y carácter do
los Israelitas hasta el dia presente, esto es. por espacio
de treinta y tres siglos; cuando al descender del Sinai
se quedó atonito y sorprendido al ver com o aquel
pueblo había cambiado de sentimientos y de conducta
cu el espacio de solos cuarenta d ía s? ¿ E r a posible
que diversas personas en épocas diferentes, hubiesen
dado testimonio de unos nnsmcs o de semejantes
hechos futuros con tanta maravilla como lo es el pun­
tual cumplimiento de su vaticinio ? ¿ Pudieron ellos
publicar tantos secretos en lo por venir, cuando nece­
sariamente los ignoraban del todo ? ¿ O pudieran
por su propia sagacidad haber previsto los sucesos que
habian de verificarse centenares y millares de años
después, conociendo que com o todos los demas homr
bres mortales, no podían saber ni prever lo que en un
dia 6 cu una hora les sucedería a ellos m ism os? ¿ No
eran infinitas las probabilidades que habia contra
ellos ? E l espíritu del hombre no pocas veces fluctua
entre la duda y la .incertidumbre aun cuando se trata
de sucesos que están cercanos y de resultados mui
probables : mas si se trata de edades remotas por miles
de años, y de hechos que les pertenecen contrarios ú
todo dato anterior, a la experiencia, (i la analogia, y á
lo que puede imaginarse y concebirse, halla que esta
obscuridad es tan impenetrable como la de la misma
LOS JUDIOS,

muerte. M irando so]o á la dispersión de ]os j ti dios,


con aignnas de las circunstancias que Ja acompañaron
— su ciudad devastada— su templo, que antes formaba
c\ punto fijo ó resorte principal de su culto religioso,
arrasado hasta el suelo y pasado el tirado sobre su area
— su pais desolado— ellos mismos asesinados en masa,
y pereciendo :1 filo de la espada, de hambre y de peste
— el resto que quedaba despojado— perseguido, escla­
vizado y llevado cautivo— arrancado de sus bogares no
para ser . desterrado á algiui pais montuoso donde
pudiese subsistir con seguridad, sino para ser disper­
sado entre todas las naciones, y abandonado á la dis­
creción del mundo, que en todas partes les aborreció
y oprimió— hechos pedazos y esparcidos por la tierra
como los fragmentos de un bajel naufrago en medio
del mar despues de una gran tormenta— en lugar de
desaparecer confundiéndose y mezclándose entro las
naciones, conservados con entera separación com o un
distinto y un mismo pueblo en todos los reinos de la
tierra— recibidos en todas partes con los mismos in­
sultos, escarnio y opresíon— si llegaban á encontrar un
lugar de reposo, arrojados y dispos eid os de él inmedia-
taimente p or sus enemigos— multiplicados en medios de
tantas miserias, de suerte que aunque quedaron pocos
en numero, si se tratara al presente de su restableci­
miento, se inundaría la tierra con su muchedumbre—
el haber sobrevivido á sus enemigos— haber sido es­
pectadores sin cambiarse ni mudarse, de la extinción
de muchas naciones, y de las convulsiones y revolu­
ciones que lia habido en todas— robados de su oro y
72 LOS JUDIOS.

plata, y dominados siempre hasta el presente de la


codicia, que es la piedra del cscandalo de su iniquidad
— privados frecuentemente de sus propios h i j o s -
separados, desorganizados; mas siempre uniformes y
sin alteración— en todas partes quebrantados* pero
jamas rotos— siempre oprimidos, mas nunca destruidos
— débiles, tímidos, tristes y afligidos — 110 pocas veces
conducidos al extremo de una desesperación con el
espectáculo de su misma miseria— hechos objeto de
las hablillas, del ridiculo, escarnio e infamia de todos
los pueblos— y siempre, com o ahora son aun, el pro­
verbio y el dicterio general de todo el mundo : mirando
pues, decimos, todo este conjunto de hechos, que cada
uno de por si por su naturaleza podia desafiar la mas
perspicaz y sutil conjetura, ¿ com o era posible que un
mortal por encima de cien sucesivas generaciones, hu­
biese podido prever alguna de estas maravillas que
ahora son visibles en estos últimos tiempos ? ¿ Quien
sino el Padre de los espíritus, poseedor de una cabal
presciencia y conocedor de la voluntad y acciones de
todos los agentes libres, inteligentes y morales, podia
haber revelado la incesante é interminable vagancia de
los ju díos, declarado su destino, y desenmascarado á
ellos y á sus enemigos en todas las edades y regiones?
C on tanta ligereza é inconsideración llamaríamos obra
del acaso á la creación, del mundo, com o á la revelación
de todas estas cosas : en las cuales se nos presenta á
la vista un cuadro y una demostración del poder y
presciencia de D io s y de la verdad de su palabra. Y
aunque esta revelación 110 es mas que una pequeña
LOS JUDIOS. 73

parte de la evidencia cristiana; esta es k piedra del


escandalo en que tropiezan todos los incrédulos, com o
en una barrera insuperable, la cual no podra jamas
evadir todo la ingenuidad de los escepticos, y mucho
menos destruir por mas esfuerzos que para ello llagan.
“ L a ira del Señor no cesará hasta que haga y
cumpla el pensamiento de su corazon : en los ultimas
dias entenderemos estas cosas.” A u n q u e en un tiempo
se unió el Señor con toda la casa de Israel y con toda
la casa de Juda, com o con el cinto que ciñe al hombre
en sus lo m o s ; cuando despreció sus mandamientos, y
anduvo contra ellos, y no quiso volver atras de su mal
camino, se acabó su paz* sus bondades amorosas y su
misericordia con ellos, y los arrojó lejos de su vista.
Mas solo cuando su cuello se hizo tan duro com o el
hierro, les puso un yugo de hierro.
¿ Que es lo que estas viendo ? preguntaba el Señor
al profeta, Jerem. i. 1 lj cuando hizo que apareciesen
ante el los signos de los ju icios que habían de venir
sobre los ju dios : y estas palabras se repetían al mani­
festarse cada uno de aquellos signos. Y ahora mirando
sus pasados y actuales padecimientos, prolongados por
tantas edades y que no se han terminado aun, y cuando
todos y cada uno de ellos han sido com o un signo
que nos ha puesto por delante para que le pudiésemos
ver; la voz del Señor es la que parece nos pregunta
a nosotros de nuevo : “ ¿ que es lo que estas viendo ? ”
Y ¿ quien es tan ciego para no ver que los judios en
medio de todas las naciones de la tierra, son como una
prenda., 1.111a señal, una maravilla, un testimonio para
ii
74 LOS JUDIOS.

todos los pueblos de que los profetas hablaron, no de


visiones imaginarlas de su propio corazon, sino por
b oca del Señor, y que las calamidades de los judíos 110
han sido obra del acaso, sino efecto de sus altos ju i­
cios ? Y cuando el Señor asi te habla, respóndele.
¿ Y quien es tan sordo que no confiese con sus labios
que este es el Señor que obra maravillas ante nuestros
o jo s ; y que aunque los ju díos do observen su s man­
damientos ni teman su grande y glorioso nombre—
el S eñor D io s t u y o ; sus espantosas'llagas, y las
llagas de toda su semilla, han manifestado claramente
que sus preceptos deben ante todas cosas ser obedecí"
dos y cumplidos, y que el temor de su grande y g lo ­
rioso nombre debe sobrepujar á todo otro temor ?
L o s mas ignorantes podran con esto aprender que
“ D io s n o perdonará á los que sean cu lpa b les/' Y
aun aquellos que no meditan en lo excesivo de la abo­
minación del pecado, á. pesar del ejem plo que se dio al
universo en la pasión del H ijo de DioSj por cuyo medio
fue condenado el pecado en la carne ; pueden mirar y
ver cuan terrible es contra el la indignación de D ios
santísimo, en el visible ejemplar con que han sido
ejecutados en los judios sus altos ju icios. Su castigo,
com o su pecado, está escrito con pluma de acero y con
punta de diam ante: ¿ como lees tu ? Si esto no te
sirve de lección, donde podras instruirte ? E l hombre
cu yo idolo es el mundo, aprenda aqui cuan terrible es
la maldición que va adicta á la avaricia. E l orgulloso
con sus privilegios de que hace mal uso, aprenda aquí
á abstenerse de pervertirlos rectos caminos del Señor
LOS JUDIOS. 75
ó de fiarse en esperanzas aereas, considerando que el
pueblo en otro tiempo escogido de D ios, espera aun
la venida del M esias, cuando su sangre está pesando
sobre sus cabezas. E l que hace alarde de su ilustre
nacimiento aprenda aqui á humillarse, al ver la semilla
de Abraham, cuya genealogía remonta hasta la era de
la creación, hecha la basura de la tierra y las hoces de
toda carne. E l que jura profanamente aprenda aqui
cuan grande y glorioso es el nombre que toma en va n o:
y cuan terrible es el castigo que le aguarda si no se
lava su pecado con la sangre de Cristo. E l que se rie
y hace burla de los juicios y de las amenazas de D ios,
aprenda aqui com o lo enseñan millares de hechos que
los ju icios con que amenaza D io s siempre se han veri­
ficado y jamas han sido en vano : y si con sabiduría,
afecto y gracia considera maduramente los ju icios que
ha ejecutado ya el Señor en la tierra sobre un singular
pueblo, 110 solo retemblarán sus o idos con la relación
de tamañas desdichas, sino que, pasando de los casti~
gos generales de toda una nación a los de cada indi­
viduo en particular, de los temporales á los eternos, de
los que cayeron sobre los judíos, á los que sobreven­
drán á todos los que u obren la m a ld a d ;” su corazon
temblará : y la sola idea de proferir otra palabra impia
contra la religión de Jesús, sera mas horrible y temi­
ble á su agitado espíritu, que todo el cúmulo de
miserias y de desdichas que han sufrido los judios. Y
en fin el mismo cristiano, en vista de tales temporales
juicios, no solo aprenderá aqui á temer mas y mas el
grande y glorioso nombre del Señor D ios suyo, sino
ii 2
76 LUS JUDIOS,

que podra hallar nuevas razones para apreciar mas y


mas las gracias tle la redención, y para Imir con reno­
vado gozo de la ira futura.
Mas los juicios nacionales tan claramente pronun­
ciados contra los judíos y tan literalmente cumplidos
en ellos, no se limitan á ellos solos* E n la misma
santa y verdadera palabra en que se escribió la sen­
tencia contra sus iniquidades cuando las cometiesen,
está también escrito que el Señor, que ahora los aban­
dona por largo tiempo á ser la maldición y reconven­
ción por todo el mundo, tiene una controversia con
todas las naciones, y disputará con toda carne y ha
señalado un año de recompensa para la controversia
de Síon : un tiempo para probar todo lo que hai sobre
la faz de la tierra. Recordando esta verdadj no p o ­
demos al mismo tiempo dejar de considerar la mal­
dición pronunciada contra los falsos profetas y doc­
tores entre los judíos, que curando con paliativos las
heridas del pueblo, y diciendo paz, paz, donde no habia
paz, les mantenían en el error con sus imposturas y
delirios ; y al cerrar este pequeño é incompleto cuadro
de las calamidades judiciales de Jos judios, tampoco
podem os abstenemos de instar al lector en orden k
que medite seriamente sobre el terrible aviso que á
todos dan estos juicios para que teman y se aparten
del pecado : para que vean com o en ellos se nos pre­
senta el pecado desnudo y sin disfraz y con toda su
abominación, com o aparece en la presencia de D i o s :
en toda su fealdad, como hijo del infierno, y con todo
su peligro para las naciones en general y despues en
LOS JUDIOS. 77
particular para sus individuos, com o encadenado y
sujeto á un estrecho ju icio, á no ser que rotos sus
eslabones se recurra con tiempo á la redención por
medio de nuestro Salvador. ¿ Y donde está el pue­
blo, aunque tenga el nombre de cristiano, á quien con
toda seguridad se le pueda decir : paz, paz ? ¿ Quien
puede decir que no es llegado el tiempo, en que los
nías amantes de la especie humana sean los qne levan­
ten mas el grito para avisarla de su peligro ? C om o
el barro en la mano del alfarero, asi la casa de Israel
y todos los demas pueblos están en la mano del Señor.
D e repente hablaré contra una nación y contra un
reino, para desarraigarlo y destruirlo y maltratarlo : si
aquella nación se arrepintiese de su mal de que yo le
he reprendido, yo también rne arrepentiré sobre el mal
que he pensado hacer contra ella : y súbitamente ha­
blare de la nación y del reino para edificarlo y plan­
tarlo : si hiciere el mal ante mis ojos de manera que
no escuchare mi voz ; me arrepentiré del bien que dije
que le liaría/* Jerem, xviii. 7 — 10.
H em os visto los ju icios del Señor sobre la casa de
Israel, \O ! vuelvan ellos al Señor, para que el
Señor tenga de ellos misericordia ! E sto dice el
Señor : si no he establecido pacto entre el día y la
noche, y leyes para el cielo y la tierra, tampoco dese­
chare yo el linage de Jacob y de D avid mi siervo,
para lio tomar de su linage principes de la estirpe de
Abraham, de Isaac, y de J a c o b : porque haré volver
de ellos á los que vuelvan, y me apiadaré de e llo s /’
Ib. xxxiii. 2 5 , 2G.
ii 3
c a p . y.

PROFECIAS SOBRE LA. JUDEA Y PAISES ADYACENTES.

L a Judea, pais nativo de ]os judíos, llamada también


Canaan, Palestina y Tierra Santa, cuya capital era
Jerusalem ; fue tan excesivamente fértil, que (com o
dice V olnei, escritor bien conocido entre los incrédulos
de estos tiempos, de quien citaremos luego á la letra
varios pasages en prueba de su actual desolación) la
contaban los griegos y los romanos entre sus mejores
provincias. Varios historiadores celebres de la anti­
güedad dan expresamente testimonio de su grande
poblacion* magnificencia de algunas de sus ciudades,
excelencia de su clima y fertilidad de su suelo ; tanto
que competía con la Italia en la abundancia de sus
frutos, y en el exquisito esmero y perfección de su agri­
cultura : y asi la Siria inclusos los paises de A m on,
M o a b y la Filistia, com o también la Judea, era pro­
verbialmente llamada por los griegos el jardín. En
tanto grado de estimación fue tenida la amenidad y
fertilidad de la Judea, muchos siglos despues que las
profecías anunciaron su futura y por tanto tiempo con­
tinuada desolación.
La tierra es del S e ñ o r: y asi como fue objeto de
maldición por causa del hombre cuando este cometió
su primer pecado contra D ios, asi igualmente la glo­
riosa tierra de Judea fue maldecida y entregada a
Y PAISES ADYACENTES. 79

“ desolación de muchas generaciones” que hablan de


pasar sobre ella, por causa de los pecados del pueblo
á quien D ios la habia dado, y para el cual está aun
reservada para que la posea perpetuamente, cuando
llegue el tiempo en que se convierta y vuelva al Señor
D ios de sus padres.
Las calamidades de los Israelitas habian de levan­
tarse progresivamente al compás de sus iniquidades ;
la desolación de su pais, y el ser desterrados de el, se
cuentan entre los castigos que se les habian de im­
poner, M uchas profecias relativas á esto, en que cabe
una literal interpretación, y que han tenido un exacto
cumplimiento, son en gran copia claras y expresivas.
“ Reduciré á desierto vuestras ciudades, y haré
yermos vuestros santuarios,,, y destruiré vuestra tierra,
y se pasmarán vuestros enemigos sobre ella..* quedará
yerma vuestra tierra y vuestras ciudades arruinadas :
entonces gozará la tierra sus sabados... mientras que
dure la desoiacion reposará," Levit, xxví. 3 1 — 5 5 , 4 3 ,
L os principales rasgos de la desoiacion de la Judea
se presentan por menor en otras profecias, Isa. i. 7 ;
xxiv. 1— 1 3 ; xxxih O— 1 5 ? xxvii. 1 0 ; Jerem. iv,
2 0 — 26, 2 8 ; xii, 7 — 1 4 ; Ezeq, xii. 19, 2 0 ; y ex­
actamente convienen con las descripciones de los via­
jeros modernos. L a visión de los profetas fue tan clara
como Ja vista de ojos del que lea ahora la historia de
la Judca, ó recorra y vea aquel p a is: al paso qne los
muchos vestigios de su antigua cultivo, las ruinas que
■j un rían poi1 todas partes, los restos de los edificios
romanos y de sus caminos, y la natural riqueza del
80 PEOFECTAS SOBRE IA JUDEA

suelo, que en m uchos terrenos ha quedado inalterada,


conviene con la voz universal de la historia en dar tes­
timonio indudable de que por muchas edades, despues
de la era en que vivieron los profetas, la Judea fue del
tocio un pais diferente cíe lo que es ahora, ó cual ningún
mortal pudiera concebir que vendría a ser despues de
tan largo espacio de tiempo.
(í L a tierra debía ser destruida por estrangeros:
desgracia habia de sobrevenir sobre desgracia y de­
strucción sobre destrucción : la tierra había de quedar
desolada: las desolaciones habían de durar por muchas
generaciones.” Despues de una larga y 110 interrum­
pida posesion de la Judea por los israelitas, los Cal­
deos, Siros, E gipcios, y Rom anos sucesivamente fue­
ron los estrangeros que llevaron la destrucción sobre
destrucción y prepararon el camino para otros mas
barbaros desoladores. V olnei nos da una cabal y ex­
acta historia de Ja Judea en los doce últimos siglos.
“ E n el año 6 2 2 ( 6 3 6 ) las tribus Arabes bajo las
banderas de Mahoma» se apoderaron de ella, o mas
bien la devastaron, D esde aquella época, destrozada
por las guerras civiles de los Fatimitas y de los O m ­
ni iadas, separada del imperio de los califas por sus
rebeldes gobernadores, quitada á estos por la soldadesca
turca, invadida por las cruzadas de Europa, vuelta á
ocupar por los M am elucos de E gip to, devastada por
Tam crian y sus Tarta ros, cayó por ultimo en poder cíe
los Turcos O tom anos.” H a sido hollada y ajada por
los gentiles— arruinada por los estrangeros— ha sufrido
desolación sobre desolación.
Y PAISES ADYACENTES. 81
“ Las ciudades debiau quedar devastadas." Según
el uniforme testimonio de todos los viajeros, la Jüdea
solo presenta ahora un campo de ruinas : estasj aun­
que en general no habitadas, conservan los nombres
de sus antiguas ciudades. M ontones de escombros y
de ruinas son los restos de Cesar ea, Zabulón, Cafar-
naum, Betsaida, Gadara, Xariquea y Corazím. L os
desoladores desempeñaron cumplidamente la obra para
que fueron destinados en aquellas ciudades donde
vivieron y predicaron Cristo y sus discípulos. C o­
lumnas cubiertas do escombros, c informes y algunas
ve cea extensos montones de ruinas se hallan esparcidos
por todo el pais. L o s restos de Arimatea* muestran*
según dice Y o ln ci, que debió haber tenido com o cin co
millas de circunferencia. Las ruinas de Gerasa, { L j e -
rashj) según las describen varios viajeros, son aun mas
suntuosas que Jas de Palmira* M as de otras mu ellas
ciudades en otro tiempo ilustres de la Palestina, ape­
nas hai vestigio : estas quedaron del todo devastadas.
(í L a tierra debia quedar desolada— descansar y
gozar sus ¿a b a d os: y mientras que los hijos de Israel
permaneciesen en la tierra de sus enemigo^, otio
tanto habia de durar la desolación de la suya.” Ya
son cerca de diez y och o siglos que están en la tierra
de sus enemigos ; y su propia tierra subsiste aun de­
solada. L a espada se desenvainó contra ellos y el
arado se quedó en la Judea. L o s campos mas fér­
tiles están in cu lto s: tribus rebeldes hacen continuas
correrías por el pais : los Arabes entran libremente en
el á postar sus gan ados; “ la agricultura, diceV oInei,
82 PROFECIAS SOBRE LA JUDEA

se halla en el mas deplorable estado, y el paisano se


ve precisado á labrar la tierra con el fusil en la mano
los valles mas fértiles y amenos, están cubiertos de
cardos de varias especies : algunas de las montañas son
casi inaccesibles por su maleza y fra gosida d: las
plantas silvestres y la hierba en las llanuras detienen
no pocas veces al viajero, pues crecen y se ensanchan
tan lozanamente que con dificultad pueden dar un paso
los caballos: y como dice Burckardo, celebre viagero,
todo el distrito de Tiberias está cubierto de arbustos
espinosos. í£ L a tierra está enlutada y devastada, y
ha sido reducida á una desolada soledad : sobre la tierra
de mi pueblo crecerá la mala yerba y las espinas.”
** Vuestros caminos quedaran destruidos y desiertos,”
Levit, xxvi. 22 ¿ Isa. xxxiii, 8. L o s caminos están
destruidos: el viajero ha desaparecido. L a Judea
estaba cruzada de caminos en todas direccion es; y la
com unicación entre sus machas y populosas ciudades
era continua y sin interrupción. Todavia están á la
vista los vestigios de los caminos antiguos, ahora inu­
tilizados é intransitables. ** En lo interior del pais,
dice V oln ei, ni hai caminos, ni canales, ni aun puentes
sobro los .ríos y arroyos, aunque son mui necesarios en
el invierno. L o s caminos en las serranías son malos
en extrem o: en ninguna parte se hallan posadas> ni
postas, ni conductores p ú b lico s : no se encuentra un
carro ó carreta en toda la Siria»” Estos mismos nota­
bles hechos se refieren por otros viajeros. En un pais
donde se carece absolutamente de toda especie de car­
ruajes, precisamente han de haber sido del todo aban­
Y PAISES ADYACENTES.

donados los caminos, aunque fuesen en otro tiempo


numerosos y excelentes : y estos desiertos donde á
cada paso están los viajeros en peligro de ser asaltados
por bandas de Arabes que les saquean y roban sin pie­
dad, precisamente han de ser p oco frecuentados.
Digan pues ahora los discípulos de Volnei^ si esta tan
extensa y circunstanciada descripción del estado de
este pais, no es lo que contiene en dos palabras aquella
breve y profetica sentencia de M oisés y Isaías, pro­
nunciada por el primero treinta y tres y por el segundo
veinte y cinco siglos hace.
Tam bién las profecías expresan y repiten mas de
una vez asi la condicion de los habitantes de la Judea
como la de la tierra misma, cuando la casa del Señor
fuese dejada, *y su herencia abandonada y entregada
en manos de sus enemigos, M u ch os pastores
habían de destruir su viña, rehollar *su parte: hacer
de su porcion amena y codiciable un desierto de solé-
dad* P or todos los caminos del desierto vendrían de­
struidores, el cuchillo lo devoraría todo, no habria paz
para ninguna carne,— Sembrarían trigo y cogerían es­
pinas : suS afanes no les servirían y quedarían aver­
gonzados de sus frutos,” Jerem. xii. 10— 13, Tam-r
bien en otra profecia se dice que cuando fuesen los
Israelitas dispersados entre las naciones y esparcidos
por varios paises, los habitantes de Jerusalem y de la
tierra de Israel, “ comerían su pan con afan y beberían
su agua con desolación; porque desolada seria la
tierra de su muchedumbre por las maldades de los que
la habitan,” E zeq. xiú 19, 2 0 . Mientras que los
84 PROFECIAS SOBRE LA JUDEA

antiguos poseedores de la tierra habian de ser disper­


sados fuera de ella ; por los que en ella morasen había
de ser m anchada: sus habitantes serian desolados y
quedarían pocos. Su estado de tristeza se describe
a s i: “ L loró la vendimia, enfermó la vid, gimieron
todos los que se alegraban de corazon : cesó el gozo
de los panderos, se acabo la algazara de gente alegre,
calló la melodía de la citara. N o beberán vino con
cantares. T od a alegría quedó desierta, desterrado
fue todo eí gozo de la tierra,” Isa, xxiv, 7 — 11. Este
es por todos sus aspectos el fiel retrato de los mora­
dores actuales de Ja Judea, mientras que el Señor ha
abandonado su herencia y la ha dejado en manos de
sus enemigos, y mientras que sus antiguos poseedores
están fuera de ella esparcidos por las naciones, Y
aunque son muchos los testimonios que pudiéramos
citar aqui en comprobacion de cada uno de estos
hechos, V olnei solo, com o testigo sin excepción y nada
sospechoso, bastara por todos.
Con todo cuidado anota eJ importe de lo que pro­
ducen al gobierno turco las diversas provincias en que
está dividida la Siria con sus bajás á la cabeza, es a
saber :—
L a de A le p o . . . . 8 0 0 bolsas.
T ripoli . . . 750
D a m a sco . * 45
A c r e ......... 7 5 0
Palestina —

Total , . . 2 3 4 5 bolsas (0 0 8 ,0 0 0 pesos,)


Y PAISES ADYACENTES. 85

L a renta de la Palestina (en que su incluye la Filistia


y parte de Judea) se concedió por el gobierno turco a
dos individuos. Y junto con la de D am asco que es
mucho menos que la de las demás provincias formaba
casi todo el producto de la tierva santa. u Ellos se
avergonzarán de sus frutos.” E l gobierno de los turcos
en la Siria es enteramente un despotismo m ilitar: esto
es, todos sus moradores están sujetos á los caprichos
de una facción de hombres armados que disponen de
todo según lo exige su ínteres- ó su antojo. En cadá
gobierno el baja es un despota absoluto. Lim itados
los habitantes de los pueblos á lo puramente necesario
para la vida, no tienen mas artes que las indispensables
para su subsistencia. Fuera de poblado están en
continuo riesgo, y dentro no tienen seguridad alguna.
La barbarie es completa en la Siria, T od os viven en
un estado de continua alarma. E l paisano teme ex-
citar la envidia de sus iguales y la avaricia del agá y de
sus soldados. E l subdito que vive en un pais donde
esta perpetuamente espiado por un gobierno despo­
jador, preciso es que se revista de un aspecto serio y
melancólico por la misma razón qne le obliga á ir ves­
tido de andrajos¡ ó en otras palabras, í( por las mal­
dades y la violencia de los que inoran en ella.3' Tal
es el testimonio de V o ln e i: “ sus habitantes son de­
solados : ellos comen su pan con afan y beben su agua
con desolación : sus afanes no Ies aprovechan : no hai
allí paz para ninguna carne : la tierra está desolada
por las maldades de los que inoran en e lla /'
P ocos habian de quedar, “ Tan corta poblacion
86 -PROFECIAS SOBRE LA JUDEA

en tan excelente pais tleja atónito al viajero, y mucho


mas si compara el presente numero tle habitantes con
los que tenia en ]os tiempos antiguos* E l sabio g e ó ­
grafo Estrabon nos informa que solo los territorios de
Yarnnia y Jope en la Palestina eran tan populosos,
que ponian en campana cuarenta mil caballos : ahora
escasamente podran presentar tres m il.” “ E l estran-
gero que venga desde lejos se quedará atónito al ver la
tierra y esto es lo que le sucedió al viajero Volnei,
según su misma expresión, “ Ellos no tienen mas
música que la vocal, porque no conocen ni estiman 3a
instrumental: y en esto hacen bien, porque ]os instru­
mentos que tienen, sin exceptuar sus flautas, son de­
testables.” — “ Ces6 el gozo de los panderos, se acabó
la melodía de la citara.” (í Su canto va siempre acom ­
pañado de suspiros y gesticulaciones: puede decirse
de ellos que sobresalen en el genero melancólico. Al
ver á un arabo con su cabeza inclinada, la mano puesta
en el oído, las cejas arrugadas y juntas, los ojos lán­
guidos : al oír sus tonos melancólicos, sus gemidos y
sollozos, es casi imposible contener las lagrimas.” Su
verdadero placer es la melancolía, sus diversiones ó
pasatiempos, en todo se resienten ele sn tristeza:
u gimen todos los que tenían el corazon alegre, calló la
algazara de gente alegre.” u Sus modales son serios,
austeros y melancólicos ; rara vez se rien : y la alegría
de los franceses para ellos es un golpe de delirio : su
continente es serio ó mas bien triste y m elancólico.1'
" T oda alegría quedó desierta, desterrado ha sido el
gozo de la tierra,” Volnei cita á los mismos judíos
y PAISES ADYACENTES. 87

como ejemplo para manifestar que se lia mudado en­


teramente el caracter do aquel pueblo, respecto de lo
que era en los antiguos tiempos. “ U na de las prin­
cipales ocasiones, continua el mismo, de alegría entre
nosotros, es el intercurso social de la mesa y el liso del
vino. Para los orientales (S ir o s ) son desconocidas
estas dos fuentes de placer. L a buena mesa les ex­
pondría infaliblemente á mía extorsion^, y el vino á un
castigo personal, por el celo'con que la policía cuida de
la observancia de ]os preceptos del A lcorán. Con la
mayor repugnancia toleran los musulmanes á los cris­
tianos el uso de un licor que les envidian,” L o s vinos
de Jerusalem (porque la Judea era pais de mucho
viñedo) com o dice otro viajero, son los mas detesta­
bles : y otro también añade que probablemente son
los mas malos que puedan hallarse en ningún pais.
“ Lloró la vendimia, enfermo ia vid : no beberán vino
con cantares.”
L a excepción de esta general desolación es uno de
los mas notables y distintivos rasgos de la Judea, y al
mismo tiempo una de los mas maravillosas profecías que
hablan de ella, y com o la ultima pincelada del pintor
para completar y perfeccionar su cuadro ; “ Estas
cosas serán en medio de la tierra com o si algunas
pocas aceitunas que quedaron se sacudiesen de Ja
oliva, y algunos rebuscos despues de acabada la ven­
dim ia... En aquel dia se marchitará la gloria de Jacob
... y será com o el que va á espigar lo que quedó
despues de la siega, que coge las espigas con su mano
... y quedará en el com o racimo de rebusca, y com o
i 2
88 PROFECIAS SOBRE LA JUDEA

cuando vareada la oliva quedan dos ó tres aceitunas


en la punta. de una rama, o cuatro 6 cinco de sus
frutos en lo alto del árbol,” Isa. xxiv, 13 ; xvii. 4 — 6.
Esta raetafora significa lo mismo que se dice clara­
mente y sin rodeos en otras partes, es á saber, que
aunque la Judea quedaría pobre com o un campo se­
gado ó com o una viña despues de la vendimia; no
seria su desolación tan completa que no quedase allí
algún vestigio ó resto de su pasada abundancia, y
com o algtm rebusco de su antigua gloria. Y asi es á
la verdad. Cualquiera sitio que se fije para residencia,
ó se asigne com o propiedad do nn agá turco, ó de un
jeque arabe, á poco que se cultive, y proteja, pronto
vuelve á manifestar la fertilidad, amenidad y hermo­
sura de ¡atierra de Cansan. E l jardín de G edin con
muchos olivos, almendros, melocotones, albaricoques
é higueras.: N apolosa, la antigua Sichein, en el seno
sombreado y delicioso de fragantes arboledas y entre­
tejidas enramadas, y com o escondida entre jardines y
arboles frondosos y corpulentos : el valle de Z a b u ló n :
ricos arbolados en los montes de Giíead, aunque sus
faldas están solo cubiertas de ca rd os: el valle de San
Juan, junto á Jerusalem, coronado de olivos y viñe­
dos, con exquisitas higueras y almendros en su hon­
donada : todo esto se ve en medio de terrenos incultos
y abandonados, com o otros tantos jardines de Edén en
medio de un desierto : y exactamente se puede decir
que son com o los rebuscos despues de acabada la siega,
ó com o las pocas aceitunas que quedan en el olivo
despues de vareado. M a s quien pudiera imaginar
Y PAISES ADYACENTES. 89

que una misma causa habia Je producir tan opuestos


resultados : o que la misiona mano que vareó el olivo
habia de dejar salvas c intactas unas pocas aceitunas
en lo mas elevado de las ramas ?
De Samaría capital de, las diez tribus de Israel
estaba profetizado : “ Pondré á Samaría com o monfcon
de piedras en el campo, cuando se planta una viña : y
arrojare sus piedras en el valle y sus cimientos descu­
briré,” M iqueas i. 6. H ero des el grande extendió y
hermoseó á Samaría. P or espacio de varios siglos de
la, era cristiana hubo en ella silla ep iscop a l: y todavía
existen‘muchas de sus antiguas monedas y medallas.
Estas son las únicas memorias que quedan de una
ciudad, qne ya hace largo tiempo ha dejado de existir.
Sus piedras han sido arrojadas al valle. U n o de los
primeros viajeros moderaos que la visitaron, dice que
su area estaba toda cubierta de jardines: y otros, que
la han visto recientemente, hablan de la misma manera
“ de la montaña donde en otro tiempo estaba situada
Samaría,” añadiendo que su,local aspecto en el dia es
el que se expresa en la amenaza del profeta M iqucas.
f< Jerusalem habia de ser hollada por los gentiles
hasta que los tiempos de los gentiles quedasen cum­
p lid os/’ M il y ochocientos años despues que pro­
nunció esta profecía el autor de la fe cristiana, pod e­
mos decir que aun 110 se han cumplido estos tiempos
y que Jerusalem hasta el día presente subsiste hollada
por los gentiles. E n vano fueron en las primeras
edades de la dispersión de los judios, todos cuantos es­
fuerzos y tentativas hicieron los mismos para recobrar
i 3 .
90 PROTEGIAS SOBRE LA JUDE.i

su posesion. E l poder de R om a que les arrancó


de su propia tierra, les impidió arraigarse en ella de
nuevo. Y cuando Juliano emperador de R om a oso
poner en duda la verdad de la palabra, algunos siglos
antes pronunciada por el crucificado ; y uniendo su
poder al de los ju dios, sin que nadie se le opusiese,
trató de re-edificar su ciudad y templo y restablecerles
en la posesion de la J u d ea ; quedó frustrada esta ten­
tativa : porque, com o un historiador gentil y otros
escritores refieren, del terreno donde se abrian los
cimientos salian globos de fuego que abrasaban á los
trabajadores, y no pudiendo contrarcstar la fuerza de
aquel elemento, tuvieron que abandonar la obra. Lo
cierto es, y esto solo D io s lo pudo prever y conocer,
que los judíos nunca habían de ser como no han sido
despues restablecidos en la Judea, y que Jerusalem
habia de ser, com o ha sido desde entonces, hollada
por las naciones. Rom anos, G riegos, Persas, Sara-
cenos, Tartaros, M am elucos, Turcos y E gipcios,
Arabes y otra vez los Turcos, siglo tras siglo, la han
hollado sucesivamente. L o s judíos, que aprecian tanto
hasta el polvo de ella, son los únicos que jamas han
podido volver .á su posesion. Y sola la verdad de esta
palabra pronunciada por Jesus á. quien sus padres
crucificaron, es infinitamente mas fuerte prueba de
que él fue verdadero D ios, que cuantas hayan inven­
tado y producido los autores de toda falsa religión.
Tal es al presente la grande desolación y miseria
difundida en las ciudades y la tierra que en otro tiempo
mereció la bendición de D ios sobre todas las de m as:
V PAISES a dyacentes . 91
y tantas y tan claras son las señales de que todas las
maldiciones que estaban escritas han caído sobre ella
y sobre el pueblo, á quien, si no se hubiese separado
de D ios vivo, se le había dado en perpetua herencia.
Consideremos pees, por un lado á los judios dentro
de su pais, viviendo en paz y seguridad, cada uno cui­
dando de su viña y de su higuera, y por otro á los
judios dispersados por todas las naciones, abrumados
con el peso de su iniquidad en la tierra de sus enemi­
gos : comparemos también á la Judea antigua, cuando
era com o un continuado jardín, rodeado de monte-
cilios y collados que le dabati alegría y hermosura,
con la Judea de hoi trasformada en un áspero desierto,
de donde ha desaparecido toda su delicia y amenidad:
y, sí. hasta ahora no hemos hecho reparo en ello,
aprendamos á conocer cuan grande es la diferencia
que hai entre las promesas y las amenazas del S e ñ o r :
entre gozar de sus gracias y bendiciones y ser objetos
de su ira. Presentes están á la vista de todos sus
promesas y amenazas, no solo temporales* sino para
toda la eternidad : y todos estamos en el caso de
escoger entre las unas y las otras. Si las cosas ter­
renas que son el atractivo de los sentidos lian atraído
también nuestro corazon y nos han separado del amor
y servicio de D io s, 6 cegado los ojos de nuestro enten­
dimiento para no ver que andamos fuera del camino
de la fe> y que no atendemos ¡Ti la palabra de D io s que
se escribió para nosotros \ sirvan os de saludable aviso
la Judea y su desolación : y si lo consideramos bien,
hallar emos qne en esta parte 3a escritura fue dada pura
92 PIÍOFECÍAS SOBRE LA JUDEA

nuestra instrucción en la ju sticia : ó á lo menos p o­


dremos aprender que el objeto principal del hombre no
debe ser ni el cultivo de los campiñas, ni la erección
íle ciudades : que estas, aunque fertiles, ricas y mag~
íiificaSj pueden ser aniquiladas en un momento con un
soplo de la ira del S e ñ o r; que su gracia es lo que se
debe procurar y conservar: y que ul estar rico para
con D io s, es el único tesoro verdadero y perdurable.
Y viendo que Dios> despues de haber habJado al
pueblo en ]os tiempos antiguos y de diversas maneras
por medio de los profetas, nos ha hablado á nosotros
por medio de su propio I i i j o ; ¡ con cnanto ardor no
deberán los que hayan oído ó alguna vez lei do ó en­
tendido ]as palabras, las promesas y ]as amenazas de
Cristo y de sus aposteles, velar y orar siempre para
110 caer en )a tentación» para 110 perder la herencia
que es mas preciosa que la de la posesion de ía tierra
de Canaan, y para que jamas caiga sobre sus espíritus
una desolación mas deplorable que la que sobrevino á
la tierra sujeta á maldición por los pecados de aquellos
á quien todavía a] presente en vano les están hablando
M oisés y Jos profetas ! Y ¡ con que diligencia todo
el que crea en Jesús 110 debe trabajar en la alta y santa
vocacion que le ha designado su maestro, y diaria­
mente cultivar mediante la grande misericordia de D ios,
toda gracia y virtud cristiana, hasta que donde antes
no habia mas que un terreno esteril y desierto se forme
la viña del Señor con todos los frutos del Espíritu que
nacen para la inmortalidad y para la gloria, y h a sta

que se logre aquella moral, espiritual, y por lo mismo


Y PAISES ADYACENTES. 93

mas alta hermosura y mas precioso cultivo que el que


puede aplicarse á la tierra fria mas bien preparada y
de la mejor calidad ! V in a que ni la ira del hombre
podra devastar jamas, ni el ángel exterminador desolar,
y que al alma redimida, res catada y separada del pe­
cada le dara parte en la herencia Incorruptible, inmar­
cesible y eterna ! L a tierra de promision que se ofre­
ció á los Israelitas cuando pasaron por el desierto, no
fnc mas que un débil simbolo de la gloriosa herencia
que se presenta ahora á la esperanza del cristiano*
Sean pues las misericordias de Jesús, con cuya sangre
se compro esta celestial Canaan, las que llenen vues­
tras corazones de su amor, hasta que este amor os
fuerze á mirar la palabra de D io s y vivir de tal suerte,
que la perdida de aquella tierra en los judios no sea
también otro débil simbolo de la que sufriréis vosotros
si no lo hiciereis a s i: y que el lugar, esto es, <( el reino
que esta en vuestro interior,” eti que, por la mediación
de Jesús, las gracias de D io s se emplean al presente,
y en que el quiere establecer su morada, jamas sea
abandonado por el, y jamas tengáis parte con los hipó­
critas y los incrédulos que corren con su iniquidad
hacia donde hai llanto y lamento y rechinar de dientes
y completa desolación, tal que no la verán los ojos,
mas la sentirá eternamente el espíritu.

Otros países yacen también desolados ademas de


la Judea : muchas naciones enemigas de los judios
han perecido, en medio de que estos, aunque tan ter**
riblemente castigados, subsisten todavía.
94 PROFECIAS SO BRE'LA JUDEA

Bastará hacer aquí una mera enumeración de las


profecias respectivas a A ramón, M oa b y Filistia ó
pais de los F ilisteos: aunque, sin perjuicio de esto,
quisiéramos que el lector para mas instrucción leyese
atentamente el tratado que acaba de publicar sobre
esta materia la Sociedad de Tratados R eligiosos,
N o . 282.
D e estos paises A m m on, M oa b y Pihstia, todos de
su naturaleza fertiles y de mucha riqueza y poblacion,
que existian aun mucho despues de la era cristiana* se
profetizó: que Am m on habia de ser despojado por
los gentiles, destruido y entregado a una perpetua ó
larga y continuada desolación : que su capital habia
de ser un monton de escombros, un establo para los
camellos ó corral para los ganados : y que los A m ­
mon itas habían de ser separados, perecer todos, y no
ser contados mas en la lista de las naciones. Que
M oa b habia de huir, todas sus ciudades quedar deso­
ladas y sin habitantes, sin que escapase ninguna: que
los habitantes de las ciudades las abandonarían y se
irian á, vivir ¿i los montes, y serian como la paloma que
hace su nido al lado de las bocas de las cavernas : que
las ciudades de A roer servirían de corrales para res­
guardo y descanso de los ganados, sin que hubiese
nadie que les espantase : que sus valles perecerían y
sus llanuras serian destruidas: que naciones que an­
dan errantes vendrían sobre M oa b y Ies hariau vagar
á ellos: que M o a b seria la irrisión, y sus hijas, en el
vado de A rn on, como avecillas extraviadas y arrojadas
fuera de su nido. Que igualmente la tierra de los
Y PAISES ADYACENTES. 95
Filisteos sería destruida, sus . costas habitadas de pas­
tores con sus hatos de ganado : y perecería todo lo
dem as: que Gaza seria privada de su rei; de sus
riquezas y fortificaciones : que se quedaría A shdod sin
habitantes: que A scalon seria desolada y quedaría
desierta, y que Ecron seria arrasada hasta los cimientos.
D el Líbano se profetizó, que caerían sus ramas y
serian sus cedros devorados3 y (aunque ochocientos
años despues de esta profecía estaba toclavia cubierto
de cedros) que los arboles de este monte serian tan
pocos en numero que los podría contar un niño. En
una palabra puede decirse que todas estas profe cias*
por maravillosas que parezcan, se hallan al presente
cumplidas á la letra, com o se confirma por una gran
multitud de incontestables pruebas.
Pasemos á recorrer brevemente las que son con­
cernientes á E dom ó á la Id u m ea : y en esta parte
recurriremos también con preferencia al testimonio de
Volnei. Estas profecias son tan notables que en
algún m odo es importante tener presente todo su
contexto.
“ D e generación en generación será asolada (Id n -
mea) : por los siglos de los siglos no habra quien pase
por ella. Y la poseerán el onocrótalo y el erizo : la
lechuza y el cuervo morarán en e lla : y se extenderá
la cuerda de medir sobre ella para que sea reducida á
nada y plomada para desolación. L o s nobles de ella
no estaran a llí: implorarán con ahinco el socorro de
un reí y todos sus principes se volverán en nada, Y
nacerán espinas en sus casas y ortigas y espinos en sus
96 PROFECIAS SOBRE LA JUDEA

fortalezas, y sera morada de dragones y pasto de aves-


traces. Y se encontrarán los demonios con los ono-
centauros y el peludo gritará el uno al o tr o : alli se
echó la lamia y hallo reposo para s i : alli tuvo su
cueva el erizo y crio sus hijuelos y cavo al rededor y
los abrigó á la sombra de e llos: alli se juntaron los
milanos el uno con el otro» M irad atentamente en el
libro del Señor y leed : no faltó una sola cosa de
aquellas: la una no buscó á la otra : porque ío que
de mi boca sale, el lo mandó y su Espiritu mismo ha
congregado estas cosas, Y el mismo les echó la
suerte y su mano las repartió á ellas por m edida: para
siempre la poseerán, de generación en generación habi­
tarán en ella,’ 1Isa. xxxiv. 5, 10— 17, “ Para la Idu-
mea esto dice el Señor de los ejercitos : ¿ pues que, no
hai ya mas sabiduría en Tem an ? pereció de los hijos
el consejo, se hizo inútil la sabiduría de ellos... La
ruina de Esau hice venir sobre él, el tiempo de su
visitación. S i hubieran venido sobre ti vendimiadores,
no hubieran dejado racim o: si ladrones por la noche,
hubieran robado cuanto les bastare. Mas yo descubrí
á Esau, manifestó lo encubierto de él, y no podra
ocultarse... H e aqui aquellos que no estaban juzgados
para beber el cáliz, de cierto lo beberán : ¿ y tu seras
dejada com o inocente ? no seras inocente, mas de
cierto lo beberás. ti Porque por mi mismo he jurado,
dice el Señor, que Bozra (ciudad fuerte ó fortificada)
sera para soledad, y para oprobio, y para desierto y
para maldición : y todas sus ciudades quedaran para
soledades sempiternas.,.. H e aquí que te hice peque-
Y PAISES ADYACENTES, 97
ñuclo entre las naciones, despreciable entre los hom ­
bres. T u arrogancia te engañó, y la soberbia de til
cora ron : tu, que habitas en las cavernas de las pie­
dras, y que te esfuerzas á alcanzar la cima del col­
lado ; aunque pongas en lo alto, com o aguila, tu nido,
de allí te sacare, dice el Señor. Y quedará desierta la
Idu m ea : todo el que pasare por ella, se pasmará, y
silbará sobre todas sus plagas. A s i com o fue destruida
Sodoma y G om orra y sus vecinas, dice el S eñ or: no
habitará allí varón, ni morará en ella hijo de hom bre,”
Jerem. xlix. 7 — 10, 12— 18.
“ Esto dice el Señor D io s : extenderé mi mano
sobre la Idumea y no dejare alli hombre ni bestia y la
haré un desierto por la parte de T em an,” E zeq. xxv,
13. “ V in o á mi la palabra del Señor, d iciendo: l í ijo
de hombre, pon tu rostro contra el monte de Seir y
profetizarás sobre el y le diras, E sto dice el Señor
D ios : heme aqui contra ti, monte de Seir, y extenderé
mi mano sobre ti y te liare desolado y yermo. D em o­
leré tus ciudades y tu quedaras desierto... Y pondré
el monte de Seir desolado y yermo, y quitare de él al
yente y al viniente ... te reduciré á eterna soledad, y
tus ciudades no serán habitadas... Alegrándose toda
la tierra, te reduciré u un desierto ... destruido seras,
monte de Seir y toda la Idumea y sabían que yo soi
el Señor D io s ," Ib. xxxv. 1, & c . ; J ocl. iii. 19.
iCE dom sera un desierto: mira que te he hecho
pequeñuelo entre las n acion es; tu eres despreciable
en extremo. L a soberbia de tu corazon te ha engreído
¿ ti que moras en las aberturas de las peñas, que elevas
K
98 pro fécu s s o n mí j, a judka

tu asiento... ¿ Q ué ? ¿ acaso en aquel día, no destru­


iré los sabios de H um ea, y el saber del monte de
E s a u ? ... L a casa de Jacob poseerá á los que la lia-
bian p o seíd o... y no quedaran reliquias de la casa de
E s a u /’ A bdias, ver. 2, 3, 8, 17, 18.
<f Abandoné á una soledad las montafias de Esau y
su herencia á los dragones del desierto. Y si dijere la
Idum ea: Destruidos hemos sido, mas tornaremos á
restablecer nuestras ruinas; esto dice el Señor ele los
ejercitos: Estos edificarán y yo derrocaré, y serán
llamadas las regiones de la impiedad,” M alaq. i. 3, 4.
¿ Existe algún pais sobre la tierra, en otro tiempo
poblado y opulento, que se halle reducido á una total
desolación ? SÍ existe : ese pais es la Id u m ea : conoz­
can ahora todos que el que pronunció tales juicios
contra ella, es el Señor.
L a Idumea estaba situada hacia S, y S. O . de la
Judea. Confinaba por E . 6 levante con la Arabia
Peí rea, bajo cuyo nombre estaba comprendida en el
ultimo periodo de su historia, y por el mediodia ó S.
se extenclia hacia la costa oriental del golfo del Mar
Bermejo, Solo un extracto de la relación que liace
V oln ei en sus viajes bastará para poner clara y manifi­
esta no solo la verdad de la profecía, sino la exactitud
y totalidad de su cumplimiento. fi Este pais, dice, no
ha sido pisado ó visitado por ningún viajero, aunque
es digno de serlo. Según relación de los Arabes de
Bakír y de los moradores de Gaza que van con frecu­
encia á M aan y K arakpor el camino de los peregrinos,
hacia el S. E , del lago Asfaltiíes ( ó mar muerto)
Y PAISKS ADYACENTES. 99

como a. tres dias de jornada, se hallan mas de treinta


ciudades arruinadas, absolutamente desiertas. L os
Arabes generalmente huyen de ellas, por cansa de los
enormes escorpiones de que abundan. N o nos deben
sorprender todos estos restos de una tan antigua p o­
blación, si tenemos presente que este fue el pais de
los Nabateos, los mas poderosos de los Arabes, y de
los Idum eos, qne en la época de la destrucción de J e-
rusalem, eran tan numerosos com o los judíos. A de­
mas de la ventaja de vivir bajo un gobierno bastante-
mente tolerable, todos estos distritos tenian una consider­
able parte en el comercio ele la Arabia y de la In d ia ; lo
cual contribuyo mucho al aumento de su industria y
poblacion. Sabemos que en los tiempos de Salotnon
las ciudades de Astiom -G aber (E s io n G aber) y Ailah
(H lo th ) eran plazas de com ercio de mucha concur­
rencia. L o s Idumeos, á quienes los judíos quitaron
algunas veces estos puertos apoderándose de ellos tem­
poralmente, debían tener en ellos grandes fuentes de
riqueza y de p o b l a c i o n . E s t a relación, dada sen­
cillamente y sin ningun artificio ni proposito, que no
puede graduarse de parcial, y que ni necesita de ilus­
tración, ni puede pervertirse por la mas sutil m alicia;
es com o nacida para prueba de la verdad de las mas
portentosas profecias.
Q ue los Id límeos eran una nación populosa y p o ­
derosa m ucho tiempo despues de haberse pronunciado
las profecias: que gozaban (aun en concepto de
V oln ei) un gobierno tolerablemente bueno : que la

* V o ln e i Yifijes* vol. i i. p. 3 4 4 , sig,


K 2
100 PROFECIAS SOBRE LA JUDEA

Idumea contenía muchas ciu dades: que estas al pre­


sente se hallan absolutamente desiertas y con muchos
escorpiones en sus ruinas : que fue una nación comer­
ciante, con mercados de mucha concurrencia : que era
el camino mas corto y recto que la ruta ordinaria para
ir a la India : y que hasta ahora no ha sido reconocida
6 visitada por ningún viajero ; todos estos son hechos
que V olnei deja asentados y com probados con su
relación.
Un tan importante paso para el com ercio de las
naciones vecinas, coi i plazas tan concurridas, es el que
en el día está cerrado por todas partes á los viajeros
que intentan pasar por é l ; y en lugar de dirigir su
ruta por esta regíom “ no hai quien entre en ella ó
pase por ella.”
N o es lo vasto de su desierto en que se ha conver­
tido 6 transformado, lo que hace su travesía temible ó
en extremo peligrosa. L os Arabes que viven en sus
confines y que con sus tiendas la atraviesan en todas
direcciones llevando consigo el botín que cogen en
otras partes, son ladrones conocidos de una raza feroz
y valiente, que están en continua guerra aun con los
otros Arabes sus vecinos : y cuantos viajeros se acercan
á las fronteras de Ja Idumea, si se atreven á pasarlas,
están en peligro inminente de caer cuando menos lo
piensen en las manos de tan inexorables asesinos; y
asi al paso que sin conocerlo están dando cumplimi­
ento á las palabras de una parte de la profecia ; con
su conducta dan testimonio á la otra : “ sera llamada
la región de la impiedad/.'
E l viajero Burckardt tan sabio com ^ ]í}tó¡ík ílo, ¡se
empeña en penetrar en la Idumea disfrazado de A ra b e ;
mas fue robado hasta de los trapos con que se envolvía
una herida que tenia en el empeine del p ie ... L os
capitanes Irby y M angles y otros caballeros ingleses,
con una numerosa comitiva, protegidos de un gefe
Arabe muí intrépido, llegaron á Petra, antigua capital
de ]a Idumea, y después de haber vencido las mayores
dificultades y peligros, se vieron obligados á retirarse
cnanto antes. L a relación impresa de sus viages y de
los de Burckardt, prestan noticias mui interesantes
sobre la Idumea.
L a gran dificultad de fijar el actual estado de aquel
pais, está al parecer comprendida en las palabras de la
escritura* especialmente en Jas que designan los ani­
males que habian de habitar en é l : “ Busca por todos
lados y hallarás que ninguna de estas palabras sera en
v a n o /’ Sin que primero queden verificados todos los
hechos, no puede decirse que ha llegado el tiempo del
total cumplimiento de los ju icios finales sobre la tierra.
Judea, A m m on, M o a b y Filistia volverán de su deso­
lación y serán poseídas por el pueblo de Israel. M as
cuando hubiere pasado la controversia de Siou, de
Idumea dice el S e ñ o r : “ alegrándose toda la tierra te
reduciré á un desierto.” V ;
Cada hecho nuevo que se va descubriendo relativo
al estado presente de la Idumea, es un eco de las
fecias. Sin embargo Burckardt no hace la mas
queña mención de e llo s ; pues com o su único objet'o.^
K 3
102 pro fecías sobre la judea

era explorar el país* omitió todo lo demás que pudiese


distraerle.
e< E li la parte oriental de Edorti, dice, todo el pais
es un desierto; y Maan ( ó Tem an, como se llama en
el mapa que va al principio de sus viajes) es el único
lugar habitado en e l.” “ Y o la haré un desierto desde
T e m a n /7 En lo interior de la Idum ea toda la llanura
que se presenta á la vista es una expansión inmensa
de arenales movibles. L a profundidad de la arena es
tal que impide toda vegetación* 4Í Subiendo por estos
arenales hacia el occidente, se nos ofreció a la vísta
otra vasta extensión de campos áridos cubiertos todos
de menudo pedernal negro, con algunos collados que
de cuando en cuando interrumpen su n ivel." Si hu­
bieran venido sobre ti vendimiadores, no hubieran
dejado racimo. M as yo desnudé á Esau : yo te haré
desolado y yermo. Y o extenderé sobre Edom la linea
de confusion y las piedras v a cia s/’
M u ch os vestigios de ciudades y pueblos existen aun
en E dom . M as en algunas partes es tal )a profundi­
dad de los arenales que no queda el menor rastro ni de
caminos, ni de otra obra de la mano del hombre ; aun­
que consta que un camino romana atravesaba por todo
aquel pais. Entre los restos de las antiguas ciudades
que se ven aun al presente, describe Burckardt las
ruinas de una gran ciudad, de la cual no quedan mas
que algunas paredes desmoronadas y montones de pie­
dras : las ruinas de algunos pueblos de su inmedia­
ció n : las ruinas de otra ciudad antigua, y las extensas
Y PAISES ADYACENTES. 103

ruinas de Gherandel A ríndela, ciudad antigua de la


Palestina Terzera, Enumera nueve diversos sitios
armiñados en D jebal Shera (M o n te S eir) y asegura
que de las ciudades señaladas en la carta geográfica ó
mapa ele D ’ Anville, no queda vestigio alguno á excep ­
ción de Thoana. u Y o demoleré tus ciudades, y tu
quedaras desierto» ó monte Seir: te reduciré á perpetua
soledad, y tus ciudades no volverán á set habitadas.”
M as no son las ruinas de estas ciudades los m onu­
mentos principales de la antigua grandeza de la Id u ­
mea* Su capital, que en el día está absolutamente
desierta, sin otros habitantes que las fieras, para las
cuales se destino mas de mil años antes de que dejasen
los hombres de habitar en e lla ; presenta la mas estu­
penda y singular escena que pueda imaginarse. Cerca
del monte Seir yace extendidamente una gran ciudad
arruinada, donde se ven montones de piedras labradas,
cimientos de edificios, fragmentos de columnas, y ves­
tigios de calles con sus pavimentos todo dentro de una
hoz ó valle encajonado en unas rocas cortadas perpen­
dicularmente desde cuatrocientos á setecientos pies de
altura; en las cuales se ven abiertos innumerables
huecos 6 estancias de varias dimensiones formando
hileras ó andanadas unas sobre otras, de suerte que
“ parece imposible llegar á las mas elevadas.” C o­
lumnas sobre columnas sirven de ornato á las fachadas
de estas estancias : hendiduras horizontales por todo
lo largo de las rocas sirven para dar curso y salida á
las a gu as: súbese á ellas por escaleras voladas, y lo
mas elevado en varias partes se halla coronado de
104 PROFECIAS SOBRE LA JUDEA

pirámides cortadas en la misma roca. L a escena,


según la describe el profeta con todo lo terrible del
humano poder, y según se describe en el aspecto de
desolación que en el dia presenta, es tan idéntica, que
no puede equivocarse. Lí T u arrogancia te engañó y
la soberbia de tu corazon : tu que habitas en las ca­
vernas de las piedras, y te esfuerzas en alcanzar la cima
del collado ; aunque pongas en lo alto, com o aguila,
tu nido* de alli te sacare, dice el Señor, y quedará
desierta la Idum ea.”
L o s mausoleos y sepulcros son también muchos y
magníficos, y pertencen á varias épocas y á diferentes
ordenes de arquitectura. U n o de ellos se designa
particularmente com o obra de un trabajo inmenso y
de dimensiones colosales, enteramente conservado, que
contiene un aposento ó salón de diez y seis pasos en
cuadro y de cerca de veinte y cinco pies de alto, con
una fila de columnas en su fachada, de treinta y cinco
pies de elevación, y sobre la columnata un friso del
trabajo mas prolijo y exquisito, &c, í( todo labrado en
la misma roca.” Con razón se dice que debió ser mui
opulenta una ciudad que poília erigir semejantes m o­
numentos en memoria de sus principes. M as es llegado
ya el tiempo en que ÍC los nobles de ella no habian de
estar alli, en que implorarían con ahinco el socorro de un
rei, y en que todos sus principes se volverían en nada.”
L a ciudad fue silla episcopal por varios siglos, y se
hallan en ella varios edificios de arquitectura griega y
romana, construidos indudablemente despues que em­
pezó la era cristiana. u Edificarán y yo derrocaré.”
1 PAÍSES ADYACENTES* 105
(i Nacerán espinas en sus casas y ortigas y espinas
en sus fortalezas.” Eli Idumea todo Beduino ( ó arabe
errante) va provisto de unas pequeñas pinzas para
sacarse latí espinas que se les clavan en los pies. “ He
aqui te liaré pequeñuelo entre las naciones, desprecia­
ble entre los hombres.” Una región tan desolada
como lo es Edum, sin duda es ahora mui pequeña
entre las naciones* E n vez de su antigua opulencia y
comercio, el extraer la goma arabiga de las espinosas
ramas de la verdadera acacia es en el dia la mísera y
única ocupacion é industria de los ara bes que discurren
por ella* E n vez de los soberbios y suntuosos edifi­
cios antiguos, solo tienen unas pocas chozas misera­
bles, ó unas tiendas bajas y mui pequeñas: y algunos
de ellos carecen absolutamente de todo abrigo. Las
autoridades publicas de Constanünopla, cuando les
pide un firman 6 carta de protección algún viajero para
ir a visitar las ruinas de Petra, contestan que no tienen
noticia ni conocim iento alguno de semejante ciudad.
Tan grande es el desprecio que hacen de ella,
ff ¿ E n aquel dia no destruiré los sabios de Idumea,
y el saber del monte de Esau ? 79 New ton atribuye á
Jos Edomitas la invención de la escritura, de la astro­
nomía y de la navegación. E l libro de J ob es una
prueba eminente y perpetua de la elocuencia de los
Idumeos, asi com o los magníficos palacios socavados
en las rocas, son indestructibles monumentos de su
opulencia y poder. M as el saber y la ilustración ha
cesada tan absolutamente en el monte de Esau; que
la nación feroz y errante que al presente se acerca íi
106 PROFECIAS SOBRE LA JüDIiA

el, cree que aquellos restos de los tiempos antiguos


son obra de los genios. E l limpiar un poco los escom ­
bros para que pudiese correr y recogerse el agua en
alguna antigua cisterna que les pudiese ser útil á ellos
mismos, es una idea que excede su capacidad y talento.
Sus ideas y sentimientos son los mas supersticiosos y
absurdos : no hai un solo temanita que en sus discur­
sos se parezca al antiguo Elifaz : “ no hai ya sabidu­
ría en T em a n : pereció de sus hijos el consejo, se inu­
tilizó la sabiduría de e llo s /’
E l onocrótalo, según nuestra versión, es el primero
de los animales que se dice habian de hacer su morada
en E d o m : mas la palabra con que se expresa en el
original e s í( K a t," y en otras partes se escribe í£K a t a /’
Burckhardt, que ignorando esto, aventura otra diversa
suposición, refiere que se llalla en aquel pais el ave
K ata en inumerable abundancia, y que vuelan á ban­
dadas en tanto numero que los muchachos arabes con
solo tirarles un palo suelen matar dos 6 tres de un
golpe.
L a lechuza y el cuervo habitarán alli.” Las le­
chuzas tienen al presente su habitación solitaria en los
huecos de aquellas rocas que en otro tiempo fueron la
morada de muchos de los hijos de Esau. L o s campos
de Tafílcj situados en las inmediaciones de Edom , son
frecuentados por un numero inmenso de cuervos.
Edom " es celebre entre los arabes por sus cuervos.
u Sera morada de dragones.” L a noticia que da
V olnei, por los informes de los arabes, de la multitud
de enormes escorpiones que se crian entre las ruinas de
Y PAISES ADYACENTES, 107
aquellas ciudades, y otro testimonio igual fiel docto
viajero D r. Shaw el cual dice que las mismas están
llenas de lagartos y de vivoras., bastará, en lugar de
otra mas directa prueba, para hacer ver que la herencia
de Esau es un desierto abandonado á los dragones.
“ Se encontrarán los demonios con los onocentau-
ros ó “ Las bestias feroces del desierto se encon­
trarán, 6 se juntaran con las bestias feroces de la isla.”
Es digno de notarse aqui el decreto clel emperador
DeciOj por el cual mando que se trasportasen leones
machos y hembras desde el A frica á las fronteras de
Palestina y Arabia 6 de E dom , para que propagándose
alli incomodasen á los barbaros saracenos. Y asi
puede decirse literalmente que trasportados desde un
distante desierto, se juntaron alli animales feroces de
diferentes regiones.
“ E l peludo gritará el uno al otro 6 “ E l sátiro
habitará allí.” E l sátiro es un animal fabuloso : la
palabra ( s o i k ) pudo mui bien interpretarse por el
macho cabrio, com o observaron algunos comenta­
dores, aun sin tener presente el hecho con referencia
á la Id u m ea : y com o recientemente asegura uno de
los sabios viajeros que ha visitado aquel pais, los
machos cabrios montaraces van pastando por el á ma­
nadas de cuarenta ó cincuenta cabezas. Ellos habitan
en aquel suelo.
M as las mismas palabras de la profecía nos mandan
que se haga el mas detenido escrutinio de su verdad;
y es preciso “ inquirir y mirar a t e n t a me n t e e n el
libro del Señor, y con respecto á los animales que se
108 PROFECIAS SOBRE LA JUDEA

habian de juntar en la Idumea, ver que no falta alguno


de los que- en el se nombran.*'
“ T u quedaras desolado, ó monte de Seir : y sabran
que yo soi el Señor D io s .” L a dispersión de loa
judíos y la desolación de la Judea, no dan un mas
claro testimonio de la verdad de cada una de las pa­
labras que el Señor habló contra ellos,, que el que
igualmente ofrece cada una de las regiones de loa
enemigos antiguos de los judíos de que el D ios de

# K o pu ede tardar m ucho en publicarse un a mas com ­


pleta, noticia de la Id u m ea, si, com o dicen , se han en con ­
trado los papeles do Sectzcr, y se van a dar á luz en A l e ­
m an ia. C om o este era un sabio naturalista, es m u i vero­
sím il que no pasase por alto hablar de loa anim ales que se
hallan en E d o m . D o s viajeros F ranceses (u n o de ellos
M . L a b ordo hijo del m iem bro del Instituto de este m ism o
n o m b re ) han visitado recien tem ente á P etra : y en m ía
carta fecha en la m ism a ciudad, enviada á E u rop a y pu b­
licada en parte en algun os periódicos literarios, hablan de
un a “ fila de colum n as gigantescas, que causan un admira­
ble é indecible e fecto.” H e m o s visto, añaden, las ruinas
de B alb eck , las dilatadas colum n atas de P a lm ira , la calle y
el oyalo de D jerasli : mas todo es m ui inferior á estos iii“
m ensos edificios de dos ó tres estancias de colum n as, ú esta
roca de una legua en cuadro donde se hallan socavadas y
acu m uladas tan m agnificas ruinas. N o sotros estam os Gil
un continuado éxtasis. E l K a m e l F a raón ( ó tesoro de
F a ra ó n ) que consta de dos estanciasde colum nas interpola­
das con los mas ricos ornatos, con curiosos bajos relieves,
y grandes estatuas ecuestres, presentan el m as asombroso
y extraordinario golpe de vista qu e jam as pu ede ofrecerse,
de que apenas podra dar u n a débil idea el m as fino di­
b u jo .,J
Y PAISES ADYACENTES. 109
Israel es el Señor* L o s Edomitas han sido privados
de la suya para siempre, y 110 ha quedado ni uno salo
de la casa de Esau. En Jugar suyo mandó su voz y
su Espirita ha juntado varías fieras por sus nombres,
mientras que el pueblo de.su maldición fue extirpado
de la haz de la tierra. Y Edom , sin embargo de su
terrible y antigua fortaleza, y de la magnificencia de
sus ahora desoladas y desiertas mansiones; yace sujeta
á un ju icio irrevocable. L a palabra que pronunció el
Señor contra ella 110 ha sido retirada: jam as sale de
su boca sin causa : y siempre quedan inevitablemente
cumplidos los altos fines con que la emite. Y mien­
tras que los judios y sus enemigos han bebido la c o p a ;
¿ quedará impune en la tierra cristiana el hipócrita 6
el incrédulo ?
A los enemigos del Evangelio puede servirles de
aviso la suerte que les cupo ¿L los enemigos de Israel,
que fueron aniquilados segun la palabra del Señor ; y
el mismo pais, especialmente el de Esau, por sil vio­
lencia contra su hermano Jacob, agravado con una
maldición que le acompañará siempre. E l Altísim o
vengará la contienda de su “ eterna alianza,” com o
también la de la que, rota por los pecados de los judios,
ha de ser restablecida. Y aunque los enemigos de la
fe cristiana, se liguen entre si, com o lo hicieron los
tabernáculos de Edom confederados contra Juda ; toda
su terrible fuerza en que confien) sera com o la paja
f]ue se arroje al viento ó como la grím pola agitada por
un remolino : y ellos mismos vendrán ú caer com o
Edom para no levantarse jamas. Porque ¿quien es
1-
110 |J]U> ¡' MUJAS &UJJRK LA JUDEA

el que se ha erguido contra D ios y ha prosperado ? Y


si no quisieren leer estas palabras escritas antes contra
E dom en el libro del Señor, véanlas ahora escritas en
aquella desolada soledad, y gravadas en sus columnas
gigantescas com o en un monumento, y léanlas alli.
para que sus corazones no subsistan mas tiempo en­
durecidos com o el granito ó el diamante, no sea que el
Señor ponga un sello sobre ellos en respuesta a l:i
cuestión : sello que quedará impreso en su alma
aunque la tierra se desquicie de su asiento.
A los que se dedican al estudio y cultivo de las
ciencias diremos también que si los hijos de los hom­
bres no han aprendido que el temor del Señor es el
principio de la sabiduría, y desconocen la palabra que
enseña el camino de la salvación, 6 ignoran los pre­
ceptos y verdades del Evangelio que les deben guiar
en todas sus acciones : ¿ d e que les servirán sus
grandes adelantamientos en la mecánica y física 110
estando acompañados de los sentimientos religiosos,
sino de lo que aprovecharon á los sabios de Edom los
superiores conocimientos á que llegaron en estas mis­
mas ciencias ? Y cuando hayan logrado perfeccionar
3a astronomía, la navegación y las ciencias me canica^
que, como dice N ewton, tuvieron por inventores á los
E dom itas; ¿que ventaja, sacarán de amoldar Ja ma­
teria á su voluntad, si, com o seres morales y respon­
sables, 110 conforman sus propios corazones á la vo­
luntad de D io s ? y cual seria el resultado de todo su
trabajo sino el de la fuerza que se emplea en la nada?
Porque aun cuando llegasen u levantar columnas sobre
Y PAÍSES ADYACENTES. 111

columnas, y á edificar otra igual ciudad excavando las


rocas; una nueva palabra de aquel D ios á quien ellos
no tratan de conocer, bastaría para que todo su ingenio
y trabajo mecánico viniese á parar en lo que es en el
día Petra, en una jaula de aves inmundas y execrables.
E l experimento esta ya hecho : en el se puede p ru ­
dentemente confiar, tanto corno en ¡os que hacen los
hombres : y esta puesto á nuestra vista para que, en
vez de provocar contra nosotros otros juicios person­
ales, mucho mas terribles que los pronunciados contra
Edom, nos aprovechemos del aviso del espíritu de
profecía, que es el testimonio de Jesús, para oir y obe­
decer las palabras de aquel (el mismo Jesú s) “ que
nns libro de la ira que lia de ven ir/' 1 Tess. i. 10.
Porque eu comparación de la .degradación de unas
rocas socavadas c insensibles, ¿cuanto mayor sera Ja
de un alma que mientras esté en el cuerpo puede de
nuevo ser formada según la imagen y semejanza de
Dios Santo, y ponerse en aptitud de ver su faz cara k
cara en la gloria— pasando de las tinieblas y obscuri­
dad á un estado espiritual: en que todo conocimiento
de las cosas terrenas pierda su poder : en que pierdan
su estimación todas las riquezas de este m u n d o : en
que la falta de principios religiosos y de virtudes cris­
tianas, dejen desnuda al alma y tan despojada y vacia
como las habitaciones socavadas en las hendiduras de
las rocas: en que los pensamientos de la sabiduría del
mundo, á que antes se habia acostumbrado y dedicado,
todavía le acometan y sean mas odiosos é indignos
moradores del espíritu inmortal, qne las aves en If10
112 PROFECIAS SOBRE LA JUDEA*

palacios de Edom : y en que todas estas pasiones y


afectos pecaminosos hacia las cosas visibles, sean como
los escorpiones que nadie puede arrojar de las cepas
silvestres que crecen entre las ruinas de los altares
donde se daba culto á los falsos dioses?
M as asi como nadie de los que se erguien contra
D ios podra prosperar, sino ser precipitado, aunque su
nido esté mas alto que el del aguila ; asi también nin­
guno de los que esperan en el Señor y ponen en él su
confianza, desfallecerá jamas, sino que renovándose
sus fuerzas ÍC tomará alas como aguila, correrá y no se
fatigará* andará y no desfallecerá/’ Isa. xl. 31, y cual­
quiera que sea su ocupacion, nunca olvidará su alto
llamamiento. Cuanto mas intimamente se acerque á
reconocer las obras de la naturaleza, mas se excitará
en él la idea de la magnificencia de la obra del grande
Arquitecto del Universo* E n medio de su saber é
ilustración, no abandonará el diligente estudio de la
escritura y siempre la hallará llena de la verdadera
sabiduría. T oda palabra de D ios será para Él como
un manantial d'e agua de vida e tern a: y, en un mas
alto sentido que á los antiguos Israelitas, eí tal vez le
vendrá el agua por el camino de E dom .” L as pro­
fecías literales respectivas á esta regionj como las
demas escrituras, le pueden ser provechosas para su
doctrina, reprensión, corrección, é instrucción en la
justicia, para que el hombre de D ios pueda ser per­
fecto, hallándose bien dispuesto para toda buena obra.
Y con esto, ahora qne por la gracia de D ios, se halla
tan preparado, por haberse cumplido ya de lleno los
N IN IV E . 113

juicios de D ios sobre Edom ; es obligación de todo el


que lleve el nombre del Señor, de todo el que quiera
ser contado entre sus hijos adoptivos por medio de Jesu
Cristo, y de todo el que 110 desee ser como los E dom -
itas “ de un pueblo contra quien el Señor esta indig­
nado para siem pre/’ considerar seriamente si su piedad
para con Dios y sus obras son tales que pueda dar
una respuesta satisfactoria a la pregunta que bacía
Dios á los sacerdotes y al pueblo de Israel despues de
haberles anunciado sus juicios contra Edom : “ si yo
soi Padre, ¿ donde está el honor que se me debe ? y sí
yo soi el Señor, ¿ donde esta el temor que se me debe ? ”
Malcq. i- 6,

C A P . V I.

N IN IV E, BABILONIA, TIRO Y EGIPTO.

D a d a en las escrituras del Viejo Testamento una


breve noticia de la creación, del mundo antediluviano
y de la dispersión y establecimiento del genero humano
despues del diluvio; pasan á referir la historia de los
Hebreos por espacio de mil y quinientos años, desde
la época de A brabam hasta la del ultimo de los pro­
fetas. A si al paso que la parte histórica de la escri­
tura comprende desde su origen la historia del mundo ;
la pt'ofética presenta una idea anticipada, de lo por
venir basta su fin. Y es mui digno de observarse que
r, 3
114 NINIVE.

la historia profana deja cíe ser fabulosa ú oscura y


comienza á ser clara y autentica, precisamente en el
periodo en que termina la historia sagrada, y en que
empieza el cumplimiento de aquellas profecías que
tienen relación con otras naciones ademas de la de los
judios*
Ninive, capital del imperio de Asiría, fue por espa­
cio de muchos siglos una mui grande y mui populosa
ciudad. Sus murallas, según algunos historiadores
gentiles, eran de cien pies de alto, y de sesenta millas
de circunferencia, con mil y quinientas torres, cada
una de doscientos pies de elevación. E sta inmensa
ciudad} arrepintiéndose y haciendo penitencia por la
predicación de Joñas, evitó por algún tiempo la de­
strucción con que estaba am enazada: mas volviendo
de nuevo u su iniquidad, fue barrida de la tierra, y
apenas quedan hoi de ella algunos vestigios. Los
Asirios oprimieron duramente á los Israelitas, tomaron
á Samaría, y redujeron las diez tribus á cautividad;
2 R eg. xvíi. 5, 6 ; xvlii. 10— 13^ 3 4 ; Esdr. iv. 2 :
se apoderaron de las fortalezas de la Judea, y exigieron
de los judios una grande contribución. M as toda la
gloria y poder de la A siría y de su capital ha desapa­
recido, como la del poderoso ejercito de Sennacberib
su rei, que en una noche fue aniquilado por el ángel
del Señor.
U n historiador griego que hace repetidas alusiones
a una antigua profecía, conocida y sabida por los nini-
vitas, refiere que el ejercito Asirio fue atacado impro­
visamente por los metlos al tiempo de celebrar una
NINIVE- 115

gran fiesta, en que, debilitados por el exceso del vino


y sin fuerzas para resistir al enemigo* fueron casi todos
destruidos : que habiendo crecido el rio extraordinari­
amente por las grandes y continuadas lluvias, echó
abajo gran trozo de la muralla, abriendo la entrada al
enemigo, é inundando la parte baja de la ciudad : que
el rei por un efecto de desesperación y creyendo que
era llegado el cumplimiento de aquella profecía, hizo
formar una inm ensa piia funeral y pegándole fuego
como á todo su palacio, quedó alli consumido con toda
su casa y su riqueza; y finalmente que los mcdos^ to­
mada la ciudad, despues de un sitio de tres años, lle­
varon a E cbatana muchos talentos de oro y plata.
“ Cuando beban juntos en sus convites, serán con­
sumidos como paja seca. Con inundación impetuosa
hará consumación del lugar de aquella. Se abrirán
las puertas de los rio s,... Ninive, como estanque de
aguas las aguas de ella. Las puertas de tu tierra se
abriran patentes á tus enemigos, devorará el fuego tus
cerrojos. R epara tus fortificaciones,,, alli te comerá
el fuego. Robad la plata, robad el oro, y no hai fin
de las riquezas, de todo genero de alhajas apre dables,”
Nahum. i. 8, 1 0 ; ii. 6, 8, 9 ; iii. 13— 15.
L a total destrucción y la perpetua desolación de
Ninive estaba profetizada. “ E l Señor liará consum a­
ción del lugar de aquella : no se levantará dos veces
la tribulación. M as fueron tus negociantes que son
las estrellas del. cíelo : tus guardas son como langostas,
... se levantaron y no fue hallado el lugar donde
estuvieron. Tornará á la hermosa (N inive) rn soledad
116 BABILONIA.

y sil despoblado como un y erm o/’ N ahum . i. 8^ 9 ;


iii* 16, 17 ; Sofon. ii. 13— 15. E l verdadero sitio
donde estuvo Ninive por largo tiempo permaneció
desconocido, hasta que por ultimo lo han fijado y
señalado algunos viajeros. A hora no presenta mas
que una lian uva vasta y extensa, en qne de cuando en
cuantío se ven montones de escombros. L os residuos
de algunas paredes y ruinas, aun menos notables se
extienden por espacio de diez millas, y parecen ser
restos de antiguos edificios** N o se halla un solo
monumento 6 señal alguna de su antiguo esplendor :
no se puede saber donde estarían : ni ladrillos, ni pie­
dras labradas, ni otros materiales de edificios se pueden
discernir entre los principales montones de escombros.
Tocio aquel campo es una desolación, una total ruina,
vacia, rasa y vasta. L as mismas ruinas han perecido
y todo -es. menos que un resto de lo que fue. No se
ve rastro alguno de la grandeza de sus reyes? nobleza,
6 comercio. M as esta misma falta absoluta y com­
pleta, proclama la verdad de la palabra de D ios.

B A B IL O N IA ,

Babilonia compitió con Ninive en grandeza é im­


piedad. E stas ciudades en otro tiempo rivales y
entre si enemigas, las dos opresoras, una de los israel­
itas y otra de Jos judios, manifiestan en su misma
actual ruina que ambas han llevado su anunciada

■* Buckingham , Viajes á la Mesopotamin-j vol, ii. pag.


40, 51, 02.
BABILONIA. 117
u carga,” y que la visión de los profetas dü Israel re­
lativa á ellas, es la verdad. L as relaciones circun­
stanciadas y los testigos oculares de su presente deso­
lación, son en tanta copia, como los de su antigua
grandeza.
Herodoto, Xenofonte, Estrabon, Plinio, Diodoro
Siculo, y Q uinto Curcio, todos celebres historiadores
griegos y romanos, describen la antigua grandeza de
Babilonia. Y aunque con variedad en sus descrip­
ción es, por razón de las diversas épocas en que escri­
bieron, y la diferencia en ellas de su estado y situación ;
todos están conformes en la relación de su estupenda
magnificencia, cual aun al presente se eclia de ver en
las inmensas masas de sus ruinas. E l testimonio de
Herodoto, el mas antiguo de todos, que floreció dosci­
entos y cincuenta años poco mas o menos despues de
Isaías, es en particular de mucho p e so ; como que
estuvo en Babilonia y vio y examinó por si mismo
cuanto refiere de ella. L as murallas de Babilonia,
antes de que fuesen rebajadas por D arío H istaspes (\
setenta y cinco pies, eran de mas de trescientos pies de
alto, de ochenta y siete pies de ancho y su circunfer­
encia de cuarenta y ocho millas. E l templo de Belo
de seiscientos pies de elevación: los jardines artifici­
ales colgados, que por medio de varias pilas de arcadas
unas sobre otras, se elevaban hasta el nivel de la m u­
ralla : los diques en que se contenía y corría encajonado
el Eufrates : las cien puertas cíe bronce ; el palacio
construido por Nabucodonosor, rodeado de tres muros
(le ocho millas en circunferencia : y el lago artificial
1IS BABILONIA.

de sus inmediaciones de mas de cíen millas de bojeo,


y de treinta y cinco pies de profundidad por lo mas
corto : tales y tantas estupendas obras reunidas en un
solo lugar, ofrecían un ostentoso espectáculo de la
magnificencia y poder del hombre. L a gran B abi­
lonia era la “ gloria de los rein o s/1 la belleza de la ex­
celencia de los Caldeos, la “ ciudad de oro,” la señora
de los reinos, y u el orgullo de toda la tierra.” L as
escrituras que la describen en estos términos, deter­
minan circunstanciadamente cada uno de los periodos
de su caída, hasta que vino á reducirse á lo que es al
presente— á una completa desolación. P o r todos los
puntos de vista que ofrece en el día su aspecto está
delineada en las profecías con toda la exactitud y
precisión de que es capaz un viajero que sobre el mis­
mo terreno de las ruinas de Babilonia lo dibuje y
describa.
H eródoto y Xenofonte refieren el sitio de Babilonia,
conformes exactamente con lo que habian anunciado
de antemano Isaías y Jeremías : que los medos y los
persas unidos bajo el mando de Ciro, (del cual profetizó
Isaías mas de cien años antes de su nacimiento, que
habia de ser levantado por D ios para sujetar ante si las
naciones y ser instrumento suyo para castigar á sus
enemigas y dar libertad á su pueblo,) vinieron contra
Babilonia y 3a sitiaron : que encerrados los babilonios
dentro de sus impenetrables muros, rehusaron entera­
mente pelear en campo abierto y teniendose por seguros
en sus casass jamas quisieron exponerse al riesgo de
una batalla, a que muchas veces habian sido provo­
BABILONIA. 119
cados: que á Ciro ocurrió la traza de llevar al lago las
aguas del Eufrates que pasaba por dentro de la ciudad,
con lo cual se tendió un lazo sobre Babilonia: que
dejado en seco el cauce del rio, de suerte que se podia
caminar por dentro de el á pie enjuto, entro por el
canal el ejercito sitiador: que por descuido de las
guardias no estaban cerradas las puertas que caían al
rio: que el ejercito de los medos y. persas con este
ardid se introdujo sin ser sentido en el centro de la
ciudad, durante la noche de una fiesta anual que cele-
brabran los babilonios, cuyo día se prefirió de intento
para asegurar la sorpresa; y asi fue tomada impensa­
damente la ciu d a d : que sus principes, generales
y grandes que estaban reposando despues de sus ban­
quetes, fueron repentinamente pasados á cuchillo, y
durmieron el sueño de la muerte : y que Babilonia,
antes jam as conquistada, fue asi tomada sin resistencia,
en un momento y de un modo, que hasta que se ejecutó
fue ignorado por el reí y por los h abitantes; los cuales
no tuvieron noticia del peligro en que se hallaban (por
la grande extensión y distancias de la ciudad) hasta
que los puestos replegandose unos sobre otros, y los
partes que se repetían, anunciaron generalmente que
el enemigo liabia entrado, y se habia apoderado de
Babilonia, Isa. xxi. 2 ; xlv. 1, &c. ; xliv. 2 8 ; Jercm.
I 3 8; lu 11, 27, 30, 36, 57.
L a decadencia progresiva de Babilonia por los siglos
siguientes fue también anunciada por los profetas.
“ Virgen, hija de Babilonia, desciende y siéntate en
el polvo: no subsiste el trono de la hija de los
UA1Í1L0NIA.

C aldeos/' Isa. xlvii. 1. Babilonia dejó de serla capital


del gobierno ; y pasó desde imperial á ser una ciudad
tributaria. £í Todas las esculpidas imagines de sus
dioses serán hechas pedazos y eaeran al suelo.— V isi­
tare sobre Bel (el templo de B elo) en Babilonia y le
haré echar de su boca lo que habia sorbido/' Jerem.
Ii. 44, 47, 52. Xerxes, sucesor de Ciro en el trono
de Persía, se apoderó del tesoro sagrado, y saqueó ó
destruyó los templos y los ídolos de Babilonia. £CT o­
mad bálsamo para su dolor, por si acaso puede sanar.
Hemos medicinado á Babilonia y no ha san ad o /’ Ib-
ver. 8, 9,
Alejandro el grande quiso restablecer u. Babilonia
en su primer esplendor, con el objeto de fijar en elk
la capital de un imperio universal D iez mil hombres
se empleaban en reparar los diques y encajonado del
Eufrates y el templo de Belo. M as la temprana
muerte de Alejandro puso fin á la obra. “ No fue
sanada,”
fí N o habrá quien la habite desde el hombre hasta
la b e stia : y se movieron y se fueran,” Jerem. h 3.
Como unos ciento y treinta años antes de la era cris­
tiana, un conquistador de los partos destruyo la parte
mas hermosa de Babilonia ; y muchos de sus mora­
dores fueron removidos con sus efectos á la Media.
L a proximidad de Selcucia absorbió también gran
parte de su poblacion,
D espues que comenzó la era cristiana, solo estaba
habitada una parte de Babilonia, y dentro de sus mu­
rallas habia un gran campo reducido a cultivo. Fue
BA BI LO NI A . 121
disminuyendo á proporcion que S ele acia se aumen­
taba: y esta que era mni populosa quedó hecha la
gran ciudad. Babilonia por grados vino á quedar
mas y mas desolada, hasta que en el siglo I V , s u s m u­
rallas formaban un cercado ó parque para bestias
feroces : y el lugar que antes habia ocupado la ciudad
de oro, la que reinó sobre las naciones; se convirtió
en un campo de caza para diversión y pasatiempo de
los monarcas persas. E l nombre de Babilonia quedó
borrado en la historia del m u n d o : en seguida por u n
largo transcurso de tiempo no se oyó su nombre en
ninguna parte : y la sucesión de las edades la han
conducido por ultimo al estado de la total y absoluta
desolación anunciada por los profetas como su fin y
termino.
L as ruinas de Babilonia, cuya posicio n y situación
se lia fijado y determinado con toda seguridad y acierto,
han sido visitadas y descritas recientemente por M r.
Rich, residente británico en Bagdad, por M . K innier,
autor de la memoria sobre la Persia, Sír Robert K er
Porter, Captain Frederick, M r. Buckingham , y por el
Hon, M ayor K eppel. A lguna variedad hai entre
estos testigos de vista en orden á señalar á cual de los
particulares palacios ó edificios de la antigua Babilonia
pertenecen algunos de los muchos montones ó acina-
mientos de ruinas que alli se descubren: mas en lo
que todos convienen y lo que expi-esan todos haber
visto, sin que nadie lo niegue ni ponga en duda, es su
total desolación. Porque desde haber sido Babilonia
“ la gloria de los reinos,” ha pasado á ser ahora la mas
M
122 BABILONIA.

grande de las ruinas: y después (iel trascurso de dos


mil y cuatrocientos años, presenta ahora á los ojos de
todo viajero precisa y exactamente la misma escena
qne se describe en las profecias; la cual no puede
expresarse en términos mas propios y adecuados que
los siguientes, aunque tales términos nunca se hubie­
ran conocido por su “ carga.”
í( D estruiré el nombre de Babilonia y los residuos,
N o pondrá alli tiendas el de Arabia, ni havan en ella
majada los pastores ; sino que reposaran alli las fieras
del desierto, y las casas de ellos se llenarán de saban­
dijas y animales dañinos. Sera habitación de aves de
rapiña;, y mansión de dragones : una soledad, un pais
árido, un desierto, una llanura rasa, enteramente de­
solada, pantanosa, llena de montones de escombros y
ruinas— lina tierra donde no habita el hombre— todo
el que pasa por ella se queda (al verla) atónito,’* &c.
Isa. xiii. 19, & c.; xiv, 22, &c. ; Jerem , 1. 13, 23, 39,
& c .; li. 13, 26, &c.
E l supersticioso miedo á los malos espíritus, y el
terror que naturalmente causan las bestias feroces que
tienen sus guaridas y albergues entre las ruinas de
Babilonia, retraen á los Arabes de poner alli sus
tiendas, ó á -los pastorea de hacer sus majadas. Los
palacios y edificios antiguos de los principes ele Babi­
lonia, enteramente destruidos, solo son al presente in­
formes montones de ladrillos y escombros, por cuyos
lados y en lo alto de ellos, en vez de los magníficos
aposentos y camaras que habia en otro tiempo, solo
hai ahora cavernas donde se guarece el puerco espin
BABILONIA. 123

y donde las lechuzas y los murciégalos hacen sns


nidos, donde los leones hallan su cueva, y los jacales,
hienas y otros animales dañinos un abrigo seguro : de
cuyas entradas sale (í un hedor intolerable ,r y cuyas
bocas “ están obstruidas con huesos de las ovejas y
cabras que han devorado/’ A unque enteramente de­
struidas <£ las casas están llenas de animales inmundos
y alli tienen su habitación las lechuzas y garduñas, y
otras bestias fieras, almllando y clamoreando desde sus
desoladas mansiones : nunca jam as volverá 4 ser habi­
tada, &c.f,— Por un lado del Eufrates, obstruidos y
quedando en seco los canales, dejaron expuestos á los
rayos abrasadores del sol sobre una superficie elevada,
una inmensa poreion de ladrillos desmenuzados : y estas
“ ruinas quemadas del sol,” cubren “ una arida lla­
nura,” y “ Babilonia es una soledad, un pais árido,
un desierto." Por otra lado los diques y esclusas del
rio y con ellos las vestigios de ruinas por una grande
extensión de terreno, todo lia sido barrido por la cor­
riente : el campo en general es u pantanoso y en
muchas partes inaccesible,” particularmente despues
de las avenidas é inundación anual del E iifra te s:
“ ningún hijo de hombre pasa por a lli: el mar 6 el rio
subió sobre Babilonia, cubierta ha sido de la muche­
dumbre de sus olas," Jercm . Ii. 42, 43 ; Isa. xiv. 23*
En esta época, (como dice Sir R . Porter en su animada
descripción de las ruinas de Babilonia,) queda tam ­
bién estancada entre estas ruinas una gran porción de
aguas, verificándose la amenaza de la profecia : la
mudare en posesion de aves de rapiña, y eu lagunas
m 2
124 b a b il o n ia .

de a g u as/’ Isa. xiv, 23. E l inísmo dice, que u la fer­


tilidad del país ha desaparecido tan completamente, y
su suelo ha quedado tan raso y desnudo, como si
desde norte á sur hubiese sido b a rrid o y g a sta d o con
escoba de destrucción. L a vísta de Babilonia inserta
en sus viajes, y copiada en el frontis de esta obrita, es
el cuadro exacto de la verdadera y total desolación,
que presenta aquella vasta extensión de escombros
acinados y amontonados, mostrando como á la letra y
de hecho que esta alli sepultada aquella grande ciudad :
“ Babilonia ha sido llevada al sepulcro/'
E l bosquejo que sigue es una vista del Birs Nim-
rodj 6 templo ele Bela, como se ve al presente, copi­
ada de la qne .se halln en los viajes de Porter.

L a caída Babilonia ofrece otro monumento perene


de los juicios de Dios, en que ni han tenido parte las
avenidas ó inundaciones del Eufrates, n i los destrozos
de las bestias feroces, ni la carcoma del tiempo, ni la
rapacidad del hombre. E n tre las ruinas del Birs
Nimrod, (ó templo de B elo,) que existía aun en los
BABILONIA. 125
primeros años de la era cristiana, se hallan grandes
fragmentos de obra de ladrillos que han si Jo u com­
pletamente derretidos y fundidos/' y que suenan como
vidrio ; los cuales 110 solo deben haber estado expues­
tos á un grado de calor “ igual al del mas fuerte
horno/1 sino que estando (< enteramente vitrificados/*
es una prueba evidente, como observa Buckiugham ,
“ de que la acción del fuego ha sido continua en ellos,
asi antes como despues de haber venido a b a jo :” y
también lo es> para usar de la misma expresión del
Mayor Keppel, de que Cí estas ruinas son semejantes á
lo que en la profecía de la escritura se anunció que
serian> ‘ un monte q u em ad o /” Jerem . Ii. 25. L a
grandeza sola de las ruinas de este templo la hacen
digna de figurar y distinguirse entre el inmenso cumulo
de las de la grande Babilonia, pues todavía conserva
la elevación de doscientos treinta y cinco pies.
“ Desde lo mas alto, dice el M ayor Keppel, vimos
clara y distintamente todo el conjunto de amontonadas
ruinas que constituyen al presente lo que h a quedado
de la antigua B abilonia: no pudiera imaginarse un
cuadro mas completo de desolación. L a vista va dis­
curriendo sobre un árido desierto, en que solo las ruinas
amontonadas dan indicio de que ha sido habitado en
otro tiempo. Imposible era contemplar esta escena y
no reconocer en el golpe de vista que presenta, la ex­
actitud con que han quedado cumplidas las profecías
de Isaías y Jerem ías: que jam as seria h ab itad a: que
los Arabes no pondrían sus tiendas en e lla : que
seria reducida á montones de ru in a s: y que sus
m 3
126 BABILONIA,

ciudades serian desoladas, un pais árido, y un de*


sierto,”
£< Los anchos muros de Babilonia serán absoluta­
mente destrozados.1” E ran tan anchas sus murallas,
que, como refieren los antiguos historiadores, seis car­
ros podían correr de frente por todas ellas. M as de
mil años despues de pronunciada la profecía existían
aun : y eran contadas entre las siete maravillas del
mundo. ] Que cosa podra darse ni mas asombrosa
ahora para nosotros, ni mas inconcebible al hombre
en aquel tiempo en que Babilonia conservaba el estado
de su gloria y esplendor, que el hecho de que aquellos
anchos muros habían de ser aniqüilados hasta el ex­
tremo de no poderse determinar con certidumbre ni aun
la linea de sus vestigios ! Sus fosos debieron llenarse
con sus escombros : y foso y muralla todo ha desa­
parecido. E l C apitan Frederick despues de una cui~
dadosa y diligente investigación por espacio de seis
dias, no pudo descubrir el menor rastro ó apariencia*
U no de los capitulos de sesenta paginas de los viajes
de M r. Buckingham se in titu la: í( Diligencias prac­
ticadas en busca de las murallas de Babilonia.” El
M ayor TCeppel, despues de referir, que asi el como sus
compañeros, y algunos viajeros mas que se les aso-
cieron, no hablan podido descubrir el menor rastro de
las murallas de aquella ciudad, añade que “ las pro­
fecías contra Babilonia habian sido tan á la letra cum­
plidas en el aspecto mismo que presentan las ruinas,
que estaba dispuesto á creer que deben entenderse en
toda su extensión las palabras de Jerem ías: *aquel
BABILONIA. 127
anchísimo muro de Babilonia sera socavado entera­
mente,' ” Jerem . Ii. 58,
Ét Babilonia será un pasmo— todo el que pasare
por Babilonia quedará pasm ado,” Ib. L 13. E s im ­
posible pensar en lo que fue Babilonia, y ver su estado
presente, sin quedar atónito. E n el momento de en­
trar en las ruinas el Señor R . K er P orter expreso asi
la primera impresión que le causó aquel espectáculo:
í£ Yo no pude dejar de sentir un inexplicable asombro
al pasar como por las puertas de la arrumada B abi­
lonia,” Y el Cap. M iguan “ no puedo expresar, dice,
la fuerte sensación de asombro que se apoderó de mi
al contemplar la extensión y magnitud de ruinas y de
devastación que aparecía por todas partes.”
¡ Como ha sido hecho trozos el martillo de toda la
tierra 1 ¡ Como ha sido hecha Babilonia una deso­
lación entre las naciones 1 L a siguiente interesante
descripción fue dada sobre el mismo terreno, D espues
cíe hablar de las ruinas del dique y esclusas del rio,
dividido y subdividido una y otra vez como una especie
de red tendida sobre un terreno al parecer interm ina­
ble : de los anchos y dilatados pantanos : de los cimi­
entos de antiguos edificios : y de las cordilleras ó
hileras de montones de escombros, añade enfática­
mente Sir R . K er P o rte r: “ E l todo de este sitio
■presenta un aspecto particularmente augusto y gran­
dioso. L a majestuosa corriente del Eufrates, errante
por un desierto á manera de un monarca que va pere­
grinando por las silenciosas ruinas de su devastado
reino, á pesar de todas las desventajas de baberso
128 BABILONIA.

abandonado la dirección de su corriente, todavia apa­


rece un noble r io : sus "maro-enes
O están cubiertas de
cañaverales, y aun crecen alli aquellos blanquizcos
sauces en que los cautivos de Israel colgaban sus
harpas, reusando todo consuelo mientras que no fuese
restablecida Jerusalem , ¡ M as como ha cambiado
todo lo demas de aquella escen a! E n aquel tiempo
estos montes de escombros eran palacios, estas ha­
cinadas, desiguales y prolongadas ruinas eran calles:
este vasto desierto estaba lleno de subditos de la or-
gullosa hija del oriente, todos ocupados: ahora de­
vastada y miserable, ni se hallan sus mansiones, y de
ella misma se ha apoderado la carcoma.
D e palacios á montes de escombros en que se han
convertido— de calles enteras alargas filas de montones
de ruinas— de ser el trono dei mundo, á estar sentada
sobre el polvo— de el ruidoso murmullo de la pode­
rosa Babilonia al silencio de muerte que bai sobre el
sepulcro en que yace— del grande almacén del mundo,
donde se recogian los tesoros de todas partes y de la
estancia de prisión de los judios cautivos, donde sin
permitirles volver á su patria, estaban sujetos á una
dura esclavitud, á servir de despojo, a muchas na­
ciones* a ser arrojada de alli sin que quedase nada de
ella— de una vasta metrópolis, el lugar de los palacios,
y la gloria de los reinos, á donde se agolpaban inu-
merables gentes, á ser un sitio temible y de que tocios
huyen, desamparado y no habitado por muchas gene­
raciones, donde ni el Arabe, aunque es hijo del de­
sierto, planta su tienda, ni el pastor hace su majada—
BABILONIA. 129

de estar llena de tesoros escondidos, y de riquezas


ocultas en lugares secretos, á que se le arrancasen
hasta los ladrillos y la dejasen en total desnudez— de
hacer temblar á toda la tierra, y conmoverse los reinos,
á ser sacada del sepulcro como una rama abominable
— de venir muchas naciones y grandes reyes desde los
extremos de la tierra contra Babilonia, á que los tra­
bajadores excaven aun sus escombros y aumenten el
numero de las lagunas entre sus ruinas— de un lago
artificial inmenso de muchas millas de circunferencia,
por el cual la inundación anual del Eufrates se regu­
laba y con tenia, a lagunas y pantanos, de pocas yardas
de circuito, formados por las excavaciones de los tra­
bajadores y llenados por el rio— del primero y mas
grandioso de los templos k ser una montana incendiada
y para siempre desolada— de una imagen de oro de
cuarenta pies de alto, que estaba en lo mas elevado
del templo de 33el o, á verse todas las esculpidas
imágenes de sus dioses hechas pedazos por el suelo y
mezcladas con el polvo— de los esplendorosos y mag­
nifico? festines de los monarcas Babilonios, estrepito
de los instrumentos músicos, la pompa de banquete de
Baltasar y el impío festejo de mil grandes bebiendo
en los vasos de oro tomados en Sion, á los ahullidps
y grita de bestias feroces, al arrastrar de los reptiles
dañinos de que están llenos sus desolados palacios y
casas de placer, al anidar las lechuzas en sus cavidades,
al saltar de las cabras monteses sobre un montan de
ruinas como sobre una roca, y á ser la mansión de los
dragones y otros reptiles venenosos— de elevarse arco
130 b a bilo n ia .

sobre arco, y terrado sobre terrado, como un monte,


los jardines colgados de Babilonia, a que 111 se descu­
bra ahora una sola piedra de las del foso— de palacios
de principes que se sentaban en el monte de la con­
gregación, y en el orgullo de su corazon creian po~
derse elevar sobre las estrellas de D ios, a ser montones
de escombros, socavados para servir de sepultura á los
que han sido muertos, ó como esqueletos hollados—
de anchas murallas de Babilonia con toda su altura, en
que Ciro, sitiándola por todos sus lados con su ejer­
cito, buscó en vano un solo punto por donde las na­
ciones congregadas bajo su mando pudiesen escalarlas
ó abrir una brecha, á ser un terreno donde no ha que­
dado señal alguna de ellas, donde nada hai que de­
tenga ó impida su curso á los gusanos que lo cubren
— y finalmente de Babilonia la grande, la maravilla
del mundo, a ser ]a Babilonia arruinada, el espanto
de cuantos pasan por ella;— en extremos semejantes,
sean cuales fueren los cambios y alteraciones que en
ellos se comprenden, haya sido quien quiera el instru­
mento que los haya causado, 110 hay hasta el dia pre­
sente en toda esta portentosa historia de Babilonia un
solo hecho que con toda exactitud y precisión no se
halle en el numero de los profetizados, y que expresa­
mente no haya tenido un puntual y entero cumplimi­
ento ; al mismo tiempo que el conjunto de todos
manifiesta, como ahora puede verse— leyendo el con­
texto literal de los juicios anunciados, y cotejándolo
con los hechos como lian sido y son— la destrucción
venida del Omnipotente sobre Babilonia.
BA BIL O NIA . 131

H abiéndose cumplido todos los decretos del Señor


contra Babilonia ; y teniendo á nuestra vista tan clara
manifestación de loa hechos ; ¿ quien será el mortal
que se atreva á responder con una negativa á 3a pre­
gunta que á continuación de estas mismas profecías
hace el todo sabio autor de ellas ? ££ ¿ Quien hizo
oír esto desde el principio ? ¿ y desde entonces lo pre­
dijo ? ¿ P or ventura no soy yo el Señor ? ¿ y no liai
otro D ios sino yo que declaro desde el principio cual
será el fin, y desde tiempos antiguos las cosas que
aun no se han verificado?” Isa. xlv. 21. ¿ H a i al­
guna circunstancia expresada en la verdad de esta pro-
fecia que no se vea aquí ? ¿ H a i sobre k tierra algún
sitio que haya sufrido una mas completa transforma­
ción ? L a historia del linaje humano (se ha dicho
con verdad*) no presenta un contraste mas estupendo
que el de Babilonia, comparando su antigua grandeza
y magnificencia con su total desolación. Sus ruinas
han sido examinadas con cuidado y escrupulosidad por
varios Ingleses dignos de todo crédito ; y el resultado
de cada reconocimiento y examen es una nueva de­
mostración del literal cumplimiento de todas y de cada
una de las profecías- ¡ Cuan pocos lugares hai sobre
la tierra de que se haya hecho una tan clara y fiel pin ­
tura ? como la que se halla en las profecías de la deso­
lada Babilonia, en un tiempo en que no habia otro
punto que se le pareciese, sino precisamente el que ha
presentado últimamente el mismo sitio desierto, solí-
tario y desolado en que yace! ¿ S e citará alguna
* Revista de Edimburgo, N o. i. p. 43Í),
132 BABILONIA.

profecía anas circunstanciada, mas portentosa, mas


nuraerosa; mas verdadera, ó por sus grados mas com­
pletamente verificada en el espacio de muchas gene­
raciones ? ¿ Y cuando se contemple lo que era B abi­
lonia, y lo que es al presente, querrán las naciones no
aprovecharse de esta lección ? ¿podran dejar de temblar
los tiranos? ¿se abstendrán los escepticos de pensar?
A l ver asi reducidas á polvo las obras mas soberbias
de la mano del hombre ; ¿ donde esta la fuerza, sabi­
duría, hermosura, ó grandeza humana en que alguno
pueda gloriarse ? ¿ y cual es el nombre que única­
mente y siempre debe ser temido y exaltado, sino el de]
Señor que ha llevado á cumplido efecto todos sus de­
signios contra B abilonia? Y considerando que la
gloria de los reinos ha sido de tal modo aniquilada,
¿ que otra posesion 6 prerogativa terrena podrá merecer
aprecio, sino la de ser ciudadano de “ el reino " que
solo es el u inmovible ? ” H ebr. xii. 2S> ¿ y cuan de
poco momento, como el polvo de la destruida Babi­
lonia, se hallará al fin que es todo lo demas en su
comparación ? ¿ Y a que otro estado necesita aspirar
el verdadero cristiano, 6 que miedo humano podra
retraerle, si pone su confianza en aquel D ios, conforme
á cuyas palabras los anchos muros de Babilonia vinie­
ron abajo y han desaparecido ? Y si la fragilidad de
su existencia, si los sepulcros de sus hermanos y de
sus padres, no bastan para enseñar al hombre mun­
dano* al negligente, al que solo tiene el nombre de
cristiano, que el orgullo y soberbia no conviene al
hom bre; vaya y busque las murallas de Babilonia, y
TIRO. 133

pongase sobre las abrasadas ruinas del templo de Belo ;


en donde podrá aprender por sus mismos ojos la ver­
dad de la palabra de D ios. ri Todo lo que hai en el
mundo es concupiscencia de carne y concupiscencia
de ojos y soberbia de vida ; la cual no es del Padrej
sino del mundo. Y el mundo se pasa y su concupis­
cencia ; mas el que hace la voluntad de D ios perma­
nece para siempre,” 1 Jo . ii. 16, 17.

TIRO .

Tiro situada íi la extremidad oriental del mar M e­


diterráneo, y al N. de Palestina, fue por largo tiempo
3a ciudad mas comerciante del mundo. Varios au­
tores gentiles hacen mención de su opulencia y exten­
sivo trafico: y los capítulos xxvi. xxvn. y xxviii. de
Ezeqinel contienen tina elocuente descripción de lo
mismo, presentando el contraste de los inmensos ramos
y objetos de comercio en que se empleaba y de la
magnificencia y riqueza á que entonces habia llegadoj
con las mudanzas y humillaciones á que estaba desti­
nada;, hasta quedar reducido su suelo á Ci un tendedero
de redes de p escar/’
Apelaremos también ahora al testimonio.de Volnei,
el cual no solo dice que Tiro fue Cí el teatro de un in­
menso comercio y navegación, la cuna de las artes y
de las ciencias, y la ciudad cuyos habitantes fueron
tal vez los mas industriosos y activos que se han
conocido en el mundo sino que ademas cita, como
un respectable fragmento de la. historia antigua, la
N
134 TIRO.

magnifica descripción que hace Ezequiel de su gran­


deza y riqueza* y el claro anuncio de su futura deso­
lación : reconociendo expresamente que u las vicisi­
tudes de los tiempos, 6 mas bien la barbarie de los
griegos del Bajo Im perio y de los mahometanos han
dado cumplimiento a esta profecía*” * L a barbarie
de los mahometanos que efectuaron la ultim a desola­
ción de Tiro, y el cumplimiento de la profecía, 110
comenzó hasta despues de mil y doscientos años de
haberse escrito su destino en aquel ic fragmento
antiguo.” M as ni por lo largo del tiempo, ni por
sus vicisitudes* se esconde jamas ningún suceso á los
ojos de D ios que lo ye todo.
L a destrucción de la antigua Tiro (situada en el
continente de Fenicia) por Nabucodonosor reí de
Babilonia— la dispersión de sus habitantes y su huida
por m a rá otras regiones— la subsiguiente restauración
(despues de la caida de la monarquía de Babilonia) de
su comercio y riqueza en aquella parte de la ciudad 6
la Nueva Tiro, edificada en una isla distante media
milla de la costa— el sitio y destrucción de esta por
Alejandro el grande— el echar las piedras, las maderas
y el polvo (las ruinas y escombros de la antigua ciu­
dad continental) en medio del maL1— el raer de ella
hasta el polvo, como lo hizo aquel conquistador (según
lo refieren los historiadores de su vida) para formal1
una calzada desde la playa hasta la isla y sitiar la
ciudad nueva— el ahogar el poder marítimo de esta,
apoderándose de ella y aniquilando su comercio— el
* Yiajtí do Yolneij yol. ii. p. 213.
TIRO. 135

incendiar la ciudad— el pasar, á cuchillo á muchos


de sus habitantes-— y el vender á otros como esclavos;
todo esto forma el conjunto de los hechos principales
relativos á la caída y destrucción de Tiro, y cada uno
de por si es aisladamente el cumplimiento de aquella
profecía. L a destrucción de la ciudad antigua por
Nabucodonosor y los Caldeos se verifico el ano 573
antes de C risto: la nueva ciudad insular empeuóaflo­
recer 70 años despues, y su sitio y toma tuvo lugar
330 años antes de la era cristiana. Las profecías que
anunciaron estas dos distintas destrucciones de Tiro,
se refieren á am bas; algunas expresiones solo pueden
aplicarse á la antigua ciudad» y otras solo á la n u ev a :
ñas todo lo que en ellas se expresa ha sido portentosa­
mente cumplido.
Ammon es aun un establo de cam ellos: las ciu­
dades de A roer en M oab son albergues para el ganado ;
las habitaciones desoladas de Edom, subsisten : Ninive
es un montón de tierra cubierto de yerba : Babilonia
un cumulo de montones de escombros. Mas de Tiro,
la ciudad antigua continental, hasta el polvo se quitó
y fue raido. “ H a sido buscada, y no se ha hallado.”
Después que las ruinas de la antigua T iro fueron
echadas al agua, faltando materiales por haber sido
demolida la primera calzada, se arranco la tierra 6 el
mismo piso, como refiere Q. Curcio historiador ro­
mano, y el polvo de la antigua Tiro sirvió para que
por medio del mar pasase á pie enjuto el enemigo
hasta la nueva ciudad. Este paso ó calzada todavía
subsiste.
N 2
136 t ir o .

E ra tal sin emborno la celebridad de Tiro y su


posicion para el comercio tan ventajosa, p e no tardo
mucho en ser restablecida en la misma isla3 y despues
floreció por largo tiempo. E n 3a era cristiana se con­
struyó en ella un magnifico templo y muchas iglesias.
Sus mercancías y sus ganancias, según la profecía,
eran santidad para el Señor, M as Jas iglesias cris­
tianas de oriente degeneraran como las de occidente :
prevaleció la idolatría : se llenó la medida de la ini­
quidad. Los Saracenosj y despues los Turcos (p ri­
mera y segunda calamidad) inundaron muchos fértiles
países : y aunque Tiro continuó siendo una ciudad
comerciante de importancia hasta el periodo de los
últimos seiscientos años, al fin en el siglo anterior, ha
quedado reducida k lo que desde el principio anunció
la profecía» & ser u como una piedra lisa y un tende­
dero de redes para pescar/' Ezeq. xxvi. 5. “ Toda
la poblacion de Tiro, dice Volnei, consta solo de cin­
cuenta ó sesenta pobres familias, que viven oscura­
mente del producto de su corto terreno y algo du
pesca.'5 “ E l puerto de Tiro, según lo vio y describe
el D r. Shaw, ademas de ser pequeño, esta tan obstru­
ido con la arena y escombros que los mismos botes de
pescar qne de cuando en cuando se llegan (\ este en
otro tiempo celebre emporio, y enjugan sus redes sobre
sus rocas y ruinas, entran en el con mucha dificultad.,f
Bruce describe el sitio donde estuvo Tiro, como (í una
roca donde los pescadores tienden y ponen á sacar sus
redes,” E l “ mercado de las naciones,” es una alde¡i
de pescadores ; los muros de Tiro con sus torres lian
TIRO. 137
venido abajo : y los pescadores tienden sus redes,
donde “ los principes del m ar” vivían en sus casas de
placer, y desde donde í£los reyes de la tierra se
enriquecían con la multitud de sus riquezas y mer­
cancías.”
Al presente ya no exporta T iro á las naciones mer­
cancías algunas : mas en vez ele esto les envía una voz
que se oye mucho mas alia de donde arribó con su
comercio, mas duradera y útil que toda su fina lencería,
b o rd a d o s, sillas de marfil, paños preciosos, ébano, es­
meraldas, purpura, agatas, especieria, frutos, vinos, y
toda la inmensa muchedumbre de sus géneros, Ezeq.
xxvíi. Y al paso que desde todos los puntos de la
tierra puede ser oida esta voz, emitida por el Señor, con
mas especialidad deben prestarle atención los sucesores
de los tirios en el comercio, 110 sea que llenándose de
orgullo y corrompidos como ellos, experimenten igual
castigo. Y ahora que han cesado ya sus cantares y
no suenan mas sus arp a s; ahora que los principes del
mar han sido derribados de sus sillas ; su mismo des­
tino, que les fue anunciado de antemano y ha quedado
cumplido, es un terrible y expreso aviso á todos los que
como ellos, puedan ir extraviados, para que sigan la
sabiduría que enseñaron los pescadores de Galilea mu­
cho mas alta y sublime que aquella C! grande sabiduría
y comercio,” por cuyo medio aumentaron su riqueza y
se llenó de orgullo su corazon ; pero que 110 pudo sal­
varles a en el dia de su ruina.”
A los marinos, pilotos, romeros, y á todos los que
se emplean en el comercio y navegación, se dirije la
N 3
138 TIRO.

voz del Señor emitida contra T im , cuando se ocupaban


sus moradores en el trafico con los pueblos de muchas
islas: “ Los marineros y todos los pilotos se pararán
y ahullarán sobre ti á grandes voces, y gritarán amar­
gamente y echarán polvo sobre sus cabezas y se cubri­
rán de ceniza... y haran por ti canción de dolor, y te
plañiran; ¿ quien hai como Tiro» que enmudeció en
medio de la mar ? „ , á la nada has sido reducida y no
seras nunca jam as,1' Ezeq. xxviii. 30, &c. Todo esto
porque se halló en ella la iniquidad : porque ella habia
pecado. N o provoques pues los celos del Señor:
¿acaso eres tu mas fuerte que E l ? Nó provoques la
colera del S e ñ o r: ni pienses que has de poder escapar
de su ira. N o profanes su santo nombre. Porque
escrito esta en palabras tan claras como las de cual­
quiera otro juicio de los muchos que se han cumplido,
y en el mismo libro— y ademas se grabó por el dedo
de D ios en una tabla de piedra : " No tomarás el
nombre del Señor tu D ios en vano; porque el Señor
no tendrá por inocente al que tomare el nombre del
Señor su Dios en ran o ,” Exod, xx. 7, Según la pa­
labra de Dios, piedras, maderas y hasta el polvo de la
antigua T iro todo fue arrojado en medio de las aguas;
el polvo fue raido de ella— y “ el mercado de las na­
ciones” quedó reducido a un tendedero de redes en
medio del mar* N o pronuncies pues maldiciones ni
imprecaciones contra otros ni contra ti mismo, porque
Dios, que siempre te esta oyendo, podra tal vez con­
vertir contra el que jura sus profanas y blasfemas pala­
bras y hacer que recaiga sobre el su misma imprecación
TIRO. 139
y maldición. L a grande paciencia y bondad de Dios
en sufrir al hombre impío, y en dilatarle ó evitarle i a
condenación que el mismo muchas veces reclama á voz
en grito, y que tiene tan merecida ; sírvale de guia para
arrepentirse y para temer debidamente á aquel grande
y glorioso nombre— Üs? Seno1)' D io s tuyo. A l leer ó
recordar las palabras de Cristo y de sus aposto!es, no
te olvides jam as de las que dicen : “ No juréis de n in­
guna m anera: sobre todo no ju réis.” Sea la estrella
polar de tu viaje durante la vida, la fe en Cristo J e s ú s :
y su palabra, que es la que declara la voluntad de D ios
con respecto a ti, tu constante carta de navegación : y
de este modo, por mas bajíos 6 escollos que se encu­
entren en tu rumbo, en ninguno naufragará tu fe y tu
buena conciencia, y podras llegar al puerto del descanso
eterno. Teme á Dios, y desecha todo otro temor.
H ai una fuente perene para el pecado y ia impureza,
donde puede lavarse toda mancha aunque fuese tan
fuerte como la. de la purpura de Tiro, y donde el cora­
zón purificado de la mala conciencia puede prepararse
para ser morada de Dios santo. H ai un (< mercado,”
franqueado por Jesús, donde aun los que alguna vez
se lian cubierto con el vestido de maldición, despren­
diéndose del pecado que les acosa, pueden cambiarle
por las blancas vestiduras de la justicia de que están
revestidos los hijos del reino del R edentor. H a i un
ornamento aun pava el de manso y pacifico espíritu,
que á los ojos de Dios es de gran precio, y que debo
estimarse en mucho mas que todos los fardos ó cajas
de ricos ge ñeros conducidos por los comerciantes
.140 EGI PTO .

orgullosos de Tiro. H ai una “ m ercancía” en donde


se halla la verdadera sabiduría y una ganancia duradera,
y con que incesantemente se debe traficar hasta hallar
y poseer con seguridad, ¡í ]a perla de gran precio.11 Y
pues que puedes lavarte y quedar limpio, al paso que
piensas en la pasión del H ijo de Dios por los pecados
de los hombres, piensa también en las gracias que E l
les da, y apresúrate á hacer el cambio de los placeres
fugitivos del pecado por los tesoros perdurables del
cielo. Los malos serán arrojados (\ las tinieblas, como
la antigua Tiro lo fue donde todavía existe, en medio
de las aguas. M as la eterna herencia de los justos,
donde no hai oleadas que los hundan, sera el gozo y
la gloria en el paraíso de D ios,

E G IP T O .

Egipto fue uno de los1 mas antiguos y mas podero­


sos reinos del globo. Las indestructibles pirámides y
las ruinas de las ciudades y templos, ju n to con loa
magníficos “ sepulcros de los reyes,” muchos de los
cuales han sido recientemente descubiertos por B clzoni;
son en el dia los principales y casi los únicos monu­
mentos de su antiguo esplendor. Su multitud y mag­
nificencia excede los limites de toda descripción : el
numero de sus ciudades y pueblos cu los tiempos anti­
guos, que, como aseguró Hcuodoto, ascendían á veinte
mil, es apenas creíble- E ste celebre escritor, llamado
el padre de la H istoria, describe el Egipto como el
país mas fértil y mejor cultivado asi por naturaleza
KG IPTO . 141

como por arte, de cuantos se conocían, y el que reunia


on si mas maravillas que todas las demás regiones de
la tierra» E í Egipto todavía esta lleno de estas obras
portentosas; aunque sus antiguas ciudades y templos
no son mas que ruinas ; las cuales han sido con toda
extensión descritas por Norden, D enon, H amilton,
Burckardt, Bclzoni y otros. Eütos estupendos tem ­
plos con sus solidas y elevadas columnas, se hallan
profusamente cubiertos do gerogli fleos ; y aunque eri­
gidos por mortales que cambiaron la gloria del Dios
incorruptible por la imagen corruptible del hombre ó de
las aves* o de los animales cuadrúpedos, 6 de los rep­
tiles; parece que estaban destinados para rendir home-
uage al D ios vivo, único y verdadero, el D ios de Israel,
sirviendo de ilustración asi a la historia, como a la
verdad profe tica de su palabra.
E l E gipto fue objeto de muchas de las profecías
que ya quedaron cumplidas en los tiempos antiguos,
como lo demostró el obispo New ton en sus diserta­
ciones sobre las profecías: y hasta el dia presente con-
serva, despues del curso de tantas edades^ las marcas
y señales con que pro ícticamente se anunció su fu­
turo destino, Ezeq. xxix, 14, 1 5 ; xxx. 7, 12, 13;
xxxii. 15.
E gipto podia gloriarse de lina prolongada sucesión
de reyes : y de haber sido sin interrupción un reino
poderoso desde las primeras edades del mundo. M as
desde la era de los profetas, asi en esta parte, como en
otros respectos, cambia el aspecto do su historia : y
contra todo lo que pudiera entrar en el calculo de lu
142 EGJPTO

capacidad y experiencia humana ; le fue anunciada


clava y formalmente su revolución.
Invadido y subyugado por Nabucodonosor rei de
Babilonia, según la palabra del Señor por Jeremías,
Jerem , xivi, 13, y por Ezequiel, Ezeq. xxx. 1 0 : apo­
derándose posteriormente de el los Persas bajo el
imperio de Cambises y los Macedón i os bajo el de
Alejandro el grande, Isa. xxix* 1— 13 ; en seguida
despues de la muerte de este principe por espacio de
casi trescientos años fue gobernado por los Ptolomeos
descendientes de uno de sus generales, en cuya época
continuó siendo un mui opulento reino, basta que cerca
de treinta años antes de la era cristiana, cayó en poder
de los romanos : y sucesivamente (le los saracenos, los
mamelucos, y turcos. Su historia es una clara demo­
stración de que todas las profecias concernientes á este
país han tenido efectivo cumplimiento.
D ios habia declarado por Ezequiel, Ezeq, xxix, 14,
10; xxx. 12, 13, “ que seria reino débil, el mas debií
de todos los remos : que no se alzaría mas entre las
naciones: que su orgullo seria abatido : que su pais
seria vendido á los malvados y destruido cnanto hai en
el por mano de estraños. Yo el Señor lo he dicho :
no habra mas principes de la tierra de Egipto : el cetro
de E gipto pasará á otros."
,£ T al, dice Volnci, es el estado actual de Egipto,
Privado hace dos mil y trescientos años de sus na­
turales propietarios» ha visto ser sucesivamente sus
fértiles campos presa de los persas, macedonios, ro­
manos, griegos, arabes, georgianos, y al fin de la raza
Ií GIPTO , 143

ele tartaroa conocidos bajo el nombre de turcos oto­


manos. L os mamelucos, comprados como esclavos, ú,
introducidos como soldados, pronto usurparon el poder
y eligieran su caudillo. Si el primer establecimiento
de esta milicia fue un suceso singular, no es menos
extraordinaria su continuación. Su reemplazo se ve­
rifica con esclavos que se traen de su nativo pais. E l
sistema de opresíon es metodico. Todo cuanto se
presenta á la vista de un viajero y todo cuanto oye,
le recuerda que esta pisando un pais de esclavos y de
tiranos. E n E gipto no hai clases medias, ni nobleza,
clero, comerciantes, ó hacendados. L a ignorancia
esta difundida sobre toda clase de personas, y extiende
sus efectos á toda especie de conocimientos morales* y
físicos/'* &c. “ No puede darse, dice Gibbon, una
constitución mas injusta que la que condena á los n a­
turales de un pais á una perpetua servidumbre bajo el
dominio arbitrario de estrangeros y esclavos. Sin
embargo tal ha sido el estado de E gipto por espacio
de mas de quinientos años. L os mas ilustres sultanes
de las dinastías B aharita y Borghita, fueron sacados ó
promovidos de las bandas íi hordas de los tartaros y
circasianos: y los veinte y cuatro Beis ó caudillos
militares de los mamelucos, son siempre reemplazados,
no por sus propios hijos sino por sus domésticos.” f
Este singular poder de los mamelucos, ha sido en estos
últimos años destruido de una manera mui pérfida y

* Yolrtei Yiaje, vtjL i. p .7 4 , 103, 110, 190* &e.


f Gibbon tlis t. ele la decl, del Rom, Imp. loin* i. 1\
m 1J0.
144 EGIPTO.

sanguinaria. í( No lia habido un principe que fuese


natural de E gipto." E gipto ha sido devastado con
iodo lo que dentro de su territorio se contenía por la
mano de los estrangeros, “ E s un reino débil y el
mas débil de todos los reinos, gobernado por es (¡ranos
y por esclavos,” E l actual baja es un opresor y un
estrangero : y el precio que paga por ejercer su auto­
ridad y poder, y el estar toda la propiedad del pais a
la discreción y arbitrio de cada uno de los que le
sucedan en el mando, es una evidente prueba del literal
cumplimiento de la profecía; “ E l E gipto sera ven­
dido á los malvados.”
Recorriendo las profecias relativas á Ninive, B abi­
lonia, T iro, E gipto, Judea y todos los países adya­
centes, ¿ n o resulta un hecho cierto ó indisputable,
que no necesita de confirmación, y que se funda en el
testimonio de los mismos incrédulos, ademas del de
los cristianos, de que el destino de todas estas ciudades
y países, con referencia á su historia pasada y al estado
presente, es una demostración de la verdad de las pro­
fecias que les son concernientes, y de qne todas estas
profecias, ratificadas por los mismos sucesos, son la
mas decisiva prueba de que los santos hombres de la an­
tigüedad, que unánimemente dieron testimonio de J e ­
sús, todos hablaron inspirados por el E spíritu Santo?
N o hai palabra mas segura con respecto á las cosas
pasadas y presentes, que las suyas con respecto á las
cosas futuras. Todas las desolaciones fueron obra del
hombre y todas fueron ejecutadas por enemigos del
cristianismo.- E l anunciar estos hechos literalmente
EGIPTO. 145

como despues sucedieron con suü particulares circun­


stancias y pormenores, cosa infinitamente fuera del
alcance de toda previsión humana» es obra de solo
Dios, L a ruina de los imperios, al paso que prueba
la verdad de cada uno de los títulos de estas profecías»
es ademas una confirmación y una demostración de la
verdad de las escrituras, ¿ P o r qué fatalidad, pues,
los incrédulos» sin advertir cuanto se debilita su pro­
pia causa» han escogido para campo de batalla aquel­
los mismos países, en donde, sin invocar por entre sus
ruinas el espíritu de la mentira, como lo han heclio,
hubieran podido leer á cada paso el cumplimiento de
las profecias ? Cada hecho de los que refiere Volnei
es un testimonio contra todas sus especulaciones : el
mismo se contiena por su propia boca, ¿ Puede
darse un alucinamiento mayor y mas claro que el de
pasar por alto estas profecias» y fundar un raciocinio
contra la verdad del cristianismo en aquellos mismos
hechos que atestiguan su cumplimiento, y que con
tanta evidencia establecen su divina verdad ? O ¿ po­
dra presentarse una demostración mas evidente de la
divina inspiración, que el conjunto de todos estos ma­
ravillosos anuncios tan exacta y literalmente verifi­
cados ?
C A P . V IL

LOS ABASES, &□.

L a prolongada esclavitud de Jos africanos descendi­


entes de Canaan, de quien se dijo : “ E l fiera siervo
de los siervos de sus hermanos el establecimiento du
las colonias europeas en el Asia, ó el extenderse los
lujos de Jafct, cuyos descendientes poblaron la Europa,
y habitar en las tiendas de Sem, cuya morada fue en
la parte oriental ó en Asia, Gen, x. 5, 6, 1S, 1 9 ,3 0 ;
confirman hasta el presente la verdad de aquellas pala­
bras que fueron pronunciadas por N oe : “ Maldito
Canaan, siervo será de los siervos de sus hermanos.
Bendito el Señor de Sern ; sea Canaan siervo de é l
Ensanche D ios á Jafet y habite en las tiendas de Sem,
y sea Canaan siervo de el,” Ib. — 27,
D e Ismael, de quien se suponen descendientes los
Arabes, se dijo por el ángel del Señor, antes de su
nacim iento: “ E ste será un hombre fiero : las manos
de el contra todos, y las manos de todos contra é l : y
frente á frente de tocios sus hermanos plantará sus
tiendas,,. L e bendeciré y haré crecer y 1c multipli­
caré m ucho,... y le liare caudillo de grande gente.1'
Y á su madre A gar se le dijo : u multiplicando mul­
tiplicare tu posteridad y no se podra contar por la
m ultitud,” G en. xvi. 10, 1 2 ; xvii. 20, Los descen­
dientes de Ismael se han multiplicado excesivamente.
LOS AR AB ES . 147

Su semilla es tan numerosa r^ue no puede contarse.


Escnsacio es referir la historia de los Arabes. G eneral­
mente son conocidos como un pueblo feroz : su mano
esta levantada contra todo hombre, y la mano de todo
hombre esta levantada contra ellos. Usando de la expre­
sión del historiador Gibbon, que parece tomada de las
palabras mismas de la profecía, ellos están íc armados
contra todo el línage humano ; 3Í y las marcadas señales
de la verdad profetica, que presentan aun en el dia los
arabes, no pueden expresarse con mayor viveza que con
las palabras de un sabio observador testigo de vista ;
el cual despues de haber visitado un campamento arabe
y examinado completamente todas las particularidades
propias de su raza, d ice: “ tales deben haber sido los
usos y costumbres de este pueblo por mas de tres mil
años, según el computo mas bajo* A si se verifica en
ellos en todo y por todo la profecía hecha á Ismael
antes de su nacimiento, de qne en su posteridad seria
mi hombre feroz, y continuarla siéndolo siempre,
aunque habitase en la presencia de su? hermanos.*
Que un pueblo de vivo ingenio y activo, rodeado por
muchas edades de naciones civilizadas y lujosas, desde
su principio en tan remotos tiempos hasta el presente
haya conservado su ferocidad habitando en presencia
de todos sus hermanos (que tales pueden llamarse estas
naciones) sin poder ser subyugado, y sin cambiar sus
hábitos y genero de vida, es sin duda un continuado
* Los judíos, idumeos, m oh abitas, amalecitas, eran á ln.
letra hermanos suyos, todoe como ellos descendientes de
Abraham, y todos situarlos en loe países comarcanos.
O 2
148 LOS A l íA I ili S .

milagro— uno de aquellos misteriosos hechos que esta­


blecen la verdad de la profecía.” %
Los recientes descubrimientos han sacado á luz
también otra milagrosa preservación y existencia de
otra menos numerosa, pero no menos interesante
estirpe— de “ una planta que creció á la sombra del
poderoso cedro de Israel, y estaba destinada á florecer
cuando aquel soberbio árbol fuese derribado/’ Q,uar*
terly Review, N o. lxxv. p. 142. “ Esto dice el
Señor D ios de los cjercitos el Dios de Is ra e l: no
faltará varón de la estirpe de Jonadab, hijo de Re-
cliabj que esté delante de mi todos los días,” Jerein.
xxxv* 19. Los Beni Rechab, ó lujes de Rechab,
existen aun, y forman un pueblo aparte y distinto
de los domas. Se glorian de ser descendientes de
H cchab, profesan el puro judaismo y todos saben
el hebreo. Sin embargo viven en las cercanías de la
M eca, asiento principal del M ahometismo, y se dice
que serán como unos sesenta mil. L a noticia que dio
de ellos Benjamín de Túllela en el siglo doce, f se ha
confirmado recientemente por M r. WolfT, y como lo
vió el mismo y lo oyó a u n intrépido recli abita, *c no
falta varón descendiente de Rechabj que esté delante
de D ios,”

w llob . ICcr Porter Viages, vol. i. p. 304,


f Basiiiige H íst, p, 620.
LAS SIETE IGLESIAS DIZ ASIA. 149

C A P . V III.

LAS SIETE IGLESIAS DE ASIA.

L a claridad que ofrece el breve y compendioso con­


junto de las profecías mencionadas en las anteriores
paginas, asi en su mismo literal contexto, como en la
multitud y precisión de los hechos que acreditan su
puntual y efectivo cumplimiento ; está como desafiando
al mas sutil escéptico (i que invente 6 imagine algún
sistema que pueda tener visos de fundado ó razonable,
para explicar de que otra manera pudieran haberse
hecho todos estos anuncios sino solo por inspiración
de Dios. L a palabra firme y segura de la profecia,
reveló indudablemente muchas de las desoJaciones que
vinieran sobre la tie rra : mas al paso que en algunos
de sus efectos se muestra la obra del li misterio de la
iniquidad i” también comprende en si la parte del
(í misterio de la piedad y manifestando en cuanto
es posible en las ni iñas terrenas el progreso y el efecto
del dominio de Cí otros señores '* sobre los corazones
de los hijos de Jos hombres ; es al mismo tiempo un
evidente testimonio de Jesús. Los pecados de los
hombres fueron la causa, y la crueldad de los hombres
el instrumento de las terribles desolaciones anunciadas
por D io s ; las cuales, como señales y manifestaciones
indudables de sus juicios, nunca tuvieron lugar sina
donde anteriormente había prevalecido la iniquidad*
o 3
150 LAS S1KTE IGLESIAS D li ASIA.

Y aun cuando todos los demás avisos fallasen, el docu­


mento que ofrecen los pasados juicios, y el sonido
amenazante de los que quedan por cumplir ¿ n o ense­
narán al pecador impenitente á precaverse de las ame­
nazas de la palabra y de los terrores del Señor, á
examinar sus caminos y volverse a D ios, mientras que
tiene lugar de arrepentirse, antes de que le ]legue la
hora de su muerte y le alcance el juicio ? Y las de­
solaciones que Dios ha enviado sobre la tierra en
testimonio de la verdad de su palabra que pone en
clara luz la vida y la inm ortalidad; ¿ n o enseñarán al
hombre que no reconoce mas Dios que al mundo, á
abstenerse de tenerle por digno de su adora ció n y de
su amor, y á abjurar aquella “ avaricia que es idola­
tr ía /’ hasta que el Ídolo de M am ón que tiene en su
templo interior, caíga como cayo la imagen de D agon
ante el arca del Señar en que estaba guardado “ el
testimonio ? ”
M as para los que tienen el nombre de cris han os,
como sucede con millones de hombres que viven sin
apartarse de la iniquidad, hai otra voz que les avisa y
habla con ellos mas directamente y mui de cerca. No
viene solo de las regiones desoladas, donde moraban
los gentiles, la voz que declara que ios santos varones
de la antigüedad hablaron movidos por el Espíritu
Santo : también la emiten las ruinas de algunas ciu­
dades, en donde hubo iglesias establecidas por los mis­
mos apastóles, y donde en otro tiempo prevaleció con
toda su pureza la religión de J e s ú s : y asi todos podran
aprender que Dios no hace acepción de personas y
LAS SiETE IGLESIAS ASIA. 151

que no perdona el pecado, sea quien fuere el que este-


manchado con el. “ E l que tenga oreja, oiga lo que
el E spíritu dijo a las iglesias,” Apoc, ii. 7.
¿ Que iglesia podra reclamar con ju sta razón ó as­
pirar jam as á mas alto titulo, que el que se da en k
escritura á las siete iglesias de Asia, cuyos angeles
eran siete estrellas en la mano derecha de aquel .que es
el primero y el ultimo— de aquel que vivió y murió y
está vivo en los siglos de los siglos, y tiene las llaves
de la muerte y del infierno— iglesias que eran los siete
candelcros de oro por entre los cuales E l andaba ? Y
¿ quien es el que teniendo oreja para oir, no oiga h u ­
mildemente, y saque gran fruto de lo que les dijo el
Espíritu ? Apoc. ii. iii.
A la iglesia de Efeso, despues de indicar y í( apro­
bar sus primeras obras, trabajo, y paciencia, exortan-
dola £ que vuelve á ellas, liaee cargo de haber abando­
nado su primer fervor y caridad, amenazandola con que
si no se arrepentía seria removido de su lugar su can-
delero,” Ib- ii, 2, &c- Efeso situada cerca de cincu­
enta millas al sur de Esmirna, fue la metrópolis de la
Ionia, una ciudad grande y opulenta y según Estrabon,
el principal emporio de toda el A sia m enor: especial­
mente era celebrada por el templo de D iana, á quien
adoraba toda el Asia> adornado con ciento veinte y
siete columnas de marmol de Paros, todas de una sola
pieza y de sesenta pies de alto, una de las siete mara­
villas dol mundo. Todavía se ven los restos de su
magnifico antiguo teatro, en que cabían, segnn se dice,
cómodamente sentadas veinte mil personas^ Act, xlx.
152 LAS SI ET E IGLESIAS DE ASIA,

2 9. M as “ lo único que hoi queda de la antigua Efeso


son algunos montones de piedras, y algunas miserables
casacas de barro, que suelen habitar los turcos oca­
sionalmente, sin que resida allí lii un solo cristiano.’1*
Según la descripción que hacen varios viajeros, es un
sitio celebre, enteramente abandonado. L a carta de
Pablo á los de Efeso, se lee por iodo el mundo : mas
al presente nadie la lee en aquella ciudad. Ellos de­
jaron su primer ardor y caridad, no volvieron á sus
primeras obras. Su -candclero fue quitado de aquel
lu g a r: la gran ciudad de Efeso ha dejado de existir.
L a iglesia de Esm irna fue aprobada por ser “ rica, y
no se pronunció contra ella ningún juicio.” M as se le
uví^ó de que tendría luí a “ tribulación de diez dias ”
(los diez años que duró la persecución de D io cíe cían o)
y se le recomendó que permaneciese “ fiel hasta la
muerte y tendría la corona de v id a/' A poc. ii. 8 — 11.
Esm irna, al reves de la ciudad de Efeso, que fue
mucho mas grande y celebre, es al presente una gran
ciudad, que cuenta casi cien mil habitantes y muchas
iglesias griegas, y la residencia de cónsules ingleses y
de otras naciones* L a luz á la verdad lia quedado
algo opaca, mas el candelero no lia sido absolutamente
quitado de alli.
L a Iglesia de Férgamo es alabada par haber <c con­
servado el nombre del Señor y no liaber abandonado
su fe ” en el tiempo de la persecución y en medio de
una ciudad corrompida* M as en ella habia muchos
que seguían malas doctrinas y hacían cosas perversas?
* Ai-un<lel: visita íí las siete iglesias del Asia, p. 27.
LAS SI ET E IGL ESIAS D E ASIA. 153

contra los cuales, sino se arrepentían vendría el Señor


y pelearía con ellos con la espacia de su boca : sin
añadir, como lo dijo contra Efeso, que el candelera
seria quitado de aquel sitiOj Apoc* ii. 12, &c. P er-
gamo esta situada á distancia como ílc unas sesenta y
cuatro millas al norte de E sm im a : en otro tiempo fue
la capital de la M isia H elespóntica. H ai en el dia en
ella como unos quince mil habitantes, de los cuales los
mil y quinientos son griegos, y doscientos armenios
(]ue tienen sus iglesias separadas.
E n la iglesia de Tiatira, como en la de Pérgamo,
se habia mezclado alguna cizaña con. el trigo. E l que
tiene los ojos como llama de fuego^ distinguió lo uno
y lo otro. Pero por dicha de las almas de aquel pue*
blo, mas que por salvación de la ciudad, se describe
en estos términos el general caracter de la iglesia alli
entonces establecida : “ Yo conozco tus obras y tu fe
y caridad y tu paciencia y las postreras obras que hiciste
que exceden ¿í las primeras.” M as contra algunos do
entre ellos que habian cometido fornicación, y “ co­
mido de las cosas sacrificadas á los ídolos^ a los cuales
habia dado tiempo para que hiciesen penitencia y no
querían arrepentirse de su fornicación/' dijo que “ se
verían en grande tribulación,” y que íl á cada uno daría
según sus obras.” Estos, á quien en vano se dio este
aviso cuando vivian sobre la tierra, hace largo tiempo
que han ido, k donde todos los dias se apresuran á ir
otros muchos, al sitio donde ya no cabe arrepenti­
miento, ni buenas obras. M as “ á los demas de T ía- -
íira que 110 conocieron las profundidades de Satanas*
154 LAS SI E T E IGL ESI AS DE ASI A.

no pondré otra carga,” Apoc. ii. 18— 24. E u Tiatira


habia bastantes hombres justos que salvaron la ciudad.
Al presente todavía existe* al paso que han desapare­
cido otras ciudades mucho mas grandes. M r. H artley,
que la visitó el año 1826, dice que está como envuelta
entre alamos y cipreses, que los griegos ocupan tres­
cientas de sus casas y treinta los armenios, y que cada
una de las dos naciones tiene su iglesia.
L a iglesia de Sardís se diferenciaba de las de P er-
gamo y Ttatira. E stas no habían renunciado la fe :
mas el Señor (i tenía algunas cosas con tira ellas,” por­
que habia muchos que obraban eí mal, y sobre estos,
en caso de no hacer penitencia, habia de recaer su
juicio. M as en Sardis, aunque era una ciudad grande,
y aunque su iglesia fue fundada por un aposto], solo
“ habia algunas personas que no habían contaminado
sus vestiduras:” y á esta iglesia fue á quien dijo el
E spíritu : “ Yo conozco tus obras, que tienes nombre
que t í ves y estas m uerto,” M as el Señor es pacien-
tisimo, no quiere que nadie perezca, sino que se arre­
pienta. Y la iglesia de Sardis fue amonestada a s i :
“ Sé vigilante y fortifica las otras cosas que estaban
para m orir: porque no hallo tus obras cumplidas de­
lante de D ios, Acuerdate, pues, de lo que has reci­
bido y oido, y guárdalo y haz penitencia : porque sino
velares, vendré á tí como ladrón, y no sabras en que
hora veudre á t i / ’ Apoc. ni* I — 6.
E l estado presente de Sardis muestra que este aviso
fue en vano, y al mismo tiempo nos enseña que las
amenazas del Señor, si son desatendidas, se convierten
LAS SI ET E IGLESIAS D E ASIA. 155
en juicios inevitables, Sardis, capital de Lidia, fue
una grande y celebre ciudad, donde el reí Creso juntó
tantas riquezas que quedaron en proverbio- Aliora
algunas miserables chozas de barro í£ esparcidas entre
las ruinas,” son las unicas moradas que existen en
Sardis, donde viven algunos pastores turcos, que son
sus únicos habitantes. Como silla de una iglesia cris­
tiana, lia perdido, cuanto hai que perder, hasta el
nombre. u Ningún cristiano mora en ella,”
“ Y escribe al ángel de la iglesia de Filadelfia:
E sto dice el Santo y el Verdadero, el que tiene la
llave de David, el que abre y ninguno cierra, cierra y
ninguno abre, Yo conozco tus obras. H e aqui puse
delante de ti una puerta abierta que ninguno puede
c errar: porque tienes un poco de virtud, y has guar­
dado ini palabra y no has negado mi nom bre...porque
has guardado la palabra de mi paciencia, y yo to
guardaré de la hora de la tentación que ha de venir
sobre todo el m undo," Apoc. iii- 7— 10. L as pro­
mesas del Señor son tan infalibles como sus amenazas.
Solo Filadelfía resistió por largo tiempo el poder de
los turcos, y, como dice Gibbon, íf al fin capitulo con
el mas orgulloso do los otomanos. E ntre las colonias
é iglesias griegas del Asia, añade el mismo Gibbon,
Filadelfia esta todavia en pie como una columna en un
vasto teatro de ruinas,” Gibbon, cap. lxiv. “ Cosa
mui interesante es, dice M r. Hartley, hallar aqui el
cristianismo mas floreciente que en otras muchas partes
del gobierno turco: pues contiene gran numero de
cristianos que ocupan trescientas casas. Los oficios
156 !LAS SI ET E IGL ESI AS C E ASIA.

divinos se celebran todos los domingos en cinco igle~


sías. Y no es menos notable en estos tiempos de
tantos sucesos, y á pesar de la degradación en general
de la iglesia griega* que el actual obispo de Filadelfia
mira Cí la Biblia como el único fundamento de toda la
creencia religiosa/* y que reconozca que “ se han in­
troducido en la iglesia abasos que en los primeros
siglos pudieron tolerarse; mas que es preciso destruir
al presente.” Tam bién puede añadirse, con M r.
H artley (M issionary Register, June, 1 8 2 7 ) la circun­
stancia de que Filadelfia es llamada al presente “ A llah-
S h e ir/’ la ciudad de D io s : porque si se coteja con las
promesas hechas á esta iglesia, y especialmente con la
de “ escribir el nombre de la ciudad de D io s” sobre sus
fíeles miembros, es cuando menos una mui singular
casualidad. Las escandalosas iniquidades de los
hombres, han sido causa de que se hayan visto muchas
veces las señales y efectos de los terribles juicios de
D ios. M as por la perseverancia de la antigua iglesia
de Filadelfia en “ guardar la p alab ra/’ ha quedado en
la tierra un nombre y un monumento de la fidelidad
con que D ios le ha cumplido su promesa, mientras que
las superiores glorias prometidas á fí los que vencieren”
habran sido ratificadas en el cielo. Y en ellos y en
todos, confirmará nuestro glorioso R edentor la verdad
de sus benditas p alab ras: “ á quien venciere le haré
columna en el templo de mi D io s /’ con tanta seguri­
dad como la ciudad de Filadelfia, habiendo sido arru­
inado todo el pais de su derredor, “ ha quedado en
p ie /’ según la expresión de nuestros mismos ene-
LAS SI ET E IGLESIAS D E ASIA 157
migüSj í¡ como una columna en una escena de
ruinas.”
u Y escribe al ángel de la iglesia de Laoclícea :
E sto dice el Amen : el testigo fiel y verdadero : el
que es principio de la criatura de Dios. Sé tus obras,
que ni eres frió ni caliente: ojalá fueras frió ó cali­
ente. M as porque eres tibioj que ni eres frío ni cali­
ente, te comenzare á vomitar de mi boca. Porque
d ices: rico soy, y estol lleno ele bienes, y de nada
tengo falta : y no conoces que eres un cuitado, y
miserable, y pobre, y ciego, y desnudo. Yo te acon­
sejo que compres de mí oro afanado al fuego, para que
seas rico, y te vistas de ropas blancas, y no se descubra
la vergüenza de tu desnudez: y unge tus ojos con colirio
para que veas," Apoc. iii. 14— 18, E n todas las
demas iglesias
O se habia hallado alguna
O cosa recomen-
dable y digna de alabanza. L a iglesia de Efeso
“ habia trabajado sin desfallecer," aunque (t habia de­
jado su primera caridad y el castigo con que se la
amenazó sino se arrepentía, fue el de í£ quitar su can-
delero de su lugar*” E n Pérgamo y T iatira algunos
pocos infieles y miserables con su nial ejemplo y
doctrina “ contaminaban la iglesia: ” mas el cuerpo
estaba sano y tenia su parte en Cristo. A un en
Sardis, bien que el cuerpo estaba muerto, se conser­
vaba ía vida en unos pocos que no habían “ contami­
nado sus vestiduras,” y estos “ andarán conmigo," dijo
el Señor, u en vestiduras blancas, porque son dignos.”
M as en todo lo que dijo el Espíritu a )a iglesia de
Laodicea, no se halla ni una sola palabra de alabanza
r
158 LAS SIIÍTfc 1ÜLÜSIAS DK ASIA.
ó de aprobación. E ra absolutamente “ tib ia ’' ó falta
(le fervor: por consiguiente era itLvom itada” de la
boca del Soñar* Para los cristianos de esta iglesia,
£3
era una cosa indiferente 6 de poca importancia la re­
ligión de Jesús, Atendían á ella como á otro objeto
cualquiera que no les cansase molestia ó incomodidad.
E l sacrificio del H ijo de Dios sobre la cruz era para
los mas de ellos, como una dadiva común (\ ordinaria
de la mano de algún hombre. E l amor de Cristo no
les movia mas que cualquiera otro afecto 6 sentimiento.
Ellos podrían repetir las palabras del primero y grande
mandamiento de la lei, y del segundo que es en todo
igual á é l ; mas no daban muestra ni señal alguna de
que se conformaban con esta lei. E ntre olios no habia
un D orcas, que por un puro amor cristiano, diese de
vestir í los pobres : ni un Filemon, á quien pudiera
decirse: í( la iglesia está en tu casa,” Filem. % ó que
recibiese a un sirviente " como á un amado hermano,”
Ib . 16. A lli lio habia criado que mirase mas atenta­
mente á los ojos de su Padre que está en los cielos,
que á los de su amo en la tierra ó á la recompensa de
un premio eterno, mas que á los gages eventuales de
su estado : ó que cumpliendo la obligación de un fiel
criado, procurase en toda su conducta ser un orna­
mento de la doctrina de Dios su Salvador. A lli nada
se hacia> como era debido, “ de corazon por el Señor,
y no por los hombres,” Coloss. ni. 23. E l mundo
futuro y el mundo presente, estaban balanceando en
su ospiritu con su respectivo influjo y p e so ; y eran
considerados con separación, como si no tuviesen re-
LAS SIET E IGL ESIAS UK AS IA . 15S
1ación alguna entre si> ó como Sí debiesen preponderar
en distinta escala.
En unas cosas se conformaban .con el mundo y en
otras con Dios, como si estos cristianos con toda su
fe no conociesen que la voluntad revelada del Altísimo
tenia sobre ellos un derecho exclusivo y supremo : que
todas sus acciones serian juzgadas, y que con una tibia
indiferencia no correspondían digna y debidamente al
amor del que les redimió. Parecia que su único temor
era el de ser excesivamente justos : y por miedo de
serlo (lo cual convenía mal con su caracter, aun que
é ralo que exigía su profesíon) desatendieron las pala­
bras de aquel que era mas sabio que Salomon : y que
liabia dado su vida por ellos. N ingún esfuerzo hacían
por entrar por la puerta estrecha: 110 les importaba
llegar á la perfección : su fe era sin pelea : su carrera
sin agitación : su batalla sin combate : y su obra sin
victoria. Sin embargo presentaban una apariencia ó
una forma exterior de religión, en la cual fundaban
grandes esperanzas*
Ellos confiaban en la redención de Cristo, aunque
no estaban redimidos del pecado, ni poseídos del amor
de D ios. U saban de los medios de la gracia, mas no
atendían al fin con que habia aparecido esta gracia.
Se creían ricos, sobrados en bienes, y que nada les
hacía fa lta : mas carecían de fervor y todo cuanto
liabia en ellos era de ningún valor. P or mas qne su
imaginación les hiciese creer que valían- algo, el
E spíritu qne conocía su verdadero fondo les dijo : que
no eran sino “ unos cuitados, miserables, pobres,
p 2
160 LAS SI ET E IGL ESI AS D E ASIA.

ciegos y desnudos.1' Ellos creían que les bastaba 110


haber hecho el mal ; mas no reparaban en que h a­
bían hecho poco bien : y desconocieron en su con­
ducta aquel ax iom a: todo lo que no es de la fe es
pecado. E l estado de su tibia indiferencia era mucho
peor? como mas desesperado, que el de una total frial­
dad. Porque mas pronto lmbiese conocido el habi­
tante de Sardis que le acometía el frió de la muerte y
hubiese acudido por auxilio y llamado al medico, que
el de Laodicea que con calma se pusiese á contar sus
pulsaciones? y creyese su vida segura? mientras que
la muerte iba haciendo presa de su vitalidad. El
caracter en si contradictorio de los cristianos tibios 6
indiferentes, ha sido el mismo en todos los tiempos.
T al fue la iglesia de Laodicea. M as ¿ que es ahora
de esta ciudad, y como se ha mudado de lo que era ?
Laodicea fue la capital de la grande Frigia ; y
como refieren los historiadores gentiles una ciudad
grande y mui celebre. E n vez de ir en decadencia,
desde el principio de la era cristiana, se elevó al mas
alto punto de prosperidad. “ E ra la metrópolis de
seis obispados/' Sus tres teatros, y el inmenso circo,
capaz de contener treinta mil espectadores} cuyos
vastos restos (con otras ruinas que están alli enter­
radas) todavía están a la vista, muestran la grandeza
de su antigua riqueza y poblucion, y son fuertes indi­
cios de que aquella ciudad, donde sin excepción fueron
reprendidos todos Jos cristianos por su tib ieza; con-
tenia una multitud de hombres mas amantes de los
pUcrres que d*' Dios. El amfiteatro se construyó
LAS S11ÍTÜ ) CUJÍ SI AS BE ASIA.

despues de haberse escrito el Apocalipsis, y la


amonestación del Espíritu a la iglesia de Laodicea era
que se “ armase de celo y se arrepintiese.” M as á
pesar de cuanto pudieron haber oido ó visto, no se
apresuraron sus corazones á renovar su celo por el
servicio y gloría de D ios, ni se mostraron contritos por
el pecado, ni se arrepintieron, ni hicieron penitencia.
E l estado actual de Laodicea es tan di omío de obscr-
varse como el de Filadelfia, aunque lia sido tan di­
verso el destino de ambas ciudades. E n ella no se
hallan ya al presente vistas grandiosas ni escenas de
tentación. Su fin trágico se puede referir en pocas
palabras. E lla era tibia, ni fria ni caliente, y por lo
mismo detestable á los ojos de D io s: en vano fue
amada, reprendida, y castigada, y por lo mismo fue
borrada del mundo. A hora yace en tan grande deso­
lación, como lo era en sus habitantes la falta de fe y
de amor de Dios ; y como lo era el vacio de los fieles
de la iglesia de Laodicea, en orden á la fe en su Sal­
vador y en el celo por su servicio. Segnn la describo
el D r. Smith en sus viajes, “ se halla enteramente de­
solada y dosierta, sin mas habitantes que los lobos,
jacales, y zo rras/’ L o s únicos que alguna vez se de­
jan ver por alli, son los turcomanos errantes que oca­
sionalmente suelen plantar sus tiendas en el area da
su vasto anfiteatro. í( Excavando sus ruinas se han
encontrado á mucha profundidad preciosos fragmentos
de es cultura,” Viajes de A rundel, p. 85. Y el
Coronel Leakc observa “ que hai pocas ciudades
que verosímilmente conserven tantos y tan curiosos
i* 3
LAS SIET E IGL ESI AS D E AS IA.

monumentos antiguos debajo de su suelo, como Lao~


dicea, Su opulencia y los terremotos á que estuvo
expuesta* hacen mui probable que muchas y mui pre­
ciosas obras de las artes, quedaron en ella enterradas
debajo de las ruinas de los edificios públicos y part icu-
lares,Jí Diario de Lcake, p. 252. A si es como se ve
explicada aquella terrible intimación : íf porque eres
tibio, que no eres frió ni caliente, te comenzaré á
vomitar de mi b o ca/’
u E l que tiene oreja, oiga lo que el E sp iñ tu dice á
las iglesias,” Apoc. i i í . 13- e< E t espíritu escudriña
todas las cosas, aun las profundidades de D ios,” 1 Cor.
ii. 10. Cada iglesia y cada uno d.e sus miembros fue­
ron pesados en la balanza del santuario, según sus
propias obras. Cada uno fue ó aprobado según su
propio caracter ó reprendido ó amenazado según sus
obras. Si la iglesia era pura, solo sus corrompidos
miembros debían ser cortados. Si la misma iglesia
era un cuerpo muerto, los pocos nombres que dentro
de ella conservaban la vida, estaban escritos delante de
D ios, y ninguno de los que vencieron fue borrado del
libro de la vida. Todas las siete iglesias fueron con
separación amonestadas, según su particular necesidad.
L a fe dada á los santos so predicó en to d a s; y todas
como iglesias cristianas tenían los medios de salvarse.
E l H ijo del Hom bre andaba en medio de ellas, mi­
rando Á los que eran y á los que no eran de su bando.
Todo miembro d'c cada una de las iglesias, por la
predicación del Evangelio fue amonestado y enseñado
en toda sabiduría para qne pudiese presentarse perfecto
LAS SI EXE ÍGXESIAS DE ASÍ Ai 163
cu Cristo Jesús. Y lo que dijo el E spirita (i cada imo
en particular' y á todos Jos fieles en general de aquellas
iglesias, mandándoles que el que (í tuviese oreja para
oir lo o y e s e f u e hacer sin excepción, restricción ó
reserva, bajo las mas variadas y gloriosas imágenes, la
promesa ele una felicidad eterna u al que venciere.”
E l lenguaje del amor, como el de la reconvención y
reprensión, fue usado igualmente con los tibios L ao-
dicenses. Si alguno de aquellos cristianos se perdió,
su resistencia y apagamiento de E spíritu fue la cau sa:
su obstinación cu dar la preferencia al yugo de otros
señores mas que ai de Jesús : su tibieza, fría indifer­
encia y virtual negación de la fe : y su terquedad en
rechazar la gracia que con tanta franqueza se le ofreció
y a tanta costa se compró : gracia suficiente, si h u ­
biese sido buscada, y apreciada, y fervorosamente
aprovechada, para vencer y triunfar en aquella guerra
espiritual contra la iniquidad á que llamó Cristo a fus
discípulos, y en que, como consumador de su fe, puede
hacer que el cristiano sea mas que vencedor.
M as si en aquellos tiempos eran las iglesias y los
cristianos tales como los describe y conoció que eran
el Espíritu, ¿que se dirá de las iglesias y cristianos de
ahora? O mas bien te haremos á ti, ó lector, esta
pregunta: ¿cual es tu propia esperanza en D io s?
¿ cuales son las obras de tu fe ? Si mientras que el
cristianismo estaba en su primer albor, cuando sus
divinas verdades apenas acababan de llegar a los
oidos de los fieles desde los labios de los apóstoles,
sobre cuyas cnbezas habia visiblemente descendido, y
164 LAS 31KTK UJLKSIAS DK ASIA.

reposado el E spirita en lenguas como de fuego : si aun


en aquel tiempo una de las siete iglesias del A sia habia
abandonado su primer a m o r: otras dos estaban en
parte corrompidas por errores en la doctrina y por la
inmoralidad de algunos de sus miembros : otra solo
contenía algunos nombres que fuesen dignos, y otra
n in guno: y los que componian la ultima y la peor de
todas, se creían ricos y abastados y que de nada nece­
sitaban, sin conocer que, siendo tibios* eran unos
cuitados* miserables, pobres, ciegos y desnudos ; ¿ ten­
drás oreja p a r a o?V, y corazon que te haga entender
y conocer todo esto? Y haciendo tu mismo profesion,
como aquellos la hacían, de cristiano; ¿ no hallaras en
esto un motivo ó un aviso para preguntarte y exami­
narte k ti mismo, y para sondearte y probar, como lo
hace el mismo Espíritu, cuales son tus obras, tu cari­
dad, tu servicio, tu fe7 y tu paciencia ?
¿ Cuales son tus obras de amor ? ¿ En que te has
empleado para dar gloría al nombre de A quel con cuyo
nombre eres llamado ? ¿ Como ha sido probada tu fe
en la paciencia ? ¿ E n que tentaciones has vencido
y triunfado ? ¿ E s Cristo en ti la esperanza de la
gloria? ¿ Se ha purificado tu corazon con esta santa
esperanza ? T u seras miembro, como lo confio de la
ig lesia; ¿ mas de quien es el reino que tienes en tu
interior ? ¿ Son tu norma y regla los principios y
maximas que enseñaron Cristo y sus apostoles ? ¿ E n
tus afectos y en tu vida hai frutos del E spíritu, amor,
gozo, paz, paciencia, dulzura, bondad, humildad, tem ­
planza ? Pregúntate a ti mismo por cada uno de Jos
LAS SIETE IGLESIAS I>K ASIA, 165
preceptos del Evangelio y veas que respuesta te daría
aquel E spíritu que habló á las siete iglesias.
L o que (lijo el E spirita á las iglesias primitivas y
apostólicas, presididas personalmente por “ el amado
discípulo/' basta para probar que ni los que han per­
dido su primera caridad y amor, si alguna vez les ha
poseído un verdadero amor de Jesús, ni los que sedu­
cen á otros al pecado y á la impureza, ni los que viven
solo en el nombre, y en realidad son muertos, ni los
tibios, serán jam as miembros dignos de la común ion
cristiana : y que mientras persistan en este estado, la
comunión cristiana no les aprovechará. M as á estos
tales se les concede tiempo para que se arrepientan."
A ellos se dirije la voz del E spíritu, instándoles, ani­
man doles, exhortándoles, y amonestándoles para que
abandonen sus pecados y vuelvan al Salvador, y para
que tengan vida y no muerte. M as en Sodoma habia
solo un nombre, y en Sardís algunos pocos que eran
del S eñ o r; el cual les conoce individualmente y sabe
sus nombres, y ante sus ojos es preciosa la muerte de
sus santos. P o r otro lado puede haber algunos hun­
didos en las profundidades de Satanas, aunque en lo
exterior permanezcan en la com luí ion de la iglesia,
como asi se verifico en una iglesia tan pura como en
otro tiempo lo fue la de Tiatira. Cualquiera pues que
sea la profes ion de tu fe, busca el reino de Dios y su
justicia, aquel reino que es justicia, y paz, y gozo en
el E spíritu Santo; y aquella justicia que es por la fe
en Jesu Cristo, el cual se dio á si mismo por la iglesia
para santificarla y purificarla. Y por grandes que
1GG LAS S I E T E IGLESIAS D E ASIA.

puedan ser los peligros que te rodeen, no tem as: cree


solam ente: al que cree, todo le es posible.
G uardando la palabra del Señor, no negando su fe,
y prestando oido á la voz del Espíritu, fue como con­
servó con firmeza cuanto tenia la iglesia de Filadelfia,
y nadie le quito su corona, aunque se hallaba situada
entre la iglesia de Laodicea que era tibia, y la de
Sardis que estaba muerta. Y aunque Sardis estaba
muerta, tenia el Señor dentro de ella algunos nombres
que no habían manchado sus vestiduras— cristianos
dignos de este nombre, que vivían, corno tu mismo
puedes y ojala vivas siempre, en la fe del Señor Jesús
— muertos para el pecado y vivos en la justicia : al
paso que cuantos estaban á su lado, aunque tenían el
nombre de Jesús, estaban muertos por sus ofensas y
pecados. Prueba tu fe por sus frutos : júzgate a ti
mismo para que no seas juzgado : examina tu fe :
pruébate á ti m ism o: y no perdiendo de vista los pa­
tentes consejos de Dios revelados en el Evangelio, sea
la regla que dirija tu examen lo que el E spíritu dijo íí
las iglesias*
M uchas profecías hai que han quedado intactas y
sin cumplimiento hasta ahora. M as si alguno de los
contrarios desea aun otros hechos mas obvios, ó mas
clara demostración de la verdad profética que la que
toda oreja puede oir, y todos los ojos ver; bastará solo
notar que los incrédulos se han formado como un h a­
bito de hablar mal de las cosas que no están á su al­
cance : que usan el lenguaje pomposo e hinchado de
la vanidad para alucinar á otros, prometiéndolos la
LAS S I E T E IGL ESI AS DE ASIA. 167
libertad, cuando ellos mismos son esclavos de la cor­
rupción : que son Jos mofadores, y escarnecedores, y
los impostores que han venido en los últimos tiempos:
que andan en su propia concupiscencia, desprecian
todo gobierno, y en medio de su presunción y terque­
dad arrojan la espuma de su abominación y de su pro­
pia vergüenza y confusion al oir y ver el estruendo y
los vivos testimonios de la verdad de la santa c infalible
palabra de Dios, 2 Peí. iii. 3 ; Ju d . 13. Tales hau
sido siempre y son al presente los enemigos de la fe
cristiana; la cual sin embargo les esta siempre llamando
de las te nieblas á la luz, y de la muerto a Ja vida.
V uelve: vuelve, clama á estos, que se jactan de sus
luces y de su razón : ¿ porque quieres morir ?
Pues que has visto algunas de las maravillas de la
lei del Señor, y te se han presentado, aunque desde
lejos, varios de sus juicios cumplidos snbre la tie rra ;
al concluir la lectura de esta obrita cuida mucho de
conservar en tu memoria todas estas cosas portentosas
que en ella se contienen. N o hagas uso de ella como
si fuera alguna relación frivola 6 de poca importancia,
.6 como si tu mismo no fueras llamado a ser testigo y
mas qnc testigo, de otro juicio que quiza mui pronto
vendrá sobre ti y te tocará personalmente.
Si al atravesar algunas de las mas claras sendas del
campo de la profecía, has sido guiado por un camino
antes desconocido ; sea este mismo camino el que te
lleve al pozo de agua viva que da la vida eterna al se­
diento que bebe de su manantial. Sean para ti eí
pozo y manantial de Ja vida cristiana las palabras de
168 I.AS SiETE IGLESIAS D E ASIA.

nuestro Señor y Salvador Je.su Cristo, Alumbre tus


ojos y también sea el gozo de tu corazon la palabra
de D ios. Escudriña las Escrituras donde no liai
falsos oráculos ; sino el testimonio de Jesús y en 61 la
vida eterna. Im plora la luz y el auxilio de aquel
E spíritu por cuya inspiración fueron dadas* Y sobre
todas las virtudes cristianas (¡ue puedan dar testimonio
de tu fe, pon en la caridad, en el amor de D ios y en el
amor del hombro, el urdimbre y la trama de la nueva
c inconsútil vestidura del cristiano: en aquella caridad
6 amor por la cual obra la fe, y que es fruto del
E spíritu, el fin del mandamiento, el cumplimiento de
la leí, el vinculo de perfección, y un don superior y de
mayor excelencia que el don de lenguas, de Interpreta­
ción, y de profecia; y sin el cual nada seras, aunque
puedas penetrar todo misterio y conocimiento* Por
la falta de este don, esta toda la tierra cubierta de
ruinas. H azlo tuyo, y por mui pobre que Rea tu
parte en la tierra, te sera infinitamente mas provechoso
que todos los reinos del mundo con toda su gloria.
“ L as profecias se acabarán : cesarán las lenguas la
ciencia desaparecerá : la tierra y las obras que hay en
ella se consumirán : mas la caridad nunca fenecerá,”
1 Cor. xiii, 8.
Si has guardado la palabra del Señor, y no lias ne­
gado su nombre, conserva con firmeza lo que has
adquirido para que nadie te quite la corona. M as si
hasta aqui has sido tibio y destituido de fe cristiana, de
celo y de esperanza y de amor, todas las amonestaciones
de una voz mortal te serian en vano* Oye Jo que dice
LA S SI E T E IGL ESI AS D E AS IA. 169

el E spíritu, y no se endurezca tu corazon contra los


consejos del cíelo, y la gloriosa confianza que te se cía
por aquel Jesús, de quien dieron testimonio todos los
profetas, y á quien al presente ha cometido el Padre
todas las cosas: Yo te aconsejo que compres de tni
oro afinado al fuego, para que seas rico ; y te vistas de
ropas blancas, para que no se descubra la vergüenza
de tu desnudez: y unge tus ojos con colino para que
veas. Yo á los que amo reprendo y castigo. Armate
pues de celo-y arrepientete. H e aqui que estoi á la
puerta y Hamo : si alguno oyere mi voz y me abriere
la puerta, entraré á el y cenaré con él y él conmigo.
A l que vinciere le haré sentar conmigo en mi trono :
asi como yo también he vencido y me he sentado con
nú Padre en su trono. E l que tiene oreja para oir,
oiga lo que el E spíritu dice á las iglesias/’ Apoc. iiw
18— 22 .