Anda di halaman 1dari 5

Agustín Laje, cientista político: “El

marxismo cultural genera una concepción


errada de nuestra sexualidad”
Noviembre 25, 2016

Agustín Laje Arrigoni es un joven ensayista cordobés, director del think tank Centro de Estudios
LIBRE y autor —con Nicolás Márquez— de la polémica publicación titulada "El libro negro de
la nueva izquierda". En él, Laje plantea que hoy estamos en presencia de una nueva izquierda
que deja de lado la lucha de clases para embarcarse en una batalla culturalista, a través del
feminismo, el ecologismo y el indigenismo. Además, asegura que la agenda que promueve la
ideología de género nada tiene que ver con el liberalismo, sino que es una expresión de esta
agenda socialista de nuevo orden.

En entrevista con El Demócrata, Laje —egresado del Center of Hemispheric Defense Studies de
la National Defense University (Washington DC) y licenciado en Ciencia Política en la
Universidad Católica de Córdoba— sostiene que el movimiento #Niunamenos "nos enseña una
falacia", ya que "presenta la violencia como un problema de género" y "aprovecha de
instalar un paquete ideológico excediendo a la buena voluntad de la gente".

Agustín Laje, cientista político: "El marxismo plantea que —en la familia— el hombre es el
burgués y la mujer, la proletaria"
—En tu libro planteas que la "Ideología de género" responde a una lógica de "marxismo
cultural", ¿a qué te refieres?

—Desde Marx y Engel, el marxismo ha sufrido una serie de transformaciones hasta lo que
llamamos post-marxismo, el cual ha generado la desescencialización del marxismo tradicional
que se caracterizaba por llevar lo que la elite general llamaba "guerra de movimientos". Sin
embargo, a partir del filósofo italiano Antonio Gramsci han entendido que existe una vía que es
dual y pacífica, que es la vía de la batalla cultural. Gramsci la denominaba "guerra de
posiciones". El neomarxismo cultural es una expresión de esta ideología y que ya no ataca
las relaciones de producción —en el marco de una guerra de clases entre obreros y burgueses—
sino que está tratando de generar cambios de moral pública a través de una estrategia
gradualista de instauración de la ideología de género.

"En Suecia tenemos partidos proponiendo que se obligue a los hombres a orinar sentados, porque
en el acto de orinar de pie existe una suerte de violencia de género" — Agustín Laje, autor de "El
libro negro de la nueva izquierda"

—Y en la práctica, en el día a día, ¿en qué se traduce?

—El marxismo hoy responde a los conflictos culturales. Por ejemplo, busca generar una
concepción errada de nuestra sexualidad despojándola de lo natural y empujando una nueva
construcción social. Utilizando la dialéctica marxista de la lucha de clases, generan una falsa
sensación de guerra de hombre contra mujer, heterosexual contra homosexual, todo a
través de la ideología de género. A esto, la "nueva izquierda" suma la dicotomía del indígena
con el hombre blanco —"el conquistador"— y del empresario contra la naturaleza.

–¿Cuál es tu visión del movimiento #NiUnaMenos?

—Nos enseña una falacia. #Niunamenos presenta la violencia como un problema de género,
como un fenómeno independiente de las causas de la violencia social en general. La mujer
está perfectamente constituida para poder ejercer violencia hacia el hombre. Cuando uno ve
casos de homicidios contra hombres o contra mujeres en países como México o Colombia, es
posible apreciar que las curvas van en paralelo. Si preguntamos por los casos de violencia de
género contra hombres nadie tiene la más mínima idea de la magnitud porque no hay
instituciones haciéndose cargo de este problema real. La ONU ha dicho, por ejemplo, que de
los homicidios a nivel mundial, un tercio corresponde a víctimas hombres.

"La ideología de género ha puesto a la mujer en la posición de víctima y al hombre en posición


de victimario y ha modificado la conceptualización de lo que significa la violencia de género" —
Agustín Laje, autor de "El libro negro de la nueva izquierda"

—¿En qué se nota esa violencia?

—Sin que nadie haya hecho una pericia mental, psiquiátrica o psicológica para determinar los
verdaderos móviles de la violencia, nos dan a entender que se trata de una guerra entre hombres
y mujeres. Esto llega a tal punto que en las marchas vemos pancartas del tipo "mata a tu novio",
"muerte al macho", y a esto se agregan una serie de consignas a favor del aborto. Al final, estas
manifestaciones aprovechan de instalar un paquete ideológico excediendo a la buena voluntad de
la misma gente que asiste a las marchas.

—¿Cómo se ha llegado a que cualquiera que se manifieste contrario a la ideología de


género sea discriminado e incluso funado?

—Ahí es posible detectar el concepto de hegemonía. Hoy en día estar en contra de la ideología
de género es inmoral, nos pueden tildar de homofóbicos, misóginos, o de otras cosas. No
hay libertad de pensamiento. Esto es un atentado de la diversidad. Pelear contra esto tiene un
costo, yo he tenido muchos costos con este libro que ciertamente no es políticamente correcto.
—¿Cómo se proyecta esta discusión en el tiempo?

—La ideología de género tiene una estrategia que se estructura en un espacio gradual y
significa que no da un paso tan radical hasta no cumplir uno menos radical. En América
latina todavía estamos con el tema de la legalización del aborto. En países en que esto ha
avanzado más, ya se ven atisbos mucho más radicales. Por ejemplo, en Suecia tenemos partidos
proponiendo que se obligue a los hombres a orinar sentados, porque en el acto de orinar de pie
existe una suerte de violencia de género. De esta forma, empezamos a tener un Estado que
empieza legislar en función de la ideología de género para coartar libertades en función de
proyectos de ideario social. Hacia allá vamos.

—¿Hay forma de frenar esto?

—Hay que dar una batalla a nivel intelectual. El neomarxismo comenzó la batalla en los
claustros académicos, en las universidades, después llegó a los medios de prensa y después
comenzó a entrar en el sentido común de las masas. Es necesario mostrar lo anticientífico de
esta ideología de género, que va a contrapelo de todo aquello que no dice la ciencia más exacta,
más dura como la biología, la fisiología, la anatomía, la neurociencia, la genética. El hombre no
sólo es cultura, también es naturaleza.

—¿Cómo se relaciona la ideología de género con el liberalismo?

—No tiene nada que ver con liberalismo. Von Misses —uno de los padres de la escuela
austríaca de economía— planteó en 1922 que mientras los movimientos feministas mantuvieran
reivindicando la igualdad ante la ley, seguirían siendo parte del gran movimiento liberal. Sin
embargo, en la medida que cuestionara preceptos de la naturaleza humana iba a ser parte del gran
movimiento socialista.

—¿Cómo califica los roles en una casa el neomarxismo?

La nueva izquierda, siguiendo a Engel en "el Estado, la familia y la propiedad privada",


plantea que "el hombre en la familia es el burgués y la mujer es la proletaria". La
hegemonía de la izquierda no se orienta a la igualdad ante la ley, sino que vende ingeniería
social, que es absolutamente contrario al espíritu liberal.