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Un estudiante de la Facultad de Ciencias Humanas reconoce la Crisis

Educativa como presidenta interina de cada programa

La lucha por la educación, en las últimas décadas, ha sido un tema fundamental en el centro del

debate político en Colombia; y esto, como consecuencia de los avergonzantes lugares que ha

ocupado el país en rankings internacionales y pruebas en las que los resultados no han sido

dignos de orgullo. A raíz de ello, algunos gobiernos con el transcurrir del tiempo, se habían

concientizado que en este campo eran necesarias ciertas intervenciones y cambios; por ello, se le

impulsa con mayor inversión, como si el dinero fuera el motor del desarrollo, más sin embargo,

los gobiernos llegan y se van, y el problema visita y se queda.

Haciendo un exclusivo enfoque en el ámbito universitario, la situación se manifiesta de forma

más notoria; la inversión se emplea principalmente en materias de administración,

infraestructura, planta de docentes, etc. Pero los problemas internos de cada programa (y por

“internos” hago referencia a contenidos curriculares) quedan rezagados en el imaginario

colectivo de los estudiantes. Estos problemas de contenidos se manifiestan con primacía en la

Facultad de Ciencias Humanas, donde el eje temático de los programas gira de forma única y

exclusiva sobre lo teórico.

Aún me recuerdo en los primeros días de clases siendo un “primíparo”; encajado, de bolso

formal y con una alta proyección hacia lo que sería mí paso por la universidad. Lo cierto, es que

con el transcurrir de las semanas, esa última idealización platónica se fue derritiendo, como el

choco-cono recién comprado que se olvida y se confunde con el resto de la compra.


Me hallé encrucijado en un círculo vicioso de materias que, solo de un sentido teórico saben

dar cuentas; conocimientos históricos solamente aplicables para quien aspira a ejercer la

docencia.

¿Será esta la razón de que un altísimo y casi totalitario número de estudiantes del programa

de Lingüística y literatura esté aspirando a la docencia?

No pretendo quitarle merito a una profesión tan noble como lo es la docencia, pero cuando es

esta la única aspiración de los estudiantes de un programa universitario es porque algo se está

haciendo mal.

¿Cuál es la proyección de un programa universitario cuyo pensum académico gira únicamente

entorno a lo teórico, dejando a un lado lo práctico, y más allá de ello, los requerimientos que nos

presenta la sociedad?

Es menester resaltar, llegados a este punto, las complejidades laborales en las que se halla la

nación. Una nación en la que la demanda de los migrantes del vecino país es alta, y la oferta

laboral propia del nuestro, cada vez más, decae.

No será pues, oportuno, el fomento de materias prácticas que nos abran la brecha al campo

laboral; materias en el programa de lingüística y literatura como: Grafología, Estrategias

argumentativas, Oratoria, Dramaturgia, Guionismo, etc.

¿Por qué no fomentar contenidos curriculares que nos abran nuevas brechas laborales?

¿Por qué seguir engrosando los porcentajes de desempleo del país?

Luis Carlos Hernández Díaz