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RUBÉN DE LA OSA ORTEGA HISTORIA DE GRECIA 2018-2019

LA RELIGIOSIDAD DE ALEJANDRO MAGNO NIUB: 16847655

INTRODUCCIÓN

Alejandro de Macedonia es sin duda uno de los personajes más famosos e influyentes de la
antigüedad. Apodado “el Grande”, sus hazañas militares, sus expediciones que le llevaron
hasta el corazón de la India y su prematura muerte aumentaron todavía más su leyenda, pero
detrás del heroico rey macedonio y sus proezas había un hombre profundamente religioso que
llegaría a ser considerado un dios por algunos de sus seguidores.

Esa es la faceta que pretende analizar este trabajo, la religiosidad de un hombre que deseaba
ser tratado como un dios y a su vez respetaba los cultos y divinidades de otras culturas. Por
ello el objetivo del trabajo es explorar diferentes fuentes, tanto antiguas como más
contemporáneas, para tratar de ver en qué grado influyó su religiosidad en sus actos y en su
persona.

LA VIDA DE ALEJANDRO

Este apartado seguramente sea el menos novedoso del trabajo pues resulta muy sencillo
encontrar una biografía, una obra o un artículo que narre la vida y las conquistas de Alejandro,
pero no por ello se puede pasar por alto, ya que durante estos hechos se pueden encontrar
datos interesantes acerca de las acciones religiosas de Alejandro a lo largo de su periplo. Por
ello se presentará un breve resumen de su vida, haciendo mención a algún acontecimiento
concreto de gran importancia.

Alejandro, nacido en julio del 356 a.C., era hijo del rey Filipo II de Macedonia, siendo bien
adiestrado y educado desde su niñez para suceder así a su padre como monarca. Los dominios
de Filipo iban más allá de Macedonia pues controlaba casi totalmente la política griega tras
haber derrotado a la mayoría de potencias, quedando bajo su dominio al formar la Liga de
Corinto. Así pues Alejandro recibió instrucción de algunas de las mejores mentes de Grecia
como lo fue Aristóteles, siendo fundamental en la educación del joven. Tras el asesinato de su
padre en el 336 a.C., Alejandro subió al trono a la temprana edad de 20 años, situación que
alentó a algunas ciudades a sublevarse considerando que el ascenso de Alejandro suponía un
momento de debilidad. La reacción de Alejandro fue contundente, demostrando que a pesar
de su juventud había sido educado para ser un gran rey

Una vez estabilizada la situación en Grecia, empezó a prepararse para su verdadero objetivo, el
mismo que anteriormente tuviera su padre, que no era otro que la conquista de imperio persa,
el gran enemigo de los griegos. Tras la conquista de Asia Menor prosiguió descendiendo por la
costa mediterránea hacia el sur, tomando ciudades como Tiro o Gaza. Tras ello se dirigió a
Egipto, lugar de posterior gran importancia para Alejandro, al cual llegó a finales del 332 a.C. y
donde fue recibido con las puertas abiertas como un libertador. Tras haber acudido al
santuario de Amón, Alejandro y sus tropas reanudaron la marcha contra los persas tras haber
descansado durante el invierno, partió hacia el corazón del imperio persa, librándose una de
las batallas más famosas de la historia y uno de los grandes hitos del monarca: la Batalla de
Gaugamela, donde derrotó al enorme ejército persa, comandado por el propio rey persa Darío
III, que le superaba ampliamente en número, provocando la huída del monarca persa, ante lo
que Alejandro inició su persecución pues consideraba que sólo una vez capturara a Darío en
persona y vivo podría legitimar su sucesión al trono asiático. A pesar del enorme esfuerzo que

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realizó Alejandro en ello, fracasó debido a que un sátrapa persa capturó y asesinó a Darío
antes que pudiera dar con él. Una vez obtuvo el control de lo que anteriormente había sido el
imperio persa puso su objetivo en la India, enfrentándose a diversas tribus locales y
expandiendo la cultura griega por todo el territorio. En la India acabaría la expansión territorial
de Alejandro y sus agotadas tropas, regresando a Babilonia donde fallecería a causa de una
enfermedad en el 323 a.C.

RITOS Y SACRIFICIOS A LO LARGO DE SU CONQUISTA

Alejandro mostró un gran respeto por las deidades, oráculos y otros elementos simbólicos
propios de la religión, siendo el reflejo de su profunda religiosidad. Las fuentes relatan que
realizaba numerosos sacrificios y ofrendas a distintas deidades, antes o después de las batallas
en busca del favor de los dioses. Pero Alejandro no se limitaba a cultos relacionados con
deidades personificadas sino que en ocasiones los realizaba a elementos naturales como el
caso del sacrificio en honor al río Istro por haberle permitido una plácida travesía tal y como
relata Arriano en la Anábasis de Alejandro Magno. Gracias a diversas fuentes tanto griegas
como latinas sabemos de los diferentes cultos que realizó en diferentes lugares y con diferente
motivación, siendo un ejemplo la ofrenda de 300 armaduras persas que realizó en honor de
Atenea.

Pese a tener sus propias creencias siempre respetó las de los territorios que conquistaba,
considerándolo un hecho fundamental para mantener el orden y perpetuar su dominio, puesto
que imponer por la fuerza una creencia y hacer perseguir la local tan sólo podía provocar
resentimiento y rechazo hacia el conquistador. Alejandro se mostró respetuoso con las
religiones extranjeras, si bien intentaba asimilar sus deidades a las griegas no trataba de
imponerlas. Una clara muestra de la conciencia acerca de respetar cultos extranjeros fue su
actitud en Egipto, donde a diferencia de lo que habían hecho anteriormente algunos reyes
persas, respetó y honró el culto al buey Apis, pero lo sucedido en Egipto merece un análisis
propio.

ALEJANDRO Y SU EXPERIENCIA EN EGIPTO

Sin ninguna duda la visita del monarca a la tierra de los faraones no fue un acontecimiento en
vano, pues no sólo fue recibido como un libertador y fue nombrado rey del Alto y del Bajo
Egipto sino que en su visita al santuario del dios Amón, dios que los griegos relacionaban con
Zeus (del cual Alejandro afirmaba descender), fue recibido como hijo del mismo dios, y
formuló diversas preguntas al oráculo de Siwa que si bien algunas fuentes afines al rey
afirmaron conocer las respuestas, otras defienden que Alejandro no las explicó pero sí dijo
haber quedado satisfecho con ellas.

En Egipto no sólo recibió las titulaturas propias de un faraón y acudió al santuario de Amón,
sino que allí Alejandro demostró sabiduría y respeto por las costumbres egipcias, siendo
conocedor que anteriormente conquistadores persas habían cometido sacrilegios hacia los
cultos egipcios como haber deshonrado el culto al buey Apis, aprovechando este hecho para
ganarse a los egipcios mostrado sus respetos, pues recordemos que Alejandro no sólo
anhelaba la conquista sino el control y perpetuación de este así como la adopción de ciertos
elementos griegos, para lo cual es imprescindible contar con el respeto y admiración de la

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población y no únicamente el poder de las armas. Puede ser un gesto intrascendente para
muchos, pero sin duda mostró que a diferencia de los persas, él no había llegado para destruir
la rica cultura egipcia y sus costumbres sino que las respetaría como un egipcio más.

Alejandro había recibido la consideración de faraón por los títulos, si bien no fue coronado
como tal, y había sido nombrado hijo del dios Amón por los sacerdotes del oráculo, o así lo
expresan algunas fuentes, por lo que salió de Egipto con varias atribuciones divinas tales como
“hijo de Amón” o “hijo de Re”, implícita en la titulación de faraón, hecho que no hizo más que
alimentar el deseo del rey de ser divinizado.

EL CULTO HACIA ALEJANDRO Y SU DIVINIZACIÓN

Alejandro Magno no sólo era venerado como un gran rey y un héroe, también llegó a ser
considerado un dios, tanto por sí mismo como por personas ajenas. El primer paso hacia su
divinización fue la filiación que él afirmaba tener respecto a Heracles y Zeus, de quienes se
consideraba descendiente como otros reyes hubieran hecho antes que él, pero tanto Arriano
como Plutarco afirmaban que se trataba de una simple treta para controlar sus hombres más
fácilmente desde una posición divina.

En Egipto dio el siguiente paso pues según las fuentes el monarca fue recibido en el santuario
de Amón como hijo del propio dios, relacionado con Zeus en Grecia, afirmando que ningún
mortal podría hacer nada contra quien le había engendrado, haciendo hincapié en la
afirmación de ser el hijo de Amón. Es importante recordar que la figura del faraón estaba muy
ligada a una posición divina y Alejandro había sido nombrado faraón, por lo tanto reconocido
por el pueblo egipcio como hijo del dios Amón, ampliando así su imagen divina respecto a sus
siervos. Su paso por Egipto fue determinante en su divinización pues llegó como hijo Zeus y
descendiente de Heracles y marchó como un dios en sí mismo. A partir de este viaje trataría de
consolidar todavía más su imagen divina.

Una vez hubo derrotado ya a Darío III, Alejandro optó por adoptar ciertas costumbres persas,
como la vestimenta, la diadema púrpura u otros, pero la más importante y relacionada con su
divinización fue la llamada proskynesis, un acto de postrarse ante alguien superior sin aparente
significado religioso sino político en el Imperio Aqueménida, pero Alejandro lo convirtió en un
acto de adoración hacia su persona en su deseo de ser considerado un rey-dios en vida. Este
suceso creó cierta discordia entre los griegos pues había quienes consideraban justo dicho
honor, como el filosofo Anaxarco, y otros como el historiador Calístenes que se oponían
argumentando que Alejandro merecía todos los honores posibles de un hombre pero que la
proskynesis se debía limitar a los dioses, haciendo una separación entre dioses y héroes
mortales y añadiendo que Heracles sólo fue divinizado una vez muerto, por lo que en vida no
llegó a ser considerado un dios. El propio Calístenes desconocía las intenciones del monarca, si
se iba a limitar a recibir este honor por parte de los bárbaros persas que ya la realizaban
anteriormente a sus reyes o por el contrario también lo iba a exigir a griegos y macedonios a su
regreso. Vemos así que dicha práctica no tuvo un recibimiento homogéneo entre sus hombres,
que veían como cada vez iba adoptando más elementos persas y que a su vez se aplicaba más
y más honores limitados a los dioses, en su afán por ser considerado una divinidad en vida.

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Podríamos resumir que a medida que Alejandro aumentaba su leyenda como rey y
conquistador, su deseo de ser considerado un dios también crecía exponencialmente, siendo
alimentado en gran parte por seguidores y aduladores del monarca, pero que no estuvo
exento de controversia entre sus hombres pues no todos creían que debiera ser honrado como
un dios en vida, sino como el más grande de los hombres. Así pues, el contacto con otras
culturas y civilizaciones, como la egipcia, incentivó todavía más dicho deseo.

FUENTES

ARRIANO, FLAVIO. Anábasis de Alejandro Magno; traducción y notas por Antonio


Guzmán Guerra, Madrid, Gredos.

CURCIO RUFO, QUINTO. Historia de Alejandro Magno; introducción, traducción y notas de


Francisco Pejenaute Rubio, Madrid, Gredos.

BIBLIOGRAFÍA

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la Asociación Española de Orientalistas, Vol. 44, pp 285-300.

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BLÁZQUEZ J. M. (2001), “Alejandro Magno, homo religiosus”, Alvar, J., Blázquez, J. Mª (eds.),
Alejandro Magno. Hombre y mito, Madrid, Actas, 2001, pp. 99-152.

BOSWORTH, A. B. (2005), Alejandro Magno, Madrid, Akal.

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LOWELL, E. (1971), “The Religiosity of Alexander”, Greek, Roman and Byzantine Studies, Vol.
12, No. 3, pp. 363-391.