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El Lado Oscuro del Universo

Por Luis Felipe Rodríguez

Investigador del Centro de Radioastronomía y Astrofísica del Campus Morelia de la


Universidad Nacional Autónoma de México

¿De qué está hecho el Universo? Hasta hace unas décadas pensábamos que de la materia
que forma a las estrellas, a la Tierra, y a nosotros mismos. Pero estudios astronómicos
han revelado que esta materia “normal” es sólo una pequeña parte de la composición del
Universo. Hay además una materia oscura que no podemos detectar directamente pero
que sabemos es distinta a la materia normal. Peor aún, hay también una energía oscura
que desconcierta a los científicos por sus extrañas propiedades.

Los seres humanos siempre tratamos de entender y de describir al mundo que nos rodea.
Para los antiguos griegos, el Universo podía entenderse en términos de cuatro
elementos: tierra, agua, aire, y fuego. Pero durante el siglo XIX quedó establecida la
teoría atómica de la materia, que nos dice que todo cuerpo sólido está constituido por
pequeñas partículas que se llaman átomos. Estos átomos se juntan entre sí para formar
moléculas. Esta teoría es muy poderosa y describe bien a toda la materia con la que nos
topamos en la vida normal. Por ejemplo, el agua es una molécula que está formada por
dos átomos del elemento hidrógeno y por un átomo del elemento oxígeno. A su vez el
aire de nuestra atmósfera está compuesto principalmente por moléculas de nitrógeno y
de oxígeno (estas moléculas contienen dos átomos de nitrógeno y dos átomos de
oxígeno, respectivamente).

La Materia Normal

Se conocen más de cien tipos de átomos diferentes (116 en la actualidad) y a cada tipo
se le considera un “elemento”. Estos elementos van del hidrógeno que es el más sencillo
de todos, hasta elementos como el uranio que es complicado. Entre todos forman la
temida tabla periódica que cuelga imponente de las paredes de muchos salones de clase.
Pero lo más hermoso de la teoría es que podemos entender a estos ciento y pico de
distintos elementos como formados por sólo tres tipos de subpartículas: el protón, el
neutrón y el electrón. Así, el hidrógeno está formado por un protón y un electrón,
mientras que el oxígeno está formado por seis protones, seis neutrones y seis electrones.

Con estos conocimientos, uno podía sobrevivir como científico y entender mucho de lo
que pasa en nuestro entorno hasta hace unas décadas. Estas tres subpartículas (protón,
neutrón, y electrón) forman a los átomos, y a su vez los átomos forman moléculas. Con
lo que hemos dicho anteriormente podemos, por ejemplo, concluir que una molécula de
agua está formada por ocho protones, seis neutrones, y ocho electrones. En la actualidad
se cree que los protones y neutrones están a su vez compuestos por partículas más
pequeñas (llamadas cuarks), pero no necesitaremos meternos con esto.

Los astros que podemos estudiar gracias a su luz también parecen estar compuestos de
materia normal. Las estrellas que brillan como puntitos en la noche, están compuestas
principalmente de hidrógeno. Podemos estudiarlas aún cuando están tan lejos porque a
los electrones que están en la materia normal les gusta, cuando son sacudidos de alguna
manera, producir luz. La luz que vemos provenir del Sol (la estrella más cercana) es
producida por los electrones que están en su superficie. En otras palabras, es
relativamente fácil darse cuenta de la presencia de la materia normal: los electrones que
la forman emiten luz que podemos captar con nuestros telescopios o aún a simple vista.
Los electrones no sólo emiten luz, sino también otras ondas como las de radio o los
rayos X, que si bien no captamos con los ojos, si lo podemos hacer con un aparato
adecuado (por ejemplo, un radiotelescopio para detectar las ondas de radio).

Este era el panorama que teníamos los astrónomos hace tan sólo unas décadas: el
Universo está compuesto de materia normal, a la cual podemos estudiar gracias a que
emite luz así como otras ondas que podemos captar con nuestros telescopios. Por esto, a
la materia que podemos estudiar así se la llama materia luminosa, a la cual entendemos
muy bien.

La Materia Oscura

Pero la materia no sólo hace sentir su presencia mediante la luz que emite, sino que
también tiene otra propiedad que nos permite estudiarla. La materia ejerce una fuerza
atractiva, la fuerza de gravedad, sobre todo lo que está cerca de ella. El ejemplo más
palpable de esta fuerza es que gracias a que la Tierra nos atrae, no salimos disparados al
espacio si pegamos un brinco. Nosotros también atraemos a la Tierra, pero como la
fuerza de gravedad es proporcional a la cantidad de materia del cuerpo que la produce (a
la cual llamamos la masa del cuerpo), la Tierra prácticamente no se afecta. La fuerza de
gravedad es determinante en toda la Astronomía. De hecho, la Tierra y los demás
planetas del Sistema Solar permanecen dando vueltas al Sol por la fuerza de gravedad.
Si ésta no existiera, los planetas saldrían disparados al espacio, como lo haría una piedra
atada a un hilo a la que le estemos dando vueltas sobre nuestra cabeza, si el hilo se
rompe.

Mientras más cerca está un planeta del Sol, más fuerte es la fuerza de gravedad, la cual
va como el inverso de la distancia entre los cuerpos al cuadrado (de modo que aumenta
al acercarse al Sol y disminuye al alejarse). Esto causa que los planetas que están más
cerca del Sol tengan que moverse más rápido para mantenerse en su órbita y no caer al
Sol. El planeta más cercano al Sol es también el más veloz y de ahí el que los antiguos
lo hayan identificado con Mercurio, el veloz dios de los pies alados. Usando estos
razonamientos, podemos llegar a la conclusión de que si sabemos la velocidad del
cuerpo que estudiamos y su distancia al cuerpo invisible, podemos decir cual es la masa
del cuerpo invisible, aún cuando no lo podamos ver.

Ahora supongamos que hay materia normal que por alguna razón no emite luz. ¿Cómo
podemos detectarla? Bueno, la fuerza de gravedad está presente siempre y a mas
materia, mayor la fuerza. Entonces, si no vemos al cuerpo porque no emite luz,
podemos tratar de encontrar evidencia de su fuerza de gravedad, y de acuerdo a que tan
fuerte es ésta, podemos decir que tanta masa tiene.

El ejemplo más impresionante de esta idea se da en el caso de los hoyos negros. Estos
son cuerpos con mucha materia, pero que no emiten luz (de ahí el nombre de hoyos
negros, porque ni la luz alcanza a escapar de ellos). Cuando un hoyo negro está
acompañado de una estrella normal, podemos deducir que dicha estrella da vueltas
alrededor de un punto oscuro porque en ese punto hay un hoyo negro. En efecto, debido
al efecto de atracción gravitacional que producen los hoyos negros en los cuerpos que
están cerca de ellos, la mayoría de los astrónomos creen en su existencia aún cuando no
se les puede ver directamente. Los hoyos negros son entonces un caso de “materia
oscura”, materia que no emite luz. La mayoría de los astrónomos creemos que los hoyos
negros se formaron de materia normal y que aún cuando ahora no la vemos, pues si
entendemos su naturaleza. Digamos que hasta aquí, estábamos muy tranquilos.

Las cosas se fueron complicando conforme quedó claro que también hay materia oscura
que NO es materia normal. ¿Cómo fue que se llegó a esta conclusión?

La Materia Oscura Exótica

Durante el siglo XX, astrónomos muy destacados estudiaron los movimientos de los
astros de distintas maneras y llegaron a la conclusión de que la materia luminosa es
insuficiente para explicar los movimientos, pues estos movimientos son demasiado
rápidos y hace falta más masa para que las cosas tengan sentido. Nuestro Sol es una de
las mil millones de estrellas que forman nuestra Galaxia. Todas estas estrellas se atraen
entre sí y con esto logran permanecer en una estructura estable, sin irse cada una por su
lado. De hecho, así como los planetas giran alrededor del Sol, a su vez el Sol y las
muchas otras estrellas están en órbitas más o menos circulares alrededor del centro de
nuestra Galaxia. Claro, las distancias son enormes en este caso. Mientras a la Tierra le
toma un año completar una vuelta alrededor del Sol, al Sol (y a todos sus planetas que lo
siguen en el espacio) le toma 225 millones de años dar una vuelta alrededor del centro
de nuestra Galaxia. El estudio de los movimientos de las estrellas en la parte externa de
nuestra Galaxia y de otras galaxias externas indicó que se movían demasiado rápido,
implicando la presencia de mucha materia oscura. Además, hay regiones en el espacio
donde hay muchas galaxias relativamente cerca formando lo que se conoce como un
cúmulo de galaxias. De nuevo, las velocidades en el espacio de estas galaxias son más
grandes de lo esperado e indican la presencia de mucha materia oscura. Estudiando
estos cúmulos de galaxias fue como el excéntrico astrónomo Fritz Zwicky argumentó
por vez primera a mediados del siglo pasado que había materia oscura en el Universo.

En un principio, estos descubrimientos no alteraron tanto a los astrónomos. Después de


todo, uno podría argumentar que la materia oscura estaba formada por cuerpos como
estrellas apagadas y hoyos negros, que no emitirían luz. No detectaríamos a estos
cuerpos, pero sabemos de qué están hechos. Pero los astrónomos tenemos manera de
calcular cuantas de esas cuerpos oscuros hechos de materia ordinaria hay en el Universo
y nos sale que no son suficientes para explicar la fuerza de gravedad que se observa.
Más aún, contamos con una teoría muy poderosa que se llama de la Gran Explosión,
que propone que el Universo se originó muy denso y muy caliente y que también
predice que no se formó suficiente materia ordinaria. Estas ideas se han comprobado
con los estudios de la radiación cósmica de fondo, que nos trae información de cuando
el Universo tenía sólo 300,000 años de edad (un bebé comparado con los 13,700
millones de años que tiene ahora). De hecho, se puede concluir con confianza que la
materia ordinaria es sólo como el 20 por ciento de la materia total que hay en el
Universo. ¿De qué es el 80 por ciento restante?

En Busca de la Materia Oscura Exótica


Se cree que este 80 por ciento faltante está formado por unas partículas que tienen masa
pero que no producen o absorben luz y que casi no interaccionan con la materia normal.
A la posibilidad preferida de los físicos teóricos se les llama “WIMPs” por las iniciales
en inglés del término “partículas masivas que interactúan débilmente”. Se cree que esta
materia, que podemos llamar exótica para diferenciarla de la materia normal, está
distribuida en el espacio mas suavemente que la materia ordinaria, la cual está
concentrada en regiones pequeñas del espacio como en las estrellas o planetas. Es por
esto que no podemos decir mucho de la materia exótica si estudiamos por ejemplo el
movimiento de los planetas de nuestro Sistema Solar; hay muy poca materia oscura
exótica dentro de él. Hay que estudiar regiones grandísimas del espacio (por ejemplo,
del tamaño de las galaxias) para que se haga evidente la fuerza de gravedad de la
materia exótica.

Se realizan muchos experimentos en los que se trata de detectar a los WIMPs, hasta
ahora sin éxito claro, de modo que ellos sólo existen en las ecuaciones de los científicos.
Por sus características (recordemos que interactúan débilmente entre sí y con la materia
normal), son extremadamente difíciles de detectar. La mayoría de los experimentos se
realizan en el interior de profundas minas, donde se tienen contenedores con materia
normal que se observa con detectores muy sensitivos esperando que algún WIMP afecte
a la materia normal. La razón de poner estos experimentos en el interior de las minas es
que hasta ahí no penetran muchas partículas de materia “normal” que dificultarían las
mediciones. En distintos países del mundo se realizan este tipo de experimentos.

También es posible buscar evidencia directa de la materia oscura con métodos


astronómicos. Un grupo de astrónomos ha reportado recientemente lo que podría ser
evidencia directa de la existencia de materia oscura compuesta por partículas exóticas.
Han observado el colosal choque de dos cúmulos de galaxias en el espacio. Mientras la
parte de materia normal que hay en cada uno de los cúmulos choca y queda detenida en
la región central del choque, la materia exótica atraviesa el choque como si nada y
continúa moviéndose por el espacio. En este choque, a la materia normal la vemos
gracias a que emite luz (en este caso rayos X), mientras que deducimos la presencia de
la materia exótica mediante su fuerza de atracción gravitacional que desvía la luz de las
galaxias que están detrás de ella.

Y para Colmo, la Energía Oscura

Los astrónomos hemos estado entonces siendo sorprendidos continuamente por la


Naturaleza. Primero se encontró que había mucha materia oscura en el Universo.
Después se concluyó que la mayor parte de esa materia oscura está hecha de partículas
que son muy difíciles de detectar, tanto que hasta ahora no se ha logrado hacerlo. Pero
hasta este punto las cosas estaban aún razonables. Toda la materia tiene en común que
presenta la fuerza de gravedad y si no la podemos “ver” en el sentido clásico, si
podemos saber que está ahí gracias a que afecta el movimiento de la materia normal.
Pero la Naturaleza tenía otra sorpresa guardada, otro as en la manga.

Habíamos mencionado que el Universo se formó hace unos 13,700 millones de años en
una especie de explosión en la que se originó la materia (la normal y la exótica), así
como el tiempo y el espacio. A partir de esta Gran Explosión, el Universo se ha estado
expandiendo. Primero, el Universo era prácticamente uniforme (sin estructura, como el
aire en un cuarto) y no había en él estrellas, planetas, y mucho menos seres vivos. Con
la expansión, el Universo también se fue enfriando y se fueron formando galaxias como
la nuestra, compuestas de miles de millones de estrellas. Estas galaxias se alejan entre sí
en lo que se conoce como la expansión del Universo. Esta expansión del Universo se
descubrió a principios del siglo XX y desde entonces se le ha estudiado cada vez en más
detalle.

Algo muy interesante de la astronomía es que podemos estudiar el pasado del Universo
porque la luz que nos llega de los astros viaja a una velocidad grande pero finita
(300,000 kilómetros por segundo), y cuando vemos a un astro, en realidad estamos
viéndolo como era hace un cierto tiempo. Por ejemplo, en el caso de nuestro Sol, la luz
tarda ocho minutos en llegar a nosotros, de modo que lo vemos como era hace este
pequeño tiempo. Pero conforme observamos cuerpos más y más lejanos, los vemos
como eran en el pasado muy remoto. También podemos medir a que velocidad se alejan
de nosotros y reconstruir la historia de cómo se ha ido expandiendo el Universo con el
tiempo.

Hasta hace poco, todos los astrónomos esperaban que la expansión fuese cada vez mas
lenta, o sea que el Universo se estuviera desacelerando. Esta suposición es de lo más
razonable porque se creía que la fuerza dominante en el Universo es la gravedad y como
ésta es siempre atractiva, poco a poco iría parando a la expansión. Esto lo podemos
entender mejor si tiramos una piedra hacia arriba. La piedra ascenderá, pero cada vez
más lentamente, hasta detenerse y comenzar a caer. Si tiró la piedra con una gran
velocidad, por ejemplo, con un cañón superpoderoso, la piedra se continuaría alejando
de la Tierra para siempre, pero cada vez con menor velocidad.

Hace unos años se pudo reconstruir la historia de la expansión del Universo y se obtuvo
un resultado sorprendente. Cuando el Universo era joven, las cosas ocurrieron como
predecía la presencia de una fuerza atractiva: el Universo cada vez se expandía más
lentamente. Pero en los últimos cinco mil millones de años (más o menos la última
tercera parte de la vida del Universo) ha pasado algo que no se esperaba. La expansión
del Universo ha comenzado a acelerarse, a ganar velocidad. Obviamente, esto es algo
que no se puede explicar si sólo tomamos en cuenta a la gravedad. Es como si la piedra
que tiramos en lugar de ir cada vez más lento, comenzará a acelerarse más y más.

Aún queda la posibilidad de que las observaciones que implican que el Universo ha
comenzado a acelerarse estén mal y que la situación, definida como embarazosa por la
mayoría de los que la investigan, desaparezca. Pero este no parece ser el caso. Es pues
necesario introducir la idea de que el Universo está lleno de algo que contrarresta a la
fuerza atractiva de la gravedad y produce una como fuerza repulsiva que aleja a las
galaxias entre sí, cada vez más rápido. A falta de un mejor término, se le conoce como la
energía oscura.

Como de acuerdo a las teorías de la relatividad de Einstein, la materia y la energía son


equivalentes, podemos decir ahora de qué está compuesto el Universo, tomando en
cuenta materia y energía. Solo el 5 por ciento de él está en la forma de la materia
normal, los bien estudiados y entendidos protones, neutrones,y electrones. Como el 20
por ciento del Universo es la materia oscura exótica, a la cual aún no detectamos
directamente, pero de la que al menos hay ideas teóricas de que debe de ser. Finalmente,
el restante 75 por ciento lo contribuye la energía oscura, de la que francamente tenemos
poca idea de lo que es, aunque no faltan teorías especulativas de muchos tipos.

La mayor parte del Universo está entonces en materia oscura que no podemos encontrar
y en energía oscura que no podemos entender. La buena noticia es que hay mucho
trabajo por hacer para los físicos y astrónomos.

Pies de Figura

1. Los átomos están compuestos de protones (rojo), neutrones (azul), y electrones


(amarillo). El átomo mostrado es el de helio.

2. Una galaxia espiral parecida a la nuestra.

3. Un cúmulo de galaxias.

4. El astrónomo Fritz Zwicky fue el primero en hablar de materia oscura.

5. La radiación cósmica de fondo, cuyo estudio ha llevado a entender mejor la


composición del Universo.

6. Un grupo de científicos buscan partículas de materia exótica en el interior de una


mina.

7. La composición de Universo: 5% de materia normal (amarillo), 20% de materia


exótica (rojo), y 75% de energía oscura.