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DE HISTORIA SAGRADA.

MANUAL
DE

HISTORIA SAGRADA
Ó C 0 W PB N D IO lU S T Ó n iC O

DEL ANTIGUO Y NUEVO TESTAMENTO,


POR

M. EMILIO BONNECHOSE.

•Tu palabra ce la verdnd.»


J U i N , X V I I , I I.

8 E O U N D A E D IC IO N .

1800.

IM P R E N T A D E L B A N C O IN D U S T R IA L ,
A C A R G O D E U . J O & Q C IH S E A h 'A T ,
Costanilla do Santa Teresa, oiitD* 3.—Madrid.
PREFACIO.

«La Historia Sagrada, dice el venerable Kollin,


difiere esencialm ente de todas las dem ás, pues,
así com o estas no contienen sino hechos hum anos
y acontecim ientos tem porales, llen os á, las veces
de incertidum bre y de contradicciones, aqu ella es
la historia de Dios m ism o, d el Ser de tos seres,
La historia de su om nipotencia, de su sabiduría
infinita, de su providencia queá. todo se esliendo,
de su san tid ad , de su ju s tic ia , de su m isericordia
y d e sus otros atributos m anifestados bajo mil
form as y patentizados por innum erables y res­
plandecientes efectos. EL libro que encierra tantos
prodigios es el m as an tiguo del m undo y el ú n i­
co, antea de la v e n id a del Mesías, en que Dios nos
h a hecho conocer de una m anera igualm ente cía-
VI PREFACIO.

m y evidente lo qu e es é l, lo qu e som os nosotros


y el fin á que nos lia destinado ( 1).
Sin e m b a rg o , nuestra ju v e n tu d , instruida con
esm ero en la antigüedad p rofan a, su ele ignorar
casi absolutam ente al salir de los colegios la anti­
güedad sagrada. Si bien tiene noticia d e los n om ­
bres de lo s principales patriarcas y de algunos
rasgos de su h istoria, no así de las escenas intere­
santes de su vid a en las tiendas del desierto y bajo
el cielo del O rie n te , de la n oble sencillez de sus
costum bres, de la m ajestad de su s conversaciones
con el Eterno en m edio de las soledades y en pre­
sencia de las m aravillas de la creación. Sabe que
los hebreos padecieron en E gipto, que Dios se sir­
vió de Moisés prca rom per su yugo y trasm itirles
sus le y e s , que Saúl fué su prim er r e y , y que S a -
lom on, h ijo de D avid, edificó el tem plo; pero des­
conocen los sucesos de su larga peregrin ación, el
su blim e carácler de Moisés, el espíritu y objeto de
su s leye s, la su erte, el destino de Israel en la épo­
ca d e su s prim eros jefes, la piadosa hu m ild ad con
que en el m ism o trono se distin gu ía todavía m as
q u e un D avid, 1111 Ezechias; la im ponente grande­
za con qu e en vueltos en el saco y la ceniza apare­
cían adornados un Elias, un Micheas, un Jeremías;
la serie de prodigios por los cuales se m anifestaba
D ios siem pre presente en m edio de su pueblo. Sa­

ín T ra ta d o de los EnU idios, ff'fUDdci p arte, cap. I.


PREFACIO. VII

be finalm ente qu e Grislo vin o al m undo en el


tiempo m arcado por los profetas, co a algu nas cir-
constancias de su vid a y m uerte y tam bién de sus
palabras su b lim es, y a proverbiales en. tods£ las
lenguas; pero apenas tiene idea dé la série adm i­
rable de predicciones qu e anunciaban el Salvador,
de las erosiones de su am or y com pasiou m iseri­
cordiosa , d el testo d e sus d iá lo g o s , asi con los
pobres y enferm os com o con los ricos y p odero­
so s; de la vid a, espíritu y costum bres de sus p r i­
m eros discípulos. En su m a , falta poco para que
enteram ente se ignore entre nosotros todo aquello
que dá á. las Escrituras un carácter único de fuer­
za, de grandeza y m ajestad.
He em prendido esta obra con la intención de
poner al alcance de nuestra ju v en tu d el origen de
las mas altas verdades y de nuestras im m ortales
esperanzas. No pretendo dar una versión de nin­
guno de I09 lib ro s sagrados, solam ente he tratado
de presentar en su adm irable reunión la Historia
del antiguo y nuevo Testamento.
Al trazar el cuadro de la legislación mosaica he
procurado hacer com prender bien el espíritu de
este célebre c ó d ig o ; y para facilitar el estudio al
le cto r, he reunido las leye s principales disem ina­
das en lo s cuatro últim os libros del Pcntatéuco,
siguiendo uu plan m etódico y según las varias
categorías.
Con respecto á los librus p m fé ticos, creo haber
VIII PR.Ky.VC1o.

hecho lo que nadie en Francia: después de haber


buscado cuidadosam ente las épocas precisas en
que se pronunciaron las principales profecías, me
he aplicado á aum entar el interés d e la narración
de los acontecim ientos, conservando en ella, según
el órdon de las fech as, aqu ella série adm irable
de orácu los divinos que Bossuet llam a en su bello
estilo una historia de lo fu tu ro que Dios solo p o ­
día escribir.
En la del Nuevo Testamento he procurado so ­
bre todo dar con exactitud el testo de las palabras
del Salvador, absteniéndom e casi siem pre de c o ­
m entarlo, porque el carácter divino que llevan en
si m ism as, revela al que hablaba c&mo jam ás lo
hizo n in g ú n hombre ( 1).
En g e n e r a l, y hasta el punto que perm itia el
plan de esta historia, he usado en ella el lenguaje
m ism o de la E s c ritu ra ; p u e s , aunque es im p or­
tante en cu alqu iera otra m ateria que un autor ma­
nifieste su génio en las o b ra s , al tratar de ésta,
debe, por el co n tr a r io , h u m illarse ante su m ode­
lo, y tanto m as brillante será el éxito que obten­
ga, cuanto m as se h aga o lvid ar.
He tom ado m ucho de los autores m odernos
que m as han ilustrado la cien cia r e lig io sa , espe­
cialm ente de Bossuet y d el abate F leu ry ; y acerca
dfi la vida y costum bres d e los israelitas, debo á

fl) Han .luitn. V II , 40.


PREFACIO. IX

este últim o varios detalles del m ayor interés, que


casi he estractado litaralm ente de uno de sus m e­
jores escritos.
Deseando adem ás enlazar la historia sagrada
con la profana» pero sin interrum pir frecuen te­
mente la n a rra ció n , m e he lim itado á colocar á la
cabeza d e cada época grande de la nación ju d áica,
una reseña de los hechos contem poráneos y prin­
cipales de la historia de los otros pueblos. En
cuanto á la división de la obra, he adoptado un
método análogo al de la que últim am ente he p u ­
blicado sobre la historia de F ra n c ia , y que me
parece ha tenido aceptación.
Obligado com o estoy á lim itarm e á un corto
círcu lo, no tanto m e he propuesto referirlo todo,
cuanto no om itir nada de lo que m as conduzca á
elevar y engrandecer el ánim o del lector cautiván­
dole por la adm iración y el respeto. «La verdad
de la r e lig ió n , dice P asca l, su antigüedad y san­
tidad , se dem uestran en algú n m odo por su gran­
deza m ism a y por su elevación.»
Ignoro qué destino está reservado á este nuevo
trabajo; pero bástam e el pensar que si contiene
algo verdaderam ente ú til, com o me com plazco en
c ree r, no habrá sido em prendido en vano.

E m l l io de Bo n n e c u o s e .
N o t a . L o s libros sagrados do dan. 1a historia entera del
puebla ]U(líiico desde Abrafiam hasta Jesucristo: por lo mismo
lie debido apelar á varios autores, y especialmente al historia­
dor Josefa, al tratar de los acontecimientos d e q u e el Antiguo
Testamento no bacc mención. En cuanto á la división de la Tier­
ra Santa y la descripción de las localidades, be seguido la Geo-
i'i-afta antigua de MM. Meissas y Michelot, obra escelcnte y que
ilcbe estudiarse relativamente & los detalles que no han podido
i;’ oer cabida en esta.
EPOCA PRIMERA,

Desde la Creación hasta el Diluvio universal.

AÑO D E L M U N D O ........................... 1— 165C (I;

ANTES D E J E S U C n iS T O ............... 41)0 4 — 5 3 * 8

DunAciON 1656 aSo s.

(Qéneeia I.—V I.)

CAPÍTULO PRIMERO.
Creación del Mundo. — Adán y Eth en el Paraíso*

(Ginesta 1,—II].)

Al principio Dios crió el cielo y la tierra. La tierra


estaba vacía é informe, las tinieblas cubrían el abis­
mo, y el espíritu de Dios se estendia sobre las aguas.
Dios dijo: «Hágase la luz,» y la luz se hizo: diio
«11 segu id a: «Aparezca el Armamento,» y la bóveda
del cielo se formó, y una parle de las aguas subió á
lo alto convertida en nubes. Dijo Dios también: «Que
las aguas se reúnan bajo el cielo y que se muestre la
tierra;» y así sucedió: «Que la tierra, afiadió, pro-

( 1J H e m o B B e b i d o , r e u p í c t o á l a . c r o n o l o g í a , e l tC B t e T i e b w o , t c -
ffu n U t e r í o . T o d a fc c fc a q u e c a r e z c a d e in d ic a c ió n p a r t ic u la r d e s l g -
□ a r ¿ e ie iD p r e H a ñ o a n t e s d e ) a e r a c r ic t ia u a n u l a p r im e r a p a r t e a *
i* ob ra.
i HISTORIA
diuca plantas lozanas y los árboles frutos, cada uuu
seguu su especie, y que encierren en sí mismos sti
propia semilla ¡l fin de que se reproduzcan sobre la
tierra:» esU palabra se cumplió. «Que haya en el cielo
cuerpos luminosos que separen el dia de la noche, y
que sirvan de signos para marcar los tiempos, los
dias y losaüos;» y formó dos luminares, uno mayor
para presidir al día, olrq menor para la noche: ¿izo
también las estrellas que resplandeciesen en el cielo
para alumbrar la tierra. Entonces dijo: «Que las agua»
se pueblen de seres dotados de vida, que las aves
vuelen por el aire y que la tierra produzca animales
domésticos, bestias salvajes y reptiles:» y cuando to­
dos eslos fueron creados, según su palabra, dijo por
último: «Hagamos el hombre a nuestra unágen, y
que domine sobre los peces del mar, las aves del air¡:
y los animales de toda especie;» y formándole de
barro, le comunicó por las narices un» respiración de
vida, quedando así con alma viviente. Dios le colocó
en un jardín de delicias en donde habia hermosísi­
mos árboles de escelente fruta, cuya fertilidad con­
servaba u u manantial abundante, míe se dividía en
cuatro" rios; y le d ió por ocupacíon la guarda y cu l­
tivo de aquel Edén. En seis dias terminó Dios toda la
obra de la creación: el séptimo descansó; bendijo este
dia, y le santificó (1).
Dios hizo despues, que sucesivamente se presen­
tasen todos los animales delante de Adán, á quien
ensenó á distinguirlos por sus nombres; pero Adán no
encontró ninguno que le fuese parecido. El Eterno
habia dicho: «No es bueno que el hombre esté solo;»
y sumergiendo á Adán en profundo sueno, le sacó
mientras dormía una de sus costillas, de que hizo
una mujer que se llamó Eva: al despertar el hombre,
le presentó su compañera.
(1) L a ciencia bu halla boy do acuerdo con la religión para recono­
cer la exaeLltud del relato que haco M.oiaes de la creación. Mas pareco
constante» y ano los mas respetables expositores conviepcn, en que
los seis d io » de que el Génesis hace mención, dol>en t o m a » » par cier­
to capado de tiempo, cuya duración nn podría fijarse con seguridad.
SAGRADA.
Entre los árboles de] jardin del Edén había dos
c0n.0ci.d06 por árbol de vida y árbol de la ciencia del
bien y del mal: La fruta, de este último era la única que
Dios habia prohibido al hombre, y la muerte el cas­
tigo que debía seguirse á la infracción de esta ley.
U ndia que Eva se habia acercado al árbol d é la
ciencia, vió una serpiente que dirigiéndole la palabra,
la invitó á comer de la fruta prohibida diciendo: «Sin
duela no morirás, porque Dios sabe que el dia. en que
comas de esta fruta se abrirán tus ojos y serás como
él mismo que conoce el bien y el mal» ( 1). Seducida
por estas espresiones y por la hermosura de la fruta,
comió de ella, y la dió á su marido que la comió tam­
bién. Inmediatamente se abrieron los ojos de entram­
bos, vieron su desnudez y la cubrieron con hojas .da
higuera entretejidas. Entonces oyeron la voz del
Eterno que recom a el jardin, y para evitar su pre­
sencia se ocultaron entre los árboles; pero el Eterno
llamó á Adán y le dijo-. *iDónde estás?» Adán respon­
dió: «He oido vuestra voz en el jardin, y como estaba
desnudo, se ha apoderado de mí el temor y me he
ocultado.— ¿Quién te ha enseñado que estabas des­
nudo, sino has comido la fruta del árbol que te habia
prohibido?» Adán contestó: «La mujer que m e disteis
por compañera me ha presentado la fruía i e este
árbol, y h.e comido de ella.— ¿Porqué hiciste eso?»
preguntó Dios á la mujer; y ella respondió: «La ser­
piente me ha engaüaao, y lie comido de la fruta.»
Entonces el Eterno maldijo á la serpiente y dijo á la
mujer: «Parirás con dolor, estarás bajo el poder de
tu marido y mandará en tí.» Pero Dios quiso también
que esta pena fuese acompañada de la esperanza, y
anunció que la posteridad de la m ujer domaría el
espíritu del mal aplastando la cabeza de la serpien-

a(U Un g T a n número de comentadores y de hombres de eminente


piedad, h a n considerado en parte « a t a narración como alegórica ó
metafórica. Entre Los cristianos Orígenes, San Ambrosio y el Ilustre
carden*l Cayetano con de esta QpEqlon.
6 HISTORIA
te (t). «Por lo mismo que has escuchado la voz de la
mujer, dijo í Adán, y que has comido de esta fruta á
pesar de mi prohibición, maldigo la tierra: solo á
tuerza de trabajo sacarás de ella tu alimento diario, y
comerás el pan con el sudor de tu frente, hasta que
vuelvas A la tierra de que te formé, porque eres pol­
vo, y eu polvo te has de convertir.» Dios arrojó á
Adán del Paraíso para que cultivase el suelo, arrojó
también á su compañera, y un querubín armado con
una espada de fuego cerró la entrada del jardín de
las delicias.

(U Esta en el primer oráculo mesiánfcc» y se ha cumplido en Jesu­


cristo qu e ba vencido m al. Diou anunciando a l hombre au « B -
ilfro, h a querido consolarle c o n I r p r o m e s a de una rehabilitación
rotura.
CAPITULO JI.

Caín 7 A b e l.

Estado riel mundo hasta el Dilema.

(Génesis I V . - V I I . )

4003— 3358 .

1-os dos primeros hijos de Adán y de Eva fueron


l'ain y Abel: el primera era labrador, y presentaba á
Dios por ofrenda las primicias de los frutos de la tier­
ra: el segundo, pastor de obcjas, ofrecía en sacrificio
las primeras crias de su ganado. Tero Dios que en los
actos piadosos aliende únicamente á las disposicio­
nes secretas del coraron, no apreció á Cain, ni tam­
poco sus dádivas. Cain se encolerizó y su semblante
quedó abatido. El Señor Jt? dijo: «¿Por qué estás irri­
tado, y de dónde nace el abatimiento de tu semblante?
si haces bien, ;.nn recibirás tu recompensa? si haces
mal, ¿no sufrirás inmediatamente el castigo de tu
pecadoV pero tn mal deseo <piedará reprim ido, y tú
eres quien debe dominarle.» Cain dijo á su hermano
Abel: «Salgamos», y ruando estuvieron en el campó­
se lanzó sobre SI y le mató.
La voz divina se hizo entender al culpable. «Cain,
dijo el Señor, ¿dónde estíí tu hermano Abel'ín y res­
pondió: «No lo sé: soy acaso su guardián?»;— «¿Qué
lias hecho? presunto el Elernn: la sangre de tu her-
K 18 T . S » r : . ■>
a fllSTOlllA
mano clama desde la tierra hasta mí. ¡Maldito seas
sobre esta misma tierra que se ha abierto para recibir
Ja sangre de Abel derramada por tu mano! Despues
que la hayas cultivado no te dará sus frutos, y anda­
rás errante y fugitivo sobre ella.» Gain dijo al Seüor:
»Mi iniquidad es demasiado grande para que yo a l­
cance perdón: huiré de vuestra presencia, andaré
errante y fugitivo, y cualquiera que m e encuentre me
mata Wi. — No será eso así.» respondió el Señor, y
puso una seüal al culpable á fin deque cualquiera que
ie encontrara no le quitase la vida
Caín huyó, y se estableció en el país siluado al
oriente del Paraíso. Enoc, sn hijo, edificó la primera
ciudad. En su posteridad se cuenta A Lamec, el pri­
mer polígamo de que habla la historia. Tuvo de sn
m ujer Ada ü Jabel, que filé padre de los habitantes
de las tiendas y de los pastores, y ¡i Jubal, inventor
de los instrumentos músicos-. Sella, sn otra mujer,
Tué madre de Tubalcain, hábil en trabajar el hierro y
el cobre. El segundo asesinato conocido fné ejecutado
por Lamec.
Dios concedió otro hijo & Adán en lugar de Abel,
llamado Seth., cuyo nacimiento fné seguido del de un
gran número de otros hijos.
La vida de los primeros hombres era de muchos
siglos: Adán vivió novecientos treinta años y Seth no­
vecientos ( i ). He aquí los nombres de los primeros
patriarcas descendientes de Seth, y que cada uno re­
presenta la estirpe de una generación. Enos, Cainan.
Malaliel, Jared, Hcnoc, que vivió trescientos sesenta
y cinco aüos, y despues no se volvió á ver sobre la
tierra, porque marchó siempre con Dios, y Dios le co­
gió y lo arrebató: Malhusaleu, cuya vida fué de no­
vecientos sesenta y nueve años, y Noé, que tuvo tres
hijos, Sem, Cam y Jafet.
Cuando los hombres se multiplicaron sobre la tier-

(1) El hl»t0rl»d0T Josefo «tribu yo ii SetU la invención d# la


M tro n o m ia .
ra, se abandonaron á las violencias y á la corrupción,
y Dios, viendo la perversidad de sus pensamientos, se
afectó de dolor, y d ijo : «Yo esterminaré de la Iiaz de
la tierra desde el hombre hasta los anim ales, desde el
reptil hasta las avés.» Pero Noé halló gracia ante el Se­
ñor, porque era un hombre justo y perfecto en medio
de los suyos, y siempre fué con Dios. El Señor, viendo
que toda la carne se habia corrom pido, le d ijo : «Ho
resuelto que perezca la especie hum ana, porque ha
cubierto la tierra de iniquidades- pero estableceré mi
alianza contigo.» Noé recibió entonces las instruccio­
nes divinas para la construcción de un arca capaz de
entrar con él su familia y los animales de cada espe­
cie, y ejecutó lo que Dios le habia ordenado.
EPOCA SEGUNDA.

Desde el Diluvio hasta la vocacion de Abraham.

[Génesis V I I —X I.)

AÑO DEL HUNDO. . . 165G— 2ÍW3


Antes de Jesucristo 5348— t!)?f

DUJIaCiON 427 AÑOS.

G il ANDES A CO N TECIM IEN TO S DE LA H ISTORIA P IlO F A X A .

Fundación de Babilonia y de N¡nive( 200I ) .— Semlramis, reina de


Asiría. — Cuatro dinastías ó principados en Egipto ( 1).

Noé tenia seiscientos anos de edad cuando le dijo


el Se&or: «Entrad tú y toda tu fam ilia en el Arca, pues
te he visto justo delante de mí en medio de esta gene­
ración. Tomarás siete parejas de cada animal puro y
dos de los impuros á fin de conservar su raza, por­
que pasados siete dias haré llover sobre la tierra por
espacio de otros cuarenta con sus noches, y extermi­
naré todas las criaturas que he formado.»
Noé obedeció, y transcurridos los siete dias, se rom­
pieron todos los manantiales del grande abismo,

O) A lin ite & r cura cada ¿poca loa mayores acontecimientos con-
temparéneoe de la historia profana, no nos ocuparomo» de 1» India,
ni de 3a China, ni de los demás países cu yaeron olo^it es incierta, y
so.historia.por otra parta, m> c « de ningún modo necesaria parala.
Iateltgenoia de la &agr&<la.
12 HISTORIA.
abriéronse las cataratas del cielo , y la lluvia cayó
sobre la tierra durante cuarenta noches y cuarenta
dias. Las aguas lo inundaron todo, se esparcieron por
la superficie de la tierra, cubrieron las montañas mas
altas y el Arca flotaba sobre ellas. Toda carne dotada
de movimiento quedó destruida; aves, animales sal­
vajes, dom ésticos, reptiles, hombres; en una palabra,
todo lo que tenia un soplo de vida m u rió : solamente
la conservaron Noé y los que con. él se hallaban en el
Arca. Las aguas cutrieron la tie rra por espacio de
ciento cincuenta días.
Dios envió en seguida un viento sobre la tierra, los
manantiales del abismo y las cataratas del cielo se
cerraron, las aguas, yendo y volviendo, empezaron á
disminuirse, y el Arca se detuvo en los montes de Ar­
menia, e l dia vigésimo sétimo del sétimo mes. El dia
primero del mes décim o, aparecieron las cumbres de
las m ontañas: despues de cuarenta d ias, Noé abrió
una ventana, soltó un cuervo que fué y no volvió
hasta que las aguas desaparecieron de la tierra: envió
también una paloma, y como no encontró donde pa­
rarse , volvió al Arca: siete dias despues la envió de
nuevo, y regresó por la tarde, trayendo en el pico un
ramo de olivo con hojas verdes. Noé comprendió que
las aguas se habian retirado de la superficie de la
tierra: esperó aun otros siete dias: soltó la paloma por
tercera vez, y ya no volvió.
El dia vigésimo sétimo del segundo mes del año
nuevo, dijo Dios á Noé: «Salid del Arca t i i , tu m ujer,
lus hijos y los suyos y todos los animales aue estén
contigo, y condúceles ¿ la tierra.» Noé salió del Arca,
erigió en seguida un altar al Señor, ofreció un holo­
causto, y este sacrificio fué agradable al Eterno.
Dios bendijo áN oé y sus hijos y les dijo: «En ade­
lante ya no descargaré m i cólera sobre las criatu­
ras vivientes como acabo de hacer. Durante todos los
días de la tierra, las semillas y las cosechas, el frió
y el calor, él estío y el invierno, el dia y la no­
che no cesarán. Multiplicios y llenad la tierra. Qne
SAGRADA. II
lodos los animales terrestres, todas las aves del aire,
lodos los pecee del mar os tem an: estas criaturas
quedarán bajo vuestro dominio. Podréis lomar para
vuestro alimento todo lo que tiene movimiento y vi­
da: os lo doy, así como toda especie de plantas; pero
no comereis la carne con lo que la viv ifica , que es la
sangre. Yo reclamaré la vuestra de todo ser viviente,
de todo hom bre: reclamaré de cada hombre la vida
del hombre su hermano. Será derramada la sangre de
cualquiera hombre que haya vertido la de otro, por­
que el hombre ha sido formado á la imágen de Dios.
Creced, pues, y multiplicad: diseminaos por la tierra
y pobladla.» Dios dijo además á Noé y á su s hijos: «En
cuanto íi m í, establezco una alianza con vosotros, con
vuestra descendencia y con todo ser viviente. De arnií
adelante y a no serán destruidas las criaturas por las
aguas del diluvio, y ya no habrá ningún otro que cu ­
bra la tie rra: he aquí el signo de la transacción que
para siempre establezco entre yo y vosotros y todas
las criaturas vivientes que hay en vuestra compalifa:
colocaré m i arco en las nubes como seíial de alianza
entre yo y la tierra, y cuando cubra el cielo de ellas y
aparezca un a rco , me acordaré de la alianza perpetua
establecida entre yo y todas las criaturas vivientes so­
bre la tierra.*
Los hijos de Noé, que salieron con él del Arca, fue­
ron Sem , Cam y Jafet, y de ellos desciende todo el
género humano. Noé cultivó la tierra y plantó laviüa
Habiendo bebido vino se embriagó y quedó descu­
bierto en su tienda. Cam, padre de Canaan, vió la des­
nudez de su padre, 110 la cubrió y llamó á sus herm a­
nos, Pero Sem y Jafet echaron un manto sobre sus es­
paldas, y yendo detrás desviaron la vista y cubrieron
á su padre. Cuando Noé despertó y se enteró de la
conducta de sus h ijo s , maldijo la raza de Cam en la
persona de Canaan, su hijo. « ¡Bendito sea el Señor,
d ijo, el Dios de Sem , y que Canaan sea su esclavo^
Que Dios estienda las posesiones de Jafet, que habite
en las tiendas de S e m , y que Canaan sea su esclavo!»
I'l 111STOltIA
Noé vivió todavía tres siglos y medio despues del Di­
lu vio, y murió á la edad de novecientos cincuenta
años.
La raza de los lies hijos de N oé, se multiplicó rá­
pidamente : 110 se conocía eu ella mas que una sola
pronunciación, y uaa sola lengua entre los hombres.
Habitaban una llanura en la tierra de Sennaar, que se
cree situada entre las conchas del Tigris y del Eufra­
tes. Los hombres se dijeron m utuam ente: «Ea, pues,
hagamos ladrillos y cozámosles al fuego.» (El la arillo
les se m a de piedra, ,y el betnn de argamasa). «Edifi­
quemos una ciudad, añadieron, y una torre, cuya ve­
leta se eleve hasta cielo , y adquiramos así gran nom­
bradla antes que nos veamos dispersos por toda la
tierra.» Pera el Eterno vio la ciudad y la torre que
edificaban los hijos de Adán, y resolvió hum illar su
orgullo. «Confundamos su lengua, dijo, de manera
que no se entiendan entre ellos.» Así es como el Eter­
no Los dispersó, y cesaron de edificar su ciu d ad , que
por esta causa fué llamada Babel (esto es, confusion).
Los hombres se esparcieron por toda la superficie de
la tierra, y formaron tres razas principales, cuya m e­
m oria, respecto de su origen , perdieron bien pronto.
Continuó la posteridad de Sem habitando el país
de Sennaar ó la Caldea, y el octavo descendiente de es­
te patriarca fué Tbarú,* que tuvo tres hijos, Abraham,
padre de los hebreos, Nacon y Aran. Tharé vivia en
Ur, ciudad de la Caldea, donde nació: allí perdió á su
hijo Aran, y tomando consigo d Abraham, su otro hijo
m ay o r, á su nielo L o t, hijo de Aran, y á. Sara, m ujer
de Abraham, los condujo desde Ur á la Caldea hácia
la tierra de Canaan, habiendo llegado hasta Haran,
donde fijaron su residencia, y donde murió Tharé i
la edad de doscientos cinco anos.
*Por aquel tiempo, dice Bossuet, se establecieron
las le y e s, civilizáronse las costum bres, se formaron
los imperios, y el género humano empezó á salir de la
ignorancia: las artes, con el auxilio de la esperiencia,
se inventaron ó perfeccionaron. A medida que los
SAGRADA. 15
hombres se multiplicaban, poblábase la tierra sin in­
terrupción: atravesábanse montarlas, precipicios, ríos,
y por último los mares, estableciéndose nuevas insti­
tuciones. La tierra, que no era al principio sino una
selva inm ensa, mudó de aspecto : á los bosques susti­
tuyeron las campiñas, los prados, las aldeas, las vi­
llas , y últimamente las ciudades. Se aprendió el arte
de coger ciertos animales, de domesticarlos y acostum­
brarlos al servicio. Fué necesario desde luego sostener
combates con las fieras, y en ellos se distinguieron los
primeros héroes, resultando de aquí la invención de
las arm as, que despues emplearon los hombres en
destruir á sus semejantes. Nemrod, el primer guer­
rero y el primer conquistador, es conocido en la Es­
critura por el Gran Cazador. Estableció su reino en
Babilonia y en el mismo sitio en donde estaba princi­
piada la torre y á una grande altura, aunque no tanto
como deseaba la vanidad humana. Casi por aquel
tiempo se edificó á Nínive, y se fundaron algunos an­
tiguos reinos q u e , aunque pequeños en aquella pri­
mera época, aparecen, sin em bargo, solamente en
Egipto, cuatro dinastías y principados (1).»
No obstante, los hombres empezaban á olvidar las
verdades primitivas: el conocimiento de la unidad de
Dios y la consoladora promesa de un Redentor, ape­
nas existían en su memoria: las antiguas tradiciones
se oscurecían, y la idolatría invadía el mundo. Dios
para impedir los progresos de un mal tan grave, sepa­
ró á un pueblo elegido, á quien hizo depositario de su
palabra, y designó á Abranain como fundamento de
este pueblo y padre de todos los creyentes.

(1) Discurso sobre la historia u n iversal: primera parte, secunda


¿poca.
EPOCA TERCERA,

Desde la vocacion de Abraham hasta lafpromulga-


oion de la. ley.

(Génesis XJ,—Jg*o4oXX.J

AÑO OBL MUNDO............... 2083— 2513.


A.NTES DE JESUCWSTO...... 1921— 140L.

D U R A C IO N , '1 3 0 A Ñ O S .

G BANDES d e s c u b r im ie n t o s DK I.A h is t o r ia PKO FANA.

(Í 856J Fundación de Arcos por Iliaco.— ( 17G4) Diluvio de Ogigus


en el Atica.— ( 1550) Cécropc rúndalas doce villas de Atenas.—
(1303) Diluvio de Deucalion en Tesalia.— ( 1443) Fundación de
Tcbas par Cailmo.

CAPITULO PRIMERO.
Vocacion de Abraham.— Destrucción de Sodoma y de Goinorra.
—Agnr é Isjnael.— Isaac y Ilehecn.—Muerte de Abraliam.

IG Í n e íln X I I - X X V . )

(1921 — 1821.)

El Eterno dijo á AArain, cuyo nombre cambió mas


larde en el de Abraham (1) para indicarle que sería
padre de una multitud de hijos: «Sal de tu parentela y
de la casa de tu padre y ven á la tierra que te rnostrú-
(1) SigEiflca en la Lengua htbrúicn, Padre de n i fv r b líi * t i * f r w o
U HISTORIA
re; yo haré salir de tí una giande nación, le bendeciré
y engrandeceré tu nombre y serAs bendito.» Abraharn
hizo lo que el Eterno le maliciaba y llevó consigo á Sa­
ra sil mujer y á Lol hijo de su hermano v toda la ha­
cienda que habían adquirido, y salieron ae Haran pa­
ra ir á la tierra de Canaan situada en los confines de
la alta Asia, casi al centro de las tres partes del anti­
guo mundo.
Abraham tenia entonces setenta y cinco anos,
atravesó hasta el lugar de Sichcm y allí se le apareció
el Señor y le dijo: «Yo daré esta tierra A tu posteri­
dad. » Abraham levantó en aquel paraje un aliar al
Sefior; y pasando de allí algo mas lejos, armó las tien­
das entre Bcthel y Hai é invocó el nombre del Eterno.
Después pasó hácia el Mediodía, mas sobrevino ham ­
bre en la tierra y descendió al Egipto en donde habitó
como peregrino. Faraón, rey de aquellos dominios,
habiendo robado A Sara A quien Abraham por el te­
mor de un gran peligro la llam aba su hermana ( 1),
Dios le castigó enviándole grandes placas á él y á su
casa. Faraón volvió su m ujer á Anraham y mandó
que fuesen conducidos fuera del Egipto con todos sus
bienes.
Abraham volvió á Canaan por el mismo camino
cine habia ido y puso de nuevo sus tiendas entre Be-
Lliel y Hai. Lot su sobrino, viajaba con él, y ambos
tenían rebaños de ovejas y bueyes. Habiéndose susci­
tado una riña entre sus pastores, Abraham dijo á. Lot:
■Que no h aya querella entre tú y yo, entre mis pasto­
res y los tuyos, porque somos parientes m uy cercanos:
¿toda la tierra no está delante de tí? separémonos te
ruego, pues si tú fueres á la izquierda, yo tomaré la
derecha, y si tú eliges la derecha y o iré por la izquier­
da.» Lot escogió paia. él lo largo de la vega del Jordán
y se dirigió hácia el Oriente v habitó la cindad de So-
doma, cuyos habitantes estaban m uy corrompidos y

{1) S o m e ra cu efecto ttt'dio hermana de Abraham. Loa matrimo­


nios «ntrcbena&útifr no eran aun prohibidos.
SACHADA. 19
eran grandes pecadores delante de Dios: Abraham pei-
maneció en la tierra de Canaan y le dijo Dios: «Levan­
ta tus ojos y mira desde el lugar donde ahora estás há-
cia el Aquilón y el Mediodía., liácia el Oriente y Po­
niente: yo daré para siempre ¿í tí y ú tu posteridad to­
da la tierra que ves. Yo multiplicaré tu descendencia
como las arenas del mar: si puede alguno de los hom ­
bres contarlas, podrá- también contar tu posteridad.»
Abraham levantando sus tiendas fué á morar’ junto al
valle de Mambré el Amorrheo, donde tambiem edificó
un altar al Señor.
El país de Canaan y las comarcas vecinas se halla­
ban entonces divididos, como sucede siempre en la
infancia de la civilización, en un gran número de po­
blaciones, gobernadas cada una por un jefe, al cual
la Escritura da el nombre de rey. Cinco ciudades ( 1) á
saber: Sodoma, Gomorra, Adama, Seboitn y Segor so­
metidas á otros tantos reyes» estaban situadas en el
paraje que hoy ocupa el lago Asfaltito ó el m ar Muer­
to. Los reyes de estas ciudades, tributarias durante
doce anos de un príncipe estranjero llamado Chodor-
laliomor, se revolucionaron, y éste se coligó contra
ellos, con muchos otros reyes vecinos. Los príncipes
de las cinco ciudades se presentaron delante de sus
enemigos: se dio la hatalla en el valle de los Bosques:
los reyes de Sodoma y Gomorra huyeron y fueron
muertos: los vencedores tomaron sus ciudades, las sa­
quearon y Lot fuó del número de los cautivos.
Abraham informado de la desgracia de su sobri­
no (2) armó trescientos diez y ochó de syis propios
siervos y persiguió al enemigo:'dividió su tropa en di­
ferentes columnas, se arrojó sobre ellos de noche, les
(1) El país ocupado por estas cinco dudados fu i la rgo tiempo des­
pués de su destrucción, conocido bajo el nombre de P en tip olls.
(2) Abroham es aquí por la primera ves designado en lo Escritura.
co m o A í*r*v { G . * l V # 13) El historiador Jo?«í<Mlapor cUmologin ú cela,
palabra d nombre Hebcr* tcrcr-r descendiente de tí£in y uno oc los ®n-
wp&sados de Abraham. (A n t.ln d . Lib. I, cap. V I ) . K s la opiniOD DO es 14
de la mayor pacto de los Qutorcs eclesiásticos. F.l nombre hebreo
AÍirr. que nlgoiflcn í * la pfrq parte, po ereo tjue ko 1* hn d.ido d Abra­
ham porque descendía d d p&i* situado é Tn « ir a parto <M KufVatoe-
20 HISTORIA
hizo huir, rescató á Lot su hermano con sus bienes y
recobró sus riquezas. Despues de esta brillante victo­
ria, Melquisedec rey de Salem y sacerdote del Dios su­
premo, ofreció pan y vino y bendijo á Abraham di­
ciendo-. «Bendito sea Abraham por el Dios escolso
criador del ciclo y la tierra, y bendito sea el Dios su­
premo, con cuya protección los enemigos han sido
vencidos.» Melquisedeorecibió de Abraham el diezmo
de todos los despojos del enemigo.
El Señor habló también á Abraham en una visión
y le dijo: «No temas, Abraham, y o te protejo, y tu re­
compensa será grande.— Señor, respondió Abraham,
¿qué m e darás? Yo moriré sin hijos, y el hijo de Klie-
zer Domase, mayordomo de m i casa será mi heredero.
— Ese no tendrá tu herencia, dijo el Señor, pero el gue
saldrá de ti, será tu heredero, y sacólo fuera diciénao-
le: mira al cielo y cuenta si puedes las estrellas y asi
será tu descendencia.» Abraham creyó en la palabra
del Señor el cual lo tuvo por justo á causa de su fé.
En este mismo dia ofreció Abraham un sacrificio
de animales sobre el altar; y cuando hubo separado
las víctimas, se apoderó de él un profundo sueño y
sobrecogióle 1111 gran terror en medio de la oscuridad,
y filóle dicho: «Sabe desde ahora., que tu posteridad
habitar A una tierra cstraña y estará sometida á b u s ha­
bitantes que los sujetarán á la servidumbre y les afli­
girán 400 años; sin embargo, yo juzgaré A la nación
á quien han de estar sujetos, y saldrán de emnedio de
este pueblo con grandes riquezas. Por lo que hace á
tí, irás en paz á tus padres y serás enterrado en una
feliz vejez.» Apareció entonces como un horno hn-
meando y una lflm paiade fuego, que pasaba entre los
animales*divididos. El Señor concertó en aquel dia su
alianza con Abraliam y le dijo: «A tu posteridad daré
la tierra desde el rio de Egipto hasta el gran rio Eu­
frates.»
Sara, m ujer de Abraham no le habia dado hijos,
pero teniendo en su casa una sierva egipcia llamada
Agar, y presentándola á su marido le dijo: «El Seíior
SAGRADA. 21
m elia hecho estéril para que uo pariese, loma m i
sierva para ver si por lo meaos tendré aijosde ella(í).»
Abraham recibió, pues, & Agar, y habiendo concebido
esta despreció á su señora. Sara se vengó, y Agar afli­
gida por ella se escapó al desierto. Se detuvo cerca de
uiia fuente en un paraje solitario que está en el cami­
no del Sur, en donde se le apareció un ángel del Señor
y la dijo: «Agar, sierva de Sara, ¿de dónde vienes: A
donde vas? «Ella respondió: «Voy huyendo de Sara mi
so Dora.* y le dijo el ángel del Seüor: «Vuélvete & tu se­
ñora y humíllate debajo de su mano, tu posteridad se­
rá innumerable y no se podrá contar por la multitud:
Í> a r ír A s un hijo que llamarás Ismael: será un hombre
¡ero: sus manos serán contra lodos y las manos de to­
dos serán contra él y plantará sus tiendas Trente á fren­
te de todos sus hermanos (2).» Agar invocó el nombre
del Seíior y llamó á la fuente en donde se habia dete­
nido, la fuente del Dios vivo que me vé. Ella volvió cerca
do Abraham y parió un hijo, al cual llamó Ismael.
Abraham tenía noventa y nueve años cuando
Dios le renovó todas sus promesas é hizo de la circun­
cisión el signo indeleble de su alianza con su pueblo.
Abraham recibió la órden de circuncidar á todos los
hijos varones de su fam ilia, ocho dias despues de sn
nacimiento, y Dios qniso que se observase esta ley
por cada generación de los descendientes de este pa­
triarca: «"Yo bendeciré á Sara tu mujer, le dijo el Se­
ñor, y de ella te daré un hijo á quien llamareis Isaac,
y estableceré mi alianza con él como una alianza
eterna, y despues de él con su posteridad. Doce jefes
saldrán de él, y le haré padre de un gran pueblo; pe­
ro confirmaré m i alianza con Isaac, que Sara parirá
el afio que va á ven ir.» '
Abraham obedeció al Señor, circuncidó i sn hijo

(1} l.a poligamia estaba « n a to entro lcspuobto* 4 * la antigüedad,


Y Latvtertlidul ora mirada cúfno un optobEo.
(3} El pueblo árabe hace remontar su origon & LdtBftCli el ratr&tfr
qué la to e celestial boca de este primer hijo de Abraham conviene A
fito p a e b lo .
13 HISTORIA
Ismael, á lodos los varones de su casa, servidores,
esclavos y estranjeros, y se circuncidó el mismo dia
con ellos.
Poco tiempo despues como Abraham estuviese
sentado á la puerta de su tienda en el calor del dia,
se le aparecieron tres ángeles bajo la figura.de pere­
grinos ó de viajeros: tan pronto como los vió corrió á.
recibirlos é inclinóse hácia la tierra, diciéndoles: aSe-
io res, si lie hallado gracia á vuestra Yista, no paséis
de la tienda de vuestro siervo; traeré un poco de agua,
lavad vuestros pies, y reposad bajo este árbol; traeré
un poco de pan, os fortificareis y despues seguiréis
vuestro camino.» Ellos respondieron: «Haz como lo
has dicho.» Abraham entró en su tienda y dijo á Sa­
ra: «Toma tres sajos de ilor de harina y haz panes co­
cidos entre el rescoldo.» Corrió á la vacada, tomó un
ternero joven, cuya carne era tierna, y m andóque lo
cociesen; después tomó también manteca y lecne, y
el ternero que habia hecho cocer, y lo puso delante
de ellos, permaneciendo en pié á su lado debajo del
árbol. Luego que hubieron comido, preguntaron í
Abraham: «¿Dónde está Sara tu mujer?— Ahí está en
la tienda,» respondió. Uno de ellos replicó: «Volveré á
fí alaíio próximo por este mismo tiempo en que esta­
mos, y Sara tu m ujer tendrá un hijo.» Sara estaba
escuchando á la puerta de la tienda, y como babia
[tasado de la edad de la maternidad, se rió de esta
promesa. «¿Por qué se ha reido Sara? p r e g u n t ó el
ángel: ¿hay alguna cosa imposible para el Eterno?» La
promesa fué repetida; los viajeros celestiales se le­
vantaron, se dirigieron hácia Sodom a, y Abraham
les acompañó.
El Eterno dijo entonces: «¿Ocultaré yo m is desig­
nios á Abraham, á aquel de rjnien debe salir un pue­
blo grande y fuerte y en quien serán benditas todas
las naciones de la tierra? porque y o sé que ordenará
á sus hijos y á su casa despues que 6. sí mismo, que
guarden mi camino y practiquen la virtud y la justi­
cia á fin de que yo derrame sobre él todas las hendi-
SAUHADA.
dones prometidas.» Y el Eterno dijo á Abraham: *K|
firito de Sodoma y de Gomorra se lia aa-cccnlado y
su pecado se ha agravado con csccso: bajaré y veré ¿i
el clamor que ha llegado hasta mi lo han colmado
ron la obra; si es así, ¡desgraciados de ellos!» Abra-
liani dijo al Scíior-. a¿{>ur ventura destruirás al justo
con el impío? ¿Si hubiese cincuenta justos en la ciu­
dad perecerán ¡í una? ¿y no perdonarás H aquel lugar
por amor de los cincuenta justos si se hallaren en él?
No es digno de lí hacer morir al inocente con e] cul­
pable: ¿el juez de toda la tierra no ha de obrar con
justicia?— Si encuenlro en Sodoma cincuenta justos,
respondió el Eterno, perdonaré A toda la ciudad por
amor de ellos.— Ya lie comenzado, dijo Abraham,
hablaré todavía á mi Dios, aunque yo no sea mas que
polvo y ceniza: ¿v si hubiese cinco menos de cincuen­
ta? ¿Destruirás la ciudad por los cinco que faltan?»
El Eterno respondió: «No Ja destruiré si encuentro
cuarenta y cinco justos.— ¿Y si solo se encontrasen
cuarenta? dijo Abraham.— Si sucede así, dijn el Eter­
no, libraré la ciudad por amor dn dios.» Abraham
dijo otra vez: «?\"o lleves & mal que yo continúe ha­
blando: puede suceder que no haya mas justos.— Si
hav treinta, respondió el Eterno, 110 destiuiré la ciu ­
dad.» Kn fin, continuando en con descender con las
instancias de Abraham cou una bondad del lodo mi­
sericordiosa, le prometió Dios, que no pe rocería la ciu­
dad, si enconlrana en ella diez justos (I). Despues de
esta palabra el Señor desapareció, y Abraham volvió
A entrar en su morada.
Ai caer la tarde y cuando Loí estaba sentado á las
puertas de la ciudad llegaron los dos ándeles á Sodo-
ma; y luego que los vió Lol, se levantó y salió á re­
cibirlos, y despues de haberíos saludado les dijo: «Yo
os suplicó que entréis en la casa de vuestro siervo y
paséis en ella la noche: mañana al rayar la aurora sti-

0) K it * ¿idioso entre Dios y Abraham es udo de los rt&pojee innt-


fQ U 'rtnnU s de ln E scritura.
I I is t . S a o . .1
Í4 UISTOKIA
guircis vueslro camino.» Ellos rehusaron al principio;
pero Lot insistió y le siguieron: entran en su casa,
en donde les sirve un convite, haciendo cocer para
ellos panes ácimos de los cuales comieron. \ la en­
trada de la noche los habitantes de Sodoma, jóvenes
y ancianos rodean la casa, llaman á L o l, y le dicen:
o ¿En dónde están los peregrinos que has recibido es-
la nocheV há/.los salir para que los conozcamos.» Lot
temiendo algunas violencias, en vano conjura á aque­
llos hombres perversos: ellos persisten en sus infa­
mes designios, y siendo entonces los mas sagrados
los derechos de'la hospitalidad, Lot en su desespera­
b a n ofrece que hará el mas doloroso sacrilicio para
un padre, el de sus propias hijas, á Un de salvar á
los peregrinos recogidos najo su techo. «Retírale, re­
plican ellos, y aun añaden:, has entrado aquí como
estranjero y pretendes ser juez. ¡Desgraciado de ti!»
Y haciendo grandísima violencia á Lot, estaban y a á
punto de forzar las puertas; pero los ángeles alarga­
ron la mano y 1c hicieron entrar; golpearon é hirie­
ran á todos los que se hallaban fuera, desde el mas
pequeño hasta el mas grande y dijeron á Lot: «¿Tie­
nes aquí alguno de los tuyos? yernos ó hijas, todos
los que le pertenecen sácalos de esta ciudad, porque
vamos á destruir este lugar. Lot salió y dijo A sus
yernos: «Levantaos y salid, porque el Eterno va á
destruir la ciudad.» Pero ellos no hicieron caso de sus
amonestaciones y al apuntar el dia los ángeles metie­
ron prisa, di riéndole nuevamente á Lot: «Levántale,
toma á tu m ujer y las dos hijas que tienes sino quie­
res perecer tú también y sor envuelto en el desastre.»
Como fuese moroso en disponerse, los ángeles asieron
su mano, la de su m ujer <5hijas, porque el Señor usa­
ba con él de sn misericordia, y le sacaron fuera de la
ciudad y allí le dijo uno de ello s: «Sálvate |uo vuelvas
la vista atrás ni te pares en toda esla comarca : pero
refugíale en el monte á fin de que no perezcas con
los otros.» Lot antes de ganar el monte se reTugió en
la peqneila ciudad de Segor, y al salir el sol hizo el
SAGUADA.
'SeOor que lloviese azufre y fuego del cielo solnri So-
doma y Gomorra. Destruyó las ciudades y la comarca
que las rodea, y todos los habitantes de las poblacio­
nes, y todas las plantas del país; y habiéndose vuelto
para mirar atrás la m ujer de Lot, quedó ron-vertida
en ostíllua de sal.
Abraham levantándose por la mañana volvió .al
paraje donde había hablado con el Señor y mirando
hácia Sodoma y Gomorra y á toda la tierra de aque­
lla comarca, vió que salían las llamas como el humo
4 e un horno, pero al destruir Dios aquellas ciudades
■se acordó de .^braham y habia sacado á I«ot de la ejt
(fue se hallaba. Cuatro ciudades, Sodom a, Gomorra,
Adama y Seboim fueron asi destruidas (1): se formó
un lago en el sitio que habían ocupado, y este lago
en donde se precipita el Jordán y cuyas aguas son
.sulfurosas y cargadas de sal, es conocido con el nom­
bre de mar Muerto y de lago Salado ó Asfáltilo.
La palabra del Señor se cumplió con respecto A Sa­
ra, la cual dió en su veje?, un liijo á Abraham. Ki
hijo filé llamado Isaac, y habiendo dado Abraham
gran convite el dia de su destele, Sara vió & Ismael
hijo de la egipcia Agar que se burlaba de su hermano,
«Echad á esta esclava y á. su hijo, dijo Sara A Abraham,
pues 110 ha de ser heredero con mi hijo Isaac.» Abra­
ham se afligió de la dureza de esta espresion; pero
despues de un aviso de la voz divina que confirmaba
la promesa para sn hijo Ismael, Abraham tomó pan
y un odre de agua que puso sobre la espalda de Agar
•y entregándole el hijo la despidió. Ella salió de aque­
lla morada y se fué al desierto de Itersabeó. Cuando
.se acalló el odre de agua dejo á su hijo bajo uu ár­
bol y marchó á sentarse frente de él, á la distancia
de un tiro de arco diciendo: «No veré rftóvir k mi Jii-
1o,» y sentada lejos de ól alzó su voz-y lloró; poro
)ios oyó la voz de Ismael, y el ángel llamó desde el
iCido & Agar y le dijo-- *;.Quí* hacr-s, Agar? no temas-.
(1> Dout. XX.I-X, 43.
5C iirsToniA
Dios ha oído la voz de tu hijo. Levántalo y tómalo de
la mano, pues llegará A ser padre de un gran pueblo.»
Agai- vió una fuente de agua, llenó el odre y dio de
beber á su hijo. El ni fio creció bajo la vista del Se­
ñor, habito en el desierto de Pilaran, se hizo diestro
flechero, y su madre lo elidió una mujer de la tierra
de Egipto. Abraham habitaba hacia, algún tiempo la.
tierra de los filisteos, en donde reinaba un rey llam a­
do Ahimelec que habia robado á Sara, como lo h i­
zo en otro tiempo Faraón, creyéndola hermana de
Abraham; pero que desengañado al momento por 1a
voz divina, le habia vuelto á su marido, ofreciendo i
Abraham tierras y ricos presentes. Despues del naci­
miento de Isaac, este príncipe hizo con Abraham un
tratado que atestigua el poder do este último y su ran­
go eminente en medio de las naciones, entre las cua­
les vivia. «Júrame por el Señor, le dijo Abimelec, que
no me dallarás ni á mis hijos ni á mi posteridad, y
que te conducirás conmigo y con el país en que te
qüedares, con la misma bondad que yo he usado con­
tigo.— Yo lo juro,» respondió Abraham, y d ió á Abi—
melec ovejas y bueyes, é hicieron alianza cerca de un
pozo abierto por Abraham y que fué llam ado Bcrsa-
bcu ú pozo del juramento.
Dios probó en seguida á Abraham y le d ijo : «Abra-
ham, Abraham !» Y él respondió: «Aqñi estoy, Scftor.»
Díjole entonces Dios; «Toma á til hijo único A quien
amas, y vé á la tierra de Vision y allí me lo ofrecerás
en holocausto sobre el monte que yo te indicaré.»
Abraham levantándose antes del amanecer, aparejó su
asno llevando consigo dos criados y A Isaac, su hijo:
y después de haber cortado lefia para el holocausto,
fué al lugar designado por el Señor. Al tercer dia ai­
rando la vista, vió ú lo lejos la montada, y dijo á sus
siervos: « Esperaos aquí con el a sn o : mi hijo y yo ire­
mos hasta allí, y despues que hayamos sacrificado,
nos volveremos á reunir.» Abraham car^ó sobre su
hijo Isaac la lefia; tomó el fuego y el cuchillo y mar­
charon juntos. ísaac dijo entonces: «Padre m ió, aquí
SAGRADA. 27
tenemos el fuego y la leñ a ; pera ¿dónde es 14 la vícti­
ma? «Hijo mío, respondió Abraham , Dios se proveerá
de ella para el holocausto.» Y continuaron sn camino.
Llegaron en fin al lugar designado: Abraham erigió
en él un altar en donde dispuso la leña para el sacri­
ficio, y habiendo atado A Tsacc, píipolc1pn el altar so­
bra la lena, y estendiendo su mano lomó el cuchillo
para degollarlo. Entonces uyú una voz del ciclo que le
aijo; «Abraham, Abraham! No estiendas tu mano so­
bre el hijo, ni le hagas ningún mal, porque ahora veo
que temes á Dios y que 110 has perdonado á tu hijo
tínico por amor hácia mí.» Abraham, volviendo la vis­
ta, advirtió á sus espaldas un carnero enredado por las
astas en un zarzal, y cogiéndolo, ofreciólo cu holocaus­
to en lugar de su hijo. Tanta resignación tuvo su re­
compensa. La voz celestial llamó por segunda vez. á
Abraham: a lie jurado por mí misino, dijo el Sefior,
que le bendeciré por la acción que lias hecho: multi­
plicaré til descendencia como las estrellas del cielo y
como las arenas del m a r: tu posteridad poseerá las
puertas de sus enem igos, y todas las naciones de la
tierra serán benditas ex ni- qve uf. tí descienda ( 1),
porque me has obedecido. «.Reunióse Abraham á sus
siervos y continuaron juntos hácia Bersabea, donde
habitó.
Algunos aíios despues murió Sara, su mujer, á Ja
edad de ciento veinte y siete. Abraham la lloró y la
hizo magníficos funerales. Compró por -400 sidos' de
plata una caverna y un campo de Efron, uno de los
hijos del país de Heíh en Canaan, v en aquella caver­
na fué enterrada Sara, la madre de'l pueblo hebreo.
Abraham eia anciano y el Señor le habia bendeci­
do sobre todas las cosas, y le dijo A Eliezcr, que era el
mas antiguo de la casa y el que le administraba todos
sus bienes: «Júrame por el Señor, Dios del cielo y de
la tierra, qne no has de elegir mujer para mi hijo de
(1) Est-C o n lcu lo lia sitio siem pre con siderado co m o rofirlúu doeo ni
M a fia s 4eSCv:nilU'nlc de A b ra h a m , y q u e ha ven id o i tra e r ta ben dición
á to d o * lo s pueblos.
íiivroKU
las hijas do los cananeos entre los cuales habito f sino
(fue iíás á mi puis natal y tomarás de allí lina m ujer
para él.» El siervo I» respondió; «Si la m ujer no mii->
si ere vertir conmigo ¡l esta tierra en que estamos, ¿debo1
por ventura Solver á llevar fu liijo al lugar de doiide
tú saliítcY» Y Abraham contestó: * Guárdate de vo lvo f
A llevar jamás á mi h ijo : el Seiior Dios del ciclo qne'
me sacó de la casa de mi padie y do m i país n atal, y
que me prometió dar esta tierra á mí y á mi posteri­
dad. enviará sn ángel delante de tí y til tomaras de allf
m ujer para mi hijo.» Eliezer hizo juramento de obe­
decer poniendo su mano debajo del muslo de Abra­
ham , su seiior, según el uso antiguo. Tomó diez ca^
mellos del ganado de su amo cargados de ricos pre­
sentes, y partió para la JlesopoLamia, á la ciudad en
donde habitaba Nacor, hermano de Abraham. Pcrr la
tarde hizo descansar ¡i sus camellos fuera de la ciudad
cerca de un pozo; á la hora en que las mujeres solían
acudir á <Má sacar agua. « ¡O h, Sefior, Dios de Abra­
ham! dijo, yo te ruego en este dia, y hax misericordia
con Abraham, mi amo, que me proporciones 1111 feliz
encuentro y que sea favorable ¡1 mi señor. Ycdnic acml
cerca de esta fuente á donde las hijas de los morado^
res de esta ciudad vendrán á sacar agua. Qus la don­
cella á quien yo d ijere: indina tu cántaro para que yer
'beba, y ella respondiere; b eb e, v que tus camellos
beban también,» sea la que has destinado para tu sier­
vo Isaac: y por esto conoccróque has sido propicio con*
mi seiior.® Apenas habia acabado esta suplica cuan­
do Rebeca, hija de Balhuel, y nieta de Nacor, hermano
de Abraham. saüó trayendo el cántaro solne su hom­
bro. Kía vi ríen y m uy herm osa: bajó á la fuente, llenó
sn cántaro y se volvió. El siervo corrió hácia ella y lít
d ijo : «Yo té ruejío me des un poco de a.sua de tu cán­
taro.— Ilebed,» respondió olla: y apoyando al mo1-
rriento el cántaro sobre su brazo dio de beber á Elie-
íer, y anadió: «Sacaré también agua para tus camellos,
basta que todos beban.» Vació su cántaro en el abre­
vadero, volvió de nuevo á la fuente y sacó agua párá
SAGUADA.
los camellos. Eliezer la miraba con sorpresa y perma­
necía en silencio :'l fin de saber si el Eterno había eu
efecto concedido un buen resultado A su viaje. Cuando
los camellos acabaron de beber, ofreció ¡i Rebeca zar­
cillos de uro que pesaban dos sid os y otros tantos bra­
zaletes del mismo metal del peso dé di ex sidos, y Le
d ijo : «¿De quién eres hija? ;.Ilay en la casa de tn padre
lugar para hospedarme?» Ella respondió: «Soy hija de
Bathuel, hijo de Melca y de Nacor, su marido: en nues­
tra casa hay paja y forraje en abundancia, así como
lambien un lugar espacioso para hospedaros.» Enton­
ces Eliezer se inclinó y adoró al Señor, diciendo: «Ala­
bado sea el Dios de Abraham , que no apartó su mise­
ricordia de mi sefior, y me lia conducido por buen
camino á la casa de su mismo hermano.» La jóven
doncella volvió á la casa de su madre y contó todo ln
que habia oído.
Rebeca tenia un hermano llamado Laban, que sa­
lió apresuradamente á recibir al estranjero, que oslaba
híicia la fuente, y le d ijo : « Hombre bendito del Se­
ñor, entra en ca sa : ¿por qué te quedas Tuera f He pre­
parado la casa y el lugar para tí y para los camellos.»
Eliezer entró, los camellos fueron descargados, se les
dió paja y forraje y dispusieron agua para lavar los
piés del estranjero y los de sus compañeros. Instaron
á Eliezer para que com iese; pero él d ijo : «Yo no co­
meré mientras no manifieste lo (jue tengo que decir.
Soy el siervo de Abraham.» Refirió á continuación las
promesas divinas que su señor habia recibido y dió
cuenta de la misión de que estaba encargado, así coiim
de la esperiencta que acababa de hacer, y por la cual
le habia parecido que Rebeca estaba destinada por el
mismo Dios para el hijo de su señor. Despues sacando
los v a s o s de oro y plata y ricos vestidos, hizo de ellos
un regalo A Rebeca y ofreció también presentes á sus
hermanos y á su madre. Comieron y bebieron él y los
que le acompañaban. Pasaron la noche en esta casa, y
por Ja mañana, habiéndose levantado Eliezer, dijo:
«Dejadme volverá rasa de mi señor.— Que la hija per-
ItlSTOIIIA
maiie/.L’.i siquiera diez dias con nosotros, respondieron
su madre y hermanos, y despues se marchará.— No
queráis detenerm e, respondió é l , porque el Señor me
ha guiado en mi camino.— Llamémosla, dijeron ellos,
y escorem os su voluntad.* Presentóse ella y le pre­
guntaron : «¿Quieres ir en compañía de este hombre?»
Y ella respondió : «Iré.» Dejaron marchar ¡1 Rebeca y
á su nodriza, y le dieron su bendición diciéndole:
^Hermana nuestra, crezcas en m illares de millares de
generaciones!» Con esto subiendo Rebeca y sus cria­
dos en dos cam ellos, siguieron al siervo de Abraham,
el cual se volvió á la casa de su señor.
Isaac habia salido al campo á la caída del dia á
meditar, cuando alzando los ojos advirtió que los ca­
mellos venían á lo le jo s; y habiéndolo visto Rebeca
preguntó al siervo: “ ¿Quién es aquel hombre que vie­
r e por el campo A nuestro encuentro?— Es m i señor,»
respondió. Inmediatamente tomando ella su velo se
cubrió con él. Eliezcr dió cuenta de su viaje á Isaac,
el cual llevó £LRebeca í. la tienda de Sara, su madre;
tomóla por m ujer y la amó en tanto grado, que se le
templó el dolor que le hnbia causado la muerte de su
madre.
Abraham tuvo ademfts diferentes hijos de otra m u­
jer llamada Cétura; les hizo donacion de algunos bie­
nes, y los envió A establecerse al Oriente; pero Isaac,
hijo de Sara, fué su único heredero.
Abraham murió de edad avanzada, y tocando ya á
los ciento setenta y cinco anos. Isaac c Ismael, sus hijos,
llevaron su cuerpo á la cueva que habia comprado ;i
Efrou, donde le enterraron al lado de Sara, su mujer.
El nombre do Abraham, forma una de las grandes
¿pocas de la historia de la humanidad. Con él cam­
bian las relaciones hasta entonces establecidas entre
Dios y el hombre. Antes de su vocación nb hay pue­
blo de Dios, ni raza depositaría, ni guarda especial de
estes dos grandes verdades: tu unidad de Dios y lajrro-
mt.ui ríe un Salvador. Las doctrinas y las esperanzas
son confiadas á todos: A la raza de Cain. A la posteri­
SAGlUUA, 31
dad de Selh, y despues del Diluvio «1 las primeras colo­
nia? formadas en Africa y en Europa por los descen­
dientes de Cam y de Jafet, y á las familias descen­
dientes de Sem establecidas en el Asia. Con Abra-
ham se abre un nuevo orden de cosas; la Providencia,
previendo el peligro de dejar oscurecerse las verdades
santas en las tinieblas de la idolatría, modifica su
plan para la salud y el progreso de la humanidad.
Abraham es elegido para guarda especial de la verdad,
trasmite este precepto á sus descendientes, y este sis­
tema dura hasta que el Evangelio le hace inútil ; en
vano e! politeísmo seduce al mundo con sus mentiras;
el conocimiento del verdadero Dios prevalece siempre,
y para el que sabe comprender los cuidados y la mi­
sericordia de la Providencia, está explicado todo el
mosaismo y el Antiguo Testamento. Abraham es •pa­
dre de los crcyfules-, que es en lo que consiste su voca­
ción; su carácter está lodo entero en su íé. Su nom­
bre, su ejemplo, su alianza, las promesas y pruebas
que lia recibido, llenan la Escritura. Los autores sa­
grados representando sus destinos al pueblo elegido,
y recordando los motivos que han preparado la re­
dención, se remontan casi siempre hasta él. El Eterno
se dignó llevar el nombre de Dios de Abraham, y
Cristo ba lomado en este título una de las pruebas que
dá de nuestra inmortalidad.
CAPITULO II.

Esaii y Jacob.— .'jorada do Jacob en Mcsopotamia.— Su vuelta


á Cai man.— Muerte de Isaac.

(Gíjíw ís x x v — x x x V ) .

1836— 1716.

Isaac tenia cuarenta atios cuando se casó con Ile-


beca, que era estéril, 6 imploró al Seüor por su m ujer,
el cual le escuchó 6 hizo que Rebeca concibiese, v i­
viendo todavía. Abraham. Pero, como luchasen los ni­
ños en el vientre de aquella, esclamó: «Si esto me ha­
bia de suceder, ¿cju4 necesidad tenia yo de conce­
bir?» Y fué íí consultar al Seiior, el cual le dijo: «Dos
naciones están en tu seno, y dos pueblos saldrftn de
t í ; el lino subyugará al otro, y el m ayor servirá al
menor;» llegó el tiempo del parto, y dio á luz dos me­
llizos. El que salió primero era rubio, todo velludo y
fué llamado Esaíi, y el segundo Jacob. El primero se
hizo diestro en la (¿xa en proporcion que fué crecien­
do, y además aficionado al campo, pero el otro era
dulce y sencillo y habitaba siempre en las tiendas.
Isaac amaba á Esaú porque comia de lo que cazaba: y
Rebeca amaba á Jacob. Un día que éste se entretenía
en cocer lentejas, lísaú volvía cansado del campo y
dijo á su hermano: «Yo te suplico que me dejes pro­
bar de ese alimento que has cocido, porque estoy de­
bilitado.» Jacob le respondió; «.Véndeme tuprim oge-
SAGItADA. 33
ti itura,— Yo m e siento morir, replicó Esaú: ¿de qué
me servirá?» Jacob le dijo entonces: «Pues júram elo.*
Esaú juró y vendió así su derecho de primogenitura
á su hermano, y habiendo lomado pan y el plato de
lentejas, comió y bebió sin pensar y a mas en lo que
acababa de hacer.
Sobrevino un hambre en la licita, la cual obligó
á Isaac á retirarse al país de los filisteos, en donde rei­
naba Abimelec: se le apareció el Señor prohibiéndole
que bajase al Egipto y le renovó todas las promesa»
que habia hecho á su padre Abraham. Bien pronto
los pueblos, entre quienes habitaba, viendo la multi­
tud de sus criados y de sus rebatios, tuvieron envidia
de él y Abimelec dijo á Isaac: «Retírate de nosotros,
poique te has hecho demasiado poderoso.» Isaac en­
tonces se retiró, y fué á residir, primero á Gerara, y
despues íi Bersabea, en donde batiéndosele aparecido
el Señor le erigió nn altar. Abimelec siguió A Isaac,
con Ochozalh, su favorito, y Phicol jefe de su ejército.
«¿Por quó me seguís vosotros, les dijo Isaac, puesto
que m e aborrecéis v m e habéis echado de vuestra
tierra?» Ellos respondieron: «Hemos visto que el Se­
ñor está contigo, y por eso liemos dicho: haya jupa­
ramento entre nosotros y hagamos alianza, de que
no nos has de hacer ningún m al ya que no hemos to­
cado nada de lo tuyo, ni te hemos dañado en cosa al­
guna, antes bien, lechemos enviado en paz, colmado de
bendiciones del Señor.-" Isaac les dió nn banquete, en
donde comieron y bebieron juntos, y levantándose do
madrugada, se juraron alianza y se separaron en paz.
Habiendo llegado Isaac al estado d cla ancianidad, sus
ojos se oscurecieron de tal m inera, que quedó ciego.
Llamó á su hijo m ayor y le dijo: «Soy anciano, hijo
mió, ignoro absolutamente el dia de mi muerte; Lo­
ma tus armas, la aljaba y «1 arco: marcha al campo,
y cuando hubieres cayado alguna cosa prepara un
guisado á mi gusto, y tráemelo paro que lo coma y
mi alma te bendiga antes que y o muera.» Esaú mar­
chó, pues, á cazar al campo para su prtdri*. lichera
HISTOHU
había oído las palabras de Isaac dirigidas á su hijo
Esaü, y marchó en busca de Jacob, y le dijo: «Vé al
rebatió, IrAeinc dos cabritos de los mejores para. hacer
con ellos á tu padre un guisado que sea de su agrado,
y tú se los presentarás para que te bendiga antes de
su muere.» Jacob respondió: «Sabes que mi hermano
Esaú es velludo y yo lampiño: quizá mi padre me
palpará y entonces temo crea que me he querido bur­
lar, y que traiga yo sobre mi la maldición en lugar de
la bendición.» Su madre le dijo: «Obedéceme, hijo
mió, y que la m aldición que tú lemes caiga sobre mi:
oye sólamento mi voz y vé A traerme lo que he di­
cho.» Jacob Tué, trajo los dos cabritos y los llevó á su
madre, la cual hizo un guisado al gusto de Isaac. Vis­
tió en seguida A Jacob con los mas ricos trajes de
Esaú, los perfumó, cubrió sus manos y su cuello con
la misma piel de los cabritos v le dió el guisado y el
pan que habia preparado. Jacob se acercó A Isaac y le
aijo: «Padre mío » Isaac respondió: «Oyendo estoy:
¿quién eres tú hijo mió?— Soy Esaú, tu hijo primogé­
nito, dijo Jacob: be hecho lo que me has mandado:
levántale, y come de mi caza, para que me bendiga
lu ánima (i),— Acércate, dijo Isaac, para que le toque,
hijo mío, y pueda reconocer si eres Esaú ó no.» Jacob
se acercó, y su padre añadió: «Esta voz es la de Jacob;
pero estas manos son las de Esaú.» l'.l 110 lo conoció, y
dijo: «¿Eres tú mi hijo Esaú?— Yo soy,» respondió Ja­
cob. Isaac comió y bebió, y despues le dijo: «Que Dios
le dé, hijo mió, el rocío del cielo y los frutos de la tier­
ra, abundancia de trigo y vino: que los pueblos te sir­
van y las naciones se prosternen á tus pies: sé señor de
tus hermanos é inclínense delanle de ti los hijos de tu
medre. Maldito sea el que te maldijere: y el que te
bendijere, sea colmado de bendiciones.>*
Apenas habia salido Jacob, llegó Esaú de caza.
Preparó al momento un guisado al gusto de su padre,
(1) K a ta m e n tira n o ea C M U ia b lc , p e r o lo s p a tria rc a s crau h om ­
b ree y fa lib les co m o n oso tro s; p o r CQU&igult'ulo es preciso c o n v e ­
n ir e n que E sa ü h ab la y a tra n sm itid o sus d erech o s A Jacob.
I
SAGÍUIU.
y le dijo: «Levántale, padre mío, y come de la caza
•le tu hijo para que me bendiga tu ánim a.— ¿Pues
quién eres lú? preguntó Isaac.— Yo soy tu hijo pri-
mogénicoEsaú.» Isaac quedó admirado y dijo: «¿Quién
es, pues, aquel que poco lia me ha traido la caza? yo
he comido de todo antes que lú vinieras y le bendi je
y será bendito.® A estas palabras, Esaú lanzó un grito
de dolor: y dijo consternado: «Dáme también á mi tu
bendición, padre m ío.— Tu hermano ha venido con
astucia, respondió Isaac, y ha sorprendido mi bendi­
ción.— El ha sido llamado con razón Jacob ( 1), dijo
Esaú; y*hé a qui la segunda vez que me ha engañado:
ya antes se alzó con nú primogenitura, y ahora de
nuevo me ha robado mi bendición.» Dijo á su padre
otra vez: «¿Por ventura no lias reservado bendición
también para mi?— Yo le he constituido scüor luyo,
replicó Isaac, he sometido lodos tus hermanos ú su
servidumbre, le he prometido trigo y vino en abun­
dancia, y despues de esto, hijo mió, ¿qué podré ha­
cerle á tí’?» Esaú respondió: «Puesqué ¿no tienes, pa­
dre mío, sino una sola bendición? bendíceme tam­
bién,» y lloró amargamente. Isaac conmovido, le
dijo entonces: «Tu bendición será la abundancia de
la tierra y el rocio del cielo: vivirás en la guerra,
servirás á tu hermano, y llegará un dia en que sacu­
das su yugo (2).»
Esaú aborreció siempre á Jacob & causa de la ben­
dición que su padre le habia dado, y dijo en su cora-
zon: «Vendrán los dias del hilo de mi padre, y mataré
á mi hermano Jacob.» Estas palabras de Esaíi llega­
ran A oidos de Rebeca, la cual dijo á Jacob su hijo:
«Mira que til hermano Esaú amenaza darte la muerte:
ahora, pues, hijo mío, oye mi voz, y sin perder tiem­
po huye á casa de L aban , mi herm ano, en liaran:

fl) Jacob en hebreo slpnlflca *1 <|ue suplanta.


[2f L os patriarcas daban macho valor i eadn pnlnbra de la ben­
dición paternal, y su respeto y culto hácia toda palabra prenun­
ciad» en esta Retronó circunstancia, osplica muy bien la condupin
de lí i a c para con E so( l.
36 HISTORIA
permanece con él hasta que se haya apaciguado su
cólera y cesado su indignación: después enviaré i
buscarle y haré que te traigan aquí. ¿Por quú he de
.pender á mis dos hijos en un dia?» Rebeca dijo en
seguida á Isaac: kEstoy cansada de vivir á causa de
las bijas de Heth (I): si Jacob lomare mujer dol lina­
je de las de osla tierra, 110 quiero vivir.» Isaac llamó,
pues, á. íacob, y le dijo: «No lonjes m ujer de la tierra
de Canaan; pero vé á Mesopolamia íi casa de Balhuel,
adre de tu madre, y elige por m ujer á una de las
S ijas de Laban, lu lio materno; y el Dios omnipotente
le bendiga, Le haga crecer y le multiplique., <1 (lu de
que llegues á ser jefe de un gran pueblo y te 4-é la
bendición de Ajiraham!»
Jacob marchó ú Mesopolamia á casa de Laban,
hermano de Rebeca, su madre. Habiendo llegado
despues de pueslo el sol & las cercanías de Luza, con
Animo.de pasar allí la noche, tomó una de las piedras
que había en el camino, y poniéndola por cabecera
duruiió en el mismo lugar. 'Vió en sueüos una esca­
lera cuyo pié descansaba sobre la tierra y su remate
tocaba eu el cielo; también vió ángeles de Dios que
«ibiau y bajaban porelln, y al Se&or apoyado sobre
la escalera que le deciu: «Yo sov el Seiior Dios de
.Vbrahíim, lu padre, y el Dios de Isaac: la tierra en
que duermes te la dan; y á lu posteridad, la cnal seríi
«orno.el ¡-polvo de la tierra: se multiplicará al Occi-
•dfiute, al Oriente, al Septentrión y al Mediodía, y
setón'benditas.en-,lí y en tu descendencia todas la^
íribua del mundo. Yo te guardaré en cualquiera partí'
divide estuvieres, te volveré á osla tierra, y no le de­
jará hasta haber cumplido lo q u e he anunciado.» Así
-que despertó Jacob dijo: «En ver&ad que el Seiior,está
en este lugar;” y todo despavorido esclamó de nuevo:
“ ¡Ouán terrible es este lugar! esta es la habitación de
Dios y la puerta del cielo.» Levantándose, pues, Ja-

(l| 'B&aü ee había casado con dos raujoM'g do íh W país , eo&lrw


Al yo lo de sus padrdd.
SAGHMM. 37
coi) de mañana Lomó la piedra que *e habia puesto
por cabecera y la alzó para monumento, derramando
aceite sobre ella Sustituyó e l nombre de Belhel ( 1)
al de Laxa, é h.L/.o un voto al Seüor, com etién dole la
décima parte de lodos sus bienes si su viaje fuese
bendito. Jacob se fué hácia el Oriente, y -cuando -es­
tuvo ya eu el término de su viaie, vió en sn campo
un pozo, cuya cubierta U formaba una gran piedra,
y que tres rebaños de ovejas sesteaban junto k él.
Preguntó á los pastores: «¿Conocéis -por ventura ¡1 La­
te o , hijo de ííacor?— Le conocemos, respondieron,
y ved aquí á Raquel, su bija, que viene con 6u reba­
no.— Aun falta mucho para cojjcluirs« el dia, dijo
Jacob, y no es tiempo ae recoger el ganado en los
apriscos.» Estando en esta conversación, llegó Raquel
con las ovejas de su padre, pues ella misma guardaba
el rebaño. Viéndola Jacob que llegaba, se acercó al
pozo, separó la pesada piedra que cerraba la entrada,
y dió de beber.él mismo á las ovejas: besó despues á
Raquel, derramando lágrimas de emocion, y la par­
ticipó que era palíenla cercana de su p adre, hijo de
Rebeca. Raquel corrió ú avisar á L aba i'l, el cual salió
al encuentro de Jacpb, le abrazó y le condujo ¿
s e casa.
Despues de pagado un raes dijo Labau á Jacob:
«¿Me servirás gratuitamente por ser pariente mió? Se-
Sala lú mismo tu salario.» Labau tenia dos hijas, de las
cuales la mayor se llamaba Lia y la menor Raquel.
Lia no tenia los ojos bu en os; pero Raquel era licrino-
-sa de rostro y de cuerpo, á la cual aficionado Jacob,
dijo á Labajj"; «Yo Le serviré siete anos por Raquel, tu
hija menor.» Y Laban consintió -en ello, y íc dijo:
¿Permanece, pues, en m i compañía.» Jacob sirvió sie-
le aüos por j a q u e l , que le parecieron m uy pocos dias
por lo mucho que la quería. Guando pasó el ¡término
«xigió su recom pensa: Labau hizo el festín de las bo-
|das. y por la noche le introdujo á Lia, su hija, en Lu-

(I) Dcthel en hebreo ¿igntflca casa «te Dios.


38 IIISTOIUA
gard e Raquel, y cuando por la maiiana Jacob recono­
ció el engaño, le dijo si Laban : «¿No te lie servido yo
por Raquel? ¿Por qué me lias engañado?» Y Laban
respondió * Ño está en uso en este país dar la mas
joven antes que la mayor. Concluye la semana con ésla
y le daré también la segunda por oíros siete años de
servicio.» Y Jacob consintió en e llo : recibió, pu es, ü
Raquel por mujer, á la cual amó, y sirvió también
siete años por ella.
Lia parió cuatro hijos : Rubén, Simeón, Levi y
Judá; pero Raquel era estéril y tuvo envidia de su
hermana: presentó, pues, su sierva Rala á Jacob, co­
mo en otro tiempo habia Sara presentado Asar á Abra-
ham, y le d ijo : « Ruego al Señor que mi sierva conciba
á fin de que pilra sobic mis rodillas y tenga yo hijos
de ella.® Jacob Lomó íi Bala por mujer y le dio dos hi­
jos. Y dijo R aqu el: «El Sefior me ha oido y hecho
justicia dándome dos hijos llamados Dan y Nepíitali.»
Jacob tuvo además dos hijos varones de Lia, Isachar y
Zabulón, y una hija llamada Dina*, tuvo también oíros
dos hijos, Gad y-Aser, de Zelfa, sierva de Lia. En fin,
Dios se acordó de Raquel é hizo cesar su esterilidad:
parió un hijo, esolamando en el acto: « Dios me lia li­
brado del oprobio.» Y le puso por nombre Josef. Jacob
dijo entonces á L aban : «Dejadme volver íi mi tierra:
dame mis mujeres y mis hijos, por los cuales te he
servido, á fin de que pueda marcharme.» Laban le
respondió: « El Sefior Dios me ha bendecido por causa
tuya: señala tú mismo el salario que te he de dav.»
Entonces Jacob invitó & Laban ;1 que hiciese dos par­
les de sus relíanos, la una de lodos los animales de un
mismo color, blancos ó negros, y la otra de los pinta­
dos ó de color misto. Pidió y obtuvo para él esta últi­
ma parte, que Dios hizo numerosa. Los hijos de Laban
se quejaron de esta partición, y Jacob conoció en el
semblante de su padre que ya no era para él lo que
habia sido. Entonces le dijij el Eterno-. «Vuelve A lu
tierra natal y de tus padres, qne yo seré contigo.» In­
formadas R a q n ely Lia del aviso divino, consintieron
SACHADA. 39
en marchar, y mientras que I^ban estaba ausente ocu­
pado en el esquileo de los rebaños, Jacob cargó sobre
sus camellos a' s u s hijos y mujeres, llevando consigo
los rebaños v riquezas que habia adquirido <i la 1ierra
de Canaan, donde se hallaba su podre. Raquel habia
hurtado los Ídolos de su padre y los llevó consigo sin
(jue lo supiese Jacob.
Labau 110 supo su marcha hasla el tercer d ia , y al
momento, acompañado de sus hermanos, le siguió por
espacio de siele dias, al cabo de los cuales lo a lc a n á
en el monte Galaad; pero Dios le dijo en sueños:
«fiuíívdatc de hablar con aspereza á Jacob.* liste habia
cstendido y a sus tiendas en el monte; mas romo La-
ban v sus hermanos le hubiesen alcanzado, lijaron
también las suyas en el mismo monte Galaad, y dijo á
Jacob: «¿Qué lias hecho? Tú me has engañado. ;.Pov
qué te has ocultado para huir'í Yo te hubiera acompa­
ñado al 5011 de instrumentos y con cantares de alegría:
no lias permitido que abrace á m is hijos y ,1 mis hi­
jas, te has conducido mal conmigo, y ahora tengo el
poder de hacerte m a l; pero el Dios de tu padre me ha
prohibido esta noche hablar con aspereza A Jacob. Te
has ausentado precipitadamente porque deseas con
ánsia volver á la casa paterna; pero, ¿por qué me has
robado mis dioses?— Me he ausentado de este modo,
respondió Jacob, porque temía que me quitaras tus
hijas. ¡Muera desde luego el que tenga tus dioses! Re­
gistra en presencia de nuestros hermanos si hay en mi
poder alguna co?a que te pertenezca y llévatela.»
Jacob hablaba así ignorando que Raquel habia ro­
bado los ídolos. Labau entró en la tienda de Jacob, de
Lia y de las sien a s, y los buscó en vano; despues re­
gistró la de R aquel: pero ésta usó de una estratagema
para ocultar sus dioses, y tampoco los encontró. En­
tonces Jacob, irritado, dijo á Laban: «¿Qué pecado,
qué crimen he cometido para que te hayas irritado
tanto contra mi? Til has registrado cuanto yo poseo, y
¿quéhas encontrado que te pertenezca'? Preséntalo aquí,
á presencia de nuestros hermanos y que sean ellos los
H is t . S in . \
•w 1IIST0IIIA
jueces. ¿Para esto Iir estado veinte aíios contigo? Tiik
ovejas y c a i r a s no fueron estériles, un me he fornido
los rjiiiioros de lu ganado, ni te mostré lo que las Be-
ras habían n rH ¡atado. Yo resarcía todo el d añ o: todo
lo que perecía por hurlo me lo exigías con rigor. De
dia me abrasaba el palor, y de noche espuesto al frió,
el sneíio huía de mis ojos. De esta manera te he ser­
vido catorce anos por tus lujas, y seis por lus rebatios,
y me has cambiado diez voces mi salario: y si el Dios
de ini padre Abraham y el temor de Isaac 1:0 me hu­
biese asistido, me hubieras despachado desnudo y con
las manos vacías; pero Dios ha visto mi aflicción y el
trabajo de m is manos, y ayer te reprendió.» Y respon­
dióle Laban: «Mis hijas 6 hijos, tus ganados y todo lo
que ves son cosa m ia : ¿qué puedo y o hacer ¡i mis hi­
jos y nietos? Ven, pues, hagamos una alianza que sir­
va de testimonio para los dos. Dicho esto, tomó Jacob
una piedra y alzóla por titulo, y dijo á sus hermanos:
«Traed piedras;» los cuales recogiéndolas, hicieron un
montón, sobre el cual comieron. Lahan dijo entonces:
■iQue este monlon de piedras se llame desde hoy Ga-
laad, es decir, la elevación (M testimonio. Que el Eterno
nos juzgue cuando nos hubiésemos separado el uno
del otro: si tú maltraías 5 mis hijas y tomas otras mu­
jeres además de ellas, si quebrantamos esta alianza
para ir el uno contra el o tro , que el Dios de Abraham
y el Dios de Nacor pronuncie contra nosotros.® Juró
Jacob por el Dios de su padre, ofreció un sacrificio en
el monte, invitó á sus hermanos al convite (I) y pasa­
ron la noche cu aquel lugar. Mas Laban, levantándose
antes de amanecer, abrazó á sus hijos é hijas, los ben­
dijo y se volvió á su lugar.
Jacob prosiguió su cam ino, y envió mensajeros á
su hermano Esaú <í tierra de Seir en el p a s de Edon,
á fin de encontrar gracia en su presencia. Volvieron
los mensajeros á Jacob, diciendo: «Tu hermano Esaú
ha salido en persona y viene á lu encuentro con cua-
(1) Lu palabra hermano dv^ijrnrt en el A n ticu o Tratamiento los
miembros de una m fom i farmlin, cU una tribu, ac un pueblo.
SAGRADA.
tiorientos hombres.» Jacob se llenó de terror w ii eslíi
nueva, y dividió al momento en (los cuadrillas lotla la
¡■ente y oí ganado que llevaba consigo, dic iendo: «Si
lísaíL viniere contra una de las dos cuadrillas y la dcs-
lrozase, quizás la otra se salvará, > y e&clamó: « Dios
do mi padre Abraham, Dios de mi padre Isaac: -t Oh,
Selior! que me d ijiste: Vuelve á tu Lierra y al lugar de
tu nacimiento, y te haré Lien. Yo soy inferior á todas
til* misericordias y á tus promesas que has cumplido
í tu siervo. Con mi cayado pasé el Jordán, y ahora
vuelvo con dos cuadrillas: líbrame de la mano de
Ksaíi, mi hermano, porque le temo m u ch o; no sea
que si me alcanza hiera ¡í la madre con los hijo?.»'
Habiendo pasado allí la noche Jacob, separó alpinos
presentes para E saú, su herm ano, á sab er: doscientas
cabras, veinte machos, doscientas ovejas y veinte car­
neros, treinta camellas paridas can sus crias, cuarenta
vacas, veinte toros, veinte asnas y diez pollinos de
ellas. Envió con sus siervos cada manada ríe estas,
y les dijo á sus criados: «Adelantaos y procurad que
haya un espacio entre manada y manada.» Y mandó
al primero, diciendo: «Si encontrares á mi hermano
Esaú y te preguntare do quién eres, ó á dónde vas, ó
de quiénes son estos rebatios, le responderás: son
presentes de tu siervo Jacob que envía á mi señor
Esaú, v él mismo viene también en pos de nosotros.»
Uió la'm ism a órden al segundo, al tercero y ¡í todos
los que seguían las manadas, diciéndoles: « Hablad en
los mismos términos á Esaú cuando le encontréis, y
añadiréis: «El mismo Jacob, tu siervo, siinm también
nuestro camino, porque d ijo: le aplacaré con los pre­
sentes que van delante, despues lo veré y quizá me
será propicio.»
Jacob- pernoctó en el campamento y habiéndose le­
vantado temprano, tomó sus dos mujeres, sus siervas
y sus once hijos y pasó el vado de Jabol<: después h i­
zo pasar á sus siervos y rebaños. Poco despues ai-
m id o la vista, vió venir á Esaú y ron él cuatrocien­
tos hombres, puso delante de la caravana á las siervos
HISTORIA
y pus hijos, despues á Lia y i los suyos: Raquel y Jo-
sef venían los últimos: adelantándose él, adoró siete
veces inclinándose hácia la tierra hasta que se acerca­
se su hermano; pero Esaú corrio á encontrarse con Ja-
cob, !e abrazó y estrechándole lloraron ambos. Viendo
despues á las mujeres y los hijos dijo Esaii á su her­
mano. a ¿Quiénes son estos? ;.te pertenecen á tí?— Sí,
respondió .labob: son los hijos con que Dios ha agra­
ciado .1 tu siervo.» Las siervas y sus hijos se acercaron
é inclinaron: despues se presentó Lia con sus hijos pa­
ra saludar á Esaú y últimamente Raquel y Josef se
prosternaron ante él, y Esaú preguntó: «¿Qué cuadri­
llas son estas que<he encontrado en el camino?— Son
las míe le he enviado, dijo Jacob, & fin de encontrar
gracia delante de mi señor;» pero Esaú replicó: «Tengo
bastante, quédate con lo que te pertenece.— No, res­
pondió Jacob, recibe este presente de mi mano, yo te
lo suplico, ya que he encontrado gracia en tus ojos. Y
puesto que"he visto tu rostro y que me has acogido
con bondad, recibe también la bendición que te trai­
go y que el Dios que da todas las cosas me ha dispen­
sado.» Instó á su hermano pura que la recibiera y és­
te la aceptó: «Marchemos junios, dice Ksaú, y seré
compañero de tu viaje.— Hermano mió, le respondió
Jacob, sabes que tengo hijos m uy tiernos en mi com­
pañía. ovejas y vacas preñadas, que no puedo hacer
trabajar por temor de que se mueran: que vaya mi
hermano delante de su siervo y yo poco á poco segui­
ré sus pifadas según viere que pueden mis hijos, hasta
llegar cerca de m i señor.» Esaü ofreció il Jacob una
parte de su rebaño para conducirlo, pero Jacob lo re­
husó y su hermano se volvio á Seir. Jacob armó sus
tiendas en un lugar que llamo Socoth. es decir, Taber­
náculo'. despues pasó á Salera, ciudad de Sichem en la
tierra de Canaan: habito cerca de la ciudad, y compró
A los hijos deHemor, padre de Sichem, por cien corde­
ros, la parte del campo en que habia fijado las tiendas,
erigiendo allí un aliar, sobre el que invocó al Dios
inerte de Israel.
SAGRADA-
Sus hijos se confesaron entonces culpables de un
crimen a fren Loso. Habiendo salido Dina, hija de Lia,
fué vista por Sichem, hijo de líemor, príncipe de arme­
lla tierra, el cual se enamoro de ella, la iobó y dur­
mió con ella oprimiéndola violentamente, y arrastra­
do despues por el amor y el arrepentimiento, suplicó
á Hemor su padre que le permitiese tomarla por m u­
jer. Los hijos de Jacob se hallaban entonces en el cam­
po con sus reb .ños, é instruido su padre del ultraje
hecho á su hija guardó silencio hasta que volviesen;
y cuando lo verificaron participaron de su cólera y de
suindignacion. Sin embargo, Hemor, padre de Sichem,
se presentó ¿1 Jacob y le dijo-. «Sichem, hijo mió, ama
;í tu hija, dásela por mujer, yo te lo ruego: enlacemos
reciprocamente matrimonios: dadnos vuestras hijas y
tomadlas nuestras: habitad con nosotros, cultivad esta
tierra, y poseedla:» y dijo también al padre y ¡i los
hermanos de Dina: «Que yo encuentre gracia delante
de vosotros, y os concederé cuanto me pidáis; pero
•ladme solamente esta m ujer para esposa de mi hijo.»
Los hijos de Jacob todavía irritados, respondieron con
dolo-. oNo podemos dar nuestra hermana á un hombre
no circuncidado; pero si tu pueblo consiente en cir­
cuncidarse como nosotros lo estamos, os daremos
nuestras hijas, aceptaremos las vuestras, viviremos-
juntos y formaremos uti mismo pueblo.» Esta propo­
sición agradó á. Hemor y á Sichem: volvieron á la ciu­
dad é hicieron esperanzar á los habitantes que partici­
parían de los grandes bienes de Jacob. Todos se cir­
cuncidaron á ejemplo de sus principes. Al tercer dia
ruando el dolor de las heridas era mas vivo y tenia la
pueblo en la inacción, dos hijos de Jacob, Simeón y
Leví, Lomaron sus espadas, fueron ú !a ciudad, y ha­
biendo pasado á cuchillo íí lodos los varones, sacaron
á Dina su hermana de la casa de Sichem, saquearon la
i'iudad v se llevaron cautivos A sus hijos y mujeres.
Jacob se llenó de indignación con la noticia de tan
horrible atentado, y dijo á sus hijos: «Me habéis lle­
nado de dolor, y hecho odioso para con los habitantes
Vi iHISTORIA
de Canaan.» Obedeciendo en sczuida á una orden di­
vina, convocó A ¡oda su familia y dijo: «Arrojad los
dioses ágenos que hay entre nosotros, purificaos, y
mudad vuestros vestidos: levantaos, y «unamos á Be-
Ihel para hacer alli un altar al Señor que me ha escu­
chado en el día de mi tribulación.» Todos entregaron
á Jacob los dioses esliamos que tenían, y él los enterró
al pié de un terebinto (árbol) que estA detrAs de la
ciudad de Sichem. Jacob pasó á Lusa, por sobrenom­
bre Bethel, y erigió un al tai’ al Señor que se le habia
aparecido en otro tiempo, cuando iba huyendo de su
hermano. Allí nim io TV'hora, nodriza de Rebeca, ma­
dre de Jar oh y fué enterrada al pié de una encina que
fué llamada, encina del llanto. Aparecióse otra vez el
Sefior á Jacob en el mismo lugar, cambió su nombre
en el de Israel y le renovó todas las promesas que ha­
bia hccho á Abraham y á Isaac.
Dirigíase Jacob A la tierra de Ephrata, cuando Ra­
quel dió ú luz el segundo hijo en las angustias de un
parto mortal, y al exhalar el último suspiro, le puso
por nombre Iknoni. es decir, hijo de mi dolor; pero el
padre le llamó Heujamin. Raquel fué enterrada en el
camino que va desde Ephrata A Betheleem. Jacob fué
en seguida & visitar á su padre al país de Hebron, en
donde habia habitado Abraham, cuando Esaú su her­
mano vivía en Edon, eu el que se hizo padre y jefe del
pueblo idumeo. La vida de Isaac fué de ciento ochen­
ta afios, al fin de los cuales murió y fué reunido í su
pueblo. Los dos hijos de Isaac lo enterraron junto ¡í
Abraham su abuelo.
CAPÍTULO II!.

Historia ik J rtícf. — ír.eal) y su familia cu Egipto. — Muerte «le


Jacob y de Josef.

iS é n w is X X X . —L).

I 7 4 á (i) — I fi 3 ñ.

Jusef habia nacido en la vejez de su padre, y Jacob,


que le amaba por esta causa , dice la Escritura, mas
que á todos los demás h ijo s, le habia dado una túnica
preciosa de diversos colores. Sus hermanos tuvieron
taula envidia de él, que siempre le hablaban con odio,
y la relación que él les hizo de un suelto, redobló su
enemistad. «Oid mi sueiiu, les dijo un dia: estábamos
en medio de un campo haciendo manojos de verba,
se levantó el m ió y permaneció derecho: los vuestros
le rodeaban, y se prosternaban delante de él.— ¿Pien­
sas lú, por ventu ra, reinar sobre nosotros? » le pre­
guntaron sus hermanos; y su envidia fné mas vió­
lenla. Tuvo también otro su eñ o: «He sobado, dijo á
Jacob y A sus hermanos, que el sol, la luna y las once
estrellas se prosternaban delante de mi.» Su padre le
replicó severamente y le dijo: *¿Qué significa ese sue-
iloV ¿vendré yo acaso con tu madre y tus hermanos 5
prosternarme' delante de ti?» Sin embargo, Jacob me­
ditó en silencio acerca de este sueño.

(I) «'ítiiífclia dntn el pnei-nipr.io d» Joscr.


46 HISTORIA
L üs hermanos de Josef, llenos de odio y de envi­
d ia , habían salido un dia con los rebaños hácia las
llanuras de Sich em , cuando Jacob envió á Josef tras
de d ios: «Vé, le dijo, y m ira si tus hermanos y el re-
bailo están sin novedad, y tráeme la respuesta'» Josef
obedeció, y encontró á sus hermanos cerca de Do-
thain. Estos, al verle llegar, se coligaron para quitarle
la vida, y se dijeron los unos á los otros: «Ahí viene
el sonador: matémosle, y arrojémosle en un fosu ; di­
remos que una bestia feroz lo ha devorado, y veremos
entonces qué es lo que saca de sus sueños. >' K liben,
oyendo esla conversación, procuraba salvar á Josef y
decia: “ No le m atéis, no derraméis su sangre, pero
echadlo en la cisterna que está en el Desierto;» y ha­
blaba de este modo ron el designio de librarlo y de
volverlo á su padre. Guando Josef se reunió & sus her­
manos, estos le despojaron de su larga túnica de di­
versos colores, y le bajaran á la cisterna en la cual no
habia agua. Despues se sentaron para comer, y alzan­
do la vista, vieron que se acercaba una caravana de
ismaelitas que venia de Galaad, y cuyos camellos lle­
vaban al Egipto aromas, bálsamo y mirra. Judá dijo
entonces á sus hermanos: «¿De qué nos servirá, matar
á nuestro hermano y ocultar su sangre? Vendámosle
mas bien á un ism aelita, y no pongamos la mano en
él, porque al cabo es nuestra sangre y nuestra carne.»
Los demás hermanos consintieron en e llo : sacaron,
pues, á Josef de la cisterna, y lo vendieron por cien
monedas de plata á los ism aelitas, que le llevaron á
Egipto. En seguida tomaron la túnica de Josef, y em­
papándola en sangre de un cabrito que ellos habian
m uerto, la enviaron á su padre con estas palabras:
«Hemos encontrado esta ropa ; ved si es la de vuestro
hijo. » Jacob la reconoció, y esclamó en su dolor:
«¡Esta es la túnica de mi h ijo : una bestia feroz lo ha
devorado, uua bestia ha devorado á Josef!» Y rasgando
sus vestidos, se ciüó con un cilicio y lloró por mucho
tiempo. Habiéndose reunido sus hijos alrededor de él
para suavizar su pen a, rehusó todo consuelo, 7 dijo:
SAGRADA. 47
«Yo bajaré á donde él está, llorando hasta el se­
pulcro .»
Los tralicames ismaelitas llevaron á Josef al Egip­
to , y lo vendieron á Putifar, dependiente del palacio
de Faraón. Pulifar le señaló un destino superior al de
sus demás dependientes, y le dió la administración de
sus posesiones. Dios estuvo con JostíT, bendijo la casa
del egipcio A causa de éí, y multiplicó todos p u s bienes
tanto en la ciudad como en los campos. Al cabo de al­
gún tiempo sometió Dios á Josef á una nueva prueba-
Prendada de su hermosura la mujer de Putifar, su se­
ñora, intentó seducir su v irtu d ; pero 61 repulsó ani­
mosamente sus caricias, y supo conservarse puro de
todo crimen. Esta m tyer atribuyó á desprecio su vir­
tuosa resistencia, y no habiéndolo podido corromper,
resolvió perderlo. Apoderóse un dia de su capa en au­
sencia de su marido, y dijo á éste ¿i su v u e l t a : «El es­
clavo hebreo ha querido ultrajarme, y al grito que he
lanzado ha huido, dejando su capn en mis manos.» El
marido, demasiado crédulo, se irritó contra Josef, y
le encerró en la cárcel donde estaban los prisioneros
del rey. Pero el Eterno estaba tan bien con Josef, que
le hizo encontrar favor á los ojos del carcelero, el cual
puso los prisioneros bajo su custodia y tuvo en él una
confianza absoluta., porque el Señor dirigía todas sus
obras.
Sucedió que el copero y panadero de Faraón ofen­
dieron ft su señor, el cual,'irritado, les envió á la cár­
cel en que se hallaba Josef. Uno y otro tuvieron uu
sueno en la misma noche, y habiéndose acercado i
ellos Josef una maüana, los. encontró tristes y les pre­
guntó la causa. «Hemos tenido un su en o , respondie­
ron, y no hay nadie que nos lo interprete.— La in­
terpretación ¿uo viene de Dios? les dijo Josef: contad­
me lo que habéis visto.» El copero fué el primero que
habló y d ijo : «En mi sueno me parecia estar viendo
una cepa de viña que tenia tres sarmientos, los cuales
crecían y descubrían botones, que despues se conver­
tían en flores, y estas en racimos que se iban saso-
HISTORIA
naiido. La copa de Faraón estaba en mis manos; cogí
los racimos, los esprimí en ella, v se la di íí Faraoli.
— Ved aquí la interpretación deí sueño, respondió
Josef: los tres sarmientos siguííl<;aii tres d ía s. pasados
los cuales Faraón le relevará de lu castigo, te volverá
á lu anticuo ran go , y colocarás de nuevo la copa cu
su inano. Acuérnale ele mí cuando tengas fa v o r .» El
panadero dijo á su vez: «Yo también he tenido un
sueno, me parecía llevar tres canastillos sobre la cabe­
za : en el mas alto habia toda clase de pastas f y los
piijaros comian de ellas.» Josef respondió ; «Los tres
canastillos significan tres dias, después de los cuales
Faraón te hará cortar la cabeza, y le pondrá en una
cru z, y los pájaros se alimentarán de tu carne. * El
resultado confirmó las palabras de Josef, y al cabo de
tres dias dió Faraón por s'.i aniversario uii espléndido
festin, y se acordó tlel copero y del panadero: hizo mo­
rir á éste, y repuso ai otro en su empleo: pero el co­
pero se olvidó de sn intérprete.
Al cabo de dos aúos tuvo Faraón un sueno. Pare­
cíale que estaba parado cerca de un r io , del cual su­
bían siete vacas Jiermosas y m uy gruesas que pactan
en lugares lagunosos. Salían lamliien del rio otra®
siete, feas y consumidas de flaqueza, que pacían en la
misma ribera. Las vacas macilentas devoraban á las
otras, y Faraón se despertó. Volvió á dormirse, y tuvo
otro sueño: siete espigas brotaban en una sola caña,
llenas y hermosas; y otras tantas nacían también del­
gadas y marchitas "por el viento de Oriente, que de­
voraban toda la lozanía de las primeras. Despertando
Faraón despues del reposo y venida de la mañana,
envió á llam ar á todos los adivinos y sabios de Egipto:
y convocados, les contó el sueño, sin que hubiese uno
que lo interpretara. Entonces el gran copero, acordán­
dose de Josef, contó al rey los sueños que el panadero
y él habian tenido en la prisión, y dijo: ¡¡ Habia allí con
nosotros un jóven hebreo: le contamos cada uno
nuestro sueño, él lo interpretó, y el resultado corres­
pondió A sus palabras: el rey restableció á uno di1
SVCHAL'A •Mi
nosotros en su antiguo empleo, é hizo morir al otro.*
Al momento hizo Faraón que fuese Josef ante su
presencia: éste antes de verificarlo se cortó el cabello,
cambio de vestidos, y se presentó al rey. « He tenido
un sueno, le dijo Faraón, y nadie ha podido interpre­
tarlo : pero he sabido que tú los esplicas con mucho
acierto.— No soy y o , .respondió Josef, sino solo Dios
el que responderá para Lien de Faraón.» El rey hizo
á José la relación del sueño, y añadió: «Lo lie referido
í los adivinos, y no hay entre ellos quien me lo haya
sabido esplicar.— El sueño del rey si guille a una sola
cosa (J), replicó Josef, y por ó l , Dios ha revelado sus
designios ri. Faraón. Las siete vacas gruesas, y las siete
espigas llenas, anuncian .siete aiios de abundancia; la?
siete vacas Hacas y las siete espigas delgadas y mar­
chitas, anuncian siete años de hambre aue sucederán
á los de una gran fertilidad, y la grande sequía des­
truirá y hará olvidar la abundancia, fiu® el rey elija,
pues, uu hombre sabio y hábil, y le autorice en todo
el Egipto, íi fin de que establezca comisarías en todas
las provincias, y haga almacenar en graneros la quin­
ta parte de lo s ‘ frutos de la tierra durante los siete
aios de abundancia, que ya están próximos, y que el
trigo sea también puesto en almacenes ja r a el ham ­
bre de los siete años que reinará en el Egipto, á fin de
(juc sus habitantes no sean victimas de esta calami­
dad. » Este consejo agradó á Faraón, y dijo á los que
componían su servidumbre: «¿Podremos, por ventura,
encontrar un hombre como este, inspirado del espíritu
divino?» y añadió dirigiéndose á Josef: «Pues que Dios
¡e ha hecho conocer estas cosas, no hay nadie que te
iguale ert sabiduría. Tú serás el primero en mi casa,
por ti scríi alimentado m i pueblo, y solo por el trono
seré mas grande que t íi.» iaraon saco el anillo de su
dedo y se lo puso íi Josef; hizo que lo vistieran con un
Irage de riquísimo lino, le puso un collar de oro al
cuello y le hizo subir en su segunda carroza, gritando

0) Ülcc el te s to : ±7 del tvy r< unir. XXJ, 25)


50 HISTORIA
un pregonero que lodos delante de doblasen la ro­
dilla, y supiesen que era gobernador de toda la tierra
de Egipto. Faraón cambio el nombre (ie Josef en un
segundo, egipcio, que siguiüca salvador del mundo,
y le hizo casarse con uua egipcia llamada Aseneth.
sacerdotisa de Heliópolis, de" la cual tuvo dos hijos.
Josef llamó al primero ilancuses, y al segundo Ephraim,
diciendo; «Dios me lia hecho olvidar todas mis tribu­
laciones, y crecer en prosperidades en el país de mi
infortunio.» Josef tenia treinta afios cuando se pre­
sentó A Faraón; no bien se había establecido su poder,
cuando salió á visitar todas las provincias de Egipto.
Llegaron los siete anos de fertilidad: el trigo igua­
laba en abundancia á las arenas del mar, y una gran
parte de la cosecha fué almacenada en las ciudades.
Esta abundancia fué seguida de siete años de una
hambre que se estendió m uy lejos; pero en el Egipto
habia trigo ; y cuando el pueblo gritaba hambriento
á Faraón que le diese p an , Faraón respondía: «Diri­
gios á Josef, y haced lo que él os ordene.» Josef abrió
los graneros y vendió trigo á los egipcios, y como el
hambre era tan grande y se habia estendido tanto,
acudían ñ. él de todos los países con objeto de com­
prarlo.
Esta calamidad se hizo sentir también en el país
de Canaan, donde habitaba Jacob. el cual dijo á sus
hijos: «Bajad al Egipto, y comprad lo que nos es ne­
cesario para que vivamos, y que el hambre 110 nos de­
vore.» Diez de los hermanos de Josef pasaron, pues,
al Egipto, á comprar trigo; pero Jacob no envió ói Ben­
jam ín, temiendo que le sucediera algún mal.
Josef mandaba en todo el Egipto cuando sus her­
manos llegaron donde él estaba: estos no le conocie­
ron, y se prosternaron en su presencia; pero Joseí los
conoció, y fingiéndose estraiio para ellos, les pregun­
tó: o ¿De dónde venís ?» á lo que respondieron ellos:
«Del país de Canaan.— Vosotros sois espías que ha­
béis venido í reconocer los puntos débiles de este
país,» les dijo Josef.— «No, seftor, replicaron sus her­
SAGRADA. M
manos, sino que somos tns siervos que hemos venido
á comprar trigo , y todos somos hijos de un mismo
hombre que habita en la tierra fie Canaan, y 110 medi­
tamos ningún mal. Somos doce hermanos; el mas jo ­
ven lia quedado con el padre, y el olro ya 110 existe.
— Vosotros sois espías, repitió Josef, y yo os probaré,
por la vida de Faraón, que no saldréis de aquí hasta
que no venga vuestro hermano menor : enviad <1 uno
ne vosotros á que lo traiga.» Josef retuvo lies dias á
sus hermanos, y al tercero cambió de pensamiento y
les dijo: «Uno de vosotros quedará en rehenes: mar­
chad, llevad el Higo qnc habéis comprado para vues­
tra casa, y enviadme á vuestro hermano menor, & fin
de que vuestra palabra la vea yo confirmada (I).» Sus
hermanos, acordándose de su crim en, se dijeron el
uno al otro: aSufriinos esto justamente, porque hemos
pecado hace tiempo á la vista <le nuestro hermano;
vimos la ansiedad de su alma y 110 lo escuchamos
cuando nos suplicaba: esta es la razón por que ha cai-
do sobre nuestras cabezas tanta desgracia. — ¿No os
habia yo dicho, interrumpió Rubén, que 110 hiciéseis
ningún mal al hermano? Vosotros no me quisisteis
creer, y ved ahora cómo se busca su sangre.» No sa­
bían ellos que Josef entendía sus palabras porque él
les habia hablado por intérprete. Este se separó de
ellos y lloró. Acercándose despues á sus hermanos,
reluvó á Simeón: dió orden á sus dependientes de
llcnai- los sacos de los dem ás, y que metiesen el di­
nero en cada 11110 de ellos: hizo que se les distribuye­
sen víveres para el viaje, y cargando ellos el trigo so­
bre sus asnos, volvieron á Canaan.
Llegaron á su padre y le dieron cuenta de su viaje,
diciéndoie que les confiase á Benjamín, Al tiempo de
'aciar los sacos encontraron en ellos el dinero que
habían entregado y se llenaron de temor. Jacob les
dijo: «Vosotros me habéis llevado mis hijos; Josef ya
(1) El M o lid o de c*U-> palabras pruebo qu-s Joiwf quena retoñ e-
y l i í c l a Benjamín, s e
t iír » l bu* h e r m a n o s , p o r a m o r h a c n « ü p íd r #
hablan hecho dignos ao perdón.
¿2 HISTUHi.',
110 existe, Simeón queda en prisiones y todavía qut:-
í-eis llevaros íi Benjamín: todas las clespvnrias han
caído .sobre m i.— Padre mío, respondió Rubén, haz
morir «i mis ilus hijos si yo no le lo volviera: confía­
melo, que yo le lo restituir-.'-.— ICo, dijo Jacob, mi
hijo 110 irá cu 11 vosotros al Egijilo: su hermano murió,
y él solo ha quedado: si le acaeciere algún desastre
en la tierra á donde os encamináis, llevareis mis canas
con dolor al sepulcro.»
Entretanto continuaba el hambre afligiendo en
gran manera á toda la tierra, y habiéndose consumi­
do el trigo que los hijos de Jacob habían llevado de
Egipto, les dijo su padre: «Volved y comprad todavía
mas víveres.» A lo que respondio Jndá: «Si es lu vo­
luntad enviar íi nuestro hermano con nosotros, ire­
mos y compraremos víveres; pero ~L no lo envías, no;
porque el hombre que manda en aquel país nos ha
intimado con juramento diciendo: No vereis mi ros
tro, si vuestro hermano el mas pequeño no vienr
con vosotros.— ¿Por qué, pi-egunLu Jacob, le habéis
dicho que aun teniais otro hermano?— Este hombre,
respondieran, se ha informado de nosotros y de nues­
tra parentela, preguntándonos: ¿Vive todavía vuestro
padre? ¿Leneis otro hermano? Nosotros le hemos res­
pondido sin íalUtr A la verdad: ¿podíamos proveer que
nos diría: ¿irnedme vuestro hermano:* índá dijo
también A su padre: «Envia conmigo al hijo para que
marchemos y podamos vivir; 110 sea que muramos
nosotros y nuestros hijos; yo salpo faraute por Ben­
jam ín: si no te lo volviere á Iraer y pusiere en tus ma­
nos, que yo sea para siempre cúlpame «i tu presencia.
— Si es así, respondió Jacob, marchad: lomad con
vosotros de los mejores frutos de la tierra y llevad á
atjuel hombre piesentes, un poco de bálsamo y de
miel, mirra, almendras y dátiles. Tomad una suma
doble de dinero, y volved 4 llevar el que hallasteis en
los sacos, no sea que haya sido una equivocación: en
fin, tomad también á vuestro hermano v poneos en
camino. Que el Dios Todopoderoso os le naga favora-
SAGUADA. 53
Itk, y remíta con voso Iros ú vuestro hermano que
Liene en su poder, y ¡1 Benjamín: marchad y vy c[iie-
dar¿'* solo y como privado de mis lujos.» Los hijos de
Jacob tomaron los presentes y una doble suma de di­
nero: se llevaron á Benjamín, descendieron ¡í ft^ípto,
y se presentaron á Josef. Guando éste vio con ellos á
Benjamín, dio orden á su mayordomo diciendo: «Haz
4jiLC entren os tos e 3lranjeros y prepara un convite,
porque han de comer hoy en mi compañía.» Asus­
tados ellos viéndose dentro de la casa de Josef, dije­
ron al m ayordom o: «Señor, vinimos aquí en otra
ocasión íí comprar trigo, verificado lo cual cuando
llegamos al mesón abrimos nuestros sacos, y halla­
mos en la boca de ellos el dinero, que hemos vuelto
ahora á traer en igual peso, así como también otra
cantidad para comprar nuevos viveros.— La paz sea
ran vosotros, respondió el mayordomo , no temáis
nada: el Dios vuestro es el Dios de vuestro padre que
puso en los sacos el tesoro, porque y o he recibido ya
vuestro dinero.n Sacóles á Simeón, les hizo entraren
la casa de Josef, les dio agua para los pies y forraje
para sus jumentos. Ellos prepararon su ofrenda, y
cuando luibo llegado Josef, le ofrecieron sus presentes
prosternándose delante de 61.
Joseí los saludó con afabilidad preguntándoles:
«¿Por ventura está bueno vuestro padre, aquel ancia­
no ele quien me haMásteís?— Sí, respondieron ellos:
tu siervo, nuestro padre, está bueno y vive todavía: h
se prosternaron nuevamente. Josef alzó la vista, vió
:í Benjamín su hermano uterino, y dijo: «¿Es este
vuestro hermano el pequeño, de quien me hablasteis?
y anadió despues: ¡Dios tenga misericordia de ti,
hijo mió!» y se retiró apresuradamenteporínic su co­
razón se habia conmovido A la vista de su normano,
y sus ojos se llenaron de lágrimas, y entrando en su
coarto, lloró. En seguida, habiéndose lavado la cam
salió y reprimiéndose, dijo á sus siervos: aPoned pa­
nes.» Sirviólos aparte, v sus hermanos se sentaron
delante de 61; primero el mayor y despues los d«-
HISTORIA
más según su edad, y tomadas las porciones que de
él habian recibido, sé maravillaban de que la mayor
fuese para Benjamín, de muñera que escedin. en cinco
parles.
Queriendo Josef probar todavía á sus hermanos,
dijo A su mayordomo: «Mena de trigo los sacos de
estos hombres; pon el dinero de cada uno en la boca
de ellos y mi copa de piala en el del mas jo ven .» Esla
orden fué ejecutarla. Llegada la mañana fueron des­
pachados con sus jumentos. Habían pálido ya de la
ciudad y caminado algún tanto, cuando Josef hizo
que los siguiese su mayordomo, el cual habiéndolos
alcanzado, les dijo:-«¿Por qué habéis vuelto mal por
bien? La copa que habéis robado, es la que m i amo
usa. para beber, habéis come Iido una acción criminal.*
Ellos repulsaron esla imputación, y respondieron:
«Cualquiera de tus siervos, en enyo poder fuere halla­
do lo que buscas, muera, y nosotros seremos esclavos
de nuestro se&or.» El cual les dijo: «Hágase según
vuestra sentencia.» Descargando entonces sus sacos,
cada uno abrió el suyo. El mayordomo los registró,
v lialJó la copa en el de Benjamín, Entonces, penetra­
dos de dolor, rasgaron sus vestidos, y volviendo á
cargar sus jumentos, se encaminaron á casa de Josef,
el cual les d ijo: a¿Por qué habéis obrado de esta
manera? ¿Ignoráis por ventura que 110 hay quien se
asemeje á. mi en la ciencia de adivinar?» A lo que
respondió Judá: «¿Qué diremos íi m i señor, qué habla­
remos ó qué podremos oponer con justicia? Dios ha
confundiao & tus siervos: vednos aqui, esclavos á to­
dos.— Lejos de m i el obrar a s i, respondió, Josef, el
que ha hurtado la copa ese será m i esclavo: y vos­
otros marchad libres á vuestro padre.» Jndá acercán­
dose mas á Josef, dijo: «Ruego, seüor mío, que lu
siervo hable una sola palabra: que tu cólera 110 se
inflame contra él, pues lú eres semejante á Faraón.
Tú preguntáste la primera vez A tus siervos: ¿leneis
padre ó hermano? y respondimos: tenemos un padre
anciano, y 1111 hermano pequeño que nació en su ve­
SAGRADA.
jez, cuyo hermano uterino lia muerto, y A oslo es
únicamente ;í quien ama su padre con ternura; tú di­
jiste entonces: Hacedle venir y mis ojos se fijarán en
í!. Nosotros replicamos: El ni fio no puede dejar á su
padre; porque si lo hace, su padre morirá; y tú res­
pondiste: si vuestro hermano no viene con vosotros,
no veréis mas m i presencia. Luego que llegamos á
nuestro padre y le contamos lo que nos habia sucedi­
do, nos dijo-. Volved y comprad todavía mas trigo.
Nosotros le respondimos: Volveremos, si nuestro her­
mano menor viene con nosotros, pues de otro modo
no podremos ver la presencia de aquel hombre; y
nuestro padre, tu siervo, dijo: Sabéis que Raquel, mi
mujer, me ha dado dos hiios; el uno me ha dejado
y sin duda ha sido devorado por las fieras, pues que
no lo he vuelto á ver. Si me lleváis también éste y
si le sucede alguna desgracia, liareis que baje al
sepulcro lleno de dolor. Así, pues, cuando mi jiadre
vea que su hijo querido no víi con nosotros, morirá y
llenaremos de dolor su vejez. Yo lie salido garante á
mi padre por mi hermano; perm itidm e, pues, que
me quede en sn luaar, como esclavo vuestro cerca de
vos, y que él vuelva con sus hermanos; porque si yo
no lo vuelvo ¿cómo me presentaré delante de Jacob?
¿cómo vei-é la aflicción de mi padre?»
Josef no pudo con tenerse por mas tiempo: hizo sa­
lir í\ los que estaban presentes, para que ningún estra­
do asistiese al mutuo reconocimiento; y alzando la voz
ron llanto dijo A sus hermanos: « ¡Yo soy Josef! ¿.Vive
todavía mi padre?» Pero ellos estaban tan turbados
que no pudieron responderle. «Acercaos á mí, les d i­
jo: hiriéronlo as[ y fil repitió: Yo soy Josef vuestro
hermano á quien vendisteis. No temáis, no os aflijais,
pues que Dios me ha enviado aquí delante de vosotros
para vuestra salvación. Dos años hace que el hambre
aflige la tierra y aun quedan cinco en que no se podrá
ni arar ni segar. Dios me ha enviado antes que vos­
otros viniéseisparaqueos conservéis-, no sois vosotros,
sino Dios, el que me ha hecho venir aquí y me ha es-
Hmt. Sao. i
IIISTOMA
tablecido como el padre de Faraón y el dueño de su
casaá fin de mandaren todo el país de Egipto. Apre­
suraos, volved á m i padre y decidle: Dios na hecho :í
Josef, lu hijo, señor de todo el Egipto, él le ruega qu«
vayas sin tardanza, habilarás cerca de él en la tiern
deGessen lú y tus hijos, y los hijos de tus hijos, v
tus rebaños y tus vacas y todo lo que posees. Anuncia
á mi padre toda mi gloria, v todo lo que habéis visto
eu Egipto; apresuraos y traédmele,» Josef, después dr
haber hablado, abrazo A su hermano Benjamín y am­
bos lloraron estrechados entre sus brazos: despu»
abrazó á todos sus hermanos y lloró, sobre cada un»
de ellos, los cuales á su vez se atrevieron á hablarle.
Esparcióse entonces en casa de Faraón la noticia di­
que los hermanos de Josef habian llegado. Faraón y
toda su servidumbre se alegraron mucho, y encargó
que Josef dijese en su nombre á sus hermanos: «Car­
gad vuestras bestias y marchad al país de Canaan.
traed á vuestro padre, venid con él, y yo os daré to­
dos los bienes de la tierra de Egipto: tomad también
carros para el trasporte de los hijos y las mujeres, y
no dejéis nada de vuestro menaje, porque todas las
riquezas de Egipto serta vuestras.» José* dió carros y
víveres á sus hermanos según la orden de Faraón, les
hizo un presente de dos vestidos <1 cada uno; pero dió
cinco délos mas hermosos á Benjamín y 30Ó monedas
de piala: envió á su padre diez jumentos cargados dr
todo lo mas precioso que habia en Egipto y diez borri­
cas cargadas de víveres para el camino.
Los hermanos de Josef volvieron al país de Canaan
donde estaba su padre Jacob y le dijeron -. «Josef vive
todavía y reina en lodo el país del Egipto:» lo cual oí­
do por Jacob le produjo una especie de desmayo por­
que apenas lo podía creer. Sus hijos le refirieron toda
la conversación habida con su hermano, y cuando por
fin Jacob vió los carras y lodo lo (fue habia enviado
Josef, se reanimó su espíritu y dijo: «Bástame: si to­
davía vive mi hijo .losof iré v le veré antes que iiic
muera.»
SA.GRADA.
Jacob salió con lodo lo que poseía y fué al pozo del
Juramento. Allí ofreció un sacrificio al Dios de su pa­
dre Isaac. Durante lina visión nocturna oyó la voz di­
vina que le llamaba: «*,Jacob, Jacob!— Vedme aquí,
Señor, respondió í l . » Y la voz le dijo: «Y o soy el Todo­
poderoso, el Dios do tu padre: no tenias y baja al
Egipto; porque haré salir ae ti un gvan pueblo; yo es­
taré allí contigo y Josef te cerrará los ojos.» Levantóse,
pues, Jacob del pozo del Juramento, y le llevaron sus
hijos juntamente con sus mitos y sus mujeres en los
carros que liabia enviado Faraón. Llevó con <*1 todo lo
ijueposeia y llegó al Egipto con sus descendientes, que
oran sesenta. Hizo que se adelantase .ludíí para avisar
;'i Josef, el cual salió al encuentro de su padre, se ar­
rojó á su cuello, y lloró en sus brazos: «Ahora, dijo
Jacob, ya puedo morir, pues que he visto lu presencia
y que vives todavía.— Me presentaré A Faraón, dijo .lo-
sefá su padre y hermanos, le anuncian’ vuesLra lle ­
gada, y cuando él os llame y os pregunte ¿quú ha­
céis? ¿cuál es vuestro estado"? vosotras responderéis;
Somos siervos vuestros: pastores desde nuestra infan­
cia como lo Tueron nuestros padres: así habéis de ha­
blar á fin de habitar en el país de Gessen, porque los
pastores de ganados son mal vistos entre los egip­
cios (1).»
Josef presento en seguida su familia íl Faraón, el
cual, despues de haber interrogado A Jacob y sus hijos
y recibido do ellos la respuesta dictada por .losef, les
dió la tierra de Gessen, fértil en pastos, para que v i­
viesen a llí’con sus rebaños. Jacob bendijo A Faraón y
despues de haberse informado el rey de su edad le di­
jo Jacob: «Los dias de mi peregrinación son ciontn
treinta aílos, corlos y malos y no han igualado <í los
de mis padres.»
Todavía continuaba el hambre en el Egipto; y Jo­
sef en cambio del trigo que distribuía, recogió todo el.

(1) Cu mborlan 4 ha probado cu una pabia d lm ta c io n , que Iop ofrip-


09
CI odiaban & los pastorea fenicios y can ancos, porflue on otro tiiMtt|jck
habíin estado sujetos bnjo el yujro de aquellos pueblos.
¿8 II1ST0IUA
dinero de los egipcios, adquirió sus rebaños, sus tier­
ras y sus personas, esccptuando las de los sacerdotes, v
despues de osle tiempo se estableció que todo el pue­
blo de Egipto recobrase sus posesiones de la mano del
rey y le pagasen la quinta parte <lc sus productos (I).
Habitó, pues, Israel, en Egipto, esto es, en la tierra de
Gessen: su familia se aumentó y multiplicó. Vivió
en ella diez y siele niios y cuando conoció que se
acercaba el dia de su mucrle, llamó á Josef y le dijo:
«Hazme la gracia de que no muera en Egipto, sino
que yo descanse con mis padres: tú me sacarás- de
él y 'me enterrarás junio á su sepultura: jíiramelo.i»
Josef se lo juró y viendo á su padre enfermo le pre­
sentó á sus dos hijos Jlanasses y Kplu aim; tomando
aliento sentóse sobre la cama y dijo á Josef: «Tus dos
hijos Ephraim y Manasses que han nacido en la lierra
de Egipto antes (jne yo viniera aqui, serán contados en
el número de ñus hijos como Rubén v Sim eón... acér­
camelos para que los bendiga.»
La vista de Jacob se hallaba tan debilitada por la
edad, que apenas podía percibir los objetos: lii'/.o que
se aproximasen sus nietos y abrazándolos, dijo á Jo­
sef: «Y o 110 pensaba volverte á ver y Dios me hace co­
nocer hasta tus hijos.» Josef se prosternó delante de
su padre, despues colocó á Manasses, que era el ma­
yor, ;i la derecha de Jacob y á Ephraim á su izquier­
da. Pero Jacob cruzando las manos, puso la derecha
sobre la cabeza de Ephraim, que era el menor, y la
izquierda sobre la de Manasses, y los bendijo, dicien­
do: «Que el Dios ante quien obraron mis padres Abra-
ham 6 Isaac, el Dios que me mantiene desde mi ju­
ventud hasta el dia de boy, y el ángel que me libró
de lodos los males, bendiga á estos niños, y mi nom­
bre sea invocado sobre ellos y los nombres también
de mis padres Abraham é Isaac, y crezcan abundan­
temente sobre la lierra.» Viendo Josef que su padre

(1) Setun el hisLorlnlor Jnftífo, las tierras fueron restituidas CD


Í ropk-dnd y la quinta parte do los
lito o Impuesto. fLib. II. Cao V.)
productos se daba al rey como tri­
SACHADA. 59
ponía sn mano derecha sobre la cabeza de Ephraim,
se afligió de esto, y le dijo: «Así no, padre mió, Mana-
sses es el mayor: poned vuestra diest ra sobre su calie­
ra.— Ya lo sé, hijo mío, respondió Jacob, ya lo sé: es­
te también seríl grande y un pueblo saldrá de él; pero
su hermano menor será mayor que él y en posteridad
crecerá en genles y se dirá un dia: qué Dios te bendi­
ga como A liphraim y Manassci, y puso á Ephraim an­
tes de Manasses» y dijo á Josef: *Ya ves que muero,
pero Dios será con vosotros y os volverá á. llevar á la
tierra de vuestros padres.»
Llamó Jacob en seguida á todos sus hijos y les di­
rigió oslas palabras profólicas: «Mijos de Jacob con­
gregaos y oid á vuestro padre. Rubén, tú eres mi pri­
mogénito, tú mi fortaleza, superior en dignidad, supe­
rior en poder; pero tú le derramaste corno un torren­
te y 110 crecerás mas, porque subiste al lecho de lu
padre. Simeón y Leví son hermanos y unidos por la
iniquidad (1): que mi alma no entre cu sus consejos
porque en su saiia mataron hombres, y en su volun­
tad destruyeron una ciudad: maldito sea su ruror,
maldita sea su saila: los dividiré en Jacob, v los dis­
persaré en medio de Israel. A ti .íudá, le alaW-án lus
hermanos, tu mano estará en las cervices de tus ene­
migos, y te adorarán los hijos de lu padre. Judá, hijo
mío, tú'eres un león joven, le lias levantado para la
presa: acostado estás ahoia y durmiendo como el león
y la leona: ¿quién se atreverá ¡í despertarlo? El cetro
no saldrá de Judá ni el príncipe de su descendencia,
hasta <¡w venga rl que ha rlr ser la admiración de tas na­
ciones (2). Zabulón habitará la ribera del mar, y el
puerto donde aborden los navios, es tendiéndose hasta
Sidon. Isachar es semejante á un animal robusto

(1J A q u í recu erda Jacotjol g r a n crím oii d j R ú b eo . Gen. .YX.TF. 22), « l


asesinato do los sichemUat? por SlrncoD y I-eví,
m Ksto oráculo ob uno do los roas cé1obr?a entre loe que anuncian
al Mosjttt?, LA^fatiAe profecía de Jacob sobre Judrt, dl&i? UorsuüI, en-'
clorra tn ptaan palab-a* toda la historia del pueblo judio y d.» Críalo

S
uc U ba Bldo prora?t:Jo. y di solo marca (oda la «dríj dof puablo de
ios, y el efeelo todavía dum.
HISTORIA
echado en su heredad, que ha visto cuan bueno es el
raposo, cuan cscclcnte la tierra, se ha sometido ú lle­
var carga y sujetado al tríbulo. Dan juzgará á su pue­
blo asi como á las demás tribus de Israel. Gad arma­
do, peleará delante de él y dispersará á sus enemigos:
el pan (le A;er será bueno y liará las delicias do los
reyes: Xephtali es mi ciervo suelto que arroja vasta­
gos y ijue estíende á lo lejos sus ramas: Josef es un
árbol tierno al lado de un riachuelo que crece y se
eleva por encima de las murallas. Sus enemigos han
lan/.ad» sus calumnias coi lira él, pero su arco ha per­
manecido lirme y sus brazos han sido poderosos por
la virtud de Jacob, y se ha hecho el pastor y el je fe de
Israel..... Las bendiciones de lu padre recaerán sobre
todos los demás que descansen sobre la cabeza de Jo­
sef. Benjamín será como un lobo rapaz, que por la
mañana devora la presa, v por la tarde reparte los
despojos. Estos son los jefes de las doce tribus de
Israel.» 1
Desames de haber daclo á cada uno de sus hijos la
bendición que le era propia, dijo Jacob: «V o y á íeu-
nirme á m í pueblo: enterradme con mis padres en la
cueva que está en el país de Canaan en el campo de
F.phrou heLheen: allí han sido entenados Abraham y
Sara su mujer, Isaac y Itebeca y allí también yace Lia
enterrada por m í:» Jacob retiró en seguida sus pies y
murió. Josef se arrojó sobre el rostro de su padre llo­
rando y le bailó en lágrimas. I-lizo que embalsamasen
su cuerno, y después de un duelo de setenta días en
lodo el I£g:ipto, obtuvo de Faraón el permiso de volver
con sus hermanos á la tierra de Canaan para enterrar
en ella á Jacob. Marcharon imi efecto, dejando en
Kgipto sus familias y reliafios y llevaron el cuerpo
de su padre ¡i la cueva donde vacian Abraham ó Isaac.
Cumplido este religioso debei' volvieron á Egipto, en
donde los hermanos de Josef prosternándose delante
de í’l, le pidieron nuevamente perdón: Josef enmude­
cido respondió: «Dios ha cambiado en bien paia vues­
tra salvación el mal que pensabais hacerme, no te-
SAGUAD a . III
mais: \o os mantendré ;i vosotros y vuestros hijos.»
Vivió en Egipto con loda la familia de su padre
hasta la edad ele ciento diez aüos y vió á los hijos de
Ephraim hasta la cuarta generación: los nietos de
Manasses nacieran también sobre las rodillas de Josef:
en (lu conociendo que se acercaba su última hora,
dijo á sus hermanos: «Dios despues de mi muerte os
visitará y os hará subir de esta tierra á la tierra que
prometió dar á Abraham, & Isaac y á Jacob.» Les hizo
jurar que llevarían sus huesos con ellos, murió cum­
plidos los ciento diez, aüos de su vida, y habiéndole
embalsamado íué depositado en una caja en Egipto ( 1).

41) L a s o rie n ta le s ntribJ.vcn é Jowrf ln in ven ción de lo s pozon


de las graneros público? que aun conservan b u nombre, y tam-
{ i«o la do lo s obelisco*, pirámides y todo lo <|uc hay de m u raro
y de Mas nntlguo en E gipto. Pretenden que rué el flue «neeitó á
les ifftpcíos los ciencias mas Bubllmes, y sobre todo ln geom etría
bue u n necesaria loe era para la distribución de sus. tierras.

P o n C a.l ic b t .
CAPÍTULO IV.

lionsiilrraeioii sobre la vida y costutniiri’s do los p atriar vas. - -His


loria de Job.

«Los patriarcas, dice el abate Fleury cu su esce-


Iente obra sobre las costumbres de los 'israelitas (1),
vivian con esplendor y en la mayor abundancia, y
con todo eso su vida era sencilla y laboriosa. La vida
dilatada de los padres les proporcionaba medios dp
educar bien á sus hijos, y de hacerlos desde m uy j ó ­
venes, graves y formales. Abraham habia vivido mas
de nn siglo con Sem, y podía haber aprendido de é!
el estado del mundo antes del diluvio. No se separó
de su padre Tharé, y tenia lo menos setenta años
cuando lo perdió. Isaac tenia setenta y cinco cuando
murió Abraham. Viviendo tanto tiempo con sus pa­
dres, se aprovecharon de su esperiencia y de sus in­
venciones: seguían sus designios, y se afirmaban en
sus máximas; se liacian constantes ó iguales en su
conducta; porque 110 era fácil que cambiase lo que se
habia establecido bien y sólidamente por hombres
que todavía vivian; y los ancianos conservaban la au­
toridad, no solo sobre los jóvenes, sino también so­
bre los ancianos de menos edad. La memoria de los
acontecimientos pasados se podia, pues, conservar pol­
la tradición: por otra parte los patriarcas ponian mu­

(1) BbU capitulo oslé entractado de cute libro en nu m&yoT parto


hasta la historia de Job.
SA GUADA. IÍ3
i-ho cuidado en conservar la de los acontecimientos
: notables, por medio de altares, piedras y otros mo­
numentos sólidos-, sus nombres eran todavía mía es­
pecie de monumentos mas sencillos y mas familiares.
Significaban por lo regular, lo que su nacimiento
liabia tenido de singular, ó algún favor recibido
del cielo, lo cual era como una historia abreviada,
pues Lenian cuidado de esplicar á sus hijos la razón
de estos nombres, y 110 podían pronunciarlos sin
traerlos á su memoria. Este cuidado de la posteridad,
y esta previsión del porvenir revelan almas notables
y grandes.
t>Lok patriarcas eran absolutamente libres, y su fa­
milia formaba un pequeho estado, del que el padre
era como un rey: porque ¿qué le faltaba á Abraham
de lo que constituye á los soberanos, sino vanos títu­
los y ceremonias incómodas? El 110 estaba sujeto á na­
die; los reyes buscaban su alianza; hacia la guerra y
la paz cuando quería, ó Isaac, Jacob y Esa» se conser­
varon en la misma independencia. La única distin­
ción entre Abraham y los reyes de aquella época era
que aquel no se encerraba como estos en ciudades, y
su estado le seguia á todas partes donde le acomoda­
ba establecerse. La historia al hablar de aquellos tiem­
pos, no nos da noticia sino de reinos muy pequeños;
y aun en el Oriente y en los demás paises se advierto
que mucho tiempo despues se liallahan poco esten-
didos.
»Las riquezas de los paLiiarcas consistían princi­
palmente en ganados. Era preciso que Abraham lu*
viese muchísimos cuando se separó de su sobrino Lot
porque la tierra 110 bastaba á suministrar para su ali­
mento. Jacob tenia un níimero considerable cuando
volvió de la Mesopotamia, pues el presente que I1Í/.0
á su hermano Esaú ascendía íi quinientas noventa ca­
bezas de ganado vacuno, lanar, cabrio, etc.; pero no
lenian ni caballos ni cerdos. Este número prodigioso
de ganados les hacia apreciar mucho los pozos y cis­
ternas en un país que 110 tiene otro rio que el Jordán,
61 HISTORIA
y en donde llueve rara vez. Tenían también esclavos,
y los de Abraham subían á un número considerable,
porque entre los que habían nacido en su casa, y í
tptienes él Imbia ejercitado, armó hasta trescientos
diez y ocho hombres, Debia también tener á propor­
ción muchos niños, ancianos, mujeres y esclavos
comprados. A su vuelta de Kgiplo, se ha dicho que
eiíi rico en oro y plata, y se ve que los patriarcas gas­
taban perfumes’ y usaban 1rajes preciosos como los
de Esaú, de que Jacob se sirvió para recibir la bendi­
ción de su padre. Con touas estas riquezas, no deja­
ban por eso de ser laboriosos, pues siempre estaban
en el campo, habitando en las tiendas, cambiando de
morada, según lo exigía la comodidad de los pastos, y
por consiguiente, frecuentemente ocupados en cam­
par y muchas veces en marchas, porque no podían
nacer jornadas largas con un tren tan crecido. Ño ha­
dan esta vida errante poique no pudiesen edificar, así
como los demiis habitantes del mismo país, sino por­
que preferían este modo de vivir, que sin duda era
el mas antiguo, v marcaba mejor el estado de los pa­
triarcas, que no habitaban esta tierra sino como via­
jeros, esperando las promesas de Dios, que no debían
cumplirse sino hasta despues de su muerte.
»Sn principal ocupación era cuidar de sus rebaños,
como se ve por la historia y por la manifestación que
de ella hicieron los hijos de Jacob al rey de Egipto
Los patriarcas llevaban á pastar sus ganados y no eraii
de modo alguno delicados en cuanto á las comidas ni
;í las demás necesidades de la vida : ellos se servían
reciprocamente, y esta vida sencilla y laboriosa era sin
duda la que les hacia llegar á una edad tan avanzada.
Abraham é Isaac vivieron cada uno cerca de doscien­
tos años: los demás patriarcas, cuya edad sabemos, lia
pasado de cien anos, y jamás se lia dicho que hubie­
sen estado enfermos durante una vida tan larga. Des­
falleció ¡/ m urió en tt/Ki feliz veje: enrrjacto de arios: así
es como la Escritura refiere sn muerte. Tal fué, pues,
en general el primer estado del pueblo de Dios. Una
SAGRADA. 65
libertad m uy Amplia, sin ot.ro gobierno tjue e l de uu
padre que ejercía una monarquía absoluta eu su fami­
lia, uiia vida muy natural y cómoda, abundante de
todo lo necesario, y nn gran desprecio de lo supérfluo,
trabajo honrado acompañado de cuidados y de indus­
tria sin inquietud y sin ambición;»
Uno de los mas célebres patriarcas es Job, cuya

nombre es uno de los mas admirables entre los libros


santos, y es preciso leerlo con mucha atención para
comprender toda su elevación poética y religiosa.
Job, según las antiguas versiones de la Escritura,
era el quinto descendiente de Abraham por Esaú, y
habitaba la tierra de IEus en Arabia : tenia siete hijos
y tres hijas y poseia inmensas riquezas. El historiador
sagrado hace una pintura muy animada de la felici­
dad de Job, de su rango, de su ciedad, de su ternura
para con sus hijos; y después piesenta de repente eu
el consejo de Dios á Satanás en pié en medio de los
ángeles delante del Sehor, que le permite probar la
constancia y la Té del piadoso patriarca, abrumándole
ton los mas terribles males, que es donde principian
las aflicciones de Job. Los sabeos le roban sus reba­
tios, el fuego del cielo devora á sus criados, el viento
del desierto sepulta á sus hijos bajo las ruinas de sus
ricas moradas y él se ve cubierto desde los piés á la
cabeza de una úlcera horrible. Una nueva desgracia
aféela su corazon : su mujer le insulta, y sus amigos
Eliphaz, Sophar y Balad dudan de su inocencia á la
vista de su inlcii-imio. Sucumbiendo á la debilidad
humana, Job rompe el silencio con quejas de una elo­
cuencia incomparable: « Perezca, esclania ól, el dia en
que naci: perezca la noche en que se diga que ha sido
concebido un houtbre. ¿Que 110 hubiera yo muerto en
el seno de mi m adre1 . ¿Por qué me recibieron las ro­
dillas de una mujer? ¿Por qué el seno dn una mujer
me alimentó.....V»
Estas quejas ocu pa» á Job y á sus am igos : ¿es la
ÜG IIISTOIIIiV
adversidad la que prueba al justo V 6 bien ¿es Job cas­
tigado justamente por crímenes secretos? Job sostiene
la primera opinion y sus amigos la segunda. En los
lamentos de Job se deja ver cierto orgullo de su vir­
tud : en las reconvenciones de sus amigos se descubre
la injusticia y la dureza. « ¿Dónde está tu piedad? Ir
pregunta ElipW/.. ¿Qué se ha hecho la pureza de co­
m a n en que ponías tu confianza?..... ¿El hombre es
por ventura puro delante de sn Criador? Si Dios lin
encontrado defectos en sus ángeles, ¿serán infalibles
los que habitan en casas de han-o, aquellos cuyo ori­
gen es el fango y que peroren como el vestido raido
de la polilla? » Sophar y Balad dirigen ¡i Job iguale?
reconvenciones y todos le acusan: Job se exaspera, y
esfuerza en probarles que sabe también nn qué consiste
la sabiduría, Despues do haber enumerado los esfuer­
zos de la ciencia para domar la naturaleza y arrancar
á la tierra sus tesoros, esclama : « ¿Dónde encontraré
la sabiduría? dice é l , ¿dónde la mansión de la inteli­
gencia? No habita en la tierra do los vivientes: el
abismo responde: 110 está conmigo, y la madre no la
conoce; no se la compra á peso de oro: está oculta ú
los ojos de los mortales. 3' el ojo del malvado no la
puede descubrir. El infierno y la tierra lian dicho:
nosotros hemos oído hablar de ella : Dios solo conoce
sus desigrtios -. sabe el lugar en que habita, porque ve
hasta las eslremidades de la tierra y contempla todo lo
que está debajo de los ciclos. Cuando vio la fuerza de
los vientos y midió las aguas del abism o, cuando dió
leyes & los mares y sehaló el camino á las tempestades
y al rayo , entonces vió la sabiduría. la hizo conocer,
ja encerró en sí misino, sondeó la profundidad y dijo
al hombre -. ni temor de Dios es la sabiduría: huir del
mal es la inteligencia.» Job esponc despues los de­
beres del hombre para con Dios: recuerda sus propias
obras de justicia: quisiera aparecer en el tribunal su­
premo y acaso probar la sin razón del Criador hácia su
criatura. Sus amigos guardan silencio, y lié aquí que
se presentí un nuevo interlocutor, que es el joven
SAGIt.MJA.
Kliliu, que, un su lenguaje inspirado, censura á la ver.
;i Job V ¡í sus amigos. Invíla A Job A la sumisión y al
.-m'cpenliiniento y describe la grandeza divina: su
imaginación se inflama., es un profeta el que le habla.
- ¡Olí ,Tol>! escucha y considera las maravillas de Dios.
¿Quién podrá referir sus obras? ¿Quién se atreverá sin
sar arrebatado por su gloria? Que los hombres tiemblen
«n su presencia: su sabiduría es nada á su vista.» En
íin, el mismo Dios termina cslc gran drama, aparece
este Dios terrible, y del centro de un torbellino hace
oirá Job estas palabras espantosas: «¿Quién es ese
mortal que oscurece m i sabiduría con palabras vacias
de sentido Y Prepárate como un hombre que va á com­
batir, y respóndeme: ¿dónde estabas tu cuando eché
los fundamentos de la tierra? ¿Sobre qné fijé sus ba­
ses? ¿ Quién fué el que encerró el mar en sus riberas
miando se lanzó del seno del abismo, cuando le di las
nubes por medida y la oscuridad por vestido? Yo soy el
•me lo encadené con leyes invariables y le d ije : aquí
llegarás, no pasarás mas lejos. ¿Sabes tú por ventura
porqué camino Le llega la lux y de donde sale el aqui­
lón que recorre la tierra? ¿Quién ha abierto paso á las
nubes? ¿Quién ha trazado el surco del rayo? ¿Por ven-
i»ra caerán á tu voz Ion-entes de agua? ¿Puedes lú
mandar á las tempestades y que le digan : aquí estamos
¡í tus ordenes? » Dios continúa asi describiendo 61 mis­
mo sus obras y su poder: confunde áJob con el peso
de su omnipotencia y majestad. El desventurado se
humilla y reconoce su falta. Entonces le perdona el
Ricino, los males de Job llegan á su término, renace y
nuce todavía su primera prosperidad; es feliz y la Pro­
videncia se justifica.
CAPÍTULO V

Los hebreos en Egipto «lespm's de Josef. — Muisós.. I.as


' diez plagas.

S a l i d a de Eg i p to .

(Exodo i.—xm.i

1 6 3 5 — I 591.

Despues de la muerte de Josef el número de los


hebreos creció rápidamente en ol Egipto, levantándo­
se en este país un nuevo rey que 110 habia conocido
al hijo de Jacob, y á quien la multitud de extranjeros,
cada t c z mas numerosos, inspiró vivos recelos. «Opri­
mámosles con arte, dijo él, 110 sea que se multipliquen
y se unan á nuestros enemigos para esclavizarnos.»
Estableció, pues, entre los hebreos gobernadores due­
les, les hizo construir ciudades y les condenó á los mas
penosos t rabajos y á toda especie de servidumbre, con
el designio de que se disminuyese su número y su­
cumbiese á la fatiga; pero fueron defraudadas sus es­
peranzas, porque cuanto mas les oprimía mas se mul­
tiplicaban. Una orden del rey dispuso por aquel tiempo
que sus mujeres ahogasen al nacer á todos los hijos
varones, y los egipcios ejecutaron tan bárbara sen­
tencia.
Por este tiempo nació un ni fio en la casa de un
hombre de la tribu de Lnvi. llamado Haiaram: sn
SACHADA.
madre Jokebcd le tuvo lies meses ocullo. Cuando le
fiu' imposible ya guardar el ¡«cielo , colocó al niiio en
una cesta de junco embetunada, y lo dejó en un car­
rizal ú la orilla del rio, mientras una hija suya cuida-
lía desde lejos de este ¡sagrado depósito. Era precisa­
mente la hora en que descendía la hija de Faraón á
baüarsc en el rio, la cual, luego que reparó en la cesta
en medio de las aguas, hizo que se la llevaran; la abrió
y se afectó de compasion al ver que contenía un niíio
llorando, y d ijo : *Ese es uno de los hijos de los he­
breos. » La hermana del nifto corrió y propuso A la
princesa una nodriza, y habiéndolo aceptado llamó í
su madre. «Turna este uLü.u, dijo á Jokelied la hija dr
faraón, y críale con tus pechos.» La madre lleva á su
hijo y cuando hubo crecido se lo presenta íl la prin­
cesa, la cual le adoptó como "uyo y llamó Moisés,
nombre que en la lengua antigua del Egipto significa
titeado de lux aguas.
Las delicia* de la cóiid no avasallaron su espíri­
tu ( 1): Moisés, salvado milagrosamente, se acordó de
su nacimiento y de su pueblo, y cuando creció en edad
y en fuerza marchó i visitar á sus hermanos y fue les-
tigo de su opresión. Habiendo visto cierto dia en uu
paraje solitario que un egipcio golpeaba á un hebreo,
mató al primero y lo enterró en la arena: creíase se­
guro del secreto; pero habiendo mediado despues en
la querella que tenían dos hebreos: «¿Quién te ha
cqnsLituido, dijo uno de ellos, juez y principo en­
tre nosotros? ¿Quieres por ventura matarme como
mataste ayer al egipcio?» Estas palabras llegaron A

(1) Josofo ilu muchos detalles accrca.dc W oi&é^dftlos cuales no se


iuog iDCELdon en el Pentateuco. Cuando despues ríe sacado dé l&fl
la hija de Faraón presentó c) niño.i su padre, dice Jonefo, pisóla corona
<tol rey, y un búmKIoIo agripe lo a o n s c jo qtig le inQlasG.aaunclu.ado que
crecería jmu-q deagraoU del Egipto. La príneera- lo rqivó por secunda
vet, y Uoiftés, creciendo en edad, anunció faCJllAdcs tac poco comu-
oes, que* á prcar <lel oráculo, le nombró el rey je fe át\ CjérCltO OB VDH
ffuerra desaairoga contra |Q£ etiopes-Moisds snlíó vencedor, y poco deB-
de lagTAcladcl rey y tuvo que huir. A n t . J u d t no. TI, capí*
:o HISTJUU
oidos de Fai-aon, y Moisés, amenazado de muerte, se
acogió al país de Madian.
Cúrenla años tenia Moisés cuando se retiro á esta
liern . Hallándose sentado cerca de un pozo, se apro­
ximaron ¡i él las hijas de un sacerdote de Madian lla ­
mado Jelhro para (lar de beber al rebaño de sn padre.
Acercáronse unos paslores y las echaron fuera. Moisés
se levantó, las defendió 6 liizo que bebiesen sus ove­
jas. A su vuelta informaron á su padre de la conducta
de Moisés. «¿En dónde está ese hombre? ¿por qué le
halléis abandonado? Llamadle para que coma nuestro
pan.» Acogido así Moisés cu lacasa del sacerdote de
Madian, habitó en ella, y recibió de él en matrimonio
á Séphora su liija, de la cual tuvo dos hijos que llamó
íierson y Eliezer.
Durante la huida de Moisés si la tierra de Madian,
el rey de Egipto murió; pero su muerte no alivió la
suerte de los hebreos, que continuaban gimiendo en la
mas dura esclavitud. Sus clamores según el lenguaje
espresivo de la Escritura, llegaron á Dios; y Dios los
escuchó; so acordó de su alianza con Abrahán, Isaac y
Jacob, miró y los hijos de Israel, y los reconoció por
su pueblo.
Despues de una residencia de cuarenta aíios en el
país de Madian, apacentando Moisés las ovejas de su
suegro, llegó un dia al medio del desierto sobre el
monto llorel» ó Sinai. El Eterno se le apareció en una
llama de fuego que salia de una zarza pero sin consu­
mirla: lleno de admiración se acercó para contemplar
esle prodigio y oyó una voz que decia: «Moisés, Moi­
sés.» El respondió: «Aquí estoy.» Despues de haber
recibido la orden de quilar su calzado, porque la tier­
ra que pisaba era santa, la misma voz le dijo otra vez:
«Y o soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de
Tsaac y de Jacob.» Moisés cubrió su rostro, porque no
se atrevia A mirar íí Dios, y el Seüor le dijo: «H e visto
la adicción de m i pueblo y he oido sus clamores, y
conociendo su dolor lie bajado para librarlo de las ma­
nos de los egipcios y para hacerles pasar á la tierra de
SAGRADA. 71
Canaan, buena y espaciosa, por donde corren riachue­
los de leche y m iel. «Ven, pues, y te enviaré 1 Faraón,
para que saques de Egipto á los hijos de Israel que
son mi pueblo.» Moisés dijo al Señor: «¿Quién soy yo
iara ir á Faraón, y hacer salir de Egipto á los hijos de
Í srael.» El Señor respondió: «Y o eslaré contigo; y con
esta señal conocerás que soy yo el que te ha enviado.
Luego que hubieres sacado & m i pueblo de Egipto, sa­
crificarás á Dios sobreeste monte.— Iré, pues, dijo Moi­
sés & los hijos de Israel, y les diré: El Dios de vuestros
padres m e n a enviado á vosotros; pero si me pregun­
tan cual es su nombre, ¿qué les responderé?— Yo soy
el que soy, dijo el Eterno, y así hablarás á los hijos de
Israel: e l q l'e e s me ha enviado á vosotros, el Eterno,
el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; este es mi
nombre para siempre y. este es nn memorial que vos­
otros tendreis de m í en todas las edades. Vé, junta á
los ancianos de Israel: refiéreles mis palabras: ellos es­
cucharán tu voz y tü irás con ellos al rey de Egipto,
y le dirás: El Seíior, Dios de los hebreos, nos ha llama­
do y nos ha obligado á hacer l-res dias de camino por
el desierto para sacrillcar al Señor nuestro Dios.— Los
hijos de Israel, no me creerán, dijo Moisés, sino que
dirán: El Señor no le se ha aparecido.» Entonces ar­
rojó Moisés, por mandato de Dios, la vai-a que tenia en
la mano, la cual fué convertida en serpiente, y Moisés
retrocedió espantado. ^Coge esa serpiente» dij’o el Se­
ñor: obedeció Moisés, y la serpiente se convirtió en
vara en su mano; Dios volvió ¡i decirle: «Pon la mano
en tu seno.® Moisés la puso y sacóla blanca de lepra:
volvióla á poner de nuevo y la retiro sana y limpia.
«He hecho esto, dijo el Seíior, para que los hijos de
Israel crean que el Dios de sus padres, de Abraham,
de Isaac y de Jacob, te se ha aparecido realmente.»
Sin embargo, no bastaba esto para librar á Is­
rael ( 1), era preciso hablar y Moisés no tenia la lengua

(1) DfepueB de la muerte l e Jacob el pueblo hebreo fué casi siempre


designada en la Escritura bajo el nombre de Israel, y alpunn vez tam ­
bién bajo el de Ja««b.
h >st . S a o . g
HISTORIA
tspedila, y temiendo su defecto de elocuencia mani­
festó sus temores al Señor, y Dios le respondió: «¿Quién
ha hecho La boca del hombre? ¿quién le hace á su vo ­
luntad mudo, sordo o ciego? ¿no soy yo el Eterno?
Marcha, pues, que y o estaré contigo y te ensenaré lo
que lias de decir.» Moisés dudaba todavía de si mismo,
pero Dios le anunció que Aarou, su hermano mayor,
cuya boca era elocuente hablaría por él al pueblo. «El
vendrá á tu encuentro, dijo el Señor, y cuando te vea.
su coraron se llenará de alegría.»
Moisés volvió A casa de su suegro, y habiendo sa~
bido por voz divina que o lio rey reinaba en el Egipto,
y que los padres del hombre á quien él habia muerto
ya no existían, volvió á su pueblo. Encontró á su her­
mano en el monte Horeb A quien Dios enviaba á su
encuentro, marcharon juntos, y llegados al Egipto,
reunieron A todos los ancianos de Israel. Aaron les re­
firió las palabras que el Seüor habia dicho á Moisés, é
hizo milagros. Los hebreos conocieron que Dios le»
habia visitado, y prosternándose, adoraron al Eterno.
Moisés y Aaron fueron á encontrar A Faraón, y le
dijeron: «Así ha hablado el Eterno, el Dios de Israel:
Deja marchar á m i pueblo para que m e celebre una
Hesla en el desierto.» Faraón respondió: «¿Quién es el
Eterno? y o no le conozco, y 110 dejaré salir A Israel.t>
No solamente negó Faraón el permiso solicitado por
este pueblo, sino que le mortificó con nuevos rigores,
y dictó Lsta óiden & los directores de los trabajos: «De
ninguna manera daréis al pueblo, de hoy en adelante,
paja para que haga los ladrillos, sino que él vaya y la
jecoja: le exigiréis el mismo número que hacia antes,
sin disminuirle nada, porque está holgando, y por eso
alza el grito, diciendo: Vamos y ofrezcamos sacrificio
á nuestro Dios. Sea oprimido, pues, con tareas y tra­
bajos, para que no dé crédito á palabras misteriosas.»
Los principales de Israel reconvinieron á Moisés de
haber atraído sobre olios la cólera de Faraón, y Moisés
dijo al Eterno: «Seüor, tú no has librado á m í pueblo
por haberme enviado A é l.» Todas las promesas divi-
SAGRADA. 73
tías fueron solemnemente reiteradas. «Aaron hablará
al rey, dijo el Eterno, para que euvie 1 su país á los
hijos de Israel. Los egipcios sabrán que vo soy el Sefior
despues que haya estendido m i mano sobre el Egipto,
y hecho salir á mi pueblo de enmedio de ellos.» La
obstinación de Faraón dió lugar á los milagros que
despues hizo el Seíior para librar é. su pueblo.
Los primeros prodigios fueron obrados por la ma­
no de Aaron: la va ra que llevaba fué convertida en
serpiente A los piós del rey de Egipto y devoró los rep­
tiles que los falsos encantadores ó mágicos, adversa­
rios de Moisés, hicieron que apareciesen á su alrede­
dor. Faraón se mantuvo inflexible, y al dia siguiente
en su presencia obedeciendo Aaron al Señor, echó su
vara en el rio, y las aguas de Egipto se convirtieron en
sangre, que fué la primera plaga: pero tampoco estt-
milagro obtuvo la libertad de Israel. Los egipcios re­
corrieron todo el largo del rio cabando alrededor de
él para encontrar agua sana, y pasaron siete dias sin
que lo consiguiesen. Moisés y su hermano se volvie­
ron á presentar, y la vara de Aaron estendida de nue­
vo, hizo salir una multitud de ranas de las aguas la­
gunosas y de los ríos que se habian corrompido. Fa­
raón sorprendido de este prodigio, hizo llamar á Moi­
sés y ¡i su hermano y les dijo: «Rogad al Señor para
i [lie me libre y al pueblo, y dejaré marchar á Israel ;í
fin de que ofrezca sacrificios al S etor.» Moisés prome­
tió que para el dia siguiente cosaria la plaga: al m o­
mento predijo la muerte de todos los reptiles inmun­
dos en toda aquella parte; pero no bien habia liberta­
do al Egipto cuando Moisés vió revocar la orden de la
salida y tuvo que recurrir ;i una nueva plaga. Esten-
dio su vara milagrosa sobre el polvo de la tierra y se
llenó el Egipto de cinifes que atormentaban á los hom ­
bres y á los animales: pero el rey se mantuvo inflexi­
ble y miró con desprecio este prodigio. Vuelto Moisés
A su presencia, le amenazó de nuevo, y al dia siguien­
te, según su palabra, nubes de insectos poblaron el ai­
re, destruyeron las cosechas, y la tierra de Gessen, en
74 HISTORIA
donde habitaba Israel, fué la única á donde no alcan-
£ó esta plaga destructora. Faraón cedió en fin y Moisés
obtuvo el permiso para la salida: sus súplicas apaci­
guaron al Eterno, y no quedó un in&eclo en todo el
país. El rey retiró su palabra y comenzó de nuevo á
oprimir <1 Israel tan luego como vió que habían cesado
las plagas. Entonce? se declaró repentinamente una
epizootia o enfermedad mortal entre los ganados y re­
baños de los egipcios, mientras que los israelitas se
hallaban libres de este azote. Poco despues llenó Moi­
sés su mano de ceniza, la cual echándola al aire volvió
á caer convenida en pestilente polvo que produjo Ul­
ceras muy m oni ll can les parales egipcios.
Estas nuevas plagas,y las enérgicas representacio­
nes de Moisés, no pudieron vencer la obstinación del
rey. Habíale prosnoslicado que haría llover un espan­
toso granizo, y al dia siguiente no bien Moisés habia
levantado la mano hácia el cielo cuando estalló una
Curiosa tempestad, cuyos rayos asotedores y una pro­
digiosa nube de piedra amenazaba matar á los hom ­
bres y á las bestias, rompiendo y arrancando de raíz
los árboles y destruyendo las cosechas: pero no cayó
ni un solo granizo en la tierra de Gessen. Faraón lla­
mó Á Moisés y <l su hermano y les dijo: «H e pecado
aun esta vez: el Seiior es justo; vo y m i pueblo somos
impíos. Interceded con el Eterno para que cesen los
truenos y el granizo y os dejaré marchar.» Moisés res­
pondió: iDespues que saliere d é la ciudad, estenderé
mis palmas al Sefior, y cesarán los truenos y no habrá
granizo, para que sepas que la tierra es del Seüor; pe­
ro yo sé (j’ie ni tú ni tus siervos temeis auu al Eter­
n o.» Moisés al salir elevó sus manos hácia Dios y ce­
saron los truenos y el granizo.
Endurecióse de nuevo el corazón de Faraón, el
cual amenazado por Moisés con una nueva plaga per­
mitió A los israelitas el salir, sin que llevaran sus h i­
jos. Indignado Moisés se quejó, y fué arrojado de la
presencia del monarca. Entonces" obedeciendo Moisés
al Eterno estendió la mano de nuevo hácia el Egipto.
SAGRADA. 75
se levanta un viento impetuoso por el Oriente, arrastra
á su paso las langostas tan conocidas en la Arabia, y
las arroja hácia el Oeste: estas nubes vivientes caen
sobre el Egipto, cubren la tierra y devoran la yerba y
los frutos de los árboles, que el granizo uo habia to­
cado. Por lo cual Faraón llamó apresuradamente á.
Moisés y á Aaron, y les dijo; «H e pecado contra el
Señor vuestro Dios v contra vbsotros, mas perdonad­
me, perdonadme.» tlios se apiadó y un viento de Oc­
cidente arrebató las nubes de langosta arrojándolas en
el mar Rojo. Sin embargo no bastaion todavía estas
pruebas y el endurecimiento del rey provocó un nue­
vo prodigio. Moisés entonces obedeciendo la voz del
Señor, estendió su mano liácia el cielo y se cubrió el
Egipto de espesas tinieblas. Ninguno vió en todo este
tiempo á su hermano ni sr movió del lugar en que
estaba; y solo habia luz donde habitaban los hijos de
Israel. Esta plaga fúnebre duró tres dias. Faraón en­
tonces llamó á Moisés y á su hermano, y les dijo: «Id,
sacrificad al Señor: queden solamente vuestras ovejas
y ganados mayores acpií, y vuestros niños vayan con
vosotros.» Moisés no consintió que le fallasen holo­
caustos en el desierto, y respondió al re y : «Todos
nuestros rebaños marcharán con nosotros:» pero Fa­
raón 110 lo consintió, y dijo á Moisés: «Retírate de mí
y guárdate de ver mas mi rostro: en cualquiera dia
que comparecieres delante de mí, morirás.» Moisés
respondió: «Así será como lias dicho, no veré mas tu
rostro,» pero le anunció al endurecido monarca la
décima y última plaga, en estos términos: «A la media
noche, ha dicho el Eterno, saldré y recorreré el Egipto,
y morirá todo primogénito en la tierra de los egipcios,
desde el primogénito de Faraón, que se sienta en su
trono, hasta el primogénito de la esclava, y los pri­
mogénitos de las bestias. Habrá un clamor general en
todo el Egipto, cual nunca hubo ni ha de haber des­
pues. Pero entre todos los hijos de Israel, desde los
hombres hasta las bestias, no se oirá ni siquiera un
perro, á fin de que sepas cuan grande es á los ojos del
1Ü tilSTUMA
Señor, la diferencia entre Israel y el Egipto.» Al con­
cluir estas palabras, se separó Moisés de Faraón poseí-
do de una santa y ardiente cólera.
Por aquel tiempo fué cuando el Seüor instituyó la
fiesta mas solemne de los hebreos, la de la Pascua,
(palabra que en la lengua de este pueblo significa
paso), y quiso que el ano comenzase para ellos en la
época de la libertad. Moisés transmitió con este objeto
las órdenes de Dios á los ancianos de Israel, anun­
ciándoles el último castigo para el Egipto, y para ellos
el último dia de esclavitud. «Cuando vuestros hijos,
Ies dijo, en el país que el Eterno os dará, os pregun­
ten que significa este rito, respondereis: esta es la
pascua del Eterno que pasó sobre nuestras oasas cuan­
do hirió al Egipto, dejándonos salvos.»
A la entrada de la noche, según la orden de Moi­
sés, cada iefe de familia inmoló un cordero joven y
sin mancha y frotó con su sangre la puerta de su
casa: era preciso comerlo con pan ázimo y yerbas
amargas, con el báculo en la mano, ceñida la cintura
y calzados los pies. Así es como se celebró la primera
pascua en la quindécima nuche del primer mes. Los
hebreos, que comieron el cordero pascual, no salie­
ron de sus casas y se prepararon para marchar.
A la media noche, hirió el Señor á todo primogé­
nito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de
Faraón, que se sentaba en su trono, hasta el primogé­
nito de los cautivos y animales. Levantóse Faraón en
medio de la oscuridad, sus si' ' ' "1 Egipto,
porque no habia casa donde muerto,
esceplo en las de Israel. Sobrecogido Faraón, volvió á
llamar á Moisés y su hermano, y les dijo; «Salid in­
mediatamente de m i pueblo, vosotros y los hijos de
Israel: id, sacrificad al Señor , como decís. Llevad
vuestras ovejas y ganados mayores, y rogad por m í.»
Los egipcios instaban al pueblo, para que saliese
prontamente de la Lic.ira, diciendo: «Moriremos todos.»
Antes de llegar la aurora pusiéronse en marcha los
israelitas, llevando consigo sus ganados y rebaños,
SAGRADA.
cargados con la harina amasada sin levadura y con
vasos de oro y plata, de que habian despojado A los
egipcios- por orden de Dios. Los descendientes de
Abraham conducidos por Moisés y su hermano, y lle­
vando con ellos los huesos de Josef, pasaron junto 5
los egipcios, que enterraban sus hijos, al lado de los
despojos de sus diuses arruinados por los rayos (1),
salieron de la tierra de servidumbre y se dirigieron
hácia las fronteras de Canaan. Moisés mandó, para
perpetuar la memoria de una libertad tan milagrosa,
que lodo primogénito de los hebreos, aun los de los
animales, serian consagrados al Eterno, en memoria
de la última plaga y prescribía la celebración anual
de la pascua, ó de la üesfíi del pan sin levadura.

(1) Ni'im. xxxni, 3, 4.


CAPITULO VI.

r&ao <lel mar Kojo. —Llegada al monte Sin»i.

(Exodo x r v . - x i x . )

1491.

Separándose de la tien-a enemiga de los filisteos,


hizo Moisés que bajase el pueblo hácia el desierto, j
guiado milagrosamente por una columna de nubes,
oscura durante el dia. y luminosa durante la noche,
acampó sobre las orillas del mar Rojo- Todavía per­
manecían allí los hebreos, cuando levantándola vista,
vieron que Faraón les iba al alcance con sus carros de
guerra y su caballería. Sobrecogidos de temor con
esta novedad gritaron al Señor y dijeron á Moisés:
«¿No habia bastantes sepulcros en el Egipto para que
nos trajeses á m orir al desierto?» Moisés respondió:
«No teneis por qué temer: permaneced firmes y con­
siderad los prodigios que el Señor debe obrar hoy,
porque estos egipcios que estáis viendo delante de
vosotros, van A desaparecer y no los volvereis á ver,
pues el Eterno combatirá por vosotros: ahoia perma­
neced tranquilos y e n silencio-— Que marchen, dijo
el Eterno á Moisés, y tú toca con tu vara las aguas del
mar, divídelo en dos y que los hijos de Israel lo
atraviesen en seco. En cuanto á m í fortaleceré el co­
raron de los egipcios para que entren despues, y seré
SAGRADA. 19
glorificado en Faraón y en su ejército y conocerán
que soy el Eterno.»
Moisés estendió su mano sobre el mar, lo dividió
y convirtió en seco, y los hijos de Israel entraron por
medio del mar seco, porque el agua estaba como un
muro &derecha é izquierda. Yendo los egipcios al al­
cance, entraron tras ellos y toda la caballería de Fa-
raon por medio del mar. Él Eterno entonces sembró
el terror en su ejército y los egipcios en desórden y
atropellados unos con otros caian en lo profundo de
las aguas diciendo: «Huyamos de Israel porque el Se­
ñor está contra nosotros.» El Eterno dijo enLonces á
Moisés: icEstiende tu mano sobre el mar para que se
vuelvan las aguas á los egipcios, sobre sus carros y su
caballería.» Moisés obedeció: al punto cesó el viento,
el mar volvió á su lugar, y huyendo los egipcios, les
salieron al encuentro las aguas y los envolvió el Se­
fior en medio de las olas. Hombres, carros» caballos,
todo desapareció, y los cuerpos de los muertos arroja­
dos por las aguas, fueron á jiíirar á los pies délos
hijos de Israel: pero estos continuaron marchando en
seco por deutro del mar, sirviéndoles de dique las
mismas aguas á derecha 6 izquierda. El Señor libró
aquel dia á Israel de la mano de los egipcios, é Israel
los vió muertos sobre la orilla deL mar, y la mano
poderosa que el Señor habia desplegado contra ellos:
entonces el pueblo temió al Señor, creyó en él, y en
Moisés su siervo. Moisés y todo el pueblo entonaron
este cántico de alabanzas al Señor:
i Cantemos ai Señor porque ha triunfado gloriosa­
mente, y ha precipitado en el mar al caballo y al ca­
ballero. Nuestra victoria y nuestra alabanza es ¡Jeho-
vahl que para nosotros^ ha sido la salvación. El es
nuestro Dios, y le glorificaremos: el Dios de nuestros
padres y le ensalzaremos, como al Señor: el Eterno
es el rey de la guerra: su nombre es omnipotente. El
ha lanzado en el mar los carros de Faraón y todo su
ejército, y sus principes mas escogidos han sido su­
mergidos en el mar Rojo. Tu diestra, toh Seflorl, es
80 H ISTO RIA
formidable, lu diestra ha destrozado al enemigo. Con
el soplo de tu furor se amontonaron las aguas: detu­
viéronse como un muro, amontonáronse los abismos
en medio del m ar. Dijo el enemigo: Iré al alcance, y
alcanzaré, repartiré los despojos, se saciará mi alma,
desenvainaré mi espada, y lus matará m i mano. Sopló
lu espíritu, la mar los cubrió y se hundieron como el
plomo en las impetuosas aguas. ¿Quién es ¡oh Señor!
semejante á tí entre los fuertes? ¿quién es como tú,
magnífico en santidad, terrible y loable?.....Tú guias-
le con tu gracia al pueblo que libraste, tú le dirigiste
(■olí tu poder hácia lu sania, morada: supiéronlo los
pueblos y se admiraron..... ¡Caigan sobre ellos el ter­
ror y el espanlopor el poder de tu brazo! ¡Permanez­
can inmóviles como ta roca hasta que pase tu pue­
blo!.... Faraón, su carro y su caballería entraron en
el mar, y el Señor convirtió sobre ellos sus aguas,
pero los hijos de Israel anduvieron por Jo seco en me­
dio de él.»
María profetisa, hermana de Aaron, tomó en su
mano un pandero y la siguieron todas las mujeres
con panderos y danzas. Ella cantaba, diciendo: « Ala­
bemos al Señor, porque gloriosamente ha sido en­
grandecido, y derribó en el mar al caballo y al cabal­
gador.»
El pueblo prosiguió su viaje hácia el desierto del
Sur, en el cual anduvo por espacio de tres dias y no
hallaba agua: la encontró y se detuvo; pero el agua
era amarga y 110 la podía beber, lo que hizo llamar á
este sitio con el nombre de Alara: el pueblo descon­
tento y alterado empezó áimurmurar. Entonces Moisés
inspirado por Dios, arrojó en la corriente un madero
que dulcificó las aguas haciéndolas perder su amar­
gura. De ¡Vara fué Israel á. acampar á Elim, en donde
habia doce hermosas fuentes á la sombra de las pal­
meras, y de allí pasó al desierto de Sin.
Los víveres llevados de Egipto empezaban á faltar,
y el pueblo echando de menos la abundancia del país
de la servidumbre, d ijo á sus jefes: a¡Ojalá hubiera-
SACHADA. 81
ijaoB muerto por mano del Señor en la tierra de Egip­
to en donde teníamos pan y carne en abundancia!
¿Por qué nos habéis traído á este desierto para ma-
lainos de hambre?— Vuestras quejas no son contra mi,
respondió Moisés, sino contra el Eterno.» Dios sumi­
nistró lo necesario para el alimentó de su pueblo, su
gloria apareció en una nube, é Israel recibió la pro­
mesa de que por la tarde se saciaría de carne y por
la mañana de pan. El dia mismo una multitud innu­
merable de codornices cubrió el campo. Los hebreos
no tuvieron otro trabajo que cogerlas, y al dia si­
guiente, cuando el rodo se hubo disipado, encon­
traron la tierra cubierta de granos redondos y menu­
dos semejante al granizo. «Este es el pan, dijo Moisés,
que el Eterno vuestro Dios os envía.» Los hebreos
entonces recogieron es le pan celestial lo necesario
para un dia, y algunos mas desconfiados reservaron
cierta porcion; pero al siguiente lo encontraron infes­
tado y Heno de gusanos- La víspera del sábado cada
israelita recogió una provisión doble que se conservo
sana y pura, y los que por el contrario violando el
descanso del séptimo dia salieron para buscar mas.
no encontraron nada. Así el Seüor, alimentando á su
pueblo le daba santas lecciones. Cada dia se afirmaba
mas la confianza y era confundida la incredulidad.
El pan milagroso fué llamado matmá, el cual era blan­
co como la nieve, tenia el gusto de torta de miel pre­
parada con aceite dulce, se endurecía al poco tiempo
y se ablandaba al calor del sol.
Despues de varios campamentos, los hebreos lle­
garon á Raphidim á poca distancia del Horeb y de
Sinai, en donde no encontraron agua: principiaron ú
murmurar de nuevo contra Moisés; el cual tocando
con su vara la roca de Horeb, hizo salir una fuente
abundante, y llamó á este paraje Mansa y Meriba ó iu
tentación.
Sin embargo, el pueblo de Amalee, tribus nóma­
das de aquellos desiertos, fué á Raphidim y peleó
contTa Israel. Moisés designó á Josué, nijo de Num, pa­
HISTORIA
ra que pelease á. la cabeza ele una tropa escogida, y
durante la acción subió con Aaron y Hur sobre la ci­
ma de una colina. Cuando Moisés alzaba las manos
hácia el cielo, vencía Israel; pero cuando las bajaba
sobrepujaba Amalee ( 1). Viendo sus brazos pesados,
Aaron y Hur le sostuvieron sus manos por una y otra
jarte hasta que se yuso el sol. Josué hizo huir á Ama-
Í ec, y Moisés levantó un altar en Raphidim en m e­
moria de la primera victoria de los hebreos. Entonces
fué cuando Jethro, suegro de Moisés, fué & visitarle y
le llevó á su mujer Séphora y á sus dos hijos Gerson
y Eliezer. Instruido de todos los milagros que Diosha-
bia. hecho para la libertad de su pueblo, «¡Bendito seael
Seíior! esclamó Jethro, ahora conozco yaque es gran­
de sobre todos los dioses.» Ofreció holocaustos al Eter­
no, y al dia siguiente viendo los muchos cuidados que
rodeaban á Moisés, le aconsejó que eligiese hombres
sabios para administrar con sus consejos. Agradó á
Moisés esta proposicion: eligió hombres íntegros y los
hizo jefes de Israel, con el carácter de tribunos, cen­
turiones y jefes de cincuenta y de diez hombres. Estos
uzgaban al pueblo en Lodo tiempo, pero sometían á
JJoisés los negocios graves. En fin, al tercer dia del
tercer mes de la salida de Egipto, Israel llegó al de­
sierto de Sinaí, y acampó frente de la montaña de es­
te nombre. Allí tuvo lugar la escena mas importante
de la historia de los hebreos: la ley escrita dada por el
mismo Dios 4 su pueblo, que fué promulgada por pri­
mera vez por boca de su siervo Moisés.

(1) y
El Rabio Wlllam Whtston deducá da esta pasaje de otros mu­
chos de la Escritura, que «1 uso d« los antiguo» hebreos era orar «a-
taodieado los brazos hácia el cielo.
EPOCA CUARTA.

DeBde la prcnm leflcion de la le y escrita basta el


establecim iento del trono.

(Exodo XIX.—XL. Lcvilleo. Níimeríí. Deutí'ronomalo. Libro da Jobaí.


lib r o de los Jueces. Libro de Hul-h I, Rcyen I —H J

AÑO DEL HUNDO..................... 2513— 2909.


ANTES DE JESUCRISTO............. 1491— 1095.

d u s a c io n 39fi años.

GHAXDES ACONTECIM IENTOS DE L A H ISTORIA P R O F A N A .

(t4$5.) Reinado de Avinses ó Sesoslris en Egipto.—(1406.)


Minos da leyes n C reía.—(1263.) Espedicion de los argonautas.
—(1234.) Tesco reúne las doce poblaciones de la Alica y forma
la ciudad de Aleñas.—<12200 G uerra d é lo s siete jefes contra Te-
vas.—(1184.) Toma de Troya.-—{1Í52.J Fundación de Alba la la r -
Principio del reino de Lacedemonla.

CAPITULO PRIMERO.
. Promulgación de la ley en el m onte Sinal.—l o s diez m anda­
m ientos.—El becerro de oro .—El Taliern^culo.—Consagración
de Aaron y de sus hijos.—Salida de Sinaf.

(Exodo X I X .—X L . Levitlco. N<uneros I— X .)

1491.

Loshebreos no eran todavía mas que una multitud


sin patria y sin leyes. Los hijos de ALrah&m, dice
Sí HISTORIA
Bossuet, tenian solamente la circuncisión y las cere­
monias que la acompañan, como signos de alianza
que Dios había hecho con este pueblo escogido. Esta­
ban separados por esla sefial de los pueblos que ado­
raban los falsos dioses: por lo demás se conservaban
en la alianza de Dios por el recuerdo que tenian de
las promesas hechas á sus padres, y eran conocidos
por un pueblo que servía al dios de Abraham, de
Isaac y de Jacoh; pero este gran dios no quiso aban­
donar por mas tiempo á la sola memoria de los hom ­
bres los misterios de la religión y de su alianza: era
tiempo ya de poner barreras mas fuertes á la idolatría
que inundaba todo el género humano y aeababadeapa-
gar los restos de la luz natural. Habia llegado también
el momento de poner las bases del edificio social para
los hebreos.
El Eterno llamó á Moisés en la cima del monte Si-
naí y le dijo: «Hablarás así á la casa de Jacob; habéis
visto lo que ho hecho á los egipcios y que os lie traí­
do como el águila lleva d sns hijuelos ¡¡obre sus alas.
Si escucháis, pues, mí voz, y si guardais m i alianza,
sereis el único de todos los pueblos quo poseeré como
m i propio bien, porque toda la tierra me pertenece:
sereis m i reino, un reino de sacrificadores y im an a­
ción santa: esto es lo que dirás A los hijos de Israel.»
Moisés habiendo repetido al pueblo Jas palabras del
Seíior, el pueblo respondió á una voz: «Haremos lo
que manda el Eterno.» Dios dijo á Moisés: «\'é al pue­
blo y santifícalo hoy y purifícalo maüana, que lave
sus vestiduras, y que esté apercibido para el dia ter­
cero, porque en iH descenderá el Seúor íí vista de todo
el pueblo sobre el monte Sinaí. Marcarás los límites
alrededor, y cualquiera que los traspase y que llegase
al monte, será condenado á muerte,» Moisés descen­
dió del monte al pueblo, los santificó y le dijo: «Estad
prevenidos para el dia tercero. j»
Habia llegado este dia, la mañana estaba clara: y
he ajjuí que comenzaron i oírse truenos, y ú. relucir
wlámpagos, A cubrirse el monte con una nube in­
SAGUADA.
mensa, el sonido de la booina resonaba cotí mas
vehemencia, y se atemorizó si pueblo que estaba en
los reales. Moisés la hizo salí]- ;i presencia de Dios y la
multitud se detuvo al pié (leí monte. El Sinaí humea­
ba por todas partes, porque habia descendido el Se­
ñor sobre él en fuego y subia el humo como de un
horno; todo el monte estaba imponente. El sonido de
la bocina se aumentaba por grados, y se estendia á
mayor distancia: Moisés hablaba y Dios le respondía.
El Eterno llamó ü Moisés, y éste subió. El Señor le
mandó que bajase y requiriese de nuevo A los hebreos
que no pasasen los límites marcados: despues le man­
dó que volviese íl subir con su hermano .Varón. Moi­
sés obedeció y el Señor hablando desde en rnedio de
la nube, en presencia del pueblo prosternado, pro­
mulgó asi sus mandamientos.
Yo soy el Eterno tu Dios que te saqué del Egipto
(le la casa de servidumbre.
P rim er mandamiento. No tendrás dioses ágenos
delante de mi.
í. ° No harás para ti obra de escultura, ni figura
alguna de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que
hay ahajo en la. tierra, ni de las cosas que están en
las aguas debajo de esta. No las adorarás, ui las darás
culto, porque yo soy el Sefior tu Dios fuerte, celoso,
que vengo la iniquidad de los padres en los hijos, lias­
te la tercera y cuarta generación de aquellos que me
aborrecen, y que uso de misericordia hasta la m ilési­
ma generación, con los que me aman y guardan mis
preceptos.
3 ." No tomarás el nombre del Señor tu Dios en
vano, porque el Señor no tendrá por inocente al que
tornáre eu vano su nombre.
í.° Acuérdate de santificar el dia del sábado. Tra­
bajarás durante seis dias, y harás todas tus hacien­
das; pero el sétimo es el dia del descanso consagrado
al Seüor tu Dios. No harás obra alguna en él, ni tú, ni
lu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu
bestia, ni el estranjero que está dentro de tus puer-
HISTORIA
las; porque el Seíior hizo en seis dias el cielo, la tier­
ra, el mar, y todo lo que hay en ellas, y reposó el sé-
esto bendijo el Señor el día ael sábado

5 .° Honra á tu padre y á lu madre, para que seas


de larga vida sobre la tierra, que el Señor tu Dios te-
dará.
fi.o No matarás.
7.o N o cometerás adulterio.
8.° N o hurtarás.
9 .° No dirás contra tu prójimo falso testimonio.
JO. No codiciarás la casa de tu prójimo, ni desea­
ras su mujer, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey,
ni su asno, ni cosa alguna de las que le pertenezcan.
Tales fueron los diez mandamientos que Dios dió á los
israelitas, pues todo el pueblo oia los truenos y el
sonido de la bocina, y veia el monte humeando: so­
brecogido de espanto dijo á. Moisés: «Háblanos tú. y
oiremos: no nos hable el Señor no sea que mura­
m os.» Moisés contestó al pueblo-. «N o temáis, porque
Dios ha venido á probaros para que su terror esté en
vosotros, y no pequeis.» Moisés volvió á subir dife­
rentes veces al monte, y durante los primeros dias
fueron promulgadas las leyes mas esenciales, como
complemento del decálogo. Moisés las escribió en un
libro que llamó libro de tu alianza, Erigióse un altar
por su orden al pié del Sinaí y se ofrecieron en él sa­
crificios. Leyó al pueblo las leyes divinas cuya obser­
vancia les hizo jurar, y esparció la sangre de las víc­
timas diciendo: «V ed aquí la sangre de la alianza que
el Eterno ha hecho con vosotros » Moisés hizo des­
pués que se acercasen los aucianos de Israel, y ha­
biéndole llamado el Eterno de nuevo para darle las
tablas de la ley, se levantó con Josué su siervo y dijo
á los ancianos: «Esperadnos anuí, Aaron y Iiu r per­
manecerán con vosotros.» Subió al monte, sobre el
cual descendió la nube, y la gloria del Eterno apare-
cid en la cima como un luego devorador. Moisés en­
tró en la nube y permaneció en el monte cuaren-
SAQRADA. 87
la dias 3' cuarenta noches. Recibió del mismo Dios
la ley grabada en tablas de piedra, que fueron llama­
das rablus del testimonio, asi como también las úrdenos
tocantes á la construcción del tabernáculo, y del arca
lie Ur alianza .
Sin embargo, riendo el pueblo que no volvía, se
amotinó contra Aaron, diciendo: «Haznos dioses que
vayan delante de nosotros, porque no sabemos qué
haya acontecido á Moisés, ¡í ese nombre qnc nos sa­
có de la tierra de Egipto.» Aaron tedió cobardemente
¿i estos clamores culpables, y respondió: «Tom ad los
zarcillos de oro de las orejas de vuestras mujeres y
de vuestros hijos, y traédmelos.» El pueblo obedeció,
y habiéndolos tornado, Aaron ios fundió, ** hizo de
ellos un becerro. Entonces gritó el pueblo: «Estos son
¡oh Israel! los dioses que te sacaron de la tierra de
Egipto.■» Aaron levantó un altar delante de este ídolo.
Los hebreos ofreciéronle holocaustos, y en seguida
comieron, hebieron y bailaron alrededor de él.
Dios advirtió A Moisés estas iniquidades, y le dijo:
«Déjame que se enoje mi sana contra ellos ( 1), yo te
haré caudillo de un pran pueblo.» Esto era trasmitir­
le la bendición de Abraham. Moisés, el mas dócil de
los hombres, según el testimonio que dió él mismo,
rehusó la gloria que no podía adquirir por otro medio

(1) M oisés em plea, bablundo de )& d ivin id a d , lo s fo rm as m as co p a -


ccn do h acer im p resión sobre el «ntendim i<?nlo rudo de un p u eblo c a r­
nal: la re p res en ta con un c a rá cter d e gra n d a za incomparable.’ ; ¡pero o
m ismo tiem po a ccesible d cierta s em ocion es, propias u«* ln noUir&le2B
hum ana. E l dio s d e M oisés *e m it a , so in d ign a , ee vo D ff& ó m apia da .
M o i e é s o o s m u estra lan m a lo s consecu encias, n a tu r a l e s d el pecad o.
L o s ca stigo s Im puestos p o r <1 S eñ o r, en ben eficio i el orden , d e Ib m o­
ra l y de la ro llp lo o com o e fe c t o » de la ca lera y veo fra u zn d iv in a . S i
uba de sem ejan tes uftprcsioneB, si las re fiere co m o em an adas du la bo­
ca d e l n ls iu o D ios, e s porq u e Dios la s h abla con sidera do in d isp en sa ­
bles pa ra g ra b a r e l respeto y ol tem o r de su l e y y de su sa n to H o m ­
bre Cn e l corazón do lo e h ebreos. E s im p osib le coaiprond er f?l esp íritu
del A n tiín io T e s ta m e n to , s i so ignora.qiftu 1¡ta re vela cio n es d e la s v e r ­
dades y d e las perfeccion es d iv in o s , han sEdo su cesiva s, a com odadas
siem pro s e g u o el tiem p o» á la ln lcU ircn cla d e lo s h o ra treg , y cftdo
v e z man e le v a d a s y puras b a s ta la u ltim a re ve la c ió n q u e nos ¿ a
m ostrado c u D ios e l ser p o r escelcn cia, de verd a d , de ju s tic ia , de am or
y de m isericordia.
Números >XH.'J'
HlAT. SAC. *
HISTORIA
ijiiu destruyendo á su pueblo, “ ,0 h Eterno! dijo él,
acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel tus sier­
vos; á los que juraste por tí mismo, diciendo : multi­
plicaré vuestro linaje como las estrellas del cielo.» Y
ni Señor se aplacó para 110 hacer contra su pueblo el
mal que habia diclio. Moisés descendió del monte con
.lusué, llevando <»n su mano las dos t ibias del testi­
monio; mas Josué oyendo el tumulto del pueblo que
daba voces, dijo A Moisés: «Oyese en el campo un grito
de guerra.» Moisés respondió; «X o es clamor de vic­
toria ni un grito de aflicción-, son cantos los que oigo.»
Habiéndose acercado al campo, vió el becerro y las
danzas impías- Arrebatado de santa cólera, arrojo de
su mano las tablas y las quebró al pié del nioiile, y
cogiendo el becerro de oro lo quemo y lo redujo ¡í
polvo que esparció en el agua, de la cual hizo beber
á los hijos de Israel. ¿¿Qué le ha hecho este pueblo,
dijo 4 su hermano Aaron, para que atraigas sobre él
mi pecado tan grande?» Colocándose inmediatamente
á la entrada del campo esclamó: «Acójase á mi cual­
quiera que esfó en favor del Eterno.» Los hijos df*
Leví se reunieron alrededor de él. y les habló de esta
suerte: «Habla el Eterno, el Dios de Israel: que cada
uno dita su espada, que recorra el campo y dé golpes
sin piedad.» Los hijos de Leví obedecieron y en esU?
dia murieron cerca de ¿3,000 hombres del pueblo.
Al dia siguiente subiu Moisés de nuevo al inonU'
llevando en la mano las tablas de pie ’ ra. El Eterno
descendió en una nube, y proclamó él mismo su san­
io nombre. «Y o soy el Eterno, dijo, el Dios misericor­
dioso y compasivo, benigno en castigar y generoso en
gracia y en verdad.» Moisés inclinado hácia la tierra
esclanió: «¡Seüorl yo te ruego, si es que he bailado
gracia en Lu presencia, que marches todavía con nos­
otros, porque este pueblo es de un corazon duro;
que nos perdones nuestras iniquidades y nos conser­
ves tu herencia.» La alianza con el Eteruu fué reno­
vada, y el Señor respondió: «Haré en presencia de
l.u pueblo milagros que no se han hecho en lodu
SAGRADA. 83
la tierra ni en ninguna otra nación: el pu eblo, en­
tre el cual te encuentras verá la obra nel Eterno.»
Dios anunció que arrojaría delante de su pueblo á. las
naciones impías (¡no habitaban la tierra prometida.
Repitió todas sus prohibiciones para preservar ;í lus
hebreos de la idolatría, y les prohibió los matrimonios
y las alianzas con aquellos pueblos;repitió mndios de
sus principales mandamientos y los hizo escribir pov
Moisés sobre nuevas tablas.
Moisés permaneció en el monte Sinni por espacio
de cuarenta clias y cuarenta noches con el Eterno, y
cuando descendió, 110 sabia que su rostro estaba ra­
diante. Aaron y los hijos de Israel viendo la brillantez
(le su cara no osaron acercarse. Moisés la cubrió con
un velo que levantaba para acerrarse ála. presencia del
Sefior, cuyos mandatos transmitía al pueblo con la
cara descubierta y resplandeciente, y despues bajaba
el velo hasta que iba de nuevo íl consultar al Eterno.
Habia llegarlo el tiempo de consLruir un monu­
mento, especie de templo portátil, que cautivó las m i­
radas y el respeto del pueblo, y fué 1111 medio podero­
so de dar unidad «i sus pensamientos y ásu culto. Era
menester que este monumento, que se llamó itrber-
nácuio, se pudiese armar fácilmente en todos los
campamentos de Israel, y el mismo Dios 110 se había
desdeüado de dar el plan de él á Moisés, el cual pi­
dió para este objeto donativos voluntarios al pueblo.
Hombres y mu jeres se presentaron en gran número y
pusieron á su disposición sus alhajas, sus lelas mas
preciosas, sus ricos toisones, y ofrecieron también en
abundancia maderas varas y perfumes esquisitos.
Las ofrendas escedieron bien pronto á las necesida­
des, y Moisés presidió los trabajos, cuya ejecución
fué confiada á dos hábiles artistas, Beseleel y Oliab.
Este monumento portátil debía ser tras formado en
templo cuando los hebreos se bailasen en pacífica po­
sesión d éla tierra prometida. Moisés, guiado siempre
por inspiración diviua, trazó el modelo: continuáronse
con calor los trabajos, y todo estuvo preparado para.
uo HESTOHM
el primer dia del primer mes del segundo aüo de la
salida de Egipto. Moisés, entonces, colocó el taber­
n á c u l o . Señaló un r G c in to de c i e n codos de l o n g i ­
tud (170 pLús poco mas ó menos), sobre cincuenta
de laLiLnd: cerróse con cortinas colgadas en columnas
de bronce. Las columnas, colocadas á cincuenta codos
de distancia unas de otras, estaban montadas sobre
capiteles de p ia la , y su base la formaban puntas de
bronce que se introducían en la tierra. En el primer
circuito, llamado el Paréis, se elevaba el pabellón del
tabernáculo, de treinta codos de larpo , doce de ancho
y diez de a l tu : sus paredes estaban formadas de tablas
cubiertas de planchas de oro: telas de lino de diversos
colores, y reunidas en forma de tienda, cubrían el in­
terior de este rico maderaje; y otras cortinas hábil­
mente tejidas, y forradas de pieles preparadas, se es-
tendian sobre la superficie esterior, y preservaban al
tabernáculo de las intemperies del aire. La puerta del
pabellón, como la del primer circuito, estaba hácia el
Oriente. Él interior se dividía en dos partes: el luyar
santo, que lenia veinte codos de largo, y el lugar de la
palabra ó el sania íle los sanios, que tenia diez codos.
Este estaba separado del primero por una cortina azul
celeste, púrpura y carmesí, que sostenían cuatro co­
lumnas doradas. El sanio de fos sanios encerraba el
Arca Sania , caja de un admirable trabajo y de una
madera odorífera : tenia dos codos y medio de longi­
tud (cuatro pies poco mas ó m enos), y sobre codo y
medio de altura y latiLud: en ella se hallaban deposi­
tadas las tablas del Decálogo. Una lámina de oro, lla­
mada el propiciatorio , cubria la parte superior del arca, »
y se terminaba á cada estremidad por un querubín de
oro de alas encorvadas.
Puso en el lugar sanio la mesa de los panes d ep ro-
posicion , sobre la cual estaban colocadas en dos pilas
doce tortas ácimas ó sin levadura, que perfumó con
incienso, y que se debían renovar cada siete días como
un homenaje de las doce tribus al Eterno. Moisés co­
locó el gran condekitmi de siete mecheros á cierta dis­
SACHADA. 91
tan da de la m esa, de la que estaba separado por e l
tilla r de los p e rfu m ts, y en el fondo del íUrio levantó
e l altar destinado A los sacrificio a , y sobre el que ja ­
más debía apagarse el fuego sagrado Habia una gran
lin a á la entrada del ¡lirio, de la cual debían los sacri-
fleadores sacar e l agua para purificarse. Tan pronto
com o se armó el tabernáculo, lo cubrió la nube d iv i-
11a , y por todas partes resplandeció la majestad del
•Eterno.
Hallábase ya todo preparado para el c u lto : tratá­
base de establecer sus ministros. .Moisés recibió la or­
den de consagrar A A a ron , su h erm an o, como sobe­
rano poiltLQce, y sus hijos como sacrilicadores. Ha­
biendo convocado á todo e l pueblo á la euLrada del
tabernáculo, purificó £L Aaron y a sus hijos, y los pre­
sentó á la asamblea de Is r a e l: después revistió 4
Aarort con el traje p o n tifica l, ciñéndole e l cinturón y
poniéndole el ephod ( I ) sobre la túnica de lin o , y
apretándola con el ceñidor la ajustó al ra cion a! (? ), cu
donde se hallaban grabadas oslas palabras: Uhim y
T u rs im , que significaban i>o<:tki.\a y vkkuad. Puso
ilespues sobre la cabeza de Aaron la tia ra , adornada
con una lám ina de oro, en ijuu se leia el santo nom bre
d e Jeiiovan (3): vislió también con sus trajes y orna­
mentos ¡i los hijos de .Varón , derram ó el aceite de la
unción sagrada sobre su padre y sobre e llo s , inm oló

Kl tphol e r a uo v e s tid o m uy rico y del m as fin o tujido, d el cual


la parto flju ú los esp ald as optaba adorm id a con una jjiúdrti prcciofiA*
« □ d o n d e f?c v jln n ¡fru ta d o ? los n om bríf* de fiéis Ixibus. D ebajo del
lle v a b a el pOttUficu o lrn túnica, a zu l celeste, c o le a n d o d « e lla
una cam p an illa d e o ro » qu e anunciaba su en tra d a cu ul lu ga r san to.
(2) 131 ra cio n a f era un tejid o d o b l" d e la n a , fo rm an d o un cu adrado
de ccrca de diez p u lg a d a s : iba c o le a d o Roüru al pepito p e r c&dentttae
quo se abrochaban las unas á la espalda d<>l c p h c d , v las o t r a » á l e
clD tora. L eía n se a llí los palabras Ifurim y T ^ b rtiim y adrin A sdoce p ie .
ü ra a c^pB j.ticlü í cobro c iia ti‘0 h ileras, qu e coutesiian cada una el n o < ^ .
b r c rr a u A d o de una tribu di* Isra el. Se bau hecho iniL coiij.-iu m fi a c e r ­
í a de las palabras Urim y Thum im , y sobre el m odo con qilii c i
E tern o respondía ai p ran sa cerdote. Don C a lm il refi.-re ud g ra n
níiniLTo, y pien sa qu e la s respu estas duda* oran una in spiración fntü-
rio r, ó una vo z ariiRuladn. E ^ a ílltin ia Opinión e s lib u a p o ya d a iior
•«1 sabio Prid «*u s. (ilit lo r i* He h t judíos^ lib r » 11ÍJ.
(3) .Tcfaovátl «¡¿ n iñ e a el qu e e s , y c lq u o su bsiste P^r bi m ism o.
LllSTOnU
mm victima, y les mandó que permaneciesen siete
días á ]a entrada del tabernáculo, velai.do en presen­
cia del Señor- El octavo dia convoco Moisés de nuevo
á los hijos de Israel, y eu presencia de todo el pueblo,
que escuchaba de pié con religioso silencio, qiandó ¡í
Aaron i|ne ofreciese ui. holocausto por sus pecados;
entró en seguida con él en el tabernáculo, salieron
juntos y bendijeron al pueblo de Israel La gloria del
Señor apareció entonces á todo el pueblo: una llama
celestial descendió sobre el altar y consumio el holo­
causto: en vista de es Lo, la multitud lanzó grandes gri­
tos , y cayó prosternada- Sin em bargo, habiendo lo­
mado Nadab y Abiliú , hijos de Aaron, cada uno su
incensario, pusieron fuego é incienso en ellos, ofre­
ciendo contra la orden espresa del Seiior fuego estra­
do ; y habiendo salido fuego del Seiior , los devoró y
murieron delante de él. Aaron guardó silencio, pero
Moisés llamando á Misael y á Elisaphan, les dijo: «Id,
y quitad á vuestros hermanos de la vista del santuario
y llevadlos fuera del campamento. i> Habiendo sido
ejecutada esta orden, dirigió Moisés la palabra á Aaron
y íi sus dos hijos Elea/ar é Uhamar, u ¡ciándoles; «No
descubráis vuestras cabezas, ni rasguéis vuestras ves­
tiduras, no sea que muráis y que se eslienda la indigna­
ción contra todo e! pueblo Lloren vuesLros hermanos
y toda la casa de Isra el, el incendio que ha suscitado
el Sefior: 110 salgais del tabernáculo, de otra suerte
perecer (lis, porque está sobre vosotros el oleo de la
santa unción.»
llespnes de esta escena imponente y terrible, pro­
mulgó Moisés la mayor parte de las leyes religiosas,
civiles y sanitarias que IHos dalia á su ¡pueblo, y para
asegurar su ejecución, hizo oír estas promesas profé-
ticas y sus santas amenazas : « í i maretíais según mis
estatutos, dice el Eterno, y si observáis mis preceptos,
os daré lluvias á su tiempo. La tierra producirá sn es­
quilmo, y los árboles se cargarán de frutas: comereis
vuestro pan con tranquilidad, y habitareis sin miedo
en vuestra tierra: perseguiréis á vuestios enemigos y
SACHADA.
caerán delante de vosotros; mantendrá mi alianza,
marcharé en medio de vosotros, seré vuestro Dios y
vosotros sereis mi pueblo. Pero si 110 me oyereis y
despreciáreis mis estatuios, volveré m i rostro conlra
vosotros, sereis vencidos por vuestros enemigos, y do­
minados por aquellos que os ahorre ten. Quebrantaré
la soberbia de vuestra dureza, haré vuestros laxos
como de hierro y vuestras tierras romo de hronre:
derramaré la peste entre vosotios, comereis y 110 os
vereis satisfechos; 110 respiraré el olor de vuestro in­
cienso; destruiré vuestras ciudades y os dispersaré por
toda la tierra.» Así es como Dios, por la boca de Moi­
sés, prometió las mas grandes bendiciones á los ob­
servadores de su ley , y amenazó á los prevaricadores
con los mas terribles anatemas.
En este misino año, el segundo de la salida (1<J
Egipto, mandó Dios A Moisés que hiciese el empadro­
namiento de los hijos de Israel por familia y por ca­
beza, el cual ascendía en las doce tribus, sin compren­
der la de L e v í, á 603,550 hombres que pasaban de
veinte afros. Moisés señaló á cada tribu su puesto
alrededor del tabernáculo, su jefe y su bandera.
Al Oriente debian acampar las tribus de Judá, de
Isachar y de Zabulón: al Mediodía, R u bén , Simeón y
Gad: los hijos de Ephraim, de Manassés y de Benja­
m ín, al Occidente: y los de Dan , Aser y Nephtalí, al
Septentrión. La tribu de Leví no habia sido empadro­
nada con las demás, poique asi lo habia mandado Dios
á Moisés, diciéndole : «Y o he tomado á los levitas en
lugar de todo primogénito de los hijos de Israel: que
ellos sean mios, los levitas, pues el dia que yo herí si
los primogénitos en la tierra ue Egipto , consagré para
mi todo lo primero que nace en Israel: que los leviLas
sirvan, pues, á Aaron, el gran pontifice ; que se en­
carguen de todas las funciones de mi culto y del ser­
vid o del tabernáculo, alrededor del cual acamparán.
A cada marcha desmontarán el tabernáculo y le lleva­
rán con los utensilios sagrados: á cada parada lo
armarán, y si un profano se acercase á e l, mori­
IIISTOEti;
r¡í ( 1}. v Los levitas se habian dividido en cuatro dife­
rentes clases ú familias; Las tres primeras, los gcrsoni-
tas, los caathitas y los mcrarilas, tomaban su nombre
de los t.rcs hijos dé Leví, de donde descendían, Gerson,
Caath y Merari: la cuarla dase era la inas elevada en
dignidad, y era la de los aaronilas, ó hijos de Aaron,
descendientes de Caath por Amnun. Aquellos solos
eran sacerdotes y sacrificado res: los caathitas llevaban
el Arca de la Alian/.a, y los vasos sagrados del taberná­
culo •. tina sola mirada temeraria bajo las cortinas que
cubrían el santuario, atraíala muerte sobre el culpable.
Moisés señaló A rada una de las principales familias de
LevI su cargo y sus funciones, bajo la vigilancia de
Aaron y de sus hijos, y los hizo consagrar á Dios por la
imposición de las manos de toda la asamblea do Israel.
La nube luminosa cubría siempre el santuario : en
fin , el dia 20 del segundo mes del segundo a ñ o , se
levantó aquella: las trompetas sagradas {'i) anunciaron
la salida, y el pueblo se conmovió: la tribu do Jndá,
con bandera desplegada, abrió la marcha, seguida de
las de Isaehar y Zabulón: despues siguieron las fam i­
lias levítiras de Gerson y de Merari, conduciendo el
tabernáculo: despues las de R u bén, Simeón y Gad se
adelantaron, y precedieron á los hijos de Caath en­
cargados del santuario y de la Arca Sania. Las tribus
de Ephraim, de Manassés, de Dan y de Senjamin, de
Aser y de Nephtali cerraron la marcha, que Moisés di­
rigió híicia el desierto de Pharan. La nube milagiosa
encendida durante el dia y sombría durante la noche,
indicaba cada parada y cada salida: los hebreos cami­
naban y se detenían ron ella. Cuando levantaban el
Arca, décia Moisés: «Levántate, S eñ or,y sean disipa­
dos tus enem igos, y huyan de tí los que te aborre­
cen. » Cuando la bajaban, decia : «V u élvele, Sefior,
hácia la multitud del ejércíLo de Israel.»

1
( ) 1
Núm . y Iir.
12) bijas de- Anron, tocando dar trómpelas que tenias el sob¡-
do d & p la ta m aciza, ü.iban ln acoal para la calida, les m a rch a », y lo.
c o n v o c a d o r) rlc lo s Jefun..
CAPÍTULO II.

rcrcgrinacion d e cn a ren la aíios cu d dcsie.io. — SuMevacionus.


-C astigos.—VicLorias.—lUliiuas palabras >lc Moisés: su m uerte.

(N ú m e ro s I — X . D eu tcron om io I. — X X X r V . )

1491. — 1451.

Esta nueva marcha al desinri o fu i notable por


nuevos murmullos. Una multitud de eslranjeros que
habían acompaiiado ú Israel fuera de Egipto, fueron
los primeros que esparcieron voces sediciosas. Se que­
jaran de que uo tenían mas que el maná por todo a li­
mento y echaban de menos las viandas de Egipto. En­
tonces Moisés dijo al Seüor: «Y o no puedo conducir á
todo este pueblo: es una carga muy pesada para mi.
y si vos no me ayudais prefiero la muerte.» El Eterno
respondió: « Reúne setenta hombres entre los ancia­
nos do Isi-ael: elige los ijue creas mas espcrimimlados
y á propósito para gobernar, llévalos á la entrada del
tabernáculo do la alianza, en donde yo los visitaré y
les daré una parle de Lu esplril.11, ¡j fin de que sosten­
gan contigo el peso del pueblo.»
Moisés obedeció: reunió, ■setenta hombres de los
ancianos de Israel alrededor de la í.ienda de asigna­
ción y profetizaron. Habiéndolos oido Josué, dijo A
Moisés: uSefior, ellos profetizan, prohíbeles que lo
liaban. — ¿Tú eres celoso por mi gloria? respondió
Moisés: ojalá que no hubiese sino profetas entre el
96 insToniA
pueblo del Eterno y que el Seíior infundiese su espí­
ritu en ellos.» Levantóse nn gran viento de la otra
parte del mar y se renovó el prodigio de las codorni­
ces, yendo á caer mía nube sobre el campamento de
los hebreos, los cuales comieron con avidez de este
alimento supérlluo, y mía súbita aiorlaiidad les hizo
ver que Dios puede castigar ¡í los que no se contentan
non el alimento que les concede.
Moisés esperinientó desobediencia y sublevación en
el seno mismo de su familia. Se ha visto ya el castigo
de Nadal y de Aliihu, liijos de Aaron: inmediatamente
el mismo Aaron y María, su hermana, disputaron á
Moisés su autoridad y le reprendieron su matrimonio
con una estranjera. Dios liuo justicia á su profeta y
castigó á María con una lepra que no se la quitó sino
¡i megos de Moisés.
En fin, despues de numerosas fatigas v de largas
escui'g.iones por medio del desierto, Israel armó sus
tiendas en Cades, en Rithina y en la soledad de Pila­
ran al Mediodía de la tierra prometida. Escogiéronse
doce espías en las doce tribus para esploiar el país.
Después de cuarenta dias de ausencia, volvieron car­
dados de frutos esquisitos y de un racimo de uvas,
cuyo peso sostenían dos hombres. Habiéndose presen-
lado ante la asamblea tle Israel, dieron cuenta de su
misión y ponderaron la admirable fertilidad del terre­
no ; pero todos, á escepcion de Caleb y Josué, exage­
raron cobardemente la Tuerza de los habitantes del
país y las dificultades que ofrecia su conquista Al es­
cuchar esta relación infle! y falta de verdad, el pueblo
se llenó de terror, y toda ía asamblea prorumpió en
gritos y gem idos: « ¡ One no hubiésemos muerto en
E gipto! repetían los hebreos, ¿para qué nos lia hecho
venir el Eterno hasta aquí para que muramos al filo de
la espada? Nombremos un jefe que nos conduzca otra
vez al Egipto.» A estos gritos y á este tumulto Moisés y
Aaron, desesperados, se postraron en tierra delante de
toda la multitud de los hijos de Israel: Josué y Caleb
rascaran sus vestidos y desmintieron la relación de los
SAGRADA.
impostores, diciendo': « La tierra es muy buena, y si
el Señor nos fuere propicio nos la dará.» Pero el pue­
blo no quiso oírles y trató de apedrearlos: entonces
apareció la gloria del Señor en el santuario y dijo á
Moisés: t ¿Hasta cuándo me desacreditará ese pueblo?
” ' J ’ han de creer cou todos los pro-
delanle de él? Yo le enviaré
la peste y le destruiré y ¡i lí te liaré caudillo de una
nacirai mas. grande y poderosa que él. «¡O lí Eterno!
esdaraó entonces Moisés, perdona la iniquidad de este
pueblo segrm la grandeza de tu misericordia.» El Eter­
no respondió: « He perdonado conforme á tu súplica:
puesto que, como es verdad, yo soy el Dios de los vi­
vientes, juro que los hombres que han sido testigos de
mi gloria y de los signos hechos por mi y que no me
han escuchado, no verán jamás el país que he prome­
tido ;i sus antepasados; sus cuerpos ya cadáveres sé
pudrirán en el desierto, y sus hijos andarán errantes
ea él por espacio de cuarenta años hasta que los cadá­
veres de sus padres estén consumidos; pero f.aleb y
Josué verán este país y conduciré ;í él á los hijos
y nietos de este pueblo. Volved, pues, ahora hacia el
mar Rojo, porque Amalee y el Cananco habitan estos
valles.»
Los espías cuya falsa noticia habia escitado esta
sublevación murieron de una plaga enviada por el Se­
ñor, cuyas palabras refirió Moisés ¿i los hijos de Israel
y hubo un gran luto en el pueblo. Al dia siguiente,
cambiando de pensamiento, los hebreos, llenos de una
audacia temeraria, quisieron atacar á Amalee, á pesar
de Ja prohibición del Señor: dejaron en el campo .1
Moisés y al arca santa y se lanzaron delante del ene­
migo. Amaleo y los canancos bajaron de las montanas,
vencieron á Israel y le persiguieran hasta Horma.
Moisés habia dicho, hablando de sí mismo ( 1), que
él era el mas amable de los hombres; pero estaba tam-

(lj Números, X I], 3.


98 ItrSTOlUA
bien bajo las órdenes de Dios, jefe y legislador de un
pueblo que en sus destinos llevaba los del miando.
Este pueblo, compuesto no solamente de hebreo?, sino
también de una mezcla de diversas colonias egipcias,
y embrutecido por una larga esclavitud, tenia necesi­
dad de ejemplos terribles y de casligos prontos para
someterse á la obediencia.' para formar una nación
capaz de triunfar de sus enemigos y dé subsistir largo
tiempo fuerte y unida. De aquí la absoluta necesidad
para Moisés, eri el primer paso de su vida política y
civil, de hacer violencia á sn bondad natural, de olvi­
dar que era el hermano de su pueblo para acordarse
que era también su juez, y que Dios, desplegando sus
rigores sobre una generación corrompida, condenán­
dola A estingnirsc en el desierto, 110 tenia mas objeto
que asegurar de este modo el porvenir glorioso de las
generaciones futuras Frecuentemente salieron de la
boca de Moisés sentencias de muerte desde el terrible
castigo que impuso á los adoradores del becerro de
Oro, y debió mostrarse inexorable con los primeros
infractores de la ley divina El respeto profundo al
santo nombre del Eterno y el descanso absoluto del
sábado ó sétimo dia, eran los principales precentos de
la ley. Moisés, despues de haber oído la voz divina,
hizo conducir al suplicio y apedrear A dos hombres
que los habian quebrantado, el primero blasfemando
el nombre del Kterno (1) y el segundo trabajando en
el dia del sábado (?).
Nuevas sublevaciones estallaban sin cesar alrede­
dor de ¿I. Tres levitas, Core, Datlian-y Abiron se le­
vantaron contra Moisés y su hermano y les disputaron
su poder. «Todo este pueblo, dijeron ellos, ¿no es nn
pueblo de sanios? El Eterno está en medio de ellos,
¿porqué, pues, os eleváis sobre el pueblo del Eterno?»
Moistfs respondió a Core: « Mañana hará Dios conocer
el que es santo; presentaos mañana delante del Eterno,

(1) L evíiico, X X IV .
( 2) Números., X V , M.
SAGIUDA. oa
Aaron sft presentará también, y teued cada uno vues­
tro incensario en la mano.» Al dia siguiente los rebel­
des se presentaron, así como Aaron y Moisés, á la en­
trada de la tienda de asignación. «Alejaos, dijo Moisés
al pueblo, retiraos deL lado de esos malvados poique
no seáis envueltos en su castigo.» El pueblo se alejó,
pero los levitas sediciosos se mantuvieron & la en liada
de su lienda con sus mujeres, sus hijos y sus nietos.
«Si estos hombres, dijo Moisés, salvan su vida, no soy
enviado del Sefior; mas si, al contrario, la tierra abre
su seno y los traga con todo lo rjue les pertenece y des­
cienden vivos al infierno, sabréis que han blasfemado
contra el Seiior.» Apenas hubo acabado de hablar
cuando la tierra se abrió bajo sus pies y se los tragó,
juntamente con sus tiendas, descendieron vivos al in­
fierno cubiertos de tierra y perecieron en medio de la
multitud. Todo Israel huyó á los gritos de los que pe­
recían, diciendo: «N o sea que ú nosotros nos trague
también la tierra..» El fuego divino mató también
á doscientos cincuenta hombres del partido de los re­
beldes que ofrecían el incienso. Estallaron entonces
nuevos murmullos de todas partes, amenazaron á
Moisés y á Aaron, diciendo: «Vosotros habéis hecho
morir al pueblo del Eterno » La nube divina descen­
dió al momento sobre el tabernáculo de la alianza, y
la cólera del Señor se esparció sobre Israel en un fuego
devorador. Moisés y Aaron, colocados entre los vivos y
fos muertos, rogari-n al Señor por el pueblo y cesó la
plaga, pera solamente despues de haber muerto á los
mas culpables.
Dios quiso despues de esto confirmar el sacerdo­
cio de Aaron, con un nuevo milagro. Entre doce va­
ras, emblemas délas doce tribus de Israel, la de Aaron
de la tribu de Leví fui: la única eme floreció á la vista
de lodo el pueblo. Salieron de ella hojas y llores que
produjeron almendras. «Con esta señal; liabia dicho
el Señor, conoceréis el (jue yo escogiere:» y quiso que
en memoria de la mansión en el desierto, la vara flori­
da de Aaron y un vaso de maná fuesen depositados
loo HÍSTOIUA
en el Arca de la Alianza, cerca de las Labias de la
ley En
(1)-fin, despues
, J ,
de diez y siete campamentos en el
desierto y álos cuarenta aiios de peregrinación, Moi­
sés se dirigió al pais de Canaan. En eL desierto de Sin,
en Cades, fué donde sn gloria recibió la única man­
cha que la deslustró. La falta de agua habia estilado
una sedición: Dios mandó al profeta que hiciese salir
una fuente de una roca tocándola con su vara: un
movimiento de desconfianza conmovió al corazon de
Moisés y de Aaron: dudaron del cumplimiento de este
prodigio, y Moisés locó dos veres la roca, de la que
salió al momento una fuente abundante. Dios 1c dijo
entonces: «Tú y lu hermano 110 habéis creído en mí
para glorificarme á los ojos de Israel: no introduci­
réis, pues, este pueblo en la tierra que yo le daré.»
Esla predicción no tardó en cumplirse con respeo
to á Aaron. «Tom a á .Varón y á su hijo contigo, dijo el
Eterno á Moisés, y los llevarás sobre el monte de Hor,
y despues de desnudar al padre de su vestidura se la
pondrás á Eleazar su hijo: Aavon se reunirá ¡i sus pa­
dres y morirá en este lugar.» Moisés hizo como lo
habia mandado el Señor, y subieron al monte de Hor
¡1 la vista de todo el pueblo. Moisés hizo despojar ¡i
Aaron de sil ropa y se la puso :i su hijo. Luego que
Aaron murió en la cumbre del monte descendió Moi­
sés solo con Eleazar. El pueblo habiendo sabido la
muerte da Aaron, lloró por él treinta (lias. líleaxar le
sucedió como soberano pontífice.
El país de los idumeos separaba á Israel de Ca­
naan, y el pueblo de esta comarca negaba el paso A
los hebreos. Moisés no le atacó por respeto á la me­
moria de Abraham, de quien descendía este pueblo
por Ismael y Esaú y dió un largo rodeo para llegar á
la tierra prometida. Los hebreos se incomodaron y se,
sublevaron; pero fueron castigados con serpientes
venenosas cuya mordedura era mortal. Sobrecogido

(1) Ei. XVI, 28. Núm. XVII, 10.


SAGRADA. 101
el pueblo de espanto imploró á Moisés, el cual reci­
bió órdeu del Señor para hacer una serpiente de bron­
ce y ponerla por seual, prometiendo la curación íi to­
do israelita herido que fijase en ella la vista. En fin,
los hebreos doblaron la punta meridional del mar
Muerto, so volvieron hácia el Jordán, y no pensaron
ya inas que en la conquista. Dos príncipes poderosos,
Sehon, le y de losamorreos, y Og. rey de Basan, g i­
gante indómito cuyo lecho de hierro tenia nueve co­
dos (1), ocupábanla orilla oriental de este rio desde
Anión hasta cerca del Líbano. Ambos intentaron opo­
nerse al paso de los hebreos, pero fueron vencidos y
desalojados. Balac rey de Moab y de Madían, con la
esperiencia de este ejemplo recurrió á otros medios
de resistencia, y quiso combatir por el poder de las
maldiciones celestiales. Se dirigió, pues, á un hom ­
bre célebre llamado Balaani, que tenia reputación de
adivino ó profeta y le esciló por medio de ricos pre­
sentes ¿m aldecirá Israel. Balaain se dejó seducir, á
pesar de las inspiraciones de una voz interior, ensilló
su burra y se dirigió hácia los jefes de Moab. Presen-
tósele de repente en el camino un ángel que llevaba
en la mano una espada desenvainada , y la burra
que lo vió retrocedió espantada : mas como fialaam
usase de violencia para hacerla caminar, permitió
Dios que hablase el animal, y que recordare 4 sn
amo su deber. Ualaain entonces abrió los ojos; vió al
ángel del Eterno y se prosternó delante cíe él. «Jíu
pecado, le dijo, y si tú quieres volveré.— Prosigue tu
camino, respondió el ángel, y guárdate de hablar otra
cosa que lo que te mandare,» y se fu i á encontrar á
Dalac, el cual salió á recibirle, eu un pueblo de los
moabitas, que está situado en los últimos términos de
Arnon, en donde lVilaam erigió siete altares, é inmo­
ló sobre cada uno de ellos una víctima: pero Dios ha­
bló por su boca, y en lu^ar de las maldiciones que
esperaban de Balaam, este bendijo á Israel en este

(1) Deuteronomio ni, V, n.


m STORfA
magnifico y majestuoso lenguaje. «¿Por ventura mal­
deciré yo á Jacob, ú quien lodo un Dios no ha malde­
cido? Desde las nías altas rocas lo veré, y desde los
collados lo contemplaré, ¡lié aquí este pueblo que en­
tre las naciones será solo y único! ¿Quién podrá con­
tar el polvo de Jacob y saber el número de la estirpe
de Israel? Muera mí alma de la muerte de los justos,
y mis postrimeros momentos sean semejantes á los de
estos.-» Balac entonces dijo á Balaani: «¿Qué es lo que
haces? Te he llamado para que maldijeras íi mis ene­
migos, y los bendices.» Al cual respondió: «¿Puedo
por ventura hablar otra cosa sino lo que mandare el
Señor?— Yen, pues, conmigo á otro lugar, replicó Ba­
lac, y desde allí maldice por mi á Israel.* Condnjo á
Balaam á la cima de otra montaña, desde donde el
profeta esclamó: «¡Pon te en pié, Balac! escucha,
atiende mis cantos, hijo de Sephor ¿Es Dios como el
hombre para que míenla, ni como el hijo del hombre
para que cambie sus decretos? ¿se resolverá y no obra­
rá? ¿Hablará y no cumplirá su palabra? lie sido traído
aquí para bendecir y 110 puedo impedirlo. No hay
magia contra Jacob» ni augures contra Israel. Jeho-
vah, sil Dios que le ha sacado de Egipto, está con él.
lié aquí el pueblo que como leona se levantará, y co­
mo leoii se aliará y que no se ochará hasta que de­
vore la presa y beba la sangre de sus enemigos.— No
le maldigas, dijo entonces Balac, pero deja también
de bendecirlo.» lialac llevó despues al profeta á la ci­
ma del monte de Phogor que domina el desierto. Al­
zando allí Balac la vista, descubrió todo el campo de
Israel, y lleno del espíritu divino, esclamó. «¡Cuán
hermosas sou tus tiendas, oh Jacob!..... ¡Cuán bri­
llantes tus pabellones, olí Israel! Como valles con bos­
ques, como huertas de regadío junto á los rios, como
tiendas que fijó el Señor, como cedros cerca de las
aguas. Benditos sean los que te bendicen, y cualquie­
ra que te maldiga, sea maldito1 . Nacerá una estrella
de Jacob, y de Isiael se levantará una vara oue herii'íl
A los los caudillos de Moab, y destruirá á todos los hi­
SAG1UHA. Ii>3
jos de SeLh: la Idumca será su posesion y pasará á sus
enemigos la herencia del Seir; pero Israel procederá
esforzadamente. Saldrá de Jacob el que domine: Ama­
lee perecerá Y tú, P.ineo, lu morada es fuelle, y es­
tablecida como na nido sobre la roca, ¿pero cuánto
tiempo subsistirá? ¿líasta dónde te conducirá cautivo
el Asirio?" Balaam permaneció en silencio y su pensa­
miento prol'ctico abrazando los siglos pasarlos, repu­
so: » iOh desgracia!. ,, ellos vendrán de Italia en sus
navios, arrasarán la Asiría, perderán á los hebreos y
perecerán ellos mismos » Tal fué la célebre predic­
ción de Balaarn y uno de los mas preciosos monu­
mentos de la poesía hebrea
El profeta volvió á su país y no se separó sin dar
al rey un consejo funesto para los hebreo? ( 1J. Dijo
que éste pueblo, hallándose bajo la protección divina,
era menester hacerlo indigno ríe ella, corrompiéndo­
lo con deleites impuros, Balac siguió este consejo:
envió tina multitud de mujeres depravadas, que ar­
rastraron d muchos israelitas á la iaolalria, y ati-aje-
ron sobre ellos un justo y terrible castigo. Moisés
mandó castigar á lo? culpables l!no de ellos llamado
Zamri tuvo la audacia de cometer el delito de fornica­
ción en medio del dia í presencia de lodo el pueblo.
En vista de esto Phinees, hijo de Eleazar, levantán­
dose de en medio de la multitud y arrebatando un pu­
ñal, atravesó de un golpe al israelita y á la mujer
madianita que le habia seducido. Este ejemplo fué
saludable y Moisés despues de haber llorado los peca­
dos del pueblo, prometió á Pliinees en nombre del
Sefior, que en recompensa de su celo se daria el sa­
cerdocio á su descendencia, despues de <31, por un
pacto eterno. El pueblo corrompido de Madian fué
condenado al esleí-minio. Mil hombres de cada tribu
de Israel marcharon contra él: el país fué devastado,
las ciudades incendiadas y los habitantes pasados ¡i
m chillo, Moisés, secundado por el celo ardiente de

0) Níim. X X X I, IS. 18.


H is t . S a p . V
HISTORIA
Planees hizo ejecutar el decreto del Señor contra lis
mujeres impúdicas ijuo habian hocho pecar & Israel,
y dispuso ln disHbncion del botín: una parte fufi se­
parad; i para « l culto, y lo demás se distribuyó entre
el pueblo y los gcerreros
Por aquel tiempo eu las campañas de 'fonb, turo
lugar el segundo empadronamiento, y se observó que
se nahia cumplido la amenaza del Eterno: la genera­
ción do Egipto ya no existía.
Moisés lleno todavía de Tuern y de vida, habia lle­
gado á la edad de ciento vsinte aüos: y se acercaba ya
el término señalado A su carrera por la Providencia,
del cual habiendo sido avisado por Dios, le suplicó
que lo diese un sucesor. Jor.ué, hijo de Nun, fue ele­
gido para sucederle. Moisés lo presentó al pueblo y al
pontífice, y lo declaró solemnemente por la imposi­
ción de las manos. Permitió después á las tribus de
Gad y de Ruhen que se establecieran al Oriente del
Jordán, habiéndoles hecho jurar antes, que ayudarían
A sus hermanos en la conquista de la tiorraprometida:
conc3díó la misma gracia 4 la mitad de la tribu de
Manassés, y para evitar toda discordia, fijó de antema­
no los límites del país de que debía apoderarse Israel.
Los cuarenta años de peregrinación tocaban su
lórinino: la leimracion nacida en el desierto, no habia
presenciado los prodigios del monle Sinaí: Moisés
consagró sus últimos dias á presentarle el cuadro de
sus leyó*, de sus instituciones y de los destinos de
Israel. Los hebreos estaban todavía acampados en los
valles de Moab- al Oriente del Jordán, y se reunían
lodos los dias para o irá Moisés, quien después de ha­
ber dado cuenta de su ministerio y de los grandes
acontecimientos que habian marcado su curso, diri­
gió al pueblo estas imponentes exhortaciones. «Escu­
chad, pueblo de Israel, al Seüor vuestro Dios, al Dios
solo y único. Amareis al Eterno con todo vuestro co­
razón, con toda vuestra alma y con todas vuestras fuer­
zas: que sus mandamientos se graben en vuestros co­
razones. Instruiréis en ellos A vuestros hijos, los me-
SACHADA.
dilatéis en vuestras casas, en los caminos por donde
marchéis, por la noche y por la mañana al dispertar:
los ligareis ¿vuestras manos: los grabareis en el um­
bral y sobre las puertas de vuestras casas, y cuando el
Eterno os haga entrar en la tierra que prometió con
juramento á vuestros padres Abraham, Isaac y Jacob,
y os dé grandes y hermosas ciudades que no habéis
edificado, vinas y olivares que no habéis plantado,
cuidar mucho de 110 olvidar que el Señor o* sacó de
la tierra de Egipto, de la morada de servidumbre'
no temáis á otro que al Señor, 110 sirváis mas que
á. é l , y no juréis sino por su nombre. TS'ü haréis
alianza ni matrimonio con los pueblos de C/niaan:
porque sus hijas seducirán á vuestros hijos y les lia­
rán abandonar vuestro Dios por los dioses estrados.
Derribad sus Hitares, y romped sus estatuas, porque
el Eterno os ha escogido por su pueblo entre todos los
pueblos de la tierra.»
Moisés pronunció el anatema contra las naciones
caíianeas que mandó esterminar. «El Eterno, dice
él, pasará por delante de vosotros como un fuego
devOrador, que las consumirá y las reducirá á ceniza,
según su palabra; pero entonces uo digáis en vuestro
interior que por vuestros méritos os hace entrar el Se­
ñor en esta tierra, porgue estas naciones serán des-
truidas á causa de sus impiedades. Sabed qne uo es
por vuestra jusLicia por la que el Eterno os hará poseer
usté hermoso país, porque sois un pueblo duro 6 inflexi­
ble. No olvidéis jamáMiasta qué punto, y cuántas v e ­
ces habéis provocado la cólera del Eterno, desde vues­
tra salida de Egipto hasta este lugar en que estamos.»
Moisés recordó ¿i los hebreos todas sus quejas, sus
sublevaciones, los prodigios que el Seüor había obra­
do á su vista, y los favores de qne les había colmado,
y les dijo: «Cuando Dios os haya hecho entrar en la
tierra que os ha dado, por la cual corren ríos de leche
y miel ( i ) despues de haber pasado el Jordán, levan-

(l)._D «U t. X I , » ; X X V II.
HISTORIA
taréis sobre el monte Hebal un altar de piedras que el
hierro no haya tocado-, ofrece reís en él holocaustos y
hostias pacíficas: grabareis sobre estas piedras todas
las palabras d éla ley, y la mitad de las tribus se colo­
cará sobre el Gam im para bendecir, y la otra mitad
sobre el monte Hebal para maldecir.» Moisés sefialn
ta fórmula terrible de las bendiciones y maldiciones
que debían pronunciarse entonces por los levitas. «-Si
escucháis la voz del Eterno, añade todavía, el Eterno
vuestro Dios M) os elevnrá sobre todas las naciones:
110 solo sereis oenditos en la ciudad, sino que lo sereis
también en los campos, y p 1 Seíior formará de vos­
otros un pueblo santo, según lo ha jurado.....Pero
si no escucháis la voz del Eterno vuestro Dios, si no
guardais, ni observáis sus preceptos, sereis malditoseir
la ciudad y malditos en los campos. El Eterno derra­
mará entre vosotros la indigencia y el hambre.....Os
hará caer delante de vuestros enemigos, marchareis
contra ellos por nn solo camino, y huiréis por siete
diferentes. Dios os entregará á vosotros y al rey que
hayais establecido sobre vosotros, á naciones desco­
nocidas.....llar«1 levantar y llamará de las extremida­
des de la tierra un pueblo que se arrojará sobre vos­
otros como el ápuila sobre su presa, pueblo fiero é in­
solente, cuya lengua no entendereis, y que no tendrá
ni respeto & los ancianos ni compasion á los niños.
Este pueblo os sitiará en vuestras mismas puertas; las
murallas alias y fuertes en que pongáis vuestra con­
fianza se desmoronarán y devorareis á vuestros hijos
y ¡í vuestras hijas.....Por la mañana diréis: ¿por qué
no llega la noche? y por la noche esclamareis: /.cuán­
do llegará la mañana'? tal será el espanto de vuestro
corazon, y ’tan terrible el espectáculo que afligirá vues­
tros ojos.»
En seguida Moisés renovó entre el SeBor 6 Israel
la alianza hecha sobre el monte Iloreb. Repitió los
c-astigosreservados á los prevaricadores, y dijo: «Guan-

[!> Drnl.XXVU.
SACtUlH.
do las naciones estranjevas y su posteridad vean los
males y la desolación con que Dios afligirá á este país
v á nuestros hijos, preguntarán: ¿por qué el Eterno
lia castigado así á este pueblo? ¿De dónde viene el r i­
gor de su cólera? Entonces se le responderá: por haber
este pueblo abandonado la alianza del Eterno hecha
non sus padres cuando les hizo salir de Egipto, el
litenio lo arrancó de su país con furor y lo arrojó á
una región estraña. Pero entonces, si meditáis y os
arrepentís, colocados entre estas naciones en medio
de las cuales os habrá arrojado D ios, si volvéis d él,
sí obedeceré su voz, el Eterno tendrá compasion de
vosotros, os reunirá de lodos los puntos en que os ha­
lléis dispersos, y aun cuando vuestro destierro esté
en las estremidades del m undo, el Eterno os juntará
y os llevará, al país que poseyeron vuestros padres y
vosotros le poseereis también. El cielo y la tierra
son' testigos de que he puesto delante de vosotros
la vida y la muerte, la bendición y la maldición:
escoged la vida, á íln de que viváis vosotros y vuestra
posteridad, y que habitéis sobre la tierra que Dios lia
prometido á vuestros antepasados, á Abraham, ú Isaac
y á Jacob (I).®
Moisés pronunció estas palabras delante de todo
Israel, y dijo i continuación: «Me hallo ya á la edad
de ciento veinte anos: no podré de aquí en adelante
ir y venir; y el Eterno me ha dicho; T im o pasarás el
Jordán: el Eterno, vuestro mismo Dios, marchará de­
lante de vosotros, y destruirá las naciones de esta re­
gión, y Josué os conducirá..... Setl fuertes y valien­
tes, 110 temáis, porque el Eterno está con vosotros.»
Moisés llamó á. Josué, dirigióle estos consejos y
exhortaciones, despues entregó á los sacriPicadores, í
los hijos de Levi, y 4 los ancianos de Israel, el libro
de la ley. «Dentro de siete dias, les dijo, en la época
marcada para la fiesta de los tabernáculos, cuando lo­
do Israel venga á presentarse delante del Eterno, ha-
(1) L a d esp ed id * de Moisés en cierra u n a s é r le adm lrablo de predlc.-
elQO«e qu e tod as han Bldo cum plidas.
liiSTQRU
reis que s b reúna todo el pueblo, hombres, m u j e r e s y
niños, y el estranjero que se halle con vosotros, á tln
de qne oigan, aprendan y observen todas las palabras
de este Libro, y para que vosotros le leáis en presen­
cia de lodo Israel..... Tomad este libro, colocadle a)
lado del arca de la alianza del Eterno, vuestro Dios, y
que sea como un testimonio contra Israel; porque es­
te pueblo es duro de corazon, conozco su desobedien­
cia, y si ha sido rebelde aL Eterno durante m i vida y
mientras he vivido con él, ¿cuánto mas rebelde no se­
rá después de mi muerta?»
Viendo Moisés que se acercaba su último término,
habló todavía una vez á todo el pueblo reunido, y
lleno de un transporte profético, esclamó; »0id, cie­
los, lo que voy á decir, oiga también la tierra las pa­
labras de mi boca. Condénsese como la lluvia m i doc­
trina, derrámese mi habla como el roclo sobre el
arbusto, como los torrentes sobre la yerba; porque
invoco el nombre del Seüor. Perfectas "son las obras
de Dios, y en todos los caminos es justo é Integro. Si
sus hijos pecaron, ¿es por ventura suya la culpa? No,
la vergüenza es para elLos. Raza pervertida y deprava­
da; pueblo insolente y sin inteligencia, ¿no es Dios tu
padre que te poseyó, te hizo y te crióí preguuta á tus
ascendientes y te dirán; el Eterno ha encontrado á Ja­
cob su pueblo en una soledad en medio de espantosos
alaridos: él lo ha preservado y defendido como á la
niña de sus ojos, y como el águila que escita A volar
sus polluelos y que los lleva sobre sus alas: de esta
suerte Jehovah es solo el que lo ha dirigido: él lo ha.
conducido sobre las montañas y alimentado en abun­
dancia..... pero sus hijos le abandonarou haciendo
sacrificios á los demonios y i nuevos dioses que sus
padres no adoraron jamás. Jehovah lo ha visto; ha
^chazado íi sus hijos é hijas y ha dicho: yo apartaré
rni rostro de su presencia, apuraré mié flechas contra
ellos.....Jehovah juzga>á á su pueblo y cuando su
piedad se retraiga y su poder se debilite, él tendrá
compasion de ellos y dirá: ¿en dónde están vuestro»
SAGLUUA.
dioses? ¿en dónde la roca eu que poníais vuestra con­
fianza'? ¿en dónde la piedra que recibía la grasa de
vuestras víctimas y absorbía el viuo de vuestras liba­
ciones? que se levanieu y vengan á vuestro socorro■
Ved que yo sov solo, y que no hay otro Dios sino yo.
A m í me toca ía remuneración ó la venganza: & m i el
malar ó dar la vida: yo hiero y curo, y no hay quien
pueda librarse de mi mano, poique yo toco los cielos
ron ella y soy toda la eternidad.....Alabad, naciones,
y felicitad al pueblo de .íchovah, porque venga ta
sangre de sus siervos, ejerce su veugaiuacoii sus ene­
migos y se reconcilia con su pueblo.»
M o t ó bendijo despues á cada Iribú, y no pensó
ya mas que en morir. En vano lmbia imploiado del
Señor la revocación de la sentencia pronunciada con­
tra él. «¡Oh Dios! habia dicho: acaba de manifestarme
tu gloria: que yo pase el rio, yo te lo suplico, y que
yo vea ese hermoso país que está al otro lado del Jor­
dán, sus ricas montañas, y su precioso Líbano.» La
sentencia no se revocó, pero Moisés recibió la prome­
sa de que vería antes de su muerte la patria de su
pueblo. En el moineuto designado por el Señor subió
solo desde las llanuras de JIoab al monte Abarin ó
Nebo, desde donde sus ojos vierou la tierra prometi­
da, la corriente del Jordán, las colinas de Galaad, to­
do el país de Judá, el mar y los campos de Jericó con
sus palmeras: díjole entonces el Eterno: «He ai]ni el
país que prometí con juramento á Abraham, á Isaac y
i Jacob, y que daré á tu posteridad: he querido que lo
vieras, pero no entrarás en él. » Moisés siervo de Dios
murió, pues, allí en el país de Moab, según la palabra
del Eterno, y enterróle el Señor frente de Phogor, y
no supo hombre alguno su sepulci o hasta el dia de
hoy. Lloráronle los hijos de Israel por espacio de
treinta dias en las campiñas de Moab. Hasta el tiempo
de Cristo no hubo en Israel un profeta como Moisés, á
quien el Seíior conociese cara á cara, ni que h aya he­
cho grandes prodigios y obras maravillosas delante de
lodo el pueblo de Israel.
CAPÍTULO 1LI.

Legislación de los li.-bieos.—Cuusidcraqioucs. generales sobre


Moisés y sus obras.

Para juzgar bien á Moisés, para comprender el plan


de la sabiduría suprema, que lia suscitado é inspirado
este hombre estraordinario en el momento en que Is­
rael y el mundo tenia necesidad de él, conviene, des­
pues de haberlo considerado como jefe y conductor
de su pueblo, bajo la autoridad del mismo Dios, estu­
diarlo igualmente como legislador y formarse uua
idea justa do todas sus leyes; de Las cuales no pode­
mos presentar aquí sino ún sucinto análisis por no
permitirlo los estrechos límiles de esta obra.
El objeto de la sabiduría divina, inspirando á Moi­
sés, era . formar un pueblo, que conservase sobre la
tierra, con el conocimiento de la unidad de Dios, las
tradiciones sanias que recordaban al hombre su ori­
gen y los divinos oráculos que debiau preparar los
ánimos á la espera del Mesías, y hacer reconocer su
palabra por la del mismo Dios. '
La legislación de Moisés era enteramente teocráti­
ca, porque el Dios de Israel se proclamaba el autor,
tanto de las instituciones políticas como de las religio­
sas: se emjienalja en sancionarlas paia eL porvenir y
en castigar á sus infractores. Dios era, pues, el verda­
dero monarca de Israel, y aunque las leyes de Moisés
pudieseu dividirse en muchas clases, tendían igual­
mente hácia el misino objeto, y dependían de la ley
SAIjllAUA. 111
religiosa, de donde traían su origen y su poder. P u e­
de dividirse el código entero de las leyes de los h e ­
breos, adem as de los diez m andam ientos com prendi­
dos en el Decálogo, en cinco clases.
1 ,* L eyes relativas al culto y á las cerem onias;
2 .» L eyes políticas, m ilitares y civiles;
3 .* L eyes mótales;
4 .* L eyes sanitarias;
•V* L eyes penales.

LEY ES PA H A EL C tl.T O .

Las leyes relativas al culto tratan de los deberes


generales y particulares para con Dios y para con los
sacerdotes, y de las relaciones de los ciudadanos entre
sí, por lo tocante al culto y sus cerem onias. Estas le­
y e s están m u y m ultiplicadas en los libros de Moisés:
su objeto es evitar la idolatría, Ala que Israel se h alla­
b a tan inclinado, é im prim ir fuertem ente en las alm as
el tem or del Eterno, del Dios ú n ico. De aquí la m u lti­
tud de cerem onias que debian hablar á los sentidos de
una raza ignorante, ruda y carnal: de aquí la m ultitud
de ritos que obligaban al pueblo ¿i ocuparse sin des­
canso de su culto y de su fé, y de aquí en fin la m u l­
titud de uenas severas contra toda profanación y toda
im piedad.
Las ley es Ajaban: 1 .® la gerarquía, el poder, las
funciones, las rentas de los m inistros de la religión:
2 .° el lu ga r de la celebración del culto, el núm ero, la
especie y el m odo particular de los diversos sacrificios:
3 .* las fiestas q u e era preciso observar.
El je fe del culto se llam aba soberano pontílice o
gran sacriflcador. S u cargo era hereditario en la pos­
teridad de Aaron. Se le consagraba, así com o á los sa­
cerdotes, por la unción santa,"por la im posición de las
manos, por la rociadura de la sangre de las víctim as,
revistiéndolo con el traje sacerdotal, com o se ve en la
consagración de Aaron y de su hijo p o r Moisés. Esla
im ponente cerem onia duraba siete dias, durante los
112 HISTORIA
cuales, los sacerdotes debían gu ardar la m ayor pure­
za. El soberano pontífice no debía m ancharse bajo
ningnn protesto con el co n tad o de los m uertos: le es­
taba prohibido descubrirse la cabeza y llevar lu to por
cualquiera que fuese, y uo podia casarse sino ccn una
virgen (i). Muchos ritos sagrados, y entre oíros los sa­
crificios de espiarion, 110 debían verificarse sino por él.
Solo una ve?, a l año en el dia de las espiaciones, pene­
traba en el Santo de los Santos: y en circunstancias so­
lemnes A petición del jefe del Estado, iba revestido del
ephod delante del velo qne separaba el santuario del
lu g a r santísim o: a llí consultaba a l Eterno por el unm
y el thumim, y le pedia oráculos ó respuestas (?). T o ­
do hom bre afluido de alg u n a enferm edad, ó que tu­
viese algú n defecto físico, estaba escluido del sácenlo -
cío (3 ).
E1 soberano poutílice tenia bajo su dependencia
sacerdotes ó sacrificadores ordinarios y levilas. Los
¡•rimeros debían ser de su fam ilia: estaban obligados
com o el pontífice á preservarse ,de tod a m ancha, evi-
laudo el contacto de los cuerpos m uertos, y n o podían
tocar sino el de su padre, m adre, herm ano ó herm a­
na virgen: no se podían casar sino con u n a m u jer de
buenas costum bres y 110 repudiada: les estaba proh i­
bido afeitarse la cabeza á im itación d e los sacerdotes
paganos, corlar la eslrem idad de su barba ó hacer in ­
cisiones en su carne (4 ). Ofrecían los sacrificios, ofi­
ciaban con los piés desnudos en el lu g a r santo, y de­
b ían abstenerse enteram ente del uso del vino (5*. Los
levitas todos de la m ism a tribu, estaban, com o se ha
visto y a , encargados particularm ente de velar sobre el
tabernil culo, y de instruir al pueblo en los ritos de su
religión . No fueron com prendidos en la distribución
que debia hacerse del territorio de Gan&aa despues de

ni ÍJ.vit YVI lrt.14.


SAGRADA. 113
la conquista; Moisés les seíialó cuarenta y ocho ciuda­
des (1) disem inadas en todas las tribus, & fin de que al
pueblo no le faltase instrucción en n in gu n a paite.
En com pensación de la privación de su parle ter­
ritorial, optuvo la tribu de L eví el diezm o de todas las
producciones de la tierra: es le diezm o d eb ía ser con­
sagrado al Eterno (2): pertenecían también á los levitas
las oblaciones y prim icias de los frutos, y la espalda
derecha y el pecho de todo anim al ofrecido volu nta­
riamente en sacrificio; pero en el año sabático ó sép­
timo, los levitas no recibían diezm os, prim icias n i
oblaciones. Cada ties años no les pertenecía el diezm o
en su totalidad, sino que lo repartían con el estranje­
ro, la viuda y el huérfano (3).
Los sacerdotes recibían el precio del rescate de las
víctim as y de las ofrendas. Todos los h ijos varones y
los p rim o g én ito s, debian circuncidarse al octavó
dia (4), en m em oria de la salida de Egipto; pero esta­
ba mandado que se les rescatase por un a pequeña
ofrenda que recibían los sacerdotes (5 ). Los p rim o g é­
nitos de los anim ales se consagraban igu alm en te y
eran rcscatables, escepto los de cabra y oveja que de­
bian ser sacrificados (6 ).
Para m antener la unidad del culto, y para conser­
var grabado en los corazones el pensam iento de la
unidad de Dios, estaba prohibido ofrecer sacrificios en
lodo lugar que no fuese el en que reposaba el Arca del
Elcrno, y por el m in iste rio de los sacerdotes (7 )-. estos
sacrificios Luvieron lu g a ra l principio en el tabernáculo,
y despues en el tem plo. Consistían en ofrecer a l Se-
í*or sobre su altar ciertos a n im a le s, com o lo ro s, ove­
jas, m achos c a b rio s, to rto lilla? , pich on es, ó cosas in­
anim adas, com o Lorias, perfum es y las prim icias délos
114 J11ST0HU
frutos. Llam ábanse estos sacrificios ¿spiaiorius, cuan­
do se hacían para la espiacion de los pecados, y
úucarislicos ó de prosperidad cuando se hacian en ac­
ción de gracias. En los sacrificios m as solejim es, lla­
m ados holocaustos, el sacerdote no se reservaba nin­
gu n a p a rte , y el fuego debia consum irlo todo. Todos
estos sacrificios están definidos cuidadosam ente en la
le y : Moisés determ inó los ritos y cerem onias que de­
b ían observarse para cada uno de ellos, y que se d ife ­
renciaban m ucho según las diversas épocas en que se
ofrecían: distinguíase el sacrificio d ia r io , que consis­
tía en dos corderos sin m a n c h a , ofrecido? el uno por
la manan a v el otro por la U rde ( 1): el de cada semana
ó sábado, el de los prim eros dias del mes ó en el no­
v ilu n io , y el de cada fiesta. Adem ás de estos sacrifi­
cios se hacian otros m u c h o s, sea para la purificación
de toda m ancha física, sea para el rescate de los votos,
ó para cualquiera otro objeto determ inado por la ley.
Un sacrificio m u y notable, hecho sim bólicam ente con
el objeto de borrar los pecados de toda la nación, era el
del macho cabrio emisario. Se llevaban dos m achos ca­
bríos delante del pontífice, quien degollaba uno desig­
nado por la su e rte , y despues de las purificaciones ¿c
co stu m b re, y las aspersiones de sa n g re , poniendo el
onlífice la m ano sobre la cabeza del otro, pronuncia-
E a sobre él im precaciones, y lo enviaba á un lu ga r so­
litario , com o cargado de las iniquidades del pue­
blo (2 ).
Ofrecíanse tam bién sacrificios in cru en to s, que se
com ponían pov lo regular de trigo y v in o : las ofren­
das de trigo se llam aban oblaciones, y las de vino liba­
ciones. Hacíanse las prim eras con harina de tr ig o , que
se am asaba casi siem pre con aceite, sal é incienso (3 ).
Estos sacrificios eran con m as frecuencia ofrendas ac­
cesorias presentadas con las victim as. Es preciso por
lo m ism o esceptuar de e llo s : 1 .« Los doce panes de

(11 E i.X X IX , 38-1S.


■2) Levit. X V I. 1-21.
(3j Lttvlt. II.
SAGRADA. 113
proposícion que se renovaban todos los sábados, y que
no podían com erse sino por los sacerdotes, como cosa
santa, en el tabernáculo ( 1). 2 .®Los panes de las pri­
m icias, ofrecidos en la pascua de Pentecostés. 3 .» La
harina que el pobre debía ofrecer para la oblacion de
su pecado (2 ).
Los sacerdotes eran los que sacrificaban las vícti­
mas. Recibíanlas en la puerta del tabernáculo, delante
del altar, las consagraban poniéndoles la m ano sobre
la cabeza, y despues de haberlas depollado prepara­
ban la leña robre el altar y la encendían con el fuego
sagrado, que debía conservarse perpétnamente para
este fin en el m ism o Lugar. Ofrecían las paites consa­
gradas, asi com o las demás c o sa s , elevándolas en el
aire y depositándolas despues «obre el altar v m anifes­
tando así que era al Eterno á quien se hacían estos sa­
crificios. Despreciábase toda victim a defectuosa, como
indigna de ser sacrificada al Seftov (o).
La le y m osáica contiene acerca de los votos una
disposición m u y n otable: dicese en ella que, abste­
niéndose de h a ce rlo s, se evitará el p e ca d o , pero una
vez hechos habrá obligación de cum plirlos (1). Sin
embargo, los esposos y tos padres Lenian el derecho de
dispensar del cum plim iento de sus votos, los linos A
sus m ujeres y los otros á sus hijas, cuando se hallaban
bajo el lecho y la autoridad paterna. Podíanse relajar
la m ayor parte de los votos pagando u n a cantidad,
que variaba según su especie, y según la edad y sexo
de la persona que los habia hecho. El voto mas consi­
derable era el de el nazarea/o. Llam ábanse umareos ó
nazarenos, los que se consagraban á tlios por cierto
tiempo, á gusto suyo ó de sus padres. Estaban obliga­
dos á abstenerse de vino y de lodo lic o r : no podían
corlarse los cabellos, y se abstenían de toda im pureza
le£a li y en particular de acercarse A loscuerpos m uer-

(IJ Levit. XX IV , 5-9,


(4j 1-evil. V. 11-18.
(3) Deut. X V , 21.
116 HISTORIA
tos. Ai espirar el tiem po por el cual el nasarw se ha­
bía consagrado al Señor, se presentaba á la entrada del
tab ern ácu lo, delante del sacerdote, que sacrificaba
para 61 tres victim as y presentaba su oblacion al
Eterno ( 1),
Tres veces al año en las fiestas solem nes de la Pas­
m a, Pentecostés y de los Tabernáculos, instituidas por
el m ism o Dios, todos los varones de edad adulta esta­
ban obligados á presentarse delante del Eterno en ol
lugar donde se h a lla b a el Arca Santa.
La fiesta de las Pascuas se habia establecido en m e­
m oria de la salida de Egipto. L a de Pentecostés se ce­
lebraba cincuenta dias despues, y se la designaba tam ­
bién bajo el nom bre de fiesta de las Semanas, á causa
de las siete sem anas qne habían trascurrido desde la
Pascua: esta üesta fuó tam bién instituida en m em oria
de la ley que Dios habia dado á los hebreo? en e)
m onte S in :il, cincuenta años despues de su salida de
E g ip to : sil obieto era tributar á Dios actos de gracias
solem nes por la le y de Moisés y por la cosecha de los
granos, razón por l a cual se la llam aba tam bién fksia
4e la Cosecha y de las Primacías ("?).
La fiesta de los Tabernáculos, que duraba siete dias,
tenia por objeto recordar á los israelitas sus cam pa­
m entos en el desierto, y debían por lo m ism o durante
toda esta sem a n a , habitar en tiendas. El prim er dia
llevaban en las m anos ram as de palm eras y de otron
árboles, de las cuales form aban haces ó m anojos que
agitaban en el tabernáculo alrededor del a lta r , can­
tando el hosanna ó cántico de a le g r ía , al son de lan
trompetas (3). Despues de estas fiestas la m as solem nr
era la de las Expiaciones, celebradas un a vez cada año
en m edio del d ia, en que el soberano pontífice entraba
en e l San to de los Santos, para hacer allí la espiacion
de los pecados del pueblo.
El sábado era el sétim o dia consagrado cada sem ana
SAGRADA. ir
aL Seiior, y dorante el cual estaba prohibido trabajar
y aun tener lum bre en las casas (f). Im poníaase los
mas terribles castigos á los infractores ae esta ley.
M oisés, adem ás d el sábad o, habia consagrado á Dios
el aiio del jubileo (2), que era un a vez cada cincuenta
aüos, y d el cual se hablará m as adelan te, como de
una institución c i v i l , y el año sabático, ó sétim o alto,
durante el cual no era perm itido cultivar la tierra , y
sí em anciparse los esclavos hebreos.
Tal era la religión de los h eb reos, sobrecargada
por otra parte de m ía m ultitud de cerem on ias, ritos y
prácticas san itarias, que casi tudas tenian por objeto
establecer una dem arcación profunda entre los israe­
litas y los pueblos vecin os, y que el Eterno estuviese
siem pre al frente de su creencia.

LEVES P O L I T I C A S , M IL IT A R E S V C I V I L E S ,

Los libros sagrados nos dan poca luz acerca de la


parle política de la legislación de Moisés. Vem os que
este gran profeta, inspirado par Dios, que hizo recono­
cer por único jefe y soberano de los h e b re o s, ejerció
b ajo sus órdenes una autoridad absoluta. Instituyó
para obrar de concierto con él y aliviarle en parte del
peso de esta autoridad ilim itada, un consejo de seten­
ta ancianos (3), que le sobrevivió, bajo el nom bre
de Gran Consejo de los A n cia n o s, y se hizo algunos
siglos despues el fam oso Sanhedriit. Moisés estableció
también, com o lo hem os visto, jefes de m i l , de cien,
de cincuenta y de diez, y prescribió que se nom bra­
sen en las ciudades que se fueran con q u istan d o, ju e ­
ces é inspectores, sin establecer nada sobre la form a
de la elección, en la cual m uchos pasajes de los libros
santos autorizan á creer que el pueblo Lomó una parte
activa. El voto del pueblo fu é et que confirm ó la elec ­
ción de Josu é, sucesor de M oisés, y desde entonces,
(1) E i. XXXV, S.
(2) L e v it. X X V .
(3) N ú m . X I , 16.
lis HISTORIA
durante m uchos siglos, en tiempos d ifíc ile s , y sobre
todo durante las guerras, la nación n o m b ró , najo el
nombre de ju ez, un jefe m ilitar que investía de un po­
d er absoluto. El gran consejo de los Ancianos distri­
b u ía cou di la autoridad nacional, y la ejercia solo en
ausen cia del ju ez. En ciertos casos íos sacerdotes espe­
dían con el ju ez decretos soberanos ( 1).
Todo induce á creer, que al principio el tesoro del
culto y el del Estado estaban unidos. Las m ultas, los
rescates pecuniarios y u n im puesto general formaban
en tiem po de Moisés el tesoro público de los hebreos.
El prim ogénito del hom bre ó de los anim ales im pu­
ros, se rescataba siem pre, m ediante cinco ¡rielante p br
la, y la capitación por cabeza era de u n m edio siclo.
Moisés y los ju eces sus sucesores, m andaban el ejérci­
to, y ejercían una autoridad dictatorial: todo israelita
que pasara de veinte aüos era soldado (2 ), y sin em ­
bargo, por una tolerancia particular esta le y sufría
m uchas escepciones referidas en el capítulo XX del
Deuteronom io concebido en estos térm inos: «Cuando
estando en gu erra contra vuestros en em igos, y ha­
biendo visto su caballería y sus carros, calculéis que
su ejército es m as num eroso que el vuestro, no le te-
m ereis, porque está con vosotros el Eterno vuestro
Dios, qne os sacó del Egipto. Cuando se acerque la
hora del combate se presentará e l pontífice á la cabe­
za del ejército, y hablará así al pueblo •. Escucha, Is­
rael, til debes pelear hoy: que no se turbe tu corazon
ni se a co b a rd e, ni retroceda, porque el Eterno está
contigo. Les oficiales gritarán de m odo que todo el
ejército les oiga: ¿hay'alguno que h a y a edificado una
casa n ueva y no la h a y a todavía habitado? que se re­
tire y vu elva A su crisa...... ¿Hay algu n o que haya
plantado una vin a y no h a y a com ido de su fruto? qiie
se retire y vu e lva á. su m orad a......¿Hay algu n o que
se h a y a desposado con una virgen y no la h a y a r e d ­

8 12
il) D e u t X V II, - .
2
l > Ex. Küm . X X V I , .2
bido? que se retire; no sea que ni ñera en el com bate
y se rase con o lio , Todavía dirán al pueblo: ¿Hay
alguno débil ó cobarde, cnyo coraznn se h alle poseidi»
del temor? que se retire, nn sea que com unique su
espanto ci sus herm anos. Cuando h ayan hablado los
oficiales, cada uno dispondrá sus batallones para el
com bate. Acercándose A mía ciudad para sitiarla, le
olíecereís al principio la pa7, si la acepta y os abre
sus puertas, sea salvo todo el pueblo que se en cu en ­
tre en ella, som etiéndolo m ediante un tributo. Si no
quisiere recibir la paz, la sitiareis, y cuando el Eter­
no os la h a y a entregado, pasareis ¡í cu ch illo A tad os
los varones, reservando las m ujeres, los niños v las
bestias.: distribuiréis el botin al ejército y com eréis de
los despojos de vuestros enem igos que el Señor Dios
vueslro os diere (I).»
La ley era m as rigurosa respecto ¿í las ciudades
del país de Canaan prometido á Israel. Sus habitantes
y todos los pueblos corrom pidos de estas ciudades,
fueron com prendidos: «Ellos deben perecer, está es­
crito para los hebreos en esta ley, por tem or de qne
os bagan com eter todas las abom inaciones qne han
com etido en el culto de sus dioses y de que vosotros
no pequéis contra el Kterno vuestro Dios (?).»
Moisés se ocupó con ansia, de la suerte de los cau­
tivos: les concedió un m es para que llorasen á sus
padres y m adres y las que se hubiesen casado no
pudiesen ser vendidas (3): en fin el legislador m an ­
dando que se respe I-asen hasta los árboles frutales que
se hallaban alrededor de, las ciudades sitiadas (4 ), ¡m -
yiuso im freno saludable al espíritu de robo y devas­
tación, casi siem pre inseparable del espíritu de con­
quista.
Proscribió en los cam pam entos toda licencia y
desarreglo de costum bres, y estableció reglas para la

(11 DeuL. x x , 1, 14.


OJ D eut. X X . 18.
|3J Deul. x x i, la —14.
Deu1. X X , 19.
H is t . S a g . 9
HISTORIA
conservarían fiel orden, de la decencia y de la lim ­
p i e z a ( 1 ).
Despues de la batalla, la ley consideraba á los sol­
dados como m anchados por «1 hom icidio (aun nece­
sario) de sus enem igos, y les prohibía que entra­
sen en el campo si antes no se purificaban repetidas
vrces.
La« leyes m ilitares de los hebreos participaron,
p u e s, en ciertos c a so s, del derecho de g e n te s , tai
como se hallaba adm itido en aquellos tiem pos bár­
baros, m ientras qne por otra parte se observaba en
ellas cierto espíritu de dulm t-a, orden y hum anidad.
Las leyes civiles de M oisés, tuvieron por objeto
convertir u n a horda en u n a nación, u n a tribu errante
y pastoril en un pueblo sedentario y a gríco la , inspi­
rarlo am or á la patria, acostum brarle al órden en las
alianzas, A la paz interior, á la ju sticia y & la probi­
dad social.
Moisés queria míe no hubiese pobres en Israel (2 ).
Su objeto era tam bién im pedir que se hiciesen fortu­
nas considerables y preservar así á su pueblo de la
licencia y depravación, á la cpie casi siem pre arrastra
consigo él esceso de la riqueza y de la m iseria. Man­
do íjue al hacer la distribución de la tierra prometida
entre las tribus y las fam ilias, la parte de cada uno
íu ese proporcionada al núm ero de sus individuos (3).
P rohibió por u n a disposición especial que las tierras
fuesen vendidas despues de esta distribución, de una
m anera absoluta, por sus prim eros poseedores (4):
pon pie el Sefior había dicho: La tierra no se venderá
tampoco para siem pre; porque m ia es, y vosotros sois
estranjeros y colonos m íos. En vista de este principio
fué instituido el julvfcn de que se ha hecho y a men­
ción entre las fiestas religiosas. En aquel dia, que se
verilicaba rada cincuenta añ os, las tierras que por

(1) Deut. XXIII:


(2) Deut. XV. 4.
(3) Núin. XXV I, 53.—Tw.
[4Í U v it. XX V, 33.
SACHADA. ;n
t utitpras ó cam bios habian salido de lás fam ilias, v o l­
vían íi sus antiguos poseedores ó á sus herederos. Esla
ley tenia por objeto dos puntos principales, el uno
mantener cierta igualdad en las fortunas, y el o lio
obligar á cada uno por un poderoso interés persoual
:1 conservar la m em oria de su origen y de su nom bre
patroním ico como descendiente de Abraham .
Todos los hebreus no gozaban del derecho de c iu ­
dadanos, ó por usar del lenguaje de la Escritura, no
eran considerados corno parte de la asam blea del S e-
fiov (I). L a servidum bre form aba parte de este dere­
cho, 6 suspendía su ejercicio, e l cual no pertenecía en
.hulea á los estranjeros, á los bastardos , ni á los eu­
nucos. lintre los estranjeros que habitaban el país,
algunos, y entre ellos los egipcios y los idum eos, se
harían ciudadanos á la tercera g en era ció n , al paso
(|iu: se negaba siem pre íi otros p u e b lo s, y entre ellos
á los m oahítas. á los am m onilas y á los anialecitas, á
causa de su conducía hostil para con los hebreos en
e l desierto (í). Los que no gozaban absolutam ente del
derecho de ciudadanía 110 podian casarse con una is ­
raelita, desempeñar cargos públicos, ni ejercer n in ­
guno de los derechos reservados á los ciudadanos.
La ley de Moisés prohibía de un m oflo absoluto,
con 10 se ha dicho ya, los m atrim onios y las alianzas
con los cananeos, y condenaba igualm ente todas las
uniones incestuosas (3 ). No prohibió la poligam ia,
costumbre general de las regiones de Oriente, y que
hubiera sido entonces im posible reform ar: perm itió
el divorcio; pero el hom bre que repudiaba una vez
A su m ujer, y a no la podia volver .1 lom ar f'i), El
m atrim onio era un acto puramente c iv il, v p o ru ñ a

(1) Se lu. disputado mucho sobre el verdadero sentido do i»eU9


Enlabrua, y Cftlmet no- se explica «o «¿te punto de un modo «Uro.
os autores que llaman La ciudadanía, asam blea del Spdot, dos pa-
tecfcn de opioion m as concluyente, adoptemos bu esplicacion que cü
conforme a la de M. Pastoret. { i l i t l o r i a de ln L e ijitla c io n d e los
h e h r t c t , c a p . T V I I l.J
Á) D eut. X X n i. 3 - 8 : X X V . 17.
(3) L uvil. X V III.
(4) Hetlt. XXIV, 8—1.
1-22 HISTORIA
potable particularidad., el m arido debia dotar á I»
m ujer >(1).
Habia tam bién entre los hebreos una ley m uy
particular que era del levirato, la cu al fu é inspirada á
Moisés como otras m uchas, cou ob.jeLo de perpetual'
las fam ilias, y estaba concebida en estos términos:
uCuando dos herm anos habitaren ju ntos, y el uno de
ellos m uriere sin hijos, la m ujer del difunto nu se
casará con otro, sino que la tomará el herm ano del
m uerto, y levantará, descendencia á su herm ano, y al
h ijo prim ogénito que tuviere de ella le dará el nom ­
bre de su herm ano para que 110 sea borrado en Israel.
Mas si no quisiere tom ar la m ujer de su herm ano,
que le es debida por ley , irá la m ujer á la puerta de
la ciudad, y hará su recurso á los ancianos y les dirá:
El herm ano de m i m arido no qu iere restablecer cu
Israel el nom bre de su herm ano, u i tom arm e por
m u jer, y a l punto lo m andarán llam a r y le pregunta­
rán sobre el particular. Si respondiere: No quiero lo­
m arla por m ujer, esta se llegará, á él delante de los
ancianos, le quitará del pié im zapato, le escupirá en
la cara y le dirá: Así será tratado el ham bre que
rehúsa restablecer la casa de su herm ano (2 ).» Moisés,
al arreglar el orden de las sucesiones, decidió que el
prim ogénito participase de u n a doble parle, aunque
tuviese hijos de m uchas m ujeres (3 ). En defecto de*
varones por línea recta heredaban las hijas, las cuates
teniau obligación de tomar m arido en la tribu pater­
na, y en defecto de h ija s , heredaban los hermano*
del difunto (í).
El padre ejercia una autoridad absoluta en la fa­
m ilia. Sin em bargo, la ley de Moisés, m as suave que
la legislación de m uchos pueblos de la antigüedad,
110 concedía á los padres el derecho de vid a ó muerte
sobre sus hijos. Era todavía m uch o m as hum ana para

(1) ;ES. XXI, 10.


ñ) Di-ul. XXV , 5—8.
(3l D e u t. X X I , 1 & -I0 .
(4) Núm. X.X.VT1, 4—9; ,XXVI.
SMÜIAUA. 123
■con los esclavos: en el año del ju b ileo disponía que se
diese libertad, á lodo esclavo estranjero ó hebreo ( 1).
El esclavo hebreo debía servir seis años solam en­
te, despues de los cuales se le daba la libertad gratui­
tamente (2 ) ¡i m enos de que no se hubiese casado en la
tasa de su señor y no quisiese separarse de ella.
En el año del ju bileo se perdonaban todas las d eu ­
das (3). Estaba prohibido tom ar á interés entre los h e­
breos, pero no de los estranjeros que no habitaban el
país de Israel (4 ). El acreedor no podia entrar en casa
del deudor A exigirle prenda (5).

LEYES MORALES.

La grande superioridad de la legislación de Moisés


se reconoce en las leyes morales, de las cuales el De­
cálogo encierra las m as principales. Citaremos aquí
algunas de ellas, estractaaas la m ayor parte de los ca­
pítulos XXI, XXII y XXIII del Exodo, y XIX del Le-
vitico.
«No causarás daño á la viu d a ni al huérfano. Si les
orendieres, se quejarán á m í y y o los escucharé.
«Cuando recojas las m ieses de tus cam pos, dejarás
las espigas que se hayan caido y no vendim iarás los
últimos racim os de tu vin a, sino que los dejarás para
los pobres y los estranjeros (6 ).
»No cultivarás tu tierra, tu viña, ni tu olivar en el
séptimo año, y los dejarás descansar para que coman
los pobres de tu pueblo (7 ).

fl) Levit. XXV , 10.


(2l Ex. XXI, 2—S.
(•)) Dcul. XV, 1—3. Lob autOiefl no están do acuerdo sobre «1 verda­
dero sentido de este pasaje del Deuteronomio. Muchos, y entre o (ron
Pasloret,piensan que Ia3deuda3 no *c«£Iu>kuíad, Sino q u e se p ro lu -
bia el exigirían d u ran te aquella éucca. (B ill, d é lo Iraní, de l n A*.
brea i, t a p .jb r i ) .
(i- D«ut. xxm , so.
(5) Deut. XXIV, 10,
f(íi Esta, ea u n a especie de p re sen te q u e 1a P ro v id en cia Les hac« p a ­
ra a y u d arle s & v k i r . fJattpIto, lii. IY, cap. VIII)
(1) El quir rehusaba dar limosna era citedo ante el m agistrado y 9a
le podia Condenar 4 azotes. fU aim auidt di io n . Pavp. cap. VII.)
125 HIST O i m
»No serás m olesto a l peregrino, porque conoces las
alm as de los forasteros: pues vosotros m ism os fuisteis
peregrinos en la tierra de Egipto.
»Si recibes en prenda el vestido de aquel á quien
hubieses prestado, se lo volverás antes de la noche.
«No tomarás en prenda la m uela del m olino; por­
que el que le la o fre c e , pone delante su propia,
vida ( 1).
®No retendrás ni un solo dia el jo rn a l del traba­
jador.
»E1 que hubiese castigado á su esclavo hastii H
punto de herirlo gravem ente, le dará libertad.
»No darás libertad al esclavo escapado, pero lo
tratarás con bondad.
»No despaches al esclavo, á quien hayas dado li­
bertad con las m anos vacías, antes bien dale pai« so­
portar los gastos del cam ino algo de tu reb a to , de lu
granja y de tu lugar, com o bienes que h as recibido
por la bendición del Eterno tu Dios (z).
-»No esparcirás falsos rum ores, ni Le ju ntarás con
el m alvado para ser testigo falso.
»No te venderás.
■«■Amarás á tu prójim o com o á ti m ism o.
»Si eres juex, no aceptarás n in gu u presente, ni U1
dejarás llevar de la parcialidad.
«Maldito sea el que desprecie á su padre y ¡i su
m adre.
i Te levantarás delante de los ancianos y los hon­
rarás .
5.Si algun o insulta á un sordo ó pone tropiezos al
ciego en su cam ino, que sea m aldito.
«Sed santos, dice el Eterno, porque y o soy sanio.
»No prostituyáis á vuestras h ijas.
»No consultéis á los adivinos,
»No h a ya enlre vosotros ni encantadores ni má­
gicos.»

fl) Deul. s x iv .c .
(?) Deut. XV, 18—14.
SAGRADA. 155
Las lev es de Moisés Helias de preceptos suaves y
Jbenéñeos para el pobre, el estranjeroy el esclavo, en­
cerraban también disposición rs llenas de hum anidad
en cnanto á los anim ales.
i Aliviarás al anim al qne suturaba bajo su carga.
*Si en con Irá res a l b u ey de tu enem igo ó su asno
estraviados, los llevarás á sn dueüo (I).
»No atarás la boca del b u ey <[ue pisa tus m ieses
en la era pí).
«No labrarás con u n b u ey y un asno uncidos.
»Si al pasar por un cam ino encuentras sobre un
árbol ó en tierra el nido de u n pájaro y A la madre ur.e
se halla sobre sus polluelos ó sobre sus huevos, no
cogerás á la m adre con sus hijos, y habiendo cogido
los hijos, dejarás m aichar la m adre (ii).»
T al vez por un principio de hum anidad fu é dicta­
d a esla ley , repetida hasta litis veces en el código de
Moisés: «Él cabrito no ser¡l cocido con la leche de su
m adre.»

LEVES S ANI TARI AS .

Ijix ¡er/ts mniutrúis dadas por Ifoisés estaban funda­


das en lo caluroso del clim a, en la necesidad de una
propiedad constante, en lo daiioso de algunos alim en­
tos, en la peligrosa inclinación de los pueblos clel
Orion lo ¡í los deleites, en la frecuencia de las en fer­
m edades de la piel, y sobre todo de la lepra. Exam i­
nando bajo cada imó de eslos diversos puntos de v is­
ta, cada ley sanitaria de Moisés, sr descubrirá sn u tili­
dad. Divídense eslas le y e s en tres grandes clases.
La prbnera com prende las ipie lieueii por objelo
las prescripciones alim enticias y la distinción de los
anim ales puros é im puros. La carne de un grran nú­
m ero de bestias era m irada i on razón com o m al saua
y peligrosa, sobre Lodo para piel, en los clim as del
ÜISÍOUU
Asia: los anim ales cu ya pezuña no estalla hendida, co­
mo el cam ello, fuerou declarados im puros: el puerco
lo fué igualm ente, así como el conejo, la liebre, los
reptiles y otros m uchos. Moisés prohibió su carne co­
mo alim ento «l los hebreos ( 1): les prohibió igu al­
mente el uso de la grasa y de la sangre, así como el
de toda bestia m uerta sin haber sid o sangrada.
En la segunda clase de leyes sanitarias, es preciso
colocar las qne tendían á preservar á los hebreos de la
lepra, á descubrirla en aquellos que estaban am aga­
dos de ella, tí preservar £í los demiis de su contad o, y
á purificar los vestidos, las casas y m uebles, <iue se
consideraban intestados de este m al. Ksta horrible en­
fermedad hacia en aquella época tantos estragos, que
Moisés creyó que no estaban de m ás cuantas prescrip­
ciones pudiese dictar. Quiso tam bién que aquellos í
quienes se encargase su ejecución, esLuviesim revesti­
dos del carácter mas im ponente, y encargó este cuida­
do á los sacerdotes. L a m ayor parte de las ordenanzas
relativas ¿í la lepra, se hallan contenidas en los capí­
tulos XIII v XIV del I/evítico.
lín la tercera clase de las leyes sanitarias, es preci­
so c»Locar todas aquellas que traían de los objetó? y
de las cosas que h a d an im puros á los hom bres y m u ­
jeres, durante un tiempo m as ó m enos largo, y las
que fijaban las cerem onias, abluciones y deberes ne­
cesarios para borrar estas im purezas, ó para evitarlas.
Estas leves arreglaban tam bién cuidadosam ente el
tiempo en qne los m aridos v sus m ujeres debían vi­
v ir separados.
Estaba m andado severam ente purificarse despues
de haber locado un cuerno m uerto, ó cualquier otro
objeto reputado im puro. L a purificación prescrita para
el contacto de mi m uerto, debia hacerse con agua
m ezclada con las cenizas de una víctim a (2).

m U r i t . XI.
(i) Num. XIX. E sta victim a debía por una vaca roju-
SAGRADA. 127

L E Y E S J U D IC IA L E S Y P E N A L E S .

Las leyes de Moisés, concernientes á los ju icios,


son notables por las garantías en favor de los acusa­
dos», que uo ofrecían la m ayor parle de las legislacio­
nes antiguas, y sus leyes penales por su m oderación,
aunque m uchos delitos se castigasen con severidad, y
sobre lodo los que Le lidian íi destruir los tres grandes
principios, sobre los cuales estaba basada la legisla­
ción de los hebreos, á saber: la creencia en la unidad di
bies, la separación com-pitia de las naciones cstranjeras,
y en fin, la transformación de una horda nómada en un
pueblo agricultor. Esta parte im portante de las leyes de
Moisés se halla m u y com plicada, y nos lim itarem os
aquí á algunos punios principales.
Un solo testigo no bastaba para m otivar una sen­
tencia de m uerte: era preciso que hubiese dos ó tres.
Si al culpable se le condenaba A ser apedreado, los
lesiigos eran los que lo tiraban las primeras pie­
dras ( 1). Los testigos falsos eran castigados con la pe­
na que sus deposiciones hubieran hecho dictar contra
el acusado (2).
Los ancianos, los ju eces y algu na ven el pontífice,
eran los que pronunciaban la sem encia. Los padres 110
podían, com o lo hem os visto ya, hacer m orir íi sus
hijos bajo ningún preleslo; pero cuando un h ijo re­
belde y 'disoluto, amonestado innlilm ente por sus pa­
dres, despreciaba su autoridad, estos podían presen­
tarlo á los anciauos de la ciudad que le h a d a n ape­
drear (3 ).
Todos los crím enes com etidos conLra la religión ,

(I) Deut. xvn , o—11.


(2| Deul. XIX, 19. S e g ú n la M l s n a , e o le e e lo D de leyes mosaicas re­
compuesta por el sabio Rabbi Judflü en el «ajguudo sigla de nuestro
M i, 106u sureros.las m ujeres,los e a c l & v o s , lM impúberos, los aordoa,
loa ciegos, lo» Impíos, l o s i n l a m . e s , los extranjeras, lo? parientes, no
p o d í a n b c t testigos. S e g ú n e l laísmo código era preciso dos testigos do
mayor edad para fallar, fjfiju a , t. II. p. BSJ, (. ir , p I15J.
<5) Deut. XXI, 18,91.
HISTORIA
la adoracion de los dioses fa ls o s , la m á g ia , la blasfe­
m ia, la violacion del sábado, ele., eran castigador con
la pena c a p ita l: los crím enes voluntarios contra las
personas, el hom icidio, la violencia, las heridas, eran
castigados y a ton la pena de m u erte, ya en caso de
golpes y heridas con la pena del T a liy n , uue consistía
en hacer a l culpable el m ism o m al que él nabia hreh r
su frir íi otro ( 1),
El que h e ria ó m aldecía á su padre y á su madre
era condenado á m uerte (2 ). Cuando el hom icidio era
prem editado nada podia sustraer al culpable del c o l i ­
go, y si se refugiaba al altar era perm itido arrancarle
de a llí (3). En ciertos casos, en que el hom icidio no
habia sido premeditado n i vo lu n tario , habia lugares
de asilo para el m atador Moisés m andó que se elidie­
sen seis ciudades de refu gio con este o b je to , éntre las
cuarenLa y ocho concedidas á los levitas. Todo hom ­
bre que com etía una m uerte involu ntaria debía refu­
giarse en una de estas seis ciudades, á Qn de evitar la
venganza de los padies del m uerto, y perm anecer allí
durante la vida del que era pontífice cuando se habia
com etido el hom icidio (4 ).
En el caso de que se hubiese com etido uu hom ici­
dio sin que pudiese ser descubierto su a u to r , la ley
disponía que li>s ancianos y los m agistrados se consti­
tuyesen en el lugar en que h abia sido hallado el cadá­
ver, á fin de m edir a llí la distancia de las ciudades
vecinas. Los ancianos de la que se consideraba rnas
próxim a debían tom ar en la vacada un a ternera que no
hubiese todavía llevado el y u g o , inm olarla y lavarse

(1) eí., x x i , 39, as.


(2) Ex., XXI, 15,11.
8| Ex., XXI, 14
(4) Níiin., XXXV, (5, 28. «Las teyea de Moi&cs sobce los asil&K, dice
Monit'sqtilpu, fueron m uy sab ias: Job homicidas involuntario? era»
inocentes, jwvü ctóbi&n ocultarse dti la vista de loa parientes del muer-
tol v estableció un afiilO para ellos. L 06gTandcscrimínales no merecían
48110, y no lo tuvieron. Los judíos d o tenían mas que un tatarnáculo y
no templo, y loa homicidas que se hubieran acogido á él de to d js par-
Ujs, hubieran podido turbare»! cervicio diviso. E stas conRidorafionce
hicieron eelablfcor las ciudades de asilo.» [Espíritu ríe ja i fcyri» li­
bro XXV, cap. 111.)
S.M51UDA. 12‘
J
las manos sobre la victim a, protestando que estaban
puras de la sangre derram ada: juraban despues que no
la habiau visLo derram ar, y conjuraban al Elerao que
les imputase este crimen (f). Esla im ponente cerem o­
nia tenia por objeto inspirar el mas vivo horror al ho­
m icidio. El respeto á la vid a del hom bre era tal en la
ley de M oisés, que aun en ciertos casos en que el h o­
micidio estalla justificado por las circunstancias ó en­
teramente independiente de la voluntad del que era
llamado á responder de é l , era m enester que éste
lo espiase librándose por m edio de cierta sum a llam a­
da rescate de sangre (¿).
Las leyes de Moisés castigaban con las mas severas
penas á. los adúlteros, A los incestuosos y todas las
uniones ilícitas é infam es. El adúltero era castigado
con la pena de m u e r te ; pero cuando un a m ujer era
acusada de este crimen por su marido sin que él pu­
diese sum inistrar ninguna prueba, la conducía delante
del sacerdote, ofrecía por ella nn sacrificio de aceite
y harina •. el sacerdote m ezclaba agu a con nn poco de
tierra del suelo del m ism o tab ern ácu lo, descubría la
cabeza de la m ujer, y m ientras tenia el sacrificio de
oblacion entre sns nianos, él pronunciaba m aldiciones
terribles, dando por estas palabras al preparado bre­
baje la virtud de im poner un horrible castigo á la m u­
jer culpable. La acusada, antes de beber este ajaia,
debia consentir en los anatem as pronunciados contra
ella por el sacerdote en el caso que se hallase m ancha­
da del crimen que se le im putaba. El agu a que debia
beber se llam aba ugua amarga, y la oblacion hecha
por el maiirto se llam aba el s*icrificio dr. los ccias (3 ).
Moisés aseguro los intereses de la propiedad por
leyes numerosas y detalladas sobre los robos de diver­
sas naturalezas, sobre los depósitos y sobre los in cen ­
dios. El ladrón debia volver alguna vez la quinta parle,
casi siempre el duplo, y en ciertos casos el cuádm plo
lio HISTOHIA
y el quíntuplo del valor del objeto robado, y su pei-sona
debia responder por la deuda o ío s perjuicios ( 1). Moisés
se m oslro m uy severo por los accidentes que podían
resultar de los hábito? viciosos de los anim ales: hizo
responsables de ellos A sus dueños, algunas veres hasla
un punto que pasm aría si se olvidase que estos acci­
dentes hubieran podido ser m uy frecuentes, sin las
m ayores precauciones, en un pueblo que se proponía
liacer casi esclusivainente agricultor (?).
La ley de Moisés uo presciibia en la im posición de
las penas ui la tortura, ni otros suplicios usados en casi
todas las naciones de la antigüedad Los condenados á
m uerte eran ejecutados, con m u y poras escepciones,
por la estrangulación ó el apedream iento. Si la hija de
un sacerdote in frin gía las leyes de la castidad, sufria
la pena del fuego. Guando se im ponía la pena de azo­
tes, el numero de estos no podia pasar de cuaren­
ta ( 3). El castigo que se im ponía con m u ch a frecuen­
cia era el acto por el cual se separaba A un culpable
de la asambtw tkl pueblo. Todo conduce á creer que
estas palabras eran una especie de escom union que
separaba & los infractores de las leyes divinas de la
grande fam ilia de Israel.
Esta rápida ojeada de la legislación mosííica basta
para dar la idea de su objeto y del plan general del
legislador, y para convencer ¿ 'c u a lq u ie ra lector ini-
parcial de que el autor de una obra sem ejante, en la
época en que fué concebida, debió ser inspirado por
Dios. Se h a visto en efecto, que si por una parte sobre
ciertos puntos, sobre la guerra, la poligam ia, el divor­
cio y la esclavitud, hace Moisés concesiones al espíritu
de su tiempo, por otra se eleva, respecto á la Divini­
dad, á una altura ií la cual 110 se h abla elevado todavía
el pensam iento hum ano y con relación á los hom ­
bres, á ideas de hum anidad, de benevolencia y de ju s'

(1) Ud g ran número de leyes contra delitos de este genero se en-


cuentTJin en el cap. t! del Exodo.
(21 E i-, XXI.
¡3) Deut., XXV, 1,3.
SAGIUDA. 131
licia estraílas á todas las legislaciones contem poráneas.
Moisés, como lo hem os dicho y a y dem ostrado, tuvo
por objeto cam biar las costumbres y la vid a de lodo
un pueblo, haciéudole pasar del estado nóm ade al es­
tado sedentario, y se proponia al mism o tiem po pire-
servarlo del contacto y do la corrupción intelectual y
m oral de las naciones estiairjeras, á fin de qne pudie­
se conservar com o un depósito inviolable las santas
tradiciones de lo pasado y los oráculos que anuncia­
ban al Mesías. Esta conccpcion sola supone la previsión
del porvenir y un pensamiento creador superior á todo
pensamiento linm ano.
Nada m as adm irable qup la m anera con que en
este código, una m ultitud de leyes m inuciosas en la
apariencia, concuerdnn con el objeto del legislador.
Así és que, queriendo aficionarlos ¡í la agricultura y
por ella á la Horra prom etida, les concede el uso del
vin o, eslrano para los egipcios y para los pueblos nó­
m ades: lo prescribe en los sacrificios y hace del culto
una necesidad. Reem plaza en los festines el uso de la
grasa por el del aceite, que exige tam bién en los sacri­
ficios.. Moisés no perdonó nin gun a precaución prudente
cuando se trató de eslirpar del seno de sn pueblo !a
inclinación íi la idolatría, y por las m inuciosidades de
la ley cerem onial fué por las que sujetó constante­
mente á Los hebreos á las obligaciones de un culto es­
pecial, que tenia sin cesar A su presencia la. im agen de
Dios: proscribiendo m uchos usos indiferentes en sí
m ismos, pero asociados entre los pueblos vecinos «i las
prácliras de la idolatría, fué como procuró preservar
de ella á su pueblo. Si prohibió de la m anera m as fo r­
mal el uso de la sangre de los anim ales, fué no sola­
mente por consideraciones im portantes para la salud
pública, sino lam inen porque los fenicios, pueblo ve­
cino de C an aan , lenian costum bre de em plear la san­
gre de las víctim as en los sacrificios y b eb ería : si pro­
hibió á los hebreos im prim ir m arras sobre sus cuer­
pos, peinarse ó cortar su barba de cierta m anera, Cué
poraue eran otros tantos usos egipcios ó árabes adop-
132 HISTOHIA
lados eu honor de Jos Idolos. Es verdad que algunas
veces, para haoer adm itir y respetar su nuevo culto, se
va lió de im ágenes y form as con las cuales el KgipLo
h a iá a ya fam iliarizado á los hebreos; pero siem pre lo
hizo con importantes m odificaciones que cambiaban
com pletam ente el pensam iento que dispertaban estas
im ágenes. Así, es para 110 citar m as que u n ejem plo,
que al adaptar á la costum bre de los sacerdotes del
Egipto el ornam ento sagrado qne brillaba en el pecho
del gran sacerdote, Moisés, en lu g a r de una ügura de
la verdad bajo rasgos hum anos, ó de un ídolo, im pri­
m ió un sím bolo m etafísico de la om nipotencia divina,
al cual llam ó h i : y perfección ( 1): eu u n a p alab ra, se­
gú n la espresion oportuna de u n con tem porán eo; «si
algunas de las instituciones de Moisés estaban basadas
sobre los hábitos y costum bres de su p u eblo, 110 por
eso dejaban de tener por objeto el Iraní form arlo en
u n a nación nueva-, s i hacian reconocer uii pueblo na­
cido en Egipto, indicaban todavía mas claram ente que
este pueblo no debia jam ás vo lv er allí.»
S i Moisés anunciándose com o el profeta del Eter-
u o, y com o el inspirado del Señor, no h ub iera sido
m as que un impostor, no hu biera dejado, á im itación
de los fundadores de las antiguas religiones del Egip­
to y de la India, de convertir la suya cu su propio pro­
vecho ó en el de su fam ilia y de ensalzarse á si m is­
m o revistiéndose á la vis la de los israelitas del carác­
ter de infalibilidad: lejos de esto, este Moisés, á quien
sus obras nos presentan tan grande con Dios, tan ce­
loso de su gloria, y lleno de un a solicitu d lau tierna
h á cia su pueblo, se presenta como un hom bre sujeto
com o sus herm anos á las m ism as debilidades hum a­
nas: debe m orir en el desierto para espiar una falta,
jam ás conocerá las dulzuras y los goces que asegura
á s u pueblo, y participa de todos sus trabajos, sufrien­
do adem ás el peso de una responsabilidad inm ensa y

(L) Eftt&cs Iíi slrniricacion de lna palabras urím y f/iu-mím, que pue­
den traducirse taiobten por doctrina y verdad.
SACHADA. 1.13
de un poder tan frecuentem ente desconocido. No Ha-
mu ¡í sus hijos par;i qne le sucedan, sino que los deja
sin distinciones r sin privilegios en la hum ilde y os­
cura condicion de los hijos de Leví: los deja también
fuera de la fam ilia sacerdotal, donde serán como los
demás hijos de Caath, simples portadores del taber­
nil nulo, y si osaren levan tarlas cortinas corridas so­
bre el santuario, la m uerte será su castigo. Moisés en
fin, escogiendo los ministros del culto en su tribu, y
designando la fam ilia de su herm ano Aaron para tron­
co de la casta sacerdotal, no la llam ó como A las de­
más castas de sacerdotes, á ios goces de una fortuna y
de una autoridad casi ilim itada. Los bienes territo­
riales son !a base rías segura de Las riquezas. Moisés
al conceder el diezm o, las prim icias de los anim ales
y de los frutos y una parte eri las ofrendas ¡i la tribu
de Lev! y á los sacerdotes, no Les reservó como h e­
rencia en Israel sino cierto núm ero de cuidados y un
territorio m uy reducido á la inm ediación para sus re­
baños, y fuera de ciertos casos escepeionales, 110 revis­
tió al pontífice y á los sacerdotes sino de una au tori­
dad m u y liiu i tilda
Asi, pues, la obra que lleva eL nombre de Moisés
es tan superior íl todo lo que podia intentar y con­
cebir en aquellos tiem pos bárbaros el espíritu del
hom bre abandonado á sus propias tu e rza s, como
exenta de toda com binación en que se diese A cono­
ce; la am bición del fundador. ¿Qué m ás se necesita
para reconocerla como divina, tjne recordar su triun­
fo en medio de las circunstancias m as contrarias, y
su duración mas adm irable todavía? ¿Quién sin una
asistencia m ilagrosa hubiera podido alim entar duran­
te cuarenta años en desiertos incultos á u n a m ultitud
tan prodigiosa? ¿Quién hubiera podido obligarles á
vegetar asi en medio de las privaciones de todo géne­
ro, hasta la estincion total de una generación? Apre­
surémonos, pues, á reconocer y proclam ar la obra de
la Providencia y la m ano de Dios, en donde los es­
fuerzos del hom bre hubieran sido impotentes.
134 HISTORIA
Réstanos considerar A Moisés com o historiador de
su pueblo Sus escritos nos han sido trasm itidos en
cinco libros, titulados: Génesis, Exodo, LevUico, Númt-
ros y bnuterorwmio, que encierran adem ás de la ley,
la historia de la creación del m undo hasta «1 diluvia
y la de los patriarcas y del pueblo liebreo hasta sn
llegad a íi la vísta d é l a tierra prom etida: la reunión
de estos cinco libros es la que com pone el indestruc­
tible m onum ento conocido baio el nom bre de Penut-
Icuco. En vano la incredulidad h a pretendido seña­
larle una fecha mas reciente, negando se hubiesp
entonces inventado la escritura Esta ohjecion queda
destruida desde que se hallaron m anuscritos en papi­
ro qne rem ontan hasta los dias de Moisés: por olra
parte, á él solo en aquellos tiempos puede atribuir­
se una obra tan a d m irab le; y posteriorm ente en mr-
dio de las divisiones y de las idolatrías del pueblo d<>
Israel, tratando de justificar las prácticas condenadas
por la ley de Moisés, jam ás se levantó una voz que
disputase la autenticidad de los escritos atribuidos ¡i
este grande hom bre. ^Moisés, dice Bossuet, h a descri­
to las obras de Dios con una exactitud y un a sencillez
que atraen la creencia y la adm iración, no hácia <>l,
sino, sino hácia el m ism o Dios Ha unido A las cosa?
pasadas que ronlenian el origen y las tradiciones an­
tiguas del pueblo de Dios, los prodigios que Dios ha­
cia para librarlo : en esta parte no tiene que dar ;i
los israelitas otras pruebas que sus m ism os ojos:
particulariza y refiere rada cosa com o un hombre
que no tem e ser desmentido: fun da todas sus leve?
y toda su república sobre los p rod igios que ellos
m ism os han presenciado. Estos prodigios eran nada
m enos que la naturaleza cam biada de repente en di­
ferentes ocasiones, para librarlos y p a r a castiga rá sus
en em ig o s: el m ar separado en dos partes, la ti m í
entreabierta, un pan celestial, aguas abundantes sa­
cadas de las rocas por el contacto de una vara, el
cielo que les ofrecía una señal visible para indicarles
su cam ino, y otros m ilagros sem ejantes que vieron
¿AGUADA. 135
durante cuarenta años. EL pueblo de Israel 110 era ni
mas inteligente ni m as diestro que los oíros pueblos
que habiéndose entregado á sus sen tid o s, no podian
concebir un Dios in v isib le; al contrario, e ia rudo y
rebelde, lauto, y q uizá m as que n in gú n o lio pue­
blo; pero este Dios in visible en su naturaleza, Fe h a­
cia de tal m odo conocer, por los continuos m ilagros,
y Moisés los inculcaba con tanta fu e r z a , que al fin
este pueblo carnal se dejó Llevar de la idea de nn Dios
que nacia lodo por su palabra, de un Dios que era to­
do espíritu, tazón 6 inteligencia. De esta suerte m ien­
tras que la idolatría, tan propagada desde Abraham ,
cubría toda la tierra, sola la descendencia de este pa­
triarca se h allab a libre de ella: sus enem igos lo ates­
tiguaban, y los pueblos en que la verdad de la tradi­
ción no se 'h a b ia apagado enteram ente, gritaban con
adm iración : «No se ven ídolos en Jacob, no se ven
presagios supersticiosos, porque es nn pueblo que
confia en el Seüor, su D ios, cuyo poder es in visi­
ble (I) >- Lo que habia de mas notable y de m as herm o­
so en esla le y , que preparaba el cam ino á una ley m as
augusta, m enos cargada de cerem onias, y m as fecu n ­
da en virtudes. Moisés, para tener al pueblo en expec­
tación de esta le y , le confirm a la venid a del gran pro­
feta que debia salir de Abraham , de Isaac y de Jacob:
Dios, dice él, h ará salir de en m edio de vuestra na­
ción y del núm ero de vuestros herm anos, un profeta
semejante á mi (?}. El profeta sem ejante a Moisés, le­
gislador com o él, ¿quién puede ser sino el Mesías cu­
y a doctrina debia un dia arreglar y santificar todo el
universo? (3)

¡1) Núm. x x m , SI, 22 y 23.


13} Dcut, XV1I1; 15-1B.
(3¡ Eaflfiuet, Discurso sobre la historia universal, RCjrunda parl-t-.
CAPÍTULO IV.

I.os hebreos cti tiempo de Josud -Conquista y distribución del


país de Canaan.

fioauí.—l.- x x iv .j

1451— 1426 .

La región de Canaan, ó la tierra prom etida, llam a ­


da h o y Palestina, está situada entre los 31 y 34 grados
de latitud, y confina por el Norte cou el m onte L íb a ­
no, por el Este y Sur con las a lias m ontanas que de­
tienen a l aire abrasador de los desiertos de la Arabia,
y por el Oe¡¿te con el M editerráneo conocido en la
Escritura con el nom bre de Grande mar, porque los
hebreos apenas conocían el Océano, y llam aban co­
m unm ente m ar á todos los lag os El in terior del país
está cortado por u n gran núm ero de m ontañas y de
colinas, que casi lodas pertenecen á u n a larga cadena
Formada por la prolongacion del A n ti-Líbano , y que
atraviesa el país de Norte á Sur: allí se v e al Norte
el m onte Hem on, al Oeste el T h a b o r y el Carm elo, ter­
m inado por un cabo del m ism o nom bre: en el centro
los m ontes de EpKraim, donde se encuentran loa de
Crelboe, Hcbal y Garicim a l Sur: en Qn, la su bid a del
Escorpion en los confines de la Arabia. Otras m onta­
nas se estienden al Esle: las principales eran las de
Galaad y Abarim : el m onte N ebo, donde m urió Moi­
sés, form aba parte de estas ú ltim as. Los principales
SAGRADA. 1,17
lagos de la T ierra Santa son, al Norte el lago Meron y
el de Genezareth, llam ado tam bién m ar de T ile ria d e s,
y al Sur, el lago Aspháltito, m ar Muerto, sobre cu yo
borde se b ailab an en tiempo de Abraham , las ciuda­
des culpables, destruidas por el fuego del cielo. El
Jordán es el ún ico rio que rie g a el país, e l cual corre
de Norte á Sur, atraviesa el lago de Meron, el de Ge-
nezareth y desem boca en e] m ar Muerto. Esta región
se halla adem ás bañada por nn gran niim ero de cor­
rientes, siendo las principales el Kisqn, el Sorec y el
Dezor, que desaguan en el Mediterráneo, y el Cedrón,
el Jabolv y el A nión que desaguan en"el lago As-
]jháltilo.
La inm ediación del m ar y alias m ontañas co n tri­
buye á tem plar la ardiente tem peratura del clim a. El
país cortado por una m ultitud de colinas y de valles,
cubiertas en otro tiem po de vinas y fu-boles frutales,
presenta un aspecto m u y variado. Las llu via s son allí
muy escasas, pero arregladas, y caen en la prim avera
y en otoño: asi es que la Escritura hablando del año
como de un dia, la llam a l h m a de la m añana y llu ­
via de la tarde. La abundancia de los rocíos com pen­
sa la escasez d é la s aguas. Este país encierra vastas
llanuras propias para el cultivo y para pastos: era m u y
fértil en otro liem po, y se infiere que fuese cierto,
por la relación de los espías de Moisés, y por el fa­
inos u racim o de uvas que trajeron de atjuel país.
En la época en que Josué la conquistó ocupaban
la tierra de Canaan siete naciones principales, á sa­
ber: 1 .* los cananeos propiam ente dichos, entre los
cuales se com prendían los sidonios ó fenicios, estaban
situados entre el Jordán y el m ar Interior: 2 .” los phe-
leseos, nación pastoril, habitaban el Norte de las m on­
tañas de Ephraim : 3 .° los heveos al Mediodía de los
phereseos: í - ' los jebuseos ocupaban á Jem salen, lla ­
mada entonces Jebus y sus cercanías: 5 .” los heteos
ocupaban las montañas del Mediodía: B.° los am or-
iheos habitaban al principio y al P oniente d el lago
Vsphúltito, habiendo pasado despues al Nordeste del
136 HISTORIA
mism o lago: 7 ." en fin, los filisteos ocupaban la costa
m eridional del m ar Interior, y acabaron por confun­
dirse con los fenicios. Todos estos pueblos estaban su­
m idos en la idolatría y en los vicios m as infam es, con
desprecio de los testimonios m as palpables que Dios
les habia dado en otro tiem po con la destrucción de la?
ciudades, c a y o lu g a r ocupaba el m ar Muerto. Los he­
breos necesitaban una patria, y Dios les dio el país en
donde habían vivido sus padres, país m arcado y a con
el sello de sus desconocidos ju icios y en donde, para
esth'pav la adoracion de los ídolos im puros, era preci­
so destruir <1 sus adoradores. Los habitantes idólatras
de esta región fueron condenados al esterm inio, v Jo­
sué al ejecutar esla sentencia, uo hizo por otra partí*
sino lo que autorizaba el derecho de la gu erra en
aquellos tiempos remotos en que la consecuencia ha­
bitual de toda conquista era la m uerto ó la escla­
vitud.
Su m inisterio em pezó por m agníficas revelaciones.
«Moisés m i siervo ha m uerto, le d ijo el Eterno, ahora
levántate, pasa el Jordán tú. y tu pueblo, para entrar
en el país qne doy <í los hijos de Israel. Y o os d oy todo
lu ga r que pisen las plantas de vuestros pies, com o ya
dije á Moisés, desde el desierto y el Líbano hasta el
gran rio Eufrates, y todo el país de los héteos hasta el
P.randp m ar. N iguno se resistirá, delante de tí m ien­
tras tú vivas, porque seré contigo, asi com o he sido
con Moisés. Que no se separe de tu presencia el libro
de rni doctrina, m editarás en él d ia y n och e á ün de
que ejecutes lo que contiene y entonces prosperarás.
Sé firm e, sé fuerte, y no temas, porque contigo estó
e l Eterno lu Dios.»
N ada podia y a contener A los hebreos en el de­
sierto, y Josué previno al pueblo que en tres dias se
prepararse para pasar el Jordán. La ciudad de Jericó
é r a la prim era que se ofrecía á la vista sobre la orilla
opuesta y se enviaron espías para reconocer las de­
fensas, los cuales habiendo sido descubiertos, debie­
ron la vida y !a libertad á una m ujer llam ada Rahab
SAGtUDA. 139
que los hahia recibido en su casa. A su vu elta hizo Jo­
sué bajar al pueblo hácia el rio, y fijó para el tercer dia
la entrada en Canaan. «Santificaos, dijo á los hebreos,
porque m añana hará prodigios el Eterno en m edio de
vosoLros.» Josué arregló el orden de m archa de una
manera solem ne, y todo el pueblo avanzó, teniendo á
la cabeza el arca de la alianza conducida por los sacri-
fieadores. El Jordán corría caudaloso, pero tan pronto
como los portadores del arca pusieron el pié en sus
aguas, se dividió; las aguas, amontonadas á un lado
corrieron por el otro, los sacrificadores se m antu vie­
ron de pié en el cauce del rio, y todo el pueblo desfiló
en seco por delante del arca. Dos m onum entos de do­
ce piedras cada uno (m ía piedra por cada tribu) fu e­
ron levantados en m em oria de este paso m ilagroso, el
«no en m edio del prim er cam pam ento, en la tierra
prometida, y el otro en el cáuce m ism o del rio.
Josué estableció su cam po cerca de GaJgala al
oriente de Jericó. S u prim er cuidado fué m andar que
se circuncidase la generación nacida en el desierto, y
despues se celebró la pascüa. Desde el dia siguiente
dejó de caer y a el m aná, y los israelitas se alim enta­
ron del pan de la tierra prom etida.
Amenazaban á Jericó fortificada con terribles m u­
rallas, cuando el ángel del Eterno se apareció á Jo­
sué, le dió las instrucciones d ivin as, y le predijo la
manera m ilagrosa con que le seria entregada esta ciu ­
dad. Dócil á las órdenes del cielo, llam ó Josué á los
sacrificadores, y les dijo: «Traed el arca de la alian/.a,
y que suenen la bocina siete de vosotros delante de
ella,» y dijo al pueblo: «Pasad, dad lavu eltaalred ed or
de la ciudad, y que los guerreros precedan á el arca
del Eterno.»
Seis dias consecutivos fu é llevada así el arca en
triunfo alrededor de la ciudad sitiada: siete s a a ific a -
dores tocaban la bocina m archando delante de ella,
y todo el pueblo seguia en silencio-, el séptim o dia h a ­
bia dado el arca siete veces la vu elta á tas m u rallas,
y la últim a vez cuando la bocina hubo sonado, dijo
IlíSTIJUIA
Josué: «Dad gritos, porque el Eterno os h a entregado
la ciudad; que sea escom ulgada ella y todo lo que en­
cierra, escepto Rahafc y los de su casa: no loqueiB el
botín, pues la plata, el oro, el bronce y el hierro todo
es para el Eterno.)) El pueblo dió un gran grito, la?
bocinas sonaron y cayeron las m u rallas de la ciudad:
Israel se lanzó y Jericó fué conquistada. Todo pereció
a llí al filo de la espada: Rahab sola y su fam ilia salva­
ron la vida. L a ciudad fué entregada á Las llam as, y
Josué pronunció un anatem a pro fótico, diciendo: «Mal­
dito sea el hom bre delante del Eterno que se levanta­
re y reedificase á Jerico.»
La ciudad de Hai fué despues atacada, pero sin re­
sultado , y el enem igo vencedor rechazó á los sitia­
dores. El pueblo en vista de este se llenó de espanto.
Josué se cubrió con un saco y ceniza, se prosternó en
tierra y recurrió a l Señor: conoció entonces la causa
de este revés. Habíase com etido u.n crim en en Israel
y Dios se habia separado de su pueblo. Echáronse
suertes entre las tribus y las fam ilias de fsrael, y A chai i
fu é m ilagrosam ente designado como el culpable: con­
fesó su crim en, y dijo que habia tom ado para <51 una
parte del prohibido botín, y Josué pronunció la sen­
tencia. A fh an fué entregado 1 las llam as, con todo lo
que le pertenecía, é Israel conLinuó su s conquistas.
L a ciudad de Hai cayó en su poder y tuvo la suerte de
Jericó.
Habia llegado y a el tiempo de cum plir u n a de las
órdenes m as precisas del legislador. Josué quiso, des­
pues de estos prim eros triunfos, p ro n u n ciarlas bendi­
ciones y m aldiciones solem nes dictadas por el mismo
M oisés,'y en las cuales estaban condenadas todas las
abominar-iones de los cananeos. Se adelantó, pues,
con su pueblo hácia las m ontaíias de Hebal y de Ga-
ricim , y levantó en la prim era un altar de piedra sin
ta lla ren donde se ofrecieron sacrificios p a c ific o s: las
palabras de la le y se escribieron a llí, sobre otro mo­
num ento barnizado de cal. Teniendo el pueblo en
m edio el arca de la alianza, á los sacrificadores y le­
SAGRADA. 141
vitas, cubrían los flancos de las dos m ontañas y hacia
Trente, la mitad á la cim a de Hebal y la otra m itad á
la de ( l a r i d m . E ntonces dió principio la im ponente
«■eremonia: las bendiciones, ó leyes del deber, fueron
pronunciadas sobre el G a ric im : y las m aldiciones ó
leyes de prohibición en el m onte Hobal: á cada am e­
naza respondía el pueblo á una voz , amen, condenán­
dose ¡i si de antem ano si llegaba á ser in fie l.
Sin em bargo, los reyes de Canaan se unieron con­
tra Israel: pero los gabaonitas, pueblo de este país, no
entraron en esta lig a , y recurrieron á un a astucia
para evitar la destrucción. Algunos de ellos se pre­
sentaron en el campo de Israel como em bajadores de
un país lejano: sus vestidos llenos de girones, sn cal­
lado roto, los restos de un pan duro y enm ohecido
por toda p ro v isio n , eran o lía s tañías m uestras de un
largo viaje: evitaron el h ablar de las ciudades de Hai
y de Jericó, y aparentaron no oslar instruidos sino de
las m aravillas de la salida de Egipto y de las victorias
del otro lado del J o r d á n , venían en nom bre de su
pueblo á exigir de los hebreos un juram ento de alian ­
za. Josué y los jefes de Israel habiendo descuidado
consultar al Eterno, no descubrieron la astucia, hicie­
ron alianza con estos diputados, y prestaron ju ram en ­
to solem ne de respetar su tribu. Los hebreos levanta­
ron su cam po, y apenas habian m archado tres dias,
cuando con gran sorpresa llegaron al país de los ga-
baonitas, que se les h abía dicho hallarse tan lejos.
Murmuraron contra sus jefes que se habian dejado
■mgaiiar, pero Josué no quebrantó por eso su ju ra ­
mento: dejó la vid a á los gabaonitas, á quienes redujo
á la esclavitud, y despues se hicieron cortadores de
leba y conductores de ajm a para el servicio del altar
del Señor.
Los reyes de Canaan, entre los cuales estaban el
de los am orrheos y Adonisedec, rey de Jerusalen,
miraron com o un a traición la sum isión de los gabao-
nitas y m archaron contra ellos para castigarlos: estos
llamaron ;l los hebreo* en su socorro: Josué acudió, y
142 HISTORIA
el Eterno le prometió la victoria. D ióseun a gran hata-
Ita cerca de (íabaon que decidió de la conquista. Des­
pues de una terrible m atanza los am orrheos huyeron
n ácia las m ontañas de Béthoron: el cielo se oscureció,
estalló una tempestad, un enorm e pedrisco m ortificó
á los fugitivos perseguidos por los hebreos: Josué los
anim ó y en el ardor del com bate esclamó: «Párate sol:
y tu luna, no avances por el va lle de A ilou.» El dia
se prolongó según la palabra deJosué, q u e acabó de
esterm inar á los Ínfleles. Sus cinco reyes s b habían
ocultado en una caverna cerca de Meceda. Josué los
hizo com parecer y en presencia del ejército victorio­
so, dijo á s u s oficiales: «Acercaos, poned vuestros piés
sobre el cuello de estos reyes, uo teníais, sed Tuertes y
firmes, porque así liará el Eterno á todos vuestros
enem igos.» La m uerte de estos príncipes term inó esta
gran jom ad a: sus ciudades, Maceda, Lebna, Eglon y
otras m uchas cayeron despues en poder de los vence­
dores, y Josué dueño de todo el Mediodía de la tierra
prometida, vo lvió triunfante al cam po de G algala.
Formóse una n ueva liga contra lo s hebreos eutre
las poblaciones septentrionales a in stig acio n ele Jabin,
rey de Asor: sus jefes hicieron alianza y reunieron sns
tropas cerca de las aguas de Meron. Josué, á quien el
Señor prom etió la victoria, vino á caer sobre ellos y
triunfó como en G-abaon, y estos pueblos y sus reyes
fueron estenninados. Los filisteos debilitados á su vez
en el interior de las tierras, no conservaron sinn su
territorio del litoral del Mediterráneo h á cia el Sihor <5
torrente de Egipto. Term inóse la conquista, y sin em ­
bargo, alguna que otra poblacion atrinch erada en el
Líbano y en las montañas de Judá hácia el Mediodía,
conservó su independencia, y lo sjeb u seo sp erm an ecie­
ron en posesion de Jerusaleii hasta el tiem po de
David.
Josué habia hecho en siete años la conquista de la
tierra prom etida. Era preciso proceder á su partición,
para que Israel se hiciese una n ación, y consagró to­
dos sus cuidados ;í esta grande obra, rfizo recori-er y
SAO HADA. 143
medü' el país, 1l> dividió según la Tuerza de cada Iribú
y cum plió todas las promesas de Moisés. Los hijos de
RuJoen, de Gad y la m edia tribu de Manassés, despues
de haber ayudado fielm ente á sus herm anos durante
la conquista, vo lvieron á sus posesiones en el Oriente
del Jordán: las otras tribus recibieron su parte a l Oc­
cidente del rio. Las ciudades levíticas fueron disper­
sadas por lodo el país, de cu yo níi-mero ti-ece ciu da­
des designadas por la suerte en las tribus de Jndá, de
Sim eón y de B enjam ín , fueron dadas á los sacerdotes.
Se eligieron sobre las orillas del rio las ciudades de
refugio, en que, según la le y de Moisés, debian poner­
se al abrigo de toda venganza los culpables de un h o­
micidio involuntario. Josué tuvo por posesion Tirri-
nath-Sirah, en las m ontañas de Ephrain en el centro
de Canaan, y el tabernáculo fu é levantado en Silo.
El sucesor de Moisés habia gobernado á Israel d u -
iante veinte y cinco años, y su obra estaba terminada:
conoció que se acercaba su fin, y convocó por dos ve­
ces alrededor de Él, á todo Israel, á sus ancianos, á sus
pontífices y á sus jueces. «Vedme aquí hecho un an­
ciano, les dijo: vosotros habéis visto como h a Lratado
el Eterno vuestro Dios á lodos los pueblos de este país,
porque él h a sido el que h a com batido por vosotros:
tratad, pues, de gu ard ar y ejecutar todo lo que está
escrito en e l libro de Moisés: no os m ezcleis entre esos
pueblos que se h a n quedado con vosotros, no ju réis
por sus dioses ni les sirváis, perm aneced adheridos al
Eterno vuestro Dios: él os ha dado, segú n sus prom e­
sas, un suelo que vuestro sudor no h a hum edecido to­
davía, ciudades que no habéis edificado, vi tías y o li­
vos que no h a lé is plantado: pero así com o ha cu m pli­
do toda palabra buena q n e h a pronunciado, sabed
también que el Eterno cum plirá toda palabra m ala
hasta hacer que perezcáis en este herm oso país que os
ha dado: elegid h o y al que queráis servir: por lo que
toca á m í y á m i casa servirem os a l Eterno.® El pue­
blo respondió: «No dejarem os al Eterno por los dioses
Rstraüos: él es al que querem os servir, y obedecere­
HISTORIA
mos su voz.» Josué escribió estas palabras en el lib r"
4 e la doctrina, despues tomó u n a gran piedra, y h a ­
biéndola colocado al lado de un roble cerca del" san­
tuario del Eterno, dijo al pueblo: «Que esta piedra sea
un testim onio contra vosotros á fin de que no negueis
á vuestro Dios.»
Josué m urió despues de esta sencilla é im ponente
solem nidad y fué sepultado en su heredad, habiendo
el pueblo perm anecido fiel á l Se&or durante su vida y
la de lo? ancianos que le sobrevivieron.
c a p íiu u i y.

Ifracl Imjo la autoridad de los sacerdotes, délos ju re ro y de lot


ancinnos hasta la m uerte de Sansón.

(Libro d t Iob Jueces. Ruth.)

14‘¿6— 111G.

Los historiadores sagrados 110 h an dejado m as que


una pequeña reseña sobre los tiem pos que han segui­
do á l a m uerte do Josué Dios daba entonces sus res­
puestas por la boca del gran sacerdote, y los ancianos
de cada iribú gobernaban el pueblo-, la tribu de Judá
ocupaba el prim er lu gar y conducía los ejércitos de
Israel ( 1). Los hebreos vivieron así durante treinta, ó
cuarenta años fieles al culto de Jehovah. Hácia este
tiempo tuvo lu ga r, bajo el pontificado de Pliin ees,
nieto de Aaron, una trágica y lam entable historia, cu­
ya fecha no fijó la Escritura, y que por poco no des­
truyó un a tribu entera. L a m ujer de u u levita de
Ephraim habia m uerto á causa de ulLrajes y horribles
violencias en Gabaa, ciudad de Benjam ín. Habiendo
llevado el levita á su c;¡sa el cuerpo de su m ujer hizo
de él doce partes y envió un pedazo ensangrentado á
rada tribu pidiendo venganza. Israel se levantó com o
un solo hom bre, dice la Escritura, corrió á las arm as,
y requirió á los benjam itas para que entregasen á los

(1> Jueces, 1, 2.
146 HISTOHIA
culpable». Aquellos lo rehusaron, y despues de dos
batallas ganadas sobre Israel fueron derrotados y pa­
sados á cuchillo á. escepcion de seiscientos hom bres.
Los vencedores no perdonaron ni á las m ujeres, ni á
los niños, llu b o grande lulo en Israel, y se levantó en
Silo un grito de dolor delante del tabernáculo. «Señor
Dios de Israel, dijo el pueblo ¿por qué h a desapareci­
do entre nosotros, casi toda una tribu? Ofreciéronse
holocaustos y sacrificios pacíficos, y se preguntaron
despues los vencedores: «¿En dónde tom arán m ujeres
nuestros herm anos de Benjam ín, puesto que hem os
ju rad o que no les daríamos nuestras hijas?» Los israe­
litas se habian obligado, en virtud de un juram en to, á
castigar & todos aquellos que no com batiesen contra
Benjam ín: y com o los habitantes de Jabes y Galaad 110
habian m archado contra ellos, fueron esterm inados y
robadas de su ciudad cuatrocientas doncellas, que fu e­
ron entregadas á los benjam itas que habian sobrevi­
vido. Estos últim os eran seiscientos, y se perm itió á
los que no tenian todavía m ujer, que robase cada uno
para sí una jóven de Silo, cuando saliesen de la ciu­
dad bailando para celebrar la fiesta solem ne del Se-
fior. De este modo evitaron los israelitas la destruc­
ción total de la tribu de B enjam ín, sin quebrantar su
tem erario juram ento.
Esle terrible acontecim iento d a una idea de la fe ­
rocidad de las costum bres de aq u ella ópoca. A m edida
que los hebreos se alejaron de los tiem pos en que h a­
bían vivid o Moisés y ,J osué, se hicieron m as sem ejan­
tes á las naciones ignorantes y crueles que les rodea­
ban: y en fin, cuando todos los testigos de la conquis­
ta estuvieron y a en la tum ba, las nuevas generaciones
se separaron con frecuencia de los cam inos del Señor,
ara servir á las divinidades de las naciones vencidas,
S ios habia perm itido que m uchos pueblos de Canaan,
y principalm ente I q s m oabitas, l o s m adian ¡tas, los
am alecitas y los filisteos, no fuesen enteram ente des­
truidos ni espulsados de su país, á fin de que sirvie­
sen de instrum ento á su ju sticia providencial, y que
SAGRADA. 147
el pueblo de Israel se m antuviese en un saludable te ­
mor á los castigos celestiales. Mientras se m antenía
fiel á la ley santa, estas naciones estaban sujetas i él,
pero le oprim ían cruelm ente, cada vez qne prevarica­
ba abandonando al Señor por los falsos dioses. Las
persecuciones y la desgracia hacían que volviesen á
Dios sus hijos estiaviados: los hebreos im ploraban en ­
tonces al Eterno y reconocían por jefes á hom bres, en
quienes Dios había puesto su fuerza, y que recibieron
el nombre de jueces. Cuéntanse quince nasta Sam uel
que fué el últim o. Por ellos hacia Dios la libertad de
sn pueblo, y gobernaron sucesivam ente íí Israel, du­
rante un periodo de trescientos treinta y nueve aüos,
sobre el cual nos ha ilustrado m u y poco la historia.
Los prim eros ju eces de Israel fueron Othoniel y
Vod, los cuales libraron sucesivam ente al pueblo del
yugo de Chusa» re y de Mesopotamia, y de Eglon rey
Moab, que m urió asesinado por Aod. Sam gar, despues
de estos, libró á Israel de los iilisleos. Jabin rey de
Canaan, oprim ió despues durante veinte anos ti los
hijos de Israel, los cuales creyeron al Seüor, y reco­
nocieron por ju ez á una célebre profetisa llam ada Dé-
bora, la cual se sentaba debajo de una palm a que te­
nia s u m ism o nom bre entre R am a y Bethel en el m on­
te de Ephraim , donde ju zgab a al pueblo. Marchó al
cómbale con Barac, general de los hebreos, y venció íi.
los enem igos. Sisara, su jefe, pereció m iserablem ente
asesinado por la m ano de una m u jer llam ada Jahel,
<jue lo habia recibido en su tienda, y que durante su
sueíio le atravesó la sien con una cla v ija de hierro.
Heliora celebró su victoria con un cauto guerrero, que
es uno de los m as herm osos m onum entos de la poesía
hebrea. «Jehovah, dice ella, h a hech o estallar su ven­
ganza, el pueblo ha peleado y h a corrido volu ntaria­
mente al peligro: ¡bendecid ai Seiior! ¡Oid, reyes, es­
cuchad príncipesl yo so y , yo soy la que cantaré, y o
la q u e celebraré á Jehovah, al Dios de Israel, Je! lo van.
Cuando apareciste en los cam pam entos de Edon la
tierra tembló, los cielos enm udecieron y las m ontañas
148 KÍSTOHIA
se conm ovieron ante tu presencia. En los dias de Sani-
ga r, se prohibió v ia ja r y trabajar en los cam pos de Is­
rael hasta que yo m e levanté, y o , Débora, y o , la madre
de Israel. Bendecid á Jehovah los qne os sentáis sobre
ricos lapices y los que cabalgais sobre lucidos asnos:
celebrad sus beneficios, y tú , Barac, levántale y echa
m ano de tus cautivos. S e han salvado las reliquias del
pueblo, porque el Seíior com batió con los valientes:
el cielo h a peleado contra ellos: el torrente de Kison
ha arrollado sus cad áveres......Que sea bendita entre
las m ujeres Jahel, m ujer de Heher! ¡qué sea ben­
dita! Jahel h a herido á Sisara...... El rodó ante sus
piés. se revolcó en su sangre y en su v id a ...... L a m a­
dre de Sisara m irando por la ventana daba alharidos
y decia desde su cuarto: ¿Cómo tarda en volver su car­
ro? ¿Cómo son lan pesados los cuatro piés de su caba­
llo?— ¡Vhora quizá, responden sus m ujeres, está repar­
tiendo los despojos y se está escogiendo para él la
mas herm osa de las mujeres-, vestidos de diversos co­
lores se dan á Sisara por despojo y se am ontonan v a ­
rios aderezos para adorno del c u ello ...... Así perezcan,
Sefior, todos lus enem igos, y los que te am an, b rillen
como el sol en Oriente.»
Despues de esta victoria el país perm aneció cu a­
renta años en pa/., pero los h ijos de Israel pecaron to­
davía contra el Sefioi\ el cual los entregó por siete
años en mauos de los madianiLas: en fin, (íedeon, h ijo
de Joas, y habitante de la ciu dad de Ephra, fu é e leg i­
do para librarlos. Un dia que estaba sacudiendo y
lim piando el grano en su la g a r, apareciósele el ángel
d el Señor bajo nn roble, y le d ijo : « El Seüor es con­
tig o , |oh e l m as fuerte de los h om b res!— Si el Seüor
estA con su pueblo, respondió fledeon, ¿de dónde vie­
nen tantos m ales com o padecemos? ¿Donde están aque­
llas sus m aravillas que nos contaron nuestros padres?
Ahora nos h a abandonado y entregado á los m adia-
nitas. » El ángel le dijo: "-Marcha, que con tu fuerza
librarás ú Israel, pues D ioses el que te en vía .— ¿Cómo
podre yo librar á Israel? pregunto fi-edeou, siendo mi
SAGRADA. lia
familia Ja últim a de Manassés, y yo el m enor de la
casa de mi padre?— Dios será con tigo, le respondió el
á n g el, y derrotarás á los m adianhas como si fueran
luí solo hom bre.» Gedeoii dudaba todavía: pidióle una
señal para garantía de esta prom esa, y entrando luego
en su casa le preparo uu cabrito y se lo ofreció a l á n ­
gel, bajo el roble, con pan sin levadura: el án gel hizo
llevar esta ofrendaá. la punta de una roca: la tocó con
el báculo que tenia en la m ano , y las llam as que sa­
lieron de ella la consum ieron com o en holocausto. En­
tonces, Gedeon. sobrecogido de tem or y de un profun­
do respeto, conoció que era u n ángel del Seüor el que
le hablaba, y recibió la orden de derribar en Eplira el
altar de Baal y el bosque que le habia sido consagra­
do Obedeció durante la n o c h e , y al levantarse los de
Ephra, vieron un altar erigido al verdadero Dios en
«f paraje de su ídolo derribado.
Sin em bargo, los m adianitas, ligados con Los am a-
lecitas pasaron el Jordán , y fueron á acam par en el
valle de Israel. Al llam am iento de Gedeon se reunie­
ron los hebreos, lo reconocieron por ju ez, y se dispu­
sieron al com bate. Antes de partir su p lica Gedeon al
Señor que le conceda nuevas señales de victoria, y dos
milagros sostienen su Té y su valor, esliende una piel
de oveja en su hera: el prim er rocío no hum edece m as
■iue el vellón, y la tierra perm anece seca: eL segundo
humedece el su e lo , y el vellón perm anece seco A su
vez, com o pasado un dia de sol. Fortificado Gedeon
poreslos m aravillosos testim onios, se pone en m archa
5' se adelanta hasta el tórrenle de Harad, á la cabeza
de treinta y dos m il hom bres. Israel, tan poderoso por
su núm ero, hubiera podido envanecerse, y decir o lv i­
dándose d el Eterno: <Oío me h e librad o p or m i fuerza.»
Para prevenir esta in gratitu d , m andó Dios ¡i Gedeon
<|ue de todo su ejército reservase tan solo aquellos que
al pasar el torrente bebiesen sin doblar la r o d illa , y
que despues atacase con ardor al enem igo á favor de
la oscuridad.
Trescientos hom bres fueron los únicos que behie-
150 HISTORIA
ron sin detenerse y sin doblar la r o d illa , que fueron
los que Gedeon conservó cerca de 61. FI120 qu e cada
uno tomase una trom peta y un vaso de tierra vacío,
con una antorcha en el centro, y le dijo: «Haced vos­
otros lo que m e veáis hacer: yo entraré en el campo
de los enem igos, y cuando tocare m i trom peta, tocad
lo nñsm o vosotros alrededor del c a m p o , y gritad á
una voz: ¡uiutf ri Señor, viva- GedeonI»
liú d a la m edia noche, los guerreros de Is r a e l, d i­
vididos en tres colum nas, se adelantan en silencio
hácia el enem igo y rodean su cam po. A la seüal de su
je fe rompen sus vasos, agitan sus antorchas y tocan la?
Lrompetas, "rilando : La espada del Seüor 3/ de Gedeon.
Los m adianilas, sorprendidos en su sueüo y en la os­
curidad , asustados con el resplandor de las antorchas,
consideran su cam pam ento presa de las llam as d el ene­
m igo , vuelven sus arm as los unos contra los otros,
h u y en en desorden, y Gedeon term in a la victoria y el
rescate de Israel.
El p u e b lo , en to n ces, dijo á G ed eon : «Sé nuestro
príncipe y rein a sobre nosotros t-ü y tus descendien­
tes, porque nos has librado del poder de los m adiani-
tas.» Él respondió: «-Yo 110 seré vuestro principe, ni mi
h ijo , sino que lo será el Seíior, y él reinará sobre vos­
otros.» Gedeon acabó apaciblem ente su s dias , y m u­
rió en un a edad a va n za d a , despues de haber ejercido
cuarenta años las funciones de ju ez en Israel. Habia
tenido setenta hijos de diferentes m ujeres. Despues de
su m uerte, uno de e llo s , llam ado A b im e le c , hom bre
am bicioso y c r u e l, fué en b u sca de sus parientes S
S ic h e m , lu gar del nacim iento de su m a d r e , y los se­
dujo cotí sus artificiosos discursos. « Este es nuestro
herm ano,» dijeron ellos, y 'le ofrecieron una parte del
tesoro guardado en el tem plo de su idolo, porque h a­
bian caido en la idolatría. Con esta siuna Abim elec
asalarió un a tropa de vagabundos y asesinos: fué e s­
collado por ellos á la casa de su padre en E phra, y
m ató á todos los hijos de Gedeon herm anos su y o s, ¡í
escepcion de .loathñm, el mas jó ven , qu e h u yó y per-
SAOKADA, 151
maneció oculto, til asesino volvió despues i Sichem ,
cuyos h ab itan tes, reunidos junto á u n roble, le pro­
clamaron rey . Con este m otivo salió Joathaui del pa­
raje en que habia estado o cu lto , y subió al G aricini.
Allí, levantando la voz: «Kscuchadme, esclam ó, h abi­
tantes de Sichem , á fin de ciue Dios os oiga tam bién.»
Cuando los hubo reunido al lado de él, les refirió este
apólogo, que es el m as antiguo que h a llegado á nues­
tros días: «Reuniéronse un d ia los árboles para elegir
un r e y , y dijeron al olivo — R ein a sobre nosotros.—
Pero el olivo respondió:— ¿He perdido acaso m i fertili­
dad? ¿D ejaré, por ven tu ra , m i a c e ite , que sirve para
honrar á. los dioses y á los hom bres , por ir A ¡estable­
cerme sobre otros árboles?» Despues los árboles dije­
ron á la h igu era: u V en y reina sobre nosotros.'» La
higuera respondió ta m b ién : «¿Se m e ob ligará á que
abandone m i suelo y m i esquisito fruto, p a raq u e m an­
de á los árboles?» L a v i ñ a , solicitada á la vez, contestó
del m ism o m odo. Los árb oles, en ton ces, dijeron al
espino: « "Ven, y reina sobre nosotros. » Y el espino
respondió : «Si m e nom bráis de buena fé vuestro rey,
venid y abrigaros á m i so m b ra , y si n o , que salga
fuego de niis espinas, y que devore los cedros del L í­
bano.— A hora, pues, prosiguió Joatham , considerad
si habéis obrado bien con G ed eon , y si le habéis re­
compensado según sus m éritos; porque m i padre ha
combatido por vosotros, h a espuesto su v id a , os ha
librado del poder de los m adianitas, y vosotros os h a ­
béis levantado contra la casa de m i padre, habéis ase­
sinado á sus setenta hijos sobre u n a m ism a piedra, y
habéis hecho ie in a r á A b im elec, h ijo de su esclavo,
sobre S ich e m , porque es uno de vuestros parientes:
asi, pues, si habéis obrado bien para con Gedeon, re­
gocijaos en A b im elec, y que Abim elec se regocije en
vosotros. S i n o , que salga fuego de Abim elec y con­
suma á Sichem , y que sa lga fu ego de Sichem y con­
suma á Abim elec.»
Joatham h u y ó & B eer, al norte de Judá, v bien
pronto se cum plieron sus m aldiciones. Estalló la dis-
h ist . sao . 11
152 tllSTUIVIA
■;oi’diu entre Abim elec y aquellos m ism os sioheinLlas,
que habían d ich o : «■¡Este es nuestro hernia no!» y se
urdió un a conspiración para derribarlo. Abünelec,
avisado por m ío de sus confidentes, c o rr e , cae sobre
los liabitautes de Sichem que habian salido para ata­
carlo , los d isp e rsa , se apodera de Sicliem , la reduce á
cenizas, y siem bra de sal todos sus cim ientos. Mil d -
chemilas', encerrados en una torre, perecen en medio
(le las 1Lamas. El íero/. vencedor m archa despues con­
tra T h e b e U , que había igu alm en tesacu d id o su yu go ,
y cuyos habitantes buscaron un asilo en la ciudadela.
Abim elec se acerca á sus m urallas para incendiarla,
com o la torre de Sichem : pero esla vez recibió el justo
castigo de sus crüneuos. Un pedazo de piedra de mo­
lino , arrojado por la mano de una m u je r , le rompió
el cráneo- Dirigiéndose entonces A su escudero, le diju
Abim elec espirante: « T ira de tu espada y m átam e,
para que 110 se d iga que m e h a m uerto una m ujer.»
El siervo ob ed eció, y la m uerte de A bim elec restable­
ció la paz en Israel. Así fué cum plida la am enaza pro-
K tica de Joalham .
T h ola, Lio paterno de Abim elec, fné despues de él
ju ez e a Israel y gobernó veinte y ires anos: tuvo por
sucesor á Jair de (lalaat que ejerció el poder veinte
y dos años. Duspues, añadió el pueblo á sus pasados
crím enes otros nuevos, prosternó delante de Baal y
Astaroth. Irritado ni S e ñ o r, lo entregó en m auus de
los Qlisteos y de los a m o n ita s; estos arruinaron las
tribus de Judá, de B enjam iu y de Ephraim , y los hi­
jo s de Israel su vieron en una grande aflicción. Vol­
vieron al Señor y le dijeron: * Hemos pecado: castíga­
nos á tu voluntad, p e ro á lo m enos por esta vez líbra­
nos, ¡ohEterno!» Rompieron sus ídolos y habiendo
adorado al S eñ o r, se juntaran para com batir á los h i­
jos de Anim on acam pados en el país de Galaad.
Habia enloucés en la tierra de T ob , en Siria, un
hom bre de Galaad llam ado Jephté, excluido de la he­
rencia palom a, y desterrado por su s herm anos, que
le reconvenían porque tenia por m adre á una concu­
SAÜHADA.
bina m ujer tic* m alas costum bres. J e p h lc , hom bre
fuerte y valiente, reunió una porcion de frente sin
verguen/a, y íi su cabeza viv ió del pillaje y del botín.
Amenazados por los amonitas, los habitantes de Gu-
laad, se acordaron del que habían desterrado, busca­
ron á Jephté en su destierro y le ofrecieron el m ando.
Jephté recibió sus juram entos, pronunció el su yo y
marchó contra los am onitas; pero antes de com batir
hizo un voto tem erario. «¡On Eterno! d ijo , si en-
l re gas en m is m anos ¡i los hijos de Am m on, lodo lo
que me sa lga al encuentro de m i casa cuando vu el­
va victorioso, seríi para el Señor y Lo ofrecen'! en
holocausto.» Dio una batalla á los h ijos de Am inon,
y el Eterno los abandonó, los persiguió desde A roer
hasta M ennith, y fueron hum illados ante los h ijos de
Israel.
Jephté volvió, pues, vencedor á Masplia, y su hija
única le salió al encuentro bailand o con sus compk-
fieras al son del tam boril: habiéndola visto rasfíó sus
vestiduras y esclamó: «¡Oh h ija inial tu vista me mu­
ra y me hace tem blar. iCnán desgraciado soy! ¡he h e­
cho un voto al Eterno y no puedo desdecirme!» Ella
respondió: «Padre m ió, dispon de m í.según haya si­
do lu palabra:» y habiendo sabido su voto bárbaro
pidió una gracia, y dijo: «Dejadme, padrem io, duran­
te dos m eses: iré, volveré al m onte y lloraré mi vir­
ginidad con m is jóvenes com pañeras.— V é, le dijo su
padre:» y ella m archó íi llorar con sus am igas sobre
ios montes de Galaad: pasados los dos m eses, su p a ­
dre cum plió su voto (I). Todos los años durante cua­
tro dias Las b ijas de los hebreos lloraban la triste
suerte de La h ija de JephltV
Bien pronlo estalló una gu erra civil entre la tribu
de Ephraim y lo.s habitantes de Galaad. Los hom bres
de líphaim , irritados porque no se les hubiese llam a-

Cl) Muchos autores plenSB.ii que Jiiplité no había hecho voló de


inmolar 4 su h ija , sino de ccn0nffrar]B para siempre al servicioda|
al inr.
HISTOIUA
(lo para peleui' cuntra los am onitas, y envidiosos de
los triunfos de sus herm anos, tomaron las arm as con­
tra Jephté, el cual los batió com pletam ente ponién­
dolos en total dispersión, pero un defecto de pron u n ­
ciación los entregó á los ven ced ores: estos ocupaban
el vado del Jordán y obligaron á los que huian á re­
petir la palabra sckibolcl (espiga); que solo los ephrai-
m itas entre Los h ijos de Israel no podían pronunciai"
correctam ente; este derecto hizo que fuesen conocidos
y les costó la vida. Cuarenta y dos m il hom bres de
Ephraim perecieron en aquella jornad a y se restable­
ció la paz en Israel. Jephté m urió despues de haber
ejercido por seis aiios Las funciones de ju ez del pue­
blo, y fué enterrado en (ialaad.
Los hebreos tuvieron en lo sucesivo por ju eces ¡i
Abesani, Ahialon y Abdon: pero habiendo com etido
nuevos delitos en presencia del Seüor, los puso bajo
eL poder de los filisteos en el que perm anecieron du­
rante cuarenta años.
Aparecióse entonces un ángel á una m u jer de la
tribu de Dan, asi como íi su m arido llam ado Manué,
les anunció el nacim iento de un h ijo á cu y a cabeza
no tocaría n avaja, y que debian consagrar a l Señor:
este será el que libertará á Israel, y un m ilagro vin o
A ser el testim onio de la promesa divina.
En efecto, tuvo Manué un h ijo á quien llam ó Sam-
son, el cual ju zgó á Israel durante veinte años y cu­
yos hechos apenas lian Llegado á nosotros, pero ates­
tiguan que uo siem pre íu é digno de su alta m isión,
y que se dejó arrastrar con frecuencia por bajas in cli­
naciones, olvidando los sagrados deberes que le im po­
nía su grave m inisterio.
Sam son tenia una fuerza prodigiosa. Un d ia cam i­
naba con su padre hácia una ciudad de los filisteos,
iara pedir una jo ven en m atrim onio, se presentó de-
fante de él un león Tunoso: Sam son lo derribó y lo
hizo pedazos sin m as arm as que sus m anos. Algunos
dias despues, volvien do á pasar por el m ism o paraje,
encontró en la boca del león m uerto u n enjam bre di*
SAGRADA. 155
abejas y u u panal de m iel del cual comió: posterior­
mente y durante la celebración de las bodas, propuso
este enigm a á treinta jóvenes que Las celebraban con
él: Del comedor ha nacido el alimento, y del /uerle ha
salid# la d u lzu ra . Treinta vestidos y treinta túnicas
debia dar ó recibir, según que se adivinase ó 110 el
« íigin a. Estos jóvenes arrancaron por sus am enazas
el secreto á la m ujer de Sam son y dijeron á este: ¡.Qué
r.osa- hay m as dulce que la m iel, y m-as fuerte que el león?
Samson perdió, pues la apuesta, y para pagarla, se fu é
ú Ascalon, m ató á treinta filisteos, dió sus vestidos á
Jos que habian esplicado su en igm a, y se separó de su
m ujer profundam ente irritado. Poco despues de esla
•ocurrencia y a l tiempo de la co se c h a , quiso verla v
volvió á su casa, pero supo que su padre, creyendo que
no volvería, la habia casado con otro. Fué tal su cóle­
ra en vista de esto, que ju ró guerra á m uerte á los
filisteos. Tom ó u n gran num ero de raposas, las ató de
dos en dos por las colas, v en m edio puso tizones ala­
dos; ¿ lo s que pegando fuego, soltó para que discur­
riesen por todas parles. Estas entraron lu ego por las
mieses de los filisteos é incendiándolas, fueron de tal
suerte abrasadas, que la llam a consum ió hasta las vi-
tias y olivares. En vista de esto dijeron los filisteos-.
'¿Qiiién h a causado este dallo?» y les fu é dicho: ((Sam­
son ha hecho esto, porque le han quitado su m u jer y se
lah an dado á otro. t>Y su b iéron los filisteos y quem aron
A la m u jer y i su padre. Sam son perm aneció oculto
en la caverna de la roca de Etam , fué descubierto por
los suyos, y tres m il hom bres de la tribu de Judá le
■entregaron á los enem igos cargado de cadenas. Sam ­
son se dejó conducir, y cuando estuvo en m edio de
■los filisteos, rom pió con u n solo esfuerzo las cadenas
■que sujetaban sus m iem bros, y cogiendo una quijada
■de un asno que h alló á m ano, mató con ella m il hom ­
bres. Los filisteos esperaban vengarse en Gaza en don­
d e un am or ilícito entretenía á. Sam son, y dispusieron
todo para sorprenderle una noche en aquella ciudad,
v-uyas puertas cerraron ; pero Samson las rom pió y
IIIST 'UIA
cargándoselas sobre las espaldas llevólas á la cum bre
del m onle (pie m ira á Hebron. Después de esto, fui'*
seducido por una m u jer llam ada Dalila, y su debildad
fué causa de su perdición. Esta m ujer ganada á peso
de oro por sus enem igos le preguntó en qué consistía
su fuerza: él eludió la contestación m añosam ente por
dos veces: pero vencido por su s reiteradas sú p licas le
dijo: «La n avaja no ha pasado jam ás por m i cabeza,
porque soy nazareno, es decir, consagrado á Dios des­
de m i nacim iento. S i m e cortan el pelo m e abando­
nará toda m i fuerza y seré débil com o los dem ás hom ­
bres.» Viendo D alila que lu h abia confesado la verdad,
invitó á los filisteos á que viniesen á su casa', y m ien­
tras doitnia Sam son, llam ó á un barbero el cual cortó
las siete trenzas de sus cabellos y habiéndolo desper­
tado le dijo: «Samson los filisteos están sobre tí.» Kl
quiso resistirse, pero su fuerza le h abia abandonado
con su pelo: sus enem igos le a taro n , le sacaron los
ojos, y lo llevaron á Gaza atado con cadenas, y en ­
cerrándole en la cárcel le hicieron dar vueltas á unn
noria.
Despues de algún tiempo se reunieron los prínci­
pes de los filisteos para sacrificar á. su dios Dagon y
celebrar grandes fiestas. En una di: ellas hicieron que
se presentase Samson á fin de que jnjxase delante de
ellos y los d ivirtiera. Los cabellos de Sam son habiau
comenzado á renacer, y bajo pretoslo de huscar un
apoyo hizo crue lo arrim asen A las colum nas que sos­
ten ian el Lecho del edificio, bajo del cual se hallaban
i punidos treinta m il filisteos. Entonces invocando al
Señor, abrazó las dos colím alas y bam boleándolas
con todas sus Tuerzas «Mumi Siimson, dijo, rm inn
filisteos: y el edificio se desplomó sobre todos los que
se encontraban dentro de él, y Samson al m orir hizo
perecer tim gran núm ero de enem igos que no había
m uerto durante su vida.
Una m ultitud de hechos revelan la rudeza de las
costum bres de los hebreos en aquella época: pero en­
tre m uchos ejem plos de barbarie, la Escritura nos pre­
s\Giun\. 157
senta también algunas relaciones interesantes que
atestiguan la sencillez de este pueblo. Entre los re­
cuerdos que nos ofrece de esla cíase, no h a y uno m as
piu'o ni mas interesante que la historia de Huth la
moabita.
Esta m u je r , habiendo quedado viuda de un israe­
lita. en el país de Moab. rehusó sen toarse de su suegra
Noemi, que despues de haber perdido á sus dos hijos,
volvió tam bién viuda, pobre y enferm a a) pais de Jndá,
en que habia nacido, a A cualquiera parte que lú va­
yas, le dijo R uth, iré yo tam bién : tu pueblo será mi
pueblo, y lu Dios será m i Dios.» Marcharon, pues, ju n ­
tas á Belhleem , al tiem po de la cosecha de la cebada,
y Hnth dijo un dia fl Noemi « Iré y recogeré las es­
pigas que caigan de las m anos de los segadores.— "Ve,
hija tnia, " respondió Noem i, y R uth m archó y recogio
las espidas que il)an dejando lus segadores en un cam ­
po que pertenecía ;l un hom bre rico* llam ado Booz,
palíenle de su m arido. Este hom bre habia oido hablar
con elogio del desprendim iento de Huth y de su v ir­
tud : fué él m ism o al cam po secado, y habiendo visto
¡í esta joven la invitó A incorporarse á s u s siervo s, or-
denAndoU no espigase en otro cam po que en el suyo.
Ruth saludó íi Booz y le d ijo : « ¿ De dónde para m í ka
dicha de haber encontrado gracia en tus ojos y que le
dignes saber quién so y , siendo una m u jer eslraujera?»
A la que respon d ió: «Me han contado lo qne has hecho
•oh lu suegra despues de la m uerte de tu m arido, y
que has abandonado á tus parientes y la tierra en que
naciste para venir ¡í un pueblo que no c o n o cía s: que
el Señor te prem ie según tus obras, y recibas un cum ­
plido galardón deí Dios de Israel, A quien has venido,
y bajo cu ya protección t.e has a c o g id o !» Buoz la in v i­
tó despues á que com iese con sus criados, y dijo á es­
tos ¡ «Cuando R uth q u iera se'.zar con vosotros lio se lo
estorbéis, y echad al propósito de vuestras gavillas a l­
gunas espigas para qne las coja.» Estuvo espigando en
el campo hasta la tarde y después llevó el m anojo á s u
suegra, la cual dió gracias al Señor. Habiendo tomado
HISTORIA
de R uth el nom bre del poseedor del cam po. Noemi
añad ió: «Este hom bre es pariente n u estro , y vale
mas que vayas con sus h ijas para que nadie te m o­
leste en campo ajeno.* Juntóse, pues, con las hijas de
Booz y espigó entre ellas hasta la conclusión de la
cosecha.
Sin em bargo, Dios reservaba una recom pensa m a­
yo r íi la joven m oabita. Según una ley de Moisés, la
viuda debía casarse con el pariente m as cercano de su
m arido, á m enos que éste 110 renunciase á su derecho.
Un d i a , p u e s , que Booz despues de cenar habia ido á
dorm ir sobre unas gavillas de m ieses. Ruth, por con­
sejo de Noem i, se acostó A sus pies. Booz la vió al des­
pertar, y la d i j o : « Que el Señor te b end iga, hija m ia,
porque no has buscado jóvenes pobres ó r ic o s : no te­
m as, todo el pueblo qne habita dentro de las puertas
de esta ciudad sabe que tú eres m u jer de virtud. No
niego que yo soy tn p a rie n te; pero hay otro que lo es
mas cercano que y o , y si tío quisiere quedarse contigo
Sor derecho de p ro x im id ad , yo te tom aré por m ujer:
esca n sa , p u e s , y duerm e hasta m añana. * Ruth dur­
mió , p u e s, á los piés de Booz hasta pasada la noche:
levantóse antes del dia. recibió un regalo de seis ephas
ó m odios (1) de cebada, con los cuales volvió á donde
estaba su s u e g r a , y con el corazon lleno de alegría y
esperanza.
Hallábase Booz sentado al d ia siguiente á la entra­
da de la c iu d a d , y viendo pasar a l pariente de Ruth,
le llam ó, obtuvo de él la cesión de su d e re c h o , y dijo
en presencia de los ancianos y del p u e b lo : «Vosotros
sois testigos h o y de que yo tomo por m u jer á K uth, la
m o a b ita .— Nosotros somos testigos, dijo el pueblo:
que el Señor haga que esta m u jer entre en tu casa como
Raquel y L ia , y que tenga un nom bre ilustre et Beth-
le e m !» Booz, pues, tomó A Ruth, tuvo de ella un hijo,
al cual Noemi prodigó las m as dulces caricias, y las
m ujeres, sus vecinas, la felicitaban d icie n d o : «Ha na-

rt) F!1 e¡rtia ír n u n a m edida d e ¡ytflnos.


SAGRADA.1
cido un hijo á. Noemi.» Llamáronle Obed: fué padre
de Isaí, j)adre de David.
Conviene que se lea en la m ism a Escritura esta
interesante h isto ria , que es un cuadro fiel de las
costumbres antiguas, y de las cuales no puede dar­
se sino una idea m u y incompleta, en 1111 estra d o tan
reducido.
CAPÍTULO VI.

Jleli, pontífice y Juez ilc Israel. — Nacimiento y gobierno tic Sa


m uel, último jnex. — Eslableeimienlo de la dignidad real.

(I. Reye», I - X .)

mr>. — 1095,
lin la época en que m u rió Sam son, u n a revolución,
sobre la cual las Escrituras 110 nos sum inistran la mas
pequeña noticia, habia hecho pasar por algún tiempo
el sacerdocio suprem o de la ram a de Eleazar A la de
U ham ar, h ijo segundo de Aaron. Heli, descendiente de
U ham ar, filé pontífice y ju ez, reuniendo así por la pri­
m era vez en su persona el poder político y religioso.
Bajo su pontificado nació el hom bre que debía contri­
b u ir poderosam ente 4 libertar á Israel, y á quien Dios
destinaba para qne diese un a n u eva form a de gobierno
A su pueblo. Una m u jer de la tribu de Ephraim , lla­
m ada A n a, afligida por su esterilidad, fu é á Silo, don­
de estaba todavía el Arca d é l a A lian za, y habiendo
pedido A Dios un hijo, e lla le prom etió, si escuchaba
fu ruego, que se le consagraría (1): m archó en segui­
da ¡i reunirse con E lcana, su m arido, en Ram a, donde
vivian . Allí se acordó Dios de ella, y tu vo u n hijo á
quien llam ó Sam uel. Destetado el vriíio, sus parientes

(1 f Cnnpji>>r»run liijo ni ScQOl'Sig'nlfkaha dedicarlo al nazarenU'


SAGIIAIU. 161
lo llevaron á Silo y á la casa del Seíior, en donde, des­
pues de haber ofrecido un sacrificio, lo presentaron á
Helí: volviéronse desjpues, dejando su h ijo cerca del
pontífice en la casa do Dios. Hallábase afligido Heli por
sus hijos Ophni y P liin es, que, siendo sacerdotes del
Seíior, robaban una parle de las ofrendas consagra­
das y com etían toda clase de abom inaciones, que su
padre condenaba pero no castigaba. Presen lósele í
Helí un profeta y le predijo la m uerte de sus hijos y la
ruina de su casa. Sin em bargo, el joven Sam nei crecía
en criad y en gracia para con Dios y Los h o m b re s: su
madre le trajo una pequefta túnica para los dias so­
lemnes, y servia al Señor vestido de un ephod ó ceñi­
dor de lin o. Una noche m ientras que dorm ía en el
tabernáculo, íi poca distancia de H e lí, cuya edad h a­
bía debilitado su vista, el Seíior llam ó <4S a m u e l: «Aquí
estoy,» respondió el niño, el cual, habiendo creído que
oia la voz del pontífice, corrió ai m om ento hácia él.
« lo nn le lie llam ado, dijo Heli, vu élvete y d u erm e*
lí] Seíior llam ó otras dos veces A Sam uel, y , levantán­
dose este, se fui! ,í Helí, el cu al, habiendo reconocido
la voz divin a, dijo ;i S a m u e l: « Y é y duerm e, y si oyes
todavía que te llam an , responderás •. Habla, Seüor, que
lu siervo oye.» Fuese, pues, Sam uel y echóse á dorm ir
en su cu ario. La vnx d ivin a llam ó ele n u evo : « ¡S a ­
muel, Sam uel 1 — Habla, Señor, que tu siervo oye,»
respondió el niño. Dios (lijo á Sam uel n V oy íl hacer
una cosa en Israel que nadie oir.l sin espanto: en
aquel dia ejecutaré todo lo que lie dicho contra Helí y
su fam ilia: com enzaré y acabará, porque le lie predi-
cho ipie habia de ejercer m i ju icio sobre su casa para
si«m prc, pues sabiendo los crím enes de sus hijos, no
los ha castigado Por tanto he jurado A la casa de Helí
que su iniquidad no será espiada jam ás ni con vícti­
mas ni con presentes.» Sam uel volvió íi dorm irse hasta
la mañana y abrió las puertas de la casa del Señor, y
habiendo arrancado Helí de su h o ra las am enazas pro-
fóticas , resp o n d ió: « Este es el E tern o : cúm plase su
voluntad.»
162 HISTOUIA
Abriéronse de nuevo las hostilidades entre los he­
breos y los filisteos. Los prim eros sufrieron u n a com­
pleta derrota, y d ije ro n : « Llevem os desde Silo al cam­
pam ento en m edio de nosotros el Arca del Seüor, á fiii
de que ella nos saLve del poder de nuestros enem igos.*
El Arca, pues, fu é acompañada de los hijos de Helí
Ophni y P h in es: todó Israel lanzó u n grito de alegría,
y habiéndolo oído los filisteos, esclam aron despavori­
dos d iciendo: «Dios se h a lla en el cam po.» Pero el
Señor les concedió aun otra victoria y el Arca sania
ca y ó en su poder.
H elí, tem blando por el Arca del Señor, se hallaba
sentado en u n a silla m irando hácia el cam ino, cuando
■un hom bre entrando en S ilo llevó noticias preparato­
rias de un com bate: grandes clam ores se levantaron
bien pronto entre el pueblo, y habiéndolos oido Helí,
preguntó al fugitivo y éste le con testó: « Israel h a hui­
do de los filisteos, la m ayor parte del pueblo lia sido
hecho tr iz a s, tus dos hijos h au sido m uertos y cogida
el Arca de la Alianza.» Cuando el hom bre nom bró el
A rca de Dios Helí cayó de espaldas de La silla, y ha­
biéndose abierto la caheza, m urió, pues tenia cerca de
u n siglo de edad, habiendo sido ju ez de Israel cuaren­
ta aüos.
Los filisteos tem aron el arca de Dios, la llevaron :í
Azotli y la colocaron en el tem plo de Dagon enfrente
de su íd o lo : al dia siguiente encontraron á Dagon
tendido en tierra sobre su rostro delante del Arca del
Señor: vo lvieron á poner el ídolo, el cu al cayó segun­
da vez y se rom pió. La m ano del Señor ca y ó al mismo
tiem po sobre los habitantes de Azoth: los castigó con
u u flujo de sangre, y una m uchedum bre de ratas de­
voró sus cosechas. Sobrecogidos de tem or, y atri­
buyendo sus m ales íl la presencia riel Arca Santa, la
transportaron sucesivam ente á diversas ciu d a d es, y
en cuantas partes la detenían, se declaraban las mis­
m as placas. Sus sacerdotes aconsejaron entonces
que la volviesen con una ofrenda por los pecados y
dijeron: «Uncid á un carro nuevo dos vacas que no
SAGRADA. 163
hayan todavía llevado el y u g o , colocad el Arca en el
carro, poned á su lado vuestra ofrenda, y después d e­
jadla partir. Si sigue el cam ino que conduce á su país
uácia Bethsames conoceréis que es el Dios de Israel el
míe nos ha causado lodos estos grandes m ales.» Los
filisteos siguieron el consejo de sus sacerdotes, y el
Arca colocada según lo habian prevenido, lom ó el ca­
mino de Bethsames sin conductor y sin gu ia. Los beth -
sanntas se ocupaban en recoger su c o s e c h a , cuando
alzando los ojos apercibieron á lo lejos el Arca que
bajaba hácia ellos por el valle. Alegráronse en estre­
mo, y ofrecieron holocaustos al Señor; poro habiendo
osado fijar en e lla una m irada p ro fa n a , Dios castigó
á los culpables é hizo perecer á m uchísim os. El Arca
santa f u l transportada á. Gabaa á la casa de Al)i nabab
y confiada al cuidado de su hijo Eleazar. Hacia y a
veinte aüos que estaba allí cuando S a m u e l, cu ya p a ­
labra se hacia poderosa en m edio de Israel, d ijo al
pueblo: «Si arrojáis de vosotros A los dioses eslraños
Baal y Astaroth y no servís m as que al S e ñ o r, él os
librará del poder de los filisteos.» Los hijos de Israel
arrojaron sus falsos dioses y sirvieron al Señor. En-
lonces Sam uel, reconocido por ju e a , convocó á todo
Israel en Maspha á donde los filisteos fueron á atacar­
le (I), pero el Señor estuvo con su pueblo y u n a tem­
pestad espantosa en volvió <1 los enem igos que fueron
nechos pedazos. R estituyeron A los hebreos las ciuda­
des que les habian tomado, y la m ano del Seüor pesó
sobre ellos todo el tiem po que Sam uel gobernó íi Is­
rael. El profeta estableció su residencia en Ram a don­
de edificó u n altar, y todos los aüos, juzgando al
pueblo, visitaba las tribus.
Cuando llegó á la vejez, dividió la autoridad entre
sus hijos Joel y A bia-, pero estos no m archaron por el
camino de su padre, se dejaron corrom per y dieron
sentencias injustas. Habiéndose reunido los ancianos

CU Jssupbo lia mu aq u í p or la prim era vez ju d ia s, í [Ida bebreou


* i s r a e l i t a s . fL Ib . V I. Cap. I I .}
HISTOUIA
de Israel, se presentaron, á Sam uel en Ram a y le diju-
ron: «Eres ya viejo, y tus hijos no siguen tus huellas:
establece pues un re y entre nosotros como lo tienen
las dem ás naciones, y á fin de qu e nos ju zgu e.» Esta
petición alliffió á Sam uel; el cual consultó al Señor, y
recibió esta respuesta: «.Oye la voz del pueblo en todo
lo que te dice, porque no te ha desechado ú ti sino ú
m í para que uo reine sobre él, pues así lia obrado
siem pre desde el dia que les saqué de Egipto. Escu­
cha. pues, la voz del pueblo, pero protéstale primero
y anuncíale de m i parte el derecho del rey que ha de
■leinar sobre é l.» Sam uel refirió al pueblo que le habia
pedido un rey, las palabras del Señor y le dijo; «Eslu
será el derecho del rey, que h a de m andar sobre vos­
otros: tomará vuestros hijos para cond u cir sus carros
de guerra, los h ará sus guardias de á caballo, correrán
delante de él, los hará sus tribunos y centuriones' y
se vaLdrá de ellos para labrar sus campos , segar sus
raiescs, fabricar sus instrum entos de gu erra y sus
carros- Tom ará á vuestras hijas para los perfum es y
servicio de su m esa, tom ará vuestros cam pos, vuestras
viñ as y olivares para darlos á sus siervos, diezmara
vuesLra sem entera y vuestro ganado m enudo, y vos­
otros m ism os sereis sus e sc la v o s : gritareis aquel dia
contra vuestro rey que os habéis elegido, y no os oirá
e l Seüor.i) El pueblo no quiso dar oídos á Samuel,
«iHabrá un rey sobre nosotros, dijo él, y harem os co­
m o todas las naciones; nuestro rey nos ju zga rá , sal­
drá delante de nosotros y nos conducirá á la batalla.»
«Haz lo que te piden, dijo el SeUor á Sam uel, y esta­
blece un re y sobre ellos.»
Habia entonces en la tribu de Benjam ín un hom­
bre llam ado Gis, cu yo hijo se llam aba Saúl, de alta
estatura y de herm osa presencia. Habiéndose estra-
viado las pollin as de Gis, S aú l acom pañado de un
criado, m archó en su busca: y despues de haber re­
corrido sin encontrarlas, las montarías de Ephrain,
llegó ¡l las cercanías de Ram a, en donde m oraba Sa­
m uel: fué á consultar allí al hom bre de Dios y entró
SAGRADA.
un la ciudad, donde estaban preparados uu sacrificio
y un banquete público.
Dios habia dicho á Sam uel el dia anterior: «.Ma-
uana S esta m ism a hora enviaré un hom bre de la tri­
bu de Benjam ín, que ungirás para ser caudillo de mi
pueblo y salvará á Israel de las m anos de los filisteos.»
bamuel sa lia d e su casa en Ram a, cuando vió á Saúl,
y al momento oyó la voz del Señor que le d ijo : «He
aquí el hom bre que te dije y que rein ará sobre mi
pueblo.» Acercándose Saúl á Sam uel sin conocerle le
dijo: oRuégoLe que m e enseñes la casa del p rofeta.»
Samuel respondió: «Sube delante de m i á una altura;
¡isistirás á la com ida del sacrificio, te dejaré m archar
por la m añana y te descubriré todo lo que tienes en tu
corazón. En cuanto á las pollinas, que perdiste, y a se
han encontrado: ven , pu£s, y ¿de quién será, lodo lo
mejor que h a y en Israel siuo lu yo y de la casa de lu
padre?— ¿No soy y o , respondió S a ú l, un benjam ita
de La mas pequeña tribu de Israel, y m i fam ilia 110 es
la última de todas las fam ilias de B enjam ín' ¿Por qué,
pues, me hablas así'» Sam uel trabajó con esceso, pero
habiendo llegad o al lugar alto d el sacrificio, in trod u ­
jo á Saúl en la sala del festín, le asignó u n lu g a r pre­
ferente eutre los convidados y se le hicieron los h o ­
nores. En seguida descendieron del Lugar alio ¿ la
ciudad y habió en secreto Sam uel con Saúl en el ter­
rado de su casa. Al d ia slgu ien le salieron al rayar el
dia, Samuel hizo p isa r 'delante de ellos al siervo de
Saúl y luego cpio se halló solo con éste, le dijo el pro­
feta: « O yela palabra de Dios.» Tom ando despues una
ampolla de aceile la derram ó sobre la cabeza de Saul,
le abrazó y le dijo: «El Eterno por esta unción le con­
sagra para principe de sn heredad.» Anuncióle des­
pues á Saúl tres predicciones que todas debian
ciunplirse en el m ism o dia. *.4. estas señales, añadió
él, conocerás la verd ad de m is palabras.» El suceso
•ns confirmó, y pocos dias d esp u es, habiendo convo­
cado Sam uel al pueblo en Maspha: «Así m e habló el
Seíior, dijo él: Yo saqué á Israel de Egipto, y os libré
166 HISTORIA
de las m anos de Jos egipcios, y de todos los reyes queot.
oprim ían. Mas vosotros habéis desechado h o y á vues­
tro Dios y dicho: dadnos un rey . Ahora, pues, añadió
S am uel, presentaos delante del SeUor por orden de
tribus y fam ilias.»
Habiendo Sam uel echado la suerte por tribu, por
fam ilia y por persona, le tocó á Saúl y confirmó la
elección de Dios. Se buscó i. S aú l, y cuando llegó en
m edió del p u e b lo , parecia que levan taba sobre los
otros hom bres toda la cabeza. Entonces d ijo Samuel
ú. los hebreos: «Aquí teneis a l que el Sefior h a elegido,
y que no h a y sem ejante á él en todo el pueblo,» y
todo el pueblo esclamó: «¡V iva el revi»
Sam uel declaró a l pueblo la le y d el reino y la es­
cribió en un libro que depositó delante del Eterno, y
despues despidió al pueblo. A lgunos m urm uraron y
negarou los honores á S a ú l, pero éste despreció su?
m u rm ullos y se retiró á su casa en Gahaa, seguido de
la m ayor y rnejor parte de los gu erreros de Israel {!)•

(I) El crimen de lufl liobreo» en esta ocasloo fué el haber olvidado


que Dios desde Moie^s lee h&bía designado losjefóe que aeceeltabu;
pero ellos do le coneullaroo par» w ber si babie. Iteg&QA el momento dfr
e n r u b i a r 1& forma de b u f fo h ie r& o , y la pidieron ixnperioe&menteun rey
e s lug&T do40perAT con conflan&a & que Dios les úleeeuno.
EPOCA QUINTA.

Desde el establecimiento de la monarquía hasta


el clama de las diez tribus.

(1 Reyes, XI—XXXI. II Reyes, L ni Reyes, I—II . 1 Paiilip. 11


Paralip. I—X.)

AÑO DEL 'HUNDO...................... 2909—3029.


A N TES D E JE S U C R IS T O .................. 1095— 975.

DURACION 120 AffOS.

GRANDES ACONTECIMIENTOS DE LA HIST0H1A PROFANA.

(1470) Fin del reino de Atenas, establecim iento de los Arcon-


les. — (1044) Fundación de las colonias jónicas en Asia.—
Nacimiento de Homero.

CAPÍTULO PRIMERO.
Beino de Saul: su s victorias, su s crím enes.—David y Jonalhas.
—Elección <lc David.—Muerte (le Saul.

(I Reyes, Xl-XXXI. n Eeyes 1.)

1095 — 1055 .

Casi un m es h a cia qne Saul h abia sido elegid o,


cuando Naas rey de los am onitas entró en cam pada y
atacó á Jabes en fralaad. Los habitantes pidieron par­
lamento, y Naas les respondió: «El convenio ó com ­
posición qne yo h e de hacer con vosotros, se red u ci-
H ist . S ag . 12
HISTORIA
rá á sacaros í\ lodos eL ojo derecho para que seáis el
oprobio de Israel.® Los comisionados de la ciudad si­
tiada pasaron á Gabaa en donde m oraba Sau!, y h a­
biendo hecho su relación delante del pueblo, toda la
asamblea prornmpió en gritos. Saúl volvía á la sazón
del campo detrás de sus bueyes y preguntó: «¿Qué
tiene el pueblo para llorar?» y se le hizo una relación
de lo que habían dicho los enviados de Jabes. In­
flamóse entonces la cólera de Saúl, tomó sus bueyes,
y los hizo pedamos v los envió A todas las tierras de
Israel, diciendo: «Asi se hará con los bueyes del que
no quiera seguir A Sam uel y Saúl.» Difundióse en el
pueblo el terro r del Eterno, y todos salieron armados
íL la vez como un solo hom bre. Saúl venció á los
am onitas, los derrotó y libró á Jabes. Despues de la
victoria dijo el pueblo á. Samuel: «¿Quiénes son los
que h a n rehusado reconocer á Saúl por r e y ' Entréga­
noslos para que les hagam os m orir.* Saúl se opuso á
esta exigencia y dijo: «No m orirá hoy nadie, porque
es el dia en que el Seüor h a salvado á Israel.»
Samuel convoco en seguida A Israel en Gal gala, á
fin de hacer allí u n a abdicación solemne y de renovar
laeloccion de Saúl, Reunióse todo el pueblo, é lucié­
ronse sacrificios en medio de los m ayores regocijos, y
Saúl fué reconocido de nuevo por "rey. Sam uel dijo
entonces al pueblo: «He cedido á vuestros deseos, dán­
doos un rey que m archa á vuestra cabeza. En cuanto
á. mí, soy y a viejo y blanquean mis cabellos, y ha­
biendo vivido entre vosotros desde m i juventud hasta
hoy, aquí me teneis pronto á d ar cuenta de toda mi
vida. Respondedme en presencia del Eterno ¿á quién
he causado perjuicio? ¿á quién he quitado el buey ó la
jum enta? ¿á quién he oprimido? ¿de qué m ano he re­
cibido recompensas? en este caso h aré la restitución.
Todo el pueblo esclamó: «Tú no nos has oprim ido ni
has quitado nada A nadie.» Sam uel entonces recuerda
todos los beneficios concedidos desde la salida de
Egipto en tiempo de Moisés, los verdaderos actos de la
justicia del Eterno, condena el cambio que el pueblo
SAGRADA.
habia deseado, promete la protección divina si perm a­
nece fiel, y confirma sus reconvenciones y amenazas
por un adm irable prodigio. «¿No estamos ahora, dice
él, en tiempo de la cosecha? yo invocaré al Eterno pa­
ra que haga tronar y llover á fin de que conozcáis
cuan grave es el mal que habéis hecho con pedir un
rey.» Samuel calló, y al m omento empezó á tronar y
llover; y sobrecogido el pueblo de espanto se proster­
na y suplica al profeta, que conjure la cólera del Se­
üor. Samuel le consuela, y dice: «No temáis, pues no
i¡esaré de rogar por vosotros y os enseñaré siem pre el
buen camino, servid al Señor con toda vuestra alma:
pues si perseveráis en el mal, pereceréis vosotros y
vuestro rey.»
El resto del reinado de Saul no correspondió ;í las
promesas de los prim eros dias Estalló la g u erra entre
Israel y los lUisteos, y estos obtuvieron ventajas, v en ­
ciendo y oprim iendo á los hebreos. Saul entonces
«invocó á su pueblo en Galgala y anunció un sacrifi­
cio solemne á ful de tener propicio al Seüor para que
favoreciese sus arm as. Había recibido la órden de es­
perar á Samuel para ofrecerle: aguardó siete dias, y
no pareciendo el profeta, el rey mismo, despreciando
la prohibición divina, ofreció el holocausto. Samuel
apareció entonces: «¿Qué has hecho? dijo á Saul: has
quebrantado el m andam iento del Eterno tu Dios que
Hubiera afirm ado tu reino sobre Israel para siempre,
y ahora tu poder no subsistirá: el Eterno h a buscado
un hom bre según su coraron y le ha elegido p ara jefe
de su pueblo, por no haber observado lo que te m an­
dó.» El profeta se ausentó, despues de estas palabras
aterradoras; pero sus am enazas 110 debían cumplirse
tan pronto.
Solo seiscientos hom bres habian quedado cerca de
Saul, é Israel parecía tocar A su ruina: tres ejércitos
de filisteos devastaban las tribus vecinas, los hebreos
estaban casi desarmados, porque en todas parles don­
de dom inaban aquellos prohibían el trabajo á sus en e­
migos y les obligaban á aguzar las rejas de susarados y
170 HJSTOHIA
lodos los instrum entos de labranza. En este apuro,
.lonathás, hijo de Saúl, fué el salvador de su pueblo:
sorprende Jilos filisteos, que sobrecogidos de espanto,
vuelven sus a m a s unos contra otros, y huyen hasta
su frontera en Bethaven. Saúl al principio de esta jo r­
nada habia hecho un juram ento tem erario: «Maldito
sea, habia dicho, cualquiera que tom e aliento antes de
la tarde, hasta que yo me haya vendado de m is ene­
migos. t> JonatM s ignoraba este voto indiscreto, cu b a­
do persiguiendo á los vencidos al través de uubosque,
encontró miel silvestre en el cam ino, y acosado del
ham bre y de la fatiga, comió de ella, y reanim ó sus
fuerzas. Supo Saúl que se habia cometido u n a tr a n s ­
gresión y temió que se le frustrase su victoria, escla­
m ando en su cólera: «Sepamos quien ha pecado, pues
aun cuando sea m i hijo lonathás m orirá por ello.» La
suerte designó efectivamente á éste, que confesó su
falta involuntaria y dijo: «Aquí m e teneis, padre mió,
dispuesto estoy d m orir.» Saúl que le era deudor de
su triunfo, pronunció la sentencia de m uerte, pero el
pueblo m as justo que el rey, salvó á Jo n a th is. Esta
victoria volvió á Saúl su reino, no dejó las arm as é
hizo respetar en todas partes las fronteras de Israel:
en el Occidente por los filisteos, en el Mediodía
por las tribus idum eas, al Este por los pueblos de
Moab y Ammon y hácia el Norte por los sirios de
Tsoba. Dueño pacífico de Canaan fué avisado por Sa­
m uel, de que era Hegado el tiempo de ejecutar la an­
tigua sentencia pronunciada contra los amalecitas y
que entregase al esterminio A aquel pueblo y hasta
sus rebafios- Saúl & la cabeza de su ejército penetró en
el territorio de Amalee, íl cuyos habitantes pasó á cu­
chillo; pero salvó al rey Agag y reservó u n gran n ú ­
mero de ovejas y bueyes.
De regreso á Galgala, Saúl vió llegar A Samuel y
corrió turbado íi su encuentro, y para desvanecer sus
sospechas le dijo: «Que el Señor Le bendiga, pues
queda cum plida su palabra.—¿Quéquiere decir, pre­
guntó Samuel, ese balido de ovejas y ese m ugido de
SACHADA. 171

bueyes que estoy oyendo?— EL pueblo, respondió Saul,


ha reservado las m ejores ovejas y bueyes para sacri­
ficarlos al Eleruo, y el resto lo hemos destruido.—Es­
cucha, dice Sam uel, lo (fue el Bienio m e h a revelado
esla noche. ¿No es cierto por ventura que cuando tú
eras pequeño á lus propios ojos, el Eterno te hizo rey
de Israel? él fué quien te envió contra los amaleciUu, y
quien te dijo: Ve» destruye á los pecadores y pelea
contra ellos hasta que los aniquiles: ¿por qué pues, no
has obedecido s\i voz? Tú te has arrojado sobre el bo­
tín, y has obrado mal aule su presencia.—El pueblo,
repitió Saul, h a lomado los ganados mas lucidos para
sacrificarlos al Eterno.— ¿Al Eterno, replicó Sam uel,
le agradarán por ventura m as los holocaustos que la
obediencia1? Ciertamente que vale m as obedecer que
sacrificar, y es preferible el cum plim iento de su ley
al sacrificio de sus víctim as. Ya que has despreciado,
pues, la palabra del Seíior, el Señor le lia abandonado
y dejarás de ser rey.— He pecado esclamó Saul, lie
quebrantado la palabra del Eterno y la tuya, porque
temo al pueblo: perdónam e, ven conmigo é im plore­
mos juntos la m isericordia deL Seüor.—No, dijo Sa­
muel, yo no iré conLigo porque el Señor te lia abando­
nado.” Y como se m archase, Saul agarró u n estremo
de su capa que se rasgó, y volviéndose Samuel pro­
nunció estas palabras irrevocables: «El Señor h a des­
trozado hoy entre tus manos el reino de Israel y se lo
ha dado á otro m ejor que tú.» El profeta hizo condu­
cir á Agag, ejecutó sobre él la sentencia divina, y des­
pues se ausentó y no vió m as á Saul hasta el dia de su
muerte.
Mandóle Dios que diese la unción real á uno de los
hijos de Isaí habitante de Bethleem, y como el profeta
temía la cólera de Saul, le dijo el Eterno: a Llevarás
contigo una víctim a y dirás: he venido á sacrificar al
Seüor: llam arás á Isaí al sacrificio, yo te m anifestará
'o que has de hacer, y ungirás al que yo te m ostrare.»
Samuel obedeció y fué á Bethleem llevando consigo
una becerra. A su llegada los ancianos de la ciudad le
ir. msToniA.
salieron al encuento y le dijeron: «¿Es de paz tu veni­
da?—Sí, yo traigo la paz, respondió Samuel: m i obje­
to es sacrificar al Eterno, santificaos y venid conmi­
go.)’ Guando Isaí y sus hijos m ayores 6e presentaron
delante de él, Samuel engañado por la talla m ajestuo­
sa de Eliab, le lomó por sucesor de Saúl; pero úna vo?.
secreta le desengañó diciéndole: «El Señor no juzga
de las cosas como los hom bres: estos 110 consideran-
mas que las apariencias, pero el Señor ve el corazon.*
Isaí hizo pasar á sus siete hijos, uno por uno por de­
lante de Samuel, el cual dijo: «El Eterno no h a esco­
gido á ninguno de estos,» y dirigiéndose d Isaí aüadió:
«¿Son estos todos tns hijos?—Queda todavía el m as jo­
ven, contestó Isai, qne estA apacentando las ovejas.—
Envíalo á llam ar, replicó Samuel, y que lo traigan,
porque uo nos sentarem os á la m esa hasta que él ven­
ga. i> Este jóven de herm oso aspecto era David: vino,
pues, y el Eterno dijo al profeta: «Levántate, úngele,
ese es.* Tomó, pues, Samuel el cuerno del aceite, un­
gió á David en medio de sus herm anos, y partió Sa­
muel á Rama.
El espíritu del Eterno se había retirado de Saúl: le
atorm entaba, por permisión del Señor, u n h u m o r indó­
m ito, y para calm ar sus furiosos accesos, tuvo que re­
currir Vi la música. Oyó hablar del jóven David como
de un discreto tocador de harpa, hiz.o que se lo lleva­
ran y lo aficionó á su persona, ignorando que secun­
daba así las m iras de la Providencia, y que era su
sucesor A quien acercaba al trono.
Los filisteos h abían vuelto á. tom ar las arm as, y
fueron & situar su cam po entre Socho y Azeca so­
bre las alturas de Dommim, ocupando Saúl las coli­
nas opuestas. Los dos ejórcitos estaban uno frente del
Otro, cuando u n gigante filisteo llamado Goliat salió
de las filas y fué á provocar al ejército de los hebreos,
sin que ninguno se atreviese á aceptar su desaño, que
renovó durante cuarenta dias. David, qne hab ia que­
dado con su padre Isai, y que no habia podido acom ­
p a ñ a r á sus herm anos, ta n pronto como tuvo noticia
SAGRADA.
del insulto hecho á Israel por Goliat, se presentó y á
pesar de la opinion de sus nerm anos, m archó en bus­
ca de Saul y le dijo: «Que no desfallezca el ánim o ¿u
nadie por causa de ese lUisleo, porque Lu siervo irá y
peleará con el.—Nada podrás Lú contra él, respondió
el rey, porgue eres todavía m uy joven y él es m ilitar
desde su juv en tu d .—Cuando tu siervo, replicó David,
apacentaba el ganado de su padre, venia alguna vez
un león o un oso y se llevaban u n a oveja del íebaño.
Eutonces corría yo tras ellos y les arrancaba la oveja
de sii m ism a boca, y como se volvian contra mi, les
apretaba la garganta y los m ataba. Habiendo m uerto
lu siervo al león y al oso, á este filisteo le sucederá lo
mismo por haber insultado al ejérci lo de Dios. El Eterno
que me h a preservado de las garras de aquellos, me
librará tam bién de las manos de esle filisteo.—Yé,
ues, dice Saul, y que el Eterno sea contigo.» Vistió á
S avid con su traje y sus armas; pero em barazado el
joven con qbjetos nuevos para él, los arrojó: tomó su
cayado y su honda y escogió sobre la m árgen de un
rio algunos guijarros que m etió en su zurrón de pas­
tor. El filisteo se adelantó, y m irando á David con
cierto aire de desprecio: “¿Soy por ventura algún por­
ro, le dijo, para que vengas contra mí con un palo?—
Acércale, respondió David, yo entregaré Lu carne á
las aves del cielo y Alas bestias del campo; tú vienes
contra m í arm ado de lanza y espada, pero yo salgo ú
Lu encuentro en nom bre del Señor Dios de las batallas
de Israel, á quien bas blasfemado- El te enlregaiá en
mis m anos, y yo te m ataré y corlaré tu cabeza, y se
sabrá entonces'que hay un Dios para Israel, y que no
necesita lanza ni espada p ara triunfar.» Como el filisteo
avanzase, David puso inm ediatam ente una piedra en su
honda, la despidió y pegó en la frente de su enemigo,
el cual cayó dando el rostro contra la tierra. David
corrió á él, tomó la espada de Goliat y le cortó la ca­
beza. En v istad e eslohuyeroulos filisteos, y los guer­
reros de Israel y de Judá se levantaron dando gritos y
persiguiendo al enemigo hasta Geth y Accaron.
174 HISTORIA
Saúl desde este dia se ligó mas estrecham ente á
David., y 110 le dejó volver á. casa de su padre sino qne
le nom bró jefe del ejército. David era bien m irado de
todos, consiguió m uchos triunfos só b reles filisteos, y
cuaudo volvía del combate, las m ujeres de Israel sa-
lian i su encuentro cantando, bailando, y dicieudo:
«Saúl ha vencido á seis m il y David á sesenta mil.»
Estas alabanzas prodigadas á David, despertaron la en­
vidia eu el corazon de Saúl, el cual y a 110 le pudo m i­
rar sin ódio, y m uchas veces intentó m atarlo m ientras
tocaba la lira para calm ar sus sombríos transportes:
en fin lo alejó de su córte m as sin poderle privar del
favor popular: volviólo á llam ar, y con la esperanza
de hacerle parecer por m ano de los filisteos, le pro­
m etió su h ija Merob por prem io de sus peligrosas ba­
tallas; pero se la dió á otro, y ofreció á David su hija
segunda Michol, si m ataba con su propia m ano cien
enemigos. David la am aba y era correspondido, mató
cien Alísteos, y Saúl se vió precisado á entregársela.
Esta alianza no calmó el fu ro r del rey , y se atrevió á
proponer á sn hijo el asesinato de David. Pero dice la
Escritura que el alm a de Jonathás estaba estrecha­
mente unida á la de David, y que enterneció á su pa­
dre y salvó á su amigo. Despues de algunos dias de
calma, el desgraciado rey se abandonó de nuevo á sus
furiosos transportes, inLenlótodavía, aunque en vano,
m alar á David con su lanza, y envió asesinos tras de
él. En fin, despreciando las reconvenciones y los ana­
temas Hel viejo Sam uel, á cuyo lado se hab ia refugia­
do David, se dedicó él m ism o á la persecución de su
yerno. David se librótodavía, y despues de una aparen­
te reconciliación, convencido de nuevo del ódio m or­
tal de Saúl, á quien se había unido, dijo á Jonathás
en la augustia de su corazon: «¿Cuál es mi iniquidad
ó cuál mi pecado á los ojos de tu padre para que tan­
to me persiga? Mañana es la neomenia (1) y debo sen­
tarm e á su mesa: déjam e que me m arché y que me

(1) Los hebreos llam aban asi al prim er d,t& decida u e a .


SACHADA. 175
oculte en el campo, hasta el tercer dia. Si tu padre
me llam a, le dirás: David me h a suplicado que Le per­
m ita ir á Bethleem su ciudad natal, donde se celebra
un sacrificio por toda su familia-, si eL rey responde:
* Esta 6¿éni> será u n a señal de que 110 correré peligro;
pero si en tra en cólera, sabré que ha resuelto m i
m uerte.—Ven, le dijo Jonathás, vamos al campo.» Sa­
lieron, y tomando este por testigo al Eterno dijo á Da­
vid: «Yo te descubriré el peligro, vivirás en paz., y el
Eterno estará contigo como lo estuvo al principio con
mi padre; pero en este tiempo, si es que yo vivo no me
retires tu am istad, aun cuando el Eterno haya destrui­
do todos tu s enemigos.-» Renovaron su alianza y Jona­
thás continuó ocupándose de la suerte de David, por
que le am aba como á su propia alm a. Adoptaron
entre sí un signo de inteligencia. David desde el lu-

f ar de su retiro conocia en el modo con que .lonathás


isparase tres flechas, y por las palabras que pronun­
ciase con este objeto, las disposiciones hostiles ó pa­
cíficas de Saul. David se ocultó, pues en el campo, y
habiendo llegado la neom enia, el rey se sentó á la
mesa. Sn silla tocaba á la pared como de costumbre,
Abner estaba sentado al lado de S a u l, Jonathás se
man tenia en pié y el sitio de David estaba vacío. Saul
nada dijo por aquel dia, porque consideró la ausencia
de David como un accidente, ó quizá crevó que no se
habia purificado. El segundo dia, hallándose vacía la
misma silla, preguntó Saul á Jonathás: «¿Por qué no
ha venido á la m esa el hijo de Isaí ni ayer ni antes de
ayer?—David, respondió Jonathás, m e h a pedido per­
miso para ir á Belnleem á un sacrificio de fam ilia, y
por eso no h a venido.* Entonces se inflamó la cólera
de Saul contra Jonathás: «Hijo de iniquidad, dijo él,
110 sabia yo que habías elegido al hijo de Isaí para
vergüenza luya! m ientras él viva no te asegurarás en
este reino: házlo venir inm ediatam ente, pues es digno
de m uerte.—¿Por qué h a de morir? preguntó Jona­
thás, ¿qué delito h a cometido?» Saul furioso amenazó
con su Lanaa á su hijo, el cual se levantó de la m esa y
176 H IS TO R IA
salió m archando al campo seguido de u n esclavo jóven
y dirigiéndose hácia el paraje en que David estaba
oculto: disparó sus (lechas y pronunció las palabras
convenidas, de m anera que las entendiese David y se
enterase del peligro. Jonathás dió en seguida sus ar­
mas á su siervo y le despidió: cuando se vió solo salió
David de su retiro y se arrojó al cuello de Jonathás y
derram aron lágrim as estrechados am bos entre sus bra­
zos. «Y éeupaz, dijo Jonathás, el Eterno estará entre
los dos, entre m i posteridad y la luya; que siem­
pre sea así!» Separáronse am bos. D avid'huyó y Jona­
thás volvió 4 la ciudad.
Desde entonces inquieto mas que nunca por el es­
píritu del m al, m archando de estravío en estravío.
Saúl se creyó cercado de traiciones y su furor no co­
noció y a freno. Supo u n dia por u n idumeo llamado
Doeg que el gran sacerdote Achimelech hab ia dado
asilo á David, é hizo que se presentase el pontífice,
que en Taño protestó de su inocencia. <cMorirás, dijo
Sanl, tú y toda la casa de tu padre.» Después dijo á
los que form aban su acompañamiento: «Matad á todos
los sacerdotes del Eterno, porque son del partido de
David.» No queriendo obedecerle sus siervos, el rey
dijo á Doeg: «Acércate y m ata á esos sacerdotes.* Doeg
obedeció y mató o d íen la y cinco sacrilicadores reves­
tidos del ephod de lino. La ciudad de NoL, en donde
se encontraban, fué envuelta en esta horrible pros­
cripción, y todos sus habitantes perecieron degolla­
dos, David habia buscado u n asilo cerca de Achia, rey
de Geth, y reconocido allí por los filisteos, salvó su
vida llgiéndose insensato ó loco.
Despues de h aber andado errante de lugar en lu­
gar, se retiró al desierto de Ziph, á donde el fiel Jona­
thás fué íi consolarlo y á reanim ar sn espíritu. «No
temas nada, le dijo él, Saúl no te alcanzará; yo quie­
ro ser tu segundó y m i padre lo sabe.» Sin embargo,
los habitantes de Ziph fueron á h ablar á S a ú l, y le
dijeron: «David está oculto entre nosotros; ¡oh rey!
desciende, desciende hácia nosotros, y lo pondremos
SAGRADA. ITT
en tus manos.» Saul acudió, y David ib a á sucum bir,
cuando la Providencia suscitando u n nuevo ataque de
parte de los filisteos, obligó á Saul á volverse para
.marchar á su encuentro. David huyó entonces á las
rocas de Engaddi, y Saul á su vuelta le persiguió con
tres m il hom bres. Entró solo un dia en una caverna,
en que David éstaba oculto con su gente, y esta dijo á
su jefe: «Este es el dia en que Dios te entrega tu ene­
migo. i> David se levantó y cortó suavem ente un peda­
zo de la capa de Saul: y despues le palpitaba el cora­
zón, considerando que habia tocado al ungido del
Se&or y dijo á s u gente: «;Qué Dios me preserve de
poner la m ano sobre m i señor, pues es el ungido del
Eterno!» Habiendo salido Saul de la caverna, David
salió tam bién, se fué tras de él y grito: «[Saul, m i se-
io r y m i rey!» Habiéndose vuelto Saul, David se in ­
dinó y se prosternó diciendo: «¿Por qué dás oidos á
los que te dicen que David busca tu perdición'? ¿Tú
vfis que el Eterno le h a entregado hoy en m is m anos
estando eu la caverna y te h e dejado libre, diciendo:
yo no pondré la m ano sobre m i señor, por que es el
ungido del Elemo? Mira, si, m ira el pedazo de tu ca­
pa en m i m a n o , y pues que no te he m u e rto , reco­
noce que no h e pecado contra ti, m ientras que tú.
quieres quitarm e la vida. Que el Eterno juzgue, pues,
entre nosotros, y que él me vengue, pero mi m ano ja ­
más caerá sobre tí.:» Saul agitado por sus rem ordi­
mientos, respondió: «¿Es esta tu voz, hijo mió David?»
y se puso á llorar. «Tü eres m as justo que yo, anadió
61, porque tú me has hecho b ien, y yo te he hecho
mal: que el Eterno te recompense: ahora y a sé que
reinarás, y que el reiuo se consolidará en tu mano:
júram e por el Eterno que jam ás esterm inarás mi pos­
teridad, y que no aniquilarás ni mi nom bre, n i la ca­
sa de mi padre.» David se lo ju ró , y Saul se alejó.
Hácia este m ismo tiempo m urió Sam uel, y todo
Israel se reunió y llevó luto por el profeta, cuyo cuer­
po fué sepultado en Rama.
David no se habia atrevido á fiarse de la palabra
178 HISTORIA
de Saúl, y se habia retirado al desierto de Pharan en
los confines de Judá; doude m anteniendo u n a severa
disciplina en su tropa, la em pleaba en la custodia de
los rebatios y de las mieses de la región que recorría.
Tales servicios m erecían su recompensa, y un dia
que le faltaban víveres, hizo que los pidiesen á Nabal,
propietario rico, y que tenia rebaHos en el monte
Carmelo. Las insolentes negativas de Nabal provoca­
ron su cólera, y estaba á punto de vengarse de ellas,
cuando Abigail, esposa de aquel, fué á su encuentro
y le ofreció víveres en abundancia. David los aceptó,
y las palabras afectuosas de Abig-ail calm aron su re­
sentim iento, y despues de la m uerte de Nabal la to­
mó por esposa.
Habíase vuelto á encender la cólera de Saúl, y Da­
vid se retiró por segunda vez al desierto de Ziph: avi­
sado por sus espías de la m archa del rev, se atrevió,
aoompaiiado solam ente de Abisai y de Abimelec á pe­
netrar de noche en el campo, y hasta la tienda de
Saúl. Todos d o rm ía n al rededor de él. David contuvo
á Abisai dispuesto á m alar á Saúl, perdonó o tra vez A
su enemigo y salió, llevando consigo el vaso en que
bebía Saúl, y su alabarda. Despues desde lo alto de la
colina opuesta, dispierta al rey con sus gritos, le
echa en cara sus odiosas persecuciones, le abrum a de
nuevq con su g enerosidad, le vuelve su lanza y se
aleja con sus partidarios. P or últim o, David volvió al
pais de los filisteos, cerca de Achis rey de Geth, y ob­
tuvo de él, la ciudad de Siceleg para punto de seguri­
dad, y desde alli, siem pre israelita de corazon, hizo
escursiones sangrientas entre los pueblos enemigos
de los hebreos, y acabó con los restos de los amaleci-
tas que se habían librado de Saúl.
Encendióse de nuevo la g uerra entre los filis­
teos é Israel, los prim eros acam paron en Sunam , y
Saúl en Gelboe. viendo Saúl allí la m ultitu d de sus
enemigos luvo miedo y consultó al E te rn o ; mas el
Eterno no le respondió, ni en su eñ o s, n i por la voz
de Los sacerdotes, n i por la de los profetas. Entonces,
SAGRADA. 179
aunque en otro tiem po, fiel á la ley divina, persiguió
con rigor á los falsos encantadores y mágicos de su
reino, marchó poseído del terror á consultar á Endor,
m ujer célebre en el arte de la adivinación. Se presen­
tó de noche y disfrazado á esta m ujer y le dijo: «.Adi­
vina quien soy, por el espíritu de Pitón que tú. posees,
y haz que se me aparezca el que yo te diga.» La m a­
ga le nabia reconocido, y llam ando al rey por su
nombre le dijo: «¿A quién quieres que yo haga apa­
recer''» y él respondió: *A Samuel;» y un m omento
despues, dijo ella: «Un hom bre viejo sube envuelto
en uua capa » y Saul com prendiendo que era Sam uel,
cayó prosternado en tierra y le pidió cousejo. «¿Por
qué me consultas tú , dijo Sam uel, puesto que el Eter­
no se h a retirado de tí? El Eterno>ha arrancado de tus
manos el reino y se lo ha dado á David porque le has
desobedecido. El entregará á Israel y & tí m ism o A los
filisteos, y m añana tú y tus hijos estareis conmigo.»
Saul se retiró lleno de espanto, y al d ia siguiente
se empeñó la batalla entre los filisteos é Israel. El
choque fué terrible. Los israelitas huyeron, habiendo
perecido m uchos en el m onte de Gelboe. Los filisteos
mataron & Eres hijos de Saul, á saber, á Jonathás,
Abinadab y Melchisua; todo el esfuerzo de la batalla
se dirigió contra el rey, y los arqueros enemigos lo al­
canzaron: «Tira de tu espada, dijo S au lá su escudero,
mátame para que estos incircuncisos no m e insulten
absolutamente al quitarm e la v id a ,» y habiéndolo
rehusado su criado, tomó su espada y se arrojó sobre
ella. El escudero viéndole y a m uerto, se atravesó con
la misma y m urió con él. Así perecieron Saul, sus
tres hijos y su escudero en u n m ism o dia en el m on­
te Gelboe.
A los Ires dias despues de la batalla fué u n hom ­
bre á toda prisa á Siceleg, á llevar la noticia á David
vanagloriándose de haber él m ism o atravesado á Saul
con su lanza. David rasgó sus vestidos, lloró la m uer­
te de Saul y de su hijo Jonathás, é hizo condenar á
m uerte al m ensajero como reo, según su propio testi­
HISTOiUA
monio, de h ab er m uerto al ungido del Señor: despues
compuso un canto fúnebre que hizo aprender á los
hijos de Judá.
«La gloria de Israel h a sido herida en los altos.
¿Cómo es que cayeron los fuertes? No lo anunciéis en
Geth ni lo publiquéis en las plazas de Ascalou, por­
que no se alegren las hijas de los filisteos. ¡Montañas
de Gelboeí quiera Dios que el rocío n i la lluvia de la
m añana no caiga m as sobre vosotras: vuestros cam­
pos no darán m as frutos, porque en ellos fué insulta­
do el escudo de los fuertes, Saul, el escudo de Israel,
como si no hubiera sido el ungido del Seüor. Jam ás la
Hecha de Jonathás volvió atras, jam ás la espada de
Saul se desnudó en vano. Saul y Jonathás roas velo­
ces que el águila, más fuertes que el león, ilustres du­
rante su vida, no se separaron en la m uerte. ¡Hijas de
Israel, llorad sobre Saul que os vestia de escarlata en
vuestras pompas, y de adornos de oro en medio de
vuesLras delicias. ¿Cómo cayeron los valientes en la
batalla?.... ¿Cómo fué m uerto Jonathás sobre los altos?
Duélome por tí, herm ano Jonathás, yo te quería y tú
me amabas estrem adam ente. ]Oh! ¿cómo es que los
valientes han sucumbido? ¿Cómo h a n desaparecido
aquellos rayos de la guerra?
CAPITULO 11.

R e i n a d o de D a v i d .

il. Iteres. il-XXIY. III. Reyes, 1-11. I. P»ralipon«enos, XI-XX1X.


Libro de los Salmos.

1055.—1015.

David tenia treinta artos á la m uerte de Saúl: con­


sultó al Eterno y se estableció en Hebron, donde fué
proclamado rey por la trib u de Judá. Las otras tribus
proclamaron á Isboseth hijo de Saúl, y los reyes ri­
vales se hicieron durante siete aiios u n a guerra en­
carnizada- En fui, Abner, general valiente de Isbo-
aeth, abandonó á este príncipe que le afeaba el h a ­
berse casado con u n a de las m ujeres de su padre Saúl,
y fué A Hebron á m anifestar á David su resolución de
someterle todo Israel. David le dió buena acogida, y
apenas se habia separadodeél Abner, cuando .loab, hijo
de S a m a , y capitan de David, llegó de una espedicion.
Abner habia m uerto á uno de sus hijos en una bata­
lla: Joab le hizo perseguir y llam ar sin que lo supie­
ra David; y así que lo v ió , llam ándolo aparte como
para com unicarle algún secreto le m etió su espada en
el costado y le niató. David noticioso de esto esclamó:
«Estoy inocente de la m uerte de Abner, que su san­
gre caiga sobre Joab y sobre su casa: rasgad vuestros
vestidos, dijo a l pueblo, cubrios de cilicios, y llorad
la m uerte de Abner.» El rey David siguió al ataúd, y
182 H IS T O R IA
cuando ALner fué sepultado en H errón, el rey lloró
sobre su tum ba: «Abner, dijo él, no has m uerto como
los cobardes, tus m anos no h an sido atadas, ni tus
piés h a n es Laido cargados de hierro; pero tú has m uer­
to como los valientes que caen delante del genio del
mal.» Toda la asam blea redobló sus lágrim as, y Da­
vid juró no tom ar ning-un alim ento hasta el anoche­
cer. Esla conducta agradó m ucho al pueblo, y le
convenció de que el rey estaba inocente de la muerte
de Abner.
Isboseth habiendo sabido la m uerte de su general,
se desanim ó y b ien pronto fué asesinado por dos jefes
de bandidos, cuyos servicios estaba pagando. Éstos
hom bres llevaron su cabeza á David que castigó su
traición con el últim o suplicio. Entonces los ancianos
de las tribus de Israel fueron á Hebron, k presentarse
A David. Este hizo alianza con ellos, y le consagraron
rey sobre Israel. Nuevas victorias seftalaron su reina­
do. Marchó sobre Jerusalen y se apoderó de esta ciu­
dad ocupada por los jebuseos, y de la colina de Sion
que la dom inaba, edificó allí u n palacio, y despues
ganó dos batallas contra los filisteos cuyos ¡dolos ar­
rojó á las llamas.
Durante esta g u erra, ocupando David u n punto
fortificado, cerca de la caverna de (Molían, y tenien­
do al frente á los filisteos, atrincherados cerca de
Bethleem, se vió u n d ia acometido de u n a sed ardien­
te: «¡Oh! esclamó, ¡quién me traerá agua de la cisLer-
na que está á. la puerta de Bethleeml» A esta palabra,
tres de los principales y m as fieles gueireros de David
sacaron agua de la cisterna y se la presentaron á David;
pero 61 rehusó bebería: «No quiera Dios, dijo él, que
yo beba con esta agua la sangre de estos hom bres que
me la han traido con peligro de su vida!» Hizo con
ella una libación y la ofieció al Eterno.
El Arca del Sefior estaba todavía en la casa de Abi-
nadab en Gabaa, y David resolvió transportarla ¿ Je-
rusalen, de la cual hizo su capital. Los jefes de los le­
vitas y los sacri Picadores se reunieron p ara esta augusta
SAGRADA. [83
ceremonia. El Arca fué colocada en u n carro nuevo,
conducido por Ozay su herm ano. H abía comenzado ya
la m archa solemne, cuando Oza, habiendo puesto so­
bre el Arca u n a m ano tem eraria para sostenerla, fué
al momento m uerto. Sobrecogido de espanto á.la vista
de tan terrible castig o , temió David llevarla á Jerusa-
len antes de h ab er preparado allí u n lug ar digno de
recibirla, y la hizo conducir á Gelli á la casa de Obe-
dedom. Tres meses despues, cuando se hubo armado
un tabernáculo en la fortaleza de Sion en Jerusalen,
hizo David llevar allí el Arca con gran pompa, 110 p er­
mitiendo tocarla mas qne á los levitas. En cada des­
canso se ofrecían sacrificios, y el Arca íné llevada en
triunfo á Jerusalen en m edio de un grande acompafia-
miento, compuesto de los ancianos de Israel y de los
jefes del p u e b lo , al son de instrum entos y entre las
aclamaciones de la m u ltitu d . El mismo David, profun­
damente conmovido y penetrado de una santa alegría,
vestido con u n ephod ae lino como u n sim ple levita,
bailó delante del Arca y cantó las alabanzas del Señor.
Desde este dia, y en diferentes épocas, David se
ocupó sin descanso de dar al culto público todo su es­
plendor : las familias de Leví fueron em padronadas, y
los diferentes cargos distribuidos entre ellas, según
sus derechos h ered itario s: las fiestas, los holocaustos,
las oblaciones y los ayunos, todas las ceremonias del
culto se sucedieron por su ó rd e n : dos hom bres inspi­
rados, Gad y N atlian , designaron los levitas mas dig­
nos de tom ar parte en los conciertos sagrados. Sin em­
bargo, el reconocim iento de David 110 estaba satisfecho
y una pena turbaba su felicidad. «Mira, dijo el m o­
narca al profeta N ath an , yo habito en u n a casa de
ced ro , y el Arca del Eterno está bajo de u n a tienda.»
Quería él erim r un templo á su Dios, pero supo que
esta grande obra estaba reservada á su hijo y se resignó
gustoso, llam ando sobre su casa las bendiciones del
cielo.
David prosiguió despues sus victorias : abatió á los
filisteos, hizo tributarios á losm oabitas, derrotó á Ada-
Hist . S ao. 13
HISTOItl.V
rezpr, rey de S o b a , y sujeló á los sirios de Damasco:
quilo á Los vencidos inm ensas riquezas, que consagró
al Señor. Sus triunfos llevaron hasta el colmo su glo­
ría y su p o d e r: sin em b arg o , uo perdió en medio de
sus prosperidades el recuerdo del que le había ainado
y consolado en sus aflicciones: hizo buscar por todas
parles á los liijos de Jonathás: uno de ellos, Ñtephibo-
setli, vivía tod av ía: David le recibió en su palacio y en
su mesa, y le volvió los bienes de su fam ilia. Quiso
también recom pensar antiguos servicios que habia re­
cibido de Nahas, rey de los am onitas, y á la m uerte de
esle principe envió em bajadores para felicitar á .-Arri­
món, su hijo, que no correspondió á este honor sino
con un ultraje. Indignado David resolvió vengarse de
él, y su ejército, á las órdenes de loab y de su hermano
Abisai, sitió á Rabba, capital de los am onitas. La ciu­
dad fné tom ada, y la venganza de David revela la bar­
barie de las costumbres de aquella ép o ca: ya en otra
ocasion vencedor de los m oabilas, habia hecho medir
con una cuerda á Los vencidos, destinando u n a parte
á la m uerte y otra á la v id a : se m ostró m as cruel to­
davía con los am onitas ¿ hizo perecer u n gran núm ero
CU los torm en to s: la ferocidad deL derecho de la guerra
en aquellos tiempos remotos esplica estos rigores, pero
110 los justifica.
Durante el sitio de Jlabba fué cuando David, inta­
chable por m ucho tiempo en medio de las pruebas de
la adversidad, dió un ejem plo escandaloso de la debi­
lidad hum ana, é hizo ver que un solo m om ento de
eslravío basta para arrastrar al hom bre á los mayores
crím enes. Paseándose u n dia por el terrado de su pa­
lacio , dirigió sus m iradas i una m u jer que se bañaba
en una casa inm ediata. Embelesado de su herm osura,
se inform a y sabe qne se llam a Bethsabée y que
es m ujer de lirias, uno de los inas valientes oficiales
de su ejército, ausente entonces en el sitio de Rabba.
El rey llam j á Bethsabée y la sometió á sus crim ínales
deseos. Instruido bien pronto por ella que las conse­
cuencias de su falta no podrían perm anecer largo
sagrad a. 185
tiempo ocultas, dió órden á Joab, su general, para míe
le enviase á. Urias Así que éste llegó respondió á las
preguntas que le dirigió el re y , pero rehusó ir á su
casa, á pesar de las instancias del m onarca ; «£1 Arca
de Dios, dijo él, Israel y Judá están en tiendas, y Joab,
mi sefior, y los siervos de mi señor duerm en en el
suelo, ¿ y yo iré por ventura á m i casa á com er y be­
ber y á descansar al lado de m i m ujer? Yo ju ro por la
vida y por la salud de m i rey que no h aré tal,» David
le sedujo al dia siguienLe con la esperanza de que ol­
vidaría su juram ento y entraría en su casa, pero su
esperanza lué frustrada, y no pudieudo y a ocultar la
vergüenza de Bethsabée y su crim en sino por otro cri­
men todavía m ayor, envió á Urias con u n a ói'den es­
crita dirigida á Joab y concebida en estos térm inos:
«Coloca 4 Urias al frente del ejército en el paraje mas
peligroso y retírate de su lado á fin de que él muera.»
Joab obedeció y Urias perdió la vida en el combate.
David se casó con su m uier tan luego como pasó el
tiempo del duelo y tuvo de ella un hijo, pero estos
crímenes irritaron al Eterno.
llabia pasado u n año eu silen cio , y el profeta Na­
l-han se presentó al rey culpable y le d ijo : « Habia en
una ciudad dos hom bres, el uno rico y el otro pobre.
K1 rico tenia m uchos rebaños, y el pobre no tenia m as
que una oveja que habia comprado, que crecia íi su
lado al mismo tiempo que sus h ijo s, la cual comía de
su mismo pan, bebia en su m ism a copa, dorm ía en su
mismo lecho y era como su propia hija. Habiendo lle­
gado un estráujero á la casa del rico, éste reservó ó
guardó su propio re b a ñ o ; pero tomó la oveja del po­
bre y se la prestó al estráujero que habia entrado en
su casa.i A. esta relación se inflamó la cólera de David
contra el rico perverso, y dijo á N a th a n : a Vive el Se­
ñor que es digno de m uerte el hom bre que tal hizo.»
Entonces respondió N athan : «Tú eres este hom bre,
así habla el Eterno, Dios de Is ra e l: Yo te h e ungido
para ser rey de Israel, y te he preservado de la m ano
de Saúl: te he dado la casa de tu señor, Israel y Judá:
186 HISTORIA

¿por qué has despreciado m i palabra? Has hecho pe­


recer á Urias, has lomado por m ujer la que era suya,
y lo has m uerto con la espada de los hijos de Ammon.
Ahora, pues, no se apartará la espada de tu casa por­
que me has despreciado, y haré dim anar el m al con­
tra tí de tu m ism a fa m ilia : á tu presencia tom aré tus
mujeres, las entregaré al mas cercano tuyo, el cual las
deshonrará á la vista de este sol.* David dijo á Nathan:
«He pecado contra el Eterno * Y N athan respondiór
«Tü no m orirás, pero m orirá el hijo que te h a naci­
do.» David espresó el ardor de su arrepentim iento en
ésta fervorosa sú p lica: « Ten compasion de m í, Seüor.
según la grandeza de tus m isericordias......borra mis
m anchas, por cuanlo conozco m i iniquidad; mi cri­
men está siempre delante de mí, porque he pecado
contra tí. jO h Señor! purifícam e, haz que resuene la
alegría en m i oído, y m is huesos quebrantados se es­
trem ecerán . . . ¡ Oh Dios m ió ! no m e arrojes ni te se­
pares de m í. Si hubieras querido sacrificios yo te los
hubiera ofrecido; pero los liolocaustos no te son agra­
dables: el sacrificio que Dios exige es u n alm a arre­
pentida: no desdefles, pues, ¡ oh Dios m ió! u n corazon
contrito y hum illado.» Sin em bargo, la sentencia pro­
nunciada por el profeta quedó cum plida, el castigo
siguió al crim en y el hijo m urió al séptimo dia. Esta,
m uerte fué la sellál de las calamidades que iban Acaer
sobre el rey y sobre su casa. Ammon, u no de sus hi­
jos, deshonró á Thnm ar, su propia herm ana, y en es­
piado n de este crim en pereció asesinado por su her­
m ano Absalon en u n festin. El m ism o A bsalon, des­
pues de haber obtenido el perdón de su padre, se
sublevó contra él. Achitopel, consejero de David y
célebre por su prudencia y su sabiduría, pasa al lado
del rebelde, cuyo partido se aum entaba de d ia en dia.
Habiendo advertido el rey que todo Israel se adhería
á Absalon, salió de Jerusalen con su familia, sus sier­
vos y seiscientos guerreros fieles: una m u ltitud le
acompañaba y seguía á los levitas conductores del Arca
santa. David atravesó el torrente de Cedrón, se dirigió
SACHADA. 187
hácia el desierto, y oíanse grandes gritos á su paso por
todas parles. A cierLa distancia de la ciudad se detuvo
el acom pañam iento: ofreciéronse holocaustos, y el rey
dijo á Sadoc, el gran sacerdote; «Vuelve, vuelve el
Arca de Dios á Jeru salen : si yo encuentro gracia á los
ojos del Eterno, él me volverá y perm itirá que yo vea
todavía su santa m orada; pero si me dice: ya no m a ­
sito de ti, que se cumpla su voluntad- Vuelve con los
sacerdotes á la ciudad, pues, en cuanto áml, quiero
ocultarme en el desierto hasta que me traigas alguua
nueva.» Sadoc y Abiathar volvieron el Arca del Señor
á Jerusalen: David trepó la colina de los Olivos lloran­
do : tenia la cab eza cubierta, m archaba des cal zo, y todo
el pueblo que le seguía subía tam bién llorando y con
la cabeza cubierta en seúal de duelo. David se acercaba
¡i Bahurim, cuando salió de allí un hom bre llam ado
Semei de la familia, de Saúl, el cual maldijo á David y
le apedreó, diciendo: «Hombre sanguinario, el Eterno
h a hecho caer sobre tí la sangre de la casa de Saúl, de
quien has usurpado el lugar que ocupas, y h a hecho
pasar tu reino á las manos de Absalon, tu hijo, en cas­
tigo de tus crím enes.» Los súbditos del rey querían
matar á Sem ei; pero David los contuvo y les dijo:
■Dejadle que haga lo que quiera, porgue el Seüor es
quien le h a m andado m aldecir á David, y siendo asi,
¿quién se atreverá á preguntarle p o rq u é lo hace? Quizá
el Señor se compadecerá de m i aflicción y me dispen­
sará algún bien por estas maldiciones que hoy recibo.»
Siu embargo, A bsaloneutró en Jerusalen con sus
partidarios. Achilopel le acom pañaba, y despues de
haberle escitado á deshonrar las m ujeres de su padre
á la vista de Israel, á fin de asegurarse m as de la fide­
lidad de los su y o s, rom piendo sin rodeos con David
le exhortó á perseguir al rey sin descanso antes que su
partido se hiciera fu e rte , y se encargó de malario él
mismo en medio de su acom pañam iento. Pero Dios,
que para cum plim iento de una de sus amenazas hab ia
perm itido que los prim eros consejos del pérfido fue­
sen escuchados, hizo desechar el últim o por dictam en
rnsTonu
de Chusai, secreto partidario de David. A chitopel, te­
miendo un revés, se ahorcó de desesperación. Absalon
quiso al principio reu n ir ai pueblo alrededor de él, y
perdió así la ocasion de obrar. Instruido David de sus
proyectos, dejó el desierto y pasó el Jo rd á n : su gente
se aum entaba á cada paso y llegó á form ar un ejército,
que condujo á M ahanaim, m ié otras que Absalon iba á
su eucuenlio y acam paba cou Israel en el país dr
Galaad.
David dividió sus tropas en tres cuerpos, á lo s cua­
les dió por jefes A Joab, AbLsai, herm ano de J o a b , y á
E thai: «Yo quiero, dijo é l, m archar con vosotros al
combate.—No, respondieron los jefes, no vengas con
nosotros, pues aun cuando los enemigos nos hicieran
h u ir ó destrozasen la m itad de nuestras tro p a s , esto
seria insignificante, porque til solo vales por diez mil:
perm anece, p u e s, on r e y , en la c iu d a d , á fin de po­
dernos prestar- socorros.— Yo haré lo que os parezca
mejor,» replicó David, y se m antuvo en La p uerta de
Jlahanaim m ientras que todo el ejército desfilaba en
Lalallones de ciento y de m il h o m b res, y m ientras
que sus tropas lo hacían delante de él, el rey dió esta
órden á sus generales: «Perdonad á mi hijo Absalon,»
y lodo el pueblo oyó sus palabras.
El ejército sa ltó , pues, al campo al encuentro de
Israel, y se trabó la balalla en el bosque de Ephraim.
Las troiias de David derrotaron á las de Israel, y veinte
mil hom bres quedaron en el campo. Un gran núm ero
pereció en el bosque. El m ism o Absalon fué hallado
allí por los soldados de David, pues acaeció que, yen­
do montado sobre un m ulo, y habiendo entrado por
debajo de una espesa y grande encina, se le enredó la
cabellera en las ram as del árbol, y pasando adelante el
m ulo en que iba m ontado, quedó él colgado entre el
cielo y la tierra: vió esto u n soldado, y fué á decirle á
Joab: «Yo h e visto á Absalon suspendido de una enci­
na. — Si lo has visto, respondió*Joab, ¿por qué no lo
has muerto? Yo te h ubiera dado diez sicios de plata y
un tahalí.—Aun cuando me hubieras dado m il, replicó
SACUDA.
el soldado, me hubiese guardado m uy bien de poner
la m ano en el hijo del rey, pues hem os oído lodos la
órden que el rey dió, cuando d ijo : — Perdonad á mi
hijo A bsalon.— Iré yo D iifino,» dijo Joab. Marchó,
pues, y encontró á Absalon vivo todavía y enredado
en el Arbol; le atravesó el corazon con tres d a rd o s, y
diez escuderos de su acom pañam iento le acabaron de
matar. La muerte de Absalon term inaba esta guerra
impía: Joab hizo sonar la bocina y contuvo al pueblo:
el cuerpo del principe fue arrojado á u n a boya en me­
dio de u n b o sq u e , y se le cubrió con u n m onten de
piedras. A chim aas, hijo de Sadoc, dijo á Joab : «Voy
corriendo á anunciar al rey que Dios lia hecho ju sti­
cia y lo h a librado de sus enem igos.—Otro d ia , res- .
pondió Joab, llevarás la noticia, pero no b o y , porque
na m uerto el hijo del rey. Tú ir á s , dijo Joab á Chusi,
su escudero : vé y anuncia al rey lo que has visto.»
Chusi corrió , y Achimaas insistiendo en seguirle:
«Hijo mió, le dijo Joab, ¿para qué quieres correr? Vas
á dar una noticia dcsagrable. » Síti em bargo, le per­
mitió partir. Achimaas tomó el camino m as corto y
llegó el p rim ero , y así que vió al r e y , g r itó ; «Sefior,
que Dios te conserve.* 1 habiéndole saludado al acer­
ca i-se , aiiad ió : «Bendito sea el E tern o , nue ha puesto
en tus m anos á los rebeldes.—¿Mi hijo Absalon vive?»
preguntó el rey; y respondió Acliimaas: «Vilevantarse
un gran tum ulto cuando Joab, tu siervo m e despachó,
oh re y , y no sé otra cosa.» El rey repuso; «I'asa mas
adelante.» Chusi se dejó ver entonces. «.Mi seiior y m i
rey, traigo buenas nuevas, dijo él. El Eterno te ha li­
brado de tus enemigos, y h a juzgado en tu favor en el
dia de hoy. — ¿Vive m i hijo Absalon?» preguntó otra
vez David. Chusi respondió: «¡Así sean tratados como
el jóven los enem igos del rey m i señor'-» El rey com -

ÍHendió esta respuesta, y retirándose inm ediatam ente


Loro. «¡Oh, hijo mió, hijo m ió Absalon! esclamó: i que
no hubiera m uerto antes que tú! ¡A bsalon, hijo mío,
hijo m ió A bsalon!» Todo el ejército supo qué el rey
estaba sum ido en el dolor y convirtióse la victoria en
190 H ISTORIA
llanto. Las tropas volvieron á entrar en silencio en la
ciudad, como despues de u n a derrota. El rey se pasea­
ba en su cuarto con La cabeza cubierta y continuaba
llorando. Sin embargo, la desesperación tlel rey, sem­
brando el desaliento y la turbación en el ejército, hizo
que Jo a b , entrando en la casa del rey, le d ije se : «Has
afligido hoy Los rostros de Lodos tus siervos, qne han
salvado tu vida, así como la de tus hijos, hijas y m u ­
jeres , amando á tus enem igos y aborreciendo á los
que te am an. Has dado á entender que 110 cuidas de
tus capitanes ni de tus criados; y en verdad, he cono­
cido añora, que si viviera Absalon y todos hubiéram os
perecido, tu corazon estañ a satisíeclio. A h o ra , pues,
levántate, sal y habla á tus siervos, pues te ju ro por
el Señor, que si no salieres, n i uno solo ha de quedar
contigo esta noche, y te hallarás en el m ayor peligro
de tu vida.» Levantóse, pues, el rey, reprim ió su do­
lor, y se sentó en la puerta de la ciudad. Todo el p u e­
blo lo supo y fué & presentarse delante del rey,
m ientras que Israel perm anecía oculto en sus tiendas.
Con todo eso, en el campo de Israel se referían las vic­
torias de David y se decían unos á otros: «Absalon ha
sido m uerto y David nos ha salvado de los filisteos.»
Instruido el rey de estas disposiciones favorables,
envió á S a d o c y á Abíathar al campo de los enemigos:
hizo ofertas ventajosas á Amasa, su general, y atrajo
de este modo hácia sí á Israel y á Judá,: todo el ejér­
cito se sometió, y David volvió triunfante con él-
Habiéndose suscitado al paso del Jordán u n a violenta
contienda entre la trib u de Judá y la de Israel que se
disputaban la preem inencia, u n hom bre llam ado Seba
sonó entonces la bocina y dijo: «No tenemos nosotros
parte con David: vuélvete A tus tiendas, Israel.» Estas
palabras fueron la sefial de u n a nueva sublevación,
sofocada bien pronto por la m uerte sangrienta de Seba,
cuya cabeza presentó Joab á David, despues de haber
m uerto á Amasa, general de Absalon, en u n acceso de
envidia. David volvió ¿en trarv en ced o r en Jerusalen,
y term inó su carrera m ilitar por una nueva y gloriosa
SAG1UDA. 191
campaña contra los filisteos. Entonces, á pesar de su
fervorosa pied ad , se despertaron en su corazón sen­
timientos de orgullo, y mandó que se procediese al
empadronamiento de su pueblo, aunque u n acto se­
mejante exigía siempre la órden espresa del Eterno.
Este em padronam iento dió ochocientos m il hombres
en Israel dispuestos para la guerra, y quinientos mil
en Judá-, apenas se habia acabado esta operacion,
cuando los rem ordim ientos se apoderaron del corazon
de David, y reconoció su falta, que Dios no dejó
impune, y cuyo castigo fué anunciado al rey por la
boca de Gad, profeta del Eterno.
Siu em bargo, David se iba envejeciendo, y no había
ley alguna que arreglase el órden de sucesión al trono.
Adonias, uno de sus hijos, crecia en autoridad con el
apoyo de Joab y Abiathar soberano sacrificador, é in ­
tentó usurpar el cetro. Pero David habia jurado á
Bethsabee su m ujer, que transm itirla su herencia á
Salomou, el hijo segundo que ella le hab ia dado. In­
formado por ésta, y por el profeta N athan de los pro­
yectos de Adonias, hizo consagrar á Salomon en p re­
sencia del pueblo por el sacerdote Sadoc: sonaron las
bocinas, y todo el pueblo gritó; / viva el rey Salomon\
Sobresaltado Adonias con esta noticia, se levantó de la
mesa en que se hallaba con sus principales partidarios,
se refugió al pié del altar, im ploró la clemencia de su
herm ano, á quien reconoció por rey, y fue perdonado.
R1 vicio m o n a rc a , conociendo que se acercaba el
término ae su vida, dispuso todo para la construcción
del magnífico templo que debia levantar su sucesor, y
despues llamó á Salomon y le dijo: «Hijo mió, yo voy
á m orir, fortifícate y procura ser hombre: observa las
leyes del Eterno, tu D ios, á fin de que todas his cosas
tengan un buen resultado. Yo habia concebido el de­
signio de edificar u n templo al Seüor, pero Dios m e
ha dicho: T ú eres u n m ilita r, te has encontrado en
m uchas b a ta lla s, y así no podrás edificar u n templo
en m i nom bre despues de haber derram ado tanta san­
gre en m i presencia: tendrás un hijo cuya vida será
JUSTOHU
pacífica, y á quien h aré rein ar en paz, y él será el que
me edificará u n tem plo: yo seré sn p a d re , y afirmaré
su reino sobre Israel para siempre. Ahora, pues, hijo
mió, que el Seüor sea contigo, que te haga feliz, y
que le dé también sabiduría y buen sentido, á fin dp
que puedas gobernar tu pueblo y observar fielmente
la ley del Seüor tu Dios.»
A estas exhortaciones pacíficas afiadió David con­
sejos de venganza. Recordó los ultrajes de que le ha­
bia llenado Semei en su desgracia, y los crímenes im ­
punes de .loaJj, y dijo A Salomon : * Cuida m ucho de
que estos dos no bajen al sepulcro sino por m edio de
una m uerte sangrienta.» Quizá los sentim ientos de pa­
dre tuvieron mas parte que la justicia del rey en la
sentencia de Joab, y puede creerse que al pronunciar­
la D avid, se acordó menos en el fondo de sn corazon
de los asesinatos odiosos de Ahner y de .Amasa, que
del castigo terrible, pero justo, de su hijo Absalon.
El viejo rey Tenovó públicam ente sus m as santas
exhortaciones. Oró por su pueblo y por su hijo, y tri­
butó gracias al Eterno. «A tí es, Señor, dijo, á quien
pertenecen la grandeza, el poder y la victoria; á líe*
á quien se deben las alabanzas. ¿Pero quién soy yo y
quién es mi pueblo para que osemos ofrecértelas'?....
Estranjeios somos y peregrinos delante de tí, así como
lo fueron nuestros padres. Nuestros dias pasan como
las sombras sobre la tierra, y nosotros no estamos en
ella mas que un momento: Seüor Dios m ió, todas las
riquezas que hem os recogido para edificar u n templn
á la gloria de 1u santo nom bre, han venido de tu m a­
no, y todas son tuyas. Yo sé que eres tú el qne son­
deas. los corazones, y que am as el candor y la recti­
tud, y por eso le he ofrecido estas cosas en la senci­
llez de mi corazon...... Señor, que eres el Dios de
nuestros padres, conserva eternam ente en m i pueblo
la voluntad de servirte y de tributarte el culto que te
debe: da tam bién á mi hijo Salomen un corazon per­
fecto, á fin de que guarde tus m andam ientos y que
observe tus santas ceremonias.» David dirigiéndow*
SAGRADA. 193
entonces á la asam blea, esclamó: «Bendecid al Se­
ñor,» y todos se prosternaron, adoraron á Dios, y rin ­
dieron hom enaje al rey. Al dia siguiente ofreciéronse
holocaustos, el pueblo celebró grandes regocijos, Sa­
lomon fué de nuevo consagrado como rey, y Sadoc
como pontífice. Salomon subió al trono, y todos los
príncipes, los grandes del reino y los hijos del rey Da­
vid fueron á saludado y á someterse á él- David m u­
rió despues en u n a feliz vejez, habiendo reinado siete
años en Hebron y treinta y tres en Jerusalen.
Para juzgar bien á David, es preciso rem ontarse
cou el pensamiento á los tiempos eu que vivió: la ley
misericordiosa de Jesucristo 110 habia sido au n pro­
clamada, y á la barbarie de las costumbres de su épo­
ca, es & la"que debe pedirse cuenta de sus rigurosas
sentencias. No podrá com prenderse absolutam ente to­
da la gloria de David y la influencia de su genio y de
su ejemplo sobre los destinos de su nación, si no se re­
flexiona la situación partícula]- de los hebreos y el
gran peligro contra el cual debían estar constante­
m ente en guardia. Rodeados como lo estaban de los
adoradores de los falsos dioses, pueblo elegido, auto­
rizado para recibir al Mesías por la creencia eu un
Dios único, que lo elevaba sobre los dem ás pueblos,
ningún peligro era de tem er entre ellos mas que la
idolatría. Nada podia oponerse mas en su concepto al
cumplimiento de los decretos de la Providencia. Una
fé pura era la prim era de las virtudes, y la Divinidad,
para consagrar este principio con continuas lecciones,
midió siempre las prosperidades y los reveses de Jos
hebreos, por el graao mas ó menos elevado, nías ú
menos corrompido de su fé. David íu é bajo este punto
(le vista, el príncipe m as intachable; así es que debe
considerarse como el verdadero fundador de la m o­
narquía de Israel. Por otra parle, su fé no fué su ú n i­
ca virtud: tenia adem ás un alm a grande y m agnáni­
ma, como lo atestiguan el ardor de su am istad con Jo­
nathás, su tierna compasion hácia su pueblo, su va­
lor y su heroica resignación en la desgracia. Si algu­
194 HISTOHIA

na vez se dejó llevar de la cólera, su conducta hacia


Saul prueba suficientemente que conoció tam bién la
misericordia; y si la im aginación se asom bra del cri­
men que cometió, tocante á. Uñas, consuela el ver
como se levanta el culpable por el arrepentim iento,
por la hum ildad y por el dolor.
Los salmos que lia compuesto revelan en una poe­
sía sublim e su alm a ardiente y piadosa. Nunca se hu­
milló m as hom bre alguno delante de Dios, ni puso
mas que él en el Señor su esperanza y su fuerza, ni
celebró mas dignam ente sus alabanzas. «Así como el
ciervo alterado, dice, suspira cerca del agua de las
fuentes, así m i alm a suspira cerca de tí, ¡ob Dios
mió! (1).» Pocas palabras le bastan para p in tar adm i­
rablem ente las vanidades de esta vida. «Sí, esclama,
el hom bre anda errante entre fantasm as, se agita, y se
agita en vano; atesora riquezas, y no sabe quien las
recogerá (2).» En otro salm o esplica David asi los ju i­
cios secretos de la Providencia en cuauto á los malos:
«¡Cuán bueno es Dios para Israel, para los que son
rectos de corazon! Mis piés por poco no se conmovie­
ron: por poco no resbalaron m is pasos, porque me
llené de celo sobre los inicuos, viendo la paz d élos
pecadores. Ellos uo soportan n i el trabajo m los dolo­
res del hom bre: se adornan con el orgullo como si
fuese un collar de oro: se cubren con un vestido de
iniquidad: se eslravía su corazon: se destruyen con
calumnias: dirigen su boca contra el cielo, y su len­
gua recorre la tierra. He aquí porque el pueblo h a di­
cho: ¿por ventura los ve Dios?.... Estos pecadores, es­
tos impíos del siglo, m ultiplican sus riquezas: es en
vano, pues, que yo purifique m i corazon y que yo la­
ve m is m anos entre Los inocentes. He sido* herido con
tu vara durante todo el dia, y castigado desde la ma­
drugada. He m editado para saber, y mis ojos no han
visto sino u n grande trabajo hasta que he penetrado

(t) Salm. XL1.


(2) Salm. XXXVIII.
SAGRADA. 195
los secretos de Dios y comprendido el Un de los per­
versos. Tú los has colocado en lagares resbaladizos y
los has arojado. ¿Cómo, pues, han caido con tanta fre­
cuencia en su ruina? Ellos h a n desfallecido, el terror
los h a devorado: han desaparecido como u n sueño: en
tu santa inorada, Seüor, será m enospreciada su som­
bra......Todos los que se alejen de tí, perecerán: en
cuanto á. mí, mi único bien es a c e r c a r m e al Sefior: en
el Eterno está todavía m i esperanza (1).»
David en otro canto da una idea sublime de la for­
midable majestad del Eterno: he aquí como celebra
su magnificencia y su bondad en el salmo de la crea­
ción: «Bendice al" Señor, alm a m ia, ¡oh Señor Dios
mió! ¡cuán grande eres! Tú te has revestido de gloría
y de belleza, te has rodeado de luz como de u n vesti­
do. Tú estiendes los cielos como un pabellón, las
aguas perm anecen suspendidas alrededor de tu san­
tuario, te elevas sobre las nubes, m archas en las alas
de los vientos: las tempestades son tus mensajeros, y
•as llamas tus ministros. Has afirmado la tierra sobre
sus cimientos y no la derribarán los siglos: las aguas
la envolvían como u n manto y cubrían los elevados
montes: á tu amenaza huyeron y al estampido de lu
trueno cayeron: tú has fijado los límites que jam ás
pasarán, y no vendrán y a á inundar la tierra. Tú en­
vías fuentes á los valles que corren al través de las
m ontañas, y apagan la sed de las bestias salvajes: en
sus orillas habitan los pájaros, y sus conciertos se
oyen desde el ram aje: de las alturas de tu m orada
riegas las m ontanas, y la tierra se harta con los fru­
tos que derram as en su seno; tú haces germ inal' para
los rebaños la yerba de las praderas, y las mieses para
el hombre: tú haces nacer de la tierra el pan que le
alim enta, y el vino que alegra su corazon..... Nace el
sol, los anim ales salvajes se retiran y entran en sus
cuevas: el hom bre entonces sale por la m añana para
trabajar y cultivar sus tierras hasta la noche. ¡Oh

(I) Snlra, L X X n .
H IS TO R IA
Dios! ¡cuán magníficas son tus obras! todo lo has he­
cho con tu sabiduría, la tierra está llena de tus bene­
ficios- Véase ese gran m ar que se estiende á lo lejos:
en él se pasean los navios, en él habitan anim ales sin
núm ero grandes y pequeüos: tú das v tus criaturas re­
cogen-, lú abres la m ano y ellas se llenan de tus d o ­
nes: ocultas tu rostro y ellas se turban: retiras tu so­
plo y ellas espiran y vuelven á la nada: envías tu espí­
ritu y ellas renacen y se renueva la faz de la tierra. (1),
¡Qué la gloria del Eterno subsista, para siempre! ¡qué el
Eterno se recree en sus obras’ El m ira la tierra y la tier­
ra tiembla; toca los montes y se abrasan. Cantaré al Se-
üor durante m i vida: que mi plegaria sea grata á su co-
razon porque yo me regocijo en él: ¿qué la tierra devore
¡í los pecadores! Bendice al Eterno, ¡oh alm a m ia (2)!»
Entre estos cantos sublim es m uchos anuncian el
porvenir que h a n valido á David el nom bre glorioso y
sagrado de Rey-profeta. El m isterio del Mesías co­
mienza á, declararse m as al pueblo de Dios. David vió
de lejos á este divino Mesías que debia salir de su ra­
za, y lo cantó en térm inos m uy sublim es. Conoció las
ignom inias á que seria espuesto y sus dolores volun­
tarios, y previo al mism o tiempo el glorioso resultado
de sus humillaciones. «Muchas veces, dice Bossuet, no
ha pensado m as que en celebrar la gloria de Salomou
su liijo, y de repente transportado de alegría y fuera
de sí mismo» ha visto á aquel que es m as que Salo-
m on en gloria y sabiduría. Se le apareció el Mesías
sentado en un trono mas durable que el sol y la lu ­
n a ^ ) . Vió á sus piés todas las nacioues vencidas y
bendecidas por él conforme 6. la prom esa he cha á Abra­
h a m ......Viole sentado íí la diestra de Dios m irando
desde lo mas alto de los cielos á sus enem igos abati­
dos. Y adm irado de tan sublim e espectáculo, y con­
tento de su gloria le llama su Seíior (Ti.»

Salm. LIU.

e S a l» . X X I, 15.18,19.
Sftlm, LXX1.5, l l , H.
(4) Snlm. LtX.
S A G ÍU IW

La Escritura está llena del nom bre de David así


como del de Abraham, y es llam ado en ella el hom bre
según la voluntad de Dios: ninguno h a tomado mas
parte en los acontecimientos precursores dél Evange­
lio: sus conquistas fueron el complemento de las pro­
mesas que se hicieron á Abraham y sn reinado pre­
paró el esplendor del de Salomon
CAPÍTULO III.

R e in a d o de Salom on.—C o n stru cció n d el tem plo.

(III Reyes. II—XI. —II Paralip. I—IX.)

1015—975.

Los disturbios que habían señalado el del últi­


mo reinado, dejaron semillas de discordia que obliga­
ron al nuevo rey á usar de rigor al principio: Adornas
dirigió nuevas pretensiones al trono, pidiendo en ma­
trimonio á Abisag, jóven snnam ita, viuda de David.
Salomon revocó el perdón que le habia anteriorm en­
te concedido y le condenó ¿ m uerte: condenó igual­
m ente 4 Joab asesino de Abner y de Amasa, y casti­
gó á Semei conforme á la voluntad paterna. Banaias
hijo de Joiada, fué elevado al m ando del ejército en
lugar de Joab y Sadoc reemplazó al soberano sacrifi­
ca do r A biathar, que fué enviado á presidio. De este
modo salió esta dignidad de la ram a de Itham ar, hijo
de Aaron, p ara entrar en la de Eleazar.
Habiendo afirmado Salomon el cetro en su m ano,
se casó cou la hija del rey de Egipto, é hizo fortificar
A Jerusalen. Queriendo despues consagrar su reino
por la religión, se fué con su pueblo á Gabaon, en
donde estaba todavía el tab ern ácu lo , m enos el Arca
santa, y ofreció m il holocaustos al Señor. Esla fervo­
rosa piedad tuvo su recompensa. A la noche siguiente
SAGRADA. 103
se apareció el Elerno en un sueño ú Salomon y le di­
jo «Pídeme lo qne quieras que te dé.* La respuesta
del jóven rey fué adm irable. «¡Oh Señor, Dios mió!
tú me has hecho reinar en lugar de David m i padre;
yo tu siervo, que uo soy mas que u n niño incapaz de
saberme conducir, te suplico que me dés u n corazon
dócil, á fin de que lu siervo pueda juzgar á tu pueblo
y discernir el bien del mal.» La voz divina respondió:
«Por cuanto no lias pedido n i u n a vida larga, n i teso­
ros, ni triunfos, h e hecho según tu palabra: te he da­
do u n corazon inteligente, te h a dado tam bién lo que
tíi no has pedido, que son las riquezas y la gloria,
de suerte que ningún rey te podrá igualar, y si eres
fiel á mis m andam ientos prolongaré tus dias.» Salo­
mon volvió A Jerusalen, á dar gracias con nuevos sa­
crificios delante del Arca de la alianza por los orácu­
los recibidos en Gabaon.
La historia h a conservado hasta nosotros un rasgo
célebre de su justicia y que fué p ara su pueblo una
brillante confirm ación de las promesas del Seiior. Dos
mujeres que hacia poco que habían parido sin testi­
gos en n n a m ism a casa, se presentaron nn d ia en su
tribunal. Una de ellas durante su sueño liabia invo­
luntariam ente ahogado á su Hijo, y cada u n a recla­
maba como suyo el niño que habia sobrevivido,
«Traed u n a espada, dijo el rey á s u s guardias, dividid
en dos pedazos al niño vivo y dad á cada u n a de estas
mujeres la m itad.» Aquella, cuyo hijo habia m uerto •
aprobaba la sentencia, pero la otra sintiendo conmo­
vidas las entrañas, de ternura y de tem or, dijo al rey:
«Señor, yo os suplico que se lo deis y que no lo m a­
téis.—Esta es la madre, replicó Salomón,» ilustrado
por el grito m aterno, é hizo qne se lo entregaran.
La. gloria de Salom on se difundió por todas partes.
En paz con sus vecinos, soberano de los vastos paises
que David habia conquistado desde el Eufrates hasta
el torrente de Egipto, hizo florecer su im perio. Los
impuestos sobre tantos pueblos, los derechos percibi­
dos en tantas aduanas, sobre todo á la salida del istmo
HlST. SJLS. 14
H ISTO RIA
de Suez, y los presentes de los reves aliados acum u­
laban riquezas inm ensas en Jerusalerr. nada igualaba
al esplendor y á la m agnificencia del m onarca. Su
trono era de orp y m arfil, m archaba rodeado de un
espléndido aparato y llevábanse delante de él broque­
les de oro. Las obras que mandó hacer fueron p rodi­
giosas. Hizo terraplenar el valle de Millo entre el tem ­
plo y la casa real, y cercó de m urallas á Jerusalen.
Un núm ero considerable de ciudades fueron reedifi­
cadas ó fundadas en Israel y hasta en los desiertos en
donde se elevaba la célebre T adm or, conocida des­
pues bajo el nom bre de Palm ira (1). Las flotas del rey
que salian de los puertos del m ar Rojo para Ophir le
traian oro en abundancia, m aderas raras y piedras pre­
ciosas: otros seguían las costas del Mediterráneo: todo
contribuía á enriquecer á Israel, y según las pompo­
sas imágenes de la E scritu ra, el oro y la plata en
tiempo de Salomou no eran m as estim ados en Jern-
salen que las piedras y el cedro del Líbano ó las h i­
gueras silvestres de las llanuras. En m edio de todas
estas magnificencias debia levantarse el templo: era
tiempo y a de cum plir los votos de David y de dar al
culto del verdadero Dios u n esplendor, que borrase el
de todos los cultos idólatras de las naciones vecinas.
Salomou, cuyas manos puras de sangre se juzgaron
dignas de edificar el templo de Dios, habia sido de­
signado hacia m ucho tiempo para esta grande em pre­
sa: su alianza con Hiram, rey de Tiro, le facilitó la
ejecución. Las m aderas sacadas de los bosques del Lí­
bano y dispuestas en almadias, cruzaban las costas
del Mediterráneo y se detenían en ol puerto de Joppé:
80,000 hom bres sacados de las tribus cananeas esta­
ban empleados en cortar las maderas, 70,000 en car­
garlas, 3,600 dirigían á los trabajadores, y 30,000
israelitas que se relevaban de mes á mes por terceras
partes á las órdenes de A doniram , se distribuían el
resto de los trabajos.

(0 Sflfcun Joacfo, cata ciudnd fué fortificada por Salomou.


SAGRADA. sai
Salom on, el segundo dia del segundo mes del
cuarto año de su reinado echó los cimientos al templo,
en cuya construcción se emplearon siete aüos y me­
dio. Los detalles que nos sum inistra la Escritura so­
bre este m onum ento, y sobre los innum erables ador­
nos de oro, esLátuas de bronce y m etal que encerra­
ba, nos dan u n a idea alta del grado á que halnan lle­
gado ciertas artes en aquella época rem óla: u n a gran
parte de estos últim os trabajos, fué ejecutada bajo la
dirección del artífice lirio Hiram. K1 templo fui) cons­
truido en la colina de Monja (I). Dos paredes á cuyo
largo seguían galerías sostenidas por columnas, for­
maban los átrios este rio re a desde donde se subía á los
de las mujeres: despues se llegaba al átrin de los is­
raelitas y al de los sacríficadores, en donde se halla­
ba el inmenso altar de los holocaustos, constm ido de
piedras no talladas: allí estaban tam bién el m ar de
niela!, vaso enorm e que podia contener 3,000 bahs ó
medidas de aquel tiempo, sostenido por doce figuras
de bueyes, y diez cubos de m etal m as pequeños, cin­
co al Norte y cinco al Mediodía, en donde se lavaban
las carnes de las víctimas. Estos diferentes ¿itrios te­
nían á los lados salas y alm acenes para el uso de los
sacerdotes, para los objetos del culto y de la custodia
de los vasos sagrados. A la otra parle del altar de los
holocaustos comenzaba el templo propiam ente dicho,
cubierto de un techo plano, y precedido de u n ancho
pórtico abierto, decorado con dos columnas de m etal,
lina galería de tres pisos se estendia alrededor del
templo, escepto por el lado del Oriente.
El templo interior se dividía en Lies cuerpos; el
aule-tem plo ó vestíbulo, el lugar sanio, y el santua­
rio ó lugar Santísimo, llam ado tam bién el Santo de
los Santos. Eslos dos últim os cuerpos estaban cerra­
dos coa puertas de dos hojas de m adera de olivo,
adornadas de escultura y cinceladuras diveisas, y cu­
tí) Joseptao afirma positivam ente que el monte Moria, op ol eu*.l
futí construido el temólo, era el tú Isoa o á donde Abraham faabta lle­
vado eu hijo para sacnQcarlo. (.L ib . V i l , cap, X IV .)
Í0 5 HISTORIA
biertas con u n velo ricam ente bordado. Eu el lugar
santo estaba colocado el altar de los perfumes» entre
el candelabro de oro de siete m echeros y la m esa de
los panes de proposición. En fin, el lugar Santísimo
estaba cubierto por u n a cúpula ó media naranja. ¿VIH
debia estar depositada el Arca de la alianza, que en­
cerraba las tablas de la ley, y á. su lado la vara de Aa­
ron , el vaso lleno de m aná y los libros escritos por
Moisés. Las m aderas m as raías, el oro y los demás
metales maspi-eciosos se veian con profusion por todo
aquel edificio.
La solemnidad de la dedicatoria dui-ó siete dias., y
se verificó el año 3,000 del m undo, 1,000 aiios antes
de la venida de Jesucristo. Los pueblos de todas las tri­
bus acudieron á Jeru salen : el Arca, sacada del pabe­
llón en que la hab ia dejado David, fué transportada
con pom pa al templo por los sacrificadores El rey se­
guía acompañado de su córte, de los ancianos de Is­
rael, de los jefes de las tribus y de la m ayor p arte del
pueblo El Arca fué colocada en el lugar Santísimo,
bajo los querubines de oro, cuyas alas la c n b ria n ; y
en el m om ento en que se corrió el velo del santuario,
bajai 011 tam bién y llenaron el templo la gloria del
Eterno y la nube del desierto. Entonces Salom on, po­
niendo su grandeza á los piés de aquel que es solo
grande, y prosternándose en m edio de la posteridad
de Abraham y de Jacob, pronunció u n a adm irable sú­
plica: levantándose despues y dando su bendición í
toda la asam blea, csclam ó: «Bendito sea el Señor, que
ha dado la paz íi su pueblo según las promesas que le
habia hecho. Qne el Seiior nuestro Dios sea con nos­
otros, como lo i'ué con nuestros padres : que no nos
abandone absolutam ente y que no nos desprecie, sino
que, al contrario, incline nuestros corazones bácia él
i fin de que m archem os por todos sus cam inos! Que
haga justicia á su siervo y á su pueblo, y que todos
los pueblos de la tierra sepan que el Señor es el ver­
dadero Dios, y que 110 h a y otro despues de é l ! »
Apenas habia dejado de h ab lar Salom on en el san­
SA G R A D A . 203
tuario, cuando empezó íi caer fuego del cielo sobre el
aliar y consumió los prim eros holocaustos. Las solem­
nidades y los sacrificios continuaron durante los siete
dias sig u ien tes, que eran los de la fiesta de los taber­
náculos ; inm ensas ofrendas señalaron la piedad y la
magnificencia del m onarca. Sacrificó 22,000 bueyes y
120,000 ovejas, cuya carne alim entó á toda la nación
reunida en la capital.
La fam a de Salomon se estendió por todas partes;
muchos principes estranjeros hicieron alianza con él,
y se presentaron en su córte. La reina de Saba, céle­
bre en Oliente, fué tam bién á Jerusalen con un acom­
pañamiento num eroso y camellos cargados de oro, de
piedras preciosas y de diversos arom as y perfum es, y
el rey respondió de una m anera victoriosa á las cap­
ciosas preguntas, por las que esla reina se complació
en probar su sabiduría.
Tantas prosperidades am enazaban deslum brar á
Salomon i Dios le renovó la -sania visión de Gabaon y
se le apareció por segunda v ez: le advirtió que si per­
severaba en el buen cam ino, su dinastía perm anecería
en el tro n o ; «pero si te separas de m i tú ó tus hijos,
dijo el Eterno, para servir y adorar A los falsos dioses,
arrojaré lejos de m í el templo que he consagrado á m i
nom bre: Israel será la fábula y el objeto de las burlas
de todos los pueblos, y esta casa seríí considerada como
un ejemplo de m i justicia.»
Salomon perseveró todavía algunos afios en la pie­
dad; pero lo perdió la prosperidad, escollo de los re­
yes, y el am or de las m ujeres lo eslravió. Sin hacer
caso de las advertencias de Moisés, estableció un in ­
menso serrallo, y escogió de todas partes esposas y
concubinas, de aquellas naciones con las cuales estaba
prohibido A los judíos el ligarse. Todas estas m ujeres
tenian sus ídolos y adoraban los falsos dioses. Salo-
mon, v a viejo, se dejó estraviar hasta el punto de que­
m ar incienso con ellas sobre sus im puros altares. El
Seüor se irritó y le d ijo : « Por cuanlo no has guardado
m i alianza, desm em braré tu reino y lo daró á un siervo
*04 H IS TO R IA
tu y o : sin em b arg o , esperaré para dividirlo á que esté
en las m anos de tu h ijo , y no se lo quitaré todo ente­
ro, sinq que le concederé una tribu por am or á David,
m i siervo, y á Jerusalen, m i predilecta.» En señal del
cumplimiento de estas amenazas, se suscitaron m u­
chos enemigos á Salomon al fui de su reinado, y el
mas temible fué Jeroboam , hijo de uno de sus siervos,
y que el misino rey había elevado al poder. Un (lia sa­
liendo Jeroboam de Jerusalen, encontró al profeta
Abias y ambos se hallaban solos. Abias, quitándose al
m om ento la capa que llev ab a, la dividió en doce par­
tes, y dijo á Jero b o am : « Toma diez partes para tí, por­
que el Seiior h a dicho: Desmembraré el reino de Sa<-
lomon porque me ha abandonado por los falsos dioses,
yo te daré diez tribus, y serás rey de Israel. Afligiré
nasta este punto á la raza de David, p e u o x o p a h a
s i e m p r e .» Salomon intentó en vano hacer p e re c e rá
Jeroboam, y acabó en medio de las inquietudes y de
la melancolía un reinado de cuarenta años, comenzado
con tanta grandeza y sabiduría, y m urió A la edad de
sesenta años.
Este príncipe es el autor de m uchos libros, que
forman parte de los sagrados cánones: los dos prim e­
ros, el de los Proverbios y el Ecies-iaitcs, encierran ex­
celentes principios de m oral y de piedad (1). El terce­
ro, titulado Cántico de los cánticos, es 1111 canto nupcial
de una poesía adm irable, en que los santos padres han
reconocido u n a sublim e é interesante alegoría. La Es­
critura nos dice lambien que Salomon compuso 3,000
parábolas y 5,000 «Inticos, y para darnos una idea de
su ciencia, nos dice que h a nablado de los árboles,
desde el cedro del Líbano hasta el hysopo; de los
cuada'iipedos, de las aves, de los reptiles y de los pes­
cados. La vida do este príncipe ofrece el ejemplo mas
brillante del gi-ado de sabiduría y de grandeza á que
puede elevarse el hom bre cuando conserva en su CO-
razón el am or y el tem or de Dios, y de la profundidad

(i) Véage eLcapitulo siguiente.


SACHADA. ?0¿
del abismo A donde puede arrastrarlo un solo vicio,
una sola pasión desarreglada. Su historia y la de sus
sucesores es u n a lección para todos los reyes. Dios les
ha. enseñado en esta trágica historia cuanto pueden
inllnir sobre los destinos de los pueblos las virtudes ó
los vicios de los priucipes. Los hebreos tuvieron lanto
motivo para sufrir las debilidades vergonzosas de Sa­
lomon y de los reyes de sn raza, como la habían teni­
do para glorificarse de la piedad de sus prim eros años,
y de la fé de su padre David. Las am ena/as divinas se
cum plieron: su nación conoció todavía por intervalos
dias de grandeza y prosperidad; pero dejó de estar re­
unida bajo u n misino cetro, y jam ás después de Salo­
mon llegó al grado de poder y ae gloria á que se habia
elevado en los felices y venturosos dias de su reinado.
¡Tiempos dichosos, dice la Escritura, aquellos en que
cada uno en Israel vivia en paz bajo su viña y bajo su
higuera! (1)

ti) III ncyeB, IV, xxv.


CAPÍTULO IY.

Consideraciones sobre la. vida pública y privada de los


israelitas (1).

Entre los israelitas, dice el abate Fleury, habia po­


cas profesiones distintas. Desde el prim ero de la tribu
de Judá hasta el últim o de la de Benjamín todos eran
labradores y pastores, que ellos mismos cuidabau de
sus re b añ o s: (íedeon estaba aventando el trigo cuando
le dijo u n ángel que él libraría á su p u eb lo : R uth se
granjeó la voluntad de B ook espigando en sus mieses:
Saul, coronado y a rey, labraba con sus bueyes, y Da­
vid apacentaba el rebano cuando Sam uel lo envió á
buscar para consagrarlo rey- La Escritura está llena de
estos pasajes.
Los israelitas recogían m ucho trigo y cebada, y el
candeal era la única m ercancía que llevaban á Tiro.
Tenian aceitey m iel en abundancia. Las m ontañas de
Judá y de Epliraim eran grandes v iú ed o s: A los alre­
dedores de .lerico habia palm eras de gran producto, y
era el único paraje del m undo en donde se encontraba
el verdadero bálsamo. La fertilidad del p a ís y el esme­
ro con que lo cultivaban hace com prender cómo siendo
tan pequeño podia sum inistrar alim ento p ara lauta
gente. Cuando el pueblo entró en esta tierra por pri­
m era vez, habia mas de seiscientos m il hom bres de

0) Este capitulo «atá (retractadoen era n parto de la oT>ra de Fleury


titulada Costum bres Je fo t u r a e fi ta t y tfe ios criitian& r.
SACHADA. 207
veinte ¡L sesenta a ñ o s: en la guerra de Gahaa solo la
tribu de B enjam ín, que era la m enor de todas, tenia
un ejército de veinte y cinco m il hom bres, y el resto
del pueblo se componía de cuatrocientas mil almas. El
aumento de la pobla&ion era el principal fundam ento de
su política. Lu abundancia de poblarían, dice, el sabio, es
la gloria del r e y , y la escasez ifo súbditos es Iri vergüenza
del príncipe.
Así es q u e , en sus relaciones con los estranjeros,
los hebreos se apoyaban m ucho menos en la finura y
en la astucia que en la fuerza. Cada israelita tenia su
campo para cultivar, y el m ism o que habia sido dado
en partición ti sus antepasados en tiempo de Josué. No
podían m udarse de casa, n i arruinarse n i enriquecerse
escesivamente, pues así lo habia dispuesto la ley del
jubileo. La im posibilidad de hacer adquisiciones d u ­
rables, dism inuía la ambición y la inquietud: cada uno
se limitaba á la herencia de sus a ' 1 1
dicaba & hacerla valer, sabiendo
su familia. Este apego era al m ism o tiempo un deber
de religión, fundado sobre la ley de Dios, la cual dice
que uo eran sino usufructuarios de sus tie rra s, ó mas
bien arrendadores de Dios, que era el verdadero pro­
pietario, No tenían otra carga que los diezmos y p ri­
micias que él habia o rd en ad o , y Samuel cuenta las
imposiciones sobre el trigo y el vino enLre las em pre­
sas de los reyes con que am enaza al pueblo.
Los israelitas m antenían las m ism as especies de
animales que los patriarcas. No tenían caballos, pero
tampoco eran m uy necesarios en las m ontañas: los re­
yes los hicieron traer del Egipto cuando quisieron ser­
virse de ellos. Las pollinas eran la cabalgadura ordi­
naria, aun entre las personas ricas. Para dar n n a idea
grande de J a ir , que era uno de los jueces que gober­
naron el pueblo, dice la Escritura, que tenia treinta h i­
jos , m ontados en treinta p o llin a s, y jefes de treinta
ciudades. Habia, dice Abdon, otro juez, qne tenia cua­
renta hijos y treinta n ie to s , montados en setenta po­
llinas, y en el cántico de Débora se describe & los In­
208 H IS TO R IA
jos de Israel montados en pollinas pulidas y lus­
trosas.
Los hebreos com erciaban poco; sus tierras les bas-
tada.11 para mantenerse. Los fenicios, sus vecinos,
encerrados en un recinto estrecho en la costa del mar,
vivian de su in d u stria ; eran como los corredores y
factores de las demás naciones. Entre los israelitas
solo la tribu de Zabulón, que habia obtenido u n terri­
torio en la costa del m ar, era naturalm ente inclinada
al tráfico, lo que parece estaba y a designado en las
bendiciones de Jacob y de Moisés. Los hebreos se apli­
caban poco á los artefactos; pero, sin em bargo, 110 les
faltaban buenos artífices : puede juzgarse de esto por
los trabajos descritos en el Exodo, y necesarios para
la construcción del Tabernáculo y del Arca: sabían
fundir y fabricar los m etales, tallar y g rabar las pie­
dras preciosas: eran carpinteros,tapiceros, bordadores
y perfum istas.
Todo conduce á creer que no conocieron sino m uy
tarde el uso de la moneda. Empleaban en los cambios
los metales, que dividían en pedazos de u n peso de­
terminado. Desde el tiempo de Abraham se valían para
la estimación del precio en el comercio y los cambios,
del siclo , m edida em pleada p ara el p e so , y vemos eu
el Génesis XXIII, v. 6 , que este patriarca com pró ¿
Ephrom el campo en que queria enterrar íl Sara su
m ujer, y por el cual pagó cuatrocientos sid o s e n bue­
na moneda. Mas adelante vemos ¡1 Josef, vendido por
sus herm anos á los ism aelitas en veinte sid o s de pla­
ta. (Gen. XXXVII, v. 6). Pero en n inguna parte hasta
m ucho despues de la caída de los reinos de Israel y
de Judá, se hace m ención en las Escrituras de la fabri­
cación de m oneda. Se pesaba la plata y el o r o , y se le
designaba siem pre según su peso. El peso del siclo era
de ciento sesenta g ran o s, y equivalía á una libra de
diez y seis onzas y cuatro octavas, poco m as ó menos.
Una m ina pesaba cincuenta sidos. El siclo era conside­
rado entre los antiguos hebreos como la unidad de la
m edida m onetaria. Segun Maimonide, el peso del siclc
SAGRADA. 209
de piala se graduaba por el peso de ciento sesenta gra­
nos de cebada. CaLmel estim a su valor en treinta y dos
piezas y cinco dineros, y otros la entienden hasta dos
trancos y ochenta centesimos. El sid o , considera­
do como moneda, se dividía en medio siclo 6 beba, en
cuarto de siclo y dracma. Se dividía tam bién en veinte
güeras ú óbolos: sesenta sidos componían una m ina,
sesenta m inas u n talento d i piala, y diez y seis míenlos
piala n n ¡atento de oro.
Las m edidas para los líquidos eran el ckomer ó co n ,
valuado en cerca de trescientas pintas por Calmet. Se
divídia en diez baihs, el bnth en seis h im y el h im en
doce logs. Esta últim a m edida contenía algo menos
que una m edia pinta. El tphoro, que tenia la capacidad
del baih valuado en treinta p in ta s , servia para m edir
el grano, y se dividía en diez ffomors.
En fin, p ara m edir la longitud, los hebreos tenian
el dígito, equivalente ó poco menos que la pulgada. El
lophac de cuatro dígitos: el zorcths de doce: el codo de
doce zoreths ó veinte pulgadas y m edia: la cana de seis
codos: en fin, el camino sabático, es decir la distancia,
líe la que no podían pasar en el dia de descanso, que
comprendía dos m il codos ó quinientas setenta toesas
poco mas ó m enos (1).
El a to de los hebreos era de doce meses de treinta
dias cada uno, y casi semejante al nuestro. Se dispuso
por Moisés que se comenzara í contar en la prim avera
en el m es de la p ascu a: los o tro s, hasta el tiempo de
la cautividad de Babilonia, tuvieron u n nom bre parti­
cular, y según el orden en que se encontraban, empe­
zando desde el prim er mes : posteriorm ente recibieron
los nombres adoptados por los pueblos caldeos, entre
los cuales se dispersó la nación.
Las telas t[ue los israelitas em pleaban p ara vestirse,
eran la m ayor parle de lana. La herm osura de los tra-
ges consistía en la finura del tejido y en los colores,
siendo los m as estimados el blanco y la púrpura encar-

(1) Salvador, Instituciones de M oíü íb : lib. HI,CAP- VI.


HISTORJA
nada ó viólela; los sacerdotes no vestían sino de lino.
Los trajes de que ordinariam ente habla la Escritura,
son la túnica y e] m anto. La túnica era ancha para
que no les estorbara el libre movimiento en sus traba­
jos: cuando descansaban la dejaban suelta, pero cuan­
do qnerian trabajar ó m archar la ajustaban con un
ciiiluron, y de aquí nace aquella frase tan frecuente en
la E scritu ra: a Levántate, y ciñe tu cintu ra.» Estaba
m andado á lo s israelitas que llevasen en las puntas de
sus mantos unas borlas violetas, para no olvidarse ja ­
más de la ley de Dios. Llevábanla cabeza cubierta con
una especie de tiara como la de los persas y caldeos,
orque era u n a seüal de duelo el llevarla descubierta,
g 'ejaban crecer la barba y el cabello, porque también
era seúal de duelo entre ellos el raparse la cabeza. Un­
taban su cuerpo con aceite puro ó en infusión con
drogas arom áticas; hacían un uso m u y frecuente del
bario y se lavaban con frecuencia los piés, como se hace
todavía en el Oriente, donde se llevaban entonces san­
dalias. Las casas 110 tenian chim eneas, las ventanas se
cerraban solamente con celosías y cortinas, los tejados
eran im as azoteas.
Los israelitas comían sentados; pero despues h a ­
cían sus comidas acostados en lechos como los persas
y demás orientales. Comian despues de haber trabaja­
do , y bastante tarde: asi es que el comer y beber desde
¡a m a ñ a n a , lo califica la Escritura de desórden y des­
arreglo. Su alim ento era sencillo, y por lo regular no
hablaban sino de comer pan y beber agua : de donde
viene que la palabra p a n , se tom a com unm ente en la
Escritura por toda clase de viandas. Sus festines se
com ponían de carnes sólidas y grasientas, y p ara ellos
lo mas delicioso era la leche y la miel-
De la m anera que vivían los israelitas el m atrim o­
nio no les era em barazoso, sino que antes bien
debia servirles de a lm o , según su institución. Las
m ujeres eran laboriosas como los hom bres, y trabaja­
ban en casa m ientras que los m aridos estaban ocupa­
dos en los campos. Ellas preparaban la com ida y ser­
SAGRADA. 211
vían la mesa. Hacían tam bién los vestidos, y su ocu­
pación m as frecuente era hacer telas. Todas estas
labores las hacían dentro de su casa, y esta es la razón
por qué los antiguos las creían propias de las mujeres,
ú cuyo cuidado las dejaban. Por la m ism a razón, sin
duda, las m ujeres eran las porteras, y oonserges, aun
de los mism os palacios (1).
Los m atrim onios de los israelitas iban siempre
acompañados de convites y grandes regocijos. El ú n i­
co acto que presidia á su celebración , era la súplica
del padre de fam ilia y de los concurrentes p a ra atraer
la bendición de Dios. No se ofrecían sacrificios para
este objeto ni se llam aban sacerdotes, pues todo se h a ­
cia entre los parientes y am ig o s, porque todavía no
era m asque un contrato civil.
La educación de los hijos parece que era con poca
diferencia, la m ism a entre los israelitas que entre los
egipcios y los antiguos griegos. Form aban su cuerpo
para los ejercicios, y su entendim iento é im aginación
para las letras y m úsica. Ponían m ucho cuidado en su
desarrollo físico y en ejercitar su fu erza, que es lo
que con m as frecuencia alaba la Escritura en ios guer­
reros; pero jam ás dieron como los griegos grande im ­
portancia á los ejercicios del cuerpo- Se contentaban
con los trabajos del cam po, y con algunos ejercicios
militares.
Loshebreos despreciaban el estudio de las lenguas
estraujeras, y bastábales la suya, que era la hebráica,
tal como la vemos en la EscnLura. Es del carácter de
sus costum bres: sus palabras son sencillas, derivadas
todas de pocas raices, y sin ninguna composicion; pero
de una riqueza m aravillosa en sus verbos, que á veces
espresan algunas frases enteras. La m ayor parte de las
preposiciones y pronom bres no son sino letras aúadidas
al principio ó al fin de las palabras. Es la lengua mas
corla qne conocem os, y por consiguiente la que m as

(1) Fleury. Costum bres de loe israalltas.


212 HISTORIA
se aproxima al lenguaje de la Divinidad, que no tiene
necesidad, de palabras para hacerse entender.
E¡s de presum ir que la m ayor parte de los hebreos
sabían leer, porque les estaba m andado á todos apren­
der la ley de Dios y m editarla dia y noche, y este es­
tudio era su única ocupacion todos los sábados. Este
solo libro bastaba p ara instruirlos perfectam ente,pues
en íi veían la historia del m undo, hasta su estableci­
miento en la tierra de prom isión, el origen de todas
las naciones que les eran conocidas y mas particular­
mente de las que mas les im portaba conocer de los
descendientes de Lot, Abraham, Ismael y Esau. Veían­
se en él toda la religión, los dogmas, las ceremonias
y los preceptos de moral, y en él leían tam bién sus le­
yes civiles: así es que este" solo libro, que es el Penta­
teuco ó los cinco libros de Moisés, encerraba totlo lo
que debían saber. Empleaban adem ás las parábolas y
los enigmas para ensebar verdades im portantes, y
componían tam bién cánticos y otras poesías de una
m aravillosa instrucción.
Hemos hablado y a de los salmos de David: algu­
nas indicaciones de los proverbios de Salomon y "del
Eclesiastes, h arán form ar una idea de la sabiduría de
este príncipe, y de las im portantes lecciones que dió á
su pueblo.
«El tem or de Dios es el principio de la sabiduría.
Bpiensa en Dios en todos tus caminos, y él mismo
guiará tus pasos.
»No desprecies la corrección del Seiior, y 110 le
abatas cuando te castigue, porque el Seüor castiga al
que ama, y encuentra en él su placer como u n padre
en su h ijo .
»No abandones la sabiduría, y ella te guardará.
«Hombi'B indolente, m ira la írormiga y loma ejem ­
plo de ella, que no teniendo ni jefe ni maestro, hace
á lo m enos su provisión durante el estío, y recoge con
que m antenerse, ¿y tú, cuando saldrás de tu sueno?
dorm irás un poco, trabajarás de mala gana, juntarás
tus m anos para descansar, y la pobreza llegará á sor­
SAGRADA. 213
prenderte de repente, y se apoderará de tí como uu
nom bre armado. Di á la sabiduría: tú eres mi herm a­
na, y á la prudencia: sé m i amiga.
»Ii ij o m ío, que tu corazon no se deje llevar por los
caminos de la m ujer corrompida, y no te estravíes en
sus senderos, porque ella ha herido y derribado m u­
chos, y h a hecho perder la vida A los m as fuertes. Su
casa es el camino ael infierno.
«Observa, hijo mió, los preceptos de tu padre y de
lu madre: que te acom pasen cuando vas por un cam i­
no: que te guarden cuando duermes, y piensa en ellos
al despertar.
«P retierela doctrina al oro.
«El que encuentre la sabiduría habrá encontrado
la vida, pero el qne la aborrezca, am a la m uerte.
«Los Bienes adquiridos con precipitación, vendrán
ám enos: pero los que se vayan adquiriendo poco á
poco se m ultiplicarán.
»E1 que desprecio la euseüanza caerá en la indi­
gencia y la vergüenza, pero el que reciba con gusto la
corrección será elevado en gloria,
»E1 (juese acompañe con los sabios, se h ará sabio,
y el amigo de los insensatos, se les asem ejará.
j>La abundancia está donde se trabaja mucho; y
donde m ucho se habla, se encuentra con frecuencia
la indigencia.
a La alegría del corazon nace de la salud del cuer­
po, pero la envidia es la podredum bre de los huesos.
Lo poco con el temor de Dios es preferible á los g ran ­
des Lesoros, que jam ás satisfacen. Vale mas com er de
vigilia con los que nos am an, que com er rica ternera
y deliciosos m anjares non los que nos aborrecen.
»El corazon del hom bre prepara su camino, pero
el Señor g u ia sus pasos.
«El hom bre paciente es preferible al hom bre vale­
roso. Y el que dom ina su espíritu vale mas que el que
toma las ciudades por asalto.
»E1 hijo insensato es la indignación del padre, y el
dolor de la m adre que lo ha dado á luz.
214 HJSTOniJL
»E1 que responde antes de oir, da ¡í entender que
es un mentecato, y m erece ser confundido.
»La ciencia de un hom bre se conoce en sn pacien­
cia, y su gloria es olvidar los agravios que le han
hecho.
»La m ujer querellosa es como irn tejado que siem­
pre está goteando.
dEI que da ;i los pobres presta á Dios con réditos, y
Dios le volverá lo que él haya prestado.
«Una comida de m entira es dulce para el hom bre,
pero su boca se llenará en seguida de arena. Dios pre­
fiere á la sangre de las víctimas, la m isericordia y la
justicia.
«Suele prepararse u n caballo para, el dia del com­
bate, pero el S eñores el que salva,
»Hijo mió, si tu corazon es sabio, el mío se rego­
cijará contigo, y rebosaré de alegría cuando tus la­
bios pronuncien palabras de verdad.
»E1 que al hablar no pueda dom inar su espíritu,
es semejante á. u n a ciudad abierta y sin m urallas.
»El uue reincide en su locura, es como el perro
que vuelve á comer lo que h a vomitado.
?>No seas absolutam ente sabio á tus propios ojos;
¿has visto un hom bre que se crea sabio? m as debe
esperarse del que carezca de sentidos. Asi como la pla­
ta se prueba en el crisol, y el oro en el hornillo, así
se prueba el hom bre por la boca del que le alaba.
*E1 insensato se apresura á responder lo (pie tiene
en la im aginación, pero el sabio se reserva para el
porvenir.»
El penúltim o capitulo del libro de los Proverbios,
encierra esta adm irable súplica: «Señor, yo te pido
dos cosas: 110 m e las niegues antes de m orir: que ale­
jes de m í la vanidad y la m entira, y que no me des ui
pobreza ni riquezas; sino lo necesario, no sea que es­
tando en la ab u n d ad a te reniegue, y diga: ¿Quién es
el Eterno? ó que en la pobreza oculte y profane el
nom bre de m i Dios.
»Así como la sabiduría protege al hom bre también
SAGRADA. 215
le protege el dinero, pero la ciencia y la sabiduría, tie­
nen además la ventaja de dar la vida al que las posee.
«Goza de los bienes en los tiem pos felices, y vive
preparado para los dias de la adversidad.
»Siembra tu grano desde la m añana y siem bra
tam bién por la tarde, porque no sabes cual nacerá pri­
mero, y si ambos nacen será lo m ejor.
«Regocíjate en tu juventud, entrégate á la alegría
en tu prim era edad, y sabe que Dios te pedirá cuenta
en su juicio de todas Las cosas-
«Acuérdate de tus criados durante Los dias de lu
vida, antes que llegue el tiempo de la aflicción.
»He escedido en riquezas á todos los que lian esta­
do antes aue yo en Jerusalcn, no he rehusado nada á
mis ojos ae todo cuanto han deseado, he permitido á
mi corazon gozar de todos los placeres, y volviendo
en seguida m is ojos hácia las obras de m is manos, en
que tanto esmero habia puesto, lie visto que no había
sino vanidad y aflicción de espíritu en todas estas co­
sas, y que nada hay estable en la tierra.
bVanidad de vanidades, y todo es vanidad: 110 bus­
ques m as que la sabiduría, hijo m ió: teme á Dios y
observa sus m andamientos.»
Los hebreos cantaban con frecuencia sus salmos y
los cánticos piadosos al son de los instrum entos, que
eran m uchos y de diferentes clases los cjue entre ellos
se conocian: los principales eran el clarín, la flauta, el
tambor, la cítara y el harpa: sus cantos iban acompa­
sados de danzas, sobre todo en las ceremonias sa­
gradas,
Las fiestas de los israelitas, eran verderas fiestas,
dice el abate Fleury. Todos los hom bres estaban obli­
gados á estar en Jerusalen en las tres grandes solem­
nidades, á saber: la Pascua, la de Pentecostés, y la de
los Tabernáculos ; y tam bién era permitido á las m uje­
res concurrir á ellas. La reunión por consiguiente era
m uy numerosa, cada uno se veslia y se adornaba con
todo lo mejor que tenia. Asistían á las súplicas y á los
sacrificios acompañados siempre de m úsica, á los cua-
E ibt . S ag. 15
2LU UIST01UA
les sucedían en el templo los festines, en donde se co­
m ían las victimas pacíficas: la m ism a ley m andaba di­
vidirse, y u nir el gozo ó regocijo sensible con el espi­
ritual .
Los días de ayu.no sucedía todo lo contrario que eu
los de liesta. El ayuno no consistía solamente en co­
m er mas tarde, sino en mortificarse de todos modos.
Los israelitas perm anecían en silencio con el cilicio,
y daban todas las demás señales de aflicción. Los
ayunos públicos, asi como las fiestas, se anunciaban
á son de trompeta. Todo el pueblo se reunía en Jeru­
salen en la plaza pública, se leía la ley, y los ancia­
nos mas venerables exhortaban al pueblo á reconocer
su pecados, y á que por ellos hiciesen penitencia. No
se celebraban nupcias en estos dias, y hasta los m ari­
dos se separaban de sus mujeres. La ley no habia es­
tablecido mas que un solo dia de ayuno, pero poste­
riorm ente, diferentes circunstancias hicieron que se
añadiesen otros m uchos.
Despues de haber hablado de las costumbres civi­
les y religiosas de los israelitas, conviene decir algo
de su estado poli tico, y de sus diferentes m agistra­
turas.
Desde que los hebreos comenzaron á form ar un
p u e b lo , fueron gobernados por ancianos. Cuando
Moisés pasó al Egipto á prom eterles la libertad en
nom bre de Dios, convocó ¡1 los ancianos, é hizo en su
presencia m ilagros que eran las pruebas de su misión,
y cuando Dios quiso darle u n consejo para aliviarle en
el gobierno de su pueblo, le m andó que escogiese en­
tre los ancianos, á los m as hábiles y á los mas pru­
dentes. En todas las asambleas y negocios públicos,
los ancianos ocupaban siempre ei prim er lugar.
El consejo de los setenta ancianos ó senadores lla­
mado sanhetlrin , era frecuentem ente presidido por el
soberano pontífice: avocábanse á él todas las cuestio­
nes difíciles de dccidh'se por los jueces de las ciuda­
des subalternas.
Administrábase la justicia por dos clases de em­
SAGRADA. 217
picados, sopherim y soicrim, establecidos en cada ciu­
dad por la órden que Moisés habia dado de parte de
Dios. La palabra sopherim significa jueces, y entendía­
se por soterim los m inistros de ju s tic ia , los porteros
de estrado, los alguaciles y demás ejecutores.
El lugar en que los jueces celebraban su audiencia
era la puerta de la ciudad; porque como los israelitas
eran todos labradores que salían por la m añana p ara
ir á. su trabajo, y no volvían hasta la noche, la puerta
de la ciudad era el paraje en que se encontraban cou
mas frecuencia. MI! era Lambien donde se trataban
todos los negocios públicos y particulares de los tiem ­
pos de los patriarcas. Durante m uchos años rara vez
se pusieron por escrito los actos públicos, pero se ce­
lebraban siempre en presencia de m uchos testigos.
Como la ley de Dios arreglaba los negocios tem pora­
les, así como la religión, no habia distinción de tribu­
nales: los misinos jueces decidían los casos de con­
ciencia, y term inaban los procesos civiles y crim ina­
les. Así es que no habia entre los antiguos hebreos
sino m uy pocos cargos diferentes. En los prim eros
tiempos y hajo el reinado de Josué no se ha hablado
eu la Escritura m as que de cuatro especies de m inis­
terios públicos: zetwnim, los senadores; m ú n , los je ­
fes; sopherim , los jueces, y soicrim , los ejecutores.
Posteriormente bajo los reyes, hé aquí los empleados
que se conocían: los seis m il levitas, jueces ejecutores;
los jefes de las tribus; los jefes de las familias, que son
mas bien nom bres de dignidades que de oficios; los
jefes de los doce cuerpos de veinte y cuatro núl y de
cien hom bres; en fin los jetes de los que hacían valer
los dom inios del rey, es decir sus tierras y ganados.
Es preciso añadir los nom bres de los diversos emplea­
dos de la casa real y de algunos comandantes militares.
Todos los israelitas, en tiempo de g u e rra , estaban
como hem os visto, obligados á tom ar las arm as, in ­
clusos los levitas y los sacerdotes. Considerábanse sol­
dados todos los que estaban en edad de servir, y esta
edad se habia fijado desde veinte años.
218 HISTORIA
Los israelitas no tenían m as que infantería en los
prim eros tiempos, pei'o posteriormente en el d é lo s
reyes Luvieron también caballería. Tenian por arm as
ofensivas espadas, arcos, flechas, lanzas y dardos:
sus espadas eran cuchillas anchas y corlas, que lleva­
ban colgades sobre el muslo, y usaban además las
hondas. Sus am ias defensivas eran el broquel, el cas­
co y la coraza, y alguna vez se servían de grebas para
cubrir las piernas. Sus ciudades estaban fortificadas
con m urallas y torres, y en los sitios h a d a n uso de
diversas máquinas p ara arrojar dardos y piedras.
Desde Josué hasta los reyes, el m ando de los ejércitos
perteneció á los que el pueblo escogía, ó á los que
Dios señalaba por un m eaio esli aordinario ¡ pero pos­
teriorm ente, los reyes fueron los que reunían al pue­
blo y le llam aban á las arm as cuando lo creían con­
veniente, y siempre tuvieron en pié cierto núm ero de
soldados.
El rey im ponía los tributos al pueblo, m andaba
el ejército, tenia derecho de vida ó m uerte, y podía
condenar á los crim inales sin ninguna form alidad de
justicia: en otros puntos, el poder de los reyer fué
siempre m uy lim itado: estaban obligados á observar
la ley como los particulares: no podían derogarla ni
adicio n arla, y no h ay ejem plo de que ninguno de
ellos hubiese hecho una ley nueva.
Nada confirm a m ejor este hecho que, aun en tiem­
po de los reyes, el gobierno de Israel era siem pre una
teocracia, y que Dios se consideraba allí siem pre pre­
sente y obrando, lo cual daba u n a autoridad particu­
lar á cierta clase de hom bres, que por otra parte no
estaban revestidos de ningún carácter oficial ni públi­
co. Eslos hom bres llamados profetas, es decir, predi­
cadores, salían indiferentem ente de la raza real ó de
la raza sacerdotal, como de las mas hum ildes fam i­
lias. Ejercían su m inisterio al lado de los magistrados,
de los sacerdotes y de los reyes, y se hacían escuchar
porque hablaban en nom bre del Eterno, solo y único
m aestro y soberano de Israel. Habia m uchos de estos
SAGR.VD.V. 219
en tiempo de Samuel, vivían frecuéntem ente en co­
m unidad, y form aban discípulos á quieres La Escritu­
ra da el nom bre de hijos de los profetas. Su existencia
era dura y laboriosa; su traje era La túnica ó el cilicio,
es decir, el vestido de luto, para m anifestar que lia-
cian continuam ente penitencia por los pecados del
pueblo.
Estos santos personajes fueron los que conserva­
ron, despues de los patriarcas, La tradición mas pura
de la verdadera religión. Se ocupaban en m editar la
ley de Dios, en pedirle m uchas veces dia v noche para
ellos y para los demas, y se ejercitaban en la práctica
de todas las virtudes. Instruían á sus discípulos, les
aclaraban el espíritu, de la ley y les explicaban los al­
tos juicios concernientes al estado de la Iglesia después
de la venida del Mesías, ó en la tierra ¿ en el cielo
ocultos bajo alegorías de cosas sensibles y bajas en la
apariencia. Instruían también al pueblo, que iba á
buscarlos el sábado y en los demás días de ñesla. Re­
prendíanle sus pecados, y le exhortaban á que hiciese
penitencia; predecíanle con frecuencia, d e p a rte de
Dios, lo que le debia suceder. La libertad de decir las
verdades mas am argas, aun á los mismos reyes, les
hacia odiosos, y les costó la vida á muchos. «-Su po­
der, dice u n autor elocuente, ya citado, uo venia de
este m undo, ni se parecía á nada de 61: era divino
como sus oráculos, y se estendia á todas partes. No
era un sacerdocio hereditario y regular que se trans­
mitía porsucesion: era mas todavía, era u n sacerdocio
sin otros lím ites que los que Dios quería ponerle. No
se conocían por ninguna señal ni decoracton eslerior:
se Ies reconocía solamente por los oráculos, por las
virtudes y por los prodigios. Ciudadanos aplicados,
poetas sublim es, fieles, llenos de celo y de fervor,
han sostenido largo tiempo, por su elocuencia inspi­
rada y su fuerza sobrehum ana, la verdadera religión
en medio de la idolatría y de la impiedad triunfante:
y en la época de las m ayores calamidades y de la mas
espantosa tiranía, ha brillado mas puro su santo celo
m H IS T O R IA
y su espíritu divino. Su m inisterio es único, sin ejem­
plo en los anales de lospueblos antiguos y modernos,
y la misión que han aesem peftado, bastaría, para
probar qne los hebreos eran una nación separada de
todas las naciones, y el objeto de la atención eselusiva
de la providencia.
EPOCA SESTA.

Hemos de Ju d á y de laraeL.

(111) Reyes XII—XXII. IV Reyes. II ParfllipsttK'BCB, X-XXXVI.


Libios ae las profetas, Isai&fi, Jerem ías, Hüíquícl, OsoaB, Joel,
Amos, AWing, Jo n ís, Miquaas. Kalium y Soptkonio.

i, ■ i , Roboam. Afoia, \sa . .losnphat, Joram (hijo


jiv ii \ l' c Josapl>a t). Oebosiás (Hijo deJoram ), Atha-
tn i _ ? ¿ s J lia, Joas iliijo <Ic Ochosias i. Amasias, Asarías
n. , i ú Osias, Joatham , Achar., bzcchias, Manases,
rpinádn lííorins f Airnnou, J oslas. Joacliaz (liijo de Joslas),
mn&uo, sz i anüs-W oakin, Joachin, Sedccias.

Diez y nueve re * /' Jei-oboain, Kadab, Baasa, lila, Zam ri.A ni'
yes de Israel. ri. Acliab, Ocliosias (hijo de Achato, Joram ,
975—72«f. (liijo de Acllab), Jeliú, Joaclioz (iiijo de Jeliú),
Ilutación del reí- Joas(Uijo de Joadia*) Jeroboam II, Zacharias,
nado, 255 años. \Sclium , Manahem, I’liaceias, Pliaceas, Oseas.

año P E I m u n d o .......................... 3029—3 4 IG.


ANTES DE JESUcniKTO............ U75— 588.

D f n a c ió n 3 8 7 aS os.

lili ANDES ACONTECIMIENTOS DE LA HISTORIA PROFANA.

(884.) Licurgo da leyes i Lacedemonia. — (869.) Fundación


de Carlago por Dido.—<814.) Carano funda el reino de Maceilo-
nia.—(T«d.) Fecha de la prim era olimpiada cerca de un siglo
despues del restablecim iento de los juegos olímpicos en Grecia
por Iphito.—(75i.) Fundación de Roma por Hómulo.—(747.) To­
ma de Kinive por A rbacesy Bclcses: (Ln del prim er imperio de
Asiría.—(745.) PrimcTa g u e rra de Mesenia.—(708.) Ecbalana es
212 HISTO RIA
edificada, por Deioccs I, rey de los m edos.—(623.) Dracon, ar-
contc anual, da leyes á los atenienses.—(600.) T o n a y destruc­
ción de NJnire por INabopolasar y C y a ia res.—(59J.) Solon, ar-
conte y legislador de Atenas.

CAPITULO PRIMERO.
Sublevación de las diez trib u s.—Primeros rey es do los reinos
divididos d e Judá y d e Israel.—Ministerio de lo s profetas Elias
y Miélicas en Israel.—Vocacion do Elíseo.

Reyes d e ¡ Ftoboam, Abia, Asa, Josaphat, Joram , hijo


Jud.V I de Josapliat.

Reyes de < Jerohnam . Nadab, ílaasa. Ela, Zamri. Arnri,


Israel. *Achat), Ochoslas y Joram hijo de Acliab.

flU Reyes, XII—XHI. TV Royra, 1—n i. II Paralipóm enos, X—XX.)

9 7 5 .- 8 8 0 .

Roboam, hijo de Salomón, filé elegido rey en Si­


chem, donde había sido convocada la asam blea del pue­
blo: apenas subió al trono cuando Jeroboam salió del
Egipto donde se habia refugiado huyendo de la cólera
de Salomon y volvió ¿Israel - Bien pronto el pueblo opri­
mido, le encargó que refiriese sus quejas ¡i Roboan pa­
ra que aligerase su y u g o . Roboam consultó al prin cinio
á los ancianos, cuyas sábias opiniones íueron favorables
al pueblo; pero prefirió seguirlos consejos insensatos de
los jóvenes de su córte y respondió al pueblo con una
cruel tem eridad: «Mi padre os ha im puesto im yugo pe-
sadoy yo lo haré todavía mas: m i padre os h a castigado
con varas, pero yo lo haré con varas de hierro.» in­
dignado el pueblo con esla respuesta esclamó: «¿Qué
podemos esperar de la casa de David ni de los descen­
dientes de Ísaí? ¡A vuestras tiendas Israel! y tú , David,
ten cuidado de tu casa!» Las tribus de Judá y de Ben­
jam ín fueron las que perm anecieron fieles á Roboam,
SACHADA. 223
y las otras diez sacudieron su yugo y reconocieron
por rey A Jeroboam, qne estableció la silla de su go­
bierno en Thersa. Así se formó el reino separado del
de Judá, y fué cum plida la palabra dicha á Jeroboam
por el profeta Ahias.
Roboam reunió tropas para som eterá los rebeldes;
pero el profeta Semeias 1c m andó d ejarlas arm as. Ro-
hoam obedeció: estableció su residencia en Jem salen,
edificó m uchas ciudades, y Tonificó otras en las dos
tribus de Judá y de Benjamín; los levitas y los sacer­
dotes de otras tribus, espulsados por Jeroboam, aban­
donaron sus casas y sxis bienes, y siguieron ARoboam:
los que en las tribus de Israel, permanecieron fieles al
verdadero Dios continuaron sacrificando durante tres
afios en el templo de Jerusalen; pero despues Roboam
abandonó al Seíior, adoró los falsos dioses, y Judá
irritó al Eterno, por sn idolatriaéim puros desórdenes.
Entonces Sesac, rey de Egipto, m archó contra Jerusa­
len y se hizo duefto de las plazas m as fuertes de Judá.
Al acercarse, el profeta Semeias volvió á encontrar al
rey y los príncipes, y les dijo: «Habéis abandonado al
Señor, y él os h a abandonado tam bién al poder de Se-
sac:» el rey los príncipes, respondieron llenos de es­
panto: «El Señor es ju sto ......» Viendo Dios que se h a ­
bían hum illado, no quiso e s term inarlos, sino sujetar­
los por cierto liempo á Sesac: «A ün de que sepan, di­
jo él á Semeias, la diferencia que hay entre servirm e
á mí y servir á los reyes de la tierra.-» El rey de Egip­
to entró vencedor en Jerusalen, y no se retiró hasta
después de haber saqueado el templo y el palacio del
monarca, y haber robado los escudos de oro de Salo­
món que se llevaban delante del rey cuando enLraba
en el templo, y que fueron reemplazados por otros de
bronce.
Roboam estuvo en guerra con Jeroboam hasta el
linde su v id a ,y m urió despues de diez y siete aüos de
su reinado, dejando el trono á su hijo Abia, nielo de
Absalon por su m adre Macha, la preferida de las m u ­
jeres de Roboam. Abia pecó contra el Seíior: ganó
2Í4 H IS TO R IA
una batalla á Jeroboam , y m urió despues de un rei­
nado de tres anos, Asa, su liijo, heredó el cetro de
Judá.
Jeroboam estableció la silla de su poder en el m on­
te de Ephraim , en Sicliem, reedificada por su órden,
y habia dicho para sí; «Si el pueblo de Israel se vuel­
ve ¡1Jerusalen p ara sacrificar allí, su corazon se incli­
nará hácia el rey de Judá, y este pueblo me m atará
por volver ú su estado.» Hizo, pues, dos becerros de
oro, que colocó, el uno en Dan y el otro eu Bethel, y
dijo á su pueblo: «Israel, no vayais m as á Jerusalen:
he aquí los dioses eme os sacaron de Egipto:» Despues
levantó templos en los lugares altos, é hizo sacerdotes
á los últim os del pueblo que no eran hijos de Leví,
disponiendo á su voluntad fiestas y solemnidades: él
mismo subia al altar y ofrecía incienso íi sus falsos
dioses. Un dia que quem aba incienso al pié del altar
llegó un hom bre de J u d i ;í Bethel, y gritó: «Aliar, al­
tar, h e aquí lo que dice el Señor, nacerá un hijo en la
casa de David, y su nom bre será Josías: inm olará so­
bre tí ú los sacerdotes de los altos lugares que te in­
ciensan, y se quem arán sobre ti los huesos de los
muertos.™ El profeta dio u n a seüal del cumplimiento
de estas palabras diciendo; «El altar va á abrirse de
arriba abajo, y la ceniza que le cubre se derram ará.»
Habiendo oído el rey este anatem a, alargó su m ano al
pro Tela y dijo: «Matadle.» Pero secósele la m ano y no
la pudo retirar. El altar se abrió al m om ento y la ce­
niza se derram ó conforme á la señal que el varón de
Dios liabia anunciado, lil rey dijo entonces al profeta:
«Ruega al Eterno tu Dios, y haz oracion por m í para
que me sea restituida m i mano.» El hom bre de Dios
hizo oracion al Señor, el rey recobró su m ano y se
le quedó como antes. Resistió & las instancias de Jero­
boam que le quiso detener, y se volvió á Judá, pero
habiéndose hecho úl m ismo culpable, casi al mismo
tiempo, de u n a infracción de las órdenes divinas,
mostró por su castigo la obediencia que impone Dios
ó los que eleva sobré los demás, y colma de dones par­
SAGRADA. 225
ticulares, y pereció en el camino, m uerto por u n león.
Sin embargo, Jeroboam perseveró en la idolatría y
en la iniquidad; pero 'viendo á su hijo Abia, peligro­
samente enferm o, envió en secreto á su m u jer á Silo,
para que consultóse al profeta Ahias, que le habia pre-
dicho su elevación. (■Disfrázate, le dijo, á fin de no
ser conocida: lleva contigo "
orza de miel y acércate
acaecer A este niño.» Su m ujer obedeció y lué á en­
contrar al hom bre Dios que se habia quedado ciego; y
habiendo oido éste el ruido de sus pasos, le dirigió es-
las fulm inantes palabras: «Entra, m ujer de Jeroboam,
¿por qué te finges ser otra'í yo soy enviado á tí para
darle una mala noticia. Ve y di á Jeroboam: esto dice
el Seüor Dios de Israel: por cuanto te ensalcé en m e­
dio del pueblo para hacerte rey de Israel y no guar­
daste mis m andam ientos como m i siervo David y has
elegido otros dieses, por tanto, derram aré calam ida­
des sobre tu casa y la barreré como vil* estiércol hasta
que nada quede: los de la raza de Jeroboam que mu­
rieren en la ciudad, serán comidos por los perros, y
los que m urieren en el campo, serán devorados n o rias
aves del cielo: por cuanto el Seüor h a hablado: leván­
tate, vuelve «i tu casa, y en el punto m ism o en que
lus piés enlren en la ciudad, m orirá el hijo, y todo
Israel lo llorará y enterrará, porque es el único de la
casa de Jeroboam que será puesto en sepulcro, por h a­
ber hallado en 61, el Señor Dios de Israel, cosa buena.
Pero Dios m altratará á Israel, le agitará como & u n a
carta sobre las ondas, arrancará á Israel de esta buena
tierra que dió & sus padres, y lo dispersará al otro la­
do del rio, porque sus profanaciones lian iiriLado al
Eterno.» La m ujer de Jeroboam se volvió á Thersa, y
cuando hubo tocado el um bral de su casa, m urió el
hijo, según la palabra del profeta Ahias Jeroboam ya
no esperimeutó m as que la adversidad: sostuvo una
guerra desastrosa contra Abia, rey de Jndá: su ejérci­
to fué derrotado, m uchas de sus plazas cayeron en
poder de los enemigos, y m urió despues de haber
226 HISTOUIA
ocupado veinte y dos años el trono de Israel, dejando
el cetro á su hijo Nadab,
Asa comen ?.aba entonces su reinado en Judá: este
principe no imitó absolutam ente las iniquidades de su
padre ni de su abuelo, sino que se mostró digno des­
cendiente de David: derribó los altares de los falsos
dioses, rom pió las estátuas, sin perdonar un infame
ídolo de su abuela Hacha, cuyos despojos arrojó al
torrente de Cedrón. Sin embargo, no destruyó del to­
do los altos lugares consagrados al Eterno, á pesar de
su prohibición. Reparó las m urallas de Jerusalen y de
las ciudades de Judá, y m antuvo sobre las arm as un
ejército aguerrido, con el que rechazó á Zara, rey de
Ethiopia, que le atacó con una m ultitud inm ensa y
trescientos carros de guerra. Asa m archó delante de
él, y habiendo dispuesto su ejército en batalla en el
valle de Sepílala, invocó al Eterno y dijo: «Seiior,
cuando tú concedes tu apoyo, el pequeño y el grande
valen lo mismo delante de tí: socórrenos, pues, Señor,
tú que eres nuestro Dios, porque hem os venido contra
esta m ultilud, confiados en ti. Seüor, tú eres nuestro
Dios, no permitas que el hom bre prevalezca sobre tí.»
Esta súplica fué atendida: Dios derram ó el espanto en­
tre los elhiopes-. los guerreros de Judá hicieron eu
ellos una carnicería espantosa, y volvieron á Jerusa­
len cargados de un inmenso bolin. El profeta Azarías
salió al encuentro de los vencedores, y dijo: «Oid, Ju ­
dá y Benjamín, el Seüor ha estado con vosotros, por­
que vosotros estuvisteis con 61. Si le buscáis le halla­
reis: mas si le dejais; os abandonará..... Tomad ánimo

S
ues.» Asa sacó nuevas fuerzas de estas palabras, aca-
ó de destruir los ídolos en su reino y las ciudades que
había tomado, despues reunió á su pueblo en Jerusa­
len, á donde acudieron un gran núm ero de israelitas
fieles de las otras tribus, y ofreció en su presencia un
sacrificio solemne al Sefior. Esta fiesta ó alianza fué
renovada con el Eterno, y seguida de una larga paz.
Eli fln, el testo afro de esle reinado, el rey de Israel
fué á Judá, tomó y fortificó la ciudad de llam a, posi-
SAGRADA. 227
d o n im portante qne dom inaba u n a paite del reino ri­
val. Asa se olvidó de poner ¡su confianza en el ¡Eterno:
tomó los tesoros del templo y de su propio palacio, y
compró con ellos el apoyo del rey de Siria, Benadad,
contra el rey de Israel, íi quien obligó á retirarse, y
abandonar los trabajos comenzados en Rama; pero el
profeta Ananias le afeó el haber confiado en los es-
tranjeros m as bien que en el Eterno, y le predijo nue­
vas guerras como castigo de su faLta. El resto de los
hechos de este reinado nos es desconocido; se dice so­
lamente en los libros sagrados, que Asa fué atacado
de un violente dolor en los piés, y que en su enfer­
medad no recurrió al Seüor: vivió todavía dos aüos, y
murió despues de haber ocupado el trono cuarenta
y uno.
Durante el largo reinado de Asa, sucedieron seis
reyes en el trono de Israel: casi todos tuvieron u n a
muerte sangrienta y fueron culpables. A Jeroboam
sucedió Nadad, su hijo, el segundo ano del reinado de
Asa. Nabad reinó apenas dos y Euc asesinado por Baasa
de la casa de ¡sachar, que conspiró contra ¿1 y lo m a­
tó. Baasa reinó veinte y cuatro aüos ó hizo p erecerá
toda la casa de Jeroboam hasta el últim o de su raza,
según la palabra del profeta Ahias; pero como siguió el
ejemplo de este príncipe, el profeta Jehu hijo de Ana­
nias pronunció contra él la misma m aldición. Ela, h i­
jo de Buasa, ocupó el Lrono despues de él, y fué
muerto en la embriaguez de u n festín por Zanui, jefe
de su caballería, que eslermino toda su casa. Zamri
no reinó mas que siete dias: el ejército de Israel que
siLiaba á Gebbethon, ciudad de lo¿ filisteos, no quiso
recibir sus leyes, eligió por rey á Arnri, su general, y
fuéá sitiar á Thersa, la capital: viendo Zamri que la
ciudad iba á ser atacada, puso fuego a! palacio y pe­
reció bajo sus ruinas. Ainri fué elegido rey, y despues
de haber reinado en Thersa, compró por dos talentos
de plata el m onte de Samaría, en donde edificó la ciu­
dad de este nom bre, y trasladó allí la silla de su rei­
nado el aüo 924 antes de la era cristiana. Escedió en
228 HISTORIA
iniquidades íi todos sus predecesores, y dejó el cetro á
Achab, mas perverso todavía, cfue él. Arriri m urió á los
treinta y ocho años idel reinado de Asa, rey de Judá.
.Josaphat, hijo de Asa, heredó el trono y la piedad
de su padre: el Sefior estuvo siem pre coñ él, porque
marchó por los caminos de David su abuelo, y uo pu­
so su confianza en los ídolos. Dios afirmó, pues, el ce­
tro en su mano, y le colmó de riquezas y de gloria.
El tercer año de su reinado, Josephat envió á todas las
ciudades de Judá á los principales de su córte, acom­
pañados de levitas y sacerdotes: estos llevaban consi­
go los libros de la ley é instruían al pueblo: el terror
del nombre del Eterno se propago por todos los reinos
vecinos, y Josaphat, dueño de un ejército num eroso y
valiente, edificó fruir,has fortalezas, y tuvo por trib u ­
tarios á los filisteos y á los árabes. Achad, hijo de Am-
ri, reinaba entonces'en Sam ada, y fué el m as impío
de su raza. Se habia casado con Jézahel, h ija del rey
de los sidonios; sirvió á Baal, ídolo de este pueblo, le
erigió un templo eu Samaría y le adoró.
Habia entonces en la ciudad de Galaad un hom bre
de Thesbe de un corazon recto y de costumbres auste­
ras llamado Elias, y desde la m uerte de Moisés no ha­
bia aparecido en Israel un profeta tan célebre. Este
hom bre, inspirado por el Espíritu divino, se presentó
al rey Achab y le dijo •. « El Señor Dios de Israel eslá
vivo, y h e aquí lo que te anun cia: uo caerá rocío ni
lluvia en estos años sino según la palabra que salga de
m i b o c a.» Elias se separó al momento de la presencia
de Achab, y dócil A la voz divina, se retiró hácia el
Oriente sobre las m árgenes del torrente deC arith, que
eslá frente del Jordán. Los cuervos le llevaban su ali­
m ento, y bebia el agua del torrente, Mas bien pronto
se hizo sentir la sequía que habia p red ich o , pues no
llovió y se secó el agua del torrente. uYG á Serepta,
ciudad de los sidonios, dijo el Señor á Elias, y perma­
nece allí: porque he m andado á luía m ujer viuda que
te alimente.» Elias obedeció, y cnaudo estuvo en la
puerta de la ciudad vió una m ujer que estaba reco­
SAGRADA. 229
giendo leña, y le pidió agua y pan. <iNo tengo pan,
dijo ella, solamente lengo en una orza La h arin a que
puede caber en un puño y u n poco de aceite en una
alcuza-, estoy recogiendo un poco de lena para prepa­
rar de comer para m í y m i hijo .—Mujer, no temas,
dijo Elias, que la h arina de la 017.a no faltará, ni m en­
guará el aceite de la alcuza, hasta el dia en que el Se­
ñor haga llover sobre la tierra.a E slapalabia de Elias
se cum plió; pero bien pronto cayó enferm o eL hijo de
esta pobre viuda y murió. Elias imploro al Señor, que
oyó su súplica, resucitó al niño y lo volvió á su m a­
dre. Así preludiaba Elias en secreto, y lejos de la vista
de los hom bres, los grandes acontecimientos que le
estaban reservados cum plir en presencia de los prín­
cipes y del pueblo de Israel. La sequía, seguida del
hambre, continuaba asolando la tie r ia : la furiosa Je-
zabel im putaba esta calamidad á los profetas del Se­
ñor, y persiguiendo á Elias por ella, nabia hecho de­
gollar á todos los que cayeron en sus manos. Ar.hali
participaba de sus sacrilegos arrebatos, y h a b ia en vano
buscado á Elias por todas partes para darle la m uerte.
En fin, el tercer año de la sequía dijo Dios ¡i Elias:
«Vé, preséntate delante de Achab y yo lian' caer la
lluvia sobre la tierra.» Elias tomó el camino de Sam a­
ría y se encontró en él con Abdías, intendente de la
casa de A chab: este hom bre era m uy temeroso del
Señor, y cuando su am o degollaba á los profetas él se
ocupaba en sustraerlos de su furor, habiendo de nsls
modo librado y alim entado él mismo á ciento. Reco­
noció á Elias con espanto, tem iendo por él la cólera de
Achab: «■V é , le dijo el profeta, y di al r e y : aquí está
Elias; porque yo me presentaré hoy m ism o en su pre­
sencia.» Abdías obedeció, marchó en busca de Am ab
y le refirió lo que habia visto y oído. El rev salió al
momento al encuentro del profeta, y le dijo lleno de
cólera: «¿No eres tú el que turbas á todo Israel?»
Elias respondió. « No soy yo el que lia turbado ¿ I s ­
rael, sino tú y la casa de tu p a d re , por haber abando­
nado los mandamientos del Eterno y sesíuido á Baal.
230 HISTORIA
Ahora envia á Israel, haz congregar ¡í todo el pueblo
en el Carmelo y con él á los cuatrocientos cincuenta
profetas de Baal, y á los cuatrocientos de los bosques
que comen en la mesa de Jezabel.» Envió á llam ar
Achab á lodos los hijos de Israel y congregó los profe­
tas en el monte Carmelo. Acercándose entonces Elias
á la m ultitud, dijo : « ¿Hasta cuándo cojeareis de am ­
bos lados? Si Jehovah es Dios, seguidle: y si Baal es
Dios, adoradle.» El pueblo guardó silencio. Elias dijo
de nuevo al p u eb lo : a Yo he quedado solo de los pro­
fetas del E terno, y hay aquí cuatrocientos cincuenta
profetas de B aal: dénsenos dos bueyes y escójanse
ellos u n o , y dividiéndolo en trozos póngase sobre la
le ü a, yo pondré el otro lo mismo y ninguno de nos­
otros encenderá el holocausto; invocad á vuestros dio­
ses y yo invocaré al Eterno, y el dios que consum a su
holocausto por ol fuego será el verdadero Dios.—Eso
es justo,» respondió el pueblo. «Comenzad, pues, dijo
Elias á los profetas de Baal -. vosotros, que sois m uchos,
invocad á vuestro Dios.» Ellos obedecieron y prepara­
do su sacrificio, invocaron á Baal desde la niaüana
lias la el medio dia, diciendo: «Baal, escúchanos;» pero
Baal no respondía absolutam ente. Elias les insultaba:
«Gritad mas alto, les dccia, porque él es Dios; pero
ahora está soñando ú ocupado en otra cosa, ó quizá
duerme y tiene necesidad de que se le despierte.» Gri­
taron, pues, con m as fuerza y se hicieron incisiones en
la carne, según su costum bre, hasta que se cubrieron
con su propia sangre; pero Baal perm anecía sordo: en
fin, cuando hubo pasado la hora de la ofrenda, sin que
hubiese respondido ni hablado p alab ra, Elias dijo al
pueblo: «.Venid conmigo.-» Y habiéndose acercado todo
el pueblo restableció el altar destruido del Señor: lomó
doce piedras, según el núm ero de las tribus de los h i­
jos de Jacob, y edificó con ellas un aliar al E terno: cru­
zando despues u n foso alrededor preparó el sacrificio,
é hizo derram ar hasta tres veces agua sobre el holo­
causto: cuando el foso se hubo llenado, Elias se acercó
y dijo: «Señor Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob,
SAGIUDA. 231
haz que se conozca hoy que tú eres Dios cu Israel, que
yo soy la siervo y que h e hecho estas cosas según tu
palabra: óyeme, Seíior, óyem e: que sepa este pueblo
que tú eres el Eterno, y que tú eres ei que g uiará su
corazon.» Cayó eL fuego del Eterno y consumió eL h o ­
locausto, devorando la lena, las piedras, la tierra, y
consumiendo liasla el agua que co n ia alrededor. Ha­
biendo visto el pueblo este prodigio se prosternó y
gritó : «.El Eterno es Dios, el Eterno es Dios.» Elias dijo
entonces: « Coged á los profetas de Eaal y que no se
escape ni siquiera uno.» El pueblo los copió: Elias los
hizo bajar al tórrenle de Cison, en donde fueron m uer­
tos. Subió en seguida á lo alto del Carmelo, y proster­
nándose allí y poniendo su ios lio entre sus rodillas,
dijo á su sie rv o : «Yó y m ira hácia el m ar.—Yo no veo
nada,» respondió su siervo. «^Vuelve y m archa siete
veces,» dijo Elias, y la séptim a vez apareció una pe­
queña nube que se levantaba del m a r : * Vé, di jo Elias
i su siervo, y di á Achab v prepara tu carro y apresúra­
te, no sea <jue te sorprenda la tempestad.» Al m om ento
se oscurecieron los cielos, sobrevinieron nubes y vien­
tos y cayó u n a grande lluvia, y subiendo Achab apre­
suradamente en su carro se fué á Jezrahel.
Irritada Jezabel por la m uerte de los m inistros de
Baal, prorum pió en terribles amenazas contra Elias, y
juró que le h a ría perecer al d ia siguiente. Elias tuvo
miedo y huyó al desierto; sentado allí bajo u n a encina
y deseando la m uerte, esclamó: «He vivido y a bastan­
te, oh Eterno, tunia m i vida, porque yo no soy m ejor
que mis padres.* Se acostó y durm ió bajo el árbol, y
hé acpií que se le apareció un ángel y le dijo: «Leván­
tate y come, porque te queda un largo cam ino.» Elias
miró y vió jun io á él un pan y u n vaso de agua : co-
mio y bebió, y confortado con aquella comida caminó
cuarenta dias y cuarenta noches, hasta llegar al m on­
te de Dios, Iloreb. Habiendo llegado allá entró en una
caverna, en la que pasó la noche, y la voz del Seíior
le dijo: «¿Qué haces aquí, Elias?» v él resp o n d ió : «Yo
me abraso de celo, Seíior, por t i , porque los hijos de
H ig r . S a o . 1C
HISTORIA
Israel h an abandonarlo tu a lia n z a , lian d&molido tus
a lia re s , han pasado á cuchillo tus profetas, y yo lie
quedado solo y m e buscan p a ra quitarm e la vida.—
Sal fuera, le dicu el Sefior, y ponte sobre el m onte de­
lante del E terno.« Hé aquí que u n huracan terrible
pasaba delante de Dios destacándose de los m ontes y
rompiendo las rocas ¡ despues sucede u n g ran terre­
moto, enciéndese u n a «llama y se oye el ruido de u n
viento lig e ro ; y cuando Elias lo hubo oido se cubrió
el rostro con su m a n to , salió y se colocó á la entrada
de la caverna, y he aquí u n a voz que le dijo: «¿Qué
haces aquí, Elias?» y él respondió: «Me abraso de celo
por lí, Señor Dios de los ejércitos.—Vuelve al Desier­
to, hácia Damasco, le dijo el Eterno, y luego que lle­
gares allá, ungirás á. Hazael por rey de Siria, y ;'t Jehn,
hijo de N am si, por rey de Is ra e l; y á Elíseo, hijo de
Sapliat, le ungirás profeta de tu lugar. Cualquiera que
escapare de la espada de Hazael, le matará. J e h n , y
cualquiera que escapare de la espada de ,Tehu le m ata­
rá Eliseo : pero m e h e reservado en Israel siete m il
varones que no han doblado la rod illa delante de
Baal.» Habiéndose puesto en m a rc h a , Elias halló á
Eliseo que estaba arando con doce y untas de bueyes,
conduciendo él m ism o u n a de ellas: se acercó, y echó
sobre él sn manto. Eliseo com prendió esta seilal, y
dejando al m om ento sus b u e y e s, m archó á despedirse
de su padre y de su m adre y siguió á Elias.
Un gian peligro am enazaba entonces al reino de
Israel: B enadad, rey de Siria, acompañado de otros
trein ta y dos reyes y seguido de u n ejército inmenso,
fué á sitiar á S am aría, y decía en su orgullo: *Que
los dioses m e castiguen si todo el polvo de Sama­
ría basta p ara los piés del pueblo que m e sigue.»
Pero llegándose un profeta á Achab, rey de Israel, le
dijo: «Esto dice el Seüor; ¿has visto toda esa multitud?
yó la entregaré hoy en tus m anos, para que sepas que
soy el Eterno.—¿P or quién será vencida? preguntó el
re y .— Por los siervos de los jefes de las provincias,
respondió el profeta.—¿Y quién comenzará la batalla?
SACHADA, 233
y él respondió:—Tú.» Achab hizo, pues, contar los sier­
vos de los jefes dé las provincias, y á los guerreros
que estaban sobre las arm as, resultando doscientos
Lreiuta y dos de los p rim ero s, y solamente siete m il
hombres del ejército de Israel, y salieron hácia el Me­
diodía. Benadad behia em briagándose en sus tiendas
con los trein ta y dos reyes auxiliares. Los siervos de
los jefes de las provincias m archaban delante del ejér­
cito de Israel, y habiendo enviado Denadad á recono­
cerlos con órden de cogerlos viv o s, cada u no de ellos
mató i su contrario. Los sirios huy ero n en desórden,
su rey se salvó en su caballo seguido de u n corto n ú ­
mero de los su y o s, y su ejército fué derrotado. Beua-
dad, sin em bargo, prestó oidos á sus cortesanos, que
le dijeron: «Los dioses de Israel son dioses de los m o n ­
tes, combatamos á este pueblo en las llanuras, y sere­
mos vencedores.» Benadad juntó un nuevo ejército tan
formidable como el prim ero, y el de Israel, dividido
en dos pequeños cuerpos, era sem ejante &dos rebaños
de cabras, m ientras que el de los sirios ocupaba todo
el país. Un hom bre de Dios se acercó o tra vez al rey
Achab, y le dijo: uAsi ha hablado el E terno: pues que
los sirios h a n dicho, Jehovah es u n dios de los m on­
tes, y no u n dios de los valles, yo pondré en tus manos
á. esta m ultitud, y tú sabrás que soy el E te rn o .» Los
dos ejércitos estuvieron siete dias uno frente de otro:
el sétimo se em peñó la b a ta lla , cien m il'sirios queda­
ron muertos eu el campo, el resto huyó á l a ciudad de
Apha, cuya m uralla cayó sobre ellos, y perecieron á
millares. Reducido el rey Benadad á la ú ltim a h u m i­
llación para salvar su v id a , im ploró al vencedor, y
Achab olvidando el orgullo impío de este príncipe y la
reprobación con que Dios le habia castigado por dos
veces, hizo alianza con él. Entonces uno de los hijos
de los profetas ( 1 ) se presentó en el camino del rey con
el rostro cubierto de intento con u n a venda y m an-
(1) Los libros sagrados a o dicen el nombre de 66te profeta, que,
segu a «i bietoriador .lo&epho» e ra Miélica*. La continuación de la h is­
to ria d a m ucha TerosímUnud A \ b. versión de Joscpho.
234 HISTORIA
chado de polvo y sangre, y así que el rey pasó le gri­
tó y dijo: «Tu siervo se hallaba en m edio'de la batalla,
y he aqiii qué cuando se retiraba condujeron á un
hom bre y le d ije ro n : — Custudia á este h o m b re , y si
h u y e , tu vida responderá de la su y a; pero lu siervo
teniendo alguna cosa que h acer, se lo dejó escapar'.-»
Achab respondió: «Tú m ism o has pronunciado tu sen­
tencia-» Entonces levantando su velo y dándose á 'co­
nocer, replicó el profeta: «He aquí lo qne lia dicho el
E tern o : Por cuanto has dejado escapar de tu m ano á
u u hom bre digno de m uerte, tu vida responderá por su
vida, y tu pueblo por su pueblo. » El rey de Israel se
a le jó , y volvió á entrar furioso en Samaría.
Tantos prodigios y avisos divinos no h abian abso­
lutam ente cam biado su corazon , y su m ujer, la m al­
vada Jezab el, le afirm aba todavía'm as en el m al y en
la impiedad : la deplorable historia do N aboth es el
colmo de su iniquidad. Naboth habitaba en Jezrahel,
tenia una viña en la ciudad, cerca del palacio de
A chab, y el rey le d ijo : « Gédeme tu viña para (pie
haga u n ja rd in , que yo le daré otra m ejor ó el valor
de la tuya.» Naboth respondió: a ¡Que Dios m e preser­
ve de darte la herencia de m is padres! i> Achab volvió
A su palacio con el cora 7.0 n lleno de có lera, se echó
sobre la c a m a , volvió el rostro hácia la pared y no
quiso comer. Habiendo sabido Jezabel la causa de su
p en a, le dijo : <c¿Eres, en erecto r buen rey en Israel?
levántate, tom a alíenlo y sosiega tu ánim o, que yo te
daré la viña de Naboth.» Escribió cartas en nom bre de
Achab, sellólas con el sello real, y las envió á los
iefes de la ciudad. «Publicad u n a y u n o , les escribía;
naced sentar' á Naboth entre los prim eros del pueblo,
y ganad contra él dos hijos de iniquidad á fin de que
digan:—Nabot h a blasfemado contra Dios y contra el
rey : que se le apedrée, y que m uera. » Los jefes de la
ciudad, obedecieron: dos testigos falsos acusaron á
Naboth, el pueblo lo sacó arrastrando fuera de la ciu­
dad para apedrearlo, y m urió. «Levántate, dijo al m o­
m ento Jezabel 1 A chab, apodérate de la vina de Na-
SAGRADA 235
bolh que ha rehusado venderte, porque ya 110 vive.»
Achab se levantó pava tom ar posesion de la viña, pero
el profeta Elias, enviado por el Seüor, salió al encuen­
tro del rey culpable. Turbado Achab á su visla,
le dijo: «M ías, ¿soy por ventura tu enem igo? —
S í, lo eres, respondió 3 I profeta, porque has obra­
do mal A la presencia del Señor, y he aquí lo que
h a dicho el Eterno: Yo arrancaré de la casa de Achah
hasta los mas viles insertos, y la trataré como he tra­
tado á la casa de Jeroboam y á la de B aasa, porque
tus acciones m e h a n irritado y has hecho pecar ¡i Is­
rael. Los perros com erán ú Jezabel en el campo de
Jexrahel, y comerán á Achah si m uriese en la ciudad;
y si m uriere en el cam p o , será comido por las aves
del cielo.» Habiendo oído Acliab estas palabras, rasgó
sus vestiduras, cubrió su carne con m i cilicio, durm ió
en u n saco y ayunó, siendo victim a de la aflicción y
del espanto.
Tres años se habian pasado sin guerra en lio los re ­
yes de Israel y S ir ia ; el tercer año de esta p a z , Jo-
saphal, rey de Jndá, fué á visitar á Achab, y m editan­
do éste arrancar de las m anos del enem igo la ciudad
de Ramotli en Galaad, pidió la ayuda de Josaphal. «Mi
pueblo es lu p u e b lo , respondió el rey de J u d á , y m i
ejército es el lu y o : á lo m enos yo te suplico que con­
sultes al Eterno.-? Achab juntó cerca de cuatrocientos
cinco de sus profetas, y les dijo: «-¿Debo ir á pelear
contra Ranioth de Galaad ó estarme quieto? — v é , le
contestaron; el Eterno la entregará en tus m anos.» No
viendo Josaphal en ellos mas que falsos proíelas, p re­
guntó: «¿No hay aquí un proteta de Jehovah, para que
tam bién le consultemos?—Hay 11110, respondió Achab;
mas yo le aborrezco porque n u nca m e profetiza cosa
buena: Este es Micheas, hijo de Jem la.— ¡Oh rey! dijo
Josaphat, no hables de esta suerte. » Achab hizo lla­
mar á Micheas profeta del verdadero Dios.
Los reyes de Israel y de Judá estaban sentados cada
uno en su silla, vestidos con los m antos reales en la
puerta de S am aría, y todos los profetas predecían de­
HISTORIA
lante de ellos: «Marchad á R am oth de Galaad, dijeron,
y el Elemo la entregara en vuestras m anos.» El siervo
que había ido en busca de Micheas , le dijo : « Todos
los profetas predicen bien al r e y ; ¡ que tu palabra sea
como la suya!» Micheas le replicó: «Vive el Señor, que
lo que él me dijere, eso hablaré.» Fué al r e y , quien
habiéndole preguntado como los o tro s, recibió esta
respuesta: «He visto, dice M icheas, á todo Israel dis­
perso en el m onte como un rebaño de ovejas que no
tiene pasto r, y el Eterno h a dicho : Estos no tienen
caudillo, vuélvase cada uno en paz á su casa.— ¿No lo
h e dicho yo? interrum pió A Achab, dirigiéndose á Jo-
saphal: este hom bre no m e profetiza nunca cosa bue­
na, sino m a la .— Escucha, dice Micheas; escucha la
palabra del E te rn o : El Seüor ha puesto un espíritu de
m entira en la boca de todos los profetas que están aquí,
v h a pronunciado contra tí.» Entonces Sedecias, uno
Se ellos, sacudiendo A Micheas en la m ejilla, le dijo:
«¿Me ha abandonado el espíritu del Señor p ara inspi­
ra rle tus palabras?—Tú lo v e rá s, dice Micheas, el dia
en que de cuarto en cuarto andes buscando u n rincón
para ocultarte.» Y dijo el rey de Israel: «Tomad á
M icheas, cerradlo en la c árcel, que coma el pan del
dolor y beba el agua de la aflicción hasla que yo vuel­
va en paz.—Si volvieres en paz, dijo Micheas, el Eter­
no no h a hablado por m i b o c a : pueblo, acuérdate de
m is palabras.)» Los dos reyes m archaron de acuerdo á
Ram oth de Galaad. Achab se disfrazó, pero Josaphat
conservó su vestido real. Sin em bargo, el rey de Siria
h ab ia dado esta órden á. los treinta y dos capitanes de
sus carros: «No peleareis contra nadie, sino contra el
rey de Isra e l.» Los capitanes, pues, d é lo s carros,
cuando vieron á Josaphat, dijeron: «Este es, sin duda,
el re y de Israel;» y todos junios se arrojaron contra él:
pero Josaphat dio un grande grito, y habiéndose dado
á conocer, los que le estrechaban suspendieron su
ataque. Al m ism o tiempo u n a flecha disparada á la
ventura atravesó al rey de Israel por el hueco de la
coraza: « Vuelve brid as, dijo Achab A su cochero, y
SAGRADA. 221
salgamos de a q u í, que estoy herido. » Pero no pudo
salir del peligro: la batalla se hizo terrible, y el rey de
Israel permaneció en su c an o vuelto hácia los sirios:
murió por la tarde, y la sangre de la herida inundaba
el carro. Al ponerse el sol, u n heraldo gritó en el cam­
po, diciendo: «Cada uno vuélvase A su ciudad y á su
tie rra.» El ejército se restituyó ú sus hogares, y el
cuerpo de Achab fué transportado A Sam aría; lavaron
su carro y los perros lam ieron su sangre, conforme A
la palabra que habia pronunciado el Seüor. Achab h a­
bia reinado veinte y dos aiios.
Tuvo por sucesor á su liijo O chosías, que adoró A
Baal y m archó por la senda inicua de su padre y de
su m adre Jezabel. Este príncipe cayó de u n a ventana
de su palacio en Sam aría, y como se hallaba m uy m a­
lo de resultas de su caída, envió A consultar á Belze-
bub, dios de Accaron; pero sus mensajeros encontra­
ron en el camino al profeta E lias, enviado por el Se­
ñor A su encuentro, el cual les dijo: «Volved hácia el
rey > y decid le: así ha hablado el Eterno. Pues qué,
¿no hay Dios en Isra e l, que envías A consultar A Bel-
zebub, dios de Accaron? Por esta razón 110 te levanta­
rás de la cam a en que le has acostado, sino que m ori­
rás j> Los enviados del rey le llevaron este m ensaje.
—¿Quéfi£ura, lespreguntó él, tiene aquel hom bre que
os salió al encuentro y habló las palabras que acabais
de referir? » Y ellos le respondieron : «Es u n hom bre
vestido de pieles, y lleva u n ceñidor de cuero alrede­
dor de la cintura.—Este es Elias,» dijo el rey, y le en­
vió u n capilan y cincuenta soldados, que treparon la
cima del monte donde estaba el profeta. «Hombre de
Dios, dijo el jefe, el rey m anda que bajes.— Si yo soy
un hom bre de D ios, respondió Elias, que baje fuego
del cielo y te consum a A tí y A tus cincuenta h o m ­
bres,» Bajó, pues-, fuego del cielo al mom ento , y de­
voró al capilan y á los soldados. La propia suerte tuvo
otro capitan y cincuenta soldados m a s , enviados
por Ochosías con el m ism o objeto. Envió por tercera
vez el rey otro capitan con igual núm ero de soldados,
HISTORIA.
el c u a l, habiendo lleg ad o, dobló sus rodillas delante
de Elias, y rogóle diciendo: «Hombre de Dios, que m i
v id a, así como la de m is soldados 1 us siervos, sea
querida á lus ojos,—Desciende con esle hom bre, dijo
el Eterno ¡i Elias, y no lemas,» Elias se levantó, y des­
cendió con él p ara ir al rey, y le dijo: «Así ha hablado
el Eterno : P or cuanto enviaste mensajeros si consul­
tar á Belzebub como si no hubiese Dios en Is ra e l, no
te levantarás de la cam a en que te has acostado, sino
que morirás.» Y el rey m u rió , según la palabra del
Señor. Joram , su herm ano, le sucedió, y perseveró en
las iniquidades de su raza.
Esta fné la ú ltim a vez que Elias tuvo que llenar p ú ­
blicam ente una m isión divina en Is ra e l: acercábase el
fin de su vida: un dia que venia de Galgala en com paúla
de Eliseo quiso separarse de éste; pero Elíseo, rehusando
el dejarlo, pasaron juntos á DelhcL, despues A Jericó, y
habiendo salido de estas ciudades los hijo? de los pro­
fetas, dijeron A Eliseo : o ¿Sabes tú que el dia de h oy
el Eterno te sacará del poder de tu señor?—Ya lo sé,
respondió, callad.» Acompaüó A E lla s, á pesar de sus
instancias para alejarse, h asta las m árgenes del Jo r­
dán , donde se detuvieron , y los hijos de los profetas
los siguieron de lejos, Elias tomó su m anto, y h ab ien ­
do tocado con él las aguas, se dividieron y pasaron los
dos en seco. Cuando hubieron pasado el rio dijo Elias
A Eliseo: « Pide lo que quieras que h aca por tí antes
que me separe.—Haz le ru eg o , dijo Eliseo, que me
sea dada un a parte de tu espíritu.—T ü m e pides una
cosa difícil, dijo E lias: no oustante, si me rieres cuan­
do sea arrebatado de tu presencia, tu voto será escu­
chado : s in o , no lo será.» Y he aquí que m ientras ca­
m inaban y hablaban entre sí, u n carro y unos caballos
de fuego separaron al uno del otro, y subió Elias al
cielo en un torbellino. Eliseo, viéndole subir, esclama-
b a ; « i Padre m ió ! ¡ Padre m ió ! ¡ Tú que eras el carro
. ... ......------- w Y 110 viéndolo m as tomó
pedazos. Despues tom ó el
m anto de Elias, que h abia caído sobre él, y se volvió
SAGRADA. 2-30
á la orilla del Jordán, allí tocó dos veces las aguas con
el m anto de Elias, rogando al Eterno, al Dios de Elias;
las aguas se dividieron y pasó Eliseo. Los hijos de los
profetas, habiendo presenciado este prodigio, dijeron:
aEl espíritu de Elias h a descendido sobre Eliseo.» Sa­
lieron á sn encuentro y se prosternaron inclinados
hácia la tierra. Eliseo volvió á en trar en Jericó, cuyas
aguas purificó ó hizo saludables por medio de u n pro­
digio, en seguida se fué íi B elhel, y cuando subia por
«1 camino unos jóvenes que salieron de la ciudaa le
escarnecían, d icíén d o le: «Sube, calvo; sube, calvo.» Y
habiendo m irado A los insolentes que ultrajaban así
su vejez, los m aldijo en el nom bre del Sefior. Dos osos
salieron al m om ento del hosque vecino y despedazaron
álos culpables. El profeta continuó su m archa al m onte
Carmelo, y desde allí se volvió á Sam aría.
Todavía reinaba Josaphat en Ju d á : este príncipe
piadoso y sabio h ab ia sido severam ente reprendido
por el profeta .lehu á causa de su alianza con el imi>ío
Achab: sin e m b a rg o , le fué dicho que Dios le perdo­
naría en vista de sus imenas. obras y de su celo por su
santo nom bre. Josaphat visitó su pueblo, estableció
jueces en todas las ciudades de Judá, y les dió sabias y
santas instrucciones La protección divina no le alian-
don ó : amenazado por u n ejército form idable de m oa-
bitas y am onitas, que invadieron sus estados, puso
toda su confianza en el Seiior, y el profeta Jahaziel,
inspirado por Dios en medio de los generales del ejér­
cito y de los pueblos de J u d á , hizo oir estas palabras:
«Escucha, pueblo de Judá, y tú tam bién, rey Josaphat:
he aquí lo que dice el Sefior: No tem áis n i os aco­
bardéis á. vista de esta m ultitud, porque no sois vos­
otros los que combatiréis sino Dios. Mafia na m arch a­
reis á su encuentro, subirán por el m onte de Sis,
permaneced firmes : ¡oh Judá! ¡oh Je ru sa le n ! m ar­
chad contra ellos y el Eterno será con vosotros. » En­
tonces Josaphat y el pueblo se postraron tocando el
rostro en la tierra delante del Sefior y le adoraron. Al
dia siguiente se levantaron y m archaron al desierto.
240 HISTOHIA
Josaphal exhortó á su ejército y puso delante cuadri­
llas de cantores que entonaban este cántico sagrado:
«Alabad al Seüor, (pie su m isericordia es eterna » El
Seüor vuelve al m om ento contra ellos m ism os los de­
signios de los enem igos, siem bra entre ellos el espíritu
de discordia, y los hijos de Moab y de Ammon se m a­
taron unos á oíros Habiendo llegado el ejército de
Judá á la cim a del m o n te , ve á. lo lejos todo el campo
lleno de cadáveres: desciende y se apodera de un in­
menso hotin. El cuarto dia se juntaron en el valle para
alabar á Dios, donde los habia bendecido, y que ha
conservado desde aquel dia el nom bre de valle de Ben­
dición.
Josaphat hizo tam bién á su vez alianza con Qchg-
sías y su herm ano Joram , reyes de Israel. Bajo el rei­
nado de este últim o los m oabitas, sus tributarios, sacu­
dieron el yugo. Joram , para reducirlos á l a obediencia,
se ligó con el rey de Edom y con Josaphal, los cuales
llevaron sus li onas por el desierto de la Idum ea. Guan­
do hubieron andado siete dias les Faltó eL agua en el
campo, y el rey de Israel dijo : « ¡ Ay 1 el Seíior nos ha
j untado tres reyes para entregam os en m anos de ílo a b .»
Pero Josaphat, habiendo todavía m andado que se con­
sultase íi iui profeta del Eterno, se le d ijo : * Aquí está
Eliseo, hijo ele Saphat, que echaba agua en las manos
de Elias.—El Eterno está con él,» respondió Josaphat-
Los reyes fueron delante de Eliseo y le preguntaron.
El profeta hizo llevar un tocador de harpa.: apenas oyó
los prim eros sonidos, el espíritu del Seüor vino sobre
él y d ijo : « Así hab la el E tern o : abrid fosos en este
valle, no sentireis viento ni veteis llu v ia s; sin em bar­
go, este valle se llenará de agua y beberéis vosotros y
vuestras bestias. Todavía es esto poco para el Eterno,
el cual os entregará á Moab eu vuestras m anos: des-
Lraireis sus ciudades y arruinareis su país.» Al d ia si­
guiente por la m añana á la hora de la ofrenda, vinieron
las aguas por el cam ino de Edom y se inundó todo el
país. Habiéndose levantado los m oabilas y brillando el
sol sobre las aguas, les parecieron rojas'com o la san­
SAGRADA. 241
gre y d ijero n : «Aquello es sangre, estos reyes sin duda
se han m atado unos á otros y cada uno lia m uerto á su
com paíiero: ahora, m oabitas, á la presa.» Corrieron al
campo de los guerreros de Isra e l: éstos se levantaron
entonces, hirieron á los moab i tas, que huyeron segui­
dos de cerca por el enem igo: el rey de Moab, arras­
trado en la h u id a hasta sil campo, tom a setecientos
hombres de los suyos é intenta abrirse paso con ellos
y penetrar hasta el rey de E d o m ; pero lo ensaya en
vano, y en sn l'uror agarrando á su hijo prim ogénito,
Lo ofrece en holocausto ¡i sus dioses sobre la m uralla.
El ejército de Israel se llenó de h o rro r; y despues de
haber destruido las ciudades y ai-ruinado el país de
Moab según la palabra del profeta, se volvió á. sus ho­
gares.
Josaphat m urió en paz el resto de sil vida: m urió
colmado de bendiciones despues de u n reinado de
veinte y cinco anos, dejando el trono íi su h ijo Joram ,
despues de haber dado im prudentem ente á sus hijos
inmensas riquezas y ciudades fuertes.
CAPÍTULO II.

Continuación de los rev es ilc .luüá y de Israel. — Ministerio del


prüfctíi Elíseo cu Israel.

lleves de (Joram , liijo de Josaphal, Ocbosias, Alhalíu, Jo íí,


Jndá. tliijo de Oclioslas, Amasias.
[leyes de tCoiUiiiuacion de Joram , liijo de A chab, Jehu.
Israel. t Joachaz., Joas, liijo de Joacliaz.

(IV R íyes, IV —X IV . II. Pw alipom cnos, XXI — XXV.)

889. — 823.

Despues ele la m uerte del piadoso rey Josaphal, los


anales de Judá é Isi-ael 110 ofrecen en m ucho tiempo
acerca de los dos tronos mas que una serie de violen­
cias y crímeues. Cuanto m as se sum ergían los pueblos
y los reyes en el m al, m as se em peñaba Dios en locar
el corazon de los pueblos por el augusto m inisterio de
sus p ro fetas, cuyos actos sa n to s, y algunas veces ter­
ribles , se dirigían á m antenerlos en el sendero de la
piedad y de la justicia ó á hacerlos entrar en él por
fuerza cuando se estraviaban. Las palabras y acciones
sencillas y afectuosas de estos hom bres inspirados,
presenta frecuentem ente en los historiadores sagrados
u n contraste interesante con los som bríos anales de las
dos cortes, y la vida de Eliseo ofrece de esto muchos
ejemplos.
La reputación y la autoridad del profeta crecían de
SACHADA.
dia en dia en Israel. Una m u jer (I) clamó á Eliseo cierto
(lia diciendo: «-Mi m arido, tu sierro, h a m u e rto , y tú
sabes que fué temeroso del S e ü o r; pero m ira que viene
el acreedor para llevar m is dos hijos y hacerlos sus es­
clavos.» A la cual dijo Eliseo : «¿Qué quieres que yo
te haga?......Díme, ¿qué tienes en tu casa?—Tu sierva,
respondió ella, no tiene m as que u n vaso de aceite.
—Toma, dijo el profeta, de tas vecinos un gran núm ero
de vasijas v acías; entrarás en tu casa, cuya puerta cer­
rarás, y derram arás el aceite en todas ellas.» La pobre
viuda se separó de él é hizo lo que le habia m andado:
sus hijos se las iban presentando una después de otra,
ella vertía, y cuando estuvieron llenas se detuvo el
aceile. «Vé, le dijo el pro Teta, á quien ella habia a n u n ­
ciado el prodigio cum plido, vé, vende el aceile y paga
la d eu d a: tú y tus hijos viviréis de lo que sobre.»
Habia en Sunam una m u jer de consideración, que
insistía en que Eliseo entrase cu su casa y tom ase a l­
gún alimento cada vez que pasaba por delante de ella.
«Ya que nos visita con frecuencia un varón de Dios,
dijo á su m arido, dispongam os p ara él u n pequeilo
aposento, pongám osle u n a cama, u n a mesa, u n a silla
y un velón, á fin de que cuando venga á nuestra casa
pueda descansar, * Ün dia que volvió E liseo , se retiró
á este cuarto y se acostó. «Llama á esta sunam ita,» dijo
él á Giezi, su siervo, y cuando se hubo presentado:
«;.Quó puedo hacer yo por u? preguntó él. Hablaré al
rey ó al jefe del ejército.» La sunam ita rehusó. 0 Y0
soy csLranjexa, dijo ella, y habito en mediu de m i pue­
blo.» Cuando ella se retiró preguntó Eliseo á su siervo:
«¿Qué liaremos por eslam ujer?" G i c x i respondió: «Ella
no tiene hi jos y su m arido es viejo.—Llám ala, pues,»
dijo Eliseo- Ella volvió á presentarse en su puerta y le
d ijo : « En esta m ism a estación en el a to próxim o te n ­
drás n n hijo.—Hombre de Dios, dijo ella, no te burles
de mí.» En efecto, concibió y parió u n liijo al año si-
(1) El historiador Joscplio dlco que esta m ujnr era la viuda de Ab­
alas, intendente de Achula, el cual habin. salvado cien profetas, y le*
□atoia m antenido con sus bienes.
2M H1ST0IIU
guíenle, conform e lo h ab ía predicho Eliseo. Un dia en
tiempo de la cosecha, siendo y a crecido el niño, se fué
á su padre, que estaba con los segadores, y se quejó
de un violento dolor de cabeza. «Que lo lleven á su
m adre,* dijo su padre. Un criado llevó al m om ento al
niüo á si; m a d re ; permaneció acostado sobre sus ro­
dillas hasta el medio dia, y m urió. La sunam ita subió
al aposento del hom bre de Dios, colocó al niao sobre
la cam a, y habiendo cerrado la puerta, salió de su casa
acom pañada de u n solo criado, y se dirigió al Carmelo
en busca del p ro feta: así que lo vió se arrojó íi sus

E
iés: acercándose Giezi p ara re tirarla: «Déjala, dijo el
om bre de Dios, porque su alm a está atrib u lad a, y el
Seüor m e lo ha ocultado. «¿Habia yo acaso pedido un
hijo á m i Seüor? dice la su n a in ita ; ¿no le h abia dicho
que no m e engañase?—Corre, Giezi, interrum pió el
profeta, ciñe tu c in tu ra , tom a m i báculo en tu mano,
m archa y pónlo sobre el rostro del niiio.n Giezi salió;

E
ero la sunam ita, asiéndose al profeta, gritó iP o r el
'ios vivo y por tu alm a ju ro que 110 te dejaré.» Eliseo
se levantó y la siguió. Sin em bargo, Giezi había puesto
el báculo del profeta sobre la cara del niño y no habia
obtenido ni voz ni m iradas, y volviendo A su am o le
dijo: aNo h a despertado el niño.» Habiendo entrado
Eliseo en la casa encontró al niüo m uerto en su cama,
cerró la puerta é hizo oracion al Eterno despues su­
bió 4 la cama y se echó sobre el n iñ o : puso su boca
sobre la de él, su m ano sobre sus m anos, entró en ca­
lor el niño y abrió los ojos, a Giezi, dice Eliseo, llama
á la sunam ita.» Y asi crue se hubo p resen tad o : «.Lleva
á t u liijo.ji le dijo úl. Ella se arrojó á sus piés, se pros­
ternó, tomó íi s'u hijo y salió.
Eliseo volvió despues á Galgala, donde reinaba el
ham bre, y habiendo llegado u n hom bre que le traia
veinte panes de cebada de las prim icias y uu poco de
grano en espiga, el profeta dijo á su siervo: «Dáselo
al pueblo y que coma.— ¿Cómo he de dar yo esto pa­
ra cien personas, respondió el siervo?—Dáselo al pue­
blo, repitió Eliseo, porque h a de comer y a u n h a de
SAGRADA. 245
sobrar.» El pueblo comió de este pan , y sobró parte
de él, según la palabra divina. En otra ocasion hizo
que apareciese encim a del agua la hoja de u n a hacha
perdida por uno de los hijos de Los profetas: cada dia
se señalaba con algún nuevo prodigio, y el nom bre
del profeta se estendió hasta Las naciones estranjeras.
El rey de Siria tenia por general de su ejército á
un hom bre valiente y fuerte, llam ado N aam an; pero
era leproso. Una jóven h ija de Israel cautiva de los si­
rios, servia á la m u jer de N aam an, y dijo á su señora:
aSi m i señor pudiese solam ente visitar al profeta que
está en Sam aria, él curaría.» Naaman refirió estas pa­
labras al rey, que le perm itió m archar y le dió u n a
carta para el rey de Israel. Naaman partió llevando
consigo oro y m uchos ricos vestidos. Llegó con sus
caballos y sus carros, y se detuvo á la entrada de la
casa de ÉLiseo. El profeta le envió á decir: *Yé y láva­
te siete veces en el Jordán, y quedarás lim pio.* Un re ­
medio tan sencillo pareció eslraño á N aam an que es­
peraba ver al hom bre ele Dios que saldría delante de
él, é invocaría al Eterno: «Los ríos de Damasco, decía
él en su alucin am iento, ¿no son m ejores que todas
las aguas de Israel; y no m e lavaría en ellos m ejor
para limpiarme?» Volvióse, pues, lleno de cólera, pe­
ro habiéndole inspirado sus siervos otros pensam ien­
tos volvió en si, bajó al Jordán y se sum ergid siete ve­
ces. Su carne, según la palabra del profeta, quedó
limpia como la de u n niño, y fué curado. Volvió á
Eliseo con todo su acom pañam iento, y le dijo: «Co­
nozco verdaderam ente qne ao hay otro Dios en la
tierra que el de Israel. Acepta, te suplico, u n presen­
te de lu sierva.—Está vivo, respondió Elíseo, eLEterno
ante quien m e hallo , y no aceptaré nada de tí-—P er­
mite, p u e s , replicó Naaman, que se m e dé la por-
cion de esta tierra qne puedan llevar dos m uías, por­
que no haré de aquí en adelante holocaustos ó sacri-
ficio á ningún otro Dios que al Eterno.—Ve en paz.i
le dijo el profeta. Cuando Naaman estuvo á cierta
distancia, Giezi, criado de Eliseo, inflamado de u n
246 HISTORIA
deseo bajo y codicioso, dijo p ara si: »Mi señor ha de­
jado al sirio, libre de la lepra y no lia recibido nada
de lo que le habia liaido: si co n o Iras de él, segura­
m ente me dará alguna cosa » Corrió, pues, tras de
Naainan y le dijo: «Mi amo m e envía á ti, pues han
llegado dos hijos de los profetas 4 visitarlo, y le pide
nara ellos nn tálenlo de plata y dos vestidos.—Toma
(los tálenlos,» dijo Naaman, y los puso en dos sacos
con dos vestidos completos; cargó con ellos ú dos de
sus siervos y llevaron estos presentes delante de Gie­
zi. Habiendo llegado al pié de la colina en que habi­
taba, Giezi despidió á los siervos de Naaman, testigos
de su m entira, ocultó el oro y los vestidos en su casa
y despues se presentó delante de su am o. o¿De dónde
vienes, Gieri?» preguntó E liseo: él respondió: «Tu
siervo no ha ido á ninguna paite.» Mas aquel le dijo:
«Mi corazon estaba presente , replicó el profeta, cuan­
do un hom bre ha bajado de su cairo á tu encuentro:
¿es tiem po de tom ar dinero y suntuosos vestidos y de
adquirir toda clase de bienes? La lepra de Naaman
se pegará á tí, y á tu posteridad p ara siempre.® Giezi
salió de la presencia de Eliseo blanco de lepra como
la nieve.
Hácia aquel tiem po hubo tam bién g u erra entre
Bcnadad, rey de Siria, y Jorám rey de Israel; pero lo­
dos los designios secretos del prim ero eran descubier­
tos por Eliseo, quien in sin ú a de ellos á Jorám . Ha­
biéndolo sabido Bcnadad envió caballería p ara pren­
der al profeta: esla tropa embistió á la ciudaJ de
DolTián aonrle estaba Eliseo, y habiéndola \is to su
siervo se sobrecogió de espanto; «No te m a s , dijo el
hom bre de Dios, porque los que están con nosotros
son m uchos m as que los que están con ellos.» Al mis­
m o tiempo habiendo orado al Eterno, se abrieron los
ojos de su siervo, y este vió el m onte cubierto de car­
ros y caballos de fuego alrededor de Eliseo. Los si­
rios, por los ruegos del profeta quedaron ciegos, y se
dejaron conducir A Sam aría, en donde recobrando la
vista se hallaron prisioneros del rey de Israel. «¿Los
SAGItADA* Í47
heriré, padre mió? ¿los heriré?» preguntó Joram al pro­
feta. «No los herirás, respondió Elíseo: á los que co­
jas con el arco y la espada podrás herir; pero en cuan­
to á los otros dilles pan y agua pava que coman y be-
han y se vayan íi su sefior.»
Algún tiempo despues habiendo Benadad juntado
todo sn ejército, fué ;i sitiar íi Samaria, en donde rei­
nó una giande ham bre, y pasando el rey de Israel por
la m uralla, le gritó u n a m ujer diciendo: «¡Oh rey m i
se&ov, sálvame!—Que el Eterno te salve, respondió
Jorám, ¿qué pides tú?» Ella replicó: «Otra m ujer que
está aquí conmigo m e h a dicho: Dame U» hijo y co­
mámosle hoy, y m afiana comeremos el mío. Yo he
dado mi hijo y nos lo hemos comido: pero ahora ella
ha ocultado el suyo.» A estas palabras eL rey rasgó
sus vestidos, y se le vió su cuerpo ceñido de u n cili­
cio en seüal de duelo. Im putando á Eliseo la horrible
aflicción de su pueblo, m editó Jorám darle la m uerte,
y acercándose A él le dijo; «¿No es el Eterno el que
nos aflige de esta manera? ¿qué debemos esperar de
él?—Oye su palabra, dijo Eliseo: m afiana A esta m is­
ma hora, la m edida de tlor de harina se dató por un
sido, y se tendrán por esta sum a dos m edidas de ce­
bada en la puerta de Samaria.» El capitan sobre quien
se apoyaba el rey respondió al profeta: «Aunque el
Seüor hiciese caer víveres del cielo, no podría ser eso.
— T ú lo verás con lus propios ojos, dijo Eliseo, pero
no comerás de ello.® En aquella m ism a noche hizo
el Eterno que se oyese en el campo de los sirios un
gran ruido de caballos y carros, y despertándose los
guerreros eu la oscuridad, *e dijeron tinos ¡í otros:
«Sin duda los reyes de los etheos y de Los egipcios
vienen sobre nosotros Jipados con Israel.» Se levanta­
ron, pues, sobrecogidos de espanto y huyeron dejan­
do tras de eLLos tiendas, caballos, víveres y bagajes.
Cuatro leprosos espulpados de la ciudad se acercaron
al campamento de los sirios, y hallándole abandona­
do, dieron parte de esto á las gentes de Sam aria, que
salieron en tropel y saquearon el campo enemigo. Fué
h is t . sa c - n
.M Ji'ÍUÍtU
tan grande la abundancia en Samaría, que llegó á ven­
derse u n a medida de flor de harin a por uli siclo, y
por el mismo precio dos de cebada, conform e á la pa­
labra del profeta; pero el capitan que habia dudado
de la omnipotencia divina fué ahogado por la m uche­
dum bre en la puerta d é la ciudad y m urió.
Pasó despues Eliseo ú Damasco, en donde se h a­
llaba enferm o el rey Benadad. Este principe, que su­
po la llegada del profeta, le envió á Hazael (uno de
sus oficiales) con ricos presentes p ara consultarle so­
bre su m al. «Vé, respondió Elíseo á Hazael y di al rey:
sanarás ciertam ente; pero el Seüor m e h a declarado
que m orirás » A estas palabras el hom bre de Dios fijó
su vista sobre Hazael, se m antuvo turbado, y despues
lloró. «¿Por qué llora m i seftor, preguntó Hazael?—Yo
lloro, contestó Eliseo, porque sé que h arás m al á los
hijos de Israel: pondrás fuego á sus ciudades fuertes,
pasarás á cuchillo sus jóvenes, estrellarás sus niños y
m atarás á las m ujeres ¡preñadas.—Pero ¿quién soy yo,
dijo Hazael, para hacer tales cosas?» Eliseo respondió:
ttTü. serás re y .» Hazael volvió, pues, & Benadad con
el mensaje, y al dia siguiente, lomó u n a cubierta y
em papándola en a su a la aplicó al rostro del rey, lo
ahogo y reinó en s«i lugar.
Jorátn, hijo de Josaphat reinaba entonces en Jeru-
salen y apenas se afirmó en el trono hizo m orir á to­
dos sus herm anos. Vivió eu las iniquidades de los
príncipes de Israel, y tomó por m ujer á Athalía, hija
de Achab, sum ergió á Jerusalen en la id o latría, é h i­
zo prevaricar A Judá. Sus crím enes fueron castigados.
La Idum ea se sublevó, y aunque castigada por él, de­
jó de esLar sujeta á su autoridad. Cierto dia recibió
una carta firm ada de un profeta y le predijo en casti­
go de sus iniquidades, calamidades públicas y una
horrible enferm edad. El castigo siguió de cerca á la
amenaza. Los filisteos y los árabes invadieron el paí9
de Judá, saquearon á Jerusalen y el palacio del rey,
y llevaron cautivas sus m ujeres é hijos no dejando al
rey sino a lm a s joven. El mismo Jo iám fué atacado
SAGRADA. *49
de un m al terrible en sus entrañas, que le ocasionó la
muerte, despues de dos años de atroces padecimientos.
El pueblo no le hizo los honores fúnebres, ni le en ­
terró eu la sepultura de los reyes, Ochosías, su hijo
m enor, le sucedió en el reino y fué culpable co­
mo él.
Habíase declarado la guerra entre Hazael, nuevo
rey de Siria» y Jorárn, rey de Israel. Ochosías se ligó
á este y le acompañó al combate. Joram recibió u n a
herida en Kamoth de Galaad y volvió á Jezrahel para
curársela. Pero entonces Eliseo llam ando á uno de los
hijos de los profetas, le dijo: «Ciñe tu cintura, tom a
esta am polla de aceite y ve á Ram oth de Galaad: allí
buscarás i Jeliu, te retirarás con éL al lugar m as se­
creto, y derram arás este aceite sobre su cabeza, d i­
ciendo: así habla el Eterno. Yo te h e ungido p ara ser
rey de Israel, despues abrirás la puerta, te ausentarás
y no te detendrás.» El jóven profeta, ejecutó esta or­
den, y despues de h ab er ungido í Jeliu, añadió: «El
Eterno dice; Tú herirás la casa de Achab: yo vengaré
en Jezahcl la sangre de mis profetas, y la de m is sier­
vos: toda la casa de Achab perecerá: los perros come­
rán á f exabe 1 eu el campo de Jezraliel y nadie la en­
terrará.» Los siervos del rey Jorám habiendo ido en
busca de Jehu, les salió al encuentro y les dijo lo que
le había anunciado este h o m b re : entonces cada uno
de ellos tom ando su m anto, lo puso á los piés de Jehu
pata hacerle u n trono, y sonando la trom peta grita­
ron: «Jehu es nuestro rey.»
Jehu conspiró al momento contra Jorám , y m o n ­
tando en su caballo se fué á Jezrahel, donde este prin­
cipe estaba todavía indispuesto de su herida, y á don­
de Ochosías, rey de Judá, le h abia ido á ver. El centi­
nela colocado en la torre de Jezrahel, viendo lle g a rla
tropa de Jehu dio el aviso, y Jorám envió á un soldado
para reconocerla. A esta pregunta que le fué dirigida:
«¿Traes tú. la paz'! i> Jehu respondió: «¿Qué h a y entre
lú y yo? Pasa, y síguem e.» El centinela dio aviso de
esto desde la to rre , y d ijo : «El soldado llegó A ellos,
250 msToiuA
pero no vuelve.» Joivim envió o tro, recibió la misma
respuesta, y tampoco volvió El centinela dijo enton­
ces: «Este hom bre parece ser Jehu, hijo de Nanisivy vie­
ne con una cslrafia precipitación.—¡rvíi carro! ¡mi car­
ro!» gritó Jorám , y salió con Ochosías, cada uno en su
carro al encuentro de J e h n , ;í quien hallaron en el
campo de Naboth de Jezrahel. Al a c e rc a re , dijo Jo-
rííin: «¿Traes la paz?—¿Qué paz he de traer, respondió
Je iu i, m ientras duran las fornicaciones de tu m adre
Jezabel y sus infam es encantamientosY™ Jorám. volvió
entonces grupa al momento, y echó á coirer gritando:
«¡Traición, Ochosías, traición!* Pero Jehu disparó su
arco y atravesó con su flecha á Jora ni. El rey cayó
sobre sus rodillas en sn ca rro , y Jehu dijo ¡i Bid-
kar:, capitan de su tropa: «Tómalo, bid k ar, y arrójalo
en el campo de Naboth de Jezrahel, p o rq u e , acuérda-
date que cuando tú y yo m ontábam os á caballo detrás
de Achab, su padre, el Eterno pronunció contra él esta
sentencia; Ciertamente ¿no ví ayer la sangre de Na-
hoth y la de sus hijos? yo derram aré la de Achab y la
de los suyos en el m ism o campo , h a dicho el E terno.
Tómalo, pues, B id k ar, y arrójalo en este campo según
la palabra del S e ñ o r.» K1 rey Ochosías h u ia : Jehu lo
persiguió y dijo : «Herid también á este.» Le hirieron
en su carro y m urió en M ageddo, desde donde fué
trasladado ú la tum ba de los reyes en Jerusalen. Jehu
vino íi Jezrahel, y habiéndolo sabido la reina Jezabel,
se acicaló el rostro, adornó su cabeza, y se asomó á la
ventana; y como Jehn pasase por la puerta, dijo ella:
«¿Qué paz puedes tú traer, segundo Zaniri, asesino de
tu señorV» Levantando Jehu la cabeza gritó «Arrojad á
esa m ujer.» Al momento fué precipitada: su sangre
salpicó sobre la pared y sobre sus cabellos, y .Tehu la
pisoteó Entró, comió y bebió, y despues d ijo : «Ved
en lo que h a venido á parar esta m aldita Jezabel, en­
terradla, porque al íin es h ija de rey.» Buscáronla,
pero no se encontró de ella m as míe el cráneo, los
piés y las palm as de las m a n o s, y habiéndolo sabido
Jehu: «lista es la palabra que h a pronunciado el Eter-
SACHADA. 25J
uo, dijo, por la boca de su siervo Elias, á. saber: En el
campo de Jezrahel los perros com erán la carne de Je-
zabel, y su cadáver será como el estiércol en la super­
ficie de este campo, á íLn de que digan los que pasen:
¿Es esta aquella Jezabel?»
Proclamado Jehu rey de Isra e l, hizo m orir luego
á los setenta hijos de Achab, estem unó toda su casa,
y á cuarenta y dos herm anos del rey Ochosías. Des­
pues de estas teiTibies ejecuciones, hizo reu n ir todo
el pueblo en Samaría, y dijo: «Achab ha tributado al­
gunos honores á Baal, pero yo se los tributaré m ayo­
res. Haced que se m e presenten todos los profetas de
Baal y todos sus servidores sin que falte nadie, poique
tengo que hacer u n gran sacrificio, y cualquiera que
falte morirá.» El dia se tomó por u n a grande solemni-
dad« Habiendo venido lodos los servidores de Baal, se
llenó el templo. Jehu hizo que se pusiesen sus hábitos
pontificales, y habiéndose asegurado de que entre
ellos no había ningún servidor del Eterno, apostó
ochenta sóida dos cerca del templo durante el sacrificio,
y les d ijo : « Si se escapa u n solo hom bre de los que
voy á poner en vuestras m anos, vuestra vida respon­
derá de la suya.i» Y así que se hubo acabado el sacri­
ficio, dijo el rey á sus capitanes: «Entrad y m atad, que
no salga ni siquiera uno. u Todos los m inistros y ser­
vidores de Baal fueron degollados, y despues fué ar­
rancada de su templo y quem ada la estatua: el templo
mismo fué destruido, y el solar fué reducido ¿i u n lu ­
gar de inm undicias: de este modo esteriniuó Jehu á
Baal en Israel Y con todo eso, este p rín cip e, por u n a
ceguedad increíble, no se separó del sendero impío de
Jeroboam , y adoró los becerros de oro de Dan y de
Bethel. Pero, por cuanto habia cumplido fielmente la
sentencia divina sobre la casa de Acnab, se le anunció
que sus hijos ocuparían el trono hasta la cuarta gene­
ración: Jehu, sin em bargo, fué castigado por la m ano
de Azahel, rey de S iria, que lo atacó en todas sus
fronteras.
Bajo su reinado, Jo n ad ab , hijo de R ech ab , fundó
252 HISTORIA
la secta de los rechabitas. Jonadab era keuiano y des­
cendía de Hobab, cuñado de Moisés. Queriendo "poner
su fam ilia y su posteridad á cubierto de las seduccio­
nes de la idolatría, y asegurarles la independencia de
la vida nóm ada, sujetó á sus hijos con votos severos:
el vino les estaba prohibido, habitaban en tiendas fue­
ra del recinto de las ciudades; no poseían campos, vi­
ñas ni casas, y se ocupaban únicam ente en apacentar
sus rebaños. Permanecían fieles al culto de Moisés,
sin seguir todos los ritos de la l e y , y esta institución
duró hasta la ru in a de Jerasalen. Jonadab fné el p ri­
mero qtie reconoció la autoridad de J e h u : entró en
Sam aría en el carro de esle m onarca; y fué testigo de
la ejecución de los pontífices de Baal. .lehu m urió en
esta ciudad, despues de h ab er reinado veinte y ocho
aüos. Tuvo por sucesor <i sn hijo Jo ach as, rey pecador
como él y castigado lo mismo por Axahel, que, según
la E scritura, sacudió á. su ejército como se sacude el
grano en la era.
Mientras que Jehu destruía la casa de Achab en Sa­
m aría , Jerusalen era el teatro de escenas no m enos
terribles. Athalia, hija de Achab y m adre de Ochosías,
hizo perecer <i todos los príncipes" de la raza r e a l : uno
solo sobrevivió á la morLandad, y este fué .loas, hijo de
Ochosías, que Josabeth, m ujer del pontífice Joad y
herm ana del rey Jo rá m , hizo escapar con su nodriza
m ientras que degollaban á sus h e rm a n o s, y á quien
ella tuvo oculto seis años en el templo del Señor.
Atlialía rein ó ; pero el sétimo ano el gran sacerdote
Joad se unió con los centuriones, les hizo prestar ju ­
ram ento en el templo y les m ostró á Joas, hijo de los
reyes. Distribuyó despues A los jefes y á los soldados
las picas y los escudos del rey David, conservados en
el templo, los formó en batalla ;í los dos lados del al­
tar, y dijo: «Rodead al rey con las atinas en la mano,
y si alguno penetra en vuestras Olas, que muera.» Joad
puso entonces la corona en la cabeza del n iñ o , y ha­
ciendo abrir las puertas al pueblo, proclamó á Joas en
presencia de lodos, y dando todos palm adas gritaron:
SAGRADA. 253
«¡Viva el re y 1. » Alhalia acudió al ru id o , m iró y vió
al rey sentado en el trono, según la costumbre, en me­
dio del pueblo y de los soldados , que lanzaban gritos
y tocaban bocinas en señal de alegría. Athalía rasgó
sus vestidos, y gritó : « ¡ Traición I ¡ traició n !—Haced
salir á esta m ujer, dijo el gran sacerdote á los centu­
riones; pero no la matéis en el templo del Eterno-»
Athalía ín é llevada al palacio real y alli recibió la
muerte.
Joad ignoró la alianza entre el Eterno, el pueblo y
el rey, y éste prometió ser fiel. Reinó cuarenta años en
.Ternsalen, é hizo lo que eraju sto durante loda la vida
deJoad-. derribó los altares délos falsos dioses, hizo mo­
rir ;l M atham , pontífice de B aal, y reparó el templo
del E terno, consagrando á esta obra u n a gran parte
de las ofrendas del pueblo. Joas hizo estas cosas por
consejo del gran sacerdote Jo ad , que vivió ciento
treinta aüos, y fué sepultado en el panteón de los re­
yes en Jerusalen. Despues de su m uerte los grandes
de Inda corrom pieron al rey con sus adulaciones: Joas
abandonó a l Dios de sus p adres, é hizo sacrificios á
los. ídolos. En vano el Eterno envió profetas para atraer
híicia él al príncipe y á su pueblo, pues 110 fueron es­
cuchados. El espíritu divino bajó sobre el pontífice Za-
charías, hijo de Jo ad , se presentó delante del pueblo,
y d ijo : «¿Por qué quebrantáis los preceptos del Eter­
no? ¿No temeis que abandonando á vuestro D ios, él
también os abandone?» El r e y , irrita d o , no se acordó
de lo que debía á Joad, 6 hizo apedrear íí su h ijo , y
estando y a para espirar Zacharías, esclamó: «Que el
Eterno lo vea y sea m i vengador.-» Apenas habia pasado
un año cuando el ejército sirio marchó contra Judá, y
aunque eia poco num eroso, Dios entregó en sus m a­
nos una m ultitu d inm ensa de su pueblo infiel. Los si­
rios saquearon á Jerusalen, m ataron «í los principales
de la nación, y trataron con ignom inia al rey Joas. Lo
dejaron en el tro n o , víctima de grandes dolores : sus
mismos siervos se alzaron coütra él p ara vengar la
sangre del pontífice, hijo de Joad, y le mataron en su
254 HJSTOUIA
lecho. No tuvo por sepultura la tum ba de lus reyes.
Sucedióle su hijo Amasias.
Mientras que Joas, hijo de Ochosías. ocupaba to­
davía el trono de Judá, Joas, hijo de Joachaz, reinaba
en Israel. Hizo mal delante del Seíior: siu em bargo, el
am or det bien no se eslinguió enteram ente en su cora-
zoii. Habiendo sabido que Eliseo se bailaba grave­
m ente enfermo, fué a verle, y repitió derram ando lá­
grim as, las palabras dirigidas en otro tiempo por Eli­
seo á Elias: ic¡Padre mió! padre mió! ¡lú qué eres el
carro de Israel y su conductor!» Eliseo m urió predi­
ciendo al rey victorias sobre sus enemigos. Joas d er­
rotó en efecto por tres veces á los sirios, tuvo guerra
con Judá, y fué vencedor.
Amasias reinaba entonces en Jerusalen, y separán­
dose bien pronto del camino recto que habia escogido,
fué castigado por Dios. Este principe despues de h a ­
ber vencido á los idum eos, fué derrotado por Joas, rey
de Israel, que tomó su capital y saqueó su palacio y el
templo. La m uerte arrebató á Joas en medio de estos
triunfos, despues de un reinado de diez y seis aüos.
Jeroboam U, su hijo, heredó eL trono de Israel.
CAPÍTULO III.

Conlinuaclon de los rey es de Judá y de Israel.—Ministerio de los


rofelas Amós y Oseas en Isra el.—Predicciones de Jonás y
Se Kalium con Ira N lnire.—Vocacion de Isaías en Jiidíi.—Pin
del prim er imperio de A slria.-C oida del reino de Israel.—
Cautividad de las diez tribus.

Reyes de i Amasias, Azarias ú Osias, Joalham , Acliaz, Ece-


/udá. I chías.
Heves de i Jeroboam ir. Zacearlas, Scllura, Manaliem.
Israel. 1 Pliaceias, Pliaceo, Oseas.

(IV Reyes, XV—XVII. UParalipómenoB, XXV—XXIX,}

Jeroboam II, no abolió absolutam ente los ídolos,


pero respetó Alos profetas del Señor, y se mostró va­
liente y diestro en el trono. Durante su largo reinado
de cuarenta y u n aüos, el reino de Israel llegó al inas
alto grado de su poder. Dios, que por algún tiempo
suspendió el castigo de las triím s Ínfleles, perm itió
que Jeroboam ensánchase los lím ites de su rem o, des­
de la entrada de Emalh al pié del Líbano» hasta el m ar
del Desierto (1). En tiempo de este príncipe hubo
grandes profetas en Israel. El Eterno antes de castigar
á su pueblo, redoblaba en su bondad sus advertencias
y sus amenazas.
Entre estos profetas uno de los m as célebres fué un

(1) Llámase también a*í en la E scritura al m ar Muerto.


256 HISTOIIIA
pastor, llam ado Amós, de Thecue, ciudad de .Indá.
Dios le habia m andado que dejase su patria para pro­
fetizar en medio de las trib u s de Israel. La energía y
pureza de su palabra, y las interesantes relaciones que
existen entre su lenguaje y el de m uchos profetas,
nacidos en un rango m u y superior al suyo, es la
m ayor prueba de que la elocuencia de los oradores
sagrados estaba sacada de u n a sola fuente, de la in s­
piración divina. Sin em bargo, Amós además del ca­
rácter general de elevación y energía, com un á Lodos
los profetas, tiene otro particular, en el cual se reco­
noce su estado y su condicion. Hombre del pueblo se
m uestra sobre todo sensible á la opresion de los des­
graciados; u n gran núm ero de sus comparaciones es­
tán tomadas de asuntos de la-vida pastoril. *Así habla
Jehovah, dice él: Despues de los crím enes de Israel
repetidos tres y cuatro veces, yo no revocaré m is de­
cretos..... Ellos rom pen la cabeza del pobre co n traía
tierra: estravian los pasos de los débiles: comen cerca
de sus altares sobre ropas dejadas en prenda y beben
el vino de los oprimidos en el templo de su Dios (1).
Ellos han aborrecido al que les reprendía en la puerta
de las ciudades: m iraban con h o rro r al hom bre recto
que adm inistraba la. justicia. Habéis pisado al pobre,
y le habéis quitado el trigo qne era suyo, y por esta
razón edificareis casas y no las habitareis, plantareis
viüas deliciosas y no bcbereis de su vino; y ved aquí
lo que dice Jehovah, Dios de los ejércitos: En todas
las plazas resonarán lam entables gritos, y en todas la*

S
nertas se oirá: ¡desgracial ¡desgracia! se llam ará al
uelo al habitante de los campos, y á los que saben
los cantos de los huierales (2). El león ha rugido:
¿quién no temblará? Jehovah h a hablado: ¿quién re­
h u sará anunciar sus oráculos?.... He aquí lo que dice
Jehovah: De todos cuantos viven en Sam aria en las
delicias, si se escapan algunos, será como los m iem ­

(1) Amós. 11, 6—9.


(í) Amós, V, 10; 11,16.
SACHADA. 251
bros A medio roer, que el pastor arranca de la boca de
los leones (l).*
Amós se eleva con fuerza contra la opinion gene­
ral, de que los sacrificios de las victimas conjuraban
la ven tan ía del cielo, y hablando en nom bre del Se­
ñor, esclama: «Yo aborrezco, yo detesto vuestros <1i»s
de fiesta: yo no respiro absolutam ente, el incienso
de vuestras solemnidades: yo no acepto ni vuestras
ofrendas ni vuestros holocaustos: la grasa de vuestras
victimas no m e es agradable de ninguna m anera. ¡Le­
jos de mí el LumulUj de vuestros conciertos! yo no es­
cucharé vuestras liras; pero derrám ese el juicio y la
sensatez como u n a agua abundante, y que la justicia
corra como un torrente rápido...... ¡Desgraciados vos­
otros los que dorm ís en lechos de m arlil y reposáis
muellemente sobre vuestras camas, los que coméis los
corderos escogidos y las terneras m as pordas, los que
canlais acordes con la lira, los que bebeis el vino en
anchas copas, y los que insensibles á la ru ina de
Israel derram ais sobre vosotros los perfum es m as es­
quistos! Por esto mismo sereis los primeros cautivos,
y vuestros íesLines y delicias cesarán para siempre. El
Dios Eterno ha jurado por si mismo: el Eterno, el Dios
de los ejércitos, h a dicho : Tengo h o rro r al orgullo
de Jacob, aborrezco sus palacios, y abandonaré la ciu­
dad y todos sus habitantes...... Gasa de Is ra e l, yo le­
vantaré contra ti u n a nación que te destruirá desde el
torrente de Emath hasta el torrente del Desierto......
Tus altos lugares serán destruidos, los lugares santifi­
cados de Israel serán asolados, y me levantaré con la
espada contra la casa de Jeroboam (2).»
Amasias, sacerdote de los Ídolos en Dethel, habien­
do oído ¿as amenazas proféticas de Amós co u tra e lrey ,
lomó este pretasto p ara p erderle, y dijo á JerohoPm:
«Amós se ha rebelado contra tr, en medio de la casa
de Israel, y la tierra no puede y a soportar sus discur-

(1) Amós, ni, 8 12.


(2) Amé». V, 2 - S i; VI, 1 ,4 - 8 , L5; VII; 9.
258 HISTOUIA
sos.» Dirigiéndose después al mismo Amos, le dijo:
«Tú que sabes el porvenir, v e , huye al país de Judá,
come allí tu pan y profetiza; pero no profetices ya mas
e n B ethel, poique allí eslá el culto del rey y la silla
de su reino.’' Amos respondió: «Yo no lie nacido pro­
feta ni hijo de profeta, sino pastor de grandes rebaños,
y los frutos silvestres han sido m i alimento. El Seiior
m e llamó cuando iba con el re b a n o , y me d ijo : Pro­
feta, vfi & m i pueblo de Israel. A hora, pues, Amasias,
escucha la palabra del Señor. Tú. dices : no profetices
sobre Israel, y 110 maldigas de ningún modo el templo
del Idolo; pero lie aquí lo qne ha dicho el Eterno:
Tu m ujer será deshonrada en la ciu d ad , tus hijos y
tu s Hijas serán pasados íi cuchillo, el cordel pasará por
tu heredad, m orirás en mía tierra m anchada, é Israel
será llevado cautivo lejos de su pais (1).» Los israeli­
tas no supieron aprovecharse de la bondad de Dios y
de sus castigos: lio volvieron m as á é l , los altares de
los falsos dioses su b sistieron, y desde el reinado de
Jeroboam , hasta la ru in a de Isra e l, el reino no cesó
de ser victim a de las discordias y de las invasiones es-
tranjeras.
Dios no solo enviaba á la nación elegida estas ad­
vertencias prgféticas. Los pueblos por los cuales Jeho­
vah castigaba al suyo, y del cual se servia para atraer
á él por el tem or y la aflicción á los que Untos bene­
ficios no habian podido m antener fieles, se habian su­
m ergido eu los m as deplorables estravios, y según
aquella ley eterna de la P rovidencia, que quiere que
cuando m i pueblo ha llegado al últim o grado de des­
orden y de corrupción desaparezca y haga lugar á
pueblos nuevos, todas las naciones que en diversas
épocas hicieron la guerra á los hebreos y les sujetaron,
sucum bieron á su vez. Los libros de los profetas, des­
de el reinado de Jeroboam II, están llenos contra ellas
de enérgicas imprecaciones. Amós pronunció terribles
sentencias conLra Damasco y T y ro , y amenazó con

(i) Amós, v iii, e -n .


SAGRADA. 259
una ruina próxim a & la Id u m ea, al país de M oab, á
los amonitas y á los filisteos.
Hácia el m ism o tiem po, y bajo el mismo re y , vi­
vía el profeta Jo u á s, hijo de A m a th i: Dios le d ijo :
«Levántate y ve á la gran Ni ni v e : profetiza a llí, por­
que su iniquidad lia llegado hasta m í .» Jonás luvo
miedo, y en lugar de obedecer, huyendo de la presen­
cia del Eterno se embarcó en el puerto de Joppé para
Tharsis. Bien pronto se levantó u n a terrible tem pes-
titcl, y habiéndose dormido Jonás en el barco le des­
peado el piloto, y le d ijo : « ¿Por quú duermes i Leván­
tate 6 invoca á lu D ios.» Los m arin ero s, cediendo á
una preocupación general en los aulignos tiempos,
echaron suertes á Jiii de conocer aquel ú quien debia
imputarse su peligro. La suerte designó á Jo n á s, que
confesó su desobediencia. «Arrojadme al m a r , dijo,
porque yo soy la causa de que os haya acometido esta
tempestad.» Los m arineros agarraron & Jotiás y le ar­
rojaron á las o la s, en donde ál momento fué tragado
por un pescado en o rn e . Dios conservó m ilagrosam en­
te la vida del profeta en el vientre del m onstruoso ani­
mal, que despues de tres dias y tres noches lo arrojó
sobre la playa. Entonces, obedeciendo á u n a nueva
■órden de Dios, pasó A Nínive- Profetizando allí duran­
te treinta y un d ia s , esclamó : « Dentro de cuarenta
dias, Nínive será destruida.» Los habitantes, sobreco­
gidos de espanto, se cubrieron de cilicio s: el mismo
rey, habiendo oido la palabra del p ro fe ta , salió de su
trono, dejó sus reales vestiduras, se puso un saco y se
recostó sobre la ce n iz a : se prescribió 1111 ayuno gene-
val» y por todas partes se publicó la órden siguiente:
“Que los hom bres se cubran de cen iza, así como los
animales : que sus súplicas y sus clamores se eleven
hácia el E tern o : que los ninivitas se conviertan y h u ­
yan de la in iq u id ad .» Dios atendió íi sus lágrim as,
tuvo piedad de ellos y suspendió el cumplimiento de
sus aYnenazas.
Viendo Jonás que el resultado 110 habia absoluta­
mente confirmado su predicción, concibió por ello u n
HISTUHIA
vivo dolor. Salió de Nínive, y sentándose con el rostro
vuelto hácia el Oriente, se puso al abrigo del ramaje,
y descansó: un arbolillo creció allí rápidam ente, y su
sombra preservó á Jonás de los ardores del sol. Pero,
al dia siguiente, perm itió Dios que un gusano royese
la rai7. de la planta, la cual se m a rc h itó ; levantóse un
viento abrasador, y .Tonas, abrasado por los rayos del
sol, deseó m o rir y dijo : «La m uerte es para m í prefe­
rible á la vida.» Entonces dijo Dios á J o n á s : * ¿Quer­
rías conservar u n a planta que h a nacido sin necesidad
de t i , que h a crecido en u n a noche y que h a muerto
en o tr a , y n o t e de perdonar yo á la gran ciudad de
Nínive, que encierra ciento veinte m il niños y una
m ultitud tan grande de anim ales?....;) De esLe modo se
dilató la caida y la destrucción de la capital de la Asi­
ría , y frecuentem ente tam bién su pueblo fue bajo la
mano del Eterno u n a plaga con que castigó las iniqui­
dades de Judá y de Israel.
El décimo quinto afio del reinado de Jeroboam II,
Amasias, rey de Judá, fué asesinado en Lachis por los-
suyos, despues de n n reinado de veinte y nueve años.
Su hijo Osías, por otro nom bre A zadas, de edad de
diez y seis años, subió al trono , y lo ocupaba todavía
á la m uerte de Jeroboam . Su largo reinado duró cerca
de m edio siglo. Osías obró bien m ientras q u e tuvo
por guia al profeta Z acharias, y por cuanto buscaba
siempre al Señor, el Señor le guió en todos sus pasos.
Ensanchó su poder, construyó fortalezas en el desier­
to, hizo inm ensas provisiones de arm as y m uniciones
de toda especie, formó un ejército de trescientos mil
soldados, atacó á los filisteos, á los Arabes y í\ los amo­
nitas, y su reputación se estendió hasta el Egipto. En
esta cum bre de poder y de gloria, su corazon se llenó
de orgullo para su perdición : olvidó la ley del Señor
sobre el culto, cuyas, altas funciones pertenecían esclu-
sivamente á la raza de A aro n , y entrando un día en el
templo quiso ofrecer allí incienso en el altar de los
perfum es. El pontífice Azarias, acom pañado de ochen­
ta sacerdotes ael Seüor, se opuso al rey y le dijo: «No
SAGRADA.* 261
le corresponde á tí ofrecer incienso delante del Seüor:
sal del santuario.» Irritado Osías y teniendo siempre
el incensario en la m a n o , amenaza á los sacerdotes.
En aquel mismo momento es atacado de la lepra, la
cual se descubre en su frente hallándose en el templo.
Sale inm ediatam ente sobrecogido de espanto, porque
conoce que le ha herido la m ano del Seiior. Osías per­
maneció leproso hasta el fin de su v id a , y habitó á
causa de su mal en u n a casa aislada. Su hijo Jonatham
gobernaba en su n o m b re , y adm inistraba justicia al
pueblo. Bajo el reinado de Osías sucedieron varios
príncipes en el trono de Israel. La m ayor parte subie­
ron al trono por el asesinato, y señalaron su elevación
Con el crim en y la idolatría.
A Jeroboam I I , despues de u n interregno de once
aüos, habia sucedido su culpable hijo Zacharías, el
que íi los seis meses pereció asesinado por la m ano de
Selhuu, hijo de Jabin. Zacharías era el cuarto descen­
diente de Je h u , y en él se cumplió esta palabra del
Eterno á Jeh u i «T us hijos 9e sentarán en el trono de
Israel hasta la cuarta generación. » Sellum ocupó el
trono, y fué arrojado de él al m es siguiente por Ma-
nakein, que lo mató eu su cap ita l, y reinó en su
lugar.
Manahem imitó las iniquidades de sus predeceso­
res , y ocupó el trono durante diez a ü o s, señalándose
en él por sus crueldades. La ciudad de T h ap sa, sobre
el Eufrates, form aba parte del reino de Israel: habien­
do rehusado abrir sus puertas* Manahem la tomó,
mató á sus habitantes sin perdonar ni aun á las m uje-
que estaban eu cinta, y arruinó su territorio. El
reino, & consecuencia de tantas guerras intestinas,
habia caido en el m as profundo abatim iento. Los sol­
dados nom braban los reyes, y en Israel no habia m as
autoridad que la suya. Cilvidaron al verdadero Dios y
su culto: cada d ia se corrom pían nías las costum bres,
y el país estaba entregado sin defensa á sus enemigos.
Phul, rey de los asirios, invadió á Israel, y Manahem
no pudo eludir sus estragos sino haciéndose su tribu-
162 HlSTOniA
tañ o . Le pagó mil talentos que sacó del pueblo, impo­
niendo cincuenta sidos por cabeza, y á este precio
compró la paz al m onarca asirio, así como su apoyo

Í
m a que le sostuviera en el trono. Todo presagiaba á
as diez tribus u n a completa y próxim a ruina. En vano
los profetas del Seüor repetían sus advertencias y ame­
naza»; en vano Amós gritaba al principio del reinado
deM anahem : «El Eterno h a dicho: La iniquidad de mi
pueblo ha llegado á su colmo, voy á destruir á Israel.
Escuchad m is p alab ras, vosotros los que devoráis al
Íwré
iobre y le vendeis lo peor de vuestros graneros......Yo
que desaparezca el sol al m edio dia, y oscureceré
la faz de la tierra (1). Cambiaré vuestras fiestas en
duelo y vuestros cánticos en lamentaciones-, ceñiré to­
das las cinturas con cilicios, raparé todas las cabezas;
sum ergiré á Israel en llanto como ¿i la m uerte de un
hijo ú n ic o , y su fin será mi dia am argo. Se acerca
el dia, dice el Eterno, en que voy á enviar el ham bre
sobre la tierra, 110 el ham bre de pan, ni la sed de agua,
sino el ham bre de la palabra del Seüor, y se confun­
dirán de u n m ar á o tro , é irán desde el Septentrión
hasta el Mediodía p ara buscar la palabra de Dios y no
la encontrarán...... todos los que ju ran por el ídolo de
Sam aría iy dicen : 1 Oh D am ! ¡ viva tu d io s! ¡viva el
culto de Bersahé! caerán y no se volverán A levantar.
El profeta Oseas, cuyo'm inisterio habia principia­
do hácia el lin del reinado de Jeroboam II continuaba
bajo Manahem, y sus oráculos eran tam bién desdeña­
dos: amenazaban á la vez á Israel y á Judá: «Sacerdo­
tes, escuchad, esclamó él: escuchad, casa de Israel,
casa del rey, oid, porque Dios va á ejercer sus juicios
sobre vosotros......Sonad la bocina en Gabaa, la trom ­
peta en Rama, dad quejidos en Belhaven. línliraim (2)
será asolado, dice el Eterno-, será roto por la vara de
m i justicia, porque se ha entregado á los ídolos: me

(1) Amos, VIII, 9. F.l profeta predice asi un eclipso de sal, que se
verificó en el ralsmu nño
(2i Ephraim ]R mas considerable de las trib u s de Inrnel: el pro­
feta designa toda el reina bajo estu nombre.
SACHADA.
he convertido p ara Ephraim en uu gusano roedor, y
para la casa de Judá en u n tizón q u e devora (i).
Éphraini h a invocado á un rey protector y se h a diri­
gido á Asm-, pero éste no aliviará vuestras angustias
ni podrá rom per vuestras cadenas: yo m ism o seré co­
mo una leona contra Ephraim , y como un leopardo en
la casa de Judá: yo iré, lo asaltaré y cogeré, y ¿quién
será capaz de arrancarm e mi presa? En seguida des­
cansaré hasta que caigais en el desfallecimiento y vol­
váis í buscar m i rostro (2).»
Manahem m u rió el quincuagésim o año del reinado
de Osías rey de Judá, y su m uerte fué natural, cosa
rara en aquel tiem po en el trono de Sam aria. Tuvo
pur sucesor á su hijo Phaceia, que no hizo en cierto
inado m as q u e pasar por el trono. El general de sus
tropas, Phaceo, hijo de Romelio, conspiró contra é l,
le atacó en u n a torre de la casa real de Sam aria, lo
mató y reinó en su lugar. Gobernó veinte años para
desgracia de su reino y del de Judá.
Osías hab ia dejado de reinar en Jerusalen, y su h i­
jo Joatham hab ia subido al trono el segundo año del
reinado de Phaceo en Israel. Este m ism o aüo habia si­
do socalado por la vocación de Isaías al m inisterio
profélico. Se sabe m u y poco acerca de su fam ilia y de
la prim era parte de su vida. Era hijo de Amós, (pie no
debe confundirse con el profeta de este nom bre, y se-
gmi la tradición descendía de la raza real. He aquí en
que téim inos refiere la visión que lo llamó á su santo
ministerio: «El afio en que m urió Osías, yo vi al Se­
ñor sentado sobre un trono elevado. Los estreñios de
su vestido llenaban el templo: encim a de él habia se­
rafines con seis alas, dos cubrían su rostro, otras dos
sus piés, y con las otras dos volaban gritando el uno
al otro: Santo, santo, santo, Seüor Dios de los ejérci­
tos, llena está toda la tierra de tu gloria. A la voz de

(1) V írs. Phnl( r«y de Aftlria.


(2) Oseas, V. 1,8,11—15. Con m otivo de estos im ágenes cepantó-
destinadas A pintar n o DIOS in ilad o , hace ver lo que se ha dicto
d* la cólera de JehoYaít.
H ist . S ao. 18
HISTORIA
los serafines, estrem eciéronse las puertas, llenóse de
hum o todo el tem plo y dije: ¡Desgraciado de m i, mis
labios son im puros, habito en medio de m i pueblo
m ancillado y he vislo al Seíior, rey de los ejércitos:
cnando he aquí que u no de los serafines, vuela hácia
m í: en su m ano traia u n carbón encendido, tomado
del altar: tono mis labios, y dijo: Este carbón lia puri­
ficado tu boca, tn iniquidad se h a borrado, tus peca­
dos están perdonados. Entonces oí la voz del Seíior: ¿á
quién enviaré? decía él: ¿quién irá p o r mí'? llém e aquí
respondí y o : Envíame. Ve, dijo el Eterno (1) »Desde
entonces, no cesó Isaías, durante m uchos reinados, y
hasta su m uerte, de anunciar al pueblo-y á sus reyes
los divinos oráculos en u n lenguaje sublim e, erue le
hace ocupar el p rim er lugar entre los profetas. El rei­
nado de Joatham , bajo el cual comenzó su santo m i-
nisterio, fuó dichoso. Este principe, gobernó diez y
seis aüos y fué recio y bueno á los ojos del Eterno,
sin que por eso acabase de estirpar la idolatría de Ju-
d.l. Dios le hizo triu n far de sus enem igos, venció á
los am onitas, los hizo tributarios, y se hicieron obras
im portantes en Jerusalen.
Durante esLe reinado y el de Phaceo, eu Israel tu ­
vo lu gar el ano 747 antes de la era cristiana, y el sép­
timo de la fundación de Roma, u n a gran revolución
en Asiria, sobre la cual sum inistra la Escritura m uy
pocas noticias, pero que es m enester conocer para
com prender la série de la historia del pueblo hebreo.
Los m onarcas asirios gobernaban b a sta entonce?
las naciones dependientes de su cetro por vireyes ó
sátrapas; pero Babilonia, confiando en su fuerza y su
estension, soportaba con im paciencia el yugo de Nuri-
ve. Estalló una revolución durante el reinado de As-
sa r.~ H ad d o n , conocido por los griegos bajo el nom ­
bre de Sardanápalo: Beleses y Arbaces, sátrapas de Ba­
bilonia y de la Media dirigieron el m ovim iento y m ar-
{1} E bI g capitulo cu el se rto de lanías^ re ro sus profecías no han sido
f «o p ilad as «n la E scritura, (Wjrtm el óraen de las fechas: el libro de
Jerem ías es la prueba m uí palpadlo.
SAGRADA. 265
charon con sus tropas contra el m onarca, míe se de­
fendió heroicam ente, perdió tres grandes batallas, y
abandonado por los hactrianos se vió reducido á de­
fenderse en su capital.
«El enemigo avanza contra tus m uros, griló en esta
ocasion el profeta Nalium (1), no pierdas de vista el ca­
mino, fortifica lu alm a, y recoge tu s fuerzas: Jehovah
quiere vengar la vergüenza de Jacob y el oprobio de
Israel: el broquel de sus valientes se h a inflamado, su
vestido es de sangrienta p úrpura, sus carros cente­
llean y sus la m a s estrem ecen. Las carretas se mezclan,
se chocan, se enredan unas con otras y se precipitan
como el rayo. Asur llam a á sus guerreros, ellos vaci­
lan en su m archa, trepan las m urallas y se atrinche­
ran en ellas...... El rio h a roto sus diques y los pala­
cios han sido derribados. Estrépito terrible de im pe­
tuosas ruedas, de caballos que relinchan, de carros
encendidos, de caballería que avanza, de espada y lan­
za relum brantes, de m uchedum bre de heridos y de
grande estrago. Los cuerpos caen sobre los cuerpos y
no tienen fin Los cadáveres. ¡Desgraciada de tí, ciudad
de sangre, llena de m entiras y de iniquidades1. Méme
aquí contra ti, dice el Dios de los ejércitos: yo te des­
pojaré, yo arrojaré sobre ti tus abom inaciones, yo te
cubriré de infam ia y te ofreceré en espectáculo ¿i las
naciones......Nínive h a sido asolada, devastada, y a no
es mas que ruinas: los corazones desfallecen, las ro ­
dillas tiem blan y los rostros cstAn som bríos...... El
león lleva su presa íi sus hijuelos, degüella para ali­
mentar á sus leonas, llena su cueva de m atanza y ra ­
piñas. llénie aquí, dice el Seüor de los ejércitos” que

(1) N 4 h im o-ap. II y III. L a ¿poca en quo nec-ló el profeta N ahum os


°>uy inticrtA, y muchos autores, entre otros el sabio Prideaux, creen
JVift.la predicción refunda, se tiz o con objeto de la m in a absoluta de
¿U niré,que se verificó sesenta años mas tarde. P ero las palabras de
cata profecía relativ as A lo inundación del rio, que causó l& loma do la
ciudad, no se aplican filfio A la prim era lom a de N iim isbnjo Assar.—*
Haddon Ó S&rdandpalo. Sin embargo es preciso conocer que o tro s m u-
chos pasajes de la elocuencia profética de Nahum parecen referirse m aa
particularm ente 4 la ru in a to tal y últim a de N ín iv e .
HISTUMA
vengo 4 lí, y la espada destruirá tus leoncillos, cesarán
tus estragos, y no se oirá m as tu voz,»
La inundación del rio anunciada en estas palabras
del profeta, derribó u n a parte de las m urallas, y en­
tregó á Nínive á los enemigos despues de u n sitio de
dos aüos. La ciudad fué tom ada y destruida, el mo­
narca vencido reunió en u n a grande hoguera sus m u ­
jeres v tesoros y se arrojó á las llam as en donde pe­
reció con ellas.
De este modo cayó el antiguo im perio de los asi-
rios despues de haber tenido la dom inación del Asia
durante 1300 años. De sus restos se form aron dos ím -

S erios fundados por los dos hom bres que lo habían


erribado: Arbaces, gobernador de la Media, tuvo el
trono de Nínive, que ocupó diez y nueve aüos. Beleses
gobernador de Babilonia, obtuvo en la partición esta
ciudad, la Caldea y la Arabia. La Sagrada Escritura de­
signa á Arbaces bajo el nom bre de T heglalh-Plialasar,
y algunas veces con el de Ninus el jóven en la historia
profana. Isaías llam a Baladan á Beleses (I), que es lo
mismo que Nabonassar, desde cuyo reinado data la
famosa época astronóm ica llam ada con sn nom bre la
era de Nabonassai* (2).
Dios perm itió que se elevasen estos dos im perios
para castigar las Iniquidades de su pueblo. Acercábase
el tiem po eu que el prim ero debia abatir á Israel, y
estaba reservado al segundo el destruir á. Judá.
Achaz, hijo de Joatham heredó su cetro, pero no
sus virtudes. Ofreció incienso á los falsos dioses hasta
en las azoteas de su palacio, les consagró florestas im ­
puras, é hizo pasar á. sus hijos por el fuego, según las
costumbres de las naciones idolatras. Dios no dejó sin
castigo tantas infam ias Coligados Basin, rey de Sitia,
y Phaceo, rey d elsrael, invadieron sus estados en el
Norte, m ientras (pie los filisteos en el Oeste y los id u -
nieos en el Mediodía arrollaban sus tropas y se apode-

, (i) ieiúas x x n ix , i.
<2) P riica u x , M i i t r U d t I tijttH o s , lib, I,
SAGRADA. 267
raban de sus plazas. Los sirios saquearon el reino: el
rey de Israel hizo u n a gran m atanza en el ejército de
Judá y llevó cautivos u n a m ultitud de jóvenes, m uje­
res y doncellas, con un inm enso botín. Pero entonces
un profeta ele Israel llam ado Obed salió al encuentro
del ejército que volvía ¡i Sam aria, y dijo á los vence­
dores: «Habéis visto que el Seüor Dios de vuestros pa­
dres, hallándose irritado contra Jndá, la lia entregado
en vuestras m anos, habéis tratado con barbarie ;'t este
pueblo, vuestra crueldad h a llegado hasta el cielo, y
queréis, sin em bargo, sujetar A íos hijos, de Judá y de
Jerusalen para hacerlos 'vuestros esclavos. No obréis,
pues, asi, porque esto es pecar contra el Eterno vues­
tro Dios; pero escuchad m is consejos: poned en liber­
tad á los cautivos, pues de otro modo Dios desplegará
su cólera sobre vosotros.» Algunos de los principales
de los hijos de Ephraim unieron sus exhortaciones á
las del profeta. El ejército las escuchó, puso en liber­
tad á los cautivos y les volvió u n a parte de los despo­
jos. Los vistieron y los calzaron, dice el autor sagra­
do, les dieron de com er y beber, les untaron con
aceite á causa de su escesivo cansancio, y tuvieron
gran cuidado de ellos: despues pusieron en caballerías
á los que no podían cam inar, los llevaron ¡l Jericó A
casa de sus herm anos, y se volvieron á Sam aria.
Sin embargo, la guerra no habia concluido toda­
vía: la liga de Phaceo, rey de Israel, con los sirios
subsistía siem pre,y Acliaz anim ado de nuevo por ellos
y acosado á la vez por los idnm eos y los filisteos, fué
reducido al últim o estrem o. Su corazon (1), dice la
Escritura, y el de su pueblo, tembló sobrecogido de
espanto, así como tiem blan las hojas de los árboles
agitadas por el viento. Pero entonces Dios, despues de
haberlo hum illado bastante, envió al profela Isaias
p ara decirle: «-No tenias, no te turbes delante de estos
tizones encendidos de cólera, Rasin, rey de Siria, y
el rey de Israel; porque ellos h an dicho: Vamos con-

(1) Jw iaa, vn.2.


268 HJST0H1A
tra Judá, hagam os la guéi-ra, erijám onos en dueüos
y señores del país, y establezcamos allí p o n e y al hijo
de Tabeel; pero este designio no subsistirá absoluta­
m ente, y sus tentativas serán inútiles.» Esta palabra
fué cum plida Theglath-Phalasav rey de Asiria cayó
bien pronto sobre los dos reyes coligados, mató á l l a -
sin, y arm iñ o á Damasco su capital. Achaz envió co­
mo presente ó tributo al vencedor los tesoros del tem­
plo y de su palacio, y fué á Damasco á rendirle ho­
m enaje. Desde allí eu un templo de ídoíos, hechizado
de la herm osura de u n altar profano, envió u n m ode­
lo de él al pontífice Urias á Jerusalen, prescribiéndole
que construyese uno sem ejante, y que le colocase á
la entrada del santuario, en el sitio donde estaba el
que habia consagrado Salomon. Hizo tam bién otras
alteraciones impías en el templo, y olvidando la asis­
tencia que Dios le hab ia dado, quemó incienso delan­
te de los ídolos de Damasco, diciendo; «Si los dioses
de los sirios les ayudan, yo les h aré sacrificios, á Un
de que tam bién m e protejan á m i. nlsaias no cesaba
por aquel tiempo de pronunciar contra Jerusalen y su
pueblo form idables oráculos, El profeta Micheas que
vivía al m ism o tiempo en Judá, confirm aba por sus
palabras las de Isaías; pero levantábanse contra ellos
falsos profetas, que seducían al rey y ¿i la m ultitud.
Lleno Micheas de u n a santa cólera esclam a con este
motivo: «lié aquí lo que dice Jehovah contra los pro­
fetas que engañan á los pueblos y les predican la paz
La noche será vuestra visión, las tinieblas vuestras:
revelaciones-, para vosotras el sol se oscurecerá, y se­
reis confundidos, porque el Señor no os responderá.
Pero el Eterno nos llena de fuerza y de virtud para
anunciar á Jacob sus crím enes, y á Israel sus in iq u i­
dades. Escuchad, pues, príncipes de Jacob, y v o s o t r o s
jueces de la casa de Israel, que despreciáis la justicia,
que edificáis á Sion con sangre, y & Jerusalen sobre
la iniquidad: vuestros principes juzgan por presentes:
vuestros sacerdotes enseñan por u n salario: vuestros
profetas predicen por dinero, y todos descausan di­
SACHADA,
riendo: ¿No está por ventura Jehovah entre nosotros?
los males no nos alcanzan, pero Sion será labrada co­
mo un campo, Jerusalen no será sino u n m ontan de
piedras, y u n a floresta reem plazará al templo en el
monte santo (1).» Todas estas amenazas fueron •va­
nas; Achaz acabó su reinado en medio de tantas im ­
piedades. Murió y no fuó enterrado en el panteón de
ios reyes.
Todavía reinaba, cuando Oseas asesino de Phaceo,
comenzó á m andar en Israel, despues de nueve aüos
de una horrible anarquía. liste principe menos culpa­
ble que los que le h abian precedido, 110 siguió, sin
embargo, el buen camino, y no separó á su pueblo de
sus cslravlos. Salm anasar, rey de Asiría; hijo deT h e-
glath-Phalasar, m archó contra él por la p rim era vez,
lo venció y le im puso u n tributo. Tres anos hacia que
Oseas ocupaba el trono de Israel, cuando el piadoso
Bzechias, liijo de Adía/-, subió al de Judá, y este rey
habiendo anunciado u n a pascua solemne en Jerusa­
len, hizo convidar á ella á todo el pueblo de Israel.
Despacháronse algunos correos cargados de cartas
con este objeto á las diez tribus desde Dam hasta Ber-
sabé, atravesaron Israel y Judá publicando por todas
partes estas palabras de Ézechías: «Hijos de Israel vol­
ved al Eterno, al Dios de Abraham, fie Isaac y de Ja­
cob, y Él volverá los restos- que se han escapado de
las m anos del rey de Asiría. No im itéis á vuestros
padres v herm anos que se h an separado del Señor;
no endurezcáis vuestros corazones; levantad vuestras
manos hácia el Eterno, y venid á su santuario que ha
santificado para siem pre. Servid al Eterno y él reti­
rará su cólera de vosotros, porque es bueno, é incli­
nado á la m isericordia.» Los correos obraban con ac­
tividad y corrían de ciudad eu ciudad por toda la tier­
ra de Israel; pero los pueblos se biu'laban de ellos y
les insultaban. No hubo sino algunos Deles de las Iri­
búes de Aser, de Jlanasses y de Zabulón, que fueron 4

II) Mlcheus, IH, 3—12.


2*0 HISTORIA
Jerusaleu á honrar al verdadero Dios. Todos los de­
más del pueblo, según el testimonio de la Escritura,
vivian im itando las costino!) L e s de las naciones que el
Señor habia es terminad o al tiem po de la entrada de
los hijos de Israel en Canaan : se nabian edificado al­
tos lugares en todas las ciu d ad es: habian formadu
bosques, y levantado estatuas en las colinas: quem a­
ban incienso en altares im puros, y adoraban á losfal-
s q s dioses: h abian despreciado las palabras de los p ro ­
fetas, se habian construido becerros de oro y habian
adorado á Baal, adhiriéndose á las adivinaciones y ;í
los agoreros, sacrificando sus hijos y sus hijas, y h a­
ciéndolos pasar por el fuego. Por esta razón les arro­
jo Dios de sn presencia y pronunció contra ellos, por
boca de Isaías estos escelentes oráculos: «La viña del
Dios de los ejércitos es la casa de Israel......Yo espe­
raba de Israel la equidad, pero no h a producido mas
que el crimen-, esperaba la justicia y 110 he oido sino
los lam entos del oprim ido......Mi pueblo no com pren­
de m is obras, y por eso será llevado cautivo, y el
ham bre consum irá á los m as ilu stres..... El sepulcro
se h a ensanchado y abierto su inm ensa boca: bajarán
allí con la m ullitud los principales del pueblo , los
elevados en gloria y embriagados en placeres. Todos
los m ortales se encorbarán, todo hom bre se h u m illa ­
rá y se obscurecerán los ojos de los soberbios: el Dios
de los ejércitos será ensalzado en sus juicios; el Dios
santo señalará su santidad por sus venganzas. Las
ovejas pastarán todavía en estos campos abandonados
y los extranjeros se engordarán con los despojos de
los ricos. Desgraciados de vosotros que arrastra is las
largas'cadenas de la iniquidad, y que osáis decir: Que
se apresure el Señor, que comience su obra, que los
consejos del Santo de los santos se m anifiesten, á fin
d e q u e sepamos si son verdaderosl-,.. Desgraciados
de vosotros, los que em pleáis vuestra fuerza en beber
vino, y vuestra gloria en derram ar licores em briagan­
tes, los que justificáis al hom bre inicuo á causa de sus
dádivas, y los que arrebatáis la justicia al inocente!...
SAGRADA. 271
Por esta razón, así como el fuego devora la paja, del
mismo modo se secará este pueblo hasta en sus raíces,
y su raza desaparecerá como el polv o , porque ha
despreciado la ley del Señor, y h a Blasfemado su p a­
labra. El Eterno íevanlará. su bandera, como u n a se-
íial para u n pueblo lejano, le llam ará con u n silbido
desde las estrem idades de la tierra y bien pronto acu­
dirá. Ningún soldado está fatigado," ninguno tropieza
ni está perezoso, ninguno abandonará su tahalí n i su
calzado: sus saetas están aceradas, sus arcos atesados,
y la rueda de sus cairos en torbellinos: su rugido es
el del león, lanza aullidos como los leoucillos, b ra­
ma y se arroja sobre su presa. En aquel d ia ru g irá
contra Israel como la tempestad y al m irar sobre la
tierra, uo veremos mas que desolación y tinieblas (1).»
Estas fulm inantes palabras del profeta tuvieron su
cumplimiento. Habiendo intentado el rey Oseas sacu­
dir el yugo de los a sirio s, aliándose al rey de Egipto,
Salmanasar volvió, sitió i Sam aría, la tomó con su
rey: degolló u n a parte de sus habitantes, y llevó cau­
tivo á la Asiría lo m as escogido y principal de la n a­
ción. «¡Ya han llegado, ¡oh Israel! esclam a entonces
el profeta Oseas, y a h an llegado los dias en que te ha
visitado el Eterno! iDias de venganza!.... Como raci­
mos fecundos, dice el S ehor, h abia encontrado á Is­
rael en el desierto: habia escogido á sus padres como
los prim eros frutos de la h ig u era, y ellos se han ido
á Belphegor, se h an hecho abom inables, se h a n vuel­
to áEgipto, y por que h a n sembrado el v ie n to , reco­
gen la tempestad. La gloria de Epliraim ha desapare­
cido como u n a ave velo*: Sam aría, tu becerro de oro
ha sido confundido en el polvo..... Sam aría ha sido
arruinada, su rey es como la espum a sobre la super­
ficie de las aguas. Los palacios de los ricos, oprobio
de Israel, h a n sido devastados, los espinos subirán

(1) Isaías V, 1,13,19, 22—30. La. E scritu ra na fija la. época de esta
profecía, pero eegun todod las apariencias, h a precedido, au&que fta
®uypo¿o tiempo, á la ru in a del reino de Israel,
272 HISTORIA
hasta, los altares, é Israel dirá á Los montes: Sepul­
tadnos, y A las colinas:Caed sobre nosotras! (•]).»
Para reem plazar á tantas fam ilias cautivas, Salma-
nasar hizo venir colonias de Babilonia, de Cutha, Ana,
E m a th y de Sepharvaim , y las estableció en Sam aría y
otras ciudades de Israel. Los leones y otros anim ales
feroces se habian m ultiplicado en estas regiones, lan
largo tiempo asoladas por la guerra, y causaron gran­
des estragos ¡i las nuevas colonias. Estos pueblos atri­
buyeron sus calamidades á la cólera del Dios de Israel
y A la ignorancia dé su culto. Salm anasar les envió,
pues, entre los cautivos u n sacerdote encargado de ins­
truirlos en la religión del Dios de los h e b re o s, y este
sacerdote estableció su residencia en Bethel. De este
modo se consiguió que no se destruyese enteram ente
el culto del Eterno en el antiguo reino de las diez tri­
bus, y perm aneció mezclado con todas las prácticas
supersticiosas 6 idólatras de los nuevos habitantes, que
fueron los antepasados del pueblo samarita.no.
(1> Oseas, VIII: 5. 1, 13, IX , 7, 10, 11, X, T8.
CAPÍTULO IY.

CtmlimiacUm del reino ilc Ju d á.—Ministerio del p rofeta Isaías.—


Jutlilh y Holofcrncs.

Beyes de Judá: serie de Eze chías, Manasée.

i.IV. Royes, XXVIII—XXI. II Pnm liuóm enoa.X X IX —XXXlII. Libros


de Juditli y de Ifmiae.j

720 — 642.

Seis aüos hacia q u e Ezecíiías, rey de Judá, reinaba


en Jerusalen desde la caida del reino de Israel. Este
principe, uno de los m ejores que habian vivido en
Judá, siguió los pasos de su abuelo David. Desde el
principio de su reinado abrió Jas g r a n d e s puertas del
templo, convocó á los sacerdotes y á los levitas y les
dijo: «Purificaos, levitas, lim piad la casa del Seaor,
Ilios de vuestros padres, y quitad todas las impurezas
del san tu ario : nuestros padres lian pecado, han vuelto
la espalda al tabernáculo del Eterno, han apagado las
lámparas, no han quem ado incienso, y lian dejado de
ofrecer víctimas en el santuario del Dios de Israel: por
eso se h a inflamado la cólera del Señor contra Judá y
Jerusalen, nuestros padres han perecido al filo de la
espada, y nuestras lujas y m ujeres lian sido arrastra­
das ñ la cautividad: im porta, pues, renovar la alianza
con el Dios de Israel.» Los levitas obedecieron y p u ri­
scaron el templo, los sacerdotes ofrecieron un im nen-
274 HISTORIA
so holocausto en presencia del m onarca, fué derram ada
la sangre de las víctimas espiatorias, y el incienso se
quem o sobre el altar aL son de los instrum entos. Cele­
bróse despues una pascua solemne, que fué aquella en
que el r e y , como se h a visto en el capitulo preceden­
te, convidó al pueblo de las diez tribus, de las cuales
solo una parte m u y pequeña acudió «Lsu llam am ien­
to. Hubo tal concurrencia entonces en Je ru sa le n , que
fué m enester prolongar la duración ordinaria de esta
solem nidad y celebrarla durante catorce dias, para que
todos tomasen parte en e lla : desde el tiempo de Salo­
m ón no se h abia visto cosa sem ejante en Jerusalen.
Ezechías arregló en seguida todo lo necesario para el
culto, para la observancia del sábado, para la m anu­
tención de los sacerdotes y levitas, y puso en vigor los
reglam entos só b re la s prim icias, las ofrendas y el diez­
m o de lodos los productos de la tie rra , destinado por
Moisés para la m anutención de los levitas y de la raza
de Aaron. Hubo en aquel aüo en la ciudad santa tal
abundancia de ofrendas, que se construyeron graneros
en el templo p ara recibirlas, y parte de ellas sirvió para
alim entar á toda la m uchedum bre.
Arrastrado el pueblo por el ejemplo del rey, destm
yó los altos lu g a re s , derribó los ídolos y los bosques
im puros en Benjam ín, en Judíí y en u n a parte de las
tribus de Israel. Envolvió en la destrucción de los ído­
los uno de los m as antiguos m onum entos de la histo­
ria de los hebreos. La serpiente de bronce colocada por
Moisfis en el desierto, se habia hecho el objeto de una
adoración im pía y fué hecha pedazos por Ezechías.
Este príncipe tomó despues las a r m a s , lleno de con­
fianza en la protección divina: batió á los filisteos, re­
conquistó las plazas de Judá, de que se habian apode­
rado, Este triunfo le alentó para negar el tributo que
pagaban sus predecesores ¿i los reyes de Asiría.
Sin em bargo, Sam aria liábia va caído, y á Salma­
nasar, que la h abia conquistado, "había sucedido en el
trono su hijo Sennacherib. Ezechías despreció u n po­
der atestiguado por las ruinas todavía hum eantes de
SAGRADA. 275
Israel, y dijo á su p u e b lo : « No tengáis m ie d o , no te­
níais nada ael rey de los a sirle s: toao lo que lleva con
él no es m as que un brazo de c a rn e ; pero nosotros te­
nemos al Eterno, nuestro Dios, que nos ayudará en
nuestras batallas .t Bien pronto marchó contra Judá un
ejército form idable: m uchas plazas cayeron en poder
de los asirio s: se debilitó el ánim o de Ezechías, se
sometió á u n tributo enorm e, y para pagar u n a parte
hizo arrancar las planchas de oro de las puertas del
templo. Pero posteriorm ente, por sospechas de suble­
vación y de u n a alianza de Ezechías con el rey de
Egipto, Sennacherib, que sitiaba á Lachis, envió á
Rabsaces y otros dos diputados á Jerusaleu con una
tropa num erosa, y deteniéndose Rabsaces fuera de las
m urallas, dijo á los enviados de E zechías: « El gran
rey de Asiría h a p re g u n ta d o : ¿Cuál es la fuerza sobre
que te apoyas? ¿En quién confias, Ezechías, para su­
blevarle contra m í? T ú confias en el Egipto, en esta
caüa quebrada que entra en la m ano del que se apoya
sobre ella y la atraviesa, porque tal es Faraón para los
que couñan en él. Marcha, pues, contra el rey, m i se-
flor; y si yo te doy dos m il caballos, ¿tendrás jinetes
para montarlos? ¿Cómo, pues, resistirás al m enor de
sus oficiales? No he venido aquí sin la voluntad de Je­
hovah. Jehovah me h a dicho: sube contra ese pueblo
y destruyelo.» Alarmado con estas palabras uno délos
oficiales de Ezechías, dijo á Rabsaces: <tHabíanos en
leu p ía siria, que la entendemos, y no nos hables en
lajudáica de m odo que lo oiga el pueblo.» Rabsaces,
redoblando la insolencia, respondió: «¿Es por ventura
á tu seüor á quien el m ió me na enviado? ¿fío es <1esos
hombres que están en la m u ra lla , y que bien pronto
comerán contigo sus propios escrementos'í» Esforzan­
do la voz Rabsaces aüadió eu lengua ju d á ic a : (¿Pueblo,
oíd las palabras del gran rey, del rey de los asirios,
que d ic e : tratad conmigo, comereis cada u no de su
Higuera y de su vina, y cada uno beberá el agua de su
cisterna hasta que yo os lleve á un país tan bueno co­
mo el vuestro. No queráis d ar oidos á Ezechías, porque
27 G KISTO ni A
os seducirá d icien d o : El Eterno nos preservará. ¿Los
dioses de las naciones h a n preservado por ventura íi sn
S ais de m i m ano? ¿Dónde están los dioses de Em ath,
e Qrpliad y de Ava? ¿Han salvado por ventura á Sa­
m aría? ¿Qué son todos esos dioses y los que los lian
hecho? ¿El Eterno salvará ¿ Je ru sa le n ? » El pueblo
perm aneció en silencio, y se refirieron aL rey las pala­
cras de Rabsaces. Ezechías rasgó sus vestiduras, se cu­
brió con un saco, y envió íi Eliacim, m ayordom o de
su casa, A Lobna, su secretario, y á los ancianos de los
sacerdotes en g ran luto á donde estaba el profeta
Isaías, para pedirle sus plegarias. Habiendo recibido
posteriorm ente de Sennacherib cartas llenas de nue­
vas amenazas, el mismo rey subió al templo, y abrién­
dolas á presencia del Eterno, oró y d ijo : «Eterno Dios
de Israel, sentado sobre querubines, tú que ores el Dios
de lodos los reinos, tú que lias hecho el cielo y la tier­
r a , préstam e, Seí»or, tu atención y escucha! Abre los
ojos, mii-a, oye las palabras de Sennacherib. Cierta­
mente los reyes de Asiría h a n asolado naciones im ­
pías, lian echado en el fuego á sus dioses porque no
eran dioses, sino obras de m ano de hom bre, de m adera
y de piedra, y los han destruido. Ahora pues, Seüor,
Dios n u e stro , sálvanos, y que todos los reinos de la
tierra sepan q u e tíi solo eres D io s.» Isaías envió á de­
cir AEzechías: « El Seü.or h a oido tu súplica, y h e aquí
cómo habla á Sennacherib, rey de A siria: La virgen
h ija de Sion te desprecia y te am enaza. ¿A quién has
insultado y blasfemado? ¿A quién has levantado tus
ojos insolentes? Al Santo de Israel, al Eterno es A quien
has ultrajado con tus m e n tira s; has dicho : Con la
m u ltitud de m is canos he subido & la cim a del Líba­
no, he corlado los m as altos cedros, h e abierto fuentes
y lie bebido de sus aguas, y m is piés h an secado los
lag o s; pero tú no salles que yo soy el E tern o , que he

}
>reparado de lejos tu venida desde siglos rem otos : te
íe dejado venir p ara que redujeses á cenizas ciudades
fuertes, y sus habitantes consternados h a n perecido
como la ilor de los campos ó la yerba consum ida antes
SACHADA. 277
de la cosecha. Sabia de antem ano tu m o rad a, tu en ­
trada y tu salida, así como tu arrogancia; y por cuanto
te has levantado to n fu ro r contra m í, pondré m i freno
en tus narices y m i m uerte en tu boca y te haré volver
por donde has venido. Los restos de la casa de Judá
echarán raíces profundas, y producirán frutos en abun­
dancia. De Jerusalen saldrán las reliquias de la nación:
la salud vendrá del m onte de S io n : y el celo del Dios
de los ejércitos h ará todas estas cosas. El rey de Asiría
no entrará en la ciudad, no disparará sus flechas con­
tra ella, ni rodeará sus m urallas con sus soldados ni
sus escudos, n i levantará trincheras contra ella: el
Eterno h a d ich o : Yo protegeré esta ciudad y ]a salvaré
por m í y por David, m i siervo.»
En aquella m ism a noche, vino el ángel del Sefior,
y mató cienlo ochenta y cinco m il hom bres en_ el
campamento de los asirios, y al am anecer no se veian
mas que cadáveres. Sennacherib huyó y volvió á su
país, y estando arrodillado delante de su Dios, en Ní-
nive, sus hijos Adramelecli y Sarrasar, le pasaron á
cuchillo. Por aquel mismo tiempo, Ezechías cayó en­
fermo, y tem iendo la m uerte, dijo: «¡Oh Eterno, no
olvides, te suplico, q u e he cam inado delante de tí con
la verdad, obrado con rectitud y hecho lo que es agra­
dable á tus ojos:» despues derram ó abundantes lágri­
mas. El Señor le respondió por la boca de su profeta
Isaías: «Jefe de m i pueblo, he oido tu súplica, h e visto
tus lágrim as, serás curado, y el tercer dia vendrás ám i
lemplo. Añadiré quince años á tu vida, y te preserva­
ré, como he preservado á Jerusalen.'—¿Qué señal tendré
de m i curación? preguntó Ezechías.—La som bra, dice
el profeta, retrogradará diez grados en el cuadrante
de tu padre Achaz. El prodigio se verificó y Ezechías
recobró la salud.
La reputación, de este principe se habia estendido
m uchísim o, y el rey de Babilonia, Merodac, hijo de
Baladad, le envió diputados con ricos presentes p ara
felicitarle, por el restablecim iento de su salud. Enton­
ces el corazon de Ecechias se hinchó de orgullo, se va­
278 HISTORIA
naglorió de su poder y de sus riquezas, mostró sus te­
soros con una ostentación culpable, que fué castigada.
Isaías volvió y dijo al rey; uEscucna la palabra del
Eterno: llegará un tiem po en que todo lo que h a y en
tu palacio será robado: los tesoros recogidos por tus
padres serán llevados á Babilonia, y nada quedará de
ellos: el Seüor h a hablado. Tus hijos y los príncipes
de tu sangre serán llevados cautivos, y servirán en el pa­
lacio de Babilonia.—Dios es justo, respondió el rey h u ­
m illándose: pueda á lo m enos d u rar la paz m ientras
yo viva.» EL últim o voto de Ezechías íué oido: pasó
apaciblem ente el resto de sus dias y fué sepultado en
el panteón d é lo s reyes. Sucedióle en el trono su in ­
digno hijo Manases,
Este príncipe restableció los altos lugares que su
padre habia destruido, adoró los ídolos de las naciones
esterm inadas por el Eterno, erigió altares á Baal y los
consagro á todos los astros hasta en el Atrio del tem­
plo del Seíior. Consultó los adivinos, derram ó torren­
tes de sangre para colmo de sus abom inaciones, 6 h i­
zo pasar á sus hijos por el fuego (1). El pueblo imitó
sus idolatrías, y el Eterno entonces pronunció este
oráculo terrible: «Estenderé sobre Jerusalen la cuerda
de Sam aría, y el peso de la casa de Achaz. Borraré
á Jerusalen como se borra lo (pie se escribe sobre
tablillas; pasaré y repasaré frecuentem ente la plum a
de hierro sobre ella, para que no quede nada.»
El ejército del rey de Asiria (2) invadió á Judá, se
apoderó de Jerusalen, hizo prisionera á su rey y lo
llevó cautivo á Babilonia. Manasés se hum illó, se arre­
pintió de sus crímenes, y rogó con lágrim as al Eterno.
Dios retardó el tiempo de sus amenazas sobre Judá.

(1) L as tradiciones) ju días añaden, que ilan aees h ilo parecer al


profeta Isaías en un terrible suplicio.
(2) Esto principo que no R4 nom bra en le s libros de los Reyes, es
Eaarhaddon. bljo ae Scnoachcrib* A consecuencia de una la r r a annr-
quiA<n Babilonio. 6e ap o d c ró d e c sU c iu ia d , 7 laB dos granaos capi­
tales del Oriento, N ídítc v Babilonia, fueron ele n u cro reunidas balo
un mismo cetro. E sarhadaon es llamado Asear Aditaud éo el cónon de
Ptolomeo, y Osnnprtr <sn Eftdms. { P r tf m v x . FlitL de to» Jn élo i, lib. i) .
SALi KA.L)\.
Manases recobró su libertad y volvió á Jerusalen, en
donde empleó el resto de un reinado de cincuenta y
dos años, en hacer olvidar las espantosas abom inacio­
nes y crim inal conducta de sus prim eros pasos: derri­
bó los Idolos y ya no adoró sino al verdadero Dios.
Se cree que el profetaJoel llenó su m inisterio bajo
su reinado y se designa tam bién la m ism a época á'la
temible invasión de Holofernes (i) de quien perm itió
Dios que triunfase u n a m ujer. Holofernes, virey de
Asiría (2) habia venido ó. la cabeza de un form idable
ejército, para term inar la conquista del pais de los he­
breos. Puso sitio á Delhitlia, ciudad fuerte, situada en
un monte, y ocupada por israelitas fieles al verdadero
Dios. Holofernes venia de regiones lejanas, arrasadas
por su ejército. Apenas conocia á los hebreos, y ha­
biendo examinado con este objeto á. un tal Achior, jé­
is de los am onitas, éste despties de haber referido bre­
vemente su historia, anadió: «Siempre que han servi­
do á otro Dios que al suyo, lian sido entregados ;i sus
enemigos; pero cuando h an perm anecido fieles á su
Dios, han triunfado de todos sus enemigos. Infórm a­
le. pues, si este pueblo h a ofendido á su Dios: si es así
alaquiémosle y serem os veucedores; pues de otro m o­
do no podremos resistirlo, y seremos la burla de las
naciones.» Con esta respuesta se enfureció Holofernes:
"A ftu de que sepas, dijo él, que no h ay mas Dios en
la tierra que el gran rey de Asiría, cuando hayam os
muerto á lodo este pueblo como si fuera un solo hom ­
bre, perecerás tú tam bién; pero desde este d ia corre-
ras la m ism a su erte.» Achior fué entregado A los habi­
tantes de Dethnlia, les refirió con lágrim as la causa de
su desgracia: le consolaron y le recibieron con am a­
bilidad. Sin embargo, Holofernes atacó la ciudad, hizo

(1) Los libros PQfrradoa no señalan de un modo fljfr 1a fecha de ln


historia de 4udittr. rtflriéndola al tiempo de Manasés hemos adoptado
la opiQion de BoBsuet.
(2) Rste príncipe es llamado NabucodonoM r en el libro de Juditli y
hléB£guik Ptolomeo S a o id vth en , hijo y sucesor deE sarhaddon. Muchos
iilto res creeu que ol nombre de Nabuconodosor lu¿ un titulo Común &
Ja mayor pnrt* d* lo sM /e s de Asirla.
H lST. $ 1 0 . 10
2SU HISTORIA
cortar un acueducto por donde se introducían las
aguas, y bien pronto fueron reducidos sus habitantes
al últim o apuro. Todo el pueblo, hom bres, m ujeres y
niños se presentaron á Ozías que m andaba en IkHhu-
lia y le rogaron que rindiese la ciudad; «Vale m as, le
dijeron, que seamos pasados á cuchillo ó que vivamos
cautivos bendiciendo al Señor, que su frir el largo su­
plicio de esta sed que nos devora, y ver nuestros lujos
y nuestras m ujeres que m ueren á nuestra vista,* Ozías
se levantó, con el rostro bailado en lágrim as, y dijo:
«Tened valor, herm anos mios, y e s p ia d por cinco
dias todavía la m isericordia del Señor. Quizá se com­
padecerá de nosotros y liará b rillar la gloria de su san­
to nom bre.»
H abia en Bethulia una viuda de una belleza es tre­
m ada y de costum bres irreprensibles, llam ada Juáith.
Tres ai ios hacia que se m antenía viuda y vivia en­
vuelta en luto, con sus criadas, en u n a habitación re­
tirada, ayunando lodos los dias, escepto los sábados y
fiestas, y llevando u n cilicio. Habiendo sabido la res­
puesta que O/.las hab ia dado al pueblo, le llam ó cerca
de ella, con algunos ancianos de la ciudad, y recor­
dantes todas las iufidelidades de los hebreos les (lijo,
que ellos habian merecido los castigos que estaban
sufriendo, y que no podían esperar su libertad, sino
convirtiéndose sinceram ente y de corazon a f Eterno,
les previno tam bién que su intención era salir aquella
m ism a noche de la ciudad con u n a de sus criadas:
«Rogad por m í al Seíior, elijo ella, y no Os inform éis
de mi proyecto hasta que yo vuelva.» Hallándose ya
sola Judilh, se cubrió la cabeza de centoa, y proster­
nándose con el rostro inclinado hácia la tierra, dirigió
u n a fervorosa súplica al Eterno: «Señor, dijo ella, es-
tiende todavía lus brazos para nosotros como lo has
hecho en otro tiempo, destruye con tu fuerza la fuer­
za de tus enemigos, y que tu cólera acabe con los que
h an ju rad o profanar tu santuario y derrib ar tu altar:
da A las m anos de nna m ujei el poder de cum plir su
proyecto: confunde al principe y á su servidum bre
SAGRADA.
con m is palabras. T u pod er n o tie n e necesidad, de los
guerreros. Sefior, tú. eres el Dios de los h u m ild es y el
protector de los m as débiles, tú eres el consuelo de los
afligidos: fortifica, pues, m i corazon y q u e sepan las
naciones que eres tú el ú n ico Dios y que no h a y otro.»
Levantóse Ju d ith , se quilo su cilicio, se p erfum ó y se
adornó con los m as preciosos vestidos. La v irtu d divi­
na contribuyó tam bién a l brillo incom parable de sus
encantos, p o rq u e adornándose de este m odo, no cedía
& ningún m al deseo, sin o á u n a piadosa y noble ins­
piración. Salió p o r las p u ertas de la ciudad con tu ia
criada cargad a de algunas provisiones, y d etenida por
los centinelas avanzados de los asirlos, hizo q u e la con­
dujeran á H olofernes. P re g u n ta d a p o r este, respondió
que los israelitas se h a b ia n acarreado su propia ru in a
ofendiendo al Eterno, y que e lla les h a b ia dejado p ara
continuar sirviendo & Dios. «Guando h a y a llegado la
hora de la venganza, dijo ella, yo te lo avisaré, yo
m ism a te conduciré á Jeru salen , y en m edio del p u e ­
blo de Israel, qne estará delante de lí como un rebano
sin pastor.» Estas p alab ras electrizaron á H olofernes,
el cual adm iró la belleza de J u d ith y su sabiduría, y
m andó que la h ic ie ra n en trar en la tienda donde esta­
ban sus tesoros, y que le trajesen m an jares de su m e­
sa. Pero Ju d ith no quiso lom ar p o r alim ento o tra eosa
que las provisiones que h a b ia llevado con ella, y o b ­
tuvo el poder salir d u ra n te la noch e p a ra ovar al Se-
ftor. De este m odo pasó tres dias en u n a tienda sepa­
rada, y p o r la noche salia, se bailaba en u n a fuente
cercana al cam pam ento y o rab a al Seiior, A fin de q u e
no la desam parase e n el designio que h a b ia form ado
p ara lib e rta r á su pueblo. El cuarto d ia H olofernes
dió u n g ran festín en su tien d a, y convidó ¿i Ju d ith .
Vistióse ésta con los trajes m as preciosos, y se p resen ­
té delante de él. A su vista H olofernes, hechizado de
tanta h erm o su ra é inflam ado de im p u ra s deseos, invi­
tó A Ju d ith á com er con él. Fué tan gran d e su a le g ría ,
que bebió m as q u e lo de costum bre, y se d u rm ió cu
su em briague/,. H abiendo llegado la noche, se retira­
Í8 2 HISTORIA
ro n lodos los de su serv id u m b re, y Ju d ith quedó sola
en la tienda de ílo lo íern es, q u e descansaba en su ca­
m a ren dido de sueíio y de vino. Entonces m ien tras su
(¡riada vigilaba la p u erta, Ju d ith oró de nuevo al Se­
ñ o r, despues descolgó el sable de H olofernes, de u n a
colum na de la cabecera de su cam a, diciendo: «¡Oh
E terno! llegó el m om ento, fortifícam e, dam e valor,»
y cociendo á H olofernes p o r los cabellos, le cortó la
cabeza al segundo golpe. Al m om ento salió de la tien­
da y del cam po, llevando consigo la ensangrentada
cabeza y el pabellón de la cam a, eu que yacia tendido
el cuerpo. Se dirigió h á c ia la ciu d ad y gritó á los cen­
tinelas: «Abrid, ab rid , p orque Dios está con nosotros y
h a señalado su poder en Israel.» Los ancianos acuden
á. la voz de los centinelas, se encienden hachas, se
re ú n en alrededor de J u d ith , y subiéndose ésta á u n
p u nto elevado im pone silencio y dice; «Alabad al Se­
fior nuestro Dios, que no h a abandonado á los q u e es­
peraban en él, que h a cum plido p o r m edio de sn sier­
va, la m iserico rd ia p rom etida A la casa de Israel, y
que h a m uerto p o r m i m an o al enem igo de m i p u e ­
blo.» D escubriendo entonces su sangriento trofeo, d i­
jo: «Aquí teneis la cabeza de H olofernes, general del
ejercito de los asirios, y tam bién el pabellón, bajo el
cual le h a m u erto el Eterno, p o r la m ano de u n a m u ­
je r. Dios es testigo de q u e su áng el h a velado sobre
m í, y 110 h a perm itido que su sierva fuese m an ch ad a,
sino que m e h a hecho volver p u ta íi v u estro lado, sa­
tisfecho de su victoria y de n u estra lib ertad . D adle
gracias porque es bueno y m isericordioso en la etern i­
dad.» Todo el pueblo respondió con aclam aciones, y
Ju d ith en su entusiam o, gritó: «Colgad esta cabeza d e
n u estras m u rallas: tom ad las arm as al a p u n ta r el sol,
y salid con g ran d e algazara al en cu en tro de los asi­
rios: encontrarán á su jefe sin vida y les sobrecogerá
el terro r. E ntonces cuándo los veáis h u ir, arrojaos
atrevidam en te en su pei'secucion, p o rq u e el Sefior os
los en treg ará p a ra q u e los piséis.» Los israelitas obe­
decen: al am an ecer salen dando grandes gritos. Los
SAGRAM. 283
centinelas avanzados esparcen la a la rm a , corren ;í la
tienda de Ilolofernes. Vaga o, jefe de los eunucos p e­
netra dentro: á la vista del cuerpo ensangren tad o , sale
sobrecogido de espanto, y n o h a llan d o y a á Ju d ith .
esclam a: «Una m u jer h a confundido la casa y el ejér­
cito del g ran rey: ved a q u í ú. H olofem es tendido en
tierra y sin cabeza.» A estas palabras, se apoderó el
terror de los jefes y del ejército: en todo el cam pam en­
to resonaron clam ores espantosos: los asirios h u y e n
dispersos p o r todas parles, y perseguidos p o r los h e ­
breos que acu d en arm ados y descienden d el m onte,
sonando bocinas y lanzando grandes gritos: el enem i­
go es hecho trizas: Israel se apodera de u n grande b o ­
tín, del cual u n a ric a parte se ofrece á Ju d ith .
Olías hizo q u e se com unicase esta g ran noticia á
todas las ciudades de su reino, líl gran sacerdote vino
de Jerusalen á B ethulia con los ancianos p a ra ver ¡i la
heroina, y le dijo: «Tü eres la g loria de Jerusalen y la
alegría dé Is r a e l; tú eres el h o n o r de nuestro pueblo,
y serás b en d ita p a ra s ie m p re .» La nación se regocijó
treinta dias p o r esta victoria, que le proporcionó largos
años de paz.'
CAPÍTULO V.

Continuación y fin d e los re y e s do J u d á .—M inisterio del p ro feta


Je re m ía s .—Caída y d estru cció n de Kinivc, — Principio d e la
caulividad de Babilonia. — Tonía de Je ru sa le n p o r N ahucodo-
n o so r.—Incendio de la c in d a 1 y d e l tem plo.

pl . nc w e rií» inrt'i
j v s a c jiiu ii.
I Araom- lo slas, Joachaz, Joakira, Joacliiu,
j g cl] CCj a S .

(IV R ayes X X I—X X V . II P aralíp. XXX.HI— X X X V I. L ibro de J e ­


rem ía 5.)

642— 588.

Am m on, h ijo y sucesor de Manases, n o im itó en el


U'oiio m as que los crím enes de su p ad re. S u reinado
fué c o rto : los de su m ism a serv id u m b re co nspiraron
co n tra su vida, y le m a ta ro n en su palacio. El pueblo
hizo m o rir á sus asesin o s, y estableció p o r re y e n su
lu g a r á su hijo Jo sias, de edad de ocho aüos Ni Ma­
n a se s, ni su h ijo A m m on, fuero n en terrad o s en el
panteón de los rey es.
Josias m anifestó m u y p ro n to su celo p o r la re li­
gión. Siendo todavía m u y jo v e n , hizo q u e m a r en las
m árgenes del C edrón los altares consagrados á los as­
tro s y á los falsos dioses: d erram ó la ceniza de los ído­
los sobre la tu m b a de los q u e les h a b ia n ofrecido
in c ie n so , y pro h ib ió la e n tra d a e n el tem plo á los levi­
tas que h a b ía n sacrificado en los altos lu g a re s: des­
pues de h a b e r purificado de este m odo á Jeru salen y á
SAGRADA. ?85
Judá, volvió el jóven rey sus m irad as h á c ia el an ticu o
reino de las trib u s de Isra e l: re c o m o el país como
vengador de la le y divina, derribando p o r todas parles
los ídolos im puros, é inm olando sus sacerdotes en sus
altares : vino á B e th e l, y destruyó a llí el a lta r lev an ­
tado p o r Jeroboam : h ú o c a ta r las sepulturas del m on­
te, sacó de ellas los huesos de los adoradores de los
ídolos, y los hizo q u em ar sobre los restos de aquel al­
iar p ro fa n a d o ; pero Josias respeto los huesos del h o m ­
bre de Dios, que h a b ia venido eu o lio liem po de Judá
á Betliél, y h a b ia p ronunciado osle oráculo en presen­
cia del im pío Jeroboam : «A liar, a lta r, nacerá un h ijo
en la casa de D a v id : su n om b re será Josias : inm olará
sobre tí á los sacerdotes de los altos lu g ares que le in ­
ciensan, y sobre tí q u em ará los huesos de los m u e r­
tos (1)». E sta a n tig u a predicción acababa de cum ­
plirse.
Los trabajo s que .Tosías h a b ia dispuesto qne se h i­
ciesen en el tem plo de .leru salen , dieron lu g a r íi n u
gran descubrim iento. El pontífice H elcías encontró rui
libro de la le y , q u e se supone ser autógrafo de Moisés;
el vey lo le y ó , y h ab ien d o visto los castigos con q u e
se am enazaba á la infidelidad d el pueblo, dio grandes
señales de tristeza, y envió á cónsul tai con este m otivo
á im a santa m u je r y profetisa, llam ada H uida, la cual
dió esla respuesta en nom bre del E te rn o : «Decid al
hom bre que os h a enviado: he a q u í , v oy á h acer que
caigan sobre esla ciudad y sus h a b ita n te s lodos los
males predichos en el lib ro 'q u e acaba de leer el rey en
Judá , porque su pueblo me h a abandonado p o r otros
dioses. En cuanto á tsl, porque su corazon se n a h u m i­
llado y h a llorado delante a e m í, yo le he escuchado,
dice el E terno ; yo lo re u n iré á sus antepasados, repo­
sará en paz en su s e p u lc ro , y sus ojos n o verán los
m ales que h aré caer sobre la ciudad.»
In struido de esta respuesta, hizo Josías convocar A
todos los ancianos de Ju d á y de Jeru salen , & los sacer-

(1) in,BflyeR,XIlT, 2.
m sTonu
dotes , á los profetas y al p u eb lo : subió al tem plo y
leyó delante de todos el libro de la Alianza, hallado en
la c a s a del Señor. Despues, adelantándose h ácia el ca­
m ino , hizo ju r a r á los testigos de esta escena im po­
nente que se u n iría n al E te rn o , g u a rd a ría n su s m a n ­
dam ientos , y observarían todas tas palabras de este
libro. Josias acabó de p u rificar su re in o y de estirpnr
la idolatría, y á im itación de su abuelo Ecechias, hizo
celebrar u n a pascua solem ne , á la cual fueron convi­
dados los últim o s restos del pueblo de Dios, en la an­
tigua com arca de Israel. Jam ás desde los tiem pos del
profeta Sam uel h a b ia sido celebrada m as dignantetH-e
esta fiesta. Sin em bargo, la corrupción h a b ia p e n e tra ­
do dem asiado en Judá, p a ra que el ejem plo de u n rey
piadoso pudiese cu ra r la llaga de m u ch o s s ig lo s, y el
reinado de Josias 110 hizo m as que d ila ta r los castigos
tantas veces anun ciad o s, y que la lu c h a del Egipto y
de la Asiría contrib u y ó sin d u d a á su sp en d er p o r al­
gú n tiem po, listos dos im perios se d isputaban el Orien­
te : Josias provocó, quizá im p ru d e n te m e n te , el poder
de Nechao, rey de Egipto, y quiso cerrarle la entrad a
de la Asiría á donde llevaba la g u erra. S u ejército e n ­
contró <í los egipcios en los llanos de M agedo, y la ba­
talla l'ué san g rien ta. Josias, que se h a b ía disfrazado
p ara p elear, lu é h erid o de u n a Hecha, y se le llevó á
su capital donde m u r ió , habiendo sidu en terrad o , se­
g ú n el orácu lo , en la tu m b a de sus p adres. L a Escritu­
ra dice, q u e , ni antes ni despues de é l, h u b o u n rey
qne se le pareciese.
Poco tiem po despues de Josias, la m ano del Se­
ñ or cayó sobre Jerusalen y su pueblo. Jo ach az,h ijo y
sucesor de Josias, abandonó sus cam inos p o r los de
sus im píos predecesores, y apenas h ab ia reinado tres
m eses, cuando cayó en poder del rey N echao, que le
im puso un trib u to enorm e, lo llevó cautivo á Egipto,
y estableció p o r re y en su lu g a rá su h erm an o Joakim
m as culpable todavía.
Una n u e v a revolución acababa de d e rrib a r para
siem pre la a n tig u a Nírrive. ttú n a ld a n , h ijo de Saos-
SAGRADA- 287
ditchin, y segun otros, Sarac, últim o rey de esta ca­
pital, h a b ía confiado u n ejército al jefe caldeo Nabo-
polosar, p a ra rep elar u n a invasión de Oyaxares, rey de
Los m edos. Fué encanado: los caldeos ó babilonios se
unieron A los m edos: m arch aro n contra N ínive, la to­
m aron y la destru y ero n de cabo á cabo, seiscientos
diez años poco rnas o m enos, antes de la era cristia­
na. B abilonia reiu ó desde entonces sin rival en Orien­
te, y este im perio se llam ó indistin tam en te Ja Asiría
ó la Caldea (1).
Acercábase la época seíialada p a ra la caida de Je­
rusalen, y Dios hab ia escogido á Jerem ías, h ijo de
Helcias, para a n u n c ia r al pueblo sus oráculos. Este
grande h o m b re, era u n jóven levita de AnaLholh,
ciudad de B enjam ín, y fué llam ado & su santo m in is­
terio, bajo el reinado de .losías. Aun 110 luiliia c u m ­
plido diez y seis anos, cuando le dijo el Eterno: «An­
tes de haberte form ado en el seno de lu m adre, te h e
conocido: antes de tu nacim iento le h e consagrado, y
nom brado profeta para las naciones. H ém e aquí, res­
pondió Jerem ías, q u e n o sé absolutam ente h a b la r
porque no soy m as qu.e u n n iñ o .—T ú irás, replicó el
Seüor, á c u an tas p artes le envíe, y dirás todo lo que
yo te o rd e n a re : presén tate sin tem or delante de los
hom bres, po rq u e yo estoy contigu.» Jeho v ah tocó los
labios de Jerem ías: «He puesto, dijo él, m i palabra en
tu boca, y he aquí q u e h o y te h e sobrepuesto á las
naciones y á los reinos.» El Eterno p reguntó despues:
«¿Qué ves, Jerem ías?—Veo, lespondió el p ro fe ta , u n a
ram a de alm en d ro .— Así como esla ram a está para flo­
recer, repuso la voz divina, asi ap resu raré el cu m p li­
m iento de m i am enaza. ¿Qué ves?— Yo veo u n vaso h u ­
meando y en treab ierto p o r el lado del aq u iló n .— Este
es el aq u iló n , respondió Jehovah., que traerá el m al so-
(1) No tenem os sin o nocloneR m u y osc u ras Robre la historia, d é la s
nos pran d ee revoluciones (]4>] im perio de Aairia. Los h isto riad o res
BA^TAdos d ú esplican onda acerca do p u n to , y los p ro fan o s se
ccntradioftQ Siu em b arp o , convenía cotejarlos eu c*t» opra p a ra la
inteligeucifuU? la Hi&tori'a S ag rad a, y heunos preferido se g u ir A flosüuet
Al describir la calda de Nm lve.
288 HISTORIA.
b re esla tierra; convocaré lodos los pueblos de los r e i­
nos del aq u iló n , establecerá cada uno su tro n o á la
en trada de las p u ertas de Jeru salen , al red ed o r de sus
m urallas, y en todas las ciudades de Ju d á, y p ro n u n ­
ciaré m is juicio s contra los que m e h a n abandonado,
los que han hecho libaciones á los dioses estraüos, y
los que h a n adorado las obras de sus m an o s. Tú,
pues, ciñe tu c in tu ra , levántate, llévales m i p alab ra y
yo disiparé tu te m o r ante su presencia. Yo le establez­
co h o y com o u n a ciudad Tuerte, com o u n a co lu m n a
de h ie rro y como u n m u ro de Tironee, con tra los r e ­
yes de Judá, contra sus príncipes, su s sacerdotes, y
sn pueblo; se esforzarán co n tra ti y n o prevalecerán
p o rq u e estoy contigo (1).»
Jerem ías obedeció, y n o dejó de profetizar h a sta
la caida de Ju d á. Dajo el reinado de Jo ak in i, anunció
en el tem plo m ism o "la ru in a de Jeru salen , y estuvo
espuesto á ser v ictim a del l'uror p o p u lar. Un o tra oca-
sion tuvo q u e re c u rrir á u n em blem a p a ra im presio­
n a r m as fu ertem en te los ánim os: se hizo se g u ir al va­
lle de Eimon p o r los sacrificadores y a n c ia n o s , y allí
en su presencia, rom pió u n a v asija de tierra, decla­
ran d o que la m an o de Dios ro m p ería del m ism o m o ­
do A Jerusalen y á Judá: despues volvió al tem p lo , y
de pié, en p resen cia de todos rep itió estas tem ibles
profecías q n e le p u siero n de nuevo en p elig ro de
m u e rte (2). P redijo que la cautividad de los ju d ío s en
B abilonia d u ra ría setenta años, y que despues la m is­
m a B abilonia seria destru id a. Pero Jo a k im perseveró
en su ceguedad y arro jó á las llam as la coleccion de
las siniestras predicciones de Jerem ías, dictadas p o r
él, y escritas p o r su discípulo B aruch. Este acto sacri­
lego acarreó al m o n arca u n a senten cia n u e v a y m as
terrible. Corriendo á su p erd ició n A pesar de tan tas
advertencias, abrazó el partido de! Egipto con tra la
A siría, c u y a venganza atin jo sobre Jeru salen . Un

(1} Jerem ías, cap. I.


i?) Jcrcm lns, cnp. I.
SA.GHA.DA. m
ejército num eroso m arch ó contra é l , m an d ad o p o r
Ñabucodonosoi* II, qne su p ad re N abopolosar h ab ia
asociado al trono. Jeru salen fué sitiada, lom ada y sa­
queada: un g ran n ú m e ro de ju d ío s y m u ch o s de los
principales de la nació n , fueron llevados cautivos a l
país de B abilonia. El re y Jo ak im , cargado a l p rincipio
de cadenas, obtuvo su libertad , haciéndose trib u tario ;
ero no hizo m e jo r uso de ella y acabó en la im p ie-
S ad u n rein ad o de once afios : desde la to m a de Je ru ­
salen, y bajo su rein ad o , (latan los setenta aüos de la
cautividad profetizada por Jerem ías. Joakim tuvo por
sucesor y p o r im itad o r A su hijo Jechonias ó Joachin,
ue no subió al trono sino p a ra b a ja r de él. N abuco-
3 onosor volvió íi sitia r ú. Jerusalen: Jo ach in estrech a­
do por sus enem igos, y desesperado de poderle h acer
frente, 1© salió al en cu en tro con su m a d re , sus cria­
dos y los,'jetes de su ejército. El rey de Babilonia lo
recibió b ien , y asi que le tuvo en su poder, entró co­
mo vencedor en Jeru salen , saqueó el tem plo y el p a ­
lacio, rom pió los vasos de oro consagrados p o r Salo-
ííion, y llevó caulivos al re y , A los prin cip es, íi los
hom bres m as valientes é industriosos del rein o , en
núm ero de diez m il, conduciendo con ellos á Babilo­
nia, gran cantidad de vasos sagrados y otros objetos
preciosos, de que despojaron el tem plo; despues esta­
bleció en Jerusalen y en lu g ar de Jo a c h in á su lio
Mathanlas, á q u ien proclam ó rey bajo el n o m b re de
Sedeclas.
Este príncipe ta n ciego como sus predecesores, si­
guió sus culpables cam in o s: se dejó a rra stra r de las
ilusiones de su o rg u llo , é intentó lib ra r el cetro de
Judft, cuando Dios se p rep arab a á. destru irlo p a ra siem ­
pre. Jerem ías prosiguió con celo, d u ra n te este re in a ­
do, su doloroso m inisterio . «Tú m e h a s seducido, ioh
Eterno! dice el profeta en la a m a rg u ra de su a lm a y
yo no he podido resistir, y soy el blanco de las b u r­
las de los h o m b res, p o rg u e cada vez que hab lo , escla­
mo; ¡ruina y desolación! y m e h a b ia dicho á m í m is­
mo; yo no n o m b ra ré m as al Señor: no h a b la re m as
200 H ISTORIA

en su nom bre: y h e sentido como u n fuego ardiente


encerrado en m is h u e so s, y no h e podido resistir
su violencia (I).» EL profeta co n tin u o su s siniestras
predicciones: ad v irtió , au n q u e en v a n o , á Sede-
cías en los térm in o s m as v eh em en tes, q u e n o se
apoyase en el Egipto, n i en n in g u n o de los pueblos
vecinos, q u e p ro cu rab an a rra stra rlo á u n a lig a contra
la Asiría: reveló con u n em blem a sorp ren d en te la im ­
potencia de sus esfuerzos, y se presentó u n d ia en pu­
blico, con el cuello cargado de u n y u g o , y apretado
con lazos, en señal de la dom inaciou q u e Nabucodo-
nosor lia n a p esar sobre los pueblos de Asia. Sin em ­
bargo, los falsos profetas fom entaban las esperanzas in­
sensatas de la n ación. Uno de ellos llam ado H ananías,
arrancó el y u g o llevado p o r Jerem ías, lo rom pió y
gritó en presencia del pueblo-. «Ved aqui lo q u e dice
el Eterno: asi es com o eu dos aüos ro m p eré el yugo
de N abucodonosor, rey de B abilonia, y lo q u itaré del
cuello del pueblo-» Jerem ías se alejaba-, pero llam ado
repen tin am en te p o r la voz d iv in a respondió: «llana-
nías, tú has roto u n yugo de m adera; pero haciendo
esto forjarás otros de h ierro , porque así h a b la el Señor
de los ejércitos, Dios de Israel: Yo h e puesto u n yugo
de h ierro en el cuello de lodo este pueblo, á fin de
que esté sujeto al re y de B abilonia: yo 110 te he envia­
do, H ananías, y tú eres causa de que es le pueblo h a­
ya puesto su confianza en la m en tira, p o r c u y a razón
m o rirás este aüo.» Ksta p alab ra Tué cu m p lid a, y Ha-
nanías m urió el m ism o año en el sétimo, m es.
No solo p re d e c ia el pro feta con tra J e ru s a le n , sino
que sus predicciones eran ig u alm en te sin iestras con­
tra sus vencedores: «Yo h a ré que se levante, dice el
E terno, un viento d estru cto r co n tra B abilonia y sus
h abitantes, cuyo corazon está engreído: env iaré pue­
blos que la a v en tarán y caerán sobre ella p o r todas
p artes en el dia de su adversidad. B abilonia, tú eres
en m i mano el m artillo, con el cual rom po las n a-

(1) Jeremías XX.


SAGRADA. 291
d o n es y destruyo los reinos, y adem ás de esto h aré
caer sobre tí todos los m ales con que h a s afligido á
Jerusalen. Yo vengo A tí, ¡oh m oute de iniquidades,
<jne te h a s elevado p a ra la ru in a de la tie rra , estende­
ré sobre tí m i m ano, h a ré volar tus peñascos, te con­
sum iré po r el fuego, y y a no serás m as que u n de­
sierto. Alzad, pueblos, el estandarte, sonad la tró m ­
pela, llam ad c o n tra e lla á los reyes y su caballería.
Que las naciones se a rm e n , y que la tie rra se estre­
mezca, poi que la cólera del Señor se h a desencade­
nado contra B abilonia,.. . ¿Cómo es que h a caido esta
famosa ciudad? ¿Cómo se h a hecho el asom bro de las
naciones? El m a r la h a cub ierto con sus olas...... Un
gran grito sald rá de Babilonia, p o rq u e v en d rá contra
ella el destructor: el Eterno la tratará según su s m éri­
tos: él h a dicho: em b riag aré A sus prin cip es, á sus sa­
bios y A sus e u errero s, los cuales se d o rm irá n , y 110
volverán á d esp ertar »
Así respondía el pro feta A los q u e le den u n ciab an
como pagado p o r los enem igos de su n ación. Escribió
en n n libro todas las calam idades que d ebían caer so­
bre Babilonia: entregó este escrito A S araías, enviado
como diputado A esto ciudad: le recom endó que lo le­
yese á sus herm anos cautivos en este p aís, y añadió:
«Cuando h ay a n oido la lectura de este lib ro , tü , Sa­
b ia s lo atarás á u n a pied ra y lo arro jarás en el Eufra­
tes, diciendo: así será sum ergida y d estruida p a ra siem ­
pre, Babilonia.»
Pero B abilonia no deb ia caer sino m u ch o despues
que Jerusalen, y cuanto m as se acercaba el tiem po,
mas claras y am enazadoras eran las profecías. Hti aquí
como habla' el profeta H abacuc(1) de las iniquidades
de aquel tiem po, y la p in tu ra q u e h ace de los pueblos
nómados de la Caldea llam ados pava castigarlos: «La
ley es quebran tad a, esclam a, y los ju icio s son inútiles:
el im pío prevalece contra el ju sto , y por todas partes

, fll Todo conduce & creer ctue el p rofeta Habdcuc vivía en. tiem po
del rey Seóecios. i r
HISTOLUA
se pro n u n cian sentencias de iniq u id ad : m irad , estad
atentos y estrem eceos: p orque e n vuestros dias se cum­
p lirá la obra q u e no en co n trará m as que incrédulos.
Hé a q u í que yo lev an taré ¡i los caldeos, pueblo cruel
y veloz, que corre sobre la tierra y posee tien d as que
no son suyas-, pueblo terrible y salvaje que no obede­
ce m as que a sí m ism o . Sus caballos son m as ligeros
que leopardos y m as corredores q u e el lobo que se
aesliza en la oscuridad. Sus caballos se dispersan de
todas parl.es, acu d en de lejos, y se p recip itan como el
ág u ila qu e se a rro ja sobre su presa; todos v ienen al
botin: su presencia es como u n viento abrasador, reú ­
nen los cautivos com o las are n a s del desierto: el cal­
deo triu n fa de los reyes, in su lta £Llos p rin cip es, se rie
de las m u ra lla s, ab re brech a, e n tra eu La plaza, y su
orgullo crece siem pre: h é aquí su D ios...... Seiior, el
caldeo cum ple tu justicia y tú le h a s h e ch o fu erte p ara
c a stig a r.»
Todos los .esfuerzos de los profetas fu ero n inútiles:
n in g u n a adv erten cia bastó p a ra ilu stra r á Sedecias; y
el noveno año de su reinado, poniendo su confianza
en el re y de Egipto, faltó á la Té ju ra d a á Nabucodo-
nosor, y le negó el trib u to acostum brado. Bien pronto
el ejército asirio, in stru m en to de las venganzas del cie­
lo, m arch a con tra Jeru salen . Todas las plazas de Judá,
escepto Lachis y Achisa, caen en su p o d er, y es sitia­
da la capital. Sedecías entonces, en v ía á p ed ir las sú ­
plicas del profeta, cu y o s oráculos h a b ia despreciado.
Jerem ías v a á en co n trar al rey tem erario, y pronuncia
delante de él estas p alabras: «Hé aquí lo que dice el
Señor, Dios de Israel; Yo e n treg aré esta ciu d ad en m a­
nos d el re y de B abilonia, que la q u em ará: tú 110 te es­
caparás, serás cogido, y entregado á él: lus ojos verán
sus ojos, tu boca h a b la íá á su boca, y en trarás, en
Babilonia; sin em bargo, no m o rirá s al filo de la espa­
da. Pero se q u em arán sobre tu cuerpo perfu m es como
se lian qu em ad o p o r los reyes tus predecesores, y se
h a rá el duelo p o r lí g ritando: ¡Ay! ¡ay! este principe
y a no existe.»
SAGRADA. 293
Se estaba entonces e n u n afto sabático, y sea p o r
temor religiosot sea por engrosar su ejército, el rey
hizo (ji¡e se renovase una a n tig u a ley de Moisés, que h a ­
bia caido en desuso, y p o r la cual se d ab a la libertad
á los esclavos h ebreos cada siele a tíos despues de seis
de servidum bre. Pero b ien pronto despues el ejército
asirio, hab ien d o levantado el sitio p a ra m a rc h a r al en­
cuentro del re y de K gipto, Sedecías y su pueblo se
creyeron libres, y despreciando la ley divina, re d u ­
jeron á cadenas A los esclavos que h a b ia n sido pues­
tos en libertad . Jerem ías anunció la v u elta d el ejér­
cito asirio. «El volverá, dijo, y cuando vosotros
los hay ais d errotado y cuando no h a y a n quedado
mas que algunos h erid o s, se rep o n d rán y p re n d e rá n
Fuego A esta ciudad (J).» De este m odo el profeta, fiel
á su m isión, irrita b a con tristes am enazas, á sus in ­
crédulos enem igos. Le cogieron estos un d ia fu era de
la ciudad, y acusándole falsam ente de q u e se pasaba á
los enem igos, los jefes h icieron que lo apaleasen, y lo
metieron en un calabozo. El re y 110 aprobaba estas
violencias: pero era dem asiado débil, ó dem asiado co­
barde p ara castigarlas: asaltado de secretos terrores, y
hum illándose y a bajo la m ano celeste, hizo Lr en se­
creto á Jerem ías á su palacio, y le dijo: «¿Tienes algo
que anunciarm e de p arte del Seüor?— Sí, respondió el
profeta:» y j-epilió: «Serás entregado en las m anos del
rey de Babilonia: ¿donde están a h o ra tus profetas q u e
te deciau:JEste rey n o ven d rá contra tí?» Afectado con
estas palabras, y de la súplica que le dirigió Jerem ías,
Sedecías duleílicó su cau tiv id ad y proveyó á su subsis­
tencia.
Otras predicciones n o m enos terrib les estab an de
acuerdo con las de Jerem ías ert aq u el tiem po, y m a n ­
tenían ¡i los h ebreos dispersos en Asia, p o r consecuen­
cia de las invasiones precedentes, en espectacion de
los grandes acontecim ientos anunciados á su s padres,
despues de nueve siglos p o r la boca de Moisés. E ntre

(1) Jeremías, XXXVII, 1 - 9 —10.


H lSTO M A

los cautivos llevados á l a A siria con el rey Joachin,


estaba el profeta Ezequiel. Dios perm itió que p o r em ­
blem as conocidos, revelase á los desterrados los peli­
gros, la allir,cion y líi ru in a que am enazaban ¿ Je ru sa ­
len . A lgunas veces fe e q u ie l interrum pía. sus cantos lú­
gubres, y sus in com parables im precaciones, con lar­
dos ay u n o s, y con todas las señales estertores, de la
aflicción y del llanto (I). Un dia hizo á la vista, del
pueblo todos los preparativos de u n viaje. Agujereó la
pared de su casa, y llegada la n oche, se hizo sacar por
esta a b e rtu ra cubierto el rostro con un velo, y pro­
nunció este célebre oráculo: «El Eterno h a dicho: Este
an atem a pesa sobre el jefe que eslá en Jerusalen y so-
i r é toda La casa de Isra e l......Así sald rán de su s casas
é irá n cautivos: el jeíe que se h a lla con ellos, será lle­
vado en hom bros, saldrá, en la oscuridad, se agujerea­
r á la m u ra lla p a ra que se escape, su rostro será cu­
b ierto , no verán la tierra sus ojos, se rá cogido en mis
redes, lo llevaré á Babilonia, á la tie rra de los caldeos,
110 la verá y m o rirá allí.»
Estas am enazas profétteas iban, s in em bargo, acom ­
pañadas de consoladoras p rom esas, y en la víspera
m ism a de la ru in a de Jeru salen , an u n ció Jerem ías su
restablecim iento y la v u elta de los hebreos. E staba en
la cárcel por órden de Sedecías y los g ran d es del rei­
no, cuando la vo* d iv in a le ordenó qne com prase el
cam po de H ananeel, su parien te, cerca de la ciudad de
A m athath, en la trib u de B enjam ín, entonces en po­
der de los enem igos. Jerem ías abedeció: com pro el
cam po y puso el contrato de adquisición en las manos
do Baruch con órden de encerrarlo cuidadosam ente en
u na vasija de tierra, á fin de q u e no se perdiese: «Por­
que h é aquí, dice Jerem ías, lo que m e n a hecho saber
el Seiior: todavía se co m prarán casas, cam pos y viñas
en esta tierra.» Renovando Dios al profeta la serie de
los antiguos oráculos revelados á Moisés, le dijo: «Ani­
quilaré esta ciu d ad á causa del m al q u e los h ijo s de

<1) K z c iu lc l, III, 1 7 -1 4 .
SAGRADA. ÍU5
Israel y de Ju d á, sus príncipes y sus sacerdotes h an
cometido; pero re u n iré á los L abitantes de todos los
países en que los he dispersado, los ju n ta ré en este
mismo lu g ar, les d aré á todos u n m ism o corazon, y les
haré m a rch a r p o r el m ism o cam ino, i\ fin de que me
Leman y sean felices ellos y sus hijos. Serán m i pue­
blo y yo seré su Dios.»
Siií em bargo, los asirios h a b ia n yuelto y estrech a­
ban el sitio con rigor: cercaron la ciudad, de m á q u i­
nas de guerra, á. fin de in tercep tar to d a com unicación
con el esterior, y bien pronto el h am b re ejerció sus
r i"o res-, m u c h a s facciones dividían la ciudad: la de los
grandes d o m in ab a al rey; y eran ellos especialm ente
los que escitabau á. Sedecías p a ra que hiciese m o rir A
Jerem ías,
A cusáronle delante de este débil m o n arca de que
desanim aba al pueblo con sus predicciones am enaza­
doras: Sedecías se lo entregó, y Jerem ías fué arrojado
á un hondo foso, e n donde p erm aneció sepultado en
el fango y condenado á perecer de h am bre; pero Dios
velaba por su siervo: u n h o m b re ju sto , ¿\Jbdemelech,
hizo que el rey se avergonzara de su debilidad: por
urden su y a arrancó al pro feta de los h o rro res de su
calabozo, y Jerem ías perm aneció cautivo en el ves­
tíbulo de sil p risió n h asta concluido el sitio.
Jerusalen, presa del h am b re y de la g u erra, estaba
reducida al ú ltim o apuro; pero la facción dominante,
persistía en su ceguedad: en vano Sedecías, desespe-
í'ado hizo todavía lla m a r á Jerem ías y le pidió consejo:
el profeta le señaló el único y últim o cam ino de su
salvación en u n a sum isión v oluntaria; pero Sedecías
temía á los desertores y recelaba q u e lo entregasen á
ellos. «Tu 110 serás entregado á ellos, respondió Jere­
mías: sal p u es, y m arch a á los caldeos, sin o , repitió
ol profeta todavía u n a vez, ellos llevarán tu s m u jeres
y tus hijos, tú no te escaparás, te cogerán, y esta c iu ­
dad será entregada á las^llamas.» El desgraciado m o ­
narca agitado p o r tantos peligros, estrechado en el es­
terior por el enem igo, y subyugado en el in te rio r por
H is r. S a h . "¿i
HISTORIA
lijs jefes del pueblo, desheredado de la fe e u las pala­
bras divinas, no se atrevió ni a u n ¡i confesar las que
acababa de oir, y m andó al profeta que guardarse se­
creto acerca de esta ú ltim a entrevista. Sii h o ra y la de
Jerusalen estaban próxim as. En el q u in to d ia del c u a r­
to m es del undécim o aüo de su reinado, fué abierta la
brecha y el enem igo penetró e n la ciu d ad d u ran te la
noche. Sedeólas con u n a porción de soldados salió por
m ía p u erta de los jard in es y ganó el cam ino del desier­
to, l’ero los caldeos le p ersig u iero u y le cogieron en
el llano de Jericó: fue; conducido &N abucodonosor que
pronunció su sentencia: sus h ijo s, los príncipes y los
jefes de Ju d á íu e ro n degollados delante de él: el ven­
cedor hizo q u e le sacasen los ojos, lo cargó de cadenas
y lo llevo á B abilonia, en d onde el desgraciado Sede-
cías perm aneció eu la cárcel h asta el d ia de su m u e r­
te. Así se cum plió la predicción de Ezequiel acerca de
este prín cip e...... Será llevado á la tierra de Rabilonui,
im ta verá absolutamente, y m o rirá en ella.
Al ano siguiente N abuzardan, general de los e jé r­
citos de N abucodonosor, devastó á Jeru salen y la en­
tregó á las llam as. El palacio de los reyes y el tem plo
del Kterno perecieron e n el incendio, y sus tesoros fue­
ro u llevados á Babilonia. N abuzardan condujo á p re­
sencia del re y cargados de cadenas al pontífice Saraías
y Sephoilías, segundo sacrificador, con otras m uchas
personas de distinción. El rey las hizo c o n d en ar á
m u e rto ,y N abuzardan llevó cautivas m ía m u ltitu d , no
dejando al país de Ju d á sin o los m as pobres del p u e­
blo para que lo cultivasen. Godolías fu é nom brado
gobernado^ de aq u ella com arca. Recibió orden de tra­
tar con distinción y con el m a y o r m iram iento al pro­
feta Jerem ías, dejándole la elección de su retiro. Jere­
m ías no quiso n i separarse de sus herm anos, n i aban­
d o n ar las ru in a s de su patria. (Todolías gobernn pocos
dias: Ism ael, príncipe de la raza real de Ju d á, le mató
á traición é hizo perecer u n g ran n ú m e ro de judíos
que le estaban som etidos. El h o rro r de este atentado
sublevó contra él íi sn propio pueblo ; Ism ael no reco-
SA M A D A . 207
"¡ó el lin io de su crim en, y se vió obligado á h u ir al
país de los am onitas. Entonces los débiles restos del
pueblo hebreo, tem iendo u n a nu ev a invasión, y sordos
á las exhortaciones de Jerem ías, buscaron u n refugio
en Egipto, en donde se ab andonaron ¡1 todas las ido­
latrías de las naciones reprobadas. El profeta fuú con­
ducido cuando la h u id a de su pueblo, y se supone que
m urió en el E g ip to ; pero antes de dejai su asolada pa­
tria hizo oir algunos cantos lam entables sobre Jern sa-
len, á quien llam a la vú-geu de Sion y la h ija de Judá:
se sentó, dice la E scritura, d erram ando lágrim as, y
lanzó estos gritos de d o lo r:
«¿Cómo se llalla hoy desierta esla ciudad tan po­
blada en otro tiem po ? La rein a de las naciones ha
quedado viuda, la señora de las provincias h a sido es­
clavizada y pasa las n oches en la adicción : su rostro
está bailado en lágrim as, y de lodos aquellos á quie­
nes a m ab a no h ay uno solo que la co n su ele......Las
calles de Sion están enlutadas, porque nadie concurre
á sus solem nes tiestas; sus puertas destruidas, sus ene­
migos se h a n elevado sobre ella, los qu e la aborrecen
se h an enriquecido, porque el Señor la h a condenado
por la m u ltitu d de sus in iq u id a d e s: sus hijos h a n sido
llevados cau tiv o s: la h ija de Sion h a perdido toda su
belleza: sus príncipes andan errantes com o ovejas sin
pastor, y se postran delante del enem igo débiles y aba­
tidos......El Eterno h a derribado todo lu que era fuerte
en Jacob, h a echado p o r tierra e n su fu ro r tas m urallas
de la hija de Judá, y h a cubierto de ignom inia al re i­
no y á sus príncipes......El Seíior h a derribado su altar,
ha m aldecido su san tu ario , h a estendido su cordel so­
bre Sion, y antes que hubiese m ovido su m ano lodo
estaba derribado. Mis ojos se h an secado á fuere a de
llorar, m is entrabas se h an despedazado, y m i corazon
ha sido traspasado de dolor al ver la ru in a de la h ija
de m i p u e b lo ..... ¿Cómo se h a oscurecido el oro? ¿Co­
mo se han dispersado las piedras del santuario? ¿Y poi­
qué han sido m irados como vasos de arcilla los nobles
Hijos de Sion?...... Ya no h ay ancianos en n u estras
S98 HISTOMA
asam bleas, n i jóvenes en n u estro s c o n c ie rto s; la ale­
g ría de nuestro corazon se h a e s tín g u id o , y nuestros
cantos de alegría se h a n cam biado en lam entaciones.
La corona se h a caído de n u estra cabeza. \ Desgracia­
dos de nosotros! ¡desgraciados p o r h a b e r pecado! nues­
tros ojos se h a n oscurecido y el m onte de Siou se ha
destruido; pero til, Eterno, vivirás siem pre, y tu trono
subsistirá p o r toda u n a eternidad.»

H istoria de Tobías (I).

720 — 618.

Tobías, de La ciudad de N ephtalí, fué de los q u e el


re y S alm anasar llevó cautivos ;í la Asir ia despues de
la conquista d el rein o de Israel, Su h isto ria , u n a de las
m as tiern as de que se h a hech o m en ció n en las santas
tradiciones, nos p resen ta com o la de Job en los m ales
de esta vida, p ru eb as saludables, y nos d a en La dulce
resignación de un ju sto afligido u ñ ejem plo constante
de paciencia y de piedad.
Tobias desde su m as tie rn a ju v e n tu d se h ab ia dis­
tinguido por su fé y p o r su caridad. Evitaba todo trato
con los que d o blaban la ro d illa ante los becerros de
oro de Je ro b o a m : solía ir á Jeru salen á a d o ra r al Se­
ñ o r, observando fielm ente la ley d iv in a , y no in ter­
ru m p ió absolu tam en te sus santas prácticas ni en los
dias de sus m as crueles aflicciones. T u ro de Ana, su
m u je r, u n h ijo , al cual p u so su n o m b re, y desde su
infancia le ensenó & tem er & Dios y á abstenerse de
todo pecado.
Despues de la caída de Sam aría fué llevado cautivo
con los suyos á la ciu d ad de N ínive. Allí n o q uiso se­
g u ir, com o la m ay o r parte de su s com pañeros de in -

(1) E s ta h isto ria per ten ecc á la de la cautivEd aci de la s diez trib u s de
Israel, y á los tiem pós que h an prc-ccúido á la ru in a de Jeruealen y de
T S in m o ajo S ed eao s. Ino lab u rn o s referido a n te s .á fln de n o in terru m ­
pir la-se rle de lo» h istó rico s en el reino de Judá.
SACHADA. 299

foi’tu n io , n in g ú n uso co ntrario á la ley de M oisés, y


por cuanto se acordó de Dios en su corazon, Dios le
tiz o encontrar gracia delante de Salm anasar. Tobías
obtuvo su libertad, y se aprovechó de ella p ara visitar
á sus herm anos cautivos, socorrerlos con sus bienes y
darles saludables consejos. Él alim entaba á los que no
tenían pan, los vestía, y te n ia cuidado de en te rra r los
m uertos. Pero S ennacherib, sucesor de S alm anasar,
habiendo salido de .Tudea despues de la plaga con <pie
Dios hab ía castigado á su e jé rc ito , volvió A NMnive ir ­
ritado contra los hijos de Israel, <' hizo m o rir á m u ­
chos. Tobías les dió sep u ltu ra, y el rey, irritado de esla
acción, ordeno la m u erte del .justo. Tobías h u y ó con
su m ujer y su h i j o , y perdió lo que p o s e ía ; pero h a­
biendo sido asesinado Sennacherib p o r sus hijos , T o ­
bías volvió A su casa y recobró sus bienes.
Algún tiem po despues, u n d ia de fiesta solem ne
hizo Tobías p rep arar u n festín, y dijo á su hijo : « Vé,
hijo m ió, y trae aq u í algunos de n u estra tríb ii que te­
m an á Dios, A fin de que se regocijen con nosotros.»
El joven obedeció, y cuando volvió dijo q u e hab ia visto
en el cam ino público e l cuerpo de u no a e los hijos de
Israel, que h ab ia sido m u erto . A.1 m om ento dejó T o­
bías la m esa, antes de h a b e r com ido, y acercándose al
cadáver, lo alzó y lo llevó secretam ente A su c a s a á ü u
de darle sep u ltu ra puesto el sol. Despues se volvió á.
sentar í la m esa, y se p u so á com er llo ra n d o , tem ­
blando y repasando en su m em o ria aquella palab ra
que el Señor h a b ia dicho p o r el profeta Amós: nues­
tros días de fiesta se ci.unbw áii n i ilitis de litio ij h u /ñ m a s.
Así que hub o llegado la noche e u le n ó el cuerpo, y se
atrajo de este m odo la m u rm u ració n de todos sus pa­
rientes. i ¿Te olvidas p o r v en tu ra, le dijero n ellos, de
la prohibición que se estableció con esle objeto y del
peligro que h as corrido?» Pero Tobías, tem iendo á Dios
m as q u e al rey , co n tin u ab a llenando estos deberes p ia ­
dosos con vivos y m u erto s. Dios sin e m b a rg o , q u e­
riendo que su paciencia sirviese de ejem plo á la pos­
te rid a d , perm itió q u e su siervo esperim entase Lorlavía
300 HISTORIA
m ía cruel alliccion, y u n accidente le privó de la vista.
Tobías soportó su m al sin m u rm u ra r, y com o sus am i­
gos y parientes se le h urlasen d ic ie n d o : a ¿ Dónde está
tu esperanza, p o r la cual hacías tan tas lim osnas y en­
te rrab a s los m u e rto s ? — No h ab léis así, respondió To­
bías, porque nosotros esperam os aquella v id a qne Dios
debe d ar á los que no q u eb ran tan jam ás la fidelidad
que le h an prom etido.» Tam bién llegó íi afligirle la
pobreza su m u je r se vió re d u cid a á v iv ir d el trab ajo
de sus m anos; y u n dia que la exh o rtab a á persev erar
en la ju stic ia y en la v irtu d , respondió con am arg u ra:
«Ahora vem os cuán vanas h a n sido tus esperanzas, y
cuál es el resu ltad o de todas tus Limosnas. » Entonces
T obías suspiró p ro fu n d am en te, y p idiendo con lá g ri­
m as, d ijo : «Seüor, tú eres ju sto , tu s ju icio s están lle­
nos de equidad, y p o r cuanto no te h em os obedecido,
nos has abandonado íi la cautividad y á la m u erte, y
hem os llegado ¡Vser la fábula y el ju g u e te de las na­
ciones, e n tre las cuales nos h a s dispersado; pero ah o ­
ra, Seiior, no conserves la m em o ria de m is faltas, y
m a n d a que m i alm a sea recib id a en paz, p orque m e es
m as dulce m o rir qne vivir.» Tobías llam o á su h ijo , y
pensando que Dios o iria su suplica, dijo : « Hijo m ió,
escucha m is p alab ras y consérvalas en lu corazón:
cuando Dios h a y a recibido m i alm a e n lie rra m i cu er­
po, y h o n ra A tu m adre lodos los dias de tu vida; por­
qu e 110 debes abso lu tam en te olvidar lo que ella lia
sufrido, y á cuántos peligros estuvo espuesla cuando
te llevaba en su seno : cuando el tiem po de su vida
h ay a pasado, enliú rrala cerca de m í. P ien sa e u Dios
todos los dias de lu vida, y h u y e del pecado; haz li­
m osna y 110 vuelvas la espalda á n in g ú n p o b re : enton­
ces el Seiior no re tira rá su rostro de ti. Si tienes m u ­
chos b ie n es, da m u c h o ; si tienes pocos, da de buena
vo luntad en p ro p o rc ió n , p orque la lim osna lib ra de
todo pecado y de la m u e r te : ella n o deja absoluta­
m ente caer el alm a en las tinieblas, y será objeto de
una gran confianza dolante del Dios suprem o p ara los
que la h ay a n h echo. V ela sobre tí, h ijo m ió, p ara p re -
'■'AGUADA. oOl
set varíe de tuda im p u reza: no su fras ja m á s que el or­
gullo dom ine lus pensam ientos ó tu s palabras, porque
el orgullo h a sido el origen de lodos los m ales. Cuando
luí hom bre h a y a trabajado p ara li, págale al m om ento
to que sea debido, y n u n ca retengas en lu m ano la re ­
com pensa del m e rc e n a rio . No baga? jam ás á olio lo que
110 quisieras que otro h iciera contigo: com e lu pan con
los pobres y con los que tienen h am b re, y cubre con
lus vestidos á los que están d esnudos; pero g uárdate
de comer y b eber con loa pecadores: pide siem pre
consejo A un hom bre sa b io , bendice á Dios en todo
tiempo, suplícale q u e te guie y no fundes tus esperan­
zas sino en 61 p a ra todas tu s cosas.» Despues de eslas
piadosas exhortaciones, Tobías m anifestó 4 su h ijo que
habia prestado en otro tiem po diez talentos de p lata á
u n hom bre de su trib u llam ado G ab elo , que h a b ita b a
en la ciudad de Rages en el país de los m edos, y le
m andó que fuese ú reclam arle esta su m a, añadiendo:
«Vive sin tem or, h ijo m ió, es cierto que som os pobres,
pero serem os ricos si tem em os á Dios, si nos retiram os
de todo pecado y hacem os b u en as obras : v é , p u e s , y
busca A u n h o m b re fiel que le pueda acom paiiar en
osle viaje,» Tobías salió y encontró u n joven de u n es-
terior digno de atención y vestido de viajero. Tobías le
saludó no sabiendo que fuese u n ángel, y le p regunto
por el cam ino del país de los m edos. «Yo lo sé, respon­
dió el estran jero , y h e vivido en casa de Gabelo que
habita en la ciudad de Rages.» K1 joven Tobías volvió
á e n tra r al m om ento y refirió esta conversación A sn
padre, el cual, adm irándose de este encu en tro , ofreció
su casa al desconocido. Este, habiendo en trad o , saludó
al anciano. «Que la aleg ría, dijo él, sea siem pre conti-
P °!—¿Quf; alegría puedo tener,"respondió Tobías, cuan­
do estoy siem pre cu la oscuridad y que no veo la h u
del cielo?—T en valor, replicó el joven, p orque se acer­
ca el tiem po en q u e el Seüor te curará.» H abiendo
entonces T obías p reg u n tad o si el estran jero podría,
m ediante u n salario, g u ia r á su hijo A casa de Gabelo,
en la ciudad de R a g e s: « Yo lo conduciré con seg u ri­
3U2 UISTOIUA

d ad , contestó el ángel, y te lo volveré.» Salieron, pues,


ju n to s, acom pañados de los votos y bendiciones del
p ad re y seguidos del perro de la casa.
Apenas hubo desaparecido el jó v e n , cuando su
m ad re se puso á l l o i a r , y dijo á su m arido •. « Tú nos
has privado del b áculo de n u estra vejez, y lo lias a le ­
jado de n o so tro s : ¡ ojalá n u n ca te h u b ie ra s acordado
del dinero! lo poco que teníam os nos b astaba, y é ra ­
m os sobrados ricos teniendo á nuestro h ijo con nos­
o tro s.—No llo re s , respondió T obías, nuestro h ijo lle ­
gará sano y s a lv o , y volverá alegre y b u e n o , porque
yo creo que el ángel bueno de Dios le acom paña. * A
estas consoladoras palabras, la m ad re ceso de llo ra r v
calló.
Los viajeros se d etuvieron la p rim e ra noche sobre
las m árgenes del T igris, y h abiéndose acercado el jo ­
ven Tobías p ara lavarse los piés, salió rep en tin am en te
del agua u n pescado en o rm e y se lanzó á él como p ara
devorarlo : al grito de espanto q u e dio Tobías, el á n ­
gel le dijo que cogiese atrev id am en te al an im al pol­
las agallas y lo arrastrase hácia é l ; lo que habiendo
hecho el jóven y m u erto al m onstruo, el ángel le m a n ­
do que lo alzase y q u e conservase el corazón, la h ie l y
el hígado, y salaron el resto q u e d eb ia b astar p a ra sus
necesidades” h a sta el térm in o del viaje. P rosiguieron
su c am in o , y llegaron á u n a ciu d ad en q u e h ab itab a
un israelita llam ado IU g u e l, de la m ism a trib u que
Tobías y pariente su y o , el cual tenia u n a h ija ú nica
llam ada S ara: esta se h a b ia y a casado siete veces, y
por una estrad a fatalidad todos sus m aridos fueron
m u rien d o sucesivam ente en la p rim e ra noche de las
bodas. Afectada de las reconvenciones que le dirigió
u n dia con este m otivo u n a de las sirvientas de su p a­
d re , se retiró á u n a soledad y p erm aneció tres dias y
tres noches sin com er ni beber, pidiendo á Dios con
lágrim as que le librase de este oprobio ó le quitase la
vida. «Señor, decia e lla ; tú sabes que lie conservado
ini a b n a p u ra de toda m a n c h a , si he consentido tom ar
u n m arido, lo he hecho por tu tem or y no p o r seg u ir m i
SAGRADA. 303
inclinación; h e sido in d ig n a de los q u e m e d ieron por
m aridos, ó quizá no e ra n dignos de m t , y Lú m e lias
reservado p a ra olro e sp o so : no esfá en él poder del
hom bre el p en etrar lus decretos; pero cu alq u iera que
te h o n re , debe estar seguro que si le afliges en esla
vida será coronado en la o lía , porque lú no te gozas
en n uestras aflicciones, sin o que despues de la tem pes­
tad nos vuelves la calm a, y después de las lág rim as y
de los suspiros nos colmas"de alegría. ¡Olí Dios de Is­
rael! ¡bendito sea tu san io nóm brela
La súplica de Sara Tué o id a : el ángel condujo &
Tobías A casa de Bague!, su padre, y le exhorto ú que
pidiera á Sara en m atrim onio. «He oído decir, respon­
dió el jóven, que h a tenido y a siete m aridos, y qne u n
demonio los h a m atado: yo tem o, pues, que m e suce­
da la m ism a desgracia, y que de este m odo lleve al se­
pulcro la vejez de m i padre y de m i m a d re , que no
lienen otro hijo q u e y o .— E scu ch a, replico el ángel,
y yo te diré aquellos sobre quien el dem onio' tiene p o ­
der : h a y quienes casándose deslierran á Dios de su
corazon, y no consultan sino su b ru tal in clin ació n , y
sobre estos tiene poder el d e m o n io ; pero cuando te
hayas casado con esta jóven, vive en continencia d u ­
rante tres dias, y 110 pienses sino en ro g ar á Dios con
e lla : despues ú nele A la m ism a con el tem o r de Dios,
y no por el im p u lso de u n deseo c a r n a l, y recibiréis
las bendiciones de D io s.»
Entraron luego en casa de B aguel que los recibió
con a le g ría , y les preguntó de dónde eran . «Som os,
respondieron e llo s , de la trih u de N epthalí, y del n ú ­
mero de los cautivos de N ínive.—¿Conocéis í m i h e r­
mano Tobías? p reg u n tó B a g u e l.— Si le conocem os.»
Y como lla g u e l hiciese de él grandes elo g io s, le dijo
el ángel: «Ese T o b ía s, de quien tú le inform as, es el
padre de este jóven. « ü a g u e l, avanzándose al m o­
m ento h á cia é l, lo abrazó con lá g rim a s, y estrech án ­
dolo co n tra sn c o ra z ó n , le dijo : « Que el Sefior te
bendiga, hijo m ió, p orque eres hijo de u n h o m b re de
bien, de un h o m b re de grande virlu d .» llag u el d isp u ­
304 HISTOIUA.
so al m om ento u n festín, y como invitase á los viaje­
ros, Tobías le d ijo : «No com eré n i beberé sin q u e m e
prom etas darm e á S ara, tu h ija , por m u je r.» Al oir
esto llague!, fué sobrecogido de espanto, considerando
la suerte de los cjue se lia b ia n casado con su h i j a , y
como guardase silencio, le dijo el á n g e l: «No temas
conceder tu h ija á este joven, p orque vive en el tem or
de Dios, y le es d ebida p o r esposa.» Ragtiel, cogiendo
la m ano derech a á su h ija , la puso en la de T o b ía s , y
les dijo: «Que el Dios de A braham , de Isaac y de Jacob
sea con vosotros, que él m ism o os u n a , y que su ben­
dición caiga sobre los dos » Eslendierofl el contrato é
hicieron el festín de las bo d as, alabando al Señor.
Despues fué conducida S ara al aposento n u p cial por
su m adre, qu e le dijo llorando: «Ten án im o , h ija m ia ,
y que el Señor te colm e de aleg ría despues de tantas
aflicciones.» Los jóvenes esposos pasaron aq u ella no­
che en oraciones y súplicas, y al d ia siguiente, al can­
ta r el g a llo , R a g u e l, sobrecogido siem pre de-tem or,
cruzó secretam ente u n foso nuevo, y envió á su m ujer
antes del dia á saber si vivia Tobías. Los dos esposos
dorm ían apaciblem ente y en u n a perfecta salud. Con
esta noticia Tlaguel y su m u je r b en d ijero n al Señor.
R aguel hizo m alar dos vacas gordas y cuatro cam e-
r o i , convidó íí sus vecinos y am igo* á u n espléndido
banquete, y despues h ú o donacioii á Tobías de la m i­
tad de sus bienes, y le aseguro el resto p a ra despues de
su m u erte.
Los jóvenes esposos pasaron q u in ce dias en la casa
de llaguel, y d u ran te este tiem po el áng el m archó solo
á cobrar la su m a prestada á Gabelo , que le fné fiel­
m ente entregada. Pensando Tobías en su padre y en
su m a d re , resistió á las n u evas instan cias de Ragnel
para que se detu v iese; recibió de sus m anos la m itad
de sus bienes en d in e r o , en siervos y en rebaños.
«Puedan m is ojos, le dijo R a g n e l, v er tu s h ijo s antes
que y o m u era.» Entonces el padre y la m ad re cogien­
do á su hi ja la besaron tiern am en te Y la d ejaron m ar­
c h a r recom endándole que h o n rase á los padres de su
SAGUADA.
m arido, que am ase á éste, que arreglase á su fam ilia,
que gobernase su casa y q u e se conservase irrep ren si­
ble en todas las cosas.
Sin e m b a rg o , el viejo Tobías estaba triste p o r la
larga ausencia de su liijo . Apoderóse de é l, así como
dé su m u je r, u n a p ro fu n d a p e n a , y am bos lloraban
por ver que su liiio 110 h ab ia vuelto el dia señalado.
La m adre, especialm ente, estaba in c o n so la b le : « ¡Ah,
hijo m ió , h ijo m ió 1 g rita b a ella. /.Por qué te hem os
enviado tan le jo s , tú que eras la luz de n uestros ojos
y la esperanza de n u estra posteridad? No debíam os
haberte separado de n o so tro s, pues que tú solo nos
suplías por todas las cosas.—Tío hables a s i, decia To­
bías, y no te tu rb es a b so lu ta m e n te : nuestro liijo está
bueno, y el h o m b re co n quien lo hem o s enviado es
fiel.» Pero n ad a podia d istraerla de su dolor: todos los
dias al salir de casa m ira b a p o r todas partes l* iba por
todos los cam inos, á fin de d escu b rir á lo lejos si vol­
vía, Un dia, que m irab a desde lo alto del m onte, lo vió
y esclainó : « ¡ Nuestro h ijo v u e lv e !» En e fe c to , e ra el
jóven Tobías que se lia b ia a d e la n tad o con el ángel: el
perro de la c a s a , que les a c o m p a sa b a , se anticipó
como p ara a n u n c ia r á sus ancianos am os ]a vuelta ae
los viajeros. El padre, ciego com o estaba, se levantó y
se puso & co rrer guiado p o r u n criado, fué al encuen­
tro de su hijo, y echándose á su cuello, así com o Ana,
su m a d re , am bos lloraro n de alegría : despues , h a ­
biendo dado gracias k D io s, se sentaron. Entonces,
por consejo d el ángel, lom ó el joven Tobías la hiel
del pescado que habia estado á punto de devorarle en
las m árgenes del T ig ris, tocó con ella los ojos de su
padre, y el anciano recobró la vista: todos volvieron á
dar gracias á Dios. «Bendito sea el Seiior, Dios de Is­
rael, decia Tobías, p o r h aberm e afligido y curado: yo
te veo ah o ra con m is propios o jo s, h ijo m ió.»
Siete dias despues llegó Sara, la m u je r del jóven
Tobías, seguida de sus criados, de sus cam ellos y de
sus rebaüos, y habiendo T obías contado á su padre
todos los beneficios con q u e Dios le h a b ia colm ado.
30G HISTORIA

h ic ie ra n gran d es regocijos con su s parien tes duiaM e


« n a sem ana. Despues de este tiem po, llam ando To­
bías á su hijo , le preguntó qué recom pensa conven­
d ría d ar al que le h a b ia servido de g u ia. El jóven re-
lirió todos sus servicios, y en la efusión de su reconoci­
m iento, suplicó á su padre q u e ofreciese á este santo
h o m bre la m itad de todo lo q u e h a b ia traído con él. HL
anciano acogió este voto, y rogó al estranjero que reci­
biese este testim onio de su g ra titu d . El áng el les dijo
entonces: «Bendecid al Dios del cielo, porque h a h e d ió
b rilla r sobre vosotros su m isericordia.» Despues diri­
giéndose al anciano, añadió: «Cuando tú orabas á
Dios con lágrim as, y te levantabas de la m esa para
lle n a r piadosos deberes p a ra con los m uertos, yo pre­
sentalla tu s súplicas al S eñor, y p o r cuanto le h a s si­
do agradable, era necesario q u e fueses tentado: Dio?
es quien m e h a enviado p a ra c u ra rte , y p ara li­
b ra r de su allLccion á S ara, m u je r de tu h ijo , porque
yo soy el ángel R afael, u n o de los siete q u e están
siem pre delante del Seüor.» A estas p alab ras se tu r­
baron Tobías y su hijo, y sobrecogidos de espanto ca­
y e ra n con el rostro h ácia la tie rra . El ángel les dijo:
«La paz sea con vosotros. N ada teníais: es tiem po de
que yo vuelva al que m e h a enviado, y vosotros,
bendecid á Dios y p ublicad sus m aravillas.» Al m o­
m ento desapaveció, pero ellos p erm aneciendo pros­
ternados tres horas, b endijeron al E tern o , y publica­
ro n todas las gracias m ilagrosas de que les habia
colm ado.
El viejo Tobías vivió todavía c u a re n ta y dos aüos
despues de h ab er recobrado la vista, vió á los hijos
de sus nietos, y cuando llegó á lo s ciento dos aíios,
conociendo q u e se acercaba la h o ra de su m u erte, lla­
m ó á su hijo y á sus nietos, y les di jo: «La ru in a de
Ninive está próxim a, porque es preciso que se cum ­
pla la p alab ra de Dios, y n uestros h erm an o s q u e lian
estado dispersos fuera de la tierra de Is ra e l, volverán
A ella: las naciones a b a n d o n a rá n sus ídolos, v en d rán
á Jeru salen , y los reyes de la tie rra ad o rarán al rey
SAGRABA. 307
de Israel. No perm anezcáis aq u í, h ijo s m ío s ; pero
cuando hay ais enterrado á v u estra m ad re cerca de m í,
110 penseis m as que en sa lir de esta ciudad, porque
veo que su in iq u id a d La h a rá perecer. P ro c u ra d sola­
m ente agrad ar al Seiior, y servirle en la verdad: re ­
com endad & vuestros hijos q u e h a g a n o bras de ju sticia
y lim osnas, y que se acuerden de Dios y le bendigan
en todo tiem po.»
Tobías siguió los consejos del anciano, y así que
m urió su m ad re, salió de Ninive con todos los suyos,
y volvió á la casa de R aguel, su suegro , en donde
m urió de ed ad de cien anos, y despues de h a b e r visto
á los h ijo s de sus hijos h a sta la q u in ta g eneración.
EPOCA SETIMA.

Cautividad de Babilonia.

AÑO DEL 1IUMUO........................... 3 4 0 0 — 3470.


ANTES DB JK S U C n iS T O ., ............ IÍU6— 530. (1)

DURACION 70 AÑOS.

{Libros d é lo s p ro fe ta s Jerem ías, E zcquiel, Daniel.)

GRANDES ACONTECIMIENTOS DE LA HISTORIA PROFANA.

(553.) Legislación de Solon e n A tenas.—(572)—571.) C onquistas


de N abucodonosor.—(5<i0.) U surpación de la so b eran ía en Ato­
nas p o r P isislralo—(548—538.) C onquistas tle Ciro.

CAPÍTULO PRIMERO.
Estado d e los h e b reo s cautivos on Asiría y cu C aldea.—P redic­
ciones relativas ¡i la vuelta de lu c a u t i v i d a d . —M inisterio del
profeta E zcquiei.

(Libros de loa profetas.)

Los hebreo s llevados cautivos con el rey Jechonías,


los que tuv iero n la m ism a su erte despues de la cai-
Í a de Jeru salen , fu ero n dispersados en los diferen tes
(l) La cautividad de Babilonia, predieba por Jeremías comenzó diez
y Bate olios antes de la caída de Jerusalen, referida ya en el capitulo
quinto de la época seeta.
310 HISTOUIA
aíses som etidos á los reyes de B abilonia. Los vence-
S ores redujero n á m u ch o s de estos d, la esclavitud, los
o tra s Tucron abandonados ásí m ism os, y vivieron la
m a y o r parte en im a condicion h u m ild e y m iserable.
M uchos de ellos se establecieron sobre las m árgenes
del rio Chollar, y un canto m elancólico conservado
en la coleccion de los Salm os, h a transm itido sus que­
jas y su grito de venganza h a sta nosotros. «Sentados
¡í las m árgenes de los rios de B abilonia liem os deplo­
rado la m em o ria de Sion, y n uestras h a rp a s estaban
suspendidas en los sauces de la rib era. Los q u e nos
h a n hech o cautivos n os h a n m andado can tar: ellos
nos decian; cantadnos cánticos de Sion. ¡Ah! ¿cómo
can tari am os nosotros los cánticos del Eterno en tierra
e stran jeraí Oh Jeru salen , si m e o lvidare de tí á olvido
sea entregada m i derecha. Quede peg ad a m i lengua á
m is fauces si yo n o rne acordáre de tí, si no m e pro­
pusiere á Jerusalen p o r objeto principal de m i alegría.
A cuérdate, Seiior, de los h ijo s de E aom q u e d ijero n
aludiendo al dia fatal de Jerusalen: ¡A rruinad, arru i­
n a d en ella h asta los cim ientos! ¡H ija de Babel! Des­
graciada, desgraciada de tr, y b ienaventurado el que
te diere lo que te corresponde!»
Un contacto tan largo con los pueblos estraü o s h i­
zo o lv id ar á los hebreos la le n g u a de su p atria y de los
libros sagrados y h ab laro n el caldeo: el heb reo puro
solo fué conocido de los sabios y de algunos sacerdotes.
El p u eb lo cautivo se conoció bajo el nom bre de pueblo
judio, p articu larm en te después de la caida d eJeru salen ,
y se llam ó Ju d ea s u an tig u o pais, á causa de la trib u
de Ju dá, cuya capital e ra Jeru salen . Una p arte de este
desgraciado pueblo olvidó b ien pro n to con su lengua,
su ley santa y su Dios, pero el resto perm aneció fiel,
y contribuyó m u ch o al cum plim iento de los designios
de la Providencia, con respecto íi las n aciones esiran-
jeras, propagando en Asia el g ran dogm a de la u n i­
d ad y de ía espiritu alid ad de Dios. Dogma cuyo cono­
cim iento d eb ia p receder al d el Evangelio. Fuese cual­
q u ie ra la su erte de la nación ju d ía en general, durante
SAGRADA.
la cautividad, algunos, como Itaguel y T obías vivieron
en una condicion libre y acom odada. Cu pequeño n ú ­
m ero, llegó á los m as grandes h onores, com o lo vere­
mos eu los capítulos s ig u ie n te s ; y a u n aquellos q u e
eran los m as dignos de com pasion, tu v iero n entonces
para su cousuelo las m uchísim as predicciones q u e les
an u n ciab an la vuelta á su p atria, y el restablecim ien­
to del tem plo. La m a y o r par,te de sus profetas, h ab ian
hecho despues de las m as siniestras am enazas, p ro ­
m esas m isericordiosas, que casi todas an u n ciab an u n a
felicidad y u n a g lo ria h a sta entonces sin ejem plo. Ha­
bíase hablado de la v en id a de un enviado divino, q u e
debia re u n ir u n dia todas las naciones y establecer su
reino sobre ellas p ara siem pre; «.Venid, volvam os al
SeíLor, h ab ia dicho el profeta Oseas: el es el que nos
h a herido, y él nos curará: él h a abierto n u estras lla ­
gas, y él las c e n a r á : nos vivificar i’l , y nosotros vi­
viremos en su presencia: sigám osle, pues, á fin de
conocerle. S u v enida se p rep ara com o la de la au ro ra,
y vendrá sobre nosotros com o u n a lluvia ab u n d an te
y fecunda.» (1) «En los ú ltim o s tiem pos, dice Micheas,
el tem plo del Señor se lev an tará sobre las colinas, los
pueblos vendrán á él en tropel, las naciones se ap re­
surarán, y d irán : V enid, vam os al m onle del Señor,
y á la casa del Dios de Jacob: él nos en señ ará su s ca­
m inos y nosotros m arch arem o s p o r ellos, porque la
ley saldrá de Sion, y la palab ra d el Seíior de .lerusa­
len ......En aquel dia, dice el Eterno, elevaré á la que
cojeaba: y recogeré á la q u e y a h a b ia desechado y
afligido, y se h a rá m adre de u n a nación poderosa (2).»
Abdías y Sophonías h a b ia n vaticinado sem ejantes
oráculos: «¡Otl, h ija de Sion! esclam a este ú ltim o ;
canta las alabanzas del Seüor: regocíjate, Israel, y
salta de alegría. Jehovah lia b o rrado tus iniqu id ad es,
y h a disipado tus enem igos: Jehovah, el rey a e Israel,
está co n tig o ......Yo reu n iré, dice, á, tus hijos ta n la r-

(1) Oseas, VI.


(2) M icheas, IVa
HlflT. S ao . '¿I
312 HISTOUIA.
go tiem po separados de tus solem nidades, no vivirán
ya en el oprobio: an iq u ilaré á lus opresores, curaré la
oveja coja: recogeré la que h a b ia sido despreciada, v
levantaré ra í pueblo h a sta el esplendor y la gloria, eíi
los mism o* lugares testigos de su ign o m in ia (1).»
Isaías y Jerem ías h a n pred ich o en térm inos elo cu en ­
tes-. ¿síe, los años que d ebia d u ra r la cautividad de
Ju d á (?), y nquel, el no m b re del c o n q u istad o r, que
Dios destinaba p ara ponerle u n térm in o (3); y a n u n ­
ció d é l a m an era m as clava, en m u ch as y adm irables
profecías, al Mesías, al Salvador (4). Todas estas p re­
dicciones, iban aco m p asad as de am enazas proféticas
contra las unciones idólatras que h a b ía n sucesivam en­
te oprim ido A los h e b re o s, y en esta consideración
nin g ú n profeta le escede A Ezequiel en e n e rg ía , en
atrevim iento y en poder. E ra del n ú m ero de los cauti­
vos llevados por ííab u co d o n o so r con el re y Joackiü,
y habitaba en tre sus desgraciados com patriotas dis­
persos sobre las m árgenes del rio C hobar. El q u in to
año de esta cautividad vio Ezequiel en u n a visión in ­
com parable la gloria del Eterno, v cayendo sobre su
rostro, oyó u n a voz q u e decia: «.Ffijo del h o m b re, le ­
vántate, y hablaré: el espíritu, dice el profeta, entró
de repente en m í, m e afirm ó sobre m is pifo, y oí estas
palabras: Hijo del h o m b re, yo te envío A los h ijo s de
Israel, A m i pueblo apóstata q u e se h a sublevado con­
tra m í: ellos v su s padres rom pieron mi alianxa. Sea
que te oigan ¡J q u e te desprecien, sabrán que un p ro -
lela estA en m edio de ello s......P o r lo que hace A tí,
h ijo del h o m b r e , oye m is palabras y no m e p rovo­
ques com o este p u e b lo . Yo m irab a, dice el profeta, y
h é aquí q u e u n a m ano se ad elan ta hAcia m í, en la
que se hallab a u n lib ro cerrado, y lo abrió d elan te de
m í, el cual estaba escrito dentro y fuera, y tenia por
tíLulo: Calamidades y lamnUacioncs. El espíritu del Se-

(1) S o p h o n iu s n i .
(2) J e re m ía s , XX.V.
13) Isaías, XL1X., 10.
(1) Isaías, XI; L, LUI.
SAGRADA. 313

flor m e levantó y m e tom ó: m i alm a estaba en la


am argura; pero el Eterno m e sostuvo: fu i á los d ester­
rados que h ab ita b a n lo Largo del rio C hcbar, m e senté
eu m edio de ellos guardando silencio, y m e quedé
allí por espacio de siete dias. Despues m e habló el
Eterno y m e dijo: Hijo del h o m b re, te h e dado p o r
centinela á la casa de Israel: oirás la p alab ra de m i
boca y se la an u n ciarás á este pueblo » Ezequiel (f) en­
tonces, antes de la c a id a de Jerusalen, representó á los
cautivos, tanto por emblemas, como p o r palabras enér­
gicas, todas las ang u stias y vicisitudes de u n a ciudad
atacada y to m a d a p o r asalto. «Come tu p an en el es-
aato, le dijo el Señor, bebe tu a g u a en la tristeza, y
S irás á este pueblo: Los q u e h ab itan en Jeru salen , co­
m erán así su p au en la in q u ietu d , y beberán su agua
en la desolación, y esta tie rra quedará desierta, á
causa de la in iq u id ad de los que la h a b ita n (2). Ya
se h a visto por que em blem as ta n espantosos a n u n ­
ció la caída de la ciudad, y la su erte terrib le re se rv a ­
da á su rey (3); y cuando estos grandes a c o n te c i­
mientos se" cm np'lieron, comenzó u n a n u ev a serie
de adm irables predicciones contra los vencedores y los
mas poderosos de entre los pueblos infieles. «Así h ab la
el Eterno, g rita el profeta: P orque Tiro h a dicho ¡vic­
toria! Jerusalen en donde allu ian estas naciones, h a
caido, y y o m e elevaré sobre sus ru in as. He aq u í,
yo vengo” á t í , dice el S e ñ o r, y h a ré su b ir hfteia
tí num erosos pu eb lo s, así corno la m ar lev an ta sus
olas, los cuales rom perán los m u ro s de Tiro y d e rri­
barán sus torres: y o d isiparé h asta el polvo de esta
ciudad, y no q u ed ará de Tiro m as que su ro ca sacu­
dida por las olas. Al ruido de tu ru in a y á los gritos
de los heridos y de los m oribundos, en m u d ecerán los
•'ios y los príncipes de la tierra descenderán de sus
tronos, y se despojarán de los signos de su grandeza y
d esú s brillan tes trajes: vestidos de luto, se sen tarán en
314 HISTOUIA
el suelo, y sorprendidos de lu rep en tin a caída, la a d ­
m ira rá n , can tarán un canto lúgubre, y d irán : ¿Cómo
h as caído? tú que habitabas en el seno del m ar, ciudad
fuerte y soberbia, tú y tus h ab itan tes tan tem idos de
las naciones!» Ezequiel pronuncia, despues u n fu lm i­
nan te anatem a, contra la A siria y su m on arca, que
designa, así como los dem ás profetas, bajo el nom bre
de Asur. com bara su grandeva y su m agnificencia con
la del cedro de Líbano: «Y p o r cuanto se h a engreído
de la a ltu ra á donde llegaba su soberbia cim a, y o la
h e despreciado, dijo el E terno: las naciones m as fero­
ces la corlarán y d e ja rá n tendida sobre los m ontes, y
sus ram as caerán en los valles: los pájaros del cielo
h ab itarán en su s ru in a s, los anim ales de los cam pos
pisarán su ram aje, y las naciones tem b larán al ruido
de sn caída.»
Otros cantos del profeta an u n cian la ru in a del
Egipto: «Hijo del hom bre, dice el E terno, canta un
cántico lú g u b re sobre la m u ltitu d d el Egipto: m íralo
• caído él y las h ija s de las naciones poderosas en el
fondo del abism o; di á F araón: b aja y acuéstate con
los incircuncisos. La espada h a sido desenvainada, el
Egipto y todos sus pueblos h a n caído en el ab ism o......
Allí está Asur y su m u ltitu d , alrededor de él se hallan
sus sepulcros y todos sus m uertos y todos los que han
caido p o r la espada. Allí está Elam y su m u ltitu d ... En
m edio de sus m uertos está dispuesta su cam a, allí su
sepulcro y alrededor tendidos y m uertos á cuchillo los
incircuncisos, q ue sem braban el te n o r entre los vi­
vientes. Allí está el idum eo, sus reyes y sus jefes-, allí
los príncipes del A quilón confundidos e n sn poder.
F araón los verá y se consolará con toda la m u ltitu d d&
su pueblo segada por la cuchilla, F araón y todo su
ejército, dice el Eterno.»
Ezequiel 110 es m enos sublim e cuando predice el
fin de la cautividad, y la vuelta á Jerusalen, y cuando
an un cia la ven ida de Aquel, á qu ien todos los profetas
han saludado de lejos, y cuyo reinado debe ser eterno.
En una adm irable visión, se creyó transportado de re­
SAGRADA. 315
pente en m edio de un cam po lleno de huesos h u m a ­
nos, y m ientras que profetizaba, se oyó un ru id o se­
guido de u n largo estrem ecim iento: eslos huesos se
u nieron. Entró en ellos el espíritu, y recobraron la Aí­
da; y h e aq u í q u e se levantó delante de él, u n n u m e­
roso ejército; y el Eterno p ronunció estas palabras:
«Hijo del h o m b re, todos estos huesos son toda la casa
de Israel: dicen ellos; secíironse nuestros huesos, y
iereció nu estra esperanza, y hem os sido segados. Prof­
Í etiza, pues, y dfles. así h a b la el E terno: Yo abriré
■vuestras sepulturas, os sacaré de vuestros sepulcros y
os conduciré ;i la tierra de Israel: to m ará á los hijos de
Israel de en m edio de las naciones á donde se d irig ie­
ron, los recogeré de todas partes, los conduciré á su
tierra y en los m ontes de Israel en adelante no serán
y a divididos eil dos pueblos ni en dos reinos: u n o so­
lo mandará. á todos, u n solo p astor los conducirá: yo
los purificaré, ellos serán m i pueblo y y o seré su
D io s(l).»
Las terrib les am enazas de Ezequiel y de los otros
pro te las contra las naciones rivales de Jerusalen, no
tardaron en cum plirse. «Nabucodonosor, revestido del
poder divino y hecho invencible por este m inisterio,
castiga á todos los enem igos del pueblo de Dios; des­
truye á los idum eos, á los am onitas y á los m o ab i-
tas: derriba á los rey es de Siria; el Egipto, bajo cuyo
poder h a b ia gem ido tantas veces la Judea, es presa "de
este rey soberbio y se hace su trib u tario . Su poder
no es m enos fatal á la Judea, qne no se sabe aprove­
char del plazo que Dios le concede; todo cae, todo es
derrocado p o r la ju stic ia divina, cuyo m in istra es N a-
bucodonosor: él caerá tam b ién i su vez, y Dios q u e
em plea la m ano de este príncipe p ara castigar á sus
hijos y a b a tir ú. sus enem igos, lo reserva p ara su m a­
no om nipotente (2).*

<1) E zequiel, X X X V I.
(2) D o siuet: d iscu rso so b re la H istoria u n iv ersal, a eg u ad a .p arte.
CAPITULO II.

L$ cautividad hasta Ciro.—Historia de Daniel.—F esün de Balta­


sar.—Toma de Babilonia.

(Libro de Daniel}.

606— 536.

70 a¿O B .

Entre los h ebreos cautivos en Babilonia, Dios p e r­


m itió que algunos de u n a g ran piedad» fuesen eleva­
dos en h o n o r y en poder, á fin, sin d u d a, de d a r á su
culto y á su ley u n testim onio m a s b rillan te. De este
n úm ero ñ ie m n algunos jóvenes distinguidos p o r su
inteligencia, su saber y su h erm o su ra: h a b ía n sido
conducidos á B abilonia cuaudo la to m a de Jerusalen,
bajo el rey Joachin: N abucodonosor, in fo rm ad o de su
inédito, quiso q u e se instruyesen en la len g u a de los
caldeos, que se alojasen en su palacio, y q u e se les
alim entase con los m an jares y vino dé su m esa. Cua­
tro de estos jóvenes p ertenecían á la trib u de Judá: se
llam ab an Daniel, Ananine, Misael y Azarias, y perse­
verando en la obediencia á la ley de Moisés, re h u sa ­
ro n com er de las viandas prohibidas, y se m an tu v ie­
ro n de legum b res, sin q u e la h erm o su ra de sus perso ­
n a s sufriese nada p o r sn abstinencia. Dios les elevó en
ciencia y sabiduría, y Daniel eu p articu lar, recibió de
¿1 la inteligencia de las visiones y de los sueíios. H a-
SACHADA. 317
hiendo conocido el rey cuan superiores eran a sus
com pañeros, así coiiio á los m agos y á los adivinos de
sus estados, los tuvo á su lado para el servicio de su
cám ara real.
Muy jóven .Lodavia Daniel, p o r sobren o m b re Balta­
sar, se distinguió á la vista de todos p o r u n a determ i­
nación c é le b re , que salvó el h o n o r y la vida de u n a
m ujer israelita, lla m a d a Susana, h ija d e E c ía s. S usana
estaba casada con u n h o m b re ric o , llam ado Joackiii:
era virtuosa y eslrem adaniente h erm osa. Dos viejos,
antiguos jueces del p u e b lo , concibieron p o r ella u n a
pasión crim in al, y no h ab ien d o podido seducirla, Qui­
sieron perderla, y atestiguaron uno y otro h ab erla sor­
prendido en adulterio en su propio ja rd in : haíjiase y a
pronunciado la sentencia de m u e rte con tra Susana y
se la conducía al suplicio, cuando D aniel, júvon toda­
vía, confundió á los infam es acusadores. «Que se les
separe:» dijo al pueblo, habiéndolos hecho com pare­
cer ante él uno despues de otro. «¿Bajo qué árbol,
preguntó á cada uno de ellos, lia sido com etido el cri­
men'?'— Bajo u n lentisco, dijo el p rim ero . — Bajo u n a
encina, respondió el segundo.» De este modo fué des­
cubierta sn im p o s tu ra , y reconocida la inocencia de
Susana.
P osteriorm ente dió D aniel sus oráculos en el p a la ­
cio de I o b reyes. N abucodouosor tuvo un sue&o del
cual se olvidó al d e sp e rta r, pero que dejó su ánim o
asom brado. Hizo convocar á los m agos y á los adivi­
nos de su re in o , y les d ijo : «lie tenido un su en o del
que no m e acuerdo: pero si n o m e declarais q u é su c­
i o y lo que significa, perecereis lodos » No h abiendo
podido responderle los m a g o s, se enfureció y m andó
que se hiciese m o rir á todos los sabios de su im perio,
en cuyo núm ero estab an Daniel y sus com pañeros.
Dios descubrió el m isterio á Daniel, que fué á encon­
trar á A rioch, jefe del ejército , y le dijo : «No hagas
m orir á los sabios de B abilonia: llévam e al lado del
rey y yo le e sp licarélo que desea saber.» In troducido
Daniel íl la presencia del m onarca, le dijo: «Los sabios
318 HISTOUIA.
y los adivinos no pueden d escu b rir al rey el m isterio
q u e le cansa Lanía pena; pera h ay un Dios en el cielo
que revela los m isterios, y q u e te lia m ostrado en sue­
ños las cosas futuras. He a q u í, pues , oh r e y , lo que
tú has visto : te se lia aparecido u n a grande estálua,
de u n a altura inm ensa, q u e se tenia eu pié delante de
tí, y cuya m ira d a era espantosa. La calveza de esta es­
ta tu a era de u n ovo m u y p u r o , el pecho y los brazos
eran de p la ta , los m uslos de b ro n c e , las p iern as de
h ierro , u n a parte de los piés era de h ie rro y la otra de
arcilla. Mirabas cou m u c h a atención á esta visión,
cuando se desprendió de e lla m ism a u n a p ie d ra , y
dando en sus pies de hierl-o y de a rc illa los hizo peda­
zos. E ntoces, el h ie rro , la a rc illa , el b ro n ce, la plata
y el oro se rom p iero n á un tiem po, haciéndose trizas,
com o la paja m e n u d a que lleva el viento y arro ja fue­
ra de la fiera e n el estío, y desaparecieron sin que q u e ­
dase n ad a en n in g u n a p arte: pero la p ie d ra q u e h abia
roto la estátua se hizo u n g ran m onte, que llenó toda
la tie rra . O h , rey , h e aquí tu sueüo. t>D aniel esplicó
en seguida esta visión. « Los m etales de esta estatua
rep resen tab an , dice é l, otros tantos poderosos im pe­
rios, que debían sucederse sucesivam ente, y la cabeza
de oro p u ro significaba el im perio de N abucodonosor.
Despues del establecim iento sucesivo de estas m o n a r­
q u ías, debia suscitar Dios ctro reino que red u ciría á
polvo á todos los d e m á s , y su b sistiría eternam ente:
este últim o reino estaba representado en el sueno por
la p ied ra d esprendida de la m o n ta ñ a sin n in g ú n es­
fuerzo hu m an o .» Así que h u b o h ab lad o D aniel, el rey
se arrodilló delante do él, le adoro y m andó q u e se le
sacrificasen victim as como ¿i u n dios : despues le col­
mó de regalos, lo elevó en d ig n id ad y en poder, le d ió
el gobierno de todas las provincias de B ab ilo n ia, y
confió em pleos im portantes á sus com pañeros Misael,
Ananías, y A larias, cuyos nom bres h ab ian sido cam ­
biado* en los de Sídracli, Misag y A bdenago.
Puco tiem po despues , cediendo N abucodonosor á
un orgullo insensato, hizo lev an tar en el m onte de
SAGR.1DA. 310
Dura una estátua de oro de m ía altu ra prodigiosa; con­
vocó á todos los m agistrados de sus provincias , y á
los oficiales de su ejército para la dedicación de este
m o n u m en to , y cuando estu v iero n todos reunidos en
el dia señalado con u n a in m en sa m u ch ed u m b re alre­
dedor de la estatua, gritó un h e ra ld o : «N aciones, tri­
bus y hom bres de todos los p a íse s, os está m andado
el que os prosternéis delante ae esta esk itu a en el m o­
m ento en que oigáis el ruido de los in s tru m e n to s, y
si alguno no obedece, será, arrojado en u n h o rn o ar­
diendo. » Todos o b ed eciero n , escepto los tres jóvenes
compañeros de Daniel. F ueron denunciados al rey ,
que, am enazándoles con las llam as, les dijo : «¿Quú'n
es el dios q u e os puede a rra n c ar de m is manosV— Oh,
re y , respondieran e llo s ; nuestro Dios puede cierta­
mente sacarnos de las llam as d el horno , y au n cuan­
do no lo hiciese, 110 doblaríam os la ro d illa delante de
esta estátua.» N abucodonosor, enfurecido, los hizo a r­
rojar á. los tres en las lla m a s , cuyo calo r e ra tan de­
vorante q u e consum ió á los que ejecutaron esta órden
bárbara, pero las llam as respetaron á los tres jóvenes,
que se a rro ja ro n sin lesión alg u n a en m edio de ellas,
y uno de estos cantó en alta voz u n cántico de alaban­
zas Y de acción de gracias. De repente se levantó el
rey lleno de adm iración, y dijo: «Hemos arrojado tres
hom bres encadenados á estas llam as, y sin em bargo,
estoy viendo cuatro que m arch an librem ente p o r m e­
dio de la hoguera, y el cuarto es sem ejante á un hijo
de Dios.» Un áng el h a b ia bajado y colocádose en m e­
dio de ellos. A delantándose entonces hacia el horno
ardiendo , dijo el r e y : &S id ra c h , M isa ", Abdenago,
siervos del Dios Todopoderoso, salid y v e n id .» Los
jóvenes salieron al m om ento, sin que n i el olor de los
vestidos anunciase el contacto del fuego. El rey los elevó
en dignidades, m andó que se publicase este prodigio y
que el Dios de Israel fuese respetado por su pueblo (1).

(1) No se hoce m ención alg u n a en la E scritu ra de la proRonciade


Daniel en esta solem nidad.
HISTORIA
N abucodonosor tuvo h á c ia el m ism o tiem po otro
sueño, al cu al Daniel dio m ía in terp retació n am ena­
zadora. Este su eñ o , significaba, d ic e , que el rey seria
arro jad o de la sociedad de los h om bres, y viv iría como
u n a b e stia salvaje d u ra n te siete a ü o s , h a sta que reco­
nociese en su corazon que el Eterno tiene bajo su m a­
no todos los reinos , y que los d istrib u y e A q u ien le
place. Esta p alab ra tuvo su cu m p lim ien to , y u n dia
(fue N abucodonosor se paseaba eu su palacio diciendo:
*¿No es esta la gran B abilonia que y o edifiqué para
silla del reino con la fuer?.a de m i p o d e r, y con la
g lo ria de m i m ajestad?» L a m ano de Dios se dejó caer
so bre ú l: sobrecogido de u n delirio s a lv a je , se creyó
transform ad o en b ru to , y vivió aislado de sus seme­
jan tes hasta el tiempo süüalado en q u e recobró la ra ­
zón y los sentidos. Entonces glorificó al Todopoderoso,
y d ijo : «Oh, E tern o , todos los h ab itan tes de la tierra
son n a d a delante de t í . » Fuéle devuelto el cetro y se
hizo m as poderoso que antes.
Daniel en su lib ro , ó m as bien eu los fragm entos
que de él nos q u e d a n , no hace m ención de los re in a ­
dos de Evil-M erodac, de X eriglisor y de Laboroso-
Achod, y no vuelve á em pezar su relación ■sino desde
e l fin dél reinado de B altasar, que designa com o hijo
de N abucodonosor, y c[ue 110 e ra tal vez sino u n o de
su s descendientes (1). B abilonia estaba entonces sitia­
d a por el h ijo del rey de los persas, Ciro, célebre y a en
toda el Asia, y jefe d el ejército de su lio D arío, re y de
los m edos, conocido en la h isto ria pro fan a bajo el nom ­
b ra de Cyaxares lí. B altasar, protegido por las m u ra ­
llas fam osas de Seuiíram is, consideraba su capital
com o im penetrable, y em pleaba las horas en regocijos
y fiestas. L'n dia convido á todos los g randes á u n es­
pléndido banq u ete, y en m edio de u n a orgía prodi-
iosa, el rey , saciado y a de vino, lii/.o lle v a rlo s vasos
S e oro y p la ta reliados del tem plo de Jeru salen p aia
(II L a palabra h ijo se em pica frecuentem ente en la E scritu ra con
ceta última significación. Baltasar es ll&m&dó NtbíttitoiOB cu el cánon
de Koloinco.
SAGRADA. 321

profanarlos con sus escesos. B ebían eu estos vasos sa­


grados él, sus m u jeres y sus cortesanos, y ‘.odos alaba­
ban á sus dioses de m etal ó de piedra, cuando rep en ti­
nam ente se vio aparecer en la p ared y eu fren te de las
hiccs u n a m ano h u m a n a y unos dedos que trazaban
caracteres m isteriosos. El rey vió esta m ano y perdió
el c o lo r; su espíritu se turbó, sus rodillas se estrem e­
cieron y lanzó m i g rito de terror. Al m om ento fueron
llamados los m agos y adivinos A esta concurrencia, so­
brecogida toda de espanto, pero n in g u n o pudo esplicar
lo que allí liabia escrito. La rein a entonces llam ó á
Daniel, como m as capa?, de p en etrar el m isterio. Com­
pareció. pues, Daniel a n te la presencia del p ríncipe y
de su córte, y el re y le interrogó y le prom etió colm arle
de bienes y de dignidades si conseguía descifrar los
misteriosos caractéres. a ¡ Oh r e y ! respondió D aniel, el
ejemplo de N abueodonosor, tu pad re, h u m illad o por
Dios por haberse engreído, lia sido in fru ctu o so p ara
ti: tú te h as alzado contra el rey del cielo, h as p ro fa­
nado los vasos de la casa sa n ta , y no h a s ren d id o 4
Dios el hom enaje que le es debido. P or esta razón ha
enviado Dios esla m an o , y he aquí lo que Ira escrito:
Mamí, T ijecel, Piiahiís. E síaspalabras significan: Mané,
Dios h a contado los dias de tu re in a d o : T h js c e l , tú has
sido colocado en la balanza y has sido hallado injusto:
P|;.vnÉs, dividido h a sido tu re in o , y se h a dado ¡1 los
medos y á los persas. A pesar de esLa respuesta tan ful­
minante, el rey B altasar cum plió la palabra á Daniel,
é hizo q u e le vistiesen de p ú rp u ra , y le rodearon al
Cuello un collar de oro, é lm o que le reconociesen por
la tercera persona del im perio. Sin em bargo, Ciro y su
ejército se h allab an á las p uertas y se h ab ian abierto
úunensos fosos alred ed o r de la ciudad, que confiaba
en sus m urallas, « p repárense festines, h a b ia dicho el
profeta Isaías, hácense grandes com idas y se em b ria ­
gan: levantaos, p rin cip es, y tom ad vuestras rode­
las (1).» Habia llegado el d ia en que Jerem ías dijo en

(1) leaiaft, XXL


322 HISTOUIA.
nom bre del E te rn o : « Yo te enlacé, Babilonia, y fuiste
presa y no lo s a b ia s , porque h as provocado al Seiior.
V enid á ella desde los últim os confines de la tierra,
ab rid paso p ara q u e salgan los que la h a n de pisar.
Haced con ella según m e rec e , porque se h a levantado
contra el Señor, contra el Santo de Israel...... Caiga la
cuchilla de los caldeos sobre los hab itan tes de Babilo­
n ia, sobre sus príncipes y sus sabios, sobre sus adivi­
nos, q u e se in fatu arán , sobre su s fuertes, que tem bla­
r á n , sobre s\is corceles, sobre sus carros, sobre sus
tesoros y sobre su pueblo. Aridez sobre sus aguas, y se
s e c a rá n '.... El rio está eu poder del enem igo (l). » En
esta m ism a noche, m ientras que un rey disoluto y una
córte im pía estaban sum ergidos en la em briaguez de
los festines y de los escesos, Ciro consiguió cam biar la
corriente del E u fra te s: hizo e n tra r á su ejército e n Ba­
bilonia por el cauce seco del rio ; B altasar fué muerto,
los habitantes degollados y conquistada la ciudad.
«Ella cae, h a b ia dicho tam bién Isaías, ha caído y a esta
ciudad so b e rb ia : las im ágenes de sus dioses h a n sido
rotas sobre la tierra (2).» De este m odo se rom pió 538
aüos antes de la era cristiana, la vara con que el Seüor
h abia castigado A las naciones. Desde entonces Babilo­
n ia no hizo m as q u e debilitarse y caer. Ecbatanes, en la
Media , se hizo la silla del im perio de Oriente, y vióse
por grados cum plirse esta otra p alab ra del profeta: «La
soberbia Babilonia, ilustre en tre las naciones, orgullo
de los caldeos, será d estru id a com o Sodom a y Gomor-
r a ; será u n desierto h asta el fin del n m n d o , y no la
verán restablecida las naciones. El árabe no plantará
en ella su tienda, n i ios pastores se deten d rán allí Será
el refugio de los anim ales feroces, sus palacios se lle­
narán de serpientes, h ab itarán en ellos aves de nial
agüero, y bajo sus lechos suntuosos a b u n d arán bestias
feroces (3) lanzando espantosos aullidos.»
A poco tiem po de esta conquista Darío, n atu ral de
(1) Jerem ías, L, LI, 32.
(2) le a le s, X XI, 9.
(3) Id. X III, 19—32.
SAGRADA. 323
la Media, tom ó posesion del im perio caldeo. Ln rep u ­
tación de Daniel h ab ia llegado h asta él: lo elevó en
dignidad, y le n om bró u n o de los tres gobernadores
establecidos sobre los ciento veinte sátrapas de sus
estados. Gomo pensase en hacerlo todavía m as pode­
roso, los príncipes y los sátrapas envidiosos de su a u ­
toridad in ven taro n el m edio de p e rd e rlo , y con este
objeto, hiciero n espedir u n edicto real, que p ro h ib ía
á todo súbdito del im perio de los medios y de los p e r­
sas, d irig ir d u ra n te tre in ta dias súplica alg u n a á n in ­
gún hom bre ó á n in g ú n Dios escepto al rey, b ajo la
pena de ser arrojado á los leones.
H abiendo D aniel tenido noticia de este edicto in ­
sensato, abrió las ven tan as de su cuarto p o r el lado de
Jerusalen, y todos los dias e n tr e s horas d iferentes,
adoraba al Eterno, y le glorificaba. Testigos de esta
infracción del edicto real, sus enem igos le d en u n cia­
ron al re y . Darío am ab a á D aniel y h u b ie ra querid o
salvarlo; pero u n a le y de los m edos y de los persas
prohibía el que 110 se p u diesen desobedecer las órde­
nes de los reyes. Y el profeta fué entregado por él á
sus acusadores, y p erm itió fuese arro jad o a l foso de
los leones: pero le dijo: «El Dios que tú adoras te li­
brará.» Una piedra, sellada con el sello real, cerró la
entrada del foso. El rey volvió á su palacio poseído de
tristeza y no quiso com er, se acostó y no pudo d o r­
mir. Al otro dia se levantó al am anecer, y arrim ándose
al foso, llam ó A Daniel con voz in q u ieta y dolorosa, y
le d ijo : « Daniel, siervo del Dios vivo, tu Dios, á q u ien
tú sirves siem pre, ¿lia podido acaso lib ra rte de los leo­
nes?— ¡Oh rey! respondió Daniel, vive etern am en te. Mi
Dios h a cerrado la boca de los leones y no m e h a n h e ­
cho n in g ú n m al, p orque te he encontrado ju sto delante
de é l, y vo tam poco he heclio n a d a que m e h a g a cri­
m inal á tus ojos.» Darío, trasportado de aleg ría, m andó
que al m om ento fuese sacado del foso, y D aniel salió
de él intacto, p o rq u e h a b ia creído en su Dios (1). El

(lj Daniel, V I, 28.


324 HISTORIA
rey hizo llev ar á los míe h a b ia n acusado al profeta y
fu ero n arrojados en el foso con su s m u jeres y sus hi­
jos ; pero antes q u e llegasen ak suelo, los dientes de los
leones se apoderaron de ellos y les ro m p ieran los hue­
sos. Al m om ento hizo el re y p u b licar en todas las len­
guas de los pueblos de su im perio u n a ordenanza con­
cebida en esLos térm in o s: «Mando que todos m is súb­
ditos respeten y tem an al Dios de D a n ie l, porque él
m ism o es el Dios vivo que subsiste en todos los siglos,
y cuyo reino no será d estruido, porque él es el salva­
dor y libertador, el q u e hace prodigios en el cielo y en
la tierra y el que h a librado á D aniel del d ien te de los
leones.»
Daniel perm aneció colm ado de h o n o res y dignida­
des m ientras vivió Darío, y hasta, el reinado de Ciro,
hijo de su h e rm a n a Manda a e y su sucesor. Gozó tam ­
bién del favor de este p ríncipe, y confundió de nuevo
la cólera de sus enem igos d e m o strá n d o la im postura
de los sacerdotes d el dios Bel y la im potencia de un
dragón adorado p o r los babilonios. R om pió el ídolo,
destruyó su tem plo, y Dios le favoreció o tra vez con su
protección m ilagrosa.
El resto de sus acciones es descon o cid o ; pero las
Escrituras nos h a n conservado las visiones proféticas,
por las que se vaticinó la dom inación sucesiva de las
cuatro grandes m o n arq u ías, la de los asirios, la de los
m edos y p e rs a s , la de los griegos, y , en f i n , la dom i­
nación ro m an a.
Daniel, en su célebre predicción de las 70 sem anas
de anos, anun ció tam bién en térm in o s positivos la
m uerte del Mesías 430 aüos despues del edicto que de­
bía darse para la reedificación de Jeru salen (1). Nada
m as se sabe de u n m odo positivo acerca de Daniel;
pero se atrib u y e Á su poderosa so licitu d el célebre
edicto que espidió Ciro en el p rim e r aiio de su reina­
do, y de donde d ata u n a e ra n u ev a en la h isto ria del
pueblo de Dios.

(1) Daniel, IX . 25, 26,27.


ÉPOCA OCTAVA.

Desde ex restablecim iento de los judíos hasta las


persecuciones de loa Seleucidas, r e ja s de Siria.

A n o nKL m u n d o ................................ 3470— 3824.


a n t e s P £ J e s u c r is t o . . . ...................... 5 30— 180.

DrnACiox 356 a Ko s .

(Sidras, N etem ia^, B sth er, Aggao, hach arías, M alaehias, V acatoot-)

HISTOUIA PROFAKA.

Este periodo e n c ie rra la p arte m as interesante: rio la historia


griega desde Pisislrato. tiran o de Alonas, h asla l'ersco, re y du
ílaceclodia. y la h isto ria Je liorna (Irsele T arquino el Soberbio
hasta la m u erte d e Aníbal, alg u n a s años d esp u es de la batalla
<lc Magnesia, g an ad a p o r L. C. tsc ip io n so b re Antioco el Grande-

CAPITULO PRIMERO.
Vuelta lie la cautividad. - Los indios eu Je ru salen bajo Zoraba-
bel. Esdras y Nchcmias. — Ueslablccim ienlo del tem plo y de la
ciudad san ta.

(Radras, Nphemma, Aggf6br Zocharios, Malaehias.)

536 — -1-M.

Un siglo poco m as ó m enos antes de Ciro h ab ia


anunciado Isaías su venida, y la h ab ia señalado como
clestiuada por Dios para poner u n térm ino á los pade­
cimientos de la cautividad y á restablecer á los judíos
HISTORIA
en sn an ticu a p atria. «Cielos, alabad ADios, g ritó él en
u u trasporte sublim e -, m ontes y ñorestas, lanzad gritos
de a le g ría : el Seüor h a rescatado á Jacob y h a hecho
b rilla r su gloria en Isra e l...... He aquí lo q u e dice el
E te rn o : Yo hablo p o r m is siervos y cum plo sus pro­
m esas, y o soy el que digo á Jeru saleii: tü serás habi­
ta d a ; y ¿i las ciudades de J u d á ; vosotras sereis reedi­
ficadas, y y a poblaré vuestros desiertos. Yo soy el que
digo al a b ism o : tú serás desecado; yo soy el q u e agoto
tu s fu en tes: Ciro es m i p a sta r y cu m p lirá m i voluntad:
y d irá á J e ru s a le n : le v á n ta te ; y a l te m p lo : sal de tus
ru in a s (11. He suscitado á Ciro en m i ju sticia. Abriré
delante de él todos los cam inos, él reedificará m i ciu­
dad y lib rará á los cautivos sin rescate n i presentes (2).»
Ciro, dueño del im perio, Tué nuev am en te afectado con
estas predicciones, reconoció la o b ra de la m an o divi­
n a en su s conquistas, y se apresuró á cu m p lirlo s orácu­
los que h a b ia n señalado la época, de su advenim iento
al trono por la de la lib ertad de los judíos.
El p rim e r año de su re in a d o , y 536 años antes de
Jesucristo, este principe dió el célebre edicto que con­
clu ía á los 70 aüos de la cautividad an u n ciad a por el
profeta Jerem ías. Este edicto estaba concebido así: «El
S e ñ o r, el Dios del c ie lo , m e h a dado todos los reinos
de la tie rra , y m e h a m andado edificarle u n a casa en
la ciudad de Jeru salen , que está e n Judea. ¿Quién hay
en tre vosotros de su pueblo? Sea su Dios con él. Que
v ay a á Jerusalen y que reedifique el tem plo del Eter­
no, del Dios de Israel.» Giro m andó al m ism o tiempo
que cada uno protegiese y secundase, según sus facul­
tades, los trab ajo s de los ju d ío s, ó hizo sacar los vasos
de oro y otros objetos sagrados robados del tem plo en
la época de su conquista. Todos estos o b je to s , asi co­
m o el edicto re a l, fu ero n confiados á las m an o s de Zo-
ro b a b e l, príncipe de Ju d á , de la descendencia real de
David, y nom brado gobern ad o r de Judea. Zorobabel

(1) Isaías, XLTV, 33,26, TI, 38.


(2) Id , X L V , 13.
SAGRADA. 327
salió para este país acom pañado del g ran pontífice Je­
sús, hijo de Jo se d e c : llevaron ju n to s £1 los ju d ío s q u e
quisieron volver á sus antiguos h ogares, y cuyos n o m ­
bres nos h a n conservado los libros de Esdras y de Ne-
liem ías. Los q u e volvieron con Zorobabel fu ero n 42,300,
sin contar los siervos. Todos co n trib u y ero n entonces,
según sus m edios, p a ra su b v en ir á la reedificación d el
tem plo y á los gastas del culto divino, y se establecie­
ron en las ciudades h ab itad as en tiem pos an terio res
por sus fam ilias. El a lta r de los holocaustos fu é el p ri­
m ero que se levantó, porque en él, según la ley de
Moisés, debían ofrecerse continuos sacrificios p o r la
m añana y po r la tard e. Se reprodujo el culto y se ce­
lebró la ñ esta de los tabernáculos. R euniéronse en
gran n ü m ero carpinteros y canteros : los com erciantes
de Tiro y de S id o n , obedeciendo las órdenes de Ciro,
enviaron á Joppe m aderas del L íbano p ara Jerusalen:
nom bráronse inspectores p a ra lodos los trab ajo s, y el
segundo mes del segundo año se p u siero n los cim ien ­
tos del nuevo tem plo en p resencia del pueblo reu n id o .
Los sacerdotes y le v ita s , revestidos con sus orn am en ­
tos pontificales, asistían á esta piadosa y patética cere­
m onia : lodos cantaban h im n o s en h o n o r del E terno al
son de los sagrados in stru m en to s, y la m u ltitu d levan­
taba la voa. Muchos de los sacerdotes y de los ancianos
que h ab ian visto el p rim e r tem plo, considerando los
hum ildes fun d am en to s del n u e v o , d erram ab an lág ri­
mas, y el sordo ru m o r de la in m en sa m u ch ed u m b re
era tal, q u e se co nfundían los gem idos de los que llo­
raban con los clam ores de la aleg ría pública.
Estos trab ajo s fu ero n b ie n p ro n to in terru m p id o s
por los pueblos vecinos, y sobre todo p o r los que h a ­
bitaban el an tig u o territo rio de las diez trib u s de Is­
rael. Desde la caída de S am arla estos pueblos se hab ian
formado en p a r te , como hem os dicho y a , de diversas
colonias, sacadas de países som etidos á los m on arcas
asirios. Se co n fu n d iero n con los restos de las trib u s de
Israel, y fueron conocidos posteriorm ente bajo el nom ­
bre de sam aritanos H abian mezclado el culto de Moi-
HlBT. SiO . 22
• 328 HISTOIUA
sés con el de los falsos d io s e s , y á la v u elta de los ju ­
díos solicitaron, con instancias lo m ar p arte en sus tra ­
bajos y reco n stru ir el tem plo. Esto era p e d ir que se les
reconociese com o ju d ío s y que se les contase en tre la
posteridad de A b rah am ; pero uo se les atendió: los
ju d ío s re h u sa ro n el concurso de.este pueblo de origen
estráujero, y se liicieron su enem igo m o rtal. Desde en­
tonces los sam aritan o s h ic ie ro n todo lo posible por
causarles daño y estorbar sus trab ajo s. Consiguieron
hacérselos in te rru m p ir bajo el rein ad o del h ijo de Cii‘0 ,
el cruel Cambises, que tuvo, com o m u ch o s m onarcas
de P eisia, el sobrenom bre de Asnero. H icieron ver á
este príncipe p o r m edio de lle h u im , in ten d en te real eu
el país de Israel, q u e los h ab itan tes de Jeru salen h a ­
b ia n eu todos tiem pos sido los enem igos de los m o­
narcas del O riente, y q u e el p erm itirles reedificar sus
m u ra lla s era escitar á la reb elió n á los p ueblos de la
o tra parte del E ufrates. El rey prohibió h asta nueva
órden la continuación de los trab ajo s: fueron tam bién
suspendidos bajo el falso S m erd is (A rtaierxes) y hasta
el segundo año d el reinado de Darío, h ijo de íly tasp e.
Ksle principe pidió cu en ta de los m otivos d el edicto de
Ciro en su Tavor y le dió u n a n u ev a sanción. Mandó &
T atenai, nuevo je íe de la S am aria {1); q u e secundase
con todo su poder los trabajos de los ju d ío s, que con­
sagrase u n a p arte de los trib u to s á los gastos de cons­
trucción, y que les su m in istrase víctim as p a ra los h o ­
locaustos. C ontinuáronse despues aquellos sin in ter­
ru pción .
El profeta Zacharías no cesaba de a n im a r a l pueblo,
de acuerdo con Aggeo, y lo e n tu siasm ab a con la h e r­
m osa p in tu ra de los dias felices, reservados todavía
p a ra Jerusalen . «Todavía se verán , dice éi, en las pla­
zas de Jerusalen ancianos y h om bres apoyados sobre
u n báculo ¡í causa de su s m u ch o s años, y la ciudad se
lle n a rá de m uch ach o s y m u c h a c h a s que se divertirán

41) Asi se Marimba, á la f u e l l a de Ion Ju d ío s, u n a p a rte del país u su r­


pado en o tra tiem po par la» diez trib u s.
3 AGUADA. 320
en las plazas p ú b licas......El Eterno h a dicho : Allí es­
tará el gérm en de la p a z : la v iü a d a rá sus frutos, la
tierra p ro d u cirá sus cosechas, los cielos d e rra m a rán su
rocío, y yo concederé todos estos bienes ú los restos de
este pueblo. Así como erais eu otro tiem po u n a m a l­
dición para los gentiles, pueblo de Ju d á, pueblo de Is­
rael, yo os salvaré, y sereis p ara ellos la bendición. No
temáis, y que vuestros brazos se robustezcan. D ecid la
verdad : ad m in istrad la ju stic ia e n las p u ertas de las
ciudades: que n in g u n o m edite en su corazon m al al­
guno co n tra su p ró jim o : aborreced á los p erju ro s: he
aquí las palabras q u e debéis cu m p lir (1).-»
«El Seüor h a d ic h o , g ritab a Aggeo: ¿Es tiem po de
qne vosotros habitéis bajo de ricos artesonados cuando
m i tem plo está desierto V Id al m o n te, traed m ad e ra ,
edificad m i tem plo, que m e será agradable, y yo lo
glorificaré (‘2).» Los in d io s se entreg aro n al trabajo con
ardo r: hab ían se concluido los cim ientos del tem plo, y
continuando el profeta e n ex h o rtar al pueblo, p ro n u n ­
ció este oráculo c é le b re : « ¡ Quién de vosotros lia visto
el tem plo en su p rim e r esplendor, y viéndole tal como
« t i hoy no le desprecia y no le m ira como si no exis­
tiese! Pero ten ed confianza, oh Zorobabel, y tü , Jesús,
hijo de Josedec, g ran sacerdote, y Lodos los que h abéis
quedado del p u e b lo , tened confianza y tr a b a ja d , por­
que yo estoy con vosotros, dice el Eterno. Yo cum pliré
laprom esa que os hice cuando os saqué del Egipto: m i
espíritu estará con vosotros, no tem áis: au n qued a u n
poco de tie m p o , y y o conm overé el cielo, la tierra* el
m ar y todo el u n iv e rso . Moveré todas las gentes: y v e n ­
drá el Deseado de todas las naciones y h en ch iré esta
casa de gloria , dice el Señor de los e jé rc ito s; yo daré
la paz en este l u g a r , y la gloria de este tem plo será
m ayor que la del prim ero (3).*
E u ü u , veinte años despues de la vuelta de la cau­

til ZachariaS, VIII.


(2) rVgpeó. I.
la) A^fi-eo, II, 4—10. Esta, predicción no puede aplicarse sino al llo­
sa.
330 HISTORIA
tiv id ad se concluyó el te m p lo , y fué consagrado al
culto en u n a fiesta solem ne ; pero en lu g a r de los in­
num erab les sacrificios ofrecidos cuando la p rim era
dedicación p o r el re y Salom on, no se p u d iero n ofre­
cer para ésta sino u n pequeño n ú m ero de víctim as.
L a E scritura no nos dice m as sobre el estado de los
ju d ío s en Jeru salen d u ra n te el reinado de Darío y el
ae su sucesor Jerjes, tan célebres am bos en la historia
p ro fa n a p o r su s g u e rra s con tra los griegos.
A rtajerjes, sucesor de Jerjes, en el séptim o aíio de
su reiuado, espidió un edicto célebre, que perm itía
volver á Ju d ea el resto de los ju d ío s q u e h a b ia n vivido
en Asia; autorizaba á Esdras,, sacrificado!' de la raza de
Aaron y doctor de la ley, p a ra recib ir las ofrendas para
el tem plo y los sacrificios; le ab ria el tesoro re a l para
las necesidades del culto , le daba facultad p a ra esta­
blecer m agistrados y jueces, y condenaba á penas se­
veras á los infractores de la ley. Esdras ju n tó lo s restos
dispersos de I s r a e l, y despues de u n ayiuio solem ne
p a ra santificar el dia de la salid a, se puso en camino
con ellos p a ra la Ju d ea, llevando u n nú m ero conside­
rab le de o rnam entos sagrados que n o h a b ia n sido
vueltos al pueblo al tiem po de su v u elta bajo Zoroba-
bel. N ingún obstáculo se opuso A este penoso viaje, y
tre s dias despues de la llegada de Esdras á Jerusalen.
se ofreció n a sacrificio p o r esta n u ev a lib ertad de la
cau tiv id a d -
L a gloría de EsjJras es el h a b e r arreglado el estado
civil y religioso restablecido en su p a tria : Jerusalen
necesitaba m u ch o de su celo y de sus luces. Con des­
precio de las leyes divinas, que p ro h ib ían á los hebreos
el casarse con las h ijas de los id ó la tra s , el pueblo ha­
b ia contraido m u ch as alianzas de este género con las
naciones vecinas. Jefes del pueblo, m agistrados y aun
los m ism os levitas, h a b ia n dado el ejem plo: p ara u n
m al tan gran d e e ra preciso tam bién u n g ran rem edio.
Inform ado E sdras de esta arriesg ad a infracción de las
órdenes divinas, y previendo q u e sus consecuencias
inevitables serían a rra stra r de nuevo al pueblo á la
SAGRADA. 331
id o la tría , dió p ú blicam ente sefiales del m as profundo
dolor. Perm aneció liasta la tarde sentado en silencio
bajo el pórtico del tem plo, con los vestidos rotos y con
los cabellos y la b arb a d e so rd en ad o s: á la h o ra del sa­
crificio oró á Dios coa sollozos. El pueblo se agolpó al­
rededor de él y m ezcló sus lágrim as con las suyas.
Entonces S ed ien tas le d ijo : « Nosotros hem os in frin ­
gido la le y de nuestro D ios; nos hem os casado con
m ujeres de naciones estranjeras : renovem os la a lia n ­
za con el S eñ o r: arrojem os estas m ujeres y los hijos
que lian nacido de ellas, y que todo se cum pla segu.il
la ley . L eván tate, E sd ra s, ¡i ti te toca el m a n d a r y á
nosotros obedecer: árm ate de fuerza y o b ra según
convenga.» Esdras se lev an tó , hizo convocar en Je ru -
salen á todos los judíos vueltos de la cautividad. Tres
dias b astaro n p a ra responder á este llam am iento, y
todo el pueblo se reu n ió en la g ran p la z a , frente del
templo de Dios. H abiéndose levantado E sdras: « P u e ­
blo, dice Cl, h abéis violado la ley del Seüor, aüadiendo
u n nuevo pecado á tocios los de Isra e l: glorificad al
Dios de vuestros antepasados, haced lo que le es ag ra­
dable, y separaos de las naciones y de las m ujeres es­
tranjeras.» El pueblo resp o n d ió : «H ágase seg ú n lu
palabra.» D iéronse in m ed iatam en te las órdenes p ara
averiguar todos aquellos que se h a b ia n hech o culp a­
bles de este c rim e n , y se les obligó á separarse de sus
m ujeres y 3. enviarlas á su país.
Sin em bargo, las m u ra lla s de Jeru salen 110 estab an
todavía reedificadas, el pueblo se h allab a espuesto á
los frecuentes ataques de sus enem igos, y esla falta de
seguridad, les esponia á m uchos m ales. Un ju d ío lla­
m ado H ananías, pasó de Jerusalen á Suza, residencia
de los reyes de P ersia. 6 inform ó íi Nehem ras, u no de
sus com patriotas, de los trabajos de sus h erm anos en
Judea. N ehem ías, h a b ía ganado el fav o r d el re y A r-
tajerjes, de q u ien e ra copero. Enternecido con la re­
lación de H ananías. se puso de rodillas, y lev an tan d o
las m anos, hizo á Dios Tina fervorosa súplica, y des­
p u e s se fu é al lado d el re y , ú donde le llam ab a su de­
332 HISTORIA
b e r. P re su n ta do p o r el p rín cip e, acerca del m otivo de
bu tristeza: «Olí rey, respondió él, ¿cómo no lia de es­
ta r abatido m i sem blante si se h a lla desolada la d u d a d
q u e encierra las cenizas de m is padres, y sus p uertas
h a n sido presa de las llam as?» H abiéndole preguntado
el m onarca q u e era lo que deseaba, N ehem ías consi­
guió que se le enviase á Jeru salen con los poderes n e ­
cesarios p a ra acab arla de reedificar. A rtajerjes le dio
u n a escolla p a ra el viaje y órdenes p ara los sátrap as de
las provincias; y N ehem ías, com o Moisés, q uiso m ejo r
jarticipar de los trabajos de su p u eb lo , que gozar de
Í as delicias de u n a córie estran jera: dejó á Suza y lle­
gó sin obstáculo á Jeru salen . Allí ocultó al p rincipio
sus designios, y aco m p asad o de u n a g u ard ia num ero­
sa com enzó por ex am in ar el estado de las m u rallas y
de los trab ajo s, despues re u n ió á los sacrificadores,
m agistrados y & los prin cip ales de Israel, se hizo re­
conocer por gobernador de Judea, y despertó en los
ánim os el am o r de la patria y el deseo de su prosperi­
dad. Su voz y el ejem plo del g ran sacerdote Eliasib,
escitan al pueblo, q u e em p ren d e de nuevo y prosigue
los suspendidos trabajos: cada u no da y contribuye
para los gastos, según su fo rtu n a , y las m u ra lla s de
Jerusalen se vuelven á levantar á pesar de los e sfu e r­
zos envidiosos de los pueblos vecinos.
Estos, los árab es, los am onitas y los s a m a n ta n os
se ligan contra los jud ío s, y fo rm an el proyecto de
caer sobre ellos antes de la reparació n com pleta de sus
m u rallas. N ehem ías coloca al pueb lo arm ado 6 0 -
bre ellas, y dice: «No tem áis nad a: acordaos que el
Sefior es gran d e y terrible: p elead p o r vuestros h e r­
m anos, por vuestros h ijo s y p o r vuestras casas.» La
esperanza de los enem igos Tué fru strad a: desde en to n ­
ces la m itad de la ju v e n tu d se ocupó en el trabajo, y la
otra m itad se m an tu v o p rep arad a p a ra com batir, y
h asta los m ism os trabajadores g u a rd a ro n la espada á
su lado. En fin, el celo anim oso de N ehem ías triunfó
de todos los obstáculos, y fueron reedificadas en tera­
m en te las m u ra lla s de la ciudad santa. E ntonces todo
S a GUADA. 333

el pueblo de Ju d á y de B enjam ín se ju n tó en J e iu s a -
lcn, y eligió á Esdras p a ra q u e públicam en te leyese la
ley. Levantóse u n a trib u n a en fren te del tem plo: Es­
dras subió á e lla , y así q u e desplegó el rollo sagrado( I),
se levantó la asam blea. Esdras bendijo al Eterno y
el pueblo respondió con aclam aciones y se arrodilló.
La le c tu ra do los libros de Moisés d uró siete dias, y
trece ancianos se cu n d aran á. Esdras en esta ta re a im ­
portante.
Esdras p u so despues en orden los libros santos, de
los cuales n i/o u n escrupuloso exam en y recogió las
antiguas m em orias del pueblo de Dios, y p a ra com po­
ner con ellas los dos lib ro s de los P aralipóm enos ó
crónicas, á los q u e añadió la h isto ria de su tiem po que
fué acabada p o r N ehem ias. La le n g u a h e b re a h ab ia
dejado de ser v u lg a r en tre los ju d ío s, que h ab lab an la
de los caldeos, y a u n ad optaron sus caracteres (?); p e­
ro lo» sam aritán o s conservaron siem pre el an tig u o
modo de escrib ir, y sus descendientes h a n conservado
hasta nuestro s dias el Pentateuco en letras h ebreas.
Los judíos p reten d en que Esdras, en el g ran trab ajo de
la revisión y de la clasificación de los libros santos,
fué secundado p o r u n a asam blea de doctores que de­
signaron bajo el n o m b re de la Gran Sinagoga, y según
ellos, esta asam blea les sucedió, continuó el trab ajo
comenzado, y no lo concluyó sino m u ch o despues de
la m u erte del g ra n pontífice Sinion el Jusio, centesim o
vigésimo y últim o doctor de la G ran Sinagoga. E nton­
ces tuvo origen la tey oral, que los ju d ío s p reten d en ,
sin n in g ú n fund am en to razo n ab le, h a b e r sido dada
por el m ism o Dios á Moisés en el m onte S inaí, y con­
servada p o r la tradición, h a sta la v u elta de la cau ti­
vidad. El código arb itrario de esta ley oral, fu é au m e n ­
tándose con u n a m u ltitu d de fábulas y visiones p o r
(1) Así bo denominaban tos Ubres de los antiguos por la forma que
1*« daban.
[2) E n aquella époqa y e » lo* s ip lo s sig u ien tes se hicieron roueba B
versiones p a rá fra sis d a la E s c ritu ra eu le n g u a caldea. L os judión las
dieron el nom bre de Tárffuwii. L u m oa n o tab les fueron las d e OnkeLos
y Jonatb am .
334 HISTORIA
m as de seis siglos, y redactado p o r el célebre rabino
Ju d a h e n u n cuerpo de obra conocido bajo el nom bre
de la M im a (1). Los doctores que en seilaban estas tra­
diciones al pueblo, eran llam ados T annaim y fueron
acogidas p o r los ju d ío s, con ta n ta veneración como
los preceptos d é la ley escrita.
La im p resió n saludable que h a b ia causado la lec­
tu ra p ú b lica de la ley p o r Esdras, hizo conocer la n e ­
cesidad de rep etirla frecuentem ente en todas las ciu­
dades de la Judea, y de a q u í provino el u so de los o ra­
torios en las casas particulares, y el de las sinagogas 6
lugares de reu n ió n púb lica p a ra la lectu ra y la inter­
pretación de la p alab ra divina: su n ú m ero fué á l prin­
cipio m u y reducido, pero despues se m ultiplicó ráp i­
dam ente: en todas p a ite s donde h a b ia bastantes judíos
en estado de a sistir reg u larm en te al servicio divino,
sea en Ju d ea, sea en m edio de las ciudades paganas, se
levantaron sinagogas, y n a d a fué m as eficaz p a ra con­
serv ar los escritos sagrados, y p a ra p ro p ag ar su cono­
cim iento. Las reu n io n es se verificaban m u ch as veces
d u ra n te la sem ana, y la principal se celebraba el sá­
bado. El servicio consistía en súplicas litú rg icas, en la
lectu ra de la p a la b ra y en su esplicacion.
Mientras que Esdras se ocupaba en a rreg lar el cu l­
to, otros cuidados no rueños im po rtan tes, reclam aban
la atención v ig ilan te de N ehem ías; el pueblo estaba
devorado por la u su ra . Los u n o s h a b ia n veudido sus
h ijos, sus vinas y las h eren cias de sus padres: los otros
se h ab ia n enriq u ecid o , á espensas de los pobres, y
cuando el m al h a b ia llegado á su colm o, el pueblo
elevó sus quejas á N ehem ías. A fectado éste p ro fu n d a­
m ente de tantos m ales, convocó la asam blea general
esponiendo en ella con energía los trab ajo s de los po­

li) EhU coicccion (lió lugar i una m ultitud de comentarios, y loa


principales boíl v enerados por los judíos bajo «I nombre de TalrauJa.
El primero fuá acabado en Babilonia 300 Ilfiofi deípucS de Jesucristo:
£l ftejrundo apareció dos Bigios iknpuee un Jerusalen: constan de do*
partes, la una cb la J/lroa 0 «IT tt(Q, la otra es la G tm ara 6 el Comen-
Itrio, ConUcocn toda la religión de los judíos, tal como la profesan
ahora, y desfiguran enteram ente la li'V y los profetas.
S AGRADA. 335
bres, pidió la libertad, de los esclavos, la restitu ció n de
las herencias y la rem isión de las deudas. La asam ­
blea suscribió á sus votos: sacudiendo entonces sus
vestidos, N ehem ías gritó: «El q u e no cum pla esta pa­
labra sea sacudido así p o r el Señor, arrojado de su ca­
sa y redncido á la indigencia.» Este grande h o m b re
daba él m ism o el ejem plo del desinterés y de la gene­
rosidad: no solam ente 110 apartó n ad a de los im pues­
tos para sí, sino que consagró su fo rtu n a y co ntribuyó
con el trab a jo de su s m anos al restablecim iento de
Jerusalen.
La fiesta de la dedicación de las m u rallas se cele-
bró con g ran pom pa: todos los levitas de las ciudades
de Ju d á y de B enjam ín fueron convidados: los sacer­
dotes purificaron al pueblo y la ciudad; los p ríncipes
ó jefes de Ju d á se re u n ie ro n en las m u rallas, donde
alternaron dos coros de cantores y m uch ach o s al son
de los instru m en to s y al canto de los cánticos sa g ra ­
dos. Uno de estos coros, e ra conducido p o r Esdras:
Nehemías seguía al otro con los m agistrados, los sa­
cerdotes y u n a parte del pueblo. Se d etuvieron fren te
del tem plo: allí se en to n aro n nuevos cánticos á la glo­
ria del Eterno, y se inm olaron n u m erosas victim as; la
m ultitud se h a lla b a en la em briaguez y sus estrepito­
sas aclam aciones reso n aro n á lo lejos: desde este d ia
solemne datab a realm ente p a ra ellos, el renacim iento
de la patria.
La prim era detención de N ehem ías en Ju d ea du­
ró cerca de doce a ñ o s , despues de los cuales fué
llamado cerca de A rtajerjes. Su a u sen cia fué larga, y
la Escritura no fija absolutam ente la duración. Se cree
que no volvió sino b ajo el reinado de D arío Noto, cua­
trocientos quince aiios antes de la e ra cristiana, d u ra n ­
te el pontificado de Jaid d a, h ijo de EliasLb. Los ju d ío s
durante su au sen cia h a b ia n caido en m u c h a s infrac­
ciones reform adas en otro tiem po p o r Esdras. El diez­
mo no se pagaba exactam ente á los levitas y á los can­
tores: no se observaban y a los sábados: se h a b ia n con­
tratado m atrim onios p rohibidos: y se h a b ia llevado á.
336 HISTORIA
tales térm inos el desorden en cuanto á los estranjeros,
ue u n jefe de S am aria llam ado T obija, h a b ia obteni-
3 o u n alojam iento en las h ab itacio n es del tem plo. Ne-
hfimijis indig n ad o , arrojó fu era los m uebles de a q u e­
lla h abilacio n p rofanada, hizo aseg u rar la p arte de los
levitas y de todos los que oficiaban en el tem plo, y
m andó que las m u jeres extranjeras fuesen enviadas á
su p aís. Los que reh u saro n separarse de ellas, fueron
condenados á destierro, y de este n ú m ero fué Mana-
sés (J) hijo del g ran sacerdote Jai acida y yern o de San-
ballat, gobernador de la p ro v in e » de S am aria, Mauasés
se retiró á casa de su suegro, en S am aria, y fué segui­
do de u n g ran n ú m ero de ju d ío s rebeldes á las órde­
n es de N ehem ías. Estos fu ero n los q u e, reu n id o s á los
h a b ita n tes de S am aria, descendientes la m ay o r parte
de las antigu as colonias c u th een asen viadas p o r Salm a­
n a sar, form aron el pueblo tan conocido en la histo ria
de los judíos bajo el n o m b re de pueblo sam aritano.
M anasés obtuvo el perm iso de c o n stru ir u n tem plo, ri­
v al del de Jeru salen , en el m o n te GarLcim, donde los
vitos y sagradas cerem onias se ejecu tab an según la ley
m osaica. Los sam aritano* p reten d iero n q u e este m o n ­
te h ab ia sido consagrado al culto de Dios p o r las b en ­
diciones pro n u n ciad as sobre él en tiem po de Josué;
sostuvieron que A braham , Isaac y Jacob h a b ia n adora­
d o allí al Eterno, y q u e h a b ia sido designado p o r Moi­
sés, como el único lu g ar en que d eb ia edificarse el tem ­
plo. L evantaran, pues, tem plo c o n tra tem plo, altar
co n tra altar, y este cism a les hizo u n objeto de h o rro r
á los ojos de los verdaderos jud ío s.
N ada m as se sabe acerca del gobierno y de la v ida de
N ehem ías: es probable que M aíachías, el últim o p ro ­
feta del Antiguo T estam en to , vivió en aq u ella época,
aunque p o r o tra p arte no puede fijarse la fecha de su
m in isterio . M aíachías ce n su ra con energía á los que
o fre c ia a en Jeru salen , en el tem plo nuev am en te reedi-

(1) El libro de N ehcm iasno 1? nombra absolutam ente, pero es de­


signado bajo este nombre por el historiador Joaepho.
SAGRADA. 337
flcado, hostias defectuosas, y ve en este te m p lo , asf
como Aggeo y Z acharías, la p u ra víctim a q u e debia
ofrecerse po r todos (1). Las profecías se h a c ía n m as r a ­
ras en el m om ento que ib an á cesar. M alachías ve aL
enviado de Dios precedido de otro que le p rep ara el
ca m in o : de este m odo el ültirao profeta d el antiguo
pueblo señala el p rim er profeta q u e le debia seguir.
Hasta este tiem po el pueblo de Dios no te n ia otras pro ­
fecías que esp e ra r, d ebía bastarle la ley de M oisés; y
Malachías, h ablando en nom b re del S eü o r, es el am a;
«Acordaos de la ley que h e dado en el m onte H oreb á
Moisés p a ra todo Israel (2)».
II) M alachías, ln, 1.
(2i M alachías, IV, 4.
CAPÍTULO II.

E stado de los Judíos e n la Persia bajo los su ceso res de Ciro has­
ta D arío C odom an.—H istoria de Estlicr.

[Libro de Esther.)

529 — 335 .

La m ay o r p arte de los ju d ío s no se aprovecharon


de los edictos q u e autorizaban su v u elta á su antigua
p a tria El m a y o r n ú m ero perm aneció disperso en los
diferentes lu g ares que se h a b ia n establecido, y es pro-
hab le q u e esperim entasen el feliz efecto de las dispo­
siciones favorables de los reyes respecto á su nación.
Sin em bargo , los que perm an eciero n fieles á su culto
no se confun d iero n absolu tam en te con los p ueblos es-
tra n je ro s , en tre los cuales vivian : p erm anecieron á
esar de u n a tran q u ilid ad ap a re n te siendo el blanco
S e los odios nacionales y el ju g u e te de los caprichos
tirán ico s de los déspotas del O riente. La h isto ria de
Estlier, bajo A rtajerjes, ofrece de esto el m as notable
ejem plo.
A rtajerje s, p o r sobrenom bre Asuero (l)e n . la Es­
critu ra , rein ab a e n paz en Sur.a, en los vastos estados
conquistados p o r sus predecesores. En el te rc e r ah»
" lli) Se cree g en eralm en te hoy que la p a la b ra A fu tr e no e r a m u i que
u n sobrenom bre; pero los críticos m as liábites no están de acuerdo
acerca del príncipe que d esig n a e s te sobrenom bre. Los historiadores
profanos n o hacen m ención a lg u n a de la h isto ria de E sth e r, y Asuor#
no es llam ado ArtnjorjeB amo rn fragm entos añadidos al libro da
E s th e r en la V u lg a U .
SAGRADA. 330
de su reinado dió u n a g ran fiesta á toda su córte y al
pueblo de su capital: al fin de u n su ntuoso b anquete
m andó q u e se presentase en él la re in a V a sth i , íi fin
de que su belleza fuese u n objeto de adm iració n p a ra
lodos sus convidados. La rein a no quiso condescender,
y el m onarca tirita d o la repu d ió . Hizo b u sc a r en se­
guida en ted as las provincias de su im perio las donce­
llas de belleza m as perfecta, A fin de eleg ir la q u e b a ­
hía de particip ar con él del tro n o . E n tre las jóvenes
doncellas q u e le fu ero n presentadas, h a b ía un a, llam a­
da E sth e r, so b rin a del ju d ío M ardocheo , c u y a fam ilia
habia sido llevada cautiva por N abucodonosor con el
rey Jechonías. E sth er era h u é r f a n a , y estab ad o tad a de
una adm irab le b e lle z a : M ardocheo la h a b ia adoptado
por h ija , y viéndola en el n ú m e ro de las vírgenes es­
cogidas p a ra se r presentadas al re y , la encargó q u e no
descubriese n i su lin aje n i su país.
Todas las jóv en es doncellas en el m om ento que
iban á presentarse delante de Asuero se hacían a d o r­
nar con las jo y as m a s preciosas; pero cuando llegó el
tum o á E sther n a d a pidió p a ra a d o rn a rse : recibió con
indiferencia lo que la p resentaban p a ra este efecto, é
interesó al m o n a rc a p o r solo los encantos de su perso­
na. Asuero le dió la preferen cia sobre todas sus com ­
pañeras, y la hizo re in a en lu g a r de V asthi. Este m a ­
trim onio íué celebrado en todo el im perio con grandes
regocijos.
M ardocheo, sin e m b a rg o , uo se dejab a cegar p o r
tan alta f o r tu n a : paseábase todos los dias in q u ieto y
pensativo en el vestíbulo de su palacio , p orque allí
podía todavía com unicarse con E sther. Tem iendo a l­
guna ca tá stro fe , siem pre la recom endaba q u e tuviese
oculto su origen, y ella co n tin u ab a guiándose p o r sus
consejos com o cuando la educaba.
Un d ia q u e M ardocheo estaba cerca de la p u e rta
del cuarto del re y , sorprendió el secreto de u n a conspi­
ración tram ad a co n tra la v id a del príncipe p o r dos de
sus oficiales. Dió al m om ento p arte de ella á la re in a , la
cual in stru y ó al r e y ; los culpables fu e ro n condenados
340 HISTORIA.

¿i m uerte y el hecho quedó consignado en los anales


de este reinado. Algún tiem po d e sp u é s, A suero elevó
á su favorito Aman, de raza am alecita, sobre todos los
señores de su córte, y obedeciendo cada uno las órde­
nes del m onarca, doblaba la rodilla delante de Aman,
y le adoraba. Solo M ardocheo, despreciando los m u ­
chos avisos q u e le ilu strab an acerca de su peligro,
reh u só do b lar la rod illa ante este h o m b re y n o le ado­
ró. A m a n , considerando com o u n u ltra je este acto de
anim osa arrogancia, ju ró en su fu ro r h a c e r perecer ú
M ardocheo. T odavía e ra esto dem asiado poco p ara sn
Venganza; hab ien d o sabido que era ju d io , resolvió en­
volver con él Asu pueblo en u n a ru in a com ún. Fué á
b u scar á Asuero, y le dijo : «tllay u n pueblo disperso
en todas las provincias de tu im perio: tiene leyes y ce­
rem onias nuevas y desprecia tus o rd e n a n z a s: te inte­
resa no su frir que la licencia b a g a á este pueblo toda­
vía m as inso len te : o r d e n a , p u e s , que p erezca, y yo
p agaré diez m il talentos de p lata al te so ro ,» Asuero
sacó de su dedo el anillo re a l, y dándosele á A m an, le
dijo: «G uarda el dinero q n e m e ofreces, y en cuanto íi
este p u e b lo , haz. de él lo que g u ste s . » D ió se, pues,
órden e n n o m b re de Asuero, de este rm in a r .4 la vez en
todo el im perio, y en n n m ism o dia, á todos los judíos
desde los ancian o s hasta los niños. A m an celebró con
anticipación su triu n fo en suntuosos b an q u etes, m ien­
tras que los ju d ío s de Suza se la m e n ta b a n y se desha­
cían en llanto. M ardocheo, vestido c o u u n s a c o , rasga­
b a las v e stid u ra s, y con la cabeza cu b ierta de ceniza se
resentó en la plaza p ú b lica, y d an d o gritos y gem i­
S o s, se puso á la p u e rta del palacio y p ro cu ró infor-
Imar á E sther d el peligro de los ju d ío s , A fin de que
fuese á b u sc a r ;'i Asuero 6 intercediese p o r su pueblo.
E s th e r, sobrecogida de te m o r , le hizo saber esta ór­
d en : «Cualquiera q u e en tre en el aposento del re y sin
s e r llam ado p o r órden suya, es condenado á m u e rte al
m o m e n to , á m en o s que el re y no estienda su cetro
h ác ia él en señal de clem encia. ¿Cómo, pues, h e de ir
y o á b u scar a l rey?» respondió 'Mai-doclieo: «No creas,
SAGIUDA. 341
E sth e r, que tú sola puedes salvar Lu vida si perecen
lodos los ju d ío s ; si guardas s ile n c io , Dios h allará a l­
gún otro cam ino p a ra salv ar á su pueblo ; pero lú p e ­
recerás con la c a s a d e tu padre. A cu érd ate, E sth er, de
los dias de til o scu rid ad : ¿y quién sabe si Dios 110 te
ha elevado en d ig n id ad ¿ fui de que seas el in stru ­
mento de sus designios para con nosotros?» V ivam ente
conmovida p o r estas p alab ras, E sther envió «i Mardo­
cheo esta re s p u e s ta : «V é, pues, reú n e á todos los j u ­
díos de S uza, y rogad ju n to s p o r m í : ay u n ad d u ­
rante tres dias y tres n o c h e s : yo ay u n aré tam bién
con las doncellas de m i p a la c io , y en segu id a iró á
encontrar al rey : A pesar (le su prohibición, iré sin ser
llam ada, aban d o n án d o m e al peligro y á la m uerte.»
Mardocheo suplicó al Seüor, y le dijo: «Eterno, lú que
hás criado todas las cosas y q u e n a d a h a y oculto p ara
tí, lú sabes que si 110 h e adorado al soberbio Am an,
no ha sido n i p o r orgullo, ni p o r desprecio, ni p o r u n
deseo secreto de gloria: p orque h u b ie ra besado las h u e ­
llas m ism as de sus piés p o r la salud de Israel: yo tem o
transferir A u n h o m b re el h o n o r que solo se debe á tí,
V adorar á otro m as que A m i Dios. A h o ra, p u e s, ¡oh
Señor! ¡oh Dios de A braham ! te n p iedad de tu pueblo;
Cambia n u estra s lágrim as e n alegría, y m u éstrate pro­
picio A los que te alab an . » Todos los ju d ío s de Suza
mezclaron sus lág rim as y sus súplicas con las de Jfar-
docheo -. la re in a m tsm a'se quitó sus reales adornos y
se preparó cou el ay u n o y la oracion á co n ju rar tan
grandes peligros.
Al tercer d ia se vistió con su Iraje real, y h a b ien d o
ido al aposento de Asuero, se detuvo tem blando de­
lante de la cám ara real, p o rq u e el rey eslaba sentado
en su trono situado Trente de la puerta, y á la vista
de Eslher centelleó la cólera en su s ojos. L a re in a se
desmayó cou su terrible m irad a, y cayó en los brazos
de u n a de sus doncellas. E ntonces Dios cam bió el co­
raron del m onarca: se levantó tem iendo p o r E sther, y
sosteniéndola en sus brazos, le dijo: «Esther, n o te-
ntas; yo soy tu h erm an o : tú n o m orirás: esta ley te r­
312 H IS T O m

rible h a sido h ech a p a ra todos, pero no p a ra t i ; acér­


cate, pues, y toca m i cetro.» Como p erm anecía inm ó­
vil y m uda, estendió él m ism o h á c ia ella su cetro de
oro que ella acercó á sus labios, y aíiadió: «¿Qué quie­
res? ¿qué deseas? si m e pides la m ita d de m i reino yo
le la a a ré .—Yo suplico al re y , repondió EsLher, que
asista h o y á u n festín qne lie p reparado, y que lleve
.1 Aman con él.» El re y y su favorito fueron al convi­
te que la re in a les h a b ia dispuesto, la cu al pregunta­
da de nuevo p o r el re y acerca del objeto de sus deseos,
le invitó o tra vez p a ra el dia siguiente en compañía
de Aman. «Mafiana, dijo ella, d eclararé al re y lo que
deseo.» Con esto salió Aman de palacio rebosando de
orgullo y alegría: pasó p o r delante de M ardocheo que
estaba sentado en la p u erta de palacio, y el ju d ío no
se levantó p a ra salu d arle. Am an entró e n su casa lle­
no de fu ro r, y reu n ien d o al m o m en to á su m u je r Za­
res y á su s am igos, les p u so A la vista el cuadro de su
gloria y de sus prosperidades: les refirió el h o n o r que
acababa de recib ir de la m ism a re in a , y «sin em bar­
go, dijo, au n q u e dueñ o s de tan to s bienes, creeré no
poseer n in g u n o , ín terin vea al ju d ío M ardocheo sen­
tado delante de m í á las p u ertas de p alacio.—Dá or­
d e n , p u es, respondió Z ares, de que se p rep are uii
g ran m adero de cin cu en ta codos de a ltu ra , y desde
m a ñ a n a obtén del re y q u e h a g a a h o rc a r al ju d ío en
él, y co ncurrirás con aleg ría a l festín de la reina.»
A m an aprobó este consejo é h izo fijar u n alto madero
p ara M ardocheo.
A quella noche la pasó A suero sin d o rm ir, é hizo
que le leyesen los anales de los tiem pos pasados. Se
le ley ero n las pág in as e n que se decía q u e Mardocheo
h a b ía descubierto u n a conspiración c o n tra la vida del
m onarca. Asuero p reguntó entonces: «¿Qué recom­
pensa h a recibido M ardocheo p o r u n servicio la n se­
ñalad o ?— N in g u n a , resp o n d iero n sus sirvien tes.—
¿Quién está en la a n tecám ara de palacio? anadió el
re y .— Aman, dijeron ellos.— Que en tre, replicó Asue­
la .» Aman h a b ía ¡venido p a ra p ed ir el suplicio di
SACHADA. 343
Mardocheo; pero luego que h u b o entrado, le p re g u n ­
to el rey : «¿Qué debe hacerse con u n h om bre, k
quien el re y desea colm ar de h o n o res.» El favorito
creyendo que h ab lab a por él, respondió. aEs preciso
que este h o m b re sea vestido con el tra je real, que
monte uno de los caballos del rey , y lleve la diadem a
en la frente: es preciso q u e el p rim ero de los p rin ci­
pes y de los g randes de ¡a córte conduzca su caballo,
y que m arch an d o 1 su lado p o r la ciudad, g rite; Así
sera honrado aquel á q u ien el re y q u iere h o m a r.—
Date prisa, pues, dice el r e y : tom a un vestido y u n
caballo y haz lo que h a s dicho con el ju d ío Mardo­
cheo, que está, en el u m b ra l de m i palacio, y cuida de
no olvidar nada.» Aman devoró su ra b ia , obedeció, y
despues de h a b e r sido el instru m en to y el h eraldo del
triunfo de M ardocheo, volvió á su casa con la cabeza
cubierta en seüal de aflicción y de lu lo , y consultó de
nuevo á su m u je r y am igos, p a ra quien es esta p rim e ­
ra desgracia fué e l presagio de las m as g randes des­
venturas. «Si este M ardocheo, le dijeron ellos, an te
Guien h a s com enzado á decaer, es en efecto de la raza
ae los ju d ío s, tú no p odrás resistirle y caerás á su
presencia. * Todavía seguían h ab lan d o cuaudo los
criados del re y se p resen taro n de repente y llam aron
& Aman al festín de la rein a.
El convite estaba y a al concluirse, y h abiendo el
vino calentado la cabeza d el rey , hizo á la re in a la
misma p regu n ta que el dia an terio r, d ic ié n d o le : «Es­
ther, ¿qué q uieres de mí? a u n cuando m e pidieras la
mitad de m í rein o , yo le la d a ñ a .— ¡Oh rey! respon­
dió Esther; si h e hallado g racia en tu s ojos, te rueg o
me concedas m i p ro p ia v id a y la de m i pueblo p o r
quien intercedo, p orque hem os sido entregados yo y
mi pueblo, p a ra ser pisados y esterm inados, y tene­
mos u n enem igo, cu y a crueldad re d u n d a sobre el
mismo re y .— ¿Quién es ese, pregunta. Asuero, tan p o ­
deroso, p a ra te n e r ese atrevim iento?—Aman, resp o n ­
dió la rem a: él es nuestro cruel adversario, n u estro
enemigo m o rta l,» A eslas palabras Aman perm anece
H is t . 3 í .G. 28
HISTORIA
m udo y confuso. El re y se lev an ta lleno de cólera,
sale de la sala del festín, y e n tra en el ja rd in de p ala­
cio. Aman se arro ja á los piés de la re in a y le ruega
que ¡e salve la vida. Asuero vuelve á e n tra r al m o­
m ento, y viéndole á los piés de E sth e r, preguntó:
«¿Qué dice él? ¿todavía se atreve á h acer violencia á
la rein a en m i p resencia y en m i palacio?» Apenas
h ab ia pronu n ciad o el rey estas palabras, cuando se
apoderaron de A m an y le cu b riero n el ro stro . E nton­
ces «no de los oficiales presentes dijo al rey: «Hay
en la casa de Aman levantado u n m adero de cincuen­
ta. codos p a ra el ju d ío que h a dado al re y u n aviso
salu d ab le .—Ahórquese e n él al m ism o Aman» dijo
Asuero. 'Ejecutóse la ó r d e n , y A m an pereció e n el
m ism o m adero q u e h a b ia hecho lev an tar p a ra el su ­
plicio de M ardocheo. Eu aq u el m ism o d ia } el rey
Asuero dió ¿i E sth er la casa de A m an, y reconocido
Mardocheo púb licam en te p o r tio de la rein a, fue p re­
sentado al rey y le nom bró m ayordom o m ay o r, d á n ­
dole el anillo que llevaba Am an como seüal de su au­
toridad. EsLher hizo revocar las órdenes sangrientas
dadas para el esterm in io de los ju d ío s, y su súplica
al re y fu é in sp irad a por el espíritu de aquel tiem po, y
sobre todo por el odio h ered itario de los ju d ío s 1 los
am alecitas y otros enem igos de su raza. Ella obtuvo
que á u n a época fija, y d u ra n te dos dias, se perm itie­
se á los ju d ío s e n todo el im p erio , vengarse de sus
enem igos, y hacerles el m al q u e esp erab an de ellos.
Publicóse u n edicto real con este objeto en la capital
y e n las provincias, y la venganza com enzó el d ia 13
del m es de adar. Las represalias fueron terribles:
ochocientos h om bres perecieron solo e n la ciu d ad de
Suza, y fueron degolladas las diez h ija s de A m an, el
am alecita. Establecióse por los ju d ío s u u a fiesta, en
m em o ria de este grande acontecim iento. Mardocheo
la lijó en cada aüo, en los dias 14 y 15 del m es de
a d a r t que lla m a los dias de P h u rim ó de ios suertes,
po rq u e habiendo resu ello Am an esterm in arlo s, echó
u n a suerte con tra ellos, y quiso que esta ílesta fuese
SAGRADA. 345
celebrada con festines y regocijos, en m em oria de la
alegría y del triu n fo que eñ aquellos dias reem plaza­
ron para ellos el espanto y la m uerte.
M n g u n a relación puede ser m as exacta que la h is­
toria de Esther, p ara d ar u n a idea ju sta de los su ce­
sos de Oriente en aq u ella época: a llí se ve en su es-
antosa verdad, u n cuadro de los escesos del poder
S espótico, cruel u n as veces p a ra con todo el pueblo,
envolviéndolo p o r capricho en u n a proscripción g en e­
ral, y otras a rb itra rio , concediendo á este m ism o p u e­
blo uil favor in au d ito , y cruel acaso, p a ra ag rad arle.
Se concibe en tales circunstancias, que u n a n a c ió n
aislada, como lo era entonces la m a y o r p arte de los
judíos, en m edio de sus enem igos, y m as que n u n ca
entregada al odio p o r las represalias sangrientas que
acababan de hacer, no pudiese co n tar con la estab ili­
dad de un favor, cuyo fu n d am en to e ra ta n frágil: y
aunque la E scritu ra no nos d a n in g ú n detalle sobre
este particular, es presu m ib le au e los ju d ío s que con­
tinuaron viviendo dispersos en los estados de los so­
beranos del Asia, fueron todavía bajo los sucesores de
A rtajerjes, el blanco de m u ch as y crueles persecu ­
ciones.
CAPÍTULO
_____
III.r

Los Judíos e n Ju d e a despues de Nehem ías, bajo lo s últim os re ­


y e s p ersas. — Ruina d e la m o n arq u ía p e r s a .— A lejandro el
Grande e n Je ru sa le n . —Los ju d ío s b a jo Los Lagirtas y Los Sclcu-
cidas, b a sta las p rim e ra s p e rsec u c io n e s de los re y e s de Siria.

444— 180 (1).

A la vuelta de la cautividad de B abilonia no h ábiau


iedado seüales en la an tig u a p a tria de los hebreos de
S división p o r tr ib u s , y el país fué dividido en cua­
tro -grandes partes ; 1 La G alilea, q u e com prende los
te rrito rio s de Aser , de N ep h talí, de Zabulón y de Isa-
ch ar. La pai te m eridional e ra llam ad a G alilea Inferior,
la o tra G alilea Superior, ó de los gentiles, porque con­
ten ía m u ch o s paganos. 2.“ La S a m a r ía : esta com pren­
d ía los territo rio s de E p h raim y de Manassés. 3.a La
J v d e a , en donde se h alla b a n incluidos los territorios
de D a n , de B enjam ín y de Ju d á . 4 .3 L a P e rc a , que se
eslendia al Este del Jordán , y com prendía los territo­
rio s de Gad, de R u b én y de u n a p arte de la trib u de
M anassés, Los ju d ío s , sin em b arg o , se esforzaron en
reconocer sus an tig u as h eren cias y en conservar las
particiones de fa m ilia ; pero no h ab ien d o vuelto la
m a y o r p a rle , los (fue se ap rovecharon d el edicto de
Ciro h ab ia n tom ado posesion de las tierras ahandona-

(1) L i mayor porto de los hechos referidos en eate capitulo, t a s


pasado en silencio en la Escritura.
SAGRADA. 347
■das, y el antiguo órden de sucesión fué necesariam en­
te turbado : cuando m en o s, casi todos h ab ian conser­
vado sn genealogía, y sabían i qué trib u h a b ia p erte­
necido su fam ilia.
La E scritura no nos h a conservado n in g ú n detalle
sobre el estado de su gobierno in terio r desde N ehe-
mias hasta la época de los Macabeos ¡ pero sabem os
que no restablecieron la d ig iü d ad r e a l , qne vivieron
en una especie de re p ú b lic a , y que los grandes sa­
cerdotes ejerciero n el poder bajo la au to rid ad divina,
ó por el consejo de los setenta, y dos ancianos llam ado
el gran Sanhedrin. Este consejo arreglaba la a d m in is­
tración general del país, recibía las apelaciones de los
tribunales in fe rio re s , in terp retab a las leyes y hacia
los reglam entos necesarios p ara su ejecución.
Los castigos terribles q n e h ab ia n sufrido los a n ­
tiguos reinos de Judá y de Israel, no salieron ab so lu ­
tamente de la m em oria de los ju d ío s : jam ás m iraban
al nuevo tem plo sin p en sar en el de Salom on , en su
esplendor, en su g lo ria y en su r u i n a : tenían siem pre
delante de los ojos las profecías q u e h ab ian anunciado
estos giandes acontecim ientos, y ja m á s fu ero n m as
fieles ni estuvieron m as distantes de la idolatría que
despues de la v u elta de la cautividad.
Eran m u y circunspectos en sus relaciones con los
estranjeros, y n o su fria u en tre ellos n in g u n a idolatría.
No les p erm itían establecerse en .Tudea, sino cuando
eran prosélitos; y llegaban á.serlo de dos m aneras:
los unos se obligaban sim plem ente á re n u n c ia r al
culto de los falsos dioses, y íi servil' al Eterno según
la ley n atu ra l, p o r la cual en tendían los judíos los sie­
te preceptos dados á Noé: los q u e contraían esta obli­
gación se llam ab an prosélitos de la puerto, y no podían
penetrar m as q u e en el patio estertor del tem plo. Los
otros, llam ados prosélitos de ¡a ju sticia , ju ra b a n obser­
var toda la le y a e Moisés: se les iniciaba con diversas
cerem onias y con la c irc u n c isió n , y gozaban de los
nxismos privilegios que los verdaderos judíos.
Se ha visto rpie bajo los prim eros reyes de P ersia
348 HISTORIA

v iv ían en u n g r a n d e ab atim iento, siendo el blanco del


odio y de la en v id ia de las n aciones vecinas, especial­
m en te de los s a m a n ta n os, y estaban espuestos á pere­
cer al capricho d el gran rey , com o lo venios p o r la
h isto ria de E s lh e r: v einte años necesitaron p a ra aca­
b a r el tem plo, y sesenta p a ra reedificar las m urallas
de Jerusalen ; pero p osteriorm ente su estado renaciente
se consolidó p o r grados. Bajo los últim os rey es de
P e rsia , á los cuales p ag ab an u n peq u e £10 trib u to , se
repobló el país , se reedificaron las ciudades, se culti­
varon b ien las tie rra s y los ju d ío s gozaron de la paz y
de la abund an cia, an u n ciad as p o r los profetas Aggeo
y Zacliarías. S u p rosperidad se sostuvo todavía algún
tiem po despues de la ru in a de la m o n a rq u ía p e r s a , y
fu eron protegidos p o r A lejandro y sus p rim ero s suce­
sores.
Este conquistador pasó el G ráuico el alio 334 antes
de Jesucristo. Al año sigu ien te dió la b atalla de Isns,
en donde fué vencido D arío C odoinan, ú ltim o rey de
Pcraia. Esta v ictoria le abrió el Oriente, y la de Arbe-
le$ le hizo dueño de él. Din-ante los dos aíios tran scu r­
ridos en tre estos dos grandes su c e so s, sitió la ciudad
de Tico. A llí, según la relación de la h isto ria de Jo-
se p h o , solicitó el socorro de los ju d ío s, y no lo ob­
tuvo. Cnando se apoderó de la c iu d a d , dice Jose-
p h o , m archó con su ejército h ácia Jeru salen para
vengarse y castigar (1). A sil llegada, el gran sacerdote
Jaddeo le salió aí en cu en tro con los sacerdotes y los
le v ita? , revestidos del traje sa c e rd o ta l, y seguidos de
u n a m u ltitu d que can tab a h im n o s sagrados. A la vista
del g ran sacerdote, q u e llevaba el n o m b re de Jehovah
grabado con letras de oro en el pecho, olvidando Ale­
ja n d ro su cólera, adoró este santo nom bre y se pros­
ternó el p rim era d elan te del pontífice. P ie g u n la d o so­
bre u n cam bio tan rep en tin o , respondió q u e la im ágen
del gran sacerdote Jaddeo se le n ab ia aparecido una
noche en W acedonia, y le h ab ia fortificado en sus

(1) Joflepho, lib. XI, cap. VIII.


SACHADA. 340

provectos conlra los persas, prom etiéndole la victoria.


Entró en J e ru s a le n , leyó to n alegría las profecías de
Daniel, que prom etían el im perio de Asia á. los g rie­
gos, ofreció sacrificios al Eterno, y concedió grandes
franquicias á los ju d ío s. Castigó á los sam aritanos sus
enem igos, que h ab ian condenado á m u e rte á imo de
sus oficiales gobernador de la S iria: los arrojó de su
ciudad y se establecieron en Sichem , q u e despues lle­
gó A ser la ciudad principal de su secta. La E scritora
no hace absolutam ente m ención de la presencia de
Alejandro en Judea; pero sn silencio sobre este p u n to
no es m otivo suficiente p ara p o n erla en d u d a , p o rq u e
no encierra n in g u n a h isto ria de este tiem po, y apenas
da detalle alguno sobre el co nquistador íuacedonio.
El autor del p rim e r libro de los Macabeos, el único en
que se h a hecho m ención de é l , se lim ita £Lestas pa­
labras; «Despues que A lejandro, rey de M acedonia,
ue estableció la m o n arq u ía de los griegos, h u b o sali-
3 o del país de Cethim y vencido ;í Darío Codonian, rey
de los pe isas y de los m e d o s, dió m uchas batallas, to­
mó las ciudades m as fuertes de todas las n acio n es, y
mató á. los rey es de la tierra: pasó hasta la cstreinidad
del m u n d o , se enriqueció con los despojos de las n a­
ciones, y la tie rra enm udeció íl su p re s e n c ia : ícim iú
num erosos ejércitos, y su corazon se elevó y llenó de
orgullo......Despues de esto cayó enferm o y conoció
que debia m o rir : entonces llam ó á los grandes de su
córte que se h a b ia n criado con él desde su ju v en tu d ,
y les d istribu y ó su re in o cuando todavía vivía. Ale­
jandro rem ó doce aiios, al ü n de los cuales m u ñ ó : los
grandes de su córte se hiciero n rey es cada u n o en su
respectivo te rrito rio : á su m u erte tom aron todos la
diadem a, y despues de ellos su s hijos d u ran te m uchos
aüos: m ultip licáro n se los m ales sobre la tierra.»
Los tenientes de Alejandro se rep artiero n su im ­
perio. El Egipto Locó á P tolom eo, h ijo de Lago, que
fué el fu n d ad o r de la m o n arq u ía de los I.agidas.
Doce aüos d e s p u e s , Seleuco N ic a to r, otro teniente de
Alejandro, venció £LAntígono, y puso los fundam entos
350 HISTORIA

de u n nuevo im p erio de Siria, conocido bajo el nom ­


bre de im perio de los Seleucidas.
La Judea, conocida frecuentem ente bajo el nom bre
de P a lestin a , estaba colocada en tre estos dos poderosos
im perios. S u situ ació n geográfica y su im portancia
m ercantil, la h iciero n codiciar ig u alm en te p o r los re­
yes de Egipto y por los de S iria. Perteneció al princi-
io á los Lagidas ó Ptolom eos, que la co nservaron cerca
S e u n siglo. Bajo su ad m in istració n fu é tra ta d a largo
tiem po con b e n ig n id a d , h asta el reinado de Ptolom eo
P h ilo p a to r, que h izo su frir á los ju d ío s u n a persecu­
ción cruel.
Los rabinos 6 doctores ju d ío s, vivieron b ajo los dos
predecesores de este príncipe m u y h o n rad o s en la
córte de A lejandría, y conferen ciaro n con los filósofos
de la Grecia y de la India. Habíase form ado u n a g ran ­
de biblioteca de m ucho coste en A lejandría y PLolo-
m eo de P h ila d e lfia , el segundo de los L ag id as, hizo
traducá- en griego las leyes santas de los ju d ío s , por
setenta y dos ancianos de u n m érito reconocido. Esta
traducción del Antiguo T estam ento, h e c h a doscientos
seten ta y siete años antes de Jesucristo, es célebre bajo
el n o m bre de tradu cció n de los Setenta, y fu é colocada
en la biblioteca de P to lo m eo , al lado de los escritos
m as ponderados de A ristóteles y P latón.
El rey de S iria , Antioco III, p o r sobrenom bre el
G ran d e, desm em bró la Ju d e a del E g ip to , dos siglos
antes de Jesucristo. Este prin cip e h a b ien d o sido ven­
cido y m u erto en la fam osa b ata lla de M agnesia , que
abrió el Asia A las arm as rom an as, heredó su cetro. En
su reinado, y después de alg u n o s anos apacibles, co­
m enzaron p i r a los ju d ío s p ersecuciones crueles, que
provocaron p o r su p arte los actos h e ró ic o s , cuyo re ­
cuerdo nos h a n transm itido los libros de los Macabeos,
y por la relación de estos acontecim ientos m em orables
volverem os á tom ar el h ilo in terru m p id o de la hislO '
ría sagrada.
EPOCA NOVENA.
Be la persecución de I ob Seleucidas hasta
Jesucristo.
AÑO DHL MUNDO........................................ 3&24— 4004
ANTES I>B JKSUCMSTO............................ 130— 1

D U H A C 10 N 180 ASOS.

(Macabeos. n Macnbeos.)
GRANDES ACONTECIMIENTOS DE LA HISTORIA PEOFANA.

(I46.J T erc e ra g u e rra púnica; d estru cció n d e C artago.—(132.)


Ruinarte N um ancia.—(132—121.) T iberio y Cavo Giaco q u ie re n
establecer en Roma la le y A graria y s o iím iie rlo s .—( l l ’í —TU.)
Guerra d e Y ugurtlia. D errota d e los teu to n e s y J e los cim bros
por Mario. G uerra civil 6 m ársic a r term in ad a p o r Sila. Principio
de la g u e rra d e M itliridates. ltivalidades sa n g rien tas d e Mario y
de Sila, P roscripciones en Roma. Sila abdica la d ic ta d o ra .—(73
—60.) G uerra de los esclavos: E spartaco e s d e rro ta d o p o r Pom-
peyo. Victorias d e U'iciilo y de Pom peyo so b re M itlirklates. La
Asiria provincia ro m an a . Consulado de Cicerón. Catilina. T riu n ­
virato de Pom peyo. César y Craso. —(GO—45.) Sum isión d e la Ga-
lia por César. G uerra civil e n tre César y Pom pcvo. Batallas ftc
Pharsalia v Mímela. César dictador. M uerte de C esar.—{44—31.)
Triunvirato de Octavio. Amonio y Líipldo. Batallas de Filipes y
Actium. Octavio Augusto em p erad o r.

GAPITULO PRIMERO.
Fin del reinado de Sclcuco IV.—Castigo d e H eliodoro.—Reinado
de Anlioco IV, p o r so b re n o m b re Epiplmnio. —T errible p e rs e ­
cución de los ju d ío s .-M a rtirio de los Maeabeos.

(1 Macabcos.—n Mácameos.)

180— 168.
Bajo el pontificado de Onías III, la ciudad san ta
gozaba de u n a paz p ro fu n d a; «A causa de la piedad
352 HISTORIA
del g ra n sacerdote, dice el h isto riad o r de los Maca-
beos, y del odio q u e ten ia e n su corazon, p recursor
de todo m ahu los reyes y los príncipes respetaban á
Jerusalen: ad o rn ab an el tem plo con ricos presentes, y
el re y de Siria Seleuco IV su m in istrab a de su tesoro
p a ra los gastos de los sacrificios. Un ju d ío , llam ado
Sim ón, de la trib u de B enjam ín, encargado de la
g u ard a del tem plo, turbó este estado glorioso y prós­
pero de su p atria: n.o h ab ien d o podido triu n fa r en
u n a em presa in ju sta, de la v irtu d de Onias, resolvió
vengarse y dijo al rey q u e h a b ia sum as inm ensas re ­
cogidas y ocultas en Jeru salen . El rey m andó in m e­
diatam ente á su p rim e r m in istro H eliodoro, que pa­
sase á aquella ciudad, y tom ase este din ero . Heliodoro
obedeció, y pasó á Jeru salen , en donde fué recibido
con h o n o r, é inform ó al pontífice d el objeto de su m i­
sión. Onias le hace presente q u e el tesoro del tem plo
se aplica á la subsistencia de las v iudas y h u érfan as,
v q u e u n a p arte de estas sum as se h a lla depositada.
H eliodoro in siste y se dirige al tem plo p a ra tom ar á
toda costa el tesoro q u e el re y reclam a. Los sacerdo­
tes revestidos con traje sacerdotal, se p ro ste rn a n de­
lan te del alta r, im p lo ran á aq u el, i cuyos ojos son sa­
grados los depósitos, y nadie pudo entonces m ira r sin
dolor, el rostro dem udado d e f g ran sacerdote, porque
la tristeza p in tad a en su fisonom ía, y el h o rro r de que
estaba poseído, rev elab a la pena p ro fu n d a de su co­
razon. La m u ltitu d dirigia á Dios sus súplicas: las
m u jeres co rrían de u n a á otra parte, esten dian las
m an o s al cielo, y e ra u n espectáculo digno de piedad,
el ver aq u ella m u ltitu d confusa, á los sacerdotes en
oracion, y al venerable pontífice y en espectaciou de
u n acontecim iento siniestro. H eliodoro persiste: se
ad elan ta con sus g uardias h asta las p u ertas del tesoro
.y se prepara p a ra v iolentarlas. Entonces un. aconteci­
m iento glorioso m anifiesta el p o d e r divino: Heliodoro
queda com o h e rid o p o r u n a visión a m e n a z ad o ra : ve
u n caballero revestido con arm as terrib les, y acom pa­
sa d o de dos jóvenes de fuerza y h e rm o su ra , q u e le
SAGRADA. 353
m altratan m ientras el caballo del guerrero le atrope­
lla bajo sus piés: cae espantado y perm aneze sin m o ­
vim iento y sin voz; se le ap arta ap resu rad am en te, y
es arrojado del tem plo q u e resu en a en gritos de ale­
g ría y acciones de gracias. Los am igos de H eliodoro
piden íi ünías i¡ue n ie g u e p o r él, y el pontífice ofrece
p o r su curación u u a hostia saludable. M ientras se su­
plica, oye en o tra visión H eliodoro estas p alabras de
la boca de los m ism os q u e le h a b ia n castigado: «Da
gracias al g ran sacerdote Onías, p o rq u e Dios te conce­
de la vida p o r su m e d ia c ió n : an u n cia al m u n d o las
m aravillas del Seiior y su poder» y al pun to desapa­
recen. H eliodoro volvió al tem plo á sacrificar a l g ran
Dios, cuya m ano poderosa h a b ia conocido Cuando
regresó, le preguntó el re y á q u ie n convendría enviar
p a ra el m ism o objeto á Jeru salen , y respondió Ilelio-
doro: «Si tienes alg ú n enem igo q u e h ay a codiciado
tu reino, envíalo á aq u el lu g ar, y lo verás v o lv er h e ­
rido y ensan g ren tad o , si es que" vuelve : p orque h ay
verdaderam ente cierta v irtu d d iv in a en aquel tem plo:
el que hab ita e n el cielo está allí presente y le prota-
je; hiere á los que van p ara com eter el nial.» Esle bri­
llante prodigio no debilitó en Jeru salen el odio de los
enem igos de Onías: el audaz Sim ón llevó tan adelante
sus em presas crim inales, q u e fué m en ester que el
m ism o Onías se presentase al rey p a ra den u n ciarlas y
y obtener su castigo, Pero bien pronto m u rió Selcuco,
despues de h a b e r enviado en rehen es <i liorna á sn h i­
jo DemeLrio, y tuvo p o r sucesor al tro n o <í Antioco IV
su h e rm an o , por sobrenom bre Ejüphaniu. Este p rín ci­
pe venal y cruel perm itió que Jasun h erm an o de Onías,
despojase á este v irtuoso pontífice de la in v estid u ra
pontifical y la vendió á peso de oro. Jason obtuvo ade­
m ás la facultad de establecer en Jeíu salen gim nasios
y lugares de ejercicios públicos, como h a b ia entonces
en todas las ciudades de Grecia. A estas innovaciones
siguieron g randes desórdenes: se vió A los m ism os
sacerdotes despreciar los sacrificios por espectáculos
profanos, po r los juegos de la lu c h a y del tejo: y a no
354 HISTORIA
respetaban lo que e ra d igno de h o n o r en su país,
dando la preferencia en todas las cosas á los usos de
los griegos. Así es com o se acabaron de corrom per las
costum bres públicas en Jerusalen: Jason tuvo la in fa ­
m ia de enviar á Tiro en u n a fiesta so lem n e, u n a su ­
m a considerable en ofrenda al dios H ércules. Este im ­
pío no gozó largo tiem po de su odiosa usurp ació n .
Menelao (I), le sucedió del m ism o m odo q u e él h a b ia
sucedido 5. Onias, y habiendo éste echado en c ara al
nuevo pontífice los robos sacrilegos, fué m u erto en
su retiro de A nlioquía á instancias del culpable. La
gu erra civil en san g ren tó á Jeru salen : siniestros p re­
sa g io s, precursores de g randes calam id ad es, asus­
ta ro n á la m u ltitu d . Jason, arrojado de la ciudad, p e­
netró en ella A la cabeza de tres m il h o m b res y co­
m etió inauditas violencias: p ero n o pudo m an ten erse
allí, y repulsado de nuevo p o re lp o n lifi.e e Menelao,
tan in fam e com o él, h u y ó y concluyó su vida en el
destierro. Sin em bargo, acababa de estallar la g u e rra
en tre el rey de Siria y el de Egipto, y con el tem o r de
que los judío s aban d o n asen su alianza, m arch ó An-
tioco á Jerusalen y la lom ó por asalto: o ch en ta m il
personas fueron degolladas y cu aren ta m il fueron ve n ­
didas. El vencedor conducido p o r M enelao, entró en.
el tem plo, cuyos vasos sagrados p rofanó y cogió el
tosoro sin conocer en su orgullo insensato, que si Dios
no le castigaba com o lo h a b ia hecho con Heliodoro,
e ra por las in iq u id ad es com etidas p o r la m u ch e d u m ­
b re y su s sacerdotes: «Porque Dios, dice el h isto ria­
d o r sagrado, no h a elegido al pueblo íl causa del tem ­
plo, sino q u e al co ntrario, h a escogido el tem plo por
el pueblo, y lo h u m illa rá ó lo elevará en g lo ria , se­
g ú n que este ú ltim o m erezca ó desm erezca á sus
ojos.®
Antioco dejó en la ciudad p o r m in istro de sus fu ­
rores á P hilipo, y despues á Apolonio, q u e com etieron

(1) E ata M enelao, seg ú n Josepho, era h e rm a n o 'de O nias y da


Ja so n .
SACHADA, 355
h o rrib les tropelías. El tem pló sanio fué consagrado á
Jú p ite r Olímpico: llegó á ser el teatro de festines y de
h o rrib les disoluciones: n o se oh s e ñ a b a n y a los silba­
dos, el puelilo sacrificaba á los falsos dioses, y si al­
gunos declaraban ser ju d ío s, p erecían en espantosos
torm entos, Esta terrib le persecución, despertó el celo
de m uchos: h u b o quien es dieron ad m irab les ejem plos,
que im itaro n la in alterab le constancia del v enéra­
Í le Eleazar, doctórete la ley . Este anciano reh u só co­
m e r un m a n ja r p ro h ib id o p o r M oisés: en vano se le
abrió la boca á la fuerza, porque no lo quiso to m ar y
m archó por su pié al suplicio, perm aneciendo firm e
en la paciencia, y m u y resuelto á no h a c e r n ad a con^
tra la ley, por am o r á la vida. Sus am igos le suplica­
ro n que á lo m enos fingiese la obediencia, á un de
e lu d ir la m u e r te : pero considerando lo q u e exigían
teniendo presente su venerable vejez, sus blancos ca­
bellos, de que p arecía estar ad o rn ad a, su grandeza de
alm a, y la vida sin m a n ch a que h a b ía tenido desde
su infancia, respondió q u e q u e ria m o rir antes que
salvarse por m edio de u n a ficción indigna: «Porque,
dice él, esta astu cia seria causa de q u e m u ch o s jó v e­
nes creyesen que Eleazar, á la edad de nov en ta afios,
h a b ia pasado ae la vida de los ju d ío s á la de los p a ­
ganos: pensarían q u e con sem ejante ficción, h u b ie ra
yo salvado u n débil resto de esta vida corruptible , y
atra e rla de esta suerte la execración de los hom bres
sobre m i vejez; p orque au n cuando eludiese los su ­
plicios de los h om bres, no ev itaría la m ano del Todo­
poderoso, ni d u ra n te m i vida, n i despues de m i m u e r­
te.» Sus verdugos a trib u y ero n íi orgullo estas santas
p alabras y red o b laro n s u crueldad: en fin, conociendo
q u e iba á espirar, dijo; «Seüor, tü que n a d a ignoras,
sabes q u e h ab ien d o podido lib rarm e de la m uerte,
experim ento terribles dolores en m i carn e, pero que
siento u n a viva alegría eu m i alm a de su frirlo s p o r
ti.» Al acab ar estas palabras, m u rió dejando 4 su p u e ­
b lo un recuerdo inm ortal.
Una fam ilia en tera, u n a m ache y su s siete h ijos,
356 HISTORIA
conocidos bajo el nom bre de Macabeos, ofrecieron u n
espectáculo todavía m as sub lim e y digno de la a d m i­
ración de todos los siglos: el re y les m andó com er car­
ne de puerco con tra la p ro hib ició n de la ley de los j u ­
díos, y quiso obligarles á ello, h a d á n d o le s azotar. El
m ay o r le dijo: «¿Quó es lo que tú pides y q u e esperas
de nosotros? Estam os dispuestos A m o rir antes q u e
violar las leyes de Dios y de nuestro país.i' El rey fu ­
rioso hizo calen tar sartenes y calderas de h ie rro , y
cuando estuv iero n abrasando,"m andó que se le co rta­
se la len g u a, se le arran case la piel de la cabeza, y se
le cortasen las m anos y los piés á vista de su m ad re y
sus herm anos: despues de h ab erlo así m u tilad o , le h i­
zo tostar todavía vivo, y m ien tras que se le ato rm e n ­
taba de esta m an era, sus h erp ian o s con su m a d re se
exhortaban unos á otros á m o rir. H abiendo m u erto el
p rim ero, com enzaron los verdugos á ato rm e n ta r al se ­
gundo, el que, d u ra n te su suplicio reh u só co n stan te­
m ente el alim en to p ro h ib id o q u e se le presentó: al
tiem po de en tre g a r su esp íritu , dijo: «Rey perverso, tü
nos haces perder la vida presente, pero el rey del m u n ­
do nos resu citará u n dia p ara la vid a eterna"» M urió, y
despues de él otros tres de sus h erm an o s espiraron in a l­
terables como los p rim ero s en los m as terrib les to rm en ­
tos. Cuando el seslo ib a 5. ex h alar el ú ltim o su sp iro , dijo
al rey: «No le engañes fi tí m ism o: si nosotros su frim os
estos m ales espantosos, es sin d u d a p o r h ab erlo s m e­
recido; pero tú no te lisonjees de q u e d a r im p u n e des­
pues de liab erte em pellado en co m b atir c o n tra tu m is­
m o Dios.» Su m ad re m as ad m irab le de lo que puede
im aginarse y d ig n a de u n recu erd o eterno, viendo pe­
recer en un d ía á sus siete hijo s, su fria , sin em bargo, su
m u erte con constancia, ú causa de la esperanza qu e te­
n ia en Dios: ex h o rtab a á cada uno de ellos con palabra»
luertes, en el id io m a de su s padres, y u n ia u n esfuerzo
v aronil á la tern eza de u n a m u je r. «Yo no sé, decia
ella, com o h a b é is sido form ados en m i seno, p o rq u e
yo no soy la q u e os h e dado el alm a, el espíritu y la
vida, y la que h e u nido v uestros m iem b ro s p a ra h acer
SA.GIU.DA. 357

de ellos m i cuerpo; pero el criador del m undo, el q u e


h a form ado al h o m b re en su n acim iento, y el que lia
dado origen á todas las cosas os volverá <le nuevo el
espíritu y la vida, e n recom pensa de lo que h o y ofre­
céis vosotros en sacrificio,» C reyéndose Anlioco in su l­
tado por estos jóvenes, y considerando in ú tile s todas
sus am enazas, re c u rrió á la d ulzura con el único que
quedaba vivo, q u e e ra el m as jóven de todos. Le ase­
guró que lo h a ría rico y poderoso, que lo elev aría al
rango de sus favoritos, si q uería a b a n d o n ar la ley de
sus padres; y como no pudiese corrom per í\i este joven
con sus prom esas, llam ó á su m adre, y la rogó cjue le
inspirase los m as saludables pensam ientos. Ella le pro­
m etió exhortar á. su hijo, y bajándose p a ra hablarle,
le dijo, desafiando al san g u in ario tirano; «Iüjo m ió,
ten piedad de m í que te he llevado n u ev e m eses eu n ú
seno, qne te he alim entado con m is p e d io s d u ran te
tres aüos y te h e criado y educado h a sta la edad eu
que le encuentras: y o te ruego, h ijo m ío , q u e m ires
al cielo y á la tie rra , que com prendas bien el poder
de Dios, y de esta suerte no tem erás absolu tam en te á
este cruel verdugo, q u e haciéndote digno de ten er p a r­
te en los torm entos de lus h erm anos, recibirás la m uerte
con gusto, á fln de q u e le reciba y o tam b ién con lus
herm anos en aq u ella m an sió n de paz y de m iserico r­
dia que es nu estra esperanza.'» El jóven in terru m p ió á
su m adre gritando: «¿Qué esperas de m í, m ad re mía?
Yo 110 obedezco las órdenes d el rey , sino la ley de
Moisés. En cuanto á. tí, tiran o , que eres el a u to r de to­
dos los m ales con q u e se nos atorm enta, no te lib rarás
de la m ano de D ios...... Mis h erm an o s despues de h a ­
ber sufrido u n dolor pasajero, h a n en trad o en la alia n ­
za de la v id a celeslial; pero tú su frirás en el trib u n a l
del Eterno la pena q u e tu orgullo h a m erecido. Yo
abandono v o lu n tariam en te m i cuerpo y m i a lm a p o r
defender la ley de m is padres, rogando á Dios que se
m uestre propicio 4 n u e stra nación, y q u e te obligue á
confesar que él es el solo Dios.» Inflam ado Autioco de
cólera, é indig n ad o de que se le insultase de esla m a ­
358 HISTORIA
ñ e ra, hizo esperim en tar á este su crueldad, m u ch o m as
que & los otros: este últim o m u rió , com o sus h e rm a ­
nos, lleno de confianza en el Sefior y en la p ureza de
su inocencia. En ñ n , la m ad re su frió tam bién la m u er­
te despues de todos su s hijos.
CAPÍTULO II

Sublevación d e N atliallilas y d e su s lujos.—Victorias d e Judas


Macabeo, bajo los rein ad o s de Anlioco Epipham o. de Anlioco
E upator v d e Dem eirio Soler.—M uerte de Ju d a s Macabeo.

168 . — 161 .

(I Macabeos, II.—IX. II Macabeos, V .-X V .)

El sacerdote M athattuas dió el ejem plo de u n a he­


roica resistencia á estas atroces persecuciones. SaLtó
de Jerusalen con sus cinco.hijos, Ju an , Sim ón, Judas
llam ado Macabeo (1), Eleazar y Jo n ath ás, y se re tira ­
ro n todos ju n to s á la ciudad de Modin. Allí, conside­
rand o los m ales d el pueblo y de la ciudad sa n ta , es­
clam ó M athathías: «[Desgraciado de m í! ¿por qué h a ­
b ré nacido p a ra v er la alltccion de m i pueblo y la des­
trucción de la ciudad santa? Su santuario está entre
las m anos de los estranjeros, su tem plo está, m an ci­
llado, sus ancianos h an sido asesinados en las calles,

(1) M uchos au to res han pretendido que se foabin dudo á Judos el


nom bre da M acabeo, ¿ causo, d e la divisa de su estan d arte, en que Be
Leían cu atro p alab ras heb reas con esla ai fnUflcacioo: ¡Qu5én en sem e­
ja n te A ti, ¡oh E terno! E sta s p alab ras ta la b a n indicadas por la s p ri­
m aras le tra s solam ente que eran M. C. B. 1., de donde loa ju d ío s o_a-
blan form ado el nom bre uo Macabeo, que dieron li todos loa q u e sedia»
t¡Dguian por u n « l o ard ien te por SU 1(3. m ism os a u to re s espiiean
tam bién la razón por que se llam aron M acabeos los siete herm anos
(jne padecieron h eroicam ente el m artirio bajo Anlioco Bpiphanlp. V it-
l í ú Grt/civ, ín Pra>(a4 Cvmm. in- / tlachab,; y P uxiof, A ireeialim ct
Kekráicac.
H isst. S aq . 1
360 HISTORIA
y la ju v en tu d pasada á cu ch illo por su s enem igo?.
Todo lo que tem am os de santo, de herm oso y de g ran ­
de, h a sido desolado y profanado p o r las naciones,
¿por q u é, pues, vivim os todavía?» Entonces M athathías
y sus hijos rasgaron sus vestidos, se cub riero n de ci­
licios y se vistieron de luLo.
H ácia aquel m ism o tiem po los oficiales de Antioco.
obligaron :í la m a y o r p arte a e los que se habian re ti­
rado á la ciudad de Modin, á in cen sar ¡i los ídolos y A
ab andonar la ley del Seüor. M athathías y sus hijos
perm aneciero n üeles, v respon d iero n á las vivas in s­
tancias que les fueron hechas: «Cuando todas las na­
ciones obedeciesen al rey Antioco, y a u n cuando todo
Israel se som etiese á sus ordenanzas, nosotros obede­
ceríam os siem pre la le y de n u estro s p adres, n Cuando
dejó de h a b la r, se adelantó cierto ju d ío p ara sacrificar
públicam ente A los ídolos: M athathías lo vió y quedó
em bargado de dolor: se conm ovieron sus en trañ as, dice
la E scritura, é inflam ándose s u fu ro r según el espíritu
de su ley, se arrojó sobre este h o m b re y le m ató so­
bre el altar; m ató tam b ién al oficial de Antioco, d e rri­
bó el alta r y lleno de nn santo fervor, esclam ó: «Cual-
Íjuiera que sea celoso de la ley , y q u iera perm anecer
iel á la alianza del Señor (pie m e siga. Y se refugió
con sus hijos A las m o n tañ as, ab an d o n an d o todo lo
que poseian en la ciudad. Muchos de los qu e deseaban
vivir según la ley y la ju sticia, sig u iero n este ejem plo,
y fie re fu g iaro n en el desierto con sus m ujeres, hijos
y rebaños, pero fueron perseguidos, y h ab ien d o re h u ­
sado defenderse n n sábado, fu ero n pasados A cuchillo
por sus enem igos. M athathías y los suyos llo raro n su
pérdida, y se resolvieron A d efen d erse'v alero sam en te
el m ism o dia com o e a cu alq u iera otro. E ntonces los
asideos (1) -que e ra n los m as valerosos de Israel, se
u n ie ro n á ellos, asi com o todos aquellos q u e h u ía n fln
la horrible tira n ía de Autioccr: form aro n m i ejército
■(i) Llaniábftnae u id e o s 6 ctansideoB Loa ju d ío s m as coloso* por
1# o to e rra o e ia d e la-ley eao rita y ‘de la ley tra d io im a l. {Pr.U»aux:
//riío ria de ÍQi j u d i o t . tib . X , I.)
SAG1UDA. 361
oue castigó. é hizo m o r ir á los prevaricadores: M atha-
tnlas ayudó en tudas parles con Los suyos-, d e rrib aro n
los aliares profanos-, persiguieron á sus enem igos, y
coroaiaron to d as'su s em presas. Después de h a b e r h e ­
cho tan grande? cosas, conociendo M alhathías que se
acercaba su fin, dijo íi sus hijos: «Hé aquí u n tiem po
de castigo y de ru in a , de indignación y de cólera;
sed, pues, ah o ra, hijos m ios, observadores celosos de
la ley, y sacrificad v uestras vidas p o r la alianza de
vuestros padres. Acordaos de las obras que kan hecho
vuestros antepasados, cada u n o en su tiem po, y reci-
hiréis grande gloria y u n eterno nom bre. ¿Por ventu­
ra no fué A braham fiel en la tentación, y n o se re p u ­
tó por ju sticia su fidelidad? Josef observó los m a n d a ­
m ientos de su Dios en tiem po de su adicción, y llegó
ó se r el sefior de todo el "Egipto: P h in e o , nuestro pa­
dre, ardiend o eu celo p o r la le y de Dios, recibió la
prom esa de un sacerdocio eterno: Josutf, cum pliendo
la palabra del Seiior, se hizo el jefe de Israel: Caleb
dando testim onio de él en la asam blea de sn pueblo,
recibió u n a heredad en la tie rra de prom isión: David
ítdquhio p a ra siem pre el trono p o r sn v irtu d : Elias,
hallándose abi-asado de celo p o r la ley, fué elevado al
Cielo: Azarias, Ananías y Mizael, creyendo firm em en­
te e n Dios, se salvaron de las llam as: D aniel, p o r la
pureza de su corazon, se libró de las garras de los leo­
nes: considerad, p u e s, hijos m ios, todo lo que h a pa­
sado de generación en generación, y conoceréis q n e
los que esperan en Dios, no se debilitan: no tem áis,
pues, la s palabras del h o m b re pecador, porque toda
su gloria n o es m as que el alim en to de los gusanos.
H oy se eleva y m añ an a desaparece, p o rq u e debe vol­
ver á la tierra de donde h a salido, y p o rq u e todos sus
pensam ientos desaparecerán vosotros , p u e s : hijos
m io s, arm aos de v a lo r, pelead valerosam ente en á e -
■fensa. de la ley , porque ella e s la que os colm ará de
g lo ria . Aquí ten eis á Sim ón vuestro h erm an o : y o sé
■que es h om b re de resolución: obedecedle siem pre, y
41 h a rá con vosotros las veces de padre. Judas Maca-
362 HISTORIA.
l e o h a sido fuerte y valiente en su ju v en tu d : q u e sea
vuestro general y d irija vuestras batallas: h aced á las
naciones el m al que el]as nos h a n hecho, proteged á
los observadores de la ley, y sed. siem pre obedientes á
sus preceptos.»
M athathías bendijo despues á sus h ijo s, m u rió y
fué enterrado p o r ellos en Modin, en el sepulcro d e
sus padres. Todo Israel lloró á este grande n o m b re y
se vistió de luto.
.Tudas, llam ado p o r sobrenom bro Macabeo, reem ­
plazó íi su pad re en el m ando de las tropas, asistido de
sus h erm an o s y de todos los que se h ab ian u nido 4
M athathías. Peleó con gusto p o r la defensa de Israel:
*Se hizo, dice la E scritura, sem ejante á u n leó n en
sus grandes acciones, ó á u n a leona que ru g e delante
de su presa.» Fué la salu d de su pueblo, y el te rro r de
su nom bre se esparció p o r todas partes. Apolom o, al
ru id o de sus victorias ju n tó u n ejército poderoso p ara
b atirlo ; pero Judas se anticipó, m arch ó contra él, d e r­
rotó sus tropas, le m ató á él m ism o, tom ó su espada y
se sirvió de ella en todos su s com bates. E ntonces Se­
ró n , general del ejército de Siria, acudió á su reg reso
seguido de num erosas tropas, p a ra castigar al vence­
d o r y vengar á Apolonio: se adelantó h a sta B ethoron:
Ju d as le salió al encu en tro con poca g ente, y h a b ie n ­
do vieto sus soldados el ejército enem igo, se dijeron
u n o s á otros; «¿Cómo pelearem os con u n ejército ta n
fu erte, siendo nosotros ta n pocos y h allán d o n o s fati­
gados p o r el ay u n o de hoy?— Es fácil, respondió Ju ­
das, b atir á m u ch o s con poca gente; y cuando Dios deL
cielo quiere pro tejer, 110 h ay d iferencia en tre u n g ran ­
de y un pequeño n ú m ero , p o rq u e todo poder dim ana
del cielo. Ellos v ienen contra nosotros con u n a m u lti­
tu d de gentes soberbias é insolentes, p a ra p erdernos á
todos con nuestras m u jeres y nuestros h ijos; y p a ta
enriquecerse con n u estro s despojos; pero nosotros pe­
learem os p o r n u e stra v id a y n u e stra lev , y el Seüor
con fundirá sus esfuerzos: asi, pues, 110 h a y que te­
m er.» Dijo, y arrojándose al m o m en to sobre el ene­
SAGRADA. 363
m ig o , desbarata í Serán y íi su ejército, persigue aL
enem igo en la bajada de B ethoron h a sta la lla n u ra ,
m ata ochocientos ho m b res, y los restantes se d isper­
san por el país de los filisteos. F urioso Antioco con es­
ta derrota, lev an ta un nuevo ejército, y se dispone á
volver á Persía p ara s u rtir allí su agotado tesoro, atro ­
pellando al pueblo de este país: confia á Lysias, p rín ­
cipe de sangre real, el m ando desde las m árgenes d el
Eufrates hasta el Egipto, y le deja á sn h ijo y á la m i­
ta d del ejército con la órden de esterm in ar á los judíos
y de dem oler á Jerusalen: d eja después la ciudad de
Antiocjuia, su capital, y pasa al Eufrates. Lysias reú n e
cu arenta y cuatro m il nom bres de in fan tería y siete
m il caballos, y n o m b ra p o r jefe de este ejército á Gor-
gías, uno de los fam iliares del re y , q u e va á cam par
cerca de Em m aus: Judas m arch a ¿ su e n cu en tra con
fuerzas inferiores; pero las su y as en cu en tran su socor­
ro en la oracion: Judas las an im a y las exhorta y co n ­
sigue & su cabeza u n a b rillan te victoria. Al aüo si­
guiente, m anda el m ism o Lysias al ejército enem igo,
y Bethoron es p o r seg u n d a vez el teatro del triunfo
de los judíos, bajo el heroico Macabeo: «N uestrosene­
m igos lian sido derrotados, dice Ju d as y su s herm anos,
\a m o s á purificar y renovar el tem plo.» Hetmese e l
ejército y se d irig e h acia el m onte de Sion, cuya for­
taleza ocupaba todavía el enem igo: los ju d ío s ven de­
siertos los lugares santos, m ancillado el altar, q u em a­
das las puertas, y cubierto de espinas, como n n lu g a r
silvestre, el Atrio sagrado: al v er esto rasgan sus vesti­
dos y se cubren de ceniza en señal de lu to , se p ro ste r­
nan en tie rra y lanzan gritos de dolor: después p u rifi­
can y restauran el tem plo, dem uelen el a lta r p ro fan a­
do, construyen u no nuevo, en el cual ofrecen holo­
cau sto s, y cuya dedicación celebran d u ran te ocho
dias: en fin, fortifican el m onte de Sion, le cercan do
to rres y m u rallas, y establecen allí u n a fu erte gu arn i­
ción.
Al m id o de estas b rillan tes victorias se confederan
todos los pueblos vecinos: ios de P lolem aida, T iro y
3G4 HISTORIA
Sidon se reúnen bajo las órdenes de un jefe, llam ado
T im oteo, y caen sobre la nación ju d ia: Judas destru y e
sus fuerzas, d a tres m il h om bres á su h erm an o Si­
m ón, !o cnvia h ácia el N orte, m ien tras que él m archa
hácia el Oeste con Jonathás, dejando á Josef y Azarías
p o r jefes del pueblo en Jeru salen , con prohibición de
d a r batalla h asta su vuelta. Sim ón y Ju d as baten al
enem igo en diversos encuentros: el prim ero persigue
á los vencidos h a sta debajo de los m u ro s de Ptolem ai-
da: el segundo som ete el país de G alaad, to m a m u ch as
ciudades p o r asalto, pasa á cuchillo á los vencidos,
triu n fa de N icanor, teniente de Antioco, y d ispersa dos
veces al ejército de T im oteo, q u e h u y e en desorden á
C arnaim . Judas q u em a esta ciudad y su tem plo, des­
truy e h asta los cim ientos de E phron, que le cerraba
sus puertas, y vuelve victorioso á la ciudad sania,
donde es recibido con aclam aciones del pueblo q u e h a
lib rad o .
Hácia el m ism o tiem po, el rey Antioco volvia de
Persia, vergonzosam ente arro jad o p o r el pueblo de
Persépolis, cuyo tem plo h a b ia in tentado despojar. R e­
cibió en Ecbataua la noticia de la d erro ta de sus gene­
rales por Jud as y su h erm an o . En su colera, salió al
m om ento p a ra la Ju d ea, y m aridó que aguijoneasen
sus caballos sin descanso, perseguido ya p o r Ja v en ­
ganza divina. «Iba, decia él, á h acer de Jeru salen la se­
p u ltu ra de todos los judíos,» pero en el m om ento m is­
m o en que p ro n u n ciab a este ju ra m e n to . Dios le h irió
con u n a plag a secreta é in cu rab le que lo ro ía las e n ­
trabas con terrib les dolores. Cegado p o r el orgulló,
em briagado de l'uior, y 110 respiran d o m as que ira y
odio, precipito su cairera, y en lo m as im petuoso de
ella cayó de su carro; despedazáronse sus m iem bros,
y m agullados todos p o r la caida, salieron de su cuerpo
gusanos como de u n a fuente; sus carnes corrom pidas
se desprendieron y cayeron ¿i pedazos con u n olor pes­
tífero: entonces el que se h a b ía engreído en m a n d a r
en las olas del m a r, y él qne creia poder lleg ar h a sta
las estrellas del firm am ento, em pezó á h u m illa r aquel
SAGKAD.V. 3C5
pvande orgullo de q u e estaba poseído, y horro rizán ­
dose de sí m isino: esclanió: <Justo es cjue el JiomLre
se som eta á Dios, v q u e el m o rtal no se iguale al Eter­
no.» Suplicaba al Seiior, y p a ra Librarse ae los dolores
y de la m u erte, se einpeiiaba en restablecer á Jeru sa­
len su a n tig u a m agnificencia, en su m in istra r pava ios
sacrificios, en hacerse judio» y en p u b lic a r poi toda la
tie rra el poder infinito de Dios: pero no cesaron del
todo sus m ales, porque el justo ju icio de Dios h ab ia
caído sobre él, y el im pío m u rió víctim a de los ma?
terribles torm entos (1).
Poco despues de la m uerte de Antioco Epiphanio,
Lysias hizo reconocer por sucesor a l trono de S iria al
liijo de este re y , Antioco V, por sobrenom bre Eunator,
á qu ien lia iia educado en su infancia, y sobre el cual
6e creia seguro de ejercer u n a poderosa" inllueiicia. El
nuevo rey escalado p o r los ju d ío s, que h a b ia n sacrifi­
cado k los ídolos y abandonado la ley de Moisés, re ­
solvió co n tin u ar én el designio de su padre y som eter
& jeru sale n . Ju n to cien m il h o m b res de in fantería,
veinte m il caballos, trein ta y dos elefantes adiestrados,
p a ra el com bate, y fué con estas tem ibles fuerzas á si­
tia r á Belhsara sobre el cam ino de la ciudad santa. Ju ­
das acudió con su heroico ejército á la defensa de la
fortaleza, y am bos ejércitos se p repararon p ara el
com bate. Los sirios esparcieron eus m o nstruosos ele­
fantes en los diversos cuerpos de su ejército: cada uno
de estos terrib les anim ales llevaba u n a to n e llena de
m áq u in as de g u erra, y defen d id a p o r treim a y dos de
sus m as valientes soldados-, una parte de la caballería
m arch ab a con los elefantes, y el resto se desplegaba
sobre las dos alas de la in fantería, form ada en batallo­
nes. Cuando p o r la m a ñ a n a el sol h u b o alu m b rad o á
este ejército, sus ray o s reflejados p o r los cascos de m e­
tal y ios broqueles de oro, relu m b raro n como lám p a­
ras encendidas, y los hab itan tes de los cam pos vecinos

(1) E l reinado e s te p rin c ip e y «l d e s u s predecesores h a b ía n aldo


a n u n c ia d o s de u n a m a n e ra m a ra v illo s a por Daniel. (C ap . X I'.
HISTORIA
oyendo los grUos confusos de esta m u ltitu d , el ru id o
sordo de su m a rc h a y el choque de las arm ad u ras que
resonaban, h u y e ro n espantados. Judas siem pre in tré ­
pido, se adelan ta atrevidam ente, em peña la b atalla y
m ata al principio seiscientos hom b res. Entonces un ju ­
dío llam ado Elcazar, ad q u irió u n a g loria inm ortal:
habiendo visto u n elefante en o rm e cubierto con el es­
cudo real, se persuade que este anim al lleva a l re y , y
derribando lodo lo q u e en cu en tra á su paso, llega h as­
ta debajo del vientre del elefante, le m ata y m u ere ól
m ism o, reventado con su caída. S u heroico ejem plo es
in ú til, los ju d ío s ceden al n ú m ero y se re tira n . Betli-
sa ra es estrechada de mas cerca y capitula p o r falta de
víveres: esteaíio era sabático, es decir, tiem po de des­
canso para la tierra. Lysias m a rc h a al m om ento á Je­
rusalen: despues de u n largo sitio, se obliga á respe­
ta r la ciudad, y á d ejar vivir á sus h ab itan tes, según
su s leyes; pero no b ien e n tra e n su recin to , cuando
q u e b ra n ta la fé ju ra d a , y h ace d e rrib a r las m u rallas
del m onte Sion.
Menelao, soberano sacrillcador, se h a b ia separado
del culto del verdadero Dios para in cen sar ¡i los ído­
los de los griegos, pero no dejó de escilar á Antioco
contra su patria: 110 gozó abso lu tam en te del fru to de
sus sacrilegios: irrita d o el rey con tra él, le hizo p re­
cip ita r en u n torreón lleno de ceniza, en d oude m u ­
rió. Sin em bargo, D em etrio, por sobrenom bre Soler,
h ijo de Seleuco IV y sobrino de Antioco E piphanio,
h u y o secretam ente de R om a donde se h a lla b a e n rehe­
nes. Llegó á u n a ciudad m arítim a, con poca gente, y
se hizo reconocer allí p o r rey: entró despues en la ca­
pital de S iria, y cuando h u b o tom ado posesion del pa­
lacio de sus abuelos, el ejército se apoderó de Antioco
y de Lysias, les hizo m o rir, y reinó D em etrio. Enton­
ces algunos h om bres im píos de Israel, teniendo A su
cabeza á. Alcimes, de la raza de A aron, q u e codiciaba
la d ig nidad de sacrillcador, fu ero n á b u scar al nuevo
rey, y le d en u n c ia ro n á Judas y A sus h e ñ ía n o s, co­
m o los m ayores enem igos de los reyes de su raza.
SAGRADA.. 367
Dem etrio, con este aviso, n o m b ra gran sacerdote al
culpable Alcimes, y envió con él á Bacchid.es, uno de
sus oficiales, & Je ru s a le n , seguido de un poderoso
ejército. Judas y sus h erm an o s reh u saro n o ír las in ­
sidiosas proposiciones de Alcimes; pero sn d eterm in a­
ción fué desconocida de los doctores de la ley, á c u y a
cabeza se hallab an los qne se llam ab an asideos, los
cuales qu erían la paz, y decían: «Es m i sacerdote de
Aaron; no nos engañará.i> Creyeron, pues, á Alcimes,
y cuando éste, recibido en la ciudad, se consideró
auefio de som eterla á su an to jo ,h izo ap resar y m o rir £
sesenta doctores en u n solo día; Bacclúdes condenó
igualm ente á m uerte nn g ran n ú m ero de los en em i­
gos del rey ; p u so despues toda la provincia en m anos
de Alcimes, el que estableció su au to rid ad con u n a
cruel persecución.
Indignada Judas, vuelve A lom ar las arm as, re ú ­
ne á todos los fieles de Israel alrededor de él, castiga
á los prevaricadores y a rro ja de Jeru salen al odioso
pontífice. Alcimes vuelve á donde el rey , y pide v en ­
ganza. Dem etrio envia á N icanor, u n o de los m as
grandes enem igos de los ju d ío s, y le m an d a perder á
este pueblo. N icanor llega á Jeru salen con u n ejército
form idable: y h ab ien d o intentado en vano so rp ren d er
Iraidoram ente á Ju d as, pierde en C epharsalam a y en
el p rim e r encuentro cinco m il h am b res. El resto de su
ejército h u y e en desorden á la ciudad santa. Subien­
do allí á la altu ra de Sion, y m irando con desprecio
los holocaustos ofrecidos al rey p o r los trém ulos sa­
cerdotes, N icanor estendió su m ano h ácia al tem plo,
é hizo un ju ram en to de cólera acom pañado de in d ig ­
nación. «Si n o se m e en treg a á Judas y á su ejército,
gritó él, yo q u em aré este tem plo cuando salga victo­
rioso.» Se m archó trasportado de fu ro r, dejando á los
sacerdotes y al pueblo anegados en llanto,
R eunió su ejército cerca de DeLhoron Ju d as acam ­
pó con tres m il ho m b res, y arrodillándose delante de
Dios, dijo; « S eñor: cuando los que enviaba el rey
Sennacherib, blasfem aban tu santo nom b re, llegó u n
368 HISTORIA

ángel y m alo cíenlo óchenla y cinco m il h o m b res en


su cam po: esterm ina, pues, h o y este ejército delante de
nosotros á llu de q u e todos sepan que N icanor h a des­
honrado con sus blasfem ias tu casa santa: y jú zg ale se­
gún sus crím enes.» Se levanta y em peña la. batalla: el
ejército de N icanor es derrotado, y él m u ere el prim ero
en el com bate. Judas persigue al enem igo desde Adazer
h a sta la en trad a de (¡azara, y el sonido estrepitoso de
sus trom petas an u n cia á lo lejos su victoria. Con esta
noticia los h ab itan tes de las aldeas y de los cam pos,
se levantan en m asa y acaban de m a la r á los sirios,
de los cuales n o se libra, ni 11110 solo. Los vencedores
reconocen el cadáver de N icanor, cúrtanle la cabeza y
la m ano derecha, que el im pío h a b ia estendido inso­
lentem ente hácia el tem plo, y clavan tan sangrientos
trofeos frente de este santo m o n u m en to .
Jerusalen se halla en la em briaguez del triu n fo ; y
el d ia 13 del m es de m iar, se in stitu y e u n a fiesta so­
lem ne, en h o n o r de esta b rilla n te victoria.
Ju d as conoció entonces el nom bre de los rom anos,
supo q u e su poder e ra g ra n d e , que h a b ia n triunfado
de España, destru id o á Filipo y P erseo, rey es de Ma-
cedonia, ¡1 Antioco el G rande y su form idable ejérci­
to, que hab ian arru in ad o y som etido á s u im perio lo­
dos los reino s ó islas que in ten taro n oponerles resis­
tencia; pero que observaban escrupulosam ente los tra­
tados celebrados con su s aliados, y con los que se h a ­
b ía n unido á ellos: que hacian re in a r á todos a q u e­
llos á quienes q u erían aseg u rar la corona; y que al
contrario, hacian que la perdiesen los que q u erían
d e h ib a r: que A lo m enos n in g u n o de ellos llevaba la
diadem a, n i se vestía de la p ú rp u ra p a ra parecer m as
g rande que los dem ás, pero q u e h a b ia n establecido
u n senado, y confiaban cada año á u n solo ho m b re la
soberana m ag istratu ra. Ju d as com prendió cuán im ­
p o rtan te seria p ara los ju d ío s la protección de un
pueblo sem ejante, y envió á R om a diputados, los que
& su llegada tuvieron u n a aud ien cia en el senado, y
d ijeron: «Judas Macabeo, sus h erm an o s y el pueblo
SAGRADA. 369
ju d ío , nos h a n enviado p ara establecer la paz en lie
nosotros, á fin de que nos contéis en el n ú m ero de
vuestros aliados y de vuestros am igos.» Esta projposi-
cion gustó al senado: celebróse u n tratado de alianza
ofensiva y defensiva en tre el senado rom ano y el
pueblo ju d ío , y se rem itió á Jeru salen g rabado en
p lanchas de bronce. El senado escribió al m ism o tiem ­
po cartas am enazadoras á D em etrio. «¿Por qué h as
im puesto, le dice, u n yugo tan pesado á. los judíos
cjue son nuestros am igos y aliados? No des lu g a r á
(pie vengan de nuevo á, q uejarse á nosotros: porque
les harem os ju stic ia y te atacarem os p o r m a r y por
tierra.»
Pero D em etrio, sin d u d a antes de h a b e r recibido
este a v iso , envió á. Bacchides y á Alcimes á Judea
p a ra vengar á N icanor-, m arch aro n sobre Jeru salen y
se detuvieron cerca de Berea con v einte m il hom bres
de infan tería y dos m il caballos: Ju d as estaba acam ­
p ado en Laisa con veinte y tre s m il h om bres esco­
gidos; y viendo estos la m u ltitu d de los enem igos,
se sobrecogieron de tem or, h u y ó la m a y o r p a rte , y
110 q u edaron m as que ochocientos con Judas. Cuan­
do este héro e vió su ejército reducido á u n pubado
de hom bres, y consideró la necesidad en q u e se h a ­
llaba de c o m b a tir, se sintió desfallecer : á lo m e ­
n o s, dijo á los que h ab ian quedado con é h «Mar­
chem os á donde están n uestros enem igos p a ra com ­
batirlos...... si podem os.» Pero sn gente respondió:
'(Jamás podrem os hacerlo; procurem os salv ar n u estra
vida, y volvamos á nuestros h erm an o s; despues v en ­
drem os á com batir, porque somos m u y pocos.— Dios
nos libre de o b ra r de esta m anera, dijo Ju d as, y de
h u ir del enem igo: si h a llegado n u e stra h o ra m u ra ­
m os valerosam ente p o r nuestros h e rm a n o s , y qne
nin g ú n lu n a r m ancille n u estra gloria.» El ejército si­
rio salió entonces de su cam po y vino á su encuentro;
los honderos y los arqueros m arch ab an delante, y los
que se g u ía n , form ados en p rim era linea, eran los
m as valientes y m as firm es. Bacchides m an d ab a el
370 HISTOUIA
ala derecha, y sus batallones m arch ab an al son de
los clarines. Las trom petas de Ju d as respondieron 5
las de los sirios, y d iero n la señal de ataque, qne du­
ró desde la m a ñ an a h a sta la tard e. Conociendo Judas
que el ala d erecha, en q u e se en co n trab a Bacchides
era la m as fuerte, hizo u n esfuerzo con los m as va­
lientes de su tropa: rom pieron esta ala y la p ersig u ie­
ron h a sta el m onte de Azot; pero el ala izquierda p er­
siguió á Jud as y a vencedor y le envolvió p o r re ta ­
guardia: entonces comenzó u n nuevo com bate n o m e­
nos terrib le y sangriento-, fu é gran d e el n ú m ero de
m uertos, en tre los cuales cayó el m ism o Judas, y el
resto de los suyos huyó- Jo nathás y Sim ón lev an ta­
ron el cuerpo de su h erm an o y lo e n te rra ro n e n Mo­
d ín en la sep u ltu ra de sus padres. De este m odo p ere­
ció u n o de los m as grandes h o m b res q u e se conocie­
ron: m a s puro que David, y ta n gran d e como él por
su valor y piedad: ninguno era m as capaz de lib ertar
y regen erar á su p u eb lo , si este h u b ie ra podido serlo:
y nada p ru e b a tanto la corrupción á que h ab ia llega­
do la gran m asa de la n ación, com o la im potencia de
un h om bre com o Judas, y de u n a fam ilia com o la su ­
ya para restab lecer la independencia y la grandeza de
la p a tria, sobre fu ndam entos durab les. Todos los j u ­
díos fieles llevaron lu to p o r Ju d as, y llo raro n m u ­
chos dias, diciendo: «¿Cómo es que h a caido este hom ­
bre invencible que e ra el salvardor de Israel?
CAPÍTULO III.

Libertad tic la Judea bajo Jonalliás y Simón.

168— 135.

(I M acabeo, I X -X V I.)

Jerusalen, despues de la m u e rte de Ju d as Macabeo,


presentaba u n doloroso esp ectácu lo : dividida en dos
partidos, u n o de Los cuales q u e ría la independencia
n a c io n a l, m ien tras que eL otro se d eclaraba p o r la do­
m inación de los reyes de S ir ia : agitada adem ás por
sectas rivales, la ciudad sa n ta v eia 1 su g ra n sacerdote
d a r el ejem plo del sacrilegio y de la cobardía. H om ­
bres de in iq u id ad se Levantaron de todas p a rte s, dice
eL histo riad o r de los M acabeos, y p a ra colmo de los
m ales, el país se vió asolado p o r u n a h a m b re espan­
tosa. Los h a b ita n te s, incapaces de re s is tir, se som e­
tiero n á B acchides, que escogió h om bres im p ío s, y
les dió el gobierno d el país. Estos hom bres b uscaron
escrupulosam ente á los antiguos am igos de Ju d a s , y
ejercieron sobre ellos terrib les venganzas. El pueblo
entonces se afligió de 1aL m odo, crue ja m á s se h ab ia
visto e n consternación sem ejante desde que no a p are­
cían y a profetas en Israel. Los p artidarios de Ju d as se
ju n ta ro n y n o m b raro n á. Jonathás p o r su príncipe y su
jefe en lu g a r de su herm ano- Jo n ath ás se encargó,
p u e s, del m a n d o , y habiéndolo sabido Bacchides,
niandú que se le p re n d ie se ; pero Jo n ath ás h u y ó al
312 HISTORIA
desierto de Thocua, cerca del lago A sphar, con sn h er­
m ano S im ón. Bacchides le sig u ió , y fué derrotado en
dos encuentros consecutivos. Volvió á Jeru salen , ed i­
ficó fortalezas en Judea, puso en ellas guarniciones, y
detuvo en rellenes en Jeru salen ú. los hijos de las p ri­
m eras fam ilias del país. Entonces fué cuando el impío
A lcim es, hab ien d o m andado íjue se d errib asen las
m urallas de la parte in terio r del tem plo, fné castigado
de repente p o r Dios. U na parálisis le dejó m u d o , 110

S
udo acabar su em presa sacrilega, y m u rió con g ran ­
es dolores. Bacchides dejó al m om ento A Jerusalen:
llam ado despues p o r los de su propio p a rtid o , volvió
con u n ejército n um eroso, y fué vencido p o r Jonathás,
cerca de B ethbessin. Despues de esta ú ltim a derro ta
consintió en u n a tra n sa c c ió n ; los prisioneros fueron
canjeados, Bacchides ju ró 110 -atacar m as ;í los judíos,
y 110 volvió A aparecer en su país. La g u e rra cesó por
a lg ú n tiem po: Jo n ath ás se estableció” en Machinas,
donde juzgó al p u e b lo , y esteim iu ó d e Israel á, los
im píos.
El re y D em etrio se h abia hecho odioso A su s p u e ­
blos, y sacando partido del odio que in sp irab an sus ac­
ciones y su s desórdenes, u n h o m b re llam ado A lejandro
Bala, se anun ció rep en tin am en te com o h ijo de Antioco
E piphanio: se apoderó de P tolem aida , y reivindicó la
oorona de Siria: la im p o rtan cia de la Ju d e a I11/.0 desear
su alianza e n tre los ao6 p a rtid o s : D em etrio aduló í
Jonathás y á s u n a c ió n , la llam ó s u a lia d a , le volvió
sus re h en e s, y les p erm itió le v a n ta r u n ejército . Jona­
th ás se apresuró por aprovecharse de estas favorables
disposiciones : hizo g randes o bras en J e ru s a le n , y
TOÍTiió ¿ lev a n ta r los m u ro s del m o n te S ion. Testigos
d e s u poder la m a y o r p arte de los q u e Bacchides h ab ía
n om brado p a ra la custodia de las plazas fu e rte s , h u ­
y e ra n , y el país quedó en g ran p arte lib re de la dom i­
n ación eetran jera. S in « m bargo, A lejandro hizo todos
los esfuerzos posib les p o r a tra e r á los ju d ío s. Escribió
iJo n ath áfi titu lán d o le h erm an o , le n om bro gra-n sacer-
fiote]h y le envió u n vestido de p ú rp u ra y u n a corona
SAGRADA. 373
de oro. Jonathás se revistió con el traje pontifical en
la f i e s t a de los T abernáculos, levantó al m om ento u n
ejército é hizo fabricar arm as. Sobresaltado D emetrio
con esta nueva, hizo ;i los ju d ío s exorbitantes ofreci­
m ientos ; pero no creyeron en sus palabras y favore­
cieron A su rival. líinpéüase u n a g ran b atalla e n tre los
dos competidores* y D em etrio pierde en ella la corona
la vida. A lejandro an u n cia al m om ento su victoria á
Í tolom eo P hiíom etor. rey do Egipto, le d a un a cita en
P totem aida, y le pide su h ija hleonati a en m a trim o ­
nio. Ptolem eo accede á los deseos de A lejandro, cuyo
m atrim onio se celebra en P to lein aid a, á donde Jona­
thás es convidado: asiste A él vestido de p u rp u ra , y el
re y le hace sen tar á su lado.
Uien pro n to am enazan nuevos peligros A Alejandro
Bala: D em etrio :V im ior , h ijo de D em etrio S o k r , r e d a ­
m a la corona y n o m b ra p o r general A A polonio. go­
b e rn ad o r de la "Celssyria, que som ete u n a p arte del im ­
perio A su señor; p e r o , 110 habiendo podido Apolonio
seducir A J o n a th á s . m a rc h a A su encuentro y le p re ­
senta la batalla cerca de Azot. JonalhAs y S im e ó n , su
intrépido h e rm a n o , ponen en vergonzosa fuga A los
enem igos, les peisiguen. en Azot y e n B eth -D ag o n , en
donde se h alla b a el tem plo de su ídolo: entregan A las
llam as á estas ciudades y á este tem plo p rofano, som e­
ten á Ascalon, y vuelven A Jeru salen cargados de bo-
tin y llenos de gloria. Alejandro eleva A Jo n ath ás á
nuevas dignidades: le envía u n broche de oro ig u al al
que 1Levaban los príncipes de la san g re re a l, y le da en
propiedad la d u d a d de Accaron y su territo rio . Deme­
trio Nica tur no e ra el enem igo m as tem ible de A lejan­
dro: el m ism o Ptoloineo, su su eg ro , se declaró contra
él. Después de h ab erse hecho d ueño de u u g ran Hú­
m ero de sus c iu d a d e s, le quitó su m u je r Cleopalra, y
k ofreció á D em etrio : posteriorm ente , habiendo en­
c a d o en A ntioquía, se puso dos coronas sobre la Eren­
te , la de Egipto y la de Siria. Alejandro h u y ó á la
Arabia eu donde fu é m u e rto ; pero Ptolom no no gozó
(disolutam ente de su u s u rp a c ió n , y m u rió tres dias
371 HISTORIA.

despues del p ríncipe A q u ien h ab ia despojado. Dem e­


trio II, por sobrenom bre N icator, h ered a de am bos, y
se sentó en paz sobre el trono de S ir ia ; denunciado
Jonathás á este m o n arca com o su e n e m ig o , seguido
de algunos sacerdotes y ancianos, m arch ó atrevida­
m ente al encu en tro d el p e lig ro , y fué á b uscar al
nuevo rey A P to le m a id a ; le ofreció ricos p resen tes, y
encontró gracia delante de él. D em etrio le confirm ó
en todas sus dignidades, y le concedió á costa de tres­
cientos talentos, la lib ertad de la Ju d e a y de la Sam a-
ria , con la exención de los trib u to s o rdinarios.
Viéndose y a D em etrio a lb ín a d o en el tro n o , licen­
ció su ejército n a c io n a l, p a ra no te n e r A su lado sino
trap as m e rc e n a ria s : este acto im p ru d en te escitó u n a
s e d ic ió n : T riplion, antiguo p artid ario de Alejandro
Bala, se presen ta inm ed iatam en te á los A rabes, y ob­
tien e de ellos la lib e rta d del jóven A ntioco, h ijo de este
p rin cip e, y lo pone al fren te de DemeLrio. Este, a b an ­
donado de sus soldados llam a en su socorro á los j u ­
díos, haciéndoles m agníficas prom esas. Jo n ath ás con­
duce tre s m il de estos á A ntioquía: lleg an en el m o­
m e n to en qu e el pueblo furioso se ab alan zab a al palacio
de Dem etrio y p ed ia su c a b e z a : los ju d ío s hacen u n a
espantosa carnicería, salvan á este principe, el que, no
b ie n se h a lib r a d o , cuando olvida sus prom esas é in ­
ten ta p erd er á Jo n ath ás. S u in g ra titu d fu é castigada:
vuelve T riphon y p resen ta el jó v en Antioco a l pueblo
y A los soldados que le p roclam an re y . D em etrio es
v e n c id o , y se ve obligado á h u ir. Antioco contrae al
m om ento alian za con J o n a th á s, le confirm a en el
p o n tific ad o , le d a cuatro ciudades p a ra g o b e rn a r, le
autoriza p a ra q u e beba en u n a copa de oro, p a ra que
se vista de p ú rp u ra y lleve u n bro ch e de oro ; en un ,
establece A Sim oil p o r g o b e rn a d o r, desde la costa de
T iro h a sta la de E gipto. Sin e m b a rg o , los generales
de D em etrio h ab ia n reu n id o n uevas tropas. Jonathás
m a rc h a á su e n c u e n tro , las alcanza en los llanos de
Azot, y a u n q u e in fe rio r en núm ero ,les m a ta tres m il
h o m b r e s , y obtuvo u n a señalada v icto ria. Envia en-
SAGRADA, 375

lonces diputados á R om a y E sparla y renu ev a antig u o s


tratados, celebrados con estas ciudades, fija despues
toda su atención en la g u e r r a , que co n tin ú a en tre Los
com petidores al trono de Siria : levanto fortalezas en
Ju d ea , y rep ara las m u rallas de Jerusalen, Pero u n a
ho rrib le traición descubre u n nuevo enem igo.
TriphOJi codicia el cetro, y m ed ita el asesinato de
Antioco, despues de h ab erlo c o ro n a d o : tem iendo la
oposicion de Jo n ath ás le lleva pérfidam ente á P to le-
m aida con sus hijos,- le en cierra con su escolta, y po­
co despues lo m ata, así com o & sus hijos, cerca de Bas-
cam an: á continuación, arro jan d o la m áscara cum ple
su crim inal designio: d egüella al joven re y Antioco y
se sienta sobre su trono.
Los ju d ío s h ab ian nom brado p o r sucesor de Jo n a­
thás á Sim ón, su herm ano; in dignado este de los c rí­
m enes de T riplion, y de su tiranía,, hace alianza con
Dem etrio Nicator, el que le renueva todas las p rom e­
sas, á que h ab ia faltado en su próspera fortu n a, exim e
á los ju d ío s de todo trib u to , y concede en propiedad í
Sim ón todas las plazas q u e él h a fortificado. De este
m odo Israel se consideró do nuevo lib re del yugo de
las naciones. Un decreto del pueblo concede entonces
á Sim ón los derechos reales, y previene que gozará de
ellos, y tam b ién su posteridad, h asta q u e salga u n
profeta verdadero. Fecháronse los registros públicos
en Jerusalen en el p rim er ano del pontificado de Si­
m ón, gran jefe y principe de los ju d ío s, ciento c u a re n ­
ta y tres años antes de n u e stra era. Sin em bargo, los
sirias ocupaban siem pre la fortaleza de Jerusalen, si­
tiada en vano p o r Judas y Jonathás: Sim ón, m as feliz,
les estrecha p o r h a m b re , y les obliga á capitular, y los
ju d ío s e n tran en esta plaza tem ible con palm as e n la
m ano, a l son de in stru m en to s, y con cánticos sagra­
dos. Sim ón tom ó entonces p o r colega en el m ando A
Ju a n H ir cano, su hijo , y gobernó á los ju d ío s con glo­
ria. Estendió los lím ites de su nación, y el pueblo go­
zó en su tiem po de u n a paz y u n a felicidad que no
h a b ia conocido desde su v uella de la cautividad, S i-
HlST. 5&G. 2¿>
376 . HISTORIA
anón se m oslró en todas ocasiones, fiel observador de
la ley; restableció la g lo ria del san tu ario y castigó á
los im píos y á los perversos: puso m ucho cuidado eu
la prosperidad m aterial de su nació n , y tom ó posesion
loppe, ñ fm de q u e este p u e rto sirviese de com unica­
ción entre la Judea, la (¿recia y las Islas. Sim eón pro­
tegió tí los pobres, é hizo florecer la a g ric u ltu ra y la
in d u stria. Cada u n o , d ic e la E scritura, vivía com o en
tiem po del re y Salom on, sin in q u ie tu d , bajo su viím
y bajo su higuera-, los jóvenes se ad ornaban con b r i­
llantes arm ad u ras, y los ancianos, según la palabra
del profeta ¡Jacharías, se o c u p a b a n , sentados en las
plazas p ú b lic a s, de u n a prosp erid ad n u ev a para
ellos.
Los judío s fueron deudores de este estado de cal­
m a y de felicidad, cuya d u ració n fué dem asiado cor­
ta, m enos ta l vez. al col o y ¿l los talentos de Sim ón,
que á la encarn izad a lu c h a de los diversos p reten d ien ­
tes al tro n o , y á la necesidad (jue len ian lodos de co n ­
serv ar su apoyo ó su n eu tralid ad . D em etrio N icalor
h ab ía sido cogido A traición p o r el rey de los persas
arsacios: d u ran te su cautividad, su h erm a n o Antioco,
p o r sobrenom bre Sidetes, é hijo de D em etrio Soler,
pretendió su corona y se la disputó á. T rip h o n que la
h ab ia usurpado: solicitó la asistencia de los judíos; pe­
ro despues estando seguro de v en cer y de apoderarse
de T riphon, bloqueado en Dora, am enazó á los ju d ío s
con su cólera y con su venganza sino le entreg ab an las
ciudades que h a b ía n tom ado, o 110 se som etían á los
tributos adq u irid o s p o r sus predecesores. «Nosotros
no hem os u su rp ad o de n in g ú n m odo absolutam ente
el país de otro, respondió Sim ón; n i retenem os tam ­
poco los bienes de otros, sino que solam ente hem os
vuelto A to m a rla h eren cia de n u estro s padres que h a ­
b ia estado alg ú n tiem p o en m anos de n u estro s enem i­
gos.» Irritad o Antioco oon esta respuesta, hizo m a r­
ch ar, á las órdenes de su general Cendebeo, nn ejér­
cito con.ira los judíos, m ien tras q u e él p erseg u ía á
T rip h o n su com petidor, h u id o de Dora, In stru id o Si-
SACiHAIU. 377
m on de la aproxim ación de estas tropas, llam ó á sus
dos hijos Ju an y Judas, y les dijo: «Hemos balido y
hum illado m is h erm an o s y yo, á nuestros enem igos
de Israel, desde n u estra ju v en tu d h a sta el p resente, y
liem os libertado m u ch as veces á Israel: ah o ra que m e
veis anciano ocupad m i p u e s to , haced m is veces, y
m arch ad ¡i com batir p o r vuestro pueblo: y o ruego á
Dios que os envíe su socorro del cielo.» Ju an y Judas
m arch aro n contra Cendebeo, con la caballería y v ein ­
te m il hom bres de in fan tería: se detuvieron en Modin,
al am anecer d el día siguiente, habiendo bajado ¿ la
Í an u ra, vieron al enem igo qne venia í ellos: un rio
separaba á los dos ejércitos. Juan hizo avanzar á los
suyos, y viéndolos irresolutos sobre las nnírgenes del
to rre n te , se arrojó el p rim ero, y sus tropas lo pasaron
d etrás de él: entonces dividiendo su ejército en dos
cuerpos, colocó en el centro su caballería ó hizo so n ar
las trom petas sagradas: el enem igo no se atrevió A es-
erarle, y h u y ó vergonzosam ente: los ju d ío s m ataro n
S iez m il hom b res, y persiguieron los restos h a sta el
m onte Azot. Ju a n H ircano volvió en paz á Ju d ea; pero
bien pronto Sim ón, su ilu stre pad re, sucum bió vícti­
m a de u n a h o rrib le traición. Ptolom eo, su y ern o , go­
b e rn a d o r de Jericó, h o m b re ávido y am bicioso, aspi­
rand o á la su p rem a au to rid ad , convidó al g ran sacer­
dote y á sus h ijo s á u n festín q u e dió en la fortaleza
de Díoph, que ét h a b ia hech o co n struir: Sim ón inspec­
cionaba entonces las ciudades de Judea, y acudió al
convite de su yerno con dos de sus hijos, M athathías
y Judas. Al con clu ir el convite se levantó Ptolom eo,
y d^udo la seüal á sus satélites, en traro n en la sala
con las armáis en la njano. S im ón, sus h ijo s, y a lg u -
nps de los si¿yos fu e ro n asesinados. El asesino envió
d i m om ento á pedir al rey u n ejército, con Ja prom esa
de som eterle toda el país y la capital; pero uo gozó de
s u crim en: su enem igo m as tem ible, el h ijo m ay o r de
Sim ón, Ju a n H ircano, se h ab ia sustraído de sus lazos
y de su fu ro r, y vivió p a ra la felicidad y la g loria de.
su pueblo.
378 HISTORIA
uToda la h isto ria de los ju d ío s desde su restableci­
m iento, dice el in m o rtal Bossuet, n o e ra sino u n per­
petuo desarrollo de los oráculos q u e el E spíritu Santo
les h a b ia dejado. Si restablecidos en su tierra despues
de la cautividad, gozaron d u ran te trescientos aüos de
u n a paz profunda: si su tem plo fué reverenciado y su
relig ión hon rad a en todo el O liente; si eu fin su paz
fué tu rb ad a p o r sus disensiones; si el soberbio re y de
Siria hizo esfuerzos inauditos p ara estrecharlos, si pre­
valeció al^u n tiem po; si poco despues fu é castigado,
si la religión ju d a ic a y to a o e l pueblo de Dios fué real­
zada con u n esplendor m as m aravilloso q u e n u n c a , y
el rein o de Ju d á acrecentado p o r nuevas conquistas,
todo esto se h alla b a escrito en sus lib ro s inspirados; y
se puede decir con verdad, q u e si d u ran te quinientos
años el pueblo de Dios estuvo sin profeta, el estado de
estos tiem pos era profético; la o b ra de Dios ib a bien,
y se preparab an insen sib lem en te los cam inos, p ara el
entero cum plim iento de los antiguos oráculos (1).»
En tiem po de los M acabeos fu é escrito p o r Jesús,
hijo de Sirach, u n precioso lib ro , conocido b ajo el
n om bre de el Ecksiastcs. Fíjase la m ism a época, á la
publicación del lib ro de la SabUluria, atrib u id o en su
origen p o r u n erro r á Salom on. Estas dos obras encier­
ra n adm irab les preceptos de m o ral y lecciones de alta
piedad- El autor del libro de la S abiduría, parece h a­
b e r Lomado p o r m odelo al Eclesiastes del re y Salom on
y el au tor del Eclesiastes h a im itad o con preferencia
al libro de los P roverbios.
Las tradiciones sagradas del an tig u o testam ento
acaban e n la m u e rte de Sim ón MacaSeo. Un rápido
cuadro, trazado, según los testim onios m as auténticos,
b a sta rá p a ra inteligencia de la h isto ria de los judíos,
du ran te los ciento tre in ta y cinco aftos que m ediaron
desde Sim ón h a sta Jesucristo.
(1) Discurso sobre la historia universal, segunda porte.
CAPÍTULO IV.

Reinado de los Asmemeos.—Las legiones rom anas e n Jndoa bajo


l’om peyo y C raso,—lícrodus, re y de los ju d ío s.—Augusto e m ­
perad o r.

135— 1.

Ju an H ircano, h ijo y sucesor de Sim ón, m antuvo


>or m edio de b rillan tes victorias la independencia de
{a Judea, cuyo territorio estendió b astan te. Tom ó íi
Sichem y qnem ó el templo de G arizim , sobre el cual
levantaron después los sam ar itaños u n a ltar, donde
ofrecieron sacrificios, según la ley de Moisós, costum ­
bre que h a n observado b a sta n uestros dias. H ircano
sujetó á los idum eos, y obligó A que abrazasen el cul­
to de los judíos; tom ó tam bién y destruyó h asta los
cim ientos, la ciudad de Sam aría, antigua" capital del
reino de Israel, y cuyos antig u o s habitan tes, arrojados

S
or Alejandro, h a b ia n sido reem plazados despues de
os siglos por colonias de m acedonios, y otros pueblos
de la Grecia.
El fin del pontificado de H ircano, fné tu rb ad o por
disensiones civiles: los ju d ío s estaban entonces divi­
didos en diferentes sectas, las principales de las cua­
les eran las de los fariseos y xa diteros. Los fariseos se
distinguían por u n a gran rigidez eu las prácticas de la
ley , y en la observancia de todas las tradiciones: es­
tas la inspirab an h asta en el espíritu de las grandes
m asas bajo la palab ra escrita, y corrom pieron en tera­
m ente su culto p o r la sustitución de u n a m u ltitu d de
360 m sT n ú

prácticas estertores m inuciosas y frecuentem ente a b ­


surdas , al culto interio r, y A la. verdadera adoracion-
Los sacerdotes, los doctores y letrados, ó los escribas,
y la m ay o r p arte del pueblo*bajo, h ab ian abiazado las
doctrinas farisaicas, m ien tras qne los ricos eran casi
todos de la secta de los sutilíceos: estos despreciaban
todas las tradiciones, y no recibían como libros in sp i­
rados m as qoe los cinco de Moisés ó el Pentateuco:
creían que u n Dios, p uro espíritu, h ab ia criado eL
Universo y le gobernaba po r sn provid en cia, peto n e­
gaban la existencia de los ángeles, y la resurrección de
los m uertos. Según ellos, p o r las recom pensas de los
buenos y el castigo de los m alos, no debían entender­
se sino los bienes ó m ales tem porales. Una tercera
secta, la de los eseiiios se h acia n o ta r p o r la au sterid ad
de costum bres y u n a vida toda ascética. A dm itían com o
escritos sagrados las profecías con los libros de Moisés
y esceelian íi los fariseos en la supersticiosa rigidez de
sus prácticas; pero su fti era m u ch o m as p u ra . Ponían
sus bienes en com ún, vivian en tre sí com o h erm an o s,
y cum plían recíprocam ente todos los deberes de la ca­
ridad. Vivian en el celibato, condenando el m atrim o ­
nio y despreciando los placeres de esta vida: h u ia n de
las ciudades, y el m ay o r n ú m e ro habitab a sobré la
costa occidental del Mar M uerto. No tom aron p arte a l­
g u n a en las escisiones civiles que en sangrentaron la
Jud ea bajo Hircano y sus sucesores: todas sus espe­
ranzas, se lim itab an A la in m o rtalid ad . Su num ero
ioco considerable, apenas pasó de cuatro m il en toda
Í á Judea.
La secta m as n u m ero sa y la m a s fuerte, era la de
los fariseos: h ab ia sostenido largo tiem po, el poder de
Ju a n H ircano, pero acabó p o r enem istarse con él, Al-
gui.os fariseos dol s a n h e d n n ó gran consejo, le afea­
ro n inju stam en te el ten er p o r m a d re á u n a cautiva
idum ea, y le declararon p o r este m otivo, según la ley
de Moisés, in d ig n o d el sacerdocio. H ircano, vivam en­
te irritado, se separó de su sectil, condenó sus trad i­
ciones, cu y a lectura p rohibió en las sinagogas, y se
SAGRADA.
entregó enteram ente ú sus adversarios. Los fariseos se
vendaron: á su m uerte hiciero n condenar su m em oria
alrededor del tabernáculo, y no sonaron las trom pe­
tas sagradas p a ra h o n ra r sus funerales Sin em bargo,
A ristobnlo, su hijo, adoptó la m ism a política; los sa-
duceos llenaron su córte y los tribunales y el prim ero
de su ia/,a cifró la d iadem a y se hizo pro clam ar rey .
Renovó en parte la an tig u a pom pa real de Salom on y
reinó en medio del lujo del Oriente: habitó el palacio
de David, y tuvo m u jeres cstraujeras: su lecho de m a r­
fil estuvo rodeado de guardias, y la m u ltitu d de los
cortesanos dobló la rod illa ante la raza n u ev a, conoci­
da bajo el nom bro de ¿(«moneo* (!). Pero A ristobnlo,
según la espresion de Josepho, no llevó m as q u e dos
anos el m anto de p ú rp u ra , en las ciudades de la Judea,
y trasm itió su corona íi. su h erm ano Janeo, cuyo rei­
nado de veinte y siete aüos, fué señalado con ■victorias
en el estranjero y con largas revueltas civiles en tre el
partido del principe y el de los fariseos. Estos causa­
ron al rey en el tem plo, el m ism o dia de la fiesta de
los tabernáculos, lina afrenta m o rtal que inundó de
sangre á seis m il victim as. A lejandro anduvo desde
entonces escoltado p o r nna g u ard ia eslran¡era y so­
focó con ella las n u m erosas sublevaciones de la 'f a c ­
ción enem iga. A consecuencia de la ú ltim a espedicion
contra los rebeldes, se entregó A lejandra despues d é la
victoria á crueldades espantosas; hizo poner eu cruz á
ochocientos fariseos alrededor de las m urallas de Je-
rusalen, degolló á sn vista r s u s m ujeres y á sus hijos
y este afrentoso espectáculo fué el interm edio de una
fiesta que dió á sus concubinas en las azoteas de su
alacio. T an la ferocidad sujetó á sus enem igos y re -
S obló su odio: el san g u in ario vencedor en su lecho
de m uerte, tem ió la venganza en sus h ijo s y su m u je r
Alejandra, y obligó á is la A reu n irse á los fariseos-,
añadió que p ara pro p o rcio n ar á sus restos hono res fu -
(1) L os m iem bros ilc esta fam ilia recibieron bu nom bT P d e Asmone®,
Abuelo del sacerdote M athathías. (P ritleaux,: H it torta <fc tui jurfici, l i ­
tr o X I |.
HISTORIA
nerales, el ún ico partid o que ella ten ia que to m ar, era
abandonarlos A sus enem igos, dejándoles libertad de
en terrarlos ó do echarlos á los p e ñ o s. A lejandra, m u ­
je r de alta capacidad, siguió este consejo, que tuvo un
feliz resultado. Los fariseos íi pesar de su odio h ácia
A lejandro Janeo, d ieron á su cuerpo u n a sep u ltu ra
real, y reconocieron íi. su viuda por soberana: reinó
nueve aüos con sab id u ría, y bajo su reinarlo volviera a
á to m a r ascendiente en Ju d ea, y restablecieron la lee-
tu ra de sus tradiciones en las sinagogas. Alejandro
hizo reconocer p o r soberano sacriü cad o r k H ircano, su
hijo, hom bre de un carácter débil y tlojo, y le in stitu ­
yó al m o rir h ered ero del trono: pero entonces ensan ­
grentó í Jeru salen u n a nueva g u e rra civil: A ristobu-
lo, su hijo segundo, sostenido p o r el partido saduceo,
u su rp ó el pontificado y el cetro, y condenó á. su h e r­
m ano A la vida p rivada.
Despojado así H ircano, m archó á im p lo ra r el so­
corro de ios árabes, los cuales acu d iero n a p resu rad a­
m ente á su voz, y lev an taro n sus tien d as bajo las m u ­
rallas de la ciu d ad santa. Aristobulo II re c u rrió á los
rom anos, cuyas águilas victoriosas triu n fa b a n enton­
ces á las órdenes de Pom peyo, de Mil b ríd ales, rey del
P onto, y de Ti granes, soberano de A rm enia, y se ade­
lan taro n hácia la Ju d ea al través de los bosques y de
las m ontañas del L íbano. P om peyo oyó á los dos lie r-
m anos desde su trib u n a l, y aplazó su decisión h a sta su
vuelta de u n a la rg a espedicion. El fogoso A ristobulo
no le esperó, y tom ó de nuevo las in sig n ias reales;
pero P om peyo á su regreso castigó su audacia: sitió á
Jerusalen, y h abiendo sabido q u e los ju d ío s por u n a
interpretació n ab su rd a de la ley in o slica, suspendían
en los sobados los trabajos de defensa, se aprovechó
de esta circu n stan cia p a ra atacarla y se apoderó u n
sábado de la ciudad y ael tem plo. A pesar de las re ­
presentaciones y de los clam ores ele los sacerdotes, e n ­
tró en el san tu ario , donde únicam ente el soberano
ponlíG.ce tenia derecho de p e n e tra r u n a vez al ailo;
pero respetó los tesoros sagrados. Hizo prisionero i
SAGRADA* 383
Aristobulo, y dió á H ircano el pontificado con el g o ­
bierno político de su nación. Desm em bró de la Judea
un g ran n úm ero de ciudades im portantes, despojó á.
otras m uchas de sus privilegios, ab ru m ó todo el país
con im puestos enorm es, y obligó A los ju d ío s á ped ir
la autorización del gobernador de la Siria, red u cid a
recientem ente á provincia ro m an a, p a ra i'eunirse y
celebrar sus fiestas anuales.
El avaro Craso, puso despues el colmo á tantas h u ­
m illaciones: atravesó la Palestina p ara ir á. som eter á
los partos, y se adelantó h ácia Jerusalen, donde un
ru m o r esparcido en lodo el O riente, h acia suponer que
h ab ia ocultas inm ensas riquezas. Entró en la ciudad
y puso la m ano sobre los o rnam entos sagrados del
tem plo, q u e bien pronto llegaron á ser presa de los
partos, vencedores de Craso y de sus legiones. Sin
em bargo, u n a n u ev a fam ilia se engrandecía en Je ru ­
salen p o r el favor de H ircano, cuya raza debia ser des­
pojada por ella. El idum eo A ntipater y sus dos hijos,
Phasael y H eredes, obtuvieron del débil m onarca un
poder casi absoluto en su córte y en Jerusaleni se
m ostraron al m ism o tiem po aduladores y cortesanos
de los procónsules rom anos en Asia, y sobre todo de
César, vencedor de P om peyo, duefto de R om a y del
im perio. César nom bró á'A ntipater p ro cu rad o r de la
Judea, y en seguida elevó ¿i P hasael y á H eredes á la
dignidad de tetrarcas. Previendo entonces la caida de
su fam ilia el jóven Antígono, h ijo del segundo Aris­
tobulo, invocó el socorro de los partos: m andados es­
tos por el rey Pacorrn, acu d iero n presurosos á la voz
de Antígono p ara lib ra r á la Palestina del yugo de las
legiones rom an as, y arran carla de los hijos de A nti-
pater. Cayeron como u n torrente sobre las tierras de
los judíos y repelieron ;1 las legiones debilitadas. Antí­
gono fué proclam ado rey p o r ellos en los m u ro s con­
quistados de Jerusalen. H ircano y Phasael, el m ay o r
de los hijos de A ntipater, fueron hechos prisioneros.
Los vencedores som etieron aj anciano pontífice á in ­
dignos tratam ientos, y m otilaron su caneza, á fin de
384 HISTORIA.
que se hiciese p ara siem pre incapaz de llevar la tiara,
según la ley de los ju d io s. P hasael se rom pió la cabe­
za contra las paredes de su p risión. H erodes, su h e r­
m ano, h a b ía h u id o y se h ab ia retirad o á Rom a, en
donde dió cu en ta a lie n a d o de estos acontecim ientos.
El senado rom ano declaró ¿i la raza de los Asmoneos
separada del tro n o , y colocó la d iadem a sobre la fren­
te de H eiodes, qne fué íi sacrificar con pom pa al Ca­
pitolio precedido de los» trib u n o s, de los cónsules, y
llevando A sus dos lados á Octavio y á A ntonio. Estos
honores tributados A Herodes p resag iab an grandes
m ales A Jerusalen: en efecto, b ien pro n to vió la ciu­
dad santa presen tarse bajo sus m u ro s á este príncipe
y á las legiones rom anas: la ciudad fué tom ada de
nuevo y en treg ad a al pillaje, el tem plo arru in ad o y
H erodes com enzó su reinado de sangre e n m edio de
su capital y de su reino. Señaló su crueldad con h o r­
rib les tragedias dom ésticas: hizo perecer á todos aq u e ­
llos de quien es pudo apoderarse, pertenecientes á la
desgraciada raza de los Asmoneos, y escítado p o r la
odiosa Salom é, su h e rm a n a , sacrificó á M ariana su
m u je r y á sus dos hijos, á sus som bríos caprichos. F a­
vorito del senado y cortesano de Octavio-Augusto, He­
rodes llevó A Ju d e a los usos y juegos públicos de los
rom anos: hizo edificar A Cesárea en h o n o r de Augus­
to, consagró u n tem plo m agnífico á este, príncipe, y
testigo del h o n o r que tal conducta inspiraba al p u e ­
blo ju d io , procuró reco b rar él su favor, reparan d o en
Jerusalen los estragos de la ú ltim a invasión: reedificó
el tem plo casi destru id o , y quiso riv a liz a re n m agni­
ficencia á los trabajos de Salom on. Bajo su reinado
n a c ió C h is to , m . S a lv a d o r del m ia n d o .
Rom a poseía el im perio de la tierra, y A pesar de
su estrem ada corrupción, asi lo exigía el desarrollo
progresivo de los destinos h u m an o s Los pueblos que
ce rra b an su s fro n teras y sobre los cuales no se habia
es tendido todavía su in fluen cia, eran la m av o r parte
hordas in cu ltas y de costum bres crueles y salvajes. Si
ellos h u b iera n en aquella, época derrib ad o el coloso
SAGRADA. 385
rom ano, no h u b iesen hallado en p ié sobre sus m ism as
ruinas, como m as tarde se verificó, u n a sociedad fuer­
te y rejuvenecida por instituciones religiosas, bastante
poderosas para regenerar A los m ism os vencedores,
transform ados p o r ellas en pueblos nuevos: el m u n d o
se h u b ie ra quizá sum ergido de este m odo en la igno­
rancia y la b arbarie. R om a, p o r otra p a rte , sujetando
el Africa y el Asia, y reuniendo bajo sus águilas vic­
toriosas los res Los m utilados del im perio de A lejandro,
habia podido poner u n térm ino á los desórdenes es-
antosos y A las guerras atroces q u e desolaban el
S riente. Es preciso leer la h isto ria contem poríinea para
com prender á q u é esceso de em b rutecim iento y fu ro r
se abandonan los pueblos y los rey es cuando, no obs­
tante la verdad divina, h a llegado á perecer en el fondo
de los corazones toda idea de ju sticia y de órden civil
y m oral, [.os hom bres, m as tem ibles entonces queloS
tigres y los Icones, p o rq u e nada les puede saciar, no
ven en el poder y en las riquezas sino la presa legíti­
m a del m as fu e rte ; es preciso que devoren ó que sean
devorados. Los anales sangrientos de los Lapidas, y to­
davía mas los de los Seleucidas, n o ofrecen d u ran te los
dos últim os siglos, esceptuando algunos esfuerzos la u ­
dables en favor de las letras y de las ciencias, sino pi­
lla je s, a sesin a to s, desolaciones, orgias m onstruosas y
suplicios in au d ito s: y en m edio de todos estos h o rro ­
res, á escepcion de la corla y b rillan te época de los
prim eros Macaheos, n in g u n a preferencia puede existir
entre los opresores y los oprim idos, n i en tre los ven­
cedores y los vencidos. Habian perecido aquellos Ma-
cabeos h e ro ic o s , aquellos hom bres adm irables que
m ostraron todos los prodigios q u e puede obrar el celo
de la religión u n id o al am or de la palria, y que h u ­
bieran regenerado á los ju d ío s si los ju d ío s h u b ie ra n
sido capaces de regenerarse. Los Judas, los Jo n alh ás,
los Sim ones no exístian ya, y sus indignos descen­
dientes ciñendo la d iad em a, h ab ían al m ism o tiem po
abdicado las v irtu d es de su raza El antiguo pueblo de
Dios, dividido en sectas enem igas, y servilm ente adicto
386 HISTORIA.
á la letra m u e rta de sn culto, cuyo espíritu repud iab a,
h ab ia llam ado al estráujero hasta debajo de los m uros
de la ciudad sa n ta : los b árbaros h a b ia n acudido ap re­
su ra d a m e n te , y despues de ellos las legiones Un es-
tr a n je ro , vil c ria tu ra de R o m a, u n idum eo se sentaha
sobre el trono de David; y no se sabe de q u é adm irarse
m as, si del orgullo insensato de los ju d ío s, que se p ro ­
clam aban todavía únicos h ered ero s de las prom esas
h ech as á A b ra h a m , ó de los deplorables furores que
les h acian indignos de este título. Los destinos del
pueblo elegido parecían hab erse cum plido, y según el
órden n a tu ra l de las cosas, n a d a podia y a p ara él m is­
mo ni p a ra el m undo.
Rom a, en la época de su p o d er, se h ab ia igualm ente
despojado de las v irtu d es q u e h ab ian hecho su gloria
y su fuerza en las lu c h a s gigantescas con las naciones:
sus fiestas im púdicas y sa n g u in a ria s, su s guerras im ­
pías, y sobre todo los vergonzosos vicios de q u e hacian
alarde en público sus prim eros ciudadanos, revelaban
claram ente que n ad a h a b ia que esp erar para el porve­
n ir del género h u m an o de la R om a de los Césares ni de
la Rom a pagana.
Sin em bargo, los filósofos de la G reria y de Ilalia
h ab ia n derram ad o sus luces ft lo lejo s: la sab id u ría
h u m a n a h a b ia puesto en la boca de m u ch o s u n noble
y m agnifico len g u aje : algunos se h ab ia n elevado al
conocim iento del m ism o Dios, y revelando á los h o m ­
b res una. parte de las perfecciones divinas, se reco­
m en d ab an todavía sus escritos p o r los principios de
u n a m oral p u ra ; poro la m u ltitu d no podia elevarse
h a sta la fé en u n Dios in v isib le , en u n Dios p uro
espiritu, m íe sus sentidos 110 le esplicaban. Los m as
sabios dudab an del poder de las g randes verdades que
p ro clam ab an , y al a n u n c ia r al verdadero Dios n o se
atrevían á re h u s a r u n fingido hom enaje á las falsas di­
vinidades. Así es Cfiie, lejos de detenerse en su palabra,
el m al tocó á su colm o; y íi fin de m o strar sin d u d a toda
la im potencia de la raxoa abandonada á su s únicas
fuerzas , perm itió Dios p ara la regeneración del lin aje
SAGRADA. 387
h u m a n o que los tiem pos en q u e m as se esparcieron
entre los pueblos paganos las b ellas teorías de los filó­
sofos, fuesen tam b ién los en que el m undo desplegase
m as todas las plagas del vicio, de la esclavitud y de la
corrupción. La sa lu d del m undo u o podía, pues, tam ­
poco venirle de estos sabios.
Entonces em pezaron á esparcirse ru m o res vagos,
precursores de u n g ran acontecim iento. Los tem plos
ya no daban oráculos, y los pueblos {según el testim o­
nio de los autores contem poráneos) (I) volvían sus
m iradas liácia el Oriente en espectacion ae u n a nuev a
luz. Los ju d ío s especialm ente esperaban u n nuevo
reinado, y su m ezcla con las otras naciones h ab ia con­
tribuido á que se alim entasen sem ejantes rum ores.
Estaba á. punto de cum plirse el oráculo célebre de Ja ­
cob : el cetro h ab ia salido de Ju d á p ara no volver á en ­
t r a r : las fam osas sem anas profetizadas p o r Daniel to ­
caban á. su térm ino, y la opresion bajo la cu al gem ian
los ju d ío s , Ajaba todavía m as e n su m em o ria las p ro ­
m esas de un Salvador, de u n Dios lib e rta d o r, que li­
b ra ría á su pueblo y som etería el universo á su ley.
Acercábase el Licmpo en que Jerem ías h ab ia dicho:
«Llega el d ia , dice el E te rn o , eu que liaré u n a nueva
alianza con la casa de Israel y la de Ju d á , 110 sem ejante
á. la que hice con sus padres el dia que los tom é de la
m ano p a ra hacerlos sa lir del país de E g ip to , sino q u e
estableceré de hoy en adelante m i ley sobre ellos y la
escribiré en su c o ra z o n : seré su Dios y ellos serán m i
pueblo (5).» Pero e ra tal eu aq u el tiem po el a lu cin a-
m iento de los ju d ío s y el h o rro r de su servidum bre
bajo el yugo estranjero, q u e desconocieron entre b u s
profecías las que les h ab lab an de las h u m illaciones
aparentes de u n S a l y a d o l i , p a ra ad h erirse á las que lo
representaban en toda su g lo ría , como u n jefe in v en ­
cible, Un rey victorioso y u n conquistador: y sin em ­
bargo, el que debía venir e ra el m ism o cuyas an g u s-

(1) T ácito, h ist. lib. V . SuetODÜ), In VCBp.


(-2) Jerem ías, X X X I, 83-3 4 .
388 HISTORIA
tías h ab ia visto David (1), y de q u ien Isaías h ab ia
dicho-- “ Se levantará com o u n arbolito, to m o u n re ­
nuevo que sale de u n a tie rra árid a, que no tiene b ri­
llantez ni h e rm o s u ra : nosotros lo liem os visto y lo
hem os desconocido (2).» La ley n u e v a d e que el m u n ­
do tenia necesidad 110 d ebia absolutam ente liab lar á las
pasiones hu m an as, al orgullo, á la am bición y al
egoísm o para exaltarlas, sino, al contrario, para suje­
tarlas, p a ra elevar sobre ellas á la h u m ild ad , la cali­
dad, la paciencia y la abnegación de sí m ism o, y Dios
se h a b ia reservado aseg u rar el triu n fo de estas virtudes
y el reino, por m edios pías m ilagrosos, m as dignos de
él, m as en arm o n ía con su objeto, que las victorias
conseguidas con la e sp ad a: este triu u lo m aravilloso
debia ser m eram ente pacifico, y es preciso conocer, que
eu el tiem po m ism o <jue el esceso de la co rrupción h u ­
m ana lo h ab ia hecho m as necesario, la sab id u ría divi­
n a lo h a b ia dispuesto todo p ara hacerlo posible. En
efecto, en la s e n e de las conquistas de Alejandro h a ­
b ía principiado á hacerse conocer un fenóm eno nuevo
y único en La h isto ria: u n a m ism a lengua, la m as h e r­
m osa y la m as rica, la len g u a griega, fué conocida e n ­
tonces en R om a y en las principales ciudades del
O riente, en donde se com prendía y h ab lab a tres siglos
despues de A lejandro, h ácia la época en q u e las arm as
.rom anas, som etiendo Atodos los pueblos bajo un m is­
m o y u g o , derrib aro n las b arreras que h a sta entonces
les h a b ia n tenido aislados.
¡Qué tiem po tan propicio p a ra u n a n u ev a d isp en ­
sación de la luz divinal Los testigos del prodigio cu m -
lido, los depositarios de la p a la b ra etern a, podían
S e v a d a lejos sin o b stá c u lo , ser entendidos al a n u n ­
ciarla, i r á sacrificarse lib rem en te p o r todas parte.s,
propagarla y su frir y m o rir con el apoyo de su testi­
m onio. D espues de guerras tan larg as y ta n encarni­
zadas h ab ia n pesado sobre los pueblos tales plagas,

(1) Salm o x x i. ,
(2) Isaías, LITE.
S4GMDA. 38»
aue u n a m u ltitu d de h o m b re s, n o esmerando ya nada
de esta vida, se habi.au dispuesto á ab rig a r la esperanza
de u n a vida m ejor. Las prom esas del paganism o no
les satisfacían : las doctrinas de los filósofos, im poten­
tes para fu n d a r u n culto nuevo, h ab ia n llegado á des­
acreditar el a n tig u o ; las palabras de los sabios, de
acuerdo con las de los ju d ío s providencialm ente dis-

S
eisos e n m edio de las naciones despues de las g ran ­
es invasiones de los asirios, el testim onio irrecusable
de su asom brosa h is to ria , el de sus libros sagrados,
derram ados con ellos en el Oriente, todo co n c u rría á
fam iliarizar e l espirilu de los pueblos con la id e a de u n
Dios ú n i c o , S e ñ o is T o d o p o d e r o s o y Cnuuoit h e t o d a s
l a s c o s a s : y p a ra c r e e r e n este gran Dios y p a ra ado­
ra rlo , m uchos 110 necesitaban sino ver que su Y e iiijo
d iv in o se les revelaba bajo u n a fo rm a viviente y sen­
sible...... Ilab ia y a llegado el tiem po...... El Mesías iba
á aparecer.
SEGUNDA PARTE.

DESDE EL NACIMIENTO DE CRISTO


HASTA

EL FIN DE LOS ACTOS DE LOS APOSTOLES.

02 A Ñ O S.
CUADRO

DE I íA S IT U A C IO N " P O L I T I C A

DE LOS JUDIOS,

dorante Los setenta y un años que corrieron desde


el nacimiento de Jesucristo, hasta la m ina de J e ­
rusalen y del templo, por Tito.

A unque el gobierno de la Ju d ea y de las com ar­


car cas circunvecinas, pertenecientes á la nación ju d ía
variase diferentes veces d u ran te este período, los em ­
peradores rom anos p en n an eciero n siem pre árbitro s
suprem os del país. Los reyes ó tetrarcas, los p ro cu ra­
dores ó gobernadores fueron nom brados p o r ellos, y
no obstante que los prim eros tuviesen u n título supe­
rio r y u n a lib ertad aparente, la voluntad de unos y
de otros, estuvo subordinada á la del due&o del im p e ­
rio. Sin em bargo, la Ju dea conservó todavía, bajo los
reyes, algun as de las prerogativas de u n estado libre;
y apenas se dejó sen tir la influencia ro m an a. Los m o­
narcas, .adm inistraban la ju stic ia y señ alab an los ím -
394 HISTORIA
iueslos; m ien tras qne bajo los gobernadores ro m an o s,
t a nación no consei'vó m a s que su s trib u n ales y sus
sanhedrines, despojados de toda atrib u ció n política.
Herodes el G rande m u d ó al año siguiente del n a ­
cim iento del Salvador, Despues de su m u e rte , la sol­
dadesca eligió p o r rey á su h ijo A rchelao, que seftaló
su advenim iento a l trono con la m atanza de tres m il
ciudadanos. M archó luego á solicitar de Rom a el con­
sentim iento de A ugusto, el cual dividió la P alestina
en tres gobiernos ó eth arq u ias, Alas cuales se dió m as
tard e los no m b res de p rim e ra , segunda y tercera P a­
lestina. Augusto confió uno de estos nuevos estados á
cada uno de los tres ú ltim o s hijos de H erodes el Gran­
de, A rchelao conservó la Judea, la /(turnea y la Sam a­
rla con el títu lo de rey : Herodes Antipas y su h e rm a ­
no íilip o , fu ero n nom brados tetrarcas; y cupo e n la
partición, al prim ero la Galilea, y al segundo la Parea,
que en c errab a la B tlham a, la A u ra n ü id a y u n a parte
de la Trachonila. A rchelao reinó diez aftos y se hizo
ta n odioso p o r su atroz tiran ía q u e A ugusto cediendo
á lo s clam ores de los ju d ío s, lo relegó á. la ¿ a lia en
V iena, y redujo sus estados ¿i p ro v in cia ro m an a. En­
tonces fu ero n regidos p o r procu rad o res ó gobernado­
res, cuya au to rid ad p rovenía del de Siria: Poncio P i-
lato, cuyo nom bre p asará á lodos los siglos con a fre n ­
tosa celebrid ad , fué el p rim e r pro cu rad o r de Judea:
conservó su cargo d u ra n te los últim os aüos de Augus­
to, y la m a y o r p arte d el reinado de T iberio, que le
relegó á V iena p o r crim en de concusion, y le dió por
sucesor á P etronio. Este ejerció sus funciones h asta la
m u e rte de Cayo C alígula. H abiendo subido Claudio al
tro n o im perial el aüo 41 de la e ra cristian a, re u n ió la
Ju d e a 'e n T e lra rq u ia con la A uraiiitida y la T rach o n i-
ta , bajo la au to rid ad del re y H erodes A gripa, descen­
diente p o r M ariana, de H erodes el G rande, y de la an­
tigua fam ilia de Los Asm oneos, con c u y a doble cu ali­
dad vivía en R om a, con u n a a lia distinción. Obtuvo
e n lo sucesivo casi todos los estados de su abuelo, y
lo d a v ia se e n cu en tran m edallas, sobre las cuales esté
SAGRADA.. 395
príncipe llevó el título de am igo de Claudio y de re y
d e la nación de los ju d ío s. Herodes A gripa m u rió ca­
si rep entinam en te en. Cesárea, y siendo sus hijos de­
m asiado jóvenes para sucederle, fué de huevo red u ci­
d a la Ju d ea á provincia ro m a n a , y reu n id a p o r segun­
d a ve?, al gobierno de Siria. Ambiciosos procuradores
no econom izaron n in g u n a vejación, n in g ú n u ltra je á
su pueblo degenerado, siem pre dividido en sectas ene­
m igas y en facciones, de las cuales la m as tem ible
era la de los celosos fariseos ó celadores: en fln, bajo
el em perador Vitelio se hicieron in tolerables los m ales
de los judíos. Félix, gobernador de la Ju d ea, y des­
pués de él, (iesio Floro, aban d o n aro n su culto y sus
fiestas á la im pía m ofa de los soldados, y dispusieron
k su capricho afrentosas violencias y abom inables
profanaciones: inclinados á la sedición p o r u n a odio­
sa m atanza, los celadores cerraron á las cohortes de
Floro las puertas de Jeru salen : esta fué la señal de la
g u e rra espantosa en que fué sepultada casi to d a la
nación ju d ía , para jam fts volverse A levantar. Agripa
el jóven, tetrarca de la T rach o n ita, q u e fu é el últim o
que conservó el título de rey de los ju d ío s , habia
conservado cierta influ en cia en la m ay o r parte de
los estados de H erodes A gripa su h erm an o : en vano
acudió á Jerusalen y procuró h acer cam biar la reso­
lución desesperada de los judíos, p o r la enérgica p in ­
tu ra del pod er rom ano. «.Preterimos m o rir som eter­
nos,» respondieron los celadores. Com unicaron su
entusiasm o al pueblo de Jeru salen y de la Judea, y
cuando Tito apareció ;i la cabeza de sns form idables
legiones, encontró por todas partes la sublevación y
u n a g u e rra encarnizada. Tito, ejecutor de los decretos
divinos sobre Jerusalen, no se hizo dueño de ella sino
despues de inauditos esfuerzos y u n a h o rrib le m atan ­
za: la ciudad fué arrasad a h asta los cim ientos, el
tem plo entregado á las llam as, y el resto de los h a ­
bitantes que se h a b ia n librado de la espada, fu ero n
■dispersados ó reducidos A la cautividad. Este m em o­
ra b le acontecim iento que cu m p lia las profecías, ocur-
306 HISTORIA
ííó el año 71 de n u estra era, el m ism o en que Y espa-
siano, padre de Tito, llegaba al im perio.
Los anales del Nuevo T estam ento, q u e son el ob­
jeto de la seg u n d a p arte de esta ob ra, term in aro n diez
aüos, poco m as ó m enos, antes de la ru in a de Jeru sa­
len, y la dispersión de los ju d ío s. A brazan u n período
de sesenta y dos años, desde el vigésim o q u in to del
reinado de Augusto hasta el noveno del de N erón.
EPOCA PRIMERA,

JESUCRISTO EN LA TIERRA.

Desde el año del m undo 4004 b a sta el año 93 de


la era C ristiana (1).

DURACION 33 AÑOS.

(Evangelios de S. Mateo, S. M arcos, S. L ucas y S. Juan.}

lis ta é p o c a co m p ren d e los acontecim ientos re fe rid o s e n los


cuatro Evangelios; com ienza u n poco an te s d e l nacim iento del
Salvador, bajo el em p e rad o r Augusto, y acaba c u su ascensión,
el vigésim o octavo ano det reinado de T iberio.

CAPÍTULO PRIMERO.
N4tim iewtQdc Jnw i B autista pred ich o á ¿ a d ia r ía s .—Anuncia­
c ió n .—Nacim iento de Je su c risto .— H u id a al E g ip to .—Vuelta á
Galilea.—Vocacion de los p rim ero s discípulos.

(Era C ristian», 1—80 )

Bajo el rein ad o de H erodes el G rande, vivia en J u ­


dea im sacerdote llam ado Zacharías, cuya m u jer 11a-
(1) K o so e s tá de acuerdo sobre «1 ftPQ Jijo en que Je su cristo Tina
bJ guindo, y s e q u e sq verdadero nacim innló procede alm jnos
&fioB á n u e s tra era vulgar,. que p o i lo m ism o seguirem os cDapu-
3DS HISTORIA
m ada Isabel, descendía com o él, de Aaron: am bos ha­
cían u n a vida re g u la r y san ta, e ra n de edad avanza