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DIÓCESIS DE SAN CRISTÓBAL

A imagen
De
JESUCRISTO
SUMO Y ETERNO SACERDOTE

PROYECTO EDUCATIVO
DEL SEMINARIO DIOCESANO
SANTO TOMAS DE AQUINO

OCTUBRE 2004.
1.

INTRODUCCIÓN.
El Seminario es una de las instancias eclesiales más importantes en la vida de una Iglesia
local. De hecho, a través de ella, se consigue la continuidad de un presbiterio en el tiempo,
y así se va consolidando la atención pastoral del pueblo de Dios. Pero no es una institución
cualquiera. El Seminario reviste una gran importancia para una diócesis: en él se forman los
futuros sacerdotes que ejercerán su ministerio en beneficio del pueblo de Dios. Por eso, no
es sólo una institución educativa: es algo mucho más que eso. No es extraño que se le
compare con el cenáculo donde el Señor Jesús instituyó, junto con la Eucaristía, el
sacerdocio cristiano y donde luego recibieron los Apóstoles el Espíritu Santo. Nos recuerda
también el espacio y el tiempo que dedicó el Divino Maestro a la formación de sus
discípulos. Para un Obispo y su presbiterio, el seminario es ese focolar donde se forman los
futuros sacerdotes: ello requiere una profunda y continua preocupación por parte suya.

Luego de varios años de intensa reflexión, presentamos ahora el proyecto educativo de


nuestro Seminario Diocesano que tiene una historia, que es el centro de atención de nuestra
Iglesia local de San Cristóbal y que quiere seguir creciendo y madurando para el servicio de
la Iglesia

a) Preocupación de los Obispos por el Seminario

A LOS POCOS MESES DE SU LLEGADA A LA Diócesis, el primer Obispo de San


Cristóbal, el Siervo de Dios Tomás Antonio Sanmiguel Díaz, decide abrir el Seminario. Se
tiene como fecha de dicho acontecimiento el 2 de febrero del año 1925. Abre sus puertas el
Seminario Menor en las anexidades de la entonces Casa Episcopal. Le confía la dirección
de dicho seminario a los Padres Eudistas. Así comienza una historia rica en frutos del
Espíritu.

El mismo Obispo Sanmiguel inició la pastoral vocacional: además de brindar las pautas
necesarias para la misma, él hacía su promoción vocacional en los diversos pueblos y
parroquias que visitaba. Inició la construcción de un nuevo seminario a las afueras de la
ciudad. Mons. Rafael Arias Blanco dio un nuevo paso, al abrir el seminario mayor: con ello
se formarían los sacerdotes del Táchira en su mismo ambiente y sin necesidad de salir lejos.
Otro paso interesante que dio Mons. Arias, antes de la inauguración de la sede nueva, fue el
enviar a especializarse fuera de Venezuela a algunos sacerdotes. Uno de ellos sería un
futuro rector y Obispo de San Cristóbal: Marco Tulio Ramírez Roa.
El tercer Obispo de San Cristóbal, Mons. Alejandro Fernández-Feo, siguió las sendas
trazadas por sus predecesores y le dio un fuerte impulso al seminario. Con espíritu
visionario, adquirió los terrenos de la Colina de Toico en las cercanías de Palmira y en ella
construyó el complejo que engloba al seminario. Con una arquitectura amplia y con
posibilidades de expansión, se arriesgó a pensar en el futuro. Duramente criticado porque
había construido una sede demasiado amplia para el poco número de seminaristas que
entonces disponía la Diócesis. Sin embargo, el riesgo, que supone confianza en la
Providencia divina, le dio los frutos y poco a poco aumentaron los seminaristas, incluyendo
algunos venidos de otras Diócesis del país.

Los Eudistas comenzaron a compartir la dirección con algunos sacerdotes diocesanos. Es


en esta época cuando el futuro Obispo Ramírez Roa llega a ser rector del seminario
diocesano. Fernández-Feo fue ampliando la sede del seminario con nuevos bloques y una
capilla. Dio un importante paso, al lograr por parte del Ministerio de Educación la creación
del Instituto Universitario de Estudios Eclesiásticos SANTO TOMÁS DE AQUINO
(IUESSTA): éste concedía títulos civiles en Teología, Filosofía y Educación. A la vez, se
consiguió la afiliación a la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, lo que permite que
los alumnos puedan conseguir el Bachillerato Pontificio en Teología.

Mons. Marco Tulio Ramírez Roa siguió la senda de sus predecesores, máxime con su
experiencia de haber sido rector del seminario. Dio serio impulso a la pastoral vocacional y
vio aumentar el número de seminaristas y ordenaciones. Envió sacerdotes a estudiar a
Roma y otros lugares de Europa, con la finalidad de preparar profesores para el seminario y
el IUESSTA. Con ayuda gubernamental construyó un nuevo bloque dado el elevado
número de nuevos alumnos que ingresaban al seminario.

Actualmente, se ha profundizado el trabajo en lo que al seminario se refiere: se ha dado un


nuevo impulso a la pastoral vocacional, lo que ha permitido un crecimiento en el seminario
y la preocupación de muchos niños y jóvenes por discernir su vocación. El Curso
Propedéutico tiene una sede aparte y especial, que permite una mayor atención de acuerdo a
los planes de formación sacerdotal. Se ha inaugurado el año de pastoral para los alumnos
que culminan la filosofía. De igual manera, se ha inaugurado el tiempo especial de
apostolado para los alumnos del IV año de teología, que se alarga al año de diaconado. Se
ha creado la Fundación AMIGOS DEL SEMINARIO SANTO TOMÁS DE AQUINO
(FUNDASSTA) que ayuda a conseguir fondos y becas para los seminaristas de nuestro
seminario diocesano. Durante los últimos tiempos se ha tenido la Visita Pastoral del Obispo
Diocesano cada año al seminario, lo que ha permitido un mayor acercamiento del pastor
con los que viven, trabajan y se forman en el seminario. Después de la celebración de los
75 años del seminario, se comenzó el estudio y la elaboración del PROYECTO
EDUCATIVO DEL SEMINARIO DIOCESANO DE SAN CRISTÓBAL (PES). Con éste,
se quiere fortalecer la formación de los futuros sacerdotes de nuestro seminario. Dado el
continuo crecimiento del número de seminaristas y para cumplir con algunas exigencias de
la pedagogía de las vocaciones, se ha iniciado el proyecto de construcción de la sede del
filosofado del seminario en terrenos cercanos a la actual sede del seminario.

Podemos decir que, en los más de 80 años de historia de la Diócesis, el seminario ha


ocupado un puesto primordial en la vida diocesana: preocupación de los Obispos y del
presbiterio, de las comunidades parroquiales y de no pocos laicos. Incluso existe la
Fundación MONS. ALEJANDRO FERNNDEZ FEO, que apoya al seminario.

b) Centro de atención de la Iglesia de San Cristóbal.

Podemos decir que uno de los signos de la Iglesia en el Táchira es el Seminario Diocesano
Santo Tomás de Aquino. Los fieles cristianos lo sienten como algo propio: no es
desconocido. Esto se debe a muchos factores: desde sus inicios, los Obispos y pastores del
pueblo de Dios fueron hablando del seminario como la obra central de la Diócesis. Esto se
sigue manteniendo en el presente: para la gente, el seminario es algo propio. Además la
presencia de seminaristas en tiempos fuertes (Navidad y Semana Santa) en parroquias,
barrios y aldeas, hace que se creen vínculos con el seminario.

Casi toda las familias del Táchira han tenido alguno de sus miembros en el seminario:
algunos han llegado al sacerdocio, otros no. Los que no han llegado al sacerdocio
mantienen vivos recuerdos de su formación y no dejan de vincularse a seminario.

Hay conciencia clara de que el seminario es esencial para nuestra Iglesia Diocesana. Por
eso, además de la ayuda material que se le brinda, se tiene la permanente ayuda espiritual
de la oración por las vocaciones y la perseverancia de los seminaristas y sacerdotes.
Conviene destacar la continua oración por las vocaciones y sacerdotales que se tiene en las
diversas comunidades de la diócesis: existe la tradición de los jueves sacerdotales, con
oración y adoración ante el Santísimo Sacramento en casi todas las parroquias de la
Diócesis.

Además del Seminario Diocesano, existen otros seminarios o casas de formación de


Congregaciones religiosas: Franciscanos Conventuales, Agustinos Recoletos, Mercedarios,
Oblatos de María Inmaculada, Dominicos. Ello causa mucha alegría y satisfacción al
pueblo de Dios.

c) El Proyecto Educativo del Seminario Diocesano SANTO TOMÁS DE AQUINO.

A partir de la celebración de los 75 años del Seminario Diocesano, se vio la urgente


necesidad de elaborar un Proyecto Educativo del Seminario Diocesano (PES), que brindara
mayor unidad al proceso formativo, se adaptara a las exigencias y normas de la Iglesia y
pudiera ser el vademécum para los formadores y seminaristas. El PES no es el reglamento
del seminario: el reglamento y las diversas normas deben nutrirse de él, así como de las
normas e indicaciones del magisterio eclesial. Una de las recientes Visitas Pastorales del
Obispo al Seminario se dedicó a reflexionar sobre aspectos del PES.

Se realizaron consultas y el equipo de formadores del seminario realizó una síntesis de las
proposiciones, recomendaciones e indicaciones que sirvieran de ayuda a la elaboración del
PES. Dos estudiantes sacerdotes elaboraron una monografía sobre el tema, que ha servido
de base para este PES. Se consultó también a presbíteros de la Diócesis y otras personas de
la misma o de otras Iglesias locales.

En los momentos actuales y de cara al futuro, el PES constituye una llave importante para
seguir abriendo puertas en el campo de la formación sacerdotal y de la promoción
vocacional. Además de darnos la unidad de criterios en la formación sacerdotal, nos
permitirá sentir que existe un hilo conductor que une todo el proceso formativo de los
futuros sacerdotes que se forman en nuestra alma mater del seminario. Esto le dará
coherencia a la formación y se verá la gradualidad de la misma, teniendo el mismo
objetivo. El objetivo final del seminario se hará sentir a lo largo de las diversas etapas
formativas, que si bien tienen su propio objetivo particular, no pueden estar aisladas entre sí
ni en contradicción con el objetivo general y propio del seminario.

El PES no es algo absoluto. Puede y debe ser profundizado a lo largo del camino futuro de
nuestro seminario: nuevos aportes, nuevas indicaciones podrán ser asumidas. Pero en el
fondo, nunca debería cambiar el objetivo general, propio y fundamental del seminario, cual
es formar y capacitar a los futuros pastores que se configurarán a Cristo Sumo y Eterno
Sacerdote, por el sacramento del Orden.

Las páginas que seguirán contienen el PES: se partirá de la finalidad del seminario, con sus
diversos objetivos específicos. Luego se verá el universo de actores y protagonistas en el
proceso formativo, así como algunos elementos metodológicos, para luego ver las diversas
etapas del proceso formativo. Con ello, se pretende brindar la ayuda necesaria para que
entendamos no sólo la importancia y centralidad del seminario en nuestra Diócesis, sino
también la tremenda responsabilidad que supone la formación de los futuros sacerdotes y,
por tanto la obligación que todos tenemos de asumir el seminario como tarea propia.
2.

FINALIDAD DEL SEMINARIO

El Señor Jesús, cuando eligió a los discípulos que lo iban a acompañar más de cerca y a
quienes, luego de su Ascensión, les confió la misión evangelizadora, los asoció a Sí para
irlos formando: fueron conociendo los misterios y las enseñanzas del Reino, fueron viendo
como hacía el bien y como se iba realizando la salvación prometida por Dios Padre.
Paulatinamente fueron introduciéndose en el mensaje y la obra del Redentor. Jesús los
quería “testigos”. Y así fue como se fueron presentando luego de la Ascensión del Señor.

Ese fue como el primer seminario. Luego en el Cenáculo se produce el prodigio del amor, y
con el mandamiento nuevo, el Señor instituye la Eucaristía y el Sacerdocio también nuevo.
Éste venía a ser diverso del sacerdocio del Antiguo Testamento: mientras éste último era
hereditario y se accedía a él por la pertenencia a la tribu o familia sacerdotal, el nuevo era
único. Sólo Cristo es sacerdote de la nueva alianza. Cuando el Señor, en la Última Cena,
instituye el sacerdocio cristiano de la nueva alianza, lo hace para que se siga haciendo
Memoria de la Pascua redentora en el tiempo de los hombres. Es lo que le pide a los que
son consagrados para ello.

El sacramento del Orden confiere a quien lo recibe una potestad muy particular:
Configurarse a Cristo Sumo y Eterno Sacerdote. Por esa cualidad, con el carácter que
recibe en el sacramento, el ministro sacerdote actúa in Persona Christi capitis. Así, en el
ejercicio de su ministerio, hace memoria del evento que transformó la historia de la
humanidad: para ello, recibe la triple función de Profeta, Pastor y Santificador. Como
Profeta, debe anunciar la Palabra de salvación; como Pastor, debe guiar al pueblo de Dios,
conociendo las ovejas y siendo conocido por ellas y dando su propia vida por ellas; como
Santificador, celebra los misterios de la fe, en especial la Eucaristía.

A lo largo de la historia, la Iglesia fue modelando las diversas formas de preparación de los
futuros sacerdotes. La creación de seminarios se consideró la más oportuna de todas. Por
eso, en los últimos siglos de la Iglesia, por medio de las enseñanzas de los Concilios y del
magisterio eclesial, se fue fortaleciendo la institución “Seminario”. Después del Concilio
Vaticano II, que dedicó un Decreto para el tema de la formación de los futuros Sacerdotes y
de los seminarios (OPTATAM TOTIUS ECCLESIAE), a través de Sínodos y
Documentos de la Sede Apostólica, se ha ido delineando la figura de lo que debe ser un
Seminario. En Venezuela, se ha tenido un documento importante para los seminarios:
NORMAS BÁSICAS PARA LOS SEMINARIOS DE VENEZUELA. Además el
Concilio Plenario de Venezuela ha reflexionado sobre el tema de los seminarios en su
documento sobre la vida y ministerio de los sacerdotes en Venezuela.

Todo ello nos permite delinear la finalidad de un seminario. Es un tiempo (los diversos
cursos y etapas formativas) y un espacio (las instalaciones del seminario y sus anexidades)
en el que los futuros sacerdotes, con la ayuda de un equipo de formadores y bajo la
responsabilidad del Obispo Diocesano, brindan los elementos necesarios para que el
seminarista vaya discerniendo su vocación y afinando su respuesta a la misma, a la vez que
se va preparando para asumir con la ordenación sacerdotal la configuración a Cristo
Sacerdote. En el seminario, tal como lo hizo Jesús con sus discípulos, el futuro sacerdote no
sólo aprende, sino que asume la misión de ser testigo.

Por eso, desde la finalidad del seminario, se entiende la complejidad de la formación


sacerdotal. Muchos han llegado a pensar que sólo se trata de la dimensión académica,
importantísima e irrenunciable. Otros consideran que lo que se requiere es el conocimiento
de recetas y fórmulas pastoralistas. No deja de haber quienes llegan a pensar que se busca
promover sacerdotes a toda costa dada la escasez de los mismos. Pero no es así, un
auténtico seminario busca ante todo la educación integral del futuro sacerdote: la
integralidad ayuda a unir los diversos elementos de la formación, con el fin de lograr que el
futuro sacerdote vaya modelando en su propia existencia la configuración a Cristo
Sacerdote.

El seminario no forma meramente párrocos, o responsables de servicios pastorales... el


seminario forma sacerdotes según el corazón de Cristo. Al hacerlo, les brinda la ayuda para
que aprendan a ser profetas, pastores, santificadores, a actuar en nombre de Cristo y en
comunión con la Iglesia. Por eso, el seminario es un tiempo de gracia, es un espacio para la
gracia que iluminará al futuro sacerdote en su respuesta y en la opción que ha de realizar.
Los encargos pastorales vendrán después; pero de nada servirán si no son asumidos desde
la personal vivencia de estar configurados a Cristo Sacerdote. Esto es lo más importante y
constituye la misión del Seminario.

En nuestro Seminario Diocesano SANTO TOMÁS DE AQUINO, de San Cristóbal, es lo


que queremos: que todas sus instalaciones, normas, planes formativos, programas de
estudio, planificaciones pastorales, protagonistas apunten hacia el objetivo final: ayudar a
que el joven seminarista aprenda a configurarse a Cristo Sacerdote y realice esa opción
cuando reciba el sacramento del Orden por la imposición de manos de su Obispo.

Esto nos permite presentar el objetivo general de nuestro Seminario, del cual se desprenden
otros objetivos específicos que apoyarán la formación integral del futuro sacerdote de
nuestra Iglesia local o de otras Diócesis. Presentaremos a continuación el Objetivo general
de nuestro seminario y los objetivos específicos que ayudan a cumplir con ese objetivo o
finalidad propia e irrenunciable de nuestro Seminario Diocesano. Todos los actores en el
proceso formativo lo deberán asumir como propio. Los Obispos de otras Diócesis que
envían sus seminaristas a formarse en nuestro seminario deberán tenerlo muy en cuenta,
así como sus alumnos.
I.

OBJETIVO GENERAL
DEL SEMINARIO DIOCESANO
“SANTO TOMÁS DE AQUINO”,
DIÓCESIS DE SAN CRISTÓBAL

Es un espacio particularmente dedicado


(instalaciones del Seminario)
y un tiempo especialmente destinado
(etapas formativas)
de acuerdo a las normas de la Iglesia
para que con la ayuda de los formadores
y de recursos humanos,
espirituales y eclesiales,
el joven seminarista discierna su vocación,
afine su respuesta a Dios y a la Iglesia,
madure su decisión,
adquiriendo las destrezas necesarias,
y sea capaz de configurarse a Cristo
Sacerdote por la ordenación sacerdotal

Este objetivo general nos marca la pauta de lo que debe ser el seminario de San Cristóbal.
Sus instalaciones, las de la colina de Toico y las de Peribeca (donde funciona el Curso
Propedéutico), constituyen el espacio dedicado a la formación de los futuros sacerdotes. Es
una gracia de Dios, herencia de los anteriores obispos, el poder disponer de esas
instalaciones, que paulatinamente han ido adaptándose a las exigencias modernas.

Junto a ellas, tenemos el espacio de tiempo destinado a la formación: los diversos niveles o
etapas de la formación se han establecido de acuerdo a lo que nos indican normas de la
Iglesia. Por eso, una de a tareas importantísimas es el aprovechamiento del tiempo de
formación: se ha pensado y organizado ese tiempo de manera progresiva, para que el
candidato al sacerdocio vaya madurando y vaya sintiendo su camino con la ayuda de los
formadores. Las etapas formativas ayudan al candidato a progresar en su discernimiento. A
la vez, le permiten al Obispo y al cuerpo de formadores ver cómo va madurando el
candidato y poder dar un juicio, en cuanto la humana fragilidad lo permite, acerca de la
idoneidad del candidato para el sacerdocio ministerial.

Es imprescindible la ayuda de los formadores, presididos por el Obispo. Más adelante se


verán los perfiles y compromisos de los formadores. Pero, se parte de un hecho concreto:
son pastores formando nuevos pastores. Por tanto, no se trata de una formación fría o
aislada del acontecer ministerial; quienes trabajan en el seminario son formadores desde la
propia experiencia sacerdotal. La responsabilidad es grande. El Obispo es el primer
responsable de esa formación, y para ello cuenta con la colaboración del equipo de
formadores. Otras instancias eclesiales concurrirán también al proceso formativo de
acuerdo a lo que se establezca en este PES. Se emplearán los recursos humanos,
espirituales, materiales y pastorales que sean necesarios para apoyar el cumplimiento de
este objetivo

¿Qué se pretende con el PES? El Proyecto educativo tiene como finalidad última el ayudar
al joven seminarista aprender a configurarse a Cristo Sumo y Eterno Sacerdote. Para ello, el
Seminario se propone:

A) Que el Seminarista discierna sobre su vocación. Para ello, deberá contar con el
seguimiento y acompañamiento de los formadores. Pero siempre será un acto personal
propio. No son los demás quienes van a discernir sobre su vocación, sino el propio
candidato. Para ello hay que educarlo para la libertad, la responsabilidad y el
compromiso personal. Los formadores, en las diversas etapas, podrán ver signos
externos acerca de su idoneidad. Por ello, deben ayudar al candidato al sacerdocio a
discernir sobre su vocación. La progresividad de las etapas será un excelente
instrumento que facilitará este discernimiento, así como los otros fines del objetivo
fundamental de nuestro seminario.

B) Que afine su respuesta a Dios y a la Iglesia. Desde el discernimiento, es el candidato


quien tiene que responderle a Dios y a la Iglesia. Esto exige responsabilidad personal
por parte del candidato. Se le debe ayudar para que, con la oración, la dirección
espiritual, los grupos de vida y otras acciones, el joven seminarista afine su respuesta.
Si descubre que no es llamado al sacerdocio, entonces su respuesta libre será dada con
madurez y sin traumas. Si descubre que es llamado, avanzará y su respuesta no
dependerá de presiones externas, sino del justo y personal discernimiento. La respuesta
es, en primer término a Dios. Luego a la Iglesia que le llamará el día de su ordenación a
un ministerio en ella en beneficio del pueblo de Dios.

C) Que madure su decisión, adquiriendo las destrezas necesarias. Por eso, las etapas
progresivas de la formación: le permitirán al joven seminarista ir madurando en todos
los sentidos (humano-cristiano-pastoral-académico). Las destrezas necesarias son
aquellas que provienen de la formación integral y que le permitirán al futuro sacerdote
tener un estilo de vida eminentemente sacerdotal.

D) Que sea capaz de configurarse a Cristo por la ordenación sacerdotal. No se debe


esperar para el momento de la ordenación para conseguir este fin, que es el más
importante. Para ello se está en el seminario. No se concibe, en nuestra Diócesis al
menos, un candidato al sacerdocio que no quiera pasar por el seminario para lograr este
objetivo. Por eso, el papel de los formadores es fundamental: ellos, desde su
experiencia de configuración a Cristo, van a ayudar a formarse a los futuros
configurados a Cristo por el sacramento del Orden. A lo largo de su estadía en el
seminario, el futuro sacerdote debe ir mostrando que quiere llegar a configurarse con
Cristo. No se busca un funcionario o profesional de lo religioso. Lo que se pretende es
promover y ayudar a conseguir un ministro del Señor, un pastor al estilo del Buen
Pastor, un sacerdote configurado a Cristo el Sumo y Eterno Sacerdote. Para ello, se
dedicará todo el esfuerzo posible durante las etapas de formación del seminario. En
nuestro Seminario Diocesano ésta es la finalidad fundante: quien ingrese a él debe
cumplir con el objetivo general propuesto y poner de su propia parte todo lo que le
permita caminar hacia la meta final de su formación inicial como pastor, y, a la vez,
permitir que el cuerpo de formadores lo ayude en esta tarea.

II.

OBJETIVOS ESPECÍFICOS.

Los Objetivos específicos permitirán la realización adecuada del Objetivo General y


finalidad última de nuestro Seminario. Asumimos como Objetivos específicos la
proposición de las cuatro áreas de la formación sacerdotal presentadas en PASTORES
DABO VOBIS. Son las áreas donde se debe poner énfasis en la formación sacerdotal.
Ninguna de ella puede considerarse aislada, sino que constituyen un todo que habla de la
formación sacerdotal integral: ÁREA DE FORMACIÓN HUMANA, ÁREA DE
FORMACIÓN ESPIRITUAL, ÁREA DE FORMACIÓN ACADÉMICA ÁREA DE
FORMACIÓN PASTORAL. Ellas, pues, constituyen los objetivos específicos de la
formación sacerdotal integral.
II.A.

FORMACIÓN HUMANA.

Favorecer una experiencia


formativa tal, que ayude al
seminarista a crecer en la
dimensión humana-comunitaria,
mediante el desarrollo íntegro,
armónico y jerarquizado de todas
las áreas de la personalidad, a fin
de que como hombre, como
cristiano y como sacerdote pueda
ser puente entre el género humano
y Cristo. (PDV., 43)

El objetivo está claramente delineado: lo que se busca es ayudar a crecer al candidato en la


dimensión humano-comunitaria. Es importante esto, pues el seminarista es una persona;
como tal, debe tener conciencia no sólo de su humanidad, sino también de su sentido
comunitario: viene de una comunidad muy particular, la familia; también de una
comunidad cristiana, su parroquia; la vida del seminario es eminentemente comunitaria y se
prepara para ser guía de comunidades. Esto no se consigue sólo con recursos de la
psicología social, sino con una toma de conciencia clara de su ser comunitario, como
persona humana que es.

No hay que olvidar la definición que de sacerdote nos da el autor sagrado: Es un hombre,
tomado de entre los hombres y puesto en medio de los hombres para las cosas que son de
Dios. (Heb. 5,1). Esta definición pone un gran acento en el aspecto humano. Por eso, el
sacerdote debe ser un hombre lo suficientemente maduro para poder realizar su ministerio
en medio de los suyos. Consciente de sus capacidades y limitaciones, debe mantener un
equilibrio en las diferentes áreas de la personalidad, para que pueda ejercer un ministerio
sacerdotal de mediación entre Cristo y la humanidad.

Para conseguir este objetivo, en conjunción con los otros, a lo largo de las diversas etapas
hay que realizar algunas tareas. En algunos momentos, se insistirá más en alguno que otro,
pero no para discriminar o supervalorarlo con relación a los demás. No se olvide que se
trata de una formación integral. Más adelante, cuando se presente el esquema formativo de
cada etapa se podrá ver los aspectos más relevantes de esta formación humana que hay que
acentuar junto con los otros objetivos específicos.
¿Qué se pretende al cumplir este objetivo específico?

a) Promover la formación de personas equilibradas, maduras y libres, para que sean


capaces de responder a los compromisos de identificación personal con Cristo y de
asumir el peso de las responsabilidades pastorales inherentes al sacerdocio.
b) Potenciar el cultivo de virtudes humanas: amor a la verdad, lealtad, respeto por la
persona, sentido de justicia, fidelidad a la palabra dada, sentido de verdadera
compasión, coherencia entre el obrar y el pensar, entre el ser y el obrar, equilibrio de
juicio y de conducta. (cfr. PDV 43)
c) Educar en el amor que comprometa a toda la persona en el ámbito físico, psíquico y
espiritual, a fin de desarrollar una madurez afectiva que busque la entrega
desinteresada en lugar de la posesión egoísta.
d) Fomentar y educar la madurez afectiva para asumir el celibato como don y expresión
de amor a Jesucristo y a la Iglesia.
e) Fomentar una educación sexual bien entendida como compromiso y realización del
amor humano (cfr. PDV 44).
f) Educar y formar la conciencia según los principios éticos y morales de la recta razón
de acuerdo con el Evangelio y las enseñanzas de la Iglesia.

Esto requiere el transitar por las siguientes sendas:

a) Fomentando el crecimiento de la madurez humana en el ministro del evangelio para que


los hombres de nuestro tiempo reciban de buena gana el mensaje de salvación.
b) Organizando encuentros frecuentes con el Obispo.
c) Ayudando a que sean personas equilibradas, maduras y libres para que asuman su
propia historia y se comprometan personalmente con su formación.
d) Profundizando en el conocimiento de sí mismos para que puedan asumir libremente las
exigencias del seminario y del futuro sacerdocio.
e) Elaborando un proyecto de vida.
f) Ayudando a crecer en el amor y en la búsqueda de la verdad para que el formando se
afirme en su propia personalidad y asuma sus propias responsabilidades.
g) Promoviendo las relaciones humanas con sencillez y sentido de caridad.
h) Enseñando a los seminaristas a tomar conciencia de su identidad vocacional desde su
ser personal para que el comportamiento del futuro pastor se adecúe y responda a esa
identidad.
i) Fomentando en el seminario la vivencia de comunidad humana y cristiana, al estilo de
las primeras comunidades cristianas. Para ello es importante y necesario favorecer el
sentido de familia de los alumnos entre sí y de éstos con los formadores.
j) Propiciando el acercamiento de los formadores con los padres y representantes de los
alumnos y éstos mismos.
k) Realizando las correcciones necesarias, con amabilidad y caridad cristiana, que
permitan al candidato superar sus dificultades y enmendar las fallas e imperfecciones,
así como las faltas que puedan cometer.
l) Haciendo notar que los formadores se interesan por el proceso formativo integral de los
candidatos al sacerdocio. Esto supone y exige, que los formadores asuman su
responsabilidad en este campo.
m) Favoreciendo el trabajo en equipo, sobre todo a partir de los grupos de vida.
n) Fomentando las actividades culturales de diverso tipo (música, arte, teatro, etc...) que
permitan conocer la cultura humana o desarrollarla desde el sentido de pertenencia a
ella.
o) Promoviendo el deporte como un aspecto de la formación humana.
p) Profundizando el nivel educativo del candidato.
q) Identificando al candidato por su nombre e identidad propia.
r) Promoviendo el conocimiento de la riqueza cultural tachirense y venezolana, donde los
futuros sacerdotes ejercerán su ministerio

Los formadores organizarán un conjunto de actividades: muchas de ellas pueden y deben


ser realizadas por todo el seminario. Algunas deberán ser realizadas por los grupos de vida
o equipos que se vayan formando en el seminario. El Formador guía de cada grupo es el
responsable de que ellas se cumplan entre los seminaristas a su cargo.

En esta línea se sugieren algunas actividades que pueden y deben realizarse. Otras irán
saliendo a lo largo del proceso y de las diversas etapas, dejando la iniciativa a la sana
imaginación y creatividad.

a) Encuentros continuos de los grupos de vida.


b) Encuentros con padres y hermanos de los seminaristas.
c) Talleres de relaciones humanas, interpersonales y sociales.
d) Talleres y cursos para formación cultural: teatro, arte, música, etc. Contacto con entes
culturales de la zona: museos, cales, orquestas, etc... Organización de actividades
culturales en el seminario.
e) Paseos y jornadas de recreación.
f) Formación deportiva y participación en encuentros deportivos.
g) Conferencias sobre diversos temas con conferencistas de relevancia. Seminarios, cursos
cine foros que ayuden a crecer al seminarista en la dimensión humana.
h) Realización de tests psicológicos para obtener un perfil propio de cada candidato.
i) Conversaciones, entrevistas y asesorías a fin de trabajar el acompañamiento personal.
j) Talleres de autoestima y superación personal.
k) Desarrollo de la revisión de vida de manera continua.
l) Evaluación de todas las actividades, por parte de los formadores y contando con los
alumnos

Esta dimensión humana es necesario desarrollarla junto con las otras dimensiones, teniendo
en cuenta la propia especificidad de cada una. Pero este objetivo que apunta a la formación
humana es clave para la consecución del objetivo general del Seminario.
II.B.

LA FORMACIÓN ESPIRITUAL.

Que los alumnos aprendan a vivir en


trato familiar y asiduo con el Padre
y su Hijo Jesucristo en el Espíritu.
Habiendo de configurarse a Cristo
Sacerdote por la sagrada
ordenación, habitúense a unirse a
Él, como amigos, con el consorcio
íntimo de toda su vida.
Vivan el misterio pascual de Cristo
de tal manera que sepan iniciar en él
al pueblo que ha de
encomendárseles.
(O.T.E. 8)

PDV 45 asume lo que aparece en el Decreto Conciliar sobre la Formación de los futuros
sacerdotes, como el objetivo de la formación espiritual, que nosotros hacemos nuestro en el
Seminario Diocesano de San Cristóbal. Se parte de la espiritualidad propia de cada
bautizado pero introduciéndose en la espiritualidad propia del presbítero diocesano. En esta
línea conviene tener los diversos subsidios que en los últimos años se han venido
produciendo en la Iglesia Universal.

Es necesario que los alumnos conozcan muy bien las dimensiones y contenidos de la
espiritualidad del presbítero diocesano, que deberán vivir a lo largo de su futuro ministerio.
Por eso, en nuestro Seminario diocesano se la tendrá no sólo como una asignatura
obligatoria en el pensum de estudios académicos, sino sobre todo a lo largo de las diversas
etapas de la formación sacerdotal. Se trata de ayudar al joven a vivir, desde su opción
bautismal por Cristo, vida según el Espíritu, pero con las características propias de un
presbítero diocesano.

Esto llevará cada día más, con la ayuda de los medios espirituales, a que el candidato se
identifique a Cristo Sumo y Eterno Sacerdote, el Buen Pastor. Centrará su vida en la
Palabra de Dios y en la Eucaristía, y hará de la caridad pastoral la fuente de su
espiritualidad. Para ello, deberá conocer todo lo que implica esta caridad pastoral. Es la
caridad o amor del Buen Pastor que es capaz de dar su vida por las ovejas, conocerlas y
darse a conocer por ellas. Esto requiere que sea un testigo, como lo fueron los discípulos de
Jesús.
Esta espiritualidad del presbítero diocesano es espiritualidad de comunión: con el Obispo,
con los demás presbíteros y el pueblo de Dios. En este sentido debe desarrollar la
obediencia y el sentido de corresponsabilidad, así como el verdadero sentido de la
fraternidad, que vivirá de manera sacramental luego de su ordenación. Por ser un hombre
puesto en medio de las cosas que son de Dios, éstas deben ser asumidas por él como
propias. Más aún, a través del testimonio en el ejercicio de su ministerio, debe contagiar lo
que enseña y celebra. Por eso, debe ser un hombre de Dios: en la oración y en el estudio, en
lo humano y cristiano, en el apostolado y en su ministerio.

El candidato debe aprender y progresar en su amor a la Iglesia, que le confiará diversos


encargos. Para ello, con la dinámica de la comunión y participación, ya desde el seminario
debe ir aprendiendo a actuar en su nombre. La caridad pastoral le ayudará a ello. La oración
y la meditación de la Palabra le permitirán avanzar en ello. Además el conocimiento de los
documentos del magisterio de la Iglesia le permitirán comprometerse más en ese amor a la
Iglesia. Para ello, es importante que desarrollen un sentido profundo de la comunión con el
Obispo, con los demás sacerdotes que llegarán a ser sus hermanos en el presbiterio, con los
fieles cristianos. Así podrán caminar también en la filial y ferviente adhesión al Santo Padre
y compartir los gozos y las penas de la Iglesia universal.

Los valores del Reino y los consejos evangélicos deben brillar en la vida personal de cada
candidato que deberá ir conociéndolos, profundizándolos y asumiéndolos paulatinamente a
lo largo de su proceso formativo. La pobreza, la obediencia y la castidad, vivida en el
celibato, deben ser asumidas con decisión, en libertad y espíritu de confianza en Dios.

El conocimiento de sacerdotes diocesanos y religiosos, modelos de vida y santidad, así


como de otro santos, les permitirá imitarlos. Es importante, en esta línea el conocimiento de
sacerdotes diocesanos de la Diócesis, de otras partes de Venezuela y el mundo, que le
permitan descubrir al candidato cómo la fuerza del Espíritu actúa de verdad en ellos y cómo
es posible que cada cual lo pueda hacer. La devoción a María, Madre de los sacerdotes, es
importante para cada candidato al sacerdocio. Ella, que tuvo la experiencia viva del
Espíritu y estuvo en contacto directo con el Sumo y Eterno Sacerdote, su Hijo, nos enseña
cómo vivir la vida según el Espíritu.

¿Qué se pretende con este objetivo?

a) Desarrollar el proceso educativo de una vida espiritual entendida como relación y


comunión con Dios. (PDV 45).
b) Propiciar que el candidato al sacerdocio viva su espiritualidad de bautizado, hombre
nuevo, en la opción por Cristo desde una vida según el Espíritu.
c) Asumir el valor y la exigencia de una vida de íntima unión con Jesucristo, nacida en el
bautismo, alimentada por la Eucaristía y que lleva a la íntima comunión con la Trinidad
Santa (PDV 46).
d) Enseñarle a los candidatos al sacerdocio a buscar a Jesucristo e identificarse con Él,
Sumo y Eterno Sacerdote.
e) Buscar a Cristo en medio de la humanidad, para hacer del futuro sacerdote un hombre
de comunión en la caridad pastoral.
f) Favorecer la lectura personal y meditada de la Palabra de Dios, la lectio divina y la
lectura orante de la misma, para introducirse en el misterio de Jesucristo, Palabra viva
de Dios.
g) Favorecer la celebración viva de los misterios de la Iglesia (vida sacramental), en
especial la Eucaristía, que es culmen de toda oración y, a la vez, es fuente de
conocimiento de Cristo Sacerdote quien, al instituirla, también creó el sacerdocio
cristiano.
h) Favorecer el servicio de la caridad pastoral a los más pequeños como camino para
buscar y encontrar a Jesús.
i) Proponer y educar la relación y la comunión con Dios y los semejantes.
j) Despertar en el corazón de los futuros sacerdotes el gusto por la oración, en sus diversas
dimensiones, particularmente la meditativa y contemplativa, así como la vivencia
testimonial de la Palabra de Dios.
k) Favorecer la educación litúrgica de los futuros sacerdotes, de tal manera que en ella
vean también una fuente especial de vida espiritual sacerdotal.
l) Favorecer la formación de los seminaristas en la práctica de los consejos evangélicos,
para que lleguen a ser testigos del Reino de Dios. Especial atención se tendrá con la
formación a la pobreza evangélica, la obediencia y el celibato.
m) Favorecer el conocimiento y puesta en práctica de los valores del Reino de Dios, tal y
como lo proponen los evangelios, particularmente cuando hacen referencia a las
bienaventuranzas.
n) Favorecer el amor a la Iglesia diocesana, desarrollando el sentido de comunión con el
Obispo y los demás sacerdotes.
o) Promover la fraternidad sacerdotal desde el seminario, para que sea asumida luego con
su carácter sacramental y vivida en el presbiterio diocesano.
p) Aprender a realizar, con espíritu de solidaridad cristiana y caridad pastoral, la opción
preferencial por los pobres, excluidos y pequeños de la sociedad.
q) Fortalecer el servicio de la nueva evangelización desde la vida espiritual a fin de que el
seminarista sea, en su futuro sacerdocio un maestro de la Palabra, ministro de los
sacramentos y pastor celoso del Pueblo de Dios.

Para conseguir esto se deben transitar algunas sendas con la realización de algunas
actividades:

a) Compartiendo la vida espiritual del Obispo, a fin de mirar en él un modelo a seguir.


b) Valorando la vida espiritual en la formación sin menoscabo de las demás dimensiones
de la formación. Integrándolas a las otras dimensiones.
c) Promoviendo el conocimiento de la espiritualidad del presbítero diocesano.
d) Conociendo las riquezas de la liturgia y su espiritualidad: la teología y vivencia de la
Eucaristía, de otros sacramentos, Liturgia de las Horas, etc..
e) Favoreciendo la presencia y dedicación, así como vigilancia permanente del Director
Espiritual del Seminario y los responsables de la espiritualidad en cada una de las
etapas formativas.
f) Dando, los formadores, testimonio de unión con Dios y espiritualidad.
g) Velando por un mayor acompañamiento por parte de los formadores en la Capilla y en
la oración diaria.
h) Proponiendo retiros espirituales mensuales para los formadores, a fin de que alimenten
la fe que deben testimoniar sobre todo ante sus alumnos.
i) Viviendo la auténtica liturgia sin quedarse en un mero ritualismo.
j) Preparando y organizando adecuadamente los retiros espirituales, anuales y mensuales.
k) Organizando actividades en la que los profesores de los Institutos Educativos del
seminario (mayor y mejor) compartan su fe cristiana con los alumnos y formadores.
l) Invitando a algunos profesores laicos y sacerdotes, párrocos y religiosos a dirigir
actividades de espiritualidad (retiros, convivencias, etc...)
m) Acompañado los momentos festivos de algunas parroquias.
n) Conociendo las riquezas de la religiosidad popular, en especial a través de las
manifestaciones más conocidas en el Táchira.
o) Planificando las horas santas, celebraciones penitenciales y otras actividades, con
participación de formadores y alumnos.
p) Enriqueciendo la espiritualidad de los padres y representantes de los alumnos.
q) Conociendo el ambiente y la vida espiritual, así como los posibles compromisos
apostólicos de los padres y representantes de los seminaristas.

Para lograr andar por esas sendas, se propone tener en cuenta lo siguiente:

a) Celebración diaria de la Eucaristía, con toda la comunidad, grupos formativos y grupos


de vida, de manera que se tome el gusto sacerdotal por ella y se le llegue a considerar
como una necesidad para el sacerdote.
b) Celebración cotidiana de la Liturgia de las Horas, entendiéndola como oración especial
de la Iglesia.
c) Celebración frecuente de actos penitenciales, para darle la importancia que reviste el
sacramento de la reconciliación.
d) Jornadas especiales de confesión.
e) Elección y visita frecuente del director espiritual personal.
f) Reunión frecuente del Director Espiritual General con los directores espirituales
particulares para animar este ministerio y planificar programas de actividades de
espiritualidad.
g) Charlas o conferencias de temas de espiritualidad por grupos de vida y para toda la
comunidad.
h) Celebración de los diversos tiempos litúrgicos, así como de las fiestas importantes del
Calendario Litúrgico.
i) Talleres sobre Liturgia, Religiosidad popular, etc...
j) Talleres sobre Lectio Divina y otros métodos de oración.
k) Realización de la pastoral o apostolado de seminaristas en diciembre y semana santa.
l) Realización de actos devocionales: santo rosario, horas santas, via crucis, via lucis,
novenas, triduos y octavarios.
m) Retiros espirituales anuales y anuales.
n) Preparación adecuada de las celebraciones litúrgicas.
o) Retiros espirituales para los padres y representantes.
p) Realización de retiros espirituales dirigidos por el Obispo.
q) Preparación para la recepción de ministerios y órdenes sagradas.
r) Meditaciones dirigidas.
s) Presentación de una bibliografía sobre espiritualidad.
La dimensión espiritual y la humana se entrelazan y forman el eje vertical de formación del
futuro sacerdote. La dimensión humana lo enraíza en su propia humanidad y la espiritual lo
lanza, como ciudadano del cielo que es, a la dimensión trascendente. Forman un eje que es
complementado con las otras dos dimensiones, que vienen a ser como los dos brazos
horizontales que abrazan la formación sacerdotal.

II.C.

LA FORMACIÓN INTELECTUAL.

Valorar la formación intelectual como


una dimensión desde la cual
se desarrolle un espíritu crítico
y un “amor por la sabiduría”,
A fin de que, desde la síntesis unitaria
entre fe, cultura y vida, el seminarista
pueda dar calidad a su trabajo pastoral, se
acerque al hombre de hoy,
dé razones de su esperanza,
anuncie y haga creíble el inmutable
evangelio de Cristo
Frente a las legítimas exigencias de la
razón humana. (PDV 51)

La Iglesia quiere sacerdotes debidamente formados en los campos de su competencia (y en


otros según las posibles especializaciones y necesidades de la Iglesia particular), para que
puedan actuar como ministros a imagen del buen Pastor. El pueblo de Dios requiere de
pastores debidamente preparados que les introduzcan seriamente en los misterios de a fe, y
les ayuden a hacer una opción por Cristo, enriquecida con la Lectura de la Palabra de Dios
y la enseñanza de la Iglesia, así como con la celebración de los misterios de la fe. Para ello,
deben estar debida y profundamente preparados. Si bien la formación inicial es necesaria
para el futuro sacerdote, ésta no se acaba con la ordenación presbiteral: en los primeros
años de ministerio se requiere un plan activo de formación que se continúe en los años
siguientes con la así conocida formación permanente.
La formación intelectual de los candidatos al sacerdocio encuentra justificación
específica en la naturaleza misma del ministerio ordenado y manifiesta su urgencia
actual en el reto de la nueva evangelización a la que el Señor llama a su Iglesia a las
puertas del tercer milenio (PDV 51). Hoy, los desafíos que presenta el mundo a la Iglesia,
exigen un excelente nivel intelectual por parte de los futuros sacerdotes: así podrán
anunciar adecuadamente el evangelio, y dar respuesta a las interrogantes de los seres
humanos. Hoy, frente al pluralismo existente en los diversos niveles de la sociedad también
se exige del futuro sacerdote que posea un espíritu crítico capaz de analizar e interpretar las
situaciones propias de la humanidad, pero con una respuesta de carácter pastoral-
ministerial. Ese espíritu crítico debe estar imbuido de la sabiduría cristiana, para que sea
capaz de hacer la síntesis y el diálogo entre fe y cultura, fe y razón y ayude a tener
coherencia de vida al futuro ministro del Señor. Sólo así le dará la verdadera calidad, la del
pastor, a su trabajo ministerial, y entonces podrá acercarse al hombre de hoy con la actitud
del Buen Pastor: para conocerlo y ser conocido por él. Desde esta experiencia hará un
anuncio creíble del evangelio de Cristo: lo conoce y transmite lo que conoce; pero mejor
todavía, lo habrá asumido y lo transmitirá como testigo. Es lo que pretendemos en nuestro
Seminario Diocesano.

Todo lo antes dicho requiere un trabajo continuo y una dedicación especial: La dedicación
al estudio, que ocupa una buena parte de la vida de quien se prepara al sacerdocio, no es
precisamente un elemento extrínseco y secundario de su crecimiento humano, cristiano,
espiritual y vocacional; en realidad, a través del estudio, sobre todo de la teología, el
futuro sacerdote se adhiere ala Palabra de Dios, crece en su vida espiritual y se dispone
a realizar su ministerio pastoral. (PDV 51). Para ello, hay que tener presente lo que recoge
PDV 51: Para que pueda ser pastoralmente eficaz, la formación intelectual debe
integrarse en un camino espiritual marcado por la experiencia personal de Dios, de tal
manera que se pueda superar una pura ciencia nocionística llegar a aquella inteligencia
del corazón que sabe “ver” primero y es capaz de comunicar el misterio de Dios en sus
hermanos.

Para apoyar esta formación intelectual, en nuestro Seminario Diocesano existen algunos
centros dedicados de manera más directa a esta formación intelectual: en el Seminario
Menor, debidamente inscrita en el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (por tanto,
con reconocimiento oficial de los estudios) tenemos la UNIDAD EDUCATIVA
SEMINARIO MENOR SANTO TOMÁS DE AQUINO (UESSTA). En esta Unidad
Educativa, los alumnos pueden culminar sus estudios de formación básica y obtener el
bachillerato en humanidades (5 cursos).

En el Seminario Mayor, tenemos el INSTITUTO UNIVERSITARIO DE ESTUDIOS


ECLESIÁSTICOS SANTO TOMÁS DE AQUINO (IUESSTA), con reconocimiento del
Ministerio de Educación Superior. Los seminaristas cursan Filosofía y Teología y pueden
obtener títulos civiles en Filosofía y Teología. Además existe la afiliación del Instituto a la
Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, con lo que los alumnos pueden acceder al
Bachillerato Teológico Pontificio. El IUESSTA también brinda la posibilidad para
sacerdotes, laicos y religiosas de obtener el título de Licenciado en Educación. Muchos
sacerdotes jóvenes participan de dicho programa. Finalmente el Curso Propedéutico tiene
un plan especial de formación, como se verá posteriormente.
¿Qué se pretende con este objetivo?

a) Preparar a los futuros sacerdotes para una experiencia de Dios más consciente en el
ámbito personal, para un discernimiento crítico de la realidad, la lectura de los signos de
los tiempos, la proclamación de la Palabra de Dios y la enseñanza de la fe y la moral
cristiana.
b) Adquirir los conocimientos básicos de la filosofía y de la fe católica, nivelar la
preparación intelectual en diversas áreas (vgr. Lingüísticas, comunicacional, etc...),
introducir en la comprensión de los estudios superiores (filosofía y teología).
c) Introducir al alumno en la búsqueda amorosa de la “verdad sobre Dios, la Iglesia y el
hombre”.
d) Hacer que el alumno descubra la estrecha relación cognoscitiva existente entre los
argumentos filosóficos y los misterios de la salvación.
e) Entrenar a los alumnos con las ciencias humanas para un desarrollo eficaz de propia
preparación humana e intelectual, así como para un eficaz ejercicio de su rol como
pastor en medio de los creyentes y de la comunidad en general.
f) Dotar a los alumnos de los conocimientos filosóficos que sirven de base para el estudio
de la teología.
g) Dar calidad a los procesos de aprendizaje desarrollados en la enseñanza de la filosofía y
de la teología.
h) Alimentar, mediante una reflexión progresiva y consciente, la fe del candidato al
sacerdocio para que sea excelente testigo de la misma y sea también capaz de realizar el
diálogo con la razón y la cultura a lo largo de su ministerio.
i) Formar un espíritu crítico en el candidato al sacerdocio para que sea capaz de discernir
y leer los signos de los tiempos y así dar las respuestas convenientes a las interrogantes
y necesidades del hombre de hoy.
j) Capacitar al futuro sacerdote en métodos de estudio e investigación.
k) Valorar y conocer la cultura en vistas a una mejor transmisión de las verdades de la fe.
l) Proveer al futuro pastor de los contenidos y métodos expositivos de la fe católica que
alcance una visión completa y unitaria de las verdades reveladas por Dios en
Jesucristo y de la experiencia de la fe de la Iglesia (PDV 54).
m) Capacitar al futuro sacerdote para que pueda ejercer su misión pastoral de forma realista
y fructuosa, avizorando los problemas humanos y sus soluciones a la luz de la fe y de la
revelación cristiana. Esto conlleva también el preparar a los candidatos para futuras
investigaciones y especializaciones que ayuden a profundizar el conocimiento de la fe
la realidad del hombre según la visión cristiana.
n) Adecuar el pensum, de acuerdo a las exigencias de la Ley Civil y de la Iglesia, a fin de
asegurar una preparación académica de excelencia.
o) Propiciar y motivar la profundización e investigación por parte del cuerpo de profesores
de los diversos institutos formativos del Seminario.
p) Promover jornadas de estudio para los profesores de los diversos institutos del
Seminario.

Para conseguir estos fines, se proponen las siguientes sendas:


a) Haciendo presente al Obispo Diocesano en cursos de formación para los alumnos y
profesorado.
b) Preparando y actualizando académicamente al profesorado de los diversos institutos
del Seminario.
c) Centrando cada vez más a los alumnos en la finalidad de los estudios: su formación
como pastores que se configurarán a Cristo Sacerdote.
d) Adquiriendo métodos didácticos más cónsonos con el nivel de los estudios de los
seminaristas.
e) Promoviendo actividades de carácter complementario.
f) Respetando el tiempo previsto para las clases y el estudio personal o grupal.
g) Intensificando la lectura de los textos básicos de la fe y de la cultura mundial y regional
en vistas de la futura actividad pastoral.
h) Realizando actividades de carácter cultural y pastoral de estudio de la realidad que
permitan a los alumnos adiestrarse adecuadamente en esta materia.
i) Realizando talleres de técnicas de estudio.
j) Fomentando el amor al estudio.
k) Realizando actividades de tipo cultural y pastoral que permitan poner en contacto a los
alumnos con el pensamiento contemporáneo y que le permitan conocer las formas del
pensamiento de los fieles a los que está dirigida su actividad futura como sacerdote.
l) Proveyendo de material pedagógico adecuado de acuerdo a las nuevas tecnologías para
la realización de las actividades académicas, de docencia, aprendizaje e investigación.
m) Fortaleciendo y ampliando la Biblioteca del Seminario Menor, la del Seminario Mayor
y la del Curso Propedéutico. Que pueda brindar el servicio adecuado.
n) Promoviendo jornadas de estudio y profundización de los profesores de los institutos
educativos del Seminario.
o) Promoviendo las publicaciones de profesores, así como de una revista científica del
Seminario.
p) Organizando algunos centros de investigación dirigidos por profesores y con la
participación de los alumnos.
q) Realizando continuas y frecuentes reuniones del claustro de profesores.

Esto requiere tener en cuenta lo siguiente:

a) Mantener en alto la importancia de los diversos institutos educativos del Seminario.


b) Mantener contacto directo y permanente con la Pontificia Universidad Javeriana de
Bogotá.
c) Realizar intercambios con otros centros de educación sobre todo de carácter
universitario, para posibles colaboraciones mutuas. En especial con la Universidad
Católica del Táchira.
d) Crear algunos centros de investigación en el IUESSTA.

II.D.
FORMACIÓN PASTORAL.

La educación de los alumnos debe


tender a la formación de verdaderos
pastores de las almas,
a ejemplo de nuestro Señor Jesucristo,
Maestro, Sacerdote y Pastor.
Por consiguiente, deben prepararse para el
ministerio de la Palabra,
Del culto y de la santificación,
Para el ministerio del Pastor
Para que sepan representar delante de los
hombres a Cristo, servidor.
O.T.E. 4

Como dice PDV 57, Toda la formación de los candidatos al sacerdocio está orientada a
prepararlos de una manera específica para comunicar la caridad de Cristo, buen Pastor.
Es lo que hace que toda la formación tenga un carácter pastoral. La dimensión humana, la
intelectual y la espiritual apuntan también a la formación del sacerdote que se configurará a
Cristo Buen Pastor. Es lo que nos indica el Decreto Conciliar Optatam Totius (n. 4). Se
busca modelar en la personalidad del futuro sacerdote la imagen del Buen Pastor para que
lo manifieste en el ejercicio de su ministerio. Así, se preparará para el ministerio de la
Palabra: para comprender mejor la palabra revelada por Dios, poseerla con la
meditación y expresarla con la palabra y la conducta.(Ibid).

También deben prepararse para ser los ministros de la santificación y del culto litúrgico: a
fin de que, orando y celebrando las sagradas funciones litúrgicas, ejerzan la obra de la
salvación por medio del sacrificio eucarístico y de los sacramentos (Ibid). En todo esto,
deben conseguir imitar e identificarse a Cristo que no vino a ser servido sino a servir y dar
la vida por la humanidad (cf. Mc 10,45).

En esta dimensión es fácil entender como se interrelacionan las otras dimensiones que
constituyen los objetivos específicos que permiten cumplir el objetivo general de nuestro
Seminario Diocesano: formar pastores a imagen de Jesús. En este sentido, la finalidad
pastoral asegura a la formación humana, espiritual e intelectual algunos contenidos y
características concretas, a la vez que unifica y determina toda la formación de los
futuros sacerdotes. (PDV 57). Para darle fuerza a esta dimensión, se requiere que se
desarrolle y estudie la teología pastoral, que es una reflexión científica sobre la Iglesia en
su vida diaria, con la fuerza del Espíritu, a través de la historia; una reflexión sobre la
Iglesia como “sacramento universal de salvación:, como signo e instrumento vivo de la
salvación de Jesucristo en la Palabra, en los Sacramentos y en el servicio de la caridad.
(Ibid).
Por otra parte, así como es fuente de la espiritualidad del presbítero diocesano, en la
dimensión pastoral se puede asumir en la práctica el dinamismo propio de la caridad
pastoral, que es principio y fuerza del ministerio sacerdotal (cfr. Ibid.). Desde esta
perspectiva, la formación pastoral está destinada no sólo a asegurar una competencia
pastoral científica y una preparación práctica, sino también y sobre todo, a garantizar el
crecimiento de un modo de estar en comunión con los mismos sentimientos y actitudes
de Cristo, Buen Pastor (Ibid.).

¿Qué pretendemos conseguir con este objetivo?

a) Madurar la sensibilidad del futuro pastor para que asuma consciente y maduramente sus
responsabilidades como tal, y pueda tener el hábito interior de valorar los problemas y
establecer las prioridades y los medios de solución, de acuerdo a serias motivaciones de
fe. (cfr. PDV 58).
b) Ayudar al alumno a abrir su mente y corazón a la dimensión misionera de la Iglesia
c) Iluminar la aplicación práctica pastoral mediante la entrega y algunos servicios
pastorales (apostolado) que los candidatos puedan ir asumiendo a lo largo de las
diversas etapas formativas del Seminario.
d) Insistir que se trata de un aprendizaje pastoral que debe realizarse en armonía con las
otras dimensiones de la formación.
e) Enseñar al alumno que su trabajo pastoral debe realizarse desde la perspectiva del
servicio, alejándose de todo tipo de superioridad o ejercicio de un poder que no siempre
está justificado y no está de acuerdo con la caridad pastoral (cfr. Ibid).
f) Aprender a trabajar con sentido de la comunión eclesial, con el Obispo, los presbíteros
y demás agentes de pastoral, en servicio del Pueblo de Dios.
g) Incorporar al Obispo Diocesano para que sea el gran animador de esta dimensión de la
formación sacerdotal y pueda brindar su experiencia a los alumnos.
h) Acompañar a los alumnos en sus diversos trabajos apostólicos: cada uno de ellos de
acuerdo a la planificación del seminario y de este PES. El sacerdote formador de cada
grupo de vida tiene la responsabilidad de ese acompañamiento.
i) Definir los campos de trabajo pastoral para cada grupo de vida o curso.
j) Planificar (formadores y alumnos) el trabajo pastoral de cada grupo.
k) Aprovechar la experiencia de los sacerdotes profesores y de otros sacerdotes en especial
párrocos o que tienen algún compromiso pastoral específico.
l) Animar y acompañar las experiencias pastorales particulares: curso de pastoral (entre
filosofía y teología) y alumnos de cuarto año de teología.
m) Organizar sesiones especiales para conocer iniciativas y experiencias pastorales.
n) Preparar a todos los seminaristas en el campo de la informática y de la comunicación,
de la oratoria y de técnicas o dinámicas de grupo para ponerlas al servicio de la
pastoral.
o) Crear y fortalecer el Centro de Pastoral en el IUESSTA que permita la investigación en
esta área de la formación sacerdotal.
p) Fortalecer la Pastoral Vocacional, que es responsabilidad del Seminario (como se verá
más adelante).

Para conseguir estos fines se proponen las siguientes líneas:


a) Realizar talleres de formación según los apostolados para los seminaristas en sus
diversos grupos de vida.
b) Compartir y analizar las diversas experiencias que se van realizando en el seminario,
para así enriquecer a los propios alumnos.
c) Realizar talleres de oratoria, pedagogía pastoral, homilética, etc...
d) Realizar talleres de comunicación para el apoyo de las actividades pastorales presentes
y futuras.
e) Evaluar con los párrocos y con los otros agentes de pastoral involucrados en el
apostolado de los seminaristas el trabajo pastoral de estos.
f) Realizar algunas investigaciones con acento pastoral que permitan dar al seminarista
herramientas para su futuro ministerio pastoral.

La conjunción de todos estos objetivos específicos ayudarán a cumplir la finalidad de


nuestro Seminario. A la hora de brindar un informe o un juicio acerca de la idoneidad de los
candidatos al sacerdocio, se debe tener en cuenta la integralidad de los mismos. No se
puede exclusivizar o privilegiar a uno en particular: lo que se busca es que el seminarista se
prepare como pastor, teniendo en cuenta su formación intelectual, pero con la vivencia del
misterio de Cristo Sacerdote y no dejando de ser el hombre que en medio de los suyos será
el servidor del Pueblo de Dios atendiendo a las cosas del Señor. Podemos, antes de pasar al
siguiente apartado, visualizar en forma de cruz las dimensiones de la formación integral del
futuro sacerdote, que tienen como centro el conseguir la configuración del candidato a
Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote por el sacramento del orden.

FORMACIÓN
ESPIRITUAL

FORMACION FORMACION FORMACION


PASTORAL INTELECTUAL
SACERDOTAL
INTEGRAL

FORMACION
HUMANA

3.
PROTAGONISTAS EN LA FORMACIÓN SACERDOTAL.

El Seminario es una comunidad viva; por tanto, todos sus miembros ejercen un
protagonismo especial. Es importante tener en cuenta los diversos protagonistas, sabiendo
que en el fondo, uno solo es el principal protagonista, el Espíritu Santo, como lo veremos.
El protagonismo conlleva la responsabilidad y la participación de cada uno.

A) El Espíritu Santo.

Si Dios es quien llama al servicio, es el Espíritu Santo quien da la fuerza y la perseverancia,


como gracias para el discernimiento vocacional y la formación de aquel que va a
configurarse a Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Así lo dice PDV 65: Es el Espíritu de
Jesús el que da la luz y la fuerza en el discernimiento y en el camino vocacional. No hay,
por tanto, auténtica labor formativa para el sacerdocio sin el influjo del Espíritu de
Cristo. Todo formador humano debe ser plenamente consciente de esto.

A lo largo de todo el proceso formativo, cada uno de los protagonistas debe entender que el
auténtico y definitivo protagonista de la formación de los futuros sacerdotes es el Espíritu
Santo: Si la preparación al sacerdocio es esencialmente la formación del futuro pastor a
imagen de Jesucristo buen Pastor ¿quién mejor que el mismo Jesús, mediante la
infusión de su Espíritu, puede donar y llevar hasta la madurez aquella caridad pastoral
que Él ha vivido hasta el don total de sí mismo (cf. Jn 15,13; 10,11) y que quiere que sea
vivida también por todos los presbíteros? (Ibid.). No olvidemos que las palabras de la
oración del rito de ordenación luego de la imposición de las manos del Obispo, tanto para el
diácono como para el presbítero, imploran la fuerza del Espíritu Santo sobre quien está
siendo marcado por el sacramento del orden.

B) La Iglesia.

Tanto en el ámbito Universal, como en el local, la Iglesia es también protagonista en el


proceso formativo de los futuros sacerdotes. Para ello se vale de su magisterio, de sus
normativas y de las diversas instancias propias. Nuestra Iglesia local, como lo vimos en la
introducción, siempre ha estado pendiente de la promoción vocacional y de la formación de
nuestros futuros sacerdotes. La Iglesia local de San Cristóbal ha asumido desde su
fundación este papel tan importante, pues tiene la conciencia de ser el sujeto comunitario
que tiene la gracia y la responsabilidad de acompañar a cuantos el Señor llama a ser sus
ministros en el sacerdocio. (Ibíd.).

Gracias al empuje de sus Obispos y del presbiterio, así como de los fieles cristianos de
nuestra Iglesia local, el Seminario ha producido innumerables frutos del Espíritu. La legión
de sacerdotes salidos de nuestro seminario diocesano ha alimentado a nuestra propia
Iglesia, así como a otras Iglesias hermanas y también a Institutos de Vida Consagrada. Una
importante tarea de la Iglesia es la de animar y promover las vocaciones sacerdotales, y
acompañar a tantos jóvenes en el proceso formativo. Esto tiene que ver con su propia
esencia y misión: La Iglesia es por su propia naturaleza la “memoria”, el “sacramento”
de la presencia y de la acción de Jesucristo en medio de nosotros y para nosotros. A su
misión salvadora se debe la llamada al sacerdocio; y no sólo la llamada, sino también el
acompañamiento para que la persona que se siente llamada pueda reconocer la gracia
del Señor y responda a ella con libertad y con amor. (Ibíd.)

La Iglesia, que en su debido momento creó los seminarios para la formación adecuada de
los sacerdotes, apoya esta formación con su magisterio y con sus directrices y considera el
seminario como una de las fundamentales instituciones del pueblo de Dios. Por eso, desde
esta perspectiva, nuestra Iglesia de San Cristóbal acepta ese encargo. Una manera muy
especial es con la realización y ejecución de este Proyecto Educativo (PES). La aprobación
del Proyecto Educativo es competencia del Obispo diocesano, así como el Reglamento y
otras normas y directrices del Seminario (cfr. Apost. Succ., 90). Con él nos adentramos más
en el camino que Dios mismo nos ha puesto ante nosotros, para responderle a la hermosa
gracia de contar con vocaciones, seminaristas y sacerdotes. Dentro de la Iglesia local de
San Cristóbal, hay quienes tienen una responsabilidad mayor en el ejercicio de su
protagonismo (Obispo, Presbiterio, Formadores) y quienes tienen otras responsabilidades
(Comunidades parroquiales, movimientos eclesiales de apostolado, congregaciones
religiosas, etc...)

C) El Obispo Diocesano.

La definición del protagonismo del Obispo en PDV (n. 65) es clara y directa, además de
indicar la importantísima responsabilidad que posee en este sentido: El primer
representante de Cristo en la formación sacerdotal es el Obispo. Del Obispo, de cada
Obispo, se podría afirmar lo que el evangelista Marcos nos dice en el texto
reiteradamente citado: “Llamó a los que él quiso: y vinieron donde él. Instituyó Doce,
para que estuvieran con él, y para enviarlos...”(Mc 3,13-14). Está, pues, claro: el Obispo
de esta Iglesia de San Cristóbal tiene la exigente misión, responsabilidad y tarea de ser el
primer formador de los futuros sacerdotes. Es una tarea que no puede eludir. El ejemplo de
los Obispos anteriores sale a su encuentro para animarlo.

Por eso, una de sus primeras preocupaciones ha sido, es y debe seguir siendo la formación
de quienes van a ser sus próvidos y cercanos cooperadores en el presbiterio para cumplir
con la misión recibida. No preocuparse de la formación de los futuros sacerdotes es una
falta que puede tener sus serias implicaciones en el futuro de la Iglesia diocesana. Para el
Obispo, el seminario es una instancia eclesial que no puede descuidar o abandonar. Esta
formación, con todo lo que conlleva de oración, dedicación y esfuerzo, es una
preocupación capital para el Obispo (Past.Greg. 48).

El Obispo, con la ayuda y asesoramiento de los formadores del Seminario, es quien


reconoce de manera última la llamada interior del Espíritu como auténtica llamada (cfr.
PDV 65). La cualidad exigida al Obispo de ser amigo y hermano de los presbíteros (P.O.7)
tiene que ser sentida también por los que se preparan para el ministerio sacerdotal. Por eso,
debe estar siempre muy cerca de los seminaristas: es ya un gran signo de la
responsabilidad formativa de éste para con los aspirantes al sacerdocio el hecho de que
los visite con frecuencia y en cierto modo “esté” con ellos. (PDV 65). Por eso, la presencia
y preocupación por el Seminario por parte del Obispo diocesano no debe resultar algo
extraño: La presencia del Obispo tiene un valor particular, no sólo porque ayuda a la
comunidad del Seminario a vivir su inserción en la Iglesia particular y su comunión con
el Pastor que la guía, sino también porque autentifica y estimula la finalidad pastoral,
que constituye lo específico de toda la formación de los aspirantes al sacerdocio. Sobre
todo, con su presencia y con la coparticipación con los aspirantes al sacerdocio de todo
cuanto se refiere a la Pastoral de la Iglesia Particular, el Obispo contribuye
fundamentalmente a la formación del “sentido de Iglesia”, como valor espiritual y
pastoral central en el ejercicio del ministerio sacerdotal. (Ibid.)

La presencia frecuente al seminario y sus diversos niveles formativos, el diálogo con los
formadores y con los alumnos, su acompañamiento a la formación en las diversas etapas,
así como el seguimiento a la pastoral vocacional son funciones propias del Obispo. Esta
visita frecuente encuentra en la Visita Pastoral anual del Obispo al Seminario un campo
propicio para estrechar los vínculos de unión y caridad con los formadores y alumnos, así
como con otros colaboradores del Seminario. Así, cada año, en la fecha mejor para todos,
el Obispo realizará la Visita Pastoral al Seminario, de la cual dejará relación y acta con
sugerencias, recomendaciones y enseñanzas para impulsar el crecimiento de la comunidad
del Seminario. En tal visita, el Obispo tratará de tener un encuentro directo e informal
con los alumnos para conocerlos personalmente, alimentando el sentido de la
familiaridad y amistad con ellos para poder ponderar las inclinaciones, actitudes, dotes
humanas e intelectuales de cada uno y también los aspectos de su personalidad que
necesitan de una mayor atención educativa. Esta relación familiar permitirá al Obispo
poder evaluar mejor la idoneidad de los candidatos al sacerdocio y confrontar su juicio
con el de los superiores del seminario, que está a la base de la promoción al sacramento
del orden.(Apost. Succ, n.88)

El Obispo Diocesano invitará a los Obispos de otras diócesis que tienen sus alumnos en
nuestro Seminario Diocesano a que los visiten con frecuencia y entablen ese necesario
diálogo con ellos. Esa será una buena oportunidad para intercambiar acerca de sus
candidatos con el rector del seminario y los demás formadores. No se deberían contentar
sólo con el informe del Seminario que se realiza y envía periódicamente.

El Obispo es quien elige a los formadores del seminario y designa las responsabilidades
más importantes: Rector, Director Espiritual, Ecónomo, Directores de los Institutos
educativos del Seminario, los vicerrectores (del Seminario Menor, del Seminario Mayor,
del Curso Propedéutico) el responsable del grupo que compone el filosofado. Con ellos
mantiene una fluida y continua relación. El Rector debe informar continuamente al Obispo
acerca de la marcha del seminario. El Obispo, a su vez, se acercará con frecuencia a hablar
con él y tendrá periódicas reuniones con el grupo de formadores, así como con los
profesores de los Institutos educativos del seminario. Con el Ecónomo del seminario,
ayudado por otras instancias y grupos de personas, buscará fortalecer el patrimonio del
Seminario, para que éste pueda disfrutar de solvencia económica suficiente.
El Obispo mantendrá diálogo con los empleados del seminario para conocerlos y animarlos
a trabajar con entusiasmo en la delicada tarea de la formación de los seminaristas.

Los seminaristas, sean de la diócesis de San Cristóbal o de otra diócesis, que deseen hablar
con el Obispo, podrán hacerlo: el rector les dará el debido permiso para ir a la Casa
Episcopal si fuera el caso, en el horario que sea más conveniente para el seminarista y el
Obispo. En el caso de que lo desee hacer en el seminario durante alguna de las visitas
periódicas que éste realiza, podrá hacerlo en la forma más conveniente que se considere.

El Obispo deberá dirigir pláticas y charlas formativas a los seminaristas a lo largo de cada
curso académico. Es conveniente que en algunos momentos pueda dirigir retiros
espirituales anuales o mensuales y participar en actividades de carácter espiritual. Presidirá
la Eucaristía con frecuencia en la comunidad general, o por grupos de vida, según se crea
conveniente. Esta celebración debe indicar a la comunidad del seminario la centralidad de
la eucaristía y del sacerdocio para lo que se están preparando.

Mientras se avanza en el itinerario formativo, el Obispo solicite a los superiores del


Seminario informaciones precisas acerca de la situación y aprovechamiento de los
alumnos. Con prudente anticipación, asegúrese mediante escrutinios de que cada uno de
los candidatos sea idóneo para las sagradas órdenes y esté plenamente decidido a vivir
las exigencias del sacerdocio católico. No actúe jamás con precipitación en una materia
tan delicada y, en los casos de duda, más bien difiera su aprobación hasta que no se
haya disipado toda sombra de falta de idoneidad. En el caso de que el candidato no sea
considerado idóneo para recibir las sagradas órdenes, comuníquesele con tiempo el
juicio de no idoneidad. (Apost. Succ. n., 89). Cuando un alumno sea retirado del
Seminario, el Rector le avisará al Obispo antes de su retiro (incluso si se trata de un alumno
de otra diócesis). En todo esto, se observará la normativa vigente en la Iglesia Universal, la
establecida por la Conferencia Episcopal Venezolana (NORMAS BÁSICAS PARA LA
FORMACIÓN SACERDOTAL EN VENEZUELA, Caracas 2000).

Sin discriminación de ningún tipo, el Obispo estará muy en contacto con todos los alumnos
del Seminario: El conocimiento personal y profundo de los candidatos al presbiterado en
la propia Iglesia particular es un elemento del cual el Obispo no puede prescindir. (Past.
Greg., n.48). De manera especial, el Obispo estará en continuo contacto con los estudiantes
del último año de teología para conocerlos más de cerca e irlos introduciendo en el
dinamismo de la caridad pastoral y de la fraternidad sacramental en el presbiterio. De igual
manera, atenderá con especial solicitud a los que realizan la experiencia del año de pastoral,
visitándolos en su lugar de trabajo y dialogando con ellos acerca de esta experiencia
formativa. Con los alumnos del Seminario Menor y del Propedéutico mantendrá contactos
directos visitándolos con frecuencia, como a los otros alumnos.

Es importante el contacto del Obispo con los padres y representantes de los seminaristas.
Cuando sea posible, los visitará en sus propias comunidades. En sus visitas a las parroquias,
animará a los párrocos a la atención de los seminaristas de sus comunidades y a que
dediquen serios esfuerzos para la promoción vocacional.
D) El Presbiterio Diocesano.

El Presbiterio constituye una institución esencial en cada Iglesia local. Presidido por el
Obispo, que lo considera el cuerpo de cercanos y próvidos cooperadores, en la guía pastoral
de la grey diocesana, el Presbiterio también asume su responsabilidad en la formación de
los futuros sacerdotes, que luego del proceso de formación en el Seminario Diocesano se
incorporarán, por la ordenación sacerdotal, a él. Algunos miembros del Presbiterio
Diocesano son elegidos por el Obispo para el delicado ministerio de la formación de los
futuros sacerdotes. Ya este hecho marca la preocupación que todos los presbíteros
diocesanos deben tener para con el seminario: guiados por la fraternidad sacramental y la
caridad pastoral, les acompañarán sobre todo con la oración y las ayudas que se les solicite
(Charlas, retiros, docencia, etc...).

El Presbiterio Diocesano tiene varias funciones indelegables con relación al Seminario: la


de acompañar el proceso formativo de los futuros sacerdotes, con la oración y la
predicación e invitación al Pueblo de Dios para que ore por el Seminario. Esta oración debe
incluir la continua petición por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, la
perseverancia de los seminaristas y la santificación de los sacerdotes. Para ello, a través de
jornadas y actos litúrgicos así como devocionales, téngase siempre la preocupación orante
por el seminario.

Los presbíteros de nuestra Iglesia de San Cristóbal colaborarán de una manera muy eficaz
en la formación de nuestros seminaristas en la medida que se distingan por su ejemplo de
conducta cristiana y sacerdotal, con la que invitan a imitarles por su testimonio de vida y
santidad. Este testimonio es clave y necesario para fortalecer el entusiasmo de los jóvenes
que en el futuro compartirán la fraternidad sacramental con los demás sacerdotes en nuestro
Presbiterio.

También los miembros de nuestro presbiterio colaborarán con la manutención económica


de nuestro Seminario en la medida de las posibilidades personales y de las comunidades
donde sirven sacerdotalmente. Para ello, se seguirán las directrices diocesanas al respecto,
pero se podrán promover diversas iniciativas que hagan posible esta colaboración.

Vean con aprecio y gratitud al seminario: allí forjaron su respuesta y consiguieron los
medios para acceder al ministerio sacerdotal. Visítenlo y ténganlo como un necesario punto
de referencia para su ministerio, oración preocupación.

E) La Comunidad formativa del Seminario.


El Seminario se concibe como una comunidad cristiana, orgánica, eclesial, educativa,
sacerdotal y eucarística. No es un conjunto de apelativos para hablar de manera superficial
acerca del Seminario. Es comunidad de un grupo de personas que tienen una meta común:
la formación de los futuros sacerdotes. Como tal está compuesta por miembros que viven o
trabajan directamente en ella, bajo la guía del Obispo. Es comunidad donde un conjunto de
actores realizan el protagonismo de la formación de los futuros sacerdotes de nuestra
Diócesis. Por eso, con el principio de la comunión y participación, esa comunidad especial
cumple su objetivo y finalidad: ayudar a los futuros sacerdotes a formarse para que sean
capaces de configurarse a Cristo Sacerdote por el sacramento del Orden. La identidad
propia del seminario es ser, a su manera, una continuación en la Iglesia, de la íntima
comunidad apostólica formada en torno a Jesús, en la escucha de su Palabra, en camino
hacia la experiencia de la Pascua, a la espera del don del Espíritu para la misión. Esta
identidad constituye el ideal formativo que –en las muy diversas formas y múltiples
vicisitudes que como institución humana ha tenido en la historia- estimula al seminario
a encontrar su realización concreta, fiel a los valores evangélicos en los que se inspira y
capaz de responder a las situaciones y necesidades de los tiempos. (PDV 60).

Ya esto último signa dos elementos también fundamentales: es comunidad cristiana, que se
centra en la Palabra y la Eucaristía, que vive el misterio de la Pascua del Señor con
elementos que le son propios a la formación sacerdotal. Como tal, es comunidad eclesial en
sintonía con la Iglesia Universal y Diocesana, en comunión con el Obispo, el Presbiterio y
los fieles cristianos del pueblo de Dios. Es una comunidad que, por sus elementos
característicos, debe sentirse Pueblo de Dios. Es una comunidad sacerdotal y eucarística:
vive el sacerdocio de los formadores, pero en los alumnos se debe notar la vivencia del
aprendizaje para ser pastores-sacerdotes del pueblo de Dios. Y es también comunidad
eucarística, no sólo porque celebra diariamente la Eucaristía, lo que es esencial, sino porque
la tiene a Ella como centro, fuente y culmen de su vida; amén de que sus miembros de una
manera muy especial, sienten y hacen sentir la memoria continua de la Pascua redentora de
Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote.

Es orgánica porque es viva y sus miembros no son un conjunto de añadidos. Se


interrelacionan entre sí, con un programa de vida basado en la Palabra de Dios y la
enseñanza de la Iglesia para conseguir el Objetivo del que hemos hablado. Es educativa,
porque a través de las diversas etapas de la formación, conduce al joven seminarista a
madurar en su formación. En esta línea se articula en torno a los formadores, a los
profesores de los institutos educativos del seminario, y de los seminaristas; sin dejar de
tener en cuenta a otros colaboradores en la formación de los seminaristas.

El protagonismo de la Comunidad-Seminario se realiza en la medida que todos sus


miembros, de manera orgánica, ejercen su propio rôle como sujetos activos de la formación
sacerdotal de los futuros ministros del Señor y del Pueblo de Dios. El Seminario es, en sí
mismo, una experiencia original de la vida de la Iglesia; en él el Obispo se hace presente
a través del ministerio del rector y del servicio de corresponsabilidad y de comunión con
los demás educadores, para el crecimiento pastoral y apostólico de los alumnos. Los
diversos miembros de la comunidad del seminario, reunidos por el Espíritu en una sola
fraternidad, colaboran, cada uno según su propio don, al crecimiento de todos en la fe y
en la caridad, para que se preparen adecuadamente al sacerdocio, y por tanto a
prolongar en la Iglesia y en la historia la presencia redentora de Jesucristo, el buen
Pastor. (PDV 60)

E.1) Los Formadores.

Este equipo es eminentemente sacerdotal. En algunas ocasiones se incorporarán, de acuerdo


a la planificación del Seminario, algunos seminaristas pasantes, que pertenecerán al equipo
y participarán en todas sus reuniones, excepto aquellas donde se realicen los escrutinios
para las órdenes. El equipo de formadores debe sentirse unido por la caridad pastoral y por
la misión recibida de manos del Obispo. Lo preside el Rector del Seminario y debe ser
modelo de unidad para los alumnos. Tienen la gran responsabilidad del acompañamiento de
los alumnos durante las etapas del proceso formativo del Seminario: Ellos se deben sentir
profundamente unidos al Obispo, al que con diverso título y en modo distinto
representan, y entre ellos debe existir una comunión y colaboración convencida y
cordial. Esta unidad de los educadores no sólo hace posible una realización adecuada
del programa educativo, sino también y sobre todo ofrece a los futuros sacerdotes el
ejemplo significativo y el acceso a aquella comunión eclesial que constituye un valor
fundamental de la vida cristiana y del ministerio pastoral. (PDV, n.66)

En nuestro Seminario Diocesano, el equipo de formadores se articula entre sí, de acuerdo a


las diversas etapas formativas o instancias formativas: Pastoral Vocacional, Seminario
Menor, Curso Propedéutico, Seminario Mayor (con el filosofado, el año de pastoral, el
teologado, el tiempo de diaconado y los primeros años de ministerio). Para cada una de esas
etapas o instancias formativas se destinan algunos formadores, todos bajo la coordinación y
guía del Rector. Pero, la responsabilidad compartida de todos y cada uno ayudará a que se
consiga el verdadero objetivo del Seminario. Para ello contarán con la ayuda de los
profesores de los Institutos educativos del Seminario.

El trabajo específico de los sacerdotes formadores está en el seminario. Aunque algunos


puedan considerar que tienen más tiempo que otros y que deberían realizar otros trabajos,
no es así. El ministerio sacerdotal de los formadores es empeñativo y tiene como lugar
propio el Seminario. Si van a adquirir algún compromiso extraordinario y permanente,
deberán contar con la anuencia del Rector y el permiso del Obispo

E.1.a. El Rector del Seminario.

Nombrado por el Obispo, es su primer representante en el Seminario. El Rector del


Seminario es el responsable de la marcha de todo el seminario con sus etapas formativas, de
tal manera que sobre sus hombros recae el compromiso de hacer que se cumpla el objetivo
del Seminario. Si bien en cada instancia hay responsables y cuenta con la ayuda del
equipo, es quien dirige la marcha de todo el Seminario. Por ello, recibe también el cargo de
VICARIO EPISCOPAL PARA LA FORMACIÓN DE LOS SACERDOTES EN LA
DIÓCESIS DE SAN CRISTÓBAL. Como tal pertenece al Consejo Presbiteral y al
Consejo Episcopal de la Diócesis. Es, a la vez, el representante legal del Seminario
(incluidas todas las instancias) y el que, con el ecónomo del Seminario, vigila el patrimonio
del mismo y administra los recursos para el sostenimiento del mismo Seminario.

Dirige las reuniones del equipo de formadores, de acuerdo al plan que establecerá junto con
ellos. Esa reunión semanal, durante el curso académico, deberá pasar revista sobre la vida
integral del seminario y los progresos en el discernimiento de los alumnos. Se entrevistará
periódicamente con cada formador, en especial los formadores guías de los diversos grupos
de vida, para saber directamente acerca de la marcha del seminario y el progreso de cada
alumno. Visitará con frecuencia, de acuerdo a un plan debidamente establecido, la sede del
Curso Propedéutico, el seminario menor y estará vigilante sobre la marcha de la pastoral
vocacional. De igual manera, estará vigilante sobre la marcha de la UESSTA y del
IUESSTA.

Al menos, dos veces al año hablará con cada uno de los alumnos del Seminario Mayor y del
Propedéutico: se tratará de un diálogo con características de caridad pastoral para evaluar la
marcha de cada uno de ellos en el seminario. Cuando las circunstancias lo requieran,
llamará la atención y sugerirá las debidas correcciones a los alumnos, motivándolos al
crecimiento integral de cara a su futuro ministerio. De igual manera, acompañado de algún
otro formador si fuera necesario, a lo largo del curso académico visitará cada uno de los
hogares de los seminaristas mayores y si fuera posible de los alumnos del seminario menor
(sobre todo los cursos superiores).

Presidirá la Eucaristía en el Seminario, al menos una vez a la semana, y en las


solemnidades o fiestas especiales, si el Obispo no lo pudiera hacer. Además, al menos una
vez al mes tendrá una conferencia formativa con todos los alumnos del seminario. De igual
manera la tendrá con el Propedéutico, el filosofado, el teologado y el seminario menor.
Ayudado por el Director Espiritual del Seminario Mayor estará pendiente de los candidatos
al diaconado y los diáconos durante su tiempo de práctica pastoral. Se preocupará de los
jóvenes sacerdotes, de acuerdo al plan que se establecerá en la Diócesis.

Presidirá siempre la reunión de los formadores cuando se trate del escrutinio e informes de
los candidatos a los ministerios y órdenes sagradas. Avisará al Obispo Diocesano sobre los
resultados de dichos escrutinios. Para ellos, se seguirán las normas establecidas en la Iglesia
Universal y por la CEV. De igual manera, avisará a los Obispos de otras diócesis acerca del
resultado de los escrutinios de sus seminaristas.

En el caso de retiro de un seminarista por causa legítima, es el rector quien deberá


comunicar al candidato la decisión que ha sido tomada por el equipo de formadores. Pero
ningún miembro de este equipo deberá decirle al interesado los pormenores de la reunión
donde se tomó la decisión. Si la causa del retiro es por motivos de maduración del
candidato, el Rector, de común acuerdo con el Obispo Diocesano (o el Obispo propio si
fuera de otra Diócesis), le indicará el iter a seguir para un eventual regreso al seminario. En
el caso de que la salida del seminario sea por razones graves y se considere que el
candidato no es idóneo para el sacerdocio, se le comunicará al Obispo Diocesano (o al
Obispo propio si es de otra Diócesis). En el archivo de ese alumno constará un documento
donde se indique la no idoneidad del mismo para el sacerdocio, documento que se le
entregará al Obispo y al mismo candidato.( No es el informe, sino un documento donde
consta que el seminarista no puede seguir en este ni en otro seminario).

El Rector atenderá a todos los seminaristas por igual, sin discriminación de ningún tipo. En
particular a los que tengan alguna dificultad o problema. Pero en ningún caso, será director
espiritual de ellos y mucho menos confesor de los seminaristas. Si algún seminarista decide
voluntariamente retirarse, evaluará las causas de su retiro. Si hubiera posibilidades de un
regreso, lo manifestará en el propio informe del alumno. Pero si quien se retirara no diera
garantías de idoneidad, déjese constancia de ello en el informe del alumno.

El Rector debe mantener una fluida y constante comunicación con el Obispo, para dialogar
sobre la marcha del seminario. Con él preparará la Visita Pastoral y otras actividades del
Seminario. Por su responsabilidad, debe ser el que anime a todos al cumplimiento de los
objetivos específicos de nuestro seminario, y las diversas dimensiones de la formación
sacerdotal. Para ello, contará con la ayuda de los formadores. Debe motivar a que se
entienda que el proceso formativo debe hacer que los alumnos participen en el mismo: no
son receptores de contenidos, sino actores de su propia formación, bajo la guía de los
formadores. Por eso, debe animarlos a que asuman su propia responsabilidad formativa,
con la ayuda de los formadores y sean capaces de discernir su vocación y dar respuesta
desde una opción por Cristo Sacerdote y Buen Pastor.

Por eso, el Rector debe distinguirse por su sencillez de trato, su afabilidad fraterna,
alimentada por la Palabra de Dios, la Eucaristía y la oración. Tanto para el equipo de
formadores, como para los seminaristas debe ser un testigo decidido del Señor, que con
alegría y sentido de comunión con el Obispo y el Presbiterio, contagia a todos de su
experiencia de fe, amor y esperanza.

E.1.b. El Vicerrector del Seminario Mayor.

Es mano derecha del Rector y es el responsable de la disciplina cotidiana del Seminario.


Para ello cuenta con la ayuda de los otros formadores, en especial de los formadores guías
de cada grupo de vida. Actuará siempre en sintonía y comunión con el Rector. Lo suple en
sus ausencias y le da cuenta de lo realizado. Es el coordinador del teologado, y animará a
los otros formadores de dicho grupo a cumplir su tarea.

Otras funciones del Vicerrector serán establecidas en el reglamento propio del seminario o
indicadas por el Rector.

E.1.c. Vicerrector del Seminario Menor.


Es especial cooperador del Rector en la conducción del Seminario Menor. Es el responsable
de la marcha interna del seminario y coordinador del equipo de formadores del seminario
menor. Tendrá encuentros periódicos con el Rector para informarle acerca de la vida y
marcha del seminario menor. Estará pendiente de la marcha y del progreso de cada uno de
los alumnos. Junto con el equipo de formadores del seminario menor hará el informe
correspondiente del seminarista pasante que colabore con ellos en el seminario menor al
final del año de pastoral. Para la toma de decisiones que tenga que ver con el retiro de algún
alumno, deberá estar en sintonía con todo el equipo de formadores del seminario menor y el
Rector. Estará en contacto continuo con el Ecónomo del Seminario para las realizaciones
presupuestarias, la atención a las necesidades y la respuesta a las situaciones que se vayan
presentando, así como de las adquisiciones que se deba hacer.

E.1.d. Vicerrector o Coordinador del Año Propedéutico.

Es mano derecha también del Rector en la dirección del Curso Propedéutico. Junto con los
otros formadores de este Curso, organizará las actividades, dirigirá el proceso de
discernimiento de los alumnos que están en esta fase inicial del seminario mayor. Es el
administrador del Curso, tarea que realizará en diálogo y comunión con el ecónomo del
seminario. Dialogará permanentemente con cada alumno y elaborará una ficha de vida de
cada uno, junto con los otros formadores. Al final del Curso, dará el informe de cada
alumno, elaborado junto con los otros formadores, indicando si puede acceder a la otra
etapa formativa. No actuará solo, sino en comunión con el Rector y los otros formadores
del Curso Propedéutico y del Seminario.

E.1.e. Director Espiritual del Seminario Mayor.

Su responsabilidad es grande. Es el responsable de que la dimensión espiritual de la


formación sacerdotal se realice en conjunción con las otras dimensiones. A la vez, de
común acuerdo con el Rector y los otros formadores es el animador de la Vida Litúrgica del
Seminario. Es el responsable de que los seminaristas en sus diversas etapas de formación
conozcan y se animen a asumir la espiritualidad del presbítero diocesano. Para ello,
organizará jornadas de estudio y reflexión para profundizar en los temas propios de esa
espiritualidad propia de los sacerdotes diocesanos.

Una de sus tareas es la de supervisar que cada seminarista tenga su propio director
espiritual y su confesor, y que también acuda a ellos con la frecuencia necesaria. Para ello,
el Director espiritual general del seminario deberá llamar a cada seminarista, al menos dos
veces al año y revisar con él cómo va su camino espiritual. Los que no son sus dirigidos
espirituales acudirán a este coloquio con el ánimo de ser ayudados y para cooperar con el
ministerio propio del Director Espiritual. Podrá informar al Rector de aquellos aspectos que
no tengan que ver con el fuero interno y que indiquen las actitudes externas de los
seminaristas.
Estará pendiente de la presencia de los confesores designados por el Obispo, para que
tengan el tiempo suficiente a fin de ejercer su importante ministerio. Es conveniente que
periódicamente se reúna con los directores espirituales y confesores para animarlos a
cumplir su ministerio y para profundizar en algunos temas de la espiritualidad propia del
sacerdote diocesano. Deberá, entonces, insistirles que recomienden a sus dirigidos la
práctica de las virtudes humanas, cristianas y sacerdotales.

Con los responsables de la vida espiritual y litúrgica del Propedéutico, Filosofado y


Teologado, así como con el director Espiritual del Seminario Menor, tendrá reuniones para
coordinar las actividades de tipo espiritual (retiros, convivencias, charlas, celebraciones,
etc...). Deberá dirigir con frecuencia una conferencia al seminario Mayor sobre temas de
espiritualidad, de acuerdo a la planificación interna. Lo mismo con los diversos grupos de
vida existentes.

No participará en la reunión donde se traten los escrutinios para los ministerios y las
órdenes. En las reuniones generales de formadores deberá participar, pero deberá guardar la
debida discreción y el secreto cuando su opinión pueda poner en peligro el secreto de
confesión o revelar el fuero interno de algún alumno.

El Director Espiritual del Seminario Mayor tiene el encargo de acompañamiento de los


candidatos a diácono o diáconos durante su período de práctica pastoral antes de la
ordenación presbiteral. Para ello actuará en comunión con el Obispo y el Rector del
Seminario.

De manera especial, el Director Espiritual debe distinguirse por su solicitud y prontitud


para atender a todos los seminaristas. Su vivencia y testimonio de vida sacerdotal debe ser
una luz y garantía para los mismos alumnos que deben ver en él un punto de referencia muy
especial.

E.1.f. Director Espiritual del Seminario Menor.

Guardando las distancias con relación a lo que se dijo en el Seminario Mayor, el Director
espiritual del seminario menor es el animador de la vida espiritual y litúrgica de los
alumnos del menor. Para ello, organizará charlas, retiros, convivencias, celebraciones que
permitan al joven seminarista menor ir gustando de las cosas de Dios. Debe irlos
introduciendo en la oración, de acuerdo a la edad. A la vez, estará pendiente de que asistan
a los actos litúrgicos con dignidad y seriedad.

Organizará con ayuda de otros sacerdotes, jornadas de confesiones periódicas. De igual


manera, para aquellos alumnos (sobre todo de los cursos superiores) que lo requieran les
ayudará a conseguir un director espiritual propio. Con los alumnos que están en los dos
últimos cursos de bachillerato tendrá encuentros frecuentes para hablarles de la vida
espiritual propia de los creyentes en Cristo y animarlos en su discernimiento y maduración
de su repuesta a Dios. A los jóvenes que no hayan recibido ni la primera comunión ni la
confirmación los preparará, con la ayuda de otros formadores y seminaristas.
De igual manera, organizará jornadas de espiritualidad para los padres y representantes.

E..1.g. Ecónomo del Seminario.

Tiene la gran responsabilidad de administrar el patrimonio y los recursos del seminario, así
como de organizar la manera de conseguirlos. Para ello, sin duda alguna que contará con la
ayuda de los formadores, de la Curia Diocesana, FUNDASSTA y otras instituciones.
Coordina todas las actividades que tengan que ver con el área administrativa. Para ello
cuenta con un equipo ad hoc. Deberá realizar todo su proceso administrativo de acuerdo a
lo establecido por las leyes civiles y eclesiásticas, as como por las normas diocesanas al
respecto. Actúa en comunión con el Rector, a quien periódicamente le presentará el estado
de la administración (cuentas, disponibilidad bancaria, créditos, deudas, ingresos, etc...) así
como los proyectos para la consecución de recursos.

Periódicamente, junto con el Rector del Seminario, presentará el estado de la


administración (ut supra) al Obispo y con él buscará los recursos que fueran necesarios en
Instituciones del Gobierno, de la Iglesia o de la Sociedad civil.

El Ecónomo tiene la responsabilidad del mantenimiento del Seminario, para ello debe
contar con la ayuda y cooperación de los demás formadores, así como de los seminaristas.
Nadie debe hacer gastos por su cuenta sin contar con el ecónomo; lo mismo nadie debe
comprometer los recursos del seminario presuponiendo que son suficientes. Los
formadores, según sus áreas de trabajo, si requieren de material de apoyo especial y
extraordinario, deberán hacer la debida solicitud al Rector y al Ecónomo, quienes, de haber
disponibilidad real, podrán conceder los recursos respectivos para ello. Si se tratara de
ventas o enajenaciones se deberá tener en cuenta lo establecido en la Ley Universal de la
Iglesia.

El Ecónomo del Seminario es el responsable del trato de los empleados y de las Hermanas
de la Congregación Siervas de Jesús. Con ellos tendrá un trato serio y franco. Resolverá
todas las dificultades con los criterios de la ley, pero sobre todo de la caridad. Tendrá a su
cargo la atención pastoral de las Hermanas (capellán), pero contando con la ayuda de los
otros sacerdotes formadores.

Los formadores del equipo del seminario deberán ver en el ecónomo un hermano que tiene
la responsabilidad de custodiar y hacer crecer el patrimonio del seminario.

Conviene que con frecuencia pueda dirigir algunas charlas o conferencias a los seminaristas
sobre el sentido cristiano de los bienes la responsabilidad de cuidarlos puesto que están al
servicio de todos, acerca de la pobreza evangélica y temas afines. Para ello, combinar con
el Rector y el Director Espiritual, para que en algunos de los momentos que ellos disponen
para sus conferencias puedan conceder el tiempo para el ecónomo.
E.1.h. Formadores guías de grupos de vida.

Son los sacerdotes formadores responsables de cada grupo de vida en el seminario.


Realizan su tarea en el contacto cotidiano, directo y permanente con los alumnos. Son los
animadores más directos de ellos: están pendientes de que los jóvenes seminaristas vayan
avanzando en su camino de discernimiento. Coordinados por el responsable de cada grupo
(Propedéutico, Filosofado y Teologado), están vigilantes para que los diversos objetivos y
dimensiones de la formación estén cumpliéndose y así ayudan con su asesoría al
discernimiento vocacional de los alumnos. Cada uno de los formadores guías, sin
despreocuparse del conjunto general del seminario, tiene la misión de atender más
directamente al grupo a él encomendado.

En esta línea estará en contacto dialogante con los alumnos de su grupo, les asesorará en
todos los aspectos y será el guía de su vida de oración comunitaria, de su vivencia
eucarística y de la puesta en práctica de los principios fundamentales de la espiritualidad
del presbítero diocesano. Para ello, contará con la ayuda del Director Espiritual del
Seminario y el coordinador espiritual de cada grupo. Estará vigilante por el progreso
académico de los alumnos de su grupo y será el responsable de que la formación humana se
realice en ellos. Asimismo será el acompañante de las experiencias pastorales de los
alumnos de su grupo.

Debe estar muy cerca de sus alumnos: debe llamarlos y dialogar con ellos continuamente,
para animarles y corregirles, si fuera necesario. Para eso, los acompaña diariamente en la
oración y la eucaristía; asimismo en otras actividades, culturales y deportivas, así como
recreativas. No debe tener límite de tiempo para atenderlos, ni se debe reducir a encuentros
fortuitos. Con ellos, hará el plan de vida los animará para su cumplimiento. Irá llenando
paulatinamente el CUADERNO DE VIDA de cada alumno, con lo cual podrá comprobar si
ha habido progreso en el caminar de alumno. No debe dejar esta tarea para las últimas
semanas del curso. De este Cuaderno de Vida, que al final irá al archivo propio de cada
alumno, se hará el informe final del curso para cada alumno y se le comunicará al mismo,
antes de terminar el curso académico, para luego darlo a conocer al Obispo diocesano o al
Obispo propio si fuera de otra diócesis. El informe final debe ser firmado por el Rector,
luego de haber sido presentado al equipo de formadores para su estudio y aprobación.

Anime, organice con los alumnos y participe en actividades propias del grupo
(celebraciones eucarísticas y de oración por grupos, retiros, paseos, etc...) y al menos una
vez a la semana comparta con los alumnos una de las comidas fuertes del seminario. Sea en
todo modelo de vida cristiana y sacerdotal para los alumnos de su propio grupo. Debe
desarrollar ante ellos las virtudes sacerdotales, y trátelos con caridad pastoral, recordando
que tiene la misión directa del alfarero que ayuda a modelar en ellos la figura de Jesús Buen
Pastor y Sumo Sacerdote.

Debe estar en permanente contacto con el Rector y los otros formadores. El diálogo con
ellos le permitirá aportar ideas para la conducción del seminario y recibir aportes para su
trabajo particular. Nunca, amenos que haya razones serias, falte a las reuniones del equipo
de formadores, ni a las celebraciones eucarísticas ni otros actos importantes del seminario.
Puede avisarle al Director espiritual sobre situaciones especiales que debe atender en su
ministerio en el seminario. Esté cada formador abierto a asumir las responsabilidades que el
Rector y equipo de formadores le indique para la buena marcha general del seminario.

Mantenga cada uno de los formadores un contacto directo con el Obispo Diocesano, para
que así pueda él tener también indicaciones acerca del camino de discernimiento de los
alumnos.

E.1.i. Asesor y coordinador del Año de pastoral.

Al terminar los estudios de filosofía, antes de ingresar a la teología los alumnos de nuestro
Seminario deberán realizar el AÑO DE PASTORAL (lo cual será especificado más
adelante). Para animar, asesorar y guiar esa experiencia se tendrá un formador que será
designado por el Obispo, escuchado el parecer del Rector. Este asesorará y coordinará las
diversas actividades del año de Pastoral. Estará en contacto directo y permanente con los
alumnos y organizará adecuadamente los encuentros periódicos de formación que están
pedidos por el proyecto educativo. De igual manera estará en contacto con los párrocos y
otros responsables de los lugares donde los seminaristas estarán realizando su experiencia
pastoral.

Deberá ser para ellos como el pastor que está preocupado por sus ovejas. Y no escatimará
esfuerzos por atenderlos cuando ellos lo requieran.

Al final de la experiencia, junto con el Rector, y escuchado el parecer de los párrocos o


responsables de sus experiencias pastorales, elaborará un informe de cada alumno. De igual
manera hará la evaluación del año de pastoral con los alumnos y otros formadores. Debe
estar vigilante por su espiritualidad y por la conducta que manifiesten a lo largo de este
tiempo.

E.1.j. Responsable de Pastoral Vocacional.

El Obispo designa a uno de los formadores del seminario para que sea el director de la
Pastoral Vocacional. Para ello, contará con un equipo de seminaristas y el apoyo de
formadores, así como de otros miembros del presbiterio diocesano y fieles cristianos del
pueblo de Dios. Se seguirá el proyecto diocesano que es asumido como una de las etapas
del proceso formativo del Seminario Diocesano de San Cristóbal (Ver más adelante). Para
su trabajo es importante el contacto permanente con el Obispo y el Rector, así como con el
equipo de formadores.

Cada año, con la ayuda de los miembros del equipo de pastoral vocacional, cumplidas las
etapas del plan de pastoral vocacional de la Diócesis (y del seminario) presentará al Rector
los candidatos a ingresar en el Seminario. En el caso de que, por razones de cupo, no
pudieran ingresar todos en el curso académico siguiente, mantendrá contacto y seguimiento
con todos los que quedaron fuera del seminario. Para ello, como se indica en el plan de
pastoral vocacional, debe estar pendiente del funcionamiento de los diversos centros de
pastoral vocacional en las parroquias de la diócesis.

Deberá ser el animador de la oración por las vocaciones en toda la Diócesis. Para ello
deberá valerse del equipo de pastoral vocacional y de otras personas. Esta dimensión deberá
estar siempre presente. De igual manera, deberá mantener una comunicación con todas las
parroquias y escuelas, así como con los grupos juveniles de la Diócesis para hacer la
promoción vocacional correspondiente. En la medida que esto se realice, será un
instrumento de Dios para el aumento de las vocaciones sacerdotales en nuestra Iglesia local.

E.1.k Director de UESSTA

Lleva la responsabilidad de la Unidad Educativa donde los seminaristas menores estudian.


Coordina el área de formación intelectual y el trabajo de los profesores. Se reunirá con
frecuencia con los profesores para planificar actividades, hacer la evaluación del curso
académico y realizar talleres de formación para los profesores de la UESSTA.

E.1.l Director de IUESSTA

Es el responsable de la Formación académica de los futuros sacerdotes. Coordina todo lo


relativo con el Instituto y mantiene contacto con las autoridades civiles; de igual manera
con las autoridades de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, a la que está afiliado
el IUESSTA. Contará con la ayuda de un sub-director, que además tiene la responsabilidad
de coordinar la Biblioteca, con la ayuda de uno de los formadores del seminario.

Presidirá la reunión frecuente de profesores, a quienes animará cumplir con su servicio a


favor de la formación sacerdotal. Evaluará la marcha del Instituto y sugerirá al Rector del
Seminario las indicaciones que tengan que ver con el rendimiento académico de cada
alumno. Mantendrá contacto directo con el Obispo.

Coordinará la realización de talleres de formación pedagógica y de especialización para el


profesorado del IUESSTA. De igual manera, solicitará a cada profesor que anualmente
realice una publicación de investigación sobre el área de su competencia. La publicación de
la revista del IUESSTA y de otros estudios estará a su cargo.

E.2. Los Profesores.

Los profesores, tanto del seminario menor como del seminario mayor (UESSTA –
IUESSTA) ocupan un puesto muy particular en la formación de los futuros sacerdotes.
Ellos son los responsables de la formación intelectual integral de los futuros pastores. Si
bien cada uno en su área de especialización debe enseñar a los alumnos las asignaturas
correspondientes, ello debe hacerse teniendo en cuenta las otras dimensiones de la
formación sacerdotal para así cumplir con el objetivo general del Seminario.
Se debe tener con los profesores encuentros periódicos para evaluar el camino de cada
alumno y del Instituto Educativo en general. Deben tener muy presentes que el alumno no
es un simple receptor, sino también un protagonista de la formación. Por eso, el método
interactivo debe estar muy presente. Se debe conseguir que el alumno no sólo aprenda
destrezas y conocimientos, sino que tenga la capacidad de interpretar, analizar e investigar,
con sentido crítico evangélico, de tal manera que enriquezca su intelecto y sea capaz de
poner sus conocimientos y formación intelectual al servicio de su futuro ministerio
sacerdotal. Esto es válido también para los alumnos del seminario menor.

Los profesores del seminario menor tienen también que ayudar, con su ejemplo de vida
cristiana si son laicos y su testimonio sacerdotal si son sacerdotes, a que el joven
seminarista vaya madurando el discernimiento y respuesta a la llamada de Dios. Por eso, es
bueno que participen con ellos, de acuerdo a una programación del seminario, en jornadas
de reflexión y oración. Los profesores laicos, sobre todo, deben contagiar del entusiasmo de
bautizados a los alumnos.

Los profesores del seminario mayor están obligados a dirigir sus enseñanzas de acuerdo
con el objetivo del seminario, que formar pastores y sacerdotes configurados a Cristo. Esto
no significa actuar aisladamente del equipo de formadores, sino de común acuerdo con él y
teniendo muy en cuenta lo que propone el PES.

Los profesores del filosofado deben tener muy en cuenta que la filosofía lleva a un
conocimiento y a una interpretación más profunda de la persona, de su libertad, de sus
relaciones con el mundo y con Dios. (PDV. n.52.). En esta línea, sólo una sana filosofía
puede ayudar a los candidatos al sacerdocio desarrollar una conciencia refleja de la
relación constitutiva que existe entre el espíritu humano y la verdad, la cual se nos revela
plenamente en Jesucristo (Ibid.).

Los estudios de filosofía deben apuntar a que el alumno sea capaz de enriquecer
intelectualmente el culto a la verdad (veneración amorosa de la verdad, PDV 52) y el
conocimiento de la verdad sobre el hombre. Los profesores de filosofía deben hacer que el
seminarista llegue a ello y sea capaz de prepararse para el diálogo entre fe y razón, fe y
cultura. Por eso, siguiendo los métodos didácticos propios, promueva el sentido de la
investigación personal y grupal, ayudando a que con espíritu crítico y capacidad de análisis
sobre la realidad humana y social, el joven pueda dar las respuestas convenientes
necesarias, en orden al ministerio al que ha sido llamado.

La responsabilidad de los profesores de teología resulta más importante y decisiva aún. El


profesor de teología, como cualquier otro educador, debe estar en comunión y colaborar
abiertamente con todas las demás personas dedicadas a la formación de los futuros
sacerdotes, y presentar con rigor científico, generosidad, humildad y entusiasmo su
aportación original y cualificada, que no es sólo la comunicación de una doctrina –
aunque ésta sea la doctrina sagrada-, sino sobre todo que es la oferta de la perspectiva
que, en el designio de Dios, unifica todos los diversos saberes humanos y las diversas
expresiones de vida. (PDV, 67)
Una meta, además del conocimiento de los elementos fundamentales de la teología, es
lograr que los alumnos sean capaces de una sana investigación en los diversos campos del
quehacer teológico y, sobre todo, de lograr realizar la síntesis teológica. Ésta no debe ser un
ejercicio académico, sino que debe ser una actitud permanente en todo ministro del Señor.

Los profesores de teología, en particular, deben distinguirse por su espíritu de fe y su


testimonio de vida sacerdotal, para que contagien así a los alumnos del entusiasmo
ministerial que les debe distinguir. En particular, la fuerza específica e incisiva de los
profesores de teología se mide, sobre todo, por ser hombres de fe y llenos de amor a la
Iglesia, convencidos de que el sujeto adecuado del conocimiento del misterio cristiano es
la Iglesia como tal, persuadidos por tanto de que su misión de enseñar es un auténtico
ministerio eclesial, llenos de sentido pastoral para discernir no sólo los contenidos, sino
también las formas mejores en el ejercicio de este ministerio. De modo especial, a los
profesores seles pide la plena fidelidad al Magisterio porque enseñan en nombre de la
Iglesia y por esto son testigos de la fe. (PDV 67).

Los profesores de los Institutos del Seminario, se reunirán frecuentemente con los
directores de los mismos para así intercambiar ideas sobre la formación académica de los
seminaristas y aportarán ideas para la misma. Anualmente realizarán al menos un encuentro
de profundización sobre un tema de estudio debidamente acordado por la dirección de los
Institutos correspondientes. Se pedirá que anualmente cada profesor publique algún estudio
sobre la especialización propia. El Obispo participará en algunas de las reuniones de
profesores, según la planificación del seminario.

E.3. Los seminaristas.

Son los principales protagonistas de su formación sacerdotal. Con la ayuda de los otros
protagonistas formadores, son ellos los que tienen que discernir, la llamada y madurar la
respuesta de acuerdo a lo que el Espíritu del Señor les vaya indicando. En este sentido,
deben ser formados en responsabilidad. La educación que se les brinde debe ser
eminentemente concientizadora, para que desde la conciencia que vayan adquiriendo de su
situación y mirando el bien del pueblo de Dios, sean capaces de responder a Dios,
libremente, sin presiones ni condicionamiento alguno. No se puede olvidar que el mismo
aspirante al sacerdocio es también protagonista necesario e insustituible de su
formación: toda formación –incluida la sacerdotal- es en definitiva una auto-formación.
Nadie nos puede sustituir en la libertad responsable que tenemos cada uno como
persona. (PDV 69).

Cada seminarista debe tomar como tarea propia la formación para conseguir el objetivo
final del seminario: estar debidamente preparado para asumir la configuración con Cristo
Sacerdote por la ordenación sacerdotal. No se puede esperar para el último momento a fin
de conseguirlo. Para ello, debe introducirse con amor y libertad en el proceso formativo que
lo va a conducir a la opción por Cristo Sacerdote. Ya desde el seminario debe vivir la vida
según el Espíritu e ir asumiendo como propias las virtudes propias de todo sacerdote. Debe
hacer suyos los consejos evangélicos, siendo pobre, casto y obediente, sabiendo las
exigencias del celibato y de su compromiso de obediencia con la Iglesia por medio del
Obispo. A la vez, debe asumir como propia la espiritualidad del presbítero diocesano, para
lo que va formándose. Con las riquezas de su formación humana y académica se preparará
para ser el “hombre en medio de los hombres para las cosas que son de Dios”. Y en todo
momento, ayudado por la oración, la Palabra de Dios, la Eucaristía y la enseñanza de la
Iglesia, irá plasmando en sí la imagen del Buen Pastor, ya que se dedicará al servicio de la
grey del pueblo de Dios. Por eso, hará suya la caridad pastoral y la fraternidad, nacida del
mandamiento del amor, que son dos elementos constitutivos de la identidad sacerdotal y
fuentes de la espiritualidad del presbítero diocesano.

La sinceridad, el diálogo, la transparencia y la coherencia de su vida deben estar siempre


presentes en él. El diálogo con los formadores, en particular con el Rector y el propio
Director espiritual, le permitirán discernir la respuesta a la llamada de Dios. En esto debe
obrar con toda libertad y sinceridad, descubriendo la auténtica llamada de Dios. Si descubre
que s vocación no es la sacerdotal, debe indicarlo tomar la decisión más conveniente para
salir del seminario. Si descubre, que es llamado, entonces progresivamente irá asumiendo
las responsabilidades propias e irá demostrando que es idóneo para el sacerdocio.

En esta línea deberá aceptar las normas sobre la formación sacerdotal emanadas de la
Iglesia. Lo hará con la conciencia de su compromiso y responsabilidad.

Mantendrá diálogo abierto y franco con sus formadores y aprovechará todo el tiempo del
seminario para formarse sacerdotalmente. No existen varios modelos de sacerdocio: existe
uno solo, el de Cristo Sacerdote y Buen Pastor, al que se configurará por la imposición de
las manos. Por eso, debe estar atento a no dejarse deslumbrar ni seducir por propuestas que
no tienen fundamento bíblico. Para ello, debe ser sencillo y sintonizar en la oración con el
mismo Dios que lo llama. En este sentido, ciertamente también el futuro sacerdote –él el
primero- debe crecer en la conciencia de que el Protagonista por antonomasia de su
formación es el Espíritu Santo, que, con el don de un corazón nuevo configura y hace
semejante a Jesucristo el buen Pastor; en este sentido, el aspirante fortalecerá de una
manera más radical su libertad acogiendo la acción formativa del Espíritu. Pero acoger
esta acción significa también, por parte del aspirante al sacerdocio, acoger las
“mediaciones” humanas de las que el Espíritu se sirve. Por esto la acción de los varios
educadores resulta verdadera y plenamente eficaz sólo si el futuro sacerdote ofrece su
colaboración personal, convencida y cordial.(PDV 69).

El seminarista se incorporará activamente en la comunidad del seminario. Es su comunidad


cristiana, donde aprenderá también a incorporarse al presbiterio diocesano que le acogerá
en el futuro, luego de su ordenación. Realizará de buenas formas los servicios que se le
pidan o encarguen, y aprovechará todos los recursos que se le ofrecen para madurar su
respuesta y lograr el fin del seminario. Así como debe ser un hombre en medio de los
hombres, ha de serlo como hombre de Dios, testigo que transparenta su comunión con el
Señor y la Iglesia. Ese espíritu de comunión lo llevará a tener un amor por la Iglesia a la
que ya desde el seminario está llamado a servir.

Debe ser capaz de desarrollar un sano y evangélico espíritu crítico que le permita dar
respuestas ministeriales a las interrogantes de los hombres de hoy, a leer los signos de los
tiempos y a analizar con sentido eclesial la realidad donde va a servir. Para ello, con la
preparación académica debe ser un conocedor de la cultura de su pueblo y caminar por las
sendas de la inculturación del evangelio, cuando sea pastor. Por otra parte, debe tener la
capacidad de realizar la permanente síntesis teológica que le permita profundizar en el
misterio de Cristo en todas las circunstancias en las que deberá vivir y trabajar. Para ello, la
lectura espiritual, la lectura de los textos teológicos, el conocimiento de medios técnicos
modernos, le serán de gran utilidad. Pero nadase hará sin la oración y el testimonio de vida.
Debe asumirlos como algo propio. Para ello recibirá la formación adecuada.

Debe el seminarista tener conciencia de sus capacidades y deficiencias, e ir caminando


continuamente hacia una mayor madurez personal y cristiana. Para ello contará con la
ayuda de los otros protagonistas de la formación.

E.4. Otros colaboradores.

Existen otros colaboradores de manera directa e indirecta que contribuyen en la comunidad


formativa del seminario: son los empleados de las diversas dependencias y las religiosas de
la Congregación Siervas de Jesús. Con los empleados se tendrán contactos formativos para
hacerles tomar conciencia de su aporte importante para la formación de los seminaristas,
insistiéndoles que s testimonio de vida cristiana, su trabajo y su oración les acompañará en
su proceso formativo.

Las Religiosas, con su trabajo, pero sobre todo con su testimonio de vida, darán un aporte
muy importante a la formación de los seminaristas. La oración y la presencia y
participación en algunos actos comunitarios del seminario les dará a los seminaristas un
aliento y una esperanza en su proceso formativo.

F. OTROS PROTAGONISTAS.

No hay que dejar a un lado la importancia que tienen otras instancias cercanas o propias de
cada seminarista en el proceso formativo. La primera de ellas es la propia familia. Los
padres, hermanos y otros familiares del seminarista animados ellos mismos por el mismo
propósito de cumplir ”la voluntad de Dios”, sepan acompañar el camino formativo con
la oración, el respeto, el buen ejemplo de las virtudes domésticas y la ayuda espiritual y
material, sobre todo en los momentos difíciles. La experiencia indica que, en muchos
caos, esta ayuda ha sido decisiva para el aspirante al sacerdocio.(PDV n. 68). El
Seminario organizará también jornadas de espiritualidad y de formación para las familias
de los seminaristas, sobre todo para ayudarlos a entender el compromiso que sus hijos
adquirirán con la ordenación sacerdotal.

La parroquia de cada seminarista, con sus instancias y grupos de apostolado, también juega
un papel importante en la formación del futuro sacerdote: la oración y otro tipo de
colaboraciones ayudarán al futuro sacerdote en su camino formativo. La comunidad
parroquial debe continuar sintiendo como parte viva de sí misma al joven en camino
hacia el sacerdocio, lo debe acompañar con la oración, acogerlo entrañablemente en los
tiempos de vacaciones, respetar y favorecer la formación de su identidad presbiteral,
ofreciéndole ocasiones oportunas y estímulos vigorosos para probar su vocación.
(Ibidem).
4.

PRINCIPIOS METODOLÓGICOS.

Ciertamente que el método pedagógico por excelencia que debe regir en el seminario de
San Cristóbal, es el mismo que empleó Jesús con sus discípulos y, particularmente, con el
grupo de los Doce. Se trata de una comunión de vida con Él y de ellos entre sí, de tal
manera que puedan poner en práctica lo que Jesús le pidió a sus discípulos durante la
Última Cena: Yo les he dado un ejemplo para que Ustedes hagan lo mismo que yo he
hecho.... Les doy este mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros así como yo
los he amado. Si se aman los nos a los otros, todo el mundo se dará cuenta de que
ustedes son mis discípulos. (Jn 13,15;34-35)

Por otra parte, los discípulos fueron aprendiendo que su servicio consistiría en participar de
manera activa y consciente en la misión de Cristo. Esto se ve claramente cuando instituyó
el sacerdocio cristiano (Hagan esto en memoria mía. Lc. 22, 20) y les dio el mandato
evangelizador (Vayan, pues a las gentes de las naciones y háganlas mis discípulos.
Mt.28,18).

Así, el hilo conductor de toda la formación sacerdotal es el de la comunión y participación:


comunión con Cristo en el Espíritu, con la Iglesia, con el Obispo y su presbiterio, con los
fieles cristianos del pueblo de Dios. Comunión en el servicio al que se están preparando.
Comunión que se vive en la celebración de los misterios de la fe y en el testimonio de ida
de todos y cada uno de los miembros del seminario. Todo lo que se realice en el seminario
debe realizarse desde este horizonte de la comunión.

La participación que no se reduce sólo a formar parte, sino a actuar con responsabilidad en
la dinámica formativa. Participar en la misión de Cristo es consecuencia de la configuración
al Sumo y Eterno Sacerdote; por tanto, en el seminario se aprende a vivir esa participación,
en el cumplimiento de las responsabilidades y asumiendo la identidad propia del sacerdote
a lo largo del proceso formativo.

Desde estos dos ejes que constituyen el hilo conductor de la formación sacerdotal en
nuestro seminario, podemos entonces entender y poner en práctica algunos elementos
pedagógicos necesarios e irrenunciables, que son los principios metodológicos de donde se
inspiran las diversas tareas del proceso formativo de nuestro seminario.
a) Identidad sacerdotal.

Todo lo que se haga dentro del proceso formativo debe tener este elemento muy presente:
si al final, para cuando el candidato reciba la ordenación sacerdotal, éste debe configurarse
a Cristo, es lógico y necesario que durante su proceso formativo, él vaya asumiendo la
identidad sacerdotal como algo propio. No se trata de “clericalismo”, sino de la identidad
sacerdotal, que va mucho más profundamente en el propio ser del candidato. Es asumir las
virtudes sacerdotales, la espiritualidad del presbítero diocesano. Para ello, debe tener muy
presente los siguientes elementos:

• Apertura a la imagen de Cristo. Se trata de conocer y llegara una mayor intimidad


con el Señor, de tal manera que pueda actuar en su nombre. No se olvide que una de
las características del ordenado es que actuará in Persona Christi capitis. Esto
requiere esa identificación e imitación, del discípulo que será consagrado para hacer
memoria del Cristo Pascual Sacerdote Eterno.

• Sentido eclesial. El futuro sacerdote debe saber que su ministerio lo hará también in
persona Ecclesiae. Por eso, debe sentirla y vivirla, amarla y tener un sentido eclesial
en todos sus actos y a lo largo del proceso formativo.

• Fraternidad. Este principio es fundamental que lo tenga presente y lo realice


cotidianamente con sus condiscípulos y formadores, así como con el resto de los
presbíteros diocesanos y religiosos. La fraternidad, durante el ministerio, no se
agota en el tiempo y no se reduce a ciertas características psicológicas. Es de tipo
sacramental. Por eso, a lo largo del proceso formativo debe tenerla presente y
practicarla con todas sus consecuencias.

• Espíritu de servicio. Esta dimensión no puede faltar en ningún momento. Si algo


caracteriza la entrega sacerdotal de Cristo es su servicio, que llega al extremo de dar
la vida por los demás, para su salvación. Es el amor del pastor, la caridad pastoral,
que siempre debe estar e el corazón de todo futuro sacerdote desde los inicios de su
proceso formativo. Por esa disponibilidad en el servicio, el candidato al sacerdocio
hace suyos los valores del Reino, asume los consejos evangélicos y se sabe servidor
de todos en el pueblo de Dios. En esta línea, ya desde los inicios de su proceso
formativo, asume la preocupación por todos, pero en particular por los más
necesitados. Hace suya la opción preferencial por los pobres y los excluidos, al
estilo de Jesús de Nazaret, lo que manifiesta con sus actitudes desde que comienza
su proceso de formación sacerdotal.

b) Diálogo formativo
Este elemento metodológico se deberá encontrar a lo largo de toda la formación del
sacerdote. Si en un seminario no existe esta dimensión, se pone en peligro la seria
formación de los ministros del Señor. Si un seminarista no se abre al diálogo formativo a lo
largo de su proceso formativo, no debería acceder a la ordenación. Es en el diálogo como
va a ser conocido. Por eso no se limita a un solo formador; por eso, precisamente, las
diversas etapas constituyen una progresión donde el alumno es capaz de dialogar y
compartir en todos los aspectos, con sus formadores, con sus compañeros y consigo mismo,
sin olvidar el continuo diálogo con Dios en la oración.

El diálogo no es imposición ni manipulación. Es formativo: por eso, se respeta a los


interlocutores, pero se asume como un hecho personal y cristiano, donde se comparte la
vida, las alegrías, las dificultades tratando de ayudar al discernimiento vocacional. A través
del diálogo formativo, el futuro sacerdote incluso aprende a realizarlo con los que serán sus
feligreses en el ministerio que desempeñará. Además se inserta en el dinamismo del Buen
Pastor, que es conocido por sus ovejas, a quienes conoce. El formador de pastores debe
conocer, a la vez que debe ser conocido a través de su testimonio de ida, para así animar al
futuro sacerdote a discernir su vocación. Debe ser un diálogo transparente, franco y
continuo que enriquezca a los interlocutores. La práctica de los grupos de vida, así como la
elaboración y evaluación del plan de vida, son otros elementos que ayudarán a realizar este
diálogo formativo.

c) Libertad responsable.

Nadie está obligado en el seminario. Por eso, quien ingresa en él, asume con decisión,
caridad, humildad y libertad todo el proyecto educativo, los reglamentos y normas vigentes
para la formación de los sacerdotes en la Iglesia Universal, en la Diócesis de San Cristóbal
y en nuestro seminario. La libertad cristiana, que no elimina los auténticos criterios de la
libertad humana, se caracteriza porque es comunión con Cristo. El que es libre ha aceptado
la libertad de Cristo (cfr. Gál. 5,1). El que rompe con Cristo puede llegar a ser esclavo del
egoísmo y del pecado. Es desde esta perspectiva como se entiende la libertad que debe
tener y con la que debe actuar el candidato al sacerdocio: libre, no para hacer lo que quiera
o le guste egoístamente; sino para actuar en nombre del mismo Cristo, a quien se
configurará con el sacramento del orden.

Por eso, es libertad responsable, ya que la asume personalmente y acepta sus


consecuencias, siempre dentro del marco de los principios evangélicos y con la sinceridad
de su comunión con Dios y la Iglesia. Desde esta libertad responsable, asume el diálogo,
realiza su programa de vida y va discerniendo su vocación y la respuesta a Dios. Si
verdaderamente actúa con libertad responsable, actuará también con recta intención.

d) Espíritu crítico.

No se confunda con malas prácticas que no deben estar presentes nunca en un cristiano y
mucho menos en un sacerdote (chisme, murmuración, maledicencia, crítica malsana,
menosprecio de los demás, envidia, etc...). El espíritu crítico es producto de la agudeza de
mente de la persona. Con él, demostrará su capacidad de pensamiento, su capacidad de
análisis de las situaciones y de la realidad, así como la disposición par saber leer los signos
de los tiempos. Con ese espíritu crítico, sabrá iluminar la propia vida y las situaciones que
se le presentan con la luz de la Palabra de Dios y la enseñanza de la Iglesia. Este espíritu
crítico le permitirá realizar, ejecutar, evaluar con sinceridad su proyecto de vida y
compartirlo con su Obispo, sus formadores y sus compañeros de grupo de vida.

e) Proyecto de vida.

Será elaborado por el candidato con la ayuda de su director espiritual. El formador guía lo
ayudará y asesorará. Cada año lo evaluará con su director espiritual y verá los progresos y
avances. Esto le permitirá ver cómo está siendo su discernimiento vocacional. Un
seminarista que no acepte este elemento metodológico de nuestro seminario, está indicando
que no quiere tomar en serio s proceso formativo. El cuaderno de vida de cada seminarista
debe reflejar claramente si el candidato posee un proyecto de vida y si ha crecido en él.

f) Grupos de vida.

Es una opción propia de nuestro seminario. Todo seminarista debe pertenecer a un grupo de
vida. Este, en la medida de lo posible, coincidirá con los cursos, dentro de las diversas
etapas formativas. El formador guía estará vigilante para que se cumplan las directivas del
seminario en esta línea. Los grupos de vida hacen posible un acompañamiento más
personalizado por parte de los formadores. De igual manera permiten ver el progreso en el
proceso formativo, y, entre otras cosas ayudan a una formación que cumpla con el objetivo
general del seminario. Además crea la mentalidad de equipo y facilita la práctica de la
espiritualidad del presbítero diocesano. Los grupos de vida no deben romper el sentido de
la comunidad del seminario, sino hacer sentir al seminario como una comunidad de
comunidades, en sintonía con el PLAN DIOCESANO DE PASTORAL.
5.

EL PROCESO FORMATIVO EN NUESTRO SEMINARIO.

Hemos hablado de un proceso formativo, con etapas, durante el cual, el candidato ayudado
por los formadores, va discerniendo en forma progresiva su vocación y va madurando su
respuesta. Asimismo, la Iglesia, a través del Obispo y del equipo de formadores, madura el
juicio sobre la idoneidad del candidato. Este proceso se articula de manera orgánica, para
que el candidato experimente que va caminando y que los formadores vean el camino
andado y no tengan excusa para el juicio acerca de la idoneidad del candidato.

El proceso formativo comienza antes del ingreso en el seminario e, incluso antes de las
actividades de pastoral vocacional: con la catequesis y con otras experiencias eclesiales, el
candidato siente la experiencia de la llamada de Dios. A partir de entonces, con la ayuda de
su familia, de su comunidad parroquial o grupo de apostolado y los responsables de la
Pastoral Vocacional de nuestra Diócesis, va estudiando la posibilidad de hacer el
discernimiento y luego ingresar al seminario diocesano.

El proceso formativo es uno y continuo, aunque tenga etapas. Sólo por razones serias se
podrá prescindir de alguna de ellas, pero se requerirá el acuerdo de los formadores y del
Obispo Diocesano. Los seminaristas de otras diócesis que ingresen a nuestro seminario
deberán aceptar y asumir este PES, así como cumplir los reglamentos de nuestro seminario.
Los que ingresen desde la Filosofía, lo harán en el Curso Propedéutico. Quienes terminen la
filosofía, antes de ingresar a la teología, deberán realizar el Año de Pastoral. De lo contrario
no podrán cursar teología en este seminario. Quienes ingresen por primera vez al seminario
para cursar teología deberán entender el estilo y el proyecto formativo y asumirlo como
propio. Se debe tener presente lo que el reglamento del seminario y este PES indican sobre
los ministerios y escrutinios. Los Obispos que envían sus seminaristas a nuestro seminario,
así como los candidatos enviados deben tener presente que en nuestro seminario se ha
hecho la opción de conferir el diaconado (y, por tanto el presbiterado) luego de haber
culminado los estudios regulares del IV año de teología (No antes ni mucho menos durante
el curso académico).

El Rector es el responsable de la organicidad y articulación de este proceso formativo. Para


ello, como se ha insistido, cuenta con el equipo de formadores, los mismos seminaristas y
otros colaboradores.

A) PASTORAL VOCACIONAL.
La Pastoral Vocacional es esencial para cada Diócesis. Con ella, no sólo se motiva a
jóvenes y adultos acerca de la posible llamada de Dios para ellos, sino que se contribuye de
manera importantísima para continuar la permanencia del Presbiterio: hoy como ayer se
necesitan sacerdotes para el servicio de Dios. La Pastoral Vocacional ayudará a tomar
conciencia de la necesidad de la oración y del trabajo de promoción de las vocaciones en el
Pueblo de Dios, pero de manera especial vocaciones sacerdotales. En nuestra Diócesis,
desde el Primer Obispo, el Siervo de Dios Tomás Antonio Sanmiguel, la Pastoral
Vocacional ha ocupado uno de los primeros lugares de la preocupación tanto de los
Obispos como del Presbiterio, así como también del Pueblo de Dios.

Es bueno tener en cuenta lo que nos enseña Juan Pablo II: El problema de las vocaciones
afecta a la vida misma de la Iglesia en una de sus notas fundamentales, que es la de su
apostolicidad. Por eso, la urgencia y necesidad de una pastoral Vocacional adecuada y que,
teniendo en cuenta los métodos apropiados, ayude a la toma de conciencia de la necesidad
de promover las vocaciones sacerdotales y religiosas.

Se suele hablar de escasez de vocaciones. Pero el mismo Papa Juan Pablo II nos indica que
no es del todo cierto esa expresión: hay muchas vocaciones, pero hay que buscarlas: La
vocación está en germen en la mayoría de los cristianos. Dios siembra a manos llenas
por la gracia los gérmenes de vocación... Dios llama a quien quiere por libre iniciativa de
su amor. Pero quiere llamarlas mediante nuestras personas. No debe existir ningún
temor en proponer directamente a una persona joven, o menos joven, la llamada del
Señor.

Buscar las vocaciones es también proponerlas. Cristo habitualmente llama a través de


nosotros y de nuestra palabra. Por consiguiente no tengáis miedo a llamar Introducíos
en medio de los jóvenes: Id personalmente al encuentro de ellos y llamad. La Pastoral
Vocacional está, entonces, destinada a cuidar el nacimiento, el discernimiento y el
acompañamiento de las vocaciones, en especial de las vocaciones al sacerdocio.

Motivados por estas razones y por toda la teología sobre la Vocación, así como por la
doctrina eclesial acerca de la Pastoral Vocacional, la Diócesis de San Cristóbal asume esta
Pastoral como una de sus prioridades. Para darle fuerza, se incluye dentro del proceso
formativo de los futuros sacerdotes, a manera de una primera etapa, motivadora, pero que
quiere producir frutos de niños, jóvenes y adultos que ingresen posteriormente en el
camino formativo del seminario. La Pastoral Vocacional de la Diócesis de San Cristóbal es
un instrumento de primera mano para el Obispo y su Presbiterio, en la búsqueda continua
de los futuros sacerdotes. Para ello, sigue unos lineamientos y planes con el fin de
MOTIVAR, ACOMPAÑAR Y SELECCIONAR aquellos niños, jóvenes y adultos que, a lo
largo del proceso de la pastoral vocacional han demostrado la inquietud por el estilo de vida
presbiteral.

Para el mejor desarrollo de la Pastoral Vocacional, como parte del proceso formativo del
Seminario, quien tiene la responsabilidad de la misma Pastoral, existe el
DEPARTAMENTO DIOCESANO DE PASTORAL VOCACIONAL. Bajo la Guía del
Obispo y del Rector Diocesano, pero con la dirección de un sacerdote, coordina todo lo que
a pastoral vocacional se refiere. Uno de los formadores del Seminario será su DIRECTOR,
quien cuenta con un equipo especial para ello y la colaboración de los estudiantes de
teología (excepto los de IV año) y si fuera necesario por algunos seminaristas del III de
Filosofía.

El equipo de Pastoral Vocacional cuenta, pues con su Director: Designado por el


Obispo, escuchado el parecer del Rector del Seminario, a él se le confía la realización de la
Pastoral Vocacional. Para ello cuenta con un equipo que le acompaña en esta tarea. Su tarea
es la de dirigir, apoyar, asesorar, respaldar acompañar y animar a todos los que trabajan en
la Pastoral Vocacional en la creatividad de sus estrategias pastorales para la realización del
proyecto diocesano. Existe un DIRECTORIO DE PASTORAL VOCACIONAL DE LA
DIÓCESIS DE SAN CRISTÓBAL, donde se especifica las tareas propias de cada
miembro del equipo diocesano y otras dimensiones del trabajo vocacional en nuestra Iglesia
local.

El Equipo de Pastoral Vocacional cuenta con los siguientes miembros con sus
responsabilidades:

• COORDINADOR GENERAL, mano derecha del Director de la Pastoral


Vocacional. Coordina con los seminaristas el trabajo de pastoral Vocacional, de
acuerdo a las directrices diocesanas y del seminario. Es quien vigila de manera
directa la realización del proyecto de pastoral vocacional y la aplicación de la
programación anual.
• SUB-COORDINADOR: Ayuda y apoya el trabajo del Coordinador general.
• SECRETARIO: Lleva todas las actas de las reuniones del equipo, las
correspondencias y archivo de la Pastoral Vocacional. A su cargo está la
responsabilidad de las encuestas que se realicen y sus resultados. Coordinará la
publicación del material de apoyo para la Pastoral Vocacional.
• ECONOMO: Lleva la administración de los recursos de la Pastoral Vocacional, así
como la búsqueda de ellos.
• ENCARGADO DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL: Tiene como tarea
el contacto con los Medios de Comunicación social para la difusión de la promoción
vocacional
• ENCARGADO DE LOGISTICA: se preocupa de la ambientación y
acondicionamiento de los diversos ambientes que se requieran para las diversas
actividades, así como es el encargado de tener listo todo el material que se requiera.
• ENCARGADO DE TEMATICA Y AGENTES DE PASTORAL: Prepara el
material formativo y programa a lo largo del proceso vocacional las convivencias y
encuentros; coordina y anima a los agentes de pastoral.
• ENCARGADOS DE LOS CENTROS VOCACIONALES: éstos existen en las
diversas vicarías y parroquias de la Diócesis. Son los que están en contacto directo
con los niños y jóvenes que han manifestado inquietud vocacional. Lo hacen en los
centros vocacionales vicariales o parroquiales, de acuerdo a la programación
existente.
• ENCARGADO DE LA PASTORAL VOCACIONAL EN LOS GRUPOS DE
APOSTOLADO: Está en contacto con los grupos de apostolado, particularmente de
los grupos juveniles, para realizar en ellos la promoción vocacional.
• ENCARGADOS DE LA PASTORAL VOCACIONAL EN EL SEMINARIO
MENOR: Animan a los jóvenes seminaristas del menor a que disciernan sobre su
vocación sacerdotal.
• ANIMADOR DE LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL Y CELEBRATIVA: es quien
organiza todo lo referente a la Oración por las Vocaciones.

Este equipo tiene, en el Directorio propio de la Pastoral Vocacional de San Cristóbal, sus
normas y directrices, lo que permite la buena marcha del mismo.

Por otra parte, en cada Vicaría y/o parroquias, según programación previa anual, se
establecen los centros vocacionales, donde los que han manifestado interés por su
discernimiento vocacional o su deseo de ingresar al seminario son atendidos por los
responsables de esos cargos, que generalmente serán seminaristas de teología. En algunos
casos podrán ser atendidos por seminaristas pasantes del año de Pastoral.

El proyecto de pastoral vocacional tiene tres momentos, durante los cuales se realiza el
trabajo de promoción, contactos iniciales y acompañamiento:

1) PRIMER MOMENTO; MOTIVACIÓN

Es el primer momento dentro del proceso vocacional: comienza cuando los seminaristas y
otros agentes de pastoral, al inicio del curso académico, salen al encuentro de los niños y
jóvenes, en sus ambientes propios. Dentro de la planificación del seminario se tiene
previsto un espacio de tiempo de aproximadamente diez días, para que todos los
seminaristas mayores, excepción hecha de los del Curso Propedéutico, visiten las
parroquias y las escuelas de la Diócesis. Se tratará de llegar a todas las escuelas y liceos, y
tomar contacto con los grupos juveniles de cada parroquia. Es lo que se ha denominado la
“Toma Vocacional”.

Durante dicha toma, los seminaristas, auxiliados por un material elaborado previamente por
el equipo de pastoral vocacional, proponen el ideal de la vocación cristiana, sacerdotal y
religiosa a los niños y jóvenes con quienes está en contacto. Aplica una encuesta donde se
solicita a quienes estén interesados en ingresar al seminario o estudiar su vocación,
coloquen su nombre y dirección, junto con otros datos de interés. Conocidos los nombres
de los interesados, se tomará contacto con ellos para invitarles a participar en los centros
vocacionales parroquiales o vicariales.

En este primer momento se pretende:

• Dar a conocer el sacerdocio y la vida religiosa como opción cristiana de vida.


• Crear en el aspirante el interés por su fe y por su vocación.
• Insertar al aspirante en la parroquia donde pertenece y motivarlo a que asuma algún
compromiso en ella.
• Llevar un mensaje vocacional a los liceos, escuelas y grupos de apostolado de cada
parroquia.

2) SEGUNDO MOMENTO: ACOMPAÑAMIENTO.

Es uno de los pasos más exigentes del proceso de discernimiento vocacional en esta etapa,
el promotor vocacional debe acompañar personalmente al aspirante. Debe ir conociendo su
recta intención de ingresar al seminario, su vida espiritual, física, psíquica e intelectual, y,
sobre todo el ambiente familiar y cultural de donde procede. Se le va enseñando lo que
significa la vocación y el seminario, donde aspira ingresar.

Se inicia en el mes de enero. Cada aspirante tiene una carpeta donde se van archivando los
documentos que se le pidan. Son reunidos semanal o quincenalmente (según los casos) en
los centros vocacionales. En Semana Santa, deberán incorporarse al trabajo litúrgico-
apostólico en su propia parroquia o comunidad.

En este segundo momento se pretende:

• Colaborar con el aspirante en su discernimiento vocacional.


• Dar a conocer los contenidos de una catequesis vocacional.
• Dar a conocer el seminario como casa de formación sacerdotal (I Convivencia
general)
• Recolectar los documentos básicos de cada aspirante, con el objetivo de que cada
seminarista encargado de los centros vocacionales pueda elaborar un informe de
cada aspirante.
• Visitar los hogares de los aspirantes.
• Evaluar la participación de los aspirantes en los trabajos apostólicos y litúrgicos de
su propia parroquia, sobre todo en el tiempo de semana santa.
• Seguir despertando la inquietud por la vida sacerdotal en otros jóvenes que sienten
el llamado del Señor.

3) TERCER MOMENTO; LA SELECCIÓN.

Es el último momento del proceso vocacional. Es considerado el más exigente dentro del
proceso, debido a que los aspirantes ya terminan de prepararse para participar en el cursillo
de admisión. El Cursillo de admisión (que posee sus propias directrices) es la meta que se
han trazado desde el inicio del proceso.

La selección comienza en el mes de mayo y prepara para el cursillo en el mes de julio. En


estas semanas antes del cursillo se terminan de preparar para el mismo y consignan
documentos que hagan falta. El Cursillo de admisión elige a los que, en cuanto a la humana
fragilidad lo permite, pueden ingresar al Seminario. En el caso de que por razones
materiales de cupo u otras dificultades, los seleccionados no quedarán aprobados en el
cursillo, no se les cierra la oportunidad de continuar su discernimiento en los centros
vocacionales. Más aún, ellos ayudarán a los que se incorporarán en ellos por primera vez.
Luego del Cursillo, los aspirantes seleccionados pasan a la siguiente etapa: al seminario
menor o al Curso Propedéutico, según los casos.

Con el tercer momento, se pretende:

• Dar un último impulso a la motivación y acompañamiento por medio de la


convivencias con los aspirantes. También con la convivencia de monaguillos.
• Seleccionar según los criterios establecidos por el directorio de pastoral vocacional
a los aspirantes más idóneos que han participado en el cursillo de admisión.
• Propiciar que los aspirantes opten por el camino al sacerdocio con libertad y
decisión madura.

Un trabajo que no hay que dejar a un lado es el del acompañamiento de los monaguillos,
cantera de vocaciones. Por eso, el Equipo organizará encuentros y convivencias con ellos a
lo largo del curso académico. Si bien el Seminario Menor es considerado una nueva etapa
formativa, el equipo de pastoral vocacional atenderá el área de la animación vocacional de
los niños y jóvenes que en él estudian, auspiciando con la catequesis y formación
vocacional que su respuesta sea la más adecuada y puedan continuar posteriormente en el
seminario mayor.

La Pastoral vocacional deberá promover en todas las parroquias y comunidades religiosas


la oración por las vocaciones. Para ello, elaborará subsidios especiales. Especial invitación
se hará a las comunidades contemplativas presentes en nuestra Diócesis, para que con su
continua oración acompañen el proyecto de pastoral vocacional de nuestra Diócesis. Las
iniciativas y actividades del mes del seminario y de la Jornada Mundial de Oración por las
Vocaciones corre por cuenta del equipo de pastoral vocacional.
B) EL SEMINARIO MENOR.

Nuestro Seminario Menor es rico en frutos del Espíritu. Una inmensa mayoría de nuestros
presbíteros iniciaron su formación en él. Otra legión de creyentes incorporados a la
actividad apostólica de la Iglesia ha salido de sus aulas. El Seminario menor es considerado
de gran importancia por el magisterio de la Iglesia: La Iglesia, con la institución de los
seminarios menores, toma bajo su especial cuidado, discerniendo y acompañado estos
brotes de vocación sembrados en los corazones de los muchachos. En varias partes del
mundo estos seminarios continúan desarrollando una preciosa labor educativa, dirigida
a custodiar y desarrollar los brotes de vocación sacerdotal, para que los alumnos la
puedan reconocer más fácilmente y se hagan más capaces de corresponder a ella. Su
propuesta educativa tiende a favorecer de manera oportuna y gradualmente aquella
formación humana, cultural y espiritual que llevará al joven a iniciar el camino en el
Seminario mayor con una base adecuada y sólida. (PDV, 63)

Dentro del Objetivo general del Seminario, con sus objetivos específicos (dimensiones de
la formación sacerdotal), el Seminario Menor de San Cristóbal asume el objetivo propuesto
por PDV 63: Prepararse “a seguir a Cristo Redentor con espíritu de generosidad y
pureza de intención. Con ello se cumple lo que propone el Decreto Conciliar Optatam
Totius Ecclesiae: los alumnos bajo la dirección paterna de sus superiores, secundada
por la oportuna cooperación de los padres, lleven un género de vida que se avenga bien
con la edad, espíritu y evolución de los adolescentes, y se adapte de lleno a las normas de
la sana psicología, sin dejar a un lado la razonable experiencia de las cosas humanas y
el trato con la propia familia. (n. 3).

Cumpliendo con lo antes dicho, se podrá conseguir el cumplimiento del fin del Seminario
Diocesano de San Cristóbal en esta etapa inicial de la formación sacerdotal. Las
dimensiones de dicha formación, que constituyen un todo pedagógico y formativo, se irán
haciendo sentir a lo largo de los diversos cursos donde están los seminaristas menores.

Para apoyar esta tarea, el Seminario Menor cuenta con un equipo de formadores, dirigidos
por el Rector del Seminario. El Vice-rector, el Director de la UESSTA, el Director
Espiritual del Seminario Menor y otros formadores, en los que se suele incluir, si lo
permiten las circunstancias, un seminarista pasante del Año de Pastoral. Las competencias
de los formadores están indicadas con anterioridad. Cada curso, si es posible, tendrá un
formador guía, que estará preocupado de la marcha de él. Pero, dadas las condiciones
típicas del seminario menor, todos son responsables de todos y cada uno de los alumnos.
Muchas actividades serán comunes, otras serán articulares a los cursos y grupos
especializados.

La UESSTA realiza un papel de suma importancia. Regido por reglamento propio y de


acuerdo a las normativas de las leyes civiles, es el ámbito donde el alumno va progresando
en la culminación de sus estudios básicos y luego en los de bachillerato en humanidades. El
Director, en comunión con el equipo de formadores y el Rector del seminario dirige la
UESSTA y coordina todo lo referente a la parte académica con los profesores. Éstos deben
trabajar también imprimiéndole intencionalidad vocacional a su trabajo. Por eso, es
conveniente que no se limiten a dar sus clases, sino que también colaboren en otras
actividades formativas de los alumnos. No se olvide que se debe preparar suficientemente a
los alumnos en los campos del saber humano, pero también en el conocimiento de la
doctrina y catequesis de la Iglesia, que tiene su fundamento en la Palabra de Dios. La
transmisión de valores cristianos y humanos debe hacerse de tal manera que no se quede en
una exposición fría y superficial, sino que pase al compromiso personal en la conducta de
cada joven seminarista.

Para cada curso, se propondrá un conjunto de tareas formativas propias, pero existen
algunas taras que hay que desarrollar a lo largo de todo el seminario menor. Esas tareas
comunes deben planificarse de tal manera que sea un camino progresivo donde el alumno
sienta que va creciendo.

Dentro de la Dimensión humana de la formación:


• Adquisición de las virtudes humanas de solidaridad y convivencia.
• Aplicación al Estudio
• Maduración en el método de estudio
• Aprendizaje de las normas de Urbanidad y buenos modales
• Superación de deficiencias y defectos.
• Aplicación a la lectura y empleo racional de a Biblioteca y otros medios
• Adquisición del espíritu de servicio a los demás.
• Respeto por las cosas propias y de los demás.
• Realización de actividades culturales y deportivas, dirigidas.
Dentro de la Dimensión Espiritual de la formación:
• Conocimiento catequísticos básicos.
• Preparación al Primera Comunión y Conformación para quienes no la hayan
recibido.
• Introducción progresiva a la oración y al gusto por las cosas de Dios.
• Introducción a la participación en la Eucaristía y a considerarla como centro de la
vida de todo cristiano y sacerdote.
• Introducción a la lectura de la Biblia.
• Introducción a la Liturgia y a la praxis litúrgica.
• Conocimiento del misterio de Cristo adaptado a la propia edad.
• Conocimiento del misterio de la Virgen María y su devoción.
• Conocimiento de vida de los santos y su imitación.
• Toma de conciencia de la necesidad de la reconciliación.
• Conocimiento de documento de la Iglesia.
Dentro de la Dimensión Intelectual de la formación:
• Conocimiento de métodos de estudio.
• Profundización de las materias con investigaciones de acuerdo a la edad y curso.
• Empleo continuo de la Biblioteca.
• Aprendizaje de estudio por grupos.
• Toma de conciencia de la necesidad de estar bien preparados.
Dentro de la Dimensión Pastoral de la Formación:
• Conocimiento de las tareas de evangelización en la Iglesia.
• Conocimiento del Plan Diocesano de Pastoral.
• Participación en algunas acciones apostólicas dirigidas.
• Conocimiento de experiencias pastorales de la Iglesia.

Estas tareas y objetivos comunes se realizarán con la ayuda de los formadores y de los
alumnos de forma global, pero también por cursos, como lo especificaremos a
continuación.

VIIº GRADO

• Introducción a la Vida comunitaria.


• Conocimiento de las normas de convivencia. Urbanidad y buenos modales
• Introducción al método de estudio.
• Iniciación en la vida litúrgica y de oración.
• Catequesis adaptada a su edad.
• Iniciación a la vida cultural.
• Discernimiento vocacional.
• Convivencias con los padres y representantes

VIIIº GRADO

• Profundización en las normas de convivencia. Urbanidad y buenos modales.


• Catequesis adaptada a su edad.
• Introducción a la lectura espiritual.
• Discernimiento vocacional.
• Ejercicio de la lectura dirigida. Profundización en el método de estudio.
• Convivencias con padres y representantes
• Convivencias con los alumnos sobre temas vocacionales y espirituales.
IXº GRADO

• Catequesis adaptada a su edad.


• Educación sexual y para la afectividad.
• Discernimiento vocacional
• Sentido del compromiso y del trabajo comunitario
• Lectura espiritual y bíblica.
• Trabajo en grupos. Reflexiones compartidas
• Retiros espirituales cortos para ellos.
• Trabajos apostólicos dirigidos (diciembre y semana santa)

Iº DE HUMANIDADES

• Catequesis avanzada: Historia de la Salvación.


• Educación para el apostolado
• Catequesis vocacional.
• Trabajo en equipo.
• Introducción a la investigación.
• Retiro espiritual.
• Lectura bíblica y espiritual.
• Trabajos apostólicos dirigidos (diciembre y semana santa)
• Responsabilidades especiales: servicios comunitarios.
• Convivencia con padres y representantes
• Presentación de la identidad sacerdotal y otras dimensiones de la vida cristiana

IIº DE HUMANIDADES

• Catequesis avanzada: Historia de la Salvación.


• Conocimiento de documentos de la Iglesia y Doctrina Social de la Iglesia.
• Conocimientos de Liturgia.
• Catequesis y discernimiento vocacional
• Trabajo en equipo
• Retiro espiritual
• Lectura bíblica y espiritual
• Iniciación en la dirección espiritual.
• Trabajos apostólicos dirigidos (diciembre, semana santa y a lo largo del curso
académico)
• Convivencia con padres y representantes.
• Acompañamiento para su decisión de ingresar al Seminario Mayor.
• Talleres de madurez humana.
C) EL CURSO PROPEDÉUTICO O INTRODUCTORIO.

Una de las modalidades nuevas en el proceso formativo de los futuros sacerdotes se


encuentra en el Curso Propedéutico o Introductorio. Éste se ha ido implementando en
muchos seminarios. Desde el año 2000, en nuestro Seminario diocesano se tomó la opción
de dedicar un curso académico completo y de tenerlo en una sede aparte, con un régimen
especial. De hecho, el Curso Propedéutico se tiene en la CASA DE FORMACIÓN JUAN
PABLO II, en la población de Peribeca, en unas instalaciones cedidas por unos años en
comodato. El Curso Propedéutico cuenta con un equipo permanente, donde hay varios
sacerdotes formadores, y se cuenta con la ayuda de pasantes del año de pastoral. El Rector
y el Director Espiritual general del Seminario Mayor lo atienden desde sus propias
competencias. Los otros formadores contribuyen en el proceso formativo que allí se
desarrolla.

De acuerdo a las NORMAS BASICAS PARA LA FORMACIÓN SACERDOTAL EN


VENEZUELA, antes de comenzar el período filosófico teológico, dedíquese un año
escolar a profundizar en la grandeza y naturaleza de la vocación cristiana y sacerdotal y
las obligaciones inherentes a ella, con el fin de llevar a los alumnos a una madura
deliberación por medio de una reflexión más cuidados y más intensa oración (n.238).
Esta iniciación o Introducción conlleva varios aspectos que no pueden aislarse o pasarse
desapercibidos: Esta iniciación consistirá, desde el punto de vista doctrinal, en la
presentación del Misterio de Cristo y de la Historia de la Salvación, a fin de que los
alumnos perciban el sentido, orden y finalidad apostólica de los estudios eclesiásticos,
crezcan en su propia fe, entiendan con mayor profundidad en su vocación y la abracen
con mayor conciencia. En este curso, se ha de dar también mucha importancia a los
aspectos diversos de la formación humana (cultura general, urbanidad, etc.) y sobre todo
se insistirá especialmente en la formación espiritual del futuro sacerdote.(Ibidem)

Dentro del Objetivo y finalidad última del Seminario, el Curso Propedéutico constituye una
etapa formativa de gran importancia: terminados los estudios del bachillerato, los alumnos
provenientes del seminario menor o de otros institutos, luego de un proceso de
discernimiento vocacional en centros de pastoral de vocacional, irán asumiendo de manera
gradual y progresiva la introducción a los estudios directamente sacerdotales. Si bien, no
tiene una carga académica por parte del IUESSTA, en el Curso Propedéutico, con
metodología propia, el candidato va conociendo las dimensiones de la formación
sacerdotal, el significado y contenido de la identidad sacerdotal y, además de nivelarse
académica y culturalmente, comienza la profundización de su vida espiritual. Comienza,
pues, su discernimiento vocacional en la etapa del seminario mayor: por ello, aprendiendo
los caminos de la oración con la luz de la Palabra de Dios bajo la guía de los formadores se
anima a tratar de escuchar con más detenimiento la llamada del Señor y a darle la respuesta
desde su propia experiencia de vida y de fe.

Para ello, asumirá un eje humano-cristiano (virtudes donde debe madurar) y un eje
sacerdotal (virtudes sacerdotales que debe asumir y poner en práctica). El eje humano
cristiano lo constituyen dos virtudes: la apertura de corazón y la confianza en Dios. Al
asumirlas y ponerlas en práctica (no sólo durante el propedéutico sino desde ese momento
en adelante) podrá tener la madurez para comenzar un claro discernimiento vocacional. Los
formadores le ayudarán a asumir y practicar esas virtudes humano-cristianas. De igual
manera, ya desde el propedéutico, el candidato debe asumir como propias y poner en
práctica desde ese momento y para siempre las siguientes virtudes sacerdotales: Sentido de
comunión, amistad sacerdotal (con los compañeros y sacerdotes). Así va demostrando,
no sólo que quiere conocer todo lo referente a la identidad sacerdotal, sino que acepta el irla
modelando a lo largo de su proceso formativo.

Los formadores los van introduciendo en las diversas facetas de la formación sacerdotal.
Les enseñan, con su ejemplo dedicación, lo que significa ser sacerdote. Los guían para que
maduren su respuesta libre y decidida al Señor. Van creando en ellos el estilo de vida
sacerdotal del presbítero diocesano a través de la experiencia de los grupos de vida, el
conocimiento de la espiritualidad del presbítero diocesano y de otros medios. Para ello, el
contacto personal es clave. Con frecuencia, los formadores deben realizar el diálogo
formativo con cada uno de ellos, para animarlos en el discernimiento y ayudarlos a madurar
en su respuesta. De este diálogo y contacto personal dependerá el éxito futuro de los
candidatos que están en el propedéutico. Con ese contacto personal y continuo se podrá
tener un juicio acerca de la idoneidad y rectitud de intención del candidato antes de ingresar
a la etapa del filosofado

Durante el Curso, se cumplirán los objetivos específicos de la formación sacerdotal, o


dimensiones de la misma con las siguientes indicaciones:

Dimensión Humana (y comunitaria)


• Se pretende forjar una mayor madurez humana y comunitaria.
• Se creará la experiencia de una vida fraterna. Ello le permitirá entrar en el
dinamismo de la vida comunitaria del seminario y la superación de actitudes
individualistas.
• Promoverá actitudes de diálogo, apertura y corresponsabilidad en el servicio. Se
pondrán las bases para la fraternidad cristiana, que será, a la vez, fundamento de la
futura fraternidad sacerdotal.
• Se propiciará el diálogo con los formadores.
• Suscitará el conocimiento y práctica de las virtudes humano-cristianas,
especialmente aquellas que son consideradas como l eje de su formación inicial.
• Se preparará para el compartir con los demás.
• Se educará en la urbanidad y en las reglas de convivencia humana.
• Comenzará a conocer y vivir la experiencia de los grupos de vida.
• Se le introducirá en el camino del espíritu crítico frente a la vida, la sociedad y su
propia existencia.
• Se le transmitirá un clima de autenticidad y confianza en Dios, para que pueda
desarrollar su libertad personal responsable.
• Se conocerá su familia
• Le permitirá al candidato integrar su sexualidad y afectividad, en orden a su futuro
ministerio.
• Aprenderá a integrar la recreación en su vida (deporte, vida cultural, descanso,
celebraciones)
• Se le invitará a desarrollar la sana y evangélica creatividad, el buen vestir y la
higiene.
• Se comprobará si no posee problemas psicológicos serios.
Dimensión Espiritual
• Se le introducirá en el misterio de Dios y de la Historia de la salvación, invitándole
a que asuma la vida según el Espíritu propia de todo cristiano.
• Se le introducirá en el misterio de Cristo para que sea capaz de una opción y
seguimiento del Señor.
• Se le presentará la identidad sacerdotal como estilo de vida, con todas sus
implicaciones y exigencias, para que pueda tener un punto claro de referencia a la
hora de dar su respuesta a Dios.
• Se le presentarán los lineamientos básicos de la espiritualidad del presbítero
diocesano.
• Se le introducirá progresivamente en la oración, para que la asuma como propia
necesidad y pueda descubrir el valor del diálogo continuo con Dios.
• Se le introducirá progresivamente en la Palabra de Dios y en la Lectio Divina.
• Se le introducirá progresivamente en la Liturgia y en el misterio de la Iglesia.
• Comenzará la práctica de la dirección espiritual y de la frecuente confesión. Para
ello contará con la ayuda de sacerdotes.
• Se introducirá en el misterio eucarístico con la celebración diaria, meditaciones y
actos eucarísticos, para que la comprenda como una necesidad sacerdotal y como
miembro de una comunidad también eucarística.
• La formación espiritual también desarrollará el sentido de la Iglesia como madre y
en la cual realizará el servicio sacerdotal.
• Profundizará en la invitación y vocación a la santidad, para lo cual tendrá a María
como modelo.
Dimensión Intelectual:
• Nivelación académica (castellano, gramática, ortografía, lectura...)
• Se incrementará el nivel doctrinal y cultural del candidato.
• Se le brindará formación catequética para que vaya conociendo el misterio de Cristo
y la Historia de la salvación.
• Se le introducirá en el análisis de la realidad.
• Se le entrenará en una adecuada metodología estudio personal y grupal.
• Se le dará una introducción a la filosofía.
Dimensión Pastoral
• Se le presentará que el sacerdote debe ser imagen de Jesús Buen Pastor. Se le
indicarán las características pastorales de todo sacerdote.
• Se le transmitirá una sensibilidad solidaria con los necesitados y pobres, sobre todo
a partir de la experiencia del segundo momento del Curso Propedéutico o
Introductorio. Con ello, se invitará a que vaya realizando la opción preferencial por
los pobres y excluidos.
El Curso Propedéutico se estructura en tres momentos. Luego de que son aceptados, sus
candidatos ingresan en los primeros días del mes de octubre, y culminan el curso
introductorio la segunda quincena del mes de julio.

Primer Momento:

Los candidatos comienzan su experiencia. El acento en este primer momento se tiene en lo


humano-cristiano y en la introducción a la vida comunitaria de la Iglesia. Con la ayuda de
los formadores, se va conociendo a cada candidato. Se tienen jornadas de conocimiento e
integración, y se comienza un proceso de nivelación académica (lectura, castellano,
ortografía, catequesis, etc...). Se comienza a distribuir las funciones y servicios dentro de la
comunidad. Se abre el cuaderno de vida de cada alumno. Los formadores también buscan
conocer mejor las familias y ambientes de donde provienen. Se busca afinar su intención y
se es comienza a ayudar en su discernimiento.

Hay una introducción a la lectura de la Palabra de Dios y la oración, así como a la


participación en la eucaristía. Se le introduce en la dinámica de la dirección espiritual y se
les invita a la elección de un director espiritual. En este momento es importante el descubrir
las capacidades humano-cristianas de cada candidato. Se tiene en cuenta todo lo relativo a
su salud física y psíquica. Se les practica el test psicológico y otros exámenes médicos.

Los candidatos aprenden a desarrollar técnicas de vida comunitaria y servicio común. La


integración es clave para el éxito de la formación futura. Se les habla claramente de la
identidad sacerdotal a la que apuntan con su proceso formativo. Se les introduce en la
espiritualidad del presbítero diocesano.

No hay clases académicas propiamente dichas, sino talleres de formación en las diversas
dimensiones de la formación sacerdotal. Se les dirige con paciencia y contacto personal,
sobre todo teniendo en cuenta que muchos de ellos pueden venir de experiencias fuera del
seminario y deben integrarse a la vida comunitaria.

Este primer momento culmina el 25 de diciembre, luego de la celebración de la Navidad.


No salen a un apostolado decembrino, sino que aprovechan los días del adviento y de la
novena de aguinaldos para conocer, profundizar y celebrar el misterio del Dios hecho
hombre.

Se realizan jornadas culturales y recreativas, se ve las capacidades de cada uno para el


deporte, la cultura y otras actividades. Se tienen paseos cortos frecuentes y al menos uno
largo a algún sitio de la diócesis. Estos paseos pueden y deben ayudar mucho para la
integración y el fortalecimiento de la amistad entre ellos y de ellos con los formadores.

Se tiene un primer retiro espiritual.


Segundo momento.

Se inicia luego del período de vacaciones, los primeros días del mes de enero. Luego de una
inducción, los candidatos salen, al menos por quince días, a una experiencia de
misericordia: trabajarán como ayudantes de enfermeros en ancianatos y hospitales u otros
centros de salud. La finalidad es que conozcan desde la propia experiencia la necesidad de
asumir el sentido de la misericordia como uno de los componentes obligados de la caridad
pastoral, fuente y eje de la espiritualidad del presbítero diocesano. Finalizada esa
experiencia regresan al Propedéutico y la evalúan en todos los aspectos.

Durante este segundo momento comienza una etapa de afianzamiento en las diversas
dimensiones de la formación sacerdotal. Se incrementan los talleres de formación. Se
introduce a la Liturgia de las Horas como oración propia del sacerdote y de la Iglesia. Se
sigue madurando el conocimiento del misterio de Cristo y de la identidad sacerdotal, así
como de la espiritualidad del presbítero diocesano. Se conoce el plan diocesano de pastoral.

Desde la perspectiva del sacerdocio se le habla de los consejos evangélicos y del celibato,
como partes integrantes de la vida del sacerdote y como ha de practicarlos desde el
seminario donde quienes están son discípulos del Señor Jesús, que deben vivir según el
estilo propio que Él les ha dado. Los formadores deben insistirles a los candidatos que
deben conocer y asumir las exigencias de la identidad sacerdotal, lo que les ayudará en el
discernimiento vocacional.

Se les introducirá en la praxis de los grupos de vida y, con ellos, de la revisión de vida, los
que serán puestos en práctica a lo largo del seminario mayor.

Vivirán de manera especial la celebración de la Pascua: por eso, no saldrán a ningún


apostolado en cuaresma, ni en semana santa. La finalidad es que tengan una oportunidad
clara de lo que es el Misterio Pascual que celebrarán como futuros sacerdotes.

A lo largo de este momento profundizarán en diversos aspectos de la vida eclesial y cultural


de la región. Visitarán algunas experiencias de tipo eclesial (comunidades de vida
contemplativa, parroquias, etc...) para su conocimiento y enriquecimiento.

Esta etapa culmina el domingo de resurrección.

Tercer Momento

Comienza luego del receso de pascua. Es un momento muy importante, ya que el candidato
debe afinar su intención de ingresar al seminario mayor y continuar así su proceso
formativo. Recibe apoyo espiritual para su primera decisión vocacional: al final del curso,
si los informes correspondientes no obstan, deberán hacer una petición por escrito para que
se les admita en el filosofado.
Realizan actividades culturales, formativas y recreativas, ya realizan de manera continua la
Liturgia de las Horas y desde el punto de vista académico, se les da una seria introducción a
la Filosofía, así como se les brinda una metodología para los estudios superiores.

Se les introduce en la Lectio Divina y se le continúa brindando informaciones acerca de la


espiritualidad del presbítero diocesano.

En entrevista final, los formadores le presentan el informe final, donde constarán los
progresos habidos, las deficiencias que debe seguir corrigiendo y el juicio acerca de su
idoneidad para continuar el proceso formativo. El informe, con el respectivo cuaderno de
vida, se entregará al Rector del Seminario para el archivo propio de cada candidato
(incluyendo a quienes no siguieran).

En fecha previamente establecida por el Rector y los formadores, en la segunda quincena


del mes de julio, ingresan al filosofado y pasan a la sede central del seminario. En el caso
de que alguno sea retirado se seguirá las indicaciones que se dieron con anterioridad. Si la
decisión es personal del candidato, se hará lo mismo. Si fuera necesario tomar la decisión
de retirar algún alumno durante el curso académico, se seguirán las indicaciones que se
dieron anteriormente.
D) FILOSOFADO.

Culminado el Curso Propedéutico, los candidatos admitidos, ingresarán al Filosofado. Si


algunos candidatos vienen de otras diócesis donde hubieran hecho el Curso Propedéutico,
se les hará una inducción para que conozcan el proyecto formativo del seminario de San
Cristóbal, indicándoles que deben asumirlo como propio. Si bien no hay una sede propia
para el filosofado (que está en proyecto su realización y edificación), éste funciona junto
con el teologado en las instalaciones de la Colina de Toico. Se mantienen actividades
comunes con el teologado, por razones prácticas. Pero a partir del curso 2004-2005
comienza la experiencia de filosofado con características y actividades propias.

Al igual que en el teologado, cada curso tiene su formador guía que es el compañero de
camino de los candidatos y quien garantiza la permanencia y continuidad del proceso
formativo. Sin menoscabo de las actividades comunitarias, el filosofado organizará una
serie de actividades en los diversos campos de la formación para poder cumplir con el
objetivo propio de esta etapa: celebraciones, conferencias, talleres de formación, jornadas
recreativas (paseos, etc...), etc... Cada formador es responsable de su grupo de vida
(generalmente coincidente con el curso académico) y de llenar el Cuaderno de vida de cada
alumno de su grupo.

Uno de los formadores sea el coordinador de todo el filosofado; otro de ellos es el


animador de la vida espiritual y litúrgica, que estará en contacto directo con el Director
Espiritual General para organizar lo propio de este campo.

El contacto del equipo de formadores con el Rector es necesario. Lo mismo con los otros
formadores. Sin renunciar a las reuniones comunitarias del equipo de formadores, pueden
tener reuniones periódicas para la evaluación de la experiencia del filosofado. En cuanto a
las celebraciones, previa planificación, pueden tenerse eucaristías de todo el filosofado o
por grupos, sin renunciar por ello a las celebraciones generales semanales o por otros
motivos.

Esta etapa deberá ayudar al joven candidato a profundizar en su discernimiento vocacional.


Los estudios de la filosofía y otras actividades deben ayudarlo a entender cada vez más el
significado de su vocación, iluminando esto desde el conocimiento de la identidad
sacerdotal, del misterio de Jesús Sumo y Eterno Sacerdote. Los estudios de filosofía le
permitirán al candidato entrar en contacto con el misterio de la verdad y del hombre, y le
darán los fundamentos para los estudios teológicos.

Esta etapa tiene como finalidad el preparar adecuadamente al candidato a la respuesta a la


llamada de Dios, con el conocimiento de elementos necesarios y claves de la formación
sacerdotal. Nuestros seminaristas cursarán la filosofía en el IUESSTA, y adquirirán, si
cumplen con los requisitos respectivos, la certificación de sus tres años de filosofía
(posteriormente podrán culminar la licencia en filosofía por el mismo Instituto). Las
posibles excepciones se hablarán con el Rector, el Director de IUESSTA y los formadores
del filosofado. Se debe agudizar en ellos el sentido crítico frente a la realidad,
proporcionándoles un conocimiento sobre los principales elementos de la filosofía y de la
antropología cristiana.

A lo largo de la Filosofía o durante el filosofado se deberá cumplir el objetivo final del


seminario: ayudar a que el candidato madure su respuesta a Dios y vaya aprendiendo a
configurarse a Cristo Sacerdote y Buen Pastor. Para ello, se deberán cumplir los objetivos
específicos de esa formación sacerdotal (dimensiones de la misma).

Dimensión humano-comunitaria
• Desarrollar su propio plan de vida e integrarlo en el grupo de vida y en la
edificación de la comunidad del seminario.
• Se profundizará más el proceso de maduración humana y cristiana de cada
candidato.
• Se le ayudará a caminar en su formación afectiva, para que logre un mayor
equilibrio emocional y una mayor capacidad de decisión, cultivando las virtudes
humano-cristianas necesarias.
• Se educará en la libertad responsable y en el compartir las responsabilidades propias
de cada uno y del grupo al que pertenece, así como de toda la comunidad.
• Se fortalecerá el espíritu crítico y la capacidad de leer los signos de los tiempos.
• Se conocerá la familia y el ambiente propio de cada uno de los candidatos.
• Se insistirá en la ponderación y rectitud de juicio e intención.
• Se fortalecerá la madurez sexual y afectiva, el sentido de la amistad y de las
relaciones interpersonales.
• Desarrollará la amistad y el sentido de fraternidad cristiana.
• Se promoverá el trabajo en equipo para desarrollar, entre otras cosas, la cooperación
de todos en el bien común del seminario.
Dimensión espiritual
• Se presentará más claramente la espiritualidad del presbítero diocesano, y se le
invitará a asumirla desde la experiencia de la espiritualidad bautismal propia de
cada cristiano.
• Se le ayudará al candidato a madurar su respuesta vocacional desde la opción por
Cristo, asumiendo la propia existencia como la existencia propia de un discípulo del
Señor.
• Se le ayudará al candidato a asumir la abnegación y la cruz de Cristo como camino
de vida espiritual propio del sacerdote.
• Se le seguirá enseñado a asumir los valores del Reino y los consejos evangélicos,
sobre todo en orden al ejercicio del futuro ministerio sacerdotal.
• Se le seguirá invitando a profundizar en la oración, ayudándolo a conocer diversos
métodos de oración y de meditación. La Lectio Divina se hará propia y frecuente.
De igual manera la revisión de vida.
• La dirección espiritual será frecuente.
• La dimensión eucarística de la vida propia y comunitaria se hará sentir en el
filosofado.
• La Palabra, la Liturgia y el conocimiento de la doctrina y el magisterio de la Iglesia
ayudarán al seminarista a profundizar en su vida espiritual.
Dimensión intelectual
• A los candidatos se les proporcionará una sólida formación intelectual en el campo
de la filosofía y de las ciencias humanas, para que tengan un amoroso conocimiento
de la verdad, así como de la verdad sobre el hombre y la creación.
• Se le motivará a que asuma el proceso pedagógico como algo propio: se le ayudará
a tener espíritu y conciencia crítica, así como se le desarrollará la capacidad
investigativa.
• Se valorizará el ambiente familiar y cultural, a la vez, que se le ayudará a
introducirse en el tema de la inculturación del evangelio.
• Se le brindará apoyo con medios técnicos, que podrá conocer y emplear para sus
estudios y en el futuro para el ministerio sacerdotal.
• Se le capacitará para el diálogo entre fe y razón, fe y cultura.
• Se le apoyará para el conocimiento y empleo de la biblioteca y otros medios al
servicio de su formación intelectual.
Dimensión pastoral.
• Asumirá las responsabilidades de apostolado propias de cada curso, con sentido
cristiano y con miras al futuro ministerio sacerdotal.
• Pondrá en práctica la caridad pastoral, fuente de la espiritualidad del presbítero
diocesano.
• Aprenderá a interpretar la realidad con los ojos de la fe y la iluminación de la
Palabra de Dios.
• Se irá introduciendo en algunos campos de apostolado para madurar así su opción
de ser imagen de Jesús Pastor.
• Conocerá los grupos de apostolado laicales, los diversos movimientos eclesiales y
todo lo referente a la vocación y misión de los laicos en la Iglesia, ya que a ellos
dirigirá su servicio en el futuro ministerio sacerdotal.
• Conocerá y asumirá el plan diocesano de pastoral, as’como todo lo referente a la
dinámica pastoral de nuestra Iglesia local.
• Asimilará con decisión y sentido de Iglesia la dimensión misionera de la Iglesia.
• Aprenderá a tener espíritu creativo pastoral, y lo pondrá en práctica en sus trabajos
de apostolado.

Al finalizar la etapa del filosofado, si se han llenado las condiciones y los formadores han
dado el juicio acerca de la idoneidad, el candidato accederá al Año de Pastoral, cuyas
características y exigencias se verán posteriormente.

Para cada curso (grupo de vida) se indican algunas tareas particulares que ayuden a poner
en práctica los lineamientos y a conseguir que se avance en el proceso formativo del
Seminario, así como en la consecución del objetivo final y de los objetivos específicos.
Para Cada curso se señalan algunos elementos que hay que desarrollar, teniendo en cuenta
lo antes indicado. Para cada curso se propone un eje humano-cristiano y uno sacerdotal, así
como indicaciones en las diversas dimensiones de la formación. No significa que
culminado cada curso, se olvida lo madurado y caminado. Lo que se pretende es que
progresivamente el alumno adquiera las destrezas necesarias que le permitan tener un
marco de referencia para su respuesta a la llamada de Dios y para conseguir configurarse a
Cristo sacerdote

I de Filosofía

El alumno está comenzando la nueva etapa de su formación. Viene de la experiencia del


Propedéutico que no debe perder, sino profundizar. Pero hay elementos nuevos que deben
ser atendidos, sobre todo por el formador guía, para ayudarlos a que se incorporen
adecuadamente a los estudios de filosofía y a la nueva etapa de formación. El eje humano-
cristiano lo constituyen la virtud de la sencillez y de la humildad, en los que cada
candidato debe caminar y profundizar. A esas virtudes se le une la Fe, para ayudar al
candidato a realizar su opción cristiana con más decisión. Esto implicará el conocimiento
cada vez más profundo de la verdad de Dios. El eje o virtud sacerdotal que debe
profundizar el candidato de este curso o grupo de vida es el de la fraternidad, con lo que
da un paso hacia delante en algo que es propio de la identidad sacerdotal.

En cuanto a las dimensiones de la formación sacerdotal, objetivos específicos para la


consecución del objetivo final, se recomienda lo siguiente:

Dimensión humano-comunitaria
• Maduración humana y mayor conocimiento y aceptación de sí mismo.
Fortalecimiento de la propia autoestima. Considerarse persona humana – Hijo de
Dios.
• Maduración afectiva y sexual. Apoyo de los talleres de afectividad y sexualidad.
• Elaboración, realización y revisión continua del plan de vida, con el formador guía,
el Rector y el director espiritual.
• Maduración en el sentido de la responsabilidad, honestidad y sinceridad.
• Participación en los grupos de vida y desarrollo de la revisión de vida.
Dimensión Espiritual
• Conocimiento y vivencia de la espiritualidad del presbítero diocesano.
• Profundización en la vida según el Espíritu.
• Profundización en la espiritualidad litúrgica de la Iglesia.
• Profundización en la oración meditativa y contemplativa.
• Desarrollo de la Revisión de Vida.
Dimensión Pastoral
• Introducción al Apostolado en general.
• Descubrimiento de los carismas y aptitudes para el trabajo pastoral.
• Desarrollo de la creatividad pastoral y su aplicación en el trabajo apostólico.
• Trabajo apostólico en comunidades urbanas (y rurales) cercanas al seminario):
conocimiento de la realidad de dichos sectores, preparación d las actividades a
cumplir, evaluación.
• Preparación de las actividades pastorales a realizarse durante Diciembre y Semana
Santa. Evaluación de las mismas.
Dimensión Intelectual
• Desarrollar un aprecio por el estudio de la filosofía y la verdad sobre el hombre.
• Desarrollar el amor por la sabiduría.
• Desarrollar la práctica de la lectura de textos filosóficos y otros.
• Conocer métodos de estudio e investigación.
• Conocer la Biblioteca y su uso. Empleo continuo de la misma.
• Conocer la cultura y realidad latinoamericana, venezolana y tachirense.

II de Filosofía

El eje humano de este curso o grupo de vida del II de filosofía lo constituyen las virtudes de
paciencia y de la comprensión, acompañadas de la virtud cristiana de la esperanza. El
alumno debe caminar para el fortalecimiento de estas virtudes, sin menoscabo de las otras
virtudes humanas y cristianas. El eje sacerdotal lo constituye el amor por la Iglesia. En el
caminar de este segundo curso, en el cumplimiento del objetivo del seminario, ayudado por
su formador guía y los otros formadores, el alumno debe cumplir con los siguientes
objetivos:

Dimensión humano-comunitaria:
• Consecución del hábito de la propia autoevaluación – auto-afirmación de su ser
como persona y cristiano.
• Apertura al trato con los demás.
• Expresión de signos de madurez humana
• Maduración en el campo afectivo
• Educación para la lealtad y la corresponsabilidad.
Dimensión espiritual
• Profundización en la dimensión contemplativa de la oración y de la vida.
• Conocimiento de los sacramentos.
• Necesidad de la conversión. Conciencia de la urgencia y necesidad de la
reconciliación.
• Conocimiento de la espiritualidad diocesana.
• Conocimiento de la enseñanza de la Iglesia a través de los documentos del
magisterio eclesial.
Dimensión Pastoral
• Conocimiento de movimientos eclesiales y grupos de apostolado, sobre todo los
presentes en la Diócesis.
• Realización del apostolado social: enfermos, presos, ancianos, etc...
• Conocimiento de los Documentos de la Iglesia sobre ese tipo de trabajo pastoral.
• Diseño de estrategias de acción para llevar el consuelo en nombre de la Iglesia a los
que sufren.
• Asumir la opción preferencial por los pobres y excluidos. Conocer su doctrina.
• Desarrollar la creatividad para comunicar la esperanza al hermano
Dimensión intelectual
• Identificación de las ciencias humanas para el conocimiento del hombre.
• Madurar la capacidad de interpretación y análisis de realidad.
• Conocimiento y síntesis de la cultura nacional.
• Investigación de temas filosóficos.

III de Filosofía.

Con la ayuda del formador guía, el candidato desarrollará el eje humano compuesto por las
virtudes humanas de la solidaridad y sensibilidad por la justicia, madurando el
conocimiento y práctica de la caridad. Desde el punto de vista sacerdotal, el candidato
debe hacer suya la opción preferencial por los pobres y excluidos. Logrará dar unos
pasos concretos en la realización de lo siguiente:

Dimensión Humano-comunitaria
• Conocimiento del ser humano en su integralidad.
• Maduración afectiva
• Sentido pleno de la libertad.
• Control emocional en las relaciones interpersonales (afectividad).
• Coherencia de vida el comportamiento identidad vocacional.
• Educación en la prudencia.
• Clara identificación vocacional.
Dimensión Espiritual
• Conocimiento y puesta en práctica de los valores del Reino, según nos lo enseña el
Señor con las Bienaventuranzas.
• Profundización en la espiritualidad diocesana.
• Profundización en la vida de oración.
• Confrontación de la propia vida con el Evangelio.
• Conocimiento de modelos de santidad sacerdotal
• Profundización en la Espiritualidad eucarística.
• Profundización en la Lectio Divina.
Dimensión Pastoral
• Conocimiento de técnicas en favor del apostolado (incluida la oratoria)
• Conocimiento la doctrina de la Iglesia sobre medios de comunicación social de su
aplicación a la pastoral.
• Desenvolvimiento en la Liturgia (Manejo de las ceremonias).
• Preparación en planificación pastoral.
Dimensión Intelectual
• Capacitación para realizar un tema monográfico.
• Capacidad de realizar síntesis filosófica.
• Interpretación de la cultura.
• Capacitación a la creatividad.
E) AÑO DE PASTORAL.

Culminados los tres cursos de Filosofía, los candidatos ingresan al AÑO DE PASTORAL,
cuyo objetivo ese brindar un tiempo de experiencia pastoral en algunas instancias eclesiales
(parroquia, Curia, Seminario, centro de misiones, etc...) en la que los seminaristas tengan
un contacto directo y experiencial que les permita afinar su discernimiento vocacional y
puedan comprobar de manera directa lo que significa el ejercicio del ministerio sacerdotal
futuro. Cuentan con el acompañamiento de un formador guía, y para su conducción con un
directorio especial, donde se marcan las principales pautas a seguir.

No es un tiempo de pasantías aisladas. Periódicamente, de acuerdo a la planificación del


Seminario, se tendrán convivencias de estudio, oración y evaluación de la experiencia. El
formador guía de este tiempo de experiencia, visitará frecuentemente a los seminaristas en
sus propios sitios de trabajo pastoral. De igual manera, lo harán el Rector y el Director
Espiritual general del seminario: así podrán dialogar con los seminaristas y los párrocos o
responsables de cada seminarista. El Obispo también aprovechará todas las ocasiones
posibles para visitarles. De igual manera asistirá a las diversas convivencias periódicas para
tomar contacto con los jóvenes pasantes.

El eje humano está marcado por el desarrollo de las virtudes de la responsabilidad y la


actitud al diálogo. Sacerdotal y cristianamente, el joven seminarista desarrollará la
caridad pastoral y el testimonio de vida, con dedicación y sentido del futuro ministerio
sacerdotal. A lo largo de este Año de pastoral, el seminarista tratará de aprender de manera
directa lo que significa identificarse a Cristo Buen Pastor. En las convivencias frecuentes en
las que deberá participar compartirá sobre este tema y revisará cómo va configurándose a la
imagen de Buen Pastor. Las convivencias son obligatorias: para faltar a alguna de ellas se
requiere una excusa muy grave y deberá ser comunicada con tiempo al Rector y al
Formador guía. En el caso de que falle al 25% de ellas, recibirá una amonestación escrita;
la falta injustificada a más del 50% de las mismas ameritará una sanción por parte del
seminario al seminarista (Esto obliga incluso a los que son de otras diócesis).

Los seminaristas que van a participar en este Año de Pastoral, en fecha previamente
establecida recibirán la imposición de sotana y la institución como ministros
extraordinarios de la comunión, ministerio que podrán ejercer en sus comunidades de
trabajo.

I. PRINCIPIO
COMO ETAPA NORMAL DE SU FORMACIÓN PARA EL SACERDOCIO
MINISTERIAL, LOS SEMINARISTAS AL TERMINAR SU TERCER AÑO DE
FILOSOFÍA, HARÁN UN AÑO DE SERVICIO PASTORAL EN CONTACTO
DIRECTO E INMEDIATO CON LAS DIVERSAS COMUNIDADES
PARROQUIALES APOYADOS EN EL ACOMPAÑAMIENTO PERSONALIZADO
DE SACERDOTES DEBIDAMENTE EXPERIMENTADOS.

 ETAPA NORMAL: Significa, primeramente, que es parte ordinaria del


proceso de formación para el sacerdocio. No es un añadido, por tanto, no podrá
someterse a experimentaciones o improvisaciones. Esto implica que su realización
habrá de guardar continuidad con las orientaciones y procesos formativos del
Seminario. En segundo lugar, sólo en circunstancias excepcionales y previa
evaluación de la Comunidad de Formadores del Seminario, podrá algún seminarista
ser eximido de la misma.

 DE SU FORMACIÓN PARA EL SACERDOCIO: Indica que no es


propiamente un espacio para ver si hay o no vocación. Supone, al contrario, una
decisión vocacional clara, aunque, eventualmente, con elementos que haya que
mejorar y madurar. Un proceso diferente se seguirá para el caso de un seminarista de
cuya idoneidad hubiera graves dudas. Implica, además, que el criterio de organización
de esta etapa no lo determinan las necesidades pastorales de la Diócesis, sino el logro
de las condiciones más convenientes para la formación del futuro sacerdote.

 AL TERMINAR SU TERCER AÑO DE FILOSOFÍA: Conociendo tanto


las finalidades como las exigencias de esta etapa de formación, el momento más
oportuno será aquel en el que el seminarista pueda objetivamente aportar con
competencia al servicio pastoral; y en el que, al mismo tiempo, tenga la oportunidad
de llenar los vacíos que puedan quedar en su formación básica sacerdotal.

 SERVICIO PASTORAL: El énfasis fundamental de esta etapa no reside


simplemente en el aprendizaje de técnicas pastorales, tampoco en el ofrecer una
oportunidad de maduración personal mediante un trabajo cualquiera, sino en el ser
una verdadera y propia iniciación a la sensibilidad del pastor, en asumir de manera
consciente y madura sus responsabilidades, al hábito interior de valorar los problemas
y establecer las prioridades y los medios de solución (PDV58). Por ello, los trabajos y
ocupaciones habrán de ser auténticamente pastorales.

 EN CONTACTO DIRECTO E INMEDIATO CON LAS


COMUNIDADES PARROQUIALES: Se trata de ofrecer la oportunidad y la
necesidad de poner al seminarista frente a las realidades que bien pronto le serán
cotidianas. Se busca, entonces, favorecer la exposición de sí mismo a la complejidad
de la comunidad parroquial entendida ésta no como simple espacio geográfico, sino
como intrincada realidad humana (aspectos que el espacio físico del Seminario
difícilmente puede subrayar) que a su vez, impone una polifacética respuesta
sacerdotal y desafía la creatividad pastoral.

 ACOMPAÑAMIENTO PERSONALIZADO: Aquí, aún más que en el


Seminario, se privilegiará como instrumento formativo el diálogo con cada uno de los
jóvenes para ofrecerles un apoyo claro de autoformación. De modo particular, este
apoyo atenderá a las necesidades espirituales, psicológicas y de formación pastoral
que el joven manifieste.
 SACERDOTE VERDADERAMENTE EXPERIMENTADO: El criterio
de selección del sacerdote o sacerdotes que realicen este acompañamiento no será
nunca el de la necesidad pastoral, sino el de la solidez de vida personal y de trabajo
pastoral. Supone igualmente, una voluntad de trabajo totalmente acorde con las
orientaciones del Seminario (PDV58).

ANTECEDENTES
1. A nivel de la Iglesia universal, ya en tiempos del Vaticano hubo conciencia
de que el espacio formativo tradicional del Seminario no siempre lograba dar
cuenta de todas las exigencias actuales para la formación de un sacerdote. De
ahí, el haber previsto la posibilidad de establecer etapas de formación con
énfasis especiales, según el momento de las mismas dentro del proceso total,
para complementar y consolidar la formación básica. (O. T. 12)

2. Cinco años más tarde, tal conciencia no sólo ha cambiado sino que ha ido en
aumento y por ello en las Normas Básicas de la Formación Sacerdotal de
1970 se ofrece una orientación más completa de tales posibilidades.

3. La Exhortación Apostólica Pastores Dabo Vobís, luego de insistir en que la


formación pastoral se desarrolla mediante la reflexión madura y la aplicación
práctica, contempla la conveniencia, en orden a una adecuada formación
pastoral, de experiencias pastorales que puedan desembocar en un verdadero
y auténtico noviciado pastoral (PDV 57) que se extenderá por algún tiempo y
se someterá metódicamente a una cuidadosa verificación.

4. De hecho, en varias Iglesias, anterior o posteriormente a los documentos


citados, se han establecido modalidades complementarias de formación, que
pretenden atender a las necesidades del mundo moderno, a su influjo en los
jóvenes que optan por el sacerdocio, y también a la complejidad creciente del
mismo ministerio sacerdotal.

EXPERIENCIA EN LA DIÓCESIS DE SAN CRISTÓBAL

1. El Obispo de San Cristóbal ha manifestado en diversas oportunidades su


preocupación por las dificultades de algunos sacerdotes, en su vida y
ministerio. Por ello, ha solicitado afinar los criterios de formación, de
promoción a los ministerios y órdenes y además, estudiar la conveniencia de
un tiempo de ejercitación pastoral que sea ocasión y garantía de una madurez
humana y sacerdotal mejor consolidada.

2. Las distintas experiencias, en los últimos años, hablan acerca de las nuevas y
deficitarias condiciones en que suelen llegar muchos de los jóvenes que
ingresan al Seminario y de la precariedad del tiempo de formación para
intentar una respuesta adecuada: vacíos afectivos por experiencias familiares
traumáticas, conflictos no resueltos, experiencias tempranas de difícil
asimilación, etc. De aquí la implementación de medidas que hasta hace poco
eran inexistentes o excepcionales, Vg., Sacerdotes verdaderamente
preparados para la Formación Sacerdotal, el mismo año propedéutico, cursos
complementarios de comprensión de lectura, de expresión, métodos de
estudio, experiencias fuera del Seminario, etc.

3. Hay que añadir a lo anterior la frecuente prolongación del proceso de


adolescencia y la tendencia de los jóvenes a no comprometerse con
decisiones definitivas. Características estas que, según los psicólogos y
sociólogos, son relativamente comunes hoy en nuestras sociedades
occidentales.

4. Sacerdotes de la Diócesis se han mostrado repetidamente interesados tanto


por la formación de los futuros sacerdotes como por la adecuada integración
en el Presbiterio de los recientemente ordenados. Han expresado también su
preocupación porque el Presbiterio participe más de cerca en la formación de
quienes serán pronto sus compañeros y hermanos al servicio de la grey del
Señor.

5. Con frecuencia, sacerdotes recientemente ordenados manifiestan sorpresa


ante la distancia que media, a primera vista, entre la vida del Seminario y
aquella concreta del ejercicio del ministerio. Este contraste los afecta de tal
modo que, en ocasiones, no logran restablecer oportunamente una
equilibrada disciplina de vida. Son previsibles las graves consecuencias que
pueden derivarse de estos hechos. Con todo, hay que reconocer que es
imposible asumir y analizar en detalle y como por anticipado, desde las
formas tradicionales del Seminario, la complejidad de la futura vida pastoral.
Por eso resulta muy conveniente ofrecer oportunidades de verificación de las
convicciones y de la disciplina personal alcanzada, en espacios diferentes a
los habituales.

6. Dos críticas frecuentes a los sacerdotes activos en el ministerio merecen una


atención particular por su vinculación con los procesos de formación. Son
ellas: la falta de una espiritualidad dinámica e influyente en la vida pastoral y
una escasa reflexión sobre la misma actividad pastoral. Significativamente,
los últimos documentos del Magisterio de la Iglesia vuelven una y otra vez
sobre estos aspectos, entre otras cosas, para poner sobre aviso a los
formadores.

En conclusión, todo lo dicho conduce a pensar en la necesidad de una etapa de


formación que permita confrontar, en espacios distintos del Seminario pero en vinculación
estrecha con él no solo la madurez, sino la efectiva interiorización de los valores
evangélicos por parte de los candidatos al sacerdocio ministerial. El contacto directo con
una parroquia o comunidades podrá obrar como un test que permita al joven mismo y a sus
formadores detectar las propias aptitudes y también los vacíos e insuficiencias cuando
todavía hay posibilidad de remediarlos. Ofrecerá, al mismo tiempo, la oportunidad de
iniciarse seriamente en un trabajo pastoral reflexivo que sea, como lo pide explícitamente la
Exhortación Apostólica Pastores Dabo Vobis, expresión del proceso de identificación con
Cristo Cabeza y Pastor (PDV57).

III. OBJETIVOS

GENERAL:

Brindar a los candidatos al sacerdocio condiciones y espacios de verificación que


les permitan examinar y profundizar la interiorización de los valores humanos,
cristianos y sacerdotales, cultivados en los anteriores años de formación, así como
madurar en su ser y quehacer de pastores.

ESPECÍFICOS:

1. Confrontar el grado de interiorización de los valores evangélicos, en especial el de la


caridad pastoral, en el esfuerzo por alcanzar el crecimiento de un modo de ser en
comunión con los mismos sentimientos y actitudes de Cristo, Buen Pastor: tened entre
vosotros los mismos sentimientos de Cristo (PDV. 57).

2. Ofrecer la oportunidad de un entrenamiento en el manejo de la vida espiritual, en


circunstancias más acordes con el futuro ministerio sacerdotal.

3. Verificar el grado de madurez humana alcanzado. Se trata de comprobar hasta dónde se


ha logrado la integración de la personalidad en tomo del proyecto de vida sacerdotal.

4. Complementar su formación pastoral específica iniciándose resueltamente en el


discernimiento evangélico de las situaciones socioculturales y eclesiales en cuyo ámbito
se desarrolla la acción pastoral (PDV. 57) y en un contacto más directo con la vida de la
Diócesis.

5. Conocer más de cerca y compartir, en la medida de lo posible, el estilo de vida tanto del
presbítero diocesano como del Presbiterio mismo.

IV. REGLAMENTACIÓN
1. Aunque el responsable último de esta etapa es el Rector del Seminario, dadas las
características de esta experiencia pastoral, se nombra un sacerdote inmediatamente
responsable que, a su vez, hará parte de la Comunidad de Formadores del Seminario.
2. Los sacerdotes en cuyas parroquias o centros de acción pastoral estén los seminaristas
en "año de pastoral", serán presentados por el sacerdote encargado al Señor Obispo y
nombrados por éste para tal fin.

3. El año de pastoral se hará en perfecta vinculación con el Seminario no sólo en su


planeación sino también en su ejecución y evaluación:
o Asistencia a la dirección espiritual
o Participación en los retiros espirituales
o Vinculación académica mediante el "Seminario en Pastoral"
o Informes según periodicidad prevista
o Encuentros periódicos con el sacerdote responsable

2. Tendrá por objeto las acciones propiamente evangelizadoras. Se excluyen las


ocupaciones lucrativas, burocráticas o meramente docentes. Por lo mismo, hay necesidad
de elaborar con anticipación un proyecto de trabajo, donde se prevean las reales
ocupaciones de modo que no se esté sujeto a improvisaciones o a caprichos del momento
por parte de los sacerdotes o de los mismos seminaristas.

3. Se hará en el contexto de un acompañamiento personal muy cercano que conlleva,


entre otras cosas:

I) El mantenimiento del vínculo con el Director Espiritual del Seminario;


II) El diálogo pastoral permanente con el Director del Año de Pastoral y con el sacerdote
responsable del centro de pastoral.

4. En atención a la disposición anterior, al inicio de la etapa cada seminarista recibirá un


informe preciso acerca de los aspectos de su personalidad y de su formación que, en
opinión de la Comunidad de Formadores del Seminario, habrá de trabajar con mayor
dedicación.

5. Dentro de lo posible, se preferirán aquellas actividades que requieran del trabajo en


equipo con laicos, religiosos y presbíteros. Se propiciará, por ello, su activa participación
en reuniones tales como las de Vicarias, Arciprestazgo, las de Presbiterio zonal, etc.

6. La formación intelectual habrá de continuarse explícitamente realizando un


"Seminario de Pastoral", mediante lecturas e investigaciones apropiadas y bajo la
adecuada dirección, de modo que, al terminar el año se presente por escrito el fruto de ese
trabajo. Su evaluación numérica hará parte del currículo académico del seminarista. El
Seminario habrá de prever la persona indicada para dirigir y evaluar tal trabajo.

7. Con el fin de evitar que las obligaciones académicas sean tales que se conviertan en la
primera preocupación del seminarista, cualquier otro tipo de compromiso académico sólo
será posible con la autorización de la Comunidad de Formadores y en la medida en que
contribuya con la finalidad fundamental de esta etapa de formación.
8. Se preverá también la seguridad social del seminarista y una asignación mensual
mínima que le permita sufragar los gastos inmediatos, además de entrenarse en el uso
evangélico del dinero.

9. Dentro de lo posible, se asignarán dos o más seminaristas por centro pastoral, de


modo que puedan ayudarse mutuamente con mayor facilidad y se entrenen también en el
trabajo conjunto.

10. En las decisiones que afecten a los seminaristas en esta etapa de formación tendrán
voz y voto, el sacerdote Director del Año Pastoral, la Comunidad de Formadores del
Seminario y los formadores que se mencionan en el numeral 2 de este capítulo.

11. La realización del Año Pastoral contará no sólo con la debida información a los
padres de los jóvenes seminaristas, sino también con su cooperación y asistencia.

12. El Año de Pastoral se iniciará con un retiro largo que facilite a los jóvenes
seminaristas asumir esta etapa como oportunidad y exigencia de crecimiento profundo en la
fe y en la asimilación a Cristo Cabeza y Pastor, mediante el servicio concreto y continuo al
Pueblo de Dios.

V. ELEMENTOS PARA EL ACOMPAÑAMIENTO


La Comunidad de Formadores del Seminario Mayor coloca en manos de los
párrocos, de los responsables de las comunidades o grupos apostólicos u otras instancias
eclesiales donde realizan los seminaristas su acción pastoral, estos elementos que ayudaran
a hacer mucho más formativa y más eficaz su presencia pastoral en las comunidades y
grupos.

Dentro del proceso de formación del aspirante al ministerio sacerdotal, la práctica


pastoral desempeña un papel fundamental; ella debe ser integrada, siguiendo las enseñanzas
de la Iglesia en lo que a formación sacerdotal se refiere, al proceso de formación integral;
no puede ser una especie de "aditivo" o apéndice semanal a la formación teológica,
espiritual y comunitaria que aporta el Seminario durante la semana. Por ello, es fundamental
que tanto los seminaristas, párrocos, la Comunidad de Formadores y profesores tengan
criterios comunes que ayuden a enriquecer el camino de formación sacerdotal en el cual
están empeñados. Es de suma importancia que en esta perspectiva que colaboren todos a
prestar un mejor servicio a este camino de formación integral de los seminaristas, por eso,
cualquier comentario o aporte que venga de parte de los párrocos, los profesores o
acompañantes de grupos apostólicos, será bienvenido entre los que constituyen la
Comunidad de acompañamiento inmediato en la formación.

A continuación se presentan el sentido, los criterios y las actitudes de la acción


pastoral de los seminaristas:

A. SENTIDO DE LA ACCIÓN PASTORAL DE LOS SEMINARISTAS.


Es claro que el sentido y la razón de ser de la acción pastoral tiene que encontrarse en
lo que se ha llamado la esencia misma del Seguimiento de Jesús: su anuncio. Por tanto, la
labor pastoral la deben asumir los seminaristas no simplemente porque son seminaristas y
se están preparando para el sacerdocio ministerial; deben entender que, y un buen
acompañamiento reforzará esta convicción, la proyección apostólica es elemento esencial
de la vocación cristiana. El testimonio de la fe y el servicio evangelizador nacen como
exigencias fundamentales de la opción cristiana bautismal.

Partiendo de la claridad en esta primera convicción, se intenta que los seminaristas


vivan esta exigencia de la vocación cristiana en la perspectiva de un compromiso más
radical como lo es el ministerio sacerdotal; por eso la acción pastoral que ellos realizan en
sus comunidades debe aportar elementos para el discernimiento de la vocación ministerial
en su dimensión pastoral; elementos que aporten al crecimiento de lo que constituye el ser
mismo de la formación sacerdotal: el Ser Pastores, es decir, el seguimiento y el anuncio de
Jesucristo en una vida totalmente dedicada al servicio pastoral. Si en todos, la Comunidad
de Formadores, profesores y párrocos, existe esta convicción, seguramente se podrá
orientar todas las actividades en la línea de hacer crecer en la integridad pastoral a los
seminaristas; formación integral pastoral que se alimenta a través del aporte de profesores,
orientadores y párrocos. En síntesis: el sentido mismo de la formación pastoral no puede ser
percibido por los seminaristas como asunto del fin de semana, como actividad desarticulada
del resto de los espacios de la vida del Seminario.

B. CRITERIOS PARA EL TRABAJO PASTORAL.

Sin pretender agotar los criterios y condiciones del trabajo pastoral de los
seminaristas, se ofrecen algunos puntos que sirven para discernir sobre el valor y la
posibilidad de asumir el acompañamiento a un equipo pastoral de seminaristas:

 En primer lugar, la presencia de los seminaristas en las comunidades parroquiales o


en los grupos apostólicos u otras instancias eclesiales, no es una presencia
supletoria, su sentido no es simplemente "ayudar" al párroco o responsable en las
actividades de la parroquia o de la instancia eclesial donde trabaja; es claro que
dicha presencia termina siendo de mucha utilidad para los párrocos y responsables,
pero no se quiere que este criterio "utilitarista" fuera el primero y el más
fundamental para pedir seminarista para la parroquia o para el movimiento
apostólico o instancia eclesial. Como párrocos fácilmente se puede correr el peligro
de ver la acción pastoral de los seminaristas como una acción que lo "libere" —al
párroco— de trabajos parroquiales que no pueda hacer por su ritmo de trabajo o que
no quiera hacer por falta de motivación pastoral. En este sentido no se quiere que
los seminaristas fueran especies de "acólitos" o "sacristanes" de los párrocos y que
éstos los pusieran a hacer cosas en la parroquia sin otro criterio que el de "utilizar"
sus servicios.

 En segundo lugar, se debe pensar que la presencia de los seminaristas debe ser
asumida por los párrocos y responsables de instancias eclesiales como una
presencia de compartir la pastoral; es para hacer juntos un camino de formación
pastoral integral y de servicio eficaz a la comunidad. Por ello, el trabajo deberá ser
un trabajo en equipo, en fraternidad pastoral; si no se da en esta perspectiva una
experiencia de planeación, revisión y oración en común, los seminaristas perderán
la posibilidad de enriquecerse con la experiencia de la fe de los párrocos y
sacerdotes responsables de instancias eclesiales y perderán también la oportunidad
de refrescar y revitalizar su propia experiencia sacerdotal y de fe con la vida de los
seminaristas. Es un hecho, por tanto, que la presencia pastoral de los seminaristas no
puede ser entendida sino como una experiencia de enriquecimiento mutuo.

 En tercer lugar, la acción pastoral de los seminaristas representa una riqueza eclesial
inmensa; ella apunta en tres direcciones:

a) Un aporte para la vida y el trabajo pastoral de los párrocos mismos, como lo


insinuábamos más arriba; así como para los sacerdotes responsables de otras
instancias eclesiales.

b) Un aporte para las comunidades, los grupos y los consejos pastorales en


donde éstos existan. No hay duda que a pesar de la inexperiencia pastoral de
algunos seminaristas, de sus limitaciones, ellos representarán para las
comunidades una presencia de enriquecimiento y de apoyo en los grupos de
trabajo de la parroquia.

c) En último término, un aporte precioso para el proceso de maduración


humana y pastoral de cada uno de los seminaristas. Una buena experiencia
pastoral, un buen acompañamiento del párroco y del sacerdote responsable
de instancias eclesiales, una presencia fraternal de éste en el equipo, serán
definitivos en la formación de los seminaristas. Todos son testigos de lo que
marca una buena o mala experiencia pastoral en un muchacho en formación,
que busca y va asimilando modelos sacerdotales y pastorales. Aquí hay una
gran responsabilidad eclesial de los párrocos.

C ACTITUDES ANTE EL TRABAJO PASTORAL

Existen actitudes que deberían estar presentes en los seminaristas a la hora de asumir
una actividad pastoral. Evidentemente que dichas actitudes serán conocidas en primer lugar
por la Comunidad de Formadores del Seminario; y en segundo lugar por los párrocos, los
acompañantes más inmediatos en la labor pastoral:

1) Actitud de pobreza evangélica: Lo primero que pide Jesús a los discípulos cuando
los envía a anunciar el Reino es una actitud de sencillez, de simplicidad, de pobreza de
corazón (Mí. 5,3; Le. 9,1-6). Es una actitud de sencillez interior que está respaldada por una
sencillez exterior. Esta vivencia del valor de la pobreza evangélica como condición para el
anuncio del Evangelio, debe llevar al seminarista a renunciar a cualquier pretensión de
poder intelectual o "clericalista". El anuncio del Reino, tal como lo presenta Jesús, chocó
con actitudes de poder, con pretensiones de intelectualismos en el anuncio de la palabra o
de ambiciones en la estructura parroquial. Por ello cualquier actitud de imposición, de
poder "clericalista", de superioridad o invocación de privilegios debería ser cuidadosamente
revisada por el párroco con la Comunidad de Formadores y a partir de una evangélica
corrección fraterna ser un aporte en la formación de los seminaristas.

Esta actitud de sencillez y de pobreza evangélica debe llevar a los seminaristas a situarse en
medio de la gente como discípulos de la sabiduría de las comunidades, de la sabiduría en
especial de los más pobres y sencillos, los cuales, según Jesús, transparentan la sabiduría
del Padre (Mt. 11,25-27). El trabajo pastoral, en esta línea debería llevar a los seminaristas
a situarse no como los "sabihondos" que van solamente a enseñar y que no tienen nada que
aprender, sino como aquellos que están disponibles evangélicamente para descubrir lo que
Puebla llamaba: el "potencial evangelizador de los pobres", para dejarse evangelizar por la
fe y la vida testimonial de las comunidades parroquiales. Solamente desde esta experiencia
de dejarse guiar por el Espíritu, de dejarse evangelizar, podrán todos, seminaristas, párrocos
y formadores, aportar a las comunidades parroquiales o a los grupos con los cuales vivimos,
nuestra experiencia de fe.

Esta actitud de pobreza evangélica lograda en la experiencia de la pastoral deberá


llevar también a los seminaristas a descubrir el sentido y el valor de una vida sencilla, sin
lujos, sin ostentaciones; a descubrir que la búsqueda del "comodismo" y la mentalidad
burguesa riñen con el espíritu del Evangelio. Sin caer, por otro lado, en "desviacionismos
ascéticos", en fanatismos "moralizantes", sí se espera que los párrocos sean una ayuda
inmensa en este aspecto de la formación, al cual el Seminario quiere dar gran importancia.

2) Actitud de Fraternidad Comunitaria; Sin esta vida de equipo, sin la posibilidad de


experimentar la fraternidad comunitaria, sin la posibilidad de planear, revisar y orar juntos,
es claro que los seminaristas no lograrán hacer la experiencia de aquello que para Jesús era
esencial en el apostolado, en la misión: la eclesialidad, la fraternidad comunitaria (Le. 10,
1-2). Este es, por otro lado, el sentido de la oración de Jesús por sus discípulos en el
Evangelio de San Juan (Jn. 17, 1-26). Esta dimensión del trabajo en equipo, de no ser
"ruedas sueltas" en la pastoral, es de evidente importancia sobre todo en lo que se llama la
eficacia de la espiritualidad apostólica del presbítero diocesano. Si la formación del
Seminario da una importancia grande al sentido de comunidad, la acción pastoral de los
seminaristas no debe ser inferior a esta exigencia.

No se concibe un seminarista trabajando aislado, haciendo "rancho aparte", que


rechace o no valore la vida de equipo; tampoco se concibe un párroco que simplemente
asigne actividades y responsabilidades a los seminaristas y jamás se vuelve a preocupar por
evaluar y confrontar con ellos el sentido y el curso mismo del trabajo. Sin pretender
convertir el fin de semana y la casa cural en un "pequeño seminario" debería existir un
mínimo de vida de equipo entre el párroco y los seminaristas, y ojalá, en la medida de lo
posible, un mínimo de vida de equipo con los laicos de la parroquia. Es fundamental que
los seminaristas aprendan a trabajar no solamente con el equipo sacerdotal, sino también
con el de los laicos. La riqueza de una vida compartida, evaluada y de oración en equipo es
invaluable y si el seminarista no hace esta experiencia en su periodo de formación,
difícilmente la hará después de ordenado.

Estos criterios y aportes se ponen en manos de los párrocos y también en manos de


profesores y formadores, no pretenden en ningún momento ser una "carga". Pero si no hay
un mínimo de buena voluntad y de disponibilidad para asumir un equipo de seminaristas en
estas perspectivas, en lugar de hacer bien se haría mucho mal al proceso de formación de
los seminaristas. Con la ayuda del Señor, la fuerza del Espíritu y la buena voluntad de todos
para contribuir a que la obra del Padre se vaya perfeccionando en quienes El ha llamado al
servicio del Evangelio en la Iglesia en el Táchira.

VI. APLICACIÓN A LA FORMACION SEGÚN EL PLAN DE FORMACION


A) DIMENSIÓN HUMANA

.- Capacidad de Autodisciplina.

En un responsable uso de la libertad, el candidato debe ser consciente de su necesario


e insustituible protagonismo, porque toda formación es en definitiva una autoformación.
Esto en ningún momento se interpretará como el abandono del formando a sí mismo, ni
exonera al formador de estar presente acompañando. Se trata de que el seminarista
demuestre que ha logrado interiorizar una disciplina personal que le haya permitido adquirir
el dominio de sí mismo, que haya fomentado una sólida madurez de su persona y que haya
logrado crear en él disposiciones de ánimo que sirvan para su ordenado y fructuoso servicio
a la Iglesia.

.- Vivencia de las virtudes humanas: la Generosidad y el Servicio.

La vivencia de estas virtudes es muestra de una auténtica capacidad de relacionarse


con los demás. El seminarista para este momento debe conocer y haber vivido los valores
cristianos esenciales. Tiene que haber tomado conciencia de su misión cristiana de
respuesta al amor de Dios dado en Cristo y que se manifiesta en su disposición madura en
un amor oblativo y en un servicio generoso. Por eso, cuando el candidato ha aprendido a
servir con amor desinteresado a otro ha conocido lo que la generosidad; porque ha
experimentado que la verdadera alegría está en hacer felices a los demás.

.- Equilibrio de Juicio y Comportamiento.

El equilibrio es una preocupación presente desde el inicio de la formación y merece


una atención permanente a lo largo del proceso formativo. En este momento se hacen
particularmente necesarias muestras de una verdadera madurez y equilibrio que permitan al
candidato dialogar, captar, expresar juicios serenos y firmes, como también, tomar las
decisiones convenientes para su vida. Por tanto, no solo para una completa maduración y
realización de sí mismo, sino también en vistas de su futuro ministerio se espera encontrar
armonía en la persona y actitudes del candidato.
.- Madurez Humana en la vivencia de la libertad

“La madurez humana, y en particular la afectiva, exige una formación clara y


sólida para la libertad que no es otra cosa sino la obediencia convencida y cordial a la
verdad del propio ser, al significado de la propia existencia, es decir, al don sincero de sí
mismo como camino y contenido fundamental de la autentica realización personal.”1 Por
tanto, a este nivel se supone el logro de la verdadera libertad que lleva al candidato a ser
dueño de sí mismo, capaz de reconocer sus valores y limitaciones, decidido a compartir, a
superar el egoísmo y a comprometerse por convicción y a conciencia.2

B) DIMENSIÓN COMUNITARIA

.- Relaciones Leales y Fraternas.

Esta experiencia, como toda la vida del seminarista, exige una disposición en el trato
con los demás, urbanidad y buenas relaciones humanas. El seminarista durante su
formación en el ambiente específico del seminario ha tenido la oportunidad de formarse y
de vivir este tipo de relaciones con sus compañeros. Ahora lo que se plantea es que sea
capaz de vivirlas con otras personas ajenas a esta realidad. Por tanto, durante este periodo
debe esforzarse por mantener un comportamiento adecuado sincero, abierto y fraterno, que
excluya doblez en la personalidad que presenta ante los demás, los abusos de confianza,
mal trato y las palabras que no convienen a la dignidad humana y cristiana.3

.-Animar la comunión en la comunidad Eclesial.

Esta experiencia le ofrecerá la oportunidad para que el seminarista ayude a formar, en


los distintos miembros de la comunidad en la que vive, un verdadero sentido comunitario.
Lo hará fundamentalmente con su testimonio y su ministerio mostrando que la Iglesia debe
ser la manifestación de esa comunión que tiene como modelo la Trinidad y a la que estamos
invitados todos los bautizados. Como señala Santo Domingo: “es urgente avanzar en el
camino de la comunión, que muchas veces es obstaculizado por la falta de sentido de
Iglesia.”4

El candidato tendrá un profundo sentido de Iglesia y lo que esto implica. Junto con el
sacerdote acompañante y en la realidad parroquial debe esforzarse por promover la
comunión de todos con la Iglesia, con el Obispo, con los presbíteros, con los laicos.

.- Crear vínculos estrechos con el Presbiterio Diocesano.


En muchos casos se ha señalado, por parte del presbiterio, que poco se conoce a los
seminaristas; o que el presbiterio es poco accesible para entablar relaciones con los jóvenes
1
PDV. 44
2
Cfr. OT. 11
3
Cfr. OT. 11
4
SD. 56
que se forman en el seminario. En la construcción de esa comunión eclesial, el año de
pastoral brinda la ocasión para conocer y darse a conocer por quienes van a compartir con
él la tarea de la evangelización y formación de la comunidad. En este aspecto el candidato
deberá colocar un empeño especial.

Esta experiencia debe crear desde ya vínculos de amistad, fraternidad,


responsabilidad y compromiso entre los seminaristas y el presbiterio, de manera que sean
testimonio de una auténtica comunión y que facilite a futuro trabajos pastorales en equipo.

C) DIMENSIÓN ESPIRITUAL

.- Asiduidad en la oración y en la Dirección Espiritual en las dificultades normales


de la acción pastoral.

Durante el año pastoral y en ese proceso de conocimiento, servicio y construcción de


la comunidad se dan situaciones que pueden dejar perplejo o suscitar desaliento en el
seminarista. Es preciso que el candidato sea consciente del valor de la oración y de que
todas las actividades en las que está involucrado sean para él ocasión y escuela de oración.
Lo que se pretende es que no se pierda el ritmo que se ha iniciado desde su ingreso en el
seminario, sino que por el contrario convierta todo lo que hace en oración, que pueda
conseguir en ella la verdadera fortaleza para afrontar las dificultades y los retos, y en la
dirección espiritual la palabra, que anima y orienta a ver los acontecimientos a la luz de la
fe.

.- Tiempo para afinar el discernimiento vocacional.

El discernimiento vocacional es un proceso en el que deben tomar parte además del


Espíritu el mismo candidato que desea llegar al ministerio. Por eso debe exhortarse al
seminarista para que aproveche este tiempo de experiencia fuera del ambiente seminarístico
para examinar sus motivaciones, para el descubrimiento y maduración de su propia
vocación, para confirmar su rectitud de intención y su libertad de voluntad. Pero además,
del mismo candidato también corresponde a la Iglesia, a través del Obispo, el presbiterio,
los formadores y la comunidad misma observar, conocer bien y dar un juicio sobre la
idoneidad de los candidatos que hacen esta experiencia para ejercer el ministerio.

.- Aprovechar la riqueza espiritual de la comunidad que está sirviendo.

El año de experiencia pastoral busca además del contacto con todos los que
pertenecen al Pueblo de Dios la construcción de esta comunidad de fe y el mutuo
enriquecimiento de quienes la integran en un verdadero intercambio de cualidades,
carismas y ministerios. El candidato no puede olvidar que se forma para el ministerio
aprendiendo de toda la comunidad. Debe estar convencido y educar en esto a la comunidad,
en otras palabras, él no es más que los demás por su condición y mucho menos lo sabe
todo. Conviene que se esfuerce por compartir lo que tiene, por beneficiarse de lo que los
demás le ofrecen y por convertirse en un verdadero animador de cada miembro de la
comunidad.

.- Hábito interior de valorar las situaciones y los problemas. Establecer prioridades


y ofrecer medios de solución.

Durante esta experiencia serán múltiples los retos que se susciten al interior y al
externo de la vida del seminarista. Cada uno de estos verbos indica una capacidad concreta
en la que debe formarse lo mejor que pueda el candidato. Se le exhorta para que desarrolle
la habilidad de enfrentar cada una de las circunstancias que se le presentan con verdadera
fortaleza y serenidad, a saber priorizarlas y a no permanecer como un sujeto desinteresado
en el momento de buscar salidas. Precisamente para poder lograrlo el candidato debe poseer
profundas convicciones humano-espirituales que le permitan poseer una sana escala de
valores.

D) DIMENSIÓN INTELECTUAL

.- Contemplación y profundización de los estudios a través de los cursos libres.

Es necesario que la experiencia pastoral no haga perder de vista la conciencia que


debe tener el candidato de su formación permanente, más aun, cuando tiene que afrontar y
responder a situaciones ajenas a su denominador común. Hay que tener claro que la
formación intelectual del futuro presbítero es un proceso unitario que no se debe
interrumpir nunca, que esta orientado hacia la pastoral y marcado por la ciencia de la fe y
del Evangelio.

La organización de estos cursos estará a cargo del seminario a través del formador
encargado de acompañar esta experiencia y responderán a una programación y a las
inquietudes que los mismos candidatos vayan teniendo. A su vez el candidato, por su
cuenta, procurará cultivarse en áreas y puntos en los que la formación del seminario no lo
haya hecho, o en los que la experiencia pastoral se lo requiera.

.- Valorar el tiempo de lectura y estudio personal

Las exigencias pastorales no pueden ser bajo ningún aspecto excusa para el abandono
de elementos fundamentales como la oración y el estudio. Por tanto, es fundamental que
entre las diversas actividades pastorales que pueda desarrollar en esta experiencia, el
seminarista sepa dar a su crecimiento intelectual un verdadero sentido y valor. Que sepa
distribuir el tiempo y el esfuerzo en cada una de las actividades que se le han encomendado
sin que perjudique a ninguna en particular. Además, debe estar atento de no caer en un
activismo que perjudique su persona o su formación. Al respecto debe también organizar su
tiempo para el descanso y para compartir con la familia.

.- Visión de la cultura de la comunidad.


Solo una formación adecuada, un conocimiento real de quien se evangeliza evitara
radicalismos y errores. Se hace necesario y oportuno que durante la experiencia pastoral el
candidato se inicie y profundice en el conocimiento de la comunidad en todas sus
relaciones fundamentales de fe, costumbres, limitaciones y posibilidades. Solo así podrá
aprender, acompañar, servir y ayudar a construir la comunidad. Preste especial atención a la
piedad popular como expresión de la identidad propia de una comunidad. Valore sus
aspectos positivos y negativos, pero sobre todo sepa valerse de ellos como punto de partida
para recuperar los valores del Evangelio y para profundizar la fe.5

E) DIMENSIÓN PASTORAL

- Experiencia inicial en el Ministerio.

En la formación pastoral este es el principal aporte que hace esta experiencia.


Permitiendo que se reconozca como parte de una Iglesia que es toda ella ministerio. Ofrece
además la oportunidad de ser testigo de su fe, de anunciar el Evangelio, de entablar
relaciones, de colaborar con la construcción de la comunidad eclesial, de aprender y de
compartir un compromiso con los otros ministerios. Esta práctica deberá ser
cuidadosamente planificada por el Obispo, los formadores del Seminario y por los párrocos
que acogerán a los jóvenes que hagan esta experiencia.

.-Asumir de manera consciente y madura sus responsabilidades.

Una de las ventajas de esta experiencia es que permite precisamente que el


seminarista se confronte con los propios hábitos de oración, de estudio y de trabajo fuera
del ambiente del seminario.

.- Aprender a abrir el horizonte de la mente y el corazón a la dimensión misionera.

Indica Santo Domingo, hablando de la Iglesia particular, la urgencia de un genuino


"sentido de Iglesia y de un auténtico espíritu misionero."6 Una de las exigencias actuales
para quien quiere ser sacerdote es que tenga capacidad de dialogar. Este diálogo exige una
amplitud de mente y espíritu no sujeta a extremismos. En esta perspectiva es preciso que el
seminarista sea cada vez más consciente de que este espíritu misionero no es solamente una
disponibilidad para el servicio “ad gentes”, sino también una solicitud afectiva por una
nueva evangelización, por la renovación continua de nuestra Iglesia local y por la Iglesia
universal. Con ella debe aprender a dialogar en esa amplitud. Cuide el candidato de no
convertir la experiencia en un instalarse en la comodidad y seguridad de la sede parroquial,
por el contrario procure convertirse en un misionero para las distintas comunidades que
tenga la parroquia o el contexto en el que ha sido enviado a servir.

.- Interés por la acción pastoral en busca de la edificación de su propia Iglesia.


5
Cfr.
PUEBLA. 960
6
SD. 56
Seria muy pobre la actitud del seminarista, si durante esta oportunidad se limitara a
dejar que pase el tiempo sin lograr una verdadera identificación con la acción pastoral. Sin
lograr un verdadero interés que lo comprometa afectiva y efectivamente en la
evangelización no solo durante este periodo de la formación sino a partir de este para toda
su vida- Una muestra de ese interés es el conocimiento que pueda comenzar a tener del plan
pastoral de la Diócesis, del plan pastoral de la parroquia o de la comunidad en la que está.

Para conseguir el objetivo del Seminario, en este Año de Pastoral, también hay que cumplir
con los objetivos específicos del mismo y que se realizan en este tiempo de la siguiente
manera:

Dimensión Humano-Comunitaria
• Maduración de la Libertad responsable.
• Desarrollo de la actitud dialogal con el párroco o responsable del seminarista, con
los miembros de su comunidad y otras personas e instituciones.
• Madurez Afectiva: evaluación del trato a las personas con las que comparte la
experiencia.
• Desarrollo del sentido de compañerismo y amistad con los demás miembros del
grupo de vida que realiza la experiencia.
• Desarrollo del sentido de encarnación en la comunidad donde trabaja.
• Desarrollo de la autodisciplina y equilibrio de juicio y comportamiento
Dimensión espiritual
• Transparencia en su vida espiritual.
• Puesta en práctica personal de lo aprendido en el seminario.
• Revisión de vida durante los encuentros periódicos.
• Contacto frecuente con su director espiritual.
• Oración diaria, en especial la Liturgia de las Horas y la meditación.
• Participación diaria en la Eucaristía.
• Desarrollo de la dimensión pastoral de la caridad.
Dimensión Intelectual
• Estudio de la Realidad donde trabaja: presentación final de un reporte al respecto.
• Estudio de algunas destrezas (informática, lenguas, etc...) si lo permite el contexto
donde trabaja pastoralmente.
• Planificación pastoral.
Dimensión pastoral
• Puesta en práctica de principios de planificación pastoral.
• Conocimiento y puesta en práctica del Plan Diocesano de Pastoral.

Al finalizar esta experiencia, el responsable de la comunidad donde ha trabajado el


seminarista elaborará un informe final, de acuerdo a un esquema que se le presentará.
Personas allegadas a la experiencia pueden aportar elementos a ese informe (Consejo
Pastoral Parroquial, Equipos Parroquiales, etc...). El alumno también presentará un informe
y una autoevaluación, al terminar la experiencia.

F) TEOLOGADO.

Es la etapa formativa previa al tiempo de diaconado y a la ordenación sacerdotal. A ella


pertenecen los estudiantes de Teología. Cada Curso o grupo de vida cuenta con un
formador guía, y lo mismo que se indicó para el filosofado se cumple en el teologado: uno
de los formadores guías es el coordinador del teologado. Éste, a su vez, es el vicerrector del
Seminario Mayor. Existe un coordinador de liturgia y espiritualidad, quien trabaja
estrechamente con el Director Espiritual del Seminario. El teologado tendrá celebraciones y
momentos de oración comunes, aunque, de acuerdo a una planificación, éstas pueden
realizarse por grupos de vida. Cada formador guía acompaña a su grupo en la oración y
celebración, aún las comunitarias generales. Con ellos comparte el trabajo de formador y
elabora el CUADERNO DE VIDA de cada alumno. Mantiene un contacto directo y
permanente con los alumnos. Se reunirá con frecuencia con el Rector y el Director
Espiritual, para informarle acerca de la marcha de su grupo de vida y de los alumnos a su
cargo. De igual manera lo hará con el Obispo. Sin romper con el orden de las reuniones
semanales de formadores, el grupo de formadores guías del teologado podrá tener
reuniones periódicas para compartir acerca de la vida del teologado.

Siendo ésta una etapa decisiva, se pide a los formadores están muy pendientes de las
actitudes de los seminaristas. Éstos deben mostrar por todos los medios posibles que han
asumido la responsabilidad de una respuesta madura a la llamada de Dios. Deben
demostrar que están asimilando e identificándose con el ser y el obrar del presbítero
diocesano: a través de sus actos y diálogo deben, en cuanto a la humana fragilidad lo
permita, demostrar que están dispuestos a cumplir con el objetivo final del seminario,
configurarse a Cristo Sacerdote por la ordenación diaconal, primero, y la presbiteral
después. Quien no dé garantías suficientes no debe ser admitido a las órdenes: si fuera
necesario un período de maduración posterior, se le concederá. Si demuestra su idoneidad
entonces accederá a la ordenación.

Durante el curso académico, el Rector del Seminario establecerá, de común acuerdo con el
equipo de formadores, dos fechas para la introducción de petición para los ministerios. Para
los alumnos de último año de teología (incluso de otras diócesis) la petición para el
diaconado y presbiterado se hará en la segunda mitad del segundo semestre de su curso
académico correspondiente. Es praxis en nuestro Seminario de San Cristóbal que ningún
seminarista reciba el diaconado (y menos el presbiterado) antes de finalizar el último curso
académico. Por eso, se le pide, sobre todo a los seminaristas de otras diócesis y a sus
Obispos que tengan muy presente esto. Nadie debe ser instituido ministro ni recibir la
ordenación si antes no se ha realizado el correspondiente escrutinio. Para ello, se deberá
seguir lo establecido por la Ley Universal de la Iglesia, las normas de la CEV y las
directrices diocesanas.

Esta etapa del teologado tiene una especial connotación: el introducirse en el estudio del
Misterio de Dios, hará que el estudiante entienda lo que el autor sagrado indicó en su
definición de sacerdote: ...y puesto en medio de los hombres para las cosas que son de
Dios.(Heb. 5,1). El estudio de la teología tiene que brindarle al seminarista las riquezas de
la Palabra de Dios, de la Liturgia y de la reflexión de la Iglesia. No puede desaprovecharla,
ni esperar para el último momento para asimilar lo que debe tener para ser un pastor bueno
al estilo de Jesús.

Ya desde el inicio del I año de teología, el seminarista debe manifestar su recta intención de
seguir en el camino del discernimiento vocacional, pero dando muestras de que está
asumiendo los compromisos de la Iglesia. Ya ha hecho suya la espiritualidad del presbítero
diocesano, por lo que se alimenta de la eucaristía, de la Palabra de Dios y de la caridad
pastoral; así orienta su oración, que le hace estar en contemplación del misterio de Dios, de
la Iglesia como pueblo de Dios y del sacerdocio que ejercerá en pocos años. Estará claro en
lo que a las responsabilidades sacerdotales se refiere. Demostrará que ha ido haciendo
suyos los valores del Reino de Dios y que los consejos evangélicos los pone en práctica.
Debe ser un discípulo que tiene claro el sentido del celibato, de la pobreza y obediencia, a
la vez que los pone en práctica. Desde el inicio de la teología debe demostrar que es testigo
de Cristo, y que actúa en su nombre y en el de la Iglesia. No rehuye el diálogo con sus
formadores ni con el Obispo y sabe distinguir lo que es del mundo, donde debe trabajar
pero sin ser del mundo. A la vez, ha de mostrar que entiende la fraternidad como una
exigencia propia del ser sacerdote, y que luego de su ordenación se incorpora
sacramentalmente al presbiterio diocesano. Si algo debe caracterizar al seminarista teólogo
es su alegría evangélica, su amor por la Iglesia local a la que prestará su servicio y su
disponibilidad para el servicio.

El estudio de teología le permitirá ir profundizando en la doctrina cristiana, y la convertirá


en alimento para su vida espiritual. En esta etapa, logrará el objetivo final del seminario
cumpliendo también los objetivos específicos que se manifiestan en las dimensiones de la
formación sacerdotal:

Dimensión Humano-comunitaria
• Alcanzar la madurez del candidato, de tal manera que la Iglesia le pueda confiar el
ministerio pastoral y éste pueda asumir las responsabilidades y exigencias del
mismo.
• Madurar el ejercicio de la libertad responsable, manifestándola en su conducta
diaria.
• Manifestar el equilibrio frente a las situaciones de la vida, con reciedumbre de
carácter, firmeza, constancia y sinceridad
• Consolidar el ejercicio de las virtudes humanas, cristianas y sacerdotales que todo
ministro sacerdote debe poseer.
• Manifestar la ponderación de su juicio ante los acontecimientos y personas.
• Demostrar que ha asumido libre y conscientemente el celibato, manifestando su
madurez afectiva y emocional.
• Manifestar que ha asumido la fraternidad como estilo de vida propia del sacerdote.
• Participar activamente en la vida y actividades del seminario, en especial en los
servicios y responsabilidades que le otorguen.
• Manifestar su sentido de comunión con la Iglesia, el Obispo, los sacerdotes y
formadores y el pueblo de Dios.
• Fortalecer el trabajo de equipo, sobre todo en los grupos de vida.
Dimensión Espiritual
• Consolidar la configuración a Cristo Sacerdote y Buen Pastor.
• Demostrar que valora y vive su vocación sacerdotal con ardor y entusiasmo, desde
la práctica de los valores evangélicos, siendo testigo y discípulo del Señor.
• Consolidar el conocimiento y puesta en práctica de la espiritualidad del presbítero
diocesano. Durante la institución de los ministerios y su ejercicio, así como del
diaconado, a su debido, tiempo, manifestar que actúa a imagen del Buen Pastor.
• Manifestar que es hombre de oración y de participación frecuente en los
sacramentos, particularmente la eucaristía y la reconciliación, así como un asiduo
lector y proclamador de la Palabra de Dios.
• Demostrar que ha asumido como práctica frecuente la dirección espiritual.
• Manifestar su amor a la Iglesia y a la Madre de Dios.
Dimensión Pastoral
• Lograr vivir progresivamente la consagración al ministerio con el fin de asegurar su
configuración a Jesús Buen Pastor.
• Demostrar que tiene celo apostólico y caridad pastoral.
• Terminar su capacitación para el ejercicio de la pastoral
• Cooperar decididamente con la pastoral vocacional de la Diócesis de San Cristóbal.
Dimensión Intelectual
• Hacer suya la formación teológica, no como algo externo o superficial, sino como
algo propio de su futura identidad sacerdotal.
• Comprender la futura formación permanente como algo necesario.
• Desarrollar un espíritu crítico frente a la realidad y la capacidad de leer los signos
de los tiempos a la luz de la Palabra de Dios, la teología y el magisterio de la
Iglesia.
• Conseguir la capacitación para la síntesis teológica.

Por otra parte, con la ayuda del formador guía, el alumno en su propio grupo de vida
aprovechará para lograr los objetivos antes indicado con actividades y fines propios de cada
curso.

I de Teología.
El alumno viene de la experiencia del Año de Pastoral. Probablemente algún nuevo alumno
venido de otra diócesis y seminario se incorpore a este curso. (A éste o éstos hay que darles
una inducción sobre el esquema formativo de nuestro Seminario para que lo asuman y
asimilen). El primer contacto con la teología debe ser muy motivador para que el joven
encuentre al inicio de esta etapa motivos para entusiasmarse por emprender esta importante
etapa formativa. La acción continua y permanente del formador guía debe ayudar a los
seminaristas a introducirse en esta etapa con alegría y gran decisión vocacional. El Director
espiritual general debe hablarles muy claramente de la urgencia de asumir de ahora en
adelante con más fuerza y dedicación la espiritualidad y a invitación a configurarse a Cristo
Sacerdote y Buen Pastor.

El eje humano-cristiano lo constituyen las virtudes de la prudencia y rectitud de


conciencia, en la que tienen que progresar; a la vez, el eje sacerdotal lo forman las virtudes
de la fraternidad cristiana (sacerdotal) y la rectitud de intención. Con ello, cumplirán
los objetivos propios de este grupo de vida o curso.

Dimensión Humano-Comunitaria
• Testimoniar la alegría en la respuesta a Dios.
• Disposición para el sacrificio al estilo del evangelio.
• Consolidación en la opción del celibato.
• Profundización en el sentido de l vida comunitaria
• Desarrollo del plan o proyecto de vida.
• Profundización en el sentido cristiano de la vida humana.
Dimensión espiritual
• Asumir como propia la espiritualidad del presbítero diocesano.
• Practicar los consejos evangélicos.
• Acudir a la Palabra de Dios y a los Padres de la Iglesia, como a la Liturgia para
iluminar la propia vida espiritual.
• Manifestar madurez en Cristo.
Dimensión pastoral
• Participar en la Pastoral vocacional de la Diócesis.
• Conocer y estudiar los documentos dela Iglesia sobre la pastoral vocacional.
• Adquiri la conciencia del celo apostólico.
Dimensión Intelectual
• Introducirse en el estudio de la teología. Amor por la teología.
• Conocer el Misterio de la Verdad revelada del Misterio de Cristo.
• Conocer los instrumentos metodológicos para el estudio de la Teología.

II de Teología.
El eje humano-cristiano lo componen la diligencia y el sentido del perdón, que deben ser
asumidos por el candidato, junto con el eje sacerdotal: vivir la experiencia de reconciliado
y reconciliador, a la vez desarrollar y asumir la dimensión profética de su ministerio
futuro. Con ello, también deberá cumplir con los siguientes objetivos:

Dimensión Humano-comunitaria
• Conocer la situación del hombre y del mundo de hoy.
• Aprender a asumir la encarnación en el mundo como necesidad del ministro que
proclamará la Palabra de Dios en él.
• Asumir que deberá enfrentar esas situaciones en un mundo que le puede resultar
adverso: aprender a vencer la soledad ante esas situaciones.
• Testimoniar la sencillez y la humildad.
• Profundizar en el crecimiento del plan de vida.
Dimensión espiritual
• Asimilar más la espiritualidad del presbítero diocesano.
• Sentir la Palabra de Dios como algo propio de su dimensión profética.
• Ser Testigo en el ejercicio del ministerio de la Palabra
Dimensión Pastoral
• Participar en la Pastoral Vocacional de la Diócesis.
• Ejercer en el Seminario (y otras comunidades) el Ministerio de la Palabra.
Dimensión Intelectual
• Profundizar en el misterio de la Iglesia.
• Asumir conciencia recta de acuerdo a la moral cristiana

III de Teología

Con el eje humano-cristiano de la disponibilidad y entrega a Dios y a los demás, el


seminarista deberá asumir el eje sacerdotal de ser eucarístico. Con ello cumplirá también
con los siguientes objetivos:

Dimensión Humano-comunitaria
• Conocer las situaciones de la Iglesia en el momento actual.
• Fortalecer el sentido de libertad sin apegos que dificulten el ministerio.
• Ser Testigos de la verdadera justicia. Demostrar madurez humana y cristiana.
Dimensión espiritual
• Ver y asumir la dimensión eucarística de la espiritualidad del presbítero diocesano.
• Asumir las responsabilidades del ministerio eucarístico que debe realizar en el
futuro
Dimensión Pastoral
• Participar en la Pastoral Vocacional de la Diócesis.
• Desarrollar su ministerio eucarístico (acolitado) en el seminario y otras
comunidades
Dimensión Intelectual
• Profundizar en el Misterio del Hombre a la Luz de la Palabra y la Teología.
• Capacitarse para investigaciones serias en Teología.
• Capacitarse en el Derecho de la Iglesia.

IV de Teología

El alumno que llega al último curso de teología debe mostrar a través de su conducta
testimonio de vida que está convencido de la respuesta que debe dar a Dios. Este curso le
permitirá tomar una decisión importante en su vida cristiana y en orden al ejercicio del
ministerio sacerdotal que ejercerá luego de la ordenación. El Rector, el Director Espiritual y
el formador guía mantendrán un contacto permanente con los jóvenes de este curso. De
igual manera el Obispo, que deberá terminar de conocerlos, no tanto por los informes del
seminario, sino, sobre todo por el contacto personal con cada uno de ellos. Al inicio del
Curso, consultado el Rector, el Obispo designa a cada seminarista a un trabajo pastoral, en
el que participarán los fines de semana y en el cual permanecerán, si no hubiere necesidad
de un cambio posterior, luego de su salida del seminario, durante el tiempo de diaconado y
los primeros tiempos de su ministerio presbiteral. Con esto se pretende darle al candidato la
oportunidad de entender lo que significa la responsabilidad que asume con su respuesta a
Dios y a la Iglesia. Los seminaristas de otras diócesis, si son cercanas, irán a los lugares que
su Obispo correspondiente les indique. Si fueran de diócesis lejanas, el Obispo propio se
pondrá de acuerdo con el Obispo de San Cristóbal para asignarles el trabajo apostólico que
consideren más conveniente. Los alumnos de IV de teología podrán salir a su ministerio el
viernes al mediodía y regresar al seminario el lunes al mediodía. Si hubiera que romper con
la frecuencia de su apostolado deberán comunicar al párroco: puede ser por motivos
propios del seminario (exámenes, jornadas propias, etc...); pero si fuera por motivos
personales se deberá contar con la autorización del Rector. En la segunda parte del último
semestre de estudios, podrán realizar la petición para el diaconado. El equipo de
formadores realizará los escrutinios correspondientes y se los comunicará al Obispo. Ha de
recordarse que por disposición de la Sede Apostólica, el Obispo deberá consultar después
con el Consejo de Órdenes de la Diócesis (pero téngase presente lo que ya se indicó acerca
del momento para la ordenación diaconal).

El eje humano-cristiano que deben desarrollar en este grupo de vida es el de la


transparencia y coherencia de vida. Sacerdotalmente, deben asumir como propio el celo
apostólico y el ser pastores del pueblo de Dios. Además han de cumplir con los siguientes
objetivos:

Dimensión Humano-Comunitaria
• Manifestar madurez integral.
• Juzgar y ser juzgados con criterios equilibrados humanos y de fe.
• Disposición para comprender, consolar y perdonar.
• Equilibrio emocional para asumir los retos que se les presenten.
Dimensión Espiritual
• Plena conciencia de configurarse a Cristo Sacerdote y Buen Pastor.
• Asumir definitivamente la espiritualidad del presbítero diocesano.
• Vivir la fraternidad, con especial referencia a sus compañeros de grupo de vida.
• Revisión de vida.
Dimensión Pastoral
• Cumplimiento del encargo recibido.
• Preparación al ministerio diaconal y presbiteral por el ejercicio de su trabajo
pastoral.
• Conocimiento de la administración eclesiástica parroquial, etc...)
Dimensión Intelectual
• Capacidad para elaborar la síntesis teológica.
• Valorar la formación permanente como actitud propia en el futuro ministerio.
• Realizar la Monografía para la Licencia en Teología.
F) TIEMPO DE DIACONADO.

Terminado el tiempo de estudios formales en el Seminario, los candidatos siguen su trabajo


en el lugar donde lo han venido realizando, pero ya de manera permanente. Después de
llenar los requisitos y aprobada su solicitud para el diaconado, en la fecha establecida en
diálogo con el Obispo recibirán el orden del diaconado. Ejercerá su ministerio diaconal en
el lugar donde han venido trabajando. El Rector del Seminario y el Director Espiritual
tendrán la guía permanente de este grupo de vida, que se reunirá en el seminario a menos
una vez al mes, para recibir indicaciones, continuar como grupo de vida, fortalecerse n la
oración y en la revisión de vida. Para cada encuentro. Se puede invitar a un sacerdote, a fin
de que les hable de un tema o de su propia experiencia como sacerdote. El Obispo
mantendrá contacto directo con ellos.

El objetivo de este período es ofrecer una experiencia que facilite el paso de la vida
propia del seminario, al ejercicio sagrado del ministerio, procediendo gradualmente, y
facilitando una progresiva y armónica maduración humana y específicamente sacerdotal
Normas Básicas para la Formación Sacerdotal en Venezuela, n. 362). En este período,
con la ayuda de los formadores y de los párrocos o responsables de los servicios donde
están trabajando los candidatos se les ayudará a asumir su propia responsabilidad teniendo
como eje el servicio su capacidad de donación a los demás. No se olvide que el diácono
actúa identificándose a Cristo servidor, que es capaz de dar la vida por la salvación de los
demás. También en ellos se debe fomentar el interés por cumplir con el objetivo final de su
formación, consiguiendo los siguientes objetivos, de acuerdo a las dimensiones de la
formación sacerdotal.

Dimensión Humano-comunitaria
• Manifestar la madurez integral para el ejercicio del ministerio.
• Manifestar la madurez en la libertad, en la afectividad y en la donación personal.
• Fortalecer el sentido de comunión fraterna con sus compañeros y con el presbiterio.
• Fortalecer el sentido de comunión con el pueblo de Dios.
• Mantener el grupo de vida y la revisión de vida.
• Asumir como necesidad estable el plan de vida.
Dimensión espiritual
• Desarrollar la caridad pastoral, como fuente de la espiritualidad presbiteral.
• Manifestar que es hombre de fe, oración, eucaristía y de la Palabra.
• Manifestar que discípulo de Jesús y testigo del Señor.
• Asumir de manera definitiva la espiritualidad del presbítero diocesano.
Dimensión intelectual
• Prepararse para el examen de Bachillerato Teológico de la U. Javeriana.
• Interiorizar y profundizar lo que ha ido estudiando.
• Ser capaz de realizar la síntesis teológico-pastoral.
Dimensión pastoral
• Llegar a una mayor madurez en el ejercicio de su ministerio pastoral.
• Capacitarse en diversas áreas de la pastoral.

Cuando se llegue el momento de la ordenación presbiteral, luego de cumplir con todos los
requisitos canónicos, el Director Espiritual del Seminario organizará el retiro espiritual para
los diáconos que accederán al ministerio presbiteral.
G) PRIMEROS AÑOS DE SACERDOCIO.

Desde el momento de su ordenación presbiteral y por el lapso de cinco años, comienza una
etapa especial de seguimiento que, a la vez, es el inicio de la formación permanente de
todos los presbíteros. El Rector del Seminario es el responsable de esta etapa de formación
y como Vicario Episcopal para la formación sacerdotal, ayuda al Obispo en el seguimiento
y acompañamiento de los presbíteros recién ordenados. Ya no están directamente en el
seminario, pero sí están en una etapa que requiere de mucha atención y acompañamiento.
Para ello se elaborará un plan especial y habrá un sacerdote, designado por el Obispo, de
común acuerdo con el Rector del Seminario que les sirva de guía. A la vez, esta etapa se
une a la PASTORAL SACERDOTAL que se organiza en la Diócesis de San Cristóbal.
Los sacerdotes jóvenes que pertenecen a esta eta final de la formación del Seminario
Diocesano se reunirán con frecuencia (al menos cada tres meses) con el sacerdote guía, el
Rector y el Obispo. Con este último mantendrán un contacto continuo y dialogante. Lo
mismo con los demás miembros del presbiterio, a quienes les une el vínculo de la
fraternidad sacramental.

A la vez, cumplirán con los siguientes objetivos específicos, de acuerdo a las dimensiones
de la formación, que les ayudará a afinar la realización en ellos del Objetivo final de la
configuración a Cristo Sacerdote que consiguieron con la ordenación sacerdotal.

Dimensión Humano-comunitaria.
• Integrar la formación humana en el ejercicio del ministerio.
• Comenzar la formación permanente como algo necesario en la vida ministerial.
• Progresar en la maduración humana y enfrentarse a los primeros desafíos del
ejercicio de su propio ministerio.
• Cultivar y desarrollar una serie de cualidades humanas en el ejercicio del ministerio
• Saber compartir con los demás hermanos las experiencias humanas vividas.
• Incentivar y fortalecer el sentido de fraternidad a través de los grupos de vida y
amistad que se pueden desarrollar desde el Seminario y en el ministerio sacerdotal.
• Fortalecer la práctica de las virtudes humanas y cristianas propias de todo
sacerdote.
• Profundizar en la práctica del diálogo con todos, en especial con el Obispo y sus
hermanos sacerdotes.
• Entender progresivamente que el presbiterio es el lugar por excelencia de su
enriquecimiento personal.
• Mantener contacto fraterno con los compañeros sacerdotes y hacer realidad todo lo
que conlleva la fraternidad sacramental.
Dimensión Espiritual
• Vivir la espiritualidad del presbítero diocesano y animar a todos los creyentes a
asumir su propia vida espiritual partiendo del bautismo.
• Dar organicidad a la formación y vivencia espiritual del presbítero.
• Mantener la praxis de la dirección espiritual y de la confesión frecuente.
• Asumir conscientemente la vivencia de la oración personal y la Liturgia de las
horas, incluso compartiéndola con hermanos sacerdotes y otros fieles cristianos.
• Participar en jornadas de convivencia, retiros, etc...
• Demostrar con la propia vida que es testigo del Señor Jesús.
• Demostrar su espiritualidad sacerdotal con las características eucarísticas y de la
Palabra de Dios.
Dimensión Intelectual
• Mantener la formación intelectual de los sacerdotes jóvenes.

Propiciar que realicen cursos de especialización en diversas áreas de la ciencia
humana y teológica.
• Encargar a los sacerdotes jóvenes de realizar algunas investigaciones que le
permitan seguir avanzando en su formación humana y sean un aporte para la
Diócesis.
Dimensión Pastoral.
• Hacer sentir que la pastoral da unidad interior a los diversos aspectos de la
formación y del ministerio
• Manifestar que se tiene una conciencia eclesial de la pastoral, no individualista ni
aislada de las otras dimensiones del ministerio.
• Asumir como propio el Plan Diocesano de Pastoral de la Diócesis.
• Desarrollar la sana creatividad e imaginación pastoral.
• Revisar de manera continua la acción pastoral que se va realizando a lo largo de
estos primeros años de ministerio sacerdotal.
• Elaborar síntesis teológico-pastorales que beneficien a todo el presbiterio.

Luego de este período tan particularmente importante, los presbíteros se incorporarán al


resto de las iniciativas de la FORMACIÓN PERMANENTE de acuerdo a lo que elabore el
Secretariado Diocesano de Pastoral Sacerdotal.

6.

CONCLUSIÓN

El Proyecto Formativo que hemos presentado pretende ser una ayuda para lograr el objetivo
final de la formación sacerdotal: el que el candidato aprenda a configurarse a Cristo Sumo y
Eterno Sacerdote, Buen Pastor, que conseguirá con la ordenación presbiteral. Se trata de un
instrumento al servicio de la formación sacerdotal y encierra una serie de proposiciones,
indicaciones y directrices. La misma marcha de este proyecto y proceso irá produciendo
directorios para cada una de las etapas, con lo que se conseguirá un perfeccionamiento de
este proyecto. Lo importante es que se dé cumplimiento. Se evaluará la puesta en marcha y
cumplimiento de este PES, que busca ser un punto de referencia para la formación de los
futuros sacerdotes.

Agradecemos a todos los que han colaborado en su elaboración y revisión. Pedimos a Dios
Todopoderoso nos dé su luz para que sea un instrumento adecuado a las exigencias de la
Iglesia y al servicio de nuestro presbiterio y sus futuros miembros, los actuales
seminaristas. Que con su gracia, siga aumentando el número de vocaciones y perseveren los
seminaristas en su delicada tarea de aprender a ser imagen del Buen Pastor, Cristo Sumo y
Eterno Sacerdote. Para ello contamos con la intercesión de Santo Tomás de Aquino,
patrono de nuestro Seminario diocesano y del Santo Cura de Ars, patrono de los sacerdotes
Diocesanos en Venezuela. La maternal protección de María del Táchira, Nuestra Señora de
la Consolación, Madre de los sacerdotes, nos acompañe siempre y nos sirva de estrella que
guíe nuestros caminos.

San Cristóbal, 29 de septiembre del año 2004.,


Fiesta de los Santos Arcángeles Rafael, Gabriel y Miguel.

LAUS
DEO

354-004

Luego de un trabajo de varios años, con la participación de formadores del Seminario,


Sacerdotes y Seminaristas, tengo el agrado de presentar y aprobar el PROYECTO
EDUCATIVO DEL SEMINARIO DIOCESANO SANTO TOMÁS DE AQUINO de
nuestra Diócesis de San Cristóbal. Con él, damos un paso importante en el apasionante
trabajo de la formación de futuros sacerdotes al servicio de nuestra Iglesia local y de
otras Iglesias hermanas e Institutos de Vida Consagrada.
Este Proyecto Educativo nos permite tener bien claro el proceso formativo del candidato
al ministerio sacerdotal: para ello, el objetivo general de nuestro Seminario debe estar
siempre presente en el horizonte de la formación, ya que lo que se busca es formar al
futuro sacerdote para que pueda llegar a configurarse a Jesucristo, Sumo y Eterno
Sacerdote, Buen Pastor.

Con ello queremos responder a las exigencias de la Iglesia Universal y a los desafíos que
se nos presentan en el momento actual. Lo damos a conocer cuando nos disponemos a
celebrar los 80 años de la fundación de nuestro Seminario Diocesano, y con él queremos
también reafirmar que el Seminario es en nuestra Iglesia de San Cristóbal el centro de
atención y de preocupación de todos nosotros.

Imploro la fuerza del Espíritu Santo para todos nosotros y, en particular, para quienes
son los protagonistas más directos en el proceso formativo, los formadores y los
seminaristas. Pongo en manos de María del Táchira, nuestra Señora de la Consolación,
este Proyecto Educativo, para que ella con su maternal intercesión nos consiga de su
Hijo Jesús el entusiasmo y la gracia necesarias para cumplirlo. A la vez, pido a Santo
Tomás de Aquino que interceda ante el Padre Dios para que la sabiduría y la santidad
estén siempre presentes en nuestro Seminario.

En San Cristóbal, a los 12 días del mes de octubre del año 2004, cuando se cumplen 82
años de la creación de la Diócesis.

+ Mario Moronta R., Obispo de San Cristóbal.

Por mandato del Sr. Obispo, Pbro. Gabriel Omaña N., Secretario Canciller.
ANEXO I

DIÓCESIS DE SAN CRISTOBAL


SEMINARIO DIOCESANO
SANTO TOMAS DE AQUINO
CUADERNO DE VIDA
DEL SEMINARISTA:

FOTO

1. DATOS GENERALES DEL SEMINARISTA:

Apellidos:
Nombres:
Lugar de Nacimiento: Fecha:
Nombre del Padre:
Nombre de la Madre:
Nombre de los hermanos:
Dirección de la Casa de familia:
Teléfono:
Fecha y Lugar de Bautismo:
Fecha y Lugar de Confirmación:
Fecha y Lugar de Ministerios recibidos:

Otras informaciones acerca de la familia (familiares y allegados)

2. SALUD FÍSICA Y EQUILIBRIO MENTAL:

a) Madurez Humana:
b) Aspecto físico:
c) Enfermedades crónicas presentes (defectos físicos notables)
d) Tendencias en el campo de la salud:
e) Actitud física ante los trabajos manuales y el deporte:
f) Actitud psicológica en su vida cotidiana. (Posibles traumas, debilidades
psicológicas, etc...)
g) Accidentes que h tenido (fracturas, etc...)
h) Intervenciones quirúrgicas que ha tenido:
i) Tratamientos que ha tenido en el pasado:
j) Tratamientos que tiene en el presente
k) Informaciones sobre posibles antecedentes negativos en la familia:

1. Presencia de alcoholismo en sus familiares más allegados (padres,


hermanos, tíos y abuelos)
2. Presencia de adicción a la droga en familiares allegados
3. Casos de epilepsia en sus familiares allegados (padres, abuelos, tíos
y hermanos)
4. Otras enfermedades presentes en su familia (cáncer, diabetes)
5. Otras informaciones de interés acerca de la salud en su ámbito
familiar
6. Problemas de orden legal en su familia (detenciones, juicios, etc....)

l) Opinión valorativa sobre la salud física y psíquica del alumno. Capacidades,


incapacidades, recomendaciones....
m) Informes generales:

Peso, estatura, grupo sanguíneo, etc...


Para los alumnos de 1º de filosofía y de tercero de teología (al final del
curso) se debe incluir un estudio médico y psicológico especializado.

3. VIRTUDES HUMANAS.

Informe general acerca de las virtudes que se observan en el alumno:


Sinceridad, laboriosidad (capacidad y actitud hacia el trabajo en general)
puntualidad, prudencia, honradez, constancia, firmeza de convicciones, espíritu de
sacrificio, servicialidad, capacidad de convivencia.
Defectos notorios; en relación a las virtudes antes indicadas. Carácter y temperamento.
Recomendaciones.

4. VIDA DE COMUNIDAD.

a) Actitud ante la vida de comunidad. Capacidad de adaptación.


b) Espíritu de solidaridad o tendencia al conformismo, egoísmo y
egocentrismo.
c) Sentido del compromiso con los compañeros y superiores.
d) Preocupación ante los bienes de la comunidad
e) Cumplimiento de las obligaciones y servicios.
f) Capacidad de liderazgo.
g) Sentido y capacidad de amistad.
h) Tendencias a la exclusividad de amistades y exclusión de otros.
i) Introversión – extroversión.
j) Sentido de responsabilidad.
k) Defectos a corregir y virtudes a profundizar en este aspecto.
l) Recomendaciones
5. ESTUDIOS

A) Capacidad intelectual.
B) Interés por los estudios y por la lectura
C) Capacidad especulativa-crítica. Tendencias.
D) Capacidad de investigación.
E) Dedicación a los estudios o indolencia y pereza.
F) Puntualidad en las clases y consignación de trabajos.
G) Capacidad de estudio en grupo.
H) Nivel de notas.
I) Recomendaciones
J) Se debe incluir el informe de notas de cada semestre.

6. VIDA ESPIRITUAL.

a) Actitud cristiana ante la vida, el seminario y el sacerdocio.


b) Espíritu de oración.
c) Actitud ante la espiritualidad.
d) Actitud ante la eucaristía.
e) Frecuencia de la comunión.
f) Frecuencia de la confesión.
g) Capacidad de organizar su vida de oración personal.
h) Testimonio de vida cristiana
i) Piedad.
j) Actitud externa en los actos de piedad y liturgia.
k) Director espiritual y confesor.
l) Frecuencia de la visita al director espiritual y confesor.
m) Participación en los actos litúrgicos y de piedad en el seminario
n) Participación en la liturgia y otros actos de piedad en su comunidad.
o) Virtudes sobrenaturales: fe-esperanza-caridad.
p) Amor a la eucaristía.
q) Amor a Jesucristo
r) Amor a la Iglesia
s) Devoción a la Virgen María. A los santos.
t) Liturgia de las horas
u) Otras devociones (rosario, visita al Santísimo, etc...)
v) Sentido del perdón a los hermanos
w) Recomendaciones.

7. VIDA PASTORAL.

a) Trabajos pastorales realizados, incluso antes de ingresar al seminario.


b) Celo pastoral.
c) Actitud ante el trabajo apostólico.
d) Sentido de organización.
e) Dimensión sobrenatural del trabajo pastoral.
f) Gustos en el campo pastoral. Rechazos de trabajos.
g) Preparación de los trabajos apostólicos.
h) Capacidad de trabajo en común.
i) Tendencias o especializaciones eventuales.
j) Capacidad de liderazgo.
k) Recomendaciones

8. DIMENSION SACERDOTAL – DISCERNIMIENTO


VOCACIONAL.

8.1. AMOR AL SACERDOCIO.

a) Deseo de conocer el sacerdocio ministerial.


b) Discernimiento vocacional. Claridad ante su decisión y respuesta
vocacional.
c) Eventuales influencias de personas en su decisión vocacional.
d) Deseo y capacidad de aprender a configurarse a Cristo Sacerdote.
e) Sinceridad ante su decisión vocacional (por qué quiere ser
sacerdote. Ver si hay aspiraciones ocultas negativas –poder,
privilegios, status social- o si hay motivaciones serias.
f) Amistades sacerdotales que posee.
g) Recomendaciones

8.2. CARIDAD PASTORAL.

a) Posesión de la caridad pastoral.


b) Interés por la espiritualidad del presbítero diocesano.
c) Sentido de pertenencia futura a un presbiterio, vivido en la inserción en su
comunidad del seminario.
d) Respeto a los sacerdotes y a los seminaristas
e) Respeto al Obispo
f) Respeto a los demás miembros del pueblo de Dios. Actitud ante los laicos y ante los
miembros de la Vida Consagrada.
g) Clara conciencia de que se identificará con Jesucristo Pastor.
h) Recomendaciones

8.3. CASTIDAD Y CELIBATO.

a) Claridad en el conocimiento de la doctrina de la Iglesia al respecto.


b) Identidad masculina del alumno.
c) Trato con las damas (de cualquier edad)
d) Trato con los hombres (de cualquier edad)
e) Eventuales problemas que hay tenido en el trato con las damas y con los hombres.
f) Tendencias al machismo, a la homosexualidad (pederastia, etc....),
g) Posibles amaneramientos.
h) Madurez afectiva.
i) Sentido de la amistad. Capacidad de hacer amigos.
j) Tendencias a la bebida, a la vida fácil y cómoda, al materialismo.
k) Gusto por las cosas mundanas, modas, etc...
l) Testimonio personal en este campo de la afectividad, celibato, castidad. Capacidad
de advertir también peligros o situaciones difíciles en y a sus compañeros.
m) Recomendaciones.

8.4. OBEDIENCIA.

a) Conocimiento de la doctrina de la Iglesia al respecto.


b) Actitud de obediencia hacia sus superiores en el seminario y en otras comunidades.
c) Actitud de obediencia en su familia.
d) Actitud de obediencia al Obispo.
e) Capacidad de diálogo con sus superiores, compañeros, y otras personas.
f) Puntualidad en la ejecución de las tareas encomendadas. Opinión sobre la forma
como las cumple.
g) Posibles situaciones negativas: murmuraciones, chismes, venganzas, rencores,
conformismo, despreocupación, indiferencia. Etc...
h) Capacidad de entrega en el servicio por el Reino de Dios o por intereses
particulares.
i) Recomendaciones.

8.5. POBREZA Y AUSTERIDAD.

a) Sentido de la pobreza evangélica en su actitud personal.


b) Apego a los bienes materiales y al dinero.
c) Posesión de bienes personales (equipos de sonido, etc...)
d) Actitud frente a los bienes materiales y al dinero.
e) Situación económica de su familia
f) Solidaridad con los compañeros
g) Cuidado de los bienes del seminario y de la Iglesia.
h) Posesión de bines de otro tipo fuera del seminario (carro, fincas, terrenos,
casas, etc...)
i) Sentido de la justicia social.
j) Opción por los pobres. Trato hacia los más necesitados y pobres.
k) Sentido de la misericordia y de la compasión con los que sufren.
l) Actitud frente a los empleados de la casa y del seminario.
m) Sentido del ahorro y capacidad de administración.
n) Recomendaciones.

8.6. AMOR A LA IGLESIA

a) Conocimiento de la doctrina y magisterio pontificio.


b) Conocimiento de los documentos del Concilio Vaticano II, Sínodos, Encíclicas, etc..
c) Conocimiento de los documentos de la Iglesia en América Latina.
d) Conocimiento de los documentos de la Iglesia en Venezuela
e) Conocimiento de los documentos y directrices de la Iglesia en Venezuela.
f) Preocupación y defensa de la Iglesia.
g) Sentido de pertenencia a la Iglesia universal y diocesana.
h) Conocimiento y defensa de los movimientos de apostolado.
i) Conocimiento y sentido de participación en el proyecto diocesano de pastoral y las
acciones de la Iglesia diocesana.
j) Defensa de la Iglesia en todos los ambientes.
k) Sensus Ecclesia y sensus pastoralis.
l) Preocupación pastoral.
m) Recomendaciones

8.7. CAPACIDADES PASTORALES.

a) Posibles campos de trabajo pastoral.


b) Preocupación por los medios de comunicación social.
c) Preocupación por la pastoral juvenil y vocacional.
d) Preocupación por las otras dimensiones de la pastoral.
e) Actitud de aprendizaje de la pastoral.
f) Capacidad de sintonizar con las preocupaciones de la Iglesia.
g) Capacidad de leer e interpretar los signos de los tiempos.
h) Creatividad y sentido de iniciativa.
i) Recomendaciones.

9. CULTURA GENERAL.

a) Conocimientos generales de cultura general.


b) Conocimiento de las tendencias nacionales, reginonales y mundiales
de la situación de la sociedad, etc...
c) Lecturas de literatura y otros temas.
d) Capacidad de dialogar con la cultura y con gente de la cultura.
e) Profundización de sus opiniones.
f) Capacidad de escribir y producir intelectualmente.
g) Madurez en sus opiniones. Capacidad de evaluar situaciones y
resolver eventuales problemas con sentido pastoral.
h) Recomendaciones

10.ESPIRITU SEMINARISTICO Y SACERDOTAL.

Opinión global que indique las actitudes y espíritu seminarístico y sacerdotal del
candidato. Recomendaciones acerca de defectos a corregir y virtudes a profundizar;
recomendaciones. Sugerencias para seguir adelante. Juicio acerca de la idoneidad y
aptitudes al final del curso. Recomendaciones para los cursos siguientes. O
recomendación para su retiro.
Recomendaciones para el futuro acerca de posibles trabajos pastorales, estudios de
especialización etc...

La elaboración del informe final de cada año debe abarcar los puntos anteriores y
deberá ser leído a cada alumno antes de salir a vacaciones de final del año. Ello exige
un contacto directo y personal de cada sacerdote guía y el compartir periódicamente
con el equipo de formadores.

Cada año, el sacerdote guía correspondiente puede tener acceso al informe y hoja de
vida del curso pasado, que siempre reposará en el archivo del seminario. La
información le permitirá ver si hay o no progresos, o descubrir situaciones nuevas en
los diversos campos a evaluar.