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RESEÑA INFORMATIVA

DIANA SOFÍA MILLÁN JIMÉNEZ


201420654

GEOGRAFÍA POLÍTICA, capítulo 9 del libro “Tratado de Geografía Humana”, Joan Nogué, p.
202 – 215

Este capítulo analiza el concepto de estado, nación y lugar en diferentes contexto nacionales e
históricos y sus orígenes. Se divide en cuatro subcapítulos, en el primero se esboza una pequeña
historia de la geografía política contemporánea, el segundo se incide en la dimensión territorial de
los nacionalismos y en la aportación de la geografía política al estudio de los mismos, en el
tercero se analiza la tensión dialéctica entre local y lo global desencadenada por los actuales
procesos de globalización y en cómo el enfoque geográfico aporta novedosas interpretaciones del
mismo y el cuarto, se comentan las nuevas perspectivas en geografía política a raíz de sus
recientes aportaciones.

1. Evolución de la geografía política


Tradicionalmente la geografía política ha sido entendida como el estudio de las relaciones entre los
factores geográficos y los fenómenos y las entidades políticas, se ha interesado por la distribución
y las consecuencias espaciales de los procesos y de los fenómenos políticos. Pero con Ratzel
profundiza en el espacio vital bajo las corrientes del positivismo, pues su obra es básicamente el
intento por dotar de base científica al comportamiento de las sociedades y cuerpos políticos. Desde
Ratzel y casi hasta la actualidad, el estado ha constituido el principal objeto de estudio de la
geografía política. Está no ha abandonado los análisis de diferentes aspectos de las relaciones
internacionales contemporáneas, basados aún en el estado.

Nadie niega que el Estado es uno de los espacios políticamente organizados más interesantes y más
influyentes de los dos últimos siglos, pero no es la única expresión territorial de los fenómenos
políticos. Se ha llegado así a una geografía política concebida como una geografía del poder, de un
poder económico, ideológico y político capaz de organizar y de transformar el territorio, en función
de unos intereses concretos y siguiendo unas estrategias de actuación difíciles a veces de entrever.
Esta renovación ha sido posible gracias a la integración de gran parte de las innovaciones
conceptuales y metodológicas que ha conocido la ciencia madre, la geografía. Procedentes sobre
todo de los enfoques radical – marxista y behaviorista, todo esto ha originado una geografía política
mucho más abierta y sugerente, que no se centre sólo en los Estado-Nación como si fueran las
únicas unidades políticas posibles, sino que se conciba como un gran abanico de espacios políticos
que van desde las naciones sin Estado hasta los espacios más difusos de carácter religioso, tribal o
étnico, pasando por los diferentes barrios de una ciudad, los grandes espacios metropolitanos y las
entidades regionales de carácter supraestatal.

2. Nacionalismo y geografía
La realidad contemporánea nos muestra una exuberante y prolífica manifestación de nacionalismos
estatales y subestatales, de regionalismo y localismos, precisamente en unos momentos de máxima
integración mundial en todos los sentidos, pero donde las identidades territoriales se empiezan a
caracterizar en buena parte de inicios del siglo y del milenio. La geografía política contemporánea
empieza, pues a ofrecer interesantes lecturas sobre el fenómeno nacionalista. Todas ellas tienden a
poner el énfasis en su perspectiva territorial, una perspectiva poco o nada contemplada en los
análisis realizados desde otras disciplinas. Uno de los rasgos más característicos de la ideología y
del movimiento nacionalista es su habilidad para definir y redefinir el espacio, politizándolo y
tratándolo como un territorio histórico y distintivo. Los movimientos nacionalistas expresan sus
reivindicaciones en movimientos territoriales.

Los nacionalismos se sirven de un gran número de símbolos, entre ellos los paisajísticos, para
conseguir que la población se identifique a sí misma como pueblo, como comunidad. Para el
nacionalismo más que para cualquier otro fenómeno social, el paisaje es un receptáculo del pasado
inscrito en el presente.

3. De lo global a lo local
Los diversos procesos de globalización hoy existentes han desencadenado una interesante e
inesperada tensión dialéctica entre lo global y lo local, el espacio ha ido perdiendo importancia y
ha aumentado su influencia y su peso específico en los ámbitos económico, político, social y
cultural. En este sentido, las pequeñas diferencias que puedan presentan dos espacios, dos lugares,
dos ciudades, en lo referente a recursos, a infraestructuras, a mercado laboral, a paisaje, a
patrimonio cultural o a cualquier otro aspecto, se convierten ahora en muy significativas.

Pensar globalmente y actuar localmente se ha convertido en una consigna fundamental que ya no


solo satisface a los grupos ecologistas, sino también a las empresas multinacionales, a los
planificadores de las ciudades y las regiones, e incluso a los líderes nacionalistas. En efecto
“glocal” se ha convertido en un neologismo de moda. Es sorprendente, pero cierto que, en vez de
disminuir el papel del territorio, la internacionalización y la integración mundial han aumentado su
peso específico; no sólo no han eclipsado al territorio, sino que han aumentado su importancia. Con
lo referente a dimensión política, hay que reconocer que el territorio tiene un peso específico cada
vez mayor en el ámbito político, no sólo porque la política absorbe problemas sociales de carácter
territorial, como los ambientales, sino porque las propias organizaciones políticas, incluidos los
partidos, no tienen más remedio que descentralizarse para acercarse más y mejor al ciudadano.
Entonces se está dando una nueva revalorización del papel del “lugar” y a un renovado interés por
una nueva forma de entender el territorio que sea capaz de conectar lo particular con lo general,
uno de los rasgos esenciales de la nueva geografía política.

4. Nuevas perspectivas en geografía política


En esta nueva geografía política de elevado componente crítico las conexiones con la geografía
social y cultural son evidentes y se establecen en buena medida a través de un concepto clave, la
identidad. La identidad no está hecha de compartimientos, no se divide en mitades, ni en tercios o
zonas estancas. Y no es que tenga varias identidades se tiene solamente una, que es producto de
todos los elementos que la han configurado mediante la dosificación singular que nunca es la
misma en dos personas. De alguna forma estamos ante construcciones sociales de demarcaciones
espaciales.
Se trata en definitiva de llegar a ofrecer una visión de cultura y de la sociedad, en todas sus
vertientes, no sometida a ningún discurso oficial ni a los dogmas de los grandes paradigmas. La
nueva geografía política aspira a analizar críticamente estas estructuras aparentemente sólidas e
indiscutibles con el fin de ofrecer perspectivas alternativas y de desenmascarar los mecanismos
discursivos del poder establecido. En está geografía política se persigue replantear la realidad
académica a través de una historiografía que recupere a las clases subalternas como agentes de la
historia.

El objetivo último es rectificar el androcentrismo que ha caracterizado el pensamiento científico


hasta el presente y denunciar su falocentrismo. La propuesta busca deconstruir una concepción dual
del mundo basada únicamente en el enfrentamiento entre lo masculino y lo femenino, la cultura y
la naturaleza, lo intelectual y lo emocional, lo racional y lo mágico, para así planear una relectura
de las conceptualizaciones todavía vigentes sobre el espacio.

CONSIDERACIÓN FINAL
El capítulo aquí expuesto da una descripción general, aunque importante sobre el cambio que ha
tenido la geografía política a través de las últimas décadas. Esta área del conocimiento en donde
antes predominaban paradigmas y teorías sobre las actividades del Estado – nación y más
específicamente por sus dimensiones espaciales fue modificándose por un discurso menos teórico
sobre el espacio y su relación con la política, sociedad, cultura y economía, permitiendo la
vinculación de esta área, consolidándose en un conocimiento multidisciplinar que puede explicar
fenómenos locales de forma global, que puede hablar del papel que tiene la identidad y el paisaje
en la construcción del espacio social, diferenciándolas del pensamiento predominante.