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A r z o b is p a d o d e M a d r id

Delegación Episcopal para las Causas de los Santos


Seminario Conciliar de la Inmaculada y de San Dámaso

Ignacio Aláez Vaquero


y 10 compañeros
seminaristas y familiares
mártires del siglo XX en Madrid

M adrid
2017
Redacción de Martín Rodajo,
basada en la documentación
de la Comisión Histórica de la Causa.

Fotos del archivo de la Postulación de la Causa,


excepto las de las páginas 4,15, 30-31,40 y contracubíerta, que son de Carlos Cabrera.
SUMARIO

P r e s e n t a c ió n 8-9

O r a c ió n p o r la b e a t if ic a c ió n 10-11

I n t r o d u c c ió n : E l s e m in a r io d e M a d r id e n 1936 12

Da t o s b io g r á f ic o s 16

1. Ignacio Aláez Vaquero 16


2. Pablo Chomón Pardo 19
3. Antonio Moralejo Fernández-Shaw 22
4. Jesús Sánchez Fernández-Yáñez 24
5. Miguel Talavera Sevilla 27
6. Ángel Trapero Sánchez-Real 29
7. Cástor Zarco García 35
8. Mariano Arrizabalaga Español 41
9. Ramón Ruiz Pérez 45
10. Julio Pardo Perría, sacerdote 49
11. Liberato Moralejo Juan, laico 51

Pa r a s a b e r m á s 54

Í n d ic e s 56

I. Alfabético de nombres 56
II. Memoriac: lugares actuales de sepultura 57
PRESENTACIÓN
La Iglesia católica ha escrito en la España del siglo XX una de las pági­
nas gloriosas de su historia con la sangre de más de cuatro mil sacerdo­
tes y seminaristas diocesanos - además de tres mil religiosos y decenas
de miles de laicos -que dieron su vida por ser católicos, por amor a Jesu­
cristo y a su santa Iglesia. Entre ellos se cuentan los nueve seminaristas
y sus familiares martirizados en Madrid en 1936 y 1937, cuya causa de
canonizaaon esta ya en su fase romana. Presentamos en estas páginas
ios datos fundamentales de sus vidas y de sus muertes martiriales.

Siete eran seminaristas de la entonces diócesis de Madrid-Alcalá, hoy


provincia eclesiástica de Madrid, integrada por la archidiócesis de Ma-
dr d v las diócesis de Getafe y Alcalá de Henares. Se formaban en el Se­
n-nano conciliar de la Inmaculada y de San Dámaso, en las Vistillas. Son
¡es seguientes:

Ignacio Aíász Vaquero, de 22 años, estudiante de filosofía


Ange! Trapero Sáncrez-Real, de 20 años, estudiante de teología
Antonio Moralejo Fernández-Shaw, de 19 años, estudiante de filosofía
Cástor Zarco García, de 23 años, subdiácono
Jesús Sáncne¿ Femándcz-Yáñez, de 21 años, estudiante de filosofía
Migue! Taiavera Sevilla, de 18 años, estudiante de filosofía
Pablo Chornón Pardo, de 21 años, estudiante de teología

Uno era seminarista de la diócesis de Barbastro, donde había nacido.


Se estaba formando en el Seminario Pontificio de Comillas, en Cantabria,
pero se encontraba en Madrid pasando con su familia las vacaciones de
verano de 1936:

Mariano Arrizabalaga Español, de 21 años, estudiante de filosofía

El otro pertenecía a la archidiócesis de Toledo, pero había sido apre­


sado en su pueblo natal de la provincia de Jaén y conducido a Madrid
en el llamado "tren de la muerte", que transportó a la Capital a unos
ciento cincuenta presos jienenses - entre los que se encontraba el hoy
beato obispo m ártir de Jaén - asesinados junto a las vías en el Pozo del
Tío Raimundo:

Ramón Ruiz Pérez, de 24 años, subdiácono

La Causa de canonización de estos nueve sem inaristas fue abierta en


Madrid en 2010. El proceso diocesano se cerró en 2014 y continúa ahora
en Roma. Con los sem inaristas han sido incluidos tam bién en la misma
Causa dos fam iliares que fueron martirizados con dos de ellos:

Julio Pardo Pernía, sacerdote, de 63 años, confesor de las


Hospitalarias de Ciempozuelos, tío de Pablo Chomón Pardo
Liberato M oralejo Juan, laico, de 60 años,
padre de Antonio M oralejo Fernández-Shaw

La redacción de esta publicación se debe sobre todo a Martín Rodajo,


seminarista de Madrid, que ha tenido a su disposición los trabajos de la
Comisión Histórica de la Causa de Ignacio Aláez Vaquero y 10 com pañe­
ros. Ha leído el manuscrito el delegado episcopal para las Causas de los
santos, Alberto Fernández Sánchez. Para ellos, la gratitud que merecen.

Quiera Dios que podamos celebrar pronto la beatificación de estos


siervos de Dios, testigos de la fe hasta la sangre. El amigo lector encon­
trará aquí, dos páginas más adelante, una oración para pedir este favor
divino. Todavía no es posible rendir culto público a Ignacio Aláez y com ­
pañeros mártires, pero ya podemos acogernos de modo privado a su
intercesión rogando al Señor, en particular, que mande muchos y santos
trabajadores a su mies, jóvenes que respondan a la vocación sacerdotal,
para ser servidores de la misión de Jesucristo entre nosotros.

* Juan Antonio Martínez Camino


Obispo auxiliar de Madrid
6 de noviembre de 2017
Memoria de todos los santos
y beatos mártires del siglo XX en España
"La Iglesia ha encontrado siempre
en sus mártires una semilla de vida (...)
¿No será así también para el milenio
y para el siglo que estamos iniciando?
Quizás estábamos demasiado acostumbrados
a pensar en los mártires...
como si se tratase de un grupo del pasado,
vinculado sobre todo a los primeros siglos de la era cristiana.
La memoria jubilar nos ha abierto un panorama sorprendente,
mostrándonos que nuestro tiempo es muy rico
en testigos que han sabido vivir el Evangelio
en situaciones de hostilidad y persecución (...).
Con su ejemplo nos han señalado,
casi allanado el camino del futuro"

San Juan Pa blo II


Tertio millennio ineunte 41

"El mártir, en efecto, no es alguien que quedó relegado en el pasado,


una bonita imagen que engalana nuestros templos
y que recordamos con cierta nostalgia.
No, el mártir es un hermano, una hermana,
que continúa acompañándonos en el misterio
de la comunión de los santos,
y que, unido a Cristo, no se desentiende
de nuestro peregrinar terreno,
de nuestros sufrimientos, de nuestras angustias"

Fran cisco
Discurso del 30. X. 2015
PARA LA ORACIÓN PRIVADA

Señor Jesucristo, sacerdote eterno,


que otorgaste a tu siervo Ignacio, seminarista,
y a sus compañeros la fuerza necesaria
para dar testimonio de ti hasta la muerte,
fiados en tu palabra:
"Nadie tiene amor más grande
que el que da la vida por sus amigos",
te pedimos nos concedas su pronta glorificación ante la iglesia,
que muchos jóvenes respondan santamente a la vocación sacerdotal,
y la gracia particular que por su intercesión te imploramos
(o imploro).
Así sea.

Padrenuestro, avemaria y gloria


INTRODUCCIÓN:
EL SEMINARIO DE MADRID EN 1936

En julio de 1936 Madrid era un polvorín. Masas arm adas y decididas


a rendir el Cuartel de la Montaña, último bastión de los sublevados en la
ciudad, vacían los arsenales por orden del gobierno. En aquellos mismos
días fue asaltado el Seminario por milicianos del barrio de La Latina. Pero
la tensión y la violencia venían de años atrás.

Del tiempo de la revolución de octubre de 1934 es una carta de Cás-


tor Zarco García - uno de los seminaristas siervos de Dios - que da idea
de como se vivía en el Seminario aquel difícil periodo. Cástor les cuenta
a sus padres, que vivían en La Mancha, lo siguiente:

«Hemos corrido un riesgo singular esta vez. Como saben ustedes, es


quizá e 1sitio más estratégico de Madrid, porque dominado él se tiene
dominado uno de los sitios más eficaces. Cayó en ello el Gobierno y
situó aquí una guarnición de asalto pertrechada de mucha m etralla.
Pero no ha sido utilizada para nada. La revolución la hem os vivido a
nuestro modo: sin clase. Y asomados a las ventanas viendo hacerse y
deshacerse barricadas y oyendo sobre todo el tiroteo; ya oíamos tiros
como quien oye llover. Había ratos en que el estruendo sem ejaba al
ruido de una traca. Los hemos tenido bien cerca, a veinte metros.
Algunos de los que salíamos a hacer la instrucción les ocurrió que
hubieron alguna vez de volver, las manos en alto y continuam ente
encañonados. Alguna bala llegó aquí, clavándose en el techo de una
celda después de perforar el cristal y la recia madera de la ventana».

En 1936 Cástor vuelve a escribir a sus padres:

«Tres días de tranquilidad aquí es algo casi sospechoso. Ayer hubo


dos o tres quemas de colegios o conventos y algunos crím enes con
pobres monjas: a algunas las acuchillaron en la cara y a otras las des­
nudaron y a otras las arrastraron».
El 18 de julio de 1936, sábado, se celebraba en el Sem inario un re­
tiro dirigido a los sem inaristas de la ciudad de Madrid y de los pueblos
cercanos. La actividad formativa normal ya había sido suspendida por
decisión del rector, don Rafael García Tuñón, ante el peligro que se co­
rría en un barrio gobernado por un concejal responsable de muchas de
las acciones contra la Iglesia que se venían perpetrando en los últimos
tiem pos. Predicaba el retiro el párroco de Carabanchel Bajo, don Hermó-
genes Vicente, que tam bién iba a ser m ártir y hoy se halla en proceso de
canonización. Uno de los testigos de aquella jornada, don Hermenegildo
López, director espiritual en el Sem inario, la recuerda así:

«Estando comiendo, bajó el portero a decirnos que estaban las turbas


para apoderarse del Sem inario, e incluso que ya habían roto la m am ­
para de cristales que impedía el libre acceso. Nos fuimos a la capilla
a consumir las sagradas especies y, vestidos de paisano, tuvimos que
salir por la puerta posterior que había en la huerta del Sem inario,
que era para servicio del hortelano. Cada uno se fue a su casa. Al día
siguiente, 19, llamé al Sem inario para ver si podía celebrar allí la Misa.
Contestó un miliciano diciendo ¡que me iba a escabechar!».

A partir de aquel momento, los 215 jóvenes sem inaristas que enton­
ces se formaban en el Seminario de Madrid vivirán cada uno de manera
personal la persecución e incluso el martirio. Tan solo quedaban unidos
ya al centro formativo por las listas donde constaban sus expedientes,
incautadas por los milicianos, y usadas para localizarlos y darles m uerte.
El Seminario queda clausurado y en sus dependencias se instala prim ero
una checa y después una cárcel.

A continuación presentamos las biografías de algunos de los sem in a­


ristas mártires. No son todos los que fueron asesinados. De otros no se
han podido recoger hasta el momento datos suficientes para introducir
el proceso de canonización. El proceso diocesano de los aquí reseñados
fue clausurado en el salón de actos del Seminario del 20 de octubre de
2014 y se encuentra ya en su fase romana. Todos estos, junto a tantos
otros, forman parte del gran mosaico del m artirio del siglo XX. El poeta
chino Ai Quing, mientras leía el Evangelio estando en prisión en los años
treinta, escribió en unas pobres hojas de papel:

¿Y quién podrá en ias capas terrestres


encontrar
ias lágrimas de los sacrificados
que han sufrido todas las penas?
Aquellas lágrimas
están encerradas entre miles de barrotes de hierro,
pero hay una única llave
que puede abrir estas rejas;
y ¡os innumerables valientes que han deseado apropiarse
de la llave
están todos muertos
bajo ¡as armas de los guardianes.
Si se pudieran recoger las lágrimas...

Que !a memoria de estos mártires sea la llave capaz de abrir estas


rejas detrás de las cuaies se ocultan las vidas entregadas de tantos per­
seguidos y asesinados que encarnaron que "cuanto más desinteresado
es el don, más crueles serán la persecuciones y más atroces los sufri­
mientos'' (Pavel Florenskij).
A lá ez
22
de filosofía

* Madrid, 1 de febrero de 1914


t Camino del Quemadero,
Fuencarral (Madrid),
9/10 de noviembre de 1936
▼ Fosa común en el cementerio
de Fuencarral

Yo quisiera incendiar el orbe entero...


Yo quisiera volverme misionero
y al infiel tus locuras"predicar...
Y morirme después martirizado...
i Qué me importa, Jesús Sacramentado,
si al fin he conseguido hacerte amar!

Con estos versos, extraídos de una poesía recientem ente recuperada, el


seminarista Ignacio Aláez Vaquero expresa no sólo su celo apostólico y su
amor a la Eucaristía, sino también su conciencia de la cercanía de una posi­
ble muerte de mártir en medio de un clima de persecución contra la Iglesia
de la que finalmente fue víctima.

Nace Ignacio en Madrid un 1 de febrero de 1914 en la calle del Río, 16


interior. Hijo mayor del matrimonio formado por Evelio Aláez, de profesión
peluquero y natural de Barruelo (Palencia), y Marina Vaquero, de Arévalo
(Ávila). Es bautizado a los pocos días de nacer en la parroquia madrileña de
Santiago y san Juan Bautista. Pero su vínculo parroquial quedará estableci­
do en la Parroquia de san Millán y san Cayetano tras el traslado de la familia
a la calle del Oso, 25 en el barrio de La Latina, cerca del Seminario Conciliar.
En esta parroquia será bautizada María de la Consolación, su única herm a­
na, y allí recibirán ambos la primera comunión y la formación religiosa. Con
la familia vive la abuela paterna.
La pertenencia de su padre, Evelio, a la Adoración Nocturna explica
la intensa piedad eucarística de Ignacio, que vive a través de la partici­
pación en la Eucaristía, la comunión frecuente y la adoración del Santí­
simo Sacramento. Esta intensa vivencia de su relación con Cristo lo lleva
a realizar obras de caridad, visitando y cuidando enfermos en algunos
hospitales. Sorprenden también a sus allegados sus visitas frecuentes
a monasterios de clausura del barrio. Parece que incluso sus padres no
logran entender del todo el fervor y la entrega de su hijo.

Combina su vida de piedad con su formación humana en las Escuelas


Pías de san Fernando, en el barrio de Lavapiés, un colegio con solera que
tiene sus inicios en el siglo XVIII y que fue saqueado e incendiado al día
siguiente de comenzar la Guerra Civil.

Entre sus aficiones, el arte: Ignacio pinta, repuja, esculpe y escribe,


como muestran la poesía que acabamos de reproducir o la obra de teatro,
desaparecida, El lobo de Gubbio, que escribió siendo seminarista. Durante
un tiempo estuvo vinculado al taller del escultor Rafael Irurozqui, autor,
entre otros, del primer proyecto del monumento del Cerro de los Ángeles,
o del Sagrado Corazón que se encuentra en el presbiterio de la Colegiata
de San Isidro.

En 1930 Ignacio ingresa en el Seminario Conciliar de Madrid, donde a su


piedad y formación humana, recibidas en la familia y en la escuela, se van a
unir ahora la formación sacerdotal que lo preparará para dar testimonio de
su fe mediante el martirio, y donde estará matriculado seis cursos: cuatro
de latín y dos de filosofía, además de continuar con sus visitas a enfermos
y a religiosas del barrio. No le daría tiempo a más, pues tras la decisión del
rector del Seminario, Rafael García Tuñón, de enviar a los seminaristas a
casa en julio de 1936, Ignacio entregará su vida definitivamente, asesinado
por su condición de seminarista. Por la cercanía de su casa, es más que
probable que Ignacio, junto con otros seminaristas de la ciudad de Madnd
y de los pueblos cercanos, asistiese al retiro del día 18 de julio, predica­
do en el Seminario por el párroco de san Sebastián de Carabanchel Bajo,
don Hermógenes Vicente. Los acompañan el rector y el director espiritual
del seminario mayor, don José María García Lahiguera, y don Hermenegil­
do López, director espiritual del seminario menor. Del contenido del retiro
nada sabemos. Probablemente el martirio estuviera en boca del predica­
dor, asesinado él mismo dos meses después por su condición de sacerdote.
Todos tuvieron que huir aquel día por la puerta de la huerta, ante el aviso
del portero del asalto al edificio por grupos de milicianos armados y llenos
de odio a la Iglesia, como recuerda, años después, el propio don Hermene­
gildo. Varios edificios de la zona arden estos mismos días, entre ellos, la pa­
rroquia de la famiüa Aláez (san Millán y san Cayetano), la Basílica de Atocha,
o la Colegiata de san Isidro, que entonces hacía las veces de catedral; una
prueba más de que el odio de los perseguidores no es, o al menos no sólo
es personal, sino ante todo contra la religión.

ignacio se niega a esconderse en casa de un militar republicano que le ofrece


protección. Pasan los meses y llega el 9 de noviembre. Un grupo de milicianos
procedentes de ia checa de Líster (llamada así por estar dirigida por el comu­
nista Enrique Líster, y con sede en la calle Lista 29) practica un registro domi­
ciliario en su casa. Ignacio es interrogado. Como en otros casos, las sospechas
de ios milicianos surgen al ver a un hombre joven que no está en el frente. Él
no oculta que estudia para ser sacerdote. Y es detenido inmediatamente junto
a su padre, acusado éste de ser fascista, tras un conflicto familiar. Junto a ellos
s í levan a otros tres vecinos. La localización de Ignacio fue facilitada por haber
incautado los milicianos del distrito de la Latina los documentos del seminario
en \os que constaban las direcciones de los seminaristas.

A partir de aquí les perdemos el rastro a Ignacio y a su padre. El proce­


dimiento fue irregular, pues no fueron llevados a ninguna comisaría, ni a
la cárcel, ni a la Dirección General de Seguridad. Sus nombres no aparecen
en ningún registro. Volvemos a saber de ellos a la mañana siguiente, 10
de noviembre, al aparecer sus cadáveres en el Camino del Quemadero, en
el pueblo de Fuencarral. Sus cuerpos son trasladados al Depósito Judicial
de cadáveres y allí son fotografiados. Son inhumados en el cementerio de
Fuencarral. La hermana de Ignacio lo identificaría algo después tras ser ex­
humado el cadáver.
La fama de martirio de Ignacio nace con su muerte. Desde el principio,
tanto familiares como seminaristas se han encomendado en sus oraciones
a este muchacho que fue asesinado por su condición de seminarista, y han
querido recoger reliquias suyas. La propia diócesis de Madrid lo incluyó en
el Boletín eclesiástico de 1940, junto a todos los que habían muerto en su
territorio como consecuencia de la persecución religiosa. Ignacio compren­
dió e hizo vida aquello que el sacerdote francés André Jarían expresó años
después en una de sus últimas cartas, antes de ser asesinado en Chile con
estas palabras: «Los que hacen vivir son aquellos que ofrecen su vida, no
los que la quitan a los demás. Para nosotros, la resurrección no es un mito,
sino una realidad; este acontecimiento, que celebramos en la Eucaristía,
nos confirma que vale la pena dar la vida por los demás y que nos corres­
ponde hacerlo».

O Pa b lo C h o m ó n Pa r d o ,
21 años - Estudiante de teología

*• Quintanilla de Escalada (Burgos), 25 de septiembre de 1914


t Carretera de Torrejón, kilómetro 5,
Valdemoro (Madrid), 7 de agosto de 1936
▼ Basílica de la Santa Cruz
del Valle de los Caídos

En el colegio de Quintanilla de la Escalada, pueblo natal de Pablo, cur­


saban los estudios primarios todos los niños de los alrededores. Dirige el
centro don Julio Pardo Pernía, sacerdote y tío de Pablo por parte de madre,
quien lo bautizara a los pocos días de nacer en la parroquia de san Miguel,
en la misma localidad. Sus padres son Guillermo Chomón Ruiz, jornalero, y
Petra Pardo Pernía, llegada a Quintanilla cuando aún era una niña, junto a
su hermano sacerdote, allí destinado.
No es Pablo hijo único. El matrimonio tuvo antes otro varón, Lorenzo.
Ambos reciben una esmerada educación cristiana y humana, que culmi­
naba con la posibilidad de realizar en el colegio de Quintanilla los dos pri­
meros años de la formación eclesiástica, correspondiente a latín y humani­
dades, que eran después convalidados en el caso de iniciar estudios en el
Seminario.

Los problemas no tardan en llegar. Entre sus padres las cosas empiezan
a ir mal. Siendo aun muy pequeños Lorenzo y Pablo, la madre los toma
consigo y se va a Madrid. El padre queda en el pueblo junto a una hermana
soitera. Nunca más tuvo noticias ni de su mujer ni de sus hijos. De hecho,
los da por muertos como consecuencia de la guerra.

Llegan a Madrid la madre con los niños y se instalan en la calle de Maldo-


nado, en casa de una hermana, Ángela, y un cuñado, Abundio. Los hijos de
éstos. Pedro Martínez Pardo, sacerdote en Madrid, y Teodosio, seminarista,
les facilitan las cosas a Pablo y a Lorenzo para su ingreso en el Seminario
Conciliar de Madrid. Lorenzo sale al poco tiempo. Sin embargo Pablo estu­
dia en este centro 12 años, entre los cursos 1924 y 1936. Es un alumno bri­
llante. obtiene sobresaliente prácticamente en todo, además de participar
muv activamente en la vida cultural del Seminario.

Petra vuelve a cambiar de domicilio. Esta vez, aprovechando que don


Julio, su hermano sacerdote, viene a Madrid como confesor de las Herma­
nas Hospitalarias de Ciempozuelos, se va a vivir con él. Allí pasa Pablo sus
vacaciones, entre los comentarios de los vecinos que no han visto nunca
al padre de familia El propio párroco de Ciempozuelos informa sobre este
dato para la admisión a tonsura de Pablo: «No conozco más dificultad que
la de no vivir su padre con el interesado. Está domiciliado el aspirante a
órdenes en este pueblo con su madre a la que no acompaña su esposo».

En julio de 1936, ya acólito, Pablo toma el tren que lo lleva a Ciempo­


zuelos. Va a pasar sus vacaciones con su madre y su tío Julio. Las cosas en
Madrid no van bien. El rector ha interrumpido la formación ante la revuelta
situación del barrio de la Latina, donde se ubica el seminario. Pablo, como
todos sus compañeros, ha sido formado en estos años para, si llega el caso,
«ser imitador de la pasión de su Dios» (San Ignacio de Antioquía).

Al llegar a Ciempozuelos, Pablo descubre que se ha creado un comité


integrado por dirigentes de U6T y la Casa del Pueblo. Los milicianos to­
man el control del pueblo. Practican tantas detenciones que el depósito del
cementerio, primer lugar habilitado como prisión, se queda pequeño. Se
habilita para ello la iglesia parroquial, junto con los edificios de las Herma­
nas Hospitalarias de San Juan de Dios, las Hermanas Oblatas del Santísimo
Redentor, las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón y las Clarisas. Se
detiene a otros dos sacerdotes, don Juan Manuel Navarrete y don Ginés
Hidalgo. Pablo y su tío don Julio quedan libres por el momento. A los pocos
días los primeros son liberados y los cuatro se refugiar, en e* manicomio
de mujeres de las Hospitalarias. Allí exponen el Santísimo todos los días.
Emplean muchas horas de adoración, esforzándose para no contristar al
Espíritu Santo, para que, continuando en ese lugar, los conduzca hacia el
Señor (cf. Tertuliano).

Llegan malas noticias. Grupos de milicianos de Madrid se dirigen a


Ciempozuelos a incautar los dos manicomios del pueblo. Tienen que ac­
tuar pronto: se reúnen los tres sacerdotes, el seminarista, las nueve mon­
jas y algunos seglares para consumir el Santísimo y prepararlo todo para
salir de allí. A don Julio no se le escapa el fin que les espera. Una de las
hermanas recuerda años después las palabras que en estos momentos
les dirigió el sacerdote: «Que seguramente con miras proféticas, el funda­
dor había mandado colocar el altar de las dieciséis carmelitas mártires de
la Revolución francesa que tenemos en un lateral de la iglesia, para que
tomásemos valor y ejemplo y llegásemos a ser, si Dios nos pedía ese sa­
crificio, unas heroínas como ellas [...] "No temáis a los sicarios. Hermanas
mías, arrepiéntanse de los pecados de toda su vida, que les voy a dar la
absolución in articulo mortis” ».

Pablo y don Julio, ahora en su casa, son respetados cuando los milicia­
nos llegan a cumplir su cometido. No durará mucho la tranquilidad. Según
cuenta Petra, la madre de Pablo y hermana de don Julio, «doce milicianos
entran en casa y apuntando a ambos con un fusil, son obligados violenta­
mente a salir de sus camas entre continuas amenazas». Los trasladan a la
cárcel instalada en la iglesia parroquial hasta el día 7 de agosto, en que son
asesinados en el término municipal de Valdemoro. Son inhumados en una
fosa común en el cementerio municipal de Valdemoro, hasta su traslado,
sin individuar, a la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos.

No cabe duda ni de que fueron asesinados por su condición de eclesiás­


ticos, ni de que tuvieron ocasión de prepararse para «este combate, en el
que Dios vivo es el presidente; el Espíritu Santo, el preparador de atletas;
la corona, de eternidad; el premio, de la sustancia angélica; la ciudadanía,
ceíeste; la gloria, por los siglos de los siglos» (Tertuliano).

Los nombres del tío y del sobrino son recogidos en el boletín que la dió­
cesis de Madrid-Alcalá realiza al finalizar la Guerra Civil.

Fer n á n d e z -Sh a w
19 años - E de iiosofía

* Madrid, 14 de abril de 1917


t Castillo de Aldovea, Torrejón de Ardoz,
8 de noviembre de 1936
▼ Cementerio de los mártires
de Paracuellos del Jarama

La Cárcel Modelo de Madrid ocupaba el solar en el que hoy se encuentra


el Cuartel General del Aire, en el distrito de Moncloa. Es la única para varones
a primeros de julio de 1936 y está muy cerca de la calle de Romero Robledo,
lugar donde habían fijado su residencia Liberato Moralejo, militar, y Serafina
Fernández Shaw. El 14 de abril de 1917 había nacido su hijo Antonio en Ma­
drid. Fue bautizado en la parroquia de san Jerónimo el Real con los nombres
de Antonio José Ramón Pedro de la Santísima Trinidad.
Antonio es un niño bien educado. En ello han invertido sus padres
gran esfuerzo personal y económico. Estudia en el Colegio Maravillas,
de los Hermanos de la Salle. Colegio desaparecido en 1931, como tantos
otros colegios, conventos y parroquias, que verán sus muros derribarse
y sus ajuares pasto de las llamas ante los ataques de masas populares
envenenadas por el odio a lo largo de los años 30. Para entonces Anto­
nio ya era alumno, desde hacía un año, del Seminario de la Inmaculada
y san Dámaso en Madrid. En efecto, a los 12 años, el niño comunica a
sus padres su deseo de ser sacerdote. En el Seminario ubicado en las
Vistillas cursará seis años de formación, truncada por la barbarie.

De la vida de Antonio en su etapa de seminarista poco sabemos. To­


dos los archivos fueron incautados por los milicianos y utilizados para
localizar a los seminaristas y llevarlos presos antes de su ejecución. Sí se
ha conservado su expediente académico, del que se deduce que no fue
un alumno especialmente brillante.

Es bastante probable que Antonio estuviera entre los que, tras el reti­
ro del día 18 de julio, hubieron de huir del seminario por la puerta de la
huerta, ante el asalto del edificio por los milicianos de La Latina.

Según ha quedado en la tradición familiar, parece que la defensa de la


iglesia del Carmen de Preciados del asalto de los milicianos es la causa inme­
diata de que vayan a buscar a Antonio a su casa. Sin duda también influyó
que el padre de familia, Liberato, se hubiera negado a firmar la carta de
adhesión al gobierno del Frente Popular en contra de la sublevación militar
en 1935. Redada fructífera para los perseguidores, que en una sola visita se
llevan a los dos: padre e hijo son detenidos, según consta en el atestado poli­
cial conservado en la Dirección General de Seguridad, por «conservar cartas
en las que se revela el carácter religioso y patriota» de los arrestados. Esto
es, estampas religiosas y documentos monárquicos, sin duda conservados
por quien había sido condecorado como miliar en época de Alfonso XIII. En
su domicilio Antonio es interrogado. La sospecha inicial se levanta por no
estar alistado en el frente, siendo joven. A lo que responde Antonio que es
seminarista, provocando su inmediata detención y puesta de ambos, padre
e hijo, a disposición de la comisaría del distrito de Palacio. De allí pasan a la
Dirección General de Seguridad, lugar donde no suelen estar los detenidos
más de dos días, y donde se les toma la filiación. Son llevados después a
la Cárcel Modelo, muy cerca de su domicilio familiar. Allí están un mes en
condiciones lamentables. El avance de las tropas nacionales por la Casa de
Campo y el traslado del gobierno a Valencia hacen que la Junta de Defensa
decida trasladar a los presos de la Modelo. Entre los días 6, 7 y 8 de noviem­
bre de 1936 son sacados del lóbrego lugar. No sabemos la fecha exacta, aun­
que la familia piensa que el 8 de noviembre son conducidos en autobuses,
maniatados, hasta el Castillo de Aldovea, en Torrejón de Ardoz, donde son
asesinados. Sus cadáveres no figuran entre los que fueron después identifi­
cados en 1939. Ambos fueron enterrados, como tantos y tantos otros, en el
cementerio de los mártires de Paracuellos del Jarama.

Terminada la guerra, el nombre de Antonio es inmediatamente incorpo­


rado en ia lista de los seminaristas que habían dado su vida en la persecu­
ción per su condicion de eclesiástico.

JESÚS SÁNCHEZ FERNÁNDEZ-YÁÑEZ


21 años - Estudiante de filosofía

* Cózar (Ciudad Real), 31 de mayo de 1915


t Barrio de La China (Madrid),
21 de septiembre de 1936
▼ Capilla del Santísimo de la Basílica
de la Santa Cruz del Valle de los Caídos

¡C unta! Esta es la acusación principal presentada contra Jesús


Sánchez, previa a su asesinato. Había nacido veintiún años antes en
Cózar (Ciudad Real) un 31 de mayo. Sus padres se llaman Gobirniano,
de profesión carretero, y Emilia. Lo bautizan en la parroquia de san
Vicente del mismo municipio diez días después.

La familia Sánchez Fernández-Yáñez es una familia humilde, obligada a


emigrar allá donde el trabajo les permite seguir adelante: Barcelona, re­
greso a Cózar, y finalmente Madrid, donde Gobirniano se emplea primero
como peón del hospital de San Juan de Dios, y después como portero en la
calle de Donoso Cortés.

De la infancia de Jesús sabemos poco. Parece que quedó muy impresio­


nado con la muerte prematura de su hermano, a juzgar por las anotaciones
que hace al respecto en el reverso de una fotografía familiar. En la memoria
de esta familia se ha conservado el recuerdo de la fe y la piedad vivida en la
casa, y la pronta vocación sacerdotal de Jesús. No sabemos si ingresó primero
en el seminario de Ciudad Real, pues allí, como en el caso de Madrid, muchos
de los documentos desaparecieron con los saqueos practicados durante la
persecución religiosa. En el Seminario de Madrid se conserva su expediente
académico desde cuarto de latín hasta segundo de filosofía, aunque supone­
mos que también cursó tercero, pues aparece como seminarista durante ese
curso en el padrón municipal de la capital. Probablemente, por enfermedad,
no se presentó a los exámenes, aunque sí vivió en el Seminario. Fue un alum­
no brillante: obtiene el meritissimus en prácticamente todas las materias.

Cuando se inicia la persecución religiosa Jesús ya está en su domicilio fami­


liar, como el resto de sus compañeros. Es bastante probable que participase
en el retiro de la mañana del 18 de julio. En su casa puede vivir tranquilo du­
rante las primeras semanas de la contienda. Pero pronto tiene que sufrir la
persecución incluso de los más cercanos, vecinos sobre todo, que no dudan
en usar la amenaza y la delación como arma en un ambiente en el que ser
cristiano está perseguido con la muerte. La familia de Jesús está enfrentada
con una familia vecina que no cesa de insultar y amenazar al seminarista. La
situación se va tensando cada vez más, hasta llegar a un careo directo de Jesús
con un vecino, que se venga pidiendo a unos amigos que interpongan una
denuncia ante el Comité de la calle de la Luna y que lo delaten en la checa de
Fomento, a la que es conducido al día siguiente tras detenerlo en su domicilio
cinco hombres armados. Se conserva un atestado policial que refleja muy bien
la situación de tensión entre las familias: «El día diez y ocho de septiembre del
treinta y seis al regresar a su casa y cuando subía la escalera, detrás de él iba
la madrastra de x [aquel vecino], la cual gritando decía cómo este curita del
demonio me las va a pagar a mí y no será tardando mucho».

La checa situada en la calle de Fomento 9 de Madrid alcanzó entre los ma­


drileños tal resonancia que cualquiera de ellos temblaba con sólo oír su nom­
bre. Quienes allí iban a parar rara vez salían con vida. Cada noche actuaba
un tribunal de jurisdicción privada. La sentencia se ejecutaba de madrugada:
montaban al sentenciado en coches dispuestos para tal fin y en alguna carre­
tera cercana lo mataban a tiros. Félix Schlayer, cónsul de Noruega en Madrid,
tuvo ocasión de visitar esta checa. En su libro Matanzas en el Madrid repu­
blicano escribe: «Llegamos. Dentro estaban las estancias, descuidadas, llenas
de milicianos que corrían de un lado para otro y cuyo aspecto patibulario no
inspiraba confianza alguna. La atmósfera estaba a tono: el terror en cierto
modo estaba en el aire, y el miedo a la muerte que habían experimentado
innumerables víctimas continuaba palpándose y cortando el aliento».

Jesús no pasó por ningún organismo que procesase su situación a través


de un cauce legal. Era práctica habitual que la propia policía otorgase cédu­
las de libertad. Con estos documentos los milicianos, cada noche sacaban
presos de distintos establecimientos penitenciarios y les daban el temible
paseo. En la ficha figuraba «libertad», cuando en realidad les daban muerte
sin quedar registrada la defunción. Lo siguiente que sabemos de Jesús es
la aparición de su cadáver. Su padre declaró al respecto: «Presentaba una
herida de arma de fuego en la espalda; fue hallado en el barrio de La China,
e inhumado en el cementerio del Este». Gracias a unas fotografías previas
a la inhumación, pudo ser identificado. Más tarde, en 1961, fue trasladado
a las criptas funerarias de la capilla del Santísimo de la Basílica de la Santa
Cruz del Valle de los Caídos.

De que su muerte tuvo como detonante el ser seminarista no cabe duda,


si nos atenemos a las acusaciones de curita que recibe por parte de los veci­
nos que lo delatan.
M ig u e l Ta la v e r a S e v illa
18 años - Estudiante de filosofía

* Boadilla del Monte (Madrid), 29 de septiembre de 1918


t Monte de Boadilla, o cerca de Aravaca, 9 de octubre de 1936
▼ Lugar desconocido

El día 29 de septiembre de 1918, día de san Miguel, nace en Boadilla del


Monte (Madrid) el primero de los tres hijos del matrimonio formado por Án­
gel Talavera y Matilde Sevilla. Lo bautizan con el nombre del santo del día.

Es formado en las fuertes convicciones cristianas que viven sus padres y,


en el plano académico, acude a la escuela del pueblo, dedicando el tiempo
libre a las tareas propias de una familia de agricultores. Tras recibir la pri­
mera comunión, Miguel comienza a ayudar a Misa como monaguillo. Están
destinados en este momento en Boadilla varios sacerdotes para atender
no sólo la parroquia, sino los dos monasterios de vida contemplativa que
existen en el pueblo. En este contexto nace su deseo de consagrarse a Dios
como sacerdote. Su párroco es, sin lugar a dudas, quien lo prepara para su
ingreso en el Seminario Conciliar de Madrid, hecho que ocurre en septiem­
bre de 1929. Hasta 1936 transcurren siete cursos, durante los que Miguel
estudia cuatro de latín y tres de filosofía. Es compañero del siervo de Dios
Jesús Sánchez durante el curso 1932-33.

En la memoria de su familia han quedado las visitas que sus padres le hacen
los domingos en el Seminario, al estar cerca del centro de formación el domi­
cilio familiar. Finalizado el curso, Miguel regresa a casa, desde donde es testigo
de la persecución que sufre la Capital. No sabemos si se enteraría del asalto al
seminario el día 18 de julio, durante el retiro para seminaristas de Madrid.

Cuando llegan a Boadilla noticias de las actuaciones de grupos frentepo-


pulistas, algunos del pueblo marchan a Madrid para unirse a ellos. Rendido
el Cuartel de la Montaña, regresan a Boadilla y crean allí un comité revolu­
cionario que asume el control y distribuye las armas con las que se habían
hecho en Madrid. Entre ellos están gran cantidad de mendigos y transeún­
tes que el alcalde madrileño, Rafael Salazar Alonso, había trasladado a esta
localidad y que no dudan en vengar su situación social con las armas re­
partidas entre quienes se vinculaban a la causa común de la persecución
religiosa: se destruye la iglesia parroquial, con sus imágenes y objetos de
culto; y se asalta y destruye también el convento de las Carmelitas. El pá­
rroco, don Benjamín Sanz Rodríguez es detenido y asesinado en Pozuelo de
Alarcón. Al día siguiente le toca su turno al capellán de las Carmelitas, don
Melitón Moran, también asesinado. La causa de canonización de ambos fue
abierta en Madrid el 18 de marzo de 2017.

De ia chec3 de Fomento llega un grupo de milicianos a Boadilla a me­


diados de agosto. Preguntan por una serie de personas entre las que se
encuentra Miguel Talavera. Este hecho pone en evidencia el uso que los
perseguidores hicieron de los expedientes robados durante el asalto al
Seminario. Los datos de Miguel constaban allí, con su dirección, además
de en e1padrón municipal de Madrid. En esta ocasión no se los llevan
detenidos, gracias a la actuación del presidente del Comité. Pero los mi­
licianos regresan ei 7 de octubre, esta vez de la checa de la Puerta del
Ánge!. En la acusación contra Miguel, que provoca su detención consta
«haber sido seminarista». No hay otra causa para la detención. Tan solo
se refieren a él como seminarista, y en alguna ocasión, y por error, lo lla­
man fraile. Es trasladado junto con otros tres paisanos del pueblo, estos
acusados de «haber sido concejales de partidos de derechas», a la checa
de Marqués de Monistrol, en las inmediaciones del paseo de Extremadu­
ra. Desde este momento, los datos sobre el destino de Miguel comienzan
a ser confusos. No se puede precisar ni el lugar ni la fecha exacta de su
asesinato. Ésta se sitúa en torno al 9 de octubre de 1936. No debemos
olvidar que muchas de estas actuaciones criminales se realizan al margen
de un proceso documental que deje rastros históricos. Miguel pudo ser
llevado «al alto de la cuesta de las Perdices, antes de llegar a Aravaca»,
según declaración del tío de Miguel, que tuvo ocasión de preguntar sobre
estos datos a un miliciano. Pudo también ser asesinado en el monte de
Boadilla. Su cadáver no ha podido ser hallado.
De que la causa de la detención y posterior m uerte de Miguel Talavera
sea su condición de sem inarista no cabe duda alguna. Es so b rad am en ­
te conocida la orden de detención expedida por la checa de Fom ento y
ejecutad a por la de Puerta del Ángel en la que se m enciona com o causa
«haber sido sem inarista». Así tam bién aparece en la Causa G en eral, en las
piezas relativas a las checas y a la persecución religiosa en las ce rtifica cio ­
nes de los respectivos fiscales. A p arece su nom bre tam bién en la relación
de m ártires que desde el principio realizó la diócesis de M adrid-A lcalá. En
Boadilla, esta m em oria ha quedado plasm ada en la calle que el m unicipio
dedica a sus sacerdotes y a su sem in arista: la calle de los M ártires.

O Á n g e l T r a p e r o S á n c h e z -R e a l
20 años - E s tu d ia n te d e le o lo g ía

* N avalcarnero (M adrid) 23 de junio de 1916


t Cem enterio del Este,
9 de noviem bre de 1936
t Panteón fam iliar, en el cem enterio
de N avalcarnero. Desde 2017,
bajo retablo de San Dám aso, en la capilla
del Sem inario Conciliar de M adrid

Navalcarnero es uno de los puntos claves que sirve de base a la curia d ioce­
sana madrileña en el exilio durante la Guerra Civil. Allí se instaló su sede el 26
de noviembre de 1936, una vez conquistada la zona suroeste de Madrid por las
tropas nacionales. Pocos días antes, el 9 de noviembre, en las tapias del ce m e n ­
terio del Este, era ejecutado un hijo del pueblo: el seminarista Ángel Trapero.

Había nacido en esa localidad m adrileña el 23 de junio de 1916, en el seno


de una fam ilia acom odada. Su padre, Juan Trapero, segoviano, era relojero.
Su m adre, Sabina Sánchez-Real, era natural de San M artín de Valdeiglesias
(Madrid). Lo bautizan en la parroquia de la Asunción, que sería saqueada
durante la guerra junto con las ermitas de san José, san Roque y Vera Cruz.

No tenemos datos de la infancia de Ángel hasta el inicio de sus estudios


eclesiásticos en Madrid, en cuyo Seminario se matricula por vez primera en
segundo de latín Antes debió cursar primero en algún otro seminario del
que no tenemos noticia. En el Seminario Conciliar de la Inmaculada y san
Dámaso hace siete cursos: tres de latín y humanidades, tres de filosofía y uno
de teología. Sus calificaciones son sobresalientes. En su formación colaboran
don Rafael García Tuñón, rector, y don José María García Lahiguera, director
espiritual. No hay duda de que la reciedumbre de ellos recibida fue pieza cla­
ve para afrontar la persecución religiosa ocurrida también en su pueblo natal
cuando llega allí en julio de 1936, finalizado el curso.

Navalcarnero se mantiene bajo el control del gobierno de la República


hasta octubre de 1936, cuando fue tomada por el ejército de Burgos. Hasta
ese momento el control del municipio lo asume la Brigada de investigación
crimina!, al servicio de la Dirección General de Seguridad, de cuyos archivos
se sirve para la localización de los llamados enemigos de la República. A este
archivo se une el incautado en el Seminario durante su asalto en julio, donde
constan los datos de los seminaristas. Sólo así se entiende la localización de
Ángel Trapero, cuyos datos no constan en ningún otro lugar, al no estar afilia­
do a organización ni grupo político alguno.

El 11 de octubre la casa de don Juan Trapero recibe una desagradable visita:


un grupo de milicianos practica un registro en su domicilio. Se llevan consigo di­
nero, joyas y a su hijo Ángel por ser seminarista. Lo trasladan a la checa de García
Atadell, donde está dos días. Luego es puesto a disposición de la Dirección Gene­
ral de Seguridad, organismo que tiene su origen a finales del siglo XIX y que, en
dependencia del Ministerio de la Gobernación, fue responsable de las políticas
de orden público en todo el país, con una habitual praxis de silencio ante las sa­
cas, checas y paseos practicados por los grupos responsables del hostigamiento
anti católico. De sus calabozos ha dejado escrito Félix Schlayer, ingeniero alemán
vinculado a la embajada de Noruega: «Sólo Dante podría describir lo que ocurría
allí en aquellos días de tan espantosa saturación y horrible cohabitación».
El 17 del mismo mes Ángel es llevado a la cárcel de Porlier sin orden
judicial alguna. Se trataba de las instalaciones del colegio Calasancio, en
la manzana formada por las calles del General Diez Porlier, Lista, Padilla
y Conde de Peñalver, incautado por el gobierno republicano en aplica­
ción del artículo 26 de la Constitución de 1931, que prohibía a las con­
gregaciones religiosas la dedicación a la educación o a actividad alguna,
quedando su patrimonio afecto al Estado. El 9 de noviembre hubo una
saca de treinta y un reclusos en aquella cárcel. Era un procedimiento
habitual de extracción masiva y sistemática de presos desde los espacios
reducidos donde habitualmente se hacinan los detenidos, encerrados en
grupos de hasta seis personas en celdas individuales, con destino al lu­
gar donde son ejecutados. En este caso, son trasladados al cementerio
del Este. Con Ángel van al menos dos sacerdotes: los hermanos Marcial
y José Oliver Escorihuela; y muy probablemente Maximiliano González
Bustos y Bernardo del Campo, también presbíteros. Sus cadáveres fue-
ron enterrados en una fosa común. Ángel es inscrito como cadáver des­
conocido, muerto a causa de una hemorragia. «La muerte del mártir es la
muerte del cristiano por excelencia. Esta muerte - según escribía Carlos
Rahner -es aquella que, en el fondo, la muerte cristiana debe ser». Ángel
llevó esta afirmación hasta el final.

Como escribía Javier Real en la publicación conmemorativa del cente­


nario del Seminario de Madrid, Ángel Trapero es «de aquellos seminaristas
cuyo martirio es patente». En efecto, desde el primer momento su nom­
bre fue ¡ncluido en el listado de mártires elaborado por la diócesis de Ma-
drid-Aicaíá y enviado a los párrocos terminada la Guerra Civil. Sin duda, era
uno de ios que estaba en la mente del obispo Eijo y Garay cuando, en 1937,
escribe la carta pastoral titulada La hora presente: «¡La paz sea con voso­
tros! Esa paz, amadísimos hijos, la habéis merecido con el martirio moral
de vuestros sentimientos y el martirio cruento de tantos y tantos hijos muy
amados que han sucumbido atravesados por las balas homicidas sus cora­
zones por el ¡delito! de amar a Dios y a España».

Finalizada la contienda, el cadáver de Ángel pudo ser identificado gra­


cias a unas fotografías y su cuerpo fue trasladado al panteón familiar del
cementerio de Navalcarnero. El 7 de diciembre de 2017, en el marco de las
Vísperas de la Solemnidad de !a Concepción Inmaculada de la Virgen Ma­
ría, patrona dei Seminario de Madrid, los restos del siervo de Dios fueron
depositados en ía capilla del Seminario, bajo el retablo de San Dámaso -se­
gundo patrono del Seminario y papa de los mártires romanos. Asistieron al
emotivo acto los obispos de la Provincia eclesiástica de Madrid y los semi­
naristas de las tres diócesis madrileñas, junto con los rectores y formado-
res, así como familiares de Ángel Trapero y de otros seminaristas mártires.
La inscripción del sepulcro recuerda a los actuales seminaristas que tienen
muy cerca a Ángel y a los demás compañeros mártires y - con palabras de
san Clemente Romano - los invita a acercarse a ellos, atletas de Cristo ven­
cedores en el certamen de la fe.
C a sto r Z a r co Ga r c íá
23 años - Subdiácono

* Socuéllamos (Ciudad Real),


20 de febrero de 1913
t Alcalá de Henares,
18 de septiembre de 1937
▼ Basílica de la Santa Cruz
del Valle de los Caídos

Entre las provincias de Cuenca, Alba­


cete y Ciudad Real, en la localidad agríco­
la y ganadera de Socuéllamos nace, un 20
de febrero de 1913, el segundo de los hi­
jos del matrimonio formado por Timoteo
y Carmen. Lo bautizan en la parroquia del
pueblo y le ponen el nombre de Cástor.

Familia humilde de jornaleros que no escatima esfuerzos para la forma­


ción de sus hijos. Piden ayuda al maestro, don Pedro José del Amo, que
había abierto una escuela en la que compaginaba la instrucción académica
con la vida de piedad. Aquel maestro, que dejó un profunda huella en el co­
razón de nuestro seminarista, va a ser el instrumento elegido por Dios para
que Cástor descubra su vocación. En el informe que le solicita el Obispado
de Madrid antes de la admisión de Cástor a la tonsura, el párroco de Socué­
llamos dice: «Desde sus primeros años ha demostrado inclinación al estado
eclesiástico». Inclinación que se ve reforzada por el ambiente religioso que
se respira en su familia. Timoteo, su padre, y también Pedro José, su maes­
tro, pertenecen a la Adoración Nocturna, calando el ambiente eucarístico
en el corazón del muchacho.
Don Pedro José prepara a Cástor para el ingreso en el Seminario, no sólo
espiritual, sino también materialmente: consigue para él una beca de me­
dia pensión y una benefactora que cubra el resto de los gastos. No sabe­
mos si ingresó en un primer momento en el Seminario de Ciudad Real y se
traslada después al Conciliar de Madrid. El caso es que en este último se
conserva su expediente desde segundo de latín hasta cuarto de Teología.
Un total de 10 años de formación, truncada por la guerra. Alumno brillante,
que combina su pasión por el saber con el espíritu de esfuerzo aprendido
desde niño en una familia que ha de trabajar mucho para salir adelante,
Cástor obtiene varios premios extraordinarios: uno por el estudio del latín
y otro por el estudio de Teología Dogmática. El 6 de junio de 1936 recibe el
subdiaconado en la capilla del Palacio Episcopal.

De las cartas enviadas a sus padres y conservadas por la familia podemos


extraer datos de cómo era, no sólo la vida de Cástor en el Seminario, sino
el ambiente general en el que se formaban los futuros sacerdotes: partidos
de fútbol entre filósofos y teólogos, el seminario de verano, ejercicios es­
pirituales, la vivencia de las ordenaciones sacerdotales de los compañeros,
bodas de plata del seminario en 1931 junto a la Novena a la Inmaculada, o
cómo vivieron los seminaristas los momentos de tensión política, traduci­
dos en muchos casos en persecución religiosa, habitando ellos en el cora­
zón de la diócesis. En 1934 tiene lugar una revolución huelguista, siendo el
entorno del seminario uno de los ámbitos más virulentos de enfrentamien­
to entre los obreros y las fuerzas de seguí idad. En octubre, Cástor escribe a
sus padres: «Como saben ustedes es quizá el sitio más estratégico de Ma­
drid, porque dominado él se tiene dominado uno de los sitios más eficaces.
Cayó en ello el Gobierno y situó aquí una guarnición de asalto pertrechada
de mucha metralla. Pero no ha sido utilizada para nada. La revolución la
hemos vivido a nuestro modo: sin clase. ¿Cómo iban a venir los profeso­
res? Y asomados a las ventanas, viendo hacerse y deshacerse barricadas y
oyendo sobre todo el tiroteo; ya oíamos tiros como quien oye llover. Creo
que dispararían muchas veces al aire; había ratos en los que el estruendo
semejaba el ruido de una traca. Los hemos tenido bien cerca [...]. Alguna
bala IJpgó aquí, rlavindese e.*í c/ tcc.'iu u'e una ceida aespues de perforar el
cristal y la recia madera de la ventana».
En 1936 escribe otra carta en la que cuenta a sus padres cómo está el
ambiente en el interior del Seminario a pocos meses de tener que abando­
nar la formacion: «Hay varios que tienen a su padre o a su hermano en la
cárcel y algún caso hay de saberlo todos menos él: el padre de uno que, por
defender una finca de la que es guarda, tuvo que hacer fuego... Los herma­
nos de otros andan sin poder dormir en casa porque andan tras ellos [...]
Tres dias de tranquilidad aquí es algo casi sospechoso».

No cabe duda de que en los ejercicios espirituales que inicia pocos días
despues como preparación para su ordenación de subdiácono revive una
y otra vez los acontecimientos que les narra a sus padres, y que dibujan
el ambiente en ei que quiere consagrarse como sacerdote. Es posible que
también estuviese en el retiro del 18 de julio, pues se conserva una postal
de felicitación que le envía a su madre por su onomástica el día 16.

Haber vivido en Madrid con los milicianos a la puerta le sirvió de entre­


namiento para soportar la reclusión en su casa, en el pueblo que lo vio na­
cer. E! alcalde y otros cuantos frente-populistas han formado una columna
de milicianos que actúan con virulencia en la zona. Los tiene enfrente de
casa. ES 10 de agosto asaltan la iglesia parroquial, destruyen las imágenes,
e! retablo y roban los vasos sagrados. Con lo que no consideran de valor
hacen mofa: se disfrazan con los ornamentos y hacen chanza. Comienzan
ios asesinatos en el cementerio municipal. Y comienzan también las presio­
nes: presiones para alistarse en un batallón que se está formando con los
jóvenes de ¡a zona.

La vida de los pueblos tiene su propia idiosincrasia. Todos saben que Cás­
tor es seminarista. Sus padres temen por él. Tanto que lo envían a Cuenca,
a Villaescusa de Haro, a casa de un amigo izquierdista. Llega escondido en
un carro. Allí, nadie lo conoce. Pero la paz iba a durar poco: el gobierno,
trasladado ya a Valencia, publica una orden en 1937 según la cual deben
incorporarse al ejército los reemplazos desde 1932 a 1935. Cástor es del
de 1934. No tiene escapatoria. Se incorpora a filas, en concreto a la Briga­
da móvil de choque "El Campesino" de Madrid. De este periodo tenemos
también la correspondencia con sus padres, de gran ayuda para conocer
sus hazañas. Después de algunos traslados a diferentes lugares de la mese­
ta, se afinca en un cuartel de Alcalá de Henares. Se le nota preocupado en
sus letras. Pero no deja de animar a los demás: «Muchachos, confianza en
Dios. Él sobre todo; y cada cual quedará en su puesto, si no en esta vida, en
la otra. La esperanza y el optimismo son cristianos. La murria y la tristeza,
no». Y de repente, ninguna carta más. No hay respuesta. Nadie sabe qué ha
pasado con Cástor. Sólo que en sus últimas noticias, en clave, deja entre­
ver que teme por su vida. El acta de defunción inscrita el 6 de septiembre
de 1941 en Alcázar de san Juan certifica que Cástor «murió en Alcalá de
Henares el 18 de septiembre de 1937 a las cinco horas, asesinado». No se
conocen las circunstancias concretas de su muerte. Sí, que fue delatado por
un paisano. Hasta en esto se asemejó a su Señor. Sus restos fueron enterra­
dos en una fosa común y, más tarde, trasladados al Valle de los Caídos, sin
individualizar.

De la fama de martirio de Cástor dan cuenta su inclusión desde el prin­


cipio en el Boletín de la diócesis que recopila el martirologio diocesano, y
la actuación de sus paisanos, que en cuanto tienen noticia de su asesinato
lo tienen como mártir y recogen y guardan todas sus pertenencias. «El con­
suelo que tengo es que lo perdí por bueno» - dirá su madre en un homena­
je tributado a su hijo por el pueblo de Socuéllamos.
Ma r ia n o A r r iza b a la g a Espa ñ o l
21 años -Seminarista de Barbastro,
Estudiante de filosofía

* Barbastro (Huesca), 11 de marzo de 1915


t Castillo de Aldovea, Torrejón de Ardoz,
8 de noviembre de 1936
t Cementerio de los mártires
de Paracuellos del Jarama

De los ocho hermanos Arrizabalaga Español, tres van a ser especialmen­


te objeto de persecución: Mariano, seminarista, Rafaei y Lorenzo, por su
militancia en la Acción Católica. Había nacido Mariano en Barbastro (Hues­
ca) el 11 de mazo de 1915. Fue bautizado en ¡a catedra’ de aquella ciudad
con los nombres de Mariano Víctor Joaquín José Manuel.

Su padre, Joaquín, zaragozano, es capitán de infantería. Esta condición


hace que junto con su mujer, María Teresa y sus ocho hijos se trasladen por
toda la geografía española, destacando la estancia en Ceuta, donde es he­
rido en la guerra y donde Mariano descubre su vocación ai sacerdocio. Una
de las principales preocupaciones para la familia es la instrucción de sus hi­
jos, sobre todo para don Joaquín, especialmente sensibilizado con la nece­
sidad de formación humana e intelectual al estar dedicado a la instrucción
de los militares analfabetos. Acuden para ello a los Padres Agustinos en
Ceuta, y tras su regreso a Barbastro, a los Escolapios. Para entonces, Maria­
no ya ha descubierto su vocación. Don Joaquín lo convence para que aplace
su decisión hasta después de concluir sus estudios de Bachillerato. Llegado
este momento, solicitan su ingreso en el Seminario Pontificio de Comillas,
regentado por los jesuítas. Allí inicia su formación en 1929 como semina­
rista de Barbastro. El plan de estudios es similar al del Colegio Español de
Roma, o al de la Universidad Gregoriana: cinco cursos de letras humanas,
esto es, literatura española, latina y griega; tres de filosofía y ciencias, cua­
tro de teología y tres de derecho canónico.
El día a día propio de un periodo formativo se va a ver interrumpido pronto.
La Constitución de 1931 proscribe las asociaciones cuyos miembros presten
obediencia a cualquier entidad ajena a la República. Su artículo 26 dice así:
«Quedan disueltas aquellas órdenes religiosas que estatutariamente impongan
además de los tres votos canónicos, otro especial de obediencia a autoridad
distinta de la legítima del Estado. Sus bienes serán nacionalizados afectados a
fines beneficos y docentes». Se está atacando frontalmente a la Compañía de
Jesús por el cuarto voto de obediencia al Papa. El presidente de la República
por medio del ministro de justicia, Fernández de los Ríos, ordena la disolución
en todo el territorio nacional de la Compañía fundada por Ignacio de Loyola. To­
dos los jesuítas dejan de vivir en sus casas y sus bienes pasan al patrimonio del
Estado. La Universidad Pontificia de Comillas y el Seminario se vieron afectados
parcialmente, los jesuítas que los regentan tienen que abandonar el centro el
2 de febrero de 1932, pero el inmueble permanece en manos eclesiásticas, por
pertenecer tanto la Universidad como el Seminario a la Santa Sede.

Durante este tiempo, otros acontecimientos, esta vez familiares, van


marcando la vida de Mariano. Su padre, en cumplimiento del decreto gu­
bernativo de 22 de abril de 1931 firma su adhesión al gobierno de la Re­
pública. Ese mismo año, don Joaquín pasa a la reserva al acogerse a la ley
Azaña de 25 de abril. Pretendía el Ministro de Guerra modernizar el ejérci­
to. Permite a los oficiales pasar a la reserva y al retiro con solo solicitarlo.
El descanso no le va a durar mucho. En 1934 toda la familia se traslada a
Madrid para tratar una enfermedad del padre de familia. Alquilan un piso
en ia calle de Martín de los Heros, hasta encontrar su residencia definitiva
en !a calle de Benito Gutiérrez. La familia destaca por su compromiso cris­
tiano. Dos hermanos de Mariano, Joaquín y Rafael, de los primeros afiliados
de la Acción Católica de Barbastro militan ahora en el Centro del Corazón de
María que acababa de llegar a Madrid. Este mismo año fallece don Joaquín.

El inicio de la Guerra Civil sorprende a Mariano en Madrid por estar aho­


ra aquí su familia. Por eso ha sido incluido entre los seminaristas mártires
de esta Causa. Llega a casa pocos días antes del asalto del Cuartel de la
Montaña, el 20 de julio de 1936, seguramente ajeno a las vicisitudes simila­
res que están viviendo los seminaristas madrileños.
La familia está siendo fuertemente acosada por los frentepopulistas, sobre
todo por la militancia de Joaquín y Rafael en la Acción Católica. Este último
es incluso detenido y llevado a declarar a la checa del Palacio de Rodas en la
calle Españoleto. Joaquín permanece escondido hasta su ingreso en la Emba­
jada de Chile, donde muere por causa de los padecimientos y la desnutrición.

El 5 de octubre es practicado un registro domiciliario y son detenidos


Mariano, su hermano Rafael y un cuñado. Son llevados a la checa de Fo­
mento, donde permanecen varios días, y desde donde son trasladados a la
Dirección General de Seguridad, antes de ser recluidos en la Cárcel Modelo
el 9 de octubre, según el testimonio del sacerdote redentorista José María
Ibarrola, preso con ellos en la Galería 5- de la misma prisión. La razón de la
detención de Mariano, sin afiliación política alguna y prácticamente recién
llegado a Madrid, no puede ser otra que su condición de seminarista.

Permanecen en la Modelo un mes aproximadamente, pues Mariano


figura en las sacas practicadas entre los días 7 y 9 de noviembre. En ese
tiempo, los allí detenidos se dieron ánimos unos a otros para dar testimo­
nio de su fe. En un autobús de la Sociedad Madrileña de Tranvías Mariano
es trasladado al castillo de Aldovea, en Torrejón de Ardoz. Aún quedaban
muchos cadáveres sin enterrar en Paracuellos del Jarama de los asesinatos
de la noche anterior. Convenía cambiar el lugar de las ejecuciones. De las
declaraciones juradas ante el tribunal de la causa general de Madrid ex­
traemos el clima general de horror en medio del cual brilla la luz de quienes
entregan su vida al grito de ¡viva Cristo, Rey! Los testigos declaran que «el
primer convoy formado por cinco autobuses de dos pisos llegó al Castillo de
Aldovea. Los detenidos, con las manos atadas a la espalda, fueron bajados y
colocados de espaldas. En grupos de unas veinticinco personas iban siendo
fusilados hasta acabar con todos. El capitán hacía sonar un pito y los de la
gorra hacían la descarga. Antes de disparar los milicianos los fusilados grita­
ban "viva Cristo Rey". Llegaron otros tres autobuses. Sus ocupantes fueron
asesinados hasta completar el número de cuatrocientos catorce muertos.
El capitán dio orden de dar sepultura a los cadáveres. Como ya estaban en
el caz, la labor se limitó a echar un poco de tierra por encima. Asi permane­
cieron, casi insepultos hasta 1939».
El 15 de diciembre de 1939 fue posible la identificación del cadáver de
Mariano gracias a la cartilla militar que conservaba en uno de los bolsillos
de la ropa. Su hermana lo reconocio también por la camisa que llevaba.
Ambas reliquias, empapadas en la sangre del mártir, fueron donadas al Se­
minario de Madrid en septiembre de 2017 por doña Beatriz Arrizabalaga,
sobrina de Mariano. El cadáver fue trasladado al cementerio de los márti­
res de Paracuellos del Jarama, donde recibió sepultura en una de las fosas
comunes.

La fama de martirio de Mariano está vinculada sobre todo a su familia y


a Comillas, que lo incluye en una placa con los nombres de los mártires del
Seminario Pontificio.

O Ra m ó n R u iz P ér ez
24 años -Seminarista de Toledo,
Subdiácono

* Peal de Becerro (Jaén), 21 de mavo de 1912


t Pozo del Tío Raimundo (Madrid),
11 de agosto de 1936
▼ Cripta de la Capilla del Sagrario
de la Catedral de Jaén

Ramón asistió a la escuela de su pueblo, como todos los niños de su


entorno, pero enseguida se vio obligado a alternar el estudio con el cui­
dado del campo, algo habitual entre las familias de labradores en aquella
época. Había nacido en Peal de Becerro, en la provincia de Jaén, un 21 de
mayo de 1912. Son sus padres Ramón Ruiz Moreno, agricultor, y Francisca
Pérez Martín, dedicada a sus labores. Lo llevan a bautizar a la parroquia
de Nuestra Señora de la Encarnación, y le ponen el nombre de Ramón del
Socorro. Allí mismo recibirá la Primera Comunión y ia Confirmación, pero
no tenemos constancia de las fechas, por haber sido destruido el archivo
parroquial.

Con trece años acude al Seminario de Toledo, diócesis a la que perte­


nece su pueblo hasta 1954, cuando Pió Xli firma la anexión del Adelantado
de Cazorla (región a la que civilmente estaba vinculada la localidad) a la
diócesis de Jaén No conocemos el motivo por el cual no llegó a Ingresar
allí, sino en el Seminario menor San Felipe Neri, en Baeza. Destaca por su
buena conducta, aunque no por su brillantez académica. Durante los cuatro
años que permanece en Baeza llega con ciertas dificultades al tercer curso
d«< latín Solicita su traslado al seminario de Toledo, donde cursa a partir
del año siguiente cuarto de latín, tres cursos de filosofía y tres de teología.
Obtiene ahora buenas calificaciones, que debe mantener para conservar la
boca de residencia que le han concedido, y que lo obliga además a alter­
nar ‘«us estudios con tareas de fámulo. Tras recibir en 1936 de manos de
su ar/obispo, el Cardenal Gomá, la tonsura y las cuatro órdenes menores,
marcha a su casa a pasar las vacaciones con su familia, donde lo sorprende
la persecución religiosa

La catedral de Jaén es habilitada como cárcel en agosto, al quedarse pe­


queña la prisión provincial ante la cantidad de detenidos provenientes de
toda la provincia. Allí son conducidos Ramón y el párroco de Peal de Be­
cerro, Don Lorenzo de Mora, tras ser arrestados por ser seminarista uno,
y sacerdote el otro. No dejan los milicianos de profanar la iglesia parro­
quial, destruyendo todos los objetos religiosos. En la catedral convertida
prisión se hacinan cerca de mil personas, bajo condiciones extremas de
alimentación e higiene. Entre ellos, el obispo de la diócesis, el hoy beato
mártir Manuel Rasulto, junto a un número elevado de sacerdotes.

Durante los días de prisión no se interrumpió nunca el culto divino.


«Aprovechando algunos ejemplares del brevario, escapados del pillaje de
los usurpadores, los sacerdotes presos se ingeniaron para rezar el oficio di­
vino Pero a esto y a las devociones privadas hubo forzosamente de reducir­
se todo, dadas las pocas facilidades que para cualquier reunión clandestina
podían ofrecer la nave o la sacristía», según cuenta Antonio Montero en
su Historia de la persecución religiosa. De esta manera, ion reconfortados
por ia oración, «tomando las ramas la savia del árbol de la cruz del Señor,
convirtiéndose en plantación de Dios que da un fruto incorruptible» (San
Ignacio de Antloquía), El contacto de Ramón con los sacerdotes y el obispo,
que con él comparten la misma suerte, ayuda a todos a afronur un destino
que con facilidad Intuyen, «distribuyéndose entre los necesitados lo que
ellos tenían en abundancia» (Euseblo de Cesarea).

Un artículo publicado en el Diario de Jaén en 1949 narra, de mano de


uno de los sacerdotes presentes en la catedral, I# solemne salida del templo
del obispo, el seminarista y más de un centenar de reclusos, con destino a
la prisión de Alcalá de Henares, a la que nunca llegarán.

«Una larga hilera de presos esperaban la orden de marcha. El señor obis


po con sus familiares atravesó estas filas de presos, compañeros de su
viaje y que también habrían de serlo de su martirio, los cuales inclinaban
la cabeza al paso del prelado en señal de profundo respeto. El señor
obispo les iba bendiciendo disimuladamente hasta la puerta de salida,
en que dirigió una mirada a la capilla en donde se custodiaba la reliquia
del Santo Rostro, iCómo entendimos los que lo presenciamos lo que
quería decir aquella mirada I».

Leocadio Moreno y Felipe Galdón, dos laicos detenidos y presos en la


catedral, iban en ese mismo tren con dirección a Alcalá de Henares. Testi
gos presenciales de lo ocurrido, narran los terribles sucesos ocurridos en el
trayecto:

«Nos trasladaron en unión del limo. Sr. Obispo de Jaén, el Deán y una
hermana y cuñado del obispo. Partió el tren hacia Madrid siendo insulta'
dos todos los ocupantes del mismo en todas las estaciones del trayecto
por las hordas rojas, las cuales querian sacar al obispo para asesinarlo
[...]. Al llegar a las inmediaciones de Villaverde Bajo fuimos detenidos
por las turbas. Pedían a las fuerzas de la Benemérita que nos custodia*
ban que nos dejasen en su poder. Supe que hablaron por teléfono con el
Ministro de la Gobernación, Casares Quiroga, que había dado órdenes
de que nos entregasen a aquella horda de salvajes. A unos ochocientos
o mil metros de allí comenzaron a asesinar, siendo el prim ero el obispo,
su hermana y su cuñado».

En aquel lugar. Üamado el Pozo del Tío Raimundo, es asesinado tam bién
el seminarista Ramón Ruiz Pérez. Los cadáveres son recogidos en cam ione­
tas y enterrados en ei cementerio de Puente de Vallecas. Term inada la G ue­
rra. los cuerpos de quienes viajaron en el Tren de la muerte son devueltos a
¡a catedral de Jaén e inhumados en la capilla del Sagrario.

La entrega martirial de Ramón ha quedado diluida históricam ente por


ias circunstancias de su propia biografía: natural de Jaén, donde inicia sus
estudios eclesiásticos antes de pasar al Seminario de Toledo, entrega su
vldó iejos de estos escenarios, en Madrid. No cabe, sin embargo, la m enor
duda de que su asesinato se debe a su condición de sem inarista y no a ra­
zones políticas o de otro tipo. De hecho, en la placa que se coloca en la ca-
tedrai de Jaén cuando son trasladados allí los restos de los asesinados en el
Tren de Jaén, figura su nombre bajo el título Relación de mártires inmolados
por Dius y por España cuyos gloriosos restos yacen bajo el signo de la Santa
Cruz trazada en ei suele.
o J ulio Pardo P ern ía , 63 años
Sacerdote, confesor de las Hospitalarias
de Ciempozuelos. Tío del seminarista
Pablo Chomón Pardo

* Pampliega (Burgos), 14 de enero de 1873


t Valdemoro, 7 de agosto de 1936
▼ Basílica de la Santa Cruz
del Valle de los Caídos

Quien cuidó como un padre de su sobrino P3blo, seminarista, y vivió su


mismo fin nace en Pampliega (Burgos) el 14 de enero de 1873. Hijo de los
comerciantes burgaleses Juan Pardo y Juana Pernía, recibe el bautismo en
la parroquia de su pueblo natal.

Con trece años ingresa en el Seminario diocesano de san Jerónimo de


Burgos, donde está matriculado durante ocho cursos. Tras obtener la dis­
pensa del Papa León XIII por no llegar a la edad canónica requerida, es or­
denado presbítero el 8 de junio de 1895. Inicia su actividad pastoral en la
parroquia de Valles de Palenzuela y en 1897 es nombrado párroco de san
Miguel de Quintanilla de Escalada, donde se hace cargo también del cole-
gio-preceptoría, erigido por el director del Banco de España y puesto bajo el
patronato del Arzobispado de Burgos. Ofrece la posibilidad de estudiar latín
y humanidades como preparación para ingresar en el Seminario diocesano.
Su celo pastoral lo lleva a crear también una Asociación dedicada a la catc­
quesis y a las misiones populares.

Con don Julio se traslada a Quintanilla su familia. Petra, su hermana me­


nor y madre de Pablo, conoce en este pueblo a Guillermo Chomón, con
quien contrae matrimonio, naciendo de esta unión Lorenzo y Pablo. Ambos
son educados por su tío y preparados para ingresar en el seminal io. De
entre todos sus sobrinos, cuatro ingresan en el Seminario de Madrid, y dos
son ordenados sacerdotes. No lo serán Lorenzo, que sale pronto del Sem i­
nario, ni Pablo, que sufre la muerte de manos de los perseguidores de la
religión siendo aún acólito.

A la persecución durante el periodo republicano, de cuya legislación se


deriva el cierre de su colegio-preceptoría, se une el dolor por la separación
matrimonia! de su hermana, que se traslada con los dos niños a M adrid. Se­
guramente sus sobrinos colaboran en buscarle un destino cerca de la nueva
residencia de la familia. Y don Julio es nombrado confesor de las Religiosas
Hospitalarias de Ciempozuelos, para lo que, según el Código de derecho
canónico de 1917 se requiere «sacerdotes con licencias de sus superiores,
que sobresalgan por su prudencia e integridad de costum bres, que adem ás
hayan cumplido ios cuarenta años de edad». La buena reputación de don
Juiio, y su fama de santidad es percibida incluso por los que le causarán la
muerte mas adelante quienes lo describen a una de las herm anas Hospita­
larias díc¡2 ndo: tienen ustedes por confesor a un santo.

Su hermana Petra se traslada a vivir con él a Ciempozuelos, dejando la


casa que hasta entonces la había acogido y donde había vivido con su her­
mana Ángeies y su cuñado Abundio, padres del sacerdote Pedro M artínez
Pa^do, y dei seminarista Teodosio Martínez Pardo.

El resto de su vida transcurre paralela a la de Pablo, su sobrino sem ina­


rista Ambos entregan su vida en Valdemoro. Siendo don Julio una persona
nasta cierto punto desconocida en la diócesis, también su nombre aparece
en la iista de personas que durante la persecución religiosa son asesinados
por su condición de eclesiástico.
o
Liberato M o ralejo J uan , 60 años
Padre del seminarista Antonio
Moralejo Fernández-Shaw

* Valencia, 15 de octubre de 1875


t Castillo de Aldovea (Torrejón de Ardoz),
8 de noviembre 1936
t Cementerio de los mártires
de Paracuellos del Jarama

Liberato perdió a sus padres cuando tenía tan solo 10 año*: Nace en Valen­
cia el 15 de octubre de 1875. Su padre, José, había sido Guardia Civil. Su ma­
dre se llamaba Rita. Liberato es bautizado en la parroquia de la Purísima de la
ciudad del Turia. Cuatro años después nacería Josefa, la pequeña de la familia.

José muere en Cuba, a donde había sido destinado tras ser ascen­
dido a alférez. Poco después, la epidemia de cólera que sufre Valencia
en 1885 siega la vida de Rita. Dos huérfanos, Liberato y Josefa, de 10 y
6 años respectivamente quedan a cargo de un tutor, un capitán de la
Guardia Civil retirado, Antonio Martínez Pérez.

No sale el niño del ámbito militar. En 1887 ingresa en el Colegio de Huér­


fanos de la Guardia Civil, en la localidad madrileña de Valdemoro. A partir
de este momento, inicia una carrera de ascensos y cambios de destino que
lo llevan a la Comandancia de su Valencia natal, donde conoce a Serafina
Fernández Shaw, de origen gaditano. Se casan en Cullera, en la parroquia de
los santos Juanes. No acaban ahí los ascensos de Liberato. La nueva familia
se traslada a Cádiz, Almería, El Escorial, Pontevedra y Madrid, donde nacerá
Antonio, nuestro seminarista. No fue Antonio el único hijo nacido de este
matrimonio, que trajo al mundo cuatro niños y una niña. Salvo el pequeño
Liberato todos mueren pronto: Carlos y Gabriel en el frente: Pepita muere
muy pequeña; y Antonio, víctima de la persecución religiosa.
En 1931 Liberato promete lealtad al régimen republicano. De no ha-
nerlo hecho, habría sido jubilado en aplicación de la ley Azaña en m ate­
ria militar, que pretende, sobre todo, republicanizar al ejército . Al poco
de ser proclamada la República, el M inistro de Guerra obliga, por d e cre ­
to, a prestar promesa de fidelidad al nuevo régimen para quienes q ui­
sieran continuar la carrera militar. Quien se opuso, pasó d irectam en te al
retiro. Aunque Liberato trabajó hasta 1935 para el gobierno rep u b lica­
no, parece que al final debieron existir ciertas tensiones, a pesar de no
tener filiación política alguna. El gobierno del Frente Popular, a través
del General Joaquín Rodríguez Mantecón, le solicita una firma de adhe­
sión frente a los militares sublevados. Liberato se niega, probablemente
por el tinte antirreligioso que estaba tomando la situación.

Muy unido está a su hijo pequeño, Antonio, seminarista. Y esta unión


va a quedar sellada viviendo la misma muerte. Ambos son víctimas de
la persecución religiosa. La tradición familiar ha conservado la memoria
de la decisión de Liberato de acompañar a su hijo a donde se lo lleva­
sen. Se une a su decisión el haber encontrado entre sus pertenencias
documentos monárquicos, algo normal por otra parte para quien había
servido como militar y había sido condecorado durante ti reinado de
Alfonso XIII. Tras pasar por la comisaria de Palacio, :a Dirrcción General
de Seguridad y la Cárcel Modelo, la Junta de Defensa ve peligrosa su
permanencia en este lugar por la cercanía de la línea de frente del ban­
do nacional. Un avance de los enemigos haría engrosar sus filas con los
presos de la Modelo. El traslado se convierte en masacre. Los nombres
de Liberato y de su hijo Antonio figuran entre los trasladados entre los
días 6 a 8 de noviembre de 1936. La familia cree que fueron asesinados
ambos el día 8 de noviembre en el Castillo de Aldovea, de Torrejón de
Ardoz, y enterrados más tarde en una fosa común en el cementerio de
los mártires de Paracuellos del Jarama.

Sólo entre su familia se mantuvo la memoria de su martirio y su de­


cisión de acompañar a su hijo en su misma suerte. Su nombre ha sido
recientemente rescatado del olvido de la historia e incorporado entre
los mártires de la persecución religiosa.
PARA SABER MÁS
A) Sobre la historia del martirio de los cristianos en el siglo XX:

En todo eí mundo:
Andrea Riccardi, El siglo de los mártires. Los cristianos en el siglo XX, (Bar­
celona 2001), Colección Mártires del siglo XX, Encuentro, Madrid 2018.

En toda España:
Vicente Carcei Orín, Caídos, víctimas y mártires. La Iglesia y la hecatombe
de 1936, Espasa, Madrid 2008.

En Madrid.
José Luis Alfaya, Como un río de fuego. La persecución religiosa en Madrid
sn 1936, Ríalp, Madrid 2017.

José Francisco Guijarro, Persecución religiosa y guerra civil. La Iglesia en


Madrid 1936-1939, La Esfera de los Libros, Madrid 2006.

B) Sobre los mártires del siglo XX ya beatificados o canonizados:

En toda España:
Vicente Cárcel Ortí, Mártires del siglo XX en España: 11 santos y 1512
beatos, 2 volúmenes, BAC, Madrid 2013.

En Madrid:
Arzobispado de Madrid, Guía Memoriae martyrum. Santos mártires del
siglo XX en Madrid, BAC, Madrid 2015.

Arzobispado de Madrid, Delegación Episcopal para las Causas de los Santos,


Cipriano Martínez Gil y 55 compañeros, sacerdotes y familiares mártires del
siglo XX en Madrid, Madrid 2017 (En proceso de canonización: causa abierta
el 18 de marzo de 2017).
C) Sobre la teología del martirio y los mártires del siglo XX:

Juan Antonio Martínez Camino, Los santos mártires del siglo XX, testigos de
la Misericordia para esta generación, en: Teología y catequesis 135 (2016)
141-175.

Juan Antonio Martínez Camino (Ed.), Víctimas y mártires. Aproximación


histórica y teológica al siglo XX, Colección Mártires del siglo XX, Encuentro,
Madrid 2017.

Martin Steffens, Nada más que el amor. Indicadores para el martirio que
viene, Colección Mártires del siglo XX, Encuentro, M3.1rid 2017.
PARA SABER MÁS
A) Sobre la historia del martirio de los cristianos en el siglo XX:

En todo el mundo:
Andrea Riccardi, El siglo de los mártires. Los cristianos en el siglo XX, (Bar­
celona 2001), Colección Mártires del siglo XX, Encuentro, Madrid 2018.

En toda España:
Vicente Cárcel Ortí, Caídos, víctimas y mártires. La Iglesia y la hecatombe
de 1936, Espasa, Madrid 2008.

En Madrid
José Luis Alfaya, Como un río de fuego. La persecución religiosa en Madrid
en 1936. Rialp, Madrid 2017.

José Francisco Guijarro, Persecución religiosa y guerra civil. La Iglesia en


Mochó 1936-1939, La Esfera de los Libros, Madrid 2006.

3) Sobre los mártires del siglo XX ya beatificados o canonizados:

ín toca España;
V cents Cárcel Ortí, Mártires del siglo XX en España: 11 santos y 1512
beatos, 2 volúmenes, BAC, Madrid 2013.

F.r' M ac';á
Arzobispado de Madrid, Guía Memoriae martyrum. Santos mártires del
siglo XX en Madrid, BAC, Madrid 2015.

Arzobispado de Madrid, Delegación Episcopal para las Causas de los Santos,


Cipriano Martínez Gil y 55 compañeros, sacerdotes y familiares mártires del
s¡gio XX en Madrid, Madrid 2017 (En proceso de canonización: causa abierta
el 18 de marzo de 2017).
C) Sobre la teología del martirio y los mártires del siglo XX:

Juan Antonio Martínez Camino, Los santos mártires deí siglo XX, testigos de
la Misericordia para esta generación, en: Teología y catequesis 135 (2016)
141-175.

Juan Antonio Martínez Camino (Ed.), Víctimas y mártires. Aproximación


histórica y teológica al siglo XX, Colección Mártires del siglo XX, Encuentro,
Madrid 2017.

Martin Steffens; Nada más que el amor. Indicadores para el martirio que
viene, Colección Mártires del siglo XX, Encuentro, Madrid 2017.
índice alfab é tico de nom bres

Números

Ángel Trapero Sánchez-Real, seminarista, estudiante de teología 6

Artcn o Moralejo Fernandez-Shaw, seminarista, estudiante de filosofía 3

Cástor Zarco García, seminarista, subdiácono 7

¿ 3; A se: vaquero, seminarista, estudiante de filosofía 1

í £>üs Sánchez Fernández-Yáñez, seminarista, estudiante de filosofía 4

.; c- ^3"do Perrsía, sacerdote confesor de las Hospitalarias


c e üempozueios, tío de Pablo Chomón Pardo 10

¿ ue'scc Mo*-aiejo Juan, laico, militar,


: -::re ce Antonio Moralejo Fernández-Shaw 11

Mar año Arrizabalaga Español, seminarista de Barbastro en Comillas,


estudiante de filosofía 8

M’guei Talavera Sevilla, seminarista, estudiante de filosofía 5

o Pardo, seminarista, estudiante de teología 2

Ramón Ruiz Pérez, seminarista de Toledo, minorista 9


II. M e m o r ia e : lu g a re s a c tu a le s de s e p u ltu ra

Fuencarral, cementerio, fosa común:


Ignacio Aláez Vaquero

Jaén, cripta del Sagrario en la Catedral:


Ramón Ruiz Pérez

Paracuellos del Jarama, cementerio de los mártires


Antonio Moralejo Fernández-Shaw
Liberato Moralejo Juan
Mariano Arrizabalaga Español

Valle de los Caídos, criptas funerarias de la Basíhc? se ‘a Sa¡ .:a


Cástor Zarco García
Jesús Sánchez Fer ández-Yáñez
Julio Pardc Pernía
Pablo Chomón Pardo

Lugar desconocido.
Miguel Talavera Sevi!la

Seminario ConcHíS' de Madrid:

An g e l t r a pero s a n c h e z -r e a l