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Reseña de Michael Kohlaass, de Heinrich von Kleist

Trejo García Ángel Antonio 312132112


Historia del Arte Teatral 6
Lic. Daniel Huicochea Cruz

“No quiero vivir en un país donde las leyes no me defiendan” fue la demoledora frase del
protagonista de esta novela lo que más me conmovió pues, de seguir este argumento, ¿quién de
nosotros podría contentarse con vivir en este país? Kleist pone de manifiesto una realidad política
insostenible, donde las leyes favorecen el capricho de unos cuantos y ser un buen ciudadano
respetuoso de la justicia y demás valores sobre los que se supone que se edifica la sociedad no es
garantía de nada.
Resulta muy irónica la desproporción entre las acciones emprendidas por Kholaass y lo
nimio de su petición. Se encuentra entre lo absurdo y lo trágico; Kleist señala al principio de la
obra que lo que lo volvió asesino y bandido fue un sentido exagerado de la justicia. Durante toda
la novela, el narrador manifiesta su simpatía por Kholaass: se expresa con claridad que es un
hombre virtuoso, y sin embargo su virtud misma es su vicio de carácter, se revela en él lo que hay
de irracional en el ser humano, el exceso, la pasión, la hybris. Lehmann señala esto como la
esencia de la tragedia1, un elemento de la condición humana que es irreductible y que no obedece
a ninguna ley social; al poner la obra en su contexto histórico y pensar en el tránsito entre la
Ilustración y el Romanticismo, pienso que la obra revela con claridad el fracaso de los ideales
ilustrados, que Kleist pone de manifiesto que el ser humano, incluso alguien virtuoso y educado
como Kholaass (que se apasiona, por ejemplo, con las doctrinas de Lutero), es esencialmente
pasión. Como decía Oscar Wilde: “no sé quién definió al ser humano como animal racional; es la
definición más prematura que he escuchado2”.
Y, sin embargo, como he señalado, el narrador evidentemente siente simpatía por el
héroe de la novela, por su orgullo, por su férrea determinación de no permitir que se le haga una
injusticia. Hay evidentes problemas éticos en el conflicto planteado por Kleist: podríamos argüir
que este personaje es incapaz de afrontar el principio de realidad, que no tiene un ápice de
tolerancia a la frustración, que es narcisista y psicótico. La vida ha sido fácil para él, parece que
nada le ha negado la providencia, y frente al primer problema que tiene con la autoridad, pierde la
cabeza. Él tiene una posición económica privilegiada, más adelante Kleist describe la miseria de

1
LEHMANN, Hans-Thies. Tragedia y teatro dramático, trad. Claudia Cabrera. México: Paso de gato, 2017.
2
WILDE, Oscar. El retrato de Dorian Gray, trad. Monserrat Alfau, 24ª ed. México: Porrúa, 2018.
personajes de menor nivel que ven en la guerra emprendida por Kholaass contra el gobierno para
mejorar su situación. Esta miseria es, sin duda, algo que Kholaass no ve, y se convierte en paladín
del pueblo solo para que le resuelvan su petición: su objetivo no es revolucionario, podríamos
decir que usa a la gente desde su posición privilegiada, porque puede hacerlo. En este sentido, me
recordó mucho al protagonista de Los bandidos, donde se cuestiona la utilidad de los individuos
pertenecientes a la alta burguesía y la aristocracia. En esta novela se ven más claramente estos
tres niveles: la burguesía rica encarnada por Kholaass, la chusma que integra su banda, y la
aristocracia contra la que la nueva burguesía se revela, y cuyos excesos son ya intolerables en el
nuevo mundo.
En esta novela encuentro también puestos en entredicho elementos de la ideología
burguesa que hemos estudiado en clase en su manifestación dramática. Kholaass encarna los
valores propios de la burguesía: la familia, el culto al trabajo, la acumulación de la riqueza, la
honradez y la superioridad moral. Pero todo esto se revela insuficiente frente a las injusticias del
mundo, frente a la arbitrariedad de la caduca ley al servicio de los intereses de los aristócratas.
¿De qué sirve la honradez del buen burgués si se mantiene el antiguo régimen? Kholaass, por otro
lado, lleva los buenos ideales de la burguesía hasta el extremo, los convierte en pasión trágica; ahí
falla, podríamos decir, pues no es un personaje mesurado y austero como un buen burgués; la
situación política y la condición humana no se lo permiten, su ideología optimista e ilustrada es
insostenible en un mundo tal como lo vez Kleist, tal como lo ven los románticos. A este héroe le
faltan los valores burgueses que podrían redimirlo: él no puede perdonar, está obsesionado, como
Shylock, con la ley y su aplicación, y podemos considerar esta ponderación del derecho como
exclusivamente burguesa, y esta obsesión lleva a Kholaass a renunciar todo, a su familia, a su
hacienda, a su respetabilidad.
Observamos también la influencia de la religión, en el respeto que siente Kholaass por
Lutero, y es importante recordar que la reforma protestante es mucho más afín al espíritu de la
burguesía que el catolicismo. Vemos en Kholaass una voluntad protestante intensa, y también
puedo notar la idea de predestinación cuando se refiere a sí mismo como súbdito de Dios,
emancipado del rey y del estado, sin ninguna otra autoridad.
Así pues, la rebeldía del Sturm und drag aparece revestida con una compleja ideología
donde se reconoce el salto al romanticismo; en este espíritu vemos la altivez del personaje y su
melancólica renuncia a todo por una nimiedad, al darse cuenta de que “las leyes no lo protegen”
es como si se enfrentara al sinsentido de la existencia, a la sociedad como un lugar extraño y
corrupto donde el ser humano no puede encontrar la felicidad. Sólo le quedan la destrucción, la
rebeldía, el gesto inútil en el que al menos se exalta la libertad del ser humano: su capacidad de
sacrificarlo todo (incluyendo a otras personas) en aras de un ideal.
Todo esto no podría terminar sino con la muerte, donde el personaje, acaso, encuentre
la paz. ¿Pues qué sería de su vida si sobreviviera? Una paria, sin hogar, sin familia, agobiado por la
culpa de la muerte de su esposa… su criado muere en la guerra emprendida, en parte, para
hacerle justicia. Y todavía con su muerte tiene un último gesto de rebeldía, de desprecio por el
régimen que le negó la protección de sus derechos.
Vemos, pues, los gérmenes del romanticismo en esta obra: rebeldía, idealismo, pasiones
exaltadas, melancolía y pulsión de muerte…
Esta novela me llevó a reflexionar sobre todas las pequeñas vejaciones que nos
permitimos en esta sociedad. Las pequeñas injusticias que aguantamos. Tal vez tan nimias como
aquella por la que murió la esposa de Kholaass y cientos de inocentes en la guerra que desató
contra el estado por la ofensa que le hizo un aristócrata (la clase social en decadencia a la buena
burguesía); tal vez hubiera sido más prudente que se tragar su orgullo y siguiera su vida, hubiera
sido feliz y su familia no se hubiera roto, ni su criado hubiera muerto. Pero, ¿no es por la
mansedumbre con la que aguantamos estas penas, alentados por el espíritu cristiano del perdón,
por la paciencia que Lutero le recomienda a Kholaass y la confianza en dios, por lo que nos siguen
oprimiendo los poderosos? ¿Vale la pena vivir en un mundo semejante? He aquí las paradojas que
presenta el romanticismo al optimismo ilustrado, he aquí el gesto del poeta que se retira de la
sociedad al bosque, en busca de una vida sencilla, en busca de paz y se poesía. He aquí la figura de
Kleist, que abandonó este mundo imposible con un disparo y una mujer a su lado.