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Del hombre simple no es segura la redención sino

propia destrucción

Génesis 4:16-24

Dios se reveló a sí mismo; se revela dando el principio del


tiempo y el espacio, de la experiencia humana en el matrimonio
y la familia, en el pecado y la muerte, y en el pecado y la
redención. Dios promete al hombre la redención por medio de la
descendencia de la mujer, pero un hombre solo hombre habría
de traer muerte antes que redención. No dejando más opción
que invocar a Dios por el cumplimiento de la promesa dada, la
promesa de redención, la cual habría de consumarse después
de un largo desarrollo histórico.

Aspecto histórico

Génesis documenta la primitiva historia de la humanidad. Dios


no creó solamente el mundo físico, también formó al hombre y la mujer
a su propia imagen dándoles el regalo del libre albedrío. El Adán
desobedece y cae toda de la humanidad en el pecado trayendo un
gran diluvio como castigo.

En la mayor parte del Cercano Oriente, las personas veneraban


y a menudo adoraban serpientes como símbolos de realeza, sabiduría,
sanidad, fertilidad, muerte y otras fuerzas, tanto perjudiciales como
beneficiosas.

Sin embargo, en escritos antiguos las serpientes y las criaturas


serpentinas desempeñaban sus papeles más importantes como
enemigos, tanto de los humanos como de los dioses.
Para los israelitas de los tiempos bíblicos Sumer era una
civilización antigua y clásica, similar a lo que la antigua Roma es para
nosotros.

Muchos sostienen que la identidad racial y el origen de los


sumerios son desconocidos, y que no tiene ninguna relación con los
israelitas, sin embargo, no pueden estar desligados de Adán
originalmente.

Es asombroso que los ziggurats sumerios de 30.5 metros son


torres-templo piramidales similares a la estructura descrita en la Torre
de Babel del relato de Génesis 11.

La literatura sumeria incluye himnos, proverbios, poemas de


amor, lamentos y mitos épicos, y existen paralelos bíblicos interesantes
en estos textos sumerios con relatos bíblicos como el que contiene el
cántico de Lamec.

Acción de Dios, una promesa.

La unidad literaria en consideración es Génesis 4.16-26. Es parte


de una unidad mayor que comprende todo el capítulo cuatro, la
cual a su vez está inmersa en un relato de la humanidad hasta antes
del diluvio.

De manera general podemos ver que la intensión del autor es


mostrar el curso de la simiente de la mujer, de la cual se espera la
redención según la promesa dada en el capítulo tres. En este capítulo
se reseña de una manera la historia de la descendencia de Adán y
Eva después de la caída y el juicio de Dios en Génesis 3.14-16.

Es importante notar la declaración de Dios en Génesis 3.15,


donde establece que la destrucción de la simiente del mal será a
través de la simiente de la mujer. En esa declaración de Dios
afirmamos la esperanza de la redención.

El desarrollo, el hombre se extermina a sí mismo.

Inmediatamente después el autor va introduciendo relatos


sobre los descendientes de la mujer desde el capítulo cuatro,
introduciéndolos con la frase “concebir y dar a luz”.

En todo el relato del capítulo cuatro vemos toda una trama


sobre la descendencia sobre la que Eva afirma su esperanza de
redención. Pero dicha esperanza se ve turbada en el asesinato de su
hijo Abel, acto que viene a ser la contraparte de la idea dominante
de “concebir y dar a luz”; es decir matar. Así la vida y la muerte vienen
a ser las dos palabras claves dominantes.

Eva, y de la misma forma Adán, tenía la esperanza de que de su


descendencia saldría el que mataría la simiente de la serpiente; sin
embargo, aquí vemos lo contrario, la simiente de Eva se destruye a sí
misma. Aquí, queda parcialmente frustrada toda esperanza de
redención por medio de la simiente puramente humana.

El texto cumbre es Génesis 4.23-24, lleva al clímax la idea general


de que la simiente puramente humana por la vía del asesino Caín, ha
alcanzado un grado muy alto de pecado o degradación de modo
que no se puede esperar de ella vida sino muerte. Se resalta en este
texto el cántico de Lamec:

"Ada y Zila, oíd mi voz.


Oh mujeres de Lamec, escuchad mi dicho:
Yo maté a un hombre, porque me hirió;
(y) maté a un muchacho, porque me golpeó.
24 Si Caín ha de ser vengado siete veces,
Lamec lo será setenta y siete veces."

Podemos enfatizar dos aspectos en el contenido de este cántico:

 La gravedad del pecado que es correspondiente al grado de la


venganza que se ha de tomar por ese delito, siete veces más
que el de Caín.

 Aparece de nuevo la idea matar pero al grado de exterminar.


Y en este caso, se trata de la simiente de la mujer
exterminándose a sí misma.

Otro aspecto que se puede resaltar es que existe una progresividad


del pecado en la vida de la humanidad antes del diluvio. El pecado
es una expresión más dañina llega a ser alabado. Tal parece que la
simiente de la mujer no puede herir en la cabeza a la simiente de la
serpiente, sino exterminarse a sí misa y hacer un culto por ello.

Siguiendo el curso de la idea de la simiente de la mujer como la


que ha de exterminar a la de la serpiente, vemos una contradicción
más amplia de la que ya mencionamos arriba, Caín mató a uno,
Lamec mató a dos.

El texto ha relatado el inicio de toda una civilización dentro de la


cual se exalta la bigamia y el asesinato en la persona de Lamec.
Todos los demás hombres son mencionados por ser padres, por
engendrar, por dar vida, pero Lamec es mencionado por todo lo
contrario, no solo tiene una mujer sino dos, no solo procrea con ellas,
también mata, extermina.

Para tener una idea más clara de la idea general del capítulo y así
entender con más claridad el segmento que estudiamos es
necesario verlo desde el segmento que cierra el capítulo, Génesis
4.25-26.

Adán se une a Eva la cual concibe y da a luz un nuevo


descendiente, que viene en lugar de Abel a quien mató Caín. Este
relato culmina de manera muy distinta al de Lamec y Caín con Abel.
Aquí los descendientes de la mujer no son agentes progresivos de la
maldad, sino que se vuelven a Dios.

De esto se ha interpretado a la humanidad como compuesta de


dos linajes:
 El de Caín: malo.
 El de Abel, reemplazado por Set: Bueno.

La verdad teológica.

Pero en resumidas cuentas, el autor nos presenta que del simple


hombre no puede venir la redención. El hombre debe volver a Dios
para recibir la redención (herir en la cabeza a la simiente de la
serpiente) que no se encontró en Caín-Lamec, sino que en Abel-Set,
el hombre es presentado como necesitado de invocar a Dios para
salvación.

De esto vemos, que sí está presente en el texto el mensaje de la


redención, pero esta no se ve alcanzada, sino antes bien frustrada por
la descendencia puramente humana. El pasaje deja claro que solo al
invocar a Dios se tiene la esperanza de la redención o destrucción de
la simiente de la serpiente.