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Cómo organizar nuestro tiempo

Durante la infancia y la adolescencia, a menudo se tiene la sensación que el


tiempo disponible es ilimitado. Los días sin embargo, sólo duran 24 horas.
Cuando realizamos el balance del tiempo pasado, por lo general, nos parece
haberlo “aprovechado bien”, sobre todo cuando podemos enumerar lo que
hemos hecho. Poco importa si eso consistió en leer muchos libros, navegar en
velero, tejer o ayudar a los ancianos del barrio; lo importante es lograr hacer lo
que queremos limitándonos a lo razonable y a nuestras posibilidades. Por el
contrario, nos parece haber “perdido el tiempo” cuando, al terminar la jornada,
hemos realizado nuestros deseos aburriéndonos al limitarnos a contemplar las
actividades de los demás, o bien hemos pasado de una actividad a otra sin
alcanzar ningún resultado tangible. Aquéllos que logran hacer muchas
cosas, no por eso necesariamente están mejor dotados o en mejores
condiciones que otros, sino que a menudo son sólo más eficientes,
consiguen aprovechar mejor su tiempo.

Análisis del uso de nuestro tiempo

Lo primero que se debe hacer es un cuidadoso análisis de nuestras actividades


diarias. Resulta oportuno tomar en consideración detalladamente una semana
entera, después de lo cual se podrá reconstruir una jornada tipo y hacer el
promedio diario de las diversas actividades.

El análisis del día de nuestro tiempo debe de hacerse de modo sistemático,


durante una semana entera (que puede incluir sólo los días laborables, o bien
también el fin de semana). Debe referirse a una semana típica, donde
incluiremos todas las actividades que realizamos durante el día: las actividades
desde que nos levantamos, comidas, transporte, escuela, actividades
extraescolares (clases de idiomas, danza, teatro, deporte etcétera…) tareas,
televisión, amigos, pareja.

Anotaremos las actividades que realizamos de manera constante, para


que nuestro análisis sea válido no hay que cambiar de costumbres.

Para recoger los datos se construye una tabla que lleve los días de la semana y
las horas del día el registro de las actividades diarias para que al finalizar la
semana se obtenga la suma total de horas por actividad.

En un día bien organizado puede entrar todo: un trabajo escolar serio,


un poco de vida social, un tiempo para la distracción y el deporte;
pero de nuestro cálculo deben surgir algunas horas dedicadas al
estudio.
A continuación, te presentamos un cuadro de actividades cotidianas y su
duración para estudiantes de nivel medio superior y superior:

Total de horas
Actividades:
en un día:
Escuela 5 horas
Estudio 4 horas
Deporte 1 hora
Amigos, novia(o) 1 hora
Transporte 1 hora
Diversiones, hobbies 1 hora
Lectura, relax, ayuda en casa, TV 1 hora
Comidas, higiene personal 1 hora
Sueño 9 horas

Total de horas: 24 horas

Comenzamos con el análisis de las horas sobre las que no se puede actuar: el
sueño que ocupa 9 horas promedio al día; 1 hora es dedicada a las comidas, al
aseo personal y a vestirse, mientras que los desplazamientos pueden exigir 1
hora. De esta manera, las horas efectivas de la jornada se reducen a 13. A
partir de los 14 años deben ser como mínimo 9 horas dedicadas a la
tarea propia del estudiante, un estudiante de nivel medio superior, puede
quizás reducir la cantidad de horas si es veloz y tiene una buena base.

Quedan 4 horas; éstas son las que hay que “organizar bien”. En el cuadro, una
hora está dedicada a las actividades caseras de relax (como la televisión) u
obligatorias (como la ayuda a los padres en el manejo de la casa), una hora
está dedicada a las actividades deportivas, una a los amigos y una al
esparcimiento.

Este es un ejemplo de una jornada de actividades diarias que se sugiere para


aquellos estudiantes que tienen la sensación de que no logran aprovechar bien
su tiempo, bien porque tienen demasiadas actividades además del estudio, o
bien porque pierden tiempo sin darse cuenta.
Cómo preparar un calendario de nuestras actividades

Para conseguir que nuestro tiempo rinda hay que aprender a elaborar un
programa de las actividades. La elaboración de un calendario de tareas implica
construir semanalmente un cuadro sinóptico diario y de fácil consulta.

Planificación de la actividad semanal de un estudiante:

CALENDARIO MAÑANA TARDE NOCHE

Lunes Escuela Cine


Martes Escuela Fútbol
Miércoles Escuela - Historia Biblioteca
Jueves Escuela
Viernes Escuela - Fútbol Salida a la
Matemáticas montaña
Sábado Día Libre

SEMANA SIGUIENTE: GEOGRAFÍA para el MIÉRCOLES.

LISTA DE TAREAS:

Prueba de historia MIÉRCOLES (Revolución francesa)


Tarea en clase de matemáticas VIERNES
Investigación de geografía: MIÉRCOLES PRÓXIMO (Las mareas)

DISTRIBUCIÓN DEL ESTUDIO:

LUNES: HISTORIA – 2 horas/MATEMÁTICAS – 1 hora


MARTES: HISTORIA – repaso 1 hora
MIÉRCOLES: GEOGRAFÍA -2 horas en la biblioteca
JUEVES: MATEMÁTICAS -3 horas, ejercicios
VIERNES: GEOGRAFÍA – 1 hora

Explicación: El calendario propone en primer lugar un cuadro de la semana; la


mañana siempre está dedicada a la escuela, pero la tarde y las primeras horas
de la noche están reservadas a otros compromisos, tales como el cine, el fútbol
y la investigación en una biblioteca. En el calendario aparecen las tareas
referidas a esa semana: prueba de historia y trabajo en clase de matemáticas.
Por lo que se refiere a la semana siguiente, se indica la entrega de la
investigación de geografía. Estos deberes son sin embargo enumerados en la
sección Compromisos. Estamos entonces en condiciones de distribuir el
estudio en los diversos días de la semana, teniendo también en cuenta
nuestros esparcimientos (tales como la filmoteca y los partidos de fútbol).
Cuando para el martes, por ejemplo, está programado un partido de fútbol que
no queremos perdernos, se anticipa para el lunes el estudio, de la prueba de
historia; sin embargo será mejor prever por lo menos una hora para el repaso
de historia durante la jornada del miércoles. En cambio, como la tarea en clase
de matemáticas es muy absorbente, conviene no comprometerse para el
jueves por la tarde, que se dedicará a las matemáticas. Esta es una semana
sin muchas tareas, pero la semana próxima deberá entregarse la investigación
de geografía, por lo cual resulta necesario acudir a la biblioteca un par de
veces; por eso conviene entonces adelantarse antes de salir para la montaña,
previendo dedicar una tarde a la biblioteca y una hora de estudio el viernes.

Este trabajo debe realizarse de forma sistemática, por ejemplo, el


domingo por la mañana, y exige un cuarto de hora de nuestro tiempo,
además de mucha concentración. La planificación deberá ser
corregida o rehecha durante el transcurso de la semana, por ejemplo,
frente acontecimientos nuevos o tareas inesperadas. Si nos damos
cuenta que la estimación del tiempo necesario para una tarea resulta
insuficiente, deberemos revisar la planificación y tener en cuenta este
error para el futuro; de esta manera, la planificación será cada vez
más precisa.

Una vez superada la fase en la que se aprende a seguir los programas hechos,
resulta útil no redactar tablas demasiado detalladas, para no sentirse
obsesionados ni prisioneros de las mismas.

Consejos prácticos

Perder tiempo es un defecto común; la organización de las actividades dentro


del espacio de una jornada y su planificación ayudan a no desperdiciarlos.
Tratemos ahora de determinar algunos defectos de aquel que pierde el tiempo,
extraídos de algunas frases que utilizamos con frecuencia:

“Me olvidé de la tarea de hoy”. Se trata de estudiantes que no saben usar


el cuaderno de tareas o de adultos que no aprovechan las posibilidades de una
agenda.

“Estuve toda la tarde en casa, pero no terminé nada”. Probablemente lo


dice una persona que no logra separar el reposo, el relax y la diversión, del
trabajo-estudio.

“No puede estudiar: ayer tuve entrenamiento de baloncesto y fui al


dentista”. Se trata a menudo de una persona que pierde mucho el tiempo con
los desplazamientos y las esperas. En este caso, y antes que renunciar a otras
tareas, conviene aprender a estudiar también en el autobús y en una sala de
espera
“¡Necesito relajarme!”. Esta frase quizás pueda provocar estupor cuando
proviene de un estudiante, pero en realidad es bastante común. En el mundo
de los adultos se nota que, a menudo, son justamente las personas menos
atareadas las que más hablan de la necesidad de relajarse. La necesidad de
relajarse pertenece a todos; quien está bien organizado es capaz no sólo de
estar atareado al máximo, sino también de aprovechar cualquier oportunidad
para relajarse. Por otra parte, aquél que está contento con las actividades que
realiza, por lo general, está tan involucrado que desea alcanzar sus objetivos
antes que descansar. Aquel que en cambio realiza un trabajo aburrido o poco
gratificante tiene mayor necesidad de satisfacción y de reposo. Sin embargo, la
necesidad de relajarse puede reducirse cuando aumentan los hobbies y las
actividades de estudio más gratificantes.

Consejos prácticos para aumentar las horas de estudio

1. Programar las actividades, tanto las diarias como las semanales.


2. Dividir claramente el estudio de la diversión.
3. No dejar para más adelante el comienzo del estudio.
4. Aprovechar los ratos libres.
5. Anticipar los estudios respecto a su fecha límite.

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